Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.
En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.
Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.
Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.
El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.
Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.
El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.
En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.
Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.
Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.
¡A beber!
La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.
La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.
Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.
La reacción del pueblo no.
Marruecos sin marroquís
El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.
Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.
En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.
El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.
A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.
Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.
España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.
Gracias Digne
Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.
El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.
La Brasil del siglo XXI.
El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).
¡Campeones!
Otros resúmenes mundialistas
Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)
Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)
En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.
A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.
Finalísima cancelada
Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.
En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.
Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.
URUGUAY 1930
Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.
Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Uruguay 30
ITALIA 1934
Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.
Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.
Veredicto: Error.
Italia: Vencer o morir
FRANCIA 1938
Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.
Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.
Veredicto: Acierto.
Giuseppe Meazza
BRASIL 1950
Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.
Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.
Veredicto: Error.
Gol de Ghiggia: Maracanazo
SUIZA 1954
Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.
Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.
Veredicto: Error.
El milagro alemán
SUECIA 1958
Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).
Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.
Veredicto: Error.
O Rei
CHILE 1962
Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.
Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Garrincha en movimiento
INGLATERRA 1966
Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.
Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Los inventores del fútbol
MEXICO 1970
Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.
Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.
Veredicto: Acierto.
Brasil del 70
ALEMANIA 1974
Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.
Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.
Veredicto: Acierto.
Cruyff y Beckenbauer
ARGENTINA 1978
Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.
Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.
Veredicto: Error.
Argentina 78
ESPAÑA 1982
Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa.
Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.
Veredicto: Error.
Paolo Rossi
MEXICO 1986
Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.
Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.
Veredicto: Error.
D10S
ITALIA 1990
Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.
Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.
Veredicto: Error.
Alemania unificada
ESTADOS UNIDOS 1994
Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.
Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.
Veredicto: Acierto.
Mazinho, Bebeto y Romario
FRANCIA 1998
Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.
Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Francia multicolor
COREA Y JAPÓN 2002
Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.
Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.
Veredicto: Error.
La resurrección de Ronaldo
ALEMANIA 2006
Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.
Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.
Veredicto: Error.
¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!
SUDAFRICA 2010
Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.
Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.
Veredicto: Acierto.
Tiki-taka
BRASIL 2014
Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.
Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.
Veredicto: Error.
Primer europeo que conquista América
RUSIA 2018
Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.
Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.
Veredicto: Error.
Mbappé y compañía
QATAR 2022
Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.
Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.
Veredicto: Error.
¿El más grande?
NORTEAMERICA 2026
Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.
Cuando Sven-Göran Eriksson da la que sería su última rueda de prensa como seleccionador inglés lo hace con un alegato en defensa de Wayne Rooney. Era el año 2006. Rooney había cometido una imprudente entrada a destiempo contra Ricardo Carvalho y el dedo acusador de Cristiano Ronaldo (compañero de Rooney en el United) hizo que el colegiado expulsase al delantero inglés. Faltaba más de media hora para el fin del encuentro de cuartos de final del Mundial. Inglaterra aguantaría una hora en inferioridad numérica para morir en la tanda de penaltis y desperdiciar una vez más una oportunidad para asomarse al balcón del éxito planetario.
La prensa inglesa esperaba con el cuchillo entre los dientes. En 1998 había sido David Beckham el que se había ganado una tarjeta roja por una chiquillada ante Diego Pablo Simeone. Tardó varios años en recuperar el cariño y la credibilidad de público y prensa. Así que Eriksson, en su último acto como seleccionador inglés, lo tuvo claro: “No os ensañéis con Rooney. Es el chico de oro del fútbol inglés. Yo me voy, pero vosotros (por la prensa) necesitáis a Wayne para los próximos años. No lo destruyáis, os lo ruego, porque lo necesitáis”.
Y Sven-Göran Eriksson sabía muy bien de lo que hablaba.
