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Los mejores partidos de la historia: Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Camino del título de la Copa de Europa de 1970 los neerlandeses del Feyenoord ganaron 2-12 en Reykjavik al KR. Sigue siendo la mayor goleada en el torneo de los torneos. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Han sido muchos los partidos que han se han quedado fuera del tintero. El que más me ha costado dejar fuera es el PSG 5-0 Internazionale de la final de la Copa de Europa de 2025. Y lo he dejado fuera por ese motivo. Es 2025. Aún no sabemos si es el inicio de una era. Es muy probable que si rehiciese esta lista dentro de un lustro o de una década dicho encuentro se colase entre los diez primeros. Seguro. Hablamos de la mayor goleada en la historia de las finales de la Copa de Europa. Palabras mayores. Un ejercicio de superioridad y de perfección ejecutado por Luis Enrique (único técnico en firmar triplete con dos equipos diferentes). Unos mecanismos en la salida de balón, en la permuta de posiciones y en la fluidez del juego insuperables. Una obra maestra desde el primer minuto hasta el último, tanto en juego de posesión como en contraataque, liderados por Achraf (un lateral como alma de delantero), Vitinha (un libro abierto en el centro del campo) y Dembelé (quién lideraba la presión aún con el PSG venciendo por 4-0). Sólo el paso del tiempo nos dirá si lo del PSG fue algo circunstancial o el inicio de un gigante. Si de gigante hablamos, sin lugar a dudas éste 5-0 pasará a formar parte de las más grandes palizas de todos los tiempos.

Oh lá lá!

También me ha costado dejar fuera de la clasificación los partidos que han llevado el sello FC Barcelona. Por lo escandaloso e histórico del resultado he incluido en la lista el 6-1 del Barça al PSG, mas, lo cierto, es que aquel revolcón no fue el inicio de ningún título. Sin embargo, el Barça de Cruyff sí que logró títulos, entre ellos la ansiada Copa de Europa. Quizás el partido más perfecto de aquella generación fue la vuelta de dieciseisavos de final de la edición 1993/94. Tocaba remontar un 3-1 de la ida frente al Dinamo de Kiev y se hizo al vencer por 4-1. Eso fue lo de menos. El Barça disparó cada tres minutos, hubo tres lanzamientos a los postes y un gol anulado. Fue el rondo perfecto. La sinfonía del 3-4-3 diseñado por Johan Cruyff.

El Barça de Guardiola sumó más títulos, tuvo más regularidad y también más victorias avasalladoras que el de Cruyff. En buena parte gracias a Leo Messi. En 2012 La Pulga masacró al Bayer Leverkusen en octavos de final con cinco tantos para un 7-1 definitivo. Antes, en 2010, una exhibición coral del Barça formando con Messi como falso nueve, Iniesta haciendo croquetas y con un 4-6-0 en el que todos los mediocampistas pisaban el área contraria, los azulgranas humillaron al Arsenal (que no tiró a puerta en todo el partido -el gol fue de Busquets en propia puerta-) con un 3-1 en el que Leo finalizó la exhibición con una caricia al balón por encima de Almunia. Esférico que, aún hoy, sigue flotando en algún lugar del Camp Nou. Pero la exhibición por antonomasia de aquel equipo fue el 3-1 al Manchester United en la final de la Copa de Europa de 2011. No fue el resultado, fue la sensación de impotencia de todo un United sabedores de una clamorosa inferioridad. Alex Ferguson y Wayne Rooney, entrenador y estrella del glorioso conjunto inglés, acabaron pidiendo al Barça que aflojaran el ritmo a falta de varios minutos para el final.

El Barça también forma parte de otro partido que se ha quedado en el tintero. En este caso es una derrota (4-0), la sufrida en Anfield Road ante el Liverpool FC en semifinales de 2019. Sin Firmino y sin Salah todo parecía favorecer al Barça y lo cierto es que los catalanes controlaron la primera parte, pero en los siguientes 45 minutos un huracán arrolló al Barça con dos goles en 122 segundos y un estadio empujando a base de cánticos. Su eterno rival tampoco se libra de la desgracia. Y otra vez otra tarde de rock and roll de Jürgen Klopp tuvo la culpa. El Dortmund masacró al Real Madrid (4-0) en semifinales de Copa de Europa de 2013 con un póker de goles de Robert Lewandowski y una lección táctica de un entonces semidesconocido Klopp que tumbó al precavido de Mourinho. Paliza también recibió el Bayern ante el Ajax (5-2) en las semifinales de 1995. Seedorf, Kanu, Litmanen u Overmars se convirtieron en dignos sucesores del gran Ajax de los 70 incorporando al clásico fútbol neerlandés de posesión una presión a todo campo implantada por Van Gaal. Como un pistón engrasado, los diez jugadores de campo atacaban y defendían con los mismos acordes y dieron el pase a una final que el Ajax convertiría en título frente al gran AC Milan.

Para finalizar un par de 3-0 en competiciones de segundo rango. En 1986 el Dinamo de Kiev goleó al Atlético en la final de la Recopa. Aquel partido le valió a Igor Belanov el Balón de Oro. Por su parte, en 1998 el Internazionale venció a la Lazio en la final de la Copa de la UEFA. Ese día el Inter hizo uno de los mayores ejemplos jamás vistos en la historia del contraataque. Una exhibición de pases en largo, salidas en carrera y recepciones al primer toque coronados por el no-regate de rodillas de Ronaldo Nazario ante la salida de Luca Marchegiani.

Todo ellos quedaron fuera de la lista. Todos ellos grandes partidos. Sólo hay sitio para diez. Todos encuentros legendarios que abarcan un arco temporal de seis décadas y en el que hay sitio para las grandes escuadras de todos los tiempos:

10. Benfica 2-5 Santos (Copa Intercontinental 1962): Pelé vs Eusebio. Con Di Stéfano en la cuesta abajo de su carrera, tocaba elegir al nuevo ungido por los dioses. En la ida el Santos gana por 3-2 con doblete de O Rei. La vuelta es en Lisboa. El Benfica es doble campeón europeo. Ha derrotado a Barça y a Madrid. Los portugueses son favoritos, pero no hubo atisbo alguno de gesta. Los primeros veinte minutos fueron un baño brasileño. Pelé hizo lo que le dio la real gana y anotó dos tantos para firmar un 0-2 al descanso. Tras la reanudación, Pelé danza por el campo como una bailarina del Bolshoi y deja el esférico manso para que Coutinho marque el tercero. Quedaba el cuarto. Pelé regatea a un rival y le hace un caño a Coluna, quizás el mejor mediocentro del mundo en esos momentos, para firmar con tranquilidad el 0-4. Era el minuto 64 y los más de 100.000 presentes en el estadio Da Luz no dudaron en ponerse en pie y aplaudir al rey de reyes. Luego habría tiempo para que Eusebio sacase sus garras y maquillase el marcador y para que Pelé le regalase el quinto a Pepe tras sortear a varios portugueses. Era octubre de 1962. Tres meses atrás Brasil había ganado el Mundial a pesar de la ausencia de Pelé lesionado en el primer partido. Se dudaba de su reinado. Ya no. Aquella exhibición en Portugal quedaría para los anales de la historia del fútbol.

O Rei

9. Borussia Mönchengladbach 7-1 Internazionale (octavos Copa de Europa 1972): No busquen el partido en Youtube. Legalmente no existió. El partido iba 2-1 a favor de los teutones cuando corría el minuto 29. En ese momento una lata de Coca-Cola lanzada desde la grada impactó en Roberto Boninsegna. Conmocionado, el delantero italiano tuvo que ser substituido mientras el partido se paraba unos minutos ante las continuas protestas de la delegación del Inter. Tras la reanudación sólo hubo un equipo en el campo. Y ese fue el Gladbach. Con un juego colectivo primoroso, donde la presión alta y el fútbol al primer toque cautivaba al espectador, el Gladbach apabulló al Inter. Con Netzer como director de orquesta y Heynckes como finalizador, los germanos firmaron un 5-1 al descanso. En el intermedio Invernizzi, técnico transalpino, cambió de portero enfadado por la actuación del guardameta titular. Fueron fuegos de artificio. Cayeron un par de tantos más y el Gladbach ganó por 7-1. Fueron cuatro Ligas, dos UEFAS y un subcampeonato de Copa de Europa para el Gladbach en una década. Solapados por los éxitos del Bayern, el Gladbach quedó en segundo plano, pero su fútbol fantasioso sólo fue igualado esos años por el Saint Ettiène y superado por el Ajax. Para el Inter fue el acta de defunción tras años gloriosos de catenaccio. Lo curioso es que el Inter pasaría la eliminatoria, dado que la UEFA mandó repetir el partido. En Italia había ganado el Inter 4-2 y en el partido jugado de segundas (en Berlín, dado que se mandó clausurar el estadio del Gladbach) hubo empate sin goles a pesar de la más de docena de claras ocasiones de los germanos. El catenaccio, esta vez sí, había dado su última alegría.

El trueno de Netzer

8. FC Barcelona 6-1 PSG (octavos Copa de Europa 2017): En el gran Barça de Guardiola abundan los partidos de dominio absoluto. Iniesta, Xavi y Messi. Esa era la trilogía. Luego vino una reformulación de la mano de Luis Enrique. Menos vals y más rock and roll. Neymar, Luis Suárez y Messi. Y el caso es que fue en 2017, ya en la cuesta abajo de la sinfonía azulgrana y en un año que acabaría con una humillante derrota ante la Juventus, cuando tuvo lugar el gran partido del Barça que, visto con el paso del tiempo, también sería el último gran partido que cerraba un círculo iniciado en 2009. En la ida, el PSG había masacrado al Barça por 4-0. Ese día se consideró la jubilación de Sergio Busquets. No fue así. En absoluto. El partido de vuelta lo tuvo todo. Fue acaso un torrente azulgrana desde los primeros instantes y el 2-0 de la primera parte se tornaba muy corto. Un penalti ponía el 3-0 en el marcador, pero entonces Unai Emery, técnico del PSG, decidió abandonar su planteamiento ultradefensivo y los franceses recortaban distancias. El Barça se fue con todo arriba y tuvo decenas de aproximaciones, pero fue el PSG el que pudo incluso anotar un tanto más. Nadie hizo gol y con 3-1 en el minuto 88 era más que suficiente. El Barça necesitaba tres tantos. Un lanzamiento de falta de Neymar ponía entonces el 4-1 y dos minutos después el propio Neymar, tras penalti muy discutido a Luis Suárez, ponía el 5-1 que seguía siendo inválido. Con cinco minutos de añadido, Sergi Roberto anotaba el tanto del milagro. Fueron tres goles en siete minutos. Según los sismógrafos, el gol de Sergi Roberto provocó un terremoto de escala 1 a 500 metros del Camp Nou. La remontada tuvo un héroe inesperado (Sergi Roberto), una imagen para la historia (Messi puño en alto encaramado en una valla rodeado de aficionados) y un ídolo no valorado (Neymar). Ney fue el amo de la remontada, pero, eclipsado nuevamente por Messi, comprendió que para gobernar tenía que marcharse de Barcelona. Lo hizo, precisamente, al PSG. Allí fue dueño y señor durante un año, justo antes de dedicarse a todo menos a jugar al fútbol.

Éxtasis azulgrana

7 Juventus 0-3 Real Madrid (cuartos Copa de Europa 2018): La trilogía fascinante de Zidane como técnico blanco cuenta con varios partidos para el recuerdo. Ya con Ancelotti en el banquillo el Madrid le había dado una voltereta al FC Bayern (0-4), pero sería la Juve la que más tendría que lamentar sus enfrentamientos contra el ogro blanco. En 2017 un Modric imperial dirigió una sinfonía de buen juego que le daría al Madrid la segunda Copa de Europa consecutiva al pasar por encima de los italianos (4-1). Pero se veía venir. El Madrid era entonces imbatible. No era así en 2018. Los blancos deambulaban en la Liga y eran acusados de viejos. La Juve tenía ganas de revancha. Tres minutos duraron los ánimos de vendetta. Fue el tiempo que necesitó Marcelo para correr la banda, dejársela a Isco y que el malagueño con su desmarque habilitase a Cristiano Ronaldo y éste firmase con un latigazo el 0-1. Kroos la mandó al larguero y luego la Juve se revolvió herida para que Ramos ejerciese de mariscal y Keylor volase cual gato. Tras el descanso llegó el prodigio. Cristiano robó la pelota y la pasó atrás para Lucas Vázquez. El remate del gallego lo paró Buffon, pero el balón acabó en Carvajal que centró al área. Allí andaba Cristiano, otra vez, para elevarse al cielo de Turín y rematar de chilena lejos del alcance de Gianluigi Buffon. Zidane se llevaría las manos a la cabeza para luego afirmar que sentía celos de CR7. Los 45.000 presentes se levantaron de sus asientos y aplaudieron al mito. Buffon afirmaba con la cabeza y levantaba el dedo en honor al portugués. El partido fue ya un asunto secundario, aunque el Madrid lo cerraría con un 0-3. En la vuelta, por cierto, la Juve demostró su categoría al remontar el 0-3, aunque un tanto de penalti de Cristiano en el 97 daba el pase al Madrid camino de la tercera Copa de Europa seguida. Ya se sabe que para los blancos sin polémica y sin sufrimiento no existe la gloria.

