fútbol

El escándalo de los oriundos

A inicios de la década de 1970 el Real Madrid estaba tieso. Los tiempos de Di Stéfano, Puskás o Kopa habían pasado a mejor vida. Por su parte, el Atlético lucia flamante nuevo estadio y el Barça amortizaba su gigantesco Camp Nou. En el extranjero italianos, alemanes, holandeses e ingleses invertían cantidades prohibitivas en Madrid. Tocaba hacer algo y ese algo era Johan Cruyff.

Johan Cruyff está loco por la música. Con Pelé negociando su jubilación camino de Estados Unidos, el astro neerlandés es el mejor futbolista del momento. Un jugador perezoso, pero con diez toques diferentes en cada pie. Pero no sólo eso. Cruyff es el primus inter pares tanto dentro como fuera del rectángulo de juego. Es el primero negociando. La primera estrella internacional que tiene en cuenta su valor más allá del césped. Sabe lo que vale y va a exigir que se le pague lo que le corresponda. Tiene un contrato de larga duración en el Ajax, donde es el futbolista mejor pagado. Pero no es suficiente. Cruyff sabe que para ganar dinero tiene que irse a un país donde el fútbol sea eje de la economía. El Ajax gana tres Copas de Europa con un estadio con capacidad para 25.000 espectadores y unos 10.000 socios. En 1970 viaja con su esposa a Barcelona a pasar unas vacaciones. Alucina con el Camp Nou, sus 100.000 localidades y sus más de 70.000 socios.

El caso es que Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, querrá ir a por Cruyff. Lo hará en firme en Coruña. En un mes de agosto de 1973. En un Teresa Herrera que reúne en el Hotel Atlántico de A Coruña a la expedición del Ajax y a Raimundo Saporta, vicepresidente blanco. El precio es un millón de dólares de la época. Pero el precio sube y el Madrid tiene que parar. No hay más cera que la que arde. El Madrid necesita cash y no lo tiene.

Necesita vender el Santiago Bernabéu. No a la persona. Que se me entienda bien. Necesita vender el estadio. Indudablemente.

El FC Barcelona contaba con el Camp Nou desde 1957. No mucho más lejos estaba el antiguo estadio de Les Corts al que las malas hierbas iban poblando. Empero, tras diversos trámites, en 1966 se recalificó el terreno, se construyó una zona verde privada y se edificaron unas viviendas de altas calidades las cuales, en muchos casos, fueron compradas por jugadores y ex jugadores del Barça.

El Barça tenía pasta gansa.

Pero no tenía en que gastarla.

Recalificando Les Corts

Tras el fracaso de España en el Mundial de 1962 la Federación Española del Fútbol decretó el cierre de fronteras y la prohibición del fichaje de futbolistas extranjeros. Se decía que el bajo nivel de la selección nacional era por culpa de esos foráneos que impedían que despuntasen jóvenes promesas. Di Stéfano, Puskás y Santamaría (argentino, húngaro y uruguayo) habían acudido a Chile 62 y su desempeño fue lamentable (Di Stéfano ni jugó al lesionarse en la preparación). Cuando el Real Madrid gane la Copa de Europa de 1966 con un once totalmente nacional se hablará de éxito del sistema. Lo cierto es que no fue así. Eso fue un oasis en un desierto. El nivel de los clubes españoles decayó y España fracasó en el Mundial de 1966 y no consiguió clasificarse para la edición de 1970 ni para la de 1974.

Hay quien dijo que la medida era propia de una dictadura. No fue tal. España, caso de los planes industriales y los métodos turísticos de desarrollo, hizo lo mismo que Italia, igual de católica y apostólica, pero asentada en una democracia. Italia también había cerrado fronteras en el pasado y lo volvería a hacer en 1966 al caer ante Corea del Norte en el Mundial de Inglaterra. Entre 1966 y 1980 Italia cerro las puertas al de fuera. A la Nazionale no le fue tan mal como a España. Ganó la Eurocopa de 1968, jugó la final del Mundial de 1970 y por el camino el AC Milan también ganó una Copa de Europa.

Total, que a inicios de los 70 es vox populi que el veto a los extranjeros tiene fecha de caducidad. En los mentideros del fútbol español se habla de permitir que cada equipo cuente con dos futbolistas foráneos y los directivos van preparando el terreno y haciendo acopio de capitales para acometer transacciones de campanillas. El Real Madrid es uno de ellos. Y toca mover ficha.

Corría el año 1972. Un grupo inversor con una mezcla de capital español y estadounidense ofreció al Real Madrid 4.000 millones de las antiguas pesetas por los terrenos del estadio para construir un rascacielos de 70 pisos, oportunamente llamado La Torre Blanca. La mudanza estaba planeada para un paraje a las afueras de Madrid, a orillas de la Nacional I en dirección Burgos, para un estadio de 120.000 espectadores (la mitad sentados) y con una cubierta similar a la del Olímpico de Múnich. Sería un fastuoso coliseo y tendría como prima donna a Johan Cruyff. Sólo había que solventar un asunto. Los terrenos del Bernabéu eran zona verde y deportiva. Tocaba meter mano y recalificar adecuadamente ese suelo para convertirlo en suelo edificable.

Exactamente lo mismo que había pasado en los terrenos de Les Corts de Barcelona en 1966.

Se daba tan por hecho el asunto, que el proyecto se presentó con una gigantesca maqueta en una gran exposición ante la prensa sin tener el visto bueno oficial. Y fue entonces cuando Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, dejo para la posteridad una perla: “La recalificación del Bernabéu está tan prohibida como el asesinato”.

Coño. ¿El Madrid no era el equipo del Régimen?

Cuentan que Bernabéu llamó a Raimundo Saporta, su fiel segundo, cargaron la maqueta del nuevo estadio en una furgoneta y se fueron a El Pardo para ver a Francisco Franco. Según su costumbre, el Generalísimo estudió el asunto y escuchó las explicaciones sin dar opinión alguna y con el rictus impertérrito. No habría estadio. Santiago Bernabéu, con 78 años y de vuelta de todo, explotó ante la prensa: “De haber hoy guerra de nuevo volvería mi mosquetón contra éstos”.

Tenía que haber algo más.

Y había algo más.

El Bernabéu que nunca fue

Cabe recordar que líneas atrás comenté que a Cruyff le había impresionado el gigantismo del Camp Nou. Fue en 1970. Había viajado a Barcelona a pasar unas vacaciones junto a su esposa. Trabó pronta amistad con Armand Carabés, gerente azulgrana, cuya esposa era neerlandesa. Johan Cruyff llegó a posar en el Camp Nou con una camiseta del Barça y conoció a Charly Rexach, el niño bien del barcelonismo, que se encargó se enseñar a Johan los sitios de moda en la Ciudad Condal. El matrimonio Cruyff y el matrimonio Carabés se harían inseparables y éstos últimos ayudarían a Cruyff a comprar casa en Barcelona, en un principio como residencia de verano, pero con la posibilidad de hacerse en domicilio fijo en caso de que España abriese fronteras y el Barça decidiese ir a por Cruyff.

El Barça podría aportar sol, playa y dinero. En Madrid, a la espera de la operación de recalificación del Bernabéu, había cemento, un frio tremendo en invierno y un calor asfixiante en verano. Pero, deportivamente, el Madrid era un transatlántico y el Barça un sidecar. Los blancos eran hexacampeones europeos y sumaban 13 ligas en los últimos 20 años. En ese período de tiempo el Barça tan sólo presumía de dos títulos ligueros. En esos años, en la década de 1960, la diferencia entre Madrid y Barça era abismal. Son los últimos años del Franquismo y las críticas comienzan a ser permitidas. El fútbol es lugar propicio para entrar en política con el beneplácito del Régimen. Es entonces cuando desde la prensa, con la venia de las altas esferas, se va cimentado la idea de que los éxitos del Madrid y los fracasos del Barça se deben a una mano negra que desde la capital ayuda a los blancos económica, deportiva, arbitral y hasta judicialmente.

La mayoría de aquellas críticas no eran más que autocomplacencia. Pero algunas otras eran ciertas.

Y el de los oriundos fue un escándalo tremendo. Un escándalo que mostró la corrupción del fútbol español y que dio al Barça munición para culpar al Madrid y a sus tentáculos de todos sus males.

Años de polémicas

Volvamos atrás en el tiempo. A la temporada 1964-65. La primera con cierre de fronteras. Tocaba echarle ingenio al asunto. Dado que sólo iba a permitirse que jugaran españoles la respuesta encontrada fue simple; se buscarían españoles donde fuera.

No era cosa nueva ¡ojo! La normativa de fichajes extranjeros en el fútbol español es rica en decisiones inverosímiles. En 1956 se habían aceptado dos extranjeros por equipo teniendo que ser uno de ellos iberoamericano o filipino por aquello del Imperio y tal. Como ya se comentó líneas atrás España llegó a ir al Mundial de Chile con cuatro futbolistas que ya habían sido internacionales con otros países (Puskás, Santamaría, Di Stéfano y Eulogio Martínez). La FIFA dijo basta.

Y españoles fuera de España había a patadas. Huyendo de la Guerra Civil o del hambre en Hispanoamérica había españoles en cantidad. Sólo entre 1860 y 1960 se estima que 600.000 gallegos recalaron en Argentina. Buenos Aires pronto se ganó el apodo de quinta provincia gallega y, aún hoy, sigue siendo la tercera ciudad con más gallegos tras Vigo y A Coruña. No en vano el término gallego es el acuñado para referirse a cualquier español que hiciese las maletas.

Así pues, los clubes deciden poner sus ojos más allá del Atlántico. No se podría fichar a ningún jugador que fuese internacional, pero sí a aquellos que no hubiesen debutado con su selección…y que tuviesen ancestros españoles. Fuesen reales…o inventados. Hecha la ley, hecha la trampa. La falsificación era fácil. Consistía en argumentar que fulanito o menganito no tenían papeles dado que su padre había sido republicano y se los habían quitado o, quizás, porque su abuela o su abuelo eran analfabetos y no contaban con documento alguno. En Argentina o Uruguay el proceso era harto laborioso, pero con una buena suma económica se llegaba a buen puerto. En países como Perú o Paraguay era más simple. Consistía en abrir la cartera y una retahíla de futbolistas se postraban a tus pies. Había oriundos (como fueron llamados) que únicamente valían 1.000 dólares a los que había que sumar otros 1.000 para que el cónsul español diese su OK con firma y sello.

Lo que era un secreto a voces se tornó en certeza gracias a dos iluminados a los que nadie les dijo que se callasen la boca.

Aguirre Suárez era un expeditivo defensa argentino que había triunfado en Estudiantes. Firmó por el Granada FC en 1971 y pronto se convirtió en el carnicero por antonomasia. Destrozó la carrera de Amancio y, su fama será tal, que el día que Cruyff juegue su primer partido en España, precisamente ante el Granada FC, una comitiva de jugadores y directivos rivales bajarán al vestuario para pedirle a Aguirre Suárez que por favor no cosiese a patadas al Flaco. El caso es que aterrizado en España se le preguntó a Aguirre por sus ancestros navarros. Ni corto ni perezoso contestó que no eran navarros sino de Pamplona. Aquello aún se podía edulcorar, pero ese mismo año el Valencia CF firmó al también argentino Miguel Ángel Adorno. Éste lo tuvo claro cuando le preguntaron de donde eran sus abuelos. “Son de Celta, en la provincia de Vigo”.

Blanco y en botella.

Aguirre Suárez

La gran potencia futbolística del asunto era Paraguay donde era increíblemente fácil conseguir la documentación falsificada. La cantidad de hijos o nietos de emigrantes que se habían convertido en futbolistas de élite era asombrosa. Era tan fácil romper con las reglas en Paraguay que una gran cantidad de futbolistas paraguayos de ancestros españoles eran en realidad argentinos. Primero se convertían en paraguayos a los nacidos en Buenos Aires y luego se les buscaba una madre de Salamanca o un abuelo de Pontevedra. El negocio era perfecto porque todo el mundo hacia la vista gorda. En realidad, nadie quería el cierre de fronteras. Era todo tan grotesco que hasta había futbolistas que llegaron a compartir padre postizo. El afortunado era un tal Antonio Martínez Rubalcaba quien, según los papeles, era padre al mismo tiempo de Carlos Martínez Diarte, jugador de Real Zaragoza, Martínez Cabrera, goleador del Elche CF y también de Óscar Martínez del Real Valladolid.

Todo iba como la seda hasta que Adorno y Aguirre Suárez echaron la lengua a pacer. Mas antes, concretamente un par de años antes, el asunto tuvo su primera grieta. 1969. El FC Barcelona le echó el ojo a Severiano Irala, un delantero paraguayo apodado Taladro por su facilidad para perforar porterías rivales. El tema es que Irala había debutado con la selección paraguaya por lo que, según las reglas, no podría fichar por un club español. Ya se había hecho la vista gorda por dicho asunto con algún que otro jugador siempre y cuando los encuentros hubiesen sido amistosos. Ese era el caso de Irala, pero esta vez no pasó el corte. Lo primero que dijo al llegar a España es que era internacional e inmediatamente la Federación Española de Fútbol vetó su fichaje.

En Barcelona el asunto se tomó muy mal. Y con razón. Irala volvió a Paraguay junto a su representante que no era otro que Eulogio Martínez, extremo paraguayo del Barça de finales de los 50 que había sido internacional con Paraguay y con España. El caso es que, de vuelta en Asunción, Irala, por indicación de Martínez, dio una rueda de prensa donde argumentó que nunca llegara a debutar con la selección porque una vez convocado había caído lesionado. Puede parecer escusa peregrina, pero entonces no había el nivel de información ni de datos de la actualidad y muchos partidos internacionales pasaban desapercibidos en buena parte del planeta. Irala vuelve a España dispuesto a jugar con el Barça, pero un periódico argentino publica en primera plana que aquello es mentira con foto de Irala como seleccionado paraguayo en un partido en el que incluso anotaría un tanto.

Días después de todo este guirigay el Real Madrid y el Barcelona juegan en Chamartín. Empatan 3-3. Bustillo, delantero azulgrana de 23 años, marca dos goles. En una jugada desborda al madridista De Felipe y éste le caza. La entrada es salvaje y Bustillo acaba con rotura del ligamento cruzado. Ortiz de Mendibil, colegiado del choque, no le saca ni tarjeta amarilla. Después el Madrid empata gracias a dos tantos de Sebastián Fleitas, un paraguayo hijo de españoles. Es decir, un oriundo.

La gota que colmó el vaso. Y el recipiente se desbordó.

En Barcelona hay una revolución. Es año de elecciones. Gana Agustí Montal. Un regionalista. Un nacionalista. Como ustedes gusten. Fuese lo que fuese es el primer presidente que no comulga con el Régimen. Acuñará el lema mès que un club y poblará el Camp Nou de senyeras desafiando pacíficamente lo permitido. La nueva directiva es clara. La de Bustillo fue la última.

Y la última tiene lugar en 1971. El FC Barcelona ficha a Bernardo Cos y a Juan Carlos Heredia. Ambos eran argentinos, pero ambos tenían pasaporte falso procedente de Paraguay. Los papeles eran exactamente los mismos, pero mientras la FEF aceptaba a Cos como oriundo rechazaba la inscripción de Heredia. La documentación, que se filtró rápidamente a la prensa, era idéntica; los mismos sellos, la misma firma. No se entiende nada. Luego se sabrá que la mordida que Exteriores había cobrado por Heredia no se ajustaba a lo solicitado.