Se suele decir que la prensa amarilla inglesa tiene tanto poder que te encumbra y te hunde cuándo y cómo quiere. A decir verdad, la prensa sensacionalista únicamente tiene una de esas capacidades. Te alza a los altares. Si lo deseas, serás famoso. La caída viene sola. O bien porque el famoso de turno es incapaz de mantener los estándares de perfección y éxito social que le hicieron ser encumbrado, o bien porque deja de ser noticioso y, enrabietado, busca una nueva forma de ponerse en el foco.
Y luego está Nancy.
2001. Inglaterra vence a España 3-0 en el primer partido de Eriksson. Todo es alegría en las tierras de Isabel II. La única pena es que Sven es aburrido. Contesta con monosílabos, no grita en el banquillo y no entra al trapo a ninguna polémica. Uno que no quiere salir en la prensa amarilla. Ocurre que es acabar la rueda de prensa, salir de los vestuarios y allí está Nancy en busca de un micrófono.
Aquella despampanante italiana, de la clase alta italiana, con suntuosos y coloridos vestidos, hace de contrapunto perfecto del buenazo de Eriksson. En septiembre toca visita a Múnich para partido de clasificación para el Mundial 2002. Hacía más de tres décadas que los ingleses no vencían a los teutones. Fue una paliza histórica. 1-5. Aquel día Michael Owen anotó tres tantos. Unos días después se realizaba la votación periodística para el Balón de Oro y aquel hat-trick hizo que el delantero del Liverpool FC adelantase en el sprint final al madridista Raúl. De repente una Svenmanía se propagó cual maremoto por toda Inglaterra. Todos los programas de radio y televisión hablaban de Eriksson, surgieron camisetas y llaveros, hubo hasta una canción que llegó al top5 de los éxitos de ese fin de año e Inglaterra, por descontado, pasaba a ser favorita para el Mundial de 2002.
Dado que Eriksson era hombre de perfil bajo, quien se prestaba a aparecer en público era Nancy. Pronto fue bautizada como Primera dama del fútbol inglés. Le encantó. Empezó a acudir a saraos luciendo su nuevo y ficticio cargo. Vivían en un palacete con vistas a Regent’s Park y si algún paparazzi acudía a esperarlos tras las vallas, Nancy no dudaba nunca en saludar y esbozar una sonrisa.
Total, que el tiempo pasa. Inglaterra se clasifica para el Mundial de forma milagrosa. Tiene que empatar en Wembley ante Grecia y a falta de un par de minutos para el final va perdiendo por 1-2. Un gol de falta de Beckham envía a los ingleses a Japón. Dado que Eriksson había heredado una situación complicada, y con el recuerdo del 1-5 todavía nítido, nadie tiene en cuenta el susto y se viaja a Oriente con la ilusión intacta. Todos confían en que el sueco devuelva la gloria perdida a Inglaterra. No obstante, sucederá lo de siempre e Inglaterra caerá en cuartos de final del Mundial de Corea y Japón.
Como el verdugo había sido el Brasil de Ronaldo, Ronaldinho o Rivaldo, se dio por aceptada la derrota. Sin embargo, la prensa sensacionalista tenía otros planes. Contaban con una noticia que habían guardado en el armario a la espera de que el Mundial terminase. Era el momento de sacarla a la luz. Sven-Göran Eriksson mantenía una relación sentimental con Ulrika Jonson, una modelo y presentadora televisiva británica de padres suecos que en su juventud había sido modelo. Un pibón. Otro más.
Nancy estalló en cólera. Y el News of the World se frotó las manos. Pero Nancy y Sven no estaban casados, por lo que los abogados de la italiana le recomiendan mantener un perfil bajo y perdonar la infidelidad. A Sven le preguntan, pero calla por respuesta. Y entonces surge un potro desbocado de 17 años que responde al nombre de Wayne Rooney. Un chico igual de bueno que de atolondrado. Un futbolista que era consciente de lo que sabía hacer, pero ignoraba lo que no podía hacer. Con Rooney en el foco, lo del trío amoroso de Eriksson queda a un lado. Toca Eurocopa en Portugal. Año 2004. Rooney y Owen en la delantera. Beckham, Gerrard y Lampard por detrás. Favoritísimos. En cuartos toca el anfitrión como rival. Rooney, quien era el mejor del torneo, se lesiona a los 25 minutos. Hay prórroga. Portugal se pone 2-1, pero Inglaterra empata a falta de cuatro minutos para el final de los 120 de juego. Penaltis. Falla David Beckham. Inglaterra otra vez eliminada en cuartos.
