FC Barcelona

El escándalo de los oriundos

A inicios de la década de 1970 el Real Madrid estaba tieso. Los tiempos de Di Stéfano, Puskás o Kopa habían pasado a mejor vida. Por su parte, el Atlético lucia flamante nuevo estadio y el Barça amortizaba su gigantesco Camp Nou. En el extranjero italianos, alemanes, holandeses e ingleses invertían cantidades prohibitivas en Madrid. Tocaba hacer algo y ese algo era Johan Cruyff.

Johan Cruyff está loco por la música. Con Pelé negociando su jubilación camino de Estados Unidos, el astro neerlandés es el mejor futbolista del momento. Un jugador perezoso, pero con diez toques diferentes en cada pie. Pero no sólo eso. Cruyff es el primus inter pares tanto dentro como fuera del rectángulo de juego. Es el primero negociando. La primera estrella internacional que tiene en cuenta su valor más allá del césped. Sabe lo que vale y va a exigir que se le pague lo que le corresponda. Tiene un contrato de larga duración en el Ajax, donde es el futbolista mejor pagado. Pero no es suficiente. Cruyff sabe que para ganar dinero tiene que irse a un país donde el fútbol sea eje de la economía. El Ajax gana tres Copas de Europa con un estadio con capacidad para 25.000 espectadores y unos 10.000 socios. En 1970 viaja con su esposa a Barcelona a pasar unas vacaciones. Alucina con el Camp Nou, sus 100.000 localidades y sus más de 70.000 socios.

El caso es que Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, querrá ir a por Cruyff. Lo hará en firme en Coruña. En un mes de agosto de 1973. En un Teresa Herrera que reúne en el Hotel Atlántico de A Coruña a la expedición del Ajax y a Raimundo Saporta, vicepresidente blanco. El precio es un millón de dólares de la época. Pero el precio sube y el Madrid tiene que parar. No hay más cera que la que arde. El Madrid necesita cash y no lo tiene.

Necesita vender el Santiago Bernabéu. No a la persona. Que se me entienda bien. Necesita vender el estadio. Indudablemente.

El FC Barcelona contaba con el Camp Nou desde 1957. No mucho más lejos estaba el antiguo estadio de Les Corts al que las malas hierbas iban poblando. Empero, tras diversos trámites, en 1966 se recalificó el terreno, se construyó una zona verde privada y se edificaron unas viviendas de altas calidades las cuales, en muchos casos, fueron compradas por jugadores y ex jugadores del Barça.

El Barça tenía pasta gansa.

Pero no tenía en que gastarla.

Recalificando Les Corts

Tras el fracaso de España en el Mundial de 1962 la Federación Española del Fútbol decretó el cierre de fronteras y la prohibición del fichaje de futbolistas extranjeros. Se decía que el bajo nivel de la selección nacional era por culpa de esos foráneos que impedían que despuntasen jóvenes promesas. Di Stéfano, Puskás y Santamaría (argentino, húngaro y uruguayo) habían acudido a Chile 62 y su desempeño fue lamentable (Di Stéfano ni jugó al lesionarse en la preparación). Cuando el Real Madrid gane la Copa de Europa de 1966 con un once totalmente nacional se hablará de éxito del sistema. Lo cierto es que no fue así. Eso fue un oasis en un desierto. El nivel de los clubes españoles decayó y España fracasó en el Mundial de 1966 y no consiguió clasificarse para la edición de 1970 ni para la de 1974.

Hay quien dijo que la medida era propia de una dictadura. No fue tal. España, caso de los planes industriales y los métodos turísticos de desarrollo, hizo lo mismo que Italia, igual de católica y apostólica, pero asentada en una democracia. Italia también había cerrado fronteras en el pasado y lo volvería a hacer en 1966 al caer ante Corea del Norte en el Mundial de Inglaterra. Entre 1966 y 1980 Italia cerro las puertas al de fuera. A la Nazionale no le fue tan mal como a España. Ganó la Eurocopa de 1968, jugó la final del Mundial de 1970 y por el camino el AC Milan también ganó una Copa de Europa.

Total, que a inicios de los 70 es vox populi que el veto a los extranjeros tiene fecha de caducidad. En los mentideros del fútbol español se habla de permitir que cada equipo cuente con dos futbolistas foráneos y los directivos van preparando el terreno y haciendo acopio de capitales para acometer transacciones de campanillas. El Real Madrid es uno de ellos. Y toca mover ficha.

Corría el año 1972. Un grupo inversor con una mezcla de capital español y estadounidense ofreció al Real Madrid 4.000 millones de las antiguas pesetas por los terrenos del estadio para construir un rascacielos de 70 pisos, oportunamente llamado La Torre Blanca. La mudanza estaba planeada para un paraje a las afueras de Madrid, a orillas de la Nacional I en dirección Burgos, para un estadio de 120.000 espectadores (la mitad sentados) y con una cubierta similar a la del Olímpico de Múnich. Sería un fastuoso coliseo y tendría como prima donna a Johan Cruyff. Sólo había que solventar un asunto. Los terrenos del Bernabéu eran zona verde y deportiva. Tocaba meter mano y recalificar adecuadamente ese suelo para convertirlo en suelo edificable.

Exactamente lo mismo que había pasado en los terrenos de Les Corts de Barcelona en 1966.

Se daba tan por hecho el asunto, que el proyecto se presentó con una gigantesca maqueta en una gran exposición ante la prensa sin tener el visto bueno oficial. Y fue entonces cuando Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, dejo para la posteridad una perla: “La recalificación del Bernabéu está tan prohibida como el asesinato”.

Coño. ¿El Madrid no era el equipo del Régimen?

Cuentan que Bernabéu llamó a Raimundo Saporta, su fiel segundo, cargaron la maqueta del nuevo estadio en una furgoneta y se fueron a El Pardo para ver a Francisco Franco. Según su costumbre, el Generalísimo estudió el asunto y escuchó las explicaciones sin dar opinión alguna y con el rictus impertérrito. No habría estadio. Santiago Bernabéu, con 78 años y de vuelta de todo, explotó ante la prensa: “De haber hoy guerra de nuevo volvería mi mosquetón contra éstos”.

Tenía que haber algo más.

Y había algo más.

El Bernabéu que nunca fue

Cabe recordar que líneas atrás comenté que a Cruyff le había impresionado el gigantismo del Camp Nou. Fue en 1970. Había viajado a Barcelona a pasar unas vacaciones junto a su esposa. Trabó pronta amistad con Armand Carabés, gerente azulgrana, cuya esposa era neerlandesa. Johan Cruyff llegó a posar en el Camp Nou con una camiseta del Barça y conoció a Charly Rexach, el niño bien del barcelonismo, que se encargó se enseñar a Johan los sitios de moda en la Ciudad Condal. El matrimonio Cruyff y el matrimonio Carabés se harían inseparables y éstos últimos ayudarían a Cruyff a comprar casa en Barcelona, en un principio como residencia de verano, pero con la posibilidad de hacerse en domicilio fijo en caso de que España abriese fronteras y el Barça decidiese ir a por Cruyff.

El Barça podría aportar sol, playa y dinero. En Madrid, a la espera de la operación de recalificación del Bernabéu, había cemento, un frio tremendo en invierno y un calor asfixiante en verano. Pero, deportivamente, el Madrid era un transatlántico y el Barça un sidecar. Los blancos eran hexacampeones europeos y sumaban 13 ligas en los últimos 20 años. En ese período de tiempo el Barça tan sólo presumía de dos títulos ligueros. En esos años, en la década de 1960, la diferencia entre Madrid y Barça era abismal. Son los últimos años del Franquismo y las críticas comienzan a ser permitidas. El fútbol es lugar propicio para entrar en política con el beneplácito del Régimen. Es entonces cuando desde la prensa, con la venia de las altas esferas, se va cimentado la idea de que los éxitos del Madrid y los fracasos del Barça se deben a una mano negra que desde la capital ayuda a los blancos económica, deportiva, arbitral y hasta judicialmente.

La mayoría de aquellas críticas no eran más que autocomplacencia. Pero algunas otras eran ciertas.

Y el de los oriundos fue un escándalo tremendo. Un escándalo que mostró la corrupción del fútbol español y que dio al Barça munición para culpar al Madrid y a sus tentáculos de todos sus males.

Años de polémicas

Volvamos atrás en el tiempo. A la temporada 1964-65. La primera con cierre de fronteras. Tocaba echarle ingenio al asunto. Dado que sólo iba a permitirse que jugaran españoles la respuesta encontrada fue simple; se buscarían españoles donde fuera.

No era cosa nueva ¡ojo! La normativa de fichajes extranjeros en el fútbol español es rica en decisiones inverosímiles. En 1956 se habían aceptado dos extranjeros por equipo teniendo que ser uno de ellos iberoamericano o filipino por aquello del Imperio y tal. Como ya se comentó líneas atrás España llegó a ir al Mundial de Chile con cuatro futbolistas que ya habían sido internacionales con otros países (Puskás, Santamaría, Di Stéfano y Eulogio Martínez). La FIFA dijo basta.

Y españoles fuera de España había a patadas. Huyendo de la Guerra Civil o del hambre en Hispanoamérica había españoles en cantidad. Sólo entre 1860 y 1960 se estima que 600.000 gallegos recalaron en Argentina. Buenos Aires pronto se ganó el apodo de quinta provincia gallega y, aún hoy, sigue siendo la tercera ciudad con más gallegos tras Vigo y A Coruña. No en vano el término gallego es el acuñado para referirse a cualquier español que hiciese las maletas.

Así pues, los clubes deciden poner sus ojos más allá del Atlántico. No se podría fichar a ningún jugador que fuese internacional, pero sí a aquellos que no hubiesen debutado con su selección…y que tuviesen ancestros españoles. Fuesen reales…o inventados. Hecha la ley, hecha la trampa. La falsificación era fácil. Consistía en argumentar que fulanito o menganito no tenían papeles dado que su padre había sido republicano y se los habían quitado o, quizás, porque su abuela o su abuelo eran analfabetos y no contaban con documento alguno. En Argentina o Uruguay el proceso era harto laborioso, pero con una buena suma económica se llegaba a buen puerto. En países como Perú o Paraguay era más simple. Consistía en abrir la cartera y una retahíla de futbolistas se postraban a tus pies. Había oriundos (como fueron llamados) que únicamente valían 1.000 dólares a los que había que sumar otros 1.000 para que el cónsul español diese su OK con firma y sello.

Lo que era un secreto a voces se tornó en certeza gracias a dos iluminados a los que nadie les dijo que se callasen la boca.

Aguirre Suárez era un expeditivo defensa argentino que había triunfado en Estudiantes. Firmó por el Granada FC en 1971 y pronto se convirtió en el carnicero por antonomasia. Destrozó la carrera de Amancio y, su fama será tal, que el día que Cruyff juegue su primer partido en España, precisamente ante el Granada FC, una comitiva de jugadores y directivos rivales bajarán al vestuario para pedirle a Aguirre Suárez que por favor no cosiese a patadas al Flaco. El caso es que aterrizado en España se le preguntó a Aguirre por sus ancestros navarros. Ni corto ni perezoso contestó que no eran navarros sino de Pamplona. Aquello aún se podía edulcorar, pero ese mismo año el Valencia CF firmó al también argentino Miguel Ángel Adorno. Éste lo tuvo claro cuando le preguntaron de donde eran sus abuelos. “Son de Celta, en la provincia de Vigo”.

Blanco y en botella.

Aguirre Suárez

La gran potencia futbolística del asunto era Paraguay donde era increíblemente fácil conseguir la documentación falsificada. La cantidad de hijos o nietos de emigrantes que se habían convertido en futbolistas de élite era asombrosa. Era tan fácil romper con las reglas en Paraguay que una gran cantidad de futbolistas paraguayos de ancestros españoles eran en realidad argentinos. Primero se convertían en paraguayos a los nacidos en Buenos Aires y luego se les buscaba una madre de Salamanca o un abuelo de Pontevedra. El negocio era perfecto porque todo el mundo hacia la vista gorda. En realidad, nadie quería el cierre de fronteras. Era todo tan grotesco que hasta había futbolistas que llegaron a compartir padre postizo. El afortunado era un tal Antonio Martínez Rubalcaba quien, según los papeles, era padre al mismo tiempo de Carlos Martínez Diarte, jugador de Real Zaragoza, Martínez Cabrera, goleador del Elche CF y también de Óscar Martínez del Real Valladolid.

Todo iba como la seda hasta que Adorno y Aguirre Suárez echaron la lengua a pacer. Mas antes, concretamente un par de años antes, el asunto tuvo su primera grieta. 1969. El FC Barcelona le echó el ojo a Severiano Irala, un delantero paraguayo apodado Taladro por su facilidad para perforar porterías rivales. El tema es que Irala había debutado con la selección paraguaya por lo que, según las reglas, no podría fichar por un club español. Ya se había hecho la vista gorda por dicho asunto con algún que otro jugador siempre y cuando los encuentros hubiesen sido amistosos. Ese era el caso de Irala, pero esta vez no pasó el corte. Lo primero que dijo al llegar a España es que era internacional e inmediatamente la Federación Española de Fútbol vetó su fichaje.

En Barcelona el asunto se tomó muy mal. Y con razón. Irala volvió a Paraguay junto a su representante que no era otro que Eulogio Martínez, extremo paraguayo del Barça de finales de los 50 que había sido internacional con Paraguay y con España. El caso es que, de vuelta en Asunción, Irala, por indicación de Martínez, dio una rueda de prensa donde argumentó que nunca llegara a debutar con la selección porque una vez convocado había caído lesionado. Puede parecer escusa peregrina, pero entonces no había el nivel de información ni de datos de la actualidad y muchos partidos internacionales pasaban desapercibidos en buena parte del planeta. Irala vuelve a España dispuesto a jugar con el Barça, pero un periódico argentino publica en primera plana que aquello es mentira con foto de Irala como seleccionado paraguayo en un partido en el que incluso anotaría un tanto.

Días después de todo este guirigay el Real Madrid y el Barcelona juegan en Chamartín. Empatan 3-3. Bustillo, delantero azulgrana de 23 años, marca dos goles. En una jugada desborda al madridista De Felipe y éste le caza. La entrada es salvaje y Bustillo acaba con rotura del ligamento cruzado. Ortiz de Mendibil, colegiado del choque, no le saca ni tarjeta amarilla. Después el Madrid empata gracias a dos tantos de Sebastián Fleitas, un paraguayo hijo de españoles. Es decir, un oriundo.

La gota que colmó el vaso. Y el recipiente se desbordó.

En Barcelona hay una revolución. Es año de elecciones. Gana Agustí Montal. Un regionalista. Un nacionalista. Como ustedes gusten. Fuese lo que fuese es el primer presidente que no comulga con el Régimen. Acuñará el lema mès que un club y poblará el Camp Nou de senyeras desafiando pacíficamente lo permitido. La nueva directiva es clara. La de Bustillo fue la última.

Y la última tiene lugar en 1971. El FC Barcelona ficha a Bernardo Cos y a Juan Carlos Heredia. Ambos eran argentinos, pero ambos tenían pasaporte falso procedente de Paraguay. Los papeles eran exactamente los mismos, pero mientras la FEF aceptaba a Cos como oriundo rechazaba la inscripción de Heredia. La documentación, que se filtró rápidamente a la prensa, era idéntica; los mismos sellos, la misma firma. No se entiende nada. Luego se sabrá que la mordida que Exteriores había cobrado por Heredia no se ajustaba a lo solicitado.

Total, que Montal y Carabén montaron en cólera. Se propusieron investigar la situación y solicitaron a un grupo de abogados la elaboración de un informe. Entre los abogados se encontraba un tal Miguel Roca Junyent, quien pocos años después sería uno de los padres de la Constitución. Roca viaja a América Latina con la obligación de certificar con documentos y por escrito que aquellos oriundos de españoles tenían más bien nada. A la causa contribuyen con un par de detectives privados tanto el Athletic como la Real Sociedad, los dos únicos clubes de la Liga que no contaban con extranjero alguno. El llamado Informe Roca se las trae. El escándalo es tan mayúsculo que entre los mentirosos cuentan Óscar Valdez (Valencia CF) y Roberto Martínez (Real Madrid), quienes son internacionales con la selección española. Ambos, por supuesto, no tenían ningún ancestro nacido en la piel de toro. La lista es interminable. Roca comprobó que de los sesenta jugadores oriundos admitidos en el fútbol español cuarenta y seis habían falsificado la documentación. Adorno, Valdez, Anzarda, Touriño, Roberto Martínez, Vilanova, Acosta, Viberti, Ovejero…

El problema era de aúpa. Tan de aúpa que la FIFA podría invalidar los partidos internacionales jugados por la selección española. Y tan de aúpa, que, de cumplir con lo marcado por la ley, habría que declarar tal cantidad de alineaciones indebidas que habría que dar por anulados e inválidos al menos los cinco campeonatos de Liga anteriores (ninguno ganado por el FC Barcelona). Roca sabía lo que se traía entre manos y recomendó al Barça negociar. De hacerse público el informe las consecuencias serían irreparables. Así que Agustí Montal decidió sentarse a parlamentar.

Pero antes hizo una llamada telefónica a Ámsterdam.

Miguel Roca (centro)

Agustí Montal, a través de Carabés, contactó con Johan Cruyff. Quería su visto bueno. No sabemos si entonces había servilleta con un sí, pero El Flaco dio su palabra. Montal tenía atado al mejor jugador del momento. Y una vez atado, tocó negociar con la Federación Española de Fútbol y con su presidente Pablo Porta.

El informe se puso sobre la mesa. En la Federación se llevaron las manos a la cabeza. Hubo miedo. Mucho miedo. Se arregló de manera diplomática. Roberto Martínez y Valdez fueron abandonados discretamente de las convocatorias de España mientras la FIFA hacía la vista gorda. A los oriundos que llevaban dos años en España se les dio la nacionalidad española por decreto. El resto serían considerados extranjeros y cada club sólo podría contar con un par de ellos. Y lo más relevante para el Barça. A cambio de callar la boca, el Barça consiguió que a partir de la temporada 1973/74 se levantase el veto y se permitiese la presencia de jugadores foráneos en la Liga.

Fue así, una vez que se anunció que el veto se levantaba, que Santiago Bernabéu fue en busca de la estrella que devolviese el brillo al Real Madrid. Pinchó en hueso. El Barça jugaba con las cartas marcadas. Tuvieron los azulgranas, eso sí, que pagarle tres millones de dólares al Ajax (récord de la época) para que Cruyff fuese hombre libre. El Ajax tenía un acuerdo con el Madrid por un tercio de ese dinero, pero estaba dispuesto a aceptarlo para llevarle la contraria a Cruyff. Johan llegó a negarse a entrenar y se declaró en rebeldía (algo nunca visto hasta entonces). Cruyff llegaría a España en octubre de 1973, con la Liga más que empezada. El Barça marchaba octavo, pero con Cruyff inició una racha de partidos ganados (incluyendo un 0-5 en el Bernabéu) que le llevó a ganar la Liga catorce años después. Al año siguiente llegaría a semifinales de la Copa de Europa, en lo que sería el tope de un Cruyff que fue incapaz de repetir en Barcelona los éxitos de Ámsterdam. Daba igual. Johan devolvió el orgullo a Cataluña. Como dijo el New York Times: “Johan Cruyff hizo más por el nacionalismo catalán que años y años de política clandestina”.

¿Y qué pasó con aquellos funcionarios y altos funcionarios que firmaban y ponían sellos a papeles falsos? Todos los involucrados, desde los futbolistas a los representantes tramposos pasando por los directivos de clubes sin escrúpulos o los codiciosos funcionarios de Exteriores, fueron absueltos de todas sus penas por la Ley de Amnistía de 1977 aprobada con la llegada de la democracia a España.

C’est la vie.

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Cuando Messi fue a los Juegos Olímpicos

El Real Madrid había ganado la Liga con holgura. Fueron 18 puntos de ventaja sobre un Barça que acabaría tercero. En Europa las cosas no le fueron bien a ninguno de los dos. El caso es que los azulgranas llevaban dos años sin hincarle el diente a trofeo alguno. Ese año el Madrid les había metido un 4-1 en el Bernabéu y luego, tras un empate sin goles en el Camp Nou ante el Getafe FC y una derrota ante el Madrid también en casa, hubo un levantamiento de los socios que proclamaron una moción de censura ante Joan Laporta.

Hubo más noes que síes ante Laporta, pero para descabalgar al presidente del caballo había que lograr 2/3 de los votos. No fue así. El 61% de los socios votó a favor de la moción de censura, números importantes pero insuficientes. Laporta recibió una bombona de oxígeno y decidió apelar a los sentimientos. Tenía cerrada la contratación de José Mourinho, antiguo ayudante azulgrana y por entonces sin equipo tras su exitoso paso por Porto y Chelsea. Cambió de idea como quien cambia de chaqueta. Tenía a buena parte de la masa social encima y decidió hacer de tribunero.

José Mourinho acabaría marchándose a vivir a Milán y Joan Laporta decidió ascender del filial a Pep Guardiola y convertirlo en entrenador del FC Barcelona. No creía en él, sin embargo, decidió seguir el consejo de Johan Cruyff, quien fue el que le convenció de dar el arriesgado paso. Laporta, fiel cruyffista (para Joan ni Guardiola ni Messi estarán nunca a la altura de Cruyff), decidió apostar por alguien que le haría ganarse al público…siempre y cuando hubiera resultados.

