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Cuando la Intercontinental era una carnicería

El Mundial de clubes de fútbol no es más que la evolución de un torneo llamado Copa Intercontinental que desde su primera edición en 1960 y hasta la última en 2004 enfrentaba anualmente al campeón de la Copa de Europa con el triunfador en la Copa Libertadores. A medida que el poder económico de los clubes europeos se multiplicaba el torneo fue languideciendo y reduciendo al mínimo las posibilidades de éxito de las escuadras sudamericanas. En todo caso, siempre fue una competición con mayor importancia en el Nuevo Mundo que en la vieja Europa.

La Copa Intercontinental tuvo en la década de 1980 su época de brillantez, cuando se decidió que la final se jugase en Japón a un único partido. Hasta entonces, la competición era de ida y vuelta, formato con cierto éxito pero no exento de polémica. De todos modos, y a pesar de las controversias, el torneo alcanzó prestigio con celeridad hasta que en 1968 apareció en escena el Estudiantes de la Plata y la Copa Intercontinental pasó de ser un torneo de fútbol a ser una carnicería. Una carnicería futbolística.

En 1965 llegó al banquillo del equipo argentino Osvaldo Zubeldia. Se trataba de un técnico innovador que ensayaba las jugadas de estrategia, los saques de esquina a pierna cambiada o el marcaje individual por todo el campo. Realizaba sesiones dobles de trabajo porque su máxima era que con esfuerzo y trabajo se podía conseguir la victoria. Dicen que un día citó a la plantilla a las 4 de la mañana para un entrenamiento y los llevó a una estación de tren para que viesen a toda la marabunta de gente que madrugaba y se sacrificaba para ir a su puesto de trabajo. “¿Veis? -les gritó a todos aquellos privilegiados futbolistas-. Y luego gastarán su mierda de sueldo en ir al estadio para ver ganar a su equipo”.

En aquel equipo destacaban Verón, Bilardo, Pachamé, Flores, Poletti o Aguirre Suárez. Estudiantes no era un grande de América, ni tan siquiera de Argentina, pero reunía un plantel que seguía ciegamente los idearios de su entrenador, de que se podía ganar a base de trabajo. De todo tipo de trabajo.

Las pérdidas de tiempo, las patadas a destiempo o los insultos al rival pasaron a ser tarea cotidiana. Bilardo se hizo famoso por pinchar a los rivales con alfileres en los saques de esquina. Los jugadores se sabían los nombres de las mujeres y de las novias de los rivales y alardeaban de haberse acostado con ellas. Dicen que en una ocasión se pasaron todo el partido llamando “asesino” a un portero que había matado en un accidente de caza a su hermano, hasta que el cancerbero se derrumbó y encajó una ristra de goles.

El caso es que aquel equipo ganó 3 Copas Libertadores consecutivas (1968, 1969 y 1970) por lo que también disputó sendas finales de la Copa Intercontinental. En la primera final, ante el Manchester United, ganaron en la ida y defendieron la renta en el choque de vuelta disputado en Old Trafford. Hubo de todo en ambos encuentros. En la ida, Charlton acabó con una brecha en la cabeza y Bilardo se lió a patadas con Stiles hasta que acabó rompiéndole las gafas. Como sería la cosa que Stiles, considerado en Europa el futbolista sucio por excelencia, acabaría aterrorizado y siendo de los primeros miopes en pasarse a una especie de protolentillas. En la vuelta, los argentinos fueron recibidos con gritos de “¡animals, animals!” y tras múltiples patadas George Best perdió los nervios y acabó siendo expulsado. Al final del encuentro hubo varias peleas en los vestuarios y los argentinos aún saldrían al terreno de juego a hacerse fotos de recuerdo provocando aún más al respetable.

En 1969 el rival fue el AC Milan. La ida se jugó en San Siro donde los rossoneros ganaron con un rotundo 3-0. La vuelta parecía un trámite, pero los jugadores de Estudiantes quisieron morir matando. El partido fue una batalla campal y lo que menos le importaba a Estudiantes era el resultado. Los italianos Prati y Rivera acabaron con fuertes contusiones y éste último confesó que necesitó ayuda psicológica para superar el miedo que pasó aquella noche. Lo peor lo sufrió el argentino Combin, que al militar en el AC Milan fue tildado de judas por los aficionados. Acabó saliendo del campo en camilla tras una fractura de pómulo y nariz. Fue tal la barbarie que los platenses Poletti, Aguirre Suárez y Manero acabaron siendo arrestados y pasarían un mes en calabozos como medida disuasoria para aplacar la indignación de la FIFA y del Gobierno italiano.

El 1970 el Feyenoord viajó a La Plata con la lección aprendida devolviendo golpe tras golpe y arrancando un valioso empate ante unos anonadados argentinos. En la vuelta el Feyenoord ganó, pero Estudiantes sacó a relucir las garras una vez más. Esta vez fue Pachamé el que arrancó y rompió las gafas del defensa holandés van Daele. A pesar de la victoria holandesa la indignación fue tal que en Europa ya se hablaba abiertamente de renunciar a disputar la Copa Intercontinental.

Y así fue. Entre 1971 y 1979 no se celebró el torneo en dos ocasiones (1975 y 1978) y hasta en otras 6 ediciones (1971, 1973, 1974, 1976, 1977 y 1979) el campeón de Europa renunció a participar.