Total, que Montal y Carabén montaron en cólera. Se propusieron investigar la situación y solicitaron a un grupo de abogados la elaboración de un informe. Entre los abogados se encontraba un tal Miguel Roca Junyent, quien pocos años después sería uno de los padres de la Constitución. Roca viaja a América Latina con la obligación de certificar con documentos y por escrito que aquellos oriundos de españoles tenían más bien nada. A la causa contribuyen con un par de detectives privados tanto el Athletic como la Real Sociedad, los dos únicos clubes de la Liga que no contaban con extranjero alguno. El llamado Informe Roca se las trae. El escándalo es tan mayúsculo que entre los mentirosos cuentan Óscar Valdez (Valencia CF) y Roberto Martínez (Real Madrid), quienes son internacionales con la selección española. Ambos, por supuesto, no tenían ningún ancestro nacido en la piel de toro. La lista es interminable. Roca comprobó que de los sesenta jugadores oriundos admitidos en el fútbol español cuarenta y seis habían falsificado la documentación. Adorno, Valdez, Anzarda, Touriño, Roberto Martínez, Vilanova, Acosta, Viberti, Ovejero…

El problema era de aúpa. Tan de aúpa que la FIFA podría invalidar los partidos internacionales jugados por la selección española. Y tan de aúpa, que, de cumplir con lo marcado por la ley, habría que declarar tal cantidad de alineaciones indebidas que habría que dar por anulados e inválidos al menos los cinco campeonatos de Liga anteriores (ninguno ganado por el FC Barcelona). Roca sabía lo que se traía entre manos y recomendó al Barça negociar. De hacerse público el informe las consecuencias serían irreparables. Así que Agustí Montal decidió sentarse a parlamentar.

Pero antes hizo una llamada telefónica a Ámsterdam.

Miguel Roca (centro)

Agustí Montal, a través de Carabés, contactó con Johan Cruyff. Quería su visto bueno. No sabemos si entonces había servilleta con un sí, pero El Flaco dio su palabra. Montal tenía atado al mejor jugador del momento. Y una vez atado, tocó negociar con la Federación Española de Fútbol y con su presidente Pablo Porta.

El informe se puso sobre la mesa. En la Federación se llevaron las manos a la cabeza. Hubo miedo. Mucho miedo. Se arregló de manera diplomática. Roberto Martínez y Valdez fueron abandonados discretamente de las convocatorias de España mientras la FIFA hacía la vista gorda. A los oriundos que llevaban dos años en España se les dio la nacionalidad española por decreto. El resto serían considerados extranjeros y cada club sólo podría contar con un par de ellos. Y lo más relevante para el Barça. A cambio de callar la boca, el Barça consiguió que a partir de la temporada 1973/74 se levantase el veto y se permitiese la presencia de jugadores foráneos en la Liga.

Fue así, una vez que se anunció que el veto se levantaba, que Santiago Bernabéu fue en busca de la estrella que devolviese el brillo al Real Madrid. Pinchó en hueso. El Barça jugaba con las cartas marcadas. Tuvieron los azulgranas, eso sí, que pagarle tres millones de dólares al Ajax (récord de la época) para que Cruyff fuese hombre libre. El Ajax tenía un acuerdo con el Madrid por un tercio de ese dinero, pero estaba dispuesto a aceptarlo para llevarle la contraria a Cruyff. Johan llegó a negarse a entrenar y se declaró en rebeldía (algo nunca visto hasta entonces). Cruyff llegaría a España en octubre de 1973, con la Liga más que empezada. El Barça marchaba octavo, pero con Cruyff inició una racha de partidos ganados (incluyendo un 0-5 en el Bernabéu) que le llevó a ganar la Liga catorce años después. Al año siguiente llegaría a semifinales de la Copa de Europa, en lo que sería el tope de un Cruyff que fue incapaz de repetir en Barcelona los éxitos de Ámsterdam. Daba igual. Johan devolvió el orgullo a Cataluña. Como dijo el New York Times: “Johan Cruyff hizo más por el nacionalismo catalán que años y años de política clandestina”.

¿Y qué pasó con aquellos funcionarios y altos funcionarios que firmaban y ponían sellos a papeles falsos? Todos los involucrados, desde los futbolistas a los representantes tramposos pasando por los directivos de clubes sin escrúpulos o los codiciosos funcionarios de Exteriores, fueron absueltos de todas sus penas por la Ley de Amnistía de 1977 aprobada con la llegada de la democracia a España.

C’est la vie.

Otras historias del futbol español de esa época

De la final de las botellas al caso Guruceta (el escándalo arbitral que marcó el odio catalán contra Madrid en el Tardofranquismo a través de dos artículos)

Franco ha muerto (crónica de la jornada de Liga el día que su murió el Generalísimo)

Cuando Jopie conoció a Gento (el día que un joven Cruyff conoce a su ídolo)

Leer más

Cuando fútbol y eclipse de sol fueron de la mano

Para todos aquellos que tienen un mínimo de interés en el fútbol la historia es más o menos conocida. En el siglo XIX los alumnos de los colegios privados de Inglaterra dedicaban su tiempo de asueto en jugar al fútbol. Cada institución académica tenía sus propias reglas y eran tan variadas que en algunas academias se podían usar las manos (Rugby o Marlborough) y en otras únicamente los pies (Winchester, Eton o Cambridge). A mediados de siglo, y gracias al desarrollo de la red de ferrocarril, comenzaron a disputarse competiciones entre las distintas universidades, por lo que se hizo necesario establecer unas reglas comunes. En octubre de 1863 se constituyeron las reglas básicas del fútbol y, años después, los disidentes harían lo propio implantando las reglas básicas del rugby.

El fútbol es más antiguo que la bombilla, el cine o el automóvil.

A partir de ahí el fútbol se extenderá con rapidez por todo el planeta. Soldados, marineros, funcionarios de las colonias, hombres de negocios, ingenieros y maestros ejercerán de apósteles. El balompié se convertirá en el deporte hegemónico por antonomasia. El rugby quedará anclado en las Islas Británicas y sólo tendrá aceptación en las colonias del Imperio y, de forma sorpresiva, en Francia.

Los triunfantes ingleses siempre se han orgullecido de ser los inventores del fútbol. Fue un invento de la Inglaterra Victoriana para escapar de los aburrimientos de los domingos y llenar de ocupación el nuevo tiempo de ocio de la sociedad contemporánea. Y es cierto. Pero hay matices. Muchos matices.

¿Quiénes son los responsables de hacer del fútbol un deporte divertido y sugerente para buena parte de la humanidad? ¿Quiénes lograron que se convirtiese en el ariete primordial entre todos los deportes? No. No fueron los ingleses. Fueron los escoceses.

El primer partido

En 1707 Escocia pasó a formar parte del Reino de Gran Bretaña. A partir de entonces (y de forma errónea) los escoceses pasaron a ser para el resto de la humanidad ingleses. Sucede que cuando el Imperio Británico conquiste los cinco continentes a través de su armada y de su ejército o cuando una empresa británica vacíe una mina de carbón, cree una industria textil o explote un pozo de petróleo, a ojos de la humanidad será un hito de la comunidad inglesa. Para el nativo el británico era sinónimo de inglés. Ni existía el escocés, ni el galés ni el irlandés.

La realidad es que un alto porcentaje de los militares y de los comerciantes británicos eran escoceses. Por un lado, las durísimas condiciones climatológicas y un terreno verde, pero pedregoso y de paupérrimo nivel de cultivo, hacían del escocés un pueblo proclive a la emigración. En la otra vertiente, las diferencias religiosas y la pérdida de propiedades y estatus tras la absorción de los ingleses del Reino de Escocia hicieron que las familias de renombre, o bien marchasen a Londres a probar fortuna, o por la contra se convirtieran en ricos comerciantes y en ávidos empresarios bajo el mandato de la Corona inglesa.

Así pues, fueron los comerciantes y los trabajadores escoceses los que llevaron el fútbol a través del mar más allá de las Islas Británicas.

¿Cómo se convirtió el fútbol en el deporte ganador? ¿Por qué lo que triunfó fue el fútbol y no el rugby? ¿Por qué en Escocia el balón redondo le ganó la partida al balón ovalado?

Los escoceses eran conocidos por ofrecer un buen trato con el balón, dar muchos pases y hacer un gran juego colectivo. Los ingleses preferían encarar por bandas y el ‘up and under’ (el patadón), un tipo de fútbol más individualista y que tenía su razón de ser en el rugby. El fútbol de ‘passing game’ y ‘dribbling’ escocés triunfaría. El juego propuesto por los escoceses, tan atractivo para el público, fue lo que hizo que el fútbol le ganara la batalla al rugby o al cricket por la supremacía mundial y que fuese aceptado y asimilado rápidamente en todos los puntos del globo.

Escoceses eran la gran mayoría de británicos que comerciaron en España en el siglo XIX, los cuales introdujeron el fútbol en nuestro país. La familia católica y escocesa Gordon montó un imperio bodeguero en Jerez y el también escocés Hugh Matheson consiguió la concesión para explotar las minas del Río Tinto cerca de la ciudad de Huelva. Fueron los trabajadores de las minas quienes fundaron el Huelva Recreation Club (Recreativo de Huelva) en 1889, cuyo primer presidente fue el también escocés Charles Adams, quien dirigía una empresa de gas en la capital onubense. Los escoceses (en las crónicas siempre confundidos por ingleses) fundaron los primeros clubes en Sevilla, Bilbao o Barcelona, ciudades con fuerte presencia de capital extranjero.

En los arrabales de Barcelona se crea una gran industria textil que atrae a numerosos escoceses y que contribuirá a que lugares como Sabadell o Terrasa pasen de ser pueblos a ciudades. En Barcelona, un día de 1898, el suizo Hans Gamper se acercó a las instalaciones del Gimnasio Tolosa para integrarse en su club de fútbol. El club estaba formado por escoceses y le denegaron el acceso, pero no por motivo de su nacionalidad, sino por culpa de sus creencias, ya que Gamper era protestante y el club estaba integrado por escoceses católicos. A finales de ese año Gamper decide crear su propio club de fútbol, en el que, además de a suizos, también permitirá la presencia a ingleses y a escoceses protestantes. Es el FC Barcelona.

En otra punta de España, en Galicia, una zona aislada pero perfectamente conectada por mar con Gran Bretaña, tuviera lugar años atrás el primer partido de fútbol documentado en territorio español. Es en agosto de 1873 cuando atraca en Vilagarcía de Arousa el barco militar británico de nombre Go-Go. Según relatan las crónicas, los marineros aprovecharon los días de descanso para comer, bailar, ligar y, al parecer, jugar un partido de fútbol en un descampado situado en la parte trasera de la capilla de San Roque. El primer equipo de esta ciudad fue el Real Alfonso XII creado en 1901 y cuyo presidente era Cameron Walker, nacido en Trípoli, pero de madre escocesa.

Fútbol en Vilagarcía

Como hemos visto son los lugares con acceso al mar los primeros en recibir la buena nueva futbolística. La potente Bilbao y su industria pesada, la periférica, pero con excelente fachada marítima, Galicia y la parte atlántica de Andalucía, próxima a Gibraltar y nudo de comunicaciones por mar. Barcelona, ciudad en expansión y conectada a Europa, también adelantó a Madrid en el asunto deportivo. ¿Y qué pasó en el Mediterráneo?

Importante mar comercial pero desorientado en relación a Gran Bretaña, el fútbol tardó unos cuantos años más en llegar a Levante. Lo curioso es que en este caso sabemos con certeza y exactitud el lugar y momento de la aparición del balompié. Fue un 28 de mayo de 1900 en la playa ilicitana de Tamarit.

¿Cómo ello es posible?

Aquel 28 de mayo fondeó en Elche una expedición de la British Astronomical Association, a bordo del buque de guerra HMS Theseus. Al mando el almirantazgo británico, pero también dos astrónomos, quiénes más tarde documentarían para la posteridad los asuntos del viaje. Alquilaron un bar con azotea en lo que calificaron como “una pintoresca localidad morisca” para instalar cámaras fotográficas y telescopios.

Y es que tocaba afinar cálculos y lentes dado que aquel 28 mayo se iba a producir un eclipse solar y la costa levantina era el lugar más privilegiado de Europa para disfrutarlo.

Sucedió que, mientras los científicos afinaban las matemáticas, los marineros del HMS Theseus encontraron otra forma de pasar el tiempo. En la arena de la playa de Tamarit, improvisaron porterías, formaron dos equipos y comenzaron a correr tras una pelota. No sabían que estaban haciendo historia. Jóvenes curiosos se acercaban a mirar, intentando comprender aquel juego rápido, físico, y lleno de reglas desconocidas.

El diario alicantino El Liberal, en su edición de esos días, describía el espectáculo como “un violento ejercicio que realizan con una pelota de goma, valiéndose de la cabeza y los pies, con prohibición absoluta de las manos y los brazos”.

El eclipse solar del 28 de mayo de 1900 fue uno de los tres primeros eclipses totales de sol del siglo XX, conocidos internacionalmente como los eclipses españoles, dado que España fue lugar privilegiado para su observación. La sombra de la Luna atravesó la Península Ibérica de noroeste a sureste, comenzando por el sur de Oporto (Portugal), pasando por Ciudad Real y saliendo aproximadamente por Alicante. Eso hizo que durante 80 segundos lugares como la cacereña Navalmoral de la Mata o la alicantina Elche fuesen centro del planeta.

Elche, una ciudad en aquellos momentos de apenas 30.000 habitantes, recibió unos 25.000 visitantes, duplicando temporalmente su población. Llegaron desde Inglaterra, Escocia, Francia, de diferentes puntos de España y de muchos otros países. Con ello trajeron consigo no solo instrumentos científicos sino también curiosidad, cultura y una presencia internacional inédita desconocida en aquellos lares. Aquel eclipse fue el primero en la historia en ser filmado en movimiento gracias a una cámara. Así que, aquel 28 de mayo de 1900, hubo en Elche un eclipse de sol, por vez primera se vio una cámara de cine y, por supuesto, se jugó el primer partido de fútbol conocido a orillas del Levante español.

Eclipse 1900

Otros asuntos que orbitan alrededor del fútbol

El portero es negro y el delantero sudaca (¡pero daría la vida por mi equipo!)

La ambición de Europa (por qué Europa domina el mundo del deporte)

¿Camisetas sagradas? (¿y si los colores que amamos fuesen de mentira?)

Reyes de la noche (la guerra radiofónica entre García y De La Morena en dos mitades)

Un apunte sobre los colores nacionales (de camisetas de selecciones)

El declive de La Quiniela (origen, apogeo y decadencia del 1×2)

Leer más

Los 10 mejores futbolistas que nunca jugaron un Mundial

El asunto dio el pistoletazo de salida en 1930. La idea era que participasen 16 selecciones nacionales a razón de cuatro grupos con cuatro equipos. Acudieron 13 combinados internacionales, dado que tres europeos se bajaron del carro al considerar el coste de cruzar el Atlántico inasumible. Dio igual. Se construyeron tres grupos de tres escuadras y uno con cuatro conjuntos. El sistema de 16 participantes se mantuvo inamovible hasta 1982, cuando en el Mundial de España se amplió el abanico hasta 24 escuadras. Tenía su lógica. Lo que antes era un monopolio Europa-América ahora se abría al mundo. Con la descolonización surgieron numerosos estados de nuevo cuño tanto en Asia como, esencialmente, en África.

