europa

¿Quién es el mejor jugador de baloncesto que nunca ha estado en la NBA?

En 1992 Aleksandar Djordjevic recorrió la pista de oeste a este para encestar un triple imposible y dar al Partizan de Belgrado su primera y única Euroliga. Tres años después sumó 41 puntos con un excelso 9/12 en triples para vitorear ante Lituania en el Eurobasket en la que una Yugoslavia en descomposición (Serbia en la práctica) celebró un nuevo título. Durante una década Sasha Djordjevic fue el mejor base de Europa. Pero Djordjevic fracasó. Lo hizo cuando en 1996 se marchó a Oregón para engrosar las filas de los Portland Trail Blazers. En la NBA apenas disputó ocho partidos para regresar a Europa y seguir siendo cabeza de ratón en lugar de cola de león.

¿Cuál es el mejor jugador de baloncesto originario de Europa? Es tal el peso de la NBA que parece obvia que la respuesta tiene que venir de más allá del Atlántico. A la espera de lo que la carrera de Luka Doncic nos vaya a ofrecer, la respuesta más consensuada es Dirk Nowitzki. Ocurre que Nowitzki no llegó a jugar baloncesto profesional en Europa. Lo mismo puede decirse de Giannis Antetokoumpo y prácticamente similar es el caso de Tony Parker. La tendencia irá a mayores con el discurrir del tiempo ante la atracción mediática, deportiva y económica de la NBA e incluso de la universitaria NCAA, con fabulosas propuestas académicas que sustentan un futuro fuera de las pistas en caso de no alcanzar el objetivo inicial.

Nowitzki destacó en torneos FIBA con la selección alemana, pero, aunque europeo de nacimiento y formación, su estatus como leyenda radica en Estados Unidos. Al contrario, Djordjevic y otros mitos europeos como Fernando Martín, Paspalj, Jasikevicius, Spanoulis, Navarro, Rudy Fernández, Teodosic, Micic o incluso, en menor medida, Arvydas Sabonis, no llegaron a triunfar en la NBA. Exceptuando el caso excepcional de Sabonis debido a las lesiones y los problemas burocráticos de la Unión Soviética, todos volvieron de Estados Unidos dejando la sensación de que eran excelentes jugadores, pero sin ese plus diferenciador para adaptarse a un baloncesto diferente y destacar de la misma manera que lo habían hecho en Europa.

Así, hay firmes defensores de que Aleksander Djordjevic era mejor base que Tony Parker. Hay argumentos a favor y en contra, pero la NBA suele ser el peso que inclina la balanza. Otros consideran que Drazen Petrovic, Vlade Divac, Manu Ginobili, Pau Gasol o Toni Kukoc son los elegidos, dado que tienen sólidas carreras tanto en el baloncesto NBA como en el mundo FIBA.

No obstante, la pregunta que yo planteo es distinta; ¿Quién es el mejor jugador de baloncesto que nunca ha estado en la NBA?

He seleccionado a quince baloncestistas, en una clasificación que, como todas, es subjetiva. Con todo he tenido en cuenta tanto el impacto en el juego como el palmarés de todos lo elegidos tanto a nivel individual como con sus clubes y sus selecciones. Los hay de todo tipo y condición. Hasta que la NBA se abrió al mundo a finales de la década de 1980 ir a jugar a Estados Unidos era una quimera. Implicaba renunciar a jugar torneos internacionales con tu país de por vida y a firmar un contrato que raras veces excedía de doce meses. Los hay también que fueron elegidos en el Draft, les garantizaron un contrato, pero no se decidieron a dar el salto, bien por temor al fracaso o bien porque decidieron que eran queridos y valorados en la Vieja Europa. Finalmente, también hay los que simplemente decidieron no jugar en la NBA dado que consideraban que no les aportaba ningún valor añadido y prefirieron continuar cerca de su entorno familiar.

Obviamente cuanto mayor es el paso del tiempo mayor es el impacto de este jugador en la clasificación seleccionada. Serguei Belov no tuvo opción de jugar en una NBA donde había 18 franquicias a razón de 216 jugadores en plantilla. Sergio Llull pudo haber jugado en una NBA donde hay 30 franquicias a razón de 450 baloncestistas. Es por ello, que, inevitablemente, el excelente escolta ruso tiene que estar por encima del fabuloso escolta español. Las opciones de ir a Estados Unidos en 1970 eran insignificantes. Las de ir en 2020 son prácticamente irrechazables.

Así pues, vamos con los que, a mi juicio, son los 15 mejores jugadores europeos que nunca pisaron una cancha de la NBA:

15. Epi: No elegible 1981: Tirador letal, Juan Antonio San Epifanio tuvo ofertas de Indiana y Kentucky para cursar allí sus estudios universitarios. Otros tiempos. Estados Unidos estaba muy lejos y no había WhatsApp. Luego, tras liderar a España a la consecución de la plata olímpica en 1984, varias franquicias de la NBA llamaron a su puerta. Epi volvió a negarse. En España Epi cambió la historia del baloncesto. Antes de su llegada el FC Barcelona apenas había ganado un título de Liga. En las siguientes quince temporadas los catalanes sumaron siete entorchados convirtiéndose en sólida alternativa al sempiterno Real Madrid. Mentalmente, Epi iba tres o cuatro pasos por delante de los demás. No pudo lograr la gloria europea hasta perder en tres ocasiones la final de la Copa de Europa a pesar de que, en una de esas derrotas, la de 1984, fue el mejor jugador y el máximo anotador de la competición. L’Equipé lo consideró el mejor jugador de baloncesto europeo de la década de 1980.

SuperEpi

14. Kostas Sloukas: No seleccionado 2012: Base zurdo, fantástico en el uno contra uno entrando a canasta, ha llevado a los dos grandes equipos griegos a la gloria europea. En su carrera, aún no finalizada al escribir estas líneas, ha disputado ocho finales de Euroliga siendo campeón en cuatro ocasiones. En 2024 logró además el título de MVP tras destacar en el lanzamiento de tres puntos, un arma que ha ido puliendo con el paso de los años. Tras lograr la gloria con el Olympiakos y el Fenerbahçe turco, recaló en el Panathinaikos ante la negativa del otro gran conjunto griego en hacerle un último gran contrato al acercarse a los 35 años. Es uno de los pocos jugadores que en una temporada de Euroliga ha firmado un 50-40-90 (50% en tiros de dos, 40% en tiros de tres y 90% en tiros libres). Tan sólo la gloria con la selección griega le ha sido esquiva (a menos que cambie en el Eurobasket que se estaba disputando a la hora de redactar este artículo).

Sloukas

13. Theo Papaloukas: No seleccionado 1999: Demasiado lento para jugar en Estados Unidos, pero con una inteligencia para el juego fuera de lo normal. De cocción lenta, Papaloukas no fue un adolescente prodigio. Ni siquiera puede ser considerado un titular indiscutible. A través de su atalaya de 200 centímetros de altura, Papaloukas se acostumbró a empezar los partidos desde el banquillo para, con su salida a la cancha, revolucionar el encuentro desde el puesto de base. Maestro del bloqueo y continuación, Papaloukas era capaz de parar o acelerar el ritmo del juego a su antojo. Campeón del Eurobasket con Grecia en 2005, al año siguiente fue elegido mejor jugador de la Euroliga tras alcanzar el título con el CSKA Moscú, logro que repetiría en 2008. En esos años no llegaba ni a jugar 20 minutos por partido. Ni falta le hacía.

Clase desde el banquillo

12. Miki Berkowitz: No seleccionado 1976: Escogido como mejor deportista de la historia de Israel, Berkowitz pasó un año en la Universidad de Las Vegas antes de volver a tierras hebreas y firmar por el Maccabi Tel Aviv. Con los macabeos logró lo impensable al coronarse como ganador de la Copa de Europa en 1977 y 1981, ambas veces con canastas decisivas del menudo escolta de 193 centímetros. Berkowitz llegó a firmar un contrato con los Atlanta Hawks, pero las autoridades hebreas impidieron su marcha a Estados Unidos. No en vano lideró a su selección al subcampeonato del Eurobasket 1979 tras derrotar a Yugoslavia en semifinales en una de las sorpresas baloncestísticas más grandes de todos los tiempos. A pesar de caer ante la URSS en la final, Berkowitz fue galardonado con el MVP del torneo. Anotador letal, polemista histriónico amado por las masas, Miki era de esos jugadores capaces de pasarse todo el partido sin anotar para luego firmar los diez últimos puntos de su equipo incluyendo una canasta decisiva sobre la bocina.

Berkowitz con el balón

11. Clifford Luyk: 27º Draft NBA 1962: Luyk es estadounidense. Nació en Nueva York. Pero acabada su etapa universitaria, Pedro Ferrándiz lo captó para el Real Madrid. La idea era que pasara un año en Europa antes de enrolarse en las filas de los New York Knicks. Doce meses después estaba casado con Paquita Torres, miss España, y contaba con la nacionalidad española. 60 años después sigue en Madrid. Con los merengues Luyk logró 14 ligas y 6 Copas de Europa en 16 temporadas. Clifford Luyk era un ala pívot con un excepcional lanzamiento de cuatro metros a tablero y con una gran capacidad de anotación cerca del aro a través del gancho. Luyk lideró a España a la consecución del subcampeonato en el Eurobasket de 1973, el pistoletazo de salida para una era dorada en el baloncesto hispano.

Un español americano

10. Sergio Llull: 34º Draft NBA 2009: “Mi sueño no era jugar en la NBA, sino en el Real Madrid” Llull ha dicho no a los Rockets en más de una ocasión. Y no le ha ido mal. Tres Euroligas con el Real Madrid (elegido mejor jugador en 2017 y ejecutor de la canasta decisiva en 2023) amén de tres títulos europeos y un entorchado mundial con España. El único baloncestista en el universo FIBA capaz de firmar triples imposibles desde cualquier punto de la pista. Las mandarinas de Llull son tan famosas a este lado del Atlántico como los triples del extraterrestre Stephen Curry. Escolta explosivo, de piernas rápidas y sangre fría en los momentos decisivos, una lesión de rodilla estuvo a punto de finalizar con su carrera. Supo reconvertirse a ejecutor de rivales a tiempo parcial con una precisión quirúrgica.

Mandarinas Llull

9. Dimitris Diamantidis: No seleccionado 2002: Conocido como Pulpo por unos y como 3D por otros, Diamantidis es el único jugador en la historia de la Euroliga en ser elegido mejor jugador y mejor defensor en el mismo año. Fue en 2011 cuando llevó al Panathinaikos a lograr un título que ya había cosechado en 2007 cuando también fue escogido como mejor jugador de la final. Seleccionado seis veces como mejor defensor de Europa, también lideró al continente en robos o asistencias. Versátil, completo, de brazos interminables, capaz de defender a jugadores mucho más altos que rebasasen su 1’96. Dimitris Diamantidis dejó el fútbol cuando tenía siete años y vio a Galis liderar a Grecia en el Eurobasket de 1987. En 2005 lograría repetir gloria con los helenos, algo que colmó las expectativas de un chico hogareño y familiar que nunca pretendió probar suerte en la NBA.

3D

8. Dino Meneghin: 82º Draft NBA 1970: El Gran Dino es con siete el baloncestista con más Copas de Europa de todos los tiempos. En total fueron 12 finales, diez de ellas consecutivas, vitoreando cinco veces con Varese y dos con Olimpia Milán. Pívot defensivo de 206 centímetros, competidor como pocos, no estaba exento de talento ofensivo. Meneghin debutó con 16 años con el Varese y estiró su carrera hasta los 45 años para compartir cancha con su hijo. Su longevidad provenía de un físico hercúleo que paralizaba a sus rivales debajo de los aros. Con Italia fue elegido mejor jugador de la final del Eurobasket que los transalpinos ganaron en 1983. Antes había sido plata olímpica en Moscú 1980. Físico e intimidador, de barbilla habsburgiana, promedió 6’3 rebotes en su carrera, un dato más que destacable teniendo en cuenta los parámetros del baloncesto FIBA y su extensa longevidad. En sus años en Varese superaba con creces los 9 rechaces por encuentro.

Il Grande Dino

7. Óscar Schmidt: 131º Draft NBA 1984: Vale. Óscar Schmidt no es europeo. Es brasileño. Pero es un delito no meterlo en la lista. Libra por libra el mayor talento de esta clasificación. Para la inmensa mayoría el mejor tirador de la historia. Para todos, ya que así lo dicen los números, el mejor anotador de todos los tiempos. Fueron 49.737 puntos en una carrera que duró hasta los 45 años. Mano Santa no ganó grandes títulos, dado que siempre jugó en equipos modestos. Lo suyo era amasar el balón durante minutos y minutos algo insoportable para los entrenadores, pero delicioso para los aficionados. Sus orgías anotadoras eran insostenibles para los rivales. En 1994 fue máximo anotador en la ACB con 33’2 puntos por partido y 36 años a la espalda. Años atrás le había metido a España 55 puntos con la camiseta de Brasil. Con la canarinha le ganó unos Juegos Panamericanos a Estados Unidos a base de triples (35’6 puntos por choque). Fue tres veces máximo anotador de los Juegos Olímpicos y promedió 26’1 puntos por encuentro en sus apariciones en el Mundial. Memorable aquella final europea ante el Madrid de Petrovic en la que el croata metió 62 puntos y Óscar firmó 44 con el modestísimo Caserta. En 1984 los New Jersey Nets le ofrecieron un contrato, pero Schmidt lo rechazó para seguir defendiendo la camiseta brasileña. “En la NBA hubiese sido uno de los diez mejores de todos los tiempos”, llegó a afirmar.

Oscar

6. Radivoj Korac: No elegible 1960: En Korac se junta la realidad y el mito. El mito dice que su fallecimiento en un accidente de tráfico a los 30 años lo elevó a los altares y la FIBA bautizó con su nombre a la que entonces era la segunda competición de clubes de Europa. La realidad dice que este espigado saltador de altura cambió las pistas de atletismo por el baloncesto para convertirse en el pionero del básket yugoslavo. En un partido de la Copa de Europa de la campaña 1964-65 batió el récord histórico con 99 puntos y no alcanzó los 100 porque nadie reparó en la cifra y pasó los últimos minutos en el banquillo. Aquel curso promedió en Europa casi 55 tantos, récord de siempre. El Wilt Chamberlein europeo era un ala pívot de dos metros que popularizó el mate en el Viejo Continente y tiraba los tiros libres a cuchara. Campeón y máximo anotador del Eurobasket 1963 con Yugoslavia, fue también máximo encestador en cualquier competición en disputa incluyendo las ligas yugoslava, belga e italiana.

Korac

5. Kresemir Cosic: 184º Draft NBA 1973: Antes de Sabonis, Kukoc, Nowitzki y, por supuesto Antetokoumpo, existía en Europa un tipo de siete pies al que le gustaba subir el balón y lanzar tiros de 6 ó 7 metros. Esa atalaya de 211 centímetros y menos de 100 kilos era un croata llamado Kresemir Cosic. Si Korac fue el pionero, Cosic fue el que convirtió a la escuela yugoslava en referente del entrenamiento técnico. Móvil, veloz y con fantásticos fundamentos, alma de base y una creatividad especial, un interior distinto a todos. En los Juegos de México 68 se colgó la plata (luego vendrían tres Eurobasket, dos Mundiales y el oro olímpico en 1980) y llamó la atención de Estados Unidos. Estuvo cuatro años en la Universidad mormona de Brigham Young (18’9 puntos y 11’8 rebotes por encuentro), en Utah, donde fue un ídolo y le retiraron la camiseta, además de convertirse en misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los Lakers le eligieron en el draft de 1973, pero no quería renunciar a la selección nacional y dijo no a la NBA. No en vano tiene con 303 el récord de partidos jugados con una selección.

Cosic

4. Dejan Bodiroga: 251º Draft NBA 1995: Un base de 205 centímetros. Jugador extremadamente lento, sin ningún condicionante físico a destacar, pero con un manejo del balón y del tiempo de partido asombroso. Su lanzamiento a pies juntos era infalible. Bodiroga es uno de los pocos jugadores que ha ganado las tres ligas históricas (española, italiana y griega) amén de la Euroliga con el FC Barcelona y el Panathinaikos, siendo elegido en ambas ocasiones como MVP de la Final Four. También fue tres veces campeón europeo con Serbia y en dos ocasiones campeón mundial. En el Mundial de 1998 fue designado mejor jugador del torneo. En todos estos éxitos Bodiroga asumía el balón en los últimos minutos para, tras un uno contra uno, avanzar a la canasta contraria realizar un cambio de ritmo y anotar un tiro a dos metros que rebotaba en la tabla. Tan sencillo, tan esperado, y a la vez tan efectivo.

