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Gran Premio de Estella. Guía de viaje

Lo cierto es que él no nació en estas tierras. Lo hizo hacia el noreste. En Villava. Entonces zona rural. De hecho, sus padres fueron agricultores. Hoy no. Hoy Villava ha sido engullida por Pamplona y tomada por solteros y familias que encuentran el suelo urbano más barato que en la capital de Navarra. Pero en definitiva Villava no es más que una muestra de lo que fue Navarra y de lo que es hoy. Carlista, agrícola, religiosa y española entonces. Federalista, industrial, atea y euskalduna en la actualidad. Miguel nació en Villava, pero hizo miles y miles de horas en bicicleta por tierras de Estella. No era de extrañar que la prueba fundada en 1951 pasase a rebautizarse en 1999 con el nombre de su vecino más ilustre.

Miguel Induráin.

Nacido como Campeonato Vasco-Navarro de Montaña, rebautizado como Gran Premio Navarra, Trofeo Jesús Galdeano, Trofeo Comunidad Foral de Navarra y finalmente como Gran Premio Miguel Induráin, esta prestigiosa carrera ciclista es conocida en el mundillo como Gran Premio Lizarra-Estella, ya que es organizada por el club ciclista de dicha localidad. Y así debe ser debido a que la prueba nace y muere en esta localidad navarra tras un recorrido zigzagueante por las tierras altas y bajas del oeste de Navarra.

En un meandro del Ega espera coqueta al visitante Estella. El río aquí parte caudaloso antes de regar de agua al siempre sediente Ebro. El Ega forma una primera frontera entre las montañas navarras y el camino a las tierras áridas del sur. Allí fundó el rey Sancho Garcés I una ciudad a la que dio nombre de Estella (estrella) y que pronto prosperó por su buen pan, su buen vino, por ser lugar de la primera imprenta navarra y por un agua dulce, sana y extraordinaria. Zapaterías, ebanisterías, alfarerías y hospederías pronto adornarán la llamada joya del románico navarro que velozmente se convertiría en enclave de importancia en el transcurso del Camino de Santiago.

Induráin no nació en Estella, pero no hay llamativas diferencias entre los distintos parajes navarros. Los alrededor de 200 kilómetros que deben afrontar los ciclistas se enmarañan en un recorrido plagado de ochos y en un continuo zigzagueo por tierras navarras. Una vez abandonada Estella los corredores remontan el Camino de Santiago en busca de Puente la Reina, abarrotada de peregrinos que aprovechan el inicio de la primavera para aprender más en el camino que en el propio destino.

En Puente la Reina lucharon navarros y castellanos y allí se junta el Camino francés con el que desde los Pirineos serpentea desde Jaca. Son 110 metros y 7 arcos donde se guardan imágenes de santos y crucifijos. La reina Muniadona mandó construir un puente que cruza el Río Arga, el otro gran curso de agua dulce que baña la huerta navarra. Bien sabido es que Ega, Arga y Aragón hacen al Ebro varón. Como no, Puente la Reina cuenta con iglesia dedicada al Apóstol Santiago, aunque su patrona es la Virgen del Txori (pájaro en euskera). Antaño la talla de la Virgen se encontraba sita en un arco del puente y cuenta la leyenda que todos los días un pajarito cogía agua del río con sus alas y lavaba el rostro de la Virgen.

Puente la Reina

Tras el paso por Puente la Reina el pelotón vira hacia el oeste y retoma el Camino de Santiago hasta llegar a Villatuerta, uno de esos tantos lugares donde el puente crea la villa y la iglesia le da sentido a su vida. Se adentra entonces el pelotón hacia el norte camino de la Sierra de Andía y de la sierra de Urbasa. Zona ideal para el que le guste montar a la burra. Zona de hayas y endrinos. De pacharán y de vinos. En el alto de Irache los ciclistas podrán contemplar los restos de la vía romana que unía Jaca con Logroño y el monasterio benedictino de Santa María la Real a los pies de Montejurra. En tiempos de la Guerra Civil fue usado como campo de concentración franquista. Hoy es un plácido lugar en el que brota constantemente un caño de vino procedente de las cercanas bodegas de Irache.

Tras el paso por Arroniz y por Murieta, los ciclistas afrontan el alto de Eraul (3,8 kilómetros al 5.5%). La cima da nombre a una de las pocas batallas ganadas por los carlistas durante las guerras del mismo nombre de mediados del siglo XIX. Y es que son estas tierras de carlistas y requetés. De Dios, Patria y Rey. Tras descender el alto de Eraul el pelotón vuelve a Estella en ese continuo viaje entre la Navarra Media montañosa y la Ribera estellana del Alto Ebro. Entre los valles y las sierras. Entre el cereal y la hortaliza. Entre la sopa estellesa untada de manteca de cerdo, arroz y leche y el cordero al chilindrón estofado con pimientos y espárragos.

Hasta años muy recientes el GP Miguel Induráin contó con presencia escasa de estrellas del pelotón internacional. Situado en el primer domingo de abril, cuando el calendario de clásicas europeas está más cargado, y con escaso puntaje y dotación económica, sólo en años recientes ha visto incrementado su pedigrí. A ello contribuye la presencia perenne del Movistar Team. Aunque patrocinado por la multinacional de telecomunicaciones, la estructura del conjunto es íntegramente navarra teniendo sus orígenes en la empresa de aluminios Reynolds (1980-1989), luego Banesto (1990-2003), Illes Balears (2004-2005) y Caisse d’Epargne (2006-2010), hasta que en 2011 se formó su actual estructura.

Es por ello que cualquier ciclista del Movistar, vaya o no vaya a ganar, tenga como obligación pasar al ataque en el alto de Guirguillano (2,8 km al 5,9%), a unos 60 kilómetros para línea de meta. Una vez acabado el descenso toca la subida al alto de Lezaun (3,9 km al 5,4%) para adentrarse entonces en los últimos cuarenta kilómetros de carrera. Vuelve entonces el pelotón a atravesar Estella siguiendo siempre la ruta Pamplona-Logroño entre encinas, hayas, romero y tomillo. Toca entonces avituallamiento para quien lo desee, aunque lástima que en las barritas y en los geles energéticos no se puedan introducir las alubias pochas, el chorizo o las tortas de chanchingorri, un dulce elaborado con los restos de la matanza del cerdo, pan y abundante azúcar.

La carrera puede decidirse al sprint en el centro de Estella. Existe la posibilidad de ascender al alto de la Basílica de Puy, llamada así porque en 1085 unos pastores acudieron a una colina atraídos porque unas estrellas lo señalaban. Allí encontraron en una cueva una imagen de la Virgen con el niño Jesús. Se la llamó Virgen del Puy, por haberse encontrado sobre una colina a semejanza de una advocación muy venerada en Francia conocida como Le Puy en Velay. Es del todo infrecuente que los organizadores tomen la decisión de llevar la carrera a ojos de la Virgen, por lo que el punto clave de la prueba está en el alto de Lezaun (3,9 km al 5,4%), a poco más de diez kilómetros del final.

Se llega entonces definitivamente a Estella, lugar donde se encuentran el palacio de los reyes navarros y los restos del castillo donde nació Juana II de Navarra, la cual entregó sus dominios a Francia al casarse con Felipe VI de Valois. No será hasta 1512 cuando Navarra pase a formar parte del Reino de España tras ser anexionada por Fernando el Católico. Llegados a este punto es cuando es conveniente que a la Estella profundamente clerical donde Tomás de Zumalacárregui fue nombrado comandante general en la I Guerra Carlista o donde Carlos VII tenía su corte durante la III Guerra Carlista, dejemos de llamarla Estella. Ahora es Lizarra (fresno en euskera), donde la derecha vasca conservadora y la izquierda abertzale intentaron unir fuerzas en un pacto para buscar una solución al llamado conflicto vasco dejando de lado los atentados y los asesinatos.

Eso es el Gran Premio Miguel Induráin. Un viaje paradisiaco alrededor de la naturaleza en uno de los parajes más contradictorios que ha parido España. Navarro, aragonés, castellano, francés, español y euskaldún. Conservador, religioso, campesino, industrial y revolucionario. Ese es el viaje en el que durante 200 kilómetros ciclistas y aficionados disfrutan cada año el primer domingo de abril.

Estella-Lizarra

Hasta cuatro ciclistas se han llevado la victoria en tres ocasiones. Entre ellos Juan Fernández o Miguel María Lasa, dos clásicos del ciclismo español de los 70. Tres triunfos también tiene Alejandro Valverde (2014, 2018 y 2021), quien supera en el palmarés a otras leyendas hispanas que cuentan con dos victorias caso de José Pérez-Francés (1961 y 1963) o Pedro Delgado (1988 y 1990). Simon Yates, Joaquim Rodríguez o Alex Zülle son otros de los que lograron vitorear en Estella en una ocasión, misma cantidad de veces que el hombre que le da el nombre a la prueba, quien se impuso en 1987 cuando aún no sabía lo que era ganar el Tour y el Gran Premio Miguel Induráin estaba muy lejos de llamarse Miguel Induráin.

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Un apunte sobre los colores nacionales

Formalmente los Estado-Nación se formaron tras la Paz de Westfalia que dio por finalizada la Guerra de los Treinta Años en 1648. Se ponía entonces coto al poder feudal y se daba paso a organizaciones territoriales fundamentadas en un gobierno que reconocía sus límites y su poder. En la práctica esta teoría no sería realidad hasta la Revolución Francesa de 1789 en la que el gobierno dejaba de estar integrado únicamente por el rey y los nobles para otorgar legitimidad al pueblo. En un Estado-Nación no hay periferias conquistadas ni subordinadas (como en el Imperio), abarca a un extenso grupo de ciudades (no es una Ciudad-Estado como las polis de la Antigua Grecia) y no es una liga confederada de Estados (como la Unión Europea). Tradicionalmente un Estado-Nación estaba dominado por una etnia concreta supuesto que, con el multiculturalismo actual, está en entredicho. No es extraño que sea ese el motivo principal de la actual decadencia de esta forma de gobierno.

El Estado-Nación tuvo que adoptar una ideología y un simbolismo. Ya no era el rey, aunque muchos estados han mantenido a la monarquía como fuente de legitimidad, sino un conjunto de reglas acordadas entre iguales las que fomentaban la unión. El traje, la comida, la moneda, la fiesta nacional, el idioma o hasta la mitología de una batalla fundacional forman parte del acervo cultural, de la argamasa que une a la sociedad.

Con todo ello, son tres los símbolos esenciales en los que se fundamenta el Estado-Nación. Importantes en la actualidad y trascendentales en el pasado cuando los niveles de analfabetismo rallaban lo obsceno. Se trata del himno, del escudo y de la bandera. Para el fútbol, instrumento notable de socialización y construcción del Estado-Nación, estos tres elementos son básicos en la simbología de sus selecciones nacionales. Si bien el himno sólo hace su marcial aparición al inicio de los encuentros internacionales, tanto el escudo como la bandera son intrínsecos a los colores con los que identificamos a ese país cuyas hazañas bélicas dieron paso a las deportivas, las cuales serán más banales, pero también menos sangrientas.

Como tantos otros equipos Italia comenzó vistiendo de blanco, simplemente por motivos económicos. Así ocurrió en el primer partido de Italia, una victoria por 6-2 ante Francia en Milán. El color nevado sigue siendo el identificativo de su segunda equipación. Pero el color representativo de la selección italiana es el azul, a pesar de que la bandera transalpina obvia el color del cielo en cada una de sus tres franjas. El motivo de tal elección es que el azul es el color identificativo de la familia real de Saboya, casa gobernante desde la unificación del país en 1870.

Es por ello que a Italia se le conoce como Azurra, aunque en realidad el color de la camiseta fue celeste hasta que en 1934 pasó a tener ese azul oscuro que hoy reconocemos con celeridad. En aquellos años, se cambió el blanco de la segunda equipación por el negro fascista por deseo de Mussolini. Habría más cambios con la camiseta suplente. En los años 50 se mudó el blanco por el verde en las categorías inferiores. La idea era que el verde (de tono aguamarina) era un color de transición antes de llegar al azul. De juvenil serás verde antes de convertirte en azzurro. Esa era la idea. Tal color es usado en la actualidad para alguna tercera equipación. Y el azul, el azul de los Saboya, sigue siendo el color de Italia a pesar de que desde 1945 los monarcas ni están ni se les espera.

Italia 38. Saboya + fasces

Motivos reales también son los que llevaron a Países Bajos a adoptar el naranja como el color de su selección a pesar de lucir una bandera roja, blanca y azul. Su primera camiseta fue blanca con una franja en diagonal con los colores de la bandera. Eso duró poco. Pronto se pasó al naranja. El origen se remonta a 1648 cuando los neerlandeses declararon su independencia tras derrotar a los Austrias españoles. El líder de la revolución fue Guillermo de Orange-Nassau y su casa la gobernante en la monarquía del país. La bandera de los Orange-Nassau está formada por dos franjas naranjas y una azul, de ahí que la primera equipación de los neerlandeses sea la naranja y la suplente sea, tradicionalmente, azul.

Otra legendaria selección traicionera con los colores de su bandera es la alemana. El rojo, negro y amarillo es cambiado por el blanco. Su camiseta color albo y pantalón negro es representativa del reino de Prusia, cuna de la patria alemana. La indumentaria alternativa está, como todas, sujeta a cambios mercadotécnicos, pero tradicionalmente es de color verde. El motivo es que la primera selección que se dignó a jugar contra Alemania tras la II Guerra Mundial fue la irlandesa, por lo que los germanos adoptaron el verde como agradecimiento en un momento en el que estaban excluidos de todo tipo de evento internacional. Desde que se adoptó, hace más de 70 años, las equipaciones han sido suministradas por la también alemana Adidas, en una relación que será rota en 2027 al claudicar ante los dólares de Nike.

En ocasiones no hay que complicarse tanto. Muchas otras selecciones nacionales simplemente adoptaron el color de la bandera y del escudo nacional. Es el caso de Irlanda, Austria, Turquía o Suiza. Otras no. Verde es el color que luce la elástica de Eslovenia y de Eslovaquia, aunque en este caso los motivos son mucho más frugales. Son ambos países de etnia eslava (de ahí la raíz de su nombre), lograron la independencia en tiempos recientes, de idiomas parecidos y con una extensión kilométrica y una geografía física similar. Ambos países lucen en sus banderas franjas horizontales con los colores azul, blanco y rojo (los de Rusia, el gran país eslavo) pero ambas han adoptado el verde en su camiseta nacional. ¿El motivo? Amor por la naturaleza. Nada representa más a ambos países que el verde de sus montañas, sus bosques y sus prados.

