historia

¿Cuál es la mejor temporada de los mejores equipos de la Liga?

En la primera parte del presente artículo indagué sobre cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Liga. Irremediablemente el resultado final tenía que darse entre FC Barcelona y Real Madrid. Los éxitos de estos dos colosos hacen sombra al de equipos más modestos que también tuvieron días de vino y rosas. En esta segunda parte me he propuesto buscar la mejor temporada de los mejores equipos del fútbol español.

He seleccionado a los 20 mejores equipos según la tabla clasificatoria histórica de la Liga. El sistema será el mismo que el propuesto anteriormente con una notable salvedad. Se premiará a aquellos que se hayan proclamado campeones ligueros independientemente del % de puntos logrados. De esta manera el RC Deportivo campeón en el año 2000 con el 58’4% de los puntos está mejor valorado que el 60’1% de puntos logrados por el RCD Mallorca de la campaña 2000/01, que apenas pudo quedar en tercera posición.

Del mismo modo se ha premiado un mejor puesto clasificatorio que un mayor % de puntos. Así pues, se ha valorado el 66’1% de puntos del RCD Espanyol de la campaña 1972/73 que le valió la tercera posición en detrimento de una mayor puntuación en el curso 1995/96 que, sin embargo, únicamente les sirvió para clasificarse en cuarto lugar.

Por último, es interesante señalar que al optar por hacer una clasificación de 20 equipos (número tradicional de escuadras en España desde hace cuatro décadas) se han descartado otras campañas meritorias de equipos más modestos. Por significativa y por reciente señalemos como más importante la del Girona FC, que en la temporada 2023/24 sumó un 71% de los puntos en juego para finalizar en una majestuosa tercera posición con un average de +39.

Vamos pues con las mejores temporadas de los veinte equipos más representativos en los cerca de cien años de Liga española:

20 Real Zaragoza (1974/75) 3º puesto (+11 average) 55’8%: El Real Zaragoza cuenta con dos épocas doradas. En la década de los 60 el equipo de los llamados magníficos liderado por el gallego Marcelino logró ganar dos veces la Copa y triunfar en Europa. Tres décadas más tarde los Belsué, Aragón, Esnáider y compañía bajo dirección de Víctor Fernández repitieron hazaña. No obstante, ninguno de esos equipos logró superar la tercera plaza en Liga. La única vez que los zaragozanos consiguieron el subcampeonato fue en la temporada 1974/75. Era la época de los Zaraguayos cuando en el equipo destacaban Lobo Diarte, Cacho Blanco o Nino Arrúa, el excepcional mediapunta paraguayo, y el capitán José Luis Violeta, el único superviviente de la era dorada. El Real Zaragoza hizo una lamentable campaña a domicilio donde únicamente fue capaz de ganar en dos encuentros, sin embargo, se mantuvo invicto en La Romareda donde destacó la histórica victoria por 6-1 ante el Real Madrid, a la postre campeón liguero. Once ideal: Irazusta; Rico, González, Ovejero, Blanco; Violeta, Nino Arrúa, Planas II, García Castany; Lobo Diarte y Rubial. Entrenador: Luis Cid Carriega.

Los Zaraguayos

19 Real Valladolid (1988/89) 6º puesto (-2 average) 56’5%: Los pucelanos tuvieron en la década de 1980 la mejor época de su historia. Inauguraron estadio aprovechando que España organizó el Mundial de 1982 y lograron en 1984 la hoy desaparecida Copa de la Liga. Asentados en Primera, contrataron un par de temporadas más tarde al chileno Vicente Cantatore como entrenador, firmaron al malagueño Fernando Hierro y sacaron de la cantera a un par de buenos jugadores. Con esos mimbres en la temporada 1988/89 el Real Valladolid logró su mejor clasificación liguera al quedar en sexta posición y además jugar una histórica final de Copa que acabó perdiendo ante el Real Madrid de la Quinta del Buitre. Los pucelanos basaron su éxito en un fútbol defensivo que les reportó un total de catorce victorias por 1-0 (siete en casa y siete a domicilio). Su fútbol raquítico no fue óbice para ser recordado en Valladolid pasados cerca de cuarenta años. Once ideal: Ravnic; Lemos, Albesa, Gonzalo, Patri; Albis, Fernando Hierro, Peña, Minguela; Jankovic y Fonseca. Entrenador: Vicente Cantatore.

El Valladolid de Hierro

18 CA Osasuna (2005/06) 4º puesto (+9 average) 59’6%: Bajo la batuta del mexicano Javier Aguirre en la temporada anterior el CA Osasuna había alcanzado por vez primera en su larga historia una final de la Copa del Rey. Aquel equipo, asentado en Primera, tuvo en la temporada 2005/06 una campaña excepcional en la que combinó de igual forma las victorias en casa como a domicilio. Quedó en cuarta posición y consiguió vencer en 21 partidos, uno más que el Real Madrid, el cual acabó como subcampeón liguero. A pesar de perder a Pablo García y a Aloisi en el verano anterior, al cabo de diez jornadas el Osasuna marchaba líder del campeonato, marcha que no pudo mantener, aunque logró una histórica clasificación para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Ricardo; Javier Flaño, Josetxo, Carlos Cuéllar, Corrales; Puñal, David López; Delporte, Raúl García, Webó; Milosevic. Entrenador: Javier Aguirre.

Javier Aguirre

17 RC Celta (1947/48) 4º puesto (+11 average) 59’6%: Entre los doce equipos que más temporadas han militado en Primera el único conjunto que jamás ha quedado entre los tres primeros clasificados es el RC Celta. Los vigueses vivieron sus mejores años entre la última década del siglo pasado y la primera del actual sumando dos finales perdidas de Copa del Rey. Liderados por el ruso Aleksander Mostovoi, el RC Celta logró acabar cuarto y clasificarse para la Copa de Europa en la temporada 2002/03. Sin embargo, su mejor campaña histórica tuvo lugar en la temporada 1947/48 donde también acabaron cuartos, pero con mejor diferencia de goles y además se logró el subcampeonato de Copa. El Celta inició el campeonato como líder durante las seis primeras jornadas con una fortaleza inaudita en Balaídos donde tan sólo cedió un empate. Se venció al Athletic (5-1), Gimnástic (5-0), Real Madrid (4-1) y al FC Barcelona, a la postre campeón, por 3-2. El gallego Pahíño fue el Pichichi con 23 tantos, lo que valió ser fichado por el Madrid al verano siguiente junto al mediocentro Miguel Muñoz, con el tiempo leyenda en el Paseo de la Castellana. Once ideal: Simón; Alonso, Gaitos, Mesa; Miguel Muñoz, Yayo; Vázquez, Zubeldia, Pahiño, Retamar y Hermidita. Entrenador: Ricardo Zamora.

Pahiño

16 RCD Mallorca (2000/01) 3º puesto (+ 18 average) 60’1%: Tras llegar sorprendentemente a la final de la Recopa en 1999 con Héctor Cúper a los mandos, todos esperaban que el RCD Mallorca volviese a su tradicional perfil bajo, Sin embargo, tomará las riendas del equipo Luis Aragonés para mejorar año a año los límites bermellones. Su temporada 2000/01 fue de menos a más, llegando incluso al último puesto en las primeras jornadas. Su remontada se basó en su fortaleza en casa donde tan sólo perdió un encuentro, aunque también logró una prestigiosa victoria en el Santiago Bernabéu (0-2). El laurel de aquel Mallorca se basó en la gran sintonía de profesor-alumno y de padre-hijo al mismo tiempo entre Aragonés y el camerunés Samuel Eto’o. El veterano Miguel Ángel Nadal y el fantasista Ariel Ibagaza eran los otros puntales de aquel equipo que logró clasificarse para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Leo Franco; Olaizola, Nadal, Fernando Niño, Miquel Soler; Marcos, Engonga; Finidi, Ibagaza, Luque; Eto’o. Entrenador: Luis Aragonés.

Samuel Eto’o

15 Racing de Santander (1930/31) 2º puesto (+12 average) 61’1%: Viajemos a los albores de la competición. Liga de diez equipos. Athletic y Barça como señores de la competición, pero hay sitio para advenedizos. El entrenador es el inglés Robert Firth, que un par de años después llevará al Real Madrid al título de Liga. Entonces el Racing consiguió empatar a 22 puntos con el Athletic y sólo la mejor diferencia de goles de los bilbaínos hizo que éstos fuesen campeones. La Real Sociedad acabó tercera con los mismos puntos, en una demostración de superioridad de los equipos del norte (cinco vascos, tres catalanes, un cántabro y el Real Madrid). El Racing ganó 4-7 en San Sebastián, pero cayó por 7-1 en San Mamés lo que lastró sus opciones de título. Telete González fue su jugador más destacado al anotar 13 tantos en 11 partidos. Once ideal: Solá; Mendaro, Hernández, Ceballos; Baragaño, Larrinaga; Larrinoa, Telete, Cisco, Santi Zubieta e Ibarra. Entrenador: Robert Firth.

Racing 30/31

14 Sporting de Gijón (1978/79) 2º puesto (+15 average) 63’2%: Liderados por Enrique Castro ‘Quini’, quien no fue Pichichi ese año, pero sí lo había sido dos veces antes y aun lo sería en otras tres ocasiones después, el Real Sporting completó en la temporada 1978/79 la mejor de su historia logrando el subcampeonato liguero. Tras vencer en la primera jornada al Atlético (4-1) se colocó líder hasta que en la cuarta jornada el Real Madrid se alzó con el liderato. El mano a mano entre el grande y el pequeño se mantuvo hasta que en la segunda jornada de la segunda vuelta la derrota del Madrid en el Camp Nou y la victoria del Sporting ante la Real Sociedad devolvía a los asturianos a la primera plaza. Así se mantuvo el Sporting hasta que en la jornada 27ª reciben en El Molinón al Real Madrid. El partido es bronco y hay una retahíla de errores arbitrales que favorecen a los madrileños, quienes vencen por 0-1 con gol de Santillana. Cabreados, las cerca de 40.000 personas que se apiñan en el recinto gijonés comienzan a gritar ‘Así, así, así gana el Madrid`, un cántico que se hará célebre entre los antimadridistas y al que los madridistas le darán la vuelta y usarán para festejar las grandes victorias merengues. A partir de ese momento, el Sporting ya no dará seguido el ritmo del Real Madrid y comenzará a flaquear fuera de casa. En El Molinón sólo perdió el citado partido ante el Madrid, y la prueba es que su fortaleza como local le había llevado a ser campeón invernal. Once ideal: Castro; Redondo, Doria, Rezza, Cundi; Ciriaco, Mesa, Joaquín; Ferrero, Quini y Morán. Entrenador: Vicente Miera.

Sporting 78/79

13 UD Las Palmas (1968/69) 2º puesto (+11 average) 63’3%: Fundado en 1949, la UD Las Palmas no logró ascender a la primera categoría hasta 1964. En ese equipo estaban Tonono, Germán y Paco Castellano, los mismos que poco después, en la campaña 1968/69, lograrían un sorprendente subcampeonato liguero. Ya el año anterior los canarios habían quedado en tercera posición, mas en esta ocasión además de subir un peldaño se clasificarán por vez primera para una competición europea. La UD Las Palmas se colocó en segunda posición al poco de comenzar el campeonato siempre detrás del Real Madrid y, aunque meritorio fue el subcampeonato, lo cierto es que en ningún momento estuvo capacitado de superar a los blancos. Sólo el Real Madrid ganó en el Insular, donde cayeron Real Sociedad (4-0) o Córdoba CF (4-0), además de asaltar el Camp Nou con una prestigiosa victoria ante el Barça (1-2). Once ideal: Oregui; Martín Marrero, Tonono, Paco Castellano, José Luis; Gilberto, Guedes, Justo Gilberto, Germán; José Juan y León. Entrenador: Luis Molowny.

Las Palmas 68/69

12 Real Oviedo (1935/36) 3º puesto (+16 average) 63’6%: Los aficionados carballones recuerdan con devoción el primer lustro de la década de 1990 cuando el Real Oviedo llegó a disputar competiciones europeas. Sin embargo, el gran Oviedo fue el que se dio en época de la II República. Con poderío económico, gracias a la pujanza de la minería asturiana, el Real Oviedo conformó una delantera de ensueño en la que su líder era Isidro Lángara, entonces el mejor delantero de España y quizás del mundo. En las tres temporadas anteriores al estallido de la Guerra Civil fue el máximo goleador de la Liga con registros asombrosos. En la campaña 1935/36 anotó 28 goles en 21 partidos (47 goles en 31 partidos en todas las competiciones). En esas tres campañas la llamada delantera eléctrica conformada por Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín llevó al Real Oviedo a ser siempre el equipo más goleador con una media de 2’88 tantos por choque. Ese año se venció a RCD Espanyol, Hércules y Osasuna (5-2) o fuera de casa al Racing de Santander por 2-6. La locura ofensiva hacía que cuando se perdía se hiciese con múltiples goles por delante. Fue el caso de las derrotas ante el Barça (5-2) o en Chamartín (5-4). Aquel equipo se rompió al estallar la Guerra Civil y hubo de volver a empezar en 1939 sin Lángara (con sólo 23 años) y sin competir durante una temporada, ya que la destrucción del campo de Buenavista en un bombardeo hizo que el Real Oviedo declinase participar en la Liga 1939-40. Once ideal: Óscar; Pena, Riera; Sirio; Castro, Soladrero; Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Entrenador: José María Peña.

Isidro Lángara

11 Villarreal CF (2007/08) 2º puesto (+23 average) 65’2%: Campeón de la Europa League en 2021 y semifinalista de la Copa de Europa en 2006 y 2022, el Villarreal CF tuvo como mejor temporada, en una retahíla de años gloriosos, la campaña 2007/08. Tan sólo el Real Madrid fue superior a un equipo que, por ejemplo, ganó hasta cinco partidos más que Barça y Atlético para lograr el subcampeonato. Pronto se demostró que los castellonenses serían el contendiente del Madrid tras ganar en casa al FC Barcelona (3-1) en un gran partido del turco Nihat y más lo serían en la segunda vuelta cuando asalten el Camp Nou (1-2). El Villarreal CF también logró victorias de prestigio ante Atlético (3-0) y Valencia CF, rival regional, a quienes vencieron por 3-0 en casa y por 0-3 en Mestalla. Sin embargo, cayeron estrepitosamente por 0-5 en casa ante el Real Madrid en una de sus dos únicas derrotas en El Madrigal. Manuel Pellegrini fue escogido como mejor técnico del campeonato y Marcos Senna como mejor jugador, lo que valió una nacionalización exprés para convertir al pivote brasileño en pieza fundamental del título europeo logrado por la selección española en el verano de 2008. Once ideal: Diego López; Javi Venta, Cygan, Godín, Capdevila; Pirés, Senna, Cani, Cazorla; Nihat y Rossi. Entrenador: Manuel Pellegrini.

Villarreal 07/08

10 RCD Espanyol (1972/73) 3º puesto (+21 average) 66’1%: Estadísticamente hablando la mejor temporada del Espanyol fue el curso 1995/96. Jordi Lardín y Toni llevaron a los barceloneses a un cuarto puesto que supo a poco porque durante la primera parte del campeonato estuvieron entre los dos primeros clasificados. No obstante, la única vez que el Espanyol logró encaramarse al pódium de la Liga fue en la campaña 1972/73. A falta de seis jornadas para el final los catalanes eran líderes. Fue una Liga atípica donde el Real Madrid se descolgó rápidamente y Atlético, Barça y Espanyol fueron alternándose en el liderato. Los tres acabaron la Liga con los mismos partidos perdidos (seis), pero el Espanyol sumó demasiados empates que lo lastraron para la cuenta final. En Sarriá no cedió ninguna derrota e incluso se permitió vencer en el Camp Nou (0-1). Fueron sus duelos ante rivales inferiores lo que lastraron sus posibilidades ya que fueron incapaces de ganar en Burgos, Coruña o en Sevilla ante el Betis, los tres conjuntos que acabaron descendiendo. Once ideal: Borja; Granero, De Felipe, Ochoa, Glaria; Pepín, Solsona, Poli; Amiano, José María y Roberto Martínez. Entrenador: José Emilio Santamaría.

Espanyol 72/73

9 RC Deportivo (1999/00) 1º puesto (+22 average) 58’4%: El campeón más barato de la historia. Ese es el Dépor. Pero campeón, al fin y al cabo. Su mejor campaña había ocurrido un lustro atrás, en el curso 1993/94, cuando el equipo dirigido por Arsenio Iglesias firmó una campaña excepcional cediendo sólo cuatro derrotas y 18 goles en contra, pero el famosísimo penalti de Djukic fallado en el último minuto de la última jornada le dio el título al Barça de Cruyff por diferencia de goles. Aun sin ser tan brillante, la temporada 1999/00 le dio al Dépor el ansiado título de Liga. El Dépor se puso líder en la duodécima jornada y así se mantuvo hasta el final, pero el camino fue todo menos un baño de rosas. Lo que se lograba en casa se perdía a domicilio. En Riazor el Dépor goleó a Real Madrid y Sevilla FC (5-2) o al Atlético (4-1), pero fuera de casa sólo consiguió amarrar tres triunfos. Javier Irureta había llegado un año antes al banquillo coruñés con la intención de españolizar al equipo y poner cloroformo a un vestuario propenso a explotar. Lo logró a base de triunfos, pero aquel doble pivote que a domicilio se convertía en un hermético trivote estuvo a escasas gotas de derramar el vaso de la paciencia del vestuario y de los aficionados. El Dépor fue campeón con 11 derrotas y 9 empates en 38 jornadas ligueras. Dio igual. Una Liga con el Dépor es como ganar diez con el Real Madrid, como diría Fran, capitán y único gallego de aquel equipo legendario. Once ideal: Songo’o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Mauro Silva, Flavio Conceiçao; Víctor, Djalminha, Fran; Makaay. Entrenador: Javier Irureta.

Y Donato dio la Liga

8 Real Sociedad (1981/82) 1º puesto (+25 average) 69’1%: En el año 1980 la Real Sociedad hizo la campaña perfecta…hasta que en la penúltima jornada perdió en el Sánchez Pizjuán su único partido del año y de rebote cedía el título al Real Madrid. Parecía una oportunidad de la que jamás volverían a disfrutar Arconada, Satústregui, Zamora y compañía, pero no fue así. Los donostiarras ganaron la Liga en 1981 y 1982. Ambos fueron finales igual de agónicos. En 1981 un gol de Zamora en el minuto 89 del último partido les daba el título a los vascos por diferencia de goles ante el Real Madrid. En 1982 la Real hubo de ganar en Atocha al Athletic (2-1) para superar al Barça por dos puntos. En esa temporada 1981/82 la Real sólo cedió dos empates en Atocha siempre en partidos bravos y de pocos goles que le valdrían a Luis Arconada su tercer trofeo Zamora alcanzado de forma consecutiva. A aquel equipo aun le quedarían una semifinal de Copa de Europa y un título de Copa del Rey para cerrar una década prodigiosa. Once ideal: Arconada; Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola; Diego, Zamora, Perico Alonso; Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Entrenador: Alberto Ormaetxea.    

La Real de Arconada

7 Sevilla CF (1945/46) 1º puesto (+16 average) 69’2%: Si el Real Madrid es el rey de Europa se puede decir que el Sevilla CF es el príncipe. Hasta siete Europa League (la antigua Copa de la UEFA) poseen los andaluces, todas logradas en quince años entre 2006 y 2023. El desempeño sevillista en el siglo XXI suma incluso un récord de 77 puntos para un cuarto puesto en Liga en 2021. Con todo ello, el Sevilla CF tiene que irse al blanco y negro para recordar la única vez que se proclamó campeón de Liga. Fue en la temporada 1945/46. Los sevillistas habían fichado a un navarro de nombre Juan Arza que pronto será bautizado como El niño de oro. La Liga fue un duelo de a tres entre Barça, Athletic y sevillistas que se saldó a favor de estos últimos en las dos últimas jornadas. El Sevilla CF ganó al Real Oviedo mientras el Athletic caía sorprendentemente frente al Alcoyano y el Barça no pasaba del empate en Castellón en la penúltima jornada. En la última fecha los andaluces visitaban Barcelona y con un empate lograrían proclamarse campeones. Así lo hicieron (1-1) y celebraron un título al que añadieron el de la Copa del Rey dos temporadas más tarde. El técnico era Ramón Encinas, quien ya había logrado la gloria con el Valencia CF. Once ideal: Busto; Joaquín, Villalonga, Antúnez; Alconero, Eguiluz; Herrera, Arza, Araujo, José López y Campos. Entrenador: Ramón Encinas.    

Juanito Arza camino de los 90 años

6 Valencia CF (1941/42) 1º puesto (+41 average) 76’9%: En la retina de los aficionados está el glorioso primer lustro del presente siglo que vivió el Valencia CF. Disputó dos finales consecutivas de Copa de Europa y logró la Liga en 2002 y 2004 bajo la dirección de Rafa Benítez y con jugadores como Cañizares, Ayala, Albelda, Baraja o Aimar. Seis títulos ligueros tienen los valencianos y tres de ellos fueron logrados en la década de 1940, por lo que es justo echar la mirada atrás. El primero de ellos tuvo lugar en 1942 el cual fue, además, el título logrado con mayor porcentaje de puntuación. Bajo la presidencia de Luis Casanova el Valencia CF cosechó el título de Copa en 1941 antes de ganar la Liga al año siguiente. En la delantera brillaban los vascos Epi, Mundo y Gorostiza. Apodado Bala Roja, Guillermo Gorostiza fue el único gran jugador español de tiempos de la República que continuó con igual éxito su carrera tras el fin de la Guerra Civil. Los levantinos empezaron el campeonato de forma dubitativa, pero completaron una segunda vuelta casi perfecta que les dio el título con siete puntos de ventaja sobre el subcampeón. El poder ofensivo del equipo era apabullante. 85 goles en 26 partidos. En casa ganó al Real Oviedo (5-2), Granada CF (5-0), CD Castellón (6-2), Real Sociedad (6-0), RC Celta (7-3), Hércules (7-1) y Sevilla CF (8-1). Mundo fue Pichichi con 28 tantos, Gorostiza anotó 20 y Asensi 15. Once ideal: Eizaguirre; Juan Ramón, Álvaro, Bertolí; Lelé, Iturraspe; Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. Entrenador: Ramón Encinas.

Valencia 40/41

5 Real Betis (1934/35) 1º puesto (+24 average) 77’2%: En 1997 el Betis pesca a Finidi en el Ajax y recupera a Alfonso como el nuevo Butragueño para firmar una temporada histórica de 77 puntos que les da el tercer puesto en Liga además de jugar la final de la Copa del Rey. Fue un gran año, pero mucho mejor fue 1935. Apenas tres años antes el Betis se convertía en el primer club andaluz en jugar en Primera para luego acabar con la hegemonía del norte español y alzarse con su primer y único título de Liga. A decir verdad, en el once bético había seis vascos, pero eso era lo de menos. El título se logró al vencer en Santander al Racing por 0-5. Era domingo de Feria y la noticia se dio a conocer en las pizarras de la caseta. La fiesta sería de aúpa. El Betis fue líder desde la segunda jornada, no perdió partido alguno en casa y consiguió doblegar a domicilio al Sevilla CF (0-3) o al Real Madrid (0-1) entre otras victorias. Joaquín Urquiaga fue el portero menos goleado y años después también lo sería en el exilio mexicano. Once ideal: Urquiaga; Areso, Aedo, Peral; Gómez, Larrinoa; Saro, Adolfo, Unamuno, Lecue y Caballero. Entrenador: Patrick O’Connell. 