Guardiola entró en el vestuario con la guadaña preparada. No necesitó más que un par de días para darse cuenta de que la piedra angular para su proyecto era Lionel Messi. Exigió la marcha de Ronaldinho, Deco y Eto’o, los tres bicharracos que le habían dado la segunda Copa de Europa al Barça apenas dos temporadas antes. Laporta, atado de pies y manos, hubo de claudicar. Los dos primeros se marcharon por la puerta de atrás y Eto’o conseguiría hacer cambiar de opinión a Guardiola a base de sudor en los entrenamientos.

Entonces surgió un problema. Leo Messi fue convocado por la selección argentina para disputar el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Pekín. Verano del 2008. Messi está loco por la música. Tiene veinte primaveras y sabe que es la única y la última ocasión de su vida para ir a unos Juegos. El Barça no tenía intención alguna de cederlo dado que se trataba de una competición del COI (Comité Olímpico Internacional) al margen de la FIFA. En estos casos los clubes ceden a jugadores sub-21 que o bien son promesas o bien no son trascendentales para el primer equipo. Ese no era el caso de Messi. Aquel verano le habían dado las llaves del castillo y su obligación era defender el escudo azulgrana contra viento y marea.

Messi se enfurruñó. Se empeñó en ir a Pekín. Estaba insoportable y no le dirigía la palabra a Guardiola. El asunto acabaría en los tribunales deportivos (TAS) con el silencio cómplice de la prensa barcelonesa. El TAS fue claro en su veredicto y le dio la razón al FC Barcelona, poseedor de los derechos sobre el jugador.

Aquello se enquistó de tal manera que Guardiola decidió reunirse con Laporta. Mejor un Messi feliz durante nueve meses que uno infeliz durante once mensualidades. Sería la primera vez de muchas en las que los deseos de Messi se excedan sobre lo deseado por el club.

Valdría la pena.

Messi viajó a China con la selección argentina. Eso sí, lo haría con un acompañante a tiempo completo del staff técnico del FC Barcelona. Se trataba de Pepe Costa cuya misión, primordialmente, fue la de vigilar la alimentación de Messi. Por entonces, Leo abusaba de las pizzas y de los asados, lo que le provocaba frecuentes problemas musculares. Si algo buscaba Guardiola era que Messi ascendiese tan a lo alto como Ronaldinho pero que no sufriese se brusca caída. Uno de sus primeros objetivos es que Messi pasase a controlar sus comidas. Leo recibió el OK apenas una semana antes del inicio de los Juegos. Voló a Barcelona desde Italia, donde el club había jugado un amistoso, para obtener el visado y puso rumbo a China previó acuerdo entre Argentina y el FC Barcelona de un seguro millonario que cubriese una posible lesión del astro sudamericano durante el torneo.

El oro de Lionel Messi

Argentina, vigente campeona olímpica, presentó un equipo extraordinario. Además de Messi estaban Lavezzi, Gago, Agüero, Di María y los mayores de 23 años Riquelme y Mascherano. Entrenaba Marcelo Bielsa. Messi anotó ante Costa Rica en el partido inaugural, para luego ganar a Costa de Marfil, Australia y Serbia. En cuartos eliminaron a Holanda y en semifinales tocó duelo ante Brasil. Ganaron los argentinos por 3-0 con dos de Agüero y un gol de Riquelme.

La final fue ante Nigeria. En 1996 los africanos habían tumbado sorprendentemente a Argentina en la que hasta la fecha es el gran triunfo del fútbol africano. En 2008 la victoria fue para los sudamericanos por 1-0 con tanto de Ángel Di María a pase de Leo Messi. Con el oro bajo el cuello, Messi fue a ver un partido de la selección estadounidense de baloncesto, le pidió un autógrafo a Kobe Bryant y cogió un vuelo a Barcelona con una sonrisa de oreja a oreja.

En Barcelona lo esperaban con los brazos abiertos. El Barça de Guardiola había perdido el primer partido de Liga ante el Numancia. Tardaría mes y medio en encaramarse a puestos de Liga de Campeones y no será hasta la novena jornada cuando alcance el primer puesto. A partir de entonces el éxtasis. El Barça ganó del tirón Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa española y europea y Mundial de Clubes. A esa hazaña se le dio en llamar el Sextete. Y la gesta tuvo a Lionel Messi como estrella. Se perdió el inicio de la competición y no obstante le bastaría para anotar 38 goles y dar 17 asistencias en 51 partidos de azulgrana entre Liga, Copa y Copa de Europa.

Al finalizar la temporada 2008/09 ganará el Balón de Oro con el mayor margen logrado frente al segundo clasificado.

Acabará sumando ocho.

Ya lo había dicho Guardiola; mejor nueve meses de un Messi feliz que once meses de un Messi enfadado.

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¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Camino del título de la Copa de Europa de 1970 los neerlandeses del Feyenoord ganaron 2-12 en Reykjavik al KR. Sigue siendo la mayor goleada en el torneo de los torneos. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Han sido muchos los partidos que han se han quedado fuera del tintero. El que más me ha costado dejar fuera es el PSG 5-0 Internazionale de la final de la Copa de Europa de 2025. Y lo he dejado fuera por ese motivo. Es 2025. Aún no sabemos si es el inicio de una era. Es muy probable que si rehiciese esta lista dentro de un lustro o de una década dicho encuentro se colase entre los diez primeros. Seguro. Hablamos de la mayor goleada en la historia de las finales de la Copa de Europa. Palabras mayores. Un ejercicio de superioridad y de perfección ejecutado por Luis Enrique (único técnico en firmar triplete con dos equipos diferentes). Unos mecanismos en la salida de balón, en la permuta de posiciones y en la fluidez del juego insuperables. Una obra maestra desde el primer minuto hasta el último, tanto en juego de posesión como en contraataque, liderados por Achraf (un lateral como alma de delantero), Vitinha (un libro abierto en el centro del campo) y Dembelé (quién lideraba la presión aún con el PSG venciendo por 4-0). Sólo el paso del tiempo nos dirá si lo del PSG fue algo circunstancial o el inicio de un gigante. Si de gigante hablamos, sin lugar a dudas éste 5-0 pasará a formar parte de las más grandes palizas de todos los tiempos.

Oh lá lá!

También me ha costado dejar fuera de la clasificación los partidos que han llevado el sello FC Barcelona. Por lo escandaloso e histórico del resultado he incluido en la lista el 6-1 del Barça al PSG, mas, lo cierto, es que aquel revolcón no fue el inicio de ningún título. Sin embargo, el Barça de Cruyff sí que logró títulos, entre ellos la ansiada Copa de Europa. Quizás el partido más perfecto de aquella generación fue la vuelta de dieciseisavos de final de la edición 1993/94. Tocaba remontar un 3-1 de la ida frente al Dinamo de Kiev y se hizo al vencer por 4-1. Eso fue lo de menos. El Barça disparó cada tres minutos, hubo tres lanzamientos a los postes y un gol anulado. Fue el rondo perfecto. La sinfonía del 3-4-3 diseñado por Johan Cruyff.

El Barça de Guardiola sumó más títulos, tuvo más regularidad y también más victorias avasalladoras que el de Cruyff. En buena parte gracias a Leo Messi. En 2012 La Pulga masacró al Bayer Leverkusen en octavos de final con cinco tantos para un 7-1 definitivo. Antes, en 2010, una exhibición coral del Barça formando con Messi como falso nueve, Iniesta haciendo croquetas y con un 4-6-0 en el que todos los mediocampistas pisaban el área contraria, los azulgranas humillaron al Arsenal (que no tiró a puerta en todo el partido -el gol fue de Busquets en propia puerta-) con un 3-1 en el que Leo finalizó la exhibición con una caricia al balón por encima de Almunia. Esférico que, aún hoy, sigue flotando en algún lugar del Camp Nou. Pero la exhibición por antonomasia de aquel equipo fue el 3-1 al Manchester United en la final de la Copa de Europa de 2011. No fue el resultado, fue la sensación de impotencia de todo un United sabedores de una clamorosa inferioridad. Alex Ferguson y Wayne Rooney, entrenador y estrella del glorioso conjunto inglés, acabaron pidiendo al Barça que aflojaran el ritmo a falta de varios minutos para el final.

El Barça también forma parte de otro partido que se ha quedado en el tintero. En este caso es una derrota (4-0), la sufrida en Anfield Road ante el Liverpool FC en semifinales de 2019. Sin Firmino y sin Salah todo parecía favorecer al Barça y lo cierto es que los catalanes controlaron la primera parte, pero en los siguientes 45 minutos un huracán arrolló al Barça con dos goles en 122 segundos y un estadio empujando a base de cánticos. Su eterno rival tampoco se libra de la desgracia. Y otra vez otra tarde de rock and roll de Jürgen Klopp tuvo la culpa. El Dortmund masacró al Real Madrid (4-0) en semifinales de Copa de Europa de 2013 con un póker de goles de Robert Lewandowski y una lección táctica de un entonces semidesconocido Klopp que tumbó al precavido de Mourinho. Paliza también recibió el Bayern ante el Ajax (5-2) en las semifinales de 1995. Seedorf, Kanu, Litmanen u Overmars se convirtieron en dignos sucesores del gran Ajax de los 70 incorporando al clásico fútbol neerlandés de posesión una presión a todo campo implantada por Van Gaal. Como un pistón engrasado, los diez jugadores de campo atacaban y defendían con los mismos acordes y dieron el pase a una final que el Ajax convertiría en título frente al gran AC Milan.

Para finalizar un par de 3-0 en competiciones de segundo rango. En 1986 el Dinamo de Kiev goleó al Atlético en la final de la Recopa. Aquel partido le valió a Igor Belanov el Balón de Oro. Por su parte, en 1998 el Internazionale venció a la Lazio en la final de la Copa de la UEFA. Ese día el Inter hizo uno de los mayores ejemplos jamás vistos en la historia del contraataque. Una exhibición de pases en largo, salidas en carrera y recepciones al primer toque coronados por el no-regate de rodillas de Ronaldo Nazario ante la salida de Luca Marchegiani.

Todo ellos quedaron fuera de la lista. Todos ellos grandes partidos. Sólo hay sitio para diez. Todos encuentros legendarios que abarcan un arco temporal de seis décadas y en el que hay sitio para las grandes escuadras de todos los tiempos:

10. Benfica 2-5 Santos (Copa Intercontinental 1962): Pelé vs Eusebio. Con Di Stéfano en la cuesta abajo de su carrera, tocaba elegir al nuevo ungido por los dioses. En la ida el Santos gana por 3-2 con doblete de O Rei. La vuelta es en Lisboa. El Benfica es doble campeón europeo. Ha derrotado a Barça y a Madrid. Los portugueses son favoritos, pero no hubo atisbo alguno de gesta. Los primeros veinte minutos fueron un baño brasileño. Pelé hizo lo que le dio la real gana y anotó dos tantos para firmar un 0-2 al descanso. Tras la reanudación, Pelé danza por el campo como una bailarina del Bolshoi y deja el esférico manso para que Coutinho marque el tercero. Quedaba el cuarto. Pelé regatea a un rival y le hace un caño a Coluna, quizás el mejor mediocentro del mundo en esos momentos, para firmar con tranquilidad el 0-4. Era el minuto 64 y los más de 100.000 presentes en el estadio Da Luz no dudaron en ponerse en pie y aplaudir al rey de reyes. Luego habría tiempo para que Eusebio sacase sus garras y maquillase el marcador y para que Pelé le regalase el quinto a Pepe tras sortear a varios portugueses. Era octubre de 1962. Tres meses atrás Brasil había ganado el Mundial a pesar de la ausencia de Pelé lesionado en el primer partido. Se dudaba de su reinado. Ya no. Aquella exhibición en Portugal quedaría para los anales de la historia del fútbol.

O Rei

9. Borussia Mönchengladbach 7-1 Internazionale (octavos Copa de Europa 1972): No busquen el partido en Youtube. Legalmente no existió. El partido iba 2-1 a favor de los teutones cuando corría el minuto 29. En ese momento una lata de Coca-Cola lanzada desde la grada impactó en Roberto Boninsegna. Conmocionado, el delantero italiano tuvo que ser substituido mientras el partido se paraba unos minutos ante las continuas protestas de la delegación del Inter. Tras la reanudación sólo hubo un equipo en el campo. Y ese fue el Gladbach. Con un juego colectivo primoroso, donde la presión alta y el fútbol al primer toque cautivaba al espectador, el Gladbach apabulló al Inter. Con Netzer como director de orquesta y Heynckes como finalizador, los germanos firmaron un 5-1 al descanso. En el intermedio Invernizzi, técnico transalpino, cambió de portero enfadado por la actuación del guardameta titular. Fueron fuegos de artificio. Cayeron un par de tantos más y el Gladbach ganó por 7-1. Fueron cuatro Ligas, dos UEFAS y un subcampeonato de Copa de Europa para el Gladbach en una década. Solapados por los éxitos del Bayern, el Gladbach quedó en segundo plano, pero su fútbol fantasioso sólo fue igualado esos años por el Saint Ettiène y superado por el Ajax. Para el Inter fue el acta de defunción tras años gloriosos de catenaccio. Lo curioso es que el Inter pasaría la eliminatoria, dado que la UEFA mandó repetir el partido. En Italia había ganado el Inter 4-2 y en el partido jugado de segundas (en Berlín, dado que se mandó clausurar el estadio del Gladbach) hubo empate sin goles a pesar de la más de docena de claras ocasiones de los germanos. El catenaccio, esta vez sí, había dado su última alegría.

El trueno de Netzer

8. FC Barcelona 6-1 PSG (octavos Copa de Europa 2017): En el gran Barça de Guardiola abundan los partidos de dominio absoluto. Iniesta, Xavi y Messi. Esa era la trilogía. Luego vino una reformulación de la mano de Luis Enrique. Menos vals y más rock and roll. Neymar, Luis Suárez y Messi. Y el caso es que fue en 2017, ya en la cuesta abajo de la sinfonía azulgrana y en un año que acabaría con una humillante derrota ante la Juventus, cuando tuvo lugar el gran partido del Barça que, visto con el paso del tiempo, también sería el último gran partido que cerraba un círculo iniciado en 2009. En la ida, el PSG había masacrado al Barça por 4-0. Ese día se consideró la jubilación de Sergio Busquets. No fue así. En absoluto. El partido de vuelta lo tuvo todo. Fue acaso un torrente azulgrana desde los primeros instantes y el 2-0 de la primera parte se tornaba muy corto. Un penalti ponía el 3-0 en el marcador, pero entonces Unai Emery, técnico del PSG, decidió abandonar su planteamiento ultradefensivo y los franceses recortaban distancias. El Barça se fue con todo arriba y tuvo decenas de aproximaciones, pero fue el PSG el que pudo incluso anotar un tanto más. Nadie hizo gol y con 3-1 en el minuto 88 era más que suficiente. El Barça necesitaba tres tantos. Un lanzamiento de falta de Neymar ponía entonces el 4-1 y dos minutos después el propio Neymar, tras penalti muy discutido a Luis Suárez, ponía el 5-1 que seguía siendo inválido. Con cinco minutos de añadido, Sergi Roberto anotaba el tanto del milagro. Fueron tres goles en siete minutos. Según los sismógrafos, el gol de Sergi Roberto provocó un terremoto de escala 1 a 500 metros del Camp Nou. La remontada tuvo un héroe inesperado (Sergi Roberto), una imagen para la historia (Messi puño en alto encaramado en una valla rodeado de aficionados) y un ídolo no valorado (Neymar). Ney fue el amo de la remontada, pero, eclipsado nuevamente por Messi, comprendió que para gobernar tenía que marcharse de Barcelona. Lo hizo, precisamente, al PSG. Allí fue dueño y señor durante un año, justo antes de dedicarse a todo menos a jugar al fútbol.

Éxtasis azulgrana

7 Juventus 0-3 Real Madrid (cuartos Copa de Europa 2018): La trilogía fascinante de Zidane como técnico blanco cuenta con varios partidos para el recuerdo. Ya con Ancelotti en el banquillo el Madrid le había dado una voltereta al FC Bayern (0-4), pero sería la Juve la que más tendría que lamentar sus enfrentamientos contra el ogro blanco. En 2017 un Modric imperial dirigió una sinfonía de buen juego que le daría al Madrid la segunda Copa de Europa consecutiva al pasar por encima de los italianos (4-1). Pero se veía venir. El Madrid era entonces imbatible. No era así en 2018. Los blancos deambulaban en la Liga y eran acusados de viejos. La Juve tenía ganas de revancha. Tres minutos duraron los ánimos de vendetta. Fue el tiempo que necesitó Marcelo para correr la banda, dejársela a Isco y que el malagueño con su desmarque habilitase a Cristiano Ronaldo y éste firmase con un latigazo el 0-1. Kroos la mandó al larguero y luego la Juve se revolvió herida para que Ramos ejerciese de mariscal y Keylor volase cual gato. Tras el descanso llegó el prodigio. Cristiano robó la pelota y la pasó atrás para Lucas Vázquez. El remate del gallego lo paró Buffon, pero el balón acabó en Carvajal que centró al área. Allí andaba Cristiano, otra vez, para elevarse al cielo de Turín y rematar de chilena lejos del alcance de Gianluigi Buffon. Zidane se llevaría las manos a la cabeza para luego afirmar que sentía celos de CR7. Los 45.000 presentes se levantaron de sus asientos y aplaudieron al mito. Buffon afirmaba con la cabeza y levantaba el dedo en honor al portugués. El partido fue ya un asunto secundario, aunque el Madrid lo cerraría con un 0-3. En la vuelta, por cierto, la Juve demostró su categoría al remontar el 0-3, aunque un tanto de penalti de Cristiano en el 97 daba el pase al Madrid camino de la tercera Copa de Europa seguida. Ya se sabe que para los blancos sin polémica y sin sufrimiento no existe la gloria.

Maravilla de Cristiano

6 AC Milan 4-0 FC Barcelona (final Copa de Europa 1994): El Barça iba sobrado. Cuatro días antes había ganado la Liga tras el fallo de un penalti del deportivista Djukic en el último minuto del último partido de la temporada. Eran cuatro ligas consecutivas y tres de ellas ganadas en el instante definitivo. El equipo era excelso, jugaba como los ángeles y había añadido a Romario, el mejor delantero del planeta. En el AC Milan ya no estaban Gullit ni Van Basten, pero Fabio Capello había convertido al equipo rocoso y creativo de Sacchi en uno únicamente rocoso, eso sí, mucho más efectivo. El Barça comenzó el partido manejando la posesión fiel a su estilo, pero el Milan adelantó líneas y realizó una presión asfixiante comandada por la exuberancia física de Desailly y las órdenes desde la zaga de Paolo Maldini. Daniele Massaro se aprovechó de la presión ejercida por sus compañeros para anotar dos tantos antes del descanso. Luego Cruyff cambió el 4-3-3 por un 3-4-3 y el Milan vio como el Mar Rojo se abría bajo sus pies. Un contraataque finalizado por Savicevic ponía el 3-0 y otro era rematado por Desailly quien rubricaba el 4-0. Faltaba media hora para el final del choque. No hubo más partido. El Milan ganaba su tercera Copa de Europa en seis años y aun ganaría un par de ellas más en la siguiente década. Para el Barça fue el final de una era. Zubizarreta, Julio Salinas, Goikoetxea, Laudrup y Romario dejaron el club. Un año después lo haría Johan Cruyff, enfrentado a la directiva presidida por José Luís Núñez. El Barça volvería a ganar, pero tardaría más de una década en recuperar lo que se dio en llamar el ADN Barça, destrozado aquella noche veraniega en el Olímpico de Atenas por el catenaccio italiano.

El fin del Dream Team

5 SL Benfica 1-5 Manchester United (cuartos Copa de Europa 1966): Dos años antes el Sporting de Lisboa le había metido un 5-0 al imberbe United en la Recopa. ¿Qué podrían hacer entonces ante el gran Benfica? Germano, Coluna y el gran Eusebio. Actuales subcampeonas europeos y la base del gran equipo portugués que deslumbrara en el Mundial de meses atrás. Matt Busby, técnico inglés, ordenó a sus muchachos esperar atrás en la primera mitad y aguantar el resultado, para en la segunda parte desplegar un fútbol más ofensivo. Bobby Charlton confesaría, más tarde, que nunca había escuchado a Busby decirles algo así antes de un encuentro. Bobby Charlton, fiel, estaba dispuesto a obedecer. Denis Law, respetable, también acataría órdenes. George Best en absoluto. Best salió como un ciclón. Cada vez que recibía el balón encaraba sin mirar atrás. A los doce minutos ya había marcado un par de goles. 180 segundos después daba el pase del tercero. Fin del partido. El marcador final sería un 1-5 con un último tanto de Charlton regateando dentro del área al arquero Costa Pereira. Aquella noche el mundo conoció a George Best, un norirlandés de apenas 20 años llamado a comerse el mundo. Dos años después ganaría la Copa de Europa y el Balón de Oro. A los 28 años ya era un ex futbolista. Como el denominado Quinto Beatle afirmaría: “Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”.

