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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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El miedo escénico (el origen de la leyenda de las remontadas blancas en el Bernabéu)

Cuando se cayó la portería del Bernabéu (una vergüenza europea que se convirtió en la Séptima)

El Pupas (a los 50 años de la final entre el Bayern y el Atlético)

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El inventor de los números (2ª parte)

La maravillosa creación de Herbert Chapman tuvo recorrido hasta 1993. Ese año la Football Association (FA) tuvo la ocurrencia de hacer permanentes los números de las camisetas. Así pues, un futbolista, independientemente de ser o no ser titular, conservaría la misma cifra toda la campaña. El portero ya no era el ‘1’ ni el extremo derecho el ‘7’. Ahora el ‘8’ podría no jugar en todo el año y el ‘17’ ser el jugador estrella del equipo. No fue casualidad que la FA escogiese un encuentro de copa entre el Arsenal FC y el Sheffield Wednesday como el primer partido con la nueva numeración. Se trataba del mismo encuentro disputado el 25 de agosto de 1928, sesenta y cinco años atrás, cuando la idea de Chapman de numerar a los futbolistas del 1 al 11 se hacía convertido en realidad.

En los siguientes cinco años las ligas de todo el mundo adoptaron el nuevo sistema a lo que inmediatamente se le añadió el nombre en la parte de atrás de la zamarra. Los 90 culminaron con el cambio anual en el diseño de la camiseta por parte del suministrador deportivo y la aparición de una segunda y hasta una tercera equipación donde los colores habituales del club pasaron a mejor vida. Los números y los colores ya no están pensados para el que va al campo. De hecho, hay combinaciones tan asquerosas que dañan la vista del más avispado. Los números hoy se diseñan para vender y para ser visibles por televisión. Lo vimos con el Covid o con el Mundial de Qatar. El respeto a las camisetas deja lugar al negocio. El aficionado que va al campo ha dejado lugar al forofo a distancia.

Aquel desastre del Athletic…

Volvamos atrás en el tiempo. Aunque en los 90 los números dejaron de ser sagrados desde 1954 ya habían dejado de serlo cada cuatro años. En el Mundial de Suiza 1954 la FIFA estableció que cada selección eligiese un número fijado entre el 1 y el 22 a cada uno de los seleccionados de forma inamovible. Por entonces no existía el marketing y las situaciones que la historia nos ha dejado pueden ser calificadas, al menos, como curiosas.

En 1958 la selección brasileña se olvidó de enviar la lista numerada de los jugadores a la FIFA en tiempo. Esto hizo que se escogiesen los números al azar desde la sede del máximo organismo. En la Brasil campeona en Suecia estaba el portero Gilmar ‘3’, Garrincha jugó con el ‘11’ en vez de con su clásico ‘7’ y Pelé fue el ‘10’ por una simple cuestión de azar, dado que, antes del Mundial, era un chico de 17 años muy conocido en Brasil, pero desconocido en el resto del mundo. No hay que olvidar que empezó el campeonato como suplente.

Más surrealista fue la decisión tomada por Argentina. En 1966 decidieron colocar sus tres primeros números a los porteros para luego seguir con el mismo orden con defensas, medios y delanteros. El arquero Hugo Gatti llevaba el ‘3’, el lateral zurdo Silvio Marzolini el ‘7’, el pivote defensivo Antonio Rattin el ‘10’ y el goleador Luis Artime el ‘19’. Si la decisión tomada en 1966 fue surrealista la escogida para las siguientes ediciones fue igual de racional que de rocambolesca. Desde 1974 a 1986, la época gloriosa de Argentina que incluyo dos victorias del Mundial, los jugadores fueron ordenados alfabéticamente. Los centrocampistas Beto Alonso y Osvaldo Ardiles fueron campeones mundiales en 1978 portando el ‘1’ y el ‘2’ respectivamente. El portero Ubaldo Fillol llevó el ‘5’ y el capitán y defensa central Daniel Passarella lució el ‘19’. Al igual que había sucedido con Pelé, quiso la casualidad que el delantero del Valencia CF y estrella de la selección Mario Alberto Kempes portase el número ‘10’.

La AFA (Asociación del Fútbol Argentino) no quiso volver a tentar a la suerte y aunque siguió usando el orden alfabético en los siguientes campeonatos mundiales decidió hacer una excepción. A Diego Armando Maradona se le dio el número ‘10’ por decreto. Eso suscitó envidias. A Daniel Passarella, el hombre que levantó la copa de 1978, se le permitió llevar su querido número ‘6’ y a Jorge Valdano, un futbolista menor, pero con gran ascendencia sobre el grupo, se le otorgó lucir el ‘11’. Aun así, en el Mundial victorioso de 1986 el delantero Sergio Almirón era el ‘1’, el mediapunta Ricardo Bochini el ‘3’, el lateral izquierdo José Cuciuffo el ‘9’ y el guardameta Nery Pumpido el ‘18’.

Retornando a 1978 se dio la curiosidad de que la final del Mundial fue la más estrafalaria en cuanto a numerología se refiere. Las manías argentinas derivan del fracaso de no clasificarse para el Mundial 1958. Tras eso, la AFA decidió dar un volantazo en su metodología que incluía lo de pasarse de rosca eligiendo los números. Lo de Países Bajos no tenía razón de ser. En 1974 jugaron su primer Mundial. Fuese por lo voluble de la época o por un afán de rebeldía se optó por numerar a los jugadores en función de un sorteo. El delantero Ruud Geels lució el ‘1’, el mediocentro Ari Haan fue el ‘2’, el centrocampista Van Hanegem el ‘3’, el portero Jan Jongbloed el ‘8’ o el delantero Johnny Rep el ‘16’. Por supuesto Johan Cruyff escogió el ‘14’ y punto. El caso es que en 1978 se descartó el estrambótico método, pero, dado que en 1974 los neerlandeses llegaron a la final, muchos jugadores decidieron repetir método para 1978. Así en la final entre Argentina y Países Bajos de 1978 además de Ardiles con el ‘2’ también estaban el mediocentro Arie Haan con el ‘9’, el delantero Rob Resenbrink con el ‘12’ o el volante Johan Neeskens con el ‘13’.

