historia

Los Juegos de la GANEFO

Se han celebrado los Juegos del Mediterráneo en la bella ciudad italiana de Tarento. Si usted no se ha enterado, no tiene de qué preocuparse. Entra dentro de lo razonable. Los JJ. OO del Mediterráneo se pusieron en marcha en 1951 bajo el auspicio del Comité Olímpico de Grecia y el beneplácito del Comité Olímpico Internacional (COI). La idea era celebrar una fiesta deportiva bajo la unión histórica, comercial, ideológica y cultural de todos los países bañados por el Mediterráneo.

Aquello tiene repercusión según el país. Si para Libia o para Albania un éxito en los Juegos del Mediterráneo es fiesta nacional, para otros como Francia o como Turquía es una nota a pie de página en el año deportivo. Lo cierto es que para países como España los Juegos del Mediterráneo eran una bombona de oxígeno en tiempos oscuros. Hoy, la representación hispana está plagada de meritorios, universitarios y segundos espadas. Con todo, siguen siendo una fiesta y permite que ciudades de tamaño manejable caso de Tarragona, Almería o la citada Tarento puedan llevar la fiesta y la parafernalia olímpica a un mayor número de ciudadanos.

Mediterráneo 2026

Los Juegos del Mediterráneo, como los Asiáticos o los Panamericanos, son aceptados e impulsados por el COI. No sucedió lo mismo cuando a finales de la década de 1960 se pongan en marcha los Games of de New Emerging Forces. Los Juegos de la GANEFO.

La cosa resultó que en Tokio 1964 compitió Alemania como un único país. A partir de entonces la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) lo harían por separado. Tras la II Guerra Mundial el territorio teutón había sido dividido en una parte occidental, regida por un sistema democrático capitalista, y una oriental, controlada por una dictadura comunista. Sin embargo, esa separación era inexistente en el deporte. A partir de México 1968 la Guerra Fría también haría su aparición con la división de los alemanes.

Por entonces tampoco acudía China a la festividad olímpica. No era una novedad. Así había sido desde que Mao alcanzase el poder en 1949. China, por cierto, no se sumó a la rueda del olimpismo hasta 1984 en Los Ángeles rechazando acudir a la cita de 1980 en Moscú, apostando claramente como alternativa a la URSS y nunca como aliada. Tampoco acudía por entonces a los Juegos Olímpicos Taiwán, protestando por el hecho de que China no la reconociese como un ente independiente. Había pues, corrientes subterráneas que al calor de la Guerra Fría amenazaban con boicotear los Juegos. En 1962 el mundo estuvo por vez primera en situación de DEFCON 2, el nivel inmediatamente inferior al máximo del desastre nuclear.

La cosa estaba calentita.

En ese 1962 Indonesia había sido la sede de los Juegos Asiáticos y había desafiado al COI al excluir a Israel de los mismos, lo que hizo que los hebreos solicitasen su presencia en las instituciones deportivas europeas obviando que geográficamente están en Asia. Aquello fue una vulneración estrepitosa de la Carta Olímpica. India terció en el tema, ya que su embajador en Yakarta era miembro del Comité Olímpico, pero todo acabó con la precipitada huida del embajador cuando una turba rodee a la comitiva diplomática. La respuesta del COI fue suspender por perpetuidad a Indonesia, decisión sin precedentes.

Fue entonces cuando Indonesia dobló la apuesta. Convocó para 1963 la primera edición de los Juegos de la GANEFO. Entonces dirigía el país con mano de hierro Kusno Sukarno. No fue una broma. Concurrieron más de 2.000 atletas de un total de 51 naciones distintas, la mayoría de ellos con regímenes comunistas y muchos de los cuales habían alcanzado recientemente la independencia durante el proceso de descolonización. Contaron con el evidente apoyo económico de la República Popular de China. En su reto al COI, con su declarado antiimperialismo, el líder indonesio Sukarno convenció incluso a las selecciones universitarias de fútbol de Argentina, Chile y Uruguay y reclutó a deportistas de Angola, que por entonces aún era un ente colonial perteneciente a Portugal.

Inaugurados el 10 de noviembre de 1963, la duración de los Juegos de la GANEFO fue de doce días. Su desarrollo fue bastante confuso y anárquico por la falta de una carta que reglamentara y regulara el sistema de competición. Por ejemplo, el fútbol se resolvió con un cara o cruz tras la trifulca, publico incluido, en que acabó la final entre Arabia Saudí y Corea del Norte. China, que había sido la gran auspiciadora de estos Juegos que sustentó con una gran aportación de recursos y material, fue la gran dominadora con 66 medallas, doblando a los soviéticos, quienes habían enviado una delegación de segundo nivel para no indisponerse con el COI, que había amenazado con sancionar a los deportistas que participasen en ellos. Países capitalistas como Finlandia, Francia, Bélgica, Países Bajos o Italia también se sumaron a la iniciativa y decidieron enviar una delegación de deportistas, usando la misma táctica de enviar atletas de segunda fila ante la amenaza del COI de suspensión a perpetuidad.

El caso es que las amenazas no se cumplieron y todos los países participantes de los Juegos de la GANEFO también participaron en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. La única excepción fue Corea del Norte que decidió no acudir en muestra de solidaridad con Indonesia. No hubo más deserciones salvo la de Sudáfrica, país que no acudió al no querer enviar a una delegación multirracial como le sugería el COI.

GANEFO 1963

Los Juegos de la GANEFO nunca tuvieron continuación. Se proyectó una segunda edición para Egipto en 1967 y una tercera en Corea del Norte para 1970 pero nunca llegaron a celebrarse. El COI, bajo la presidencia de Avery Brundage, fue firme en su determinación de acabar con la deserción. Ayudó que el COI se abriera a repartir el pastel olímpico con las nuevas naciones y que éstas fuesen conscientes de que los Juegos Olímpicos eran la mejor forma de darse a conocer y de lograr reconocimiento social. También el Politburó de la Unión Soviética, por entonces superando ya a Estados Unidos en el medallero, comprendió que el deporte era la mejor arma para ganar la batalla de la Guerra Fría.

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Clásica de Bretaña. Guía de viaje

Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Así reza la introducción del primer cómic de Astérix publicado allá por el año 1959. Pero, ¿dónde está esa aldea? Sabemos que se ubica en Armórica y que está rodeada por cuatro destacamentos romanos, siendo el más celebre el de Petibonvm. También, al acercar la vista con la lupa, comprobamos que es un enclave costero con acceso al mar. Está al noroeste, entre Bretaña y Normandía, aunque las pistas nos indican que orbita más hacia el finisterrae que hacía el este. La pista nos la da un cómic donde Astérix y Obélix desembarcan en Gesocribate (Brest) y comentan que están cerca de su poblado. Por lo tanto, viven en Bretaña.

Aunque Albert Uderzo, creador del cómic, siempre afirmó que la aldea es fruto de su imaginación, los historiadores consideran que se ubica en la costa de Armórica en un lugar llamado Erguy. El motivo es que hay tres islotes frente a la playa, un accidente paisajístico que también aparece en los cómics. Aunque Erguy promociona turísticamente el filón, hay centenas de pueblos que hacen lo propio. Lo fidedigno es que Astérix y Obélix son bretones. Cualquiera que haya leído alguna vez en su vida un cómic de Uderzo conocerá paisajes y costumbres de esta preciosa región francesa.

La irreductible aldea gala…

Bretaña evoca a infancia. A tradición. A andar en bicicleta. Después de cada guerra el Tour de Francia siempre se ha refugiado en Bretaña. Es el norte, la frontera con Bélgica y Alemania la cuna del ciclismo. También es tierra de obuses y trincheras. En Bretaña hay paz y tranquilidad. Paisajes bucólicos y paseos inolvidables. Una quinta parte de los ganadores galos en el Tour nacieron en Bretaña, incluido Bernard Hinault, quíntuple vencedor. En una tierra donde apenas hay inmigrantes porque siempre llueve. En los años dorados del ciclismo, allá por la década de 1960, se organizaban carreras en cada uno de los municipios de la región.

Es Bretaña, como Gales, como Irlanda y como Galicia, tierra celta. Y no sólo ese pasado es común. También el verde y las carreteras. Falsos llanos, terrenos quebradizos, sin grandes ascensiones, pero con continuos subes y bajas que destrozan las piernas y forman a auténticos luchadores. En Bretaña se habla diferente y también se pelea diferente, siendo leal a Paris, pero reivindicando con fuerza que Francia no es sólo Paris.

La Clásica de Bretaña es una prueba reconocida y exigente que se disputa siempre el último domingo de agosto. Ensombrecida por la disputa en las mismas fechas de la Vuelta a España, tiene dificultad para atraer estrellas, pero su fama es prodigiosa tanto en Francia como en el norte de Europa. La carrera tiene su salida y su llegada en Plouay, corazón del ciclismo francés. Es apenas un pueblo de 5.000 habitantes, pero entre sus calles se llegó a disputar el Mundial de ciclismo del año 2000 y desde 1931, camino ya del siglo de vida, tiene lugar una de las clásicas más reconocidas del ciclismo.

La costa de Bretaña (Morbihan)

Son 260 sinuosos kilómetros, perfectos para cambios de ritmo y movimientos desestabilizadores, con un recorrido variable que se adentra en el Morbinhan y en Finisterre. Se suele salir hacia el noreste para, en sentido contrario a las agujas del reloj, retornar al punto de partida. Tras la primera parte de la carrera se puede llegar a las estribaciones del Menez-Hom (la Montaña Negra), uno de los puntos más altos de Bretaña con apenas 330 metros. Lugar de parapentistas, es un enclave natural con soberbias vistas sobre la ensenada de Brest. Montaña sagrada de Armórica, lugar de druidas y menhires, se dice que el rey de Cornualles descansa sobre esta ladera por culpa de una maldición de amor que le hizo crecer unas orejas y una cola de caballo.

Descendiendo, y no muy lejos, encontramos castillos descomunales. Uno de ellos es el de Trévarez, prototipo de mansión bretona y primer lugar en toda Bretaña en contar con ascensor. Luego la carrera sigue en dirección sur entre bocage, vacas, manzanos, hortensias y más vacas. Los esforzados de la ruta tomarán sus barritas energéticas y sus bebidas isotónicas como avituallamiento. Los aplaudidores de las cunetas podrán optar por delicatessen más interesantes. Mar y montaña.

Para los primeros langostinos y bogavantes del Finisterre bretón, pero también centollas, vieiras o mejillones. También caballas, sardinas, merluzas o lenguados. En todo caso no hay nada más típico como la tortilla francesa de mejillones. En Bretaña los mejillones se cultivan en vertical usando estacas de roble clavadas en la arena. También destaca la ostra morlaisienne y la plana de Bélon, con sabor a avellana. Si el visitante quiere carne cuenta con estupendo ganado vacuno, no obstante, no hay nada más típico que una crépe (trigo blanco) o una galette (trigo negro) rellena al gusto. También son válidas para el postre, aunque en Bretaña, como en todo el norte de Francia, un postre sin mantequilla no es un postre. Indispensable probar un kouign amann, cuya traducción no deja lugar a dudas de lo que tratamos; pastel de mantequilla. Eso sí, la mantequilla en Bretaña (a diferencia de Paris) lleva cristales de sal.

Con el estómago lleno el pelotón llega a Lorient, la ciudad más poblada de la región. Ciudad creada en el siglo XVI como astillero para los barcos franceses que navegaban alrededor del mundo, en el siglo XX fue base de submarinos de la Alemania nazi. Una vez avanzado Lorient ya la carrera se adentra en el golfo de Morbihan, que en bretón significa mar pequeño. Allí nos encontramos con Concarneau, un excepcional conjunto de callejas intramuros. Su célebre Ville Close, es un amurallado islote medieval unido a tierra firme por dos puentes desde el que se observa un agitado puerto pesquero.

Luego toca Quimper, una de las más bellas y luminosas ciudades de Bretaña. Antigua capital del reino de Cornualles, cuenta con una espectacular catedral gótica. Preciosa ciudad medieval con entramados de madera, es el lugar ideal para tomarse una sidra elaborada con uno de los 200 tipos de manzanas diferentes con los que cuenta Bretaña. El barrio más celebrado de Quimper es el de los ceramistas, con numerosos teatros, creperías y con una preciosa iglesia románica del siglo XII. Si el tiempo acompaña, y debería hacerlo dado que estamos a finales de agosto, también seducen sus buenas playas, largas y recogidas del siempre frío viento del norte.

Volviendo ya hacia el noroeste, toca visitar Vannes. Levantada sobre restos galorromanos, se trata del centro urbano más importante del golfo de Morbihan. Rodeado de murallas, su casco histórico es simplemente espectacular. En Vannes arribó Benjamin Franklin cuando, como ministro de exteriores, viajó a Francia para pedir ayuda económica y militar en la lucha que las colonias americanas mantenían contra Gran Bretaña para lograr la independencia. Fue de Bretaña de donde salió la idea de las barras y estrellas para la bandera de Estados Unidos, de ahí su gran parecido con la de Bretaña. Muy cerquita, en Auray, había tenido lugar la famosa batalla que en la que los bretones lograron en 1364 una independencia que duraría siglo y medio hasta que finalmente pasaron a formar parte del Reino de Francia.

Antes de acercarnos a Plouay, la ruta abandona definitivamente el Atlántico en la Costa Sauvage. Desde allí se puede ir en barco a la isla de Moines, de exuberantes vegetación, hermosos senderos y numerosas calas. Justo enfrente está la isla de Arz, conocida por su rica vida aviar. En la Costa Sauvage cada rincón es una lengua de granito que se adentra en el mar proporcionando un regalo para los sentidos y un paraíso de luces cambiantes para los fotógrafos.

Por entonces la carrera ya suma 200 kilómetros de recorrido. Antes de que los ciclistas busquen la victoria toca pasar cerca de Carnac. Más desconocido que Stonehenge, Carnac deslumbra por la vertiginosa extensión de sus campos de menhires de tres metros de altura y más de 5.000 años de antigüedad.

Los menhires de Carnac

Aunque el terreno es siempre quebradizo, la carrera suele dictar sentencia en el circuito de menos de 15 kilómetros que rodea a la villa de Plouay. Allí se afrontan tres tachuelas, todas cortas y todas exigentes, y mucho más tras seis horas de esfuerzo continuado. Si algún favorito consigue romper el grupo tiene la victoria a su alcance. Quizás un grupo reducido se la juegue en el sprint final. El circuito comienza y termina en el Boulevard des Championnats du Monde, a las afueras de la localidad. En un primer momento se interna en Plouay, para inmediatamente dirigirse hacia al norte afrontando la primera dificultad montañosa, la Cote du Lezot, que consta de unos 600 metros a una pendiente media cercana al 7 %. Luego hay otro accidente montañoso tras rodear un frondoso bosque. Se trata de Chapelle Saint Anne des Bois (1,2 km al 5 %). Tras este rodeo se vuelve al punto donde se separan los dos circuitos para afrontar, desde el oeste y en dirección de nuevo a Plouay, la cota más dura del día, Ty-Marrec (700 metros al 75). De ahí, quedan 4.000 metros hasta la línea de meta.

