historia

La desconocida historia de Perico Escobal

La década de 1920 no fue excesivamente positiva para el Real Madrid. La Liga no se constituyó hasta 1928 y, por supuesto, no había comenzado el idilio merengue con una Copa de Europa que aún no estaba ni en la mente de ninguno de sus creadores. Así pues, no había nada más glorioso por aquel entonces que vitorear en la Copa del Rey. Lo más cerca que estuvo de ganarla el Real Madrid en aquellos años fue en 1924 cuando cayó en la final con el entonces poderoso Real Unión de Irún. Militaba en aquel equipo blanco uno de los que puso las neuronas a trabajar para crear la Copa de Europa décadas más tarde. Respondía al nombre de Santiago Bernabéu. Ocurre que aquel Bernabéu futbolista no mandaba. El que dirigía el cotarro era un central enorme de los que primero pegaba y luego pedía perdón. Era el capitán del Real Madrid y obedecía al nombre de Patricio Escobal.

Patricio Perico Escobal había nacido en Logroño en 1903. Era de familia bien y fue enviado a Madrid para estudiar primero en los Jesuitas y después sacarse la carrera de Ingeniería Industrial. Sus 190 centímetros, exageradamente largos para la época, llamaron la atención del Madrid que lo incorporó a su plantilla en 1921 cuando contaba con 18 años. Digo incorporar, ya que entonces no se fichaba debido a que el fútbol era amateur.

Escobal fue pronto conocido en Chamartín como Faquir, por su fama de galán, buen conversador y por una cultura muy superior a la que por entonces tenían los futbolistas. Perico sería el capitán del Real Madrid prácticamente desde su llegada y a pesar de su juventud, debido a la ascendencia que tenía sobre sus compañeros. Será el capitán el día que se inaugure el estadio de Chamartín dejando atrás el Velódromo de Ciudad Lineal. Décadas después de su retirada los aficionados del Real Madrid aun gritaban “viva Escobal” cada vez que un central despejaba un balón con un punterazo hacia las gradas en recuerdo del bueno de Perico. Todo lo fino que era fuera del campo lo era de rudo dentro del rectángulo de juego.

Escobal cogería una enfermedad infecciosa en 1927 teniendo que dejar el fútbol la temporada siguiente, justo a tiempo licenciarse. Aún le daría pie para intentarlo una temporada en el Real Madrid para acabar sus días como futbolista en su Logroño natal. Es 1934. Ese año obtenía su plaza como funcionario de ingeniero en el ayuntamiento de Logroño donde también hubo de recibir un homenaje dado que diez años antes, en 1924, había sido el primer deportista riojano en disputar unos Juegos Olímpicos.

Perico Escobal

Antes de que la II República se hiciese con el poder en 1931, Escobal ya había demostrado su compromiso político. En 1928 había sido nombrado el presidente de la recién creada Asociación Profesional de los Trabajadores del Fútbol. El resultado fue el veto para acudir a los Juegos Olímpicos que ese año se celebraron en Ámsterdam. Luego, se afiliaría a Izquierda Republicana, el partido político de Manuel Azaña, y con el carnet del partido logró su plaza en el ayuntamiento de Logroño. Cuatro meses más tarde de obtener la plaza es echado de su puesto por los conservadores de la CEDA. Tendrá que pleitear para que le devuelvan lo que en verdad le corresponde, pero por el camino hará las maletas y regresará a Madrid en busca de trabajo.

Llegamos pues en esta historia a febrero de 1936. El Frente Popular, una variopinta coalición de izquierdas, gana las elecciones legislativas en España. Perico Escobal vuelve a su plaza en el ayuntamiento de Logroño no sin antes pasar un par de semanas en el calabozo por insurrecto. Es indemnizado por despido procedente y parece que podrá retomar su vida con total normalidad. Así sucederá hasta que llega el 19 de julio del citado año. El bando golpista, llamado también nacional, toma el control de Logroño y tres días más tarde el Gobierno Civil de Logroño lo va a buscar a su casa acusado de ser contrario al “Glorioso Movimiento Nacional”. Le abrieron un expediente para incautarse de sus bienes, le fue revocada una vez más su plaza de funcionario e inmediatamente fue puesto bajo arresto.

Sin comida, sin posibilidad de asearse y con las ratas deambulando por las celdas, a Perico le sería diagnosticada una tuberculosis que le acarrearía de por vida problemas de espalda. Y es que Perico (ojo viene spoiler) sobrevivió. Sobrevivió a las penurias de la cárcel. Y serían hasta tres presidios distintos con noches en vela a la espera de ser llamado por un pelotón de fusilamiento.

¿Por qué no fusilaron a Perico Escobal? La respuesta es la que todos los que ahora están leyendo esto se imaginan. Porque Perico Escobal había sido capitán del Real Madrid. El responsable de las ejecuciones en la Rioja Alta era Domingo Gómez-Acedo, un ex futbolista del Athletic quien formó parte de la primera selección española de fútbol, aquella que logró una histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes. “Insincero y fanfarrón, pero un gran jugador con el balón en los pies”, dejaría escrito Escobal sobre Gómez-Acedo.

Aquel primer golpe de suerte tendría continuidad. A los pocos meses recalaría en Logroño el general Gastone Gambara, quien procedente de la Italia fascista pasaría a ser alojado en un caserío propiedad de los suegros de Escobal. Al parecer Gambara habló con el también general y jefe de Propaganda Millán Astray en persona para conmutar la pena de cárcel de Escobal por un arresto domiciliario que le permitía a Gambara hablar de fútbol  con el ex capitán blanco cuando no estaba ocupado de mandar sus tropas italianas en ayuda de Franco y sus correligionarios.

Escobal estaría casi dos años recluido en su casa vigilado siempre por una pareja de guardia civiles. En 1939 terminó la Guerra Civil y a Gambara lo premiaron con el puesto de embajador de Italia en España. Pronto presionó para anular la condena de Escobal de cadena perpetua y tramitó la documentación para que Perico y su familia pudiesen poner rumbo al exilio.

Con bastón y un corsé para su maltrecha espalda, con la moral por los suelos y sin saber papa de inglés, Escobal acabó en Cleveland tras hacer escala en Cuba. Era 1940. Allí estaría un par de meses viviendo en la casa de un hermano de su mujer hasta que se asentó en Nueva York, donde comenzó a trabajar en una tienda de electrodomésticos.

Hubo de esperar década y media para conseguir convalidar su licenciatura en Ingeniería hasta que en 1957 empezó a trabajar en la oficina de Gas y Electricidad del Ayuntamiento de Nueva York. Será condecorado por su labor en la remodelación del alumbrado del barrio de Queens. Su hijo, reputado matemático, formará parte del equipo de la NASA que llevó al ser humano a la Luna. Perico volverá únicamente un par de veces a España. Una durante el Franquismo, cuando le permitieron un viaje con billete de vuelta para asistir al sepelio de su madre, y otra, ya en 1982, cuando viajó a Logroño y de paso acudió al Bernabéu para ver un partido del Mundial de 1982. Nunca más volverá a España y fallecerá en Nueva York en 2002, a los 99 años de edad. Un condenado a muerte que murió de viejo.

Escobal en sus últimos años

Y con todo, lo más relevante de la vida de este sufrido capitán del Real Madrid ocurrió sin que nadie en España fuese consciente de ello. En 1968 Perico Escobal publicó Death Row: Spain 1936 (El corredor de la muerte: España 1936). Escobal había empezado a escribir sus memorias durante su estancia en prisión, pero hubo de tirar sus notas por un retrete cuando vio que un soldado pesquisaba sus propiedades dentro de la celda. Al poco de llegar a Estados Unidos decidió retomar la escritura de un libro que causó un tremendo impacto en tierras americanas. Escobal hablaba con detalle de las condiciones inhumanas de las celdas y da nombre y apellidos de opresores y oprimidos. Lo desgarrador del relato y la notable calidad del texto hicieron del libro un superventas en Estados Unidos en un momento donde se cuestionaba muy y mucho la existencia de la dictadura franquista. El libro no sería traducido al español hasta 1981, seis años después del fallecimiento de Franco, pero pasará sin pena ni gloria por las librerías de un país que en aquel momento lo único que deseaba era olvidar y pasar página.

“Te sacaban al patio. El aire fresco de la noche entraba en tus pulmones abiertos. Oías voces y risotadas. Los ojos apagados. Salva amarga con hiel llena la boca. Mascaba la muerte. La resignación hace su aparición. De pronto un ruido. Un empujón. Uno de los guardias me empujó con violencia al suelo diciendo entre las risas de sus compañeros que hoy no tocaba, que mañana será otro día”. Perico Escobal describiendo una noche cualquiera en la que era sacado de la cárcel camino del pelotón de fusilamiento.

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No son frecuentes las goleadas entre las selecciones de primerísimo nivel. La igualdad es manifiesta y la tensión intrínseca a los encuentros de grandes campeonatos hacen que las precauciones defensivas se sitúen por encima de las cualidades ofensivas. Con todo ello, hay resultados escandalosos que hicieron sonrojar a equipos de tronío y causaron profundo pesar en el país derrotado. Otros resultados no son tan llamativos al ser leídos, pero supusieron un baile futbolístico de tal calibre que la exhibición ha traspasado los umbrales del tiempo para permanecer perpetuamente y con letras de oro en la historia del fútbol.

Para clasificarse para la Eurocopa de 1984 la selección española debía ganar por once goles de diferencia a Malta y así superar en la diferencia de tantos a Holanda, país con el que estaba empatado a puntos. Fue un 12-1 total, un 9-0 tras el descanso. Aquel frío día navideño en Sevilla está en la memoria de cualquier español y sólo las victorias europeas y mundialistas del siglo XXI le han restado importancia. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Entre los partidos descartados encontramos un encuentro amistoso del que sólo nos quedan relatos y fotografías. Ocurrió en 1932 y enfrentó a Austria contra Hungría. Los magiares eran entonces el mejor equipo de Europa. Los austriacos eran los aspirantes. Fue el nacimiento del llamado Wunderteam (equipo maravilla) liderado por Matthias Sindelar. El denominado Mozart del fútbol anotó un hat-trick y lideró a su equipo tras un legendario baile de futbol ofensivo que acabó con un 8-2. Sólo los nazis pudieron acabar con aquella sinfonía ofensiva al anexionar Austria al III Reich un lustro más tarde. Aquello fue el inicio del Wunderteam. Lo que sucedió en 2008 fue el punto y final de la escuela soviética de juego solidario, robotizado y efectivo. A la URSS de 1960, o al Dinamo de Kiev de 1986 le sucedió la Rusia de 2008. Aquel equipo perdería en semifinales de la Eurocopa 2008 ante España para diluirse para siempre en la historia. Antes había bailado a Países Bajos (3-1) en cuartos. El choque se resolvería en la prórroga tras un empate a un tanto, pero durante los 120 minutos del duelo el dominio fue total por parte rusa. Un fútbol rápido y desenfadado liderado por Andrey Arshavin.

Nos quedaran otros dos choques en el tintero y con los mismos protagonistas, aunque con los papeles cambiados. En 1972 Inglaterra y Alemania se enfrentaron en Wembley en cuartos de la Eurocopa. Los teutones vencieron por 1-3 en el que es considerado el mejor encuentro que Beckenbauer y compañía firmaron en aquella década dorada. A su rigor táctico y a su fortaleza física añadieron un juego de combinación exquisito liderado por un Netzer, quien realizó el mejor partido de su vida. Tres décadas más tarde, en 2001, Inglaterra asaltó Múnich en partido clasificatorio para el Mundial 2002, al vencer a Alemania por 1-5. Los británicos manejaron el partido con autoridad insultante y a varias velocidades; con posesión elaborada y paciencia por un lado y al contraataque cuando le interesaba hacerlo. Michael Owen anotó tres goles aquella noche y se aseguró ganar un Balón de Oro que muchos siguen clamando para Raúl.

El día grande de Owen

Vamos pues con las 10 grandes palizas entre selecciones de todos los tiempos. Resultados llamativos y apabullante juego frente a un adversario que antes del choque era considerado un igual a igual.

10 Australia 31-0 Samoa (clasificación Mundial 2002): Vale. Estoy de acuerdo. Este partido no tendría que aparecer en esta lista. No tiene el pedigrí suficiente. Pero es la madre de todas las palizas. La mayor goleada jamás registrada en un partido oficial. Un gol cada 180 segundos. No solo eso. El discreto delantero Archie Thompson anotó 13 tantos, por supuesto, también récord no igualado e inigualable. Ese 31-0 cambió el fútbol. Al menos lo cambió al otro lado del globo, aunque en la vieja Europa no fuésemos conscientes de ello. El abuso de los aussies fue tal que la Federación Australiana de Fútbol renunció a formar parte de la Confederación de Oceanía y desde entonces forma parte de la AFC (Confederación Asiática de Fútbol) disputando las fases de clasificación para el Mundial frente a Japón o Irán y la Copa de Asia contra Corea, Arabia Saudí o China. Todos salieron ganando. Australia ha mejorado notablemente su nivel, Nueva Zelanda tiene ahora muchísimas más opciones de jugar un Mundial (como ocurrirá en 2026) y la historia de los samoanos saltó en 2023 al celuloide con el título Next goal wins (El peor equipo del mundo).

31 goles encajados…

9 Brasil 5-2 Francia (semifinal Mundial 1958): Just Fontaine respondió en el minuto nueve al gol anotado por Vavá al poco de empezar el encuentro. Era la final anticipada. Francia contaba con Jonquet en el centro de la zaga, Piantoni hilando el juego y una dupla terrible formada por Fontaine y Kopá. Brasil había sufrido al inicio del torneo, pero en cuartos de final el seleccionador Feola dio su brazo a torcer y ante el clamor popular colocó como titulares a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años). Entonces todo cambió. En aquella semifinal fueron treinta minutos de igualdad. En el minuto 39 un zambombazo de Didí, la estrella de Brasil (con permiso del imberbe Pelé), ponía por delante a la canarinha. Desde ese instante sólo hubo un equipo sobre el campo. La segunda parte fue un baile de Brasil dirigido por Pelé. Aquel niño bajaba a recibir el balón al centro del campo, corría la banda, filtraba un pase y aparecía en el punto de penalti para armar la pierna. Y todo lo hacía con elegancia. Y todo lo hacía con alegría. Fue un hat-trick de un adolescente que al acabar el partido ya será O Rei. Luego Piantoni maquilló el resultado final dejándolo en un 5-2. Brasil pasará a la final y repetirá resultado ante Suecia. 5-2. Pelé anotó dos tantos, uno de ellos de una plasticidad inigualable. Control con el pecho tras centro, sombrero al defensor y remate con la derecha sin dejarla caer al palo corto del portero. El jogo bonito venía para quedarse.

El nacimiento de O Rei

8 Alemania 3-0 URSS (final Eurocopa 1972): Entre 1972 y 1976 la República Federal Alemana fue un torbellino. Selección compacta, fiable, de tremenda exuberancia física y con una pegada bestial. No dominaban ni era bellos, pero eran ganadores. Así fue en el Mundial 1974, pero no fue el caso de la Eurocopa 1972. Ese año Alemania fue todo eso y además una máquina preciosista en el juego. Tras una exhibición ante Inglaterra en Wembley, Alemania echó a Bélgica en semifinales y se plantó en la final ante la temida Unión Soviética (tres finales de cuatro posibles en Eurocopa). Alemania dominó de principio a fin. Fueron tres goles, pero pudieron ser el doble o el triple. Hasta cuatro lanzamientos teutones acabaron en los postes. Maier fue un espectador más en un estadio de Heysel abarrotado por los miles y miles de alemanes que afrontaron la cercanía con Bruselas. Beckenbauer armaba desde atrás y Heynckes y Müller (que anotó un doblete en la final) ajusticiaban en el ataque. Pero la diferencia entre esa Alemania y la de dos años después radicaba en el centro del campo. El partido ante la URSS encumbró a Günter Netzer como el mejor mediocentro del mundo. Barría el balón, pasaba en corto o en largo y marcaba el tempo del partido. Netzer sufrió marcaje doble y hasta triple en algún momento del choque, por lo que el entonces jugador del Gladbach retrasó inteligentemente su posición para sacar de sitio natural a sus marcadores y darle total libertad a Wimmer, el otro mediocentro teutón. Ese año Beckenbauer, Müller y Netzer ocuparían por este orden los tres primeros puestos en la ceremonia del Balón de Oro.

Perfección germana

7 España 3-0 Rusia (semifinal Eurocopa 2008): Si entre 1972 y 1976 Alemania fue un torbellino, la selección española entre 2008 y 2012 fue un huracán. Y si los rusos cayeron por 3-0 el día del encumbramiento de Netzer, otra vez los rusos cayeron por 3-0 en este caso para el encumbramiento de Xavi Hernández. La segunda parte de aquel partido fue un rondo perfecto liderado por el metrónomo catalán. A aquella forma de jugar sobando el balón hasta gastarlo en un continuo movimiento por el campo a base de triangulaciones y primer toque se le dio en llamar tiki-taka. Su promotor fue el comentarista deportivo Andrés Montes. Aficionados y compañeros de profesión renegaron en primera instancia de tal ocurrencia, pero finalmente ha pasado a definir una forma de jugar en el que la posesión es innegable y la defensa siempre se hace con el balón. Lástima que Montes falleciese antes de que su ingenio se hiciese universal. El caso es que Luis Aragonés había apostado en darle el poder a Xavi y acompañarlo de unos locos bajitos que respondían al nombre de Andrés Iniesta y David Silva. España, que siempre había basculado entre ser toro o torero, finalmente decidía ser torero. Luis Aragonés había detectado con sabiduría que en su equipo abundaban los artistas y creó una obra de arte. En la primera parte la lesión de Villa y algún fogonazo de Arshavin hicieron que el marcador no pasase del empate a cero. La bestia se desató tras el descanso. La sinfonía fue interpretada en la segunda mitad gracias a los tantos de Xavi, Güiza y Silva, todos ellos tras jugadas bordadas con cariño y esmero.

Y Xavi dirigió la orquesta

6 Argentina 0-5 Colombia (clasificación Mundial 1994): Argentina acababa de ganar la Copa América de 1993 a la que sumó el triunfo de 1991. Llegó a sumar 33 partidos consecutivos sin perder. Colombia no llegaba a semejante racha, pero sumaba doce meses sin conocer la derrota. Maradona no estaba (acusado de drogadicto), pero sí Ruggeri, Redondo, Simeone y un colosal Batistuta. Colombia no contaba con René Higuita (acusado de camello), pero sí con Valderrama, Rincón, Valencia y Asprilla. A Colombia le bastaba el empate para clasificarse para el Mundial. Argentina necesitaba el triunfo. El perdedor tendría que jugar un repechaje en la otra punta del mundo. El encuentro se celebra en el Monumental de Buenos Aires. Argentina llevaba seis años invicta en casa. Fue un baile. Una cumbia colombiana. 0-5. Freddy Rincón anotó el 0-1 al filo del descanso gracias a una asistencia de Valderrama. En la reanudación los argentinos se lanzaron al ataque sin demasiada precisión y Colombia desparramó sus encantos basados en la precisión técnica y una excelsa velocidad para lograr una victoria histórica. Freddy Rincón anotaría otro tanto más y Faustino Asprilla firmaría un doblete de ensueño con un gol tras burlar al portero y un segundo tras una vaselina inolvidable. Pero sería el quinto el que quedaría en la retina de todos los colombianos. El balón paso de uno a otro jugador cafetero siempre bajo las órdenes de Valderrama hasta que Asprilla le dé un pase filtrado a Adolfo Valencia quien bate con suma ligereza a Sergio Goycoechea. Fue la primera derrota en casa de Argentina en una eliminatoria de clasificación para el Mundial. Nunca más Colombia ha vuelto a ganar un partido en territorio albiceleste. Valderrama y compañía regalaron una obra de arte a una nación destrozada por la violencia y donde apenas tres meses después sería abatido el narcotraficante Pablo Escobar. Luego, tras el Mundial de 1994, el cártel de la droga asesinaría al defensa Andrés Escobar por meter un gol en propia puerta ante Estados Unidos.

