Copa de Europa

Cuando Florentino quiso ser Laporta

Cuando han pasado tres semanas desde que Florentino Pérez perdiese los papeles en su primera comparecencia ante la prensa en ¡once años! y a la espera de la resolución electoral de este domingo, es conveniente hacer un análisis de todo lo dicho en aquella tarde de mayo. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde 2009 de forma ininterrumpida y en un primer mandato entre 2000 y 2006, ha sido el mejor dirigente que ha tenido el conjunto merengue en su historia. Cabeza privilegiada para los negocios, fue capaz de convertir un legendario club de fútbol con una estructura decimonónica en una multinacional deportiva capaz de conseguir al mismo tiempo los más prestigiosos éxitos deportivos con los mayores beneficios empresariales.

Es por ello tan extraño que una mente tan clara patinase de tal manera cuando el pasado 12 de mayo Florentino soltó una demencial perorata en la sala de prensa de Valdebebas. Hay quién comentó que era un discurso de Trump con la energía de Biden. No le faltaba razón. José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid, intentó evitar que Florentino compareciese hasta el último momento y durante la rueda de prensa pretendió finiquitarla en varias ocasiones sin que Florentino diese el visto bueno. Y es que Florentino comenzó errático, con un discurso desestructurado, saltando de un tema a otro y visiblemente nervioso, dado que por vez primera en dos décadas era consciente de que tenía un rival para optar a la presidencia del Real Madrid. Entonces escuchó alguna que otra risa con alguna respuesta y se vino arriba.

Y entonces decidió ser Joan Laporta.

Si el Real Madrid tiene un jefe de prensa o un asesor de comunicación (obviamente tiene a ambos, aunque están bien escondidos) deberían haber sido despedidos minutos después de acabar aquel esperpento. Florentino se ha ganado el respeto, la admiración y el temor de propios y ajenos en este último cuarto de siglo como un gestor implacable y pragmático que hace lo necesario para ganar, tanto en la vida como en el deporte. Su traje y su corbata dan seguridad, infunden acato y son la representación del poderío y del señorío del Real Madrid. El Real Madrid es un club señor. Un club modélico. Un club serio. Y también despiadado en el rectángulo de juego. Así lo es también Florentino. Y también despiadado fuera del rectángulo de juego.

Justo lo contrario a lo sucedido en esa histórica rueda de prensa. Florentino decidió ser populista, atacar a medios, inventarse rivales, ver conspiraciones allá donde hay errores. Quiso ser Laporta. Quiso mazarse a cubatas y sobar a veinteañeras en Luz de Gas. Quiso ser llorón. Quiso ser colega de todos. Quiso ponerse por delante del escudo. Quiso ser més que un club, cuando no lo es. El Real Madrid es el club más grande del mundo. Pero es eso, un club de fútbol. Ni el FC Barcelona es Catalunya ni el Real Madrid es España. En definitiva, Florentino fue chabacano, despectivo e intentó inútilmente ser gracioso. Y quedó muy mal. A Laporta le funciona porque es así. Florentino es un respetado señor de negocios que maneja una empresa de 170.000 empleados con una discretísima vida personal. Laporta es un marrullero abogado implicado en una colección de negocios que han acabado en desastres financieros y llegó a tener una relación sentimental con una actriz erótica.

Florentino obvió los fundamentos inspirados en Bernabéu con los que ha cimentado su mandato. Nadie por encima del club. Nadie. Ni Casillas, ni Cristiano ni Sergio Ramos. El Madrid por encima de cualquiera; de su estrella, de su entrenador o hasta de su presidente. La conclusión se desprende de las palabras del propio Florentino, cuando repite que el club pertenece a sus socios. Pero unos socios que sólo el ser superior puede conducir por el camino de los éxitos y la prosperidad. Se desprecia a quien intente cuestionarlo.

Santiago Bernabéu falleció a los 83 años tras 35 en el sillón presidencial. Florentino siempre lo ha citado como su alter ego (puede superarlo en edad y tiempo en la poltrona) y ha replicado o mejorado algunos de sus logros, con hasta siete Copas de Europa. La presidencia de Bernabéu no fue ajena a polémicas, incluso a enfrentamientos con los poderes políticos y periodísticos. Pero falleció y el Madrid siguió ganando. Como pasará el día que falte Florentino (sea o no sea este domingo).

Bernabéu dejó un legado deportivo y moral. Al marchar dejó al club con problemas económicos.

Florentino dejará un legado deportivo y económico. Al marchar dejará al club con un grave problema moral.

¿Por qué Florentino perdió el norte?

De 79 años, a Florentino el tiempo le va atrapando. Pierde influencia y reflejos. Al día siguiente, y viendo el desastre montado, se organizó una entrevista en La Sexta junto a Josep Pedrerol, su periodista fetiche. Allí mantuvo su discurso, pero se minimizaron daños. En esa sesión de baño y masaje se vio a un Florentino institucional en una posición mucho más coherente que la mantenida el día anterior. El contenido era similar, la formas las adecuadas.

Florentino en su salsa

Analicemos pues todas y cada una de sus sentencias. Las hay ciertas, las hay falsas y las hay medias verdades. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Ir contra Florentino no es ir contra el Real Madrid, al igual que posicionarse a su favor no es hacerlo a favor del Real Madrid. Ni España es Pedro Sánchez ni Donald Trump es Estados Unidos. Ni siquiera el Papa León XIV es Palabra de Dios. Tan sólo es el más alto representante de la Iglesia Católica. Florentino tiró de manual de política actual. No reconocer errores propios, achacar todos los males a campañas contra su persona, señalar a los medios de comunicación y, en definitiva, usar la institución para zanjar enojos personales y ejecutar vendettas.

La gente pasa y las instituciones quedan. Nadie es imprescindible. Florentino Pérez debería tener una estatua en la entrada del Santiago Bernabéu. O quizás debería renombrarse la tribuna principal del estadio con su nombre. Eso está fuera de toda duda. La pregunta no es esa. La pregunta es si la situación moral e institucional del Real Madrid es la correcta y de si Florentino tiene las herramientas suficientes para solucionarla.

1. “El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga. Me tendrán que echar a tiros”. MEDIA VERDAD. Días después de ganar la Copa de Europa, Lorenzo Sanz convocó elecciones a la presidencia del Real Madrid. Era el año 2000. Florentino apenas tuvo unos días para armar una candidatura y luego ganar las elecciones con una campaña electoral legendaria coronada por el fichaje de Luis Figo. No está haciendo nada que no le hubiesen hecho a él. Además, es absolutamente legal y cumple con los estatutos. Ocurre que a lo largo de estos años ha modificado los requisitos retorciéndolos de tal manera que es necesario contar con dos décadas de antigüedad como socio y sumar un patrimonio propio que represente el 15% del presupuesto. Es licito convocar elecciones con urgencia, pero moralmente es inconsistente. y garantiza que sea él el que le abra las puertas del Bernabéu al Papa el mismo día que los socios pasan por las urnas.

2. “Soy el mejor presidente de la historia” CIERTO. Hay un dato tan clarificador que el debate se vuelve inútil. Como presidente, Florentino Pérez tiene siete Copas de Europa. Él sólo ha ganado más que el Liverpool FC, el FC Bayern o el FC Barcelona y las mismas que el AC Milan. También cuenta con tres Copas de Europa de baloncesto, superando las dos que tiene el FC Barcelona. Lo más glorioso es que a esos éxitos deportivos se suma un fabuloso éxito económico. ¿El mejor? Sin discusión.

3. “He tomado la decisión de darme de baja de ABC. Sacaron hasta un diario, Relevo, pagado por La Liga, que le ha hecho perder a Vocento 25 millones de euros. Hay una confabulación de periodistas que se creen que mandan en el Madrid. Hizo mucho daño José María García”. MEDIA VERDAD. A inicios de los 80, cuando José María García estaba en su auge, los periodistas compartían entrenamientos con directivos y futbolistas. La relación era estrecha y las diferencias salariales entre plumillas y deportistas asumibles. Participaban en noches de juerga y confidencias. Topos, cotillas y ganas de rajar siempre ha habido. García es hijo de su tiempo (y, por cierto, seguidor del Real Madrid).

A inicios de los 90 los capitanes de los equipos grandes (Zubizarreta, Hierro…) empezaron a protegerse de los medios y los clubes contrataron jefes de prensa con la misión de controlar a los jugadores. Las costumbres cambiaron (más fiestas privadas y menos exposición pública), la diferencia salarial se expandió y luego las redes sociales emergieron para que el deportista diga lo que quiera sin contar con los medios. Tiene razón Florentino cuando dice que Relevo, un medio deportivo que fracasó, tenía una línea editorial belicista contra su persona (ojo, no contra el Real Madrid). Pero no lo es cuando comenta que hay una confabulación. Un día después de su rajada contra ABC, el diario monárquico madrileño dedicaba buena parte de su información a la polémica creada. Había críticas a Florentino Pérez, como también un artículo de elogio del periodista Juanma Rodríguez en el que consideraba a Florentino “un irreductible en su afán de defender al Real Madrid ante todos”. Esa diversidad de opiniones en un mismo medio se llama libertad de opinión.

El periodista, al igual que en los 80, busca la noticia. La diferencia radica en que ahora no comparte copas, partida de cartas o conversaciones en un aparcamiento después del entrenamiento con el futbolista. Ahora lo hace con el jardinero, el médico, el portero o el secretario. También con el entorno (amigos, familiares, patrocinadores y representantes) dirigidos por futbolistas que quieren dar su versión, pero sin dejar huella de lo comentado.

4. “Me han dicho que tengo cáncer terminal y yo sin enterarme”. MEDIA VERDAD. Florentino salió como toro empitonado por culpa de un artículo de ABC en el que se decía que estaba “cansado”. Ese entrecomillado provenía de una fuente (un directivo del Madrid) que le comentó al periodista que Pérez estaba cansado de tanta crítica contra el club y su persona. Nada más que eso. Nunca ningún medio serio ha publicado que Florentino tenga cáncer.

Hablamos antes de las filtraciones y del entorno. Es lo que Florentino llama el grupo de las eléctricas (Iberdrola) y Enrique Riquelme quienes alimentaron ese rumor en meses pasados. Del rumor se hizo eco José Álvarez, un modesto ex futbolista que actualmente ejerce como colaborador en El Chiringuito de La Sexta. El rumor salió y murió en el mismo sitio. Lo más curioso del asunto es que el director del programa es Josep Pedrerol, el periodista más cercano y uno de los poquísimos con hilo directo con Florentino Pérez. Y, sin embargo, no se conoce crítica alguna (al menos pública) del presidente del Real Madrid ni a La Sexta (donde también está García Ferreras, ex director de comunicación del club blanco) ni al citado colaborador.

5. “Hay una confabulación de periodistas, ultras, reventas y un señor con acento mexicano que quieren quitarle el Real Madrid a los socios” FALSO. Hay periodistas que no están de acuerdo con su gestión, hay ultras que están enfadados (Florentino con acierto los apartó del Bernabéu) por la mala marcha del equipo y hay un empresario con nacionalidad española que quiere ser presidente del Real Madrid. No hay una confabulación. En tiempos de posverdad todo aquel que detenta el poder considera que todo es una confabulación. O yo o el caos. Simplemente hay libertad de opinión y diferentes criterios de actuación.

6. “Somos el club más valioso del mundo. Somos la admiración del mundo” CIERTO. El Real Madrid del año 2000, con la Champions League recién conquistada de la mano de Lorenzo Sanz, era una ruina. Florentino Pérez avaló con su patrimonio una deuda que se acercaba a los 150 millones de euros. Por entonces el presupuesto anual del Real Madrid era de unos 200 millones de euros. En 2025 el Real Madrid ingresó más de 1.130 millones de euros y, según Forbes, es el club de fútbol más valioso del mundo con un valor estimado de 6.750 millones de dólares. “Yo he puesto dinero de mi patrimonio para que los jugadores cobrasen. Cuando entré aquí no cobraba ni la papelera de la esquina. Pregúntenle a la mujer de Bodo Illgner o al padre de Roberto Carlos”, espetó Florentino en la rueda de prensa. Absolutamente verídico.

7. “El caso Negreira es el mayor caso de corrupción del mundo. Es una corrupción sistémica. Hemos tenido que escuchar al presidente del comité de árbitros diciendo que son cosas que tenemos que olvidar. ¿Pero cómo lo vamos a olvidar? Yo he ganado siete Champions y siete Ligas, y miren, tenía que haber ganado 14, las otras me las han robado”. MEDIA VERDAD. Entre 2001 y 2018 el FC Barcelona pagó a Enrique Negreira, vicepresidente del Comité de Árbitros, un montante de 8’4 millones de euros con hasta cuatro juntas directivas diferentes. El FC Barcelona se defiende de la acusación argumentando que era un dinero destinado a elaborar unos informes arbitrales de los que ningún entrenador azulgrana sabe nada. Es obvio que hubo pago bajo cuerda. Ahora la justicia tiene que probar que ese dinero llegó a los colegiados e influyó en sus decisiones.

¿Le han quitado siete Ligas al Madrid? Eso es un brindis al sol. Es fácil considerar un error (involuntario o no) en una final como el motivo que desnivela un partido. A lo largo de 38 partidos hay que analizar cientos de variables. Expulsiones, penaltis o fueras de juego en todos los campos y en todos los equipos. ¿Quién puede decir que esa Liga que reclama el Madrid no tendría que haber sido para el Atlético? Quizás el Madrid fue más perjudicado que el Barça, pero quizás el Atlético o el Athletic fueron más perjudicados que el Madrid. O quizás una decisión arbitral a favor del Madrid fue causa del descenso del Levante. Es un juego muy peligroso.

No obstante, la principal debilidad del argumento de Florentino está en los tiempos de actuación. El caso Negreira estalló en febrero de 2023 (por cierto, a través de una radio barcelonesa y Laporta, al igual que Florentino con el madrileño ABC, despotricó contra una conspiración que quería acabar con el Barça y con Cataluña) y días después todos los equipos de La Liga, con la excepción del Real Madrid, emitieron un comunicado condenando los hechos. La Liga se presentó como acusación, tarde y mal, pero lo hizo antes que el Real Madrid. A la altura de diciembre de 2024, casi dos años después de que el Caso Negreira saliese a la luz, conociendo el enfado de socios y aficionados, Florentino sorprendió con un discurso en la Asamblea del Real Madrid en el que consideró que “Madrid y Barça se tienen que ayudar” y que “si nos abstraemos de los rifirrafes y de las cosas del forofismo el Madrid es el más grande y el Barça uno de los más grandes”. Por entonces Laporta y Florentino eran uña y carne en el asunto de la Superliga y el Caso Negreira era secundario. Laporta usó a Florentino como clínex, se bajó del barco, ganó las elecciones del Barça tirando de antimadridismo y ahora, tres años después, Florentino considera el Caso Negreira “el mayor escándalo de la historia del fútbol” cuando antes había negado la mayor.

8. “No es la primera vez que dos jugadores se pegan, lo han hecho casi todas las temporadas. En un vestuario se pegan todos los días. Siempre hay reyertas. La diferencia es que esta vez lo han contado. Y eso es lo peor, la filtración. Sabemos quién lo ha contado. ¡Se pegan todos los días!” FALSO. Cualquiera que haya jugado al fútbol, profesionalmente o en una liga de barrio, sabe que hay patadas, insultos y rifirrafes entre compañeros. Otra cosa es que uno acabe en el hospital con una brecha en la cabeza. Eso no es normal. Como no lo es que otros dos se líen a puñetazos, que otro mande a la mierda al entrenador cuando lo cambian delante de 80.000 personas o que otro vaya al despacho del presidente a exigir la titularidad. La prueba de que no es normal es que el club sancionó con 500.000 euros a Valverde y a Tchouameni. Si hay peleas todos los días; ¿Por qué es la única multa disciplinaria que ha trascendido en dos décadas de presidencia de Florentino?

La noticia trasciende porque son los propios interesados los que quieren hacerla pública. Para que el aficionado sea consciente de lo que ocurre, bien sea por egoísmo para salvar su propio culo o bien sea porque hay una preocupación sincera de la deriva que está tomado el vestuario (¿Carvajal?). ¡Ya le gustaría a algún periodista tener acceso directo a esa pelea!

9. “Los socios del Real Madrid no tienen que criticar a sus jugadores ni tienen que pitarles.” FALSO. Dos pancartas hubo en contra de Florentino en el primer partido del Real Madrid tras la histórica rueda de prensa. Ambas fueron retiradas. Los socios del Real Madrid pueden criticar a presidente, entrenador y jugadores. Pueden y hasta deben. La presión del público es una realidad inevitable en la carrera de un futbolista de élite. No hablamos de una empresa. Hablamos de una empresa deportiva. Un lugar donde los resultados sobre el rectángulo de juego son mucho más importantes que los resultados bancarios. El fútbol es un instrumento de identidad colectiva, de unión y desahogo social y de tradición e identificación familiar y grupal. Si aquellos que son representantes públicos de esos sentimientos no hacen lo que el aficionado considera suficiente tienen y deben de ser criticados.

10. “Estamos negociando para seguir consiguiendo cosas que le hagan bien al fútbol. Durante el Mundial de clubes conseguimos, por ejemplo, que el fútbol fuera gratis para que lo pudieran ver los niños de África. Y todas esas cosas las está consiguiendo el Real Madrid”. MEDIA VERDAD. Se excusa Florentino de que el Madrid ha tenido un mal año por culpa de una plaga de lesiones. No hubo pretemporada, argumenta, debido a que se disputó el Mundial de Clubes. Torneo avalado por Pérez por beneficio económico y que se vio gratis en África (en España también) por el escaso interés de las plataformas de pago por hacerse con sus derechos.

Lo cierto es que Florentino patinó al querer montar la Superliga. La negativa de la UEFA le hizo echarse en brazos de la FIFA para la implantación del Mundial de Clubes. Consiguió que la UEFA cambiase el formato de grupos de la Liga de Campeones aumentando así los ingresos, pero se quedó solo en el barco para crear una liga paralela sin el paraguas de la UEFA. Florentino lo sabe y lo demostró muy bien al criticar los fallos en el arbitraje en el partido de cuartos ante el Bayern calificándolos de “errores” pero nunca cargando contra la UEFA. Un par de años antes, el Real Madrid estaba enfrentado a la UEFA y el club vociferaba contra Ceferin, los arbitrajes y, desde su medio televisivo, se señalaba que la UEFA estaba conchabada con el PSG para que ganase la Copa de Europa. Por entonces absolutamente nada se decía del Caso Negreira. Hoy hay paz con la UEFA y guerra abierta con el Barça.

