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Gerard Piqué. Políticamente incorrecto

En Francia, cuando un niño hace una pregunta embarazosa de esas a las que los padres no saben que responder se le llama cariñosamente ‘l’enfant terrible’. Esa expresión pronto pasó a ser una coletilla que se le concedía a aquellos jóvenes y no tan jóvenes con opiniones, comentarios o acciones que vamos a tildar de incorrectas o desmesuradas. En los tiempos modernos esa conducta ha pasado de ser socarrona o divertida a grosera o incívica. Se la ha puesto la etiqueta de ‘políticamente incorrecto’.

Gerard Piqué es un magnífico futbolista. Posiblemente se trate del mejor central de su generación y probablemente es uno de los cincuenta mejores defensas de todos los tiempos. Rápido, altivo, con buen juego de pies y de cabeza, sus méritos sobre el césped se solapan con sus comentarios más allá del rectángulo de juego. La última de sus chiquilladas tuvo lugar en el derbi barcelonés ante el Espanyol cuando tildó despectivamente al conjunto blanquiazul por tener su estadio en Cornellá (población limítrofe a Barcelona) y por ser presidido por un empresario chino.

Todo lo que Piqué dijo es cierto. Sin cortapisas. El problema no son las palabras. Al final las palabras no son más que la unión de un conjunto de letras. El problema es el uso que se hace de ellas. Lo que significan esas palabras. El cuándo, el cómo y el porqué de expulsarlas por la boca. Es la interpretación, el contexto y la entonación lo que hace que una frase se convierta en algo más hiriente que una espita de pólvora.

Piqué es un maestro en el arte de herir, en el sarcasmo y en lo soez. Piqué se ha ganado el odio o la indiferencia de muchos que admiran su compostura y su carácter como futbolista.

Pero tal y como esto es cierto, y hasta es admitido por muchos aficionados del Barça, lo que Piqué dijo sobre el Espanyol es íntegramente cierto. Absolutamente cierto. Es un club que se está desarraigando de su lugar de origen, que se ha trasladado a otra localidad y cuya propiedad está en manos de propietarios asiáticos. Guste o no guste. Y hasta el más perico lo debe de admitir. Piqué actúa con sarcasmo y con la voluntad de herir. Quienes se sintieron ofendidos también lo sabían. Y todos, ofendidos o no, sabían que la ofensa es lo que hiere. La mentira no puede hacer daño porque es mentira. La verdad duele, porque es real.

Es por ello que he querido recordar alguna frase ‘políticamente incorrecta’. No quiero defender al deportista que perpetro esa ofensa. Piqué se equivocó, como tantas otras veces. Pero no mintió, hirió con la verdad. Simplemente quiero hacer constatar que vivimos en unos tiempos ‘happy flower’ y que muchas veces nos rasgamos las vestiduras por comentarios que sí, son groseros, pero lo son porque son verdad. Los Piqués de turno son estúpidos e insoportables por decirlo. Pero son por expresarlo, no porque lo que digan no sea verdad.

MARADONA: “Espero que los napolitanos me apoyen. Nápoles no es Italia. El norte les pide que sean italianos por una noche mientras los insultan los 364 demás días del año. Deberían animar a Argentina”.

En la semifinal del Mundial de Italia en 1990 se enfrentaron en Nápoles la Argentina del ídolo local y la selección italiana. Maradona pidió el apoyo del público, pero los napolitanos finalmente animaron a su selección. Durante una semana la polémica fue colosal y meses después Maradona daba positivo por cocaína y abandonaba la liga italiana. Se sabía que consumía desde años atrás, pero no fue hasta ese momento cuando fue sancionado.

Todo lo que dijo Maradona era hiriente, pero era verdad. El sentimiento italiano en Nápoles era y es limitado y el amor al astro argentino era grandioso. En el opulento norte se utiliza la expresión racista ‘terrone’ para referirse a los inmigrantes napolitanos y sicilianos.

CRISTIANO RONALDO: “Me pitan porque soy guapo, rico y un gran futbolista”.

El Real Madrid había vencido 6-2 al Dinamo de Zagreb en un partido de la primera fase de Liga de Campeones, pero Cristiano decidió buscar gol tras gol sin obtener premio en varias jugadas cuando sus compañeros estaban desmarcados. El público del Bernabéu lo despidió con pitos, y el escándalo fue de órdago. Fue la primera de muchas ocasiones en las que Cristiano Ronaldo se hizo de rogar y exigió cariño a la afición blanca.

Al igual que Piqué, Cristiano es un futbolista tan extraordinario como inaguantable fuera del terreno de juego. Todo lo que dijo puede ser calificado de vanidoso o egocéntrico. Pero todo ello también era la simple y llana realidad.

JOSE MOURINHO: “No me llaméis arrogante. Pero soy campeón de Europa y soy especial. Wenger, Ferguson o Benítez nunca serán tan especiales como yo”.