Manquepierda

4 Atlético de Madrid (2013/14) 1º puesto (+51 average) 78’9 %: Once campeonatos ligueros adornan el glorioso palmarés del Atlético. El de 2014 es especial. Era el primero en dos décadas, se consiguió disputar la segunda final de Copa de Europa de su historia y se logró el titulo tras vencer a un Barça y a un Madrid que venían de hacer las dos mejores temporadas de club nunca antes vistas. El Atlético se proclamó campeón en la última jornada tras empatar en el Camp Nou (1-1) siendo el empate o la victoria la única opción que tenían para lograrlo. Los colchoneros se pusieron líderes a diez jornadas del final y sumaron 90 puntos dejándose sólo cuatro derrotas por el camino, todas fuera de casa. En el Calderón se arrolló a Real Sociedad (4-0), Rayo Vallecano y Betis (5-0) y Getafe CF (7-0). La dupla formada por Diego Costa y David Villa anotó 41 goles y el belga Thibaut Courtois fue el portero menos goleado. Bajo los mandos el argentino Diego Pablo Simeone cumplía su tercera temporada como técnico atlético en una trayectoria que se torna en interminable. Once ideal: Courtois; Juanfran, Godín, Miranda, Filipe Luis; Koke, Gabi, Tiago; Arda Turán, Diego Costa y David Villa. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 13/14

 3 Athletic Club (1929/30) 1º puesto (+35 average) 83’3%: Ocho títulos ligueros se han celebrado en la ría de Bilbao. El más sonoro de todos el primero. Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que logró la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darla la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha frente a la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con los mejores registros. Gorostiza fue la estrella de ese campeonato y Bala Roja lo sería once años después, con una guerra de por medio, liderando al Valencia CF a su primer campeonato. Once ideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iraragorri. Entrenador: Fred Pentland.

El míster Fred Pentland

2 FC Barcelona (2012/13) 1º puesto (+75 average) 87’8%: 28 títulos de Liga tiene el Barça. De César, Kubala y Basora a Luis Suárez, Ramallets y Helenio Herrera. Tras la oscuridad apareció Cruyff como jugador y después como entrenador para sentar las bases de un Barça reconocible por su culto al buen juego y a La Masía. Desde entonces el Barça acumula más ligas que su odiado rival de la capital y la más gloriosa de ellas tuvo lugar en la temporada 2012/13. Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y con Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias. Once ideal: Valdés; Dani Alvés, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.

Leo Messi

1 Real Madrid (2011/12) 1º puesto (+89 average) 87’8%: 36 títulos de Liga tiene el club con más solera del mundo. A los años de Zamora le siguieron los de Di Stéfano y su gloria europea. En los 60, Paco Gento ganó 12 Ligas y Miguel Muñoz nueve desde el banquillo. El Madrid siempre ha ganado. Con Santillana, Del Bosque o Camacho o con Hierro, Raúl o Morientes. También con Vinicius o Bellingham y siempre con la Quinta del Buitre y sus cinco Ligas seguidas sin Copa de Europa. Pues fue en medio de una sequía europea y ante el mejor Barça jamás visto cuando el Real Madrid firmó la mejor Liga de todos los tiempos. Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces Mourinho logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0), Sevilla CF (2-6) o Real Zaragoza (0-6). Özil dio 16 asistencias y Cristiano Ronaldo no fue Pichichi por los 50 de Leo Messi. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Once ideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.

Cristiano Ronaldo

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¿Cuál es el mejor campeón de Liga de la historia?

Agosto es tiempo de fichajes. Julio de rumores. Junio de balance. Fin de temporada. Y una pregunta el aire. El Barça de Flick ha ganado Liga y Copa. Ha sumado 102 tantos en competición liguera. ¿Es uno de los mejores Barça de la historia? ¿Es uno de los mejores equipos de la historia de la Liga?

Pues no. No lo es.

Me he propuesto averiguar cuál ha sido el mejor equipo campeón en la historia de la Liga. Qué escuadra ha firmado la mejor temporada de una competición que camina con firmeza hacia el siglo de existencia.

Para ello he ido analizando uno a uno a todos los campeones desde que en la temporada 1928/29 se diese el pistoletazo de salida. Comencé seleccionando a aquellos triunfadores que hubiesen logrado el 70% de los puntos en liza. El resultado fue quilométrico. Luego subí el listón al 75%. Seguían siendo demasiados. Finalmente consideré únicamente a aquellos que hubiesen conseguido al menos el 80% de los puntos en disputa.

Son 17 los elegidos.

Irremediablemente Barça y Madrid tienen que copar la lista. Son 10 campeones del Real Madrid, cinco del FC Barcelona y dos del Athletic Club. En la cronología también se puede ver los periodos de dominio de los tres clubes. El Real Madrid (36 ligas) coloca en la lista plantillas de 1961, 1963, 1964, 1986, 1988, 1989, 1990, 2012, 2017 y 2024. Es decir; Di Stéfano, Gento, Quinta del Buitre, Cristiano, Zidane y Ancelotti. Fácilmente reconocible. El FC Barcelona (28 ligas) instala en la lista las escuadras de 1959, 2010, 2011, 2013 y 2018. Es decir; Barça de Helenio Herrera, Guardiola, Xavi y Messi. El Athletic Club (8 ligas) ubica conjuntos de 1930 y 1956. O lo que es lo mismo; Míster Pentland y Piru Gaínza y los once aldeanos.

Antes de entrar en materia hay que dar honores a los dos únicos subcampeones de la historia que lograron más de un 80% de los puntos en liza. Son el Real Madrid de la temporada 2009/10 (96 puntos y un 84’2% total) y el Real Madrid de la temporada 2010/11 (92 puntos con un 80’7% total).

2010 y 2011. Seguramente las dos mejores Ligas que ha habido. Hablamos de los dos mejores subcampeonatos de todos los tiempos por el nivel que se le exigió al campeón (FC Barcelona). Existe un nivel excelso de unos jugadores en una época donde España dominaba el mundo con una generación excepcional que logró Eurocopa, Mundial y Eurocopa en un lustro irrepetible. Son los años del Barça de Messi y del Madrid de Cristiano Ronaldo. Ellos dos junto a Xavi forman parte del llamado Dream Team del Balón de Oro. Iniesta y Sergio Ramos lo son del Dream Team del Balón de Bronce. Y otros como Casillas, Marcelo, Sergio Busquets, Xabi Alonso o Henry formaron parte de la lista de finalistas. Y hay más. Balones de Oro como Kaká o Benzema y leyendas caso de Ibrahimovic, Villa, Dani Alves, Puyol, Piqué, Pepe o hasta el último año de Raúl. Todos ellos rivalizaron en la Liga española en la temporada 09/10 y 10/11, las dos mejores que ha parido la competición patria.

Vamos pues con los 17 mejores campeones de la historia de la Liga española:

17 Athletic Club (1955/56) 48 puntos (+48 average) 80%: Liderados por Telmo Zarra, el Athletic había vivido esos años una época dorada ganando cinco copas en una década. Sin embargo, la Liga se les resistía a los bilbaínos que vieron como en el verano de 1955, destrozado por las lesiones, Zarra dejaba el Athletic junto a otras leyendas como Panizo y Venancio. El Athletic se renovó con un grupo de jóvenes jugadores procedentes de la cantera liderados por el sempiterno Piru Gaínza, quien daba sus últimos coletazos de fútbol con 34 años. Los bilbaínos tuvieron que exprimirse al máximo para lograr un título que el Barça les disputó hasta la última jornada y en el que tuvo mucho que ver sus resultados en San Mamés donde sólo cedieron un empate en quince partidos. El éxito fue doble al lograr también el título de Copa tras vencer al Atlético de Madrid en la final disputada en el Santiago Bernabéu. Once ideal: Cedrún; Orúe, Canito, Garay; Maguregui, Mauri; Uribe, Marcaida, Arieta, Artetxe y Gaínza. Entrenador: Fernando Daucik.

Gaínza y los aldeanos

16 Real Madrid (1988/89) 62 puntos (+54 average) 81’5%: El Real Madrid de la Quinta del Buitre había alcanzado su cénit y su mayor decepción a partes iguales. Tras ganar su tercera Liga seguida y caer ante el PSV en semifinales de la Copa de Europa, los blancos se reforzaron con el fichaje de Bernd Schuster, no mucho antes capitán del FC Barcelona. El Madrid es un tiro desde el inicio de la temporada y logra el título tres jornadas antes del final tras vencer al Real Oviedo en el Bernabéu. Sólo cedió una derrota en todo el curso (en Vigo ante el Celta) y logró el doblete al vencer al Real Valladolid en la final de la Copa del Rey. La pena fue otro fracaso en semifinales de la Copa de Europa, en esta ocasión ante el AC Milan. Once ideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Tendillo, Gordillo; Michel, Gallego, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.

Real Madrid 88/89

15 Real Madrid (2016/17) 93 puntos (+ 65 average) 81’5%: La primera temporada completa de Zinedine Zidane como técnico blanco se saldó con un triunfo liguero que apuntaló una trayectoria intachable del Real Madrid en Europa que se satisfaría ese año con la segunda de tres Copas de Europa consecutivas. Los blancos se colocaron en primera posición en la tercera jornada y se mantuvieron como líderes hasta el final del campeonato. A pesar de que fueron incapaces de vencer en sus dos duelos directos contra el Barça, los merengues fundamentaron su éxito en un excepcional rendimiento a domicilio con goleadas escandalosas a Betis (1-6) o RC Deportivo (2-6). El Madrid anotó al menos un gol en cada una de las 38 jornadas liderados por la dupla formada por Cristiano Ronaldo (25) y Álvaro Morata (15). Once ideal: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Modric, Kroos; Isco, Benzema y Cristiano Ronaldo. Entrenador: Zinedine Zidane.

Una alineación del Madrid 16/17

14 Real Madrid (1987/88) 62 puntos (+69 average) 81’5%: Maduros y en plenitud, aquella generación liderada por Butragueño fue una apisonadora durante las 38 jornadas de Liga. Se proclamaron campeones a cuatro jornadas del final tras machacar por 6-0 al Betis en el Bernabéu. No fue la única goleada. Hubo un 6-0 al Sporting y sendos 5-0 a la UD Las Palmas y al Athletic. Los merengues no soltaron el liderato desde la primera jornada en la que golearon en el Carranza al Cádiz CF por 0-4. Hugo Sánchez ganó por cuarto año consecutivo el trofeo al máximo goleador y el gallego Paco Buyo fue el portero menos batido. La excepcional campaña blanca sólo se vio frenada por el PSV Eindhoven que sorprendentemente eliminó al Real Madrid en semifinales de la Copa de Europa. Once ideal: Buyo: Chendo, Sanchís, Tendillo, Camacho; Michel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.

Hugo Sánchez

13 Real Madrid (1989/90) 62 puntos (+69 average) 81’5%: A pesar de los éxitos ligueros el Madrid seguía sin asaltar Europa, por lo que se apostó por el cambio de entrenador. Toshack llegó a la capital tras unos buenos años en San Sebastián y tuvo la sensatez de mantener la esencia del equipo a la que se le añadió Fernando Hierro, por entonces una fuerza de la naturaleza tan capaz de plantarse en el centro de la defensa como de asomar en el área como tercer delantero. Hierro debía ser el Gullit del Madrid, pero nuevamente el AC Milan sepultó las esperanzas blancas en Europa. En Liga la temporada fue un paseo con 107 goles en 38 jornadas, por entonces récord de la competición. Fue la quinta Liga seguida del Real Madrid con un 7-2 al Real Zaragoza y un 7-0 al CD Castellón como resultados más escandalosos. Hugo Sánchez fue Pichichi con 38 tantos (récord del momento) liderando un fastuoso ataque en el que Butragueño y Michel con 27 años estaban en el cénit de sus carreras. Once ideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Ruggeri, Gordillo; Michel, Hierro, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: John Benjamin Toshack.

Los cromos del Madrid 89/90

12 FC Barcelona (2017/18) 93 puntos (+70 average) 81’5%: Tras unos años magníficos con Pep Guardiola y Luis Enrique a los mandos, Ernesto Valverde tomó las riendas del FC Barcelona. Denostado por su perfil bajo ante prensa y afición, los números de Valverde en la campaña 17/18 están entre los mejores de la historia. El Barça ganó el título con 14 puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y sólo perdió un partido en toda la temporada. Ganó por 0-3 en el Bernabéu y Leo Messi volvió a ser el máximo goleador. Fue la campaña en la que Neymar se marchó por 222 millones que el Barça gastó en Coutinho y Dembelé. Y fue también el año de la despedida de Andrés Iniesta, quien anotó un tanto en la victoria por 5-0 ante el Sevilla FC en la final de la Copa del Rey que les dio el doblete a los azulgranas. Once ideal: Ter Stegen; Nelson Semedo, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Busquets, Paulinho, Rakitic; Iniesta, Luis Suárez y Messi. Entrenador: Ernesto Valverde.

Barça 17/18

11 Real Madrid (1963/64) 49 puntos (+38 average) 81’6%: Se antojaba un año complicado en la capital de España. Di Stéfano y Puskás contaban con 37 y 36 años respectivamente y se resistían a dejar los mandos. El Madrid comenzó la Liga al tran tran y estuvo a merced del Barça hasta el inicio de la segunda vuelta. A partir de entonces los merengues arrasaron a sus rivales logrando una cuarta liga consecutiva (entonces récord histórico) con triunfos sonados ante Atlético (5-1), FC Barcelona (4-0) y a domicilio contra el Valencia CF (1-4). Puskás logró su cuarto y último título de máximo goleador y Vicente su tercer trofeo Zamora. La estrella silenciosa fue Paco Gento que a sus asistencias añadió un promedio goleador de 0’5 tantos por partido para paliar la entrada en años de sus compañeros de delantera. Once ideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Pachín; Zoco, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Real Madrid 63/64

10 Real Madrid (1962/63) 49 puntos (+50 average) 81’6%: A pesar de ganar la Liga la temporada anterior, la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Benfica hizo convencer a Bernabéu de que debía rejuvenecer al equipo. Contrató al coruñés Amancio Amaro que en un primer momento chocó con Di Stéfano. Las malas sensaciones iniciales se saldaron con una eliminación en primera ronda europea ante el Anderlecht. Puso entonces el Madrid todo su empeño en la competición doméstica y logró su tercer título consecutivo (récord de la competición en aquel momento). Ganó 23 de 30 encuentros (incluyendo los 15 que jugó como local) y se proclamó campeón con varias jornadas de antelación. Venció en el Pizjuán por 0-5 y en el Camp Nou por 1-5. Vicente fue el portero menos goleado, Ferenc Puskás fue máximo goleador y entre los diez máximos anotadores también se colaron Amancio, Félix Ruiz y Di Stéfano. Once ideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Casado; Pachín, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Di Stéfano, Gento y Puskás

9 Real Madrid (1985/86) 56 puntos (+50 average) 82’3%: El Real Madrid sumó su 21º Liga en un año en el que también reverdeció viejos laureles en Europa al proclamarse campeón de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza era el presidente y se propuso devolverle la gloria a un Madrid que sumaba cinco años sin lograr una Liga sumido en una profunda crisis. A una hornada de canteranos liderados por Butragueño se unieron los fichajes de Hugo Sánchez, Maceda y Gordillo para unir a lo que se llamó la Quinta del Buitre con la Quinta de los Machos. El Madrid se puso líder en la segunda jornada y basó su liderazgo en una basta masa goleadora. Ganó los 17 partidos de casa liderados por la dupla formada por Hugo Sánchez (máximo anotador) y Jorge Valdano, ambos abastecidos por los fenomenales centros de Michel. Once ideal: Ochotorena; Chendo, Sanchís, Maceda, Camacho; Michel, Gallego, Gordillo; Valdano, Hugo Sánchez y Butragueño. Entrenador: Luis Molowny.

M.Vázquez, Michel, Buitre y Sanchís

8 Athletic Club (1929/30) 30 puntos (+35 average) 83’3%: Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que los azulgranas lograron la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darle la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha ante la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con mejores registros en dianas encajadas. Once ideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iragorrri. Entrenador: Fred Pentland.

Athletic 1930

7 Real Madrid (2023/24) 95 puntos (+61 average) 83’3%: Nadie contaba con el Real Madrid. Benzema se fue a ganar millones a Oriente Medio, Mbappé dijo por enésima vez no al Madrid y Joselu se convirtió en el ‘9’ blanco. Por si fuera poco, una plaga de lesiones asoló a la defensa blanca y luego el mejor portero del mundo, el héroe de la Copa de Europa lograda ante el Liverpool FC, se partía el ligamento cruzado de su rodilla derecha, para, al poco de recuperarse, lesionarse la rodilla izquierda. Con estos mimbres el Barça, vigente campeón, partía con varios cuerpos de ventaja, y se pensaba que ese iba a ser el año del Atlético. No fue así. El Madrid empezó como un ciclón gracias a Jude Bellingham, su fichaje del verano anterior. El que iba a ser el sustituto de Modric se convirtió en el de Benzema sumando goles y asistencias a un ritmo que se remontaba a tiempos de Alfredo di Stéfano. A pesar de que el Madrid cayó en el Metropolitano, pronto se vio que ni Atlético ni en Barça serían rivales y en su lugar aparecía el sorprendente Girona FC que perdería su imbatibilidad al caer claramente en casa ante el Real Madrid (0-3). En la segunda vuelta los blancos asumieron el mando de la competición. Ancelotti cambió de portero al sentar a Kepa por el ucraniano Lunin y Vinicius se erigió como líder del equipo al unir a su desborde una precisión en el remate de la que antaño carecía. El Madrid sentenció la Liga al vencer al Barça en el Bernabéu (3-2) para luego darse un festín ya como ganador ante el Alavés (5-0). En casa ya había ganado por 4-0 al sorprendente Girona, Celta y Osasuna. Mientras que fuera de casa destacó el 0-4 ante el descendido Granada CF. Bellingham anotó 19 goles y Vinicius 15, mientras que Toni Kroos siguió sentando cátedra al aportar ocho asistencias. El Real Madrid fue el equipo más goleador y el menos goleado, pero Lunin no pudo llevarse el trofeo Zamora por no jugar los suficientes partidos. En la Copa de Europa (también conquistada) Courtois volvió a la titularidad. Once ideal: Lunin; Carvajal, Rüdiger, Nacho, Mendy; Tchouaméni, Kroos, Valverde, Bellingham; Rodrygo y Vinicius. Entrenador Carlo Ancelotti.

Kroos, Modric, Nacho y Carvajal (6 Champions)

6 FC Barcelona (2010/11) 96 puntos (+74 average) 84’2%:  Por entonces la máquina de juego asociativo creada por Pep Guardiola estaba en su máximo esplendor. La perfección fue absoluta en la final de Copa de Europa en la que el Barça bailó al Manchester United. No se pudo completar el triplete al perder la final de Copa ante el Real Madrid, pero en la Liga todo fueron alegrías tras caer sorprendentemente en la primera jornada en casa ante el Hércules. Los fichajes de Villa y Mascherano perfeccionaron a un equipo que se puso líder tras humillar al Real Madrid de Mourinho en el Camp Nou (5-0). Cinco tantos también recibieron Real Sociedad y Sevilla FC, aunque para escandaloso el 0-8 que la UD Almería recibió en su casa. Messi y Villa anotaron entre los dos 50 goles y Víctor Valdés fue el portero menos goleado del campeonato. Once ideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Messi, Villa y Pedrito. Entrenador: Pep Guardiola.

Barça 2010/11

5 FC Barcelona (1958/59) 51 puntos (+70 average) 85%: En plena retahíla de éxitos europeos madridistas en Copa de Europa el FC Barcelona logró el tercer doblete de su historia tras gobernar la Liga con mano de hierro y vencer en la final de Copa al Granada CF. El torneo de la regularidad fue un duelo al sol entre Barça y Madrid que dejaron al resto de contendientes a una distancia sideral. Las alternancias en el liderato se sucedieron hasta que en el último tercio de Liga el Barça piso el acelerador para llevarse el título. El conjunto dirigido por Helenio Herrera ganó todos sus partidos en el Camp Nou incluyendo soberanas palizas a Atlético (5-0), UD Las Palmas (5-1), Osasuna (6-1), Valencia CF (6-0) o Real Oviedo (7-1). La más satisfactoria fue un 4-0 al Real Madrid con triplete de Evaristo. También destacó el Barça por su fortaleza defensiva y Antonio Ramallets logró su cuarto trofeo Zamora. Once ideal: Ramallets; Rodri, Gensana, Olivella, Gracia; Segarra, Luis Suárez; Tejada, Czibor, Kubala y Evaristo. Entrenador: Helenio Herrera.

El Barça de H.H.

4 Real Madrid (1960/61) 52 puntos (+64 average) 86’6%: Tras ganar el Madrid cinco Copas de Europa de forma consecutiva hubo de esperar al primer revés europeo de los blancos para ver la mejor Liga del equipo liderado por Alfredo di Stéfano. El Barça había ganado dos Ligas de forma consecutiva y en octubre de 1960 había eliminado al Real Madrid en octavos de Copa de Europa en un enfrentamiento con marcados errores arbitrales. Cabreado por lo sucedido, el Real Madrid se convirtió en un huracán sumando victoria tras victoria y logrando el título con 12 puntos de ventaja sobre el segundo y 19 sobre el tercero (una salvajada dado que entonces las victorias valían dos puntos). Los merengues masacraron al Real Oviedo (7-0) y al Elche CF (8-0) en el Bernabéu, pero más esplendorosos fueron sus triunfos a domicilio contra Real Sociedad (0-5), Real Betis (0-5) y FC Barcelona (3-5). Dirigidos por Miguel Muñoz iniciaron un ritual que sería costumbre en los 60 con Vicente como portero menos goleado y Ferenc Puskás como máximo goleador. Puskás anotó 28 tantos, Di Stéfano firmó 21 y Luis del Sol marcó 17 goles. Once ideal: Vicente; Marquitos, Santamaría, Casado; Pachín, Vidal; Del Sol, Puskás, Di Stéfano, Canario y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Di Stéfano y Gento

3 FC Barcelona (2009/10) 99 puntos (+74 average) 86’8%: Tras lograr el Sextete la temporada anterior el Barça decidió cambiar al siempre polémico Samuel Eto’o por el también polémico Zlatan Ibrahimovic. La mezcla acabó fallando en Europa, pero la unión de Messi, Iniesta y Xavi (Balón de Oro, Plata y Bronce respectivamente) era superior a lo cualquier rival pudiese imaginar. El Barça acabó la primera vuelta con cinco puntos sobre el Madrid y finiquitó el campeonato al vencer a ocho jornadas del final en el Bernabéu por 0-2. Con todo no fue proclamado matemáticamente campeón hasta el último encuentro dado el nivel de un Madrid que finalizó con 96 puntos siendo el mejor subcampeón de todos los tiempos. Leo Messi fue el Pichichi (sumaría ocho en su exitosa carrera) favorecido por la decisión de Guardiola de colocarlo definitivamente como falso ‘9’ y Víctor Valdés lograba su segundo trofeo Zamora. Once ideal: Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Ibrahimovic y Messi. Entrenador: Pep Guardiola.

Messi 2009/10

2 FC Barcelona (2012/13) 100 puntos (+75 average) 87’8%: Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias (exactamente los mismos números que su alter ego Cristiano Ronaldo había logrado la campaña anterior). Once ideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.

Barça 2012/13

1 Real Madrid (2011/12) 100 puntos (+89 average) 87’8%: Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor, unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces el técnico portugués logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça, y quien sabe si el mejor equipo, jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo Vallecano (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0) y fuera de casa ante el Sevilla CF (2-6), otra vez el Espanyol (0-4) y Real Zaragoza (0-6). Cristiano Ronaldo acabó con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias, aunque no fue Pichichi por los ¡50! de Messi quien con 25 años firmó en balde los mejores números de su grandiosa carrera. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Once ideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.

Una alineación del Madrid 11/12

“Teníamos que haber ganado alguna Liga y alguna Copa de Europa más. Eso es lo que tiene el Madrid. Si está mal gana igual. Nosotros tenemos que estar muy bien para ganar”. Carles Puyol, capitán del FC Barcelona y ganador de seis ligas.