11. “¿Quedar segundo es malo? ¿Qué tiene que hacer entonces el Manchester United? ¿El Atlético de Madrid? Suicidarse. Yo tengo más Champions que el FC Barcelona”. FALSO. La vara de medir del Real Madrid es su sala de trofeos. 37 trofeos en 26 temporadas de Florentino como presidente. 1’6 por temporada. 132 trofeos en 124 años de historia. 1’06 por temporada en la historia del Real Madrid. El Madrid es el mejor. Y el que más gana. Quedar segundo es una derrota. Ese es el nivel de exigencia. El más alto que existe en el deporte mundial. No obstante, no es una bala única. En Estados Unidos sólo hay un trofeo en juego. Los Lakers pueden ganar la NBA o no ganarla. En Europa hay tres balas. La Champions (caza mayor), la Liga (caza menor) y la Copa (bala de fogueo). El Real Madrid suma dos temporadas sin ninguno de esos tres trofeos. Es un fracaso. Guste o no guste.

Florentino Pérez suma siete Copas de Europa en el siglo XXI. Registro rimbombante. También lo es que entre 2003 y 2006 el Real Madrid estuviese tres temporadas sin levantar un trofeo por vez primera desde tiempos de la II Guerra Mundial. Por entonces Florentino era el presidente. También lo es ahora que suma dos campañas en blanco. Nadie apostaría a que el año que viene se repite el rosco, pero la posibilidad existe. En 2000 el FC Barcelona sumaba 16 ligas y el Real Madrid 27. En 2026 el Barça cuenta con 29 y el Real Madrid con 36. Desde 1990 el Real Madrid sólo ha sumado dos ligas consecutivas en 2007 y 2008 cuando Ramón Calderón era presidente. Siendo Florentino Pérez el mandamás del equipo merengue nunca ha campeonado en dos años consecutivos.

12. “Todo lo que se hace en el Bernabéu es por la ciudad de Madrid. Nosotros ganamos solo el 1% de los conciertos y de los parkings”. MEDIA VERDAD. Es cierto. El negocio de los conciertos es residual para los ingresos del Real Madrid. Además, los tribunales le han dado la razón y, una vez debidamente insonorizado, el Bernabéu podrá acoger nuevamente conciertos. Sin embargo, para acometer la reforma del estadio, valorada en 1.400 millones de euros, el Real Madrid firmó un acuerdo con el grupo inversor Sixth Street y el conglomerado estadounidense de entretenimiento Legends Hospitality por el que obtuvo 360 millones de euros a cambio de ceder el 30% de los ingresos de los conciertos…Si no hay conciertos, se pueden reclamar esos 360 millones.

13. “Yo no ficho a los jugadores. Es cosa de la dirección deportiva.” MEDIA VERDAD. Parece obvio que Florentino no fichó a desastres como Woodgate, Pablo García, Adebayor, Gravesen, Sahin, Lucas Silva o Jovic. También parece obvio que no fue Florentino el responsable de aciertos como Özil, Varane, Casemiro o Güler. Igualmente es obvio que es Florentino el que elige a las vacas sagradas e impone su criterio. Tanto en el campo como en el banquillo.

¿Quién es el director deportivo del Real Madrid? El Real Madrid está dirigido por un triunvirato formado por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat que hacen y deshacen en todos los asuntos del club. Por cierto, con notable acierto en vistas de los resultados. ¿Quién es el director de fútbol? Santiago Solari ocupa el cargo desde finales de 2023 sin que le recordemos presencia pública alguna.

14. “Mbappé es el mejor…es el mejor jugador del Real Madrid y su misión sólo es meter goles”. MEDIA VERDAD. En la entrevista con Pedrerol hubo un silencio clarificador. Florentino catalogó a Vinicius como “uno de los mejores jugadores del Madrid” y a Mbappé como “el mejor” dejando claro cuál es su prioridad. Pero el silencio más llamativo fue cuando pareció referirse a Mbappé como el mejor del mundo y rectificó catalogándolo únicamente como el mejor del Madrid. Florentino sabe que se equivocó al ir de la mano de Vinicius al negarse a ir a la gala de entrega del Balón de Oro. Fue un acto impropio del señorío que caracterizó tradicionalmente al Real Madrid. Ahora, en paz con la UEFA y con la prensa internacional, templa gaitas y se cuida muy mucho de calificar como mejor del mundo a uno de sus jugadores.

La misión de Kylian Mbappé es meter goles. Cumple con creces. Lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero para pasar a formar parte del santoral del Real Madrid no es suficiente. Decir públicamente que el entrenador le ha dicho que es el cuarto delantero del equipo e irse de parranda cuando el Real Madrid camina hacia el abismo, no ayuda.

15. “No sé por qué dije lo de malcriar a los jugadores. En 2006 tenía mucho trabajo y por eso me fui. Yo nunca hablo con los jugadores”. MEDIA VERDAD. Cuenta Ronaldo que un día Florentino le invitó a cenar y le pidió que saliese menos de fiesta y que pasase más tiempo en casa como Figo. En su primera etapa Florentino era íntimo de Figo, Zidane, Ronaldo o Roberto Carlos. Era por entonces un hombre de mediana edad que sintonizaba bien con ese grupo de treintañeros. Hubo tanta manga ancha que aquello de los Galácticos acabó por explotar.

En esta segunda etapa Florentino ha aprendido la lección. Dejó de ir en el mismo avión que los jugadores y ha puesto una especie de barrera entre su despacho y el vestuario. Ayuda también que enfila los últimos años de su vida y que es más difícil que pueda conectar con jóvenes futbolistas. Florentino y Ronaldo son amigos. Florentino y Mbappé tienen una buena relación, pero nunca llegarán a ser íntimos.

Florentino

El Real Madrid es el club deportivo más grande del mundo. Tan sólo Los Ángeles Lakers y los New York Yankees tienen tal nivel de consenso planetario. El Real Madrid es la élite. Un sueño. Lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista. El escalón superior. Ganar un Mundial con Brasil, ganar el Tour de Francia siendo francés, la NBA con los Lakers, las Grandes Ligas de Beisbol con los Yankees, Wimbledon siendo inglés, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos con tu país o ganar la Copa de Europa con el Real Madrid, son los Everest en el mundo del deporte.

Yo no me apostaría ni un céntimo a que el Real Madrid no gana un título la temporada que viene. Y con Florentino como presidente, por supuesto. Pero el Real Madrid es mucho más que eso. Es un estatus diferente. Un plus diferencial. Algo distinto a lo que tienen los demás.

Las siete Copas de Europa (seis en diez años) de Florentino son el árbol que no deja ver el bosque. Si el Real Madrid quiere seguir siendo el rey no sólo lo tiene que hacer a base de títulos. También siendo superior a los demás tanto en el fondo como en las formas. En el campo, y también en el palco. Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida.

Rey de Europa

Alfredo Di Stéfano fue la piedra sobre la que el Real Madrid edificó un imperio. Pero tras las cinco primeras Copas de Europa, la derrota en la final de Viena ante el Inter, en 1964, provocó que Di Stéfano criticara la táctica del entrenador, Miguel Muñoz. Bernabéu no lo toleró. “¡Que ese hijo de puta no vuelva!”. Di Stéfano no volvería al Real Madrid hasta después de la muerte del presidente. Y el Madrid siguió ganando. Muñoz echaría diez años más en el banquillo hasta que Bernabéu se cansó de él. Y el Madrid siguió ganando. Luego falleció Bernabéu. Y no pasó nada. En la siguiente temporada se ganó la Liga y luego se llegó a la final de la Copa de Europa por vez primera en quince años.

Y es que Santiago Bernabéu ganó seis Copas de Europa en diez años. Y luego estuvo doce sin ganar ninguna. Y no pasó nada. Luego el Madrid ganó otras nueve tras su fallecimiento.

Y muchas más que va a ganar. El Madrid siempre ganará. Con Florentino o sin Florentino.

La pregunta es el legado que va a querer dejar. Tanto en las victorias como en las derrotas.

¿El nivel de exigencia es desmesurado?

Por supuesto. Es el Real Madrid.

Otras historias del Real Madrid del siglo XXI

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Villalonga

PSG vs Arsenal. Luis Enrique vs Mikel Arteta. Un club francés y otro inglés. Dos entrenadores españoles. Uno de ellos se convertirá en campeón europeo. Ambos representan estos tiempos. Aunque Luis Enrique triunfó en el FC Barcelona y dirigió a la selección española, su mili como técnico tuvo lugar en Roma y es Paris el lugar que lo ha coronado como uno de los mejores técnicos del último medio siglo. Arteta nació en Donostia y se crio como futbolista en Barcelona, pero pronto emigró a Gran Bretaña. Allí lleva un cuarto de siglo. Comenzó como segundo de Pep Guardiola y concluirá en este mes de mayo su octava temporada como técnico del Arsenal FC.

Si Luis Enrique resulta el vencedor sumará tres títulos (ganó en 2015 con el FC Barcelona y en 2025 con el PSG). Si lo hace Mikel Arteta será el séptimo entrenador hispano en lograr el éxito europeo. Y no son muchos. Seis (o siete) en 70 años de Copa de Europa. Seis (o siete) con 20 títulos logrados entre Madrid y Barça. Pep Guardiola tiene tres coronas (FC Barcelona en 2009 y 2011 y Manchester City en 2023) y Rafa Benítez consiguió un trofeo en 2005 con el Liverpool FC. A partir de ahí únicamente hay tres técnicos españoles a mayores. Y aquí lo curioso. De los 15 títulos logrados por el Real Madrid exclusivamente seis de ellos (menos de la mitad) llevaron la batuta de un técnico de la casa. Vicente del Bosque (2000 y 2002) salió victorioso en dos ocasiones, las mismas que Miguel Muñoz (1960 y 1966), quién antes había sumado otras tres como jugador. Arteta, Luis Enrique, Guardiola, Benítez y Del Bosque son de sobra conocidos por cualquier aficionado al fútbol. Incluso suenan campanas a lo lejos cuando se nombra a Miguel Muñoz, a pesar de que el interlocutor sea un miembro de la Generación Z.

Al que pocos conocen es a José Villalonga.

Nacido en Córdoba en el invierno de 1919, José Villalonga Llorente soñaba con ser portero de fútbol. De niño imitaba a Ricardo Zamora en las porterías del colegio de la Sagrada Familia próximo a la Basílica de San Pedro. Su primer club federado se llamará Once Rojo y con 16 años militará como segundo portero en el Racing de Córdoba (antecesor del Córdoba FC) ayudándolo a subir a Tercera. Corría el año 1936.

Estalla la Guerra Civil.

Villalonga lo tiene claro y se alista como voluntario. Se une a los sublevados. O a la Cruzada de Liberación Nacional. Y es que José Villalonga es militante falangista de primera hora. En mayo de 1937 participará en la batalla de Pozoblanco, una contraofensiva republicana que fue debidamente olvidada por la historiografía franquista. Villalonga es herido por una bala que le entra por la tibia y le sale por la bóveda plantar. Permanecerá hospitalizado hasta el final del verano. Recuperado, pasará a formarse como oficial en Marruecos y alcanzará el grado de alférez participando en la ofensiva de Mérida en la que el general Queipo de Llano y sus tropas, Villalonga incluido, barrerán el frente de Extremadura logrando el total control del sur de España y, de paso, vengar la derrota sufrida en Pozoblanco en la primavera anterior.

José Villalonga

Finalizada la Guerra Civil, el ya teniente Villalonga es enviado a la Academia Militar de Toledo. Es entonces cuando decide estudiar educación física. Obtendrá el título de profesor siendo el primero de su promoción. Dos años después adquiere el título nacional de entrenador de fútbol. Estamos en 1949. Dos años después, en 1951, el Real Madrid lo contrata para dirigir a su equipo juvenil. El éxito es absoluto y se le ofrece ser también el preparador físico del primer equipo. Villalonga acepta y solicita una excedencia en el Ejército Español.

¿Y por qué? ¿Por qué un desconocido como Villalonga?

El Madrid llevaba veinte años sin ganar una Liga. Acababa de estrenar el Nuevo Chamartín, la culminación de todo el esfuerzo de reconstrucción del club tras la catástrofe de la Guerra Civil fruto de la visión futurista de Santiago Bernabéu. Con estadio nuevo el equipo no arranca y Bernabéu decide darle el mando a Juan Ipiña, el futbolista que más veces había vestido de blanco. Lo primero que hizo Ipiña fue sugerir a Bernabéu que incorporara al organigrama del club a un erudito de la preparación física que conocía en Toledo. Villalonga pertenecía a la primera generación de especialistas españoles en el campo de la formación que habían salido de la escuela militar de Toledo, pionera en la enseñanza de un concepto nuevo de instrucción deportiva. No era cosa de Franco. Tampoco de la República. Fuera fundada en los años 20 convergiendo en ella los principios germanos de culto al cuerpo y pasión por la naturaleza con las nuevas tendencias del deporte como ocio urbano y negocio para la incipiente clase media.

Resultó que Ipiña, capitán durante la década de 1940, no funcionó bien como técnico y Bernabéu apostó por un ex entrenador del FC Barcelona. Se trataba del uruguayo Enrique Fernández. En su primera temporada, que también fue la primera de Di Stéfano, se ganará la Liga. En la segunda el asunto no funcionaba. El Madrid no arrancaba y a inicios de diciembre veía como Athletic y Barça se escapaban y a duras penas aguantaban la tercera posición en una lucha mano a mano con el Sevilla FC.

El 10 de diciembre de 1954 José Villalonga era nombrado entrenador del Real Madrid. Apenas contaba con 35 años.

Villalonga prioriza lo físico sabiendo que dispone de un potosí de virtuosismo en un plantel irrepetible; la ambición es controlar el juego gracias a Di Stéfano, quién abandona el área para buscar el balón en el centro del campo ejerciendo de mediocentro. A partir de ahí despliegue físico tanto en defensa como en ataque y que los artistas lleven la voz cantante.

Villalonga tenía fama de discreto, de prudente y de buen pastor de hombres. Como Del Bosque o como Zidane, se le puede catalogar como el primero de una raza de entrenadores con amplia mano izquierda. No siempre sale bien. A veces se pone a conducir un autobús a alguien con la L y el conductor (pongamos que se llama Arbeloa) acaba dejando el volante y saltando por la borda dejando que el bus se estampe. No obstante, el asunto al Real Madrid suele salirle bien. Técnicos que saben seducir a sus pupilos y que conectan con las estrellas dándoles manga ancha para expresar sus habilidades. De José Villalonga se decía que más allá de hacer correr a sus futbolistas, no tenía ni idea de dirigir a un equipo de fútbol.

Y también, como en el caso de Del Bosque o Zidane, José Villalonga llega al banquillo del Real Madrid como segundo plato. Como parche temporal. Para nada fue temporal. Estuvo dos años y medio en el banquillo del Real Madrid. 30 meses que cambiarían la historia de la entidad merengue para siempre. En únicamente 105 partidos oficiales logró 2 Ligas, 2 Copas Latinas y 2 Copas de Europa. A 17 partidos por trofeo. Conquistó en su primer año la Liga y la Copa Latina, por entonces una competición que reunía a los campeones de España, Italia, Francia y Portugal. En 1957 volvería a sumar ambos títulos, en la que sería la última edición de la citada Copa Latina.

Y fue la última dado que en la campaña 1955-56 se puso en marcha la primera edición de la Copa de Europa. A ella acudió el Real Madrid como vigente campeón liguero. Y saldría campeón al derrotar al Stade Reims en la final. En la siguiente temporada repetiría alirón al vencer a la Fiorentina por 2-0 en el Santiago Bernabéu. Aquel equipo es una máquina de jugar al fútbol gracias al virtuosismo de Di Stéfano. Ocurre que también lo es porque es capaz de mantener un ritmo alto de juego durante los 90 minutos, algo poco corriente en aquel entonces, debido a los métodos de entrenamiento físico de Villalonga.

Di Stéfano y Villalonga

Celebrado el triplete Liga, Copa Latina y Copa de Europa, el Real Madrid emprendió una lucrativa gira veraniega por Sudamérica. Entre partido y partido a José Villalonga le llegó la oferta de renovación de su contrato. Al volver ni siquiera se presentó en el despacho de Santiago Bernabéu. Decidió escribirle una carta exhibiendo su negativa por la oferta y su agradecimiento por la oportunidad dado un lustro antes.

El motivo de la desaprobación era económico. No podía ser de otra forma. Pero también era cuestión de poder. Villalonga pidió ser además de entrenador ser el director deportivo y ocuparse de los fichajes, y eso era una línea roja para Bernabéu. El puesto, por cierto, era entonces ocupado por Ipiña. Lo cierto es que, al igual que Florentino, Bernabéu consideraba que el entrenador era un actor irrelevante. Ocurre que a diferencia de Florentino que patinó cuando prescindió de Del Bosque, Zidane o Ancelotti, Bernabéu acertó con el argentino Luis Carniglia (otras dos Copas de Europa) y con Miguel Muñoz (otro par de trofeos europeos).

Oficial franquista, Villalonga era de armas tomar y decidió dejar plantado al Madrid en la cima de su éxito. Se fue a Zaragoza a obtener los galones de comandante de infantería y, una vez conseguidas las estrellas, pasó a ocuparse de las categorías inferiores de la selección española de fútbol. En esas estamos cuando al poco de iniciarse la campaña 1959-60 el Atlético de Madrid destituye a su entrenador y le ofrece el cargo a Villalonga. Acepta. Gana el primer partido en San Sebastián y en el segundo arranca un empate contra su ex Real Madrid. Ese año ganó la Copa del Generalísimo. La primera en la historia del Atlético de Madrid. Al año siguiente será la segunda. Dos temporadas y dos copas. Y las dos logradas ante…el Real Madrid.

Así que Villalonga en apenas cinco temporadas como entrenador suma 2 Ligas, 2 copas, 2 copas de Europa y 2 Copas Latinas. Casi nada al aparato. Es el verano de 1962 y le ofrecen ser seleccionador nacional.

España venía de fracasar en el Mundial de Chile 1962. El comandante Villalonga purgó al equipo que fue al Mundial entre grandes polémicas. Pasó la guadaña y la pieza más conocida fue Francisco Gento, capitán y leyenda blanca. Le llovieron palos. Pero Villalonga no se achantó. Clasificó a España para la fase final de la Eurocopa. Por entonces sólo la disputaban cuatro equipos. Semifinales y final. España como anfitriona. Santiago Bernabéu. En la final España vs Unión Soviética. Franco en el palco. Villalonga, camisa vieja de Falange y Medalla de la Vieja Guardia en el banquillo. Ganó España. No lo volverá a hacer hasta 2008. Ya como teniente coronel, Villalonga clasificó a España para el Mundial de Inglaterra de 1966 y pondría punto final a su carrera como seleccionador tras caer en la primera fase.

Pasó entonces a dirigir la Escuela Nacional de Entrenadores hasta que, en 1973, con apenas 53 años, murió de un infarto. Se fue un grande, aunque muy, muy, muy pocos lo recuerden. En apenas una década como entrenador logró ocho títulos, entre ellos 2 Copas de Europa con el Real Madrid y una Eurocopa con la selección española. Levantó un trofeo en todas y cada una de las temporadas en las que se sentó en un banquillo y cosechó éxitos con España, algo que tan sólo Luis Aragonés (longevo y con menos títulos), Luis De la Fuente (sin experiencia en clubes) y Del Bosque pueden presumir. Si nos atenemos a palmarés y a porcentaje de títulos por temporada entrenada, tan sólo Pep Guardiola y Vicente Del Bosque pueden hablarle de tú a tú a José Villalonga.

