España

El día que Contador resucitó

Para la edición de la Vuelta de España en 2012 la organización decidió que la meta en Madrid fuese el punto más meridional del recorrido. Tocaba dar un paseo de 21 días por las montañas del norte de España, confirmando un regreso al País Vasco que se había certificado en el año anterior. La salida tendría lugar en Pamplona, a donde acudió Miguel Induráin. El mito comentó que con semejante recorrido no hubiese tenido opción alguna de lograr la victoria. Se trataba de una edición pensada por y para los escaladores.

En ese verano de 2012 España estaba sumida en una profunda depresión. Crisis económica insondable, tasas de paro astronómicas y una retahíla de casos de corrupción que salpicaban el día a día y enervaban a la gente que salía a la calle. Pueblo que salía a manifestarse ante la carga de medidas de austeridad que preparaba el gabinete ministerial.

El favorito al triunfo era el británico Chris Froome, vigente vencedor de la Vuelta y que en el mes de julio había acabado segundo en el Tour de Francia. Las alternativas eran los españoles Alejandro Valverde (vencedor en 2009) y Joaquim Purito Rodríguez (subcampeón del Giro de Italia de ese año). Una incógnita era lo que podría ofrecer Alberto Contador. Al madrileño lo habían desposeído de sus victorias en el Tour de 2010 y del Giro de 2011 por un positivo en clembuterol. Aquella sanción por dopaje se había confirmado por una ínfima tasa de 0,00000000005 gramos/ml por encima de la permitida. La Vuelta de 2012 era su primera carrera de tres semanas tras volver al ruedo y aspiraba a conseguir una corona que se había ceñido en 2008.

Ya en la tercera etapa, con subida al Alto de Arrate, el cuarteto demostró su superioridad con un acelerón final que le dio la victoria parcial y el liderato de la prueba a Valverde. Purito Rodríguez le robaría el maillot rojo en la siguiente etapa y distintos picotazos entre los gallos confirmarían su superioridad sobre el resto de corredores durante la primera semana de la prueba.

Tras la jornada de asueto tocaba contrarreloj de 40 kilómetros en Pontevedra. Purito Rodríguez había perdido el Giro de esa primavera por culpa de una contrarreloj en el último día. No iba a ser así en tierras gallegas. La inclusión de una tachuela de tercera categoría en mitad del recorrido permitió a Purito salvar los muebles y mantener el maillot rojo de líder por únicamente un segundo sobre Alberto Contador.

Purito Rodríguez

Encaró la Vuelta una segunda semana de aúpa con tres jornadas montañosas. Tres finales de etapa; desde el explosivo Mirador del Ézaro, al consistente Alto de los Ancares y para finalizar el mágico y místico final en los Lagos de Covadonga. Un Contador frustrado lo intentaba por activa y por pasiva, pero era incapaz de doblegar a Purito, quién incluso aumentaba la renta en un puñado de segundos gracias a las bonificaciones. Tan sólo el británico Chris Froome sería víctima de este encadenado montañoso al perder una buena renta en Covadonga, dejando la lucha por la general definitivamente entre Rodríguez, Contador y Valverde.

Tocó luego la etapa reina. San Lorenzo, Cobertoria y final en el Cuitu Negru, con rampas de hasta el 24%. Contador puso a su equipo a tirar a destajo. A falta de seis kilómetros para la cima soltó un poderoso ataque. Valverde se desfondó, pero Purito resistió como pudo e incluso atacó a falta de 200 metros para lograr la victoria de etapa. Tocaba el segundo día de descanso. Purito Rodríguez era sólido líder con 28 segundos sobre Contador, mientras que Valverde estaba a más de dos minutos y Froome andaba en los cuatro y medio de retraso.

Purito Rodríguez había gobernado la Vuelta a España de 2012 hasta bien entrada la tercera semana con insultante autoridad, con piernas de hierro. Tanto era así, que Purito incluso osó invadir el terreno de Alberto en la conquista de la ronda española, el de los puertos largos, coto que parecía exclusivamente reservado al madrileño.

A pesar de la corta ventaja se entendía que la Vuelta estaba resuelta. La última semana era descafeinada. Tan sólo inquietaba la penúltima jornada con subida a Navacerrada y a la llamada Bola del Mundo, una descomunal rampa final en la que el asfalto deja de existir. Era un final explosivo que le iba como anillo al dedo a Purito tal y como había demostrado en varias etapas de esa Vuelta. La visión de carrera del catalán era clara y aguda y sabía exactamente donde dar rienda suelta a su explosividad para superar a Contador en los metros finales.

La etapa siguiente al día de descanso tenía que ser la de una suave vuelta al trabajo. Se salía de Santander y tras 177 kilómetros se llegaba a un final en alto en Fuente Dé, a los pies de los Picos de Europa. No obstante, se trataba de un puerto cántabro de segunda categoría con apenas un 4% de desnivel, cifra insignificante para un ciclista profesional.

Ocurrió que, a 50 kilómetros de meta, en Collada de la Hoz, otro puerto de segunda categoría, Alberto Contador atacó.

Contador decidió organizar una revolución espontánea y olvidarse del ciclismo de pinganillos. Contaba con tres compañeros por delante fruto de una escapada y decidió jugarse el todo por el todo. Al paso por la cima de Collada de la Hoz había abierto un hueco de 18 segundos sobre el grupo principal donde marchaba el líder. Purito no supo muy bien cómo reaccionar. El catalán llegó a estar a 200 metros de distancia del madrileño antes de coronar la cima, pero su equipo decidió ser cauto y no arriesgarse a una caída en la peligrosa bajada del puerto. A fin de cuentas, quedaba un mundo para la línea de meta.

En el descenso Contador ya era el líder provisional de la carrera ayudado por sus compañeros de equipo a los que ya le había dado caza. En el valle sus gregarios pusieron un ritmo infernal y luego Paolo Tiralongo, ex compañero de Contador años atrás, simplemente hizo de amigo al recordar como en el pasado Contador le había regalado una victoria de etapa en el Giro de Italia.

A 13 kilómetros de meta Contador se quedó solo. La ventaja era de dos minutos. Purito Rodríguez, con un equipo mediocre, solicitaba ayuda a Valverde y al Movistar, escuadra donde militaba el murciano. Valverde se pegó a rueda de Purito y calló la boca. Él iba tercero. No tenía ningún liderato que defender. Purito jamás se lo perdonaría y eso le costará una medalla de oro a España en un Mundial de ciclismo.

Pero esa es otra historia.

Valverde atacó entonces a un Purito que era incapaz de pedalear entre cansado y frustrado. Agotado por la caminata también estaba Contador, quién al sobrepasar la pancarta del último kilómetro tan sólo mantenía 15 segundos de distancia sobre Valverde. Con todo, tuvo suficiente gas para lograr la victoria por únicamente seis segundos de ventaja. Cuando cruzó la meta no hizo su característico gesto de pistolero, sino que soltó un rugido ininteligible que condesaba los dos años de frustración que había acumulado por su sanción por dopaje.

Purito Rodríguez, mudo de cabeza y psicológicamente muerto, se dejaba más de dos minutos y perdía la Vuelta a España de 2012.

La clasificación general se mantuvo inalterable tras el paso por la Bola del Mundo. La victoria fue para Alberto Contador y aquella edición de la Vuelta a España fue un éxito. Triplicó en número de televidentes a la edición del anterior año y fue la más vista desde 2004. Hay quien considera que fue una de las mejores junto a la pelea en las cumbres de Fuente y Ocaña de 1974 y la de 1983, cuando Bernard Hinault se rebeló contra la inesperada resistencia española.

Aquel ataque a 50 kilómetros de final en un puerto de segunda categoría definiría como Contador sería recordado en el santoral del ciclismo. Hasta su sanción por dopaje, Alberto Contador era un ciclista frío y calculador que esperaba a los últimos metros de la ascensión final para asestar un golpe demoledor con una altísima cadencia de pedaleo. Así cimentó sus victorias en el Tour de Francia. Pero fue tras cumplir su sanción por clembuterol cuando Contador pasó a ser un ciclista ofensivo. Todo comenzó en Fuente Dé, pero luego vendría una cabalgada a pie del Mortirolo, un ataque loco en el Angliru, otro asalto imposible en Formigal y unas cuentas caídas en el Tour por arriesgar más de la cuenta. Ese, el Contador que ya no era dominante pero que era ofensivo, sería el ciclista que quedaría para el recuerdo por mucho que atesore un brillante palmarés. Corredor suicida que siempre lo intenta y que hace honor al mito del ciclismo romántico.

Contador campeón

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El escándalo de los oriundos

A inicios de la década de 1970 el Real Madrid estaba tieso. Los tiempos de Di Stéfano, Puskás o Kopa habían pasado a mejor vida. Por su parte, el Atlético lucia flamante nuevo estadio y el Barça amortizaba su gigantesco Camp Nou. En el extranjero italianos, alemanes, holandeses e ingleses invertían cantidades prohibitivas en Madrid. Tocaba hacer algo y ese algo era Johan Cruyff.

Johan Cruyff está loco por la música. Con Pelé negociando su jubilación camino de Estados Unidos, el astro neerlandés es el mejor futbolista del momento. Un jugador perezoso, pero con diez toques diferentes en cada pie. Pero no sólo eso. Cruyff es el primus inter pares tanto dentro como fuera del rectángulo de juego. Es el primero negociando. La primera estrella internacional que tiene en cuenta su valor más allá del césped. Sabe lo que vale y va a exigir que se le pague lo que le corresponda. Tiene un contrato de larga duración en el Ajax, donde es el futbolista mejor pagado. Pero no es suficiente. Cruyff sabe que para ganar dinero tiene que irse a un país donde el fútbol sea eje de la economía. El Ajax gana tres Copas de Europa con un estadio con capacidad para 25.000 espectadores y unos 10.000 socios. En 1970 viaja con su esposa a Barcelona a pasar unas vacaciones. Alucina con el Camp Nou, sus 100.000 localidades y sus más de 70.000 socios.

El caso es que Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, querrá ir a por Cruyff. Lo hará en firme en Coruña. En un mes de agosto de 1973. En un Teresa Herrera que reúne en el Hotel Atlántico de A Coruña a la expedición del Ajax y a Raimundo Saporta, vicepresidente blanco. El precio es un millón de dólares de la época. Pero el precio sube y el Madrid tiene que parar. No hay más cera que la que arde. El Madrid necesita cash y no lo tiene.

Necesita vender el Santiago Bernabéu. No a la persona. Que se me entienda bien. Necesita vender el estadio. Indudablemente.

El FC Barcelona contaba con el Camp Nou desde 1957. No mucho más lejos estaba el antiguo estadio de Les Corts al que las malas hierbas iban poblando. Empero, tras diversos trámites, en 1966 se recalificó el terreno, se construyó una zona verde privada y se edificaron unas viviendas de altas calidades las cuales, en muchos casos, fueron compradas por jugadores y ex jugadores del Barça.

El Barça tenía pasta gansa.

Pero no tenía en que gastarla.

Recalificando Les Corts

Tras el fracaso de España en el Mundial de 1962 la Federación Española del Fútbol decretó el cierre de fronteras y la prohibición del fichaje de futbolistas extranjeros. Se decía que el bajo nivel de la selección nacional era por culpa de esos foráneos que impedían que despuntasen jóvenes promesas. Di Stéfano, Puskás y Santamaría (argentino, húngaro y uruguayo) habían acudido a Chile 62 y su desempeño fue lamentable (Di Stéfano ni jugó al lesionarse en la preparación). Cuando el Real Madrid gane la Copa de Europa de 1966 con un once totalmente nacional se hablará de éxito del sistema. Lo cierto es que no fue así. Eso fue un oasis en un desierto. El nivel de los clubes españoles decayó y España fracasó en el Mundial de 1966 y no consiguió clasificarse para la edición de 1970 ni para la de 1974.