Once héroes cafeteros

5 Inglaterra 3-6 Hungría (amistoso 1953): El PARTIDO. Así. Con mayúsculas. Fue la primera derrota inglesa en Wembley ante un equipo no británico. Es difícil de comprender en la actualidad, pero aquello marcaba un fin ya intuido y aquella noche confirmado. Los inventores del fútbol ya no eran los dueños del juego. Inglaterra había renunciado a jugar el Mundial hasta 1950 y allí cayó ante Estados Unidos y frente a España. Quedaba claro que algo sucedía, pero se le echó la culpa a lo pesado del viaje y a cierta relajación. Hungría, por su parte, era el gran equipo del momento. Una máquina de juego ofensivo, posiciones cambiantes y victorias estruendosas (20 victorias y 3 empates en sus últimos 23 partidos) lideradas por Ferenc Puskás. Así que, en 1953, para conmemorar el 90 aniversario del nacimiento del fútbol, se programó un Inglaterra-Hungría en Wembley. Inglaterra jugaba un rígido 3-2-5 popular en la época. Hungría no. Hungría era vanguardista. Hidegkuti era un nueve que bajaba a ofrecerse al centro del campo mientras que Budai y Czibor eran dos extremos que se convertían en laterales en posición defensiva. Arriba, tanto Kocsis como Puskás eran del todo menos inmóviles. Hidegkuti anotó al minuto de juego, los ingleses empataron, pero a la media hora del duelo el marcador ya era de 1-4 con dos tantos de Puskás. Recortó Inglaterra antes del descanso, sin embargo, el público ya era consciente de estar viendo algo diferente y despidieron a Hungría con una sonora ovación. En el minuto 55 el resultado era de 2-6. Pero no era el resultado. Era la forma de jugar. Algo diferente. El fútbol total antes del fútbol total. Uno de los tantos de Puskás se produjo tras un control tras pase largo al primer toque, finta para dejar sentado al capitán inglés Billy Wright y disparo seco al poste de la meta inglesa. Aquel control y aquella finta, grabada por la BBC en un tiempo donde la televisión era muy incipiente, quedó para la posteridad como el primer frame de un gesto técnico diferente. Claro que antes había habido regates, recortes y delicatessen varias, pero aquello se podía ver y no solo leer y escuchar. ¡Y era en Wembley y frente a Inglaterra! No sólo eso. Puskás anotaría un gol olímpico lanzando el córner con el exterior de su pie izquierdo. Los ingleses no daban crédito. Al final el resultado fue de 3-6. Y gracias. Inglaterra tiró a puerta cinco veces y anotó tres goles. Hungría lanzó 35 veces (21 a portería) para sumar seis tantos. Aquello fue un estruendo mundial. Meses después Inglaterra devolvería visita en Budapest y caerá por 7-1. Luego perdería el Wolverhampton (campeón inglés) frente al Honved (campeón húngaro). Inmediatamente se creó la Copa de Europa de clubes. Y cuando en 1958 Inglaterra se clasifique para el Mundial nadie la contará ya entre los favoritos al título.

El partido del siglo

4 Brasil 4-1 Italia (final Mundial 1970): México Distrito Federal. 110.000 almas. Brasil-Italia. Dos selecciones luchando por ser el primer país con tres títulos del Mundial. Italia llegó a la final tras una extenuante semifinal ante Alemania. Fachetti, Riva, Mazzola y compañía llegaban al último partido fieles a su estilo, de menos a más y con una fe defensiva granítica. A los transalpinos les encomendaron seguir a ‘los cinco dieces’ hasta a los vestuarios si fuese necesario. Catenaccio a muerte. Comenzaron fuertes y tuvieron dos buenas ocasiones en el primer cuarto de hora, hasta que un mal centro de Rivelino es convertido en gol de cabeza por Pelé. Burgnich, que era el hombre que estaba con O Rei en esa jugada, lo explicó así: “Saltamos juntos, pero cuando yo estaba en la tierra, él seguía en el aire. Yo había pensado para darme ánimo; Pelé es de carne y hueso, como yo. Estaba equivocado”. Pelé cayó del cielo para batir a Albertosi y poner el 1-0. Poco después Clodoaldo hace una frivolidad en el centro del campo, pierde el esférico y Boninsegna empata el partido. Quedaba toda la segunda mitad, pero a Italia se le había acabado la gasolina. Los 45 minutos finales fueron una exhibición canarinha. Las marcas se aflojaron y el primero que quedó libre fue Gerson. De los cinco genios era el menos temido por los transalpinos, por lo que Gerson jugó la segunda parte a placer dando pases milimétricos a diestra y siniestra. Con un precioso tiro desde fuera del área puso el 2-1 en la final. Luego, ya con Brasil jugando a placer, vendría el 3-1 por parte de Jairzinho. Y quedaba el fin de fiesta del 4-1. Un gol que era puro jogo bonito. Una hermosa jugada colectiva que se inició en defensa y en la que sólo faltó que el balón fuese acariciado por un jugador de banquillo. Tras tocar y tocar el balón, el cuero le llegó a Pelé que paró el tiempo y deslizó el esférico a su derecha. La imagen queda en pausa. Uno, dos, tres. A los tres segundos aparece una estampida por el carril derecho que tras un derechazo descomunal ponía el 4-1 definitivo. Era el gol de Carlos Alberto, un gol legendario que culminaba una actuación legendaria. El Brasil del 70 jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta de su gente para lisonjear al primer Mundial en color de la historia. Los ‘cinco dieces’ del Brasil del 70 perforaron las redes rivales. Jairzinho fue el máximo goleador del Mundial con siete tantos, Pelé metió cuatro, Rivelino conquistó tres, Tostao hizo dos goles y Gerson anotó uno. Todos brillaron, pero el astro más resplandeciente del firmamento fue Pelé. Todos eran dieces en sus equipos, pero todos revolotearon por el campo cual artistas para goce y disfrute del pasar del tiempo.  

Y gol de Carlos Alberto

3 Brasil 1-7 Alemania (semifinal Mundial 2014): La tarjeta de visita no indica lo que ocurrió aquella noche en Belo Horizonte, Brasil lanzó 18 veces (8 a puerta) por las 14 de Alemania (10 a puerta). La posesión fue 53-47 a favor de los teutones y en pases, regates, saques de esquina y demás variables del Big Data la igualdad era lo imperante. Pero el fútbol es mucho más que números. Son sensaciones. Y lo que sucedió en Belo Horizonte, lo que se dio en llamar Mineirazo, fue un cataclismo psicológico pocas veces visto. A la media hora de juego el marcador era de 0-5 (Müller, Khedira, Klose y dos tantos de Kroos). Brasil había comenzado presionando y generando ocasiones, pero un despiste defensivo tras un saque de esquina originó el primer tanto a los diez minutos de juego. Al poco Klose anotó el tanto que le convertía en el máximo goleador de la historia del Mundial y a partir de entonces lo que se sucedieron fueron una suerte de errores groseros acompañados del silencio y de los lloros del público brasileño allí presente. En la segunda parte Alemania bajó descaradamente el ritmo y aun así en el minuto 69 el marcador era de 0-7. Un tanto de Óscar al poco del final dejaba el resultado en un histórico 1-7. La probabilidad de que Alemania ganara a Brasil por más de seis goles de diferencia era de un 0,025%. El encuentro significó la peor derrota de la selección de Brasil en su historia futbolística. Y tuvo que ser en casa. Y en las semifinales de un Mundial. De su Mundial. Sólo dos de los 23 seleccionados brasileños para el Mundial fueron convocados para la Copa América del año siguiente. Desde entonces los brasileños no han parado de producir porteros y defensas y en todas las grandes competiciones en las que han competido el miedo ha hecho mella en los planteamientos de los partidos, todos excesivamente conservadores para lo que el jogo bonito significó para el fútbol en el siglo XX. Desde 2014 Brasil nunca ha vuelto a ser Brasil.

O Mineirazo

2 España 4-0 Italia (final Eurocopa 2012): Durante un lustro inolvidable España se convirtió en el rey del fútbol Mundial. Los Casillas, Xavi, Iniesta, Villa y compañía confirmaron una realidad inexorable; España detenta la hegemonía del balompié en el siglo XXI. El caso es que toda esa superioridad nunca se vio reflejada en el marcador. Es conocido que el tiki-taka logró con brillo vitorear en Sudáfrica, pero todo a base de 1-0. Así que la final de la Eurocopa de 2012 es considerado el partido más redondo de esa generación dado que al dominio aplastante y a la belleza del juego se le sumó la efectividad frente al arco rival. Aquella España jugaba con dos laterales abiertos que, cuando eran poseedores del balón, se convertían en centrocampistas. Esto hacía de España de un equipo insuperable. Arbeloa y Jordi Alba apoyaban a Busquets en primera fase y dejaban total libertad para armar y crear a Xavi y a Xabi Alonso. España renunciaba a las bandas conscientemente, ya que sabían que nadie sería capaz de quitarles la pelota. Ellos dos junto a Silva, Cesc e Iniesta deleitaban con un rondo inmortal que acabó desquiciando a Italia. La imagen de Iniesta haciendo su icónica croqueta rodeado de cinco italianos forma parte de la esencia de este bendito deporte. España no necesitó de delanteros para marcar cuatro goles. En realidad, el 4-0 refleja lo que fue el partido. Alonso, Xavi, Iniesta y Silva frente a Andrea Pirlo. La batalla estaba decidida antes de empezar. Al descanso el resultado era de 2-0. Si en la primera mitad los transalpinos aun tuvieron algo de vergüenza torera, en el segundo tiempo fueron un pelele. Visiblemente agotados de correr tras el balón no tuvieron capacidad de asustar a un invisible Casillas. Con el partido controlado, los minutos fueron pasando en la segunda parte hasta llegar la sentencia en dos arreones finales. Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Mata fueron los firmantes de un encuentro que le daba a España su tercera Eurocopa enlazando victorias europeas en 2008 y 2012 junto al Mundial de 2010.

La final perfecta

1 Países Bajos 2-0 Brasil (semifinal Mundial 1974): No es el resultado. Es el simbolismo. Brasil era dueña del fútbol. Tanto en resultados como en juego. Holanda era una advenediza. Era su primer Mundial. Eran dos concepciones similares y a la vez diferentes. Brasil proponía un juego vistoso y de toque y Holanda rizaba el rizo al proponer lo mismo, pero a través del orden y el cambio posicional. Aun contaba Brasil con dos de los cinco dieces del mágico México 1970. A Rivelino y a Jairzinho se les había unido Dirceu. Por la banda izquierda se mostraba el excepcional Marinho Chagas. En Holanda, también por la izquierda avanzaba de cuando en cuando Ruud Krol, en el medio dirigía Neeskens, arriba amenazaba Resenbrinck y como jefe de todo estaba Johan Cruyff. Con esos mimbres Holanda ya había avasallado a Argentina (4-0). Roberto Perfumo, capitán albiceleste, dejaría una frase para la posteridad: “Nunca he sentido tanta impotencia. La única forma de parar a los holandeses es con una pistola”. Con todo Brasil seguía siendo favorito. Lo que ocurrió cambió para siempre la forma de ver el fútbol de los brasileños. Holanda dominó de principio a fin. Sus jugadores de ataque cambiaban de posición constantemente y los defensores neerlandeses aparecían de tanto en tanto cerca del área rival. Brasil tuvo que echarse atrás y jugar al contraataque. Lo nunca visto. A pesar de las numerosas ocasiones el marcador no registró goles hasta el minuto 50 cuando Neeskens finiquitaba un excepcional pase de Cruyff. Los siguientes cuarenta minutos están catalogados por muchos periodistas y aficionados como el mejor fútbol practicado por una selección en un Mundial. Tras salida de balón parado una masa de jugadores neerlandeses iba cual hienas en busca del rival con balón. Las jugadas al primer toque de los oranges se sucedieron una tras otra y, aunque únicamente lograron anotar un tanto más (Cruyff a pase de Krol), el daño infligido era mucho mayor que el que irradiaba el electrónico. Brasil tiró la toalla y se conformó con no sufrir una goleada. Brasil dejó de ostentar la hegemonía de la vanguardia en el fútbol y comenzó, aun con muchas reticencias, a defender, a tener miedo. Tardó dos décadas en ganar otro Mundial y lo hizo con muchísimas precauciones defensivas. Holanda perdió la final ante Alemania, pero dio igual. Holanda portaría desde entonces la bandera de la creatividad y del juego ofensivo, bandera que mantiene, a pesar de que la han mancillado en numerosas ocasiones.

Baile neerlandés

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¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Camino del título de la Copa de Europa de 1970 los neerlandeses del Feyenoord ganaron 2-12 en Reykjavik al KR. Sigue siendo la mayor goleada en el torneo de los torneos. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Han sido muchos los partidos que han se han quedado fuera del tintero. El que más me ha costado dejar fuera es el PSG 5-0 Internazionale de la final de la Copa de Europa de 2025. Y lo he dejado fuera por ese motivo. Es 2025. Aún no sabemos si es el inicio de una era. Es muy probable que si rehiciese esta lista dentro de un lustro o de una década dicho encuentro se colase entre los diez primeros. Seguro. Hablamos de la mayor goleada en la historia de las finales de la Copa de Europa. Palabras mayores. Un ejercicio de superioridad y de perfección ejecutado por Luis Enrique (único técnico en firmar triplete con dos equipos diferentes). Unos mecanismos en la salida de balón, en la permuta de posiciones y en la fluidez del juego insuperables. Una obra maestra desde el primer minuto hasta el último, tanto en juego de posesión como en contraataque, liderados por Achraf (un lateral como alma de delantero), Vitinha (un libro abierto en el centro del campo) y Dembelé (quién lideraba la presión aún con el PSG venciendo por 4-0). Sólo el paso del tiempo nos dirá si lo del PSG fue algo circunstancial o el inicio de un gigante. Si de gigante hablamos, sin lugar a dudas éste 5-0 pasará a formar parte de las más grandes palizas de todos los tiempos.

Oh lá lá!

También me ha costado dejar fuera de la clasificación los partidos que han llevado el sello FC Barcelona. Por lo escandaloso e histórico del resultado he incluido en la lista el 6-1 del Barça al PSG, mas, lo cierto, es que aquel revolcón no fue el inicio de ningún título. Sin embargo, el Barça de Cruyff sí que logró títulos, entre ellos la ansiada Copa de Europa. Quizás el partido más perfecto de aquella generación fue la vuelta de dieciseisavos de final de la edición 1993/94. Tocaba remontar un 3-1 de la ida frente al Dinamo de Kiev y se hizo al vencer por 4-1. Eso fue lo de menos. El Barça disparó cada tres minutos, hubo tres lanzamientos a los postes y un gol anulado. Fue el rondo perfecto. La sinfonía del 3-4-3 diseñado por Johan Cruyff.

El Barça de Guardiola sumó más títulos, tuvo más regularidad y también más victorias avasalladoras que el de Cruyff. En buena parte gracias a Leo Messi. En 2012 La Pulga masacró al Bayer Leverkusen en octavos de final con cinco tantos para un 7-1 definitivo. Antes, en 2010, una exhibición coral del Barça formando con Messi como falso nueve, Iniesta haciendo croquetas y con un 4-6-0 en el que todos los mediocampistas pisaban el área contraria, los azulgranas humillaron al Arsenal (que no tiró a puerta en todo el partido -el gol fue de Busquets en propia puerta-) con un 3-1 en el que Leo finalizó la exhibición con una caricia al balón por encima de Almunia. Esférico que, aún hoy, sigue flotando en algún lugar del Camp Nou. Pero la exhibición por antonomasia de aquel equipo fue el 3-1 al Manchester United en la final de la Copa de Europa de 2011. No fue el resultado, fue la sensación de impotencia de todo un United sabedores de una clamorosa inferioridad. Alex Ferguson y Wayne Rooney, entrenador y estrella del glorioso conjunto inglés, acabaron pidiendo al Barça que aflojaran el ritmo a falta de varios minutos para el final.

El Barça también forma parte de otro partido que se ha quedado en el tintero. En este caso es una derrota (4-0), la sufrida en Anfield Road ante el Liverpool FC en semifinales de 2019. Sin Firmino y sin Salah todo parecía favorecer al Barça y lo cierto es que los catalanes controlaron la primera parte, pero en los siguientes 45 minutos un huracán arrolló al Barça con dos goles en 122 segundos y un estadio empujando a base de cánticos. Su eterno rival tampoco se libra de la desgracia. Y otra vez otra tarde de rock and roll de Jürgen Klopp tuvo la culpa. El Dortmund masacró al Real Madrid (4-0) en semifinales de Copa de Europa de 2013 con un póker de goles de Robert Lewandowski y una lección táctica de un entonces semidesconocido Klopp que tumbó al precavido de Mourinho. Paliza también recibió el Bayern ante el Ajax (5-2) en las semifinales de 1995. Seedorf, Kanu, Litmanen u Overmars se convirtieron en dignos sucesores del gran Ajax de los 70 incorporando al clásico fútbol neerlandés de posesión una presión a todo campo implantada por Van Gaal. Como un pistón engrasado, los diez jugadores de campo atacaban y defendían con los mismos acordes y dieron el pase a una final que el Ajax convertiría en título frente al gran AC Milan.

Para finalizar un par de 3-0 en competiciones de segundo rango. En 1986 el Dinamo de Kiev goleó al Atlético en la final de la Recopa. Aquel partido le valió a Igor Belanov el Balón de Oro. Por su parte, en 1998 el Internazionale venció a la Lazio en la final de la Copa de la UEFA. Ese día el Inter hizo uno de los mayores ejemplos jamás vistos en la historia del contraataque. Una exhibición de pases en largo, salidas en carrera y recepciones al primer toque coronados por el no-regate de rodillas de Ronaldo Nazario ante la salida de Luca Marchegiani.

Todo ellos quedaron fuera de la lista. Todos ellos grandes partidos. Sólo hay sitio para diez. Todos encuentros legendarios que abarcan un arco temporal de seis décadas y en el que hay sitio para las grandes escuadras de todos los tiempos:

10. Benfica 2-5 Santos (Copa Intercontinental 1962): Pelé vs Eusebio. Con Di Stéfano en la cuesta abajo de su carrera, tocaba elegir al nuevo ungido por los dioses. En la ida el Santos gana por 3-2 con doblete de O Rei. La vuelta es en Lisboa. El Benfica es doble campeón europeo. Ha derrotado a Barça y a Madrid. Los portugueses son favoritos, pero no hubo atisbo alguno de gesta. Los primeros veinte minutos fueron un baño brasileño. Pelé hizo lo que le dio la real gana y anotó dos tantos para firmar un 0-2 al descanso. Tras la reanudación, Pelé danza por el campo como una bailarina del Bolshoi y deja el esférico manso para que Coutinho marque el tercero. Quedaba el cuarto. Pelé regatea a un rival y le hace un caño a Coluna, quizás el mejor mediocentro del mundo en esos momentos, para firmar con tranquilidad el 0-4. Era el minuto 64 y los más de 100.000 presentes en el estadio Da Luz no dudaron en ponerse en pie y aplaudir al rey de reyes. Luego habría tiempo para que Eusebio sacase sus garras y maquillase el marcador y para que Pelé le regalase el quinto a Pepe tras sortear a varios portugueses. Era octubre de 1962. Tres meses atrás Brasil había ganado el Mundial a pesar de la ausencia de Pelé lesionado en el primer partido. Se dudaba de su reinado. Ya no. Aquella exhibición en Portugal quedaría para los anales de la historia del fútbol.

O Rei

9. Borussia Mönchengladbach 7-1 Internazionale (octavos Copa de Europa 1972): No busquen el partido en Youtube. Legalmente no existió. El partido iba 2-1 a favor de los teutones cuando corría el minuto 29. En ese momento una lata de Coca-Cola lanzada desde la grada impactó en Roberto Boninsegna. Conmocionado, el delantero italiano tuvo que ser substituido mientras el partido se paraba unos minutos ante las continuas protestas de la delegación del Inter. Tras la reanudación sólo hubo un equipo en el campo. Y ese fue el Gladbach. Con un juego colectivo primoroso, donde la presión alta y el fútbol al primer toque cautivaba al espectador, el Gladbach apabulló al Inter. Con Netzer como director de orquesta y Heynckes como finalizador, los germanos firmaron un 5-1 al descanso. En el intermedio Invernizzi, técnico transalpino, cambió de portero enfadado por la actuación del guardameta titular. Fueron fuegos de artificio. Cayeron un par de tantos más y el Gladbach ganó por 7-1. Fueron cuatro Ligas, dos UEFAS y un subcampeonato de Copa de Europa para el Gladbach en una década. Solapados por los éxitos del Bayern, el Gladbach quedó en segundo plano, pero su fútbol fantasioso sólo fue igualado esos años por el Saint Ettiène y superado por el Ajax. Para el Inter fue el acta de defunción tras años gloriosos de catenaccio. Lo curioso es que el Inter pasaría la eliminatoria, dado que la UEFA mandó repetir el partido. En Italia había ganado el Inter 4-2 y en el partido jugado de segundas (en Berlín, dado que se mandó clausurar el estadio del Gladbach) hubo empate sin goles a pesar de la más de docena de claras ocasiones de los germanos. El catenaccio, esta vez sí, había dado su última alegría.

El trueno de Netzer

8. FC Barcelona 6-1 PSG (octavos Copa de Europa 2017): En el gran Barça de Guardiola abundan los partidos de dominio absoluto. Iniesta, Xavi y Messi. Esa era la trilogía. Luego vino una reformulación de la mano de Luis Enrique. Menos vals y más rock and roll. Neymar, Luis Suárez y Messi. Y el caso es que fue en 2017, ya en la cuesta abajo de la sinfonía azulgrana y en un año que acabaría con una humillante derrota ante la Juventus, cuando tuvo lugar el gran partido del Barça que, visto con el paso del tiempo, también sería el último gran partido que cerraba un círculo iniciado en 2009. En la ida, el PSG había masacrado al Barça por 4-0. Ese día se consideró la jubilación de Sergio Busquets. No fue así. En absoluto. El partido de vuelta lo tuvo todo. Fue acaso un torrente azulgrana desde los primeros instantes y el 2-0 de la primera parte se tornaba muy corto. Un penalti ponía el 3-0 en el marcador, pero entonces Unai Emery, técnico del PSG, decidió abandonar su planteamiento ultradefensivo y los franceses recortaban distancias. El Barça se fue con todo arriba y tuvo decenas de aproximaciones, pero fue el PSG el que pudo incluso anotar un tanto más. Nadie hizo gol y con 3-1 en el minuto 88 era más que suficiente. El Barça necesitaba tres tantos. Un lanzamiento de falta de Neymar ponía entonces el 4-1 y dos minutos después el propio Neymar, tras penalti muy discutido a Luis Suárez, ponía el 5-1 que seguía siendo inválido. Con cinco minutos de añadido, Sergi Roberto anotaba el tanto del milagro. Fueron tres goles en siete minutos. Según los sismógrafos, el gol de Sergi Roberto provocó un terremoto de escala 1 a 500 metros del Camp Nou. La remontada tuvo un héroe inesperado (Sergi Roberto), una imagen para la historia (Messi puño en alto encaramado en una valla rodeado de aficionados) y un ídolo no valorado (Neymar). Ney fue el amo de la remontada, pero, eclipsado nuevamente por Messi, comprendió que para gobernar tenía que marcharse de Barcelona. Lo hizo, precisamente, al PSG. Allí fue dueño y señor durante un año, justo antes de dedicarse a todo menos a jugar al fútbol.