Tras la desintegración de la Unión Soviética los rusos adoptaron el color blanco con detalles en azul y rojo propios de su bandera. No son otros que los colores del Imperio Ruso establecidos siglos atrás por Pedro I en San Petersburgo. Sin embargo, los 90 fueron duros para los rusos, y no sólo en el ámbito futbolístico, por lo que en 2008 se decidió volver al rojo como primera equipación como una de las múltiples operaciones de vuelta a la grandeza impulsadas por Vladimir Putin. El impacto en resultados no ha mejorado, pero el rojo se ha quedado para no marchar.

España jugó su primer partido en los Juegos Olímpicos de 1920 con medias negras, pantalón blanco y camiseta roja. En el pecho lucía un león rampante de tonos amarillos. Se pasaría luego al blanco en la camiseta para volver definitivamente al rojo. Tras la Guerra Civil se adoptó el azul falangista. Desde 1947 La Roja siempre ha sido roja, aunque el desvarío ha tenido lugar con los pantalones. Blancos, azules, negros y rojos. La tradición dicta que sean azules, al igual que la segunda equipación, una reminiscencia del Franquismo, dado que el azul no forma parte de la bandera nacional.

Vamos ahora con los Estados por antonomasia de Europa. El republicano y el monárquico. Francia siempre ha jugado con su hermosa combinación de colores. En su primer partido internacional contra Bélgica en 1904 la camiseta era blanca, el pantalón azul y las medias rojas. Las medias han permanecido inalterables, pero en 1920 se tornaron los colores de camiseta y pantalón y así siguen hasta el presente. El escudo siempre ha estado adornado por un gallo, de lo cual se aprovechó durante muchos años la empresa suministradora de material deportivo Le Coq Sportif. Aunque no es símbolo oficial, el gallo galo es una raza de gallina salvaje que desde tiempos antiguos puebla el hexágono francés. No en vano los romanos llamaban a aquellas tierras Galia, por la cantidad de gallos y por el orgullo que mostraban tanto los animales como sus dueños.

En Inglaterra no hay mucho que contar. Es de las escasísimas selecciones que se ha mantenido inalterable con el paso del tiempo. Camiseta blanca desde 1872 con la única variación del calzón entre blanco y azul. Igualmente imvariable es el rojo de la camiseta suplente (el otro color de la bandera que conforma la Cruz de San Jorge). Lo más llamativo de la zamarra inglesa es lo que esconde su escudo. Tres leones como distintivo de Ricardo III (icono de caballería, monarquía y grandeza) rodeados de diez rosas de la Casa Tudor (para distinguirse del cricket que únicamente usa una) cada una de ellas en representación de una división regional del futbol inglés. Encima del escudo debería verse una estrella dorada en conmemoración del Mundial ganado en 1966. Sin embargo, no es así. La flema inglesa es de tal calibre que prefieren ocultar la estrella, ya que consideran que aquel Mundial no fue ganado en buena lid. Cabe recordar que Inglaterra venció a Alemania en la prórroga con un gol fantasma que no debió subir al marcador. Sólo los ingleses son capaces de resultar iguales de insoportables restregando un triunfo que ocultándolo.

Inglaterra…sin estrella

Como en el caso de Italia, la selección brasileña eligió el blanco por una cuestión económica. Al blanco se le añadió el azul para el pantalón, aunque el uniforme sería completamente blanco cuando Uruguay asalte Maracaná en 1950 y les quite el título mundial a los brasileños contra todo pronóstico. Fue tal el impacto del Maracanazo que se decidió eliminar para siempre el blanco de la camiseta. No sólo eso. Tal era el miedo a repetir todo lo hecho anteriormente que se decidió que el número de las camisetas para cada jugador fuese establecido por sorteo.

Se estableció un concurso público en el que el único requisito era que la camiseta tendría que combinar los colores de la bandera brasileña. Curiosamente el diseñador ganador del concurso era…un uruguayo…Su diseño fue azul y blanco para la segunda equipación y el verde y el amarillo para la primera. Desde entonces la Verdeamarela o Canarinha ha ganado cinco campeonatos mundiales. En el primero de ellos, en 1958, el portero Gilmar llevó el número ‘3’ y Pelé fue el ‘10’ por puro azar. Afortunadamente el amarillo sigue siendo el color de Brasil, pero lo de los números acabó desterrándose al poco tiempo.

Para los mexicanos el color rojo guinda de su primera camiseta era una forma de homenajear los orígenes españoles del país. Así jugaron hasta que a mediados de los 50 decidieron usar una camiseta verde más acorde con la bandera nacional. La Tricolor, como se conoce a los aztecas, no adoptarían el pantalón blanco y las medias rojas tan características hasta el Mundial 1986 en el que fueron anfitriones.

A Venezuela se le conoce como la Vinotinto, caso extraño en un país cuya bandera porta amarillo, azul y rojo. Esos eran los colores de la Gran Colombia surgida tras la Independencia de Sudamérica y que englobaba a las actuales Venezuela, Colombia y Ecuador. Estos tres países comparten colores nacionales, por lo que los dirigentes venezolanos decidieron modificar el amarillo de la camiseta por el vinotinto simplemente para diferenciarse, y con éxito, de sus vecinos.

Aunque a decir verdad Colombia no fue siempre amarilla. Antes de usar camiseta color pollo, con calzas azules y medias rojas, las primeras camisetas del país cafetero fueron azules con la bandera colombiana en el pecho. Pasó más tarde a ser blanca, dado que la base para el primer equipo que fue a una Copa América (1945) venía del Júnior de Barranquilla. Luego, en los años 70, usó un uniforme naranja con pantalones blancos porque la federación colombiana, en plena reconstrucción, quedó maravillada por el futbol total de la Naranja Mecánica. No fue hasta 1985 cuando se adoptaron los colores actuales y aun así sigue siendo de esos países que cada dos por tres le da una vuelta sinsentido a su uniforme.

Sigamos. Si las camisetas fueran fieles al diseño de la bandera, Argentina tendría una camiseta con más azul celeste, mientras que Uruguay jugaría con rayas blancas y azules. ¿Por qué es al revés?

Argentina y Uruguay tienen una de las rivalidades más enconadas en el panorama internacional. Quizás la más agreste. Son dos países separados por el Rio de Plata y la Banda Oriental del Uruguay no es un más que un bosquejo de lo que antaño había sido la Gran Argentina. Si solera tiene el enfrentamiento entre Inglaterra y Escocia no lo es menos el de uruguayos frente a argentinos. El primer torneo internacional que acuñaron fue la Copa Lipton, un torneo anual entre estos dos países que se inició en 1905.

Ni unos ni otros tenían entonces camiseta oficial. Solía usarse la del club que cedía el estadio para la disputa del partido. En la edición de 1910 celebrada en Montevideo se dio por usar las camisetas de rayas rojas y blancas del River Plate FC uruguayo (no confundir con su afamado tocayo argentino) y las también rojiblancas del Alumni Athletic argentino. Como ambos equipos usaban la misma camiseta, los argentinos les pidieron a los uruguayos que usaran otro color. El color de la camiseta alternativa era celeste con pantalón negro. Así pues, Uruguay jugó de celeste y ganó la Copa Lipton. Tal fue el éxito que se adoptaron dichos colores. El Alumni, abochornado por no haberse dado cuenta de la confusión, decidió salomónicamente cambiar las rayas rojas y blancas por azules y blancas. El Alumni, ganador de 10 ligas de 11 posibles, era entonces el club de referencia en el país, por lo que se tornó lógico que al año siguiente Argentina adoptase la camiseta albiceleste como la oficial.

Así es como tendría que ser Uruguay…

Demos para finalizar una breve vuelta por otros lugares del planeta. En el país más poblado del mundo el fútbol importa más bien poco. No así el criquet. Hubo entonces que escoger un color nacional. Pensaron pues en la bandera de la nación. Naranja (azafrán como es denominado), blanco y verde. Pasaba que los dos principales partidos políticos usan el azafrán por lo que decidieron descartarlo. El blanco simplemente no gustó y el verde era el color usado por Pakistán, país contra el que India tiene varios litigios fronterizos abiertos. Se decidió entonces usar una camiseta azul que representase tanto el cielo como el mar. Cuando la selección de fútbol de India hubo de escoger sus colores decidió imitar lo ya decidido por sus paisanos del criquet.

En África no existen cortapisas a la hora de usar los colores. Si llamativas son las banderas, también lo serán las camisetas. Existen un par de excepciones. Tanto Senegal como Ghana juegan con camiseta blanca a pesar de que ese color no forma parte de sus respectivas banderas nacionales. Camerún juega de verde, pantalón rojo y medias amarillas, siendo totalmente fiel a los colores de su bandera. Hace un par de décadas fue la primera selección en apostar por una camiseta de mangas de estilo baloncestístico. La FIFA decretó su prohibición ya que según argumentó no había espacio suficiente para que se viese el logo del máximo organismo del fútbol mundial.

Australia, con bandera británica y fondo azul, quiso olvidar su pasado colonial y apostó por los colores amarillos y verdes tan característicos de sus desiertos y de sus bosques. Japón, ya para concluir, podría parecer una fácil elección. Círculo rojo sobre fondo blanco dictamina su bandera. Rojiblanco. Rojo y de pantalón blanco. Estaría bien. No obstante, los nipones visten de azul tanto de camiseta como de pantalón. El motivo radica en que es el azul el color sobre el que más destaca su bandera, la cual lucen en el pecho. De todos modos, a finales de los 80 los nipones cambiaron su tradicional azul por un rojo intenso buscando clasificarse para su primer Mundial. Visto que los resultados fueron igual de mediocres que antaño volvieron a lo ya conocido y así siguen de azul impoluto.

Japón. Años 80

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Alice Milliat

En 1896 no existía país alguno en el que las mujeres tuviesen derecho al voto. Tampoco había país del mundo en el que, una vez casadas, tuviesen potestad de gestionar alguna de las propiedades que poseían cuando estaban solteras sin el consentimiento de sus esposos. Era pues, lógico y evidente, que de los 241 atletas que participaron en los I Juegos Olímpicos de 1896 no hubiese presencia femenina. Para Pierre de Coubertin el mayor logro de una mujer sería alentar a sus hijos a ser distinguidos en el deporte y aplaudir el esfuerzo de los hombres. Y la opinión de Coubertin era la mayoritaria.

En realidad, hubo una intrépida que se saltó las reglas. Una mosca cojonera. Una griega de treinta años, de nombre Stamata Revithi, se plantó en la línea de salida en el pequeño pueblo de Maratón con la intención de cubrir los 42 kilómetros de la prueba. Oficialmente fue rechazada al no estar inscrita. Extraoficialmente un par de policías la invitaron amablemente a marcharse a su casa. Al día siguiente volvió al punto de inicio con la intención de correr el maratón por su cuenta. Consiguió que un juez firmase un documento atestiguando la hora y el lugar de salida y un cargo militar testificó la hora y el lugar de llegada a las puertas del Estadio Panathinaikó. Y digo a las puertas porque los organizadores no le dejaron entrar en el estadio olímpico. Tardó cinco horas y media, por las cerca de tres que necesitó Spiridon Louis, el campeón masculino. Habría que esperar treinta años (1926) para que dejasen a una mujer participar en un maratón cronometrado y a 1984 para que una mujer pudiese participar en un maratón olímpico.

Stamata Revithi

El caso de Stamata se perdió en el polvo de la historia, pero estuvo muy vivo y presente en el pensamiento de Alice Million. Francesa, nacida en Nantes, Alice contaba con doce años cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Atenas. Por entonces ella ya practicaba con fervor numerosos deportes como tenis, natación, vela, hípica o golf. Obviamente podía hacerlo al formar parte de una familia acomodada que le permitía privilegios vetados para muchos hombres y para muchísimas más mujeres. Casada en 1904 pasó a rebautizarse como Alice Milliat y se trasladó a Londres donde comenzó a ejercer como maestra.

Su desgracia fue que al poco de casarse enviudó. Cuatro años después de trasladarse a Inglaterra su marido falleció repentinamente. La suerte para Alice es que no tenía hijos por lo que pudo reponerse y empezar una nueva vida sin cargas ni perjuicios sociales a sus espaldas.

Y su nueva vida iba a ser el deporte. Retomó sus actividades, aunque exploró nuevas disciplinas como el hockey o el remo. Fue este último el deporte que más le enamoró y decidió dedicarse a él por completo. Pero claro, para ganarse la vida eso no era suficiente. El deporte no daba réditos económicos. Y el profesorado le impedía viajar a distintas competiciones. Así pues, decidió dejar la enseñanza y operar como traductora. Se instaló entre Estados Unidos e Inglaterra vendiendo sus servicios como traductora de francés y dedicando su vida al remo.

Poco después estalló la I Guerra Mundial. En plena contienda, en 1915, a Alice la eligen como presidenta de la Federación Francesa de Sociedades Deportivas. En esos años deja la practica activa del deporte y como tantas otras mujeres se dedica a la defensa activa del país ocupando puestos de trabajo que los hombres han dejado libres al acudir a primera línea de batalla. Es entonces, al acabar la contienda y comprobar que el esfuerzo bélico de las mujeres es olvidado y se les incita a volver a las cocinas de sus casas, cuando decide pelear con todas sus fuerzas para que las mujeres formen parte del movimiento olímpico.

Tras denodados esfuerzos consigue organizar varias reuniones con los representantes de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) para conseguir que el atletismo femenino tenga la misma representación que el masculino en la competiciones nacionales e internacionales. Su propuesta es rechazada. Consigue luego una reunión con Pierre de Coubertin con la intención de que el atletismo femenino forme parte del programa olímpico. Hay vagas promesas que pronto se diluyen en vaso de agua.

Así pues, en 1921, en la acomodada Montecarlo, Alice Milliat decide organizar un certamen atlético en el que forman parte mujeres de cinco países diferentes. La iniciativa es un éxito y en 1922 se celebran los primeros Juegos Olímpicos atléticos femeninos. Aquello es una revolución. Son los años 20. Los corsés dejan paso a las faldas por encima del tobillo. La mujer es objeto político y tiene conciencia por sí misma. Lo que era impensable apenas un lustro antes se torna ahora en esperanzador futuro. Tras la victoriosa edición de Montecarlo la edición de 1926 de los Juegos atléticos femeninos tendrá lugar en Gotemburgo.

El COI entra en pánico y se aviene a negociar.

Juegos atléticos 1922

Pierre de Coubertin acaba de dejar la presidencia. Su sucesor, el belga Baillet-Latour, es igual de aristocrático, pero es más pragmático que su antecesor. Le promete a Milliat que para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 habrá cinco pruebas atléticas femeninas a cambio de que desista de celebrar esos Juegos femeninos alternativos. Milliat acepta y firma la paz no sin reservas. Incluso el Papa Pio XI bramará en contra de la posibilidad de que las mujeres pongan en peligro sus cuerpos y eso les imposibilite ser madres en el futuro.

