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Los mejores partidos de la historia: Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Camino del título de la Copa de Europa de 1970 los neerlandeses del Feyenoord ganaron 2-12 en Reykjavik al KR. Sigue siendo la mayor goleada en el torneo de los torneos. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Han sido muchos los partidos que han se han quedado fuera del tintero. El que más me ha costado dejar fuera es el PSG 5-0 Internazionale de la final de la Copa de Europa de 2025. Y lo he dejado fuera por ese motivo. Es 2025. Aún no sabemos si es el inicio de una era. Es muy probable que si rehiciese esta lista dentro de un lustro o de una década dicho encuentro se colase entre los diez primeros. Seguro. Hablamos de la mayor goleada en la historia de las finales de la Copa de Europa. Palabras mayores. Un ejercicio de superioridad y de perfección ejecutado por Luis Enrique (único técnico en firmar triplete con dos equipos diferentes). Unos mecanismos en la salida de balón, en la permuta de posiciones y en la fluidez del juego insuperables. Una obra maestra desde el primer minuto hasta el último, tanto en juego de posesión como en contraataque, liderados por Achraf (un lateral como alma de delantero), Vitinha (un libro abierto en el centro del campo) y Dembelé (quién lideraba la presión aún con el PSG venciendo por 4-0). Sólo el paso del tiempo nos dirá si lo del PSG fue algo circunstancial o el inicio de un gigante. Si de gigante hablamos, sin lugar a dudas éste 5-0 pasará a formar parte de las más grandes palizas de todos los tiempos.

Oh lá lá!

También me ha costado dejar fuera de la clasificación los partidos que han llevado el sello FC Barcelona. Por lo escandaloso e histórico del resultado he incluido en la lista el 6-1 del Barça al PSG, mas, lo cierto, es que aquel revolcón no fue el inicio de ningún título. Sin embargo, el Barça de Cruyff sí que logró títulos, entre ellos la ansiada Copa de Europa. Quizás el partido más perfecto de aquella generación fue la vuelta de dieciseisavos de final de la edición 1993/94. Tocaba remontar un 3-1 de la ida frente al Dinamo de Kiev y se hizo al vencer por 4-1. Eso fue lo de menos. El Barça disparó cada tres minutos, hubo tres lanzamientos a los postes y un gol anulado. Fue el rondo perfecto. La sinfonía del 3-4-3 diseñado por Johan Cruyff.

El Barça de Guardiola sumó más títulos, tuvo más regularidad y también más victorias avasalladoras que el de Cruyff. En buena parte gracias a Leo Messi. En 2012 La Pulga masacró al Bayer Leverkusen en octavos de final con cinco tantos para un 7-1 definitivo. Antes, en 2010, una exhibición coral del Barça formando con Messi como falso nueve, Iniesta haciendo croquetas y con un 4-6-0 en el que todos los mediocampistas pisaban el área contraria, los azulgranas humillaron al Arsenal (que no tiró a puerta en todo el partido -el gol fue de Busquets en propia puerta-) con un 3-1 en el que Leo finalizó la exhibición con una caricia al balón por encima de Almunia. Esférico que, aún hoy, sigue flotando en algún lugar del Camp Nou. Pero la exhibición por antonomasia de aquel equipo fue el 3-1 al Manchester United en la final de la Copa de Europa de 2011. No fue el resultado, fue la sensación de impotencia de todo un United sabedores de una clamorosa inferioridad. Alex Ferguson y Wayne Rooney, entrenador y estrella del glorioso conjunto inglés, acabaron pidiendo al Barça que aflojaran el ritmo a falta de varios minutos para el final.

El Barça también forma parte de otro partido que se ha quedado en el tintero. En este caso es una derrota (4-0), la sufrida en Anfield Road ante el Liverpool FC en semifinales de 2019. Sin Firmino y sin Salah todo parecía favorecer al Barça y lo cierto es que los catalanes controlaron la primera parte, pero en los siguientes 45 minutos un huracán arrolló al Barça con dos goles en 122 segundos y un estadio empujando a base de cánticos. Su eterno rival tampoco se libra de la desgracia. Y otra vez otra tarde de rock and roll de Jürgen Klopp tuvo la culpa. El Dortmund masacró al Real Madrid (4-0) en semifinales de Copa de Europa de 2013 con un póker de goles de Robert Lewandowski y una lección táctica de un entonces semidesconocido Klopp que tumbó al precavido de Mourinho. Paliza también recibió el Bayern ante el Ajax (5-2) en las semifinales de 1995. Seedorf, Kanu, Litmanen u Overmars se convirtieron en dignos sucesores del gran Ajax de los 70 incorporando al clásico fútbol neerlandés de posesión una presión a todo campo implantada por Van Gaal. Como un pistón engrasado, los diez jugadores de campo atacaban y defendían con los mismos acordes y dieron el pase a una final que el Ajax convertiría en título frente al gran AC Milan.

Para finalizar un par de 3-0 en competiciones de segundo rango. En 1986 el Dinamo de Kiev goleó al Atlético en la final de la Recopa. Aquel partido le valió a Igor Belanov el Balón de Oro. Por su parte, en 1998 el Internazionale venció a la Lazio en la final de la Copa de la UEFA. Ese día el Inter hizo uno de los mayores ejemplos jamás vistos en la historia del contraataque. Una exhibición de pases en largo, salidas en carrera y recepciones al primer toque coronados por el no-regate de rodillas de Ronaldo Nazario ante la salida de Luca Marchegiani.

Todo ellos quedaron fuera de la lista. Todos ellos grandes partidos. Sólo hay sitio para diez. Todos encuentros legendarios que abarcan un arco temporal de seis décadas y en el que hay sitio para las grandes escuadras de todos los tiempos:

10. Benfica 2-5 Santos (Copa Intercontinental 1962): Pelé vs Eusebio. Con Di Stéfano en la cuesta abajo de su carrera, tocaba elegir al nuevo ungido por los dioses. En la ida el Santos gana por 3-2 con doblete de O Rei. La vuelta es en Lisboa. El Benfica es doble campeón europeo. Ha derrotado a Barça y a Madrid. Los portugueses son favoritos, pero no hubo atisbo alguno de gesta. Los primeros veinte minutos fueron un baño brasileño. Pelé hizo lo que le dio la real gana y anotó dos tantos para firmar un 0-2 al descanso. Tras la reanudación, Pelé danza por el campo como una bailarina del Bolshoi y deja el esférico manso para que Coutinho marque el tercero. Quedaba el cuarto. Pelé regatea a un rival y le hace un caño a Coluna, quizás el mejor mediocentro del mundo en esos momentos, para firmar con tranquilidad el 0-4. Era el minuto 64 y los más de 100.000 presentes en el estadio Da Luz no dudaron en ponerse en pie y aplaudir al rey de reyes. Luego habría tiempo para que Eusebio sacase sus garras y maquillase el marcador y para que Pelé le regalase el quinto a Pepe tras sortear a varios portugueses. Era octubre de 1962. Tres meses atrás Brasil había ganado el Mundial a pesar de la ausencia de Pelé lesionado en el primer partido. Se dudaba de su reinado. Ya no. Aquella exhibición en Portugal quedaría para los anales de la historia del fútbol.

O Rei

9. Borussia Mönchengladbach 7-1 Internazionale (octavos Copa de Europa 1972): No busquen el partido en Youtube. Legalmente no existió. El partido iba 2-1 a favor de los teutones cuando corría el minuto 29. En ese momento una lata de Coca-Cola lanzada desde la grada impactó en Roberto Boninsegna. Conmocionado, el delantero italiano tuvo que ser substituido mientras el partido se paraba unos minutos ante las continuas protestas de la delegación del Inter. Tras la reanudación sólo hubo un equipo en el campo. Y ese fue el Gladbach. Con un juego colectivo primoroso, donde la presión alta y el fútbol al primer toque cautivaba al espectador, el Gladbach apabulló al Inter. Con Netzer como director de orquesta y Heynckes como finalizador, los germanos firmaron un 5-1 al descanso. En el intermedio Invernizzi, técnico transalpino, cambió de portero enfadado por la actuación del guardameta titular. Fueron fuegos de artificio. Cayeron un par de tantos más y el Gladbach ganó por 7-1. Fueron cuatro Ligas, dos UEFAS y un subcampeonato de Copa de Europa para el Gladbach en una década. Solapados por los éxitos del Bayern, el Gladbach quedó en segundo plano, pero su fútbol fantasioso sólo fue igualado esos años por el Saint Ettiène y superado por el Ajax. Para el Inter fue el acta de defunción tras años gloriosos de catenaccio. Lo curioso es que el Inter pasaría la eliminatoria, dado que la UEFA mandó repetir el partido. En Italia había ganado el Inter 4-2 y en el partido jugado de segundas (en Berlín, dado que se mandó clausurar el estadio del Gladbach) hubo empate sin goles a pesar de la más de docena de claras ocasiones de los germanos. El catenaccio, esta vez sí, había dado su última alegría.

El trueno de Netzer

8. FC Barcelona 6-1 PSG (octavos Copa de Europa 2017): En el gran Barça de Guardiola abundan los partidos de dominio absoluto. Iniesta, Xavi y Messi. Esa era la trilogía. Luego vino una reformulación de la mano de Luis Enrique. Menos vals y más rock and roll. Neymar, Luis Suárez y Messi. Y el caso es que fue en 2017, ya en la cuesta abajo de la sinfonía azulgrana y en un año que acabaría con una humillante derrota ante la Juventus, cuando tuvo lugar el gran partido del Barça que, visto con el paso del tiempo, también sería el último gran partido que cerraba un círculo iniciado en 2009. En la ida, el PSG había masacrado al Barça por 4-0. Ese día se consideró la jubilación de Sergio Busquets. No fue así. En absoluto. El partido de vuelta lo tuvo todo. Fue acaso un torrente azulgrana desde los primeros instantes y el 2-0 de la primera parte se tornaba muy corto. Un penalti ponía el 3-0 en el marcador, pero entonces Unai Emery, técnico del PSG, decidió abandonar su planteamiento ultradefensivo y los franceses recortaban distancias. El Barça se fue con todo arriba y tuvo decenas de aproximaciones, pero fue el PSG el que pudo incluso anotar un tanto más. Nadie hizo gol y con 3-1 en el minuto 88 era más que suficiente. El Barça necesitaba tres tantos. Un lanzamiento de falta de Neymar ponía entonces el 4-1 y dos minutos después el propio Neymar, tras penalti muy discutido a Luis Suárez, ponía el 5-1 que seguía siendo inválido. Con cinco minutos de añadido, Sergi Roberto anotaba el tanto del milagro. Fueron tres goles en siete minutos. Según los sismógrafos, el gol de Sergi Roberto provocó un terremoto de escala 1 a 500 metros del Camp Nou. La remontada tuvo un héroe inesperado (Sergi Roberto), una imagen para la historia (Messi puño en alto encaramado en una valla rodeado de aficionados) y un ídolo no valorado (Neymar). Ney fue el amo de la remontada, pero, eclipsado nuevamente por Messi, comprendió que para gobernar tenía que marcharse de Barcelona. Lo hizo, precisamente, al PSG. Allí fue dueño y señor durante un año, justo antes de dedicarse a todo menos a jugar al fútbol.

Éxtasis azulgrana

7 Juventus 0-3 Real Madrid (cuartos Copa de Europa 2018): La trilogía fascinante de Zidane como técnico blanco cuenta con varios partidos para el recuerdo. Ya con Ancelotti en el banquillo el Madrid le había dado una voltereta al FC Bayern (0-4), pero sería la Juve la que más tendría que lamentar sus enfrentamientos contra el ogro blanco. En 2017 un Modric imperial dirigió una sinfonía de buen juego que le daría al Madrid la segunda Copa de Europa consecutiva al pasar por encima de los italianos (4-1). Pero se veía venir. El Madrid era entonces imbatible. No era así en 2018. Los blancos deambulaban en la Liga y eran acusados de viejos. La Juve tenía ganas de revancha. Tres minutos duraron los ánimos de vendetta. Fue el tiempo que necesitó Marcelo para correr la banda, dejársela a Isco y que el malagueño con su desmarque habilitase a Cristiano Ronaldo y éste firmase con un latigazo el 0-1. Kroos la mandó al larguero y luego la Juve se revolvió herida para que Ramos ejerciese de mariscal y Keylor volase cual gato. Tras el descanso llegó el prodigio. Cristiano robó la pelota y la pasó atrás para Lucas Vázquez. El remate del gallego lo paró Buffon, pero el balón acabó en Carvajal que centró al área. Allí andaba Cristiano, otra vez, para elevarse al cielo de Turín y rematar de chilena lejos del alcance de Gianluigi Buffon. Zidane se llevaría las manos a la cabeza para luego afirmar que sentía celos de CR7. Los 45.000 presentes se levantaron de sus asientos y aplaudieron al mito. Buffon afirmaba con la cabeza y levantaba el dedo en honor al portugués. El partido fue ya un asunto secundario, aunque el Madrid lo cerraría con un 0-3. En la vuelta, por cierto, la Juve demostró su categoría al remontar el 0-3, aunque un tanto de penalti de Cristiano en el 97 daba el pase al Madrid camino de la tercera Copa de Europa seguida. Ya se sabe que para los blancos sin polémica y sin sufrimiento no existe la gloria.

Maravilla de Cristiano

6 AC Milan 4-0 FC Barcelona (final Copa de Europa 1994): El Barça iba sobrado. Cuatro días antes había ganado la Liga tras el fallo de un penalti del deportivista Djukic en el último minuto del último partido de la temporada. Eran cuatro ligas consecutivas y tres de ellas ganadas en el instante definitivo. El equipo era excelso, jugaba como los ángeles y había añadido a Romario, el mejor delantero del planeta. En el AC Milan ya no estaban Gullit ni Van Basten, pero Fabio Capello había convertido al equipo rocoso y creativo de Sacchi en uno únicamente rocoso, eso sí, mucho más efectivo. El Barça comenzó el partido manejando la posesión fiel a su estilo, pero el Milan adelantó líneas y realizó una presión asfixiante comandada por la exuberancia física de Desailly y las órdenes desde la zaga de Paolo Maldini. Daniele Massaro se aprovechó de la presión ejercida por sus compañeros para anotar dos tantos antes del descanso. Luego Cruyff cambió el 4-3-3 por un 3-4-3 y el Milan vio como el Mar Rojo se abría bajo sus pies. Un contraataque finalizado por Savicevic ponía el 3-0 y otro era rematado por Desailly quien rubricaba el 4-0. Faltaba media hora para el final del choque. No hubo más partido. El Milan ganaba su tercera Copa de Europa en seis años y aun ganaría un par de ellas más en la siguiente década. Para el Barça fue el final de una era. Zubizarreta, Julio Salinas, Goikoetxea, Laudrup y Romario dejaron el club. Un año después lo haría Johan Cruyff, enfrentado a la directiva presidida por José Luís Núñez. El Barça volvería a ganar, pero tardaría más de una década en recuperar lo que se dio en llamar el ADN Barça, destrozado aquella noche veraniega en el Olímpico de Atenas por el catenaccio italiano.

El fin del Dream Team

5 SL Benfica 1-5 Manchester United (cuartos Copa de Europa 1966): Dos años antes el Sporting de Lisboa le había metido un 5-0 al imberbe United en la Recopa. ¿Qué podrían hacer entonces ante el gran Benfica? Germano, Coluna y el gran Eusebio. Actuales subcampeonas europeos y la base del gran equipo portugués que deslumbrara en el Mundial de meses atrás. Matt Busby, técnico inglés, ordenó a sus muchachos esperar atrás en la primera mitad y aguantar el resultado, para en la segunda parte desplegar un fútbol más ofensivo. Bobby Charlton confesaría, más tarde, que nunca había escuchado a Busby decirles algo así antes de un encuentro. Bobby Charlton, fiel, estaba dispuesto a obedecer. Denis Law, respetable, también acataría órdenes. George Best en absoluto. Best salió como un ciclón. Cada vez que recibía el balón encaraba sin mirar atrás. A los doce minutos ya había marcado un par de goles. 180 segundos después daba el pase del tercero. Fin del partido. El marcador final sería un 1-5 con un último tanto de Charlton regateando dentro del área al arquero Costa Pereira. Aquella noche el mundo conoció a George Best, un norirlandés de apenas 20 años llamado a comerse el mundo. Dos años después ganaría la Copa de Europa y el Balón de Oro. A los 28 años ya era un ex futbolista. Como el denominado Quinto Beatle afirmaría: “Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”.

El nacimiento del Quinto Beatle

4 Real Madrid 7-3 Eintracht Frankfurt (final Copa de Europa 1960): Ya no estaban Kopa ni Rial. Di Stéfano tenía 34 años y Puskás 33 primaveras. Pero el Real Madrid seguía siendo el Real Madrid. Aquella final sería el fin de fiesta. La quinta Copa de Europa consecutiva. El rival era el Eintracht de Frankfurt. Había 127.000 espectadores en Hampden Park (y muchos más que no pagaron entrada) un récord en la historia del fútbol. Al acabar el partido el Real Madrid regaló a cada jugador alemán un reloj que hoy valdría 600 euros. El Eintracht regaló a los jugadores españoles un banderín conmemorativo valorado en unos 20 euros. Y con todo el Eintracht salió presionando. A los diez minutos se pusieron por delante y tuvieron varias ocasiones para aumentar en dos tantos la diferencia. Y ahí se acabó el tema. Una vez que no pudieron aguantar el esfuerzo físico, los teutones se fueron hundiendo y el Real Madrid poco a poco pasó a dominar el partido. Un par de conexiones entre Puskás y Di Stéfano acaba con dos tantos del argentino a la media hora de juego. En la segunda parte el Real Madrid fue un huracán. Serían siete goles en total; cuatro de Puskás (récord de una final y que se antoja imposible de batir) y tres de Di Stéfano. Luego el Eintracht maquillaría el resultado. Y con todo el resultado fue lo de menos. Fue una sinfonía blanca. El partido fue de los primeros retransmitidos en directo por buena parte de Europa. Pocos habían visto por televisión a los magos blancos. Pases en profundidad, controles tras cambios de juego a cuarenta metros, rabonas, taconazos…aquello era precioso. Los balones en largo de Santamaría, los controles de Di Stéfano o la pegada de Puskás impactaban, pero el más llamativo de todos era el callado y humilde Paco Gento. Sus carreras, frenadas y cambios de ritmo enloquecían al público. El encuentro fue calificado como ‘partido del siglo’ por la BBC británica y sería emitido en diferido durante varios años con motivo de las fiestas navideñas.

La Quinta consecutiva

3 Ajax 4-0 Bayern (cuartos Copa de Europa 1973): En la final de 1972 el Ajax había bailado al Inter, pero lo que ocurrió un año después fue aun de mayor calado. Era el último año de Johan Cruyff en el Ajax y sus problemas con la directiva y con algunos de sus compañeros eran más que frecuentes. El Bayern venía como un tiro con el trío Maier, Beckenbauer, Müller en plena madurez. Se intuía un cambio de ciclo. Nada más lejos de la realidad. Rinus Michels había dejado el banquillo ajacied para firmar por el Barça. Daba igual el cambio de entrenador. El barón del fútbol total era Cruyff. Partiendo como extremo izquierdo, Cruyff amagaba con irse a la punta de ataque para que Beckenbauer saliese de la cueva y en la siguiente jugada ordenaba a Neeskens que subiese al área para él dirigir el juego desde el centro del campo. En los primeros 15 minutos el Bayern no sale de su campo. Literal. El Ajax dominaba el balón, pero también presionaba, y mucho, en una época donde el fuelle físico aún era secundario en la mayor parte de los equipos. No sólo eso. El Ajax adelanta líneas y todos los pases en largo de Beckenbauer acaban en fuera de juego teutón. Con todo, la primera mitad acaba en un milagroso 0-0. En la segunda parte el Ajax sale furioso y cambia el toque por los lanzamientos desde fuera del área. Serían dos goles de Arie Hann, otro de Mühren y un gol en el descuento de Cruyff que ponía el 4-0 definitivo. Seep Maier, quien falló clamorosamente en el primer tanto y pudo hacer más en el tercero, meditó la retirada tras el baño sufrido. Felizmente no sería así y sumaría como guardameta del Bayern las siguientes tres Copas de Europa. Antes, el Ajax, tras machacar al Bayern y hacer lo propio con Real Madrid y Juventus, sumaria la tercera consecutiva en la enésima exhibición del futbol total.