Saint Anne des Bois

La Clásica de Plouay se creó en 1931 y se ha disputado ininterrumpidamente hasta la actualidad excepto durante la Guerra Mundial. En 1989 adoptó el nombre oficial de Clásica de Bretaña. El palmarés de la prueba fue completamente dominado por corredores franceses hasta inicios de los 80, cuando la prueba fue internacionalizándose. Hasta un total de ocho ciclistas han levantado los brazos como vencedores en Plouay en dos ocasiones, sin que exista, pues, un triunfador hegemónico. Corredores de la fama de Wout van Aert, Vicenzo Nibali o Sean Kelly han logrado la victoria en el gran premio bretón.

Van Aert

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Cuando fútbol y eclipse de sol fueron de la mano

Para todos aquellos que tienen un mínimo de interés en el fútbol la historia es más o menos conocida. En el siglo XIX los alumnos de los colegios privados de Inglaterra dedicaban su tiempo de asueto en jugar al fútbol. Cada institución académica tenía sus propias reglas y eran tan variadas que en algunas academias se podían usar las manos (Rugby o Marlborough) y en otras únicamente los pies (Winchester, Eton o Cambridge). A mediados de siglo, y gracias al desarrollo de la red de ferrocarril, comenzaron a disputarse competiciones entre las distintas universidades, por lo que se hizo necesario establecer unas reglas comunes. En octubre de 1863 se constituyeron las reglas básicas del fútbol y, años después, los disidentes harían lo propio implantando las reglas básicas del rugby.

El fútbol es más antiguo que la bombilla, el cine o el automóvil.

A partir de ahí el fútbol se extenderá con rapidez por todo el planeta. Soldados, marineros, funcionarios de las colonias, hombres de negocios, ingenieros y maestros ejercerán de apósteles. El balompié se convertirá en el deporte hegemónico por antonomasia. El rugby quedará anclado en las Islas Británicas y sólo tendrá aceptación en las colonias del Imperio y, de forma sorpresiva, en Francia.

Los triunfantes ingleses siempre se han orgullecido de ser los inventores del fútbol. Fue un invento de la Inglaterra Victoriana para escapar de los aburrimientos de los domingos y llenar de ocupación el nuevo tiempo de ocio de la sociedad contemporánea. Y es cierto. Pero hay matices. Muchos matices.

¿Quiénes son los responsables de hacer del fútbol un deporte divertido y sugerente para buena parte de la humanidad? ¿Quiénes lograron que se convirtiese en el ariete primordial entre todos los deportes? No. No fueron los ingleses. Fueron los escoceses.

El primer partido

En 1707 Escocia pasó a formar parte del Reino de Gran Bretaña. A partir de entonces (y de forma errónea) los escoceses pasaron a ser para el resto de la humanidad ingleses. Sucede que cuando el Imperio Británico conquiste los cinco continentes a través de su armada y de su ejército o cuando una empresa británica vacíe una mina de carbón, cree una industria textil o explote un pozo de petróleo, a ojos de la humanidad será un hito de la comunidad inglesa. Para el nativo el británico era sinónimo de inglés. Ni existía el escocés, ni el galés ni el irlandés.

La realidad es que un alto porcentaje de los militares y de los comerciantes británicos eran escoceses. Por un lado, las durísimas condiciones climatológicas y un terreno verde, pero pedregoso y de paupérrimo nivel de cultivo, hacían del escocés un pueblo proclive a la emigración. En la otra vertiente, las diferencias religiosas y la pérdida de propiedades y estatus tras la absorción de los ingleses del Reino de Escocia hicieron que las familias de renombre, o bien marchasen a Londres a probar fortuna, o por la contra se convirtieran en ricos comerciantes y en ávidos empresarios bajo el mandato de la Corona inglesa.

Así pues, fueron los comerciantes y los trabajadores escoceses los que llevaron el fútbol a través del mar más allá de las Islas Británicas.

¿Cómo se convirtió el fútbol en el deporte ganador? ¿Por qué lo que triunfó fue el fútbol y no el rugby? ¿Por qué en Escocia el balón redondo le ganó la partida al balón ovalado?

Los escoceses eran conocidos por ofrecer un buen trato con el balón, dar muchos pases y hacer un gran juego colectivo. Los ingleses preferían encarar por bandas y el ‘up and under’ (el patadón), un tipo de fútbol más individualista y que tenía su razón de ser en el rugby. El fútbol de ‘passing game’ y ‘dribbling’ escocés triunfaría. El juego propuesto por los escoceses, tan atractivo para el público, fue lo que hizo que el fútbol le ganara la batalla al rugby o al cricket por la supremacía mundial y que fuese aceptado y asimilado rápidamente en todos los puntos del globo.

Escoceses eran la gran mayoría de británicos que comerciaron en España en el siglo XIX, los cuales introdujeron el fútbol en nuestro país. La familia católica y escocesa Gordon montó un imperio bodeguero en Jerez y el también escocés Hugh Matheson consiguió la concesión para explotar las minas del Río Tinto cerca de la ciudad de Huelva. Fueron los trabajadores de las minas quienes fundaron el Huelva Recreation Club (Recreativo de Huelva) en 1889, cuyo primer presidente fue el también escocés Charles Adams, quien dirigía una empresa de gas en la capital onubense. Los escoceses (en las crónicas siempre confundidos por ingleses) fundaron los primeros clubes en Sevilla, Bilbao o Barcelona, ciudades con fuerte presencia de capital extranjero.

En los arrabales de Barcelona se crea una gran industria textil que atrae a numerosos escoceses y que contribuirá a que lugares como Sabadell o Terrasa pasen de ser pueblos a ciudades. En Barcelona, un día de 1898, el suizo Hans Gamper se acercó a las instalaciones del Gimnasio Tolosa para integrarse en su club de fútbol. El club estaba formado por escoceses y le denegaron el acceso, pero no por motivo de su nacionalidad, sino por culpa de sus creencias, ya que Gamper era protestante y el club estaba integrado por escoceses católicos. A finales de ese año Gamper decide crear su propio club de fútbol, en el que, además de a suizos, también permitirá la presencia a ingleses y a escoceses protestantes. Es el FC Barcelona.

En otra punta de España, en Galicia, una zona aislada pero perfectamente conectada por mar con Gran Bretaña, tuviera lugar años atrás el primer partido de fútbol documentado en territorio español. Es en agosto de 1873 cuando atraca en Vilagarcía de Arousa el barco militar británico de nombre Go-Go. Según relatan las crónicas, los marineros aprovecharon los días de descanso para comer, bailar, ligar y, al parecer, jugar un partido de fútbol en un descampado situado en la parte trasera de la capilla de San Roque. El primer equipo de esta ciudad fue el Real Alfonso XII creado en 1901 y cuyo presidente era Cameron Walker, nacido en Trípoli, pero de madre escocesa.

Fútbol en Vilagarcía

Como hemos visto son los lugares con acceso al mar los primeros en recibir la buena nueva futbolística. La potente Bilbao y su industria pesada, la periférica, pero con excelente fachada marítima, Galicia y la parte atlántica de Andalucía, próxima a Gibraltar y nudo de comunicaciones por mar. Barcelona, ciudad en expansión y conectada a Europa, también adelantó a Madrid en el asunto deportivo. ¿Y qué pasó en el Mediterráneo?

Importante mar comercial pero desorientado en relación a Gran Bretaña, el fútbol tardó unos cuantos años más en llegar a Levante. Lo curioso es que en este caso sabemos con certeza y exactitud el lugar y momento de la aparición del balompié. Fue un 28 de mayo de 1900 en la playa ilicitana de Tamarit.

¿Cómo ello es posible?

Aquel 28 de mayo fondeó en Elche una expedición de la British Astronomical Association, a bordo del buque de guerra HMS Theseus. Al mando el almirantazgo británico, pero también dos astrónomos, quiénes más tarde documentarían para la posteridad los asuntos del viaje. Alquilaron un bar con azotea en lo que calificaron como “una pintoresca localidad morisca” para instalar cámaras fotográficas y telescopios.

Y es que tocaba afinar cálculos y lentes dado que aquel 28 mayo se iba a producir un eclipse solar y la costa levantina era el lugar más privilegiado de Europa para disfrutarlo.

Sucedió que, mientras los científicos afinaban las matemáticas, los marineros del HMS Theseus encontraron otra forma de pasar el tiempo. En la arena de la playa de Tamarit, improvisaron porterías, formaron dos equipos y comenzaron a correr tras una pelota. No sabían que estaban haciendo historia. Jóvenes curiosos se acercaban a mirar, intentando comprender aquel juego rápido, físico, y lleno de reglas desconocidas.

El diario alicantino El Liberal, en su edición de esos días, describía el espectáculo como “un violento ejercicio que realizan con una pelota de goma, valiéndose de la cabeza y los pies, con prohibición absoluta de las manos y los brazos”.

El eclipse solar del 28 de mayo de 1900 fue uno de los tres primeros eclipses totales de sol del siglo XX, conocidos internacionalmente como los eclipses españoles, dado que España fue lugar privilegiado para su observación. La sombra de la Luna atravesó la Península Ibérica de noroeste a sureste, comenzando por el sur de Oporto (Portugal), pasando por Ciudad Real y saliendo aproximadamente por Alicante. Eso hizo que durante 80 segundos lugares como la cacereña Navalmoral de la Mata o la alicantina Elche fuesen centro del planeta.

Elche, una ciudad en aquellos momentos de apenas 30.000 habitantes, recibió unos 25.000 visitantes, duplicando temporalmente su población. Llegaron desde Inglaterra, Escocia, Francia, de diferentes puntos de España y de muchos otros países. Con ello trajeron consigo no solo instrumentos científicos sino también curiosidad, cultura y una presencia internacional inédita desconocida en aquellos lares. Aquel eclipse fue el primero en la historia en ser filmado en movimiento gracias a una cámara. Así que, aquel 28 de mayo de 1900, hubo en Elche un eclipse de sol, por vez primera se vio una cámara de cine y, por supuesto, se jugó el primer partido de fútbol conocido a orillas del Levante español.

Eclipse 1900

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Los 10 mejores futbolistas que nunca jugaron un Mundial

El asunto dio el pistoletazo de salida en 1930. La idea era que participasen 16 selecciones nacionales a razón de cuatro grupos con cuatro equipos. Acudieron 13 combinados internacionales, dado que tres europeos se bajaron del carro al considerar el coste de cruzar el Atlántico inasumible. Dio igual. Se construyeron tres grupos de tres escuadras y uno con cuatro conjuntos. El sistema de 16 participantes se mantuvo inamovible hasta 1982, cuando en el Mundial de España se amplió el abanico hasta 24 escuadras. Tenía su lógica. Lo que antes era un monopolio Europa-América ahora se abría al mundo. Con la descolonización surgieron numerosos estados de nuevo cuño tanto en Asia como, esencialmente, en África.

A partir de entonces todo sucedió a fume de carozo. Para Francia 1998 se aumentó a 32 el número de participantes asegurando un reparto más ecuánime e introduciendo en la ecuación a Oceanía, hasta entonces apartada del negocio del fútbol. La última vuelta de tuerca ha tenido lugar en la presente edición de 2026 con un total de 48 participantes repartidos en ¡12! grupos de cuatro conjuntos. De este modo el Mundial es universal y permite un total de 17 selecciones europeas, 6 ó 7 de Sudamérica, 6 ó 7 de la Concacaf, 9 ó 10 de África, 7 u 8 de Asia y 1 ó 2 de Oceanía. El sistema es más permeable y democrático a costa de desvirtuar el nivel de juego y convertir las primeras rondas en un ejercicio tedioso y pastoso que aumenta grotescamente el número de goles.

El caso, pues, es que acudir a un Mundial es mucho más fácil en la actualidad que en el pasado. Pongamos un ejemplo que lo certifique. Es muy probable que Erling Haaland sea el mejor delantero centro del momento. Hace unas semanas disputó con su selección su primer Mundial. Todo se lo debe a la ampliación a 48 equipos de la competición. Noruega había participado en el Mundial de 1938 (13 equipos europeos de 16 participantes), en el de 1994 y en el de 1998. Hacía casi tres décadas que Noruega no disputaba un Mundial, por lo que Haaland le debe una bien gorda a Gianni Infantino.

Al igual que Haaland es un delantero de tronío, también lo era José Eulogio Gárate. No era tan bueno como el ciborg escandinavo, pero no hay que desdeñar a un icono del Atlético de Madrid que fue máximo goleador de la Liga española en 1969, 1970 y 1971, así como ganador de tres ligas y finalista de la Copa de Europa con los colchoneros. No era Haaland, pero comparemos a Gárate con Falcao o Diego Costa. El caso es que Gárate no disputó ningún Mundial dado que España no se clasificó ni para la edición de 1970 ni para la de 1974. Si para acudir a la de 2026 la selección española únicamente tuvo que quedar entre los dos primeros en un benigno grupo formado por Turquía, Georgia y Bulgaria, en la de 1970 había que ser campeón en un grupo donde estaban Bélgica (semifinalista Eurocopa 72), Yugoslavia (subcampeona Eurocopa 68) y Finlandia.

Con todo, lo más sangrante ocurre cuando ponemos el foco en África. A la altura de 1990 el mejor jugador de África era Abedi Pelé. Triple vencedor del Balón de Oro africano y héroe del Olympique de Marsella campeón europeo en 1993, jamás disputó un Mundial. Por entonces únicamente dos países africanos accedían a la fase final de la Copa del Mundo. En la actualidad pueden ser diez. La Ghana de Abedi Pelé tenía que pasar dos eliminatorias a ida y vuelta antes de formar un grupo de cuatro participantes donde únicamente el vencedor era el que obtenía el pase. Ghana no pudo con Argelia o Camerún en los años de esplendor de Pelé. En 2026 Ghana se clasificó al vencer en un sencillo grupo donde, a excepción de Malí, todos los demás países eran unos parias del nivel de Comores, Madagascar o Chad. No es de extrañar que Ghana se haya clasificado para cinco de las últimas seis ediciones. Lástima que estos tiempos no fuesen los de Abedi Pelé.

Abedi Pelé

Así pues, vamos a intentar dilucidar quienes son los 10 mejores futbolistas que no han participado en un Mundial. Para ello le daremos más valor a aquellos personajes del pasado en detrimento del presente. ¿Es un buen futbolista Henrij Mkhitaryan? Lo es. Y muy bueno. El mejor en la historia de Armenia. Jugador en Dortmund, Manchester United, Arsenal, AS Roma o Internazionale y ganador de títulos con todos ellos. ¿Era un buen futbolista Valentino Mazzola? Sin duda mejor que Mkhitaryan. No en vano a mediados de la década de 1940 Mazzola era considerado el mejor jugador de Europa. Ocurre que si bien es complicado que Armenia se clasifique para un Mundial (no imposible, dado que en su grupo para 2026 cayó ante Irlanda y Hungría) para Mazzola no hubo opción. Desde 1938 hasta 1950 no se celebró el Mundial, así que, para Mazzola, fallecido en 1949 en la tragedia aérea de Superga, las opciones sumaban cero sobre cero.

