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Informe Pirri

Una nación de poco más de un millón de habitantes sorprendió al mundo al navegar hasta la costa africana y derrotar a los nómadas bereberes en las playas de Ceuta. Será el punto de partida para Enrique el Navegante, el rey portugués con la osadía y ambición necesaria para emprender la exploración del mundo a través del océano. Era 1415. Dos siglos después los ceutís decidieron seguir bajo la protección de Felipe II y el Reino de España cuando los portugueses, quienes habían estado unidos durante seis décadas a los españoles, reclamen nuevamente su independencia.

En Ceuta, geográficamente africana y sentimental y legítimamente española, han nacido un puñado de deportistas de reputado prestigio. El medallista olímpico Rodrigo Hernández, el héroe zaragocista Nayim o Tarzán Migueli, una fuerza de la naturaleza con más de 650 partidos defendiendo la camiseta del FC Barcelona.

Pero sí hay un ceutí reconocido a escala nacional ese es José Martínez Sánchez. Nacido en Ceuta en 1945, cuando Adolf Hitler aun dirigía el III Reich, se crio en el barrio de Hadú, un populoso lugar en el centro de la villa cuyo corazón es la plaza de abastos. Allí empezó a jugar al fútbol nuestro protagonista militando desde niño en el Betis de Hadú, equipo fundado en un bar de la zona. Aquí vivían muchos militares que convivían en harmonía con ceutís que profesaban la religión islámica y con aquellos que eran profundamente cristianos. No en vano al barrio de Hadú también se lo conoce como el barrio de San José.

Así, no es de extrañar que el mejor amigo de José fuese Mohamed, quién lo sigue siendo 70 años después. Al niño, por cierto, nadie lo llamaba José. Le decían Pepirri. Otros lo llamaban Pirri. El chaval era bueno con el balón en los pies, aunque su padre no estaba por la labor. De hecho, la ilusión de Pirri, y quizás de su progenitor, era ser arquitecto. Y así fue que, siendo buen estudiante, con 18 años lo mandaron a la Península para estudiar en Granada. Y resultó que un antiguo jugador y entrenador del Granada CF con pasado ceutí, y que por entonces ejercía de técnico en las categorías inferiores, le propuso a Pirri que comenzase a entrenar con el Granada CF mientras estudiaba arquitectura. El tipo se llamaba Pepe Millán y sabía lo bueno que era el tal Pirri de cuando jugaba en el Atlético Ceuta. Tan bueno era que a las pocas semanas le hicieron ficha en el primer equipo y acabó jugando 21 partidos en Segunda División.

Es entonces el verano de 1964 y el Real Madrid, entonces pentacampeón europeo, decide fichar al centrocampista ceutí de 19 años. El RCD Espanyol lo había descartado. El Madrid se lanzó a por él como sustituto de DI Stéfano. Presidía el coloso blanco Santiago Bernabéu y aquello de Pirri no le gustó en demasía. Le gustase o no, aquel chaval tenía futuro. En esa temporada 64-65 coinciden en el equipo Suárez y Martínez. El primero es nombrado en contadas ocasiones. El segundo es titularísimo indiscutible. José Martínez debutó un 8 de noviembre ante una plaga de bajas que mermaban a la delantera blanca. Ocupó el puesto de Puskás y lo colocaron de enganche con la delantera. Tenía gol y era un portento físico. Con el tiempo será pivote y en su ocaso se instalará como central, pero por entonces era un todocampista con disparo. En el nacimiento era Jude Bellingham y en el entierro Fernando Hierro. El caso es que debuta en casa y ante el FC Barcelona. Gana el Real Madrid 4-1. Se sale.

Ya nadie lo sacará del once titular.

Pirri

En aquella primera crónica aparecerá como Martínez. A Bernabéu aquello de Pirri le sonaba a nombre de canido. Al malagueño Alberto Pipi Suárez habrá que conocerlo por su apellido, sentencia el gran jefe. Al ceutí José Pirri Martínez lo mismo, vocifera Bernabéu. Pipi jugó 40 partidos y se fue con su apodo al Sevilla FC. Lo de Pirri fueron 639 partidos de blanco, 10 Ligas, la capitanía y la Copa de Europa de 1966. Será Pirri para siempre. Y acabará siendo uno de los favoritos de Santiago Bernabéu.

“Más madridista que el escudo”, diría de Pirri el coruñés Amancio. Fueron 16 años de blanco y un partido de leyenda. Y eso que Pirri, además de contrariar a Bernabéu con el apodo, se casó con la actriz Sonia Bruno, algo que tampoco gustó al jefazo. El partido de marras fue una final de Copa que el Real Madrid pierde contra el FC Barcelona en la que Pirri jugará con la clavícula rota y superando los 39 grados de temperatura. Por entonces el Madrid ganaba cuando perdía. A Pirri le dieron la Laureada, una distinción creada por un Bernabéu que quedó enamorado de aquel despliegue testicular.

En 1980 decidió dar un paso al lado y colgar las botas. Sucedió que por el camino Pirri dejó la arquitectura por la medicina. Volvió al Real Madrid como galeno blanco (1982-1995) y desde hace un par de años es el presidente de Honor del Real Madrid. Pero hubo algo más. Durante el cuatrienio 1996-2000, Pirri ejerció de director deportivo blanco. Se logró la séptima y la octava Copa de Europa bajo presidencia de Lorenzo Sanz. Fue un exitazo.

Un exitazo que acabó mal.

Resultó que, aunque habiendo conquistando Europa dos veces tras más de treinta años de sequía, el Real Madrid era un gigante con pies de barro. Las instalaciones del club estaban obsoletas y había miembros de la plantilla y de la organización con nóminas pendientes de cobro. El empresario Florentino Pérez ofreció la panacea económica y de paso aseguró el fichaje de Luis Figo, capitán y emblema del FC Barcelona. Era julio de 2000. Lorenzo Sanz perdió las elecciones y Florentino fue elegido presidente.

Una patata caliente para Florentino era la situación de Pirri. El director deportivo del nuevo presidente era Jorge Valdano. Ocurría que a Pirri no se le podía echar por las buenas. Eran cerca de 40 años ligado a la casa blanca, así que era necesario buscarle acomodo o escudriñar una excusa para provocar una salida.

Y así fue como en agosto de ese mismo año, el entonces subdirector del Diario AS José Javier Santos (conocido como JJ Santos) recibe un fax en su oficina. Eran ocho folios firmados por Pirri en el que analizaba uno por uno las fortalezas y debilidades de los jugadores del primer equipo. Proponía renovaciones y ventas antes de que la siguiente temporada comenzase a rodar.

Era una bomba informativa. JJ Santos telefoneó a Alfredo Relaño, director de AS y en aquel momento de vacaciones, y decidieron dar la exclusiva por capítulos. Fue un exitazo. Durante esa semana duplicaron el número de ejemplares vendidos. Había frases absolutamente lapidarias.

Guti no está centrado en su profesión. Tiene condiciones técnicas para triunfar, pero su comportamiento no es propio de un jugador del Real Madrid. Si hay una buena oferta se puede traspasar.

Geremi, Bizzarri, Dorado, Karanka, Meca, Cambiasso, Canabal, César Prates y Congo; traspasar.

Karembeu y Celades no son jugadores para el Real Madrid.

La mejor virtud de Anelka es la velocidad. Tiene un físico perfecto para la práctica del fútbol. Es muy rápido y tiene un gran cambio de ritmo. Poco trabajador, muy introvertido, desconfiado. Tiene problemas con los jugadores importantes del equipo. Lo mejor es traspasarlo lo antes posible.

Savio es demasiado irregular. No puede defender.

A Baljic después de la lesión, no le veo ni mentalmente ni físicamente bien. En estos momentos no está para jugar con nosotros. Es miedoso y poco trabajador.

Michel Salgado es fuerte físicamente, buena anticipación, duro, corre los noventa minutos, valiente, agresivo. Pero debe mejorar técnica y tácticamente.

Illgner es un gran profesional, pero necesita entrenar mucho para recuperar la forma y tiene una lesión crónica en el hombro derecho.

También había huecos para los elogios, aunque, lógicamente, lo más interesante para el público fuesen las críticas.

Casillas es muy bueno en el uno contra uno. Bueno con los pies. Tiene mucho futuro.

Fernando Hierro es un jugador completo y muy importante para el equipo. Su condición física no es buena. Debemos cuidarlo y buscarle un sustituto para dentro de uno o dos años.

Roberto Carlos es un ejemplo como jugador. Muy fuerte físicamente. Imprescindible en estos momentos, no tiene sustituto.

Redondo es un gran profesional. Es importante para el equipo fuera del campo porque los compañeros confían en él.

Helguera puede jugar como medio centro, como defensa central y como libre. Cuando se centre en su función será un jugador muy importante para Real Madrid.

Eto’o juega por todo el carril derecho y como media punta. Jugador joven, técnicamente y físicamente bueno. Buenas condiciones para triunfar. Para la próxima temporada debemos cederlo y si es posible hacerlo comunitario.

Morientes es gran jugador y persona. Aunque ahora no está acertado, es un goleador. Importante para nosotros, pero no imprescindible.

Raúl es completo en todo, con mucho carácter. imprescindible para nosotros. Presente y futuro.

El Informe Pirri

El llamado Informe Pirri se había redactado en abril, cuando Lorenzo Sanz era aun presidente y pensando en la planificación de la temporada 2000/01. En aquel momento el Real Madrid no estaba bien. Se había despedido a Toshack apareciendo como apagafuegos Vicente del Bosque. El equipo acabó quinto en Liga, pero arregló la temporada al lograr la Copa de Europa derrotando al Valencia CF en una histórica final entre equipos españoles jugada en Paris. El Informe Pirri fue un escándalo filtrado expresamente por la directiva de Florentino Pérez para desprestigiar a Pirri. Hicieron mucho daño las críticas a Guti, niño mimado del madridismo, y a Celades, un fichaje de esa temporada que se tornaría en desacertado, pero que en aquella pretemporada estaba volando partido tras partido.

Pirri quedaba muy mal y, aunque la lectura de ese mismo informe con el paso de los años detalla su excelente diagnóstico, su gestión como directivo permanecería para siempre emborronada por ese informe. Con los años se observa que en muy poco se había equivocado la leyenda merengue. Tras la bomba mediática, Pirri llamó a JJ Santos. El Madrid volaba rumbo a Montecarlo para disputar la Supercopa de Europa. Hubo reproches, pero también brotaron palabras sinceras. Pirri lo veía venir y confesó a JJ Santos que sabía perfectamente quién lo había delatado.

De aquel informe se habían hecho cuatro copias, tantas como personas lo habían recibido. En cada una de ellas Pirri había redactado deliberadamente una falta de ortografía distinta para que, en caso de filtración a la prensa, saber quién había sido.

Resultó que Pirri fue al despacho del topo y con calma presentó su dimisión. Se fue de la que siempre había sido su casa sin reproches y sin desvelar jamás el nombre de la garganta profunda. Volvió a ponerse la bata blanca para apenas años más tarde jubilarse. Y luego, tras Alfredo di Stéfano, Paco Gento y Amancio Amaro, Florentino Pérez designaba a José Pirri Martínez como presidente de Honor de Real Madrid, la última leyenda viva de la conquista de la Copa de Europa de 1966 y el hombre que cayó con honor por culpa de la filtración de un informe tras una vida defendiendo el escudo madridista.

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Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (cuando el Madrid consiguió que la final de la Intercontinental se jugase en España)

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¿Cuál ha sido el mejor equipo de la historia de la Champions? (¿el Madrid del 60, el Ajax del 73, el Milan del 90 o el Madrid de 2017?)

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Juanito Mühlegg

Resulta que el país más montañoso de Europa es Andorra. Dado que Andorra es un microestado con menos habitantes que la ciudad de Lugo, vayamos al siguiente de la lista. El país más montañoso de Europa es Armenia (1.792 metros de altitud media) y el siguiente es Georgia (1.432 metros). Como habrá quien diga que estos dos estados son europeos con calzador y lo mismo se dirá de Turquía (1.132 metros), diremos que la clasificación está liderada por Suiza (1.350 metros), seguida de Montenegro, Austria, Albania y España (660 metros).

Obsérvese que no hay ningún país escandinavo entre los más montañosos. Si que están entre los más ricos. Exceptuando casos similares al andorrano, véase Mónaco o Luxemburgo, el país con mayor renta per cápita de Europa es Suiza. Le siguen, por este orden, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Islandia y Suecia. España se encuentra en el 15º lugar de la tabla con Lituania pisándole los talones.

España es un país situado al suroeste de Europa, lo que le otorga una posición estratégica protegida por tres fronteras naturales que son el Océano Atlántico, los Pirineos y el Mar Mediterráneo. A pesar de ello posee un talón de Aquiles en el estrecho de Gibraltar, hito geográfico que ha sido paso de distintas civilizaciones con el transcurrir de los siglos. Sin embargo, el mayor desafío geográfico de España se encuentra en su interior. Hay extensas mesetas y sierras que abarcan gran parte del país. La mayor contrariedad es el Sistema Ibérico, región de las menos pobladas de Europa debido a su terrible complejidad geográfica. Esto ha llevado a que el 70% de la población hispana viva cerca de la costa aislada de Madrid (la capital). Coincide que el Sistema Ibérico, con forma de cuña y cercado por los Pirineos, es el que contribuye a separar a Madrid de dos de las puntas del triángulo influyendo al aislamiento cultural de unos territorios semiautónomos que son, como es fácil de adivinar, Cataluña y el País Vasco.

