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Ángel María Villar en la prehistoria

Mucho antes de ser el mandamás del fútbol español durante casi tres décadas y de tejer una red de amistades internacionales que auparon a su hijo a la primera línea del mamoneo del fútbol mundial, Ángel María Villar tuvo un pasado futbolístico que sólo los más veteranos recuerdan.

Nació en Bilbao en 1950 y empezó en el Athletic desde infantiles con cesiones a clubes de la comarca como el Galdácano. Lo que distinguió a Villar de la gran mayoría de sus coetáneos es que no dejó los estudios de lado mientras se dedicaba al fútbol profesional. Hijo de un ferroviario, comenzó cursando la licenciatura de Química pero abandonó la carrera al año de empezar cuando el Athletic le dio ficha para el primer equipo. Era 1970. Sin embargo un lustro después decidió retomar los estudios para licenciarse en Derecho. En 1981, en el año inmediato a su retiro, fue elegido presidente de la Federación Vizcaína de Fútbol.

A Villar se le conocía como Chule. Era un centrocampista bregador, duro, luchador y correoso. Un stopper con seguridad y cuyo primer pase siempre era hacia atrás. Fue un clásico en las alineaciones del Athletic durante diez años, consiguió ganar una Copa y fue miembro del histórico equipo que perdió la final de la Copa de la UEFA de 1977 ante la Juventus. Pero, quizás el momento más recordado de Villar fue su famoso marcaje a Cruyff en un encuentro en San Mamés en 1974 que acabó con el holandés en el suelo tras un violento puñetazo. Villar siempre manifestó que antes Cruyff le había dado una patada que casi le deja sin tibia. Fue sancionado sin jugar durante cuatro partidos y el Athletic le puso una multa que le llevó por delante el sueldo de un mes.

Era un jugador típico de su tiempo. La España futbolística de la década de 1970 es la más ruinosa técnicamente de la historia. Benito, Capón, MIgueli, Rojo o Santillana eran briosos jugadores que palidecían en la comparación con sus precedentes y lo harán también con las generaciones posteriores. El aislamiento al que fue sometido el fútbol nacional en la anterior década con la prohibición de contratar extranjeros provocó que física, técnica y tácticamente los equipos alemanes, holandeses o ingleses fuesen muy superiores a los españoles.

Villar fue internacional en 22 ocasiones entre 1973 y 1979. Debutó en un amistoso contra Turquía en 1973 y fue un fijo en la fase clasificatoria para la Eurocopa de 1980, aunque finalmente no acudió a su fase final. Solía acompañar a Pirri, Asensi o Del Bosque, jugadores más técnicos, en labores de contención. Uno de sus mejores partidos fue una victoria, con gol incluido, ante Chipre en Limassol.

Ya en 1978 se le puede localizar en la creación de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). Se podía vislumbrar cuales eran sus aspiraciones de futuro. Tras el polémico mandato de Pablo Porta y el breve de José Luis Roca, en el verano de 1988 tuvieron lugar elecciones en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) entre dos candidatos, el vasco Villar y el andaluz Herrera. Era la primera vez desde la Guerra Civil en la que habría comicios.

Villar contó en el inestimable apoyo mediático de José María García, el icono de la radio deportiva de la época. El vizcaíno tenía 38 años y prometía profesionalizar y modernizar a la Federación. En la campaña repitió por activa y por pasiva que no viviría en una vivienda pagada por la RFEF y que se debían acabar los altos sueldos entre ejecutivos. Arrasó y se convirtió en el mandamás del fútbol español. Los inicios fueron difíciles especialmente en el ámbito deportivo. Le salvó la victoria de la selección española en los JJOO de Barcelona 92. A partir de ahí, la historia es bien conocida.

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El caso Di Stéfano (2ª parte)

Con motivo de la celebración del cincuentenario del nacimiento del Real Madrid, el conjunto blanco organizó un torneo en Madrid conocido popularmente como la Pequeña Copa del Mundo. Aquel triangular contó con la participación de Millonarios de Bogotá que con la presencia de Adolfo Pedernera y Alfredo Di Stéfano era una de las mejores escuadras del momento. Eran conocidos como el Ballet Azul y su pasó por España, con partidos en Valencia y Las Palmas, obtuvo el elogio de crítica y público.

¿Cómo un equipo colombiano pudo contar con tales figuras? La razón es que tres años antes, varios empresarios, con el apoyo económico del gobierno en un momento de cuasi guerra civil, idearon una liga de fútbol a expensas de la FIFA para distraer al pueblo colombiano. La Dimayor reclutó a golpe de talonario a las estrellas del fútbol sudamericano, entre ellas a la mayor parte de internacionales argentinos. Di Stéfano y sus compatriotas no conseguían cambiar de equipo libremente, ya que el club que poseía sus derechos lo hacía a perpetuidad y podían negarse a aceptar cualquier oferta. Muchos jugadores se declararon en rebeldía al aceptar el maná que llegaba de Colombia. Había nacido una “Liga Pirata”.

Para 1952, la FIFA ya había aceptado la Dimayor como Liga oficial, pero con una condición. Todos aquellos jugadores que habían escapado de sus clubes para fichar por escuadras colombianas tendrían que volver a su lugar de origen para la temporada 1954/1955. Oficialmente River Plate era el poseedor de la ficha federativa de Di Stéfano y sus años en Colombia eran considerados ilícitos.