Lento…pero letal

3. Nikos Galis: 68º Draft NBA 1979: Nikolaos Georgialis nació en Nueva Jersey y pronto se cambió el nombre a Nikos Galis para disimular sus orígenes griegos. Las palizas recibidas en la infancia le hicieron buscar el refugio en el boxeo, aunque finalmente los deseos de su madre hicieron que aquel cuerpo de estibador buscase acomodo en el baloncesto. En la década de 1980 Nikos Galis se convirtió en una máquina de anotar con apenas 185 centímetros de altura. Llevó tres años seguidos al modestísimo Aris Salónica a la Final Four de la Euroliga y fue cuatro veces máximo anotador del Eurobasket promediando 37 puntos por partido y siendo elegido MVP del torneo de 1987. Grecia venció en la final a la Unión Soviética y Galis convirtió el baloncesto en el deporte nacional en la tierra de Aristóteles. Nikos Galis jugó 753 partidos en su carrera promediando 32’8 puntos, una monstruosidad en el baloncesto FIBA. En la campaña 1980/81 llegó a firmar 44 puntos por encuentro y sin la existencia de la línea de tres puntos.

El mito griego

2. Serguei Belov: No elegible 1966: Escogido como mejor escolta de Europa en el siglo XX, Belov tuvo el honor de ser la persona encargada de encender el pebetero en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. En 1991 fue elegido por la FIBA como el mejor jugador de su historia y al año siguiente fue el primer jugador internacional en ser elegido en el Hall of Fame de Estados Unidos. De carácter explosivo y errático en su comportamiento, poseía un lanzamiento de seis metros absolutamente indefendible. Belov gano cuatro Eurobasket y dos Mundiales con la URSS, pero, fundamentalmente, logró la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1972 siendo la primera vez que los norteamericanos no subían a lo más alto del podio. Aquel día la URSS venció por 51-50 a Estados Unidos y Serguei Belov anotó 20 de los 51 tantos de los soviéticos. También logró dos Copas de Europa con el CSKA Moscú (1969 y 1971) aunque perdería la final de 1973 ante Varese a pesar de anotar 36 tantos (de los 66 de su equipo), siendo la segunda mejor anotación en una final de todos los tiempos.

Belov

1. Drazen Dalipagic: No elegible 1973: Conocido como Praja, Dalipagic era un tirador finísimo que promedió durante los 70 más de 30 puntos por partido en una época donde no existía la línea de tres puntos. Convirtió a Yugoslavia en la mejor selección del baloncesto FIBA destronando del trono a la todopoderosa Unión Soviética. Fue oro en los Juegos de 1980, campeón mundial en 1978 y en hasta tres ocasiones campeón europeo (1973, 1975 y 1977). Por supuesto fue máximo anotador en toda competición que disputó, superando a otro genio como su compañero Dragan Kikanovic. Promedió 27’1 puntos con el Partizan de Belgrado cuando la liga yugoslava era de las mejores de Europa y, cuando le permitieron salir a Italia, rebasada la treintena, le dio por anotar 37’7 puntos por encuentro en 1988 con 37 años en su carnet de identidad. En 1976 estuvo entrenándose con los Celtics y convenció a Red Auerbach. El jefazo de los Celtics le prometió la titularidad. Dalipagic tuvo una oferta en firme…y decidió volver a Belgrado. No hablaba inglés, tenía un hijo recién nacido y en aquel momento jugar en la NBA obligaba a dejar para siempre a la selección nacional. Dalipagic decidió seguir ganando medallas con Yugoslavia y los Celtics perdieron para siempre una línea de aleros formada por Drazen Dalipagic y Larry Bird.

El que más cerca estuvo…

Otras historias del baloncesto europeo

Cuando Jordan jugó en la ACB (el día que Michael dio una exhibición en Barcelona)

Limoges (la épica victoria francesa en la Euroliga)

La vida alternativa de David Rivers (el desconocido norteamericano que encontró su sitio en Europa)

Gasol (versión FIBA de una leyenda del baloncesto)

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (como el deporte influyó en la desmembración de un país en dos mitades)

Cuando Montero anotó una bandeja y Vrankovic puso un tapón (la Euroliga que le robaron al Barça)

A los 20 años de la Copa de Gasol (la eclosión mundial de Pau Gasol)

Todos somos un poco del Joventut (un equipo con una idiosincrasia particular)

La autocanasta de Alocén (o la autocanasta de Ferrándiz)

Felipe Reyes (el último pívot europeo)

La orgía anotadora de Navarro (y la Bomba se soltó en el Eurobasket 2011)

La Copa de Petrovic (el paso de Drazen por España)

El Partizan de Fuenlabrada (cuando el Partizan hubo de jugar en España por culpa de la Guerra de Yugoslavia)

Leer más

Cuando Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro

Vamos con una serie de datos. Máximo goleador de todos los tiempos del Dinamo de Kiev, de la selección de la Unión Soviética y máximo goleador en la historia de la liga soviética. Futbolista con más partidos jugados con el Dinamo de Kiev y el único en superar la centena de internacionalidades con la URSS. Fue futbolista ucraniano del año nueve veces (récord) y soviético en tres ocasiones (también récord). Logró ocho ligas, cinco copas y venció en dos Recopas.

Su nombre es Oleg Vladimirovich Blokhin u Oleh Volodymyrovych Blokhin.

Y tiene un Balón de Oro.

El Balón de Oro de Oleg Blokhin es de los más polémicos conocidos. Fue en 1975. No estaba en el guion. En el guion de nadie. En los inicios de los 70 el tema era cosa de dos. Un terco holandés de nombre Johan Cruyff y un no menos testarudo alemán de nombre Franz Beckenbauer. Cruyff ganó tres pelotitas doradas entre 1971, 1973 y 1974. Beckenbauer logró dos esferas áureas en 1972 y 1976. En el 74 Beckenbauer logró el Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Cruyff y en el 76 fue Cruyff el que fue Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Beckenbauer. El Káiser ya había sido Balón de Bronce en 1966 tras despuntar jovencísimo en el Mundial de Inglaterra. Y aún hay más. Beckenbauer fue en cuatro ocasiones cuarto clasificado en la votación del Balón de Oro. Johan Cruyff fue medalla de chocolate en dos ocasiones.

Así pues, para 1975 estaba claro que el vencedor tendría que ser uno de los dos. Beckenbauer volvió a liderar al FC Bayern en la consecución de la Copa de Europa al derrotar al Leeds United. Cruyff, tras lograr el año anterior la primera liga del FC Barcelona en una década, había llevado al Barça hasta semifinales de la Copa de Europa, donde caerían ante los citados ingleses. Visto lo visto, y tras el triunfo de Cruyff en 1974 a pesar de caer Países Bajos en la final del Mundial ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, todo parecía indicar que el Káiser lograría alzarse con el trofeo.

Y así fue hasta que llegó la Supercopa de 1975 a disputarse a doble partido en el mes de septiembre, antes del inicio de la siguiente temporada. Hace ahora medio siglo de ello. Se enfrentaba el FC Bayern de Beckenbauer, vigente campeón de la Copa de Europa, y el Dinamo de Kiev, vigente vencedor de la Recopa de Europa. Los ucranianos habían machacado al Ferencvaros (3-0) en una plácida final tras derrotar antes al PSV o al Eintracht de Frankfurt. En aquel equipo destacaba un enorme portero llamado Eugeny Rudakov y un extremo zurdo que obedecía al responder como Oleg Blokhin.

Jugaban como los ángeles.

Blokhin

Justo doce meses antes de lograr el triunfo en la Recopa accedió al cargo de entrenador un ex lateral izquierdo del club llamado Valeri Lobanovsky. Su idea era simple; la suma de todas las partes alcanzará un objetivo colectivo. La nutrición, el estudio del cuerpo humano, los entrenamientos específicos y el trabajo de pretemporada se convertirán en habituales en el Dinamo. Aquella final ante el Ferencvaros vio todo aquel trabajo reflejado en el campo. Presión desde el primer minuto, espacios cerrados al perder el balón para limitar el ataque del rival e intercambio de posiciones al atacar.

El sistema era muy parecido al de Rinus Michels, Cruyff y la famosa Naranja Mecánica, pero el modelo artístico-futbolístico soviético de Lobanovsky tenía una notable diferencia. En el mundo occidental se premiaba y fomentaba el desarrollo personal, por lo que Johan Cruyff era una estrella que brillaba por encima del colectivo. Dentro del grupo a Cruyff se le permitía ser verso libre. En el modelo comunista el engranaje perfecto no daba lugar al centello del individuo, por lo que Oleg Blokhin no podía ser más que ninguno de sus compañeros.

Aquel año Blokhin había anotado 23 goles en 36 partidos partiendo desde la banda. De las asistencias no tenemos datos porque entonces no se recogían. Era implacable, potente y tenía la habilidad de disparar fuerte y ajustado con ambas piernas. Podía jugar en ambas bandas con igual destreza y poseía un cambio de ritmo endiablado que le permitía romper hacia adentro y asociarse con sus compañeros o salir por fuera y enviar centros medidos. También lanzaba faltas y lo hacía a las mil maravillas. Era brillante, pero debía asumir el libreto. Dos años antes había destacado en un encuentro europeo ante el Madrid, aquel donde García Remón se ganó el apodo de gato de Odessa tras detener mil y un disparos de Blokhin. Bernabéu trató en vano de acometer su fichaje para paliar la retirada de Gento, pero fue un imposible ante la rigidez y las normas de la Unión Soviética. El caso es que Blokhin ha hecho una temporada notable al ganar la liga soviética y la Recopa, pero es imposible que adelantase a Beckenbauer o a Cruyff en el trono del Balón de Oro.

Hasta que llega la Supercopa.

La ida se juega en el Olímpico muniqués. Es un partido de poder a poder. Hasta que llega el minuto veinte de la segunda parte. El Bayern pierde el balón y el Dinamo recupera en la frontal de su propia área. El balón le llega a Blokhin que comienza una galopada por el lado izquierdo del ataque hasta adentrarse en el área alemana. Coge el balón en su propio campo y al pasar del círculo central deja a un lado a Beckenbauer, quien es incapaz de seguir el ritmo. Con un cambio de compás escupe el acercamiento de Durnberger y frena en seco para encarar el área alemana. Entrando por el lado izquierdo, Oleg ingresa en el rectángulo donde hay cinco futbolistas muniqueses. Encara como torero al toro y con un simple regate se deshace de Durnberger que recula, de Horsmann, y luego deja patidifuso a Beckenbauer quien espera que saliera de izquierdas y nunca de derechas. Inmediatamente se le acerca Schwarzenbeck para cortarle con una patada, pero, con un cambio de ritmo, Blokhin lo deja atrás y fusila sin miramientos ante la salida de Sepp Maier.

Aquel gol dio la vuelta al mundo. Concretamente dio la vuelta a Europa Occidental. Durante los siguientes días en el futbol capitalista, el de este lado del Muro, sólo se hablaba de aquella flecha ucraniana. Lobanovsky supo captar el momento. El técnico podía simpatizar con la lucha de clases o con el poder del pueblo. Pero Lobanovsky era, ante todo, ucraniano. Sabía que el éxito de Blokhin era un éxito de Ucrania. Y eso era algo que en Moscú no gustaba. Así que no lo dudo ni un segundo. En el partido de vuelta iba a darle total libertad a Blokhin. Y la consigna era clara. Blokhin no tendría que desgastarse en defensa y sus compañeros lo buscarían una y otra vez en ataque. Además, Oleg podría deambular por cualquier lugar de la línea de ataque. El éxito de Blokhin era el éxito del Dinamo. Y el éxito del Dinamo era el éxito de Ucrania.

En el partido de vuelta el Dinamo de Kiev aplastó al FC Bayern de Maier, Beckenbauer, Rummenigge y Gerd Müller. Fue un monólogo ucraniano en donde Oleg Blokhin completó el mejor partido de su brillante carrera. Para muchos analistas fue una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan coronadas por dos goles que le dieron la victoria (2-0) y el titulo al conjunto de la capital ucraniana. Schwarzenbeck, el duro acompañante de Beckenbauer tanto en el Bayern como en la selección alemana, diría que sólo Cruyff le había hecho sufrir tanto en un partido como Blokhin.

Cuando en diciembre de ese año la revista France Football desveló el ganador del Balón de Oro el vencedor resultó ser Oleg Blokhin. Obtuvo 122 puntos, superando en la votación a Franz Beckenbauer (Balón de Plata con 42 puntos) y a Johan Cruyff (Balón de Bronce con 27 puntos). Por primera vez un jugador superaba la barrera de los 120 puntos en la votación final. Un total de 20 periodistas le otorgaron su total confianza (es decir los 5 puntos que le podían otorgar al primer jugador que eligiesen), algo inédito para un futbolista en los veinte años que contaba por entonces el trofeo. Y Blokhin era joven, insultantemente joven, dado que apenas contaba con 22 años.

Balón de Oro

La flecha ucraniana (podía correr los 100 metros en 11 segundos) estuvo ligado al Dinamo de Kiev toda su carrera y aun ganaría otra Recopa en 1986, en este caso junto a Igor Belanov. El Real Madrid trató de ficharlo una vez más. Sería en 1981 con intercesión de Ramón Mendoza, directivo blanco y empresario con contactos en la Unión Soviética, pero volvió a pinchar en hueso. Blokhin, ya muy aquejado de problemas en las rodillas, solo pudo irse a la modesta liga austriaca ya con 36 años.

Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro de 1975 gracias a sus dos colosales actuaciones en la Supercopa de 1975. El año anterior había sido decimonoveno y al año siguiente será vigésimo. En 1981, el año que el Madrid volvería a intentar su fichaje, acabó quinto en las votaciones. Y ya está. Nunca pudo ni acercarse a aquella fantástica exhibición de 1975.

Otras historias relacionadas

Cuando Cruyff jugó en el Feyenoord (el despecho de Johan ante el desprecio de su Ajax)

Der Bomber der Nation (la historia de Gerd Müller)

Cuando Jopie conoció a Gento (cuando Cruyff fue a ver al campo a su ídolo)

Lutz Eigendorf (el Beckenbauer del Este)

¿Por qué Alemania odia al Bayern? (los motivos por los que los de Baviera no son queridos en Germania)

El partido del siglo (Italia vs Alemania con Beckenbauer con el brazo en cabestrillo en dos partes)

El griego de la camiseta de Iribar (cuando el Ajax ganó su primera Copa de Europa ante un curioso guardameta)

Leer más

A los 40 años de la tragedia de Heysel

Los algoritmos fomentan la indignación en lugar de la compasión. Ni siquiera los mayores críticos de Facebook, Tik-Tok o Youtube pueden sostener que los ingenieros o directivos de esas compañías sean propensos a la violencia. La verdad es más sencilla y a la vez más preocupante. El éxito de las redes sociales implica mayor número de clics y mayor tiempo de exposición. Al aumentar la implicación, aumenta la recopilación de datos, se venden más anuncios, se adquiere mayor proporción en el mercado de la información y como resultado final se gana más dinero. De acuerdo con ese modelo los ingenieros lo que hacen es programar el algoritmo para conseguir mayor implicación del usuario. Así, tras experimentar con millones de usuarios, la IA llega a la conclusión de que a los humanos nos gusta más la indignación en vez de la compasión. Un video de una caída, de un accidente, de una explosión, de un trio sexual, de un sacrilegio o de un asesinato tiene muchos más seguidores que uno de un sermón, de una conversación, de una buena acción, de un amor casto o de un suceso cotidiano.

Cuando uno teclea “Heysel” encontrará vídeos, fotos y artículos sobre muerte y tragedia. Todo extremadamente macabro. Es lo que el algoritmo ha diseñado para nosotros dado que es lo que nosotros queremos ver. Heysel es un precioso barrio verde de Bruselas. En Heysel está el Atomium. En Heysel hay un parque acuático y una exposición permanente de Europa. Nada de eso aparece en el algoritmo. En Heysel también ganó Alemania su primera Eurocopa ante la Unión Soviética o logró el Real Madrid su tercer título europeo al derrotar en la final al AC Milan o el sexto ante el Partizán. En Heysel también fue donde el Atlético perdió una final a doble partido ante el Bayern de Beckenbauer. Tampoco aparece nada de eso.

Si uno teclea “Copa de Europa de 1985” el algoritmo le hablará de la tragedia. Intercalará imágenes de celebración por la victoria con otras de muertos y avalanchas. El cielo y el infierno. Morbo. No es lo que el algoritmo escoge. O mejor dicho, es lo que el algoritmo escoge dado que es un ser inteligente y sabe cómo obtener más clics. Es un ser inorgánico, pero es capaz de aprender. El algoritmo sabe lo que queremos ver y el algoritmo nos lo ofrece. Un peligro que se retroalimenta. Y un poder que le hemos dado a la IA y que a buen seguro acabará con el ser humano como ejecutor de la realidad.

Por eso, cuarenta años después, todo aficionado al fútbol sabe que es la Tragedia de Heysel. Y pocos, muy pocos, saben quién ganó la Copa de Europa de ese año.

Heysel 1985

29/V/85. 16:00. La policía de Bruselas sabía que iba a ser un día muy largo cuando recibió la orden para evacuar la Grand Place. Miles de hooligans ingleses habían aterrorizado a las reservas de cerveza de la capital belga. Caballos armados guiaban los pasos de aquellos bebedores de cebada que iban a ser trasladados al estadio de Heysel callejeando por la zona vieja de Bruselas antes de afrontar el paso de amplias avenidas. Por el camino varios robos, algunos empujones, otros tantos agarrones y unas cuantas navajas confiscadas. Por el suelo restos y más restos de comida y una marea de latas de agua, malta, lúpulo y levadura.

