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Bill Bradley (el hombre perfecto)

Bill Bradley nació en 1943 en Missouri, en una villa del Medio Oeste de Estados Unidos llamada Crystal City cuyo nombre proviene de la industria del vidrio pujante en la región. Desde pequeño destacó por su facilidad tanto para el estudio como para con el deporte y, además, con los 1’96 metros que llegó a desarrollar en la adolescencia se convirtió en celebridad tanto por su intelecto como por su físico. Tenía facilidad de palabra, era simpático, bien parecido, virtuoso, un buen ciudadano y su fama era conocida en kilómetros a la redonda. El hombre de Vitruvio hecho carne. A la hora de plantearse que estudiar y a que universidad acudir, Bill Bradley llegó a tener hasta 75 ofertas de universidades que buscaban su excelencia ya fuese en las aulas o en el baloncesto.

Y es que Bill había destacado en el instituto como un extraordinario alero. Eso le abrió las puertas de los más prestigiosos centros baloncestísticos del país como Duke, North Carolina, Kentucky o UCLA. Pero como sus notas eran tan o más extraordinarias que sus cualidades con el balón también fue tentado por los más prestigiosos centros académicos del país entre los que destacaban Harvard, Yale o Columbia. Al final se decidió por la universidad de Princeton a caballo entre Philadelphia y Nueva York y alma mater de presidentes de Estados Unidos como John. F. Kennedy o Woodrow Wilson y matemáticos como Alan Turing o John Nash.

Bradley comenzó su doble licenciatura en historia y políticas en el otoño de 1961 a la vez que compaginaba entrenamientos y partidos con el equipo de baloncesto y también con el de béisbol. En el verano de 1964 fue seleccionado para participar con el equipo de Estados Unidos en los JJ.OO de Tokio. Por aquel entonces acudían a la convocatoria los jugadores de último año antes de dar el paso a la NBA. Bill Bradley lo hizo a mitad del ciclo universitario siendo en aquel momento el jugador más joven en ir convocado con la selección. Como no podía ser de otra forma Estados Unidos ganó la medalla de oro en baloncesto en tierras japonesas.

La temporada siguiente llevó a Princeton a la Final Four de la NCAA algo inaudito para una universidad de prestigio académico pero sin peso en el baloncesto. Promedió más de 30 puntos por partido y fue elegido como ‘All American’, un galardón que premiaba a los cinco mejores jugadores de Estados Unidos y que ya había recibido en su época de instituto. En la Final Four la Universidad de Princeton cayó contra Michigan, pero Bill Bradley se llevó el trofeo de MVP a pesar de la derrota al haber anotado 58 puntos.

Por aquel entonces Bill estudiaba unas ocho horas al día y dedicaba otras cuatro a entrenar. Poseía una increíble visión periférica que le permitía contemplar el juego en toda su perfección y adelantarse a los movimientos de sus rivales a pesar de no ser demasiado rápido. Según contaba, entrenaba con pesos en las zapatillas para atenuar su lentitud y potenciar el uso de su cerebro y así poder ganar a rivales más dotados físicamente. Esa capacidad unida a una verborrea y una simpatía innata era la que aplicaba bajo los focos de un aula.

Ya licenciado Bradley se presentó al draft de la NBA donde los New York Knicks lo escogieron como su primera elección. Pero Bill tenía más alternativas al baloncesto para dirimir que hacer con su futuro. Ese verano es seleccionado y galardonado con una beca Rhodes que incluía gastos de viaje, estancia y manutención para realizar una tesis doctoral en la prestigiosa Universidad de Oxford.

Se le presentaba una disyuntiva entre mente y cuerpo. Y sabedor de que la segunda opción es finita, Bradley optó por la primera. Aparcó la NBA temporalmente y viajó a Inglaterra para hacer un máster sobre diplomacia internacional y una tesis sobre el ex presidente estadounidense Harry Truman.

Pero no abandonó el baloncesto. Un directivo del Olimpia Milano, que frecuentaba Estados Unidos buscando jugadores para el equipo, viajó hasta Oxford y convenció a Bradley para que se enrolase en el conjunto italiano. ‘Dollar Billy’, como empezaba a ser conocido por sus habilidades en los negocios, aceptó jugar únicamente con el Olimpia los partidos de la Copa de Europa. Bradley disputó un total de 12 partidos con los transalpinos. El día antes del encuentro cogía un avión en Londres, entrenaba un par de horas con sus compañeros y saltaba a la pista. En la temporada 1965/66 Bill Bradley se convertía en campeón de Europa de baloncesto como quien no quiere la cosa.