Maravilla de Cristiano

6 AC Milan 4-0 FC Barcelona (final Copa de Europa 1994): El Barça iba sobrado. Cuatro días antes había ganado la Liga tras el fallo de un penalti del deportivista Djukic en el último minuto del último partido de la temporada. Eran cuatro ligas consecutivas y tres de ellas ganadas en el instante definitivo. El equipo era excelso, jugaba como los ángeles y había añadido a Romario, el mejor delantero del planeta. En el AC Milan ya no estaban Gullit ni Van Basten, pero Fabio Capello había convertido al equipo rocoso y creativo de Sacchi en uno únicamente rocoso, eso sí, mucho más efectivo. El Barça comenzó el partido manejando la posesión fiel a su estilo, pero el Milan adelantó líneas y realizó una presión asfixiante comandada por la exuberancia física de Desailly y las órdenes desde la zaga de Paolo Maldini. Daniele Massaro se aprovechó de la presión ejercida por sus compañeros para anotar dos tantos antes del descanso. Luego Cruyff cambió el 4-3-3 por un 3-4-3 y el Milan vio como el Mar Rojo se abría bajo sus pies. Un contraataque finalizado por Savicevic ponía el 3-0 y otro era rematado por Desailly quien rubricaba el 4-0. Faltaba media hora para el final del choque. No hubo más partido. El Milan ganaba su tercera Copa de Europa en seis años y aun ganaría un par de ellas más en la siguiente década. Para el Barça fue el final de una era. Zubizarreta, Julio Salinas, Goikoetxea, Laudrup y Romario dejaron el club. Un año después lo haría Johan Cruyff, enfrentado a la directiva presidida por José Luís Núñez. El Barça volvería a ganar, pero tardaría más de una década en recuperar lo que se dio en llamar el ADN Barça, destrozado aquella noche veraniega en el Olímpico de Atenas por el catenaccio italiano.

El fin del Dream Team

5 SL Benfica 1-5 Manchester United (cuartos Copa de Europa 1966): Dos años antes el Sporting de Lisboa le había metido un 5-0 al imberbe United en la Recopa. ¿Qué podrían hacer entonces ante el gran Benfica? Germano, Coluna y el gran Eusebio. Actuales subcampeonas europeos y la base del gran equipo portugués que deslumbrara en el Mundial de meses atrás. Matt Busby, técnico inglés, ordenó a sus muchachos esperar atrás en la primera mitad y aguantar el resultado, para en la segunda parte desplegar un fútbol más ofensivo. Bobby Charlton confesaría, más tarde, que nunca había escuchado a Busby decirles algo así antes de un encuentro. Bobby Charlton, fiel, estaba dispuesto a obedecer. Denis Law, respetable, también acataría órdenes. George Best en absoluto. Best salió como un ciclón. Cada vez que recibía el balón encaraba sin mirar atrás. A los doce minutos ya había marcado un par de goles. 180 segundos después daba el pase del tercero. Fin del partido. El marcador final sería un 1-5 con un último tanto de Charlton regateando dentro del área al arquero Costa Pereira. Aquella noche el mundo conoció a George Best, un norirlandés de apenas 20 años llamado a comerse el mundo. Dos años después ganaría la Copa de Europa y el Balón de Oro. A los 28 años ya era un ex futbolista. Como el denominado Quinto Beatle afirmaría: “Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”.

El nacimiento del Quinto Beatle

4 Real Madrid 7-3 Eintracht Frankfurt (final Copa de Europa 1960): Ya no estaban Kopa ni Rial. Di Stéfano tenía 34 años y Puskás 33 primaveras. Pero el Real Madrid seguía siendo el Real Madrid. Aquella final sería el fin de fiesta. La quinta Copa de Europa consecutiva. El rival era el Eintracht de Frankfurt. Había 127.000 espectadores en Hampden Park (y muchos más que no pagaron entrada) un récord en la historia del fútbol. Al acabar el partido el Real Madrid regaló a cada jugador alemán un reloj que hoy valdría 600 euros. El Eintracht regaló a los jugadores españoles un banderín conmemorativo valorado en unos 20 euros. Y con todo el Eintracht salió presionando. A los diez minutos se pusieron por delante y tuvieron varias ocasiones para aumentar en dos tantos la diferencia. Y ahí se acabó el tema. Una vez que no pudieron aguantar el esfuerzo físico, los teutones se fueron hundiendo y el Real Madrid poco a poco pasó a dominar el partido. Un par de conexiones entre Puskás y Di Stéfano acaba con dos tantos del argentino a la media hora de juego. En la segunda parte el Real Madrid fue un huracán. Serían siete goles en total; cuatro de Puskás (récord de una final y que se antoja imposible de batir) y tres de Di Stéfano. Luego el Eintracht maquillaría el resultado. Y con todo el resultado fue lo de menos. Fue una sinfonía blanca. El partido fue de los primeros retransmitidos en directo por buena parte de Europa. Pocos habían visto por televisión a los magos blancos. Pases en profundidad, controles tras cambios de juego a cuarenta metros, rabonas, taconazos…aquello era precioso. Los balones en largo de Santamaría, los controles de Di Stéfano o la pegada de Puskás impactaban, pero el más llamativo de todos era el callado y humilde Paco Gento. Sus carreras, frenadas y cambios de ritmo enloquecían al público. El encuentro fue calificado como ‘partido del siglo’ por la BBC británica y sería emitido en diferido durante varios años con motivo de las fiestas navideñas.

La Quinta consecutiva

3 Ajax 4-0 Bayern (cuartos Copa de Europa 1973): En la final de 1972 el Ajax había bailado al Inter, pero lo que ocurrió un año después fue aun de mayor calado. Era el último año de Johan Cruyff en el Ajax y sus problemas con la directiva y con algunos de sus compañeros eran más que frecuentes. El Bayern venía como un tiro con el trío Maier, Beckenbauer, Müller en plena madurez. Se intuía un cambio de ciclo. Nada más lejos de la realidad. Rinus Michels había dejado el banquillo ajacied para firmar por el Barça. Daba igual el cambio de entrenador. El barón del fútbol total era Cruyff. Partiendo como extremo izquierdo, Cruyff amagaba con irse a la punta de ataque para que Beckenbauer saliese de la cueva y en la siguiente jugada ordenaba a Neeskens que subiese al área para él dirigir el juego desde el centro del campo. En los primeros 15 minutos el Bayern no sale de su campo. Literal. El Ajax dominaba el balón, pero también presionaba, y mucho, en una época donde el fuelle físico aún era secundario en la mayor parte de los equipos. No sólo eso. El Ajax adelanta líneas y todos los pases en largo de Beckenbauer acaban en fuera de juego teutón. Con todo, la primera mitad acaba en un milagroso 0-0. En la segunda parte el Ajax sale furioso y cambia el toque por los lanzamientos desde fuera del área. Serían dos goles de Arie Hann, otro de Mühren y un gol en el descuento de Cruyff que ponía el 4-0 definitivo. Seep Maier, quien falló clamorosamente en el primer tanto y pudo hacer más en el tercero, meditó la retirada tras el baño sufrido. Felizmente no sería así y sumaría como guardameta del Bayern las siguientes tres Copas de Europa. Antes, el Ajax, tras machacar al Bayern y hacer lo propio con Real Madrid y Juventus, sumaria la tercera consecutiva en la enésima exhibición del futbol total.

Y Cruyff arrolló al Káiser

2 AC Milan 5-0 Real Madrid (semifinales Copa de Europa 1989): Fichado Schuster, con Butragueño y compañía en su mejor momento, el Madrid había echado en cuartos al PSV vengando la derrota del año anterior. 1989. Ese era el año para el Madrid. En el Bernabéu, en la ida, un gol impresionante de Marco Van Basten ponía el 1-1 final. Los blancos cayeron más de veinte veces en fuera de juego gracias al cerebro de Arrigo Sacchi y al buen hacer de Franco Baresi. En la vuelta el Madrid sufrió la mayor humillación de su larga y gloriosa historia. Ancelotti, Rijkaard y Gullit marcaron tres tantos en la primera mitad. El Milan dominaba y el Madrid atacaba por las bandas, pero cualquier balón perdido por el Madrid era cazado por un Milan que con cuatro o cinco pases perfectos se plantaba en el corazón del área blanca. El Madrid nunca antes se vio tan impotente. Todas las líneas de pase interiores eran cazadas por Rijkaard y todas las subidas por banda por Tasotti o Maldini. Después Baresi levantaba la mano y tocaba el fuera de juego y arriba Gullit se movía a su antojo volviendo loco a Sanchís. ¿Van Basten? Hacía lo que quería tanto de cara como de espaldas. Aquel Milan atacaba defendiendo. Schuster prácticamente no tocó balón. Van Basten anotaba el cuarto y, con todo San Siro pidiendo el quinto, Roberto Donadoni firmaba la manita cuando aún faltaba cerca de media hora para el final del encuentro. Si los italianos hubiesen querido habría sido un 7-0 o un 8-0. En los siguientes dos años el Milan se convirtió en una máquina perfecta que avanzaba un juego moderno donde el físico y el primer toque tendrían preponderancia frente al regate o la velocidad.

Chorreo rossonero

1 Bayern 8-2 FC Barcelona (cuartos Copa de Europa 2020): Por culpa del Covid aquella edición de la Copa de Europa pasó a disputarse en agosto en una burbuja aislada de aficionados en Lisboa. Cuartos y semifinales en campo neutral y a partido único. No había pronostico claro. Todo era confuso. Pero lo cierto es que el Barça estaba de vuelta de todo y su técnico, Quique Setién, llegaría a declarar que estaba más a gusto llevando a pastar a unas vacas que entrenando a Messi y compañía. Se adelantaron los germanos, pero rápidamente empató el Barça. Entonces hubo dos ocasiones claras de los azulgranas que fueron atajadas por Neuer en primera instancia y por el poste en el segundo intento. Ahí se acabó el encuentro para el Barça. En un plazo de diez minutos, tras un par de errores groseros azulgranas, el Bayern anotó tres tantos. 4-1 en el minuto 31. Se podía pensar que había tiempo y que el Barça se levantaría del suelo, pero el bajón anímico pocas veces antes fue visto en una eliminatoria de fútbol de primer nivel. El Bayern tocaba y tocaba en el centro del campo mientras los jugadores del Barça no hacían amago alguno por intentar robar el balón. Un rondo gigantesco del Bayern que se agravó en los últimos diez minutos con los tres últimos tantos del Bayern, los dos finales anotados por Coutinho, futbolista cedido por el Barça al Bayern meses atrás. 8-2. Lo nunca visto. La peor derrota azulgrana en 69 años. Fue el fin de Rakitic o de Luis Suárez, pero Messi, quien pidió salir, alargaría su carrera en el Barça hipotecando económicamente a corto y medio plazo al club de sus amores. El Bayern ganaría el triplete y firmaría una inmaculada edición de la Copa de Europa ganando todos y cada uno de los partidos. 11 de 11. Hazaña poco recordada por culpa de la maldita pandemia.

La destrucción del Barça

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El fútbol. Lo más importante de lo menos importante. Dicen que los jóvenes le dan la espalda. Sin salir del teléfono hay cientos de entretenimientos que compiten con el fútbol. Es cierto. Noventa minutos son demasiados para mentes que viven enclaustradas en la inmediatez, para cerebros que son incapaces de prestar atención más allá de sesenta segundos. La letra ha dado paso a la imagen. El oído ha dejado su sitio a la vista. Los nueve minutos de November Rain, los ocho de Stairway to Heaven o los siete de Hey Jude han dejado paso a los menos de 180 segundos de Rosalía, Dua Lipa, Shawn Mendes, Taylor Swift y compañía. Y es cierto. 90 minutos (unos 105 con VAR y pausas de hidratación varias) son muchos. Pero la magia del fútbol es inigualable. Cuando la gente se conecta con un partido no lo hace para entretenerse, sino para emocionarse.

Emoción. En eso el fútbol no tiene parangón. Deporte de reglas simples, dos porterías a lo largo, un juez (el cura), una eira y once personas que no tienen necesidad de mostrar grandes condiciones físicas. Hace apenas dos siglos las relaciones culturales entre individuos se adscribían al ámbito local. ¿Dos siglos? Realmente se podría reducir este periodo hasta hace apenas siete décadas, porque si bien es cierto que la revolución de los transportes benefició el movimiento en la sociedad urbana y capitalista occidental, la inmensa mayoría del orbe (incluida la población campesina y obrera de Europa) seguía relacionándose con sus vecinos y con villas limítrofes. La vida de un ser humano tipo transcurría en el mismo sitio en el que nacía.

Pero fue a inicios del siglo XIX cuando el asentamiento del Estado-Nación desarrolló una organización política basada en la centralización administrativa, fiscal y ejecutiva, fomentando el beneficio del ciudadano y, a su vez, promoviendo la concienciación del mismo con el Estado a través de la educación de masas. El despliegue del sistema posibilitó la difusión de una identidad y cultura nacionales. El fútbol, primero entre aldeas, barrios o villas, y después entre ciudades y naciones, sirvió, y sirve, para exponer las propias identidades y las supuestas fortalezas en una especie de lucha imaginaria.