El nacimiento del Quinto Beatle

4 Real Madrid 7-3 Eintracht Frankfurt (final Copa de Europa 1960): Ya no estaban Kopa ni Rial. Di Stéfano tenía 34 años y Puskás 33 primaveras. Pero el Real Madrid seguía siendo el Real Madrid. Aquella final sería el fin de fiesta. La quinta Copa de Europa consecutiva. El rival era el Eintracht de Frankfurt. Había 127.000 espectadores en Hampden Park (y muchos más que no pagaron entrada) un récord en la historia del fútbol. Al acabar el partido el Real Madrid regaló a cada jugador alemán un reloj que hoy valdría 600 euros. El Eintracht regaló a los jugadores españoles un banderín conmemorativo valorado en unos 20 euros. Y con todo el Eintracht salió presionando. A los diez minutos se pusieron por delante y tuvieron varias ocasiones para aumentar en dos tantos la diferencia. Y ahí se acabó el tema. Una vez que no pudieron aguantar el esfuerzo físico, los teutones se fueron hundiendo y el Real Madrid poco a poco pasó a dominar el partido. Un par de conexiones entre Puskás y Di Stéfano acaba con dos tantos del argentino a la media hora de juego. En la segunda parte el Real Madrid fue un huracán. Serían siete goles en total; cuatro de Puskás (récord de una final y que se antoja imposible de batir) y tres de Di Stéfano. Luego el Eintracht maquillaría el resultado. Y con todo el resultado fue lo de menos. Fue una sinfonía blanca. El partido fue de los primeros retransmitidos en directo por buena parte de Europa. Pocos habían visto por televisión a los magos blancos. Pases en profundidad, controles tras cambios de juego a cuarenta metros, rabonas, taconazos…aquello era precioso. Los balones en largo de Santamaría, los controles de Di Stéfano o la pegada de Puskás impactaban, pero el más llamativo de todos era el callado y humilde Paco Gento. Sus carreras, frenadas y cambios de ritmo enloquecían al público. El encuentro fue calificado como ‘partido del siglo’ por la BBC británica y sería emitido en diferido durante varios años con motivo de las fiestas navideñas.

La Quinta consecutiva

3 Ajax 4-0 Bayern (cuartos Copa de Europa 1973): En la final de 1972 el Ajax había bailado al Inter, pero lo que ocurrió un año después fue aun de mayor calado. Era el último año de Johan Cruyff en el Ajax y sus problemas con la directiva y con algunos de sus compañeros eran más que frecuentes. El Bayern venía como un tiro con el trío Maier, Beckenbauer, Müller en plena madurez. Se intuía un cambio de ciclo. Nada más lejos de la realidad. Rinus Michels había dejado el banquillo ajacied para firmar por el Barça. Daba igual el cambio de entrenador. El barón del fútbol total era Cruyff. Partiendo como extremo izquierdo, Cruyff amagaba con irse a la punta de ataque para que Beckenbauer saliese de la cueva y en la siguiente jugada ordenaba a Neeskens que subiese al área para él dirigir el juego desde el centro del campo. En los primeros 15 minutos el Bayern no sale de su campo. Literal. El Ajax dominaba el balón, pero también presionaba, y mucho, en una época donde el fuelle físico aún era secundario en la mayor parte de los equipos. No sólo eso. El Ajax adelanta líneas y todos los pases en largo de Beckenbauer acaban en fuera de juego teutón. Con todo, la primera mitad acaba en un milagroso 0-0. En la segunda parte el Ajax sale furioso y cambia el toque por los lanzamientos desde fuera del área. Serían dos goles de Arie Hann, otro de Mühren y un gol en el descuento de Cruyff que ponía el 4-0 definitivo. Seep Maier, quien falló clamorosamente en el primer tanto y pudo hacer más en el tercero, meditó la retirada tras el baño sufrido. Felizmente no sería así y sumaría como guardameta del Bayern las siguientes tres Copas de Europa. Antes, el Ajax, tras machacar al Bayern y hacer lo propio con Real Madrid y Juventus, sumaria la tercera consecutiva en la enésima exhibición del futbol total.

Y Cruyff arrolló al Káiser

2 AC Milan 5-0 Real Madrid (semifinales Copa de Europa 1989): Fichado Schuster, con Butragueño y compañía en su mejor momento, el Madrid había echado en cuartos al PSV vengando la derrota del año anterior. 1989. Ese era el año para el Madrid. En el Bernabéu, en la ida, un gol impresionante de Marco Van Basten ponía el 1-1 final. Los blancos cayeron más de veinte veces en fuera de juego gracias al cerebro de Arrigo Sacchi y al buen hacer de Franco Baresi. En la vuelta el Madrid sufrió la mayor humillación de su larga y gloriosa historia. Ancelotti, Rijkaard y Gullit marcaron tres tantos en la primera mitad. El Milan dominaba y el Madrid atacaba por las bandas, pero cualquier balón perdido por el Madrid era cazado por un Milan que con cuatro o cinco pases perfectos se plantaba en el corazón del área blanca. El Madrid nunca antes se vio tan impotente. Todas las líneas de pase interiores eran cazadas por Rijkaard y todas las subidas por banda por Tasotti o Maldini. Después Baresi levantaba la mano y tocaba el fuera de juego y arriba Gullit se movía a su antojo volviendo loco a Sanchís. ¿Van Basten? Hacía lo que quería tanto de cara como de espaldas. Aquel Milan atacaba defendiendo. Schuster prácticamente no tocó balón. Van Basten anotaba el cuarto y, con todo San Siro pidiendo el quinto, Roberto Donadoni firmaba la manita cuando aún faltaba cerca de media hora para el final del encuentro. Si los italianos hubiesen querido habría sido un 7-0 o un 8-0. En los siguientes dos años el Milan se convirtió en una máquina perfecta que avanzaba un juego moderno donde el físico y el primer toque tendrían preponderancia frente al regate o la velocidad.

Chorreo rossonero

1 Bayern 8-2 FC Barcelona (cuartos Copa de Europa 2020): Por culpa del Covid aquella edición de la Copa de Europa pasó a disputarse en agosto en una burbuja aislada de aficionados en Lisboa. Cuartos y semifinales en campo neutral y a partido único. No había pronostico claro. Todo era confuso. Pero lo cierto es que el Barça estaba de vuelta de todo y su técnico, Quique Setién, llegaría a declarar que estaba más a gusto llevando a pastar a unas vacas que entrenando a Messi y compañía. Se adelantaron los germanos, pero rápidamente empató el Barça. Entonces hubo dos ocasiones claras de los azulgranas que fueron atajadas por Neuer en primera instancia y por el poste en el segundo intento. Ahí se acabó el encuentro para el Barça. En un plazo de diez minutos, tras un par de errores groseros azulgranas, el Bayern anotó tres tantos. 4-1 en el minuto 31. Se podía pensar que había tiempo y que el Barça se levantaría del suelo, pero el bajón anímico pocas veces antes fue visto en una eliminatoria de fútbol de primer nivel. El Bayern tocaba y tocaba en el centro del campo mientras los jugadores del Barça no hacían amago alguno por intentar robar el balón. Un rondo gigantesco del Bayern que se agravó en los últimos diez minutos con los tres últimos tantos del Bayern, los dos finales anotados por Coutinho, futbolista cedido por el Barça al Bayern meses atrás. 8-2. Lo nunca visto. La peor derrota azulgrana en 69 años. Fue el fin de Rakitic o de Luis Suárez, pero Messi, quien pidió salir, alargaría su carrera en el Barça hipotecando económicamente a corto y medio plazo al club de sus amores. El Bayern ganaría el triplete y firmaría una inmaculada edición de la Copa de Europa ganando todos y cada uno de los partidos. 11 de 11. Hazaña poco recordada por culpa de la maldita pandemia.

La destrucción del Barça

Otros partidos históricos

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El fútbol. Lo más importante de lo menos importante. Dicen que los jóvenes le dan la espalda. Sin salir del teléfono hay cientos de entretenimientos que compiten con el fútbol. Es cierto. Noventa minutos son demasiados para mentes que viven enclaustradas en la inmediatez, para cerebros que son incapaces de prestar atención más allá de sesenta segundos. La letra ha dado paso a la imagen. El oído ha dejado su sitio a la vista. Los nueve minutos de November Rain, los ocho de Stairway to Heaven o los siete de Hey Jude han dejado paso a los menos de 180 segundos de Rosalía, Dua Lipa, Shawn Mendes, Taylor Swift y compañía. Y es cierto. 90 minutos (unos 105 con VAR y pausas de hidratación varias) son muchos. Pero la magia del fútbol es inigualable. Cuando la gente se conecta con un partido no lo hace para entretenerse, sino para emocionarse.

Emoción. En eso el fútbol no tiene parangón. Deporte de reglas simples, dos porterías a lo largo, un juez (el cura), una eira y once personas que no tienen necesidad de mostrar grandes condiciones físicas. Hace apenas dos siglos las relaciones culturales entre individuos se adscribían al ámbito local. ¿Dos siglos? Realmente se podría reducir este periodo hasta hace apenas siete décadas, porque si bien es cierto que la revolución de los transportes benefició el movimiento en la sociedad urbana y capitalista occidental, la inmensa mayoría del orbe (incluida la población campesina y obrera de Europa) seguía relacionándose con sus vecinos y con villas limítrofes. La vida de un ser humano tipo transcurría en el mismo sitio en el que nacía.

Pero fue a inicios del siglo XIX cuando el asentamiento del Estado-Nación desarrolló una organización política basada en la centralización administrativa, fiscal y ejecutiva, fomentando el beneficio del ciudadano y, a su vez, promoviendo la concienciación del mismo con el Estado a través de la educación de masas. El despliegue del sistema posibilitó la difusión de una identidad y cultura nacionales. El fútbol, primero entre aldeas, barrios o villas, y después entre ciudades y naciones, sirvió, y sirve, para exponer las propias identidades y las supuestas fortalezas en una especie de lucha imaginaria.

Para llevar a cabo esta simbiosis, los Estado-Nación hicieron uso de los medios de comunicación. La radio y la televisión (especialmente esta última) se convirtieron en básicos para trasladar los éxitos nacionales a los ciudadanos. Los medios se encargaron de mitificar a los deportistas a través de un discurso épico en el que a menudo se utilizaban adjetivos y comparaciones frecuentes con los hechos gloriosos de la nación y en el que el lenguaje bélico formaba parte de la rutina diaria.

¿Qué implica esto para la sociedad? Todo.

El fútbol se ha dotado de estructuras asociacionistas tan férreas que lo han convertido en la base del sentimiento de pertenencia a una ciudad (club) o a un país (selección nacional). Con el tiempo miles de niños africanos, latinoamericanos o asiáticos se han transformado en futuros futbolistas con educación europea. Sólo el fútbol es capaz de convertir esa invasión en una asimilación. El fútbol es al siglo XX y al XXI lo que las calzadas, los acueductos y las termas eran al siglo I y al II.

Integración sin acueductos

¿Cuántos partidos se han jugado en la historia del futbol? Se tornan al infinito. Anónimos y públicos, soporíferos y espectaculares, bajo lluvia torrencial o soportando una canícula asfixiante, en una mañana siberiana o en un atardecer sudafricano. Unos se han jugado, otros se han vivido, otros se han visto, la gran mayoría se han leído y muchos otros se han imaginado. Y aquí, el que escribe, ha decidido clasificar los más grandes partidos de la historia. Una locura. Una bendita locura. Mas como dijo Edgar Allan Poe, la ciencia todavía no ha demostrado si la locura es o no es la más sublime de la inteligencia.

Para hacer clasificable lo inclasificable he echado manos de otros que elevaron esta locura a una bendita realidad. Son Marca y Panenka (España), So Foot (Francia), Four Four Two (Inglaterra), Freunde (Alemania), Undici (Italia), así como del canal de Youtube de Julio Maldonado, el experto en fútbol internacional conocidos por todos como Maldini. Todos ellos coinciden en un puñado de partidos que no admiten discusión como los más grandes de la historia. Luego ya hay distinciones que van al criterio del escribidor.

Y es que, si en otras ocasiones he manifestado que la objetividad es clave para los criterios de selección, hay que constatar que en esta ocasión es hartamente complicado. Lo es tanto que estoy convencido de que si hiciese esta misma clasificación dentro de un par de años algún que otro partido cambiaría de posición. No tengo ninguna duda. Me ha resultado tan difícil que donde al principio tenía 10 en mente, he tenido que ampliar a 20, más tarde a 30 y finalmente me he quedado en 40. ¡Y los que se han quedado en el tintero!

Las cribas han sido muchas. En primer lugar, sólo he seleccionado encuentros de carácter internacional, bien fuesen de clubes o de selecciones. Así pues, todo choque copero o de competición liguera ha quedado descartado. Es imposible, ¡IMPOSIBLE! poder analizar partidos de ligas de todo el mundo en un periodo de más de 100 años. Es inabarcable en el espacio-tiempo. Así partidos legendarios como el 2-6 del Barça al Madrid en el Bernabéu con Messi ejerciendo de falso ‘9’ queda fuera de la lista. También el 3-2 del City con gol de Agüero en el minuto 93 al QPR que le dio el primer título de la Premier de la historia a los citizens. Queda fuera también el catalogado como el mejor partido de la historia de la liga inglesa en el que el West Bromwich Albion venció por 3-5 al United con una actuación legendaria de Laurie Cunningham. También un Schalke 6-6 Bayern de la copa alemana de 1984, un Reading 5-7 Arsenal de 2012 en Copa de la Liga en el que los gunners perdían 4-0 en el medio tiempo, un Juventus 1-7 AC Milan de 1950 (primer partido televisado de la historia en Italia) o el mítico Valencia CF 6-3 Athletic copero de 1950, en el cual los vascos anotaron un gol salvador en la tercera prórroga para dar por válido el 5-1 de la ida en San Mamés. En la Copa del Rey, que a fin de cuentas es la más conocida por el que escribe, se han vivido momentos inexplicables como la victoria del RC Deportivo ante el Real Madrid (1-2) el día del Centenario del club blanco o una increíble remontada del Barça ante el Atlético en 1997, encuentro en el que los rojiblancos ganaban al descanso por 0-4 con póker de tantos de Milinko Pantic y acabarían perdiendo por 5-4 con triplete de Ronaldo.

En los torneos continentales se ha primado Europa y dentro de Europa la Copa de Europa desde que a mediados de los 90 se aprobase la Ley Bosman. Todo el gran fútbol, el de mayor nivel, el de los mejores jugadores y entrenadores, tiene lugar en el Viejo Continente desde entonces. Y desde que la Copa de Europa pase a renombrarse como Liga de Campeones y se convierta en una competición cerrada de facto, todo lo que tiene que suceder ha de suceder bajo el paraguas de la orejona. Por supuesto se descartan rondas previas y se prima los momentos decisivos de las fases eliminatorias. No obstante, como observaremos, siempre hay excepciones que confirman la regla.

Toda esta vorágine me ha dado para hacer cuatro clasificaciones distintas que explicaré en las siguientes cuatro semanas. Son la siguientes:

Los 10 mejores partidos de clubes épicos de todos los tiempos.

Los 10 mejores partidos de selecciones épicos de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos.

En las siguientes cuatro semanas, en dosis de diez en diez, tendremos los que yo considero (a fecha actual) como los mejores 40 partidos de la historia.

¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Vamos pues con la primera de todas estas clasificaciones:

LOS 10 MEJORES PARTIDOS DE CLUBES ÉPICOS DE TODOS LOS TIEMPOS

Tras mucho rebuscar he seleccionado diez partidos épicos. Alguno ha quedado fuera de esta lista con todo el dolor de mi corazón. Otro (el del Dépor) creo que ha entrado en la lista precisamente por mi corazón. La criba final constaba de 18 partidos, por lo que creo justo y necesario nombrar los ocho que han quedado fuera de la clasificación por el bigotillo de un grillo.

Dos de estos encuentros son luctuosos. En 1949 el SL Benfica y el Torino FC (4-3) se enfrentaron en un precioso duelo en Lisboa. Il Grande Torino era entonces el mejor equipo de Europa. Diez de sus once componentes eran titulares en la selección italiana. El avión que los traía de vuelta a Turín se estrelló en una ladera adyacente a la Basílica de Superga acabando con aquel legendario equipo. Igual infortunio sufrió el Manchester United tras empatar (3-3) en Belgrado ante el Estrella Roja en cuartos de la Copa de Europa de 1958. Los ingleses se clasificaron, pero Duncan Edwards y varios de sus compañeros perecieron en un accidente aéreo en Múnich donde hacían escala camino de Inglaterra. Bobby Charlton sobrevivió al destino y presenciaría, ya anciano, en el palco de autoridades otro partido de cuartos de Copa de Europa en este caso de su amado United ante el Real Madrid. Era 2003 y el United ganó 4-3, aunque cayó eliminado. Eso es lo de menos. Aquel día Ronaldo Nazario salió ovacionado de Old Trafford tras anotar tres tantos descomunales. El primero un remate de pantera a la cepa del poste, el segundo un pase a la red tras asistencia y jugadón de Roberto Carlos y el último un zapatazo desde fuera del área por toda la escuadra.

Desconocido para cualquier aficionado al fútbol, salvo que sea alemán, es lo sucedido en un, en principio, anodino partido de cuartos de Recopa de 1986 entre el Bayer Uerdingen (RFA) y el Dinamo Dresde (RDA). El choque se convirtió en épico tras el 2-0 de la ida. En la vuelta el Dresde ganaba 1-3 al descanso sumando una ventaja global de 5-1 a su favor a falta de 45 minutos. En la segunda parte el Uerdigen anotó cinco tantos para llevarse el partido por 7-3. El último gol fue en el minuto 87. Les habían sobrado tres minutos y un gol para levantar la eliminatoria en apenas media parte.

Los otros cuatro choques que se han quedado fuera de la lista cuentan con representación española. En 2004 el campo de Mestalla era una caldera con el objetivo de remontar el 2-0 que el Sevilla FC le había infringido al Valencia CF en semifinales de la Europa League. Un torrente de fútbol ché puso el 3-0 en el marcador, pero en el minuto 94 M’Bia entró con cuerpo y alma en el área valencianista y ponía de cabeza el 3-1 final que clasificaba al Sevilla rumbo al primero de tres títulos consecutivos. Otro fue el 2-3 del Athletic ante el United en Old Trafford en octavos de la Europa League de 2012. Ese fue quizás la obra maestra de una temporada espectacular de los bilbaínos con un despliegue físico y ofensivo promovido por Marcelo Bielsa que convirtió al Athletic en el mejor equipo del mundo durante unos meses, el tiempo que les duró la gasolina. Luego tenemos al Madrid como protagonista. Semifinales de la Copa de Europa de 2024. El último milagro. El eterno milagro blanco. Real Madrid-FC Bayern. Los alemanes dominaron en la primera parte, pero, en pleno vendaval blanco en la segunda, el Bayern se adelantaba por 0-1. Entró Joselu, un delantero con pasado en el Alavés y que el año anterior había descendido con el Espanyol. En el 88 anotaba tras fallo inexplicable de Neuer y en el 91 el éxtasis llegaba al Bernabéu con gol del delantero gallego. El Madrid gana 2-1 y se clasifica para jugar y, por supuesto, ganar su decimoquinta Copa de Europa.

El último de los choques, y no por ello menos importante, es el más reciente. Se trata de la victoria por 4-3 del Inter ante el Barça en las semifinales de la Copa de Europa de 2025, choque que a su vez venía precedido de un 3-3 en el partido de ida. Los catalanes apenas estuvieron cinco minutos por delante en toda la eliminatoria, a pesar de mostrar un excelso juego ofensivo coronado por una exhibición de Lamine Yamal jamás vista en un menor de edad desde los tiempos de Pelé. Con todo, el Inter tiró de fortaleza y resiliencia para remontar un 2-3 (tras empezar ganando 2-0) y vencer gracias al coraje de Lautaro Martínez, un empate cuando el partido agonizaba de Acerbi y un tanto en el descuento del suplente Davide Frattesi.

Thriller en el Giuseppe Meazza

Como es fácil de observar el Real Madrid es protagonista de los partidos que han quedado a las puertas de entrar en esta clasificación. También lo es de los partidos que han entrado en dicha clasificación. Cinco de los diez elegidos contarán con sello blanco. No es más que lo normal ante el equipo con más títulos europeos y, quizás, también el equipo cuyos títulos más han emocionado a propios y a extraños. No olvidemos que el fútbol al final va de eso. De emocionarse.

Allá van pues los 10 partidos de clubes emocionantes por antonomasia. Diez obras maestras del fútbol. Diez momentos épicos en la historia del rey de los deportes.

10 RC Deportivo 4-0 AC Milan (cuartos de final Copa de Europa 2004): El AC Milan era el vigente campeón europeo y el mejor conjunto del planeta. Cafú, Maldini, Gattuso, Pirlo, Kaká, Seedorf, Shevchenko o Rui Costa con Carlo Ancelotti en el banquillo. Al Dépor le había metido ¡8! el AS Mónaco en la fase de grupos. Habían tenido que vender a Makaay, Manuel Pablo se había roto la tibia, Naybet y Djalminha (que ya no jugaba nada) tenían 34 años, Fran 35 castañas y Mauro Silva ya contaba con 36. En la ida Kaká baila al Dépor y los italianos ganan por 4-1. La vuelta en Coruña tenía que ser un trámite. En casi medio siglo de Copa de Europa nadie ha remontado tres goles en una eliminatoria. Riazor se llenó. Siempre se llena, pase lo que pase. A los cinco minutos Pandiani anota a la media vuelta y veinte minutos después Juan Carlos Valerón marca el que probablemente fuese el primer gol de cabeza de su vida. Con el estadio enloquecido, Albert Luque colocaba un balón en la escuadra derecha de Dida. Con el 3-0 y la eliminatoria levantada, los once colosos blanquiazules marcharon al vestuario galopando. Paolo Maldini se preguntaría después si no estarían dopados. No lo estaban. Simplemente sabían que el trabajo no estaba hecho. En la segunda parte Fran, el eterno capitán, firmaba el 4-0 en un acto de justicia poética. Después sí, después tocó aguantar unos minutos finales de embestida a la italiana. Aquel 4-0 se convirtió en la mayor remontada nunca antes vista en la Copa de Europa. Con el tiempo fue superada. Pero lo que tardará mucho en superarse es que sea el pequeño el que le dé la vuelta a la tortilla y machaque al grande.