Para el Mundial de 1990 tuvo lugar la última estrafalaria ocurrencia de una selección. Italia, que ejercía de anfitriona, copió la idea de los argentinos en 1966 con la salvedad de darle el 1, 12 y 22 a los porteros. La FIFA ya andaba con la mosca detrás de la oreja y años después declararía obligatorio que el ‘1’ fuese designado obligatoriamente a un cancerbero. El caso es que hubo sus cositas. Los defensas Paolo Maldini y Pietro Vierchowod llevaron el ‘7’ y el ‘8’ respectivamente, el centrocampista Carlo Ancelotti el ‘9’, el mediapunta Roberto Baggio el ‘15’ y el delantero Gianluca Vialli el ‘21’. La gota que colma el vaso en ese Mundial es la de Escocia. Exceptuando al portero y número ‘1’ Jim Leighton, los escoceses decidieron ordenar a los futbolistas en función del número de veces que habían sido internacionales. La rareza salió más o menos bien porque quiso la casualidad que los tres futbolistas con más participaciones fuesen defensas y a los delanteros titulares les tocase el ‘7’ y el ‘9’. En todo caso el central del Liverpool FC Gary Gillespie portó el número ‘11’.

Maldini….empezó siendo el ‘7’.

En el futbol los números retirados escasean. En las selecciones directamente no existen. En 2001 la AFA quiso retirar el ‘10’ de Maradona. La FIFA prohibió tal medida y, aunque Argentina envió una lista de 23 jugadores del 1 al 24 omitiendo el número ‘23’ para el Mundial de 2002, la FIFA no hizo caso a la propuesta y exigió un cambio en la lista. Finalmente, Ariel Ortega luciría el ‘10’ y la prohibición de la FIFA permitirá que en 2022 Argentina vuelva a proclamarse vencedor mundial con Lionel Messi de capitán y luciendo el icónico número ‘10’.

Como vemos lo de llevar números superiores al ‘11’ es una costumbre en el Mundial desde hace tres cuartos de siglo. Sin embargo, hay una limitación más allá del ‘23’. No ocurre lo mismo en el fútbol de clubes. Desde que se dio carta libre a los futbolistas para abandonar la numerología tradicional se les autorizó llevar cualquier cifra entre el 1 al 99. Dicho número, por cierto, no puede ser cambiado a lo largo de una temporada con la salvedad de cambio de club por traspaso o cesión.

Uno de los más estrambóticos es el del lateral Alexander-Arnold. Luce el ‘66’ porque fue ese el número con el que debutó. En el Liverpool FC a los canteranos se les da números muy altos al debutar con el primer equipo para que tengan la motivación de progresar y conseguir un número mejor. No es el caso Alexander-Arnold feliz y titularísimo con su ‘66’. Anteriormente John Terry tuvo una carrera legendaria de dos décadas con el Chelsea FC con el ‘26’ por la misma razón. Los hay aún más curiosos. El chileno Iván Zamorano se encontró con la imposibilidad de llevar el ‘9’ al fichar por el Internazionale por lo que decidió lucir un ‘18’ al que añadió entre ambas cifras un +. Jamás se ha vuelto a ver algo parecido salvo en el caso del colombiano Freddy Rincón que usó un ‘35’ con un + en el Santos FC al no poder llevar su clásico ’8’.

Igual Zamorano tuvo esa idea porque en Chile la normativa es más laxa. Porteros como Vitor Baia o Gianluigi Donnarumma lucen el ‘99’, pero es que en Chile se puede ir más allá. Sergio Vargas llevó el ‘188’ y el delantero Marco Olea, al ver que el titular Marcelo Salas portaba el ‘11’, no se cortó y solicitó el ‘111’. También inusual es el ‘01’ que lució el portero brasileño Rogerio Ceni , el ‘3’ del cancerbero argentino Roberto Vilar o el ‘9’ del mexicano Jorge Campos.

Zamorano 1+8

Lo que es más común es lo de escoger como número tu fecha de nacimiento. Bixente Lizarazu (69) o Angelo Peruzzi (70) iniciaron la moda. En el AC Milan lo hicieron Andrei Shevchenko (76), Ronaldinho (80) o Flamini (84). Ronaldinho subió la apuesta al portar el ‘49’ en el Atlético Mineiro conmemorando el año de nacimiento de su madre. El también brasileño Ronaldo llevó el ‘99’ en sus años en Milán al no estar libre el ‘9’ y el italiano Antonio Cassano también lo lució en varios equipos en su caso porque 9+9 son 18 y el ’18’ era su número fetiche. También hay delanteros que han lucido el ‘2’. Unos cuantos en España. Gaizka Toquero, Aruna Koné o Borja Mayoral lo han portado. Diego Forlán fue el ‘5’ en el Villarreal FC. Falcao llevó el ‘3’ en el Rayo Vallecano en honor a su padre.

Cuando Mesut Özil decidió fichar por el Fenerbahce apostó por el ‘67’. ¿Motivo? Es el número que en Turquía se le asigna a la matrícula de los coches de donde son originarios sus padres. El ‘0’ fue portado por el marroquí Hicham Zerouali que militaba en el club escocés del Aberdeen. Fue el primero y el último en hacerlo porque la FIFA prohibió el uso de la cifra que por sí misma no es nada. Y por último nos quedamos con Gianluigi Buffon, candidato a mejor portero de todos los tiempos. Su longeva carrera está ligada al número ‘1’ pero también lució el ‘99’ con el que debutó en la Serie A. En cierta temporada quiso sorprender al público y optó por el ‘88’ pero se armó un fuerte revuelo dado que es el número simbólico del nazismo. La octava letra del alfabeto es la h. Y el 88 se asocia a HH (Heil Hitler). Visto el revuelo decidió sustituirlo por el ‘77’ que, según dijo, le recordaba a las piernas de una mujer.