Para llevar a cabo esta simbiosis, los Estado-Nación hicieron uso de los medios de comunicación. La radio y la televisión (especialmente esta última) se convirtieron en básicos para trasladar los éxitos nacionales a los ciudadanos. Los medios se encargaron de mitificar a los deportistas a través de un discurso épico en el que a menudo se utilizaban adjetivos y comparaciones frecuentes con los hechos gloriosos de la nación y en el que el lenguaje bélico formaba parte de la rutina diaria.

¿Qué implica esto para la sociedad? Todo.

El fútbol se ha dotado de estructuras asociacionistas tan férreas que lo han convertido en la base del sentimiento de pertenencia a una ciudad (club) o a un país (selección nacional). Con el tiempo miles de niños africanos, latinoamericanos o asiáticos se han transformado en futuros futbolistas con educación europea. Sólo el fútbol es capaz de convertir esa invasión en una asimilación. El fútbol es al siglo XX y al XXI lo que las calzadas, los acueductos y las termas eran al siglo I y al II.

Integración sin acueductos

¿Cuántos partidos se han jugado en la historia del futbol? Se tornan al infinito. Anónimos y públicos, soporíferos y espectaculares, bajo lluvia torrencial o soportando una canícula asfixiante, en una mañana siberiana o en un atardecer sudafricano. Unos se han jugado, otros se han vivido, otros se han visto, la gran mayoría se han leído y muchos otros se han imaginado. Y aquí, el que escribe, ha decidido clasificar los más grandes partidos de la historia. Una locura. Una bendita locura. Mas como dijo Edgar Allan Poe, la ciencia todavía no ha demostrado si la locura es o no es la más sublime de la inteligencia.

Para hacer clasificable lo inclasificable he echado manos de otros que elevaron esta locura a una bendita realidad. Son Marca y Panenka (España), So Foot (Francia), Four Four Two (Inglaterra), Freunde (Alemania), Undici (Italia), así como del canal de Youtube de Julio Maldonado, el experto en fútbol internacional conocidos por todos como Maldini. Todos ellos coinciden en un puñado de partidos que no admiten discusión como los más grandes de la historia. Luego ya hay distinciones que van al criterio del escribidor.

Y es que, si en otras ocasiones he manifestado que la objetividad es clave para los criterios de selección, hay que constatar que en esta ocasión es hartamente complicado. Lo es tanto que estoy convencido de que si hiciese esta misma clasificación dentro de un par de años algún que otro partido cambiaría de posición. No tengo ninguna duda. Me ha resultado tan difícil que donde al principio tenía 10 en mente, he tenido que ampliar a 20, más tarde a 30 y finalmente me he quedado en 40. ¡Y los que se han quedado en el tintero!

Las cribas han sido muchas. En primer lugar, sólo he seleccionado encuentros de carácter internacional, bien fuesen de clubes o de selecciones. Así pues, todo choque copero o de competición liguera ha quedado descartado. Es imposible, ¡IMPOSIBLE! poder analizar partidos de ligas de todo el mundo en un periodo de más de 100 años. Es inabarcable en el espacio-tiempo. Así partidos legendarios como el 2-6 del Barça al Madrid en el Bernabéu con Messi ejerciendo de falso ‘9’ queda fuera de la lista. También el 3-2 del City con gol de Agüero en el minuto 93 al QPR que le dio el primer título de la Premier de la historia a los citizens. Queda fuera también el catalogado como el mejor partido de la historia de la liga inglesa en el que el West Bromwich Albion venció por 3-5 al United con una actuación legendaria de Laurie Cunningham. También un Schalke 6-6 Bayern de la copa alemana de 1984, un Reading 5-7 Arsenal de 2012 en Copa de la Liga en el que los gunners perdían 4-0 en el medio tiempo, un Juventus 1-7 AC Milan de 1950 (primer partido televisado de la historia en Italia) o el mítico Valencia CF 6-3 Athletic copero de 1950, en el cual los vascos anotaron un gol salvador en la tercera prórroga para dar por válido el 5-1 de la ida en San Mamés. En la Copa del Rey, que a fin de cuentas es la más conocida por el que escribe, se han vivido momentos inexplicables como la victoria del RC Deportivo ante el Real Madrid (1-2) el día del Centenario del club blanco o una increíble remontada del Barça ante el Atlético en 1997, encuentro en el que los rojiblancos ganaban al descanso por 0-4 con póker de tantos de Milinko Pantic y acabarían perdiendo por 5-4 con triplete de Ronaldo.

En los torneos continentales se ha primado Europa y dentro de Europa la Copa de Europa desde que a mediados de los 90 se aprobase la Ley Bosman. Todo el gran fútbol, el de mayor nivel, el de los mejores jugadores y entrenadores, tiene lugar en el Viejo Continente desde entonces. Y desde que la Copa de Europa pase a renombrarse como Liga de Campeones y se convierta en una competición cerrada de facto, todo lo que tiene que suceder ha de suceder bajo el paraguas de la orejona. Por supuesto se descartan rondas previas y se prima los momentos decisivos de las fases eliminatorias. No obstante, como observaremos, siempre hay excepciones que confirman la regla.

Toda esta vorágine me ha dado para hacer cuatro clasificaciones distintas que explicaré en las siguientes cuatro semanas. Son la siguientes:

Los 10 mejores partidos de clubes épicos de todos los tiempos.

Los 10 mejores partidos de selecciones épicos de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos.

En las siguientes cuatro semanas, en dosis de diez en diez, tendremos los que yo considero (a fecha actual) como los mejores 40 partidos de la historia.

¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Vamos pues con la primera de todas estas clasificaciones:

LOS 10 MEJORES PARTIDOS DE CLUBES ÉPICOS DE TODOS LOS TIEMPOS

Tras mucho rebuscar he seleccionado diez partidos épicos. Alguno ha quedado fuera de esta lista con todo el dolor de mi corazón. Otro (el del Dépor) creo que ha entrado en la lista precisamente por mi corazón. La criba final constaba de 18 partidos, por lo que creo justo y necesario nombrar los ocho que han quedado fuera de la clasificación por el bigotillo de un grillo.

Dos de estos encuentros son luctuosos. En 1949 el SL Benfica y el Torino FC (4-3) se enfrentaron en un precioso duelo en Lisboa. Il Grande Torino era entonces el mejor equipo de Europa. Diez de sus once componentes eran titulares en la selección italiana. El avión que los traía de vuelta a Turín se estrelló en una ladera adyacente a la Basílica de Superga acabando con aquel legendario equipo. Igual infortunio sufrió el Manchester United tras empatar (3-3) en Belgrado ante el Estrella Roja en cuartos de la Copa de Europa de 1958. Los ingleses se clasificaron, pero Duncan Edwards y varios de sus compañeros perecieron en un accidente aéreo en Múnich donde hacían escala camino de Inglaterra. Bobby Charlton sobrevivió al destino y presenciaría, ya anciano, en el palco de autoridades otro partido de cuartos de Copa de Europa en este caso de su amado United ante el Real Madrid. Era 2003 y el United ganó 4-3, aunque cayó eliminado. Eso es lo de menos. Aquel día Ronaldo Nazario salió ovacionado de Old Trafford tras anotar tres tantos descomunales. El primero un remate de pantera a la cepa del poste, el segundo un pase a la red tras asistencia y jugadón de Roberto Carlos y el último un zapatazo desde fuera del área por toda la escuadra.

Desconocido para cualquier aficionado al fútbol, salvo que sea alemán, es lo sucedido en un, en principio, anodino partido de cuartos de Recopa de 1986 entre el Bayer Uerdingen (RFA) y el Dinamo Dresde (RDA). El choque se convirtió en épico tras el 2-0 de la ida. En la vuelta el Dresde ganaba 1-3 al descanso sumando una ventaja global de 5-1 a su favor a falta de 45 minutos. En la segunda parte el Uerdigen anotó cinco tantos para llevarse el partido por 7-3. El último gol fue en el minuto 87. Les habían sobrado tres minutos y un gol para levantar la eliminatoria en apenas media parte.

Los otros cuatro choques que se han quedado fuera de la lista cuentan con representación española. En 2004 el campo de Mestalla era una caldera con el objetivo de remontar el 2-0 que el Sevilla FC le había infringido al Valencia CF en semifinales de la Europa League. Un torrente de fútbol ché puso el 3-0 en el marcador, pero en el minuto 94 M’Bia entró con cuerpo y alma en el área valencianista y ponía de cabeza el 3-1 final que clasificaba al Sevilla rumbo al primero de tres títulos consecutivos. Otro fue el 2-3 del Athletic ante el United en Old Trafford en octavos de la Europa League de 2012. Ese fue quizás la obra maestra de una temporada espectacular de los bilbaínos con un despliegue físico y ofensivo promovido por Marcelo Bielsa que convirtió al Athletic en el mejor equipo del mundo durante unos meses, el tiempo que les duró la gasolina. Luego tenemos al Madrid como protagonista. Semifinales de la Copa de Europa de 2024. El último milagro. El eterno milagro blanco. Real Madrid-FC Bayern. Los alemanes dominaron en la primera parte, pero, en pleno vendaval blanco en la segunda, el Bayern se adelantaba por 0-1. Entró Joselu, un delantero con pasado en el Alavés y que el año anterior había descendido con el Espanyol. En el 88 anotaba tras fallo inexplicable de Neuer y en el 91 el éxtasis llegaba al Bernabéu con gol del delantero gallego. El Madrid gana 2-1 y se clasifica para jugar y, por supuesto, ganar su decimoquinta Copa de Europa.

El último de los choques, y no por ello menos importante, es el más reciente. Se trata de la victoria por 4-3 del Inter ante el Barça en las semifinales de la Copa de Europa de 2025, choque que a su vez venía precedido de un 3-3 en el partido de ida. Los catalanes apenas estuvieron cinco minutos por delante en toda la eliminatoria, a pesar de mostrar un excelso juego ofensivo coronado por una exhibición de Lamine Yamal jamás vista en un menor de edad desde los tiempos de Pelé. Con todo, el Inter tiró de fortaleza y resiliencia para remontar un 2-3 (tras empezar ganando 2-0) y vencer gracias al coraje de Lautaro Martínez, un empate cuando el partido agonizaba de Acerbi y un tanto en el descuento del suplente Davide Frattesi.

Thriller en el Giuseppe Meazza

Como es fácil de observar el Real Madrid es protagonista de los partidos que han quedado a las puertas de entrar en esta clasificación. También lo es de los partidos que han entrado en dicha clasificación. Cinco de los diez elegidos contarán con sello blanco. No es más que lo normal ante el equipo con más títulos europeos y, quizás, también el equipo cuyos títulos más han emocionado a propios y a extraños. No olvidemos que el fútbol al final va de eso. De emocionarse.

Allá van pues los 10 partidos de clubes emocionantes por antonomasia. Diez obras maestras del fútbol. Diez momentos épicos en la historia del rey de los deportes.

10 RC Deportivo 4-0 AC Milan (cuartos de final Copa de Europa 2004): El AC Milan era el vigente campeón europeo y el mejor conjunto del planeta. Cafú, Maldini, Gattuso, Pirlo, Kaká, Seedorf, Shevchenko o Rui Costa con Carlo Ancelotti en el banquillo. Al Dépor le había metido ¡8! el AS Mónaco en la fase de grupos. Habían tenido que vender a Makaay, Manuel Pablo se había roto la tibia, Naybet y Djalminha (que ya no jugaba nada) tenían 34 años, Fran 35 castañas y Mauro Silva ya contaba con 36. En la ida Kaká baila al Dépor y los italianos ganan por 4-1. La vuelta en Coruña tenía que ser un trámite. En casi medio siglo de Copa de Europa nadie ha remontado tres goles en una eliminatoria. Riazor se llenó. Siempre se llena, pase lo que pase. A los cinco minutos Pandiani anota a la media vuelta y veinte minutos después Juan Carlos Valerón marca el que probablemente fuese el primer gol de cabeza de su vida. Con el estadio enloquecido, Albert Luque colocaba un balón en la escuadra derecha de Dida. Con el 3-0 y la eliminatoria levantada, los once colosos blanquiazules marcharon al vestuario galopando. Paolo Maldini se preguntaría después si no estarían dopados. No lo estaban. Simplemente sabían que el trabajo no estaba hecho. En la segunda parte Fran, el eterno capitán, firmaba el 4-0 en un acto de justicia poética. Después sí, después tocó aguantar unos minutos finales de embestida a la italiana. Aquel 4-0 se convirtió en la mayor remontada nunca antes vista en la Copa de Europa. Con el tiempo fue superada. Pero lo que tardará mucho en superarse es que sea el pequeño el que le dé la vuelta a la tortilla y machaque al grande.