Éxtasis azulgrana

7 Juventus 0-3 Real Madrid (cuartos Copa de Europa 2018): La trilogía fascinante de Zidane como técnico blanco cuenta con varios partidos para el recuerdo. Ya con Ancelotti en el banquillo el Madrid le había dado una voltereta al FC Bayern (0-4), pero sería la Juve la que más tendría que lamentar sus enfrentamientos contra el ogro blanco. En 2017 un Modric imperial dirigió una sinfonía de buen juego que le daría al Madrid la segunda Copa de Europa consecutiva al pasar por encima de los italianos (4-1). Pero se veía venir. El Madrid era entonces imbatible. No era así en 2018. Los blancos deambulaban en la Liga y eran acusados de viejos. La Juve tenía ganas de revancha. Tres minutos duraron los ánimos de vendetta. Fue el tiempo que necesitó Marcelo para correr la banda, dejársela a Isco y que el malagueño con su desmarque habilitase a Cristiano Ronaldo y éste firmase con un latigazo el 0-1. Kroos la mandó al larguero y luego la Juve se revolvió herida para que Ramos ejerciese de mariscal y Keylor volase cual gato. Tras el descanso llegó el prodigio. Cristiano robó la pelota y la pasó atrás para Lucas Vázquez. El remate del gallego lo paró Buffon, pero el balón acabó en Carvajal que centró al área. Allí andaba Cristiano, otra vez, para elevarse al cielo de Turín y rematar de chilena lejos del alcance de Gianluigi Buffon. Zidane se llevaría las manos a la cabeza para luego afirmar que sentía celos de CR7. Los 45.000 presentes se levantaron de sus asientos y aplaudieron al mito. Buffon afirmaba con la cabeza y levantaba el dedo en honor al portugués. El partido fue ya un asunto secundario, aunque el Madrid lo cerraría con un 0-3. En la vuelta, por cierto, la Juve demostró su categoría al remontar el 0-3, aunque un tanto de penalti de Cristiano en el 97 daba el pase al Madrid camino de la tercera Copa de Europa seguida. Ya se sabe que para los blancos sin polémica y sin sufrimiento no existe la gloria.

Maravilla de Cristiano

6 AC Milan 4-0 FC Barcelona (final Copa de Europa 1994): El Barça iba sobrado. Cuatro días antes había ganado la Liga tras el fallo de un penalti del deportivista Djukic en el último minuto del último partido de la temporada. Eran cuatro ligas consecutivas y tres de ellas ganadas en el instante definitivo. El equipo era excelso, jugaba como los ángeles y había añadido a Romario, el mejor delantero del planeta. En el AC Milan ya no estaban Gullit ni Van Basten, pero Fabio Capello había convertido al equipo rocoso y creativo de Sacchi en uno únicamente rocoso, eso sí, mucho más efectivo. El Barça comenzó el partido manejando la posesión fiel a su estilo, pero el Milan adelantó líneas y realizó una presión asfixiante comandada por la exuberancia física de Desailly y las órdenes desde la zaga de Paolo Maldini. Daniele Massaro se aprovechó de la presión ejercida por sus compañeros para anotar dos tantos antes del descanso. Luego Cruyff cambió el 4-3-3 por un 3-4-3 y el Milan vio como el Mar Rojo se abría bajo sus pies. Un contraataque finalizado por Savicevic ponía el 3-0 y otro era rematado por Desailly quien rubricaba el 4-0. Faltaba media hora para el final del choque. No hubo más partido. El Milan ganaba su tercera Copa de Europa en seis años y aun ganaría un par de ellas más en la siguiente década. Para el Barça fue el final de una era. Zubizarreta, Julio Salinas, Goikoetxea, Laudrup y Romario dejaron el club. Un año después lo haría Johan Cruyff, enfrentado a la directiva presidida por José Luís Núñez. El Barça volvería a ganar, pero tardaría más de una década en recuperar lo que se dio en llamar el ADN Barça, destrozado aquella noche veraniega en el Olímpico de Atenas por el catenaccio italiano.

El fin del Dream Team

5 SL Benfica 1-5 Manchester United (cuartos Copa de Europa 1966): Dos años antes el Sporting de Lisboa le había metido un 5-0 al imberbe United en la Recopa. ¿Qué podrían hacer entonces ante el gran Benfica? Germano, Coluna y el gran Eusebio. Actuales subcampeonas europeos y la base del gran equipo portugués que deslumbrara en el Mundial de meses atrás. Matt Busby, técnico inglés, ordenó a sus muchachos esperar atrás en la primera mitad y aguantar el resultado, para en la segunda parte desplegar un fútbol más ofensivo. Bobby Charlton confesaría, más tarde, que nunca había escuchado a Busby decirles algo así antes de un encuentro. Bobby Charlton, fiel, estaba dispuesto a obedecer. Denis Law, respetable, también acataría órdenes. George Best en absoluto. Best salió como un ciclón. Cada vez que recibía el balón encaraba sin mirar atrás. A los doce minutos ya había marcado un par de goles. 180 segundos después daba el pase del tercero. Fin del partido. El marcador final sería un 1-5 con un último tanto de Charlton regateando dentro del área al arquero Costa Pereira. Aquella noche el mundo conoció a George Best, un norirlandés de apenas 20 años llamado a comerse el mundo. Dos años después ganaría la Copa de Europa y el Balón de Oro. A los 28 años ya era un ex futbolista. Como el denominado Quinto Beatle afirmaría: “Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”.

El nacimiento del Quinto Beatle

4 Real Madrid 7-3 Eintracht Frankfurt (final Copa de Europa 1960): Ya no estaban Kopa ni Rial. Di Stéfano tenía 34 años y Puskás 33 primaveras. Pero el Real Madrid seguía siendo el Real Madrid. Aquella final sería el fin de fiesta. La quinta Copa de Europa consecutiva. El rival era el Eintracht de Frankfurt. Había 127.000 espectadores en Hampden Park (y muchos más que no pagaron entrada) un récord en la historia del fútbol. Al acabar el partido el Real Madrid regaló a cada jugador alemán un reloj que hoy valdría 600 euros. El Eintracht regaló a los jugadores españoles un banderín conmemorativo valorado en unos 20 euros. Y con todo el Eintracht salió presionando. A los diez minutos se pusieron por delante y tuvieron varias ocasiones para aumentar en dos tantos la diferencia. Y ahí se acabó el tema. Una vez que no pudieron aguantar el esfuerzo físico, los teutones se fueron hundiendo y el Real Madrid poco a poco pasó a dominar el partido. Un par de conexiones entre Puskás y Di Stéfano acaba con dos tantos del argentino a la media hora de juego. En la segunda parte el Real Madrid fue un huracán. Serían siete goles en total; cuatro de Puskás (récord de una final y que se antoja imposible de batir) y tres de Di Stéfano. Luego el Eintracht maquillaría el resultado. Y con todo el resultado fue lo de menos. Fue una sinfonía blanca. El partido fue de los primeros retransmitidos en directo por buena parte de Europa. Pocos habían visto por televisión a los magos blancos. Pases en profundidad, controles tras cambios de juego a cuarenta metros, rabonas, taconazos…aquello era precioso. Los balones en largo de Santamaría, los controles de Di Stéfano o la pegada de Puskás impactaban, pero el más llamativo de todos era el callado y humilde Paco Gento. Sus carreras, frenadas y cambios de ritmo enloquecían al público. El encuentro fue calificado como ‘partido del siglo’ por la BBC británica y sería emitido en diferido durante varios años con motivo de las fiestas navideñas.

La Quinta consecutiva

3 Ajax 4-0 Bayern (cuartos Copa de Europa 1973): En la final de 1972 el Ajax había bailado al Inter, pero lo que ocurrió un año después fue aun de mayor calado. Era el último año de Johan Cruyff en el Ajax y sus problemas con la directiva y con algunos de sus compañeros eran más que frecuentes. El Bayern venía como un tiro con el trío Maier, Beckenbauer, Müller en plena madurez. Se intuía un cambio de ciclo. Nada más lejos de la realidad. Rinus Michels había dejado el banquillo ajacied para firmar por el Barça. Daba igual el cambio de entrenador. El barón del fútbol total era Cruyff. Partiendo como extremo izquierdo, Cruyff amagaba con irse a la punta de ataque para que Beckenbauer saliese de la cueva y en la siguiente jugada ordenaba a Neeskens que subiese al área para él dirigir el juego desde el centro del campo. En los primeros 15 minutos el Bayern no sale de su campo. Literal. El Ajax dominaba el balón, pero también presionaba, y mucho, en una época donde el fuelle físico aún era secundario en la mayor parte de los equipos. No sólo eso. El Ajax adelanta líneas y todos los pases en largo de Beckenbauer acaban en fuera de juego teutón. Con todo, la primera mitad acaba en un milagroso 0-0. En la segunda parte el Ajax sale furioso y cambia el toque por los lanzamientos desde fuera del área. Serían dos goles de Arie Hann, otro de Mühren y un gol en el descuento de Cruyff que ponía el 4-0 definitivo. Seep Maier, quien falló clamorosamente en el primer tanto y pudo hacer más en el tercero, meditó la retirada tras el baño sufrido. Felizmente no sería así y sumaría como guardameta del Bayern las siguientes tres Copas de Europa. Antes, el Ajax, tras machacar al Bayern y hacer lo propio con Real Madrid y Juventus, sumaria la tercera consecutiva en la enésima exhibición del futbol total.

Y Cruyff arrolló al Káiser

2 AC Milan 5-0 Real Madrid (semifinales Copa de Europa 1989): Fichado Schuster, con Butragueño y compañía en su mejor momento, el Madrid había echado en cuartos al PSV vengando la derrota del año anterior. 1989. Ese era el año para el Madrid. En el Bernabéu, en la ida, un gol impresionante de Marco Van Basten ponía el 1-1 final. Los blancos cayeron más de veinte veces en fuera de juego gracias al cerebro de Arrigo Sacchi y al buen hacer de Franco Baresi. En la vuelta el Madrid sufrió la mayor humillación de su larga y gloriosa historia. Ancelotti, Rijkaard y Gullit marcaron tres tantos en la primera mitad. El Milan dominaba y el Madrid atacaba por las bandas, pero cualquier balón perdido por el Madrid era cazado por un Milan que con cuatro o cinco pases perfectos se plantaba en el corazón del área blanca. El Madrid nunca antes se vio tan impotente. Todas las líneas de pase interiores eran cazadas por Rijkaard y todas las subidas por banda por Tasotti o Maldini. Después Baresi levantaba la mano y tocaba el fuera de juego y arriba Gullit se movía a su antojo volviendo loco a Sanchís. ¿Van Basten? Hacía lo que quería tanto de cara como de espaldas. Aquel Milan atacaba defendiendo. Schuster prácticamente no tocó balón. Van Basten anotaba el cuarto y, con todo San Siro pidiendo el quinto, Roberto Donadoni firmaba la manita cuando aún faltaba cerca de media hora para el final del encuentro. Si los italianos hubiesen querido habría sido un 7-0 o un 8-0. En los siguientes dos años el Milan se convirtió en una máquina perfecta que avanzaba un juego moderno donde el físico y el primer toque tendrían preponderancia frente al regate o la velocidad.

Chorreo rossonero

1 Bayern 8-2 FC Barcelona (cuartos Copa de Europa 2020): Por culpa del Covid aquella edición de la Copa de Europa pasó a disputarse en agosto en una burbuja aislada de aficionados en Lisboa. Cuartos y semifinales en campo neutral y a partido único. No había pronostico claro. Todo era confuso. Pero lo cierto es que el Barça estaba de vuelta de todo y su técnico, Quique Setién, llegaría a declarar que estaba más a gusto llevando a pastar a unas vacas que entrenando a Messi y compañía. Se adelantaron los germanos, pero rápidamente empató el Barça. Entonces hubo dos ocasiones claras de los azulgranas que fueron atajadas por Neuer en primera instancia y por el poste en el segundo intento. Ahí se acabó el encuentro para el Barça. En un plazo de diez minutos, tras un par de errores groseros azulgranas, el Bayern anotó tres tantos. 4-1 en el minuto 31. Se podía pensar que había tiempo y que el Barça se levantaría del suelo, pero el bajón anímico pocas veces antes fue visto en una eliminatoria de fútbol de primer nivel. El Bayern tocaba y tocaba en el centro del campo mientras los jugadores del Barça no hacían amago alguno por intentar robar el balón. Un rondo gigantesco del Bayern que se agravó en los últimos diez minutos con los tres últimos tantos del Bayern, los dos finales anotados por Coutinho, futbolista cedido por el Barça al Bayern meses atrás. 8-2. Lo nunca visto. La peor derrota azulgrana en 69 años. Fue el fin de Rakitic o de Luis Suárez, pero Messi, quien pidió salir, alargaría su carrera en el Barça hipotecando económicamente a corto y medio plazo al club de sus amores. El Bayern ganaría el triplete y firmaría una inmaculada edición de la Copa de Europa ganando todos y cada uno de los partidos. 11 de 11. Hazaña poco recordada por culpa de la maldita pandemia.

La destrucción del Barça

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¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

Sin ningún género de dudas es en este listado donde más partidos he tenido que dejar fuera de la lista con todo el dolor de mi corazón. Tras mucho seleccionar me quedé con una categorización de 23 encuentros de selecciones épicos y ha sido harto difícil considerar tan sólo una decena de ellos. De hecho, dado que soy yo quien escribe y quien dictamina las reglas podría haber seleccionado los 23. Pero, en fin, quedémonos con 10 de ellos.

¿Cuáles se han quedado fuera? Son tantos que vayamos por orden cronológico. A los albores del juego nos tenemos que ir para encontrar el Escocia 0-0 Inglaterra de 1872. Fue el primer partido entre selecciones de la historia y por ello es épico. El encuentro acabó sin goles y eso que el dibujo táctico de ambos contendientes era un 1-1-8. Una prueba como tantas otras de que hay que ver más allá de los números. Donde hubo goles fue en el Suiza 5-7 Austria de cuartos de final del Mundial de 1954. La mayor orgía de goles jamás vista en una Copa del Mundo. Los helvéticos llegaron a ir ganando por 3-0, aunque al descanso ya perdían 3-5. El partido, disputado a más de 40 grados de temperatura, dio el pase a Austria a semifinales del Mundial.

Ese mismo año, en una de las semifinales, Hungría venció por 4-2 a Uruguay tras una prórroga en el que fue catalogado como el mejor partido de los primeros 25 años de la historia del Mundial. Hidegkuti, Czibor o Kocsis frente a Andrade o Schiaffino. Fue la primera derrota charrúa en la Copa del Mundo y certificó la coronación de Hungría como mejor equipo del planeta gracias a un juego de pases y movilidad nunca antes visto que sumó treinta encuentros imbatidos. Hungría perdió ese Mundial jugando como los ángeles al igual que Holanda lo perdió ante Alemania (1-2) en 1974 en un partido en el que tuvieron múltiples ocasiones. Salieron dominando la final, ocurrió que se confiaron en exceso ante una escuadra teutona que supo mantener la calma con Maier en portería, Beckenbauer de mariscal y Müller en ataque para darle la vuelta al choque.

Gerd Müller fue el hombre de aquella final al igual que Kylian Mbappé fue el hombre del partido en el 4-3 de Francia ante Argentina en octavos de final del Mundial 2018. Aquel correcalles coronado con un estratosférico gol de Pavard encumbró al imberbe Mbappé ante el que por entonces parecía acabado Leo Messi. Los franceses también se llevaron la gloria en otro épico encuentro de cuartos de Mundial ante Brasil (1-1) en 1986 con Platini y Zico danzando como cisnes por el terreno de juego antes de que los penaltis dictasen sentencia. Francia resultó vencedora como también lo fue en las semifinales de la Eurocopa 2000 ante Portugal (1-0) en el que fue el mejor partido en el mejor torneo que jamás jugó el excepcional Zinedine Zidane. Antes, en 1984, en la misma ronda (semifinales) y ante el mismo rival, Michel Platini había dictado sentencia. El 1-1 dio paso a una prórroga donde Portugal se puso por delante. A falta de siete minutos para cumplir los 120 de juego, el galo Domergue empató y con el tiempo añadido Platini anotaba el tanto de la victoria que clasificaba a Francia (3-2) rumbo a su primer título continental.

Sigamos con la Eurocopa y volvamos a la edición de 2000. Alemania e Inglaterra se estrellaron en la primera fase ante una superlativa Portugal. Los lusos vencieron a los ingleses (3-2) al remontar un 0-2 en contra gracias a un excepcional Luis Figo quien anotó uno de los mejores goles jamás vistos en competición continental. Cuatro años más tarde volveríamos a ver otra remontada de un 0-2. Esa era la ventaja de Holanda frente a Chequia a los veinte minutos de juego. Entonces el seleccionador checo decidió quitar a un central para meter a un delantero. Aquello fue una orgía de fútbol ofensivo comandada por Pavel Nedved y Tomas Rosicky que acabó con 3-2 para los centroeuropeos en esa primera fase de 2004. Y antes, allá por 1988, los dioses del fútbol se redimían y daban a Holanda su primer y único título oficial. Holanda venció por 2-0 a la Unión Soviética en la final de la Euro en una exhibición coral de dos equipos ofensivos y que hacían del pase la exaltación del juego. Y, aun con todo, lo que queda del choque es una perla individual, un escorzo inverosímil de Marco Van Basten para la posteridad.

Dos perlitas más para acabar. La agónica semifinal del Mundial de 2006 entre Alemania e Italia (0-2) donde los transalpinos demostraron que también podían jugar al ataque y que acabó con dos tantos seguidos en el último minuto de la prórroga. Y por último la gran victoria del fútbol africano. Fue la de Nigeria ante Argentina (3-2) en los Juegos Olímpicos de 1996. Los africanos remontaron por dos veces el marcador antes de llevar el duelo a la prórroga. Tras una falta lateral Amunike daba la victoria al continente negro tras haber eliminado en semifinales al Brasil de Roberto Carlos, Bebeto, Ronaldo y Rivaldo y en la final a la Argentina de Ayala, Zanetti, Simeone o Crespo. Casi nada al aparato.

Las águilas nigerianas

Vamos pues con los 10 mejores partidos épicos de selecciones de todos los tiempos. No es más que un listado. No es nada. Y a la vez lo es todo. Diez instantes igual de mágicos y emocionantes que son recordados por los aficionados al fútbol con independencia de sus filias y sus fobias.

10 Uruguay 1-1 Ghana (cuartos Mundial 2010): El que más me ha costado introducir en la clasificación. A fin de cuentas, no es más que un cuarto de final de un Mundial. Pero fue el lloro de África. El único hasta la fecha (y tiene pinta que el único en mucho tiempo) en el más pobre de los continentes. Y es que sí. Marruecos alcanzó las semifinales en 2022. Pero el Magreb no es el África negra. El África profunda. Y Ghana lo tuvo en la mano. Lo rozó con los dedos. Arrancó eléctrico el partido con claro dominio uruguayo que se fue nivelando poco a poco hasta que Muntari fusiló a Muslera y puso el 0-1 a favor de los africanos. Forlán respondería de falta en la segunda parte y lo que siguió fue un maravilloso correcalles que duró prórroga incluida. Entonces, abocados a los penaltis, en el minuto 120, un remate de cabeza de Ass a puerta vacía encontró la mano de Luis Suárez, quien en vez de delantero ejercía de portero. Era gol. Sería penalti y roja directa para el entonces delantero del Ajax. 85.000 espectadores sudafricanos empujaban a Asamoah Gyan para que anotase el penalti y llevase a África por vez primera a las semifinales de un Mundial. El disparo, seco y fuerte, se estrelló en el travesaño. Habría penaltis y ahí Gyan, valiente, lanzará y anotará el primero, pero dos compañeros suyos no conseguirán batir a Muslera. Sebastián Abreu, a lo Panenka, anotará el quinto y definitivo para dar carpetazo a un encuentro legendario.

El Loco Abreu tumbó a África

9 Checoslovaquia 2-2 Alemania (final Eurocopa 1976): Lo del penalti a lo Panenka nació precisamente en esta final de la Eurocopa. Antonín era el nombre de este checoslovaco irreverente. Aquella Eurocopa estaba destinada a un postrero duelo entre Cruyff y Beckenbauer. Sería la última oportunidad del genio neerlandés y de muchos de su grupo de locos melenudos de convertir en un título su fastuoso fútbol total. Para la RFA, con sus mitos superando la treintena, era el fin de fiesta a un ciclo que los había coronado como campeones mundiales un par de años antes. Los naranjas contaban con hacer lo mismo, pero cayeron en la prórroga ante Checoslovaquia en semifinales. La sorpresa fue mayúscula. Quiso el destino que la final tuviese un guion parecido al de la semifinal. Checoslovaquia se adelantó pronto y, aunque Alemania recortó al descanso, los checos vencían por 2-1. Como de costumbre los teutones iban a trompicones y como siempre pusieron el rodillo a funcionar doblegando a Ivo Viktor tras innumerables intentos gracias a un gol en el último minuto. Hubo prórroga y luego penaltis. Hoeness lo mandó al limbo y Panenka tenía en sus manos darle la victoria a Checoslovaquia. El silbato suena. Pequeña carrerilla. Antonín avanza. Maier dobla las rodillas hacía su izquierda. Panenka acaricia el balón. Su bota atrapa el esférico como cuchara en plato de sopa. En lugar de sacar un cañonazo de sus botas, Panenka orientó su cuerpo hacia la derecha y lanzó un balón bombeado por el centro de la portería. Con un ligero toque el esférico realizó una parábola que se dirigía lentamente al centro de la portería. Maier, tirado en el césped, observaba incrédulo lo fácil que habría sido pararla. El balón no había llegado a la red cuando Antonín levantó los brazos. Sabía que sería gol. Lo sabía mucho antes de haber lanzado. Había pasado a la historia.

