sociedad

¿Por qué los Dodgers no son el Madrid ni Messi es Lebron James?

Es relativamente habitual que cuando un licenciado estadounidense acabe su carrera cruce el charco y haga una tournée por Europa. Algunos visitan Londres, muchos Roma y todos Paris. Hablamos de gente de cierto nivel intelectual, cultural e incluso económico. Gente que admira el estado de bienestar europeo y ese gusto por trabajar por vivir y no el vivir por el trabajar tan propio de Estados Unidos. Ven Europa con ojos románticos, como una suerte de club de países pequeños con PIB extraordinarios. Un paraíso para disfrutar de una jubilación que se antoja de las más longevas y satisfactorias del planeta.

Y, sin embargo, todos esos jóvenes bien alimentados y bien educados que critican la venta de armas en Estados Unidos y admiran los hospitales públicos europeos, se echan las manos a la cabeza cuando ven que nadie tiene secadora.

Algo propio del tercer mundo.

El 90% de los habitantes de Estados Unidos tienen secadora. Así como casas más grandes, armas en el salón y multitud de problemas cardiacos. Dicen que eso sucede porque el alcohol protege de los problemas de corazón y como los europeos están siempre borrachos bebiendo vino en las comidas…Que un norteamericano tenga una secadora no es una cuestión geográfica, sino cultural. Tanto la tiene el habitante invernal de Wisconsin como el del verano perpetuo de Florida. Tender la ropa al viento es de pobres. Antiguamente era cosa de negros. Los blancos, los blancos más humildes y de casas húmedas del interior de Chicago, tendían la ropa al lado de la caldera. Desde que en los 50 la secadora se hizo accesible y popular a nadie, independientemente de su nivel de renta, se le ocurriría tender la ropa al viento.

En Europa no es así. La ratio de ventas de secadoras es de 1/9 en relación a la de las lavadoras. Sólo en las grandes ciudades, en pisos de metros cuadrados escasos, se le ocurre a alguien montar una secadora. Y no es una cuestión geográfica. Puede que en el sur de Europa el sol abunde, pero de los Pirineos para arriba el astro rey suele desaparecer con prontitud. La construcción de patios de luces, los recovecos de un ático o un sencillo sótano o trastero son válidos para tender la ropa. Incluso se puede colgar al aire libre en pleno invierno. En Manchester o en Oslo a las camisetas se les da la vuelta en el radiador como de un filete se tratase. Es, simplemente, una cuestión cultural. Incluso medioambiental en las zonas más progres del Viejo Continente.

Aunque a menudo Occidente se considera como un todo, la evolución histórica, geográfica y sociopolítica de sus diferentes lugares ha dado lugar a notables diferencias culturales. La amplia extensión de ambos mundos hace que cada región tenga sus particularidades. Con todo, la cohesión de Estados Unidos como única nación hace más fácil la homogeneidad que en Europa. Así un irlandés o un polaco tiende a parecerse más al prototipo americano que a buena parte de los europeos. Peso a lo cual, las secadoras escasean tanto en Dublín como en Varsovia.

Ahorro energía secar ropa: Ropa limpia, seca y verde | Sociedad | EL PAÍS
Secado Made in Europe

Escasean las secadoras al igual que las distancias y el tiempo permanecen en dimensiones distintas. Si una iglesia del siglo XIX es moderna para un europeo es antigua para un estadounidense. Si una ciudad está de la playa a unos 100 kilómetros es lejos para un europeo, pero cerca para un estadounidense. Lo haremos en un coche manual y pequeño, frente a los automáticos y grandes de un norteamericano, los cuales no tendrán problema para aparcar en los parkings gigantes que abundan por Estados Unidos. Nuestra semana empieza el lunes, mes y año. La de ellos es mes, domingo y año. Sus colegios son de pago y nadie tiene la obligatoriedad de aprender otro idioma, cuando aquí en el sistema público chapurreas, al menos, tres hablas. Nuestras calles están llenas de historia y las suyas de números, al igual que sus nombres de pila suelen ser también apellidos y sus políticos han de servir en el ejército antes de dar el salto a la política.

Y el deporte. En Europa la historia deportiva se ha cimentado sobre el fútbol. A su alrededor pivotan multitud de disciplinas, pero ninguna de ellas forma parte del tronco central del deporte estadounidense. Tan solo el baloncesto ha conseguido penetrar en el acervo colectivo de ambos continentes. Pero fútbol americano, béisbol y hockey sobre hielo son elementos extraños para el común de los europeos.

Empero, no es la diferencia de gustos lo que separa a europeos y a estadounidenses. La diferencia radica en la forma de concebir que es el deporte. Podemos identificar hasta tres diferencias fundamentales en torno a dicha concepción: a) aficionados; b) sistema de competición; c) objetivos de los clubes.

A) Aficionados:

En Europa las simpatías tienen una dimensión cultural y geográfica. De lo local a lo nacional y de lo nacional a lo internacional. El conglomerado de ligas regionales, nacionales y europeas certifica y pone en valor los sentimientos de cada forofo. Esta distinción es irreal para un estadounidense. Para ellos el campeón de la NFL, la NBA, o la NHL o la MLB es el campeón del mundo. Solo los Juegos Olímpicos son considerados para los estadounidenses un verdadero test internacional en el que enarbolar la bandera nacional.

La densidad de población de Europa Occidental es enorme lo que unido a un número considerable de países hace fácil el desplazamiento de aficionados para ver a su equipo. Esto convierte un partido fuera de casa en una aventura y crea una identidad cultural social entre los aficionados y su equipo. La inmensidad de Estados Unidos (donde caben hasta 18 Francias) limita al televisor el seguimiento del deporte, por lo que hace poco permeable la identificación con los colores.

B) Sistema de competición:

El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. Al otro lado del Atlántico toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio en el que los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe está diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, Quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

C) Objetivos de los clubes:

El objetivo de cualquier club es lograr el éxito. En Europa existe un sistema de ascensos y descensos en el que los fondos económicos se distribuyen en función de la categoría y de forma solidaria entre clubes a través de entes nacionales e internacionales. Trepar en el escalafón, sea como sea, es el objetivo para lograr el éxito deportivo. En Estados Unidos un club es una franquicia, donde un propietario, a través de su dinero, mantiene a su equipo en una liga independientemente de sus resultados deportivos. Todo se basa en la solvencia y en el crecimiento económico, y solo a través de la financiación correcta se puede alcanzar el objetivo deportivo.

Este sistema repercute directamente en los deportistas. En Europa sus sueldos dependen de las vicisitudes de su equipo y son altamente variables. En Estados Unidos dependen de sus méritos deportivos y son intocables tanto a la baja como al alza hasta que vencen sus compromisos contractuales.

Esto lleva directamente a una forma frontalmente distinta de entender la captación del talento.

▷ TOP 21 Deportes Universitarios de USA | Descúbrelos (2022)
Fiesta universitaria

— ¿POR QUE LOS DODGERS NO SON EL MADRID NI MESSI ES LEBRON? —

Pocos conocerán a Randy Livingston. Normal. En doce años de carrera profesional jugó en infinidad de equipos. Concretamente en catorce equipos. En alguno de ellos de manera testimonial. Fueron dos los partidos que jugó con los Golden State Warriors y cinco en los que defendió la camiseta de los Chicago Bulls. En los Idaho Stampede de la liga de desarrollo de la NBA llegó a militar en cinco diferentes ocasiones en un espacio de ocho años. Y sin embargo Randy Livingston es un jugador de baloncesto venerado allí donde nació.

Porque en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, Randy Livingston es una leyenda viva. Asistió al instituto Newman de su ciudad natal con cuyo equipo de baloncesto logró el título de mejor jugador de secundaria de Estados Unidos en 1992 y 1993. Después logró una beca deportiva que le permitía ir a cualquier universidad del país. Decidió quedarse en casa y estudiar en la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana. Que luego una lesión de rodilla cerciorase su carrera fue del todo inoperante. Randy Livingston es un icono de su comunidad.

Historia parecida es la de Herschel Walker. Nacido en Wrightswille, en el estado de Georgia, Walker compitió en el instituto de su pequeño pueblo donde logró la hazaña de guiar a su colegio a ganar el campeonato estatal de secundaria de fútbol americano en 1979. Al igual que Livingston, Herschel Walker decidió quedarse en casa y apostar por la Universidad de Georgia, donde también fue elegido mejor jugador del país y en 1981 ganó el campeonato universitario de Estados Unidos. Pero a diferencia de Livingston, Walker tuvo una carrera profesional fructífera que le llevó de Nueva Jersey a Dallas y de Dallas a Minneapolis, aunque jamás alcanzó los éxitos que logró como amateur en Georgia. Hoy Walker lucha por ser senador republicano por su Georgia natal.

Viajemos a Europa. Zlatan Ibrahimovic nació en Malmö, la ciudad más meridional de Suecia. De padre bosnio y madre croata, apenas jugó 40 partidos con el club sueco antes de firmar por el Ajax de Ámsterdam. Ahí inició una carrera antológica que le ha llevado a anotar más de 500 goles y a ganar títulos con algunos de los clubes más importantes del mundo, caso del FC Barcelona, el Manchester United, el PSG o las tres grandes escuadras italianas (Inter, Milan y Juve). Ibra es un dios del fútbol. Su carrera profesional es infinitamente superior a la de Walker o Livingston. Pero Ibra no es un dios en Suecia. Nunca ha tenido una actuación relevante con su selección. Es más. Ha renunciado sistemáticamente a defender la camiseta nacional y ha solicitado regresar cuando le ha convenido. Ni siquiera en Malmö es un ídolo. A la estatua de Ibrahimovic que daba la bienvenida a la ciudad de Malmö le fue amputada la nariz y fue tirada al suelo cuando Zlatan decidió entrar en el accionariado del Hammarby IF, club de Estocolmo y tradicional rival del equipo de Malmö. No, definitivamente Ibrahimovic no es un referente para su comunidad.

En Estados Unidos no existen las subvenciones estatales deportivas. Tan solo aportes económicos de la administración local. La economía del país obedece a la ley de la oferta y la demanda, y así funciona su sistema deportivo. Son los colegios los que tratan de captar talento en función de la disciplina, la productividad, el trabajo y el control. No se busca el modelo europeo de ‘fair play’ sino el modelo de excelencia. Ganar por encima de todo. A través de donaciones, publicidad y eventos financian los colegios su estructura académica. Del colegio se pasa al instituto (high school), donde se crea un vínculo con la sociedad. Esos deportistas llevan el nombre del instituto a lo largo del estado (o del país) y dan notoriedad a los mecenas que han llevado a esa institución al éxito.

Esos deportistas son captados por universidades que ofrecen becas deportivas para completar unos estudios que son prohibitivos para buena parte de los estadounidenses. A cambio, la universidad podrá obtener ingentes beneficios gracias a los ingresos televisivos, venta de mercadotecnia o control de derechos de imagen. Hay que tener en cuenta que los partidos universitarios reúnen a miles de espectadores en directo y a millones por televisión. Un entrenador universitario de fútbol americano o de baloncesto gana más dinero que el rector de la universidad.

Los más exitosos de estos atletas pasarán a la rueda del deporte profesional, mientras que la mayoría de ellos acabarán sus licenciaturas y entrarán en el mercado de trabajo. Suceda lo que suceda habrán formado parte de una comunidad. Quizás Michael Jordan sea el deportista más grande de todos los tiempos. Y lo es por sus hazañas con los Chicago Bulls, pero Jordan lo que es, es un ‘Tar Heel’ de la universidad de Carolina del Norte. Allí se formó como persona y como deportista. Fue allí donde decidió vivir una vez retirado y fue allí donde decidió invertir millones de dólares para comprar una franquicia de la NBA y no en el Chicago donde se convirtió en el hombre más famoso del mundo.

No sucede lo mismo en Europa. Aquí el deporte es diversión y formación. Está tutelado por los entes públicos, los cuales construyen los recintos deportivos. La idea es crear buenos hábitos, fomentar el compañerismo y desarrollar las capacidades psicomotrices de los niños. Salvo casos extraordinarios, solo cuando el niño se convierte en adolescente se empieza a pensar en su carrera profesional como deportista.

Y aquí estriba la gran diferencia. Ibrahimovic no jugó para un instituto ni para una universidad. Fue captado por un club privado quien lo formó en sus categorías inferiores y lo convirtió en profesional cuando consideró que estuvo preparado. No existió red de seguridad. Tuvo que escoger entre estudiar o dedicarse al fútbol. En Europa nadie es recordado por los goles que metió en la universidad. Simplemente porque esa opción no existe para el deportista de élite. Tomas el control de tu vida joven, seguramente excesivamente joven, y a cambio eres libre de decidir donde y para quien jugar. Quizás construyas un vínculo con una ciudad y su club de fútbol, pero lo normal es que no eches raíces ni edifiques vínculos e intentes labrarte una carrera de éxito por ti mismo sin tener en cuenta a tu comunidad.

Herschel Walker says he's been transparent about past violence - has he?
Herschel Walker

Lionel Messi nació en la ciudad argentina de Rosario y se formó en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Allí estuvo hasta los doce años, por lo que pocos tienen recuerdo de él. Es así porque las categorías inferiores fuera de Estados Unidos son objeto de divertimiento y recuerdo y solo en épocas recientes los datos y las estadísticas han tenido una razón de ser. Es el salto al profesionalismo lo que marca la diferencia en Europa. Es así que Messi se convirtió en profesional con el FC Barcelona a los 16 años. Es en Barcelona donde ha cosechado sus éxitos por todos conocidos y es en la Ciudad Condal donde se ha convertido en una figura imperecedera que traspasa los límites del deporte. Messi es argentino de corazón y de sentimiento y anhela ganar el Mundial con su país para sentirse querido y reconocido por los que lo vieron nacer. Pero por mucho que quiera y por mucho que lo desee Messi jamás será rosarino. Nunca será Maradona. Messi ha sido criado, modelado y tutelado por Can Barça. Messi es patrimonio catalán, a pesar de que nunca ha hablado catalán.

Lebron James nació en un barrio marginal de Akron, suburbio al sur de Cleveland. Estudió en el instituto católico de Saint Vicent y Saint Mary donde sus estadísticas fueron contabilizadas al milímetro y se convirtió en campeón nacional y mejor jugador del país. Declinó declinar formarse en una universidad y dio el salto al profesionalismo a través de los Cleveland Cavaliers. De inmediato se convirtió en el hombre del momento, aunque tuvo que marcharse a Miami para ganar su primer anillo de la NBA. En aquel instante se convirtió en un Judas, pero con el tiempo regresó a Cleveland para hacer campeones por vez primera a los Cavaliers. Hoy Lebron James es una de las pocas figuras deportivas que pueden hacer sombra a Leo Messi a nivel global, pero su impacto a nivel local es inimaginable para el bueno de Leo. Ha construido escuelas, orfanatos o museos en su ciudad natal y, sobre todo, se ha convertido en ejemplo y referente para la comunidad de Akron y de Cleveland, a la que siempre hace referencia en cada una de sus intervenciones públicas.

Al igual que en el caso de Lebron, es habitual que el deportista estadounidense devuelva parte de lo que le fue otorgado por su comunidad. Obviamente el sistema de bienestar europeo hace impensable que sea un mecenas quien tenga que construir una residencia de ancianos o una biblioteca. No solo eso. La existencia de un mecenas es criticable por cierta parte de la sociedad. La necesidad del mecenas en Estados Unidos es reflejo de un sistema social y económico opuesto. Pero en el caso que nos ocupa, la figura del mecenas deportista en Europa es difícil de ver debido a esa inexistencia de vínculos primigenios con la comunidad formativa.

🥇 [2022] *Lebron James: 5 enormes donaciones caritativas
Lebron King Caridad

El Real Madrid fue fundado en 1902. Camino de los 125 años de historia posee el palmarés más exitoso del fútbol mundial y en sus filas han militado alguno de los jugadores más famosos de todos los tiempos. Pero el Real Madrid podría estar un siglo sin ganar título alguno y su fama se mantendría inquebrantable. Su estadio es un museo en movimiento que se mantiene en el corazón de la ciudad desde tiempos pasados y su escudo y su camiseta apenas han sufrido pequeños cambios inapreciables para el aficionado medio. El club, aun profesionalizado y convertido en una empresa multinacional, sigue siendo propiedad de unos socios que con sus críticas y reproches pueden hacer cambiar el devenir de la entidad de una semana para otra. El Real Madrid es un club global, español, pero, sobre todo, es un club madrileño. No se entiende la ciudad de Madrid sin su Real.

Los Ángeles Dodgers son junto a los Yankees de Nueva York el club de béisbol más valioso del mundo. Son el buque insignia de una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y un área metropolitana de 20 millones. Han ganado siete veces las Series Mundiales y su estadio es el de mayor capacidad del país. Pero los Dodgers no son de Los Ángeles. No lo son porque no son un club, son una franquicia. Los Dodgers nacieron en 1883 en la otra punta del país, concretamente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Allí estuvieron hasta 1957, cuando el propietario decidió trasladar al equipo a California. Por el camino hay títulos en Brooklyn como en Los Ángeles, al igual que los Lakers de la NBA poseen entorchados en Minneapolis como en Los Ángeles. Nadie duda que los Dodgers son el equipo de L.A, pero ni su historia ni si cultura ni, quizás, su futuro, están en la ciudad que vio nacer a Hollywood.

La emoción es una pauta filogénicamente aprendida que se desencadena por un suceso intenso. La pertenencia, la identidad y la identificación con unos valores agravan ese sentimiento. En Europa ser de un club de fútbol es sinónimo de ser habitante de esa ciudad. Las rivalidades entre clubes crean resentimientos entre ciudades, aunque los odios solo ocupen el plano deportivo. Pertenecer a un equipo de fútbol es pertenecer a una secta religiosa con tradiciones centenarias. Implica formar parte de una tradición y un legado en el que por lo general el árbol genealógico ha tomado parte.

Descubre las peñas del Real Madrid | Real Madrid C.F.
De padres a hijos

“En Estados Unidos todo el mundo es de la opinión de que no tiene superiores sociales, ya que todos los hombres son iguales, pero no admitir que tiene inferiores sociales, ya que la doctrina de que todos los hombres son iguales sólo se aplica hacia arriba, y no hacia abajo”. Bertrand Russell.

“El ejemplo de Estados Unidos es absurdo. Si Estados Unidos estuviese en el centro de Europa no resistiría ni dos años la presión del resto de las monarquías”. Napoleón Bonaparte.

Otras reflexiones sobre el deporte

Los límites del ser humano (sobre los récords cometidos y los que están por venir)

La dignidad colectiva y el deportista dominante (¿por qué nos gusta Rafa Nadal?)

Fútbol postnacional (identidad, cultura y fútbol)

¿El deportista nace o se hace? (genes, trabajo y una pizca de suerte)

Expresiones del lenguaje deportivo (el vocabulario del deporte que llega a nuestro día a día)

La ambición de Europa (una historia sobre la expansión del deporte del Viejo Continente)

¡Daría la vida por mi equipo! (sudacas, negros, gabachos y moros pero todos visten mis colores)

Leer más

La ambición de Europa

Cuentan que, cuando en la década de 1960 la NASA entrenaba a sus astronautas para llevar al ser humano al cosmos, se adentraron en parajes desérticos de aspecto lunar en el que habitaban comunidades de nativos americanos. Un anciano sioux observaba en silencio a aquellos hombres de trajes galácticos cuando uno de ellos se acercó a saludarlo. El anciano se le arrimó y le dijo: “La gente de mi tribu cree que en la Luna viven espíritus sagrados; ¿Le puedo dar un mensaje para cuando lleguen allí arriba?”. El astronauta asintió y el sioux pronunció unas extrañas palabras en su lengua nativa. El conductor espacial le preguntó que significaban, pero, sin suerte, ya que el anciano le dijo que era un secreto. Fue cuando llegó a las instalaciones de la NASA cuando un traductor, tras soltar una carcajada, le comunicó cual era el mensaje que el anciano sioux quería enviar a los espíritus de la Luna:

“No creáis ni una palabra de lo que os diga esta gente blanca. Solo han venido hasta aquí para robaros vuestras tierras”.