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El inventor de los números (1ª parte)

Se supone que en las cavernas a alguien le dio por contar el número de lobos, osos, rinocerontes o hipopótamos. Usarían los dedos. Supongo. O conchas. O piedras. O palos de madera. Suponemos. Pero el caso es que fueron los babilonios los que dejaron registro en tablillas de arcilla de unos símbolos que podríamos llamar números. Casi al mismo tiempo un pueblo próspero y comerciante necesitaba algo más que eso para plasmar las grandes transacciones que realizaban. Eran los egipcios. Y necesitaban escribir millones. Agruparon sus símbolos en base a diez y permitieron hacer grandes operaciones.

El tema es que tanto los egipcios, como luego los chinos, los griegos y los romanos usaban símbolos. Habían conseguido agrupar grandes cantidades, pero el sistema era complejo y farragoso. El método romano, aún usado hoy, se mantuvo en primacía en el mundo occidental para la contabilidad de las empresas hasta el siglo XVIII. Era simple y efectivo para sumas y restas, pero inabarcable para grandes operaciones con multiplicaciones o divisiones. Todos estos sistemas mantenían, eso sí, un símbolo común; el 1. Todas las civilizaciones representaron el 1 con un palo, pictograma universal. Pero, como comentaba, el fallo radicaba en que era un sistema farragoso para grandes operaciones. Y de ahí derivaba otro problema. La inexistencia del 0. Sin este número no existirían las operaciones algebraicas. Y no era lo único. Al colocarse el 0 a la derecha de la cantidad aumenta su valor sin tener que aumentar los grafismos.

Lo del 0 fue cosa de los hindúes. Allá por el siglo VII a los matemáticos de aquellas tierras les dio por utilizar el cero no sólo como cantidad nula sino como sumando de números positivos y negativos. Los árabes adquirieron el conocimiento y gracias a la yihad lo expandieron por los tres continentes. De este modo cuando Al-Juarismi (Alghoritmi en latín) lo introdujo en Europa a través de Al-Andalus en el siglo IX, los números, tal y como los conocemos en la actualidad, pasarán a llamarse arábigos. No obstante, tal y como señalé antes, los romanos mantuvieron su hegemonía hasta tres siglos más tarde. Fue entonces cuando Gerardo de Cremona tradujo al latín el libro matemático de Al-Juarismi y los números arábigos adquieren notoriedad. Y aun con todo, habría que esperar hasta la invención de la imprenta para que los números romanos claudicasen.

¡A contar!

El fútbol reglamentado, cuya fecha de nacimiento data de 1863, sufrió en la década de 1920 el que seguramente haya sido su cambio más trascendental. La regla del fuera de juego fue modificada pasando de ser tres los futbolistas que tenían que estar entre el atacante y la línea de fondo para señalar el fuera de juego a ser únicamente dos. Al ser uno de esos dos el portero en la práctica dejaba en uno contra uno el pitar o no pitar la infracción. La regla fue modificada para contrarrestar un juego que se había vuelto tedioso al pitarse decenas de fueras de juego por partido. Tan sólo uno de los defensores tenía que adelantarse para que el delantero cayera en la infracción.

Con la nueva regla el defensor tenía que pensarse muy y mucho en anticiparse dado que, si fallase, aunque sólo fuera por una décima de segundo, el delantero rival quedaría en un mano a mano contra el portero. La idea inicial de la FA (Football Association) era impulsar el juego ofensivo. En un primer momento lo consiguió aumentándose el número de goles por encuentro. No obstante, la alegría ofensiva tuvo su reverso tenebroso. Ante el pánico de encajar goles, varios técnicos decidieron retrasar a un mediocampista a posiciones defensivas. Por vez primera en la historia del fútbol se pasaba de luchar por la victoria a luchar por no perder. El cambio en la regla del fuera de juego le dio al balompié años de fútbol ofensivo (de 1925 a 1955 se incrementaron año a año el número de goles por partido) pero por otra parte impulsó la creación de sistemas defensivos, líberos, carrileros donde antes había extremos y cerrojazos que ya nunca nos abandonarán como teoría táctica.

El primer gran teórico defensivo que el fútbol parió fue Herbert Chapman. Hasta entonces no existían entrenadores. Eran ex futbolistas que funcionaban como preparadores físicos y que se limitaban a dar la alineación. Los jugadores eran autosuficientes y su objetivo era marcar el mayor número de goles posibles. Herbert Chapman era uno de esos ex jugadores, pero su mentalidad era distinta. Tras el fin de la I Guerra Mundial se convirtió en técnico del Huddersfield Town y pronto llamó la atención por sus innovadoras ideas que entonces eran consideradas estrafalarias. Propuso la instalación de luz artificial en los campos, se mostró a favor de que la radio entrara en los estadios de fútbol, programó partidos amistosos contra equipos europeos superando el aislacionismo inglés, introdujo los masajes en los entrenamientos y obligó a que el segundo equipo jugase con el mismo sistema táctico que el primer equipo.

Y fue lo del sistema táctico lo que cambió todo lo antes establecido. Fue el primero que dotó al fútbol de musculatura estratégica. Chapman detecta el agujero creado por el cambio en la táctica del fuera de juego y retrasa a un centrocampista pasando del 2-3-5 universal usado por todos los equipos a un 3-2-5. El sistema pasará a ser conocido como WM y cambiará de forma radical la manera de entender el fútbol. Aunque en la práctica es ofensivo, el 3-2-5 se convierte en un 3-4-3 en juego posicional y hasta en un 5-2-3 en fase defensiva. El sistema se caracterizaba por la incrustación de un central en la defensa para detener al delantero contrario, ampliando el espacio de actuación de los laterales, que podrían contener a los extremos rivales. Chapman advirtió la importancia de los espacios libres a la espalda y ensayó con la ocupación de los laterales en el mediocampo en fase de ataque y con jugar con los extremos a pierna cambiada para aprovechar los lanzamientos desde fuera del área.