11/V/85. Bradford. Inglaterra. Partido de Tercera División. Si el Bradford gana su partido ascenderá de categoría. Minutos antes del descanso se inicia un incendio en una de las gradas. Las llamas se extendieron por toda la hilera de la grada principal a un ritmo imparable. Se perdieron 53 vidas y más de 200 personas resultaron heridas. Días más tarde, las investigaciones determinaron que el fuego había sido ocasionado por una colilla mal apagada. El estadio estaba construido sobre bases de postes de madera y debajo de la estructura había basura que se acumulaba desde hacía varios años. La caída del cigarro en la mugre inició el fuego y la facilidad de los postes de madera para arder hizo el resto. Una tragedia que podría haberse evitado y que se sumaba a otras que permanecían en el recuerdo como la de Ibrox Park 1971 (66 fallecidos) y la del Luzhnikí de Moscú en 1982 (curiosamente también 66 fallecidos).

29/V/1985. 18:15. Un hincha de la Juventus se enfrenta a otro del Liverpool. El italiano acabará hospitalizado. Será el primero de la tarde. Acabarán siendo 375. Todo ocurre fuera del estadio. Dentro, ya se roza el lleno. Se está jugando la final juvenil como antesala de la gran final de la Copa de Europa. Son 60.000 espectadores. Las entradas se han repartido equitativamente entre ingleses e italianos dejando 10.000 para venta en taquilla. En el fondo oeste, a los pies y a la vez a la sombra de los focos del Atomium, la organización ha dispuesto que se coloquen los radicales del Liverpool. Enfrente, en el fondo este, se disponen los radicales de la Juve. Ocurre que las gradas del sector X, contiguo al Z, estaban pensadas para dar cobijo a aficionados belgas. Éstos vieron el negocio, por lo que revendieron los tickets a italianos llegados a última hora. El sector X, condenado a funcionar en teoría como un cordón sanitario espontáneo, acaba siendo lugar donde se instalan aficionados italianos, muchos de ellos padres con hijos. En pocos minutos, lo que la policía consideraba el único lugar donde la gente podía respirar, y por lo tanto estaba prácticamente sin vigilancia, desapareció. Los controles son escasos, casi inexistentes. Hay muchos policías, pero todos parecen ocupados inspeccionando las zonas alrededor del estadio.

1973. El hooliganismo existe desde que hay fútbol. Enfrentamientos entre pueblos a golpe de pedradas. Pero es en 1973 cuando el fenómeno se convierte en grupal, masivo y radical. La subida de los precios por culpa de la crisis del petróleo de ese año tuvo un impacto bestial en Europa. Italia fue el primer lugar donde jóvenes y no tan jóvenes formaron grupos paramilitares para, a base de alcohol y armas blancas, hacer de su equipo de fútbol el faro de una vida que de pronto estaba vacía. Ocurre que es en el Reino Unido donde el impacto de la crisis es mucho mayor dado que a ésta se le sumó una huelga de mineros en el invierno del 73-74 que dejó al Reino Unido sin calefacción durante meses, hizo subir el paro siete puntos y puso las bases para que Margaret Thatcher sacase la rebarbadora años más tarde. Es en Inglaterra donde el hooliganismo se convierte en una religión. Desde finales de los 70 e inicios de los 80 cualquier encuentro internacional en el que formen parte equipos británicos se convertirá en una pesadilla para las fuerzas del orden.

29/V/1985. 18:30. Los británicos cantan, beben, saltan y observan con avizor la tierra de nadie entre ellos y los transalpinos. Al poco ocurre el primer incidente de importancia. Un italiano saca del bolsillo una bandera fascista y ante la reprimenda del gendarme lo golpea violentamente. No se sabe ni el cómo ni el por qué, pero eso excita al respetable que comienza a lanzar latas de cerveza al aire. Empiezan los empujones y la tierra de nadie ya es directamente territorio inglés.

16/I/85. Supercopa de Europa. Juegan el Liverpool FC, vigente campeón de la Copa de Europa, frente a la Juventus FC, vigente campeón de la Recopa. Partido único. Ganan los italianos por 2-0 con un doblete de Boniek. Meses después la Juve buscará su primera Copa de Europa frente al Liverpool que defiende un título logrado el año anterior en Roma y que ya se había saldado con incidentes entre radicales en las gradas. Los ingleses son un equipo veterano y sólidamente armado en el que destacan el capitán Phil Neal (cuatro Copas de Europa con el Liverpool) y el delantero galés Ian Rush. La Juve cuenta con el citado Boniek y con Tardelli, Cabrini, Scirea o Rossi, todos ellos campeones del mundo con Italia tres años atrás. Pero la estrella de la Juve es el francés Michel Platini. Tras perder la final de la Copa de Europa en 1983 frente al HSV Hamburgo, la Juve decidió fichar al mejor jugador del planeta, con permiso de Maradona, para alzarse de una santa vez con el trofeo de los trofeos.

29/V/1985. 19:00. Un hombre de mediana edad se desploma. Es un visto y no visto. Es belga. Podría tratarse de un desmayo provocado por la basta cantidad de gente y el calor sofocante. No. No es eso. Al poco se descubre que tiene una herida de cuchillo en el estómago. Sangra y hay que evacuarlo. Los hooligans asaltan entonces el sector Z. Son todos jóvenes. Hay menores de edad. Van armados con cuchillos y hasta portan barras de hierro. En pocos instantes la valla de separación claudica ante el envite. Comienza la batalla. Parece el medievo. Ocurre que el enfrentamiento es desigual. Son hooligans ante chavales que no están armados. Los tifosi, los radicales de la Juve, están en la otra punta del estadio. Aquí, en el sector Z, la abrumadora mayoría es pacífica. Hay familias. Sólo piensan en escapar, mas no hay escapatoria. Los rojos están desatados, avanzan en oleadas, tiran piedras, tienen garrotes metálicos y trozos de botellas. Están excitados por la huida del enemigo. La policía no es consciente de la algarabía. Con el muro no se va nada y tardarán en reaccionar. Los juventinos buscan una escapatoria. Ilusos, no saben que están llamando a las puertas del infierno.

Las puertas del infierno

29/V/1985. 19:24. Hay unos 5.000 italianos. Están siendo empujados y espoleados en busca de una salida. Hay vallas. Por entonces hay vallas. Separan a los aficionados del césped con el fin de evitar incidentes y ocupaciones ilegales del césped. Detrás de las vallas hay un muro de dos metros de alto. Llegado el momento se buscará la llave de la valla. No aparece. Ley de Murphy. Cuando todo sale mal, siempre puede empeorar. Hay dos puertas. Ambas están cerradas. Supuestamente por razones de seguridad. De las puertas, del muro, hasta el terreno de juego, hay otra caída de otros dos metros de altura. De repente se derrumba. El muro se derrumba. La valla cae sobre los italianos. El alambre de púas cae sobre los italianos. Los espárragos de Rommel están listos para el combate.

29/V/1985. 19:32. Silencio. Más de un centenar de personas no dan señales de vida. Gritos. Lloros. Con el muro y la valla decenas han caído a plomo. Son 39. Treinta y nueve. Por entonces poco se sabe. Pero se intuye. Serán 39 muertos. La policía detiene a un innombrable que aprovecha la tragedia para buscar carteras en los bolsillos. El ser humano es depreciable. Los ingleses, borrachos, orinan. Mean sobre los cuerpos sin vida de los juventinos. Se llama a todo médico disponible en Bruselas y los taxis hacen de ambulancias improvisadas. Es un pandemónium.

29/V/1985. 19:40. En las gradas hay caos y confusión. Aquellos con un transistor lo encienden. Los periodistas dan cuentan de lo sucedido. Lo hacen gracias a un español. Se llama Alejandro Andreu y es el responsable de comunicación de Coca-Cola, principal patrocinador de la Copa de Europa. Va arriba y abajo. Del campo a la tribuna de prensa. Los periodistas de la RAI movilizan a todo plumilla disponible para ayudar a los servicios de emergencia y llevar camillas al terreno de juego.

1989. Únicamente catorce personas fueron condenadas. Todos fueron absueltos tras recuso al entenderse que el homicidio había sido involuntario. Ni la UEFA ni los propietarios de Heysel ni las autoridades belgas fueron inculpadas. Ni el estadio de Heysel (en la actualidad profundamente remodelado) ni ningún otro recinto belga volvió a acoger una competición internacional hasta 1995. No se permitió el acceso de ningún club inglés a una pugna europea hasta 1990 y al Liverpool hasta 1991. Se consideró que el comportamiento de los hooligans no era un hecho aislado, sino un patrón que había que corregir. A finales de la década de 1980 las familias huían de los campos de futbol por miedo a la violencia, lo que fue motivo, entre otros factores, a un importante aumento en seguidores y practicantes del baloncesto. Hoy, el fútbol sigue siendo el deporte rey y vuelve a ser un evento familiar en el que se han incorporado con éxito niñas y mujeres de cualquier edad.

29/V/1985. 20:33. Se discute. Se negocia. En ningún momento se habla de la opción de suspender el partido. La policía belga se niega en rotundo. Y da sus razones. Da sus motivos. El ejército va a decretar el estadio de sitio. Se cierran bares, cines y restaurantes. Todo bruselense va de cabeza a su casa. Argumentan que necesitan entre tres y cuatro horas para mover a las 60.000 almas que hay en Heysel. Si el partido se suspende, ¿a dónde va toda esa gente? Con toda seguridad habrá vendetta y los muertos podrían ascender a miles. Son las ocho de la tarde y hasta la 01.00 de la madrugada no salen ni los vuelos chárteres rumbo a Liverpool ni los autobuses que cogerán la autopista camino de Turín. Hay que jugar el partido y luego sacar a toda esa marabunta del campo y en orden. Los últimos serán los periodistas.

29/V/1985. 21:03. Hace algo más de una hora que tenía que haber empezado el partido. No lo ha hecho todavía. Los futbolistas saben lo que sucede. En la puerta de los vestuarios hay gente ensangrentada. Otros lloran en busca de sus familias. Antonio Cabrini, futbolista de la Juve, se une a ellos. Boniek, delantero polaco blanquinegro, solloza. Pero en ese momento los jugadores se preparan para que el simulacro dé comienzo. El jefe de la policía belga, capitán Johan Mahieu, y el alcalde de Bruselas, Hervé Brouhon, apelan a jugar el partido para evitar una guerra civil. La plantilla de la Juventus y su cuerpo técnico se niegan a disputar el choque.

29/V/1985. 21:15. El partido comenzará. Lo hará por razones de orden público. Lo hará con 75 minutos de retraso. Lo hará con cerca de 400 personas hospitalizadas. Lo hará con el ejército belga movilizado por lo que pudiese suceder. Gaetano Scirea y Phil Neal, capitanes de Juventus y Liverpool respectivamente, salen micrófono en mano para leer un comunicado en medio del campo de batalla y explicar a los allí presentes que el espectáculo debía continuar. Ni Scirea ni ningún miembro de la Juventus quería jugar el partido. Nadie comprendió lo que estaba a suceder.

29/V/2025. 22:29. Minuto 58 de partido. La primera parte había sido un truño. La segunda había comenzado con la misma sensación de parálisis. Pase en largo de Platini a la carrera de Boniek. Controla de cabeza y es derribado. Cae. Penalti. Alza los brazos. No lo es ni por asomo. Ha caído a un metro del área tras la zancadilla de Gary Gillespie. Nadie protesta. El locutor de la RAI no avista emoción alguna. Todos aceptan la decisión como hecho consumado. Michel Platini engaña a Bruce Grobelaar y adelanta a la Juve. Platini corre agitando el brazo derecho con el puño cerrado al frente del sector Z. Luego se arrepentirá de aquella celebración. El hedor de la muerte flotaba en el aire. Cuarenta años después sigue arrepintiéndose. Cuatro décadas más tarde Heysel sigue hediendo a cadáver. La final, como consecuencia del trágico suceso, se disputó en un clima enrarecido y con algunos cadáveres todavía visibles desde ciertas zonas del estadio.

29/V/1985. 23:30. La Juventus ha ganado su primera Copa de Europa. Hay vuelta de honor. Es un rodeo fugaz. Hay ira, tristeza y vacío. Unos 2.300 agentes conducen a la multitud por oscuros pasillos de camiones y los escoltan bajo vigilancia camino de numerosos autobuses. De ahí no se va ni dios a pie. De allí no se forma ningún grupito con ganas de venganza bajo ningún concepto. Bruselas está bajo control del ejército. No hay un alma en las calles. Sólo sirenas. Sirenas de policía. Sirenas de ambulancia. Ocurre que la tragedia calma los ánimos. Sólo hay ocho detenciones. Todas inglesas. Hay un silencio atónito.

30/V/1984. 06:30. Amanece. Los barcos han partido del puerto de Ostende para transportar a los ingleses a su isla. Los aeropuertos ya dieron buena cuenta de unos y otros a altas horas de la madrugada. El tráfico en las autopistas vuelve a su normalidad tras acotar varios carriles que llevaban a los italianos rumbo sur a Turín. En un hospital militar de Bruselas los médicos forenses dan cuenta de las primeras autopsias. Serán 39 fallecidos. Treinta y dos italianos, cuatro belgas, dos franceses y un inglés. Nadie llegaba a los 60 años. La mayoría están en la flor de la vida. Hay un niño de diez años. Iba con su padre.

30/V/2025. Hoy Heysel no existe. O sí. Existe. Pero es otro estadio. Cuenta con capacidad para 50.000 espectadores todos con localidades de asiento. Es un coliseo de máxima categoría UEFA en términos de accesibilidad y comodidad. Se rebautizó en 1995 con el nombre de Estadio Rey Balduino, en honor al que fue rey de Bélgica durante cuatro décadas. A las afueras hay un monumento iluminado con 39 luces en conmemoración a cada uno de los fallecidos. En la grada Z hay dos vallas, ambas abiertas, para recordar aquello que nunca tendría que haber sucedido.

29/V/1985

“El partido no debería haberse jugado. No podemos estar orgullosos de esa Copa de Europa. No repetiría el desfile de la victoria alrededor del campo. Esos 39 muertos merecen respeto”. Michel Platini, futbolista del Juventus FC.

“Solo quería acabar el partido y ver que mi familia estaba bien. Me daba igual el penalti en contra. Ganar o perder era secundario”. Ian Rush, futbolista del Liverpool FC.

Otras historias trágicas

Una historia del destino (cuando se estrelló el avión del United)

Minuto de silencio en los JJ.OO (el origen del respeto a los fallecidos)

Lou Gehrig (la leyenda que dio nombre a una enfermedad)

La bomba del estrecho de Bass (sobre una regata que surcó un huracán)

La tragedia de Superga (el accidente de avión que se llevó por delante al ‘Grande Torino’)

Auge y caída de Nikolai Starostin (un retrato del stalinismo en dos partes)

El asesinato de Andrés Escobar (fútbol y narcotráfico en el Mundial de 1994)

Steve Prefontaine (el chico que catapultó a Nike como marca deportiva)

Leer más

Especial Año Nuevo: Entrevista a Charles de Gaulle

196 centímetros de imponente ser humano avanzan hacía mí. Mirada fría, ojos firmes y rictus serio. Un junco tieso se afana por estrecharme la mano desde esa atalaya vestida de general, ataviada de decenas de medallas y coronada por un sencillo y elegante kepi. Charles André Joseph Marie De Gaulle me recibe en su despacho adornado con una bandera de Francia y una gigantesca Cruz de Lorena. El hombre que lideró la resistencia francesa en la II Guerra Mundial y que fundó la Quinta República bajo la máxima de que Francia es De Gaulle y De Gaulle es Francia, me recibe para charlar sobre deporte. Realmente hablaremos de lo que a él le guste, ya que lo que es seguro es que De Gaulle no se dejará vencer.

De Gaulle

Míster Dato (P): ¡Feliz año nuevo Président!

De Gaulle (R): ¡Magnifiqué!

P: Président, géneral… ¿Cómo prefiere?

De Gaulle (R): Président de la République Française o Géneral de la France Libre. Sí quiere decirlo, dígalo usted bien. Francia no puede ser Francia sin grandeza. Recuérdelo. Y si usted es un ignorante puede llamarme simplemente Francia. ¡Yo soy Francia! Pero entiendo que usted es un ignorante así que se lo serviré en bandeja. Mi esposa siempre me llamó Mon Géneral. Mis hijos suponen que me llamaba así hasta dentro de la alcoba. Como comprenderá eso lo dejo a su libre interpretación.

P: No es necesario. Géneral entonces. Su figura ha perdurado con el paso del tiempo a pesar de ser un hombre extremadamente frío. Tanto que hasta un ego inmenso como el de Churchill tuvo que humanizarle para que fuese comprendido por el común de los franceses. Frío hacia fuera, pero me dicen que cálido en la intimidad.