De este modo, Millonarios aceptó de buen grado hacer una gira por Europa, con parada en Madrid, para obtener beneficios ante la perspectiva de perder a sus mejores jugadores sin contraprestación en dos años. Por su parte, el Real Madrid podía presumir de llevar a su estadio al gran club sudamericano y de paso ver in situ a Di Stéfano, en una época en la que la opción de ver futbol internacional era anecdótica.

Las ofertas

Di Stéfano y el Millonarios pasaron por encima del Real Madrid y Bernabéu lanzó su oferta. Eran 30.000 dólares que fueron rechazados de inmediato. El gran problema para el Madrid es que aquel partido también fue seguido por Pepe Samitier, exjugador y ojeador del Barcelona. Telefoneó a la Ciudad Condal y les comunicó que ya tenía sucesor para Kubala. Sabía que meses después el Real Madrid devolvería la visita a Millonarios en Bogotá y él también decidió comprar un billete y acercarse a Colombia.

Con lo que nadie contaba era con que a finales de 1952, Di Stéfano decidiese dejar de jugar al fútbol. Sabía del interés de los dos clubes españoles y también conocía que tendría que volver a River Plate en 1954, por lo que resolvió marchar a su rancho y negarse a jugar. El presidente de Millonarios, de nombre Alfonso Senior, encolerizó. Tenía un futbolista que no podía vender y al que tampoco podía obligar a jugar con la consiguiente pérdida de ingresos por taquilla, especialmente en las giras internacionales.

En abril de 1953, el Barcelona llega a un acuerdo con River Plate (poseedor de los derechos federativos) a falta de unos flecos. Los catalanes habían dado el paso tras la súbita tuberculosis que estaba afectado a Kubala. La tisis era una enfermedad habitual en España en aquella época y el astro húngaro estuvo inactivo la mayor parte de esa temporada. Se comentaba que no podría volver a jugar al fútbol y el Barcelona se lanzó a por Di Stéfano.
El argentino aterriza en Madrid, donde le espera Samitier, y se traslada a Barcelona por tren. Sin embargo, desde el club azulgrana deciden frenar la operación, ya que milagrosamente Kubala vuelve a jugar y se muestra decisivo entre otras cosas para derrotar al Madrid. Así, de repente, el Barcelona deja de tener prisa, y aunque tiene apalabrado el acuerdo con River Plate para el inicio de la campaña 1954-55, no logra resolver que hacer con el jugador para la anterior temporada, cuando todavía pertenece a Millonarios. Dw este modo, Samitier alquila un piso en la calle Balmes para Di Stéfano y su familia y el pasar de los meses minará la moral de un Di Stéfano al que sólo le permitirán jugar un partido amistoso en casi 200 días.

En ese impase veraniego hace su aparición el Real Madrid. Bernabéu manda a Barcelona a Raimundo Saporta, un directivo veinteañero que congeniará inmediatamente con Di Stéfano tanto por edad como por forma de ser. Mantienen una reunión secreta y acuerdan su fichaje para esa temporada tanto con el jugador como con Millonarios. De este modo, Di Stéfano sería jugador del Real Madrid para la temporada 1953-54 y del FC Barcelona a partir de 1954.

LA FIFA y el franquismo

En ese momento entra en escena Sancho Dávila, presidente de la Federación Española de Fútbol, militar y franquista. La Federación había legislado que a partir del 24 de agosto de aquel año quedaba prohibida la contratación de futbolistas foráneos. Dado que el acuerdo con el delantero argentino se había producido a posteriori, en teoría quedaba invalidada tanto su contratación por el conjunto merengue como por el azulgrana.

Temiendo una conspiración gubernamental, el FC Barcelona da el paso atrás que enfada a Di Stéfano; decide revender sus derechos a un tercero, la Juventus de Turín. Por desgracia para el Barcelona, seguía en el aire que hacer con la famosa campaña 1953-54, ya que el presidente de Millonarios sólo quería negociar con Bernabéu. A finales de verano ya habían pagado los dos, uno al equipo colombiano y otro a River a la espera de la reventa a la Juve.
Con la situación enquistada, y con Di Stéfano y Saporta convertidos en muy buenos amigos, se produjeron dos notables sucesos a finales del verano. Primeramente la directiva del FC Barcelona decidió prescindir de Samitier, el gran valedor de Di Stéfano. Pero lo más importante fue la decisión salomónica de la FIFA. Bajo la recomendación de Muñoz Calero, miembro del organismo futbolístico y falangista, se manifestó un decreto que en Barcelona fue considerado ofensivo. Para “aplicar el máximo esfuerzo en la consolidación de las relaciones deportivas amistosas entre el Madrid y Barcelona” Di Stéfano jugaría con el Barcelona la campaña 1953-54 y la siguiente con el Real Madrid y así sucesivamente hasta 1957, cuando quien más pagase se lo llevaría.

https://www.youtube.com/watch?v=1DF6XFFE_fA

El Barcelona se sintió ultrajado ya que el acuerdo con la Juventus quedaba invalidado. El presidente Martí Carreto instó a sus compañeros de directiva a firmar el contrato, pero, finalmente, decidió renunciar a los derechos de Di Stéfano y presentar su dimisión. Años más tarde contó que fue presionado por la Federación.

De este modo el Real Madrid tuvo que pagar al Barcelona los costes de la estancia de Di Stéfano y su familia en la calle Balmes así como el dinero que el conjunto azulgrana había pagado a River Plate. A cambio, Chamartín disfrutaría de un jugador de leyenda. En Barcelona ese dinero ayudó a la construcción del Camp Nou, una obra faraónica destinada a superar al Nuevo Chamartín.