¿A quiénes dejamos fuera? A unos cuantos fueras de serie. Empecemos con un ramillete de sudamericanos. En el pasado reciente contamos con cuatro futbolistas de cuatro países que se quedaron fuera, o bien por incompetencia de sus selecciones o bien por no estar disponibles en el momento adecuado. Además de leyenda del Real Zaragoza, Gustavo Poyet fue el eje de operaciones de Uruguay a mediados de los 90. Sin embargo, las charrúas no lograron clasificarse ni para el Mundial de 1994 ni para el de 1998. La que no jugó un Mundial ni en 1998 ni nunca es Venezuela, lo que lastró las opciones de Juan Arango, el mejor futbolista de la Vinotinto y con sólida carrera en España y Alemania. Norberto Solano aún posee el récord de asistencias de un jugador latinoamericano en la Premier League, ocurre que sus casi 100 partidos como internacional nunca lo vieron en un Mundial del que Perú se mostró ausente desde 1982 hasta 2018. Mejor futbolista que los tres citados fue Alberto Spencer. Con razón es el máximo goleador de la historia de la Copa Libertadores. Leyenda de Peñarol, campeón de la Intercontinental ante Benfica y Real Madrid, Spencer nunca jugó un Mundial dado que defendió los colores de Ecuador, una selección que siempre fue un paria internacional y que no acudiría a su primer Mundial hasta 2002.

Por último, hagamos mención a José Manuel Moreno. Palabras mayores. Moreno rivalizó con Mazzola como mejor jugador del mundo en los 40. Muñoz, Pedernera, Labruna, Loustau y el citado Moreno formaron en River Plate una delantera conocida como La Máquina, de la que quedaría prendado un adolescente llamado Di Stéfano. De todos los citados tan sólo Ángel Labruna concurrió en un Mundial allá por 1958. Además de Moreno, Adolfo Pedernera, Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau se vieron perjudicados tanto por la II Guerra Mundial como por las eliminaciones en fases de clasificación de 1950 y 1954.

Moreno

África. Nacido en Marruecos cuando era protectorado francés, Larbi Ben Barek goleó para Francia además de jugar partidos amistosos con los marroquís. Bicampeón liguero con el Atlético de Madrid (50 y 51) jamás disputó un Mundial. Mejor suerte tuvo Salif Keïta, quien nació en Bamako cuando era territorio de Francia, pero que conseguiría ser internacional con Malí al proclamarse la independencia. Salif fue el primer Balón de Oro africano, pero jamás tuvo oportunidad real de disputar un Mundial. Lo tendría más cerca su sobrino, quien fue elegido mejor jugador del Mundial sub-20 de 1999. Llegaría a ser 102 veces internacional amén de ganar dos Copas de Europa con el FC Barcelona, pero Seydou Keïta tampoco consiguió que Mali se clasificase para un Mundial. Por esa misma época goleaba el también maliense Frederic Kanouté en el Sevilla FC donde perforará redes en siete fabulosas temporadas. No será suficiente para disputar un Mundial, al igual que tampoco lo fue para el egipcio Mido goleador en Ajax y Tottenham que penó por el hecho de que Egipto se ausentase del Mundial entre 1994 y 2014. Con todo, Mido no es nadie en comparación con Pierre-Emerick Aubameyang, máximo goleador en Alemania (Dortmund) e Inglaterra (Arsenal), pero quien ha tenido la carga de defender la bandera del modestísimo Gabón, que nunca ha jugado un Mundial. Po último, recordar al portero zimbabuense Bruce Grobelaar, héroe en la tanda de penaltis de la Copa de Europa de 1984 que le dio el triunfo al Liverpool FC ante la AS Roma. Titular en la portería red durante más de una década, fue incapaz de clasificar a Zimbabue para un Mundial a pesar de intentarlo entre 1982 y 1998.

Aubameyang

En la vieja Europa podríamos clasificar en dos los biotipos de jugadores que nunca fueron a un Mundial; los de primeras potencias y los de segundas espadas. En el caso de los primeros, el alto nivel del fútbol de dichos países impidió que nunca consiguiesen jugar un Mundial al no ser seleccionados. Por citar unos cuantos ejemplos estarían los españoles Fran González y Mikel Arteta, el inglés Matthew Le Tissier, el alemán Mehmet Scholl, el francés Jocelyn Angloma o el italiano Fabrizio Ravanelli, todos ellos internacionales, pero no tan excelentes para ser elegidos para formar parte de un Mundial. Tampoco logró alcanzar el sueño mundialista Duncan Edwards. Estrella del United, había logrado debutar con la selección inglesa a los 18 años, pero, al igual que le había sucedido a Valentino Mazzola años atrás, un accidente aéreo (la tragedia de Múnich) segó su vida con apenas 21 primaveras.

No era este el caso de David Ginola. Jugador de fantasía, estrella en PSG y Newcastle United, era titular indiscutible en la Francia de 1994. Ocurre que Francia cayó ante la Bulgaria de Hristo Stoichkov y no se clasificó para esa edición al igual que tampoco lo había hecho en 1990. Fueron años negros para los franceses, del mismo modo que 2018 (Suecia), 2022 (¡Macedonia!) y 2026 (Bosnia) lo fueron para Italia. Nicoló Barella o Gianluigi Donnarumma forman parte de este oscuro listado, aunque aún mantienen abierta una última puerta a la esperanza para 2030. De no lograrlo, a buen seguro que el actual portero del Manchester City podría pasar a formar parte de los diez mejores futbolistas que nunca han ido a un Mundial.

En el caso de los segundos espadas, hablamos de enormes futbolistas que vitorearon en selecciones menores. Los hay que aún están a tiempo de jugar un Mundial como el excelente portero esloveno Jan Oblak (seis trofeos como portero menos goleado en España con el Atlético de Madrid) o el georgiano Khvicha Kvaratskhelia (ganador de la Copa de Europa con el PSG y mejor jugador de la histórica Serie A ganada por el SSC Nápoles en 2023), pero no parece que pueda suceder. Tampoco lo logró en su día Eidur Gudjohnsen, buen delantero de inicios de siglo en Chelsea y FC Barcelona, pero que poco pudo hacer por su Islandia natal en sus 88 partidos como internacional. Tampoco logró mucho el búlgaro Dimitar Berbatov, máximo goleador histórico de una Bulgaria que ya estaba lejos de los tiempos de vino y rosas de inicios de 1990. Más llamativo es el caso de Andrei Arshavin, estrella de la Eurocopa de 2008 a lomos de Rusia, quizás no una superpotencia, pero si una selección de renombre. Pero justo en 2006 y 2010, los años de gloria de Arshavin, Rusia no logró clasificarse para un Mundial. Por último, y no menos importante, citar a Ian Rush, extraordinario goleador galés. Máximo cañonero de la historia del Liverpool FC, segundo máximo goleador de la historia de la FA Cup y campeón europeo con los ingleses, jamás tuvo opciones de disputar un Mundial en sus 73 entorchados con Gales.

Ian Rush

Vamos pues con los que he considerado los 10 mejores futbolistas que jamás disputaron un Mundial. Como cualquier clasificación es digna de ser rebatida, no obstante, se ha tenido en cuenta la carrera individual del jugador, su palmarés, su impacto en los equipos donde militó y también se le ha aplicado un filtro valorando la importancia que han tenido en función de la época que les hubo de tocar vivir.

10 Jari Litmanen (Finlandia): Un ‘10’ de los de antes. Habilidoso, escurridizo, frágil y un as en el lanzamiento de faltas. Litmanen empezó a jugar en su Finlandia natal antes de dar el salto al Ajax con 20 años. Allí se convirtió en el director de orquesta de un equipo que arrasó en Holanda y que ganó la Copa de Europa de 1995. Ese año Litmanen ganaría el Balón de Bronce y la temporada siguiente sería proclamado máximo goleador de la Champions League. Luego las lesiones le harían fracasar en Barcelona y en Liverpool, pero alargaría su carrera con la selección de su país hasta los 39 años. Jugó la fase de clasificación para el Mundial de 1990, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2010 con escaso éxito a pesar de compartir andanzas con Sami Hypiaä un rocoso central que hizo carrera en Liverpool FC. El dueto lo tuvo cerca en 1998, pero un empate en el último partido ante Hungría en Helsinki les privó de acceder a una repesca ante Serbia.

Litmanen

9 Arsenio Erico (Paraguay): Considerado por la FIFA el octavo mejor jugador sudamericano del siglo XX, el puesto de Erico en esta lista debería ser más elevado. Sucede que su carrera se desarrolló en tiempos oscuros y para nada globalizados. Máximo goleador de la liga argentina de todos los tiempos, sentaría cátedra en Independiente de Avellaneda (1934-1946) con tres temporadas consecutivas anotando más de 45 goles en poco más de 30 partidos. Era un delantero centro fuerte, alto, supremo en el juego aéreo y a la vez excelente en la técnica. Para los anales un gol que anotó haciendo el escorpión, mucho antes de que fuese ejecutado por Di Stéfano y popularizado por René Higuita desde la portería. Erico no tuvo posibilidad alguna de demostrar su instinto asesino en un Mundial. No era asumible para la federación paraguaya plantearse acudir a Europa a disputar las ediciones de 1934 (Italia) y 1938 (Francia). Paraguay ni siquiera llegó a inscribirse en la fase clasificatoria y, para cuando el Mundial vuelva al ruedo en 1950, Arsenio Erico ya había colgado las botas y emprendido una corta carrera como entrenador.

Arsenio Erico

8 Ryan Giggs (Gales): Giggs debutó con el Manchester United el día que cumplió 17 años. Serian 24 temporadas de fidelidad a unos colores. Además de ganar 13 títulos de la Premier League logró salir victorioso en dos ediciones de la Copa de Europa. Extremo izquierdo, de gran capacidad asociativa, incasable al desaliento, en sus últimos años se refugió en el centro del campo gracias a su extraordinaria visión de juego. Con la selección de Gales intentó, sin éxito, acudir a las ediciones mundialistas de 1994, 1998, 2002 y 2006. Fue en la fase de clasificación para Estados Unidos 1994 cuando Gales lo tuvo en su mano. Con un Ryan Giggs entonces muy joven y con una veterana dupla de ataque formada por Ian Rush y Mark Hughes (goleador en el United y con presencia en FC Barcelona y FC Bayern) llegaron a la última jornada dependiendo de sí mismos para clasificarse. Jugaban en Cardiff ante Rumanía y debían ganar. Perdieron por 1-2 por culpa de los tantos de Raducioiu y Hagi y dejaron escapar la opción más cercana que nunca después hubo de tener Ryan Giggs.

Ryan Giggs

7 Eric Cantona (Francia): En enero de 1995 el Manchester United jugaba en campo del Crystal Palace. En un momento dado un aficionado del Palace insultó a Eric Cantona. El mediapunta francés giró el cuello, echó a correr, saltó la valla publicitaria y le pegó una patada de karateka al sujeto al que luego siguieron unos cuantos puñetazos. A Cantona lo sancionaron ocho meses sin poder disputar un partido y Aimé Jacquet, seleccionador de Francia, aprovechó la sanción para no volver a convocarlo con la selección. La decisión era arriesgada. Eric Cantona era un enfant terrible, que acabaría traspasado del Olympique marsellés tras diversos episodios polémicos. Contra todo pronóstico este anarquista del balón encontró en Inglaterra su hábitat ideal. Técnico, con olfato de gol y fuertísimo carácter, llevó al Leeds United a ganar una Premier contra todo pronóstico, antes de convertirse en faro y capitán del Manchester United en donde fue considerado Balón de Bronce. El caso es que un empate ante Chipre y una derrota en Glasgow hizo que Francia no se clasificase para Italia 90. Cuatro años después los franceses lo tenían hecho ante Bulgaria, pero un gol de Emil Kostadinov en Paris en el minuto 90 impidió la clasificación gala de 1994. Así que, apartado Cantona, surgió como ‘10’ francés Zinedine Zidane, mucho más callado, con entonces escasa incidencia en el grupo, con menos gol, pero con mayor capacidad técnica y asociativa. Zidane fue el héroe en la victoria francesa en 1998 y Eric Cantona vio desde el sofá de su casa como Francia ganaba su primer Mundial.

Cantona

6 Laszlo Kubala (Hungría y España): La vida de Kubala es digna de película. De hecho, hay películas sobre Kubala. Nacido en 1927 en Budapest empezó a jugar al fútbol profesional en 1945 justo al acabar la II Guerra Mundial. Internacional húngaro, al año siguiente emigró a Checoslovaquia y obtendría la nacionalidad siendo también internacional con su nuevo país. Luego, en 1949, decidió escapar del comunismo y llegó oculto en un camión a Austria. A punto estuvo de fichar por el Torino FC, justo antes de que Valentino Mazzola y compañía perdiesen la vida en la tragedia aérea de Superga. Acusado de delincuente y estafador por Hungría, Kubala estuvo un año sin jugar hasta que la FIFA dio el visto bueno para su fichaje por el FC Barcelona. Allí se convirtió en un dios. Técnicamente portentoso, elevo el nivel del conjunto culé a unas cotas de éxito nunca antes vistas. Hubo títulos, pero esencialmente lo que hubo fue la primera identificación del Barça con el juego de toque ofensivo. En 1957 se inauguró un Camp Nou del que Kubala tiene gran parte de culpa ante la necesidad de un estadio con mayor capacidad para atender a la ingente demanda de entradas para verlo. Pasó entonces a ser Kubala internacional con España. Tendría dos ocasiones para jugar un Mundial. En 1954 España ganó a Turquía (4-1) en casa para caer 1-0 en Estambul. Como entonces no contaban la diferencia de goles hubo de jugarse un desempate en Roma en el que Kubala estuvo ausente. Hubo otro empate y el azar clasificó a los otomanos. En 1958 España tenía un equipazo con Ramallets, Luis Suárez, Gento, Di Stéfano y Kubala, pero empataría en Suiza y caería con estrépito ante Escocia, en la que fue la última oportunidad de Laszlo de disputar un Mundial.