De Gaulle (R): Durante mi década como presidente de la V República nunca me ausenté de una cena en casa con mi mujer por mucho trabajo que tuviese. Si mis obligaciones me hacían viajar y pernoctar en un hotel allí estaría Yvonné para acompañarme en el dormitorio. Tres veces al año organizaba en el Elíseo una cena con toda mi descendencia y prohibía tajantemente a un hijo o nieto mío faltar a la cita. Si había que tirar de Concorde, se tiraba. Sé que he tenido fama de solitario, pero mi familia lo era todo para mí. Cuando mi hija falleció al poco de cumplir veinte años fueron muchas horas de lloros, pero todos en soledad y en la intimidad de mi habitación. ¡No sería digno con mis conciudadanos si me mostrase débil! Para mí fue el fin del mundo. ¡Para Francia el fallecimiento de mi hija no fue nada!

P: Su hija tenía síndrome de Down. Dicen que ni siquiera lloró en el entierro de su hija. Pero usted me confirma entonces sus lágrimas.

De Gaulle (R): Mis hijos sólo me han visto sin uniforme militar o sin traje y corbata en la playa. Siempre me ha parecido una desvergüenza que tus hijos te vean en pijama. Sólo lo consentí cuando me operaron de la próstata y porque mi mujer me lo pidió como un favor personal. ¡Imagínese que alguien me viese llorar! La dificultad atrae al hombre de carácter, porque es en la adversidad que el verdadero hombre se conoce a sí mismo.

P: Vamos a ver si entramos en materia. En este caso el deporte. Usted es un bigardo de casi dos metros. Supongo que un privilegiado desde niño en el aspecto deportivo.

De Gaulle (R): ¿Se ha dicho la última palabra? ¿La esperanza debe desaparecer? ¿La derrota es definitiva?

P: ¿Qué dice?

De Gaulle (R): Perdone mi diatriba, pero me resulta inevitable. He sido un hombre que vivió sumido en una crisis histórica. No he parado nunca de luchar por Francia y siempre me viene a la mente aquellas palabras de aliento con las que levanté la moral de los franceses desde los micrófonos de la BBC en mi exilio londinense.

P: Ya me advirtieron que preguntase lo que le preguntase usted me iba a comentar lo que le diera la real y santa gana.

De Gaulle (R): Churchill no me soportaba, ¿sabe? Decía que detrás de mis palabras no había ejército ¡Mon Dieu! Cuando tengo razón, me enojo. Churchill se enoja cuando se equivoca. ¡Estamos enojados el uno con el otro la mayor parte del tiempo! ¡A mí me dispararon en una pierna en la Gran Guerra! ¡Estuve dos años en una prisión alemana! ¿Y Roosevelt? ¡Ese inválido presuntuoso! Él enviaba telegramas mientras yo conducía tanques ante Rommel antes del desastre de 1940.

P: Se dice que nunca le dio las gracias a nadie. Dicen que es un maniaco depresivo. Otros sugieren que es un narcisista constructivo.

De Gaulle (R): ¿Con qué fin? El general Leclerc le dijo a su esposa que bajaba a comprar tabaco y regresó cinco años después a París con una división de negros francófonos, franceses libres y republicanos españoles. ¿Y tengo que darle las gracias? ¡Jamás! ¡Lo hizo por Francia y por eso nunca hay que dar las gracias! Si ser patriota es ser arrogante lo soy. Si construir una Francia atómica, si vetar a Inglaterra para entrar en la Unión Europea, si pactar con el general Masu para controlar África o si menospreciar a los estadounidenses es ser un narcisista, pues vale, lo soy. ¡Yo soy Francia! ¿Estadounidenses? Puede estar seguro de que los estadounidenses cometerán todas las estupideces que usted pueda imaginar, además de algunas que están más allá de la imaginación.

P: ¿Racista? ¿Nacionalista exacerbado?

De Gaulle (R): ¡Cómo se atreve! Yo soy un patriota. El patriotismo es cuando el amor a tu propia gente es lo primero. El nacionalismo es cuando el odio hacia personas distintas a las tuyas es lo primero. Defiendo Francia porque no existe nada mejor que Francia. ¿Bélgica? Un país inventado por los británicos para molestar a los franceses. ¿La Unión Europea? Ningún estadista europeo conseguirá unir a Europa. Serán los chinos quienes lo hagan.

P: Lo que es innegable es su capacidad de liderazgo. Quizás uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar en la historia.

De Gaulle (R): Lo cierto es que mi francés es excepcional, con un vocabulario inabarcable.

P: Baja modesto, que sube De Gaulle.

De Gaulle (R): Yo no doy conferencias de prensa sino conferencias a la Prensa. ¡No es culpa mía! ¡Francia me adora! Y ustedes no se atreven a hacerme preguntas. Yo siempre estoy preparado para las respuestas a mis preguntas.

P: Querría hablar de una santa vez de deporte. Hacemos un trato si lo desea. Le dejo que me suelte alguna de sus soflamas y luego contesta a un par de preguntas sobre deporte. ¿Le parece bien?

De Gaulle (R): De acuerdo. Pero los tratados son como rosas y chicas jóvenes. Duran mientras duran. Así que apúrese.

P: Pues eso. Suelte un alegato final.

De Gaulle (R): Francia no tiene amigos, sólo intereses. Cuando me pregunto qué piensa Francia, me pregunto a mí mismo. Por eso llego a la conclusión de meterme en política. Es un asunto demasiado complejo y serio como para dejárselo a los políticos. Sentí la llamada de Francia y Francia necesitaba grandes hombres. Yo estaba decidido a serlo.

P: Venga. Ahora me toca a mí. En muchos aspectos usted es un pionero. No es un hombre cuyos hechos evoquen las páginas deportivas, pero en verdad usted ha contribuido a la grandeur del hecho deportivo. Explíquenos como fue aquello de recibir a los deportistas olímpicos.

De Gaulle (R): ¡Los deportistas representan la grandeur de un país! ¡La grandeur en tiempos de paz! Fue en los Juegos Olímpicos de 1964 cuando como Président de la République Française decidí condecorar a los héroes olímpicos franceses con la Orden Nacional del Mérito o con la Legión de Honor según la medalla obtenida.

P: Hecho que parece impropio de un géneral como usted.

De Gaulle (R): Los cementerios están llenos de hombres indispensables.

P: Usted también fue el primer político que se acercó a las cunetas para recibir a la caravana del Tour de Francia.

De Gaulle (R): El Tour es grandeur. Es tradición e historia. Es un elemento imprescindible de la cultura francesa que da a conocer a miles y miles de pueblos de nuestra amada tierra al resto del mundo. Mi deber como Président era estar allí y así decidí hacerlo.

P: Tengo entendido que fue fiel a su estilo. No se lo dijo a nadie y hubo que parar la carrera durante unos minutos para atenderlo.

De Gaulle (R): Fue en 1960. Creo que era la penúltima etapa. Yo estaba pasando unos días en Colombey-les-Deux-Églises donde tenía una propiedad familiar y sabía que el Tour iba a pasar por allí. Así que decidí ir al encuentro de los ciclistas. La verdad es que fue un año triste porque Anquetil no estaba y el resto de los franceses lo hicieron bastante mal. Creo que ganó un italiano sino recuerdo mal. Así que decide subir la moral de Francia con mi súbita presencia.

P: Gastone Nencini fue el vencedor.

De Gaulle (R): Nencini. Eso es. El caso es que me acerqué a una cuneta en el centro del pueblo para ver el paso del Tour. Entonces no había eso que ustedes llaman redes sociales. Faltaban unos veinte kilómetros para que pasase el pelotón cuando Jacques Goddet, que entonces era el patrón del Tour, recibe el aviso de que iba a aparecer. Y luego, en una demostración de júbilo por la presencia de su Président, el pelotón se paró y Goddet se acercó a saludarme. Yo recuerdo ir a darle un apretón de manos al señor Nencini. También vino a saludarme Darrigade, que entonces era campeón del mundo. Fue la primera vez que el Tour se paró para saludar a un espectador. Créame que la gente aplaudió más a su Président que al maillot amarillo.

P: Le crea o no lo crea, quien podría osar contradecirle. Lo cierto es que usted instauró una costumbre. Desde entonces año a año hay visita presidencial en un ritual que puede darse a pie de carretera o en un vehículo en pleno corazón de la carrera.

De Gaulle (R): Recuerdo que aquel día ganó un chico llamado Pierre Beuffeuil. Se había quedado cortado del pelotón por culpa de un pinchazo y aprovechó la parada para saludarme para regresar al pelotón. Luego, unos cuantos kilómetros más tarde, atacó y ganó la etapa en solitario en la meta de Troyes. ¡Dijo que siempre había votado por De Gaulle! Fuese cierto o no, sino llega a ser por mi aparición nunca hubiese ganado la etapa.

P: Creo que Pompidou se saltó la norma, pero luego Giscard d’Estaing fue el primero en entregar en persona el maillot amarillo al vencedor en el pódium de los Campos Elíseos.

De Gaulle (R): ¡Típico de d’Estaing! Siempre me tildaba a mí de monárquico y ¡mire! ¡Qué hay más monárquico que coronarse en los Campos Elíseos! Llegué a respetarlo, no como a Pompidou, pero tuve que acabar defenestrándolo por sus ideas europeístas. Siempre respeto a los que se me resisten, pero no puedo tolerarlos ¡La France c’est la France!

P: Tengo entendido que es buen aficionado al fútbol. Por supuesto jamás confesará sus inclinaciones. Usted es aficionado a todos los equipos de Francia. Ya me ahorro la respuesta. El caso es que usted también instauró la costumbre de acudir al palco en todas las finales de la Copa de Francia. Creo que en la final de 1967 se saltó el guion, algo impropio de usted.

De Gaulle (R): Cierto es. Y no se crea que estoy orgulloso de ello. Jugaban el Olympique de Lyon y el FC Sochaux. Ganaba el Lyon, se echaron atrás y despejaban como podían cualquier acometida del Sochaux. En uno de esos despejes el balón cayó en mi regazo. Lo recibí impasible, me puse en pie y desde mi asiento lo devolví al campo en una pose ortodoxa de saque de banda de jugador profesional. El público rompió en una ovación, reconociendo este gesto como un signo de respeto al fútbol. Mi foto lanzando el balón, con toda formalidad y seriedad, a dos manos, dio la vuelta al mundo. Mis asesores dijeron que aquello me humanizaba. Yo le diré que al día siguiente me mostré apesadumbrado por mi comportamiento.

P: Es usted más recto que la Cruz de Lorena.

De Gaulle (R): Hay que serlo. ¿Cómo puede alguien gobernar una nación que tiene doscientos cuarenta y seis tipos diferentes de queso? Le recomiendo que siempre elija la forma más difícil de hacer las cosas. En ella no encontrará oponentes. El carácter es la virtud de los tiempos difíciles.

P: Volvamos al fútbol. Una parte que no es muy recordada del mayo del 68 es que los futbolistas también se sublevaron. Hubo huelga revolucionaria secundada por centenares de futbolistas y por periodistas de la revista Miroir du football de tintes comunistas. Creo que ocuparon la sede de la Federación Francesa e intentaron montar una cooperativa.

De Gaulle (R): Se solventó con firmeza. Fue una semana. Tuve que hablar con Just Fontaine y también con Raymond Kopa para que apaciguasen los ánimos. Ya sabe usted que convoqué elecciones y desactivé el movimiento obrero y estudiantil. Luego gané las elecciones con claridad absoluta y Francia volvió a ser Francia. Le diré dos cosas para que las tenga en cuenta. La primera es que no hay arma más definitiva en el poder que el silencio. Que hablen y griten que luego yo tomaré las decisiones.

P: La segunda…

De Gaulle (R): Cuanto mejor conozco a los hombres, más me encantan los perros.

P: Vamos finalizando ya general. Tengo entendido que en sus últimos años entre los vivos se dedicó a recorrer España con la intención de escribir un libro sobre las campañas de Napoleón por la Península Ibérica. Me dicen que le encantó Galicia.

De Gaulle (R): Por mis venas corre sangre bretona y siempre había querido conocer la tierra celta de Galicia. Fui a presentarle mis respetos al Apóstol Santiago y recuerdo con gran cariño varias comidas donde el marisco era excepcional. Fui a ver a Franco también. Lo hice porque como militar le tenía profundo respeto por haber sabido mantener a España lejos de la II Guerra Mundial. Lo que me encontré fue un anciano decrépito que se aferraba en el poder. Fue decepcionante.

P: Ha sido un placer general.

De Gaulle (R): He de confesarle que para mí ha sido mejor de lo esperado. Hay que hacer tiempo hasta la tarde para ver qué espléndido fue el día. No se puede juzgar la vida hasta la muerte y no se habría podido juzgar esta entrevista hasta su final. ¡Vive la France!

Président

Otras entrevistas navideñas

Entrevista a Schwarzenegger (político, actor y deportista y siempre con el mismo éxito)

Entrevista a JFK (Guaperas y presidente a partes iguales)

Entrevista a Franco (dictador y Caudillo de España)

Entrevista a Einstein (el padre de le teoría de la relatividad)

Entrevista a Nerón (uno de los tiranos más repugnantes de todos los tiempos)

Entrevista a Churchill (la cabeza más privilegiada de Europa)

Entrevista a Lenin (el hombre que hizo de una bella utopía una triste realidad)

Entrevista a Napoleón (¿loco o genio? ¿revolucionario o tirano?)

Entrevista a los Reyes Magos (los tres mágicos de Oriente)

Leer más

¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

Otras historias relacionadas

Historia contrafactual de la Copa de Europa (una historia alternativa con límite de extranjeros)

A propósito del Brexit (la dinastía inglesa en Europa en los 70 y los 80)

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (el espectacular 7-3 de 1960 a lomos de Di Stéfano y compañía)

La decadencia de Europa (una consideración sobre la Superliga)

Cuando la Champions eliminó las semifinales (cuando se pasó de la fase de grupos a la final sin demasiado éxito)

Cuando Jopie conoció a Gento (el día que el joven Cruyff se acercó al Olímpico de Ámsterdam a ver al Real Madrid)

El miedo escénico (el origen de la leyenda de las remontadas blancas en el Bernabéu)

Cuando se cayó la portería del Bernabéu (una vergüenza europea que se convirtió en la Séptima)

El Pupas (a los 50 años de la final entre el Bayern y el Atlético)

Leer más

Un soviético, un alemán y un francés en la Carrera de la Paz

Una vez ganó un francés. Se llamaba Jean-Pierre Danguillaume. Era 1969. Cuando volvió a Paris sólo lo entrevistó un periodista del rotativo L’Humanité. Allí narra que la organización lo había tratado de forma excelente. Contaba con dos intérpretes, los llevaban a visitar fábricas entre etapa y etapa y en los hoteles, austeros, pero limpísimos, no había filetes, pero si salchichas y carne hervida. Danguillaume cuenta también que al final de cada etapa un niño se encargaba de darte ropa limpia, mantas y folletos que contaban con propaganda comunista, la misma que se encuentran pueblo tras pueblo y jornada tras jornada.

Y es que en 1969 Danguillaume ganó la Course de la Paix (Carrera de la Paz) una carrera ciclista creada en 1948 en el Bloque Soviético para competir con el capitalista Tour de Francia y que circulaba por Checoslovaquia, Alemania Oriental y Polonia, entonces todos países comunistas. Si ese era el caso no es de extrañar entonces que el único medio que se interesase por Danguillaume fuese L’Humanité, el órgano del partido comunista francés. La carrera se disputó por vez última en 2006, muchos años después de la Caída del Muro de Berlín.

El caso es que Danguillaume se vistió de amarillo y subió al pódium como vencedor en Berlín. En el llamado Berlín democrático. En el lado comunista. En el estadio olímpico se juntan más de 80.000 personas que escuchan en respetuoso silencio La Marsellesa. Era 1969. Esa gente, o sus antepasados para ser más exactos, habían invadido Francia tres veces en el último siglo. Esa tarde a Danguillaume le comentan que durante la cena de celebración le sentaran junto a una chica y luego su acento francés se tendrá que encargar de engatusarla. Jean-Pierre sueña con una modelo o una azafata, pero no habrá nada de eso. Será una trabajadora de una factoría quien le acompañe en la cena de gala. Una estajanovista con la que charlará de la lucha de clases y poco o nada sabrá de Chanel o de Dior.

Carrera de la Paz 1954

Puede parecer fácil pero la obra fue colosal. El nombre de la prueba ya era toda una declaración de intenciones. Checoslovaquia, Polonia y Alemania Oriental podían ser países comunistas, pero apenas tres años antes los alemanes aún se estaban cepillando a checos y polacos con la esvástica bordada en sus chaquetas militares. La idea inicial era la de una carrera que partiese de Praga rumbo a Varsovia. Fueron los soviéticos los que obligaron a incluir a los teutones para dar normalidad al asunto. Costó. Y aún costó más cuando los soviets pasen a enviar ciclistas a la Carrera de la Paz mejor alimentados, más entrenados y con la consigna clara de ganar a toda costa. Pero funcionó. La Carrera de la Paz fue un éxito más allá del Telón de Acero y unió a través del ciclismo a países que años antes estaban en guerra. Al final polacos, checos y alemanes acabarían encontrando en los soviéticos un enemigo común.