Hay quien dijo que la medida era propia de una dictadura. No fue tal. España, caso de los planes industriales y los métodos turísticos de desarrollo, hizo lo mismo que Italia, igual de católica y apostólica, pero asentada en una democracia. Italia también había cerrado fronteras en el pasado y lo volvería a hacer en 1966 al caer ante Corea del Norte en el Mundial de Inglaterra. Entre 1966 y 1980 Italia cerro las puertas al de fuera. A la Nazionale no le fue tan mal como a España. Ganó la Eurocopa de 1968, jugó la final del Mundial de 1970 y por el camino el AC Milan también ganó una Copa de Europa.

Total, que a inicios de los 70 es vox populi que el veto a los extranjeros tiene fecha de caducidad. En los mentideros del fútbol español se habla de permitir que cada equipo cuente con dos futbolistas foráneos y los directivos van preparando el terreno y haciendo acopio de capitales para acometer transacciones de campanillas. El Real Madrid es uno de ellos. Y toca mover ficha.

Corría el año 1972. Un grupo inversor con una mezcla de capital español y estadounidense ofreció al Real Madrid 4.000 millones de las antiguas pesetas por los terrenos del estadio para construir un rascacielos de 70 pisos, oportunamente llamado La Torre Blanca. La mudanza estaba planeada para un paraje a las afueras de Madrid, a orillas de la Nacional I en dirección Burgos, para un estadio de 120.000 espectadores (la mitad sentados) y con una cubierta similar a la del Olímpico de Múnich. Sería un fastuoso coliseo y tendría como prima donna a Johan Cruyff. Sólo había que solventar un asunto. Los terrenos del Bernabéu eran zona verde y deportiva. Tocaba meter mano y recalificar adecuadamente ese suelo para convertirlo en suelo edificable.

Exactamente lo mismo que había pasado en los terrenos de Les Corts de Barcelona en 1966.

Se daba tan por hecho el asunto, que el proyecto se presentó con una gigantesca maqueta en una gran exposición ante la prensa sin tener el visto bueno oficial. Y fue entonces cuando Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, dejo para la posteridad una perla: “La recalificación del Bernabéu está tan prohibida como el asesinato”.

Coño. ¿El Madrid no era el equipo del Régimen?

Cuentan que Bernabéu llamó a Raimundo Saporta, su fiel segundo, cargaron la maqueta del nuevo estadio en una furgoneta y se fueron a El Pardo para ver a Francisco Franco. Según su costumbre, el Generalísimo estudió el asunto y escuchó las explicaciones sin dar opinión alguna y con el rictus impertérrito. No habría estadio. Santiago Bernabéu, con 78 años y de vuelta de todo, explotó ante la prensa: “De haber hoy guerra de nuevo volvería mi mosquetón contra éstos”.

Tenía que haber algo más.

Y había algo más.

El Bernabéu que nunca fue

Cabe recordar que líneas atrás comenté que a Cruyff le había impresionado el gigantismo del Camp Nou. Fue en 1970. Había viajado a Barcelona a pasar unas vacaciones junto a su esposa. Trabó pronta amistad con Armand Carabés, gerente azulgrana, cuya esposa era neerlandesa. Johan Cruyff llegó a posar en el Camp Nou con una camiseta del Barça y conoció a Charly Rexach, el niño bien del barcelonismo, que se encargó se enseñar a Johan los sitios de moda en la Ciudad Condal. El matrimonio Cruyff y el matrimonio Carabés se harían inseparables y éstos últimos ayudarían a Cruyff a comprar casa en Barcelona, en un principio como residencia de verano, pero con la posibilidad de hacerse en domicilio fijo en caso de que España abriese fronteras y el Barça decidiese ir a por Cruyff.

El Barça podría aportar sol, playa y dinero. En Madrid, a la espera de la operación de recalificación del Bernabéu, había cemento, un frio tremendo en invierno y un calor asfixiante en verano. Pero, deportivamente, el Madrid era un transatlántico y el Barça un sidecar. Los blancos eran hexacampeones europeos y sumaban 13 ligas en los últimos 20 años. En ese período de tiempo el Barça tan sólo presumía de dos títulos ligueros. En esos años, en la década de 1960, la diferencia entre Madrid y Barça era abismal. Son los últimos años del Franquismo y las críticas comienzan a ser permitidas. El fútbol es lugar propicio para entrar en política con el beneplácito del Régimen. Es entonces cuando desde la prensa, con la venia de las altas esferas, se va cimentado la idea de que los éxitos del Madrid y los fracasos del Barça se deben a una mano negra que desde la capital ayuda a los blancos económica, deportiva, arbitral y hasta judicialmente.

La mayoría de aquellas críticas no eran más que autocomplacencia. Pero algunas otras eran ciertas.

Y el de los oriundos fue un escándalo tremendo. Un escándalo que mostró la corrupción del fútbol español y que dio al Barça munición para culpar al Madrid y a sus tentáculos de todos sus males.

Años de polémicas

Volvamos atrás en el tiempo. A la temporada 1964-65. La primera con cierre de fronteras. Tocaba echarle ingenio al asunto. Dado que sólo iba a permitirse que jugaran españoles la respuesta encontrada fue simple; se buscarían españoles donde fuera.

No era cosa nueva ¡ojo! La normativa de fichajes extranjeros en el fútbol español es rica en decisiones inverosímiles. En 1956 se habían aceptado dos extranjeros por equipo teniendo que ser uno de ellos iberoamericano o filipino por aquello del Imperio y tal. Como ya se comentó líneas atrás España llegó a ir al Mundial de Chile con cuatro futbolistas que ya habían sido internacionales con otros países (Puskás, Santamaría, Di Stéfano y Eulogio Martínez). La FIFA dijo basta.

Y españoles fuera de España había a patadas. Huyendo de la Guerra Civil o del hambre en Hispanoamérica había españoles en cantidad. Sólo entre 1860 y 1960 se estima que 600.000 gallegos recalaron en Argentina. Buenos Aires pronto se ganó el apodo de quinta provincia gallega y, aún hoy, sigue siendo la tercera ciudad con más gallegos tras Vigo y A Coruña. No en vano el término gallego es el acuñado para referirse a cualquier español que hiciese las maletas.

Así pues, los clubes deciden poner sus ojos más allá del Atlántico. No se podría fichar a ningún jugador que fuese internacional, pero sí a aquellos que no hubiesen debutado con su selección…y que tuviesen ancestros españoles. Fuesen reales…o inventados. Hecha la ley, hecha la trampa. La falsificación era fácil. Consistía en argumentar que fulanito o menganito no tenían papeles dado que su padre había sido republicano y se los habían quitado o, quizás, porque su abuela o su abuelo eran analfabetos y no contaban con documento alguno. En Argentina o Uruguay el proceso era harto laborioso, pero con una buena suma económica se llegaba a buen puerto. En países como Perú o Paraguay era más simple. Consistía en abrir la cartera y una retahíla de futbolistas se postraban a tus pies. Había oriundos (como fueron llamados) que únicamente valían 1.000 dólares a los que había que sumar otros 1.000 para que el cónsul español diese su OK con firma y sello.

Lo que era un secreto a voces se tornó en certeza gracias a dos iluminados a los que nadie les dijo que se callasen la boca.

Aguirre Suárez era un expeditivo defensa argentino que había triunfado en Estudiantes. Firmó por el Granada FC en 1971 y pronto se convirtió en el carnicero por antonomasia. Destrozó la carrera de Amancio y, su fama será tal, que el día que Cruyff juegue su primer partido en España, precisamente ante el Granada FC, una comitiva de jugadores y directivos rivales bajarán al vestuario para pedirle a Aguirre Suárez que por favor no cosiese a patadas al Flaco. El caso es que aterrizado en España se le preguntó a Aguirre por sus ancestros navarros. Ni corto ni perezoso contestó que no eran navarros sino de Pamplona. Aquello aún se podía edulcorar, pero ese mismo año el Valencia CF firmó al también argentino Miguel Ángel Adorno. Éste lo tuvo claro cuando le preguntaron de donde eran sus abuelos. “Son de Celta, en la provincia de Vigo”.

Blanco y en botella.

Aguirre Suárez

La gran potencia futbolística del asunto era Paraguay donde era increíblemente fácil conseguir la documentación falsificada. La cantidad de hijos o nietos de emigrantes que se habían convertido en futbolistas de élite era asombrosa. Era tan fácil romper con las reglas en Paraguay que una gran cantidad de futbolistas paraguayos de ancestros españoles eran en realidad argentinos. Primero se convertían en paraguayos a los nacidos en Buenos Aires y luego se les buscaba una madre de Salamanca o un abuelo de Pontevedra. El negocio era perfecto porque todo el mundo hacia la vista gorda. En realidad, nadie quería el cierre de fronteras. Era todo tan grotesco que hasta había futbolistas que llegaron a compartir padre postizo. El afortunado era un tal Antonio Martínez Rubalcaba quien, según los papeles, era padre al mismo tiempo de Carlos Martínez Diarte, jugador de Real Zaragoza, Martínez Cabrera, goleador del Elche CF y también de Óscar Martínez del Real Valladolid.

Todo iba como la seda hasta que Adorno y Aguirre Suárez echaron la lengua a pacer. Mas antes, concretamente un par de años antes, el asunto tuvo su primera grieta. 1969. El FC Barcelona le echó el ojo a Severiano Irala, un delantero paraguayo apodado Taladro por su facilidad para perforar porterías rivales. El tema es que Irala había debutado con la selección paraguaya por lo que, según las reglas, no podría fichar por un club español. Ya se había hecho la vista gorda por dicho asunto con algún que otro jugador siempre y cuando los encuentros hubiesen sido amistosos. Ese era el caso de Irala, pero esta vez no pasó el corte. Lo primero que dijo al llegar a España es que era internacional e inmediatamente la Federación Española de Fútbol vetó su fichaje.

En Barcelona el asunto se tomó muy mal. Y con razón. Irala volvió a Paraguay junto a su representante que no era otro que Eulogio Martínez, extremo paraguayo del Barça de finales de los 50 que había sido internacional con Paraguay y con España. El caso es que, de vuelta en Asunción, Irala, por indicación de Martínez, dio una rueda de prensa donde argumentó que nunca llegara a debutar con la selección porque una vez convocado había caído lesionado. Puede parecer escusa peregrina, pero entonces no había el nivel de información ni de datos de la actualidad y muchos partidos internacionales pasaban desapercibidos en buena parte del planeta. Irala vuelve a España dispuesto a jugar con el Barça, pero un periódico argentino publica en primera plana que aquello es mentira con foto de Irala como seleccionado paraguayo en un partido en el que incluso anotaría un tanto.

Días después de todo este guirigay el Real Madrid y el Barcelona juegan en Chamartín. Empatan 3-3. Bustillo, delantero azulgrana de 23 años, marca dos goles. En una jugada desborda al madridista De Felipe y éste le caza. La entrada es salvaje y Bustillo acaba con rotura del ligamento cruzado. Ortiz de Mendibil, colegiado del choque, no le saca ni tarjeta amarilla. Después el Madrid empata gracias a dos tantos de Sebastián Fleitas, un paraguayo hijo de españoles. Es decir, un oriundo.

La gota que colmó el vaso. Y el recipiente se desbordó.

En Barcelona hay una revolución. Es año de elecciones. Gana Agustí Montal. Un regionalista. Un nacionalista. Como ustedes gusten. Fuese lo que fuese es el primer presidente que no comulga con el Régimen. Acuñará el lema mès que un club y poblará el Camp Nou de senyeras desafiando pacíficamente lo permitido. La nueva directiva es clara. La de Bustillo fue la última.