Milagro gallego

9 Real Madrid 4-1 Atlético (final Copa de Europa 2014): Desde que Diego Pablo Simeone regresara al Calderón para agarrar la camiseta atlética por el escudo su objetivo ha sido el de llevar al Atlético a las cotas más altas. Y lo hizo. Final de la Copa de Europa. ¿El rival? El más deseado. El Real Madrid. No había favorito. Aquel año el Atlético ganó la Liga. No perdió en los dos duelos ante los merengues. Aquel año el Madrid ganó la Copa. Masacró al Atlético en semifinales. En otras semis, en las de la Copa de Europa, el Madrid había destrozado al Bayern. El Atleti había hecho lo propio ante el Chelsea. Un cabezazo de Godín tras fallo en la salida de Casillas puso por delante al Atlético bien avanzada la primera mitad. Simeone mando entonces a sus pretorianos levantar una muralla. Courtois, Juanfran, Godín, Miranda y Filipe Luis. El Madrid tuvo el dominio, el control y las ocasiones, pero el Atlético tiró de épica y se defendió como gato panza arriba. Los colchoneros ya agarraban la copa por un asa cuando, tras un lanzamiento de un córner, un impecable remate de cabeza de Ramos al palo largo de Courtois (aún no se había ido al lado bueno de la historia) ponía el 1-1 en el minuto 93. Prórroga. Ahí la superioridad blanca fue total. El Atlético estaba fundido física y mentalmente. Aún aguantarían hasta la segunda parte de la prórroga cuando un gol de Bale tras un rechace, una galopada de Marcelo y un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, ponían el 4-1 final en el marcador y le daban la décima Copa de Europa al Real Madrid tras doce años de sequía.

Ramos en el 93…

8 Real Madrid 3-0 Internazionale (semifinal Copa de la UEFA 1985): El primer milagro madridista ocurrió en los 70 con remontada al Derby County, pero la eclosión de la mística del Bernabéu es cosa de los 80. Antes, en época de Di Stéfano, el Madrid ganaba por aplastamiento. La década de los ochenta fue otra cosa. Se naufragaba fuera de casa y se remontaba en la Castellana ya fuese al Anderlecht (6-1) o al Gladbach (4-0). Fue cuando Jorge Valdano acuñó aquello del miedo escénico. La madre de todas las remontadas tuvo lugar ante el Inter. En San Siro se cae por 2-0 y a Juanito le meten el micro en la boca nada más acabar el partido para, con una sonrisa de oreja a oreja, soltar aquello de “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. Juanito, ya en su recta final, había sido suplente. En la vuelta será titular. Butragueño es baja por lesión. Pero eso no había sido lo peor. Amancio, técnico blanco, había pillado tras la derrota a Juanito y a Lozano con dos señoritas italianas. A Lozano lo echarán ese verano, pero Juanito es mucho Juanito. Las vacas sagradas le hacen la cama a Amancio y Luis Molowny es el nuevo entrenador. En medio de un incendio de críticas Juanito y Santillana toman las riendas. El cántabro anota al poco de iniciar y luego, con uno de sus eternos cabezazos, pone el 2-0. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! El Inter no se rinde y cuenta con un par de ocasiones, pero el Madrid camina con paso firme a por su primer título de Copa de la UEFA.

El miedo escénico

7 Nottingham Forest 3-3 FC Colonia (semifinal Copa de Europa 1979): El Nottingham Forest tenía dos cosas. La primera que le gustaba la posesión y el toque, algo más que destacable en el jurásico fútbol inglés. La segunda que estaba entrenado por Brian Clough, un técnico de esos que no dudarían en ir a la guerra frente a un ejército, aunque apenas tuviese un cuchillo entre las manos. Camino de su primera Copa de Europa toca el FC Colonia. Toni Schumacher, Bernd Schuster, Pierre Littbarski y Dieter Müller. Los teutones son archifavoritos. Se adelantó el Colonia con un rápido 0-2. Acortó el Forest antes del descanso. Por entonces los 22 protagonistas ya tenían el cuerpo lleno de barro ante el diluvio que había convertido el césped del añoso City Ground en un patatal. Aun así, los dos equipos salieron tras el descanso con la firme idea de sacar el balón jugado desde atrás. Aquel esfuerzo ofensivo y de bella plasticidad se completaría con cuatro goles más. El Forest remontó con dos zarpazos, hasta que el Colonia puso el 3-3 definitivo con un tanto de Yasuhiko Okudera que se convertirá en el primer asiático en meter un gol en competición europea. En la vuelta, en otro partido desbravado, el Forest ganará por 0-1 gracias a las increíbles paradas de Peter Shilton ante la acometida germana liderada por Kevin Keegan.

Bailando en un patatal

6 Benfica 5-3 Real Madrid (final Copa de Europa 1962): El Madrid había ganado cinco Copas de Europa consecutivas antes de que el Benfica saliese campeón. Fue en 1961. El Madrid había caído en octavos con polémica arbitral por lo que, a ojos de todos, seguía siendo el campeón moral. Así que la final de 1962 era el momento de saber si había nuevo rey de Europa. Madrid vs Benfica. Di Stéfano vs Eusebio. Fue precioso. El Madrid salió mandón y a los veinte minutos gobernaba el partido gracias a dos zarpazos de Ferenc Puskás. El Benfica se rehízo y empató en un abrir y cerrar de ojos antes de que Puskás anotase su tercer tanto y llevase el partido al descanso con un impresionante 3-2 a favor del Real Madrid. La segunda parte fue otra historia. El Benfica apretó físicamente a un Madrid entrado en años y le metió una marcha más al partido. Coluna empató el partido y luego Eusebio puso el 4-3 para los portugueses. Quedaba algo menos de media hora para el final y el Madrid buscó el empate. Con espacios, emergió la pantera. Eusebio marcaría un golazo para el 5-3 y fallará alguna que otra ocasión más. Y no fueron los goles. Fue demostrar que era el elegido. El hombre que iba a suplir en el trono a Alfredo Di Stéfano.

El asalto al trono de Eusebio

5 FC Barcelona 1-0 Internazionale (semifinal Copa de Europa 2010): La única victoria de esta lista que se tornó en derrota. O la única derrota que se tornó en victoria. Un ejercicio defensivo mayúsculo. Una oda al trabajo de equipo y a la demostración de como un capitán es capaz de llevar un barco perdido a buen puerto. En la ida el Inter había ganado por 3-1. En la vuelta tocaba aguantar. Era el Barça el mejor equipo del mundo. Era, y sigue siendo, el equipo con mayor capacidad asociativa que jamás se ha visto. A los 28 minutos de partido expulsan a Thiago Motta. El Inter queda con 10 hombres. Es cuestión de tiempo que el Inter caiga. Pero no. El goleador Samuel Eto’o pasa a convertirse en lateral derecho y el ejercicio defensivo italiano es excepcional. El Barça acaba el partido con un 76% de posesión, pero apenas conseguirá lanzar en cuatro ocasiones entre los tres palos. Una de ellas, a falta de seis minutos para el final, terminará en gol y en una victoria insuficiente. El achique de espacios y la solidaridad defensiva del conjunto dirigido por Mourinho rozará la perfección. La formación 4-6-0 fue un castillo edificado por Mou que Guardiola no supo asaltar. Pocas veces se ha visto a un equipo de élite defender tan atrás. Y pocas veces se ha visto a un equipo de élite tan entregado, solidario y sacrificado por el bien común. En la ida, por cierto, el Barça había tenido la posesión, pero el Inter había atacado mucho y bien. Pocos recuerdan que el 2-1 fue obra de Maicon (lateral derecho) en un contraataque en el que acabó chutando en el área pequeña rival. La pena de Mourinho es que acabó cegado por aquel éxito defensivo y se olvidó de lo que era jugar con balón.

Perfecto ejercicio de supervivencia

4 Liverpool 5-4 Alavés (final Copa de la UEFA 2001): Javi Moreno fue máximo goleador de Segunda B con el Córdoba CF. Ese era su nivel. Pero antes de eso compartió equipo con Maldini, Costacurta, Redondo, Pirlo, Shevchenko o Inzaghi. Y es que a Javi Moreno lo fichó el gran AC Milan. Y todo fue por aquella final. Aquella bendita final. Que el Alavés echase al Inter o que le metiese cinco al Kaiserlautern parecía machada más que suficiente. Y lo cierto es que el Liverpool FC de unos imberbes Owen y Gerrard se puso 2-0 arriba a los veinte minutos. Mané, aquel padre-entrenador de barriga y bigote, decide entonces sustituir a uno de sus tres centrales y meter a un delantero centro. Iván Alonso, que así se llamaba el ariete, acorta distancias, pero los ingleses aprietan y ponen el 3-1. Descanso. A la vuelta dos zarpazos de Javi Moreno ponen el 3-3 y le aseguran el contrato de su vida, hasta que Robbie Fowler vuelve a adelantar a los reds y sitúa el 4-3. El asunto parecía acabado, pero un cabezazo de Jordi Cruyff en el último minuto pone el 4-4 y lleva el partido a la prórroga. En el primer aliento del tiempo suplementario el Alavés se quedó con nueve. Por entonces toda Europa se había hecho vitoriana y soñaba con la victoria de David ante Goliat. Cuando los penaltis asomaban tras una esquina, un gol en propia puerta le daba el triunfo a un Liverpool sediento de triunfos. Para los reds fue su primer título europeo en cerca de dos décadas, para Michael Owen un Balón de Oro y para Javi Moreno y el Alavés el momento más feliz de sus vidas.

Gloria red

3 Real Madrid 3-1 Manchester City (semifinal Copa de Europa 2022): Son tantas y tantas las remontadas del Real Madrid en la Copa de Europa que es difícil escoger una por encima de las demás. Pero lo sucedido en 2022 roza lo paranormal. Personalidad, fe, calidad y alma. Y fútbol. A veces se olvida con tanto milagro que el Madrid domina los tiempos. Y eso es fútbol. La primera parte se jugó a ver quién cometía menos errores, al contrario que el partido a campo abierto de la ida que acabó con 4-3 a favor de los ingleses. Hubo ocasiones, eso sí. Courtois emuló a dios a tiro de Bernardo Silva y volvió a hacer lo mismo a remate de Gabriel Jesús. En el Madrid era Vinicius el que perdonaba lo imperdonable. El choque fue abriéndose poco a poco hasta que un zurdazo de Mahrez en el 73’ ponía un 0-1 imposible de levantar. ¿He dicho imposible? El Madrid ya había levantado un 1-0 del PSG (3-1 en el Bernabéu tras ir cayendo 0-1 al descanso) e igualado un 0-3 de un Chelsea que ganaba en el 75’ en la casa blanca (en la ida el Madrid había vencido 1-3 en Londres) y tocaba nueva hazaña. Grealish tuvo dos ocasiones clarísimas para sentenciar, pero falló para desesperación de Guardiola. Con el Madrid volcado sucedió lo inexplicable. Rodrygo remachó un pase de Benzema y luego culminó de cabeza una asistencia de Carvajal. Era el minuto 90 y el minuto 91 de partido. En la prórroga el Madrid volaba y Benzema anotaba de penalti tras un par de acometidas sin éxito. Tuvo el City una más que Courtois atajó dando el enésimo pase blanco a una final europea.

Rodrygo ‘Goles’

2 Liverpool 3-3 AC Milan (final Copa de Europa 2005): El AC Milan era favorito. Muy favorito. Y cumplió el pronóstico con creces. Al minuto de juego Paolo Maldini adelantaba a los rossoneros. Pirlo se hizo dueño del medio campo y Kaká barría hacia la mediapunta para que Cafú corriese la banda una y otra vez. El dominio italiano se certificó con dos goles de Hernán Crespo antes del descanso que ponía la final con un claro 3-0. Camino del vestuario, los más de 25.000 seguidores del Liverpool presentes en Estambul entonaban el You’ll never walk alone, himno oficioso de los reds. La sinfonía duró los quince minutos del tiempo de asueto para sorpresa y orgullo de Steven Gerrard y el resto de los chicos de Rafa Benítez. En seis minutos inolvidables, los que van del 54 al 60 de partido, Gerrard, Smicer y Xabi Alonso empataban el encuentro. El tanto de Alonso se originó tras un rechace de un penalti que él mismo había fallado. Entonces el Liverpool pecó de timorato y no tumbó a un Milan completamente grogui. Con una marcha menos, el encuentro se dirigió a una prórroga en donde el Milan decidió ir con todo a por el encuentro. Finalizando la segunda mitad del tiempo extra Shevchenko tuvo dos ocasiones clamorosas que acabaron en el limbo. Tocaba penaltis. Luego Ancelotti, entrenador italiano, confesaría que tras mirar a los ojos a sus jugadores ya contaba con perder el partido. Dudek hizo el resto. Emulando el legendario baile de Bruce Grobbelaar en la final de 1984, Jerzy Dudek se marcó un pasodoble, una bachata y una salsa para que tres rossoneros fallasen sus penaltis y le diesen al Liverpool la que entonces era su quinta Copa de Europa.