El caso es que es que el entramado montañoso de España adolece de dos condiciones; falta de nieve al ser un país sureño (dentro del hemisferio norte) y sin poderío económico (en comparación con el norte de Europa). Tan sólo las zonas pirenaicas catalanas pueden combinar ambos factores. No obstante, no son más que una pequeña muestra de la diversidad geográfica española. España suma únicamente 32 pistas de esquí. Suiza cuenta con 275 pistas. Austria presume de 392 estaciones de esquí.

Es fácil entender que en más de un siglo de existencia de los Juegos Olímpicos de Invierno la delegación española únicamente haya sumado dos medallas de oro. Fue el esquiador Paco Fernández Ochoa quien logró el éxito en Sapporo 1972. Ahora, en 2026, recién salida del horno, es la presea dorada en esquí de montaña de Oriol Cardona. Dos décadas más tarde que Paco Fernández Ochoa, sería su hermana Blanca quien se colgase una medalla de bronce en el cuello. Contamos también con una plata en snowboard de Queralt Castellet (2022) y un bronce en la misma disciplina de Regino Fernández (2018). Por último, una medalla de bronce más en 2018 gracias a Javier Fernández en patinaje artístico y otra también en 2026 de Ana Alonso en esquí de montaña.

Son siete medallas por las 197 que se han conseguido en los Juegos Olímpicos de Verano.

Es de entender que al inicio de este siglo el Comité Olímpico Español buscase un milagro.

La España blanca

En 1970 nacía en Suabia, una región alemana al pie de los Alpes, un niño al que pusieron de nombre Johann Mühlegg. El muchacho comenzó a practicar esquí de fondo desde muy joven con tal éxito que se proclamó campeón del mundo juvenil en la prueba de los 30 kilómetros. Participaría en los Juegos de 1992, en los de 1994 (fue cuando el COI decidió escalonar bianualmente los invernales de los veraniegos) y en los de 1998 logrando diploma olímpico en todos ellos en la disciplina de los 50 kilómetros de esquí de fondo.

Frustrado por rozar la medalla en hasta tres ocasiones, al parecer Mühlegg comenzó a tener desavenencias con la federación alemana de esquí. La cosa fue in crescendo hasta que a finales de 1998 Mühlegg decidió denunciar a su entrenador por daños morales. Hoy calificaríamos aquello de mobbing. Expulsado del equipo germano, Johann decidió buscar alternativas.

Como cualquier alemán con posibles, Mühlegg veraneaba en la costa mediterránea y no se sabe bien como recibió la visita del presidente de la federación territorial de deportes de invierno de Murcia….si….de Murcia. El caso es que a finales de 1999 la Real Federación Española de Deportes de Invierno hacía los trámites correspondientes para dotar a Mühlegg de la nacionalidad española. Automáticamente España contaba con una opción real de medalla para los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002.

Mühlegg

Capital del estado mormón de Utah y ciudad que debe su nombre a un gigantesco lago salado, Salt Lake siempre fue pertinaz candidata a los Juegos Olímpicos. La elección de una ciudad estadounidense parecía un hecho consumado, dado que las anteriores citas habían sido en Asia (Japón) y Europa (Francia y Noruega). Y sin embargo el escándalo estalló cuando se supo que los organizadores habían pagado estudios en universidades norteamericanas a hijos e hijas de federativos africanos para influir positivamente en el voto. Como suele ocurrir en estos casos, se cogió la escoba y se guardó todo debajo de la alfombra.

Acudieron más de 2.000 deportistas y el pebetero fue encendido por los integrantes de la selección estadounidense de hockey sobre hielo que en 1980 derrotaron a la Unión Soviética en un partido legendario que fue llevado a la gran pantalla bajo el nombre de ‘Milagro sobre el hielo’. En los 1.000 metros de patinaje de velocidad los cuatro primeros chocaron entre sí al borde de la línea de meta, lo que le dio la medalla de oro al australiano Steven Bradbury, quién en ese momento marchaba quinto. El biatleta noruego Ole Einar Bjorndalen ganó cuatro oros que sumará a los cuatro ganados en ediciones anteriores y que ganará en ediciones posteriores. Por último, la croata Janica Kostelic conseguirá tres oros y una plata en esquí alpino.

¿Y España? España acudirá a Salt Lake City con únicamente siete deportistas. Se espera que la esquiadora María José Rienda consiga un buen puesto, aunque únicamente una carambola le podría hacer subirse al pódium. Pero el as bajo la manga es Johann Mühlegg. Tras su nacionalización exprés había logrado el oro en 50 kilómetros y la plata en los 20 kilómetros en el Mundial de Esquí de 2001. Fue entonces cuando Johann pasó a ser conocido por prensa y aficionados como Juanito y ser adoptado como uno de los nuestros.

Para otros muchos no lo era. Su nacionalización fue duramente criticada por Paco Fernández Ochoa, el oro y mito del esquí español. A su juicio, la tarea de la Federación Española era fomentar el esquí en España y no el nacionalizar a posibles medallistas del extranjero. Los defensores argumentaban que precisamente las medallas ayudarían a impulsar los deportes de invierno en el territorio español. El caso es que no era extraño el asunto. En los Juegos Olímpicos de Verano de Sídney 2000 un total de 17 deportistas nacionalizados compitieron bajo bandera española. Así que Juanito era uno más en una tendencia imparable.

Por lo tanto, Juanito creó entusiasmo. Logró de forma consecutiva el oro en 30 kilómetros de esquí de fondo libre, 20 kilómetros persecución y los 50 kilómetros en estilo libre. ¡3 medallas de oro! La cara de Juanito con la baba congelada rodando por una montaña llena de nieve inundó las televisiones españolas en el invierno de 2002. Su sonrisa, su pelo rubio y su español macarrónico hacían las delicias de los periodistas. España era un clamor.

Juanito era uno de los nuestros. Juanito era un regalo caído del cielo.

¡Juanito!

Los entendidos avisaban entre líneas. Nunca había tenido resultados tan elevados y contaba con 32 años. No era un chaval que a base de entrenamientos hubiese mejorado su rendimiento. Era un deportista que ya tendría que haber llegado al cénit y que debía iniciar la cuesta abajo en su carrera. Su entorno era raro. Nunca convivió con otros miembros de la Federación ni residió en España. Vivía con su hermano y con una novia portuguesa en una cabaña en el interior de Brasil donde no había nieve ni se le aguardaba. Luego viajaba a Austria para entrenar, previo paso por Portugal, para luego desaparecer en semanas. Era todo muy extraño, pero se le consentía. Los resultados acompañaban y era lo único que importaba.

Y entonces saltó el escándalo. Menos de 24 horas después de lograr la tercera presea Juanito Mühlegg daba positivo por dopaje. Luego se sabría que Alemania lo había expulsado años atrás porque Mühlegg se había negado a ser controlado medicamente. Lo del mobbing era todo mentira. Lo cierto es que Juanito dio positivo por un alto nivel de darbepoetina, se le retiraron sus tres medallas de oro y fue suspendido dos años de la alta competición por dopaje.

La imagen de España en el concierto internacional fue vergonzosa. Por entonces el país ya tenía fama de encubrir el dopaje y aquello fue la gota que colmó el vaso. Juanito pasó a ser conocido para siempre como Johann y se le culpó de todo como si los federativos no tuviesen su parte de responsabilidad por dejarle hacer y permitir que Mühhlegg viviese fuera de España ajeno a controles médicos y entrenamientos.

¡Ay! ¡Juanito!

Pasados los dos años de sanción pretendió ser seleccionado para los Juegos de Turín 2006. Sus marcas, obviamente inferiores a sus mejores años, seguían siendo infinitamente superiores a las de cualquier otro fondista español, por lo que prontamente fue seleccionado. La Federación, increíblemente, aceptó el órdago, pero serían los propios deportistas españoles, ayudados por el altavoz de la prensa, los que abortaron lo que hubiese sido otro colosal error. Así que, con el rabo entre las piernas, Johann volvió a Alemania, dejó los esquís y años más tarde se instaló en Brasil. A orillas del Atlántico cambió los esquís por las tablas de surf y creó una inmobiliaria que construye casas turísticas en la costa brasileña para europeos que, como él, quieren dejar atrás su pasado.

“A caballo regalado… no se le miran los dientes”. Refranero español.

“El que no está contento con lo que tiene, no merece lo que desea”. Refranero español.

Otras historias sobre la nieve

El clásico de Año Nuevo (la tradición de los saltos de esquí en Centroeuropa)

Philip Boit (el esquiador que nunca vio nevar)

Alberto Tomba (el David Beckham de la nieve)

A los 100 años de los JJ.OO de Invierno (una reseña de Chamonix 1924)

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La conquista del Polo Sur

Nacido en 1872, hijo de un capitán de la marina, Roald Amundsen decidió que su futuro pasaría por ser explorador polar. En 1905 se convertiría en el primer ser humano en cruzar el gran paso del Noroeste que conecta el Océano Pacífico con el Océano Atlántico. Aquello no tenía entonces utilidad práctica, dado que la mayor parte del año aquella ingente masa de agua estaba bloqueada por el hielo. Era lo de menos. Se trataba de alcanzar la gloria y progresar en el conocimiento y en la manifestación simbólica de la capacidad humana de abarcar el mundo.

La historia había comenzado años antes, cuando el joven Amundsen leía sobre exploradores en la casa que sus padres habían construido al borde de un precipicio. Y es que Roald Amundsen era noruego y vivía en la entrada de uno de los muchos fiordos que embellecen la costa noruega. Aquella casa, por cierto, hubo de ser hipotecada cuando la Sociedad Noruega de Geografía hubiese de aceptar la loca expedición de Amundsen. Aquel intrépido explorador vendió sus pertenencias y solicitó donaciones populares para lograr su objetivo. Tuvo la suerte de que Noruega había obtenido su independencia en 1905 y la realeza noruega puso todo su empeño en que la aventura acabase en buen puerto como una forma de reconocimiento internacional del joven país. Noruega había aprobado el derecho al voto femenino y había creado un seguro sanitario. Era un país vanguardista, pero necesitaba un objetivo que revalorizara su nombre.

El objetivo era plantar la bandera noruega en el Polo Norte.

Pero no.

Había llegado la hora del deporte de masas. Empiezan a construirse estadios de futbol y velódromos en buena parte de Europa y se crean ligas profesionales de fútbol americano, hockey sobre hielo y beisbol en Estados Unidos. Al avanzar el último cuarto del siglo XIX, los periódicos dedican páginas a la información deportiva y promueven y patrocinan competiciones variopintas. Ese fervor de la prensa respondía a una lógica empresarial para vender el relato deportivo. Esto era esencial en el ciclismo, en donde ningún espectador podría contemplar una carrera en su totalidad. En ese contexto, el relato de una carrera de exploradores en competición para ser el primero en llegar a los polos era fascinante.

Y es que era una carrera. En 1904 un tal Adolf Nordenskjöld fue el primero en intentarlo. Naufragó. Pero su expedición tuvo un éxito enorme. Un periodista francés llamado Gaston Leroux, tuvo la feliz idea de ir a su encuentro al puerto español de Vigo a donde fueron remolcados Nordenskjöld y el resto de su tripulación. Fueron tres semanas de convivencia antes de que los aventureros llegasen a Noruega. Aquel relato fue vendido a un periódico francés por fascículos y se considera la primera exclusiva de la historia de la prensa deportiva.

Cuando Nordenskjöld llegó a Noruega ya no tenía nada nuevo que contar. Ya no era noticioso.

A partir de entonces hubo una carrera contrarreloj para llegar al punto abstracto donde la inclinación magnética terrestre es igual a 90º. Esa carrera fue ganada un 9 de abril de 1910 por un ingeniero de la marina estadounidense llamado Robert Peary, quien plantó la bandera de las barras y estrellas sobre el casquete polar. Sin embargo, a su regreso descubrió que otro estadounidense llamado Frederick Cook afirmaba haber llegado al Polo Norte meses antes. Aunque las pruebas de Peary parecían irrefutables e incluso el Congreso de Estados Unidos le había dado el reconocimiento de su hazaña, Cook era multimillonario y pagó a diversos periódicos para ser nombrado vencedor de la carrera. La polémica no cesaría durante varios años y es una de las primeras muestras del poder del sensacionalismo mediático.

Robert Peary

Fuese Peary o fuese Cook, lo que era irrefutable es que Noruega no podría llegar al Polo Norte, lugar que geográficamente le pertenecía. Amundsen pidió audiencia con el rey y lanzó un órdago. El objetivo sería el Polo Sur.