Y la última tiene lugar en 1971. El FC Barcelona ficha a Bernardo Cos y a Juan Carlos Heredia. Ambos eran argentinos, pero ambos tenían pasaporte falso procedente de Paraguay. Los papeles eran exactamente los mismos, pero mientras la FEF aceptaba a Cos como oriundo rechazaba la inscripción de Heredia. La documentación, que se filtró rápidamente a la prensa, era idéntica; los mismos sellos, la misma firma. No se entiende nada. Luego se sabrá que la mordida que Exteriores había cobrado por Heredia no se ajustaba a lo solicitado.

Total, que Montal y Carabén montaron en cólera. Se propusieron investigar la situación y solicitaron a un grupo de abogados la elaboración de un informe. Entre los abogados se encontraba un tal Miguel Roca Junyent, quien pocos años después sería uno de los padres de la Constitución. Roca viaja a América Latina con la obligación de certificar con documentos y por escrito que aquellos oriundos de españoles tenían más bien nada. A la causa contribuyen con un par de detectives privados tanto el Athletic como la Real Sociedad, los dos únicos clubes de la Liga que no contaban con extranjero alguno. El llamado Informe Roca se las trae. El escándalo es tan mayúsculo que entre los mentirosos cuentan Óscar Valdez (Valencia CF) y Roberto Martínez (Real Madrid), quienes son internacionales con la selección española. Ambos, por supuesto, no tenían ningún ancestro nacido en la piel de toro. La lista es interminable. Roca comprobó que de los sesenta jugadores oriundos admitidos en el fútbol español cuarenta y seis habían falsificado la documentación. Adorno, Valdez, Anzarda, Touriño, Roberto Martínez, Vilanova, Acosta, Viberti, Ovejero…

El problema era de aúpa. Tan de aúpa que la FIFA podría invalidar los partidos internacionales jugados por la selección española. Y tan de aúpa, que, de cumplir con lo marcado por la ley, habría que declarar tal cantidad de alineaciones indebidas que habría que dar por anulados e inválidos al menos los cinco campeonatos de Liga anteriores (ninguno ganado por el FC Barcelona). Roca sabía lo que se traía entre manos y recomendó al Barça negociar. De hacerse público el informe las consecuencias serían irreparables. Así que Agustí Montal decidió sentarse a parlamentar.

Pero antes hizo una llamada telefónica a Ámsterdam.

Miguel Roca (centro)

Agustí Montal, a través de Carabés, contactó con Johan Cruyff. Quería su visto bueno. No sabemos si entonces había servilleta con un sí, pero El Flaco dio su palabra. Montal tenía atado al mejor jugador del momento. Y una vez atado, tocó negociar con la Federación Española de Fútbol y con su presidente Pablo Porta.

El informe se puso sobre la mesa. En la Federación se llevaron las manos a la cabeza. Hubo miedo. Mucho miedo. Se arregló de manera diplomática. Roberto Martínez y Valdez fueron abandonados discretamente de las convocatorias de España mientras la FIFA hacía la vista gorda. A los oriundos que llevaban dos años en España se les dio la nacionalidad española por decreto. El resto serían considerados extranjeros y cada club sólo podría contar con un par de ellos. Y lo más relevante para el Barça. A cambio de callar la boca, el Barça consiguió que a partir de la temporada 1973/74 se levantase el veto y se permitiese la presencia de jugadores foráneos en la Liga.

Fue así, una vez que se anunció que el veto se levantaba, que Santiago Bernabéu fue en busca de la estrella que devolviese el brillo al Real Madrid. Pinchó en hueso. El Barça jugaba con las cartas marcadas. Tuvieron los azulgranas, eso sí, que pagarle tres millones de dólares al Ajax (récord de la época) para que Cruyff fuese hombre libre. El Ajax tenía un acuerdo con el Madrid por un tercio de ese dinero, pero estaba dispuesto a aceptarlo para llevarle la contraria a Cruyff. Johan llegó a negarse a entrenar y se declaró en rebeldía (algo nunca visto hasta entonces). Cruyff llegaría a España en octubre de 1973, con la Liga más que empezada. El Barça marchaba octavo, pero con Cruyff inició una racha de partidos ganados (incluyendo un 0-5 en el Bernabéu) que le llevó a ganar la Liga catorce años después. Al año siguiente llegaría a semifinales de la Copa de Europa, en lo que sería el tope de un Cruyff que fue incapaz de repetir en Barcelona los éxitos de Ámsterdam. Daba igual. Johan devolvió el orgullo a Cataluña. Como dijo el New York Times: “Johan Cruyff hizo más por el nacionalismo catalán que años y años de política clandestina”.

¿Y qué pasó con aquellos funcionarios y altos funcionarios que firmaban y ponían sellos a papeles falsos? Todos los involucrados, desde los futbolistas a los representantes tramposos pasando por los directivos de clubes sin escrúpulos o los codiciosos funcionarios de Exteriores, fueron absueltos de todas sus penas por la Ley de Amnistía de 1977 aprobada con la llegada de la democracia a España.

C’est la vie.

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Cuando fútbol y eclipse de sol fueron de la mano

Para todos aquellos que tienen un mínimo de interés en el fútbol la historia es más o menos conocida. En el siglo XIX los alumnos de los colegios privados de Inglaterra dedicaban su tiempo de asueto en jugar al fútbol. Cada institución académica tenía sus propias reglas y eran tan variadas que en algunas academias se podían usar las manos (Rugby o Marlborough) y en otras únicamente los pies (Winchester, Eton o Cambridge). A mediados de siglo, y gracias al desarrollo de la red de ferrocarril, comenzaron a disputarse competiciones entre las distintas universidades, por lo que se hizo necesario establecer unas reglas comunes. En octubre de 1863 se constituyeron las reglas básicas del fútbol y, años después, los disidentes harían lo propio implantando las reglas básicas del rugby.

El fútbol es más antiguo que la bombilla, el cine o el automóvil.

A partir de ahí el fútbol se extenderá con rapidez por todo el planeta. Soldados, marineros, funcionarios de las colonias, hombres de negocios, ingenieros y maestros ejercerán de apósteles. El balompié se convertirá en el deporte hegemónico por antonomasia. El rugby quedará anclado en las Islas Británicas y sólo tendrá aceptación en las colonias del Imperio y, de forma sorpresiva, en Francia.

Los triunfantes ingleses siempre se han orgullecido de ser los inventores del fútbol. Fue un invento de la Inglaterra Victoriana para escapar de los aburrimientos de los domingos y llenar de ocupación el nuevo tiempo de ocio de la sociedad contemporánea. Y es cierto. Pero hay matices. Muchos matices.

¿Quiénes son los responsables de hacer del fútbol un deporte divertido y sugerente para buena parte de la humanidad? ¿Quiénes lograron que se convirtiese en el ariete primordial entre todos los deportes? No. No fueron los ingleses. Fueron los escoceses.

El primer partido

En 1707 Escocia pasó a formar parte del Reino de Gran Bretaña. A partir de entonces (y de forma errónea) los escoceses pasaron a ser para el resto de la humanidad ingleses. Sucede que cuando el Imperio Británico conquiste los cinco continentes a través de su armada y de su ejército o cuando una empresa británica vacíe una mina de carbón, cree una industria textil o explote un pozo de petróleo, a ojos de la humanidad será un hito de la comunidad inglesa. Para el nativo el británico era sinónimo de inglés. Ni existía el escocés, ni el galés ni el irlandés.

La realidad es que un alto porcentaje de los militares y de los comerciantes británicos eran escoceses. Por un lado, las durísimas condiciones climatológicas y un terreno verde, pero pedregoso y de paupérrimo nivel de cultivo, hacían del escocés un pueblo proclive a la emigración. En la otra vertiente, las diferencias religiosas y la pérdida de propiedades y estatus tras la absorción de los ingleses del Reino de Escocia hicieron que las familias de renombre, o bien marchasen a Londres a probar fortuna, o por la contra se convirtieran en ricos comerciantes y en ávidos empresarios bajo el mandato de la Corona inglesa.

Así pues, fueron los comerciantes y los trabajadores escoceses los que llevaron el fútbol a través del mar más allá de las Islas Británicas.

¿Cómo se convirtió el fútbol en el deporte ganador? ¿Por qué lo que triunfó fue el fútbol y no el rugby? ¿Por qué en Escocia el balón redondo le ganó la partida al balón ovalado?

Los escoceses eran conocidos por ofrecer un buen trato con el balón, dar muchos pases y hacer un gran juego colectivo. Los ingleses preferían encarar por bandas y el ‘up and under’ (el patadón), un tipo de fútbol más individualista y que tenía su razón de ser en el rugby. El fútbol de ‘passing game’ y ‘dribbling’ escocés triunfaría. El juego propuesto por los escoceses, tan atractivo para el público, fue lo que hizo que el fútbol le ganara la batalla al rugby o al cricket por la supremacía mundial y que fuese aceptado y asimilado rápidamente en todos los puntos del globo.

Escoceses eran la gran mayoría de británicos que comerciaron en España en el siglo XIX, los cuales introdujeron el fútbol en nuestro país. La familia católica y escocesa Gordon montó un imperio bodeguero en Jerez y el también escocés Hugh Matheson consiguió la concesión para explotar las minas del Río Tinto cerca de la ciudad de Huelva. Fueron los trabajadores de las minas quienes fundaron el Huelva Recreation Club (Recreativo de Huelva) en 1889, cuyo primer presidente fue el también escocés Charles Adams, quien dirigía una empresa de gas en la capital onubense. Los escoceses (en las crónicas siempre confundidos por ingleses) fundaron los primeros clubes en Sevilla, Bilbao o Barcelona, ciudades con fuerte presencia de capital extranjero.

En los arrabales de Barcelona se crea una gran industria textil que atrae a numerosos escoceses y que contribuirá a que lugares como Sabadell o Terrasa pasen de ser pueblos a ciudades. En Barcelona, un día de 1898, el suizo Hans Gamper se acercó a las instalaciones del Gimnasio Tolosa para integrarse en su club de fútbol. El club estaba formado por escoceses y le denegaron el acceso, pero no por motivo de su nacionalidad, sino por culpa de sus creencias, ya que Gamper era protestante y el club estaba integrado por escoceses católicos. A finales de ese año Gamper decide crear su propio club de fútbol, en el que, además de a suizos, también permitirá la presencia a ingleses y a escoceses protestantes. Es el FC Barcelona.

En otra punta de España, en Galicia, una zona aislada pero perfectamente conectada por mar con Gran Bretaña, tuviera lugar años atrás el primer partido de fútbol documentado en territorio español. Es en agosto de 1873 cuando atraca en Vilagarcía de Arousa el barco militar británico de nombre Go-Go. Según relatan las crónicas, los marineros aprovecharon los días de descanso para comer, bailar, ligar y, al parecer, jugar un partido de fútbol en un descampado situado en la parte trasera de la capilla de San Roque. El primer equipo de esta ciudad fue el Real Alfonso XII creado en 1901 y cuyo presidente era Cameron Walker, nacido en Trípoli, pero de madre escocesa.

Fútbol en Vilagarcía

Como hemos visto son los lugares con acceso al mar los primeros en recibir la buena nueva futbolística. La potente Bilbao y su industria pesada, la periférica, pero con excelente fachada marítima, Galicia y la parte atlántica de Andalucía, próxima a Gibraltar y nudo de comunicaciones por mar. Barcelona, ciudad en expansión y conectada a Europa, también adelantó a Madrid en el asunto deportivo. ¿Y qué pasó en el Mediterráneo?

Importante mar comercial pero desorientado en relación a Gran Bretaña, el fútbol tardó unos cuantos años más en llegar a Levante. Lo curioso es que en este caso sabemos con certeza y exactitud el lugar y momento de la aparición del balompié. Fue un 28 de mayo de 1900 en la playa ilicitana de Tamarit.

¿Cómo ello es posible?

