Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.
En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.
Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.
Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.
El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.
Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.
El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.
En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.
Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.
Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.
¡A beber!
La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.
La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.
Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.
La reacción del pueblo no.
Marruecos sin marroquís
El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.
Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.
En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.
El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.
A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.
Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.
España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.
Gracias Digne
Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.
El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.
La Brasil del siglo XXI.
El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).
¡Campeones!
Otros resúmenes mundialistas
Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)
Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)
Al principio de los tiempos estaba Inglaterra. Bueno. Inglaterra y Escocia. La batalla duró poco más de un decenio. A finales de la década de 1880 ya se sabía que la mejor selección del planeta era Inglaterra. Su dominio era hegemónico y así lo fue durante medio siglo. Habían inventado el cotarro, presumían de profesionales y contaban con una generación de ventaja. Hasta la llegada de la II Guerra Mundial, y a pesar de los éxitos de uruguayos, argentinos o italianos, nadie osaba discutir la primacía de los ingleses.
Sucedió que tras la vuelta al ruedo en 1950 con la Copa del Mundo celebrada en Brasil todo el sistema saltaría por los aires. El fútbol continental y sudamericano ya superaba al inglés. En Europa destacaron los tres títulos mundiales de Alemania (1954, 1974 y 1990) y una prodigiosa secuencia entre 1966 y 1990, cuando alcanzaron las semifinales en seis torneos de siete posibles. La fiabilidad teutona era contestada al otro lado del Atlántico por los cuatro trofeos brasileños (1958, 1962, 1970 y 1994) y por una serie de tres finales consecutivas (1994, 1998 y 2002), que culminará con el quinto entorchado a inicios del presente siglo.
Brasil o Alemania. Sin ningún género de dudas las dos mejores selecciones nacionales de fútbol del siglo XX. Brasil dejó algo más. Dejó un estilo. Todo niño soñaba con ser brasileño. Toda cantera de fútbol soñaba con replicar el modelo de jogo bonito. Brasil exportó una manera de jugar al fútbol respetada, y, a mayores del modelo alemán, admirada.
Sucede que con esos bueyes ya no se puede arar.
España es Brasil. Es en España donde se practica el mejor fútbol del planeta. Es España la selección más respetada y admirada en lo que va de siglo XXI. Todo niño quiere ser español. Toda escuela de fútbol quiere replicar el modelo de juego asociativo (tiki-taka lo bautizó Andrés Montes, entre burlas del personal) que tantos éxitos ha dado. Nadie ama el balón como España, sensible y delicada en la ofensiva e impenetrable en la defensiva. A través del colectivo, del uno para todos y todos para uno, minimiza egos y convierte en superlativos a futbolistas simplemente aseados. Italia y Alemania, dos bicharracos ultra competitivos el siglo pasado, buscan replicar el modelo español sin suerte y sin saber, ya perdido el norte, si mantener su esencia pasada o abrazar el estilo de este Brasil europeo.
Tan sólo Francia parece rivalizar con España en este siglo XXI. A través de una perfecta gestión de las migajas de su Imperio colonial, Francia ha replicado el modelo de fiabilidad alemana (tres semifinales consecutivas en 2018, 2022 y 2026). Y ese baluarte galo convierte el triunfo español aún en más extraordinario. España no ha necesitado de una revolución social ni demográfica para convertir una historia de fracaso futbolístico en un éxito perpetuo. Hay excepciones (Lamine Yamal o Nico Williams) y sin embargo no es tiempo de mestizos ni de hijos de inmigrantes ni de descendientes de africanos. Ese momento llegará, pero, parafraseando a Mariano Rajoy, por el momento España gana con españoles.
Oyarzabal(un tipo corriente)
El relator de estas líneas nació en 1985. Había habido éxitos. Las seis Copas de Europa del Madrid y la Eurocopa de 1964 con Franco en el palco y derrotando a los soviéticos en el campo. Era cosa del pasado. En blanco y negro. España no acudió al Mundial del 1970 ni al de 1974 y era normal que los clubes peninsulares cayesen en las primeras rondas europeas ante las bestias europeas. Así fui yo criado. Con la idea de que España era inferior. Caímos en cuartos de final del Mundial de 1994, el primero del que tengo memoria. No la tengo de la Eurocopa de 1992, dado que ni siquiera España llegó a clasificarse. Cuartos de la Euro del 96, ridículo en Francia 98, otra vez cuartos en la Euro 2000, cuartos en el Mundial 2002, otro ridículo en la Euro 2004, octavos en el Mundial 2006…
Para una persona nacida únicamente quince años más tarde, allá por el año 2000, justo en el albor del nuevo siglo, el cambio es radical. Es como pasar del Antiguo Régimen a la separación de poderes de la Revolución Francesa. Su primer recuerdo será la victoria de la Eurocopa 2008 tras vencer a ¡Italia! en los penaltis de los cuartos de final y a ¡Alemania! en el partido decisivo. Luego el Mundial de 2010, la Eurocopa de 2012…la Eurocopa de 2024, ¿Mundial 2026?
Brutal.
España jugará ante Argentina la final del Mundial este domingo. Lo hará tras ser la mejor del ranking FIFA de 2008 a 2014 y de estar entre las tres mejores desde el 2024. Lo hará con mayor o menor éxito, pero lo hará con un estilo propio e inconfundible. Como Brasil, gane o pierda, siempre será admirada. España únicamente se ha enfrentado una vez en un Mundial ante la albiceleste. Fue en 1966. Ganó Argentina. Los sudamericanos eran favoritos. En 1966 nadie tenía estrellas en el pecho. Los argentinos ahora cuentan con tres. Son los actuales campeones, pero no son favoritos. En 2026 el favoritismo es español. Gane quien gane todos sabemos que la posesión del balón será española. Y gane quien gane todos sabemos que el relato del juego será propiedad española. Será el último partido de Lionel Messi en un Mundial. Es de justicia que sea ante España, el país donde aprendió a asociarse y a entender el juego desde cualquier lugar del campo. Esos conocimientos, añadidos a su talento innato para acariciar el balón, han convertido a Leo en inmortal.
La jerarquía española en el siglo XXI abarca mil y un lugares. España había logrado el oro olímpico en 1992, suceso que repitió en 2024, amén de dos platas (2000 y 2020). En lo que va de siglo XXI la selección sub-21 suma tres entorchados europeos y la sub-19 alcanza una cifra récord de nueve títulos continentales. Antes, en 1999, la selección sub-20 de Casillas o Xavi había ganado el Mundial de la categoría para dar el pistoletazo de salida al prodigioso siglo XXI.
Di Stéfano había ganado el Balón de Oro siendo español adoptado. El gallego Luis Suárez replicó el éxito. Después tocó un erial. Rodrigo, un tipo corriente con la extraordinaria habilidad de acariciar el balón y colocarlo siempre en el sitio correcto, ganó un Balón de Oro en 2024. En el siglo XXI tocaron pódium Raúl, Fernando Torres, Iniesta, Xavi, Lamine Yamal y los que queden por venir. Y todo ello con un sistema de juego colectivo que impide que un jugador destaque por encima del grupo.
Cuando yo coleccionaba cromos el Real Madrid sumaba 32 años sin levantar una Copa de Europa. Rompió el maleficio en 1998 y en el siglo XXI ha vitoreado otras ocho veces. Una Liga de Campeones tenía el Barça en el siglo XX y ahora cuenta con cinco coronas. Atlético de Madrid y Valencia CF han llegado a finales de Copa de Europa, amén de ganar el segundo trofeo europeo. Trofeo que también han levantado el Villarreal CF o el Sevilla FC con hasta ¡siete! Europa League en el siglo XXI. Athletic, RCD Espanyol y Deportivo Alavés se quedaron a las puertas. Hasta mi RC Deportivo, un equipo ascensor hasta los años 90, consiguió llegar a una semifinal de la Copa de Europa.
La Liga española fue nombrada la mejor Liga del mundo entre 2000 y 2004 y entre 2010 y 2019 de forma ininterrumpida. Actualmente es considerada la segunda mejor del planeta detrás de la inglesa y desde los años 90 siempre ha estado entre las tres mejores del orbe. Esto, en los 70 y los 80, era ciencia ficción. Por cierto, cuatro de los seis primeros equipos clasificados en la Premier inglesa de la temporada pasada contaban con un técnico made in Spain. En 18 de los últimos 26 años un club español siempre ha ganado un trofeo internacional. Los clubes hispanos suman un total de 87 títulos internacionales en toda su historia por los 61 de escuadras inglesas, los 55 de instituciones italianas y los 35 de clubes alemanes.
Durante el siglo XX Alemania logró tres Copas del Mundo y tres Eurocopas. Italia sumó tres Mundiales y una Eurocopa. España contaba con una Eurocopa. En el último cuarto de siglo, los alemanes suman un Mundial más y los transalpinos un Mundial y una Eurocopa a mayores. España también logró una Copa del Mundo amén de tres Eurocopas.
Si España logra este domingo la victoria ante Argentina y así sumar su segundo Mundial, serán un total de dos títulos mundiales y cuatro europeos. Cinco de los cuales logrados en un espacio de 18 años.
Sólo Brasil ha logrado tal hazaña.
Y la Copa América, a diferencia de la Eurocopa, se organiza de forma bianual.
Si España gana el Mundial, alcanzará el Olimpo.
Ocurre que, aunque caiga derrotada, seguirá siendo la mejor selección de fútbol del siglo XXI.
La mejor y a la que todos los niños del planeta se quieren asemejar.
España
Otras historias de la selección española
Villalonga (el entrenador campeón en la Eurocopa 1964)
En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.
A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.
Finalísima cancelada
Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.
En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.
Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.
URUGUAY 1930
Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.
Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Uruguay 30
ITALIA 1934
Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.
Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.
Veredicto: Error.
Italia: Vencer o morir
FRANCIA 1938
Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.
Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.
Veredicto: Acierto.
Giuseppe Meazza
BRASIL 1950
Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.
Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.
Veredicto: Error.
Gol de Ghiggia: Maracanazo
SUIZA 1954
Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.
Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.
Veredicto: Error.
El milagro alemán
SUECIA 1958
Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).
Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.
Veredicto: Error.
O Rei
CHILE 1962
Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.
Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Garrincha en movimiento
INGLATERRA 1966
Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.
Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Los inventores del fútbol
MEXICO 1970
Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.
Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.
Veredicto: Acierto.
Brasil del 70
ALEMANIA 1974
Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.
Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.
Veredicto: Acierto.
Cruyff y Beckenbauer
ARGENTINA 1978
Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.
Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.
Veredicto: Error.
Argentina 78
ESPAÑA 1982
Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa.
Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.
Veredicto: Error.
Paolo Rossi
MEXICO 1986
Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.
Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.
Veredicto: Error.
D10S
ITALIA 1990
Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.
Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.
Veredicto: Error.
Alemania unificada
ESTADOS UNIDOS 1994
Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.
Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.
Veredicto: Acierto.
Mazinho, Bebeto y Romario
FRANCIA 1998
Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.
Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Francia multicolor
COREA Y JAPÓN 2002
Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.
Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.
Veredicto: Error.
La resurrección de Ronaldo
ALEMANIA 2006
Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.
Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.
Veredicto: Error.
¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!
SUDAFRICA 2010
Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.
Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.
Veredicto: Acierto.
Tiki-taka
BRASIL 2014
Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.
Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.
Veredicto: Error.
Primer europeo que conquista América
RUSIA 2018
Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.
Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.
Veredicto: Error.
Mbappé y compañía
QATAR 2022
Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.
Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.
Veredicto: Error.
¿El más grande?
NORTEAMERICA 2026
Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.