Aunque algún valiente como Danguillaume se atrevió con la prueba, la presencia estaba reservada para ciclistas del bloque soviético o para corredores del otro lado capitalista que fuesen amateurs y con filiación comunista. Así que con semejantes limitaciones el tema se redujo en una pugna germanosoviética. Eso sí, el plusmarquista fue un polaco que obedece al nombre de Ryszard Szurkowski del que aquí no sabemos nada pero que en Polonia es venerado como si de Juan Pablo II se tratase. El caso es que en esa burbuja de ideal proletario no se sabía si esos ciclistas podrían destacar en el competitivo y lucrativo ciclismo occidental. Si serían capaces de ganar el Tour. Para ser claros. Hubo dos ellos que, según los entendidos, al menos hubiesen tenido una oportunidad.

Rubio, melena al viento, disciplina militar y cuerpo robotizado. Así era Sergei Soukhoroutchenkov. Un ídolo de los ochenta. Gana todo lo ganable, en el mundo que era el otro mundo. Cuba, Rumanía, Yugoslavia. Pero como es amateur también compite al otro lado del Muro. Van a comenzar los 80. Hay cierta relajación. Las fronteras se abren con limitaciones. Y Sergei lo hace bien. Gana una carrera en Italia tras un ataque demoledor, pero el problema es que al ganar lo hace traicionando a un compañero de equipo. Eso no gusta en el Kremlin. Se acabó lo de viajar al paraíso capitalista. Se centra en los Juegos Olímpicos de Moscú donde se lleva el oro en solitario metiéndole una minutada al pelotón. Entre los derrotados hay un futuro ganador del Tour como Stephen Roche.

Por supuesto gana la Carrera de la Paz. En cuatro ocasiones. También ganó dos veces el Tour del Porvenir y otras dos quedaría segundo. Le ofrecen varios contratos. Uno de un millón de dólares anuales. No le dejan. Cuando le dan libertad es 1986. Apenas tiene 30 años, pero ha sido exprimido a kilómetros hasta la saciedad. Es el método soviético. Si no les impresionas en juniors, nadie se va a volver a interesar por ti. Tienen demasiado material humano a su disposición. Soukhoroutchenkov estaba quemado. Le dejan competir en la Vuelta a España formando parte de una selección soviética, pero Sergei no carbura. Vuelve a Moscú y firma su primer contrato profesional en 1989 con una escuadra italiana. Tiene 33 años. Apenas aguanta un par como profesional. Allí se acabó la carrera del que fue el Bernard Hinault de la Unión Soviética

Soukhoroutchenkov

El otro ídolo de masas era de la RDA. La Alemania Oriental era el ejemplo vivo del éxito del comunismo. No había colas de hambre. Había excedentes. Y se exportaban. No sólo a Polonia o a Hungría. También a Francia o a Italia. En los rankings económicos la RDA siempre estaba a la vanguardia mundial y su número de universitarios por habitante era el mejor del planeta. Y luego estaba el deporte. Luego supimos que era el dopaje de Estado, pero entonces era flipante. En los Juegos de Seúl de 1988 la RDA y sus 16 millones de habitantes superaron en medallas a los caudalosos Estados Unidos y sus 300 millones de almas.

En Seúl será medalla de plata Olaf Ludwig. Ocho años antes, con apenas veinte castañas, ya había sido oro en contrarreloj por equipos. Antes de Seúl había ganado la Carrera de la Paz (dos veces) y también el Tour del Porvenir. Moreno, miope, con abundantes entradas, Ludwig se niega a viajar a Ucrania para una carrera. Era la primavera de 1986. Decían que algo había pasado en la central nuclear de Chernóbil. Puede que en la RDA las cosas fueran bien, pero la libertad no era una de esas cosas.

A Ludwig le asaltan los periodistas. Es un deportista famoso. Y él contesta. Habla de ciclismo. También de otros temas. Lo censuran. El pueblo no sabrá lo que dijo. Pero los que mandan si lo saben. Al igual que le habían hecho a Soukhoroutchenkov a Ludwig también le hacen el vacío. Lo meten en el congelador. Pero el invento comunista se está acabando. Finaliza en el otoño de 1989. Olaf se convierte en profesional al año siguiente. Equipo Panasonic. Destaca. Vuelta a Andalucía. Debut. Tres etapas. Tres victorias. Etapas en el Tour de Francia, Gran Premio de Frankfurt, Amstel Gold Race y maillot de la regularidad en el Tour. Todo a partir de la treintena. ¿Qué hubiese sucedido antes? Vete tú a saber. En 1993 fue tercero y medalla de bronce en el Mundial de ciclismo. Por delante de él quedaron Lance Armstrong y Miguel Induráin.

Ludwig (drch)

De 1948 a 2006 fueron más de 700 etapas. Más de 100.000 kilómetros. Un maillot amarillo con el símbolo de la paloma de la paz y estadios llenos, cunetas atestadas y una carrera olvidada de un lado del mundo y añorada al otro lado del planeta.

“Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán todo el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Una cortina de hierro caerá sobre este enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás de la cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York seguirá aplaudiendo probablemente”. Joseph Goebbels, ministro del III Reich en febrero de 1945.

“Por cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y respetan menos que la debilidad. Es preciso que los pueblos de lengua inglesa se unan con urgencia para impedir a los rusos toda tentativa de codicia o aventura. Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre Europa un telón de acero”. Winston Churchill, ex Primer ministro británico en marzo de 1946.

Otras historias ciclistas desconocidas

Propuesta de un Tour por Europa (una vuelta imaginaria en bicicleta por el Viejo Continente)

La desconocida fiebre del ciclismo en Eritrea (de como los italianos llevaron a las entrañas de África el gusto por la bicicleta)

Expresiones del lenguaje deportivo (sobre farolillos rojos, hacer la goma y otros vocablos de la vida cotidiana)

Las cuatro primas de Jacques Anquetil (cuando Anquetil hizo de una victoria cuatro triunfos en uno)

100 años del maillot amarillo (la legendaria historia de una prenda legendaria)

De patrocinadores y ciclistas (sobre encimeras, compañías telefónicas, bancos y otros mecenas de las dos ruedas)

Delio Rodríguez (el desconocido hombre récord de la Vuelta a España)

Leer más

Una historia del ranking UEFA

A punto ya de finalizar el año 2023 es bueno recordar que es el último donde la Copa de Europa mantiene el formato tradicional que hasta ahora hemos conocido. Desde que en 1956 esta fascinante competición comenzase a andar mantuvo unas señas de identidad propias. Bien es cierto, me diréis, que cuando en 1992 pasó de ser Copa de Europa a Liga de Campeones se dio un tajo a su historia al introducir una fase de grupos antes de las eliminatorias. Viraje más fuerte se produjo en 1997 cuando se permitió el acceso a los subcampeones de las grandes ligas y, más aún, en 1999 cuando ese cupo se amplió a los cuatro primeros clasificados de las ligas top ampliando el número de participantes hasta un total de 32. Así ha sido desde entonces la Liga de Campeones hasta esta edición final vigente de la campaña 2023-24.

No obstante, la idea siempre ha sido la misma. Enfrentarse a los mejores en formato eliminatorio de todos contra todos sin ningún tipo de condicionante más allá del azar y de las vicisitudes geográficas. Todo cambiará en el verano de 2024 (Superliga mediante). Tras una ronda preliminar tendrá lugar una liga de ocho jornadas con 36 equipos, en la cual los enfrentamientos no serán los de todos contra todos. A través de un sorteo, condicionado por el coeficiente UEFA, se establecerán los enfrentamientos (ocho) de esta fase que clasificarán para jugar los octavos de final. Los 36 clubes se dividirán en cuatro bombos en función del coeficiente UEFA. Es lo que se da en llamar sistema suizo.

Para ampliar el número de participantes de los 32 habituales a los 36 del nuevo formato se tomaron varias decisiones. Se reservó una plaza para un campeón nacional de una liga menor y las tres restantes serán dadas en función del coeficiente UEFA de las ligas más potentes. Para ello se valora el rendimiento colectivo en Europa de los clubes de una determinada federación dividiendo los puntos obtenidos entre el número de clubes participantes.

Viene ahora la gran pregunta. ¿Qué es el ranking UEFA? ¿Cómo se calcula el coeficiente por federación?

El ranking de coeficientes de clubes por federación se basa en los resultados de los clubes de cada federación en las cinco ediciones anteriores de la UEFA Champions League y de la UEFA Europa League. El ranking determina el número de plazas asignadas a cada federación en las ediciones futuras de las competiciones de clubes de la UEFA.

Según la página de la Union des Associations Européennes de Football (UEFA) el sistema de puntos se determina de la siguiente manera:

4 pts – Bonus por participación en la fase de grupos (Liga de Campeones)

4 pts – Bonus por participación en los octavos de final (Liga de Campeones)

4 pts – Ganador de grupo (Liga de Campeones)

2 pts – Segundo de grupo (Liga de Campeones)

2 pts – Victorias de la fase de grupos (Liga de Campeones)

2 pts – Victorias a partir de octavos de final (Liga de Campeones)

1 pt – Empates a partir de octavos de final (Liga de Campeones)

4 pts – Campeón de la fase de grupos (Europa League)

2 pts – Subcampeón de la fase de grupos (Europa League)

2 pts – Victorias a partir de octavos de final (Europa League)

1 pt – Empates a partir de octavos de final (Europa League)

2 pts – Campeón de la fase de grupos (Conference League)

1 pt – Subcampeón de la fase de grupos (Conference League)

1 pt – Participación en semifinal y final (+1) (Conference League)

A grandes rasgos (hay algún punto más en liza por otros factores) es la forma que tiene la UEFA de clasificar a los clubes y la forma que tiene de condicionar el sorteo.

Este mismo sistema es el usado para las competiciones de selecciones nacionales y para formular sorteos también en el fútbol sala, dependiente del máximo organismo del fútbol continental. El sistema tiene ya un cuarto de siglo de vida cuando, ante la necesidad de favorecer a las ligas más potentes, se crea una fórmula que evite que los grandes transatlánticos se enfrenten entre sí y tengan el camino más despejado hacia las rondas finales favoreciendo al mismo tiempo al espectáculo y al negocio.

Las tres competiciones UEFA

Las cuatro grandes ligas europeas son Inglaterra, España, Italia y Alemania. Esto ha sido así desde que en 1995 se dictaminó que ningún jugador de la Unión Europea sería extracomunitario, propiciando de esta manera que los grandes mercados llenasen sus ligas de futbolistas extranjeros. El orden ha ido cambiando con los tiempos, siendo los 90 y el inicio del siglo XXI italianos, luego la balanza se inclinó del lado español y desde hace unos años la hegemonía es inglesa. Hay incluso quien considera que si Alemania es la cuarta grande lo es por economía, población e infraestructura, no así por el nivel de su fútbol de clubes. Francia o Portugal intentan acercarse a ese pódium en el que, hace ya muchas décadas, solían aparecer los Países Bajos.

Pero, ¿cuál era la liga más fuerte antes de que se crease el coeficiente UEFA? He decidido realizar un ejercicio introspectivo, echar la vista atrás y determinar cuál ha sido la liga más fuerte de Europa año tras año desde la temporada 1955/56. Fue esa la campaña en la que el Real Madrid se coronó por vez primera como campeón de Europa. Dos años más tarde se puso en marcha la Copa de Ferias (Copa de la UEFA) y en 1960 la Recopa de Europa.

Para simplificar mi labor he decidido eliminar el puntaje de la primera ronda y de las fases de grupos que no nacerían hasta finales del siglo pasado. El puntaje será el siguiente:

Campeón de la Copa de Europa: 10 puntos

Finalista de la Copa de Europa: 8 puntos

Semifinalista de la Copa de Europa: 6 puntos

Cuartofinalista de la Copa de Europa: 4 puntos

Octavofinalista de la Copa de Europa: 2 puntos

Campeón de la Copa de Ferias /UEFA/Europa League/Recopa: 7 puntos

Finalista de la Copa de Ferias /UEFA/Europa League/Recopa: 5 puntos

Semifinalista de la Copa de Ferias /UEFA/Europa League: 3 puntos

Cuartofinalista de la Copa de Ferias /UEFA/Europa League: 1 puntos

En caso de empate a puntos entre varias federaciones he considerado que la vencedora sea aquella cuyos clubes hayan ganado más títulos. Para el puntaje se ha igualado los puntos dados a la Copa de la UEFA con los de la Recopa de Europa, cuya última edición fue en 1999. Respecto a la muy reciente Conference League, únicamente se ha considerado dar 2 puntos al vencedor y 1 al finalista.

¿Y cuál era la mejor liga europea antes de 1956? La hegemonía inglesa es indiscutible hasta 1930. Si en las Islas Británicas el profesionalismo nace en 1888 en el resto del continente será una realidad que tardará mucho más en producirse. En España o Italia una liga profesional no comenzará a disputarse hasta 1929, en 1932 será el turno de Francia y en Alemania existió un sistema de ligas regionales con eliminatorias coperas para decidir al campeón nacional hasta la creación de la Bundesliga en 1963. Portugal no alumbró su Liga hasta 1934 y en los Países Bajos el fútbol no fue profesional hasta 1956.

Tras 1930 se produjo el primer cambio. Ese fue el año de la creación del primer Mundial de fútbol de selecciones. Tres años atrás, en 1927, se había creado la Copa Mitropa, una competición de clubes que juntaba a campeones y subcampeones ligueros de Hungría. Austria, Italia, Checoslovaquia y más adelante Yugoslavia, Suiza y Rumanía. Era más que evidente que el epicentro del fútbol europeo se había trasladado a Centroeuropa, al igual que tras la II Guerra Mundial se trasladó a la Europa sureña. De 1948 a 1957 se celebró la Copa Latina que enfrentaba a los campeones ligueros de Portugal, España, Francia e Italia. Son los italianos, por cuestiones geográficas, los clubes más adelantados al poder competir en ambos frentes.

Atendiendo a los resultados de estos campeonatos podemos considerar como modo introductorio:

Campeones de la Copa Mitropa (1927-1939):

Austria 4 (Austria Viena (2), Rapid Viena, y First Vienna)

Hungría 4 (Ferencvaros (2) y Ujpest (2)

Checoslovaquia 3 (Sparta Praga (2) y Slavia Praga)

Italia 2 (Bolonia FC)

Campeones de la Copa Latina (1949-1957):

España 4 (FC Barcelona (2) y Real Madrid (2)

Italia 2 (AC Milan (2)

Francia 1 (Stade de Reims)

Portugal 1 (SL Benfica)

Esto nos permite tener una referencia de cuáles eran las ligas más potentes de Europa antes de que las competiciones internacionales que abarquen todo el continente determinen una realidad más palpable.