Milagro gallego

9 Real Madrid 4-1 Atlético (final Copa de Europa 2014): Desde que Diego Pablo Simeone regresara al Calderón para agarrar la camiseta atlética por el escudo su objetivo ha sido el de llevar al Atlético a las cotas más altas. Y lo hizo. Final de la Copa de Europa. ¿El rival? El más deseado. El Real Madrid. No había favorito. Aquel año el Atlético ganó la Liga. No perdió en los dos duelos ante los merengues. Aquel año el Madrid ganó la Copa. Masacró al Atlético en semifinales. En otras semis, en las de la Copa de Europa, el Madrid había destrozado al Bayern. El Atleti había hecho lo propio ante el Chelsea. Un cabezazo de Godín tras fallo en la salida de Casillas puso por delante al Atlético bien avanzada la primera mitad. Simeone mando entonces a sus pretorianos levantar una muralla. Courtois, Juanfran, Godín, Miranda y Filipe Luis. El Madrid tuvo el dominio, el control y las ocasiones, pero el Atlético tiró de épica y se defendió como gato panza arriba. Los colchoneros ya agarraban la copa por un asa cuando, tras un lanzamiento de un córner, un impecable remate de cabeza de Ramos al palo largo de Courtois (aún no se había ido al lado bueno de la historia) ponía el 1-1 en el minuto 93. Prórroga. Ahí la superioridad blanca fue total. El Atlético estaba fundido física y mentalmente. Aún aguantarían hasta la segunda parte de la prórroga cuando un gol de Bale tras un rechace, una galopada de Marcelo y un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, ponían el 4-1 final en el marcador y le daban la décima Copa de Europa al Real Madrid tras doce años de sequía.

Ramos en el 93…

8 Real Madrid 3-0 Internazionale (semifinal Copa de la UEFA 1985): El primer milagro madridista ocurrió en los 70 con remontada al Derby County, pero la eclosión de la mística del Bernabéu es cosa de los 80. Antes, en época de Di Stéfano, el Madrid ganaba por aplastamiento. La década de los ochenta fue otra cosa. Se naufragaba fuera de casa y se remontaba en la Castellana ya fuese al Anderlecht (6-1) o al Gladbach (4-0). Fue cuando Jorge Valdano acuñó aquello del miedo escénico. La madre de todas las remontadas tuvo lugar ante el Inter. En San Siro se cae por 2-0 y a Juanito le meten el micro en la boca nada más acabar el partido para, con una sonrisa de oreja a oreja, soltar aquello de “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. Juanito, ya en su recta final, había sido suplente. En la vuelta será titular. Butragueño es baja por lesión. Pero eso no había sido lo peor. Amancio, técnico blanco, había pillado tras la derrota a Juanito y a Lozano con dos señoritas italianas. A Lozano lo echarán ese verano, pero Juanito es mucho Juanito. Las vacas sagradas le hacen la cama a Amancio y Luis Molowny es el nuevo entrenador. En medio de un incendio de críticas Juanito y Santillana toman las riendas. El cántabro anota al poco de iniciar y luego, con uno de sus eternos cabezazos, pone el 2-0. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! El Inter no se rinde y cuenta con un par de ocasiones, pero el Madrid camina con paso firme a por su primer título de Copa de la UEFA.

El miedo escénico

7 Nottingham Forest 3-3 FC Colonia (semifinal Copa de Europa 1979): El Nottingham Forest tenía dos cosas. La primera que le gustaba la posesión y el toque, algo más que destacable en el jurásico fútbol inglés. La segunda que estaba entrenado por Brian Clough, un técnico de esos que no dudarían en ir a la guerra frente a un ejército, aunque apenas tuviese un cuchillo entre las manos. Camino de su primera Copa de Europa toca el FC Colonia. Toni Schumacher, Bernd Schuster, Pierre Littbarski y Dieter Müller. Los teutones son archifavoritos. Se adelantó el Colonia con un rápido 0-2. Acortó el Forest antes del descanso. Por entonces los 22 protagonistas ya tenían el cuerpo lleno de barro ante el diluvio que había convertido el césped del añoso City Ground en un patatal. Aun así, los dos equipos salieron tras el descanso con la firme idea de sacar el balón jugado desde atrás. Aquel esfuerzo ofensivo y de bella plasticidad se completaría con cuatro goles más. El Forest remontó con dos zarpazos, hasta que el Colonia puso el 3-3 definitivo con un tanto de Yasuhiko Okudera que se convertirá en el primer asiático en meter un gol en competición europea. En la vuelta, en otro partido desbravado, el Forest ganará por 0-1 gracias a las increíbles paradas de Peter Shilton ante la acometida germana liderada por Kevin Keegan.

Bailando en un patatal

6 Benfica 5-3 Real Madrid (final Copa de Europa 1962): El Madrid había ganado cinco Copas de Europa consecutivas antes de que el Benfica saliese campeón. Fue en 1961. El Madrid había caído en octavos con polémica arbitral por lo que, a ojos de todos, seguía siendo el campeón moral. Así que la final de 1962 era el momento de saber si había nuevo rey de Europa. Madrid vs Benfica. Di Stéfano vs Eusebio. Fue precioso. El Madrid salió mandón y a los veinte minutos gobernaba el partido gracias a dos zarpazos de Ferenc Puskás. El Benfica se rehízo y empató en un abrir y cerrar de ojos antes de que Puskás anotase su tercer tanto y llevase el partido al descanso con un impresionante 3-2 a favor del Real Madrid. La segunda parte fue otra historia. El Benfica apretó físicamente a un Madrid entrado en años y le metió una marcha más al partido. Coluna empató el partido y luego Eusebio puso el 4-3 para los portugueses. Quedaba algo menos de media hora para el final y el Madrid buscó el empate. Con espacios, emergió la pantera. Eusebio marcaría un golazo para el 5-3 y fallará alguna que otra ocasión más. Y no fueron los goles. Fue demostrar que era el elegido. El hombre que iba a suplir en el trono a Alfredo Di Stéfano.

El asalto al trono de Eusebio

5 FC Barcelona 1-0 Internazionale (semifinal Copa de Europa 2010): La única victoria de esta lista que se tornó en derrota. O la única derrota que se tornó en victoria. Un ejercicio defensivo mayúsculo. Una oda al trabajo de equipo y a la demostración de como un capitán es capaz de llevar un barco perdido a buen puerto. En la ida el Inter había ganado por 3-1. En la vuelta tocaba aguantar. Era el Barça el mejor equipo del mundo. Era, y sigue siendo, el equipo con mayor capacidad asociativa que jamás se ha visto. A los 28 minutos de partido expulsan a Thiago Motta. El Inter queda con 10 hombres. Es cuestión de tiempo que el Inter caiga. Pero no. El goleador Samuel Eto’o pasa a convertirse en lateral derecho y el ejercicio defensivo italiano es excepcional. El Barça acaba el partido con un 76% de posesión, pero apenas conseguirá lanzar en cuatro ocasiones entre los tres palos. Una de ellas, a falta de seis minutos para el final, terminará en gol y en una victoria insuficiente. El achique de espacios y la solidaridad defensiva del conjunto dirigido por Mourinho rozará la perfección. La formación 4-6-0 fue un castillo edificado por Mou que Guardiola no supo asaltar. Pocas veces se ha visto a un equipo de élite defender tan atrás. Y pocas veces se ha visto a un equipo de élite tan entregado, solidario y sacrificado por el bien común. En la ida, por cierto, el Barça había tenido la posesión, pero el Inter había atacado mucho y bien. Pocos recuerdan que el 2-1 fue obra de Maicon (lateral derecho) en un contraataque en el que acabó chutando en el área pequeña rival. La pena de Mourinho es que acabó cegado por aquel éxito defensivo y se olvidó de lo que era jugar con balón.

Perfecto ejercicio de supervivencia

4 Liverpool 5-4 Alavés (final Copa de la UEFA 2001): Javi Moreno fue máximo goleador de Segunda B con el Córdoba CF. Ese era su nivel. Pero antes de eso compartió equipo con Maldini, Costacurta, Redondo, Pirlo, Shevchenko o Inzaghi. Y es que a Javi Moreno lo fichó el gran AC Milan. Y todo fue por aquella final. Aquella bendita final. Que el Alavés echase al Inter o que le metiese cinco al Kaiserlautern parecía machada más que suficiente. Y lo cierto es que el Liverpool FC de unos imberbes Owen y Gerrard se puso 2-0 arriba a los veinte minutos. Mané, aquel padre-entrenador de barriga y bigote, decide entonces sustituir a uno de sus tres centrales y meter a un delantero centro. Iván Alonso, que así se llamaba el ariete, acorta distancias, pero los ingleses aprietan y ponen el 3-1. Descanso. A la vuelta dos zarpazos de Javi Moreno ponen el 3-3 y le aseguran el contrato de su vida, hasta que Robbie Fowler vuelve a adelantar a los reds y sitúa el 4-3. El asunto parecía acabado, pero un cabezazo de Jordi Cruyff en el último minuto pone el 4-4 y lleva el partido a la prórroga. En el primer aliento del tiempo suplementario el Alavés se quedó con nueve. Por entonces toda Europa se había hecho vitoriana y soñaba con la victoria de David ante Goliat. Cuando los penaltis asomaban tras una esquina, un gol en propia puerta le daba el triunfo a un Liverpool sediento de triunfos. Para los reds fue su primer título europeo en cerca de dos décadas, para Michael Owen un Balón de Oro y para Javi Moreno y el Alavés el momento más feliz de sus vidas.

Gloria red

3 Real Madrid 3-1 Manchester City (semifinal Copa de Europa 2022): Son tantas y tantas las remontadas del Real Madrid en la Copa de Europa que es difícil escoger una por encima de las demás. Pero lo sucedido en 2022 roza lo paranormal. Personalidad, fe, calidad y alma. Y fútbol. A veces se olvida con tanto milagro que el Madrid domina los tiempos. Y eso es fútbol. La primera parte se jugó a ver quién cometía menos errores, al contrario que el partido a campo abierto de la ida que acabó con 4-3 a favor de los ingleses. Hubo ocasiones, eso sí. Courtois emuló a dios a tiro de Bernardo Silva y volvió a hacer lo mismo a remate de Gabriel Jesús. En el Madrid era Vinicius el que perdonaba lo imperdonable. El choque fue abriéndose poco a poco hasta que un zurdazo de Mahrez en el 73’ ponía un 0-1 imposible de levantar. ¿He dicho imposible? El Madrid ya había levantado un 1-0 del PSG (3-1 en el Bernabéu tras ir cayendo 0-1 al descanso) e igualado un 0-3 de un Chelsea que ganaba en el 75’ en la casa blanca (en la ida el Madrid había vencido 1-3 en Londres) y tocaba nueva hazaña. Grealish tuvo dos ocasiones clarísimas para sentenciar, pero falló para desesperación de Guardiola. Con el Madrid volcado sucedió lo inexplicable. Rodrygo remachó un pase de Benzema y luego culminó de cabeza una asistencia de Carvajal. Era el minuto 90 y el minuto 91 de partido. En la prórroga el Madrid volaba y Benzema anotaba de penalti tras un par de acometidas sin éxito. Tuvo el City una más que Courtois atajó dando el enésimo pase blanco a una final europea.

Rodrygo ‘Goles’

2 Liverpool 3-3 AC Milan (final Copa de Europa 2005): El AC Milan era favorito. Muy favorito. Y cumplió el pronóstico con creces. Al minuto de juego Paolo Maldini adelantaba a los rossoneros. Pirlo se hizo dueño del medio campo y Kaká barría hacia la mediapunta para que Cafú corriese la banda una y otra vez. El dominio italiano se certificó con dos goles de Hernán Crespo antes del descanso que ponía la final con un claro 3-0. Camino del vestuario, los más de 25.000 seguidores del Liverpool presentes en Estambul entonaban el You’ll never walk alone, himno oficioso de los reds. La sinfonía duró los quince minutos del tiempo de asueto para sorpresa y orgullo de Steven Gerrard y el resto de los chicos de Rafa Benítez. En seis minutos inolvidables, los que van del 54 al 60 de partido, Gerrard, Smicer y Xabi Alonso empataban el encuentro. El tanto de Alonso se originó tras un rechace de un penalti que él mismo había fallado. Entonces el Liverpool pecó de timorato y no tumbó a un Milan completamente grogui. Con una marcha menos, el encuentro se dirigió a una prórroga en donde el Milan decidió ir con todo a por el encuentro. Finalizando la segunda mitad del tiempo extra Shevchenko tuvo dos ocasiones clamorosas que acabaron en el limbo. Tocaba penaltis. Luego Ancelotti, entrenador italiano, confesaría que tras mirar a los ojos a sus jugadores ya contaba con perder el partido. Dudek hizo el resto. Emulando el legendario baile de Bruce Grobbelaar en la final de 1984, Jerzy Dudek se marcó un pasodoble, una bachata y una salsa para que tres rossoneros fallasen sus penaltis y le diesen al Liverpool la que entonces era su quinta Copa de Europa.

El baile de Dudek

1 Manchester United 2-1 Bayern (final Copa de Europa 1999): El United no contaba ni con Keane ni con Scholes por sanción. A los seis minutos Mario Basler anotaba el gol del Bayern. A partir de ahí los alemanes se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. El marco era incomparable. Un Camp Nou a reventar y Pierluigi Collina, el dios de los árbitros, silbato en boca. El partido no acompañaba a lo esperado. Tocaba descanso. A mitad de la segunda parte el United decide venirse arriba y el Bayern pasa a tener varias ocasiones al contraataque. Effenberg lanza una volea que detiene Schmeichel. Scholl lanza una vaselina que da en el larguero tras pase de Basler. El United toca y toca, pero no obtiene respuesta. A falta de diez minutos del final Lothar Matthäus es sustituido. Tiene 38 años, un Mundial, una Eurocopa y un Balón de Oro. Le falta la Copa de Europa. Justo un minuto después el United realizaba su segundo cambio al entrar Ole Solskjaer en lugar de Andy Cole. En el 85’ Jancker remata de cabeza al larguero. Está más cerca el 2-0 alemán que el 1-1. Pero no. Los dioses del fútbol tienen otros planes. En el 91’ Beckham bota un córner que es rechazado por la defensa teutona, Giggs remata a contrapié y el balón es desviado con la testa por Sheringham quien empata el partido. Alex Ferguson (entonces aun no es Sir) ni se lo cree. Habrá prórroga. Pero dos minutos después hay nuevo córner. Beckham lanza otra banana desde la esquina, Sheringham remata de cabeza y ahora es Solskjær el que pone el pie para batir a Oliver Kahn. El United gana 2-1. Dos goles en el descuento. Collina trata de levantar a los futbolistas del Bayern del suelo para continuar el partido. Matthäus llora en el banquillo y Kuffour es un mar de lágrimas dentro del área de castigo del Bayern, en el mismo lugar en el que Sheringham y Solskjaer acaban de obrar el milagro más prodigioso de la historia de las finales. No sé sabe bien cómo el partido se reanudó lo justo para que los futbolistas teutones mandasen el balón de una patada a los infiernos y Ferguson se convirtiese en Sir y llevase a los Diablos Rojos a la conquista de su segunda Copa de Europa.

120 segundos milagrosos en el Camp Nou

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¿Cuál es el mejor campeón de Liga de la historia?

Agosto es tiempo de fichajes. Julio de rumores. Junio de balance. Fin de temporada. Y una pregunta el aire. El Barça de Flick ha ganado Liga y Copa. Ha sumado 102 tantos en competición liguera. ¿Es uno de los mejores Barça de la historia? ¿Es uno de los mejores equipos de la historia de la Liga?

Pues no. No lo es.

Me he propuesto averiguar cuál ha sido el mejor equipo campeón en la historia de la Liga. Qué escuadra ha firmado la mejor temporada de una competición que camina con firmeza hacia el siglo de existencia.

Para ello he ido analizando uno a uno a todos los campeones desde que en la temporada 1928/29 se diese el pistoletazo de salida. Comencé seleccionando a aquellos triunfadores que hubiesen logrado el 70% de los puntos en liza. El resultado fue quilométrico. Luego subí el listón al 75%. Seguían siendo demasiados. Finalmente consideré únicamente a aquellos que hubiesen conseguido al menos el 80% de los puntos en disputa.

Son 17 los elegidos.

Irremediablemente Barça y Madrid tienen que copar la lista. Son 10 campeones del Real Madrid, cinco del FC Barcelona y dos del Athletic Club. En la cronología también se puede ver los periodos de dominio de los tres clubes. El Real Madrid (36 ligas) coloca en la lista plantillas de 1961, 1963, 1964, 1986, 1988, 1989, 1990, 2012, 2017 y 2024. Es decir; Di Stéfano, Gento, Quinta del Buitre, Cristiano, Zidane y Ancelotti. Fácilmente reconocible. El FC Barcelona (28 ligas) instala en la lista las escuadras de 1959, 2010, 2011, 2013 y 2018. Es decir; Barça de Helenio Herrera, Guardiola, Xavi y Messi. El Athletic Club (8 ligas) ubica conjuntos de 1930 y 1956. O lo que es lo mismo; Míster Pentland y Piru Gaínza y los once aldeanos.

Antes de entrar en materia hay que dar honores a los dos únicos subcampeones de la historia que lograron más de un 80% de los puntos en liza. Son el Real Madrid de la temporada 2009/10 (96 puntos y un 84’2% total) y el Real Madrid de la temporada 2010/11 (92 puntos con un 80’7% total).

2010 y 2011. Seguramente las dos mejores Ligas que ha habido. Hablamos de los dos mejores subcampeonatos de todos los tiempos por el nivel que se le exigió al campeón (FC Barcelona). Existe un nivel excelso de unos jugadores en una época donde España dominaba el mundo con una generación excepcional que logró Eurocopa, Mundial y Eurocopa en un lustro irrepetible. Son los años del Barça de Messi y del Madrid de Cristiano Ronaldo. Ellos dos junto a Xavi forman parte del llamado Dream Team del Balón de Oro. Iniesta y Sergio Ramos lo son del Dream Team del Balón de Bronce. Y otros como Casillas, Marcelo, Sergio Busquets, Xabi Alonso o Henry formaron parte de la lista de finalistas. Y hay más. Balones de Oro como Kaká o Benzema y leyendas caso de Ibrahimovic, Villa, Dani Alves, Puyol, Piqué, Pepe o hasta el último año de Raúl. Todos ellos rivalizaron en la Liga española en la temporada 09/10 y 10/11, las dos mejores que ha parido la competición patria.

Vamos pues con los 17 mejores campeones de la historia de la Liga española:

17 Athletic Club (1955/56) 48 puntos (+48 average) 80%: Liderados por Telmo Zarra, el Athletic había vivido esos años una época dorada ganando cinco copas en una década. Sin embargo, la Liga se les resistía a los bilbaínos que vieron como en el verano de 1955, destrozado por las lesiones, Zarra dejaba el Athletic junto a otras leyendas como Panizo y Venancio. El Athletic se renovó con un grupo de jóvenes jugadores procedentes de la cantera liderados por el sempiterno Piru Gaínza, quien daba sus últimos coletazos de fútbol con 34 años. Los bilbaínos tuvieron que exprimirse al máximo para lograr un título que el Barça les disputó hasta la última jornada y en el que tuvo mucho que ver sus resultados en San Mamés donde sólo cedieron un empate en quince partidos. El éxito fue doble al lograr también el título de Copa tras vencer al Atlético de Madrid en la final disputada en el Santiago Bernabéu. Once ideal: Cedrún; Orúe, Canito, Garay; Maguregui, Mauri; Uribe, Marcaida, Arieta, Artetxe y Gaínza. Entrenador: Fernando Daucik.

Gaínza y los aldeanos

16 Real Madrid (1988/89) 62 puntos (+54 average) 81’5%: El Real Madrid de la Quinta del Buitre había alcanzado su cénit y su mayor decepción a partes iguales. Tras ganar su tercera Liga seguida y caer ante el PSV en semifinales de la Copa de Europa, los blancos se reforzaron con el fichaje de Bernd Schuster, no mucho antes capitán del FC Barcelona. El Madrid es un tiro desde el inicio de la temporada y logra el título tres jornadas antes del final tras vencer al Real Oviedo en el Bernabéu. Sólo cedió una derrota en todo el curso (en Vigo ante el Celta) y logró el doblete al vencer al Real Valladolid en la final de la Copa del Rey. La pena fue otro fracaso en semifinales de la Copa de Europa, en esta ocasión ante el AC Milan. Once ideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Tendillo, Gordillo; Michel, Gallego, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.