Fue en el año 313. La historia se mezcla con la leyenda. Aún hoy se debate cuánto había de decisión política y cuánto de fe religiosa. Al parecer en el año anterior, durante la batalla de Puente Milvio, el emperador Constantino tuvo una visión y vio aparecer una cruz en el horizonte. Cautivado, Constantino ordenó pintar una cruz en el escudo de sus soldados y aquella batalla fue ganada por quien había de dirigir al Imperio Romano en el que sería su último momento de esplendor. Un año después de la batalla, en el citado 313, Constantino promulgó el Edicto de Milán donde permitía la libertad de culto y consideraba al cristianismo la religión oficial del Imperio. Hizo entonces Constantino su acto de conversión y pasó a bautizarse. Para ello llamó al Papa, cuyo pontificado respondía al nombre de Silvestre.
Silvestre I fue el primer dirigente de la Iglesia que no hubo de esconderse. Hasta entonces los cristianos oraban en sus casas, en las catacumbas o en el bosque. Ahora ya no. Durante dos décadas (314-335) Silvestre I inició las obras de algunos de los templos más representativos del cristianismo. Se proyectó la iglesia de San Pablo Extramuros y la primigenia iglesia de San Pedro en el mismo lugar donde se levanta la Basílica del Vaticano. Constantino también le regaló a Silvestre una tiara, una especie de sombrero con triple corona que en la actualidad se usa para la ceremonia de coronación del papado.
Silvestre I no fue un santo mártir y es difícil calificarlo de santo confesor. Silvestre fue el primer papa oficial, dejando atrás la clandestinidad. Y si hoy es recordado como San Silvestre lo es quizás por su componente político. Y es que lo más relevante de su pontificado es haber logrado por parte del emperador Constantino un documento en el que le da a la Iglesia Católica la propiedad de unos terrenos que pasarían a ser conocidos como Estados Pontificios. Aunque hoy los historiadores consideran el documento como apócrifo, otorgó al Papa el control sobre la región del Lazio y en su máximo apogeo, durante la Edad Media, el control de ciudades como Roma, Ancona, Perugia, Parma, Módena, Rávena, Ferrara y hasta la francesa Avignon. Hoy, el minúsculo y anacrónico Estado del Vaticano, sólo puede ser comprendido en su totalidad conociendo la historia de aquel documento supuestamente sellado entre Constantino y Silvestre I.
La construcción de la Iglesia de San Pedro
El caso es que Silvestre falleció el 31 de diciembre de 335. Una vez ascendido a los Cielos y convertido en San Silvestre quiso ese ser el último día del santoral anual. Lo es así para la Iglesia Cristiana dado que se rige por el calendario gregoriano. Para los ortodoxos, en gran medida el este de Europa, San Silvestre se celebra el 2 de enero, ya iniciado el siguiente año.
Esto último tiene relevancia para la historia que voy a contar. No podía haber ocurrido en país que no fuese católico. Y así tuvo lugar. Ocurrió un 31 de diciembre de 1925, hace ahora cien años. Ocurrió en Brasil, país con profundas raíces católicas y que apenas un siglo antes se había independizado del aún más católico Portugal.
Tal y como había sucedido y sucederá con multitud de pruebas deportivas, la idea surgió del cerebro de un periodista. El plumilla obedecía al nombre de Casper Líbero, quien además era abogado y, por lo que a nosotros nos afecta, era director y propietario de A Gazeta de Sâo Paulo, un rotativo vespertino. Líbero había adquirido el periódico en 1918 y lo había modernizado endeudándose para comprar una nueva rotativa y modernizándolo hasta el punto de crear un suplemento deportivo independiente del diario original.
Así fue que para conmemorar el lanzamiento del nuevo suplemento deportivo tuvo la idea de crear una carrera por Sâo Paulo con el gallo de la celebración del Fin de Año. Es por ello que la carrera fue conocida como la San Silvestre, en correspondencia con el santoral cristiano. Aquella primera carrera constó de poco más de seis kilómetros y, en realidad, año a año fue cambiando de distancia dado que no había nada establecido. La única premisa de Líbero era disputar una carrera por el centro de Sâo Paulo sin considerar distancia ni recorrido. Su idea primigenia era que la carrera finalizase exactamente a las 00.00 horas del día de Año Nuevo y para eso calculaba la hora de salida en función de los kilómetros a recorrer.
Durante sus tres primeras décadas de vida la San Silvestre de Sâo Paulo osciló entre los 5.000 y los 8.000 metros de longitud. Será en 1945, cuando por primera vez se permita la inscripción de extranjeros, cuando se establezcan los 7.000 metros como distancia oficial. A partir de entonces, lustro a lustro, la distancia fue aumentando progresivamente hasta los 9 y los 12 kilómetros para, finalmente, en 1991 hacer oficiales los 15.000 metros como recorrido definitivo. Leyendas del atletismo como Emil Zátopek, Frank Shorter o Paul Tergat han salido victoriosos en el recorrido paulista.
San Silvestre 1925
A decir verdad, Líbero había sido un imitador. El día de Año Nuevo de 1925 Casper Líbero estaba en Paris. Allí contempló una carrera en la que los participantes llevaban antorchas para iluminar sus pasos en la noche parisina. De ahí cogió la idea Líbero para la celebración de la San Silvestre y la promoción de su periódico. Se trata pues de una carrera distinta. Festiva. Los corredores llevan atuendos navideños y antes o después de la prueba se toma una copa y se engullen dulces navideños. Eso siempre ha sido así, aunque en los últimos años la tendencia se ha agudizado y junto a los atletas profesionales también hay los corredores de domingo que aparecen en la línea de salida ataviados cual carnaval y llegan a la línea de meta tras hacer decenas o centenas de eses por el camino.
En aquella primera prueba de 1925 participaron 600 atletas. Hoy la cifra se acerca a los 20.000 inscritos. La liturgia corredora de fin de año se extendió paso a paso por el resto del mundo. En un primer lugar fueron diferentes ciudades de Brasil para luego cruzar el charco y que la tradición se asentase en Portugal. Luego la plaga se extendió por diferentes países católicos. Después se cambió de fe y lugares como Londres, Tokio o Estambul pasaron a tener Su San Silvestre. En todo caso la usanza festivo religiosa hace que, además de la San Silvestre de Sâo Paulo, el pódium las más famosas sean las de Oporto o Funchal (Portugal), Bolzano (Italia), Barranquilla (Colombia) y, especialmente, la de Madrid en España.
La primera San Silvestre realizada en España tuvo lugar en Galdácano, en el Gran Bilbao, en el año 1961. Tres años después en el barrio madrileño de Vallecas comenzó a celebrarse la San Silvestre por excelencia. Fue concebida por Antonio Sabugueiro, un orensano emigrado a Madrid que practicaba atletismo con asiduidad en la pista del antiguo estadio de Vallecas. La idea era celebrarla al caer la noche, pero antes de la cena, en contraposición a la brasileña que se disputaba camino de la madrugada. En aquella primera prueba los hombres corrieron 2.700 metros y las mujeres 400 metros. Al vencedor masculino le dieron 15.000 pesetas y a la femenina una cubertería y un picardía de color rojo para celebrar la Nochevieja. En la actualidad la prueba consta de 10.000 metros y 40.000 inscritos entre varones y hembras, que compiten en igualdad de dificultad y de premios. Con todo, en la San Silvestre de Sâo Paulo hubo que esperar hasta 1975 para que se permitiese la presencia de la mujer como motivo de ser ese el Año Internacional de la Mujer.
En la actualidad, sólo en España, hay más de dos centenares de carreras de San Silvestre a celebrar el 31 de diciembre. Ya no se regalan cuberterías ni se montan fiestas con regalos tras la carrera, dado que la propia carrera es una fiesta. En la primera edición de la Vallecana el vencedor fue el madrileño Jesús Hurtado, plusmarquista español de 10.000 metros, pero un completo desconocido en el panorama internacional. El último vencedor fue el etíope Berihu Aregawi, medallista olímpico en Paris 2024.
Los tiempos cambian, la tradición se mantiene.
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No son frecuentes las goleadas entre las selecciones de primerísimo nivel. La igualdad es manifiesta y la tensión intrínseca a los encuentros de grandes campeonatos hacen que las precauciones defensivas se sitúen por encima de las cualidades ofensivas. Con todo ello, hay resultados escandalosos que hicieron sonrojar a equipos de tronío y causaron profundo pesar en el país derrotado. Otros resultados no son tan llamativos al ser leídos, pero supusieron un baile futbolístico de tal calibre que la exhibición ha traspasado los umbrales del tiempo para permanecer perpetuamente y con letras de oro en la historia del fútbol.
Para clasificarse para la Eurocopa de 1984 la selección española debía ganar por once goles de diferencia a Malta y así superar en la diferencia de tantos a Holanda, país con el que estaba empatado a puntos. Fue un 12-1 total, un 9-0 tras el descanso. Aquel frío día navideño en Sevilla está en la memoria de cualquier español y sólo las victorias europeas y mundialistas del siglo XXI le han restado importancia. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.
Entre los partidos descartados encontramos un encuentro amistoso del que sólo nos quedan relatos y fotografías. Ocurrió en 1932 y enfrentó a Austria contra Hungría. Los magiares eran entonces el mejor equipo de Europa. Los austriacos eran los aspirantes. Fue el nacimiento del llamado Wunderteam (equipo maravilla) liderado por Matthias Sindelar. El denominado Mozart del fútbol anotó un hat-trick y lideró a su equipo tras un legendario baile de futbol ofensivo que acabó con un 8-2. Sólo los nazis pudieron acabar con aquella sinfonía ofensiva al anexionar Austria al III Reich un lustro más tarde. Aquello fue el inicio del Wunderteam. Lo que sucedió en 2008 fue el punto y final de la escuela soviética de juego solidario, robotizado y efectivo. A la URSS de 1960, o al Dinamo de Kiev de 1986 le sucedió la Rusia de 2008. Aquel equipo perdería en semifinales de la Eurocopa 2008 ante España para diluirse para siempre en la historia. Antes había bailado a Países Bajos (3-1) en cuartos. El choque se resolvería en la prórroga tras un empate a un tanto, pero durante los 120 minutos del duelo el dominio fue total por parte rusa. Un fútbol rápido y desenfadado liderado por Andrey Arshavin.
Nos quedaran otros dos choques en el tintero y con los mismos protagonistas, aunque con los papeles cambiados. En 1972 Inglaterra y Alemania se enfrentaron en Wembley en cuartos de la Eurocopa. Los teutones vencieron por 1-3 en el que es considerado el mejor encuentro que Beckenbauer y compañía firmaron en aquella década dorada. A su rigor táctico y a su fortaleza física añadieron un juego de combinación exquisito liderado por un Netzer, quien realizó el mejor partido de su vida. Tres décadas más tarde, en 2001, Inglaterra asaltó Múnich en partido clasificatorio para el Mundial 2002, al vencer a Alemania por 1-5. Los británicos manejaron el partido con autoridad insultante y a varias velocidades; con posesión elaborada y paciencia por un lado y al contraataque cuando le interesaba hacerlo. Michael Owen anotó tres goles aquella noche y se aseguró ganar un Balón de Oro que muchos siguen clamando para Raúl.
El día grande de Owen
Vamos pues con las 10 grandes palizas entre selecciones de todos los tiempos. Resultados llamativos y apabullante juego frente a un adversario que antes del choque era considerado un igual a igual.
10 Australia 31-0 Samoa (clasificación Mundial 2002): Vale. Estoy de acuerdo. Este partido no tendría que aparecer en esta lista. No tiene el pedigrí suficiente. Pero es la madre de todas las palizas. La mayor goleada jamás registrada en un partido oficial. Un gol cada 180 segundos. No solo eso. El discreto delantero Archie Thompson anotó 13 tantos, por supuesto, también récord no igualado e inigualable. Ese 31-0 cambió el fútbol. Al menos lo cambió al otro lado del globo, aunque en la vieja Europa no fuésemos conscientes de ello. El abuso de los aussies fue tal que la Federación Australiana de Fútbol renunció a formar parte de la Confederación de Oceanía y desde entonces forma parte de la AFC (Confederación Asiática de Fútbol) disputando las fases de clasificación para el Mundial frente a Japón o Irán y la Copa de Asia contra Corea, Arabia Saudí o China. Todos salieron ganando. Australia ha mejorado notablemente su nivel, Nueva Zelanda tiene ahora muchísimas más opciones de jugar un Mundial (como ocurrirá en 2026) y la historia de los samoanos saltó en 2023 al celuloide con el título Next goal wins (El peor equipo del mundo).