La Antártida.

Amundsen había comprado en Groenlandia cien perros de tiro que podrían servirle tanto como bestias de carga como de alimento. Junto a una veintena de tripulantes se embarcó en el Fram, nombre con el que había bautizado su barco, con el objetivo de llegar al centro geográfico del Polo Sur. Pero hizo algo más. Comprendiendo el valor de los medios de comunicación, hizo llevar a bordo a un camarógrafo profesional para realizar fotografías y grabar películas. El cine acababa de ser inventado y era la prueba más fehaciente de credibilidad.

Pero había que llegar a la Antártida.

La Antártida.

La Antártida es el último continente. Fue el último en bautizarse, el último en representarse y el último en conquistarse. Si en nuestros mapamundis aparece apretujado es solo porque lo vemos en una escala distinta con el sistema clásico de proyección. La realidad es que su tamaño es enorme y representa una décima parte de la masa terrestre del planeta. A principios del siglo XX era el único lugar de la Tierra que permanecía aislado de la voracidad de los Imperios.

Durante siglos lo que se conocía como Terra Incógnita se consideraba un continente utópico poblado por gentes felices. A partir del siglo XVIII se comprendió que lo que allí había eran ballenas y focas felices que pronto dejarían de serlo por las ballestas y barcos de hombres no tan felices.

La conquista del Polo Sur era una epopeya que pretendía rellenar el último espacio en blanco del mapa mundial. También era una expedición científica, pero, esencialmente, era una ambiciosa conclusión a la Era de los Descubrimientos que los europeos habían iniciado en el siglo XV poniendo las bases para el dominio de Occidente y que pretendían cerrar con la Antártida a inicios de siglo XX.

Noruega tenía un poderosísimo rival. El Reino Unido. Los británicos dominaban el mundo. Habían dedicado el siglo XIX a cubrir los espacios en blanco del mapamundi. Si lo que se conocía de África y hasta de ciertas partes de Asia, América y Oceanía eran las costas y tierras próximas, ahora tocaba adentrarse en el corazón de los continentes. A todos nos viene a la cabeza Stanley y Livingstone, pero no fue hasta tan tardía fecha como 1902 cuando una expedición angloamericana redescubriese el Machu Picchu, lugar de esplendorosa belleza al que no consiguieron llegar los españoles con el transcurrir de los siglos.

El Reino Unido estaba en su apogeo. Acaba de finalizar la Era Victoriana. La conquista del Polo Sur era el último refugio en la cultura de la exploración y cautivó al súbdito británico. Era una conquista sin dominación, sin exterminio, sin derramamiento de sangre. Era una conquista dotada de pureza y eso, para la rígida, monolítica y puritana sociedad británica, era música para sus oídos.

Además de británicos y noruegos, también japoneses y franceses se sumaron a la competición. Y eso gustaba. Gustaba a la gente y a los medios. En 1896 se habían puesto en marcha los Juegos Olímpicos y, aunque esa no había sido la idea inicial, pronto se vio que era escenario ideal para fomentar las rivalidades nacionales. Los anillos olímpicos representaban los cinco continentes y había un sexto que conquistar. En 1908 se habían celebrado en Londres. Para 1912 tendrían lugar en Estocolmo. Los países escandinavos y el Imperio Británico presumían de logros. Y la Antártida era lugar ideal para demostrarlo.

Cuando Amundsen se puso en marcha decidió escribir un diario de a bordo. Tanto las fotografías, como las películas, como el diario no tenían valor científico, pero le podrían hacer ganar el valor del relato. Amundsen traza recetas de pingüino con bechamel o de ragú de foca, describe amaneceres prodigiosos, pero se cuida mucho y bien de hablar de que los tripulantes del Fram que llegaron a comerse a sus propios perros. Escribía por y para la audiencia.

En el otro lado del ring estaba Robert Falcon Scott, oficial de la Royal Navy británica, naturalista y geofísico. Su expedición era meramente científica y había llegado a un acuerdo con Amundsen para apoyarse mutuamente. En teoría Amundsen iría primero al Polo Norte para coger unas muestras naturales que luego habría que comparar en el Polo Sur. Una vez hecho el trabajo, Amundsen y Scott irían codo con codo y ambos ostentarían el honor de ser los primeros en pisar el centro geográfico del Polo Sur. Se plantarían banderas de Reino Unido y Noruega tras un acuerdo apalabrado por las casas reales de Londres y Oslo.

Ese era el plan general.

No era el plan de Amundsen.

Amundsen nunca se planteó ir al Polo Norte y puso rumbo a la Antártida de inmediato. Su objetivo era llegar al Polo Sur antes que nadie. Y nadie tenía que saberlo. Ni siquiera Scott.

El 17 de enero de 1912 los hombres de la expedición de Scott llegaron al Polo Sur. Meses atrás les habían informado de la traición de Amundsen y se habían puesto manos a la obra en solitario. Con mucho sufrimiento habían cumplido con el objetivo. Extenuados por un viaje durísimo, no pudieron más que sollozar cuando vieron a lo lejos ondeando una bandera noruega. Roald Amundsen había llegado antes. Concretamente dos meses antes. El 14 de diciembre de 1911. En un alarde de crueldad, Amundsen les había dejado una carta al pie del mástil de la bandera en la que felicitaba a Scott por ser segundo y le pedía que comunicara a todos su hazaña, porque él había decidido tomarse la vuelta con calma y darse un largo paseo por la Antártida.

La conquista del Polo Sur

Scott nunca tendría tiempo a propinarle a Amundsen un puñetazo en la cara dado que tanto él, como todos los miembros de su expedición, perecerían víctimas del frío durante el camino de vuelta. Scott maldeciría haber escogido ponis de Mongolia en vez de perros de Groenlandia. Apostó por la velocidad, en lugar de por la durabilidad. Los caballos de Scott tenían que cargar sacos con avena para su alimentación, lo cual aumentaba su peso y sus posibilidades de hundirse en la nieve. Otra desventaja era que a los caballos el sudor se les congela en la piel, mientras que los perros son capaces de regular su temperatura corporal sin sudar.

Todo esto se sabrá muchos meses más tarde cuando se localice el cadáver congelado de Scott junto a varias fotografías y la carta de Amundsen. En 1913 se le hizo un funeral conmemorativo en la catedral de San Pablo de Londres y su trágica historia de héroe británico de los hielos pasaría a ser lectura escolar de carácter obligatorio.

¿Y Amundsen? 

Ante la falta de premura en las comunicaciones, el éxito de Amundsen no fue anunciado públicamente hasta marzo de 1912, cuando su expedición arribó en Australia. Todo su viaje sería narrado en un libro y semanas después sería recibido como un héroe en Noruega donde fue agasajado por el rey con esplendidos honores. En el Reino Unido, lo que en esos momentos cabía decir que era medio mundo, Amundsen fue tildado de sádico, pero su labor propagandística y el éxito de su libro hicieron que pronto se olvidase su egoísmo.

Amundsen vs Scott

Convertido en celebridad, Amundsen cambió el mar por el aire. Junto al ingeniero italiano Umberto Nobile se propuso sobrevolar en dirigible tanto el Polo Sur como el Polo Norte. Como no podía ser de otra forma pronto surgieron las desavenencias y la pareja separó sus caminos. Ambos se disputarían el honor de ser los primeros en haber surcado el Ártico en un Zeppelin hasta que Nobile desaparezca en el viaje de vuelta. Quién sabe si con remordimiento de conciencia por lo sucedido con Scott, el caso es que Amundsen formará parte del equipo de rescate que salió en un hidroavión en busca de Nobile y que el 18 de junio de 1928 se estrellará en una isla del mar de Barents. El cuerpo de Amundsen nunca será encontrado. No así el de Umberto Nobile, quien fue arrastrado por el mar a la costa noruega y que increíblemente se salvaría de la muerte.

Lo que está destinado para ti, tarde o temprano llega a tu vida.

Polo Sur

Fue en 1911. El fin. Fue cuando se rellenaron los últimos espacios en blanco del mapa. Desde entonces el mundo es finito. La conquista del Polo Sur fue un hito que coincidió en el tiempo con la invención de las prácticas deportivas reguladas y los relatos novelescos periodísticos. Coincidió al mismo tiempo con la invención del cinematógrafo y del avión. El mundo era distinto. Completamente distinto en el espacio-tiempo.

Al ser el mundo finito, se comenzó a mirar hacia las estrellas. La fe comenzó a perder adeptos a velocidad constante y el hombre pasó a ser el centro del universo. La vuelta al mundo (a vela, en coche, andando o hasta en avión) pasó a ser la nueva aventura. El ser humano se dispuso a conquistar el tercer polo, el polo en vertical, su punto más alto, y en 1953 se llegó al Everest. Dieciséis años más tarde el ser humano ponía el pie en la Luna. La conquista de los Polos fue el inicio del fin del mundo inexplorado. Inauguró una nueva era de conocimiento de la Tierra.

Fue la conquista del Polo Sur y la aceptación de que el mundo es finito y diminuto en comparación con la inmensidad del universo lo que ayudó a un cambio en el paradigma. Desde entonces se crearon los primeros parques naturales para conservación de la naturaleza y se crearon comunidades geopolíticas de ámbito global como la Sociedad de Naciones. Fue, en fin, cuando comenzaron a derretirse los casquetes polares y el ser humano comprendió que forma parte de una comunidad con un mismo destino y enfrentada a una misma amenaza, para lo cual es necesario una unidad de acción.

Otras historias invernales

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Especial Año Nuevo: Entrevista a Ernst Hemingway

Segundo hijo de un ginecólogo y de una artista, Ernst Hemingway me recibe en un paraje inhóspito más propio del averno que del paraíso. Ha adornado su despacho de la otra vida con un rifle y la piel de un leopardo que sucumbió a sus disparos y con una fotografía suya rodeada de amigos y botellas de vino en pleno San Fermín. De sonrisa difícil, fuertes convicciones, agrio carácter y cautivadora mirada, Hemingway fue periodista, activista y notable escritor de estilo minimalista. Maravilloso narrador y de asombroso caudal de conocimientos, su pluma está presente tanto en la I como en la II Guerra Mundial. Hemingway hizo de España un lugar de culto literario tras realizar una exhaustiva crónica de la Guerra Civil. El autor de ¿Por quién doblan las campanas? y El viejo y el mar, ganador de Nobel de Literatura, nos recibe para hablar mucho de nada y un poco de todo.

Ernst Hemingway

Míster Dato (P): ¡Feliz Año Nuevo!

Ernst Hemingway (R): ¡Bebo por ello!

P: No es usted un amante de estas fechas.

Hemingway (R): Como usted comprenderá no existe Navidad si no existe infancia. ¿Qué fue la infancia para mí? Un cúmulo de tragedias. Desde un padre que se suicida consumido por un cáncer a una madre que pasaba las tardes libres poniéndome coletas y vestidos como si fuese una niña. Mi único objetivo cuando era pequeño era crecer para poder escabullirme de aquel infierno.

P: ¿Está usted borracho?

Hemingway (R): Llevo borracho desde 1915. Tengo miedo a la resaca. Guardo cien kilos de tomate en conserva para el enorme zumo que me tendré que tomar para superar el dolor de cabeza. Le daré un consejo. Siempre haz sobrio lo que dijiste que ibas a hacer borracho. Eso te enseñará a mantener la boca cerrada.

P: Al final acabó como su padre. Era un fanático de la caza como usted. Su madre creo que era tremendamente ambiciosa, igualmente como usted. Me cuentan que su padre acabó también alcoholizado y que le obligaba a estar presente en los partos…acabasen como acabasen.

Hemingway (R): Si nuestros padres son la vara con la que nos medimos, vivir a la sombra de un padre suicida equivale a viajar por una carretera llena de baches en un camión cargado de nitroglicerina. Yo sobreviví al ántrax, a la malaria, a la neumonía, a la disentería, al cáncer de piel, a la hepatitis, a la anemia, a la diabetes y a la presión arterial alta. Tuve también un riñón dañado, una rotura del bazo, un hígado dañado, una vértebra aplastada, una fractura de cráneo, heridas de metralla de mortero, tres accidentes automovilísticos y quemaduras en incendios forestales. Hasta que un día, me puse la bata que más me gustaba a la que yo llamaba la túnica del emperador y me pegué un tiro con mi escopeta.

P: Caray.

Hemingway (R): La vida de cada hombre termina de la misma manera. Son solo los detalles de cómo vivió y cómo murió lo que distingue a un hombre de otro.

P: En ese caso su vida es excelsa. Pocos la han tenido tan intensa e interesante. A los 18 años se alista como voluntario en la Cruz Roja para conducir ambulancias durante la I Guerra Mundial. En una de sus novelas describe aquel primer día como horrible. «Me acuerdo que, después de haber buscado los cuerpos completos, se recogieron los pedazos». Y con todo, ya no volverá a casa.