Ahora la paciencia con Eriksson ya se agota. Lo del sueco como seleccionador inglés ya gusta a pocos. Y el News of the World decide ir a por él. El problema, cómo ya comenté antes, es que uno no forma parte del mundo sensacionalista sino quiere. Y a Eriksson no había forma de hincarle el diente.
Pero a Nancy sí. Y a Ulrika también.
Ulrika da una entrevista. Más bien acomete un asesinato a base de palabras. “El sexo con Sven era como montar un mueble de Ikea, era tan ordenado y funcional que seguramente hubiese quedado más satisfecho montando un armario juntos. Es el hombre más débil que he conocido. Puede tener poder y dinero, pero tenía que hacerlo yo siempre todo”. La venganza de Ulrika es de tomo y lomo.
Cuando a Nancy le preguntan por Ulrika lo primero que sale de su boca es la palabra “prostituta”. Y mientras, la popularidad de Eriksson cae por los suelos. Si algo no gusta a la victoriana y rancia sociedad inglesa son los líos de faldas.
Ulrika
Pero como el hombre es el único ser vivo que tropieza siempre con la misma piedra, Sven volverá a caer en la trampa. A finales de 2004 se descubre que tiene un idilio con una joven secretaria de la Federación Inglesa llamada Faria Alam. El asunto tiene su aquel porque Alam mantiene una segunda relación de índole sexual con un directivo de la FA que está casado. El News of the World, en el apogeo de su asqueroso poder, publicará correos electrónicos subidos de tono entre ambos. El asunto se resolverá con la dimisión del directivo, la expulsión de Alam (quien aceptará 300.000 libras de indemnización y se marchará a vivir a Canadá) y el mantenimiento en el cargo de Sven-Göran Eriksson.
Eriksson mantiene el puesto por la intermediación de Beckham, Rooney y los demás pesos pesados de la selección inglesa. Pero es un muerto en vida. Nancy decide dejar la casa de Regent’s Park, poner rumbo a Roma y contar lo divino y lo humano en la televisión italiana mientras prepara una demanda millonaria contra Sven.
Y aún hay más.
En enero de 2006, meses antes de la disputa del Mundial, Eriksson recibe una invitación para ir a Dubái. En teoría le comunican que un jeque va a comprar un club inglés y le ofrecen el cargo de entrenador. Eriksson sabiendo que, pase lo que pase en el Mundial 2006, tiene los días contados, se muestra receptivo a la oferta. Resulta que lo único que en esa reunión se vendió fue humo y que la conversación pronto llegará a la prensa inglesa. El revuelo será de tal magnitud que la FA anunciará un mes antes de la disputa del Mundial que el inglés Steve McClaren se haría cargo de la selección al acabar el torneo y que acudirá como segundo entrenador de Eriksson a Alemania.
Fiel a su estilo Eriksson aceptará el desprecio sin mediar palabra, pero permitirá que las mujeres y novias de los jugadores convivan con los seleccionados en Alemania. Será mes y medio de andanzas junto a la prensa, dado que los juntaletras y las WAGs (wives and girlfriends) compartirán hotel. Fue un acto de venganza de Eriksson que dio carnaza gratuita a la prensa sensacionalista aun a coste de sus chicos únicamente para desprestigiar a los directivos de la FA.
Faria, Sven, Nancy y Ulrika
Como comenté al inicio de este artículo, Inglaterra volvió a caer, y nuevamente lo hizo en cuartos de final. Otra vez fue ante Portugal, y por tercera vez consecutiva Eriksson cayó ante Scolari, quien fue seleccionador brasileño en 2002 y portugués en 2004 y 2006.
