balonmano

Cuando Groenlandia le ganó a Estados Unidos

Antes de que Donald Trump decidiese pasarse el derecho internacional y las convenciones sociales por el forro de los huevos (pediría perdón por la expresión, pero todos sabemos que es muy del gusto del personaje) y volver al status quo de la ley del más fuerte aplicada hasta 1945, de Groenlandía sabíamos entre poco, nada o absolutamente nada. Por allí anduvieron Erik el Rojo y los vikingos, en aquel lugar habitaba en coqueto iglú Nanuk el esquimal y por esos lares buceaban ballenas que daban un aceite maravilloso para iluminar farolas y una carne estupenda para cocinar una buena sopa.

En términos deportivos quizás a algún lector le suene Jesper Gronkjaer. A inicios del presente siglo este polivalente centrocampista tuvo una sólida carrera que lo llevó a jugar en Ajax y Chelsea además de tener un efímero paso por el Atlético de Madrid. Fijo en la selección de Dinamarca, representó a su país en 80 ocasiones amen de disputar dos Copas del Mundo. Gronkjaer nació en Nuuk, capital de Groenlandia, pero, obviamente, nunca fue internacional groenlandés. En primer lugar, porque Groenlandia no es un estado y no tiene selección de fútbol oficial y en segundo lugar porque, de tenerla, Gronkjaer jamás hubiese sacrificado la opción de jugar con Dinamarca para hacerlo con Groenlandia.

Jugar al fútbol en Groenlandia es más que complejo. Tiene la liga nacional más corta del mundo. Se disputa concentrada en el mes de agosto, la única época del año donde está garantizado que la nieve o el hielo no cubran campos que en su mayoría son de césped artificial. Si uno bucea por internet y encuentra fotos del campeonato observa cómo son comunes las camisetas de manga larga o las rodilleras y calentadores térmicos debajo de la equipación futbolística. Los porteros, en pleno mes de agosto, suelen llevar pantalón y zamarra que les tapan todo el cuerpo.

No hay mucho más que rascar en un territorio que cuadriplica los kilómetros cuadrados de España, en el que apenas una quinta parte de sus tierras están libres de hielo y que únicamente cuenta con unos 60.000 habitantes. En 1991 registraron la temperatura más baja vista en el planeta con unos espeluznantes -70º. En Nuuk, la capital localizada al sur, se oscila entre una media de -6º y 8º en todo el año. En su estadio nacional, de poco más de 2.000 habitantes, se recibe a selecciones sin estado como Kosovo, Gibraltar, Man, Tíbet, Islas Feroe, Gagaucia, Zanzíbar o Santa Elena. Desde hace un par de décadas pelean para ser integradas en la UEFA, pero se han encontrado con la reiterada negativa del máximo organismo del fútbol europeo. La federación groenlandesa decidió en 2022 darle una vuelta de tuerca al asunto y pedir el ingreso en la Concacaf. Habría mucho que recorrer. 6.000 kilómetros hasta México DF, Kingston o La Habana.

Gronkjaer

En tiempos del año 1.000 d.C. navegantes vikingos (de lo que hoy sería Noruega) comenzaron a colonizar un inhóspito territorio donde apenas había pequeños grupos de esquimales. Las inclemencias del tiempo hicieron que esos asentamientos fuesen o viniesen con el tiempo, pero lo cierto es que desde el siglo XIII ese territorio pasó a estar formalmente integrado en la corona de Noruega, que por aquel entonces integraba también al territorio de Dinamarca.

Luego, en 1721, se inicia una segunda etapa de colonización en la que además de balleneros, también hay juristas, comerciantes y misioneros cristianos. A partir de entonces se construye la capital Nuuk y pasa a haber un flujo comercial constante entre Europa y Groenlandia. Prácticamente un siglo más tarde, con el fin de las guerras napoleónicas, Noruega pasa a integrarse en Suecia (no volverá ser independiente hasta el siglo XX) y Dinamarca pasa a heredar, en formato de colonia, las tierras de Groenlandia.

Habrá que esperar a 1953 para que Groenlandia se constituya de manera formal como provincia danesa con voz y voto en el parlamento danés. Antes, se había permitido la ocupación provisional del territorio (provisional significa que tiene inicio y fin, conviene puntualizárselo al señor Trump) de Estados Unidos con motivo de la II Guerra Mundial. En 1979 se dará un paso más al otorgar un estatuto de autonomía a Groenlandia para intentar paliar los 3.500 kilómetros de distancia que hay entre Nuuk y Copenhague. Para 2009 se produjo una amplia extensión de esa autonomía, al permitir un control de inmensas carteras exceptuando defensa y política exterior que siguen en mando de Dinamarca.

En la actualidad los groenlandeses se debaten entre la independencia o el seguir perteneciendo a Dinamarca. Esa dicotomía también se refleja en una disyuntiva capital en su territorio. Cuentan con una basta base de recursos naturales como zinc, plomo, molibdeno, oro, platino o uranio. Podrían ser independientes y acceder a ellos, pero necesitarían capital y mano de obra extranjera para explotarlos amen de destrozar un ecosistema tremendamente frágil. Seguir perteneciendo a Dinamarca garantiza un respeto medioambiental y un nivel de vida admisible, siempre a costa de un progreso extraordinario que el capitalismo, representado por Estados Unidos, vende como única forma de satisfacción vital.

¿América o Europa?

Si bien el fútbol es un deporte complejo de practicar y disfrutar en tierras tan septentrionales, el balonmano tiene enorme aceptación popular. Se trata de un proceso natural dado que en Dinamarca y en el resto de países escandinavos el balonmano es una suerte de religión nacional. Cuando en 1979 Groenlandia adquiera un estatus semiindependiente respecto a los daneses, la federación groelandesa de balonmano dará sus primeros pasos para poder competir internacionalmente.

El proceso fue rechazado por IHF (International Handball Federation) constantemente bajo la presión de los países europeos. Dinamarca jamás iba a aceptar ese drástico paso y para ello contaba con el apoyo del balonmano europeo, lo cual es lo mismo que decir con el apoyo del balonmano mundial. Desde que en 1938 se celebrase el primer Mundial de balonmano todos los campeones han sido del Viejo Continente. Es más, salvo el segundo puesto obtenido por Catar en 2015 con un equipo formado por nacionalizados, nunca un país no europeo ha conseguido ser segundo o tercero en un Mundial. Salvó el norte de África, Corea y Japón, el balonmano es un deporte netamente europeo con más éxito en aquellas regiones donde el frío invernal obliga a buscar refugio en un polideportivo.

Sucedía que la IHF acepta que selecciones que no representan a sus estados soberanos tengan oficialidad siempre y cuando tengan una buena estructura deportiva y una liga propia. Quizás no ocurra en el fútbol, pero en balonmano la nota groenlandesa se acerca al sobresaliente. Así que como en 1985 por culpa de un conflicto relacionado con la pesca Groenlandia abandonó el marco pesquero de la UE, la federación de balonmano tiró de dicho argumento para solicitar entrar en la PATHF (Federación Panamericana de Balonmano).

Si uno mira con detenimiento un mapa observará que geográficamente Groenlandia está destinada a competir en los torneos continentales de América. Así que, dado que el nivel del balonmano en América es paupérrimo y la presencia de Groenlandia era vista como aliento y no como intrusismo, la IHF dio su brazo a torcer y en 1998 aceptó que los groenlandeses pudiesen competir internacionalmente.

Sólo tres años después de celebrar su oficialidad como selección, el balonmano de Groenlandia vivió algo que no ha vuelto a experimentar. En 2001 Groenlandia logró clasificarse para el Mundial femenino y para el masculino. En el caso de las mujeres serían dos torneos mundiales sin conocer la victoria. Para los hombres ese primer torneo se saldó con una humillante derrota ante Alemania (8-39), honrosas ante Croacia (15-25) o España (16-31) y con una histórica y contundente victoria ante Estados Unidos (26-18). Luego se repetiría presencia mundialista en otras dos ocasiones (2203 y 2007) pero sin obtener triunfo alguno. En esos tres mundiales jugaron los hermanos Jakob Larsen y Rasmus Larsen, considerados los mejores jugadores de siempre de Groenlandia. Rasmus jugó en Francia y Jakob jugó en España en las filas del BM Zaragoza.

Un país de balonmano

Pero es en América en donde Groenlandia se ha convertido en una superpotencia. En 2002 y 2006 logró el bronce en el campeonato americano y en 2018 fue país organizador. Ese año se decidió dividir América en dos federaciones distintas y Groenlandia pasó a competir en lo que se ha dado en llamar Campeonato Norteamericano y Caribeño. Aquí la fortaleza de Groenlandia es tremenda al sumar un oro, una plata y un bronce en cuatro ediciones disputadas. En el último torneo Groenlandia con sus 60.000 habitantes venció a Canadá (41 millones), Puerto Rico (3 millones), México (132 millones) y Estados Unidos (340 millones).

En el medallero histórico del torneo Groenlandia supera a Estados Unidos.

En 2027 se disputará en Alemania el Mundial de balonmano. Tan sólo un país norteamericano o caribeño obtendrá plaza para la fase final.

Groenlandia tiene muchas opciones de clasificarse.