Aquel 28 de mayo fondeó en Elche una expedición de la British Astronomical Association, a bordo del buque de guerra HMS Theseus. Al mando el almirantazgo británico, pero también dos astrónomos, quiénes más tarde documentarían para la posteridad los asuntos del viaje. Alquilaron un bar con azotea en lo que calificaron como “una pintoresca localidad morisca” para instalar cámaras fotográficas y telescopios.

Y es que tocaba afinar cálculos y lentes dado que aquel 28 mayo se iba a producir un eclipse solar y la costa levantina era el lugar más privilegiado de Europa para disfrutarlo.

Sucedió que, mientras los científicos afinaban las matemáticas, los marineros del HMS Theseus encontraron otra forma de pasar el tiempo. En la arena de la playa de Tamarit, improvisaron porterías, formaron dos equipos y comenzaron a correr tras una pelota. No sabían que estaban haciendo historia. Jóvenes curiosos se acercaban a mirar, intentando comprender aquel juego rápido, físico, y lleno de reglas desconocidas.

El diario alicantino El Liberal, en su edición de esos días, describía el espectáculo como “un violento ejercicio que realizan con una pelota de goma, valiéndose de la cabeza y los pies, con prohibición absoluta de las manos y los brazos”.

El eclipse solar del 28 de mayo de 1900 fue uno de los tres primeros eclipses totales de sol del siglo XX, conocidos internacionalmente como los eclipses españoles, dado que España fue lugar privilegiado para su observación. La sombra de la Luna atravesó la Península Ibérica de noroeste a sureste, comenzando por el sur de Oporto (Portugal), pasando por Ciudad Real y saliendo aproximadamente por Alicante. Eso hizo que durante 80 segundos lugares como la cacereña Navalmoral de la Mata o la alicantina Elche fuesen centro del planeta.

Elche, una ciudad en aquellos momentos de apenas 30.000 habitantes, recibió unos 25.000 visitantes, duplicando temporalmente su población. Llegaron desde Inglaterra, Escocia, Francia, de diferentes puntos de España y de muchos otros países. Con ello trajeron consigo no solo instrumentos científicos sino también curiosidad, cultura y una presencia internacional inédita desconocida en aquellos lares. Aquel eclipse fue el primero en la historia en ser filmado en movimiento gracias a una cámara. Así que, aquel 28 de mayo de 1900, hubo en Elche un eclipse de sol, por vez primera se vio una cámara de cine y, por supuesto, se jugó el primer partido de fútbol conocido a orillas del Levante español.

Eclipse 1900

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Estados Unidos 2026. Balance

Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.

En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.

Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.

Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.

El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.

Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.

El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.

En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.

Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.

Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.

¡A beber!

La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.

La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.

Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.

La reacción del pueblo no.

Marruecos sin marroquís

El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.

Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.

En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.

El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.

A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.

Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.

España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.

Gracias Digne

Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.

El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.

La Brasil del siglo XXI.

El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).

¡Campeones!

Otros resúmenes mundialistas

Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)

Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)

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España ya es Brasil

Al principio de los tiempos estaba Inglaterra. Bueno. Inglaterra y Escocia. La batalla duró poco más de un decenio. A finales de la década de 1880 ya se sabía que la mejor selección del planeta era Inglaterra. Su dominio era hegemónico y así lo fue durante medio siglo. Habían inventado el cotarro, presumían de profesionales y contaban con una generación de ventaja. Hasta la llegada de la II Guerra Mundial, y a pesar de los éxitos de uruguayos, argentinos o italianos, nadie osaba discutir la primacía de los ingleses.

Sucedió que tras la vuelta al ruedo en 1950 con la Copa del Mundo celebrada en Brasil todo el sistema saltaría por los aires. El fútbol continental y sudamericano ya superaba al inglés. En Europa destacaron los tres títulos mundiales de Alemania (1954, 1974 y 1990) y una prodigiosa secuencia entre 1966 y 1990, cuando alcanzaron las semifinales en seis torneos de siete posibles. La fiabilidad teutona era contestada al otro lado del Atlántico por los cuatro trofeos brasileños (1958, 1962, 1970 y 1994) y por una serie de tres finales consecutivas (1994, 1998 y 2002), que culminará con el quinto entorchado a inicios del presente siglo.

Brasil o Alemania. Sin ningún género de dudas las dos mejores selecciones nacionales de fútbol del siglo XX. Brasil dejó algo más. Dejó un estilo. Todo niño soñaba con ser brasileño. Toda cantera de fútbol soñaba con replicar el modelo de jogo bonito. Brasil exportó una manera de jugar al fútbol respetada, y, a mayores del modelo alemán, admirada.

Sucede que con esos bueyes ya no se puede arar.

España es Brasil. Es en España donde se practica el mejor fútbol del planeta. Es España la selección más respetada y admirada en lo que va de siglo XXI. Todo niño quiere ser español. Toda escuela de fútbol quiere replicar el modelo de juego asociativo (tiki-taka lo bautizó Andrés Montes, entre burlas del personal) que tantos éxitos ha dado. Nadie ama el balón como España, sensible y delicada en la ofensiva e impenetrable en la defensiva. A través del colectivo, del uno para todos y todos para uno, minimiza egos y convierte en superlativos a futbolistas simplemente aseados. Italia y Alemania, dos bicharracos ultra competitivos el siglo pasado, buscan replicar el modelo español sin suerte y sin saber, ya perdido el norte, si mantener su esencia pasada o abrazar el estilo de este Brasil europeo.

Tan sólo Francia parece rivalizar con España en este siglo XXI. A través de una perfecta gestión de las migajas de su Imperio colonial, Francia ha replicado el modelo de fiabilidad alemana (tres semifinales consecutivas en 2018, 2022 y 2026). Y ese baluarte galo convierte el triunfo español aún en más extraordinario. España no ha necesitado de una revolución social ni demográfica para convertir una historia de fracaso futbolístico en un éxito perpetuo. Hay excepciones (Lamine Yamal o Nico Williams) y sin embargo no es tiempo de mestizos ni de hijos de inmigrantes ni de descendientes de africanos. Ese momento llegará, pero, parafraseando a Mariano Rajoy, por el momento España gana con españoles.

Oyarzabal (un tipo corriente)

El relator de estas líneas nació en 1985. Había habido éxitos. Las seis Copas de Europa del Madrid y la Eurocopa de 1964 con Franco en el palco y derrotando a los soviéticos en el campo. Era cosa del pasado. En blanco y negro. España no acudió al Mundial del 1970 ni al de 1974 y era normal que los clubes peninsulares cayesen en las primeras rondas europeas ante las bestias europeas. Así fui yo criado. Con la idea de que España era inferior. Caímos en cuartos de final del Mundial de 1994, el primero del que tengo memoria. No la tengo de la Eurocopa de 1992, dado que ni siquiera España llegó a clasificarse. Cuartos de la Euro del 96, ridículo en Francia 98, otra vez cuartos en la Euro 2000, cuartos en el Mundial 2002, otro ridículo en la Euro 2004, octavos en el Mundial 2006…

Para una persona nacida únicamente quince años más tarde, allá por el año 2000, justo en el albor del nuevo siglo, el cambio es radical. Es como pasar del Antiguo Régimen a la separación de poderes de la Revolución Francesa. Su primer recuerdo será la victoria de la Eurocopa 2008 tras vencer a ¡Italia! en los penaltis de los cuartos de final y a ¡Alemania! en el partido decisivo. Luego el Mundial de 2010, la Eurocopa de 2012…la Eurocopa de 2024, ¿Mundial 2026?

Brutal.

España jugará ante Argentina la final del Mundial este domingo. Lo hará tras ser la mejor del ranking FIFA de 2008 a 2014 y de estar entre las tres mejores desde el 2024. Lo hará con mayor o menor éxito, pero lo hará con un estilo propio e inconfundible. Como Brasil, gane o pierda, siempre será admirada. España únicamente se ha enfrentado una vez en un Mundial ante la albiceleste. Fue en 1966. Ganó Argentina. Los sudamericanos eran favoritos. En 1966 nadie tenía estrellas en el pecho. Los argentinos ahora cuentan con tres. Son los actuales campeones, pero no son favoritos. En 2026 el favoritismo es español. Gane quien gane todos sabemos que la posesión del balón será española. Y gane quien gane todos sabemos que el relato del juego será propiedad española. Será el último partido de Lionel Messi en un Mundial. Es de justicia que sea ante España, el país donde aprendió a asociarse y a entender el juego desde cualquier lugar del campo. Esos conocimientos, añadidos a su talento innato para acariciar el balón, han convertido a Leo en inmortal.

La jerarquía española en el siglo XXI abarca mil y un lugares. España había logrado el oro olímpico en 1992, suceso que repitió en 2024, amén de dos platas (2000 y 2020). En lo que va de siglo XXI la selección sub-21 suma tres entorchados europeos y la sub-19 alcanza una cifra récord de nueve títulos continentales. Antes, en 1999, la selección sub-20 de Casillas o Xavi había ganado el Mundial de la categoría para dar el pistoletazo de salida al prodigioso siglo XXI.

Di Stéfano había ganado el Balón de Oro siendo español adoptado. El gallego Luis Suárez replicó el éxito. Después tocó un erial. Rodrigo, un tipo corriente con la extraordinaria habilidad de acariciar el balón y colocarlo siempre en el sitio correcto, ganó un Balón de Oro en 2024. En el siglo XXI tocaron pódium Raúl, Fernando Torres, Iniesta, Xavi, Lamine Yamal y los que queden por venir. Y todo ello con un sistema de juego colectivo que impide que un jugador destaque por encima del grupo.

Cuando yo coleccionaba cromos el Real Madrid sumaba 32 años sin levantar una Copa de Europa. Rompió el maleficio en 1998 y en el siglo XXI ha vitoreado otras ocho veces. Una Liga de Campeones tenía el Barça en el siglo XX y ahora cuenta con cinco coronas. Atlético de Madrid y Valencia CF han llegado a finales de Copa de Europa, amén de ganar el segundo trofeo europeo. Trofeo que también han levantado el Villarreal CF o el Sevilla FC con hasta ¡siete! Europa League en el siglo XXI. Athletic, RCD Espanyol y Deportivo Alavés se quedaron a las puertas. Hasta mi RC Deportivo, un equipo ascensor hasta los años 90, consiguió llegar a una semifinal de la Copa de Europa.

La Liga española fue nombrada la mejor Liga del mundo entre 2000 y 2004 y entre 2010 y 2019 de forma ininterrumpida. Actualmente es considerada la segunda mejor del planeta detrás de la inglesa y desde los años 90 siempre ha estado entre las tres mejores del orbe. Esto, en los 70 y los 80, era ciencia ficción. Por cierto, cuatro de los seis primeros equipos clasificados en la Premier inglesa de la temporada pasada contaban con un técnico made in Spain. En 18 de los últimos 26 años un club español siempre ha ganado un trofeo internacional. Los clubes hispanos suman un total de 87 títulos internacionales en toda su historia por los 61 de escuadras inglesas, los 55 de instituciones italianas y los 35 de clubes alemanes.

Durante el siglo XX Alemania logró tres Copas del Mundo y tres Eurocopas. Italia sumó tres Mundiales y una Eurocopa. España contaba con una Eurocopa. En el último cuarto de siglo, los alemanes suman un Mundial más y los transalpinos un Mundial y una Eurocopa a mayores. España también logró una Copa del Mundo amén de tres Eurocopas.

Si España logra este domingo la victoria ante Argentina y así sumar su segundo Mundial, serán un total de dos títulos mundiales y cuatro europeos. Cinco de los cuales logrados en un espacio de 18 años.

Sólo Brasil ha logrado tal hazaña.

Y la Copa América, a diferencia de la Eurocopa, se organiza de forma bianual.

Si España gana el Mundial, alcanzará el Olimpo.

Ocurre que, aunque caiga derrotada, seguirá siendo la mejor selección de fútbol del siglo XXI.

La mejor y a la que todos los niños del planeta se quieren asemejar.