Hemingway (R): Toda mi vida ha sido una aventura, una gran aventura. Por eso creí siempre que en ella encontraría la mejor base para una novela. Con todo sí que volví. Sucedió que conocí a una mujer. Todas las catástrofes de la historia de la humanidad han sucedido por culpa de las mujeres. Me hirieron, y me enamoré de una enfermera que era siete años mayor que yo. Al recuperarme volví a Estados Unidos con la intención de despedirme de mi madre y volver de por vida a Italia. Resultó que la enfermera se había comprometido en matrimonio con un militar italiano. Desde aquel día decidí que mis parejas fuesen más jóvenes que yo y que serían abandonadas en cuanto tuviese la primera oportunidad.

P: Se asentó en Paris. Allí compartió copas y cuentos con Scott Fitzgerald o Pablo Picasso. Habría mucho de lo que hablar y de lo que preguntar, pero mi cometido es hablar de deporte. Cuéntennos que sucedió con Morley Callaghan.

Hemingway (R): ¿Por qué? Hablemos de literatura. ¿Quiere una copa?

P: No, gracias. Venga, no se haga de rogar. José Luis Borges era amigo de Menotti y siempre se extrañó de que le gustase el fútbol. Decía que era imposible que a alguien inteligente le gustase algo que él consideraba estúpido y desagradable. Por lo general los intelectuales desprecian el fútbol, aunque la mayoría de ellos aprecian al boxeo. Solo dos hombres, frente a frente, en una pelea tan brutal como noble.

Hemingway (R): Mi literatura no es nada y mi boxeo lo es todo. Me encanta el deporte de las doce cuerdas. Yo desafié a cualquiera que se atreviese a golpearme en tasca o cervecería de medio mundo. Nadie podía conmigo.

P: No es cierto. Célebre es el KO que recibió de Morley Callaghan, escritor canadiense.

Hemingway (R): ¡Estaba borracho! No tiene validez.

P: Siempre está borracho

Hemingway (R): ¡Joder! ¡Vale! Callaghan estaba mirándole el escote a Martha, mi tercera esposa. Fue en Paris. Creo que en 1929. Estábamos hablando de boxeo junto a Scott Fitzgerald, el autor de El Gran Gatsby. Fitzgerald haría de árbitro, por cierto. El caso es que Morley escribía crónicas pugilísticas y le dije que no tenía ni puta idea. Le desafié a cruzar los puños. Morley no quería iniciar la pelea y pensé que era un flojo. Al final se calentó y me tumbó de dos sopapos. ¡El cabrón sabía boxear! ¡Pero la culpa fue de Fitzgerald! Alargó el asalto más de lo necesario, sino hubiese aguantado.

P: Si usted lo dice.

Hemingway (R): El hijo de puta de Callaghan contó la historia en una mierda de novela que escribió para asegurarse de que todo el mundo lo supiese. Le pedí la revancha durante años y nunca me la concedió. Fitzgerald me pedía que lo dejase estar una y otra vez. Me cansé de las tonterías de ambos y nunca más volvimos a quedar.

P: Sé que escribió un relato corto sobre boxeo, pero si uno rasca un poco en sus novelas siempre ve referencia al deporte. En una de ellas hay incluso un compendio de técnicas y hábitos de esquiadores de los que únicamente siendo un notable experto se puede hacer referencia tan detallada.

Hemingway (R): Desde joven he practicado y he tenido interés por el boxeo, el esquí, los caballos, la natación, el montañismo o la caza. Pero todo son mero juegos. Los únicos deportes que existen son los toros, el automovilismo y el montañismo.

P: La caza o los toros no son un deporte.

Hemingway (R): ¡Cómo que no!

P: ¿Sigue borracho?

Hemingway (R): ¡Por supuesto!

P: Pues no pienso agotarme en una conversación que no tendría fin. Su padre le obligó a tocar el violonchelo y su madre se empeñó en que hiciese medicina. Usted lo dejó todo para ser periodista y viajar por el mundo. Ocurre que donde realmente destacó de joven, sin querer quitarle importancia a sus méritos como juntaletras, es en el deporte. Gran boxeador y decente jugador de fútbol americano. Pero no existe nada en el mundo que le cautivase tanto como los toros. ¿Cómo ocurrió?

Hemingway (R): Aun soy mejor cazador que boxeador. En 1929 estaba entonces casado con mi segunda mujer. Iba ir a África, lugar donde casi muero de disentería…no, no. Fue en 1923… con otra esposa, creo. Bueno. Eso es lo de menos. Quedé fascinado por las fiestas de San Fermín. Luego escribí Fiesta que fue mi primer gran éxito. ¡Adoro Pamplona!

P: Y estalla la Guerra Civil Española.

Hemingway (R): ¡España! La primera cura para una nación mal administrada es la inflación de la moneda; la segunda es la guerra. Ambas aportan una riqueza temporal; las dos traen una ruina permanente. Pero ambas son el refugio de políticos y económicos oportunistas. Vine a España como corresponsal de guerra. Lo hice junto a una amiga periodista, Martha Gellhorn. Ya se imagina. Me volví a divorciar y me casé con Martha. El caso es que fue ella la que me dio la idea para escribir Por quién doblan las campanas.

P: Novela que no iba a escribir hasta que se enfadó con el que era su amigo y también escritor John Dos Passos. Él dijo que no tenía ninguna sensibilidad humana. Que era un ser autodestructivo y narcisista.

Hemingway (R): Bueno. Seguramente es lo de poco de lo que me arrepiento en esta vida. Al poco de iniciarse la guerra en España unos agentes de Stalin ordenaron asesinar a José Robles. ¿Era gallego, sabe? Un convencido republicano, una mente brillante, profesor universitario en Estados Unidos. Simpatizaba con el comunismo, pero jamás quiso ponerse un uniforme ni tener carnet alguno. Lo purgaron. Dos Passos movió cielo y tierra para que le diesen una explicación y, desencantado, se volvió a Estados Unidos y no quiso saber nada más sobre la Guerra Civil. Yo lo llamé cobarde tanto en público como en privado. Yo me quedé en España y le voy a contar una cosa. Antes de escribir Por quién doblan las campanas, que es una historia de ficción, me propuse contar con pelos y señales la historia de José Robles y su muerte. Llevaba escritas unas cien páginas y acabé por tirarlas a la basura. En la oficina de un escritor la papelera es el mejor mueble. Premié la causa general por encima de una bella amistad. Quizás fue un error. Se precisan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.

P: Estuvo también en el Día D.

Hemingway (R): R: Después de ver los horrores de la Guerra Civil me fui a China como corresponsal y más tarde acabé en Normandía. Antes hice una colaboración con la KGB, pero pronto me di cuenta que los soviéticos hacía tiempo que habían abandonado el sueño de la libertad. Luego ya me fui a descansar entre Florida y Cuba. A Pamplona volví en 1953 cuando ya Franco no me iba a molestar y una última vez en 1959. Recuerdo que por aquel entonces me entrevistó el diario ABC. Hablé de Joselito y de Juan Belmonte, me preguntaron si Muerte en la tarde estaba basado en Cayetano Ordóñez y también reconocí que nunca había visto torear en directo a Manolete. Fue un coloquio exquisito, muy agradable, pero luego, al ver el periódico a la jornada siguiente, observé que el periodista había escrito que le extrañaba que un hombre sano, inteligente y correcto como yo hubiese apoyado a la II República. ¿Sabe que le contesté?

P: Dígame.

Hemingway (R): Le envié un libro dedicado de mi novela. Le puse; “con admiración para un español por quién NO doblaron las campanas”.

P: ¿Pamplona o París?

Hemingway (R): Si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, entonces donde sea que vayas por el resto de tu vida, se queda contigo, ya que París es una fiesta movible. Le contestaría; Paris todo el año excepto por las fiestas de San Fermín.

P: ¿Se siente orgulloso de que gracias a usted gente de todo el mundo viaje a Pamplona para participar en los Sanfermines?

Hemingway (R): Me encanta que conozcan España, sus tierras, su comida, su bebida y sus gentes. También tengo que decirle que me apena que cada vez los toros tengan menos importancia en los festejos y que se considere que todo consiste en emborracharse. Lo interesante está en el peligro. Ya le dije que hay tres deportes; toros, automovilismo y boxeo. Todos están relacionados con el peligro y la muerte. ¿De qué sirve emborracharse si luego no hay corrida de toros? Le diré una cosa más a todos aquellos que invocan mi nombre cuando hablan de Pamplona. No estaría del todo mal que leyesen alguna de mis novelas de vez en cuando.

P: Se lo compro. Me cuentan también que es un fanático de la pelota vasca.

Hemingway (R): Creo recordar que vi a Edorza en un viaje a San Sebastián a finales de la década de 1920. Me fascinó por completo. La pelota vasca es el deporte más rápido y violento que conozco. Me emociona enormemente y es uno de mis entretenimientos favoritos. Conozco todas las modalidades, pero mi preferida es la cesta-punta. Aunque supongo que la razón es que es la modalidad que yo practico.

P: Hizo amistad con algún pelotari. ¿Se queda con alguno?

Hemingway (R): Sin lugar a dudas con Atano III (Mariano Juaristi). Hablamos de un pelotari que se mantuvo en el reinado durante dos décadas seguidas. Para mí es el mejor que ha existido. Si se refiere a afinidad, conocí en el exilio mexicano a Txiquito de Gallarta y trabamos una gran amistad. Le digo una cosa. ¡Si los pelotaris vascos se comportasen en la cancha cómo se comportan en la mesa todos los partidos finalizarían 29 a 29!

P: Me cuentan que una vez tuvo que acudir en México en socorro de uno de ellos.

Hemingway (R): No fue así exactamente. Ibarluces. Fue en el frontón de La Habana. Ibarluces sufrió un golpe en la cabeza. Cayó a plomo. El sonido era glacial. Corrí a la enfermería con tal estado de excitación que cualquiera hubiera creído que era yo el accidentado. Cuando llegué allí me quedé pasmado con la entereza con la que fui recibido. Si nadie lo hubiese sabido hubiesen pensado que el del grave accidente había sido yo.

P: En Cuba trabó amistad con el boxeador Kid Tunero.

Hemingway (R): Era un gran amigo y el mejor boxeador que ha habido. Nunca ganó un título mundial, pero me da igual. Un hombre, recto, lacónico, sencillo y la mejor persona que ha producido Cuba. Era integro y humilde, todo lo contrario a lo que soy yo. Luego fue entrenador de José Legrá, que se exiliaría en España y se haría un gran campeón en Europa.

P: Vamos a ir terminando señor Hemingway. Creo que sería interesante, y un honor, que nos diese unos consejos sobre el arte de la escritura.

Hemingway (R): Observar. Si un escritor deja de observar está muerto. ¿El proceso? Uno escribe hasta llegar a un lugar en el que todavía le queda jugo y sabe lo que ocurrirá a continuación, y allí se interrumpe y trata de vivir hasta el día siguiente para volver a seguir con eso. Y le diré algo más. En la escritura no hay sentimiento de grupo. Cuánto más lejos va uno con la escritura, tanto más solo está.

P: Me despido señor Hemingway. Viajó mucho. ¿Cómo se lleva estar en el averno para la eternidad?

Hemingway (R): Tengo alcohol por doquier. No me quejo. Ir a otro país no hace ninguna diferencia. He intentado todo eso. No puedes alejarte de ti mismo moviéndote de un lugar a otro. No es posible. Además, duermo mucho. Mi vida tiene la tendencia a derrumbarse cuando estoy despierto.

P: Pues duerma…y beba.

Hemingway (R): Un placer haberle conocido. Son dos cosas distintas conocer a un hombre y saber qué tiene en la cabeza.

¡Viva San Fermín!

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Al siglo de la primera San Silvestre

Fue en el año 313. La historia se mezcla con la leyenda. Aún hoy se debate cuánto había de decisión política y cuánto de fe religiosa. Al parecer en el año anterior, durante la batalla de Puente Milvio, el emperador Constantino tuvo una visión y vio aparecer una cruz en el horizonte. Cautivado, Constantino ordenó pintar una cruz en el escudo de sus soldados y aquella batalla fue ganada por quien había de dirigir al Imperio Romano en el que sería su último momento de esplendor. Un año después de la batalla, en el citado 313, Constantino promulgó el Edicto de Milán donde permitía la libertad de culto y consideraba al cristianismo la religión oficial del Imperio. Hizo entonces Constantino su acto de conversión y pasó a bautizarse. Para ello llamó al Papa, cuyo pontificado respondía al nombre de Silvestre.

Silvestre I fue el primer dirigente de la Iglesia que no hubo de esconderse. Hasta entonces los cristianos oraban en sus casas, en las catacumbas o en el bosque. Ahora ya no. Durante dos décadas (314-335) Silvestre I inició las obras de algunos de los templos más representativos del cristianismo. Se proyectó la iglesia de San Pablo Extramuros y la primigenia iglesia de San Pedro en el mismo lugar donde se levanta la Basílica del Vaticano. Constantino también le regaló a Silvestre una tiara, una especie de sombrero con triple corona que en la actualidad se usa para la ceremonia de coronación del papado.