31 goles encajados…
9 Brasil 5-2 Francia (semifinal Mundial 1958): Just Fontaine respondió en el minuto nueve al gol anotado por Vavá al poco de empezar el encuentro. Era la final anticipada. Francia contaba con Jonquet en el centro de la zaga, Piantoni hilando el juego y una dupla terrible formada por Fontaine y Kopá. Brasil había sufrido al inicio del torneo, pero en cuartos de final el seleccionador Feola dio su brazo a torcer y ante el clamor popular colocó como titulares a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años). Entonces todo cambió. En aquella semifinal fueron treinta minutos de igualdad. En el minuto 39 un zambombazo de Didí, la estrella de Brasil (con permiso del imberbe Pelé), ponía por delante a la canarinha. Desde ese instante sólo hubo un equipo sobre el campo. La segunda parte fue un baile de Brasil dirigido por Pelé. Aquel niño bajaba a recibir el balón al centro del campo, corría la banda, filtraba un pase y aparecía en el punto de penalti para armar la pierna. Y todo lo hacía con elegancia. Y todo lo hacía con alegría. Fue un hat-trick de un adolescente que al acabar el partido ya será O Rei. Luego Piantoni maquilló el resultado final dejándolo en un 5-2. Brasil pasará a la final y repetirá resultado ante Suecia. 5-2. Pelé anotó dos tantos, uno de ellos de una plasticidad inigualable. Control con el pecho tras centro, sombrero al defensor y remate con la derecha sin dejarla caer al palo corto del portero. El jogo bonito venía para quedarse.
El nacimiento de O Rei
8 Alemania 3-0 URSS (final Eurocopa 1972): Entre 1972 y 1976 la República Federal Alemana fue un torbellino. Selección compacta, fiable, de tremenda exuberancia física y con una pegada bestial. No dominaban ni era bellos, pero eran ganadores. Así fue en el Mundial 1974, pero no fue el caso de la Eurocopa 1972. Ese año Alemania fue todo eso y además una máquina preciosista en el juego. Tras una exhibición ante Inglaterra en Wembley, Alemania echó a Bélgica en semifinales y se plantó en la final ante la temida Unión Soviética (tres finales de cuatro posibles en Eurocopa). Alemania dominó de principio a fin. Fueron tres goles, pero pudieron ser el doble o el triple. Hasta cuatro lanzamientos teutones acabaron en los postes. Maier fue un espectador más en un estadio de Heysel abarrotado por los miles y miles de alemanes que afrontaron la cercanía con Bruselas. Beckenbauer armaba desde atrás y Heynckes y Müller (que anotó un doblete en la final) ajusticiaban en el ataque. Pero la diferencia entre esa Alemania y la de dos años después radicaba en el centro del campo. El partido ante la URSS encumbró a Günter Netzer como el mejor mediocentro del mundo. Barría el balón, pasaba en corto o en largo y marcaba el tempo del partido. Netzer sufrió marcaje doble y hasta triple en algún momento del choque, por lo que el entonces jugador del Gladbach retrasó inteligentemente su posición para sacar de sitio natural a sus marcadores y darle total libertad a Wimmer, el otro mediocentro teutón. Ese año Beckenbauer, Müller y Netzer ocuparían por este orden los tres primeros puestos en la ceremonia del Balón de Oro.
Perfección germana
7 España 3-0 Rusia (semifinal Eurocopa 2008): Si entre 1972 y 1976 Alemania fue un torbellino, la selección española entre 2008 y 2012 fue un huracán. Y si los rusos cayeron por 3-0 el día del encumbramiento de Netzer, otra vez los rusos cayeron por 3-0 en este caso para el encumbramiento de Xavi Hernández. La segunda parte de aquel partido fue un rondo perfecto liderado por el metrónomo catalán. A aquella forma de jugar sobando el balón hasta gastarlo en un continuo movimiento por el campo a base de triangulaciones y primer toque se le dio en llamar tiki-taka. Su promotor fue el comentarista deportivo Andrés Montes. Aficionados y compañeros de profesión renegaron en primera instancia de tal ocurrencia, pero finalmente ha pasado a definir una forma de jugar en el que la posesión es innegable y la defensa siempre se hace con el balón. Lástima que Montes falleciese antes de que su ingenio se hiciese universal. El caso es que Luis Aragonés había apostado en darle el poder a Xavi y acompañarlo de unos locos bajitos que respondían al nombre de Andrés Iniesta y David Silva. España, que siempre había basculado entre ser toro o torero, finalmente decidía ser torero. Luis Aragonés había detectado con sabiduría que en su equipo abundaban los artistas y creó una obra de arte. En la primera parte la lesión de Villa y algún fogonazo de Arshavin hicieron que el marcador no pasase del empate a cero. La bestia se desató tras el descanso. La sinfonía fue interpretada en la segunda mitad gracias a los tantos de Xavi, Güiza y Silva, todos ellos tras jugadas bordadas con cariño y esmero.
Y Xavi dirigió la orquesta
6 Argentina 0-5 Colombia (clasificación Mundial 1994): Argentina acababa de ganar la Copa América de 1993 a la que sumó el triunfo de 1991. Llegó a sumar 33 partidos consecutivos sin perder. Colombia no llegaba a semejante racha, pero sumaba doce meses sin conocer la derrota. Maradona no estaba (acusado de drogadicto), pero sí Ruggeri, Redondo, Simeone y un colosal Batistuta. Colombia no contaba con René Higuita (acusado de camello), pero sí con Valderrama, Rincón, Valencia y Asprilla. A Colombia le bastaba el empate para clasificarse para el Mundial. Argentina necesitaba el triunfo. El perdedor tendría que jugar un repechaje en la otra punta del mundo. El encuentro se celebra en el Monumental de Buenos Aires. Argentina llevaba seis años invicta en casa. Fue un baile. Una cumbia colombiana. 0-5. Freddy Rincón anotó el 0-1 al filo del descanso gracias a una asistencia de Valderrama. En la reanudación los argentinos se lanzaron al ataque sin demasiada precisión y Colombia desparramó sus encantos basados en la precisión técnica y una excelsa velocidad para lograr una victoria histórica. Freddy Rincón anotaría otro tanto más y Faustino Asprilla firmaría un doblete de ensueño con un gol tras burlar al portero y un segundo tras una vaselina inolvidable. Pero sería el quinto el que quedaría en la retina de todos los colombianos. El balón paso de uno a otro jugador cafetero siempre bajo las órdenes de Valderrama hasta que Asprilla le dé un pase filtrado a Adolfo Valencia quien bate con suma ligereza a Sergio Goycoechea. Fue la primera derrota en casa de Argentina en una eliminatoria de clasificación para el Mundial. Nunca más Colombia ha vuelto a ganar un partido en territorio albiceleste. Valderrama y compañía regalaron una obra de arte a una nación destrozada por la violencia y donde apenas tres meses después sería abatido el narcotraficante Pablo Escobar. Luego, tras el Mundial de 1994, el cártel de la droga asesinaría al defensa Andrés Escobar por meter un gol en propia puerta ante Estados Unidos.
Once héroes cafeteros
5 Inglaterra 3-6 Hungría (amistoso 1953): El PARTIDO. Así. Con mayúsculas. Fue la primera derrota inglesa en Wembley ante un equipo no británico. Es difícil de comprender en la actualidad, pero aquello marcaba un fin ya intuido y aquella noche confirmado. Los inventores del fútbol ya no eran los dueños del juego. Inglaterra había renunciado a jugar el Mundial hasta 1950 y allí cayó ante Estados Unidos y frente a España. Quedaba claro que algo sucedía, pero se le echó la culpa a lo pesado del viaje y a cierta relajación. Hungría, por su parte, era el gran equipo del momento. Una máquina de juego ofensivo, posiciones cambiantes y victorias estruendosas (20 victorias y 3 empates en sus últimos 23 partidos) lideradas por Ferenc Puskás. Así que, en 1953, para conmemorar el 90 aniversario del nacimiento del fútbol, se programó un Inglaterra-Hungría en Wembley. Inglaterra jugaba un rígido 3-2-5 popular en la época. Hungría no. Hungría era vanguardista. Hidegkuti era un nueve que bajaba a ofrecerse al centro del campo mientras que Budai y Czibor eran dos extremos que se convertían en laterales en posición defensiva. Arriba, tanto Kocsis como Puskás eran del todo menos inmóviles. Hidegkuti anotó al minuto de juego, los ingleses empataron, pero a la media hora del duelo el marcador ya era de 1-4 con dos tantos de Puskás. Recortó Inglaterra antes del descanso, sin embargo, el público ya era consciente de estar viendo algo diferente y despidieron a Hungría con una sonora ovación. En el minuto 55 el resultado era de 2-6. Pero no era el resultado. Era la forma de jugar. Algo diferente. El fútbol total antes del fútbol total. Uno de los tantos de Puskás se produjo tras un control tras pase largo al primer toque, finta para dejar sentado al capitán inglés Billy Wright y disparo seco al poste de la meta inglesa. Aquel control y aquella finta, grabada por la BBC en un tiempo donde la televisión era muy incipiente, quedó para la posteridad como el primer frame de un gesto técnico diferente. Claro que antes había habido regates, recortes y delicatessen varias, pero aquello se podía ver y no solo leer y escuchar. ¡Y era en Wembley y frente a Inglaterra! No sólo eso. Puskás anotaría un gol olímpico lanzando el córner con el exterior de su pie izquierdo. Los ingleses no daban crédito. Al final el resultado fue de 3-6. Y gracias. Inglaterra tiró a puerta cinco veces y anotó tres goles. Hungría lanzó 35 veces (21 a portería) para sumar seis tantos. Aquello fue un estruendo mundial. Meses después Inglaterra devolvería visita en Budapest y caerá por 7-1. Luego perdería el Wolverhampton (campeón inglés) frente al Honved (campeón húngaro). Inmediatamente se creó la Copa de Europa de clubes. Y cuando en 1958 Inglaterra se clasifique para el Mundial nadie la contará ya entre los favoritos al título.