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El porsche de Paulo Futre (la historia del fichaje de Futre por el Atlético de Madrid)

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El cumpleaños de Hitler (2ª parte)

Goebbels y Hitler subieron al Mercedes 280S blindado camino del Estadio Olímpico Adolf Hitler. Según el plan trazado por el ministro de Propaganda, una vez finalizase la ceremonia de inauguración invitarían a subir al auto a Himmler con la excusa de tratar pormenorizadamente el dispositivo antiterrorista de los JJ.OO. Ocurre que, iniciado el camino de vuelta, a la altura de la Avenida de la Victoria (antiguamente Charlottenburger Chaussee) un artefacto explosivo estallaría en los bajos del Mercedes llevándose la vida de los tres jerarcas nazis. Se cumpliría así el deseo del Führer quien, consumido por el alzhéimer, había decidido inmolarse y dejar la dirección del III Reich a Albert Speer.

Para Hitler Berlín era una ciudad decadente. Allí el NSDAP había cosechado históricamente sus peores resultados cuando los nazis aun aceptaban el juego democrático. Como austriaco, consideraba la capital prusiana un lugar alicaído y simple y su objetivo siempre fue convertir a Berlín en un nuevo París, en una Roma imperial, o en una nueva Babilonia.

Los 81 países en los que se dividía el mundo entonces participaron en los Juegos Olímpicos. Se esperaba que el medallero lo liderase el III Reich. A la altura de 1972 Alemania ocupaba la mayor parte del territorio de Europa central y oriental, desde Bruselas al oeste hasta Kiev en el este y desde Tallin al norte hasta Creta al sur. Estados Unidos era el único país capaz de hacerle frente, aunque tanto Gran Bretaña, como Francia e Italia contaban con enormes deportistas con talentos procedentes de sus colonias africanas. Francia poseía la mitad de territorio continental que antaño, pero se le había permitido explotar una vasta zona africana. Se esperaba también gran actuación de las pujantes democracias sudamericanas, de los comunistas chinos y de la India, socio comercial preferente de Estados Unidos y la única democracia exitosa en Asia.

Speer había diseñado el Prachtallee (paseo de los esplendores) que recorría la ciudad de norte a sur. Con Berlín como eje, dicha avenida se tornaba en autopista de más de 3.500 kilómetros de largo conectando Nordstorn, una nueva ciudad creada en el Círculo Polar Ártico, con la Roma regida por Humberto II al paso de numerosos monumentos que recordaban a los caídos en la guerra.

En todo caso, recordemos que la ambición de Hitler era crear un nuevo Berlín a través del tradicional eje este-oeste. Para ello, al oeste de la puerta de Brandemburgo, y para continuar con los bulevares de Under den Linden, se atendió a crear una amplísima y rectilínea avenida que desde la citada puerta atravesase el Tiegarden, bordease la columna de la victoria prusiana y cruzase por un puente el último meandro del río Spree, camino de una zona residencial que culminaría con la explanada del aeropuerto de Tempelhof. Hitler había dado carta blanca a Speer para no escatimar en gastos y usar a terroristas y disidentes como mano de obra esclava. El proyecto había finalizado años atrás, pero se seguían derribando viejos edificios y reinstalando a ciudadanos, dando siempre la sensación de que Berlín era una ciudad en continua transformación que superaba ampliamente los diez millones de habitantes.

Cuando Hitler y Goebbels subieron al Mercedes camino del Estadio Olímpico, el Führer echó la mirada atrás y contempló lo que su mente había trazado y Speer había ejecutado. Abandonó el edificio de la segunda cancillería, su palacio residencial. Allí, había almorzado horas antes junto a los miembros más destacados del equipo olímpico alemán. El refrigerio había tenido lugar en el salón Federico Barbarroja, una descomunal estancia que doblaba en tamaño el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles.

El Versalles nazi

Había hasta tres cancillerías presentes a lo largo de la llamada Avenida Hermann Göring, nombre con el que fue rebautizada ese mismo año la Avenida de la Victoria en honor a la memoria del orondo jefe supremo de la Luftwaffe. Hitler iba a realizar el corto viaje hasta el estadio ante la aclamación de miles de berlineses. Esto era así porque en los desfiles y en las grandes ocasiones el tráfico rodado tenía lugar en el exterior. En el día a día, tan sólo los servicios públicos y los vehículos oficiales compartían trayecto con los transeúntes. El resto del tráfico rodado compartía subsuelo con el metro gracias a un descomunal túnel que seguía el eje de la avenida de forma subterránea.

Al poco de salir de la cancillería y acceder a la Avenida Hermann Goring, en su extremo norte, se ubicaba un gran foro abierto conocido como Grober Platz, con una superficie de alrededor de 350 000 m². El conocido comúnmente como Palacio de los Foros Populares tenía capacidad para albergar a 150.000 personas y era el lugar donde se celebraban los grandes actos del Partido Nazi. La idea era superar al Panteón romano construido 2.000 años atrás y mantenerlo en funcionamiento al menos un par de siglos. En la parte sur de la gran plaza se ubicaba el nuevo edificio de la Wehrmacht. La antes majestuosa Puerta de Brandenburgo palidecía ante la magnitud de los edificios que ahora le hacían sombra. Al sur estaba en construcción la nueva terminal de la estación central de Berlín, con un movimiento de tierras de proporciones gigantescas.

Avanzando hacia el este, ante un estruendoso clamor popular, la comitiva del Führer se dispuso a atravesar el Arco del Triunfo. En total había dos en Berlín y muchos más por todo el III Reich. El más pequeño se situaba al este, dirección Moscú. Tenía tres veces más altura que el parisino y tenía grabado el nombre de todos los caídos en el frente oriental durante la guerra. Estaba situado a las afueras de Varsovia para dar la bienvenida a todos aquellos eslavos que osasen penetrar en Alemania. A partir de ahí, y hasta llegar a Berlín, la autopista estaba adornada con enormes monolitos acabados con la esvástica nazi. Cuando la autopista se convertía en avenida al llegar a los arrabales de Berlín, amplísimos bulevares adornados con artillería soviética capturada durante la guerra recordaban lo sangriento del camino entre Moscú y Berlín.

Pero aquel era el camino a la oscuridad. El camino de la luz, el que de Berlín salía dirección oeste rumbo a París, se iniciaba con un descomunal Arco del Triunfo que superaba en hasta diez veces al diseñado por Napoleón. Hubo de hacerse numerosas pruebas de construcción para ver si el terreno era suficientemente sólido para soportar los pilotes de hormigón. Con sus 500 metros de alto en su interior estaban grabados todos los caídos en el frente occidental tanto durante la I como durante la II Guerra Mundial.

Traspasado el Arco del Triunfo, es turno del Volkschalle, otro edificio granítico diseñado para soportar el peso en terrenos pantanosos. El Volkschalle de 200 metros de altura y con una cúpula diez veces más grande que la basílica de San Pedro, es la sede de una inoperante Comunidad Europea. La inmensidad de su cúpula y la condensación provocada por los allí reunidos provocaban la aparición de una neblina artificial. Allí se reúnen los catorce países que conforman una Unión Europea que funciona bajo los designios del Reich alemán. Las banderas de todos los países se presentan ante la fachada principal, coronada por una enorme esvástica, la más grande del planeta, que en días ventosos es vista prácticamente en cualquier rincón de Berlín.

Avanzada ya la avenida, la comitiva presidida por el Führer, se adentra en el estadio que lleva su nombre. Creado ex proceso para los JJ. OO venía a sustituir al estadio olímpico de 1936. Se trataba de un edificio construido en un tiempo récord de apenas doce meses por más de 4.000 obreros que trabajaban día y noche para acelerar la finalización del edificio. Como reflejan las cifras el esfuerzo en mano de obra era mayúsculo, así como las energías y recursos de sus ingenieros. El granito era el material preferido para todas esas nuevas edificaciones, pero se encontró el problema de que no había suficiente en el Reich como para satisfacer los diferentes proyectos arquitectónicos. Ante la posibilidad de quedarse sin abastecimiento de ladrillos (su materia prima principal) Speer mandó crear una fábrica en el Campo de Concentración de Sachsenhausen, donde los prisioneros trabajaban como esclavos día y noche.

Se trataba de una montaña de granito y acero con capacidad para 400.000 personas. Hubo que cotejar procedimientos matemáticos y usar la tecnología que años atrás había permitido que una bandera nazi ondease en la Luna en un hito jamás antes alcanzado por la humanidad. El estadio se sostenía con cables de acero con ornamentación de mármol y hasta ribetes de oro en el palco, desechando por completo materiales baratos como el PVC, salvo para detalles insignificantes. Los materiales de construcción fueron suministrados de la propia Alemania, los equipos eléctricos de los Países Bajos y la madera de roble para los asientos de los espectadores fueron traídos desde Ucrania. El vidrio se trajo de Bohemia y de los cables de acero se encargó Polonia. Las impresionantes columnas sostenían un espacio de 227.000 m², que tras el evento vería reducida su capacidad a 300.000 asientos. El Estadio Olímpico Adolf Hitler tenía ocho pisos y 60 metros por encima las azoteas del estadio. Contaba también con un pabellón anexo de 60 metros de largo, suficiente para cubrir la sección de los soportes.

Aquello era digno de dioses.

Olympiastadion

Iba a comenzar la ceremonia de inauguración.

Más de 70.000 jóvenes de la Juventudes Hitlerianas proporcionarían un espectáculo imaginativo, armónico y deslumbrante. La música, la danza, la gimnasia y la acrobacia facilitarían dos horas de entretenimiento presencial y televisivo inaudito.

81 países tomaron parte en la sesión inaugural de los Juegos. La salida de los participantes, como es tradicional, se inició con la presencia, en primer lugar, de Grecia. Por orden alfabético fueron desfilando los deportistas. A los comunistas siberianos de la URSS se les permitió desfilar sin bandera como protesta al régimen nazi. El público, aleccionado por la propaganda, reaccionó con un gélido silencio que asustó hasta al más valiente de los rebeldes. Mientras, Estados Unidos y algunas de las democracias sudamericanas decidieron salir con bandera al viento y sonrisa de oreja a oreja, pero torciendo el gesto al pasar por delante del palco presidido por el Führer. Lo cierto es que dio igual. La espectacularidad de la ceremonia fue tal que los gestos reivindicativos y de protesta sonaron ridículos ante la majestuosidad de lo allí preparado por los nazis. Alemania, que cerró el desfile, pasó triunfante dando la vuelta olímpica al estadio con los acordes del himno nacional y una inmensa esvástica.

Por vez primera desfiló el equipo olímpico de Irlanda, compuesto por una docena de deportistas. Tras décadas de conflictos sociales y muertes violentas, los irlandeses lograran el año anterior su independencia bajo el beneplácito de Berlín. Para Londres fue una humillación más a cambio de poder mantener su ya decadente Imperio colonial.

Los 400.000 espectadores del estadio Adolf Hitler respondieron con gran calor ante la presencia de los equipos de los países amigos, y en una graduación de ovaciones podría afirmarse que Italia ganó la medalla de oro. Humberto II, monarca transalpino, aplaudía con júbilo, aunque entre bambalinas se mostró contrariado dado que tuvo que dejar su asiento a la izquierda del Führer a Richard Nixon, presidente de Estados Unidos. En la tribuna de personalidades también estaba Francisco Franco, general español, Emilio Médici, dictador brasileño y firme opositor a las democracias sudamericanas y Yaroslav Hunka, un neonazi que había vencido en las elecciones de Canadá bajo financiación alemana, quienes con ese golpe de efecto pretendían desestabilizar a Estados Unidos.

Pero el gran acontecimiento fue la presencia de Hirohito, emperador de Japón, considerado un semidios y al que sus súbditos sólo le conocieron la voz el día que por radio decretó la victoria japonesa en la II Guerra Mundial. Hirohito, de 70 años, iba por vez primera salir de su país para rendir visita a sus amigos nazis. La presencia de miles de hombres del Kenpeitai japonés en colaboración con la Gestapo alemana consiguieron un milagro que entusiasmó y sorprendió a espectadores de todo el mundo.

Estaba también Pierre Laval, presidente de Francia, y por Gran Bretaña Eduardo IX, el joven rey de Inglaterra. Era un secreto a voces que aquel jovenzuelo era el primer bebe probeta de la historia. Hitler había obligado a Eduardo VIII a divorciarse de Wallis Simpson ante la imposibilidad de la estadounidense a tener hijos. Obligado a casarse con la condesa alemana Irene de Solms, pronto se vio que lo de concebir no era problema femenino, sino masculino. La rubia alemana pudo haber yacido con otro hombre, pero los nazis querían dotar de sangre teutona al futuro rey de Inglaterra. Eduardo IX era joven, guapo, probeta y ferviente admirador del autoritarismo alemán.

Unas filas más abajo se encontraba su prima Isabel II, reina de Canadá y heredera legal del trono británico. Las antiguas colonias africanas británicas se mantenían bajo el control de Londres con el beneplácito de Berlín. No así las asiáticas, controladas desde 1945 por el Imperio Japonés del ya citado Hirohito. Australia se dividía en dos. La parte oriental, la rica, estaba bajo control nazi, mientras que, al occidente, traspasado un desierto infinito, se mantenía un gobierno independiente con el apoyo económico y la simpatía de Estados Unidos y Canadá. El presidente de Australia declinó acudir a la ceremonia de apertura.

Por supuesto estaba Ante Pavelic, dictador croata, el único al que alemanes e italianos permitían gobernar con libertad en Europa. De hecho, Hitler tenía cierto pánico a Pavelic, ya anciano, pero quien bajo sus dominios seguía ordenando gasear a desafectos, medida que los nazis habían ido aparcando con el paso de los años. Especial recibimiento tuvo la formación de Cuba, aclamados con su peculiar paso de oca, aunque menos marcial que el de los relevos de la Adolf Hitler Leibstandarte, la formación más legendaria de las SS. Los suizos portaron ramitos de flores, los mexicanos destacaron por su sobriedad y los húngaros fueron los más elegantes.

Hirohito (1901-1989)

El acto se inició en completa oscuridad con la llegada de una réplica del módulo espacial que tres años antes había llevado a los astronautas alemanes a la Luna. La realización televisiva enfocó en ese momento la mueca de repulsa de Breznev y la sonrisa falsa de Nixon. Millones de violines y trompetas de las SS salieron de las cuatro esquinas del estadio para iluminar el palco cuando en ese momento apareció tras una puerta gigantesca Adolf Hitler. Tras el himno nazi, la orquesta, situada en los bajos del graderío olímpico, anunció, con música de Wagner dirigida por el italiano Ennio Morricone, el comienzo de la segunda parte de la ceremonia. En la pista de atletismo hicieron su aparición grupos ataviados a la manera de la Grecia antigua. Los varones portaron los cinco anillos simbólicos y las hembras rosas de distintos colores. Diez cuadrigas ambientaron este prólogo.

De Grecia a Roma, de Roma a Barbarroja y los nazis salvando al mundo. Para dulcificar el momento y para dar un aire juvenil hubo una actuación de The Beatles, un grupo de popnazi inglés, y una oda al veganismo. Aquello despertó una tímida sonrisa de Hitler, quien hacía años había abrazado la corriente vegana y quien había dado su nombre a una fundación que buscaba el más allá en la comunión con la tierra y la naturaleza, aunque sin demasiado éxito. A pesar de que los nazis habían cortado cualquier financiación a las distintas religiones de su vasto imperio los creyentes de medio mundo seguían yendo a escondidas a sus respectivos lugares de culto. Para los nazis lo más preocupante tenía lugar en Oriente Medio, donde sus grandes reservas petrolíferas se veían siempre amenazadas por musulmanes fundamentalistas.

The Beatles

Tras los actos tocó discurso. Arno Breitmeyer, Reichführer de la Federación Nacionalsocialista para la Educación Física, dirigió unas palabras para luego presentar a Avery Brundage, presidente del COI. Aunque Brundage era estadounidense, era un títere de los nazis. Racista empedernido, había conseguido bloquear que los negros recibiesen cualquier tipo de remuneración por el patrocinio deportivo, coto dedicado en exclusiva al deportista blanco. Un henchido Brundage alabó a la organización nazi antes de invitar a Hitler a inaugurar los Juegos. Visiblemente aquejado de párkinson, Adolf hizo un tosco gesto con la mano para evitar ayuda y consiguió ponerse en pie por sí mismo. Con el brazo en alto Hitler dio por inaugurados los Juegos antes de que las trompetas pusieran música a notas de Beethoven y la multitud comenzase a entonar el ¡Heil Hitler! a viva voz.

Tras ese extasiado momento, y ya con una fresca noche primaveral presente en el estadio, un complejo de luces pasó a iluminar la puerta principal del estadio en donde uno a uno fueron pasando 18 mitos del deporte alemán en representación del número de la suerte de los nazis (1 + 8; la posición en el alfabeto de las letras A y H de Adolf Hitler). Ulrike Meyfarth, Renate Stecher, Armin Hary, Jozef Schmidt y Christoph Höhne (atletismo), Roland Matthes (natación) Hilde Krahwinkel y Gottfried von Cramm (tenis). A la llegada de este último hubo división de opiniones. Tras haber sido encarcelado por homosexual, el régimen nazi le había dado la libertad a von Cramm por sus triunfos en Roland Garros. El peaje para el ya senil von Cramm había sido considerarse culpable y rehabilitado de su enfermedad. Luego aparecieron Herma Bauma (balonmano), Reiner Klimke (hípica), Rudi Altig (ciclismo) y Vera Caslavska (gimnasia), la cual, aunque nacida en Praga, era alemana a todos los efectos. La traca final la pusieron los triples medallistas en gimnasia en 1936 Konrad Frey Max Schmeling y Alfred Schwarzmann, los campeones del mundo de fútbol en 1954 Fritz Walter y Helmut Rahn y el actual capitán de la selección de fútbol Franz Beckenbauer. El sueño nazi era contar con Emil Zatopek, el campeón olímpico de 5.000, 10.000 y maratón en los Juegos de 1952, pero había logrado escapar a América y conseguir la nacionalidad estadounidense, donde hacía fuerte propaganda por la independencia de Checoslovaquia.

El último en salir fue Max Schmeling, el antiguo campeón del mundo de los pesos pesados que también había sido un notable paracaidista durante la Batalla de Creta. Los 400.000 presentes hicieron ondear las bengalas que la organización había dispuesto mientras una enorme esvástica nazi engullía a una gigantesca bandera olímpica. El izado se hizo por fornidos veinteañeros, todos ellos, huérfanos de guerra.

Max Schmeling

El pebetero era totalmente diferente al de 1936. El nuevo estaba localizado encima del palco de autoridades, justo en la vertical del asiento dorado que ocupaba el Führer. Se diseñó un sistema semiautomático que se abriese y elevase desde el centro del estadio la llama olímpica continuando con el tema recurrente del módulo lunar. El cohete que portaba el fuego olímpico, con forma de esvástica, se posó al lado del pebetero, momento en el cual Schmeling se hizo a un lado y en un instante nunca antes visto en la historia del olimpismo cedió los bártulos a Hitler para que encendiese el fuego. Fue una sorpresa. Era Beckenbauer quien tendría que haber encendido el pebetero, pero en el aparte de la reunión matinal en la Cancillería le habían desvelado en secreto el cambio de planes. Todo había sido idea de Goebbels. quien se había empeñado en que ese fuese el último recuerdo que la humanidad tuviese del Führer. Hitler había declinado el ofrecimiento en repetidas ocasiones, pero al final aceptó el capricho de su fiel acólito y se dispuso a encender la llama olímpica. En ese momento un contingente de 20.000 soldados de la Wehrmacht hizo su aparición mientras la Orquesta Filarmónica de Berlín entonaba el himno alemán.

La ceremonia había finalizado.

¡Sieg heil!

Todo había rozado la perfección. La sincronización fue absoluta. Hubo momentos repletos de entradas y salidas trepidantes. El espectáculo se salió de todos los moldes. En la vieja tradición olímpica nunca se había visto algo similar. Los nazis demostraron que a nivel de organización eran insuperables. La anécdota de la tarde la protagonizó un joven norteamericano, quien lució en el graderío una pequeña bandera de su país mientras que con un mechero intentaba quemar un banderín nazi. El acto propagandístico se sabría después, porque no llegó a televisarse. Tan sólo los allí presentes, en los cuatro espectaculares tableros electrónicos del estadio, pudieron apreciar el acto de locura de aquel idealista.

Acabada la ceremonia Hitler saludó a Eduardo IX con sinceridad y le preguntó por la salud de su familia. Se entristeció al ver a Franco tan viejo, y se acordó de todos aquellos que ya no estaban, caso del siempre simpático Mussolini, y que de una forma u otra le habían acompañado en aquellos años macabros de la II Guerra Mundial. Hasta asomó un ápice de angustia en su rostro al recordar el cadáver de Churchill cuando decidió suicidarse con una cápsula de cianuro mientras esperaba sentencia en los Juicios de Nuremberg. El caso es que, al haberle dado la mano flácida e inerte a Franco, se felicitó al haber tomado la decisión de dejar este mundo. Él no iba a acabar así.

Había una cena oficial a la que el Führer declinó acudir tal y como había pactado con Goebbels. Himmler iba a hacerlo en su lugar, pero fue Speer el que ocuparía el asiento en el opíparo banquete. A Himmler le extrañó el cambio de planificación a última hora. Él tendría que haberlo sabido. Mucho más le extrañó que Breznev no acudiese a la cena y enfilase la avenida dirección oeste rumbo a Tempelhof. Aquello no tenía sentido. La ausencia del dirigente comunista era una ofensa en toda regla y ni a Hitler ni a Goebbels les preocupaba lo más mínimo.

Himmler decidió que en cuanto llegase a su despacho haría un par de llamadas para averiguar que estaba a suceder. Mientras tanto se subió al Mercedes blindado y acompañó a Hitler en la parte de atrás. Joseph Goebbels enfilaba el asiento de copiloto. El vehículo tomaba rumbo este en dirección a la Cancillería.

–  La ceremonia ha sido fantástica – dijo Goebbels mientras Hitler asentía con la cabeza -. Creo que superior a la de 1936.

– ¿Sabe? – replicó el Führer -, me gustaría que mis cuadros fuesen expuestos en una galería de arte en Linz, cerca de la casa donde nací.

Himmler alzó la cabeza y miró con extrañeza a Goebbels.

– Ha sido un honor mi Führer. Hubiese matado a mi madre por usted si me lo hubiese pedido sentenció Goebbels -.

Cuando Himmler se dio cuenta de lo que iba a suceder el coche saltó por los aires al poco de traspasar la Puerta de Branderburgo.

Adolf Hitler había muerto.

¡Sieg Heil!

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El cumpleaños de Hitler (1ª parte)

20 de abril de 1972. El día amanecía plomizo, pero las colosales vidrieras de la habitación provocaban que la claridad del amanecer se abalanzase sobre la estancia. Eran las seis de la mañana y Adolf experimentó una fugaz pero brusca sensación de enfado cuando acudieron a despertarle. Se incorporó lentamente y pidió ayuda para salir de la cama. Con parsimonia irguió los brazos y una joven pizpireta le quitó su pijama de lino lavado bordado con sus iniciales. Aquel día Adolf Hitler cumplía 83 años.

No era un cumpleaños cualquiera. Aquejado desde la cincuentena de párkinson y con un alzhéimer galopante, ese día iba a ser el último del Führer presidiendo un acto público. Había gastado millones de reichmarks en buscar inútilmente una cura, fracaso que le había costado la vida a unos cuantos científicos. No obstante, cuando la lucidez se lo permitía, seguía siendo tan implacable como de costumbre. Consumido su cuerpo y abandonada su mente, no tenía intención alguna de ser un estorbo para Alemania. En sus planes no estaba pasar sus últimos días en una institución psiquiátrica. Hitler era un hombre de principios. De escabrosos, deleznables, ruines y asquerosos principios. Pero de principios.

Ordenó a Goebbels que lo asesinarán.

