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Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

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Villalonga

PSG vs Arsenal. Luis Enrique vs Mikel Arteta. Un club francés y otro inglés. Dos entrenadores españoles. Uno de ellos se convertirá en campeón europeo. Ambos representan estos tiempos. Aunque Luis Enrique triunfó en el FC Barcelona y dirigió a la selección española, su mili como técnico tuvo lugar en Roma y es Paris el lugar que lo ha coronado como uno de los mejores técnicos del último medio siglo. Arteta nació en Donostia y se crio como futbolista en Barcelona, pero pronto emigró a Gran Bretaña. Allí lleva un cuarto de siglo. Comenzó como segundo de Pep Guardiola y concluirá en este mes de mayo su octava temporada como técnico del Arsenal FC.

Si Luis Enrique resulta el vencedor sumará tres títulos (ganó en 2015 con el FC Barcelona y en 2025 con el PSG). Si lo hace Mikel Arteta será el séptimo entrenador hispano en lograr el éxito europeo. Y no son muchos. Seis (o siete) en 70 años de Copa de Europa. Seis (o siete) con 20 títulos logrados entre Madrid y Barça. Pep Guardiola tiene tres coronas (FC Barcelona en 2009 y 2011 y Manchester City en 2023) y Rafa Benítez consiguió un trofeo en 2005 con el Liverpool FC. A partir de ahí únicamente hay tres técnicos españoles a mayores. Y aquí lo curioso. De los 15 títulos logrados por el Real Madrid exclusivamente seis de ellos (menos de la mitad) llevaron la batuta de un técnico de la casa. Vicente del Bosque (2000 y 2002) salió victorioso en dos ocasiones, las mismas que Miguel Muñoz (1960 y 1966), quién antes había sumado otras tres como jugador. Arteta, Luis Enrique, Guardiola, Benítez y Del Bosque son de sobra conocidos por cualquier aficionado al fútbol. Incluso suenan campanas a lo lejos cuando se nombra a Miguel Muñoz, a pesar de que el interlocutor sea un miembro de la Generación Z.

Al que pocos conocen es a José Villalonga.

Nacido en Córdoba en el invierno de 1919, José Villalonga Llorente soñaba con ser portero de fútbol. De niño imitaba a Ricardo Zamora en las porterías del colegio de la Sagrada Familia próximo a la Basílica de San Pedro. Su primer club federado se llamará Once Rojo y con 16 años militará como segundo portero en el Racing de Córdoba (antecesor del Córdoba FC) ayudándolo a subir a Tercera. Corría el año 1936.

Estalla la Guerra Civil.

Villalonga lo tiene claro y se alista como voluntario. Se une a los sublevados. O a la Cruzada de Liberación Nacional. Y es que José Villalonga es militante falangista de primera hora. En mayo de 1937 participará en la batalla de Pozoblanco, una contraofensiva republicana que fue debidamente olvidada por la historiografía franquista. Villalonga es herido por una bala que le entra por la tibia y le sale por la bóveda plantar. Permanecerá hospitalizado hasta el final del verano. Recuperado, pasará a formarse como oficial en Marruecos y alcanzará el grado de alférez participando en la ofensiva de Mérida en la que el general Queipo de Llano y sus tropas, Villalonga incluido, barrerán el frente de Extremadura logrando el total control del sur de España y, de paso, vengar la derrota sufrida en Pozoblanco en la primavera anterior.

José Villalonga

Finalizada la Guerra Civil, el ya teniente Villalonga es enviado a la Academia Militar de Toledo. Es entonces cuando decide estudiar educación física. Obtendrá el título de profesor siendo el primero de su promoción. Dos años después adquiere el título nacional de entrenador de fútbol. Estamos en 1949. Dos años después, en 1951, el Real Madrid lo contrata para dirigir a su equipo juvenil. El éxito es absoluto y se le ofrece ser también el preparador físico del primer equipo. Villalonga acepta y solicita una excedencia en el Ejército Español.

¿Y por qué? ¿Por qué un desconocido como Villalonga?

El Madrid llevaba veinte años sin ganar una Liga. Acababa de estrenar el Nuevo Chamartín, la culminación de todo el esfuerzo de reconstrucción del club tras la catástrofe de la Guerra Civil fruto de la visión futurista de Santiago Bernabéu. Con estadio nuevo el equipo no arranca y Bernabéu decide darle el mando a Juan Ipiña, el futbolista que más veces había vestido de blanco. Lo primero que hizo Ipiña fue sugerir a Bernabéu que incorporara al organigrama del club a un erudito de la preparación física que conocía en Toledo. Villalonga pertenecía a la primera generación de especialistas españoles en el campo de la formación que habían salido de la escuela militar de Toledo, pionera en la enseñanza de un concepto nuevo de instrucción deportiva. No era cosa de Franco. Tampoco de la República. Fuera fundada en los años 20 convergiendo en ella los principios germanos de culto al cuerpo y pasión por la naturaleza con las nuevas tendencias del deporte como ocio urbano y negocio para la incipiente clase media.

Resultó que Ipiña, capitán durante la década de 1940, no funcionó bien como técnico y Bernabéu apostó por un ex entrenador del FC Barcelona. Se trataba del uruguayo Enrique Fernández. En su primera temporada, que también fue la primera de Di Stéfano, se ganará la Liga. En la segunda el asunto no funcionaba. El Madrid no arrancaba y a inicios de diciembre veía como Athletic y Barça se escapaban y a duras penas aguantaban la tercera posición en una lucha mano a mano con el Sevilla FC.

El 10 de diciembre de 1954 José Villalonga era nombrado entrenador del Real Madrid. Apenas contaba con 35 años.

Villalonga prioriza lo físico sabiendo que dispone de un potosí de virtuosismo en un plantel irrepetible; la ambición es controlar el juego gracias a Di Stéfano, quién abandona el área para buscar el balón en el centro del campo ejerciendo de mediocentro. A partir de ahí despliegue físico tanto en defensa como en ataque y que los artistas lleven la voz cantante.

Villalonga tenía fama de discreto, de prudente y de buen pastor de hombres. Como Del Bosque o como Zidane, se le puede catalogar como el primero de una raza de entrenadores con amplia mano izquierda. No siempre sale bien. A veces se pone a conducir un autobús a alguien con la L y el conductor (pongamos que se llama Arbeloa) acaba dejando el volante y saltando por la borda dejando que el bus se estampe. No obstante, el asunto al Real Madrid suele salirle bien. Técnicos que saben seducir a sus pupilos y que conectan con las estrellas dándoles manga ancha para expresar sus habilidades. De José Villalonga se decía que más allá de hacer correr a sus futbolistas, no tenía ni idea de dirigir a un equipo de fútbol.

Y también, como en el caso de Del Bosque o Zidane, José Villalonga llega al banquillo del Real Madrid como segundo plato. Como parche temporal. Para nada fue temporal. Estuvo dos años y medio en el banquillo del Real Madrid. 30 meses que cambiarían la historia de la entidad merengue para siempre. En únicamente 105 partidos oficiales logró 2 Ligas, 2 Copas Latinas y 2 Copas de Europa. A 17 partidos por trofeo. Conquistó en su primer año la Liga y la Copa Latina, por entonces una competición que reunía a los campeones de España, Italia, Francia y Portugal. En 1957 volvería a sumar ambos títulos, en la que sería la última edición de la citada Copa Latina.

Y fue la última dado que en la campaña 1955-56 se puso en marcha la primera edición de la Copa de Europa. A ella acudió el Real Madrid como vigente campeón liguero. Y saldría campeón al derrotar al Stade Reims en la final. En la siguiente temporada repetiría alirón al vencer a la Fiorentina por 2-0 en el Santiago Bernabéu. Aquel equipo es una máquina de jugar al fútbol gracias al virtuosismo de Di Stéfano. Ocurre que también lo es porque es capaz de mantener un ritmo alto de juego durante los 90 minutos, algo poco corriente en aquel entonces, debido a los métodos de entrenamiento físico de Villalonga.

Di Stéfano y Villalonga

Celebrado el triplete Liga, Copa Latina y Copa de Europa, el Real Madrid emprendió una lucrativa gira veraniega por Sudamérica. Entre partido y partido a José Villalonga le llegó la oferta de renovación de su contrato. Al volver ni siquiera se presentó en el despacho de Santiago Bernabéu. Decidió escribirle una carta exhibiendo su negativa por la oferta y su agradecimiento por la oportunidad dado un lustro antes.

El motivo de la desaprobación era económico. No podía ser de otra forma. Pero también era cuestión de poder. Villalonga pidió ser además de entrenador ser el director deportivo y ocuparse de los fichajes, y eso era una línea roja para Bernabéu. El puesto, por cierto, era entonces ocupado por Ipiña. Lo cierto es que, al igual que Florentino, Bernabéu consideraba que el entrenador era un actor irrelevante. Ocurre que a diferencia de Florentino que patinó cuando prescindió de Del Bosque, Zidane o Ancelotti, Bernabéu acertó con el argentino Luis Carniglia (otras dos Copas de Europa) y con Miguel Muñoz (otro par de trofeos europeos).

Oficial franquista, Villalonga era de armas tomar y decidió dejar plantado al Madrid en la cima de su éxito. Se fue a Zaragoza a obtener los galones de comandante de infantería y, una vez conseguidas las estrellas, pasó a ocuparse de las categorías inferiores de la selección española de fútbol. En esas estamos cuando al poco de iniciarse la campaña 1959-60 el Atlético de Madrid destituye a su entrenador y le ofrece el cargo a Villalonga. Acepta. Gana el primer partido en San Sebastián y en el segundo arranca un empate contra su ex Real Madrid. Ese año ganó la Copa del Generalísimo. La primera en la historia del Atlético de Madrid. Al año siguiente será la segunda. Dos temporadas y dos copas. Y las dos logradas ante…el Real Madrid.

Así que Villalonga en apenas cinco temporadas como entrenador suma 2 Ligas, 2 copas, 2 copas de Europa y 2 Copas Latinas. Casi nada al aparato. Es el verano de 1962 y le ofrecen ser seleccionador nacional.

España venía de fracasar en el Mundial de Chile 1962. El comandante Villalonga purgó al equipo que fue al Mundial entre grandes polémicas. Pasó la guadaña y la pieza más conocida fue Francisco Gento, capitán y leyenda blanca. Le llovieron palos. Pero Villalonga no se achantó. Clasificó a España para la fase final de la Eurocopa. Por entonces sólo la disputaban cuatro equipos. Semifinales y final. España como anfitriona. Santiago Bernabéu. En la final España vs Unión Soviética. Franco en el palco. Villalonga, camisa vieja de Falange y Medalla de la Vieja Guardia en el banquillo. Ganó España. No lo volverá a hacer hasta 2008. Ya como teniente coronel, Villalonga clasificó a España para el Mundial de Inglaterra de 1966 y pondría punto final a su carrera como seleccionador tras caer en la primera fase.