El baile de Dudek

1 Manchester United 2-1 Bayern (final Copa de Europa 1999): El United no contaba ni con Keane ni con Scholes por sanción. A los seis minutos Mario Basler anotaba el gol del Bayern. A partir de ahí los alemanes se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. El marco era incomparable. Un Camp Nou a reventar y Pierluigi Collina, el dios de los árbitros, silbato en boca. El partido no acompañaba a lo esperado. Tocaba descanso. A mitad de la segunda parte el United decide venirse arriba y el Bayern pasa a tener varias ocasiones al contraataque. Effenberg lanza una volea que detiene Schmeichel. Scholl lanza una vaselina que da en el larguero tras pase de Basler. El United toca y toca, pero no obtiene respuesta. A falta de diez minutos del final Lothar Matthäus es sustituido. Tiene 38 años, un Mundial, una Eurocopa y un Balón de Oro. Le falta la Copa de Europa. Justo un minuto después el United realizaba su segundo cambio al entrar Ole Solskjaer en lugar de Andy Cole. En el 85’ Jancker remata de cabeza al larguero. Está más cerca el 2-0 alemán que el 1-1. Pero no. Los dioses del fútbol tienen otros planes. En el 91’ Beckham bota un córner que es rechazado por la defensa teutona, Giggs remata a contrapié y el balón es desviado con la testa por Sheringham quien empata el partido. Alex Ferguson (entonces aun no es Sir) ni se lo cree. Habrá prórroga. Pero dos minutos después hay nuevo córner. Beckham lanza otra banana desde la esquina, Sheringham remata de cabeza y ahora es Solskjær el que pone el pie para batir a Oliver Kahn. El United gana 2-1. Dos goles en el descuento. Collina trata de levantar a los futbolistas del Bayern del suelo para continuar el partido. Matthäus llora en el banquillo y Kuffour es un mar de lágrimas dentro del área de castigo del Bayern, en el mismo lugar en el que Sheringham y Solskjaer acaban de obrar el milagro más prodigioso de la historia de las finales. No sé sabe bien cómo el partido se reanudó lo justo para que los futbolistas teutones mandasen el balón de una patada a los infiernos y Ferguson se convirtiese en Sir y llevase a los Diablos Rojos a la conquista de su segunda Copa de Europa.

120 segundos milagrosos en el Camp Nou

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Los invencibles

Ganar una liga. Todos contra todos. Se requiere regularidad. Ser el mejor durante todo un curso. Las ligas deportivas nacieron con un fin económico. Los torneos de eliminación eran cortos y no aseguraban taquillas. Las ligas consintieron establecer un calendario y unos ingresos fijos que permitieron a los clubes profesionalizarse. Suelen ser el torneo favorito de entrenadores y analistas dado que tras los nueve meses de competición no existen dudas sobre el rendimiento global. A cambio las emociones y la intriga suelen concentrarse en los instantes finales con el riesgo de que el resto del torneo sea insulso para el aficionado.

Vitorear una liga sin perder un solo partido es una hazaña hercúlea. Se requieren jugadores para todos los tiempos, para todo el tiempo y para todos los campos. Requiere perfección y, esencialmente, concentración. La insólita capacidad de jugar todos los partidos como si fuesen el último sin importar el rival o su lugar en la clasificación. Tan insólita es la hazaña que, en las grandes ligas de fútbol, en los ya cerca de 150 años de competiciones ligueras (la inglesa dio el pistoletazo de salida en 1888) muy pocos clubes han conseguido levantar un trofeo sin conocer la derrota.

En tiempos pretéritos hubo varios conjuntos que lograron la hazaña. Se suele considerar tiempos pretéritos a aquellos anteriores a la II Guerra Mundial. En la historiografía del fútbol el Mundial de 1930 marca un antes y un después en la expansión global de un deporte que desde ese momento deja de ser hegemónico de Gran Bretaña. El segundo corte se da en 1955 cuando se crea la Copa de Europa y el Viejo Continente sienta las bases de una hegemonía que llega hasta el presente. El siguiente punto de divergencia tiene lugar en 1995 cuando entra en vigor la Ley Bosman y el fútbol y los futbolistas dejan de estar atados por fronteras nacionales y el balompié pasa a ser un negocio multimillonario.

Pues bien, antes de 1955, en un fútbol en blanco y negro y sin televisión, existieron equipos invictos. Y no hubo que esperar mucho. En la primera liga inglesa de la historia, en la temporada 1888/89, el Preston North End logró el título con un balance de victorias, empates y derrotas de 18-4-0 en 22 partidos. Fue la primera y la última vez, dado que nunca más la Football League vería a un campeón imbatido. Al año siguiente el Preston North End repitió título, aunque con derrotas en su casillero, y está ahí radicaron sus éxitos. La pequeña ciudad industrial de Preston pronto quedó engullida ante sus vecinas Manchester y Liverpool.

Lo mismo le sucedió a Vercelli ante las gigantescas Milán y Turín. Antes de eso, en la temporada 1911/12, el Pro Vercelli ganó la Prima Categoría con un balance de 9-1-0. Serían cinco los títulos logrados entre 1908 y el inicio de la I Guerra Mundial en 1914. Tras el conflicto, ya en la campaña 1922/23, fue el Génova FC el que salió campeón con un registro de 22-6-0. Fueron nueve los títulos ligueros de los ligures. Entre el Pro Vercelli y el Génova FC lograron 16 de las primeras 24 ligas italianas. Desde entonces no han vuelto a ganar ninguna.

Todos estos equipos tienen en común que el número de partidos en liza era mucho más reducido que en el presente. Las ligas de entonces tenían como tope la treintena de partidos. En los Países Bajos el AFC Ajax salió invicto en la campaña 1918/19 con un registro de 24-6-0. En la Alemania nazi el Dresdner FC completó una temporada perfecta en la 1942/43 con un balance de 23-0-0. No obstante, la marca es engañosa, ya que primero se jugaba una competición de carácter regional de 18 partidos antes de disputar una fase final en formato copero.

En la Primera División únicamente contamos con dos campeones invictos. Ambos son de tiempos pretéritos a la Guerra Civil. El Athletic Club se coronó campeón en la campaña 1929/30 con un balance de 12-6-0, gracias en parte a los 20 goles en 18 partidos de Guillermo Gorostiza. Por su parte el Real Madrid conquistó el primer título de su extenso palmarés en la temporada 1931/32 con un registro de 10-8-0. Era el Madrid de Zamora, Ciriaco y Quincoces, una línea defensiva de leyenda.

Ciriaco, Zamora y Quincoces

Todos ellos son grandes conjuntos, pero no sería justo hacerlos participes de un Himalaya donde se encuentran aquellas escuadras modernas que han completado una temporada perfecta. Es por ello que únicamente he seleccionado a los que han sido invictos en cualquier liga europea de prestigio más allá de 1955. Y tras, la aprobación de la Ley Bosman en 1995, únicamente a aquellos que han sido invictos en alguna de las cuatro grandes ligas, es decir, española, inglesa, italiana o alemana.

Así pues, el FC Porto 2009/10 (Falcao) y 2012/13 (James Rodríguez), el Celtic de Glasgow de 2016/17, el Glasgow Rangers de la 2020/21 o el Estrella Roja de la 2022/23 no pueden formar parte de esta clasificación. También he descartado a los conjuntos argentinos, en este caso no tanto por poseer un nivel inferior (a mediados del siglo XX estaban entre los mejores conjuntos del mundo) sino por el sistema tan particular liguero que poseen con dos ventanas de actuación (apertura y clausura) y con promedios anuales para ascensos y descensos. En todo caso mencionar a San Lorenzo de Almagro (1968 y 1972), Ferro Carril Oeste (1982) o Boca Juniors (1998 y 2011).

Dos últimas menciones antes de ponernos a ello. Existen dos notables equipos que desde su invencibilidad no lograron alzarse con el título liguero. Uno de ellos es un auténtico coloso del fútbol. Uno que cuenta con poco menos de 40 ligas en su palmarés y es bicampeón europeo. El SL Benfica rubricó una Primeira Divisâo sin perder un partido. Sin embargo, en la perfecta campaña 1977/78 (21-9-0) no logró el título al empatar a puntos con el FC Porto (22-7-1) que se proclamó campeón por una mejor diferencia de goles. El otro invicto sin título lo encontramos en la Serie A italiana 1978/79. La víctima en este caso fue un modesto. El AC Perugia ni había ganado ni ganó después un campeonato, pero en la 78/79 estuvo cerca al firmar un registro de 11-19-0. Tal cantidad de empates lastró sus opciones que sucumbieron ante el AC Milan (17-10-3).

La lista quedaría de la siguiente manera:

6 Juventus FC 2011-12 (23-15-0) 68 GF 20 GC 60’5%: Tras años oscuros regados de certificados problemas de corrupción, en 2011 la Juventus inauguró su nuevo estadio, contrató al ex jugador Antonio Conte como entrenador y le robó al AC Milan al centrocampista Andrea Pirlo. La temporada 2011/12 será la primera de nueve Scudetto consecutivos. La Juventus se llevó el título de forma matemática tras vencer en Cagliari (0-2) en la penúltima jornada. Ningún jugador bianconero estuvo entre los diez máximos goleadores dado que la fortaleza juventina se basó en un excepcional sistema defensivo coronado por Gianluigi Buffon, portero menos goleado, y en la magia de Pirlo quien fue el máximo asistente de la Serie A. La única derrota de la temporada tuvo lugar en la final copera que perdieron ante el SS Nápoles en el que fue el último baile en la carrera de Alessandro Del Piero. Once ideal: Buffon; Lichtsteiner, Barzagli, Bonucci, Chiellini, De Ceglie; Arturo Vidal, Pirlo, Marchisio; Matri y Vucinic. Entrenador: Antonio Conte.

Juve 11/12

5 AC Milan 1991-92 74 GF 21 GC (22-12-0) 64’7%: Unos años antes Arrigo Sacchi había revolucionado el mundo del fútbol a través de achicar espacios con una defensa adelantada que practicaba a la perfección el fuera de juego. Fue el llamado Milan de los inmortales o el Milan de los holandeses, dado que a la fenomenal base italiana los acompañaban Rijkaard, Gullit y Van Basten. En el verano de 1991 Sacchi aceptó el puesto de seleccionador nacional y Fabio Capello se hizo cargo del equipo. Capello era aún más exigente que Sacchi y aumentó el listón de la disciplina. El resultado fue un año estresante que acabaría por reventar a parte del vestuario en los que los esfuerzos se centraron en la competición doméstica, dado que los milaneses ese año no pudieron competir en Europa por una sanción disciplinaria de la UEFA de la temporada anterior. Así que tocó un año perfecto en la Serie A, destacando un 5-1 a la Sampdoria, por entonces vigente campeona, y un 2-8 en casa del Foggia. Marco Van Basten fue el máximo goleador del torneo, en la que fue su última campaña sin problemas en los tobillos. Once ideal: Rossi; Tasotti, Costacurta, Baresi, Maldini; Donadoni, Albertini, Rijkaard, Gullit; Massaro y Van Basten. Entrenador: Fabio Capello.

Milan de Capello

4 Arsenal FC 2003-04 (26-12-0) 73 GF 26 GC 68’4%: Entre 1998 y 2005 el Arsenal FC ganó tres ligas y cinco copas desafiando el poderío del Manchester United. Fue la mejor época de su larga historia y se coronó con la que hasta ahora es su última Premier League. The Invincibles lograron una hazaña que sólo el Preston North End en el siglo XIX había conseguido en el fútbol inglés. Quedaron eliminados en semifinales de copa y en cuartos de la Liga de Campeones, pero firmaron 38 partidos sin perder, cantidad nunca antes y nunca después lograda. De hecho, teniendo en cuenta el prestigio de la competición y el número de partidos, sería más que justo colocar al Arsenal 2003-04 en el primer puesto de equipos que han ganado una liga sin perder un encuentro.

Los londinenses se reforzaron con el portero Jens Lehmann y con el mediapunta José Antonio Reyes. No obstante, la estrella siguió siendo Thierry Henry, quien volvió a ser el máximo goleador de la competición, a lo que añadió la Bota de Oro. Robert Pires anotó 14 tantos partiendo desde la banda, cimentando una influencia francesa regulada en el eje por Patrick Vieira. El club recibió una réplica dorada del trofeo de la Premier League una vez finalizada la temporada y permaneció invicto durante 49 partidos, sumando once más de la siguiente campaña, récord nunca superado. Once ideal: Lehmann; Lauren, Campbell, Kolo Touré, Ashley Cole; Vieira, Gilberto Silva; Pires, Bergkamp, Ljungberg; Henry. Entrenador: Arsené Wenger.

Vieira, Pires, Henry y Cole

3 AFC Ajax 1994-95 (27-7-0) 106 GF 28 GC 79’4%: El Ajax 1994-95 fue simplemente perfecto. Está considerado uno de los mejores equipos de la historia del fútbol. Logró el triplete sin perder un solo encuentro. Liga, Copa y Copa de Europa. Ni AC Milan ni FC Bayern fueron capaces de hincarles el diente en Europa a lo que luego sumarían la Copa Intercontinental ante el Gremio brasileño completando cuatro torneos invictos. Entre 1994 y 1996, el Ajax consumó una racha invicta de 71 partidos invictos entre Eredivisie y Copa de Europa. En 1995 fueron 48 partidos y una hazaña de ganar simultáneamente la Liga de Campeones y la liga nacional sin una sola derrota es un logro histórico inigualable por cualquier otro equipo. En Holanda firmaron 106 goles en 34 partidos en una exhibición coral y ofensiva (Kanu o Kluivert martilleaban desde el banquillo) liderada por un entonces desconocido técnico llamado Louis Van Gaal. Lo más gratificante fue el 0-5 en casa del Feyenoord, el sempiterno enemigo. Once ideal: Van der Sar; Reiziger, Rijkaard, Frank de Boer, Blind; Ronald de Boer, Davids, Seedorf; Finidi, Litmanen y Overmars. Entrenador: Louis Van Gaal.