Real Madrid 88/89

15 Real Madrid (2016/17) 93 puntos (+ 65 average) 81’5%: La primera temporada completa de Zinedine Zidane como técnico blanco se saldó con un triunfo liguero que apuntaló una trayectoria intachable del Real Madrid en Europa que se satisfaría ese año con la segunda de tres Copas de Europa consecutivas. Los blancos se colocaron en primera posición en la tercera jornada y se mantuvieron como líderes hasta el final del campeonato. A pesar de que fueron incapaces de vencer en sus dos duelos directos contra el Barça, los merengues fundamentaron su éxito en un excepcional rendimiento a domicilio con goleadas escandalosas a Betis (1-6) o RC Deportivo (2-6). El Madrid anotó al menos un gol en cada una de las 38 jornadas liderados por la dupla formada por Cristiano Ronaldo (25) y Álvaro Morata (15). Once ideal: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Modric, Kroos; Isco, Benzema y Cristiano Ronaldo. Entrenador: Zinedine Zidane.

Una alineación del Madrid 16/17

14 Real Madrid (1987/88) 62 puntos (+69 average) 81’5%: Maduros y en plenitud, aquella generación liderada por Butragueño fue una apisonadora durante las 38 jornadas de Liga. Se proclamaron campeones a cuatro jornadas del final tras machacar por 6-0 al Betis en el Bernabéu. No fue la única goleada. Hubo un 6-0 al Sporting y sendos 5-0 a la UD Las Palmas y al Athletic. Los merengues no soltaron el liderato desde la primera jornada en la que golearon en el Carranza al Cádiz CF por 0-4. Hugo Sánchez ganó por cuarto año consecutivo el trofeo al máximo goleador y el gallego Paco Buyo fue el portero menos batido. La excepcional campaña blanca sólo se vio frenada por el PSV Eindhoven que sorprendentemente eliminó al Real Madrid en semifinales de la Copa de Europa. Once ideal: Buyo: Chendo, Sanchís, Tendillo, Camacho; Michel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.

Hugo Sánchez

13 Real Madrid (1989/90) 62 puntos (+69 average) 81’5%: A pesar de los éxitos ligueros el Madrid seguía sin asaltar Europa, por lo que se apostó por el cambio de entrenador. Toshack llegó a la capital tras unos buenos años en San Sebastián y tuvo la sensatez de mantener la esencia del equipo a la que se le añadió Fernando Hierro, por entonces una fuerza de la naturaleza tan capaz de plantarse en el centro de la defensa como de asomar en el área como tercer delantero. Hierro debía ser el Gullit del Madrid, pero nuevamente el AC Milan sepultó las esperanzas blancas en Europa. En Liga la temporada fue un paseo con 107 goles en 38 jornadas, por entonces récord de la competición. Fue la quinta Liga seguida del Real Madrid con un 7-2 al Real Zaragoza y un 7-0 al CD Castellón como resultados más escandalosos. Hugo Sánchez fue Pichichi con 38 tantos (récord del momento) liderando un fastuoso ataque en el que Butragueño y Michel con 27 años estaban en el cénit de sus carreras. Once ideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Ruggeri, Gordillo; Michel, Hierro, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: John Benjamin Toshack.

Los cromos del Madrid 89/90

12 FC Barcelona (2017/18) 93 puntos (+70 average) 81’5%: Tras unos años magníficos con Pep Guardiola y Luis Enrique a los mandos, Ernesto Valverde tomó las riendas del FC Barcelona. Denostado por su perfil bajo ante prensa y afición, los números de Valverde en la campaña 17/18 están entre los mejores de la historia. El Barça ganó el título con 14 puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y sólo perdió un partido en toda la temporada. Ganó por 0-3 en el Bernabéu y Leo Messi volvió a ser el máximo goleador. Fue la campaña en la que Neymar se marchó por 222 millones que el Barça gastó en Coutinho y Dembelé. Y fue también el año de la despedida de Andrés Iniesta, quien anotó un tanto en la victoria por 5-0 ante el Sevilla FC en la final de la Copa del Rey que les dio el doblete a los azulgranas. Once ideal: Ter Stegen; Nelson Semedo, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Busquets, Paulinho, Rakitic; Iniesta, Luis Suárez y Messi. Entrenador: Ernesto Valverde.

Barça 17/18

11 Real Madrid (1963/64) 49 puntos (+38 average) 81’6%: Se antojaba un año complicado en la capital de España. Di Stéfano y Puskás contaban con 37 y 36 años respectivamente y se resistían a dejar los mandos. El Madrid comenzó la Liga al tran tran y estuvo a merced del Barça hasta el inicio de la segunda vuelta. A partir de entonces los merengues arrasaron a sus rivales logrando una cuarta liga consecutiva (entonces récord histórico) con triunfos sonados ante Atlético (5-1), FC Barcelona (4-0) y a domicilio contra el Valencia CF (1-4). Puskás logró su cuarto y último título de máximo goleador y Vicente su tercer trofeo Zamora. La estrella silenciosa fue Paco Gento que a sus asistencias añadió un promedio goleador de 0’5 tantos por partido para paliar la entrada en años de sus compañeros de delantera. Once ideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Pachín; Zoco, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Real Madrid 63/64

10 Real Madrid (1962/63) 49 puntos (+50 average) 81’6%: A pesar de ganar la Liga la temporada anterior, la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Benfica hizo convencer a Bernabéu de que debía rejuvenecer al equipo. Contrató al coruñés Amancio Amaro que en un primer momento chocó con Di Stéfano. Las malas sensaciones iniciales se saldaron con una eliminación en primera ronda europea ante el Anderlecht. Puso entonces el Madrid todo su empeño en la competición doméstica y logró su tercer título consecutivo (récord de la competición en aquel momento). Ganó 23 de 30 encuentros (incluyendo los 15 que jugó como local) y se proclamó campeón con varias jornadas de antelación. Venció en el Pizjuán por 0-5 y en el Camp Nou por 1-5. Vicente fue el portero menos goleado, Ferenc Puskás fue máximo goleador y entre los diez máximos anotadores también se colaron Amancio, Félix Ruiz y Di Stéfano. Once ideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Casado; Pachín, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Di Stéfano, Gento y Puskás

9 Real Madrid (1985/86) 56 puntos (+50 average) 82’3%: El Real Madrid sumó su 21º Liga en un año en el que también reverdeció viejos laureles en Europa al proclamarse campeón de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza era el presidente y se propuso devolverle la gloria a un Madrid que sumaba cinco años sin lograr una Liga sumido en una profunda crisis. A una hornada de canteranos liderados por Butragueño se unieron los fichajes de Hugo Sánchez, Maceda y Gordillo para unir a lo que se llamó la Quinta del Buitre con la Quinta de los Machos. El Madrid se puso líder en la segunda jornada y basó su liderazgo en una basta masa goleadora. Ganó los 17 partidos de casa liderados por la dupla formada por Hugo Sánchez (máximo anotador) y Jorge Valdano, ambos abastecidos por los fenomenales centros de Michel. Once ideal: Ochotorena; Chendo, Sanchís, Maceda, Camacho; Michel, Gallego, Gordillo; Valdano, Hugo Sánchez y Butragueño. Entrenador: Luis Molowny.

M.Vázquez, Michel, Buitre y Sanchís

8 Athletic Club (1929/30) 30 puntos (+35 average) 83’3%: Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que los azulgranas lograron la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darle la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha ante la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con mejores registros en dianas encajadas. Once ideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iragorrri. Entrenador: Fred Pentland.

Athletic 1930

7 Real Madrid (2023/24) 95 puntos (+61 average) 83’3%: Nadie contaba con el Real Madrid. Benzema se fue a ganar millones a Oriente Medio, Mbappé dijo por enésima vez no al Madrid y Joselu se convirtió en el ‘9’ blanco. Por si fuera poco, una plaga de lesiones asoló a la defensa blanca y luego el mejor portero del mundo, el héroe de la Copa de Europa lograda ante el Liverpool FC, se partía el ligamento cruzado de su rodilla derecha, para, al poco de recuperarse, lesionarse la rodilla izquierda. Con estos mimbres el Barça, vigente campeón, partía con varios cuerpos de ventaja, y se pensaba que ese iba a ser el año del Atlético. No fue así. El Madrid empezó como un ciclón gracias a Jude Bellingham, su fichaje del verano anterior. El que iba a ser el sustituto de Modric se convirtió en el de Benzema sumando goles y asistencias a un ritmo que se remontaba a tiempos de Alfredo di Stéfano. A pesar de que el Madrid cayó en el Metropolitano, pronto se vio que ni Atlético ni en Barça serían rivales y en su lugar aparecía el sorprendente Girona FC que perdería su imbatibilidad al caer claramente en casa ante el Real Madrid (0-3). En la segunda vuelta los blancos asumieron el mando de la competición. Ancelotti cambió de portero al sentar a Kepa por el ucraniano Lunin y Vinicius se erigió como líder del equipo al unir a su desborde una precisión en el remate de la que antaño carecía. El Madrid sentenció la Liga al vencer al Barça en el Bernabéu (3-2) para luego darse un festín ya como ganador ante el Alavés (5-0). En casa ya había ganado por 4-0 al sorprendente Girona, Celta y Osasuna. Mientras que fuera de casa destacó el 0-4 ante el descendido Granada CF. Bellingham anotó 19 goles y Vinicius 15, mientras que Toni Kroos siguió sentando cátedra al aportar ocho asistencias. El Real Madrid fue el equipo más goleador y el menos goleado, pero Lunin no pudo llevarse el trofeo Zamora por no jugar los suficientes partidos. En la Copa de Europa (también conquistada) Courtois volvió a la titularidad. Once ideal: Lunin; Carvajal, Rüdiger, Nacho, Mendy; Tchouaméni, Kroos, Valverde, Bellingham; Rodrygo y Vinicius. Entrenador Carlo Ancelotti.

Kroos, Modric, Nacho y Carvajal (6 Champions)

6 FC Barcelona (2010/11) 96 puntos (+74 average) 84’2%:  Por entonces la máquina de juego asociativo creada por Pep Guardiola estaba en su máximo esplendor. La perfección fue absoluta en la final de Copa de Europa en la que el Barça bailó al Manchester United. No se pudo completar el triplete al perder la final de Copa ante el Real Madrid, pero en la Liga todo fueron alegrías tras caer sorprendentemente en la primera jornada en casa ante el Hércules. Los fichajes de Villa y Mascherano perfeccionaron a un equipo que se puso líder tras humillar al Real Madrid de Mourinho en el Camp Nou (5-0). Cinco tantos también recibieron Real Sociedad y Sevilla FC, aunque para escandaloso el 0-8 que la UD Almería recibió en su casa. Messi y Villa anotaron entre los dos 50 goles y Víctor Valdés fue el portero menos goleado del campeonato. Once ideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Messi, Villa y Pedrito. Entrenador: Pep Guardiola.

Barça 2010/11

5 FC Barcelona (1958/59) 51 puntos (+70 average) 85%: En plena retahíla de éxitos europeos madridistas en Copa de Europa el FC Barcelona logró el tercer doblete de su historia tras gobernar la Liga con mano de hierro y vencer en la final de Copa al Granada CF. El torneo de la regularidad fue un duelo al sol entre Barça y Madrid que dejaron al resto de contendientes a una distancia sideral. Las alternancias en el liderato se sucedieron hasta que en el último tercio de Liga el Barça piso el acelerador para llevarse el título. El conjunto dirigido por Helenio Herrera ganó todos sus partidos en el Camp Nou incluyendo soberanas palizas a Atlético (5-0), UD Las Palmas (5-1), Osasuna (6-1), Valencia CF (6-0) o Real Oviedo (7-1). La más satisfactoria fue un 4-0 al Real Madrid con triplete de Evaristo. También destacó el Barça por su fortaleza defensiva y Antonio Ramallets logró su cuarto trofeo Zamora. Once ideal: Ramallets; Rodri, Gensana, Olivella, Gracia; Segarra, Luis Suárez; Tejada, Czibor, Kubala y Evaristo. Entrenador: Helenio Herrera.

El Barça de H.H.

4 Real Madrid (1960/61) 52 puntos (+64 average) 86’6%: Tras ganar el Madrid cinco Copas de Europa de forma consecutiva hubo de esperar al primer revés europeo de los blancos para ver la mejor Liga del equipo liderado por Alfredo di Stéfano. El Barça había ganado dos Ligas de forma consecutiva y en octubre de 1960 había eliminado al Real Madrid en octavos de Copa de Europa en un enfrentamiento con marcados errores arbitrales. Cabreado por lo sucedido, el Real Madrid se convirtió en un huracán sumando victoria tras victoria y logrando el título con 12 puntos de ventaja sobre el segundo y 19 sobre el tercero (una salvajada dado que entonces las victorias valían dos puntos). Los merengues masacraron al Real Oviedo (7-0) y al Elche CF (8-0) en el Bernabéu, pero más esplendorosos fueron sus triunfos a domicilio contra Real Sociedad (0-5), Real Betis (0-5) y FC Barcelona (3-5). Dirigidos por Miguel Muñoz iniciaron un ritual que sería costumbre en los 60 con Vicente como portero menos goleado y Ferenc Puskás como máximo goleador. Puskás anotó 28 tantos, Di Stéfano firmó 21 y Luis del Sol marcó 17 goles. Once ideal: Vicente; Marquitos, Santamaría, Casado; Pachín, Vidal; Del Sol, Puskás, Di Stéfano, Canario y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

Di Stéfano y Gento

3 FC Barcelona (2009/10) 99 puntos (+74 average) 86’8%: Tras lograr el Sextete la temporada anterior el Barça decidió cambiar al siempre polémico Samuel Eto’o por el también polémico Zlatan Ibrahimovic. La mezcla acabó fallando en Europa, pero la unión de Messi, Iniesta y Xavi (Balón de Oro, Plata y Bronce respectivamente) era superior a lo cualquier rival pudiese imaginar. El Barça acabó la primera vuelta con cinco puntos sobre el Madrid y finiquitó el campeonato al vencer a ocho jornadas del final en el Bernabéu por 0-2. Con todo no fue proclamado matemáticamente campeón hasta el último encuentro dado el nivel de un Madrid que finalizó con 96 puntos siendo el mejor subcampeón de todos los tiempos. Leo Messi fue el Pichichi (sumaría ocho en su exitosa carrera) favorecido por la decisión de Guardiola de colocarlo definitivamente como falso ‘9’ y Víctor Valdés lograba su segundo trofeo Zamora. Once ideal: Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Ibrahimovic y Messi. Entrenador: Pep Guardiola.

Messi 2009/10

2 FC Barcelona (2012/13) 100 puntos (+75 average) 87’8%: Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias (exactamente los mismos números que su alter ego Cristiano Ronaldo había logrado la campaña anterior). Once ideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.

Barça 2012/13

1 Real Madrid (2011/12) 100 puntos (+89 average) 87’8%: Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor, unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces el técnico portugués logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça, y quien sabe si el mejor equipo, jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo Vallecano (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0) y fuera de casa ante el Sevilla CF (2-6), otra vez el Espanyol (0-4) y Real Zaragoza (0-6). Cristiano Ronaldo acabó con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias, aunque no fue Pichichi por los ¡50! de Messi quien con 25 años firmó en balde los mejores números de su grandiosa carrera. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Once ideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.

Una alineación del Madrid 11/12

“Teníamos que haber ganado alguna Liga y alguna Copa de Europa más. Eso es lo que tiene el Madrid. Si está mal gana igual. Nosotros tenemos que estar muy bien para ganar”. Carles Puyol, capitán del FC Barcelona y ganador de seis ligas.

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¿Cuál es el mejor equipo secundario de Europa?

Hace poco más de dos meses redacté un artículo en el que me animaba a indagar cuál era el mejor campeón de Copa de Europa. Cuál entre todos los campeones en más de 70 años de competición era aquel que había hecho la mejor temporada. Tras un escrutinio, de los 14 finalistas salió victorioso el FC Bayern de 2020, quien venció en los 11 partidos que disputó ese año con sonoras goleadas en octavos, cuartos (8-2 al Barça) y semifinales.

Hubo quien no estuvo de acuerdo. Normal y lógico dado que este blog no es palabra de Dios. Además, de todas las clasificaciones e historias contrafactuales que tengo hecho ya manifesté que aquella era la más subjetiva de todas ellas. El caso es que los grises no suelen existir y toda opinión oscila entre blanco y negro. En el caso del fútbol eso significa Madrid y Barça.

Así que mi suegro, un agradecido y entusiasta lector fanático del Real Madrid, no dudó en decirme que no estaba de acuerdo con la clasificación. Obviamente el Madrid es el mejor equipo, no sólo de Europa (15 títulos sobre 7 del siguiente campeón) sino del planeta, pero los números dicen que sus victorias beben en su mayoría de la épica y ninguna es tan perfecta como la del Bayern de 2020. Por otro lado, un buen amigo de mis tiempos de instituto, otro agradecido lector, en este caso fanático del Barça, no dudó en decirme que era indignante que el Barça de Guardiola ni siquiera estuviese entre los 14 finalistas. El caso es que es posible que el juego ofensivo y entusiasta del Barça de Guardiola haya sido el más hermoso del último cuarto de siglo (hay quien dice que de siempre), no obstante en 2009 meneó al United en la final porque Iniesta metió un gol milagroso en Stamford Bridge en la vuelta de las semifinales. Así que lo de ganar con autoridad podemos ponerlo entre comillas.

Luego añadió aquello de que en tiempos de Franco al Madrid le regalaban las ligas y por eso podía jugar la Copa de Europa.

En fin.

Como no pierdo el tiempo en contestar a esa chorrada, le hice a mi buen amigo la siguiente reflexión. Dado que el Madrid ganaba ligas por decreto franquista y el Barça era tan buen equipo; ¿cuántas Copa de la UEFA ganó el Barça en los años en los que el Madrid ganó sus seis Copas de Europa en blanco y negro? Yo le respondí. El caso es que fueron tres títulos internacionales azulgranas en el mismo tiempo que el Madrid ganaba el doble.

Surge el argumento entonces de que era más difícil de ganar la UEFA que la Copa de Europa. Puede ser. Clasificarse para la Copa de Europa era mucho más complicado y su prestigio era mayor, pero en la UEFA se juntaban dos, tres o cuatro equipos de tronío de las ligas más potentes de Europa. El cartel de la Copa de la UEFA hasta los años 90 solía ser más temido que el de la Copa de Europa.

Así que la propuesta que se me hace es descubrir cuál ha sido el mejor equipo en la mejor temporada europea de la historia. Cuál ha sido el mejor equipo secundario del continente. Acepté el reto y me puse a ello.

Las reglas son las mismas con las que había buscado al mejor equipo en la mejor temporada de la Copa de Europa. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. Hay demasiados. Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates, por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré muchísimos campeones y decidí darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar cuatro de los cinco partidos en liza. Los reyes entre reyes.

De los cinco partidos decisivos al menos salir triunfador en cuatro de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Tenía 15 campeones. Bien. Correcto.

Había un problema. Quedaba la Recopa de Europa. Por nombres la tercera competición europea. Participaban los campeones de copa y muchos de ellos eran equipos de segunda o hasta de cuarta fila. No obstante, su prestigio era superior al de la UEFA dado que para acceder a la Recopa debías haber ganado un título. Menor, quizás. Pero un título. Así que hube de incluir a la Recopa, pero fui mucho más estricto. Para pasar la criba habría que ganar los dos partidos de semifinales y la final. 3/3. Me salieron cinco campeones. Añadí luego la neonata Conference League. No salió ninguno. Afortunadamente no salió ninguno.

Fueron 20 los campeones. 20 de 108 posibles. 15 de la Copa de la UEFA y 5 de la Recopa de Europa.

Spoiler. El Barça sólo coloca un campeón entre los 20 finalistas. Así que no. No es culpa de Franco. El Madrid no coloca ninguno. Normal, dado que solía participar en la Copa de Europa. El Madrid nunca ganó la Recopa y venció en dos UEFA en los ochenta, hoy enterradas, pero entonces muy apreciadas (el Madrid estuvo 32 años a dos velas, que nadie se olvide). Las ganó, como de costumbre, a lomos de la épica, fracasando a domicilio y remontando en el Bernabéu. El miedo escénico nació por aquel entonces.

En la Copa de la UEFA (antes Copa de Ferias y hoy Europa League) España consta con 20 títulos (7 del Sevilla FC), Inglaterra 13 e Italia 11. En la Recopa ingleses e italianos suman ocho entorchados por los siete españoles (4 del FC Barcelona plusmarquista de la competición). No es más que un reflejo de cuales fueron, han sido y son las ligas más fuertes del continente.

Esta clasificación de 20 equipos confirma cosas que ya me imaginaba como que el Anderlecht fue un primer espada europeo, lo buen entrenador que fue el finado Sven-Göran Eriksson o lo buen guardameta que era el infravalorado Michel Preud’homme. También deja espacio para que brillen tanto el Inter como la Juve, dos equipos triunfadores en Italia, pero que siempre han vivido en Europa a la sombra de los éxitos del AC Milan en la Copa de Europa.

Fuera de la lista quedaron un par de equipos invictos como la Juve de Michel Platini y el Everton de Howard Kendall victoriosos en la Recopa de 1984 y 1985 respectivamente. También destacar al Shakhtar Donetsk de 2009 y al Chelsea de 2013 ganadores de la Europa League, que fueron descartados por provenir de la primera fase de la Copa de Europa donde firmaron unos números mediocres.