La WM era rompedora, pero a ojos actuales era profundamente estática. Cada jugador ocupaba una zona determinada del terreno de juego y no podía actuar libremente fuera de ella. Por tal motivo, en Sudamérica rechazarán a la WM para primar el juego de regates y filigranas. Por ello Alfredo DI Stefano cambiará con lo conocido en gran parte de Europa al salir de su posición de delantero centro a cualquier parte del campo haciendo estallar en mil pedazos a la WM. Antes lo habían hecho austriacos o húngaros, pero con el altavoz de la Copa de Europa, Di Stéfano lo hará universal y firmará el acta de defunción de la WM.

Chapman (al centro)

Chapman gana dos ligas con el modesto Huddersfield antes de ser contratado por una millonada por el Arsenal FC en 1925. En el club londinense perfecciona sus ideas y da pábulo a alguna otras. Impulsa la instalación de un marcador en el estadio de Highbury, la dotación de megafonía en el campo o la creación de las distintivas mangas blancas que luce el Arsenal en su camiseta. Chapman consideraba que la gran mayoría de clubes jugaba de rojo (lo cual es cierto), por lo que quiso dotar al Arsenal de algo característico que los diferenciase de todos sus rivales.

Y Chapman hizo algo más. Una genialidad. Solicitó por activa y por pasiva serigrafiar números en las camisetas de los jugadores. Chapman consideraba que poner números en el dorso de las zamarras era una manera práctica y sencilla de que el espectador que acudiese al campo distinguiese a los jugadores fácilmente. Chapman se basaba en la facilidad de su sistema (sistema que ya todos imitaban desde que firmara por el Arsenal) para colocar a los jugadores en el campo. Los defensores tenían los números del 2 al 4 (central derecho, central izquierdo y defensa central), los centrocampistas el 5 y el 6 (centrocampista defensivo derecho e izquierdo) y los delanteros del 7 al 11 (extremo derecho, interior derecho, delantero centro, interior izquierdo, extremo izquierdo). El portero, lógicamente, llevaba el 1.

La FA dio su brazo a torcer para la temporada 1928/29. El 25 de agosto de 1928 el Arsenal FC se enfrentó al Sheffield Wednesday con los números bordados en la parte trasera de sus camisetas. Esa misma jornada, también en Londres, el choque entre el Chelsea FC y el Swansea City también contó con la misma innovación. Fue un éxito tremebundo. «Me imagino que la idea ha llegado para quedarse. Todo lo que se requería era un pionero y Londres lo ha suministrado”, se podía leer en el Daily Mail. En la temporada siguiente todos los clubes de la liga inglesa contaban con números en sus camisetas.

En honor a la verdad hay que hablar de otros pioneros. La primera vez que se tiene constancia del uso de los números en las camisetas de fútbol fue en un partido jugado en 1914 en un encuentro amistoso entre English Wanderers contra el Corinthians londinense. Después hay referencias de otro uso de los números en la selección argentina en un amigable en 1923 y en encuentros de una liga de Estados Unidos en 1924.

Todos ellos fuegos de artificio, banco de pruebas. Pero la revolución iba a ocurrir de manos de Chapman. Para 1930 era obligatorio en toda Inglaterra, aunque aún tardaría varios años en imponerse en el resto del mundo. En diciembre de 1932 el seleccionador Hugo Meisl rechazó portar números en un amistoso que Austria iba a jugar frente a Inglaterra en Wembley. Aquello fue visto como una descortesía en la Gran Bretaña. La FIFA recomendó el uso de números, aunque no lo haría obligatorio hasta años después. En el Mundial 1954 instauró la obligatoriedad de llevar un número fijo durante todo el torneo a los 22 seleccionados por cada equipo.

El hombre de las mil ideas aun tendría otra idea más. Entonces no existían los ojeadores. Los encuentros ante rivales se hacían muchas veces a ciegas, especialmente cuando el rival era foráneo. La mejor manera de saber cómo se organizaba tu rival era fijarte en los números. El que portaba el número 11 tenía que ser un zurdo rápido y habilidoso y el que llevaba el 2 un defensa diestro fuerte y que iba bien de cabeza. Así que Chapman decide cambiar el orden de los números de cuando en cuando para despistar al rival. Le da el 5 a un central y el 4 a un centrocampista o el 6 a un interior y el 8 a un centrocampista defensivo. De inmediato otros clubes ingleses como Everton FC y Manchester City adoptaron dicha estrategia e incluso, y en más tardías fechas, se verá hacer lo mismo al primer gran Real Madrid o a la selección de Brasil.

Los vestigios del sistema permanecen hasta el día de hoy. La formación 4-4-2, que tras la WM es la más repetida en la historia del balompié, generalmente enumera a los jugadores siguiendo el sistema estándar de derecha a izquierda. Sin embargo, mientras que en países como España, Italia o Alemania el 4 y el 5 obedecen al central en Inglaterra el 6 sustituye al 5 en la posición de central, rastro de las ideas de Chapman. Del mismo modo el 10 suele ser para uno de los delanteros, mientras que en la mayor parte de Europa el 10 es centrocampista y el delantero es el número 11.  

A partir de esa base cada país tiene sus particularidades. En Brasil triunfó el sistema 4-2-4 que acabará evolucionando en 4-3-3. El 6 en Brasil tradicionalmente es usado por un lateral izquierdo y el 3 por un defensa central. En Argentina el 4 es el centrocampista organizador. Lo que fue común a cada país fue el dar el número 12 al primer sustituto y el 13 al segundo. Esta excepción se da en los países católicos donde se considera maldito (el número de Judas) y el 13 le toca al portero suplente. Ese pobrecillo que nunca salta al campo.