El Panenka original

8 Italia 3-2 Brasil (cuartos de final Mundial 1982): A Brasil le faltaba un goleador. Tampoco le hacía falta. Sócrates, Falcao y Zico se bastaban. Aquello era un espectáculo. Fútbol ofensivo sin red. No tenían portero. Eso sí. Italia daba pena. Enfrentados a la prensa, los italianos habían pasado de carambola la primera fase sin haber ganado ningún partido. Su delantero titular había estado dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y aun no se había estrenado en el Mundial. Aquella tórrida tarde barcelonesa anotaría tres tantos. Italia jugó un partido valiente, ofensivo, algo que nadie se esperaba. Fue un partido precioso. Los italianos se adelantaron por dos veces y por dos veces empataron los brasileños. Luego, en el minuto 74, Paolo Rossi marcaba el tercero personal y el tercero para Italia. El partido, como dije, fue precioso e igualado. El colorido y la pasión de las gradas, el encanto de Barcelona y la demolición del estadio de Sarriá, han convertido el partido en mítico. En los últimos minutos Italia anotó un cuarto gol que fue anulado, pero ahí sí que el dominio fue íntegramente brasileño. Los transalpinos pusieron el autobús y defendieron como ellos sólo saben. Zico, Falcao y, especialmente, Serginho en un mano a mano que falló ante Dino Zoff pudieron darle la vuelta al marcador. Italia pasó a semifinales y luego ganaría la final a Alemania para llevarse un Mundial con el que nadie contaba. Para Brasil fue tal la decepción (a tragédia do Sarriá) que dio carpetazo para siempre al jogo bonito. Desde 1982 los porteros, los centrales y los mediocentros defensivos forman parte del ideario brasileño tal y como lo forman en el ideario futbolero del resto del mundo.

Y Paolo Rossi resucitó en Sarriá

7 Alemania 3-2 Hungría (final Mundial 1954): En la primera fase ambas escuadras se habían enfrentado. 3-8 ganó Hungría. Los magiares eran el mejor equipo del mundo. Sumaban 33 partidos consecutivos sin perder. No sólo eran los triunfos. Era la manera de lograrlos. A través de un 4-2-4 con continuos movimientos, Hungría tenía un portero que jugaba el balón al pie, defensas que armaban y barrían y delanteros que bajaban a recibir el balón al medio campo. Era el fútbol total antes de que existiese el fútbol total. Hidegkuti organizaba una bacanal ofensiva que remataba Puskás. Ocurrió que en la final llovió. Y llovió mucho. Y Alemania contaba con unas botas Adidas de tacos regulables, una innovación de la época. Los húngaros se resbalaban y cuantiosas eran las caídas. Y Puskás, lesionado en el tobillo, era incapaz de correr. Los alemanes, además, contaban con Fritz Walter, un excepcional centrocampista que rendía bien en los días lluviosos, ya que una malaria contraída en tiempos de la II Guerra Mundial le impedía rendir bien cuando el sol abrasaba. Al principio nada de eso se notó. A los diez minutos el marcador ya era 0-2 para los magiares. Aquello estaba visto para sentencia. Tenía pinta de masacre. Pero no sería así. Antes del descanso los alemanes empataban. En la segunda mitad el agua golpeaba con fuerza los cuerpos de los jugadores y el balón se asemejaba a una roca. Hungría salió con todo tras el descanso a sabiendas que el depósito de gasolina estaba quedándose seco. Un lanzamiento al poste de Kocsis, un paradón de Turek a tiro de Puskás, otro lanzamiento al poste de Hidegukti y otro paradón de Turek a cabezazo de Kocsis.  A base de ganas, orgullo y algo de suerte Alemania sobrevive y se mantiene en pie. Por entonces el campo es un barrizal. Es el minuto 84 de la final cuando Rahm lanza un latigazo con la zurda que bate a un Grosics que resbala cuando va a atajar el balón. Un Puskás cojo aun conseguiría empatar el encuentro, pero el gol era anulado por fuera de juego. Hungría perdió la final y se diluyó como un azucarillo en los anales de la historia. Para Alemania fue la primera vez que se cantaba el himno con orgullo desde tiempos del III Reich y el inicio un carácter indomable y una fortaleza de hierro que los hará grandes en el fútbol mundial.

El nacimiento de la Alemania invencible

6 Inglaterra 4-2 Alemania (final Mundial 1966): Alemania se aventajó al poco de comenzar e inmediatamente Hurst puso el empate en el marcador. A doce minutos del final los ingleses se adelantaron y, cuando ya se veían celebrando su primer Mundial, el teutón Weber empató el encuentro en el minuto 89. Prórroga. El partido lo tenía todo. Apenas dos décadas atrás ingleses y alemanes estaban matándose en el campo de batalla. Quien más y quien menos tenía padres que habían ido a la guerra, tanto los que estaban sobre el césped como los que veían el choque desde las gradas. Lo que vino después es celebérrimo. Alan Ball pone un balón franco para Hurst que dispara con fiereza. El esférico golpea ferozmente en el larguero y en el rebote el balón botó sobre la línea de portería. No parece que la haya traspasado. O sí. O no. El árbitro da el gol por válido. 3-2. Los alemanes montan en cólera. Los ingleses lo celebran eufóricos. El colegiado era suizo, pero el culpable de la validez del tanto fue un juez de línea soviético que respondía al nombre de Tofiq Bahramov. Luego vino la leyenda. Se dijo que tras el partido la Reina Isabel II le regaló a Bahramov un silbato de oro por sus servicios. Y la cosa tomó tintes míticos en octubre de 1993. Estando Bahramov en su lecho de muerte fue preguntado cómo pudo saber si el balón había traspasado o no la línea de gol. Al parecer, el ex colegiado respondió: “Stalingrado”. El caso es que sin VAR no había mucho más que hacer. Aún le daría a Geoff Hurst tiempo a meter otro gol en el minuto 120, firmar el primer hattrick que se ha logrado en la final de un Mundial y convertir a la orgullosa Inglaterra, aunque fuese por una única ocasión, en rey del planeta.

El ¿gol? de Hurst

5 Argentina 3-3 Francia (final Mundial 2022): Fue un Mundial tan extraño que comenzó con una derrota de Argentina frente a Arabía Saudí. Era diciembre. Y era en Qatar. Y aun con todo, Argentina se plantó en la final. Leo Messi tenía que haber salido campeón en 2010 o en 2018. Y lo tuvo en su mano en 2014. Era su año. Nadie contaba con 2022, pero el destino lo quiso así. Un Messi crepuscular, más organizador que finalizador, pero que manejó los partidos a su antojo con su clarividencia habitual y con una fiereza nunca antes vista. En la final tocaba enfrentarse con la ultrafísica Francia dirigida por el talento de Mbappé. Argentina se trabajó la tercera estrella en la pechera. Durante 80 minutos impecables sumó dos tantos y mostró una superioridad absoluta. El segundo de Di María, tras jugada colectiva, fue un tanto maravilloso. Pero fue que a diez minutos del final Kylian Mbappé anotó de penalti. 95 segundos después el mismo protagonista puso el empate, en esta ocasión tras una volea perfecta. 2-2. Entonces los europeos crecieron y tuvieron varias para llevarse el Mundial antes de la prórroga, pero tocaba media hora más de espectáculo. El tiempo extra fue precioso. Inolvidable. Lautaro Martínez tuvo un par de ellas y en la tercera despejada por el meta Lloris anotó tras rechace para adelantar otra vez a Argentina. Otros 100 segundos tardó Francia. Penalti clarísimo que anota Mbappé. 3-3. Tres goles de Mbappé que empataba a tantos en una final con el inglés Hurst. Kolo Muani tendría un mano a mano en el último instante, pero tocaba penaltis. Apareció entonces en escena un tal Emiliano Martínez, un portero semidesconocido con pinta de soldador que había jugado en ocho equipos distintos en los anteriores ocho años. Atajó un lanzamiento, Tchouamení mandaba otro fuera y Leo Messi adelantaba por la derecha a Diego Maradona.

Éxtasis Messianico

4 Alemania 3-3 Francia (semifinal Mundial 1982): Se puede catalogar como la mejor prórroga que jamás se ha jugado. Preciosa. Un duelo sin red al ataque. El culmen de un partido épico cuyo momento álgido no fue ningún gol, sino un golpe. Sevilla. Sánchez Pizjuán. Era el minuto 62. Alemania había dominado el encuentro que, de todos modos, se mantenía igualado (1-1). Platini recibe el balón y envía al espacio para la carrera de Battiston. Frontal del área. Toni Schumacher, meta alemán, sale con todo a despejar, se olvida del balón e impacta de lleno contra Battiston. La cadera de uno impacta contra la cabeza del otro. Battiston cae el suelo inconsciente. No hay roja. Ni penalti. Y Battiston no se levanta. Sale en camilla del campo sin recuperar la consciencia. Platini sale de la mano con él. Y, mientras, Schumacher ni se inmuta, masca chicle y juguetea con el balón en su área. Luego dirá que tuvo miedo de acercarse a preguntar. Para todo el mundo será siempre el villano de Sevilla. El caso es que los franceses, que hasta entonces no habían tenido la iniciativa, le meten una marcha más al partido. Tendrán varias ocasiones, la más clara un remate al larguero de Amorós. Prórroga. En el segundo minuto se adelanta Francia con una volea de Tresor y luego Giresse anota el 1-3. Alemania está desbordada. Todo parece decidido. Pero no. Rummenigge, quien acaba de entrar al campo a la desesperada dado que estaba lesionado, recorta distancia con un escorzo. Descanso. Y en la segunda mitad de la prórroga el rodillo teutón coloca el 3-3 final. En los penaltis todos anotan hasta que Stielike lanza al muñeco. Francia lo vuelve a tener en su mano, pero Schumacher detiene el penalti lanzado por Didier Six. Luego el villano de Sevilla aun pararía otro más. Alemania había alcanzado la final gracias a las paradas de Toni Schumacher, el villano de Sevilla.

Battiston y Platini

3 Argentina 2-1 Inglaterra (cuartos de final Mundial 1986): Sin lugar a dudas el partido del que más se ha escrito en la historia. La literatura sobre este duelo es soberbia, tanto en castellano como en inglés. El contexto era inmejorable. Cuatro años antes los argentinos habían ocupado las Malvinas, un archipiélago insignificante en la costa argentina, pero de soberanía inglesa. En apenas un mes los ingleses barrieron la ocupación sudamericana. La derrota hizo caer a la dictadura militar y en 1983 se celebraron elecciones libres en Argentina. Para 1986 la herida aun sangraba. Y Maradona estaba presente. Maradona era el potrero. El niño sonriente, pícaro, el gambeteador que creía en la ley de la calle. Un cara sucia. Un irrespetuoso del poder. Y no existe más rectitud y más poder que el anglosajón. Así que aquello no era un partido más. El encuentro fueron dos instantes. ¡Qué dos instantes! Valdano no logró controlar un pase y el balón atrás de un defensa inglés iba a ser despejado por Shilton cuando Maradona se levantó de un salto y golpeó el balón con su mano izquierda simulando que le había dado con la cabeza. “Lo hice con la cabeza de Maradona, pero con la mano de Dios”, diría Diego Armando. Seis minutos después el Barrilete Cósmico cogió un balón en el centro del campo, hizo un giro sobre sí mismo y comenzó una carrera prodigiosa con el balón pegado en su pie izquierdo en el que se llevó por delante a cinco defensores ingleses y al arquero Peter Shilton. Fue la esencia del fútbol. El fútbol como juego, como un pasatiempo azaroso en el que gana el más fuerte o el más listo y donde el resultado es imprescindible. La belleza de la trampa y el arte hecho carne. El fútbol de la infancia. Un fútbol que hoy ya no existe…Volvamos al juego. Bobby Robson realizó un par de cambios ofensivos y los ingleses tomaron el control del choque hasta que a diez minutos del final Gary Lineker, un delantero excepcional pulcro y académico antítesis de Maradona, recortaba distancias. Inglaterra siguió presionando y atacando y los argentinos pusieron en marcha otra treta callejera perdiendo tiempo y simulando calambres. Final. 2-1. Maradona daba otro paso hacia el Olimpo. ¡Malvinas argentinas! se cantaba en el vestuario albiceleste tras la victoria.

La mano de Dios

2 Brasil 1-2 Uruguay (final Mundial 1950): La FIFA tuvo la estúpida y terrible idea de suprimir la final del Mundial. En su lugar programó un cuadrangular final con los cuatro semifinalistas en formato de liguilla. Pero quiso el destino que el último partido enfrentase a Brasil y a Uruguay. No era una final, pero se le asemejaba. Si Brasil ganaba o empataba era campeón. A los charrúas sólo les valía la victoria. Más de 200.000 espectadores en Maracaná, cifra jamás igualada en un campo de fútbol. Se habían vendido más de medio millón de camisetas felicitando al campeón brasileño y todos los actos oficiales de celebración estaban programados. Había banda de música en el campo y se habían acuñado monedas con el rostro de los futbolistas brasileños. Jules Rimet, presidente de la FIFA, llevaba en el bolsillo de su americana un papel con un discurso en portugués en honor a Brasil. Antes del partido el embajador uruguayo se acercó al vestuario charrúa y exhortó a sus compatriotas a sufrir una derrota digna. Ese era el panorama. Brasil dominó el choque y a los dos minutos del segundo tiempo se adelantó en el marcador. La explosión de júbilo fue estruendosa. Obdulio Varela, capitán uruguayo, cogió el balón con las manos y se acercó al árbitro a reclamar un fuera de juego del todo inexistente. El negro Varela, un mestizo de madre gallega y padre africano, sabía de sobra que no había sido fuera de juego, pero su intención eran ralentizar al máximo el partido y no volver a poner el balón en el centro del campo hasta que público y jugadores se calmasen. Con inteligencia logró su objetivo y lejos de desmoronarse Uruguay tomó las riendas del encuentro. Un cuarto de hora después un remate de Schiaffino firmaba el 1-1. Con ese resultado Brasil era campeón, pero el miedo recorrió las entrañas de todos los brasileños allí presentes. Paralizados los cariocas, Uruguay empezó a acumular ocasiones hasta que en el minuto 79 un remate de Ghiggia al palo corto del arquero brasileño puso el 1-2 definitivo. Aquello pasaría a ser conocido como Maracanazo. 200.000 presentes lloraban a lágrima viva y Jules Rimet tuvo que darle la copa de campeón a Obdulio Varela a escondidas. Brasil abandonó para siempre su camiseta blanca y la cambió por la verdeamarela. Barbosa, portero brasileño, se acercó, ya anciano, un día de 1993 a presenciar un entrenamiento de la selección brasileña. Se le fue negada la entrada porque creían que les daría mala suerte. “La pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena durante toda mi vida”, declararía a los medios.

Y 200.000 brasileños lloraron

1 Italia 4-3 Alemania (semifinal Mundial 1970): El partido del siglo. Y punto. Alemania (la RFA para ser más exactos) combinaba en su selección la clase, el talento y el esfuerzo de varias generaciones, a pesar de que su Liga no tenía tal poder. Tenía un equipo descomunal línea por línea, empezando por Maier en la portería, Vogts en defensa, Beckenbauer o Overath en el centro del campo y una dupla increíble en punta formada por Uwe Seeler y Gerd ‘Der bomber’ (Torpedo) Müller. En 1970 Italia tenía un equipo fabuloso. Lideraba la defensa el capitán Giacinto Fachetti, y contaban con dos extraordinarios mediapuntas, Sandro Mazzola (ídolo del Inter de Milan) y Gianni Rivera (ídolo del AC Milan). En cualquier otro país ambos podrían jugar juntos. En Italia eso era imposible. Es más, en la punta del ataque estaba Luigi Riva, un delantero con una zurda descomunal, pero que a menudo acababa desesperado ante la ausencia de pases dignos de ser convertidos en gol. El choque fue un partido lleno de giros imprevistos. Un combate extenuante, sembrado de rachas de buen juego, errores clamorosos, lesiones, jugadas polémicas y un esfuerzo descomunal ante un calor abrasador. La fatiga provocó un desenlace en la prórroga que se tornó en inolvidable. Durante la primera parte el encuentro se ajustó al guion previsto. Alemania dominaba y tenía varias ocasiones de peligro, mientras que Italia esperaba agazapada. Fruto de la legendaria paciencia azzurra, al filo del descanso Boninsegna cargó con velocidad y adelantó a Italia en el marcador con un fulgurante disparo desde 30 metros. Inmediatamente los transalpinos se echaron aún más atrás si cabe esperando el fin del encuentro. Recibieron entonces un bombardeo con infinidad de ocasiones desperdiciadas, hasta que en el tiempo de descuento Alemania hizo gala de su fama y Schnellinger marcaba. 1-1. Su primer gol en 47 partidos internacionales. Prórroga. No hay cambios. Ya se habían agotado. 40 grados de temperatura. Beckenbauer juega el tiempo extra con una clavícula rota y brazo en cabestrillo tras ser derribado minutos antes. Es la imagen del partido. En el minuto 95 del choque (5’ de la prórroga), Gerd Müller adelanta a Alemania tras un fallo defensivo transalpino. Los italianos dejaron las precauciones defensivas para otro momento y en tan sólo cuatro minutos firmaban el 2-2. Poco después el cazagoles Riva bajaba el balón dentro del área, se libraba de Schulz con un precioso regate y con un zurdazo cruzado batía a Maier y ponía por delante a Italia. 3-2. Segunda parte de la prórroga. Italia empezó a perder tiempo de forma descarada, en una mezcla de lesiones simuladas y exhausto cansancio. Pero Alemania no estaba muerta. En un saque de esquina Seeler cabecea en primera instancia y luego Müller volvió a anotar. 3-3. En ese momento parecía que el partido iba a acabar en tablas. Ello implicaba otro extenuante partido al cabo de dos días, ya que por aquel entonces no estaba todavía implantado el sistema de penaltis. Sin embargo, en el minuto 116 la elegancia de Rivera surgió cerca del área para, con un precioso disparo con el interior, batir a Sepp Maier. Italia se clasificaba para la final tras un majestuoso partido en el que se anotaron siete goles, cinco de ellos durante la prórroga, tiempo extra al que se había llegado tras un gol alemán en el minuto 93. Colosal. Inolvidable.

Échenle un ojo en Youtube…
…es el partido del siglo

Los mejores partidos de la historia

Los 10 mejores partidos épicos de clubes de todos los tiempos (la primera selección de los 40 mejores encuentros futbolísticos de siempre)

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Los mejores partidos de la historia: Los 10 mejores partidos épicos de clubes de todos los tiempos

El fútbol. Lo más importante de lo menos importante. Dicen que los jóvenes le dan la espalda. Sin salir del teléfono hay cientos de entretenimientos que compiten con el fútbol. Es cierto. Noventa minutos son demasiados para mentes que viven enclaustradas en la inmediatez, para cerebros que son incapaces de prestar atención más allá de sesenta segundos. La letra ha dado paso a la imagen. El oído ha dejado su sitio a la vista. Los nueve minutos de November Rain, los ocho de Stairway to Heaven o los siete de Hey Jude han dejado paso a los menos de 180 segundos de Rosalía, Dua Lipa, Shawn Mendes, Taylor Swift y compañía. Y es cierto. 90 minutos (unos 105 con VAR y pausas de hidratación varias) son muchos. Pero la magia del fútbol es inigualable. Cuando la gente se conecta con un partido no lo hace para entretenerse, sino para emocionarse.

Emoción. En eso el fútbol no tiene parangón. Deporte de reglas simples, dos porterías a lo largo, un juez (el cura), una eira y once personas que no tienen necesidad de mostrar grandes condiciones físicas. Hace apenas dos siglos las relaciones culturales entre individuos se adscribían al ámbito local. ¿Dos siglos? Realmente se podría reducir este periodo hasta hace apenas siete décadas, porque si bien es cierto que la revolución de los transportes benefició el movimiento en la sociedad urbana y capitalista occidental, la inmensa mayoría del orbe (incluida la población campesina y obrera de Europa) seguía relacionándose con sus vecinos y con villas limítrofes. La vida de un ser humano tipo transcurría en el mismo sitio en el que nacía.

Pero fue a inicios del siglo XIX cuando el asentamiento del Estado-Nación desarrolló una organización política basada en la centralización administrativa, fiscal y ejecutiva, fomentando el beneficio del ciudadano y, a su vez, promoviendo la concienciación del mismo con el Estado a través de la educación de masas. El despliegue del sistema posibilitó la difusión de una identidad y cultura nacionales. El fútbol, primero entre aldeas, barrios o villas, y después entre ciudades y naciones, sirvió, y sirve, para exponer las propias identidades y las supuestas fortalezas en una especie de lucha imaginaria.