Ahí es nada.

España 1964

“En España somos grandes cuando somos 100; más, nos entrematamos”. Max Aub, escritor español de origen francoalemán.

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A los 50 años de la última Copa de Europa del Varese

Resultó que a inicios de los 60 iban juntos al colegio una serie de chavales. Por un lado, estaban Anastasi, Bettega y Gentile. Representaban la realidad de Italia. Eran todos de Varese, pequeña ciudad cercana a Suiza, pero todos tenían su historia. Fulvio Anastasi era hijo de sicilianos emigrados al norte en busca de fortuna. Roberto Bettega era de Varese de toda la vida y Claudio Gentile había nacido en Trípoli, a dónde su padre había ido a trabajar cuando Libia pertenecía a Italia. Todos acabarían siendo estrellas en la Juventus, en dónde cualquier chaval de Lombardía aspira a jugar.

No era así en el caso del baloncesto. En la masificada Turín el baloncesto era un pasatiempo del todo irrelevante. En Varese no. En Varese el baloncesto era religión. El culpable de todo era el empresario Giovanni Borghi. Cuando llega a la presidencia del Varese el equipo está en la segunda categoría y juega al aire libre, en una pista de cemento. Todo iba a cambiar de forma radical.

Aprendiz en una fábrica de Milán que acabó siendo destruida durante un bombardeo en la II Guerra Mundial, a la altura de 1943 Giovanni Borghi decidió emigrar a la coqueta Varese. Allí, junto a su padre, fundaría una pequeña empresa de cocinas industriales a la que bautizaron como Ignis. Resultó que en la posguerra Ignis sería una de las firmas señeras del boom económico italiano. Se convirtió en el mayor productor nacional de electrodomésticos y su éxito se trasladó a toda Europa Occidental. Su mayor triunfo radicó en un frigorífico con aislamiento térmico que pasaría a exportarse a gran escala. A mediados de los 60 era raro el hogar que no contase con una nevera Ignis.

Borghi, un hombre paternalista que saludaba todos los días a los empleados de su fábrica, pasó a tener en 1964 el control del Pallacanestro Varese, el club de baloncesto de la ciudad. Los colores del club, hasta entonces rojiblancos, cambiaron al amarillo y azul de Ignis y poco a poco Borghi comenzó a interesarse por la gestión del equipo con la idea de convertirlo en un gigante europeo. Ignis, un bicharraco que producía 8.000 neveras al día y que contaba con más de 7.000 empleados, sería absorbido por la neerlandesa Philips en 1969 con la complacencia de un Borghi que ya entonces había acabado rendido al baloncesto. De hecho, Ignis dejará de patrocinar al equipo en 1975 cuando Borghi fallezca. Después el equipo tendrá su canto del cisne bajo el patrocinio de Mobilgirgi (empresa de muebles) y Emerson (radios y televisores).

Pero no adelantemos acontecimientos. Volvamos a los años 60.

Resultó que además de Anastasi, Bettega y Gentile había otro compañero de colegio. Se llamaba Dino Meneghin y era alto, muy alto. Antes de llegar a la veintena había alcanzado los 2’06 de altura. Y aún había más. Un alero llamado Edoardo Rusconi y un base cerebral que respondía a la llamada de Aldo Ossola. Esos tres chicos se decidieron por el baloncesto. Seis internacionales, tres en fútbol y tres en baloncesto, criados en el mismo espacio de tiempo en una pequeña ciudad de apenas 80.000 habitantes.

Los tres últimos cambiarán la historia del baloncesto italiano para siempre.

En 1969 el Ignis Varese conseguirá por vez primera el doblete liga-copa. Lo hará cuatro veces seguidas más para sumar a mayores un total de siete ligas italianas entre el citado 1969 y 1978. Siendo esos logros extraordinarios, lo será aún más el encadenar un total de diez finales consecutivas de Copa de Europa entre 1970 y 1979, un hito nunca antes alcanzado y que nunca después será igualado.

En la temporada 1969-70 el Ignis Varese debutaba en la máxima competición continental. Como rivales, bicharracos de la época como el Slavia Praga y otros de toda la vida como el Estrella Roja, el Real Madrid o el CSKA Moscú. Serán los soviéticos los rivales de Varese en la final a celebrar en Sarajevo. Dino Meneghin anotaría 20 puntos y sumaría 13 rebotes mientras que Manuel Raga firmaría 19 puntos y el pívot suplente Ottorino Flaborea otros 14 tantos. El CSKA de Sergei Belov se tomaría la revancha al año siguiente, pero en 1972 el Ignis Varese volvería a ocupar el trono al vencer a Panathinaikos en semifinales y a la Jugoplastika Split en la final con 20 puntos de Raga y 21 tantos y 11 rechaces de un Meneghin, que había hecho olvidar la baja por una fractura de muñeca del ala-pívot titular Ivan Bisson. Con todo, la canasta ganadora (70-69) fue del suplente TonI Gennari.

Dino Meneghin

Aquel Varese estaba compuesto por el quinteto Aldo Ossola-Edoardo Rusconi-Manuel Raga-Ivan Bisson y Dino Meneghin. Como suplentes estaban Marino Zanatta y Ottorino Flaborea, quién era íntimo de Meneghin y quién le enseñó a pivotar en la zona. Dino Meneghin era conocido como Il monumento nazionale. Se trataba de un armario empotrado de 206 centímetros, competidor como pocos, que no estaba exento de coordinación y talento ofensivo. El gran Dino había debutado con 16 años con el Varese y estiraría su carrera hasta los 45 años para compartir cancha con su hijo. Sumará siete títulos europeos (plusmarca histórica) con Varese y Olimpia Milano. Físico e intimidador, de barbilla habsburgiana, con unas medidas antropomórficamente perfectas e insólitas en un latino de la época, promedió 6’3 rebotes en su carrera, un dato más que destacable teniendo en cuenta los parámetros del baloncesto FIBA y su extensa longevidad. En sus años en Varese superaba con creces los 9 rechaces por encuentro.

Aunque hubo norteamericanos que pasaron por Varese, el toque internacional del equipo lo ponía un alero mexicano, un rara avis desproporcional. Se trataba de Manuel Raga, un fino alero de lanzamiento extraordinario quién había masacrado desde la larga distancia a Italia durante los Juegos Olímpicos mexicanos de 1968. Con dos muelles por pies, su lanzamiento en suspensión era precioso y además le permitía capturar múltiples rebotes en ataque y acometer el aro continuamente. Apodado Indio, por sus rasgos aborígenes, renunció a la NBA para triunfar en Europa, donde maravillaría con el Varese en seis exitosas temporadas.

Manuel Raga 80 años (núm.15)

Con todo es en la campaña 1972-73 cuando el Ignis Varese alcanza la perfección. Aquellos éxitos tenían dueño. El patrón respondía al nombre de Alexander ‘Aza’ Nikolic. Serbio, ex jugador internacional, es considerado el padre del baloncesto yugoslavo. Profesionalizó el baloncesto europeo y se hizo famoso por unos entrenamientos perfeccionados y por una preparación física desmesurada en la que se sabía cuándo se comenzaba, pero nunca cuando se acababa. “Vosotros cuando entráis en el gimnasio sois como los obreros que van a la fábrica. Ficháis, se trabaja, se suda, no se bromea. Cuando se acaba hacéis lo que os dé la gana”, decía a sus pupilos antes de entrenamientos que muchas veces superaban las tres horas. En los partidos cambiaba de táctica frecuentemente y tenía un libro de jugadas extenso cuando aquello era una rareza que tan sólo se practicaba en las universidades norteamericanas. Y será en Estados Unidos donde Nikolic encuentre al violín que haga al Varese alcanzar las notas musicales perfectas dentro del rectángulo de juego.

El Varese había contado con estadounidenses como el saltarín alero Rich Jones, el bostoniano John Fultz y tendrá en el futuro a otros como el fantasioso base Charly Yelverton o el pívot blanco Bill Campion. Pero el golpe de efecto, el momento que llevará a la perfección al Pallacanestro Varese, se dará cuando en 1972 fichen el alero Bob Morse.

Bob Morse había sido elegido en el Draft de la NBA por los Buffalo Braves. Le ofrecían un contrato de 40.000 dólares y un puesto como suplente. Resultó que Morse tenía como agente a Bill Madden, quien se había hecho famoso llevando a norteamericanos a Europa. Madden le habló de Varese, una pequeña ciudad italiana que le ofrecía 32.000 anuales pero la posibilidad de la gloria europea. Morse viajó una semana a Italia con los gastos pagos y anotó 35 puntos en un partido de preparación. Firmó por los varesinos con la idea de estar un par de años en Italia, acabar sus estudios de medicina y volverse a Estados Unidos. Nada más lejos de la realidad.

Morse era un alero blanco de 2’03 metros con un fabuloso lanzamiento a media distancia. En Europa tendría que jugar de ala-pívot en múltiples ocasiones saliendo continuamente de la zona para perdición de su defensor. Los inicios no fueron sencillos. Raga y Morse podrían jugar en Copa de Europa. No así en la liga italiana que entonces sólo permitía un extranjero por equipo. Nikolic hizo jugar uno contra uno al final de cada entrenamiento entre las dos estrellas. Saltaron chispas, pero la mayor altura y la mayor capacidad de rebote de Morse le hizo ser el elegido. Aquello no gustó. En su primer partido los varesinos lo abuchearon mientras pedían la vuelta de Raga. Bob Morse falló sus primeros seis tiros presa del pánico, pero acabaría rehaciéndose para anotar 45 tantos.

Fin del debate.

Morse anotaría 33 puntos en el partido de ida y 32 en el de vuelta en la semifinal italiana que enfrentó al Ignis Varese y al Olimpia Milano. En la final derrotaron por 71-66 al CSKA de Moscú con 25 puntos de Manuel Raga que hicieron inútiles los 36 de Belov. Con tres Copas de Europa el profesor Nikolic deja el banquillo ocupando su lugar el italiano Sandro Gamba en su primera experiencia como entrenador jefe. Si Nikolic ofrecía entrenamientos largos e intensos y una relación inexistente con los jugadores, Sandro Gamba fomenta una relación personal con sus pupilos y, especialmente, con Morse.

Aleksandar Nikolic

Si los 70 son del Varese, los 60 habían concluido con siete finales para el Real Madrid de las que había levantado cuatro títulos. En 1974 ambos contendientes se enfrentarán por vez primera en una final que se repetirá cuatro veces en los siguientes cinco años. En parte será un duelo entre Bob Morse y Walter Szczerbiak. Dos americanos, dos excelentes tiradores y dos jugadores que compartían posición. Su rivalidad está olvidada por el paso del tiempo y la escasez de imágenes en movimiento, pero marcó una época en el baloncesto europeo. En 1974 vencerá el Real Madrid (a pesar de los 25 de Meneghin y los 24 tantos de Morse), gracias a la entrada a diez minutos del final por vez primera en el partido de un base de 18 años que responde al nombre de Juan Antonio Corbalán. La revancha tendrá lugar al año siguiente, ya sin Manuel Raga en el equipo, pero sí con el atlético Charlie Yelverton, en la que el Mobilgirgi Varese (Ignis acababa de dejar el patrocinio del equipo) se presentaba sin Meneghin por una rotura de muñeca. Con Ivan Bisson haciendo de ala-pívot y con Yelverton eliminado por faltas, Sandro Gamba tuvo que tirar del desconocido Sergio Rizzi para los últimos minutos de partido. Rizzi, al igual que Corbalán lo fuese para el Madrid el año anterior, fue el elemento sorpresa que con 13 puntos en 13 minutos, que sumados a los 29 de Bob Morse, le daban la cuarta Copa de Europa al Pallacanestro Varese en 1975.

Antes de afrontar la temporada 1975-76 Bob Morse provocaba un cataclismo al anunciar que volvía a Estados Unidos. Intentaría conseguir una plaza en la NBA y, de no lograrlo, se centraría en su carrera de medicina. El Varese fichó a Bill Campion, un pívot grande pero inmóvil y aquello empezó muy mal al descolgarse de inmediato de la lucha por el título en Italia. Miembros de la directiva italiana hubieron de viajar a Estados Unidos y ofrecerle a Morse el doble de lo que ganaba. Bob aparcó la medicina y estiraría su carrera en Italia durante cinco años más.

Así que tocó repetir final. Real Madrid-Varese en Ginebra. En esta ocasión, por obra y gracia del nuevo patrocinador, el Mobilgirgi Varese viste con una preciosa camiseta blanquinegra reversible de la marca Fila que hoy en día se cotiza a precio de oro a través de internet. Al descanso se llegó con empate, pero un parcial de 0-7 con tantos de Meneghin hizo que los italianos se adelantasen en el marcador. El Madrid logró volver a acercarse, pero tres canastas consecutivas de Bob Morse le dieron el empujón final a un Varese que logró su quinta Copa de Europa al vencer al Real Madrid por 81-74 con 28 puntos de Morse (13/19 en tiros), 23 de Meneghin añadiendo 9 rebotes (y dejando a Luyk con apenas un par de puntos) y una perfecta defensa de Ossola sobre Cabrera y Corbalán.

Bob Morse

Fueron cinco trofeos en seis temporadas. Un dominio absoluto del que ahora se cumple medio siglo. Aun alcanzaría Pallacanastro Varese otras tres finales de Copa de Europa. En 1977 el Maccabi Tel-Aviv supera de manera sorprendente a los italianos por un punto tras un error de Ossola quién, presionado, fue incapaz de darle el balón a Morse para que lanzase a la desesperada en busca del triunfo. El 1978, ya sin Sandro Gamba que había sido nombrado seleccionador italiano, el Varese cae ante el Real Madrid en una noche aciaga de Morse y maravillosa de Walter Szczerbiak, quién anota 26 puntos. Por último, en 1979, el Varese volverá a caer y en este caso de forma más sorprendente que ante el Maccabi. El rival en la final era el modestísimo Bosna de Sarajevo quién dependía de dos hombres, dado que todos los demás eran accesorios. Uno era el genial escolta Mirza Delibasic (30 puntos) y otro el ala-pívot Zarko Varajic (45 puntos y récord en una final). El KK Bosna venció por 96-93, a pesar de los 30 puntos de Bob Morse y en parte por culpa de la baja por lesión de Dino Meneghin.

Y ese fue el final. Cinco títulos en diez finales. Diez consecutivas. De 1970 a 1979. A Mobilgirgi le sucedió el patrocinio de la marca de electrónica Emerson y a partir de ahí la pequeña ciudad de Varese poco iba a poder hacer ante las gigantes Bolonia, Milán o Roma. Aldo Ossola se retiró en 1980 y Bob Morse lo dejó en 1981, mismo año en el que Dino Meneghin fichó por el Olimpia Milano. Desde entonces el Varese tan sólo ha sumado una liga italiana en 1999 bajo el liderazgo de Andrea Meneghin, nacido en Varese e hijo del Gran Dino. El club incluso ha pasado por la segunda categoría del baloncesto transalpino y sigue jugando en el pequeño y vetusto pabellón Lino Oldrini que se puso en pie gracias a la iniciativa de Giovanni Borghi, el dueño de Ignis, allá por 1964.

Hoy, medio siglo después de la consecución de su quinta y última Copa de Europa, el Pallacanestro Varese aún se mantiene como el quinto club con más títulos europeos y el cuarto en número de finales. Sus cinco títulos sólo son superados por los 11 del Real Madrid (3’5 millones de habitantes), los 8 del CSKA Moscú (13 millones), los 7 del Panathinaikos de Atenas (900.000 habitantes) y los 6 del Maccabi de Tel-Aviv (550.000 habitantes).

Y luego está el milagro setentero del Varese y sus humildes 80.000 habitantes.

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Un futbolista distinto (Karembeu)

Christian nació en Europa. Es europeo. Vino a este mundo un 3 de diciembre de 1970. Resulta que para un europeo Christian nació un 2 de diciembre. Y es que hay diez horas de diferencia entre Lifou y París. Christian nació en una de las islas que conforman Nueva Caledonia, un archipiélago localizado en el Océano Pacífico a más de 16.000 kilómetros de Lutecia. En Nueva Caledonia se usa el euro y se canta la marsellesa desde que en 1853 los franceses arrebataran estas paradisiacas tierras a los británicos (de ahí el nombre de Nueva Caledonia, dado que Caledonia es como los romanos se referían a Escocia en latín). Rica en níquel, Francia se ha aferrado a Nueva Caledonia con uñas y dientes, aunque desde 2018 se ha visto obligada a conceder un par de referéndums de independencia que, más tarde o más temprano, deberán acabar con la independencia de la isla.

Esos movimientos eran prácticamente inexistentes en 1970. Entonces el pueblo canaco, la comunidad aborigen caledónica, era humillado y apartado de las instituciones públicas. Hoy, el canaco defiende con orgullo su legado. No obstante, no era así en 1970. Mucho menos generaciones atrás. Uno de los bisabuelos de Christian había sido expuesto como caníbal en un zoo humano en el París de 1931. No hace ni cien años. Christian se enteró de la historia a los siete años cuando su abuelo se lo contó. Ese año hubo de caminar 20 kilómetros para ir a agitar una bandera francesa ante la visita del presidente Giscard d’Estaing.

Christian contaba con 17 hermanos. Era de familia muy humilde. Por eso no dudó cuando a los 17 años, en 1988, el Nantes FC decidió reclutarlo para su equipo filial. Al llegar allí descubrió que no había libertad, ni fraternidad, ni igualdad. El que menos lo miraba mal y el que más directamente lo insultaba. Si los senegaleses o los argelinos llevaban décadas ganándose con sudor un sitio en la multicultural sociedad francesa, a los caledonios poco más que se les consideraba monos con taparrabos. No sólo eso. Justo entonces se fundó un grupo terrorista independentista en Nueva Caledonia, por lo que el joven Karembeu pronto pasó a ser mono y asesino a partes iguales.

Christian Karembeu en 1990

Karembeu no veía entonces claro lo del fútbol. Quería estudiar medicina, pero cambió de idea al toparse con su nueva realidad. Decidió hacerse antropólogo para transmitir la historia canaca y que fuese comprendida por los franceses. Así pues, Karembeu comenzó a entrenar y a estudiar. No salía ni bebía. Sus aficiones eran muy diferentes a las de los chicos de su edad. Christian iba a pescar y lo hacía con las manos. Plantaba en su propio huerto y se iba al campo a recoger fruta. También cazaba, pero siempre con respeto a la naturaleza. Desde pequeño aprendió a adelantarse a los movimientos de la presa y a conocer las particularidades del terreno. Según afirmaba, eso le permitía ser mejor futbolista, integrarse en la sociedad y ser humilde y generoso con sus compañeros. Entrenaba descalzo, aunque acabarían obligándole a usar botas de tacos.