El también enfermo y cojo ministro de Propaganda trazó un plan. Hacía años que Alemania se desangraba en la marca del Este, en las cuencas petrolíferas del Cáucaso y las llanuras ucranianas, donde convivían a partes iguales las casas de veraneo nazis con los campos de trabajo y los fantasmas de sus homólogos de exterminio. La guerra había terminado en 1944 tras la fastuosa victoria en Stalingrado el invierno anterior y la toma de Moscú por parte de la Wehrmacht aquel verano. Una vez caído el frente, Stalin se había suicidado. Regida por Breznev, la URSS seguía existiendo formando un vasto, pero irrelevante territorio, en Siberia, de nulo interés para los nazis.

Pero a inicios de la década de 1960 las colonias orientales comenzaron una guerra de guerrillas alentada por una nueva generación de comunistas. A pesar de los denodados intentos de Goebbels la opinión pública alemana estaba cansada de tanta guerra. La censura no podía parar la ingente llegada de imágenes de niños bombardeados por napalm y de inocentes perseguidos por helicópteros. La gente se defendía casa por casa y granja por granja mientras los ataúdes se acumulaban en el aeropuerto de Tempelhof.

Así pues, Goebbels trazó un plan con el beneplácito del Führer. Hitler acudiría a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos. Una vez terminado el acto una bomba colocada debajo de su Mercedes 280S blindado acabaría con su vida. Goebbels orquestaría todo para culpar a la URSS y de paso involucrar también a los estadounidenses, los cuales llevaban décadas apoyando económicamente a la resistencia del oriente europeo. De este modo, la previsible rabia de la opinión pública permitiría aumentar el número de soldados enviados al frente.

Tan sólo había un pero; ¿Quién sucedería a Hitler? Joseph Goebbels se había auto descartado. Había decidido inmolarse junto a su Führer. Su mujer, lejos de escandalizarse, asumió con gusto la idea y decidió sumarse a la macabra fiesta. Hermann Göring, el durante décadas poderosísimo número dos, había fallecido en 1956 víctima de un ataque cardíaco. Lo mismo le ocurrió a Martin Bormann cuatro años después. A Adolf Eichmann se lo llevó por delante un cáncer en 1962. Generales victoriosos como von Brauchitsch, Paulus o Nimitz habían ocupado cargos ministeriales en el pasado, pero su presencia era anacrónica en 1972. No hablemos ya de Guderian o de Rommel, este último ya fallecido y convertido en traidor al Reich tras su fuga a Estados Unidos en 1944.

El sucesor natural de Hitler parecía Heinrich Himmler, Reichführer de las SS, pero su ambición le había traicionado. Llevaba años maniobrando para suceder a Hitler y sus cartas estaban sobre la mesa. Además, Heydrich, su fiel mano derecha, había fallecido víctima de un ataque terrorista en Polonia meses atrás. No. Hitler lo descartó por completo. Himmler recordaba a un pasado que los nazis pretendían ocultar. Para Hitler sólo había un posible sucesor. Y ese hombre era Albert Speer, su arquitecto de cabecera.

Para evitar el desacato de las SS y una posible insurrección, Hitler ordenó a Goebbels asesinar también a Himmler. El hombre que creó un sistema centralizado de campos de exterminio también viajaría en aquel Mercedes con rumbo al averno.

Aquel 20 de abril, Himmler, Goebbels y Hitler saltarían por los aires.

¿Quién era Speer? Albert Speer era el arquitecto jefe de Hitler. Durante la guerra había sido el responsable de la distribución de armamentos y producción industrial. Tras la guerra ejerció de ministro de transportes y fomento hasta que fue sustituido por su hijo. Había sido el responsable de diseñar una fastuosa autopista de tres carriles que conectaba las regiones bálticas con el sur de España para goce del turismo alemán. Al borde de los 70, Speer seguía siendo un hombre cautivador, un conversador excepcional y una persona con grandes dotas comunicativas. Speer no era militar ni tampoco un SS. Era un civil. Y eso es lo que buscaba Hitler. Speer era el nazi bueno.

Y sobre todo Speer había hecho realidad el último gran sueño de Hitler. La construcción de Germania. La construcción de un nuevo Berlín. Un nuevo y gigantesco Berlín que el mundo iba a conocer en estos Juegos Olímpicos.

Germania

Ni era la primera vez que Berlín albergaba unos Juegos Olímpicos ni tampoco era la primera ocasión en la que los alemanes ejercían de anfitriones. Pero dado que los nazis solo admitieron a sus aliados en los JJ. OO de Núremberg 1948, hubo que esperar a Roma 1960 para ver en acción a Estados Unidos y a la totalidad de democracias latinoamericanas del bloque occidental. Desde entonces los Juegos Olímpicos se convirtieron en un campo de combate a mayores entre la guerra fría que Estados Unidos y el Imperio nazi estaban librando. Ocurre que los Juegos de Berlín 1972 tenían algo aún más especial. Por vez primera se admitía la presencia de los comunistas siberianos de la URSS y de la China popular. A cambio, Estados Unidos reconocía como país independiente a Taiwán y al régimen nazi cubano que, liderado por Fidel Castro, amenazaba con sus misiles las costas norteamericanas a escasos 40 kilómetros de distancia.

La ceremonia tendría lugar a media tarde. Parecía que, aunque nublado, la lluvia no haría aparición. Lo habitual era competir en verano, pero fue idea de Goebbels hacer coincidir los Juegos con el cumpleaños de Hitler. Aun así, la agenda de Hitler estaba repleta aquella mañana. Hacía años que utilizaba traje y corbata en el día a día, pero continuaba usando el uniforme pardo del partido nazi para los actos oficiales. Con el brazalete en el brazo izquierdo y con la cruz de hierro de la I Guerra Mundial y la medalla como creador de la Gran Alemania de 1944 en el pecho.

Hitler desayunó con Arno Breker, quien había diseñado la primera mascota de la historia de los Juegos Olímpicos. Se trataba de un pastor alemán con un collarín que tenía dibujados los aros olímpicos. La idea de Breker era usar como mascota a un perro salchicha, el más común del país, pero a Hitler le aterraba la idea. Más tarde tuvo una reunión con la cineasta Leni Reifenstahl, que ya se había encargado de la dirección cinematográfica en 1936 y en Núremberg 1948. En esta ocasión le acompañaba un joven de veintitantos llamado Rainer Fassbinder, quien, a pesar de tener un talento descollante, estaba siendo vigilado por la Gestapo por ser un posible elemento disidente.

Para el almuerzo Hitler se reuniría con una representación de los deportistas alemanes llamados a conquistar el oro olímpico. Destacaban Roland Matthes en natación y Renate Stecher y Ulrike Meyfarth en atletismo. Todos lograrían medallas ante sospechas de un dopaje de Estado que los nazis llevaban años practicando en mayor o menor medida. No podrían evitar que el estadounidense Mark Spitz, el finés Lasse Viren, la soviética Olga Korbut o el británico Kipchoge Keino se convirtiesen en reyes de los Juegos. Por suerte, el velocista ucraniano Valeri Borzov competía bajo bandera nazi.

También eran nazis los polacos Lato y Deyna, futbolistas del Schalke 04. Por vez primera los futbolistas profesionales competirían en los Juegos. Era una medalla de oro segura. El FC Bayern era el actual campeón europeo, liderado por Franz Beckenbauer, el cual se afanaba por agradar a Hitler en la mesa siempre encantado de entablar relaciones con las altas esferas. El Bayern había sucedido al Schalke 04 como primer campeón alemán europeo, una fantástica idea promovida por la revista Kicker a mediados de los 50. Era tan superior el nivel de la selección germana que futbolistas del nivel de Ivo Viktor o Oleg Blokhin eran suplentes, mientras que otros como Allan Simonsen alternaban el banquillo con la titularidad.

Finalizado el almuerzo, Hitler deseó suerte a todos los deportistas y tuvo un aparte con Beckenbauer, quien sería el encargado de abanderar a la delegación germana.

Cansado por el trajín de los acontecimientos, médico y enfermera atendieron en privado al Führer. Durante la comida se mostró ausente por momentos, pero sus acólitos se encargaron de ocultar sus defectos. Luego dormiría una breve siesta. Media hora después, una vez examinado y aseado, Hitler exigió la presencia de Goebbels antes de abandonar la Cancillería. El ministro de Propaganda comentó que todavía había tiempo a dar marcha atrás. Hitler, pensativo ante la gran bola del mundo de su despacho, giró la cabeza, contuvo la mirada y exclamó:

¡Sieg Heil!

Goebbels se cuadró, devolvió el saludo y ordenó que el chófer se plantase delante de la Cancillería.

Hitler en 1972

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La montaña mágica de Cañardo

Cataluña es Barcelona. Barcelona es Cataluña. Situada en un punto privilegiado del globo terráqueo, enclaustrada entre en el mar y la montaña, cerca de todo por tierra y por mar y bendecida con un clima benigno, Barcelona ha sido siempre vanguardia comercial, industrial y cultural. También deportiva. Ciudad olímpica. Hay y ha habido campeonatos mundiales en disciplinas tan diversas como el atletismo, la natación, el patinaje o el polo y otras como el fútbol, el baloncesto o el balonmano cuentan con seguimiento internacional semanal.

El pistoletazo de salida de Barcelona como icono vanguardista deportivo tuvo lugar el día de Reyes de 1911. Narcís Masferrer, director de El Mundo Deportivo, ponía en marcha la Volta a Catalunya, la que hoy es la tercera, tras Tour y Giro, carrera ciclista por etapas más antigua del mundo. La primera edición salió de la barcelonesa plaza de Sarriá para, tras tres jornadas, arribar a escasos metros del anfiteatro romano de Tarragona. La prueba, hoy centenaria, recorre los cuatro puntos cardinales de Cataluña beneficiándose de los hercúleos puertos montañosos de los Pirineos y de las turísticas estampas costeras que van desde la Costa Brava a la Dourada pasando por las tierras del Maresme y del Garraf.

Ocurre que antes de que la Volta fuese un evento internacional, antes de que el Barça fuese mès que un club y mucho antes de que Barcelona quedase siempre ligada a Michael Jordan y a su Dream Team, estaba Montjuic. La montaña mágica de Barcelona.

Dejar la llanura barcelonesa para encaramarse a los 170 metros de altura de Montjuic fue siempre a la vez reto y a la vez hechizo para el paseante. El ciclismo convertirá esos dos mil metros de ascensión en míticos y los vehículos a motor desnudarán su dificultad. Ocurre que antes de esos progresos, Montjuic era un reto. Era una quimera. Un ideal que las bicicletas convirtieron en deporte.

Al fondo…Montjuic

Al costado de Barcino se levantaba el Monte Júpiter. Así lo llamaban los romanos. En el medievo comenzó a conocerse como Monte de los Judíos y de ahí la derivación del topónimo a Montjuic. Ocurre que allí, en lo alto, y con mirada franca al mar, el homo sapiens encontró un lugar ideal para asentarse. Entre el Besós y el Llobregat, aquel promontorio era idóneo para repeler amenazas externas y controlar el llano en caso de revueltas. Con el tiempo sus imponentes cañones apuntarán amenazantes al corazón de la Barcino medieval.

De la montaña de Montjuic se extrajo la piedra del gres, un tesoro autóctono con el que se construyeron los principales edificios barceloneses, la muralla romana o la catedral. De esos talleres salió la piedra que edificó la impresionante Basílica de Santa María del Mar, construida por los ciudadanos de lo que hoy es conocida como la Barceloneta y la Ciudadela.

La magia de Montjuic radica en que está tan cerca como lejos. No queda a pie de paseo como El Retiro y celebrar una tarde bajo su falda requiere dedicación exclusiva. No solicita prisa, más tampoco permite pausas. Y no solo eso. Montjuic imponía. Durante siglos su castillo funcionaba como cazador de espíritus y sus paredes y muros como enclaustradores de ideas. Tras los Juegos Olímpicos de 1992 la ética de la montaña se transformó para siempre en un gran parque temático que se ha rendido al deporte y a la cultura con una oferta museística tanto arqueológica como ilustradora.

Eso es Montjuic. Es también una ascensión de 2,6 kilómetros al 6’5% con picos del 13% de desnivel. Una montaña que siempre estuvo en la psique de los barceloneses y que el ciclismo convirtió en mágica a inicios del siglo XX. Pocos años después de inaugurarse la Volta a Catalunya, allá por 1929, se construyó al pie de la montaña y enfrente del Museo Nacional la fuente de Montjuic. La joya de la corona de una explanada que muere en la Plaza de España y que marcará el pistoletazo de una subida que alcanzaría dimensiones de leyenda una tarde de septiembre de 1939.

— LA SEPTIMA DE MARIANO CAÑARDO —

Terminada la Guerra Civil el 1 de abril de 1939, el deporte pasaba a convertirse en un fundamental instrumento de propaganda del Franquismo. Atraída por su prestigio y su antigüedad, la Volta a Catalunya era pieza clave para fomentar la vuelta a la normalidad. Conviene recordar que si la prueba catalana llevaba en funcionamiento desde 1911 la Vuelta a España hubo de esperar más de dos décadas para ponerse en marcha. La Vuelta había tenido su primera edición en 1935 antes de que las balas y las bombas le pusiesen un pronto final.

Como es de imaginar el estado de las carreteras era paupérrimo. Sólo en Cataluña se contabilizaban la destrucción de más de cien puentes de los que menos de la mitad habían sido reconstruidos al llegar el verano de 1939. Fue el alcalde de Hospitalet y presidente de la Unión Deportiva de Sants, Wenceslao Marín, el que se puso manos a la obra. Consiguió que en septiembre se pusiese en marcha una carrera marcada por la austeridad, aunque su alegría duró apenas unos meses. Poco después fue destituido de la alcaldía acusado de fraude en la venta de material de obra para la reconstrucción del ayuntamiento. Fallecería en la cárcel, lugar que ya había ocupado en tiempos de guerra acusado de colaboracionista por los republicanos. Marín, además de reinventor de la Volta, pasará a la historia por besar barrotes acusado por rojos y también por nacionales.

El caso es que en septiembre de 1939 se pondría en marcha una Volta a Catalunya dulcificada con etapas de un máximo de 170 kilómetros en una época donde la distancia diaria se acercaba habitualmente a los 300, sin grandes puertos de montaña, al evitar los Pirineos, y con apenas cuarenta participantes, todos ellos de nacionalidad española. El claro favorito para llevarse la victoria en una de las más prestigiosas vueltas de una semana del calendario internacional era Mariano Cañardo.

¿Y quién era Mariano Cañardo?

Mariano Cañardo era catalán. Un catalán nacido en Olite. Pasó su infancia entre Navarra y Huesca jugando a fútbol y pelota vasca y dando vueltas a los patios de los Salesianos castigado por los curas. Quiso el destino que a los siete años quedase huérfano de padre y seis años después de madre. Al fallecer el pater familias tuvo que ponerse a pastorear cabras hasta que con 13 años hubo de trasladarse a Barcelona para vivir a cargo de su hermana mayor. Sus pertenencias cabían en una caja de zapatos.

Se instala en el barrio de San Andrés de Palomar (hoy Sant Andreu), sito al noreste de Barcelona e importante centro febril del momento. Cañardo descubre el oficio de carpintero, aunque su sueño es ser conductor de locomotoras. Sin embargo, para 1926, apenas con la veintena cumplida, se compra una bicicleta que debe pagar a plazos. Se enamora. Se apunta a una carrera a la que llegará en calzoncillos y alpargatas dado que no tiene ropa deportiva. Le obligan a ponerse su pantalón de pana y tendrá un accidente al meter la rueda trasera en las vías del tranvía a la altura de Vía Laietana. Dio igual. Quedó entre los quince primeros y nunca más dejaría la burra. Poco después ganó una carrera en Cantabria y acabará tercero en su primera participación en la Volta a Catalunya.

Pronto se convertirá en el primer profesional de la bicicleta. Será segundo en la primera Vuelta a España de la historia, alcanzará por dos veces el séptimo puesto en el Mundial de ciclismo cuando ningún ciclista al sur de los Pirineos se atrevía siquiera a participar, fue el primer español que corrió el Giro de Italia y fue vencedor de etapa en el Tour (únicamente otros dos ciclistas lo habían logrado antes que él) además de amasar un sexto puesto en agosto a finales de julio de 1936, cuando ya la Guerra Civil había estallado. Con el paso del tiempo se convertirá en director deportivo y tendrá cargos en la administración, tanto catalana como española, relacionados con el ciclismo. Su fama como gestor igualará a la de su carácter volcánico. Sirva como anécdota que, en 1946, cuando era director de la Volta a Catalunya, se acercó con su coche a la altura de Miguel Poblet quien, con la pierna llena de sangre tras una caída, estaba a punto de abandonar. Cañardo lo llamó maricón de mierda y se lio con Poblet a puñetazos ofendido por no querer volver subirse a la burra.

Pese a una segunda posición en una Vuelta a España, sus grandes gestas llegaron en su Volta, que ganó en siete ocasiones, aunque Cañardo siempre defendió que lo dejaron sin una octava corona por una sanción injusta, cuando le sorprendieron tomando cerveza un día en que el calor era insoportable. Entonces los ciclistas se detuvieron en plena etapa para tomar algo, en bares en los que era normal encontrar una fotografía de Cañardo, el único deportista capaz de rivalizar con los futbolistas Zamora o Samitier en fervor popular. Hijo del hambre, su salida del anonimato había tenido lugar en 1928, cuando disputó su primer Tour de Francia. Tuvo la oportunidad de competir por la baja de un compañero el día antes del inicio de la prueba. Cañardo se pasó la primera semana sin siquiera salir en las clasificaciones oficiales y en la penúltima etapa se le rompió el cuadro de la bici y tuvo que acabar la etapa con una de paseo que un aficionado tuvo bien en prestarle. Sin comer y sin lavarse, el director de su equipo le hizo dar marcha atrás e ir en busca de la montura destrozada. De esta guisa se presentó en la línea de salida del último día convertido ya en leyenda en toda España y especialmente en Cataluña. Llegó a Paris a base de sidras, medio borracho, y esa noche de gloria acabará quedándose dormido en el ascensor de su hotel.

Mariano Cañardo

Para 1939 Cañardo es, pues, una leyenda próxima al retiro al que la Guerra Civil le ha privado de alguno de los mejores años de su carrera. Son ya más de dos años sin competir en los que Mariano Cañardo ha hecho equilibrismo para pasar de ser un simpatizante republicano a un franquista convencido. Al igual que Ricardo Zamora, Mariano Cañardo vivirá toda su vida con el sambenito de cambia chaquetas. A fin de cuentas, eso era lo de menos. Todo se olvidaría con una nueva victoria.

Las dos primeras etapas de la Volta 1939 fueron muy similares y fueron ganadas al sprint por Cañardo liderando un grupo de primeros espadas. La primera, entre Barcelona y Valls. La segunda entre Valls e Igualada. La tercera etapa empezó a dar forma a la general, aunque Cañardo ya era líder sin sorpresas. Su grupo, de unos quince corredores, estaba al frente al salir de Igualada. Pero al paso por Manresa tomaron un camino incorrecto y recorrieron hasta nueve kilómetros por donde no tocaba. Al darse cuenta, se vieron obligados a dar media vuelta, con un Cañardo malhumorado por la equivocación y que, incluso, hubo de ser convencido para que no abandonara. El de Olite fue quien tomó la iniciativa en la persecución llevando un ritmo altísimo. Por delante, Santiago Ezquerra marchaba de líder virtual, hasta que en el descenso del Alto de Sant Hilari (a 1.000 metros de altura entre el Montseny y Savassona) se va al suelo, rompe la clavícula y debe de abandonar. Eliminado Ezquerra, y a pesar de que Cañardo flaquea en la contrarreloj de San Feliu de Guixols en otra etapa pasada por agua y donde abundan las caídas, Mariano se planta como líder indiscutible con seis minutos de ventaja sobre Diego Cháfer y sobre Fermín Trueba.

El séptimo y último día el pelotón llegaba a Barcelona vía Manresa, tras pasar por Molins del Rei. Era 24 de septiembre y Barcelona celebraba las fiestas de la Mercé. Los corredores dieron ocho vueltas por el circuito de Montjuic en una exhibición de Cañardo que ganaba cuatro etapas y se alzaba a sus 33 años con su séptima Volta a Catalunya, récord aun no superado. En el pódium recibió su jersey de líder, el cual ese año lucía de color azul marino en homenaje a Falange. Luego, en presencia de los generales Luis Orgaz y José Moscardó en calidad de Capitán General de Cataluña y Delegado Nacional de Deportes respectivamente, los 50.000 presentes escucharon el himno nacional y Cañardo depositó un ramo de flores por los caídos en la guerra por la gloria de Dios y de España.

Un trienio atrás en el calendario, en 1936, Mariano Cañardo había logrado su victoria más estruendosa. Competían el belga Frans Bonduel, un grande de la época, y Federico Ezquerra, más joven que Cañardo y considerado su sucesor. En la segunda etapa, camino de Girona, Cañardo perderá 16 minutos por culpa de una avería. Ambos, Ezquerra y Cañardo, competían por el mismo equipo y lo que ocurrió a partir de entonces fue una guerra en toda regla. Al día siguiente Cañardo atacó a Ezquerra contraviniendo las órdenes de equipo y ambos acabaron a mamporros al finalizar la jornada. Luego, en un día de lluvia de 250 kilómetros entre Figueras y Manresa, atacaría en el descenso de Santigosa jugándose la vida en una etapa donde hubo decenas de caídas y abandonos. Al llegar a la meta, con Esquerra perdiendo más de veinte minutos, Cañardo llamó a los periodistas y les reclamó a gritos su trono como mejor ciclista español del momento. Con todo hubo que esperar a la etapa final con subida al circuito de Montjuic para ver si Cañardo o Bonduel se llevaban el triunfo, dado que apenas un puñado de segundos separaban a ambos competidores. Unos 60.000 barceloneses se amontonaron en las faldas de Montjuic para presenciar siete vueltas a la montaña mágica subiendo por la cascada del Font del Gat (en unos meses volvería a ser Fuente del Gato) hasta el estadio y bajando por el Poble Espanyol. En las primeras vueltas, Cañardo tomó las riendas del grupo forzando el ritmo y provocando una selección de un grupo con ocho corredores, entre los que no estaba Bonduel. En el sprint final Esquerra levantaría las manos, pero la gloria sería nuevamente para Cañardo. Lluís Companys, presidente de la Generalitat, otorgaba el trofeo a Cañardo mientras los presentes entonaban con orgullo Els Segadors, el himno catalán cuya letra evoca un levantamiento de campesinos catalanes contra la política expansionista del rey Felipe IV en 1640.

De 1936 a 1939 habían cambiado muchas cosas, pero Montjuic seguía juzgando en silencio a todos aquellos que osaban ponerle un pie encima.

Una vista de BCN desde Montjuic

“Si contemplas la ciudad desde las colinas, ves su lógica, la ciudad cerrada de las antiguas murallas, la ciudad racionalista de la burguesía. Para mí es un modelo de ciudad inexplicable en cualquier lugar que no sea el Mediterráneo (…) En un día de sol, las colinas enfrentadas del Tibidabo y Montjuic aparecen respaldadas por un Mediterráneo que prolonga la sangre de los ribereños hasta los límites de los cuatro puntos cardinales más propicios del mundo. Una fe mediterránea en la vida se apoderó de sus músculos cansados y al llegar a la salida del cinturón de Ronda a la Travesera de las Corts equivocó voluntariamente la ruta de casa para buscar la de la Diagonal (…) Desde el monte Carmel, los inmigrados han podido ver una ciudad con historia, a manera de mancha concentrada alrededor del puerto, a la sombra del castillo de Montjuic que les vigilaba a ellos de forma especial, y una ciudad amable y confiada, la de la mesocracia liberal e individualista que se fue apoderando de todos los ensanches extramuros, subiendo progresivamente hacia las laderas de Collserola y el Tibidabo dominante”. Manuel Vázquez Montalbán.