Vamos a ello. Obviamente no se puede comparar esta lista con los ganadores de Copa de Europa. Pero es una muestra de esa clase media. O de esos grandes equipos a los que se les cerraron las puertas de la Copa de Europa, pero alcanzaron la gloria en el segundo escalón europeo. Son todos un ramillete de equipos que serán recordados por aquellos que los disfrutaron en su momento y que merecen ser conocidos por aquellos que nunca jamás han oído hablar de ellos.

Vamos con los 20 elegidos. Primero los cinco que ganaron la Recopa. Después con la quincena que ganó la Copa de la UEFA:

Recopa:

20 RSC Anderlecht 1976 (6-1-2) 16 FC 5 GC 66’6%: Resulta que en los 60 liderados por Paul Van Himst el Anderlecht ganó liga tras liga. Retirado el mejor jugador belga del siglo XX, el Anderlecht pasará casi una década sin alzar una liga y paradójicamente eso le permitirá ganar tres títulos europeos. La Recopa de 1976 sería el primero de ellos. La final tendría lugar en Bruselas frente al West Ham y fue ganada por 4-2 gracias a dos goles postreros de Rob Rensenbrick y Frankie Van der Elst, sus dos grandes estrellas. A ojos actuales el Anderlecht no dice nada, pero en aquellos años era un rival fortísimo que jugaría tres finales de Recopa consecutivas alzándose con el título en el ya citado 1976 y también en 1978. En ese mágico 76 le ganarían la Supercopa al Bayern de Beckenbauer. Once ideal: Ruiter; Lomme, Van Binst, De Groote, Broos; Van der Elst, Dockx, Coeck, Haan, Ressel; Rensenbrick. Entrenador: Hans Croon.

Rob Rensenbrick

19 FC Barcelona 1989 (6-3-0) 18 GF 5 GC 66’6%: Sin la Recopa del 1989 y la Copa de 1990 no hubiese habido Dream Team. Y es que entonces el Barça de Cruyff iba mal. Muy mal. Sólo algunos entendían lo que Cruyff pretendía y muy pocos eran capaces de ejecutarlo. Alexanko no sabía salir de la cueva con el balón jugado en los pies y Gary Lineker detestaba partir de las bandas para adentrarse en el área. Ambos acabarían relegados, pero en aquella Recopa que le daría oxígeno a Cruyff fueron capitales. El Barça acabaría invicto, pero sufrió de lo lindo. Eliminó al Lech Poznan polaco en octavos por el valor doble de los goles fuera de casa y al Aarhus danés por un solitario tanto. En semifinales vencieron por 4-2 al CSKA de Sofía (en Bulgaria perderían 2-1) en un partido donde el mundo conoció a un potro salvaje llamado Hristo Stoichkov que a los pocos meses acabaría firmando por el Barça. La final fue otra cosa y se ganó con autoridad a un gigante del momento como era la Sampdoria genovesa. A los cuatro minutos Julio Salinas ya había abierto el marcador (marcó 26 tantos esa temporada) y todo fue de cara para un 2-0 final. Era la tercera Recopa de los azulgranas, quienes son los plusmarquistas del torneo con cuatro triunfos. Once ideal: Zubizarreta; López Rekarte, Aloisio, Serna; Roberto, Eusebio, Milla, Bakero; Lineker, Julio Salinas y Beguiristain. Entrenador: Johan Cruyff.

Barça 89

18 Borussia Dortmund 1966 (7-1-1) 27 GF 9 GC 77’7%: Antes de que emergiese el Bayern, el Dortmund fue el primer equipo teutón en ganar un torneo internacional. Fue la Recopa de 1966 a donde accedió tras ganar el año anterior la primera copa de su historia. En octavos de final el Dortmund echó al CSKA Sofia antes de enfrentarse en cuartos al Atlético de Madrid, favorito para pasar de ronda. Los alemanes arañaron un empate en España para luego vencer en casa por 1-0 y pasar a semifinales. Allí ganaron los dos duelos ante el West Ham de Bobby Moore, vigente campeón, para enfrentarse en la final al Liverpool FC de Bill Shankly. Era una antesala del Inglaterra vs Alemania que un mes más tarde tendría lugar en la final del Mundial. El Dortmund contaba con Tilkowski, Libuda o Emmerich. El encuentro fue precioso y se saldó con un empate a un gol que se satisfizo con victoria teutona en la prórroga con un tanto del extremo Reinhard Libuda, una leyenda del Schalke 04 que pasó tres años de su carrera en su archirrival Dortmund para ayudarle a ganar la Recopa. Once ideal: Tilkowski; Cyliax, Paul, Redder, Kurrat; Libuda, Assuaer, Schimidt; Held, Sturm y Emmerich. Entrenador: Willi Multhaup.

Dortmund 1966

17 Racing Mechelen 1988 (7-2-0) 12 GF 3 GC 77’7%: Sin duda el más sorprendente equipo de todos los presentes en este listado. En Malinas (Mechelen) creció Felipe el Hermoso, el hombre que heredó fugazmente el Imperio tejido por los Reyes Católicos. Y ya está. No había más que rascar. Ciudad de 80.000 habitantes, estadio menor y cinco años antes aún estaba en la segunda división belga. Ocurrió entonces uno de esos milagros que son imposibles en tiempos de Ley Bosman y libre circulación de jugadores.  A través de una defensa férrea y litros de solidaridad, el Racing Mechelen hizo historia y se convirtió en el último club belga con un título europeo. No encajaron un gol hasta cuartos y ganaron los dos partidos de semifinales ante el Atalanta. En la final el favorito es el Ajax de Blind, Winter, Mühren, Witschge y Bergkamp. Aunque los neerlandeses se quedan con diez al poco de empezar es un acoso y derribo que es frenado por Michel Preud’Homme, el verdadero héroe de esta historia. Uno de los dos o tres mejores porteros del mundo en su época y que fue fiel al Malinas para ganar la Copa del 87, la Recopa y la Supercopa de Europa en el 88, la Liga en el 89 y llevar a una agónica prórroga de cuartos al poderoso AC Milan de los holandeses al año siguiente. Once ideal: Preud’Homme; Hofkens, Rutjes, Deferm, Clijsters; Sanders, Emmers, Erwin Koeman, De Wilde; Den Boer y Ohana. Entrenador: Aad de Mos.

Preud’Homme

16 AC Milan 1973 (8-1-0) 15 GF 3 GC 88’8%: No existe equipo más grande en Italia que la Juventus y no existe rival más enconado para la Juve que el Internazionale. Ese el derbi de Italia. Y con todo ninguno de ellos puede rivalizar con el AC Milan cuando hablamos de éxitos europeos. Todo lo que le cuesta ganar dentro de la Península Itálica los rossoneros lo resuelven al cruzar los Alpes. Su éxito se fundamentó en la dirección de Nereo Rocco, uno de los padres del catenaccio. Con Rocco en el banquillo se lograron un par de Copas de Europa y otras dos Recopas. El de 1973 fue el último año de Rocco en el banquillo y lo celebrará arrasando en Europa. Abonados al 1-0 el equipo elimina con solvencia a Legia Varsovia, Spartak Moscú y Sparta Praga antes de enfrentarse al Leeds United en la final que también ganarán por 1-0 con un tanto de Luciano Chiarugi. Rocco saldrá del equipo tras sumar nueve campañas como técnico y el AC Milan tardará década y media en volver a lograr un título europeo. Once ideal: Vecchi; Anquilletti, Rosato, Sabatini, Schnellinger; Benetti, Biasiolo, Rivera, Bigon; Chiarugi y Prati. Entrenador: Nereo Rocco.

AC Milan 1973

Vamos ahora con los 15 siguientes. Copa de la UEFA:

15 IFK Goteborg 1987 (7-5-0) 21 GF 5 GC 58’3%: En 1987 el IFK Goteborg se convirtió en el único equipo en ganar la Copa de la UEFA dos veces como invicto. Ya no estaba Eriksson en el banquillo, no obstante, sin él el conjunto sueco sumaría tres ligas seguidas sin perder un solo partido como local (1983, 1984 y 1985). Era el Goteborg un equipo con personalidad propia liderado por Gunter Bengtsson, ex asistente de Eriksson, y que contaba en sus filas con jugadores profesionales en su mayoría (en el éxito de 1982 no lo eran). Sobrevivía Glenn Hysen (luego iría a la Serie A), el joven delantero Stefan Peterson (luego en el Ajax) y Roland Nilsson (116 veces internacional sueco). Lo más difícil para el Goteborg fue la eliminatoria de cuartos ante el Internazionale saldada con triunfo por el valor doble de los goles fuera de casa. En la final el rival fue el sorprendente Dundee escocés quien había echado al Gladbach y al Barça. A doble partido, en la ida ganaron los suecos por 1-0 y en la vuelta un empate a goles en Escocia le daba el trofeo al Goteborg. El suplente Jari Rantanen fue máximo goleador de la competición con cinco tantos. Once ideal: Wernersson; Ola-Carlsson, Hysen, Larsson, Fredriksson; Roland Nilsson, Tord Holgrem, Andersson, Tommy Holgrem; Pettersson y Nilsson. Entrenador: Gunder Bengtson.

IFK Goteborg 1987

14 AC Parma 1999 (7-2-2) 25 GF 10 GC 63’6%: Una pequeña planta lechera de la provincial Parma fundada en 1961 apenas tres décadas después era una multinacional láctea. Parmalat inyectó miles de millones en el conjunto local que asciende a la Serie A en 1990 y en diez años logrará sumar tres copas, una Recopa y dos Copas de la UEFA antes de sumirse en la oscuridad. El Parma de 1999 conformaba una constelación de estrellas que pasó rondas con dificultad (hubo que remontar al Fenerbahçe del desconocido Joaquim Low) antes de arrasar en las rondas decisivas. Buena prueba de ello fue el 6-0 que le metió al Girondins en cuartos con dobletes de Enrico Chiesa (máximo goleador del torneo) y de Hernán Crespo. En semifinales derrotaron en el Calderón al Atlético por 1-3 en el choque de ida a pesar de no poder contar con Fabio Cannavaro por sanción. La final fue otro ejercicio de superioridad para un equipo que enamoró en los 90 a base de la mejor línea defensiva del momento y un ataque fantasista que duró tanto como los millones de la Parmalat consideraron oportuno (y aun tenían a Faustino Asprilla como suplente). Fue la octava copa de la UEFA para un club italiano en una década. Once ideal: Buffon; Thuram, Sensini, Cannavaro, Benarrivo; Boghossian, Verón, Dino Baggio, Fuser; Chiesa y Crespo. Entrenador: Alberto Malesani.

Parma 99

13 Valencia CF 1962 (6-2-1) 33 GF 13 GC 66’6%: De las primeras ocho ediciones de la Copa de Ferias (después Copa de la UEFA) los equipos españoles salieron vencedores en seis ocasiones. El Valencia haría doblete campeonando en 1962 y 1963. La de 1962 fue también la primera vez que los ché competían en Europa y lo harían con un tal Waldo en la delantera. El encuentro inaugural fue una victoria por 2-0 ante el Forest en Mestalla con dos tantos del ariete brasileño que falleció a los 84 años en su casa de Valencia donde se asentó tras 160 goles en 296 partidos con los levantinos. En la vuelta se ganó en Nottingham por 1-5 y en cuartos se venció al Inter con doblete del canterano Guillot. Tras machacar al MTK Budapest en semifinales (10-3 en el global) tocaba doble partido ante el Barça en la final. En la ida en Valencia 6-2 (con triplete de Guillot) y en la vuelta empate a un tanto. Once ideal: Zamora II; Piquer, Quincoces II, Mestre; Ribelles, Chicao, Recamán; Héctor Núñez, Waldo, Nando Yosu y Guillot. Entrenador: Alejandro Scopelli.

Waldo

12 Internazionale 1998 (8-1-2) 20 GF 8 GC 72’7%: Aquel año el Inter ganó la Copa de la UEFA y fue subcampeón italiano. Y ahí quien dice que fue una de las plantillas peor aprovechadas de todos los tiempos (Paulo Sousa, Recoba, Kanu o Zamorano eran suplentes). En parte es cierto. El Inter jugaba un 5-3-2 con marcajes al hombre y apostándolo todo al contraataque y a la velocidad de un Ronaldo Nazario en su máximo esplendor antes de que sus rodillas lo obligasen a cambiar de un guepardo en campo abierto a tigre recluido dentro del área. 1998 fue la tercera vez en siete años que el Inter ganaba la Copa de la UEFA. Hubo que tirar de épica unas cuantas veces. Se cayó en casa ante el Olympique de Lyon por 1-2 para ganar en Francia por 1-3. Luego se perdió en Estrasburgo por 2-0 para ganar en el Giuseppe Meazza por 3-0 con tantos de Ronaldo, Simeone y Zanetti. A partir de ahí todo fue rodado. Se venció a Spartak de Moscú y a Schalke 04 con exhibiciones de Ronaldo antes de plantarse en la final ante la SS Lazio. Un duelo entre dos de las plantillas más caras del momento y que dejó uno de los partidos más bonitos de la década. Zamorano adelantó al Inter a los cinco minutos y luego las ocasiones de la Lazio y los contragolpes perfectos del Inter se sucedieron, hasta que Ronaldo anotó el 3-0 con un regate a base de fintas sin tocar el balón que forma parte de la pinacoteca del fútbol mundial. Once ideal: Pagliuca; Zanetti, Sartor, Bergomi, Colonnese, West; Moriero, Simeone, Cauet; Djorkaeff y Ronaldo. Entrenador: Luigi Simone.

11 Sevilla CF 2015 (11-3-1) 30 GF 14 GC 73’3%: En menos de dos décadas el Sevilla CF ganó siete Europa League y se convirtió en plusmarquista de la competición. El periodo de mayor esplendor se dio entre 2014 y 2016 cuando sumó tres consecutivas bajo la dirección de Unai Emery. Ninguna de ellas fue ganada con tal autoridad como la de 2015. El equipo perdió ese verano a Rakitic y a Fazio incorporando a Krychowiak y a Ever Banega. Tras perder un partido en la fase de grupos el equipo se mantuvo invicto en las eliminatorias a doble partido. Se ganó con suma facilidad al Gladbach y al Villarreal CF (1-3 a domicilio y 2-1 como local), aunque luego se sufrió en cuartos ante el Zenit, donde un gol de Gameiro a cinco minutos del final impidió la prórroga. En semifinales el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina (global de 5-0) y en la final dos goles de Carlos Bacca (siete goles en la competición) y uno de Krychowiak dieron la victoria por 3-2 ante el sorprendente Dnipro ucraniano. Once ideal: Sergio Rico; Aleix Vidal, Carriço, Pareja, Tremoulinas; Vitolo, M’Bia, Krychowiak, Reyes; Banega y Bacca. Entrenador: Unai Emery.

Sevilla 2015

10 Internazionale 1994 (9-1-2) 22 GF 8 GC 75%: El Inter había dado carpetazo a su apuesta por los alemanes (Brehme, Matthaüs y Klinsmann) y se apuntaba ahora a los holandeses (Jonk y Bergkamp) intentando seguir los éxitos de su archienemigo milanés. El experimento duró un año. Fue una temporada mediocre que se saldó con un paupérrimo 13º puesto en la Serie A. No obstante, todo el potencial de aquel equipo se concentró en la Copa de la UEFA. Bergkamp acabaría fracasando y tiempo después se convertirá en leyenda en el Arsenal, pero por el camino dejó pinceladas de su talento en Europa. En las tres primeras eliminatorias anotará cinco de los nueve goles de su equipo. En cuartos toca el Borussia Dortmund, vigente subcampeón. Se gana en Alemania 1-3 con doblete de Jonk para luego perder en casa por 1-2 aguantando el resultado en los últimos diez minutos. En semifinales toca duelo italiano frente al Cagliari con remontada y victoria por 3-0 en casa con exhibición de Bergkamp y Berti. En la final a doble partido el Inter vence al SV Salzburgo (0-1 en Austria y 1-0 en Italia) y hace grande una temporada que se tornaba en fracaso. Bergkamp fue el máximo anotador de la competición con ocho tantos y en verano Massimo Moratti se hará con la presidencia y desmantelará una plantilla campeona en Europa pero que acabó a un punto del descenso a la Serie B. Once ideal: Zenga; Paganin, Bergomi, Battistini, Orlando; Fontolan, Jonk, Shalimov, Berti; Bergkamp y Rubén Sosa. Entrenador: Giampiero Marini.

Inter 1994

9 RSC Anderlecht 1983 (9-1-2) 31 GF 10 GC 75%: Ya no estaban ni Frankie Van der Elst ni Rob Resenbrinck pero del gran Anderlecht aun destacaba Frankie Vercauteren, un escurridizo delantero que en el 76 ya estaba presente saliendo desde el banquillo. En ese momento el Anderlecht finalizaba su edad de oro, sin embargo, aun iba a vivir una UEFA del 83 inolvidable a lomos de un sevillano de Coria del Río llamado Juan Lozano. Emigrado a Bélgica de niño, Lozano era un metrónomo de primer nivel al que luego los vicios de la noche harían fracasar en el Real Madrid. El caso es que el Anderlecht meneó al FC Porto (4-0), al FK Sarajevo (6-0), al Valencia CF (1-2 en Mestalla y 3-1 en casa) y se plantó en una final a doble partido ante el Benfica. Venció por 1-0 en casa y aguantó el 1-1 en Lisboa para coronarse con su último entorchado europeo. Erwin Vandenbergh anotó siete tantos en la competición saliendo del banquillo en muchas ocasiones. Once ideal: Munaron; De Groote, De Greef, Martin Olsen, Peruzovic; Hofkens, Lozano, Coeck, Frimann; Vercauteren y Brylle-Larsen. Entrenador: Paul Van Himst.

Anderlecht 83

8 Sevilla CF 2020 (9-2-1) 23 GF 7 GC 75%: Fiel a su política de comprar y vender jugadores a la velocidad de la luz aquella temporada los hispalenses tuvieron 17 incorporaciones. Muriel, Sarabia o Ben Yedder dejaron el equipo en el que entraron Koundé, De Jong u Ocampos. Los sevillanos firmaron una gran temporada finalizando cuartos en Liga y vitoreando nuevamente en su competición fetiche. La fase de grupos fue un paseo hasta que en 1/16 se fueron a encontrar con los mayores problemas ante el teoría inofensivo Cluj rumano. Se ganó debido al valor doble de los goles fuera de casa. Y gracias, dado que el Cluj mereció ganar en el Sánchez Pizjuán. Entonces el mundo se sumió en las tinieblas y hubo que esperar al mes de agosto para celebrar un torneo con los 16 equipos supervivientes en tierras alemanas. Con la sombra del Covid planeando sobre sus cabezas, el Sevillla sacó su colmillo de campeón para hacerse con un nuevo trofeo de la Europa League. Consecutivamente vencieron al AS Roma (2-0), Wolverhampton (1-0) y al Manchester United (2-1). En la final de Colonia el rival sería el Internazionale. En un disputadísimo duelo el Inter se puso por delante con gol de Lukaku antes de que Luuk De Jong (sólo tres goles en la competición, pero dos en la final) anotase un doblete que daba la vuelta al partido. Godín empató antes del descanso, pero un autogol de Lukaku les daba el triunfo a los españoles (3-2) con una gran actuación de Bono, por entonces habitual portero suplente. Entonces era la sexta para el Sevilla. Once ideal: Vaclik; Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón; Fernando, Banega, Joan Jordán; Ocampos, De Jong y Suso. Entrenador: Julen Lopetegui.

Sevilla 2020

7 IFK Goteborg 1982 (9-3-0) 27 GF 10 GC 75%: En 1979 el Goteborg contrató a un desconocido y joven técnico llamado Sven-Göran Eriksson. Sin experiencia alguna en la élite, implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros y no hablamos de una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Goteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3. El citado Nilsson fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos y Eriksson acabó fichando por el Benfica antes de dar el salto a los banquillos de la Serie A. Once ideal: Wernersson; Svensson, Karlsson, Fredriksson, Hysen; Carlsson, Tord Holdgrem, Strömberg, Tommy Holgrem; Nilsson y Corneliusson. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.

Sven-Göran Eriksson

6 Valencia CF 2004 (13-3-1) 20 GF 5 GC 76’4%: El Valencia es de esos clubes nobles sin suficiente capacidad para asaltar los cielos. A inicios del siglo XXI disputó dos finales de Copa de Europa perdiendo ambas de ellas. Era entonces entrenador el argentino Héctor Cúper, que dará paso al desconocido Rafa Benítez quien le dará a los levantinos dos ligas y una Copa de la UEFA. El sistema no varió en absoluto. Arquitectura defensiva rayando lo obseso, cemento en el centro del campo (Albelda y Baraja) y un fantasista (Aimar) para darle cordura a la locura del cerocerismo. Con esos mimbres el Valencia logró un doblete histórico al vencer en casa y en Europa. En la UEFA tuvo un recorrido casi inmaculado con la salvedad de una derrota en la ida de los octavos ante el Gençlerbirligi turco. Se venció fácilmente al Besiktas y al Girondins de Burdeos antes de enfrentarse en semifinales al Villarreal CF. Miedos y precauciones defensivas se solventaron con un gol de penalti de Mista en la vuelta que finiquitó la eliminatoria. En la final el Valencia derrotó con suma facilidad (2-0) al Olympique de Marsella de Barthez y Drogba, en una muestra más de fútbol efectivo y sin artificios. Marcaron Mista y Vicente. Once ideal: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista. Entrenador: Rafael Benítez.