La competición atlética femenina queda reservada para salto de altura, lanzamiento de disco, 100 metros lisos, relevo 4 x 100 y 800 metros. En esta última prueba resultó vencedora la alemana Lina Radke y varias participantes cruzarían la línea de meta con visibles muestras de fatiga. Los cambios sociales y el retiro de Coubertin habían permitido que las mujeres cruzasen una nueva frontera dejando a un lado a la natación y al tenis, considerados deportes menos masculinos. Pero las fotografías de aquellas chicas llegando exhaustas al final de los 800 metros volvieron a cambiar el statu quo. Los miembros más conservadores del COI, auspiciados por periodistas afines, fomentaron la imagen de esas mujeres cansadas tras el esfuerzo por lo que Baillet-Latour es conminado a eliminar la prueba de 800 metros del programa olímpico de tal forma que no volverá a disputarse hasta Roma 1960.

Todo era fruto de una exageración. SI bien es cierto que hubo finalistas que llegaron al límite de sus fuerzas, también lo era que lo hicieron con la misma cara de esfuerzo con la que lo hacían sus homólogos masculinos tras sobrepasar los límites de su resistencia. Milliat estalla ante la actitud del COI y vuelve a poner en marcha los Juegos atléticos femeninos. En 1930 celebra una nueva edición en Praga. El COI y la IAAF contratacan considerando ilegales todas las marcas que se consigan en esos Juegos alternativos. A Milliat le da soberanamente igual. Habrá nueva edición en Londres 1934 y lo hará con récord de participantes. Visto el éxito, Milliat sube el órdago. Para 1938 no sólo habrá Juegos atléticos femeninos sino Juegos Olímpicos femeninos. Todas las mujeres deportistas son invitadas formalmente.

El terremoto es colosal. Alice Milliat y Baillet-Latour deben negociar. Finalmente, la activista francesa se sale con la suya. La edición de los Juegos atléticos femeninos de 1938, a celebrar en Viena, pasará a ser el I Campeonato del Mundo de Atletismo. Será auspiciado por la IAAF y participarán en igual de condiciones hombres y mujeres. Además, para los JJ. OO de 1940 habrá nueve pruebas atléticas femeninas incluyendo los 200 metros, los 100 metros vallas o el lanzamiento de jabalina. Las pruebas de resistencia siguen vetadas, pero el avance es asombroso.

Por culpa de la II Guerra Mundial hubo que esperar a la edición de Londres 1948 para ver hechos realidad todos estos avances. Por entonces ya no estaba presente Alice Milliat. La IAAF y el COI aceptaron todos esos adelantos con una única condición; que Alice Milliat desapareciese de escena. Fue apartada de los focos y vivió en soledad sus últimas dos décadas de vida. Cuando murió en 1957 fue enterrada en el anonimato. En una lápida que ni siquiera tenía placa. Era mujer en el olvido. Hasta la década de 1980 no se volverá a ver a una mujer en un puesto de responsabilidad en un organismo deportivo y hasta que llegue el siglo XXI no existirá igualdad de participantes masculinos y femeninos en los Juegos Olímpicos.

En gran medida todo ello fue gracias al impulso de Alice Milliat, una mujer que se alejó de la fama para que muchas otras pudiesen optar a ella. Sólo en los últimos años su figura comienza a ser reivindicada en su Francia natal renombrando instalaciones deportivas o bautizando con su nombre becas deportivas destinadas para mujeres. Algo es, pero insuficiente para la mujer que más hizo por la paridad entre el deporte femenino y el masculino.

Alice Milliat

“Paris 2024 es una realidad gracias a dos personas. El señor Coubertin, padre fundador del olimpismo, y la señora Milliat, la gran embajadora del deporte femenino”. Dennis Masseglia, presidente del Comité Olímpico Francés, en 2021.

“La única misión de las mujeres en el deporte es coronar a los campeones con guirnaldas”. Pierre de Coubertin en 1900.

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Cuando Didier Drogba paró una guerra

¿Es Didier Drogba el mejor futbolista que ha parido África? Poderoso y vertiginoso, los estereotipos propios de su raza ocultaban una fabulosa técnica en patrones físicos portentosos. Fenomenal delantero de área, prestigiador del balón de espaldas a portería y de elegancia y mentalidad inquebrantable, Drogba se convirtió en leyenda goleando para el Chelsea FC. Solo otros iconos africanos como Salah, Weah, Eto’o, Abedi Pelé o Madjer pueden rivalizar con los logros del delantero costamarfileño.

Didier Drogba nació en Abiyán, una de esas megalópolis africanas en continuo crecimiento donde el acuciante calor y la humedad están garantizados. Antigua colonia francesa, los padres de Drogba decidieron que a los cinco años el pequeño Didier se buscase un futuro mejor en Francia. Lo mandaron al norte del país junto a su tío, un tal Michel Goba, que hacía carrera como futbolista en la segunda categoría del fútbol galo. El pequeño Tito, apodado así por su abuela que era una admiradora del entonces presidente yugoslavo, sólo aguantó tres veranos antes de volver a Costa de Marfil. Pero habría un segundo intento. Otra vez Didier hizo las maletas y en este caso se trasladó a Vannes, en la Bretaña francesa. Didier contaba entonces con doce años de edad.

“Queríamos que fuese médico o abogado, nunca quisimos que fuese futbolista”, confirmaría años más tarde papá Drogba. El caso es que el influjo del balón era mayor que el de los estudios y mientras Didier destacaba sobre el rectángulo de juego patinaba cuando estaba sentado en el pupitre. Con 13 años Drogba era un prometedor delantero, pero también un preadolescente a punto de repetir curso. Sus padres no lo iban a consentir y dieron la orden a su tío de obligarlo a abandonar el fútbol en el caso de que las notas no mejorasen. Lejos de enfadarse, aquel joven se dedicó a hincar los codos y al verano siguiente pasó de presentar un expediente con suspensos a otro en el que brillaban los sobresalientes. Tras un curso de castigo sin calzarse las botas, Didier podía volver a jugar al fútbol.

Fue tan radical el cambio de Drogba con los libros que con 18 años se trasladó a Le Mans para empezar la licenciatura de Economía. Pero, aunque su deseo era satisfacer a sus padres, su progreso con el balón era más notorio que el académico. Tendría que dejar de un lado los libros ante su fulgurante salto al estrellato. Ya con sus padres y sus hermanos trasladados a Francia, Drogba aún seguiría empollando hasta los 21 años, hasta que no pudo posponer más la decisión y hubo de centrarse en su carrera futbolística. No sería hasta los 25 cuando explotaría en el Olympique de Marsella antes de dar el salto al Chelsea FC y convertirse durante un lustro en uno de los mejores delanteros del mundo.

Fue una explosión lenta y controlada. Una carrera tardía en un mundo que venera la juventud y la inmediatez. Pero Didier nunca quiso decepcionar a sus padres y no volcó sus esfuerzos con el fútbol hasta que estuvo seguro de que su éxito sería colosal.

Drogba en Marsella

Drogba fichó por el Chelsea FC en el verano de 2004 tras meter más de 30 goles la temporada anterior en Marsella. Al mismo tiempo que Drogba se convertía en el delantero titular del Chelsea FC, Costa de Marfil luchaba para clasificarse por primera vez en su historia para un Mundial. En 2005 Los elefantes afrontaban la fase de clasificación de la zona africana con una generación fabulosa liderada por Drogba y que contaba con Kolo y Yayá Touré, Eboué, Zokora o Kalou.

Ese brillante presente futbolístico coincidía en el tiempo con una feroz guerra civil. Costa de Marfil es un país francófono de mayoría católica. Su privilegiada situación en la Costa de Oro lo hace uno de los países más prósperos de la zona. Eso es motivo para recibir miles de emigrantes de países limítrofes como Guinea Conakry, Liberia o Burkina Faso. Estos tres estados son más pobres y cuentan con una mayoría musulmana. Normalmente suelen asentarse al norte de Costa de Marfil que es donde se encuentran los recursos naturales que son explotados para el progreso y el bienestar del sur, la zona más avanzada del territorio. La dicotomía entre las zonas de interior y las marítimas es una característica intrínseca al progreso de África o de América Latina.

La mayoría de esos emigrantes se instalan en Bouaké, la ciudad más importante del norte del país. De este modo Costa de Marfil queda ‘de facto’ dividida en dos mitades; una musulmana al norte con capital en Bouaké y una católica al sur con capital en Abiyán. Costa de Marfil es entonces una democracia con cimientos de barro afectada por problemas endémicos que se ven agravados con una ley que prohíbe el voto a aquellos cuyos dos padres no hayan nacido en el país, impidiendo que el grueso de los emigrantes y sus descendientes puedan votar.

Costa de Marfil

No es de extrañar que en 2002 estalle una guerra civil que deja unos 3.000 muertos cuando en 2005 la selección de fútbol costamarfileña esté luchando por lograr una plaza en el Mundial a celebrar en Alemania al año siguiente. Tiene entonces lugar el encuentro decisivo ante los ultrafavoritos de Camerún, que derrotan a Costa de Marfil por 3-2 poniendo pie y medio en Alemania. A falta de una jornada para el final, Costa de Marfil debe ganar en Sudán y Camerún tiene que perder o empatar contra un Egipto que no se juega nada para que los costamarfileños logren el milagro.

Costa de Marfil cumple con el trámite derrotando a Sudán en un choque que acaba minutos antes que el encuentro entre cameruneses y egipcios. Los costamarfileños esperan de la mano en el circulo central mientras por la megafonía se retransmiten los últimos compases de un partido que al llega el minuto 93 con un empate entre Camerún y Egipto (1-1). Costa de Marfil está clasificada, pero en ese instante se pita un penalti a favor de Camerún. Un penalti casero tan común en las competiciones africanas.

Fueron varios los minutos de tensión. Los egipcios protestaron y el portero faraón se encomendó en poner nerviosos a Eto’o y compañía. Se suponía que sería la entonces estrella del Barça el que lanzara la pena máxima, pero no supo o no quiso. Tampoco Alex Song, otro que por galones tendría que haber lanzado el penalti, por lo que al final fue Pierre Womé el encargado de ir al patíbulo.

Tras horas de espera Wome dio varios pasos atrás y le pegó al balón con tanta intención que el esférico salió escupido por el poste izquierdo del guardameta. El milagro se había producido.

“Mujeres y hombres de Costa de Marfil, de norte a sur y de centro a oeste, hoy hemos demostrado que todos los costamarfileños pueden coexistir y jugar juntos por un objetivo común: clasificar al país para un Mundial. Os prometimos que la celebración uniría a nuestro pueblo. Hoy os rogamos de rodillas. Perdonad. Perdonad. Perdonad. La única nación africana con tanta riqueza no puede estar en guerra. Por favor, dejad las armas y organicemos unas elecciones. Será lo mejor para todos”. Primero de rodillas, luego de pie y siempre con lágrimas en los ojos, Drogba cogió micrófono en mano y exhortó a sus compatriotas a abandonar las armas en medio del círculo central.

Por esos imposibles que el fútbol hace de vez en cuando posibles, la arenga de Drogba tuvo efecto. Los historiadores dirán que fueron los cascos azules de la ONU, pero lo cierto es que las palabras de Drogba tras el fin del partido tuvieron mucho más efecto que las decisiones de los burócratas del primer mundo. Costa de Marfil se clasificó para el Mundial, la guerra se paró y los 25 millones de habitantes del país se agolparon delante del televisor para ver como aquellos chicos llevaban el nombre de su tierra por todo el mundo.

El pacificador

No pasaría de la primera fase Costa de Marfil ante un terrible calendario que le asignó a Argentina y Países Bajos como rivales. Al menos vencerían a Serbia por 3-2 en la que fue su primera victoria mundialista.

A pesar de la discreta experiencia mundialista, Didier Drogba fue galardonado ese año con el Balón de Oro africano. Laurent Gbagbo, presidente de Costa de Marfil, organizó un acto institucional para entregar el galardón a Drogba. Gbagbo, católico como Drogba y de su misma etnia, instituyó el evento en Abiyán. Su intención era reafirmar su autoridad apoyándose en el hombre más famoso del país. Pero Drogba volvió a tirar de micrófono y hacer un llamamiento al entendimiento: “Señor presidente, me gustaría ir a mostrar este galardón a nuestros hermanos de Bouaké”. Gbabgo esbozó una incomodísima sonrisa ante la afrenta de un Drogba que días después volaba a Bouaké, la capital del norte musulmán, para soltar otra perla pacifista: “La próxima vez no vendré sólo. El próximo partido de la selección lo jugaremos aquí”.

Hacía más de cinco años que la selección no se acercaba al norte del país. Lo haría nuevamente en junio de 2007 con un encuentro amistoso ante Madagascar con clara victoria por 5-0. Tres meses antes se había acordado la paz y se celebraron unas elecciones libres que dieron lugar a un frágil pero ilusionante coalición entre católicos y musulmanes.

Nadie había hecho más por establecer la paz que Didier Drogba. Venerado como un semidios siguió capitaneando a su selección en un total de 105 partidos. En 2010 logró llevar a su país a un Mundial nuevamente, y de nuevo no pudieron pasar de la primera fase. Más dolorosa fue la derrota en la final de la Copa de África de 2012 ante Zambia, en el que fue el último gran torneo internacional de Drogba.

Costa de Marfil nunca ha recuperado el nivel de prosperidad que tuvo en los 90. No obstante, aunque en 2011 los dos candidatos a la presidencia se proclamaron vencedores de las elecciones y hubo un connato de rebelión, parece que el país ha entrado nuevamente en la senda de la estabilidad.

En el momento de escribir estas líneas Didier Drogba va camino de los 46 años. Lleva varios años retirado. Está casado y tiene tres hijos. Él es católico y su mujer es musulmana. Ambos son nacidos en Costa de Marfil y ambos se conocieron en Francia. Didier Drogba posee 17 títulos oficiales, anotó 304 goles y cuenta con una licenciatura en Económicas. No sabemos si los padres de Drogba tienen alguna medalla o trofeo de su hijo en el salón de su casa. Pero no erraríamos ni un ápice si aseveramos que tienen enmarcado el título universitario de un hijo cuyos valores superan con creces sus logros con el balón.

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Especial Año Nuevo: Entrevista a los Reyes Magos

Reciben los tres con túnicas coloreadas, amplias sonrisas y frondosas barbas. Melchor, Gaspar y Baltasar. Europeo, asiático y africano, representando las tres razas y los tres continentes de la Edad Media. No se sabe si eran reyes, ni si eran magos (sacerdotes en persa), ni si eran tres, simplemente conocieron la existencia de Jesús de Nazaret y allá se fueron a presentarle sus respetos. Ejemplo de integración, solo falta una mujer en la ecuación, los Reyes Magos hacen realidad los sueños de los niños, y los no tan niños, cada madrugada del 5 al 6 de enero en España y en gran parte de Hispanoamérica.