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Negros en la selección española

No era racismo. O si era. Vete tú a saber. El caso es que era un entrenamiento. Y había cámaras. Y se vio todo. Era el año 2004. Luis Aragonés era el seleccionador. José Antonio Reyes el niño bonito. El de Hortaleza llamó a un aparte al de Utrera y le dijo aquello de al negro de mierda dígale que usted es mejor que él. La arenga iba dirigida contra Thierry Henry, estrella del Arsenal y compañero en la delantera de José Antonio Reyes.

Se lió parda. Racismo, inquisición y todo el rollo de las colonias. En Inglaterra nos pusieron a parir. No los hay más papistas que el papa. ¿Era racismo? No. No era racismo. Era una expresión racista. Son cosas distintas. La primera es repugnante. Yo a la segunda le pondría el calificativo de triste. El racismo está intrínseco a la condición humana. Lo estuvo, lo está y lo estará. Las expresiones racistas se corrigen con educación y valores cívicos. Hay menos de las que hubo y hay más de las que habrá. Las expresiones homófobas, racistas o machistas afortunadamente irán feneciendo generación tras generación. La homofobia, el racismo y el machismo siempre formaran parte de la humanidad. Thomas Jefferson escribió aquello de que todos los hombres han sido criados iguales con derecho a la vida, a la libertad y a la felicidad, pero luego tenía 4.000 hectáreas en propiedad y 135 esclavos a los que les negó la liberación. Al menos no los azotaba como hacía George Washington.

El caso es que en España no abundaban los negros. Luis Aragonés conoció a unos cuantos, pero Luis fue un futbolista de élite que compartió duchas y vestuarios con trancas de color azabache. Para el común de los mortales ver un negro era un asunto paranormal. Mi padre, niño del rural gallego de los 60, siempre cuenta que la primera vez que vio a un negro fue en las fiestas de su pueblo. Era un feriante que acoplaba una atracción. Ningún niño se montó en aquellos caballitos. Todos pasaron la tarde detrás de una pared, ocultos, mirando a aquel joven de tez oscura que parecía un extraterrestre a ojos de aquellos zagales.

Suponemos que en Madrid o Barcelona el relato causará cierta gracia, pero tampoco es que en las grandes ciudades los negros fueran algo común. En 1980 había 200.000 extranjeros en España (0,5 % de la población) y la mayoría eran blancos sudamericanos. En 2020 eran 5.400.000 (11,5 % de los residentes) los extranjeros censados. En 2024, únicamente tres años más tarde, ya eran 6.300.000 (13,1% de los habitantes). La diferencia en cuarenta años ha sido demencial.

Ruta esclavista

La condena de la esclavitud es un hecho históricamente reciente. Todas las sociedades, sin excepción relevante, han contado con esclavos, desde los egipcios a los ingleses pasando, por supuesto, por los españoles. Lo singular del caso hispano es que de todas las potencias esclavistas europeas que ha habido la española ha sido, con diferencia, la más indulgente.

Como tengo dichas en otras ocasiones conviene ponerse las gafas de la historia. En términos morales la esclavitud es algo infame. En términos históricos la esclavitud es una institución económica. Hasta la propagación de la mecanización, el sistema de producción necesitaba de abundante mano de obra. Así nacieron sectores enteros de población cuya naturaleza era esa; la esclavitud. Era esta una vida sin dignidad humana, que no pobre, ya que, principalmente en tiempos antiguos, en la mayoría de las ocasiones vivía mejor el esclavo que el pobre.

La esclavitud pasó a ser un negocio multimillonario a partir del siglo XVI. A través de ese oficio lucrativo, aunque asqueroso, colonizarían bastos territorios de América con un número muy limitado de militares y civiles portugueses, españoles, ingleses, franceses o neerlandeses (también había esclavos blancos pululando los puertos del Mar Negro y de Oriente Medio, ya que rubios eslavos y morenos ibéricos abundaron en las cortes de sultanes otomanos). Los portugueses fueron los que le pusieron el cascabel al gato (el 40% de los esclavos africanos acabaron en Brasil) a lo que siguieron luego los españoles, pero de una manera mucho más residual, a pesar de lo que la Leyenda Negra nos ha hecho creer.

Mujer del Renacimiento y ferviente católica, Isabel patrocinó el viaje de Colón a las Indias no con afanes aventureros ni económicos, sino con la idea de instaurar una monarquía cristiana. La esclavitud era incompatible con su ideal político y religioso. Su misión era evangelizar a todos los nativos. Y ningún cristiano podía ser esclavo. La culminación de este planteamiento es el testamento leído tras la muerte de Isabel la Católica en 1504. Con la mentalidad de la época era algo extravagante e inaudito, pues nunca antes una potencia vencedora había decidido no esclavizar al vencido.

Se establecieron entonces las encomiendas, en las que se concedía a un español un número determinado de indígenas como mano de obra. Eran los líderes indígenas los encargados de movilizar el tributo y la mano de obra asignada. A su vez, los encomenderos debían asegurarse de que los nativos de la encomienda recibieran instrucción en la fe cristiana y en la lengua española y protegerlos de agresiones externas. Hubo problemas. Claro. A 7.000 kilómetros de distancia las órdenes y las sanciones llegaban con meses de retraso, por lo que muchas de esas encomiendas pasaban a ser esclavitudes encubiertas.

Hasta que en 1530 Carlos I reconociese el derecho a la libertad, a la propiedad privada y al cristianismo de todo nativo. Los conquistados en la Pampa, en México o en el Perú nunca serían esclavos. Éste último punto se antoja trascendental y es radicalmente moderno para la época.

Dado que los nativos americanos ya no podían ser esclavos, es entonces cuando se mira al mercado esclavista africano. Por entonces Lisboa era el centro negrero mundial por excelencia. Los portugueses llevaban años cambiando manufacturas y cereales por el oro y los seres humanos que los jefes tribales africanos y los árabes del Magreb les proporcionaban. A ese mercado se sumaron rápidamente los españoles porque, en términos legales, los negros ya eran “esclavos por naturaleza”.

Se calcula que sólo en el siglo XVII llegaron 250.000 esclavos negros a América. Pero eso era sólo el inicio. En 1714, tras el Tratado de Utrecht que puso fin a la hegemonía hispana, Londres ocupó el lugar de Lisboa como puerto mercantil de la esclavitud. Para el siglo XVIII ya eran siete los millones de esclavos africanos enviados a América.

Pero seguimos sin contestar a la pregunta; ¿por qué hay tan pocos negros en las antiguas colonias españolas? La respuesta está en la doctrina católica. Aun siendo esclavos, a todo aquel negro que se convertía al catolicismo se le integraba en la sociedad. Es más, en la América española el esclavo podía comprar su libertad. En las colonias inglesas o neerlandesas, esclava era toda la familia. En las españolas los hijos de un esclavo dejaban de serlo (al menos en la teoría). De ahí que exista abundante documentación de la existencia de cientos de negros que escapasen del dominio inglés para buscar cobijo en la Florida española.

Cuando hace ahora dos siglos llegó el momento de las guerras de independencia en América, la mayor parte de los nativos se alineó con la Corona española. Veían en la metrópolis una institución capaz de garantizar sus libertades y sus costumbres. Los criollos, los hijos del mestizaje (fruto de las revolucionarias ideas de Isabel la Católica el mestizaje diferenció la colonización hispana de todas las demás potencias europeas), eran los que querían acabar con las costumbres indígenas. Cuando Simón Bolívar llegue al sur de Colombia en 1820 escribirá, entre horrorizado y sorprendido, que sus enemigos más encarnizados eran indios nativos.

Perdidas las colonias norteamericanas, desde el Imperio Británico se presiona para abolir la esclavitud, lo cual se hará efectivo en 1833. No es un acto de fe, dado que seguirán esclavizando de facto a los africanos durante el siglo XIX, más los esclavos dejarán de existir como mano de obra en las Islas y se perseguirá y juzgará a aquellos que trafiquen con personas por todo el Atlántico. Presionados por los británicos, el resto de naciones europeas y las nuevas naciones sudamericanas aceptarán la nueva realidad con celeridad.

No será ese el caso de Estados Unidos, que no abolirá la esclavitud hasta 1865 tras una cruenta guerra civil, o de Brasil, que no lo hizo hasta 1888, tras más de medio siglo de independencia. España no acabó con la esclavitud hasta 1880, manteniendo viva esa sucia realidad en Puerto Rico y Cuba para gloria de las compañías negreras de Bilbao, Cádiz o Barcelona. Y con todo habrá que esperar al siglo XX para ver al mayor negrero de la historia, el industrial alemán Alfred Krupp. Cierto día, en una reunión con Hitler, le comentó que antes de gasear, asesinar o encarcelar a elementos desafectos, siempre era mejor hacerlos trabajar hasta la muerte para aumentar la producción bélica. Se estima que en las fábricas Krupp trabajaron unos doce millones de esclavos. Alfred tuvo bajo sus órdenes directas a unos 200.000.

Volvamos al siglo XIX. Es entre 1820 y 1880 cuando la esclavitud financiada por España se torne en real. Se estima que llegaron el doble de esclavos al caribe español en esos sesenta años que en los dos siglos anteriores. Y coincidió en el tiempo cuando desde el Imperio Británico se prohibía y se luchaba contra la esclavitud. De ahí la mala, y en cierto modo injusta, fama española. El malagueño Pedro Blanco, uno de los mayores negreros de la historia, había hecho su fortuna traficando entre Sierra Leona y La Habana hasta que en 1850 sus barcos fueron arrasados por la marina británica. Ese hecho incendió a la opinión pública inglesa en el momento en el que la alfabetización se había generalizado y el periódico era devorado por las masas. Fue así como, a pesar de ser la potencia europea más restrictiva con la esclavitud, la Leyenda Negra y el derrumbe hispano en el siglo XIX hizo que a ojos de la sociedad ilustrada España quedase como un país rancio y anquilosado.

La leyenda negra….

— NEGROS EN LA SELECCIÓN ESPAÑOLA —

El primer partido de la selección española tuvo lugar en 1920 en Amberes. Fue llegar y besar el santo porque España logró la medalla de plata en aquellos Juegos Olímpicos. No estaba allí presente Paulino Alcántara, el hombre con el récord de goles anotados en la historia del FC Barcelona hasta que Leo Messi lo pulverizó en 2014. Paulino debutó con La Roja en 1921 a los 25 años. Antes había sido internacional con Filipinas. Pero la primera gran figura del fútbol español no era negro, sino blanco con ligera tez morena. Hijo de militar español y de una joven filipina había nacido dos años antes de que España perdiese sus colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Cubano era Chus Alonso (3 veces internacional), centrocampista del Real Madrid de la posguerra y autor del primer gol en Liga en el Santiago Bernabéu. Alonso había nacido en una Cuba ya independiente, pero sus padres eran asturianos. Para entonces nadie emigraba a España, sino que eran los españoles los que emigraban al extranjero debido a la carestía y la falta de libertades del Franquismo. Y aun así había quien soñaba con vivir bajo el paraguas del Caudillo. Es el caso de Laszlo Kubala (19 partidos) y Ferenc Puskás (4 partidos). Ambos húngaros de nacimiento y ambos acabarían siendo figuras en España e internacionales con su país de adopción. Junto a ellos, a caballo entre los 50 y los 60, estará Alfredo di Stéfano (31 partidos). En todo caso todos ellos eran nacionalizados y todos eran blancos. Caso de los argentinos Rubén Cano (12 internacionalidades) y Juan Antonio Pizzi (22 partidos), el paraguayo Eulogio Martínez (8 internacionalidades) o el brasileño Diego Costa (24 encuentros).

Dado que España durante el Franquismo pasó a ser país de emigrantes también contamos con casos de futbolistas que son hijos de padres que hicieron la maleta buscando un futuro mejor. Es el caso de José Eulogio Gárate (18 internacionalidades) que nació en Argentina, aunque a los pocos meses ya estaba de vuelta en España. Algo más, concretamente ocho años, fue lo que tardó Roberto López Ufarte (15 partidos) en dejar Marruecos y volver a Irún. Cuatro años eran los que tenía Álvaro Cervera (1 encuentro con España) cuando llegó a Tenerife procedente de Guinea Ecuatorial donde trabajaba su padre.

Con los años la diáspora española se europeizó hasta que la llegada de la democracia hizo que esos emigrantes se convirtiesen en retornados. Así muchos niños nacidos en los 60 y 70 pasaron a ser futbolistas españoles de pleno derecho entre la última década del pasado siglo y la primera del presente. Nos referimos al suizo Luis Cembranos (1 partido), al francés Armando Álvarez (2 partidos), al danés Thomas Christiansen (2 partidos) o al nacido en Alemania Curro Torres (5 internacionalidades).

Todos ellos son blancos.

Pizzi (22 veces internacional)

El primer negro de la selección tendría que haber sido Miguel Jones. Jones sí que era negro. Su padre era un destacado político en la entonces colonia española de Guinea, pero al poco se trasladó a vivir a Bilbao. Miguel era hincha del Athletic, pero nunca pudo jugar con el club de sus amores ante la estricta política de fichajes que entonces tenían los leones. De aquella no valía con formarse en Euskalherria, también había que haber nacido en territorio vasco. El caso es que Jones acabaría haciendo carrera en el Atlético de Madrid. Jones llegó a estar convocado para un partido de la selección española ante Rumanía, pero no pasó de hacer ejercicios de calentamiento en la banda y se perdió una oportunidad histórica.

Hubo que dar un salto en el tiempo.

El primer negro que jugó con España fue Vicente Engonga Maté. Debutó un 23 de septiembre de 1998 en Granada en un encuentro amistoso ante Rusia. El seleccionador era José Antonio Camacho que contó con su presencia en 14 partidos y lo convocó para formar parte de la plantilla de España en la Eurocopa 2000. Sus padres eran guineanos y, aunque había nacido en Barcelona, pasó su infancia en Torrelavega. Engonga, y sus tres hermanos, pudieron ser internacionales con Guinea Ecuatorial, pero la federación africana no tenía forma de costear los futuribles viajes de España a África. El tiempo pasó y Vicente, el mejor de ellos, debuta en Primera con el Real Valladolid a los 26 años. Era una edad tardía, pero acababan de comenzar los 90, años de doble pivotes, medios de contención y robar antes que pasar. Engonga era duro y trabajador, un Makelelé a la española. Hizo carrera en el RC Celta antes de formar parte de alguno de los mejores años de la historia del RCD Mallorca.

Engonga. El primer negro

Antes, concretamente cuatro años antes, había debutado Donato Gama da Silva. Negro, negrísimo. Pero no era un negro español. Donato (12 internacionalidades) era brasileño y se había nacionalizado español tras su exitoso paso por Atlético de Madrid y RC Deportivo. También negros nacionalizados eran los brasileños Catanha (3 internacionalidades) o Marcos Senna (28 partidos) el negro más victorioso, ya que llegó a proclamarse campeón de la Eurocopa 2008.

Los nuevos tiempos han hecho que ya no sea extraño ver a un negro vistiendo la camiseta de la selección. Muy recientes son los casos de los mestizos Thiago Alcántara (46 internacionalidades) o Rodrigo Moreno (28 partidos). España es hoy país receptor de emigrantes y se ve en la composición de estos nuevos futbolistas. Adama Traoré (8 partidos) nació en Hospitalet, pero es hijo de padres malienses que se instalaron en Barcelona a finales de los 80. A España también emigraron a inicios de los 90 los Williams, cuyo primer hijo Iñaki (1 partido) nació en Bilbao y el segundo Nico (25 internacionalidades de momento) lo hizo en Pamplona.

Es obvio que cuando se introduzcan en la elite todos aquellos futbolistas nacidos en el nuevo siglo el número de negros en la selección se asemejará a lo que ocurre en otros países europeos del entorno, incluyendo a la hasta no hace mucho aria Alemania. Es cierto que el peso de la emigración latinoamericana mitigará este efecto y España se parecerá más en sus alineaciones a Italia que a Francia o a Portugal, pero es innegable que los tiempos cambiarán y lo que antes era una rareza ahora será una certeza. Se pensaba que el líder de esa generación sería Ansu Fati (10 internacionalidades), un africano que a los seis años vivía en Sevilla junto a su familia y que tres años más tarde entraba en las categorías inferiores del FC Barcelona. No fue así. Lo será el ya campeón de la Eurocopa y también producto de Can Barça Lamine Yamal (17 internacionalidades a los 17 años) de padre marroquí y madre ecuatoguineana criado en Mataró. Quién sabe si será la estrella del Mundial 2026 formando una delantera negra y campeona junto al ya citado Nico Williams y al delantero melillense Samu Omorodion (1 vez internacional de momento). Quizás. Y quizás uno de esos tres marque el gol de la victoria mundialista tras pase de Alejandro Balde (7 internacionalidades), lateral negro barcelonés de madre dominicano y padre bisauguineano.

Lamine. El NEGRO de España

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¡Scheiberlspiel! (el nacimiento del Wunderteam)

En 1926 Matthias Sindelar debutó con la selección austriaca de fútbol. Contaba con 23 años. Era un atacante ligero, técnico, goleador y con una facilidad pasmosa para jugar al primer toque. Sus pases y su facilidad para escabullirse de pobladas defensas gracias a su regate pronto le valieron el sobrenombre de Der Papierene (El Hombre de Papel). Su fama entre sus contemporáneos fue inmensa, solo igualada en Europa por Giuseppe Meazza y Ricardo Zamora. Su legado y su leyenda es mucho más extraordinaria que la del delantero lombardo y el guardameta catalán. Sindelar se negó a jugar con la selección alemana cuando los nazis se anexionaron Austria en 1938. Su muerte, ocurrida meses después tras un escape de gas en su domicilio, lo convirtió en mito y aun no se sabe a ciencia cierta si aquello fue un suicidio o un asesinato.

El técnico que le dio la alternativa era Hugo Meisl. Se le podría llamar más bien director técnico. Entonces el seleccionador elegía a los jugadores y establecía la técnica de juego, pero nunca ejercían como preparadores físicos. Meisl es una figura esencial en la expansión del fútbol por Europa y compartía con Sindelar su credo en el judaísmo. A Meisl no le daría tiempo a experimentar con los horrores del nazismo porque moriría en 1937 víctima de un paro cardíaco a los 55 años.

Matthias Sindelar

Sindelar contribuyó con un gol a la victoria de Austria en su primer partido internacional. Volvería a hacer lo mismo en los siguientes encuentros y su buen hacer llamó la atención incluso del entonces indiscutible y sagrado fútbol inglés. El Arsenal llegó a ofrecer un contrato que Sindelar rechazó. Por aquel entonces irse a jugar al extranjero te imposibilitaba defender a tu selección nacional.

Pero el caso es que Sindelar fue desapareciendo de las alineaciones de Meisl cual Guadiana. El motivo era simple. Del mismo modo que Sindelar era un faro en el ambiente ofensivo también era un lastre en el aspecto defensivo. Ocurría que Austria acumulaba varios futbolistas de gran talento ofensivo y Meisl consideraba que necesitaba un equilibrio para evitar que el equipo se partiese en dos. Así Sindelar salía frecuentemente de la alineación en favor de Fritz Gschweidl, otro interior y mediapunta de enorme talento, pero mucho más trabajador. Si Sindelar acabaría su carrera con 43 internacionalidades y 27 goles, Gschweidl lo haría con 44 internacionalidades y 12 goles.

La idea de Meisl parecía acertada, sin embargo, el equipo no carburaba. Austria alternaba victorias con derrotas y lo peor para Sindelar es que las últimas eran más numerosas cuando estaba él en el once inicial. Y en esas estábamos cuando llegó el 6 de enero de 1929. Nüremberg. Alemania contra Austria. Era un amistoso, pero entonces los amigables no eran lo que soy hoy. Eran pura competición. Prácticamente no había torneos internacionales y el número de encuentros disputados al año eran simbólicos. Un duelo entre selecciones entonces era todo un acontecimiento. Hugo Meisl alineó el clásico 2-3-5 de la época usando como sus cinco hombres de ataque a Leopold Danis, Matthias Sindelar, Friedrich Gschweidl, Karl Schilling y Anton Pillwein. Era únicamente la segunda vez que Sindelar y Gschweidl coincidían en el once inicial. La otra vez había sido apenas dos meses antes con victoria austriaca en Viena ante Suiza (2-0).

El rival estaba formado únicamente por jugadores del sur de Alemania. En todo caso la mayoría de los futbolistas germanos de más clase procedían de Baviera. Hacía frío. Mucho frío. Los 20.000 espectadores que abarrotaban el estadio de Nüremberg asistieron a un partido en el que Alemania pasó por encima de Austria. El preciosista juego austriaco nada podía hacer en un césped totalmente helado. Los jugadores apenas podían correr y los resbalones eran continuos. Austria insistía en el juego de toque y Alemania decidió buscar el juego directo. Al descanso el marcador era 0-0. Ocurre que en el segundo tiempo los alemanes apretaron y su mayor fondo físico destrozó a los austriacos. En media hora, entre el minuto 60 y el final del encuentro, anotaron cinco goles. Alemania 5-0 Austria. Hoy puede parecer normal, entonces era una sorpresa morrocotuda. El fútbol austriaco estaba muy por encima del germano. Nunca antes y nunca después en sus cerca de dos décadas como seleccionador sufrió Meisl derrota semejante a los mandos de Austria.

Hugo Meisl

Las consecuencias de la catástrofe no se hicieron esperar. Había un largo viaje de vuelta en tren a Viena. Quince horas para afrontar 500 kilómetros. Hugo Meisl, furioso y herido, despotricó contra sus jugadores. Había claudicado. Había aceptado jugar con sus dos iconos ofensivos a sabiendas de que el equipo sestearía en sus funciones defensivas. Lo había confiado todo al Scheiberlspiel.

¿Qué es el Scheiberlspiel?

El Scheiberlspiel es ingenio, alegría, naturalidad y facilidad. Scheiberlspiel es Jogo bonito. Scheiberlspiel es Fútbol total. Scheiberlspiel es Tiki-taka. Scheiberlspiel no es más que una corriente futbolística que aboga por la posesión del balón y por el juego de ataque para ganar los partidos. Si hay que escoger entre defender o atacar para lograr la victoria se debe escoger siempre atacar sin tener en cuenta el rival ni el escenario.

Y Meisl no creía en el Scheiberlspiel. Al menos no en una versión tan radical. Más práctico que idealista, Meisl estaba dispuesto a abandonar el juego de pases y volver al juego directo típicamente inglés. Por entonces ya era tendencia el 3-2-5 de Herbert Chapman en el Arsenal. La modificación táctica defensiva imperante en el fútbol. Pase largo hacia el extremo, control al primer toque y carrera hasta la línea de fondo para el remate de cabeza al delantero centro. En aquel largo y tedioso viaje en tren Meisl seguía criticando el Scheiberlspiel, mientras los jugadores callaban y negaban con la cabeza. Alguno respondía a los argumentos de Meisl negando la mayor, a lo que el seleccionador volvía erre que erre. La discusión se alargó durante horas con la participación silenciosa de los periodistas que compartían vagón con la expedición.

Así pues, en cierto momento dado, tras horas de discusión, el siempre callado Matthias Sindelar se levantó de su asiento y se puso cara a cara con Meisl. Primero habló uno y luego replicó el otro. Ocurrió entonces que Sindelar explotó y soltó por su boca la frase que cambiaría el fútbol austriaco para siempre:

“¿Sabe usted por qué no hemos ganado hoy? ¡No hemos hecho suficiente Scheiberlspiel! ¡Deberíamos haber hecho más Scheiberlspiel!”

Aquella bomba, aquel obús lanzado por la estrella del equipo al seleccionador, silenció el resto del viaje. Si lo que antes había sido un cruce de ideas ahora era simple y llanamente un motín a bordo. Una taxativa negativa a todo lo que Meisl defendía. Sindelar cambiaba la apuesta. No había problemas defensivos, sino ofensivos. SIndelar pedía más juego de ataque. Y lo hacía delante del padre del fútbol austriaco.