Lo normal es que Estados Unidos no se clasifique.

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Talant Dujshebaev

En 1992 no existía la Unión Soviética. El día de Navidad de 1991 se puso fin a la utopía comunista. Ya estaba herida de muerte tiempo atrás, aunque los clavos en el ataúd se habían puesto al caer el Muro de Berlín. Con todo, la retrospectiva es ventajista y ni los analistas ni los servicios secretos de medio mundo podían esperarse semejante colapso en apenas un puñado de años. El caso es que en 1992 se celebran los Juegos Olímpicos de Barcelona. Lituania, Letonia y Estonia compiten como países independientes. Rusia y otros estados de nuevo cuño lo harán bajo una bandera ficticia de color azul bautizada como CEI (Comunidad de Estados Independientes).

La CEI ganará decenas de medallas en Barcelona. Entre ellas la del balonmano masculino. Su jugador estrella es un hombre compacto de ojos rasgados que en vez de eslavo semeja asiático. Se llama Talant Dujshebaev y es nativo de Biskek, capital de Kirguistán. Se trata de un país de Asia Central, lugar de tránsito en la antiquísima ruta de las especias y que en la actualidad ha recobrado el pulso por la circulación de mercancías por tierra entre China y Europa. Antiguo hogar del Imperio Mongol, Kirguistán fue conquistada por la Rusia zarista y luego convertida al comunismo por los herederos de Lenin. Ocurre que, a la altura de 1992, Kirguistán no tenía suficiente fuerza como para volar por sí misma y rechazar el paraguas de la CEI.

Con todo a Dujshebaev no le importaba en demasía. Talant era un convencido comunista. Lamentó mucho la caída de la Unión Soviética. Residía en Moscú desde que fichara por el CSKA en 1986 y allí esperaba finalizar su carrera. De hecho, consumada la hecatombe, Dujshebaev pide la nacionalización como ruso, dado que entiende que es la Federación Rusa la que continuará con la idea de grandeza de la URSS. No será el único. Otro caso muy conocido es el del futbolista Valery Karpin quien, estonio de nacimiento, abrazó también la nacionalidad rusa.

No obstante, los planes no salen siempre como uno desea. La Rusia postcomunista es un caos. La mafia compró a precio de saldo los bienes del Estado y los nuevos ricos movieron miles de millones en efectivo y activos fuera del país en una enorme fuga de capitales. La depresión de la economía condujo al colapso de los servicios sociales y la corrupción extrema y el crimen organizado camparon a sus anchas. Talant es un personaje público y tiene miedo. No en vano un hermano suyo muere en un sospechoso accidente automovilístico mientras compite en Barcelona.

Ese fue el punto de inflexión definitorio para abandonar Moscú. Recibe una jugosa oferta procedente de una modesta ciudad española. Santander. Ciudad de la que, por supuesto, Talant no sabe absolutamente nada.

Dujshebaev

En 1975 se funda un equipo con el nombre de Club Balonmano Cantabria. Inmediatamente pasa a denominarse Club Balonmano Teka, gracias a la inyección de 25.000 pesetas de un empresario llamado José Gómez, gerente de Teka España. Se trataba de una empresa suiza de productos de cocina cuya fábrica y sede en España estaba sita en Santander. Los miles de pesetas pasarán a ser millones y a inicios de la década de 1990 el Teka es una potencia del balonmano. Contratan al portero sueco Mats Olsson y quedan dos veces subcampeones de la Liga Asobal. Para 1992 se sube la apuesta. Caja Cantabria pasa a formar parte del club y tres años después acabará comprándolo. A la larga eso será el fin y desaparición del equipo en 2008. Al Club Balonmano Cantabria le sucederá como a tantos otros equipos; vivirá del dinero público y la crisis financiera de 2008 acabará con el grifo infinito de billetes a coste cero. Pero antes de todo eso, a mediados de la década de 1990, tocarán días de vino y rosas.

Ese año entran en el equipo Mateo Garralda, Alberto Urdiales y se ficha a Talant Dujshebaev, quizás el mejor jugador del mundo. Con Talant en el equipo se ganan dos ligas y se alzan con el triunfo en la Copa de Europa de 1994. Se hacen fuertes en casa, en el pabellón de La Albericia, una pista de apenas 3.000 espectadores, con espacio reducido en los fondos y con un ambiente cargado proveniente del humo del tabaco de los allí presentes. Otros tiempos.

Urdiales, Garralda, Hombrados…todos jugaron en Santander y los tres eran imprescindibles en la selección española. Los resultados eran modestos. Muy modestos. Los cuartos de final eran una barrera infranqueable. Pero entonces Talant tiene un hijo. Su esposa es rusa. Su hijo cántabro. Con el tiempo tendrá otro. Ambos son españoles. Y ambos son jugadores de balonmano. El caso es que Dujshebaev padre solicita la nacionalidad española. El escogido como mejor jugador del mundo en 1994 y 1996 y quien será seleccionado como el segundo mejor balonmanista del siglo XX por la IHF (Federación Internacional de Balonmano) va a ser español. Y todo cambia. Subcampeones europeos en 1996 y 1998 y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1996 y 2000. Con el tiempo, ya sin Dujshebaev, se logrará el máximo al conseguir el Mundial (2005 y 2013).

El 10 de España

Y no fue fácil. Nada fácil. Dujshebaev no comprendía a los españoles. Y aún hoy, con hijos y con media vida en tierras hispanas sigue sin comprenderlos. Echa de menos la disciplina, el poder de lo colectivo. El honor, la lealtad y el respeto son primordiales para su ser.

Talant nunca cuestiona a su entrenador y arquea los ojos cuando otros compañeros lo hacen. No entiende las quejas, no entiende la sobreprotección a los jóvenes y no comprende el aumento de unos salarios que nada tienen que ver con los ingresos. Cuando en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 se formalice el romance entre Iñaki Urdangarín y la Infanta Cristina solicitará que el nuevo miembro de la Familia Real se aleje del foco para bien del grupo. Y no era una cuestión personal. Considera a Urdangarin un amigo. Pero el colectivo está por encima de cualquier interés propio. Cuando le preguntaron por la entrada en la cárcel del que había sido su compañero fue tajante. Lo que diga la justicia se acata y se acepta. Los chismorreos son cosa de los enemigos. Talant es amigo y cree en la justicia. Ni lo defiende ni lo critica. Calla, comprende y nunca reprocha.

Sus declaraciones, y mucho más cuando años después se convierta en entrenador de éxito (ganador de cuatro Copas de Europa con Balonmano Ciudad Real y KS Kielce), lo han tildado de dictador. Se desprende una añoranza por el orden y la disciplina soviética. Sin ninguna de esas dos cosas no se consigue nada en la vida, según comenta por activa y por pasiva. La democracia tiene cosas positivas y también negativas. Hay un punto de democracia que se transforma luego en anarquía.

Considera que España es un país de maleducados donde todo el mundo puede decir lo que quiera. Afirma que en la Unión Soviética todos eran iguales y no tenían preocupación alguna por no llegar a fin de mes. Para Talant, y para millones de soviéticos, el capitalismo es contrabando y desprotección. No es más que el reflejo de la Rusia de la década de 1990.

Y por todo ello Talant chocaba con todo y con todos. Pide mano dura en la vida y en el deporte. Es un hombre de palabra que exige una lealtad y un compromiso hercúleo. Una energía y una fe total a sus ideales. O estás con Dujshebaev o estás contra él. Como entrenador nunca ha tenido contrato. Ni cuando triunfó en el BM Ciudad Real ni cuando el club desapareció y se convirtió en Atlético de Madrid. Confiaba en Domingo Díaz de Mera, presidente de ambos clubes, y tenía un pacto de palabra que se renovaba año a año. Honor y fidelidad, palabras en peligro de extinción.

Considera que habría que obligar a cada juvenil a aprenderse diez o quince nombres de balonmanistas de todas las décadas. Aquel querubín que no fuese capaz de hacerlo no debería ascender al primer equipo. Talant guarda con una reliquia una cinta VHS de apenas veinte minutos con las imágenes de Hrvoje Horvat, un jugador croata campeón de Europa en los años 70. Para Dujshebaev ver esa cinta una y otra vez con 18 años le valió para no cagarse en los pantalones y asumir el mando de los partidos.

Ese carácter único lo ha hecho inconfundible. Lo ha hecho ser uno de los poquísimos jugadores de balonmano conocidos por el gran público. También le ha dado problemas, kilómetros de problemas. Ser un alma libre le ha servido para ser reconocido, pero también para no ser especialmente querido. Y Talant es consciente de ello. Muy consciente. Su sueño es ser seleccionador nacional. Su palmarés como técnico es colosal.

Pero la llamada nunca llega.

“Cuando era juvenil en el CSKA hubo un accidente disciplinario y como castigo nos enviaron a Siberia en pleno invierno, a finales de febrero. Tres días de tren sólo de ida, durmiendo de pie. Cuando llegamos había como tres o cuatro metros de nieve. Pasamos sólo dos noches, pero fueron suficientes. A nuestro regreso a Moscú, yo había pasado de niño a hombre. Me pareció lo correcto”. Talant Dujshebaev.

