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Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (cuando el Madrid consiguió que la final de la Intercontinental se jugase en España)

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El Mundial de Clubes que nunca se jugó (la edición fantasma del año 2001)

¿Cuál ha sido el mejor equipo de la historia de la Champions? (¿el Madrid del 60, el Ajax del 73, el Milan del 90 o el Madrid de 2017?)

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Boris Becker

1985. Boris le pega tan fuerte a la bola que siempre parece que va a salir por fuera de la pista. Tiene 17 años. Su saque es pura potencia. Su volea es perfecta. Un potro salvaje que parece a punto de despeñarse. Rubio. Guapo. Con cara de no haber roto nunca un plato. El futuro es suyo. Se le otorga el apodo de ‘Boom boom Boris’, dado que sólo necesita dos derechazos para noquear a su oponente.

1978. Leimen. Alemania Occidental. Boris es campeón nacional. Cuenta con once años. Lo hace todo a lo grande. Con las victorias se muestra eufórico hasta rozar la demencia. Con las derrotas se llena de rabia y se vuelve impredecible. Para Boris no hay término medio. O el todo o la nada.

1985. Wimbledon. John McEnroe, el gran favorito, queda eliminado en cuartos de final. A la final llega el sudafricano Kevin Curren, cabeza de serie número 8. Su rival es un chico de 17 años y 7 meses que responde al nombre de Boris Becker. Toda Alemania se pega a la televisión. Boris es una fuerza imparable al subir a la red. Su celebración cerrando los puños y dando pasitos con los pies hacia adelante causa sensación. Visceral, en su tenis no hay respeto alguno por su cuerpo. Se tira al suelo por la bola como muñeco de trapo. Pide aplausos al público por doquier. Es tribunero hasta la saciedad. Y gana. Es histórico. El jugador más joven en vencer en Wimbledon. El primer alemán que gana en la casa del tenis británico. Becker es un héroe nacional y es recibido como tal a su vuelta a Alemania. En las siguientes semanas recibirá más de 50.000 cartas de admiradoras con peticiones entre románticas y de sexo explícito. No es tiempo de redes sociales.

2005. Boris Becker reside en Miami. Conoce allí a Lilly. Boris es halagador, carismático, guapo y tiene mucho dinero. Muchísimo dinero.

1986. Boris es captado por Ion Tiriac, un exjugador ahora convertido en agente. Tiriac decide hacer millonario a Becker y de paso hacerse millonario él mismo. Boris se instala en Londres y vende exclusivas sobre su vida cada dos por tres. El alemán Bild se harta de sacar fotos de Boris y sus amigas. Todo forma parte de un acuerdo. No son robadas. Son pactadas. Él mismo perdió la oportunidad de hacer una vida normal. Por ahora le va bien. Gana Wimbledon por segundo año consecutivo. Becker es sinónimo de éxito. También es una superestrella sin valores.

Boris Becker

1987. Se muda de nuevo. Ahora vive en Montecarlo. La idea es no pagar impuestos. Pero la mina de oro gripa al entrar en una pista de tenis. Cae a las primeras de cambio en Australia. Su entrenador, aquel que lo conoce desde niño, decide renunciar ante los aires de divo de su antaño protegido.

2008. Zúrich. Boris lleva unos meses saliendo con una chica de la nobleza alemana mucho más joven que él. Llama por teléfono a Bild y anuncia que se va a casar. Lilly, su novia desde hace tres años, se entera por la prensa. Se entera de que Boris va a contraer matrimonio…con otra.

1989. Boris vuelve. Gana su tercer Wimbledon ante Stefan Edberg y logra el triunfo en el US Open. En el mes de enero de 1990 vence en el Open de Australia y obtiene el número 1 mundial. Recibirá honores ante los fotógrafos acompañado de su nueva conquista.

1992. Open de Australia. Boris aparece con su nueva novia. Se llama Bárbara. Es negra. Y es la buena. Un año después contraen matrimonio. El noviazgo marca un hito en tierras teutonas. Es la primera pareja interracial de renombre que se recuerda en Alemania. Su boda es televisada. Boris se convierte en papá y su rendimiento cae en picado. Parece otro y deja de un lado el tenis.

1996. Boris es la sexta raqueta en el ránking mundial. Es el número uno en el ránking de los mejores pagados. 125 millones de dólares en nueve años. Tiene propiedades en Londres, Múnich, Miami y Montecarlo. Todas son casas de lujo. El fisco alemán le reclama. Nunca ha pagado impuestos. Comenzará un largo juicio y Boris renegará de los alemanes. Envidia me tienen, dice. Cae de los 100 primeros del mundo y en 1998 se retira. Apenas cuenta con 29 años.

1999. Boris va a ser padre por segunda vez y decide volver a las pistas acuciado por sus problemas fiscales. Entrena como nunca. Pero su vuelta es terrible. Cae en primera ronda de Wimbledon por tres sets a cero ante Patrick Rafter. Lo deja definitivamente. Está destrozado. Se siente viejo e inútil. Esa noche deja a su mujer embarazada en casa y se va a cenar y a bailar a un local de lujo en el barrio de Mayfair londinense. Acabará acostándose con una empleada del restaurante.

2000. Annus horribilis. El Bild publica fotos de un recién nacido que es idéntico a Boris. Es su hijo ilegítimo. Nacido de aquella noche en Mayfair. Boris otorga una entrevista donde cuenta la surrealista historia de que aquella mujer le había drogado para luego hacerle una felación y quitarle el esperma con la intención de inseminarse. Sin embargo, eso no fue lo peor. La condena del fisco alemán es firme y Boris no puede enfrentarse a ello. Por un lado, toca pagarle al Estado alemán y por otro pagarle un multimillonario divorcio a su hasta entonces esposa.

2003. Boris está en Nueva York. Había sido condenado a dos años de cárcel de los que se libró. Hubo de pagar más de dos millones al fisco.

2008. Boris comunica a Bild que no se casa. Apenas ha pasado un mes desde que anunció que pasaría por la vicaría en segunda ocasión. Vuelve con Lilly y al poco ambos aparecen en un programa de máxima audiencia de la televisión alemana para anunciar su compromiso. En 2009 son matrimonio. Es el segundo de ‘boom boom’. Y otra vez es televisado. La boda es televisada. Para Becker la fama es una droga. Sino conseguía ser famoso por algo que hacía bien, lo iba a seguir siendo por hacer el ridículo. Aparece en shows televisivos bailando, cocinando, cantando o, simplemente, riéndose de sí mismo. Invierte en negocios de diferente calado y todos caen en desgracia. Pone dinero en la construcción de pozos petrolíferos en Nigeria que no van para arriba y en torres en Dubái que no se levantan.

2017. Arbuthof Bank, el banco que había financiado con intereses escandalosos la lujosa vida de Boris, reclama a su cliente 4.000.000 de dólares. Becker redobla sus exclusivas, sus ridículos y sus apariciones en fiestas privadas. Está perdido.

2013. Djokovic confía en Becker para ser su entrenador. Boris encarga su biografía. Le va bien. Compra una finca en Mallorca y encomienda una casa cuyo coste asciende a 15 millones de dólares. No les paga a los trabajadores y acumula una deuda de medio millón de euros con el constructor. Es demandado y recibe una visita de la justicia española. Le ordenan subastar la propiedad. El día del peritaje mete dos caballos purasangres en el dormitorio principal para que el perito no los encuentre. Necesita dinero rápido y lo consigue con un particular que le da 1.200.000 dólares al 25%. El particular se cubre las espaldas con una entidad bancaria llamada Arbuthof Bank.

2018. A Becker le piden el divorcio. El segundo. Otra vez una infidelidad. Y otra vez se publica en Bild. Y sigue sin ser el principal problema. El fisco está al acecho. Ahora la cárcel sí que es una realidad. De la primera se salvó por no tener antecedentes. Ahora no tiene salvavidas. Le paga a un alto funcionario de la República Centroafricana un pastizal para conseguir el cargo de agregado de deportes y así lograr la inmunidad diplomática. Es una estafa. Es todo falso. Está acabado. Le quitan sus propiedades en Estados Unidos y en Inglaterra y tras un largo litigio es condenado a tres años de cárcel en 2022.

2022. En diciembre, tras ocho meses en una prisión londinense, Becker sale de la cárcel por buen comportamiento y bajo la premisa de no volver a pisar nunca más el Reino Unido. Un helicóptero lo espera en la puerta del presidio y de allí lo lleva a su casa de Múnich. Al día siguiente da una entrevista en exclusiva en la televisión alemana por la que se lleva 250.000 euros.

Tres meses después presenta un documental sobre su vida y es cazado por los fotógrafos con su nueva y jovencísima novia mientras sigue aferrándose a la fama con la misma fiereza con la que golpeaba pelotas cuando apenas contaba con diecisiete años.

Becker saliendo de la cárcel

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17 de junio de 1994

Era viernes. 17 de junio de 1994. El verano tocaba nudillos en la puerta. En Berlín tropas británicas, francesas y estadounidenses abandonan sus puestos en los cuarteles de Berlín Occidental. Días más tarde lo harán los soviéticos del antes llamado Berlín Oriental poniendo fin a la Guerra Fría y al siglo XX antes de tiempo. Estados Unidos es dueño del planeta. Gran parte de su triunfo se debía a un poder blando labrado durante décadas en el que el deporte era eje trascendental.

Aquel 17 de junio la oferta deportiva en Estados Unidos iba a paralizar al país y a medio mundo. Desde primera hora de la mañana en Oakmont, Pensilvania, tendría lugar la segunda y última ronda del US Open de golf. Luego, a las 14:00 hora local, se inauguraría el Mundial de fútbol en el Soldier Field de Chicago con un encuentro entre Bolivia y Alemania, entonces vigente campeón. Con una hora de adelanto por mor de los usos horarios, la ciudad de Nueva York se paralizaría con miles de personas en sus aceras para ver los festejos que coronaban a los Rangers como campeones de la Stanley Cup de la NHL tras más de medio siglo de espera. Y luego, como fin de fiesta, el Madison Square Garden de la Gran Manzana sería testigo del quinto partido de las finales de la NBA que enfrentaba a los New York Knicks contra los Houston Rockets y que en aquel momento mostraban un empate a dos victorias al mejor de siete partidos.

Lo de las finales de la NBA estaba siendo el clímax de la aridez y de la aprensión. Knicks y Rockets disputaban una serie de playoffs siderúrgica con defensas agresivas y con anotaciones bajísimas, sinónimos de la negación del común de los aficionados. Si el baloncesto de la década de los 90 fue condenadamente duro, las finales de la NBA de 1994 fueron batallas en trincheras en cada jugada. Duro, ultra físico, con acometidas de hombres con pelos en el pecho. El culmen final de una época de hermetismo postindustrial. De hijos que a través del deporte honraban a sus padres y a sus abuelos obreros. Cuando para ganarse la vida había que TRABAJAR con mayúsculas. Los últimos coletazos de los Stallone, Schwarzenegger o Willis. La última época dorada de los hombres que no lloran.

Eran unas finales que pivotaban en dos hombres altos. Hakeem Olajuwon era un gigante con pajarita. Podría pasar por diplomático nigeriano con un puñado menos de centímetros. Criado baloncestísticamente en Houston buscaba para los Rockets su primer título de la NBA a través de unos pasos de baile que hipnotizaban a sus rivales debajo del aro. Mientras, Patrick Ewing era una montaña de músculos que había devuelto el orgullo a Nueva York, la meca del baloncesto. Los Knicks eran la franquicia más valiosa de la NBA, pero acumulaban dos décadas de fracasos en busca de un título que era primordial para la ciudad de Nueva York.

Cinco días antes del que sería un legendario 17 de junio, los Houston Rockets se ponían 2-1 en la eliminatoria recuperando la ventaja de campo al vencer por 89-93 en Nueva York. Sería esa la anotación más alta de una serie de defensas hipermusculadas y tensión armamentística. Olajuwon firmaba 21 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias, pero era incapaz de emocionar a los televidentes. Michael Jordan se había retirado por vez primera para jugar al beisbol, Bird y Magic ya no estaban y la audiencia televisiva de la NBA había caído un 30%. Lo verdaderamente importante el 12 junio, cinco días antes del día D, era que los cadáveres de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman aparecieron rodeados de un charco de sangre en un barrio residencial de Los Ángeles. La brutalidad había sido tal que Nicole tenía la laringe a la vista y Ronald era un coladero con agujeros en todo su cuerpo. Horas después la conmoción se adueñó de Estados Unidos cuando se encontraron manchas de sangre en el coche de OJ Simpson a apenas unos kilómetros de la escena del crimen. Era el principal sospechoso del asesinato de un crimen que se tornaba en pasional.

OJ Simpson y Nicole Brown

Aquel golpe de mortero conmocionó a Estados Unidos. Orenthal James Simpson era una celebridad. MVP de la NFL de 1973, considerado uno de los mejores jugadores de fútbol americano de siempre, su fama como deportista se mantenía tras su retirada gracias a su sonrisa, su encanto y su éxito como comentarista televisivo. Llevaba dos años divorciado de su segunda esposa, una camarera llamada Nicole. Simpson era negro. Nicole blanca, rubia y de ojos azules. Nicole mantenía entonces una relación con Ronald, un actor de poca monta.

Millones de estadounidenses se engancharon a la televisión para seguir todas las novedades sobre el caso con la única excepción de los neoyorkinos. El martes 14 de junio en el Madison Square Garden de Nueva York los Rangers vencerán a los Vancouver Canucks en el séptimo partido de la final de la NHL logrando la Stanley Cup de hockey para la ciudad de Nueva York por vez primera en medio siglo. Brian Leetch recibía el premio MVP como mejor jugador de la final y exaltaba a los aficionados a colapsar las calles del centro de Nueva York para celebrar el éxito en el paseo triunfal que tendría lugar el viernes 17 de junio. La Gran Manzana sería la capital mundial del hockey sobre hielo.