¿Por qué Europa conquistó el mundo? La historia de Europa es una historia de ambición y de expansión del conocimiento. Cuando en 1492 un grupo de intrépidos hombres al bordo de una carabela de nombre Santa María aviste tierra en el Caribe lo harán por el afán de obtener riquezas y poder, pero, mayormente, para obtener nuevos conocimientos. Quizás lo reos que poblaban el barco no pensasen así, mas la intención de Colón era aumentar su saber. ¿Qué hay más allá de ese punto? Comprender como el continente más pequeño en extensión y de escasos recursos naturales pudo dominar el mundo es entender un acervo de conocimientos jurídicos, culturales o religiosos. Las expediciones eran una forma de buscar respuestas.

Luego vino la Revolución Industrial y transformó los horarios convirtiendo el tiempo en patrón para todas las actividades humanas. En el medievo había un reloj en la plaza del pueblo. Ahora Greenwich dicta los designios de la vida. La cadena de montaje, los medios de comunicación y la familia son esclavos del reloj. El progreso lo hizo trastornando la sociedad. La urbanización, la desaparición del campesinado y aumento del proletariado, la atribución del poder al individuo, la democratización o la cultura juvenil. Pero todos estos trastornos quedan empequeñecidos ante el cambio más trascendental en la historia de la humanidad: el fin de la familia y la comunidad en sustitución por el Estado y el mercado.

Hasta tiempos no muy lejanos los humanos vivían en comunidades pequeñas y su vida giraba alrededor de una familia. Cuando una persona enfermaba, la familia cuidaba de ella. Cuando envejecía, la familia le asistía y los hijos eran el fondo de pensiones. Cuando uno moría, la familia se hacía cargo de los huérfanos. Si quería construir una casa, se le echaba una mano. Si quería montar un negocio, se le prestaba dinero. Si quería casarse, la familia daba el visto bueno. Y si el problema era tan grande que la familia no lo podía solucionar, era la comunidad la que se encargaba de ejercer de banco y policía sin pedir nada a cambio.

Se trabajaba en el negocio familiar o en el de un vecino. La familia constituía el sistema educativo, el de salud, el fondo de pensiones o la industria de la construcción. Y el banco o las noticias o la policía eran proporcionados por la comunidad en la que se vivía.

Hoy así solo viven los gitanos.

Había reinos e imperios, claro que sí. Construían carreteras y pedían impuestos. Pero era un ente lejano que no se metía en el día a día de la comunidad. No había excedentes y lo poco que se conseguía de más era dado al señor a cambio de protección. Pero los reinos no hacían de trabajadores sociales, médicos o profesores. Además, las dificultades logísticas y de transportes hacían inviable intervenir en asuntos que se consideraban entonces triviales.

Esto implicaba que una persona que perdiera a su familia o, simplemente, una familia que no fuese aceptada por su comunidad, solo tuviese como alternativa para sobrevivir emigrar o convertir a sus hijos en soldados y a sus hijas en criadas o furcias.

Todo cambió de manera radical hace apenas dos siglos, algo ínfimo en la historia de la humanidad. La Revolución Industrial proporcionó al Estado medios de comunicación y transporte y puso a disposición del gobierno un ejército de funcionarios. Al principio las familias y sus comunidades fueron reacias a que sus hijos fuesen adoctrinados por sistemas educativos nacionalistas, que se alistasen en el ejército o que se trasladasen a la deshumanizada ciudad. Pero, con una celeridad inusitada, esos cambios se hicieron efectivos.

El Estado enviaba a sus policias para solucionar las disputas familiares y el mercado ofrecía más y más productos que eliminaba las costumbres de las comunidades.

Pero la forma en la que el Estado derrumbó para siempre el concepto de familia fue cuando convirtió al individuo en un ser superior. En un dios por sí mismo. Se le dijo al ser humano que era libre de casarse o no, de conseguir trabajo en cualquier lugar y de vivir donde uno quisiera. Ya se encargaría el Estado de ejercer de sustento, refugio, educación y bienestar. Ya se encargaría el mercado en darte todo cuanto te puedas imaginar. Ni siquiera Dios era ya un impedimento real. Ni el sexo ni la apariencia (aborto, cirugía estética) están fuera de nuestro alcance.

Y todo esto surgió en Europa debido a un proceso evolutivo que llevó a buscar respuestas a las preguntas. A usar la lógica y la razón. A explorar nuevos horizontes por el simple hecho de saber.

Por qué no se han encontrado las carabelas de Cristóbal Colón? | National  Geographic
Rumbo a lo desconocido

Volvamos al inicio de esta historia. Cuatro siglos antes que las carabelas españolas arribasen en lo que hoy es la República Dominicana, dragones vikingos llegaron a tierras norteamericanas. Siete décadas antes que Cristóbal Colón perpetrase lo imposible el almirante chino Zhou Man exploró las costas sudamericanas. Quizás los escandinavos no tenían la tecnología adecuada para ir más allá de Terranova, pero los asiáticos contaban con los medios suficientes. ¿Por qué entonces el avance vino desde Europa? Porque para los europeos el objetivo era expandir su conocimiento y abrir nuevos mundos. La expedición de Zhou Man pretendía demostrar que se podía hacer. La de Colón tenía como objetivo hacerlo para comprender porque se podía hacer.

De igual modo el deporte contribuyó a unir diferentes culturas y hacer más fácil la comprensión entre los que llamamos colonizadores y colonizados. Facilitando la comunicación y la razón, el deporte une diferentes mundos y ayuda a romper barreras culturales e idiomáticas. Cuando en el siglo XIX los docentes británicos codifiquen los deportes, el rugby o el criquet servirán de quilla para penetrar en lo desconocido.

El carácter emprendedor está en la misma idea de deporte. Para los británicos la idea de récord deportivo o la idea de apuestas está intrínsicamente ligada a la obtención de beneficios. El mensaje social era el de que quien obtuviera mejores resultados tendría garantizada una mejor y mayor producción industrial. Para ello era esencial el reglamento o la figura del árbitro que, como las leyes o el juez, garantizaba una pelea socialmente justa por un bien mayor.

Se crearon clubes deportivos por todo el mundo que emulaban a los fundados en Europa (concretamente Gran Bretaña) para reforzar las redes sociales de la élite, pero, al mismo tiempo, para dar voz y presencia a lo desconocido. No existió mayor forma de integración y comprensión de nuevas realidades que a través de la expansión del deporte.

La culminación de este proceso es la creación de los Juegos Olímpicos modernos en la Atenas de 1896. En los Juegos sólo existen disciplinas de origen eurocéntrico. Tan solo con el transcurrir de las décadas los deportes norteamericanos (baloncesto, voleibol…) cuestionarán tal afirmación, aunque desde mediados del siglo XIX todos conforman lo que llamamos Occidente. Solo el paso del tiempo, y un largo paso del tiempo, hará participes de los Juegos a deportes no europeos como el judo (Japón) o el taekwondo (Corea).

Al igual que le paso a Zhou Man, al resto de los chinos nunca les interesó expandirse más allá de sus fronteras. En tan milenaria y rica historia tan sólo cuentan con las últimas tres décadas como experiencia en política internacional. Fueron los europeos los que establecieron comunicación e intercambio con los asiáticos que, con la excepción de los mongoles, jamás experimentaron la necesidad de expandir sus conocimientos y buscar respuestas más allá de sus fronteras.

Al igual que el fútbol, el tenis o el rugby surgieron en la Gran Bretaña victoriana, otros deportes nacieron en Asia en la época contemporánea. En Tailandia surgió el sepak takraw, un deporte parecido al voleibol en el que solo puedes pasar la pelota al otro campo con los pies o con la cabeza. El kaddadi, deporte nacional en Bangladesh, es una especie de balón prisionero que levanta pasiones en el Asia meridional. Luego hay otras disciplinas mucho más conocidas y expandidas como el judo (Japón), taekwondo (Corea) o bádminton (India), pero aun así de escasa relevancia fuera del continente asiático. El ping-pong, deporte nacional chino, es practicado en millones de plazas y parques de todo el país gracias a la extensísima red de tablas de tenis instaladas desde los años 60. Y, no obstante, el ping-pong fue inventado en Gran Bretaña.

Ninguno de estos deportes ha sido capaz de servir de ariete para la expansión cultural asiática o como acerbo de comunicación y de intercambio de conocimientos. Si los europeos fundaron clubes deportivos por todo el mundo y alentaron la presencia y la práctica deportiva de los nativos, los asiáticos nunca cultivaron esa necesidad. La apertura y el crecimiento de Asia en las últimas décadas se mide en términos económicos, nunca en culturales. Es más, la integración de las artes marciales (las disciplinas más cosmopolitas de Asia) se debe al interés y la curiosidad occidental, jamás a una ambición asiática de extenderse más allá de sus fronteras.

Sepak takraw - Wikipedia, la enciclopedia libre
Sepak tekraw

Son el tenis, el baloncesto y el futbol los tres deportes que podríamos catalogar como globales, con amplia red de consumo y práctica en los cinco continentes. El primero es un deporte individual y los otros dos grupales, pero tanto en el baloncesto como en el fútbol la búsqueda del ídolo es incesante.

El individualismo. El individualismo es un proceso que va más allá de la Revolución Industrial. Es la era del posconsumismo o del posfordismo. Una era donde la individualidad es religión. La autoridad de los padres era sagrada. Hoy es violada continuamente. Cada vez se comprende más que un hijo desobedezca a sus padres y que los jóvenes culpen a sus padres de todo lo que no funciona en sus vidas. El individualismo no es una realidad surgida en Europa. Es estadounidense. Estados Unidos es el hijo que desobedece al padre. Juntos, norteamericanos y europeos, conforman el dominio de la cultura occidental.

Pero la individualidad ha tenido un precio. Por sí mismo el individuo no es capaz de enfrentarse al Estado. Al perder la noción de familia, el individuo se siente alienado y amenazado. Ha perdido sus necesidades íntimas, ha perdido lo que se daría en llamar ‘el sentido de la vida’.

Un sentido que ahora le otorga el consumo. Porque no somos individuos, somos consumidores que afrontamos continuos cambios radicales que nos impiden ser intergeneracionales. Confusos y solos hemos abandonado la fe por la razón ya que, ¿para qué creer en una vida mejor si esta vida nos ofrece todo lo que se puede soñar? Pero la razón no lo es todo en la vida, porque la vida es por definición imperfecta, pero somos tan tercos, tan necios, que en vez de buscar refugio en lo que fuimos renegamos de ello y buscamos otros referentes que nos hagan ser felices.

Ahí es donde el consumismo gana adeptos. Cuanto todos pensamos, hablamos, vestimos o comemos como se nos manda. O en el nacionalismo, glorificando mitos, símbolos y personajes a los que hemos exprimido para hacer propios. Y es en el deporte donde estas dos nuevas religiones terrenales, el consumismo y el nacionalismo, confluyen para llenar los espíritus vacíos de le era postindustrial.

Fue en Europa donde surgió el deporte, el romanticismo, las ideas nacionalistas y el consumo de masas. Es la vieja Europa la de la cultura, los mitos, el amor, las pasiones nacionalistas y la que dicta los cánones de la moda. Y es la vieja Europa la que comprendió el poder del deporte para colonizar, para vislumbrar y para intercambiar conocimientos. Fue Occidente, y solo Occidente, quien tuvo la audacia, el ingenio y, mayormente, la inquietud y la curiosidad de buscar respuestas y rebasar los límites del conocimiento.

El fútbol femenino también es un deporte de masas
Deporte de masas

“Una comunidad política no se sostiene de la nada o por conveniencia racional. Si no hay un cuento común a todos sus miembros (un cuento se puede discutir, matizar y reescribir) no hay forma de que un país funcione. Pero si el cuento es demasiado rígido y unívoco, como ocurre cuando está en manos de nacionalistas y se impone por decreto, la comunidad política acaba también disgregándose por asfixia. Un país obsesionado por su mitología es una dictadura inhabitable. Un país sin mitología, en cambio, no existe. Encontrar el equilibrio es el reto del patriotismo constitucional reformulado que no desprecia los sentimientos, aunque sí el sentimentalismo”.  Sergio del Molino. “Contra la España vacía”:

Otras historias donde el deporte no es el tema principal

Una historia de provincias ricas y provincias pobres (como el deporte alienta la realidad de la España vacía)

¡No tinc por! (sobre terrorismo y deporte)

Los límites del ser humano (¿hasta donde puede llegar el ser humano con la ayuda de la ciencia?)

La dignidad colectiva y el deportista dominante (¿Por qué gusta Rafa Nadal?)

Fútbol postnacional (sobre nacionalismo, Estado, deporte y fe)

El regalo de Reyes de Pierre (un viaje extraterrenal a través de la historia del deporte)

Deportistas que se pasaron a la política (de llenar estadios a llenar urnas)

Expresiones del lenguaje deportivo (como el deporte influye en nuestra forma de hablar)

En el nombre del padre (de tal palo tal astilla)

Gerard Piqué (un futbolista políticamente incorrecto)

El aficionado al fútbol (la realidad del actor secundario más principal del deporte más trascendental)

El deportista; ¿nace o se hace? (una reflexión sobre el dilema entre genes y entretenimiento)

A propósito del despropósito de la vacunación (Covid y el trato de favor a los deportistas)

La decadencia de Europa (un primer comentario sobre la Superliga)

¡Daría la vida por mi equipo! (de como la desnacionalización de un club de fútbol no influye en el aficionado)

Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista (¿Era Di Stéfano tan millonario como Messi?)

Leer más

El mágico All-Star de Magic Johnson

El 7 de noviembre de 1991 Earvin ‘Magic’ Johnson convocaba a los medios para una rueda de prensa en el centro de entrenamiento de Los Ángeles Lakers. Hacía un par de semanas que estaba de baja. Oficialmente por culpa de una gripe. Extraoficialmente el motivo era otro. Buena parte de la prensa sabía que esa mañana todo iba a cambiar, aunque nadie acertaba a saber el porqué. Tan sólo su mujer, su representante, el dueño del club y los doctores estaban al corriente de lo que sucedía. Horas antes de dar la noticia se enteraron David Stern, comisionado de la NBA, el cuerpo técnico y la plantilla de los Lakers. A falta de pocos minutos antes del inicio del acto, Magic decidió informar con una breve llamada a su ex entrenador Pat Riley y a sus amigos y megaestrellas de la NBA Isiah Thomas, Michael Jordan y Larry Bird.

“Buenas tardes a todos. A causa de haber adquirido el VIH tengo que retirarme de los Lakers hoy mismo. Quiero dejar claro que no tengo la enfermedad del sida. Soy portador del virus”.

Aquello fue un shock a nivel mundial. Se estima que la foto de Magic fue portada en unos 1.200 diarios de más de 140 países. En Estados Unidos de las 4.000 consultas diarias a la red telefónica preguntando por el sida se pasaron a 40.000 en apenas una hora. Al día siguiente del anuncio el presidente George Bush notificó un aumento en el gasto público para combatir el sida, una lacra que por entonces afectaba con igual fuerza tanto al corazón de África como al mundo desarrollado.

Y había algo más. Magic no era homosexual. No había sido castigado por la providencia por ser una oveja descarriada. Magic era un mujeriego de antología. Fornicaba en el jacuzzi del vestuario de los Lakers haciendo gala del amor libre para luego enrollarse una toalla y responder a las preguntas de los periodistas. Si de algo pecaba Earvin ‘Magic’ Johnson era de ponerle los cuernos a su esposa con toda mujer atractiva que se pusiese a su alcance.

La noche siguiente Magic Johnson fue de nuevo Magic. Apareció en un late-show por expreso deseo suyo y, fiel a su estilo, lo hizo con una sonrisa de oreja a oreja. “No os preocupéis por mí. Sí muero mañana, os aseguro que habré tenido la mejor vida que ningún ser humano pueda imaginar”. En Estados Unidos la audiencia de aquella entrevista fue superior a cualquiera de los partidos de las finales de la NBA que el base de los Lakers había disputado.

Tienes que llamar a Larry”: el VIH y el día que Magic Johnson conmocionó al  mundo - AS.com
El anuncio

Hoy sabemos que el sida no es sinónimo de muerte segura. Pero en 1991 el desconocimiento de la enfermedad era abrumador. Hoy Magic es un empresario de éxito y utiliza su magnetismo y su don de gentes para ganar millones donde antes ganaba partidos de baloncesto.

Pero en 1991 el VIH estaba al mismo nivel que la lepra. No sólo era la muerte en vida, sino que estigmatizaba socialmente. Aunque te llamases Magic Johnson y fueses la estrella de baloncesto más rutilante del momento.

Pasaron las semanas y el escaso conocimiento de la enfermedad daba a pensar en un paulatino empeoramiento de la salud de Magic Johnson. Pero bien por el buen funcionamiento de los fármacos, por su extraordinaria condición física o por su eterna actitud positiva, Magic se encontraba como siempre. Se convirtió en imagen pública de la investigación contra el VIH y siguió con sus rutinas de entrenamiento. Se había retirado por prescripción médica, pero tenía 31 años y se encontraba en plena forma.

Magic quería jugar, pero los médicos no le dejaban. No sólo eso. No tenía con quien jugar. Tan sólo Pat Riley se acordó de él. Riley había sido el arquitecto del ‘showtime’, un tipo de baloncesto ofensivo y pícaro que con él en el banquillo y Magic en la cancha le había dado a los Lakers cinco anillos en la década de los 80. Riley se encontraba entonces en la otra punta del país dirigiendo a los Knicks de Nueva York, pero no dudó en dar su tiempo y su amistad a Magic para que se siguiese manteniendo activo.

En febrero, como todos los febreros desde 1951, tiene lugar el All-Star de la NBA. Se trata de un partido amistoso a mitad de temporada en el que se enfrentan dos equipos con los mejores jugadores de la NBA. Tradicionalmente desafiaba a los mejores de la Conferencia Oeste con los de la Conferencia Este, aunque el sistema ha cambiado recientemente. Para seleccionar a los jugadores hay una mezcla de votos entre entrenadores, periodistas y aficionados.

Aquel fin de semana de febrero de 1992 el All-Star de la NBA se iba a celebrar en Orlando, la ciudad donde se halla Disneylandia, el paraíso terrenal de la imaginación. Fue un fin de semana mágico. Desde la fiesta de bienvenida de los jugadores hasta el alojamiento de los mismos tendría lugar en el mundo Disney.

Y en 1992 el jugador que más votos recibió por parte de los aficionados era uno que no había jugado ni un minuto en toda la temporada. Uno que se entrenaba en solitario y que no tenía con quien jugar.

Earvin ‘Magic’ Johnson. El más mágico de todos.

La NBA hizo los deberes. Se consultó a los mejores especialistas del mundo. Los eruditos comentaron que era imposible que hubiese un contagio. Tendría que ser entre una herida abierta y otra, y, aun así, las posibilidades eran escasísimas. Los facultativos hasta recomendaron la presencia de Johnson para dar visibilidad al hecho de que el sida no era sinónimo de fallecimiento. Hubo muchas llamadas de apoyo a la oficina del comisionado David Stern, pero hubo otras tantas llamadas amenazantes, incluidas de varios directivos que veían con preocupación que alguna de sus estrellas pudiese contagiarse con el VIH.