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Cuando el Atlético jugó una final de Copa de Europa de balonmano

En 1952 tuvo lugar el primer Campeonato de España de Balonmano en Sala a siete. El antecesor de la actual Liga ASOBAL. Es conveniente indicar que entonces había balonmano con once jugadores y muchos partidos se disputaban en campos de fútbol reconvertidos para la causa. No será hasta finales de la década de 1960 cuando el balonmano tal y como lo conocemos en la actualidad sea una realidad. Aquel primer torneo fue ganado por el Club Atlético de Madrid.

La sección de balonmano del Atlético sería cerrada por causas económicas en 1994 bajo mandato de Jesús Gil y Gil. Resurgiría efímeramente en 2011 para clausurarse definitivamente poco después. Fue Gil padre, quien accedió al cargo presidencial en 1987, el que desmanteló poco a poco el tema del balonmano. Hasta entonces el Atlético lideraba el balonmano nacional junto al BM Granollers y el CB Alicante, más conocido como Balonmano Calpisa por tema de patrocinio.

Era entonces el balonmano español un deporte semiamateur. El primer gran nombre fue Domingo Bárcenas, que compaginó baloncesto, beisbol y balonmano a partes iguales. Tras él apareció en escena Juan de Dios Román, un profesor de educación física que se hará cargo del Atlético en 1971 hasta que en 1985 pase a cubrir el puesto de seleccionador nacional.

Es en 1985 cuando el Atlético llega a su cénit. Desde inicios de la década de los 80 el Atlético se convierte en el dominador nacional bajo el liderazgo de Cecilio Alonso y del portero Lorenzo Rico, quien inicia una prolífica cantera de guardametas de elite españoles. El caso es que en 1985 el Atlético alcanza por primera vez una final de la Copa de Europa. Luego FC Barcelona, SD Portland San Antonio, CD Cantabria, CD Bidasoa-Irún y BM Ciudad Real convertirían en habituales los éxitos españoles en Europa. Significativo es que de los cinco campeones españoles hasta tres de ellos (Portland, Cantabria y Ciudad Real) han desaparecido. Pero entonces, en 1985, lo que iba a acontecer con el Atlético se tornaba en extraordinario.

En aquellos tiempos la Copa de Europa se jugaba en eliminatorias a ida y vuelta. La primera ronda fue un trámite saldado con éxito ante los israelís del Hapoel Rehovot. El problema apareció en octavos. Tocaba enfrentarse al SC Magdeburgo, por entonces doble campeón europeo y uno de los ogros del Continente. La ida en el Magariños fue apoteósica y los colchoneros dieron la sorpresa al vencer por doce goles de diferencia (28-16). Cuando todo parecía decidido, los alemanes demostraron que nunca se les puede dar por vencidos. A pocos segundos del final ganaba el Magddeburgo por once goles de diferencia. Un tanto bastaba para forzar la prórroga. Fue entonces, entrados ya en el último minuto, cuando Agustín Milián anotó el gol que daba la tranquilidad y finiquitaba el encuentro (25-15). Aquella agonía no llegó a verse en España, porque la señal de Televisión Española (La2) se cortó en el tramo final del encuentro. Para el recuerdo queda un fondo negro sobre la voz del narrador de TVE relatando el gol de Millán.

Los cuartos fueron otro paseo ante el Soborg danés, antes de que las semifinales emparejasen al Atlético frente al Dukla de Praga, vigente campeón europeo. De nuevo tocaba empezar en casa, donde el Atlético consiguió una exigua renta (16-14). Ese debería haber sido el tope de los madrileños en la Copa de Europa. El partido de vuelta se complicó desde el inicio, por lo que Juan de Dios Román decidió jugárselo todo a una carta y sacar en el segundo tiempo a aquellos que habitualmente eran suplentes. La moneda se tiró al aire, salió cara y el gol final de Quique García daba el pase a los colchoneros por un tanto de diferencia en el total acumulado (18-17). Las semifinales habían sido el tope al BM Calpisa en el año anterior y ahora por vez primera un equipo español se clasificaba para la finalísima europea.

La final era contra la Metaloplastika de Sabac. Una auténtica constelación de estrellas. Mirko Basic, Mile Isakovic y esencialmente Veselin Vukovic (no confundir con el también fantástico Veselin Vujovic). Para los entendidos la Metaloplastika no solo era el mejor equipo del momento sino de todos los tiempos. En soledad o en compañía esos chicos forman parte del mejor siete de la historia para cualquier entendido. Eran talentosos, pero sobre todo eran ambiciosos. Cuentan que los entrenamientos eran durísimos y la capacidad de sacrificio y esfuerzo cultivado tras años de régimen comunista daba sus frutos en un grupo perspicaz que desde niños jugaban juntos. Vukovic, pivote titular de la Yugoslavia campeona olímpica y mundial, acabaría fichando por el Atlético y luego ganando más títulos con el FC Barcelona una vez se iniciase la guerra en los Balcanes. Entonces, en 1985, el palmarés europeo de los serbios de Sabac aún estaba por iniciarse. Llegaban con hambre, puesto que habían perdido la final del año anterior en los penaltis.

Era Sabac una pequeña ciudad de poco más de 50.000 habitantes en el interior de Serbia. En época yugoslava se tornó en importante gracias a su industria química y fruto de esa pujanza en los años 80 la Metoplastika Sabac se convirtió en una potencia del balonmano. Durante esa década alumbró una generación de jugadores excepcionales que solo fueron abatidos por la desintegración de Yugoslavia. El ambiente lleno de banderas azules y blancas y el humo de bengalas del pabellón de Sabac también ayudaba a construir el mito.

Atlético 1985

No hubo final. El Atlético aguantó la primera parte del partido de ida. Y nada más. En Sabac la victoria fue local por 19-12 y eso a pesar de que Lorenzo Rico hizo el que para él fue el mejor partido de su vida. En Madrid aun fue peor el correctivo al vencer los yugoslavos por 20-30. Eran cazas contra biplanos. Pero era el inicio de un camino. El inicio de la explosión y posterior consolidación del balonmano español. Aquel equipo contaba con un problema profundo. No tenía extremo zurdo. Estaban obligados a jugar con un diestro (Agustín Millán) con constantes lanzamientos rectificados. Lorenzo Rico, para mayor problema, tuvo que jugar el partido de vuelta con unas décimas de fiebre por culpa de unas anginas. Claudio Gómez, por su parte, disputó el encuentro con un dedo roto.

Faltó convicción. Los yugoslavos eran mejores, pero si bien en Sabak el resultado fue justo en Madrid pesaron más los errores locales que los aciertos visitantes. La resistencia fue leve. El 5-1 intenso y agresivo de los colchoneros poco pudo hacer ante el 3-2-1 flexible y mixto de los yugoslavos que fue inabarcable para los de Juan de Dios. Aquella Metaloplastika puso la base para un balonmano que pasó de los tanteos que rara vez llegaban a los veinte dígitos a los que los superaban ampliamente.

Metaloplastika 1985

El resultado fue lo de menos. Y no es brindis al sol tal afirmación. El Atlético jugaba sus partidos en Magariños, un recinto con poco más de 2.000 localidades disponibles. Magariños estaba lejos de ser una pista de dimensiones internacionales. De hecho, no reunía las condiciones que exigía la EHF. Se decía que los extremos descansaban en la banda apoyándose en la valla que separaba la línea de los asientos del público. Era lo que había y era más que suficiente. Pero no para aquella histórica final. El partido de vuelta ante la Metaloplastika se iba a jugar en el Polideportivo de la Comunidad de Madrid, en la calle Goya de la capital. Hubo que montar un parqué nuevo que se trajo de Alemania, así que los jugadores ni siquiera pudieron habituarse a su nuevo tatami. Se iban a congregar 10.000 almas en el corazón de Madrid. Nunca antes un partido de balonmano había tenido semejante recibimiento. Ni siquiera los siete goles de desventaja habían echado para atrás la ilusión por la remontada.

El Atlético no pudo hacer nada, como comentamos fue arrollado (20-30) por los yugoslavos en la pista, pero logró una victoria monumental en las gradas. El Palacio de Deportes fue una caldera. Hubo pasillo de honor para los perdedores y una cantidad de banderas y pancartas jamás vistas antes en el mundo del balonmano español. Vujovic, sabedor de los rigores de jugar en Sabac y que luego haría grande al Barça, recordaba siempre con afecto aquella noche en la calle Goya: “La gente abucheaba y pitaba, pero luego nos ovacionaron. Ni en Yugoslavia había visto nada igual ni lo volvería a ver en el resto de mi carrera profesional. Ese día decidí que tenía que jugar en España”.

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Vivir a la manera de Nava

Una manera de vivir. Así definió Zupo Equisoain la fascinante historia del Club Balonmano Nava. Zupo dirigió al equipo segoviano durante dos temporadas (2000-2022) tras sumar más de 700 partidos en la Liga Asobal y conseguir varios títulos ligueros y la Copa de Europa con el Portland San Antonio de Pamplona. Que Zupo aceptase dirigir a un club de una población de menos de 3.000 habitantes era del todo menos normal.