Y Cruyff arrolló al Káiser

2 AC Milan 5-0 Real Madrid (semifinales Copa de Europa 1989): Fichado Schuster, con Butragueño y compañía en su mejor momento, el Madrid había echado en cuartos al PSV vengando la derrota del año anterior. 1989. Ese era el año para el Madrid. En el Bernabéu, en la ida, un gol impresionante de Marco Van Basten ponía el 1-1 final. Los blancos cayeron más de veinte veces en fuera de juego gracias al cerebro de Arrigo Sacchi y al buen hacer de Franco Baresi. En la vuelta el Madrid sufrió la mayor humillación de su larga y gloriosa historia. Ancelotti, Rijkaard y Gullit marcaron tres tantos en la primera mitad. El Milan dominaba y el Madrid atacaba por las bandas, pero cualquier balón perdido por el Madrid era cazado por un Milan que con cuatro o cinco pases perfectos se plantaba en el corazón del área blanca. El Madrid nunca antes se vio tan impotente. Todas las líneas de pase interiores eran cazadas por Rijkaard y todas las subidas por banda por Tasotti o Maldini. Después Baresi levantaba la mano y tocaba el fuera de juego y arriba Gullit se movía a su antojo volviendo loco a Sanchís. ¿Van Basten? Hacía lo que quería tanto de cara como de espaldas. Aquel Milan atacaba defendiendo. Schuster prácticamente no tocó balón. Van Basten anotaba el cuarto y, con todo San Siro pidiendo el quinto, Roberto Donadoni firmaba la manita cuando aún faltaba cerca de media hora para el final del encuentro. Si los italianos hubiesen querido habría sido un 7-0 o un 8-0. En los siguientes dos años el Milan se convirtió en una máquina perfecta que avanzaba un juego moderno donde el físico y el primer toque tendrían preponderancia frente al regate o la velocidad.

Chorreo rossonero

1 Bayern 8-2 FC Barcelona (cuartos Copa de Europa 2020): Por culpa del Covid aquella edición de la Copa de Europa pasó a disputarse en agosto en una burbuja aislada de aficionados en Lisboa. Cuartos y semifinales en campo neutral y a partido único. No había pronostico claro. Todo era confuso. Pero lo cierto es que el Barça estaba de vuelta de todo y su técnico, Quique Setién, llegaría a declarar que estaba más a gusto llevando a pastar a unas vacas que entrenando a Messi y compañía. Se adelantaron los germanos, pero rápidamente empató el Barça. Entonces hubo dos ocasiones claras de los azulgranas que fueron atajadas por Neuer en primera instancia y por el poste en el segundo intento. Ahí se acabó el encuentro para el Barça. En un plazo de diez minutos, tras un par de errores groseros azulgranas, el Bayern anotó tres tantos. 4-1 en el minuto 31. Se podía pensar que había tiempo y que el Barça se levantaría del suelo, pero el bajón anímico pocas veces antes fue visto en una eliminatoria de fútbol de primer nivel. El Bayern tocaba y tocaba en el centro del campo mientras los jugadores del Barça no hacían amago alguno por intentar robar el balón. Un rondo gigantesco del Bayern que se agravó en los últimos diez minutos con los tres últimos tantos del Bayern, los dos finales anotados por Coutinho, futbolista cedido por el Barça al Bayern meses atrás. 8-2. Lo nunca visto. La peor derrota azulgrana en 69 años. Fue el fin de Rakitic o de Luis Suárez, pero Messi, quien pidió salir, alargaría su carrera en el Barça hipotecando económicamente a corto y medio plazo al club de sus amores. El Bayern ganaría el triplete y firmaría una inmaculada edición de la Copa de Europa ganando todos y cada uno de los partidos. 11 de 11. Hazaña poco recordada por culpa de la maldita pandemia.

La destrucción del Barça

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El fútbol. Lo más importante de lo menos importante. Dicen que los jóvenes le dan la espalda. Sin salir del teléfono hay cientos de entretenimientos que compiten con el fútbol. Es cierto. Noventa minutos son demasiados para mentes que viven enclaustradas en la inmediatez, para cerebros que son incapaces de prestar atención más allá de sesenta segundos. La letra ha dado paso a la imagen. El oído ha dejado su sitio a la vista. Los nueve minutos de November Rain, los ocho de Stairway to Heaven o los siete de Hey Jude han dejado paso a los menos de 180 segundos de Rosalía, Dua Lipa, Shawn Mendes, Taylor Swift y compañía. Y es cierto. 90 minutos (unos 105 con VAR y pausas de hidratación varias) son muchos. Pero la magia del fútbol es inigualable. Cuando la gente se conecta con un partido no lo hace para entretenerse, sino para emocionarse.

Emoción. En eso el fútbol no tiene parangón. Deporte de reglas simples, dos porterías a lo largo, un juez (el cura), una eira y once personas que no tienen necesidad de mostrar grandes condiciones físicas. Hace apenas dos siglos las relaciones culturales entre individuos se adscribían al ámbito local. ¿Dos siglos? Realmente se podría reducir este periodo hasta hace apenas siete décadas, porque si bien es cierto que la revolución de los transportes benefició el movimiento en la sociedad urbana y capitalista occidental, la inmensa mayoría del orbe (incluida la población campesina y obrera de Europa) seguía relacionándose con sus vecinos y con villas limítrofes. La vida de un ser humano tipo transcurría en el mismo sitio en el que nacía.

Pero fue a inicios del siglo XIX cuando el asentamiento del Estado-Nación desarrolló una organización política basada en la centralización administrativa, fiscal y ejecutiva, fomentando el beneficio del ciudadano y, a su vez, promoviendo la concienciación del mismo con el Estado a través de la educación de masas. El despliegue del sistema posibilitó la difusión de una identidad y cultura nacionales. El fútbol, primero entre aldeas, barrios o villas, y después entre ciudades y naciones, sirvió, y sirve, para exponer las propias identidades y las supuestas fortalezas en una especie de lucha imaginaria.

Para llevar a cabo esta simbiosis, los Estado-Nación hicieron uso de los medios de comunicación. La radio y la televisión (especialmente esta última) se convirtieron en básicos para trasladar los éxitos nacionales a los ciudadanos. Los medios se encargaron de mitificar a los deportistas a través de un discurso épico en el que a menudo se utilizaban adjetivos y comparaciones frecuentes con los hechos gloriosos de la nación y en el que el lenguaje bélico formaba parte de la rutina diaria.

¿Qué implica esto para la sociedad? Todo.

El fútbol se ha dotado de estructuras asociacionistas tan férreas que lo han convertido en la base del sentimiento de pertenencia a una ciudad (club) o a un país (selección nacional). Con el tiempo miles de niños africanos, latinoamericanos o asiáticos se han transformado en futuros futbolistas con educación europea. Sólo el fútbol es capaz de convertir esa invasión en una asimilación. El fútbol es al siglo XX y al XXI lo que las calzadas, los acueductos y las termas eran al siglo I y al II.

Integración sin acueductos

¿Cuántos partidos se han jugado en la historia del futbol? Se tornan al infinito. Anónimos y públicos, soporíferos y espectaculares, bajo lluvia torrencial o soportando una canícula asfixiante, en una mañana siberiana o en un atardecer sudafricano. Unos se han jugado, otros se han vivido, otros se han visto, la gran mayoría se han leído y muchos otros se han imaginado. Y aquí, el que escribe, ha decidido clasificar los más grandes partidos de la historia. Una locura. Una bendita locura. Mas como dijo Edgar Allan Poe, la ciencia todavía no ha demostrado si la locura es o no es la más sublime de la inteligencia.

Para hacer clasificable lo inclasificable he echado manos de otros que elevaron esta locura a una bendita realidad. Son Marca y Panenka (España), So Foot (Francia), Four Four Two (Inglaterra), Freunde (Alemania), Undici (Italia), así como del canal de Youtube de Julio Maldonado, el experto en fútbol internacional conocidos por todos como Maldini. Todos ellos coinciden en un puñado de partidos que no admiten discusión como los más grandes de la historia. Luego ya hay distinciones que van al criterio del escribidor.

Y es que, si en otras ocasiones he manifestado que la objetividad es clave para los criterios de selección, hay que constatar que en esta ocasión es hartamente complicado. Lo es tanto que estoy convencido de que si hiciese esta misma clasificación dentro de un par de años algún que otro partido cambiaría de posición. No tengo ninguna duda. Me ha resultado tan difícil que donde al principio tenía 10 en mente, he tenido que ampliar a 20, más tarde a 30 y finalmente me he quedado en 40. ¡Y los que se han quedado en el tintero!

Las cribas han sido muchas. En primer lugar, sólo he seleccionado encuentros de carácter internacional, bien fuesen de clubes o de selecciones. Así pues, todo choque copero o de competición liguera ha quedado descartado. Es imposible, ¡IMPOSIBLE! poder analizar partidos de ligas de todo el mundo en un periodo de más de 100 años. Es inabarcable en el espacio-tiempo. Así partidos legendarios como el 2-6 del Barça al Madrid en el Bernabéu con Messi ejerciendo de falso ‘9’ queda fuera de la lista. También el 3-2 del City con gol de Agüero en el minuto 93 al QPR que le dio el primer título de la Premier de la historia a los citizens. Queda fuera también el catalogado como el mejor partido de la historia de la liga inglesa en el que el West Bromwich Albion venció por 3-5 al United con una actuación legendaria de Laurie Cunningham. También un Schalke 6-6 Bayern de la copa alemana de 1984, un Reading 5-7 Arsenal de 2012 en Copa de la Liga en el que los gunners perdían 4-0 en el medio tiempo, un Juventus 1-7 AC Milan de 1950 (primer partido televisado de la historia en Italia) o el mítico Valencia CF 6-3 Athletic copero de 1950, en el cual los vascos anotaron un gol salvador en la tercera prórroga para dar por válido el 5-1 de la ida en San Mamés. En la Copa del Rey, que a fin de cuentas es la más conocida por el que escribe, se han vivido momentos inexplicables como la victoria del RC Deportivo ante el Real Madrid (1-2) el día del Centenario del club blanco o una increíble remontada del Barça ante el Atlético en 1997, encuentro en el que los rojiblancos ganaban al descanso por 0-4 con póker de tantos de Milinko Pantic y acabarían perdiendo por 5-4 con triplete de Ronaldo.

En los torneos continentales se ha primado Europa y dentro de Europa la Copa de Europa desde que a mediados de los 90 se aprobase la Ley Bosman. Todo el gran fútbol, el de mayor nivel, el de los mejores jugadores y entrenadores, tiene lugar en el Viejo Continente desde entonces. Y desde que la Copa de Europa pase a renombrarse como Liga de Campeones y se convierta en una competición cerrada de facto, todo lo que tiene que suceder ha de suceder bajo el paraguas de la orejona. Por supuesto se descartan rondas previas y se prima los momentos decisivos de las fases eliminatorias. No obstante, como observaremos, siempre hay excepciones que confirman la regla.

Toda esta vorágine me ha dado para hacer cuatro clasificaciones distintas que explicaré en las siguientes cuatro semanas. Son la siguientes:

Los 10 mejores partidos de clubes épicos de todos los tiempos.

Los 10 mejores partidos de selecciones épicos de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos.

Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos.

En las siguientes cuatro semanas, en dosis de diez en diez, tendremos los que yo considero (a fecha actual) como los mejores 40 partidos de la historia.

¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

¿Qué es una paliza? Es aquella en la que el nivel de ambos contendientes es tan elevado que nada hace presagiar que el resultado se decante de manera escandalosa hacia algún lado de la balanza. En la paliza el ganador puede dar el pistoletazo de salida hacia una era prodigiosa o también puede ser el broche de oro a esa era iniciada años atrás. En la paliza el perdedor puede ser un gran campeón que esa noche firma su acta de defunción y cede el testigo al siguiente gran héroe. En la paliza, pues, no hay un grande contra un pequeño, sino un grande que inesperadamente echa a la lona a otro grande.

Vamos pues con la primera de todas estas clasificaciones:

LOS 10 MEJORES PARTIDOS DE CLUBES ÉPICOS DE TODOS LOS TIEMPOS

Tras mucho rebuscar he seleccionado diez partidos épicos. Alguno ha quedado fuera de esta lista con todo el dolor de mi corazón. Otro (el del Dépor) creo que ha entrado en la lista precisamente por mi corazón. La criba final constaba de 18 partidos, por lo que creo justo y necesario nombrar los ocho que han quedado fuera de la clasificación por el bigotillo de un grillo.

Dos de estos encuentros son luctuosos. En 1949 el SL Benfica y el Torino FC (4-3) se enfrentaron en un precioso duelo en Lisboa. Il Grande Torino era entonces el mejor equipo de Europa. Diez de sus once componentes eran titulares en la selección italiana. El avión que los traía de vuelta a Turín se estrelló en una ladera adyacente a la Basílica de Superga acabando con aquel legendario equipo. Igual infortunio sufrió el Manchester United tras empatar (3-3) en Belgrado ante el Estrella Roja en cuartos de la Copa de Europa de 1958. Los ingleses se clasificaron, pero Duncan Edwards y varios de sus compañeros perecieron en un accidente aéreo en Múnich donde hacían escala camino de Inglaterra. Bobby Charlton sobrevivió al destino y presenciaría, ya anciano, en el palco de autoridades otro partido de cuartos de Copa de Europa en este caso de su amado United ante el Real Madrid. Era 2003 y el United ganó 4-3, aunque cayó eliminado. Eso es lo de menos. Aquel día Ronaldo Nazario salió ovacionado de Old Trafford tras anotar tres tantos descomunales. El primero un remate de pantera a la cepa del poste, el segundo un pase a la red tras asistencia y jugadón de Roberto Carlos y el último un zapatazo desde fuera del área por toda la escuadra.

Desconocido para cualquier aficionado al fútbol, salvo que sea alemán, es lo sucedido en un, en principio, anodino partido de cuartos de Recopa de 1986 entre el Bayer Uerdingen (RFA) y el Dinamo Dresde (RDA). El choque se convirtió en épico tras el 2-0 de la ida. En la vuelta el Dresde ganaba 1-3 al descanso sumando una ventaja global de 5-1 a su favor a falta de 45 minutos. En la segunda parte el Uerdigen anotó cinco tantos para llevarse el partido por 7-3. El último gol fue en el minuto 87. Les habían sobrado tres minutos y un gol para levantar la eliminatoria en apenas media parte.

Los otros cuatro choques que se han quedado fuera de la lista cuentan con representación española. En 2004 el campo de Mestalla era una caldera con el objetivo de remontar el 2-0 que el Sevilla FC le había infringido al Valencia CF en semifinales de la Europa League. Un torrente de fútbol ché puso el 3-0 en el marcador, pero en el minuto 94 M’Bia entró con cuerpo y alma en el área valencianista y ponía de cabeza el 3-1 final que clasificaba al Sevilla rumbo al primero de tres títulos consecutivos. Otro fue el 2-3 del Athletic ante el United en Old Trafford en octavos de la Europa League de 2012. Ese fue quizás la obra maestra de una temporada espectacular de los bilbaínos con un despliegue físico y ofensivo promovido por Marcelo Bielsa que convirtió al Athletic en el mejor equipo del mundo durante unos meses, el tiempo que les duró la gasolina. Luego tenemos al Madrid como protagonista. Semifinales de la Copa de Europa de 2024. El último milagro. El eterno milagro blanco. Real Madrid-FC Bayern. Los alemanes dominaron en la primera parte, pero, en pleno vendaval blanco en la segunda, el Bayern se adelantaba por 0-1. Entró Joselu, un delantero con pasado en el Alavés y que el año anterior había descendido con el Espanyol. En el 88 anotaba tras fallo inexplicable de Neuer y en el 91 el éxtasis llegaba al Bernabéu con gol del delantero gallego. El Madrid gana 2-1 y se clasifica para jugar y, por supuesto, ganar su decimoquinta Copa de Europa.

El último de los choques, y no por ello menos importante, es el más reciente. Se trata de la victoria por 4-3 del Inter ante el Barça en las semifinales de la Copa de Europa de 2025, choque que a su vez venía precedido de un 3-3 en el partido de ida. Los catalanes apenas estuvieron cinco minutos por delante en toda la eliminatoria, a pesar de mostrar un excelso juego ofensivo coronado por una exhibición de Lamine Yamal jamás vista en un menor de edad desde los tiempos de Pelé. Con todo, el Inter tiró de fortaleza y resiliencia para remontar un 2-3 (tras empezar ganando 2-0) y vencer gracias al coraje de Lautaro Martínez, un empate cuando el partido agonizaba de Acerbi y un tanto en el descuento del suplente Davide Frattesi.

Thriller en el Giuseppe Meazza

Como es fácil de observar el Real Madrid es protagonista de los partidos que han quedado a las puertas de entrar en esta clasificación. También lo es de los partidos que han entrado en dicha clasificación. Cinco de los diez elegidos contarán con sello blanco. No es más que lo normal ante el equipo con más títulos europeos y, quizás, también el equipo cuyos títulos más han emocionado a propios y a extraños. No olvidemos que el fútbol al final va de eso. De emocionarse.

Allá van pues los 10 partidos de clubes emocionantes por antonomasia. Diez obras maestras del fútbol. Diez momentos épicos en la historia del rey de los deportes.

10 RC Deportivo 4-0 AC Milan (cuartos de final Copa de Europa 2004): El AC Milan era el vigente campeón europeo y el mejor conjunto del planeta. Cafú, Maldini, Gattuso, Pirlo, Kaká, Seedorf, Shevchenko o Rui Costa con Carlo Ancelotti en el banquillo. Al Dépor le había metido ¡8! el AS Mónaco en la fase de grupos. Habían tenido que vender a Makaay, Manuel Pablo se había roto la tibia, Naybet y Djalminha (que ya no jugaba nada) tenían 34 años, Fran 35 castañas y Mauro Silva ya contaba con 36. En la ida Kaká baila al Dépor y los italianos ganan por 4-1. La vuelta en Coruña tenía que ser un trámite. En casi medio siglo de Copa de Europa nadie ha remontado tres goles en una eliminatoria. Riazor se llenó. Siempre se llena, pase lo que pase. A los cinco minutos Pandiani anota a la media vuelta y veinte minutos después Juan Carlos Valerón marca el que probablemente fuese el primer gol de cabeza de su vida. Con el estadio enloquecido, Albert Luque colocaba un balón en la escuadra derecha de Dida. Con el 3-0 y la eliminatoria levantada, los once colosos blanquiazules marcharon al vestuario galopando. Paolo Maldini se preguntaría después si no estarían dopados. No lo estaban. Simplemente sabían que el trabajo no estaba hecho. En la segunda parte Fran, el eterno capitán, firmaba el 4-0 en un acto de justicia poética. Después sí, después tocó aguantar unos minutos finales de embestida a la italiana. Aquel 4-0 se convirtió en la mayor remontada nunca antes vista en la Copa de Europa. Con el tiempo fue superada. Pero lo que tardará mucho en superarse es que sea el pequeño el que le dé la vuelta a la tortilla y machaque al grande.

Milagro gallego

9 Real Madrid 4-1 Atlético (final Copa de Europa 2014): Desde que Diego Pablo Simeone regresara al Calderón para agarrar la camiseta atlética por el escudo su objetivo ha sido el de llevar al Atlético a las cotas más altas. Y lo hizo. Final de la Copa de Europa. ¿El rival? El más deseado. El Real Madrid. No había favorito. Aquel año el Atlético ganó la Liga. No perdió en los dos duelos ante los merengues. Aquel año el Madrid ganó la Copa. Masacró al Atlético en semifinales. En otras semis, en las de la Copa de Europa, el Madrid había destrozado al Bayern. El Atleti había hecho lo propio ante el Chelsea. Un cabezazo de Godín tras fallo en la salida de Casillas puso por delante al Atlético bien avanzada la primera mitad. Simeone mando entonces a sus pretorianos levantar una muralla. Courtois, Juanfran, Godín, Miranda y Filipe Luis. El Madrid tuvo el dominio, el control y las ocasiones, pero el Atlético tiró de épica y se defendió como gato panza arriba. Los colchoneros ya agarraban la copa por un asa cuando, tras un lanzamiento de un córner, un impecable remate de cabeza de Ramos al palo largo de Courtois (aún no se había ido al lado bueno de la historia) ponía el 1-1 en el minuto 93. Prórroga. Ahí la superioridad blanca fue total. El Atlético estaba fundido física y mentalmente. Aún aguantarían hasta la segunda parte de la prórroga cuando un gol de Bale tras un rechace, una galopada de Marcelo y un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, ponían el 4-1 final en el marcador y le daban la décima Copa de Europa al Real Madrid tras doce años de sequía.