Sven y sus líos de faldas marcharon a lo que pareció un exilio a México antes de volver a Inglaterra en 2009 para hacerse cargo del Notts County, por entonces último clasificado de la segunda categoría inglesa. Aquello no tenía sentido alguno. Pero es que Eriksson volvió a tropezar con la misma piedra. Nuevamente le habían dicho que un gran inversor de Oriente Próximo se haría cargo del club y a medio plazo se convertiría en un grande del país. Le dieron todo el poder, no únicamente en la parcela técnica, sino también en materia de organización y fichajes.
Era como una vuelta a Göteborg. Un reinicio. Y así fue durante un par de meses, hasta que se vio que no había dinero ni para pagar al jardinero y que inversores no había ni el primero. Desesperado, Eriksson hizo un estrambótico viaje a Corea del Norte, dado que un empresario de minerales inglés le había dicho que podrían firmar un acuerdo millonario con el entonces moribundo Kim Jong-il. Como era de esperar, lo que sucedió es que el empresario se ayudó de la fama de Eriksson para conseguir un buen trato para su empresa y ni el Notts County ni Eriksson recibieron nada a cambio.
Al volver de Corea del Norte, Eriksson renunció a su sueldo y dejó el club. Meses después el Notts County entraba en quiebra.
Picaflor
Sven-Göran Eriksson entrenaría en China y hasta dirigió a la selección de Filipinas. Nunca jamás volvió a recuperar el brillo y el poder que obtuvo al ser nombrado seleccionador inglés. Da igual. Pocos con tan poco llegaron tan lejos. Un desconocido sueco que tuvo el honor de ocupar el cargo más sagrado del fútbol mundial. Con razón, cuando su vida expiraba y hacía repaso de lo sucedido, en vez de afligirse por su futuro se enorgullecía de su pasado.
“Tuve una buena vida. Igual demasiado buena y tuve que pagar por ello. Espero que me recuerden como una persona positiva y qué hizo todo lo que pudo”. Sven-Göran Eriksson.
Sven se despertó. Mareado. Espantosamente mareado. Hubo de pedir ayuda. Hubo que llevarlo al hospital. El diagnóstico fue terrorífico. Si el médico que te atiende empieza a llorar sólo cabe esperar que el mundo se te abra bajo tus pies. Sven acababa de sufrir cinco infartos cerebrales. No uno. Ni dos. Ni tres. Ni tan siquiera cuatro. Eran cinco los infartos cerebrales. Cinco. Una masa cancerígena habitaba en su cerebro. No sufría dolor. Ni lo iba a sufrir. Tampoco había operación posible. Le dieron doce meses de vida. Luego le recortaron el plazo a diez meses. El bicho también estaba en el páncreas. El tiempo de descuento del partido acabó siendo un alargue de 18 meses. Sven disfrutó de ese tiempo añadido. Nunca en su vida había pensado en el mañana y tampoco lo iba a hacer ahora. Contaba con 75 años. Le dio por dictar sus memorias.
Había tenido una buena vida.
Había disfrutado del fútbol. Del poder. Y de la erótica del poder.
Tenía apenas 30 años cuando se convirtió en el entrenador del Degerfors IF, un auténtico Don Nadie en la paupérrima segunda categoría del fútbol sueco. Era un trabajo en el que no percibía sueldo alguno, tan sólo primas por victoria. Era lo de menos. Sven era un fanático del fútbol. La semana que el Degerfors se jugaba el ascenso a la máxima categoría hubo de pedirle a la directora del colegio que le diese un par de días libres. Y es que Sven era profesor de educación física. El colegio aceptó el órdago y Sven logró al ascenso. Luego se sacó el carnet de entrenador profesional. Hubo de posponer su primera boda, dado que la fecha del examen coincidiría con el día que debía pasar por la vicaría.
No es de extrañar que Sven no estuviese presente en el nacimiento de su primer hijo. No es de extrañar que su mujer solicitase el divorcio.