Silvestre I no fue un santo mártir y es difícil calificarlo de santo confesor. Silvestre fue el primer papa oficial, dejando atrás la clandestinidad. Y si hoy es recordado como San Silvestre lo es quizás por su componente político. Y es que lo más relevante de su pontificado es haber logrado por parte del emperador Constantino un documento en el que le da a la Iglesia Católica la propiedad de unos terrenos que pasarían a ser conocidos como Estados Pontificios. Aunque hoy los historiadores consideran el documento como apócrifo, otorgó al Papa el control sobre la región del Lazio y en su máximo apogeo, durante la Edad Media, el control de ciudades como Roma, Ancona, Perugia, Parma, Módena, Rávena, Ferrara y hasta la francesa Avignon. Hoy, el minúsculo y anacrónico Estado del Vaticano, sólo puede ser comprendido en su totalidad conociendo la historia de aquel documento supuestamente sellado entre Constantino y Silvestre I.

La construcción de la Iglesia de San Pedro

El caso es que Silvestre falleció el 31 de diciembre de 335. Una vez ascendido a los Cielos y convertido en San Silvestre quiso ese ser el último día del santoral anual. Lo es así para la Iglesia Cristiana dado que se rige por el calendario gregoriano. Para los ortodoxos, en gran medida el este de Europa, San Silvestre se celebra el 2 de enero, ya iniciado el siguiente año.

Esto último tiene relevancia para la historia que voy a contar. No podía haber ocurrido en país que no fuese católico. Y así tuvo lugar. Ocurrió un 31 de diciembre de 1925, hace ahora cien años. Ocurrió en Brasil, país con profundas raíces católicas y que apenas un siglo antes se había independizado del aún más católico Portugal.

Tal y como había sucedido y sucederá con multitud de pruebas deportivas, la idea surgió del cerebro de un periodista. El plumilla obedecía al nombre de Casper Líbero, quien además era abogado y, por lo que a nosotros nos afecta, era director y propietario de A Gazeta de Sâo Paulo, un rotativo vespertino. Líbero había adquirido el periódico en 1918 y lo había modernizado endeudándose para comprar una nueva rotativa y modernizándolo hasta el punto de crear un suplemento deportivo independiente del diario original.

Así fue que para conmemorar el lanzamiento del nuevo suplemento deportivo tuvo la idea de crear una carrera por Sâo Paulo con el gallo de la celebración del Fin de Año. Es por ello que la carrera fue conocida como la San Silvestre, en correspondencia con el santoral cristiano. Aquella primera carrera constó de poco más de seis kilómetros y, en realidad, año a año fue cambiando de distancia dado que no había nada establecido. La única premisa de Líbero era disputar una carrera por el centro de Sâo Paulo sin considerar distancia ni recorrido. Su idea primigenia era que la carrera finalizase exactamente a las 00.00 horas del día de Año Nuevo y para eso calculaba la hora de salida en función de los kilómetros a recorrer.

Durante sus tres primeras décadas de vida la San Silvestre de Sâo Paulo osciló entre los 5.000 y los 8.000 metros de longitud. Será en 1945, cuando por primera vez se permita la inscripción de extranjeros, cuando se establezcan los 7.000 metros como distancia oficial. A partir de entonces, lustro a lustro, la distancia fue aumentando progresivamente hasta los 9 y los 12 kilómetros para, finalmente, en 1991 hacer oficiales los 15.000 metros como recorrido definitivo. Leyendas del atletismo como Emil Zátopek, Frank Shorter o Paul Tergat han salido victoriosos en el recorrido paulista.

San Silvestre 1925

A decir verdad, Líbero había sido un imitador. El día de Año Nuevo de 1925 Casper Líbero estaba en Paris. Allí contempló una carrera en la que los participantes llevaban antorchas para iluminar sus pasos en la noche parisina. De ahí cogió la idea Líbero para la celebración de la San Silvestre y la promoción de su periódico. Se trata pues de una carrera distinta. Festiva. Los corredores llevan atuendos navideños y antes o después de la prueba se toma una copa y se engullen dulces navideños. Eso siempre ha sido así, aunque en los últimos años la tendencia se ha agudizado y junto a los atletas profesionales también hay los corredores de domingo que aparecen en la línea de salida ataviados cual carnaval y llegan a la línea de meta tras hacer decenas o centenas de eses por el camino.

En aquella primera prueba de 1925 participaron 600 atletas. Hoy la cifra se acerca a los 20.000 inscritos. La liturgia corredora de fin de año se extendió paso a paso por el resto del mundo. En un primer lugar fueron diferentes ciudades de Brasil para luego cruzar el charco y que la tradición se asentase en Portugal. Luego la plaga se extendió por diferentes países católicos. Después se cambió de fe y lugares como Londres, Tokio o Estambul pasaron a tener Su San Silvestre. En todo caso la usanza festivo religiosa hace que, además de la San Silvestre de Sâo Paulo, el pódium las más famosas sean las de Oporto o Funchal (Portugal), Bolzano (Italia), Barranquilla (Colombia) y, especialmente, la de Madrid en España.

La primera San Silvestre realizada en España tuvo lugar en Galdácano, en el Gran Bilbao, en el año 1961. Tres años después en el barrio madrileño de Vallecas comenzó a celebrarse la San Silvestre por excelencia. Fue concebida por Antonio Sabugueiro, un orensano emigrado a Madrid que practicaba atletismo con asiduidad en la pista del antiguo estadio de Vallecas. La idea era celebrarla al caer la noche, pero antes de la cena, en contraposición a la brasileña que se disputaba camino de la madrugada. En aquella primera prueba los hombres corrieron 2.700 metros y las mujeres 400 metros. Al vencedor masculino le dieron 15.000 pesetas y a la femenina una cubertería y un picardía de color rojo para celebrar la Nochevieja. En la actualidad la prueba consta de 10.000 metros y 40.000 inscritos entre varones y hembras, que compiten en igualdad de dificultad y de premios. Con todo, en la San Silvestre de Sâo Paulo hubo que esperar hasta 1975 para que se permitiese la presencia de la mujer como motivo de ser ese el Año Internacional de la Mujer.

En la actualidad, sólo en España, hay más de dos centenares de carreras de San Silvestre a celebrar el 31 de diciembre. Ya no se regalan cuberterías ni se montan fiestas con regalos tras la carrera, dado que la propia carrera es una fiesta. En la primera edición de la Vallecana el vencedor fue el madrileño Jesús Hurtado, plusmarquista español de 10.000 metros, pero un completo desconocido en el panorama internacional. El último vencedor fue el etíope Berihu Aregawi, medallista olímpico en Paris 2024.

Los tiempos cambian, la tradición se mantiene.

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Los líos de faldas de Sven (2ª parte)

Cuando Sven-Göran Eriksson da la que sería su última rueda de prensa como seleccionador inglés lo hace con un alegato en defensa de Wayne Rooney. Era el año 2006. Rooney había cometido una imprudente entrada a destiempo contra Ricardo Carvalho y el dedo acusador de Cristiano Ronaldo (compañero de Rooney en el United) hizo que el colegiado expulsase al delantero inglés. Faltaba más de media hora para el fin del encuentro de cuartos de final del Mundial. Inglaterra aguantaría una hora en inferioridad numérica para morir en la tanda de penaltis y desperdiciar una vez más una oportunidad para asomarse al balcón del éxito planetario.

La prensa inglesa esperaba con el cuchillo entre los dientes. En 1998 había sido David Beckham el que se había ganado una tarjeta roja por una chiquillada ante Diego Pablo Simeone. Tardó varios años en recuperar el cariño y la credibilidad de público y prensa. Así que Eriksson, en su último acto como seleccionador inglés, lo tuvo claro: “No os ensañéis con Rooney. Es el chico de oro del fútbol inglés. Yo me voy, pero vosotros (por la prensa) necesitáis a Wayne para los próximos años. No lo destruyáis, os lo ruego, porque lo necesitáis”.

Y Sven-Göran Eriksson sabía muy bien de lo que hablaba.

Se suele decir que la prensa amarilla inglesa tiene tanto poder que te encumbra y te hunde cuándo y cómo quiere. A decir verdad, la prensa sensacionalista únicamente tiene una de esas capacidades. Te alza a los altares. Si lo deseas, serás famoso. La caída viene sola. O bien porque el famoso de turno es incapaz de mantener los estándares de perfección y éxito social que le hicieron ser encumbrado, o bien porque deja de ser noticioso y, enrabietado, busca una nueva forma de ponerse en el foco.

Y luego está Nancy.

2001. Inglaterra vence a España 3-0 en el primer partido de Eriksson. Todo es alegría en las tierras de Isabel II. La única pena es que Sven es aburrido. Contesta con monosílabos, no grita en el banquillo y no entra al trapo a ninguna polémica. Uno que no quiere salir en la prensa amarilla. Ocurre que es acabar la rueda de prensa, salir de los vestuarios y allí está Nancy en busca de un micrófono.

Aquella despampanante italiana, de la clase alta italiana, con suntuosos y coloridos vestidos, hace de contrapunto perfecto del buenazo de Eriksson. En septiembre toca visita a Múnich para partido de clasificación para el Mundial 2002. Hacía más de tres décadas que los ingleses no vencían a los teutones. Fue una paliza histórica. 1-5. Aquel día Michael Owen anotó tres tantos. Unos días después se realizaba la votación periodística para el Balón de Oro y aquel hat-trick hizo que el delantero del Liverpool FC adelantase en el sprint final al madridista Raúl. De repente una Svenmanía se propagó cual maremoto por toda Inglaterra. Todos los programas de radio y televisión hablaban de Eriksson, surgieron camisetas y llaveros, hubo hasta una canción que llegó al top5 de los éxitos de ese fin de año e Inglaterra, por descontado, pasaba a ser favorita para el Mundial de 2002.

Dado que Eriksson era hombre de perfil bajo, quien se prestaba a aparecer en público era Nancy. Pronto fue bautizada como Primera dama del fútbol inglés. Le encantó. Empezó a acudir a saraos luciendo su nuevo y ficticio cargo. Vivían en un palacete con vistas a Regent’s Park y si algún paparazzi acudía a esperarlos tras las vallas, Nancy no dudaba nunca en saludar y esbozar una sonrisa.

Total, que el tiempo pasa. Inglaterra se clasifica para el Mundial de forma milagrosa. Tiene que empatar en Wembley ante Grecia y a falta de un par de minutos para el final va perdiendo por 1-2. Un gol de falta de Beckham envía a los ingleses a Japón. Dado que Eriksson había heredado una situación complicada, y con el recuerdo del 1-5 todavía nítido, nadie tiene en cuenta el susto y se viaja a Oriente con la ilusión intacta. Todos confían en que el sueco devuelva la gloria perdida a Inglaterra. No obstante, sucederá lo de siempre e Inglaterra caerá en cuartos de final del Mundial de Corea y Japón.

Como el verdugo había sido el Brasil de Ronaldo, Ronaldinho o Rivaldo, se dio por aceptada la derrota. Sin embargo, la prensa sensacionalista tenía otros planes. Contaban con una noticia que habían guardado en el armario a la espera de que el Mundial terminase. Era el momento de sacarla a la luz. Sven-Göran Eriksson mantenía una relación sentimental con Ulrika Jonson, una modelo y presentadora televisiva británica de padres suecos que en su juventud había sido modelo. Un pibón. Otro más.

Nancy estalló en cólera. Y el News of the World se frotó las manos. Pero Nancy y Sven no estaban casados, por lo que los abogados de la italiana le recomiendan mantener un perfil bajo y perdonar la infidelidad. A Sven le preguntan, pero calla por respuesta. Y entonces surge un potro desbocado de 17 años que responde al nombre de Wayne Rooney. Un chico igual de bueno que de atolondrado. Un futbolista que era consciente de lo que sabía hacer, pero ignoraba lo que no podía hacer. Con Rooney en el foco, lo del trío amoroso de Eriksson queda a un lado. Toca Eurocopa en Portugal. Año 2004. Rooney y Owen en la delantera. Beckham, Gerrard y Lampard por detrás. Favoritísimos. En cuartos toca el anfitrión como rival. Rooney, quien era el mejor del torneo, se lesiona a los 25 minutos. Hay prórroga. Portugal se pone 2-1, pero Inglaterra empata a falta de cuatro minutos para el final de los 120 de juego. Penaltis. Falla David Beckham. Inglaterra otra vez eliminada en cuartos.

Ahora la paciencia con Eriksson ya se agota. Lo del sueco como seleccionador inglés ya gusta a pocos. Y el News of the World decide ir a por él. El problema, cómo ya comenté antes, es que uno no forma parte del mundo sensacionalista sino quiere. Y a Eriksson no había forma de hincarle el diente.

Pero a Nancy sí. Y a Ulrika también.

Ulrika da una entrevista. Más bien acomete un asesinato a base de palabras. “El sexo con Sven era como montar un mueble de Ikea, era tan ordenado y funcional que seguramente hubiese quedado más satisfecho montando un armario juntos. Es el hombre más débil que he conocido. Puede tener poder y dinero, pero tenía que hacerlo yo siempre todo”. La venganza de Ulrika es de tomo y lomo.