Christian Karembeu era un mono con taparrabos, un asesino y un bicho raro.

Un bicho rarísimo.

Ocurre que aquel bicho raro sabía jugar muy bien al fútbol. Tenía 20 años cuando debutó con el primer equipo del Nantes FC. Serían cuatro temporadas gloriosas gobernando el centro del campo del Nantes hasta conseguir un título liguero, el primero del equipo del Loira en más de una década. En aquella escuadra compartían sala de máquinas Karembeu y Makelelé, en la mediapunta estaba Pedrós y la delantera era para Patrice Loko. El primero de Nueva Caledonia, el segundo del Zaire, el tercero de madre portuguesa y el cuarto nacido en Orleans de padres congoleños.

Todos internacionales con Francia.

En 1995 Karembeu firma por la Sampdoria, entonces equipo de campanillas de la fortísima Serie A. Allí se establecería como uno de los mejores pivotes del planeta amén de competir en la banda derecha en un clásico 4-4-2. En esa posición firmaría una estupenda Eurocopa en 1996 y otra gran temporada en Italia que harán que en el verano de 1997 se convierta en pieza deseada para los dos grandes clubes españoles.

Y es que Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid, llamó directamente a Karembeu preguntándole si estaría interesado en firmar por el conjunto blanco. Christian accedió de inmediato a la petición y llevó la oferta madrileña a la sala de presidencia de la Sampdoria. El problema vino cuando días después el FC Barcelona hacía una oferta superior al club genovés. Los azulgranas tantearon entonces a Karembeu, quien desde un primer momento se mostró firme en su deseo de jugar en el Real Madrid, no por un amor a los colores, sino por una cuestión de honor. Le habían llamado primero y había dado su palabra. Jugaría para el Real Madrid.

El problema es que la Sampdoria sólo quería vender a Karembeu al FC Barcelona dado que la oferta era considerablemente superior. Presionado, Karembeu fue apartado del equipo durante seis meses en año previo al Mundial. Iba todos los días a la ciudad deportiva y se entrenaba en solitario en un campo anexo mientras observaba a sus compañeros. Era convocado a todos los desplazamientos y siempre era el descarte de última hora, por lo que se quedaba en el hotel de turno mientras el resto de la expedición se desplaza al estadio.

Con todo, en un tira y afloja el jugador suele obtener lo que desea, y en las navidades de 1997 Christian Karembeu firmó por el Real Madrid. Lo que sucedería en los siguientes seis meses iba a hacer olvidar, y con creces, lo sucedido en los anteriores 180 días. Únicamente marcará cuatro goles en su trayectoria en el Real Madrid, pero tres de ellos los anotará en esos seis gloriosos meses. En cuartos de final de la Copa de Europa registrará con un derechazo el gol del empate en el partido de vuelta ante el Bayer Leverkusen para luego volver a marcar en el partido de vuelta que acabaría con victoria merengue. Aún más importante fue el segundo gol que sentenciaba la semifinal ante el Borussia Dortmund. Luego, no anotaría, pero sería titular en la victoria ante la Juventus, en la que fue la séptima Copa de Europa del Real Madrid. La primera tras 32 años de sequía.

¡La Séptima!

Poco más de un mes después de tal hazaña, Christian Karembeu era campeón del mundo. Titular en la final de Paris en la que Francia venció a Brasil (3-0). Para Karembeu fue algo más que un partido. En su adolescencia había tenido el corazón dividido cuando Francia había vencido a Brasil en los cuartos de final de México 1986. Entonces Jean Tigana era el único negro en el equipo galo. Brasil era el sueño de cualquier adolescente de color. Ahora no. Thuram, Desailly, Vieira y el propio Karembeu representaban una nueva Francia. Karembeu organizó un viaje y fletó un autobús para medio centenar de amigos y familiares. Estuvieron en el Stade de Francia y se llevaron la camiseta, la medalla, los pantalones o las medias de Karembeu. Para aquel chaval isleño lo importante no eran los trofeos, sino el recorrido. Su madre ni siquiera vio el partido entero. Con 2-0 al descanso, y viendo a su hijo feliz en el campo, decidió levantarse e irse a una cafetería cercana a tomarse un té.

A partir de ahí todo se torció un poco para Karembeu. Nunca volvió a mostrar el excelso nivel de aquellos seis meses. Jugó dos temporadas más en el Real Madrid sin cumplir las expectativas depositadas en él. Ganó otra Copa de Europa con los blancos amén de una Eurocopa con Francia en el año 2000. En ambos casos como suplente. Contrajo matrimonio con la espectacular modelo Adriana Sklenarikova y se convirtió en carne de meme cuando aún no había memes. Era el hombre más afortunado del mundo. Lo había ganado todo como futbolista sin ser un futbolista extraordinario y tenía una esposa que era la envidia de cualquier hombre.

¿El hombre más afortunado del mundo?

Firmaría por el Middlesbrough y más adelante por el Olympiakos. Por entonces ya no iba convocado con la selección francesa. En su último partido con los galos fue sonoramente pitado. Se había manifestado públicamente en contra de las pruebas nucleares en Nueva Caledonia considerándolas colonialismo.

Karembeu se retiró en 2008. Contaba con 38 años. Lo primero que hizo fue convencer a la plantilla campeona del mundo de 1998 en ir a jugar un partido benéfico a favor de los niños necesitados de Nueva Caledonia. Era un motivo de vida. Se había marchado de allí a los 17 años y consideraba que sus vecinos debían sentir que eran campeones del mundo al igual que todos sus compatriotas de la metrópolis. Llevó a Dugarry y a Deschamps a pescar tiburones con una soga atada a un palo. Por la noche invitó a Zidane y a Lizarazu a comer mandioca y boniato.

Según sus propias palabras aquello fue mejor que haber ganado el Mundial.

«Yo nací en Nueva Caledonia. No soy francés. Yo no me lo considero y ellos tampoco me lo consideran. Mientras jugué en Francia descubrí que es un país racista. En Francia, un ciudadano de color no dispone de las mismas posibilidades que un ciudadano blanco. Estuve a punto de renunciar a la selección cuando se realizaron las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa. No lo hice porque siendo internacional, mis reivindicaciones tienen más relevancia». Karembeu en 1996 al poco de fichar por la Sampdoria.

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A los 40 años de la tragedia de Heysel

Los algoritmos fomentan la indignación en lugar de la compasión. Ni siquiera los mayores críticos de Facebook, Tik-Tok o Youtube pueden sostener que los ingenieros o directivos de esas compañías sean propensos a la violencia. La verdad es más sencilla y a la vez más preocupante. El éxito de las redes sociales implica mayor número de clics y mayor tiempo de exposición. Al aumentar la implicación, aumenta la recopilación de datos, se venden más anuncios, se adquiere mayor proporción en el mercado de la información y como resultado final se gana más dinero. De acuerdo con ese modelo los ingenieros lo que hacen es programar el algoritmo para conseguir mayor implicación del usuario. Así, tras experimentar con millones de usuarios, la IA llega a la conclusión de que a los humanos nos gusta más la indignación en vez de la compasión. Un video de una caída, de un accidente, de una explosión, de un trio sexual, de un sacrilegio o de un asesinato tiene muchos más seguidores que uno de un sermón, de una conversación, de una buena acción, de un amor casto o de un suceso cotidiano.

Cuando uno teclea “Heysel” encontrará vídeos, fotos y artículos sobre muerte y tragedia. Todo extremadamente macabro. Es lo que el algoritmo ha diseñado para nosotros dado que es lo que nosotros queremos ver. Heysel es un precioso barrio verde de Bruselas. En Heysel está el Atomium. En Heysel hay un parque acuático y una exposición permanente de Europa. Nada de eso aparece en el algoritmo. En Heysel también ganó Alemania su primera Eurocopa ante la Unión Soviética o logró el Real Madrid su tercer título europeo al derrotar en la final al AC Milan o el sexto ante el Partizán. En Heysel también fue donde el Atlético perdió una final a doble partido ante el Bayern de Beckenbauer. Tampoco aparece nada de eso.

Si uno teclea “Copa de Europa de 1985” el algoritmo le hablará de la tragedia. Intercalará imágenes de celebración por la victoria con otras de muertos y avalanchas. El cielo y el infierno. Morbo. No es lo que el algoritmo escoge. O mejor dicho, es lo que el algoritmo escoge dado que es un ser inteligente y sabe cómo obtener más clics. Es un ser inorgánico, pero es capaz de aprender. El algoritmo sabe lo que queremos ver y el algoritmo nos lo ofrece. Un peligro que se retroalimenta. Y un poder que le hemos dado a la IA y que a buen seguro acabará con el ser humano como ejecutor de la realidad.

Por eso, cuarenta años después, todo aficionado al fútbol sabe que es la Tragedia de Heysel. Y pocos, muy pocos, saben quién ganó la Copa de Europa de ese año.

Heysel 1985

29/V/85. 16:00. La policía de Bruselas sabía que iba a ser un día muy largo cuando recibió la orden para evacuar la Grand Place. Miles de hooligans ingleses habían aterrorizado a las reservas de cerveza de la capital belga. Caballos armados guiaban los pasos de aquellos bebedores de cebada que iban a ser trasladados al estadio de Heysel callejeando por la zona vieja de Bruselas antes de afrontar el paso de amplias avenidas. Por el camino varios robos, algunos empujones, otros tantos agarrones y unas cuantas navajas confiscadas. Por el suelo restos y más restos de comida y una marea de latas de agua, malta, lúpulo y levadura.

11/V/85. Bradford. Inglaterra. Partido de Tercera División. Si el Bradford gana su partido ascenderá de categoría. Minutos antes del descanso se inicia un incendio en una de las gradas. Las llamas se extendieron por toda la hilera de la grada principal a un ritmo imparable. Se perdieron 53 vidas y más de 200 personas resultaron heridas. Días más tarde, las investigaciones determinaron que el fuego había sido ocasionado por una colilla mal apagada. El estadio estaba construido sobre bases de postes de madera y debajo de la estructura había basura que se acumulaba desde hacía varios años. La caída del cigarro en la mugre inició el fuego y la facilidad de los postes de madera para arder hizo el resto. Una tragedia que podría haberse evitado y que se sumaba a otras que permanecían en el recuerdo como la de Ibrox Park 1971 (66 fallecidos) y la del Luzhnikí de Moscú en 1982 (curiosamente también 66 fallecidos).

29/V/1985. 18:15. Un hincha de la Juventus se enfrenta a otro del Liverpool. El italiano acabará hospitalizado. Será el primero de la tarde. Acabarán siendo 375. Todo ocurre fuera del estadio. Dentro, ya se roza el lleno. Se está jugando la final juvenil como antesala de la gran final de la Copa de Europa. Son 60.000 espectadores. Las entradas se han repartido equitativamente entre ingleses e italianos dejando 10.000 para venta en taquilla. En el fondo oeste, a los pies y a la vez a la sombra de los focos del Atomium, la organización ha dispuesto que se coloquen los radicales del Liverpool. Enfrente, en el fondo este, se disponen los radicales de la Juve. Ocurre que las gradas del sector X, contiguo al Z, estaban pensadas para dar cobijo a aficionados belgas. Éstos vieron el negocio, por lo que revendieron los tickets a italianos llegados a última hora. El sector X, condenado a funcionar en teoría como un cordón sanitario espontáneo, acaba siendo lugar donde se instalan aficionados italianos, muchos de ellos padres con hijos. En pocos minutos, lo que la policía consideraba el único lugar donde la gente podía respirar, y por lo tanto estaba prácticamente sin vigilancia, desapareció. Los controles son escasos, casi inexistentes. Hay muchos policías, pero todos parecen ocupados inspeccionando las zonas alrededor del estadio.

1973. El hooliganismo existe desde que hay fútbol. Enfrentamientos entre pueblos a golpe de pedradas. Pero es en 1973 cuando el fenómeno se convierte en grupal, masivo y radical. La subida de los precios por culpa de la crisis del petróleo de ese año tuvo un impacto bestial en Europa. Italia fue el primer lugar donde jóvenes y no tan jóvenes formaron grupos paramilitares para, a base de alcohol y armas blancas, hacer de su equipo de fútbol el faro de una vida que de pronto estaba vacía. Ocurre que es en el Reino Unido donde el impacto de la crisis es mucho mayor dado que a ésta se le sumó una huelga de mineros en el invierno del 73-74 que dejó al Reino Unido sin calefacción durante meses, hizo subir el paro siete puntos y puso las bases para que Margaret Thatcher sacase la rebarbadora años más tarde. Es en Inglaterra donde el hooliganismo se convierte en una religión. Desde finales de los 70 e inicios de los 80 cualquier encuentro internacional en el que formen parte equipos británicos se convertirá en una pesadilla para las fuerzas del orden.

29/V/1985. 18:30. Los británicos cantan, beben, saltan y observan con avizor la tierra de nadie entre ellos y los transalpinos. Al poco ocurre el primer incidente de importancia. Un italiano saca del bolsillo una bandera fascista y ante la reprimenda del gendarme lo golpea violentamente. No se sabe ni el cómo ni el por qué, pero eso excita al respetable que comienza a lanzar latas de cerveza al aire. Empiezan los empujones y la tierra de nadie ya es directamente territorio inglés.

16/I/85. Supercopa de Europa. Juegan el Liverpool FC, vigente campeón de la Copa de Europa, frente a la Juventus FC, vigente campeón de la Recopa. Partido único. Ganan los italianos por 2-0 con un doblete de Boniek. Meses después la Juve buscará su primera Copa de Europa frente al Liverpool que defiende un título logrado el año anterior en Roma y que ya se había saldado con incidentes entre radicales en las gradas. Los ingleses son un equipo veterano y sólidamente armado en el que destacan el capitán Phil Neal (cuatro Copas de Europa con el Liverpool) y el delantero galés Ian Rush. La Juve cuenta con el citado Boniek y con Tardelli, Cabrini, Scirea o Rossi, todos ellos campeones del mundo con Italia tres años atrás. Pero la estrella de la Juve es el francés Michel Platini. Tras perder la final de la Copa de Europa en 1983 frente al HSV Hamburgo, la Juve decidió fichar al mejor jugador del planeta, con permiso de Maradona, para alzarse de una santa vez con el trofeo de los trofeos.

29/V/1985. 19:00. Un hombre de mediana edad se desploma. Es un visto y no visto. Es belga. Podría tratarse de un desmayo provocado por la basta cantidad de gente y el calor sofocante. No. No es eso. Al poco se descubre que tiene una herida de cuchillo en el estómago. Sangra y hay que evacuarlo. Los hooligans asaltan entonces el sector Z. Son todos jóvenes. Hay menores de edad. Van armados con cuchillos y hasta portan barras de hierro. En pocos instantes la valla de separación claudica ante el envite. Comienza la batalla. Parece el medievo. Ocurre que el enfrentamiento es desigual. Son hooligans ante chavales que no están armados. Los tifosi, los radicales de la Juve, están en la otra punta del estadio. Aquí, en el sector Z, la abrumadora mayoría es pacífica. Hay familias. Sólo piensan en escapar, mas no hay escapatoria. Los rojos están desatados, avanzan en oleadas, tiran piedras, tienen garrotes metálicos y trozos de botellas. Están excitados por la huida del enemigo. La policía no es consciente de la algarabía. Con el muro no se va nada y tardarán en reaccionar. Los juventinos buscan una escapatoria. Ilusos, no saben que están llamando a las puertas del infierno.

Las puertas del infierno

29/V/1985. 19:24. Hay unos 5.000 italianos. Están siendo empujados y espoleados en busca de una salida. Hay vallas. Por entonces hay vallas. Separan a los aficionados del césped con el fin de evitar incidentes y ocupaciones ilegales del césped. Detrás de las vallas hay un muro de dos metros de alto. Llegado el momento se buscará la llave de la valla. No aparece. Ley de Murphy. Cuando todo sale mal, siempre puede empeorar. Hay dos puertas. Ambas están cerradas. Supuestamente por razones de seguridad. De las puertas, del muro, hasta el terreno de juego, hay otra caída de otros dos metros de altura. De repente se derrumba. El muro se derrumba. La valla cae sobre los italianos. El alambre de púas cae sobre los italianos. Los espárragos de Rommel están listos para el combate.

29/V/1985. 19:32. Silencio. Más de un centenar de personas no dan señales de vida. Gritos. Lloros. Con el muro y la valla decenas han caído a plomo. Son 39. Treinta y nueve. Por entonces poco se sabe. Pero se intuye. Serán 39 muertos. La policía detiene a un innombrable que aprovecha la tragedia para buscar carteras en los bolsillos. El ser humano es depreciable. Los ingleses, borrachos, orinan. Mean sobre los cuerpos sin vida de los juventinos. Se llama a todo médico disponible en Bruselas y los taxis hacen de ambulancias improvisadas. Es un pandemónium.

29/V/1985. 19:40. En las gradas hay caos y confusión. Aquellos con un transistor lo encienden. Los periodistas dan cuentan de lo sucedido. Lo hacen gracias a un español. Se llama Alejandro Andreu y es el responsable de comunicación de Coca-Cola, principal patrocinador de la Copa de Europa. Va arriba y abajo. Del campo a la tribuna de prensa. Los periodistas de la RAI movilizan a todo plumilla disponible para ayudar a los servicios de emergencia y llevar camillas al terreno de juego.

1989. Únicamente catorce personas fueron condenadas. Todos fueron absueltos tras recuso al entenderse que el homicidio había sido involuntario. Ni la UEFA ni los propietarios de Heysel ni las autoridades belgas fueron inculpadas. Ni el estadio de Heysel (en la actualidad profundamente remodelado) ni ningún otro recinto belga volvió a acoger una competición internacional hasta 1995. No se permitió el acceso de ningún club inglés a una pugna europea hasta 1990 y al Liverpool hasta 1991. Se consideró que el comportamiento de los hooligans no era un hecho aislado, sino un patrón que había que corregir. A finales de la década de 1980 las familias huían de los campos de futbol por miedo a la violencia, lo que fue motivo, entre otros factores, a un importante aumento en seguidores y practicantes del baloncesto. Hoy, el fútbol sigue siendo el deporte rey y vuelve a ser un evento familiar en el que se han incorporado con éxito niñas y mujeres de cualquier edad.

29/V/1985. 20:33. Se discute. Se negocia. En ningún momento se habla de la opción de suspender el partido. La policía belga se niega en rotundo. Y da sus razones. Da sus motivos. El ejército va a decretar el estadio de sitio. Se cierran bares, cines y restaurantes. Todo bruselense va de cabeza a su casa. Argumentan que necesitan entre tres y cuatro horas para mover a las 60.000 almas que hay en Heysel. Si el partido se suspende, ¿a dónde va toda esa gente? Con toda seguridad habrá vendetta y los muertos podrían ascender a miles. Son las ocho de la tarde y hasta la 01.00 de la madrugada no salen ni los vuelos chárteres rumbo a Liverpool ni los autobuses que cogerán la autopista camino de Turín. Hay que jugar el partido y luego sacar a toda esa marabunta del campo y en orden. Los últimos serán los periodistas.