Ramos en el 93…

8 Real Madrid 3-0 Internazionale (semifinal Copa de la UEFA 1985): El primer milagro madridista ocurrió en los 70 con remontada al Derby County, pero la eclosión de la mística del Bernabéu es cosa de los 80. Antes, en época de Di Stéfano, el Madrid ganaba por aplastamiento. La década de los ochenta fue otra cosa. Se naufragaba fuera de casa y se remontaba en la Castellana ya fuese al Anderlecht (6-1) o al Gladbach (4-0). Fue cuando Jorge Valdano acuñó aquello del miedo escénico. La madre de todas las remontadas tuvo lugar ante el Inter. En San Siro se cae por 2-0 y a Juanito le meten el micro en la boca nada más acabar el partido para, con una sonrisa de oreja a oreja, soltar aquello de “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. Juanito, ya en su recta final, había sido suplente. En la vuelta será titular. Butragueño es baja por lesión. Pero eso no había sido lo peor. Amancio, técnico blanco, había pillado tras la derrota a Juanito y a Lozano con dos señoritas italianas. A Lozano lo echarán ese verano, pero Juanito es mucho Juanito. Las vacas sagradas le hacen la cama a Amancio y Luis Molowny es el nuevo entrenador. En medio de un incendio de críticas Juanito y Santillana toman las riendas. El cántabro anota al poco de iniciar y luego, con uno de sus eternos cabezazos, pone el 2-0. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! El Inter no se rinde y cuenta con un par de ocasiones, pero el Madrid camina con paso firme a por su primer título de Copa de la UEFA.

El miedo escénico

7 Nottingham Forest 3-3 FC Colonia (semifinal Copa de Europa 1979): El Nottingham Forest tenía dos cosas. La primera que le gustaba la posesión y el toque, algo más que destacable en el jurásico fútbol inglés. La segunda que estaba entrenado por Brian Clough, un técnico de esos que no dudarían en ir a la guerra frente a un ejército, aunque apenas tuviese un cuchillo entre las manos. Camino de su primera Copa de Europa toca el FC Colonia. Toni Schumacher, Bernd Schuster, Pierre Littbarski y Dieter Müller. Los teutones son archifavoritos. Se adelantó el Colonia con un rápido 0-2. Acortó el Forest antes del descanso. Por entonces los 22 protagonistas ya tenían el cuerpo lleno de barro ante el diluvio que había convertido el césped del añoso City Ground en un patatal. Aun así, los dos equipos salieron tras el descanso con la firme idea de sacar el balón jugado desde atrás. Aquel esfuerzo ofensivo y de bella plasticidad se completaría con cuatro goles más. El Forest remontó con dos zarpazos, hasta que el Colonia puso el 3-3 definitivo con un tanto de Yasuhiko Okudera que se convertirá en el primer asiático en meter un gol en competición europea. En la vuelta, en otro partido desbravado, el Forest ganará por 0-1 gracias a las increíbles paradas de Peter Shilton ante la acometida germana liderada por Kevin Keegan.

Bailando en un patatal

6 Benfica 5-3 Real Madrid (final Copa de Europa 1962): El Madrid había ganado cinco Copas de Europa consecutivas antes de que el Benfica saliese campeón. Fue en 1961. El Madrid había caído en octavos con polémica arbitral por lo que, a ojos de todos, seguía siendo el campeón moral. Así que la final de 1962 era el momento de saber si había nuevo rey de Europa. Madrid vs Benfica. Di Stéfano vs Eusebio. Fue precioso. El Madrid salió mandón y a los veinte minutos gobernaba el partido gracias a dos zarpazos de Ferenc Puskás. El Benfica se rehízo y empató en un abrir y cerrar de ojos antes de que Puskás anotase su tercer tanto y llevase el partido al descanso con un impresionante 3-2 a favor del Real Madrid. La segunda parte fue otra historia. El Benfica apretó físicamente a un Madrid entrado en años y le metió una marcha más al partido. Coluna empató el partido y luego Eusebio puso el 4-3 para los portugueses. Quedaba algo menos de media hora para el final y el Madrid buscó el empate. Con espacios, emergió la pantera. Eusebio marcaría un golazo para el 5-3 y fallará alguna que otra ocasión más. Y no fueron los goles. Fue demostrar que era el elegido. El hombre que iba a suplir en el trono a Alfredo Di Stéfano.

El asalto al trono de Eusebio

5 FC Barcelona 1-0 Internazionale (semifinal Copa de Europa 2010): La única victoria de esta lista que se tornó en derrota. O la única derrota que se tornó en victoria. Un ejercicio defensivo mayúsculo. Una oda al trabajo de equipo y a la demostración de como un capitán es capaz de llevar un barco perdido a buen puerto. En la ida el Inter había ganado por 3-1. En la vuelta tocaba aguantar. Era el Barça el mejor equipo del mundo. Era, y sigue siendo, el equipo con mayor capacidad asociativa que jamás se ha visto. A los 28 minutos de partido expulsan a Thiago Motta. El Inter queda con 10 hombres. Es cuestión de tiempo que el Inter caiga. Pero no. El goleador Samuel Eto’o pasa a convertirse en lateral derecho y el ejercicio defensivo italiano es excepcional. El Barça acaba el partido con un 76% de posesión, pero apenas conseguirá lanzar en cuatro ocasiones entre los tres palos. Una de ellas, a falta de seis minutos para el final, terminará en gol y en una victoria insuficiente. El achique de espacios y la solidaridad defensiva del conjunto dirigido por Mourinho rozará la perfección. La formación 4-6-0 fue un castillo edificado por Mou que Guardiola no supo asaltar. Pocas veces se ha visto a un equipo de élite defender tan atrás. Y pocas veces se ha visto a un equipo de élite tan entregado, solidario y sacrificado por el bien común. En la ida, por cierto, el Barça había tenido la posesión, pero el Inter había atacado mucho y bien. Pocos recuerdan que el 2-1 fue obra de Maicon (lateral derecho) en un contraataque en el que acabó chutando en el área pequeña rival. La pena de Mourinho es que acabó cegado por aquel éxito defensivo y se olvidó de lo que era jugar con balón.

Perfecto ejercicio de supervivencia

4 Liverpool 5-4 Alavés (final Copa de la UEFA 2001): Javi Moreno fue máximo goleador de Segunda B con el Córdoba CF. Ese era su nivel. Pero antes de eso compartió equipo con Maldini, Costacurta, Redondo, Pirlo, Shevchenko o Inzaghi. Y es que a Javi Moreno lo fichó el gran AC Milan. Y todo fue por aquella final. Aquella bendita final. Que el Alavés echase al Inter o que le metiese cinco al Kaiserlautern parecía machada más que suficiente. Y lo cierto es que el Liverpool FC de unos imberbes Owen y Gerrard se puso 2-0 arriba a los veinte minutos. Mané, aquel padre-entrenador de barriga y bigote, decide entonces sustituir a uno de sus tres centrales y meter a un delantero centro. Iván Alonso, que así se llamaba el ariete, acorta distancias, pero los ingleses aprietan y ponen el 3-1. Descanso. A la vuelta dos zarpazos de Javi Moreno ponen el 3-3 y le aseguran el contrato de su vida, hasta que Robbie Fowler vuelve a adelantar a los reds y sitúa el 4-3. El asunto parecía acabado, pero un cabezazo de Jordi Cruyff en el último minuto pone el 4-4 y lleva el partido a la prórroga. En el primer aliento del tiempo suplementario el Alavés se quedó con nueve. Por entonces toda Europa se había hecho vitoriana y soñaba con la victoria de David ante Goliat. Cuando los penaltis asomaban tras una esquina, un gol en propia puerta le daba el triunfo a un Liverpool sediento de triunfos. Para los reds fue su primer título europeo en cerca de dos décadas, para Michael Owen un Balón de Oro y para Javi Moreno y el Alavés el momento más feliz de sus vidas.

Gloria red

3 Real Madrid 3-1 Manchester City (semifinal Copa de Europa 2022): Son tantas y tantas las remontadas del Real Madrid en la Copa de Europa que es difícil escoger una por encima de las demás. Pero lo sucedido en 2022 roza lo paranormal. Personalidad, fe, calidad y alma. Y fútbol. A veces se olvida con tanto milagro que el Madrid domina los tiempos. Y eso es fútbol. La primera parte se jugó a ver quién cometía menos errores, al contrario que el partido a campo abierto de la ida que acabó con 4-3 a favor de los ingleses. Hubo ocasiones, eso sí. Courtois emuló a dios a tiro de Bernardo Silva y volvió a hacer lo mismo a remate de Gabriel Jesús. En el Madrid era Vinicius el que perdonaba lo imperdonable. El choque fue abriéndose poco a poco hasta que un zurdazo de Mahrez en el 73’ ponía un 0-1 imposible de levantar. ¿He dicho imposible? El Madrid ya había levantado un 1-0 del PSG (3-1 en el Bernabéu tras ir cayendo 0-1 al descanso) e igualado un 0-3 de un Chelsea que ganaba en el 75’ en la casa blanca (en la ida el Madrid había vencido 1-3 en Londres) y tocaba nueva hazaña. Grealish tuvo dos ocasiones clarísimas para sentenciar, pero falló para desesperación de Guardiola. Con el Madrid volcado sucedió lo inexplicable. Rodrygo remachó un pase de Benzema y luego culminó de cabeza una asistencia de Carvajal. Era el minuto 90 y el minuto 91 de partido. En la prórroga el Madrid volaba y Benzema anotaba de penalti tras un par de acometidas sin éxito. Tuvo el City una más que Courtois atajó dando el enésimo pase blanco a una final europea.

Rodrygo ‘Goles’

2 Liverpool 3-3 AC Milan (final Copa de Europa 2005): El AC Milan era favorito. Muy favorito. Y cumplió el pronóstico con creces. Al minuto de juego Paolo Maldini adelantaba a los rossoneros. Pirlo se hizo dueño del medio campo y Kaká barría hacia la mediapunta para que Cafú corriese la banda una y otra vez. El dominio italiano se certificó con dos goles de Hernán Crespo antes del descanso que ponía la final con un claro 3-0. Camino del vestuario, los más de 25.000 seguidores del Liverpool presentes en Estambul entonaban el You’ll never walk alone, himno oficioso de los reds. La sinfonía duró los quince minutos del tiempo de asueto para sorpresa y orgullo de Steven Gerrard y el resto de los chicos de Rafa Benítez. En seis minutos inolvidables, los que van del 54 al 60 de partido, Gerrard, Smicer y Xabi Alonso empataban el encuentro. El tanto de Alonso se originó tras un rechace de un penalti que él mismo había fallado. Entonces el Liverpool pecó de timorato y no tumbó a un Milan completamente grogui. Con una marcha menos, el encuentro se dirigió a una prórroga en donde el Milan decidió ir con todo a por el encuentro. Finalizando la segunda mitad del tiempo extra Shevchenko tuvo dos ocasiones clamorosas que acabaron en el limbo. Tocaba penaltis. Luego Ancelotti, entrenador italiano, confesaría que tras mirar a los ojos a sus jugadores ya contaba con perder el partido. Dudek hizo el resto. Emulando el legendario baile de Bruce Grobbelaar en la final de 1984, Jerzy Dudek se marcó un pasodoble, una bachata y una salsa para que tres rossoneros fallasen sus penaltis y le diesen al Liverpool la que entonces era su quinta Copa de Europa.

El baile de Dudek

1 Manchester United 2-1 Bayern (final Copa de Europa 1999): El United no contaba ni con Keane ni con Scholes por sanción. A los seis minutos Mario Basler anotaba el gol del Bayern. A partir de ahí los alemanes se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. El marco era incomparable. Un Camp Nou a reventar y Pierluigi Collina, el dios de los árbitros, silbato en boca. El partido no acompañaba a lo esperado. Tocaba descanso. A mitad de la segunda parte el United decide venirse arriba y el Bayern pasa a tener varias ocasiones al contraataque. Effenberg lanza una volea que detiene Schmeichel. Scholl lanza una vaselina que da en el larguero tras pase de Basler. El United toca y toca, pero no obtiene respuesta. A falta de diez minutos del final Lothar Matthäus es sustituido. Tiene 38 años, un Mundial, una Eurocopa y un Balón de Oro. Le falta la Copa de Europa. Justo un minuto después el United realizaba su segundo cambio al entrar Ole Solskjaer en lugar de Andy Cole. En el 85’ Jancker remata de cabeza al larguero. Está más cerca el 2-0 alemán que el 1-1. Pero no. Los dioses del fútbol tienen otros planes. En el 91’ Beckham bota un córner que es rechazado por la defensa teutona, Giggs remata a contrapié y el balón es desviado con la testa por Sheringham quien empata el partido. Alex Ferguson (entonces aun no es Sir) ni se lo cree. Habrá prórroga. Pero dos minutos después hay nuevo córner. Beckham lanza otra banana desde la esquina, Sheringham remata de cabeza y ahora es Solskjær el que pone el pie para batir a Oliver Kahn. El United gana 2-1. Dos goles en el descuento. Collina trata de levantar a los futbolistas del Bayern del suelo para continuar el partido. Matthäus llora en el banquillo y Kuffour es un mar de lágrimas dentro del área de castigo del Bayern, en el mismo lugar en el que Sheringham y Solskjaer acaban de obrar el milagro más prodigioso de la historia de las finales. No sé sabe bien cómo el partido se reanudó lo justo para que los futbolistas teutones mandasen el balón de una patada a los infiernos y Ferguson se convirtiese en Sir y llevase a los Diablos Rojos a la conquista de su segunda Copa de Europa.

120 segundos milagrosos en el Camp Nou

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Cuando Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro

Vamos con una serie de datos. Máximo goleador de todos los tiempos del Dinamo de Kiev, de la selección de la Unión Soviética y máximo goleador en la historia de la liga soviética. Futbolista con más partidos jugados con el Dinamo de Kiev y el único en superar la centena de internacionalidades con la URSS. Fue futbolista ucraniano del año nueve veces (récord) y soviético en tres ocasiones (también récord). Logró ocho ligas, cinco copas y venció en dos Recopas.

Su nombre es Oleg Vladimirovich Blokhin u Oleh Volodymyrovych Blokhin.

Y tiene un Balón de Oro.

El Balón de Oro de Oleg Blokhin es de los más polémicos conocidos. Fue en 1975. No estaba en el guion. En el guion de nadie. En los inicios de los 70 el tema era cosa de dos. Un terco holandés de nombre Johan Cruyff y un no menos testarudo alemán de nombre Franz Beckenbauer. Cruyff ganó tres pelotitas doradas entre 1971, 1973 y 1974. Beckenbauer logró dos esferas áureas en 1972 y 1976. En el 74 Beckenbauer logró el Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Cruyff y en el 76 fue Cruyff el que fue Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Beckenbauer. El Káiser ya había sido Balón de Bronce en 1966 tras despuntar jovencísimo en el Mundial de Inglaterra. Y aún hay más. Beckenbauer fue en cuatro ocasiones cuarto clasificado en la votación del Balón de Oro. Johan Cruyff fue medalla de chocolate en dos ocasiones.

Así pues, para 1975 estaba claro que el vencedor tendría que ser uno de los dos. Beckenbauer volvió a liderar al FC Bayern en la consecución de la Copa de Europa al derrotar al Leeds United. Cruyff, tras lograr el año anterior la primera liga del FC Barcelona en una década, había llevado al Barça hasta semifinales de la Copa de Europa, donde caerían ante los citados ingleses. Visto lo visto, y tras el triunfo de Cruyff en 1974 a pesar de caer Países Bajos en la final del Mundial ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, todo parecía indicar que el Káiser lograría alzarse con el trofeo.

Y así fue hasta que llegó la Supercopa de 1975 a disputarse a doble partido en el mes de septiembre, antes del inicio de la siguiente temporada. Hace ahora medio siglo de ello. Se enfrentaba el FC Bayern de Beckenbauer, vigente campeón de la Copa de Europa, y el Dinamo de Kiev, vigente vencedor de la Recopa de Europa. Los ucranianos habían machacado al Ferencvaros (3-0) en una plácida final tras derrotar antes al PSV o al Eintracht de Frankfurt. En aquel equipo destacaba un enorme portero llamado Eugeny Rudakov y un extremo zurdo que obedecía al responder como Oleg Blokhin.

Jugaban como los ángeles.

Blokhin

Justo doce meses antes de lograr el triunfo en la Recopa accedió al cargo de entrenador un ex lateral izquierdo del club llamado Valeri Lobanovsky. Su idea era simple; la suma de todas las partes alcanzará un objetivo colectivo. La nutrición, el estudio del cuerpo humano, los entrenamientos específicos y el trabajo de pretemporada se convertirán en habituales en el Dinamo. Aquella final ante el Ferencvaros vio todo aquel trabajo reflejado en el campo. Presión desde el primer minuto, espacios cerrados al perder el balón para limitar el ataque del rival e intercambio de posiciones al atacar.

El sistema era muy parecido al de Rinus Michels, Cruyff y la famosa Naranja Mecánica, pero el modelo artístico-futbolístico soviético de Lobanovsky tenía una notable diferencia. En el mundo occidental se premiaba y fomentaba el desarrollo personal, por lo que Johan Cruyff era una estrella que brillaba por encima del colectivo. Dentro del grupo a Cruyff se le permitía ser verso libre. En el modelo comunista el engranaje perfecto no daba lugar al centello del individuo, por lo que Oleg Blokhin no podía ser más que ninguno de sus compañeros.

Aquel año Blokhin había anotado 23 goles en 36 partidos partiendo desde la banda. De las asistencias no tenemos datos porque entonces no se recogían. Era implacable, potente y tenía la habilidad de disparar fuerte y ajustado con ambas piernas. Podía jugar en ambas bandas con igual destreza y poseía un cambio de ritmo endiablado que le permitía romper hacia adentro y asociarse con sus compañeros o salir por fuera y enviar centros medidos. También lanzaba faltas y lo hacía a las mil maravillas. Era brillante, pero debía asumir el libreto. Dos años antes había destacado en un encuentro europeo ante el Madrid, aquel donde García Remón se ganó el apodo de gato de Odessa tras detener mil y un disparos de Blokhin. Bernabéu trató en vano de acometer su fichaje para paliar la retirada de Gento, pero fue un imposible ante la rigidez y las normas de la Unión Soviética. El caso es que Blokhin ha hecho una temporada notable al ganar la liga soviética y la Recopa, pero es imposible que adelantase a Beckenbauer o a Cruyff en el trono del Balón de Oro.

Hasta que llega la Supercopa.

La ida se juega en el Olímpico muniqués. Es un partido de poder a poder. Hasta que llega el minuto veinte de la segunda parte. El Bayern pierde el balón y el Dinamo recupera en la frontal de su propia área. El balón le llega a Blokhin que comienza una galopada por el lado izquierdo del ataque hasta adentrarse en el área alemana. Coge el balón en su propio campo y al pasar del círculo central deja a un lado a Beckenbauer, quien es incapaz de seguir el ritmo. Con un cambio de compás escupe el acercamiento de Durnberger y frena en seco para encarar el área alemana. Entrando por el lado izquierdo, Oleg ingresa en el rectángulo donde hay cinco futbolistas muniqueses. Encara como torero al toro y con un simple regate se deshace de Durnberger que recula, de Horsmann, y luego deja patidifuso a Beckenbauer quien espera que saliera de izquierdas y nunca de derechas. Inmediatamente se le acerca Schwarzenbeck para cortarle con una patada, pero, con un cambio de ritmo, Blokhin lo deja atrás y fusila sin miramientos ante la salida de Sepp Maier.

Aquel gol dio la vuelta al mundo. Concretamente dio la vuelta a Europa Occidental. Durante los siguientes días en el futbol capitalista, el de este lado del Muro, sólo se hablaba de aquella flecha ucraniana. Lobanovsky supo captar el momento. El técnico podía simpatizar con la lucha de clases o con el poder del pueblo. Pero Lobanovsky era, ante todo, ucraniano. Sabía que el éxito de Blokhin era un éxito de Ucrania. Y eso era algo que en Moscú no gustaba. Así que no lo dudo ni un segundo. En el partido de vuelta iba a darle total libertad a Blokhin. Y la consigna era clara. Blokhin no tendría que desgastarse en defensa y sus compañeros lo buscarían una y otra vez en ataque. Además, Oleg podría deambular por cualquier lugar de la línea de ataque. El éxito de Blokhin era el éxito del Dinamo. Y el éxito del Dinamo era el éxito de Ucrania.