Un día antes, jueves 16, en la otra punta del país, a más de 4.000 kilómetros de distancia, se da eterna sepultura al cuerpo y al alma de Nicole. OJ Simpson había llegado a estar esposado, sin embargo, le permitieron acudir al último adiós a su ex esposa. De riguroso luto y con gafas de sol, Simpson se agachó ante el féretro descubierto y besó el rostro sin vida de la que había sido su segunda esposa. La mayoría de los presentes en la ceremonia abrieron los ojos entre estupefactos y conmovidos por lo visto. Justo al finalizar el entierro la policía hacía público un informe de cinco años atrás en los que se detallaba una paliza que OJ le había propinado a su mujer tras una discusión. Aquello llevó al juez a dictar la orden de detención que se haría efectiva el 17 de junio de aquel año 1994 tras la negociación con los abogados del acusado.

Nacía así el viernes 17 de junio de 1994. Día de sillon-ball. Salsa rosa, crónica negra y deporte. Mucho deporte.

Simpson pasó aquella noche en casa de Robert Kardashian (abogado amigo suyo y padre de las celebérrimas hermanas). Prensa de medio país esperaba a las puertas del domicilio a que OJ saliese y se presentase en la comisaría de policía correspondiente. OJ Simpson decidió tomárselo con calma. Mientras esto sucedía se iniciaba la penúltima jornada del US Open de golf en Pensilvania. Colin Montgomerie, gran favorito, pasó el corte rumbo a la ronda final en primera posición, aunque acabaría cediendo el título dos días más tarde ante el sudafricano Ernie Els. Sin embargo, lo trascendental de aquella mañana fue el último putt de Arnold Palmer quien era incapaz de pasar el corte y quedaba eliminado. Se ponía así fin a la carrera de Palmer, el hombre que popularizó el golf por todo el mundo. The King, como era conocido, logró a través de sus modestos orígenes y una popularidad basada en hablar sin pelos en la lengua, a que el golf pasase de jugarse en campos privados y elitistas a que fuese accesible para las clases medias mediante la construcción de campos públicos. La retirada de Palmer auguraba un 17 de junio lleno de emociones.

El adiós de Palmer

Mientras Simpson se negaba a salir de la mansión de los Kardashian en Los Ángeles, en el Medio Oeste, en el estadio Soldier Field de Chicago, tendría lugar la inauguración del Mundial de fútbol de 1994. A diferencia de los otros hechos del día, el fútbol pasaría sin más pena que gloria en el corazón de los estadounidenses, mas no así en el resto del mundo que aguardaba impaciente el inicio del evento deportivo más seguido del planeta. En todo caso, aquel Mundial era un intento de la FIFA de volver a introducirse con éxito en el mercado más suculento del planeta tras aquel primer éxito de los 70 con el Cosmos de Pelé. Era por ello que la ceremonia de inauguración, el único evento del Mundial que tendría por seguro la atención de los estadounidenses, debería salir perfecta.

A las 14.00 hora local echaba a rodar el balón. Alemania, vigente campeona, derrotaba a Bolivia por 1-0 en un mal partido que dejaba intuir los problemas que los teutones iban a tener para revalidar el título. Minutos antes del inicio del choque, Diana Ross, actriz y cantante de The Supremes, había sido la elegida para hacer disfrutar al público presente en el estadio y al que seguía el evento desde sus casas. Zapatillas blancas y traje rojo, la voluptuosa Ross comenzó a cantar I’m going out mientras se dirigía hacía una de las áreas rodeada de bailarines.

Allí había una portería preparada para partirse en dos cuando Diana convirtiera el gol pateando un penalti. También esperaba un grandilocuente arquero dando saltos con buzo amarillo y pantalón blanco con la única intención de dejarse marcar un gol. Diana se dispuso a marcar el tanto de su vida micrófono en mano y dio un puntapié con la derecha… que se fue un par de metros más allá del palo derecho. Los fuegos artificiales explotaron, la portería se abrió como el Mar Rojo ante Moisés y Diana Ross actuó como una reina del espectáculo. Le dio todo igual, se abrió camino hasta el escenario mientras la gente seguía aplaudiendo sin saber que había pasado ya que, al fin y al cabo, la mayoría de los allí presentes de fútbol sabían más bien poco.

https://www.youtube.com/watch?v=EyAC4bPe0wY

— OJ SIMPSON Y LA FINAL DE LA NBA —

Al mismo tiempo que en Chicago el teutón Jurgen Kiinsmann anotaba el primer gol del Mundial, la calle Broadway se atestaba de fanáticos del hockey para seguir a la comitiva de los Rangers camino al City Hall con las entonces fastuosas Torres Gemelas al fondo. La fiesta fue de aúpa, pero irremediablemente tuvo que acabar pronto porque a las 20.30 hora local el Madison Square Garden se volvía a vestir de gala para el quinto partido de la final de la NBA entre Knicks y Rockets. El resultado entonces era 2-2 y los Knicks tenían la oportunidad de ponerse por delante antes de que la serie viajase a Houston para los dos últimos encuentros. El choque iba a comenzar poco después del segundo y último partido de la jornada inaugural del Mundial de fútbol. Se trató del sorprendente empate a dos goles entre España y Corea del Sur en partido disputado en Dallas. Aquella igualada dejaba a los de Javier Clemente con la obligatoriedad de sacar algo positivo del siguiente choque ante Alemania para aspirar a los octavos de final.

Y a todo esto OJ Simpson seguía atrincherado en casa agotando hasta el límite su entrega ante la policía.

Knicks y Rockets se encontraban en titánica disputa cuando un ciudadano alerta a la policía de que ha visto a OJ Simpson empuñando un revólver viajando en un Ford Bronco. Era poco después de las 18.30 (hora de Los Ángeles) cuando OJ Simpson logró sortear a periodistas y curiosos para salir de casa junto a un amigo de la infancia, quien al volante de un Ford Bronco blanco llevaba a OJ Simpson en el asiento del copiloto. Mientras la camioneta avanzaba por las calles de Los Ángeles, OJ Simpson portaba una pistola sobre su sien anunciando a grito pelado que estaba dispuesto a quitarse la vida. La policía necesitó más de una hora para que el ex jugador accediera a salir del auto, tras prometerle que podría llamar por teléfono a su madre.

Aquello era la bomba. La caída de un héroe americano en pleno directo. Todas las cadenas de televisión conectaron para ver al Ford Blanco avanzando por la interestatal 405 con la policía de Los Ángeles persiguiéndole los talones. Y cuando digo todas las cadenas, digo todas. 120 millones de televidentes, incluidos los de la NBC. Fue tal el suceso que en pleno tercer cuarto con 59-53 a favor de los Knicks, la NBC decidió cortar la final de la NBA para ver el que quizás fue el primer reality show de la historia. David Stern, el mandamás de la NBA, cogió el teléfono para bufar y despotricar a los directivos de la NBC a quienes exigía que se volviese a conectar con el Madison. Lo más que consiguió fue que, en un pequeño recuadro y escudriñando la vista, pudiésemos ver a Ewing y a Olajuwon fajarse en medio de la zona buscando canastas imposibles. El resto de la pantalla era para aquel Ford Bronco rodeado de innumerables helicópteros y al menos una veintena de coches de policía.

La persecución duro cerca de hora y media a lo largo de unos 80 kilómetros. Varios ex compañeros y John McKay, el entrenador de Simpson en su época universitaria, conectaron con OJ a través de la radio para pedir que se entregara y no se matara. “Soy el único que merezco morir” y “voy al encuentro de Nicole” fueron dos de las escasas sentencias que Simpson acertó a decir. Finalmente, tras aparcar la camioneta delante de la puerta de su casa, la policía le ordenó soltar el arma y le permitió entrar en su domicilio. Allí, una vez dentro, le dio un beso a su hijo, otro a su madre, bebió un zumo de naranja (sí, verídico, no es una licencia artística) y se entregó a la policía mientras recibía una sonora ovación de los curiosos que allí se congregaban.

Iba OJ Simpson camino de la comisaría cuando Patrick Ewing emergió para con 25 puntos y 12 rebotes darle la victoria por 91-84 a los Knicks y ponerlos 3-2 por delante en la eliminatoria ante la indiferencia de todo el país. El único lugar de Estados Unidos donde no se hablaba de OJ Simpson era en Nueva York donde tras 54 años se había logrado la Stanley Cup de hockey y donde los Knicks estaban a un partido de lograr el anillo de la NBA tras el conseguido veintiún años atrás en 1973.

Olajuwon (izq) y Ewing (dch)

Acusado de doble asesinato, el juicio de OJ Simpson fue la muestra de cómo un buen equipo de abogados (cobraron en torno a seis millones de dólares) son capaces de hacer que la justicia no sea igual para todos. El juicio pasó de hacerse en la elitista y blanca Santa Mónica a celebrarse en una corte del centro de Los Ángeles para así asegurarse de que el jurado estuviese formado por una mayoría negra y jugar la baza de la discriminación racial (cabe recordar que OJ Simpson era negro y su ex mujer era blanca). Otra jugada maestra se dio cuando el abogado principal concedió una entrevista en televisión donde reveló grabaciones y datos personales del inspector de policía que llevaba el caso demostrando que era un racista compulsivo.

En todo caso la clave de la absolución de OJ Simpson fueron los guantes ensangrentados que fueron encontrados en su casa al poco del asesinato y que fueron congelados y descongelados varias veces durante el proceso. Tras requerimiento de su abogado, Simpson se los probó delante del jurado y entre muecas y gruñidos no lograba ponérselos argumentando que le quedaban pequeños. Aquella obra teatral convenció al jurado de la inocencia del acusado. Fueron 150 millones de personas las que siguieron en vilo los 134 días de juicio y la sentencia dada el 3 de octubre de 1995 que lo daba por no culpable. Había muestras de ADN de Simpson en toda la escena del crimen, las huellas de sus zapatos y los famosos guantes. Pero Simpson se libró de la cárcel.

En 1997 se celebró un juicio civil por el mismo crimen y ese jurado sí declaró a Simpson responsable del crimen, pero no suponía una revisión del juicio penal. Simplemente fue condenado a pagar 33 millones de dólares a los familiares de las dos víctimas. Un dinero que nunca llegó a abonar. Por entonces incluso el Estados Unidos negro dudaba de OJ Simpson, aunque mantenía esa aura de intachable gracias a un atractivo y a un carisma que explotaba en continuas apariciones en shows televisivos.

Con el tiempo, OJ Simpson fue apartado de la opinión pública. Sus desvaríos le llevaron a bromear sobre el tema e incluso a escribir una autobiografía en la que explicaba como habría asesinado a su ex mujer en el hipotético caso de haberlo hecho. Apartado entonces de la vida pública, sin apoyo social y acusado por las deudas fue detenido y condenado a prisión en 2008 por intento de robo a mano armada en Las Vegas. Saldría en libertad diez años después justo cuando la aparición de una navaja ensangrentada en una finca de su propiedad parecía reabrir el caso. Portaba ADN de Nicole, pero el caso nunca se pudo reabrir al no haber causa federal. Así pues, OJ Simpson fallecería en 2024 víctima de un cáncer sin nunca haber sido penado por un crimen que nadie duda ya que no hubiese cometido.

¿Y la final de la NBA? Justo al caer derrotados en el Madison Square Garden los ojos de Hakeem Olajuwon se clavaron en los del resto de sus compañeros y de su boca salieron palabras de tranquilidad y sosiego. Cuando la NBA lo había nombrado MVP el gigante nigeriano se había negado a recoger el premio sin que sus compañeros estuviesen delante. Estaba convencido de que iban a ser campeones. Mas a pesar del optimismo de Olajuwon los Knicks estuvieron a una canasta de proclamarse campeones. En el sexto encuentro, Olajuwon taponó un lanzamiento triple de John Starks en el último segundo, dando a los Rockets la victoria por 86-84 y forzando el séptimo partido. En el encuentro definitivo un Olajuwon sublime (27 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias) le daba el título a Houston en un choque que quedará en el recuerdo por el horrendo partido de John Starks (0/11 en triples y 2/18 en tiros) quien, psicológicamente afectado por su fallo en el choque anterior, puso los clavos para cerrar la tumba de los Knicks en el encuentro final y decisivo.

El juicio de OJ Simpson duró año y medio y fue el fiel reflejo de como la raza, el dinero y la televisión pueden distorsionar e influir en el sistema judicial. OJ Simpson se convirtió en icono de la cultura popular estadounidense y en muestra clara de sus virtudes y sus defectos. Diversos estudios indican que, durante el veredicto, el uso de telefonía se redujo en un 60% y también descendió el uso de agua porque la gente no se atrevía a ir al baño para no perderse nada. El número de operaciones que se realizaron en Wall Street bajó un 41% aquel día e incluso el presidente Bill Clinton abandonó sus funciones para seguir lo que sucedía. Fueron 150 millones de televidentes, cerca del triple de los que siguieron la investidura de Barack Obama. La actuación de OJ Simpson fue perturbadoramente increíble, como lo fue la de Olajuwon en una serie de baloncesto memorable que se asemejó más a un duelo de rugby que a uno de baloncesto. Fueron siete partidos resueltos por una media de siete puntos de diferencia. Se tardaría más de una década en ver un séptimo partido de la final de la NBA, pero dio exactamente igual. Lo único que aquel 17 de junio de 1994 importaba era ver a OJ Simpson cabalgando en aquel legendario Ford Bronco de color blanco.