Y no es de extrañar que Sven-Göran Eriksson se convirtiese en técnico del IFK Göteborg. Corría el año 1979.
Sven en 1979
Lo que hizo Sven-Göran Eriksson en el Göteborg es una proeza de valor incalculable. Sin experiencia alguna en la élite, Eriksson implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros. Y no he usado una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Göteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida, antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3.
Lo nunca visto.
A Eriksson le harían una estatua en su pueblo. Pequeño pueblo maderero del norte de Suecia. Sven tuvo una infancia humilde. La familia era larga y las estrecheces continuas. La madre era ama de casa y el progenitor camionero. Apenas se duchaban un día a la semana y Sven contaría que su madre tan solo salió una vez de su pueblo para ir a Estocolmo con motivo de celebrar su modesta luna de miel. Lo que había hecho Sven no estaba en los anales. Y un grande venido a menos llamó a su puerta. Era 1982.
Dice la leyenda que doce directivos del SL Benfica presentaron su dimisión al conocerse la contratación de Eriksson. No fue tal el asunto. Pero el asunto fue quijotesco. De eso no hay duda. Un frío y aburrido escandinavo a orillas del Río Tejo. Y es que Eriksson no era un desechado de virtudes. Era un tipo plomizo, de ojos azules diminutos, soberanas entradas en una calvicie que ni era ni dejaba de serlo y unos dientes de ratoncillo que asomaban entre dos líneas ásperas de labios. No saltaba en los banquillos. No gritaba. Y apenas mostraba alegría ni tristeza. Según decía, en una clara muestra de sus tiempos de profesor, él dictaba sentencia en el vestuario, pero en los partidos debía mostrarse sereno y dar ejemplo a sus pupilos.
El caso es que llevaron a Eriksson al viejo Estadio da Luz, le hicieron cruzar un pasillo y le enseñaron la sala de trofeos. Eriksson comprendió donde estaba y levantó el dedo. Seis meses. Dicen que fue lo que pidió. Así fue. A los seis meses si aquel sueco decía que el sol era verde todo lisboeta decía que el sol era verde. Fueron dos años y ganó dos Primeira Liga. Pero no pudo con la maldición de Bela Guttmann y cayó en la final de la Copa de la UEFA.
Eriksson en Lisboa
Un día, volviendo de entrenar, vio que un coche lo seguía. Intentó despistarlo sin suerte y acabó saliendo del vehículo para enfrentarse a su oponente. No había tal. Era un directivo de la AS Roma. Querían hablar con él en privado y ofrecerle un viaje de ensueño a la Serie A.
Un técnico sueco en la Serie A.
Entonces allí estaban todos. Maradona, Platini, Van Basten, Rijkaard, Falcao, Krol, Baggio, Maldini, Gullit, Klinsmann, Matthaüs, Baresi, Boniek, Zico…y luego Batistuta, Ronaldo, Nedved, Del Piero, Bergkamp, Weah, Vialli, Zamorano, Vieri…Pero los entrenadores no. Los entrenadores eran todos de casa. Eran italianos. Y en 1984 por allí iba a aparecer un sueco.
Entre 1984 y 1997 Eriksson dirigió a la AS Roma, AC Fiorentina y UC Sampdoria. Ganó títulos con romanos y genoveses y por el camino regresó a Lisboa para llevar al SL Benfica a la que hasta la fecha es su última final de Copa de Europa en la que cayó ante el AC Milan de Sacchi. Por entonces Eriksson se había ganado la fama de hombre tranquilo en circunstancias difíciles, intrépido, sin miedo al fracaso, pero seguía sin convencer a un grande para que le diese las llaves del castillo.
Así que en 1997 acepta la oferta del SS Lazio. Serían cuatro años de éxitos.
Los laziales no eran ni son un grande. Pero entonces tenían dinero. Mucho dinero. Y Eriksson se coronó. Ganó cuatro títulos y en el año 2000 logró el segundo Scudetto de la historia del club con un equipazo formado por Fernando Couto, Nesta, Mihajlovic, Nedved, Simeone o Marcelo Salas.