Ballack…un 13 protestante

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El milagro de Berna

Hungría, Turquía, Alemania y Corea del Sur. Esa era la composición del grupo B del Mundial de fútbol de 1954. El orden el que se ha escrito. Los cabezas de serie fueron escogidos a dedo por la FIFA. Húngaros y turcos lo eran. Germanos y coreanos eran los parias. Un inciso antes de seguir. El lugar de Turquía estaba pensado para España. Hubo victoria en la ida y derrota en la vuelta y en el desempate no se pasó de la igualada tras prórroga. No hubo cuarto partido y no existían los penaltis. Una mano inocente sacó una bola que llevó a Turquía al Mundial. Sí, han leído bien. Una mano inocente. Un niño italiano para ser más precisos. Franco Gemma era el nombre del bambino. Fin del inciso. Seguimos. El sistema estaba pensado para favorecer a los gallos. Los cabezas de serie no se enfrentaban entre sí, de modo que cada equipo jugaba dos partidos. En caso de empate a puntos se celebraría un desempate. Para Hungría fueron dos entrenamientos. En el primer duelo masacró a Corea del Sur por un 9-0, entonces la mayor goleada en la historia del Mundial. Luego le tocó como rival Alemania.

Y fue otra masacre.

Alemania Federal jugó su primer partido internacional en noviembre de 1950. Alemania era un país partido en dos y apenas contaba con futbolistas profesionales. Tras la II Guerra Mundial los aliados vetaron la presencia teutona en cualquier competición internacional. El nivel de los germanos estaba muy lejos de lo que hoy podríamos imaginar. Vencía en los amistosos ante Luxemburgo, Irlanda, Suiza o Yugoslavia, pero caía, y a veces con estrépito, ante Francia, Inglaterra, Italia o la Unión Soviética. Su balance entre partidos amistosos y clasificatorios para el Mundial en sus cinco primeros años de vida es de 16 triunfos, 3 empates y 11 derrotas.

Hungría era el mejor equipo del mundo. Sumaba 33 partidos consecutivos sin perder, incluyendo un apabullante triunfo en los Juegos Olímpicos de 1952 y el histórico 3-6 ante Inglaterra en Wembley que puso fin al mito de la superioridad inglesa. No sólo eran los triunfos. Era la manera de lograrlos. A través de un 4-2-4 con continuos movimientos, Hungría tenía un portero que jugaba el balón al pie, defensas que armaban y barrían y delanteros que bajaban a recibir el balón al medio campo. Era el fútbol total antes de que existiese el fútbol total. Por entonces era conocido como fútbol socialista, al estar implicados ataque y defensa y ser Hungría dirigida por Gustzav Sebes, un técnico de firmes convicciones políticas. Impactaba la subida de los laterales al ataque, pero, lo más extraño a ojos del rival, era el uso y abuso de Puskás jugando de enganche abandonando su posición de ‘9’ y las salidas al borde del área grande para jugar el balón del portero Gyula Grosics.

La masacre se cimentó en la segunda parte. En el descanso el marcador en Basilea era un decoroso 3-1. Tras el intermedio un huracán devastó a los germanos. El resultado final fue un 8-3, y eso que Alemania marcó un par de goles en los últimos doce minutos que maquillaban ligeramente la derrota. Sandor Kocsis anotó cuatro goles lo que, junto al hat-trick marcado frente a Corea, le hacía llevar siete tantos en dos choques. Ferenc Puskás sumaba tres. Era el mejor jugador del momento. Ese año promediaba entre todas las competiciones la escandalosa cifra de 1,34 goles por encuentro.

Hungría 54 (a la izquierda Puskás)

Quince días después de aquel encuentro Hungría y Alemania repetirían enfrentamiento en la final del Mundial. Los húngaros habían vapuleado a Brasil en cuartos y a Uruguay, vigente campeón, en semifinales. Fueron dos partidos apoteósicos. Ante Brasil el buen juego acabó convirtiéndose en una batalla campal iniciada por los cariocas frustrados ante la derrota. Contra Uruguay tocó jugar una prórroga extenuante. Enfrente las dos mejores selecciones del mundo. La final anticipada. Sería la primera derrota del bicampeón (1930 y 1950) en un Mundial. En el otro lado del cuadro Alemania, quien había eliminado a Turquía en el desempate del grupo B, tuvo fortuna en el sorteo al enfrentarse a Yugoslavia en cuartos. Lo insólito se daría en semifinales con un rotundo triunfo ante Austria (6-1) que sorprendió a propios y a extraños. Con todo, no existía duda alguna que el campeón seria Hungría.

A las 17:00 horas del 4 de julio de 1954 en el estadio Wankdorf de Berna tendría lugar la final del Mundial. Derribado a inicios del siglo XXI para ser levantado en su lugar uno de esos estadios techados y de trazos igual de perfectos que aburridos, el Wankdorfstadion era un campo con personalidad propia. Las 64.000 personas que lo humanizaban se posaban sobre bancos corridos de madera con una única grada cubierta y dos torres marcador en dos córneres que se convirtieron en el símbolo del estadio. Fue tal el éxito que aún hoy forman parte del atrezzo del nuevo Wankdorf rebautizado con el insulso nombre de Stade de Suisse. Lo seña de identidad eran los postes cuadrados que hacían que los disparos que tocaran la madera tuvieran más opciones de salir despedidos fuera de las redes que en los más habituales postes circulares. El Wankdorf acababa de ampliar su capacidad en 15.000 asientos para acoger el Mundial. En su reinauguración había acogido un Suiza-Hungría que finalizó con un 0-9 para los magiares. ¡0-9!

Repetimos. Hungría llegó al Mundial como archifavorito. 27 triunfos y 4 empates en sus últimos 31 encuentros.