A partir de entonces todo sucedió a fume de carozo. Para Francia 1998 se aumentó a 32 el número de participantes asegurando un reparto más ecuánime e introduciendo en la ecuación a Oceanía, hasta entonces apartada del negocio del fútbol. La última vuelta de tuerca ha tenido lugar en la presente edición de 2026 con un total de 48 participantes repartidos en ¡12! grupos de cuatro conjuntos. De este modo el Mundial es universal y permite un total de 17 selecciones europeas, 6 ó 7 de Sudamérica, 6 ó 7 de la Concacaf, 9 ó 10 de África, 7 u 8 de Asia y 1 ó 2 de Oceanía. El sistema es más permeable y democrático a costa de desvirtuar el nivel de juego y convertir las primeras rondas en un ejercicio tedioso y pastoso que aumenta grotescamente el número de goles.

El caso, pues, es que acudir a un Mundial es mucho más fácil en la actualidad que en el pasado. Pongamos un ejemplo que lo certifique. Es muy probable que Erling Haaland sea el mejor delantero centro del momento. Hace unas semanas disputó con su selección su primer Mundial. Todo se lo debe a la ampliación a 48 equipos de la competición. Noruega había participado en el Mundial de 1938 (13 equipos europeos de 16 participantes), en el de 1994 y en el de 1998. Hacía casi tres décadas que Noruega no disputaba un Mundial, por lo que Haaland le debe una bien gorda a Gianni Infantino.

Al igual que Haaland es un delantero de tronío, también lo era José Eulogio Gárate. No era tan bueno como el ciborg escandinavo, pero no hay que desdeñar a un icono del Atlético de Madrid que fue máximo goleador de la Liga española en 1969, 1970 y 1971, así como ganador de tres ligas y finalista de la Copa de Europa con los colchoneros. No era Haaland, pero comparemos a Gárate con Falcao o Diego Costa. El caso es que Gárate no disputó ningún Mundial dado que España no se clasificó ni para la edición de 1970 ni para la de 1974. Si para acudir a la de 2026 la selección española únicamente tuvo que quedar entre los dos primeros en un benigno grupo formado por Turquía, Georgia y Bulgaria, en la de 1970 había que ser campeón en un grupo donde estaban Bélgica (semifinalista Eurocopa 72), Yugoslavia (subcampeona Eurocopa 68) y Finlandia.

Con todo, lo más sangrante ocurre cuando ponemos el foco en África. A la altura de 1990 el mejor jugador de África era Abedi Pelé. Triple vencedor del Balón de Oro africano y héroe del Olympique de Marsella campeón europeo en 1993, jamás disputó un Mundial. Por entonces únicamente dos países africanos accedían a la fase final de la Copa del Mundo. En la actualidad pueden ser diez. La Ghana de Abedi Pelé tenía que pasar dos eliminatorias a ida y vuelta antes de formar un grupo de cuatro participantes donde únicamente el vencedor era el que obtenía el pase. Ghana no pudo con Argelia o Camerún en los años de esplendor de Pelé. En 2026 Ghana se clasificó al vencer en un sencillo grupo donde, a excepción de Malí, todos los demás países eran unos parias del nivel de Comores, Madagascar o Chad. No es de extrañar que Ghana se haya clasificado para cinco de las últimas seis ediciones. Lástima que estos tiempos no fuesen los de Abedi Pelé.

Abedi Pelé

Así pues, vamos a intentar dilucidar quienes son los 10 mejores futbolistas que no han participado en un Mundial. Para ello le daremos más valor a aquellos personajes del pasado en detrimento del presente. ¿Es un buen futbolista Henrij Mkhitaryan? Lo es. Y muy bueno. El mejor en la historia de Armenia. Jugador en Dortmund, Manchester United, Arsenal, AS Roma o Internazionale y ganador de títulos con todos ellos. ¿Era un buen futbolista Valentino Mazzola? Sin duda mejor que Mkhitaryan. No en vano a mediados de la década de 1940 Mazzola era considerado el mejor jugador de Europa. Ocurre que si bien es complicado que Armenia se clasifique para un Mundial (no imposible, dado que en su grupo para 2026 cayó ante Irlanda y Hungría) para Mazzola no hubo opción. Desde 1938 hasta 1950 no se celebró el Mundial, así que, para Mazzola, fallecido en 1949 en la tragedia aérea de Superga, las opciones sumaban cero sobre cero.

¿A quiénes dejamos fuera? A unos cuantos fueras de serie. Empecemos con un ramillete de sudamericanos. En el pasado reciente contamos con cuatro futbolistas de cuatro países que se quedaron fuera, o bien por incompetencia de sus selecciones o bien por no estar disponibles en el momento adecuado. Además de leyenda del Real Zaragoza, Gustavo Poyet fue el eje de operaciones de Uruguay a mediados de los 90. Sin embargo, las charrúas no lograron clasificarse ni para el Mundial de 1994 ni para el de 1998. La que no jugó un Mundial ni en 1998 ni nunca es Venezuela, lo que lastró las opciones de Juan Arango, el mejor futbolista de la Vinotinto y con sólida carrera en España y Alemania. Norberto Solano aún posee el récord de asistencias de un jugador latinoamericano en la Premier League, ocurre que sus casi 100 partidos como internacional nunca lo vieron en un Mundial del que Perú se mostró ausente desde 1982 hasta 2018. Mejor futbolista que los tres citados fue Alberto Spencer. Con razón es el máximo goleador de la historia de la Copa Libertadores. Leyenda de Peñarol, campeón de la Intercontinental ante Benfica y Real Madrid, Spencer nunca jugó un Mundial dado que defendió los colores de Ecuador, una selección que siempre fue un paria internacional y que no acudiría a su primer Mundial hasta 2002.

Por último, hagamos mención a José Manuel Moreno. Palabras mayores. Moreno rivalizó con Mazzola como mejor jugador del mundo en los 40. Muñoz, Pedernera, Labruna, Loustau y el citado Moreno formaron en River Plate una delantera conocida como La Máquina, de la que quedaría prendado un adolescente llamado Di Stéfano. De todos los citados tan sólo Ángel Labruna concurrió en un Mundial allá por 1958. Además de Moreno, Adolfo Pedernera, Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau se vieron perjudicados tanto por la II Guerra Mundial como por las eliminaciones en fases de clasificación de 1950 y 1954.

Moreno

África. Nacido en Marruecos cuando era protectorado francés, Larbi Ben Barek goleó para Francia además de jugar partidos amistosos con los marroquís. Bicampeón liguero con el Atlético de Madrid (50 y 51) jamás disputó un Mundial. Mejor suerte tuvo Salif Keïta, quien nació en Bamako cuando era territorio de Francia, pero que conseguiría ser internacional con Malí al proclamarse la independencia. Salif fue el primer Balón de Oro africano, pero jamás tuvo oportunidad real de disputar un Mundial. Lo tendría más cerca su sobrino, quien fue elegido mejor jugador del Mundial sub-20 de 1999. Llegaría a ser 102 veces internacional amén de ganar dos Copas de Europa con el FC Barcelona, pero Seydou Keïta tampoco consiguió que Mali se clasificase para un Mundial. Por esa misma época goleaba el también maliense Frederic Kanouté en el Sevilla FC donde perforará redes en siete fabulosas temporadas. No será suficiente para disputar un Mundial, al igual que tampoco lo fue para el egipcio Mido goleador en Ajax y Tottenham que penó por el hecho de que Egipto se ausentase del Mundial entre 1994 y 2014. Con todo, Mido no es nadie en comparación con Pierre-Emerick Aubameyang, máximo goleador en Alemania (Dortmund) e Inglaterra (Arsenal), pero quien ha tenido la carga de defender la bandera del modestísimo Gabón, que nunca ha jugado un Mundial. Po último, recordar al portero zimbabuense Bruce Grobelaar, héroe en la tanda de penaltis de la Copa de Europa de 1984 que le dio el triunfo al Liverpool FC ante la AS Roma. Titular en la portería red durante más de una década, fue incapaz de clasificar a Zimbabue para un Mundial a pesar de intentarlo entre 1982 y 1998.

Aubameyang

En la vieja Europa podríamos clasificar en dos los biotipos de jugadores que nunca fueron a un Mundial; los de primeras potencias y los de segundas espadas. En el caso de los primeros, el alto nivel del fútbol de dichos países impidió que nunca consiguiesen jugar un Mundial al no ser seleccionados. Por citar unos cuantos ejemplos estarían los españoles Fran González y Mikel Arteta, el inglés Matthew Le Tissier, el alemán Mehmet Scholl, el francés Jocelyn Angloma o el italiano Fabrizio Ravanelli, todos ellos internacionales, pero no tan excelentes para ser elegidos para formar parte de un Mundial. Tampoco logró alcanzar el sueño mundialista Duncan Edwards. Estrella del United, había logrado debutar con la selección inglesa a los 18 años, pero, al igual que le había sucedido a Valentino Mazzola años atrás, un accidente aéreo (la tragedia de Múnich) segó su vida con apenas 21 primaveras.

No era este el caso de David Ginola. Jugador de fantasía, estrella en PSG y Newcastle United, era titular indiscutible en la Francia de 1994. Ocurre que Francia cayó ante la Bulgaria de Hristo Stoichkov y no se clasificó para esa edición al igual que tampoco lo había hecho en 1990. Fueron años negros para los franceses, del mismo modo que 2018 (Suecia), 2022 (¡Macedonia!) y 2026 (Bosnia) lo fueron para Italia. Nicoló Barella o Gianluigi Donnarumma forman parte de este oscuro listado, aunque aún mantienen abierta una última puerta a la esperanza para 2030. De no lograrlo, a buen seguro que el actual portero del Manchester City podría pasar a formar parte de los diez mejores futbolistas que nunca han ido a un Mundial.

En el caso de los segundos espadas, hablamos de enormes futbolistas que vitorearon en selecciones menores. Los hay que aún están a tiempo de jugar un Mundial como el excelente portero esloveno Jan Oblak (seis trofeos como portero menos goleado en España con el Atlético de Madrid) o el georgiano Khvicha Kvaratskhelia (ganador de la Copa de Europa con el PSG y mejor jugador de la histórica Serie A ganada por el SSC Nápoles en 2023), pero no parece que pueda suceder. Tampoco lo logró en su día Eidur Gudjohnsen, buen delantero de inicios de siglo en Chelsea y FC Barcelona, pero que poco pudo hacer por su Islandia natal en sus 88 partidos como internacional. Tampoco logró mucho el búlgaro Dimitar Berbatov, máximo goleador histórico de una Bulgaria que ya estaba lejos de los tiempos de vino y rosas de inicios de 1990. Más llamativo es el caso de Andrei Arshavin, estrella de la Eurocopa de 2008 a lomos de Rusia, quizás no una superpotencia, pero si una selección de renombre. Pero justo en 2006 y 2010, los años de gloria de Arshavin, Rusia no logró clasificarse para un Mundial. Por último, y no menos importante, citar a Ian Rush, extraordinario goleador galés. Máximo cañonero de la historia del Liverpool FC, segundo máximo goleador de la historia de la FA Cup y campeón europeo con los ingleses, jamás tuvo opciones de disputar un Mundial en sus 73 entorchados con Gales.

Ian Rush

Vamos pues con los que he considerado los 10 mejores futbolistas que jamás disputaron un Mundial. Como cualquier clasificación es digna de ser rebatida, no obstante, se ha tenido en cuenta la carrera individual del jugador, su palmarés, su impacto en los equipos donde militó y también se le ha aplicado un filtro valorando la importancia que han tenido en función de la época que les hubo de tocar vivir.

10 Jari Litmanen (Finlandia): Un ‘10’ de los de antes. Habilidoso, escurridizo, frágil y un as en el lanzamiento de faltas. Litmanen empezó a jugar en su Finlandia natal antes de dar el salto al Ajax con 20 años. Allí se convirtió en el director de orquesta de un equipo que arrasó en Holanda y que ganó la Copa de Europa de 1995. Ese año Litmanen ganaría el Balón de Bronce y la temporada siguiente sería proclamado máximo goleador de la Champions League. Luego las lesiones le harían fracasar en Barcelona y en Liverpool, pero alargaría su carrera con la selección de su país hasta los 39 años. Jugó la fase de clasificación para el Mundial de 1990, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2010 con escaso éxito a pesar de compartir andanzas con Sami Hypiaä un rocoso central que hizo carrera en Liverpool FC. El dueto lo tuvo cerca en 1998, pero un empate en el último partido ante Hungría en Helsinki les privó de acceder a una repesca ante Serbia.

Litmanen

9 Arsenio Erico (Paraguay): Considerado por la FIFA el octavo mejor jugador sudamericano del siglo XX, el puesto de Erico en esta lista debería ser más elevado. Sucede que su carrera se desarrolló en tiempos oscuros y para nada globalizados. Máximo goleador de la liga argentina de todos los tiempos, sentaría cátedra en Independiente de Avellaneda (1934-1946) con tres temporadas consecutivas anotando más de 45 goles en poco más de 30 partidos. Era un delantero centro fuerte, alto, supremo en el juego aéreo y a la vez excelente en la técnica. Para los anales un gol que anotó haciendo el escorpión, mucho antes de que fuese ejecutado por Di Stéfano y popularizado por René Higuita desde la portería. Erico no tuvo posibilidad alguna de demostrar su instinto asesino en un Mundial. No era asumible para la federación paraguaya plantearse acudir a Europa a disputar las ediciones de 1934 (Italia) y 1938 (Francia). Paraguay ni siquiera llegó a inscribirse en la fase clasificatoria y, para cuando el Mundial vuelva al ruedo en 1950, Arsenio Erico ya había colgado las botas y emprendido una corta carrera como entrenador.

Arsenio Erico

8 Ryan Giggs (Gales): Giggs debutó con el Manchester United el día que cumplió 17 años. Serian 24 temporadas de fidelidad a unos colores. Además de ganar 13 títulos de la Premier League logró salir victorioso en dos ediciones de la Copa de Europa. Extremo izquierdo, de gran capacidad asociativa, incasable al desaliento, en sus últimos años se refugió en el centro del campo gracias a su extraordinaria visión de juego. Con la selección de Gales intentó, sin éxito, acudir a las ediciones mundialistas de 1994, 1998, 2002 y 2006. Fue en la fase de clasificación para Estados Unidos 1994 cuando Gales lo tuvo en su mano. Con un Ryan Giggs entonces muy joven y con una veterana dupla de ataque formada por Ian Rush y Mark Hughes (goleador en el United y con presencia en FC Barcelona y FC Bayern) llegaron a la última jornada dependiendo de sí mismos para clasificarse. Jugaban en Cardiff ante Rumanía y debían ganar. Perdieron por 1-2 por culpa de los tantos de Raducioiu y Hagi y dejaron escapar la opción más cercana que nunca después hubo de tener Ryan Giggs.