OJ y los guantes de la discordia

P.D: Ford decidió retirar la producción del Ford Bronco lo que tuvo el efecto no deseado de convertir a aquella furgoneta en un objeto de deseo. En 2021 Ford volvió a anunciar su producción, pero, por el camino, Mike Gilbert, ex agente de OJ Simpson, se hizo con la camioneta y la mantuvo en buen estado hasta que años después intentó su venta por un millón de dólares. Pecó de avaricioso y la venta no cuajó. Ahora el Ford Bronco reposa en el Museo Nacional del Crimen de Estados Unidos donde, evidentemente, es la estrella del recinto.

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Reyes de la noche (2ª parte)

Eurocopa 1996. Fue la última vez que periodistas y futbolistas compartieron hotel de concentración. En cada rueda de prensa de Javier Clemente, seleccionador nacional, acudían los 23 convocados a ver como Javi la emprendía a insultos ante las amenazas de los plumillas. Clemente era íntimo de García. De La Morena no podía verlo delante. El primero recibía información de primera mano, el segundo estaba deseoso en acabar con ambos. En cierto momento Clemente le tirará el micrófono de la SER al suelo a Jesús Gallego, entonces meritorio de la cadena, lo insultará y alzará el puño para pegarle. Nunca llegará el impacto a producirse. Dio lo mismo. Fue portada en el AS y el Grupo Prisa poco menos que tildó de terrorista a Clemente. El follón, por supuesto, estaba servido.

El puñetazo (i); Relaño (director del AS -derecha-)

Fue el punto más álgido de una guerra mediática nauseabunda donde los dos reyes tenían su propia guardia de corps que atizaba de lo lindo. Ese año García se dedica a insultar a De La Morena cada noche hasta el punto de que en su desesperación perderá el sentido común. Es habitual que los periodistas, durante la temporada, disputen una liga de medios en paralelo a la liga profesional. Suelen complementar los equipos con exfutbolistas ya retirados que ejercen de comentaristas. No era el caso entonces. Todos los exfutbolistas declinaban amablemente la poco gustosa invitación. Tras uno de esos broncos encuentros, García dedicó buena parte de su programa a leer el acta arbitral en el que se reseñaba del comportamiento violento de varios periodistas de la SER expulsados por roja directa. Aquello no tenía sentido ninguno y demostraba la desesperación del que, durante dos décadas, había sido el número uno.

García hasta perdió el toque con la Casa Real en 1999 cuando tuvo que esperar en directo al Príncipe Felipe en un incomodísimo silencio para felicitar a los ganadores del Mundial de fútbol sub-20. Aquello no tuvo perdón. Cuatro años atrás, Miguel Induráin, tras ganar su quinto Tour, había estado esperando pacientemente en un hotel parisino a que el Rey Juan Carlos I entrase en la COPE con García mientras los periodistas de la SER allí reunidos no paraban de tirarle cosas a la cara y clamaban porque colgase el teléfono. En el 99 las tornas han cambiado. La cosa no funciona. García marcha de la COPE y es la voz cantante de Telefónica Sport, conglomerado mediático con el que pretende hacer frente a Prisa. Exige pleno control, pero sólo se lo dan en la radio y no tiene voz ni voto en las decisiones corporativas. Se siente traicionado por Telefónica y por José María Aznar, al que nunca le perdonará que no le diese el mismo apoyo que Felipe González le había dado a Prisa. Pero es que Aznar no se casa con nadie y menos con un muerto viviente. García sigue teniendo momentos de lucidez como cuando consigue detener una huelga de Iberia en riguroso directo o como cuando lucha contra Florentino Pérez por la recalificación de la ciudad deportiva blanca, pero ya no es su tiempo. Se retira sin despedirse en 2002 en los micrófonos de Onda Cero con medio millón de oyentes, tres veces menos con los que contaba apenas una década más atrás.

De La Morena es el rey. En 1995 alcanzará una primera posición que ya nunca dejará y llegará a rozar los dos millones de oyentes con la huida de García. No le viene bien. El programa coral, la risa, el lenguaje soez, todo va en aumento. ‘El Larguero’ sirve de imitación para los demás y también para los programas deportivos nocturnos televisivos. Y De La Morena se ve desubicado. Quiere hacer algo más personal, algo más íntimo, quiere denunciar, investigar, algo a lo que le obligaba su rivalidad con García. En 2010 lo echan de la SER, no tanto por malos resultados, sino porque no concuerda con la línea editorial tan desenfadada de la cadena. Al igual que García dará sus últimos coletazos en Onda Cero siendo no ya el segundo, sino el tercero de las madrugadas deportivas.

El último De La Morena

Había sido una batalla tan épica como grotesca. Tan brillante como soez. José María García hablaba pegando patadas al diccionario y al código penal. El objetivo no era tener la mejor entrevista, sino el primer invitado. Conseguir que el deportista de turno fuese el primero en salir a las 00.00 horas era el ‘lev motiv’ de la rivalidad. Para ello se hacía de todo, desde secuestrar telefónicamente al invitado o colocar una grabación en antena simulando un falso directo.

Que García era el emperador del insulto es algo fuera de discusión. El Tribunal Supremo y el Constitucional le condenaron por llamar a Ramón Mendoza “zafio”, “histérico”, “tonto”, “tontito”, “pobre y ruin”, “presidente con el pelo blanco y la conciencia negra”. Sobre De la Morena, García dijo cosas como: “En todos los pueblos hay un tonto, y éste es el tonto de Brunete”, “está loco” o “en vez de acabar conmigo, igual el tontito acaba derrotando él mismo al imperio del monopolio del Grupo Prisa”.

De la Morena también se quedó a gusto: “García es un delincuente acostumbrado a extorsionar, manipular y chantajear”. ”García es el pistolero de la noche. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García. Tiene bajo su bota a todo el mundo del deporte”. “La radio de García ha sido siempre radio hostias”, además de las constantes alusiones a su rival como «pequeñín» o «superratón». Incluso llegó al paroxismo de llevar al estudio a una persona vestida de butanero al que entrevistó como si se tratase de García.

Retrocedamos y demos unos cuantos pasos atrás. 1981. José Ramón De la Morena tenía 24 años cuando entró en la SER como becario… de José María García. El día que le hicieron la prueba, De la Morena (que vive en Brunete, a 22 kilómetros de la capital) apareció en Madrid a las tres de la madrugada. Le habían citado a las 06.00 a.m. pero los nervios le hicieron ser más que puntual. Al final no lo recibieron hasta las 11 de la mañana. “Pasé ocho horas dando vueltas por la Gran Vía. Yo no tenía ni idea de nada, venía del pueblo, pensaba que, si llegaba un minuto tarde, le darían mi puesto a otro”, recordaba De la Morena entre risas.

Aquel día le dieron el puesto, aunque la ironía es que aquel chaval de pueblo acabaría siendo el azote de García. En ‘El Larguero’ llegará a tener una sección en la que se dedicaban varios minutos diarios a mofarse de García. De la Morena se convertirá en un soldado de Polanco, defendiendo durante años la postura de Prisa y amparando acciones que poco o nada tienen que ver con el periodismo. En 1994, en plena guerra, Prisa llegará a comparar a García con Hitler en una polémica campaña.

El fanático hitleriano de García

Volvamos al inicio de esta historia. 1996. El ‘sorpasso’ se había dado el año anterior, pero en 1996 se enfanga del todo. Antonio Asensio (Antena 3-Grupo Zeta), asesorado por García, comienza a hacer ofertas a los equipos de Primera División de forma individual por sus derechos de retransmisión, algo que hace saltar el tablero de juego, ya que los derechos los venía explotando Prisa, a través de Canal Plus, que los negociaba directamente con la Liga.

Era fétido y obsesivo. Parte del equipo de De la Morena se dedicaba a escuchar en directo a García y seleccionar fragmentos de sus alocuciones para acumular munición y viceversa. Pero es una locura que beneficia a De la Morena, quien en el cuerpo a cuerpo sale ganando. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes universitarios. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo. García se niega a aceptar que eso sea un programa deportivo y lo califica de circo. Tiene las de perder. Cuando dice algo en contra de ‘El Larguero’ inmediatamente es replicado por De La Morena, el cual cuenta con la ventaja de las carcajadas de la chavalada en el estudio. García sigue a solas con sus silencios y su micrófono. De La Morena se transforma en líder al convertir a García en el protagonista de su programa. Otra curiosa ironía.

A García sus excesos acabaron pensándole, pero hay que reconocer que era él solo contra el mundo. Tenía sus influencias, pero ni siquiera dentro de su propio grupo empresarial recibía el apoyo que necesitaba. El ejército de Pancho Villa como García le llamaba. Prisa era un ejército que funcionaba coordinado liderado no sólo por un general, sino por varios. El cambio de guardia definitivo se dio con el fichaje de Figo en el año 2000 por el Real Madrid. García sostiene que es humo, que es mentira. Cuando el capitán del Barça va camino del Bernabéu, tal y como adelanta De La Morena, toda España es consciente de quien es el nuevo rey de la noche.

Hoy García y De La Morena han hecho las paces. Ambos han afirmado que aquellos excesos no tenían ni pies ni cabeza. Mas, lo cierto, es que no era una guerra entre ellos dos, era una guerra empresarial de dimensiones colosales entre poderes fácticos que usaron para su propio beneficio el ego de los dos periodistas que revolucionaron el sentido de la radio española.

“Muchas noches, cuando competía con García y acababa el programa, me sentía sucio y pringoso”. José Ramón de La Morena.

Otras historias de la radio deportiva española

Reyes de la noche (primera parte de la guerra García vs De La Morena)

Muy breves líneas sobre Pepe Domingo Castaño (el hombre que insertó la publicidad en la narrativa radiofónica)

El último baile de Supergarcía (cuando José María García acabó con una huelga de Iberia a través de dos artículos)

Sara Estévez (la mujer que se hizo pasar por hombre para narrar los partidos del Athletic)

Expresiones del lenguaje deportivo (como los medios deportivos moldean el habla de las personas)

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Reyes de la noche (1ª parte)

¿García o De La Morena? ¿Y tú de quién eres? No era pregunta extraña en la España de los 90. No eran políticos, no eran futbolistas, no eran estrellas del papel couché, no eran intelectuales (ojalá), no eran cantantes ni tampoco eran políticos. Y en el fondo eran todo eso y más. Eran dos de los hombres más influyentes del país, hacedores de opinión, fedatarios de la realidad.

José María García llega a la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) a finales de los 70 tras una destacada trayectoria que se inició en el diario Pueblo y que dio paso a Televisión Española (TVE). Las peripecias de García dan para escribir una enciclopedia, pero para el caso que nos ocupa lo que interesa es saber que García se pone a dirigir una sección deportiva a las 00.00 horas, una franja intempestiva, que gracias a su genio crece en audiencia y en duración. Su éxito se basa en que García es una mosca cojonera crítica con el poder y lo hace a través de un lenguaje directo y cautivador en el que abundan el uso de coletillas como su icónico “buenas noches, saludos cordiales”. Ese periodista indomable, pronto se convierte en una estrella que pasa por encima del propio medio.

Esa lucha contra el poder lo lleva a un enfrentamiento directo con el ministro Pio Cabanillas al que García tacha continuamente de payaso y mentiroso. Fontán. director de la SER (cuyo 25% era propiedad del Estado) le solicita una rectificación, a lo que García responde con un silencio absoluto en su programa para finalizarlo con un: “del señor Cabanillas ni pio”. El cese es fulminante. No tarda en encontrar trabajo. En ese mismo instante Martín Ferrand decide poner en marcha Antena 3 Radio. Antonio Herrero, Encarna Sánchez y José María García serán las caras visibles del nuevo proyecto. En mayo del 82 echa a rodar esa nueva emisora de la que García es el buque insignia con un grupo de periodistas deportivos entre los que destacan Javier Ares, Gaspar Rosety, Paco García Caridad, Cristina Gallo, Pipi Estrada o Andrés Montes.

La primera gran cobertura de García es el Mundial del 82, pero lo será en secreto. Antena 3 Radio emite en Frecuencia Modulada (FM) ante la ausencia de postes repetidores en Onda Media (OM). Por entonces los transistores en FM eran escasos y salvo en las grandes ciudades García y compañía son anónimos. Pero en apenas un par de años el fenómeno García revienta España. Escuchar a García se convierte en un acto de culto y tener una radio con FM lo más de lo más. Sintonizar Antena 3 se vuelve algo contracultural, algo prohibido que fascina a jóvenes y mayores.

García convierte su programa de medianoche en un fenómeno social. La sintonía de ‘Supergarcía’, una canción de amor de Simple Minds escogida por él mismo, se convierte en historia viva de la radio. No fue el caso de la elección del nombre del programa que fue impuesto por Martín Ferrand, dueño de Antena 3 Radio, sabiendo que el tirón de García era imparable. Por su puesto, el ‘Butano’ no puso objeción alguna a aquel aumento desmesurado de su ego.

José María García consigue arrastrar a mediados de los 80 una audiencia más allá de la medianoche que supera de largo el millón y medio de oyentes. Una barbaridad. Su tono crítico e incisivo hace que el pueblo lo adore y los temerosos le teman. García era un personaje público, quizás el periodista español más famoso de todos los tiempos. A finales de los 80 cobraba unos seis millones de euros anuales. Pero no era el dinero, sino el poder lo que lo hacía temible. Se suele decir que el poder de un periodista se mide en función de quien te coja el teléfono. En el despacho de García se han firmado contratos de futbolistas y se han reunido ministros. A García se le cuadraba hasta el Rey.