Aquel 4 de julio de 1954 la ciudad de Berna amaneció nublosa y lluviosa. Seep Herberger apartó las cortinas de su habitación, echó un ojo por la ventana y sonrió. Sabía que jamás le podría ganar a la invencible Hungría sobre un césped seco y perfectamente cortado. Czibor, Bozsik, Kocsis, Hidegkuti y el gran Ferenc Puskás. Aquello era inabordable para Alemania. Hungría era una trituradora. Sin embargo, Herberger, un viejo zorro que había sobrevivido de pie tras la guerra a pesar de tener carnet del partido nazi desde el lejano 1933, sabía que Alemania sólo podía tener opciones sobre un campo encharcado y pesado que dificultase la circulación de balón.

Y es que Alemania contaba con dos armas para la gran final. La primera era Fritz Walter, el capitán germano. Se trataba de un centrocampista de corte ofensivo que ya entonces sumaba 34 años. Sus mejores años como futbolista y parte de su salud se los había comido la II Guerra Mundial. Paracaidista de la Wehrmacht, pasó dos años en un campo de prisioneros ruso donde contrajo la malaria. Aquello provocaba que cuando el sol y las altas temperaturas hacían su aparición su rendimiento fuese paupérrimo. Cuando el frío y los jarros de agua helada caían sobre sus hombros, Walter danzaba por el campo como uno de los talentos más asombrosos de la Europa futbolística de los 50. En Kaiserlautern, donde jugó 384 partidos y ganó dos ligas, aún hoy se dice ‘Hace un día Fritz Walter’ cuando el frío y la lluvia hacen su aparición.

La otra arma secreta teutona era Adi Dassler. La mente pensante de Adidas había inventado unos tacos atornillados que permitían cambiar de longitud según el agarre que necesitase el futbolista en función de las condiciones del césped. Eran tacos extraíbles de nylon, más largos y apropiados para terrenos de juego resbaladizos. Los germanos aún no los habían usado en el torneo ya que la lluvia no había hecho su aparición. Serán estrenados en la final y su éxito encumbrará a Adidas como factótum deportivo del siglo XX y creará un cisma familiar que acabará con el enfrentamiento de dos hermanos y la creación de Puma para competir con Adidas.

Pero esa es otra historia. Que además ya ha sido contada en este blog.

Las botas de Fritz Walter

La reputación húngara y su favoritísimo era superior al del Brasil del 70 y la admiración popular y su constelación de estrellas semejante al del Madrid de los Galácticos. Al cabo de diez minutos el marcador ya era 0-2 para los magiares. En el segundo Czibor se aprovechó de una indecisión entre el guardameta Turek y el defensa Kohlmeyer para anotar el tanto. El primero fue obra de Puskás tras un golpeo de larga distancia. Puskás estaba de vuelta. Se había lesionado el tobillo en el encuentro de la primera fase ante los germanos tras ser cazado por Werner Liebrich. Regresó para la final tras haberse perdido los cuartos y las semifinales. No estaba en condiciones de jugar y, de hecho, sus dolores serán acuciantes en la segunda mitad. Aun así, cojo, a Puskás le daba para marcar diferencias.

Aquello estaba visto para sentencia. Tenía pinta de masacre. Pero había una diferencia sustancial con el primer partido. Entonces Fritz Walter no había jugado. El termómetro rondaba los treinta grados. Ahora, quince días después, la temperatura había bajado a la mitad. Llovía y Fritz Walter estaba en el campo. Max Morlock recortó distancias en una jugada afortunada instantes después del 0-2 y Helmut Rahn (el mejor futbolista teutón, delantero de tronío de disparo fortísimo) igualaba el partido antes del descanso tras un saque de esquina botado por Walter. Los alemanes no lo sabían, pero había nacido ese espíritu inquebrantable que define a los teutones y que los lleva a ganar decenas de partidos de forma incomprensible.

En la primera fase Alemania jugó al tantarantán un partido que daba por perdido. Hungría estaba exhausta tras unas semifinales con prórroga. Y llovía y llovía y llovía sin parar. A inicios del segundo tiempo el campo ya era un patatal. El agua golpeaba con fuerza los cuerpos de los jugadores y el balón se asemejaba a una roca empapada cuyo golpeo destrozaba el pie de quien osase molestarla. Hungría salió con todo tras el descanso a sabiendas que el depósito de gasolina estaba quedándose seco. Hungría pasa como un avión por encima de Alemania. Un lanzamiento al poste de Kocsis, un paradón de Turek a tiro de Puskás, otro lanzamiento al poste de Hidegukti y otro paradón de Turek a cabezazo de Kocsis.  A base de ganas, orgullo y algo de suerte Alemania sobrevive y se mantiene en pie.

Se estima que en ese momento solo había unas 20.000 televisiones en todo el territorio germano. Los afortunados que vieron lo que iba a suceder y los millones que lo escuchaban por la radio estaban a punto de presenciar un milagro.

Avanzada la segunda mitad jugada a jugada los húngaros resbalaban o tropezaban mientras los teutones se mantenían en pie haciendo de oro a Adi Dassler. El partido pasó a ser un monólogo alemán comandado por Fritz Walter, quien ejercía de director de orquesta mandando pases con los pies y ordenando el resto con su cerebro. Mientras Walter jugaba con mocasines e indiferencia aristocrática, los centrocampistas magiares caminaban de puntillas para evitar resbalar. Más arriba Puskás era una sombra que deambulaba por el campo y que cada dos por tres se llevaba la mano al tobillo buscando un consuelo que no llegaba. Los húngaros eran conscientes que el naufragio estaba próximo.

Corría el minuto 84 de la final cuando Bozsik pierde un balón. Fritz Walter se le pasa a Schäfer quien centra al área y el balón es despejado por la defensa húngara. El balón le llega a Helmut Rahn quien se quita de encima a un húngaro con la derecha y dispara con la izquierda aprovechándose del resbalón de Grosics bajo palos para anotar el 3-2 definitivo.

Herbert Zimmermann, narrador para la radio alemana, entonó un ‘¡Tor, tor, tor!’ (¡Gol, gol, gol!) que según algunas crónicas fue más escuchado que la declaración del fin de la II Guerra Mundial. Los húngaros observaban fascinados lo ocurrido, pero aún les dio para un arreón final en el que un Puskás, visiblemente cojo, anotó el 3-3 que sería anulado por un fuera de juego muy dudoso. No dio tiempo para más. Segundos después finalizaba el partido.