Limpio o no limpio, los hechos se produjeron como han sido contados. Aunque en Barcelona se olvidan de un detalle muy importante cuando hablan de conspiración. Con Kubala recuperado tenían a uno de los tres mejores jugadores de Europa en ese momento, con 26 años y en teórica plenitud física. Di Stéfano, una incógnita que se tenía que adaptar a Europa, era mayor que él y contaba con 27. Nadie, ni en Chamartín ni en el Camp Nou, esperaba que Di Stéfano fuese un jugador dominante durante una década, ni que Kubala se apagase en un par de años lastrado por las lesiones. Si en Barcelona lo hubiesen sabido, seguramente no hubiesen renunciado a Di Stéfano.

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El caso Di Stéfano (1ª parte)

Las relaciones entre Castilla y Catalunya nunca han sido fáciles y sus diferencias muchas. Castilla es una tierra de secano donde tradicionalmente no se ha cuestionado la autoridad. Catalunya, país abierto a Europa y al Mediterráneo, tiene una relación más compleja con el pueblo a través del Parlamento. La conquista de América o de Flandes es una empresa íntegramente castellana (y su rango de influencia, con sus puertos en Galicia, el Cantábrico y la Andalucía Occidental). Ante la negativa a prestar apoyo económico o militar ante estos hechos fundamentales en el imaginario español, el catalán, desde entonces, es visto como agarrado, egoísta o aprovechado.

Tras la Guerra de Sucesión (1701-1714), Catalunya queda a merced de Castilla, fundamentalmente porque escoge al bando perdedor. Es una guerra de proyectos, de absolutismo contra liberalismo. No es una guerra étnica, ni de odio entre hermanos, sencillamente son dos concepciones de Estado que llevaban dos siglos chocando. Ni más, ni menos.

No fue hasta el siglo XX cuando ese dominio castellano de la concepción del Estado pasó a ponerse en tela de juicio nuevamente. El sentimiento nacionalista catalán y vasco socavó a España en un momento de atraso económico y desprestigio internacional. Ese proceso concluyó bruscamente con la Guerra Civil (1936-1939). Una guerra muy distinta a la de Sucesión, ya que en esta se enfrentaban territorios e ideologías, y en donde en ambos bandos había vencedores y vencidos que no estaban de acuerdo con el grupo en el que les tocó luchar. Las heridas abiertas aún hoy están sin cicatrizar.

Es durante las casi cuatro décadas de Franquismo cuando el Real Madrid y el FC Barcelona pasan a representar los ideales de Castilla y Catalunya, tanto en una versión pre democrática como en la archiconocida España de las Autonomías. Es cierto que el conjunto merengue fue distinguido con el título de Real y estuvo unido desde sus inicios a la monarquía, pero también lo es que pronto simpatizó con la II República y que su presidente fue asesinado por partidario republicano. También lo es que en el estadio de Les Corts se pitaba el himno español ya en la década de 1920, pero también es verdad que hasta 1936 el club nunca se declaró independentista o a favor de un Estado propio.

Sólo a partir de 1939 las circunstancias y la creciente rivalidad hizo que los estereotipos a los que hoy en día estamos acostumbrados afloraran. No se debe olvidar nunca que el gran club del fútbol español en la primera mitad del siglo XX era el Athletic Club de Bilbao, el cual aportaba el mayor número de jugadores a la selección nacional y que representaba el orgullo de la furia española.

Di Stéfano

Bajo esas circunstancias tiene lugar el gran conflicto entre catalanes y madrileños a raíz de la adquisición del fenómeno argentino Alfredo Di Stéfano. Es la primera vez que hay un choque entre ambos conjuntos y sin lugar a dudas es un enfrentamiento nunca superado en importancia y cuyos rescoldos aún se dejan sentir en el fútbol actual. La llegada de Di Stéfano al Real Madrid cambió la idiosincrasia del conjunto blanco que desde entonces ha sido el hegemónico tanto en España como a nivel internacional. La pérdida del genio argentino no fue dramática para el Barcelona, pero lo relegó a un segundo escalón nacional y acrecentó un complejo de inferioridad agravado por las circunstancias políticas que tardaría más de tres décadas en ser olvidado.

Tras debutar en 1947 con River Plate, Di Stéfano formó parte de una de las delanteras más afamadas en la historia del fútbol junto a genios del calibre de Labruna o Pedernera. A inicios de la década de 1950 formaba parte del Millonarios de Bogotá, en aquel momento uno de los mejores clubes del mundo. Es entonces cuando Real Madrid, Barcelona y Juventus intentan el fichaje de un futbolista que aunaba carácter, liderazgo, gol y que además era capaz de jugar en distintas posiciones con igual soltura.

La historia del fichaje de Di Stéfano por el Real Madrid ha sido contada en soportes distintos y de mil formas diferentes. Existe abundante bibliografía especialmente en Catalunya, donde al igual que 1714 se considera el momento de la pérdida de identidad catalana, 1953 es, para ellos, el momento en el que el Estado los apuñala deportivamente por la espalda. Fiel a mis ideales, lo que yo haré es contar lo que sucedió, y que sea el lector el que decida si hubo algún perjudicado, una mano negra, un interés gubernamental o sencillamente un equipo que negoció bien y otro que negoció mal. Pero eso será en el próximo post.

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Como escoger el nombre de un equipo de fútbol

Como deportivista que soy, un chascarrillo que circula al norte del Rande es el nuevo nombre del Real Club Celta de Vigo ante el órdago de su presidente de llevar el estadio lejos del ayuntamiento vigués. Real Cerca de Vigo, Rápido de Marín, Ajax de Moaña, Spartak de Porriño…Nombres legendarios e históricos de clubes de gran solera, muchos de ellos repetidos por la geografía europea.