España

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Villalonga

PSG vs Arsenal. Luis Enrique vs Mikel Arteta. Un club francés y otro inglés. Dos entrenadores españoles. Uno de ellos se convertirá en campeón europeo. Ambos representan estos tiempos. Aunque Luis Enrique triunfó en el FC Barcelona y dirigió a la selección española, su mili como técnico tuvo lugar en Roma y es Paris el lugar que lo ha coronado como uno de los mejores técnicos del último medio siglo. Arteta nació en Donostia y se crio como futbolista en Barcelona, pero pronto emigró a Gran Bretaña. Allí lleva un cuarto de siglo. Comenzó como segundo de Pep Guardiola y concluirá en este mes de mayo su octava temporada como técnico del Arsenal FC.

Si Luis Enrique resulta el vencedor sumará tres títulos (ganó en 2015 con el FC Barcelona y en 2025 con el PSG). Si lo hace Mikel Arteta será el séptimo entrenador hispano en lograr el éxito europeo. Y no son muchos. Seis (o siete) en 70 años de Copa de Europa. Seis (o siete) con 20 títulos logrados entre Madrid y Barça. Pep Guardiola tiene tres coronas (FC Barcelona en 2009 y 2011 y Manchester City en 2023) y Rafa Benítez consiguió un trofeo en 2005 con el Liverpool FC. A partir de ahí únicamente hay tres técnicos españoles a mayores. Y aquí lo curioso. De los 15 títulos logrados por el Real Madrid exclusivamente seis de ellos (menos de la mitad) llevaron la batuta de un técnico de la casa. Vicente del Bosque (2000 y 2002) salió victorioso en dos ocasiones, las mismas que Miguel Muñoz (1960 y 1966), quién antes había sumado otras tres como jugador. Arteta, Luis Enrique, Guardiola, Benítez y Del Bosque son de sobra conocidos por cualquier aficionado al fútbol. Incluso suenan campanas a lo lejos cuando se nombra a Miguel Muñoz, a pesar de que el interlocutor sea un miembro de la Generación Z.

Al que pocos conocen es a José Villalonga.

Nacido en Córdoba en el invierno de 1919, José Villalonga Llorente soñaba con ser portero de fútbol. De niño imitaba a Ricardo Zamora en las porterías del colegio de la Sagrada Familia próximo a la Basílica de San Pedro. Su primer club federado se llamará Once Rojo y con 16 años militará como segundo portero en el Racing de Córdoba (antecesor del Córdoba FC) ayudándolo a subir a Tercera. Corría el año 1936.

Estalla la Guerra Civil.

Villalonga lo tiene claro y se alista como voluntario. Se une a los sublevados. O a la Cruzada de Liberación Nacional. Y es que José Villalonga es militante falangista de primera hora. En mayo de 1937 participará en la batalla de Pozoblanco, una contraofensiva republicana que fue debidamente olvidada por la historiografía franquista. Villalonga es herido por una bala que le entra por la tibia y le sale por la bóveda plantar. Permanecerá hospitalizado hasta el final del verano. Recuperado, pasará a formarse como oficial en Marruecos y alcanzará el grado de alférez participando en la ofensiva de Mérida en la que el general Queipo de Llano y sus tropas, Villalonga incluido, barrerán el frente de Extremadura logrando el total control del sur de España y, de paso, vengar la derrota sufrida en Pozoblanco en la primavera anterior.

José Villalonga

Finalizada la Guerra Civil, el ya teniente Villalonga es enviado a la Academia Militar de Toledo. Es entonces cuando decide estudiar educación física. Obtendrá el título de profesor siendo el primero de su promoción. Dos años después adquiere el título nacional de entrenador de fútbol. Estamos en 1949. Dos años después, en 1951, el Real Madrid lo contrata para dirigir a su equipo juvenil. El éxito es absoluto y se le ofrece ser también el preparador físico del primer equipo. Villalonga acepta y solicita una excedencia en el Ejército Español.

¿Y por qué? ¿Por qué un desconocido como Villalonga?

El Madrid llevaba veinte años sin ganar una Liga. Acababa de estrenar el Nuevo Chamartín, la culminación de todo el esfuerzo de reconstrucción del club tras la catástrofe de la Guerra Civil fruto de la visión futurista de Santiago Bernabéu. Con estadio nuevo el equipo no arranca y Bernabéu decide darle el mando a Juan Ipiña, el futbolista que más veces había vestido de blanco. Lo primero que hizo Ipiña fue sugerir a Bernabéu que incorporara al organigrama del club a un erudito de la preparación física que conocía en Toledo. Villalonga pertenecía a la primera generación de especialistas españoles en el campo de la formación que habían salido de la escuela militar de Toledo, pionera en la enseñanza de un concepto nuevo de instrucción deportiva. No era cosa de Franco. Tampoco de la República. Fuera fundada en los años 20 convergiendo en ella los principios germanos de culto al cuerpo y pasión por la naturaleza con las nuevas tendencias del deporte como ocio urbano y negocio para la incipiente clase media.

Resultó que Ipiña, capitán durante la década de 1940, no funcionó bien como técnico y Bernabéu apostó por un ex entrenador del FC Barcelona. Se trataba del uruguayo Enrique Fernández. En su primera temporada, que también fue la primera de Di Stéfano, se ganará la Liga. En la segunda el asunto no funcionaba. El Madrid no arrancaba y a inicios de diciembre veía como Athletic y Barça se escapaban y a duras penas aguantaban la tercera posición en una lucha mano a mano con el Sevilla FC.

El 10 de diciembre de 1954 José Villalonga era nombrado entrenador del Real Madrid. Apenas contaba con 35 años.

Villalonga prioriza lo físico sabiendo que dispone de un potosí de virtuosismo en un plantel irrepetible; la ambición es controlar el juego gracias a Di Stéfano, quién abandona el área para buscar el balón en el centro del campo ejerciendo de mediocentro. A partir de ahí despliegue físico tanto en defensa como en ataque y que los artistas lleven la voz cantante.

Villalonga tenía fama de discreto, de prudente y de buen pastor de hombres. Como Del Bosque o como Zidane, se le puede catalogar como el primero de una raza de entrenadores con amplia mano izquierda. No siempre sale bien. A veces se pone a conducir un autobús a alguien con la L y el conductor (pongamos que se llama Arbeloa) acaba dejando el volante y saltando por la borda dejando que el bus se estampe. No obstante, el asunto al Real Madrid suele salirle bien. Técnicos que saben seducir a sus pupilos y que conectan con las estrellas dándoles manga ancha para expresar sus habilidades. De José Villalonga se decía que más allá de hacer correr a sus futbolistas, no tenía ni idea de dirigir a un equipo de fútbol.

Y también, como en el caso de Del Bosque o Zidane, José Villalonga llega al banquillo del Real Madrid como segundo plato. Como parche temporal. Para nada fue temporal. Estuvo dos años y medio en el banquillo del Real Madrid. 30 meses que cambiarían la historia de la entidad merengue para siempre. En únicamente 105 partidos oficiales logró 2 Ligas, 2 Copas Latinas y 2 Copas de Europa. A 17 partidos por trofeo. Conquistó en su primer año la Liga y la Copa Latina, por entonces una competición que reunía a los campeones de España, Italia, Francia y Portugal. En 1957 volvería a sumar ambos títulos, en la que sería la última edición de la citada Copa Latina.

Y fue la última dado que en la campaña 1955-56 se puso en marcha la primera edición de la Copa de Europa. A ella acudió el Real Madrid como vigente campeón liguero. Y saldría campeón al derrotar al Stade Reims en la final. En la siguiente temporada repetiría alirón al vencer a la Fiorentina por 2-0 en el Santiago Bernabéu. Aquel equipo es una máquina de jugar al fútbol gracias al virtuosismo de Di Stéfano. Ocurre que también lo es porque es capaz de mantener un ritmo alto de juego durante los 90 minutos, algo poco corriente en aquel entonces, debido a los métodos de entrenamiento físico de Villalonga.

Di Stéfano y Villalonga

Celebrado el triplete Liga, Copa Latina y Copa de Europa, el Real Madrid emprendió una lucrativa gira veraniega por Sudamérica. Entre partido y partido a José Villalonga le llegó la oferta de renovación de su contrato. Al volver ni siquiera se presentó en el despacho de Santiago Bernabéu. Decidió escribirle una carta exhibiendo su negativa por la oferta y su agradecimiento por la oportunidad dado un lustro antes.

El motivo de la desaprobación era económico. No podía ser de otra forma. Pero también era cuestión de poder. Villalonga pidió ser además de entrenador ser el director deportivo y ocuparse de los fichajes, y eso era una línea roja para Bernabéu. El puesto, por cierto, era entonces ocupado por Ipiña. Lo cierto es que, al igual que Florentino, Bernabéu consideraba que el entrenador era un actor irrelevante. Ocurre que a diferencia de Florentino que patinó cuando prescindió de Del Bosque, Zidane o Ancelotti, Bernabéu acertó con el argentino Luis Carniglia (otras dos Copas de Europa) y con Miguel Muñoz (otro par de trofeos europeos).

Oficial franquista, Villalonga era de armas tomar y decidió dejar plantado al Madrid en la cima de su éxito. Se fue a Zaragoza a obtener los galones de comandante de infantería y, una vez conseguidas las estrellas, pasó a ocuparse de las categorías inferiores de la selección española de fútbol. En esas estamos cuando al poco de iniciarse la campaña 1959-60 el Atlético de Madrid destituye a su entrenador y le ofrece el cargo a Villalonga. Acepta. Gana el primer partido en San Sebastián y en el segundo arranca un empate contra su ex Real Madrid. Ese año ganó la Copa del Generalísimo. La primera en la historia del Atlético de Madrid. Al año siguiente será la segunda. Dos temporadas y dos copas. Y las dos logradas ante…el Real Madrid.

Así que Villalonga en apenas cinco temporadas como entrenador suma 2 Ligas, 2 copas, 2 copas de Europa y 2 Copas Latinas. Casi nada al aparato. Es el verano de 1962 y le ofrecen ser seleccionador nacional.

España venía de fracasar en el Mundial de Chile 1962. El comandante Villalonga purgó al equipo que fue al Mundial entre grandes polémicas. Pasó la guadaña y la pieza más conocida fue Francisco Gento, capitán y leyenda blanca. Le llovieron palos. Pero Villalonga no se achantó. Clasificó a España para la fase final de la Eurocopa. Por entonces sólo la disputaban cuatro equipos. Semifinales y final. España como anfitriona. Santiago Bernabéu. En la final España vs Unión Soviética. Franco en el palco. Villalonga, camisa vieja de Falange y Medalla de la Vieja Guardia en el banquillo. Ganó España. No lo volverá a hacer hasta 2008. Ya como teniente coronel, Villalonga clasificó a España para el Mundial de Inglaterra de 1966 y pondría punto final a su carrera como seleccionador tras caer en la primera fase.

Pasó entonces a dirigir la Escuela Nacional de Entrenadores hasta que, en 1973, con apenas 53 años, murió de un infarto. Se fue un grande, aunque muy, muy, muy pocos lo recuerden. En apenas una década como entrenador logró ocho títulos, entre ellos 2 Copas de Europa con el Real Madrid y una Eurocopa con la selección española. Levantó un trofeo en todas y cada una de las temporadas en las que se sentó en un banquillo y cosechó éxitos con España, algo que tan sólo Luis Aragonés (longevo y con menos títulos), Luis De la Fuente (sin experiencia en clubes) y Del Bosque pueden presumir. Si nos atenemos a palmarés y a porcentaje de títulos por temporada entrenada, tan sólo Pep Guardiola y Vicente Del Bosque pueden hablarle de tú a tú a José Villalonga.

Ahí es nada.

España 1964

“En España somos grandes cuando somos 100; más, nos entrematamos”. Max Aub, escritor español de origen francoalemán.