Misterdato (P): ¡Feliz Día de Reyes! Me siento como un niño con zapatos nuevos.

Reyes Magos (R): ¡Todos somos niños! Hoy es el día de la ilusión. La noche más especial del año ¡Hoy todos somo niños!

P: ¿Cómo van los preparativos? Imagino que no tendrán ni un minuto de descanso.

Reyes Magos (R): Imagínese. Son millones de hogares por todo el mundo y toneladas y toneladas de regalos que debemos de repartir. Y ya no somos jovencitos, ¿sabe? Ya hemos pasado de los 2.000 años y los achaques son continuos. El mes pasado a Baltasar hubo que ponerle un stent y a Gaspar tuvimos que operarlo de la cadera antes del verano.

P: Todos valoramos sus esfuerzos y hablo en nombre de todos cuando les doy las gracias por su labor. ¿Hay algo que podamos hacer para ayudarles?

Reyes Magos (R): Claro. Desde aquí hacemos un llamamiento a los niños de todo el mundo para que nos ofrezcan vasos de leche desnatada. El colesterol nos está matando, especialmente a Melchor que le encantan los embutidos. También le pedimos a los papás y a las mamás que se fijen en la sección de galletas en unas que tienen un sello de la Fundación Española del Corazón que, dentro de lo malo, son bajas en azúcares y sales y son cardiosaludables.

P: Tomamos nota. ¿Qué le podemos ofrecer a los camellos?

Reyes Magos (R): A los camellos un poco de hierba seca les gusta mucho. También les encantan las zanahorias crudas, los trocitos de manzanas, el pan seco y las hojas de lechuga. Pero lo más importante es que les dejéis un buen cuenco de agua o tres vasos de leche tibia. Son miles y miles de kilómetros y acaban la noche sedientos.

P: ¿Y ustedes? ¿Algo mejor que leche desnatada?

Reyes Magos (R): Deber no debemos, pero hay cosas sanas que nos gustan y, la verdad, no solemos encontrarlas en las casas de los niños. En general nos encanta la comida de Oriente Próximo que es donde somos nativos. A mí (Melchor) me vuelve loco el zaatar, que es una mezcla de especias que condimenta cualquier carne o pescado. A Gaspar le gusta mucho el hummus con un chorrito de aceite de oliva y a Baltasar le encantan los huevos escalfados con tomate.

P: Saben que en España el favorito de niños y niñas es Baltasar.

Reyes Magos (R): ¡Lo sabemos! De hecho, a Baltasar le hipnotiza la tortilla de patatas. Siempre que ve un trocito que nos dejan en alguna mesa es el primero que le hinca el diente.

P: Tengo que preguntarles por el tema deportivo, que al final es el motivo de esta entrevista. No sé qué me pueden decir al respecto.

Reyes Magos (R): Al igual que la alimentación saludable, debemos tener en cuenta los regalos saludables que fomenten la actividad física. Patines, patinetes, ropa deportiva o bicicletas son nuestros regalos favoritos. Y balones. Muchos balones. El fútbol compite con Dios en omnipresencia.

P: ¿Prohibirían los videojuegos?

Reyes Magos (R): Nunca. Prohibir es una palabra que no está en nuestro vocabulario. Los videojuegos fomentan el ingenio, los reflejos y hasta el trabajo en equipo. Se trata de compaginar. Pero es imprescindible fomentar. La cifra de niños de entre 5 y 14 años que no realizan ninguna actividad física habitualmente es del 12%. Es algo terrible. Y entre los 14 y los 18 se eleva por encima del 45%.

P: ¿Ustedes realizan ejercicio físico?

Reyes Magos (R): Caminamos todos los días unos diez kilómetros por el desierto. Debemos estar en forma para cumplir con nuestras obligaciones. Y participamos también de forma habitual en carreras de camellos.

P: Cuéntenme.

Reyes Magos (R): Son muy populares por nuestra zona, por todo Oriente Próximo y también en otros lugares como Australia o Mongolia. Poca gente sabe que los camellos pueden llegar a alcanzar los 65 km/h y sostener una velocidad de 40 km/h al trote durante cerca de una hora. Hay carreras de niños y de adultos, pero los verdaderos protagonistas son los camellos. Se ha llegado incluso a hacer carreras con jockeys que son robots para minimizar el peso de la carga y mejorar la velocidad del camello.

P: Creo que en países como Qatar, a pesar de haberse gastado miles de millones en futbolistas, carreras de Fórmula 1 o Mundiales de todo tipo de especialidad deportiva, no existe evento más seguido que las carreras de camellos.

Reyes Magos (R): En Qatar hay un canal de televisión dedicado en exclusiva a ello. Y las más seguidas y valoradas son aquellas en las que no hay jockey, para que se dé cuenta de la importancia que tienen los camellos en todo este asunto. La temporada empieza en octubre y finaliza en abril. La carrera principal se llama Festival Anual por la Espada, donde el ganador del primer premio se lleva la Golden Sword (espada de oro) que es entregada por el Emir de Qatar.

P: ¿Tienen nombre sus camellos?

Reyes Magos (R): Lo cierto es que no. De hecho, en nuestros primeros viajes llegamos a recorrer el mundo en elefantes y en caballos, aunque luego nos decidimos por los camellos. Los pobres acaban tan cansados que año a año tenemos que cambiarlos. Les cogemos muchísimo cariño y decidimos no bautizarlos con ningún nombre para no encariñarnos tanto.

P: Por cierto. Un par de curiosidades para finalizar. ¿Es cierto que hubo un cuarto rey mago?

Reyes Magos (R): No es cierto. Es un cuento, bonito, pero un cuento, de finales del siglo XIX. El relato dice que un tal Artabán partió con diamantes para Jesús (regalo mucho mejor que el incienso y la mirra). En mitad del camino, se encontró con un hombre moribundo tras ser atacado por bandidos; le sanó sus heridas y le dio un diamante para que reemprendiera su vida. Los cuatro habíamos quedado en un punto de encuentro para ir a Belén y al ver que Artabán no llegaba a tiempo nosotros tres partimos en busca del Mesías. Artabán llegó a Belén con días de retraso, cuando Jesús ya no estaba y Herodes ya había mandado matar a los recién nacidos. Artabán dio todos sus diamantes a hombres de Herodes como soborno para salvar la vida de muchos de esos infantes que iban a ser asesinados. Luego Artabán fue condenado a prisión durante treinta años.

P: Un cuento muy hermoso.

Reyes Magos (R): Hay más. Treinta años después, justo tras ser liberado, Artabán descubrió que Jesucristo iba a ser crucificado en el Gólgota, por lo que se dispuso a ir allí para entregarle el diamante que le quedaba como tardía ofrenda. En el camino vio cómo un padre vendía a su hija para saldar sus deudas. Artabán utilizó así la última piedra preciosa que le quedaba para liberarla, momento en el que Jesús murió, iniciando un temblor de tierra, lo que provocó que una piedra le golpeara en la cabeza y quedara gravemente herido en el suelo. Entre la muerte y el sueño, Artabán recibió una visita de un ángel: «Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste», ante lo que dijo no saber cuándo lo había hecho: «Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí», afirmó Jesús, momento en el que Artabán falleció, siendo elevado al cielo.

P: Hermoso, reitero. Y la otra curiosidad; ¿tenemos que dejarles un zapato, una zapatilla o un calcetín para que nos dejen los regalos?

Reyes Magos (R): La tradición dice que un amigo de Jesús de Nazaret, triste por verle siempre descalzo, le dejó unos zapatos por la noche en su ventana. A la mañana siguiente los zapatos estaban en el mismo sitio, pero el niño Jesús los había llenado de dulces para que se los llevara ese niño de buen corazón…y esa es la moraleja de la historia. Da igual que dejéis un zapato, una zapatilla o un calcetín, lo importante es que tengáis un buen corazón.

P: Se intenta. Me iré a la cama temprano y espero que mañana por la mañana mi esfuerzo haya sido recompensado. Ha sido un placer compartir un ratillo con ustedes.

Reyes Magos (R): El placer ha sido mutuo. Ahora a dormir y a soñar con los tres Reyes Magos.

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Cuando la trampa del fuera de juego cambió el fútbol para siempre (2ª parte)

¡Cómo había cambiado el juego! Aquella carga ligera de caballería se estaba convirtiendo en un interesante juego colectivo. La brutalización daba paso a la sofisticación. Si antes el portero despejaba de puños porque si cogía el balón lo podían matar (literalmente), en 1912 el guardameta era intocable y sólo podía tocar el balón con las manos dentro de su propia área.

Con el 2-3-5 todo cambió, pero pronto hubo quien detectó que ese tercer mediocentro, con sus subidas y bajadas, iba dejando huecos en el centro del campo. Los más avispados, y los más avispados eran los futbolistas del Río de la Plata, comprendieron que moviendo posicionalmente a los cinco atacantes y acercando a alguno de ellos al centro del campo se originaba una superioridad que se tornaba en decisiva. El ataque en línea se convierte en ataque en abanico, donde los extremos retroceden o el delantero centro se cristaliza en mediapunta.

Es pues cuando los equipos, alarmados por ese agujero en el centro del campo, deciden reforzar su parcela defensiva. Para ello se valen de la táctica del fuera de juego. Recordemos que por entonces si tres defensores (dos zagueros y el portero) están por detrás del delantero rival ya hay fuera de juego. No era difícil que a alguien se le ocurriese levantar la mano para avisar al compañero, dar un paso al frente y usar el fuera de juego a su favor.

El inductor y referente del uso de la trampa de fuera de juego fue un norirlandés llamado Billy McCracken. Durante veinte años (1904-1924) fue el líder del Newcastle United y elemento estructural del centro de la zaga con sus más de 180 centímetros y sus 85 kilos de peso, medidas muy consideradas en la época.

Cuando observaba que el delantero rival iniciaba el desmarque, McCracken lanzaba un grito y corría en dirección al círculo central mientras su compañero en el centro de la defensa levantaba la mano para reclamar al árbitro (a imagen y semejanza de lo que muchas décadas después hará Baresi en el AC Milan) el fuera de juego. Dado que entonces los pases eran cortos y lentos y los jugadores no se podían mover de su zona asignada, no había profundidad, únicamente horizontalidad, por lo que no había forma de romper la trampa del fuera de juego. Cuando en un partido McCracken consiga que el árbitro sancione más de cuarenta fueras de juego en un mismo partido todo estallará. Al reanudarse las competiciones tras la I Guerra Mundial todos los clubes utilizarán la misma táctica, el número de goles se reducirá (2,95 por partido en 1908 a 2,43 en 1924), se culpará a McCracken de acabar con el fútbol y el número de aficionados en los estadios descenderá drásticamente.

Billy McCracken

El problema crecía como bola de nieve y no se atisbaba solución. El juego era monótono y los delanteros centros, grandes y lentos, caían sin remedio en la trampa. Y en Inglaterra entró el pánico. Y entraría mucho más cuando Uruguay gane los Juegos Olímpicos de 1924 arrasando a todos sus rivales (los británicos se autoexcluían de las competiciones internacionales). José Nasazzi, capitán uruguayo, observa que los europeos abusan del fuera de juego y decide instalarse en el centro del campo (2-4-4), descartando el juego directo y apostando por el pase para llegar a la portería rival. El fuera de juego de los rivales naufraga y Uruguay gana de forma bella con un estilo que se prolongará en el tiempo.

Así que la Football Association (FA) atisbó dos soluciones. La primera consistía en pintar una línea a 36 metros de la portería que marcase a partir de donde se establecía el fuera de juego (como en las categorías inferiores de la actualidad). La segunda consistía en limitar el fuera de juego a dos defensores (el portero más un zaguero) facilitándole así las cosas al delantero falto de calidad técnica. Se realizó una prueba en un partido en Highbury. Primera parte tirando la línea de 36 metros y segunda mitad reduciendo a dos el número de defensores para marcar el fuera de juego. Quizás fuese demasiado precipitado, pero la solución requería urgencia.

Gustará la segunda idea. A partir de entonces un futbolista estaría en posición de fuera de juego si está más cerca de la línea de meta contraria que el balón y el penúltimo adversario a menos que se encuentre dentro de su propio campo. Era abril de 1925.

El fútbol iba a cambiar para siempre.

Al cabo de una temporada el promedio de goles en la liga inglesa pasó de menos de 3 por partido a 4,5. La falta de profundidad de la línea de cinco quedaba descartada y los McCracken de turno, al no tener un compañero en defensa, se lo tendrían que pensar muy mucho antes de adelantarse y levantar la mano para reclamar el fuera de juego. Al ligero error dejaban a su portero vendido en un mano a mano frente al delantero rival.

Lo que en abril era una realidad en las Islas Británicas el 13 de junio de 1925 se cristalizó en cierto en el resto del mundo. La FIFA puso en marcha un tren que revolucionaría para siempre la forma de jugar y en la que, por vez primera, tendría más importancia la táctica que los jugadores.

Nacía la era de los entrenadores.

Y aunque nadie lo sabía entonces, nacía la parte defensiva del juego. Defender para ganar.

Y es que los árboles no dejaron ver el bosque. En las siguientes tres décadas el fútbol ofensivo campó a sus anchas por el orbe. Los goles aumentaron de forma radical. En el Mundial de 1954 se llegó a la cima de la excelencia ofensiva con 5,4 goles por partido, hasta que en los 60 arribó el boom defensivo que intentará ser contrarrestado con los cambios para oxigenar el centro del campo y las tarjetas para proteger a los delanteros. Pero el caso es que, sin que nadie se diese cuenta ni lo advirtiese, en ese 1925 estaba naciendo una forma de jugar que primaba lo defensivo antes que lo ofensivo.

Ante el pánico de dejar a un solo defensa ante el delantero rival, el pavor hace su aparición y hay una serie de entrenadores que deciden fortificar la defensa. Es importante resaltar que son entrenadores. Hasta entonces los equipos cuentan con un preparador físico, pero no existe la táctica. Las plantillas con cortas (a lo sumo 13 o 14 futbolistas) y las alineaciones son decididas por el capitán que las consensa con los compañeros. A partir de entonces los entrenadores (siempre ex jugadores) determinarán el estilo de juego y quienes deben saltar al campo. Uno de estos primeros gurús fue el inglés Herbert Chapman. Dirigiendo al Huddersfield Town decidió retrasar a uno de los medios para fortalecer la defensa. El 2-3-5 pasaba a ser 3-2-5. El sistema fue afiliado cuando en los años 30 Chapman pasó a dirigir con éxito al Arsenal FC. Era la WM de Chapman, el sistema imperante en el mundo desde entonces hasta finales de la década de 1950.