Para llevar a cabo esta simbiosis, los Estado-Nación hicieron uso de los medios de comunicación. La radio y la televisión (especialmente esta última) se convirtieron en básicos para trasladar los éxitos nacionales a los ciudadanos. Los medios se encargaron de mitificar a los deportistas a través de un discurso épico en el que a menudo se utilizaban adjetivos y comparaciones frecuentes con los hechos gloriosos de la nación y en el que el lenguaje bélico formaba parte de la rutina diaria.

¿Qué implica esto para la sociedad? Todo.

El fútbol se ha dotado de estructuras asociacionistas tan férreas que lo han convertido en la base del sentimiento de pertenencia a una ciudad (club) o a un país (selección nacional). Con el tiempo miles de niños africanos, latinoamericanos o asiáticos se han transformado en futuros futbolistas con educación europea. Sólo el fútbol es capaz de convertir esa invasión en una asimilación. El fútbol es al siglo XX y al XXI lo que las calzadas, los acueductos y las termas eran al siglo I y al II.

Integración sin acueductos

¿Cuántos partidos se han jugado en la historia del futbol? Se tornan al infinito. Anónimos y públicos, soporíferos y espectaculares, bajo lluvia torrencial o soportando una canícula asfixiante, en una mañana siberiana o en un atardecer sudafricano. Unos se han jugado, otros se han vivido, otros se han visto, la gran mayoría se han leído y muchos otros se han imaginado. Y aquí, el que escribe, ha decidido clasificar los más grandes partidos de la historia. Una locura. Una bendita locura. Mas como dijo Edgar Allan Poe, la ciencia todavía no ha demostrado si la locura es o no es la más sublime de la inteligencia.

Para hacer clasificable lo inclasificable he echado manos de otros que elevaron esta locura a una bendita realidad. Son Marca y Panenka (España), So Foot (Francia), Four Four Two (Inglaterra), Freunde (Alemania), Undici (Italia), así como del canal de Youtube de Julio Maldonado, el experto en fútbol internacional conocidos por todos como Maldini. Todos ellos coinciden en un puñado de partidos que no admiten discusión como los más grandes de la historia. Luego ya hay distinciones que van al criterio del escribidor.

Y es que, si en otras ocasiones he manifestado que la objetividad es clave para los criterios de selección, hay que constatar que en esta ocasión es hartamente complicado. Lo es tanto que estoy convencido de que si hiciese esta misma clasificación dentro de un par de años algún que otro partido cambiaría de posición. No tengo ninguna duda. Me ha resultado tan difícil que donde al principio tenía 10 en mente, he tenido que ampliar a 20, más tarde a 30 y finalmente me he quedado en 40. ¡Y los que se han quedado en el tintero!

Las cribas han sido muchas. En primer lugar, sólo he seleccionado encuentros de carácter internacional, bien fuesen de clubes o de selecciones. Así pues, todo choque copero o de competición liguera ha quedado descartado. Es imposible, ¡IMPOSIBLE! poder analizar partidos de ligas de todo el mundo en un periodo de más de 100 años. Es inabarcable en el espacio-tiempo. Así partidos legendarios como el 2-6 del Barça al Madrid en el Bernabéu con Messi ejerciendo de falso ‘9’ queda fuera de la lista. También el 3-2 del City con gol de Agüero en el minuto 93 al QPR que le dio el primer título de la Premier de la historia a los citizens. Queda fuera también el catalogado como el mejor partido de la historia de la liga inglesa en el que el West Bromwich Albion venció por 3-5 al United con una actuación legendaria de Laurie Cunningham. También un Schalke 6-6 Bayern de la copa alemana de 1984, un Reading 5-7 Arsenal de 2012 en Copa de la Liga en el que los gunners perdían 4-0 en el medio tiempo, un Juventus 1-7 AC Milan de 1950 (primer partido televisado de la historia en Italia) o el mítico Valencia CF 6-3 Athletic copero de 1950, en el cual los vascos anotaron un gol salvador en la tercera prórroga para dar por válido el 5-1 de la ida en San Mamés. En la Copa del Rey, que a fin de cuentas es la más conocida por el que escribe, se han vivido momentos inexplicables como la victoria del RC Deportivo ante el Real Madrid (1-2) el día del Centenario del club blanco o una increíble remontada del Barça ante el Atlético en 1997, encuentro en el que los rojiblancos ganaban al descanso por 0-4 con póker de tantos de Milinko Pantic y acabarían perdiendo por 5-4 con triplete de Ronaldo.

En los torneos continentales se ha primado Europa y dentro de Europa la Copa de Europa desde que a mediados de los 90 se aprobase la Ley Bosman. Todo el gran fútbol, el de mayor nivel, el de los mejores jugadores y entrenadores, tiene lugar en el Viejo Continente desde entonces. Y desde que la Copa de Europa pase a renombrarse como Liga de Campeones y se convierta en una competición cerrada de facto, todo lo que tiene que suceder ha de suceder bajo el paraguas de la orejona. Por supuesto se descartan rondas previas y se prima los momentos decisivos de las fases eliminatorias. No obstante, como observaremos, siempre hay excepciones que confirman la regla.

Toda esta vorágine me ha dado para hacer cuatro clasificaciones distintas que explicaré en las siguientes cuatro semanas. Son la siguientes:

Los 10 mejores partidos de clubes épicos de todos los tiempos.

Los 10 mejores partidos de selecciones épicos de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos.

En las siguientes cuatro semanas, en dosis de diez en diez, tendremos los que yo considero (a fecha actual) como los mejores 40 partidos de la historia.

¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Vamos pues con la primera de todas estas clasificaciones:

— LOS 10 MEJORES PARTIDOS DE CLUBES ÉPICOS DE TODOS LOS TIEMPOS —

Tras mucho rebuscar he seleccionado diez partidos épicos. Alguno ha quedado fuera de esta lista con todo el dolor de mi corazón. Otro (el del Dépor) creo que ha entrado en la lista precisamente por mi corazón. La criba final constaba de 18 partidos, por lo que creo justo y necesario nombrar los ocho que han quedado fuera de la clasificación por el bigotillo de un grillo.

Dos de estos encuentros son luctuosos. En 1949 el SL Benfica y el Torino FC (4-3) se enfrentaron en un precioso duelo en Lisboa. Il Grande Torino era entonces el mejor equipo de Europa. Diez de sus once componentes eran titulares en la selección italiana. El avión que los traía de vuelta a Turín se estrelló en una ladera adyacente a la Basílica de Superga acabando con aquel legendario equipo. Igual infortunio sufrió el Manchester United tras empatar (3-3) en Belgrado ante el Estrella Roja en cuartos de la Copa de Europa de 1958. Los ingleses se clasificaron, pero Duncan Edwards y varios de sus compañeros perecieron en un accidente aéreo en Múnich donde hacían escala camino de Inglaterra. Bobby Charlton sobrevivió al destino y presenciaría, ya anciano, en el palco de autoridades otro partido de cuartos de Copa de Europa en este caso de su amado United ante el Real Madrid. Era 2003 y el United ganó 4-3, aunque cayó eliminado. Eso es lo de menos. Aquel día Ronaldo Nazario salió ovacionado de Old Trafford tras anotar tres tantos descomunales. El primero un remate de pantera a la cepa del poste, el segundo un pase a la red tras asistencia y jugadón de Roberto Carlos y el último un zapatazo desde fuera del área por toda la escuadra.

Desconocido para cualquier aficionado al fútbol, salvo que sea alemán, es lo sucedido en un, en principio, anodino partido de cuartos de Recopa de 1986 entre el Bayer Uerdingen (RFA) y el Dinamo Dresde (RDA). El choque se convirtió en épico tras el 2-0 de la ida. En la vuelta el Dresde ganaba 1-3 al descanso sumando una ventaja global de 5-1 a su favor a falta de 45 minutos. En la segunda parte el Uerdigen anotó cinco tantos para llevarse el partido por 7-3. El último gol fue en el minuto 87. Les habían sobrado tres minutos y un gol para levantar la eliminatoria en apenas media parte.

Los otros cuatro choques que se han quedado fuera de la lista cuentan con representación española. En 2004 el campo de Mestalla era una caldera con el objetivo de remontar el 2-0 que el Sevilla FC le había infringido al Valencia CF en semifinales de la Europa League. Un torrente de fútbol ché puso el 3-0 en el marcador, pero en el minuto 94 M’Bia entró con cuerpo y alma en el área valencianista y ponía de cabeza el 3-1 final que clasificaba al Sevilla rumbo al primero de tres títulos consecutivos. Otro fue el 2-3 del Athletic ante el United en Old Trafford en octavos de la Europa League de 2012. Ese fue quizás la obra maestra de una temporada espectacular de los bilbaínos con un despliegue físico y ofensivo promovido por Marcelo Bielsa que convirtió al Athletic en el mejor equipo del mundo durante unos meses, el tiempo que les duró la gasolina. Luego tenemos al Madrid como protagonista. Semifinales de la Copa de Europa de 2024. El último milagro. El eterno milagro blanco. Real Madrid-FC Bayern. Los alemanes dominaron en la primera parte, pero, en pleno vendaval blanco en la segunda, el Bayern se adelantaba por 0-1. Entró Joselu, un delantero con pasado en el Alavés y que el año anterior había descendido con el Espanyol. En el 88 anotaba tras fallo inexplicable de Neuer y en el 91 el éxtasis llegaba al Bernabéu con gol del delantero gallego. El Madrid gana 2-1 y se clasifica para jugar y, por supuesto, ganar su decimoquinta Copa de Europa.

El último de los choques, y no por ello menos importante, es el más reciente. Se trata de la victoria por 4-3 del Inter ante el Barça en las semifinales de la Copa de Europa de 2025, choque que a su vez venía precedido de un 3-3 en el partido de ida. Los catalanes apenas estuvieron cinco minutos por delante en toda la eliminatoria, a pesar de mostrar un excelso juego ofensivo coronado por una exhibición de Lamine Yamal jamás vista en un menor de edad desde los tiempos de Pelé. Con todo, el Inter tiró de fortaleza y resiliencia para remontar un 2-3 (tras empezar ganando 2-0) y vencer gracias al coraje de Lautaro Martínez, un empate cuando el partido agonizaba de Acerbi y un tanto en el descuento del suplente Davide Frattesi.

Thriller en el Giuseppe Meazza

Como es fácil de observar el Real Madrid es protagonista de los partidos que han quedado a las puertas de entrar en esta clasificación. También lo es de los partidos que han entrado en dicha clasificación. Cinco de los diez elegidos contarán con sello blanco. No es más que lo normal ante el equipo con más títulos europeos y, quizás, también el equipo cuyos títulos más han emocionado a propios y a extraños. No olvidemos que el fútbol al final va de eso. De emocionarse.

Allá van pues los 10 partidos de clubes emocionantes por antonomasia. Diez obras maestras del fútbol. Diez momentos épicos en la historia del rey de los deportes.

10 RC Deportivo 4-0 AC Milan (cuartos de final Copa de Europa 2004): El AC Milan era el vigente campeón europeo y el mejor conjunto del planeta. Cafú, Maldini, Gattuso, Pirlo, Kaká, Seedorf, Shevchenko o Rui Costa con Carlo Ancelotti en el banquillo. Al Dépor le había metido ¡8! el AS Mónaco en la fase de grupos. Habían tenido que vender a Makaay, Manuel Pablo se había roto la tibia, Naybet y Djalminha (que ya no jugaba nada) tenían 34 años, Fran 35 castañas y Mauro Silva ya contaba con 36. En la ida Kaká baila al Dépor y los italianos ganan por 4-1. La vuelta en Coruña tenía que ser un trámite. En casi medio siglo de Copa de Europa nadie ha remontado tres goles en una eliminatoria. Riazor se llenó. Siempre se llena, pase lo que pase. A los cinco minutos Pandiani anota a la media vuelta y veinte minutos después Juan Carlos Valerón marca el que probablemente fuese el primer gol de cabeza de su vida. Con el estadio enloquecido, Albert Luque colocaba un balón en la escuadra derecha de Dida. Con el 3-0 y la eliminatoria levantada, los once colosos blanquiazules marcharon al vestuario galopando. Paolo Maldini se preguntaría después si no estarían dopados. No lo estaban. Simplemente sabían que el trabajo no estaba hecho. En la segunda parte Fran, el eterno capitán, firmaba el 4-0 en un acto de justicia poética. Después sí, después tocó aguantar unos minutos finales de embestida a la italiana. Aquel 4-0 se convirtió en la mayor remontada nunca antes vista en la Copa de Europa. Con el tiempo fue superada. Pero lo que tardará mucho en superarse es que sea el pequeño el que le dé la vuelta a la tortilla y machaque al grande.

Milagro gallego

9 Real Madrid 4-1 Atlético (final Copa de Europa 2014): Desde que Diego Pablo Simeone regresara al Calderón para agarrar la camiseta atlética por el escudo su objetivo ha sido el de llevar al Atlético a las cotas más altas. Y lo hizo. Final de la Copa de Europa. ¿El rival? El más deseado. El Real Madrid. No había favorito. Aquel año el Atlético ganó la Liga. No perdió en los dos duelos ante los merengues. Aquel año el Madrid ganó la Copa. Masacró al Atlético en semifinales. En otras semis, en las de la Copa de Europa, el Madrid había destrozado al Bayern. El Atleti había hecho lo propio ante el Chelsea. Un cabezazo de Godín tras fallo en la salida de Casillas puso por delante al Atlético bien avanzada la primera mitad. Simeone mando entonces a sus pretorianos levantar una muralla. Courtois, Juanfran, Godín, Miranda y Filipe Luis. El Madrid tuvo el dominio, el control y las ocasiones, pero el Atlético tiró de épica y se defendió como gato panza arriba. Los colchoneros ya agarraban la copa por un asa cuando, tras un lanzamiento de un córner, un impecable remate de cabeza de Ramos al palo largo de Courtois (aún no se había ido al lado bueno de la historia) ponía el 1-1 en el minuto 93. Prórroga. Ahí la superioridad blanca fue total. El Atlético estaba fundido física y mentalmente. Aún aguantarían hasta la segunda parte de la prórroga cuando un gol de Bale tras un rechace, una galopada de Marcelo y un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, ponían el 4-1 final en el marcador y le daban la décima Copa de Europa al Real Madrid tras doce años de sequía.

Ramos en el 93…

8 Real Madrid 3-0 Internazionale (semifinal Copa de la UEFA 1985): El primer milagro madridista ocurrió en los 70 con remontada al Derby County, pero la eclosión de la mística del Bernabéu es cosa de los 80. Antes, en época de Di Stéfano, el Madrid ganaba por aplastamiento. La década de los ochenta fue otra cosa. Se naufragaba fuera de casa y se remontaba en la Castellana ya fuese al Anderlecht (6-1) o al Gladbach (4-0). Fue cuando Jorge Valdano acuñó aquello del miedo escénico. La madre de todas las remontadas tuvo lugar ante el Inter. En San Siro se cae por 2-0 y a Juanito le meten el micro en la boca nada más acabar el partido para, con una sonrisa de oreja a oreja, soltar aquello de “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. Juanito, ya en su recta final, había sido suplente. En la vuelta será titular. Butragueño es baja por lesión. Pero eso no había sido lo peor. Amancio, técnico blanco, había pillado tras la derrota a Juanito y a Lozano con dos señoritas italianas. A Lozano lo echarán ese verano, pero Juanito es mucho Juanito. Las vacas sagradas le hacen la cama a Amancio y Luis Molowny es el nuevo entrenador. En medio de un incendio de críticas Juanito y Santillana toman las riendas. El cántabro anota al poco de iniciar y luego, con uno de sus eternos cabezazos, pone el 2-0. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! El Inter no se rinde y cuenta con un par de ocasiones, pero el Madrid camina con paso firme a por su primer título de Copa de la UEFA.

El miedo escénico

7 Nottingham Forest 3-3 FC Colonia (semifinal Copa de Europa 1979): El Nottingham Forest tenía dos cosas. La primera que le gustaba la posesión y el toque, algo más que destacable en el jurásico fútbol inglés. La segunda que estaba entrenado por Brian Clough, un técnico de esos que no dudarían en ir a la guerra frente a un ejército, aunque apenas tuviese un cuchillo entre las manos. Camino de su primera Copa de Europa toca el FC Colonia. Toni Schumacher, Bernd Schuster, Pierre Littbarski y Dieter Müller. Los teutones son archifavoritos. Se adelantó el Colonia con un rápido 0-2. Acortó el Forest antes del descanso. Por entonces los 22 protagonistas ya tenían el cuerpo lleno de barro ante el diluvio que había convertido el césped del añoso City Ground en un patatal. Aun así, los dos equipos salieron tras el descanso con la firme idea de sacar el balón jugado desde atrás. Aquel esfuerzo ofensivo y de bella plasticidad se completaría con cuatro goles más. El Forest remontó con dos zarpazos, hasta que el Colonia puso el 3-3 definitivo con un tanto de Yasuhiko Okudera que se convertirá en el primer asiático en meter un gol en competición europea. En la vuelta, en otro partido desbravado, el Forest ganará por 0-1 gracias a las increíbles paradas de Peter Shilton ante la acometida germana liderada por Kevin Keegan.

Bailando en un patatal

6 Benfica 5-3 Real Madrid (final Copa de Europa 1962): El Madrid había ganado cinco Copas de Europa consecutivas antes de que el Benfica saliese campeón. Fue en 1961. El Madrid había caído en octavos con polémica arbitral por lo que, a ojos de todos, seguía siendo el campeón moral. Así que la final de 1962 era el momento de saber si había nuevo rey de Europa. Madrid vs Benfica. Di Stéfano vs Eusebio. Fue precioso. El Madrid salió mandón y a los veinte minutos gobernaba el partido gracias a dos zarpazos de Ferenc Puskás. El Benfica se rehízo y empató en un abrir y cerrar de ojos antes de que Puskás anotase su tercer tanto y llevase el partido al descanso con un impresionante 3-2 a favor del Real Madrid. La segunda parte fue otra historia. El Benfica apretó físicamente a un Madrid entrado en años y le metió una marcha más al partido. Coluna empató el partido y luego Eusebio puso el 4-3 para los portugueses. Quedaba algo menos de media hora para el final y el Madrid buscó el empate. Con espacios, emergió la pantera. Eusebio marcaría un golazo para el 5-3 y fallará alguna que otra ocasión más. Y no fueron los goles. Fue demostrar que era el elegido. El hombre que iba a suplir en el trono a Alfredo Di Stéfano.

El asalto al trono de Eusebio

5 FC Barcelona 1-0 Internazionale (semifinal Copa de Europa 2010): La única victoria de esta lista que se tornó en derrota. O la única derrota que se tornó en victoria. Un ejercicio defensivo mayúsculo. Una oda al trabajo de equipo y a la demostración de como un capitán es capaz de llevar un barco perdido a buen puerto. En la ida el Inter había ganado por 3-1. En la vuelta tocaba aguantar. Era el Barça el mejor equipo del mundo. Era, y sigue siendo, el equipo con mayor capacidad asociativa que jamás se ha visto. A los 28 minutos de partido expulsan a Thiago Motta. El Inter queda con 10 hombres. Es cuestión de tiempo que el Inter caiga. Pero no. El goleador Samuel Eto’o pasa a convertirse en lateral derecho y el ejercicio defensivo italiano es excepcional. El Barça acaba el partido con un 76% de posesión, pero apenas conseguirá lanzar en cuatro ocasiones entre los tres palos. Una de ellas, a falta de seis minutos para el final, terminará en gol y en una victoria insuficiente. El achique de espacios y la solidaridad defensiva del conjunto dirigido por Mourinho rozará la perfección. La formación 4-6-0 fue un castillo edificado por Mou que Guardiola no supo asaltar. Pocas veces se ha visto a un equipo de élite defender tan atrás. Y pocas veces se ha visto a un equipo de élite tan entregado, solidario y sacrificado por el bien común. En la ida, por cierto, el Barça había tenido la posesión, pero el Inter había atacado mucho y bien. Pocos recuerdan que el 2-1 fue obra de Maicon (lateral derecho) en un contraataque en el que acabó chutando en el área pequeña rival. La pena de Mourinho es que acabó cegado por aquel éxito defensivo y se olvidó de lo que era jugar con balón.

Perfecto ejercicio de supervivencia

4 Liverpool 5-4 Alavés (final Copa de la UEFA 2001): Javi Moreno fue máximo goleador de Segunda B con el Córdoba CF. Ese era su nivel. Pero antes de eso compartió equipo con Maldini, Costacurta, Redondo, Pirlo, Shevchenko o Inzaghi. Y es que a Javi Moreno lo fichó el gran AC Milan. Y todo fue por aquella final. Aquella bendita final. Que el Alavés echase al Inter o que le metiese cinco al Kaiserlautern parecía machada más que suficiente. Y lo cierto es que el Liverpool FC de unos imberbes Owen y Gerrard se puso 2-0 arriba a los veinte minutos. Mané, aquel padre-entrenador de barriga y bigote, decide entonces sustituir a uno de sus tres centrales y meter a un delantero centro. Iván Alonso, que así se llamaba el ariete, acorta distancias, pero los ingleses aprietan y ponen el 3-1. Descanso. A la vuelta dos zarpazos de Javi Moreno ponen el 3-3 y le aseguran el contrato de su vida, hasta que Robbie Fowler vuelve a adelantar a los reds y sitúa el 4-3. El asunto parecía acabado, pero un cabezazo de Jordi Cruyff en el último minuto pone el 4-4 y lleva el partido a la prórroga. En el primer aliento del tiempo suplementario el Alavés se quedó con nueve. Por entonces toda Europa se había hecho vitoriana y soñaba con la victoria de David ante Goliat. Cuando los penaltis asomaban tras una esquina, un gol en propia puerta le daba el triunfo a un Liverpool sediento de triunfos. Para los reds fue su primer título europeo en cerca de dos décadas, para Michael Owen un Balón de Oro y para Javi Moreno y el Alavés el momento más feliz de sus vidas.