Nunca más Sindelar volvería a jugar en la selección.

Austria. Años 30

Así entonces Friedrich Gschweidl se consolidó como referente austriaco mientras que Sindelar era enviado al ostracismo. El juego se hizo más precavido y monótono. Dicho proceso no hubiese sido un problema si los resultados acompañasen. Ocurrió que no fue el caso. En los siguientes dos años el balance de la selección austriaca fue más bien discreto, por lo que las críticas no hicieron más que arreciar. Todo explotó tras caer en Milán ante Italia y no pasar de un aburridísimo empate sin goles en casa ante Hungría.

Era mayo de 1931. Dos años y cinco meses después del incidente en el tren volviendo de Nüremberg. Por entonces Meisl y otros miembros de la Federación solían reunirse con varios periodistas alrededor de las mesas de mármol del espectacular Ring-Café, en el centro de Viena. Eran tiempos donde los prohombres del fútbol compartían ideas y discutían sobre el porvenir del nuevo deporte. Era una mesa redonda bien provista de café cargado, exquisita educación y dosis y dosis de críticas a base de retranca. Meisl era muy básico en lo táctico y aquello exasperaba a los periodistas que insistían una y otra vez con la vuelta de Sindelar.

Había que jugar contra Escocia en Viena el 16 de mayo, un auténtico honor. El simple hecho de que los escoceses hubiesen aceptado desplazarse hasta Austria era inaudito. Por entonces cualquier selección británica era considerada superior. La insistencia a Meisl para que hiciese cambios fue tal que un par de días antes del partido el seleccionador llegó tarde al Ring-Café a propósito. Hugo Meisl esperó a que todos los asistentes a la tertulia estuviesen sentados, abrió la puerta del recinto, se dirigió a la mesa y lanzó una hoja arrugada delante de uno de los periodistas.

“¡Aquí tenéis vuestro Scheiberlspiel!”.

Tras lo cual abandonó el Ring-Café y se marchó a su casa.

Aquel papel contenía la alineación del partido contra Escocia. Jugaría Sindelar. También Gschweidl. El once sería el siguiente: Hiden; Schramseis, Blum; Mock, Smistik, Gall; Zischek, Gschweidl, Sindelar, Schall y Horvath. Era el Wunderteam. El equipo maravilla. Uno de los equipos más legendarios de la historia del fútbol.

Por cierto. Aquella alineación nunca se filtró. Pasarían muchos años antes de que se desvelara lo que pasó en el Ring-Café. Otros tiempos. Otros códigos de honor. Otros periodistas. Y otros deportistas.

Aquel 16 de mayo en el estadio Howe Warte de Viena vio una rotunda y espectacular victoria de Austria ante Escocia por un clarísimo 5-0. Los pases cortos, las triangulaciones y el gusto por el espectáculo hicieron las delicias de los aficionados. Sindelar fue escogido el mejor jugador del partido y la prensa británica se deshizo en elogios al fútbol desplegado por Der Papierene.

En los siguientes 16 partidos internacionales (dos años) Austria desplegó el fútbol más atractivo del mundo. Venció a Alemania por 0-6 a domicilio, por 8-2 a Hungría en casa y también venció por 0-4 a Francia en París o a Suiza por 1-8. No solo eran las victorias, era el estilo de fútbol. Era el Wunderteam. Un equipo que llenó páginas y páginas de revistas y periódicos de medio mundo. La racha se cortó en 1933 en una honorable derrota en Inglaterra por 4-3. En todo caso Austria partía como favorita para ganar el Mundial de 1934. Sin embargo, Italia, que ejercía de anfitriona, venció por 1-0 a Austria en semifinales a pesar de que el dominio y el control del partido fue íntegramente austriaco.

Aquello fue el fin del Wunderteam, que aun daría unos cuantos coletazos brillantes antes de que en 1938 Alemania se anexionase Austria y la selección despareciese al integrarse con la de la Alemania nazi. El Scheiberlspiel había muerto, aunque su legado permanecería en el recuerdo. El Wunderteam fue el primer equipo perdedor que trascendió en la historia. La Hungría de Sebes y Puskás o la Holanda de Michels y Cruyff beben de las ideas y de las discusiones entre Meisl y Sindelar. Del precavido técnico y del fantástico mediapunta.

Wunderteam. Mundial 1934

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¿Cuál es el mejor equipo secundario de Europa?

Hace poco más de dos meses redacté un artículo en el que me animaba a indagar cuál era el mejor campeón de Copa de Europa. Cuál entre todos los campeones en más de 70 años de competición era aquel que había hecho la mejor temporada. Tras un escrutinio, de los 14 finalistas salió victorioso el FC Bayern de 2020, quien venció en los 11 partidos que disputó ese año con sonoras goleadas en octavos, cuartos (8-2 al Barça) y semifinales.

Hubo quien no estuvo de acuerdo. Normal y lógico dado que este blog no es palabra de Dios. Además, de todas las clasificaciones e historias contrafactuales que tengo hecho ya manifesté que aquella era la más subjetiva de todas ellas. El caso es que los grises no suelen existir y toda opinión oscila entre blanco y negro. En el caso del fútbol eso significa Madrid y Barça.

Así que mi suegro, un agradecido y entusiasta lector fanático del Real Madrid, no dudó en decirme que no estaba de acuerdo con la clasificación. Obviamente el Madrid es el mejor equipo, no sólo de Europa (15 títulos sobre 7 del siguiente campeón) sino del planeta, pero los números dicen que sus victorias beben en su mayoría de la épica y ninguna es tan perfecta como la del Bayern de 2020. Por otro lado, un buen amigo de mis tiempos de instituto, otro agradecido lector, en este caso fanático del Barça, no dudó en decirme que era indignante que el Barça de Guardiola ni siquiera estuviese entre los 14 finalistas. El caso es que es posible que el juego ofensivo y entusiasta del Barça de Guardiola haya sido el más hermoso del último cuarto de siglo (hay quien dice que de siempre), no obstante en 2009 meneó al United en la final porque Iniesta metió un gol milagroso en Stamford Bridge en la vuelta de las semifinales. Así que lo de ganar con autoridad podemos ponerlo entre comillas.

Luego añadió aquello de que en tiempos de Franco al Madrid le regalaban las ligas y por eso podía jugar la Copa de Europa.

En fin.

Como no pierdo el tiempo en contestar a esa chorrada, le hice a mi buen amigo la siguiente reflexión. Dado que el Madrid ganaba ligas por decreto franquista y el Barça era tan buen equipo; ¿cuántas Copa de la UEFA ganó el Barça en los años en los que el Madrid ganó sus seis Copas de Europa en blanco y negro? Yo le respondí. El caso es que fueron tres títulos internacionales azulgranas en el mismo tiempo que el Madrid ganaba el doble.

Surge el argumento entonces de que era más difícil de ganar la UEFA que la Copa de Europa. Puede ser. Clasificarse para la Copa de Europa era mucho más complicado y su prestigio era mayor, pero en la UEFA se juntaban dos, tres o cuatro equipos de tronío de las ligas más potentes de Europa. El cartel de la Copa de la UEFA hasta los años 90 solía ser más temido que el de la Copa de Europa.

Así que la propuesta que se me hace es descubrir cuál ha sido el mejor equipo en la mejor temporada europea de la historia. Cuál ha sido el mejor equipo secundario del continente. Acepté el reto y me puse a ello.

Las reglas son las mismas con las que había buscado al mejor equipo en la mejor temporada de la Copa de Europa. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. Hay demasiados. Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates, por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré muchísimos campeones y decidí darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar cuatro de los cinco partidos en liza. Los reyes entre reyes.

De los cinco partidos decisivos al menos salir triunfador en cuatro de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Tenía 15 campeones. Bien. Correcto.

Había un problema. Quedaba la Recopa de Europa. Por nombres la tercera competición europea. Participaban los campeones de copa y muchos de ellos eran equipos de segunda o hasta de cuarta fila. No obstante, su prestigio era superior al de la UEFA dado que para acceder a la Recopa debías haber ganado un título. Menor, quizás. Pero un título. Así que hube de incluir a la Recopa, pero fui mucho más estricto. Para pasar la criba habría que ganar los dos partidos de semifinales y la final. 3/3. Me salieron cinco campeones. Añadí luego la neonata Conference League. No salió ninguno. Afortunadamente no salió ninguno.

Fueron 20 los campeones. 20 de 108 posibles. 15 de la Copa de la UEFA y 5 de la Recopa de Europa.

Spoiler. El Barça sólo coloca un campeón entre los 20 finalistas. Así que no. No es culpa de Franco. El Madrid no coloca ninguno. Normal, dado que solía participar en la Copa de Europa. El Madrid nunca ganó la Recopa y venció en dos UEFA en los ochenta, hoy enterradas, pero entonces muy apreciadas (el Madrid estuvo 32 años a dos velas, que nadie se olvide). Las ganó, como de costumbre, a lomos de la épica, fracasando a domicilio y remontando en el Bernabéu. El miedo escénico nació por aquel entonces.

En la Copa de la UEFA (antes Copa de Ferias y hoy Europa League) España consta con 20 títulos (7 del Sevilla FC), Inglaterra 13 e Italia 11. En la Recopa ingleses e italianos suman ocho entorchados por los siete españoles (4 del FC Barcelona plusmarquista de la competición). No es más que un reflejo de cuales fueron, han sido y son las ligas más fuertes del continente.

Esta clasificación de 20 equipos confirma cosas que ya me imaginaba como que el Anderlecht fue un primer espada europeo, lo buen entrenador que fue el finado Sven-Göran Eriksson o lo buen guardameta que era el infravalorado Michel Preud’homme. También deja espacio para que brillen tanto el Inter como la Juve, dos equipos triunfadores en Italia, pero que siempre han vivido en Europa a la sombra de los éxitos del AC Milan en la Copa de Europa.

Fuera de la lista quedaron un par de equipos invictos como la Juve de Michel Platini y el Everton de Howard Kendall victoriosos en la Recopa de 1984 y 1985 respectivamente. También destacar al Shakhtar Donetsk de 2009 y al Chelsea de 2013 ganadores de la Europa League, que fueron descartados por provenir de la primera fase de la Copa de Europa donde firmaron unos números mediocres.

Vamos a ello. Obviamente no se puede comparar esta lista con los ganadores de Copa de Europa. Pero es una muestra de esa clase media. O de esos grandes equipos a los que se les cerraron las puertas de la Copa de Europa, pero alcanzaron la gloria en el segundo escalón europeo. Son todos un ramillete de equipos que serán recordados por aquellos que los disfrutaron en su momento y que merecen ser conocidos por aquellos que nunca jamás han oído hablar de ellos.

Vamos con los 20 elegidos. Primero los cinco que ganaron la Recopa. Después con la quincena que ganó la Copa de la UEFA:

Recopa:

20 RSC Anderlecht 1976 (6-1-2) 16 FC 5 GC 66’6%: Resulta que en los 60 liderados por Paul Van Himst el Anderlecht ganó liga tras liga. Retirado el mejor jugador belga del siglo XX, el Anderlecht pasará casi una década sin alzar una liga y paradójicamente eso le permitirá ganar tres títulos europeos. La Recopa de 1976 sería el primero de ellos. La final tendría lugar en Bruselas frente al West Ham y fue ganada por 4-2 gracias a dos goles postreros de Rob Rensenbrick y Frankie Van der Elst, sus dos grandes estrellas. A ojos actuales el Anderlecht no dice nada, pero en aquellos años era un rival fortísimo que jugaría tres finales de Recopa consecutivas alzándose con el título en el ya citado 1976 y también en 1978. En ese mágico 76 le ganarían la Supercopa al Bayern de Beckenbauer. Once ideal: Ruiter; Lomme, Van Binst, De Groote, Broos; Van der Elst, Dockx, Coeck, Haan, Ressel; Rensenbrick. Entrenador: Hans Croon.

Rob Rensenbrick

19 FC Barcelona 1989 (6-3-0) 18 GF 5 GC 66’6%: Sin la Recopa del 1989 y la Copa de 1990 no hubiese habido Dream Team. Y es que entonces el Barça de Cruyff iba mal. Muy mal. Sólo algunos entendían lo que Cruyff pretendía y muy pocos eran capaces de ejecutarlo. Alexanko no sabía salir de la cueva con el balón jugado en los pies y Gary Lineker detestaba partir de las bandas para adentrarse en el área. Ambos acabarían relegados, pero en aquella Recopa que le daría oxígeno a Cruyff fueron capitales. El Barça acabaría invicto, pero sufrió de lo lindo. Eliminó al Lech Poznan polaco en octavos por el valor doble de los goles fuera de casa y al Aarhus danés por un solitario tanto. En semifinales vencieron por 4-2 al CSKA de Sofía (en Bulgaria perderían 2-1) en un partido donde el mundo conoció a un potro salvaje llamado Hristo Stoichkov que a los pocos meses acabaría firmando por el Barça. La final fue otra cosa y se ganó con autoridad a un gigante del momento como era la Sampdoria genovesa. A los cuatro minutos Julio Salinas ya había abierto el marcador (marcó 26 tantos esa temporada) y todo fue de cara para un 2-0 final. Era la tercera Recopa de los azulgranas, quienes son los plusmarquistas del torneo con cuatro triunfos. Once ideal: Zubizarreta; López Rekarte, Aloisio, Serna; Roberto, Eusebio, Milla, Bakero; Lineker, Julio Salinas y Beguiristain. Entrenador: Johan Cruyff.

Barça 89

18 Borussia Dortmund 1966 (7-1-1) 27 GF 9 GC 77’7%: Antes de que emergiese el Bayern, el Dortmund fue el primer equipo teutón en ganar un torneo internacional. Fue la Recopa de 1966 a donde accedió tras ganar el año anterior la primera copa de su historia. En octavos de final el Dortmund echó al CSKA Sofia antes de enfrentarse en cuartos al Atlético de Madrid, favorito para pasar de ronda. Los alemanes arañaron un empate en España para luego vencer en casa por 1-0 y pasar a semifinales. Allí ganaron los dos duelos ante el West Ham de Bobby Moore, vigente campeón, para enfrentarse en la final al Liverpool FC de Bill Shankly. Era una antesala del Inglaterra vs Alemania que un mes más tarde tendría lugar en la final del Mundial. El Dortmund contaba con Tilkowski, Libuda o Emmerich. El encuentro fue precioso y se saldó con un empate a un gol que se satisfizo con victoria teutona en la prórroga con un tanto del extremo Reinhard Libuda, una leyenda del Schalke 04 que pasó tres años de su carrera en su archirrival Dortmund para ayudarle a ganar la Recopa. Once ideal: Tilkowski; Cyliax, Paul, Redder, Kurrat; Libuda, Assuaer, Schimidt; Held, Sturm y Emmerich. Entrenador: Willi Multhaup.

Dortmund 1966

17 Racing Mechelen 1988 (7-2-0) 12 GF 3 GC 77’7%: Sin duda el más sorprendente equipo de todos los presentes en este listado. En Malinas (Mechelen) creció Felipe el Hermoso, el hombre que heredó fugazmente el Imperio tejido por los Reyes Católicos. Y ya está. No había más que rascar. Ciudad de 80.000 habitantes, estadio menor y cinco años antes aún estaba en la segunda división belga. Ocurrió entonces uno de esos milagros que son imposibles en tiempos de Ley Bosman y libre circulación de jugadores.  A través de una defensa férrea y litros de solidaridad, el Racing Mechelen hizo historia y se convirtió en el último club belga con un título europeo. No encajaron un gol hasta cuartos y ganaron los dos partidos de semifinales ante el Atalanta. En la final el favorito es el Ajax de Blind, Winter, Mühren, Witschge y Bergkamp. Aunque los neerlandeses se quedan con diez al poco de empezar es un acoso y derribo que es frenado por Michel Preud’Homme, el verdadero héroe de esta historia. Uno de los dos o tres mejores porteros del mundo en su época y que fue fiel al Malinas para ganar la Copa del 87, la Recopa y la Supercopa de Europa en el 88, la Liga en el 89 y llevar a una agónica prórroga de cuartos al poderoso AC Milan de los holandeses al año siguiente. Once ideal: Preud’Homme; Hofkens, Rutjes, Deferm, Clijsters; Sanders, Emmers, Erwin Koeman, De Wilde; Den Boer y Ohana. Entrenador: Aad de Mos.

Preud’Homme

16 AC Milan 1973 (8-1-0) 15 GF 3 GC 88’8%: No existe equipo más grande en Italia que la Juventus y no existe rival más enconado para la Juve que el Internazionale. Ese el derbi de Italia. Y con todo ninguno de ellos puede rivalizar con el AC Milan cuando hablamos de éxitos europeos. Todo lo que le cuesta ganar dentro de la Península Itálica los rossoneros lo resuelven al cruzar los Alpes. Su éxito se fundamentó en la dirección de Nereo Rocco, uno de los padres del catenaccio. Con Rocco en el banquillo se lograron un par de Copas de Europa y otras dos Recopas. El de 1973 fue el último año de Rocco en el banquillo y lo celebrará arrasando en Europa. Abonados al 1-0 el equipo elimina con solvencia a Legia Varsovia, Spartak Moscú y Sparta Praga antes de enfrentarse al Leeds United en la final que también ganarán por 1-0 con un tanto de Luciano Chiarugi. Rocco saldrá del equipo tras sumar nueve campañas como técnico y el AC Milan tardará década y media en volver a lograr un título europeo. Once ideal: Vecchi; Anquilletti, Rosato, Sabatini, Schnellinger; Benetti, Biasiolo, Rivera, Bigon; Chiarugi y Prati. Entrenador: Nereo Rocco.

AC Milan 1973

Vamos ahora con los 15 siguientes. Copa de la UEFA:

15 IFK Goteborg 1987 (7-5-0) 21 GF 5 GC 58’3%: En 1987 el IFK Goteborg se convirtió en el único equipo en ganar la Copa de la UEFA dos veces como invicto. Ya no estaba Eriksson en el banquillo, no obstante, sin él el conjunto sueco sumaría tres ligas seguidas sin perder un solo partido como local (1983, 1984 y 1985). Era el Goteborg un equipo con personalidad propia liderado por Gunter Bengtsson, ex asistente de Eriksson, y que contaba en sus filas con jugadores profesionales en su mayoría (en el éxito de 1982 no lo eran). Sobrevivía Glenn Hysen (luego iría a la Serie A), el joven delantero Stefan Peterson (luego en el Ajax) y Roland Nilsson (116 veces internacional sueco). Lo más difícil para el Goteborg fue la eliminatoria de cuartos ante el Internazionale saldada con triunfo por el valor doble de los goles fuera de casa. En la final el rival fue el sorprendente Dundee escocés quien había echado al Gladbach y al Barça. A doble partido, en la ida ganaron los suecos por 1-0 y en la vuelta un empate a goles en Escocia le daba el trofeo al Goteborg. El suplente Jari Rantanen fue máximo goleador de la competición con cinco tantos. Once ideal: Wernersson; Ola-Carlsson, Hysen, Larsson, Fredriksson; Roland Nilsson, Tord Holgrem, Andersson, Tommy Holgrem; Pettersson y Nilsson. Entrenador: Gunder Bengtson.

IFK Goteborg 1987

14 AC Parma 1999 (7-2-2) 25 GF 10 GC 63’6%: Una pequeña planta lechera de la provincial Parma fundada en 1961 apenas tres décadas después era una multinacional láctea. Parmalat inyectó miles de millones en el conjunto local que asciende a la Serie A en 1990 y en diez años logrará sumar tres copas, una Recopa y dos Copas de la UEFA antes de sumirse en la oscuridad. El Parma de 1999 conformaba una constelación de estrellas que pasó rondas con dificultad (hubo que remontar al Fenerbahçe del desconocido Joaquim Low) antes de arrasar en las rondas decisivas. Buena prueba de ello fue el 6-0 que le metió al Girondins en cuartos con dobletes de Enrico Chiesa (máximo goleador del torneo) y de Hernán Crespo. En semifinales derrotaron en el Calderón al Atlético por 1-3 en el choque de ida a pesar de no poder contar con Fabio Cannavaro por sanción. La final fue otro ejercicio de superioridad para un equipo que enamoró en los 90 a base de la mejor línea defensiva del momento y un ataque fantasista que duró tanto como los millones de la Parmalat consideraron oportuno (y aun tenían a Faustino Asprilla como suplente). Fue la octava copa de la UEFA para un club italiano en una década. Once ideal: Buffon; Thuram, Sensini, Cannavaro, Benarrivo; Boghossian, Verón, Dino Baggio, Fuser; Chiesa y Crespo. Entrenador: Alberto Malesani.

Parma 99

13 Valencia CF 1962 (6-2-1) 33 GF 13 GC 66’6%: De las primeras ocho ediciones de la Copa de Ferias (después Copa de la UEFA) los equipos españoles salieron vencedores en seis ocasiones. El Valencia haría doblete campeonando en 1962 y 1963. La de 1962 fue también la primera vez que los ché competían en Europa y lo harían con un tal Waldo en la delantera. El encuentro inaugural fue una victoria por 2-0 ante el Forest en Mestalla con dos tantos del ariete brasileño que falleció a los 84 años en su casa de Valencia donde se asentó tras 160 goles en 296 partidos con los levantinos. En la vuelta se ganó en Nottingham por 1-5 y en cuartos se venció al Inter con doblete del canterano Guillot. Tras machacar al MTK Budapest en semifinales (10-3 en el global) tocaba doble partido ante el Barça en la final. En la ida en Valencia 6-2 (con triplete de Guillot) y en la vuelta empate a un tanto. Once ideal: Zamora II; Piquer, Quincoces II, Mestre; Ribelles, Chicao, Recamán; Héctor Núñez, Waldo, Nando Yosu y Guillot. Entrenador: Alejandro Scopelli.

Waldo

12 Internazionale 1998 (8-1-2) 20 GF 8 GC 72’7%: Aquel año el Inter ganó la Copa de la UEFA y fue subcampeón italiano. Y ahí quien dice que fue una de las plantillas peor aprovechadas de todos los tiempos (Paulo Sousa, Recoba, Kanu o Zamorano eran suplentes). En parte es cierto. El Inter jugaba un 5-3-2 con marcajes al hombre y apostándolo todo al contraataque y a la velocidad de un Ronaldo Nazario en su máximo esplendor antes de que sus rodillas lo obligasen a cambiar de un guepardo en campo abierto a tigre recluido dentro del área. 1998 fue la tercera vez en siete años que el Inter ganaba la Copa de la UEFA. Hubo que tirar de épica unas cuantas veces. Se cayó en casa ante el Olympique de Lyon por 1-2 para ganar en Francia por 1-3. Luego se perdió en Estrasburgo por 2-0 para ganar en el Giuseppe Meazza por 3-0 con tantos de Ronaldo, Simeone y Zanetti. A partir de ahí todo fue rodado. Se venció a Spartak de Moscú y a Schalke 04 con exhibiciones de Ronaldo antes de plantarse en la final ante la SS Lazio. Un duelo entre dos de las plantillas más caras del momento y que dejó uno de los partidos más bonitos de la década. Zamorano adelantó al Inter a los cinco minutos y luego las ocasiones de la Lazio y los contragolpes perfectos del Inter se sucedieron, hasta que Ronaldo anotó el 3-0 con un regate a base de fintas sin tocar el balón que forma parte de la pinacoteca del fútbol mundial. Once ideal: Pagliuca; Zanetti, Sartor, Bergomi, Colonnese, West; Moriero, Simeone, Cauet; Djorkaeff y Ronaldo. Entrenador: Luigi Simone.