Laszlo

5 Bernd Schuster (Alemania): He aquí un caso insólito. Schuster no fue a un Mundial porque no le dio la real gana. Pocos futbolistas han dejado una huella tan profunda como la de Schuster en la Eurocopa 1980. Con 21 años era un mediocentro con capacidad de pase en corto y en largo, fuerte de cuerpo, rápido en la conducción y con un disparo certero desde fuera del área. Schuster fue Balón de Plata en 1980 y Balón de Bronce al año siguiente. La década de los 80 iba a ser suya. Fichó entonces por el FC Barcelona que contaba con una dupla de extranjeros fantasiosa formada por el rubio teutón y por Diego Maradona. Llegó entonces marzo de 1983. Alemania juega un amistoso ante Albania y Schuster es convocado. Dice que no. Su tercer hijo estaba a punto de nacer y declina el ofrecimiento. Su fuerte carácter chocó con el del seleccionador Jupp Derwall, quien le insistió en acudir a la concentración a la espera de que hubiese o no hubiese nacimiento. Schuster volvió a negarse y Derwall dijo que nunca más lo convocaría. Al órdago contestó Schuster renunciando a la selección. Tenía 23 años y 21 internacionalidades a sus espaldas. Alemania sería subcampeona del mundo en 1986 y campeona en 1990 con Franz Beckenbauer en el banquillo. Ni Schuster pidió nunca ser convocado ni Beckenbauer hizo ademán alguno de recuperarlo para la causa. Bernd Schuster ganaría títulos con FC Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid, pero jamás llegaría a ser campeón del mundo por su cabezonería.

Schuster

4 Gunnar Nordahl (Suecia): Mucho antes del Milan de los holandeses de Rijkaard, Gullit y Van Basten existió el Milan de los suecos. La delantera Gre-No-Li estaba formada por Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Gren y Liedholm serían subcampeones del mundo con Suecia en el Mundial de 1958. A Gunnar Nordahl le pilló muy mayor. Tenía entonces 37 años. Y fue una pena. Había sido cuatro veces máximo goleador de la liga sueca en tiempos de guerra y posguerra además de ganar el oro olímpico con los escandinavos en 1948. En la temporada 48-49 firmaría por el AC Milan. Serían ocho temporadas de ensueño ganando ligas y dos Copas Latinas (una de las antecesoras de la Copa de Europa) amén de cinco títulos de capocannonieri. En la actualidad Nordahl sigue siendo el máximo goleador de la historia del AC Milan y el cuarto en la historia de la Serie A. ¿Por qué entonces Nordahl no compitió en el Mundial de 1950 en el que Suecia acabaría como subcampeona? Por entonces el fútbol sueco era aficionado y cualquier jugador profesional tenía vetado su acceso a la selección. En el mismo momento en el que Nordahl firmó por el AC Milan renunció de facto a defender los colores suecos a pesar de sus 44 goles en 30 entorchados internacionales. La absurda norma se aboliría para el Mundial que Suecia organizó en 1958. De este modo Nils Liedholm (doce temporadas en Italia) y Gunnar Gren (siete temporadas en Italia) pudieron acudir a un Mundial al que a Nordahl ya lo pillaría retirado.

Nordahl

3 George Weah (Liberia): En 1995 France Football decidió abrir a los jugadores de todo el mundo el trofeo del Balón de Oro. Por su gran rendimiento ese año y como homenaje a aquellos futbolistas no europeos que nunca pudieron optar al trofeo, el Balón de Oro de ese año fue concedido a George Weah. Combinando la agilidad de una gacela y la fuerza de un tigre, Weah era un delantero letal en campo abierto con una definición prodigiosa. Despuntó en el AS Mónaco, antes de convertirse en el líder de la primera gran etapa del PSG. Luego fue el faro de un AC Milan de entretiempo entre la era de Baresi y la de Schevchenko. Weah era liberiano. Liberia es un modesto país de apenas cuatro millones de habitantes y que en tiempos de Weah se vio envuelto en una guerra civil. Con todo, el primer (y único) Balón de Oro africano estuvo a punto de obrar el milagro en hasta dos ocasiones. En la fase clasificatoria de 1990 Liberia derrotó contra todo pronóstico a la poderosa Ghana para luego quedar segunda en el grupo definitivo por detrás de Egipto. Luego, en 2002, con Weah lastrado por las lesiones y ejerciendo de capitán en el campo y segundo entrenador desde el banquillo a partes iguales, el milagro aun estaría más cerca. Llegaron a la última jornada como primeros de grupo a la espera de lo que sucediese en el Nigeria-Ghana. El empate o la victoria de los ghaneses le daba la clasificación a Liberia. No pudo ser. Nigeria logró la victoria y dejo a George Weah sin Mundial de forma definitiva.

Weah

2 George Best (Irlanda del Norte): Hablamos de uno de los cuatro o cinco mejores futbolistas de la historia si comprimimos su carrera en apenas un lustro. Y es que George Best fue profesional desde 1963 a 1983 pero su apogeo tuvo lugar entre 1966 y 1971 el resto del tiempo, y como él mismo afirmó, lo dedicó al alcohol, los coches y las mujeres. El llamado Quinto Beatle hizo su aparición planetaria en un baile que le dedicó al Benfica de Eusebio en la Copa de Europa de 1966. Su zurda de seda era capaz de tejer sueños en campo que pisaba. Héroe de la Champions que el United ganó en 1968 junto a Charlton y Best (La Santísima Trinidad) fue Balón de Oro en 1968 y Balón de Bronce en 1971. Con Irlanda del Norte, George Best fue únicamente 37 veces internacional con actuaciones esporádicas a lo largo de 13 años. En 1970, cuando Best estaba en su mejor momento, Irlanda del Norte no se presentó a la fase clasificatoria en medio de un conflicto civil armado. Para 1974 no tuvieron opción alguna en un grupo con Bulgaria y Portugal. Lo había tenido más cerca en 1966, con apenas 20 añitos, donde llegó a la última jornada con opciones de clasificación, pero un inesperado empate en Albania les privó de un puesto que obtuvo Suiza al vencer sorprendentemente a Holanda. Lo curioso es que en 1982 Irlanda del Norte obtuvo una insospechada clasificación al superar en su grupo a Suecia y a Portugal. Por entonces George Best contaba con 36 años y llevaba seis meses retirado. Comenzó entonces una campaña a su favor para que acudiese al Mundial de España 82. Billy Bingham, seleccionador norirlandés, tuvo que dar una rueda de prensa para confirmar la ausencia de Best en el Mundial: “Sigue siendo bueno y su toque y control de balón son magníficos. Incluso sus pases son aún buenos, pero ha perdido la aceleración, el ritmo y la fuerza. Sólo muestra destellos y es una lástima”.

El quinto Beatle

1 Alfredo Di Stéfano (Argentina y España): El hombre que hizo grande al Madrid. El primer todocampista. Cinco Copas de Europa consecutivas. Uno de los cinco grandes. ¿Su debe? Jamás disputó un Mundial. Alfredo Di Stéfano nació argentino. Tenía 21 años cuando debutó con la albiceleste. Serán seis partidos y seis tantos para ayudar a Argentina a ganar la Copa América de 1947. Ocurrió que en 1949 fichó con por CD Millonarios de Bogotá. Hasta 60 futbolistas argentinos emigraron en aquella época a Colombia donde los sueldos triplicaban y cuadriplicaban a los de Argentina. Algunos se fueron por las buenas otros, como Di Stéfano, por las bravas, y por el camino Argentina renunció por discrepancias políticas con Brasil a disputar el Mundial de 1950. Tampoco los argentinos estarán en Suiza 54. Por entonces Di Stéfano ya había fichado por el Real Madrid y en 1954 inició el proceso para obtener la nacionalidad española. Jugará un total de 37 partidos (29 goles) con España debutando en enero de 1957. Para el Mundial 1958 Di Stéfano era dios en pantalón corto. Balón de Oro en 1957 y en 1959, no le dieron el de 1958 porque las reglas de entonces impedían dar el premio en años consecutivos. Antes, en 1956, año en el que se otorgó el primer galardón, se le fue concedido a Stanley Matthews como homenaje a la Inglaterra inventora del fútbol. Así pues, Don Alfredo tendría que contar con cuatro esferas doradas. El caso es que, en 1958 Gento, Kubala, Luis Suárez y Di Stéfano fueron incapaces de superar a Suiza y a Escocia en una de las mayores sorpresas en la historia de las fases de clasificación. Para 1962 Di Stéfano ya estaba en la cuesta abajo de su carrera. Con todo, dos goles suyos ante Gales y otros dos en la repesca ante Marruecos clasificaron a España para el Mundial de 1962. Ocurrió que en un partido de preparación antes de viajar a Chile el astro hispanoargentino caería lesionado. Llegaría a viajar con el resto de convocados en busca de un milagro, pero al final no lograría recuperarse a tiempo y acabaría su legendaria carrera sin disputar el mayor acontecimiento del universo futbolístico.

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Una historia de Estados Unidos (Jack Johnson)

“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas; que todos los hombres son creados iguales”, concluyó Thomas Jefferson aquel 4 de julio de 1776 en Philadelphia. ¡Dónde mora la libertad, allí está mi patria!, exclamó Benjamin Franklin entre vítores. Thomas Jefferson era descendiente de la aristocracia inglesa. Ben Franklin, considerado The First American, era hijo de inglés, lo que no le impidió ser considerado el definidor del espíritu estadounidense en base al trabajo duro y a los valores del libre progreso científico promovido por el Estado. George Washington, comandante en jefe del Ejército Continental que desde ese 4 de julio luchará frente a Inglaterra en loor de la independencia, será nombrado en 1789 primer presidente de Estados Unidos. No importó que su abuelo fuese inglés, que él de joven hubiese servido para el ejército británico y que con 11 años hubiese heredado diez esclavos negros.

A la hora de su muerte George Washington tenía 317 esclavos.

Al menos en su testamento liberó a todos ellos de sus obligaciones.

Fue el único padre fundador que lo hizo.

James Madison falleció dejando a 100 personas esclavizadas de por vida. 25 de los 55 primeros delegados en el Congreso de Estados Unidos tuvieron esclavos. 8 de los primeros 12 presidentes de Estados Unidos contaron con esclavos. Thomas Jefferson, redactor de la Declaración de Independencia y quién sería proclamado tercer presidente de la nación, se iría de este mundo con más de 600 esclavos a su cargo.

Durante toda su vida política Thomas Jefferson se mostró como contrario a la esclavitud.

James Monroe, quinto presidente de Estados Unidos, fue el ideólogo de la creación de Liberia en la costa de África como lugar de convivencia y prosperidad para los negros libres que deseasen volver a sus orígenes. Liberia, un país próspero para los cánones africanos, admira a Monroe y no en vano le dio el nombre de Monrovia a su capital.

Ocurre que James Monroe contaba con más de 50 esclavos. No los liberó en su testamento y los legó a sus hijos.

Eso también forma parte de la historia de Estados Unidos.

Es su reverso tenebroso.

250 años de la Independencia de Estados Unidos (1776-2026)

Hubo que esperar a la 13ª Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos el 18 de diciembre de 1865 para prohibir la esclavitud. Se redactó tras una cruenta guerra civil tras la cual los negros (de las mujeres negras no hablamos) obtuvieron la libertad. La viva prueba de que fue una decisión tomada a regañadientes es que incluso Andrew Johnson, vicepresidente de Lincoln y elevado al cargo presidencial tras el asesinato de éste, contaba con un total de ocho esclavos que cuidaban de sus propiedades y que hubo que liberar por imperativo legal y nunca por convicciones morales ni ideológicas.

Era pues, de suponer, que la libertad legal no trajese igualdad real. Durante la Reconstrucción (1865-1877), los afroamericanos votaron, ocuparon cargos públicos y fundaron escuelas, pero el avance fue aplastado por la supremacía blanca y las leyes Jim Crow que fueron aprobadas en 1877. Se mantendrían en vigencia hasta 1965, cuando el Movimiento por los Derechos Civiles liderado por Martin Luther King consiguió una igualdad real ante la ley (no socialmente) entre blancos y negros. No sucedía así mientras estuvieron en vigor las leyes Jim Crow. Aplicadas en el sur de Estados Unidos con más vehemencia, consideraban a negros y a blancos “separados pero iguales”. Segregación en lugares privados y públicos (escuelas, trenes, restaurantes o lavabos separados).

Black & White

Ese era el mundo de Jack Johnson. Nacido en Texas, sin educación escolar y siendo el tercer hijo de una familia de esclavos, lograría hacerse un sitio en la vida gracias al boxeo. El estilo de Johnson al boxear era muy característico. Mantenía la distancia con sus rivales en vez de realizar una aproximación constante. Peleaba defensivamente a la espera de cualquier error. Y cuando ese error se producía, él lo aprovechaba. La prensa lo machacaba. Lo consideraba un cobarde. Lo curioso es que Jim Corbett, quién había sido campeón mundial una década antes, boxeaba de la misma manera y pronto fue considerado como el hombre más inteligente en la historia del boxeo.

La diferencia radicaba en que Johnson era negro y Corbett era blanco.

Jack Johnson tenía hambre. No llegó a comerse los cordones de los zapatos, dado que al ser tan finos no le habrían alimentado. En varias ocasiones intentaron apuñalarlo y se defendió con unos brazos que también le servían como almohada cuando dormía al raso. A base de mamporros logró salir de la miseria y, el caso, es que Arthur John ‘Jack’ Johnson se proclamó por vez primera campeón del mundo en 1903…Campeón del mundo de color. Por entonces blancos y negros podían pelear entre sí, pero nunca luchando por el título mundial. James ‘Jimmy’ Jackson Jeffries, campeón mundial blanco, se negó en repetidas ocasiones a luchar contra Johnson. El caso es que Jack Johnson consiguió noquear al subcampeón del mundo blanco en dos asaltos y el run run no hizo más que aumentar. Al final, tras mucho insistir, perseguir y hasta amenazar, Jack Johnson consiguió que en 1908 se unificase a blancos y negros en la lucha por el campeonato mundial de los pesados. Johnson venció al canadiense Tommy Burns por K.O. técnico y se coronó como el hombre más fuerte del mundo.

Aquello no gustó nada de nada.

Comenzó entonces una campaña de desprestigio en prensa. Los plumillas buscaban a la Gran Esperanza Blanca. Jack London, gran aficionado al boxeo y escritor conocido por obras como Colmillo Blanco o La llamada de la selva, caricaturizaba a Johnson como un simio y exigía la llegada de un boxeador blanco que lo mandase de vuelta a África. El problema, para los blancos, es que no había nadie capaz de competir contra Jack Johnson…salvo Jimmy Jeffries. Campeón invicto entre 1899 y 1905, ya estaba retirado, pero se le ofrecieron ingentes sumas de dinero para pelear contra Johnson. “Ese Jack Johnson es un buen boxeador, pero es negro, y por ese motivo nunca pelearé contra él. Si yo no fuese el campeón me enfrentaría a él como a cualquier otro… pero lo soy, y el título no irá a manos de un negro mientras yo pueda evitarlo”, declaró ante la prensa. Jeffries, enorme boxeador y enorme racista, se negó repetidamente a disputar ese combate sabiendo que tenía mucho más que perder que ganar. Ocurrió que fue presionado políticamente y hasta recibiría la visita de Johnson en su casa pidiéndole encarecidamente un combate para dirimir quien era el mejor.

Habría combate.

Y sería un 4 de julio.

4 de julio de 1910.