Pero es que en Nava de la Asunción todo es paranormal. Esta bucólica villa de la campiña segoviana tiene el honor de ser la población más pequeña de España en albergar un equipo deportivo de carácter profesional que haya llegado a la máxima categoría. Un pueblo alejado de la mano de Dios, aunque no tanto, ya que está a menos de 50 kilómetros de la capital provincial y a unos 130 de Madrid.

El caso es que el Balonmano Nava militó durante tres temporadas en la Liga Asobal (2019-2022). Sin ser esto moco de pavo, lo más trascendental es que durante la última década se ha consolidado como cantera de referencia en el balonmano y en club habitual de la segunda categoría. Y lo ha hecho con una idiosincrasia única. El club es el pueblo y el pueblo es la afición.

Los únicos miembros del Balonmano Nava que cobran son el entrenador y los jugadores. En tiempos de Zupo los más afortunados podían llegar a los 2.000 euros brutos mensuales. El resto de los empleados, desde el presidente al utillero, son voluntarios. Han convertido en virtud su mayor pecado. ¿Qué hace falta algo? Participan los vecinos. La construcción del pabellón municipal se hizo tras un referéndum. Y no se concibió a las prisas. Fueron ocho años de proyecto en virtud del presupuesto del ayuntamiento. Hoy entran allí 1.000 personas, un tercio de los censados en Nava de la Asunción.

Lo del censo es importante porque otra característica del club es que obliga a que sus jugadores vivan en Nava. Podrían hacerlo en la cercana Segovia, a media hora en coche, pero eso está prohibido. De hecho, hay resquemor. Es el club deportivo de más categoría de la provincia, pero se sienten abandonados. Los políticos terciaron para llevar el club a la capital, pero en Nava él no ha sido la respuesta. El roce con el pueblo es básico. Todo fichaje es presentado a finales de agosto y se integra al grupo en la semana de fiestas de Nava, las cuales tienen lugar a inicios de septiembre. Después empieza la temporada y también el cole. El nombre del polideportivo (Guerrer@s naver@s) fue escogido por los alumnos del colegio tras voto secreto.

Los jugadores son como dioses. Destacan por su altura y comparten saludos y abrazos. También visitan farmacias, supermercados y bares. Y no pagan. Pero acaban pagando. Lo hacen por vergüenza. Porque quieren. Porque son aceptados como miembros de la comunidad. El presupuesto es cosa de Viveros Herol (50%) y el resto es otorgado por otros patrocinadores (35%) y por los socios (15%). Prácticamente no hay vecino de Nava que no sea socio. Y el que no lo es hará otras cosas. Por ejemplo, lavar las camisetas de los jugadores o preparar la comida para después del entrenamiento.

Nava de la Asunción, otro milagro del balonmano español - MARCA.com
El milagro de Nava

Todo empezó en 1976. Un vecino llamado Quintín Maestro comenzó a practicar balonmano en Coca, la capital de la región. Le gustó tanto la experiencia que decidió montar un club en su Nava natal. El asunto se inició como una afición de un grupo de amigos para luego convertirse en seña de identidad del pueblo. Los partidos se jugaban en un frontón de cemento sin escapadas de fondo de pista. Un lugar peligroso y terrible para jugar, pero que encantaba a todos los rivales porque el ambiente era espectacular.

Hace trece años el Balonmano Nava militaba en la quinta categoría nacional, pero pronto ascenderá hasta llegar a la segunda categoría en 2014 y a la Asobal en 2019. Lo hace apostando por gente de la casa que tuvo que marchar para crecer, pero que vuelve tras la crisis que azota al balonmano español. Es el caso de Carlos Villagrán o Alberto García. Adolescentes que marchaban a León o a Valladolid pero que vuelven a Nava ante la desaparición, refundación o crisis de los antaño gigantes del balonmano hispano.

La hazaña se hace realidad en 2019. El Balonmano Nava es equipo de Asobal. Pero la cosa no marcha. Llega el Covid. Y es cuando aparece Zupo. El antiguo campeón de Europa estaba haciéndose de oro dirigiendo a la selección de Emiratos Árabes Unidos, pero aquella llamada le devolvió la pasión por el balonmano. Esa manera de divertirse, ese frente nava-verde, le hizo centellear, devolverle el brillo a su mirada.

Zupo salvó al Balonmano Nava la primera vez. Pero el milagro no podía ser eterno. En 2022 bajó de categoría. Da igual. El pueblo seguirá sosteniendo al club. Como lo hizo ayer, y como lo hará mañana.

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Nava de la Asunción

“Son veinte años como entrenador de élite. Puedo decir que he vivido muchas cosas en mi vida, pero este es el momento más triste de mi carrera deportiva. No tiene comparación con nada”. Zupo Equisoain tras perder la categoría con el Balonmano Nava por un punto de diferencia tras sumar cinco derrotas en las últimas cinco jornadas.

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Cuando Sterbik cambió una copa de vino por una medalla de oro (la epopeya de Sterbik que le dio a España el título europeo de 2018)

Plata elevada a la cuarta (el maleficio de Suecia en los Juegos Olímpicos)

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Plata elevada a la cuarta

En la década de 1990 la selección sueca era la mandamás del balonmano mundial. Entre ese año y 2002 los suecos se coronaron cuatro veces como campeones de Europa y en dos ocasiones lograron el cetro mundial. Jugadores como Thomas Svensson, Staffan Olsson o Stefan Lövgren infundían terror entre las selecciones rivales. Pero sobre todo era Magnus Wislander quien impulsó a aquella generación dorada a las más altas cotas. No en vano Wislander fue escogido como el mejor balonmanista del siglo XX.

Wislander era un compendio de facultades físicas y técnicas que tanto jugaba como central como ejercía de pivote. Poseía virtuosísimo tanto en defensa como en ataque y acuñaba tanto efectividad como una lectura del juego extraordinaria. Wislander fue buque insignia y piedra angular de Suecia durante esos años prodigiosos.

Pero por muchos títulos mundiales o continentales que los suecos atesorasen todo palidecía ante la posibilidad de coronarse campeones olímpicos. Salvo la gloria en un Mundial de fútbol y, quizás, obtener un anillo en la NBA, no existe comparación con alcanzar la gloria olímpica. Obtener el oro en unos Juegos Olímpicos es el culmen de cualquier deportista que no de patadas a un balón.

Así que Wislander y compañía se plantaron en Barcelona 92 con la intención de lograr la eternidad olímpica. Se presentaban en la Ciudad Condal como vigentes campeones del mundo y favoritos para lograr el oro. Y la puesta de largo no pudo ser mejor. El torneo olímpico se dividía en dos grupos de seis conjuntos. Los dos primeros de cada grupo se enfrentaban en aspa en semifinales y de ahí rumbo a la final. Los partidos se celebrarían en Granollers, pequeña ciudad industrial y una de las capitales españolas del 40×20. La final tendría lugar en el entonces espectacular y moderno Palau Sant Jordi de Barcelona.

Suecia masacró a sus rivales en la primera fase y se clasificó para semifinales donde dejó en la cuneta a Francia. Se metía en la final con un registro de seis victorias y ninguna derrota. Mismas cifras que su rival, la CEI, un conglomerado de estados comandado por Rusia hecho de prisa y corriendo tras el desmembramiento de la Unión Soviética.

En una final defensiva, Suecia y la CEI intercambiaron golpes hasta llegar al descanso con empate a nueve tantos. En la reanudación, el buen hacer del portero Andrei Lavrov y del entonces kazajo, y después español, Talant Dujshebaev, decantaron la balanza a favor de los exsoviéticos que se llevaron la medalla de oro por 20-22.

Ölands idrottsgala får celebert besök på lördagen av handbollslegendaren –  numera folkracekungen – Magnus Wislander.
Magnus Wislander

Para 1996 Suecia era aún más favorita que cuatro años atrás. Rusia era un niño en comparación a lo que habían sido la Unión Soviética y el sucedáneo de la CEI. Tampoco existía ya Yugoslavia como gran potencia mundial. Sólo Francia y España aparecían como amenazas para lograr el oro en Atlanta. Así que Suecia volvió a arrasar en la fase de grupos y se presentó con cinco victorias consecutivas en semifinales.

Allí vencieron con suma comodidad a España (25-20), mientras que Croacia hacía lo propio ante Francia (24-20). Las tres medallas iban a ser continentales, algo habitual en un deporte al que le cuesta brillar cuanto más se aleja de la vieja Europa. Los españoles Ramón Gallego y Pedro Lamas iban a ser los colegiados de la segunda final consecutiva de los suecos. Sería también la segunda de Gallego y Lamas, hecho insólito que nunca ha sido repetido.

Croacia había vencido a los suecos en las semifinales del Mundial del año anterior, pero ambos conjuntos se habían enfrentado días atrás en la fase de grupos con abultada victoria (28-17) de los escandinavos. La final disputada en el Georgia Dome de Atlanta no tuvo nada que ver con aquel encuentro y fue dominada por los croatas y su fenomenal goleador Patrik Cavar. Suecia se acercó a un gol en el último minuto, pero acabó cayendo, una vez más, en este caso por 26-27.