El partido del siglo
4 Brasil 4-1 Italia (final Mundial 1970): México Distrito Federal. 110.000 almas. Brasil-Italia. Dos selecciones luchando por ser el primer país con tres títulos del Mundial. Italia llegó a la final tras una extenuante semifinal ante Alemania. Fachetti, Riva, Mazzola y compañía llegaban al último partido fieles a su estilo, de menos a más y con una fe defensiva granítica. A los transalpinos les encomendaron seguir a ‘los cinco dieces’ hasta a los vestuarios si fuese necesario. Catenaccio a muerte. Comenzaron fuertes y tuvieron dos buenas ocasiones en el primer cuarto de hora, hasta que un mal centro de Rivelino es convertido en gol de cabeza por Pelé. Burgnich, que era el hombre que estaba con O Rei en esa jugada, lo explicó así: “Saltamos juntos, pero cuando yo estaba en la tierra, él seguía en el aire. Yo había pensado para darme ánimo; Pelé es de carne y hueso, como yo. Estaba equivocado”. Pelé cayó del cielo para batir a Albertosi y poner el 1-0. Poco después Clodoaldo hace una frivolidad en el centro del campo, pierde el esférico y Boninsegna empata el partido. Quedaba toda la segunda mitad, pero a Italia se le había acabado la gasolina. Los 45 minutos finales fueron una exhibición canarinha. Las marcas se aflojaron y el primero que quedó libre fue Gerson. De los cinco genios era el menos temido por los transalpinos, por lo que Gerson jugó la segunda parte a placer dando pases milimétricos a diestra y siniestra. Con un precioso tiro desde fuera del área puso el 2-1 en la final. Luego, ya con Brasil jugando a placer, vendría el 3-1 por parte de Jairzinho. Y quedaba el fin de fiesta del 4-1. Un gol que era puro jogo bonito. Una hermosa jugada colectiva que se inició en defensa y en la que sólo faltó que el balón fuese acariciado por un jugador de banquillo. Tras tocar y tocar el balón, el cuero le llegó a Pelé que paró el tiempo y deslizó el esférico a su derecha. La imagen queda en pausa. Uno, dos, tres. A los tres segundos aparece una estampida por el carril derecho que tras un derechazo descomunal ponía el 4-1 definitivo. Era el gol de Carlos Alberto, un gol legendario que culminaba una actuación legendaria. El Brasil del 70 jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta de su gente para lisonjear al primer Mundial en color de la historia. Los ‘cinco dieces’ del Brasil del 70 perforaron las redes rivales. Jairzinho fue el máximo goleador del Mundial con siete tantos, Pelé metió cuatro, Rivelino conquistó tres, Tostao hizo dos goles y Gerson anotó uno. Todos brillaron, pero el astro más resplandeciente del firmamento fue Pelé. Todos eran dieces en sus equipos, pero todos revolotearon por el campo cual artistas para goce y disfrute del pasar del tiempo.
Y gol de Carlos Alberto
3 Brasil 1-7 Alemania (semifinal Mundial 2014): La tarjeta de visita no indica lo que ocurrió aquella noche en Belo Horizonte, Brasil lanzó 18 veces (8 a puerta) por las 14 de Alemania (10 a puerta). La posesión fue 53-47 a favor de los teutones y en pases, regates, saques de esquina y demás variables del Big Data la igualdad era lo imperante. Pero el fútbol es mucho más que números. Son sensaciones. Y lo que sucedió en Belo Horizonte, lo que se dio en llamar Mineirazo, fue un cataclismo psicológico pocas veces visto. A la media hora de juego el marcador era de 0-5 (Müller, Khedira, Klose y dos tantos de Kroos). Brasil había comenzado presionando y generando ocasiones, pero un despiste defensivo tras un saque de esquina originó el primer tanto a los diez minutos de juego. Al poco Klose anotó el tanto que le convertía en el máximo goleador de la historia del Mundial y a partir de entonces lo que se sucedieron fueron una suerte de errores groseros acompañados del silencio y de los lloros del público brasileño allí presente. En la segunda parte Alemania bajó descaradamente el ritmo y aun así en el minuto 69 el marcador era de 0-7. Un tanto de Óscar al poco del final dejaba el resultado en un histórico 1-7. La probabilidad de que Alemania ganara a Brasil por más de seis goles de diferencia era de un 0,025%. El encuentro significó la peor derrota de la selección de Brasil en su historia futbolística. Y tuvo que ser en casa. Y en las semifinales de un Mundial. De su Mundial. Sólo dos de los 23 seleccionados brasileños para el Mundial fueron convocados para la Copa América del año siguiente. Desde entonces los brasileños no han parado de producir porteros y defensas y en todas las grandes competiciones en las que han competido el miedo ha hecho mella en los planteamientos de los partidos, todos excesivamente conservadores para lo que el jogo bonito significó para el fútbol en el siglo XX. Desde 2014 Brasil nunca ha vuelto a ser Brasil.
O Mineirazo
2 España 4-0 Italia (final Eurocopa 2012): Durante un lustro inolvidable España se convirtió en el rey del fútbol Mundial. Los Casillas, Xavi, Iniesta, Villa y compañía confirmaron una realidad inexorable; España detenta la hegemonía del balompié en el siglo XXI. El caso es que toda esa superioridad nunca se vio reflejada en el marcador. Es conocido que el tiki-taka logró con brillo vitorear en Sudáfrica, pero todo a base de 1-0. Así que la final de la Eurocopa de 2012 es considerado el partido más redondo de esa generación dado que al dominio aplastante y a la belleza del juego se le sumó la efectividad frente al arco rival. Aquella España jugaba con dos laterales abiertos que, cuando eran poseedores del balón, se convertían en centrocampistas. Esto hacía de España de un equipo insuperable. Arbeloa y Jordi Alba apoyaban a Busquets en primera fase y dejaban total libertad para armar y crear a Xavi y a Xabi Alonso. España renunciaba a las bandas conscientemente, ya que sabían que nadie sería capaz de quitarles la pelota. Ellos dos junto a Silva, Cesc e Iniesta deleitaban con un rondo inmortal que acabó desquiciando a Italia. La imagen de Iniesta haciendo su icónica croqueta rodeado de cinco italianos forma parte de la esencia de este bendito deporte. España no necesitó de delanteros para marcar cuatro goles. En realidad, el 4-0 refleja lo que fue el partido. Alonso, Xavi, Iniesta y Silva frente a Andrea Pirlo. La batalla estaba decidida antes de empezar. Al descanso el resultado era de 2-0. Si en la primera mitad los transalpinos aun tuvieron algo de vergüenza torera, en el segundo tiempo fueron un pelele. Visiblemente agotados de correr tras el balón no tuvieron capacidad de asustar a un invisible Casillas. Con el partido controlado, los minutos fueron pasando en la segunda parte hasta llegar la sentencia en dos arreones finales. Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Mata fueron los firmantes de un encuentro que le daba a España su tercera Eurocopa enlazando victorias europeas en 2008 y 2012 junto al Mundial de 2010.
La final perfecta
1 Países Bajos 2-0 Brasil (semifinal Mundial 1974): No es el resultado. Es el simbolismo. Brasil era dueña del fútbol. Tanto en resultados como en juego. Holanda era una advenediza. Era su primer Mundial. Eran dos concepciones similares y a la vez diferentes. Brasil proponía un juego vistoso y de toque y Holanda rizaba el rizo al proponer lo mismo, pero a través del orden y el cambio posicional. Aun contaba Brasil con dos de los cinco dieces del mágico México 1970. A Rivelino y a Jairzinho se les había unido Dirceu. Por la banda izquierda se mostraba el excepcional Marinho Chagas. En Holanda, también por la izquierda avanzaba de cuando en cuando Ruud Krol, en el medio dirigía Neeskens, arriba amenazaba Resenbrinck y como jefe de todo estaba Johan Cruyff. Con esos mimbres Holanda ya había avasallado a Argentina (4-0). Roberto Perfumo, capitán albiceleste, dejaría una frase para la posteridad: “Nunca he sentido tanta impotencia. La única forma de parar a los holandeses es con una pistola”. Con todo Brasil seguía siendo favorito. Lo que ocurrió cambió para siempre la forma de ver el fútbol de los brasileños. Holanda dominó de principio a fin. Sus jugadores de ataque cambiaban de posición constantemente y los defensores neerlandeses aparecían de tanto en tanto cerca del área rival. Brasil tuvo que echarse atrás y jugar al contraataque. Lo nunca visto. A pesar de las numerosas ocasiones el marcador no registró goles hasta el minuto 50 cuando Neeskens finiquitaba un excepcional pase de Cruyff. Los siguientes cuarenta minutos están catalogados por muchos periodistas y aficionados como el mejor fútbol practicado por una selección en un Mundial. Tras salida de balón parado una masa de jugadores neerlandeses iba cual hienas en busca del rival con balón. Las jugadas al primer toque de los oranges se sucedieron una tras otra y, aunque únicamente lograron anotar un tanto más (Cruyff a pase de Krol), el daño infligido era mucho mayor que el que irradiaba el electrónico. Brasil tiró la toalla y se conformó con no sufrir una goleada. Brasil dejó de ostentar la hegemonía de la vanguardia en el fútbol y comenzó, aun con muchas reticencias, a defender, a tener miedo. Tardó dos décadas en ganar otro Mundial y lo hizo con muchísimas precauciones defensivas. Holanda perdió la final ante Alemania, pero dio igual. Holanda portaría desde entonces la bandera de la creatividad y del juego ofensivo, bandera que mantiene, a pesar de que la han mancillado en numerosas ocasiones.
Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.
También le he dado un Balón de Oro a los europeos y he buscado al Balón de Oro español. Se me van acabando las ideas. Así, ahora me dio por buscar al Balón de Oro brasileño. No es Brasil sino el país más laureado en cuanto al palmarés del Mundial (cinco) y no es sino el país más admirado por su forma de entender y disfrutar el fútbol. En esta historia contrafactual nos proponemos determinar quiénes han sido los mejores futbolistas brasileños año por año. No pasa el futbolista brasileño por su mejor momento. Tras Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Kaká se han visto huérfanos de estrellas y va a hacer ya cuarto de siglo que no vitorean en un Mundial. No obstante, el producto brasileiro sigue exportándose a todos los confines del planeta con éxito asegurado. El brasileño sigue teniendo un aurea que le hace ser acogido tanto en las mejores ligas europeas como en competiciones de medio pelo en el interior de Asia o Centroamérica llegando a cerca de 1.500 los exportados. Desde que un desconocido delantero de piel morena que respondía al nombre de Leónidas maravillase al mundo en el Mundial de 1938, cualquier jugador ofensivo proveniente de Brasil ha recibido elogios y alabanzas. Lisonjas que se tornan en eternas al referirse al rey de reyes, al goleador que respondía al apelido de Pelé.
Dado que el Balón de Oro no se abrió a los futbolistas sudamericanos hasta 1995 el número de brasileños que han ganado el trofeo se limita a los citados Ronaldo (1997 y 2002), Rivaldo (1999), Ronaldinho (2005) y Kaká (2007). Balón de Plata y de Bronce también fueron Ronaldo y Ronaldinho, mientras que el madridista fue Balón de Plata en 2002 y Neymar lo fue de Bronce en 2015 (FC Barcelona) y 2017 (PSG). En todo caso, en la Historia Contrafactual del Balón de Oro ya le otorgué uno a Zizinho (1949) y todos los estudiosos consideran que Garrincha tendría que haber vencido en 1962, Romario en 1994 y Pelé hubiese firmado siete coronas entre finales entre 1958 y 1970.
¿Cuántos habría ganado Garrincha sin Pelé?
Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.
Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.
Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.
Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro brasileño he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.
Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. Hasta mediados del siglo XX el fútbol brasileño era una suerte de desconocido exótico. No por ello su nivel era inferior. Aun con todo, Uruguay y Argentina andaban varios cuerpos por delante de su gigantesco vecino. Había entonces una diferenciación racista entre blancos y negros. A los primeros se les consideraba disciplinados y capaces de jugar en equipo. A los segundos se les tenía por individualistas y malencarados. Para el Mundial de 1950, en un mundo nuevo tras la II Guerra Mundial, se aceptó la mezcla, pero Uruguay venció a Brasil con el archifamoso Maracanazo. Se intentó imitar el orden y la táctica europea y de nuevo se fracasó…hasta que apareció un adolescente llamado Pelé. El futuro O Rei y su compañero Garrincha cambiaron el concepto que de los negros se tenía. Ganaban jugando bonito. Brasil se convirtió en sinónimo de éxito y de fútbol alegre y atractivo. Desde entonces Brasil es objeto de culto para cualquier amante del balompié.
Hoy, el futbolista brasileño ya no destaca por su magia. Todos los grandes futbolistas del país juegan en Europa llevando con ellos las virtudes y los defectos de los entrenamientos y las tácticas europeas. No quedan apenas regateadores ni profesionales que se escapen a escondidas para jugar al fútbol-playa en Copacabana tras una noche de garotas. Y, con todo, tener un carnet de identidad brasileño sigue siendo una carta de presentación asombrosa que abre las puertas de cualquier club de fútbol en todo el planeta.
Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, World Soccer o Placar. También consideraciones y premios de Lance, ESPN o Agencia EFE. He sido muy estricto y he evitado hacer alguna licencia personal. No hubiese habido mayor deseo que darle un Balón de Oro brasileño a Mauro Silva, campeón del mundo en 1994 y mi favorito en la infancia. Ocurre que poco pudo hacer Mauro ante la magia de Romario. La única duda real ocurrió en 2021, donde decidí darle el premio a Casemiro, más por trayectoria que por un año, que, por lo general, fue pobre para los futbolistas brasileños de primerísimo nivel.
Mauro Silva. El mejor sin trofeo
Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Para el futbolista brasileño hay dos edades de oro; el período 1954-1974 y un segundo igual de largo entre 1989 y 2009. Eso hace que fantásticos jugadores coincidentes en el tiempo como Nilton Santos, Bellini o Gerson no tengan ningún trofeo al coincidir con Djama Santos (1953 y 1954), Tostao (1967 y 1971) y, esencialmente, con Pelé (1958, 1959, 1960, 1961, 1963, 1964, 1965, 1969, 1970 y 1973). Iconos de entreguerras como Tim o José Bauer también se quedan en el camino al igual que setenteros como Dadá Maravilha, Roberto Dinamite u ochenteros caso de Toninho Cerezo. Ya entre este siglo y el pasado hube de dejar en el camino a Aldair, al citado Mauro Silva, a Dida o a Adriano. Rivelino (1975), Zico (1976, 1980, 1981 y 1984), Romario (1988, 1990, 1991 y 1994) o Roberto Carlos (2000, 2001 y 2003) fueron superiores. Ya más cerca en el tiempo no cuentan otros grandes jugadores caso de Roberto Firmino, Douglas Costa o David Luiz, los cuales fueron peores en prestaciones y palmarés que Allison (2019), Thiago Silva (2014) o Marcelo (2017 y 2018).
Roberto Carlos (2000, 2001 y 2003)
Es necesario recordar que hablamos del mejor en un año. Eso quiere decir que hay futbolistas extraordinarios que eclosionaron en el mismo año y quedaron fuera de la lista. En otros casos, hay futbolistas que ganan por incomparecencia del rival. Esto último es muy notorio en la época de entreguerras con futbolistas que, irremediablemente, palidecen ante sus futuros. No obstante, ocurre también en el presente. Neymar (2012, 2013, 2015, 2016, 2020, 2021) parece competir con Pelé. Nada más lejos de la realidad. Neymar ha reinado en una época donde el futbolista brasileño ha sido menor. La comparativa con Pelé es obscena. Lo justo hubiese sido sacar a Pelé de la ecuación y declararlo fuera de categoría. Por culpa de Pelé el número de trofeos de los Carlos Alberto, Tostao o Rivelino son ridículos, cuando todos ellos son infinitamente mejores que Neymar.
Así futbolistas históricamente menores como Teleco (1936), Marinho Chagas (1974), Careca (1986) o Julio César (2010) cuentan con un Balón de Oro contrafactual por incomparecencia de rivales. ¿Eran mejores Gerson, Cerezo, Junior o Mauro Silva? Claro que sí. Pero coincidieron en el tiempo con otros monstruos. Otros no se conocen, pero deben ser conocidos. ¿Era mejor Robinho que Ademir? Más rápido, más flexible, estuvo mejor entrenado y desde niño estuvo preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Robinho ganó millones y es archiconocido. Ademir fue máximo goleador del Mundial de 1950 y pocos lo ubican. Ocurre que, sin Ademir, no hubiese habido ningún Robinho.
Como último aporte aclaratorio quiero señalar a un completo desconocido que sale en esta lista con un merecido Balón de Oro a su trayectoria en 1930, cuando ya estaba retirado. Se trata de Arthur Friedenreich, un mulato de ojos verdes, hijo de blanco alemán y de negra brasileña. Considerado el creador del jogo bonito, ganó dos Copa América a inicios del siglo XX antes de que el fútbol fuese un deporte profesional. Insultado y despreciado en cada campo en el que ponía el pie, anotó 557 goles en 562 partidos oficiales y más de 1.200 en su carrera.
Arthur Friedenreich
Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro brasileño Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.
Los ganadores entre 1930 y 2025 serían los siguientes:
1930 Arthur Friedenreich (Sao Paulo FC)
1931 Fausto dos Santos (CR Vasco da Gama)
1932 Leónidas da Silva (CA Peñarol)
1933 Domingos da Guía (CA Nacional)
1934 Rodolpho Barteczko ‘Patesko’ (Botafogo FR)
1935 Domingos da Guía (CA Boca Juniors)
1936 Uriel Fernandes ‘Teleco’ (SC Corinthians)
1937 José Augusto Brandao (SC Corinthians)
1938 Leónidas da Silva (CR Flamengo)
1939 Leónidas da Silva (CR Flamengo)
1940 Afonso Guimaraes ‘Afonsinho’ (Fluminense FC)
1941 Heleno de Freitas (Botafogo FR)
1942 Domingos da Guía (CR Flamengo)
1943 Domingos da Guía (CR Flamengo)
1944 Thomaz Soares ‘Zizinho’ (CR Flamengo)
1945 Domingos da Guía (SC Corinthians)
1946 Heleno de Freitas (Botafogo FR)
1947 Jair Rosa Pinto (CR Vasco da Gama)
1948 Jair Rosa Pinto (CR Vasco da Gama)
1949 Thomaz Soares ‘Zizinho’ (CR Flamengo)
1950 Ademir de Menezes (CR Vasco da Gama)
1951 Oswaldo da Silva ‘Baltazar’ (SC Corinthians)
1952 Waldir Pereira ‘Didí’ (Fluminense FC)
1953 Djalma Santos (AD Portuguesa)
1954 Djalma Santos (AD Portuguesa)
1955 Evaristo Macedo (CR Flamengo)
1956 Edvaldo Izidio ‘Vavá’ (CR Vasco da Gama)
1957 Waldir Pereira ‘Didí’ (Botafogo FR)
1958 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1959 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1960 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1961 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1962 Manuel Francisco dos Santos ‘Garrincha’ (Botafogo FR)
1963 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1964 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1965 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1966 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)
1967 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)
1968 Carlos Alberto (Santos FC)
1969 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1970 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1971 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)
1972 Jair Ventura ‘Jairzinho’ (Botafogo FR)
1973 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)
1974 Marinho Chagas (Botafogo FR)
1975 Roberto Rivelino (Fluminense FC)
1976 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)
1977 Luis Pereira (Atlético de Madrid)
1978 José Dirceu (CR Vasco da Gama)
1979 Paulo Falcao (SC Internacional)
1980 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)
1981 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)
1982 Sócrates Brasileiro (SC Corinthians)
1983 Paulo Falcao (AS Roma)
1984 Arthur Antunes ‘Zico’ (Udinese FC)
1985 Sócrates Brasileiro (AC Fiorentina)
1986 Antonio de Oliveira ‘Careca’ (Sao Paulo FC)
1987 Renato Gaucho (CR Flamengo)
1988 Romário da Souza (CR Vasco da Gama)
1989 José Roberto da Gama ‘Bebeto’ (CR Vasco da Gama)
Un día del verano de 1966 once desconocidos norcoreanos batieron a Italia, por entonces doble campeona mundial. Aquello fue una debacle que recorrió la bota de norte a sur. Los aficionados, azuzados por la prensa, clamaron por una solución ante la afrenta. Los directivos, en tiempos de chovinismo nacionalista, quisieron encontrar la respuesta cerrando las fronteras nacionales. Tirando de intervencionismo y aislacionismo a lo Donald Trump, en la temporada 1966/67 se prohibía la contratación de futbolistas extranjeros con el objetivo de potenciar al jugador nacional.
Para sus defensores la medida fue efectiva. Fueron 14 años de prohibiciones en los que Italia vitoreó en la Eurocopa (1968), fue subcampeona del Mundial (1970) y tanto el AC Milan como la Juventus de Turín lograron títulos europeos. Para sus detractores el nivel del fútbol italiano cayó en picado. De los títulos europeos logrados por clubes transalpinos ninguno era la Copa de Europa e Italia había caído en la primera fase del Mundial 1974 y ni siquiera se clasificó para la Eurocopa de 1976 tras perder ante Países Bajos y Polonia. El nivel de juego era paupérrimo y los equipos difícilmente podían competir con la potencia de los equipos ingleses y alemanes. Así pues, en el verano de 1980 se reabrió el mercado internacional y se permitió fichar un futbolista extranjero por equipo.
En aquella temporada 1980/81 uno de los 16 contendientes de la Serie A era la Union Sportiva Avellino. Se trataba de un club muy modesto que había ascendido a la primera categoría en 1978 por vez primera y donde se mantendrá durante una década hasta nunca más volver a reverdecer laureles. Avellino es una pequeña ciudad de 50.000 habitantes del interior de la Campania. Se trata de una zona volcánica a escasos 40 kilómetros de Nápoles, capital de la región y su nombre, como es fácil de presuponer, se debe a la multitud de avellanos que pueblan la zona.
Avellino
La vida de Juary da para un libro. Bautizado como Jorge Dos Santos Filho en 1959, al pequeño Juary se le daba bien al fútbol. Entre favela y favela jugaba a la pelota con tanto ímpetu que día tras día acababa con las uñas rotas. Ocurre que, aunque con buenas condiciones, era pequeño y liviano (apenas 1’68 de adulto) y tenía otras inquietudes. Un tío suyo había sido asesinado por un par de policías que buscaban a una banda de delincuentes y, por equivocación, abatieron a la persona equivocada. Había sido un homicidio, involuntario, pero homicidio, pero el policía salió indemne sin ni siquiera realizarse un juicio. Fue entonces cuando Juary decidió estudiar con el objetivo de convertirse en abogado. Sus padres eran muy humildes, pero Juary era buen estudiante y con sus notas podría optar a una beca de estudios.
Pero quiso el destino que en uno de sus múltiples partidos en descampados un tal Babá, jugador del Santos FC, viese a Juary driblar defensas y marcar goles a diestro y siniestro. El tal Babá convenció al padre de Juary para llevarlo a hacer una prueba a las instalaciones del club que Pelé había hecho grande. Así, pues, sería la primera vez que Juary fuese una vaca camino de la subasta. Su padre lo cogió del brazo, tomaron un autobús y allí se presentaron sin que Juary supiese ni a dónde iba ni qué iba a hacer.
Destacó y allí quedó en el internado del Santos. Tampoco tuvo opción alguna. Su padre lo dejó y marchó para nunca más volver. De hecho, no volvió ni a su casa. Abandonó a Juary, mas también a su esposa y al resto de su prole. Escapó para nunca saber más sobre él.
Tras destacar en Brasil, lo mandaron un año cedido al Universidad de Guadalajara mexicano en una jugosa operación financiera para ambos clubes y nunca para el pobre de Juary. A lo poco de volver a Sao Paulo lo llamó el presidente del Santos. Le ordena que haga la maleta y que lo acompañe en un viaje a Italia. Le comenta que quiere ver a un par de jugadores y le pide su ayuda para detectar talento. A Juary, entonces un chaval de apenas 20 años, le resulta sumamente extraño, pero la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones pagadas en Italia le convence para subirse al avión.