Johnson vs Jeffries

Antes de hacerlo por dinero los hombres ya peleaban a puñetazos por mujeres, por comida, por un hogar o simplemente por orgullo. El boxeo es el único deporte donde ganar significa aniquilar. El triunfo por knockout escenifica una muerte simbólica. Como en una tragedia griega, el héroe levanta el brazo triunfal. El boxeo es teatral. Es un drama sin palabras, único y condensado en apenas unos minutos. Si por el camino no sucede nada, el drama se vuelve psicológico. Los boxeadores están para establecer una experiencia absoluta, una pública rendición de cuentas de los límites máximos de su ser. El boxeo es íntimo. Es salirse de la conciencia de la cordura para entrar en un ente diferente. Es arriesgarse y alcanzar la agonía de la cual somos raíz.

El combate tendrá lugar en Reno, ciudad del pecado, donde prostituirse o apostar está permitido. Johnson, por cierto, coleccionaba novias y amantes de pago. Siempre eran blancas. Fue acusado de violador y algunas de sus conquistas fueron linchadas. No existía mayor repugnancia para un blanco sureño que el coito entre negro y blanca. De ahí la fascinación de Johnson para realizar lo prohibido. Resulta que el combate tiene lugar en Reno donde es tan fácil y barato divorciarse como tomarse un whisky. Llegarán quince trenes y centenas de diligencias tiradas por caballos desde los cuatro puntos cardinales. 20.000 espectadores abarrotarán un estadio construido por aserradores y carpinteros en apenas tres semanas. Muchos miles de almas más deambularan por las calles de la ciudad. Habrá que hacer redadas para requisar armas tal era el grado de tensión en el ambiente.

Presentemos pues a los contendientes.

James ‘Jimmy’ Jeffries era una esperanza blanca de 1’86 cm de altura y 103 kilos de músculos. Estaba retirado y lo había hecho invicto con un balance de victorias-derrotas de 19-0. Todos los aficionados lo admiraban y todos los rivales temían su tremendo golpe de izquierda, su fiera combatividad y su capacidad de resistencia frente a los ataques del adversario. Era un tipo duro. Un Chuck Norris. Se decía que él mismo se había curado una neumonía al beberse una caja entera de whisky en un par de días. Había crecido en una granja, hasta que de adolescente se puso a trabajar en una fábrica de calderas de acero. De ahí su apodo: The Boilermaker (El calderero). Era un individuo imponente, dotado además de una técnica y combatividad que lo separaban claramente del resto. Un púgil de primerísima magnitud cuya popularidad lo llevó a hacer giras por Europa. Incluso su fama le permitió aparecer en algunas de las más primitivas producciones cinematográficas. Jim Jeffries era una leyenda viva. Había defendido nueve veces su título mundial con éxito antes de retirarse sin siquiera haber besado nunca la lona (sólo Rocky Marciano podrá decir lo mismo). Era rico, querido y famoso.

“El blanco no es un color. Es la ausencia del color”, espetó John ‘Jack’ Johnson al subir al ring. Negro, de 184 centímetros y 94 kilos, contaba con tres años menos que Jeffries y estaba en su cénit físico. Había empezado a trabajar de niño como limpiabotas, para luego destripar tripas de pescado antes de convertirse en estibador en el puerto de Chicago, lugar al que había llegado como polizón en un tren buscando mayor libertad racial. Al igual que en las novelas de Shakespeare se cuenta como se encadenaba a los osos en plazas de Londres para pelear contra perros, Jack Johnson comenzó boxeando en peleas ilegales donde les vendaban los ojos a los negros, se les daba vueltas como quien da cuerda a un motor para que se mareasen, antes de soltarlos ante otra jauría de negros. El último en pie sería el único que recibiría un plato de comida. Johnson ganaba siempre y pronto pasaron a atarle una mano a la espalda. Seguía ganando y consiguió salir de sótanos húmedos para boxear en gimnasios repletos de gente. Rápido de pies y con un golpe de derecha asfixiante, Johnson cansaba a su rival a base de movimientos fugaces y lenguaje soez, para luego soltar un gancho definitivo.

Como es de suponer, la inmensa mayoría del público era blanca. Incluso se temía por la vida de Jack Johnson en caso de salir victorioso del combate. Había un cartel gigante que representaba la lucha de un tigre contra un simio. “¡Vuelve a África!”, le gritaban a aquel negro de Texas. Johnson, siempre cuestionado sentimental, emocional y humanitariamente, tenía en su esquina a Etta Duryer, una espectacular rubia, quién, para más inri, era de buena familia y gustaba de competir en carreras de coches.

De lo malo, lo peor.

El combate comenzó a medio gas. Durante los tres primeros asaltos hubo una guerra psicológica en la que sorprendentemente Johnson se hizo ganador. Tanto Jeffries como el público buscaban una victoria rápida y fácil y lo único que se vio fueron bailes, algún crochet e infinidad de abrazos, tras los cuales Johnson aprovechaba para llamarle viejo y fracasado a Jeffries. Llegó entonces el cuarto asalto y Johnson logró impactar en la cara de Jeffries, algo que repetiría con suficiencia en el quinto, provocando el silencio sepulcral del respetable.

Johnson vs Jeffries

La normativa para el boxeo fue escrita en Londres por el galés John Graham Chambers en 1865. Este código de reglas reemplazó a las originales de 1743, escritas por Jack Broughton. Esta versión convenció a los boxeadores de que no deben luchar simplemente por ganar, sino que deben ganar siguiendo las reglas. El considerado primer campeón mundial (anglosajón para ser exactos) fue John Sullivan, logro que firmó en 1892. Por esa época se podía agarrar por el cuello a un adversario, el árbitro era mucho más permisivo con los contactos, prácticamente nunca mandaba a alguien a la esquina y no había asaltos. El campeón no se decidía hasta que uno de los púgiles no cayese al suelo o bien hasta que ambos considerasen, al límite de sus fuerzas, que se había llegado al asalto final, momento en el que se decidía quién era el ganador por puntos.

Así que, sin límite de asaltos, la idea de Jack Johnson era alargar el máximo el combate para desprestigio de los blancos.

En el séptimo asalto el calderero ataca al gorila con un recto de izquierda al estómago. El público ruge, pero el gorila se mantiene en pie. La pelea sigue en stand-by, hasta que, a la altura del undécimo asalto, Jack Johnson decide pasar definitivamente al ataque. Un recto con la derecha a la mejilla, seguido de otro de izquierda que le cierra el ojo a Jeffries. Suena la campana. A la esquina. Hace calor en Reno. Sudan. En el duodécimo asalto a Jeffries solo le queda buscar las cuerdas mientras el público calla. Jeffries lanza ganchos frustrados y busca abrazos de perdón, mientras Johnson lo esquiva y se ríe en su cara. Johnson juega un asalto más hasta que en el decimotercero un brutal gancho de derecha impacta en el rostro de Jeffries que cae y rompe como un cascarón.

Jimmy Jeffries se levanta.

El campeón blanco tiene orgullo.

El asalto 14 pasa sin pena ni gloria. Jeffries tiene los labios tan hinchados que parece un negro. Apenas se puede mantener en pie. Johnson le da tregua. Por vez primera en el combate lo respeta. Pero llega el decimoquinto asalto y Jeffries es un árbol que se tambalea. Únicamente hay que empujarlo. Jack Johnson conecta otro derechazo y Jimmy jeffries cae a la lona.

K.O.

Jack Johnson es campeón del mundo de los pesados.

K.O.

En Nueva York una multitud de 30.000 personas (¡más de las que se reunieron en el recinto de la pelea!) se congregó en torno a un teletipo de la calle Broadway para ir conociendo el desarrollo del combate. Al finalizar la pelea un grupo de blancos degolló a un negro en Houston, asesinaron a un par de ellos en Little Rock, lincharon a otro en Virginia por llevar traje y coche…hubo al menos una veintena de muertos en las siguientes 24 horas. La filmación de la pelea, que empezó a exhibirse en salas de cine, fue la película más taquillera en la por entonces breve historia del cine estadounidense.

Querido y odiado a partes iguales, Jack Johnson sería fiel a su estilo. No iba a ser un humilde Tío Tom que necesita la ayuda de los blancos. Iba a ser un hombre libre de pensamiento y voluntad. Sus padres habían nacido en plantaciones de algodón y su hijo no iba a pedir permiso por nada. Encargaba las telas de sus trajes en Paris y llevaba una inimaginable cantidad de oro en dientes y anillos. Invitaba siempre a los periodistas a comer en los mejores restaurantes del país, más caros cuanto más blanco era el plumilla. “No se sí me odian más por mis éxitos que por el color de mi piel”, dirá en una ocasión.

Y no le faltaba razón.

En 1912 su mujer, aquella blanca de alta sociedad que estaba en la esquina en el combate ante Jeffries, se suicida. Etta había sido insultada y ridiculizada por su relación con Jack. Se suicidó debido a la presión social y al acoso racial tal y como dejo escrito en una carta de despedida, aunque su aristocrática e influyente familia filtraría que lo había hecho por culpa de palizas que Jack le propinaba. El caso, es que fuese lo que fuese, apenas unos meses después Jack Johnson fue visto en compañía de otra jovencita rubia camino de un hotel.

Aquello tampoco gustó.

En 1910 se había aprobado la Ley Mann. Su objetivo fue prohibir la esclavitud blanca, transformando en delito federal el transportar mujeres de un Estado a otro para propósitos inmorales. Básicamente intentaba restringir la prostitución de mujeres blancas, aunque su usó practico fuese penar con cárcel a aquellos hombres que tuviesen sexo con menores de edad.

Resultó que la familia de Etta le pagó a una chica menor de edad llamada Belle para que tuviese sexo con Johnson, quién por sus comentarios y su fama era una piedra en el zapato del establishment. Detenido por propósitos inmorales con una menor fue sentenciado con doce meses de cárcel y una multa de 1.000 dólares de la época. Su ex suegra, la madre de Etta, se ofreció a retirar la demanda y librarse de la cárcel a cambio de que Johnson le donase a ella todo su capital y sus propiedades.

Jack Johnson

Decidido a no entrar en la cárcel, Jack Johnson se autoexilió y emigró a Francia. Allí es libre y feliz y boxea a cambio de un dinero que le permite sobrevivir. Pero estalla la I Guerra Mundial, y en 1915 coge un avión hasta La Habana donde pelea contra Jess Willard en su defensa por el título mundial pasadísimo de peso. Willard noqueó a Johnson en el 26º asalto tras un pacto con el Departamento de Estado norteamericano para que le dejasen visitar a su padre en su lecho de muerte antes de ingresar en prisión. Lo hizo, vio a su padre, pero Johnson nuevamente escapó de las rejas y voló a España.

Allí se enamoró de Barcelona. Residía en la Calle Mallorca, cerca de la Sagrada Familia, y frecuentaba los bares de alterne en el Paralelo. Gustaba de ir a la Monumental a ver los toros, ya que consideraba a los toreros tan valientes como los boxeadores. Y boxeó. Boxeó mucho. Boxeó hasta en La Monumental bajo la presencia del rey Alfonso XIII. Sacaba dinero fácil en peleas en las que apenas tenía que sudar. Mandaba dinero a Lucille, su nueva (y blanca) esposa. Luego le pagó un billete de transatlántico para que viajase a Europa, donde se gastaba el dinero que tenía en hoteles de lujo y banquetes de siete platos. Hubo de vender coches y posesiones.

Con una Europa devastada por el fin de la guerra (nadie quiere asistir a un concurso de violencia cuando la misma vida que te rodea es violencia), en 1920 Jack decide volver a Estados Unidos. Vuela a México y cruza la frontera hasta que es detenido para cumplir su pena carcelaria. Prepara un plan de huida, pero tras dos horas deliberándolo, acaba fumando puros y bebiendo una botella de whisky que le habían pasado de contrabando. En prisión disputará varios combates y tendrá que hacerlo también al salir de entre rejas para poder subsistir. Se retirará oficialmente en 1938, con 60 años de edad, tras unos últimos años contando su vida en teatros a cambio de unos dólares y peleando en lugares clandestinos tan inhóspitos como aquellos donde, con los ojos vendados, había comenzado a ponerse los guantes.

Jack Johnson fue durante década y media el afroamericano más famoso y notorio del planeta. Luego se fue. Se evaporó. Estados Unidos no espera a nadie, y menos a un negro triunfador.

En un documental sobre su vida, Ken Burns dijo: «Durante más de trece años, Jack Johnson fue el afroamericano más conocido del mundo. Fallecería en 1946, a los 68 años, por culpa de las lesiones sufridas en el cráneo tras un accidente de coche. Hubo de esperar casi un siglo para que su condena y juicio fuese considerado ilegal gracias a una iniciativa del senador republicano John McCain. Luego, en 2018, el presidente Donald Trump en un acto en compañía del actor Sylvester Stallone (Rocky en la ficción) le concedieron el perdón póstumo a Jack Johnson bajo presencia de sus mestizos descendientes”.

Justicia…un siglo más tarde

“Hay negros que viven en mansiones y otros al pie de un árbol. Algunos dan la vuelta al mundo y otros no se alejan de sus casas. Otros van en coche y los demás sólo pueden caminar. Pero todos los negros compartimos el miedo a que haya un hombre blanco con esposas o con una pistola a la vuelta de la esquina”. Jack Johnson.

“No soy negro, soy una persona. Tengo un sueño, que mis cuatro hijos vivan un día en una nación en la que no sean juzgados por el color de su piel sino por la naturaleza de su carácter”. Martin Luther King.

“Me gusta ver a un hombre orgulloso del lugar en el que vive. Me gusta ver a un hombre vivir de tal manera que su lugar se enorgullezca de él”. Abraham Lincoln.

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Cuando Estados Unidos ganó a Inglaterra

El asunto fue que la selección de Estados Unidos de fútbol se constituyó hace ahora 100 años. Formaron parte de los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928, no por su nivel futbolístico, sino por la fuerza de un país capacitado de llevar deportistas de cualquier disciplina hasta los confines del mundo. En 1928, como muestra que sirva de ejemplo de sus escasas facultades futbolísticas, cayeron por 11-2 en la primera ronda del torneo olímpico ante Argentina.

Resultó que en 1930 se celebró el primer Mundial de fútbol. La organización recayó en Uruguay, vigente campeón olímpico. Hubo espantada europea dado que por entonces había que acudir a América en un largo viaje en barco y la mayoría de los futbolistas compaginaban el balón con otro trabajo. Así que Estados Unidos acudió a ese primer Mundial por falta de alternativas. Venció por 3-0 a Paraguay con triplete de Bert Patenaude, quién se convirtió en el primer (y olvidado) futbolista en anotar un hat-trick en un Mundial. Patenaude, por cierto, era estadounidense de padres europeos, como lo eran todos los componentes del once titular (alguno incluso había nacido directamente en Escocia o en Irlanda). Luego, Estados Unidos venció a una Bélgica recién bajada de cubierta tras 40 días de viaje. Así el milagro estadounidense se clasificó para semifinales donde caería masacrado por Argentina (1-6). Pero la cosa no acabó ahí. Forrados de dólares, los Estados Unidos fueron de los pocos países no europeos que se presentaron en Italia para disputar el Mundial de 1934. El asunto no resultó tan poético entonces. Cayeron en la primera ronda eliminatoria ante Italia por 1-7. El gol americano fue anotado por Aldo Donelli, quién, como es fácil de adivinar, era hijo de italianos.