La WM permitía movilidad dentro de la limitación del juego zonal de entonces. Aunque sobre el papel el dibujo WM con los extremos super adelantados parezca ofensivo, la realidad es que se asemejaba más a un 3-4-3 o a un 5-2-3 en defensa. Los goles aumentaron, sí, pero porque aumentó el juego directo. Chapman hizo hincapié en el pase largo y el control del balón. Que un extremo controlase el balón de primeras tras un pase de treinta o cuarenta metros era un gol asegurado. Pero se hizo acosta de aumentar la precaución defensiva y el abandono del centro del campo. Ahora había dos trincheras. Una en defensa y otra en ataque. El centro del campo era yermo. Será tras la II Guerra Mundial cuando algún avispado acuñe la expresión zona ancha para referirse a ese centro del campo que quedaba desocupado.

La WM de Herbert Chapman

El concepto cambia. Hasta entonces el objetivo era marcar un gol más que tu rival, no obstante, ahora el objetivo era defender para no encajar goles, No es que antes no hubiese equipos defensivos. Sin echar la vista muy atrás en los ya citados JJ. OO de 1924 Uruguay solo tuvo dificultades en el partido de semifinales ante Países Bajos (2-1), Según las crónicas, viendo que sus opciones de vencer eran ficticias, los neerlandeses desplegaron un 5-5-0 sin intención alguna de ganar. La diferencia radicaba en que antes de la modificación de la regla del fuera de juego el acumular jugadores en defensa eran acciones coyunturales y tras la modificación de la regla se convertirán en estructurales.

Lo que era un estigma, una deshonra, un gesto de cobardía (recordemos que el fútbol nació como un deporte de caballeros) se convirtió en aceptable. Si en origen el fútbol funcionaba como carga ligera de caballería, ahora se aceptaba que los soldados cavasen una trinchera a la espera de una oportunidad. Un dato. Hasta 1925 el balance entre Escocia e Inglaterra en partidos internacionales era ligeramente favorable a los primeros. Tras la modificación de la regla del fuera de juego los escoceses abandonaron su tradicional juego de pases y aceptaron el juego directo y la WM masivamente. Desde entonces cayeron en picado ante los ingleses. Era la contrarrevolución.

Lo curioso es que fueron los ingleses victoriosos los que abrazaron con fuerza la modificación de la regla del fuera de juego y el establecimiento de la WM como patrón de juego. El resto del mundo exploró una vía alternativa, una que rompiese con el juego acartonado de usos y costumbres tan británico y que diese pábulo a las filigranas ofensivas para romper con el fuera de juego.

Así si la WM es la solución defensiva a la modificación de la regla del fuera de juego, la solución ofensiva pasará porqué los delanteros usen el cerebro. Si para contrarrestar la amenaza los clubes británicos transformaron un mediocentro en defensa con la instrucción de perseguir al delantero centro sustituyendo el marcaje zonal por el individual, en el resto del mundo hubo técnicos que decidieron mover a los atacantes. El italiano Vittorio Pozzo fue pionero al establecer cuatro líneas en el campo en vez de las tres tradicionales. En determinadas ocasiones usaba la figura del líbero (a semejanza de los uruguayos) para tener un defensor libre de cargas, pero fundamentalmente lo que hizo fue retrasar a los extremos obligándoles a regatear hacia dentro buscando el disparo en vez de pegarse siempre a la banda. Así los interiores, liberados de su función ofensiva, podían bajar al centro del campo para distribuir el balón. El 2-3-2-3 de Pozzo (3-4-2-1 sin balón) le dio a Italia dos Mundiales (1934 y 1938) desactivando por completo el problema del fuera de juego.

Los sudamericanos decidieron mejorar el juego al primer toque y el control con la idea de aumentar la velocidad del juego. Comprendieron que, si jugaban como siempre, pero a mayor ritmo, la lentitud de los defensas rivales sería impedimento total para que pudiesen poner en práctica la táctica del fuera de juego. Así, y al menos hasta finales de los 40, Uruguay, Argentina o la Escuela Danubiana (Checoslovaquia, Hungría o Austria eran los mejores países europeos hasta la II Guerra Mundial en parte gracias a las enseñanzas del inglés Jimmy Hogan – véase artículo escrito en este blog -) decidieron expresarse con el pase y el regate reforzando el centro del campo a costa de un delantero y siempre manteniendo los dos defensores. El 2-3-5 peleó por sobrevivir ante la WM importada desde las Islas Británicas.

La Italia bicampeona (34 y 38) de Pozzo

Tras la II Guerra Mundial la WM ya será el esquema habitual en todo el mundo. Para entonces el fútbol ya había cambiado para siempre. Había dejado de ser inglés. Los british eran todo piernas y pulmones y nada de cabeza. Cuando en 1950 caigan derrotados ante Estados Unidos el mito acabará por romperse. El resto del mundo, aun aceptando la WM, comprendió que la esencia del fútbol se basa en que la pelota corra y el rival tras ella.

Pero lo que había llegado para no marchar era la corriente defensiva del juego, quizás porque el fútbol hacía mucho que había dejado de ser un juego. Desde que en 1925 se modificó la regla del fuera juego el fútbol se dividió entre los que decidieron protegerse de la amenaza retrasando a un defensor y los que apostaron por potenciar el juego de pases para desde el mediocampo llegar hasta la portería rival.

Donde antes sólo había una forma de entender el fútbol, la ofensiva, ahora había dos. La ofensiva y la defensiva. Y todo había sido provocado por la modificación de la regla del fuera de juego.

¿Cómo ganar? Pocos pases a gran velocidad para llegar al arco contrario en el menor tiempo posible. El regate está en desuso. La pelota siempre viaja más rápido sin un jugador detrás de ella”. Helenio Herrera, factótum del Catenaccio.

“Al fútbol siempre ha de jugarse de manera atractiva y de manera ofensiva”. Johan Cruyff, factótum del Fútbol Total.

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Cuando la trampa del fuera de juego cambió el fútbol para siempre (1ª parte)

Yo estuve allí. Es una calle insulsa en el barrio de Covent Garden. No muy lejos del British Museum. Hoy mantiene la esencia. Poco iluminado, decoración cargante, amplia barra de bebidas y escasa oferta de comida. Pidiera sausage and mash. Es decir, salchichas con puré de patatas. Mi esposa pidiera fish and chips. Es decir, bacalao frito con patatas. Lo típico. Tampoco había mucho más para elegir. Pues allí, en The Freemason’s Tavern, una mañana de octubre de 1863 se reunieron representantes de los centros educativos más prestigiosos de Gran Bretaña para discernir sobre cuáles eran las reglas a seguir de manera uniforme en ese nuevo deporte de pelota que estaba desarrollándose y creciendo aceleradamente por todo el país. Los partidarios de jugar con pies y manos, liderados por los religiosos de la Rugby School, no fueron capaces de convencer a los allí presentes de las bondades de sus reglas. Así que un grupo de once disidentes, enderezados por Harrow School, firmaban, esa mañana en la The Freemason’s Tavern, un documento con trece reglas entre las que destacaba la prohibición del uso de las manos para trasladar el balón. Había nacido la Football Association. Había nacido la FA.

El fútbol pasaba a ser un ente propio y reglamentado.

Porque los ingleses no inventaron el fútbol (de hecho, tuvieron mucho más peso los escoceses, pero esa es otra historia ya contada en este blog). El fútbol surgió como hijo de la Revolución Industrial ante la necesidad de ocupar un tiempo de ocio instituido al sustituir el trabajo agrario de sol a sol por el mecanizado con horario de inicio y de fin. El fútbol triunfó por su sencillez y por su capacidad para aglutinar en torno al juego un compendio de identidades culturales y sociales que sirviesen de vía de escape a aquellos que se trasladaron del campo a la ciudad y vieron saltar por los aires todas sus convicciones tradicionales. Pero al fútbol se jugaba igual en Oxford, que, en el patio de una fábrica, en la cubierta de un barco o detrás de una iglesia. Lo que se hizo aquella mañana en la The Freemason’s Tavern fue reglamentar el juego, dotarlo de unas normas y un patrón común a todos sus practicantes. El reglamento del fútbol dice claramente como debe jugarse, cuáles son los códigos de actuación y cuáles las normas de conducta.

Toda norma condiciona. La Ley de Propiedad Horizontal determina que puedes y que no puedes hacer en tu vivienda, el Código de Circulación establece como conducir y la Constitución decreta que y que no puede hacer el partido político que está en el Gobierno de la Nación. El reglamento del fútbol, las trece reglas originales, condicionaron como se iba a jugar al fútbol desde entonces hasta el presente. Condicionó la orientación del juego (ofensiva, al ataque), limito el terreno de juego al 100 x 100 (hoy la horquilla va desde el 110 x 75 al 100 x 64) y estableció elementos fijos de finalización (porterías con medidas estandarizadas). Las reglas dictaminan que para ganar hay que meter gol, lo que sugiere que el juego se practica de medio campo hacia adelante. Con los años la táctica más extendida y con más durabilidad en el tiempo será el 2-3-5 que estimuló la ocupación del ancho del campo en la búsqueda de un eje vertical de actuación que lleve a la portería, auténtico referente del juego. Más adelante la portería será sustituida por un referente móvil (el balón) y mucho más tarde, en tiempos de Cruyff, el referente del juego serán los propios jugadores a través de su movimiento.

Durante un tiempo fútbol y rugby beberán de la misma agua. El caos en el juego, las melés, el patadón, lo más puro de la diversión, formarán parte del desconcierto inicial. El origen se parecerá y mucho al patio del colegio, a las vísceras del juego donde todos corríamos sin ton ni son en busca del balón. Esos inicios tienen que ver con las reglas, y las reglas las conforman unos individuos determinados por un lugar y un hábitat concreto. Hablamos del Imperio Británico. Del Britannia Rules. De la Inglaterra Victoriana. Lo que prima es el juego directo. El yo contra todos. El juego individual, pero también caballeroso. No hay centros, no hay pases. El que coge el balón vuela hacia el horizonte como la carga de la Brigada Ligera cabalgaba hacia el abismo en la batalla de Balaclava. Lo que importaba era el romanticismo, el héroe que luchaba ante todo y salía victorioso tanto en la victoria como en la derrota. El liderazgo y la proeza individual encarnaba todo lo que un futbolista tenía que ser. No es extraño que el primer gran equipo fuese el Old Etonians, de la prestigiosa y elitista Eton, donde, evidentemente, sus jugadores ni podían ni querrían ser profesionales.

Pasar el balón estaba mal visto. Era un acto de cobardes. Una dejación de funciones. Todo se basaba en el héroe, en el único responsable. Entre los primeros partidos de los que tenemos constancia hay muertos. Cuerdos y locos, valientes que cogían el balón y recibían la envestida de otros hombres a base de golpes. Fruto de todo aquello, de aquella locura pseudoheroica, en 1891, casi tres décadas después de la fundación del fútbol reglado, tiene lugar la primera modificación del reglamento. Se prohíbe golpear al portero (hasta entonces eso no era falta) y se crea el área pequeña, también llamada área de gol. Toda infracción dentro de ese rectángulo será sancionada con un golpeo directo sin barrera. Es el penalti. También conocido como disparo de la muerte.

El disparo de la muerte

Hasta entonces se podía hacer lo que te viniera en gana para derribar al portero. Desde entonces el arquero es intocable con la pelota en su poder. Mas también lo es el delantero que consigue ser tan audaz como para adentrarse en el área rival. La creación del penalti (1891), la modificación del fuera de juego (1925, lev motiv de este artículo), la introducción de los cambios (1967) y la aparición del VAR (2016), son los cuatro grandes cambalaches que han puesto patas arribas el fútbol en más de siglo y medio de vida.

¿Cómo era entonces el juego en sus inicios? La disposición táctica habitual era el 1-1-8. Era un juego simple, basado en el individualismo, el regate, la velocidad y el buen disparo desde lejos. Todo era un caos absoluto. Era un caos promovido por un reglamento que fomentaba patear, correr y driblar. Era el velocista con buen regate el jugador más demandado. Y no hay que caer en la simpleza. Uno piensa que con 1-1-8 los goles estaban asegurados. En realidad, había un defensa y un medio fijos. Los otros ocho delanteros lo que hacían era correr a por el balón. En el momento en el que uno de ellos lo controlaba, los otros siete se hacían a un lado para ver el espectáculo. Para ver como su compañero ejercía de loco y tocaba a corneta. Mientras, esperaban a que fuese abatido y así recuperar el balón.

El 1-1-8 era la táctica habitual en Inglaterra. No así en Escocia. Allí pronto se adoptó el 1-2-7, utilizando otro medio más a imagen y semejanza del tres cuartos del rugby. La idea básica seguía siendo el juego físico, de hombres fuertes y vigorosos camino a la portería rival. Sin embargo, desde Escocia ya se intuía otra sensibilidad. El juego era ofensivo, se practica de medio campo para adelante, pero tenía un freno. Y ese freno era la regla del fuera de juego.

La regla original del fuera de juego dictaminaba que un futbolista estaba en posición antirreglamentaria si tres oponentes se encontraban entre él y la portería rival. Esto hacía que el equipo defensor, al poner a dos defensores junto al portero, siempre estaría en posición de ventaja ante el rival. De este modo, aunque sobre el papel el 1-1-8 o el 1-2-7 pareciese un suicidio defensivo, la realidad era mucho más prosaica. De igual manera, dado que el fuera de juego quedaba desactivado si el pase procedía de la línea anterior al centro del campo, se promovía el kick and run y al delantero veloz capaz de cabalgar 40 o 50 metros detrás del balón.

Es en Escocia donde tiene lugar la primera gran revolución. Su psique es opuesta a la de los mandamases del Imperio. Los futbolistas ingleses son más grandes, están mejor alimentados. Cuando en 1872 Escocia e Inglaterra se enfrenten en el primer partido internacional de la historia, los ingleses tendrán doce kilos de peso medio más elevado que los escoceses. La necesidad hace que Escocia adapte un juego de equipo, un enfoque colectivo, un sistema de pases basado en la solidaridad y la colectividad. Si en Inglaterra el fútbol es un deporte de caballeros victorianos que sueñan con ser héroes, en Escocia el fútbol es lugar para obreros y gente de humilde condición. No es extraño, pues, que hasta 1888 las victorias de Escocia a Inglaterra se cuenten por goleadas. El primer gran club británico fue el Queen’s Park de Glasgow. El inglés Preston North End gana el primer doblete liga-copa en 1889 con siete escoceses en su once. El Liverpool FC contaba en 1892 con un once inicial entero de escoceses. Con el profesionalismo riadas de futbolistas de Escocia pasaron a jugar en la caudalosa Inglaterra, suponiendo el fin para el amateurismo de los elitistas colegios ingleses.