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El sucesor de Induráin

En 1994 España no había ganado un Mundial de fútbol. Tampoco uno de baloncesto ni de balonmano. En 1994 Rafael Nadal tenía ocho años y Fernando Alonso trece. Marc Márquez llevaba pañal. En 1994 España vivía de éxitos esporádicos y pasados en tenis, motociclismo, boxeo y ciclismo. Cierto que había brotes verdes nacidos de la gloria de los Juegos Olímpicos de Barcelona, pero la realidad es que éramos unos parias en relación a nuestros semejantes europeos. Había una excepción y se llamaba Miguel Induráin. Vencedor del Tour de Francia, que es algo así como el Mundial de ciclismo, en 1991, 1992, 1993 y 1994, si lograba la victoria en el verano siguiente (spoiler: lo consiguió) podría ser catalogado como el mejor ciclista de la historia.

Un español como el mejor del planeta.

En 1994 toda España era del Team Induráin.

Y entonces nos llega una noticia. Resulta que en Ecuador se disputa el Mundial de ciclismo junior reservado para deportistas de 17 y 18 años. El campeonato empezó a diputarse en 1975 y entre los vencedores los hay ilustres de las dos ruedas como Roberto Visentini, Greg Lemond o Pavel Tonkov. Sucedía que en dos décadas de prueba ningún español había quedado si quiera entre los tres primeros clasificados. Y resultó que en 1994 se proclamó campeón del mundo un tal Miguel Morrás.

Nunca antes ni nunca después un español volverá a ser campeón del mundo juvenil.

Había nacido el nuevo Induráin. Las comparaciones surgieron y lo hicieron con fuerza. Morrás era navarro como Miguel. Había nacido en Sesma, a unos 50 kilómetros de Villava, lugar de nacimiento del entonces Miguel más conocido de la Península Ibérica. Luego Morrás emigró a Francia con sus padres. Allí practicó atletismo, judo y natación, pero lo que le de verdad le gustaba era el fútbol. Al volver a España se enroló en las filas del Izarra, uno de los múltiples equipos que están en la órbita del Athletic. Se le daba bien el balón, era extremo izquierdo, y de hecho llegó a enfrentarse a futuras estrellas como Guti o Iván de la Peña en campeonatos nacionales. Ocurrió que en plena edad de oro de Induráin lo convencieron para enrolarse en el Club Ciclista de Estella. Fue una aparición. Una centella. Sumó 32 victorias en 64 carreras en 1994, todas ellas por aplastamiento, amén de proclamarse subcampeón de España para luego vitorear a nivel mundial en Ecuador. Lo hizo tras escaparse en solitario a falta de 40 kilómetros para la línea de meta. Una portentosa exhibición.

Miguel Morrás

Miles de personas se concentraron en su pueblo para recibirle con honores. En los balcones, pancartas con su rostro. Todos querían felicitar a un campeón que, poco tiempo después, recibiría un Premio Marca y el reconocimiento a Mejor Deportista del Año en Navarra. Banesto se frotaba las manos. Las comparaciones con Induráin, que hasta entonces se comentaban en pequeños círculos, adquirieron una nueva dimensión. Era el elegido. Volaba. Iba sobrado y, lo mejor, tenía un margen de progresión inimaginable.

Era ágil de piernas, tenía motor, un gran ataque y además era buen compañero. Únicamente entrenaba hora y media al día y le era más que suficiente. Tenía un don. Físicamente superdotado para su edad, no tiene rival entre los chicos de su edad. Es así, que, al inicio de 1996, poco antes de cumplir los 20 años, pasa a categoría profesional. Hoy puede considerarse algo rutinario, por entonces era impensable. Nadie saltaba a profesionales hasta los 23 o 24 años. Hacerlo nada más llegar a la veintena era una auténtica locura. En 1996 Miguel Morrás era el ciclista profesional más joven del pelotón internacional.

Lo hace en las filas de la ONCE, el rival del Banesto. Morrás había crecido viendo a Perico Delgado ganar el Tour de Francia y admirando a Miguel Induráin tocayo y paisano. Ocurrió que la ONCE estaba dirigida por Manolo Saiz. Licenciado en INEF, Manolo Saiz había revolucionado el ciclismo español al introducirlo en un mundo científico. En la ONCE se trabajaba la aerodinámica, la planificación de entrenamientos, la nutrición o los ejercicios de compensación para la espalda. Aquello cautivó a Morrás, un tipo que tenía algo más en la cabeza que las dos ruedas.

La extrema calidad de su musculatura, la facilidad para dominar cualquier terreno y su voraz apetito de triunfos lo hacían candidato a todo en un equipo plagado de vedettes como Álex Zülle, Laurent Jalabert o Melchor Mauri. Pero pronto Manolo Saiz detectó un problema. Miguel Morrás era muy listo. Era demasiado listo para ser ciclista.

Manolo Saiz

El primer año Miguel Morrás disputó dos docenas de carreras. Únicamente corrió una vuelta por etapas. Salía y entraba del pelotón cada dos por tres. Sobrecargas musculares, problemas en los tobillos, dolores en los gemelos y finalmente una lesión de rodilla. Se segunda temporada acabó prácticamente en blanco. Manolo Saiz puso todo su empeño y la ONCE no escatimó en medios. Fue atendido por el doctor Guillén, una eminencia deportiva, y más tarde por Müller-Wohlfarth, galeno de la selección alemana de fútbol. La conclusión era clara; el problema de Miguel Morrás era únicamente psicológico.

Antes de comenzar una carrera Morrás se aquejaba de ciertos dolores. En las pruebas médicas no se detectaba nada, pero se le hacía caso al paciente. Luego, comenzaba la rutina de los entrenamientos y nuevamente comenzaban los dolores. Así una y otra vez. Una y otra vez. Mientras, Morrás se sacaba a distancia la carrera de económicas. Los meses pasaban, los estudios continuaban y las pruebas médicas seguían sin ser concluyentes. Se dijo que la postura de la bicicleta le descompensaba la musculatura, que sus piernas arqueadas aplican una presión excesiva sobre la parte externa de la rodilla. Hasta se le buscó una bici a medida dado que tenía una pierna unos milímetros más larga que la otra. Nada funcionaba. Miguel se sentía inútil y no avanzaba. Todo lo contrario que en los estudios, donde progresaba con celeridad y excelentes cualificaciones.

Iba tan bien el asunto que decidió cursar unos estudios de posgrado en Londres. Fue entonces cuando Manolo Saiz quiso tener una seria charla con él. O ciclismo o estudios. O sacrificio sentado en el sillón o dejamos la burra. Por entonces iban tres años en los que la ONCE le había pagado religiosamente su contrato y la escuadra de los ciegos veía como Morrás se alejaba irremediablemente del deporte profesional.

No habría vuelta atrás.

Miguel Morrás no sería el nuevo Induráin.

“El primer año, todo el mundo te dice que estés tranquilo, El segundo, todavía eres joven. El tercero: bueno, a ver… Y, para el cuarto, en mi mente ya había otros retos profesionales. No sé si hubiese ganado una gran vuelta, pero sí que hubiese sido un gran contrarrelojista”, diría Morrás cuando anunció su retirada como ciclista con apenas 23 años. La ONCE le pagó los cuatro años de contrato y Manolo Saiz nunca pudo entender que es lo que había sucedido. Aquel chico tenía todas las cualidades para ser una superestrella, pero una vez llegado a la elite su mente se bloqueó de tal manera que su calvario se tradujo en lesiones más cercanas a la ficción que a la realidad.

Miguel Morrás acabó sus estudios en Londres y acabó siendo contratado por el banco suizo UBS. En la actualidad vive en Singapur donde compra y vende activos financieros en mercados online a corto plazo para diversos bancos japoneses. Lleva cerca de dos décadas ejerciendo una labor donde cuenta con una cartera de activos que ronda los 750 millones de dólares. Tras más de una década sin saberse nada de él, hace un par de años apareció como aficionado VIP en una Paris-Roubaix en la que pidió conocer a Enric Mas, el jefe de filas del Movistar, patrocinador principal de la antigua estructura de Banesto.

Cuando a Mas le dijeron que estaba delante de un campeón del mundo de ciclismo pensó que le estaban tomando el pelo.

El Induráin que se convirtió en broker

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El declive de La Quiniela

Las tardes de domingo las dedicaba Francisco Franco y su mujer, Carmen Polo, a ver películas en el salón del Palacio de El Pardo. Era una afición compartida. Pero, con el desembarco de la televisión en España, en 1956, el Caudillo ordenó instalar varios televisores en el complejo residencial para no perderse ninguno de sus programas favoritos. Los domingos por la tarde el cine poco a poco fue dando paso al fútbol.

Y el caso es que a Franco el fútbol ni fu ni fa. Al Generalísimo lo que le iba era la caza y la pesca. Luego, ya anciano, disfrutó del golf. Ocurría que Franco vibraba como un forofo más con el carrusel radiofónico que contaba las andanzas de todos y cada uno de los partidos de la jornada liguera. Entonces se jugaban en su totalidad a la misma hora. Tomó la costumbre de echar La Quiniela todos los fines de semana en compañía de Vicente Gil, su médico de cabecera. El general y el galeno rellenaban al alimón dos boletos; uno confeccionado conjuntamente y otro hecho por Franco bajo el seudónimo de Francisco Cofrán (las sílabas invertidas de Franco).

Sucedió que el último fin de semana de mayo de 1967 la selección española tenía un compromiso amistoso internacional. Al igual que sucede en la actualidad, La Quiniela no se interrumpió y en lugar de aventurarse con los resultados del Barça o el Madrid, el boleto se compuso con partidos de la liga italiana. Un total de 12 encuentros en lugar de los 14 habituales, debido a que varios fueron suspendidos por condiciones climatológicas adversas.

Diez personas en toda España hicieron pleno y fueron premiadas con casi un millón de pesetas (6.000 euros de la época). Franco y Gil se encontraban entre los afortunados. El boleto de seis columnas que habían sellado por 24 pesetas estaba firmado con el nombre y apellidos del Caudillo. “Comprobado el premio, lo cual causó al Caudillo la misma alegría que a un forofo, mandó a su ayudante Carmelo Moscardó a cobrarla. El boleto, como joya curiosa, lo conserva enmarcado el Patronato Nacional de Apuestas Mutuas», relata el historiador Paul Preston, quien añadió: “Resulta un poco difícil imaginarse a Hitler o a Mussolini haciendo una Quiniela. Pero si los atunes le eran puestos en el anzuelo, en el caso de La Quiniela no hubo ni trampa ni cartón”.

El pleno del Generalísimo

Seguramente ese fue el momento más memorable de una tradición que había nacido en 1946. Gestionada por Loterías y Apuestas del Estado y solo apta para mayores de edad, La Quiniela se convirtió con celeridad en un fenómeno de masas. Se calcula que se han recaudado más de 11.000 millones de euros desde su nacimiento repartidos en más de 2.600 jornadas ligueras. El 55% de la recaudación va destinada a unos premios que siempre dependen de los acertantes del Pleno al Quince y de los acertantes de 14, 13, 12, 11 e incluso 10 aciertos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En España todo ocurrió en el patio trasero de un bar de una ciudad de provincias. En Casa Sota, un bar de Santander regentado por un tal Manuel González Lavín, se celebraban peleas de gallos, combates de boxeo clandestinos y, en 1929, coincidiendo con el inicio de La Liga, se hacían apuestas futbolísticas.

Entre vinos y cigarrillos, a un grupo de fieles a aquel garito de pescadores se le ocurrió intentar adivinar el resultado de los diez partidos de la jornada y poner en marcha una recaudación que se le entregaría al que acertase 10/10. La apuesta era de una peseta y con el tiempo se llegarían a repartir premios de hasta 2.000 duros. El propietario del local también preparó el primer boleto de esa protoquiniela. El boleto era una hoja de papel que se rellenaba con los resultados y se depositaba en una urna en el bar, donde quedaba custodiada. Después, celebrados los partidos, una comisión encabezada por varios elegidos clasificaba los aciertos de las apuestas. Era una operación que duraba unas cuantas horas porque el sistema era complicado; además de acertar quién ganaba el partido, había que acertar también el número de goles de cada equipo.