Seguro que en algún artículo, en un blog o en alguna revista habrás leído algo sobre el nombre de los clubes deportivos y su referencia a la mitología o a la historia de su país. Es un tema muy manido, al que tampoco hay nada nuevo que aportar. Pero, ¿quién sabe? Quizás el google te ha llevado a este blog al buscar información sobre el tema, o he conseguido despertar tu curiosidad, o, quizás, nunca te habías parado a pensar sobre esta materia.

La inmensa mayoría de los clubes de fútbol surgieron a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX. Es una época de oro para el Estado-Nación y para el simbolismo entre el país y el ciudadano. Bajo ese contexto, muchos clubes adoptan un nombre que evoca la situación política del país, valores identitarios en el nacimiento de la nación o simplemente un carácter mitológico.

Situación política del país

En los países del bloque comunista, los distintos sindicatos creaban su propio club deportivo, lo que a su vez permitía al Estado un control persona a persona del trabajador fuera de su horario de trabajo. Así el CSKA era el equipo del ejército, y por lo tanto el más poderoso del país, el Dinamo la sociedad polideportiva de la policía, el Torpedo el club del sindicato del automóvil y el Lokomotiv el equipo de los trabajadores del ferrocarril.

En España o Portugal, como en otros países europeos, se siguió la tradición inglesa de dotar al equipo con el nombre de la ciudad o barrio y añadirle un adjetivo relacionado con el deporte (Athletic, Sporting, Football y sus variantes en castellano). No obstante, hay decenas de excepciones. En España, por ejemplo, múltiples equipos lucen con orgullo el apelativo de Real, que hace un siglo era sinónimo de status social y otorgaba preeminencia dentro de la competencia local (por ejemplo el Real Club Deportivo y el Club Coruña en la capital herculina). En Inglaterra, por otra parte, también surgieron clubes unidos a distintos sindicatos obreros u católicos, tales como el Arsenal (trabajadores del depósito de armas), West Ham (obreros de una acería del oeste de Londres) o el Aston Villa (feligreses y diáconos de la iglesia Villa Cross de Birmingham).

Valores identitarios en el nacimiento de la nación

Los tenemos de muy diversa índole. Muchas veces se debe a un héroe o símbolo de la nación. En Portugal el club de Barcelos se llama Gil Vicente, en distinción al mayor dramaturgo luso de la historia. Otros como el Shakhtar Donetsk toman su nombre de Stakhanov (Estajanov para nosotros) el héroe del trabajo en la URSS. Y también los hay de carácter religioso caso del San Patrick’s Athletic irlandés que bebe su denominación de San Patricio, el santo patrón del país isleño.

No obstante, la mayoría son personajes relacionados con gestas guerreras. El FK Obilic de Belgrado (héroe de la batalla de Kosovo en el siglo XIV), Arminia Bielefeld (Arminia es Herrmann el protagonista bárbaro en la batalla de Teotoburgo ante el Imperio Romano), o el Levski Sofia (de Vasil Levski héroe antiturco) son ejemplos de ello.

Por último, también los hay que simplemente son símbolo de identidad pero sin causa histórica concreta. Así, el Austria Viena toma el nombre de la nación y el Viking FC noruego o el Celta de Vigo recogen una simbología de los pueblos en su designación.

Carácter mitológico

Al recuperarse en 1896 la tradición griega de celebrar unos Juegos Olímpicos cada cuatro años, la Europa de entre siglos bebía de la mitología como símbolo de modernidad, educación e inteligencia. La gimnasia, el culto al cuerpo y la práctica deportiva se recuperó como status social y como exaltación del ser humano. Los equipos adoptaron el nombre de dioses con los que pretendían identificarse y transmitir una serie de valores.

Obviamente abundan los ejemplos. Aris de Salónica (Ares, dios de la guerra), Apollon de Nicosia (Apolo, dios del sol y de la luz), Heracles (Hércules, con múltiples equipos por toda Europa), Fortuna de Sittard, Sparta de Praga (referente a los espartanos y a su ética de trabajo), Ajax de Amsterdam (héroe de la guerra de Troya), Atlante de México (el titán Atlas), Olympiakos de Atenas (en referencia a Olympia), Atalanta de Bérgamo (atleta de la mitología griega).

Y para acabar con este artículo nada mejor que hacerlo con el club de fútbol más antiguo del mundo, el Sheffield Football Club fundado en 1857 y que actualmente deambula por categorías semiprofesionales inglesas. Nunca debemos confundirlo con los más conocidos Sheffield United y Sheffield Wednesday, los otros dos equipos de la ciudad de Yorkshire.

 

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El mejor de la historia (bonus track)

Desde pequeño he sentido fascinación por el Imperio Romano. No sé, quizás era por los cómics de Astérix y Obélix. Los uniformes, la disciplina, el orden, las leyes, los avances tecnológicos, las calzadas, las murallas, el comercio, el honor. Todo me resultaba y me resulta atractivo. La vida en Roma es un reflejo del mundo occidental.

La primera gran ciudad que visité fuera de España no podía ser otra que Roma. Mi fascinación por ella no hizo más que aumentar. A la belleza histórica se unía la arquitectónica, la arqueológica y hasta la religiosa. Y fue entonces cuando me acerqué al Olímpico para ver jugar a mi futbolista favorito, Francesco Totti.