Pasó entonces a dirigir la Escuela Nacional de Entrenadores hasta que, en 1973, con apenas 53 años, murió de un infarto. Se fue un grande, aunque muy, muy, muy pocos lo recuerden. En apenas una década como entrenador logró ocho títulos, entre ellos 2 Copas de Europa con el Real Madrid y una Eurocopa con la selección española. Levantó un trofeo en todas y cada una de las temporadas en las que se sentó en un banquillo y cosechó éxitos con España, algo que tan sólo Luis Aragonés (longevo y con menos títulos), Luis De la Fuente (sin experiencia en clubes) y Del Bosque pueden presumir. Si nos atenemos a palmarés y a porcentaje de títulos por temporada entrenada, tan sólo Pep Guardiola y Vicente Del Bosque pueden hablarle de tú a tú a José Villalonga.

Ahí es nada.

España 1964

“En España somos grandes cuando somos 100; más, nos entrematamos”. Max Aub, escritor español de origen francoalemán.

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El declive de La Quiniela

Las tardes de domingo las dedicaba Francisco Franco y su mujer, Carmen Polo, a ver películas en el salón del Palacio de El Pardo. Era una afición compartida. Pero, con el desembarco de la televisión en España, en 1956, el Caudillo ordenó instalar varios televisores en el complejo residencial para no perderse ninguno de sus programas favoritos. Los domingos por la tarde el cine poco a poco fue dando paso al fútbol.

Y el caso es que a Franco el fútbol ni fu ni fa. Al Generalísimo lo que le iba era la caza y la pesca. Luego, ya anciano, disfrutó del golf. Ocurría que Franco vibraba como un forofo más con el carrusel radiofónico que contaba las andanzas de todos y cada uno de los partidos de la jornada liguera. Entonces se jugaban en su totalidad a la misma hora. Tomó la costumbre de echar La Quiniela todos los fines de semana en compañía de Vicente Gil, su médico de cabecera. El general y el galeno rellenaban al alimón dos boletos; uno confeccionado conjuntamente y otro hecho por Franco bajo el seudónimo de Francisco Cofrán (las sílabas invertidas de Franco).

Sucedió que el último fin de semana de mayo de 1967 la selección española tenía un compromiso amistoso internacional. Al igual que sucede en la actualidad, La Quiniela no se interrumpió y en lugar de aventurarse con los resultados del Barça o el Madrid, el boleto se compuso con partidos de la liga italiana. Un total de 12 encuentros en lugar de los 14 habituales, debido a que varios fueron suspendidos por condiciones climatológicas adversas.

Diez personas en toda España hicieron pleno y fueron premiadas con casi un millón de pesetas (6.000 euros de la época). Franco y Gil se encontraban entre los afortunados. El boleto de seis columnas que habían sellado por 24 pesetas estaba firmado con el nombre y apellidos del Caudillo. “Comprobado el premio, lo cual causó al Caudillo la misma alegría que a un forofo, mandó a su ayudante Carmelo Moscardó a cobrarla. El boleto, como joya curiosa, lo conserva enmarcado el Patronato Nacional de Apuestas Mutuas», relata el historiador Paul Preston, quien añadió: “Resulta un poco difícil imaginarse a Hitler o a Mussolini haciendo una Quiniela. Pero si los atunes le eran puestos en el anzuelo, en el caso de La Quiniela no hubo ni trampa ni cartón”.

El pleno del Generalísimo

Seguramente ese fue el momento más memorable de una tradición que había nacido en 1946. Gestionada por Loterías y Apuestas del Estado y solo apta para mayores de edad, La Quiniela se convirtió con celeridad en un fenómeno de masas. Se calcula que se han recaudado más de 11.000 millones de euros desde su nacimiento repartidos en más de 2.600 jornadas ligueras. El 55% de la recaudación va destinada a unos premios que siempre dependen de los acertantes del Pleno al Quince y de los acertantes de 14, 13, 12, 11 e incluso 10 aciertos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En España todo ocurrió en el patio trasero de un bar de una ciudad de provincias. En Casa Sota, un bar de Santander regentado por un tal Manuel González Lavín, se celebraban peleas de gallos, combates de boxeo clandestinos y, en 1929, coincidiendo con el inicio de La Liga, se hacían apuestas futbolísticas.

Entre vinos y cigarrillos, a un grupo de fieles a aquel garito de pescadores se le ocurrió intentar adivinar el resultado de los diez partidos de la jornada y poner en marcha una recaudación que se le entregaría al que acertase 10/10. La apuesta era de una peseta y con el tiempo se llegarían a repartir premios de hasta 2.000 duros. El propietario del local también preparó el primer boleto de esa protoquiniela. El boleto era una hoja de papel que se rellenaba con los resultados y se depositaba en una urna en el bar, donde quedaba custodiada. Después, celebrados los partidos, una comisión encabezada por varios elegidos clasificaba los aciertos de las apuestas. Era una operación que duraba unas cuantas horas porque el sistema era complicado; además de acertar quién ganaba el partido, había que acertar también el número de goles de cada equipo.

Lo curioso es que el bar no percibía ningún dinero: todas las pesetas que se apostaban se repartían íntegramente en los premios. Al bar le llegaba con servir copas y más copas ante la increíble afluencia de público. La cosa pronto saltó a la prensa regional y más tarde a la nacional. La idea se extrapoló a Madrid, Barcelona, Bilbao y San Sebastián. Se aceptaban hasta apuestas de mujeres, aunque la mayoría se realizaban con carta, dado que era mal visto que las féminas entrasen a beber y beber en bar de mala fama. Por supuesto, Hacienda se hizo eco del asunto y pronto pasó a recibir el 10% de lo recaudado.

El nombre del citado asunto era Bolsa del fútbol y se replicará en mil lugares hasta el estallido de la Guerra Civil. Como la mayoría de esas bolsas de fútbol se hacían con únicamente cinco partidos, popularmente el boleto pasó a ser conocido como Quiniela (del latín quintus). Tras el fin de la contienda el Régimen prohibirá las apuestas deportivas, pero no podrá impedir que se sigan haciendo en negro y a baja escala. Toca entonces tomar medidas más expeditivas.

El 22 de septiembre de 1946 nacía La Quiniela bajó el auspicio de Loterías y Apuestas del Estado. Se jugaron más de 38.000 boletos y se tardaron cinco días en comprobarlos todos y detectar ganadores (proceso que en la actualidad lleva menos de cinco minutos). Hubo 62 boletos (los dos acertantes de máxima categoría ganaron 9.603 pesetas, que en el presente son 57 euros) premiados que obtendrían el 45% de la recaudación dado que el 55% restante, y aquí viene el quid de la cuestión, iría a parar a las arcas del Estado.

Las dos primeras temporadas La Quiniela se pronosticaba sobre los goles anotados por cada equipo. A partir de la temporada 1948-49 se implantó el sistema 1X2 así como los catorce partidos por boleto. Nació entonces el programa deportivo (carrusel) de los domingos por la tarde. El periodista de turno salía corriendo del estadio cada vez que había un gol para llamar desde una cabina de teléfono al estudio de radio e informar, así, a unos oyentes que soñaban con hacerse millonarios gracias a sus conocimientos futbolísticos.

El gran premio de La Quiniela fue dado en febrero de 1968 en Valbuena de Duero, pueblo vallisoletano. Un tal Gabino fue el único acertante de los 14 y se llevó 181.000 euros de la época, cifra estratosférica. El otro gran premio famoso tuvo lugar en 1980 cuando un paisano de Lugo ganaría 1.250.000 euros de aquel entonces. En todo caso, el premio más alto jamás dado en La Quiniela fue otorgado en 2006 a un tarraconense que se llevó más de nueve millones de euros.

En los años 60 se incorporarán los partidos reserva para solucionar los problemas en el boleto cuando un encuentro era suspendido. Actualmente, la apuesta se realiza sobre una lista de 15 partidos, normalmente nueve de Primera División y seis de Segunda División. Las semanas en las que existen compromisos internacionales de selecciones, se incluyen en el boleto cuatro partidos internacionales (el partido que dispute la selección española y los otros tres más destacados) y los once partidos de la jornada de Segunda División. El último gran cambio tuvo lugar en 2005, cuando se añadió el ‘Pleno al 15’ que desde el 2015 multiplicó su dificultad al tener que acertar el resultado exacto de ese decimoquinto encuentro.

La Quiniela

En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas futbolísticas supera los 25.000 millones de dólares anuales. El problema es que el 70% se realiza de forma online. El siglo XX fue el siglo de gloria para La Quiniela. En el siglo XXI La Quiniela está herida de muerte. En 2010 facturaba más de 540 millones de euros. En la actualidad la cifra supera escasamente los 150 kilos. Este brutal descenso coincide en el tiempo con la liberación del mercado de apuestas deportivas decretado por el Gobierno de Zapatero en 2010 en medio de la crisis financiera. La entrada de operadores privados destrozó por completo a un juego que cumple 80 años de vida.

La Quiniela fue perdiendo el espacio que fue ganando el mundo de las apuestas deportivas, que podían realizarse tanto en casas de apuestas como desde el teléfono móvil a través de aplicaciones especializadas para ello. La llegada de la pandemia supuso otro batacazo que se vio expandido por la proliferación de los llamados juegos fantasy, plataformas en las que grupos de amigos crean sus propios equipos virtuales compitiendo en ligas ficticias en las que los jugadores obtienen puntuaciones en función a las notas de los periódicos deportivos, los goles anotados o las tarjetas recibidas. Construir el equipo de tus sueños y competir virtualmente desde el sofá de tu casa con tu pandilla de amigos a cambio del pago de una cena por parte del perdedor, pasa a ser mucho más atractivo que cubrir un boleto cada fin de semana.

La crisis de La Quiniela también tiene consecuencias directas sobre la financiación del deporte de élite español. Esto se debe a que la regulación fija que la recaudación del Impuesto sobre Actividades del Juego reparta un 45,5% que es distribuido tanto a la LFP como a la RFEF. Este montante es fundamental para el fútbol formativo y, especialmente, para el femenino, cuya supervivencia está ligada a las subvenciones.

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Arconada

1987. Junio. Zaragoza. 35 grados a la sombra. Final de la Copa del Rey. Real Sociedad vs Atlético de Madrid. Hubo que hacer los ejercicios de calentamiento en un vestuario lleno de mosquitos dado que inmediatamente antes de la final se jugó un partido internacional sub-21. Jesús Gil llevaba tres días como presidente del Atlético. Estaba en el palco junto a Paolo Futre, el fichaje que había hecho real su presidencia. La Real contaba con unos jóvenes Beguiristáin y Bakero y mantenía a los veteranos Arconada, Gajate, Zamora y a un López Ufarte que disputaba su último partido antes de retirarse. Se adelantaron dos veces los donostiarras y por dos veces empataron los madrileños. Penaltis. La Romareda ruge. “No pasa nada, tenemos a Arconada”, cantan 20.000 guipuzcoanos. La Real metió cuatro. El Atlético falló el primero y Arconada paró el cuarto. Se lanzó abajo, a su izquierda, y rechazó el balón. Acto seguido, alzó el puño al cielo. Era el primer título copero de la Real desde 1909. Tras la edad de oro llegaba ahora la edad de plata.