No todo iba a ser de color de rosa.

La pega más liviana era la ausencia de Larry Bird. El hombre junto al que Magic cimentó la leyenda de la NBA en la década de los 80 no iba a poder disputar el partido por culpa de sus sempiternos problemas de espalda. Mucho más duro para Magic fueron las declaraciones de Charles Barkley, al que consideraba un amigo. Barkley había pedido cambiar el número de su camiseta a mitad de temporada para llevar el 32 de Magic Johnson como homenaje a la estrella de los Lakers. No obstante, y fiel a su fama, Barkley comentó a los medios que le parecía injusto que un jugador retirado como Magic pudiese disputar el All-Star y que debería haber renunciado a hacerlo.

Pero todo eso eran nimiedades ante el hostil recibimiento que Magic iba a tener.

Magic fue el primer jugador que llegó a Disneylandia. Lo hizo junto a su mujer y junto a la responsable de su fundación contra el VIH, la cual se pasó el fin de semana tranquilizando a los demás jugadores y a sus familias sobre las opciones de contagio. Al parecer dio una charla sobre la enfermedad desmontado mitos, para lo que usó imágenes y declaraciones de varios enfermos que dejó a los presentes conmocionados. Pero no a todos. Otros arquearon las cejas. Cuando después de cenar Magic acompañó a su mujer al castillo de Blancanieves para ver los fuegos artificiales, sabía que al día siguiente se tendría que ganar a sus compañeros de vestuario.

La tarde posterior Magic entró el último en las dependencias de la Conferencia Oeste. Cuando hizo su aparición, los saludos fueron cordiales, pero distantes. Nada de abrazos ni carantoñas. Nada de apretones de manos. Muchos jugadores lo habían defendido en público, pero en privado tenían miedo. Magic se quedó petrificado. Por primera vez en toda la semana la sonrisa se desvaneció de su cara. Al fondo del vestuario estaba Karl Malone, la viva imagen de la virilidad, un excepcional jugador forrado de músculos y conocido por sus ideas ultraconservadoras.

Ni siquiera le miró a los ojos.

Minutos más tarde, y tras una atronadora ovación del público de Orlando a Magic, los jugadores de ambos equipos formaron dos filas en torno a la línea del centro del campo antes de iniciar la rueda de calentamiento. La tensión se cortaba con un cuchillo. Fue entonces cuando Isiah Thomas, miembro del equipo rival, rompió la línea de saludo y se acercó a darle un abrazo a su amigo mientras los flashes de los fotógrafos se hicieron eco del momento.

Se desata la guerra más sucia entre Isiah Thomas y Magic Johnson - MARCA.com
Johnson & Thomas

Fue algo catártico. Detrás de Thomas fueron todos los demás.

En ese mismo momento Magic recuperó la sonrisa.

El partido comenzó, pero en el ambiente flotaba la sensación de que el encuentro no era normal. Se había hablado, y mucho, si los jugadores se atreverían a dar codazos o a luchar por un rebote y buscar el contacto ante un seropositivo. Pero en la primera jugada del partido Magic se acercó a la canasta rival mientras era defendido por Dennis Rodman, el más malo de los chicos malos de la NBA. Éste rompió todas las reglas. Defendió con fiereza a Johnson, le metió el codo en la espalda y cuerpeó pecho con espalda. Magic anotó, y dos cosas quedaron claras. Que Magic no se había olvidado de jugar y que si Rodman iba a ser duro con él, los demás también lo serían.

Mickey, Donald y compañía habían hecho magia. Magic corrió, asistió, sudó, dio un par de pases prodigiosos y los demás se dieron cuenta de que era el de siempre. Magic hizo una finta, después una puerta atrás, lanzó un par de tiros imposibles de tres que entraron y facilitó unos cuantos pases sin mirar. Puro espectáculo. Ahí si hubo choques de manos, abrazos y carantoñas sin vacilación. El partido transcurrió con normalidad y la fiesta siguió su curso hasta la traca final.

Llegados a los últimos minutos y con el partido más que sentenciado por la Conferencia Oeste (la de Magic), Isiah Thomas invitó a su amigo Magic a un uno contra uno más allá de la línea del triple. Thomas jugueteaba con el balón entre las piernas mientras Magic le retaba con la mano a que se atreviese a encararle. No pudo. Magic era inquebrantable. Y Thomas tuvo que lanzar un desesperado tiro en suspensión que ni tocó el aro. Magic había salido victorioso. El público reventó el audímetro del pabellón.

En la jugada siguiente, y por aclamación popular, fue Michael Jordan el que se citó con Magic. La sucesión del trono en diez segundos de clímax. El público decidió ponerse de pie mientras el resto de los contendientes se abrían como el Mar Rojo ante Moisés para que los dos elegidos se citaran frente a frente. Jordan no se anduvo con chiquilladas. Fintó a su izquierda y comenzó una penetración hacia su derecha para lanzar una suspensión por encima de un Magic que llegó justó a tiempo para inhabilitar el lanzamiento. Agua. El tiro rebotó en el aro, pero no entró. Disneylandia volvió a rugir. Magic 2. NBA 0.

Ahora a Magic le tocaba atacar. Quedaban menos de veinte segundos para el fin del partido. Magic cuerpeaba a Isiah más allá de la línea de 7’25, hasta girar 180 grados y lanzar un tiro de tres puntos a una mano que finiquitaba el partido. Voltaire había dicho que la suerte sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y se fusionan. Aquel hombre era mágico. Pero no era cuestión de suerte. Había sido el mejor durante diez años y ninguna enfermedad por desconocida y mortífera que fuese iba a impedir que lo siguiese demostrando.

Magic saboreó todos y cada uno de los minutos de aquel partido. Todo lo que se vio allí fue la viva imagen de la vida. Abrazos, sonrisas, caricias y cientos de avalanchas de gestos de simpatía a todos los niños que se acercaban a saludarlo. Cada vez que veía una cámara de televisión Magic se aproximaba para hacer un chascarrillo. Cada vez que veía a un compañero allí estaba él para hacerle una carantoña. Aquel hombre era todo lo contrario a la definición de enfermo. Era el reverso brillante de la muerte.

El Oeste ganó con facilidad el encuentro ante el Este por 153-113. Magic fue declarado el mejor jugador del partido (MVP) por aclamación popular, pero también al haber sido el máximo anotador del choque con 25 puntos a los que añadió 9 asistencias.

Aquello fue un espejismo, hermoso, pero un espejismo. Justo una semana más tarde los Celtics visitaron a los Lakers en Los Ángeles. En el descanso del encuentro se aprovechó para realizar la ceremonia de homenaje de la retirada de la camiseta de Magic. Y, ahí sí, micrófono en mano, estaba su antagonista Larry Bird para decirle adiós, a pesar de que su espalda seguía martirizándolo. Bird hizo entrega a Magic de un trozo del parqué del Boston Garden, y, por vez primera, Magic entendió que todo había acabado. Johnson era un hombre emocionalmente destrozado. Él sabía que podía jugar, pero el mundo se empeñaba en enterrarlo.

The Magic Number: Los Angeles Lakers retire Magic Johnson's number in 1992  - New York Daily News
Johnson & Bird

—BARCELONA 92—

Aquel era año olímpico. Ya se había experimentado cuatro años antes en Seúl, pero en Barcelona 92 el amateurismo quedaba enterrado para la posteridad. Y no habría estrellas más rutilantes que las de la NBA. Tras la victoria soviética comandada por Sabonis en 1988, Estados Unidos quería demostrar al mundo que no existía ninguna nación baloncestística que pudiese competir con ellos.

Esa pléyade de estrellas fue conocida como el ‘Dream Team’. Estuvieron los mejores del momento, en una colección de talento que aún no ha sido igualada por h o por b en otras convocatorias olímpicas. El equipo estaba comandado por Michael Jordan, el cual ya había sido campeón olímpico en 1984. No obstante, había dos figuras en el ocaso de sus carreras que no habían participado nunca en unos JJ.OO. Una de ellas era Larry Bird. El alero de los Celtics no tenía muchas ganas de acudir. De hecho, había decidido retirarse.

El otro era Magic. Y Magic hizo de aquella convocatoria una cruzada. Persistió hasta convencer tanto a Jordan como a Bird. No veía mejor forma de despedirse del baloncesto que reuniendo a los mejores. Sin ellos tres el ‘Dream Team’ no hubiera sido tal. La federación estadounidense estaba encantada y dio el visto bueno a la presencia de Johnson. Magic seguía en plena forma y el All-Star de meses atrás había demostrado que el riesgo era cuasi inexistente.

Estados Unidos ganó el oro arrollando a sus rivales con una media de 43 puntos de diferencia. Ahora sí, Magic decía adiós.

Pero Magic no quería decir adiós.

Se sentía fuerte, joven y en plena forma y con el OK de los médicos se dispuso a retornar a las canchas para la campaña 1992/93. En una rueda de prensa multitudinaria declaró que, aunque infectado por el virus, no había ningún riesgo de contagio para con sus rivales. Pero con la pretemporada en marcha, un periodista le preguntó a Karl Malone que le parecía la vuelta de Magic a las canchas. El pívot de los Jazz señaló los cortes de sus brazos y de sus piernas y se limitó a arquear los hombros y señalar “que no hay ningún jugador de la NBA que no haya pensado en todos los riesgos”. Desatado y visiblemente molesto, Malone dio la sentencia definitiva: “Cuando haya que defenderlo mi instinto me pedirá ir a por él, pero me preocupan las consecuencias de lo que pueda ocurrir. Y yo estoy aquí para ganar”.

Karl Malone, el Cartero de Utah | Alley-oop!
Malone; el malo de la película

Que Karl Malone, uno de los jugadores más duros de la NBA y que acababa partido tras partido con múltiples cortes en su cuerpo, fuese tan taxativo fue muy duro para Magic. Peor aún. Magic y Malone habían compartido equipo olímpico en Barcelona. Aquello era puro rencor.

Quiso el destino que días después, en un amistoso disputado en Carolina del Norte, un pequeño reguero de sangre corriese del brazo de Magic tras un encontronazo. El silencio en el pabellón fue sepulcral. Cuando el médico de los Lakers se puso unos guantes para solucionar el corte con unas vendas y un poco de algodón, los murmullos se sucedieron de una punta a otra de la cancha.

Fue ver la muerte en vida.

“Pude ver el miedo en la gente tras aquel corte. Fue suficiente para mí”.

Magic no necesitó leer la prensa ni ver las noticias para darse cuenta de lo que aquellos murmullos significaban.

Sabía que, ahora sí, no habría más magia.

Otras historias de la NBA

Elogio desmesurado de Lebron James (análisis del ¿más grande?)

El mejor en el mejor partido que se ha jugado nunca (Jo Jo White y las tres prórrogas del 5º partido de la final de 1976)

Los años de Jordan en Washington (cuando Jordan decidió que volvía por amor al baloncesto)

El partido prohibido. Negros contra blancos (negros contra blancos en pleno segregacionismo)

Bullying a Toni Kukoc (acoso y derribo de Kukoc en dos partes)

El experimento Nowitzki (como un desconocido alemán triunfó en la NBA)

El hombre perfecto (Bill Bradley y su vida de ensueño)

El anillo perdido de Larry Bird (de como Bird perdió un título de la NBA por culpa de una pelea)

Los años negros de Estados Unidos (cuando Estados Unidos perdía al baloncesto 2002-2006)

La perturbadora existencia de un gusano (vida y obra de Dennis Rodman en dos partes)

Kobe Bryant (amor y odio de un jugador irrepetible en dos partes)

Nadie anima a Goliat (serial en dos partes de la bestia más grande que ha parido el baloncesto)

Leer más

Cuando la izquierda acabó con el boxeo español

Londres. 1968. José Legrá, un cubano que apenas unos años antes había obtenido el pasaporte español, se enfrenta en Gales a Howard Winstone con la intención de lograr el título mundial de peso pluma. El combate es transmitido en directo por Televisión Española y serán legión los que vean el triunfo del ‘Puma de Baracoa’ y su celebración en el ring entonando el ‘La, la, la’ de Massiel junto a Matías Prats padre. Cuando Legrá aterrice en Barajas, cientos de españoles le estarán esperando en la terminal del aeropuerto. Aquellos cientos se convertirán en miles cuando Legrá se pasee por el centro de Madrid camino de una audiencia en el Pardo con Francisco Franco.

k98k on Twitter: "Y si Don José Legrá llegar a ganar una medalla olímpica,  Franco le hace alcalde del Ferrol. https://t.co/T9LQMdC9gr" / Twitter
Franco (i) y Legrá (d)

Quizás fue ese el cénit del boxeo español. En los años 20 y 30 del siglo pasado había brillado Paulino Uzcudun, un aizcolari que llegó a luchar por el título de los pesados ante Primo Carnera. También fue loor de multitudes Baltasar Sangchili, que en 1935 obtuvo el título de campeón del mundo en peso gallo. Pero fue tras el triunfo de José Legrá cuando aparecieron campeones como Perico Fernández o José Durán, a los que la televisión se encargó de convertir en celebridades. De hecho, los más populares, caso de Alfredo Evangelista, José Manuel Urtain o Pedro Carrasco, se convirtieron en fenómenos audiovisuales sin lograr el cetro universal.

El boxeo formaba entonces parte de la trilogía clásica del deporte español. Junto al fútbol y el ciclismo, el boxeo contaba con multitud de simpatizantes y practicantes. No existía una conciencia deportiva ni había un desarrollo económico ligado al hecho deportivo, por lo que el resto de disciplinas vivían de la aparición de locos visionarios. Pioneros como Santana, Nieto, Fernández Ochoa, Buscató, Perramón o Ballesteros eran gotas en medio del mar, un mar bravo y agitado que no hacía prisioneros. Porque si el tenis, el esquí o hasta el baloncesto eran vistos como deportes de ricos o de patio de colegio, el boxeo, al igual que el fútbol y el ciclismo, compartían la etiqueta del esfuerzo y el sacrificio.

Eran tiempos donde los futbolistas eran hombres de pelo en pecho que metían la pierna sin hacer preguntas. Tiempo de ciclistas agonistas a los que se le exigía dejarse la bilis en puertos interminables de carreteras impracticables y tiempo, también, de boxeadores feroces que pensasen más en su alma que en su rostro. En definitiva, tres deportes y tres formas de entender esos deportes, en los que el coraje, el arrojo y la bravura eran intrínsecos a la disciplina. Simplemente eran el reflejo del momento. Todos compartían valores socialmente admirados.

Esto fue así hasta que la sociedad española decidió cambiar su escala de valores. Como bien dijo Alfonso Guerra, que en los 80 sería vicepresidente del Gobierno, “a España no la iba a conocer ni la madre que la parió”. Lo cierto es que la secularización del país fue vertiginosa, el surgimiento del feminismo voraz y la liberación sexual colosal. Todo ello alentando por las instituciones públicas a través de una cultura juvenil íntegramente nueva que tendrá en prensa, música, cine o moda un lienzo por estrenar.

Son los 80 los años de nacimiento del pijoprogre. En esencia un ser que presume de cultura y bagaje lector (sea real o no) y que vive en un mundo simbólico más que material, aunque en realidad suele hacer lo contrario de lo que dice. Ven al pueblo como una masa a la que hay que instruir, pero no tienen el menor interés en comprender su cultura o en hacerles partícipes de la transformación en marcha. No es nada nuevo en la historia. Los progres siempre han errado al descalificar a los otros. Siempre los han considerado inferiormente intelectuales, ya fuese durante el Renacimiento o bien en época de la Ilustración. En la nueva España democrática ‘Extremoduro’ llenaba pabellones y ‘Camela’ se hinchaba a vender casetes, mientras en ‘El País’ o en ‘Diario 16’ las portadas eran para grupos de la movida madrileña que juntaban a 400 o 500 personas en una sala de conciertos. Pero lo primero era ‘carca’ y lo segundo era ‘progre’. Son tiempos de leer el ‘Marca’ a escondidas y de llevar ‘El País’ con orgullo debajo del brazo.

Evidentemente sigue habiendo hombres con pelo en pecho y voluntad de acero, que no se andan con circunloquios y que tienen los pulmones negros de tanto fumar. La garra, el coraje, la lucha o el sacrificio, todos adjetivos adscritos a la hombría, siguieron, y aún siguen, formando parte del acervo cultural. El fútbol de golpes en la cadera y patadas a la espinilla claudicó ante el primer toque y los estadios de diseño, pero el esfuerzo y la furia siguen siendo valores esenciales para un aficionado al deporte rey. El ciclismo abandonó el rechinar de dientes y las etapas kilométricas por los potenciómetros y los pinganillos, pero la valentía y las penalidades siguen siendo indispensables para alentar a la afición. El boxeo, en cambio, no ha sabido adaptarse a una nueva realidad.

Ni supo, ni sabe, ni le dejaron.

En mayo de 1976 salía a la calle el diario ‘El País’, un proyecto de clara vocación democrática que junto a su coetáneo ‘Diario 16’ tenía como objetivo dar una bocanada de aire fresco a una prensa que hasta entonces estaba dirigida por el Régimen. Con esa aura de modernidad que buscaba alejarse con celeridad de un pasado que consideraban rancio, los jóvenes redactores de ‘El País’ no encontraban sinónimo más acertado de arcaico que el boxeo. De este modo, en noviembre de 1977 reflejaban en su libro de estilo que quedaba prohibido informar de boxeo bajo los siguientes términos: “El periódico no publica informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad”.

Tras el golpe de Estado fracasado del 23-F ‘El País’ se consagrará como el diario hegemónico en lengua española, liderazgo que aun ostenta en la actualidad. Juan Luis Cebrián, director en aquellos años, era un claro enemigo del boxeo y bajo su mandato asestó una herida profunda a un deporte que comenzaba una larga decadencia.

La herida pasó de ser profunda a mortal cuando el PSOE arrase en las elecciones generales de 1982 y la izquierda alcance el poder en España casi cinco décadas después. La nueva dirección de RTVE decide suprimir el boxeo de la programación televisiva con el mismo afán de modernidad que propugnaba ‘El País’. Durante tres años (1986-1989) Pilar Miró, sorprendentemente, recuperó el boxeo para la televisión, pero tras la llegada a la dirección de Luis Solana fue definitivamente suprimido. “Ofrecer imágenes de unos señores pegándose bofetadas es lamentable. Eso no es deporte, y recuerda más a los gladiadores del circo romano, por su violencia descarnada y gratuita”.

Se resuelve la incógnita: Juan Luis Cebrián será el primer director de EL  PAÍS tras lograr el apoyo de los accionistas Areilza y Fraga - La  Hemeroteca del Buitre
Juan Luis Cebrián (1976)

No solo es que no se emitiesen combates, fuesen en directo o en diferido, es que tampoco había lugar para reportajes o crónicas en los informativos diarios. La polémica fue de aúpa, dado que por entonces el madrileño Poli Díaz era campeón de Europa de peso ligero y a sus veladas tenían acudido los entonces ministros Manuel Chaves o Joaquín Almunia. Este último declaró preguntado al respecto: “El boxeo tiene aspectos demasiado duros, pero también es deporte y arte. Pero como aficionado no me preocupo. Ahora vendrán los canales privados”. Ya en su congreso de 1978, el PSOE había hecho público el comunicado siguiente para posicionarse en la polémica: «El boxeo exige, más que ningún otro deporte, unas medidas de seguridad que quienes lo asumen como negocio ignoran porque no están atentos a otra cosa que, a la productividad de dicho negocio, con desprecio absoluto a los que lo protagonizan”.