Ryan Giggs

7 Eric Cantona (Francia): En enero de 1995 el Manchester United jugaba en campo del Crystal Palace. En un momento dado un aficionado del Palace insultó a Eric Cantona. El mediapunta francés giró el cuello, echó a correr, saltó la valla publicitaria y le pegó una patada de karateka al sujeto al que luego siguieron unos cuantos puñetazos. A Cantona lo sancionaron ocho meses sin poder disputar un partido y Aimé Jacquet, seleccionador de Francia, aprovechó la sanción para no volver a convocarlo con la selección. La decisión era arriesgada. Eric Cantona era un enfant terrible, que acabaría traspasado del Olympique marsellés tras diversos episodios polémicos. Contra todo pronóstico este anarquista del balón encontró en Inglaterra su hábitat ideal. Técnico, con olfato de gol y fuertísimo carácter, llevó al Leeds United a ganar una Premier contra todo pronóstico, antes de convertirse en faro y capitán del Manchester United en donde fue considerado Balón de Bronce. El caso es que un empate ante Chipre y una derrota en Glasgow hizo que Francia no se clasificase para Italia 90. Cuatro años después los franceses lo tenían hecho ante Bulgaria, pero un gol de Emil Kostadinov en Paris en el minuto 90 impidió la clasificación gala de 1994. Así que, apartado Cantona, surgió como ‘10’ francés Zinedine Zidane, mucho más callado, con entonces escasa incidencia en el grupo, con menos gol, pero con mayor capacidad técnica y asociativa. Zidane fue el héroe en la victoria francesa en 1998 y Eric Cantona vio desde el sofá de su casa como Francia ganaba su primer Mundial.

Cantona

6 Laszlo Kubala (Hungría y España): La vida de Kubala es digna de película. De hecho, hay películas sobre Kubala. Nacido en 1927 en Budapest empezó a jugar al fútbol profesional en 1945 justo al acabar la II Guerra Mundial. Internacional húngaro, al año siguiente emigró a Checoslovaquia y obtendría la nacionalidad siendo también internacional con su nuevo país. Luego, en 1949, decidió escapar del comunismo y llegó oculto en un camión a Austria. A punto estuvo de fichar por el Torino FC, justo antes de que Valentino Mazzola y compañía perdiesen la vida en la tragedia aérea de Superga. Acusado de delincuente y estafador por Hungría, Kubala estuvo un año sin jugar hasta que la FIFA dio el visto bueno para su fichaje por el FC Barcelona. Allí se convirtió en un dios. Técnicamente portentoso, elevo el nivel del conjunto culé a unas cotas de éxito nunca antes vistas. Hubo títulos, pero esencialmente lo que hubo fue la primera identificación del Barça con el juego de toque ofensivo. En 1957 se inauguró un Camp Nou del que Kubala tiene gran parte de culpa ante la necesidad de un estadio con mayor capacidad para atender a la ingente demanda de entradas para verlo. Pasó entonces a ser Kubala internacional con España. Tendría dos ocasiones para jugar un Mundial. En 1954 España ganó a Turquía (4-1) en casa para caer 1-0 en Estambul. Como entonces no contaban la diferencia de goles hubo de jugarse un desempate en Roma en el que Kubala estuvo ausente. Hubo otro empate y el azar clasificó a los otomanos. En 1958 España tenía un equipazo con Ramallets, Luis Suárez, Gento, Di Stéfano y Kubala, pero empataría en Suiza y caería con estrépito ante Escocia, en la que fue la última oportunidad de Laszlo de disputar un Mundial.

Laszlo

5 Bernd Schuster (Alemania): He aquí un caso insólito. Schuster no fue a un Mundial porque no le dio la real gana. Pocos futbolistas han dejado una huella tan profunda como la de Schuster en la Eurocopa 1980. Con 21 años era un mediocentro con capacidad de pase en corto y en largo, fuerte de cuerpo, rápido en la conducción y con un disparo certero desde fuera del área. Schuster fue Balón de Plata en 1980 y Balón de Bronce al año siguiente. La década de los 80 iba a ser suya. Fichó entonces por el FC Barcelona que contaba con una dupla de extranjeros fantasiosa formada por el rubio teutón y por Diego Maradona. Llegó entonces marzo de 1983. Alemania juega un amistoso ante Albania y Schuster es convocado. Dice que no. Su tercer hijo estaba a punto de nacer y declina el ofrecimiento. Su fuerte carácter chocó con el del seleccionador Jupp Derwall, quien le insistió en acudir a la concentración a la espera de que hubiese o no hubiese nacimiento. Schuster volvió a negarse y Derwall dijo que nunca más lo convocaría. Al órdago contestó Schuster renunciando a la selección. Tenía 23 años y 21 internacionalidades a sus espaldas. Alemania sería subcampeona del mundo en 1986 y campeona en 1990 con Franz Beckenbauer en el banquillo. Ni Schuster pidió nunca ser convocado ni Beckenbauer hizo ademán alguno de recuperarlo para la causa. Bernd Schuster ganaría títulos con FC Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid, pero jamás llegaría a ser campeón del mundo por su cabezonería.

Schuster

4 Gunnar Nordahl (Suecia): Mucho antes del Milan de los holandeses de Rijkaard, Gullit y Van Basten existió el Milan de los suecos. La delantera Gre-No-Li estaba formada por Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Gren y Liedholm serían subcampeones del mundo con Suecia en el Mundial de 1958. A Gunnar Nordahl le pilló muy mayor. Tenía entonces 37 años. Y fue una pena. Había sido cuatro veces máximo goleador de la liga sueca en tiempos de guerra y posguerra además de ganar el oro olímpico con los escandinavos en 1948. En la temporada 48-49 firmaría por el AC Milan. Serían ocho temporadas de ensueño ganando ligas y dos Copas Latinas (una de las antecesoras de la Copa de Europa) amén de cinco títulos de capocannonieri. En la actualidad Nordahl sigue siendo el máximo goleador de la historia del AC Milan y el cuarto en la historia de la Serie A. ¿Por qué entonces Nordahl no compitió en el Mundial de 1950 en el que Suecia acabaría como subcampeona? Por entonces el fútbol sueco era aficionado y cualquier jugador profesional tenía vetado su acceso a la selección. En el mismo momento en el que Nordahl firmó por el AC Milan renunció de facto a defender los colores suecos a pesar de sus 44 goles en 30 entorchados internacionales. La absurda norma se aboliría para el Mundial que Suecia organizó en 1958. De este modo Nils Liedholm (doce temporadas en Italia) y Gunnar Gren (siete temporadas en Italia) pudieron acudir a un Mundial al que a Nordahl ya lo pillaría retirado.

Nordahl

3 George Weah (Liberia): En 1995 France Football decidió abrir a los jugadores de todo el mundo el trofeo del Balón de Oro. Por su gran rendimiento ese año y como homenaje a aquellos futbolistas no europeos que nunca pudieron optar al trofeo, el Balón de Oro de ese año fue concedido a George Weah. Combinando la agilidad de una gacela y la fuerza de un tigre, Weah era un delantero letal en campo abierto con una definición prodigiosa. Despuntó en el AS Mónaco, antes de convertirse en el líder de la primera gran etapa del PSG. Luego fue el faro de un AC Milan de entretiempo entre la era de Baresi y la de Schevchenko. Weah era liberiano. Liberia es un modesto país de apenas cuatro millones de habitantes y que en tiempos de Weah se vio envuelto en una guerra civil. Con todo, el primer (y único) Balón de Oro africano estuvo a punto de obrar el milagro en hasta dos ocasiones. En la fase clasificatoria de 1990 Liberia derrotó contra todo pronóstico a la poderosa Ghana para luego quedar segunda en el grupo definitivo por detrás de Egipto. Luego, en 2002, con Weah lastrado por las lesiones y ejerciendo de capitán en el campo y segundo entrenador desde el banquillo a partes iguales, el milagro aun estaría más cerca. Llegaron a la última jornada como primeros de grupo a la espera de lo que sucediese en el Nigeria-Ghana. El empate o la victoria de los ghaneses le daba la clasificación a Liberia. No pudo ser. Nigeria logró la victoria y dejo a George Weah sin Mundial de forma definitiva.

Weah

2 George Best (Irlanda del Norte): Hablamos de uno de los cuatro o cinco mejores futbolistas de la historia si comprimimos su carrera en apenas un lustro. Y es que George Best fue profesional desde 1963 a 1983 pero su apogeo tuvo lugar entre 1966 y 1971 el resto del tiempo, y como él mismo afirmó, lo dedicó al alcohol, los coches y las mujeres. El llamado Quinto Beatle hizo su aparición planetaria en un baile que le dedicó al Benfica de Eusebio en la Copa de Europa de 1966. Su zurda de seda era capaz de tejer sueños en campo que pisaba. Héroe de la Champions que el United ganó en 1968 junto a Charlton y Best (La Santísima Trinidad) fue Balón de Oro en 1968 y Balón de Bronce en 1971. Con Irlanda del Norte, George Best fue únicamente 37 veces internacional con actuaciones esporádicas a lo largo de 13 años. En 1970, cuando Best estaba en su mejor momento, Irlanda del Norte no se presentó a la fase clasificatoria en medio de un conflicto civil armado. Para 1974 no tuvieron opción alguna en un grupo con Bulgaria y Portugal. Lo había tenido más cerca en 1966, con apenas 20 añitos, donde llegó a la última jornada con opciones de clasificación, pero un inesperado empate en Albania les privó de un puesto que obtuvo Suiza al vencer sorprendentemente a Holanda. Lo curioso es que en 1982 Irlanda del Norte obtuvo una insospechada clasificación al superar en su grupo a Suecia y a Portugal. Por entonces George Best contaba con 36 años y llevaba seis meses retirado. Comenzó entonces una campaña a su favor para que acudiese al Mundial de España 82. Billy Bingham, seleccionador norirlandés, tuvo que dar una rueda de prensa para confirmar la ausencia de Best en el Mundial: “Sigue siendo bueno y su toque y control de balón son magníficos. Incluso sus pases son aún buenos, pero ha perdido la aceleración, el ritmo y la fuerza. Sólo muestra destellos y es una lástima”.

El quinto Beatle

1 Alfredo Di Stéfano (Argentina y España): El hombre que hizo grande al Madrid. El primer todocampista. Cinco Copas de Europa consecutivas. Uno de los cinco grandes. ¿Su debe? Jamás disputó un Mundial. Alfredo Di Stéfano nació argentino. Tenía 21 años cuando debutó con la albiceleste. Serán seis partidos y seis tantos para ayudar a Argentina a ganar la Copa América de 1947. Ocurrió que en 1949 fichó con por CD Millonarios de Bogotá. Hasta 60 futbolistas argentinos emigraron en aquella época a Colombia donde los sueldos triplicaban y cuadriplicaban a los de Argentina. Algunos se fueron por las buenas otros, como Di Stéfano, por las bravas, y por el camino Argentina renunció por discrepancias políticas con Brasil a disputar el Mundial de 1950. Tampoco los argentinos estarán en Suiza 54. Por entonces Di Stéfano ya había fichado por el Real Madrid y en 1954 inició el proceso para obtener la nacionalidad española. Jugará un total de 37 partidos (29 goles) con España debutando en enero de 1957. Para el Mundial 1958 Di Stéfano era dios en pantalón corto. Balón de Oro en 1957 y en 1959, no le dieron el de 1958 porque las reglas de entonces impedían dar el premio en años consecutivos. Antes, en 1956, año en el que se otorgó el primer galardón, se le fue concedido a Stanley Matthews como homenaje a la Inglaterra inventora del fútbol. Así pues, Don Alfredo tendría que contar con cuatro esferas doradas. El caso es que, en 1958 Gento, Kubala, Luis Suárez y Di Stéfano fueron incapaces de superar a Suiza y a Escocia en una de las mayores sorpresas en la historia de las fases de clasificación. Para 1962 Di Stéfano ya estaba en la cuesta abajo de su carrera. Con todo, dos goles suyos ante Gales y otros dos en la repesca ante Marruecos clasificaron a España para el Mundial de 1962. Ocurrió que en un partido de preparación antes de viajar a Chile el astro hispanoargentino caería lesionado. Llegaría a viajar con el resto de convocados en busca de un milagro, pero al final no lograría recuperarse a tiempo y acabaría su legendaria carrera sin disputar el mayor acontecimiento del universo futbolístico.

Dos países para La Saeta

Otras clasificaciones futbolísticas

Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos (10 de los mejores 40 partidos de la historia)

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos (de humillaciones futbolísticas con las que nadie contaba)

Los 10 mejores partidos épicos de clubes de todos los tiempos (de remontadas imposibles y victorias europeas inolvidables)

Los 10 mejores partidos épicos de selecciones de todos los tiempos (del Maracanazo a la final messianica del Mundial 2022)

La mejor Primera División de la historia (la historia de la Liga española en dos mitades)

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (de Zamora a Ramos pasando por Gento)

Leer más

Estados Unidos 2026. Balance

Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.

En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.

Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.

Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.

El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.

Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.

El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.

En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.

Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.

Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.

¡A beber!

La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.

La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.

Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.

La reacción del pueblo no.

Marruecos sin marroquís

El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.

Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.

En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.

El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.

A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.

Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.

España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.

Gracias Digne

Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.

El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.

La Brasil del siglo XXI.

El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).

¡Campeones!

Otros resúmenes mundialistas

Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)

Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)

Leer más

España ya es Brasil

Al principio de los tiempos estaba Inglaterra. Bueno. Inglaterra y Escocia. La batalla duró poco más de un decenio. A finales de la década de 1880 ya se sabía que la mejor selección del planeta era Inglaterra. Su dominio era hegemónico y así lo fue durante medio siglo. Habían inventado el cotarro, presumían de profesionales y contaban con una generación de ventaja. Hasta la llegada de la II Guerra Mundial, y a pesar de los éxitos de uruguayos, argentinos o italianos, nadie osaba discutir la primacía de los ingleses.

Sucedió que tras la vuelta al ruedo en 1950 con la Copa del Mundo celebrada en Brasil todo el sistema saltaría por los aires. El fútbol continental y sudamericano ya superaba al inglés. En Europa destacaron los tres títulos mundiales de Alemania (1954, 1974 y 1990) y una prodigiosa secuencia entre 1966 y 1990, cuando alcanzaron las semifinales en seis torneos de siete posibles. La fiabilidad teutona era contestada al otro lado del Atlántico por los cuatro trofeos brasileños (1958, 1962, 1970 y 1994) y por una serie de tres finales consecutivas (1994, 1998 y 2002), que culminará con el quinto entorchado a inicios del presente siglo.

Brasil o Alemania. Sin ningún género de dudas las dos mejores selecciones nacionales de fútbol del siglo XX. Brasil dejó algo más. Dejó un estilo. Todo niño soñaba con ser brasileño. Toda cantera de fútbol soñaba con replicar el modelo de jogo bonito. Brasil exportó una manera de jugar al fútbol respetada, y, a mayores del modelo alemán, admirada.

Sucede que con esos bueyes ya no se puede arar.

España es Brasil. Es en España donde se practica el mejor fútbol del planeta. Es España la selección más respetada y admirada en lo que va de siglo XXI. Todo niño quiere ser español. Toda escuela de fútbol quiere replicar el modelo de juego asociativo (tiki-taka lo bautizó Andrés Montes, entre burlas del personal) que tantos éxitos ha dado. Nadie ama el balón como España, sensible y delicada en la ofensiva e impenetrable en la defensiva. A través del colectivo, del uno para todos y todos para uno, minimiza egos y convierte en superlativos a futbolistas simplemente aseados. Italia y Alemania, dos bicharracos ultra competitivos el siglo pasado, buscan replicar el modelo español sin suerte y sin saber, ya perdido el norte, si mantener su esencia pasada o abrazar el estilo de este Brasil europeo.