11 Sevilla CF 2015 (11-3-1) 30 GF 14 GC 73’3%: En menos de dos décadas el Sevilla CF ganó siete Europa League y se convirtió en plusmarquista de la competición. El periodo de mayor esplendor se dio entre 2014 y 2016 cuando sumó tres consecutivas bajo la dirección de Unai Emery. Ninguna de ellas fue ganada con tal autoridad como la de 2015. El equipo perdió ese verano a Rakitic y a Fazio incorporando a Krychowiak y a Ever Banega. Tras perder un partido en la fase de grupos el equipo se mantuvo invicto en las eliminatorias a doble partido. Se ganó con suma facilidad al Gladbach y al Villarreal CF (1-3 a domicilio y 2-1 como local), aunque luego se sufrió en cuartos ante el Zenit, donde un gol de Gameiro a cinco minutos del final impidió la prórroga. En semifinales el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina (global de 5-0) y en la final dos goles de Carlos Bacca (siete goles en la competición) y uno de Krychowiak dieron la victoria por 3-2 ante el sorprendente Dnipro ucraniano. Once ideal: Sergio Rico; Aleix Vidal, Carriço, Pareja, Tremoulinas; Vitolo, M’Bia, Krychowiak, Reyes; Banega y Bacca. Entrenador: Unai Emery.

Sevilla 2015

10 Internazionale 1994 (9-1-2) 22 GF 8 GC 75%: El Inter había dado carpetazo a su apuesta por los alemanes (Brehme, Matthaüs y Klinsmann) y se apuntaba ahora a los holandeses (Jonk y Bergkamp) intentando seguir los éxitos de su archienemigo milanés. El experimento duró un año. Fue una temporada mediocre que se saldó con un paupérrimo 13º puesto en la Serie A. No obstante, todo el potencial de aquel equipo se concentró en la Copa de la UEFA. Bergkamp acabaría fracasando y tiempo después se convertirá en leyenda en el Arsenal, pero por el camino dejó pinceladas de su talento en Europa. En las tres primeras eliminatorias anotará cinco de los nueve goles de su equipo. En cuartos toca el Borussia Dortmund, vigente subcampeón. Se gana en Alemania 1-3 con doblete de Jonk para luego perder en casa por 1-2 aguantando el resultado en los últimos diez minutos. En semifinales toca duelo italiano frente al Cagliari con remontada y victoria por 3-0 en casa con exhibición de Bergkamp y Berti. En la final a doble partido el Inter vence al SV Salzburgo (0-1 en Austria y 1-0 en Italia) y hace grande una temporada que se tornaba en fracaso. Bergkamp fue el máximo anotador de la competición con ocho tantos y en verano Massimo Moratti se hará con la presidencia y desmantelará una plantilla campeona en Europa pero que acabó a un punto del descenso a la Serie B. Once ideal: Zenga; Paganin, Bergomi, Battistini, Orlando; Fontolan, Jonk, Shalimov, Berti; Bergkamp y Rubén Sosa. Entrenador: Giampiero Marini.

Inter 1994

9 RSC Anderlecht 1983 (9-1-2) 31 GF 10 GC 75%: Ya no estaban ni Frankie Van der Elst ni Rob Resenbrinck pero del gran Anderlecht aun destacaba Frankie Vercauteren, un escurridizo delantero que en el 76 ya estaba presente saliendo desde el banquillo. En ese momento el Anderlecht finalizaba su edad de oro, sin embargo, aun iba a vivir una UEFA del 83 inolvidable a lomos de un sevillano de Coria del Río llamado Juan Lozano. Emigrado a Bélgica de niño, Lozano era un metrónomo de primer nivel al que luego los vicios de la noche harían fracasar en el Real Madrid. El caso es que el Anderlecht meneó al FC Porto (4-0), al FK Sarajevo (6-0), al Valencia CF (1-2 en Mestalla y 3-1 en casa) y se plantó en una final a doble partido ante el Benfica. Venció por 1-0 en casa y aguantó el 1-1 en Lisboa para coronarse con su último entorchado europeo. Erwin Vandenbergh anotó siete tantos en la competición saliendo del banquillo en muchas ocasiones. Once ideal: Munaron; De Groote, De Greef, Martin Olsen, Peruzovic; Hofkens, Lozano, Coeck, Frimann; Vercauteren y Brylle-Larsen. Entrenador: Paul Van Himst.

Anderlecht 83

8 Sevilla CF 2020 (9-2-1) 23 GF 7 GC 75%: Fiel a su política de comprar y vender jugadores a la velocidad de la luz aquella temporada los hispalenses tuvieron 17 incorporaciones. Muriel, Sarabia o Ben Yedder dejaron el equipo en el que entraron Koundé, De Jong u Ocampos. Los sevillanos firmaron una gran temporada finalizando cuartos en Liga y vitoreando nuevamente en su competición fetiche. La fase de grupos fue un paseo hasta que en 1/16 se fueron a encontrar con los mayores problemas ante el teoría inofensivo Cluj rumano. Se ganó debido al valor doble de los goles fuera de casa. Y gracias, dado que el Cluj mereció ganar en el Sánchez Pizjuán. Entonces el mundo se sumió en las tinieblas y hubo que esperar al mes de agosto para celebrar un torneo con los 16 equipos supervivientes en tierras alemanas. Con la sombra del Covid planeando sobre sus cabezas, el Sevillla sacó su colmillo de campeón para hacerse con un nuevo trofeo de la Europa League. Consecutivamente vencieron al AS Roma (2-0), Wolverhampton (1-0) y al Manchester United (2-1). En la final de Colonia el rival sería el Internazionale. En un disputadísimo duelo el Inter se puso por delante con gol de Lukaku antes de que Luuk De Jong (sólo tres goles en la competición, pero dos en la final) anotase un doblete que daba la vuelta al partido. Godín empató antes del descanso, pero un autogol de Lukaku les daba el triunfo a los españoles (3-2) con una gran actuación de Bono, por entonces habitual portero suplente. Entonces era la sexta para el Sevilla. Once ideal: Vaclik; Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón; Fernando, Banega, Joan Jordán; Ocampos, De Jong y Suso. Entrenador: Julen Lopetegui.

Sevilla 2020

7 IFK Goteborg 1982 (9-3-0) 27 GF 10 GC 75%: En 1979 el Goteborg contrató a un desconocido y joven técnico llamado Sven-Göran Eriksson. Sin experiencia alguna en la élite, implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros y no hablamos de una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Goteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3. El citado Nilsson fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos y Eriksson acabó fichando por el Benfica antes de dar el salto a los banquillos de la Serie A. Once ideal: Wernersson; Svensson, Karlsson, Fredriksson, Hysen; Carlsson, Tord Holdgrem, Strömberg, Tommy Holgrem; Nilsson y Corneliusson. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.

Sven-Göran Eriksson

6 Valencia CF 2004 (13-3-1) 20 GF 5 GC 76’4%: El Valencia es de esos clubes nobles sin suficiente capacidad para asaltar los cielos. A inicios del siglo XXI disputó dos finales de Copa de Europa perdiendo ambas de ellas. Era entonces entrenador el argentino Héctor Cúper, que dará paso al desconocido Rafa Benítez quien le dará a los levantinos dos ligas y una Copa de la UEFA. El sistema no varió en absoluto. Arquitectura defensiva rayando lo obseso, cemento en el centro del campo (Albelda y Baraja) y un fantasista (Aimar) para darle cordura a la locura del cerocerismo. Con esos mimbres el Valencia logró un doblete histórico al vencer en casa y en Europa. En la UEFA tuvo un recorrido casi inmaculado con la salvedad de una derrota en la ida de los octavos ante el Gençlerbirligi turco. Se venció fácilmente al Besiktas y al Girondins de Burdeos antes de enfrentarse en semifinales al Villarreal CF. Miedos y precauciones defensivas se solventaron con un gol de penalti de Mista en la vuelta que finiquitó la eliminatoria. En la final el Valencia derrotó con suma facilidad (2-0) al Olympique de Marsella de Barthez y Drogba, en una muestra más de fútbol efectivo y sin artificios. Marcaron Mista y Vicente. Once ideal: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista. Entrenador: Rafael Benítez.

Valencia 2004

5 FC Porto 2011 (12-1-2) 37 GF 14 GC 80%: La temporada 2010-11 fue perfecta para el club del norte de Portugal. Vencieron en la copa portuguesa (ganando 6-2 la final) y lograron el título de liga sin perder un solo partido con un espectacular balance de 27 victorias y 3 empates. El llamado Oporto de los colombianos se reforzó ese verano con James Rodríguez y Joao Moutinho, aunque la clave del equipo estaba en su fastuosa delantera formada por el brasileño Hulk y el colombiano Falcao. El Porto FC sufrió para eliminar al Sevilla CF en dieciseisavos, para luego pasar rondas con suficiencia (en cuartos ganó al Spartak moscovita por 10-3 en el global y en semifinales al Villarreal por un total de 7-4). La ida de la semifinal fue una goleada por 5-1 con póker de goles de Radamel Falcao, quien también metió el tanto que le dio el título ante el Sporting Braga (1-0) en un duelo luso. El ariete colombiano marcó un nuevo registro de la competición al firmar 17 goles, mientras que Hulk, su compañero de ataque, firmó cinco tantos, en un equipo donde también destacó desde el banquillo el argentino Belluschi. Once ideal: Helton; Maicon, Rolando, Otamendi, Alvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho; Guarín, James Rodríguez, Hulk; Falcao. Entrenador: André Villas-Boas.

Radamel Falcao

4 FC Bayern 1996 (10-1-1) 32 GF 10 GC 83’3%: Parece difícil de imaginar en la actualidad, pero en los 90 el Bayern distaba mucho de ser un ogro. Sólo sumó tres ligas en toda la década y naufragó una y otra vez en sus incursiones en la Copa de Europa. La campaña 95-96 sería otra dura prueba de fuego para el orgullo bávaro. La temporada fue iniciada por Otto Rehhagel en el banquillo. Su buscaba mano dura, pero la receta no funcionó. El equipo es apodado FC Hollywood por ser más habitual los éxitos de sus jugadores en la prensa rosa que en la deportiva. Con todo el Bayern es el Bayern y no tiene problemas en ejecutar al Benfica (4-1) y al Nottingham Forest (5-1) antes de enfrentarse al FC Barcelona en semifinales. Por entonces Franz Beckenbauer ha abandonado el sillón presidencial para ocupar de forma interina el puesto de entrenador. En Múnich hay empate a dos goles, pero en la vuelta Babbel y Witeczek hacen inútil el gol a última hora de Iván De La Peña, en un último duelo desde los banquillos entre Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. En la final hay choque ante el Girondins de Burdeos del entonces semidesconocido Zinedine Zidane. Fácil para los teutones que vencen por 2-0 en casa y rematan en Francia por 1-3 con golazo incluido de Jürgen Klinsmann, que ese año fue el máximo anotador de la Copa de la UEFA con 15 tantos por los cinco que convirtió Mehmet Scholl. Once ideal: Kahn; Babbel, Helmer, Matthaüs, Ziege; Sforza, Hamann, Nerlinger, Strunz; Klinsmann y Zickler. Entrenador: Franz Beckenbauer.

Bayern 96

3 Borussia Gladbach 1975 (10-1-1) 32 GF 9 GC 83’3%: El equipo que tuteó al Bayern durante una década y que deleitaba a los aficionados con un fútbol efectivo y ofensivo que parecía más holandés que alemán. Fueron cinco ligas en ocho años, pero el Gladbach caía una y otra vez cuando tocaba jugar la Copa de Europa. Encontraron su refugio en la UEFA donde vitorearon en 1975 y 1979. Con un entrenador que apostó descaradamente por la cantera, el luego famoso Hennes Weisweiler, el Gladbach fue una máquina de hacer fútbol coronada por los goles del capitán Jupp Heynckes. Tras endosar un 5-2 al Olympique de Lyon en dieciseisavos, luego tocó un meneo al Real Zaragoza (5-0 en Alemania y 2-4 a orillas del Ebro). Se ganó también en casa del FC Colonia en semifinales (1-3) antes de enfrentarse al Twente en la final. En la ida no se pasó del 0-0 a pesar de las innumerables ocasiones, sin embargo, en la vuelta, jugada en Holanda, el Gladbach masacró al Twente venciendo por 1-5 con tres de Heynckes y dos del futuro Balón de Oro Allan Simonsen. El que luego sería reputado entrenador fue el máximo goleador de la competición con 11 tantos y el habilidoso danés anotó diez dianas. Un equipo de leyenda que marcó a toda una generación. Once ideal: Kleff; Vogts, Wittkamp, Stielike, Sarau; Bonhof, Wimmer, Kulik; Simonsen, Heynckes y Jensen. Entrenador: Hennes Weisweiler.

Gladbach 1975

2 Juventus FC 1993 (10-1-1) 31 GF 6 GC 83’3%: Decíamos antes que la Juve gana en Italia lo que el AC Milan gana en Europa. No fue así a caballo entre los 80 y los 90, durante los años gloriosos del Calcio. Retirado Platini, la Juve sucumbe ante el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y hasta ante la Sampdoria de Mancini y Vialli. El caso es que la Juve no gana una liga en una década y es la Copa de la UEFA (1990 Y 1993) la que le permite conseguir oxígeno. El equipo de 1993 es descomunal. Fichan a Andy Möller, a Gianluca Vialli y a un meritorio llamado Fabrizio Ravanelli. Pero, fundamentalmente, tienen en sus filas a un desequilibrante Roberto Baggio quien se encuentra en el mejor momento de su carrera. El equipo sólo cede una derrota en Lisboa ante el Benfica en la ida de los cuartos de final. En la vuelta despacha el asunto por un claro 3-0. Roberto Baggio da un espectáculo en semifinales anotando los dos tantos en la victoria ante el PSG (2-1) en la ida y el tanto de la victoria en Paris (0-1). La final es a doble partido ante el Borussia Dortmund, duelo que se convertirá en clásico durante esa década. La Juve sentencia en la ida al vencer 1-3 en Alemania con otros dos tantos de Baggio y remata con un contundente 3-0 en la vuelta en Turín. Roberto Baggio firmó seis goles, Dino Baggio y Vialli sumaron cinco tantos cada uno y el alemán Andy Möller logró cuatro dianas. Once ideal: Peruzzi; Carrera, Kohler, Julio César, Torricelli; Conte, Dino Baggio, Andy Möller, Di Canio; Roberto Baggio y Vialli. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

Baggio. Balón de Oro 1993

1 Atlético Madrid 2012 (13-1-1) 36 GF 10 GC 86’6%: En diciembre el Atlético destituye a Gregorio Manzano y llama a un ex jugador que obedece al nombre de Diego Pablo Simeone. El resto es historia. En ese equipo ya despunta un canterano llamado Koke, un colombiano de apellido Perea, pero la bomba la encontramos en la delantera. El colombiano Radamel Falcao, tras meter 36 goles con el FC Porto el curso anterior, hará una temporada de 39 en el Atleti. En la fase de grupos el Atlético se deja un empate y una derrota, pero a partir de dieciseisavos solo suma triunfos. Pocos se acuerdan, pero aquel es un Atlético de Simeone ofensivo sostenido por un joven portero de 19 años que respondía al nombre de Courtois. En dieciseisavos se gana en Roma al Lazio por 1-3, en octavos 0-3 al Besiktas en Estambul, en cuartos 1-2 en Hannover y en semifinales 0-1 (y 4-2 en la ida) al Valencia CF. En la final toca duelo a cara de perro con el Athletic de Bielsa, que estaba haciendo un torneo casi tan perfecto como el de los madrileños. Sin embargo, no hubo color en la final. Fue un 3-0 con dos tantos de Falcao, quien volvió a ser el máximo goleador del torneo en este caso con 12 dianas. Adrián López firmó ocho goles. Once ideal: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Antonio López; Gabi, Mario Suárez, Tiago; Arda Turan, Falcao y Adrián. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 2012

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La batalla de Highbury

Los camisas negras de Benito Mussolini ya dominaban el norte de Italia a base de amenazas y coacciones, con la cómplice pasividad de ciudadanos y policía. A finales de octubre de 1922, fuese a pie, en camiones o en ferrocarril, arribaron a Roma miles de paramilitares fascistas ataviados de camisas negras para exigir la deposición del gobierno. El rey Víctor Manuel III se negó a movilizar al ejército y aceptó que Mussolini se pasase la democracia por los mismísimos y fuese elegido primer ministro. Il Duce aun tardó unos cuantos años en convertirse en dictador y transformar las leyes en un ordeno y mando. En un principio optó por un perfil bajo. Entre las primeras medidas a adoptar, aquellas que no molestasen en demasía, estaba el deporte. Y las medidas fueron, cuanto menos, bastante ridículas.

Lo primero que hizo Mussolini fue prohibir el rugby y el fútbol. Ambos eran deportes británicos que apestaban a extranjerismo. En su lugar fomentó a base de liras la competición de volata, una mezcla de ambos deportes en los que el objetivo era meter la pelota en una portería pudiendo utilizar cualquier parte del cuerpo. Se llegó a montar hasta una liga de cien equipos, pero la tontería sólo duró hasta 1925 cuando hubo que volver a lo que funcionaba. Eso sí. Nada de fútbol. Se recuperó el nombre de un juego medieval muy popular en Florencia llamado calcio. Así que la federación de football pasó a llamarse FIGC (Federazione Italiana Giucco Calcio) y con éxito, ya que el nombre se mantiene (al Franquismo lo de balompié sólo le funcionó con el Betis).

En esos primeros años Mussolini apostó por una dictadura blanda que luego convertiría en dura. Todas las federaciones deportivas eran controladas por el aparato fascista de igual modo que lo era el CONI (Comité Olímpico Italiano). La diferencia era radical con lo que ocurría en las democracias, principalmente en el Reino Unido, cuna del deporte moderno. El deporte británico era, y es, profundamente apolítico. Eso no quiere decir que no hubiese una unión entre deporte y Estado. Recordar que los chicos de Eton, Rugby o Winchester fueron los primeros que le pegaron patadas a un balón y todos esos chavales luego acabarán siendo hombres trajeados con cargos poderosos. Lo de apolítico significaba que el Estado asumía una política de no intervención en el deporte. No existía ley alguna que lo dictaminase, pero era un acuerdo entre caballeros que contaba con la vigilancia extrema de la prensa ante cualquier injerencia.

En el Reino Unido las federaciones deportivas no recibían ningún tipo de subvención estatal, por lo que el deporte era un asunto totalmente privado. Ningún equipo contaba con el patrocinio de la realeza, a pesar de ser un país profundamente ligado a la corona. Todo lo contrario, ocurría en Italia. Todas las federaciones bebían del dinero público y la manipulación política del deporte hacía que fuese imposible separarlo del Estado. Hasta clubes privados poderosos, caso del Internazionale milanés, hubieron de cambiar su nombre por apestar a extranjero. Así, hasta la caída del Duce, el Inter fue la Ambrosiana en honor a San Ambrosio, patrón de Milán.

Il Duce

Y con todo Italia e Inglaterra eran países amigos. En la magistral película El Gran Dictador de Chaplin se ve como Mussolini y Hitler son encarnizados rivales que se disputan Austria como dos aves rapiñas, mientras los ingleses alaban al Duce y tratan de poner paz entre ambos dictadores. Aquello se localiza un puñado de años antes del inicio de la II Guerra Mundial. Entonces Mussolini era visto por la mayoría de los británicos como un reformista de derechas necesario para contener al comunismo. El caso, y es lo que nos ocupa, es que Inglaterra e Italia mantenían buenas relaciones a inicios de la década de 1930. A la altura de 1933 italianos e ingleses juegan un partido de fútbol en Roma que acaba con empate (1-1). En Italia se considera un buen resultado que ocupa páginas y páginas en los medios y del que se habla con profusión en el Gran Consejo Fascista. Dudamos que en Downing Street poco más que un puñado de parlamentarios fuesen conscientes de que el encuentro se hubiese jugado.

Y llegó entonces 1934. Mundial de Fútbol de 1934. Italia es anfitrión. Vencer o morir dicen que dijo el Duce antes de la final ante Hungría. E Italia venció. Se proclamó campeón mundial. Y Mussolini hizo lo posible y lo imposible para explotar esa victoria. En Inglaterra escuece tanto bombo. Los ingleses no jugarán un Mundial hasta 1950. Comen aparte. Se consideran los mejores, los inventores del fútbol, y no piensan en acudir a una disputa entre países que creen chabacana. Para la tradición inglesa de deporte amateur usar un partido de fútbol con fines políticos se considera impensable y repugnante.

Pero algo está cambiando. Mussolini empapela Italia con carteles donde proclama a los italianos como reyes del mundo por haber ganado el Mundial. El tema quema en Inglaterra y se prepara un encuentro amistoso en el estadio de Highbury de Londres entre las dos escuadras. La cita tendrá lugar el 14 de noviembre de 1934. Es el primer partido de los italianos como campeones del mundo.

Es más que un partido. Se dirime cual es la mejor escuadra del planeta. En Italia es asunto de Estado. Y en Inglaterra, por vez primera, también.

No es fútbol. Es prestigio. Es orgullo. Es democracia vs fascismo.

Pasará a la posteridad como La Batalla de Highbury. “El más brutal y peligroso de los encuentros internacionales jamás jugados en la historia” se escribirá en el Daily Herald.

La batalla de Highbury

Benito Mussolini ofreció a cada jugador italiano un coche Alfa Romeo y la exención del servicio militar si vencían a los ingleses. La promesa fue dada a viva voz delante de miles de compatriotas que acudieron a la salida del tren que llevó a la comitiva desde Italia a Calais, para luego tomar un barco hasta Londres. Los campeones del mundo formarían con Ceresoli; Monzeglio, Allemandi, Ferraris; Monti, Bertolini; Guaita, Serantoni, Meazza, Ferrari y Orsi. Estaban dirigidos por Vittorio Pozzo y entre ellos había tres argentinos nacionalizados. Por los ingleses formaban Moss; Male, Hapgood, Britton; Barker, Copping; Matthews, Bowden, Drake, Bastin y Brook. Los anglosajones contaban con siete jugadores titulares del Arsenal que dirigía el gran Herbert Chapman, el técnico que transformó la táctica defensiva al retrasar a un medio y formar con la después archirepetida WM. Acompañaba a la expedición italiana un periodista de apellido Carosio, el preferido del Duce para narrar los encuentros.

60.000 espectadores abarrotan Highbury sobre una continua lluvia. En el primer minuto Brook falló un penalti. A los doce minutos los ingleses ganan por 3-0 confirmando los temores de Pozzo, que de puertas para adentro contaba con perder de manera honrosa. Pero semejante baile tenía una explicación. Nada más empezar un planchazo de Ted Drake le destroza el tobillo a Doble Ancho Monti, mediocentro italiano cuyo mote derivaba que era tal su despliegue físico que ocupaba el ancho del campo y su presencia valía tanto como la de otros dos futbolistas juntos. El caso es que entonces no hay cambios y Monti, con buena voluntad, decide mantenerse sobre el césped provocando un agujero en el medio campo. Con 3-0 en contra, Pozzo lo obligó a salir del terreno de juego, reorganizó el sistema y, ya con diez jugadores, Italia reacciona con fuerza, furia y fútbol. Le sale su orgullo de campeón mundial…y también un fuerte deseo de venganza.

A Hapgood le rompen la nariz, Bowden acabará con fractura de clavícula, Barker con una mano rota y a Ted Drake se la devuelven clavándole los tacos en una pierna y torciéndole el tobillo. Los cuatro jugadores anglosajones acabarán el partido sobre el campo, pero las fuerzas quedarán igualadas a base de patadas. Los ingleses no se quedan atrás y responden, aunque no son tan efectivos. Eso sí, al cojo Monti le parten la nariz con un puñetazo camino del túnel de vestuarios. Aquello es una carnicería donde el colegiado, un sueco de apellido Olsson, ni pincha ni corta.

En la segunda parte Italia se recuerda a sí misma que además de pegar sabe jugar, y dos tantos de Giuseppe Meazza (minuto 58 y 62) acortan distancias. Luego Meazza disparó al poste y un poco después remató con fuerza y sólo una milagrosa intervención del guardameta inglés impidió la igualada. Fue entonces cuando Wilf Copping decidió intervenir. Tres o cuatro patadas después del central inglés el pobre de Giuseppe Meazza era un inválido que deambulaba por el área. Por supuesto por el camino habría un par de tanganas.