‘El País’ decidió en su momento no recoger el nombre de víctimas de violación o de protagonistas de suicidios, decisiones que contaron con el aplauso de colegas de profesión y del público general. Lo del boxeo tuvo sus defensores y sus detractores, pero lo que saltaba a la vista era el uso del término “sórdido”. Era sórdido porque el boxeo incitaba a lo primitivo, a la violencia entre seres humanos, al espectáculo de la masa que pide sangre de los gladiadores. Para ‘El País’ el boxeo “no es un deporte, es una pelea de gallos entre personas que atenta contra la dignidad del ser humano”. Curiosamente ‘El País’ considera a los toros anacrónicos y crueles con el toro, pero nunca sórdidos porque el mundo que lo rodea no lo es y no existe violencia entre seres humanos.

El golpe de gracia tuvo lugar cuando en 1993 el grupo PRISA, del que formaba parte ‘El País’, decide adquirir el diario deportivo ‘As’. Para dirigir el rotativo madrileño se elige a Julián García Candau, antiguo jefe de deportes de ‘El País’. Una de sus primeras decisiones es suprimir el boxeo de las páginas de ‘As’. La decisión es un impacto de terribles consecuencias, y mucho más teniendo en cuenta que, cuando a finales de los 60 ‘As’ lanza su entonces revolucionario suplemento a color, el boxeo acumulará decenas de portadas y cientos de reportajes.

Paradójicamente, mientras la prensa de izquierdas boicoteaba el boxeo para hacerse progre, urdía un plan para sacar redito empresarial a costa de los púgiles. Como había dicho el ministro Joaquín Almunia, no había de que preocuparse. Era el fin de la televisión pública como único método de información y entretenimiento. En 1990 se inauguraba en España la televisión privada y PRISA fundaba ‘Canal +’, que contaba con la particularidad de que muchos de sus contenidos eran de pago. La apuesta era adquirir los derechos del fútbol nacional e internacional y de películas de primer nivel para luego obligar al televidente a adscribirse. Lo que muchos olvidan es que en sus primeros años la mayor rentabilidad de ‘Canal +’ estuvo en el cine porno, los toros y el boxeo. Todo muy carca y nada progre.

De esta forma, la misma izquierda que renegaba del boxeo en papel gustaba de ofrecer combates de Mike Tyson o del Poli Diaz. ‘El Potro de Vallecas’ recuperó el interés por un deporte en clara decadencia y convirtió sus combates por el título europeo y mundial en acontecimientos televisivos. Será su caída en desgracia por culpa de la cocaína y la heroína lo que aparque al boxeo de forma definitiva del primer plano y, de paso, llene de argumentos a la izquierda para cerrar de una vez por todas el mundo del boxeo a ojos de la opinión pública.

https://www.youtube.com/watch?v=D85fXn7QosE

En la actualidad el boxeo profesional es irrelevante en la realidad del deporte español. Tan sólo Javier Castillejo a finales de los 90 brilló como una supernova en este oscuro universo. Sin embargo, el boxeo vive un repentino auge en gimnasios y academias de toda índole como formula desestresante para combatir la vorágine del día a día. Es significativo su éxito entre las mujeres (Joana Pastrana fue campeona del mundo de peso mínimo) para adquirir conocimientos de autodefensa y como tratamiento psicológico para mejorar la autoestima.

El fenómeno no es exclusivo de España. El boxeo internacional lleva años en franca decadencia. Los expertos consideran que los promotores ascienden al olimpo a púgiles mediáticos y con carisma con independencia de cuál sea su nivel en el ring. Se habla de campeones prefabricados a los que se le buscan rivales de nivel medio para asegurarse de que se mantengan en la cima durante mucho tiempo. Otros entendidos consideran que el gran problema es la variedad de pesos y campeonatos a nivel mundial y claman ante la imperiosa necesidad de unificar criterios para que los campeones ganen credibilidad.

Sin ser estos motivos irrelevantes, el problema en cuestión es ajeno al boxeo. Para el mundo occidental el boxeo es una suerte de justa medieval donde dos seres humanos combaten noblemente para ver quién es el más fuerte. Al desterrar los puños por la ley y el ojo por ojo en beneficio de la balanza de la justicia, el boxeo ha quedado como algo arcaico y rancio. En Asia, el uso de armas de fuego en combate fue más tardío lo que, unido a una idea del combate como bien cultural, bien educativo y de buena salud, hizo de las artes marciales un reclamo progresista. El resto fue cosa de la globalización. Donde antes mandaba el boxeo ahora lo hace el karate, el kick boxing o el muay thai.

Joana Pastrana se retira del boxeo como una de las mayores leyendas  pugilísticas de España
Pastrana; la última campeona española

Otras historias sobre el ring

La verdadera historia de Rocky (de como del imbatible Marciano surgió el cinéfilo Balboa)

Expresiones del lenguaje deportivo (como el boxeo -y otros deportes- influyen en nuestro día a día)

Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo (Una historia de corrupción en la II República)

The Rumble in the Jungle (La legendaria pelea entre Alí y Foreman en dos artículos)

Leer más

¿Camisetas sagradas? No tanto como pensamos

Con el capitalismo democrático como gran triunfador, atrás quedaron los tiempos donde las ideas eran defendidas con la vida. Quizás es mejor dejar de un lado el concepto derecha/izquierda y abrazar definitivamente el de conservador/progresista. Para los conservadores las respuestas suelen estar en el pasado. Todo aquello susceptible de cambio debe respetar la tradición y, antes de afrontar un nuevo proyecto, primero hay que probar a arreglar el ya existente. Para los progresistas no existe más allá que el futuro. Toda mejora está por venir y, romper con lo que no ha funcionado, se tiene como lo lógico.

El fútbol siempre ha estado en manos de los tradicionalistas. Hasta hoy. Las reglas básicas y todo lo que rodea al fútbol, desde las comunicaciones hasta la forma de entrenar o el diseño de los balones, se mantuvieron prácticamente inalterables hasta hace un par de décadas. El cataclismo al que se está enfrentando el fútbol para adaptarse al galopante avance tecnológico y a una nueva forma de ocio juvenil está removiendo sus cimientos.

Los conservadores mal se adaptan a estos cambios. Especialmente gravantes son las permutas en las indumentarias y en los escudos de los equipos. Ambos representan la identidad, la memoria y el sentido de pertenencia de la comunidad. Son el símbolo de una pasión. El escudo desempolva hechos del pasado para ponerlos en valor. Las nuevas formas de comunicar cambian la imagen para buscar distintas sensaciones impregnadas de modernidad.

Juventus | El revolucionario escudo de la Juventus ya es todo un éxito -  AS.com
Juventus FC (1897-)

Pero donde el insulto se convierte en sacrilegio es cuando se hace un cambio de diseño en la equipación. A fin de cuentas, es el club el que decide modificar el escudo, pero es una ambiciosa casa comercial la que decide cambiar el diseño de la camiseta.

Sacrilegio, ¿verdad? Mas, quizás, esos colores que tanto amamos igual no lo son tanto.

Cuando en 1872 Inglaterra y Escocia disputen el primer partido internacional de la historia lo harán con camisa de manga larga y pantalones por debajo de la rodilla. Las botas de cuero eran, por supuesto, negras, se llevaban calcetines largos y los guardametas solían usar gorra con independencia de que el día fuese soleado. Muchos futbolistas llevaban también una cinta a modo de protector en la frente para los remates de cabeza.

A principio del siglo XX las camisetas ya empezaron a asemejarse a las actuales. Se implantó el pantalón corto con las medias, ya eran más comunes las botas con tacos y las espinilleras sustituyeron a los calcetines largos como forma de protección. Durante esta primera mitad del siglo XX muchos equipos comenzaron a usar ropa con rayas y con variedad de colores. También se generalizaron los escudos en las camisetas y más adelante la serigrafía numérica para identificar a cada futbolista. Los porteros empezaron a abandonar la gorra, pero no una prenda de lana que les llegaba a las rodillas conocida como zamarra.

Tanto las zamarras como el resto de uniformes pesaban mucho y eran molestas. Las camisetas solían tener cierre de cuerdas o botones en los cuellos, hasta que en los 70 se produjo el gran cambio. Aparecieron las telas sintéticas y se empezaron a generalizar los cuellos de pico y los redondos. La mayoría de los clubes y de las selecciones adoptaron sus colores y diseños definitivos durante esa época.

Así que era normal que a inicios de los 80 las marcas deportivas decidiesen implantar su firma en la camiseta y, de paso, empresas ajenas al fútbol decidiesen utilizar a los jugadores como anuncios móviles. A partir de los 90 aparecerán los estampados y con el siglo XXI tecnologías textiles que absorben la humedad, protegen de los rayos ultravioletas, mejoran la comprensión de los músculos, y todo ello hecho con material reciclado. Se ha llegado al punto de que los jugadores del FC Barcelona visten esta temporada camisetas personalizadas, adaptadas personalmente a sus figuras tras realizar escáneres 3D a sus cuerpos.

La nueva equipación del Barça se inspira en el escudo y rompe moldes
Al gusto del consumidor

—CAMISETAS NO TAN SAGRADAS—

Al principio, por cuestiones de diseño, de logística y de sentido común, las camisetas solían ser blancas. No hay elástica color nieve más famosa que la del Real Madrid. La elección de dicho color obedece a la admiración de los madrileños por el Corinthian FC, quizás el club amateur inglés más famoso del siglo XIX (de ahí el nombre y los colores del Corinthians brasileño). Más de medio siglo después, Don Revie se hizo cargo del Leeds United y ordenó cambiar el azul y amarillo tradicional por el blanco para honrar al gran Madrid de Di Stéfano. Lo cierto es que el cambio fue para bien, porque de blanco llegaría la era dorada de la entidad de Yorkshire.

Igual de sorprendente es conocer que el Sevilla FC vestía en su origen de rojiblanco. Fue el retraso en un pedido lo que les obligaría a usar una camiseta totalmente blanca. Pero para sorprendente de verdad lo del Barça. Es de todos conocidos que el FC Barcelona viste con los colores del cantón de Ginebra por obra y gracia de Hans Gamper, su primer presidente. Lo que no es tan sabido es que hasta los años 60 la segunda zamarra era de blanco impoluto con la cruz de Sant Jordi en el pecho. No sería hasta bien avanzado el Franquismo cuando la inquina a todo lo níveo se extienda como un virus por toda Cataluña y el amarillo con tonos azulgranas sean los colores habituales para la segunda indumentaria.

De azulgrana juegan dos modestos españoles. Uno es la SD Huesca, en su caso por simple admiración hacia el gigante catalán. Más interesante es el porqué del azulgrana en la zamarra de la SD Éibar. Cuando en 1940 el cuadro vasco se fundó, recibieron por cortesía unas camisetas del Barça. El utillero decidió quitarles el escudo y coserles el de la SD Éibar. Por increíble que parezca la tradición duró hasta tan tardía fecha como 1987.

Sin marcharnos de la Ciudad Condal nos encontramos con el RCD Espanyol, que viste de blanquiazul en honor a los colores del blasón de Roger de Lauria, Gran Almirante de la Corona de Aragón. Lo que muchos periquitos desconocen es que durante su primer decenio de vida el RCD Espanyol vistió de amarillo. Caso inverso al del Villarreal CF, que se pasó al amarillo en 1946 tras tres décadas vistiendo con camiseta blanca y pantalón negro.

De rojiblanco viste el Athletic y el Atlético (en sus orígenes sucursal de los bilbaínos) por un malentendido. El Athletic vestía a cuadros blanquiazules como el Blackburn Rovers, pero en un pedido realizado a Inglaterra para la temporada de 1909 se encontraron con que no quedaban. Decidieron solicitar una remesa al Southampton FC que vestía de rojiblanco. Y es que el influjo británico es trascendental para buscar significado a los colores de los equipos españoles. Es el caso del Real Betis que sustituyó el azul por el verdiblanco cuando Manuel Ramos, capitán bético, viajó a Glasgow y se enamoró del Celtic FC.

La camiseta del Athletic Club a lo largo de la historia
Athletic Club (1898-1909)

Quizás los dos casos más estrambóticos sobre los orígenes de unos colores sean los del Rayo Vallecano y los del Granada CF. En sus inicios el Rayo era un modestísimo club que vestía totalmente de blanco. En 1948 ascendió a Tercera División y solicitó la cesión de varios futbolistas al Atlético de Madrid. A cambio los colchoneros pidieron al Rayo algún detalle rojo para que ese blanco impoluto no se pareciese tanto al Real Madrid. Había nacido la franja más famosa del fútbol español.

En el momento de su fundación la camiseta del Granada CF constaba de rayas verticales azules y blancas. Al finalizar la Guerra Civil, al no encontrar los colores originales del club, compraron unas camisetas rojas y blancas, pasando a ser estos los colores del club andaluz. Pero el caso es que, en 1973, ante la mala clasificación del club y para diferenciarse de la mayoría de equipos, Cándido Gómez, presidente nazarí, decidió pasarse a las rayas horizontales. Se formó un pollo considerable y las rayas horizontales aparecieron y desaparecieron como el Guadiana, hasta que en el año 2005 los estatutos reflejaron la horizontalidad de las elásticas ‘per saecula saeculorum’.

—CAMISETAS NO TAN SAGRADAS, UNA VUELTA POR EL MUNDO—

Si alguien bucea por Internet y encuentra un club llamado Everton Athletic que viste de azul y blanco y juega en Anfield, le disculparemos si lo identifica con el actual Everton FC. Lo cierto es que se trata del Liverpool FC, club fundado por una disputa sobre la propiedad del estadio de Anfield. Para evitar confusiones el Liverpool FC dejó de llamarse Everton Athletic y de paso se pasó a la camiseta roja y al pantalón blanco, hasta que en 1964 el rojo se extendió también a medias y pantalones.

Si bien no son los ‘Reds’, al Manchester United se le conoce como ‘Red Devils’. No obstante, durante su primer cuarto de siglo de vida el United vistió con camiseta amarilla y verde dividida en dos mitades iguales. Lo cierto es que el club tampoco se llamaba así sino Newton Heard Lancashire and Yorkshire Railway FC.

Newton – Camiseta de Heath 1892 firmado por 24 leyendas del Manchester  United : Amazon.es: Deportes y aire libre
Manchester United (1872-1902)

De burdeos viste el Girondins por razones obvias. También lo hace el modesto Burnley FC que cambió su tradicional blanquiazul por el burdeos como homenaje al Aston Villa, por entonces el club más laureado de los campos ingleses. También como homenaje al Aston Villa viste de tinto el londinense West Ham. Inicialmente aquel equipo fundado por trabajadores del metal lucía el azul oscuro y pretendían combinarlo con el burdeos. La dificultad de entonces para mezclar ambos tonos hizo que se pasasen directamente al tinto en su totalidad. Y ya nos referimos antes al Leeds United que se pasó al blanco en 1960 para ensalzar al Real Madrid.

El Arsenal FC es otro de esos equipos que copió sus colores para honrar a otra institución, en este caso el Nottingham Forest. Sin embargo, hacia 1930, los londinenses decidieron eliminar el rojo de las mangas y convertirlas en blanco como un signo diferencial que permanece inalterable con el paso del tiempo. Más adelante el Sporting de Braga imitará al Arsenal FC e introducirá las mangas blancas en su camiseta. Por cierto, las estadísticas dicen que el rojo es el color más ganador y el azul el más usado entre los clubes de fútbol.

En Nottingham debemos parar si queremos encontrar el porqué de los colores de la Juventus de Turín. En este caso en Notts County, un modestísimo club inglés. La Juve lucía una llamativa camiseta rosa con una estrecha franja negra a modo de corbata. El caso es que el rosa se desteñía con facilidad. Resultó que solicitaron a una fábrica de Nottingham una nueva remesa (todas las camisetas entonces se pedían a Inglaterra) y el comerciante, al ver el original, pensó que era blanco desteñido. Envió a Turín unas camisetas de rayas blancas y negras como las que lucía el Notts County, que fueron rechazadas nada más llegar a Italia. Pero como la Juve tenía un compromiso inmediato y, no había con que vestir a sus jugadores, se aceptó aquella camiseta blanquinegra. Y hasta hoy.

El AC Milan siempre ha vestido de rojinegro, colores escogidos para infundir miedo entre sus oponentes por representar al diablo. No es el caso del Internazionale, que abandonó el azul y negro por el blanco con una cruz roja en honor a San Ambrosio, patrón de la ciudad, entre 1928 y 1945. De burdeos juega el Torino FC que suele utilizar como segunda equipación una zamarra similar a la de River Plate, en agradecimiento al partido homenaje que los argentinos disputaron para recordar a las víctimas de la tragedia de Superga de 1949. Del mismo modo la segunda de River suele ser color burdeos, mientras que la famosa franja de su camiseta titular es una honra al pasado genovés de la ciudad.

Más caótica es la historia de los colores de Boca Juniors. Empezaron de rosa, se pasaron al celeste y luego al blanquinegro hasta que, dice la leyenda, un barco con bandera sueca atracó en el barrio de Boca y el azul y amarillo quedó establecido para siempre. Seis años más tarde se instituyó la característica franja horizontal de los xeneizes (genoveses). Es tal la fuerza del azul y amarillo que en La Bombonera es uno de los escasos lugares del mundo donde ‘Coca-Cola’ debe renunciar al rojo (los colores de River) y buscar otras tonalidades.

El Santos FC de Pelé es asociado al blanco, por lo cierto es que sus colores originales imitaban las rayas blanquinegras de la Juve. El Olympique de Marsella combina el azul de múltiples formas cuando en sus estatutos de fundación pregonaban el blanco tanto en la camiseta como en el pantalón para imitar la pureza olímpica del Barón de Coubertin. De igual modo el Borussia Dortmund es asociado al amarillo y al negro, los colores del mono que llevaban los mineros de la zona, cuando lo cierto es que el azul y el blanco eran sus colores originales.

Pero si hay una indumentaria caótica por excelencia esa es la del FC Bayern. Los tonos originales de los muniqueses eran el azul y el blanco (los colores de Baviera). Por un fallo en un pedido se pasaron a la camiseta blanca y el pantalón negro. Tras absorber a un pequeño club de barrio que vestía de rojo, introdujeron esa tonalidad al pantalón y más tarde a la camiseta, que pasó a ser roja con rayas azules o blancas. Cuando Beckenbauer ganó su primera Copa de Europa el Bayern iba con rayas rojiblancas. Tres años después vestía de rojo. Desde entonces el rojo se ha impuesto, pero las rayas blancas (horizontales o verticales) e incluso el azul hacen su aparición de vez en cuando.

50 años del primer doblete
1970. El primer gran FC Bayern

Hablando de alemanes, ¿se han fijado que la selección teutona viste de blanco a pesar de ser un color que no luce en su bandera? Viste de blanco y negro, los colores de Prusia. De igual modo Italia (casa de Saboya) o Países Bajos (casa de Orange) hacen ascos a su bandera nacional para honrar los colores de sus respectivas casas reales. Japón (azul), Venezuela (burdeos) o Australia (amarillo), son otras selecciones que no respetan los tonos de sus banderas.

“De jugador no cambiaba la camiseta del Atleti. Me tenían que dar dos, la mía valía más”. Diego Pablo Simeone.

“No sé si lo entendéis; lleváis en la camiseta el escudo del Real Madrid”. Santiago Bernabéu.

Otras historias de fútbol en las que no se habla de fútbol

Las camisetas más bonitas de la historia (escogiendo las 10 zamarras más bonitas de siempre)

Desglosando al mejor de la historia (Pelé, Maradona y compañía en varios capítulos)

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (el significado de los spartaks, los sportings, los rápidos o los reales)

Templos del fútbol (como los estadios se han convertido en catedrales modernas en varias tomas)

Paris (¿por qué a Paris no le hace falta el fútbol para brillar?)