Ocurre que no sólo de fútbol vive el hombre. En esa época, el bueno de Sven comienza una relación sentimental con un pedazo de mujer. Se trata de Nancy Dell’Olio. En aquel instante Sven cuenta con 50 años y Nancy con 37. Nancy es una dama de alta alcurnia, con antepasados de la nobleza apuliana y de personalidad arrolladora. Es una Sofía Loren morena, de generosa delantera, gustosa del maquillaje, y con el tiempo de las operaciones estéticas, y con una frondosa y exuberante cabellera. Es también una tipa lista. Le encantan los micrófonos y las cámaras. Ejerce de abogada y sabe cómo, cuándo y qué decir.
A Sven se lo come con patatas.
¿Qué hace pedazo de mujer con Sven?
La erótica del poder lo llaman.
Lo que aquella despampanante italiana veía en aquel callado sueco era poder. Poder con la mirada. Sven hablaba poco y lo hacía entre silencio y silencio. Pero sabía de qué hablar. De fútbol. También de Confucio. Practicaba yoga y podía explicarle a quien quisiera escucharle cómo era el proceso de talado, empaquetado, creación y venta de una mesa de madera. Una caja de sorpresas de tema variopintos. Pero había que preguntarle. Y en el misterio, en esos silencios perpetuos, era donde Sven tenía su fuerte.
Y es que Sven era un picaflor. Quién lo diría.
A ojos de todos Nancy era la voz cantante. Aparecía en todos los partidos con trajes despampanantes y en los postpartidos se acercaba junto a Sven para posar y encandilar a todos con una sonrisa. Nancy anunciaba la boda. Pronto. Pronto. Sin embargo, las campanas no sonaban.
Sven tenía otro plan.
Y entonces su representante lo llamó por teléfono.
Sven y Nancy
Enero de 2001. A Eriksson lo quieren de la Football Association. De The Football Association. La Football Association. Los señores estirados que inventaron el fútbol en 1863 quieren que un sueco sea seleccionador nacional inglés. Eriksson no necesita ni pensarlo. Es un puesto de honor. Es un cargo al que ningún extranjero jamás pudo nunca haber ni imaginado conseguir. Sven pide comenzar en junio de 2001. Le dicen que ahora o nunca. Habla con el presidente de la SS Lazio, que le concede la libertad por los servicios prestados.
En aquel entonces la SS Lazio caminaba con 11 puntos de ventaja en busca de su segundo Scudetto consecutivo. Acabarán terceros a seis puntos del vencedor.
En febrero de 2001 aquel hijo de un camionero de un pueblo perdido del norte de Suecia se convierte en seleccionador nacional de Inglaterra. La primera rueda de prensa es un huracán disfrazado de preguntas. Le atosigan. Le dan palos. Le recuerdan que sólo ha dirigido a un jugador inglés en más de dos décadas como técnico. Le cuestionan por su lealtad. Le preguntan por un lateral izquierdo de un equipo de la segunda categoría que obviamente no conoce. “Es Inglaterra. ¿Cómo iba a rechazar semejante propuesta?”, contestará cuando las preguntas alcancen un tono hiriente. Tras la rueda de prensa tiene un breve encuentro con Tony Blair, primer ministro inglés, y ambos acabarán haciendo una apuesta en tono jocoso preguntándose cuál de los dos tiene más presión en el cargo y quién de los dos aguantará más tiempo en su puesto.
Con esos mimbres toca debut en Birmingham. Inglaterra vs España. Y gana la Pérfida Albión. 3-0. Eriksson le quita la presión a unos chicos que venían de fracasar en el Mundial 1998 y la Eurocopa 2000. Les quita la camisa de fuerza y contesta a las críticas con silencios y sonrisas.