Giuseppe Meazza

El partido no resolvió nada. Es cierto que Inglaterra venció por 3-2 y podrían auto otorgarse el título de campeones mundiales, pero la verdad es que jugaban en casa (y en aquellos tiempos eso era una ventaja formidable) y habían marcado sus tres goles solo cuando Monti vagaba cojo por el centro del campo. Los italianos perdieron y se quedaron sin sus Alfa Romeo, pero fueron recibidos como héroes en Italia al grito de los leones de Highbury. Mucho le debe agradecer la expedición italiana a Carosio, quien en su narración consideró héroes a los italianos y poco menos que dijo que habían estado en el corredor de la muerte y habían salido ilesos. Mussolini quedó encantado a pesar de la derrota.

Hubo consecuencias. Stanley Matthews, quien se retirará dos décadas más tarde, declararía que fue el partido más violento que jamás disputó en su longeva carrera. Inglaterra queda tan aturdida ante la brutalidad que al día siguiente la FA acuerda renunciar en el futuro a jugar partidos internacionales, en la idea de que lo que se jugaba por ahí fuera era una barbaridad peligrosa. Afortunadamente, se volverá atrás al cabo de un año, cuando le quedó a más distancia la fuerte impresión por el atroz partido y siguió concertando partidos internacionales. Aun así, tardarían hasta 1950 en decidirse a participar en un Mundial.

En 1938 Italia volverá a ganar el Mundial. Será en Francia, lejos del paraguas de Mussolini y pitados antes de cada encuentro por escuchar el himno con el brazo alzado en honor al fascismo. Demostraron que eran buenos, muy buenos, la mejor selección del mundo de la década de 1930, por mucho que los ingleses se negasen a lo inevitable.

Pero hubo más consecuencias. Consecuencias que llegaron a la política. La opinión publica inglesa rechazó totalmente tanto a Italia como a sus políticas de supremacía sobre el deporte popular inglés. Italia contraatacó. Sport pasó a ser diporto. Tennis se convirtió en pallacorda, Rugby sería palla ovale y cricket pasó a ser gioco del bastone. Por supuesto football fue totalmente desterrado y sustituido para siempre por calcio.

Apenas unos meses después, en abril de 1935, se celebró una conferencia en Stresa, una pequeña población de los Alpes italianos. Allí Pierre Laval (Francia), Ramsay McDonald (Gran Bretaña) y Benito Mussolini (Italia) firmaron un acuerdo de paz que reditaba el hecho antes de la I Guerra Mundial y que consideraba a Austria un país independiente al que Alemania se tendría que abstener de invadir en caso de no querer entrar en guerra con las otras tres potencias. Apenas un año antes el llamado Frente de Stresa hubiese tenido éxito. Ahora no. Y el motivo no era que la sociedad inglesa se hubiese dado cuenta de los peligros del fascismo. No. El motivo era lo ocurrido aquel 14 de noviembre de 1934 en Highbury. Los italianos eran ahora vistos como bestias asesinas. Cuando las noticias sobre el acuerdo salieron en la prensa, la sociedad inglesa bramó en su contra. Cuatro meses después aquello era papel mojado, Mussolini acordaba unirse a Hitler y olvidarse de sus disputas en Austria y los ingleses, dueños de medio mundo, condenaban con sanciones económicas, en un gran ejercicio de hipocresía, la intervención italiana en Libia y Abisinia.

Hitler acabaría entrando a lomos de un tanque por las calles de Viena, luego invadiría Checoslovaquia con el beneplácito de ingleses y franceses y poco después estalló la II Guerra Mundial. Italia combatió junto a la Alemania nazi y los británicos lideraron la resistencia de las democracias. Hubo de esperar a 1949 para que Italia volviese a jugar un partido en Inglaterra. Pero ese era otro mundo. A los británicos sólo le quedaban los restos de su fastuoso Imperio e Italia había decidido extirpar su pecado fascista y se había aferrado con uñas y dientes a la democracia a cambio de que británicos y estadounidenses les diesen una hogaza de pan y un vaso de agua.

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Historia contrafactual del Balón de Oro de los entrenadores (1930-2024)

Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.

En este caso vamos a tirar de aquellos que no le pegan patadas a un balón. De aquellos teóricos de la táctica, pequeños dictadores, eruditos de la palabra, hombres tocados por la diosa fortuna o psicólogos a tiempo completo. Hablamos de los entrenadores. Seres omnipresentes en un vestuario, cara pública de una institución y diana favorita de prensa y afición.

Los entrenadores empezaron siendo simplemente alineadores. Todo club contaba con un preparador físico y luego las alineaciones eran consensuadas por el capitán junto a sus compañeros. Mas tarde los antiguos jugadores fueron convertidos en alineadores y Herbert Chapman, mediada la década de 1920, fue el primero que decidió que un entrenador podía ejercer de preparador técnico y físico a tiempo completo. Luego vendrán los ojeadores, los entrenadores que decidan innovar tácticamente, el segundo entrenador, el entrenador de porteros, el psicólogo y los entrenadores que ni siquiera hayan tenido una carrera como futbolistas profesionales. Hoy, cualquier club profesional, cuenta con un equipo técnico que supera o se acerca a la decena de profesionales y posee herramientas digitales de análisis que harían pensar a Chapman y a sus coetáneos que en vez de fútbol hablamos de ingeniería aeroespacial.

Herbert Chapman (1930, 1931 y 1933)

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de los entrenadores he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS así como las de las publicaciones deportivas más importantes de Europa, Argentina y Brasil. Alguna licencia personal ha habido. La más significativa está en el presente. Carlo Ancelotti, ganador de Liga y Copa de Europa con el Real Madrid, es, quizás, el mejor técnico del mundo en 2024. Lo he premiado. También por una cuestión de justicia divina, dado que el técnico que más trofeos de Liga de Campeones ha celebrado no está entre los más señeros de la historia. Y sin embargo yo soy consciente de que no era lo correcto. Su lugar debía haber sido ocupado por Xabi Alonso, campeón de Bundesliga, Copa y finalista de la Liga Europa. El Leverkusen firmó la primera liga de su historia y permaneció invicto toda la temporada perdiendo únicamente la final de la Liga Europa. Un fútbol de autor, unos jugadores semidesconocidos capitaneados por un neonato de los banquillos llamado Xabi Alonso. Él debería haber sido el triunfador.

Alonso ¿Futuro Balón de Oro?

No sólo de trofeos vive el gran entrenador. Se han valorado otros muchos aspectos. Los resultados son lo primero, pero no lo único. El legado, la personalidad, la innovación o el contrasentido en la toma de decisiones, la gestión de grupos o la evolución en el sistema de juego. Se ha premiado a aquellos que hicieron mucho con poco (siempre es más difícil conseguir que tus jugadores defiendan a que ataquen) pero al mismo tiempo se ha premiado la armonía y la fascinación. En definitiva, el juego colectivo es el que premia a un buen entrenador más allá de las etiquetas defensivo u ofensivo.

Comentaba antes que los equipos pasaron de tener simples alineadores a disponer de batallones de expertos técnicos y tácticos en sus organigramas. Herbert Chapman fue un visionario que implantó la táctica defensiva a raíz de la modificación del fuera de juego. Carlo Ancelotti cuenta con más recursos, más sabiduría y más riqueza técnica, táctica y conocimiento de las cuestiones físicas que Chapman, pero no es un innovador. Ni lo es ni lo podrá ser. Hubo unos visionarios que lo inventaron todo (Chapman, Rocco, Michels…) y otros que aun siendo mentes brillantes (Guardiola) se dedican a darle vueltas de tuerca a lo ya inventado. ¿Son mejores los Klopp, Ancelotti, Guardiola o Mourinho que los Chapman, Pozzo o Guttmann? Seguramente lo sean, pero no es licito comparar épocas distintas. Lo que hay valorar es que cada uno de ellos fuesen los mejores (por títulos, por innovación, por gestión o por todas esas cosas juntas) en sus respectivas épocas.

Hay otra variable a tener en cuenta. En el campo de los entrenadores los hay que dirigen a un club y los que hay que dirigen a una selección. De ambos tipos habrá en este hipotético Balón de Oro. Se apreciará que cuanto más nos alejemos en el tiempo más seleccionadores nacionales harán su aparición. Es explicable. Contaba Luis Suárez que cuando jugaba en el Dépor tan sólo entrenaba una o dos veces a la semana. Fue dar el salto al Barça y pasó a hacerlo cuatro veces, mientras que en el Inter el entrenamiento era diario. Hasta la década de 1960 sólo los grandes equipos tenían esquemas tácticos y ejercicios físicos de alto nivel. Donde siempre los hubo fue en las selecciones. Eran concentraciones de uno o dos meses antes de un gran torneo y los entrenadores impactaban con sus esquemas tácticos. Con el transcurrir de las décadas el seleccionador nacional se ha convertido en una suerte de motivador extraordinario que forma a un grupo coral para ser exprimido durante tres semanas cada par de años. Al contrario, el status de entrenador de club ha sido glorificado hasta el punto de que los hay que instalan su hogar dentro de los campos de entrenamiento buscando un perfeccionamiento basado en métricas, alimentación perfeccionada y exhaustivos estudios de los puntos débiles de cada futbolista contrario. Hay quien los llama videntes del balón.

Pep Guardiola (2009, 2011, 2021 y 2023)

Entre esos visionarios los hay quien no han conseguido ganar un Balón de Oro. Lo hay de todo tipo y es justo una miscelánea recordatoria. Jimmy Hogan (1910-1939 -años como entrenador-) se encargó de llevar por Centroeuropa toda la carga técnica y táctica de su Escocia natal. No en vano es considerado el padre del fútbol en Austria o Hungría. Al igual que al brasileño Flavio Costa (1934-1966) o al paraguayo Manuel Fleitas (1922-1971) se les considera ideólogos del 4-2-4 tan común en la Sudamérica de mediados del siglo XX.

Hay entrenadores triunfadores que no han ganado el Balón de Oro contrafactual. Willie Maley (1897-1940) dirigió durante más de cuatro décadas al Celtic para ganar 16 ligas. El inglés Jack Greenwell (1913-1942) convirtió al Barça en un grande antes de ganar una Copa América con Perú. Emil Seifert (1939-1953) hizo del Slavia Praga el mejor equipo de una Europa devastada por los nazis para luego hacerlo resurgir bajo el yugo comunista. El uruguayo José Pedro Cea era un futbolista campeonísimo que luego como entrenador ganó la Copa América para su país. Mientras, Luigi Ferrero (1939-1968) puso las bases del Grande Torino en la década de los 40.

Luego los hay que son dioses en sus países, aunque con escaso recorrido internacional. Walter Winterbottom (1946-1962) fue durante 16 años seleccionador inglés. Fernando Daucik (1942-1977) ganó ligas con Barça y Athletic. Albert Batteux (1950-1981) hizo lo propio con Stade Reims y Saint-Ettiene. Técnicos con pedigrí también son Mircea Lucescu en Europa del Este, al igual que Massimiliano Allegri lo es en Italia, Javier Clemente o Luis Molowny lo fueron en España, Terry Venables, Kenny Dalglish, Bobby Robson o Don Revie lo fueron en Inglaterra, Hennes Weisweiler sentó cátedra en Alemania, Luis Cubilla en Paraguay o Fatih Terim en Turquía. Otros fueron profetas en otras tierras como el italiano Claudio Rainieri, quien ganó con el modesto Leicester una liga inglesa, el francés Gerard Houllier, que impartió cátedra en el Liverpool FC, el neerlandés Leo Beenhakker, que lo hizo en el Real Madrid al igual que también hiciera el serbio Miljan Miljanic, o como Tomislav Ivic o Vic Buckingham lo consiguieron en el Ajax.

Buckingham, el hombre que descubrió a Cruyff

Los hay que ganaron el Mundial como Alf Ramsey (Inglaterra), César Luis Menotti (Argentina), Enzo Bearzot (Italia), Franz Beckenbauer (Alemania), Joachim Low (Alemania), Carlos Alberto Parreira (Brasil), Didier Deschamps (Francia), Aimé Jacquet (Francia) o Lionel Scaloni (Argentina) pero ¡no me caben todos! Juan López fue el hombre que llevó a Uruguay al título Mundial de 1950. Nadie lo conoce. Aquel título es del ‘Negro’ Varela, el hombre que cogió el balón tras el gol brasileño, mandó callar Maracaná y les dijo a sus compañeros (Varela era el capitán) que podían ganar el partido.

Otros ganaron Eurocopa o Copa América como fueron Luis Aragonés (España), Otto Rehhagel (Grecia), Berti Vogts (Alemania), Richard Möller-Nielsen (Dinamarca) o Pacho Maturana (Colombia). Y, también los hay que han ganado Copa de Europa caso de Luis Carniglia (Real Madrid), Udo Lattek (Bayern), Guus Hiddink (PSV), Raymond Goethals (Marsella), Frank Rijkaard (FC Barcelona) o Thomas Tuchel (Chelsea). Todos, todos ellos, han estado en la terna final, pero no han conseguido ganar el Balón de Oro contrafactual. Otros no serán conocidos por el gran público, pero merecen estar allí. A Viktor Maslov le he dado el Balón de Oro de los entrenadores de 1960. Estoy seguro de que ninguno de mis lectores lo conoce. Pero Maslov ganó ese año liga y copa con el Torpedo de Moscú aplicando un 4-4-2, un esquema nunca antes visto y que pronto será el común en medio planeta.

Viktor Maslov (1960)

Para ir finalizando un par de aclaraciones sobre aquellos técnicos que serán igual que discutidos que Maslov. Dettmar Crammer (1976) cumple el estereotipo de persona que está en el lugar adecuado en el momento oportuno. Es, quizás, el entrenador menos reputado de la lista y sus logros son ínfimos en consideración a otros técnicos que han sido descartados. Pero Crammer contaba con el visto bueno de Beckenbauer (la famosa mano izquierda de Del Bosque o Heynckes) y compañía y logró ganar dos Copas de Europa consecutivas con el Bayern en 1975 y 1976. También es chirriante la presencia de Zlatko Dalic (2018). Ese año Zidane ganó la Copa de Europa dirigiendo al Real Madrid o Didier Deschamps ganó el Mundial con Francia. Pero de igual modo que no he premiado a Xabi Alonso en 2024 sí que he considerado hacer justicia con Dalic en 2018. El desconocido técnico croata consiguió llevar a su pequeño país de menos de 4 millones de habitantes al subcampeonato del mundo en 2018 a lo que añadirá un tercer puesto en 2022, una hazaña más propia de tiempos pretéritos tras tumbar a Argentina, Inglaterra, Bélgica o Brasil. Modric, Rakitic, Mandzukic o Perisic ya estaban antes de Dalic y nunca pasaban de la fase de grupos.

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro de los entrenadores. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin bases de datos, sin ayudantes, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes entrenadores del pasado.

La idea es que, una vez leída la lista, os pique la curiosidad y echéis un vistazo en la Wikipedia (seguro que no sabéis quien fue Árpad Weisz o Stefan Kovacs y os sorprenderá conocer la trascendencia que para el fútbol han tenido Valeri Lobanovski o Tele Santana). Comprobareis entonces que habrá técnicos con inmensas colecciones de trofeos (Alex Ferguson o Marcello Lippi), los habrá quienes destaquen por llevar a un modesto a la gloria (Brian Clough o José Mourinho), alguno contribuirá a un cambio táctico o teórico en el mundo del fútbol (Gusztav Sebes o Rinus Michels) y sólo los elegidos podrán tener en plural alguno de estos atributos (Helenio Herrera o Arrigo Sacchi). Por naciones Italia consigue 14 trofeos (lo que manifiesta su tradicional superioridad táctica), Argentina 12, Inglaterra 11 y Hungría 10, pequeño país centroeuropeo que en la primera mitad del siglo XX exportó por el mundo el juego de toque y posesión húngaro. Pep Guardiola, Helenio Herrera y Vittorio Pozzo son los plusmarquistas al contar con cuatro trofeos.

Vittorio Pozzo (1934, 1935, 1936 y 1938)

Los ganadores entre 1930 y 2024 serían los siguientes:

1930 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1931 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1932 Hugo Meisl (Chequia) Selección Austria        

1933 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1934 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia        

1935 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1936 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1937 Árpad Weisz (Hungría) Bolonia FC

1938 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1939 Bela Guttmann (Hungría) Újpest FC    

1940 Héctor Castro (Uruguay) Club Nacional   

1941 Renato Cesarini (Italia) River Plate    

1942 Alfred Schaffer (Hungría) AS Roma   

1943 András Kuttik (Hungría) Torino FC

1944 Alfredo Garasini (Argentina) CA Boca Juniors

1945 Carlos Peucelle (Argentina) River Plate

1946 Guillermo Stábile (Argentina) Racing Avellaneda y Selección Argentina

1947 Bill Struth (Escocia) Glasgow Rangers

1948 George Raynor (Inglaterra) Selección Suecia  

1949 Emérico Hirschl (Hungría) CA Peñarol  

1950 Helenio Herrera (Argentina) Atlético de Madrid

1951 Lajos Czeizler (Hungría) AC Milan

1952 Gusztáv Sebes (Hungría) Selección Hungría

1953 Gusztáv Sebes (Hungría) Selección Hungría    

1954 Sepp Herberger (Alemania) Selección Alemania  

1955 José María Minella (Argentina) River Plate

1956 Matt Busby (Inglaterra) Manchester United 

1957 José Villalonga (España) Real Madrid

1958 Vicente Feola (Brasil) Selección Brasil  

1959 Helenio Herrera (Argentina) FC Barcelona

1960 Viktor Maslov (Rusia) Torpedo Moscú   

1961 Bela Guttmann (Hungría) SL Benfica     

1962 Bela Guttmann (Hungría) SL Benfica

1963 Nereo Rocco (Italia) AC Milan

1964 Helenio Herrera (Argentina) Internazionale

1965 Helenio Herrera (Argentina) Internazionale

1966 Miguel Muñoz (España) Real Madrid  

1967 Jock Stein (Escocia) Celtic Glasgow

1968 Osvaldo Zubeldia (Argentina) Estudiantes La Plata

1969 Nereo Rocco (Italia) AC Milan  

1970 Rinus Michels (Países Bajos) AFC Ajax   

1971 Rinus Michels (Países Bajos) AFC Ajax       

1972 Stefan Kovacs (Rumanía) AFC Ajax               

1973 Bill Shankly (Escocia) Liverpool FC   

1974 Helmut Schön (Alemania) Selección Alemania  

1975 Valeri Lobanovski (Ucrania) Dinamo Kiev            

1976 Dettmar Crammer (Alemania) FC Bayern  

1977 Giovanni Trapattoni (Italia) Juventus FC

1978 Ernst Happel (Austria) Club Brujas y Selección Países Bajos

1979 Brian Clough (Inglaterra) Nottingham Forest  

1980 Brian Clough (Inglaterra) Nottingham Forest

1981 Bob Paisley (Inglaterra) Liverpool FC             

1982 Sven-Göran Eriksson (Suecia) IFK Goteborg

1983 Ernst Happel (Austria) Hamburgo SV

1984 Michel Hidalgo (Francia) Selección Francia        

1985 Giovanni Trapattoni (Italia) Juventus FC   

1986 Carlos Bilardo (Argentina) Selección Argentina

1987 Óscar Washington Tábarez (Uruguay) CA Peñarol          

1988 Rinus Michels (Países Bajos) Selección Países Bajos   

1989 Arrigo Sacchi (Italia) AC Milan              

1990 Arrigo Sacchi (Italia) AC Milan                   

1991 Vujadin Boskov (Serbia) UC Sampdoria

1992 Johan Cruyff (Países Bajos) FC Barcelona

1993 Tele Santana (Brasil) Sao Paulo FC   

1994 Fabio Capello (Italia) AC Milan 

1995 Louis Van Gaal (Países Bajos) AFC Ajax                 

1996 Luiz Felipe Scolari (Brasil) Gremio FB 

1997 Ottmar Hitzfeld (Alemania) Borussia Dortmund

1998 Arsene Wenger (Francia) Arsenal FC

1999 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United

2000 Carlos Bianchi (Argentina) Boca Juniors

2001 Carlos Bianchi (Argentina) Boca Juniors

2002 Vicente del Bosque (España) Real Madrid

2003 José Mourinho (Portugal) FC Porto

2004 José Mourinho (Portugal) FC Porto  

2005 Rafael Benítez (España) Liverpool FC

2006 Marcello Lippi (Italia) Selección Italia

2007 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United

2008 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United  

2009 Josep Guardiola (España) FC Barcelona

2010 José Mourinho (Portugal) Internazionale

2011 Josep Guardiola (España) FC Barcelona

2012 Jürgen Kloop (Alemania) Borussia Dortmund 

2013 Jupp Heynckes (Alemania) FC Bayern

2014 Diego Pablo Simeone (Argentina) Atlético Madrid

2015 Luis Enrique Martínez (España) FC Barcelona

2016 Unai Emery (España) Sevilla FC

2017 Zinedine Zidane (Francia) Real Madrid  

2018 Zlatko Dalic (Croacia) Selección Croacia  

2019 Jürgen Kloop (Alemania) Liverpool FC

2020 Hansi Flick (Alemania) FC Bayern

2021 Josep Guardiola (España) Manchester City  

2022 Carlo Ancelotti (Italia) Real Madrid

2023 Josep Guardiola (España) Manchester City

2024 Carlo Ancelotti (Italia)Real Madrid

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista del Balón de Oro de los entrenadores entre 1930 y 2023 sería la siguiente:

1. Vittorio Pozzo (Selección Italia) (1934, 1935, 1936 y 1938) 4

1. Helenio Herrera (Atlético, FC Barcelona, Inter) (1950, 1959, 1964 y 1965) 4

1. Josep Guardiola (FC Barcelona, Manchester City) (2009, 2011, 2021 y 2023) 4

2. Herbert Chapman (Arsenal FC) (1930, 1931 Y 1933) 3

2. Bela Guttmann (Újpest FC, SL Benfica) (1939, 1961 y 1962) 3  

2. Rinus Michels (Ajax y Selección Países Bajos) (1970, 1971 y 1988) 3

2. Alex Ferguson (Manchester United) (1999, 2007 y 2008) 3

2. José Mourinho (FC Porto e Internazionale) (2003, 2004 y 2010) 3

3. Gusztáv Sebes (Selección Hungria) (1952 y 1953) 2

3. Nereo Rocco (AC Milan) (1963 y 1969) 2

3. Ernst Happel (Club Brujas, Hamburgo SV y Selección Países Bajos) (1978 y 1983) 2

3. Brian Clough (Nottingham Forest) (1979 y 1980) 2

3. Giovanni Trapattoni (Juventus FC) (1977 Y 1985) 2

3. Arrigo Sacchi (AC Milan) (1989 y 1990) 2

3. Carlos Bianchi (Boca Juniors) (2000 y 2001) 2

3. Jürgen Kloop (Borussia Dortmund y Liverpool FC) (2012 Y 2019) 2

3. Carlo Ancelotti (Real Madrid) 2022 y 2024) 2

Helenio Herrera (1950, 1959, 1964 y 1965)

Para finalizar, conviene señalar a aquellos que serían Balón de Oro contrafactual tanto en su carrera como futbolista como en su carrera como entrenador. Dos ejemplos, además, de técnicos profundamente influyentes (Cruyff) o irresistiblemente ganadores (Zidane) que si no tienen más trofeos es porque coincidieron en el tiempo con otros grandes técnicos.

A – Johan Cruyff

Jugador: 1971, 1973 y 1974 (AFC Ajax y FC Barcelona)

Entrenador: 1992 (FC Barcelona)

B – Zinedine Zidane

Jugador: 1998 (Juventus FC)

Entrenador: 2017 (Real Madrid)

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