1970. Hijo de Luis Arconada y de Isabel Echarri, un 26 de junio de 1954 venía al mundo en San Sebastián un bebé bautizado como Luis Miguel Arconada Echarri. Entraría en la cantera de la Real Sociedad a los 16 años y lo haría con unas características innatas que pronto lo harán ser seguido por los grandes clubes del país. Con un 1’78 de altura, no excesivo ahora pero suficiente entonces, era un pulpo, valiente en el uno contra uno y seguro por alto. Además, pronto fue notoria su ascendencia y su liderazgo ante sus compañeros. Por entonces la Real Sociedad era un equipo ascensor, pero una hornada de canteranos formada por Arconada, Periko Alonso, Zamora, Satrústegui o López Ufarte iba a cambiar la historia del conjunto txuri-urdin.

1980. La Real Sociedad sumó un total de 32 jornadas sin perder, récord vigente hasta el 2018. Desde la décima jornada, Real Sociedad y Real Madrid encabezaron la clasificación en una dura pugna por el primer puesto en el que ambos clubes se alternaron. Con la diferencia de goles a favor de los donostiarras (la Real había goleado 4-0 al Madrid en Atocha), se llegó al penúltimo partido con la Real Sociedad en el primer lugar. Ese día se puso fin a la racha al caer en el Sánchez Pizjuán por 2-1 con gol del argentino Bertoni en los últimos minutos y cuando la Real estaba con 9 futbolistas por culpa de la expulsión de dos jugadores. El Madrid se colocó primero, ganó el último día en San Mamés y la Real dejó escapar una oportunidad que se presumía única e histórica. Luis Miguel Arconada ganó su primer Trofeo Zamora con únicamente 20 goles encajados en 34 partidos. Un coeficiente de 0’58 goles por partido que marcaba un nuevo récord en la competición.

1975. Arconada había ascendido al primer equipo de la Real la temporada anterior. Era el tercer portero. Tenía por delante a Artola y a Urruti. Sucedió que en 1975 Artola fichará por el FC Barcelona y Arconada debute como titular en un partido de Copa de la UEFA ante el Liverpool FC en octubre de ese año. Acabará desbancando a Urruti del puesto de titular, quien tendrá que irse al RCD Espanyol al año siguiente para, curiosamente, acabar sustituyendo a Artola en la portería del Camp Nou a inicios de la década siguiente. Desde ese 1975 hasta 1989 serían catorce temporadas consecutivas de Arconada como jefe de la portería de la Real, sumando hasta tres trofeos Zamora como portero menos goleado (1980, 1981, 1982). Con Arconada la Real Sociedad no bajará del undécimo puesto, sumará dos títulos ligueros y dos subcampeonatos, una copa y un subcampeonato en el torneo del K.O, amén de ocho participaciones en torneos europeos.

1981. La temporada empezó con derrota y sin los estándares defensivos del año anterior. Alberto Ormaetxea, técnico donostiarra, no conseguía levantar los ánimos de los suyos. A falta de diez jornadas para el final la Real Sociedad era séptima a seis puntos del Atlético de Madrid, líder de la competición. Lo bueno es que la Liga era un pañuelo. A partir de entonces la Real cogió velocidad de crucero. Sumó ocho victorias y un empate y se encaramó a la primera posición llegando a la última jornada dependiendo de sí misma para cantar el alirón. Su rival en la lucha por el título no era otro que el Real Madrid, que protagonizó una racha similar a la de los donostiarras en las últimas jornadas. En su gol-average particular la Real ganaba por 3-2 al Real Madrid, por lo que un empate le bastaba en la última fecha a los vascos para proclamarse campeones. El último partido de Liga, disputado el 26 de abril, enfrentaba en El Molinón de Gijón a la Real Sociedad con el Sporting, equipo que ya no se jugaba nada; mientras que el Real Madrid visitaba al Real Valladolid, otro equipo sin objetivos a cumplir en aquella liga. En el partido de El Molinón, bajo una intensa lluvia, se adelantó la Real con gol de penalti marcado por Kortabarria a los siete minutos. El Sporting le dio la vuelta al marcador con dos goles de Manolo Mesa que dejaban el título en manos del Real Madrid. Otra vez la Real se cagaba en los pantalones. Pero no. Cuando el partido de Valladolid ya se había acabado con victoria del Real Madrid y los madridistas celebraban un nuevo título de Liga (Juanito lo hacía especialmente), en el minuto 90 del partido de Gijón, Jesús María Zamora cazó un mal chut de Alberto Górriz dentro del área embarrada y lo mandó a las redes estableciendo el empate y dando su primer título de Liga a la Real Sociedad.

1977. Arconada había ido a los Juegos Olímpicos de 1976. Arconada fue titular, pero España no pasó de la primera fase al caer ante la RDA (República Democrática Alemana) y Brasil. Al año siguiente debutó con la absoluta en un amistoso ante Hungría. Acudiría al Mundial de Argentina 78 como suplente del madridista Miguel Ángel y, tras el torneo, pasaría a ser titular indiscutible con la selección. Fue el primer español en llegar a las 50 internacionalidades al superar a Gento y a Zamora y acabaría sumando 68 entorchados, una cifra extraordinaria para la época, entre 1977 y 1985.

1982. Verano. España es anfitriona del primer Mundial con 24 selecciones. Entre los titulares hay cinco futbolistas de la Real Sociedad, incluido Arconada, capitán y buque insignia de la selección. España no es favorita en el Mundial, pero es bien sabido que jugar en casa otorga un puñado de ayudas arbitrales y un sorteo favorable. Los rivales de la primera fase son Yugoslavia, Irlanda del Norte y Honduras. Se pasa de ronda dando lástima y gracias a los consabidos favores. En la siguiente fase no hay opción alguna ante Alemania Federal e Inglaterra. El papel de España es un espanto y un clamor nacional de indignación se cierne sobre Arconada. Y no es por su desempeño sobre el campo, sino por unas medias blancas. Y es que Arconada luce unas medias blancas que ocultan los ribetes rojigualdas que lucen los demás compañeros. Son los años de plomo. Años en que etarra y vasco son sinónimos inseparables. “Mi único sueño de niño era jugar en la Real Sociedad”, dijo Arconada en cierta ocasión cuando tocaba ponerse de perfil al hablar de España. Le acribillaron por decir lo mismo que dicen tantos y tantos futbolistas con la falsa excusa de no mezclar fútbol y política. Lo cierto es que Arconada era un tipo tremendamente supersticioso. No cambiaba de camiseta hasta que perdía un partido (con lo cual jugó 32 partidos con la misma zamarra sudada en la temporada 79-80) y gustaba de jugar con medias blancas de portero. No es que en España 82 llevase medias blancas. Lo hacía siempre con la Real Sociedad. Más aún. Hay innumerables partidos en los que jugó con la selección luciendo las medias oficiales rojigualdas, así como la camiseta con el escudo prefranquista a la altura del corazón. Nada de eso le serviría como coartada. Para el relato del aficionado cabreado, Luis Arconada llevó medias blancas en el Mundial de España como antiespañol que deseaba el fracaso de su país.

1982. Primavera. Parecía el año del Barça, pero nuevamente Real Sociedad y Real Madrid pusieron velocidad de crucero en el último tramo de la competición. El Barça fue derrotado en el Camp Nou por 0-1 ante el Real Madrid en la penúltima jornada en el mismo día que Real Sociedad y CA Osasuna empataban en El Sadar. A la última jornada la Real Sociedad llegaba con un punto de ventaja sobre madrileños y catalanes. En esta ocasión no hubo tensión. La Real ganaba en casa ante el Athletic y celebraba el título de Liga ante su afición en el viejo estadio de Atocha. Un campo a la inglesa, con las gradas muy encima del rival al haber apenas espacio entre el fondo y las líneas del campo. Allí Arconada celebraba su tercer trofeo como portero menos goleado mientras el griterío exclamaba; “No pasa nada, tenemos a Arconada”.

1989. Con 35 palos Luis Miguel Arconada decide retirarse. Tras su marcha González asumirá su puesto en la portería para luego ceder la titularidad a Alberto a inicios de los 90. Por entonces el viejo Atocha había dejado paso a Anoeta. Hasta llegó a recuperarse para la causa a Biurrun, suplente de Arconada en los títulos ligueros. Olabe, Riesgo, Westerveld, Bravo, Rulli e incluso Álex Remiro. Nunca ha vuelto a tener la Real Sociedad un portero de la jerarquía de Arconada.

1985. Tras unos años de ensueño, la Real entra en decadencia. El galés John Benjamin Toshack sustituye a Ormaetxea en el banquillo. En agosto Arconada sufre una rotura de ligamento cruzado y menisco externo. Estará casi toda la temporada de baja. Su etapa en la selección, ya discutida desde la final de Paris, pasa a clausurarse. En su ausencia debutará Elduayen, quien a la temporada siguiente deberá marcharse de San Sebastián para prosperar como antes tuvieron que hacer Urruti, Biurrún y tantos otros. Toshack cambiará los métodos de entrenamiento, rejuvenecerá a la plantilla y modificará el sistema de juego implantando un 5-3-2 con un líbero y dos laterales carrileros con proyección ofensiva. Arconada volverá y se mantendrá como indiscutible.

1988. El canto del cisne. Con Toshack a los mandos la Real Sociedad logra un extraordinario subcampeonato liguero a lo que sumará un subcampeonato copero. Era una Real con 5-3-2 que vivía del talento de Arconada bajo palos y de un Bakero que entonces ejercía de delantero centro. La Real iba como un tiro, pero acabaría desestabilizada. A falta de ocho jornadas para el final el Real Madrid anunciaba el fichaje de Toshack como entrenador para la temporada 89-90. En la final de Copa se enfrentaban Real Sociedad y FC Barcelona. Ganó el Barça en el Santiago Bernabéu gracias a un gol de Alexanko (Arconada evitó una goleada), que propició que el conjunto azulgrana no faltara por primera vez en su historia a competiciones europeas. En medio de una crisis pantagruélica, sólo 4.000 catalanes estuvieron en el campo y el Barça hubo de devolver miles y miles de entradas. Aquella Copa fue una bombona de oxígeno para Núñez que ya tenía fichado a Cruyff como entrenador para la siguiente temporada. Y no sólo a Cruyff. También a López Rekarte, Beguiristain y Bakero. Como dijo Toshack: “Jugamos contra 14 futbolistas del Barcelona”. No le faltaba razón. El caso es que la Real también había jugado con un entrenador del Real Madrid.

1983. 6 de abril. En ese momento Luis Miguel Arconada era posiblemente el mejor portero del mundo. Su capacidad de reflejos era extraordinaria, lo cual le permitía llegar a balones difíciles gracias a una reacción asombrosa. Era impenetrable en el uno contra uno y llegaba a balones imposibles en la cepa del poste. Aunque la Real se mantuvo invicta durante las primeras 12 jornadas, no tuvo un buen desempeño en un campeonato en el que acabaría séptima. Con todo, la campaña de Arconada fue extraordinaria. Célebres fueron las cuatro paradas dentro del área que se sacó a tiros de Maradona en un partido en el Camp Nou, a lo que añadió una impresionante palomita tras lanzamiento de falta. Si alguien no conocía a Arconada lo hará en esa edición de la Copa de Europa. El portero donostiarra se salió en las eliminatorias ante Celtic de Glasgow y Sporting de Lisboa que llevaron a la Real Sociedad a semifinales ante el HSV Hamburgo de Stein, Kaltz, Magath, Bastrup y Hrubesch. En la ida disputada en el patatal del viejo Atocha el partido acaba con 1-1.