29/V/1985. 21:03. Hace algo más de una hora que tenía que haber empezado el partido. No lo ha hecho todavía. Los futbolistas saben lo que sucede. En la puerta de los vestuarios hay gente ensangrentada. Otros lloran en busca de sus familias. Antonio Cabrini, futbolista de la Juve, se une a ellos. Boniek, delantero polaco blanquinegro, solloza. Pero en ese momento los jugadores se preparan para que el simulacro dé comienzo. El jefe de la policía belga, capitán Johan Mahieu, y el alcalde de Bruselas, Hervé Brouhon, apelan a jugar el partido para evitar una guerra civil. La plantilla de la Juventus y su cuerpo técnico se niegan a disputar el choque.

29/V/1985. 21:15. El partido comenzará. Lo hará por razones de orden público. Lo hará con 75 minutos de retraso. Lo hará con cerca de 400 personas hospitalizadas. Lo hará con el ejército belga movilizado por lo que pudiese suceder. Gaetano Scirea y Phil Neal, capitanes de Juventus y Liverpool respectivamente, salen micrófono en mano para leer un comunicado en medio del campo de batalla y explicar a los allí presentes que el espectáculo debía continuar. Ni Scirea ni ningún miembro de la Juventus quería jugar el partido. Nadie comprendió lo que estaba a suceder.

29/V/2025. 22:29. Minuto 58 de partido. La primera parte había sido un truño. La segunda había comenzado con la misma sensación de parálisis. Pase en largo de Platini a la carrera de Boniek. Controla de cabeza y es derribado. Cae. Penalti. Alza los brazos. No lo es ni por asomo. Ha caído a un metro del área tras la zancadilla de Gary Gillespie. Nadie protesta. El locutor de la RAI no avista emoción alguna. Todos aceptan la decisión como hecho consumado. Michel Platini engaña a Bruce Grobelaar y adelanta a la Juve. Platini corre agitando el brazo derecho con el puño cerrado al frente del sector Z. Luego se arrepentirá de aquella celebración. El hedor de la muerte flotaba en el aire. Cuarenta años después sigue arrepintiéndose. Cuatro décadas más tarde Heysel sigue hediendo a cadáver. La final, como consecuencia del trágico suceso, se disputó en un clima enrarecido y con algunos cadáveres todavía visibles desde ciertas zonas del estadio.

29/V/1985. 23:30. La Juventus ha ganado su primera Copa de Europa. Hay vuelta de honor. Es un rodeo fugaz. Hay ira, tristeza y vacío. Unos 2.300 agentes conducen a la multitud por oscuros pasillos de camiones y los escoltan bajo vigilancia camino de numerosos autobuses. De ahí no se va ni dios a pie. De allí no se forma ningún grupito con ganas de venganza bajo ningún concepto. Bruselas está bajo control del ejército. No hay un alma en las calles. Sólo sirenas. Sirenas de policía. Sirenas de ambulancia. Ocurre que la tragedia calma los ánimos. Sólo hay ocho detenciones. Todas inglesas. Hay un silencio atónito.

30/V/1984. 06:30. Amanece. Los barcos han partido del puerto de Ostende para transportar a los ingleses a su isla. Los aeropuertos ya dieron buena cuenta de unos y otros a altas horas de la madrugada. El tráfico en las autopistas vuelve a su normalidad tras acotar varios carriles que llevaban a los italianos rumbo sur a Turín. En un hospital militar de Bruselas los médicos forenses dan cuenta de las primeras autopsias. Serán 39 fallecidos. Treinta y dos italianos, cuatro belgas, dos franceses y un inglés. Nadie llegaba a los 60 años. La mayoría están en la flor de la vida. Hay un niño de diez años. Iba con su padre.

30/V/2025. Hoy Heysel no existe. O sí. Existe. Pero es otro estadio. Cuenta con capacidad para 50.000 espectadores todos con localidades de asiento. Es un coliseo de máxima categoría UEFA en términos de accesibilidad y comodidad. Se rebautizó en 1995 con el nombre de Estadio Rey Balduino, en honor al que fue rey de Bélgica durante cuatro décadas. A las afueras hay un monumento iluminado con 39 luces en conmemoración a cada uno de los fallecidos. En la grada Z hay dos vallas, ambas abiertas, para recordar aquello que nunca tendría que haber sucedido.

29/V/1985

“El partido no debería haberse jugado. No podemos estar orgullosos de esa Copa de Europa. No repetiría el desfile de la victoria alrededor del campo. Esos 39 muertos merecen respeto”. Michel Platini, futbolista del Juventus FC.

“Solo quería acabar el partido y ver que mi familia estaba bien. Me daba igual el penalti en contra. Ganar o perder era secundario”. Ian Rush, futbolista del Liverpool FC.

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Limoges

Bozidar Maljkovic era reacio a irse a Francia. Tras tocar el cielo con la Jugosplastika Split había fichado por el FC Barcelona de donde se había ido por la puerta de atrás. Su idea era pasar un año sabático en Estados Unidos perfeccionando su inglés y viendo técnicas de entrenamiento. Pero por el camino se topó con el ofrecimiento del CSP Limoges. Era un grande en Francia, sin embargo, eso en baloncesto era poca cosa. Limoges era, además, una ciudad provinciana. De apenas 140.000 habitantes, enclaustrada en el interior de Francia, sin vida más allá de la porcelana, Limoges no es que fuera demasiado atractiva. Para un joven Limoges era sinónimo de aburrimiento. Ocurre que allí había dinero. Los propietarios habían hecho una fuerte apuesta por el baloncesto y tiraron de avión privado para convencer a Bozidar Maljkovic de las bondades del proyecto.

Maljkovic aterrizó en enero de 1992 en Limoges, por lo que tuvo seis meses para empaparse de la ciudad, del baloncesto francés y de confeccionar altas y bajas. Solicitó el fichaje de Michael Young, un alero de dos metros que venía de hincharse a meter puntos en Italia. Luego pidió el fichaje del veterano base esloveno Jure Zdovc, quien fue fácil de conseguir dado que deseaba alejarse lo más posible de una Yugoslavia consumida en una cruenta guerra civil. El resto de la plantilla era producto nacional francés. Físico y comprometido. Doce guerreros que obedecían a Maljkovic y se tiraban al suelo si era necesario. El pívot titular era Jim Bilba, quien apenas llegaba a los dos metros de puntillas.

El factor extra era la tranquilidad de Limoges. No había nada que hacer. La ciudad, desconocida para toda Europa, estaba volcada con su club y su coqueto pabellón de apenas 5.000 espectadores. Los jugadores combatían el aburrimiento con largos entrenamientos, la mayoría de ellos por voluntad propia. No es época de Play Station y en Limoges llueve día si día también. En Limoges no hay nadie a las siete de la tarde de un sábado. Es una ciudad maravillosa para jubilarte.

El Limoges había ganado la liga francesa como tantas otras veces y veía como un suceso hercúleo la consecución de la Euroliga. Por eso habían fichado a Maljkovic. Pero no se esperaba mucho. El Limoges perdió sus primeros dos partidos de Euroliga y saltaron todas las alarmas. Maljkovic se dio cuenta de que contaba con dos aleros que eran excelentes cargando el rebote ofensivo. Se trataba de Michael Young y de Richard Dacoury. Tuvo una reunión con el equipo y les hizo ver una nueva forma de jugar al baloncesto.

Se estima que de cada diez posesiones se conseguirá anotar en cinco de ellas. Teniendo en cuenta la plantilla de jugadores atléticos y capaces al rebote, Maljkovic estimó que de los cinco errores previstos sus chicos serían capaces de hacerse con el rebote ofensivo de dos de esos tiros fallados. Son 7 tiros anotados de 10 intentos. Con esos números nadie te gana un partido.

Nacía el basket control.

Tras una década plagada de imaginario ofensivo encabezada por los Lakers en la NBA y por el baloncesto yugoslavo en Europa, el basket entraba en nueva fase donde el físico cobraba una importancia nunca antes vista. En Estados Unidos los Detroit Pistons pusieron el pistoletazo de salida a un baloncesto donde el reloj de posesión se agotaba al máximo y donde la búsqueda del error del rival era más importante que el acierto propio. La tendencia estaba ahí. Pero lo que iba a hacer el Limoges en la temporada 1992/93 marcaría un antes y un después.

Todo el quinteto del Limoges era extremadamente físico. Zdovc quedaba siempre el primero en las pruebas de resistencia en la selección de Yugoslavia. En el Limoges siempre finalizaba el cuarto o el quinto. Todos eran especialistas en el pick and roll, defendían a muerte y corrían y reboteaban cómo si les fuese la vida en ello. Y lo aceptaban. Lo aceptaban porque ansiaban ganar. Y Maljkovic sabía cómo ganar.

Michael Young

Tras pasar segundos de grupo (7-5) al Limoges le tocó enfrentarse a Olympiakos en cuartos de final. El primer partido en Atenas y los dos siguientes, en caso necesario, en Francia. Favoritos eran los helenos a pesar de no contar con ventaja de campo. En el primer choque gana Olympiakos con solvencia gracias a los 27 puntos de Zarko Paspalj. En la vuelta tocó asfixia a la francesa. 59-53 para el Limoges en un duelo durísimo en el que Young anotó 20 puntos con un paupérrimo 5/16 en tiros de campo. En el tercer partido Zdovc anotó un tiro ganador a falta de tres segundos y Paspalj falló el que hubiese sido la canasta de la victoria ateniense a falta de 0’8 segundos para el final. 60-58 fue el resultado final. El Olympiakos había metido 76 puntos por encuentro en la Euroliga y aquí había sumado dos partidos seguidos sin llegar siquiera a 60.

El Limoges se había clasificado para la Final Four y las críticas arreciaron. Tocaba semifinales contra el Real Madrid. Se criticaba ese baloncesto. La distancia entre atacante y defensor se acortó. La agresividad era brutal. Los jugadores del Limoges entraban al estómago del atacante con balón. La prioridad era desgastar al equipo rival y que fallase sus tiros, luego, apoyado por el físico de sus jugadores, intentar anotar una canasta que les diese ventaja y ponerle cloroformo al partido. Posesiones ofensivas en las que se avanzaba a campo contrario andando y no se lanzaba a canasta hasta que quedasen un par de segundos para el final de la posesión.

El Madrid de Sabonis sufrió lo indecible. Apenas anotó 52 puntos y firmó un triste 2/12 en triples. Sabonis acabó desquiciado por la docena de golpes bajos que recibió de M’Bahia y Bilba, pívots que median veinte centímetros menos que el lituano pero que eran un incordio para su cadera y sus tobillos. El Madrid fue incapaz de anotar un mísero punto en los últimos cuatro minutos y el Limoges venció por 62-52 con 20 puntos de Young y 14 de Dacoury.

El Real Madrid había promediado 83 puntos por encuentro en esa Euroliga. Se quedó en 52 en la semifinal de la Final Four.

La final fue contra la Benetton Treviso. Allí jugaba el mejor jugador de Europa. Se trataba del croata Toni Kukoc, quien al acabar esa temporada pondría rumbo a los Chicago Bulls de Michael Jordan. Y defender a Kukoc no era fácil. Nada fácil. El Limoges volvió al basket control, pero Kukoc doblaba el balón a compañeros liberados. A once minutos del final los italianos vencían por 34-43, pero el cansancio comenzó a hacer mella en la Benetton. Cuando quedan sesenta segundos para el fin el marcador es 55-55. Con 59-57 un Kukoc cansadísimo perdió el balón cuando intentaba levantarse para anotar un triple y en la jugada consecuente Zdovc anotaba dos tiros libres que ponían un 59-55 insalvable.

El Limoges era campeón de Europa. Pese a la derrota, Toni Kukoc fue elegido mejor jugador de la final, hecho sin precedentes. El triunfo del Limoges era el triunfo del colectivo. La Benetton anotó 55 puntos en la final. Había promediado 80 tantos en esa Euroliga.

Si consideramos los mejores momentos del deporte francés, y exceptuando las victoria futbolera en el Mundial de 1998 y 2018, el triunfo de Limoges está en el pódium de los mejores momentos galos junto al triunfo del Olympique de Marsella en fútbol y de Yannick Noah en Roland Garros de 1983. Que las victorias del Limoges y del Marsella ocurrieron en ese mismo año 1993 hacen de esa temporada inolvidable en el país del hexágono.

Al Limoges se le acusó de haber traicionado al juego, de llevar la defensa al límite, de apostar por los ataques largos y de destrozar el ritmo a base de faltas. Es cierto. Como también es cierto que Maljkovic había entrenado a Toni Kukoc cuando dirigía a la Jugoplastika y lo había hecho basándose en un primoroso baloncesto ofensivo.

Un equipo con escasos recursos ofensivos y limitado mercado económico había ganado la Copa de Europa. El Limoges dejó un legado de racanería, pero también de lucha, entrega e intensidad nunca antes visto. Dio esperanza a la victoria del pequeño ante el grande. Con la planificación adecuada y un fuerte desarrollo táctico y físico se podría lograr lo imposible.

CSP Limoges

Tuvieron que pasar seis años para que un equipo volviese a anotar 80 puntos en una final de la Euroliga. La aberración máxima tendría lugar en 1998 cuando Virtus Bolonia se proclamase vencedor al derrotar 58-44 al AEK Atenas. Ese mismo año los Chicago Bulls ganaban el segundo partido de las finales de la NBA dejando a los Utah Jazz en apenas 54 puntos en 48 minutos de juego. Se puede aventurar sin temor a equivocarse que tal registro negativo nunca será superado.

Afortunadamente para el aficionado aquellos tiempos pasaron. Ocurre que eso no es motivo para restarle mérito alguno al milagroso triunfo de un pequeño club del interior de Francia. Al CSP Limoges.

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¿Cuál es el mejor equipo secundario de Europa?

Hace poco más de dos meses redacté un artículo en el que me animaba a indagar cuál era el mejor campeón de Copa de Europa. Cuál entre todos los campeones en más de 70 años de competición era aquel que había hecho la mejor temporada. Tras un escrutinio, de los 14 finalistas salió victorioso el FC Bayern de 2020, quien venció en los 11 partidos que disputó ese año con sonoras goleadas en octavos, cuartos (8-2 al Barça) y semifinales.

Hubo quien no estuvo de acuerdo. Normal y lógico dado que este blog no es palabra de Dios. Además, de todas las clasificaciones e historias contrafactuales que tengo hecho ya manifesté que aquella era la más subjetiva de todas ellas. El caso es que los grises no suelen existir y toda opinión oscila entre blanco y negro. En el caso del fútbol eso significa Madrid y Barça.

Así que mi suegro, un agradecido y entusiasta lector fanático del Real Madrid, no dudó en decirme que no estaba de acuerdo con la clasificación. Obviamente el Madrid es el mejor equipo, no sólo de Europa (15 títulos sobre 7 del siguiente campeón) sino del planeta, pero los números dicen que sus victorias beben en su mayoría de la épica y ninguna es tan perfecta como la del Bayern de 2020. Por otro lado, un buen amigo de mis tiempos de instituto, otro agradecido lector, en este caso fanático del Barça, no dudó en decirme que era indignante que el Barça de Guardiola ni siquiera estuviese entre los 14 finalistas. El caso es que es posible que el juego ofensivo y entusiasta del Barça de Guardiola haya sido el más hermoso del último cuarto de siglo (hay quien dice que de siempre), no obstante en 2009 meneó al United en la final porque Iniesta metió un gol milagroso en Stamford Bridge en la vuelta de las semifinales. Así que lo de ganar con autoridad podemos ponerlo entre comillas.

Luego añadió aquello de que en tiempos de Franco al Madrid le regalaban las ligas y por eso podía jugar la Copa de Europa.

En fin.

Como no pierdo el tiempo en contestar a esa chorrada, le hice a mi buen amigo la siguiente reflexión. Dado que el Madrid ganaba ligas por decreto franquista y el Barça era tan buen equipo; ¿cuántas Copa de la UEFA ganó el Barça en los años en los que el Madrid ganó sus seis Copas de Europa en blanco y negro? Yo le respondí. El caso es que fueron tres títulos internacionales azulgranas en el mismo tiempo que el Madrid ganaba el doble.

Surge el argumento entonces de que era más difícil de ganar la UEFA que la Copa de Europa. Puede ser. Clasificarse para la Copa de Europa era mucho más complicado y su prestigio era mayor, pero en la UEFA se juntaban dos, tres o cuatro equipos de tronío de las ligas más potentes de Europa. El cartel de la Copa de la UEFA hasta los años 90 solía ser más temido que el de la Copa de Europa.

Así que la propuesta que se me hace es descubrir cuál ha sido el mejor equipo en la mejor temporada europea de la historia. Cuál ha sido el mejor equipo secundario del continente. Acepté el reto y me puse a ello.

Las reglas son las mismas con las que había buscado al mejor equipo en la mejor temporada de la Copa de Europa. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. Hay demasiados. Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates, por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré muchísimos campeones y decidí darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar cuatro de los cinco partidos en liza. Los reyes entre reyes.

De los cinco partidos decisivos al menos salir triunfador en cuatro de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Tenía 15 campeones. Bien. Correcto.

Había un problema. Quedaba la Recopa de Europa. Por nombres la tercera competición europea. Participaban los campeones de copa y muchos de ellos eran equipos de segunda o hasta de cuarta fila. No obstante, su prestigio era superior al de la UEFA dado que para acceder a la Recopa debías haber ganado un título. Menor, quizás. Pero un título. Así que hube de incluir a la Recopa, pero fui mucho más estricto. Para pasar la criba habría que ganar los dos partidos de semifinales y la final. 3/3. Me salieron cinco campeones. Añadí luego la neonata Conference League. No salió ninguno. Afortunadamente no salió ninguno.

Fueron 20 los campeones. 20 de 108 posibles. 15 de la Copa de la UEFA y 5 de la Recopa de Europa.

Spoiler. El Barça sólo coloca un campeón entre los 20 finalistas. Así que no. No es culpa de Franco. El Madrid no coloca ninguno. Normal, dado que solía participar en la Copa de Europa. El Madrid nunca ganó la Recopa y venció en dos UEFA en los ochenta, hoy enterradas, pero entonces muy apreciadas (el Madrid estuvo 32 años a dos velas, que nadie se olvide). Las ganó, como de costumbre, a lomos de la épica, fracasando a domicilio y remontando en el Bernabéu. El miedo escénico nació por aquel entonces.

En la Copa de la UEFA (antes Copa de Ferias y hoy Europa League) España consta con 20 títulos (7 del Sevilla FC), Inglaterra 13 e Italia 11. En la Recopa ingleses e italianos suman ocho entorchados por los siete españoles (4 del FC Barcelona plusmarquista de la competición). No es más que un reflejo de cuales fueron, han sido y son las ligas más fuertes del continente.