Total, que en aquel vuelo Sao Paulo-Roma van Juary, y el presidente y el secretario técnico del Santos. Al poco de subir beben un vaso de vino y Juary comienza a hacer preguntas. El mutis por respuesta. Segundo vaso de vino. Silencio. Tercer vaso. Nada. Cuarto. Ni mú. Así que Juary se bebe un par de botellas y borracho perdido agarra al presidente por la pechera y exige una explicación. El secretario del Santos lo agarra por un brazo y le dice que lo han vendido al Avellino por una suma descomunal de dinero. Juary no sabe dónde está Avellino. No sabe ni si eso es un club de fútbol y pide volver a Brasil. El presidente, con voz calmada, le dice: “No hay paracaídas. No puedes escapar. Eres jugador del Avellino”.
Una vaca camino de la subasta.
Juary
La fama de Juary provenía de un triplete que le había metido al Sao Paulo. Eso le había dado la posibilidad de jugar un amistoso con Brasil para después formar en un encuentro de la Copa América. Era rápido y menudo, un segundo delantero más que apañado, pero no tan llamativo como para llamar la atención de una prima donna. Para el US Avellino era un futbolista accesible teniendo en cuenta el poder de la lira italiana frente a los reales brasileños.
Juary llega a una ciudad que no tenía ni idea de quién era Juary. Mucho peor. Antonio Sibilia, presidente del US Avellino, también desconocía su existencia. Y es que Antonio Sibilio era dueño del club como un anexo a otros muchos quehaceres. Sibilia era un patrón. Era Don Antonio. Había llevado el equipo a la Serie A tras múltiples ascensos con un método, al menos, extravagante. Traje oscuro, camisa abierta con pelo al pecho, bigote de galán de telenovela barata y barriga más que interesante, Sibilia era un don nadie que había pasado de ser paleta en la obra a hacerse dueño de la ciudad. Era íntimo amigo de Raffael Cutolo, capo de la Camorra, y se daba por hecho que Sibilia era el hombre encargado de blanquear los asuntos de Cutolo. El empresario Sibilia paseaba siempre custodiado por dos guardaespaldas y era un imán para los problemas y para el dinero a partes iguales.
Así pues, Sibilia no tenía idea alguna de quien era Juary. Seguramente el fichaje fuese una que otra forma de Cutolo para blanquear dinero. El caso es que cuando Sibilia reciba a Juary en el despacho su sorpresa será morrocotuda al ver a aquel escuálido brasileño de piernas torcidas. Allí, Sibilia, mirará a su entrenador y a sus guardaespaldas y les preguntará en dialecto napolitano si ese chico era de verdad un futbolista. Según se supo después dijo que si en tres meses no funcionaba echaría a técnico y futbolista y les reclamaría a los dos los 800.000 dólares de la época del traspaso.
Pero funcionó. Y funcionó muy bien. En el segundo partido ya era el ídolo del Avellino. Y aquella gente necesitaba alegrías. La tarde del 23 de noviembre de 1980 la tierra tembló, después se abrió y lo engulló todo. Murieron 3.000 personas y muchos miles más perdieron sus casas. Fue justo después de una victoria del Avellino ante el Ascoli. Juary salvó la vida dado que buscó refugio tras escuchar un estruendo a lo lejos. Luego salió corriendo de casa y se metió en el coche pensando, bendita ignorancia, que estaría más a salvo que dentro de sus cuatro paredes. El caso es que resultó ileso y se lo agradeció a la vida dándole felicidad a todo Avellino. Las siguientes jornadas marcó domingo tras domingo dejando una icónica celebración en la que bailaba en círculos alrededor del banderín de córner.
Juary es a pequeñísima escala lo que Maradona será en la cercana Nápoles. Sibilia lo sabe y ahora lo trata como a un hijo. Un día el presidente sube a su pupilo a un Mercedes. Al igual que el día que se subió a un avión para cruzar el Atlántico obtiene el silencio como respuesta. En esta ocasión no hay vino ni preguntas. Pasan los kilómetros y al llegar a Nápoles observa cómo van camino de los juzgados. Comenzaba el juicio contra Raffaele Cutolo (con el tiempo a su organización se le acusara de tráfico de drogas y cientos de asesinatos) y a éste le interesaba la presencia de Juary como amigo de cara a la opinión pública. Hubo besos entre Sibilia y Cutolo, intercambio de agasajos y fotografías con Juary.
Nuevamente como vaca que va camino de la subasta.
Entre visitas al juzgado y asesinatos varios, entre ellos el de Luigi Necco, periodista de la RAI que comentaba los partidos de SSC Nápoles y de US Avellino y quien denunciaba públicamente a Cutolo y Sibilia, Juary sigue marcando goles para ayudar a la permanencia de su equipo en la Serie A. Así llegamos al verano de 1982 cuando es traspasado al Internazionale. La transacción fue acometida poco antes de que Juary fuese al despacho del presidente a pedir un aumento de sueldo por su buen rendimiento. Sibilia le contestó posando un revólver encima de la mesa mientras asentía con la cabeza.
En el Inter ganó paz y estabilidad, pero deportivamente fue un fracaso. Apenas anotó cuatro tantos y encadena varias cesiones antes de ser traspasado en 1985 al Porto FC. Allí alterna titularidades con suplencia y, aunque tiene un buen desempeño, no alcanza nunca la excelencia que llegó a mostrar en Avellino. Con todo formará parte de la historia dorada del club del norte de Portugal por su buen hacer en la Copa de Europa.
Fueron dos estallidos. La primera vez al poco de llegar. En noviembre de 1985. El Barça había ganado en octavos de Copa de Europa al Oporto por 2-0. Tocaba la vuelta en Das Antas. Juary saltó al campo en el minuto 60 y en media hora le hizo un hat-trick a Urruti en medio de una lluvia torrencial. Lástima que un tanto de Archibald a última hora clasificara al Barça camino de la final a celebrar en el Sánchez Pizjuán. Camino de las cuatro décadas, a la hora de escribir estas líneas, sigue siendo la última victoria del Oporto ante los azulgranas.
El destino le reservaba un momento mucho mejor.
Mayo de 1987. Estadio Práter de Viena. Juary es otra vez suplente. Entra en el descanso. Gana el Bayern por 0-1. Es la final de la Copa de Europa. El modesto Oporto contra el Bayern de Matthäus y Rummenigge. A falta de un cuarto de hora para que muera el encuentro un quiebro de Juary dentro del área sirve para darle el balón a Madjer que lo convierte en un precioso gol de tacón. Tres minutos después el argelino le devuelve el favor con un pase medido que Juary convierte en un tanto que le da al Oporto su primera Copa de Europa.
Gol de la victoria
El héroe del Práter había conseguido lo máximo tras una vida digna de película. Ahí se acabó su historia. Tenía apenas 28 años, pero apenas jugaría tres partidos más con el Oporto. Una grave lesión prácticamente lo inhabilitó para el fútbol. Volvió a Brasil a intentarlo, pero acabo colgando las botas poco después. Con el tiempo se convertirá en entrenador de categorías inferiores hasta que en 2010 se haga cargo de los juveniles del US Avellino, con el equipo deambulando en la Serie C.
Por entonces Antonio Sibilia, el presidente que lo hubo fichado treinta años atrás, era un anciano de 90 años que pasaba sus últimos días en una suntuosa mansión. Cuando se enteró del retorno de Juary a Italia le hizo llegar una invitación para que lo visitase en su casa.
Machacado. Aporreado. A Pelé le habían cosido a patadas en el Mundial de 1966. Primero el búlgaro Zhechev y después el portugués Morais, en el caso del luso con dos entradas que hoy equivaldrían a cadena perpetua. Entonces pasaron por alto. Al acabar ese Mundial la FIFA decidió introducir las tarjetas para reducir el juego violento. Para la edición de México 1970 por primera vez se protegería a las estrellas. Pelé resurgía para volver a coronarse como rey del fútbol.
Lo de 1970 pocos lo esperaban. El Santos FC había ganado su último título en 1968. Coutinho, Pepe o Zito ya no formaban parte de la época dorada del club paulista. Pelé seguía siendo un atractivo imán como vedette, pero su desempeño se asemejaba más a un payaso de circo que a una estrella del balompié. Pasó de meter 64 goles en partidos oficiales en 1965 a 69 entre 1966 y 1968. Prácticamente la misma cifra en tres temporadas que en una sola. Lo paradójico es que, si en 1965 había jugado 21 partidos amistosos, en 1968 la ya de por si escandalosa cifra se elevaba a 32. El guarismo rozará lo indecoroso en 1972 cuando alcance la cuarentena de encuentros amigables.
El circo del Santos se puso en marcha en 1969 con unos partidos en el Congo y otros en Nigeria. Fue entonces cuando el famoso partido en Biafra en el que la guerra civil nigeriana se paralizó durante un par de días para disfrutar de las andanzas de Pelé. Luego vuelta a Brasil a razón de un partido cada tres o cuatro días. Entre medias una prestigiosa victoria de la canarinha ante Inglaterra, entonces vigente campeón mundial, y otra del Santos ante el Internazionale para dar la victoria en la Supercopa Intercontinental, trofeo de breve existencia que pasó sin pena ni gloria por el historial del fútbol.
El caso es que entre finales del verano e inicios del otoño Edson Arantes do Nascimento iba camino del gol 1.000 desde que en 1956 había jugado su primer partido. La cuenta sumaba partidos oficiales y amistosos. Pero eso era lo de menos. Nunca antes nadie había llegado a semejante cifra. Hoy se sabe que hubo un puñado de ellos antes que Pelé, aunque ni las fuentes ni los números son del todo fiables. El más fabuloso de todos es el austriaco Josef Bican, quien entre la década de 1930 y 1940 acumuló 806 tantos en partidos oficiales (Pelé anotó 770) y pasó con holgura del millar contando amigables. Hoy también sabemos que Cristiano Ronaldo es el máximo goleador de todos los tiempos y acabará su carrera superando los 900 tantos en encuentros oficiales.
Pero ninguno de ellos era o es Pelé.
Y eso es lo más importante.
En el otoño de 1969 no se hablaba de otra cosa. Hordas de periodistas internacionales comenzaron a cubrir cada encuentro del Santos. En octubre Pelé anotó cuatro tantos ante la Portuguesa FC para alcanzar los 993 goles. Luego vinieron dos tantos ante el Coritiba FC, un encuentro sin mojar y otro chicarro ante el CR Flamengo. Iban 996.
Era ya noviembre cuando Pelé anote dos goles ante Santa Cruz de Pernambuco. Quedaban dos. El feliz acontecimiento se podía dar ante el modesto Botafogo de Joao Pessoa (no confundir con el Botafogo FR de Río de Janeiro). Miles de personas esperaban en el aeropuerto la llegada de Pelé. Había quienes afirmaban que cuando anotase el gol 1.000 se volvería inmortal y ascendería a los cielos. Varios políticos de la zona fueron departir con Pelé para felicitarle por algo que aún no se había producido. El Santos ganaba por 0-2 con suma facilidad cuando el árbitro pitó un penalti a favor de los paulistas. Pelé no había anotado ninguno de los dos tantos iniciales y el público empezó a corear su nombre. El encargado de tirar los penaltis era el legendario Carlos Alberto quien, ante el tumulto ocasionado, se acercó a Pelé para darle el balón y que fuese él el que lanzase la pena máxima. Pelé lanzó y anotó. Gol. 999.
Entonces ocurrió algo totalmente inesperado. El guardameta del Santos cayó desplomado en el suelo y hubo de abandonar el terreno de juego. Por entonces no había cambios y un jugador de campo tendría que ponerse bajo palos. El escogido fue Pelé, quien era el teórico portero suplente del Santos. No hay que olvidar que Pelé soñaba de joven con ser guardameta y que en los entrenamientos de la selección brasileña y en las giras mundiales del Santos solía ponerse los guantes.