Para el verano de 1966 los Knicks no quisieron esperar más y exigieron a Bradley que se integrara en su plantilla. Pero Bill supo jugar sus cartas. Dado que tenía que hacer el servicio militar obligatorio pidió una excedencia especial para hacerlo en Inglaterra en una de las bases castrenses que Estados Unidos mantenía en Europa y de paso acabar su tesis y especializarse en diplomacia internacional. A los Knicks no les quedó más remedio que esperar un poco más, pero la espera valió la pena.

A mitad de su primer año con los Knicks, Bill Bradley era titular, al segundo ya estaba considerado el mejor especialista defensivo de la liga y en el tercero ya era un ‘All Star’ y ayudaba a los New York Knicks a ganar su primer título de la NBA en la temporada 1969/70. A la hora de escribir estas líneas Bill Bradley es junto al argentino Manu Ginobili el único baloncestista que ha ganado el oro olímpico, la Copa de Europa de baloncesto y la NBA.

En 1976, en el que iba a ser su último año en la NBA y ya con 34 primaveras a sus espaldas, Bill Bradley preparó su asalto a la política. Consiguió un puesto de ayudante del director de la oficina de oportunidades económicas de Washington, algo así como un secretariado de industria y de inversiones. Cuando al año siguiente cuelga las botas (con dos campeonatos y su camiseta retirada en el Madison Square Garden de Nueva York) ‘Dollar Bill’ anuncia su candidatura como senador por el Estado de Nueva Jersey para las elecciones de 1978. Consigue la victoria con más del 60% de los votos y mantendrá el cargo ininterrumpidamente hasta 1999.

Aunque demócrata, siempre fue un verso libre dentro del partido. Fue un izquierdista si se puede ser de izquierdas dentro del acérrimo capitalismo americano. Durante dos décadas fue un abanderado en la reducción del control de armas y tendió puentes con la Unión Soviética. Aprovechó sus contactos en Europa para estrechar lazos con la Unión Europea. Destacó por sus ingestas sumas de dinero en programas de fomento del deporte entre niños y fue uno de los adalides en la década de los 90 de la creación de un sistema de Seguridad Social. Sin embargo, fue siempre una mosca cojonera para los demócratas al apoyar a los republicanos en temas de defensa nacional y al rechazar la doctrina de partido.

A Bill Bradley, al hombre perfecto, le faltaba poco para llegar a la cima. Para las elecciones del año 2000, Bradley se enfrentó a Al Gore como candidato del Partido Demócrata. El vencedor buscaría la presidencia frente al republicano George. W. Bush.

Al Gore basó su campaña en el despertar del ecologismo y en el papel de Estados Unidos como garante de la paz y del bienestar económico mundial. Apoyado por el expresidente Bill Clinton y por el aparato del partido, contaba con el favoritismo de las encuestas. Bill Bradley hizo campaña abogando por el reforzamiento de las ayudas sociales y el derecho de las minorías. Contaba con el apoyo del voto de latinos y de negros. En unas primarias ajustadas, Al Gore consiguió el 56% de los sufragios y lograba ser elevado a categoría de presidenciable.

‘Dólar Bill’ comprendió entonces que su exitosa vida pública se había acabado. Se retiró a su casa de Nueva Jersey y se propuso disfrutar de su jubilación junto a sus recuerdos y a su familia, escribir sus memorias y dar conferencias en empresas de primer nivel y charlas en organizaciones deportivas. Y así fue hasta que en el año 2007 un senador de Chicago llamado Barack Obama lo llamó de su retiro para que lo apoyase en la campaña para las elecciones de 2008. Así fue como ‘Dollar Bill’, el alero de 1’96 metros de la poco baloncestística Universidad de Princeton, se recorrió de Oeste a Este el país pidiendo el voto para el que iba a ser el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos.

“Convertirse en el número uno es más fácil que seguir siendo el número uno” Bill Bradley.


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