En el partido de vuelta el Dinamo de Kiev aplastó al FC Bayern de Maier, Beckenbauer, Rummenigge y Gerd Müller. Fue un monólogo ucraniano en donde Oleg Blokhin completó el mejor partido de su brillante carrera. Para muchos analistas fue una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan coronadas por dos goles que le dieron la victoria (2-0) y el titulo al conjunto de la capital ucraniana. Schwarzenbeck, el duro acompañante de Beckenbauer tanto en el Bayern como en la selección alemana, diría que sólo Cruyff le había hecho sufrir tanto en un partido como Blokhin.

Cuando en diciembre de ese año la revista France Football desveló el ganador del Balón de Oro el vencedor resultó ser Oleg Blokhin. Obtuvo 122 puntos, superando en la votación a Franz Beckenbauer (Balón de Plata con 42 puntos) y a Johan Cruyff (Balón de Bronce con 27 puntos). Por primera vez un jugador superaba la barrera de los 120 puntos en la votación final. Un total de 20 periodistas le otorgaron su total confianza (es decir los 5 puntos que le podían otorgar al primer jugador que eligiesen), algo inédito para un futbolista en los veinte años que contaba por entonces el trofeo. Y Blokhin era joven, insultantemente joven, dado que apenas contaba con 22 años.

Balón de Oro

La flecha ucraniana (podía correr los 100 metros en 11 segundos) estuvo ligado al Dinamo de Kiev toda su carrera y aun ganaría otra Recopa en 1986, en este caso junto a Igor Belanov. El Real Madrid trató de ficharlo una vez más. Sería en 1981 con intercesión de Ramón Mendoza, directivo blanco y empresario con contactos en la Unión Soviética, pero volvió a pinchar en hueso. Blokhin, ya muy aquejado de problemas en las rodillas, solo pudo irse a la modesta liga austriaca ya con 36 años.

Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro de 1975 gracias a sus dos colosales actuaciones en la Supercopa de 1975. El año anterior había sido decimonoveno y al año siguiente será vigésimo. En 1981, el año que el Madrid volvería a intentar su fichaje, acabó quinto en las votaciones. Y ya está. Nunca pudo ni acercarse a aquella fantástica exhibición de 1975.

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Cuando Juary fue vaca camino de la subasta

Un día del verano de 1966 once desconocidos norcoreanos batieron a Italia, por entonces doble campeona mundial. Aquello fue una debacle que recorrió la bota de norte a sur. Los aficionados, azuzados por la prensa, clamaron por una solución ante la afrenta. Los directivos, en tiempos de chovinismo nacionalista, quisieron encontrar la respuesta cerrando las fronteras nacionales. Tirando de intervencionismo y aislacionismo a lo Donald Trump, en la temporada 1966/67 se prohibía la contratación de futbolistas extranjeros con el objetivo de potenciar al jugador nacional.

Para sus defensores la medida fue efectiva. Fueron 14 años de prohibiciones en los que Italia vitoreó en la Eurocopa (1968), fue subcampeona del Mundial (1970) y tanto el AC Milan como la Juventus de Turín lograron títulos europeos. Para sus detractores el nivel del fútbol italiano cayó en picado. De los títulos europeos logrados por clubes transalpinos ninguno era la Copa de Europa e Italia había caído en la primera fase del Mundial 1974 y ni siquiera se clasificó para la Eurocopa de 1976 tras perder ante Países Bajos y Polonia. El nivel de juego era paupérrimo y los equipos difícilmente podían competir con la potencia de los equipos ingleses y alemanes. Así pues, en el verano de 1980 se reabrió el mercado internacional y se permitió fichar un futbolista extranjero por equipo.

En aquella temporada 1980/81 uno de los 16 contendientes de la Serie A era la Union Sportiva Avellino. Se trataba de un club muy modesto que había ascendido a la primera categoría en 1978 por vez primera y donde se mantendrá durante una década hasta nunca más volver a reverdecer laureles. Avellino es una pequeña ciudad de 50.000 habitantes del interior de la Campania. Se trata de una zona volcánica a escasos 40 kilómetros de Nápoles, capital de la región y su nombre, como es fácil de presuponer, se debe a la multitud de avellanos que pueblan la zona.

Avellino

La vida de Juary da para un libro. Bautizado como Jorge Dos Santos Filho en 1959, al pequeño Juary se le daba bien al fútbol. Entre favela y favela jugaba a la pelota con tanto ímpetu que día tras día acababa con las uñas rotas. Ocurre que, aunque con buenas condiciones, era pequeño y liviano (apenas 1’68 de adulto) y tenía otras inquietudes. Un tío suyo había sido asesinado por un par de policías que buscaban a una banda de delincuentes y, por equivocación, abatieron a la persona equivocada. Había sido un homicidio, involuntario, pero homicidio, pero el policía salió indemne sin ni siquiera realizarse un juicio. Fue entonces cuando Juary decidió estudiar con el objetivo de convertirse en abogado. Sus padres eran muy humildes, pero Juary era buen estudiante y con sus notas podría optar a una beca de estudios.

Pero quiso el destino que en uno de sus múltiples partidos en descampados un tal Babá, jugador del Santos FC, viese a Juary driblar defensas y marcar goles a diestro y siniestro. El tal Babá convenció al padre de Juary para llevarlo a hacer una prueba a las instalaciones del club que Pelé había hecho grande. Así, pues, sería la primera vez que Juary fuese una vaca camino de la subasta. Su padre lo cogió del brazo, tomaron un autobús y allí se presentaron sin que Juary supiese ni a dónde iba ni qué iba a hacer.

Destacó y allí quedó en el internado del Santos. Tampoco tuvo opción alguna. Su padre lo dejó y marchó para nunca más volver. De hecho, no volvió ni a su casa. Abandonó a Juary, mas también a su esposa y al resto de su prole. Escapó para nunca saber más sobre él.

Tras destacar en Brasil, lo mandaron un año cedido al Universidad de Guadalajara mexicano en una jugosa operación financiera para ambos clubes y nunca para el pobre de Juary. A lo poco de volver a Sao Paulo lo llamó el presidente del Santos. Le ordena que haga la maleta y que lo acompañe en un viaje a Italia. Le comenta que quiere ver a un par de jugadores y le pide su ayuda para detectar talento. A Juary, entonces un chaval de apenas 20 años, le resulta sumamente extraño, pero la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones pagadas en Italia le convence para subirse al avión.

Total, que en aquel vuelo Sao Paulo-Roma van Juary, y el presidente y el secretario técnico del Santos. Al poco de subir beben un vaso de vino y Juary comienza a hacer preguntas. El mutis por respuesta. Segundo vaso de vino. Silencio. Tercer vaso. Nada. Cuarto. Ni mú. Así que Juary se bebe un par de botellas y borracho perdido agarra al presidente por la pechera y exige una explicación. El secretario del Santos lo agarra por un brazo y le dice que lo han vendido al Avellino por una suma descomunal de dinero. Juary no sabe dónde está Avellino. No sabe ni si eso es un club de fútbol y pide volver a Brasil. El presidente, con voz calmada, le dice: “No hay paracaídas. No puedes escapar. Eres jugador del Avellino”.

Una vaca camino de la subasta.

Juary

La fama de Juary provenía de un triplete que le había metido al Sao Paulo. Eso le había dado la posibilidad de jugar un amistoso con Brasil para después formar en un encuentro de la Copa América. Era rápido y menudo, un segundo delantero más que apañado, pero no tan llamativo como para llamar la atención de una prima donna. Para el US Avellino era un futbolista accesible teniendo en cuenta el poder de la lira italiana frente a los reales brasileños.

Juary llega a una ciudad que no tenía ni idea de quién era Juary. Mucho peor. Antonio Sibilia, presidente del US Avellino, también desconocía su existencia. Y es que Antonio Sibilio era dueño del club como un anexo a otros muchos quehaceres. Sibilia era un patrón. Era Don Antonio. Había llevado el equipo a la Serie A tras múltiples ascensos con un método, al menos, extravagante. Traje oscuro, camisa abierta con pelo al pecho, bigote de galán de telenovela barata y barriga más que interesante, Sibilia era un don nadie que había pasado de ser paleta en la obra a hacerse dueño de la ciudad. Era íntimo amigo de Raffael Cutolo, capo de la Camorra, y se daba por hecho que Sibilia era el hombre encargado de blanquear los asuntos de Cutolo. El empresario Sibilia paseaba siempre custodiado por dos guardaespaldas y era un imán para los problemas y para el dinero a partes iguales.

Así pues, Sibilia no tenía idea alguna de quien era Juary. Seguramente el fichaje fuese una que otra forma de Cutolo para blanquear dinero. El caso es que cuando Sibilia reciba a Juary en el despacho su sorpresa será morrocotuda al ver a aquel escuálido brasileño de piernas torcidas. Allí, Sibilia, mirará a su entrenador y a sus guardaespaldas y les preguntará en dialecto napolitano si ese chico era de verdad un futbolista. Según se supo después dijo que si en tres meses no funcionaba echaría a técnico y futbolista y les reclamaría a los dos los 800.000 dólares de la época del traspaso. 

Pero funcionó. Y funcionó muy bien. En el segundo partido ya era el ídolo del Avellino. Y aquella gente necesitaba alegrías. La tarde del 23 de noviembre de 1980 la tierra tembló, después se abrió y lo engulló todo. Murieron 3.000 personas y muchos miles más perdieron sus casas. Fue justo después de una victoria del Avellino ante el Ascoli. Juary salvó la vida dado que buscó refugio tras escuchar un estruendo a lo lejos. Luego salió corriendo de casa y se metió en el coche pensando, bendita ignorancia, que estaría más a salvo que dentro de sus cuatro paredes. El caso es que resultó ileso y se lo agradeció a la vida dándole felicidad a todo Avellino. Las siguientes jornadas marcó domingo tras domingo dejando una icónica celebración en la que bailaba en círculos alrededor del banderín de córner.

Juary es a pequeñísima escala lo que Maradona será en la cercana Nápoles. Sibilia lo sabe y ahora lo trata como a un hijo. Un día el presidente sube a su pupilo a un Mercedes. Al igual que el día que se subió a un avión para cruzar el Atlántico obtiene el silencio como respuesta. En esta ocasión no hay vino ni preguntas. Pasan los kilómetros y al llegar a Nápoles observa cómo van camino de los juzgados. Comenzaba el juicio contra Raffaele Cutolo (con el tiempo a su organización se le acusara de tráfico de drogas y cientos de asesinatos) y a éste le interesaba la presencia de Juary como amigo de cara a la opinión pública. Hubo besos entre Sibilia y Cutolo, intercambio de agasajos y fotografías con Juary.

Nuevamente como vaca que va camino de la subasta.

Entre visitas al juzgado y asesinatos varios, entre ellos el de Luigi Necco, periodista de la RAI que comentaba los partidos de SSC Nápoles y de US Avellino y quien denunciaba públicamente a Cutolo y Sibilia, Juary sigue marcando goles para ayudar a la permanencia de su equipo en la Serie A. Así llegamos al verano de 1982 cuando es traspasado al Internazionale. La transacción fue acometida poco antes de que Juary fuese al despacho del presidente a pedir un aumento de sueldo por su buen rendimiento. Sibilia le contestó posando un revólver encima de la mesa mientras asentía con la cabeza.

En el Inter ganó paz y estabilidad, pero deportivamente fue un fracaso. Apenas anotó cuatro tantos y encadena varias cesiones antes de ser traspasado en 1985 al Porto FC. Allí alterna titularidades con suplencia y, aunque tiene un buen desempeño, no alcanza nunca la excelencia que llegó a mostrar en Avellino. Con todo formará parte de la historia dorada del club del norte de Portugal por su buen hacer en la Copa de Europa.

Fueron dos estallidos. La primera vez al poco de llegar. En noviembre de 1985. El Barça había ganado en octavos de Copa de Europa al Oporto por 2-0. Tocaba la vuelta en Das Antas. Juary saltó al campo en el minuto 60 y en media hora le hizo un hat-trick a Urruti en medio de una lluvia torrencial. Lástima que un tanto de Archibald a última hora clasificara al Barça camino de la final a celebrar en el Sánchez Pizjuán. Camino de las cuatro décadas, a la hora de escribir estas líneas, sigue siendo la última victoria del Oporto ante los azulgranas.

El destino le reservaba un momento mucho mejor.

Mayo de 1987. Estadio Práter de Viena. Juary es otra vez suplente. Entra en el descanso. Gana el Bayern por 0-1. Es la final de la Copa de Europa. El modesto Oporto contra el Bayern de Matthäus y Rummenigge. A falta de un cuarto de hora para que muera el encuentro un quiebro de Juary dentro del área sirve para darle el balón a Madjer que lo convierte en un precioso gol de tacón. Tres minutos después el argelino le devuelve el favor con un pase medido que Juary convierte en un tanto que le da al Oporto su primera Copa de Europa.

Gol de la victoria

El héroe del Práter había conseguido lo máximo tras una vida digna de película. Ahí se acabó su historia. Tenía apenas 28 años, pero apenas jugaría tres partidos más con el Oporto. Una grave lesión prácticamente lo inhabilitó para el fútbol. Volvió a Brasil a intentarlo, pero acabo colgando las botas poco después. Con el tiempo se convertirá en entrenador de categorías inferiores hasta que en 2010 se haga cargo de los juveniles del US Avellino, con el equipo deambulando en la Serie C.

Por entonces Antonio Sibilia, el presidente que lo hubo fichado treinta años atrás, era un anciano de 90 años que pasaba sus últimos días en una suntuosa mansión. Cuando se enteró del retorno de Juary a Italia le hizo llegar una invitación para que lo visitase en su casa.

Juary declinó amablemente el ofrecimiento.

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¿Cuál es el mejor equipo secundario de Europa?

Hace poco más de dos meses redacté un artículo en el que me animaba a indagar cuál era el mejor campeón de Copa de Europa. Cuál entre todos los campeones en más de 70 años de competición era aquel que había hecho la mejor temporada. Tras un escrutinio, de los 14 finalistas salió victorioso el FC Bayern de 2020, quien venció en los 11 partidos que disputó ese año con sonoras goleadas en octavos, cuartos (8-2 al Barça) y semifinales.

Hubo quien no estuvo de acuerdo. Normal y lógico dado que este blog no es palabra de Dios. Además, de todas las clasificaciones e historias contrafactuales que tengo hecho ya manifesté que aquella era la más subjetiva de todas ellas. El caso es que los grises no suelen existir y toda opinión oscila entre blanco y negro. En el caso del fútbol eso significa Madrid y Barça.

Así que mi suegro, un agradecido y entusiasta lector fanático del Real Madrid, no dudó en decirme que no estaba de acuerdo con la clasificación. Obviamente el Madrid es el mejor equipo, no sólo de Europa (15 títulos sobre 7 del siguiente campeón) sino del planeta, pero los números dicen que sus victorias beben en su mayoría de la épica y ninguna es tan perfecta como la del Bayern de 2020. Por otro lado, un buen amigo de mis tiempos de instituto, otro agradecido lector, en este caso fanático del Barça, no dudó en decirme que era indignante que el Barça de Guardiola ni siquiera estuviese entre los 14 finalistas. El caso es que es posible que el juego ofensivo y entusiasta del Barça de Guardiola haya sido el más hermoso del último cuarto de siglo (hay quien dice que de siempre), no obstante en 2009 meneó al United en la final porque Iniesta metió un gol milagroso en Stamford Bridge en la vuelta de las semifinales. Así que lo de ganar con autoridad podemos ponerlo entre comillas.

Luego añadió aquello de que en tiempos de Franco al Madrid le regalaban las ligas y por eso podía jugar la Copa de Europa.

En fin.

Como no pierdo el tiempo en contestar a esa chorrada, le hice a mi buen amigo la siguiente reflexión. Dado que el Madrid ganaba ligas por decreto franquista y el Barça era tan buen equipo; ¿cuántas Copa de la UEFA ganó el Barça en los años en los que el Madrid ganó sus seis Copas de Europa en blanco y negro? Yo le respondí. El caso es que fueron tres títulos internacionales azulgranas en el mismo tiempo que el Madrid ganaba el doble.

Surge el argumento entonces de que era más difícil de ganar la UEFA que la Copa de Europa. Puede ser. Clasificarse para la Copa de Europa era mucho más complicado y su prestigio era mayor, pero en la UEFA se juntaban dos, tres o cuatro equipos de tronío de las ligas más potentes de Europa. El cartel de la Copa de la UEFA hasta los años 90 solía ser más temido que el de la Copa de Europa.

Así que la propuesta que se me hace es descubrir cuál ha sido el mejor equipo en la mejor temporada europea de la historia. Cuál ha sido el mejor equipo secundario del continente. Acepté el reto y me puse a ello.

Las reglas son las mismas con las que había buscado al mejor equipo en la mejor temporada de la Copa de Europa. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. Hay demasiados. Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates, por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré muchísimos campeones y decidí darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar cuatro de los cinco partidos en liza. Los reyes entre reyes.

De los cinco partidos decisivos al menos salir triunfador en cuatro de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Tenía 15 campeones. Bien. Correcto.

Había un problema. Quedaba la Recopa de Europa. Por nombres la tercera competición europea. Participaban los campeones de copa y muchos de ellos eran equipos de segunda o hasta de cuarta fila. No obstante, su prestigio era superior al de la UEFA dado que para acceder a la Recopa debías haber ganado un título. Menor, quizás. Pero un título. Así que hube de incluir a la Recopa, pero fui mucho más estricto. Para pasar la criba habría que ganar los dos partidos de semifinales y la final. 3/3. Me salieron cinco campeones. Añadí luego la neonata Conference League. No salió ninguno. Afortunadamente no salió ninguno.

Fueron 20 los campeones. 20 de 108 posibles. 15 de la Copa de la UEFA y 5 de la Recopa de Europa.

Spoiler. El Barça sólo coloca un campeón entre los 20 finalistas. Así que no. No es culpa de Franco. El Madrid no coloca ninguno. Normal, dado que solía participar en la Copa de Europa. El Madrid nunca ganó la Recopa y venció en dos UEFA en los ochenta, hoy enterradas, pero entonces muy apreciadas (el Madrid estuvo 32 años a dos velas, que nadie se olvide). Las ganó, como de costumbre, a lomos de la épica, fracasando a domicilio y remontando en el Bernabéu. El miedo escénico nació por aquel entonces.

En la Copa de la UEFA (antes Copa de Ferias y hoy Europa League) España consta con 20 títulos (7 del Sevilla FC), Inglaterra 13 e Italia 11. En la Recopa ingleses e italianos suman ocho entorchados por los siete españoles (4 del FC Barcelona plusmarquista de la competición). No es más que un reflejo de cuales fueron, han sido y son las ligas más fuertes del continente.

Esta clasificación de 20 equipos confirma cosas que ya me imaginaba como que el Anderlecht fue un primer espada europeo, lo buen entrenador que fue el finado Sven-Göran Eriksson o lo buen guardameta que era el infravalorado Michel Preud’homme. También deja espacio para que brillen tanto el Inter como la Juve, dos equipos triunfadores en Italia, pero que siempre han vivido en Europa a la sombra de los éxitos del AC Milan en la Copa de Europa.

Fuera de la lista quedaron un par de equipos invictos como la Juve de Michel Platini y el Everton de Howard Kendall victoriosos en la Recopa de 1984 y 1985 respectivamente. También destacar al Shakhtar Donetsk de 2009 y al Chelsea de 2013 ganadores de la Europa League, que fueron descartados por provenir de la primera fase de la Copa de Europa donde firmaron unos números mediocres.

Vamos a ello. Obviamente no se puede comparar esta lista con los ganadores de Copa de Europa. Pero es una muestra de esa clase media. O de esos grandes equipos a los que se les cerraron las puertas de la Copa de Europa, pero alcanzaron la gloria en el segundo escalón europeo. Son todos un ramillete de equipos que serán recordados por aquellos que los disfrutaron en su momento y que merecen ser conocidos por aquellos que nunca jamás han oído hablar de ellos.

Vamos con los 20 elegidos. Primero los cinco que ganaron la Recopa. Después con la quincena que ganó la Copa de la UEFA:

Recopa:

20 RSC Anderlecht 1976 (6-1-2) 16 FC 5 GC 66’6%: Resulta que en los 60 liderados por Paul Van Himst el Anderlecht ganó liga tras liga. Retirado el mejor jugador belga del siglo XX, el Anderlecht pasará casi una década sin alzar una liga y paradójicamente eso le permitirá ganar tres títulos europeos. La Recopa de 1976 sería el primero de ellos. La final tendría lugar en Bruselas frente al West Ham y fue ganada por 4-2 gracias a dos goles postreros de Rob Rensenbrick y Frankie Van der Elst, sus dos grandes estrellas. A ojos actuales el Anderlecht no dice nada, pero en aquellos años era un rival fortísimo que jugaría tres finales de Recopa consecutivas alzándose con el título en el ya citado 1976 y también en 1978. En ese mágico 76 le ganarían la Supercopa al Bayern de Beckenbauer. Once ideal: Ruiter; Lomme, Van Binst, De Groote, Broos; Van der Elst, Dockx, Coeck, Haan, Ressel; Rensenbrick. Entrenador: Hans Croon.