Pateunade. Primer hat-trick mundialista

Luego vino la II Guerra Mundial y el Mundial no volvería a celebrarse hasta 1950 cuando Brasil coja el relevo de Francia, país que le había dado carpetazo al asunto en 1938. Se intentó que esa edición de 1950 fuese la primera global. Eran 16 participantes. 8 europeos, 5 sudamericanos, 2 norteamericanos y un asiático. México arrasó en su grupo clasificatorio y Estados Unidos obtuvo su plaza al lograr una victoria en el encuentro decisivo ante Cuba.

Era el tercer Mundial para Estados Unidos.

Iba a ser el primero para Inglaterra.

Los ingleses inventaron las reglas del fútbol en 1863 y lo extendieron por el mundo al tiempo que sus ferrocarriles, pero cuando en 1904 se creó la FIFA no quisieron tratos con advenedizos. Cambiaron de idea en 1908, dado que Londres iba a celebrar los Juegos Olímpicos. La FIFA se bajó los pantalones de tal modo que expulsaron con celeridad al presidente en vigor para darle la presidencia al inglés Daniel Woolfall. Como no podía ser de otro modo vencieron en 1908 y en 1912 (compitiendo como Gran Bretaña) antes de que estallase la I Guerra Mundial. Al finalizar el conflicto, los ingleses exigieron que los países perdedores de la guerra fuesen expulsados de la FIFA, pero perdieron la votación. Así que decidieron salirse de la FIFA nuevamente.

Con el francés Jules Rimet en la presidencia se cuajó la celebración de un Mundial de fútbol cada cuatro años a partir de 1930. Los ingleses amagaron con volver, pero le echaron la culpa al profesionalismo encubierto. Ya entonces se sabía que la flema inglesa era en realidad temor. Era evidente que había alumnos que estaban al mismo nivel que los maestros. Inglaterra no sabía aun lo que era perder en casa ante equipos continentales, pero ya había caído en amistosos como visitante en España (1929), Francia (1931), Hungría (1934), Checoslovaquia (1934), Austria (1936) o Bélgica (1936). Cuando en 1938 caiga en Zúrich ante Suiza ya pocos creerán en la superioridad inglesa. Los ingleses habían estado a punto de perder ante Italia (doble campeona mundial) en Londres unos años antes y desde entonces se cuidaban muy y mucho de invitar a otro país a pisar el terreno de su inexpugnable isla.

Finalizada la II Guerra Mundial, esta vez sí la FIFA decidió vetar la presencia en el Mundial de 1950 de Alemania y de Japón, las dos grandes agresoras. Italia se salvó por su respetado presidente de la FIGC (Federación Italiana de Fútbol) Ottorino Barassi, quién, como vigente campeón, custodiaba la Copa Jules Rimet y logró mantenerla a salvo escondiéndola de los nazis. Así, Inglaterra, y esta vez de forma definitiva, decidía formar parte de la familia del fútbol y afiliarse a la FIFA.

Como raritos que eran, Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda decidieron formar un grupo propio clasificatorio. Inglaterra arrasó y se clasificó para el Mundial. El entrenador y preparador físico era Walter Winterbottom. Y digo bien entrenador porque no era seleccionador. Eso era tarea de un comité técnico que decidía que jugadores acudirían a Brasil. El galimatías aun le duraría a los flemáticos ingleses una década más. El caso es que Inglaterra venció en su último amistoso antes del Mundial a Italia en Turín por 0-4. Era un equipazo. Matthews, Mortensen, Lawton, Mannion y Finney formaban un ataque temible. El extremo diestro Stanley Matthews, por entonces ya con 35 años, era considerado el mejor driblador del planeta.

Tras día y medio de viaje en avión con sus correspondientes escalas, la expedición llegó a Rio de Janeiro donde fueron recibido como semidioses. El sorteo les colocó como cabezas de grupo en un cuadro junto a España, Chile y Estados Unidos. Únicamente el primero se clasificaría para semifinales.

Inglaterra 1950

Inglaterra debutó venciendo a Chile por 2-0 en Maracaná en un día donde llovió a chuzos. Antes España había vencido a Estados Unidos por 3-1. Zarra y compañía repetirán triunfo ante Chile mientras que ingleses y estadounidenses se enfrentarán en la segunda jornada. Se da por hecho un claro triunfo británico y un duelo definitivo en la última fecha entre España e Inglaterra para dilucidar que país logra el pase a semifinales.

Sólo acudieron 10.000 personas al estadio de Belo Horizonte. Winterbottom decidió dar descanso a Matthews pensando en el partido decisivo ante España. Estados Unidos no tenía tirón alguno ni en Brasil ni en el país de las barras y estrellas. Únicamente un periodista de Saint Louis acudió a seguir al equipo y lo hizo pagándose el viaje de su propio bolsillo.

Y sucedió lo imposible.

Inglaterra salió arrollando. En los primeros diez minutos tuvo seis ocasiones de gol incluyendo dos disparos a la madera. A partir de ahí, se hizo la noche. Estados Unidos se revolvió y salió a jugar de tú a tú a Inglaterra. Hasta que, superada la mitad de la primera parte, lograron adelantarse en el marcador. A partir de entonces pusieron el autobús. Inglaterra repetía ataques y más ataques sin un mínimo de fantasía y las paradas milagrosas de un tal Borghi obraron el milagro. Frank Borghi (otro de padre italiano) era jugador de beisbol antes de meterse a portero de fútbol. Había acudido a Brasil tras una bronca con su madre por desantender sus obligaciones en la funeraria, empresa que era el sustento familiar. Su heroicidad se completó cuando a ocho minutos para el final una caída de Stan Mortensen (máximo goleador de la liga inglesa) dentro del área acabó en penalti. Alf Ramsey, entonces lateral derecho y con el tiempo el seleccionador inglés campeón del mundo, ejecutó el lanzamiento y Borghi adivinó sus intenciones.

Si Borghi fue el héroe defensivo, el líder ofensivo había sido Joe Gaetjens. En el minuto 38 el portero inglés se confió en un centro bombeado que parecía ofensivo y un remate en plancha de Gaetjens acabaría siendo el tanto de la noche. ¿Quién era Gaetjens? Era haitiano. De muy buena familia. Había sido enviado a Estados Unidos a estudiar a una carrera y por entonces se encontraba trabajando de lavaplatos en un restaurante para pagarse sus gastos. Jugaba en un club patrocinado por dicho restaurante y había sido captado tras meterle un gol a Borghi en un partido de un torneo organizado por la federación estadounidense antes del Mundial.

Y es que aquellos jugadores no es que fuesen modestos, eran modestísimos. Joe Maca era belga, Ed McIlvenny era escocés y tanto Charlie Colombo como Gino Paniani eran italoamericanos. Todos jugaban al fútbol en sus ratos libres. También lo era Frank Valicenti, quién se cambió el apellido por Wallace cuando decidió alistarse en el ejército para combatir a los fascistas en Italia. John Souza, elegido en el once ideal del campeonato, era un sudamericano nacionalizado que ni siquiera pertenecía a equipo alguno en el momento de la disputa del Mundial. Entre los citados había funerarios, carteros, encofradores o fontaneros. Walter Bahr, considerado el mejor jugador de la historia de Estados Unidos hasta la aparición en el siglo XXI de Landon Donovan, era profesor de educación física en un instituto.

Si aquello no fue la mayor sorpresa de todos los tiempos, anda muy cerca.

Borghi. Portero. 1950

En la previa del partido las casas de apuestas pagaban 500 a 1 ante la opción de triunfo estadounidense. Cuando la agencia de noticias Reuters mande el cable telegráfico a Europa con el resultado final (1-0), toda la prensa de la Vieja Europa pensó que se trataba de un error en la transmisión de los cables y que el resultado real era de 10-1 a favor de los ingleses. De hecho, varios periódicos británicos se resistieron a publicar el resultado en sus primeras ediciones exigiendo una rectificación a Reuters.

“Lo arreglaremos ante España”, anunció el capitán Billy Wright. No fue así. Inglaterra jugó muy bien, pero España lo hizo excelentemente. El famosísimo gol de Zarra les daba el triunfo a los hispanos y con ello la clasificación para semifinales. Estados Unidos, a pesar de su histórica victoria, acabaría como última de grupo al caer por 2-5 ante Chile.

El Daily Herald publicó una espectacular portada con una esquela que rezaba lo siguiente: “Nuestro afectuoso recuerdo al fútbol inglés, que falleció en Río de Janeiro el 2 de julio de 1950. Un numeroso círculo de amigos lamenta su dolorosa pérdida. R.I.P. Nota: El cadáver será incinerado y sus cenizas trasladadas a España”. “Los viejos maestros deben volver a la escuela”, declararía, en un acto que lo honra, Walter Winterbottom.

El fin del mito de la superioridad inglesa fenecería definitivamente en 1953 cuando Ferenc Puskás y el resto de magiares mágicos dobleguen por vez primera a los ingleses en Londres al vencer por 3-6 en una morrocotuda exhibición vespertina en Wembley. Cinco meses más tarde será en Budapest donde Hungría ponga los clavos de la lápida al vencer por 7-1. Cuando Uruguay eche a Inglaterra en cuartos de final del Mundial de 1954 se considerará un resultado esperado y luego, ya en 1958, los ingleses caerán en la primera fase del Mundial al ser incapaces de vencer ni al Brasil de Pelé ni a la Unión Soviética de Yashin. Nadie lo considerará sorpresa alguna.

Y Puskás acabó con el mito inglés

Estados Unidos no volvería a disputar un Mundial hasta 1990, cuatro décadas después de la hazaña de Belo Horizonte. Desde entonces ha organizado un Mundial (1994) y lo va a hacer de nuevo con el segundo (2026). Ayudado por la ampliación de participantes, se ha convertido en un fijo en los mundiales y en 2002 alcanzó su techo moderno al conseguir colarse en los cuartos de final.

A Joe Gaetjens, el autor del gol, aquello lo convirtió en una celebridad. Breve, pero intensa. Había disputado el Mundial sin tener nacionalidad estadounidense y únicamente firmando un documento donde se comprometía a solicitarla. Jamás lo hizo. Volvió a Haití y montó una empresa de lavanderías automáticas. A los pocos meses fue fichado por el Racing de París. Apenas aguantó año y medio en Francia antes de volver a su país, darle un par de patadas más al balón y colgar las botas. Su vida acabaría trágicamente. Gaetjens estaba involucrado en la política y cuando en 1964 Louis Déjoie se convierta en presidente vitalicio y dictador de facto de Haití, se encargará de ajustar cuentas contra los disidentes políticos. La familia de Gaetjens escapará del país pero él se quedará pensando que al ser una celebridad nadie podría hacer nada en su contra.

Nunca más se supo de él.

Joe Gaetjens a hombros

“Han pasado 60 años. En lo que a mí respecta, he tratado de olvidarlo con todas mis fuerzas». Bert Williams, guardameta de Inglaterra en 1950 en una entrevista concedida en 2010.

“No es normal aguantar tanto tiempo frente a un rival que es tan superior. Sobre todo, después de haber marcado un gol relativamente pronto. Nos habríamos ido contentos con perder por dos goles de diferencia. Ni en nuestros mejores sueños imaginábamos que podríamos ganar”. Walter Bahr, defensa de Estados Unidos en 1950.

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El declive de La Quiniela

Las tardes de domingo las dedicaba Francisco Franco y su mujer, Carmen Polo, a ver películas en el salón del Palacio de El Pardo. Era una afición compartida. Pero, con el desembarco de la televisión en España, en 1956, el Caudillo ordenó instalar varios televisores en el complejo residencial para no perderse ninguno de sus programas favoritos. Los domingos por la tarde el cine poco a poco fue dando paso al fútbol.

Y el caso es que a Franco el fútbol ni fu ni fa. Al Generalísimo lo que le iba era la caza y la pesca. Luego, ya anciano, disfrutó del golf. Ocurría que Franco vibraba como un forofo más con el carrusel radiofónico que contaba las andanzas de todos y cada uno de los partidos de la jornada liguera. Entonces se jugaban en su totalidad a la misma hora. Tomó la costumbre de echar La Quiniela todos los fines de semana en compañía de Vicente Gil, su médico de cabecera. El general y el galeno rellenaban al alimón dos boletos; uno confeccionado conjuntamente y otro hecho por Franco bajo el seudónimo de Francisco Cofrán (las sílabas invertidas de Franco).

Sucedió que el último fin de semana de mayo de 1967 la selección española tenía un compromiso amistoso internacional. Al igual que sucede en la actualidad, La Quiniela no se interrumpió y en lugar de aventurarse con los resultados del Barça o el Madrid, el boleto se compuso con partidos de la liga italiana. Un total de 12 encuentros en lugar de los 14 habituales, debido a que varios fueron suspendidos por condiciones climatológicas adversas.

Diez personas en toda España hicieron pleno y fueron premiadas con casi un millón de pesetas (6.000 euros de la época). Franco y Gil se encontraban entre los afortunados. El boleto de seis columnas que habían sellado por 24 pesetas estaba firmado con el nombre y apellidos del Caudillo. “Comprobado el premio, lo cual causó al Caudillo la misma alegría que a un forofo, mandó a su ayudante Carmelo Moscardó a cobrarla. El boleto, como joya curiosa, lo conserva enmarcado el Patronato Nacional de Apuestas Mutuas», relata el historiador Paul Preston, quien añadió: “Resulta un poco difícil imaginarse a Hitler o a Mussolini haciendo una Quiniela. Pero si los atunes le eran puestos en el anzuelo, en el caso de La Quiniela no hubo ni trampa ni cartón”.

El pleno del Generalísimo

Seguramente ese fue el momento más memorable de una tradición que había nacido en 1946. Gestionada por Loterías y Apuestas del Estado y solo apta para mayores de edad, La Quiniela se convirtió con celeridad en un fenómeno de masas. Se calcula que se han recaudado más de 11.000 millones de euros desde su nacimiento repartidos en más de 2.600 jornadas ligueras. El 55% de la recaudación va destinada a unos premios que siempre dependen de los acertantes del Pleno al Quince y de los acertantes de 14, 13, 12, 11 e incluso 10 aciertos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En España todo ocurrió en el patio trasero de un bar de una ciudad de provincias. En Casa Sota, un bar de Santander regentado por un tal Manuel González Lavín, se celebraban peleas de gallos, combates de boxeo clandestinos y, en 1929, coincidiendo con el inicio de La Liga, se hacían apuestas futbolísticas.