La victoria croata está considerada una de las grandes sorpresas de la historia olímpica del balonmano y, por ende, el gran disgusto del balonmano sueco. En el descanso los ex yugoslavos ya vencían por 11-16, logrando la mayoría de los goles en segundas oportunidades.

OLIMPIADA ATLANTA 1996 | Foto | 8000526844
La celebración croata

Para Sidney 2000 el formato afrontó un pequeño cambio. Se introdujeron los cuartos de final, por lo que en cada grupo de seis equipos pasaron a clasificarse los cuatro primeros en vez de los dos primeros. Se podía levantar el pie del acelerador y afrontar de menos a más el campeonato. No sería este el caso de los suecos. Otra vez Suecia ganó los cinco partidos de la primera fase (15-0 en el total de los tres Juegos Olímpicos), para luego vencer de cinco a Egipto en cuartos de final y de siete a España en semifinales. Entre Barcelona, Atlanta y Sidney, Suecia sumaba entonces un balance de 19-0 sin contar las dos derrotas en finales olímpicas.

A través de una sólida defensa y una extraordinaria portería, Suecia volvía a acometer un campeonato impoluto. A Sidney llegó Suecia como vigente campeona europea y mundial y sabedores de que era la última oportunidad de unos jugadores próximos a la retirada. Para luchar por la medalla de oro tendrían como rival a muchos de los jugadores que tuvieron enfrente en la final de Barcelona, pero en esta ocasión jugando con Rusia. Pervivían los campeones olímpicos con la CEI de 1992 Dimitry Flippov, Vasily Kudinov, Pavel Sukosyan y el magnífico portero Andrei Lavrov. Por los suecos se mantenían como internacionales Magnus Andersson, Ola Lindgren, Staffan Olsson, Thomas Svensson, Pierre Thorsson y el gran capitán Magnus Wislander.

El duelo fue agónico, con continuos intercambios en el marcador y acciones que rozaban la violencia. Al descanso Suecia vencía por 14-13. Llegarían a vencer por 16-14, pero los fantasmas del pasado hicieron su aparición y en un visto y no visto los rusos hacían un parcial de 2-8 para adelantarse por 18-22. Otra vez Suecia tendría que contentarse con la plata, en esta oportunidad tras caer por 26-28. Fue la primera derrota de los suecos en 25 partidos, desde el Europeo de 1998 hasta, y ya por tercera vez, la dichosa final olímpica.

Doce años después de esa última final los suecos volverían a tener otra oportunidad. En esta ocasión Suecia no era favorita. No llegaban como campeones del mundo ni como vencedores continentales. La gloriosa generación de los 90 ya estaba retirada. A las órdenes del combinado estaba Staffan Olsson, quien esperaba conseguir como entrenador el oro que como jugador le había sido esquivo. Los suecos llevaban dos citas olímpicas ausentes (2004, 2008) y se habían clasificado para Londres 2012 a trompicones. Sin su generación de oro, pasaban a ser uno más del montón.

Por eso esta final fue mucho más dulce que las demás. Apelando a la solidaridad y a la defensa, alcanzaron con asombro la ronda final. Suecia pasó como tercera de grupo y fue una tremenda sorpresa que eliminase a Dinamarca en cuartos de final. No lo fue tanto derrotar a la sorprendente Hungría en semifinales antes de volver a tener la oportunidad de luchar por el oro olímpico.

Allí les esperaba Francia, los nuevos ogros, los vigentes campeones europeos, mundiales y olímpicos. Quizás por ello había esperanzas. Cuando fueron favoritos no ganaron…quizás…ahora.

No fue así. Suecia perdió de forma ajustada (21-22), pero el resultado es engañoso ya que a pesar de la corta diferencia Francia llevó la batuta del partido desde el pitido inicial. Era la cuarta plata olímpica. Si en los 90 Suecia había elevado la plata al cubo, tras Londres 2012 la elevaba a la cuarta.

“Es un disgusto acabar segundo en unos Juegos Olímpicos, pero te dan una medalla de plata. Si acabas segundo en la política es el olvido permanente”. Richard Nixon, presidente de Estados Unidos (1968-1974).

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Cuando Sterbik cambió una copa de vino por una medalla de oro (la increíble victoria de España en el Europeo de 2018)

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Cuando Sterbik cambió una copa de vino por una medalla de oro

Contaba España con un par de excepcionales porteros en la búsqueda de su primer título continental en balonmano. Uno, hijo de Castilla, obedecía al nombre de Gonzalo Pérez de Vargas. El otro, vástago de Galicia, respondía como Rodrigo Corrales. Ambos repartían con exactitud sus minutos en pista para exprimir al máximo unos cuerpos de baloncestista capaces de contorsionarse como si funambulismo practicasen.

La idea funcionaba a la perfección hasta que alemanes y españoles se vieron las caras buscando el pase a semifinales. España logró la victoria, pero por el camino se dejó a Pérez de Vargas, el abanderado de la portería. En balonmano es inviable afrontar dos partidos exigentes con un solo cancerbero disponible, por lo que urgía un remiendo. La organización lo sabía y por eso, por extraño que parezca, está permitido llamar a un jugador de repuesto en medio de la competición. La selección española tenía menos de 48 horas para buscar un sustituto. Menos de dos días para llamar a Arpad Sterbik.

Con 39 años a sus espaldas, Arpad Sterbik estaba disfrutando de sus vacaciones. Llevaba más de un mes sin jugar un partido y hacía ya unos cuantos más que había decidido abandonar para siempre la selección nacional. Nacido en Serbia a finales de los 70 (por entonces Yugoslavia) se encontraba en su residencia familiar de Skopje, a medio camino entre un buen vino, una bolsa de patatas fritas, un agradable sofá y unos cuantos paseos a ninguna parte.

Decía que Sterbik estaba viendo el Europeo en el sofá de su casa de Skopje, porque entonces (y hablamos de enero de 2018) su equipo era el RK Vardar, uno de los conjuntos más potentes de Europa con sede en la capital de Macedonia. Sterbik se había nacionalizado español en 2008 (jugó y triunfó en el BM Ciudad Real –donde cultivó su afición por los viñedos-), Atlético de Madrid y FC Barcelona) y desde entonces había sido buque insignia de los ‘Hispanos’, pero había dejado los compromisos internacionales para estirar al máximo su vida profesional. El caso es que recibió la llamada del seleccionador y presto cogió un vuelo rumbo a Ljubliana. Desde allí, coche de alquiler, y tras dos horas de carretera llegada a Zagreb.

Al día siguiente tocaba partido de semifinales ante Francia. La gran favorita. El equipo de Nikola Karabatic, sin discusión alguna el mejor jugador del momento y uno de los líderes en el ranking histórico de todos los tiempos.

Sterbik apenas tuvo tiempo para preparase, pero aprovechó lo poco que tenía al máximo. Durante el viaje en avión analizó jugadas claves de sus rivales y dispuso una chuleta con las características de todos los lanzadores franceses. Hincar los codos valió la pena, porque fueron tres penaltis parados en cinco intentos, y, aunque las felicitaciones fueron efusivas, Sterbik estaba cariacontecido por los dos que le colaron. Había hecho caso a sus anotaciones y se lamentaba por ello. Si hubiese prestado más esmero a su intuición hubiesen sido cinco las penas máximas atajadas. Tampoco hizo falta más. España venció por 27-23 y se plantó en la final.

“Qué va, a mí me gusta, no me molestan los balonazos. Me da mucha fuerza ver a mis compañeros felices cuando paro el balón. Nosotros jugamos un partido diferente a seis metros de distancia, y eso a mí me encanta”,  comentaba este bonachón, grande como un oso pardo pero dulce como uno de peluche. Ganador de todo y elegido mejor jugador del mundo en 2005, Sterbik confesó que con el paso de los años notaba que los jugadores tenían más miedo de él que él de ellos. A decir verdad su sola presencia intimida. Es uno de esos porteros que se conoce las cuatro esquinas de la portería y que es capaz de hacer cambiar el giro de muñeca de un lanzador para que falle un tiro fácil a siete metros y a 120 kilómetros por hora.

Y es que en el balonmano los cancerberos son tan o más importantes que los finalizadores. Un buen portero es capaz de aniquilar psicológicamente a un equipo rival. Sterbik llevaba diez años sin correr, pero poseía una agilidad, un salto y una colocación inigualable. “Bajo palos me puedes dejar 12 horas, pero si hay que levantar pesas o correr prefiero no hacerlo”, dijo en cierta ocasión. Sterbik lo hacía todo dando un par de pasos a derecha y otro par a izquierda, y, aun sí, era capaz de comerte la moral y poner el pie por encima de la cabeza como si de un recién nacido se tratase. Eran dos metros de humanidad y casi 125 kilos de agilidad.

Pero Sterbik no iba a interrumpir sus vacaciones para lograr una medalla de plata. Estamos en 2018, y aunque España ya sabe lo que es ser campeona mundial, acumula un total de cuatro finales perdidas en Europeos. Sterbik buscaba añadir una muesca más a un palmarés envidiable. Superaba con creces al de su padre, que fue quien le inculcó la pasión por el balonmano. No obstante a su padre le hubiese gustado que el hijo fuese lateral como lo fue él. De hecho, cuando Arpad se puso bajo palos por vez primera a los ocho años, el mayor de los Sterbik lo abroncó porque consideraba que ser portero era sinónimo de ser un mal jugador. Al hijo, tan bonachón como socarrón, le entusiasma ponerse bajo palos para recibir balonazos y poderse reír de los niños mayores que él que siempre le desafiaban.