Rob Rensenbrick

19 FC Barcelona 1989 (6-3-0) 18 GF 5 GC 66’6%: Sin la Recopa del 1989 y la Copa de 1990 no hubiese habido Dream Team. Y es que entonces el Barça de Cruyff iba mal. Muy mal. Sólo algunos entendían lo que Cruyff pretendía y muy pocos eran capaces de ejecutarlo. Alexanko no sabía salir de la cueva con el balón jugado en los pies y Gary Lineker detestaba partir de las bandas para adentrarse en el área. Ambos acabarían relegados, pero en aquella Recopa que le daría oxígeno a Cruyff fueron capitales. El Barça acabaría invicto, pero sufrió de lo lindo. Eliminó al Lech Poznan polaco en octavos por el valor doble de los goles fuera de casa y al Aarhus danés por un solitario tanto. En semifinales vencieron por 4-2 al CSKA de Sofía (en Bulgaria perderían 2-1) en un partido donde el mundo conoció a un potro salvaje llamado Hristo Stoichkov que a los pocos meses acabaría firmando por el Barça. La final fue otra cosa y se ganó con autoridad a un gigante del momento como era la Sampdoria genovesa. A los cuatro minutos Julio Salinas ya había abierto el marcador (marcó 26 tantos esa temporada) y todo fue de cara para un 2-0 final. Era la tercera Recopa de los azulgranas, quienes son los plusmarquistas del torneo con cuatro triunfos. Once ideal: Zubizarreta; López Rekarte, Aloisio, Serna; Roberto, Eusebio, Milla, Bakero; Lineker, Julio Salinas y Beguiristain. Entrenador: Johan Cruyff.

Barça 89

18 Borussia Dortmund 1966 (7-1-1) 27 GF 9 GC 77’7%: Antes de que emergiese el Bayern, el Dortmund fue el primer equipo teutón en ganar un torneo internacional. Fue la Recopa de 1966 a donde accedió tras ganar el año anterior la primera copa de su historia. En octavos de final el Dortmund echó al CSKA Sofia antes de enfrentarse en cuartos al Atlético de Madrid, favorito para pasar de ronda. Los alemanes arañaron un empate en España para luego vencer en casa por 1-0 y pasar a semifinales. Allí ganaron los dos duelos ante el West Ham de Bobby Moore, vigente campeón, para enfrentarse en la final al Liverpool FC de Bill Shankly. Era una antesala del Inglaterra vs Alemania que un mes más tarde tendría lugar en la final del Mundial. El Dortmund contaba con Tilkowski, Libuda o Emmerich. El encuentro fue precioso y se saldó con un empate a un gol que se satisfizo con victoria teutona en la prórroga con un tanto del extremo Reinhard Libuda, una leyenda del Schalke 04 que pasó tres años de su carrera en su archirrival Dortmund para ayudarle a ganar la Recopa. Once ideal: Tilkowski; Cyliax, Paul, Redder, Kurrat; Libuda, Assuaer, Schimidt; Held, Sturm y Emmerich. Entrenador: Willi Multhaup.

Dortmund 1966

17 Racing Mechelen 1988 (7-2-0) 12 GF 3 GC 77’7%: Sin duda el más sorprendente equipo de todos los presentes en este listado. En Malinas (Mechelen) creció Felipe el Hermoso, el hombre que heredó fugazmente el Imperio tejido por los Reyes Católicos. Y ya está. No había más que rascar. Ciudad de 80.000 habitantes, estadio menor y cinco años antes aún estaba en la segunda división belga. Ocurrió entonces uno de esos milagros que son imposibles en tiempos de Ley Bosman y libre circulación de jugadores.  A través de una defensa férrea y litros de solidaridad, el Racing Mechelen hizo historia y se convirtió en el último club belga con un título europeo. No encajaron un gol hasta cuartos y ganaron los dos partidos de semifinales ante el Atalanta. En la final el favorito es el Ajax de Blind, Winter, Mühren, Witschge y Bergkamp. Aunque los neerlandeses se quedan con diez al poco de empezar es un acoso y derribo que es frenado por Michel Preud’Homme, el verdadero héroe de esta historia. Uno de los dos o tres mejores porteros del mundo en su época y que fue fiel al Malinas para ganar la Copa del 87, la Recopa y la Supercopa de Europa en el 88, la Liga en el 89 y llevar a una agónica prórroga de cuartos al poderoso AC Milan de los holandeses al año siguiente. Once ideal: Preud’Homme; Hofkens, Rutjes, Deferm, Clijsters; Sanders, Emmers, Erwin Koeman, De Wilde; Den Boer y Ohana. Entrenador: Aad de Mos.

Preud’Homme

16 AC Milan 1973 (8-1-0) 15 GF 3 GC 88’8%: No existe equipo más grande en Italia que la Juventus y no existe rival más enconado para la Juve que el Internazionale. Ese el derbi de Italia. Y con todo ninguno de ellos puede rivalizar con el AC Milan cuando hablamos de éxitos europeos. Todo lo que le cuesta ganar dentro de la Península Itálica los rossoneros lo resuelven al cruzar los Alpes. Su éxito se fundamentó en la dirección de Nereo Rocco, uno de los padres del catenaccio. Con Rocco en el banquillo se lograron un par de Copas de Europa y otras dos Recopas. El de 1973 fue el último año de Rocco en el banquillo y lo celebrará arrasando en Europa. Abonados al 1-0 el equipo elimina con solvencia a Legia Varsovia, Spartak Moscú y Sparta Praga antes de enfrentarse al Leeds United en la final que también ganarán por 1-0 con un tanto de Luciano Chiarugi. Rocco saldrá del equipo tras sumar nueve campañas como técnico y el AC Milan tardará década y media en volver a lograr un título europeo. Once ideal: Vecchi; Anquilletti, Rosato, Sabatini, Schnellinger; Benetti, Biasiolo, Rivera, Bigon; Chiarugi y Prati. Entrenador: Nereo Rocco.

AC Milan 1973

Vamos ahora con los 15 siguientes. Copa de la UEFA:

15 IFK Goteborg 1987 (7-5-0) 21 GF 5 GC 58’3%: En 1987 el IFK Goteborg se convirtió en el único equipo en ganar la Copa de la UEFA dos veces como invicto. Ya no estaba Eriksson en el banquillo, no obstante, sin él el conjunto sueco sumaría tres ligas seguidas sin perder un solo partido como local (1983, 1984 y 1985). Era el Goteborg un equipo con personalidad propia liderado por Gunter Bengtsson, ex asistente de Eriksson, y que contaba en sus filas con jugadores profesionales en su mayoría (en el éxito de 1982 no lo eran). Sobrevivía Glenn Hysen (luego iría a la Serie A), el joven delantero Stefan Peterson (luego en el Ajax) y Roland Nilsson (116 veces internacional sueco). Lo más difícil para el Goteborg fue la eliminatoria de cuartos ante el Internazionale saldada con triunfo por el valor doble de los goles fuera de casa. En la final el rival fue el sorprendente Dundee escocés quien había echado al Gladbach y al Barça. A doble partido, en la ida ganaron los suecos por 1-0 y en la vuelta un empate a goles en Escocia le daba el trofeo al Goteborg. El suplente Jari Rantanen fue máximo goleador de la competición con cinco tantos. Once ideal: Wernersson; Ola-Carlsson, Hysen, Larsson, Fredriksson; Roland Nilsson, Tord Holgrem, Andersson, Tommy Holgrem; Pettersson y Nilsson. Entrenador: Gunder Bengtson.

IFK Goteborg 1987

14 AC Parma 1999 (7-2-2) 25 GF 10 GC 63’6%: Una pequeña planta lechera de la provincial Parma fundada en 1961 apenas tres décadas después era una multinacional láctea. Parmalat inyectó miles de millones en el conjunto local que asciende a la Serie A en 1990 y en diez años logrará sumar tres copas, una Recopa y dos Copas de la UEFA antes de sumirse en la oscuridad. El Parma de 1999 conformaba una constelación de estrellas que pasó rondas con dificultad (hubo que remontar al Fenerbahçe del desconocido Joaquim Low) antes de arrasar en las rondas decisivas. Buena prueba de ello fue el 6-0 que le metió al Girondins en cuartos con dobletes de Enrico Chiesa (máximo goleador del torneo) y de Hernán Crespo. En semifinales derrotaron en el Calderón al Atlético por 1-3 en el choque de ida a pesar de no poder contar con Fabio Cannavaro por sanción. La final fue otro ejercicio de superioridad para un equipo que enamoró en los 90 a base de la mejor línea defensiva del momento y un ataque fantasista que duró tanto como los millones de la Parmalat consideraron oportuno (y aun tenían a Faustino Asprilla como suplente). Fue la octava copa de la UEFA para un club italiano en una década. Once ideal: Buffon; Thuram, Sensini, Cannavaro, Benarrivo; Boghossian, Verón, Dino Baggio, Fuser; Chiesa y Crespo. Entrenador: Alberto Malesani.

Parma 99

13 Valencia CF 1962 (6-2-1) 33 GF 13 GC 66’6%: De las primeras ocho ediciones de la Copa de Ferias (después Copa de la UEFA) los equipos españoles salieron vencedores en seis ocasiones. El Valencia haría doblete campeonando en 1962 y 1963. La de 1962 fue también la primera vez que los ché competían en Europa y lo harían con un tal Waldo en la delantera. El encuentro inaugural fue una victoria por 2-0 ante el Forest en Mestalla con dos tantos del ariete brasileño que falleció a los 84 años en su casa de Valencia donde se asentó tras 160 goles en 296 partidos con los levantinos. En la vuelta se ganó en Nottingham por 1-5 y en cuartos se venció al Inter con doblete del canterano Guillot. Tras machacar al MTK Budapest en semifinales (10-3 en el global) tocaba doble partido ante el Barça en la final. En la ida en Valencia 6-2 (con triplete de Guillot) y en la vuelta empate a un tanto. Once ideal: Zamora II; Piquer, Quincoces II, Mestre; Ribelles, Chicao, Recamán; Héctor Núñez, Waldo, Nando Yosu y Guillot. Entrenador: Alejandro Scopelli.

Waldo

12 Internazionale 1998 (8-1-2) 20 GF 8 GC 72’7%: Aquel año el Inter ganó la Copa de la UEFA y fue subcampeón italiano. Y ahí quien dice que fue una de las plantillas peor aprovechadas de todos los tiempos (Paulo Sousa, Recoba, Kanu o Zamorano eran suplentes). En parte es cierto. El Inter jugaba un 5-3-2 con marcajes al hombre y apostándolo todo al contraataque y a la velocidad de un Ronaldo Nazario en su máximo esplendor antes de que sus rodillas lo obligasen a cambiar de un guepardo en campo abierto a tigre recluido dentro del área. 1998 fue la tercera vez en siete años que el Inter ganaba la Copa de la UEFA. Hubo que tirar de épica unas cuantas veces. Se cayó en casa ante el Olympique de Lyon por 1-2 para ganar en Francia por 1-3. Luego se perdió en Estrasburgo por 2-0 para ganar en el Giuseppe Meazza por 3-0 con tantos de Ronaldo, Simeone y Zanetti. A partir de ahí todo fue rodado. Se venció a Spartak de Moscú y a Schalke 04 con exhibiciones de Ronaldo antes de plantarse en la final ante la SS Lazio. Un duelo entre dos de las plantillas más caras del momento y que dejó uno de los partidos más bonitos de la década. Zamorano adelantó al Inter a los cinco minutos y luego las ocasiones de la Lazio y los contragolpes perfectos del Inter se sucedieron, hasta que Ronaldo anotó el 3-0 con un regate a base de fintas sin tocar el balón que forma parte de la pinacoteca del fútbol mundial. Once ideal: Pagliuca; Zanetti, Sartor, Bergomi, Colonnese, West; Moriero, Simeone, Cauet; Djorkaeff y Ronaldo. Entrenador: Luigi Simone.

11 Sevilla CF 2015 (11-3-1) 30 GF 14 GC 73’3%: En menos de dos décadas el Sevilla CF ganó siete Europa League y se convirtió en plusmarquista de la competición. El periodo de mayor esplendor se dio entre 2014 y 2016 cuando sumó tres consecutivas bajo la dirección de Unai Emery. Ninguna de ellas fue ganada con tal autoridad como la de 2015. El equipo perdió ese verano a Rakitic y a Fazio incorporando a Krychowiak y a Ever Banega. Tras perder un partido en la fase de grupos el equipo se mantuvo invicto en las eliminatorias a doble partido. Se ganó con suma facilidad al Gladbach y al Villarreal CF (1-3 a domicilio y 2-1 como local), aunque luego se sufrió en cuartos ante el Zenit, donde un gol de Gameiro a cinco minutos del final impidió la prórroga. En semifinales el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina (global de 5-0) y en la final dos goles de Carlos Bacca (siete goles en la competición) y uno de Krychowiak dieron la victoria por 3-2 ante el sorprendente Dnipro ucraniano. Once ideal: Sergio Rico; Aleix Vidal, Carriço, Pareja, Tremoulinas; Vitolo, M’Bia, Krychowiak, Reyes; Banega y Bacca. Entrenador: Unai Emery.

Sevilla 2015

10 Internazionale 1994 (9-1-2) 22 GF 8 GC 75%: El Inter había dado carpetazo a su apuesta por los alemanes (Brehme, Matthaüs y Klinsmann) y se apuntaba ahora a los holandeses (Jonk y Bergkamp) intentando seguir los éxitos de su archienemigo milanés. El experimento duró un año. Fue una temporada mediocre que se saldó con un paupérrimo 13º puesto en la Serie A. No obstante, todo el potencial de aquel equipo se concentró en la Copa de la UEFA. Bergkamp acabaría fracasando y tiempo después se convertirá en leyenda en el Arsenal, pero por el camino dejó pinceladas de su talento en Europa. En las tres primeras eliminatorias anotará cinco de los nueve goles de su equipo. En cuartos toca el Borussia Dortmund, vigente subcampeón. Se gana en Alemania 1-3 con doblete de Jonk para luego perder en casa por 1-2 aguantando el resultado en los últimos diez minutos. En semifinales toca duelo italiano frente al Cagliari con remontada y victoria por 3-0 en casa con exhibición de Bergkamp y Berti. En la final a doble partido el Inter vence al SV Salzburgo (0-1 en Austria y 1-0 en Italia) y hace grande una temporada que se tornaba en fracaso. Bergkamp fue el máximo anotador de la competición con ocho tantos y en verano Massimo Moratti se hará con la presidencia y desmantelará una plantilla campeona en Europa pero que acabó a un punto del descenso a la Serie B. Once ideal: Zenga; Paganin, Bergomi, Battistini, Orlando; Fontolan, Jonk, Shalimov, Berti; Bergkamp y Rubén Sosa. Entrenador: Giampiero Marini.

Inter 1994

9 RSC Anderlecht 1983 (9-1-2) 31 GF 10 GC 75%: Ya no estaban ni Frankie Van der Elst ni Rob Resenbrinck pero del gran Anderlecht aun destacaba Frankie Vercauteren, un escurridizo delantero que en el 76 ya estaba presente saliendo desde el banquillo. En ese momento el Anderlecht finalizaba su edad de oro, sin embargo, aun iba a vivir una UEFA del 83 inolvidable a lomos de un sevillano de Coria del Río llamado Juan Lozano. Emigrado a Bélgica de niño, Lozano era un metrónomo de primer nivel al que luego los vicios de la noche harían fracasar en el Real Madrid. El caso es que el Anderlecht meneó al FC Porto (4-0), al FK Sarajevo (6-0), al Valencia CF (1-2 en Mestalla y 3-1 en casa) y se plantó en una final a doble partido ante el Benfica. Venció por 1-0 en casa y aguantó el 1-1 en Lisboa para coronarse con su último entorchado europeo. Erwin Vandenbergh anotó siete tantos en la competición saliendo del banquillo en muchas ocasiones. Once ideal: Munaron; De Groote, De Greef, Martin Olsen, Peruzovic; Hofkens, Lozano, Coeck, Frimann; Vercauteren y Brylle-Larsen. Entrenador: Paul Van Himst.

Anderlecht 83

8 Sevilla CF 2020 (9-2-1) 23 GF 7 GC 75%: Fiel a su política de comprar y vender jugadores a la velocidad de la luz aquella temporada los hispalenses tuvieron 17 incorporaciones. Muriel, Sarabia o Ben Yedder dejaron el equipo en el que entraron Koundé, De Jong u Ocampos. Los sevillanos firmaron una gran temporada finalizando cuartos en Liga y vitoreando nuevamente en su competición fetiche. La fase de grupos fue un paseo hasta que en 1/16 se fueron a encontrar con los mayores problemas ante el teoría inofensivo Cluj rumano. Se ganó debido al valor doble de los goles fuera de casa. Y gracias, dado que el Cluj mereció ganar en el Sánchez Pizjuán. Entonces el mundo se sumió en las tinieblas y hubo que esperar al mes de agosto para celebrar un torneo con los 16 equipos supervivientes en tierras alemanas. Con la sombra del Covid planeando sobre sus cabezas, el Sevillla sacó su colmillo de campeón para hacerse con un nuevo trofeo de la Europa League. Consecutivamente vencieron al AS Roma (2-0), Wolverhampton (1-0) y al Manchester United (2-1). En la final de Colonia el rival sería el Internazionale. En un disputadísimo duelo el Inter se puso por delante con gol de Lukaku antes de que Luuk De Jong (sólo tres goles en la competición, pero dos en la final) anotase un doblete que daba la vuelta al partido. Godín empató antes del descanso, pero un autogol de Lukaku les daba el triunfo a los españoles (3-2) con una gran actuación de Bono, por entonces habitual portero suplente. Entonces era la sexta para el Sevilla. Once ideal: Vaclik; Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón; Fernando, Banega, Joan Jordán; Ocampos, De Jong y Suso. Entrenador: Julen Lopetegui.

Sevilla 2020

7 IFK Goteborg 1982 (9-3-0) 27 GF 10 GC 75%: En 1979 el Goteborg contrató a un desconocido y joven técnico llamado Sven-Göran Eriksson. Sin experiencia alguna en la élite, implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros y no hablamos de una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Goteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3. El citado Nilsson fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos y Eriksson acabó fichando por el Benfica antes de dar el salto a los banquillos de la Serie A. Once ideal: Wernersson; Svensson, Karlsson, Fredriksson, Hysen; Carlsson, Tord Holdgrem, Strömberg, Tommy Holgrem; Nilsson y Corneliusson. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.

Sven-Göran Eriksson

6 Valencia CF 2004 (13-3-1) 20 GF 5 GC 76’4%: El Valencia es de esos clubes nobles sin suficiente capacidad para asaltar los cielos. A inicios del siglo XXI disputó dos finales de Copa de Europa perdiendo ambas de ellas. Era entonces entrenador el argentino Héctor Cúper, que dará paso al desconocido Rafa Benítez quien le dará a los levantinos dos ligas y una Copa de la UEFA. El sistema no varió en absoluto. Arquitectura defensiva rayando lo obseso, cemento en el centro del campo (Albelda y Baraja) y un fantasista (Aimar) para darle cordura a la locura del cerocerismo. Con esos mimbres el Valencia logró un doblete histórico al vencer en casa y en Europa. En la UEFA tuvo un recorrido casi inmaculado con la salvedad de una derrota en la ida de los octavos ante el Gençlerbirligi turco. Se venció fácilmente al Besiktas y al Girondins de Burdeos antes de enfrentarse en semifinales al Villarreal CF. Miedos y precauciones defensivas se solventaron con un gol de penalti de Mista en la vuelta que finiquitó la eliminatoria. En la final el Valencia derrotó con suma facilidad (2-0) al Olympique de Marsella de Barthez y Drogba, en una muestra más de fútbol efectivo y sin artificios. Marcaron Mista y Vicente. Once ideal: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista. Entrenador: Rafael Benítez.