Entrenadores. La regla de los 10 años (nacimiento, crecimiento y declive del entrenador de fútbol)

A propósito del VAR (un odio acusado a un invento que incrementará las polémicas)

Expresiones del lenguaje deportivo (de como el deporte impregna el vocabulario cotidiano)

¡No! Los ingleses no inventaron el fútbol (como los ingleses se apropiaron de un invento escocés)

Fútbol postnacional (crisis de identidad y de pertenencia en el fútbol globalizado)

El fútbol en el futuro (una visión sobre el fútbol en 2050)

La España vacía (de como el fútbol puede iluminar a lugares olvidados por el progreso)

El aficionado al fútbol (sobre la pandemia, los estadios vacíos y la importancia del forofo)

¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos? (como los ‘apelidos’ son más importantes que los nombres en el día a día de un brasileño)

Como de obsceno es el sueldo de un futbolista (¿ganaba más Di Stéfano que Messi?)

¡Daría la vida por mi equipo! (la importancia del fútbol como símbolo identitario)

Leer más

The Rumble in the Jungle (2ª parte)

“Float like a butterfly, sting like a bee. His hands can’t hit, what his eyes can’t see. Now you see me, now you don’t. George thinks he will, but I know he won’t”. Esta declaración de intenciones de Muhammad Alí ha pasado a la historia por la doble metáfora inicial, poética y directa. Ahora me ves, ahora no me ves. Vuelo como una mariposa y pico como una avispa. Tus ojos no pueden verme, tus manos no pueden tocarme. Adelante y atrás. Una danza, un juego de pies, tan rápido y tan coordinado que aún no ha sido igualado.

La frase ya había sido enunciada por Alí tiempo atrás, pero en esta ocasión su corolario estaba dedicado a George Foreman, el hombre al que tenía la intención de arrebatarle el título de campeón del mundo de los pesados. Foreman era el rey invicto. Un joven pegador imbatido (40-0) que había noqueado a Joe Frazier y a Ken Norton en dos asaltos. Muhammad Alí, siete años mayor, había sufrido lo indecible para tumbar a los citados. La inmensa mayoría de los críticos le otorgaban el cartel de víctima a Alí en su pugna ante Foreman.

El Acorazado Cinéfilo - Le Cuirassé Cinéphile: Muhammad Ali. Films -  Francisco Huertas Hernández. Alicante (Spain)
Alí (i) y Foreman (d)

Muhammad Alí se había ganado a pulso luchar por lo que era suyo. Combatir por el título de campeón del mundo de los pesos pesados. Tras derrotar a Joe Frazier, debía vencer a George Foreman para recobrar la corona que el Gobierno de Estados Unidos le había arrebatado en 1966. Habían pasado ocho años. Alí continúa siendo un atrevido fanfarrón, pero comienza a acusar la edad, el cansancio y las heridas físicas y emocionales. Seguía siendo arrogante, pero, las posibilidades de que no fuese capaz de hacer efectivas sus amenazas sobre el ring eran considerables.

El duelo entre Alí y Foreman no era un combate cualquiera. Muhammad Alí era entonces un semidiós. Su carácter seco y atrevido y su estilo excéntrico habían alcanzado unas cotas que rozaban la locura. Llegaría a combatir contra Supermán en un cómic, combate que, por cierto, ganará el púgil de carne y hueso. Su desmesurado afán por ser el centro de las miradas le había llevado a ser vilipendiado, pero el Estados Unidos de 1974 no tenía nada que ver con el de 1966. Alí había pasado de ser un villano a ser un héroe americano.

George Foreman era el gran favorito. Contaba con 27 años, por los 34 de Alí, y meses atrás había demostrado una pegada descomunal que había dejado seco a Joe Frazier. Era granito con piernas y, aun así, era la antítesis de lo que es un púgil de los pesos pesados. Foreman era querido. Era un buenazo. Un bonachón que una vez retirado acabaría haciéndose reverendo y vendiendo barbacoas a padres de familia a través de la teletienda.

Los ingredientes estaban dispuestos y solo faltaba alguien que los cocinase. Quien sacó el colmillo y vio la oportunidad que allí se presentaba fue un joven afroamericano llamado Don King. Mucho antes de teñir de blanco un mechón de pelo y de ser parodiado en ‘Los Simpsons’, King era un ambicioso promotor que se haría famoso por explotar hasta la extenuación a los boxeadores a cambio de ingentes sumas de dinero.

Los Simpson': 9 estrellas que han rechazado a Homer Simpson - SensaCine.com
Don King

King no era, para nada, el favorito para organizar el evento pugilístico del siglo, pero se le ocurrió una idea tan descabellada como lucrativa. Se reunió con Alí y con Foreman y les prometió a ambos una bolsa de cinco millones de dólares por cabeza. Nunca jamás se había juntado cifra tan desorbitada por un combate. Ambos aceptaron de inmediato. Ahora sólo tocaba saber de dónde sacaría King diez millones de dólares.

Iba a crear “The Rumble in the Jungle” (Un Estruendo en la Jungla). Don King iba a llevar el combate al corazón de África.

Don King tuvo una idea. Y ya se sabe que lo más difícil es tenerla. Pensó. Si Muhammad Ali abandonó su nombre de esclavo (Cassius Clay) para volver a sus raíces y ser el guía moral de los afroamericanos, ¿por qué no llevar a Alí a la tierra natal de todos ellos? ¿Por qué no llevar el combate a África? La idea era magnífica. Pero para llevarla a cabo necesitaba de alguien que invirtiese diez millones de dólares en su plan.

Ese hombre iba a ser Mobutu Sese Seko.

Entonces en Zaire, hoy República Democrática del Congo y anteriormente el Congo belga, gobernaba Mobutu Sese Seko, uno de estos militares apoyados por la CIA que a cambio de engordar una cuenta personal en Suiza acaban liquidando un país. Cuando en 1997 los zaireños le den una patada, la riqueza personal del mariscal será mayor que la deuda externa del país centroafricano.

Con el apoyo estadounidense, temerosos de que el comunismo se expandiese por África, Mobutu Sese Seko acababa de presentar ante las Naciones Unidas lo que él llamo su plan de “autenticidad”. Renombro ciudades y lugares para africanizar el país, prohibió el cristianismo y la vestimenta originaría de Europa y, aquí está el quid de la cuestión, creó una beatificación a su persona y confiscó las empresas extranjeras para dárselas a sus familiares.

Ante tal panorama, Mobutu necesitaba un lavado de cara que, además, fomentase la africanización de su país. Que mejor que invitar a Zaire a Alí, el hombre que renegó de su pasado de esclavo y que se erigió como defensor de los derechos civiles de los negros. Don King supo ver la oportunidad y cerró el acuerdo. ‘The Rumble in the Jungle’ ya era una realidad.

Rumble in the jungle - Canarias3puntocero
Mobutu Sese Seko (i) y Alí (d)

—THE RUMBLE IN THE JUNGLE—

El combate quedó fijado para finales del mes de septiembre. Era 1974. Sin embargo, Foreman se cortó una ceja en un entrenamiento, por lo que hubo que posponer la pelea hasta el 30 de octubre. Y esas semanas de retraso fueron esenciales para convertir a Alí en mito viviente.

Mientras Foreman se encerraba en un gimnasio de Kinshasa, Alí se dedicaba a trotar por las calles y barrios más humildes de la ciudad. Se pasó el mes de octubre juntándose con los niños, visitando a los mayores, y, en definitiva, inhalando sus raíces. Mientras Foreman representaba al ‘Tío Tom’, al esclavo bueno que se ganaba su libertad siendo fiel a su amo, Alí era el hombre que daba dignidad al oprimido. Cuando en el acto de presentación del combate los miles de zaireños allí presentes se unan al grito de ‘¡Alí bomayé! (¡Alí mátalo!) la suerte de Foreman ya estaba echada.

En ‘The Rumble in the Jungle’ Alí iba a demostrar que podía aparcar su condición de estilista y encajar todos los golpes emulando la fortaleza de Foreman. La víspera del combate Alí pidió a los trabajadores del estadio donde se iba a celebrar el combate que con una llave inglesa aflojaran la tensión de las cuerdas del cuadrilátero. “Vas a bailar, Muhammad, esta noche vas a bailar”, cuentan que le dijo su entrenador. La idea era dejarse dominar por Foreman mientras apoyaba la espalda en las cuerdas y aguantaba las embestidas a derecha e izquierda. En el momento justo del impacto, Alí tendría que bailar un paso atrás para amortiguar el golpe y subyugarlo a través de las cuerdas. Al ser más elásticas absorberían la potencia de Foreman a la espera de que éste se cansase y Alí pudiese lanzar su contraataque.

Volar como una mariposa para picar como una abeja.

La pelea comenzó a las 04:00 horas de la madrugada de Kinshasa, para que el combate se viera en horario de máxima audiencia en Estados Unidos. Curiosamente en Zaire no fue retransmitido por ninguna cadena. Menos mal que hasta 60.000 zaireños se apelotonaron en el estadio 20 de mayo (antes Rey Balduino, después Tata Räphael) para desgañitarse animando a Muhammad Alí. 

The Rumble in the Jungle (1974) - IMDb
The Rumble in the Jungle

El combate y todo el contexto político, social y cultural en el que se desarrolló el evento fueron legendarios. Antes del evento hubo un megaconcierto con B.B King, Celia Cruz o James Brown, que cautivó a todos con ‘Say it loud. I’m black and I’m proud’ (‘Dilo alto. Soy negro y estoy orgulloso’). Norman Mailer, ganador de dos premios Pullitzer, decidió coger la pluma y escribir in situ sobre aquel combate. Ya había un ganador antes del inicio. Ese era Don King.

Tras el gong, Alí se mantuvo tranquilo y fanfarrón durante los primeros asaltos. Encajaba golpe tras golpe contra las cuerdas y le hablaba a Foreman al oído. “Me decepcionas, no me estás pegando fuerte”, soltaba Alí, a lo que Foreman respondía sacudiendo enloquecido. Todos los presentes querían la victoria de Alí, pero todos contaban con el triunfo de Foreman.

El plan de Muhammad Alí estaba dando el resultado esperado. En el quinto asalto Foreman comenzó a dar síntomas de fatiga. Alí se había dejado golpear por una mula, pero seguía intacto. Foreman descargó una batería de golpes que hubiesen tumbado a un rinoceronte, pero Alí se mantenía en pie. Se las arregló para que le golpease los brazos y el cuerpo, pero siempre evitando que el puño de Foreman se acercase a su cabeza. “No puedes hacerme daño. No pensé que fueses tan malo”, contestó con una sonrisa el rey del ‘trash-talking’.

En el séptimo asalto Foreman al fin logró impactar contra la mandíbula de Alí. Fue un golpe seco. Terrible. Alí se tambaleó durante unos segundos y cayó a los brazos de Foreman. “¿Eso es todo lo que tienes, George?”, le dijo Alí con una sonrisa, como el que recibe una caricia. Aquel hombre acababa de ser atropellado por un tren de mercancías y seguía intacto. Se dice que fue entonces cuando a un joven italoamericano que estaba viendo el combate por televisión a miles de kilómetros de distancia se le encendió una luz. Al día siguiente comenzó a escribir un guion que le permitiese dejar de un lado un aciago pasado como actor porno para poder brillar en Hollywood.

Era Sylvester Stallone.

Con Foreman exhausto y psicológicamente destrozado, en el octavo asalto Alí decidió salir de la cueva e irse al ataque con las fuerzas que le quedaban. Alí, enrollado entre las cuerdas, no tendría gas para más que un par de asaltos, por lo que tendría que acertar de primeras. A Foreman comenzaron a lloverle derechazos desde el cielo de Kinshasa. Dos relámpagos salieron de los puños de Alí, y tras varios ganchos consiguió arrinconar a Foreman contra las cuerdas. A veinte segundos del final del asalto, Foreman, falto de velocidad por el cansancio, erró su gancho y en una brutal combinación izquierda-derecha, Alí enviaba a la lona al campeón. ¡Alí, bomayé! rugían los 60.000 zaireños como una manada mientras el árbitro comenzaba la cuenta atrás. Foreman llegó a ponerse en pie mientras el colegiado gastaba el último número de la cuenta atrás. Pero el campeón no llegó a tiempo.

Había un nuevo campeón.

Muhammad Alí recuperaba, siete años más tarde, el título de campeón del mundo de los pesos pesados. ¡Alí, bomayé! ¡Alí bomayé! No hubo la danza que había pronosticado Alí, pero sí un dominio táctico y psicológico que pasaría a la historia. Alí recuperaba un cinturón de campeón del mundo que siempre debió ser suyo tras diez segundos apoteósicos. Un contraataque de seis picaduras de avispa que tumbaron a un oso.

George Foreman necesitaría ayuda psicológica para superar la derrota y sumaría dos años sin volver a pelear. La mañana siguiente al combate, aún sin dormir, Muhammad Alí paseaba por las calles de Kinshasa saludando a la gente y hablando de la unión entre los negros de África y de Estados Unidos. Ambos, Foreman y Alí, subirán abrazados a recoger el premio Oscar en 1996 cuando un documental sobre la pelea gane el premio de la academia hollywoodiense.

A Don King le salió bien la jugada porque el evento tuvo tanto éxito que recaudó más de 100 millones de dólares. Diez veces más de lo prometido a los dos púgiles. La televisión lo convirtió en uno de los primeros éxitos a nivel global. Así que para el año siguiente Don King decidió repetir la jugada. Para 1975 Muhammad Alí tendría que defender su corona ante Joe Frazier en Manila, bajo la atenta mirada de Ferdinand Marcos, otro sátrapa derrochador de dinero público.

El evento ’Thrilla in Manila’ (Gorila en Manila) fue otro éxito rotundo. Alí volvería a generar emoción e interés y, de paso, desgaste en su oponente (lo de gorila iba dedicado a Joe Frazier) pero no llegaría a alcanzar el clímax de ‘The Rumble in the Jungle’. En Filipinas hubo que parar el combate a falta de un asalto porque el entrenador de Frazier temía por la vida de su pupilo. Muhammad Alí retendría un título que conservaría durante un trienio, pero jamás volvería a alcanzar en ningún otro combate la mística de aquella legendaria pelea en el corazón de África. La mística de ‘The Rumble in the Jungle’. 

“Luché contra un lagarto. Peleé contra una ballena. Sólo la semana pasada asesiné a una roca, lesioné a una piedra y hospitalicé a un ladrillo. Soy tan malo que hago enfermar a los medicamentos (…) Soy tan rápido que ayer a la noche apagué la luz de la habitación de mi hotel y ya estaba en la cama antes de que el cuarto se pusiese oscuro. Hay dos cosas que son difíciles de ver; una es un fantasma y otra es Muhammad Alí”.

Quién es Muhammad Ali y por qué es el boxeador más famoso?
The greatest

Otras historias sobre el ring

The Rumble in the Jungle (primera parte del artículo sobre el combate del siglo)

La verdadera historia de Rocky (la increíble carrera de Rocky Marciano, el hombre que inspiró a Stallone)

Expresiones del lenguaje deportivo (de como el boxeo y otros deportes se introducen en nuestro vocabulario)

Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo (boxeo, corrupción y politiqueo durante la II República)

Leer más

The Rumble in the Jungle (1ª parte)

A inicios de 1967 Muhammad Alí era el indiscutible campeón mundial de los pesos pesados. Eran tiempos convulsos. Estados Unidos se había embarcado en la que iba a ser una larga y costosa guerra en Vietnam. Alí se negó a alistarse cuando fue llamado a filas y el Gobierno americano abrió un proceso público contra él que acabó con una multa de 100.000 dólares, su encarcelamiento y la desposesión de su título de campeón del mundo. Tenía 25 años y, de pronto, había perdido sus mejores años como boxeador.

No volvió a competir hasta finales de 1970.

Antes de eso Cassius Clay había sido un joven y lenguaraz boxeador que había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma antes de dar el salto al profesionalismo. Combate a combate fue ganando respetabilidad, hasta que en 1964 tuvo la oportunidad de luchar por el título de campeón de los pesados ante Sonny Liston. Ganó. Pero lo relevante es como ganó. Clay recurrió a la provocación llamando vago, oso y feo a su oponente, un bigardo de ancha nariz y pobladas cejas. Escribió un poema en el que decía que lo tumbaría en el octavo asalto. Su conducta escapaba de todo control y fue multado por ello. Dejó también una frase que se convertiría en parte de su existencia: “Flotaré como una mariposa y picaré como una abeja”. Clay ganó y al día siguiente de su victoria decidió cambiar su nombre de esclavo y convertirse al islamismo.

Había nacido Muhammad Alí (El amado de Dios).

Alí se apodó a sí mismo como ‘The greatest’ no sólo por su genio en el cuadrilátero, sino por su ingenio al bajarse del ring. Vinculado a la cultura afroamericana, el ‘trash-talking’ es la utilización del lenguaje para minusvalorar al oponente, para destrozarlo psicológicamente, algo sensacional en una cultura ultra competitiva e individualista como la estadounidense. Alí supo usar sus declaraciones incendiarias para fundirse con la sociedad del momento. Su vida, con sus idas y venidas, explica que significa ser americano y ayuda a comprender como los desgarros sociales de los 60 llegaron a parir un presidente afroamericano en 2008.

Para el mundo eurocéntrico la audacia comunicativa de Alí tiene continuación en el baloncesto, un deporte mucho más popular. Curiosamente fue un blanco, Larry Bird, el más aplicado alumno del ‘trash-talking’ (algo así como lenguaje basura), una práctica hoy en desuso por la fiebre de lo políticamente correcto. Atenazados por el miedo a la ofensa de un chiste, una palabra o una idea, lo que antes era banal y divertido hoy será visto en el mejor de los casos como prepotente y despectivo y, en el peor, como racista o misógino.

Muhammad Alí era un genio en el uso de los adjetivos. Burlón, grosero en exceso, hiperbólico, estúpido, capaz. Arrogante, odioso y creativo, sus palabras brotaban para hacer crecer el interés de la audiencia, multiplicar el dinero, y. sobre todo, desestabilizar al oponente. Alí tenía la imperiosa necesidad de llevar a la lona al contrincante a golpe de diccionario. Era capaz de ganar un combate mediante la palabra, al tener la habilidad de introducirse en la cabeza de aquel al que tenía que sacudirle una hondonada de ostias.

Esa insolencia lo hacía igual de querido que de odiado. La indiferencia no era aplicable a Alí. Tuvo que pelear una segunda vez contra Liston para obtener el título de campeón de los pesados, porque la WBA (World Boxing Association) vio irregularidades en su pelea. La realidad era otra. Nadie quería como campeón a un seguidor de Malcolm X que escupía sapos y culebras por la boca. Dio igual. Alí noqueó a Liston en un segundo combate en apenas trece segundos. La instantánea de la victoria, es, quizás, la fotografía deportiva más conocida de todos los tiempos.

 

Muhammad Ali y la historia de una foto ícono del deporte - La Tercera
K.O. en trece segundos

Alí se convirtió en un icono atemporal. Un altavoz de los rupturistas y desenfadados años 60. Era atractivo para los medios de comunicación, alzaba la voz contra el sistema, defendía la lucha por los derechos sociales de los negros y se mostraba abiertamente hostil ante la tropelía bélica de Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Como comentaba, Muhammad Alí fue llamado a filas para combatir en Vietnam. Presentó sucesivos requerimientos para aplazar la llamada y, dado que era personaje público, si hubiese estado callado Alí hubiese pasado el servicio militar entrenando y tomando unas cervezas con algún teniente coronel. Pero el caso es que Alí alegó razones de conciencia y motivos religiosos para no incorporarse al ejército. “No tengo problemas con los vietcongs. Ellos nunca me llamaron negrata”, diría.