Copa Latina

Vayamos pues con las mejores ligas de Europa año tras año. Entre paréntesis vendrá referenciado el club de ese campeonato que logró un título europeo (en caso de que lo lograse):

1955/56 España 10 (Real Madrid)

1956/57 España 14 (Real Madrid)

1957/58 España 21 (Real Madrid y FC Barcelona)

1958/59 España 16 (Real Madrid)

1959/60 España 25 (Real Madrid y FC Barcelona)

1960/61 Italia 17 (AS Roma y AF Fiorentina)

1961/62 España 28 (Atlético Madrid y Valencia CF)

1962/63 España 14 (Valencia CF)

1963/64 España 20 (Real Zaragoza)

1964/65 Italia 18 (Internazionale)

1965/66 España 24 (Real Madrid y FC Barcelona)

1966/67 Escocia 18 (Celtic Glasgow)

1967/68 Inglaterra 17 (Manchester United y Leeds United)

1968/69 Inglaterra 15 (Newcastle United)

1969/70 Inglaterra 21 (Manchester City y Arsenal FC)

1970/71 Inglaterra 25 (Chelsea FC y Leeds United)

1971/72 Inglaterra 17 (Tottenham Hotspur)

1972/73 Inglaterra 21 (Liverpool FC)

1973/74 Alemania 17 (FC Bayern)

1974/75 Alemania 23 (FC Bayern y Borussia Gladbach)

1975/76 Alemania 20 (FC Bayern)

1976/77 Alemania 19 (Hamburgo SV)

1977/78 Bélgica 18 (RSC Anderlecht)

1978/79 Alemania 22 (Borussia Gladbach)

1979/80 Alemania 27 (Eintracht Frankfurt)

1980/81 Inglaterra 18 (Liverpool FC e Ipswich Town)

1981/82 Inglaterra 17 (Aston Villa)

1982/83 España 13 (—)

1983/84 Inglaterra 23 (Liverpool FC y Tottenham Hotspur)

1984/85 Inglaterra 17 (Everton FC)

1985/86 España 20 (Real Madrid)

1986/87 Portugal 11 (FC Porto)

1987/88 Países Bajos 15 (PSV Eindhoven)

1988/89 Italia 23 (AC Milan y SS Nápoles)

1989/90 Italia 29 (AC Milan, Juventus FC, UC Sampdoria)

1990/91 Italia 22 (Internazionale)

1991/92 Italia 17 (—)

1992/93 Italia 23 (Juventus FC y Parma FC)

1993/94 Italia 25 (AC Milan e Internazionale)

1994/95 Italia 24 (Parma FC)

1995/96 Francia 18 (PSG)

1996/97 Alemania 17 (Borussia Dortmund y Schalke 04)

1997/98 Italia 23 (Internazionale)

La temporada 1998/99 es la última de la Recopa de Europa, nace la Liga de Campeones con cuatro equipos en las ligas más potentes y la UEFA establece su coeficiente por federaciones nacionales:

1998/99 Italia (SS Lazio y Parma FC)

1999/00 España (Real Madrid)

2000/01 España (—)

2001/02 España (Real Madrid)

2002/03 Italia (AC Milan)

2003/04 España (Valencia CF)

2004/05 Inglaterra (Liverpool FC)

2005/06 España (FC Barcelona y Sevilla FC)

2006/07 España (Sevilla FC)

2007/08 Inglaterra (Manchester United)

2008/09 Inglaterra (—)

2009/10 Alemania (—)

2010/11 Portugal (FC Porto)

2011/12 España (Atlético Madrid)

2012/13 Alemania (FC Bayern)

2013/14 España (Real Madrid y Sevilla FC)

2014/15 España (FC Barcelona y Sevilla FC)

2015/16 España (Real Madrid y Sevilla FC)

2016/17 España (Real Madrid)

2017/18 España (Real Madrid y Atlético Madrid)

2018/19 Inglaterra (Liverpool FC y Chelsea FC)

2019/20 España (Sevilla FC)

2020/21 Inglaterra (Chelsea FC)

2021/22 Inglaterra (—)

2022/23 Italia (—)

El resultado sería el siguiente (1956-2023):

1. España 21 ocasiones

2. Inglaterra 16 ocasiones

3. Italia 13 ocasiones

4. Alemania 9 ocasiones

5. Portugal 2 ocasiones

6. Francia 1 ocasión

6. Países Bajos 1 ocasión

6. Escocia 1 ocasión

6. Bélgica 1 ocasión

La Liga española. La más valorada

Otras historias relacionadas

El padre del fútbol (cuando Jimmy Hogan evangelizó el fútbol centroeuropeo)

Cuando los goles fuera de casa tenían valor doble (una historia de eliminatorias de competiciones europeas)

La ambición de Europa (como Europa conquistó el mundo a través del deporte)

Copa Mitropa (el torneo que tuteó a una guerra)

Leer más

El padre del fútbol

Por el antiguo testamento el partido duraba noventa minutos según el reloj del árbitro, que sólo lo detenía por causas visibles y aceptadas por todos. Cuando había una interrupción extraordinaria el árbitro paraba el reloj y lo reactivaba al resolverse el problema. El tiempo real de juego venía a ser de algo menos que una hora (..) Aquello era sencillo, pero eran otras circunstancias. No había cambios, salvo el del portero en caso de lesión y en la Copa de Europa ni eso. Llegaron los cambios y fueron subiendo: dos, tres, cinco por la pandemia que ya quedaron, uno más en la prórroga… Apareció la moda de echar el balón fuera cada vez que uno se cae o se tira. Vino el cuarto árbitro y trajo las broncas con los banquillos. Más el VAR, con las pelmazas reflexiones de sus sexadores de pollos en la sala brumosa. Y las pausas para hidratación, que camuflan tiempos muertos para los entrenadores (..) No me olvido del árbitro advirtiendo en todos y cada uno de los córners a los jugadores de que no pueden, cosa que ya saben desde pequeñitos (…) Todas esas adherencias en mayoría absurdas con que se ha ido cargando el fútbol desbordan la capacidad del árbitro. Y el final es difuso. Por el antiguo testamento, el tiempo terminaba en la muñeca del árbitro (…) La vieja sencillez del fútbol ha sido batida por muchos flancos en un proceso de autolesión continua (…) De un tiempo acá el fútbol viene tomando muchas cosas del baloncesto y otros deportes americanos: cambios, números fijos en las camisetas, proliferación de árbitros, estadísticas, revisión tecnológica, entrenador de pie dando gritos, volatilidad de las plantillas, bloqueos, sobeteo continuo de reglas… Lo siguiente será la medición del tiempo”. Alfredo Relaño, director del Diario AS (1996-2019).

Al principio de los tiempos el fútbol obedecía a su origen rural. Se juega en hierba, el objetivo está en el horizonte y un árbitro (una suerte de cura o juez de paz) dicta las normas. El partido dura lo que dura, hasta que alguien meta pongamos diez goles. Si, fueron los hijos de Eton, Harrow o Winchester los que crearon las reglas, pero fueron esos campesinos convertidos en obreros que buscaban una identidad grupal los que hicieron del fútbol una religión. Aquellos campesinos que formaban comunidades fuertes fundadas gracias a lazos familiares se convirtieron en individuos anónimos bajo el control de la ciudad y el Estado. El fútbol sirvió como argamasa para construir una nueva identidad asociativa.

El fútbol era rural. El baloncesto es urbanita. Se juega en espacio menor y suelo artificial, el objetivo está arriba, como los edificios, lo controla una tropilla de burócratas, con sistemas de alta tecnología, en lugar del viejo reloj del viejo árbitro de fútbol. Los jugadores entran y salen frenéticamente, registrados en una estricta contabilidad estadística.

Pues el fútbol esta yendo a eso. Esta perdiendo irremediable y tristemente su esencia. Sus reglas, inmutables desde 1925, que eran tan impasibles como los 10 mandamientos de Moisés se retocan año a año con novedades que dicen resolver problemas de los que no teníamos constancia. Decía Relaño en el fin del texto al que hago referencia al inicio de este artículo que no es de los que piensan que el pasado fue mejor, salvo en el caso de la fruta. Pero lo cierto es que aunque los balones, las botas, la tele en la que vemos el fútbol o los propios futbolistas sean mejores todos los cambios en el reglamento están destrozando una religión que se mantenía fuerte e inalterable.

Historia de las Reglas del Fútbol - El fútbol y más allá
Los origenes

Sir Frederick Wall era el secretario de la FA (Football Association – Federación Inglesa -). Había sido un notable jugador amateur en los albores del balompié y su rango abolengo le hacía ser desdeñoso ante los jóvenes advenedizos que se lucraban jugando al fútbol. Al finalizar la I Guerra Mundial decidió poner en marcha una iniciativa solidaria para ayudar con 200 libras a futbolistas y exfutbolistas que hubiesen sufrido penurias durante la contienda. Fue tal el caso de Frederick Pentland, quien pasó cuatro años en un campo de prisioneros en Alemania y que años después se convertiría en Míster Pentland, el afamado técnico con el que el Athletic ganó 2 ligas y 5 copas antes de la Guerra Civil.

Pero Wall odiaba a los pusilánimes. Y en su opinión Jimmy Hogan era un pusilánime. Hogan residía en Austria cuando comenzó la guerra. Era 1914. Tenía entonces 32 años. Al igual que Pentland, Hogan fue encarcelado, pero pasaría pocos días en prisión. Llegó a un acuerdo con sus carceleros para entrenar al MTK Budapest durante los años de conflicto llevando una existencia cuanto menos plácida. Al finalizar la guerra, hablamos de 1918, Hogan volvió a Inglaterra, pidió cita con Wall y solicitó la ayuda de 200 libras. Es cierto que no había estado en primera línea de combate ni había sido víctima de alemanes o austrohúngaros, pero también lo era que estaba en la miseria. Ante su solicitud, Wall se levantó de su asiento, abrió un cajón y sacó un par de calcetines de color caqui. “Para ti. Es lo mismo que enviábamos a los muchachos en el frente y ellos estaban agradecidos”.

Hogan fue considerado un traidor y tuvo que volver a buscar cobijo en Austria.

La historia del fútbol estaba a punto de cambiar.

Sir Frederick Wall, secretary of the FA (Photos Prints, Framed, Posters,  Cards,...) #23150498
Sir Frederick Wall

Antes, mucho antes, de la transición defensiva, de la profundidad ofensiva, del marcaje en zona, del bloque bajo o de la presión alta, estaba Jimmy Hogan. Antes, mucho antes, de Guardiola, Ferguson, Cruyff o Sacchi también estaba Jimmy Hogan. Y antes, mucho antes, de la España del 2010, de la Francia champagne de los 80, de la Naranja mecánica o del Brasil del 70, estaba Jimmy Hogan.

Y es que Jimmy Hogan es el apóstol que sacó una veta madre de una isla y desparramó su esencia por todo el globo.

Ya bien avanzado el siglo XIX, el fútbol tenía dos concepciones ideológicas; la inglesa y la escocesa. Los primeros se decantaban por el ‘kick and run’ (patear y correr) y los segundos por el ‘passing game’ (juego de pases). Quiso el destino que triunfase la concepción inglesa ya que desde 1888 el fútbol pasó a ser un deporte profesional en el que los resultados se convirtieron en más importantes que el buen juego. Por contra, fue el sistema escocés de juego socializado y colectivo fundamentado en la asociación a través del balón lo que convirtió al fútbol en el deporte de más éxito a nivel mundial. Fueron los marinos escoceses, militares y empresarios mercantes, los que llevaron el ‘passing game’ por toda Europa y por Sudamérica remontando el Río de la Plata. La gambeta argentina jamás hubiese existido si no fuese por sus padres escoceses.

Jimmy Hogan estaba cerca de la treintena cuando apuraba sus últimos años de profesional como centrocampista del Bolton Wanderers. Había nacido en Inglaterra, pero de padres irlandeses y criado futbolísticamente en Escocia, su concepción del fútbol se basaba en el ‘passing game’. En el verano de 1910 el Bolton Wanderers iba a disputar una serie de partidos amistosos en los Países Bajos como una forma de dar a conocer el progreso del fútbol por el Viejo Continente. Hogan no era un futbolista muy reconocido, y, de hecho, su forma de entender el fútbol no era aceptada en Inglaterra. Por ello aprovechó el viaje para ofrecerse a la selección neerlandesa, colgar las botas y ejercer de entrenador.

Por aquel entonces que un inglés se ofreciese a dirigir tu selección era como si un alto cargo de Inditex se ofreciese a pilotar tu empresa. Así que Hogan tenía carta blanca para hacer lo que le viniese en gana. Se olvidó de la fuerza y de la resistencia y empezó a moldear la técnica individual de los futbolistas a través de los ejercicios con balón. Los pases y la movilidad pasaron a ser vitales en las pizarras de cualquier entrenamiento.

En los Países Bajos permanecerá apenas un par de temporadas, en las que la diminuta y desconocida Holanda acabará derrotando por vez primera a Alemania. La estancia de Jimmy Hogan fue breve, pero al marchar recomendó para el puesto a un amigo suyo llamado Jack Reynolds. Éste pasaría a ser tras la I Guerra Mundial técnico de un club judío de Ámsterdam conocido como AFC Ajax y ostentaría el cargo hasta finales de los años 40. En su última temporada dirigiría a un delantero centro llamado Rinus Michels, el ideólogo del ‘fútbol total’ comandado por Johan Cruyff.

Todo encaja.

AFC Ajax on Twitter: "Already 15 years without one of the greatest coaches  ever… Rinus Michels. ♥️💫 https://t.co/sKwsiqevvc" / Twitter
Michels (Mr. Mármol)

Pero volvamos a Jimmy Hogan. Tras ese par de años de voluntario exilio vuelve a Inglaterra con la intención de encontrar un puesto de entrenador en un equipo de la Premier. No tendrá éxito. En la cuna del fútbol el estilo de pase largo y dominio físico del partido es aún innegociable. Entonces Hogan se pone en contacto con Hugo Meisl, presidente de la OFB (Asociación Austriaca de Fútbol), visionario y padre de la Copa Mitropa, embrión de la futura Copa de Europa.

Y es aceptado. En 1913 Jimmy Hogan pasa a tener el control total del fútbol austríaco, desde los profesionales hasta los conjuntos infantiles. Y lo hace con pasión. Todos los equipos bajo sus órdenes pasan a tener el pase y la pared como elementos básicos del juego. Los problemas comienzan a resolverse a través del regate y la ocupación de espacios, desechando la fuerza física y el juego duro. El control al primer toque se convierte en innegociable para todos y cada uno de los integrantes de la plantilla.

Pero cuando aún no se había asentado en su puesto, la I Guerra Mundial estalla y Jimmy Hogan pasa a ser un enemigo. Gran Bretaña y el Imperio Austrohúngaro están en guerra y la presencia de un inglés en Viena no es bien recibida. Hogan es encarcelado, pero su buena fama hace que pronto sea dado en libertad y enviado a Hungría. Allí, es puesto al mando del MTK de Budapest, y en medio de la guerra se encargó de hacer entender a los futbolistas húngaros la importancia de la creatividad y el fin lúdico y estético del fútbol.

Al igual que había pasado en los Países Bajos, la estancia de Hogan en Hungría se limitó a un par de temporadas, pero al igual que había sucedido con la selección Orange no se puede entender el éxito de los magiares mágicos sin Jimmy Hogan. “Jimmy nos enseñó todo lo que sabemos”, contó Sandor Barcsl presidente de la MLSZ (Federación Húngara de Fútbol) cuando Hungría infrinja a los ingleses la primera derrota en casa de su historia, un doloroso 3-6 en Wembley en 1953. Aquel equipo conocido como el ‘equipo de oro’ estaba dirigido por Gusztav Sebes, el técnico inventor del llamado ‘fútbol socialista’, un sistema colectivo de pases que encumbró a Puskás y compañía.

Nuevamente todo encaja.

Equipo de oro - Wikipedia, la enciclopedia libre
La fabulosa Hungría de los 50

Una vez terminada la guerra, siendo un proscrito en su país y un extranjero en Budapest, Hogan cogió nuevamente las maletas y puso rumbo a la neutral suiza. Allí impartió cátedra durante un par de años llevando a Suiza a la medalla de plata en los JJ.OO. de 1924, un hecho que se antoja irrepetible para la pequeña selección helvética. La huella de Hogan en Suiza no parece profunda teniendo en cuenta la trayectoria de los clubes suizos y de su selección a lo largo de la historia, pero quizás si lo es si nos fijamos en quien era el segundo entrenador de Hogan en aquellos Juegos Olímpicos.

Su segundo era un amigo húngaro llamado Dori Kurschner. Éste, ejerció de entrenador del Grasshoppers hasta que en 1937 decidió cruzar el charco y probar fortuna primero en el Flamengo y luego en el Botafogo. Kurschner llevó a Brasil las ideas de Hogan, germen de lo que hoy es el ‘jogo bonito’. De hecho, fue él quien introdujo en el país la táctica WM (3-2-3-2) y el hombre que impulsó la explosión de los delanteros negros en la selección para que luego pudiesen surgir los Ademir, Didí, Garrincha o Pelé.

Todo encaja. Por enésima vez.

Jimmy Hogan, el primer romántico del fútbol - La Opinión de Málaga
Jimmy Hogan

Volvamos al bueno de Jimmy Hogan. Tras triunfar en Suiza fue llamado nuevamente por el MTK de Budapest, antes de ser contratado por la DFB (Federación Alemana de Fútbol) para dar charlas y seminarios por todo el país. Y es que Alemania, por increíble que parezca hoy en día, era insignificante cuando de fútbol se trataba. Allí no dirigió a ningún equipo, pero se encargó de explicar tácticas a jóvenes entrenadores y explorar las esencias del juego con adolescentes que pretendían ser grandes futbolistas. Uno de aquellos chicos fue Helmut Schön, seleccionador alemán en los 60 y 70, que tras alzarse victorioso en el Mundial de 1974 le dedicó el triunfo a Jimmy Hogan al que llamó “padre del fútbol moderno”.

Es inevitable repetirse. Todo encaja.

Pero la Alemania de inicios de los 30 pasaba por momentos convulsos, así que cuando Meisl llamó a la puerta de Hogan para volver a Viena, no se lo pensó ni dos veces, y más sabiendo que contaba con una generación de oro, el llamado ‘Wunderteam’.

Un adelantado a su tiempo - Panenka
Hogan y el Wunderteam

Aquella selección austriaca estaba conformada por una serie de exquisitos jugadores coronados por un incomprendido que respondía al nombre de Matthias Sindelar. Era un delantero frágil, pero con un endiablado cambio de ritmo, una exquisita técnica y, sustancialmente, una gran conducción del balón y una bellísima estética. Sindelar fue conocido como ‘Der Papierene’ (el hombre de papel) y se convertiría en el primer delantero centro que cambió la ortodoxia y bajaba al centro del campo para ayudar a construir el juego y echar un capote al generar situaciones de desequilibrio en la ofensiva.

La llamada ‘Escuela del Danubio’ que Jimmy Hogan había sembrado entre Viena y Budapest tendría su culmen con un equipo que sería conocido como el ‘Wunderteam’ (equipo maravilla) y que durante tres años se mantendría invicto salvo por una derrota en Stamford Bridge ante los poderosos y profesionales ingleses. Pero más allá de los triunfos, aquel equipo maravillaba por su querencia a jugar a ras de césped y por el ensalzamiento de la colectivización del juego frente a las acciones individuales.