En la década de 1990 la selección sueca era la mandamás del balonmano mundial. Entre ese año y 2002 los suecos se coronaron cuatro veces como campeones de Europa y en dos ocasiones lograron el cetro mundial. Jugadores como Thomas Svensson, Staffan Olsson o Stefan Lövgren infundían terror entre las selecciones rivales. Pero sobre todo era Magnus Wislander quien impulsó a aquella generación dorada a las más altas cotas. No en vano Wislander fue escogido como el mejor balonmanista del siglo XX.
Wislander era un compendio de facultades físicas y técnicas que tanto jugaba como central como ejercía de pivote. Poseía virtuosísimo tanto en defensa como en ataque y acuñaba tanto efectividad como una lectura del juego extraordinaria. Wislander fue buque insignia y piedra angular de Suecia durante esos años prodigiosos.
Pero por muchos títulos mundiales o continentales que los suecos atesorasen todo palidecía ante la posibilidad de coronarse campeones olímpicos. Salvo la gloria en un Mundial de fútbol y, quizás, obtener un anillo en la NBA, no existe comparación con alcanzar la gloria olímpica. Obtener el oro en unos Juegos Olímpicos es el culmen de cualquier deportista que no de patadas a un balón.
Así que Wislander y compañía se plantaron en Barcelona 92 con la intención de lograr la eternidad olímpica. Se presentaban en la Ciudad Condal como vigentes campeones del mundo y favoritos para lograr el oro. Y la puesta de largo no pudo ser mejor. El torneo olímpico se dividía en dos grupos de seis conjuntos. Los dos primeros de cada grupo se enfrentaban en aspa en semifinales y de ahí rumbo a la final. Los partidos se celebrarían en Granollers, pequeña ciudad industrial y una de las capitales españolas del 40×20. La final tendría lugar en el entonces espectacular y moderno Palau Sant Jordi de Barcelona.
Suecia masacró a sus rivales en la primera fase y se clasificó para semifinales donde dejó en la cuneta a Francia. Se metía en la final con un registro de seis victorias y ninguna derrota. Mismas cifras que su rival, la CEI, un conglomerado de estados comandado por Rusia hecho de prisa y corriendo tras el desmembramiento de la Unión Soviética.
En una final defensiva, Suecia y la CEI intercambiaron golpes hasta llegar al descanso con empate a nueve tantos. En la reanudación, el buen hacer del portero Andrei Lavrov y del entonces kazajo, y después español, Talant Dujshebaev, decantaron la balanza a favor de los exsoviéticos que se llevaron la medalla de oro por 20-22.
Magnus Wislander
Para 1996 Suecia era aún más favorita que cuatro años atrás. Rusia era un niño en comparación a lo que habían sido la Unión Soviética y el sucedáneo de la CEI. Tampoco existía ya Yugoslavia como gran potencia mundial. Sólo Francia y España aparecían como amenazas para lograr el oro en Atlanta. Así que Suecia volvió a arrasar en la fase de grupos y se presentó con cinco victorias consecutivas en semifinales.
Allí vencieron con suma comodidad a España (25-20), mientras que Croacia hacía lo propio ante Francia (24-20). Las tres medallas iban a ser continentales, algo habitual en un deporte al que le cuesta brillar cuanto más se aleja de la vieja Europa. Los españoles Ramón Gallego y Pedro Lamas iban a ser los colegiados de la segunda final consecutiva de los suecos. Sería también la segunda de Gallego y Lamas, hecho insólito que nunca ha sido repetido.
Croacia había vencido a los suecos en las semifinales del Mundial del año anterior, pero ambos conjuntos se habían enfrentado días atrás en la fase de grupos con abultada victoria (28-17) de los escandinavos. La final disputada en el Georgia Dome de Atlanta no tuvo nada que ver con aquel encuentro y fue dominada por los croatas y su fenomenal goleador Patrik Cavar. Suecia se acercó a un gol en el último minuto, pero acabó cayendo, una vez más, en este caso por 26-27.