1983. 20 de abril. Volksparkstadion. Hamburgo. 57.000 almas. Partido de vuelta de la semifinal de la Copa de Europa. La Real llega tocada. Satrústegui, Zamora, Gajate y Kortabarría son bajas. Arconada es el sostén del equipo. Sus paradas mantienen viva a la Real durante todo el partido hasta que a falta de un cuarto de hora se adelantan los alemanes tras lanzamiento de esquina. Ocurre que cinco minutos después Diego empata para la Real Sociedad. El partido se encamina hacia la prórroga. Es el minuto 83, y tras un rechace dentro del área, Von Heesen adelanta nuevamente a los teutones. Es un fuera de juego clarísimo. La polémica se había originado porque minutos antes se había lesionado uno de los lineres suizos. Por entonces no había cuarto árbitro y hubo que poner como juez de línea improvisado a un linier alemán que estaba viendo el partido. Un linier residente en Hamburgo.

1984. Eurocopa de Francia. España viene de fracasar en su Mundial y de clasificarse para la Eurocopa tras un agónico 12-1 ante Malta (aquel día jugó Paco Buyo de portero). No se espera nada de la selección. España empata el primer partido ante Rumanía y el segundo ante Portugal. Tiene que ganar a Alemania para meterse en semifinales. Alemania es vigente campeona europea y subcampeona mundial. Los teutones tienen infinidad de ocasiones. Arconada tira de reflejos para un mano a mano ante Rummenigge y un disparo a bocajarro de Völler. Milagrosamente España pasa de ronda con un maravilloso gol de Maceda en el descuento. En semifinales toca la Dinamarca de Michael Laudrup, Elkjaer-Larsen y Frank Arnesen. Los daneses dan un recital que es replicado parada a parada por Arconada. Una mano increíble a la escuadra, una mano cambiada a Laudrup, un mano a mano ante Elkjaer-Larsen, una salvada ante un posible autogol y dos rechaces en el área pequeña camino del 120 de partido. Y es que hubo prórroga. Y penaltis. Arconada parará un penalti a Laudrup, pero el árbitro mandará repetirlo. Se irá fuera. Dio igual. España estaba en la final ante Francia gracias a Arconada.

Arconada vs Dinamarca 84

Allí, en la final parisina, Michel Platini lanzará una falta colocada pero escasa de fuerza. Arconada se lanzará rodillas al suelo para blocar el balón…que pasa por debajo de sus piernas para colarse dentro del área. “La sensación es como cuando un balón se te cuela por debajo en una piscina”, diría un Arconada que tardaría más de 20 años en ver las imágenes por televisión. “Fue una lástima haber marcado aquel gol, tanto por mí como por Arconada”, diría Michel Platini. Hacía dos décadas que España no disputaba una final de la Eurocopa. Y todo había sido por Arconada. Nada de eso tendría importancia. El gol de Arconada, como se dio en llamar a aquella cantada, empañaría para la historia la gran actuación del meta vasco en aquel verano francés.

2026. Luis Miguel Arconada está semiretirado. Mantiene el puesto de consejero de la CAF (Compañía Auxiliar de Ferrocarriles) donde lleva trabajando desde 1992. Vive por y para sus nietos. Uno de sus hijos es jefe de prensa de la Real y su hermano menor fue brevemente entrenador del club de sus amores. Ya sea sentado en tribuna o desde el salón de su casa no se pierde un partido de la Real Sociedad mientras asume que ya tiene más pasado que futuro.

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Un futbolista distinto (Karembeu)

Christian nació en Europa. Es europeo. Vino a este mundo un 3 de diciembre de 1970. Resulta que para un europeo Christian nació un 2 de diciembre. Y es que hay diez horas de diferencia entre Lifou y París. Christian nació en una de las islas que conforman Nueva Caledonia, un archipiélago localizado en el Océano Pacífico a más de 16.000 kilómetros de Lutecia. En Nueva Caledonia se usa el euro y se canta la marsellesa desde que en 1853 los franceses arrebataran estas paradisiacas tierras a los británicos (de ahí el nombre de Nueva Caledonia, dado que Caledonia es como los romanos se referían a Escocia en latín). Rica en níquel, Francia se ha aferrado a Nueva Caledonia con uñas y dientes, aunque desde 2018 se ha visto obligada a conceder un par de referéndums de independencia que, más tarde o más temprano, deberán acabar con la independencia de la isla.

Esos movimientos eran prácticamente inexistentes en 1970. Entonces el pueblo canaco, la comunidad aborigen caledónica, era humillado y apartado de las instituciones públicas. Hoy, el canaco defiende con orgullo su legado. No obstante, no era así en 1970. Mucho menos generaciones atrás. Uno de los bisabuelos de Christian había sido expuesto como caníbal en un zoo humano en el París de 1931. No hace ni cien años. Christian se enteró de la historia a los siete años cuando su abuelo se lo contó. Ese año hubo de caminar 20 kilómetros para ir a agitar una bandera francesa ante la visita del presidente Giscard d’Estaing.

Christian contaba con 17 hermanos. Era de familia muy humilde. Por eso no dudó cuando a los 17 años, en 1988, el Nantes FC decidió reclutarlo para su equipo filial. Al llegar allí descubrió que no había libertad, ni fraternidad, ni igualdad. El que menos lo miraba mal y el que más directamente lo insultaba. Si los senegaleses o los argelinos llevaban décadas ganándose con sudor un sitio en la multicultural sociedad francesa, a los caledonios poco más que se les consideraba monos con taparrabos. No sólo eso. Justo entonces se fundó un grupo terrorista independentista en Nueva Caledonia, por lo que el joven Karembeu pronto pasó a ser mono y asesino a partes iguales.

Christian Karembeu en 1990

Karembeu no veía entonces claro lo del fútbol. Quería estudiar medicina, pero cambió de idea al toparse con su nueva realidad. Decidió hacerse antropólogo para transmitir la historia canaca y que fuese comprendida por los franceses. Así pues, Karembeu comenzó a entrenar y a estudiar. No salía ni bebía. Sus aficiones eran muy diferentes a las de los chicos de su edad. Christian iba a pescar y lo hacía con las manos. Plantaba en su propio huerto y se iba al campo a recoger fruta. También cazaba, pero siempre con respeto a la naturaleza. Desde pequeño aprendió a adelantarse a los movimientos de la presa y a conocer las particularidades del terreno. Según afirmaba, eso le permitía ser mejor futbolista, integrarse en la sociedad y ser humilde y generoso con sus compañeros. Entrenaba descalzo, aunque acabarían obligándole a usar botas de tacos.

Christian Karembeu era un mono con taparrabos, un asesino y un bicho raro.

Un bicho rarísimo.

Ocurre que aquel bicho raro sabía jugar muy bien al fútbol. Tenía 20 años cuando debutó con el primer equipo del Nantes FC. Serían cuatro temporadas gloriosas gobernando el centro del campo del Nantes hasta conseguir un título liguero, el primero del equipo del Loira en más de una década. En aquella escuadra compartían sala de máquinas Karembeu y Makelelé, en la mediapunta estaba Pedrós y la delantera era para Patrice Loko. El primero de Nueva Caledonia, el segundo del Zaire, el tercero de madre portuguesa y el cuarto nacido en Orleans de padres congoleños.

Todos internacionales con Francia.

En 1995 Karembeu firma por la Sampdoria, entonces equipo de campanillas de la fortísima Serie A. Allí se establecería como uno de los mejores pivotes del planeta amén de competir en la banda derecha en un clásico 4-4-2. En esa posición firmaría una estupenda Eurocopa en 1996 y otra gran temporada en Italia que harán que en el verano de 1997 se convierta en pieza deseada para los dos grandes clubes españoles.

Y es que Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid, llamó directamente a Karembeu preguntándole si estaría interesado en firmar por el conjunto blanco. Christian accedió de inmediato a la petición y llevó la oferta madrileña a la sala de presidencia de la Sampdoria. El problema vino cuando días después el FC Barcelona hacía una oferta superior al club genovés. Los azulgranas tantearon entonces a Karembeu, quien desde un primer momento se mostró firme en su deseo de jugar en el Real Madrid, no por un amor a los colores, sino por una cuestión de honor. Le habían llamado primero y había dado su palabra. Jugaría para el Real Madrid.

El problema es que la Sampdoria sólo quería vender a Karembeu al FC Barcelona dado que la oferta era considerablemente superior. Presionado, Karembeu fue apartado del equipo durante seis meses en año previo al Mundial. Iba todos los días a la ciudad deportiva y se entrenaba en solitario en un campo anexo mientras observaba a sus compañeros. Era convocado a todos los desplazamientos y siempre era el descarte de última hora, por lo que se quedaba en el hotel de turno mientras el resto de la expedición se desplaza al estadio.

Con todo, en un tira y afloja el jugador suele obtener lo que desea, y en las navidades de 1997 Christian Karembeu firmó por el Real Madrid. Lo que sucedería en los siguientes seis meses iba a hacer olvidar, y con creces, lo sucedido en los anteriores 180 días. Únicamente marcará cuatro goles en su trayectoria en el Real Madrid, pero tres de ellos los anotará en esos seis gloriosos meses. En cuartos de final de la Copa de Europa registrará con un derechazo el gol del empate en el partido de vuelta ante el Bayer Leverkusen para luego volver a marcar en el partido de vuelta que acabaría con victoria merengue. Aún más importante fue el segundo gol que sentenciaba la semifinal ante el Borussia Dortmund. Luego, no anotaría, pero sería titular en la victoria ante la Juventus, en la que fue la séptima Copa de Europa del Real Madrid. La primera tras 32 años de sequía.

¡La Séptima!

Poco más de un mes después de tal hazaña, Christian Karembeu era campeón del mundo. Titular en la final de Paris en la que Francia venció a Brasil (3-0). Para Karembeu fue algo más que un partido. En su adolescencia había tenido el corazón dividido cuando Francia había vencido a Brasil en los cuartos de final de México 1986. Entonces Jean Tigana era el único negro en el equipo galo. Brasil era el sueño de cualquier adolescente de color. Ahora no. Thuram, Desailly, Vieira y el propio Karembeu representaban una nueva Francia. Karembeu organizó un viaje y fletó un autobús para medio centenar de amigos y familiares. Estuvieron en el Stade de Francia y se llevaron la camiseta, la medalla, los pantalones o las medias de Karembeu. Para aquel chaval isleño lo importante no eran los trofeos, sino el recorrido. Su madre ni siquiera vio el partido entero. Con 2-0 al descanso, y viendo a su hijo feliz en el campo, decidió levantarse e irse a una cafetería cercana a tomarse un té.