Austria se presentó como gran favorita para ganar el Mundial de 1934 de Italia, pero cayó ante los anfitriones en semifinales tras un encuentro bronco en el que los transalpinos dispusieron de enormes ayudas arbitrales. El palo fue duro para los austriacos que aun así siguieron maravillando durante un par de años hasta que en la final de los Juegos Olímpicos de 1936 volvieron a caer ante los italianos y, esta vez sí, de manera justa.

Fue el canto del cisne de un equipo y del estilo de juego de Hogan. No había ganado, pero aquel equipo pasaría a la historia por su influencia en el enriquecimiento del fútbol y las nuevas alternativas que había aportado. Quizás por vez primera en la historia, el fútbol pasaba a ser algo más que un juego y la derrota era considerada como bella. Cuando un par de años después la Alemania de Hitler se anexione Austria, el ‘Wunderteam’ quedará desmantelado y su recuerdo perecerá ante la ausencia de imágenes televisivas.

Pero quedará su impronta. El logro final es lo más importante, pero también el camino para recorrido para alcanzarlo.

Jimmy Hogan volvió a Inglaterra y, esta vez sí, logró acomodo en un club. Era 1936 y sus éxitos con la selección austriaca le fueron reconocidos en las Islas Británicas. Firmó por el Aston Villa, y tras la II Guerra Mundial se convirtió en el entrenador de su fútbol base. Por primera vez un club inglés instauraba la idea del pase-movimiento-pase e introducía el juego con balón en los entrenamientos. Su interrelación con la pelota influiría en una generación de futbolistas ingleses que a finales de los 60 desterraría –aunque sólo en parte- la idea prehistórica de la concepción del juego que se defendía en Inglaterra. Su alumno más aventajado en el Aston Villa fue Ron Atkinson quien nunca llegó a debutar con el primer equipo de los villanos, pero que se convirtió en un respetado técnico de longeva trayectoria, de escaso éxito, pero siempre considerado el entrenador con el libreto más atractivo de toda Gran Bretaña.

Salvó en Argentina y en Uruguay donde fueron los empresarios, soldados y marinos escoceses de entre siglos los que llevaron el regate y el juego de pase al fútbol sudamericano (Alexander Watson Hutton, sería el Hogan del Río de la Plata), todos los demás países le deben a Jimmy Hogan la autoría de un nuevo tipo de fútbol. E incluso al otro lado del Atlántico le deben mucho a Hogan, ya que Imre Hirschl, un grande en los banquillos de River Plate o Peñarol de Montevideo, era un húngaro que había sido discípulo de Hogan.

Como siempre. Todo encaja.

Brian Little on Twitter: "A visit to Burnley today .. where a new Headstone  was Unveiled for Former Aston Villa Manager, Burnley Player and Legendary  Hungarian Coach..Jimmy Hogan.. https://t.co/gqeB7oSS4k" / Twitter
Jimmy Hogan (1882-1974)

El caso es que, de una forma u otra, todos los equipos que han perdurado en la memoria por una innovación táctica ofensiva y por un tipo de fútbol que ha trascendido más allá del resultado le deben su origen a Jimmy Hogan.

De Países Bajos a España: Jimmy Hogan, Jack Reynolds, Rinus Michels, Johan Cruyff, Pep Guardiola. Del fútbol total al ‘tiki-taka’.

De Hungría a Brasil: Jimmy Hogan, Dori Kurschner, Gustav Sebes, Vicente Feola, Bela Guttmann. Del equipo de oro al ‘jogo bonito’.

Alemania: Jimmy Hogan, Helmut Schön, Hennes Weismeller.

Inglaterra: Jimmy Hogan, Ron Atkinson.

Austria: Jimmy Hogan, Hugo Meisl.

Argentina y Uruguay: Jimmy Hogan, Imre Hirschl.

“Estaba viendo el partido, pero no en el palco, sino en las gradas rodeado de los juveniles del Aston Villa. Inglaterra tuvo que reflexionar sobre la complejidad del ataque-defensa. Habíamos dejado atrás el talante presuntuoso y triunfamos con un fútbol comunicativo”. Jimmy Hogan, ya anciano, hablando con orgullo sobre la victoria inglesa en el Mundial de 1966.

Otras reflexiones sobre la evolución del fútbol

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (de sportings, spartaks y rápidos)

A propósito del VAR (el invento que acabó con la tradición en el fútbol)

Fútbol postnacional (relaciones culturales e identidades grupales a través de un balón)

Expresiones del lenguaje deportivo (golpes bajos, farolillos rojos o ganar sin bajarse del autobús)

El fútbol en el futuro (una ojeada al fútbol allá por 2050)

La España vacía (el fútbol como la única forma de salir del anonimato en el interior de España)

Una historia del catenaccio (idea, evolución y éxito de la corriente defensiva)

El aficionado al fútbol (una ojeada distinta sobre aquellos que mantienen en pie la pasión por el balón)

¿Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista? (¿ganaba más Di Stéfano o Leo Messi?

Cuando los goles fuera de casa tenían valor doble (una historia sobre los desempates con goles en campo contrario)

De los tres puntos por victoria (la idea de Jimmy Hill para favorecer a los atacantes)

Leer más

¿Por qué los Dodgers no son el Madrid ni Messi es Lebron James?

Es relativamente habitual que cuando un licenciado estadounidense acabe su carrera cruce el charco y haga una tournée por Europa. Algunos visitan Londres, muchos Roma y todos Paris. Hablamos de gente de cierto nivel intelectual, cultural e incluso económico. Gente que admira el estado de bienestar europeo y ese gusto por trabajar por vivir y no el vivir por el trabajar tan propio de Estados Unidos. Ven Europa con ojos románticos, como una suerte de club de países pequeños con PIB extraordinarios. Un paraíso para disfrutar de una jubilación que se antoja de las más longevas y satisfactorias del planeta.

Y, sin embargo, todos esos jóvenes bien alimentados y bien educados que critican la venta de armas en Estados Unidos y admiran los hospitales públicos europeos, se echan las manos a la cabeza cuando ven que nadie tiene secadora.

Algo propio del tercer mundo.

El 90% de los habitantes de Estados Unidos tienen secadora. Así como casas más grandes, armas en el salón y multitud de problemas cardiacos. Dicen que eso sucede porque el alcohol protege de los problemas de corazón y como los europeos están siempre borrachos bebiendo vino en las comidas…Que un norteamericano tenga una secadora no es una cuestión geográfica, sino cultural. Tanto la tiene el habitante invernal de Wisconsin como el del verano perpetuo de Florida. Tender la ropa al viento es de pobres. Antiguamente era cosa de negros. Los blancos, los blancos más humildes y de casas húmedas del interior de Chicago, tendían la ropa al lado de la caldera. Desde que en los 50 la secadora se hizo accesible y popular a nadie, independientemente de su nivel de renta, se le ocurriría tender la ropa al viento.

En Europa no es así. La ratio de ventas de secadoras es de 1/9 en relación a la de las lavadoras. Sólo en las grandes ciudades, en pisos de metros cuadrados escasos, se le ocurre a alguien montar una secadora. Y no es una cuestión geográfica. Puede que en el sur de Europa el sol abunde, pero de los Pirineos para arriba el astro rey suele desaparecer con prontitud. La construcción de patios de luces, los recovecos de un ático o un sencillo sótano o trastero son válidos para tender la ropa. Incluso se puede colgar al aire libre en pleno invierno. En Manchester o en Oslo a las camisetas se les da la vuelta en el radiador como de un filete se tratase. Es, simplemente, una cuestión cultural. Incluso medioambiental en las zonas más progres del Viejo Continente.

Aunque a menudo Occidente se considera como un todo, la evolución histórica, geográfica y sociopolítica de sus diferentes lugares ha dado lugar a notables diferencias culturales. La amplia extensión de ambos mundos hace que cada región tenga sus particularidades. Con todo, la cohesión de Estados Unidos como única nación hace más fácil la homogeneidad que en Europa. Así un irlandés o un polaco tiende a parecerse más al prototipo americano que a buena parte de los europeos. Peso a lo cual, las secadoras escasean tanto en Dublín como en Varsovia.

Ahorro energía secar ropa: Ropa limpia, seca y verde | Sociedad | EL PAÍS
Secado Made in Europe

Escasean las secadoras al igual que las distancias y el tiempo permanecen en dimensiones distintas. Si una iglesia del siglo XIX es moderna para un europeo es antigua para un estadounidense. Si una ciudad está de la playa a unos 100 kilómetros es lejos para un europeo, pero cerca para un estadounidense. Lo haremos en un coche manual y pequeño, frente a los automáticos y grandes de un norteamericano, los cuales no tendrán problema para aparcar en los parkings gigantes que abundan por Estados Unidos. Nuestra semana empieza el lunes, mes y año. La de ellos es mes, domingo y año. Sus colegios son de pago y nadie tiene la obligatoriedad de aprender otro idioma, cuando aquí en el sistema público chapurreas, al menos, tres hablas. Nuestras calles están llenas de historia y las suyas de números, al igual que sus nombres de pila suelen ser también apellidos y sus políticos han de servir en el ejército antes de dar el salto a la política.

Y el deporte. En Europa la historia deportiva se ha cimentado sobre el fútbol. A su alrededor pivotan multitud de disciplinas, pero ninguna de ellas forma parte del tronco central del deporte estadounidense. Tan solo el baloncesto ha conseguido penetrar en el acervo colectivo de ambos continentes. Pero fútbol americano, béisbol y hockey sobre hielo son elementos extraños para el común de los europeos.

Empero, no es la diferencia de gustos lo que separa a europeos y a estadounidenses. La diferencia radica en la forma de concebir que es el deporte. Podemos identificar hasta tres diferencias fundamentales en torno a dicha concepción: a) aficionados; b) sistema de competición; c) objetivos de los clubes.

A) Aficionados:

En Europa las simpatías tienen una dimensión cultural y geográfica. De lo local a lo nacional y de lo nacional a lo internacional. El conglomerado de ligas regionales, nacionales y europeas certifica y pone en valor los sentimientos de cada forofo. Esta distinción es irreal para un estadounidense. Para ellos el campeón de la NFL, la NBA, o la NHL o la MLB es el campeón del mundo. Solo los Juegos Olímpicos son considerados para los estadounidenses un verdadero test internacional en el que enarbolar la bandera nacional.

La densidad de población de Europa Occidental es enorme lo que unido a un número considerable de países hace fácil el desplazamiento de aficionados para ver a su equipo. Esto convierte un partido fuera de casa en una aventura y crea una identidad cultural social entre los aficionados y su equipo. La inmensidad de Estados Unidos (donde caben hasta 18 Francias) limita al televisor el seguimiento del deporte, por lo que hace poco permeable la identificación con los colores.

B) Sistema de competición:

El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. Al otro lado del Atlántico toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio en el que los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe está diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, Quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

C) Objetivos de los clubes:

El objetivo de cualquier club es lograr el éxito. En Europa existe un sistema de ascensos y descensos en el que los fondos económicos se distribuyen en función de la categoría y de forma solidaria entre clubes a través de entes nacionales e internacionales. Trepar en el escalafón, sea como sea, es el objetivo para lograr el éxito deportivo. En Estados Unidos un club es una franquicia, donde un propietario, a través de su dinero, mantiene a su equipo en una liga independientemente de sus resultados deportivos. Todo se basa en la solvencia y en el crecimiento económico, y solo a través de la financiación correcta se puede alcanzar el objetivo deportivo.

Este sistema repercute directamente en los deportistas. En Europa sus sueldos dependen de las vicisitudes de su equipo y son altamente variables. En Estados Unidos dependen de sus méritos deportivos y son intocables tanto a la baja como al alza hasta que vencen sus compromisos contractuales.

Esto lleva directamente a una forma frontalmente distinta de entender la captación del talento.

▷ TOP 21 Deportes Universitarios de USA | Descúbrelos (2022)
Fiesta universitaria

— ¿POR QUE LOS DODGERS NO SON EL MADRID NI MESSI ES LEBRON? —

Pocos conocerán a Randy Livingston. Normal. En doce años de carrera profesional jugó en infinidad de equipos. Concretamente en catorce equipos. En alguno de ellos de manera testimonial. Fueron dos los partidos que jugó con los Golden State Warriors y cinco en los que defendió la camiseta de los Chicago Bulls. En los Idaho Stampede de la liga de desarrollo de la NBA llegó a militar en cinco diferentes ocasiones en un espacio de ocho años. Y sin embargo Randy Livingston es un jugador de baloncesto venerado allí donde nació.

Porque en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, Randy Livingston es una leyenda viva. Asistió al instituto Newman de su ciudad natal con cuyo equipo de baloncesto logró el título de mejor jugador de secundaria de Estados Unidos en 1992 y 1993. Después logró una beca deportiva que le permitía ir a cualquier universidad del país. Decidió quedarse en casa y estudiar en la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana. Que luego una lesión de rodilla cerciorase su carrera fue del todo inoperante. Randy Livingston es un icono de su comunidad.

Historia parecida es la de Herschel Walker. Nacido en Wrightswille, en el estado de Georgia, Walker compitió en el instituto de su pequeño pueblo donde logró la hazaña de guiar a su colegio a ganar el campeonato estatal de secundaria de fútbol americano en 1979. Al igual que Livingston, Herschel Walker decidió quedarse en casa y apostar por la Universidad de Georgia, donde también fue elegido mejor jugador del país y en 1981 ganó el campeonato universitario de Estados Unidos. Pero a diferencia de Livingston, Walker tuvo una carrera profesional fructífera que le llevó de Nueva Jersey a Dallas y de Dallas a Minneapolis, aunque jamás alcanzó los éxitos que logró como amateur en Georgia. Hoy Walker lucha por ser senador republicano por su Georgia natal.

Viajemos a Europa. Zlatan Ibrahimovic nació en Malmö, la ciudad más meridional de Suecia. De padre bosnio y madre croata, apenas jugó 40 partidos con el club sueco antes de firmar por el Ajax de Ámsterdam. Ahí inició una carrera antológica que le ha llevado a anotar más de 500 goles y a ganar títulos con algunos de los clubes más importantes del mundo, caso del FC Barcelona, el Manchester United, el PSG o las tres grandes escuadras italianas (Inter, Milan y Juve). Ibra es un dios del fútbol. Su carrera profesional es infinitamente superior a la de Walker o Livingston. Pero Ibra no es un dios en Suecia. Nunca ha tenido una actuación relevante con su selección. Es más. Ha renunciado sistemáticamente a defender la camiseta nacional y ha solicitado regresar cuando le ha convenido. Ni siquiera en Malmö es un ídolo. A la estatua de Ibrahimovic que daba la bienvenida a la ciudad de Malmö le fue amputada la nariz y fue tirada al suelo cuando Zlatan decidió entrar en el accionariado del Hammarby IF, club de Estocolmo y tradicional rival del equipo de Malmö. No, definitivamente Ibrahimovic no es un referente para su comunidad.

En Estados Unidos no existen las subvenciones estatales deportivas. Tan solo aportes económicos de la administración local. La economía del país obedece a la ley de la oferta y la demanda, y así funciona su sistema deportivo. Son los colegios los que tratan de captar talento en función de la disciplina, la productividad, el trabajo y el control. No se busca el modelo europeo de ‘fair play’ sino el modelo de excelencia. Ganar por encima de todo. A través de donaciones, publicidad y eventos financian los colegios su estructura académica. Del colegio se pasa al instituto (high school), donde se crea un vínculo con la sociedad. Esos deportistas llevan el nombre del instituto a lo largo del estado (o del país) y dan notoriedad a los mecenas que han llevado a esa institución al éxito.

Esos deportistas son captados por universidades que ofrecen becas deportivas para completar unos estudios que son prohibitivos para buena parte de los estadounidenses. A cambio, la universidad podrá obtener ingentes beneficios gracias a los ingresos televisivos, venta de mercadotecnia o control de derechos de imagen. Hay que tener en cuenta que los partidos universitarios reúnen a miles de espectadores en directo y a millones por televisión. Un entrenador universitario de fútbol americano o de baloncesto gana más dinero que el rector de la universidad.

Los más exitosos de estos atletas pasarán a la rueda del deporte profesional, mientras que la mayoría de ellos acabarán sus licenciaturas y entrarán en el mercado de trabajo. Suceda lo que suceda habrán formado parte de una comunidad. Quizás Michael Jordan sea el deportista más grande de todos los tiempos. Y lo es por sus hazañas con los Chicago Bulls, pero Jordan lo que es, es un ‘Tar Heel’ de la universidad de Carolina del Norte. Allí se formó como persona y como deportista. Fue allí donde decidió vivir una vez retirado y fue allí donde decidió invertir millones de dólares para comprar una franquicia de la NBA y no en el Chicago donde se convirtió en el hombre más famoso del mundo.

No sucede lo mismo en Europa. Aquí el deporte es diversión y formación. Está tutelado por los entes públicos, los cuales construyen los recintos deportivos. La idea es crear buenos hábitos, fomentar el compañerismo y desarrollar las capacidades psicomotrices de los niños. Salvo casos extraordinarios, solo cuando el niño se convierte en adolescente se empieza a pensar en su carrera profesional como deportista.