Tan sólo Francia parece rivalizar con España en este siglo XXI. A través de una perfecta gestión de las migajas de su Imperio colonial, Francia ha replicado el modelo de fiabilidad alemana (tres semifinales consecutivas en 2018, 2022 y 2026). Y ese baluarte galo convierte el triunfo español aún en más extraordinario. España no ha necesitado de una revolución social ni demográfica para convertir una historia de fracaso futbolístico en un éxito perpetuo. Hay excepciones (Lamine Yamal o Nico Williams) y sin embargo no es tiempo de mestizos ni de hijos de inmigrantes ni de descendientes de africanos. Ese momento llegará, pero, parafraseando a Mariano Rajoy, por el momento España gana con españoles.

Oyarzabal (un tipo corriente)

El relator de estas líneas nació en 1985. Había habido éxitos. Las seis Copas de Europa del Madrid y la Eurocopa de 1964 con Franco en el palco y derrotando a los soviéticos en el campo. Era cosa del pasado. En blanco y negro. España no acudió al Mundial del 1970 ni al de 1974 y era normal que los clubes peninsulares cayesen en las primeras rondas europeas ante las bestias europeas. Así fui yo criado. Con la idea de que España era inferior. Caímos en cuartos de final del Mundial de 1994, el primero del que tengo memoria. No la tengo de la Eurocopa de 1992, dado que ni siquiera España llegó a clasificarse. Cuartos de la Euro del 96, ridículo en Francia 98, otra vez cuartos en la Euro 2000, cuartos en el Mundial 2002, otro ridículo en la Euro 2004, octavos en el Mundial 2006…

Para una persona nacida únicamente quince años más tarde, allá por el año 2000, justo en el albor del nuevo siglo, el cambio es radical. Es como pasar del Antiguo Régimen a la separación de poderes de la Revolución Francesa. Su primer recuerdo será la victoria de la Eurocopa 2008 tras vencer a ¡Italia! en los penaltis de los cuartos de final y a ¡Alemania! en el partido decisivo. Luego el Mundial de 2010, la Eurocopa de 2012…la Eurocopa de 2024, ¿Mundial 2026?

Brutal.

España jugará ante Argentina la final del Mundial este domingo. Lo hará tras ser la mejor del ranking FIFA de 2008 a 2014 y de estar entre las tres mejores desde el 2024. Lo hará con mayor o menor éxito, pero lo hará con un estilo propio e inconfundible. Como Brasil, gane o pierda, siempre será admirada. España únicamente se ha enfrentado una vez en un Mundial ante la albiceleste. Fue en 1966. Ganó Argentina. Los sudamericanos eran favoritos. En 1966 nadie tenía estrellas en el pecho. Los argentinos ahora cuentan con tres. Son los actuales campeones, pero no son favoritos. En 2026 el favoritismo es español. Gane quien gane todos sabemos que la posesión del balón será española. Y gane quien gane todos sabemos que el relato del juego será propiedad española. Será el último partido de Lionel Messi en un Mundial. Es de justicia que sea ante España, el país donde aprendió a asociarse y a entender el juego desde cualquier lugar del campo. Esos conocimientos, añadidos a su talento innato para acariciar el balón, han convertido a Leo en inmortal.

La jerarquía española en el siglo XXI abarca mil y un lugares. España había logrado el oro olímpico en 1992, suceso que repitió en 2024, amén de dos platas (2000 y 2020). En lo que va de siglo XXI la selección sub-21 suma tres entorchados europeos y la sub-19 alcanza una cifra récord de nueve títulos continentales. Antes, en 1999, la selección sub-20 de Casillas o Xavi había ganado el Mundial de la categoría para dar el pistoletazo de salida al prodigioso siglo XXI.

Di Stéfano había ganado el Balón de Oro siendo español adoptado. El gallego Luis Suárez replicó el éxito. Después tocó un erial. Rodrigo, un tipo corriente con la extraordinaria habilidad de acariciar el balón y colocarlo siempre en el sitio correcto, ganó un Balón de Oro en 2024. En el siglo XXI tocaron pódium Raúl, Fernando Torres, Iniesta, Xavi, Lamine Yamal y los que queden por venir. Y todo ello con un sistema de juego colectivo que impide que un jugador destaque por encima del grupo.

Cuando yo coleccionaba cromos el Real Madrid sumaba 32 años sin levantar una Copa de Europa. Rompió el maleficio en 1998 y en el siglo XXI ha vitoreado otras ocho veces. Una Liga de Campeones tenía el Barça en el siglo XX y ahora cuenta con cinco coronas. Atlético de Madrid y Valencia CF han llegado a finales de Copa de Europa, amén de ganar el segundo trofeo europeo. Trofeo que también han levantado el Villarreal CF o el Sevilla FC con hasta ¡siete! Europa League en el siglo XXI. Athletic, RCD Espanyol y Deportivo Alavés se quedaron a las puertas. Hasta mi RC Deportivo, un equipo ascensor hasta los años 90, consiguió llegar a una semifinal de la Copa de Europa.

La Liga española fue nombrada la mejor Liga del mundo entre 2000 y 2004 y entre 2010 y 2019 de forma ininterrumpida. Actualmente es considerada la segunda mejor del planeta detrás de la inglesa y desde los años 90 siempre ha estado entre las tres mejores del orbe. Esto, en los 70 y los 80, era ciencia ficción. Por cierto, cuatro de los seis primeros equipos clasificados en la Premier inglesa de la temporada pasada contaban con un técnico made in Spain. En 18 de los últimos 26 años un club español siempre ha ganado un trofeo internacional. Los clubes hispanos suman un total de 87 títulos internacionales en toda su historia por los 61 de escuadras inglesas, los 55 de instituciones italianas y los 35 de clubes alemanes.

Durante el siglo XX Alemania logró tres Copas del Mundo y tres Eurocopas. Italia sumó tres Mundiales y una Eurocopa. España contaba con una Eurocopa. En el último cuarto de siglo, los alemanes suman un Mundial más y los transalpinos un Mundial y una Eurocopa a mayores. España también logró una Copa del Mundo amén de tres Eurocopas.

Si España logra este domingo la victoria ante Argentina y así sumar su segundo Mundial, serán un total de dos títulos mundiales y cuatro europeos. Cinco de los cuales logrados en un espacio de 18 años.

Sólo Brasil ha logrado tal hazaña.

Y la Copa América, a diferencia de la Eurocopa, se organiza de forma bianual.

Si España gana el Mundial, alcanzará el Olimpo.

Ocurre que, aunque caiga derrotada, seguirá siendo la mejor selección de fútbol del siglo XXI.

La mejor y a la que todos los niños del planeta se quieren asemejar.

España

Otras historias de la selección española

Villalonga (el entrenador campeón en la Eurocopa 1964)

El día que Molina jugó de extremo izquierdo (el surrealista debut del portero valenciano)

Negros en la selección española (una historia de asimilados)

Historia del Balón de Oro español (los mejores jugadores hispanos de 1930 a 2023)

Historia contrafactual de la Eurocopa 2008 (¿y si el tiki-taka hubiese fracasado?)

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (una historia contrafactual)

¡A mí, Sabino, que los arrollo! (el origen de la Furia Roja)

Leer más

Estados Unidos 1994 (2ª parte)

Cuando el 17 de junio de 1994 la vigente campeona Alemania venza a la advenediza Bolivia por 1-0 en el primer partido del Mundial, los teutones no harán otra cosa más que reforzar su favoritismo. Vencedores en 1990 y unificados como una sola nación tras el fin de la Guerra Fría ese mismo año, se cernía una época de gloria y dominio germano. No obstante, y como de costumbre, Alemania comenzó al tantarantán y únicamente los cuatro goles de Jürgen Klinsmann en tres partidos le hicieron pasar primera en un grupo donde el segundo fue España. ¡Y menuda España! Dirigida por el polémico Javier Clemente, éste se había cargado a la Quinta del Buitre enemistándose con medio país. Jugaba con un 5-4-1 (3-4-2-1 en ofensiva) donde los centrales Hierro y Nadal eran mediocentros, el lateral Sergi jugaba como extremo y el polivalente Luis Enrique era a menudo la referencia ofensiva. España era ultradefensiva, pero era un bloque granítico y Clemente había creado una unión con sus jugadores que había disparado la ilusión en todo el país.

España se había calificado para el Mundial sufriendo ante Irlanda y venciendo agónicamente a Dinamarca en un partido donde jugó 80 minutos con un hombre menos por expulsión de Zubizarreta, lo cual permitió el debut internacional de Santi Cañizares. Sufrió, pero se clasificó. No así Inglaterra que perdió ante Holanda y certificó su fracaso al caer en Oslo frente a Noruega. Aún más dura fue la caída de la Francia de Cantona, Deschamps y Ginola. A falta de dos partidos lo tenía hecho. Vencía por 2-0 a Israel, pero en un plazo de siete minutos los macabeos remontaron el duelo. En el último partido, a jugar en Paris, Francia y Bulgaria se enfrentaban por una plaza mundialista. A los galos les valía el empate. 1-1 y córner a favor de Francia. Minuto 90. Despeja la defensa búlgara y en el contraataque siguiente Kostadinov lograba el 1-2 y el histórico pase. Hristo Stoichkov y aquel resto de anárquicos jugadores harían las Américas.

Con todo, lo que tenía en ascuas al mundo era sí Maradona resurgiría de sus cenizas cocainómanas para liderar a Argentina. Sin el Pelusa, la albiceleste cayó por 0-5 en Buenos Aires ante una maravillosa Colombia liderada por Valderrama, Asprilla y Rincón. Argentina tuvo que vencer en la repesca a Australia y Maradona acudió con 34 años y prácticamente sin haber jugado al fútbol en el último bienio al que iba a ser su último Mundial.

Y Maradona volvió contra Australia

Aunque parezca mentira Colombia era clara favorita a dar la campanada. Fracasaron. Perdieron contra la Rumanía de Gica Hagi para luego jugarse el pase contra los anfitriones. Nadie esperaba que un gol en propia puerta resultase tan trágico. Andrés Escobar, lateral cafetero, anotó un autogol que clasificaba a Estados Unidos y mandaba a la lona a Colombia. Días después era asesinado cuando salía de tomar algo con unos amigos en un bar de Medellín. Su asesinato fue achacado al narcotráfico. Se habían movido millones de dólares en apuestas al pase de Colombia a octavos y aquello no entraba dentro de los planes.

El Mundial, por cierto, siguió como si nada.

A quien daba como favorito las casas de apuestas era a Brasil. Contaban con una dupla de ataque pantagruélica con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Romario marcó tres goles en tres partidos y sólo cedió un empate ante la Suecia de Dhalin y Larsson. Quedaron fuera el Camerún de Roger Milla, quién anotó con 42 años su último tanto mundialista, y Rusia, aunque el delantero del Logroñés Oleg Salenko llegó a firmar cinco chicharros en un encuentro, hazaña jamás antes realizada.

El otro candidato al título era Alemania. En el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como ya se comentó líneas atrás, comenzó a medio gas, pero le fue suficiente para clasificarse por delante de una España que opositaba a underdog mundialista. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera. Y si Alemania había empezado sin fuerza, no lo sería menos Italia. Cayeron ante Irlanda en un nefasto partido para luego vencer con la soga al cuello a Noruega. Luego empataron ante México y pasaron a octavos como uno de los mejores terceros gracias a la diferencia de goles. No pintaba bien la cosa…pero muchos recordaban la edición de 1982 donde Italia había ganado el título sin vencer durante la primera fase.

Pero la gran historia de esa primera fase tuvo lugar en el grupo de Argentina. En el primer choque los rioplatenses doblegaron a Grecia en Boston por 4-0. Batistuta metió dos y Maradona pegó un zapatazo que se coló por la escuadra. Cuatro días después Argentina vencía a Nigeria y se clasificaba para octavos. Maradona se marchaba a vestuarios sonriente acompañado de dos bellas enfermeras. El ‘10’ volvió a caer en su propia trampa. El contranálisis confirmó su positivo por cinco sustancias diferentes. “Me cortaron las piernas”, clamaría Maradona al saber la sentencia. Tocada y huérfana de su líder y guía espiritual, Argentina cayó en el último partido del grupo ante Bulgaria, lo que posibilitó la clasificación de Hristo Stoichkov y sus compañeros. Eran los búlgaros un equipo precioso de ver. Anárquico, combinaba fases de buen juego con desconexiones clamorosas. Sus jugadores pasaban más tiempo bebiendo cervezas en la piscina del hotel de concentración que entrenando. Muchos de ellos confesarían que jugaron varios partidos de ese Mundial con una resaca de campeonato.

Hristo Stoichkov

Bajo lo que podríamos llamar síndrome Maradona, Argentina cayó en octavos ante Rumanía. Apagados, adormecidos y desconectados, los rumanos aprovecharon el bajón argentino para colarse en unos cuartos donde les esperaba Suecia. El duelo más aguardado de los octavos enfrentó a Brasil con Estados Unidos. Jamás un encuentro de fútbol había tenido tal repercusión en Yankeelandia. Bebeto acabó con un sueño americano que concurría a convertirse en leyenda.

En Brasil aparecían Romario y Bebeto. Hubo que esperar al minuto 89 de octavos de final para que apareciese en Italia Roberto Baggio. Hasta entonces los transalpinos caían ante la Nigeria de Oliseh, Finidi, Okocha o Amunike. Nigeria le jugó de tú a tú a Italia hasta que Baggio empató el partido para luego resolverlo en la prórroga. En cuartos les tocaría una España agigantada que había vencido a Suiza por 3-0 jugando con un 5-4-1 que masacró a los helvéticos al contraataque.

Y en cuartos sucedió lo que tenía que suceder. España se merendó a Italia llevando la manija del partido y con un fútbol primoroso. Puestos a jugar al contraataque, nadie puede mejorar a los italianos. A tres minutos del final Julio Salinas tuvo una clarísima que pegó en los pies de Pagliuca. Acto seguido un mano a mano de Roberto Baggio acababa con Zubizarreta acostado a su derecha y con Il Divino Codino anotando el gol del triunfo. Luego, en el descuento, Tassotti le pegaba un codazo en la nariz a Luis Enrique (jóvenes lectores, no existía el VAR) y la imagen de Lucho chorreando sangre pasará a los anales de las desgracias hispanas como el hundimiento de la Armada Invencible o la pérdida de Cuba.

El codazo a Lucho

Si trágico, aunque esperado fue lo de España, lo que ocurrió el 10 de julio de 1994 en Nueva York fue una hecatombe inesperada. La Bulgaria de Hristo Stoichkov eliminaba a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales con dos golazos de Baggio tras sendas jugadas personales. Pero volvamos a los cuartos. Se adelantó Alemania de penalti, pero a quince minutos del final Stoichkov empataba el duelo. Después, el alopécico Letchkov anotaba de cabeza ante la incredulidad general. En la otra semifinal se presentó otro país inesperado. Suecia echó por penaltis a Rumania y se metió entre los cuatro mejores donde cayó ante Brasil gracias a una diana de cabeza de Romario. Brasil, por cierto, había vencido en un precioso choque de cuartos de final a Holanda (quien se había clasificado con un calendario favorable). El partido fue bello, dignificando el primer y último esfuerzo de Dennis Bergkamp de coger un avión para disputar un Mundial. Vencieron por 3-2 los brasileños el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo.