Lo curioso es que el bar no percibía ningún dinero: todas las pesetas que se apostaban se repartían íntegramente en los premios. Al bar le llegaba con servir copas y más copas ante la increíble afluencia de público. La cosa pronto saltó a la prensa regional y más tarde a la nacional. La idea se extrapoló a Madrid, Barcelona, Bilbao y San Sebastián. Se aceptaban hasta apuestas de mujeres, aunque la mayoría se realizaban con carta, dado que era mal visto que las féminas entrasen a beber y beber en bar de mala fama. Por supuesto, Hacienda se hizo eco del asunto y pronto pasó a recibir el 10% de lo recaudado.

El nombre del citado asunto era Bolsa del fútbol y se replicará en mil lugares hasta el estallido de la Guerra Civil. Como la mayoría de esas bolsas de fútbol se hacían con únicamente cinco partidos, popularmente el boleto pasó a ser conocido como Quiniela (del latín quintus). Tras el fin de la contienda el Régimen prohibirá las apuestas deportivas, pero no podrá impedir que se sigan haciendo en negro y a baja escala. Toca entonces tomar medidas más expeditivas.

El 22 de septiembre de 1946 nacía La Quiniela bajó el auspicio de Loterías y Apuestas del Estado. Se jugaron más de 38.000 boletos y se tardaron cinco días en comprobarlos todos y detectar ganadores (proceso que en la actualidad lleva menos de cinco minutos). Hubo 62 boletos (los dos acertantes de máxima categoría ganaron 9.603 pesetas, que en el presente son 57 euros) premiados que obtendrían el 45% de la recaudación dado que el 55% restante, y aquí viene el quid de la cuestión, iría a parar a las arcas del Estado.

Las dos primeras temporadas La Quiniela se pronosticaba sobre los goles anotados por cada equipo. A partir de la temporada 1948-49 se implantó el sistema 1X2 así como los catorce partidos por boleto. Nació entonces el programa deportivo (carrusel) de los domingos por la tarde. El periodista de turno salía corriendo del estadio cada vez que había un gol para llamar desde una cabina de teléfono al estudio de radio e informar, así, a unos oyentes que soñaban con hacerse millonarios gracias a sus conocimientos futbolísticos.

El gran premio de La Quiniela fue dado en febrero de 1968 en Valbuena de Duero, pueblo vallisoletano. Un tal Gabino fue el único acertante de los 14 y se llevó 181.000 euros de la época, cifra estratosférica. El otro gran premio famoso tuvo lugar en 1980 cuando un paisano de Lugo ganaría 1.250.000 euros de aquel entonces. En todo caso, el premio más alto jamás dado en La Quiniela fue otorgado en 2006 a un tarraconense que se llevó más de nueve millones de euros.

En los años 60 se incorporarán los partidos reserva para solucionar los problemas en el boleto cuando un encuentro era suspendido. Actualmente, la apuesta se realiza sobre una lista de 15 partidos, normalmente nueve de Primera División y seis de Segunda División. Las semanas en las que existen compromisos internacionales de selecciones, se incluyen en el boleto cuatro partidos internacionales (el partido que dispute la selección española y los otros tres más destacados) y los once partidos de la jornada de Segunda División. El último gran cambio tuvo lugar en 2005, cuando se añadió el ‘Pleno al 15’ que desde el 2015 multiplicó su dificultad al tener que acertar el resultado exacto de ese decimoquinto encuentro.

La Quiniela

En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas futbolísticas supera los 25.000 millones de dólares anuales. El problema es que el 70% se realiza de forma online. El siglo XX fue el siglo de gloria para La Quiniela. En el siglo XXI La Quiniela está herida de muerte. En 2010 facturaba más de 540 millones de euros. En la actualidad la cifra supera escasamente los 150 kilos. Este brutal descenso coincide en el tiempo con la liberación del mercado de apuestas deportivas decretado por el Gobierno de Zapatero en 2010 en medio de la crisis financiera. La entrada de operadores privados destrozó por completo a un juego que cumple 80 años de vida.

La Quiniela fue perdiendo el espacio que fue ganando el mundo de las apuestas deportivas, que podían realizarse tanto en casas de apuestas como desde el teléfono móvil a través de aplicaciones especializadas para ello. La llegada de la pandemia supuso otro batacazo que se vio expandido por la proliferación de los llamados juegos fantasy, plataformas en las que grupos de amigos crean sus propios equipos virtuales compitiendo en ligas ficticias en las que los jugadores obtienen puntuaciones en función a las notas de los periódicos deportivos, los goles anotados o las tarjetas recibidas. Construir el equipo de tus sueños y competir virtualmente desde el sofá de tu casa con tu pandilla de amigos a cambio del pago de una cena por parte del perdedor, pasa a ser mucho más atractivo que cubrir un boleto cada fin de semana.

La crisis de La Quiniela también tiene consecuencias directas sobre la financiación del deporte de élite español. Esto se debe a que la regulación fija que la recaudación del Impuesto sobre Actividades del Juego reparta un 45,5% que es distribuido tanto a la LFP como a la RFEF. Este montante es fundamental para el fútbol formativo y, especialmente, para el femenino, cuya supervivencia está ligada a las subvenciones.

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Arconada

1987. Junio. Zaragoza. 35 grados a la sombra. Final de la Copa del Rey. Real Sociedad vs Atlético de Madrid. Hubo que hacer los ejercicios de calentamiento en un vestuario lleno de mosquitos dado que inmediatamente antes de la final se jugó un partido internacional sub-21. Jesús Gil llevaba tres días como presidente del Atlético. Estaba en el palco junto a Paolo Futre, el fichaje que había hecho real su presidencia. La Real contaba con unos jóvenes Beguiristáin y Bakero y mantenía a los veteranos Arconada, Gajate, Zamora y a un López Ufarte que disputaba su último partido antes de retirarse. Se adelantaron dos veces los donostiarras y por dos veces empataron los madrileños. Penaltis. La Romareda ruge. “No pasa nada, tenemos a Arconada”, cantan 20.000 guipuzcoanos. La Real metió cuatro. El Atlético falló el primero y Arconada paró el cuarto. Se lanzó abajo, a su izquierda, y rechazó el balón. Acto seguido, alzó el puño al cielo. Era el primer título copero de la Real desde 1909. Tras la edad de oro llegaba ahora la edad de plata.

1970. Hijo de Luis Arconada y de Isabel Echarri, un 26 de junio de 1954 venía al mundo en San Sebastián un bebé bautizado como Luis Miguel Arconada Echarri. Entraría en la cantera de la Real Sociedad a los 16 años y lo haría con unas características innatas que pronto lo harán ser seguido por los grandes clubes del país. Con un 1’78 de altura, no excesivo ahora pero suficiente entonces, era un pulpo, valiente en el uno contra uno y seguro por alto. Además, pronto fue notoria su ascendencia y su liderazgo ante sus compañeros. Por entonces la Real Sociedad era un equipo ascensor, pero una hornada de canteranos formada por Arconada, Periko Alonso, Zamora, Satrústegui o López Ufarte iba a cambiar la historia del conjunto txuri-urdin.

1980. La Real Sociedad sumó un total de 32 jornadas sin perder, récord vigente hasta el 2018. Desde la décima jornada, Real Sociedad y Real Madrid encabezaron la clasificación en una dura pugna por el primer puesto en el que ambos clubes se alternaron. Con la diferencia de goles a favor de los donostiarras (la Real había goleado 4-0 al Madrid en Atocha), se llegó al penúltimo partido con la Real Sociedad en el primer lugar. Ese día se puso fin a la racha al caer en el Sánchez Pizjuán por 2-1 con gol del argentino Bertoni en los últimos minutos y cuando la Real estaba con 9 futbolistas por culpa de la expulsión de dos jugadores. El Madrid se colocó primero, ganó el último día en San Mamés y la Real dejó escapar una oportunidad que se presumía única e histórica. Luis Miguel Arconada ganó su primer Trofeo Zamora con únicamente 20 goles encajados en 34 partidos. Un coeficiente de 0’58 goles por partido que marcaba un nuevo récord en la competición.

1975. Arconada había ascendido al primer equipo de la Real la temporada anterior. Era el tercer portero. Tenía por delante a Artola y a Urruti. Sucedió que en 1975 Artola fichará por el FC Barcelona y Arconada debute como titular en un partido de Copa de la UEFA ante el Liverpool FC en octubre de ese año. Acabará desbancando a Urruti del puesto de titular, quien tendrá que irse al RCD Espanyol al año siguiente para, curiosamente, acabar sustituyendo a Artola en la portería del Camp Nou a inicios de la década siguiente. Desde ese 1975 hasta 1989 serían catorce temporadas consecutivas de Arconada como jefe de la portería de la Real, sumando hasta tres trofeos Zamora como portero menos goleado (1980, 1981, 1982). Con Arconada la Real Sociedad no bajará del undécimo puesto, sumará dos títulos ligueros y dos subcampeonatos, una copa y un subcampeonato en el torneo del K.O, amén de ocho participaciones en torneos europeos.

1981. La temporada empezó con derrota y sin los estándares defensivos del año anterior. Alberto Ormaetxea, técnico donostiarra, no conseguía levantar los ánimos de los suyos. A falta de diez jornadas para el final la Real Sociedad era séptima a seis puntos del Atlético de Madrid, líder de la competición. Lo bueno es que la Liga era un pañuelo. A partir de entonces la Real cogió velocidad de crucero. Sumó ocho victorias y un empate y se encaramó a la primera posición llegando a la última jornada dependiendo de sí misma para cantar el alirón. Su rival en la lucha por el título no era otro que el Real Madrid, que protagonizó una racha similar a la de los donostiarras en las últimas jornadas. En su gol-average particular la Real ganaba por 3-2 al Real Madrid, por lo que un empate le bastaba en la última fecha a los vascos para proclamarse campeones. El último partido de Liga, disputado el 26 de abril, enfrentaba en El Molinón de Gijón a la Real Sociedad con el Sporting, equipo que ya no se jugaba nada; mientras que el Real Madrid visitaba al Real Valladolid, otro equipo sin objetivos a cumplir en aquella liga. En el partido de El Molinón, bajo una intensa lluvia, se adelantó la Real con gol de penalti marcado por Kortabarria a los siete minutos. El Sporting le dio la vuelta al marcador con dos goles de Manolo Mesa que dejaban el título en manos del Real Madrid. Otra vez la Real se cagaba en los pantalones. Pero no. Cuando el partido de Valladolid ya se había acabado con victoria del Real Madrid y los madridistas celebraban un nuevo título de Liga (Juanito lo hacía especialmente), en el minuto 90 del partido de Gijón, Jesús María Zamora cazó un mal chut de Alberto Górriz dentro del área embarrada y lo mandó a las redes estableciendo el empate y dando su primer título de Liga a la Real Sociedad.

1977. Arconada había ido a los Juegos Olímpicos de 1976. Arconada fue titular, pero España no pasó de la primera fase al caer ante la RDA (República Democrática Alemana) y Brasil. Al año siguiente debutó con la absoluta en un amistoso ante Hungría. Acudiría al Mundial de Argentina 78 como suplente del madridista Miguel Ángel y, tras el torneo, pasaría a ser titular indiscutible con la selección. Fue el primer español en llegar a las 50 internacionalidades al superar a Gento y a Zamora y acabaría sumando 68 entorchados, una cifra extraordinaria para la época, entre 1977 y 1985.