—LOS DUROS AÑOS 70—

En 1971 el Ajax renuncia y su puesto pasa a ser ocupado por el Panathinaikos, subcampeón europeo. La ida se disputó en Grecia y nuevamente el juego duro hizo acto de presencia. Los griegos protestaron ante la FIFA por la violencia empleada por el Nacional que entre otras cosas dejó al griego Tomaras con una doble fractura de tibia y peroné. Las protestas fueron en vano y en la vuelta los uruguayos de Nacional de Montevideo lograron alzarse con el trofeo.

Tras ganarlo todo y asombrar a Europa con su juego, al Ajax no le quedó más remedio que disputar la edición de 1972. Fue ante Independiente de Avellaneda. La ida, jugada en Buenos Aires, tuvo a Cruyff como gran protagonista. Primero anotó un gol a los 5 minutos del inicio y poco después tuvo que abandonar el terreno de juego lesionado tras una brutal entrada de Mircoli. En el descanso, los jugadores del Ajax anunciaron que se volvían a su hotel hartos de aguantar insultos y patadas de los argentinos. Cuentan que hubo gritos y empujones entre directivos, técnicos y futbolistas en los vestuarios, pero finalmente, y con bastante retraso, los holandeses saltaron al campo ante una pitada monumental. Independiente llegaría a empatar el encuentro pero en la vuelta jugada en Ámsterdam, Cruyff y compañía sentaron cátedra con un claro 3-0.

El Ajax volvió a ganar la Copa de Europa en 1973, pero evidentemente no iba a repetir tan funesta experiencia. Tal ‘honor´ fue a parar a la Juventus. Los turineses se negaron a viajar a Argentina y exigieron jugar el partido en campo neutral. Independiente, nuevamente finalista, accedió a regañadientes y salió victorioso en duelo disputado sin mayores incidentes en la poco neutral ciudad italiana de Roma.

La exigencia europea de jugar el choque en un campo neutral pero, por supuesto, en Europa no gustó en Sudamérica, por lo que hubo que volver al doble enfrentamiento. Así que por enésima vez hubo renuncia, en este caso del Bayern de Münich, lo que permitió al Atlético de Madrid ganar la Copa Intercontinental de 1974 derrotando a Independiente.

Parecía que iba a ser costumbre que Europa enviase a la Intercontinental a su subcampeón, pero en 1975 ocurrió lo inimaginable. Ni el Bayern (campeón) ni el Leeds (subcampeón) quisieron jugar el torneo por lo que se tomó la drástica decisión de cancelarlo. El Bayern si accedió a jugar y a ganar la edición de 1976 y no es casualidad que aceptase porque su rival era el Cruzeiro brasileño, primera ocasión en muchos años en la que ningún equipo rioplatense se asomaba en la final del torneo.

Al año siguiente volvió a la final un club argentino y volvieron las renuncias. En este caso fue el Liverpool quien declinó participar dejando su puesto al Borussia Mönchengladbach. El rival era Boca Juniors y por primera vez en décadas un equipo argentino ganaba a uno europeo a base de buen fútbol. Los xeneizes humillaron a los germanos tras una gran lección de fútbol y sin ningún atisbo de violencia ni juego duro.

A pesar de todo, el Liverpool volvió a renunciar en 1978. La UEFA ordenó al subcampeón Brujas participar en la Copa Intercontinental, pero esto fue visto como una ofensa en Argentina. El finalista sudamericano era por segundo año consecutivo Boca Juniors, que auspiciado por su buen fútbol y su buen comportamiento del año anterior, exigía la presencia del Liverpool. Boca estiró la cuerda y finalmente se negó a jugar una final de consolación contra el subcampeón europeo, por lo que al igual que en 1975 se decidió suspender la Copa Intercontinental.

Llegamos así a 1979 cuando el Nottingham Forest se niega a jugar por lo que su lugar pasa a ser ocupado por los suecos del Malmoe. Éstos eran un club muy modesto que habían sido subcampeones de Europa de forma sorpresiva. Del mismo modo, el Olimpia paraguayo se había proclamado campeón de la Libertadores rompiendo todos los pronósticos. Fue una final sin incidentes entre suecos y paraguayos, pero fue también una final insulsa y sin un mínimo de interés con poco más de 5.000 espectadores en las gradas.

Fue entonces cuando la FIFA llegó a un acuerdo con Toyota para disputar la Copa Intercontinental a partido único en Japón en el mes de diciembre de 1980 como colofón al año futbolístico. De este modo, se conseguía una sede neutral aceptada por todos y se abría un melón para que el fútbol de primer nivel llegase a un mercado tan apetecible como el japonés. A partir de entonces la Intercontinental ganó en seriedad y recuperó la esencia que había tenido cuando fue creada en 1960. Luego, en 2004, la FIFA la democratizó por todo el globo, con igualdad de oportunidades en la forma, pero bajo dictadura europea en el fondo.

“No me arrepiento de nada. El fútbol era violento y si había que desestabilizar a un rival para ganar se hacía. Era otra forma de ganar”. Alberto Poletti, portero de Estudiantes de la Plata (1965-1970).


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