Gol de Bebeto (c)

El once ideal de aquel Mundial fue el formado por Preud’homme (Bélgica); Jorginho (Brasil), Maldini (Italia), Marcio Santos (Brasil); Dunga (Brasil), Hagi (Rumanía), Balakov (Bulgaria), Brolin (Suecia); Romario (Brasil), Stoichkov (Bulgaria) y Roberto Baggio (Italia). Los máximos goleadores fueron el ruso Salenko y Romario empatados a seis dianas.

¿Y el mejor jugador?

La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Bajo el cielo de California, la final no tuvo momentos de buen fútbol, pero le sobró emoción y dramatismo. Romario tuvo una que repelió el palo, madera que se llevó un beso de agradecimiento de Gianluca Pagliuca. Las hadas, sin embargo, acabarían abandonando al guardameta italiano. En los penaltis, Franco Baresi, imperial durante todo el partido, falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.

El mejor jugador sería Romario.

Brasil ganó su cuarto Mundial apelando al sacrificio. La parte táctica adquirió una importancia predominante. El seleccionador Parreira arrinconó a los jugadores creativos como Raí para apostar por un trivote de hormigón armado formado por Mazinho, Dunga y Mauro Silva. La velocidad de Jorginho y Branco dotaban de balones a dos delanteros de tronío como Romario y Bebeto. Por cierto, en el banquillo, un niño de 17 años se proclamaba campeón mundial sin jugar ni un solo minuto. Se llamaba Ronaldo Nazario.

Antes del Mundial muy pocos en Estados Unidos lo conocían.

Después del Mundial muchos en Estados Unidos se iban a interesar por aquella extraordinaria carrera que estaba a punto de arrancar.

Y es que el Mundial fue un exitazo. El fútbol había vuelto a Estados Unidos tras el fracaso de la NASL en los años 70.

Esta vez lo hacía para quedarse.

El soccer había encontrado su hueco.

Brasil 94

Otras historias relacionadas

Mundial 1994 (primera parte del presente artículo)

Cuando Estados Unidos ganó a Inglaterra (cuando un 0-1 fue confundido por un 10-1)

Templos del deporte (grandes estadios deportivos de Estados Unidos)

17 de junio de 1994 (la huida de OJ Simpson)

El asesinato de Andrés Escobar (una historia de fútbol y narcotráfico a partes iguales)

Leer más

Estados Unidos 1994 (1ª parte)

La cosa resultó de tal forma. Desde que en 1930 la FIFA decidiese poner en marcha el primer Mundial todas y cada una de las ediciones tuvieron lugar en un país de fuerte tradición futbolera. Quizás Suiza fuese la decisión más rechinante entre el conglomerado de países. Sucedió que en la Europa de 1954 aun había países hechos girones tras la II Guerra Mundial. El caso es que Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y España habían organizado el Mundial, al igual que Argentina y Brasil. Incluso lo habían hecho países como Uruguay, Chile o Suecia, que hoy no tienen estadios, ni hoteles, ni infraestructura suficiente para albergar un bicharraco de 48 países, decenas de miles de aficionados y cientos de medios de comunicación, pero que por entonces podían ser dignos y capaces anfitriones de un evento de manejable tamaño.

Resultó que en los años 80 el fútbol empezaba a ser global. La televisión a color estaba implantada por todo el orbe, las fronteras cada vez eran más permeables y el dinero inundaba todos y cada uno de los poros de tan bello deporte. Resultó que había un jugoso mercado de más de 300 millones de personas que estaba sin explotar. Y no era un mercado cualquiera. Era el mercado más esplendoroso del planeta. En Estados Unidos nadie se interesaba por el soccer. Y es que allí el fútbol era, y es, el fútbol americano. El soccer (abreviatura de association football) era un deporte europeo y sudamericano que apenas era seguido y practicado en crepúsculos aislados de las grandes ciudades. En 1968 se había puesto en marcha la primera liga profesional del país (NASL) en la que se invirtieron millones de dólares. Empresas como Warner Bros o AG y multimillonarios del incipiente Silicon Valley o de la tradicional industria del petróleo crearon equipos de la nada que apenas consiguieron atraer público a los estadios. Y eso que se apostó fuerte. Johan Neeskens, Eusebio, Carlos Alberto, Hugo Sánchez, Bobby Moore, Gerd Müller, Teófilo Cubillas, Trevor Francis, Elías Figueroa, Gordon Banks, Johan Cruyff o Franz Beckenbauer jugaron en la NASL. Y por supuesto Pelé. Únicamente O Rei movilizaba multitudes con su NY Cosmos, lo que hizo que el equipo neoyorkino fuese de los pocos en ser rentables. Al final el inventó feneció en 1984 cuando los inversores pusieron pies en polvorosa antes de quedar totalmente arruinados.

“Aquí el fútbol es el deporte del futuro y siempre lo será”, sentenciará en un famoso editorial el Washington Post. Pero la semilla estaba plantada y la FIFA estaba decidida a echar el resto. La idea era llevar el Mundial de fútbol al país más rico del mundo y así se estableció en el Congreso de la FIFA de 1986. Aquello no gustó demasiado. Ni gustó en Sudamérica ni en Europa. A los primeros no les gustó dado que consideraban que la edición de 1994 tendría que tener lugar en tierra del hemisferio sur. En 1986 el Mundial había ido a México y en 1990 tocaba Italia. Se apostaba por Chile, el país más rico de Sudamérica, como candidatura de 1994. A la UEFA (Europa) simplemente no le gustaba el asunto porque todo lo que rompa con la tradición nunca es bien visto en primera instancia por el establishment del Viejo Continente.

Sucedió que Chile se retiró de la carrera meses antes de la meta, en medio de un referéndum por una nueva constitución que puso el primer clavo a la dictadura de Augusto Pinochet. A contrapié y a destiempo entró en la carrera Brasil, con el hándicap de que apenas tres décadas antes ya había organizado el Mundial. Con Brasil fuera de juego, el duelo estaba definido entre Estados Unidos y Marruecos. Los magrebís ofertaban buenas instalaciones, la posibilidad de ser el primer estado africano en organizar un Mundial e intentaron ganarse a los europeos apelando a la proximidad (hecho clave para los derechos televisivos, dado que los partidos se jugarían en horario de máxima audiencia de Europa Occidental).

La votación tendría lugar en diciembre de 1988. Brasil sumó dos votos, Marruecos siete votos y Estados Unidos logró diez papeletas. Finalmente se apostó por la seguridad económica y empresarial de los americanos. El fútbol caminaba hacia lo desconocido.

Fútbol y dinero se darían un abrazo que nunca jamás se rompería.

And the winner is…

Había miedo. Mucho miedo. ¿Quién irá a los estadios? Y, antes de nada; ¿Habría estadios? Y es que no había estadios. Había instalaciones de fútbol americano. Y no eran estatales. Eran de franquicias. De empresas. ¿Querrían cederlos para adecuarlos al soccer y ser sede del Mundial? Hubo que poner dinero. Hubo que invertir. Millones y millones en publicidad. Cuando comenzó el Mundial menos del 25% de los estadounidenses sabían que se iba a celebrar en su país. La FIFA lanzó un órdago. En caso de salir bien habría millones para todos. En caso de salir mal, tocaba la ruina absoluta.

Aconteció que todo encajó a su debido tiempo. Dos años después, en 1996, tendrían que celebrarse los Juegos Olímpicos. Eran los del centenario tras la reaparición de la fiesta del olimpismo en 1896. Atenas los pidió y se afanó por conseguirlos. No obstante, dado que en 1992 se habían celebrado en Barcelona, no parecía muy probable que los griegos venciesen debido a la norma no escrita de la rotación de continentes. Hubo cinco votaciones y en las tres primeras Atenas iba en primera posición, pero, finalmente, la estadounidense Atlanta logró la victoria absoluta en el quinto intento. Tras México (1968 y 1970) y Alemania (1972 y 1974), era la tercera ocasión en la que un país albergaba en un plazo de 24 meses los dos eventos deportivos más importantes del planeta.

Dada la magnitud del territorio estadounidense sería la primera vez en la que todos los desplazamientos de las diferentes selecciones se realizarían por vía aérea. Se llegó a un acuerdo con las instituciones para desplazar a los jugadores en vuelos regulares, demostrando la infinita capacidad aérea de un país que no vio necesario reclutar vuelos chárteres. Hubo nueve sedes tan dispares como lo es el conjunto de los Estados Unidos. Desde la frescura oceánica de Boston al clima mediterráneo de San Francisco. Pero, sobre todo, hubo calor y humedad. En Nueva York o en Washington se jugaba a las 12.30 del mediodía para que los europeos se sentaran delante del televisor a media tarde. Aquello fue duro, pero lo sería mucho más cuando toque jugar debajo de una niebla de contaminación en Los Ángeles, bajo el tórrido sol de Dallas o en la tropical Orlando. En la megalópolis de Chicago se alcanzarán los 41º grados con fútbol a las tres de la tarde hora local.

Fue la última Copa Mundial que contó con 24 selecciones participantes, lo que permitía la clasificación para octavos de final de los cuatro mejores terceros de la fase de grupos. Se llegó a un frutífero acuerdo con las franquicias de la NFL y las nueve sedes lucieron espectaculares. La FIFA tiró el precio de las entradas y los hijos y nietos de europeos y la numerosísima comunidad latina acudió en masa a los estadios. Los estadios no tendrían vallas ni fosos y todos los asistentes lo harían sentados en su asiento, algo nunca visto antes. La media de espectadores por encuentro rozó las 70.000 almas, cifra que tiene pinta de no ser superada, dado que no hay lugar en el planeta con tal cantidad de coliseos de tan magna cantidad como Estados Unidos.

Se reservó el Soldier Field de Chicago para los partidos de Alemania en la primera fase debido a la numerosa colonia de origen germano que hay en Illinois. Situado en un parque de Chicago a escasa distancia del Lago Michigan, el Soldier Field es un hermoso estadio para 61.500 espectadores inaugurado en 1922. El estadio honraba a los caídos en la I Guerra Mundial (campo del soldado) y no tenía un uso definido hasta que en los años 70 se convirtió en el hogar de los Chicago Bears campeones de la NFL en nueve ocasiones. El recinto tiene una característica forma ovalada que recuerda a una bala y durante muchos años contó con hierba sintética en una época donde se pensaba que aquello era progreso y futuro. Lo más característico del Soldier Field era su fachada, una conjunción de columnas grecorromanas que se elevaban por encima de las gradas. Esto hizo que con el tiempo el estadio fuese declarado patrimonio nacional, pero una profunda reforma acometida en 2003 hizo que se le fuese retirado el título.

Justo lo contrario ocurre con el Sanford Stadium de San Francisco. Cuando se levantó, allá por 1927, el arquitecto hizo firmar un documento por el que si en el futuro se realizaban remodelaciones en el recinto sería de obligado cumplimiento mantener la estructura original. Y así ha sido. En el espacio de un siglo se han puesto luces, se han levantado nuevas gradas, se han creado palcos de prensa y se añadieron tribunas de lujo hasta dejar el aforo actual en 92.000 almas. Y todo manteniendo la característica estructura original con un fondo abierto a la ciudad y al famoso Silicon Valley. Se reservó para los partidos iniciales de Brasil.

Sin duda el más llamativo de los nueve recintos fue el Silverdome de Detroit. Fue el primer estadio en albergar bajo cubierta un partido del Mundial. Hubo que cambiar el césped artificial por el natural para que la FIFA diese el visto bueno. Antes de albergar el Mundial, en sus 75.000 asientos se había disfrutado del último gran concierto de Elvis Pressley o de un partido de la NBA entre los Boston Celtics y los Detroit Pistons que sigue marcando el récord de espectadores en la competición.

Pero las joyas de la corona estaban en otras latitudes. En Nueva York el Giants Stadium albergaría una de las semifinales. Integrado dentro de un complejo deportivo hoy ya demolido, se trataba de un estadio muy abierto, donde el público no se apilaba y las gradas eran sumamente verticales. 80.000 personas podían entonces acudir a ver los partidos de la NFL, como antes lo habían hecho para ver al NY Cosmos de Pelé.

La final se jugaría en la otra punta del país. En el Rose Bowl de Pasadena, en las afueras de Los Ángeles. Siglos atrás Pasadena era uno de esos lugares donde los misioneros españoles levantaron templos para cultivar la fe católica. Hoy Pasadena ha sido engullida como ciudad satélite de la gigantesca Los Ángeles. Pues allí, un medio de un parque, se proyectó el Rose Bowl con la finalidad de celebrar anualmente un partido que enfrentase a los lideres de fútbol americano del este y el oeste del país para determinar al campeón nacional. El estadio, y así mismo el torneo, pasó a llamarse coloquialmente como Bowl (tazón), dado que el recinto tenía dicha forma. De ahí que todos los torneos finales de fútbol americano desde entonces se llamen ‘Bowl’, incluido el hoy archiconocido torneo final de la Superbowl de la NFL. El Rose Bowl no solo alberga partidos de fútbol americano, sino que ha sido sede de las pruebas de ciclismo en pista en los JJ. OO de 1932 o del torneo de fútbol en los JJ. OO de 1984.

Fue proyectado en 1922 para 40.000 espectadores y con forma de herradura, pero pronto se hizo pequeño y en 1928 fue cerrado para darle su luego icónica forma de tazón. Actualmente son 88.000 almas las que pueden presenciar los partidos de los Bruins de la Universidad de UCLA, aunque para la final del Mundial pudieron acudir 95.000 espectadores. Hoy el camino de entrada está rodeado de rosas de diversos colores que alegran la llegada de los aficionados. Pero el problema es que el camino puede ser odioso, dado que el Rose Bowl solo tiene una carretera de acceso, por lo que se pueden llegar a tardar más de dos horas en cubrir el escaso kilómetro que hay desde la salida de la autopista de Los Ángeles hasta la entrada del estadio.

Rose Bowl

La maquinaría económica de Estados Unidos decidió convertir 1994 en un éxito como prólogo a los Juegos de 1996. Los estudios de animación de Warner Bros crearon una mascota futbolera a la que vistieron con la bandera de las barras y estrellas. Se trataba de un perro al que llamaron Striker (delantero). Fue un pelotazo en todo el país. Adidas creó el balón Questra envuelto en espuma de poliestireno que lo hacía mucho más ligero. Fue un pelotazo en medio mundo. Televisivamente aquello fue un desmadre. Cámaras superlentas, planos desde helicópteros y la novedosa cámara escorpio la cual, montada sobre un brazo hidráulico, podría moverse bajo cualquier dirección bajo control remoto. Por vez primera los árbitros dejaban de ser funerarios y vistieron de colores. A rayas blancas y negras o rojas o amarillas, al más puro estilo americano. Las entradas por detrás serían sancionadas con tarjeta roja y se prohibió que el portero cogiese el balón con las manos tras cesión para agilizar el espectáculo. La FIFA dio una indicación a los trencillas que se tornó en trascendental. En caso de duda no señalar fuera de juego y en caso de contacto dentro del área, por pequeño que fuese, señalar penalti. “Es necesario que haya más goles”, declaró Joseph Blatter, secretario general de la FIFA.