Cuando a Nancy le preguntan por Ulrika lo primero que sale de su boca es la palabra “prostituta”. Y mientras, la popularidad de Eriksson cae por los suelos. Si algo no gusta a la victoriana y rancia sociedad inglesa son los líos de faldas.

Ulrika

Pero como el hombre es el único ser vivo que tropieza siempre con la misma piedra, Sven volverá a caer en la trampa. A finales de 2004 se descubre que tiene un idilio con una joven secretaria de la Federación Inglesa llamada Faria Alam. El asunto tiene su aquel porque Alam mantiene una segunda relación de índole sexual con un directivo de la FA que está casado. El News of the World, en el apogeo de su asqueroso poder, publicará correos electrónicos subidos de tono entre ambos. El asunto se resolverá con la dimisión del directivo, la expulsión de Alam (quien aceptará 300.000 libras de indemnización y se marchará a vivir a Canadá) y el mantenimiento en el cargo de Sven-Göran Eriksson.

Eriksson mantiene el puesto por la intermediación de Beckham, Rooney y los demás pesos pesados de la selección inglesa. Pero es un muerto en vida. Nancy decide dejar la casa de Regent’s Park, poner rumbo a Roma y contar lo divino y lo humano en la televisión italiana mientras prepara una demanda millonaria contra Sven.

Y aún hay más.

En enero de 2006, meses antes de la disputa del Mundial, Eriksson recibe una invitación para ir a Dubái. En teoría le comunican que un jeque va a comprar un club inglés y le ofrecen el cargo de entrenador. Eriksson sabiendo que, pase lo que pase en el Mundial 2006, tiene los días contados, se muestra receptivo a la oferta. Resulta que lo único que en esa reunión se vendió fue humo y que la conversación pronto llegará a la prensa inglesa. El revuelo será de tal magnitud que la FA anunciará un mes antes de la disputa del Mundial que el inglés Steve McClaren se haría cargo de la selección al acabar el torneo y que acudirá como segundo entrenador de Eriksson a Alemania.

Fiel a su estilo Eriksson aceptará el desprecio sin mediar palabra, pero permitirá que las mujeres y novias de los jugadores convivan con los seleccionados en Alemania. Será mes y medio de andanzas junto a la prensa, dado que los juntaletras y las WAGs (wives and girlfriends) compartirán hotel. Fue un acto de venganza de Eriksson que dio carnaza gratuita a la prensa sensacionalista aun a coste de sus chicos únicamente para desprestigiar a los directivos de la FA.

Faria, Sven, Nancy y Ulrika

Como comenté al inicio de este artículo, Inglaterra volvió a caer, y nuevamente lo hizo en cuartos de final. Otra vez fue ante Portugal, y por tercera vez consecutiva Eriksson cayó ante Scolari, quien fue seleccionador brasileño en 2002 y portugués en 2004 y 2006.

Sven y sus líos de faldas marcharon a lo que pareció un exilio a México antes de volver a Inglaterra en 2009 para hacerse cargo del Notts County, por entonces último clasificado de la segunda categoría inglesa. Aquello no tenía sentido alguno. Pero es que Eriksson volvió a tropezar con la misma piedra. Nuevamente le habían dicho que un gran inversor de Oriente Próximo se haría cargo del club y a medio plazo se convertiría en un grande del país. Le dieron todo el poder, no únicamente en la parcela técnica, sino también en materia de organización y fichajes.

Era como una vuelta a Göteborg. Un reinicio. Y así fue durante un par de meses, hasta que se vio que no había dinero ni para pagar al jardinero y que inversores no había ni el primero. Desesperado, Eriksson hizo un estrambótico viaje a Corea del Norte, dado que un empresario de minerales inglés le había dicho que podrían firmar un acuerdo millonario con el entonces moribundo Kim Jong-il. Como era de esperar, lo que sucedió es que el empresario se ayudó de la fama de Eriksson para conseguir un buen trato para su empresa y ni el Notts County ni Eriksson recibieron nada a cambio.

Al volver de Corea del Norte, Eriksson renunció a su sueldo y dejó el club. Meses después el Notts County entraba en quiebra.

Picaflor

Sven-Göran Eriksson entrenaría en China y hasta dirigió a la selección de Filipinas. Nunca jamás volvió a recuperar el brillo y el poder que obtuvo al ser nombrado seleccionador inglés. Da igual. Pocos con tan poco llegaron tan lejos. Un desconocido sueco que tuvo el honor de ocupar el cargo más sagrado del fútbol mundial. Con razón, cuando su vida expiraba y hacía repaso de lo sucedido, en vez de afligirse por su futuro se enorgullecía de su pasado.

“Tuve una buena vida. Igual demasiado buena y tuve que pagar por ello. Espero que me recuerden como una persona positiva y qué hizo todo lo que pudo”. Sven-Göran Eriksson.

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Los líos de faldas de Sven (1ª parte)

Sven se despertó. Mareado. Espantosamente mareado. Hubo de pedir ayuda. Hubo que llevarlo al hospital. El diagnóstico fue terrorífico. Si el médico que te atiende empieza a llorar sólo cabe esperar que el mundo se te abra bajo tus pies. Sven acababa de sufrir cinco infartos cerebrales. No uno. Ni dos. Ni tres. Ni tan siquiera cuatro. Eran cinco los infartos cerebrales. Cinco. Una masa cancerígena habitaba en su cerebro. No sufría dolor. Ni lo iba a sufrir. Tampoco había operación posible. Le dieron doce meses de vida. Luego le recortaron el plazo a diez meses. El bicho también estaba en el páncreas. El tiempo de descuento del partido acabó siendo un alargue de 18 meses. Sven disfrutó de ese tiempo añadido. Nunca en su vida había pensado en el mañana y tampoco lo iba a hacer ahora. Contaba con 75 años. Le dio por dictar sus memorias.

Había tenido una buena vida.

Había disfrutado del fútbol. Del poder. Y de la erótica del poder.

Tenía apenas 30 años cuando se convirtió en el entrenador del Degerfors IF, un auténtico Don Nadie en la paupérrima segunda categoría del fútbol sueco. Era un trabajo en el que no percibía sueldo alguno, tan sólo primas por victoria. Era lo de menos. Sven era un fanático del fútbol. La semana que el Degerfors se jugaba el ascenso a la máxima categoría hubo de pedirle a la directora del colegio que le diese un par de días libres. Y es que Sven era profesor de educación física. El colegio aceptó el órdago y Sven logró al ascenso. Luego se sacó el carnet de entrenador profesional. Hubo de posponer su primera boda, dado que la fecha del examen coincidiría con el día que debía pasar por la vicaría.

No es de extrañar que Sven no estuviese presente en el nacimiento de su primer hijo. No es de extrañar que su mujer solicitase el divorcio.

Y no es de extrañar que Sven-Göran Eriksson se convirtiese en técnico del IFK Göteborg. Corría el año 1979.

Sven en 1979

Lo que hizo Sven-Göran Eriksson en el Göteborg es una proeza de valor incalculable. Sin experiencia alguna en la élite, Eriksson implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros. Y no he usado una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Göteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida, antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3.

Lo nunca visto.

A Eriksson le harían una estatua en su pueblo. Pequeño pueblo maderero del norte de Suecia. Sven tuvo una infancia humilde. La familia era larga y las estrecheces continuas. La madre era ama de casa y el progenitor camionero. Apenas se duchaban un día a la semana y Sven contaría que su madre tan solo salió una vez de su pueblo para ir a Estocolmo con motivo de celebrar su modesta luna de miel. Lo que había hecho Sven no estaba en los anales. Y un grande venido a menos llamó a su puerta. Era 1982.

Dice la leyenda que doce directivos del SL Benfica presentaron su dimisión al conocerse la contratación de Eriksson. No fue tal el asunto. Pero el asunto fue quijotesco. De eso no hay duda. Un frío y aburrido escandinavo a orillas del Río Tejo. Y es que Eriksson no era un desechado de virtudes. Era un tipo plomizo, de ojos azules diminutos, soberanas entradas en una calvicie que ni era ni dejaba de serlo y unos dientes de ratoncillo que asomaban entre dos líneas ásperas de labios. No saltaba en los banquillos. No gritaba. Y apenas mostraba alegría ni tristeza. Según decía, en una clara muestra de sus tiempos de profesor, él dictaba sentencia en el vestuario, pero en los partidos debía mostrarse sereno y dar ejemplo a sus pupilos.

El caso es que llevaron a Eriksson al viejo Estadio da Luz, le hicieron cruzar un pasillo y le enseñaron la sala de trofeos. Eriksson comprendió donde estaba y levantó el dedo. Seis meses. Dicen que fue lo que pidió. Así fue. A los seis meses si aquel sueco decía que el sol era verde todo lisboeta decía que el sol era verde. Fueron dos años y ganó dos Primeira Liga. Pero no pudo con la maldición de Bela Guttmann y cayó en la final de la Copa de la UEFA.

Eriksson en Lisboa

Un día, volviendo de entrenar, vio que un coche lo seguía. Intentó despistarlo sin suerte y acabó saliendo del vehículo para enfrentarse a su oponente. No había tal. Era un directivo de la AS Roma. Querían hablar con él en privado y ofrecerle un viaje de ensueño a la Serie A.

Un técnico sueco en la Serie A.

Entonces allí estaban todos. Maradona, Platini, Van Basten, Rijkaard, Falcao, Krol, Baggio, Maldini, Gullit, Klinsmann, Matthaüs, Baresi, Boniek, Zico…y luego Batistuta, Ronaldo, Nedved, Del Piero, Bergkamp, Weah, Vialli, Zamorano, Vieri…Pero los entrenadores no. Los entrenadores eran todos de casa. Eran italianos. Y en 1984 por allí iba a aparecer un sueco.

Entre 1984 y 1997 Eriksson dirigió a la AS Roma, AC Fiorentina y UC Sampdoria. Ganó títulos con romanos y genoveses y por el camino regresó a Lisboa para llevar al SL Benfica a la que hasta la fecha es su última final de Copa de Europa en la que cayó ante el AC Milan de Sacchi. Por entonces Eriksson se había ganado la fama de hombre tranquilo en circunstancias difíciles, intrépido, sin miedo al fracaso, pero seguía sin convencer a un grande para que le diese las llaves del castillo.

Así que en 1997 acepta la oferta del SS Lazio. Serían cuatro años de éxitos.

Los laziales no eran ni son un grande. Pero entonces tenían dinero. Mucho dinero. Y Eriksson se coronó. Ganó cuatro títulos y en el año 2000 logró el segundo Scudetto de la historia del club con un equipazo formado por Fernando Couto, Nesta, Mihajlovic, Nedved, Simeone o Marcelo Salas.

Ocurre que no sólo de fútbol vive el hombre. En esa época, el bueno de Sven comienza una relación sentimental con un pedazo de mujer. Se trata de Nancy Dell’Olio. En aquel instante Sven cuenta con 50 años y Nancy con 37. Nancy es una dama de alta alcurnia, con antepasados de la nobleza apuliana y de personalidad arrolladora. Es una Sofía Loren morena, de generosa delantera, gustosa del maquillaje, y con el tiempo de las operaciones estéticas, y con una frondosa y exuberante cabellera. Es también una tipa lista. Le encantan los micrófonos y las cámaras. Ejerce de abogada y sabe cómo, cuándo y qué decir.

A Sven se lo come con patatas.

¿Qué hace pedazo de mujer con Sven?

La erótica del poder lo llaman.

Lo que aquella despampanante italiana veía en aquel callado sueco era poder. Poder con la mirada. Sven hablaba poco y lo hacía entre silencio y silencio. Pero sabía de qué hablar. De fútbol. También de Confucio. Practicaba yoga y podía explicarle a quien quisiera escucharle cómo era el proceso de talado, empaquetado, creación y venta de una mesa de madera. Una caja de sorpresas de tema variopintos. Pero había que preguntarle. Y en el misterio, en esos silencios perpetuos, era donde Sven tenía su fuerte.

Y es que Sven era un picaflor. Quién lo diría.

A ojos de todos Nancy era la voz cantante. Aparecía en todos los partidos con trajes despampanantes y en los postpartidos se acercaba junto a Sven para posar y encandilar a todos con una sonrisa. Nancy anunciaba la boda. Pronto. Pronto. Sin embargo, las campanas no sonaban.

Sven tenía otro plan.

Y entonces su representante lo llamó por teléfono.

Sven y Nancy

Enero de 2001. A Eriksson lo quieren de la Football Association. De The Football Association. La Football Association. Los señores estirados que inventaron el fútbol en 1863 quieren que un sueco sea seleccionador nacional inglés. Eriksson no necesita ni pensarlo. Es un puesto de honor. Es un cargo al que ningún extranjero jamás pudo nunca haber ni imaginado conseguir. Sven pide comenzar en junio de 2001. Le dicen que ahora o nunca. Habla con el presidente de la SS Lazio, que le concede la libertad por los servicios prestados.

En aquel entonces la SS Lazio caminaba con 11 puntos de ventaja en busca de su segundo Scudetto consecutivo. Acabarán terceros a seis puntos del vencedor.