Un helicóptero, Rajoy y las acciones del Dios de La Vuelta: “A Franco le  ponían los peces para pescar y a José María García los ciclistas” | Relevo
José María García

Por entonces la SER estaba sumida en la depresión. Contaba con el doble de emisoras que A3 Radio pero había tirado la toalla y tras la marcha de García dejó de hacer el programa deportivo de la medianoche. Se mantenía el del mediodía y el de la media tarde que conducían indistintamente los jóvenes Paco González y José Ramón de La Morena. Por allí también estaban Manolo Lama, José Joaquín Brotons o Roberto Gómez. Corría el año 1988 cuando, desesperada, la SER contrató como jefe de deportes a Alfredo Relaño, hasta entonces en El País.

A Relaño le gusta el estilo de De La Morena. Su lenguaje de pueblo, sus historias personales y, esencialmente, las entrevistas intimistas en las que se habla poco o nada con el deportista. Relaño le propone dejar el mediodía para intentarlo por la noche. De La Morena acepta sin demasiado convencimiento, pero con la idea de pasárselo bien mientras pueda. Ese estilo desenfadado y personalista es completamente distinto al crítico e íntimo de García. Pero funciona. Lo diferente primero se instala, y luego, si es bueno, funciona.

En septiembre de 1989 echó a andar ‘El Larguero’, nombre escogido entre Relaño y De La Morena en un juego de palabras entre largar por hablar y que hay que pasar por debajo del larguero para meterle un gol a la competencia. La sintonía fue un empeño personal de De La Morena que no gustó a nadie, salvo al dueño de la SER, quien fue el que dio el visto bueno ante la incredulidad de los demás.

‘El Larguero’ funciona con celeridad. Es un programa coral en el que De La Morena dirige, pero delega. García podía echarse hora y media hablando él sólo sin dar paso a ningún compañero. De La Morena conecta con la audiencia, en especial con los jóvenes, con cierto aire de paleto e ignorante, con entrevistas muy personales y negando la importancia de su programa. Se hacen famosas sus intervenciones en las que anima a la audiencia a retozar con la pareja y luego, si hay tiempo, pues ya encenderán el transistor.

José Ramón de la Morena, a un paso de abandonar la Cadena Ser y fichar por  Onda Cero
De La Morena

García pronto se pone a la defensiva y comienzan los improperios al uno y al otro lado. Con la mitad de emisoras que la SER, García decide dirigirse a su antigua cadena como el “Imperio del monopolio” y a su nuevo rival como “un muchacho imberbe”. De La Morena acusa a García de “mafioso” y de “millonario”. Es la punta del iceberg. Con el paso de los años el tono subirá hasta niveles insospechados al punto de que uno acuse al otro “de ser un vizconde al le gustan los toros, pero mucho más los toreros” (lo tilda de bizco y gay) a lo que el interpelado contestará “que por mucho que me gusten los toros por lo menos no me acuesto con una vaca” (llama gorda a su mujer).

Pero De La Morena todavía no tiene tanto poder y se pasa de frenada. En el verano de 1990 se enciende y arremete contra empresarios y medios por permitir que García cobre seis millones de euros al año. La SER, por convicción o por obligación, decide suspenderlo durante un año de empleo y sueldo y su lugar como sereno del deporte es ocupado provisionalmente por Paco González. El cambio no funciona y en septiembre de 1991 De La Morena vuelve con más ganas y con más autoridad que nunca.

La versión oficial sostiene que el ‘casus belli’ llega en una entrevista que García concede a la revista Tiempo en junio de 1990 en la que se refiere a De la Morena como «un muchachuelo que llegó a la SER para intentar tirarme». En respuesta, De la Morena estalla, le dedica varios minutos de descalificativos en ‘El Larguero’ y por primera vez la opinión pública se hace eco del enfrentamiento. Lo cierto es que las hostilidades entre García y Prisa (García siempre consideró que su rival eran Prisa y el Gobierno, no De la Morena) ya venían larvadas en otros episodios.

El día que De la Morena y García firmaron la paz
García vs De La Morena

Un mes antes, en mayo, Alfredo Relaño y García casi acaban a tortas durante una etapa asturiana de la Vuelta. Tuvieron un encontronazo a la salida del Hotel Reconquista, en Oviedo, y Relaño golpeó sin querer el cigarro que García llevaba en la boca, provocando una lluvia, literal y figurada, de chispas sobre la camisa del rey de las ondas. Entre los compañeros se propagó el rumor de que Relaño había puesto en su sitio de un bofetón a García: «Fue más un toque sin querer que una hostia. Yo me agobié. Pensaba que García montaría el pollo en su programa (aunque no lo hizo), y pedí a mis compañeros perfil bajo, pero ellos me animaban y me invitaron a champán”, recordaba años después Relaño. Hubo otros dos incidentes ese verano que emponzoñaron la relación entre García y De la Morena. El primero incluye la polarización del Real Madrid y la Operación Nécora contra el narcotráfico de Baltasar Garzón. Hasta ese momento, Ramón Mendoza estaba en el bando de los equidistantes, en tanto que atendía a las dos emisoras: por un lado, era amigo de García y no olvidaba que sin su apoyo no habría ganado las elecciones del Real Madrid, pero por el otro tenía una silla en el consejo de Prisa desde 1985 y le debía cierta lealtad a Polanco. Sucede que, entre los detenidos de la Nécora, en junio del 90, está Carlos Goyanes, íntimo y socio de García y directivo del Real Madrid. García abogará sobre su inocencia en antena (de hecho, Goyanes será absuelto) y exige a Mendoza que no lo cese. El jefe del Real Madrid decide no hacerle caso y García le pondrá la cruz de por vida. García hará lo mismo con el Madrid, aun siendo él aficionado blanco de cuna.

Pero la gota que colma el vaso llega en el Mundial de Italia 90. Luis Suárez, seleccionador español, firma un acuerdo económico para entrar todos los días en la SER y dar unos apuntes sobre como avanza la competición. García, amigo de Suárez (tenía más contactos que el Papa) revienta en directo y acusa a Suárez de haber vendido a la selección “por un plato de lentejas”. De La Morena responde asegurando que García está comprado por los poderes fácticos y que es un periodista a sueldo de los poderosos.

Eso es demasiado para De La Morena. Aun no es nadie. El director de la SER era, con todo, amigo de García. González, Lama y compañía aún no tenían pedigrí y Pepe Domingo Castaño, el otro que por allí andaba, era un hombre de radio, divertido, que quería de todo menos gresca. José María García tenía más poder que todos juntos.

Por ahora.

Así, como hemos dicho, De La Morena es apartado durante unos meses de la primera línea de la radio para volver con la temporada futbolística de 1991. No era una vuelta más. Era un golpe empresarial de proporciones bíblicas. En aquel 1991 Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno, se ve obligado a dimitir por un caso de corrupción y por vez primera en una década el Felipismo hace aguas. Acosado por la derecha política y mediática, el Gobierno ordena a sus medios afines apretar las clavijas al rival. De La Morena, quien había sido suspendido por atizar a García, vuelve a los micrófonos con el objetivo de derrumbarlo. Para ello Prisa lanza toda su maquinaría contra A3 Radio, la cual, en la primera ola del EGM de 1992 superará a la Cadena SER, hecho irrepetible en la historia de la radio española. Los oyentes españoles se habían tirado a la derecha tras década y media de oda al socialismo.

Mismamente, con el beneplácito del gobierno socialista, en la primavera de 1992 el grupo Prisa compra A3 Radio finiquitando a base de dinero a la competencia. Años después la operación acabará siendo declarada ilegal por el Tribunal Supremo, pero la realidad del momento es que A3 Radio deja de ser independiente. Como tantos otros García deja la cadena “por falta de credibilidad”, por lo que no podrá cubrir los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, hecho que considera el disgusto profesional más grande de su vida.

Tras un verano en el que la SER recupera el olimpo (A3 Radio desaparecerá apenas un par de años más tarde absorbida y descuartizada por el conglomerado de Prisa), el 14 de septiembre de 1992 José María García retorna a las ondas bajo el paraguas de la Cadena COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas). La emisora de la Conferencia Episcopal se encontraba entonces en quiebra técnica, pero pronto García retornará esa realidad. ‘Supergarcía’ comenzara aquel primer programa con una entrevista a Diego Armando Maradona. Más que una entrevista fue una felación, pero no del periodista al entrevistado, sino del entrevistado al periodista.

El poder de García estaba intacto.

¿Hasta cuándo?

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“Me veo en los cromos vestido de blanco y me da un no sé qué”. “Para un jugador del Barça es gratificante que le piten en el Bernabéu”. “No me acerco ni diez metros a una televisión ni borracho”. “A mí me vale el ritmo, me va la adversidad, porque soy gilipollas”. “Si no te gusta mi estilo me importa un bledo, por decirlo de manera educada”. “Los catalanes son la hostia y están adelantados a los españoles en general”. “Pregunta lo que quieras y yo contesto lo que me apetezca”. “¿Hablar con la prensa? Para mí es un juego de niños”. “Pletórico es un adjetivo calificativo para decir como estoy”. “Soy el mejor seleccionador que hay sobre la faz de la tierra”. “En todos los vestuarios hay un gilipollas”. “¿Convocados? El que tengo aquí colgado”.

Luis Enrique Martínez es un chaval poligonero. No es despectivo. Es el nombre del barrio gijonés donde creció a caballo entre los 70 y los 80. Los años del Naval Xixón, de las barricadas en los altos hornos, de los neumáticos quemados a la entrada de los astilleros. De un tipo de vida que fue y que finalizó por obra y gracia de la Unión Europea. Luis Enrique era un chulo, un ‘playu’, uno de esos lideres del barrio que no se achanta ante nadie. Un tipo con lengua viperina, que va de frente y que todo lo sabe. Cuando el Madrid pagó al Sporting 250 millones por su fichaje lo primero que hizo fue comprarse un deportivo rojo. Lo mismo que tantos y tantos hicieron antes y harán después. Pero Lucho hizo algo más. Se encargó de pasar una tarde calle arriba y calle abajo cruzando el Polígono para que todos vieran quien conducía ese Opel Calibra rojo recién estrenado.

No hace falta que me extienda mucho más para explicar quién es. Jugador de Sporting de Gijón, Real Madrid y FC Barcelona. Reconocido entrenador de los azulgranas y seleccionador nacional. Se trata de Luis Enrique Martínez. Persona maleducada, irrespetuosa y soberbia para algunos. Divertida, sincera y graciosa para otros. Para mí, por cierto, encaja mejor con la primera definición. El caso es que Luis Enrique no deja indiferente a nadie. No existen las medianías con él. Pero no es de Luis Enrique de quien voy a hablar en este artículo, aunque parezca lo contrario.

Vamos a hablar de periodismo.

A Luis Enrique le ha dado por hacer de streamer durante el Mundial de Qatar. ¿Qué es un streamer? Es un anglicismo derivado de la palabra ‘streaming’ que consiste en emitir contenido audiovisual en primera persona, sea en directo o grabado, para compartir ideas, entretenimiento u opiniones con quien se desee. Y aquí está la madre del cordero. Es un mensaje entre el que quiere enviar información y el que la quiere recibir sin que exista un intermediario. Sin que exista un periodista.

He aquí el problema. La profesión periodística ha estallado contra la decisión de Luis Enrique. Ya no era santo de devoción de los medios, pero tras lo del streaming menos todavía. Argumentan que es una forma de Luis para cobrarse facturas y para demostrarle a la prensa que es del todo innecesaria necesaria. Os provoco porque me sois inútiles, viene a decir el seleccionador.

El Sporting, con Luis Enrique y La Roja | El Comercio
Lucho

La realidad es que la decisión de Luis Enrique obedece a dos circunstancias. La primera es su predisposición a atribuirse el mensaje y ser el foco de los medios para llamar la atención y descargar de responsabilidades a sus jugadores. Cuenta Ronaldo Nazario que cuando le dio por hacerse aquel estrafalario peinado en el Mundial de Corea lo hizo porque la prensa debatía sobre si podría jugar la final tras una lesión muscular durante la semifinal. Fue hacerse aquel esperpéntico triángulo en el pelo y nadie volvió referirse a la lesión. Luis Enrique forma parte de esta estirpe de entrenadores que convoca a una cohorte de legionarios que moriría por el centurión a cambio de recibir por ellos todos los golpes venidos del exterior.

La segunda realidad obedece al hecho de comunicar un mensaje. Lo que hace Luis Enrique es, con perdón de la expresión, más viejo que cagar. Se llama comunicación corporativa. Desde que Julio César escribiera en primera persona su crónica sobre la invasión y toma de la Galia por parte del ejército romano hasta que en tiempos presentes a Hugo Chávez le dio por formar su propio programa de televisión bajo el nombre en ‘Aló Presidente’, la comunicación corporativa se basa en controlar el mensaje que queremos transmitir a nuestros clientes (nuestro público). Es lo que hacen las empresas, tanto de forma interna como externa, pero también los particulares, desde el mismo momento en que ellos tienen conciencia por sí mismos ser un hecho noticiable.

Si bien la comunicación corporativa es antigua, el hecho de que un individuo actúe por sí mismo sin la existencia de filtros de forma masiva es reciente. Se debe a la popularización de las redes sociales y a los diferentes canales surgidos gracias a internet, pero también a la existencia de representantes e ingresos ajenos a la práctica deportiva que han convertido al deportista en una empresa. Mientras los deportes minoritarios y los deportistas semi anónimos buscan desesperados a la prensa para contar su relato y obtener visibilidad, una centena de deportistas de élite renuncian a los medios tradicionales sabiéndose poseedores de la potestad de poder controlar el relato y así poder comunicarse con sus seguidores sin intermediarios.