Alí se convirtió de facto en la persona más odiada, al menos, por la mitad del país. Le retiraron su título de campeón del mundo y le imposibilitaron volver a pelear. Jamás acudió a los requerimientos judiciales que lo citaron como Cassius Clay y dedicó su tiempo a dar charlas en universidades de todo Estados Unidos. Cuando las cosas se torcieron en Vietnam y la opinión pública se puso de espaldas ante la guerra, la figura de Alí fue reivindicada y la sanción revocada.

De pronto Muhammad Alí pasaba a ser algo más que un púgil soberbio y bocazas para convertirse en una figura capaz de enfrentarse al país más poderoso del mundo y poner frente al espejo a una sociedad profundamente racista.

Trump considera otorgar un perdón póstumo a Muhammad Ali
The greatest

El tiempo pasó. Era septiembre de 1970. Habían transcurrido cerca de cuatro años. Alí salió de la cárcel. Ya no era campeón del mundo, pero estaba dispuesto a recuperar lo que en verdad era suyo.

Durante esos cuarenta meses de obligada ausencia, Joe Frazier y George Foreman se disputaron el título de campeón del mundo. Ambos eran dos pegadores con una contundencia descomunal en cada golpe. Ambos eran, además, dos negros queridos por el ‘establishment’. Alí se distinguía por su agilidad, su juego de pies y un combate a distancia a la espera del momento oportuno para conectar un golpe preciso y contundente. Era un estilista. Y era un estilista con labia. Volvió con un discurso ideológico radicalizado. “Me echaron los políticos blancos”, decía. Alí pasó a ser un sujeto perturbador por lo que decía y por como lo decía. Ahora no solo los negros lo adoraban, sino multitud de blancos lo apoyaban. Pasó a ser un icono para los desfavorecidos. Pasó a ser un símbolo del pacifismo.

“Odié cada minuto de entrenamiento, pero no paraba de repetirme; no renuncies, sufre ahora y el resto de tu vida vivirás como un campeón”. Alí volvió más grande, más rápido, más borde, más prepotente y más irreverente que nunca. “Si alguna vez sueñas con vencerme, es mejor que despiertes y me pidas disculpas”, así le espetó a Joe Frazier cuando en 1971 se retaron por el título mundial. El combate fue durísimo y Frazier retuvo el título de los pesados tras los doce asaltos por decisión de los jueces. En este caso no hubo polémica alguna. Tan sólo eran dos mulas dándose estacazos. Por supuesto Alí no estaba de acuerdo con la decisión del jurado. Sacó la lengua a pacer y lo tuvo claro. El único campeón era él.

Tras el combate Alí tuvo que pasar 24 horas en observación en un hospital.

Frazier estaría más de dos semanas ingresado.

El estilista Alí y el fajador Frazier volvieron a enfrentarse a inicios de 1974. El veterano Alí se llevó la victoria tras otro terrible combate resuelto por los jueces tras los doce asaltos. Pero en este caso el premio no era la corona mundial, sino poder retar a George Foreman, por entonces dueño del cinturón de campeón del mundo. Siete años más joven, Foreman lucía un récord de 40-0, incluyendo una eléctrica victoria ante Frazier en tan sólo dos asaltos.

George Foreman era el indiscutible favorito. Muhammad Alí tendría que usar todas sus artimañas para obtener el título. El 30 de octubre de 1974 dos bestias dejarían el ring para pelearse en la selva…

“Imposible solo es una palabra que usan los hombres débiles para vivir fácilmente en el mundo que se les dio sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho, es una opinión. Imposible no es una declaración, es un reto. Imposible no es nada”. Muhammad Alí.

Otras historias sobre el ring

La verdadera historia de Rocky (la increíble carrera de Rocky Marciano, el hombre que inspiró a Stallone)

Expresiones del lenguaje deportivo (de como el boxeo y otros deportes se introducen en nuestro vocabulario)

Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo (boxeo, corrupción y politiqueo durante la II República)

Leer más

A propósito del despropósito de la vacunación

Ahora que ya nos hemos alejado en el tiempo y los árboles que no nos permitían ver el bosque han sido talados, conviene hacer una reflexión a propósito del despropósito de la vacunación de la selección española de fútbol. Una chapuza de matrícula de honor donde se han visto involucrados el Gobierno de la Nación, la Real Federación Española del Fútbol y políticos y periodistas de distinta categoría. Reveladora, por lo que a mí respecta, la actuación del gremio deportivo del cuarto poder dejando a la altura del betún a todo aquel que en algún momento ha ejercido la profesión.

Antes de que a una semana del inicio de la Eurocopa, allá por el 6 de junio, la noticia saltase con el positivo por Covid-19 de Sergio Busquets, ningún medio informativo se preocupó de tratar la posible vacunación de la selección española. Sería el mes de febrero cuando los medios se manifestaron ante dicha posibilidad como algo baladí e insustancial. Rubiales, presidente de la RFEF, declararía, cuando la tormenta estaba en su auge, que llevaba dos meses luchando para obtener el visto bueno del Gobierno, el cual negó la mayor. No es que la palabra del Gobierno vaya a misa, de hecho no suele ni pisarla, pero es más fiable que la de Rubiales teniendo en cuenta que ningún medio ni periodista se hizo eco de dichas peticiones o exigencias hasta que todo estalló.

Lo cierto es que antes de que Busquets diese positivo el mundo del periodismo deportivo estaba a otras cosas. Unos comentando que “la selección no representa a España porque no lleva a nadie del Real Madrid” o “Laporte es un francés que ni siente el himno, ni el escudo, ni la camiseta” y otros replicando que “preguntar a un jugador si se siente español es xenofobia” o argumentando que “los jugadores que mejor rinden en la selección son aquellos a los que no les importa España”.

En esto estaba la materia gris de este país cuando estalló el positivo. La noticia pilló a los jefazos de la prensa con fin de semana de asueto. Con Eurocopa y Juegos Olímpicos en el horizonte había que aprovechar entre el fin de la Liga y el inicio de la competición para coger unos días libres. Del mismo modo los futbolistas contaron con unos exiguos días de descanso antes de penetrar en la burbuja de Las Rozas. Y aquí vino el problema, ya que Sergio Busquets estuvo en contacto con un positivo y, fruto de ello, llegó el contagio.

Es probable, querido lector, que no sepa que ese fue el motivo del contagio. La noticia fue dada con sordina en ‘La Razón’ y ‘ABC’ y también en ‘La Sexta’, para luego ser replicada a lo bajini en otros medios. Pronto se tapó. No hay que estudiar Ciencias de la Información para saber porque dos periódicos de editorial conservadora con sede en Madrid son los únicos que explican los motivos del positivo del centrocampista catalán del FC Barcelona. Un poco más avispado hay que estar para saber porque ‘La Sexta’ destapa la información. Dado que los derechos televisivos de la Eurocopa los tiene Mediaset (Telecinco y Cuatro), lo que para éstos será cerrar filas contra cualquier información negativa, para Atresmedia (La Sexta y Antena 3) es una oportunidad de dañar a la competencia.

Será Mediaset quien desvele un par de días después la inmensa preocupación en el seno de la RFEF tras el positivo de Diego Llorente y el más que probable de Thiago Alcántara. Y es que el centrocampista del Liverpool FC es el compañero de habitación de Busquets. Atresmedia nos contará que el verdadero motivo de la preocupación fue la salida a cenar en un restaurante madrileño de los ya citados.

Todo esto sucedía mientras la RFEF y el mundo periodístico deportivo mostraba su indignación y su preocupación ante la falta de respuesta del Gobierno y la negligencia mostrada al no haber vacunado a la selección. El aficionado medio se enervaba con tales comentarios pero, alguno, más reflexivo, se preguntaba. ¿Cómo pudieron ir a cenar a un restaurante cualquiera si están en una burbuja?, ¿cómo se le puede dar un fin de semana libre a miembros de una burbuja?, ¿cómo hacen vida en común si nos dijeron que comen por separado y que no comparten duchas en el vestuario?

Preguntas que no obtuvieron respuesta.

Crece la polémica tras positivo por COVID para Sergio Busquets, ¿Le  pidieron cuarentena a España?
De salud bien, gracias

Una vez que Sergio Busquets fue apartado del grupo y comenzaron las rutinas de entrenamiento individuales y los protocolos PCR para el resto de la expedición, se montó la marimorena. Inmediatamente se exteriorizó la indignación de la RFEF y se inició una campaña exprés a favor de la vacunación clamando por el buen nombre de España y su prestigio internacional. Se contaron un par de gruesas mentiras que conviene examinar antes de seguir con la cronología de los hechos:

A) España es el único país que no ha vacunado a su selección: Mediaset lo soltó a las primeras de cambio y luego hubo efecto rebote y rectificaciones varias. Lo cierto es que Italia y Turquía eran las únicas dos selecciones vacunadas entre las 24 participantes al inicio del campeonato. En Alemania, Austria, Eslovaquia, Chequia o Inglaterra se descartó por completo la vacunación y en Francia, Polonia o Portugal se le dio libertad a cada jugador para que se vacunase por su cuenta y riesgo si así lo desease. Dinamarca, Finlandia o Suecia también descartaron la posibilidad y ésta última aceptó con resignación y estoicismo los casos de coronavirus. En Bélgica y en los Países Bajos se les fueron ofrecidas, pero los propios jugadores las rechazaron ante el temor de sufrir efectos secundarios en los primeros partidos. En Rusia se vacunó al cuerpo técnico y a algún miembro de la expedición por cuestión de edad, pero no así a los futbolistas.

B) Los olímpicos fueron vacunados por el Gobierno: Es una media verdad. El COI (Comité Olímpico Internacional) se puso en contacto el año pasado con los Gobiernos de todo el mundo para establecer un protocolo de vacunación con todos los deportistas olímpicos. Para ello el COI se ofreció a pagar el doble de precio del mercado por cada vacuna inyectada a un deportista. Algunos países, caso de España, donaron esa plusvalía a países subdesarrollados y asumieron ellos mismos la vacunación de los deportistas. Todos los deportistas de los más de 200 países del COI estarán vacunados en Tokio por iniciativa privada, programada hace un año y ejecutada hace un par de meses.

Fueron estos los dos ejes sobre los que pivotó un debate banal y pestoso que dio lugar a diferentes consideraciones políticas. “Se les inmuniza en función de su cuenta corriente”, dijo una ministra del Gobierno español como apóstol, apóstola u apóstole de la miseria. Como si esas 60 vacunas fuesen a destrozar el erario público o como si se las fueran a quitar a unas viejecitas del bolso. El debate no es ese. Ahí se equivoca la izquierda. Como el debate no es que haya que vacunarlos por patriotismo y porque “defienden la honra, el orgullo y la decencia de España en el extranjero”, como argumenta la derecha mal llamada patriótica con verborrea chatarrera. Alimentando las llamas de la pira separatista.

¿Se tenía que haber vacunado a la selección española de fútbol? Si se quería haber vacunado a la selección se tendría que haber hecho hace un par de meses. La RFEF insiste en que así lo solicitó en repetidas ocasiones y en las mismas su solicitud fue denegada. Sanidad dice no saber nada y al ministro de Cultura y Deportes (sí, existe) nadie le vio el pelo hasta hace unos días. El problema es que nadie sabía hace 60 días quién iba ir a la Eurocopa. Ni siquiera Luis Enrique. Que le pregunten a Robert Sánchez. La opción de haber vacunado a la selección hace dos meses era irrealizable (imagínense haber vacunado al entonces intocable Sergio Ramos o a Aymeric Laporte para que luego fuese requerido por Francia).

El COI decidió vacunar a todos los deportistas con marcas mínimas para ir a Tokio, aun sabiendo que algunos de ellos no disputarían los Juegos Olímpicos. ¿Habría que haber vacunado a todos los futbolistas seleccionables? ¿A todos los futbolistas de élite? Llevamos desde marzo de 2020 en esta situación y se han disputado campeonatos nacionales e internacionales. Año y medio de nueva normalidad en el que hemos visto situaciones absurdas e incomprensibles. Futbolistas que comparten mascarilla en el banquillo para luego echarse el aliento a la cara mientras juegan. Entrenadores que dan instrucciones con máscara y luego organizan comidas de confraternización con decenas de personas. Clubes que separan a sus jugadores en hoteles y vestuarios y luego les permiten libre albedrio la noche antes y la noche después del partido. O campos vacíos de lloros y alegrías para luego celebrar títulos en reuniones multitudinarias de futbolistas y aficionados. ¿Y ahora nos rasgamos las vestiduras por un positivo?

Los futbolistas no han hecho nada que no hayan hecho la mayoría de los mortales en estos tiempos de pandemia. Pero ya hace un par de milenios se sabía que la mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo. O en la versión moderna, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. La selección española de fútbol no es un conjunto de futbolistas, sino los seleccionados para representar a España en una competición internacional. Eso implica privilegios, pero también obligaciones. Si esos futbolistas nos representan (guste o no guste), también lo hace el Rey, los miembros del Gobierno o hasta el alcalde de tu pueblo (guste o no guste). Y también Rafa Nadal. O Ferran Adriá. O Blas Cantó en Eurovisión. Y ninguno fue vacunado ‘ad hoc’.

El problema, claro está, es que la vacunación es de carácter público. Justo cuando el caso Busquets estalló la prensa anunciaba que ‘El Corte Inglés’ empezaba a vacunar a aquellos empleados que por tramo de edad aún no habían sido vacunados, como antes hicieron o harán otras empresas. La RFEF (de base pública y fondos privados) pudo haber tomado esa decisión y no lo hizo, sencillamente porque nadie pensó en la vacunación hasta el fatídico domingo 6 de junio.

También pudo haber buscado la vacunación grupal la UEFA, pero no quiso. Sus criterios tendrían pero decidieron apostar por la responsabilidad individual y flexibilizar al máximo sus normas. Permitieron modificar la convocatoria hasta el pasado sábado a las 21:00 horas, cuando ya la Eurocopa contaba con cuatro partidos en liza, algo totalmente extraordinario. Lo cierto es que aunque el medallero es por países, los Juegos Olímpicos son una competición individual donde un positivo trastoca cuatro años de trabajo. La Eurocopa es una competición de equipo en la que se establece que con la mitad de los integrantes en condiciones (13/26) se permite seguir compitiendo.

Y es que en previsión de positivos por coronavirus la UEFA permitió extender las listas a 26 futbolistas cuando lo habitual era llevar a 23 seleccionados. Del mismo modo llevan año y medio permitiendo cinco cambios en los partidos y el aplazamiento sin coste deportivo alguno en caso de un brote que afecte a más de la mitad de la plantilla. Esas son las reglas, fueron conocidas y así fueron aceptadas y permitidas. No vale ahora quejarse.

Luis Enrique perdió el mismo día que dio la lista. Y él lo sabía. Y le daba igual. Esnob con tendencia a la confrontación, quizás algo bueno saque de tanto lio como amante que es del buen fango. Pero al no llevar a 26 jugadores y ante el miedo a una réplica del terremoto Busquets, surgió el pánico. Hubo que buscar culpables e iniciar una vacunación a toda pastilla.

Explicado ya los motivos por los cuales la selección de fútbol no fue vacunada a inicios del mes de mayo, volvamos a la semana del 7 de junio y sigamos con la cronología de una esperpéntica vacunación.

Aquel lunes el ministro de Cultura y Deporte asegura que en 24 horas la selección será vacunada a lo que contestará la titular de Sanidad al día siguiente para corroborar sus palabras y, 24 horas más tarde – ya en miércoles -, asegurar que no es competencia del ministerio y que debe ser la Comisión de Salud Pública la que tiene que tomar la decisión en función de criterios clínicos. Ese día la selección sub-21 de fútbol sustituye a la absoluta en un amistoso ante Lituania que RTVE decide emitir por ‘Teledeporte’ en vez de por ‘La 1’ ante la indignación de la RFEF. Rubiales manifestará pena por lo que él considera “falta de apoyo a la selección”. Mientras, los que debieron ser en principio 26 y se quedaron en 24 son ahora 24-2+4+1+1+11=39, en tres burbujas paralelas. Y Luis Enrique, siempre por encima del bien y del mal, manifestando que volvería a convocar a 24 en vez de a 26.

Y a todo esto, ¿qué hacía el mundo del periodismo deportivo? Pues poca cosa. Porque mientras la parodia nacional aumentaba la RFEF sacaba un comunicado que rezaba lo siguiente: “Se ha reforzado la burbuja y se mantienen las distancias”. ¿Cómo que se ha reforzado la burbuja? ¿Es que se puede reforzar una burbuja?

Es que no ha habido burbuja. Ni en Las Rozas, ni en la Liga, ni en la Copa de Europa ni tampoco la habrá en la Eurocopa. ¿Burbuja en la Eurocopa? Ni la competición se disputa en una única sede, ni todos los futbolistas están recluidos en un mismo complejo hotelero. Ni siquiera en la misma ciudad. Ni siquiera se prohíben los días libres en el exterior. La UEFA establece un protocolo que cada selección cumple o no cumple, porque la culpa es poca y el control es mínimo.

Ese control podría venir del periodismo. Es exasperante y frustrante para la profesión ver como la beligerancia es ausente cuando el fútbol hace su aparición. Los periodistas deportivos ejercen de palmeros incapaces de criticar todo aquello que rodea al juego. Corrupción, apuestas, exigencias contractuales, discusiones o ausencias a los entrenamientos o hasta denuncias sexuales nunca son motivo de investigación. El periodista vive del ego, de la oportunidad de la exclusiva, de la amistad con tal y con cual. Y meterse con uno o con otro resta poder de decisión.

La política se acerca al periodismo por interés. Necesita de los medios para exponer su argumentario y su apoyo mediático para derribar al rival. Desde el más humilde hasta el más poderoso. Los deportes minoritarios también se afanan por buscar al periodista, pero no ocurre así con el fútbol de élite, donde el contacto es a la inversa. El medio y el periodista tratan al futbolista como ídolo intocable besando el suelo que pisa. La crítica sólo se produce en la derrota, y el chivo expiatorio nunca es el sistema, siempre un particular, generalmente un extranjero fácilmente criticable por no ser objeto de entrevista.

Cada presidente, cada club o cada futbolista de élite cuentan con su grupo de palmeros. También los directivos o incluso el estamento arbitral. Pero nadie osa arremeter contra los dejes y los fallos del sistema. Contra el fútbol como un todo. Contrasta esto con la facilidad con la que se suelta el látigo en la política, donde cada error es pagado con suma beligerancia. A pesar de su abuso de poder, su lengua viperina y su ego desmedido, de vez en cuando se echa de menos al rey de la noche. Al menos mostraba credibilidad y contaba las verdades del barquero.

Y así los palmeros se pusieron “al servicio de España y del fútbol español” para solicitar que a los futbolistas se les pusiese la vacuna de Janssen, la de una única dosis. Todo alimentado por unas oportunas declaraciones de Luis Enrique en las que manifestaba sus dudas sobre una vacunación que podría causar efectos secundarios en los futbolistas.

Se establece que en la mañana del jueves 11 la expedición española, compuesta por unas 60 personas, sería vacunada con Pfizer en una primera dosis por sanitarios del Ejército, siendo la segunda el 1 de julio, con tal desatino que, cuando tocase la segunda dosis, los jugadores podrían estar luchando por ganar la Eurocopa o bañándose en las aguas de Bali. Si el objetivo era inmunizarlos para mejorar la convivencia y restar preocupaciones a los ya preocupados futbolistas, que baje Dios y lo vea.