Ajax 94/95

2 Bayer Leverkusen 2023-24 89 GF 24 GC (28-6-0) 82’3%: Ademola Lookman. Ese es el nombre del delantero nigeriano que impidió la temporada perfecta del Leverkusen. Fue en la final de la Europa League. La única derrota de la temporada. Antes el Bayer había ganado liga y copa sin perder un encuentro, y con un registro donde las victorias superaban con creces a las derrotas. Fue la primera liga de la historia del Nevekusen, cómo era conocido por sus detractores por sus continuas caídas en momentos decisivos. Fue un sorpresón. El Leverkusen no es ni el Ajax, ni el Milan, ni la Juve ni el Arsenal. Es un equipo mucho más modesto y perpetró un milagro consumado por un neonato en los banquillos llamado Xabi Alonso. No es que el Bayer no perdiese, es que su porcentaje de victorias es alucinante. El Bayer se colocó en primera posición en la tercera jornada y sumó 17 puntos más que el segundo clasificado. Florian Wirtz fue el mejor jugador del torneo, Lukas Hradecky el portero menos goleado y Alejandro Grimaldo el máximo asistente. Once ideal: Hradecky; Frimpong, Tah, Tapsoba, Hincapié, Grimaldo; Hofmann, Wirtz, Xhaka; Boniface y Schick. Entrenador: Xabi Alonso.

El Leverkusen invencible

1 SL Benfica 1972-73 (28-2-0) 101 GF 13 GC 93%: Soy consciente de que es la liga portuguesa. Consciente de que la hazaña del Leverkusen o los números del Arsenal merecen la primera posición. Pero pongámonos las gafas de la historia. En 1973 no hay libre circulación de jugadores. El Benfica tiene a Coelho, Jordao, Eusebio y Nené. Imagínense al Benfica de la actualidad con Rubén Días, Bernardo Silva, Joâo Félix y coronado por un Cristiano Ronaldo de 30 años. Los números abruman. Gana todo en casa goleada tras goleada y sólo cede dos empates a domicilio. El momento más difícil fue el encuentro en Lisboa ante el Porto FC que perdían por 0-2 a falta de once minutos para el final y que acabaron ganando por 3-2. Llegaron a tener 23 triunfos en 23 partidos, momento en el que se proclamaron campeones matemáticamente y sólo cedieron los empates con la barriga llena. Con todo fue una temporada amarga. El Benfica, que había caído el año anterior en semifinales de la Copa de Europa ante el Ajax, se conjura para ganarla. Pierden ante el Derby County en un encuentro que Eusebio juega lesionado. Fue la última oportunidad de La pantera negra en Europa quien sería Bota de Oro (40 goles en 28 partidos) antes de que las rodillas le remitieran al retiro año y medio más tarde. Once ideal: José Henrique; Correia, Humberto Coelho, Jaime Graça, Calisto; Toni, Antonio Simoes, Jordao: Artur Jorge, Eusebio y Nené. Entrenador: Jimmy Hagan.

Benfica 71/72

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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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Cuando Cruyff jugó en el Feyenoord

Para 1983 Johan Cruyff era un futbolista en desuso. A los 37 años seguía dirigiendo a sus camaradas como guardia de tráfico y golpeaba el balón con delicadeza e inteligencia de un lado al otro del campo. Su ingenio seguía tan vivo como de costumbre. Hasta le dio por inventar una nueva forma de lanzar un penalti al pasárselo a un compañero en vez de disparar a puerta en una secuencia que se mantiene fresca y viva a pesar del paso del tiempo.

Pero Cruyff había perdido totalmente su punta de velocidad. No hacía cambios de ritmo, era incapaz de presionar y su rendimiento en las segundas partes era paupérrimo. Se perdía muchos partidos aquejado de dolores invisibles para los galenos y de migrañas que sospechosamente iban y venían con el transcurrir de los partidos. Había abandonado la delantera de tal forma que llegó a ocupar hasta el puesto de líbero para vivir cómodamente alejado de las obligaciones físicas que se les suponen a los hombres de ataque.

Todo esto era irrelevante para los aficionados del Ajax que en el último partido de la temporada 1982/83 despidieron a Cruyff con honores mientras increpaban al palco en la espectacular victoria por 6-5 del Ajax ante el Fortuna Sittard. La directiva tuvo que escapar del palco protegida por la policía mientras Cruyff se despedía de la afición del De Meer bañado en un mar de lágrimas.

En realidad, no era la primera vez que Cruyff dejaba el Ajax ni tampoco la primera en la que se iba enfrentado con la directiva. El ’14’ se ganó infinidad de multas desde adolescente por negarse a jugar si no le aumentaban el sueldo. Cruyff fue el primer futbolista que se atrevió a exigir a una federación el pago por acudir a una convocatoria nacional y también fue el primero que pidió un traspaso amenazando con no renovar su contrato en caso de que no se aceptaran sus exigencias. Pudo hacer esto y mucho más, porque pocos futbolistas modificaron tanto las leyes del juego como Cruyff y menos aún dotaron al fútbol de tanta belleza. Por eso, cuando Cruyff dejó el Ajax por el FC Barcelona o cuando volvió al Ajax con el rabo entre las piernas tras su aventura estadounidense, siempre supo que hiciese lo que hiciese tendría a las masas a su favor.

Pero en 1983 y con 37 años su poder de convicción estaba en horas bajas. Muchos de sus compañeros de vestuario que antes le adoraban veían ahora en Cruyff un viejo cascarrabias que no paraba de gritar y de dar órdenes. La directiva tampoco veía la necesidad de hipotecarse cuando tras un lustro de sin sabores habían aparecido en el primer equipo talentos como Frank Rijkaard y, especialmente, un chico de 17 años llamado Marco Van Basten del que muchos decían que era mejor que el propio Cruyff, y que, sobre todo, poseía un carácter mucho más dócil.

Así que no fue sorprendente que el Ajax no renovase el contrato de Cruyff aquella primavera de 1983. Sin embargo, Cruyff no tenía intención alguna de colgar las botas. Y mucho menos de dejarlo cuando le mandasen. Su ego no se lo permitiría. Él tenía que decidir cuándo dejarlo. Y quien conociese un poco al personaje y el rencor que le recorría por el largo y ancho de su cuerpo tendría clara cuál iba a ser su decisión.

Para la temporada 1983/84, la que sería su última campaña en activo, Johan Cruyff, el niño cuya madre trabajaba en los servicios de limpieza del Ajax y que creció en una casa situada a escasos metros del estadio De Meer, fichaba por el Feyenoord de Rotterdam, el odiado rival.

El Flaco con el Feyenoord

Ejercía de entrenador dentro y fuera del campo, exigía desmarques, cambios de juego y continuos cambios de posición. Desacreditaba al entrenador siempre que podía y mandaba a los demás que corriesen cuando él jamás lo hacía. Pero el problema es que el Feyenoord no era el Ajax. El juego ofensivo y coral de los de Ámsterdam era sustituido por un juego directo en formación 4-4-2 que no encajaba en los ideales de Cruyff. El Feyenoord llevaba diez años sin ganar una liga y veía como el PSV era ahora el que rivalizaba con el Ajax. Eso era lo de menos. Lo fundamental era que el Feyenoord, a diferencia de la mayoría de clubes neerlandeses, defendía un tipo de juego distinto al de toque y posesión, principalmente con el objetivo de diferenciarse de su odiado rival de Ámsterdam.

Así que cuando apenas un par de meses después del inicio del campeonato el Ajax de Olsen, Rijkaard, Vanenburg y Van Basten le meta un ¡8-2! al Feyenoord parecía que solo faltaba poner los clavos para cerrar el ataúd de Cruyff.

Por suerte para Cruyff, su relación con el presidente del Feyenoord era excelente y no hubo problema alguno cuando Johan pidió un cambio de rumbo y exigió como segundo entrenador a van Hanegem, una antigua leyenda del Feyenoord y amigo de Cruyff en la selección. Así, cuando Cruyff desacreditaba al entrenador, van Hanegem soltaba un comentario jocoso que templaba los ánimos. Del mismo modo, van Hanegem supo convencer a Cruyff de que dejase de ser tan exigente y renunciase a su fútbol ofensivo en pos del triunfo. Cruyff, que lo que más ansiaba era ganar la liga para vengarse del Ajax, acabó claudicando, pero tan solo porque van Hanegem fue capaz de darle el jabón suficiente para mantenerlo en vereda.

De este modo, Cruyff aceptó el esquema 4-4-2 siempre y cuando el equipo se encontrase en continuo movimiento y nadie pidiese el balón al pie. Mientras hubiese dinamismo y la gente escuchase sus indicaciones sería capaz de aceptar jugar a la defensiva o buscar el contraataque.

Sin practicar un juego brillante y con Cruyff como mediocentro dando espectaculares pases con el exterior de 30 metros para que los delanteros le ganasen la espalda a las defensas contrarias, el Feyenoord cambió el rumbo. Además, si el Ajax contaba con Van Basten en Rotterdam babeaban con Ruud Gullit, una fuerza de la naturaleza de 20 años. Victoria tras victoria llego el partido de la segunda vuelta contra el Ajax que dejaba la liga sentenciada para el Feyenoord. Fue un 4-1 para los de Rotterdam en una exhibición de Cruyff en la que no escatimo alegrías tras marcar el segundo gol del partido.

En mayo de 1984 a Cruyff lo subían a hombros por última vez en su carrera tras lograr el doblete con el Feyenoord, justo doce meses después de haberlo hecho con el Ajax. A pesar de que tenía carta blanca para hacer lo que quisiera y para quedarse en Rotterdam las temporadas que le viniese en gana, Cruyff estaba satisfecho. Había cumplido con su venganza y, en el fondo, él sabía que su corazón estaba con el Ajax.

En la primavera de 1984, a los 37 años, Johan Cruyff colgaba las botas tras doce temporadas en el Ajax, cinco en el FC Barcelona y una última campaña, tan gloriosa como vengativa, en el Feyenoord de Rotterdam. Tres meses después, a inicios de agosto, ejercía de entrenador del Ajax sin haberse sacado el título. Le dijeron que antes de que acabase esa temporada tendría que sacárselo o sino nunca más podría sentarse en un banquillo.

Ejercería de entrenador en Ámsterdam y en Barcelona durante once temporadas y moriría siendo considerado uno de los mejores técnicos de todos los tiempos.

Jamás se sacó el título.

Ese era Johan Cruyff.

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El padre del fútbol

Por el antiguo testamento el partido duraba noventa minutos según el reloj del árbitro, que sólo lo detenía por causas visibles y aceptadas por todos. Cuando había una interrupción extraordinaria el árbitro paraba el reloj y lo reactivaba al resolverse el problema. El tiempo real de juego venía a ser de algo menos que una hora (..) Aquello era sencillo, pero eran otras circunstancias. No había cambios, salvo el del portero en caso de lesión y en la Copa de Europa ni eso. Llegaron los cambios y fueron subiendo: dos, tres, cinco por la pandemia que ya quedaron, uno más en la prórroga… Apareció la moda de echar el balón fuera cada vez que uno se cae o se tira. Vino el cuarto árbitro y trajo las broncas con los banquillos. Más el VAR, con las pelmazas reflexiones de sus sexadores de pollos en la sala brumosa. Y las pausas para hidratación, que camuflan tiempos muertos para los entrenadores (..) No me olvido del árbitro advirtiendo en todos y cada uno de los córners a los jugadores de que no pueden, cosa que ya saben desde pequeñitos (…) Todas esas adherencias en mayoría absurdas con que se ha ido cargando el fútbol desbordan la capacidad del árbitro. Y el final es difuso. Por el antiguo testamento, el tiempo terminaba en la muñeca del árbitro (…) La vieja sencillez del fútbol ha sido batida por muchos flancos en un proceso de autolesión continua (…) De un tiempo acá el fútbol viene tomando muchas cosas del baloncesto y otros deportes americanos: cambios, números fijos en las camisetas, proliferación de árbitros, estadísticas, revisión tecnológica, entrenador de pie dando gritos, volatilidad de las plantillas, bloqueos, sobeteo continuo de reglas… Lo siguiente será la medición del tiempo”. Alfredo Relaño, director del Diario AS (1996-2019).

Al principio de los tiempos el fútbol obedecía a su origen rural. Se juega en hierba, el objetivo está en el horizonte y un árbitro (una suerte de cura o juez de paz) dicta las normas. El partido dura lo que dura, hasta que alguien meta pongamos diez goles. Si, fueron los hijos de Eton, Harrow o Winchester los que crearon las reglas, pero fueron esos campesinos convertidos en obreros que buscaban una identidad grupal los que hicieron del fútbol una religión. Aquellos campesinos que formaban comunidades fuertes fundadas gracias a lazos familiares se convirtieron en individuos anónimos bajo el control de la ciudad y el Estado. El fútbol sirvió como argamasa para construir una nueva identidad asociativa.

El fútbol era rural. El baloncesto es urbanita. Se juega en espacio menor y suelo artificial, el objetivo está arriba, como los edificios, lo controla una tropilla de burócratas, con sistemas de alta tecnología, en lugar del viejo reloj del viejo árbitro de fútbol. Los jugadores entran y salen frenéticamente, registrados en una estricta contabilidad estadística.

Pues el fútbol esta yendo a eso. Esta perdiendo irremediable y tristemente su esencia. Sus reglas, inmutables desde 1925, que eran tan impasibles como los 10 mandamientos de Moisés se retocan año a año con novedades que dicen resolver problemas de los que no teníamos constancia. Decía Relaño en el fin del texto al que hago referencia al inicio de este artículo que no es de los que piensan que el pasado fue mejor, salvo en el caso de la fruta. Pero lo cierto es que aunque los balones, las botas, la tele en la que vemos el fútbol o los propios futbolistas sean mejores todos los cambios en el reglamento están destrozando una religión que se mantenía fuerte e inalterable.