Ese es el quid de la cuestión. El intermediario. Esa es la labor del periodista. Filtrar, interpretar, analizar y transmitir la información al receptor para que este tome sus propias decisiones. Y son dos partes irremplazables e interconectadas. El periodista tiene que coger ese bruto, ponerle forma y a partir de ahí transmitir una idea. Pero ojo. El receptor no debería tomar la palabra del periodista como la palabra de Dios, sino aceptarla y compararla con otras interpretaciones y después tomar una decisión propia.

Esa es pues la función del periodista. La de masticador de la realidad. El receptor no tiene por qué saber de todo y, aunque tenga acceso prácticamente ilimitado a cualquier información a través de la red, ni tiene tiempo para consumirlo todo ni tiene capacidad analítica para interpretar todo lo que le llega. Es por eso que la labor del periodista ni ha desaparecido ni va a desaparecer, porque sin periodista no existe interpretación alguna.

El problema es que el periodista, los medios y la profesión en su totalidad hace tiempo que han dejado de practicar el periodismo. ¿Qué diferencia hay entre en una rueda de prensa y un directo de Twitch? Ninguna si las preguntas están teledirigidas. ¿Qué valor tiene una comparecencia sin preguntas? ¿Qué valor tiene una hagiografía, una entrevista en la que solo hay baño y jabón? No hay entrevistas incisivas, no hay denuncia, no hay investigación. Todo es griterío, espectáculo y oda al deportista. No existen los ataques con fundamento ni la denuncia como sustento.

¿Qué Luis Enrique es streamer? De puertas afuera hay crítica e indignación por la falta de respeto contra la profesión. De puertas adentro es la felicidad absoluta. Cuantas más plataformas, mejor. Cuanto más se hable, más fácil es rellenar parrillas informativas. Twitch no da información, pero da titulares. Los primeros que siguen a Luis Enrique son aquellos que lo critican. No existe forma más sencilla de conseguir contenidos. Podemos saber lo que piensa, cuál es su estado de ánimo, como está la moral de los jugadores, que sucede en la concentración…

A la hora de publicar este artículo España está a las puertas de disputar los octavos de final del Mundial ante Marruecos. De cómo y hasta donde llegue la selección influirán las críticas a Lucho. Una de las más recurrentes es que el deportista metido a streamer (Luis Enrique en este caso) pierde el tiempo con estos asuntos en vez de centrarse en su trabajo. No obstante, ¿no es tan cierto que la hora y media que pasa Luis Enrique como streamer la hubiese pasado en otros tiempos entrando en directo primero en la COPE, luego en la SER, después en Onda Cero, más tarde en RNE y para acabar en Radio Marca? ¿Si las cosas van mal, lo criticarán? Claro. ¿Y si no lo hiciera? Seguro que también.

Luis Enrique debuta en Twitch: "Me gusta mucho lo de Luis Padrique" | Onda  Cero Radio
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Así visto parece que el deportista que decide ser su propio medio de comunicación tiene todas la de ganar. Pero no es oro todo lo que reluce. Iniciar una fuente de preguntas abiertas a todo el mundo obliga a contestar a todos, algo imposible por gustos (haters) o por tiempo. Y, sobre todo, abre un melón informativo en el que todo vale. Si el Luis Enrique de turno permite que el internauta le pregunte sobre su mujer, sobre lo que come, sobre sus vacaciones, sobre el sexo entre su hija y su yerno, o sobre si es hijo de Amunike, da carta blanca al periodista para abrir un melón peligroso en el que se le pueda preguntar lo que se quiera. Decidir exponer tu vida privada al público por decisión propia legitima al periodista a meter las narices en el asunto.

Y ese es un punto de no retorno.

No sabemos si Luis Enrique seguirá como seleccionador después del Mundial. Como dije hace unas líneas dependerá de lo que pasé los próximos días. Pero haga lo que haga en el futuro lo que es seguro es que seguirá haciendo el cabra. Y como él tantos y tantos que reniegan de los medios para transmitir su mensaje. Es legítimo y hasta es beneficioso para el periodista porque tiene más material que comunicar. Pero es peligroso tanto para la profesión como para el receptor. Que el receptor no sea consciente de ello es razonable. Que el periodista no sea capaz de hacer entender al receptor de la importancia de su trabajo es decepcionante. Pero que ni los periodistas ni los medios no sean capaces de ejercer de informantes es humillante e indignante para la profesión.

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De los tres puntos por victoria

Jimmy Hill es el paradigma del estirado. Encarnación del inglés orgulloso de sí mismo, pomposo y engreído, espécimen de aquellos que entrado en Escocia escupe odio por la boca. Pero Hill es un fenómeno de la comunicación. Durante décadas fue el comentarista perfecto en el ‘Match of the Day’ de la BBC. Su mentón habsburgiano y su bigote de tebeo acompañaban a unos análisis certeros que se centraban en hechos indiscutibles y que eran la contrarréplica a los comentarios apasionados de forofo de muchos tertulianos. Su lógica racional hizo que, tras una serie de aburridos empates llenos de balones colgados al área y cargas pugilísticas en el centro del campo, diese con la solución al problema. Establecer los tres puntos por victoria.

Su propuesta fue acogida con cierto recelo, pero Hill tenía un plan fundado y bien trazado para que los jefazos diesen su brazo a torcer. Y vaya si lo hicieron. El 28 de agosto de 1981 la liga inglesa dio el pistoletazo de salida al campeonato de los tres puntos por victoria. Lejos, tras el Telón de Acero, la URSS había hecho un experimento antes de que los padres del fútbol lo convirtiesen en realidad. Al avanzar la década Israel, Turquía, Grecia, Irlanda, Escocia o Italia se subieron al carro. Y ya en 1994 la FIFA adoptó el sistema de tres puntos como estándar.

Jimmy Hill, el hombre que revolucionó y le dio forma al fútbol moderno -  BBC News Mundo
Jimmy Hill

Hill fue el ideólogo, pero para llevar su idea a cabo tuvo que contar con Bert Millichip, un modestísimo defensa central en su juventud y que acababa de ser nombrado presidente de la FA, la federación inglesa. En su discurso de bienvenida Millichip concluyó que había dos problemáticas que el fútbol inglés debía solucionar. Sobre la primera, el hooliganismo, se mostró incapaz de encontrar una solución. No en vano con el tiempo recibirá el apodo de ‘Bert el inerte’, paralizado e impotente ante tragedias como Heysel o Hillsborough. La segunda problemática, íntimamente relacionada con la primera, era la inseguridad y lo obsoleto de los estadios que retraían a las familias a acercarse a los campos de fútbol.

Sabedor de lo costoso que era convertir las moles de cemento y madera de finales del siglo XIX en atractivos recintos hechos con materiales sintéticos, a Millichip le pareció brillante la idea de Hill para atraer nuevos espectadores a los estadios. En la temporada 80-81 se registraron los peores promedios de público desde el fin de la II Guerra Mundial, por lo que ambos consideraron que dar tres puntos por victoria harían más atractivos los encuentros.

Lo curioso es que el experimento fue acogido con premura por el planeta fútbol sin realizar antes un estudio previo por sus efectos. Quizá por aquello que todo lo que tiene que ver con el balón y proviene de Gran Bretaña es digno de reverencia. Lo cierto es que el aumento del espectáculo en relación al número de goles ha sido relativamente modesto. En la liga inglesa, entre 1950 y 1960 se marcaron 3,42 goles por partido. Fueron 3,14 entre 1960 y 1970 y 2,5 entre 1970 y 1981. El descenso de goles era evidente. El impacto positivo no lo es tanto. Entre 1981 y 1992 se marcaron en promedio 2,6 goles por partido. Y fueron 2,59 goles por partido entre 1992 y 2000 y 2,64 entre 2000 y 2010. Quizás más interesante es que el número de empates sin goles cayó del 8,17 al 6,93 %.

Viajemos ahora a España. ¿Qué hubiese sucedido si en 1994 no se hubiera pasado a los tres puntos por victoria y se hubiesen mantenido los dos puntos tradicionales? Pues solamente una vez habría cambiado el campeón de Liga en Primera División. En la temporada 2006-2007, el Real Madrid salió victorioso empatado a 76 puntos con el FC Barcelona, al que superó por los resultados en sus enfrentamientos directos. Si las victorias hubiesen valido dos puntos, el Barça hubiera resultado campeón con 54 puntos, por los 53 del Real Madrid. Es el único cambio en cerca de tres décadas de tres puntos por victoria. Como se ve, del todo irrelevante.

Football teams shirt and kits fan: FC Barcelona Home 2006-07 Kits
Barça 06/07

No parece pues que el espectáculo haya ido a más al aumentar los puntos por el triunfo. Sin embargo, vino para quedarse. Pero vayamos a las matemáticas. Al sentido común. La lógica dictamina que los dos puntos por victoria es lo adecuado. Repartes un pastel en dos mitades si hay empate y si eres el que ganas te quedas con toda la tarta.

Tres puntos por victoria parecen un reparto que atenta contra toda lógica.

Lo que ofrece la victoria de tres puntos es un incentivo por ganar. Sabemos que si atacamos podemos desguarnecer la defensa, perder el partido y nos quedaremos sin tarta. Por ello la psique nos dice que no debemos arriesgarnos. Sin embargo, si damos tres puntos por triunfo el incentivo es mayor, por lo que valdrá la pena lanzarse al ataque al poder obtener algo más que un simple trozo del pastel.

Siempre he sido un poco nécora con las matemáticas. Pero volvamos a Primero de la E.S.O y echemos cuentas. Imaginemos que vamos al ataque en todos los partidos de una Liga. Somos Guardiola y nos gusta la colonia y las flores del campo. Eso implica que tienes un 50% de posibilidades de triunfo y un 50% de opciones de derrota. Así pues, en la mitad de los encuentros obtendrás dos puntos y en la otra mitad te irás de vacío. La media es un punto.

(2 x 0,5) + (0 x 0,5) = 1

Cambiemos la estrategia. Vamos a jugar a la defensiva. Somos Mourinho y nos gusta el whisky on the rocks. Jugando así nos aseguramos el empate en cada uno de los choques. No hay que ser Pitágoras para saber que la media es de un punto.

(1 x 0.5) + (1 x 0,5) = 1

La cosa cambia si incentivamos la victoria con tres puntos. Entonces veremos que echarse colonia y revolotear por un campo de amapolas es mucho mejor que beber un buen vaso de whisky (al menos es más saludable):

(3 x 0,5) + (0 x 0.5) = 1,5

El resultado del examen es claro. Si juegas al ataque resultarás vencedor a la larga. Si marcas más goles, resultarás vencedor a la larga. Si la victoria da tres puntos, todos jugarán al ataque. El espectáculo será mayor y todos saldrán ganando.

¿Seguro?

Parece ser que es mejor atacar que defender. El rédito a la larga será mayor. Pero claro. Esto que yo he expuesto no es más que matemáticas aplicadas al fútbol. Cálculos insignificantes comparados con las maravillas de las estadísticas que cerebros privilegiados explotan en la actualidad con la ayuda de potentes ordenadores. Inteligencia artificial le llaman.

Pero esta suposición se basa en que todos los clubes tienen el mismo potencial. Y nada más lejos de la realidad.

Volvamos a primero de la E.S.O. Cuando el macarra del colegio te insultaba y te pedía que te fueras de aquella canasta del patio que le pertenecía no existía opción más inteligente que la estrategia defensiva, que no era otra que salir de allí cagando hostias. La cosa cambiaba cuando quien quería ocupar la canasta en la que estabas jugando era un chico más o menos de tu misma altura y de tu misma edad. Te ponías gallito y exigías tu derecho a quedarte porque habías llegado antes. Tocaba una estrategia ofensiva. Tocaba salir a ganar.

Lo que nos sucede a los humanos en nuestras relaciones sociales no es más que una extrapolación de lo que sucede en la naturaleza. La selección natural no sólo escoge al más fuerte, sino también al más inteligente. Saber cuándo atacar y cuando defender. Es por ello que los equipos que están en la parte baja de la tabla deben jugar a la defensiva para intentar lograr un empate. Pero cuando se enfrentan a un equipo de mitad de tabla deben intentar defender lo que es suyo, porque el premio de la victoria es mucho mayor que el peso de la derrota. La razón dictamina que si el Elche juega en el Martínez Valero ante el FC Barcelona salga a defender (si eres débil, siempre es mejor llegar a un compromiso), pero que busque la victoria ante el Betis (el incentivo de tres puntos para el débil es poderoso).

Pero existe otra variable a tener en cuenta a la hora de jugar al ataque o a la defensiva. Y es la jerarquía. En la inmensa mayoría de las aves lo que importa no es la fuerza, sino la antigüedad. Aunque una paloma joven y fuerte intente ocupar un palomar, claudicará si una paloma anciana le pide que se vaya. De igual modo, un chico cualificado y trabajador puede ser la estrella en su empresa, pero la jerarquía le obligará a labrarse años de experiencia antes de poder ocupar el puesto de un compañero que lleva veinte años en su mismo lugar de trabajo.

Del mismo modo da mucho más miedo enfrentarte al Real Madrid que al Paris Saint Germain en unos cuartos de final de la Copa de Europa. Quizás los franceses lleven una racha de triunfos impecable y los españoles acumulen cinco derrotas consecutivas, pero si tú eres el Borussia Dortmund el cuerpo te pedirá salir a empatar ante los reyes de Europa y valorarás el incentivo de jugar sin complejos y pasar de ronda ante el temible, pero sin jerarquía alguna, PSG.