En la final España se enfrentó a Suecia. La primera parte de los hispanos fue mediocre con Suecia dominando al contragolpe. Tras el descanso Jordi Ribera, el seleccionador, situó a Sterbik en portería y apostó por una defensa 5-1 para jugar al contragolpe, justo como le gustaba actuar a los suecos. Sterbik hizo dos paradas antológicas al poco de comenzar los segundos treinta minutos y a partir de ahí todo fue cuesta abajo. Del 11-14 al poco de finalizar la primera parte se pasó rápidamente al 20-15. El premio a interrumpir sus vacaciones fue una clara victoria (29-23) y el trofeo de mejor jugador de la final. “Me lo dieron porque pensaban que me iba a retirar”, comentó a los periodistas.

https://www.youtube.com/watch?v=3pMRTTpcqFk

En la final también fue decisivo otro veterano como Raúl Entrerríos (36 palos) y Aitor Ariño, un chico del fondo del banquillo que había relevado a Ángel Fernández tras una lesión de este último en el primer partido del Europeo. Su historia no es tan de ensueño como la de Sterbik, pero Ariño pasó de jugar los minutos de la basura en la primera fase a anotar cuatro tantos en cinco lanzamientos en la final ante los suecos.

Sterbik se retiró en 2020, pero no por culpa de la edad, sino del dichoso coronavirus que acortó una carrera que aún esperaba ser estirada. Tiene un terreno a orillas de Lago Balatón y ahí se dedica a producir vino. Es amante del tinto, aunque en verano se lanza a los rosados y a los blancos. Eso sí, cualquier bodeguero se tiraría de los pelos si se enterase que cuando hace calor rebaja el caldo con una pizca de gaseosa.

Considerado un mito de la portería como David Barrufet, Thierry Omeyer o Tomas Svensson, Sterbik explicó el día que anunció su retirada que no se veía capaz de ponerse a tono para la vuelta al trabajo una vez el virus dejase retomar las competiciones. “Necesitaría un par de meses de trabajo intenso para volver a estar a un nivel competitivo”.

Curiosas declaraciones para un hombre que apenas necesitó 48 horas para ganar un Europeo de balonmano.

Europeo Balonmano 2018: El can-can de Arpad Sterbik | Marca.com
El hombre elástico

Otras historias de balonmano

La historia de amor de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín (el más mediático de los balonmanistas)

Gheorghe Gruia (para muchos el mejor de siempre)

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La historia de amor de la Infanta Cristina y de Iñaki Urdangarín (versión Twitter)

En el mes de julio de 1996, mientras se celebraban en Atlanta los Juegos Olímpicos, dos personas, quizás entre muchas otras, se enamoraron. Ella, de 31 años de edad, aunque había ganado unas cuantas pruebas nacionales gobernando un velero, se hallaba en Estados Unidos en una mezcla entre obligación y ocio. Se trataba de Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia. Simplificando, la Infanta Cristina, en aquel momento tercera en el orden de sucesión de la Corona española. Él, de 28 años de edad, era bicampeón de Europa con el FC Barcelona de balonmano y en aquella cita olímpica se alzaría con la medalla de bronce defendiendo los colores de la selección española. Se trataba de Iñaki Urdangarín Liebaert, jugador de balonmano profesional e hijo del presidente de la Caja de Ahorros de Vitoria y Álava Juan María de Urdangarín.

Esta es una historia basada en hechos reales y adaptada a los tiempos que corren. Es la historia del enamoramiento entre la patricia y el plebeyo. Es la historia de la Infanta Cristina y de Iñaki Urdangarín. Versión Twitter.

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial ¿Quién es ese rubio? Menudo cuerpazo

Escolta núm 1 @tipodeincógnito Es un jugador de balonmano, Alteza. Se llama Iñaki Urdangarín. Es de los mejores del equipo. Juega en el @FCB. Igual lo tiene visto alguna vez cerca de @Caixabank

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Quiero conocer a @7Urdangarínbalonmano cuando acabe el partido. Consígueme más información sobre él

Escolta núm 1 @tipodeincógnito Me cuentan que tiene novia en @BCN. Se llama Carmen Camí

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Tu consígueme acceso a ese vestuario y ya me encargaré yo de todo

Rafa Guijosa @Guijosamejorjugadordelmundo1999 ¡Oye! ¿Cómo te fue la otra noche con @AltezaRealCristinaoficial? ¿Vais a volver a quedar?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Sólo tomamos un café. Cuando acaben los Juegos quedaremos en @BCN

Rafa Guijosa @Guijosamejorjugadordelmundo1999 ¿Pero vas en serio?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano No sé. Ya sabes que a mí las relaciones no me van. Carmen y yo nos hemos dado muchos descansos. ¡Pero es la jodida @AltezaRealCristinaoficial! ¡No le puedo decir que no!

Alexia de Grecia @herederasintrono ¿Qué tal ayer por la noche con @7Urdangarínbalonmano? ¿Cómo fue todo?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Genial. Me dijo que cortó con su novia. Quedamos para cenar en El Mussol. Mañana necesito que te vayas con @tipodeincógnito y me dejes el piso libre

Alexia de Grecia @herederasintrono Uy, uy, uy, ¿Vais en serio?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Me dijeron @Guijosamejorjugadordelmundo1999 y @Porteroloco que no quiere nada serio, pero también que le va el poder. Y a mí a poder y a erótica no me gana nadie J

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Esta noche voy a quedarme en casa de @AltezaRealCristinaoficial

Jesús Rollán @Porteroloco ¿Cómo vas a hacer? ¿Tienes claro que si te la tiras tienes que ir hasta el final?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Lo sé. Me gusta y ¡joder!, es un puntazo. Es la princesa. Imagínate. Me viene a buscar a casa @tipodeincógnito y tengo que ir tumbado en el asiento de atrás del coche para que no nos vea nadie

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Lo de esta noche estuvo genial. ¿Te gusta @elreydelpop?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano ¿A quién no le va a gustar Michael Jackson?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial El 24 da un concierto en @Zaragozacapital. ¿Te apetece que vayamos juntos?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano ¡Sería genial! Nunca he visto un concierto de @elreydelpop, pero hace meses que no hay entradas

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Yo me encargo. Tengo mis contactos

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Vale. Pero entonces este sábado vamos a cenar a El Pou. Es un restaurante que he abierto hace poco con @PorteroLoco. Tengo que pensar en mis negocios para cuando deje el balonmano. Quiero ser mi propio empresario

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Lo serás cariño. Haremos lo que quieras

Alexia de Grecia @herederasintrono ¿Qué te pasa @AltezaRealCristinaoficial? ¿Por qué lloras?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Llevo seis meses con ese cabrón y me acabo de enterar por @PorteroLoco que todavía sigue con su novia

Alexia de Grecia @herederasintrono ¿Has hablado con @7Urdangarínbalonmano?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Sí, y el cabrón dice que es mejor así porque así nadie sospechará de que estamos juntos hasta anunciar nuestro compromiso. ¿Y sabes qué? @tipodeincógnito dice que está de acuerdo

Alexia de Grecia @herederasintrono ¿Lo sabe el tío @ElReycampechano?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Eso es lo peor. Lo sabe papá y también @ReinaSofíaoficial. Dicen que es mejor así. Pero @ElReycampechano me ha dicho que esté tranquila. Ya se encarga él de que @7Urdangarínbalonmano la guarde dentro de los pantalones

Jesús Rollán @Porteroloco ¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas? Te has aficionado a las gafas de sol y a los jerséis de cuello alto. ¿Mucha presión?

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Un poco sí. Pero esto es la leche. El otro día @AltezaRealCristinaoficial me dijo de ir a comprar algo de ropa. Hizo una llamada y nos abrieron @ElCorteInglés de la Diagonal para los dos a las 03.00 a.m.

Jesús Rollán @Porteroloco ¡Joder! Te voy a tener que tratar de duque a partir de ahora

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Ya ves. El pasado fin de semana fuimos a un hotelito en Viladrau y la gente nos hacía reverencias y nos regalaron un montón de chorradas. No pagamos en ningún sitio

Juan Carlos I @ElReycampechano Ya está todo listo. Mañana, en los jardines de Zarzuela, haréis la presentación oficial del noviazgo

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial ¡Genial! Voy a llevar un traje de chaqueta y pantalón de color blanco. Creó que me dejaré el pelo suelto

Reina Sofía @ReinaSofíaoficial Te van a criticar. @7Urdangarínbalonmano es un simple deportista. Es demasiado moderno. Por lo menos hazte un moño

Juan Carlos I @ElReycampechano Deja a la niña en paz. No seas tocacojones. Además es vasco y del Barça. ¡Al final me va a hacer a mí republicano!

Jaime Peñafiel @Realezayglamour 3 de mayo de 1997. En directo, retransmitiendo la vulgarización de la Monarquía. ¿Qué será lo próximo? ¿Qué @FuturoFelipeVI se case con una republicana? ¿Con una divorciada?