A partir de ahí todo se torció un poco para Karembeu. Nunca volvió a mostrar el excelso nivel de aquellos seis meses. Jugó dos temporadas más en el Real Madrid sin cumplir las expectativas depositadas en él. Ganó otra Copa de Europa con los blancos amén de una Eurocopa con Francia en el año 2000. En ambos casos como suplente. Contrajo matrimonio con la espectacular modelo Adriana Sklenarikova y se convirtió en carne de meme cuando aún no había memes. Era el hombre más afortunado del mundo. Lo había ganado todo como futbolista sin ser un futbolista extraordinario y tenía una esposa que era la envidia de cualquier hombre.

¿El hombre más afortunado del mundo?

Firmaría por el Middlesbrough y más adelante por el Olympiakos. Por entonces ya no iba convocado con la selección francesa. En su último partido con los galos fue sonoramente pitado. Se había manifestado públicamente en contra de las pruebas nucleares en Nueva Caledonia considerándolas colonialismo.

Karembeu se retiró en 2008. Contaba con 38 años. Lo primero que hizo fue convencer a la plantilla campeona del mundo de 1998 en ir a jugar un partido benéfico a favor de los niños necesitados de Nueva Caledonia. Era un motivo de vida. Se había marchado de allí a los 17 años y consideraba que sus vecinos debían sentir que eran campeones del mundo al igual que todos sus compatriotas de la metrópolis. Llevó a Dugarry y a Deschamps a pescar tiburones con una soga atada a un palo. Por la noche invitó a Zidane y a Lizarazu a comer mandioca y boniato.

Según sus propias palabras aquello fue mejor que haber ganado el Mundial.

«Yo nací en Nueva Caledonia. No soy francés. Yo no me lo considero y ellos tampoco me lo consideran. Mientras jugué en Francia descubrí que es un país racista. En Francia, un ciudadano de color no dispone de las mismas posibilidades que un ciudadano blanco. Estuve a punto de renunciar a la selección cuando se realizaron las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa. No lo hice porque siendo internacional, mis reivindicaciones tienen más relevancia». Karembeu en 1996 al poco de fichar por la Sampdoria.

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¿Favoritos o sorpresas? ¿Qué países ganaron el Mundial cumpliendo con los pronósticos?

En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.

A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.

Finalísima cancelada

Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.

Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.

URUGUAY 1930

Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.

Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Uruguay 30

ITALIA 1934

Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.

Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.

Veredicto: Error.

Italia: Vencer o morir

FRANCIA 1938

Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.

Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.

Veredicto: Acierto.

Giuseppe Meazza

BRASIL 1950

Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.

Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.

Veredicto: Error.

Gol de Ghiggia: Maracanazo

SUIZA 1954

Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.

Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.

Veredicto: Error.

El milagro alemán

SUECIA 1958

Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).

Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.

Veredicto: Error.

O Rei

CHILE 1962

Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.

Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Garrincha en movimiento

INGLATERRA 1966

Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.

Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Los inventores del fútbol

MEXICO 1970

Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.

Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.

Veredicto: Acierto.

Brasil del 70

ALEMANIA 1974

Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.

Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.

Veredicto: Acierto.

Cruyff y Beckenbauer

ARGENTINA 1978

Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.

Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.

Veredicto: Error.

Argentina 78

ESPAÑA 1982

Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa. 

Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.

Veredicto: Error.

Paolo Rossi

MEXICO 1986

Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.

Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.

Veredicto: Error.

D10S

ITALIA 1990

Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.

Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.

Veredicto: Error.

Alemania unificada

ESTADOS UNIDOS 1994

Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.

Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.

Veredicto: Acierto.

Mazinho, Bebeto y Romario

FRANCIA 1998

Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.

Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Francia multicolor

COREA Y JAPÓN 2002

Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.

Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.

Veredicto: Error.

La resurrección de Ronaldo

ALEMANIA 2006

Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.

Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.

Veredicto: Error.

¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!

SUDAFRICA 2010

Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.

Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.

Veredicto: Acierto.

Tiki-taka

BRASIL 2014

Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.

Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.

Veredicto: Error.

Primer europeo que conquista América

RUSIA 2018

Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.

Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.

Veredicto: Error.

Mbappé y compañía

QATAR 2022

Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.

Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.

Veredicto: Error.

¿El más grande?

NORTEAMERICA 2026

Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.

Campeón: En unos meses lo sabremos.

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Buenos Aires

Brown, Buchanan, Watson Hutton o Moore. Esos eran los nombres de los futbolistas rioplatenses a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Británicos que llegaron a Sudamérica para trabajar, cuyos hijos fueron a colegios ingleses y cuyos nietos acabarán siendo criollos. Por ende, sus bisnietos cien por cien rioplatenses. En el cauce suroeste del río fueron en busca de progreso italianos, húngaros y hasta brasileños, combinando una maraña de sangres e ideas. Los argentinos, quienes habitaban esa ribera del estuario de La Plata, mezclaron lo propio con lo foráneo e inauguraron un estilo criollo (elegante e improvisado) que combinaron con el británico (fuerza y disciplina). A este estilo le llamaron jugar a la argentina y ya en el siglo XXI el marketing hizo lo suyo y pasó a llamarse jugar a la nuestra.

El fútbol pronto se convirtió en el deporte nacional en Argentina. Al juego táctico se le unió el de potrero. Al británico fuerte y corpulento el criollo enjuto y habilidoso. Al tiro largo, el regate interminable. El Río de la Plata era una marmita de creatividad sin igual y en cada barrio de Buenos Aires iba a surgir un club. Cada equipo tiene su estadio, una peculiaridad que comparten con las escuadras ingleses evitando así su dependencia del poder público. Además, cada club tiene su sede social y deportiva. Las sedes sociales, en muchos casos con bibliotecas o salas de teatro, articularon la actividad cultural y recreativa de cada barrio durante gran parte del siglo XX. Bailes populares, bodas, bautizos y comuniones, carnavales o fiestas regionales de los distintos emigrados serán usados en los espacios de estos clubes deportivos.

Argentina es Buenos Aires. Y Buenos Aires es el Rio de la Plata. Tras zarpar de A Coruña, Diego García de Moguer descubrió para los europeos un inmenso estuario navegable donde años después se fundó la ciudad de Buenos Aires, asentada en torno a una plaza principal, hoy conocida como Plaza de Mayo. Los españoles le dieron vida, los italianos la reanimaron y los ingleses la capitalizaron. Sus hijos, los criollos que de allí surgieron, gobiernan una Ciudad-Estado, un ente independiente del resto del país, con su propia idiosincrasia y tenedor de las más grandes riquezas y de las más terribles de las pobrezas.

Donde el tango nació, de criollo corazón, suburbio que hoy reina en el mundo, cantaba Carlos Gardel. Hay tango, pero sobre todo hay fútbol. El Gran Buenos Aires, unos catorce millones de habitantes (la ciudad pasa de los tres) cuenta con 36 estadios con aforo superior a las 10.000 localidades. Madrid, con ciudad de tres millones y zona de influencia de más de seis, únicamente cuenta con cinco recintos y un sexto, Vallehermoso, en el que el fútbol es testimonial. Ciudad dual, el Paris de América, es Buenos Aires también la ciudad del mundo con más librerías por habitante. Dos corazones, el visceral del balón y el cerebral de la pluma. Británico y criollo. Dos mundos en uno.

Buenos Aires

De la Casa Rosada en la Plaza de Mayo hasta la Plaza Miserere, de la inmensidad de la Avenida 9 de julio a visitar boutiques, deambular por mercados y comer en un bochinche en Palermo o vagar por el bohemio barrio de San Telmo para seguir las huellas de Mafalda. Ese es el Buenos Aires del turista, del visitante. Luego hay otro. El Buenos Aires del bonaerense, el Buenos Aires puro.

Cada distrito, cada barrio, hasta cada calle, tiene su equipo de fútbol. Entre 1901 y 1912 se fundaron los clubes clásicos del fútbol argentino y rioplatense. River Plate, Boca Juniors, San Lorenzo de Almagro, Huracán, Vélez Sarfield, Racing, Argentinos Juniors, Chacarita, Atlanta, Independiente o Ferro Carril Oeste. A estos hay que añadir otros menores como Barracas, Defensores de Belgrano o San Telmo. Pero hay muchísimos más como Lanús, Defensa y Justicia, Banfield, Quilmes, Arsenal de Sarandí, Tigre, Nueva Chicago, Temperley…

El primer club que gobernó Buenos Aires y por ende Argentina fue el Alumni Athletic Club fundado en 1898. Club de estirpe inglesa, juego largo y balón a la olla. De 1901 a 1911 logró diez títulos ligueros consecutivos. Fundado por el escocés Alexander Watton Hutton, el Alumni tuvo su sede al norte de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, cuya distinción recuerda al prócer de la bandera albiceleste. Era y es Belgrano lugar residencial y de pasmosa elegancia, de casas palaciegas, colegios privados (Buenos Aires English High School fue el origen del Alumni), amplias avenidas, torres residenciales de buen vivir y, ya bien andado el siglo XX, incluso hogar del barrio chino bonaerense.

Desmantelado el Alumni con la llegada del profesionalismo, en el barrio de Belgrano surgió un nuevo equipo. Pronto recibirá el apodo de Los Millonarios y pasará a ser la envidia del resto de la ciudad. En Bajo Belgrano, en una zona de parques y adosados, se encuentra el estadio Vespucio Liberti, más conocido por todos como Monumental. La casa de Club Atlético River Plate, el rey de la zona norte de la ciudad. Mas lo cierto es que River es club rico por accidente. Los orígenes de River están mucho más al sur, en la desembocadura del Río Riachuelo, en el barrio portuario de La Boca, justo en el lugar donde se asentaron los primeros españoles para establecer una cabeza de puente que les permitiese avanzar tierra adentro.

La Boca. Barrio difícil y marginal. En la calle Caminito el colorido es inigualable. Artistas callejeros, casas de chapa y madera vertidas en mil colores, calles empedradas y brillo en los ojos. El Club Atlético Boca Juniors surgió en el barrio del mismo nombre. Boca y River compartieron orígenes italianos, pero mientras uno mudó en busca de la buena vida el otro se quedó a pie de puerto. El barrio y el río sirven de frontera entre el Buenos Aires ayuntamiento y el Gran Buenos Aires. Donde antes había miseria y estibadores ahora hay turismo, tango y arte, aunque los peligros siguen acechando al caer de la noche. Las famosas fachadas de colores dan vida a un barrio que tiene como colofón el azul y amarillo del Alberto Armando, más conocido como La Bombonera, la caja de bombones donde Diego Armando Maradona esparció su cátedra semana tras semana.

La Bombonera

Decíamos que el río, Matanza en su nacimiento y Riachuelo al fallecer, separa la ciudad de la provincia. Al otro lado del río está Avellaneda, antaño ciudad libre, hoy parte del Gran Buenos Aires. El Racing Club de Avellaneda fue el primer campeón argentino que ganó con once criollos en su escuadra inicial. Lo hicieron a través del juego corto, preciso, artístico e improvisado, de ahí que pronto fuesen conocidos como La Academia. Si la rivalidad entre River y Boca es enfermiza, no lo es menos la que hay entre Racing e Independiente. Lo más curioso es que El Rojo, el club que más veces ha ganado la Copa Libertadores, tiene su sede a escasos 400 metros de la su archirrival. Y es que Independiente y Racing pueden estar jugando como locales y escuchar los goles rivales sin molestarse en levantarse de su asiento.