Gloria red

3 Real Madrid 3-1 Manchester City (semifinal Copa de Europa 2022): Son tantas y tantas las remontadas del Real Madrid en la Copa de Europa que es difícil escoger una por encima de las demás. Pero lo sucedido en 2022 roza lo paranormal. Personalidad, fe, calidad y alma. Y fútbol. A veces se olvida con tanto milagro que el Madrid domina los tiempos. Y eso es fútbol. La primera parte se jugó a ver quién cometía menos errores, al contrario que el partido a campo abierto de la ida que acabó con 4-3 a favor de los ingleses. Hubo ocasiones, eso sí. Courtois emuló a dios a tiro de Bernardo Silva y volvió a hacer lo mismo a remate de Gabriel Jesús. En el Madrid era Vinicius el que perdonaba lo imperdonable. El choque fue abriéndose poco a poco hasta que un zurdazo de Mahrez en el 73’ ponía un 0-1 imposible de levantar. ¿He dicho imposible? El Madrid ya había levantado un 1-0 del PSG (3-1 en el Bernabéu tras ir cayendo 0-1 al descanso) e igualado un 0-3 de un Chelsea que ganaba en el 75’ en la casa blanca (en la ida el Madrid había vencido 1-3 en Londres) y tocaba nueva hazaña. Grealish tuvo dos ocasiones clarísimas para sentenciar, pero falló para desesperación de Guardiola. Con el Madrid volcado sucedió lo inexplicable. Rodrygo remachó un pase de Benzema y luego culminó de cabeza una asistencia de Carvajal. Era el minuto 90 y el minuto 91 de partido. En la prórroga el Madrid volaba y Benzema anotaba de penalti tras un par de acometidas sin éxito. Tuvo el City una más que Courtois atajó dando el enésimo pase blanco a una final europea.

Rodrygo ‘Goles’

2 Liverpool 3-3 AC Milan (final Copa de Europa 2005): El AC Milan era favorito. Muy favorito. Y cumplió el pronóstico con creces. Al minuto de juego Paolo Maldini adelantaba a los rossoneros. Pirlo se hizo dueño del medio campo y Kaká barría hacia la mediapunta para que Cafú corriese la banda una y otra vez. El dominio italiano se certificó con dos goles de Hernán Crespo antes del descanso que ponía la final con un claro 3-0. Camino del vestuario, los más de 25.000 seguidores del Liverpool presentes en Estambul entonaban el You’ll never walk alone, himno oficioso de los reds. La sinfonía duró los quince minutos del tiempo de asueto para sorpresa y orgullo de Steven Gerrard y el resto de los chicos de Rafa Benítez. En seis minutos inolvidables, los que van del 54 al 60 de partido, Gerrard, Smicer y Xabi Alonso empataban el encuentro. El tanto de Alonso se originó tras un rechace de un penalti que él mismo había fallado. Entonces el Liverpool pecó de timorato y no tumbó a un Milan completamente grogui. Con una marcha menos, el encuentro se dirigió a una prórroga en donde el Milan decidió ir con todo a por el encuentro. Finalizando la segunda mitad del tiempo extra Shevchenko tuvo dos ocasiones clamorosas que acabaron en el limbo. Tocaba penaltis. Luego Ancelotti, entrenador italiano, confesaría que tras mirar a los ojos a sus jugadores ya contaba con perder el partido. Dudek hizo el resto. Emulando el legendario baile de Bruce Grobbelaar en la final de 1984, Jerzy Dudek se marcó un pasodoble, una bachata y una salsa para que tres rossoneros fallasen sus penaltis y le diesen al Liverpool la que entonces era su quinta Copa de Europa.

El baile de Dudek

1 Manchester United 2-1 Bayern (final Copa de Europa 1999): El United no contaba ni con Keane ni con Scholes por sanción. A los seis minutos Mario Basler anotaba el gol del Bayern. A partir de ahí los alemanes se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. El marco era incomparable. Un Camp Nou a reventar y Pierluigi Collina, el dios de los árbitros, silbato en boca. El partido no acompañaba a lo esperado. Tocaba descanso. A mitad de la segunda parte el United decide venirse arriba y el Bayern pasa a tener varias ocasiones al contraataque. Effenberg lanza una volea que detiene Schmeichel. Scholl lanza una vaselina que da en el larguero tras pase de Basler. El United toca y toca, pero no obtiene respuesta. A falta de diez minutos del final Lothar Matthäus es sustituido. Tiene 38 años, un Mundial, una Eurocopa y un Balón de Oro. Le falta la Copa de Europa. Justo un minuto después el United realizaba su segundo cambio al entrar Ole Solskjaer en lugar de Andy Cole. En el 85’ Jancker remata de cabeza al larguero. Está más cerca el 2-0 alemán que el 1-1. Pero no. Los dioses del fútbol tienen otros planes. En el 91’ Beckham bota un córner que es rechazado por la defensa teutona, Giggs remata a contrapié y el balón es desviado con la testa por Sheringham quien empata el partido. Alex Ferguson (entonces aun no es Sir) ni se lo cree. Habrá prórroga. Pero dos minutos después hay nuevo córner. Beckham lanza otra banana desde la esquina, Sheringham remata de cabeza y ahora es Solskjær el que pone el pie para batir a Oliver Kahn. El United gana 2-1. Dos goles en el descuento. Collina trata de levantar a los futbolistas del Bayern del suelo para continuar el partido. Matthäus llora en el banquillo y Kuffour es un mar de lágrimas dentro del área de castigo del Bayern, en el mismo lugar en el que Sheringham y Solskjaer acaban de obrar el milagro más prodigioso de la historia de las finales. No sé sabe bien cómo el partido se reanudó lo justo para que los futbolistas teutones mandasen el balón de una patada a los infiernos y Ferguson se convirtiese en Sir y llevase a los Diablos Rojos a la conquista de su segunda Copa de Europa.

120 segundos milagrosos en el Camp Nou

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La mantita de Franco

Antes de que chinos, estadounidenses y árabes abrieran mercados igual de golosos que irrechazables para los codiciosos clubes europeos, las pretemporadas tenían lugar sin lujosos vuelos privados ni actos promocionales de dimensiones colosales. Se jugaban unos cuantos partidos amistosos en varios centenares de kilómetros a la redonda y de vez en cuando se traspasaban fronteras para disputar un encuentro internacional. Célebres eran los duelos entre conjuntos latinoamericanos frente a europeos, choques que llamaban la atención por su exotismo y que a menudo servían para que algún jugador iberoamericano firmase un suculento contrato y se quedase a jugar en Europa.

El súmmum del futbol veraniego tenía lugar en España. Concretamente en dos ciudades que distan 1.000 kilómetros de distancia pero que se asemejan tanto en su fisionomía ligada al mar y al viento, sus profundas raíces liberales y hasta en su defensa contra el invasor inglés. Donde Coruña y Cádiz no se asemejan es en el clima, lluvioso en la villa gallega y soleado en la urbe andaluza. El caso es que en el mes de agosto ambas ciudades hospedaban durante un par de días a alguno de los mejores clubes del mundo bajo el auspicio del Trofeo Teresa Herrera en el caso de los primeros y del Trofeo Ramón de Carranza en el caso de los segundos.

La sana rivalidad entre ambos siempre existió. El Teresa Herrera se vanagloriaba de ser el decano. El trofeo Teresa Herrera fue creado en 1946 bajo el amparo del ayuntamiento de la ciudad para recaudar dinero en beneficencia para los hospitales herculinos. Su nombre proviene de una coruñesa del siglo XVIII que al fallecer donó todos sus bienes y patrimonio para construir el primer hospital moderno de Coruña. No será hasta la mitad de la década de 1980 cuando con el asentamiento y profundización del Sistema Nacional de Salud el trofeo deje de cumplir con esta labor.

Si el Teresa Herrera era la tradición, el Ramón de Carranza era la innovación. Su creación es menos loable. Simplemente fue fundado para obtener ingresos extras ante la construcción de un nuevo estadio en la ciudad gaditana. El Carranza (alcalde de Cádiz en época franquista y curiosamente nacido cerca de Coruña) fue creado en 1955 y pronto destacó por sus innovaciones. Si el Teresa Herrera era un duelo entre dos, el Carranza era cuadrangular. Si el Teresa Herrera se jugaba por la tarde, el Carranza se alargaba hasta la noche gracias a la luz artificial. Y si en el Teresa Herrera había prórroga, en el Carranza se lanzaban penaltis. Fueron los lanzamientos desde los once metros lo que hicieron del Carranza un icono universal. En 1962 el periodista Rafael Ballester introdujo una rompedora propuesta que en menos de una década ya formaba parte del librillo de normas de la FIFA.

En ese momento el Carranza estaba por encima del Teresa Herrera. Luego ya no. En Coruña el cartel solía ser más prestigioso. Por allí pasarían hasta quince diferentes ganadores del Balón de Oro, desde Eusebio o Luis Suárez hasta Cristiano Ronaldo o Kaká pasando por Beckenbauer, Cruyff y otras estrellas que no lo fueron caso de Kubala, Bergkamp o Roberto Rivelino. También, obvio, los Amancio, Bebeto o Mauro Silva con la camiseta del RC Deportivo. Ocurre que lo más excepcional fue el Teresa Herrera de 1959 que enfrentó al Botafogo contra el Santos. Hasta siete campeones del mundo sobre el campo (seis de ellos titulares en el Brasil campeón de 1958) liderados por Garrincha en caso del Botafogo y de Pelé en las filas del Santos. O Rei metió un gol y agasajó con varias asistencias en la victoria de los paulistas por 4-1. El encuentro fue un acontecimiento con eco por media Europa y se dice que hasta 46.000 coruñeses se apiñaron en un estadio donde apenas cabían 35.000 almas.

Pelé y compañía en Coruña

Y aun así, con todo, el Carranza insuflaba una modernidad de la que carecía el Teresa Herrera. Así que el Comité Organizador herculino le da una vuelta de tuerca al torneo. El formato se convierte en cuadrangular de forma definitiva permitiendo tres partidos a lo largo de un fin de semana. Dichos encuentros pasan a jugarse al anochecer y se traslada a inicios de agosto, coincidiendo con las fiestas de María Pita, los actos futboleros. Esta decisión es trascendental dado que hasta entonces el Teresa Herrera solía celebrarse el 29 de junio, día de San Pedro. Al llevarlo a la primera semana de agosto se asegura que los grandes equipos que están en pretemporada puedan acudir, se le da un apoyo extra a una climatología siempre dificultosa en la ventosa y lluviosa Coruña y se asegura la presencia de veraneantes. La gran mayoría de ellos son madrileños, hecho que hará que en los 70 y los 80 a Riazor se le conozca como el Pequeño Bernabéu. Por último, y no por ello menos importante, se establece como trofeo oficial una espectacular Torre de Hércules hecha completamente de plata que sustituye a la copa que se daba cuando el torneo se puso en marcha en 1946.

Para 1973 toma las riendas de la organización del torneo un nuevo equipo liderado por el concejal Manuel Gila y por Felipe Poncet, responsable de las instalaciones deportivas de la ciudad. La primera decisión que toman es vender abonos para el torneo buscando una recompensa económica y dejando a un lado el carácter benéfico del torneo. El caso es que para ese primer año de la nueva era se contrata al Atlético de Madrid y al Ajax de Johan Cruyff, que en la anterior primavera se había proclamado campeón europeo por tercer año consecutivo. En palabras de Gila hubo entonces que buscar a dos equipos “barateiros”, dado que los holandeses se habían llevado por delante más de la mitad del presupuesto. Se optó por dos equipos del Telón de Acero; el Spartak Trnava, campeón checoslovaco, y el Ujpest Dozsa, campeón húngaro. El Atlético se enfrentaría al Ujpest y el Ajax al Spartak Trnava, a la espera de una esperada final entre españoles y tulipanes.

El caso es que a diez minutos del inicio del torneo Manuel Gila recibe una llamada procedente de la Federación Española de Fútbol. Se le comunica que no pueden participar dos clubes comunistas en el torneo, por lo que el Teresa Herrera queda cancelado. Gila colgó el teléfono y sopesó las posibilidades. Tanto Athletic como Barça tenían esas fechas ocupadas. El Real Madrid saldría demasiado caro y el RC Celta no sería aceptado por el público herculino. La opción lógica sería el RC Deportivo, pero los blanquiazules acababan de descender a Tercera División. Sería infumable. Fue entonces cuando Gila se acordó de que un concejal del ayuntamiento, de apellido Guimaraens, jugaba al golf con el Generalísimo.

El Generalísimo Franco. El hombre del que ahora se cumple medio siglo de su fallecimiento.

Francisco Franco veraneaba en Meirás, a escasos kilómetros de A Coruña. Así que Guimaraens departió con el dictador entre hoyo y hoyo hasta que el Generalísimo dio su brazo a torcer. No sólo eso, consiguió el compromiso de Franco a acudir a presenciar la final del Teresa Herrera de 1973. Cabe señalar que a Francisco Franco nunca le gustó el fútbol, a pesar de que la leyenda siempre lo ha vinculado a los éxitos en blanco y negro del Madrid. Y cumple indicar, para los neonatos en historia contemporánea, que Francisco Franco era entonces un anciano de 81 años aquejado de párkinson, con fallos renales crónicos y que apenas un par de meses antes había dado plenos poderes al Almirante Carrero Blanco para continuar con una obra que él ya no era capaz de supervisar ni física ni psicológicamente. Así pues, parece fácil comprender que no le costase demasiado a Guimaraens el convencer a Franco.

Carmen Polo y Franco en Meirás

Total, que nos vamos al 3 de agosto y el Atlético de Madrid hace buenos los pronósticos y derrota al Ujpest por 4-2. Luego tendrá lugar la que es considerada la mejor semifinal en la historia del Teresa Herrera. En el minuto 60 el Ajax vence con suficiencia por 3-0 al Spartak Trnava con dos tantos de Johan Cruyff. En ese momento los tulipanes desconectaron totalmente del partido. A base de fuerza física e incursiones de sus extremos, los checoslovacos anotaron un repóker de goles en media hora para llevarse el triunfo en un sorprendente 3-5. El triunfo fue celebrado en las calles de la pequeña ciudad eslovaca de Trnava como si de un título se tratase. Cruyff, sustituido antes del final, ya estaba cuando se consumó la derrota duchado y camino del Hotel Atlántico. Estaba a otras cosas. Aquel fin de semana coruñés el reservado del Hotel Atlántico fue el testigo silencioso del acuerdo entre el señor Carabén y el señor Van Praag para cerrar el traspaso de El Flaco al FC Barcelona.

Pero esa es otra historia.

Para el 5 de agosto el Atlético de Madrid recibe al Spartak Trnava en la final del XXVIII Teresa Herrera. Francisco Franco y su mujer Carmen Polo presiden el palco de autoridades. Es una tarde de verano fresca en Coruña en la que vagamente se alcanzan los veinte grados. Carmen Polo acude de blanco y Francisco Franco con traje y corbata. El público va de manga corta en su mayoría, aunque todos llevan chaqueta a sabiendas que hará falta con el trascurrir del tiempo. El primer contratiempo tiene lugar antes de que se inicie el encuentro. Nadie contaba con que el Trnava jugase la final, así que no hay partitura del himno checoslovaco. Al director de la orquesta municipal coruñesa se le ocurre pedirle a parte de los jugadores del Spartka que tarareen el himno a capela. El avispado director de orquesta, de nombre Rogelio Groba, toma unos apuntes a mano de las notas y gracias a ello el himno checoslovaco puede sonar tras el español en honor al Atlético de Madrid.

Teresa Herrera 1973

Comenzó luego el partido. La primera parte finalizó sin goles, pero justo tras el descanso Javier Irureta, décadas más tarde entrenador victorioso con el RC Deportivo, adelantaba a los colchoneros. Poco después el Spartak empata el choque que finalizaría así tras 90 minutos. Habría entonces prórroga, dado que los penaltis seguían sin implantarse en el Teresa Herrera. Tras otra media hora de disputa, y 120 minutos en total, tocaba nueva prórroga. El reglamento de la competición establecía que tras la tercera prórroga el equipo que anotase un tanto se proclamaría campeón…una vez se disputasen todas las prórrogas que hiciesen falta.

Por entonces en Riazor hacía frío. Bastante frío. La niebla veraniega hacía su efecto. Es habitual que tras un día soleado la brisa marina haga su entrada por la bahía coruñesa a golpe de nubes bajas y un pequeño orballo. La de aquel día era espesa. Y Franco tenía frío.

El Generalísimo quería coger el coche y marcharse a su casa de Meirás.

Carmen Polo solicitó una mantIta para tapar las piernas de su marido.

No había manta.

Todos los presentes en el palco de autoridades preguntaban por una mantita. No la había. Una de las pocas mujeres presentes en el palco se mostró solicita para prestarle su chal al Generalísimo. Casi la matan con la mirada. Era Carmen Polo la que había pedido la mantita. Franco no podía mostrar ese momento de debilidad.

Como para aceptar un chal procedente de una mujer….

José Pérez Ardá, alcalde de A Coruña, propuso a un policía salir del estadio, cruzar la calle y llamar puerta por puerta hasta que alguien les dejase una manta en condiciones para cubrir las piernas del Caudillo. Pero no iba a dar tiempo. Carmen Polo, temida por todas las joyerías de España por asaltar sus mostradores a coste gratuito, arqueó las cejas y levantó la mano para comentarle algo al secretario personal del Generalísimo. Éste asintió con la cabeza y se acercó a hablar con Manuel Gila.

Había que acabar inmediatamente con el partido. Que se tiren unos penaltis y que Franco pueda marcharse cuanto antes.

Cuando Manuel Gila se levantaba de su asiento para acatar las órdenes, José Eulogio Gárate se adentró en el área checoslovaca y anotaba el tanto de la victoria atlética pasado el minuto 135 de encuentro.

Luis Aragonés, capitán colchonero, recibió con ayuda la gigantesca Torre de Hércules de 40 kilos de oro y plata de manos de un Francisco Franco que necesitó manos y manos de ayuda (normal, por otra parte) para dársela.

Y ya pudo entonces meterse en el coche oficial y volver a su palacio veraniego de Meirás.

Donde suponemos que dormiría arropado por un cálida y preciosa mantita.

Otras historias de Francisco Franco

Del final de las botellas al Caso Guruceta (duelo Madrid-Barça en dos mitades en pleno Franquismo)

Entrevista a Franco (un tete à tete con el Generalísimo)

El último partido de la República (cuando España jugó su último partido internacional antes de la Guerra Civil)

Franco ha muerto (los días previos y posteriores en la España deportiva del 20 de noviembre de 1975)

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Cuando el primer caso de dopaje conocido

Cuando en 1896 se ponen en marcha los Juegos Olímpicos lo hacen con una prueba de nuevo cuño. De viejo cuño eran cinco. Tiro, esgrima, lucha, gimnasia y atletismo. Tal y como habían sido concebidos los Juegos en la Antigua Grecia. Dentro de la disciplina del atletismo, a los nuevos griegos se les ocurrió crear una prueba que tenía un cóctel que empezaba por lo mitológico, se barnizaba de histórico y contaba con tintes nacionalistas. Se trató de una carrera de 42 kilómetros bautizada con el nombre de Maratón, en honor a la batalla de dicho nombre en la que una coalición de fuerzas helenas venció a los invasores persas en el año 490 a.C.

Su origen se basa en la historia sobre el soldado griego Filípides, quien murió de un infarto provocado por la fatiga de haber corrido los aproximadamente 42 kilómetros desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. En realidad, Filípides recorrió el camino hasta Atenas, donde descansó, y luego retomó la marcha hasta Esparta para pedir refuerzos, sumando otros 200 kilómetros al asunto. Dicha carrera, de un total de 246 kilómetros, también se realiza anualmente bajo el nombre de Spartathlon, aunque afortunadamente nadie ha tenido la osadía de incorporarla al programa olímpico.

El caso es que nunca antes se habían corrido 42 kilómetros en una prueba cronometrada. La primera vez tendría lugar en los aclamados Juegos de 1896. El coronel Papadiamantopoulos, cual Filípides a caballo, dio la noticia de que un griego iba en cabeza. Se trataba de Spiridon Louis, quien se proclamó el primer campeón olímpico de maratón tras casi tres horas de carrera, un tercio más de lo que lleva en la actualidad. De profesión aguador, en una Atenas que entonces no contaba con agua corriente, Spiridon Louis recibió como regalo por parte del rey de Grecia una mula y un carro para poder facilitar su trabajo. Con el tiempo, Louis conseguiría una plaza como policía y se le regalarán servicios como peluquería o zapatos gratis de por vida en mérito a lo conseguido.

Spiridon. El primer maratoniano

Y es que Spiridon Louis se convirtió en leyenda. Inmediatamente fue percibido que el espectador se embobaba a partes iguales por saber quién era el campeón de los 100 metros lisos y el vencedor en el maratón. El más rápido sobre la faz de la tierra y también el más resistente.