Lo de Totti me llega a las entrañas y me fascina desmesuradamente. Salvo que meta la pata hasta el fondo yéndose a Estados Unidos, estamos ante el único futbolista moderno-antiguo.

Sabiendo de la singularidad de su club y de que conseguir un título se antoja una quimera cada año que pasa, Josu Urrutia, presidente del Athletic, tuvo la magnífica idea de darle pedigrí mundial a los bilbaínos creando el One Club Man, un trofeo destinado a aquellos jugadores que hayan pasado toda su carrera en el mismo equipo.

La magnitud del mito Totti es tal, que si nos paramos a reflexionar veremos que leyendas actuales como Xavi, Lahm, Gerrard, Raúl, Buffon, Lampard o Del Piero nunca podrán formar parte de este idílico club, a pesar de que al pensar en ellos sólo tengamos un equipo en mente.

Aún hay más hándicaps. Es el jugador defensivo el que suele echar raíces en el equipo de toda su vida. Los ofensivos son solicitados por los transatlánticos europeos a base de millones de euros. Adams, Carragher, Arconada, Maldini, Baresi, Puyol o Gary Neville no destacaron por meter goles precisamente.

Jugadores ofensivos que se unan a dicha lista podríamos tener en el futuro a otros tres; Leo Messi, Andrés Iniesta o Thomas Müller, sin bien tan sólo el alemán ha sido formado en el mismo club desde infantiles. Pero, su papel en el Bayern ha ido disminuyendo y es complicado que cuelgue las botas en Münich.

Un faro en un fútbol de escasa moral y baja integridad, Francesco Totti es leyenda. Hasta el advenimiento de Messi fue uno de los mejores jugadores del mundo en pugna con Lampard, Henry o el fulgurante pero breve Ronaldinho. Es innegable que se ha hecho rico en la Roma -hasta tuvo despacho propio y voto en decisiones deportivas- pero el conjunto italiano ni siquiera es referencia en Italia como para poder ser considerado un gran equipo mundial. La fama y la relevancia de los giallorossi se debe a la ciudad que representan, pero no a sus virtudes futbolísticas.

Totti era arte. Era gol. Tenía clase. Mala leche. Toque. Chulería. Visión. Un fantasista. Era guapo. Y sigue siendo atractivo con 41. Totti es un tifosi. Es el niño que juega para su equipo. Un loco. Es un perdedor que nos cae bien. Un highlighter. Cultura popular. Un hombre que respeta el juego. Ah! Y ganó el Mundial. Algo sí que ganó.

Pero sobre todo Totti es Roma. Es un icono como la Basílica de San Pedro. Es rey de reyes. Más romano que la loba capitalina. Es respetado hasta por sus rivales laciales. Desde hace 10 años jugaba con una placa de metal en un tobillo y con ella incrustada en el cuerpo ganó una Bota de Oro.

Es así que siempre será el mejor jugador antiguo del siglo XXI. Nunca podrá ser superado porque en este fútbol comercial es imposible que surja otro futbolista que sea fiel a su equipo durante más de un lustro sin poder optar a los títulos colectivos e individuales más importantes de Europa.

Por eso ruego a Totti que no se deje convencer para jugar en Estados Unidos y estropee el mito. Y de paso, suplico que aten a De Rossi a una columna del Olímpico y que siga el rastro de honor que ha dejado Il Capitano.

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Desglosando al mejor de la historia (3ª parte y final)

Como recordarán, habíamos analizado tres axiomas del valor del futbolista, todos ellos cuantitativos. Para acabar, nos centraremos en los tres siguientes, los cualitativos: entendimiento del juego, importancia en la evolución del juego e importancia para su club/país. Son estos parámetros los más difíciles de medir, porque tienen un componente claramente subjetivo. Pero también son aquellos que le dan valor a la importancia histórica del futbolista.

Entendimiento del juego

Entendimiento se puede interpretar como aquella cualidad del futbolista para maximizar sus carencias físicas, tanto por cuestiones naturales como evolutivas. Seguramente Di Stéfano sea el primer jugador total de la historia, de los iniciados que evolucionaron de la posición de delantero centro a la de organizador o, incluso, en determinadas ocasiones como líbero. Tanto por condiciones físicas como por inteligencia era capaz de actuar en distintos lugares del terreno de juego. Grosso modo es la evolución que estamos a observar en Leo Messi, que de jugador rápido, resuelto y vertiginoso ha pasado a moverse como una sombra por el césped y desatascar los partidos a base de colocación y pocos pases, pero todos ellos acertados.

Aun así, pocos futbolistas han interpretado de manera tan resolutiva el fútbol como Johan Cruyff. Capitán y entrenador en el campo, con su sola presencia y las órdenes precisas era quien de mover a sus diez compañeros en el terreno de juego en función de las necesidades del choque. Podía jugar en todas las posiciones, y todas en un mismo partido. Fue el primero que comprendió sobre el césped -y no sólo como teoría- que es el balón y no el jugador el que se tiene que desplazar, porque como bien decía, él no era mediapunta, él era futbolista.

Importancia en la evolución del juego

En este punto el paso del tiempo siempre trae consigo una ventaja. Muchos pueden hacer algo distinto, pero sólo el pionero queda en el recuerdo. Di Stéfano o Cruyff son los precursores del todocampista y del jugador sin posición, y eso siempre contara en favor de ambos. A pesar de la plasticidad y de la grandiosidad de Pelé, no le podemos dar el título honorífico de primer gran goleador, y Maradona o Messi no son los primeros capaces de enganchar el balón al pié y llevarlo a dónde deseen con sólo mirarlo.