El mérito de la sentencia es que tuvo lugar en la previa de las semifinales de la Liga de Campeones del 2010. El Inter (comandado por Mourinho) eliminó al Barça, y luego derrotó en la final al Bayern consiguiendo su primer título en 45 años y el segundo como entrenador para el portugués.

Fanfarrón como pocos, en lo que a títulos se refiere pocos pueden competir con Mourinho. Quizás Ferguson, pero nunca sus odiados Wenger y Benítez.

DAVOR SUKER: “La pretemporada está siendo muy dura. Nos levantamos a las 9 de la mañana”.

Las críticas al exnovio de Ana Obregón fueron terroríficas. La afición del Real Madrid exige tanto o más que la calidad, el esfuerzo y la entrega continúa de sus jugadores. La relación de Suker y de la grada nunca fue la misma y pronto fue sustituido por Morientes. Las comparaciones con mineros, obreros y demás miembros del proletariado surgieron de manera inmediata.

Fuera de tiesto, estúpida o sin sentido, así podríamos calificar la sentencia. Más, hagamos un esfuerzo y llevémosla al contexto y al limitado cerebro de un futbolista profesional. Los equipos de fútbol suelen entrenar como máximo dos horas y a media mañana. En pretemporada las sesiones o son vespertinas o si son matinales son mucho más suaves. Entrenar en julio a las 09:00 a.m es un sacrificio para un futbolista. Políticamente incorrecto. Sí. Estupidez. Sí. Mentira. No.

JOHN BENJAMIN TOSHACK: “El domingo me cargaría a todos los jugadores. El martes, sólo a ocho. El jueves creo que los culpables son dos o tres. Al final acaban jugando los mismos 11 cabrones de siempre”.

Corría el año 1999 y esa y otras sentencias memorables le costaron el puesto a mitad de temporada al entrenador galés del Real Madrid. Fue acusado de maltratar psicológicamente a la plantilla, de no saber imponerse en el vestuario y la prensa inició una campaña de desprestigio considerándolo un entrenador anticuado y desfasado.

Toshack no hizo otra cosa que manifestar una realidad que ocurre en todos los equipos y, primordialmente, en los grandes equipos. Tras un mal partido, las estrellas son criticadas y se anuncian cambios. Al final, la presión presidencial, de los medios y de la afición hace que el entrenador vuelva a alinear a las estrellas relegando al banquillo a los jugadores con menos nombre.

VUJADIN BOSKOV: “Prefiero perder un partido por nueve goles, que nueve partidos por un gol”.

Amistoso de pretemporada en 1979 entre el Bayern y el Real Madrid y a los madrileños les caen nueve goles. Vergüenza y humillación, pero el bueno de Boskov, el de frases tan memorables como “fútbol es futbol” prefiere quitar hierro al asunto. La prensa madrileña se lanzó a degüello y apeló al honor y a los valores merengues.

Boskov tenía razón. Es de Perogrullo. Y además era pretemporada, No tenía importancia. Una derrota es derrota sea como sea. Su frase sólo es la constatación de un hecho.

ALLEN IVERSON: “No voy a entrenar a nadie que gane más dinero que yo. No habría respeto”.

Así contestó Iverson cuando en la rueda de prensa en la que anunciaba su retirada le preguntaban si tenía pensado ser entrenador. Fue calificado como prepotente, soberbio y niño mimado, algo que, por otra parte, fue siempre su etiqueta de presentación en una carrera problemática y volcánica en la NBA.

Las palabras son irrespetuosas. Si nos centramos en el contexto veremos que no. Lo que Iverson manifestaba como ‘enfant terrible’ que fue durante toda su vida profesional es que los jugadores tienen mucho poder económico y no pueden tener respeto por la figura de un entrenador con un puesto de trabajo precario y con un sueldo notablemente inferior al de las estrellas de los equipos. Lo que hizo Iverson fue diagnosticar un problema. El problema de la falta de respeto y de disciplina en los vestuarios.

NOVAK DJOKOVIC: “Tenemos más espectadores que en los partidos de chicas. Nosotros debemos ganar más”.

La frase políticamente incorrecta por excelencia. Ha sido pronunciada por Djokovic recientemente, pero al igual que para él, es un mantra para todos los tenistas. Las críticas del movimiento feminista al mundo del deporte son, han sido y serán salvajes. En plena lucha por la paridad de salarios y la igualdad de oportunidades, el tenis, quizás la disciplina femenina más seguida tanto por hombres como por mujeres, siempre está en el centro de la polémica por la igualdad de salarios.

Lo cierto es que hay equipos, deportistas y disciplinas que generan más ingresos, y por lo tanto más beneficios. La igualdad y la paridad deben estar presentes en el deporte aficionado. En el deporte profesional el seguimiento del público funciona de corrector como la oferta de la ley y la demanda lo hace en el mercado. Y lo cierto es que por agresividad, fondo físico, potencia, velocidad y plasticidad, el tenis masculino es más seguido que el femenino, y por lo tanto es de lógica que los tenistas obtengan más ingresos que sus compañeras féminas.


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