Tras más profusos debates y exclusivas varias (la SER y la COPE peleando por ver quien lo dijo primero) hay una nuevo giro de guión. La RFEF se niega a vacunar a sus futbolistas con Pfizer y exigen la monodosis de Janssen. Se pospone todo para el viernes y en caso de que el Gobierno no ceda se decidiría no vacunar a los futbolistas.

¿Pero no era tan trascendental vacunarlos?

Y nuevamente lo importante se deja de lado y nadie hace las preguntas necesarias. Ningún medio (incluidos los generalistas) se preguntan porque si el Comité de Sanidad Pública recomendó Pfizer en 24 horas se cambia de decisión para suministrar la monodosis de Janssen. Con la cantidad de mentiras, medias verdades y contradicciones con las que las diferentes autoridades nos llevan obsequiando año y medio ya nada sorprende, pero si el Comité de Sanidad Pública considera que la más segura es la de Pfizer no habría nada más que añadir. Entiendo que todo el mundo quiere pincharse con una sola dosis, pero entiendo también que cuando a los españoles de entre 20 y 30 años les toque vacunarse les pondrán Janssen. ¿O dirán que no es recomendable por sus efectos secundarios?

El caso es que al final fue la monodosis de Janssen la elegida y el viernes 11 de junio el día de autos. Como se ve, no había preocupación alguna por los efectos secundarios, tan solo presión mediática para evitar las dos dosis. En realidad se le administró Janssen a los futbolistas vírgenes y una dosis de Pfizer a aquellos que, o bien habían pasado el coronavirus o bien ya se les había administrado una dosis.

Sí, querido lector, otro tema tratado con sordina y en el que no se ha profundizado. Si usted ha pasado el Covid-19 y tiene más de 65 años le pondrán dos dosis. Si tiene menos de 65 años deben pasar seis meses desde que tuvo el Covid-19 para ser vacunado. ¿No ha sido así? Normal. En la práctica se le pone doble dosis a todo el mundo. Pero si usted es futbolista ni hace falta esperar seis meses ni tampoco una segunda dosis. Y sí, querido lector, hay futbolistas que ya tenían una dosis. O bien porque en el país en el que trabajan los protocolos sanitarios lo establecían, o bien porque tiraron de billetera y se vacunaron por decisión propia.

La Selección se vacuna a tres días de su estreno en la Eurocopa 2020 ante  Suecia en Sevilla - Eurosport
Todo por España

El pasado lunes el balón asomó y las vísperas turbulentas se olvidaron. O por lo menos lo hicieron hasta que Morata se hinchó a fallar goles y los pitos superaron a los aplausos. Las tertulias periodísticas debatían sobre si habría que cambiar a Morata por Gerard Moreno en el segundo partido y también sobre si es patriótico o no silbar a un delantero de la selección española. En ninguna de esas tertulias escuche que la inquina a Morata, además de por su falta de gol, quizás fuese porque un par de días antes había censurado a los que criticaban la vacunación de la selección en una entrevista. “Hay una España que apoya y otra que no”.

Quizás, sólo quizás, el enfado de la afición se deba no sólo a que la pelotita no entre sino a semejante esperpento. Quizás, la gente se pregunte como no se ha vacunado a la selección española femenina de baloncesto que ha perdido a Alba Torrens y a Tamara Abalde por culpa del Covid-19 en vísperas del inicio del Eurobasket. Torneo que, además, se va a disputar en tierras españolas. Quizás no muevan ni tanta gente ni tanto dinero como los chicos del fútbol, pero en la última década han defendido la marca España consiguiendo tres Eurobasket y el subcampeonato mundial y olímpico. Pero ni el Gobierno ni, por supuesto, el mundo del periodismo deportivo han puesto el grito en el cielo.

Con Llorente y Busquets incorporados al grupo sólo los designios del balón nos dirán como será recordada esta chapuza. Que la selección masculina de fútbol es uno de los mayores argumentos de cohesión nacional y representación internacional es innegable (de ahí que catalanes o vascos se afanen por hacer lo mismo). Que se haya favorecido de forma chapucera y vertiginosa su vacunación era esperable y hasta entendible. En Francia se canceló el toque de queda durante una noche por la disputa de la semifinal de Roland Garros entre Djokovic y Nadal. Nada nuevo bajo el sol.

Mas el fútbol debe entender que, lenta pero inexorablemente, está perdiendo el contacto con la realidad. El foco suele ponerse en la volatilidad de los jóvenes, su aprecio por la inmediatez y su incapacidad para consumir un producto deportivo de larga duración. Pero el otro gran problema radica en que la distancia entre seguidores y futbolistas cada vez es más grande. El fútbol fue creciendo de la mano de la sociedad. Pero hace décadas que mientras la curva social o bien se mantiene o bien desciende, la del fútbol crece sin descanso alcanzando proporciones estratosféricas.

Los debates se centrarán en si tenían que haber sido vacunados o no. O en si son unos privilegiados millonarios o unos representantes de España en el mundo. O si 60 vacunas deben ser pagadas con fondos públicos o con fondos privados. Y mientras todo eso ocurre el fútbol y los futbolistas seguirán alejándose de la realidad, perdiendo adeptos y alimentando frustraciones.

Siempre y cuando la pelota no entre…

Otras reflexiones futboleras

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (sobre el porqué del nombre de los clubes)

Una historia de provincias ricas y provincias pobres (la España vacía alrededor de un balón)

Paris (cómo a la capital de Francia no le hace falta el fútbol para brillar)

A propósito del VAR (la herramienta tecnológica que ha cambiado el fútbol para siempre)

Cláusula de rescisión (una fórmula de fichajes única de España)

Expresiones del lenguaje deportivo (estar en fuera de juego y otras expresiones populares)

Fútbol postnacional (identidad tribal y nacional en un estudio sociológico)

La filosofía del Athletic (¿por qué en el Athletic sólo juegan futbolistas vascos?)

El fútbol en el futuro (como será el fútbol en 2050)

El aficionado al fútbol (pasión e identidad grupal como forma de combatir la soledad postindustrial)

La Liga del asterisco (un retrato del fútbol en tiempos del coronavirus)

Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista (la escalada sin fin de los nuevos millonarios del balón)

El portero es negro, los centrales gabachos, la estrella es un moro y el que mete los goles es un sudaca (¡pero daría mi vida por mi equipo!)

Leer más

El divorcio de Fausto Coppi (2ª parte)

‘Un uomo solo è al comando’. Fue el periodista Mario Ferrer el que popularizó una expresión que aún en la Italia del siglo XXI se reconoce como distintivo de Fausto Coppi. El término obedecía a las kilométricas escapadas alpinas de Coppi, que nunca fueron tan continuas como tras el fallecimiento de su hermano Serse. Porque Fausto era ‘un uomo solo’. Era un héroe trágico que buscaba la soledad. Coppi logró el doblete Giro-Tour de 1952 bajo la penumbra de la tristeza y atacando sin contemplación. Nunca la rabia de su pedaleo fue tan voraz como en su victoria sobre la carretera sin asfaltar del Pordoi en el Giro de aquel año. Si Bartali era un coronel, Coppi era un general. Nunca antes la afirmación fue tan rotunda como cuando ‘Il Campionissimo’ ganó el Tour de aquel año con media hora de ventaja sobre el segundo, incluyendo la primera victoria de etapa en un Alpe d’Huez rodeado de un río de gente. Prueba de la grandeza de Fausto es que la organización del Tour decidió incrementar el premio para el segundo a mitad de Tour a sabiendas que la victoria de Coppi era incontestable.

Además del triunfo en Alpe d’Huez, Coppi logró otra gran victoria en Sestriere. Quiso el destino que a aquel final de etapa se acercase Bruna, cosa extraña, ya que la mujer de Coppi no solía acudir a las carreras. Quien sí que solía ir era Giulia, su por entonces más que presumible amante. Lo que pasó en aquel final de etapa sólo lo saben ellos, pero lo que sí se sabe a ciencia cierta es que una vez finalizó el Tour, Coppi decidió tomarse el resto del año de asueto en compañía de su mujer y de su hija.

Esa fue la versión oficial.

La realidad es que Coppi no volvió a su casa y se pasó los siguientes meses en compañía de Giulia.

Tras la muerte de su cuñado, Bruna suplicaba a su marido que dejase de correr. Le obligaba a llevar coderas y chichonera, en una época donde la seguridad era sinónimo de falta de virilidad. Pero el abismo en el matrimonio era mucho más profundo que eso. Bruna era la hija de un tendero de provincias que no conocía mundo. Apenas veía a su marido, el cual estaba todo el año de viaje entre carrera y carrera, y tenía que deducir como se encontraba por las fotos que veía en la prensa. Bruna era la misma persona de siempre, pero Fausto había evolucionado. Cuentan que tras el triunfo del Tour de 1952, Bruna vio en los noticiarios a su marido contestando a un periodista en inglés. El impacto fue inmenso porque Bruna no sabía que Fausto dominaba idiomas. El matrimonio estaba roto.

Bruna Ciampolini (moglie di Fausto Coppi) con la figlia Marina, 1947  Fotografía de stock - Alamy
Bruna y Marina Coppi

Si ya de por si era retraído, tras la muerte de su hermano los silencios de Fausto se hicieron interminables. Giulia Locatelli era un torbellino precioso y de incomparable estilo que se podía hacer cargo de esos silencios. La familia Coppi se trasladó a Nova Liguri y se instalaron a menos de 10 kilómetros de la familia Locatelli y, ante la sorpresa general, sus respectivos callaban o ignoraban.

Todo estalló en el Giro de Italia de 1953. Aunque Coppi no lo sabía, esa iba a ser su última victoria en una grande. La cimentó tras una impresionante exhibición en el Stelvio, un coloso próximo a la frontera con Austria con una de las carreteras más hermosas que ha otorgado la ingeniería. Coppi se fue abriendo pasó entre la multitud y la nieve hasta lograr la victoria. Allí, en la línea de meta, estaba Giulia, y ambos marcharon a la habitación del campeón para celebrarlo. Apenas un mes después Coppi renunciará al Tour, pero viajará hasta Francia en una caravana para seguirlo como espectador en compañía de unos amigos…entre los que estaba Giulia Locatelli.

Giulia Occhini e Fausto Coppi, 1955 | Coppie
Giulia y Fausto

El código penal italiano, vigente hasta 1968, establecía un año de cárcel para la esposa o el esposo en caso de adulterio. En la práctica no se dictaba. Pero si, y sólo en el caso de las mujeres, el escarnio público, la ruina económica y la perdida de la custodia de los hijos. Incluso el marido cornudo podía matar a la esposa o al amante sin miedo a recibir una pena carcelaria siempre y cuando los pillara ‘in fraganti’ en el lecho conyugal.

En esa Italia Fausto Coppi también estaba manteniendo un pulso con el Vaticano. Aunque a menudo se considera a Coppi un ateo, lo cierto es que era creyente. Había sido recibido en un par de ocasiones por el Papa Pio XII, el cual era tan fanático del ciclismo que usaba símiles ciclistas en sus homilías.

Pero que Fausto Coppi, el hombre más famoso de Italia, engañara a su mujer era inconcebible. El ciclismo era un deporte misógino y era más que habitual que las estrellas pusiesen los cuernos a sus esposas, pero siempre conservando las apariencias. Todo hombre tenía que mantener a su familia. Si un famoso tenía una aventura no pasaba nada si era capaz de conservarla en secreto, y, siempre y cuando, pudiese mantener económicamente a ambas parejas. El problema para Fausto es que Giulia era la antítesis de lo que por entonces se consideraba una buena mujer. Ni era abnegada, ni era bondadosa, ni era dócil. Ni Fausto ni Giulia iban a hacer nada por mantener en secreto su aventura. Habían declarado la guerra a la Iglesia.

Aunque las revistas del corazón ya llevaban tiempo desvelando la realidad, la confirmación oficial del escándalo tuvo lugar durante el Giro de 1954. Hasta entonces Giulia llevaba a su hija Lolli, de ocho años, a las carreras como tapadera, y, mientras la pareja retozaba en la habitación del hotel, alguno de los gregarios de Coppi ejercía de canguro de la pequeña. Pero durante una etapa en los Dolomitas, Giulia Locatelli se presentó en la línea de meta con una espectacular trenca de color blanco. Al día siguiente las portadas de los periódicos obviaron a los ciclistas y dejaban para la foto principal a aquella mujer que para la posteridad iba a ser conocida como la ‘Dama Bianca’, la hechicera que había hipnotizado a Coppi. Al día siguiente se producirá un hecho inaudito, cuando la ‘Dama Bianca’ siga a Coppi durante una contrarreloj en el asiento del copiloto de su equipo. Aquello era la gota que colmó el vaso.

Un par de semanas más tarde Fausto Coppi recibirá en su casa una carta con el sello del Vaticano. En ella el Papa Pio XII le pide que se reconcilie con su familia, pero cuidándose mucho de no utilizar la palabra adulterio y siempre hablando de los rumores que salen en la prensa. Coppi tirará la carta al fuego, ganándose para la posteridad la fama de ateo, y decidirá contraatacar. Firma a Giulia como su secretaria personal y se compra una casa para vivir con su enamorada, oficialmente, su empleada. Es entonces cuando el doctor Locatelli, que o bien estaba ciego o bien era tonto, se da cuenta del affaire y decide denunciar a su mujer por adulterio.

El Vaticano publicará los archivos de Pío XII, papa durante la Segunda  Guerra Mundial
Pio XII. El Papa Pacelli

La madrugada del 8 de septiembre de 1954 los carabinieri asaltaron la casa de Coppi y arrestaron a Giulia, que pasaría los siguientes días en el calabozo. Tras pagar la fianza, se le prohibió ver a su hija y se le retiró el pasaporte, al igual que a Coppi, a la espera del juicio.

Comenzó entonces una demolición pública del personaje.

La salsa rosa del juicio era digna de las mejores producciones hollywoodienses. La ‘Dama Bianca’ fue públicamente machacada. Se le prohibió ver a su hija hasta que ésta cumpliese los 18 años, momento en el que le tendría que leer una carta admitiendo su adulterio y su abandono de la familia. El juicio, seguido minuto a minuto por los italianos a través de la radio y la prensa, daba detalles del fornicio. Peor aún. La patética comparecencia de Lolli y Marina, las hijas de los dos proscritos, dando detalles íntimos de la pareja cuando ni siquiera habían cumplido los 10 años de edad fue el acabose. Giulia (ya para siempre la ‘Dama Bianca’) quedó como una furcia y Coppi como un analfabeto que había sido engatusado. A la causa no ayudo que los dos amantes decidiesen compartir habitación de hotel durante el juicio.

Fausto Coppi y Bruna tuvieron que pedir permiso a la Iglesia para separarse. Costó lo suyo, pero lo lograron, a cambio de que Coppi mantuviese la manutención de su esposa y su hija, la cual, por cierto, prácticamente dejó de ver. En cambio, el doctor Locatelli se negó a separarse de Giulia e impidió el fin del matrimonio. Esto implicaba que cualquier hijo entre Fausto y Giulia sería legalmente del doctor Locatelli.

De este modo, la ‘Dama Bianca’ marchó a Argentina para dar a luz a Faustino, el hijo que había concebido con Fausto, porque en el país sudamericano podía inscribir como padre a Coppi a pesar de no estar casados. En el momento de dar a luz, Coppi estaba corriendo el Giro de Italia, carrera en la que, por vez primera, el Papa Pio XII se negó a dar la bendición al pelotón por estar entre los ciclistas una oveja descarriada.

Por entonces Fausto Coppi tenía 36 años y sus mejores años habían pasado. Estuvo arrastrándose unas cuantas temporadas más porque necesitaba el dinero para mantener a dos familias, pero sobre todo para soportar el alto tren de vida que mantenía con Giulia. A la ‘Dama Bianca’ se le acusó de mujer fatal, un cliché común y que denota connotaciones machistas. Lo cierto es que Coppi también disfrutaba de la buena vida y, con la ‘Dama Bianca’ o sin ella, su toque excelso de pedal había pasado a mejor vida.

Pero es indudable que Giulia disfrutaba de la fama y gustaba de ser famosa. La pareja viajaba en cruceros de lujo, compraba coches ostentosos o alquilaba hoteles enteros para que nadie los molestase. Sin embargo, otras veces Giulia llamaba a la prensa rosa para dar entrevistas y enseñar los rincones de su casa en el ‘Oggi’. Fuerte, impulsiva, impetuosa y ambiciosa, disfrutaba de los lujos y la ostentosidad. Comían en cubertería de plata, el servicio cambiaba las sábanas todos los días y estrenaba modelo a diario.

Coppi decidió centrarse en las pruebas de velódromo buscando el dinero fácil. No había lugar donde se respirase más glamour que allí. Antes de que la televisión fuese común a los hogares, el ciclismo en pista era un deporte de masas. Solo en el velódromo se podía admirar a los ases del pedal a los que apenas podías ver durante un par de segundos en la cuneta de una carretera. El champán, los buenos trajes y las buenas comidas eran habituales en las tournés invernales que Coppi y otras estrellas hacían por los velódromos europeos. Ahí es donde se veía la clase y el poderío de Guilia. El contraste con Bruna que, a pesar de tener posibles, era incapaz de comprar una prenda cara pensando en el qué dirán, era infinito.

Parecía que Fausto Coppi había recobrado la felicidad, pero todo se desvaneció a finales de 1959. Empezó a echar de menos a sus amigos del mundillo ciclista, muchos de los cuales no tragaban a la ‘Dama Bianca’. Pero el principal problema es que tenía un hijo que no era suyo (Faustino no llevaría el apellido Coppi de forma legal en Italia hasta 1978) y una hija (Marina) a la que apenas veía. Imploró a Bruna poder ver a su hija y, al cabo de un tiempo, Coppi escapaba de casa de su amante para tener relaciones esporádicas con su mujer.

Para más inri la Iglesia decidió acercarse nuevamente a Coppi tras el fallecimiento de Pio XII. Su sucesor, Juan XXIII, modernizador de la curia, usó al piadoso Bartali para acercarse a Coppi e intentar reconciliarlo con su familia. Cuando su viejo rival y el enviado del Papa fueron a hablar con Fausto, éste su hundió y cayó en un mar de lágrimas.

Así estaban las cosas cuando Coppi aceptó disputar una carrera de exhibición para las navidades de 1959 en Burkina Faso. Otros corredores como Anquetil o Riviere aprovecharon para hacer turismo con sus parejas, pero Coppi viajó solo mientras la ‘Dama Bianca’ se quedaba en Italia, un claro indicio de que algo iba mal en la relación. La mala suerte quiso que en una noche de risas entre amigos, un mosquito picase a Coppi y éste contrajese la malaria. Coppi volvió a su casa con una fuerte fiebre que, según los médicos, no era más que una gripe. Fallecería apenas 72 horas después, el 2 de enero de 1960, a los 40 años. Raphael Geminiani, un corredor francés que fue con él a Burkina Faso, se salvó de la muerte porque 48 horas antes su médico dedujo que el mal era la malaria.

Por supuesto hubo quien culpó a la ‘Dama Bianca’ de su muerte y aún hay quien lo mantiene en la actualidad. Se dice que el día anterior alguien llamó desde la casa de Geminiani para advertir de la presencia de la malaria pero que se hizo caso omiso de la llamada. Nunca se investigó. Está claro que hubo negligencia médica, pero tampoco nadie se explica como Coppi o Giulia no le contaron al médico que ‘Il Campionissimo’ había estado en Burkina Faso.