Para el año 1900 se clasificaron 19 valientes de cinco países distintos para disputar la maratón de los Juegos de París. El recorrido partía del Palacio de Versalles para finalizar en la antigua Lutecia, en un trayecto que más tarde repetirá varias veces el Tour de Francia para su contrarreloj final. Sucedió que como hacía un calor infernal se cambió el trazado el día anterior para recorrer en varias vueltas el Bois de Boulogne. Aquello no gustó. Hubo que descalificar a un francés que conocía el parque e hizo trampas saltándose varios tramos. A un estadounidense lo atropelló una bicicleta de un transeúnte, dado que la organización se había olvidado de acotar el bosque y avisar a la gendarmería para evitar la entrada de los lugareños. El ganador fue un tal Newton, también norteamericano, quien siguió corriendo una vez llegó a meta, dado que nadie le comunicó que había sido vencedor hasta minutos más tarde.

Pierre de Coubertin estaba apenado. Lo que fuera un éxito en Atenas se había tornado en fracaso en París. Tenían lugar ahora los Juegos Olímpicos de 1904 en Saint Louis, en el corazón de Estados Unidos. Volverán a ser descafeinados y, de hecho, sino llega a ser por el éxito de Londres 1908 es más que probable que el invento olímpico hubiese finalizado para siempre con el estallido de la I Guerra Mundial. Comentaba pues, que los Juegos de 1904 fueron un desastre organizativo y de público, a excepción hecha del maratón, cuya celebración empezaba a tener condición de leyenda por su condición de desafío descomunal para la condición humana.

El 30 de agosto de 1904 participan 32 valientes, de los cuales 19 son estadounidenses y 9 de ellos griegos. Es un duro trazado con subida a diferentes colinas y que tras cinco vueltas finaliza en el estadio olímpico. Todo el recorrido estará abarrotado de público. Única vez que ocurre en estos Juegos Olímpicos de Saint Louis.

En el kilómetro 15 un tal Fred Lorz decide retirarse y se sube a un coche de la organización. El vehículo se dirige al estadio para que Lorz pueda ducharse y recoger su ropa de paisano. No obstante, en un punto del recorrido, exactamente a siete kilómetros del final, revienta una rueda del coche, el cual queda varado en una cuneta. Lorz, ya descansado, comienza a caminar y más tarde a trotar. Los jueces son conscientes de lo que está a suceder, pero Lorz replica que únicamente va al estadio a recoger su ropa y que llegará antes trotando que si espera a un nuevo coche escoba.

Fred Lorz. El impostor

¿Qué sucedió? Lo que todos imaginamos. Lorz llegó al estadio, la gente comenzó a vitorearlo, y él alzó las manos proclamándose vencedor. No había información al instante. No había televisión y tampoco contábamos con la radio. Alice Roosevelt, hija del presidente Theodore Roosevelt, bajó del palco para felicitar al campeón.

El caso es que la voz de la conciencia surge en un momento dado y entre foto y foto Lorz se escapa al vestuario con la excusa de ir al baño. Allí se ducha, se viste y se escapa por una puerta de emergencia mientras el resto de deportistas empiezan a entrar en el estadio olímpico.

Quince minutos después llega Thomas Hicks, el verdadero vencedor, cual piltrafa y apunto de desmallarse. El público y la señorita Roosevelt no entienden nada. Mientras los jueces corren en dirección a los vestuarios para dar un escarmiento a Lorz quien por entonces ya ha tomado las de Villadiego. Al mismo tiempo, Hicks cruza la línea de meta y cae inconsciente.

Tardará tres horas en recuperarse.

La argucia de Lorz le causará una sanción a perpetuidad. Semanas después, ante el Comité Olímpico, se desguazará en excusas, soltará miles de lágrimas, pedirá indulgencia…y al año siguiente correrá y ganará el maratón de Boston.

Entre el desastre de 1900 en el Bois de Boulogne y la argucia de Lorz parecía que el maratón olímpico estaba herido de muerte… pero contábamos con Hicks, el héroe que había logrado el oro para luego caer inconsciente en la línea de meta.

¿Quién era Thomas Hicks? Nacido en 1876 en Inglaterra, había emigrado de niño a Estados Unidos donde ejercía como trabajador febril y payaso de circo a partes iguales. Conseguirá una beca deportiva en la YMCA de Cambridge debido a su infatigable labor como atleta.

En la maratón de Sant Louis, Hicks va en cabeza desde la tercera de las siete vueltas al circuito. El sol aprieta y los caminos sin asfaltar hacen que el polvo se introduzca en los ojos y en las bocas de los atletas provocando una molesta sequedad. A la altura del kilómetro 24, Hicks nota que sus piernas comienzan a flaquear. Su entrenador, desde el coche de la YMCA, le da un vaso con una clara de huevo. No es suficiente. Tiene que parar. En ese momento se acerca al vehículo y una jeringuilla asoma tras la puerta del bólido. Le inyectan un gramo de estricnina, sustancia que estimula el sistema nervioso.

Sigue.

Llega el kilómetro 29. Nueva crisis. Dos claras de huevo con agua extraída del radiador del coche. Nada. Lo remolcan en una pendiente tirándole de los brazos mientras su entrenador saca una mano por la ventanilla agarrándole de la muñeca.

Tampoco.

En el kilómetro 34 Hicks se para. No puede más. Va a abandonar. Le inyectan otro gramo de estricnina y le animan a continuar dado que va en cabeza. Tiene un amago de desmayo y pone las manos en el suelo, pero lo levantan y continuará corriendo hacia la meta.

Llegará a meta entre empujones y ánimos y como moribundo, pero se proclamará campeón olímpico con un tiempo notablemente superior a los registrados por los hasta entonces únicos dos vencedores olímpicos del maratón.

Como comenté líneas atrás, se tardaron tres horas en reanimar a Thomas Hicks. El médico que lo atendió advirtió de que una tercera dosis de estricnina le hubiese causado la muerte.

La estricnina es un estimulante.

También es la base química para elaborar los raticidas.

Aquel fue el primer caso de ayuda química registrado en el deporte.

El primer campeón olímpico dopado.

A partir de su caso se establecieron las primeras, aunque muy ligeras, medidas contra las sustancias químicas en el deporte.

Thomas Hicks. Remolcado.

P.D: Cuarto clasificado finalizó un cubano llamado Félix Carvajal. Pobre, de apenas 155 centímetros de altura, mendigó en su La Habana natal para costearse un pasaje a Estados Unidos. Llegó a Sant Louis como polizón en vagones de ganado, robando fruta para comer y ayudado por buenas gentes. Corrió con un pantalón de trabajo y sin camiseta. Se convirtió en un héroe y Coubertin pagó de su bolsillo el pasaje de vuelta a Cuba en donde fue recibido con vítores y ejerció de cartero hasta su fallecimiento.

El Comité Olímpico Internacional explotó en los años siguientes la historia de Félix Carvajal hasta la saciedad y ocultó lo máximo posible el nombre de Thomas Hicks como campeón olímpico.

Hicks fue el primer dopado y también el primer proscrito.

Otras historias del maratón

Apuntes sobre el maratón (datos y curiosidades de la prueba de resistencia por excelencia)

El rey descalzo (la increíble historia de Abebe Bikila)

La locomotora humana (Emil Zátopek y su increíble triplete en Helsinki 1952)

El atletismo se asoma al abismo (el uso y el abuso de la tecnología en la consecución de los récords)

Los límites del ser humano (¿Hasta cuándo seguiremos batiendo récords del mundo?)

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La desconocida influencia húngara en el fútbol mundial

Llegado el inicio de la década de 1950 no existía equipo más poderoso en el fútbol que la selección de Hungría. El Aranycsapat (equipo de oro) comandado por Ferenc Puskás fue el mejor del planeta durante un lustro magnifico. Su juego combinativo y de ataque con un 4-2-4 en continuo movimiento fue admirado por Brasil y fue antecesor de lo que años más tarde se pondría en marcha en los Países Bajos. Todo buen aficionado al fútbol sabe que una brumosa tarde de 1953 Hungría derrotó a Inglaterra en Wembley por 3-6 en el llamado Partido del Siglo acabando de una vez por todas con el mito de la superioridad inglesa. Los británicos exigieron una revancha que hubo de jugarse en Budapest y que refrendó lo ya conocido de Londres. Hungría humilló a Inglaterra por 7-1 y autorizó su cetro mundial.

Aquellos jugadores, nacidos en la década de 1920, eran fruto de una elaborada escuela futbolística que había puesto sus cimientos en tiempos de la I Guerra Mundial. Puskás, Czibor, Kocsis, Hidegkuti o Bozsik eran la evolución final de un trabajo iniciado décadas atrás. La dirección técnica de Gusztav Sebes y su juego de asociación eran la culminación de la perfección táctica de cientos de entrenadores. Aquel bloque se mantuvo invicto durante 32 partidos consecutivos y acumuló una única derrota en 50 partidos (42 victorias) internacionales jugados entre 1950 y 1956. Lástima que la derrota aconteció en la final del Mundial de 1954 cuando Alemania sorprendió contra pronóstico a Hungría al ganar por 3-2 tras remontar un 0-2 al descanso. Fue el llamado Milagro de Berna.

El Equipo de Oro

Como decía, el arquitecto de aquel equipo fue Gusztáv Sebes, futbolista que emigró a Francia mientras trabajaba como obrero en una fábrica de Renault y que en 1927 inició su carrera como entrenador. Sebes ejerció como técnico del MTK Budapest hasta que en 1949 dio el salto a la selección húngara. Ferviente comunista, Sebes no consiguió convencer a Kubala, quien se autoexilió y escapó de Hungría en 1949, pero si al resto de estrellas húngaras con las que formó un equipo invencible.

Aquello finalizó en 1956. Revolución Húngara. Un grupo de intelectuales y estudiantes se manifestaron, con el apoyo de parte de la población, para pedir libertades democráticas. La policía abrió fuego y provocó decenas de muertos. La revuelta se extendió por todo el país y Moscú movilizó sus recursos para sofocar a los exaltados. El 4 de noviembre los tanques soviéticos desfilaron por Budapest y dejaron casi 3.000 muertos en la capital húngara. Hubo una purga, y quien pudo escapó del país. Puskás, Kócsis y Czibor aprovecharon un partido de Copa de Europa del Honved en Bilbao para quedarse en España. Fueron los más famosos, pero hubo unos cuantos más que pedirían asilo político en el extranjero. Liderados por el magnífico Florien Albert, los húngaros mantuvieron la competitividad en la década siguiente, pero desde entonces su fútbol se apagaría para siempre.

Puskás, Kócsis y Czibor

¿Cómo surgió todo esto? Con Jimmy Hogan del que ya he hablado en alguna que otra ocasión. Pionero del fútbol, a inicios del siglo XX Hogan comenzó a entrenar a equipos de Centroeuropa convirtiéndose en padre del balompié continental. Lo hizo cultivando un juego técnico y ofensivo que no gustaba en su Inglaterra natal y, a cambio, enamoró en los países a los que viajó. La llamada Escuela Danubiana revolucionó el fútbol desde Checoslovaquia a Austria pasando por Hungría. En Budapest, Hogan entrenará al MTK, enseñanzas que retumbarán en el futuro. Cuando los húngaros hagan claudicar a los ingleses en Wembley (3-6) en el partido del siglo, Gusztáv Sebes declarará: «Jugamos al fútbol como nos enseñó Jimmy Hogan. Cuando se cuenta nuestra historia futbolística, su nombre debe escribirse con letras doradas».

Nadie trazó previamente un plan, pero es evidente que todos aportaron su máximo talento para alimentar la marmita creativa. Hogan puso en marcha la Escuela Danubiana que culminaría Sebes, pero por el camino hubo un montón de técnicos y jugadores que funcionaron como apóstoles para llevar la buena nueva por el planeta fútbol.

Tras la I Guerra Mundial el Imperio Austrohúngaro fue desmembrado. La fragmentación y discriminación de los ciudadanos húngaros de los nuevos territorios de Yugoslavia, Rumania y Checoslovaquia supuso el éxodo forzoso de más de tres millones de habitantes. La nueva Hungría, con un tamaño seis veces inferior, era a la altura de 1919 un país pobre. Es poco conocido, pero al igual que millones de italianos emigraron a Estados Unidos también lo hicieron los húngaros. Solo España e Italia superan a Hungría en tasa de emigrantes por mil habitantes en el primer tercio del siglo XX. A la guerra mundial le siguió una revolución republicana, luego un golpe de estado comunista y más tarde una guerra civil que llevó al poder a una dictadura militar de derechas. Todo en el plazo que va de 1918 a 1920. La estampida fue descomunal.

Así pues, la marcha de jugadores y entrenadores de fútbol durante toda la década de 1920 fue en continuo crecimiento. En 1929 tuvo lugar la primera edición de la Serie A italiana. Por entonces se contaban 27 entrenadores húngaros en toda Italia. 7 de los 18 equipos que configuraron aquella primera temporada en la máxima categoría contaban con técnico húngaro y en la campaña 1930/31 eran diez. La influencia húngara en el fútbol italiano hizo que rápidamente se convirtiese en la liga más potente de Europa. Hasta 1945 se contabilizan más de sesenta técnicos magiares en el Calcio y cerca de ochenta futbolistas, a pesar de que durante tiempos de Mussolini se limitó el número de extranjeros en la Serie A y la Serie B.

Su influencia fue masiva. Lajos Czeizler llegaría a ser seleccionador nacional italiano en el Mundial de 1954 justo después de triunfar con el AC Milan. Egri Ebstein fue el técnico del Grande Torino, el mejor club de fútbol de Europa a finales de los 40. Gyula Feldmann dirigió a Juve e Inter y Jozsef Viola a Milan y Juve. Por último, señalar a Imre Schoffer, quien no dirigió a grandes escuadras, pero durante décadas impartió su doctrina en plantillas juveniles de toda Italia.

Equipos como el Internazionale llegaron a tener durante una década a técnicos húngaros. Ninguno superó a Arpad Weisz, sin lugar a dudas el más destacado de todos ellos. Figura desconocida fuera de las fronteras italianas, Weisz fue un excelente jugador que como técnico llevó a la gloria al Inter y al Bolonia FC. A los boloñeses los hizo campeones de la Copa Mitropa, una de las antecesores de la Copa de Europa. Weisz acabaría gaseado en Auschwitz en 1944.

La estatua de Weisz en el estadio del Bolonia FC

Italia no fue el único país que recibió ingentes cantidades de talento húngaro. Austria era por proximidad geográfica y cultural un destino predilecto, pero Portugal, Alemania o Estados Unidos también fueron lugares escogidos por estos ases del balón. Alfred Schaffer acabó recibiendo el apodo de rey del fútbol alemán tras triunfar en Eintracht, Hamburgo o Bayern y Lippo Hertzka triunfó como técnico del FC Porto y el SL Benfica. Rudolf Jeny dirigió a Atlético de Madrid y al Sporting lisboeta.

El más celebre de todos ellos es Bela Guttmann, quien se marchó a Estados Unidos para jugar al fútbol en la década de 1920. Luego se convertiría en uno de los técnicos más afamados de siempre en una larguísima carrera en la que dirigió a la selección austriaca y a la portuguesa y acabaría ganando ligas con el Ujpest (Hungría), Sao Paulo (Brasil), CA Peñarol (Uruguay) y SL Benfica (Portugal), club con el que logró dos Copas de Europa y donde, tras ser despedido, dejó una de las sentencias más famosas del fútbol al declarar que nunca jamás el Benfica volvería a ganar un título europeo. Así fue. Y así es conocida la sentencia como la maldición de Bela Guttmann.

Guttmann triunfó en Brasil. Y no fue el único. La influencia húngara en el jogo bonito brasileño es pasmosa. El 4-2-4 del Brasil de 1958 bebe de lo aprendido gracias a las enseñanzas de los técnicos centroeuropeos en las décadas anteriores. Fue un húngaro, Izidor Kürschner, el que implantó la WM en Brasil dirigiendo al CR Flamengo. Antes de emigrar a Sudamérica, Kürschner había sido segundo entrenador de Hogan. Otro de sus segundos, György Orth, fue seleccionador nacional de Chile, Perú y México. Imre Szigeti fue el entrenador del gran Nacional de Montevideo de los años 30 y Jeno (rebautizado como Eugenio) Medgyessi dirigió a River Plate, San Lorenzo o Sao Paulo entre otros.

Junto a Guttmann, quizás el más influyente de todos ellos fue Imre (rebautizado como Emérico) Hirschl. Fue el técnico que hizo debutar a Adolfo Pedernera y a José Manuel Moreno en River Plate dando inició a La Máquina, el legendario equipo de River que enamoró a toda una generación (entre ellos a Alfredo Di Stéfano) a golpe de regates y goles. Luego Hirschl llevaría sus ideas rompedoras a Uruguay cosechando innumerables éxitos con CA Peñarol.

Toda aquel éxodo y la cruel respuesta soviética a la revolución de 1956 acabó para siempre con la preponderancia del fútbol húngaro en el fútbol. Plattko, Kubala, Czibor, Puskás o Kocsis dejaron huella en España. Pero lo hicieron sobre el campo. La influencia en el desarrollo y expansión del fútbol mundial gracias a los entrenadores húngaros es tan notoria como desconocida. Países hoy hegemónicos como Italia, Brasil o Argentina o punteros como Uruguay o Portugal deben gran parte de su éxito a aquel interminable goteo de talento húngaro proveniente del gran éxodo de la primera mitad del siglo XX.

Otras historias del fútbol húngaro

Copa Mitropa (el torneo que tuteó a una guerra)

El milagro de Berna (la histórica victoria alemana ante Hungría en la final del Mundial 1954)

Cuando la trampa del fuera de juego cambió el fútbol para siempre (sobre como de la WM fue el primer paso antes del 4-2-4 que encumbró a Hungría en dos artículos)

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El ciego que le daba al centro de la diana

El poder, para reafirmarse, contaba con elementales redes de comunicación y reducidos comandos militares centralizados. El soberano, cuando deseaba mostrarse como rey, asignaba tierras muy alejadas de su corte a sus mejores guerreros exigiendo lealtad y protección militar cuando fuese necesario. Esa fue la base del feudalismo. Con esos mimbres derivó la idea de que para ser soldado se debía pertenecer a la alta sociedad.

Ser un caballero medieval.

El caballero era una persona lo bastante acaudalada como para construir un castillo para él y su familia, comprar y mantener caballos para su personal auxiliar y poseer tierras que alquilar a campesinos a los que poder reclutar en nombre de Dios y del Rey. La iconografía clásica de las batallas medievales se reduce a contingentes minúsculos formados por caballeros bien pertrechados y donde la armadura y las armas son mejores en cuanto más fluye el dinero. Así fue durante lo que damos en conocer la Edad Media. Si en la Edad Antigua las grandes formaciones de infantería camparon a sus anchas, es el medievo el tiempo de la caballería.

Ocurre que a partir del siglo XIII en Europa se fueron formando pequeñas ciudades por motivos que aquí no vienen al caso. En ellas surgen profesiones liberales. Son burgueses. Con el tiempo ciudadanos. Gentes que no son adineradas, pero que tienen cierta libertad. Gentes que ven al rey como máxima autoridad, lo que es utilizado por el monarca para no depender de los nobles y conseguir de este modo el poder absoluto. El problema para el rey es que si prescinde de los caballeros, debe volver a optar por la infantería. Y a la infantería hay que armarla.

Un caballero necesitaba un equipo completo y dos monturas, dado que una de ellas hacía de animal de carga y acompañaba a sus sirvientes. La parte más pesada e incómoda era el yelmo del que había que desprenderse en el combate cuerpo a cuerpo para optar a mayor movilidad. Con el tiempo, lo que era un escudo y una espada, se convirtieron en unos treinta kilos de peso dispuestos al combate.

Será entonces cuando resurgen del olvido las ballestas o los arcos y se crean las alabardas. Son débiles, pero los caballeros se han armado tanto y han perfeccionado tanto su armadura que son pesados. Muy pesados. Y los caballos no pueden con tanto peso. Poco a poco, de forma casi imperceptible con el paso de los años, se han vuelto inexpugnables, pero también lentos. Lentísimos.

Y llegamos así a 1415.

El arco no había sido modificado en miles de años de historia. Era un instrumento pobre y fácil de producir en comparación a una espada. No obstante, los ingleses, en algún momento del siglo XIII, crearon un arco largo de dimensiones superiores a la altura del arquero. Era un arco menos potente, que requería cuidados cuando no estaba en uso, pero que, como ventaja, permitía la carga y el disparo de flechas a mayor velocidad. Los arcos largos eran capaces de atravesar una cota de malla a 200 metros de distancia.

En 1415 los ingleses desembarcaron en Francia. Comenzaba el momento decisivo en la larguísima contienda entre ingleses y franceses que se dio en conocer como Guerra de los Cien Años. Antes de llegar a Calais, se encontraron con un cuello de botella en un aldea ubicada entre dos frondosos bosques llamada Azincourt, donde se encontraba el grueso del ejército francés. El 25 de octubre de 1415 lo mejor del ejército francés recibiría a los invasores. Los franceses cuadriplicaban en número a los bretones. No sólo eso. Francia había dispuesto a 12.000 caballeros y los ingleses no contaban ni con un millar. Por el contrario, había unos 5.000 arqueros ingleses sobre el terreno, mientras que los franceses habían prescindido completamente de ellos.