Está claro que la teoría es una y la realidad del fútbol es otra. Es cierto que los diferentes estudios arrojan que el número de empates se ha reducido (especialmente el poco glamuroso 0-0) y que el número de goles por partido también ha aumentado desde 1994. Sin embargo, no está muy clara si la estrategia ofensiva es la que lleva al éxito. Es cierto que la tendencia general demuestra un gusto por el toque y por el futbol de presión y ofensivo, pero que sea de buen gusto no quiere decir que sea exitosa.

Los entrenadores defensivos no son bien recibidos, pero no por ello son los malos de esta película. La volatilidad de su trabajo les obliga a escoger diferentes estrategias esclavizados por una presión continua para obtener buenos resultados. Al final lo que cuenta es que la pelota traspase la red. Sea atacando o sea defendiendo. Y es que a pesar de que a Jimmy Hill no le gustasen los dos puntos por victoria la idea en si no ha traído la panacea al mundo del fútbol.

“Todos los cementerios están llenos de gente que se consideraba imprescindible”. George Clemenceau, primer ministro de Francia.

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Múnich 72: Operación Ikrit

Era la madrugada del 5 al 6 de septiembre de 1972. Hace ahora cincuenta años. El verano daba sus últimos coletazos y el clima invitaba al paseo nocturno. Se acercaban las cinco de la mañana cuando unos cuantos componentes de la delegación estadounidense volvían a la Villa Olímpica. Habían estado explorando la noche muniquesa, disfrutando de la exuberancia de la juventud y de los galones que le permitían su estatus de deportistas olímpicos. Entre risas y un par de copas de más se toparon con otros ocho chicos. No hablaban inglés, pero portaban bolsas de deportes y vestían con chándales, por lo que estaba claro que eran deportistas. No dudaron en ayudarles a saltar la valla que separaba el complejo olímpico del resto de la ciudad para que pudiesen volver a sus habitaciones.

Una vez adentrados en los pasillos que conducían a los apartamentos, los ocho desconocidos se acercaron al lugar donde descansaban los miembros de la delegación israelí. Se trataba de una delegación minúscula que ni ganó medalla en Múnich ni la había ganado nunca, y que no ganaría su primera presea hasta Barcelona 92. El caso es que aquellos ocho jóvenes se quitaron los chándales, se pusieron una ropa un tanto estrafalaria y sacaron de las bolsas de deportes diferentes objetos.

Fusiles semiautomáticos, pistolas y unas cuantas granadas.

El primero en caer fue Moshé Weinberg, entrenador de lucha del conjunto israelí. No fue solo el primero en caer, sino que se convirtió en héroe involuntario permitiendo que un total de 17 atletas lograsen escapar. Weinberg estaba despierto, preparando unas tostadas en la cocina. Al escuchar alboroto en el pasillo se acercó a la puerta y, cuando vio que alguien la abría, se abalanzó sobre la madera para impedir que la traspasasen. Poco podía hacer él sólo ante aquellos terroristas que usaban sus fusiles como palanca para acceder al interior del apartamento. Los gritos despertaron a Yossef Romano, quien consiguió arrebatar una pistola a uno de los asaltantes, pero resultó muerto de un disparo. A Weinberg también le pegaron un tiro, pero aun vivo fue obligado a conducir a los terroristas a los otros apartamentos. Weinberg los dirigió expresamente al recinto donde estaban los atletas de boxeo o de lucha, ya que pensó que al ser estos los más fuertes podrían reducir a la fuerza a los terroristas.

Fue en vano.

Todos estaban durmiendo. No opusieron resistencia. El único que lo hizo fue Weinberg, quien fue acribillado a balazos.

Hasta nueve atletas fueron tomados como rehenes. Pertrechados en el edificio, a las 6:00 de la mañana los asaltantes lanzaron por una ventana unos papeles con sus demandas. Si al cabo de tres horas no se cumplía con lo solicitado se acabaría con la vida de uno de los rehenes. Si pasasen otras tres horas más, se perpetraría la muerte de un segundo israelí. Y así hasta acabar con los nueve secuestrados. El comando solicitaba la liberación de 234 prisioneros palestinos alojados en cárceles israelíes, así como la de los alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof, encarcelados en tierras germanas como miembros fundadores del RAF (Fracción del Ejército Rojo).

Los asaltantes decían hablar en nombre de la organización terrorista palestina Septiembre Negro. La maniobra en cuestión fue bautizada como ‘Operación Ikrit’.

Desde mediados de la década de 1960 los grupos terroristas campan a sus anchas por buena parte de Occidente. En gran medida es una respuesta cultural a un mundo nuevo, totalmente distinto al conocido hasta entonces. Por vez primera en la historia los hombres no tienen que perder su juventud en campos de batalla y por vez primera las mujeres son quienes de decidir su futuro por sí mismas. La sociedad de consumo ensancha sus objetivos a las clases media y apuesta por la juventud como reclamo, en una tendencia que ha llegado a límites insospechados en la actualidad y en la que no se vislumbra fin. La adolescencia ya llega hasta los 50 años y la vejez ha sido denostada.

Esa juventud se rebela ante todo aquello que sus padres y los padres de los padres de sus padres conocían. La cultura popular, comandada por la música, el cine y el deporte desbanca con rapidez a la tradición, el orden o la religión. Los cambios son rápidos y por lo general pacíficos, teniendo como cénit el llamado ‘Mayo del 68’. No obstante, hay grupos de jóvenes que quieren cambiar la forma de entender el mundo y apuestan por la violencia para cumplir con sus objetivos. Para ellos el sistema vigente está muerto y sólo a través de las armas podrán purificarlo. La inmensa mayoría de estos grupos serán marxistas y beberán de la utopía comunista para justificar sus crímenes, aunque algún otro abrazará la extrema derecha para reivindicar el orden tradicional. Lo cierto es que izquierda y derecha no forman una línea, sino más bien un círculo en el que los extremos acaban tocándose.

Entre esos muchos grupos que aterrorizan el mundo occidental destacan el IRA (Irlanda), las Brigate Rosse (Italia), Rote Armee Fraktion (Alemania Federal) o ETA (España), que comenzó a matar antes de que España se convirtiese en una democracia. Todas ellas mantenían lazos con los diferentes grupos armados de Oriente Medio que veían (y ven) la creación del Estado de Israel como una imposición de Occidente de la que no fueron consultados.

Desde que buena parte de Palestina se convirtió en Israel en 1948 como un intento de las democracias occidentales para resolver el conflicto judío y de paso limpiar sus conciencias sobre el Holocausto, la zona se ha visto alterado por continuas guerras, atentados y diferentes escaramuzas. En 1967 los israelís conformaron una de las campañas militares más espectaculares de la era moderna al derrotar a una coalición liderada por Egipto en apenas seis días. Ocuparon Gaza, Cisjordanía, los Altos del Golán y buena parte de Jerusalén. Más de medio siglo después esos territorios siguen en disputa y sin acuerdo internacional satisfactorio para su resolución.

Es entonces cuando tienen el germen la mayor parte de los grupos terroristas de Oriente Medio. De hecho, esas masacres a objetivos civiles y su poder sobre el petróleo, que tendrá su primer golpe de efecto en la crisis de 1973, conseguirá que Occidente tenga que mediar y buscar un equilibrio entre judíos y árabes por su propio interés.

Uno de esos grupos terroristas palestinos es Septiembre Negro. Fundado en 1970, reivindica la existencia del Estado de Palestina y la expulsión de los judíos. Forma parte de los grupos controlados por la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) una coalición política y paramilitar dirigida por Yasir Arafat que tiene como objetivo la destrucción de Israel. Tiene lazos con la RAF, también conocido como la Banda Baader-Meinhof, en honor a sus dos fundadores, un par de chicos que pretendían derrocar el capitalismo en Alemania a través de una guerra de guerrillas.

Conflicto israelí-palestino - Wikipedia, la enciclopedia libre
Israel & Palestina

Pero esta realidad no era más que un pequeño apéndice de un entorno sumido en la más absoluta felicidad. A la altura de 1972 Europa cabalgaba a gran velocidad por una era de gran prosperidad. Tras el fin de la II Guerra Mundial, el Viejo Continente sumaba dos décadas de increíble crecimiento económico. La locomotora de Europa era la hasta hace nada demoniaca Alemania. Concretamente la RFA, la parte Occidental de un país que había sido amputado, pero que no expresaba la menor queja por esa mutilación. En 1966 el COI seleccionó a Múnich como sede de los Juegos Olímpicos de 1972 y el país se preparó a conciencia para demostrarle al mundo que el nazismo era agua pasada.

El lema de aquellos Juegos era la felicidad. Se creó el inmenso Oympiapark con su fascinante cubierta de metacrilato, se apostó por vez primera por el reciclaje y destacaron Mark Spitz, Laase Viren u Orga Korbut.

Sin duda uno de los momentos cumbres tuvo lugar en la ceremonia de inauguración cuando la delegación israelí dio la vuelta al estadio olímpico bajo el atronador aplauso de 80.000 alemanes. Había sido Múnich la cuna del nazismo, el lugar donde Hitler había dado un golpe de Estado fallido en 1923. Y no había atleta israelí allí presente que no tuviese un familiar que no hubiese perecido en un campo de exterminio construido con el beneplácito de muchos de los padres de los que hoy estaban allí aplaudiendo tranquilamente sentados.

No es de extrañar pues que el secuestro de aquellos atletas israelís y la toma de la Villa Olímpica por parte de los terroristas causaran un shock mundial. Era una bomba mediática de la que todo el planeta se hacía eco. Millones de personas contuvieron la respiración durante horas. Y que fuese en Alemania, y que las víctimas fuesen judías, lo convertirían en algo catártico para la opinión pública germana.

Juegos Tokyo 2020: Septiembre Negro: El ataque terrorista que eclipsó los  Juegos Olímpicos de Munich 1972 | Marca
Horror en la Villa Olímpica

Un terrorista, con la cara untada de betún y sombrero, se erigió en portavoz de los asaltantes. Se hizo llamar a si mismo Issa y se encargó de negociar con el ministro de interior alemán. Hans-Dietrich Genscher, que así se llamaba, prometió a Issa una suma de dinero e incluso intercambiar su vida por la de los secuestrados, pero todo intento fue en vano. De hecho, resultó contraproducente, porque a juicio de los palestinos era una muestra más de la simplista retórica capitalista para resolver los problemas. Lo único que se consiguió fue alargar el límite de la respuesta hasta las 12:00 a.m.

Mientras todo esto sucedía medio mundo desayunaba con las imágenes del asalto. Casi tres décadas después de la caída del nazismo, Alemania se presentaba ante el mundo como garante de la paz y como país ferozmente opuesto a los nacionalismos. Deliberadamente las medidas de seguridad en los Juegos eran laxas y relajadas y los símbolos nacionales se mostraban a cuenta gotas. La idea era que todo deportista, periodista y visitante no asociase bandera o uniforme con un pasado del que querían escapar.

Pronto se iba a demostrar que las decisiones tomadas habían sido erróneas.

Poco después de las 11.00 Golda Meir, por entonces primera ministra de Israel, declaró tajantemente que no negociaría con terroristas. Israel daba carta blanca a los alemanes para tratar de liberar a los rehenes con todos los medios a su alcance. El negociador y jefe de policía de Múnich, Manfred Schreiber, consiguió alargar la hora límite hasta las 15.00 horas al anunciar a Issa que Baader y Meinhof, los cabecillas de la RAF, habían sido liberados y que se seguía negociando con el gobierno de Israel. Parcialmente satisfechos los asaltantes solicitaron comida para unas 20 personas.

Varios policías se disfrazan como cocineros y agachan armas en medio de la pitanza con la intención de subir a las habitaciones, pero Issa les exhorta a dejar la comida en el suelo y marcharse de allí bajo amenaza. El engaño no surte efecto y ahora los asaltantes saben que están siendo burlados. Uno de los policías es cosido a balazos. En ese momento todo está a punto de estallar, pero el repentino anunció del COI de cancelar los Juegos Olímpicos devuelve la calma a los terroristas. No hay televisión ni radio en el planeta que no hable de Septiembre Negro y de la causa palestina. Al menos uno de los objetivos se ha conseguido.

Alrededor de las 16:30 más de 70.000 personas rodeaban la Villa Olímpica mientras Issa y sus compadres hacían la señal de la victoria desde la azotea del edificio ocupado. Es entonces cuando Genscher ejecuta el mayor de los errores. Se decide acometer un asalto armado al edificio formado por un escuadrón de 38 miembros de la policía germana. Mal preparados e inexpertos, los policías visten ropa deportiva y se instalan en las azoteas de los edificios adyacentes. El ejército no puede participar en el asalto porque tiene prohibido operar en tiempos de paz debido a las sanciones derivadas de la II Guerra Mundial.

A nadie se le pasó por la cabeza romper esa estúpida restricción.

Total, que el asalto fue un rotundo fracaso. Entre la multitud agolpada, que con sus gritos anunciaban los pasos dados por la policía, y que todo estaba siendo retransmitido por televisión, con lo cual Issa y sus compinches seguían segundo a segundo los acontecimientos, la operación fue cancelada en el último instante. Los policías debieron bajar del edificio entre las risas de los terroristas.