Hubo de crearse una nueva liga. Y es que Estados Unidos organizó un Mundial sin contar con una liga profesional. Se firmó un acuerdo para que en la campaña 1994/95 se celebrase la primera temporada de la MLS (Major League Soccer). En esa nueva liga habría tres cambios por equipo y tres puntos por victoria. Los jugadores llevarían número fijo y nombre detrás de la espalda, todos los futbolistas lesionados tendrían que salir del campo en una camilla motorizada y todos los estadios contarían con videomarcadores para ver la repetición de los goles. Todas esas innovaciones de la MLS tuvieron su primera implantación en el Mundial de Estados Unidos.

Árbitros de colores

Era viernes. 17 de junio de 1994. El verano tocaba nudillos en la puerta. En Berlín tropas británicas, francesas y estadounidenses abandonan sus puestos en los cuarteles de Berlín Occidental. Días más tarde lo harán los soviéticos del antes llamado Berlín Oriental poniendo fin a la Guerra Fría y al siglo XX antes de tiempo. Estados Unidos es dueño del planeta. Gran parte de su triunfo se debe a un poder blando labrado durante décadas en el que el deporte es eje trascendental.

Aquel 17 de junio la oferta deportiva en Estados Unidos iba a paralizar al país y a medio mundo. Desde primera hora de la mañana en Oakmont, Pensilvania, tendría lugar la segunda y última ronda del US Open de golf. Con una hora de adelanto por mor de los usos horarios, la ciudad de Nueva York se paralizaría con miles de personas en sus aceras para ver los festejos que coronaban a los Rangers como campeones de la Stanley Cup de la NHL tras más de medio siglo de espera. Y luego, como fin de fiesta, el Madison Square Garden de la Gran Manzana sería testigo del quinto partido de las finales de la NBA que enfrentaba a los New York Knicks contra los Houston Rockets y que en aquel momento mostraban un empate a dos victorias al mejor de siete partidos.

Luego, a las 14:00 hora local, se inauguraría el Mundial de fútbol en el Soldier Field de Chicago con un encuentro entre Bolivia y Alemania, entonces vigente campeón. Alemania derrotaba a Bolivia por 1-0 en un mal partido que dejaba intuir los problemas que los teutones iban a tener para revalidar el título. Minutos antes del inicio del choque, Diana Ross, actriz y cantante de The Supremes, había sido la elegida para hacer disfrutar al público presente en el estadio y al que seguía el evento desde sus casas. Zapatillas blancas y traje rojo, la voluptuosa Ross comenzó a cantar I’m going out mientras se dirigía hacía una de las áreas rodeada de bailarines.

Allí había una portería preparada para partirse en dos cuando Diana convirtiera el gol pateando un penalti. También esperaba un grandilocuente arquero dando saltos con buzo amarillo y pantalón blanco con la única intención de dejarse marcar un gol. Diana se dispuso a marcar el tanto de su vida micrófono en mano y dio un puntapié con la derecha… que se fue un par de metros más allá del palo derecho. Los fuegos artificiales explotaron, la portería se abrió como el Mar Rojo ante Moisés y Diana Ross actuó como una reina del espectáculo. Le dio todo igual, se abrió camino hasta el escenario mientras la gente seguía aplaudiendo sin saber que había pasado ya que, al fin y al cabo, la mayoría de los allí presentes de fútbol sabían más bien poco.

Diana Ross

Luego, en el mismo grupo, Corea del Sur daba el primer pelotazo del Mundial al arañar un empate (2-2) ante la España de Javier Clemente. Nadie en Estados Unidos hizo caso de tal asunto. OJ Simpson, un famoso jugador de fútbol americano, protagonizaba una persecución policial retransmitida minuto a minuto en televisión tras ser acusado del asesinato de su ex esposa.

La cosa pintaba mal. Pero al día siguiente debutaba Estados Unidos. Empató ante Suiza frente a 70.000 espectadores. Nadie contaba con ello. Luego jugó y convenció Brasil y más tarde Maradona resucitaba de entre los muertos en una exhibición de Argentina. Y cuatro días después Estados Unidos sorprendía a la Colombia de Valderrama, Rincón y Asprilla y sumaba un inesperado triunfo por 2-1 que hizo que el soccer se colase en las casas de todos los estadounidenses.

Pues sí. Aquella arriesgada apuesta se iba a convertir en un pelotazo.

Continuará.

“El fútbol es un juego que los estadounidenses enseñamos a nuestros niños hasta que son suficientemente mayores para hacer algo interesante”. Dicho popular estadounidense.

Otras historias relacionadas

Cuando Estados Unidos ganó a Inglaterra (cuando un 0-1 fue confundido por un 10-1)

Templos del deporte (grandes estadios deportivos de Estados Unidos)

17 de junio de 1994 (la huida de OJ Simpson)

El asesinato de Andrés Escobar (una historia de fútbol y narcotráfico a partes iguales)

Leer más

Cuando Estados Unidos ganó a Inglaterra

El asunto fue que la selección de Estados Unidos de fútbol se constituyó hace ahora 100 años. Formaron parte de los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928, no por su nivel futbolístico, sino por la fuerza de un país capacitado de llevar deportistas de cualquier disciplina hasta los confines del mundo. En 1928, como muestra que sirva de ejemplo de sus escasas facultades futbolísticas, cayeron por 11-2 en la primera ronda del torneo olímpico ante Argentina.

Resultó que en 1930 se celebró el primer Mundial de fútbol. La organización recayó en Uruguay, vigente campeón olímpico. Hubo espantada europea dado que por entonces había que acudir a América en un largo viaje en barco y la mayoría de los futbolistas compaginaban el balón con otro trabajo. Así que Estados Unidos acudió a ese primer Mundial por falta de alternativas. Venció por 3-0 a Paraguay con triplete de Bert Patenaude, quién se convirtió en el primer (y olvidado) futbolista en anotar un hat-trick en un Mundial. Patenaude, por cierto, era estadounidense de padres europeos, como lo eran todos los componentes del once titular (alguno incluso había nacido directamente en Escocia o en Irlanda). Luego, Estados Unidos venció a una Bélgica recién bajada de cubierta tras 40 días de viaje. Así el milagro estadounidense se clasificó para semifinales donde caería masacrado por Argentina (1-6). Pero la cosa no acabó ahí. Forrados de dólares, los Estados Unidos fueron de los pocos países no europeos que se presentaron en Italia para disputar el Mundial de 1934. El asunto no resultó tan poético entonces. Cayeron en la primera ronda eliminatoria ante Italia por 1-7. El gol americano fue anotado por Aldo Donelli, quién, como es fácil de adivinar, era hijo de italianos.

Pateunade. Primer hat-trick mundialista

Luego vino la II Guerra Mundial y el Mundial no volvería a celebrarse hasta 1950 cuando Brasil coja el relevo de Francia, país que le había dado carpetazo al asunto en 1938. Se intentó que esa edición de 1950 fuese la primera global. Eran 16 participantes. 8 europeos, 5 sudamericanos, 2 norteamericanos y un asiático. México arrasó en su grupo clasificatorio y Estados Unidos obtuvo su plaza al lograr una victoria en el encuentro decisivo ante Cuba.

Era el tercer Mundial para Estados Unidos.

Iba a ser el primero para Inglaterra.

Los ingleses inventaron las reglas del fútbol en 1863 y lo extendieron por el mundo al tiempo que sus ferrocarriles, pero cuando en 1904 se creó la FIFA no quisieron tratos con advenedizos. Cambiaron de idea en 1908, dado que Londres iba a celebrar los Juegos Olímpicos. La FIFA se bajó los pantalones de tal modo que expulsaron con celeridad al presidente en vigor para darle la presidencia al inglés Daniel Woolfall. Como no podía ser de otro modo vencieron en 1908 y en 1912 (compitiendo como Gran Bretaña) antes de que estallase la I Guerra Mundial. Al finalizar el conflicto, los ingleses exigieron que los países perdedores de la guerra fuesen expulsados de la FIFA, pero perdieron la votación. Así que decidieron salirse de la FIFA nuevamente.

Con el francés Jules Rimet en la presidencia se cuajó la celebración de un Mundial de fútbol cada cuatro años a partir de 1930. Los ingleses amagaron con volver, pero le echaron la culpa al profesionalismo encubierto. Ya entonces se sabía que la flema inglesa era en realidad temor. Era evidente que había alumnos que estaban al mismo nivel que los maestros. Inglaterra no sabía aun lo que era perder en casa ante equipos continentales, pero ya había caído en amistosos como visitante en España (1929), Francia (1931), Hungría (1934), Checoslovaquia (1934), Austria (1936) o Bélgica (1936). Cuando en 1938 caiga en Zúrich ante Suiza ya pocos creerán en la superioridad inglesa. Los ingleses habían estado a punto de perder ante Italia (doble campeona mundial) en Londres unos años antes y desde entonces se cuidaban muy y mucho de invitar a otro país a pisar el terreno de su inexpugnable isla.

Finalizada la II Guerra Mundial, esta vez sí la FIFA decidió vetar la presencia en el Mundial de 1950 de Alemania y de Japón, las dos grandes agresoras. Italia se salvó por su respetado presidente de la FIGC (Federación Italiana de Fútbol) Ottorino Barassi, quién, como vigente campeón, custodiaba la Copa Jules Rimet y logró mantenerla a salvo escondiéndola de los nazis. Así, Inglaterra, y esta vez de forma definitiva, decidía formar parte de la familia del fútbol y afiliarse a la FIFA.

Como raritos que eran, Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda decidieron formar un grupo propio clasificatorio. Inglaterra arrasó y se clasificó para el Mundial. El entrenador y preparador físico era Walter Winterbottom. Y digo bien entrenador porque no era seleccionador. Eso era tarea de un comité técnico que decidía que jugadores acudirían a Brasil. El galimatías aun le duraría a los flemáticos ingleses una década más. El caso es que Inglaterra venció en su último amistoso antes del Mundial a Italia en Turín por 0-4. Era un equipazo. Matthews, Mortensen, Lawton, Mannion y Finney formaban un ataque temible. El extremo diestro Stanley Matthews, por entonces ya con 35 años, era considerado el mejor driblador del planeta.

Tras día y medio de viaje en avión con sus correspondientes escalas, la expedición llegó a Rio de Janeiro donde fueron recibido como semidioses. El sorteo les colocó como cabezas de grupo en un cuadro junto a España, Chile y Estados Unidos. Únicamente el primero se clasificaría para semifinales.

Inglaterra 1950

Inglaterra debutó venciendo a Chile por 2-0 en Maracaná en un día donde llovió a chuzos. Antes España había vencido a Estados Unidos por 3-1. Zarra y compañía repetirán triunfo ante Chile mientras que ingleses y estadounidenses se enfrentarán en la segunda jornada. Se da por hecho un claro triunfo británico y un duelo definitivo en la última fecha entre España e Inglaterra para dilucidar que país logra el pase a semifinales.

Sólo acudieron 10.000 personas al estadio de Belo Horizonte. Winterbottom decidió dar descanso a Matthews pensando en el partido decisivo ante España. Estados Unidos no tenía tirón alguno ni en Brasil ni en el país de las barras y estrellas. Únicamente un periodista de Saint Louis acudió a seguir al equipo y lo hizo pagándose el viaje de su propio bolsillo.

Y sucedió lo imposible.

Inglaterra salió arrollando. En los primeros diez minutos tuvo seis ocasiones de gol incluyendo dos disparos a la madera. A partir de ahí, se hizo la noche. Estados Unidos se revolvió y salió a jugar de tú a tú a Inglaterra. Hasta que, superada la mitad de la primera parte, lograron adelantarse en el marcador. A partir de entonces pusieron el autobús. Inglaterra repetía ataques y más ataques sin un mínimo de fantasía y las paradas milagrosas de un tal Borghi obraron el milagro. Frank Borghi (otro de padre italiano) era jugador de beisbol antes de meterse a portero de fútbol. Había acudido a Brasil tras una bronca con su madre por desantender sus obligaciones en la funeraria, empresa que era el sustento familiar. Su heroicidad se completó cuando a ocho minutos para el final una caída de Stan Mortensen (máximo goleador de la liga inglesa) dentro del área acabó en penalti. Alf Ramsey, entonces lateral derecho y con el tiempo el seleccionador inglés campeón del mundo, ejecutó el lanzamiento y Borghi adivinó sus intenciones.

Si Borghi fue el héroe defensivo, el líder ofensivo había sido Joe Gaetjens. En el minuto 38 el portero inglés se confió en un centro bombeado que parecía ofensivo y un remate en plancha de Gaetjens acabaría siendo el tanto de la noche. ¿Quién era Gaetjens? Era haitiano. De muy buena familia. Había sido enviado a Estados Unidos a estudiar a una carrera y por entonces se encontraba trabajando de lavaplatos en un restaurante para pagarse sus gastos. Jugaba en un club patrocinado por dicho restaurante y había sido captado tras meterle un gol a Borghi en un partido de un torneo organizado por la federación estadounidense antes del Mundial.

Y es que aquellos jugadores no es que fuesen modestos, eran modestísimos. Joe Maca era belga, Ed McIlvenny era escocés y tanto Charlie Colombo como Gino Paniani eran italoamericanos. Todos jugaban al fútbol en sus ratos libres. También lo era Frank Valicenti, quién se cambió el apellido por Wallace cuando decidió alistarse en el ejército para combatir a los fascistas en Italia. John Souza, elegido en el once ideal del campeonato, era un sudamericano nacionalizado que ni siquiera pertenecía a equipo alguno en el momento de la disputa del Mundial. Entre los citados había funerarios, carteros, encofradores o fontaneros. Walter Bahr, considerado el mejor jugador de la historia de Estados Unidos hasta la aparición en el siglo XXI de Landon Donovan, era profesor de educación física en un instituto.

Si aquello no fue la mayor sorpresa de todos los tiempos, anda muy cerca.

Borghi. Portero. 1950

En la previa del partido las casas de apuestas pagaban 500 a 1 ante la opción de triunfo estadounidense. Cuando la agencia de noticias Reuters mande el cable telegráfico a Europa con el resultado final (1-0), toda la prensa de la Vieja Europa pensó que se trataba de un error en la transmisión de los cables y que el resultado real era de 10-1 a favor de los ingleses. De hecho, varios periódicos británicos se resistieron a publicar el resultado en sus primeras ediciones exigiendo una rectificación a Reuters.

“Lo arreglaremos ante España”, anunció el capitán Billy Wright. No fue así. Inglaterra jugó muy bien, pero España lo hizo excelentemente. El famosísimo gol de Zarra les daba el triunfo a los hispanos y con ello la clasificación para semifinales. Estados Unidos, a pesar de su histórica victoria, acabaría como última de grupo al caer por 2-5 ante Chile.

El Daily Herald publicó una espectacular portada con una esquela que rezaba lo siguiente: “Nuestro afectuoso recuerdo al fútbol inglés, que falleció en Río de Janeiro el 2 de julio de 1950. Un numeroso círculo de amigos lamenta su dolorosa pérdida. R.I.P. Nota: El cadáver será incinerado y sus cenizas trasladadas a España”. “Los viejos maestros deben volver a la escuela”, declararía, en un acto que lo honra, Walter Winterbottom.