Fausto Coppi: el mito de Italia | ctxt.es
Un uomo solo

La polémica no solo se quedó ahí. Horas antes de su muerte, el obispo de Tortona se acercó a la habitación de un moribundo Coppi para darle la extremaunción. El prelado cogió la mano de Coppi y le preguntó si quería confesar sus pecados. Fausto contestó apretando las manos. Para Bruna eso significaba que volvían a ser una familia. Para Giulia no era más que una vil manipulación. Porque si, por increíble que parezca, ambas mujeres pululaban por el hospital al mismo tiempo.

Más de 50.000 personas acudieron a Castellania a un entierro que, como no, tuvo su dosis de polémica. En los pueblos italianos, como aún ocurre hoy en los españoles, es costumbre que la familia coloque en cada aldea una esquela informativa del evento. Hubo una oficial realizada por Bruna y por la madre de Coppi. También una extraoficial que encargó imprimir la ‘Dama Bianca’.

El día que Castellania lloró a Fausto Coppi
El adiós de ‘Il Campionissimo’

El entierro fue el último reflejo de cómo eran ambas mujeres. Bruna salió por la puerta de atrás de la casa familiar de los Coppi y esperó la llegada del féretro dentro de la iglesia. Giulia se puso detrás de los compañeros de equipo que portaban el ataúd y caminó detrás de ellos en soledad. Bruna se retiró discretamente al acabar el sepelio. A Giulia hubo que sacarla arrastras cuando todo el mundo ya se había ido. Antes, en medio de la misa, el cura habló de la confesión de Fausto en el hospital, momento en el que la ‘Dama Bianca’ se desmayó. O hizo que se desmayaba.

Todo esto está perfectamente documentado porque los diarios y las revistas italianas nos lo dejaron escrito para la posteridad. Décadas más tarde la RAI haría una serie sobre los hechos.

Arrasó en los medidores de audiencia.

Tras la muerte de Coppi la ‘Dama Bianca’ tardó sólo una semana en dar su primera exclusiva periodística. Pasaría los siguientes años de su vida concediendo entrevistas y buscando notoriedad. Sin embargo, hasta su muerte en 1993, 33 años más tarde, aquella mujer decidida y aparentemente fría se acercaba cada sábado a Castellania para llevar flores frescas a la tumba de Coppi. Su hija Lolli Locatelli, con la que nunca más tuvo contacto, fallecería antes que ella víctima de un cáncer.

Bruna Coppi, fiel a sí misma, volvió a la monotonía de su vida tras el fallecimiento de su marido y nunca más se supo de ella hasta su muerte en 1979 víctima de una parada cardiaca. Hubo que esperar al año 2000, en una carrera de homenaje a Coppi, para que Marina y Faustino, los dos hermanastros, se conociesen en persona.

Fausto Coppi murió joven, en el esplendor de la vida. Pero antes tuvo tiempo de convertirse en la primera estrella internacional del ciclismo. Gianni Mura, uno de los grandes periodistas deportivos de la historia, dijo de Coppi que era el mito perfecto, porque es la suma de muchos. El mito total, libre de cualquier ambigüedad, porque su influencia en la estética, en el organigrama, en el entrenamiento y en el glamour de la competición hacen que haya un antes de Coppi y un después de Coppi en la historia del ciclismo.

https://www.youtube.com/watch?v=BJ1ImeJzWwI

Otras historias ciclistas en primera persona

El divorcio de Fausto Coppi (primera parte de la historia de ‘Il Campionissimo)

Bahamontes vs Loroño (trampas y lloros en la gran rivalidad ciclista del Franquismo)

Contador; un ciclismo sin vatios (el último gran héroe)

Elogio desmesurado de Alejandro Valverde (el más completo de los incomprendidos)

Poulidor y la leyenda del Puy de Dôme (el eterno segundón ante su gran oportunidad en dos partes)

El secreto de Gino Bartali (el Schindler que salvó a cientos de judíos a golpe de pedal)

El infierno en vida. Tour de Francia 1926 (la edición más dantesca de la carrera entre las carreras)

La madre de todas las espadas (cuando Induráin batió el récord de la hora)

Las cuatro primas de Jacques Anquetil (como Anquetil ganó cuatro carreras corriendo una sola prueba)

Luigi Malabrocca y la maglia nera (un tahúr en una época llena de tahúres)

Lance Armstrong (auge y caída del ídolo tramposo)

Leer más

El divorcio de Fausto Coppi (1ª parte)

60 años después de su muerte Fausto Coppi sigue siendo un héroe nacional en Italia. Su mito tiene vida propia. Coppi el mito. Coppi el héroe. Coppi vive. Arriba Coppi. ‘Un uomo solo è al comando’. Para muchos el más grande ciclista de todos los tiempos. ‘Il Campionissimo’, un título que algunos portaron antes, pero que ninguno llevó después. Al cruzar la recepción en el edificio ‘La Gazzetta dello Sport’ aparece su fotografía decorando la estancia. No lo hace un futbolista, ni tampoco un piloto de Ferrari. Es la instantánea de Coppi. La imagen del mejor deportista italiano del siglo XX. Todas las carreteras del norte del país están llenas de memorias de un hombre cuyo recuerdo obsesivo solo es igualado por el de Marco Pantani, otro ciclista que hizo doblete Giro-Tour y otro James Dean que falleció antes de tiempo.

Fausto Coppi era un chico sencillo criado en Castellania, una aldea del Piamonte en el noroeste de Italia. Provenía de una familia que rozaba la pobreza y que, como tantas otras, vivía de la agricultura de subsistencia. Cuando Coppi ganó su primera carrera profesional le regaló a su ‘mamma’ un frigorífico. Aquella nevera jamás conoció el tendido eléctrico. Aquel aparato era ideal para almacenar la leña.

Y es que muchos de los grandes, caso de Coppi, Hinault o Induráin, provienen del campo. El ciclismo era y es sinónimo de libertad, posibilidad de conocer mundo y, además, ganar dinero y salir de las limitaciones. Ver a hijos de herreros, albañiles, granjeros o pastores ganarse la vida a través del ciclismo era inspirador. La bici era una necesidad básica como el pan o el agua. En tiempos de Coppi el coche era un bien impensable y aún no se había creado la Vespa. La bici era status. Era glamour.

Fausto Coppi era uno de esos soñadores que querían ampliar su mundo más allá de las montañas que rodean su pueblo. Era un chico torpe, escuálido, excesivamente delgado y con nariz un tanto aguileña. Alguien acertó a compararlo con una garza, porque era mostrenco en tierra, pero ascendiendo cumbres parecía que volaba. Y es que todo lo que aparentaba en la primera impresión se desvanecía al cabo de unos segundos. Su postura, su pedaleo y el arco de su espalda eran perfectos. Lo mismo ocurría cuando se bajaba la camiseta. Siempre con gafas de sol para ocultar su timidez, tenía una clase natural al vestir y al andar. Sí, era un campesino, pero tenía porte de galán.

Fausto | Jersey de ciclismo, Ciclismo, Historia del ciclismo
‘Il Campionissimo’

Con apenas 20 años se presentó en el Giro de Italia de 1940 enrolado en el equipo Legnano. El jefe de filas era Gino Bartali, el ciclista más laureado del momento. En la segunda etapa Bartali tuvo una caída y Coppi, sorpresivamente, se convirtió en el capo de la carrera. Cuando a Fausto se le pinche una rueda ascendiendo los Dolomitas, Bartali pondrá pie en tierra para darle su bicicleta a su joven gregario. Coppi acabará convirtiéndose en el más joven vencedor del Giro de Italia mientras Bartali proclamará a los cuatro vientos que había sido un triunfo falso y que en igualdad de condiciones Coppi nunca habría sido el vencedor.

Acababa de iniciarse una de las rivalidades deportivas más enconadas de la historia que se prolongaría durante algo más de una década.

Apenas dos días después del triunfo de Coppi, Italia declaraba la guerra a Francia y Mussolini unía su destino al de Hitler al introducir a su país en la II Guerra Mundial. Coppi sería llamado a filas y enviado a Túnez, donde al cabo de un mes ya había sido hecho prisionero por los británicos. Al ser ya una celebridad tuvo un cautiverio llevadero en el que ejerció de mecánico, transportista y de voluntario de la Cruz Roja. Cuando en mayo de 1945 fue liberado se encontraba en Nápoles, a más de 800 kilómetros de su casa. Se disponía a recorrer una Italia desbastada en bicicleta, llegar a Castellania y casarse con Bruna, su novia de la adolescencia, y vivir una vida tranquila pegado al campo y a la tierra.

No fue así. Fausto tenía un hermano pequeño que se llamaba Serse. Si bien Fausto, que jamás habló de política ni de su experiencia en combate, era simpatizante izquierdista, Serse había combatido con convencimiento a favor de la causa fascista. Ninguno sabía si el otro había sobrevivido, pero el azar quiso que se encontrasen en Roma. Allí Serse se sacaba unas liras compitiendo en carreras con una vieja bicicleta y enfundado con la maglia rosa que su hermano había ganado cinco años atrás. Serse era la antítesis de Fausto. Dicharachero, optimista, ligón y decidido, convenció a Fausto para que volviese a las carreras y de inmediato se convirtió en su confidente, su psicólogo y también en su gregario más fiel.

De este modo a finales de 1945 Fausto se casaba con Bruna y con el dinero que había ganado en varias pruebas de exhibición se compraba un pequeño piso en Sestri Ponente, en los arrabales de Génova, para iniciar una nueva vida. A pesar de los años de contienda, la fama de Fausto era tal que los aficionados se encargaban de subirle la bici del rellano al cuarto piso sin ascensor donde vivía para evitar que gastase fuerzas innecesarias después del entrenamiento.

Así en 1946 el mundo ciclista se reanuda. Es el llamado Giro de la reconstrucción, que merecería artículo propio. El recorrido pasaba por todos los lugares destrozados en la guerra incluida una marcha por Trento, que entonces estaba en disputa entre Italia y Yugoslavia. Habrá manifestaciones, huelgas y muertos por el camino, antes de que Bartali se proclame campeón gracias a su regularidad y Coppi acabe segundo pero venciendo en las etapas alpinas más relevantes. Antes, en primavera, Coppi había dado una exhibición en la Milán-San Remo. Aquella había sido la primera gran prueba tras la guerra, y cuando la radiante cadencia de Coppi atreviese en solitario el túnel del Turchino, sin luz eléctrica y sin asfaltar, para dejar atrás las montañas y poner rumbo al sol de San Remo en ‘La Gazzetta dello Sport’ se escribirá que “Coppi en 24 minutos a dado luz a un túnel que llevaba 6 años en la oscuridad”.

Por entonces Coppi ya era el líder del equipo Bianchi, mientras que Bartali seguía en Legnano. Coppi se llevó a Bianchi a su hermano Serse, así como a un masajista y a un mecánico personal, algo inaudito por entonces. Coppi fue el inventor del entrenamiento centrado y sistemático. Era la clase, mientras que Bartali era la fuerza bruta. Aunque nunca fueron enemigos, ambos supieron explotar esas diferencias para crear dos personajes antagónicos que apasionaron a la prensa y a la afición italiana en un momento donde el ciclismo era el deporte de masas e Italia estaba sumida en un caos político absoluto.

Coppi era tímido y educado, pero también desconfiado y distante. Siempre lacónico hablando, siempre con silencios largos. Era frágil, pero también muy estudioso. Por su parte Bartali era duro como el mármol. Un ciclista a la antigua usanza. Comía abundantemente antes o durante las carreras y era aficionado a la vida nocturna. Coppi experimentó con una dieta vegetariana (¡en los años 40!) y obligaba a sus gregarios a que cargasen con su comida para minimizar esfuerzos. Modernizó el ciclismo con sus maillots Bianchi celeste, sus guantes a juego y sus Ray-Ban. Se preocupaba por el material en una época donde los ciclistas ejercían de mecánicos sobre la marcha. Siempre buscaba innovaciones y con su trabajo ayudó a convertir las fábricas del norte de Italia en la vanguardia del ciclismo internacional. Cuentan que una vez se levantó a medio comer de un restaurante. El dueño se acercó y le preguntó si no le gustaba la comida. “Me gusta demasiado” -contestó Coppi-, “por eso me tengo que marchar”. 

En la foto de Bartali, Coppi y el bidón resulta que tiene truco
¿Quién dio la botella de agua a quién?

Tras cerrar 1947 con el nacimiento de su hija Marina, 1948 fue un año para olvidar para Fausto Coppi. Se cayó en el Giro y no pudo correr el Tour, donde el triunfador fue Gino Bartali, que con su victoria salvó a Italia de una Guerra Civil. Pero aquel año 1948 también dejó un encuentro que marcaría el futuro de Fausto. A orillas del Adriático un médico de provincias llamado Enrico Locatelli seguía sin cesar las hazañas de Coppi. Coincidiendo con que Coppi iba a disputar una carrera cerca de su casa, Locatelli se acercó al inicio de la prueba para obtener un autógrafo de su ídolo. Junto a él, iba su esposa, una decidida y brillante morena llamada Giulia. Ésta no entendía la obsesión de su marido con el ciclismo, pero decidió ir con él. Era una mujer ambiciosa, que se sentía constreñida en el papel de ama de casa abnegada que la sociedad le demandaba, así que aceptó con gusto el proyecto de viaje. Mucho más decidida que su marido, fue ella quien asaltó a Coppi para pedirle un autógrafo. Fuese por lo que fuese, aquella mujer se sintió atraída por aquel mundillo y al cabo de unas horas compartía el fanatismo de su marido por el mundo del ciclismo.

Concretamente por la figura de Fausto Coppi.

Para 1949 Fausto Coppi iba a realizar una hazaña nunca vista. El doblete Giro-Tour. En la carrera transalpina consiguió una legendaria victoria en una de las etapas de montaña más duras de la historia. Eran 254 kilómetros con un desnivel de más de 4.000 metros pasando por cinco colosos alpinos. Coppi atacó a ¡192! Kilómetros de meta y ganó la etapa con 12 minutos sobre Bartali.

El Tour se corría por equipos nacionales, por lo que Coppi y Bartali tendrían que compartir equipo. Tuvo que intervenir Alcide de Gasperi, presidente de Italia, para que los dos egos fuesen de la partida. Al final cada uno eligió a sus gregarios y corrieron por libre. Llegaron a la etapa decisiva del Izoard prácticamente pegados y el seleccionador los obligó a trabajar en equipo, pero cuando al día siguiente en el descenso del Iseran (2.800 metros) Bartali se caiga, a Coppi le darán barra libre para marchar. Aunque Coppi sentenciaría la prueba en una contrarreloj de ¡137 kilómetros! en la que sacó 7 minutos a Bartali, aun hoy se debate en Italia si de verdad a Coppi le mandaron o no esperar a Bartali.

Aquel doblete lo convirtió en leyenda, y mucho más cuando en 1952 lo vuelva a repetir. Solo Hinault e Induráin lo han hecho en dos ocasiones, mientras que el caníbal de Merckx lo hizo en hasta tres oportunidades.

Pero antes de la gloriosa temporada de 1952, Coppi pasó el año 1950 en blanco por una fractura de clavícula que se produjo a los pocos días de comenzar una nueva edición del Giro. Pasó un par de meses hospitalizado. Entre sus visitas una de las más habituales era la del matrimonio Locatelli. Por entonces se había trabado una amistad entre seguidores e ídolo y Fausto ya contaba con ellos dentro de su círculo de confianza. Dado que el doctor Locatelli tenía que atender su consulta, las más de las veces era Giulia la que acudía al hospital, siempre acompañada de su hija o de alguna amiga que ejerciera de carabina para mantener las formas.

Era evidente que algo estaba surgiendo entre Fausto y Giulia. Al año siguiente el matrimonio Locatelli se trasladó a Novo Ligure, a menos de una hora de distancia de la residencia de los Coppi. Con la excusa de salir a entrenar, Fausto se acercaba a casa de Giulia aprovechando las ausencias de su marido. Por si fuera poco, Coppi volvió a sufrir una fuerte caída y las visitas de Giulia al hospital empezaron a tornarse en más que sospechosas. A diferencia de la tímida y humilde Bruna –la esposa de ‘Il Campionissimo’-, Giulia era una mujer decidida a comerse el mundo y que, más que atemorizada, disfrutaba con el qué dirán.

Por entonces el círculo de confianza de Coppi sabía que su matrimonio estaba a punto de romperse. Entre ellos su hermano Serse, quién era el que evitaba que la cosa fuese a mayores. Como ya comenté, Serse no sólo era su gregario más fiel, sino su confidente y el hombre que ejercía de guía y de apoyo psicológico. Con Serse de por medio, Fausto no se atrevía a dar el paso adelante.

Fue entonces cuando todo cambió. Una tarde de verano, Serse Coppi estaba disputando el Giro del Piamonte cuando en una curva introdujo el neumático de su rueda delantera en la vía del tranvía, iniciándose una caída que le llevaría a impactar la cabeza con el asfalto. A pesar del susto Serse se levantó y se marchó a su habitación del hotel para descansar. Únicamente contaba con un fuerte dolor de cabeza, pero, camino del anochecer, se dispuso a darse un baño quedando totalmente inconsciente. A pesar de que el equipo llamó a una ambulancia, Serse Coppi fallecía víctima de una hemorragia cerebral.

ROSSELLA SPINOSA: TRIBUTO A COPPI | Ikki Lab
Serse (i) y Fausto Coppi (d)

La desolación de Fausto fue brutal. No sólo había perdido a su hermano pequeño, también a su mejor amigo y guía espiritual. A los cuatro días del fallecimiento, Fausto tuvo que acudir al Tour de Francia porque le obligaron los patrocinadores. Perdió más de media hora durante la primera semana. Día tras día acumulaba sobre la bicicleta las vomitonas, los lloros y la rabia. Pero fue Gino Bartali, su gran rival, y compadre de correrías nocturnas de Serse, quien le animó a acabar el Tour para honrar la memoria de su hermano. Coppi acabaría en un digno décimo puesto y ganando una etapa de prestigio en los Alpes, pero ya nada volvería a ser lo mismo.

Todo estaba servido para que la vida de Fausto Coppi pasara a ser un infierno…

Continuará…

Otras historias contadas en dos partes

El caso Di Stéfano (la lucha entre Barça y Madrid por la contratación del argentino)

Pequeña historia de los países muertos (sobre potencias mundiales hoy desaparecidas)

México 70: el partido del siglo (Alemania e Italia y una prórroga legendaria)

Poulidor y la leyenda del Puy de Dôme (la gran oportunidad perdida del eterno segundón)

Bullying a Toni Kukoc (cuando Jordan y Pippen hicieron la vida imposible a Toni Kukoc)

El último baile de Supergarcía (cuando José María García acabó con una huelga de Iberia)

Auge y caída de Nikolai Starostin (fútbol, comunismo, Stalin, la KGB y Siberia)

El nazi bueno (de como un soldado alemán se convirtió en leyenda en Inglaterra)

De la final de las botellas al caso Guruceta (Madrid-Barça en pleno Franquismo)

Kobe Bryant (amor y odio de un genio que se fue antes de tiempo)

La perturbadora existencia de un gusano (la alocada vida de Dennis Rodman)

Brasil del 70 (un equipo de dibujos animados liderados por ‘O Rei’ Pelé)

Evasión o victoria (Stallone y Pelé en la más grande película de fútbol jamás rodada)

Nadie anima a Goliat (Wilt Chamberlain y un cuerpo esculpido con cincel)

El fraude de un campeón (Lance Armstrong y la historia de un héroe que se convirtió en un mentiroso compulsivo)

Maradona (epopeya de un ángel endemoniado)

Leer más