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Genscher al teléfono

Si bien los alemanes daban palos de ciego, los terroristas también sabían que su suerte ya estaba echada. A escasos minutos del fin del plazo se llegó a una solución de compromiso. Los guerrilleros y los rehenes serían trasladados en helicóptero a una base área cercana a Múnich para luego viajar en avión a Egipto. Allí, en El Cairo, en territorio amigo, los terroristas se comprometían a liberar a los rehenes a cambio de que en el plazo de un mes fuesen liberados media centena de palestinos, supuestamente, injustamente encarcelados.

Previamente al traslado, Genscher exigió ver a los rehenes. Según dijo impresionaba la tranquilidad aparente de aquellos israelís de ojos perdidos que yacían sentados apoyados en un pared mientras el cadáver frío y la sangre seca de Weinberg regaba el suelo.

El plan consistía en atacar a los terroristas en el trayecto de unos 200 metros que los llevaría junto a los rehenes hasta los helicópteros. Issa exigió inspeccionar el camino y utilizó para ello a un par de rehenes como escudos humanos. Nervioso, uno de los policías que espera oculto detrás de un coche aparcado tropieza. El ruido alerta a los terroristas que vuelven sobre sus pasos para atrincherarse en los apartamentos.

En esos momentos la angustia se agigantaba mientras el mundo contenía la respiración a través del televisor. Los palestinos exigieron entonces un autobús para recorrer el escaso trayecto. Por entonces ya eran las 22.00 horas y por supuesto los terroristas demandaron que el vehículo estuviese vacío e inspeccionarlo antes de subirse a el y poner sus vidas en juego.

Hubo que pasar a un nuevo plan. En la base aérea esperaba un grupo de francotiradores dispuestos a matar a los terroristas en cuanto los dos helicópteros aterrizasen. Había un tercer helicóptero en el que viajaban los negociadores y varios policías que estarían esperando órdenes. Mientras, un Boeing 727, que pretendía viajar a El Cairo, estaba integrado por cinco policías armados que ejercían de improvisados miembros de Lufthansa.

El caso es que cuando los palestinos subieron a los helicópteros se pudo comprobar que los terroristas eran un total de ocho. Los francotiradores jamás llegaron a recibir esa información. Genscher había transmitido que no eran más de cuatro o cinco los que había visto al visitar a los rehenes. Para añadir un error más a la cadena de despropósitos, ninguno de los supuestos francotiradores era tal. Ninguno era militar por las restricciones a las que nos referimos párrafos atrás. Eran policías que habían sido seleccionados porque les gustaba practicar tiro los fines de semana. Tres se instalaron en el techo de la torre de control y otros dos se escondieron en tierra. Ninguno tenía equipo protector, radio, ni visor nocturno.

Y ya era noche cerrada. Las 22.30. Ya eran más de 18 horas de tensión acumulada.

Al momento de aterrizar los helicópteros, los miembros de Septiembre Negro tomaron como rehenes a los pilotos de los aparatos para acercarse con paso firme al Boeing. En ese momento los policías que hacían de tripulación del avión decidieron desdecirse de su juramento de honor y abandonaron el aparato. La incredulidad de la jefatura alemana era semejante a la de los palestinos que, al ver que el avión estaba vacío, pensaron que les habían engañado, por lo que corrieron de vuelta a los helicópteros.

Fue entonces cuando los francotiradores abrieron fuego. Y se desató el pandemónium. El cielo se ilumina de llamas y el humo recorre el horizonte. Trepidar de motores, sirenas y ráfagas de ametralladoras. En el intercambio de golpes, dos terroristas fallecieron así como un policía alemán. Los pilotos de los helicópteros consiguieron huir, pero no así ninguno de los rehenes israelís atados de pies y manos. Al cabo de unos minutos llegaron refuerzos por tierra e Issa, viendo que todo estaba perdido, fusiló a todos los rehenes. Después lanzó una granada en el interior del helicóptero y corrió por la pista de aterrizaje.

Fue masacrado.

Atentado a los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972: un trauma aún por  asimilar | El Mundo | DW | 25.08.2022
Una carnicería

Once atletas (nueve en el aeropuerto), un policía alemán y cinco terroristas palestinos fallecieron ese día. Los otros tres miembros de Septiembre Negro fueron capturados vivos. Los tres pasaron a ingresar en una cárcel de máxima seguridad teutona y tan solo una semana después la RFA creaba el GSG9, la unidad antiterrorista alemana. Los cadáveres de los otros cinco palestinos fueron enviados a Libia donde recibieron un funeral de héroes. Apenas un par de meses después Septiembre Negro secuestró un vuelo comercial de Lufthansa y exigió la liberación de los tres terroristas encarcelados para evitar el siniestro del avión.

Los mandos alemanes accedieron a todas las peticiones de los terroristas sin consultar a las autoridades israelís.

Israel sigue clamando en la actualidad por la incompetencia alemana a la hora de resolver el conflicto. El Mossad (servicio de inteligencia israelí) fue advirtiendo a los alemanes de los diversos fallos cometidos en la operación y todos sus consejos fueron rechazados. Tanto el ministro Genscher como el jefe de policía muniquesa Schreiber habían sido miembros del partido nazi y habían combatido en la II Guerra Mundial. Ninguno fue cesado de su cargo tras el fiasco de la operación de rescate. Para los israelís los alemanes no hicieron lo suficiente para salvar la vida de aquellos once atletas judíos.

Así que decidieron hacer la justicia por su cuenta. Golda Meir ordenó al Mossad que pusiera en marcha la operación ‘Cólera de Dios’. Se buscó y asesinó a los tres supervivientes, así como a decenas de activos terroristas y miembros de la OLP. Se bombardearon objetivos civiles en Siria y Líbano argumentando que ocultaban bases militares propalestinas y todo concluyó con una breve guerra en octubre de 1973 cuyo resultado, más allá de los muertos, fue el que los países árabes descubrieron que a través del petróleo podían fagocitar a Occidente y a Israel a su antojo.

Pero volvamos a Múnich. Al 6 de septiembre de aquel año. Los Juegos Olímpicos estaban cancelados.

Pero solo momentáneamente.

Se realizó una ceremonia de conmemoración al día siguiente ante 80.000 espectadores y 3.000 atletas, pero nunca un funeral oficial. Los familiares de las víctimas llegarían a pedir la construcción de un monumento conmemorativo, pero el COI tendría siempre un no como respuesta. La única muestra del duelo del COI fue izar a media asta la bandera olímpica hasta el fin de los Juegos. El COI, como organización independiente, prefirió no significarse políticamente. “Los Juegos deben continuar”, fueron las polémicas palabras del estadounidense Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional.

Fueron los últimos Juegos de Brundage, quien falleció tres años más tarde. Fue un feroz defensor del amateurismo, un racista empedernido al que desagradaba la proliferación de atletas de raza negra en su país y un defensor de la excelencia de los Juegos de Berlín de 1936 y la perfección organizativa de los nazis. Ese fue el hombre que dijo aquello de “los Juegos deben continuar”. El mismo hombre que meses más tarde se casó con una princesa alemana mucho más joven que él y que fallecería poco después en Garmish, una localidad no muy lejana de Múnich y su desgraciada Villa Olímpica, de la base aérea de Fürstenfeldbruck donde la sangre corrió a raudales una noche de septiembre, y tampoco no muy lejos de Berchtesgaden, donde Adolf Hitler tenia su búnker de verano, el fastuoso ‘Nido del Águila’.

 “La violencia engendra violencia”. Evangelio de San Mateo 26:52.

A 45 años del atentado de Munich 1972 en los Juegos Olimpicos
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Delio Rodríguez

Era el verano de 1986. Los vecinos de Ponteareas nunca habían visto nada semejante. El vendaval no procedía de los vientos del ‘Nordés’ ni de las lluvias del Atlántico. Esa ventolera estaba siendo provocada por las aspas de un helicóptero. Cuando la unidad móvil de Antena 3 Radio pilotada por el comandante Lucas tocó tierra, dos hombres de modesta talla bajaron del aparato. Uno era el periodista José María García. El otro era el ciclista Álvaro Pino, flamante vencedor de la Vuelta a España 1986.

Álvaro Pino se convertía en una celebridad nacional a la altura de Marino Lejarreta y sólo superado por Pedro Delgado. Su victoria, la de un gallego de Ponteareas, sirvió para sacar del olvido a otro gallego, y también de Ponteareas, que años atrás había ganado la Vuelta a España. Un hombre que vivía en el anonimato regentando una tienda de material deportivo en la cercana ciudad de Vigo. Ese hombre, poseedor de alguno de los récords más fastuosos de la Vuelta a España, era un tal Delio Rodríguez.

Fue en 1935 cuando Delio se hizo notar por vez primera. Tenía entonces 21 años. Formó parte de los contendientes en la Vuelta al País Vasco junto a figuras del momento como Gino Bartali o Mariano Cañardo. Luego, al año siguiente, pudo competir en la Vuelta a España quedando antepenúltimo de 26 participantes. Puede parecer causa menor, pero el simple hecho de conseguir participar en una gran carrera era digno de consideración. Es una época donde el número de plazas disponibles era limitado y era el propio deportista el que debía asumir el coste del desplazamiento sin saber si obtendría triunfos que le reportaran beneficios por el sacrificio.

Como le ocurrió a tantos otros, el año 1936 fue crucial para cortar una carrera deportiva que se antojaba prometedora. Delio debe cumplir con el servicio militar y quedará asignado al llamado bando nacional dado que Galicia pronto caerá a favor de las directrices de Franco. Son casi tres años de guerra de los que se librará el resto del clan Rodríguez. Emilio, Manolo, Pepe y Pastor nacerán en la década de 1920, por lo que conseguirán mantenerse en casa alejados de las balas. Todos ellos, con mayor o menor fortuna, acabarán siendo ciclistas. Incluso Eurita, la única mujer de la familia, llegará a ganar una carrera en 1943. Pero nos estamos adelantando a los acontecimientos.

Delio Rodríguez Barros retomará su carrera y será en el año 1940 cuando gane sus dos primeras pruebas, la Vuelta a Álava y la Madrid-Salamanca-Madrid, iniciando así una concatenación de triunfos que le llevará a sumar un total de 139 victorias totales o parciales hasta su retirada en 1950. 39 de esas 139 victorias serán logradas en únicamente seis ediciones de la Vuelta a España, un récord que se antoja inigualable.

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Delio Rodríguez

Su primera gran actuación tiene lugar en junio de 1941. Tan sólo 32 participantes se animan a competir en la primera Vuelta a España tras el fin de la Guerra Civil. Con medio mundo en armas, por supuesto no hay presencia foránea. Es una Vuelta pobre, de carreteras agrietadas, parajes secos y escasez de víveres en cada pueblo. Se canta el ‘Cara el Sol’ al inicio de cada etapa y no existen los patrocinios. La carrera es capicúa; se inicia en Madrid, da la vuelta al país y finaliza en la capital de España. Los ciclistas compiten como independientes, sin ordenes de equipo, ni más ayuda que la de sus escuálidas piernas.

El vencedor, tanto en 1941 como en 1942, es Julián Berrendero. En 1941 lo hace apenas tres meses después de salir de la cárcel, acusado de no afecto al Régimen. El escalador madrileño había ganado el premio de la montaña en el Tour en 1936 y había aprovechado para instalarse en Francia al iniciarse la Guerra Civil. Con el inicio de la II Guerra Mundial decidió volver a España y, aunque su fama le llevaría a la libertad, hubo de pasar unos meses entre cuatro paredes. Pero si Berrendero es el vencedor, Delio es la sensación. Gana 20 etapas (12 en 1941 y 8 en 1942) y logra vestir el maillot blanco de líder en muchas de ellas. En el 42 competirá defendiendo los colores del RC Deportivo, club de fútbol que junto a otros como el FC Barcelona o el RCD Español, deciden formar agrupaciones ciclistas ante el tirón del deporte de las dos ruedas.

El récord de doce triunfos de Delio en 1941 se mantuvo en pie durante 36 años hasta que fue superado por el belga Freddy Maertens. Se trataba Delio de un fantástico rodador, un tipo de ciclista poco común en España, capaz de ganar carreras tanto al sprint como en las pruebas contra el crono y capacitado para superar la media montaña (de hecho en su palmarés hay dos triunfos en la subida al Naranco). Su carrera se vio cercenada por coincidir en el tiempo con la etapa más aislacionista del Franquismo, pero no cabe duda que sería un gran opositor a competir en carreras de un día de ámbito internacional.

Con los años más duros de la II Guerra Mundial y con una España que se moría de hambre, la Vuelta no volvió a ponerse a rodar hasta 1945. Fueron tres años de sequía, pero de los que Delio se resarcirá con su triunfo más lustroso.

La Vuelta a España de 1945 comenzó el 10 de mayo, escasamente 48 horas después del fin de la guerra en Europa. En sentido contrario a las agujas del reloj se salía de Madrid para volver a la capital. Fueron 51 los participantes. 43 de la casa y ocho portugueses, el único país capaz, tanto por ideología como por logística, de enviar corredores a España. En la primera etapa Julián Berrendero se hace con el liderato al atacar en el Alto de los Leones, al poco de salir de Madrid, y sumar más de seis minutos de ventaja. No era situación ideal para el periódico católico ‘Ya’ el cual se había encargado de preparar y sufragar los gastos de organización. El favorito ya era líder destacado tras poco más de 200 kilómetros de los cerca de 4.000 que había que recorrer.

Y la situación inconcebible se refrendó en la segunda etapa. Camino de Cáceres, la lluvia arrecia con fuerza y hace barro unas carreteras en las que el asfalto escasea y los agujeros abundan. Delio Rodríguez se marcha fugado junto a otros corredores y con su potencia y su costumbre a rodar bajo esas condiciones se queda sólo en el Alto de Béjar. Ayudado por la diosa fortuna que se ceba con los demás favoritos a base de caídas y pinchazos, Delio vuela en el llano que le lleva a Cáceres y se viste de líder con cerca de media hora sobre el segundo clasificado.