Jaime Peñafiel @Realezayglamour Exclusiva. La boda de @AltezaRealCristinaoficial y @7Urdangarínbalonmano será el 4 de octubre en la catedral de @BCN

Infanta Cristina @InfantaCristinaoficial Me ha dicho papá que nos va a hacer duques de Palma. @InfantaElenaoficial se va a morir de envidia y el tonto de @trapicheosMarichalar mucho más

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano ¡De puta madre! ¿Pero podemos seguir viviendo en @BCN, no?

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Claro, claro. Nosotros seguimos en nuestro pisito de Pedralbes a nuestro rollo

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Ahora que somos duques habrá que subir un poco el nivel. Le tengo echado el ojo a un palacete que hay unas manzanas más arriba. Igual podías hablar con @ElReycampechano

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Dalo por hecho. Tú sigue riéndole las gracias. Me dijo @ReinaSofíaoficial que le caes mucho mejor que @trapicheosMarichalar

Iñaki Urdangarín @7Urdangarínbalonmano Tres o cuatro hijos y que vayan al Liceo francés. Veranos en @Palma e inviernos en @BaqueiraBeret. Como la gente de bien de @BCN. ¿Te parece?

Jesús Rollán @Porteroloco ¿Sabéis algo de @7Urdangarínbalonmano?

Rafa Guijosa @Guijosamejorjugadordelmundo1999 Ya no se llama así. Ahora se llama @DuquedePalma

Jesús Rollán @Porteroloco Pues @DuquedePalma se ha olvidado de sus amigos. Hace meses que no sé nada de él

Rafa Guijosa @Guijosamejorjugadordelmundo1999 Me han dicho que ya no escucha favores y que anda con banqueros y empresarios. Que quiere ser miembro del @COI

Iñaki Urdangarín @DuquedePalma He conocido a un tío muy interesante. Se llama Diego Torres y me ha dicho de crear una asociación de eventos deportivos

Infanta Cristina @AltezaRealCristinaoficial Suena bien. ¿Cómo la vais a llamar?

Iñaki Urdangarín @DuquedePalma Instituto Noós

https://www.youtube.com/watch?v=gJE7zuK_Pmw
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Gheorge Gruia

Rumanía no es un país agraciado en la esfera internacional. El estándar difundido es el de una multitud de gitanos pidiendo y robando con los colmillos afilados cual conde Drácula. Es así. Como también lo es que Rumanía es el más occidental de los países orientales. Bucarest es una pujante metrópoli y las playas del Mar Negro causan la misma atracción para los eslavos que las del Mediterráneo para los urbanitas occidentales. Durante siglos, Rumanía fue el único país occidentalizado de Europa Oriental. Aprisionado por los Cárpatos y bebiendo del Danubio, mantuvo un idioma propio, el único oriundo del latín que no comparte frontera con otro país.

Como paria a nivel mundial, ningún rumano nos surge de improvisto cuando pensamos en grandes personalidades. Rumanía, como tantos otros países, debe buscar en el deporte una forma de reconocimiento internacional, y eso fue lo que logró a través de tres grandes deportistas a caballo entre la década de 1960 y la de 1970. Tanto Nadia Comaneci en gimnasia como Ilie Nastase en tenis, lograron ser los mejores del mundo en sus disciplinas. Sin embargo, sólo existe un rumano que haya sido nombrado por los organismos internacionales como el mejor deportista en la historia de su especialidad. Es, con todo, un hombre desconocido para la gran mayoría de los aficionados, e incluso no es demasiado popular en Rumanía porque estuvo más de la mitad de su vida trabajando en México, a más de 10.000 kilómetros de su Bucarest natal. Se trata de Gheorge Gruia.

Gheorge Gruia está considerado el mejor jugador de balonmano de todos los tiempos. Pero antes de eso, hizo muchas otras cosas. Era un ejemplar extraordinario de 1’90 de altura al que le encantaba practicar deporte. Todos los fines de semana competía desde el alba hasta la noche con igual destreza en atletismo, voleibol, esgrima o lucha. Fue campeón rumano de triple salto y un magnífico decatleta, y en 1961, con 21 años de edad, participó con su selección en el Mundial de Voleibol.

Según se cuenta, al volver de ese campeonato Gruia coincidió entrenando en las instalaciones del Steaua de Bucarest con los miembros del equipo de balonmano. El entrenador del Steaua le pidió a Gruia que cogiese un balón y que se animase a lanzar unos tiros. Era la primera vez para Gheorge. Tras un par de botes, pegó un salto y lanzó con toda su alma, con tan mala puntería que el balón salió varios palmos fuera de la portería. Fue a rebotar con un barril de madera que había junto a un poste, que con el violento impacto quedó hecho trizas. Los jugadores del Steaua, entre los que había varios internacionales rumanos, quedaron con la boca abierta ante la potencia del salto y del lanzamiento.

Al mes siguiente Gheorge había dejado el resto de deportes para dedicarse en exclusiva al balonmano. Tres meses después ya era internacional con Rumanía y un par de años más tarde ya era campeón del mundo. Había empezado a jugar con 21 años y con 24 ya era el mejor jugador del planeta. Había nacido la leyenda de ‘Mano de Oro’.

Gruia formó parte de un equipo legendario que dominó el mundo del balonmano durante una década. Era un lateral zurdo, de una potencia y de un salto descomunal, que aportaba la mitad de los goles tanto en su equipo como en la selección nacional. Y eso no era poca cosa. En un período de 14 años Rumanía ganó 4 Mundiales, gracias a leyendas como Cristian Gatu o Stefan Birtalan. Gheorge Gruia fue el nexo de unión entre la primera generación (1961) y la última (1974), del paso de un deporte jugado al aire libre por 11 jugadores a uno disputado en un pabellón por 7 deportistas, así como del paso de un deporte de pocos goles a uno de muchos tantos.

Como todos los grandes de cualquier deporte, ‘Gurita’ (como era conocido entre sus amigos) aunaba talento y trabajo. Los líderes suelen ser unos tiranos, y para que el resto del equipo siga al líder éste debe mostrar capacidad de sacrificio. Dicen que el día que Gruia pasó de joven talento a gobernador del balonmano fue en un choque europeo en 1964. Steaua se enfrentaba al Dukla Praga en Checoslovaquia. Gruia tenía 40 grados de temperatura y un cuadro vírico que incluía tos y sarpullidos. Dado que no se fiaba del médico de su equipo, bajó al vestuario del rival y fue examinado por un galeno del Dukla, el cual le recomendó 4 días de reposo en cama. Gruia le preguntó si podía jugar y el médico le advirtió del riesgo de sufrir una miocarditis por culpa del esfuerzo. Haciendo caso omiso de las recomendaciones, Gruia saltó a la pista a falta de 10 minutos y anotó 7 goles para dar la victoria al Steaua.

Era un coloso, un fornido zurdo de brazos hercúleos. En el Mundial de 1970 se le midió un lanzamiento a 145 km/h. Un periodista lo definió como el hombre que amaba el vacío, porque parecía que permanecía congelado en el aire. Además de ‘mano de oro’ también le apodaban ‘el Pelé del balonmano’, porque al igual que el genio brasileño llevaba el número 10 y emborrachaba de goles a los rivales.

Pero tanto Gruia como el resto de sus compañeros no veían reflejado su excelencia en términos capitalistas. Ellos jugaban por su país, por el orgullo de defender la camiseta nacional. Oficialmente no recibían sueldo alguno ni por parte del club ni por parte de la selección nacional. Es por eso que cuando Gruia viajaba al extranjero con motivo de algún choque internacional aprovechaba para conceder entrevistas previo pago en dólares por la exclusiva.

Nicolae Ceauçescu fue durante más de dos décadas (1967-1989) el más represivo de los dirigentes del bloque comunista. La paradoja es que eso nunca fue ni percibido ni admitido en Occidente hasta su muerte. Rumanía mantuvo una política de aperturismo y de desobediencia frente a la URSS que le granjeo simpatías en el bloque capitalista. Además, desde el siglo XVIII, la clase dirigente rumana siempre fue francófila, por lo que los rumanos invariablemente tuvieron muy buena prensa en Paris, y ya se sabe que Paris marca tendencia en el mundo. De hecho, al igual que Rumanía, Francia mantenía una estrategia de desobediencia similar. Desde Charles de Gaulle, todos los presidentes franceses se mostraron desobedientes hacia Estados Unidos y firmaron convenios bilaterales con países del bloque soviético.

Pero Ceauçescu era un feroz dictador. Y también un mentiroso. Le había prometido a Gruia que podría salir de Rumanía en 1972, una vez concluyera la participación rumana en los JJOO de Münich. Gruia tenía decenas de ofertas de clubes, esencialmente de escuadras alemanas. Al final se inclinó por el TV Grosswallstadt, un club de Baviera que era el dominador europeo del momento. Se decantó por ellos porque le prometieron, además del sueldo, un flamante Mercedes descapotable, algo impensable para un joven rumano de entonces.