Historia de las Reglas del Fútbol - El fútbol y más allá
Los origenes

Sir Frederick Wall era el secretario de la FA (Football Association – Federación Inglesa -). Había sido un notable jugador amateur en los albores del balompié y su rango abolengo le hacía ser desdeñoso ante los jóvenes advenedizos que se lucraban jugando al fútbol. Al finalizar la I Guerra Mundial decidió poner en marcha una iniciativa solidaria para ayudar con 200 libras a futbolistas y exfutbolistas que hubiesen sufrido penurias durante la contienda. Fue tal el caso de Frederick Pentland, quien pasó cuatro años en un campo de prisioneros en Alemania y que años después se convertiría en Míster Pentland, el afamado técnico con el que el Athletic ganó 2 ligas y 5 copas antes de la Guerra Civil.

Pero Wall odiaba a los pusilánimes. Y en su opinión Jimmy Hogan era un pusilánime. Hogan residía en Austria cuando comenzó la guerra. Era 1914. Tenía entonces 32 años. Al igual que Pentland, Hogan fue encarcelado, pero pasaría pocos días en prisión. Llegó a un acuerdo con sus carceleros para entrenar al MTK Budapest durante los años de conflicto llevando una existencia cuanto menos plácida. Al finalizar la guerra, hablamos de 1918, Hogan volvió a Inglaterra, pidió cita con Wall y solicitó la ayuda de 200 libras. Es cierto que no había estado en primera línea de combate ni había sido víctima de alemanes o austrohúngaros, pero también lo era que estaba en la miseria. Ante su solicitud, Wall se levantó de su asiento, abrió un cajón y sacó un par de calcetines de color caqui. “Para ti. Es lo mismo que enviábamos a los muchachos en el frente y ellos estaban agradecidos”.

Hogan fue considerado un traidor y tuvo que volver a buscar cobijo en Austria.

La historia del fútbol estaba a punto de cambiar.

Sir Frederick Wall, secretary of the FA (Photos Prints, Framed, Posters,  Cards,...) #23150498
Sir Frederick Wall

Antes, mucho antes, de la transición defensiva, de la profundidad ofensiva, del marcaje en zona, del bloque bajo o de la presión alta, estaba Jimmy Hogan. Antes, mucho antes, de Guardiola, Ferguson, Cruyff o Sacchi también estaba Jimmy Hogan. Y antes, mucho antes, de la España del 2010, de la Francia champagne de los 80, de la Naranja mecánica o del Brasil del 70, estaba Jimmy Hogan.

Y es que Jimmy Hogan es el apóstol que sacó una veta madre de una isla y desparramó su esencia por todo el globo.

Ya bien avanzado el siglo XIX, el fútbol tenía dos concepciones ideológicas; la inglesa y la escocesa. Los primeros se decantaban por el ‘kick and run’ (patear y correr) y los segundos por el ‘passing game’ (juego de pases). Quiso el destino que triunfase la concepción inglesa ya que desde 1888 el fútbol pasó a ser un deporte profesional en el que los resultados se convirtieron en más importantes que el buen juego. Por contra, fue el sistema escocés de juego socializado y colectivo fundamentado en la asociación a través del balón lo que convirtió al fútbol en el deporte de más éxito a nivel mundial. Fueron los marinos escoceses, militares y empresarios mercantes, los que llevaron el ‘passing game’ por toda Europa y por Sudamérica remontando el Río de la Plata. La gambeta argentina jamás hubiese existido si no fuese por sus padres escoceses.

Jimmy Hogan estaba cerca de la treintena cuando apuraba sus últimos años de profesional como centrocampista del Bolton Wanderers. Había nacido en Inglaterra, pero de padres irlandeses y criado futbolísticamente en Escocia, su concepción del fútbol se basaba en el ‘passing game’. En el verano de 1910 el Bolton Wanderers iba a disputar una serie de partidos amistosos en los Países Bajos como una forma de dar a conocer el progreso del fútbol por el Viejo Continente. Hogan no era un futbolista muy reconocido, y, de hecho, su forma de entender el fútbol no era aceptada en Inglaterra. Por ello aprovechó el viaje para ofrecerse a la selección neerlandesa, colgar las botas y ejercer de entrenador.

Por aquel entonces que un inglés se ofreciese a dirigir tu selección era como si un alto cargo de Inditex se ofreciese a pilotar tu empresa. Así que Hogan tenía carta blanca para hacer lo que le viniese en gana. Se olvidó de la fuerza y de la resistencia y empezó a moldear la técnica individual de los futbolistas a través de los ejercicios con balón. Los pases y la movilidad pasaron a ser vitales en las pizarras de cualquier entrenamiento.

En los Países Bajos permanecerá apenas un par de temporadas, en las que la diminuta y desconocida Holanda acabará derrotando por vez primera a Alemania. La estancia de Jimmy Hogan fue breve, pero al marchar recomendó para el puesto a un amigo suyo llamado Jack Reynolds. Éste pasaría a ser tras la I Guerra Mundial técnico de un club judío de Ámsterdam conocido como AFC Ajax y ostentaría el cargo hasta finales de los años 40. En su última temporada dirigiría a un delantero centro llamado Rinus Michels, el ideólogo del ‘fútbol total’ comandado por Johan Cruyff.

Todo encaja.

AFC Ajax on Twitter: "Already 15 years without one of the greatest coaches  ever… Rinus Michels. ♥️💫 https://t.co/sKwsiqevvc" / Twitter
Michels (Mr. Mármol)

Pero volvamos a Jimmy Hogan. Tras ese par de años de voluntario exilio vuelve a Inglaterra con la intención de encontrar un puesto de entrenador en un equipo de la Premier. No tendrá éxito. En la cuna del fútbol el estilo de pase largo y dominio físico del partido es aún innegociable. Entonces Hogan se pone en contacto con Hugo Meisl, presidente de la OFB (Asociación Austriaca de Fútbol), visionario y padre de la Copa Mitropa, embrión de la futura Copa de Europa.

Y es aceptado. En 1913 Jimmy Hogan pasa a tener el control total del fútbol austríaco, desde los profesionales hasta los conjuntos infantiles. Y lo hace con pasión. Todos los equipos bajo sus órdenes pasan a tener el pase y la pared como elementos básicos del juego. Los problemas comienzan a resolverse a través del regate y la ocupación de espacios, desechando la fuerza física y el juego duro. El control al primer toque se convierte en innegociable para todos y cada uno de los integrantes de la plantilla.

Pero cuando aún no se había asentado en su puesto, la I Guerra Mundial estalla y Jimmy Hogan pasa a ser un enemigo. Gran Bretaña y el Imperio Austrohúngaro están en guerra y la presencia de un inglés en Viena no es bien recibida. Hogan es encarcelado, pero su buena fama hace que pronto sea dado en libertad y enviado a Hungría. Allí, es puesto al mando del MTK de Budapest, y en medio de la guerra se encargó de hacer entender a los futbolistas húngaros la importancia de la creatividad y el fin lúdico y estético del fútbol.

Al igual que había pasado en los Países Bajos, la estancia de Hogan en Hungría se limitó a un par de temporadas, pero al igual que había sucedido con la selección Orange no se puede entender el éxito de los magiares mágicos sin Jimmy Hogan. “Jimmy nos enseñó todo lo que sabemos”, contó Sandor Barcsl presidente de la MLSZ (Federación Húngara de Fútbol) cuando Hungría infrinja a los ingleses la primera derrota en casa de su historia, un doloroso 3-6 en Wembley en 1953. Aquel equipo conocido como el ‘equipo de oro’ estaba dirigido por Gusztav Sebes, el técnico inventor del llamado ‘fútbol socialista’, un sistema colectivo de pases que encumbró a Puskás y compañía.

Nuevamente todo encaja.

Equipo de oro - Wikipedia, la enciclopedia libre
La fabulosa Hungría de los 50

Una vez terminada la guerra, siendo un proscrito en su país y un extranjero en Budapest, Hogan cogió nuevamente las maletas y puso rumbo a la neutral suiza. Allí impartió cátedra durante un par de años llevando a Suiza a la medalla de plata en los JJ.OO. de 1924, un hecho que se antoja irrepetible para la pequeña selección helvética. La huella de Hogan en Suiza no parece profunda teniendo en cuenta la trayectoria de los clubes suizos y de su selección a lo largo de la historia, pero quizás si lo es si nos fijamos en quien era el segundo entrenador de Hogan en aquellos Juegos Olímpicos.

Su segundo era un amigo húngaro llamado Dori Kurschner. Éste, ejerció de entrenador del Grasshoppers hasta que en 1937 decidió cruzar el charco y probar fortuna primero en el Flamengo y luego en el Botafogo. Kurschner llevó a Brasil las ideas de Hogan, germen de lo que hoy es el ‘jogo bonito’. De hecho, fue él quien introdujo en el país la táctica WM (3-2-3-2) y el hombre que impulsó la explosión de los delanteros negros en la selección para que luego pudiesen surgir los Ademir, Didí, Garrincha o Pelé.

Todo encaja. Por enésima vez.

Jimmy Hogan, el primer romántico del fútbol - La Opinión de Málaga
Jimmy Hogan

Volvamos al bueno de Jimmy Hogan. Tras triunfar en Suiza fue llamado nuevamente por el MTK de Budapest, antes de ser contratado por la DFB (Federación Alemana de Fútbol) para dar charlas y seminarios por todo el país. Y es que Alemania, por increíble que parezca hoy en día, era insignificante cuando de fútbol se trataba. Allí no dirigió a ningún equipo, pero se encargó de explicar tácticas a jóvenes entrenadores y explorar las esencias del juego con adolescentes que pretendían ser grandes futbolistas. Uno de aquellos chicos fue Helmut Schön, seleccionador alemán en los 60 y 70, que tras alzarse victorioso en el Mundial de 1974 le dedicó el triunfo a Jimmy Hogan al que llamó “padre del fútbol moderno”.

Es inevitable repetirse. Todo encaja.

Pero la Alemania de inicios de los 30 pasaba por momentos convulsos, así que cuando Meisl llamó a la puerta de Hogan para volver a Viena, no se lo pensó ni dos veces, y más sabiendo que contaba con una generación de oro, el llamado ‘Wunderteam’.

Un adelantado a su tiempo - Panenka
Hogan y el Wunderteam

Aquella selección austriaca estaba conformada por una serie de exquisitos jugadores coronados por un incomprendido que respondía al nombre de Matthias Sindelar. Era un delantero frágil, pero con un endiablado cambio de ritmo, una exquisita técnica y, sustancialmente, una gran conducción del balón y una bellísima estética. Sindelar fue conocido como ‘Der Papierene’ (el hombre de papel) y se convertiría en el primer delantero centro que cambió la ortodoxia y bajaba al centro del campo para ayudar a construir el juego y echar un capote al generar situaciones de desequilibrio en la ofensiva.

La llamada ‘Escuela del Danubio’ que Jimmy Hogan había sembrado entre Viena y Budapest tendría su culmen con un equipo que sería conocido como el ‘Wunderteam’ (equipo maravilla) y que durante tres años se mantendría invicto salvo por una derrota en Stamford Bridge ante los poderosos y profesionales ingleses. Pero más allá de los triunfos, aquel equipo maravillaba por su querencia a jugar a ras de césped y por el ensalzamiento de la colectivización del juego frente a las acciones individuales.

Austria se presentó como gran favorita para ganar el Mundial de 1934 de Italia, pero cayó ante los anfitriones en semifinales tras un encuentro bronco en el que los transalpinos dispusieron de enormes ayudas arbitrales. El palo fue duro para los austriacos que aun así siguieron maravillando durante un par de años hasta que en la final de los Juegos Olímpicos de 1936 volvieron a caer ante los italianos y, esta vez sí, de manera justa.

Fue el canto del cisne de un equipo y del estilo de juego de Hogan. No había ganado, pero aquel equipo pasaría a la historia por su influencia en el enriquecimiento del fútbol y las nuevas alternativas que había aportado. Quizás por vez primera en la historia, el fútbol pasaba a ser algo más que un juego y la derrota era considerada como bella. Cuando un par de años después la Alemania de Hitler se anexione Austria, el ‘Wunderteam’ quedará desmantelado y su recuerdo perecerá ante la ausencia de imágenes televisivas.

Pero quedará su impronta. El logro final es lo más importante, pero también el camino para recorrido para alcanzarlo.

Jimmy Hogan volvió a Inglaterra y, esta vez sí, logró acomodo en un club. Era 1936 y sus éxitos con la selección austriaca le fueron reconocidos en las Islas Británicas. Firmó por el Aston Villa, y tras la II Guerra Mundial se convirtió en el entrenador de su fútbol base. Por primera vez un club inglés instauraba la idea del pase-movimiento-pase e introducía el juego con balón en los entrenamientos. Su interrelación con la pelota influiría en una generación de futbolistas ingleses que a finales de los 60 desterraría –aunque sólo en parte- la idea prehistórica de la concepción del juego que se defendía en Inglaterra. Su alumno más aventajado en el Aston Villa fue Ron Atkinson quien nunca llegó a debutar con el primer equipo de los villanos, pero que se convirtió en un respetado técnico de longeva trayectoria, de escaso éxito, pero siempre considerado el entrenador con el libreto más atractivo de toda Gran Bretaña.