A partir de ahí Delio se dedicará a ganar las etapas al sprint y a mantener a raya a los escaladores en las etapas de montaña. Podría parecer un triunfo menor, pero nada más lejos de la realidad. Delio mantiene la ventaja y gana la general con 29’58’’ de diferencia sobre Berrendero, quien fue incapaz de recortarle minuto alguno a Delio en toda la Vuelta. Aun hoy sigue siendo la mayor diferencia entre primero y segundo que se ha dado en la Vuelta a España. Y todo parece indicar que el registro se mantendrá inalterable con el paso del tiempo.

Loor de multitudes

Al año siguiente Delio no podrá repetir triunfo y se tendrá que conformar con un quinto puesto, aunque la familia Rodríguez Barros podrá celebrar el triunfo en el premio de la montaña de Emilio. Es Emilio muy distinto a Delio, en el sentido de que su fuerza está en las ascensiones y su debilidad se vislumbra a la hora de rodar con potencia. Ambos hermanos coexistirán durante unos cuantos años, de tal forma que en 1947 Delio acabe tercero en la general y sumando ocho etapas y Emilio finalice cuarto a un paso del pódium logrado por su hermano. Aquella Vuelta comenzó como Delio de líder hasta que en el Alto de Arrate fue incapaz de mantenerse con los mejores y se vio penalizado con diez minutos de sanción por agarrarse a un coche a un paso de coronar la cima del monte guipuzcoano.

Ese fue el fin deportivo de Delio (1916), el más grande del clan Rodríguez Barros. Su hermano Pastor (1922) consiguió meterse entre los quince primeros de la Vuelta en dos ocasiones. Manuel (1926) fue segundo en la Vuelta a España de 1950, la cual fue ganada por Emilio (1923), quien también sumó otro triunfo en el Gran Premio de la Montaña. Es Emilio, con esa victoria en la Vuelta y un total de seis etapas parciales, el hermano más laureado por detrás del gran Delio.

Parlamento Ciclista - Se cumplen 100 años del nacimiento de Delio Rodríguez  - El Baúl de los Recuerdos
Delio, Emilio, Manuel y Pastor

Pero tanto Emilio como Manuel puedan presumir de algo con lo que Delio nunca pudo soñar. En aquellos años de hambre y miseria en los que los corredores deambulaban por España en busca de vino para sus bidones porque el agua escaseaba, era impensable cruzar los Pirineos para cruzar el Tour. Cuando Francia vuelva al ruedo en 1946 a nadie se le ocurriría invitar a un equipo español para competir en el Tour. Los patrocinadores como Galindo o Pirelli se limitaban a dar material a sus ciclistas y poco más. Y la Federación Española de Ciclismo tenía vetada su presencia en Europa, al igual que cualquier otro organismo controlado por el aparato franquista.

Así que cuando en 1949 Jacques Goddet decida abrir la mano e invitar a un equipo español al Tour de Francia recordando a aquellos locos de la montaña que en la década de 1930 habían encandilado al público galo, será motivo de celebración en toda España. La Federación prometerá un saco de 75 kilos de azúcar para cada participante. Oro blanco para la España famélica de entonces. Ninguno de aquellos valientes recibirá compensación alguna. Ni en forma de monedas ni en forma de azúcar. El oro blanco se perdió en el mercado negro mientras los ciclistas surcaban las carreteras francesas. El caso es que Emilio fue uno de aquellos seleccionados (acabó corriendo el Tour tres veces y únicamente finalizando la prueba en una ocasión). Manuel lo haría en dos ocasiones a inicios de los años 50 (su mejor posición fue un 44º puesto). Mientras que Delio, ya al borde de la retirada, tuvo que dejar el ciclismo sin disputar nunca la prueba fetiche por excelencia.

Lo cierto es que fue tan nefasta la actuación española en el Tour de 1949 que al año siguiente la Federación decidió no enviar a ciclista alguno allende los Pirineos. Tocado el prestigio del ciclismo nacional, el diario ‘Ya’ decidió a finales de 1950 dejar de financiar y organizar la Vuelta a España. No volvió a haber prueba ciclista de tres semanas hasta 1955 cuando Alejandro Echevarría, director de ‘El Correo Español-El Pueblo Vasco’ asumió el control de la Vuelta y la dotó de modernidad. Instauró el maillot amarillo, buscó nuevas llegadas, asumió los patrones de exigencia del Tour, llevó la Vuelta a zonas turísticas y sacó el inicio y el fin de Madrid para llevar el fin de fiesta al País Vasco. Desde entonces, desde ese 1955, la Vuelta se ha celebrado de forma anual e ininterrumpida.

Nace así la edad de oro del ciclismo español. Con Bernardo Ruiz, Loroño, Bahamontes y más tarde Pérez Francés, Julio Jiménez, Fuente o Ocaña. Todo lo ocurrido antes de 1955 queda en el olvido. Delio decidió retirarse en 1950 y cuando en 1955 Emilio tenga su primera oportunidad de defender su título logrado un lustro atrás ya será un ciclista alejado de sus grandes años.

Cheste acoge la llegada de la carrera CIFESA – Bandú – Cheste
Recuerdos

Delio Rodríguez falleció en Vigo víctima de un cáncer de próstata en el año 1994. En 2019, para conmemorar el 25 aniversario de su fallecimiento, se organizó una marcha cicloturista desde Madrid a Valencia en recuerdo de una carrera que se disputó a inicios de los años 40 y que Delio logró ganar en tres ediciones consecutivas. Es el único recuerdo existente para el ciclista que más etapas ha ganado en la historia de la Vuelta a España y del que los organizadores actuales poco o nada quieren saber. Un ciclista de Ponteareas, localidad que con Delio (1945), Emilio (1950) y Álvaro Pino (1986) es la población española con más vencedores distintos de la Vuelta a España. Algo descomunal para un ayuntamiento de apenas 20.000 habitantes.

Palmarés Vuelta a España de Delio Rodríguez (cabe tener en cuenta que de 1936 a 1954 sólo se pudieron organizar ocho ediciones de la Vuelta)

Vuelta 1936 (24º) 0 etapas

Vuelta 1941 (4º) 12 etapas y 2 días como líder

Vuelta 1942 (7º) 8 etapas

Vuelta 1945 (1º) 6 etapas y 18 días como líder

Vuelta 1946 (5º) 5 etapas y 1 día como líder

Vuelta 1947 (3º) 8 etapas y 11 días como líder

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Sara Estévez

Sara había estudiado taquigrafía, mecanografía y contabilidad y sólo la Guerra Civil le impidió realizar estudios universitarios. El caso de Sara era extraño. Una mujer formada y capaz en los lúgubres años 40, los del miedo y el hambre. Sara tenía una buena posición, pero era de todo menos una afortunada. Huérfana de padre desde que era un bebé, vio como la mitad de sus ocho hermanos fallecerían antes de la mayoría de edad. Una de sus hermanas era maestra y sería quien se ocuparía de enseñarle a leer y a escribir.

Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, Sara fue escogida junto a otros cientos de chicas para una exhibición gimnástica en San Mamés. Era la primera vez que entraba en el coliseo rojiblanco. Tenía 12 años. De ahí surgiría un flechazo. Cuando con 19 años cobre la paga del 18 de julio pasará a ser abonada del Athletic. Eran los años de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza. Años en los que el Athletic ganaba títulos por doquier y época donde los banderines del Athletic se exhibían con gran profusión en cafeterías y bares a lo largo y ancho de España.

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Y nótese el escogido uso de las palabras. Las pagas extras se denominan pagas del 18 de julio. Los hombres eran socios del Athletic. Las mujeres eran abonadas. Los socios, además de un asiento, tenían voz y voto en las decisiones concernientes al club. Las abonadas tan sólo podían ver los partidos. Ni mandaban ni opinaban.

Además del fútbol, a Sara le encantaba la radio. Al acabar su jornada matinal solía acercarse a Radio Juventud de Bilbao, emisora del Movimiento, para narrar cuentos infantiles en directo. Por entonces para trabajar en la radio no hacía falta titulación alguna ni formación específica. Tan sólo buena dicción, buen timbre de voz y ganas de comerse el mundo. La femenina y cadenciosa voz de Sara Estévez era ideal para llegar a los niños y a los no tan niños de Vizcaya.

Hasta que un buen día de 1952 alguien preguntó en redacción a quien le gustaba el fútbol. Fueron muchos los que levantaron la mano. La siguiente cuestión era conocer quien estaría dispuesto a ser cronista deportivo. Eso ya era otro cantar. El periodismo deportivo estaba muy mal visto. Era una profesión de segunda en la que a menudo se usaban pseudónimos para no ser reconocido por otros compañeros.

Tan sólo una persona levantó la mano. Era Sara Estévez.

Se acababa de convertir en la primera periodista deportiva de España.

Pero nadie lo sabría. Sara escogió como pseudónimo el nombre de ‘Maraton’ y con ese nombre escribiría sus textos. “El símil de una persona que había corrido hasta la muerte para entregar una noticia era la mejor imagen que se podía dar del periodista, que lo que tiene que hacer es precisamente eso: esforzarse para dar la noticia de la mejor manera posible”, explicaría ya retirada sobre el porqué de la elección.

Sara iba a los entrenamientos, hacía entrevistas y redactaba las crónicas de los partidos del Athletic. Pero jamás locutaba. Los textos eran narrados por un tal Paco Blanco que “colocaba bien la voz” como se decía en la época. Era frecuente que los redactores no leyesen sus propios textos si la emisora consideraba que el periodista no contaba con una voz radiofónica. Pero en el caso de Sara no habría esa disyuntiva. Era impensable que una voz femenina hablase de fútbol en antena.

Sara Estévez fue la voz sin voz del Athletic en Radio Juventud durante dos décadas. Su sueldo era tan exiguo que nunca pudo dejar su trabajo como mecanógrafa. El público de San Mamés veneraba a ‘Maraton’, pero nadie amaba a Sara. Ella ocupaba su asiento de abonada en el estadio y con una libreta en las rodillas se dedicaba a escribir lo que sucedía. Después Paco Blanco locutaba y Sara escuchaba como una radioyente más.

Con el tiempo a ‘Maraton’ le dieron un programa propio llamado ‘Stadium’. Información seria enfocada en el Athletic y un comentario editorial valiente firmado por el propio ‘Maraton’. A la gente le gustaba. ‘Maraton’ apostaba por tal o por cual chico de la cantera y, efectivamente, esos eran los que triunfaban. Fue Sara la primera que apostó por Iribar. Nadie sabía quién era ese tal ‘Maraton’. Era de sobra conocido que, aunque la voz de Paco Blanco daba las noticias, no era él el que las escribía. Pero se suponía que la mente pensante detrás de todo aquello era un hombre. ¿Quién podría pensar que fuese una mujer? Era lo de menos. La palabra de ‘Maraton’ iba a misa.

El programa se emitía todos los domingos poco antes de la madrugada y se hizo célebre por dar todos los resultados de las categorías regionales vascas. La tarea era hercúlea en aquellos tiempos. Para ello Sara reclutó una red de colaboradores con los que contactaba a golpe de teléfono la tarde del domingo. Para el colaborador Sara no era ‘Maraton’. Era la secretaria que le daba los resultados a ‘Maraton’.

El éxito llevaría a la expansión del programa a todos los días de la semana. El editorial de ‘Maraton’ también pasó a ser diario. El anonimato le permitía ser dura en tiempos donde ser dura era ir contracorriente.

Fueron dos décadas de secretismo hasta que el paso del tiempo permitió que ‘Maraton’ se sacase la máscara sin miedo a ser lapidada. Era 1973 cuando Sara Estévez habló por vez primera delante de un micrófono. Para entonces su programa se había expandido de tal forma que contaba con información polideportiva y hasta contenía una sección sobre deportes vascos que se permitía hacer en euskera. Arrastre de piedras y corte de troncos en la misma radiofrecuencia que acababa sus emisiones radiando el ‘Cara al Sol’.

La noticia supuso un shock para muchos, pero los tiempos cambiaban y había otras muchas cosas por las que preocuparse en aquellos años del tardofranquismo. Con la llegada de la democracia aquellas empresas alimentadas por el Franquismo desaparecieron. Radio Nacional de España absorbió a unas cuantas emisoras, entre ellas a Radio Juventud, y en 1983 decidió cancelar ‘Stadium’.

Fue una tragedia. Si hasta entonces la vida de Sara había sido discreta ahora iba a recibir todo el cariño que las vicisitudes de su época le habían negado. Las demás periodistas se solidarizaron con Sara y la gente escribía cartas a los periódicos exigiendo su vuelta. Todo fue en vano. Fue el fin para la mecanógrafa tras casi dos décadas de anonimato y una como Sara Estévez. Fue recolocada en redacción y pasaría sus últimos años informando sobre terrorismo y política, algo que le aborrecía.

Sara se jubiló a los 65 pero pasaría las siguientes tres décadas escribiendo una columna de opinión deportiva en ‘El Correo Vasco’. Por uno de esos textos cobraba más que por días de trabajo cuando en vez de Sara era ‘Maraton’. Hoy, a los 97 años, no hay bilbaíno que no reconozca su cara ni hay aficionado del Athletic que no venere su trabajo. Es hija predilecta de su ciudad y cuando la muerte decida llevarla a su lado tendrá un más que merecido homenaje en el nuevo San Mamés.

La voz sin voz del periodismo deportivo | Deportes | EL PAÍS
Sara Estévez

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