La formación inglesa se puso en movimiento al alba, se situaron a unos 250 metros del enemigo, plantaron una estaca en el suelo con la punta afilada para protegerse del cuerpo a cuerpo e iniciaron una lluvia de flechas hacia el cielo para que los proyectiles describiesen un arco infinito. Los franceses intentaron contestar cargando con la caballería, pero las estacas, el suelo embarrado y la lentitud frente a la lluvia de flechas, impidieron un contraataque efectivo.

Morirían más de 10.000 franceses frente a apenas 1.500 ingleses. Carlos VI de Francia hubo de ceder el trono de Francia a Enrique V de Inglaterra. Comenzó entonces una guerra civil que aún se alargaría un par de décadas más.

Pero ya por entonces la caballería había dado un paso al lado. Azincourt fue el fin del medievo militar. Los arqueros eran ahora los admirados y se iniciaba una nueva era comandada por la infantería.

Azincourt. 1415

Y así se nos ha contado la Historia. Al menos a este lado del planeta. En Oriente la Historia es otra. En Oriente el arco nunca perdió su importancia. Es cierto que las hordas esteparias tenían en la caballería su razón de existencia, no obstante, poderosos imperios se mantuvieron en pie gracias a los arqueros. Ese es el caso de Corea. Los coreanos crearon murallas y torres vigías en la que instalaron a arqueros profesionales para defenderse de los mongoles. Lo hicieron con éxito. No sólo eso. Sus nobles sustituyeron el yelmo y la coraza por el arco y las flechas y se convirtieron en expertos arqueros a caballo. Así se defendieron desde que hay registros y a finales del siglo XIV, antes de Azincourt, Taejo de Joseon, un tirador de élite de tiro con arco, se convertía en rey de Corea.

Luego los japoneses invadieron Corea. De una forma u otra gobernaron Corea en los siguientes siglos hasta el fin de la II Guerra Mundial. Los japoneses lograron la hegemonía a través de su superioridad naval y numérica y con el uso maestro de la espada. De esta forma, el arco con flechas, símbolo coreano, quedó arrinconado y luego olvidado con la proliferación de la pólvora.

— IM DONG-HYUN — 

Pero el tiro con arco volvió. Y volvió con los Juegos Olímpicos. Su primera aparición tuvo lugar en 1900 coincidiendo en el tiempo con los incipientes movimientos independentistas en Corea. Estuvo en vigor en las siguientes tres ediciones para volver definitivamente en 1972. Desde entonces Corea (del Sur para ser más exactos) es la completa dominadora de la disciplina. Cuando se nombre a Seúl como sede olímpica de 1988 se preparará un programa de captación infantil con jornadas de 14 horas diarias de entrenamiento para lograr la excelencia entre la excelencia. No es de extrañar pues que Corea del Sur lidere el medallero histórico olimpico en tiro con arco doblando en metales a Estados Unidos y sextuplicando a rivales asiáticos como China o sus odiados vecinos japoneses. Entre sus leyendas está Kim Woo-Jin ganador de cinco medallas de oro entre los Juegos de 2016 y 2024 y que espera ampliar palmarés en 2028.

No es de extrañar que las pruebas clasificatorias para los Juegos Olímpicos sean al menos tan duras como la propia competición olímpica. Al igual que ocurre con los velocistas jamaicanos o estadounidenses, los arqueros coreanos deben pasar por unas rondas clasificatorias durísimas en las que corren el riesgo de quedarse sin sueño olímpico. Es normal, dado que igual hay cinco o seis arqueros entre los diez mejores del mundo, pero únicamente tres de ellos pueden acudir a los Juegos dado que hay cupo limitado por nacionalidades.

Y entre todos estos fenómenos tenemos a Im Dong-Hyun.

Nacido en 1986, apenas un par de años antes de los Juegos Olímpicos de Seúl, empezó a practicar tiro con arco a los diez años de edad. Su progresión fue meteórica y con 18 años ya era olímpico y lograba una medalla de oro por equipos. Era Atenas 2004. Después, en Pekín 2008, logaría otro oro y en Londres 2012 se retiraba de la competición olímpica con un bronce. Por el camino se proclamó campeón mundial en 2007 y en 2017 justo antes de abandonar el deporte profesional.

Un palmarés extraordinario. Y mucho más cuando consideramos que Im Dong-Hyun es prácticamente ciego. Concretamente cuenta con el 10% de visión en su ojo izquierdo y el 20% en su ojo derecho. Comenzó a perder la vista de niño por culpa de una enfermedad rara y a los 15 fue declarado oficialmente ciego.

Im Dong-Hyun es incapaz de leer a media distancia, no distingue las letras del ordenador salvo que clave los ojos en el teclado y no se le está permitido sacar el carnet de conducir. Im Dong-Hyun debería competir en los Juegos Paralímpicos y sin embargo fue campeón olímpico ante la incredulidad general.

En la competición de tiro con arco la diana está situada a unos 70 metros del arquero. Para hacernos una idea representa unas tres cuartas partes de un campo de futbol, algo así como desde tu portería hasta el inicio del área rival. La diana tiene un diámetro de 122 centímetros y el centro, el círculo donde se obtiene una puntuación máxima si se acierta de pleno, cuenta con un diámetro de 12’2 centímetros. Volvamos al símil del campo del fútbol. Es como si en el vértice del área grande del campo rival colocamos una diana e intentamos impactar en el centro que tiene el mismo diámetro que un plato de postre. Es decir, darle con una flecha a un plato de postre situado a 70 metros de distancia.

Im Dong-Hyun no usa la vista. Usa el instinto. Y el pulso. El pulso lo tiene intacto. No distingue los números y mucho menos los números que separan la diana. Percibe colores “como una masa diluida en el agua”, según sus propias palabras. Ocurre que esencialmente distingue el amarillo, el cual resulta ser el color del centro de la diana, el color de la puntuación máxima. Dong-Hyun hace del defecto una virtud, y enfoca su escasa visión al único color que es capaz de distinguir, buscando siempre el amarillo y con ello yendo siempre en busca de la matrícula de honor.

En su día los federativos le ofrecieron un perro lazarillo. Se negó en rotundo. Luego intentó competir con unas gafas de dioptrías exorbitadas. Lo intentó, pero le resultaban incómodas. Acabó aceptando usarlas de cuando en cuando para su vida diaria, pero jamás para competir.

Cuando a Im Dong-Hyun le preguntan como lo hace recuerda a su padre. Y recuerda las palabras que su progenitor le dedicó el mismo día que un papel gubernamental lo declaró ciego en plena adolescencia:

“Llevas practicando desde los diez años. Has sido arquero durante cinco años y eso es mucho tiempo en la vida de una persona como para abandonarlo todo ahora. Intenta recordar lo que sentiste la primera vez que disparaste una flecha con un arco y vuelve a disfrutar. El tiempo es demasiado valioso como para darse por vencido.”

Im Dong-Hyun

Kim Woo-Jin, el ídolo nacional de los cinco oros olímpicos antes citado, tiene el récord del mundo en el mundial de tiro en lanzamiento de 72 flechas con 700 puntos sobre 720 posibles. Le quitó el récord a Im Dong-Hyun quien contaba con 699 puntos, o lo que es lo mismo, un 97% de eficacia en el lanzamiento.

En el reino de los ciegos, el arquero fue el rey.

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Cuando Heung-min Son se libró de hacer la mili (la estrella del fútbol que a punto estuvo de poner fin a su carrera para servir a su país)

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Historia contrafactual del Balón de Oro brasileño (1930-2025)

Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.

También le he dado un Balón de Oro a los europeos y he buscado al Balón de Oro español. Se me van acabando las ideas. Así, ahora me dio por buscar al Balón de Oro brasileño. No es Brasil sino el país más laureado en cuanto al palmarés del Mundial (cinco) y no es sino el país más admirado por su forma de entender y disfrutar el fútbol. En esta historia contrafactual nos proponemos determinar quiénes han sido los mejores futbolistas brasileños año por año. No pasa el futbolista brasileño por su mejor momento. Tras Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Kaká se han visto huérfanos de estrellas y va a hacer ya cuarto de siglo que no vitorean en un Mundial. No obstante, el producto brasileiro sigue exportándose a todos los confines del planeta con éxito asegurado. El brasileño sigue teniendo un aurea que le hace ser acogido tanto en las mejores ligas europeas como en competiciones de medio pelo en el interior de Asia o Centroamérica llegando a cerca de 1.500 los exportados. Desde que un desconocido delantero de piel morena que respondía al nombre de Leónidas maravillase al mundo en el Mundial de 1938, cualquier jugador ofensivo proveniente de Brasil ha recibido elogios y alabanzas. Lisonjas que se tornan en eternas al referirse al rey de reyes, al goleador que respondía al apelido de Pelé.

Dado que el Balón de Oro no se abrió a los futbolistas sudamericanos hasta 1995 el número de brasileños que han ganado el trofeo se limita a los citados Ronaldo (1997 y 2002), Rivaldo (1999), Ronaldinho (2005) y Kaká (2007). Balón de Plata y de Bronce también fueron Ronaldo y Ronaldinho, mientras que el madridista fue Balón de Plata en 2002 y Neymar lo fue de Bronce en 2015 (FC Barcelona) y 2017 (PSG). En todo caso, en la Historia Contrafactual del Balón de Oro ya le otorgué uno a Zizinho (1949) y todos los estudiosos consideran que Garrincha tendría que haber vencido en 1962, Romario en 1994 y Pelé hubiese firmado siete coronas entre finales entre 1958 y 1970.

¿Cuántos habría ganado Garrincha sin Pelé?

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro brasileño he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. Hasta mediados del siglo XX el fútbol brasileño era una suerte de desconocido exótico. No por ello su nivel era inferior. Aun con todo, Uruguay y Argentina andaban varios cuerpos por delante de su gigantesco vecino. Había entonces una diferenciación racista entre blancos y negros. A los primeros se les consideraba disciplinados y capaces de jugar en equipo. A los segundos se les tenía por individualistas y malencarados. Para el Mundial de 1950, en un mundo nuevo tras la II Guerra Mundial, se aceptó la mezcla, pero Uruguay venció a Brasil con el archifamoso Maracanazo. Se intentó imitar el orden y la táctica europea y de nuevo se fracasó…hasta que apareció un adolescente llamado Pelé. El futuro O Rei y su compañero Garrincha cambiaron el concepto que de los negros se tenía. Ganaban jugando bonito. Brasil se convirtió en sinónimo de éxito y de fútbol alegre y atractivo. Desde entonces Brasil es objeto de culto para cualquier amante del balompié.

Hoy, el futbolista brasileño ya no destaca por su magia. Todos los grandes futbolistas del país juegan en Europa llevando con ellos las virtudes y los defectos de los entrenamientos y las tácticas europeas. No quedan apenas regateadores ni profesionales que se escapen a escondidas para jugar al fútbol-playa en Copacabana tras una noche de garotas. Y, con todo, tener un carnet de identidad brasileño sigue siendo una carta de presentación asombrosa que abre las puertas de cualquier club de fútbol en todo el planeta.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, World Soccer o Placar. También consideraciones y premios de Lance, ESPN o Agencia EFE. He sido muy estricto y he evitado hacer alguna licencia personal. No hubiese habido mayor deseo que darle un Balón de Oro brasileño a Mauro Silva, campeón del mundo en 1994 y mi favorito en la infancia. Ocurre que poco pudo hacer Mauro ante la magia de Romario. La única duda real ocurrió en 2021, donde decidí darle el premio a Casemiro, más por trayectoria que por un año, que, por lo general, fue pobre para los futbolistas brasileños de primerísimo nivel.

Mauro Silva. El mejor sin trofeo

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Para el futbolista brasileño hay dos edades de oro; el período 1954-1974 y un segundo igual de largo entre 1989 y 2009. Eso hace que fantásticos jugadores coincidentes en el tiempo como Nilton Santos, Bellini o Gerson no tengan ningún trofeo al coincidir con Djama Santos (1953 y 1954), Tostao (1967 y 1971) y, esencialmente, con Pelé (1958, 1959, 1960, 1961, 1963, 1964, 1965, 1969, 1970 y 1973). Iconos de entreguerras como Tim o José Bauer también se quedan en el camino al igual que setenteros como Dadá Maravilha, Roberto Dinamite u ochenteros caso de Toninho Cerezo. Ya entre este siglo y el pasado hube de dejar en el camino a Aldair, al citado Mauro Silva, a Dida o a Adriano. Rivelino (1975), Zico (1976, 1980, 1981 y 1984), Romario (1988, 1990, 1991 y 1994) o Roberto Carlos (2000, 2001 y 2003) fueron superiores. Ya más cerca en el tiempo no cuentan otros grandes jugadores caso de Roberto Firmino, Douglas Costa o David Luiz, los cuales fueron peores en prestaciones y palmarés que Allison (2019), Thiago Silva (2014) o Marcelo (2017 y 2018).

Roberto Carlos (2000, 2001 y 2003)

Es necesario recordar que hablamos del mejor en un año. Eso quiere decir que hay futbolistas extraordinarios que eclosionaron en el mismo año y quedaron fuera de la lista. En otros casos, hay futbolistas que ganan por incomparecencia del rival. Esto último es muy notorio en la época de entreguerras con futbolistas que, irremediablemente, palidecen ante sus futuros. No obstante, ocurre también en el presente. Neymar (2012, 2013, 2015, 2016, 2020, 2021) parece competir con Pelé. Nada más lejos de la realidad. Neymar ha reinado en una época donde el futbolista brasileño ha sido menor. La comparativa con Pelé es obscena. Lo justo hubiese sido sacar a Pelé de la ecuación y declararlo fuera de categoría. Por culpa de Pelé el número de trofeos de los Carlos Alberto, Tostao o Rivelino son ridículos, cuando todos ellos son infinitamente mejores que Neymar.

Así futbolistas históricamente menores como Teleco (1936), Marinho Chagas (1974), Careca (1986) o Julio César (2010) cuentan con un Balón de Oro contrafactual por incomparecencia de rivales. ¿Eran mejores Gerson, Cerezo, Junior o Mauro Silva? Claro que sí. Pero coincidieron en el tiempo con otros monstruos. Otros no se conocen, pero deben ser conocidos. ¿Era mejor Robinho que Ademir? Más rápido, más flexible, estuvo mejor entrenado y desde niño estuvo preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Robinho ganó millones y es archiconocido. Ademir fue máximo goleador del Mundial de 1950 y pocos lo ubican. Ocurre que, sin Ademir, no hubiese habido ningún Robinho.

Como último aporte aclaratorio quiero señalar a un completo desconocido que sale en esta lista con un merecido Balón de Oro a su trayectoria en 1930, cuando ya estaba retirado. Se trata de Arthur Friedenreich, un mulato de ojos verdes, hijo de blanco alemán y de negra brasileña. Considerado el creador del jogo bonito, ganó dos Copa América a inicios del siglo XX antes de que el fútbol fuese un deporte profesional. Insultado y despreciado en cada campo en el que ponía el pie, anotó 557 goles en 562 partidos oficiales y más de 1.200 en su carrera.

Arthur Friedenreich

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro brasileño Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2025 serían los siguientes:

1930 Arthur Friedenreich (Sao Paulo FC)

1931 Fausto dos Santos (CR Vasco da Gama)

1932 Leónidas da Silva (CA Peñarol)

1933 Domingos da Guía (CA Nacional)

1934 Rodolpho Barteczko ‘Patesko’ (Botafogo FR)

1935 Domingos da Guía (CA Boca Juniors)

1936 Uriel Fernandes ‘Teleco’ (SC Corinthians)

1937 José Augusto Brandao (SC Corinthians)

1938 Leónidas da Silva (CR Flamengo)

1939 Leónidas da Silva (CR Flamengo)

1940 Afonso Guimaraes ‘Afonsinho’ (Fluminense FC)

1941 Heleno de Freitas (Botafogo FR)

1942 Domingos da Guía (CR Flamengo)

1943 Domingos da Guía (CR Flamengo)

1944 Thomaz Soares ‘Zizinho’ (CR Flamengo)

1945 Domingos da Guía (SC Corinthians)

1946 Heleno de Freitas (Botafogo FR)

1947 Jair Rosa Pinto (CR Vasco da Gama)

1948 Jair Rosa Pinto (CR Vasco da Gama)

1949 Thomaz Soares ‘Zizinho’ (CR Flamengo)

1950 Ademir de Menezes (CR Vasco da Gama)

1951 Oswaldo da Silva ‘Baltazar’ (SC Corinthians)

1952 Waldir Pereira ‘Didí’ (Fluminense FC)

1953 Djalma Santos (AD Portuguesa)

1954 Djalma Santos (AD Portuguesa)

1955 Evaristo Macedo (CR Flamengo)

1956 Edvaldo Izidio ‘Vavá’ (CR Vasco da Gama)

1957 Waldir Pereira ‘Didí’ (Botafogo FR)

1958 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1959 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1960 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1961 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1962 Manuel Francisco dos Santos ‘Garrincha’ (Botafogo FR)

1963 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1964 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1965 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1966 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)

1967 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)

1968 Carlos Alberto (Santos FC)

1969 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1970 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1971 Eduardo Gonçalves ‘Tostao’ (Cruzeiro CD)

1972 Jair Ventura ‘Jairzinho’ (Botafogo FR)

1973 Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC)

1974 Marinho Chagas (Botafogo FR)

1975 Roberto Rivelino (Fluminense FC)

1976 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)

1977 Luis Pereira (Atlético de Madrid)

1978 José Dirceu (CR Vasco da Gama)

1979 Paulo Falcao (SC Internacional)

1980 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)

1981 Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo)

1982 Sócrates Brasileiro (SC Corinthians)

1983 Paulo Falcao (AS Roma)

1984 Arthur Antunes ‘Zico’ (Udinese FC)

1985 Sócrates Brasileiro (AC Fiorentina)

1986 Antonio de Oliveira ‘Careca’ (Sao Paulo FC)

1987 Renato Gaucho (CR Flamengo)

1988 Romário da Souza (CR Vasco da Gama)

1989 José Roberto da Gama ‘Bebeto’ (CR Vasco da Gama)

1990 Romário da Souza (PSV Eindhoven)

1991 Romário da Souza (PSV Eindhoven)

1992 Raí Souza (Sao Paulo FC)

1993 Marcos Evangelista ‘Cafú’ (Sao Paulo FC)

1994 Romário da Souza (FC Barcelona)

1995 Ronaldo Nazario (PSV Eindhoven)

1996 José Roberto da Gama ‘Bebeto’ (RC Deportivo)

1997 Ronaldo Nazario (FC Barcelona) 

1998 Ronaldo Nazario (Internazionale)

1999 Vitor Borba Ferreira ‘Rivaldo’ (FC Barcelona)

2000 Roberto Carlos (Real Madrid CF)

2001 Roberto Carlos (Real Madrid CF)

2002 Ronaldo Nazario (Real Madrid CF)

2003 Roberto Carlos (Real Madrid CF)

2004 Marcos Evangelista ‘Cafú’ (AC Milan)

2005 Ronaldo de Assis ‘Ronaldinho’ (FC Barcelona)

2006 Ronaldo de Assis ‘Ronaldinho’ (FC Barcelona)

2007 Ricardo Izecson ‘Kaká’ (AC Milan)

2008 Ricardo Izecson ‘Kaká’ (AC Milan)

2009 Ricardo Izecson ‘Kaká’ (Real Madrid)

2010 Julio César (Internazionale)

2011 Dani Alves (FC Barcelona)

2012 Neymar da Silva (Santos FC)

2013 Neymar da Silva (FC Barcelona)

2014 Thiago Silva (PSG)

2015 Neymar da Silva (FC Barcelona)

2016 Neymar da Silva (FC Barcelona)

2017 Marcelo Vieira (Real Madrid)

2018 Marcelo Vieira (Real Madrid)

2019 Alisson Becker (Liverpool FC)

2020 Neymar da Silva (PSG)

2021 Casemiro (Real Madrid)

2022 Vinicius Junior (Real Madrid)

2023 Ederson (Manchester City)

2024 Vinicius Junior (Real Madrid)

2025 Raphael Dias ‘Raphinha’ (FC Barcelona)

Ronaldo Nazario (1995, 1997, 1998 y 2002)

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista del Balón de Oro brasileño entre 1930 y 2023 sería la siguiente:

1. Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ (Santos FC) (1958, 1959, 1960, 1961, 1963, 1964, 1965, 1969, 1970 y 1973) 10

2. Domingos da Guía (CA Nacional, CA Boca Juniors, CR Flamengo y SC Corinthians) (1933, 1935, 1942, 1944 y 1945) 5

3. Neymar da Silva (Santos FC, FC Barcelona, PSG) (2012, 2013, 2015, 2016 y 2020) 5

4. Arthur Antunes ‘Zico’ (CR Flamengo y Udinese FC) (1976, 1980, 1981 y 1984) 4

4. Romário da Souza (CR Vasco da Gama, PSV Eindhoven y FC Barcelona) (1988, 1990, 1991 y 1994) 4

4. Ronaldo Nazario (PSV Eindhoven, FC Barcelona, Internazionale y Real Madrid) (1995, 1997, 1998 y 2002) 4

5. Leónidas da Silva (CA Peñarol y CR Flamengo) (1932, 1938 y 1939) 3

5. Eduardo Gonçalvez ‘Tostao’ (Cruzeiro CD) (1966, 1967 y 1971) 3

5. Roberto Carlos (Real Madrid) (2000, 2001 y 2003) 3

5. Ricardo Izecson ‘Kaká’ (AC Milan y Real Madrid) (2007, 2008 y 2009) 3

O Rei (1958, 1959, 1960, 1961, 1963, 1964, 1965, 1969, 1970 y 1973)

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