Salvó en Argentina y en Uruguay donde fueron los empresarios, soldados y marinos escoceses de entre siglos los que llevaron el regate y el juego de pase al fútbol sudamericano (Alexander Watson Hutton, sería el Hogan del Río de la Plata), todos los demás países le deben a Jimmy Hogan la autoría de un nuevo tipo de fútbol. E incluso al otro lado del Atlántico le deben mucho a Hogan, ya que Imre Hirschl, un grande en los banquillos de River Plate o Peñarol de Montevideo, era un húngaro que había sido discípulo de Hogan.

Como siempre. Todo encaja.

Brian Little on Twitter: "A visit to Burnley today .. where a new Headstone  was Unveiled for Former Aston Villa Manager, Burnley Player and Legendary  Hungarian Coach..Jimmy Hogan.. https://t.co/gqeB7oSS4k" / Twitter
Jimmy Hogan (1882-1974)

El caso es que, de una forma u otra, todos los equipos que han perdurado en la memoria por una innovación táctica ofensiva y por un tipo de fútbol que ha trascendido más allá del resultado le deben su origen a Jimmy Hogan.

De Países Bajos a España: Jimmy Hogan, Jack Reynolds, Rinus Michels, Johan Cruyff, Pep Guardiola. Del fútbol total al ‘tiki-taka’.

De Hungría a Brasil: Jimmy Hogan, Dori Kurschner, Gustav Sebes, Vicente Feola, Bela Guttmann. Del equipo de oro al ‘jogo bonito’.

Alemania: Jimmy Hogan, Helmut Schön, Hennes Weismeller.

Inglaterra: Jimmy Hogan, Ron Atkinson.

Austria: Jimmy Hogan, Hugo Meisl.

Argentina y Uruguay: Jimmy Hogan, Imre Hirschl.

“Estaba viendo el partido, pero no en el palco, sino en las gradas rodeado de los juveniles del Aston Villa. Inglaterra tuvo que reflexionar sobre la complejidad del ataque-defensa. Habíamos dejado atrás el talante presuntuoso y triunfamos con un fútbol comunicativo”. Jimmy Hogan, ya anciano, hablando con orgullo sobre la victoria inglesa en el Mundial de 1966.

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Cuando Jopie conoció a Gento

“Gento era el jugador que ponía en pie al Bernabéu. Sus carreras, locas y descontroladas en un primer año en el que llegó a ser martirizado con burlas, terminaron por ser la delicia del estadio y el terror de los rivales. Di Stéfano le salvó ante Bernabéu, que al final de la primera temporada lo quería devolver al Racing de Santander (…) Fue arrollador. No era un estilista, pero su velocidad y potencia de tiro le mantuvieron por encima (…) Deja en su palmarés 23 títulos. De ellos, 12 son de Liga y 6 de Copa de Europa, récords impresionantes. Jugó el solemne partido Inglaterra-Resto del Mundo, celebración Centenario del fútbol. Dos veces mundialista. Si quieren ver una jugada que le defina, busquen en ‘google’ su carrera ante México en Chile-62; lástima que lleva el ‘9’ y no su ’11’ (…) En su tiempo fue un trueno, en el campo y fuera de él. Con razón se le apodó ‘La Galerna del Cantábrico’”. Alfredo Relaño, Diario AS.

Jopie trabajaba en una tienda de deportes. Apenas los pelos comenzaban a asomar por su cuerpo. El dinero no sobraba en casa. A papá se lo había llevado la muerte. Mamá limpiaba retretes y fregaba suelos a destajo. Jopie no era muy habitual de los libros. Aquel chaval flacucho y respondón era amigo de saltarse las clases y pasar el día en los billares o jugando con el balón.

A Jopie le aburría su trabajo. Cargar y desembalar cajas, poner etiquetas a los artículos u ordenar ropa en los estantes. Pero el dueño de la tienda era un antiguo jugador de fútbol y Jopie aprovechaba para hacerle toda clase de preguntas. Porque si algo caracterizaba a Jopie era su lengua afilada. Siempre quería hablar con gente mayor que él para aprender cosas nuevas. Nunca se cansaba de hacer preguntas. Se sabía en un estrato superior a la gente de su edad y sólo mostraba respeto por aquellos que consideraba mejores que él.

Los cuales eran la excepción.

Leo, que así se llamaba el dueño de la tienda, acudía los sábados a suministrar material nuevo a su antiguo club de fútbol. O a limpiar alguna que otra cosa. O a arreglar cualquier otra. Pronto Jopie se convertiría en el encargado de dicha tarea. Gracias a su lengua viperina, aquello rapidamente se convertiría en una oportunidad fantástica para preguntar, charlar y debatir de forma insolente con aquellos hombres hechos y derechos que se ganaban la vida pateando un balón de fútbol.

Por entonces Jopie tenía 14 años. Su talento no pasaba desapercibido y hubo de falsificar su fecha de nacimiento para ser aceptado en un equipo juvenil que sólo permitía acceso a los 16 años. Era éste un tema trascendental, porque tener ficha juvenil implicaba recibir un pequeño sueldo que, combinado con el trabajo en la tienda de deportes, le permitiría convencer a su madre de dejar de forma definitiva los estudios.

Las posibilidades de que Jopie pudiese vivir del fútbol eran ínfimas. No por su talento, descomunal para su edad, sino por las condiciones del fútbol en su país. El profesionalismo apenas había sido aprobado cinco años atrás y la selección se conformaba con ganar a Luxemburgo y buscar el milagro del empate ante los gigantes europeos. Abe Lenstra, un referente para Jopie y para todos los niños del país, tuvo que compaginar el fútbol con su trabajo como funcionario del ayuntamiento.

Pronto se vería que Jopie era diferente. Jugando con chicos que le superaban en dos años de edad apresuradamente se convirtió en el mejor jugador juvenil del momento. Una vez metió 17 goles en un partido de 40 minutos de juego. Destacaba por un regate y un cambio de ritmo nunca vistos. Con un simple giro de tobillo era capaz de parar el juego. También era veloz. Muy veloz. Al ser tan escuálido había aprendido a correr con el balón pasándoselo indistintamente de un pie a otro para evitar las patadas de los rivales.

Pero lo más sorprendente era su confianza. No paraba de gritar y ordenar a sus compañeros donde colocarse. Otras veces se acercaba a la banda para discutir la táctica a seguir con el entrenador. Era inaguantable. Deliciosamente inaguantable. Con 17 años firmará su primer contrato profesional y cambiará la vida de su equipo y del fútbol de su país para siempre.

Pero antes, apenas una semana después de que Jopie cumpliese los 15 años, un suceso iba a convencerlo definitivamente de que había nacido para jugar al fútbol.

A Jopie le encantaba acercarse a De Meer los domingos por la tarde para ver que hacían los profesionales. También acudía al Estadio Olímpico de vez en cuando para presenciar algún encuentro de la selección neerlandesa. Analizaba lo que sucedía en el campo, pero no se sentía satisfecho. De hecho, en De Meer jugaba el AFC Ajax. Ese era su equipo. El equipo de origen judío al que los sábados suministraba material y en el que los domingos se calzaba las botas para defender los intereses del juvenil. Era también el club cuyas estancias eran limpiadas y acicaladas día tras día por su abnegada madre, trabajadora del servicio de limpieza. Pero era un mal equipo. En ocasiones hasta era superado por el DWS Amsterdam, la otra escuadra de la ciudad.

Pero el caso es que el 2 de mayo de 1962 el Estadio Olímpico de Ámsterdam sería la sede de la final de la Copa de Europa que iba a enfrentar a Real Madrid y SL Benfica. Para un neerlandés era lo nunca visto. Di Stéfano contra Eusebio. El equipo de las cinco coronas frente a su heredero en el trono europeo.

Era fútbol de altísima calidad al que Jopie iba a acceder por vez primera.

Y le costó lo suyo. El Ajax jugaba en De Meer, un modesto estadio con capacidad para 19.000 espectadores, mientras que el DWS o el FC Amsterdam jugaban en el Olímpico con sus 65.000 plazas disponibles. Así que los recogepelotas de estos dos últimos equipos serían los afortunados de escoltar a las rutilantes estrellas merengues y encarnadas al círculo central. Tras dimes y diretes al Ajax le permitieron llevar a dos chavales y, uno de ellos, evidentemente, tenía que ser Jopie.

Jopie tenía claro con quien querría posar cuando sonasen los himnos. Su ídolo era el número 11 que vestía de blanco. Se trataba de un extremo zurdo de tremenda velocidad y elasticidad. Un huracán. Un vendaval. Era capaz de coger el balón en campo propio, cosérselo a la bota y pararse en seco para retornar inmediatamente la carrera. Era eso lo que más le llamaba la atención de Jopie. La parada en seco. Iba a practicarla una y otra vez hasta conseguir para el tiempo.

Para el flacucho Jopie aquel número 11 era un gigante. Y eso que Francisco Gento no era muy alto. Pero todo lo que Jopie había leído sobre Gento y todas las filmaciones que había podido ver de él lo tenían hipnotizado. Ese despliegue físico y ese ritmo endiablado lo tenían cautivado. Veía en Gento un reflejo del futbolista que quería ser él. De cómo a través de la velocidad y los desplazamientos en diagonal cara a la portería se podía sortear a rivales más grandes y fuertes.

Así que allí estaba Jopie con su sudadera de entrenamiento del AFC Ajax acompañando al legendario extremo cántabro mientras sonaban los himnos. Luego se acomodaría detrás de la portería donde se anotarían seis de los ocho goles de aquella final que el SL Benfica se llevaría por 5-3. Desde allí Jopie vio a Gento, pero también al maravilloso Puskas que anotó tres tantos, uno de ellos exquisito tras cazar un rechace, sortear a un rival y ajustar a la base del poste. Y también vio al joven Eusebio, apenas cinco años mayor que él, emerger por el ancho de la zona de ataque y soltar latigazos con su pierna derecha desde cualquier lugar del campo.

Y por supuesto vio a Alfredo Di Stefano. Pasado de kilos, y ya con 35 años, Di Stéfano seguía dirigiendo la orquesta merengue. Jopie se fijaba en como mandaba y en cómo se colocaba en el campo. Y es que mientras la mayoría adoraba al Di Stéfano goleador, Jopie se propuso analizar lo que hacía cuando no tenía el balón.

Así que Jopie lo tenía claro. Una vez acabase el partido tendría que preguntarles a esos ases como lo hacían. En 1962 el fútbol seguía siendo familiar. El partido finalizó y el público neerlandés invadió el campo de forma pacífica. A Eusebio lo llevaron a hombros al vestuario mientras agarraba como un tesoro la ‘9’ merengue de Don Alfredo.

Así que Jopie aprovechó el tumulto para colarse en los vestuarios. Por todos era conocido, a todos conocía y la pillería hizo el resto. Allí estaban todos. Santamaría, Del Sol, Puskas y, sobre todo, Alfredo Di Stéfano y Paco Gento.

Quiso Jopie hablar con ‘La Saeta’ pero le fue imposible. Un gruñido de lo más profundo de la pampa salió de la boca de Di Stéfano, que estaba tratando de digerir la que él sabía era su última oportunidad de conquistar otra Copa de Europa. Entonces los ojos sagaces de Jopie se fijaron en Gento, el cual contestó al chaval con una franca sonrisa.

Embelesado y desconocedor del castellano, Jopie trató de preguntarle a Gento como hacía para frenar en seco. Aquel huracán embravecido, aquella galerna del Cantábrico, se encogió de hombros en una respuesta con doble significado. Ni entendía lo que le preguntaban ni sabía desvelar cual era la pócima de su secreto.

Real Madrid: el mítico exfutbolista Paco Gento falleció a los 88 años de  edad | LaLiga | España | Copas de Europa | NCZD | FUTBOL-INTERNACIONAL |  DEPOR
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Para Jopie aquel fue el mejor partido que vio en su vida. No muchos años después Jopie se convertirá en Johan Cruyff y se encargará de que otros chavales sueñen con ser profesionales de igual forma que el soñó el día que vio volar a ras de césped a Paco Gento.

Johan Cruyff acabará superando a Gento. No tendrá nunca la velocidad del extremo cántabro, pero mejorará tanto su capacidad de desborde como su regate con ambas piernas. De hecho, será una versión mejorada de Di Stéfano, con su misma capacidad de mando, su entendimiento del juego y con el punto de maldad necesario para emerger en los instantes decisivos de los partidos. La comparación entre Di Stéfano y Cruyff será constante, pero no será otro sino Gento el que hizo posibles los sueños de Jopie.

Algo tendría aquel alocado extremo cuando Cruyff lo convirtió en su ídolo y Di Stéfano lo catalogó como su mejor compañero.

“Tiene velocidad y le pega al balón como un cañón. Sigue, arranca y frena durante todo el partido en carreras de 50 metros. Sabe correr, pero lo más importante es que sabe interpretar el fútbol. Yo, los balones todos a Gento”. Alfredo Di Stéfano; compañero en el Real Madrid durante más de una década.

“Gento corría tan rápido que no podías cogerle nunca en fuera de juego. Técnica con velocidad, la más rápida que nunca he visto”. Bobby Charlton, ex jugador del Manchester United y Balón de Oro.

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