Rivalidad a 400 metros de distancia

Regresando al corazón de Buenos Aires encontramos el barrio de Almagro, de origen italiano, agitada vida nocturna y que en estándares europeos denominaríamos como un barrio seguro. Allí se sitúa el quinto grande del fútbol argentino. El Ciclón gobierna una de las zonas más comerciales de Buenos Aires, pero sus orígenes fueron mucho más humildes. El Club Atlético San Lorenzo fue fundado por los salesianos con la idea de sacar de la calle a los niños del barrio de Boedo. El club tuvo sus orígenes en el proletario distrito del citado nombre a principios del siglo XX en el que luego surgirán los cafetines, el tango y los poetas. San Lorenzo fue el equipo de los españoles, de Isidro Lángara o de Ángel Zubieta, y luego lo fue del Papa Francisco.

San Lorenzo mantiene enconada rivalidad con sus rivales del sureste del barrio de Parque Patricios. Allí tiene su sede el Club Atlético Huracán, barrio donde se pastoreaba el ganado que llegaba del interior y en cuyos alrededores con el tiempo se abrió un gran parque en el momento que bloques de pisos sustituían a las antiguas industrias.

Volvemos a salir de los límites de la ciudad de Buenos Aires para viajar a la zona norte. Antes de adentrarse en los bajos del río Paraná, el Gran Buenos Aires dejará una sorpresa en dirección septentrional. Zona de marismas, clubes náuticos, barrios privados y centros tecnológicos. En la residencial Florida se asienta el Club Atlético Platense. En la más modesta y ligada al ferrocarril villa de Victoria está el Club Atlético Tigre. Ambos disputan el clásico del norte de Buenos Aires.

Ciudad del fútbol

Volviendo a las arterias principales de la ciudad de Buenos Aires nos encontramos con Chacarita Juniors. Nombre derivado de un colegio de la Compañía de Jesús y de la voz nativa chacra que significa granja. De la granja de los colegiales se pasó a Chacarita Juniors. Barrio de tradición militar y ferroviaria (como todo Buenos Aires) posee el mayor cementerio del país. Allí reposa Carlos Gardel, objeto de idolatría y símbolo cultural de Argentina tan solo igualado de Diego Armando Maradona.

Es curioso que tres de los cinco más grandes futbolistas de siempre sean argentinos. Más curioso aun es que ni Di Stefano ni Messi sean bonaerenses. El único que nació en la capital fue Diego Armando Maradona en la barriada de Villa Fiorito, como él mismo dijo barrio privado de agua y de luz. Si bien Maradona era de Villa Fiorito, sus primeros pasos los dio más al norte en el barrio de La Paternal defendiendo la camiseta de Argentinos Juniors. Barrio de origen obrero, hoy combina zonas comerciales y residenciales con otros inseguros y de construcción desenfrenada. Por último, y limitando con el barrio de La Paternal como con el de Chacarita, está Villa Crespo, barrio de moda, donde se ubica el Club Atlético Atlanta, el cual mantiene una fortísima rivalidad con Chacarita Juniors. Mientras los primeros son los bohemios, éstos últimos son los funerarios.

Ahora en el centro, antes en el oeste, el barrio de Caballito, barrio de cafés, conversaciones y restaurantes, destaca por el inmenso Parque del Centenario que conmemora la Independencia de Argentina. Hasta ahí llegaba el ferrocarril que salía cargado de reses desde el interior del país, la Pampa, para suministrar de carne a la capital y exportarla por todo el planeta. En 1904 los empleados ferroviarios fundaron el Club Ferro Carril Oeste, uno de los 18 clubes constituyentes de la primera liga de futbol y el club más laureado del país en materia de baloncesto. Con el paso de los años la industrialización hizo crecer la ciudad mucho más hacia el oeste y así sigue siendo hoy en día, ya que son los barrios donde se asientan migrantes internos y bolivianos, peruanos o venezolanos que buscan una vida mejor de la que tienen en sus lugares de origen. El Club Atlético Vélez Sarfield recogió la simpatía de muchos de ellos. Ambos conforman una encona rivalidad de la que Vélez es claro ganador. Al fin, de extracción social mucho más modesta es el Club Atlético Nueva Chicago del barrio de Mataderos, cuyo nombre ya evoca su origen criollo y rural. Las reses del ferrocarril del oeste eran procesadas en el barrio de Mataderos al que pronto se le comparó con la estadounidense Chicago por ser el centro de la industria de la carne norteamericana. Nueva Chicago mantiene también una bonita y enconada rivalidad con Club Almirante Brown.

Vélez Sarfield

Pero es en el sur de Buenos Aires donde se asientan los barrios de nivel socioeconómico más humilde. Más allá del Río Matanza se instalaron las industrias, los asentamientos irregulares y la violencia de los bajos fondos nacida del resquemor de los que trabajaban río abajo para pagar la vida de los que disfrutaban río arriba. Al sur de Avellaneda está el Arsenal de Sarandí (1957) que rivaliza por la hegemonía de la zona con el Quilmes Atlético Club (1887), el decano del fútbol argentino y que da nombre al barrio donde a finales del siglo XIX se ubicó la fábrica de cervezas más famosa de Latinoamérica.

Sarandí y Quilmes son dos ciudades satélites que nacieron y crecieron por la pujanza de Buenos Aires y al calor del mar y de la desembocadura del Río de la Plata. Cuando ambas crecieron se expandieron hacia el interior a donde estaban los entonces pueblos de Lanús y Banfield. Uno de esos grandes empresarios que hizo crecer Buenos Aires a golpe de explotar a sus conciudadanos fue el terrateniente Anacarsis Lanús, quien compró unos terrenos para crear una ciudad a su antojo. El Club Atlético Lanús nace al poco de consolidarse la ciudad al igual que el Club Atlético Banfield nace en la ciudad homónima. CA Banfield fue fundado en el siglo XIX por trabajadores ferroviarios de origen inglés y adquirió gran fama a mediados del siglo XX al ser el equipo del que era simpatizante Evita Perón.

Ya más al sur, en los límites del Gran Buenos Aires, está la ciudad de Florencio Varela, hasta no hace tanto zona rural y lugar de veraneo. Allí se fundó en 1935 el Club Social y Deportivo Defensa y Justicia, uno de los equipos con nombre más curioso que ha parido el mundo del fútbol. Defensa y Justicia es junto a Arsenal de Sarandí, Lanús, Argentinos Juniors (1 Copa Libertadores), San Lorenzo (1), Vélez Sarfield (1), Racing Club (1), River Plate (4), Boca Juniors (6) e Independiente de Avellaneda (7) los clubes bonaerenses con títulos internacionales.

Monumental (River Plate)

Y, por último, cumple señalar a Club Estudiantes y Club de Gimnasia y Esgrima, ambos de la ciudad de La Plata. No forman parte del Gran Buenos Aires, aunque si se sitúan dentro de la provincia de Buenos Aires. Los pincharratas de Estudiantes son otro de los grandes del fútbol sudamericano con sus cuatro Libertadores y la Copa Intercontinental de 1968.

“El fútbol inglés será más técnico y más efectivo, pero hay victorias sin pena ni gloria y existen derrotas que son amplios triunfos a puntos (…) solamente a los ingleses se les ocurre el fútbol con un pizarrón. Allá hay que ir a la escuela para hacer una rabona. Allá la técnica depurada, severa, concienzuda; aquí la gambeta, la gracia y la improvisación (…) mil veces los nuestros, aunque pierdan, porque dejaran un chachito de gracia en cada apilada, un granito de emoción en cada conquista”. Ricardo Borocotó, periodista deportivo argentino en 1928.

Otras historias del fútbol argentino

River Plate- Boca Juniors (una de las rivalidades más enconadas del fútbol mundial)

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (la final de la Copa Libertadores que se disputó en el Bernabéu)

Cuando la Intercontinental era una carnicería (años de plomo liderados por los pncharratas de Bilardo)

Antes de que Nápoles amase a Maradona (cuando ‘El Pelusa’ era discutido a los pies del Vesubio)

Maradona (ángel y demonio en dos partes)

El camino a casa de Isidro Lángara (el gran delantero español al que la Guerra Civil llevó a Argentina)

Apuntes sobre una final (Messi contra Mbappé en busca de la victoria en el Mundial de Qatar

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Cuando Messi fue a los Juegos Olímpicos

El Real Madrid había ganado la Liga con holgura. Fueron 18 puntos de ventaja sobre un Barça que acabaría tercero. En Europa las cosas no le fueron bien a ninguno de los dos. El caso es que los azulgranas llevaban dos años sin hincarle el diente a trofeo alguno. Ese año el Madrid les había metido un 4-1 en el Bernabéu y luego, tras un empate sin goles en el Camp Nou ante el Getafe FC y una derrota ante el Madrid también en casa, hubo un levantamiento de los socios que proclamaron una moción de censura ante Joan Laporta.

Hubo más noes que síes ante Laporta, pero para descabalgar al presidente del caballo había que lograr 2/3 de los votos. No fue así. El 61% de los socios votó a favor de la moción de censura, números importantes pero insuficientes. Laporta recibió una bombona de oxígeno y decidió apelar a los sentimientos. Tenía cerrada la contratación de José Mourinho, antiguo ayudante azulgrana y por entonces sin equipo tras su exitoso paso por Porto y Chelsea. Cambió de idea como quien cambia de chaqueta. Tenía a buena parte de la masa social encima y decidió hacer de tribunero.

José Mourinho acabaría marchándose a vivir a Milán y Joan Laporta decidió ascender del filial a Pep Guardiola y convertirlo en entrenador del FC Barcelona. No creía en él, sin embargo, decidió seguir el consejo de Johan Cruyff, quien fue el que le convenció de dar el arriesgado paso. Laporta, fiel cruyffista (para Joan ni Guardiola ni Messi estarán nunca a la altura de Cruyff), decidió apostar por alguien que le haría ganarse al público…siempre y cuando hubiera resultados.

Guardiola entró en el vestuario con la guadaña preparada. No necesitó más que un par de días para darse cuenta de que la piedra angular para su proyecto era Lionel Messi. Exigió la marcha de Ronaldinho, Deco y Eto’o, los tres bicharracos que le habían dado la segunda Copa de Europa al Barça apenas dos temporadas antes. Laporta, atado de pies y manos, hubo de claudicar. Los dos primeros se marcharon por la puerta de atrás y Eto’o conseguiría hacer cambiar de opinión a Guardiola a base de sudor en los entrenamientos.