La victoria croata está considerada una de las grandes sorpresas de la historia olímpica del balonmano y, por ende, el gran disgusto del balonmano sueco. En el descanso los ex yugoslavos ya vencían por 11-16, logrando la mayoría de los goles en segundas oportunidades.
La celebración croata
Para Sidney 2000 el formato afrontó un pequeño cambio. Se introdujeron los cuartos de final, por lo que en cada grupo de seis equipos pasaron a clasificarse los cuatro primeros en vez de los dos primeros. Se podía levantar el pie del acelerador y afrontar de menos a más el campeonato. No sería este el caso de los suecos. Otra vez Suecia ganó los cinco partidos de la primera fase (15-0 en el total de los tres Juegos Olímpicos), para luego vencer de cinco a Egipto en cuartos de final y de siete a España en semifinales. Entre Barcelona, Atlanta y Sidney, Suecia sumaba entonces un balance de 19-0 sin contar las dos derrotas en finales olímpicas.
A través de una sólida defensa y una extraordinaria portería, Suecia volvía a acometer un campeonato impoluto. A Sidney llegó Suecia como vigente campeona europea y mundial y sabedores de que era la última oportunidad de unos jugadores próximos a la retirada. Para luchar por la medalla de oro tendrían como rival a muchos de los jugadores que tuvieron enfrente en la final de Barcelona, pero en esta ocasión jugando con Rusia. Pervivían los campeones olímpicos con la CEI de 1992 Dimitry Flippov, Vasily Kudinov, Pavel Sukosyan y el magnífico portero Andrei Lavrov. Por los suecos se mantenían como internacionales Magnus Andersson, Ola Lindgren, Staffan Olsson, Thomas Svensson, Pierre Thorsson y el gran capitán Magnus Wislander.
El duelo fue agónico, con continuos intercambios en el marcador y acciones que rozaban la violencia. Al descanso Suecia vencía por 14-13. Llegarían a vencer por 16-14, pero los fantasmas del pasado hicieron su aparición y en un visto y no visto los rusos hacían un parcial de 2-8 para adelantarse por 18-22. Otra vez Suecia tendría que contentarse con la plata, en esta oportunidad tras caer por 26-28. Fue la primera derrota de los suecos en 25 partidos, desde el Europeo de 1998 hasta, y ya por tercera vez, la dichosa final olímpica.
Doce años después de esa última final los suecos volverían a tener otra oportunidad. En esta ocasión Suecia no era favorita. No llegaban como campeones del mundo ni como vencedores continentales. La gloriosa generación de los 90 ya estaba retirada. A las órdenes del combinado estaba Staffan Olsson, quien esperaba conseguir como entrenador el oro que como jugador le había sido esquivo. Los suecos llevaban dos citas olímpicas ausentes (2004, 2008) y se habían clasificado para Londres 2012 a trompicones. Sin su generación de oro, pasaban a ser uno más del montón.
Por eso esta final fue mucho más dulce que las demás. Apelando a la solidaridad y a la defensa, alcanzaron con asombro la ronda final. Suecia pasó como tercera de grupo y fue una tremenda sorpresa que eliminase a Dinamarca en cuartos de final. No lo fue tanto derrotar a la sorprendente Hungría en semifinales antes de volver a tener la oportunidad de luchar por el oro olímpico.
Allí les esperaba Francia, los nuevos ogros, los vigentes campeones europeos, mundiales y olímpicos. Quizás por ello había esperanzas. Cuando fueron favoritos no ganaron…quizás…ahora.
No fue así. Suecia perdió de forma ajustada (21-22), pero el resultado es engañoso ya que a pesar de la corta diferencia Francia llevó la batuta del partido desde el pitido inicial. Era la cuarta plata olímpica. Si en los 90 Suecia había elevado la plata al cubo, tras Londres 2012 la elevaba a la cuarta.
“Es un disgusto acabar segundo en unos Juegos Olímpicos, pero te dan una medalla de plata. Si acabas segundo en la política es el olvido permanente”. Richard Nixon, presidente de Estados Unidos (1968-1974).