La decepción en Joao Pessoa fue terrible. El circo se trasladó entonces a Bahía. Estadio Fonte Nova. Allí se programó un desfile de carnaval excepcional para recibir a Pelé y se celebraron varias homilías pidiendo al Altísimo poder presenciar el gol milenario de O Rei. Tuvo Pelé varias oportunidades, todas ellas marradas y en todas ellas la afición la tomó con el club local por impedir que Pelé anotase el tanto. En la más clara el 10 del Santos hace una jugada maravillosa regateando a varios rivales y al propio portero. Sin embargo, al disparar a puerta, uno de los defensores salva el gol bajo palos. El sujeto se llamaba Nildo. Pelé se le acercó y le comentó al oído: “Eres un tío con personalidad”. Nildo tuvo que salir del estadio a escondidas. La situación surrealista se coronó con una sonora pitada al Bahía por sus propios seguidores tras haber ganado el partido.
Quiso pues el destino que el siguiente partido se jugase en el estadio de Maracaná. El marco era inmejorable. El templo del futbol brasileño. El partido liguero iba a enfrentar al Santos con el Vasco da Gama. Allí no cabía ni un alfiler. 140.000 almas según cifras oficiales. Unos cuantos más en cifras extraoficiales. Era el 19 de noviembre de 1969. Día Nacional de la Bandera de Brasil. Banda militar en el campo. Himno nacional y suelta de globos.
Pelé tuvo una buena ocasión. Un remate de cabeza que salvó un defensa de Vasco ante la línea de gol. Poco después el astro brasileño se internó en el área como una ráfaga que no toca el suelo y fue derribado. Penalti. En realidad, el derribo no lo fue tanto. Manuel Amaro, el colegiado, confesaría años después que estaba deseando pasar a la posteridad como el árbitro que había facilitado el gol 1.000 de Pelé. Pero eso era lo de menos. Penalti. Y está vez nadie tuvo que decirle nada. Pelé cogió el balón y se acercó a los once metros.
Por vez primera en toda su carrera se sintió nervioso. No en la final de un Mundial. Sí el día del gol milenario. Al menos eso fue lo que dijo y quedó para la posteridad. En la meta un argentino, un tal Andrada. No estaba por la labor. No tenía especial aprecio por Pelé. Los compañeros del Santos se alejaron de la escena y se plantaron cerca del círculo central para presenciar el feliz suceso. Nadie esperaba un rechace. Todos esperaban acontecimientos.
Eran las 23.11 horas del 19 de noviembre de 1969. Era cerca del minuto 40 de la segunda mitad. Nadie respiraba en el bullicioso Maracaná.
Pelé se acercó al balón. Lo hizo en cámara lenta.
Paradinha. Balón al palo derecho de Edgardo Andrada.
Andrada roza el esférico.
Gol.
La multitud volvió a respirar.
Pelé corrió hacia la portería, cogió el balón del fondo de las mallas y finalmente lo besó mientras un par de lágrimas caían por su rostro. De repente sus compañeros aparecieron encima de él. Luego los flashes, los micrófonos, las cámaras. Más tarde los globos, los petardos y los fuegos artificiales. Extasiado, Pelé dedicó el gol a los niños de Brasil, en otra muestra más de su ser reflexivo y políticamente correcto. Varios aficionados saltaron de las gradas y le dieron a Pelé una camiseta con el número 1.000 serigrafiado. El presidente del Vasco da Gama le hizo entrega de una placa conmemorativa que ya tenía preparada de antemano. Hubo quien le entregaría después una corona.
El partido hubo de pararse durante cerca de media hora. Pelé fue manteado por propios y extraños y luego tuvo que dar una vuelta de honor mientras saludaba a todo el respetable. Pelé había metido muchísimos goles en Maracaná, incluido uno en 1961 donde cogió el balón en su propia área, recorrió todo el campo regateando a siete rivales antes de sentar al portero y depositar el balón en la red rival.
Pero ninguno podría igualar al gol milenario. La noche del gol 1.000 de Pelé.
Fue la investidura de O Rei.
“Un penalti es una manera cobarde marcar un gol”. Pelé, quien irónicamente marcó su gol número 1.000 de tal forma.
O milésimo
Otras historias sobre O Rei
Explicando a Pelé (la historia del rey del fútbol a través de dos artículos)
Lo de la Kings League se inventó mucho tiempo atrás. Donde Ibai Llanos y Gerard Piqué estaban José María García y Amancio Amaro. Allá por 1977 el fútbol sala se establece en España a través de una liga de exhibición con el fin de obtener réditos para obras benéficas. Todo gira en torno al equipo creado por el periodista y que se dio en llamar Hora XXV en honor al programa que García dirigía en la Cadena SER. La iniciativa tuvo un éxito esplendoroso avalado por la fiebre de construcción de polideportivos por todos los rincones de España. El Hora XXV se convirtió en Interviú por el patrocinio de la célebre revista y con ese nombre ganó la primera liga oficial de la historia. Con el tiempo aquel bebé se convirtió en un gigante que pronto paso a ser conocido como Interviú Boomerang y luego como Inter Movistar. En aquel primer equipo el buque insignia era Amancio Amaro, recientemente retirado del Real Madrid, y que junto al ex del Atlético José Ufarte daba lustre a un deporte semidesconocido.
Porque el fútbol sala nació entre Uruguay y Brasil en algún momento de la década de 1930. Años después los brasileños estandarizan sus reglas, crean competiciones y lo convierten en fenómeno de masas. En 1982 crearon el primer Mundial oficioso de la categoría que ganarían con solvencia, repetirían título en 1985 y, cuando en 1989 se dispute en Ámsterdam el primer Mundial oficial auspiciado por la FIFA, también resultarán vencedores al derrotar a los anfitriones por 2-1.
Digo todo esto porque entrada la década de 1990 el dominio de Brasil en el fútbol sala era atronador. Hoy no es así. A Brasil se le ha subido a las barbas España, Portugal o Argentina. Son todos países donde la técnica y el rápido pensamiento en espacios reducidos es primordial en las escuelas, tanto de fútbol once como de fútbol sala. Mas también países como Rusia, Ucrania o Kazajistán se han especializado en un deporte del que salen beneficiados al jugarse en polideportivos en los que los niños pueden escapar de los rigores del invierno.
Decía que hoy no es así. Al igual que Inglaterra dominó el fútbol con mano de hierro desde su nacimiento hasta entrada la I Guerra Mundial, Brasil dominó el fútbol sala desde sus inicios hasta que el siglo XXI hizo su aparición.
Era así en 1997. El año que nos ocupa. Brasil primero y luego todos los demás.
En 1997 se iba a celebrar la primera Copa Intercontinental de Clubes de la historia. Tendría lugar en Porto Alegre y el Internacional, club local, partía como indiscutible favorito. Si vencer a un club inglés en 1897 era una quimera para cualquier otro club del resto del orbe, lo mismo sucedía ante la posibilidad de vencer a un conjunto brasileño de fútbol sala en 1997. Y mucho menos en su propia casa.
El formato que la FIFA designó era el de dos grupos de cuatro equipos. Los dos primeros de cada grupo se cruzarían en aspas en semifinales para dar lugar a la gran final. En el grupo A estaban el FP Genk (Bélgica), FC Barcelona (España), DiBuffala SC (Estados Unidos) y CA Peñarol (Uruguay). En el grupo B militaban el Boca Juniors (Argentina), Bunga Melatti (Países Bajos), Universidad (Chile) y el archifavorito Internacional de Porto Alegre (Brasil). Lo esperado era una final entre el Barça y el Internacional.
El Barça. Hablemos del Barça de fútbol sala.
Cuando aquello del Interviú se puso en marcha el Barça también quiso formar parte de ello. Si de algo se vanagloria el FC Barcelona es de ser una entidad polideportiva. Y lo es con gran éxito. Compite con laureles y de forma profesional en deportes tan variopintos como fútbol, baloncesto, balonmano, hockey o fútbol sala, donde, entre unos y otros, acumula cerca de medio centenar de entorchados europeos. La región de Cataluña es un hervidero deportivo de primera magnitud y el Barça ha sabido explotarlo en su beneficio con clarividencia y un éxito indiscutible resumido en el famoso eslogan ‘mès que un club’.
Barça futsal. Los inicios
Sin embargo en el caso del fútbol sala la cosa costó lo suyo. El Barça formó parte de la primera Liga en 1980 pero al cabo de un par de temporadas el equipo se disolvió. Años después se refundó y se instaló definitivamente en la máxima categoría, aunque siempre ocupando posiciones modestas. Todo cambió cuando en 2006 se hizo profesional la sección. Desde entonces los títulos son habituales. Pero en 1997 el Barça era un paria en este pequeño mundillo.
El caso es que el Barça de fútbol sala podría ser un paria, pero la marca FCB tenía un prestigio centenario que lo avalaba. Por entonces no había Copa de Europa y aquellos que acudieron en marzo de 1997 a Porto Alegre lo hacían por invitación. El FC Barcelona es el FC Barcelona. Y su nombre era respetado. Así que allí se fue la expedición azulgrana en busca de un imposible. El objetivo era quedar campeón de grupo y así evitar al Internacional hasta una hipotética final.
Sucedió entonces lo imposible.
El Internacional (Ulbra por motivos de patrocinio) humilló sucesivamente al Universidad de Chile (16-1) y a Boca Juniors (8-1), pero luego, relajados y con uso y abuso de los suplentes, cayeron de manera inaudita ante el Bunga Melatti (5-7) neerlandés. Los favoritos pasaban a semifinales como segundos de grupo y los europeos como cabezas de serie. Todo lo preestablecido saltaba por los aires.
El Barça había vencido a Peñarol (9-1) y al Genk (4-2). Mientras, el DiBuffala vencía al Genk (3-2) y empataba con el Peñarol (1-1). Quedaba el choque entre españoles y estadounidenses. El Barça contaba con cuatro puntos y el DiBuffala con tres. Al Barça le valía el empate para ser primero de grupo, mientras que al DiBuffala sólo le valía la victoria.
El problema es que nadie quería quedar primero de grupo. Nadie quería enfrentarse al Internacional de Porto Alegre en semifinales.
Lo que iba a suceder a partir de entonces tendría el calificativo de bochornoso.
El partido comenzó con los dos equipos jugando al gato y al ratón. Bailando pasodobles sin entrar a matar. Al poco llegó el gol de falta de los norteamericanos. Digamos que el portero catalán estuvo lento de reflejos por ser generosos. Nadie se escandalizó por su falta de agilidad. En el pabellón el eco era el sonido más característico.
La segunda parte sería mucho más chabacana. No se sabe bien como, pero el Barça logró empatar el partido. Ese resultado lo dejaba como primero de grupo. Y eso no era lo deseado. El Barça tocaba y tocaba en su propio campo ante un rival que no tenía ganas de robar el balón, hasta que a un iluminado se le encendió la bombilla.
Aprovechando un pase hacia atrás, a Juan Silva, portero azulgrana, le dio por salir de su propia portería. Con un sutil gesto de cabeza le suministró el visto bueno a un compañero para que diera un precioso pase a la red que ponía el 1-2 en el marcador. Fue un hermoso y vergonzoso autogol. Pero aún habría más. Aprovechando el shock, el Barça sacó de centro (eran a los que le habían metido el gol). Se toca el balón en el círculo central, se envía un pase atrás hacía la portería defendida por Silva…y la pelota entra mansamente en la red con ayuda incluida del meta catalán. Dos autogoles. 1-3. Y el segundo puesto asegurado.
Indignados ante lo que estaba ocurriendo los futbolistas del DiBuffala iban a tomar cartas en el asunto. ¿Abandonar el pabellón como protesta ante lo sucedido? No. ¿Plantar una denuncia ante la FIFA? Tampoco. ¿Liarse a mamporros contra los futbolistas del Barça? Jamás.
Heridos en su ¿orgullo?, los jugadores del DiBuffala lo tuvieron claro.
Si ellos pueden meterse goles en propia meta, nosotros también podemos.