Valencia 2004

5 FC Porto 2011 (12-1-2) 37 GF 14 GC 80%: La temporada 2010-11 fue perfecta para el club del norte de Portugal. Vencieron en la copa portuguesa (ganando 6-2 la final) y lograron el título de liga sin perder un solo partido con un espectacular balance de 27 victorias y 3 empates. El llamado Oporto de los colombianos se reforzó ese verano con James Rodríguez y Joao Moutinho, aunque la clave del equipo estaba en su fastuosa delantera formada por el brasileño Hulk y el colombiano Falcao. El Porto FC sufrió para eliminar al Sevilla CF en dieciseisavos, para luego pasar rondas con suficiencia (en cuartos ganó al Spartak moscovita por 10-3 en el global y en semifinales al Villarreal por un total de 7-4). La ida de la semifinal fue una goleada por 5-1 con póker de goles de Radamel Falcao, quien también metió el tanto que le dio el título ante el Sporting Braga (1-0) en un duelo luso. El ariete colombiano marcó un nuevo registro de la competición al firmar 17 goles, mientras que Hulk, su compañero de ataque, firmó cinco tantos, en un equipo donde también destacó desde el banquillo el argentino Belluschi. Once ideal: Helton; Maicon, Rolando, Otamendi, Alvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho; Guarín, James Rodríguez, Hulk; Falcao. Entrenador: André Villas-Boas.

Radamel Falcao

4 FC Bayern 1996 (10-1-1) 32 GF 10 GC 83’3%: Parece difícil de imaginar en la actualidad, pero en los 90 el Bayern distaba mucho de ser un ogro. Sólo sumó tres ligas en toda la década y naufragó una y otra vez en sus incursiones en la Copa de Europa. La campaña 95-96 sería otra dura prueba de fuego para el orgullo bávaro. La temporada fue iniciada por Otto Rehhagel en el banquillo. Su buscaba mano dura, pero la receta no funcionó. El equipo es apodado FC Hollywood por ser más habitual los éxitos de sus jugadores en la prensa rosa que en la deportiva. Con todo el Bayern es el Bayern y no tiene problemas en ejecutar al Benfica (4-1) y al Nottingham Forest (5-1) antes de enfrentarse al FC Barcelona en semifinales. Por entonces Franz Beckenbauer ha abandonado el sillón presidencial para ocupar de forma interina el puesto de entrenador. En Múnich hay empate a dos goles, pero en la vuelta Babbel y Witeczek hacen inútil el gol a última hora de Iván De La Peña, en un último duelo desde los banquillos entre Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. En la final hay choque ante el Girondins de Burdeos del entonces semidesconocido Zinedine Zidane. Fácil para los teutones que vencen por 2-0 en casa y rematan en Francia por 1-3 con golazo incluido de Jürgen Klinsmann, que ese año fue el máximo anotador de la Copa de la UEFA con 15 tantos por los cinco que convirtió Mehmet Scholl. Once ideal: Kahn; Babbel, Helmer, Matthaüs, Ziege; Sforza, Hamann, Nerlinger, Strunz; Klinsmann y Zickler. Entrenador: Franz Beckenbauer.

Bayern 96

3 Borussia Gladbach 1975 (10-1-1) 32 GF 9 GC 83’3%: El equipo que tuteó al Bayern durante una década y que deleitaba a los aficionados con un fútbol efectivo y ofensivo que parecía más holandés que alemán. Fueron cinco ligas en ocho años, pero el Gladbach caía una y otra vez cuando tocaba jugar la Copa de Europa. Encontraron su refugio en la UEFA donde vitorearon en 1975 y 1979. Con un entrenador que apostó descaradamente por la cantera, el luego famoso Hennes Weisweiler, el Gladbach fue una máquina de hacer fútbol coronada por los goles del capitán Jupp Heynckes. Tras endosar un 5-2 al Olympique de Lyon en dieciseisavos, luego tocó un meneo al Real Zaragoza (5-0 en Alemania y 2-4 a orillas del Ebro). Se ganó también en casa del FC Colonia en semifinales (1-3) antes de enfrentarse al Twente en la final. En la ida no se pasó del 0-0 a pesar de las innumerables ocasiones, sin embargo, en la vuelta, jugada en Holanda, el Gladbach masacró al Twente venciendo por 1-5 con tres de Heynckes y dos del futuro Balón de Oro Allan Simonsen. El que luego sería reputado entrenador fue el máximo goleador de la competición con 11 tantos y el habilidoso danés anotó diez dianas. Un equipo de leyenda que marcó a toda una generación. Once ideal: Kleff; Vogts, Wittkamp, Stielike, Sarau; Bonhof, Wimmer, Kulik; Simonsen, Heynckes y Jensen. Entrenador: Hennes Weisweiler.

Gladbach 1975

2 Juventus FC 1993 (10-1-1) 31 GF 6 GC 83’3%: Decíamos antes que la Juve gana en Italia lo que el AC Milan gana en Europa. No fue así a caballo entre los 80 y los 90, durante los años gloriosos del Calcio. Retirado Platini, la Juve sucumbe ante el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y hasta ante la Sampdoria de Mancini y Vialli. El caso es que la Juve no gana una liga en una década y es la Copa de la UEFA (1990 Y 1993) la que le permite conseguir oxígeno. El equipo de 1993 es descomunal. Fichan a Andy Möller, a Gianluca Vialli y a un meritorio llamado Fabrizio Ravanelli. Pero, fundamentalmente, tienen en sus filas a un desequilibrante Roberto Baggio quien se encuentra en el mejor momento de su carrera. El equipo sólo cede una derrota en Lisboa ante el Benfica en la ida de los cuartos de final. En la vuelta despacha el asunto por un claro 3-0. Roberto Baggio da un espectáculo en semifinales anotando los dos tantos en la victoria ante el PSG (2-1) en la ida y el tanto de la victoria en Paris (0-1). La final es a doble partido ante el Borussia Dortmund, duelo que se convertirá en clásico durante esa década. La Juve sentencia en la ida al vencer 1-3 en Alemania con otros dos tantos de Baggio y remata con un contundente 3-0 en la vuelta en Turín. Roberto Baggio firmó seis goles, Dino Baggio y Vialli sumaron cinco tantos cada uno y el alemán Andy Möller logró cuatro dianas. Once ideal: Peruzzi; Carrera, Kohler, Julio César, Torricelli; Conte, Dino Baggio, Andy Möller, Di Canio; Roberto Baggio y Vialli. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

Baggio. Balón de Oro 1993

1 Atlético Madrid 2012 (13-1-1) 36 GF 10 GC 86’6%: En diciembre el Atlético destituye a Gregorio Manzano y llama a un ex jugador que obedece al nombre de Diego Pablo Simeone. El resto es historia. En ese equipo ya despunta un canterano llamado Koke, un colombiano de apellido Perea, pero la bomba la encontramos en la delantera. El colombiano Radamel Falcao, tras meter 36 goles con el FC Porto el curso anterior, hará una temporada de 39 en el Atleti. En la fase de grupos el Atlético se deja un empate y una derrota, pero a partir de dieciseisavos solo suma triunfos. Pocos se acuerdan, pero aquel es un Atlético de Simeone ofensivo sostenido por un joven portero de 19 años que respondía al nombre de Courtois. En dieciseisavos se gana en Roma al Lazio por 1-3, en octavos 0-3 al Besiktas en Estambul, en cuartos 1-2 en Hannover y en semifinales 0-1 (y 4-2 en la ida) al Valencia CF. En la final toca duelo a cara de perro con el Athletic de Bielsa, que estaba haciendo un torneo casi tan perfecto como el de los madrileños. Sin embargo, no hubo color en la final. Fue un 3-0 con dos tantos de Falcao, quien volvió a ser el máximo goleador del torneo en este caso con 12 dianas. Adrián López firmó ocho goles. Once ideal: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Antonio López; Gabi, Mario Suárez, Tiago; Arda Turan, Falcao y Adrián. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 2012

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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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Cuando Cruyff jugó en el Feyenoord

Para 1983 Johan Cruyff era un futbolista en desuso. A los 37 años seguía dirigiendo a sus camaradas como guardia de tráfico y golpeaba el balón con delicadeza e inteligencia de un lado al otro del campo. Su ingenio seguía tan vivo como de costumbre. Hasta le dio por inventar una nueva forma de lanzar un penalti al pasárselo a un compañero en vez de disparar a puerta en una secuencia que se mantiene fresca y viva a pesar del paso del tiempo.

Pero Cruyff había perdido totalmente su punta de velocidad. No hacía cambios de ritmo, era incapaz de presionar y su rendimiento en las segundas partes era paupérrimo. Se perdía muchos partidos aquejado de dolores invisibles para los galenos y de migrañas que sospechosamente iban y venían con el transcurrir de los partidos. Había abandonado la delantera de tal forma que llegó a ocupar hasta el puesto de líbero para vivir cómodamente alejado de las obligaciones físicas que se les suponen a los hombres de ataque.

Todo esto era irrelevante para los aficionados del Ajax que en el último partido de la temporada 1982/83 despidieron a Cruyff con honores mientras increpaban al palco en la espectacular victoria por 6-5 del Ajax ante el Fortuna Sittard. La directiva tuvo que escapar del palco protegida por la policía mientras Cruyff se despedía de la afición del De Meer bañado en un mar de lágrimas.

En realidad, no era la primera vez que Cruyff dejaba el Ajax ni tampoco la primera en la que se iba enfrentado con la directiva. El ’14’ se ganó infinidad de multas desde adolescente por negarse a jugar si no le aumentaban el sueldo. Cruyff fue el primer futbolista que se atrevió a exigir a una federación el pago por acudir a una convocatoria nacional y también fue el primero que pidió un traspaso amenazando con no renovar su contrato en caso de que no se aceptaran sus exigencias. Pudo hacer esto y mucho más, porque pocos futbolistas modificaron tanto las leyes del juego como Cruyff y menos aún dotaron al fútbol de tanta belleza. Por eso, cuando Cruyff dejó el Ajax por el FC Barcelona o cuando volvió al Ajax con el rabo entre las piernas tras su aventura estadounidense, siempre supo que hiciese lo que hiciese tendría a las masas a su favor.

Pero en 1983 y con 37 años su poder de convicción estaba en horas bajas. Muchos de sus compañeros de vestuario que antes le adoraban veían ahora en Cruyff un viejo cascarrabias que no paraba de gritar y de dar órdenes. La directiva tampoco veía la necesidad de hipotecarse cuando tras un lustro de sin sabores habían aparecido en el primer equipo talentos como Frank Rijkaard y, especialmente, un chico de 17 años llamado Marco Van Basten del que muchos decían que era mejor que el propio Cruyff, y que, sobre todo, poseía un carácter mucho más dócil.

Así que no fue sorprendente que el Ajax no renovase el contrato de Cruyff aquella primavera de 1983. Sin embargo, Cruyff no tenía intención alguna de colgar las botas. Y mucho menos de dejarlo cuando le mandasen. Su ego no se lo permitiría. Él tenía que decidir cuándo dejarlo. Y quien conociese un poco al personaje y el rencor que le recorría por el largo y ancho de su cuerpo tendría clara cuál iba a ser su decisión.

Para la temporada 1983/84, la que sería su última campaña en activo, Johan Cruyff, el niño cuya madre trabajaba en los servicios de limpieza del Ajax y que creció en una casa situada a escasos metros del estadio De Meer, fichaba por el Feyenoord de Rotterdam, el odiado rival.

El Flaco con el Feyenoord

Ejercía de entrenador dentro y fuera del campo, exigía desmarques, cambios de juego y continuos cambios de posición. Desacreditaba al entrenador siempre que podía y mandaba a los demás que corriesen cuando él jamás lo hacía. Pero el problema es que el Feyenoord no era el Ajax. El juego ofensivo y coral de los de Ámsterdam era sustituido por un juego directo en formación 4-4-2 que no encajaba en los ideales de Cruyff. El Feyenoord llevaba diez años sin ganar una liga y veía como el PSV era ahora el que rivalizaba con el Ajax. Eso era lo de menos. Lo fundamental era que el Feyenoord, a diferencia de la mayoría de clubes neerlandeses, defendía un tipo de juego distinto al de toque y posesión, principalmente con el objetivo de diferenciarse de su odiado rival de Ámsterdam.

Así que cuando apenas un par de meses después del inicio del campeonato el Ajax de Olsen, Rijkaard, Vanenburg y Van Basten le meta un ¡8-2! al Feyenoord parecía que solo faltaba poner los clavos para cerrar el ataúd de Cruyff.

Por suerte para Cruyff, su relación con el presidente del Feyenoord era excelente y no hubo problema alguno cuando Johan pidió un cambio de rumbo y exigió como segundo entrenador a van Hanegem, una antigua leyenda del Feyenoord y amigo de Cruyff en la selección. Así, cuando Cruyff desacreditaba al entrenador, van Hanegem soltaba un comentario jocoso que templaba los ánimos. Del mismo modo, van Hanegem supo convencer a Cruyff de que dejase de ser tan exigente y renunciase a su fútbol ofensivo en pos del triunfo. Cruyff, que lo que más ansiaba era ganar la liga para vengarse del Ajax, acabó claudicando, pero tan solo porque van Hanegem fue capaz de darle el jabón suficiente para mantenerlo en vereda.

De este modo, Cruyff aceptó el esquema 4-4-2 siempre y cuando el equipo se encontrase en continuo movimiento y nadie pidiese el balón al pie. Mientras hubiese dinamismo y la gente escuchase sus indicaciones sería capaz de aceptar jugar a la defensiva o buscar el contraataque.

Sin practicar un juego brillante y con Cruyff como mediocentro dando espectaculares pases con el exterior de 30 metros para que los delanteros le ganasen la espalda a las defensas contrarias, el Feyenoord cambió el rumbo. Además, si el Ajax contaba con Van Basten en Rotterdam babeaban con Ruud Gullit, una fuerza de la naturaleza de 20 años. Victoria tras victoria llego el partido de la segunda vuelta contra el Ajax que dejaba la liga sentenciada para el Feyenoord. Fue un 4-1 para los de Rotterdam en una exhibición de Cruyff en la que no escatimo alegrías tras marcar el segundo gol del partido.

En mayo de 1984 a Cruyff lo subían a hombros por última vez en su carrera tras lograr el doblete con el Feyenoord, justo doce meses después de haberlo hecho con el Ajax. A pesar de que tenía carta blanca para hacer lo que quisiera y para quedarse en Rotterdam las temporadas que le viniese en gana, Cruyff estaba satisfecho. Había cumplido con su venganza y, en el fondo, él sabía que su corazón estaba con el Ajax.

En la primavera de 1984, a los 37 años, Johan Cruyff colgaba las botas tras doce temporadas en el Ajax, cinco en el FC Barcelona y una última campaña, tan gloriosa como vengativa, en el Feyenoord de Rotterdam. Tres meses después, a inicios de agosto, ejercía de entrenador del Ajax sin haberse sacado el título. Le dijeron que antes de que acabase esa temporada tendría que sacárselo o sino nunca más podría sentarse en un banquillo.

Ejercería de entrenador en Ámsterdam y en Barcelona durante once temporadas y moriría siendo considerado uno de los mejores técnicos de todos los tiempos.

Jamás se sacó el título.

Ese era Johan Cruyff.

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Perder para ganar (Barça vs DiBuffala)

Lo de la Kings League se inventó mucho tiempo atrás. Donde Ibai Llanos y Gerard Piqué estaban José María García y Amancio Amaro. Allá por 1977 el fútbol sala se establece en España a través de una liga de exhibición con el fin de obtener réditos para obras benéficas. Todo gira en torno al equipo creado por el periodista y que se dio en llamar Hora XXV en honor al programa que García dirigía en la Cadena SER. La iniciativa tuvo un éxito esplendoroso avalado por la fiebre de construcción de polideportivos por todos los rincones de España. El Hora XXV se convirtió en Interviú por el patrocinio de la célebre revista y con ese nombre ganó la primera liga oficial de la historia. Con el tiempo aquel bebé se convirtió en un gigante que pronto paso a ser conocido como Interviú Boomerang y luego como Inter Movistar. En aquel primer equipo el buque insignia era Amancio Amaro, recientemente retirado del Real Madrid, y que junto al ex del Atlético José Ufarte daba lustre a un deporte semidesconocido.

Porque el fútbol sala nació entre Uruguay y Brasil en algún momento de la década de 1930. Años después los brasileños estandarizan sus reglas, crean competiciones y lo convierten en fenómeno de masas. En 1982 crearon el primer Mundial oficioso de la categoría que ganarían con solvencia, repetirían título en 1985 y, cuando en 1989 se dispute en Ámsterdam el primer Mundial oficial auspiciado por la FIFA, también resultarán vencedores al derrotar a los anfitriones por 2-1.

Digo todo esto porque entrada la década de 1990 el dominio de Brasil en el fútbol sala era atronador. Hoy no es así. A Brasil se le ha subido a las barbas España, Portugal o Argentina. Son todos países donde la técnica y el rápido pensamiento en espacios reducidos es primordial en las escuelas, tanto de fútbol once como de fútbol sala. Mas también países como Rusia, Ucrania o Kazajistán se han especializado en un deporte del que salen beneficiados al jugarse en polideportivos en los que los niños pueden escapar de los rigores del invierno.

Decía que hoy no es así. Al igual que Inglaterra dominó el fútbol con mano de hierro desde su nacimiento hasta entrada la I Guerra Mundial, Brasil dominó el fútbol sala desde sus inicios hasta que el siglo XXI hizo su aparición.

Era así en 1997. El año que nos ocupa. Brasil primero y luego todos los demás.

En 1997 se iba a celebrar la primera Copa Intercontinental de Clubes de la historia. Tendría lugar en Porto Alegre y el Internacional, club local, partía como indiscutible favorito. Si vencer a un club inglés en 1897 era una quimera para cualquier otro club del resto del orbe, lo mismo sucedía ante la posibilidad de vencer a un conjunto brasileño de fútbol sala en 1997. Y mucho menos en su propia casa.

El formato que la FIFA designó era el de dos grupos de cuatro equipos. Los dos primeros de cada grupo se cruzarían en aspas en semifinales para dar lugar a la gran final. En el grupo A estaban el FP Genk (Bélgica), FC Barcelona (España), DiBuffala SC (Estados Unidos) y CA Peñarol (Uruguay). En el grupo B militaban el Boca Juniors (Argentina), Bunga Melatti (Países Bajos), Universidad (Chile) y el archifavorito Internacional de Porto Alegre (Brasil). Lo esperado era una final entre el Barça y el Internacional.

El Barça. Hablemos del Barça de fútbol sala.

Cuando aquello del Interviú se puso en marcha el Barça también quiso formar parte de ello. Si de algo se vanagloria el FC Barcelona es de ser una entidad polideportiva. Y lo es con gran éxito. Compite con laureles y de forma profesional en deportes tan variopintos como fútbol, baloncesto, balonmano, hockey o fútbol sala, donde, entre unos y otros, acumula cerca de medio centenar de entorchados europeos. La región de Cataluña es un hervidero deportivo de primera magnitud y el Barça ha sabido explotarlo en su beneficio con clarividencia y un éxito indiscutible resumido en el famoso eslogan ‘mès que un club’.

Historia -
Barça futsal. Los inicios

Sin embargo en el caso del fútbol sala la cosa costó lo suyo. El Barça formó parte de la primera Liga en 1980 pero al cabo de un par de temporadas el equipo se disolvió. Años después se refundó y se instaló definitivamente en la máxima categoría, aunque siempre ocupando posiciones modestas. Todo cambió cuando en 2006 se hizo profesional la sección. Desde entonces los títulos son habituales. Pero en 1997 el Barça era un paria en este pequeño mundillo.

El caso es que el Barça de fútbol sala podría ser un paria, pero la marca FCB tenía un prestigio centenario que lo avalaba. Por entonces no había Copa de Europa y aquellos que acudieron en marzo de 1997 a Porto Alegre lo hacían por invitación. El FC Barcelona es el FC Barcelona. Y su nombre era respetado. Así que allí se fue la expedición azulgrana en busca de un imposible. El objetivo era quedar campeón de grupo y así evitar al Internacional hasta una hipotética final.

Sucedió entonces lo imposible.

El Internacional (Ulbra por motivos de patrocinio) humilló sucesivamente al Universidad de Chile (16-1) y a Boca Juniors (8-1), pero luego, relajados y con uso y abuso de los suplentes, cayeron de manera inaudita ante el Bunga Melatti (5-7) neerlandés. Los favoritos pasaban a semifinales como segundos de grupo y los europeos como cabezas de serie. Todo lo preestablecido saltaba por los aires.

El Barça había vencido a Peñarol (9-1) y al Genk (4-2). Mientras, el DiBuffala vencía al Genk (3-2) y empataba con el Peñarol (1-1). Quedaba el choque entre españoles y estadounidenses. El Barça contaba con cuatro puntos y el DiBuffala con tres. Al Barça le valía el empate para ser primero de grupo, mientras que al DiBuffala sólo le valía la victoria.