El fin del mito de la superioridad inglesa fenecería definitivamente en 1953 cuando Ferenc Puskás y el resto de magiares mágicos dobleguen por vez primera a los ingleses en Londres al vencer por 3-6 en una morrocotuda exhibición vespertina en Wembley. Cinco meses más tarde será en Budapest donde Hungría ponga los clavos de la lápida al vencer por 7-1. Cuando Uruguay eche a Inglaterra en cuartos de final del Mundial de 1954 se considerará un resultado esperado y luego, ya en 1958, los ingleses caerán en la primera fase del Mundial al ser incapaces de vencer ni al Brasil de Pelé ni a la Unión Soviética de Yashin. Nadie lo considerará sorpresa alguna.

Y Puskás acabó con el mito inglés

Estados Unidos no volvería a disputar un Mundial hasta 1990, cuatro décadas después de la hazaña de Belo Horizonte. Desde entonces ha organizado un Mundial (1994) y lo va a hacer de nuevo con el segundo (2026). Ayudado por la ampliación de participantes, se ha convertido en un fijo en los mundiales y en 2002 alcanzó su techo moderno al conseguir colarse en los cuartos de final.

A Joe Gaetjens, el autor del gol, aquello lo convirtió en una celebridad. Breve, pero intensa. Había disputado el Mundial sin tener nacionalidad estadounidense y únicamente firmando un documento donde se comprometía a solicitarla. Jamás lo hizo. Volvió a Haití y montó una empresa de lavanderías automáticas. A los pocos meses fue fichado por el Racing de París. Apenas aguantó año y medio en Francia antes de volver a su país, darle un par de patadas más al balón y colgar las botas. Su vida acabaría trágicamente. Gaetjens estaba involucrado en la política y cuando en 1964 Louis Déjoie se convierta en presidente vitalicio y dictador de facto de Haití, se encargará de ajustar cuentas contra los disidentes políticos. La familia de Gaetjens escapará del país pero él se quedará pensando que al ser una celebridad nadie podría hacer nada en su contra.

Nunca más se supo de él.

Joe Gaetjens a hombros

“Han pasado 60 años. En lo que a mí respecta, he tratado de olvidarlo con todas mis fuerzas». Bert Williams, guardameta de Inglaterra en 1950 en una entrevista concedida en 2010.

“No es normal aguantar tanto tiempo frente a un rival que es tan superior. Sobre todo, después de haber marcado un gol relativamente pronto. Nos habríamos ido contentos con perder por dos goles de diferencia. Ni en nuestros mejores sueños imaginábamos que podríamos ganar”. Walter Bahr, defensa de Estados Unidos en 1950.

Otras historias relacionadas

De la gloria al ridículo (de cuando Inglaterra no logró clasificarse para el Mundial)

¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo en la camiseta? (el origen del Mundial)

¿Favoritos o sorpresas? (¿Qué países ganaron el Mundial cumpliendo con los pronósticos?)

Leer más

Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (cuando el Madrid consiguió que la final de la Intercontinental se jugase en España)

 Mourinho en la prehistoria (antes de que Mou fuese The Special One)

Cuando Puyol secó a Figo (la vuelta de Judas al Camp Nou)

La decadencia de Europa (un comentario sobre la Superliga)

El Mundial de Clubes que nunca se jugó (la edición fantasma del año 2001)

¿Cuál ha sido el mejor equipo de la historia de la Champions? (¿el Madrid del 60, el Ajax del 73, el Milan del 90 o el Madrid de 2017?)

Leer más

Villalonga

PSG vs Arsenal. Luis Enrique vs Mikel Arteta. Un club francés y otro inglés. Dos entrenadores españoles. Uno de ellos se convertirá en campeón europeo. Ambos representan estos tiempos. Aunque Luis Enrique triunfó en el FC Barcelona y dirigió a la selección española, su mili como técnico tuvo lugar en Roma y es Paris el lugar que lo ha coronado como uno de los mejores técnicos del último medio siglo. Arteta nació en Donostia y se crio como futbolista en Barcelona, pero pronto emigró a Gran Bretaña. Allí lleva un cuarto de siglo. Comenzó como segundo de Pep Guardiola y concluirá en este mes de mayo su octava temporada como técnico del Arsenal FC.

Si Luis Enrique resulta el vencedor sumará tres títulos (ganó en 2015 con el FC Barcelona y en 2025 con el PSG). Si lo hace Mikel Arteta será el séptimo entrenador hispano en lograr el éxito europeo. Y no son muchos. Seis (o siete) en 70 años de Copa de Europa. Seis (o siete) con 20 títulos logrados entre Madrid y Barça. Pep Guardiola tiene tres coronas (FC Barcelona en 2009 y 2011 y Manchester City en 2023) y Rafa Benítez consiguió un trofeo en 2005 con el Liverpool FC. A partir de ahí únicamente hay tres técnicos españoles a mayores. Y aquí lo curioso. De los 15 títulos logrados por el Real Madrid exclusivamente seis de ellos (menos de la mitad) llevaron la batuta de un técnico de la casa. Vicente del Bosque (2000 y 2002) salió victorioso en dos ocasiones, las mismas que Miguel Muñoz (1960 y 1966), quién antes había sumado otras tres como jugador. Arteta, Luis Enrique, Guardiola, Benítez y Del Bosque son de sobra conocidos por cualquier aficionado al fútbol. Incluso suenan campanas a lo lejos cuando se nombra a Miguel Muñoz, a pesar de que el interlocutor sea un miembro de la Generación Z.

Al que pocos conocen es a José Villalonga.

Nacido en Córdoba en el invierno de 1919, José Villalonga Llorente soñaba con ser portero de fútbol. De niño imitaba a Ricardo Zamora en las porterías del colegio de la Sagrada Familia próximo a la Basílica de San Pedro. Su primer club federado se llamará Once Rojo y con 16 años militará como segundo portero en el Racing de Córdoba (antecesor del Córdoba FC) ayudándolo a subir a Tercera. Corría el año 1936.

Estalla la Guerra Civil.

Villalonga lo tiene claro y se alista como voluntario. Se une a los sublevados. O a la Cruzada de Liberación Nacional. Y es que José Villalonga es militante falangista de primera hora. En mayo de 1937 participará en la batalla de Pozoblanco, una contraofensiva republicana que fue debidamente olvidada por la historiografía franquista. Villalonga es herido por una bala que le entra por la tibia y le sale por la bóveda plantar. Permanecerá hospitalizado hasta el final del verano. Recuperado, pasará a formarse como oficial en Marruecos y alcanzará el grado de alférez participando en la ofensiva de Mérida en la que el general Queipo de Llano y sus tropas, Villalonga incluido, barrerán el frente de Extremadura logrando el total control del sur de España y, de paso, vengar la derrota sufrida en Pozoblanco en la primavera anterior.

José Villalonga

Finalizada la Guerra Civil, el ya teniente Villalonga es enviado a la Academia Militar de Toledo. Es entonces cuando decide estudiar educación física. Obtendrá el título de profesor siendo el primero de su promoción. Dos años después adquiere el título nacional de entrenador de fútbol. Estamos en 1949. Dos años después, en 1951, el Real Madrid lo contrata para dirigir a su equipo juvenil. El éxito es absoluto y se le ofrece ser también el preparador físico del primer equipo. Villalonga acepta y solicita una excedencia en el Ejército Español.

¿Y por qué? ¿Por qué un desconocido como Villalonga?

El Madrid llevaba veinte años sin ganar una Liga. Acababa de estrenar el Nuevo Chamartín, la culminación de todo el esfuerzo de reconstrucción del club tras la catástrofe de la Guerra Civil fruto de la visión futurista de Santiago Bernabéu. Con estadio nuevo el equipo no arranca y Bernabéu decide darle el mando a Juan Ipiña, el futbolista que más veces había vestido de blanco. Lo primero que hizo Ipiña fue sugerir a Bernabéu que incorporara al organigrama del club a un erudito de la preparación física que conocía en Toledo. Villalonga pertenecía a la primera generación de especialistas españoles en el campo de la formación que habían salido de la escuela militar de Toledo, pionera en la enseñanza de un concepto nuevo de instrucción deportiva. No era cosa de Franco. Tampoco de la República. Fuera fundada en los años 20 convergiendo en ella los principios germanos de culto al cuerpo y pasión por la naturaleza con las nuevas tendencias del deporte como ocio urbano y negocio para la incipiente clase media.

Resultó que Ipiña, capitán durante la década de 1940, no funcionó bien como técnico y Bernabéu apostó por un ex entrenador del FC Barcelona. Se trataba del uruguayo Enrique Fernández. En su primera temporada, que también fue la primera de Di Stéfano, se ganará la Liga. En la segunda el asunto no funcionaba. El Madrid no arrancaba y a inicios de diciembre veía como Athletic y Barça se escapaban y a duras penas aguantaban la tercera posición en una lucha mano a mano con el Sevilla FC.

El 10 de diciembre de 1954 José Villalonga era nombrado entrenador del Real Madrid. Apenas contaba con 35 años.

Villalonga prioriza lo físico sabiendo que dispone de un potosí de virtuosismo en un plantel irrepetible; la ambición es controlar el juego gracias a Di Stéfano, quién abandona el área para buscar el balón en el centro del campo ejerciendo de mediocentro. A partir de ahí despliegue físico tanto en defensa como en ataque y que los artistas lleven la voz cantante.

Villalonga tenía fama de discreto, de prudente y de buen pastor de hombres. Como Del Bosque o como Zidane, se le puede catalogar como el primero de una raza de entrenadores con amplia mano izquierda. No siempre sale bien. A veces se pone a conducir un autobús a alguien con la L y el conductor (pongamos que se llama Arbeloa) acaba dejando el volante y saltando por la borda dejando que el bus se estampe. No obstante, el asunto al Real Madrid suele salirle bien. Técnicos que saben seducir a sus pupilos y que conectan con las estrellas dándoles manga ancha para expresar sus habilidades. De José Villalonga se decía que más allá de hacer correr a sus futbolistas, no tenía ni idea de dirigir a un equipo de fútbol.

Y también, como en el caso de Del Bosque o Zidane, José Villalonga llega al banquillo del Real Madrid como segundo plato. Como parche temporal. Para nada fue temporal. Estuvo dos años y medio en el banquillo del Real Madrid. 30 meses que cambiarían la historia de la entidad merengue para siempre. En únicamente 105 partidos oficiales logró 2 Ligas, 2 Copas Latinas y 2 Copas de Europa. A 17 partidos por trofeo. Conquistó en su primer año la Liga y la Copa Latina, por entonces una competición que reunía a los campeones de España, Italia, Francia y Portugal. En 1957 volvería a sumar ambos títulos, en la que sería la última edición de la citada Copa Latina.

Y fue la última dado que en la campaña 1955-56 se puso en marcha la primera edición de la Copa de Europa. A ella acudió el Real Madrid como vigente campeón liguero. Y saldría campeón al derrotar al Stade Reims en la final. En la siguiente temporada repetiría alirón al vencer a la Fiorentina por 2-0 en el Santiago Bernabéu. Aquel equipo es una máquina de jugar al fútbol gracias al virtuosismo de Di Stéfano. Ocurre que también lo es porque es capaz de mantener un ritmo alto de juego durante los 90 minutos, algo poco corriente en aquel entonces, debido a los métodos de entrenamiento físico de Villalonga.

Di Stéfano y Villalonga

Celebrado el triplete Liga, Copa Latina y Copa de Europa, el Real Madrid emprendió una lucrativa gira veraniega por Sudamérica. Entre partido y partido a José Villalonga le llegó la oferta de renovación de su contrato. Al volver ni siquiera se presentó en el despacho de Santiago Bernabéu. Decidió escribirle una carta exhibiendo su negativa por la oferta y su agradecimiento por la oportunidad dado un lustro antes.

El motivo de la desaprobación era económico. No podía ser de otra forma. Pero también era cuestión de poder. Villalonga pidió ser además de entrenador ser el director deportivo y ocuparse de los fichajes, y eso era una línea roja para Bernabéu. El puesto, por cierto, era entonces ocupado por Ipiña. Lo cierto es que, al igual que Florentino, Bernabéu consideraba que el entrenador era un actor irrelevante. Ocurre que a diferencia de Florentino que patinó cuando prescindió de Del Bosque, Zidane o Ancelotti, Bernabéu acertó con el argentino Luis Carniglia (otras dos Copas de Europa) y con Miguel Muñoz (otro par de trofeos europeos).

Oficial franquista, Villalonga era de armas tomar y decidió dejar plantado al Madrid en la cima de su éxito. Se fue a Zaragoza a obtener los galones de comandante de infantería y, una vez conseguidas las estrellas, pasó a ocuparse de las categorías inferiores de la selección española de fútbol. En esas estamos cuando al poco de iniciarse la campaña 1959-60 el Atlético de Madrid destituye a su entrenador y le ofrece el cargo a Villalonga. Acepta. Gana el primer partido en San Sebastián y en el segundo arranca un empate contra su ex Real Madrid. Ese año ganó la Copa del Generalísimo. La primera en la historia del Atlético de Madrid. Al año siguiente será la segunda. Dos temporadas y dos copas. Y las dos logradas ante…el Real Madrid.

Así que Villalonga en apenas cinco temporadas como entrenador suma 2 Ligas, 2 copas, 2 copas de Europa y 2 Copas Latinas. Casi nada al aparato. Es el verano de 1962 y le ofrecen ser seleccionador nacional.

España venía de fracasar en el Mundial de Chile 1962. El comandante Villalonga purgó al equipo que fue al Mundial entre grandes polémicas. Pasó la guadaña y la pieza más conocida fue Francisco Gento, capitán y leyenda blanca. Le llovieron palos. Pero Villalonga no se achantó. Clasificó a España para la fase final de la Eurocopa. Por entonces sólo la disputaban cuatro equipos. Semifinales y final. España como anfitriona. Santiago Bernabéu. En la final España vs Unión Soviética. Franco en el palco. Villalonga, camisa vieja de Falange y Medalla de la Vieja Guardia en el banquillo. Ganó España. No lo volverá a hacer hasta 2008. Ya como teniente coronel, Villalonga clasificó a España para el Mundial de Inglaterra de 1966 y pondría punto final a su carrera como seleccionador tras caer en la primera fase.

Pasó entonces a dirigir la Escuela Nacional de Entrenadores hasta que, en 1973, con apenas 53 años, murió de un infarto. Se fue un grande, aunque muy, muy, muy pocos lo recuerden. En apenas una década como entrenador logró ocho títulos, entre ellos 2 Copas de Europa con el Real Madrid y una Eurocopa con la selección española. Levantó un trofeo en todas y cada una de las temporadas en las que se sentó en un banquillo y cosechó éxitos con España, algo que tan sólo Luis Aragonés (longevo y con menos títulos), Luis De la Fuente (sin experiencia en clubes) y Del Bosque pueden presumir. Si nos atenemos a palmarés y a porcentaje de títulos por temporada entrenada, tan sólo Pep Guardiola y Vicente Del Bosque pueden hablarle de tú a tú a José Villalonga.

Ahí es nada.

España 1964

“En España somos grandes cuando somos 100; más, nos entrematamos”. Max Aub, escritor español de origen francoalemán.

Otras historias relacionadas

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (el partido del siglo en Hampden Park)

Kopa Brand (cuando Raymond Kopà se convirtió en sindicalista)

Cuando Di Stéfano jugó en el Espanyol (de como Bernabéu despidió a La Saeta)

El caso Di Stéfano (cuando Barça y Madrid se pelearon por el fichaje deLa Saeta en dos artículos)

Una de entrenadores (como los entrenadores tienen fecha de caducidad)

Leer más