Acto seguido ocurre lo más bizarro jamás visto en una pista de fútbol. El portero norteamericano intenta pasarle el balón a sus compañeros para que lo introduzcan en su propia portería. Serán incapaces de hacerlo. ¿Por qué? ¡Porque son los propios jugadores del Barça los que impiden que los goles suban a su propio marcador! Las imágenes son grotescas. En un momento dado todos los jugadores están dentro del área del DiBuffala. El portero norteamericano lanza el balón con la mano hacía su propia portería y un futbolista del Barça saca el balón desde la raya. En otra ocasión es el propio Juan Silva el que impide que el portero del DiBuffala se meta un autogol. El meta americano acabará expulsado tras meter dos autogoles con sus propias manos.
El Barça perdió por 1-3 pero ganó la tan ansiada segunda plaza del grupo. Aquello no tuvo excesiva repercusión porque el fútbol sala todavía era un deporte muy minoritario y aquella edición de 1997 aún tenía un carácter experimental. No obstante, aquel choque entre el Barça y el DiBuffala es el epítome de todo aquello que atenta contra los valores del respeto, la competición y el deporte.
Maquiavelo dejó escrito aquello de que cuando el fin es lícito, también lo son los medios. Al Barça le salió bien la jugada. Derrotó al Bunga Melatti en semifinales por 7-5 y alcanzó la final. El DiBuffala cayó estrepitosamente por 0-11 ante el Internacional y lamentaría durante días su nula capacidad de meterse goles en propia puerta.
Por supuesto el Inter de Manoel Tobias (quizás el mejor de todos los tiempos) logró la victoria ante el Barça (4-2) en la final, aunque con más sufrimiento del esperado. El Barça volvió a Europa con un ¿honroso? subcampeonato.
Quizás el karma castigó a los catalanes cuando una serie de catastróficas desdichas tenga su culminación en el descenso a segunda división al final de esa temporada de 1997/98. Y es que también lo dejó escrito Maquiavelo: “Cuando se hace daño a otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse”.
Otras historias rocambolescas
El caso Di Stéfano (la madre de todos los fichajes a través de dos artículos)
Entonces no existía Arteixo. Eso es moderno. Sostenida por la AC-552, a un lado y al otro de la carretera se asentaron construcciones deficientes en la loca carrera en busca del urbanismo que llevó a miles y miles de aldeanos en pesquisa del progreso. Mas tarde llegó el polígono industrial, luego Inditex y hoy Arteixo es una caótica y pujante ciudad dormitorio de A Coruña.
Seguramente los más jóvenes y los no tan jóvenes no sepan que antes de Arteixo estaba A Baiuca. En un mapa o en un atlas de los 90 aun encontraremos el topónimo de A Baiuca donde hoy topamos Arteixo. En A Baiuca estaba y está el balneario y estaba y está el ayuntamiento. Hoy sobrevive como un barrio, alejado del ajetreo de los camiones, de los vehículos y de la carretera principal. Perdura como la zona más bella de la villa, con su río, su paseo verde y alguna que otra casa señorial, la del médico, la del abogado, la del profesor o la del dueño de la sala de fiestas y del balneario.
Y allí, en A Baiuca, está todavía la casa familiar de Arsenio Iglesias. Hoy imponente y bella, antaño una ‘sobeira’, pequeña, húmeda y escasa de luz, rodeada de barro y charcos en invierno y de arena y piedras con el buen tiempo. Allí nació en 1930 Arsenio Iglesias Pardo.
Menor de nueve hermanos, Arsenio pasó horas trabajando en el agro y otras tantas corriendo detrás de pelotas de trapo. Horas y horas descalzo por las leiras y fochancas de A Baiuca. Con 16 años tuvo la fortuna de llamar la atención de periodistas coruñeses y ojeadores del RC Deportivo. Por entonces el club herculino cubría de cuando en cuando los 15 kilómetros que van desde la capital hasta a A Baiuca y se entrenaba en las instalaciones del balneario. Ficha entonces Arsenio por el Ciudad Jardín, club modesto de la ciudad mientras empieza a trabajar en los trolebuses de Coruña. Al año siguiente es contratado por el Bergantiños de Carballo que militaba en la tercera categoría nacional e inicia los estudios de perito industrial al mismo tiempo que trabaja en la línea de montaje de los trolebuses.
De ahí fichará por el Fabril. Es un interior fuerte, técnico y con carácter. Pasa del juvenil al segundo equipo como una exhalación y tras apenas seis partidos le llega la oportunidad con el primer equipo. Temporada 1951/52. Camp Nou. Barça vs Dépor. Ganan los de casa por 6-1, pero Arsenio marca el gol deportivista. A partir de ahí fueron 13 años en Primera en una época donde había menos equipos y menos futbolistas por escuadra, lo que hace más meritorio el registro que en la actualidad. Arsenio Iglesias llegó a ser internacional B, jugó partidos de Copa de Europa con el Sevilla FC, fue leyenda en el Granada CF, donde logró un subcampeonato de copa, y disputó su última temporada con el Real Oviedo al que salvó del descenso con un gol en la última jornada en San Mamés.
Pero Arsenio es deportivista. Es coruñés. Su ídolo era Juan Acuña. Porque Arsenio quería ser portero. En 1945, cuando Arsenio aun soñaba con ser futbolista, la selección española disputó un partido amistoso en Coruña. El motivo era la inauguración del estadio de Riazor. Se concentraron en el balneario de A Baiuca. Y allí estaban todos. Acuña. Eizaguirre, César, Gaínza, Zarra…ahí supo Arsenio que quería dejar de trabajar la leira y pisar el césped.
Arsenio (agachado, primero a la derecha)
Pero para triunfar Arsenio hubo de emigrar. Y no fue el único. Cerca de un millón de gallegos probaron fortuna en América tan sólo entre 1945 y 1960. Hubo muchos más antes y aun habría cierto goteo en años posteriores. No era para tanto extraño que el RC Deportivo fuera llamado a gritos por esos miles de gallegos para jugar unos cuantos partidos en tierras sudamericanas.
El 14 de junio de 1954 un autocar puso rumbo a Lisboa desde el centro de A Coruña. Viajaban 16 jugadores, entre ellos dos veteranísimos. Uno era Ángel Zubieta, un colosal mediocentro internacional que había hecho carrera en Argentina tras escapar de España con 18 años al iniciarse la Guerra Civil. Tras tres lustros de exilio había vuelto a España para finalizar su carrera en el Dépor. El otro era Pahíño, un delantero centro de tronío que hubo de abandonar el Madrid ante la llegada de Di Stéfano. El joven Arsenio también iba rumbo a Portugal. Que aquel niño descalzo de A Baiuca fuese a subirse a un avión solo era un milagro de los que el fútbol sabe cumplir. Iban también los periodistas Orestes Vara, el masajista, el tesorero del club y Antonio Martínez Rumbo, presidente del RC Deportivo. A base de empanadas y entonaciones más o menos afortunadas de la Rianxeira llegaron a Lisboa, donde el día 16 tomaron un avión con destino a Montevideo, con escalas en Recife y Rio de Janeiro.
El día 20, en el colosal estadio Centenario de Montevideo, el Club Nacional iba a enfrentarse al RC Deportivo. El partido fue suspendido por fuertes lluvias y se jugó el 4 de julio con victoria local por 2-1. Días después el Dépor empató en el CA Peñarol (2-2) con gol de Arsenio e igualó (1-1) con Rampla Juniors. Por el camino actos, ofrendas, homenajes y comidas. Luego derrota por 2-1 en Buenos Aires ante River Plate y empate a dos goles contra San Lorenzo de Almagro.
Pero el plato fuerte es el día 25 de julio. El día de Galicia. Santiago Apóstol. Flamengo vs RC Deportivo. Maracaná. El más legendario de los estadios. Allí iba a estar aquel chaval de A Baiuca. 40.000 espectadores, la inmensa mayoría gallegos, vieron la derrota blanquiazul por 4-1. Eso era lo de menos. Otero; Ortega, Rodolfo, Tomás; Moll, Lechuga; Corcuera, Sara, Pahíño, Arsenio y Moreno fueron los elegidos. Tres días después fue el Fluminense el que venció a los coruñeses por 3-0.
Arsenio (1957/1958)
El Dépor no venció en Maracaná. Ni en ninguno de los siete partidos de la gira. La oportunidad de romper el maleficio no tendría lugar hasta cerca de cuarenta años después. Hasta el 24 de marzo de 1993.
Por entonces Arsenio Iglesias era el entrenador del Dépor. Del Superdépor. Tras años de sufrimiento en Segunda, Arsenio había ascendido a los coruñeses a Primera y por entonces eran la revelación de la temporada al ocupar la tercera posición de la tabla. Lo hacían gracias a Mauro Silva y Bebeto, dos internacionales brasileños que habían sido fichados el año anterior.
Antes de tomar rumbo a Europa, Bebeto jugaba en el Vasco da Gama, club por el que había firmado para cubrir el ocaso de Roberto Dinamite, la leyenda vasquense que sumaba 711 goles en 1140 partidos. Dinamite había tenido un fugaz paso por el FC Barcelona, sin embargo el grueso de su carrera se había desarrollado en Brasil. Aquel día de marzo tendría lugar su partido homenaje y su amistad con Bebeto fructificó en que los deportivistas fueran los invitados de honor.
La expedición partió del aeropuerto de Alvedro rumbo a Madrid tras ganar 5-0 al Burgos CF en partido de Liga. Iban todos y Mauro y Bebeto tenían la prebenda de viajar con sus familias. De Madrid llegaron a Río de Janeiro donde sorpresivamente fueron recibidos con fanfarria. Luego se supo que la fanfarria era por la selección sub-20 brasileña que también estaba en el aeropuerto carioca y que acababa de proclamarse campeona del mundo de la categoría.
Cuando la expedición llegó a Brasil se llevó un gran chasco. Había múltiples periodistas buscando declaraciones de Mauro y hasta había quien narraba los entrenamientos de Bebeto en directo, pero la expectación por el resto del grupo fue nula. Luego Aldana y Claudio tuvieron que hacer el camino inverso y volver a España porque acababan de ser convocados por la selección para jugar un trascendental partido contra Dinamarca clasificatorio para el Mundial 1994.
Pero la verdadera decepción tuvo lugar al arribar a Maracaná. Estaba tal cual lo recordaba Arsenio. Y eso no era bueno. Estaba viejo, abandonado. La hierba estaba alta, los accesos anticuados y desatendidos y las gradas necesitaban una mano de pintura. Pero era lo de menos. Era Maracaná. Arsenio prohibió la playa y los jugadores se quedaron sin chapuzón en Copacabana. Había que ganar el partido.
Ante 50.000 espectadores el RC Deportivo formó con Liaño; Mariano, Albisteguí, Djukic, Ribera, Nando; José Ramón, Mauro Silva, Fran; Marcos Vales y Bebeto. Por el Vasco da Gama también formo Zico, estrella del Flamengo y gran rival de Dinamite, quien por un día vestiría la camiseta blanquinegra de Vasco. El Dépor ganó con claridad el duelo por 0-2 con goles de Bebeto y Nando.
Tras el partido Roberto Dinamite regaló un reloj a cada uno de los presentes y tuvo lugar una fiesta en la discoteca Scala, un local propiedad de Chico Recarey, un empresario originario de Coristanco, un pueblo de la provincia de A Coruña. Fue una fiesta, un amistoso, un partido para recordar para un club modesto como el RC Deportivo. Para Arsenio Iglesias fue una segunda vez. La segunda vez que pisaba Maracaná. Y está vez quería lograr la victoria.
“Queríamos quedar bien, representábamos a Galicia. Yo no vine a Maracaná a tirar el prestigio”. Arsenio Iglesias, ex jugador y ex entrenador del RC Deportivo.