El problema es que nadie quería quedar primero de grupo. Nadie quería enfrentarse al Internacional de Porto Alegre en semifinales.

Lo que iba a suceder a partir de entonces tendría el calificativo de bochornoso.

El partido comenzó con los dos equipos jugando al gato y al ratón. Bailando pasodobles sin entrar a matar. Al poco llegó el gol de falta de los norteamericanos. Digamos que el portero catalán estuvo lento de reflejos por ser generosos. Nadie se escandalizó por su falta de agilidad. En el pabellón el eco era el sonido más característico.

La segunda parte sería mucho más chabacana. No se sabe bien como, pero el Barça logró empatar el partido. Ese resultado lo dejaba como primero de grupo. Y eso no era lo deseado. El Barça tocaba y tocaba en su propio campo ante un rival que no tenía ganas de robar el balón, hasta que a un iluminado se le encendió la bombilla.

Aprovechando un pase hacia atrás, a Juan Silva, portero azulgrana, le dio por salir de su propia portería. Con un sutil gesto de cabeza le suministró el visto bueno a un compañero para que diera un precioso pase a la red que ponía el 1-2 en el marcador. Fue un hermoso y vergonzoso autogol. Pero aún habría más. Aprovechando el shock, el Barça sacó de centro (eran a los que le habían metido el gol). Se toca el balón en el círculo central, se envía un pase atrás hacía la portería defendida por Silva…y la pelota entra mansamente en la red con ayuda incluida del meta catalán. Dos autogoles. 1-3. Y el segundo puesto asegurado.

Indignados ante lo que estaba ocurriendo los futbolistas del DiBuffala iban a tomar cartas en el asunto. ¿Abandonar el pabellón como protesta ante lo sucedido? No. ¿Plantar una denuncia ante la FIFA? Tampoco. ¿Liarse a mamporros contra los futbolistas del Barça? Jamás.

Heridos en su ¿orgullo?, los jugadores del DiBuffala lo tuvieron claro.

Si ellos pueden meterse goles en propia meta, nosotros también podemos.

Acto seguido ocurre lo más bizarro jamás visto en una pista de fútbol. El portero norteamericano intenta pasarle el balón a sus compañeros para que lo introduzcan en su propia portería. Serán incapaces de hacerlo. ¿Por qué? ¡Porque son los propios jugadores del Barça los que impiden que los goles suban a su propio marcador! Las imágenes son grotescas. En un momento dado todos los jugadores están dentro del área del DiBuffala. El portero norteamericano lanza el balón con la mano hacía su propia portería y un futbolista del Barça saca el balón desde la raya. En otra ocasión es el propio Juan Silva el que impide que el portero del DiBuffala se meta un autogol. El meta americano acabará expulsado tras meter dos autogoles con sus propias manos.

El Barça perdió por 1-3 pero ganó la tan ansiada segunda plaza del grupo. Aquello no tuvo excesiva repercusión porque el fútbol sala todavía era un deporte muy minoritario y aquella edición de 1997 aún tenía un carácter experimental. No obstante, aquel choque entre el Barça y el DiBuffala es el epítome de todo aquello que atenta contra los valores del respeto, la competición y el deporte.

Maquiavelo dejó escrito aquello de que cuando el fin es lícito, también lo son los medios. Al Barça le salió bien la jugada. Derrotó al Bunga Melatti en semifinales por 7-5 y alcanzó la final. El DiBuffala cayó estrepitosamente por 0-11 ante el Internacional y lamentaría durante días su nula capacidad de meterse goles en propia puerta.

Por supuesto el Inter de Manoel Tobias (quizás el mejor de todos los tiempos) logró la victoria ante el Barça (4-2) en la final, aunque con más sufrimiento del esperado. El Barça volvió a Europa con un ¿honroso? subcampeonato.

Quizás el karma castigó a los catalanes cuando una serie de catastróficas desdichas tenga su culminación en el descenso a segunda división al final de esa temporada de 1997/98. Y es que también lo dejó escrito Maquiavelo: “Cuando se hace daño a otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse”.

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Puede ser un sargento, un brigada o un subteniente. Caza mayor es teniente o comandante. Palabras mayores. El modus operandi se inicia con una vigilancia exhaustiva que oscila entre las semanas o los meses. El objetivo es detectar problemas. Los económicos son los distinguidos. Puedes estar atrapado en deudas o sencillamente deseas mejorar el nivel de vida de los tuyos. Luego están los que meramente son ambiciosos de por sí. O los que no tienen por divisa ni el honor ni la bandera. El caso es dar con un elegido. Detectadas las debilidades, primero la amistad y la codicia y luego, una vez hechizado, el miedo que pronto pasará a ser pánico.

Una vez acabada la caza mayor toca apresar a la caza menor. Suele ser más simple. Ante todo, porque hacen falta menos billetes y menos arrestos. En segundo lugar, porque cuentas con la autoridad y el terror que el oficial impone en el subordinado. Es entonces cuando puede descargar el alijo. Una y otra vez. Captadas las ovejas negras dentro de la Guardia Civil la banda de narcos puede operar a su antojo.

Hay más implicados. Muchos más. Marineros, amas de casa, estanqueros, camioneros, pelagatos variados o empleados de banca que callan, guardan y financian, pero, una vez manoseada la autoridad, todo es mucho más simple. Así funcionó en las Rías Baixas de los 80, así funciona en la actualidad en el Campo de Gibraltar y así operaban, operan y operarán los narcotraficantes tanto en España como en buena parte del globo.

Y con todo hay redadas. Y cuantiosas. Y los narcos caen y los capos acaban en la cárcel. El problema es que el trono está siempre caliente. En todo caso, repito, hay redadas. De vez en cuando el teniente corrupto debe hacer alguna operación y el narco le entrega alguna pieza prescindible para salvaguardar las formas. Pero en las muchas simplemente no puede mantener el control.

No puede porque hay gente que es intocable. Guardias miedosos que no quieren saber nada del asunto o guardias honrados que antes darían la vida que aceptar sobornos. Los más son los que podríamos llamar guardias felices, que disfrutan con su tranquila vida y prefieren mirar para otro lado y cerrar los ojos ante lo que intuyen, pero, angustiados por su conciencia, se ven en la obligación de contarlo cuando lo saben. Son estos los más peligrosos. A los miedosos y a los honrados no se les intenta tocar, pero son los guardias felices, los que conforman la silenciosa mayoría, los que pueden joder la operación. El oficial corrupto tiene que colocarlos en un segundo plano en una acción contra el narcotráfico o simplemente apartarlos deliberadamente de conversaciones o del acceso a papeles que son comprometidos. Porque éstos no sabes cómo respiran. Ni se van a apartar como los miedosos, ni los vas a mandar a hacer otras operaciones de más enjundia como a los honrados. A los otros, a los que conforman esa silenciosa mayoría, los tienes que tener cerca y arriesgarte a que, simplemente, hagan bien su trabajo.

En 2014 el FC Barcelona y el Atlético de Madrid se enfrentaron en el Camp Nou en la última jornada de Liga. El empate bastaba a los colchoneros para obtener el título dos décadas después de su último alirón. Lo lograron (1-1), aunque por el camino Mateu Lahoz anuló un gol por fuera de juego de Leo Messi que le hubiese dado la victoria y el trofeo al Barça.

Desde la ‘cova’ (si, en Barcelona también hay ‘caverna’ como en Madrid y también hay palcos elitistas convertidos en reservados para tejer corruptelas) se vocifera que de haber existido compraventa de árbitros a favor del Barça no se hubiera anulado ese gol a Leo Messi.

El Barça, Gaspart, Laporta o Bartomeu (o a algún directivo al que le carguen el muerto), pónganle el nombre que quieran, es el capo. Es el delincuente. José María Enríquez Negreira el teniente corrupto. Mateu Lahoz, tan buen árbitro como prepotente y cargante, es un guardia civil de los que darían la vida antes que aceptar sobornos. Comprar al teniente no implica tener todo el control. Pero que no tengas todo el control no quiere decir que no puedas realizar tu negocio.

Quién es Enríquez Negreira, el ex árbitro que cobró 1.4 millones del  Barcelona por servicios de asesoramiento | Goal.com Espana
Enríquez Negreira

El árbitro nació como cura, como juez de paz. Fútbol a lo largo, dos palos en el horizonte y un hombre de negro para dictar sentencia. Respetable y respetado. Si el fútbol nació en 1863 el árbitro lo hizo en 1891. Hasta entonces un representante de cada equipo, dos en total, discutían las decisiones comprometidas. Cuando el juego pasó de ser juego a lo más importante de los menos importante, se vio que así no se iba a ningún lado. Se designó un juez neutral y los dos representantes se hubieron de convertir en jueces de línea.

Así fue desde entonces hasta hace bien poco. El árbitro era mayor para imponer respeto. Y era malo. Lo era porque no era profesional. Era periodista, médico, abogado, profesor o quizás policía. Siempre una profesión liberal que le permitiese ausentarse dos o tres días de cuando en cuando para cumplir con su hobby.

Era normal que aquel hombre de negro se equivocase. Lo era porque no era su oficio, aunque lo pareciese, y lo era porque dos ojos siguiendo a veintidós personas, un balón y miles en las gradas escudillando lo que haces es harto complicado. La imagen que tenemos del árbitro es la de un enterrador vestido de negro, sin gracia ni salero y una profunda barriga cervecera. Era así hace 100 años y era así hasta hace poco más de dos décadas. Al Enríquez Martínez, allá a inicios de los 80, le puso de mote José María García ‘míster angulas’ porque el afamado periodista cazó al electico colegiado metiéndose en un lujoso restaurante un platazo de angulas un par de horas antes de un partido en La Romareda.

Esa es otra. El árbitro era tratado con palmitas. No es nada nuevo. Un representante del equipo que ejercía de local solía ir a recibirlo al aeropuerto, taxi pago, estancia en un buen hotel y comida y reloj de regalo. Nada nuevo bajo el sol. Sin televisión o con televisión de pascuas en ramos, miles de almas gritando y un acojone generalizado. ¿Quién es el guapo que iba a pitar en contra del conjunto de casa? Que el valiente levante la mano.

La llegada de la televisión por pago y las decenas de cámaras cambiaron el panorama. También las gradas de asiento. Jugar fuera o en casa no es como antaño. Todo son tapetes verdes, ya no hay ultras y el juez está sobreprotegido. Hasta se cuidan. Ya no hay árbitros gordos y el negro ha pasado a mejor vida. Colores por doquier. Y tienen ayuda. Primero vino el cuarto árbitro, luego la sala VAR, la VOR y un ejército de jueces que deben hacer el trabajo de uno sólo. Y lo hacen peor. Los jueces de línea bajan los brazos a sabiendas de que sus decisiones serán corregidas. Y el árbitro duerme tranquilo sabiendo de que ahora la culpa caerá sobre esos señores de la sala brumosa que habitan en algún lugar de las gradas.

LaLiga Santander 2019 - 20: Los árbitros plantean reducir la presencia en  la sala VOR y mamparas de separación | Marca.com
¿Árbitros?

No se entiende que en un negocio millonario los impartidores de justicia sigan sin ser profesionales. Si el mejor árbitro del mundo es chileno, ¿por qué no arbitra en Inglaterra o en España? Son las federaciones las que manejan los árbitros mientras que las ligas son entidades privadas independientes. He aquí un problema que afecta a todos los países. ¿Cómo entender que si la Premier tiene la mejor liga del planeta no cuente con los mejores árbitros? Con ello se mejoraría la calidad y, de paso, desaparecerían las suspicacias.

Porque suspicacias las hay. La norma indica que un colegiado no puede arbitrar a ningún equipo de su tierra. Un madrileño jamás pitará a Madrid o Atlético, pero tampoco al Leganés o al Rayo Majadahonda. El tal Enríquez Negreira, catalán, nunca pudo arbitrar al Barça. Con esto, se dice, hay neutralidad. Tontería supina. Como si nacer en Cudillero o en Salou impidiese a uno ser del Madrid. Según el CIS los blancos (39%) y los azulgranas (25%) suman el 64% de los forofos en España. Y son muchos más. Porque luego están los que tienen a Madrid o Barça como segundo equipo porque por mucho que adores al Hércules pocas alegrías tendrás en tu vida. Con lo cual, más allá de fallos o errores deliberados, lo que trabaja es el subconsciente. Y hay opciones, muchas opciones, de que toque dirigir un partido de tu equipo favorito ante una atmósfera sobrecogedora de 70 o 80.000 personas y, ante la duda, ya será tu psique quien tome la decisión.

La mayoría de las veces no hay que pagarle a nadie. La mayoría de las veces los colegiados se equivocan inconscientemente a favor de Real Madrid o del FC Barcelona. Algunos hasta benefician al Atlético, el más llorón de los llorones. Son todos los demás los que tienen que ejercer el verdadero derecho del pataleo.

Y con todo, de vez en cuando toca pagar.

El Barça de Laporta bate al de Bartomeu en deuda a corto plazo
Laporta y Bartomeu

“Ya han salido los sepulcros blanqueados, las ratas de sacristía, los blanqueadores de los de siempre, los miserables que han sacado la cabeza de su madriguera de roedores con la lujuria descontrolada de quien apunta el delito ajeno sabiendo perfectamente el funcionamiento del mismo. Ya sabemos quiénes son, los serviles del régimen, los que no hacen periodismo real sino que trabajan como portavoces encubiertos del primer gran club estado que ha tenido el fútbol: el entretenimiento de un régimen dictatorial que tenía al Madrid como el circo necesario para complacer los fines de semana de la población (…) una parte de la España periodística está completamente contaminada por la peste bubónica del poder, y la revuelta debe ser precisamente contra ese ejército de la calumnia que aprovecha las mierdas que nosotros debemos resolver para hundirnos aún un poco más”. Esto es lo que decía ‘L’Esportiu’ cuando el asunto Negreira salió a la luz, nada extraño en un periódico deportivo que desde 2017 luce un lazo amarillo en su portada. Lo llamativo es lo que su editorial decía a continuación:

“Es preocupante ver a Laporta encubriendo a Bartomeu, el presidente de la herencia envenenada, porque resulta que realmente no está protegiendo la verdad, sino que se está cubriendo los hombros porque si tiras atrás llegas a su primer mandato, donde curiosamente, en la directiva estaba el triunvirato de Laporta, Rosell y Bartomeu. Dicho de otro modo, el Laporta del 2023 está salvaguardando el honor del Laporta del 2003 (…) El Barça hace y hará bien en protegerse, pero convendría también que aclarara varios interrogantes para disipar la sombra de duda que genera el caso. La clave no es que el club reciba asesoramiento arbitral. Lo hacen la mayoría, ya sea con empleados en nómina o contratando servicios externos. El problema es el precio desmedido que se ha pagado por el servicio y al que se ha pagado. Que Enríquez Negreira fuera vicepresidente del comité técnico de árbitros mientras una empresa suya cobraba por asesorar a un club genera un conflicto de intereses muy difícil, si no imposible, de justificar (…) La relación es cara, fea y, aunque la investigación se centra entre el 2016 y el 2018, varias directivas reconocen que se prolongó durante muchos años, con distintos mandatos y distintos presidentes. Esto es lo primero que debería aclarar el Barça. ¿Cuándo empezó todo? Han pasado auditorías, se han analizado detalles y han salido facturas entre anecdóticas y ridículas. Y hasta ahora nada había trascendido de eso. Si realmente hace tantos años que dura, ¿lo sabían todos los presidentes? ¿Sabían que la empresa que tenía contratada era propiedad de un cargo arbitral en activo? Éticamente, al menos, cuesta explicar (…) sólo el hecho de relacionar el club y el estamento arbitral en un caso que se está investigando obliga al club a proteger la honorabilidad y la reputación. Con contundencia, y con las explicaciones que haga falta. Cuanta más luz ponga, mejor. No basta con apelar al victimismo”.

Por muchas vueltas que se le dé es difícil explicar lo del asunto Enríquez o caso Negreira, como más les guste. No se le puede adivinar otro fin al dinero que el Barça le estaba dando al vicepresidente del Comité de Árbitros que el que todos estamos pensando. Tampoco ayuda que el periodo de pagos denunciado desde el primer día por SER Catalunya de 2016 a 2018 coincide al milímetro con los 746 días que estuvo el Barça sin recibir un penalti en contra. Un compadreo institucionalizado desde 2001 a 2018, que, casualidades de la vida, finalizó justo cuando Negreira dejó su cargo como vicepresidente.

Investigaciones periodísticas y judiciales seguirán su trabajo pero los años de gloria del Barça, años en los que hasta el madridista más recalcitrante admitía haber visto el fútbol más armonioso jamás conocido, años en los que hasta en la intimidad el líder de los Ultra Sur gritaba con orgullo los goles de Iniesta y Xavi por haberle dado a España su primer y único Mundial, están quedando manchados por fichajes adulterados, espionaje entre compañeros, prebendas, tráficos de favores y negocios entre futbolistas y directivos. El Barça ganó ligas de forma honrada pero por culpa de unos patanes la mancha será eterna.

Y no es cosa de la caverna madridista. La noticia fue dada por el programa ‘Que t’hi jugues’ de SER Catalunya y pronto difundida con celeridad por medios catalanes y simpatizantes del barcelonismo. Porque los pagos parece que vienen de lejos, de 2001, con lo cual no es cosa de un presidente corrupto sino de una línea institucional, de un modus operandi que se remonta atrás en el tiempo.

Ni La Moreneta, en un soberbio acto de fe, puede creerse que el pastizal empleado por el Barça para sobornar a Negreira fuese para otra cosa que obtener un retorno basado en un trato de favor. Lo chusco, y ese es otro tema, es que el tal Enríquez Negreira fuese un listo y no hiciese tanto como prometía. Igual no hubo tantos favores como el Barça pretendía. Es probable. Porque, así y todo, en todos estos años ni el Barça ha ganado todas las ligas ni siempre los árbitros se han equivocado a su favor. Recordemos que hay árbitros, y son la mayoría silenciosa, que como los guardia civiles son intocables. ¿Negreira fue más listo que Laporta y compañía? ¿Fue un vende humos sin demasiada influencia? Pues seguramente sí. Pero eso no excluye de delito.

¿Cómo puede ser que se una auditoria descubriese que Laporta gastó 24 euros en una pollería con la tarjeta del club y que nadie en todos estos años supiese que Enríquez Negreira facturase siete millones de euros? Dicen las hordas barcelonistas que lo hacen todos los clubes. Es cierto, pero las ramas no dejan ver los árboles. El Madrid tiene como asesor a Megia Dávila, un ex árbitro sin cargo alguno, he ahí la diferencia. Y según han manifestado estos días diferentes directivos de Primera todos los equipos cuentan con una figura de este tipo que les indica si fulano o mengano es más propenso a sacar tarjetas, si es dialogante o si ese fin de semana le va a dar por sancionar las manos. El sueldo de estos asesores externos ronda los 25.000 anuales. Al parecer Enríquez Negreira guardaba 500.000 por año trabajado.

El complejo de inferioridad que Cruyff denunció cuando arribó en el 74 y que en buena parte consiguió eliminar con el Dream Team parece instalado en la conciencia del barcelonismo. Da la sensación de que como en el palco del Bernabéu hay tanta influencia el Barça se ve en la necesidad de igualarlo. A pesar de los increíbles éxitos deportivos de los últimos años se entiende que ese complejo de inferioridad solo puede ser rebatido en el palco. La mente enfermiza del entorno del Barça cree que sin tráfico de influencias nunca serán tan poderosos como el Madrid. Como un círculo vicioso retroalimentado por el nacionalismo catalán, lo importante no son tus triunfos, sino pasar por encima de tu alter ego capitalino.

Lleva tantos años el Barca subido a un relato enfermizo que acepta el caso Negreira como hecho ocurrido y vergonzoso, pero con la autoridad de no tener que dar ninguna explicación. El silencio por bandera. Y nadie levantará la voz. Nadie. Si el Barça fuese descendido administrativamente a Segunda ríete tú de las manifestaciones del 11-S. Jamás hubo tanta gente en la calle en Vigo y en Sevilla que cuando allá por los 90 celestes y sevillistas estuvieron a un tris de bajar a 2ºB vía decreto judicial. Ni reconversión industrial, ni crisis, ni muertos, ni nacionalismo. Lo que mueve el cotarro es el fútbol. El sentimiento.

Es el caso Enríquez Negreira como mínimo un inmoral conflicto de intereses. Lo dirá la justicia, no la deportiva, sino la ordinaria (tela marinera lo de este país que tiene más miedo a meterse con un club de fútbol que con un cartel de la droga). Los indicios son demoledores, aunque las pruebas atentan más contra Enríquez Negreira que contra el FC Barcelona. Por ahora se ha cazado al teniente de la Guardia Civil y, aunque todo se intuye, no hay forma de cazar al delincuente. Solo el paso del tiempo dictará sentencia. Hasta quizás tengan razón en Barcelona y todo es producto de la envidia madridista ante la mejor época de la historia blaugrana. Pues hasta quizás. En estos años el Barça ganó 22 títulos nacionales y el Madrid únicamente 10 contando minucias como las supercopas. Pero el caso es que todo esto cheira mal, muy mal. El seny, el mès que un club, está tocado. Con una sombra muy fea sobre el tramo de su historia que más títulos nacionales concentró y con una serie de jugadores maravillosos e irrepetibles que están entre los mejores que ha parido el fútbol mundial.

Y es que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo.

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