Entre vinos y cigarrillos, a un grupo de fieles a aquel garito de pescadores se le ocurrió intentar adivinar el resultado de los diez partidos de la jornada y poner en marcha una recaudación que se le entregaría al que acertase 10/10. La apuesta era de una peseta y con el tiempo se llegarían a repartir premios de hasta 2.000 duros. El propietario del local también preparó el primer boleto de esa protoquiniela. El boleto era una hoja de papel que se rellenaba con los resultados y se depositaba en una urna en el bar, donde quedaba custodiada. Después, celebrados los partidos, una comisión encabezada por varios elegidos clasificaba los aciertos de las apuestas. Era una operación que duraba unas cuantas horas porque el sistema era complicado; además de acertar quién ganaba el partido, había que acertar también el número de goles de cada equipo.

Lo curioso es que el bar no percibía ningún dinero: todas las pesetas que se apostaban se repartían íntegramente en los premios. Al bar le llegaba con servir copas y más copas ante la increíble afluencia de público. La cosa pronto saltó a la prensa regional y más tarde a la nacional. La idea se extrapoló a Madrid, Barcelona, Bilbao y San Sebastián. Se aceptaban hasta apuestas de mujeres, aunque la mayoría se realizaban con carta, dado que era mal visto que las féminas entrasen a beber y beber en bar de mala fama. Por supuesto, Hacienda se hizo eco del asunto y pronto pasó a recibir el 10% de lo recaudado.

El nombre del citado asunto era Bolsa del fútbol y se replicará en mil lugares hasta el estallido de la Guerra Civil. Como la mayoría de esas bolsas de fútbol se hacían con únicamente cinco partidos, popularmente el boleto pasó a ser conocido como Quiniela (del latín quintus). Tras el fin de la contienda el Régimen prohibirá las apuestas deportivas, pero no podrá impedir que se sigan haciendo en negro y a baja escala. Toca entonces tomar medidas más expeditivas.

El 22 de septiembre de 1946 nacía La Quiniela bajó el auspicio de Loterías y Apuestas del Estado. Se jugaron más de 38.000 boletos y se tardaron cinco días en comprobarlos todos y detectar ganadores (proceso que en la actualidad lleva menos de cinco minutos). Hubo 62 boletos (los dos acertantes de máxima categoría ganaron 9.603 pesetas, que en el presente son 57 euros) premiados que obtendrían el 45% de la recaudación dado que el 55% restante, y aquí viene el quid de la cuestión, iría a parar a las arcas del Estado.

Las dos primeras temporadas La Quiniela se pronosticaba sobre los goles anotados por cada equipo. A partir de la temporada 1948-49 se implantó el sistema 1X2 así como los catorce partidos por boleto. Nació entonces el programa deportivo (carrusel) de los domingos por la tarde. El periodista de turno salía corriendo del estadio cada vez que había un gol para llamar desde una cabina de teléfono al estudio de radio e informar, así, a unos oyentes que soñaban con hacerse millonarios gracias a sus conocimientos futbolísticos.

El gran premio de La Quiniela fue dado en febrero de 1968 en Valbuena de Duero, pueblo vallisoletano. Un tal Gabino fue el único acertante de los 14 y se llevó 181.000 euros de la época, cifra estratosférica. El otro gran premio famoso tuvo lugar en 1980 cuando un paisano de Lugo ganaría 1.250.000 euros de aquel entonces. En todo caso, el premio más alto jamás dado en La Quiniela fue otorgado en 2006 a un tarraconense que se llevó más de nueve millones de euros.

En los años 60 se incorporarán los partidos reserva para solucionar los problemas en el boleto cuando un encuentro era suspendido. Actualmente, la apuesta se realiza sobre una lista de 15 partidos, normalmente nueve de Primera División y seis de Segunda División. Las semanas en las que existen compromisos internacionales de selecciones, se incluyen en el boleto cuatro partidos internacionales (el partido que dispute la selección española y los otros tres más destacados) y los once partidos de la jornada de Segunda División. El último gran cambio tuvo lugar en 2005, cuando se añadió el ‘Pleno al 15’ que desde el 2015 multiplicó su dificultad al tener que acertar el resultado exacto de ese decimoquinto encuentro.

La Quiniela

En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas futbolísticas supera los 25.000 millones de dólares anuales. El problema es que el 70% se realiza de forma online. El siglo XX fue el siglo de gloria para La Quiniela. En el siglo XXI La Quiniela está herida de muerte. En 2010 facturaba más de 540 millones de euros. En la actualidad la cifra supera escasamente los 150 kilos. Este brutal descenso coincide en el tiempo con la liberación del mercado de apuestas deportivas decretado por el Gobierno de Zapatero en 2010 en medio de la crisis financiera. La entrada de operadores privados destrozó por completo a un juego que cumple 80 años de vida.

La Quiniela fue perdiendo el espacio que fue ganando el mundo de las apuestas deportivas, que podían realizarse tanto en casas de apuestas como desde el teléfono móvil a través de aplicaciones especializadas para ello. La llegada de la pandemia supuso otro batacazo que se vio expandido por la proliferación de los llamados juegos fantasy, plataformas en las que grupos de amigos crean sus propios equipos virtuales compitiendo en ligas ficticias en las que los jugadores obtienen puntuaciones en función a las notas de los periódicos deportivos, los goles anotados o las tarjetas recibidas. Construir el equipo de tus sueños y competir virtualmente desde el sofá de tu casa con tu pandilla de amigos a cambio del pago de una cena por parte del perdedor, pasa a ser mucho más atractivo que cubrir un boleto cada fin de semana.

La crisis de La Quiniela también tiene consecuencias directas sobre la financiación del deporte de élite español. Esto se debe a que la regulación fija que la recaudación del Impuesto sobre Actividades del Juego reparta un 45,5% que es distribuido tanto a la LFP como a la RFEF. Este montante es fundamental para el fútbol formativo y, especialmente, para el femenino, cuya supervivencia está ligada a las subvenciones.

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¿Favoritos o sorpresas? ¿Qué países ganaron el Mundial cumpliendo con los pronósticos?

En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.

A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.

Finalísima cancelada

Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.

Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.

URUGUAY 1930

Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.

Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Uruguay 30

ITALIA 1934

Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.

Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.

Veredicto: Error.

Italia: Vencer o morir

FRANCIA 1938

Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.

Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.

Veredicto: Acierto.

Giuseppe Meazza

BRASIL 1950

Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.

Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.

Veredicto: Error.

Gol de Ghiggia: Maracanazo

SUIZA 1954

Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.

Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.

Veredicto: Error.

El milagro alemán

SUECIA 1958

Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).

Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.

Veredicto: Error.

O Rei

CHILE 1962

Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.

Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Garrincha en movimiento

INGLATERRA 1966

Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.

Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Los inventores del fútbol

MEXICO 1970

Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.

Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.

Veredicto: Acierto.

Brasil del 70

ALEMANIA 1974

Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.

Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.

Veredicto: Acierto.

Cruyff y Beckenbauer

ARGENTINA 1978

Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.

Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.

Veredicto: Error.

Argentina 78

ESPAÑA 1982

Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa. 

Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.

Veredicto: Error.

Paolo Rossi

MEXICO 1986

Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.

Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.

Veredicto: Error.

D10S

ITALIA 1990

Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.

Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.

Veredicto: Error.

Alemania unificada

ESTADOS UNIDOS 1994

Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.

Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.

Veredicto: Acierto.

Mazinho, Bebeto y Romario

FRANCIA 1998

Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.

Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Francia multicolor

COREA Y JAPÓN 2002

Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.

Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.

Veredicto: Error.

La resurrección de Ronaldo

ALEMANIA 2006

Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.

Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.

Veredicto: Error.

¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!

SUDAFRICA 2010

Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.

Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.

Veredicto: Acierto.

Tiki-taka

BRASIL 2014

Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.

Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.

Veredicto: Error.

Primer europeo que conquista América

RUSIA 2018

Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.

Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.

Veredicto: Error.

Mbappé y compañía

QATAR 2022

Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.

Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.

Veredicto: Error.

¿El más grande?

NORTEAMERICA 2026

Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.

Campeón: En unos meses lo sabremos.

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La conquista del Polo Sur

Nacido en 1872, hijo de un capitán de la marina, Roald Amundsen decidió que su futuro pasaría por ser explorador polar. En 1905 se convertiría en el primer ser humano en cruzar el gran paso del Noroeste que conecta el Océano Pacífico con el Océano Atlántico. Aquello no tenía entonces utilidad práctica, dado que la mayor parte del año aquella ingente masa de agua estaba bloqueada por el hielo. Era lo de menos. Se trataba de alcanzar la gloria y progresar en el conocimiento y en la manifestación simbólica de la capacidad humana de abarcar el mundo.

La historia había comenzado años antes, cuando el joven Amundsen leía sobre exploradores en la casa que sus padres habían construido al borde de un precipicio. Y es que Roald Amundsen era noruego y vivía en la entrada de uno de los muchos fiordos que embellecen la costa noruega. Aquella casa, por cierto, hubo de ser hipotecada cuando la Sociedad Noruega de Geografía hubiese de aceptar la loca expedición de Amundsen. Aquel intrépido explorador vendió sus pertenencias y solicitó donaciones populares para lograr su objetivo. Tuvo la suerte de que Noruega había obtenido su independencia en 1905 y la realeza noruega puso todo su empeño en que la aventura acabase en buen puerto como una forma de reconocimiento internacional del joven país. Noruega había aprobado el derecho al voto femenino y había creado un seguro sanitario. Era un país vanguardista, pero necesitaba un objetivo que revalorizara su nombre.

El objetivo era plantar la bandera noruega en el Polo Norte.

Pero no.

Había llegado la hora del deporte de masas. Empiezan a construirse estadios de futbol y velódromos en buena parte de Europa y se crean ligas profesionales de fútbol americano, hockey sobre hielo y beisbol en Estados Unidos. Al avanzar el último cuarto del siglo XIX, los periódicos dedican páginas a la información deportiva y promueven y patrocinan competiciones variopintas. Ese fervor de la prensa respondía a una lógica empresarial para vender el relato deportivo. Esto era esencial en el ciclismo, en donde ningún espectador podría contemplar una carrera en su totalidad. En ese contexto, el relato de una carrera de exploradores en competición para ser el primero en llegar a los polos era fascinante.

Y es que era una carrera. En 1904 un tal Adolf Nordenskjöld fue el primero en intentarlo. Naufragó. Pero su expedición tuvo un éxito enorme. Un periodista francés llamado Gaston Leroux, tuvo la feliz idea de ir a su encuentro al puerto español de Vigo a donde fueron remolcados Nordenskjöld y el resto de su tripulación. Fueron tres semanas de convivencia antes de que los aventureros llegasen a Noruega. Aquel relato fue vendido a un periódico francés por fascículos y se considera la primera exclusiva de la historia de la prensa deportiva.

Cuando Nordenskjöld llegó a Noruega ya no tenía nada nuevo que contar. Ya no era noticioso.

A partir de entonces hubo una carrera contrarreloj para llegar al punto abstracto donde la inclinación magnética terrestre es igual a 90º. Esa carrera fue ganada un 9 de abril de 1910 por un ingeniero de la marina estadounidense llamado Robert Peary, quien plantó la bandera de las barras y estrellas sobre el casquete polar. Sin embargo, a su regreso descubrió que otro estadounidense llamado Frederick Cook afirmaba haber llegado al Polo Norte meses antes. Aunque las pruebas de Peary parecían irrefutables e incluso el Congreso de Estados Unidos le había dado el reconocimiento de su hazaña, Cook era multimillonario y pagó a diversos periódicos para ser nombrado vencedor de la carrera. La polémica no cesaría durante varios años y es una de las primeras muestras del poder del sensacionalismo mediático.

Robert Peary

Fuese Peary o fuese Cook, lo que era irrefutable es que Noruega no podría llegar al Polo Norte, lugar que geográficamente le pertenecía. Amundsen pidió audiencia con el rey y lanzó un órdago. El objetivo sería el Polo Sur.

La Antártida.

Amundsen había comprado en Groenlandia cien perros de tiro que podrían servirle tanto como bestias de carga como de alimento. Junto a una veintena de tripulantes se embarcó en el Fram, nombre con el que había bautizado su barco, con el objetivo de llegar al centro geográfico del Polo Sur. Pero hizo algo más. Comprendiendo el valor de los medios de comunicación, hizo llevar a bordo a un camarógrafo profesional para realizar fotografías y grabar películas. El cine acababa de ser inventado y era la prueba más fehaciente de credibilidad.

Pero había que llegar a la Antártida.

La Antártida.

La Antártida es el último continente. Fue el último en bautizarse, el último en representarse y el último en conquistarse. Si en nuestros mapamundis aparece apretujado es solo porque lo vemos en una escala distinta con el sistema clásico de proyección. La realidad es que su tamaño es enorme y representa una décima parte de la masa terrestre del planeta. A principios del siglo XX era el único lugar de la Tierra que permanecía aislado de la voracidad de los Imperios.

Durante siglos lo que se conocía como Terra Incógnita se consideraba un continente utópico poblado por gentes felices. A partir del siglo XVIII se comprendió que lo que allí había eran ballenas y focas felices que pronto dejarían de serlo por las ballestas y barcos de hombres no tan felices.

La conquista del Polo Sur era una epopeya que pretendía rellenar el último espacio en blanco del mapa mundial. También era una expedición científica, pero, esencialmente, era una ambiciosa conclusión a la Era de los Descubrimientos que los europeos habían iniciado en el siglo XV poniendo las bases para el dominio de Occidente y que pretendían cerrar con la Antártida a inicios de siglo XX.

Noruega tenía un poderosísimo rival. El Reino Unido. Los británicos dominaban el mundo. Habían dedicado el siglo XIX a cubrir los espacios en blanco del mapamundi. Si lo que se conocía de África y hasta de ciertas partes de Asia, América y Oceanía eran las costas y tierras próximas, ahora tocaba adentrarse en el corazón de los continentes. A todos nos viene a la cabeza Stanley y Livingstone, pero no fue hasta tan tardía fecha como 1902 cuando una expedición angloamericana redescubriese el Machu Picchu, lugar de esplendorosa belleza al que no consiguieron llegar los españoles con el transcurrir de los siglos.

El Reino Unido estaba en su apogeo. Acaba de finalizar la Era Victoriana. La conquista del Polo Sur era el último refugio en la cultura de la exploración y cautivó al súbdito británico. Era una conquista sin dominación, sin exterminio, sin derramamiento de sangre. Era una conquista dotada de pureza y eso, para la rígida, monolítica y puritana sociedad británica, era música para sus oídos.

Además de británicos y noruegos, también japoneses y franceses se sumaron a la competición. Y eso gustaba. Gustaba a la gente y a los medios. En 1896 se habían puesto en marcha los Juegos Olímpicos y, aunque esa no había sido la idea inicial, pronto se vio que era escenario ideal para fomentar las rivalidades nacionales. Los anillos olímpicos representaban los cinco continentes y había un sexto que conquistar. En 1908 se habían celebrado en Londres. Para 1912 tendrían lugar en Estocolmo. Los países escandinavos y el Imperio Británico presumían de logros. Y la Antártida era lugar ideal para demostrarlo.