Entonces surgió un problema. Leo Messi fue convocado por la selección argentina para disputar el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Pekín. Verano del 2008. Messi está loco por la música. Tiene veinte primaveras y sabe que es la única y la última ocasión de su vida para ir a unos Juegos. El Barça no tenía intención alguna de cederlo dado que se trataba de una competición del COI (Comité Olímpico Internacional) al margen de la FIFA. En estos casos los clubes ceden a jugadores sub-21 que o bien son promesas o bien no son trascendentales para el primer equipo. Ese no era el caso de Messi. Aquel verano le habían dado las llaves del castillo y su obligación era defender el escudo azulgrana contra viento y marea.

Messi se enfurruñó. Se empeñó en ir a Pekín. Estaba insoportable y no le dirigía la palabra a Guardiola. El asunto acabaría en los tribunales deportivos (TAS) con el silencio cómplice de la prensa barcelonesa. El TAS fue claro en su veredicto y le dio la razón al FC Barcelona, poseedor de los derechos sobre el jugador.

Aquello se enquistó de tal manera que Guardiola decidió reunirse con Laporta. Mejor un Messi feliz durante nueve meses que uno infeliz durante once mensualidades. Sería la primera vez de muchas en las que los deseos de Messi se excedan sobre lo deseado por el club.

Valdría la pena.

Messi viajó a China con la selección argentina. Eso sí, lo haría con un acompañante a tiempo completo del staff técnico del FC Barcelona. Se trataba de Pepe Costa cuya misión, primordialmente, fue la de vigilar la alimentación de Messi. Por entonces, Leo abusaba de las pizzas y de los asados, lo que le provocaba frecuentes problemas musculares. Si algo buscaba Guardiola era que Messi ascendiese tan a lo alto como Ronaldinho pero que no sufriese se brusca caída. Uno de sus primeros objetivos es que Messi pasase a controlar sus comidas. Leo recibió el OK apenas una semana antes del inicio de los Juegos. Voló a Barcelona desde Italia, donde el club había jugado un amistoso, para obtener el visado y puso rumbo a China previó acuerdo entre Argentina y el FC Barcelona de un seguro millonario que cubriese una posible lesión del astro sudamericano durante el torneo.

El oro de Lionel Messi

Argentina, vigente campeona olímpica, presentó un equipo extraordinario. Además de Messi estaban Lavezzi, Gago, Agüero, Di María y los mayores de 23 años Riquelme y Mascherano. Entrenaba Marcelo Bielsa. Messi anotó ante Costa Rica en el partido inaugural, para luego ganar a Costa de Marfil, Australia y Serbia. En cuartos eliminaron a Holanda y en semifinales tocó duelo ante Brasil. Ganaron los argentinos por 3-0 con dos de Agüero y un gol de Riquelme.

La final fue ante Nigeria. En 1996 los africanos habían tumbado sorprendentemente a Argentina en la que hasta la fecha es el gran triunfo del fútbol africano. En 2008 la victoria fue para los sudamericanos por 1-0 con tanto de Ángel Di María a pase de Leo Messi. Con el oro bajo el cuello, Messi fue a ver un partido de la selección estadounidense de baloncesto, le pidió un autógrafo a Kobe Bryant y cogió un vuelo a Barcelona con una sonrisa de oreja a oreja.

En Barcelona lo esperaban con los brazos abiertos. El Barça de Guardiola había perdido el primer partido de Liga ante el Numancia. Tardaría mes y medio en encaramarse a puestos de Liga de Campeones y no será hasta la novena jornada cuando alcance el primer puesto. A partir de entonces el éxtasis. El Barça ganó del tirón Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa española y europea y Mundial de Clubes. A esa hazaña se le dio en llamar el Sextete. Y la gesta tuvo a Lionel Messi como estrella. Se perdió el inicio de la competición y no obstante le bastaría para anotar 38 goles y dar 17 asistencias en 51 partidos de azulgrana entre Liga, Copa y Copa de Europa.

Al finalizar la temporada 2008/09 ganará el Balón de Oro con el mayor margen logrado frente al segundo clasificado.

Acabará sumando ocho.

Ya lo había dicho Guardiola; mejor nueve meses de un Messi feliz que once meses de un Messi enfadado.

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Cuando Groenlandia le ganó a Estados Unidos

Antes de que Donald Trump decidiese pasarse el derecho internacional y las convenciones sociales por el forro de los huevos (pediría perdón por la expresión, pero todos sabemos que es muy del gusto del personaje) y volver al status quo de la ley del más fuerte aplicada hasta 1945, de Groenlandía sabíamos entre poco, nada o absolutamente nada. Por allí anduvieron Erik el Rojo y los vikingos, en aquel lugar habitaba en coqueto iglú Nanuk el esquimal y por esos lares buceaban ballenas que daban un aceite maravilloso para iluminar farolas y una carne estupenda para cocinar una buena sopa.

En términos deportivos quizás a algún lector le suene Jesper Gronkjaer. A inicios del presente siglo este polivalente centrocampista tuvo una sólida carrera que lo llevó a jugar en Ajax y Chelsea además de tener un efímero paso por el Atlético de Madrid. Fijo en la selección de Dinamarca, representó a su país en 80 ocasiones amen de disputar dos Copas del Mundo. Gronkjaer nació en Nuuk, capital de Groenlandia, pero, obviamente, nunca fue internacional groenlandés. En primer lugar, porque Groenlandia no es un estado y no tiene selección de fútbol oficial y en segundo lugar porque, de tenerla, Gronkjaer jamás hubiese sacrificado la opción de jugar con Dinamarca para hacerlo con Groenlandia.

Jugar al fútbol en Groenlandia es más que complejo. Tiene la liga nacional más corta del mundo. Se disputa concentrada en el mes de agosto, la única época del año donde está garantizado que la nieve o el hielo no cubran campos que en su mayoría son de césped artificial. Si uno bucea por internet y encuentra fotos del campeonato observa cómo son comunes las camisetas de manga larga o las rodilleras y calentadores térmicos debajo de la equipación futbolística. Los porteros, en pleno mes de agosto, suelen llevar pantalón y zamarra que les tapan todo el cuerpo.

No hay mucho más que rascar en un territorio que cuadriplica los kilómetros cuadrados de España, en el que apenas una quinta parte de sus tierras están libres de hielo y que únicamente cuenta con unos 60.000 habitantes. En 1991 registraron la temperatura más baja vista en el planeta con unos espeluznantes -70º. En Nuuk, la capital localizada al sur, se oscila entre una media de -6º y 8º en todo el año. En su estadio nacional, de poco más de 2.000 habitantes, se recibe a selecciones sin estado como Kosovo, Gibraltar, Man, Tíbet, Islas Feroe, Gagaucia, Zanzíbar o Santa Elena. Desde hace un par de décadas pelean para ser integradas en la UEFA, pero se han encontrado con la reiterada negativa del máximo organismo del fútbol europeo. La federación groenlandesa decidió en 2022 darle una vuelta de tuerca al asunto y pedir el ingreso en la Concacaf. Habría mucho que recorrer. 6.000 kilómetros hasta México DF, Kingston o La Habana.

Gronkjaer

En tiempos del año 1.000 d.C. navegantes vikingos (de lo que hoy sería Noruega) comenzaron a colonizar un inhóspito territorio donde apenas había pequeños grupos de esquimales. Las inclemencias del tiempo hicieron que esos asentamientos fuesen o viniesen con el tiempo, pero lo cierto es que desde el siglo XIII ese territorio pasó a estar formalmente integrado en la corona de Noruega, que por aquel entonces integraba también al territorio de Dinamarca.

Luego, en 1721, se inicia una segunda etapa de colonización en la que además de balleneros, también hay juristas, comerciantes y misioneros cristianos. A partir de entonces se construye la capital Nuuk y pasa a haber un flujo comercial constante entre Europa y Groenlandia. Prácticamente un siglo más tarde, con el fin de las guerras napoleónicas, Noruega pasa a integrarse en Suecia (no volverá ser independiente hasta el siglo XX) y Dinamarca pasa a heredar, en formato de colonia, las tierras de Groenlandia.

Habrá que esperar a 1953 para que Groenlandia se constituya de manera formal como provincia danesa con voz y voto en el parlamento danés. Antes, se había permitido la ocupación provisional del territorio (provisional significa que tiene inicio y fin, conviene puntualizárselo al señor Trump) de Estados Unidos con motivo de la II Guerra Mundial. En 1979 se dará un paso más al otorgar un estatuto de autonomía a Groenlandia para intentar paliar los 3.500 kilómetros de distancia que hay entre Nuuk y Copenhague. Para 2009 se produjo una amplia extensión de esa autonomía, al permitir un control de inmensas carteras exceptuando defensa y política exterior que siguen en mando de Dinamarca.

En la actualidad los groenlandeses se debaten entre la independencia o el seguir perteneciendo a Dinamarca. Esa dicotomía también se refleja en una disyuntiva capital en su territorio. Cuentan con una basta base de recursos naturales como zinc, plomo, molibdeno, oro, platino o uranio. Podrían ser independientes y acceder a ellos, pero necesitarían capital y mano de obra extranjera para explotarlos amen de destrozar un ecosistema tremendamente frágil. Seguir perteneciendo a Dinamarca garantiza un respeto medioambiental y un nivel de vida admisible, siempre a costa de un progreso extraordinario que el capitalismo, representado por Estados Unidos, vende como única forma de satisfacción vital.

¿América o Europa?

Si bien el fútbol es un deporte complejo de practicar y disfrutar en tierras tan septentrionales, el balonmano tiene enorme aceptación popular. Se trata de un proceso natural dado que en Dinamarca y en el resto de países escandinavos el balonmano es una suerte de religión nacional. Cuando en 1979 Groenlandia adquiera un estatus semiindependiente respecto a los daneses, la federación groelandesa de balonmano dará sus primeros pasos para poder competir internacionalmente.

El proceso fue rechazado por IHF (International Handball Federation) constantemente bajo la presión de los países europeos. Dinamarca jamás iba a aceptar ese drástico paso y para ello contaba con el apoyo del balonmano europeo, lo cual es lo mismo que decir con el apoyo del balonmano mundial. Desde que en 1938 se celebrase el primer Mundial de balonmano todos los campeones han sido del Viejo Continente. Es más, salvo el segundo puesto obtenido por Catar en 2015 con un equipo formado por nacionalizados, nunca un país no europeo ha conseguido ser segundo o tercero en un Mundial. Salvó el norte de África, Corea y Japón, el balonmano es un deporte netamente europeo con más éxito en aquellas regiones donde el frío invernal obliga a buscar refugio en un polideportivo.

Sucedía que la IHF acepta que selecciones que no representan a sus estados soberanos tengan oficialidad siempre y cuando tengan una buena estructura deportiva y una liga propia. Quizás no ocurra en el fútbol, pero en balonmano la nota groenlandesa se acerca al sobresaliente. Así que como en 1985 por culpa de un conflicto relacionado con la pesca Groenlandia abandonó el marco pesquero de la UE, la federación de balonmano tiró de dicho argumento para solicitar entrar en la PATHF (Federación Panamericana de Balonmano).

Si uno mira con detenimiento un mapa observará que geográficamente Groenlandia está destinada a competir en los torneos continentales de América. Así que, dado que el nivel del balonmano en América es paupérrimo y la presencia de Groenlandia era vista como aliento y no como intrusismo, la IHF dio su brazo a torcer y en 1998 aceptó que los groenlandeses pudiesen competir internacionalmente.