1982. Verano. España es anfitriona del primer Mundial con 24 selecciones. Entre los titulares hay cinco futbolistas de la Real Sociedad, incluido Arconada, capitán y buque insignia de la selección. España no es favorita en el Mundial, pero es bien sabido que jugar en casa otorga un puñado de ayudas arbitrales y un sorteo favorable. Los rivales de la primera fase son Yugoslavia, Irlanda del Norte y Honduras. Se pasa de ronda dando lástima y gracias a los consabidos favores. En la siguiente fase no hay opción alguna ante Alemania Federal e Inglaterra. El papel de España es un espanto y un clamor nacional de indignación se cierne sobre Arconada. Y no es por su desempeño sobre el campo, sino por unas medias blancas. Y es que Arconada luce unas medias blancas que ocultan los ribetes rojigualdas que lucen los demás compañeros. Son los años de plomo. Años en que etarra y vasco son sinónimos inseparables. “Mi único sueño de niño era jugar en la Real Sociedad”, dijo Arconada en cierta ocasión cuando tocaba ponerse de perfil al hablar de España. Le acribillaron por decir lo mismo que dicen tantos y tantos futbolistas con la falsa excusa de no mezclar fútbol y política. Lo cierto es que Arconada era un tipo tremendamente supersticioso. No cambiaba de camiseta hasta que perdía un partido (con lo cual jugó 32 partidos con la misma zamarra sudada en la temporada 79-80) y gustaba de jugar con medias blancas de portero. No es que en España 82 llevase medias blancas. Lo hacía siempre con la Real Sociedad. Más aún. Hay innumerables partidos en los que jugó con la selección luciendo las medias oficiales rojigualdas, así como la camiseta con el escudo prefranquista a la altura del corazón. Nada de eso le serviría como coartada. Para el relato del aficionado cabreado, Luis Arconada llevó medias blancas en el Mundial de España como antiespañol que deseaba el fracaso de su país.

1982. Primavera. Parecía el año del Barça, pero nuevamente Real Sociedad y Real Madrid pusieron velocidad de crucero en el último tramo de la competición. El Barça fue derrotado en el Camp Nou por 0-1 ante el Real Madrid en la penúltima jornada en el mismo día que Real Sociedad y CA Osasuna empataban en El Sadar. A la última jornada la Real Sociedad llegaba con un punto de ventaja sobre madrileños y catalanes. En esta ocasión no hubo tensión. La Real ganaba en casa ante el Athletic y celebraba el título de Liga ante su afición en el viejo estadio de Atocha. Un campo a la inglesa, con las gradas muy encima del rival al haber apenas espacio entre el fondo y las líneas del campo. Allí Arconada celebraba su tercer trofeo como portero menos goleado mientras el griterío exclamaba; “No pasa nada, tenemos a Arconada”.

1989. Con 35 palos Luis Miguel Arconada decide retirarse. Tras su marcha González asumirá su puesto en la portería para luego ceder la titularidad a Alberto a inicios de los 90. Por entonces el viejo Atocha había dejado paso a Anoeta. Hasta llegó a recuperarse para la causa a Biurrun, suplente de Arconada en los títulos ligueros. Olabe, Riesgo, Westerveld, Bravo, Rulli e incluso Álex Remiro. Nunca ha vuelto a tener la Real Sociedad un portero de la jerarquía de Arconada.

1985. Tras unos años de ensueño, la Real entra en decadencia. El galés John Benjamin Toshack sustituye a Ormaetxea en el banquillo. En agosto Arconada sufre una rotura de ligamento cruzado y menisco externo. Estará casi toda la temporada de baja. Su etapa en la selección, ya discutida desde la final de Paris, pasa a clausurarse. En su ausencia debutará Elduayen, quien a la temporada siguiente deberá marcharse de San Sebastián para prosperar como antes tuvieron que hacer Urruti, Biurrún y tantos otros. Toshack cambiará los métodos de entrenamiento, rejuvenecerá a la plantilla y modificará el sistema de juego implantando un 5-3-2 con un líbero y dos laterales carrileros con proyección ofensiva. Arconada volverá y se mantendrá como indiscutible.

1988. El canto del cisne. Con Toshack a los mandos la Real Sociedad logra un extraordinario subcampeonato liguero a lo que sumará un subcampeonato copero. Era una Real con 5-3-2 que vivía del talento de Arconada bajo palos y de un Bakero que entonces ejercía de delantero centro. La Real iba como un tiro, pero acabaría desestabilizada. A falta de ocho jornadas para el final el Real Madrid anunciaba el fichaje de Toshack como entrenador para la temporada 89-90. En la final de Copa se enfrentaban Real Sociedad y FC Barcelona. Ganó el Barça en el Santiago Bernabéu gracias a un gol de Alexanko (Arconada evitó una goleada), que propició que el conjunto azulgrana no faltara por primera vez en su historia a competiciones europeas. En medio de una crisis pantagruélica, sólo 4.000 catalanes estuvieron en el campo y el Barça hubo de devolver miles y miles de entradas. Aquella Copa fue una bombona de oxígeno para Núñez que ya tenía fichado a Cruyff como entrenador para la siguiente temporada. Y no sólo a Cruyff. También a López Rekarte, Beguiristain y Bakero. Como dijo Toshack: “Jugamos contra 14 futbolistas del Barcelona”. No le faltaba razón. El caso es que la Real también había jugado con un entrenador del Real Madrid.

1983. 6 de abril. En ese momento Luis Miguel Arconada era posiblemente el mejor portero del mundo. Su capacidad de reflejos era extraordinaria, lo cual le permitía llegar a balones difíciles gracias a una reacción asombrosa. Era impenetrable en el uno contra uno y llegaba a balones imposibles en la cepa del poste. Aunque la Real se mantuvo invicta durante las primeras 12 jornadas, no tuvo un buen desempeño en un campeonato en el que acabaría séptima. Con todo, la campaña de Arconada fue extraordinaria. Célebres fueron las cuatro paradas dentro del área que se sacó a tiros de Maradona en un partido en el Camp Nou, a lo que añadió una impresionante palomita tras lanzamiento de falta. Si alguien no conocía a Arconada lo hará en esa edición de la Copa de Europa. El portero donostiarra se salió en las eliminatorias ante Celtic de Glasgow y Sporting de Lisboa que llevaron a la Real Sociedad a semifinales ante el HSV Hamburgo de Stein, Kaltz, Magath, Bastrup y Hrubesch. En la ida disputada en el patatal del viejo Atocha el partido acaba con 1-1.

1983. 20 de abril. Volksparkstadion. Hamburgo. 57.000 almas. Partido de vuelta de la semifinal de la Copa de Europa. La Real llega tocada. Satrústegui, Zamora, Gajate y Kortabarría son bajas. Arconada es el sostén del equipo. Sus paradas mantienen viva a la Real durante todo el partido hasta que a falta de un cuarto de hora se adelantan los alemanes tras lanzamiento de esquina. Ocurre que cinco minutos después Diego empata para la Real Sociedad. El partido se encamina hacia la prórroga. Es el minuto 83, y tras un rechace dentro del área, Von Heesen adelanta nuevamente a los teutones. Es un fuera de juego clarísimo. La polémica se había originado porque minutos antes se había lesionado uno de los lineres suizos. Por entonces no había cuarto árbitro y hubo que poner como juez de línea improvisado a un linier alemán que estaba viendo el partido. Un linier residente en Hamburgo.

1984. Eurocopa de Francia. España viene de fracasar en su Mundial y de clasificarse para la Eurocopa tras un agónico 12-1 ante Malta (aquel día jugó Paco Buyo de portero). No se espera nada de la selección. España empata el primer partido ante Rumanía y el segundo ante Portugal. Tiene que ganar a Alemania para meterse en semifinales. Alemania es vigente campeona europea y subcampeona mundial. Los teutones tienen infinidad de ocasiones. Arconada tira de reflejos para un mano a mano ante Rummenigge y un disparo a bocajarro de Völler. Milagrosamente España pasa de ronda con un maravilloso gol de Maceda en el descuento. En semifinales toca la Dinamarca de Michael Laudrup, Elkjaer-Larsen y Frank Arnesen. Los daneses dan un recital que es replicado parada a parada por Arconada. Una mano increíble a la escuadra, una mano cambiada a Laudrup, un mano a mano ante Elkjaer-Larsen, una salvada ante un posible autogol y dos rechaces en el área pequeña camino del 120 de partido. Y es que hubo prórroga. Y penaltis. Arconada parará un penalti a Laudrup, pero el árbitro mandará repetirlo. Se irá fuera. Dio igual. España estaba en la final ante Francia gracias a Arconada.

Arconada vs Dinamarca 84

Allí, en la final parisina, Michel Platini lanzará una falta colocada pero escasa de fuerza. Arconada se lanzará rodillas al suelo para blocar el balón…que pasa por debajo de sus piernas para colarse dentro del área. “La sensación es como cuando un balón se te cuela por debajo en una piscina”, diría un Arconada que tardaría más de 20 años en ver las imágenes por televisión. “Fue una lástima haber marcado aquel gol, tanto por mí como por Arconada”, diría Michel Platini. Hacía dos décadas que España no disputaba una final de la Eurocopa. Y todo había sido por Arconada. Nada de eso tendría importancia. El gol de Arconada, como se dio en llamar a aquella cantada, empañaría para la historia la gran actuación del meta vasco en aquel verano francés.

2026. Luis Miguel Arconada está semiretirado. Mantiene el puesto de consejero de la CAF (Compañía Auxiliar de Ferrocarriles) donde lleva trabajando desde 1992. Vive por y para sus nietos. Uno de sus hijos es jefe de prensa de la Real y su hermano menor fue brevemente entrenador del club de sus amores. Ya sea sentado en tribuna o desde el salón de su casa no se pierde un partido de la Real Sociedad mientras asume que ya tiene más pasado que futuro.

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¿Favoritos o sorpresas? ¿Qué países ganaron el Mundial cumpliendo con los pronósticos?

En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.

A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.

Finalísima cancelada

Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.

Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.

URUGUAY 1930

Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.

Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Uruguay 30

ITALIA 1934

Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.

Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.

Veredicto: Error.

Italia: Vencer o morir

FRANCIA 1938

Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.

Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.

Veredicto: Acierto.

Giuseppe Meazza

BRASIL 1950

Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.

Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.

Veredicto: Error.

Gol de Ghiggia: Maracanazo

SUIZA 1954

Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.

Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.

Veredicto: Error.

El milagro alemán

SUECIA 1958

Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).

Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.

Veredicto: Error.

O Rei

CHILE 1962

Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.

Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Garrincha en movimiento

INGLATERRA 1966

Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.

Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Los inventores del fútbol

MEXICO 1970

Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.

Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.

Veredicto: Acierto.

Brasil del 70

ALEMANIA 1974

Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.

Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.

Veredicto: Acierto.

Cruyff y Beckenbauer

ARGENTINA 1978

Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.

Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.

Veredicto: Error.

Argentina 78

ESPAÑA 1982

Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa. 

Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.

Veredicto: Error.

Paolo Rossi

MEXICO 1986

Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.

Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.

Veredicto: Error.

D10S

ITALIA 1990

Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.

Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.

Veredicto: Error.

Alemania unificada

ESTADOS UNIDOS 1994

Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.

Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.

Veredicto: Acierto.

Mazinho, Bebeto y Romario

FRANCIA 1998

Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.

Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Francia multicolor

COREA Y JAPÓN 2002

Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.

Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.

Veredicto: Error.

La resurrección de Ronaldo

ALEMANIA 2006

Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.

Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.

Veredicto: Error.

¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!

SUDAFRICA 2010

Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.

Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.

Veredicto: Acierto.

Tiki-taka

BRASIL 2014

Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.

Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.

Veredicto: Error.

Primer europeo que conquista América

RUSIA 2018

Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.

Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.

Veredicto: Error.

Mbappé y compañía

QATAR 2022

Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.

Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.

Veredicto: Error.

¿El más grande?

NORTEAMERICA 2026

Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.

Campeón: En unos meses lo sabremos.

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