Valencia 2004

5 FC Porto 2011 (12-1-2) 37 GF 14 GC 80%: La temporada 2010-11 fue perfecta para el club del norte de Portugal. Vencieron en la copa portuguesa (ganando 6-2 la final) y lograron el título de liga sin perder un solo partido con un espectacular balance de 27 victorias y 3 empates. El llamado Oporto de los colombianos se reforzó ese verano con James Rodríguez y Joao Moutinho, aunque la clave del equipo estaba en su fastuosa delantera formada por el brasileño Hulk y el colombiano Falcao. El Porto FC sufrió para eliminar al Sevilla CF en dieciseisavos, para luego pasar rondas con suficiencia (en cuartos ganó al Spartak moscovita por 10-3 en el global y en semifinales al Villarreal por un total de 7-4). La ida de la semifinal fue una goleada por 5-1 con póker de goles de Radamel Falcao, quien también metió el tanto que le dio el título ante el Sporting Braga (1-0) en un duelo luso. El ariete colombiano marcó un nuevo registro de la competición al firmar 17 goles, mientras que Hulk, su compañero de ataque, firmó cinco tantos, en un equipo donde también destacó desde el banquillo el argentino Belluschi. Once ideal: Helton; Maicon, Rolando, Otamendi, Alvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho; Guarín, James Rodríguez, Hulk; Falcao. Entrenador: André Villas-Boas.

Radamel Falcao

4 FC Bayern 1996 (10-1-1) 32 GF 10 GC 83’3%: Parece difícil de imaginar en la actualidad, pero en los 90 el Bayern distaba mucho de ser un ogro. Sólo sumó tres ligas en toda la década y naufragó una y otra vez en sus incursiones en la Copa de Europa. La campaña 95-96 sería otra dura prueba de fuego para el orgullo bávaro. La temporada fue iniciada por Otto Rehhagel en el banquillo. Su buscaba mano dura, pero la receta no funcionó. El equipo es apodado FC Hollywood por ser más habitual los éxitos de sus jugadores en la prensa rosa que en la deportiva. Con todo el Bayern es el Bayern y no tiene problemas en ejecutar al Benfica (4-1) y al Nottingham Forest (5-1) antes de enfrentarse al FC Barcelona en semifinales. Por entonces Franz Beckenbauer ha abandonado el sillón presidencial para ocupar de forma interina el puesto de entrenador. En Múnich hay empate a dos goles, pero en la vuelta Babbel y Witeczek hacen inútil el gol a última hora de Iván De La Peña, en un último duelo desde los banquillos entre Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. En la final hay choque ante el Girondins de Burdeos del entonces semidesconocido Zinedine Zidane. Fácil para los teutones que vencen por 2-0 en casa y rematan en Francia por 1-3 con golazo incluido de Jürgen Klinsmann, que ese año fue el máximo anotador de la Copa de la UEFA con 15 tantos por los cinco que convirtió Mehmet Scholl. Once ideal: Kahn; Babbel, Helmer, Matthaüs, Ziege; Sforza, Hamann, Nerlinger, Strunz; Klinsmann y Zickler. Entrenador: Franz Beckenbauer.

Bayern 96

3 Borussia Gladbach 1975 (10-1-1) 32 GF 9 GC 83’3%: El equipo que tuteó al Bayern durante una década y que deleitaba a los aficionados con un fútbol efectivo y ofensivo que parecía más holandés que alemán. Fueron cinco ligas en ocho años, pero el Gladbach caía una y otra vez cuando tocaba jugar la Copa de Europa. Encontraron su refugio en la UEFA donde vitorearon en 1975 y 1979. Con un entrenador que apostó descaradamente por la cantera, el luego famoso Hennes Weisweiler, el Gladbach fue una máquina de hacer fútbol coronada por los goles del capitán Jupp Heynckes. Tras endosar un 5-2 al Olympique de Lyon en dieciseisavos, luego tocó un meneo al Real Zaragoza (5-0 en Alemania y 2-4 a orillas del Ebro). Se ganó también en casa del FC Colonia en semifinales (1-3) antes de enfrentarse al Twente en la final. En la ida no se pasó del 0-0 a pesar de las innumerables ocasiones, sin embargo, en la vuelta, jugada en Holanda, el Gladbach masacró al Twente venciendo por 1-5 con tres de Heynckes y dos del futuro Balón de Oro Allan Simonsen. El que luego sería reputado entrenador fue el máximo goleador de la competición con 11 tantos y el habilidoso danés anotó diez dianas. Un equipo de leyenda que marcó a toda una generación. Once ideal: Kleff; Vogts, Wittkamp, Stielike, Sarau; Bonhof, Wimmer, Kulik; Simonsen, Heynckes y Jensen. Entrenador: Hennes Weisweiler.

Gladbach 1975

2 Juventus FC 1993 (10-1-1) 31 GF 6 GC 83’3%: Decíamos antes que la Juve gana en Italia lo que el AC Milan gana en Europa. No fue así a caballo entre los 80 y los 90, durante los años gloriosos del Calcio. Retirado Platini, la Juve sucumbe ante el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y hasta ante la Sampdoria de Mancini y Vialli. El caso es que la Juve no gana una liga en una década y es la Copa de la UEFA (1990 Y 1993) la que le permite conseguir oxígeno. El equipo de 1993 es descomunal. Fichan a Andy Möller, a Gianluca Vialli y a un meritorio llamado Fabrizio Ravanelli. Pero, fundamentalmente, tienen en sus filas a un desequilibrante Roberto Baggio quien se encuentra en el mejor momento de su carrera. El equipo sólo cede una derrota en Lisboa ante el Benfica en la ida de los cuartos de final. En la vuelta despacha el asunto por un claro 3-0. Roberto Baggio da un espectáculo en semifinales anotando los dos tantos en la victoria ante el PSG (2-1) en la ida y el tanto de la victoria en Paris (0-1). La final es a doble partido ante el Borussia Dortmund, duelo que se convertirá en clásico durante esa década. La Juve sentencia en la ida al vencer 1-3 en Alemania con otros dos tantos de Baggio y remata con un contundente 3-0 en la vuelta en Turín. Roberto Baggio firmó seis goles, Dino Baggio y Vialli sumaron cinco tantos cada uno y el alemán Andy Möller logró cuatro dianas. Once ideal: Peruzzi; Carrera, Kohler, Julio César, Torricelli; Conte, Dino Baggio, Andy Möller, Di Canio; Roberto Baggio y Vialli. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

Baggio. Balón de Oro 1993

1 Atlético Madrid 2012 (13-1-1) 36 GF 10 GC 86’6%: En diciembre el Atlético destituye a Gregorio Manzano y llama a un ex jugador que obedece al nombre de Diego Pablo Simeone. El resto es historia. En ese equipo ya despunta un canterano llamado Koke, un colombiano de apellido Perea, pero la bomba la encontramos en la delantera. El colombiano Radamel Falcao, tras meter 36 goles con el FC Porto el curso anterior, hará una temporada de 39 en el Atleti. En la fase de grupos el Atlético se deja un empate y una derrota, pero a partir de dieciseisavos solo suma triunfos. Pocos se acuerdan, pero aquel es un Atlético de Simeone ofensivo sostenido por un joven portero de 19 años que respondía al nombre de Courtois. En dieciseisavos se gana en Roma al Lazio por 1-3, en octavos 0-3 al Besiktas en Estambul, en cuartos 1-2 en Hannover y en semifinales 0-1 (y 4-2 en la ida) al Valencia CF. En la final toca duelo a cara de perro con el Athletic de Bielsa, que estaba haciendo un torneo casi tan perfecto como el de los madrileños. Sin embargo, no hubo color en la final. Fue un 3-0 con dos tantos de Falcao, quien volvió a ser el máximo goleador del torneo en este caso con 12 dianas. Adrián López firmó ocho goles. Once ideal: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Antonio López; Gabi, Mario Suárez, Tiago; Arda Turan, Falcao y Adrián. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 2012

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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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El Pupas (50º aniversario)

15 de mayo de 1974. Día de San Isidro. Fiesta en Madrid. Bruselas. Estadio de Heysel. Final de la Copa de Europa. FC Bayern vs Atlético de Madrid. Por los alemanes forman Maier; Hansen, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Breitner; Roth, Zobel, Kapelmann; Torstensson, Müller y Hoeness. Por los españoles la alineación la conforman Reina; Melo, Eusebio, Cacho Heredia, Capón; Luis Aragonés, Adelardo, Irureta, Salcedo; Ufarte y Gárate. Era la primera final de Copa de Europa de los dos equipos. Era la primera final de Copa de Europa de los 22 futbolistas presentes aquella tarde en la capital belga.

El Club Atlético de Madrid fue fundado en la capital homónima en 1903 como una sucursal del Athletic Club. La idea era que aquellos vizcaínos que estudiaban en Madrid pudiesen jugar al fútbol durante el curso escolar. Al cabo de unos años el Atlético logró su independencia, aunque mantuvo los colores rojiblancos (colchoneros por los tintes a rayas de unos colchones muy famosos de la época) y designó el azul y el blanco como alternativos. El Atlético fue uno de los fundadores de la Liga en el año 1928 disputando sus encuentros en el Metropolitano, un recinto ubicado al norte de Madrid, cerca de la zona universitaria. Al concluir la Guerra Civil tanto el estadio como las oficinas del club quedaron destrozados, por lo que el Atlético se fusionó con el Club Aviación Nacional, equipo militar, creando el Atlético Aviación. Ese apoyo financiero permitió al Atlético conseguir sus dos primeras Ligas en 1940 y 1941 y consolidarse, ya como Atlético de Madrid, como un grande del panorama nacional.

Aquella tarde primaveral en Bélgica el Atlético aspiraba a igualar a su odiado Real Madrid. Tras una década arrolladora los merengues iniciaban una progresiva cuesta abajo tras su meteórica carrera hacia la cima. El futbol español había pasado de la clara hegemonía del Athletic, a la breve del Barça de Kubala para acabar sucumbiendo a los encantos del Madrid de Di Stéfano. Desde entonces el Real Madrid se instaló en un trono que nunca abandonará. Empero, en pleno Franquismo, su alter ego no era el FC Barcelona sino su rival madrileño. Entre 1960 y 1977 el Atlético sumará cuatro ligas, cinco copas, una Recopa y hasta cuatro subcampeonatos ligueros a la sombra del Madrid. El Atlético era entonces la alternativa, sumando muchos cuerpos de ventaja sobre el Barça.

Pero le quedaba la Copa de Europa.

En dieciseisavos de final el Atlético se enfrentó al Galatasaray. Era un Atleti fuerte, que sumaba dos ligas en cuatro años, pero se mostró impotente. En Madrid el resultado fue de empate sin goles y en Estambul un salvador gol de Salcedo (un canterano del Real Madrid) en la prórroga daba el pase in extremis a los colchoneros. En octavos no hubo sorpresa alguna ya que el Atlético pasó por encima del Dinamo de Bucarest con una actuación estelar de José Eulogio Gárate, aquel ingeniero del área igual de fino en el campo como educado fuera del terreno de juego. Había jugado mejor el Atlético fuera de casa que en el Calderón durante estas dos rondas y repetiría secuencia en cuartos. Venció por 0-2 al Estrella Roja en Belgrado encerrándose atrás y saliendo al contraataque con los pases de Luis Aragonés y la clase de Gárate. Luego se dedicó a contemporizar en casa (0-0) para plantarse en semifinales por vez primera en su historia.

Luis Aragonés en su especialidad

Aquella edición de la Copa de Europa contaba con un claro favorito y un claro aspirante. El favorito era el Ajax, el cual era vigente tricampeón europeo. Sin embargo, ese verano Sjaak Swart colgó las botas y Johan Cruyff fichó por el FC Barcelona. Tras diez años con las puertas cerradas a los extranjeros, el fútbol español había reabierto sus fronteras y lo había hecho a lo grande. Cruyff fue la joya de la corona, el fichaje más caro jamás realizado. Netzer firmó por el Madrid y los argentinos Heredia y Ayala desembarcaron en el Atlético. El aspirante era el Liverpool FC de Kevin Keegan y dirigido desde el banquillo por Bill Shankly. Los ingleses rivalizaban con el Ajax por el trono de equipo más ofensivo de Europa y eran los vigentes ganadores de la Copa de la UEFA.

Y fue que los dos favoritos se quedaron por el camino en octavos de final. Al Ajax lo echó el CSKA de Sofía en una sucesión de errores defensivos clamorosos y ocasiones de gol desperdiciadas. Al Liverpool FC lo tumbó el Estrella Roja (al que luego echaría el Atlético) en una eliminatoria vibrante. Los serbios estaban liderados por Dragan Dzajic, un talento zurdo al que sólo las trabas burocráticas de la Guerra Fría le impidieron ser una estrella internacional.

Caídos neerlandeses e ingleses, cuando el Atlético se plantó en las semifinales tenía el trabajo medio hecho. Quedaba un oponente. Y el siguiente rival era de tronío. El Celtic de Glasgow. Hoy parece poca cosa, entonces era enfrentarte a uno de los mejores equipos de Europa. Campeones europeos en 1967, mantenían una estructura modélica comandada por el veterano Jimmy Johnstone y en la que emergía su sucesor bajo el nombre de Kenny Dalglish. El partido de ida es en Celtic Park. 74.000 almas abarrotan el estadio. Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo, técnico del Atleti, alinea un once tremendamente defensivo para aguantar el empate sin goles y decidir la eliminatoria a orillas del Manzanares.

Dirige el turco Dogan Bobacan. Expulsa a Ayala (63’), Panadero Díaz (64’) y a Quique (78’). Miguel Reina hace un partidazo bajo palos y el encuentro acaba 0-0. El partido es durísimo. Cada entrada es más brutal que la anterior. En Escocia y en toda Europa califican a los jugadores del Atlético como animales. En España se considera que los colchoneros han realizado un ejercicio de resistencia. La pelea continuó en el túnel de vestuarios y siguió hasta el aeropuerto de Glasgow con insultos entre directivos y aficionados. Multaron al Atlético con dos millones de pesetas. McNeill, capitán del Celtic, calificó de escoria al Atlético. Los sancionados (incluido Ovejero que fue expulsado al acabar el encuentro) no pudieron jugar la vuelta, pero, aun así, el Atlético consiguió vencer con dos goles de Irureta y Adelardo en los quince minutos finales (2-0) para clasificarse para su primera final de Copa de Europa.

La batalla de Glasgow

¿Quién era el otro finalista? Otro primerizo en la élite europea. Entrada la década de 1960 el FC Bayern tan solo contaba con un título liguero. Tildado como club judío, expoliado por los nazis, la indefinición del Bayern se reflejaba en sus colores que fueron de camiseta blanca y pantalón rojo hasta que fueron vendidos al mejor postor. Todo cambiaría en 1963. El TSV Múnich 1860, el otro club de la ciudad, rechazó a un chico llamado Franz Beckenbauer. Dos años más tarde Beckenbauer ya compartía equipo con Gerd Müller y Sepp Maier. En la siguiente década, desde 1964 a 1974, el FC Bayern sumó cuatro ligas, cuatro copas, una Recopa y cambió sus colores por un patrocinio millonario con Adidas. Faltaba lograr la Copa de Europa para ser considerado un grande, no sólo de Alemania, sino del planeta fútbol.

El FC Bayern había tirado la casa por la ventana el verano anterior. Firmó por 800.000 dólares, una cantidad muy respetable en la época, a Jupp Kapelmann, un escurridizo centrocampista procedente de Colonia que debía ayudar a dar el salto definitivo al conjunto bávaro. Para poder pagar el fichaje de Kapelmann el Bayern concertó 17 partidos amistosos en un plazo de 23 días. Tan extenuante calendario veraniego hizo que el FC Bayern llegara con las luces fundidas al partido de primera ronda ante el modesto Arvidaberg sueco. El 3-1 de Alemania se tornó en 3-1 en Suecia, y los muniqueses sólo pudieron acceder a octavos gracias a la victoria en la tanda de penaltis.

Llevaba el FC Bayern tres ligas seguidas, pero parecía desvanecerse su poder al competir en Europa. En octavos tocó un duelo fratricida ante el Dinamo Dresde. En Europa el Bayern había ganado la Recopa del 67 con unos jóvenes Maier, Müller y Beckenbauer. Y ahí se acababa el currículo. No obstante, la Bundesliga estaba muy por encima de la Oberliga, aunque eso no se notó sobre el césped. El Dinamo obligó al Bayern a jugar con ritmo elevado, algo que los muniqueses odiaban. El resultado fue una eliminatoria espectacular que acabó con un 4-3 en Múnich y un empate a tres goles en Dresde. En cuartos sí que demostró su aplastante superioridad el Bayern al aniquilar al CSKA Sofía. Esa eliminatoria dejó dos detalles. El primero es que el mejor fue Conny Torstensson, un sueco que haría carrera en Múnich tras jugar el primer partido de aquel año con el Arvidaberg (hoy no podría competir en Champions con dos equipos la misma temporada). El otro que Torpedo Müller falló un penalti. Era el tercero consecutivo que marraba. También lanzó y falló otro Franz Roth, pulmón de aquel equipo. A partir de entonces Paul Breitner se encargaría de los penaltis. La decisión se tornaría trascendental cuando meses después Alemania gane el Mundial en un duelo imponente ante Países Bajos con gol desde los once metros de Breitner.

En semifinales toca el Ujpest Dozsa húngaro. Empate en Hungría y 3-0 en casa. Por el camino además de Ajax o Liverpool FC también quedaron Club Brujas, Juventus o Benfica. La providencia fue eliminando rivales. El gran Bayern siempre tuvo una flor en el culo. Hay final pues. FC Bayern vs Atlético de Madrid. El colegiado es el belga Vital Loraux. Estadio Heysel. Aprovechando la festividad de San Isidro miles de colchoneros se desplazan a Bruselas. Se cuentan unos 25.000 en las gradas. Hay mayoría rojiblanca. Suceso extraño. Pero es que a los que viajan desde Madrid se les unen los miles de inmigrantes españoles que trabajan en Bélgica. Será la primera Copa de Europa que viaje a Alemania o la séptima que vuele a España tras las seis cosechadas por el Real Madrid.

Heysel.15/V/74

La final es intensa, disputada, pero no es agraciada para el espectador. El Atlético prefiere jugar al contraataque. El Bayern controla el balón, pero lo hace con calma, a trompicones, resguardando siempre sus espaldas. Todo esto es algo que no se visualiza desde España ya que los primeros quince minutos del partido no se pudieron ver en Televisión Española por un fallo técnico. Tras una primera parte insulsa, el Atlético tomo las riendas del partido en la segunda mitad mientras ahora era el Bayern el que esperaba agazapado. Las ocasiones eran escasas y el partido se encamina sin goles a la prórroga.

Entonces si también la prórroga finalizaba con empate se celebraría un partido de desempate. No había penaltis. La tónica de la segunda mitad continuó en el tiempo suplementario, hasta que en el minuto 114, a seis del final, hay una falta en el borde del área. Luis Aragonés lanza el esférico por encima de la barrera y el balón entra mansamente por la escuadra del palo derecho defendido por Maier. Una marea de banderas rojiblancas recorre las gradas de Heysel.

Tocaba entonces perder tiempo y aguantar las embestidas alemanas. Luis, quien llevaba todo el partido lanzándole besos a Beckenbauer y llamándolo guapo ante la incredulidad del Káiser, pide el balón todo el tiempo mientras se va a una esquina esperando una patada. Pero de pronto, rebasado el minuto 119, Gárate hace lo propio, pero sin la maldad suficiente para tirarse al suelo. Allí queda, permitiendo que el Bayern avance treinta metros sin oposición. Adelardo no va el corte y Luis Aragonés se desgañita pidiendo que alguien haga la cobertura. Beckenbauer envía un pase a Schwarzenbeck, el otro central muniqués, que sale de su cueva buscando la heroica. Adelardo sale a su encuentro, pero lo hace con poco tino. Luego confesará que estaba mirando al palco, buscando al presidente de la UEFA imaginándose levantando la Copa de Europa. Schwarzenbeck recibe poco después del centro del campo y a treinta metros arma la pierna sin que ningún jugador del Atlético salga a su encuentro.

Hans-Georg Schwarzenbeck era el hombre que le cubría las espaldas a Beckenbauer. Nacido en Múnich jugó toda su carrera, un total de 14 temporadas, en el club de su ciudad natal. También ganó el Mundial con Alemania. Fueron cerca de 600 partidos y apenas una veintena de goles.

Uno de ellos tendría lugar el 15 de mayo de 1974. Hace ahora medio siglo.