Fue ese el tipo de juego que llegó al Río de la Plata y a orillas del Danubio. El juego de pases importado por los escoceses. Rápidamente evolucionó en un 2-2-6, que fomentaba un juego de pases basado en triángulos y dejaba de lado la velocidad, la fuerza y el regate inglés. Ese segundo mediocentro inventado por los escoceses ejercía de enlace con los delanteros cuando tras una de esas alocadas cabalgadas el punta perdía el balón. Esa dicotomía marcará el futuro del fútbol desde ese momento en adelante. En España, por ejemplo, fueron los ingleses los que trajeron el balompié por los puertos del País Vasco. El fútbol español, representado por el Athletic Club, acogerá el kick and run, el juego directo inglés como propio (la furia española) desde entonces hasta inicios del siglo XXI.

Es entonces, rondando los últimos años de 1880, cuando el fútbol se exporta por buena parte del orbe por obra y gracia del Imperio Británico y cuando el establecimiento del profesionalismo y de una liga regular estandariza definitivamente lo que es el fútbol. Se produce entonces la última gran invención táctica, una, que, con matices, será patrón común durante cerca de medio siglo. Se trata del 2-3-5, la disposición táctica por excelencia que convirtió el fútbol en el deporte atractivo de masas que conocemos en la actualidad.

Fue el equipo de fútbol de la universidad de Cambridge el primer equipo de fútbol que apostó por el 2-3-5, de ahí que a esta disposición táctica se le conoce como La pirámide de Cambridge. Y así es. Una pirámide invertida donde por vez primera el juego está diseñado en su totalidad por triángulos y donde el pase es capaz de sustituir al kick and run a lo largo de los 100 metros de longitud del campo. El 2-3-5 fue el primer sistema universal, común a todos los equipos entre 1890 y 1930, posición en el tiempo que se alargó hasta el fin de la II Guerra Mundial en muchos más.

Pirámide de Cambridge (rojos)

La idea del 2-3-5 era la de juntar a dos defensores cerca del portero (para habilitar la trampa del fuera de juego) siempre defendiendo en zona y raramente en paralelo. Lo normal es que uno de los dos, generalmente el derecho, se quedase más cerca del guardameta. Los tres del centro del campo se dividían entre el mediocentro creativo y los dos interiores que ejercían de guardaespaldas, mientras que en paralelo cohabitaban los cinco atacantes. Era un fútbol de posiciones fijas, si bien es cierto que el 2-3-5 en realidad era un 2-5-3, dado que dos de los delanteros, el número 8 y el número 10, los dos que jugaban por dentro (de ahí lo del carril del 8, el carril del 10…) funcionaban como abanicos que subían y bajaban desde el centro del campo hasta el ataque. La función de todos ellos eran enviar el balón a los extremos (carril del 7 y carril del 11) para que, a través de un centro, el ariete (el 9) rematase de cabeza, ya que generalmente era el futbolista más grande y más fuerte del equipo.

Como vemos el juego, aun rudimentario para nuestra óptica, tenía todos los elementos clásicos y contemporáneos necesarios para hacerlo efectivo. La figura esencial de esta ruptura e innovación táctica era el mediocentro, el tercer centrocampista. Ejercía de policía, bajaba a defensa a recibir el balón si era necesario y tenía libertad de movimientos para avanzar con el esférico y acercarlo a la delantera. Ejercía de bisagra entre los dos mundos.

Era el punto fuerte del esquema y, sin embargo, al mismo tiempo, era el punto débil. El mediocentro no siempre llegaba a tiempo a las ayudas y, en una época donde la preparación física era escasa y no existían los cambios, su ausencia generaba un constante agujero y multitud de espacios. Ahí reside el motivo por el que entonces había tantos goles en los partidos y no por la impresión (falsa) de que se jugaba con cinco delanteros. Eran los interiores (el carril del 8 y el carril del 10) los verdaderos protagonistas del ataque dado que se aprovechaban de la ausencia del mediocentro rival para cabalgar en transiciones rápidas y dinamitar el juego en estático.

El primer gran mediocentro del que se tiene constancia es Ernest Needham, faro del Sheffield United entre 1891 y 1909 con 160 centímetros escasos de altura, inaugurando un perfil de jugador que nos lleva desde él hasta los Xavi Hernández del presente.

Como él hubo más, pero su hegemonía se iría diluyendo poco a poco.

Ernest Needham

A sabiendas de que ese agujero en el centro del campo debía de ser explotado, se empezó a desarrollar una nueva forma de distribución en el campo. Recordemos que entonces las posiciones son fijas, cada futbolista es encargado de ocupar una parcela del campo, ni una más y ni una menos, por lo que las ayudas o los desplazamientos son inexistentes. Lo que se propone es mover ligeramente a los cinco de arriba. En vez de estar en paralelo, los cinco delanteros pueden situarse en forma de abanico, se adelanta a los extremos o en algunos casos, como sucede en Uruguay, el delantero centro pasará a retrasarse y ocupar el centro del campo. Esa innovación, la del delantero falso (el falso ‘9’) hará que Uruguay domine el fútbol mundial (con permiso de los ingleses) en el primer cuarto del siglo XX.

Así pues, asustado, el mediocentro dejó de ser tan libre y de acercarse tanto al ataque para convertirse más en un elemento defensivo que ofensivo. De repente, cuando nos acercamos a 1920, el número de goles por partido baja drásticamente. Donde antes había dos defensores ahora hay dos y medio. Los medios piensan más en defender que en atacar, el centro del campo se va rompiendo y los delanteros quedan aislados. El kick and run vuelve a coger fuerza.

Y es entonces, viendo que el fútbol se adentra en el mundo de la oscuridad, cuando en 1925 aparezca la nueva regla del fuera de juego. La norma que lo cambiará todo.

Y sin embargo lo que no sabían los que la diseñaron es que aquello que se pensó hacer para favorecer al fútbol ofensivo, acabaría siendo el caldo de cultivo de una teorización defensiva que revolucionaría el futbol para siempre.

Continuará…

“Estoy orgulloso de que Inglaterra haya ideado estas leyes y que como resultado el fútbol se haya extendido por el fútbol como lo ha hecho. Las reglas no solo permiten jugar al fútbol, encarnan el espíritu y la herencia de nuestro juego”. Sir Bobby Charlton.

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Reyes de la noche (2ª parte)

Eurocopa 1996. Fue la última vez que periodistas y futbolistas compartieron hotel de concentración. En cada rueda de prensa de Javier Clemente, seleccionador nacional, acudían los 23 convocados a ver como Javi la emprendía a insultos ante las amenazas de los plumillas. Clemente era íntimo de García. De La Morena no podía verlo delante. El primero recibía información de primera mano, el segundo estaba deseoso en acabar con ambos. En cierto momento Clemente le tirará el micrófono de la SER al suelo a Jesús Gallego, entonces meritorio de la cadena, lo insultará y alzará el puño para pegarle. Nunca llegará el impacto a producirse. Dio lo mismo. Fue portada en el AS y el Grupo Prisa poco menos que tildó de terrorista a Clemente. El follón, por supuesto, estaba servido.

El puñetazo (i); Relaño (director del AS -derecha-)

Fue el punto más álgido de una guerra mediática nauseabunda donde los dos reyes tenían su propia guardia de corps que atizaba de lo lindo. Ese año García se dedica a insultar a De La Morena cada noche hasta el punto de que en su desesperación perderá el sentido común. Es habitual que los periodistas, durante la temporada, disputen una liga de medios en paralelo a la liga profesional. Suelen complementar los equipos con exfutbolistas ya retirados que ejercen de comentaristas. No era el caso entonces. Todos los exfutbolistas declinaban amablemente la poco gustosa invitación. Tras uno de esos broncos encuentros, García dedicó buena parte de su programa a leer el acta arbitral en el que se reseñaba del comportamiento violento de varios periodistas de la SER expulsados por roja directa. Aquello no tenía sentido ninguno y demostraba la desesperación del que, durante dos décadas, había sido el número uno.

García hasta perdió el toque con la Casa Real en 1999 cuando tuvo que esperar en directo al Príncipe Felipe en un incomodísimo silencio para felicitar a los ganadores del Mundial de fútbol sub-20. Aquello no tuvo perdón. Cuatro años atrás, Miguel Induráin, tras ganar su quinto Tour, había estado esperando pacientemente en un hotel parisino a que el Rey Juan Carlos I entrase en la COPE con García mientras los periodistas de la SER allí reunidos no paraban de tirarle cosas a la cara y clamaban porque colgase el teléfono. En el 99 las tornas han cambiado. La cosa no funciona. García marcha de la COPE y es la voz cantante de Telefónica Sport, conglomerado mediático con el que pretende hacer frente a Prisa. Exige pleno control, pero sólo se lo dan en la radio y no tiene voz ni voto en las decisiones corporativas. Se siente traicionado por Telefónica y por José María Aznar, al que nunca le perdonará que no le diese el mismo apoyo que Felipe González le había dado a Prisa. Pero es que Aznar no se casa con nadie y menos con un muerto viviente. García sigue teniendo momentos de lucidez como cuando consigue detener una huelga de Iberia en riguroso directo o como cuando lucha contra Florentino Pérez por la recalificación de la ciudad deportiva blanca, pero ya no es su tiempo. Se retira sin despedirse en 2002 en los micrófonos de Onda Cero con medio millón de oyentes, tres veces menos con los que contaba apenas una década más atrás.

De La Morena es el rey. En 1995 alcanzará una primera posición que ya nunca dejará y llegará a rozar los dos millones de oyentes con la huida de García. No le viene bien. El programa coral, la risa, el lenguaje soez, todo va en aumento. ‘El Larguero’ sirve de imitación para los demás y también para los programas deportivos nocturnos televisivos. Y De La Morena se ve desubicado. Quiere hacer algo más personal, algo más íntimo, quiere denunciar, investigar, algo a lo que le obligaba su rivalidad con García. En 2010 lo echan de la SER, no tanto por malos resultados, sino porque no concuerda con la línea editorial tan desenfadada de la cadena. Al igual que García dará sus últimos coletazos en Onda Cero siendo no ya el segundo, sino el tercero de las madrugadas deportivas.

El último De La Morena

Había sido una batalla tan épica como grotesca. Tan brillante como soez. José María García hablaba pegando patadas al diccionario y al código penal. El objetivo no era tener la mejor entrevista, sino el primer invitado. Conseguir que el deportista de turno fuese el primero en salir a las 00.00 horas era el ‘lev motiv’ de la rivalidad. Para ello se hacía de todo, desde secuestrar telefónicamente al invitado o colocar una grabación en antena simulando un falso directo.

Que García era el emperador del insulto es algo fuera de discusión. El Tribunal Supremo y el Constitucional le condenaron por llamar a Ramón Mendoza “zafio”, “histérico”, “tonto”, “tontito”, “pobre y ruin”, “presidente con el pelo blanco y la conciencia negra”. Sobre De la Morena, García dijo cosas como: “En todos los pueblos hay un tonto, y éste es el tonto de Brunete”, “está loco” o “en vez de acabar conmigo, igual el tontito acaba derrotando él mismo al imperio del monopolio del Grupo Prisa”.

De la Morena también se quedó a gusto: “García es un delincuente acostumbrado a extorsionar, manipular y chantajear”. ”García es el pistolero de la noche. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García. Tiene bajo su bota a todo el mundo del deporte”. “La radio de García ha sido siempre radio hostias”, además de las constantes alusiones a su rival como «pequeñín» o «superratón». Incluso llegó al paroxismo de llevar al estudio a una persona vestida de butanero al que entrevistó como si se tratase de García.

Retrocedamos y demos unos cuantos pasos atrás. 1981. José Ramón De la Morena tenía 24 años cuando entró en la SER como becario… de José María García. El día que le hicieron la prueba, De la Morena (que vive en Brunete, a 22 kilómetros de la capital) apareció en Madrid a las tres de la madrugada. Le habían citado a las 06.00 a.m. pero los nervios le hicieron ser más que puntual. Al final no lo recibieron hasta las 11 de la mañana. “Pasé ocho horas dando vueltas por la Gran Vía. Yo no tenía ni idea de nada, venía del pueblo, pensaba que, si llegaba un minuto tarde, le darían mi puesto a otro”, recordaba De la Morena entre risas.

Aquel día le dieron el puesto, aunque la ironía es que aquel chaval de pueblo acabaría siendo el azote de García. En ‘El Larguero’ llegará a tener una sección en la que se dedicaban varios minutos diarios a mofarse de García. De la Morena se convertirá en un soldado de Polanco, defendiendo durante años la postura de Prisa y amparando acciones que poco o nada tienen que ver con el periodismo. En 1994, en plena guerra, Prisa llegará a comparar a García con Hitler en una polémica campaña.

El fanático hitleriano de García

Volvamos al inicio de esta historia. 1996. El ‘sorpasso’ se había dado el año anterior, pero en 1996 se enfanga del todo. Antonio Asensio (Antena 3-Grupo Zeta), asesorado por García, comienza a hacer ofertas a los equipos de Primera División de forma individual por sus derechos de retransmisión, algo que hace saltar el tablero de juego, ya que los derechos los venía explotando Prisa, a través de Canal Plus, que los negociaba directamente con la Liga.

Era fétido y obsesivo. Parte del equipo de De la Morena se dedicaba a escuchar en directo a García y seleccionar fragmentos de sus alocuciones para acumular munición y viceversa. Pero es una locura que beneficia a De la Morena, quien en el cuerpo a cuerpo sale ganando. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes universitarios. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo. García se niega a aceptar que eso sea un programa deportivo y lo califica de circo. Tiene las de perder. Cuando dice algo en contra de ‘El Larguero’ inmediatamente es replicado por De La Morena, el cual cuenta con la ventaja de las carcajadas de la chavalada en el estudio. García sigue a solas con sus silencios y su micrófono. De La Morena se transforma en líder al convertir a García en el protagonista de su programa. Otra curiosa ironía.

A García sus excesos acabaron pensándole, pero hay que reconocer que era él solo contra el mundo. Tenía sus influencias, pero ni siquiera dentro de su propio grupo empresarial recibía el apoyo que necesitaba. El ejército de Pancho Villa como García le llamaba. Prisa era un ejército que funcionaba coordinado liderado no sólo por un general, sino por varios. El cambio de guardia definitivo se dio con el fichaje de Figo en el año 2000 por el Real Madrid. García sostiene que es humo, que es mentira. Cuando el capitán del Barça va camino del Bernabéu, tal y como adelanta De La Morena, toda España es consciente de quien es el nuevo rey de la noche.

Hoy García y De La Morena han hecho las paces. Ambos han afirmado que aquellos excesos no tenían ni pies ni cabeza. Mas, lo cierto, es que no era una guerra entre ellos dos, era una guerra empresarial de dimensiones colosales entre poderes fácticos que usaron para su propio beneficio el ego de los dos periodistas que revolucionaron el sentido de la radio española.