Sólo tres años después de celebrar su oficialidad como selección, el balonmano de Groenlandia vivió algo que no ha vuelto a experimentar. En 2001 Groenlandia logró clasificarse para el Mundial femenino y para el masculino. En el caso de las mujeres serían dos torneos mundiales sin conocer la victoria. Para los hombres ese primer torneo se saldó con una humillante derrota ante Alemania (8-39), honrosas ante Croacia (15-25) o España (16-31) y con una histórica y contundente victoria ante Estados Unidos (26-18). Luego se repetiría presencia mundialista en otras dos ocasiones (2203 y 2007) pero sin obtener triunfo alguno. En esos tres mundiales jugaron los hermanos Jakob Larsen y Rasmus Larsen, considerados los mejores jugadores de siempre de Groenlandia. Rasmus jugó en Francia y Jakob jugó en España en las filas del BM Zaragoza.

Un país de balonmano

Pero es en América en donde Groenlandia se ha convertido en una superpotencia. En 2002 y 2006 logró el bronce en el campeonato americano y en 2018 fue país organizador. Ese año se decidió dividir América en dos federaciones distintas y Groenlandia pasó a competir en lo que se ha dado en llamar Campeonato Norteamericano y Caribeño. Aquí la fortaleza de Groenlandia es tremenda al sumar un oro, una plata y un bronce en cuatro ediciones disputadas. En el último torneo Groenlandia con sus 60.000 habitantes venció a Canadá (41 millones), Puerto Rico (3 millones), México (132 millones) y Estados Unidos (340 millones).

En el medallero histórico del torneo Groenlandia supera a Estados Unidos.

En 2027 se disputará en Alemania el Mundial de balonmano. Tan sólo un país norteamericano o caribeño obtendrá plaza para la fase final.

Groenlandia tiene muchas opciones de clasificarse.

Lo normal es que Estados Unidos no se clasifique.

Otras historias del balonmano

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La primera perla negra (Salif Keïta)

En estas páginas ya he hablado alguna vez sobre el racismo. Al que da patadas se le llama asesino. Al que no es capaz de correr noventa minutos se le tilda de gordo o de viejo. Cabrón si pierde tiempo. Hijo de puta si contesta a la grada. Todo está mal. Pasa y pasa mucho. Y no son minorías. Reflejan el sentir de una sociedad que usa expresiones como ‘ser traidor como judío’, ‘engañar como un chino’ o ‘sudar como un panchito’. El caso es que llamar a alguien negro, atacarlo lanzándole plátanos o mofarse de él simulando gritos de mono dentro de un campo de fútbol no es racismo. Es una forma de desestabilizar al rival. De mal gusto, penable, incluso, pero es una entre tantas formas de ahondar en la mentalidad del oponente y comerle la moral.

Y con todo, no siempre fue así. El racismo no era cuestión en España, básicamente porque no había nadie distinto de nuestra raza en el país salvo un puñado de futbolistas. No éramos racistas, dado que no había necesidad de ello. Contaba mi padre que la primera vez que vio a un negro fue a un feriante en las fiestas de su pueblo. Años 60. Aquella tarde nadie subió a atracción alguna. Todos los niños se escondieron detrás de columnas para presenciar de cerca a aquel junco color de ébano. A aquel Baltasar venido del Lejano Oriente.

Ben Barek, Mendoza, Waldo o Jones pertenecían a esos futbolistas que no es que fueran mal tratados, sino que eran buscados, admirados. Todos eran vistos con la simpatía de lo exótico. Había poquísimos, la mayoría de los equipos no tenían ninguno y si recibían insultos nada tenían que ver con el racismo. Además, todos compartían lengua, costumbres y religión, ya que provenían de América. Y en caso contrario, caso de Ben Barek, lo hacían de Marruecos, país con lazos muy profundos con España.

Hasta que llega 1973.

Ese año se abren fronteras tras una década sin presencia de extranjeros en la liga española. El Barça fichó a Cruyff (Países Bajos) y a Sotil (Perú), el Madrid a Netzer (Alemania) y Más (Argentina) y el Atlético a los también argentinos Ayala y Heredia. Todos ellos blancos. Todos contrastados.

El Valencia CF, siguiendo la línea iniciada con los brasileños Waldo y Walter, decidió apostar por un delantero negro. Ocurre que en este caso indagó en una ruta jamás explorada. El África subsahariana.

El Valencia CF fichó a Salif Keïta.

Era un fichaje extraño para una España donde el Franquismo daba sus últimos coletazos. No obstante, era un fichaje de tronío. Procedía del Olympique de Marsella, era natural de Mali, jugaba como segundo delantero y había sido galardonado con el primer Balón de Oro africano. Ocurre que en Francia estaba muy asentado el fichaje de jugadores africanos. La época colonial había dado hijos afrancesados y el recorrido África-Francia estaba más que formalizado. Se argumentaba que encajaban bien en el país vecino por la misma razón que los sudamericanos se aclimataban con éxito en España. Pero aquello de que un subsahariano pudiese triunfar en la piel de toro no era visto como algo posible. Las editoriales de los periódicos fueron muy críticas con su llegada. En Las Provincias se dijo que el Valencia iba a por un alemán y acabó fichando a un negro. Así. A un negro. Y no pasaba nada. Keïta protestó con educación y ahí quedó la cosa.

Lo cierto es que era sensacional. Había debutado con apenas 16 años con la selección y ahora estaba en el Valencia con 27 años en su periodo de plenitud. Pecaba de individualista y su procedencia africana hacía que el aficionado multiplicase al cubo ese defecto, pero lo cierto es que técnicamente era fantástico y tenía ese gracejo propio del que aprende a jugar en la calle. Debutó con dos goles ante el Real Oviedo y dejó para el recuerdo un golazo ante el Atlético, el día del debut de Luis Aragonés como técnico colchonero, tras tumbar a varios rojiblancos dentro del área.

El debut de Keïta

Keïta había sido captado por un oftalmólogo francés que ejercía en Bamako, capital de Mali. Se lo ofreció a un amigo que era directivo del Saint Étienne, por entonces prima donna del fútbol francés. Era un chico liviano de apenas 62 kilos en unos 178 centímetros de altura. No lo tuvo fácil. En Mali era un símbolo nacional. Tuvo que abandonar Bamako de manera clandestina para coger un vuelo en Liberia temeroso de que el régimen dictatorial de Mali impidiese su salida del país. Salió rumbo al aeropuerto parisino de Orly un día antes de lo establecido para que nadie pudiese interceptar su salida. Así que llegó, solo, a una ciudad donde nadie lo conocía. Se subió a un taxi y puso rumbo a Saint Éttiene para cubrir 500 kilómetros sin un duro en el bolsillo. Tuvo suerte de que el taxista fuese futbolero y confiase en su palabra de que cobraría la carrera de 1.000 francos que le habían prometido.

Y luego estaba lo de aclimatarse. Había llegado a un club que recién se había proclamado campeón, por lo que tendría que funcionar desde el primer minuto. Con su zancada, regate y capacidad de remate se ganó el título, luego tan manoseado, de perla negra. Y eso que le costó. Tardó quince partidos en anotar su primer gol. Luego, subió como cohete. En la temporada 1968-69 marcó 21 dianas y en la siguiente dobló la cifra y se fue a 42 goles. Ese año fue el máximo goleador de Europa tan sólo por detrás de Gerd ´Torpedo’ Müller. En 1971 el Saint Éttiene disputó un amistoso en Paris ante el Santos y Keïta rivalizó en aplausos con el gran Pelé. Salif Keïta era pura belleza en piernas finas y fibrosas.

En Saint Éttiene era un semidios. La bandera con una pantera negra en fondo verde puebla, más de medio siglo después, las gradas del conjunto francés. Durante un tiempo incluso se añadió la pantera al escudo del club. Fueron 125 goles en 149 partidos y un legado incalculable. Luego Salif Keïta fichó por Olympique. No le fue bien. Le incitaron a pedir la nacionalidad francesa para no ocupar plaza de extranjero y se negó. Se enfrentó con los directivos de Marsella y dio el salto a Valencia. Aquí la cosa tampoco cuajó. Le pegaron mucho. No tenía cuerpo para aguantar a los defensas de la época y sufrió lesiones en los dos años que estuvo en la capital del Turia. Y no sólo eso. Por vez primera el racismo aparecía en el fútbol español. Donde antes el negro era visto con simpatía por exótico ahora era visto con desprecio por extraño. Quino Sierra, cinco temporadas en Valencia e internacional con España, dejó en el diario AS una perla para el recuerdo: «Los demás equipos se han reforzado y nosotros tenemos un negro que no rasca bola». Con Keïta también sucedió algo que nunca antes se había visto en un campo español. Los plátanos. Por vez primera aparecieron en el verde cuando Keïta se acercaba a la línea de cal.

Rápidamente la imponente presencia de Kempes en Valencia difuminó el recuerdo de Keïta. Y es una pena. En 1973 la FIFA organizó en el Camp Nou un encuentro amistoso América frente a Europa. Keïta fue el único invitado de otro continente y dio un recital en los 45 minutos en los que defendió la camiseta europea. Su presencia en el fútbol español y en el Valencia CF en particular es notoria como primer subsahariano de una larga lista que en la actualidad parece no tener fin.

El futbolista que cambió un escudo

El presidente del Sporting de Lisboa se enteró a través de una noticia radiofónica que el Valencia quería vender a Keïta. Contactó con el club ché a sabiendas de que no tenía dinero suficiente para pagarle la ficha. Pero Keïta quería jugar en Lisboa y conocer a Eusebio, el africano que goleó como europeo y que llevó el nombre de Portugal y de su Mozambique natal a ser conocido por medio mundo. No tuvo problema en aceptar una fuerte bajada de sueldo. A cambio pidió no entrenar los lunes y decidir si jugar o no jugar a domicilio en función de lo pesado de los desplazamientos.

En Portugal también fue ídolo y querido por sus compañeros. Llegaba siempre una hora antes de los entrenamientos y era el último en marcharse para casa. Gustaba de ejercer de defensa en los partidillos para enseñarle a los jóvenes delanteros como encarar a sus contrarios. En 1979 se convertiría en uno de los primeros africanos que emigraría al fútbol estadounidense para hincharse a ganar el dinero que había perdido en sus años de farándula lisboeta.

Keïta

Salif Keïta es un personaje capital en el deporte africano como precursor de la globalización del fútbol. Además de ganar el Balón de Oro africano, creado por L’Equipé en su honor, fue el primer negro en recibir la Orden del Mérito de la FIFA, fue presidente de la Federación de Fútbol de Mali y, por descontado, fue presidente de honor del Saint Éttiene. Es también tío de dos estupendos futbolistas. Su sobrino Mohamed Sissoko ganó la Copa de la UEFA con el Valencia CF y la liga francesa con el Paris Saint Germain. Otro de sus sobrinos, Seydou Keïta, se formó en la cantera del Olympique de Marsella antes de ganar dos Copas de Europa con el FC Barcelona.

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