Schwarzenbeck le pegó duro. Abajo. Al palo derecho de Miguel Reina. Donde más duele. El tiro fue fabuloso y el padre de Pepe no pudo ver la salida del balón ante la maraña de defensores que tenía delante, no obstante, en el debe de Reina es necesario decir que estuvo lento y mal colocado. Luego correría el rumor, del todo falso, de que Reina no llegó al gol del empate porque acababa de llegar a la portería tras haberle regalado los guantes a un fotógrafo, celebrando el ya presumible triunfo. El caso es que a falta de veinte segundos para el final del partido el FC Bayern ponía el 1-1 en el marcador.

Tocaba partido de desempate. Apenas 48 horas después.

En las gradas había pocos españoles. Tocaba volver a Madrid a trabajar. También había menos muniqueses, pero el subidón de adrenalina y la relativa cercanía (700 kilómetros) animaron a los alemanes a desplazase a Bruselas. El Atlético, que seguía sin poder contar con los sancionados Panadero Díaz y Ayala, tendría que jugar sin Irureta por acumulación de amarillas y el Toto Lorenzo puso a Becerra sacando del campo a Ufarte. Udo Lattek sacó el mismo once que dos días atrás. Los bávaros eran imperturbables al cansancio.

Pronto se vio que el desempate no tendría nada que ver con el primer encuentro. Los jugadores del Bayern eran aviones. No existía el desfallecimiento. Dominaron el partido desde el inicio manteniendo el subidón de adrenalina provocado por el gol del impronunciable Schwarzenbeck. El Atlético ni estaba ni se le esperaba. Los jugadores no durmieron en toda la noche pensando en ese gol en el último minuto. Habían agarrado un asa de la orejona y se les había escurrido entre los dedos.

El Bayern arrolló gracias a un estelar Gerd Müller. Al descanso el marcador era 1-0 y al poco de comenzar la segunda parte Müller anotaba su segundo gol. El Atlético tuvo un arreón de vergüenza torera y Gárate fue claramente derribado dentro del área rival. No se pitó nada. Consecuencias de las salvajadas de Glasgow. Luego Müller completó el hat-trick con una preciosa vaselina y Hoeness marcó el tanto definitivo en un contrataque tras driblar a Miguel Reina.

FC Bayern 4-0 Atlético de Madrid.

Al acabar el choque los micrófonos de las radios españolas fueron en busca de Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid. Y ahí soltó la frase. La perla.

“Ha sido muy injusto. Somos el Pupas Fútbol Club”.

La expresión cuajó y fue adquiriendo tintes icónicos surgiendo una leyenda de perdedor feliz que hicieron del tercer club de España una especie de gigante bueno, de fracasado simpático, de rico amable. El Atlético pasó a ser el Pupas. El equipo que cuando se caía de espaldas se dañaba el ombligo.

Y no era así.

Vicente Calderón supo sostener con aciertos deportivos y una economía de guerra al Atlético frente al Real Madrid y FC Barcelona. Con Calderón el Atlético vivió su mejor época y en ciertos periodos incluso estuvo por encima del Madrid. Pero esa sentencia, esa frase, dejo un legado derrotista que precisamente él había sabido combatir mejor que nadie. No en vano, meses después el Atlético se proclamó campeón de la Copa Intercontinental. Entonces los equipos argentinos jugaban a matar y el Bayern decidió renunciar a enfrentarse a Independiente. El Atlético, son seis nativos argentinos, aceptó el reto y venció. El Pupas Fútbol Club se proclamaba campeón del mundo.

El Atlético es club fundador de la Liga española y el conjunto con el tercer estadio de mayor capacidad en España. Con once títulos ligueros también es el tercero en el palmarés español y suma en total más de treinta títulos nacionales e internacionales. Forma parte de los diez clubes más laureados a nivel europeo y es uno de los 30 equipos reconocidos por la FIFA como campeón del mundo al haber ganado la Copa Intercontinental de 1975. Según datos de la UEFA de 2023 es el undécimo club europeo con mayor número de ingresos.

El lamento ocasional de Calderón ha elevado la condición de Pupas a elemento trascendental del club tanto o más que el escudo con el oso y el madroño o las rayas rojiblancas. El gol de Ramos en la prórroga y las dos finales perdidas de Copa de Europa en 2014 y 2016 ante el Real Madrid no hicieron más que hurgar en esa herida.

El Atlético de Madrid está en esto como todos para ganar. Y lo consigue con frecuencia. Y lo volverá a conseguir. Pero ese halo de cordero degollado, de Pupas creado hace ahora medio siglo, le permite sobrevivir a las derrotas y refugiarse en un victimismo derrotista que no se ajusta con el tercer palmarés de España y con uno de los mejores de Europa.

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El puto amo

Si. Lo sé. Cualquiera que me conozca o cualquiera que me lea estará en estos momentos arqueando las cejas. Menudo titular. No le pega nada. Si éste es como un boy scout y se lava la lengua con jabón a cada escupitajo que suelta. La verdad es que me ha costado decidirme por el titular, pero tiene un porqué que será desvelado. El caso es que podía resultar conservador, pero anda que no se habrán repetido por activa y por pasiva los titulares convencionales esta semana. El obvio es el de Káiser. Corría el año 1971. El FC Bayern jugaba un amistoso de pretemporada ante el Austria de Viena. Por entonces Beckenbauer, de 26 años, ya era la cara visible de un equipo respetable. Un elegante central, siempre con la cabeza alta y con una precisión milimétrica en el pase a 40 o 50 metros. Un fotógrafo le propuso hacerle una instantánea junto a una estatua del káiser Francisco José en el palacio Hofburg vienés. El artículo posterior comparó al káiser de la realeza con el káiser del fútbol. Si Pelé era el rey, Beckenbauer será el emperador. Será Der Káiser.

También podía haber titulado con un sencillo Beckenbauer. Era brillante, invencible. Jugaba con simpleza, buscando el dominio del partido e indagando en el pase perfecto. Su fama trascendió los límites habituales del futbol. En su época compartía fama con Emerson Fitipaldi, un excelente piloto de F1. Pronto se puso de moda entre sus contemporáneos tildar de Fitipaldi a aquel que corría en demasía por la carretera. Con el tiempo, una nueva generación vio las hazañas de Fernando Alonso y donde antes los padres insultaban a los Fitipaldi los hijos pasaron a increpar a los Alonsos. Con Beckenbauer no ha sido así. Baresi, Maldini, Puyol o Ramos. Sergio Ramos, de largo el mejor central de las últimas dos décadas, con un altavoz mediático gigantesco ha sido incapaz de tumbar al mito Beckenbauer. Y es que Beckenbauer sigue siendo a día de hoy sinónimo de fiabilidad y de organización, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Ser un Beckenbauer aun hoy es un adjetivo usado en partidos de alevines cuando un niño corta una jugada sin dar una patada y levanta la cabeza para dar un pase al pie.

Otro titular más que aceptable habría sido el de Franz. El niño Franz. El niño que nació en un Múnich famélico nueve días después del fin de la II Guerra Mundial. Su juego era la calle. Su juguete un balón. Su sueño jugar en el TSV 1860 Múnich, el gran equipo de la ciudad. Tuvo una prueba con 13 años. El equipo cadete de azul del 1860 frente a once chicos de la calle muniqueses vestidos con peto. En medio del partido Beckenbauer le hizo un caño a uno del 1860 y éste se revolvió y le propinó una bofetada. Nadie del 1860 le reprochó al chaval el incidente y el niño Franz lo tuvo claro. Jugaría de rojo. Jugaría en el FC Bayern. Y aun así nunca pudo olvidar su infancia azul. En 2011 llegaría a ser imagen del TSC 1860 solicitando fondos para evitar la bancarrota del, ahora, segundo club de Múnich. Que Beckenbauer fuese imagen del rival ciudadano del Bayern ilustra la semejanza del personaje. Del puto amo.

Der Káiser

Pero no tendría que haber sido chabacano. Había más titulares. El hombre que inventó el puesto de líbero, podría haber escrito. El Mundial 1966 vio la puesta de largo en televisión por satélite de aquel veinteañero elegante que parecía llevar traje y pajarita sobre el césped. Contaba con las medidas perfectas para jugar al fútbol (1’82 y 77 kilos). Era apuesto, activo, tenía presencia, restaba con acierto, distribuía con destreza y llegaba al área rival con pericia. Jugaba de organizador y en aquel nuevo mundo de la televisión acaparaba todas las miradas y todos los minutos al estar presente tanto en defensa como en ataque. Marcó un par de goles de tirazos descomunales.

Cuatro años después Beckenbauer estaba en México. El hombre que admiraba a Di Stéfano y a Charlton, aunque quien más le impresionaba era Pelé, dio un paso atrás. Beckenbauer se convirtió en el defensa por antonomasia. Se convirtió en el líbero, pero no resguardado en defensa de cinco componentes. No. Beckenbauer jugaba de líbero con Alemania y en el Bayern sin red, en defensa de cuatro. Barria y luego marcaba el ritmo de la salida fuese en corto o en largo. Su desplazamiento era perfecto. Y no tenía dos que lo guardaran. Solo uno. Una elegancia y un trato del balón que alguien definió como empalagoso. En México jugo el partido del siglo. Alemania vs Italia. Brazo en cabestrillo. 40 grados de temperatura. No se quejó. No sudó. Nunca sudaba. Siempre estaba despeinado porque nunca se peinaba. Lo suyo era jugar y punto, aun cuando en los 70 la imagen ya importaba. Sin artificios. Era pura seda. El Bayern no jugaba bonito. Pero era bello desde la efectividad. Beckenbauer dotó de distinción la secuencia despejar, levantar la cabeza y pasar en largo. Ser defensa era sucio y feo. Bebía de los ecos del catenaccio. Beckenbauer le dio prestigio y lo convirtió en arte. Jugó de una manera que sólo se hizo común décadas más tarde como un hombre del futuro, solo que con balones y botas pesadas en campos encharcados.

Otra opción habría sido escribir Beckenbauer: míster Bayern. Y es que Franz es el Bayern. Junto a Gerd Müller y Sepp Maier convirtió a los muniqueses en un gigante. Cuando debutó los bávaros militaban en segunda. Se fue con tres Copas de Europa y convirtió al FC Bayern en el único equipo capaz de rivalizar en estatus de grandeza con el Real Madrid. Su impacto en el Bayern fue absoluto y abarca todas las facetas. En 1969 ganó su primera Bundesliga. Desde entonces el Múnich 1860 no ha ganado ninguna. El FC Bayern supera la treintena. No sólo inventó el puesto de defensa central elegante. Hoy el FC Bayern infunde respeto. Hoy Alemania infunde respeto. Los germanos son más grandes, más fuertes, más técnicos y ganan siempre. Desde Beckenbauer. Antes no era así.

Había más opciones. Suprema elegancia sería un titular literario. Beckenbauer era un jugador ofensivo que jugaba de defensa. De hecho, es su legado, pero también es su pero. Su paso atrás. ¿Por qué un jugador de su clase se refugió en la defensa? Tendría que haber sido castigado por ello. ¡Pero cómo castigarlo! Si los Peles hacen del engaño un arte, Beckenbauer hizo de la prevención del engaño una maestría. No existe futbolista con mayor colección de antelaciones ante ataques, regates y fintas. Su sentido de la anticipación eliminaba las tretas e interrumpía las embestidas rivales. Le bastaba una mirada, a veces angelical otras furtiva, para ordenar un avance o cuatro zancadas para vaciar la defensa y asomarse al mediocampo. Con un golpe seco y certero cortaba el centro del campo y unía su área con el área rival. Dicen que durante un partido de Bundesliga Franz le grito a Müller que ayudase a defender, a lo que el Torpedo respondió que lo haría cuando Franz metiese los goles. Un par de jugadas después Franz disparó un obús de 30 metros. No fue gol, pegó en el larguero. Müller echó una sonrisa, pegó un par de carreras hacia atrás para no contradecir al jefe y cinco minutos después recibió un pase de 40 metros al pie que convirtió en gol. Todos contentos.

Beckenbauer ganó en elegancia hasta el día del cabestrillo. Jamás se le vio una mueca desagradable. Ejecutaba sus jugadas gracias a un físico y una ética de trabajo intachable. Se movía al compás de la música que su cerebro diseñaba y hacia mover a sus compañeros de equipo como el ilusionista que mueve sus marionetas. “No daba patadas”, dijo de él Di Stéfano admirado ante un central que puso su talento y su imaginación al servicio de la contención. Siempre receptivo, durante el lustro que va de 1971 a 1976 convirtió en un desfile las victorias del Bayern y en una fuerza imparable las exhibiciones alemanas.

Die Mannschaft

Podía haber titulado también con un simple y sencillo el mejor defensa de la historia. Un defensa que lanzaba faltas con el exterior del pie, tan bello como funcional. Como un buen Mercedes. Contundente y técnico. No hacía amigos en el campo, muchos, muchísimos fuera del mismo. Un placer para la vista en sus movimientos. Era rápido con balón y lento sin él. Dominaba los tiempos y gobernaba los espacios. Su alter ego fue Johan Cruyff. “Johan era mejor, pero el campeón fui yo”, declaraba cuando habla de la icónica final del Mundial 74. Ajax y Bayern. Holanda y Alemania. Ideas enfrentadas, aunque ambas adelantadas en la concepción de que cada parte del juego estaba entrelazada entre sí.

En cualquier clasificación Franz Beckenbauer forma parte de los diez mejores jugadores de todos los tiempos. Sube más puestos si juntas elegancia, estética y eficacia. Es, sin discusión alguna, el mejor central de la historia. Pero es algo más que eso…y es por eso que es el puto amo.

Nadie influyo más en el futbol europeo en el medio siglo que va de 1960 a 2010. Cincuenta años de omnipresencia. Refundó el FC Bayern y fue símbolo de la reconstrucción y el poderío de la Alemania de posguerra, de la Alemania unificada y de la Alemania multicultural del siglo XXI. Campeón del mundo como jugador y capitán, campeón del mundo como entrenador y seleccionador y organizador del, hasta la fecha, único Mundial que se ha celebrado en Europa en el presente siglo (Putin mediante). Ningún futbolista ha traspasado más niveles ni en el plano deportivo, ni en el social ni en el político.

Es cierto que los pioneros ejercieron todas las facetas posibles en el mundo del futbol. Santiago Bernabéu fue futbolista, directivo, presidente y organizador de competiciones. Y como Bernabéu hubo muchos más a caballo entre el siglo XIX y el XX, pero lo de Beckenbauer sucedió en la época moderna y con un éxito extraordinario. Tras colgar las botas fue columnista del Bild en el Mundial de 1982. Sus acertados artículos lo auparon al cargo de seleccionador nacional en 1986. Al igual que Zidane, su ascendencia ante los jugadores era tal que importaba más su mano izquierda que sus conceptos tácticos. Y los hubo. Convirtió a la Alemania unificada en un conjunto prosaico, funcional y defensivo, pero los aficionados y los jugadores lo adoraban. Sacó a Lotthar Matthäus del centro del campo y lo convirtió en un ‘10’ que jugaba de líbero. Lo convirtió en un káiser cuando al káiser no le llegaba ni a la altura de los botines.

Fue así campeón de corto y tras la línea de cal. Sólo Zagallo y Deschamps pueden decir lo mismo y ambos son futbolistas menores en comparación con Beckenbauer. Sólo Cruyff puede tutear al Káiser tanto en palmarés como en influencia tanto dentro como fuera del terreno de juego. Si Cruyff dejó un legado de belleza que traspasó fronteras, Beckenbauer lo haría proyectando una imagen de superioridad, arrogancia y fiabilidad que ha acompañado al Bayern y a la selección alemana desde entonces hasta la actualidad. Una supremacía que genera odios y envidias, pero también la seguridad de sus compañeros y el orgullo de sus compatriotas. Y digo bien compatriotas y no aficionados, porque lo que hizo Beckenbauer por los alemanes va más allá del terreno de juego. Beckenbauer forma parte de la primera generación alemana inocente. La primera nacida tras la derrota. La primera desnazificada. Y la primera que hizo que Alemania se abriese al mundo.

Pero aún hay más. Y por eso Beckenbauer es el puto amo.

En 1991 es subcampeón de la Copa de Europa con el Olympique de Marsella. Falta dar el último paso, pero recibe una llamada. Es la DFB (Federación Alemana de Fútbol). Alemania es un país nuevo. Unificado. Pero no es feliz. Sangrantes diferencias económicas entre este y oeste. Desmantelamiento de empresas. Bolsas de emigración. La DFB pretende organizar un Mundial que unifique al país como hizo el de 1974. El de 1998 será en Francia por lo que hay que esperar a 2006 para que el Mundial vuelva a Europa. Beckenbauer acepta, pero antes tiene otro reto por delante. Necesita experiencia como gestor. Entra en la directiva del FC Bayern y de vez en cuando baja a los banquillos para hacer de apagafuegos. Gana la Copa de la UEFA de 1996. Primer título europeo en dos décadas. Y da el salto a la presidencia. El Bayern, cuyos años 90 son tortuosos, recupera el esplendor y con Beckenbauer de presidente gana en 2001 su cuarta Copa de Europa tras las tres ganadas en los 70 con el Káiser vestido de corto. Luego se centró en el Mundial y a base de carisma consiguió que Alemania organizase el de 2006. Un exitazo. Cuatro años después dejó la presidencia del Bayern y se convirtió en presidente honorario hasta su fallecimiento en enero de 2024.

Triunfador como jugador, entrenador, presidente y organizador de eventos deportivos. Cambió el destino del FC Bayern y dotó a la selección alemana de unas cualidades futbolísticas victoriosas que permanecen inalterables al paso del tiempo. Juntando todas las facetas, mezclando todo lo que ha hecho tanto dentro como fuera del campo y su influencia en las instituciones a las que perteneció, no existe futbolista más trascendental que Franz Anton Beckenbauer.

Der Káiser. El puto amo.

“Franz sabía exactamente cuándo podía pasar el balón con el interior o cuándo tenía que mandarlo a las gradas. Para ello, la cabeza tiene que dar la orden correcta. La de Franz era una cabeza que siempre dio la orden correcta”, Johan Cruyff, rival y coetáneo de Beckenbauer.

“Parecía caminar sobre las aguas”. Sepp Maier, compañero en el FC Bayern y en la selección alemana.

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El porsche de Paulo Futre

Como un trueno. Como un funambulista. Recibió el balón algo más allá de la línea del centro del campo, lo cosió a su pie izquierdo y se dispuso a bailar sobre el césped. Y es que Paulo Jorge dos Santos bailaba. Quizás porque cuando iba a entrenar a Lisboa desde su Montejo natal lo hacía tras un viaje en ferry en el que daba patadas a latas de refresco mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la cubierta de la nave. El caso es que Kögl se le tiró a los pies sin suerte y, luego, fue el pequeño de los Rummenigge el que trato de salirle al paso. En un abrir y cerrar de ojos, Paulo hizo una pared con Magalhaes y dejó descolocado a Flick. Entonces Paulo decidió dejar la banda y adentrase en el área, donde le esperaba el temible Andreas Brehme. Con uno de sus aspavientos lo engañó y, mientras Brehme se tiraba al suelo, Paulo recortaba hacia su exterior y, antes de que llegase Plufgler, lanzar un suave disparo con la zurda al poste derecho de la portería defendida por Jean Marie Plaff.

La pelota deambuló por el área pequeña hasta que, tozuda, se escapó por la línea de fondo. Daba igual. El FC Porto vencía al FC Bayern por 2-1 y conseguía su primera Copa de Europa. Paulo no marcó ningún gol, pero su excelencia se vio premiada con el trofeo al mejor jugador de la final. No había hecho más que lo que estuvo haciendo durante toda la temporada. Deslumbrar a la Europa futbolística con poco más de 20 años. Ese año ganaría el Balón de Plata. Su nombre completo era Paulo Jorge dos Santos Futre. Paulo Futre.

https://www.youtube.com/watch?v=R51-OS7N_zs

Cuando aquella jugada maradoniana un hombre pegó un respingo en el sofá de su casa. Era un tal Jesús Gil y Gil. Un empresario de la construcción, que en su día había pisado la cárcel por un delito de homicidio involuntario al desplomarse el comedor de un restaurante del cual era el promotor. A la altura de 1987 había rehecho su imperio con pisos turísticos y viviendas de lujo por todo el Mediterráneo. Son años de dinero en A y dinero en B, del pelotazo y del yuppismo con estudios y del yuppie que antes de traje y corbata mezclaba cal, arena y agua.