“Muchas noches, cuando competía con García y acababa el programa, me sentía sucio y pringoso”. José Ramón de La Morena.

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Muy breves líneas sobre Pepe Domingo Castaño (el hombre que insertó la publicidad en la narrativa radiofónica)

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Como la ira de Serena se convirtió en la depresión de Naomi

«No voy a hacer ninguna rueda de prensa durante Roland Garros. He pensado muchas veces que la gente no tiene consideración con nuestra salud mental. He visto muchos vídeos de deportistas viniéndose abajo en una sala de prensa tras perder un partido, algo que también me ha pasado a mí». Naomi Osaka, la por entonces número 2 del mundo en la clasificación de la Women’s Tennis Association (WTA), renunciaba a competir en el Grand Slam parisino aquejada de uno de los males de nuestro tiempo; la depresión. Ante la negativa de la organización a aceptar su renuncia a presentarse ante los medios y a los eventos programados por el torneo parisino, Osaka decidió retirarse tras la disputa de su partido de primera ronda.

Solitaria e introvertida, aquello fue el punto de inicio de una ansiedad social que ha paralizado la hasta entonces excepcional trayectoria de Osaka. Acto seguido no ha vuelto a alcanzar las rondas finales de un Grand Slam, hasta que en 2023 decidió paralizar en seco su carrera para ser madre. Antes de aquel abrupto portazo en Paris la tenista nipona, hija de haitiano y japonesa y residente en Estados Unidos desde los tres años de edad, se había convertido en la mejor tenista del planeta tras vitorear en Australia (2019 y 2021) y en Estados Unidos (2018 y 2020). Fue precisamente en Nueva York, en el US Open de 2018, cuando logró su primer gran triunfo, momento, sin saberlo, en el que la mente de Osaka inició su caída por un precipicio.

Su rival en aquella final del US Open de 2018 era Serena Williams. Era Serena el referente de Naomi. El suyo y el de tantas otras. Serena es el tótem del tenis. Es referente por su juego, por su tenacidad, por sus triunfos y también por el color de su piel y por sus declaraciones en defensa de las mujeres y de las minorías. Al igual que Serena, Osaka también es negra y mujer, pero hasta ahí estriban los parecidos. Todo lo agresiva que Osaka era dentro de la pista se transmutaba en timidez fuera de ella. Serena era, y es, persona totalmente opuesta. Igual de volcánica empuñando la raqueta que sacando la lengua a pacer.

En 2018 Serena perseguía a su sombra. Sumaba 23 Grand Slams y solo tendría que ganar uno más para igualar a la australiana Margaret Court, plusmarquista mundial. Icono de Nike y del empoderamiento de la mujer negra, su imagen estaba presente en cada una de las esquinas de la ciudad de Nueva York. La atmósfera era acogedora y se tornaba en expectante sabedores todos de que un hecho histórico estaba a punto de suceder. Estados Unidos ama a Serena. Nueva York ama a Serena.

Serena era consciente de que se estaba gestando su última oportunidad. Tras ganar en Australia en enero del año anterior los achaques de la edad estaban haciendo mella en su vigoroso cuerpo que ya contaba con 36 años. Tras casi un año en blanco había rozado la victoria en Wimbledon meses atrás y, ahora, en casa, en el Open USA, sabía que estaba ante la última oportunidad antes de que el paso del tiempo acabase con ella.

La oponente en aquella histórica final en las pistas de Flushing Meadows iba a ser Naomi Osaka. Alta, tímida, orgullo nipón y representante de una sociedad diversa en lo racial y en lo cultural, hacia acto de presencia en su primera final de un grande con 20 años. Enfrente su ídolo, una tenista físicamente pareja y con la que compartía desprecios de juventud por culpa de raza y físico.

Naomi Osaka defeats Serena Williams in dramatic final - Official Site of  the 2023 US Open Tennis Championships - A USTA Event
Naomi Osaka

Los murmullos de descontento se escucharon por primera vez cuando Serena Williams, quien había perdido el primer set por un contundente 2-6, fue imputada con una violación del código con 2-1 a favor en el segundo parcial. El árbitro, el portugués Carlos Ramos, había dictaminado que el entrenador de Serena estaba indicándole tácticas desde las gradas, lo cual no está permitido. Serena, frustrada ante un mal partido en el que se mostraba incapaz de entrar en ritmo y tremendamente errática con su servicio, incapaz de digerir como el triunfo se le escapaba entre las yemas de los dedos, saltó a la yugular del colegiado. “¡Yo no hago trampas para ganar, prefiero perder!”, vocifero con ansia mientras el respetable se sumía en un profundo silencio para luego aplaudir efusivamente a su ídolo.

Serena fue amonestada, dado que recibir instrucciones (coaching en el argot) de un técnico no está permitido en el tenis. Momentos después, visiblemente afectada, Williams perdió su saque y lanzó con furia la raqueta al suelo rompiéndola con un golpe seco. En ese instante, Ramos, apelando al reglamento, amonestó por segunda vez a Serena. Fuera de sí, Williams se acercó a Ramos y le volvió a espetar a grito pelado: “¡Me debes una disculpa, yo no hago trampas! El juez de silla aguantaba estoicamente, hasta que Serena volvió a la carga: “Atacas mi personalidad, eres un mentiroso, no volverás a subirte a otra silla. Di lo siento y no me hables porque también eres un ladrón, me has robado un punto”.

Todo esto sucedía mientras Osaka aguantaba impertérrita al otro lado de la red jugueteando con su raqueta y bajando la cabeza al suelo. Minutos después el partido se puso en marcha y la atmósfera cambió por completo. El público, ya por si volcado con Serena, la tomó con Naomi, quien que a partir de entonces comenzó a ejecutar errores con golpes fáciles. Durante el cuarto juego de ese segundo set perdió por vez primera en el partido su saque ante el estallido de júbilo neoyorquino.

Pero si Osaka estaba tocada, no lo estaba menos Williams. Serena también estaba realizando malos golpes y pronto perdió su saque, por lo que Osaka recuperó la ventaja. A partir de entonces la japonesa recuperó el mando (4-3) mientras que Serena seguía escupiendo sapos y culebras ante Ramos entre punto y punto. Tras una doble falta, Serena volvió a perder los estribos y llamaba mentiroso a Ramos mientras gritaba: “Yo soy madre y nunca he hecho trampas”. Fue entonces cuando Ramos levanto la mano, se acercó al micrófono y amonestó a Serena con un punto menos en el partido por abuso verbal del juego. Del 4-3 para Osaka, al 5-3 para la japonesa. Sin más dilación, con dedo índice hacia el infinito, Serena volvió a gritarle al juez de silla portugués: “Me hacen esto porque soy una mujer, entiendo las reglas, pero esto no es justo. Muchos hombres dicen cosas a los jueces y no pasa nada. ¿Me va a quitar el juego por ser una mujer?”.

Con 5-4 para Osaka y punto de partido para la japonesa, Serena explotó definitivamente y unas lágrimas asomaron por sus mejillas mientras volvía a llamar mentiroso a Ramos. Impasible, el juez de línea volvió a amonestar a Serena ante la incredulidad y los abucheos del respetable. Completamente ida, Serena exigió que se presentase el máximo responsable de la WTA mientras los abucheos del público se tornaban en amenazas veladas.

Al mismo tiempo Osaka esperaba. Se giraba de espaldas y con la cabeza agachada aguardaba acontecimientos.

No se sabe bien como, el partido se reanudó y Osaka puso el sello a su victoria final que le daba su primer título de Grand Slam por 6-2 y 6-4.

«Cuando abracé a Serena me sentí como una niña pequeña otra vez», dijo Osaka, tras recibir el abrazo de la más grande y recibir su trofeo como campeona.

Bonitas palabras para la posteridad. Nada más lejos de la realidad.

Los abucheos a Osaka no cesaron desde el fin del partido. La ceremonia de entrega de trofeos se realizó con vítores a Serena y sonora pitada a la japonesa. Fue entonces cuando Osaka explotó. Toda la tensión acumulada hizo su aparición y comenzó a llorar como una magdalena.

Desgarrada por el dolor y consciente de que su comportamiento había perjudicado a quien no tenía culpa, Serena decidió intervenir y salir en defensa de su oponente: “¡No más abucheos, por favor! ¡Felicitaciones para Naomi!”, exclamó desde el centro de la pista. Llorando, Osaka veía como los abucheos poco a poco se tornaban en aplausos.

US Open 2018 - Naomi Osaka was denied her magic moment - ESPN
Osaka y Williams

Ese fue el inicio del fin. Aquella frustrante victoria dejo tocada a Naomi de por vida y ella misma ha confesado que el inicio de sus problemas de salud mental comenzaron esa tarde en Nueva York. Serena nunca pudo ganar su vigesimotercer Grand Slam y, aun hoy, retirada, defiende que fue víctima de un juez de silla sexista.

Lo cierto es que multitud de tenistas y comentaristas defendieron a Serena. Si bien es cierto que Ramos cumplió a rajatabla con el reglamento y que el portugués está considerado uno de los árbitros más estrictos del circuito profesional, también lo es que los improperios y las salidas de tono en los partidos masculinos suelen pasarse más por alto que en el circuito femenino. No obstante, aun dando la razón a Williams, esos mismos expertos consideran que todo fue fruto de la frustración de Serena al ver que no tenía opción de derrotar a Naomi. Frustración, que, sin ella esperarlo, tuvo unos daños colaterales que aún no han sido solucionados.

“Ha hecho que gente que nunca había oído hablar del tenis entre en este deporte. Creo que soy un producto de lo que ella ha hecho”. Naomi Osaka sobre Serena Williams.

“Lo siento por Naomi. No todos somos iguales, yo soy gorda, otras personas son delgadas. Todos son diferentes y todos manejan las cosas de manera diferente. Solo tienes que dejar que lo maneje de la manera que quiera y de la mejor manera que ella piense. Ella puede. Eso es lo único que puedo decir. Soy su mayor fan”. Serena Williams sobre Naomi Osaka.

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Sobre el racismo (y no va a gustar)

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha trazado una nueva normativa para optar a los Óscar a partir de la edición de 2024. Más allá de que cumplan con requisitos artísticos suficientes para llevarse la tan preciada estatuilla, las películas candidatas deben formalizar ciertas vicisitudes; A) Al menos uno de los actores o actrices principales o de reparto deben pertenecer a un grupo étnico infrarrepresentado (traducido: no blanco caucásico), B) Al menos el 30% de los actores secundarios deben ser mujeres, grupo étnico infrarrepresentado, colectivo LGTBI+ y/o personas con diversidad; C) La historia principal del tema tiene que representar a algún compuesto de los anteriores citados. De estos tres requisitos hay que cumplir obligatoriamente con uno (no hay que ser un lince para saber que al cumplir con uno implícitamente ya efectúas los otros dos). Y esto, que es lo que se ve de cara al público, también se tiene que cumplir detrás de las cámaras (guionistas, productores, compañía de distribución, equipo técnico…).

Porque, claro, directores LGTBI+, con diversidad o que sean mujeres no hay demasiad@s. Tampoco los hay en puestos claves tanto en la empresa pública como en la privada. El techo de cristal en término acuñado por el feminismo. Cupos para mujeres en política. Mujeres que acceden a dirección de empresas por el hecho de ser mujeres. Patton, El padrino, Rocky, Carros de fuego, Amadeus, El último emperador, Sin perdón, Gladiator, Infiltrados, El discurso del rey o Argo. Películas que nunca hubiesen ganado los Óscar con las nuevas reglas.

¿Justo? Claro que no. Como tampoco era justo que hace una centuria, medio siglo, diez años o, escasamente un puñado de días, una mujer fuese excluida de un puesto de dirección por el simple hecho de tener vulva. Como no fue justo que una mujer negra no se llevase un Óscar hasta que en 2002 lo hiciese Halle Berry.

Que lo de antes no fuese justo no quiere decirse que lo de ahora lo sea. Lo de ahora es reparador. Lo de ahora es necesario. Es imprescindible. Pero no es justo. Es algo que como sociedad nos debemos. Algo que nos merecemos. Que nos hace crecer y avanzar. Pero no es justo. Es discriminación positiva. Pero es discriminación. No es igualdad. La máxima revolucionaria es que todos somos distintos, pero la ley nos iguala. Aquí la ley discrimina. Positivamente, pero discrimina.

Como en cualquier época de transición las tensiones, las dudas y los disensos son inevitables. En el paso de dos generaciones el estándar ha pasado de hombre blanco con trabajo estable, mujer-sirvienta en casa, hijo e hija ejemplares a familia disfuncional con padres divorciados, madre con novia, hije con problemas de salud mental (o perro que se considere hijo) e hija blanca con novio africano. El cambio es colosal. El terremoto conceptual sobrepasa la escala Richter. Los cambios se hacen con brocha gorda y lo que queda se avecina tremebundo.

El cambio debe venir desde la educación. Y la educación desde 1789, con sus altos y sus bajos, es cosa de papá Estado. Es necesario que con normas y leyes todos los colectivos que durante centurias han sido discriminados sean ahora beneficiados. La discriminación positiva no es equitativa, pero es imprescindible. El paso de los años y el arduo trabajo educacional harán que esa discriminación desaparezca, la igualdad sea real y así vivir en un mundo donde lo diferente sea lo cotidiano.

¿No?

Supongo que no hay negros que linchen a blancos que se acerquen a su barrio. Tampoco hay gitanos que maten a palos al payo que se enamore de una gitana. Desconozco si hay castellanos parlantes que se rían de los paletos que hablen gallego. O catalanistas que insulten a los que charlan en castellano. Imagino que no habrá latinos que denigren por estrechas a chicas blancas. O a chicas negras. Porque imagino que tampoco hay criollos que insulten a personas de tez negra. Ni gente que señale con el dedo a musulmanes por la calle. Ni musulmanes que griten y tiren piedras a católicos que entren en una iglesia.

Porque las minorías, de cuando en cuando, son mayorías. Y su respuesta es la misma. “La rebelión sentimental de las masas es el odio a los mejores”, decía Ortega Gasset. La masa es voluble. Los judíos eran los mismos en 1945 y en 1948. En 1945 eran una minoría masacrada. En 1948 una mayoría que masacraba.

Vinicius Junior representa a una minoría. La minoría negra. No. Vamos, sí. Pero, no. Vinicius Junior representa a una amplísima minoría. A la minoría adolescente millonaria de éxito deportivo planetario. Vinicius Junior es el mejor jugador del mejor club del deporte con más aficionados del mundo. Vinicius Junior es la minoría de la minoría.

Y a Vinicius Junior le faltan un par de bujías.