Esta clasificación de 20 equipos confirma cosas que ya me imaginaba como que el Anderlecht fue un primer espada europeo, lo buen entrenador que fue el finado Sven-Göran Eriksson o lo buen guardameta que era el infravalorado Michel Preud’homme. También deja espacio para que brillen tanto el Inter como la Juve, dos equipos triunfadores en Italia, pero que siempre han vivido en Europa a la sombra de los éxitos del AC Milan en la Copa de Europa.

Fuera de la lista quedaron un par de equipos invictos como la Juve de Michel Platini y el Everton de Howard Kendall victoriosos en la Recopa de 1984 y 1985 respectivamente. También destacar al Shakhtar Donetsk de 2009 y al Chelsea de 2013 ganadores de la Europa League, que fueron descartados por provenir de la primera fase de la Copa de Europa donde firmaron unos números mediocres.

Vamos a ello. Obviamente no se puede comparar esta lista con los ganadores de Copa de Europa. Pero es una muestra de esa clase media. O de esos grandes equipos a los que se les cerraron las puertas de la Copa de Europa, pero alcanzaron la gloria en el segundo escalón europeo. Son todos un ramillete de equipos que serán recordados por aquellos que los disfrutaron en su momento y que merecen ser conocidos por aquellos que nunca jamás han oído hablar de ellos.

Vamos con los 20 elegidos. Primero los cinco que ganaron la Recopa. Después con la quincena que ganó la Copa de la UEFA:

Recopa:

20 RSC Anderlecht 1976 (6-1-2) 16 FC 5 GC 66’6%: Resulta que en los 60 liderados por Paul Van Himst el Anderlecht ganó liga tras liga. Retirado el mejor jugador belga del siglo XX, el Anderlecht pasará casi una década sin alzar una liga y paradójicamente eso le permitirá ganar tres títulos europeos. La Recopa de 1976 sería el primero de ellos. La final tendría lugar en Bruselas frente al West Ham y fue ganada por 4-2 gracias a dos goles postreros de Rob Rensenbrick y Frankie Van der Elst, sus dos grandes estrellas. A ojos actuales el Anderlecht no dice nada, pero en aquellos años era un rival fortísimo que jugaría tres finales de Recopa consecutivas alzándose con el título en el ya citado 1976 y también en 1978. En ese mágico 76 le ganarían la Supercopa al Bayern de Beckenbauer. Once ideal: Ruiter; Lomme, Van Binst, De Groote, Broos; Van der Elst, Dockx, Coeck, Haan, Ressel; Rensenbrick. Entrenador: Hans Croon.

Rob Rensenbrick

19 FC Barcelona 1989 (6-3-0) 18 GF 5 GC 66’6%: Sin la Recopa del 1989 y la Copa de 1990 no hubiese habido Dream Team. Y es que entonces el Barça de Cruyff iba mal. Muy mal. Sólo algunos entendían lo que Cruyff pretendía y muy pocos eran capaces de ejecutarlo. Alexanko no sabía salir de la cueva con el balón jugado en los pies y Gary Lineker detestaba partir de las bandas para adentrarse en el área. Ambos acabarían relegados, pero en aquella Recopa que le daría oxígeno a Cruyff fueron capitales. El Barça acabaría invicto, pero sufrió de lo lindo. Eliminó al Lech Poznan polaco en octavos por el valor doble de los goles fuera de casa y al Aarhus danés por un solitario tanto. En semifinales vencieron por 4-2 al CSKA de Sofía (en Bulgaria perderían 2-1) en un partido donde el mundo conoció a un potro salvaje llamado Hristo Stoichkov que a los pocos meses acabaría firmando por el Barça. La final fue otra cosa y se ganó con autoridad a un gigante del momento como era la Sampdoria genovesa. A los cuatro minutos Julio Salinas ya había abierto el marcador (marcó 26 tantos esa temporada) y todo fue de cara para un 2-0 final. Era la tercera Recopa de los azulgranas, quienes son los plusmarquistas del torneo con cuatro triunfos. Once ideal: Zubizarreta; López Rekarte, Aloisio, Serna; Roberto, Eusebio, Milla, Bakero; Lineker, Julio Salinas y Beguiristain. Entrenador: Johan Cruyff.

Barça 89

18 Borussia Dortmund 1966 (7-1-1) 27 GF 9 GC 77’7%: Antes de que emergiese el Bayern, el Dortmund fue el primer equipo teutón en ganar un torneo internacional. Fue la Recopa de 1966 a donde accedió tras ganar el año anterior la primera copa de su historia. En octavos de final el Dortmund echó al CSKA Sofia antes de enfrentarse en cuartos al Atlético de Madrid, favorito para pasar de ronda. Los alemanes arañaron un empate en España para luego vencer en casa por 1-0 y pasar a semifinales. Allí ganaron los dos duelos ante el West Ham de Bobby Moore, vigente campeón, para enfrentarse en la final al Liverpool FC de Bill Shankly. Era una antesala del Inglaterra vs Alemania que un mes más tarde tendría lugar en la final del Mundial. El Dortmund contaba con Tilkowski, Libuda o Emmerich. El encuentro fue precioso y se saldó con un empate a un gol que se satisfizo con victoria teutona en la prórroga con un tanto del extremo Reinhard Libuda, una leyenda del Schalke 04 que pasó tres años de su carrera en su archirrival Dortmund para ayudarle a ganar la Recopa. Once ideal: Tilkowski; Cyliax, Paul, Redder, Kurrat; Libuda, Assuaer, Schimidt; Held, Sturm y Emmerich. Entrenador: Willi Multhaup.

Dortmund 1966

17 Racing Mechelen 1988 (7-2-0) 12 GF 3 GC 77’7%: Sin duda el más sorprendente equipo de todos los presentes en este listado. En Malinas (Mechelen) creció Felipe el Hermoso, el hombre que heredó fugazmente el Imperio tejido por los Reyes Católicos. Y ya está. No había más que rascar. Ciudad de 80.000 habitantes, estadio menor y cinco años antes aún estaba en la segunda división belga. Ocurrió entonces uno de esos milagros que son imposibles en tiempos de Ley Bosman y libre circulación de jugadores.  A través de una defensa férrea y litros de solidaridad, el Racing Mechelen hizo historia y se convirtió en el último club belga con un título europeo. No encajaron un gol hasta cuartos y ganaron los dos partidos de semifinales ante el Atalanta. En la final el favorito es el Ajax de Blind, Winter, Mühren, Witschge y Bergkamp. Aunque los neerlandeses se quedan con diez al poco de empezar es un acoso y derribo que es frenado por Michel Preud’Homme, el verdadero héroe de esta historia. Uno de los dos o tres mejores porteros del mundo en su época y que fue fiel al Malinas para ganar la Copa del 87, la Recopa y la Supercopa de Europa en el 88, la Liga en el 89 y llevar a una agónica prórroga de cuartos al poderoso AC Milan de los holandeses al año siguiente. Once ideal: Preud’Homme; Hofkens, Rutjes, Deferm, Clijsters; Sanders, Emmers, Erwin Koeman, De Wilde; Den Boer y Ohana. Entrenador: Aad de Mos.

Preud’Homme

16 AC Milan 1973 (8-1-0) 15 GF 3 GC 88’8%: No existe equipo más grande en Italia que la Juventus y no existe rival más enconado para la Juve que el Internazionale. Ese el derbi de Italia. Y con todo ninguno de ellos puede rivalizar con el AC Milan cuando hablamos de éxitos europeos. Todo lo que le cuesta ganar dentro de la Península Itálica los rossoneros lo resuelven al cruzar los Alpes. Su éxito se fundamentó en la dirección de Nereo Rocco, uno de los padres del catenaccio. Con Rocco en el banquillo se lograron un par de Copas de Europa y otras dos Recopas. El de 1973 fue el último año de Rocco en el banquillo y lo celebrará arrasando en Europa. Abonados al 1-0 el equipo elimina con solvencia a Legia Varsovia, Spartak Moscú y Sparta Praga antes de enfrentarse al Leeds United en la final que también ganarán por 1-0 con un tanto de Luciano Chiarugi. Rocco saldrá del equipo tras sumar nueve campañas como técnico y el AC Milan tardará década y media en volver a lograr un título europeo. Once ideal: Vecchi; Anquilletti, Rosato, Sabatini, Schnellinger; Benetti, Biasiolo, Rivera, Bigon; Chiarugi y Prati. Entrenador: Nereo Rocco.

AC Milan 1973

Vamos ahora con los 15 siguientes. Copa de la UEFA:

15 IFK Goteborg 1987 (7-5-0) 21 GF 5 GC 58’3%: En 1987 el IFK Goteborg se convirtió en el único equipo en ganar la Copa de la UEFA dos veces como invicto. Ya no estaba Eriksson en el banquillo, no obstante, sin él el conjunto sueco sumaría tres ligas seguidas sin perder un solo partido como local (1983, 1984 y 1985). Era el Goteborg un equipo con personalidad propia liderado por Gunter Bengtsson, ex asistente de Eriksson, y que contaba en sus filas con jugadores profesionales en su mayoría (en el éxito de 1982 no lo eran). Sobrevivía Glenn Hysen (luego iría a la Serie A), el joven delantero Stefan Peterson (luego en el Ajax) y Roland Nilsson (116 veces internacional sueco). Lo más difícil para el Goteborg fue la eliminatoria de cuartos ante el Internazionale saldada con triunfo por el valor doble de los goles fuera de casa. En la final el rival fue el sorprendente Dundee escocés quien había echado al Gladbach y al Barça. A doble partido, en la ida ganaron los suecos por 1-0 y en la vuelta un empate a goles en Escocia le daba el trofeo al Goteborg. El suplente Jari Rantanen fue máximo goleador de la competición con cinco tantos. Once ideal: Wernersson; Ola-Carlsson, Hysen, Larsson, Fredriksson; Roland Nilsson, Tord Holgrem, Andersson, Tommy Holgrem; Pettersson y Nilsson. Entrenador: Gunder Bengtson.

IFK Goteborg 1987

14 AC Parma 1999 (7-2-2) 25 GF 10 GC 63’6%: Una pequeña planta lechera de la provincial Parma fundada en 1961 apenas tres décadas después era una multinacional láctea. Parmalat inyectó miles de millones en el conjunto local que asciende a la Serie A en 1990 y en diez años logrará sumar tres copas, una Recopa y dos Copas de la UEFA antes de sumirse en la oscuridad. El Parma de 1999 conformaba una constelación de estrellas que pasó rondas con dificultad (hubo que remontar al Fenerbahçe del desconocido Joaquim Low) antes de arrasar en las rondas decisivas. Buena prueba de ello fue el 6-0 que le metió al Girondins en cuartos con dobletes de Enrico Chiesa (máximo goleador del torneo) y de Hernán Crespo. En semifinales derrotaron en el Calderón al Atlético por 1-3 en el choque de ida a pesar de no poder contar con Fabio Cannavaro por sanción. La final fue otro ejercicio de superioridad para un equipo que enamoró en los 90 a base de la mejor línea defensiva del momento y un ataque fantasista que duró tanto como los millones de la Parmalat consideraron oportuno (y aun tenían a Faustino Asprilla como suplente). Fue la octava copa de la UEFA para un club italiano en una década. Once ideal: Buffon; Thuram, Sensini, Cannavaro, Benarrivo; Boghossian, Verón, Dino Baggio, Fuser; Chiesa y Crespo. Entrenador: Alberto Malesani.

Parma 99

13 Valencia CF 1962 (6-2-1) 33 GF 13 GC 66’6%: De las primeras ocho ediciones de la Copa de Ferias (después Copa de la UEFA) los equipos españoles salieron vencedores en seis ocasiones. El Valencia haría doblete campeonando en 1962 y 1963. La de 1962 fue también la primera vez que los ché competían en Europa y lo harían con un tal Waldo en la delantera. El encuentro inaugural fue una victoria por 2-0 ante el Forest en Mestalla con dos tantos del ariete brasileño que falleció a los 84 años en su casa de Valencia donde se asentó tras 160 goles en 296 partidos con los levantinos. En la vuelta se ganó en Nottingham por 1-5 y en cuartos se venció al Inter con doblete del canterano Guillot. Tras machacar al MTK Budapest en semifinales (10-3 en el global) tocaba doble partido ante el Barça en la final. En la ida en Valencia 6-2 (con triplete de Guillot) y en la vuelta empate a un tanto. Once ideal: Zamora II; Piquer, Quincoces II, Mestre; Ribelles, Chicao, Recamán; Héctor Núñez, Waldo, Nando Yosu y Guillot. Entrenador: Alejandro Scopelli.

Waldo

12 Internazionale 1998 (8-1-2) 20 GF 8 GC 72’7%: Aquel año el Inter ganó la Copa de la UEFA y fue subcampeón italiano. Y ahí quien dice que fue una de las plantillas peor aprovechadas de todos los tiempos (Paulo Sousa, Recoba, Kanu o Zamorano eran suplentes). En parte es cierto. El Inter jugaba un 5-3-2 con marcajes al hombre y apostándolo todo al contraataque y a la velocidad de un Ronaldo Nazario en su máximo esplendor antes de que sus rodillas lo obligasen a cambiar de un guepardo en campo abierto a tigre recluido dentro del área. 1998 fue la tercera vez en siete años que el Inter ganaba la Copa de la UEFA. Hubo que tirar de épica unas cuantas veces. Se cayó en casa ante el Olympique de Lyon por 1-2 para ganar en Francia por 1-3. Luego se perdió en Estrasburgo por 2-0 para ganar en el Giuseppe Meazza por 3-0 con tantos de Ronaldo, Simeone y Zanetti. A partir de ahí todo fue rodado. Se venció a Spartak de Moscú y a Schalke 04 con exhibiciones de Ronaldo antes de plantarse en la final ante la SS Lazio. Un duelo entre dos de las plantillas más caras del momento y que dejó uno de los partidos más bonitos de la década. Zamorano adelantó al Inter a los cinco minutos y luego las ocasiones de la Lazio y los contragolpes perfectos del Inter se sucedieron, hasta que Ronaldo anotó el 3-0 con un regate a base de fintas sin tocar el balón que forma parte de la pinacoteca del fútbol mundial. Once ideal: Pagliuca; Zanetti, Sartor, Bergomi, Colonnese, West; Moriero, Simeone, Cauet; Djorkaeff y Ronaldo. Entrenador: Luigi Simone.

11 Sevilla CF 2015 (11-3-1) 30 GF 14 GC 73’3%: En menos de dos décadas el Sevilla CF ganó siete Europa League y se convirtió en plusmarquista de la competición. El periodo de mayor esplendor se dio entre 2014 y 2016 cuando sumó tres consecutivas bajo la dirección de Unai Emery. Ninguna de ellas fue ganada con tal autoridad como la de 2015. El equipo perdió ese verano a Rakitic y a Fazio incorporando a Krychowiak y a Ever Banega. Tras perder un partido en la fase de grupos el equipo se mantuvo invicto en las eliminatorias a doble partido. Se ganó con suma facilidad al Gladbach y al Villarreal CF (1-3 a domicilio y 2-1 como local), aunque luego se sufrió en cuartos ante el Zenit, donde un gol de Gameiro a cinco minutos del final impidió la prórroga. En semifinales el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina (global de 5-0) y en la final dos goles de Carlos Bacca (siete goles en la competición) y uno de Krychowiak dieron la victoria por 3-2 ante el sorprendente Dnipro ucraniano. Once ideal: Sergio Rico; Aleix Vidal, Carriço, Pareja, Tremoulinas; Vitolo, M’Bia, Krychowiak, Reyes; Banega y Bacca. Entrenador: Unai Emery.

Sevilla 2015

10 Internazionale 1994 (9-1-2) 22 GF 8 GC 75%: El Inter había dado carpetazo a su apuesta por los alemanes (Brehme, Matthaüs y Klinsmann) y se apuntaba ahora a los holandeses (Jonk y Bergkamp) intentando seguir los éxitos de su archienemigo milanés. El experimento duró un año. Fue una temporada mediocre que se saldó con un paupérrimo 13º puesto en la Serie A. No obstante, todo el potencial de aquel equipo se concentró en la Copa de la UEFA. Bergkamp acabaría fracasando y tiempo después se convertirá en leyenda en el Arsenal, pero por el camino dejó pinceladas de su talento en Europa. En las tres primeras eliminatorias anotará cinco de los nueve goles de su equipo. En cuartos toca el Borussia Dortmund, vigente subcampeón. Se gana en Alemania 1-3 con doblete de Jonk para luego perder en casa por 1-2 aguantando el resultado en los últimos diez minutos. En semifinales toca duelo italiano frente al Cagliari con remontada y victoria por 3-0 en casa con exhibición de Bergkamp y Berti. En la final a doble partido el Inter vence al SV Salzburgo (0-1 en Austria y 1-0 en Italia) y hace grande una temporada que se tornaba en fracaso. Bergkamp fue el máximo anotador de la competición con ocho tantos y en verano Massimo Moratti se hará con la presidencia y desmantelará una plantilla campeona en Europa pero que acabó a un punto del descenso a la Serie B. Once ideal: Zenga; Paganin, Bergomi, Battistini, Orlando; Fontolan, Jonk, Shalimov, Berti; Bergkamp y Rubén Sosa. Entrenador: Giampiero Marini.

Inter 1994

9 RSC Anderlecht 1983 (9-1-2) 31 GF 10 GC 75%: Ya no estaban ni Frankie Van der Elst ni Rob Resenbrinck pero del gran Anderlecht aun destacaba Frankie Vercauteren, un escurridizo delantero que en el 76 ya estaba presente saliendo desde el banquillo. En ese momento el Anderlecht finalizaba su edad de oro, sin embargo, aun iba a vivir una UEFA del 83 inolvidable a lomos de un sevillano de Coria del Río llamado Juan Lozano. Emigrado a Bélgica de niño, Lozano era un metrónomo de primer nivel al que luego los vicios de la noche harían fracasar en el Real Madrid. El caso es que el Anderlecht meneó al FC Porto (4-0), al FK Sarajevo (6-0), al Valencia CF (1-2 en Mestalla y 3-1 en casa) y se plantó en una final a doble partido ante el Benfica. Venció por 1-0 en casa y aguantó el 1-1 en Lisboa para coronarse con su último entorchado europeo. Erwin Vandenbergh anotó siete tantos en la competición saliendo del banquillo en muchas ocasiones. Once ideal: Munaron; De Groote, De Greef, Martin Olsen, Peruzovic; Hofkens, Lozano, Coeck, Frimann; Vercauteren y Brylle-Larsen. Entrenador: Paul Van Himst.