Se contaba con que los rumanos lograsen la medalla de oro, pero Rumanía cayó por sorpresa ante Yugoslavia y se tuvo que conformar con una presea de bronce. Tan sólo dos días después de la disputa de la final de consolación, dirigentes del TV Grosswallstadt esperaban a Gruia montados en su nuevo Mercedes descapotable. Sin embargo, enfadado por el resultado, Ceauçescu ordenó retirarle el pasaporte tanto a él como a su mujer y a su hija, por lo que Gruia tuvo que volver a Bucarest por miedo a quedar aislado de su familia.

A pesar de todo Gruia seguía siendo una celebridad nacional, por lo que Ceauçescu tenía que tener cuidado con él. En 1973, con sólo 33 años y siendo el mejor jugador del mundo, ‘Gurita’ decidía retirarse. Ceauçescu le había prometido dejarle marchar de Rumanía siempre y cuando no volviese a jugar al balonmano. Tenía ofertas muy lucrativas de Jordania y de Kuwait para ser entrenador, pero nuevamente Ceauçescu incumplió su problema. Pasaron cinco años más hasta que lo dejaron marchar. Por el camino perdió la oportunidad de ganar otro Mundial con su selección en 1974.

Finalmente en 1978 consiguió permiso para emigrar a México con su familia. El gobierno mexicano, tras el éxito de los JJOO de 1968, estaba contratando a los mejores especialistas de cada deporte para elevar el nivel competitivo del país azteca. Gruia aterrizó en México D.F. con 7 dólares en el bolsillo, sin saber una palabra de castellano y llegó a un país donde se jugaba al balonmano con pelotas de voleibol. Se convirtió en entrenador y asesor de la Universidad Autónoma de México y recibió un sueldo de 1.500 dólares mensuales, de los que algo más de la mitad tenían que ser entregados a la embajada rumana. Años después consiguió llevar a su esposa y a su hija hasta México tras conseguirle a su mujer un trabajo como bibliotecaria. Fue poco después de que su esposa descubriese que tenía micrófonos ocultos en las tazas del café.

Gruia tardó 21 años en volver a Rumanía gracias al programa televisivo ‘Sorpresa, sorpresa’ y, aunque volvió en alguna ocasión más, vivió feliz en América junto a su familia hasta su muerte en 2015. Fue enterrado en el cementerio francés de México D.F. y una bandera rumana cubrió su ataúd. Decía que para no olvidarse de su país, le hablaba en rumano a su perro. No había rencor. En una entrevista poco antes de su muerte afirmaba que a pesar de todo lo vivido estaba en contra del ajusticiamiento público al que fue sometido Ceauçescu.

“Aquella selección era insuperable. Todos éramos montañas altas, pero Gheorge era el Himalaya”. Stefan Birtalan.

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Radiografía del balonmano español

Las raíces del balonmano se remontan a 1906 cuando un profesor danés publicó el reglamento de un nuevo deporte que pretendía ser aún más divertido que el fútbol al cambiar el uso de los pies por el de las manos. La intención era jugar al aire libre, dentro del rectángulo futbolero, pero fueron los alemanes los que perfeccionaron la idea tomando prestadas las fintas y las tácticas del baloncesto y el contacto físico y las porterías pequeñas del hockey. El balonmano ganó rápidamente popularidad en el norte de Europa debido a la profusión de pabellones deportivos y la flexibilidad, la plasticidad y la comodidad de un deporte que no dependía de las inclemencias del tiempo. La excepción a tanto frío se dio en el norte de África, donde rápidamente el balonmano se propagó gracias a la influencia de los franceses que colonizaron la franja que va de Mauritania a Egipto.

Hoy, 12 de enero, da comienzo el Campeonato Europeo de Balonmano, en el que España parte como candidata a medalla y ‘outsider’ para el título. Siempre es bueno recordar que la privilegiada situación a nivel de selecciones (bronce en 2014 y plata en 2016) contrasta con el paupérrimo escenario de la Liga ASOBAL. Una liga donde sólo hay un amo y señor; el FC Barcelona.

Como tantas otras disciplinas deportivas y como en tantas otras cosas, la privilegiada posición económica y geográfica de Cataluña convirtió a esta tierra en el epicentro del nacimiento del balonmano en España. En la prehistoria de este deporte, el Granollers fue el absoluto dominador de la Liga en dura pugna con al Atlético de Madrid, que decidió apostar por este deporte para contrarrestar el peso del Real Madrid con su sección de baloncesto.

En el año 1971, el FC Barcelona inauguró su flamante Palau Blaugrana. El presidente Agustí Montal diseña una hoja de ruta en la que aprovechando el carácter polideportivo del club se impulsará a las diferentes secciones con el objetivo de convertirse en referente en España y por ende en Cataluña. Hasta entonces diferentes villas y ciudades catalanas eran hegemónicas en deportes como balonmano (Granollers), baloncesto (Badalona) o hockey sobre patines (Igualada). A finales de los 70 la chequera del Barça convierte en azulgranas a todas las estrellas del deporte catalán. De hecho, como club polideportivo, el FC Barcelona es el más laureado y prestigioso no sólo de Cataluña y de España, sino del mundo.

A finales de los 80 el proyecto del Atlético de Madrid irá agonizando (con éxitos europeos incluidos) y el FC Barcelona de balonmano se convertirá en rey del continente encadenando hasta 5 copas de Europa consecutivas con jugadores como Rafa Guijosa, David Barrufet o el hoy vilipendiado y antes yernísimo Iñaki Urdangarín.
Para el cambio de siglo parecía que el balonmano era el nuevo rey Midas del deporte español. El pelotazo inmobiliario y la lluvia de billetes de las cajas regionales hicieron estragos. Un exceso de optimismo y de dinero –principalmente público- afloró y se sucedieron éxitos como los del Teka Santander, Portland San Antonio de Pamplona o el megaproyecto de Ciudad Real. Todos reventaron y se hizo la nada. La crisis estalló en 2008 y poco a poco fueron cayendo como piezas de un dominó. Los más desaparecieron, los menos tuvieron que reciclarse a objetivos más modestos. Sólo quedo uno. Aquel al que Messi le encarga de suministrar dinero.

El pasado 6 de diciembre pasó a la historia como el del fin de una racha. 55 meses y 133 victorias consecutivas después el FC Barcelona no ganaba un partido de la Liga ASOBAL. Casi 5 años después. El Balonmano Guadalajara celebraba con efusividad un empate que ponía fin a una racha que para muchos ha sido histórica y para otros grotesca. La última vez que los azulgranas cayeron en competición doméstica fue en mayo de 2013 ante el Naturhouse La Rioja. Hoy, el equipo riojano es otro de esos que se fue a la deriva una vez que la empresa herborista tomase las de Villadiego.

https://www.youtube.com/watch?v=d-b5dcgz9fg

La ASOBAL sobrevive hoy como una liga prácticamente amateur y escondida del foco de los medios de comunicación. Como un gigante adormecido. El nivel ha caído y lo que antes se conocía como la mejor liga de Europa hoy palidece ante Alemania o Francia, pero también ante el nivel de equipos balcánicos, húngaros, polacos o daneses.
En este Campeonato de Europa, 14 de los 16 convocados por España o bien militan en el FC Barcelona o bien juegan en el extranjero. Tan sólo Adriá Figueras (Granollers) y Ángel Fernández (La Rioja) participaban en otras escuadras, aunque el lateral cántabro ya ha firmado por el Kielce polaco para el próximo ejercicio.

Es incontestable la superioridad del Barcelona. Es el único que ha aprovechado la crisis. Es una simple cuestión de números. Los conjuntos alemanes o franceses, con ligas saneadas y con pabellones llenos con cerca de 15.000 espectadores, cuentan con un presupuesto medio de 5 millones de euros, y eso sin contar a los grandes del continente como el PSG (18 millones) o el Kiel (11 millones). Empresas francesas como Intersport, Renault, Caisse d’epargné o Mumm y alemanas como Adidas o Lidl son patrocinadores tradicionales. En España el presupuesto del Barcelona se calcula en torno a los 9 millones de euros, muy por encima del 1,2 que tenía el Naturhouse La Rioja el año pasado antes de quedar sin el apoyo económico de su patrocinador. Los presupuestos más bajos en Francia o en Alemania se estiman en 2 millones, mientras que en España la horquilla entre los clubes oscila entre 300.000 o 500.000 en función de si participan o no en competición europea.

En nóminas, más de lo mismo. Nikola Karabatic, el para muchos mejor jugador del mundo, ingresa 1 millón de euros anuales, cifra muy por encima de la media francesa de 100.000 euros. En todo caso, esa media francesa tampoco puede ser permitida en España por el Barça.

En todo caso lo que el FC Barcelona ha conseguido es alucinante. Con independencia de la dificultad, mantener la concentración y ganar todos los partidos durante cuatro temporadas seguidas es una tarea herculina. Y todo parece indicar que habrá una quinta consecutiva. La cúspide de esta tiranía tuvo lugar en las temporadas 2013-14 y 2014-15 donde los barceloneses ganaron sus partidos con una media de 14 goles por partido.

Una barbaridad. Sí. Un mérito enorme. Sí. Pero…

La victoria cuando es previsible y visible para todos no es sinónimo de excelencia.

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