Cuando Amundsen se puso en marcha decidió escribir un diario de a bordo. Tanto las fotografías, como las películas, como el diario no tenían valor científico, pero le podrían hacer ganar el valor del relato. Amundsen traza recetas de pingüino con bechamel o de ragú de foca, describe amaneceres prodigiosos, pero se cuida mucho y bien de hablar de que los tripulantes del Fram que llegaron a comerse a sus propios perros. Escribía por y para la audiencia.

En el otro lado del ring estaba Robert Falcon Scott, oficial de la Royal Navy británica, naturalista y geofísico. Su expedición era meramente científica y había llegado a un acuerdo con Amundsen para apoyarse mutuamente. En teoría Amundsen iría primero al Polo Norte para coger unas muestras naturales que luego habría que comparar en el Polo Sur. Una vez hecho el trabajo, Amundsen y Scott irían codo con codo y ambos ostentarían el honor de ser los primeros en pisar el centro geográfico del Polo Sur. Se plantarían banderas de Reino Unido y Noruega tras un acuerdo apalabrado por las casas reales de Londres y Oslo.

Ese era el plan general.

No era el plan de Amundsen.

Amundsen nunca se planteó ir al Polo Norte y puso rumbo a la Antártida de inmediato. Su objetivo era llegar al Polo Sur antes que nadie. Y nadie tenía que saberlo. Ni siquiera Scott.

El 17 de enero de 1912 los hombres de la expedición de Scott llegaron al Polo Sur. Meses atrás les habían informado de la traición de Amundsen y se habían puesto manos a la obra en solitario. Con mucho sufrimiento habían cumplido con el objetivo. Extenuados por un viaje durísimo, no pudieron más que sollozar cuando vieron a lo lejos ondeando una bandera noruega. Roald Amundsen había llegado antes. Concretamente dos meses antes. El 14 de diciembre de 1911. En un alarde de crueldad, Amundsen les había dejado una carta al pie del mástil de la bandera en la que felicitaba a Scott por ser segundo y le pedía que comunicara a todos su hazaña, porque él había decidido tomarse la vuelta con calma y darse un largo paseo por la Antártida.

La conquista del Polo Sur

Scott nunca tendría tiempo a propinarle a Amundsen un puñetazo en la cara dado que tanto él, como todos los miembros de su expedición, perecerían víctimas del frío durante el camino de vuelta. Scott maldeciría haber escogido ponis de Mongolia en vez de perros de Groenlandia. Apostó por la velocidad, en lugar de por la durabilidad. Los caballos de Scott tenían que cargar sacos con avena para su alimentación, lo cual aumentaba su peso y sus posibilidades de hundirse en la nieve. Otra desventaja era que a los caballos el sudor se les congela en la piel, mientras que los perros son capaces de regular su temperatura corporal sin sudar.

Todo esto se sabrá muchos meses más tarde cuando se localice el cadáver congelado de Scott junto a varias fotografías y la carta de Amundsen. En 1913 se le hizo un funeral conmemorativo en la catedral de San Pablo de Londres y su trágica historia de héroe británico de los hielos pasaría a ser lectura escolar de carácter obligatorio.

¿Y Amundsen? 

Ante la falta de premura en las comunicaciones, el éxito de Amundsen no fue anunciado públicamente hasta marzo de 1912, cuando su expedición arribó en Australia. Todo su viaje sería narrado en un libro y semanas después sería recibido como un héroe en Noruega donde fue agasajado por el rey con esplendidos honores. En el Reino Unido, lo que en esos momentos cabía decir que era medio mundo, Amundsen fue tildado de sádico, pero su labor propagandística y el éxito de su libro hicieron que pronto se olvidase su egoísmo.

Amundsen vs Scott

Convertido en celebridad, Amundsen cambió el mar por el aire. Junto al ingeniero italiano Umberto Nobile se propuso sobrevolar en dirigible tanto el Polo Sur como el Polo Norte. Como no podía ser de otra forma pronto surgieron las desavenencias y la pareja separó sus caminos. Ambos se disputarían el honor de ser los primeros en haber surcado el Ártico en un Zeppelin hasta que Nobile desaparezca en el viaje de vuelta. Quién sabe si con remordimiento de conciencia por lo sucedido con Scott, el caso es que Amundsen formará parte del equipo de rescate que salió en un hidroavión en busca de Nobile y que el 18 de junio de 1928 se estrellará en una isla del mar de Barents. El cuerpo de Amundsen nunca será encontrado. No así el de Umberto Nobile, quien fue arrastrado por el mar a la costa noruega y que increíblemente se salvaría de la muerte.

Lo que está destinado para ti, tarde o temprano llega a tu vida.

Polo Sur

Fue en 1911. El fin. Fue cuando se rellenaron los últimos espacios en blanco del mapa. Desde entonces el mundo es finito. La conquista del Polo Sur fue un hito que coincidió en el tiempo con la invención de las prácticas deportivas reguladas y los relatos novelescos periodísticos. Coincidió al mismo tiempo con la invención del cinematógrafo y del avión. El mundo era distinto. Completamente distinto en el espacio-tiempo.

Al ser el mundo finito, se comenzó a mirar hacia las estrellas. La fe comenzó a perder adeptos a velocidad constante y el hombre pasó a ser el centro del universo. La vuelta al mundo (a vela, en coche, andando o hasta en avión) pasó a ser la nueva aventura. El ser humano se dispuso a conquistar el tercer polo, el polo en vertical, su punto más alto, y en 1953 se llegó al Everest. Dieciséis años más tarde el ser humano ponía el pie en la Luna. La conquista de los Polos fue el inicio del fin del mundo inexplorado. Inauguró una nueva era de conocimiento de la Tierra.

Fue la conquista del Polo Sur y la aceptación de que el mundo es finito y diminuto en comparación con la inmensidad del universo lo que ayudó a un cambio en el paradigma. Desde entonces se crearon los primeros parques naturales para conservación de la naturaleza y se crearon comunidades geopolíticas de ámbito global como la Sociedad de Naciones. Fue, en fin, cuando comenzaron a derretirse los casquetes polares y el ser humano comprendió que forma parte de una comunidad con un mismo destino y enfrentada a una misma amenaza, para lo cual es necesario una unidad de acción.

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La desconocida historia de Perico Escobal

La década de 1920 no fue excesivamente positiva para el Real Madrid. La Liga no se constituyó hasta 1928 y, por supuesto, no había comenzado el idilio merengue con una Copa de Europa que aún no estaba ni en la mente de ninguno de sus creadores. Así pues, no había nada más glorioso por aquel entonces que vitorear en la Copa del Rey. Lo más cerca que estuvo de ganarla el Real Madrid en aquellos años fue en 1924 cuando cayó en la final con el entonces poderoso Real Unión de Irún. Militaba en aquel equipo blanco uno de los que puso las neuronas a trabajar para crear la Copa de Europa décadas más tarde. Respondía al nombre de Santiago Bernabéu. Ocurre que aquel Bernabéu futbolista no mandaba. El que dirigía el cotarro era un central enorme de los que primero pegaba y luego pedía perdón. Era el capitán del Real Madrid y obedecía al nombre de Patricio Escobal.

Patricio Perico Escobal había nacido en Logroño en 1903. Era de familia bien y fue enviado a Madrid para estudiar primero en los Jesuitas y después sacarse la carrera de Ingeniería Industrial. Sus 190 centímetros, exageradamente largos para la época, llamaron la atención del Madrid que lo incorporó a su plantilla en 1921 cuando contaba con 18 años. Digo incorporar, ya que entonces no se fichaba debido a que el fútbol era amateur.

Escobal fue pronto conocido en Chamartín como Faquir, por su fama de galán, buen conversador y por una cultura muy superior a la que por entonces tenían los futbolistas. Perico sería el capitán del Real Madrid prácticamente desde su llegada y a pesar de su juventud, debido a la ascendencia que tenía sobre sus compañeros. Será el capitán el día que se inaugure el estadio de Chamartín dejando atrás el Velódromo de Ciudad Lineal. Décadas después de su retirada los aficionados del Real Madrid aun gritaban “viva Escobal” cada vez que un central despejaba un balón con un punterazo hacia las gradas en recuerdo del bueno de Perico. Todo lo fino que era fuera del campo lo era de rudo dentro del rectángulo de juego.

Escobal cogería una enfermedad infecciosa en 1927 teniendo que dejar el fútbol la temporada siguiente, justo a tiempo licenciarse. Aún le daría pie para intentarlo una temporada en el Real Madrid para acabar sus días como futbolista en su Logroño natal. Es 1934. Ese año obtenía su plaza como funcionario de ingeniero en el ayuntamiento de Logroño donde también hubo de recibir un homenaje dado que diez años antes, en 1924, había sido el primer deportista riojano en disputar unos Juegos Olímpicos.

Perico Escobal

Antes de que la II República se hiciese con el poder en 1931, Escobal ya había demostrado su compromiso político. En 1928 había sido nombrado el presidente de la recién creada Asociación Profesional de los Trabajadores del Fútbol. El resultado fue el veto para acudir a los Juegos Olímpicos que ese año se celebraron en Ámsterdam. Luego, se afiliaría a Izquierda Republicana, el partido político de Manuel Azaña, y con el carnet del partido logró su plaza en el ayuntamiento de Logroño. Cuatro meses más tarde de obtener la plaza es echado de su puesto por los conservadores de la CEDA. Tendrá que pleitear para que le devuelvan lo que en verdad le corresponde, pero por el camino hará las maletas y regresará a Madrid en busca de trabajo.

Llegamos pues en esta historia a febrero de 1936. El Frente Popular, una variopinta coalición de izquierdas, gana las elecciones legislativas en España. Perico Escobal vuelve a su plaza en el ayuntamiento de Logroño no sin antes pasar un par de semanas en el calabozo por insurrecto. Es indemnizado por despido procedente y parece que podrá retomar su vida con total normalidad. Así sucederá hasta que llega el 19 de julio del citado año. El bando golpista, llamado también nacional, toma el control de Logroño y tres días más tarde el Gobierno Civil de Logroño lo va a buscar a su casa acusado de ser contrario al “Glorioso Movimiento Nacional”. Le abrieron un expediente para incautarse de sus bienes, le fue revocada una vez más su plaza de funcionario e inmediatamente fue puesto bajo arresto.

Sin comida, sin posibilidad de asearse y con las ratas deambulando por las celdas, a Perico le sería diagnosticada una tuberculosis que le acarrearía de por vida problemas de espalda. Y es que Perico (ojo viene spoiler) sobrevivió. Sobrevivió a las penurias de la cárcel. Y serían hasta tres presidios distintos con noches en vela a la espera de ser llamado por un pelotón de fusilamiento.

¿Por qué no fusilaron a Perico Escobal? La respuesta es la que todos los que ahora están leyendo esto se imaginan. Porque Perico Escobal había sido capitán del Real Madrid. El responsable de las ejecuciones en la Rioja Alta era Domingo Gómez-Acedo, un ex futbolista del Athletic quien formó parte de la primera selección española de fútbol, aquella que logró una histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes. “Insincero y fanfarrón, pero un gran jugador con el balón en los pies”, dejaría escrito Escobal sobre Gómez-Acedo.

Aquel primer golpe de suerte tendría continuidad. A los pocos meses recalaría en Logroño el general Gastone Gambara, quien procedente de la Italia fascista pasaría a ser alojado en un caserío propiedad de los suegros de Escobal. Al parecer Gambara habló con el también general y jefe de Propaganda Millán Astray en persona para conmutar la pena de cárcel de Escobal por un arresto domiciliario que le permitía a Gambara hablar de fútbol  con el ex capitán blanco cuando no estaba ocupado de mandar sus tropas italianas en ayuda de Franco y sus correligionarios.

Escobal estaría casi dos años recluido en su casa vigilado siempre por una pareja de guardia civiles. En 1939 terminó la Guerra Civil y a Gambara lo premiaron con el puesto de embajador de Italia en España. Pronto presionó para anular la condena de Escobal de cadena perpetua y tramitó la documentación para que Perico y su familia pudiesen poner rumbo al exilio.

Con bastón y un corsé para su maltrecha espalda, con la moral por los suelos y sin saber papa de inglés, Escobal acabó en Cleveland tras hacer escala en Cuba. Era 1940. Allí estaría un par de meses viviendo en la casa de un hermano de su mujer hasta que se asentó en Nueva York, donde comenzó a trabajar en una tienda de electrodomésticos.

Hubo de esperar década y media para conseguir convalidar su licenciatura en Ingeniería hasta que en 1957 empezó a trabajar en la oficina de Gas y Electricidad del Ayuntamiento de Nueva York. Será condecorado por su labor en la remodelación del alumbrado del barrio de Queens. Su hijo, reputado matemático, formará parte del equipo de la NASA que llevó al ser humano a la Luna. Perico volverá únicamente un par de veces a España. Una durante el Franquismo, cuando le permitieron un viaje con billete de vuelta para asistir al sepelio de su madre, y otra, ya en 1982, cuando viajó a Logroño y de paso acudió al Bernabéu para ver un partido del Mundial de 1982. Nunca más volverá a España y fallecerá en Nueva York en 2002, a los 99 años de edad. Un condenado a muerte que murió de viejo.

Escobal en sus últimos años

Y con todo, lo más relevante de la vida de este sufrido capitán del Real Madrid ocurrió sin que nadie en España fuese consciente de ello. En 1968 Perico Escobal publicó Death Row: Spain 1936 (El corredor de la muerte: España 1936). Escobal había empezado a escribir sus memorias durante su estancia en prisión, pero hubo de tirar sus notas por un retrete cuando vio que un soldado pesquisaba sus propiedades dentro de la celda. Al poco de llegar a Estados Unidos decidió retomar la escritura de un libro que causó un tremendo impacto en tierras americanas. Escobal hablaba con detalle de las condiciones inhumanas de las celdas y da nombre y apellidos de opresores y oprimidos. Lo desgarrador del relato y la notable calidad del texto hicieron del libro un superventas en Estados Unidos en un momento donde se cuestionaba muy y mucho la existencia de la dictadura franquista. El libro no sería traducido al español hasta 1981, seis años después del fallecimiento de Franco, pero pasará sin pena ni gloria por las librerías de un país que en aquel momento lo único que deseaba era olvidar y pasar página.

“Te sacaban al patio. El aire fresco de la noche entraba en tus pulmones abiertos. Oías voces y risotadas. Los ojos apagados. Salva amarga con hiel llena la boca. Mascaba la muerte. La resignación hace su aparición. De pronto un ruido. Un empujón. Uno de los guardias me empujó con violencia al suelo diciendo entre las risas de sus compañeros que hoy no tocaba, que mañana será otro día”. Perico Escobal describiendo una noche cualquiera en la que era sacado de la cárcel camino del pelotón de fusilamiento.

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