Otra vez es Cruyff el impulsor de una concepción de juego novedosa conocida como fútbol total, que acaba con los posicionamientos rígidos de los futbolistas. A Pelé también se le puede observar como el hombre que estimuló las amonestaciones y la limitación del juego duro, al ser víctima sistemática de centrales que no podían pararlo en velocidad.

Importancia para su club/país

A menudo pensamos que grandes clubes lo han sido siempre, y esto está muy lejos de la realidad. El mito de Di Stéfano es la piedra angular del Real Madrid, hasta entonces un equipo más del panorama nacional y enano en el internacional. Fue La Saeta y el mito de la Copa de Europa quien convirtió al equipo madrileño en la joya del respeto futbolístico, a lo que, por cierto, también contribuyó el purísimo blanco de sus camisetas y la corona de su escudo.

También Cruyff derribó fronteras para el Ajax, y especialmente para la selección holandesa, un paria internacional hasta su aparición. Y qué decir de Pelé que llevó a su país a la victoria en tres copas del mundo, en un momento de pesadumbre nacional y derrotismo ante la acumulación de subcampeonatos sudamericanos y mundiales.

Sin embargo, nadie ha influido tanto en un club como Diego Armando Maradona. Como los otros cuatro grandes, jugó en una escuadra a la que ayudó a elevar su nivel hasta un máximo conocido, pero a diferencia de los demás, su paso por el club no significó un cambio de trayectoria en el mismo. Y esto se debe a que a diferencia de los otros magníficos, ni estuvo acompañado de grandes jugadores ni de una estructura de club en expansión.

Maradona arrolló en el Nápoles de finales de los 80 sin la compañía de ninguna figura de talla internacional. Lo hizo en la que por aquel entonces era la mejor liga del mundo. Zico, Van Basten, Rummenigge, Platini o Matthaus competían todos los fines de semana con El Pelusa (en 1988,1989 y 1990 el pódium del Balón de Oro jugaba en el Calcio).

Más extraordinario fue su papel con la selección argentina. Dejando a un lado su veneración como héroe popular, Maradona llevó a su país a un campeonato y a un subcampeonato mundial con un equipo de nivel muy inferior al de posteriores generaciones. Su capacidad era tal, que cualquier equipo de los que se clasificó para octavos de final  en 1986 que hubiese contado con Maradona en sus filas habría ganado la Copa del Mundo.

Conclusión

Como comentara en la primera parte de este post, clasificar y escoger entre diferentes tipos de futbolistas y épocas históricas es ciencia ficción. Discutiremos entre Di Stéfano o Kubala, Pelé o Eusebio, Maradona o Platini, Messi o Cristiano, pero saltarse etapas es contraproducente. Aun así, y asignando cinco puntos al primer clasificado en cada apartado y uno al último, podemos realizar la siguiente clasificación:

  1. Diego Maradona      19 puntos ( 5,2,4,2,1,5)
  2. Alfredo Di Stéfano   19 puntos (2,3,3,4,3,4)
  3. Pelé                             19 puntos (1,5,5,1,4,3)
  4. Johan Cruyff             18 puntos (4,1,1,5,5,2)
  5. Lionel Messi             15 puntos (3,4,2,3,2,1)

Es todo tan igualado que me he permitido desempatar en función de la importancia que le he dado a los distintos axiomas. La decisión, en todo caso, se antoja sumamente complicada.

Un apunte final para concluir. Cuatro de los cinco grandes son sudamericanos, tres de ellos argentinos y cuatro de los cinco jugaron en España – a pesar de no ser la Liga más fuerte en ese momento-. La escuela latina propone un fútbol basado en la técnica, y es a través de ella como se desarrollan los grandes futbolistas, que no son sino, aquellos que con su juego nos permiten experimentar con los límites de la capacidad humana. Por eso, siempre serán recordados.

 

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Desglosando al mejor futbolista de la historia (2ª parte)

Nos disponíamos a dilucidar – si es que se puede dilucidar- quien es el mejor futbolista de todos los tiempos. Entre especialistas y aficionados los 4 grandes están claros. Y, a pesar de que pocos discuten la categoría y la importancia de un jugador descomunal como Cristiano Ronaldo, el consenso también añade a esa terna a Lionel Messi, muy por encima del portugués. No obstante, la IFFHS, organización independiente, aunque la única con posibilidad de acceder exclusivamente a los archivos de la FIFA, determinó a comienzos de siglo quienes era los mejores de siempre. Siendo obvió que a pesar de lo extraordinario de Messi en aquel entonces aún goleaba a los cadetes del Peralada, la clasificación fue la siguiente:

  1. Pelé                                                           1705 puntos
  2. Johan Cruyff                                           1303
  3. Franz Beckenbauer                                 1228
  4. Alfredo Di Stéfano                                 1215
  5. Diego Armando Maradona                  1214

Independientemente de la configuración de los puestos, por otra parte muy igualada a excepción de la victoria de Pelé, es necesario pararse a reflexionar sobre el caso de Beckenbauer. Futbolista de una elegancia y clase excepcional, es el único defensor entre los quince primeros. Incluírlo en el pódium se antoja una forma de justicia poética. La figura del káiser transciende al ámbito de juego ya que se ha labrado una carrera en todas las esferas del fútbol, desde el mundo empresarial hasta dando órdenes desde el banquillo. Ello le da un poder en el establishment unicamente igualado por Pelé. También es necesario tener en cuenta que entre los 14 dirigentes de la IFFHS hay siete europeos y tan sólo dos sudamericanos.