El caso es que apenas un par de meses antes de la celebración de la final de la Copa de Europa había fallecido Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid durante dos de las décadas más gloriosas del conjunto rojiblanco. Habían de celebrarse elecciones a la presidencia y Jesús Gil decidió presentarse. No había motivos románticos. Gil había formado brevemente parte de la junta directiva de Calderón, pero sus exabruptos lo condenaron a la expulsión. No era aficionado al Atlético. Simplemente vislumbró que acceder a la presidencia de un club de fútbol era una forma de conseguir prestigio y notoriedad.

Así que Gil, que de fútbol no tenía gran idea, se levantó del sofá y decidió que ese era su hombre. Estamos a finales de mayo de 1987, a falta de un mes exacto para la celebración de las elecciones. Llamó a su hijo, Gil Marín, y a su mano derecha en la candidatura, el promotor cinematográfico Enrique Cerezo y fletó un avión privado para el día siguiente, entonces 28 de mayo, presentarse en Milán.

Y es que, aunque la final había tenido lugar en el Prater vienés y la comitiva del FC Porto volvía a Portugal a celebrar el increíble éxito, Paulo Futre estaba en otras cosas. Hubo de viajar a un hotel de Milán para cerrar su pase al Internazionale. Los italianos venían de una temporada gris en la que se había dado carpetazo a Karl Heinz Rummenigge, el excepcional mediapunta alemán que a los 32 años había iniciado una preocupante cuesta abajo en su carrera. El Inter consideraba a Futre uno de los futbolistas más decisivos del momento y candidato a mejor jugador del mundo al cabo de un par de temporadas.

Era entonces el Calcio la liga más poderosa del mundo. Y había dudas. Las había porque el gran Eusebio nunca salió de Portugal y ningún jugador luso había destacado fuera de su país. Fernando Chalana no pasó del Girondins de Burdeos y Fernando Gomes, ganador de dos Bota de Oro, tuvo una modesta experiencia en Gijón antes de volver al FC Porto a levantar la Copa de Europa. Futre era un excepcional futbolista, pero había que esclarecer las dudas en un fútbol de primer nivel como el italiano.

Así que allí estaban Futre y Pinto da Costa, presidente del FC Porto, para cerrar un acuerdo más bien humilde con el Inter. Futre iba a cobrar mucho menos que Rummennige e incluso menos de lo que el Inter pensaba ofrecerle a Enzo Scifo, el belga del Anderlecht que estaba en la recámara como segundo plato por si fuese necesario.

Fue entonces cuando Gil y Gil arribó en el hotel. Futre y Pinto da Costa compartían habitación. Cerradas las negociaciones dormían una siesta a la espera de volver a Oporto una vez finiquitado el acuerdo. Entonces Jesús Gil se presenta en recepción y exige ver a Paulo Futre. El astro luso se levantó de la cama al recibir la llamada en su habitación, pero no quiso bajar. Fue Pinto da Costa el que le pidió que se mostrase educado y que bajase a escucharlo.

Así que Futre y su presidente decidieron bajar al hall del hotel. En pantalón corto, con melena ochentera a lo ‘Miami Vice’ y unas chanclas en los pies, Paulo Futre se presenta ante Gil. El orondo empresario soriano solo acierta a preguntar a aquellos dos hombres donde está el famoso Futre y sólo cae en la cuenta de quien es el afamado futbolista cuando baja la cabeza y ve unas chanclas serigrafiadas con el nombre del astro portugués.

Futre, está entre molesto e incrédulo ante este desconocido que ni siquiera sabe quién es, pero decide escucharlo. Gil le habla de Madrid, del Atlético y de que va a ser el presidente que lleve a los rojiblancos al éxito. Son unos veinte minutos en los que Gil, tan tarugo como bonachón, utiliza su don de gentes para ganarse el afecto de Futre.

Pero Futre no lo ve claro. Acaba de ganar la Copa de Europa. El Inter es un grande que juega competición europea. El Atlético finalizó octavo en la Liga española. Duda. Por lo que pide a Gil un par de minutos en privado con Pinto da Costa y decide tirarse un farol. “Mira, si este tío ha cogido un avión privado para venir hasta aquí es que tiene mucho dinero. Yo le voy a pedir el doble para mí y tú el doble para el club”.

Dicho y hecho. Futre le espetó a Gil que quería el doble de lo que le daba el Inter y Pinto da Costa hizo lo propio. Eran 450 millones de pesetas por el fichaje (2,7 millones de euros) mucha tela para la época y mucho más para el Atleti.

Gil ni pestañeó. Habría acuerdo.

Entonces Futre, que además de gran futbolista era un tipo espabilado (y lo sigue siendo), decidió subir la apuesta. Tras un pequeño silencio se abrió la veda.

“Quiero una casa en Madrid”, le dijo Futre.

“Hecho”, contestó Gil y Gil.

“Una casa con piscina”, remató Futre.

“Hecho”, volvió a contestar Jesús.

“Quiero un coche”, fue la última petición del portugués.

“¿Qué coche quieres?”, preguntó Gil.

“Un Porsche”, reclamó Paulo.

“Hecho”, finalizó Jesús.

Fumata blanca. Hubo que ir al Inter con la contraoferta y los italianos dijeron que naranjas de la china. Activaron el plan B y viajaron a Bruselas para cerrar el fichaje de Scifo. Esa historia salió mal. Pero esa historia es otra historia.

Historias del fútbol: Gil presenta a Futre en la Sala Jácara (1987) - AS.com
Futre y Gil

Gil soló pidió una cosa. Futre tendría que subirse a su avión y trasladarse inmediatamente a Madrid antes de ir a Oporto. Quería presentar a su fichaje en sociedad y con eso asegurarse su victoria presidencial. Futre aceptó, pero a medida que el vuelo se acercaba a destino las dudas parecían corroerle. ¿Y si Gil y Gil no ganaba las elecciones? Pinto da Costa trataba de tranquilizarlo, pero Futre no las tenía todas consigo. Le había dicho a su padre que no tendría que volver a trabajar en su vida, pero lo que era un futuro asegurado en Milán se había convertido en un futuro incierto en Madrid.

Así que Futre volvió a tirar de pillería, se levantó de su asiento y se acercó a Gil y Gil. Le dijo que querría el Porsche nada más aterrizar en Barajas. Sino tenía el coche ese mismo día cancelaría inmediatamente el acuerdo.

Jesús nuevamente accedió. La idea de Futre era buena. Si Gil gana las elecciones, genial, y sino las gana por lo menos me vuelvo a Oporto con un Porsche. Así que nada más aterrizar, la comitiva se desplaza a un concesionario Porsche de la capital y preguntan cuál de los Porsche que hay allí se puede llevar Paulo al momento. El único disponible era un deportivo de color amarillo. Dicho y hecho, una vez más. Gil sacó la chequera y Futre salió de allí en un llamativo Porsche color pollo.

Jesús Gil y Gil ganó aquellas elecciones de calle. Y todo gracias a Paulo Futre. El empresario trilero se la había jugado todo a una carta. Los 450 millones del fichaje, la casa con piscina, el Porsche y el salario de Futre había corrido a cargo de su cuenta corriente. ¿Qué habría pasado si no hubiese ganado las elecciones? Nunca se sabrá. El caso es que Gil y Gil se mantuvo como presidente durante más de una década hasta que, acusado de estafa al club por simulación de contratos, acaben echándolo del Atleti, al igual que fue desalojado de la alcaldía de Marbella por corrupción.

El padre de Paulo Futre no volvió a trabajar. Futre se convirtió durante siete temporadas en un dios rojiblanco. Sólo ganó dos copas mientras que fracasó temporada tras temporada en Europa. Tampoco tuvo éxito con la selección portuguesa y acabaría apagándose antes de llegar a los 30 machacado por las lesiones. Pero todo eso da igual. Una de aquellas Copas del Rey fue lograda frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en lo que fue una inyección de orgullo mayúsculo para un club que vivió y vive atormentado y acomplejado por el enorme éxito de su rival capitalino. Con el tiempo Futre acabó pintando su Porsche de rojo para que no llamase tanto la atención y se asentó en Madrid donde sus dos hijos se han criado y en donde se ha convertido en la leyenda rojiblanca por excelencia, con permiso del finado Luis Aragonés.

“A nivel sentimental le doy tanta importancia a la Copa de Europa con el FC Porto que a aquella Copa del Rey con el Atlético de Madrid. Nunca he tenido un orgasmo como aquel gol”, Paulo Futre hablando sobre la victoria del Atleti ante el Real Madrid en la Copa de 1992.

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Der Bomber der Nation

2011. Trento. Allí se encontraba el equipo primavera del FC Bayern en plena pretemporada. El sitio era perfecto. Temperaturas suaves alrededor de un paisaje bucólico en un profundo valle rodeado de descomunales montañas. Gerhard Müller formaba parte de la comitiva. Llevaba un par de décadas ocupando varios puestos en el organigrama juvenil del FC Bayern. Nunca como primer entrenador, pero siempre formando a los jóvenes delanteros del club bávaro. En un momento dado Gerhard decidió llamar a un taxi y dejar el hotel. Cerró la puerta, saludó al chófer y le pidió que lo llevase a la estación ferroviaria. Su intención era coger un tren que lo trasladase a Múnich. Nunca cogió ese tren. Durante más de trece horas estuvo deambulando por las afueras de Trento mientras la policía trataba de localizarlo. Tuvo que ser su mujer, trasladada de inmediato desde Múnich, la que, una vez encontrado, llevase a Gerhard de vuelta a casa.

1974. “Sin él no hubiéramos ganado nada de lo que ganamos, ni con el Bayern ni con la selección. Y por nada digo absolutamente nada”. Así de categórico se mostraba Paul Breitner cuando le preguntaban por Gerd Müller. En el verano de 1974 Müller llegó a la cima del mundo. Tiene 29 años. Gana la primera de sus tres Copas de Europa consecutivas con el FC Bayern. Besará la red en las dos primeras finales. Pero esencialmente gana el Mundial con Alemania. Lo hace en casa, en Múnich, y marcando el gol que de la victoria a los teutones. El tanto es fiel reflejo de quien es Gerd. Un tipo enjuto, contrahecho, paticorto, cuellilargo y de hombros caídos, pero con un don para el gol. El gol lo es todo. Éxtasis, liberación y droga. Mejor que un orgasmo, que diría Pelé. Müller sabía que jamás volvería a vivir un momento como ese. Quizás fue ese el instante en el que todo se vino abajo para rodar hasta el culo del infierno. Decidió retirarse de la selección. Oficialmente enfadado por la escasa cuantía de las primas por la victoria y por el impedimento de la federación a que las esposas de los futbolistas acudieran a la cena conmemorativa de la victoria mundialista. Extraoficialmente estaba embriagado de poder.

1981. Es el año en el que ‘Torpedo’ Müller decide colgar las botas. Lo de ‘Torpedo’ es una invención hispana. En tierras teutonas a Gerd se le conoce como ‘Der Bomber der Nation’ (el Bombardero de la Nación). El significado viene a ser el mismo. Mientras el que corta una jugada, da un buen pase, lanza un buen centro o realiza un precioso regate, cumple con su trabajo, el que mete la pelota dentro de la portería traspasa las fronteras de lo infinito. Mientras los demás hacen cosas que se pierden en el olvido de un cajón, Müller es una máquina eterna que da felicidad a los alemanes a base de meter goles. El caso es que se retira tras tres años en el Fort Lauderdale Strikers, conjunto de la MLS. Allí juega, golea, sufre una hernia de disco y monta un restaurante. Disfruta del sol de Florida y se hace íntimo de George Best, compañero de equipo. Ambos desparramaran botellas y botellas de alcohol por su cuerpo. Pero si Best supo sobrevivir con la caricatura de su persona, Müller iniciará una carrera que lo llevará al abismo.

Gerd Müller | FC Bayern München | | Bundesliga
Tor!

1964. 176 centímetros. Piernas cortas, muslos anchos, culo bajo rollizo, mente privilegiada. Gerd entró en la cantera del FC Bayern en 1964 y en su ficha se leía que en un partido con el equipo de su ciudad natal había marcado 22 tantos en menos de 90 minutos y que esa misma temporada llegó a los 180 goles. Entonces los bávaros estaban en Segunda. El gran equipo de la ciudad era el TSV 1860 München. Aquel año sería el primero de Gerd Müller, Sepp Maier y Franz Beckenbauer con el FC Bayern. El resto es historia. Pero no fue nada fácil para el ‘Torpedo’. Entrenaba a los muniqueses el croata Zlatko Cajkovski. Donde esperaba un centro delantero alto y fuerte se encontró con aquel chico que se acercaba a los 90 kilos. Le apodó pequeño gordito. “¿Cómo voy a poner a un elefante con mis purasangres? ¿Acaso nos dedicamos a la halterofilia?”, diría cuando lo conoció. “¿Qué pretenden que haga con ese gordo rechoncho?”, espetaría en otro momento. Müller tardó diez partidos en debutar. Acabó metiendo 33 goles en 26 partidos para asegurar el ascenso. Al año siguiente ganaba su primer título con el FC Bayern y bajaba hasta los 80 kilos.

1979. Fue en febrero. Concretamente el tercer día del segundo mes. Guyla Lorant, técnico húngaro del Bayern, decide sustituir a Müller. Es la primera vez en su carrera en la que no acaba un encuentro por decisión técnica. Ya no estaban ni Maier ni Beckenbauer y las críticas arreciaban contra Müller. “Es más lento que una cabina telefónica”, llegó a publicar un diario. Decide marcharse. La temporada anterior había logrado su séptimo y último título de máximo goleador de la Bundesliga. Ésta no la acabaría. Enfrentado con la directiva por lo que él consideraba falta de apoyo y, ante la ausencia de una oferta de renovación, da la espantada en pleno mes de febrero y se marcha a Estados Unidos a meter sus últimos goles y a disfrutar de la vida.

1968. Uwe Seeler renuncia a la selección con 32 años y Alemania no se clasifica para la Eurocopa de 1968 tras un humillante empate sin goles ante Albania. Seeler era el ídolo del país. Rápido y escurridizo, dominaba el juego aéreo con sus escasos 1’70. Era una máquina de hacer goles, de los pocos que han besado la red en cuatro Mundiales consecutivos. Su sustituto como ‘9’ teutón era Gerd Müller. Algo más alto, pero igual de estéticamente inoperante y de resuelto para el gol. En su primer envite de enjundia fracasó. Aquella eliminación, volvió a llevar a Seeler a las primeras páginas. Era necesaria su presencia para el Mundial de México 70. Se formó un debate terrible. Hamburgo o Bayern. Norte o Sur. Tradición o modernidad. Los goles de Seeler eran heroicos. Los de Müller ratoniles.

1991. Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Karl-Heinz Rummenigge, tres leyendas bávaras y tres ex compañeros de Müller, vuelven a Múnich tras un viaje con el equipo. El trio pasa por delante de un bar y se quedan de piedra al ver a un hombre con barba larga, pelo desaliñado y en evidente estado de confusión. Casi no puede andar por culpa de una cadera y acumula cartones de vino a su alrededor. Parece un anciano, pero apenas suma 45 primaveras. Es Gerd Müller. Hacía años que los tres no sabían nada de su viejo amigo. En 1984 había vuelto a Alemania y se había instalado en el anonimato. Consiguen convencerlo para ingresar en una clínica de desintoxicación. Son cinco litros de vino diarios y una mujer que le espera con los papeles del divorcio bajo el brazo. Había montado un par de restaurantes y una tienda de deportes en Múnich, pero todo se había ido al garete. Vivió una temporada en casa de Franz (Beckenbauer) y otra en la de Uli (Hoeness). Recibirá continuas visitas de Uwe (Seeler) y de Berti (Vogts). Al año siguiente, ya rehabilitado, ingresará en el cuerpo técnico de los juveniles del FC Bayern.

1970. A México van los dos. Seeler y Müller. El primer dilema para Helmut Schön, seleccionador teutón, es decidir quien lleva el ‘9’. Siendo fiel a la tradición, es el veterano el que escoge y se lleva el número de los dioses. A Gerd le toca el ‘13’. Hay truenos, rallos y centellas. El ecosistema de la ‘Mannschaft’ está a punto de estallar. Schön lo resolverá con inteligencia. Colocará a Seeler más lejos del área en funciones de mediapunta y a Müller como delantero centro sin exigencias defensivas. “¡Gerd! No estaría mal si bajaras a darnos una mano en defensa”, dicen que le grito Beckenbauer en un partido. “Cuando tú vengas a ayudarme en el ataque a hacer algún gol yo bajaré en defensa a echarte una mano”, cuentan que contestó el ‘Torpedo’. El caso es que Müller, feliz y contento, anotará diez goles en el Mundial, una auténtica burrada. Seeler, veterano, comprenderá que lo de lo anotar es secundario si con ello se consigue el Mundial. Lo cierto es que Alemania cayó en una épica semifinal ante Italia, pero Müller ganó el Balón de Oro aquel año (por entonces Pelé no podía optar a él por ser sudamericano) y se convirtió en el hombre del momento.

El 'Torpedo' Müller, "gravemente enfermo": el histórico goleador alemán  padece Alzheimer
Der Bomber der Nation

1945. Gerhard Müller nació en Nordlingen. Se trata de una pequeña ciudad medieval bávara que da nombre a una de las batallas más famosas de la guerra de sucesión española, pero que se salvó milagrosamente de los designios de la II Guerra Mundial. Miembro de una familia numerosa, Gerd vivió las vicisitudes de la posguerra en un régimen extremo de pobreza. Creció acomplejado. Sabía las cuatro reglas básicas y mientras veía que los padres de sus amigos poco a poco iban rehaciendo sus vidas, observaba como los suyos seguían instalados en la mediocridad. Sus decenas de goles le llevaron a rechazar una oferta del TSV 1860 Múnich (el mejor club bávaro del momento) y a aceptar una del FC Bayern porque estos últimos le ofrecían un trabajo a media jornada en una tienda de muebles.

1971. La temporada 1970-71 se acaba y Gerd Müller no alcanza el nivel esperado. Sus registros goleadores siendo excelsos no llegan a los de la temporada anterior. Se habla de que en España van a abrir el mercado a los futbolistas extranjeros. Lo hará dos años después. Se dice que el Barça piensa en Müller, pero acabará fichando a Cruyff. Se dice que fue la federación alemana la que impidió su marcha amenazando a Müller con perderse el Mundial del 74. Son otros tiempos. Hoy el jugador está empoderado. Antes estaba esclavizado. Pero eso sucedió en 1973. Estamos en 1971. Ese verano Gerd se dedica a las pesas y se deja barba y bigote. Sigue siendo bajo y rechoncho, pero donde antes había grasa ahora hay músculo. “Müller era un depredador disfrazado de abuelita para el que la red era el encaje de novia de una niña irresistible”, escribiría Eduardo Galeano.

2021. Lo de Trento había sido un aviso. Desde entonces los momentos de desorientación crecen con la misma rapidez con que lo hace la angustia. En 2015 el Bayern lo hace oficial. Gerd Müller es apartado del staff técnico del equipo. Padece alzhéimer. Por el camino le pillará el encierro global por culpa del Covid. Todo se acelera. Donde antes decía que si o que no a través del brillo de sus ojos y saboreaba con su mujer un pedazo de vida comiendo un helado, ahora es un movimiento de pestañas mientras aguarda el paso del tiempo tirado en una cama. Uschi y Gerd llevaban juntos desde mediados de los 60, cuando ella era una chiquilla de 16 y el ya goleaba con 20. ‘Der Bomber der Nation’ falleció el 15 de agosto de 2021 a los 75 años. Lo hizo en paz, una vez sus recuerdos se deslizaron por un embudo camino de la nada y los puntos cardinales se hubieron perdido en algún lugar de su cerebro.

1972. Es la temporada de los récords. Gana el trofeo de máximo goleador de la Bundesliga con 40 goles en 32 partidos. Es el máximo goleador de la Eurocopa anotando dos tantos en la final que los alemanes ganan frente a la Unión Soviética. Anota 85 goles en todo el año 1972, récord inamovible hasta que el extraterrestre Messi firma 91 en un año natural. Ese es Gerd ‘Torpedo’ Müller. Autor de 365 goles en 427 partidos de la Bundesliga. Autor de 723 goles en 771 partidos oficiales. Ganador de 1 Balón de Oro, 1 Balón de Plata y 2 Balones de Bronce. 4 veces máximo goleador de la Copa de Europa. Máximo goleador de Mundial y Eurocopa. Ganador de ambos trofeos con Alemania y de tres Copas de Europa con el FC Bayern.

“Era feo de ver, con esas piernas cortas y gruesas y los hombros inclinados. Pero era veloz como un rayo y saltaba como una anguila. Con él no te podías distraer un segundo”. Franz Beckenbauer, compañero de equipo y de selección durante más de una década.

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