Cuando uno llama mono o negro de mierda a Vinicius lo hace para desestabilizarle. Para acabar con él. Para vencerle. Por odio. Pero no por odio racista. O sí. Pero no es eso. Es otra cosa. Es odio, pero fundamentalmente es impotencia. Porque el tipo es mejor que tú. Y además lo sabe. No se cansa de demostrarlo. El Real Madrid juega habitualmente con cinco jugadores negros en su once inicial. 5 de 11. No es moco de pavo. Alaba, Militao, Camavinga, Vinicius y Rodrygo. También juegan muchos minutos Rüdiger, Mendy o Tchouameni. Un ramillete. Pero el único que recibe insultos, amenazas y provocaciones es Vinicius. El único de todos ellos capaz de desestabilizarse cuando la masa escupe mierda por la boca.

Vinicius acaba expulsado en Mestalla tras protagonizar una nueva polémica  por insultos racistas
La víctima

Hay racismo. Mucho racismo. Y lo seguirá habiendo. Pero lo de Vinicius no es racismo. O sí. Es racismo. Pero hay algo más que eso. O mucho más que eso.

Hay capitalismo.

Y me explico.

(Y déjenme que me explique antes de que me llaman racista).

Recuerden que no por pensar diferente somos todos nazis o machistas.

Simplemente expongo una teoría. Y sino gusta, se puede rebatir. Por supuesto. Eso es así, con sus altos y sus bajos, desde 1789.

Todo esto existe por el capitalismo. Desde el ábaco a las bases de datos. Esto te lo dice hasta el que tiene el himno de la Internacional Comunista en su lista de reproducción del Spotify. El capitalismo genera capital, y el capital genera progreso y riqueza. El problema es que el capital también genera explotación y desigualdad. Mucha desigualdad. Pero si no es por el capitalismo no hubiésemos avanzado. ¡Sin capitalismo no habría marxismo!

Para que el capitalismo funcione se debe enfatizar al individualismo. Resaltar los objetivos y la autosuficiencia propia para que el individuo de lo máximo de sí. A través de esa autonomía y de ese afán de superación, el capitalismo le otorgará al individuo el premio que busque. Si todos los individuos actúan de la misma manera el conjunto de la sociedad se beneficiará y obtendrá réditos infinitos (en la teoría no se dice nada de los que se quedan por el camino).

Pero esto es lo que hay. Para bien y para mal. Y esto empieza desde muy pronto. Desde el mismo día en el que naces.

Tienes que ser el bebé más guapo. El más bueno. El que come de todo. El que obedece siempre. El que duerme toda la noche. El que va mejor vestido. El primero en hablar. El primero en andar. El que aprendió los números en inglés. El que ve los dibujos en francés.

Vas al cole. Tienes que hacer amigos. Muchos amigos. Pero los amigos listos. Los guapos. Los que tienen padres chulos. El primero en sumar. El primero en restar. El que canta en la función escolar. El que recita en la fiesta fin de curso. El niño en el bautizo y el muerto en el entierro.

El capitán del equipo de fútbol. El líder del coro del colegio. El que gana el premio de pintura de la provincia. El que fue seleccionado para el equipo de debate. El que gusta a los chicos. El que gusta a las chicas. El que va a ir a la universidad. El que va a estudiar la carrera que quiera. El que no sale. El que sale, pero no bebe. El que bebe, pero no se emborracha. El que se emborracha, pero porque le obligan. El que lo hizo una vez, pero no lo hará nunca más.

El responsable. El de la novia ideal. El del novio genial. El del trabajo ideal. El del trabajo genial. El que estuvo con su abuelo cuando murió. El que estuvo con su padre cuando enfermó. El que calla ante su madre para no preocuparle. El que odia su trabajo, pero es el primero de la empresa. Porque es el mejor. Siempre es el mejor. Y siempre lo será. Cuando tenga hijos dejará de ser el mejor. Porque sus hijos serán los mejores. Y si no tiene hijos, seguirá siendo el mejor. El mejor entre sus amigos, el mejor en su trabajo. El más filántropo. El que más viaja. El que más seguidores tiene en redes sociales. El que va a mejores restaurantes. El que tiene mejor piso. El que tiene mejor coche. El que fue al mejor sitio posible de vacaciones. El más enrollado a los 60. El más simpático del hospital. El más activo de la residencia de ancianos.

El mejor hasta al fallecer. Eso es el capitalismo. Ese es el mundo en el que vivimos.

Si, el mejor hasta en la muerte. ¿O acaso alguien ha escogido alguna vez el féretro más barato? Cuando toque el día y tengas que escoger la caja de pino de ese ser querido te darán tres opciones; la barata, la normal y la cara.

La barata no la escoge nadie.

Uno no se muere en pijama. Se afeita, se maquilla y se pone el traje. Y te escogen la caja. O la urna. O lo que sea. Y no te eligen la barata.

La normal puede. La barata nunca.

Eso es el mundo capitalista. El mundo en el que vivimos. Pero no todos podemos ser los mejores. De hecho, la inmensa minoría somos los peores. Los mejores son los pocos. Por eso hay que hacer otras cosas.

Cosas políticamente incorrectas.

No eres el bebé más guapo, pero ¡ay! tienes un pelazo. No como de todo, pero soy más feliz que tú. ¿La ropa? Qué más da. Eso es irrelevante. Sino hablo, ya hablaré. Si no sé inglés, ya aprenderé. Voy al cole y no tengo muchos amigos. Ni soy el más guapo ni el más listo, pero si el más espabilado. ¿No destaco? Pues me meteré con fulano. Seré el divertido, el rebelde, el guasón, el matón, el descocado. Copiaré en el examen. Haré la pelota al profesor. Diré que estoy enfermo para evitar un examen. Haré falta cuando alguien quiera meter un gol. Moveré los labios cuando esté en el coro. Diré una frase fuera de guion cuando haga de árbol en la función escolar y todo el mundo se descojonará conmigo.

Seré el estajanovista de mi equipo de balonmano. No gustaré a las chicas, pero les gustaré porque soy un echado para adelante. Le levantaré el novio a mi amiga. Le mentiré a mi mejor amigo para poder ligarme a la rubia que no me hace caso. Iré a la universidad tras copiar en el examen de acceso. Estudiaré poco, beberé mucho y dejaré la carrera. Enchufaré mi toma de luz a la comunitaria. Le mentiré a mis padres para conseguir dinero e ir a un concierto. No tendré dinero para pagar un alquiler, pero buscaré la forma de pagarlo. Haré otra cosa. Nunca seré el mejor, pero tendré trabajo. Lo conseguiré con una buena recomendación. Pasaré por encima de quien haga falta.

Sisaré dinero a mis viejos. Viviré de mis padres hasta que pueda vivir de mis hijos. Trabajaré lo justo y lo necesario. Disimularé lo suficiente para que los que trabajen sean otros pero el mérito sea el mío. Diré que soy filántropo, pero nunca lo seré. Presumiré de vida ideal, de coche ideal, de casa ideal, de familia ideal, y por dentro tendré mierda hasta debajo de las alfombras. Seré el más insoportable del hospital y conseguiré lo que quiera por puro agotamiento del personal. Seré el más cascarrabias de la residencia y lograré que me lleven en palmitas. Pondré cara de pena delante de mi familia, harán de tripas corazón y tendrán que aguantarme por compasión.

Y alguien morirá. Y compraré el ataúd más barato. Porque no tengo dinero. Porque la herencia es muy golosa.

Aunque cuando yo muera espero que compren el ataúd más caro. Por supuesto.

La Comisión contra el Racismo publica informes sobre Dinamarca, Mónaco y  Estonia - Portal
Stop racismo

¿A dónde pretendo llegar? A que no se puede ser el mejor. Pero dedicamos la vida a ser los mejores. Cuando de niños practicamos un deporte lo hacemos como acto lúdico y social, no por carácter competitivo. Sin embargo, la propia competición es intrínseca al acto. Desde el mismo momento en el que tu madre o tu padre te aplauden por darle patadas a una pelota en un pasillo y gritan y celebran con efusividad cuando la metes por un agujerito están premiando la competitividad.

Este factor competitivo se agrava con la masa. Lo que al individuo fascina, a la masa asombra. Jugar en equipo multiplica los efectos competitivos. Cumple destacar como individuo para brillar dentro del grupo. Y ese grupo (ese equipo) compite con otros equipos. Equipos peores y equipos mejores. Mucho mejores. Equipos a los que no podrás ganar.

Y tienes que intentar ganar. Es tu obligación.

¿Cómo lo harás?

Con faltas. Haciendo el campo más pequeño. Abusando de fuerza física. Agarrando camisetas mientras se lanza un córner. Zancadilleando en el centro del campo. Pisando el césped donde se marca el punto de penalti. Adelantándote un par de pasos cuando se forma una barrera. Moviéndote de arriba a abajo a la espera de que te lancen un penalti. Tirándote al suelo para perder tiempo. Simulando que te duele una rodilla cuando te llamen para hacer un cambio. Alargando tu salida de vestuarios para empezar la segunda parte mientras el equipo contrario se cala de frío hasta los huesos por culpa de la lluvia…

…e insultando.

Gordo, cuatro ojos, maricón, hijo de puta, cabrón, gilipollas, subnormal…y negro, negro de mierda. Por supuesto. El insulto pretende desarmar al contrario. Hacerlo débil. El insulto puede ir en contra del que está aislado (bullying) y sus consecuencias son terribles. Pero también funciona contra el que es mejor y parece fuerte. Cuando no puedes vencer en buena lid, debes vencer de otro modo. Cuando el Valencia CF se enfrenta al Real Madrid con el descenso de categoría en juego tiene que buscar formas de ganar. Y con el fútbol no lo conseguirá. Necesita otras cosas. Sea por convicción o sea por frustración, el insulto es un arma recurrente. Fácil de usar y fácil de ocultar. Abrigado por la masa, el que insulta se siente impune para despotricar barbaridades. Porque no fueron unos pocos los que llamaron mono a Vinicius. No. No es un caso aislado. Fueron muchos. Miles. No fue una grada. Fue un estadio. Miles lo insultaron y otros miles callaron. Alguno sonrío. Ninguno se indignó.

Ninguno. El fin justifica los medios.

Frase que por cierto nunca dijo Maquiavelo. El diplomático florentino lo que dejó escrito para la posteridad fue: “Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”. Es decir; “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”.

Una sutil diferencia. Pero lava muchas más conciencias decir que el fin justifica los medios.

El tema, y perdón por si divago, es que lo de Vinicius es un caso de racismo y son las instituciones públicas a través de un compendio de sanciones y educación quien deben poner coto al asunto. Pero por otro lado no es racismo. Si fuese Ronaldo la rutilante estrella del Madrid se le llamaría gordo a grito pelado. Si fuese el guapo de Guti se le llamaría maricón. A Cristiano le decían gitano y le gritaban «ese portugués, hijo puta es». Y a Courtois, el celebérrimo portero blanco, hubo una época en la que le hicieron bullying partido tras partido porque compartió cuernos y novias con su compañero de selección Kevin de Bruyne. Todo ello intenta desestabilizar al rival. Pero todo ello pasa desapercibido para el ahora ofendido.

En Estados Unidos a esto le llaman ‘trash-talking’. Consiste en desestabilizar al rival a través del desprecio. Normalmente es menospreciando cualidades deportivas, aunque el tono puede aumentar y pasar al desprecio. Las novias y las madres suelen tener eje principal en un lenguaje hipersexualizado y masculinizado. Es propio de los negros, que lo practican indiscriminadamente entre sí, aunque muchos blancos también lo ejercen. Uno de los maestros del ‘trash-talking’ era Larry Bird, legendario jugador de raza blanca de la NBA de los 80. Antes de anotar una canasta solía lanzar pullas a su defensor. Se pueden encontrar decenas de declaraciones de jugadores, periodistas o aficionados en las que consideran a Bird un jugador sobrevalorado y con mucha buena prensa por el hecho de ser blanco. No encontrareis nunca una declaración en la que se le tilde de racista.

Es la NBA un deporte de negros donde antes fue de blancos. Hubo un tiempo de transición en el que era un deporte de negros, pero de aficionados blancos. Hoy también los aficionados ya son negros. Son consumidores. Como también son las mujeres. O la comunidad LGTBI+ o las personas con diversidad. Antes no. Antes una persona con diversidad se ocultaba en el anonimato. Ahora, afortunadamente, forma parte de la comunidad. Trabaja, sale y consume. Consume. Y esa es la clave. Donde antes había minorías silenciadas ahora hay minorías que consumen.

Hoy las mayorías imitan los actos de las minorías, porque las minorías se han integrado en el mercado. ¿Cómo no perseguir el racismo en el fútbol si la minoría negra es ahora mayoría? ¿Cómo no perseguirlo si los jugadores más imitados y más queridos por los niños son los exóticos? ¿Cómo no acabar con la discriminación si las gradas de los estadios están llenas de mujeres? Es puro capitalismo. Para el capitalismo antes el negro no contaba. La mujer no contaba. Quien consumía fútbol era un hombre caucásico. Hoy el consumidor de fútbol es tan diverso como el que lo practica.

Vinicius no es un chico negro indefenso al que la sociedad repudia. Vinicius es la estrella (negra) de un equipo inabordable para la mayoría de los mortales. Insultarle es una forma (rastrera) de intentar doblegarle.

Defender el fútbol ante el racismo es defender el producto. Todo el cirio que se ha montado por lo de Vinicius no ha sido por culpa del racismo. Todo ha sido por miedo a dañar el producto.

Y, créanme, lo que importa es el producto.

FIFA 22 se une a la lucha contra el racismo con una equipación temática  para La Liga | Hobby Consolas
Diversidad

En 1948 se creó una carrera ciclista. Circulaba por Polonia y Checoslovaquia y pretendía ser un canto a la paz del ideal comunista. No había premios para el vencedor, ni maillot de líder. Tan sólo se corría por el simple hecho de gozar. Sólo podían participar ciclistas del bloque comunista u occidentales amateurs. Al año siguiente se rebautizó como Carrera de la Paz y se añadió al recorrido un paso por la Alemania Oriental con fin en Berlín. Era una forma de firmar el perdón con los antaño agresores alemanes.

Tres años después los soviéticos participaron por vez primera. Lo hicieron formando un bloque compacto, con mecánicos y masajistas propios, se implantó el maillot de líder y los premios económicos bajo cuerda. El objetivo era ganar. Una década más tarde la Alemania Oriental diseñaba un plan de dopaje estatal para convertir a sus deportistas en puras sangres. Los rusos pronto se sumaron al juego. La Carrera de la Paz se convirtió en una especie de Tour soviético donde se buscaba ganar por la gloria del individuo y la gloria del país.

Ni los comunistas pueden dejar de ser capitalistas.

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