Así, nos vamos a ceñir a los llamados cinco grandes, aunque La Pulga no haya colgado las botas. Y para justificar quién es el mejor nos centraremos en seis apartados del juego, tres de ellos cuantitativos y tres cualitativos. Hoy nos ajustaremos a los tres primeros: cualidades técnico-tácticas, gol y títulos.

Cualidades técnico-tácticas

La escuela argentina considera la técnica como el medio para dominar la táctica en el fútbol. Aquel futbolista que es capaz de controlar su cuerpo para llevarlo al máximo de su explosión visual con el mínimo desgaste, será aquel que con su sola presencia conseguirá que sus compañeros dependan de su posicionamiento y sus rivales de sus movimientos.

Es difícil destacar quien de los cinco es aquel con mayor capacidad técnica. Pero si hablamos de técnica como un don, sin estar moldeada por la repetición y por los entrenamientos, no hay lugar a la duda; Maradona.

Nunca se ha visto a nadie acariciar el balón como a Maradona. Y lo hacía con la belleza y la inocencia de un niño. Los ojos del astro eran pura poesía. La inocencia en un profesional. Legendario es su libre directo dentro del área con el Nápoles o aquellos regates con varias tallas de más con el Sevilla. Es cierto que Messi o Cruyff dormían el balón pero nadie la ha pegado con cemento a la bota como Maradona. Jamás.

La técnica no entiende de épocas, es la virtud más virgen en cualquier deporte. Hay quien se pregunta si Di Stéfano sería determinante en el Real Madrid de hoy. La respuesta es sencilla. Si, y sin duda alguna. Lo que se pondría en cuestionamiento es cuantos partidos aguantaría al máximo nivel y cuantos minutos en cada uno de los encuentros. Quizás la técnica es el único baremo que se puede medir sin tener en cuenta las distintas épocas histricas, y, ahí, Maradona parte con varios cuerpos de ventaja.

Gol

En este aspecto no hay discusión posible. Los números dicen que el mayor goleador de los cinco y el tercero de siempre es Pelé. El repertorio de O Rei es amplísimo. Goles dentro del área, disparos lejanos, remates de cabeza o lanzamientos de falta. Y, lo más importante, era capaz de generarse sus propias ocasiones. Su capacidad es innata a pesar de que nunca jugó como delantero al uso. Únicamente Messi puede acercarse a sus cifras, a pesar de que no sea tan completo como Pelé. La evolución del argentino ha sido espectacular, convirtiéndose en un fanático del gol temporada a temporada.

Los peros en este punto se ponen en el nivel defensivo y en el nivel de los contrarios. A Pelé se le achaca que nunca salió de Brasil. Se debe tener en cuenta que cruzar el charco era la excepción y no la regla. La selección brasileña jugaba en Brasil y los componentes de la Argentina campeona en 1978 no habían cruzado el Mar de la Plata. La perspectiva europea es muy nociva.

Respecto al nivel defensivo, Messi ha superado registros impensables y números de épocas con tres defensores. Pero no debemos desmerecer las cifras de Pelé o de Di Stéfano. La época gloriosa del catenaccio y de los centrales leñeros es la década de 1960, junto a la de 1990, la de mayor preponderancia del juego calculador y resultadista.

Títulos

Cuando el Real Madrid ganó la primera Copa de Europa poco más de 5000 personas presenciaron el partido en vivo. O a pesar de lo que dice la leyenda, Franco no recibió al conjunto merengue en El Pardo hasta que se consiguió la quinta.

La importancia de los títulos va en función de la perspectiva del tiempo. A Di Stefano lo mata no ganar un Mundial (ni tan siquiera lo jugó) y a Pelé no lograr la orejona. Pero esto es importante ahora, no entonces.

Ninguno de los cinco grandes ha ganado los dos santos griales del fútbol (Messi aún está a tiempo). Para medir a Pelé en justicia hay que apuntar que levantó dos Copas Libertadores. Libra a libra, Pelé es superior por la aureola de tres títulos mundiales (aunque en uno apenas jugó), si bien las 3 Copas de Europa y el subcampeonato mundial de Cruyff o las 4 de Messi y el mismo subcampeonato rivalizan con los éxitos de O Rei. O las 5 Copas de Europa y las 15 ligas nacionales (9 españolas ) de La Saeta….harto complicado.

Para la próxima entrada seguiremos poniendo los datos en la mesa y cada uno que decida, si es que quiere decidir. O quédense con los cinco y no le den más vueltas. Al final, esto no pasa de ser un juego. Yo, por mi parte, les daré mi veredicto.

 

 

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Desglosando al mejor de la historia y otras afirmaciones rimbombantes

Clasificar y escoger es algo innato al ser humano. La primera vez que vamos en el carrito a dar un paseo dominical a casa de los abuelos, nuestra madre nos advierte de que tan sólo podremos llevar un juguete. La disyuntiva es dura, y debemos elegir entre el oso de peluche y el tren de colores. Debes escoger cual te gusta más. Lo mismo pasa en el patio del colegio cuando debes decidir tu mejor amigo, tu compañero de pupitre o con quien sentarse en el autobús cuando vas de excursión a ese museo tan raro del que te ha hablado tu profesora.

Luego te decantarás por tu equipo preferido. De fútbol, obviamente. Puede que te guste el balonmano o el hockey, porque tu tío favorito juega en el equipo de tu barrio o quizás un domingo lluvioso estuviste toda la mañana viendo carreras de motos y adoras el motociclismo. Da igual, tienes que escoger un equipo de fútbol. Es condición sine qua non podrás sobrevivir. Es como cuando te preguntan si te gusta la chica voluptuosa de cuarto curso, tienes que decir que sí, aunque estés locamente enamorando de los ojos preciosos que se esconden detrás de la gafuda que se sienta a tu derecha.