Y aquí estriba la gran diferencia. Ibrahimovic no jugó para un instituto ni para una universidad. Fue captado por un club privado quien lo formó en sus categorías inferiores y lo convirtió en profesional cuando consideró que estuvo preparado. No existió red de seguridad. Tuvo que escoger entre estudiar o dedicarse al fútbol. En Europa nadie es recordado por los goles que metió en la universidad. Simplemente porque esa opción no existe para el deportista de élite. Tomas el control de tu vida joven, seguramente excesivamente joven, y a cambio eres libre de decidir donde y para quien jugar. Quizás construyas un vínculo con una ciudad y su club de fútbol, pero lo normal es que no eches raíces ni edifiques vínculos e intentes labrarte una carrera de éxito por ti mismo sin tener en cuenta a tu comunidad.

Herschel Walker says he's been transparent about past violence - has he?
Herschel Walker

Lionel Messi nació en la ciudad argentina de Rosario y se formó en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Allí estuvo hasta los doce años, por lo que pocos tienen recuerdo de él. Es así porque las categorías inferiores fuera de Estados Unidos son objeto de divertimiento y recuerdo y solo en épocas recientes los datos y las estadísticas han tenido una razón de ser. Es el salto al profesionalismo lo que marca la diferencia en Europa. Es así que Messi se convirtió en profesional con el FC Barcelona a los 16 años. Es en Barcelona donde ha cosechado sus éxitos por todos conocidos y es en la Ciudad Condal donde se ha convertido en una figura imperecedera que traspasa los límites del deporte. Messi es argentino de corazón y de sentimiento y anhela ganar el Mundial con su país para sentirse querido y reconocido por los que lo vieron nacer. Pero por mucho que quiera y por mucho que lo desee Messi jamás será rosarino. Nunca será Maradona. Messi ha sido criado, modelado y tutelado por Can Barça. Messi es patrimonio catalán, a pesar de que nunca ha hablado catalán.

Lebron James nació en un barrio marginal de Akron, suburbio al sur de Cleveland. Estudió en el instituto católico de Saint Vicent y Saint Mary donde sus estadísticas fueron contabilizadas al milímetro y se convirtió en campeón nacional y mejor jugador del país. Declinó declinar formarse en una universidad y dio el salto al profesionalismo a través de los Cleveland Cavaliers. De inmediato se convirtió en el hombre del momento, aunque tuvo que marcharse a Miami para ganar su primer anillo de la NBA. En aquel instante se convirtió en un Judas, pero con el tiempo regresó a Cleveland para hacer campeones por vez primera a los Cavaliers. Hoy Lebron James es una de las pocas figuras deportivas que pueden hacer sombra a Leo Messi a nivel global, pero su impacto a nivel local es inimaginable para el bueno de Leo. Ha construido escuelas, orfanatos o museos en su ciudad natal y, sobre todo, se ha convertido en ejemplo y referente para la comunidad de Akron y de Cleveland, a la que siempre hace referencia en cada una de sus intervenciones públicas.

Al igual que en el caso de Lebron, es habitual que el deportista estadounidense devuelva parte de lo que le fue otorgado por su comunidad. Obviamente el sistema de bienestar europeo hace impensable que sea un mecenas quien tenga que construir una residencia de ancianos o una biblioteca. No solo eso. La existencia de un mecenas es criticable por cierta parte de la sociedad. La necesidad del mecenas en Estados Unidos es reflejo de un sistema social y económico opuesto. Pero en el caso que nos ocupa, la figura del mecenas deportista en Europa es difícil de ver debido a esa inexistencia de vínculos primigenios con la comunidad formativa.

🥇 [2022] *Lebron James: 5 enormes donaciones caritativas
Lebron King Caridad

El Real Madrid fue fundado en 1902. Camino de los 125 años de historia posee el palmarés más exitoso del fútbol mundial y en sus filas han militado alguno de los jugadores más famosos de todos los tiempos. Pero el Real Madrid podría estar un siglo sin ganar título alguno y su fama se mantendría inquebrantable. Su estadio es un museo en movimiento que se mantiene en el corazón de la ciudad desde tiempos pasados y su escudo y su camiseta apenas han sufrido pequeños cambios inapreciables para el aficionado medio. El club, aun profesionalizado y convertido en una empresa multinacional, sigue siendo propiedad de unos socios que con sus críticas y reproches pueden hacer cambiar el devenir de la entidad de una semana para otra. El Real Madrid es un club global, español, pero, sobre todo, es un club madrileño. No se entiende la ciudad de Madrid sin su Real.

Los Ángeles Dodgers son junto a los Yankees de Nueva York el club de béisbol más valioso del mundo. Son el buque insignia de una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y un área metropolitana de 20 millones. Han ganado siete veces las Series Mundiales y su estadio es el de mayor capacidad del país. Pero los Dodgers no son de Los Ángeles. No lo son porque no son un club, son una franquicia. Los Dodgers nacieron en 1883 en la otra punta del país, concretamente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Allí estuvieron hasta 1957, cuando el propietario decidió trasladar al equipo a California. Por el camino hay títulos en Brooklyn como en Los Ángeles, al igual que los Lakers de la NBA poseen entorchados en Minneapolis como en Los Ángeles. Nadie duda que los Dodgers son el equipo de L.A, pero ni su historia ni si cultura ni, quizás, su futuro, están en la ciudad que vio nacer a Hollywood.

La emoción es una pauta filogénicamente aprendida que se desencadena por un suceso intenso. La pertenencia, la identidad y la identificación con unos valores agravan ese sentimiento. En Europa ser de un club de fútbol es sinónimo de ser habitante de esa ciudad. Las rivalidades entre clubes crean resentimientos entre ciudades, aunque los odios solo ocupen el plano deportivo. Pertenecer a un equipo de fútbol es pertenecer a una secta religiosa con tradiciones centenarias. Implica formar parte de una tradición y un legado en el que por lo general el árbol genealógico ha tomado parte.

Descubre las peñas del Real Madrid | Real Madrid C.F.
De padres a hijos

“En Estados Unidos todo el mundo es de la opinión de que no tiene superiores sociales, ya que todos los hombres son iguales, pero no admitir que tiene inferiores sociales, ya que la doctrina de que todos los hombres son iguales sólo se aplica hacia arriba, y no hacia abajo”. Bertrand Russell.

“El ejemplo de Estados Unidos es absurdo. Si Estados Unidos estuviese en el centro de Europa no resistiría ni dos años la presión del resto de las monarquías”. Napoleón Bonaparte.

Otras reflexiones sobre el deporte

Los límites del ser humano (sobre los récords cometidos y los que están por venir)

La dignidad colectiva y el deportista dominante (¿por qué nos gusta Rafa Nadal?)

Fútbol postnacional (identidad, cultura y fútbol)

¿El deportista nace o se hace? (genes, trabajo y una pizca de suerte)

Expresiones del lenguaje deportivo (el vocabulario del deporte que llega a nuestro día a día)

La ambición de Europa (una historia sobre la expansión del deporte del Viejo Continente)

¡Daría la vida por mi equipo! (sudacas, negros, gabachos y moros pero todos visten mis colores)

Leer más

Lieja-Bastoña-Lieja. Guía de viaje

No es sino Lieja una pica en el corazón de Europa. Tierra de Carlomagno, el hombre que sacó a Europa de la penumbra e inició el sueño imposible de unir a francos y germanos en una sola nación. Es Lieja ciudad francófona por definición, pero orgullosa y tenaz de sentimiento teutón. Allí, anclada en un triángulo imposible de pasiones y nacionalidades, se encuentra Lieja, a orillas del caudaloso Mosa y a los pies de las Ardenas.

Es en Lieja, en 1892, donde nace ‘La Doyenne’ (La Decana) de las clásicas. La Lieja-Bastoña-Lieja es el más antiguo de los cinco monumentos que honran al ciclismo y el cuarto en orden cronológico tras Milán-San Remo (marzo), Flandes y Paris-Roubaix (ambos también en abril) y mucho antes del Giro de Lombardía que cierra la temporada a inicios de octubre.

Decimos Lieja correctamente porque es su nombre en francés. Lo de Liège en neerlandés conviene obviarlo en una ciudad que fue la primera población extranjera en obtener la Legión de Honor por su agónica resistencia en 1914 frente a las tropas del Kaiser. No solo eso. Cada 14 de julio Lieja reúne a miles de personas para entonar los acordes de La Marsellesa desde que Hitler posó sus sucias zarpas en la ciudad durante la II Guerra Mundial.

Bien que la Lieja-Bastoña-Lieja no tiene nada de francesa. ‘La Doyenne’ transcurre íntegramente por territorio belga y lo hace de forma capicúa, naciendo y muriendo en Bélgica tras un recorrido contrario a las agujas del reloj. Es un caso único, en una ciudad única. Lieja, capital del carbón, de los telescopios y de los gofres, ha sido paso de Tour, Giro y Vuelta con tan extraordinaria condición de no haber estado nunca ni en Francia, ni en Italia ni, por supuesto, en España. Quizás ese cosmopolitismo lo tenga al ser parada en el Camino de Santiago a pesar de estar a casi 2.000 kilómetros del sepulcro compostelano.

Decía que en 1892 tenía lugar la primera edición de la carrera. Como no fue gracias a la iniciativa periodística, en este caso de ‘L’Espresse’. La idea era recorrer la parte sur de Bélgica en bicicleta obviando el territorio norteño de Flandes. O lo que es lo mismo. Crear una competición por la parte francófona que pudiese rivalizar con el pujante norte neerlandés. La primera edición tuvo como inicio Spa, una ciudad balnearia hoy celebérrima por su circuito de carreras, mas pronto se ideó el trazado icónico de Lieja a Lieja con vuelta en Bastoña, porque permitía a los periodistas seguir la carrera en el mismo día alcanzando la línea ferroviaria.

Son unos 260 kilómetros por las Ardenas con un clima impredecible. Aunque todos los años los organizadores realizan una serie de cambios, sus líneas maestras se mantienen inalterables. Es la clásica de la lluvia y de los muros en la que la victoria se la lleva aquel que sabe cuándo y cómo tiene que apretar. El rey de la Lieja es el de siempre, el Caníbal, don Eddy Merckx con cinco triunfos. Le siguen Moreno Argentin y Alejandro Valverde con cuatro victorias. El murciano es el único que ha ganado tres veces en el mismo año (2006, 2015 y 2017) la Flecha Valona y Lieja por eso es considerado el Rey de las Ardenas. Aunque ninguna victoria será más recordada como la de Bernard Hinault en 1980 bajo la nieve siendo uno de los 21 supervivientes de entre los 174 participantes en una edición que pasó a la historia como ‘Niege-Bastogne-Niege’ (Nieve-Bastoña-Nieve).

Pedaladas de Historia: Lieja 1980: El orgullo de Hinault
1980. Niege-Bastogne-Niege

Si Roubaix es dureza y Flandes sentimiento, Lieja es historia y un placer para los sentidos. Tras empaparse de su agitada vida universitaria y embelecarse con su catedral gótica, los ciclistas ponen rumbo al sur por tierras valonas atravesando interminables pastos y amplios ríos. Cruzarán Chaudfontaine y una interminable ristra de pequeños pueblos con campanarios y extensos prados poblados de vacas. Tras subir la Cote de la Roche (apenas tres kilómetros al 6’2%) los ciclistas enfilan por largos caminos hasta llegar a Bastoña, a un paso de Luxemburgo y de la frontera con Francia. Hasta entonces van unos 100 suaves kilómetros de carrera a la falta de 160 más.

Es Bastoña el punto de inflexión de la carrera, porque es a partir de aquí donde se inicia la vuelta a Lieja y donde se pasa de un recorrido llano y sin sobresaltos a uno lleno de minas e imprevistos. Es Bastoña un cruce de caminos que se abre en árbol para ofrecer al transeúnte un mar de posibilidades tras sortear las Ardenas. Fue en Bastoña donde las tropas alemanas soltaron su último fogonazo en el invierno de 1944 ante la incredulidad estadounidense, que aseguró la victoria final a costa de dejarse más de 20.000 almas bajo el acero y la nieve.

A partir de Bastoña ‘La Doyenne’ muestra su verdadera cara. Regresa a casa sorteando las colinas de las Ardenas, un continuo zigzag con subidas y bajadas que destrozan las piernas de los ciclistas. Al igual que en la lejana Galicia, en las Ardenas no hay grandes picos, ni largas ascensiones, sino trampas, carreiros revirados, cunetas angostas y ondulaciones inhóspitas de difícil acceso. La primera de esas puñaladas es la Cote de Saint Roch, una tortura de poco más de 1.000 metros al 11,2%. Tras sortear el coqueto pueblo de Vielsalm (punto más alto del recorrido a tan solo 650 metros de altitud), comienzan a agolparse las subidas que, como dientes de sierra, se acumulan para separar el grano de la paja y decidir quién se jugará el triunfo. Uno de estos picos es Stockeu (1 km al 12,5%) llamado ‘cota Merckx’ por ser el lugar donde en 1971 el Caníbal soltó una dentellada a 92 kilómetros del fin y marcharse en solitario hasta lograr la victoria en un agónico final en el que casi le vencen en la línea de meta.

Otro de esos puntos en los que el ácido láctico hace su aparición es la Cote de Desnié pero antes el pelotón, o lo que quede de él, debe pasar por Spa. Es conveniente en esta guía de viaje detenerse en la ciudad balneario, origen de los lugares modernos de salud y ocio en los que el agua es el elemento primordial. Su casino, el más antiguo del mundo, y su coqueto centro histórico hacen de esta villa Patrimonio de la Humanidad.

Se llega entonces a ese punto donde la planificación y la previsión saltan por los aires. El momento en el que la astucia y el golpe de pedal superan a la condición física. El lugar en el que el ciclismo se vuelve agónico y bello a partes iguales. En la Lieja-Bastoña-Lieja ese lugar es la Cote de la Redoute, una serpenteante ascensión de 1.700 metros al 9,5% donde la pasión y el griterío se hacen un hueco entre los jadeos de los deportistas. El alto -cuya traducción es Alto del Reducto-, debe su nombre a una victoria de los republicanos franceses en 1794 ante las tropas del archiducado de Austria que querían vengar el corte de cabeza de María Antonieta. El antes lugar del triunfo bélico y hoy triunfo deportivo, está situado en el municipio de Sprimont, cerca de donde nació Philippe Gilbert, ganador en Lieja en 2011 y el único ciclista del siglo XXI que, de momento, ha logrado ganar en cuatro de los cinco monumentos.

Cota de La Redoute - Wikipedia, la enciclopedia libre
La Redoute

Desde aquí apenas 30 kilómetros faltan para la línea de meta. Si la carrera aún no está decidida aquellos que guarden fuerzas aun podrán atacar en la Cote de la Roche-aux-Faucons. Se trata de un mirador rodeado de roca caliza con excelentes vistas a 15 kilómetros de Lieja que fue introducido por vez primera en el recorrido en 2008 para dar más picante a la prueba. Tras ascender esos 1.300 metros al 11% comenzará un veloz descenso que llevará a los elegidos a Lieja.

Allí tendrá lugar la recepción final. En 2019 se recuperó la entrada triunfal con los vítores de los 200.000 pobladores de Lieja. Pero en los 90 y buena parte de este siglo en vez de admirar la calle Feronstree, los ciclistas se trasladaban a Ans, antes barrio obrero de mineros y hoy moderna ciudad dormitorio. Allí, en las afueras, otra pequeña trampa aguardaba a los valientes si tras 260 kilómetros aún queda alguno con ganas de fiesta. La subida a la iglesia de San Nicolás era bella, pero tras un paso por polígonos que no eran del gusto del televidente.

‘La Doyenne’ marca el punto final de las clásicas del norte. Mayo es el mes del Giro, luego vendrá el Tour y más tarde la Vuelta. Por el camino habrá pruebas de un día y lejos en el otoño el Giro de Lombardía. Pero con ‘La Doyenne’ se acaba la temporada del frio, la lluvia y el ciclismo clásico. El ciclismo del norte de Francia y de Bélgica. El de la épica, el relinchar de dientes y la fiesta dominical. El de la esencia y la tradición. El del barro, el verde y la pureza.

104° Lieja-Bastoña-Lieja: historia, curiosidades y estadísticas – Ciclismo  Internacional
Lieja

“Los ciclistas que ganan en Lieja son fondistas, hombres con un nivel superior de resistencia. La subida de la Redoute hay que abordarla con ritmo, llega después de 220 o 230 kilómetros y no hay que ser un genio para darse cuenta lo duro que es. Muchos ciclistas piensan que debes atacar en la parte más empinada, pero en realidad destrozas a los rivales en el llano que va inmediatamente después”. Moreno Argentin, vencedor en Lieja en 1985, 1986, 1987 y 1991.

Otras guías de viaje ciclistas

Propuesta de un Tour por Europa (un viaje por el viejo continente a golpe de pedal)

Milán- San Remo (un viaje que se inicia en invierno y acaba en primavera)

Tour de Flandes (pasión y hooliganismo en la tierra del ciclismo)

Paris- Roubaix (la clásica de los adoquines)

Giro de Lombardía (una degustación para los sentidos en la clásica de las hojas muertas)

Leer más