En febrero de 2001 aquel hijo de un camionero de un pueblo perdido del norte de Suecia se convierte en seleccionador nacional de Inglaterra. La primera rueda de prensa es un huracán disfrazado de preguntas. Le atosigan. Le dan palos. Le recuerdan que sólo ha dirigido a un jugador inglés en más de dos décadas como técnico. Le cuestionan por su lealtad. Le preguntan por un lateral izquierdo de un equipo de la segunda categoría que obviamente no conoce. “Es Inglaterra. ¿Cómo iba a rechazar semejante propuesta?”, contestará cuando las preguntas alcancen un tono hiriente. Tras la rueda de prensa tiene un breve encuentro con Tony Blair, primer ministro inglés, y ambos acabarán haciendo una apuesta en tono jocoso preguntándose cuál de los dos tiene más presión en el cargo y quién de los dos aguantará más tiempo en su puesto.

Con esos mimbres toca debut en Birmingham. Inglaterra vs España. Y gana la Pérfida Albión. 3-0. Eriksson le quita la presión a unos chicos que venían de fracasar en el Mundial 1998 y la Eurocopa 2000. Les quita la camisa de fuerza y contesta a las críticas con silencios y sonrisas.

Y llega el postpartido.

Y con el postpartido llega Nancy.

Continuará…

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Benito Floro

Por entonces el hombre de moda era Silvio Berlusconi. Il Cavaliere representaba todo lo que la opulencia del capitalismo podía ofrecer. La historia de un hombre hecho a sí mismo que había triunfado a base de kilos de trabajo, una cucharada de fortuna y una pizca de corrupción. Dinero y mujeres a espuerta, todo lo que se le podía pedir a la vida a finales de la década de 1980. El momento dorado del vale todo. Berlusconi añadió una muesca más a todo ello. Se compró el AC Milan al mismo tiempo que invertía en un canal de televisión. Era el amo. Luego se meterá en política. Y siempre triunfará. Siempre. En España estuvo Jesús Gil. En Francia Bernard Tapie. Ninguno de ellos le llegó ni a la punta de la punta del dedo meñique del pie izquierdo a Don Silvio.

El caso es que Berlusconi aterriza en Milán (no es una metáfora dado que descendió en helicóptero en el circulo central del tapete verde de San Siro) en 1986. Ocurre que los rossoneri llevan casi una década sin lograr un título. Por el camino habían tenido que pasar por la vergüenza de descender a la Serie B. La tarea que Berlusconi tiene es hercúlea y en su primera campaña como dirigente el AC Milan cae en una primera ronda de la copa italiana frente al Parma FC, por aquel entonces un modestísimo club de la tercera categoría italiana. Entrena a aquel equipo un joven técnico llamado Arrigo Sacchi, quien propone un achique de espacios al formar con una línea adelantada de cuatro defensores que buscan permanentemente el fuera de juego y con dos puntas que siempre apoyan al centro del campo acortando el campo de una forma nunca antes vista.

La temporada siguiente el AC Milan gana la Serie A y después suma dos Copas de Europa consecutivas. Es el equipo de moda. El Milán de los holandeses. El Milán de Sacchi.

Todo el mundo entonces pretende reconstruir el modelo que ha llevado al AC Milan a dominar el fútbol europeo. El Real Madrid es uno de esos equipos. Los blancos viven una época de éxitos. Ganan cinco ligas consecutivas a lomos de la Quinta del Buitre y lo hacen con un fútbol precioso y ofensivo que cautiva al aficionado.

Pero pinchan en Europa. Año tras año. Dos veces consecutivas ante el AC Milan. Una de ellas con un 5-0 de por medio. Y se acercan irremediablemente a las tres décadas sin conseguir una Copa de Europa. El estrés es incesante y las críticas elevan el tono.

Esos fracasos europeos le cuestan el puesto en el banquillo a Leo Beenhakker. Se contrata en su lugar a John Benjamin Toshack, quien repetirá éxito en España y fracaso más allá de los Pirineos. Se tira de remedio casero al llamar a filas a Alfredo Di Stéfano para luego contratar a Radomir Antic para ser despedido, sorprendentemente, cuando marchaba líder en Liga. Por entonces la situación había cambiado. Y había cambiado como calcetín dado la vuelta. Butragueño y compañía han iniciado lo que será un rápido y brusco declive y en Barcelona germina un equipo espectacular con sello propio que cambiará para siempre la historia del club. Es el llamado Dream Team que, dirigido por Johan Cruyff, llevará la primera Copa de Europa a la Ciudad Condal.

La Copa de Europa en color. El Madrid tiene seis. Pero las seis son en blanco y negro.

Toca hacer algo. Y toca hacerlo rápido.

AC Milan 5-0 Real Madrid 1989

Benito Floro había colgado las botas apenas rebasada la veintena. No pasa de futbolista de Tercera, al igual que Arrigo Sacchi. Comienza a entrenar a equipos de la zona levantina acumulando algún que otro ascenso en categoría regional hasta que en 1989 lo contrata el Albacete Balompié, que entonces ocupaba el tercer escalón del fútbol español conocido como Segunda División B.

Floro logrará dos ascensos consecutivos y en la temporada 1991/92 realizará una soberbia campaña con el Albacete que a punto estuvo de otorgar a los manchegos la oportunidad de jugar competición europea. Todo se torció por un mal final de temporada donde se perdieron seis de los últimos ocho encuentros. El juego de aquel equipo se asemejaba, con las limitaciones de los jugadores disponibles, con los de aquel AC Milan. No es de extrañar que saliesen aplaudidos en campos de tronío como San Mamés y de otros más modestos como Vallecas.

En aquella escuadra destacaba José Luis Zalazar, un mediocentro uruguayo con un desplazamiento de balón fabuloso y fortísimo disparo y Luis Conejo, un guardameta costarricense de los primeros que salía jugando al primer toque funcionando como un líbero. Pero lo más llamativo de aquel conjunto bautizado por la prensa como Queso Mecánico era su psicólogo. Benito Floro había decidido contratar a un profesional médico para que enseñara a aquellos chicos a gestionar la presión de ser futbolistas de élite.

Con esa carta de presentación el Real Madrid se interesa por Benito Floro. Lo hacen ya tiempo atrás cuando el técnico aun dirige al Albacete en Segunda División. Ramón Mendoza, presidente merengue, no llega a un acuerdo para firmar a Floro a mitad de temporada cuando Di Stéfano aparecerá como apagafuegos y, finalmente, se acabará apostando por Radomir Antic. Lo más curioso del caso es que Mendoza firmará al colombiano Pacho Maturana para el banquillo blanco, pero los buenos resultados de Antic harán que se cancele el contrato de Maturana y se le pague una indemnización. El caso es que Antic nunca fue santo de devoción de Mendoza (de ahí que fuese despedido siendo el Madrid líder) y en 1992 el presidente blanco podrá por fin fichar a Benito Floro. Para Mendoza esté tendrá que ser su Arrigo Sacchi.

Benito Floro

Lo primero que hace Benito Floro es recolocar a Fernando Hierro como centrocampista. Esa había sido la posición inicial del malagueño, aunque Antic lo había convertido en central. Volverá al centro del campo (allí jugará también el Mundial de 1994). Hierro no tenía agilidad para girar rápido, siempre según Floro. Ocurre que era el hombre ideal para funcionar como pistón, al estilo de Ruud Gullit, y hacer de box to box para tocar el balón y encimar al contrario al inicio de la presión. Floro se reúne con Mendoza y es claro y rotundo. No había competitividad suficiente. Había jugadores buenos individualmente, pero el grupo era inexistente. La Quinta del Buitre estaba de vuelta de todo y tanto Hugo Sánchez como Gordillo estaban en el ocaso de sus carreras. Para Floro tan sólo Lasa y Villarroya podían pegar un grito en ese vestuario, pero ambos eran jugadores con ascendencia irrisoria sobre los demás.

Venía el Madrid de perder una Liga en el último minuto en Tenerife, tras lo que vendría la conquista de la Copa de Europa azulgrana. Aquel equipo estaba tocado y hundido.

Y fue entonces cuando Benito Floro pidió contratar a un psicólogo.

Aquello no gustó.

El Real Madrid era un brontosaurio. Un gigante anclado en el pasado. Si ya era raro contar con un psicólogo, mucho más en Concha Espina. En el Real Madrid, el club de la furia, de la caballerosidad y donde todo buen jugador debe dejarse los cojones luchando, aquello era un sacrilegio. A los hinchas no les gustó y la prensa sacó el cuchillo. Tras la primera derrota ante el Barça Floro llamó a los jugadores a capilla. Les dio un papel a cada uno con un test para que marcaran respuestas con una cruz. No había que firmar ni escribir nada. Había varias cuestiones sobre distintos aspectos, pero en lo que a la presencia del psicólogo se refiere, salvo dos o tres futbolistas todos los demás estuvieron de acuerdo. De puertas para afuera se decía eso, otra cosa era lo qué sucedía dentro.

Y no sólo eso. Los entrenamientos entonces eran a puerta abierta y se permitía de tanto en tanto la presencia de los aficionados. La prensa tiene acceso, aunque parcial, a las sesiones. Floro ensaya jugadas de estrategia tras saque de banda. No se entiende. Esta veinte o treinta años adelantado a su tiempo. Fuera de toda onda. No pintaba nada bien.

Y es que hubo derrotas. Y unas cuantas. Y cabreos con la directiva. Floro pidió mantener a Gica Hagi. Hubo que venderlo por cuestiones económicas. Pidió a Klinsmann y le ficharon a Zamorano. Y solicitó a un central que jugase bien el balón desde atrás como Roberto Solozábal y en su lugar vino un centrocampista técnicamente buenísimo, pero de vida disoluta como Rafael Martín Vázquez.

Benito Floro tuvo un problema a mayores. El mundo del deporte vivía entonces una guerra mediática entre José Ramón de la Morena y José María García. Sí estabas con uno estabas contra el otro. Floro decidió no conceder entrevistas a ninguno como objetivo de mantenerse imparcial y lo que consiguió fue que desde las ondas le lloviesen palos a un lado y otro de las ondas hertzianas.

Con todo, el apodado Benito el Breve resucitó tras una derrota en Sevilla en la decimoquinta jornada. A partir de ahí el Madrid no vuelve a perder en Liga hasta que en la última jornada toca visitar Tenerife por segundo año consecutivo. Se vuelve a caer y el título viaja in extremis a Barcelona como había ocurrido la temporada anterior.

Si ya antes pocos creían en el psicólogo, ahora ya no hay quien defienda a Benito Floro…

El milagro ocurre al vencer una semana después al Real Zaragoza en la final de Copa del Rey. Floro consigue una bombona de oxígeno y podrá comenzar la siguiente campaña.

Temporada 1993/94.

Solicita a David Ginola, Cafú y a Roberto Carlos. Le traen a Petr Dubovsky y a un brasileño desconocido llamado Vitor.

No hay un duro. Luego se sabrá que entre finales de 1990 e inicios de 1992 la plantilla del Madrid estaría sin cobrar. La situación económica es tan mala que no hay presupuesto para cambiar el césped del Bernabéu. Habrá un 0-0 ante Osasuna a mediados de diciembre que se jugará en un patatal. Toca tirar del siempre lesionado Robert Prosinecki y de la vieja guardia.

Una vieja guardia que no hace mucho caso a lo que dice ese advenedizo que nunca llegó a ser futbolista profesional.

Los comienzos son malos y se agravan con una eliminatoria copera ante…el Tenerife. El Real Madrid queda eliminado y en el descanso del partido de ida Floro tiró de testiculina para alentar a sus jugadores. Dio un portazo…y nadie lo siguió.

La situación se había quebrado.

Ramón Mendoza

Por aquel entonces Canal Plus había cambiado para siempre la forma de entender el fútbol. Las retransmisiones dejaron de ser planas para ser filmadas desde ángulos diversos y se apostó por meter los micrófonos dentro de los vestuarios o incluso en las solapas de los árbitros. Ocurría que el periodista era visto como amigo y clubes y jugadores vieron una buena forma de hacer negocio antes de que las marcas se expandieran globalmente y las redes sociales minimizasen la labor del periodista como transmisor entre deportista e hincha.

Existía un programa semanal deportivo conocido como El Día Después. Era revolucionario. Si hasta entonces los programas de deportes se centraban en presentar los goles y los resúmenes de los partidos de la jornada, El Día Después hace mucho más que eso. Pone el foco en las gradas, da voz a los aficionados y se preocupa por asuntos que van mucho más allá de los goles o de las polémicas arbitrales. Importa lo que tal jugador dijo o si a fulanito le apretaban las botas o si a menganito le agarraban en cada saque de esquina.

El Madrid cae ante el Paris Saint Germain en casa en encuentro de Recopa de Europa y el fin de semana siguiente visita al recién ascendido y modestísimo UE Lleida con el que caerá por 2-1.

En el descanso, con el Madrid perdiendo, un micrófono de El Día Después, el programa de Canal Plus, recoge unas palabras que pasarán a la pequeña historia del fútbol español.