Una vez escogido el equipo, tienes que optar por tu jugador favorito. Normalmente te gusta el que mete más goles. Es la solución fácil. No obstante hay varios condicionantes. El primero, y quizás más importante, tu padre. Si, lo sé, también puede ser tu madre, pero voy a ser politicamente incorrecto. Si a tu padre le gusta el lateral correoso de la banda derecha, puede que te guste a ti. Sin embargo, con la adolescencia desertarás de tu padre y, además, lo más probable es que el futbolista favorito de tu viejo ya se haya retirado.

El segundo condicionante es que tú juegues al fútbol en una determinada posición. Por lo tanto, si eres mediocentro te fijarás en Iniesta, Kroos o quizás en Xabi Prieto si eres de San Sebastián. Luego ya hay otra serie de factores, que si la personalidad, que si te gusta el peinado, los tatuajes, que si lo viste jugar en directo, que si te firmo un autógrafo, que si te gusta el número, que si tiene muchos seguidores en twitter, que si te gusta su actitud política e infinidad de cosas.

Una vez escogido ese jugador maravilloso, el paso del tiempo lo volverá terrenal y a la larga lo convertirá en un recuerdo. Pero, para ti, seguirá siendo el mejor. Y es en ese mismo momento cuando con los compañeros de trabajo, en una sobremesa de domingo con la familia o quizás tu sólo al escuchar un comentario en la radio mientras conduces, te preguntas, ¿y quién es el mejor de la historia?

Ese es el debate eterno y que con el paso del tiempo se vuelve cada vez más extenso por una simple cuestión numérica. Con el paso de los años hay más futbolsitas y por tanto, más candidatos. Di Stefano, Cruyff, Pelé, Maradona… y  Messi.

Análisis y método

El fútbol -y el resto de deportes- se convierten en fenómeno de masas a partir de la II Guerra Mundial. Hasta entonces, y a pesar de los profundos cambios en las costumbres sociales ocurridos desde mediados del siglo XIX, los jóvenes deben consagrar su vida al Estado y a la familia. De este modo, el fútbol sólo es una forma de entretenimiento, que se ve bruscamente alterada por el trabajo, la llamada del ejército y, en el caso de las mujeres, para casarse y tener hijos. Sólo a partir de la década de 1950 la juventud pasa a tener nuevos ideales y referentes que pueden ser desde deportistas, a músicos o actores.

Por otra parte, la globalización es inexistente, y aunque ya existe el Campeonato Mundial de Fútbol no se puede comparar fielmente el nivel de futbolistas de todo el mundo. La diferencia entre jugar en casa o a domicilio son enormes, con diferentes tipos de campos, entrenamientos o balones o con presiones arbitrales por los dirigentes de turno. Por ejemplo, en la final del Mundial de 1930 entre Uruguay y Argentina, la primera parte se jugó con un balón fabricado en Montevideo y la segunda con uno argentino. Asimismo, el número de partidos es muy reducido como para tener una comparativa clara. De este modo, lo propio es hablar de los mejores jugadores de un país o de una región, como Josef Bican en Centroeuropa, Dixie Dean en Reino Unido, Leonidas en Brasil, Héctor Scarone en Uruguay, Giuseppe Meazza en Italia o Matthias Sindelar, quizás el más famoso mediaticamente.

Hay otros dos factores a tener en cuenta. El primero es amplio objeto de debate, la visualización del futbolista. La manida frase “como vas a saber si era bueno si nunca lo viste jugar”. Ese axioma es de todo erróneo. Para ser puristas, habría que ver todos los partidos de dicho futbolista y verlos en el campo, para comprobar todos sus movimientos y actitudes. Y eso, requiere tiempo y análisis. Ahí es donde adquiere protagonismo el periodista.

No hay ningún vídeo, ni tan siquiera una fotografía del extraordinario gol de tacón de Di Stéfano a Bélgica en 1957, pero cualquiera que haya leído la crónica de ese día sabrá la dificultad, la elasticidad y lo increíble de dicho remate. Y además lo sabrá con la pureza se quien lo ha visto y lo ha compartido en directo con todo el público que magnificó el hecho con sus aplausos y sus exclamaciones. http://deportes.elpais.com/deportes/2016/05/18/actualidad/1463593718_439462.html

Tan denostada en nuestra época, la función del periodista es mostrar los hechos y describirlos de forma ecuánime, y convertir la memoria oral en escrita, radiada o visual para que el ciudadano considere lo que le cuentan y tome sus propias decisiones. De ese modo, leyendo las declaraciones de sus rivales, la opinión de los aficionados y viendo su cifra de goles, podemos saber, incluso sin ponerle rostro, que Dixie Dean fue un goleador imperturbable.

Y, para finalizar, debemos tener en cuenta que NO se puede escoger al mejor de la historia, porque la historia no es comparable en el tiempo. La velocidad, la táctica o la preparación física son diferentes. Incluso la técnica, quizás lo más virgen para un deportista, está moldeada por la repetición y la práctica, la cual, cada vez, es más profesional y repetitiva. Es por ello, que lo correcto sería hablar del mejor de cada generación, pero no de la historia.

Aún así, vamos a intentar dilucidar quien fue el mejor de forma objetiva, para que nuestras conversaciones de bar tengan algo más de fundamento. Pero eso será en el próximo post.

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