Anderlecht 83

8 Sevilla CF 2020 (9-2-1) 23 GF 7 GC 75%: Fiel a su política de comprar y vender jugadores a la velocidad de la luz aquella temporada los hispalenses tuvieron 17 incorporaciones. Muriel, Sarabia o Ben Yedder dejaron el equipo en el que entraron Koundé, De Jong u Ocampos. Los sevillanos firmaron una gran temporada finalizando cuartos en Liga y vitoreando nuevamente en su competición fetiche. La fase de grupos fue un paseo hasta que en 1/16 se fueron a encontrar con los mayores problemas ante el teoría inofensivo Cluj rumano. Se ganó debido al valor doble de los goles fuera de casa. Y gracias, dado que el Cluj mereció ganar en el Sánchez Pizjuán. Entonces el mundo se sumió en las tinieblas y hubo que esperar al mes de agosto para celebrar un torneo con los 16 equipos supervivientes en tierras alemanas. Con la sombra del Covid planeando sobre sus cabezas, el Sevillla sacó su colmillo de campeón para hacerse con un nuevo trofeo de la Europa League. Consecutivamente vencieron al AS Roma (2-0), Wolverhampton (1-0) y al Manchester United (2-1). En la final de Colonia el rival sería el Internazionale. En un disputadísimo duelo el Inter se puso por delante con gol de Lukaku antes de que Luuk De Jong (sólo tres goles en la competición, pero dos en la final) anotase un doblete que daba la vuelta al partido. Godín empató antes del descanso, pero un autogol de Lukaku les daba el triunfo a los españoles (3-2) con una gran actuación de Bono, por entonces habitual portero suplente. Entonces era la sexta para el Sevilla. Once ideal: Vaclik; Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón; Fernando, Banega, Joan Jordán; Ocampos, De Jong y Suso. Entrenador: Julen Lopetegui.

Sevilla 2020

7 IFK Goteborg 1982 (9-3-0) 27 GF 10 GC 75%: En 1979 el Goteborg contrató a un desconocido y joven técnico llamado Sven-Göran Eriksson. Sin experiencia alguna en la élite, implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros y no hablamos de una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Goteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3. El citado Nilsson fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos y Eriksson acabó fichando por el Benfica antes de dar el salto a los banquillos de la Serie A. Once ideal: Wernersson; Svensson, Karlsson, Fredriksson, Hysen; Carlsson, Tord Holdgrem, Strömberg, Tommy Holgrem; Nilsson y Corneliusson. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.

Sven-Göran Eriksson

6 Valencia CF 2004 (13-3-1) 20 GF 5 GC 76’4%: El Valencia es de esos clubes nobles sin suficiente capacidad para asaltar los cielos. A inicios del siglo XXI disputó dos finales de Copa de Europa perdiendo ambas de ellas. Era entonces entrenador el argentino Héctor Cúper, que dará paso al desconocido Rafa Benítez quien le dará a los levantinos dos ligas y una Copa de la UEFA. El sistema no varió en absoluto. Arquitectura defensiva rayando lo obseso, cemento en el centro del campo (Albelda y Baraja) y un fantasista (Aimar) para darle cordura a la locura del cerocerismo. Con esos mimbres el Valencia logró un doblete histórico al vencer en casa y en Europa. En la UEFA tuvo un recorrido casi inmaculado con la salvedad de una derrota en la ida de los octavos ante el Gençlerbirligi turco. Se venció fácilmente al Besiktas y al Girondins de Burdeos antes de enfrentarse en semifinales al Villarreal CF. Miedos y precauciones defensivas se solventaron con un gol de penalti de Mista en la vuelta que finiquitó la eliminatoria. En la final el Valencia derrotó con suma facilidad (2-0) al Olympique de Marsella de Barthez y Drogba, en una muestra más de fútbol efectivo y sin artificios. Marcaron Mista y Vicente. Once ideal: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista. Entrenador: Rafael Benítez.

Valencia 2004

5 FC Porto 2011 (12-1-2) 37 GF 14 GC 80%: La temporada 2010-11 fue perfecta para el club del norte de Portugal. Vencieron en la copa portuguesa (ganando 6-2 la final) y lograron el título de liga sin perder un solo partido con un espectacular balance de 27 victorias y 3 empates. El llamado Oporto de los colombianos se reforzó ese verano con James Rodríguez y Joao Moutinho, aunque la clave del equipo estaba en su fastuosa delantera formada por el brasileño Hulk y el colombiano Falcao. El Porto FC sufrió para eliminar al Sevilla CF en dieciseisavos, para luego pasar rondas con suficiencia (en cuartos ganó al Spartak moscovita por 10-3 en el global y en semifinales al Villarreal por un total de 7-4). La ida de la semifinal fue una goleada por 5-1 con póker de goles de Radamel Falcao, quien también metió el tanto que le dio el título ante el Sporting Braga (1-0) en un duelo luso. El ariete colombiano marcó un nuevo registro de la competición al firmar 17 goles, mientras que Hulk, su compañero de ataque, firmó cinco tantos, en un equipo donde también destacó desde el banquillo el argentino Belluschi. Once ideal: Helton; Maicon, Rolando, Otamendi, Alvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho; Guarín, James Rodríguez, Hulk; Falcao. Entrenador: André Villas-Boas.

Radamel Falcao

4 FC Bayern 1996 (10-1-1) 32 GF 10 GC 83’3%: Parece difícil de imaginar en la actualidad, pero en los 90 el Bayern distaba mucho de ser un ogro. Sólo sumó tres ligas en toda la década y naufragó una y otra vez en sus incursiones en la Copa de Europa. La campaña 95-96 sería otra dura prueba de fuego para el orgullo bávaro. La temporada fue iniciada por Otto Rehhagel en el banquillo. Su buscaba mano dura, pero la receta no funcionó. El equipo es apodado FC Hollywood por ser más habitual los éxitos de sus jugadores en la prensa rosa que en la deportiva. Con todo el Bayern es el Bayern y no tiene problemas en ejecutar al Benfica (4-1) y al Nottingham Forest (5-1) antes de enfrentarse al FC Barcelona en semifinales. Por entonces Franz Beckenbauer ha abandonado el sillón presidencial para ocupar de forma interina el puesto de entrenador. En Múnich hay empate a dos goles, pero en la vuelta Babbel y Witeczek hacen inútil el gol a última hora de Iván De La Peña, en un último duelo desde los banquillos entre Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. En la final hay choque ante el Girondins de Burdeos del entonces semidesconocido Zinedine Zidane. Fácil para los teutones que vencen por 2-0 en casa y rematan en Francia por 1-3 con golazo incluido de Jürgen Klinsmann, que ese año fue el máximo anotador de la Copa de la UEFA con 15 tantos por los cinco que convirtió Mehmet Scholl. Once ideal: Kahn; Babbel, Helmer, Matthaüs, Ziege; Sforza, Hamann, Nerlinger, Strunz; Klinsmann y Zickler. Entrenador: Franz Beckenbauer.

Bayern 96

3 Borussia Gladbach 1975 (10-1-1) 32 GF 9 GC 83’3%: El equipo que tuteó al Bayern durante una década y que deleitaba a los aficionados con un fútbol efectivo y ofensivo que parecía más holandés que alemán. Fueron cinco ligas en ocho años, pero el Gladbach caía una y otra vez cuando tocaba jugar la Copa de Europa. Encontraron su refugio en la UEFA donde vitorearon en 1975 y 1979. Con un entrenador que apostó descaradamente por la cantera, el luego famoso Hennes Weisweiler, el Gladbach fue una máquina de hacer fútbol coronada por los goles del capitán Jupp Heynckes. Tras endosar un 5-2 al Olympique de Lyon en dieciseisavos, luego tocó un meneo al Real Zaragoza (5-0 en Alemania y 2-4 a orillas del Ebro). Se ganó también en casa del FC Colonia en semifinales (1-3) antes de enfrentarse al Twente en la final. En la ida no se pasó del 0-0 a pesar de las innumerables ocasiones, sin embargo, en la vuelta, jugada en Holanda, el Gladbach masacró al Twente venciendo por 1-5 con tres de Heynckes y dos del futuro Balón de Oro Allan Simonsen. El que luego sería reputado entrenador fue el máximo goleador de la competición con 11 tantos y el habilidoso danés anotó diez dianas. Un equipo de leyenda que marcó a toda una generación. Once ideal: Kleff; Vogts, Wittkamp, Stielike, Sarau; Bonhof, Wimmer, Kulik; Simonsen, Heynckes y Jensen. Entrenador: Hennes Weisweiler.

Gladbach 1975

2 Juventus FC 1993 (10-1-1) 31 GF 6 GC 83’3%: Decíamos antes que la Juve gana en Italia lo que el AC Milan gana en Europa. No fue así a caballo entre los 80 y los 90, durante los años gloriosos del Calcio. Retirado Platini, la Juve sucumbe ante el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y hasta ante la Sampdoria de Mancini y Vialli. El caso es que la Juve no gana una liga en una década y es la Copa de la UEFA (1990 Y 1993) la que le permite conseguir oxígeno. El equipo de 1993 es descomunal. Fichan a Andy Möller, a Gianluca Vialli y a un meritorio llamado Fabrizio Ravanelli. Pero, fundamentalmente, tienen en sus filas a un desequilibrante Roberto Baggio quien se encuentra en el mejor momento de su carrera. El equipo sólo cede una derrota en Lisboa ante el Benfica en la ida de los cuartos de final. En la vuelta despacha el asunto por un claro 3-0. Roberto Baggio da un espectáculo en semifinales anotando los dos tantos en la victoria ante el PSG (2-1) en la ida y el tanto de la victoria en Paris (0-1). La final es a doble partido ante el Borussia Dortmund, duelo que se convertirá en clásico durante esa década. La Juve sentencia en la ida al vencer 1-3 en Alemania con otros dos tantos de Baggio y remata con un contundente 3-0 en la vuelta en Turín. Roberto Baggio firmó seis goles, Dino Baggio y Vialli sumaron cinco tantos cada uno y el alemán Andy Möller logró cuatro dianas. Once ideal: Peruzzi; Carrera, Kohler, Julio César, Torricelli; Conte, Dino Baggio, Andy Möller, Di Canio; Roberto Baggio y Vialli. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

Baggio. Balón de Oro 1993

1 Atlético Madrid 2012 (13-1-1) 36 GF 10 GC 86’6%: En diciembre el Atlético destituye a Gregorio Manzano y llama a un ex jugador que obedece al nombre de Diego Pablo Simeone. El resto es historia. En ese equipo ya despunta un canterano llamado Koke, un colombiano de apellido Perea, pero la bomba la encontramos en la delantera. El colombiano Radamel Falcao, tras meter 36 goles con el FC Porto el curso anterior, hará una temporada de 39 en el Atleti. En la fase de grupos el Atlético se deja un empate y una derrota, pero a partir de dieciseisavos solo suma triunfos. Pocos se acuerdan, pero aquel es un Atlético de Simeone ofensivo sostenido por un joven portero de 19 años que respondía al nombre de Courtois. En dieciseisavos se gana en Roma al Lazio por 1-3, en octavos 0-3 al Besiktas en Estambul, en cuartos 1-2 en Hannover y en semifinales 0-1 (y 4-2 en la ida) al Valencia CF. En la final toca duelo a cara de perro con el Athletic de Bielsa, que estaba haciendo un torneo casi tan perfecto como el de los madrileños. Sin embargo, no hubo color en la final. Fue un 3-0 con dos tantos de Falcao, quien volvió a ser el máximo goleador del torneo en este caso con 12 dianas. Adrián López firmó ocho goles. Once ideal: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Antonio López; Gabi, Mario Suárez, Tiago; Arda Turan, Falcao y Adrián. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 2012

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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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El miedo escénico (el origen de la leyenda de las remontadas blancas en el Bernabéu)

Cuando se cayó la portería del Bernabéu (una vergüenza europea que se convirtió en la Séptima)

El Pupas (a los 50 años de la final entre el Bayern y el Atlético)

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Cuando se cayó la portería del Bernabéu

Al Madrid sólo puedes darle por muerto cuando yace con el corazón atravesado por una estaca y cierras el ataúd con cien clavos de plata. Y ni así puedes darle por muerto. Eso es lo que todos pensamos. Pero no fue siempre así. Ahora semeja una nebulosa en el recuerdo, empero es notorio recordar que el Real Madrid estuvo treinta y dos largos años sin ganar la Copa de Europa. 32 años. Se dice pronto, mas es cansino en el pasar. Lo de la mística, el aura mágica, las remontadas y lo de que el Madrid siempre gana juegue bien o juegue mal no tiene tanto recorrido. Tras ganar la sexta en 1966 el Madrid se dio de bruces año tras año cuando disputaba la Copa de Europa. En esas tres décadas yermas el todopoderoso Real Madrid acumuló tan sólo siete decepcionantes semifinales y un doloroso subcampeonato. Cuando en el año 2000 la FIFA otorgó a los de Chamartín el título honorífico de mejor club del siglo XX mucho tuvo que ver la consecución de la Copa de Europa, la famosísima séptima, en 1998. Sin ese ansiado trofeo lo más probable es que no hubiese habido reconocimiento. Y sin ese título jamás se hubiese abierto la espita a la explosión obscena de trofeos que ha ganado el Real Madrid en los que llevamos de siglo XXI.

Así pues, cuando el Real Madrid avance a semifinales de la Copa de Europa de 1998 es de todo menos favorito. La camiseta blanca es venerada con respeto por su historia, pero ni infunde terror ni da superpoderes. Tras eliminar al Bayer Leverkusen, el Real Madrid tendrá que enfrentarse en semifinales al Borussia Dortmund. No es moco de pavo. Los germanos son los actuales campeones europeos y, en caso de lograr pasar, en la final tocará la Juventus de Turín, por entonces, y con diferencia, el mejor equipo del momento. Para añadir más dificultad al asunto, el factor campo estará en contra del Real Madrid ya que el partido de ida se jugará en el estadio Santiago Bernabéu.

Aquel 1 de abril de 1998 el Bernabéu vestía sus mejores galas para recibir al Dortmund. Lleno a reventar. Detrás de una portería, aquella a la izquierda en el tiro de cámara televisivo, los Ultra Sur. ¿Quiénes son los Ultra Sur? Se trata de unos fanáticos madridistas, con claras connotaciones fascistas, que progresaron con el beneplácito de la presidencia durante las dos últimas décadas del siglo pasado. Hoy la inmensa mayoría de estos grupos, comunes a todos los clubes, han ido perdiendo su beligerancia dado que se les han ido quitando diferentes prebendas como el pago de viajes o de entradas a la posibilidad de guardar sus enseres en los bajos del estadio. Entonces, en la primavera de 1998, los Ultra Sur eran una poderosa fuerza dentro de la familia madridista.

El caso es que mientras los últimos rezagados iban entrando al campo, los Ultra Sur ya llevaban cerca de una hora saltando y cantando detrás de una de las porterías del Bernabéu. Faltaban dos minutos para el inicio del choque, con los dos equipos formando en el círculo central preparados para escuchar el imponente himno de la Champions League, cuando la portería se vino abajo. Ambos postes cedieron por el peso y el zarandeo de un numeroso grupo de ultras que estaban subidos a la valla metálica que separaba el fondo del campo de las gradas. Por una extraña razón nunca explicada la valla soportaba el tensor de la red de portería.

Sí, han leído bien. Una de las porterías del Santiago Bernabéu se desplomó. No es ciencia ficción. Y sin dos porterías no hay partido.

Los veintidós jugadores y el trio arbitral formaban en fila en el círculo central cuando un ruido estruendoso hizo retumbar al Bernabéu. Lo primero que se vino a la cabeza fue un atentado terrorista, pero inmediatamente un giro de cabeza y unos ojos abiertos de incredulidad observan como una portería se había derrumbado ¡Menuda locura! ¿Cómo puede caerse una portería? Estaba a punto de iniciarse una película de hora y cuarto de duración que a punto estuvo de tirar el prestigio ganado durante años por el Real Madrid a la papelera de la historia.

El neerlandés Mario Van der Ende, colegiado del encuentro, caminó presto hasta el área damnificada. Se acercó a uno de los postes y vio que estaba completamente partido a una distancia próxima a los diez centímetros de la base. Todo el mundo había entrado en pánico. Utillero, jardinero, delegado…todos intentaban hablar con el colegiado para explicarle que no pasaba nada y que aquello tenía arreglo. Con rollos de cinta adhesiva se podía intentar pegar las dos partes. Van der Ende negaba con la cabeza. ¡Estaba roto! ¡Cómo se iba a arreglar! Tenía que acercarse a la banda y departir con un responsable de la UEFA para ver qué decisión tomar.

Mientras todo esto sucedía los jugadores se miraban perplejos a la vez que se preguntaban si tenían que volver o no al vestuario. Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid, no paraba de hablar por el móvil, presumiblemente buscando algún tipo de solución. Fernández Trigo, gerente blanco y quien hasta la llegada de Florentino Pérez fue durante décadas el hombre para todo del club, solicita a la UEFA tiempo para pensar e indica que lo mejor es que los jugadores se vayan para la caseta. Todos, españoles y alemanes, marchan a vestuarios, entre ellos Fernando Sanz, hijo del presidente y que aquella noche debutaba en partido de Copa de Europa, y quien confesaría, a posteriori, que estaba tan nervioso que ni se llegó a enterar de que se había caído la portería ni llegó a ser consciente del motivo de tener que volver a los vestuarios.

Van der Ende se tomó el asunto con humor y decidió en un aparte charlar con el madridista Manolo Sanchís y el teutón Stefan Reuter, capitanes de ambos equipos, para quitarle hierro a lo sucedido y pedirles un poco de paciencia. En esos momentos de pánico Van der Ende era el punto de información. Jugadores, directivos, periodistas…todos se acercaban a él para saber que iba a suceder. Van der Ende sonreía y pedía mesura. En unos minutos retirarían la portería rota y pondrían una nueva en su lugar. Le habían asegurado que la operación ya estaba en marcha.

Pero no. Nada estaba en marcha.

Fernández Trigo daba por hecho que alguna portería habría en el Bernabéu. Alguna de repuesto, alguna usada para algún entrenamiento.

Agustín Herrerín, delegado del Real Madrid, miró a Fernández Trigo con rictus serio.

No. No había nada.

Hubo que informar a la UEFA. Los mandamases europeos fruncían el ceño. ¡Era imposible! Por primera vez se habla de suspender el partido.

Mientras todo esto sucede en el vestuario del Real Madrid hay algo que preocupa tanto o más que saber si el partido finalmente se va a disputar. Por lo menos le preocupa a uno de sus jugadores. Clarence Seedorf cumplía ese día 22 años y había organizado una cena con compañeros y amigos en un restaurante al acabar el partido. Cada par de minutos Seedorf se acercaba a Van der Ende y le preguntaba si había alguna novedad. No la había. Y el pobre de Seedorf no sabía qué hacer. Hubo de llamar al restaurante donde, indudablemente, estaban al tanto de todo. Al final acabará habiendo cena…aunque a las tres de la mañana.

Pero esa es otra historia.