Alemania era campeón mundial.

La racha de Hungría llegaría hasta los 51 encuentros entre 1950 y 1956. Tan sólo perdieron uno. El más importante. Eran tan favoritos que la embajada húngara en Suiza había organizado ya para el día siguiente de la final una gran recepción en honor de los jugadores. Se había invitado a personalidades y periodistas. En Hungría ya se habían impreso sellos especiales y en el estadio Nep de Budapest ya se habían colocado los pedestales para 17 estatuas que homenajearan a los campeones. Nadie podía figurarse que Hungría no se coronase campeón. No perdían desde el 14 de mayo de 1950. Kocsis, máximo goleador del Mundial con 11 tantos, no logró mojar en la final. Puskás no volvería a jugar un Mundial con su país. En 1958 ya estaba en España exiliado tras el aplastamiento soviético de la revolución húngara de dos años atrás.

En Alemania la gente se echó a la calle a cantar el Deutschland über alles, la primera vez que ingentes masas de ciudadanos entonaban el himno alemán en público desde los tiempos del nazismo. Meses después la región del Sarre solicitaba un plebiscito que se resolvía con la reincorporación de la región a Alemania, algo que apenas un par de años atrás se tornaba en imposible. La victoria en el Mundial tuvo un asombroso beneficio político y social. Alemania recuperó la dignidad, dejó de ser un paria y se reintegró en la sociedad recordando el papel clave del deporte en la representación simbólica de cualquier comunidad. La victoria mundialista dotó de vida y orgullo a una nación desolada por la guerra.

El territorio de Alemania había sido dividido arbitrariamente como botín de guerra y su pueblo había sido partido en dos. La identidad nacional era confusa, y el nacionalismo de cualquier tipo estaba prácticamente prohibido. Aun separadas en dos, a aquel Mundial Alemania aún se presentó como única nación (aunque los seleccionados pertenecían en su totalidad a la RFA, de ahí que el titulo sea considerado ‘Occidental’) con jugadores amateurs, falta de fondos y muy lejos del nivel de las potencias futbolísticas del momento. Aquella victoria, bautizada como Das Wunder von Bern (El milagro de Berna) supuso la unión de un pueblo dividido. Son dos los momentos en los cuales la nación germana se estremeció y se unió. Uno de ellos será la caída del Muro de Berlín. El otro lo ocurrido en un campo de fútbol suizo una lluviosa tarde de julio de 1954.

Alemania 1954

“El balón es redondo para los dos equipos”. El seleccionador alemán Sepp Herberger en la charla antes del partido.

“No nos creíamos estar escuchando el himno de la final como para poder imaginarnos que podríamos ganarla”. Helmut Rahn.

«Para cualquiera que hubiera crecido en la miseria de la posguerra, El Milagro de Berna se convirtió en una extraordinaria inspiración. Todo el país recobró la autoestima y de repente volvíamos a ser alguien». Franz Beckenbauer, dos veces Balón de Oro y por entonces un niño de nueve años.

“De repente nos dormimos. Cuando despertamos estábamos perdiendo por 3-2”. Ferenc Puskás.

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Cuando se cayó la portería del Bernabéu

Al Madrid sólo puedes darle por muerto cuando yace con el corazón atravesado por una estaca y cierras el ataúd con cien clavos de plata. Y ni así puedes darle por muerto. Eso es lo que todos pensamos. Pero no fue siempre así. Ahora semeja una nebulosa en el recuerdo, empero es notorio recordar que el Real Madrid estuvo treinta y dos largos años sin ganar la Copa de Europa. 32 años. Se dice pronto, mas es cansino en el pasar. Lo de la mística, el aura mágica, las remontadas y lo de que el Madrid siempre gana juegue bien o juegue mal no tiene tanto recorrido. Tras ganar la sexta en 1966 el Madrid se dio de bruces año tras año cuando disputaba la Copa de Europa. En esas tres décadas yermas el todopoderoso Real Madrid acumuló tan sólo siete decepcionantes semifinales y un doloroso subcampeonato. Cuando en el año 2000 la FIFA otorgó a los de Chamartín el título honorífico de mejor club del siglo XX mucho tuvo que ver la consecución de la Copa de Europa, la famosísima séptima, en 1998. Sin ese ansiado trofeo lo más probable es que no hubiese habido reconocimiento. Y sin ese título jamás se hubiese abierto la espita a la explosión obscena de trofeos que ha ganado el Real Madrid en los que llevamos de siglo XXI.

Así pues, cuando el Real Madrid avance a semifinales de la Copa de Europa de 1998 es de todo menos favorito. La camiseta blanca es venerada con respeto por su historia, pero ni infunde terror ni da superpoderes. Tras eliminar al Bayer Leverkusen, el Real Madrid tendrá que enfrentarse en semifinales al Borussia Dortmund. No es moco de pavo. Los germanos son los actuales campeones europeos y, en caso de lograr pasar, en la final tocará la Juventus de Turín, por entonces, y con diferencia, el mejor equipo del momento. Para añadir más dificultad al asunto, el factor campo estará en contra del Real Madrid ya que el partido de ida se jugará en el estadio Santiago Bernabéu.

Aquel 1 de abril de 1998 el Bernabéu vestía sus mejores galas para recibir al Dortmund. Lleno a reventar. Detrás de una portería, aquella a la izquierda en el tiro de cámara televisivo, los Ultra Sur. ¿Quiénes son los Ultra Sur? Se trata de unos fanáticos madridistas, con claras connotaciones fascistas, que progresaron con el beneplácito de la presidencia durante las dos últimas décadas del siglo pasado. Hoy la inmensa mayoría de estos grupos, comunes a todos los clubes, han ido perdiendo su beligerancia dado que se les han ido quitando diferentes prebendas como el pago de viajes o de entradas a la posibilidad de guardar sus enseres en los bajos del estadio. Entonces, en la primavera de 1998, los Ultra Sur eran una poderosa fuerza dentro de la familia madridista.