“¿Dónde están esos cojones y la calidad y las ganas de jugar? ¡He dicho, maricón el que la pierda! Poniéndolos, poniéndolos, y nada más. Y lo demás son tonterías. Un día uno, un día otro, un día el equipo, pero estoy viendo… ¡Qué lamentable! ¿Dónde está el equipo? A tomar por culo el balón y las cagaditas, el pelele y lo otro y lo otro y quiero hacer mucho, total… ¡Joder, que sois el Real Madrid, hijos! Un montón de almas, un montón de cariño, un montón de déficit en el club”.

Aquello fue un shock. Mendoza llamó a sus despacho a Floro. Le dijo que no podía hablarles así a futbolistas internacionales. García y De la Morena lo masacraron. El profesor, el hombre que entrena con un psicólogo, no es más que pura fachada. El individuo que mira a los demás por encima del hombro es más soez que el que despotrica de su equipo con seis cervezas en el gaznate sentado en un taburete de un tugurio de mala muerte.

El martes hubo reunión de la Junta Directiva blanca. Todos eran conscientes de las carencias del equipo, de que no había el dinero necesario para contratar a dos o tres buenos jugadores y que, a pesar de todo, faltando diez jornadas para el final estaban a dos puntos de un Barça que aún tenía que visitar el Bernabéu. En un cara a cara con Floro la Junta Directiva votó mantener a Benito Floro en el cargo.

Pero Mendoza fue tajante.

El despido era consecuencia de aquella frase. Benito Floro estaba en la calle.

A Floro lo sustituyó en el cargo Vicente del Bosque, en la que fue la primera experiencia del luego campeón del mundo como técnico blanco. No fue buena. Únicamente ganó cinco de los once encuentros que dirigió. Al año siguiente Jorge Valdano le daría al Madrid un título liguero un lustro más tarde del anterior tras hacer debutar a Raúl, colocar para siempre a Fernando Hierro como central y abrirles la puerta de salida a sus antiguos compañeros Michel y Butragueño.

Benito Floro retornó a Albacete donde no pudo reverdecer laureles. Se convirtió en un trotamundos al entrenar en México, Ecuador, Marruecos, Costa Rica y Canadá y tuvo un último conato de éxito en el Villarreal CF de Juan Román Riquelme.

Benito Floro nunca fue Arrigo Sacchi.

Hoy todos los equipos de fútbol profesional cuentan con al menos un psicólogo en nómina.

Y muchos entrenan los saques de banda.

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Especial Navidad: Entrevista a JFK

Trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, cuarto y último en morir asesinado, y el más joven en ocupar el cargo presidencial al llegar al mismo con 43 años. John Fitzgerald Kennedy pertenecía a la cuarta generación norteamericana de la familia irlandesa Kennedy que, con sus riquezas, su status y su glamour es conocida como La Familia Real de América. Alto, musculoso, elegante, eternamente bronceado y juvenil, de sonrisa perenne y dentadura perfecta, JFK fue el hombre que cedió a su orgullo para evitar una guerra nuclear, que se empeñó en llevar a la humanidad a la Luna, que se declaró berlinés, que puso los cimientos para igualar de derechos a negros y blancos, pero también fue el presidente que inició una costosa y larga guerra en Vietnam. JFK nos recibe en su espacioso y bien decorado despacho para iniciar esta entrevista.

Más guapo que Perrosanxe

Misterdato (P): Antes de nada, felices fiestas. Imagino que para un católico practicante como usted serán unas fechas señaladas.

John Fitzgerald Kennedy (R): Déjeme a mí también felicitar las fiestas a todos sus lectores. Y sí, efectivamente y como usted indica, para mí la Navidad es una época especial y me congratulo con que Estados Unidos vuelve a tener un presidente católico por segunda vez en su larga historia. Aun así, no se engañe, tanto yo como el presidente Biden velamos por el interés de todos y cada uno de nuestros conciudadanos independientemente de su credo, su sexo y su color de piel. Un presidente de Estados Unidos no adquiere esa responsabilidad para servir intereses de grupo o clase sino a la Constitución, al pueblo todo.

P: ¿Ha tenido tiempo en el otro mundo de charlar con Lee Harvey Oswald o es tema que le provoque dolor de cabeza?

John Fitzgerald Kennedy (R): …

P: Discúlpeme si le ha incomodado la pregunta. Me habían dicho que usted tenía un excelente sentido del humor.

John Fitzgerald Kennedy (R): Y lo tengo, pero en las distancias cortas y en la intimidad de mi casa o de mi despacho.

P: Retiro la pregunta. Usted se convirtió en presidente al derrotar en el primer debate televisivo, nunca antes jamás realizado, a Richard Nixon. Inauguró el poder de la imagen. Y, todo hay que decirlo, es usted bien parecido. Su mujer Jacqueline también lo era y, si me permite decírselo, su amante Marilyn Monroe también lo era.

John Fitzgerald Kennedy (R): Jackie fue el amor de mi vida, una víctima necesaria de mis ambiciones y mis deseos que veía y callaba. Marilyn era puro fuego, pero era inestable.

P: ¿Hubo que acabar con ella?

John Fitzgerald Kennedy (R): Al igual que hubo que acabar conmigo…pero la gente se centra siempre en Marilyn, ¡mis conquistas abarcan todo el planeta!

P: Vaya, pensé que no le gustaba bromear en público, que quería mantener un perfil presidencial.

John Fitzgerald Kennedy (R): ¡Pero esto es sexo! (ríe a carcajadas) ¡Bromee todo lo que quiera! ¿Sabe cuánto tarde en tirarme a mi primera empleada en la Casa Blanca? Cuatro días ¡Y perdí una apuesta con mi hermano Bobby por tardar demasiado! Luego pocas quedaron en pie. Entre usted y yo, aquellas que eran gordas y viejas.

P: Pues tengo entendido que una de esas viejas, como usted dice, no quedó muy satisfecha con su rendimiento.

John Fitzgerald Kennedy (R): ¿Esta me la tenía guardada por lo de Oswald?

P: Pues sí.

John Fitzgerald Kennedy (R): Bien jugado. ¿Quiere dedicarse a la política?

P: Si supiera cual es el que va a ganar…pero no me esquive la pregunta.

John Fitzgerald Kennedy (R): No se preocupe. Usted habla de Marlene Dietrich, la actriz alemana. Tenía unos quince años más que yo y ya había sido amante de mi padre. Dijo aquello de que yo no duraba mucho en la cama y que mi padre era mucho mejor amante. ¿Qué quiere que le diga? Acabo despechada al cambiarla por una más joven.

P: Vamos al tema, que en nuestro caso es el deporte. Usted ha sido un deportista consumado, según tengo entendido como toda su familia.

John Fitzgerald Kennedy (R): Tanto yo como mis otros tres hermanos jugamos al fútbol americano en la Universidad de Harvard. Yo llegue a formar parte del equipo en mis dos primeros años universitarios, aunque sin demasiado éxito. Ya desde adolescente tuve problemas en las lumbares. Aunque lo mejor de la universidad no es el deporte, son los estudios. No lo olvide nunca; un niño mal educado es un niño perdido.

P: De sus problemas lumbares viene su gusto por la natación.

John Fitzgerald Kennedy (R): Correcto. En el instituto comencé a practicar la natación porque un médico me comentó que era el mejor deporte para los dolores de espalda. Después abandoné el equipo de fútbol americano en Harvard para pasarme al equipo de natación y también me dediqué a practicar golf y tenis. La verdad es que durante mis años universitarios mi actividad deportiva fue frenética. Recuerde que cuando fui escogido presidente escribí un artículo en Sports Illustrated donde decía aquello de que mi objetivo no era que nuestros hijos fuesen una generación de espectadores, sino practicantes de una vida vigorosa. El deporte activo tiene que formar parte de la vida de todos y cada uno de los norteamericanos.

P: Tengo entendido que sus dotes de nadador ayudaron a salvar vidas durante la II Guerra Mundial.

John Fitzgerald Kennedy (R): El triunfo tiene muchos padres y a la derrota nadie la quiere. Aquello salió bien, como podía haber salido mal. Fue el 2 de agosto de 1943. Fuimos abordados por un destructor japonés mientras participamos en una misión nocturna en las Islas Salomón. Caímos de la lancha y ayudé a otros diez compañeros a ponerse a salvo en tierra. Mis años en la Marina son aquellos de los que me siento más orgulloso.

P: Aquel día se agravó aún más su lesión de espalda. Lo cierto es que ha cultivado una imagen de sex-symbol, fuerte, guapo, joven, hasta le crearon el sobrenombre JFK, algo modernísimo cuando nadie usaba iniciales. Y luego uno ve el parte médico, a la tierna edad de 40 años, y asusta. Úlcera de estómago, úlcera de colón, escarlatina, tosferina, una leucemia benigna, problemas crónicos de espalda…de hecho fue rechazado como voluntario en el ejército en 1940. Sólo pudo entrar en la Marina a finales de 1941 cuando Estados Unidos declaró la guerra a Japón y a Alemania.

John Fitzgerald Kennedy (R): Todas las madres quieren que sus hijos crezcan para ser presidentes, pero no quieren que se conviertan en políticos en el proceso, ¿verdad? Yo no estaba bien, y el cargo no ayudaba. Tenga en cuenta que durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) la mayoría de los estadounidenses apenas sabían que estaba postrado en una silla de ruedas a causa de la poliomielitis; cuando lo llevaban con dificultad al estrado. Entonces la prensa no se metía en asuntos privados y se ocultaban este tipo de cosas. Ningún norteamericano conocía mis dolencias y para eso ayudaba mucho el deporte. Fotos mías jugando al fútbol, navegando por la bahía de Boston o cabalgando en la finca de Jackie en Virginia contribuían a silenciar mis dolencias.

P: Realmente no cabalgaba.

John Fitzgerald Kennedy (R): Un hombre inteligente es aquel que sabe ser tan inteligente como para contratar a gente más inteligente que él. Me rodee de los mejores, también en el asunto de la imagen. El doctor Jacobson me recetaba a diario anfetaminas, vitaminas, cortisona y tranquilizantes…. no me quedaba otra, me debía a mi país. Ya sabe usted; no se pregunte lo que su país puede hacer por usted, sino lo que usted puede hacer por su país.

P: Si tengo entendido que practicaba tenis.

John Fitzgerald Kennedy (R): Mi hermano Bobby era muy bueno, yo lo intentaba, pero la espalda me mataba. Como aficionado el tenis siempre me gustó al igual que el béisbol. Siempre fui fan de los Boston Red Sox, amaba el golf, la vela… en general valoraba el esfuerzo. Recuerdo una vez que critique en público al equipo nacional de hockey hielo por recibir una paliza en el Mundial. Si un buen marine puede recorrer 50 millas en 20 horas, ¿no se puede jugar duro a un deporte? El que no esté preparado es una nenaza.

P: Hoy no podría decir algo así, señor presidente. Su sex-appeal dejaría de funcionar.

John Fitzgerald Kennedy (R): Y lo respeto y me parece maravilloso. Fíjese lo que cambió América en los tres años que fui presidente. El cambio es la ley de la vida, y aquellos que solo miran al pasado o al presente seguramente perderán el futuro. Nuestro progreso como nación no puede ser más rápido que nuestro progreso en educación. La mente humana es nuestro recurso fundamental. Recuerde que el ser humano sigue siendo la computadora más extraordinaria de todas.

P: Volviendo al tema deportivo, creo que su madre era una excelente tenista.

John Fitzgerald Kennedy (R): Mi madre tenía un carácter fuertísimo y el tenis le ayudaba a relajarse. En nuestra mansión familiar teníamos una pista reglamentaria y allí aprendimos todos a jugar. Yo tenía un buen nivel en golf, pero no en tenis, no obstante, pronto me di cuenta de que el tenis era el deporte del futuro en Estados Unidos. Toda urbanización de los 50 contaba con su pista de tenis y sabía que era una herramienta económica fundamental. He cerrado muchos acuerdos tras un partido de tenis. La que era una fenomenal jugadora era mi esposa Jackie que me hizo contratarle un entrenador personal y crear un torneo anual para los funcionarios y trabajadores de la Casa Blanca.

P: Imagino que querrá volver con su familia y disfrutar de estas fechas. No le robo más tiempo. Han pasado sesenta años y sigue siendo un placer hablar con usted. Sigue siendo uno de los presidentes más valorados y sigue siendo el presidente que soñó en pisar la Luna.

John Fitzgerald Kennedy (R): Elegimos ir a la Luna antes de que finalizara la década de 1960 no porque fuese fácil, sino porque era difícil. La tecnología que ustedes tienen hoy es fascinante. El mundo es muy diferente ahora. Porque el hombre tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana. Necesitamos personas que puedan soñar con cosas que nunca han existido. Y debemos unirnos todos, ser todos uno. Como hombres libres, donde quiera que vivamos.

P: Ich bin ein Berliner.

John Fitzgerald Kennedy (R): Ich bin ein Berliner.

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