Entretanto en el seno del Borussia Dortmund se empieza a hablar de suspender el partido. Presentan una queja formal ante la UEFA y los jugadores deciden que si en cinco minutos no se arregla el problema se marchan y no juegan. Nevio Scala, entrenador del Dortmund, habla con su presidente y le dice algo así como que sus chicos ya no están enchufados y que si finalmente se juega el partido la derrota está asegurada. El Dortmund había viajado a Madrid con las bajas por lesión de Andy Möller y Jürgen Köhler, sus dos mejores hombres. Una retirada a tiempo era una victoria. Y el reglamento de la UEFA era muy claro. Si pasados 45 minutos el partido no se pone en marcha y uno de los dos equipos decide no jugarlo será derrota para el culpable por 0-3.

En román paladino. Si a las 21.45 no hay portería y el Dortmund decide marcharse del Bernabéu el Real Madrid será sancionado y perderá el partido por 0-3.

Bodo Illgner, portero alemán del Real Madrid, fue llamado al vestuario del Dortmund para ejercer de interprete. Van der Ende, en posición neutral, escuchaba atentamente y asentía con la cabeza. La posibilidad del 0-3 se tornaba una realidad.

Fue el presidente germano, Gerhard Niebaum, quien apagó el incendio. Bajó al vestuario junto a Lorenzo Sanz y no consintió que sus jugadores abandonasen el campo. Era algo que el reglamento permitía, pero no era cortés ni honrado. Lo de la portería no era una artimaña. Lo de la portería era una desgracia incontrolable. Niebaum consideraba que había que dejarle al Madrid la oportunidad de resolverlo. Así que no. No habría espantada ni 0-3. Tocaba esperar.

Al final la mística del Real Madrid siempre aparece cuando menos te lo esperas. El escudo infunde respeto. Aunque lleve 32 años sin levantar una Copa de Europa.

Mientras todos esto sucedía, Fernández Trigo puso en marcha una operación rescate. Dos empleados del club cogieron una moto mientras otros los seguían en un coche escoltados por un furgón de la Policía Nacional que les iba abriendo paso. Al frente del operativo el ex portero Miguel Ángel y Agustín Herrerín. El objetivo era llegar a la Ciudad Deportiva del Real Madrid y coger una de las porterías que allí había para luego trasladarla al Bernabéu.

El despropósito era tal que a nadie se le ocurrió como llevar la portería de marras al Bernabéu. La suerte estuvo en que por el camino vieron una camioneta que estaba descargando materiales en una tienda de telefonía. Allí fueron a solicitar ayuda a aquel camión marca Pegaso cuyo conductor imaginamos que, entre halagado y acojonado por la presencia de la policía, accedió a formar parte de la comitiva de rescate.

Aún habría que darle otra vuelta de tuerca al asunto. Hay camión y sabemos dónde hay portería. Pero cuando aquel grupo de intrépidos llega a la puerta de acceso de la Ciudad Deportiva…nadie tiene llaves….

Si. Nadie tiene llaves.

Tal cual una película de Berlanga.

Se piensa en llamar a los bomberos, pero no hay tiempo. Así que tocaba alunizaje. Marcha atrás al camión, acelerador a fondo y a golpear la puerta. Por suerte no hubo que tirarla abajo. Llegó con sacudir con fuerza la cerradura para que cediese el candado. Una vez dentro coger la portería fue relativamente sencillo, ya que contaba con ruedas. Luego hubo que quitarle la lona al camión, subir los cuatro hierros, y a toda pastilla hasta el Paseo de la Castellana.

Escoltados por los gendarmes, tardaron ocho minutos en completar un recorrido de siete kilómetros con un cuarto de portería fuera del camión. Se supone que quien más o quien menos estaba al tanto de todo gracias a la radio, pero la incredulidad de los conductores al ver saltarse semáforos en rojo y direcciones prohibidas a un camión con una portería (que ni siquiera llegaron a amarrar por culpa de las prisas) escoltada por la policía tuvo que ser harto interesante. En cada curva currada la portería amenazaba con quedarse dormitando en una acera de Madrid para desesperación de Herrerín y compañía.

Llegaron al Bernabéu entrando por la esquina donde antaño había un centro comercial porque era la única pueta por donde entraba la portería…o eso creían. El hueco era tan justo que hubo que poner en marcha a otros cuantos voluntarios más. Alguien escribiría después que las imágenes de la portería por el pasillo angosto del estadio recordaban a las de un torero, en brazos de su cuadrilla, dirigiéndose a la enfermería. Todo muy chusco. Un vodevil. Todo muy español. A las 21:45 horas, una hora después del horario previsto para el inicio del partido, la portería se manifestó sobre el césped.

¡Aleluya!

El Bernabéu la ovacionó como si de un galáctico se tratase.

No acabó ahí el asunto. Había que complicarlo aún más. Resulta que la portería de marras no tenía las medidas oficiales. Era un par de centímetros más baja de lo reglamentario. Los jugadores del Real Madrid asentían entre ellos. La habían reconocido. Entrenaban con ella todos los días y sabían que esa, justamente esa, era la portería de las medidas antirreglamentarias.

Afortunadamente para el Real Madrid Mario Van der Ende o bien no se dio cuenta o simplemente no quiso darse cuenta.

Tras un brevísimo estiramiento, a las 22:00 hora local, exactamente 75 minutos después del inicio previsto, el Real Madrid disputaba su novena semifinal de Copa de Europa en 32 años. Nevio Scala tenía razón. Sus jugadores estaban ausentes. Ante cualquier decisión arbitral, por clara que fuese, los jugadores del Dortmund saltaban en busca de Van der Ende fuera de sus casillas. Tras el partido llegarán a decir que avanzada la segunda parte a muchos les entraba el sueño. El caso es que el Madrid ganó claramente con un gol de Fernando Morientes y otro de Christian Karembeu, éste último el punterazo más famoso en la larga y frondosa historia merengue.

Tras ese partido la UEFA dictaminó que en todos los partidos de competición internacional sería obligatorio tener una portería de repuesto, obligatoriedad que aun hoy se mantiene en vigor. Cándido Gómez, el propietario y conductor del camión Pegaso que salvó la aciaga noche, recibió una gratificación de 470 euros de la época por parte del club. Días después fue llamado por Fernández Trigo a las oficinas madridistas donde le entregaron un chándal, un balón, una insignia y un joyero para su esposa. Gómez, socio del Real Madrid, quedó encantado por todo, aunque lamentaría que se le negaron las cuatro entradas que pidió para la final de Ámsterdam del 20 de mayo.

Y es que el Real Madrid salió vivo del Westfalenstadion (0-0) donde brillaron el advenedizo Fernando Sanz y la clase de Fernando Redondo. Se clasificó pues para la final de la Copa de Europa donde sorpresivamente derrotaron a la Juventus con un gol de Mijatovic que le dio la archifamosa séptima Copa de Europa al Real Madrid.

Buena parte de ello se lo deben a Gerhard Niebaum, aquel honrado presidente del Dortmund que impidió que su equipo hiciese una espantada en el Bernabéu.

El Real Madrid fue multado por la UEFA con un millón de euros y un partido de clausura del estadio en la primera ronda de la siguiente edición. A pesar de la victoria europea lo de la portería fue un dardo en la línea de la flotación blanca. Aquello fue el hazmerreír de todo el continente y Lorenzo Sanz jamás conseguirá recuperarse de ese bochorno. Sanz hubo de darle una vuelta al club para dejar de lado la estructura familiar de la entidad dando paso a una estructura profesional que después culminó Florentino Pérez con su llegada al poder. Fernández Trigo hubo de abandonar la casa blanca tras más de dos décadas y Florentino ganó las elecciones a la presidencia del verano del 2000 a pesar de que Lorenzo Sanz presumía en su gestión de la consecución de dos Copas de Europa (1998 y 2000).

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La vida alternativa de David Rivers

Verano de 1986. Antes de su tercer año universitario David Rivers encontró trabajo en Portapit Barbacue, una empresa de catering de Indiana. Una noche, después de acabar su turno, estaba sentado en el asiento del copiloto de una furgoneta conducida por un amigo y también jugador universitario de Notre Dame. Iban por la Ruta 30 cuando un coche en dirección contraria invadió su carril. Kenny Barlow, así se llamaba su compañero, giró bruscamente el volante hacia la derecha para impedir el impacto y el coche cayó rodando por un terraplén, dio varias vueltas de campana por el aire y acabó destrozado a treinta metros de la calzada. Rivers, quien no llevaba puesto el cinturón de seguridad, salió volando por el parabrisas y aterrizó a más de seis metros, en medio de un campo de maíz.

Tenía una herida de cuarenta centímetros en el estómago.

Se le salían las entrañas.

Barlow puso una camisa encima del estómago de su amigo para intentar controlar el flujo de sangre. Mientras Barlow apenas tenía un par de cortes en las piernas, RIvers era un moribundo con el torso ensangrentado. Lo llamativo es que hablaba y razonaba con normalidad y apenas tenía dolor. Cogió con las dos manos sus órganos y se dispuso a aguantarlos mientras se debatía entre la vida y la muerte.

Y fue mucho tiempo de espera.

Era un paraje desierto. No había teléfonos móviles y la circulación era escasa a esas horas de la madrugada. Barlow tardó quince minutos en encontrar ayuda y la ambulancia aún tardaría diez minutos más en llegar a la escena del accidente.

Trasladado al hospital, a David Rivers le dijeron que había sobrevivido por siete centímetros. Esa era la distancia que separaba al corte que tenía en el estómago de su corazón. Perdió un litro de sangre y, cuando tras la operación le preguntó al cirujano cuantos puntos le habían dado, éste ni se dignó en contestarle.

Pasó ocho días en el Hospital de Elkhart antes de empezar una durísima rehabilitación. Sus días de jugador de baloncesto parecían finiquitados, pero en una mezcla de determinación y cabezonería volvió con fuerza a Notre Dame promediando 15 puntos a su vuelta y 22 en su último curso.

Fue escogido en el puesto número 25 del draft de la NBA de 1988 por Los Ángeles Lakers. Pasaba de ser un moribundo a formar parte del mejor equipo de baloncesto del planeta.

Rivers en la Universidad

David Rivers era un jugador en peligro de extinción. En sus años de instituto fue elegido como uno de los mejores bases de Estados Unidos. Su futuro era prometedor. Era un base rapidísimo, con un excepcional manejo del balón y con un fantástico lanzamiento exterior. Pero era un jugador de apenas 183 centímetros y 77 kilos de peso. Eso no fue motivo para no destacar en la universidad. Su endiablada velocidad le seguía haciendo prácticamente infranqueable para cualquier defensor, pero aquel accidente de circulación pondría todo patas arriba. Rivers perdió rapidez, por lo que decidió suplirlo con fuerza y con una mayor eficacia en el lanzamiento. Aquello le valió para reinventarse y seguir progresando en la universidad. Sin embargo, fue su carta de defunción cuando dio el salto a la NBA.

Rivers botaba la pelota tan baja que no había manera de seguirlo cuando cambiaba de ritmo, pero la faltaba intensidad, instinto defensivo y la estatura necesaria para defender a bases rivales. Rivers había llegado a la NBA en un momento donde los jugadores de su estatura ya comenzaban a ser una excepción. Su gran valor radicaba en su increíble velocidad, pero al perder ese punch inicial su suerte estaba echada. David Rivers era un pequeño diablo que podía anotar cualquier tiro en suspensión…

…dependiendo quien lo defendiera.

En su primer año entre profesionales, en la temporada 1988/89, David Rivers fue base suplente de Magic Johnson. Normal, dado que el genio de los Lakers era el mejor jugador de la NBA en esos momentos. Rivers apenas jugó nueve minutos por partido. Los Lakers llegaron a la final de la NBA y se enfrentaron a los Detroit Pistons. Quiso el destino que Magic sufriese una lesión en el muslo en la disputa del segundo partido de la serie lo que limitó sus minutos en el tercer choque e imposibilitó su presencia en el cuarto duelo. David Rivers sería el base titular de los Lakers en ese cuarto partido. La cima para cualquier jugador. Titular en los Lakers en la final de la NBA. Era la oportunidad de su vida. Enfrente tendría a Isiah Thomas, el base de los Detroit Pistons. Si Johnson medía 206 centímetros, Thomas era un base de los de antes de apenas 185 centímetros. Los 183 de Rivers frente a los 185 de Thomas. El duelo era igualado. Pero sólo lo fue sobre el papel. Rivers apenas pudo anotar una canasta y los Lakers perdieron el partido para ser barridos por 0-4 ante los Pistons.

Aquel verano los Lakers decidieron prescindir de Rivers quien encontró acomodo en el otro equipo de la ciudad. Sus minutos en los Clippers, un equipo de menor entidad, fueron tan limitados como en los Lakers, por lo que en el verano de 1990 se encontró sin equipo con apenas 25 años de edad. Ficharía por un par de conjuntos de ligas semiprofesionales de Estados Unidos antes de disputar un puñado de encuentros más con los Clippers cubriendo un par de bajas por lesión. No había mucho más que rascar. Tocaba vestirse de civil y buscar trabajo.

Y entonces su agente le hizo una llamada.

Le ofrecía un contrato de una temporada en Francia. El sueldo no era nada del otro mundo, pero le permitía continuar jugando al baloncesto. Además, el Olympique Antibes, que era el club interesado, correría con los gastos de alojamiento y le ponía un coche a su disposición. Rivers se negó en primera instancia. Ir a Europa era dar carpetazo a su sueño de volver a la NBA. Él había jugado en los Lakers. Había sido el suplente de Magic Johnson ¡Por el amor de Dios! Su agente fue claro. Con sus limitaciones físicas nunca conseguiría ser un jugador triunfante en la NBA. En Europa tenía la oportunidad de ser alguien. De labrarse una carrera. Y por si los motivos baloncestísticos no fueran suficiente, su agente le habló de Antibes, de la Costa Azul, del sol perpetuo, de las botellas de vino y de las chicas francesas. Tocaba pues, subirse al avión, y empezar una vida alternativa.

Rivers en Europa

Todas las limitaciones de Rivers en la NBA quedaron ocultas en su desembarco europeo. El motivo estructural era la altura. Los 183 centímetros de Rivers aún no eran rara avis en el Viejo Continente. Aquel año el Limoges ganó la final de la Euroliga ante el Benetton Treviso. En los italianos el base titular era Chris Corchiani de 1’85 de altura. Al año siguiente ganaría la Euroliga el Joventut de Badalona con los hermanos Rafael y Tomás Jofresa de bases, ambos de 183 centímetros sobre el suelo. Y en la temporada posterior sería el turno del Real Madrid con José Miguel Antúnez (1’83) ante el Olympiakos de Milan Tomic (1’90). El motivo coyuntural era el tipo de baloncesto que se practicó en la década de los 90. Posesiones largas, juego interior y ultradefensivo. Un baloncesto lentísimo, donde Rivers iba a destacar por su rapidez. Y un baloncesto donde toda la suerte en ataque se destinaba a los hombres altos, por lo que cualquier jugador exterior con buena mano iba a destacar sobremanera.

Así pues, David Rivers promedia 22 puntos y cerca de 6 asistencias en el Antibes, números antológicos en un baloncesto donde los equipos rondan los 60 puntos al final del partido. El primer año queda subcampeón de Liga y al siguiente consigue el título francés, algo inimaginable para el pequeño equipo de la Costa Azul. Es entonces cuando le llueve un contrato millonario y es fichado por el Olympiakos.

El gigante griego quiere ganar su primera Euroliga y convertirse así en el primer conjunto heleno en conseguir la corona continental. Rivers se convierte en el faro sobre la cancha de Olympiakos y los guía en la consecución de Liga y Copa, pero fracasa en Europa al perder en cuartos de final ante el Real Madrid. Para más inri es el Panathinaikos, su odiado rival, quien logra el entorchado europeo. Para la temporada siguiente el Olympiakos dobla la apuesta con un quinteto formado por Rivers, Tomic, Sigalas, Fassoulas y Tarlac donde el norteamericano es la estrella y el jugador mejor pagado. Tras deshacerse del Olimpia Ljubliana en semifinales de la Final Four toca partido por el título ante el FC Barcelona dirigido por Aleksandar Djordjevic (188 centímetros).

El Olympiakos pasó por encima del Barça en esa final y Rivers hizo lo propio ante Djordjevic, el mejor base europeo de su generación. Rivers anotó 26 puntos, cogió seis rebotes y robó tres balones para liderar a su equipo a una victoria por quince tantos de diferencia (73-58) la más amplia en 35 años y lograr la Euroliga 1997. Rivers fue elegido MVP de la Final Four llevando a su antojo el ritmo del partido en el tramo final del choque ante la impotencia azulgrana.

David Rivers había alcanzado la gloria. No era la gloria que se imaginaba cuando jugaba en las calles de Nueva Jersey. Tampoco era la gloria que esperaba cuando era elegido uno de los mejores jugadores de instituto de Estados Unidos. Y por supuesto no era la gloria que estaba en su mente cuando compartía vestuario con Magic Johnson y el resto de leyendas vivas de Los Ángeles Lakers. Pero era la gloria al fin y al cabo lo que había encontrado. Mucho más que lo que el destino parecía haberle reservado cuando sus entrañas peleaban por no escurrirse entre sus ensangrentados dedos.

Endiosado, David Rivers aceptó una mareante oferta de la Fortitudo Bolonia que lo juntó contiguo a Dominique Wilkins, Gregor Fucka y Carlton Myers. El proyecto fracasó y Rivers se marchó a continuar con su carrera a Turquía antes de volver con 35 años a ser un jugador residual en su querido Olympiakos. Por entonces Ken Barlow, aquel amigo que hizo girar el volante camino del averno en una aciaga madrugada, ya había colgado las botas. También había sido elegido por los Lakers en el draft, aunque en su caso no pasó de un par de entrenamientos a inicios del verano. Barlow también ganó la Euroliga (en Milán) y tuvo una consistente y larga carrera deambulando por numerosos equipos italianos dejando su mejor recuerdo de rendimiento y fidelidad en el Maccabi israelita.

A diferencia de su amigo, David Rivers no manejaba la opción de volver a Estados Unidos. Había quedado enamorado del sol y del buen comer de la Costa Azul y allí es a donde se destinarían sus pasos. Regreso a Antibes, un paraíso de tranquilidad tan diferente a su Nueva Jersey natal. Entonces el Antibes Basket estaba en la segunda categoría del modesto baloncesto francés. Era lo de menos. Rivers jugó hasta los 39 años y aun le daría tiempo a coger ocho rebotes en un partido y firmar marca personal camino de la cuarentena con sus 183 centímetros de altura.

Elegido mejor jugador europeo de 1997, siendo el primer estadounidense en recibir dicha mención, Rivers se instaló en Europa para ejercer como entrenador en categorías inferiores en diferentes equipos. Mantiene también un campus veraniego donde hace especial hincapié a aquellos niños cuyas excelencias con el balón no sean acordes con los centímetros con los que fueron agasajados por la madre naturaleza.

“No tengo quejas. Todo fue a pedir de boca” David Rivers

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