El caso es que mientras los últimos rezagados iban entrando al campo, los Ultra Sur ya llevaban cerca de una hora saltando y cantando detrás de una de las porterías del Bernabéu. Faltaban dos minutos para el inicio del choque, con los dos equipos formando en el círculo central preparados para escuchar el imponente himno de la Champions League, cuando la portería se vino abajo. Ambos postes cedieron por el peso y el zarandeo de un numeroso grupo de ultras que estaban subidos a la valla metálica que separaba el fondo del campo de las gradas. Por una extraña razón nunca explicada la valla soportaba el tensor de la red de portería.

Sí, han leído bien. Una de las porterías del Santiago Bernabéu se desplomó. No es ciencia ficción. Y sin dos porterías no hay partido.

Los veintidós jugadores y el trio arbitral formaban en fila en el círculo central cuando un ruido estruendoso hizo retumbar al Bernabéu. Lo primero que se vino a la cabeza fue un atentado terrorista, pero inmediatamente un giro de cabeza y unos ojos abiertos de incredulidad observan como una portería se había derrumbado ¡Menuda locura! ¿Cómo puede caerse una portería? Estaba a punto de iniciarse una película de hora y cuarto de duración que a punto estuvo de tirar el prestigio ganado durante años por el Real Madrid a la papelera de la historia.

El neerlandés Mario Van der Ende, colegiado del encuentro, caminó presto hasta el área damnificada. Se acercó a uno de los postes y vio que estaba completamente partido a una distancia próxima a los diez centímetros de la base. Todo el mundo había entrado en pánico. Utillero, jardinero, delegado…todos intentaban hablar con el colegiado para explicarle que no pasaba nada y que aquello tenía arreglo. Con rollos de cinta adhesiva se podía intentar pegar las dos partes. Van der Ende negaba con la cabeza. ¡Estaba roto! ¡Cómo se iba a arreglar! Tenía que acercarse a la banda y departir con un responsable de la UEFA para ver qué decisión tomar.

Mientras todo esto sucedía los jugadores se miraban perplejos a la vez que se preguntaban si tenían que volver o no al vestuario. Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid, no paraba de hablar por el móvil, presumiblemente buscando algún tipo de solución. Fernández Trigo, gerente blanco y quien hasta la llegada de Florentino Pérez fue durante décadas el hombre para todo del club, solicita a la UEFA tiempo para pensar e indica que lo mejor es que los jugadores se vayan para la caseta. Todos, españoles y alemanes, marchan a vestuarios, entre ellos Fernando Sanz, hijo del presidente y que aquella noche debutaba en partido de Copa de Europa, y quien confesaría, a posteriori, que estaba tan nervioso que ni se llegó a enterar de que se había caído la portería ni llegó a ser consciente del motivo de tener que volver a los vestuarios.

Van der Ende se tomó el asunto con humor y decidió en un aparte charlar con el madridista Manolo Sanchís y el teutón Stefan Reuter, capitanes de ambos equipos, para quitarle hierro a lo sucedido y pedirles un poco de paciencia. En esos momentos de pánico Van der Ende era el punto de información. Jugadores, directivos, periodistas…todos se acercaban a él para saber que iba a suceder. Van der Ende sonreía y pedía mesura. En unos minutos retirarían la portería rota y pondrían una nueva en su lugar. Le habían asegurado que la operación ya estaba en marcha.

Pero no. Nada estaba en marcha.

Fernández Trigo daba por hecho que alguna portería habría en el Bernabéu. Alguna de repuesto, alguna usada para algún entrenamiento.

Agustín Herrerín, delegado del Real Madrid, miró a Fernández Trigo con rictus serio.

No. No había nada.

Hubo que informar a la UEFA. Los mandamases europeos fruncían el ceño. ¡Era imposible! Por primera vez se habla de suspender el partido.

Mientras todo esto sucede en el vestuario del Real Madrid hay algo que preocupa tanto o más que saber si el partido finalmente se va a disputar. Por lo menos le preocupa a uno de sus jugadores. Clarence Seedorf cumplía ese día 22 años y había organizado una cena con compañeros y amigos en un restaurante al acabar el partido. Cada par de minutos Seedorf se acercaba a Van der Ende y le preguntaba si había alguna novedad. No la había. Y el pobre de Seedorf no sabía qué hacer. Hubo de llamar al restaurante donde, indudablemente, estaban al tanto de todo. Al final acabará habiendo cena…aunque a las tres de la mañana.

Pero esa es otra historia.

Entretanto en el seno del Borussia Dortmund se empieza a hablar de suspender el partido. Presentan una queja formal ante la UEFA y los jugadores deciden que si en cinco minutos no se arregla el problema se marchan y no juegan. Nevio Scala, entrenador del Dortmund, habla con su presidente y le dice algo así como que sus chicos ya no están enchufados y que si finalmente se juega el partido la derrota está asegurada. El Dortmund había viajado a Madrid con las bajas por lesión de Andy Möller y Jürgen Köhler, sus dos mejores hombres. Una retirada a tiempo era una victoria. Y el reglamento de la UEFA era muy claro. Si pasados 45 minutos el partido no se pone en marcha y uno de los dos equipos decide no jugarlo será derrota para el culpable por 0-3.

En román paladino. Si a las 21.45 no hay portería y el Dortmund decide marcharse del Bernabéu el Real Madrid será sancionado y perderá el partido por 0-3.

Bodo Illgner, portero alemán del Real Madrid, fue llamado al vestuario del Dortmund para ejercer de interprete. Van der Ende, en posición neutral, escuchaba atentamente y asentía con la cabeza. La posibilidad del 0-3 se tornaba una realidad.

Fue el presidente germano, Gerhard Niebaum, quien apagó el incendio. Bajó al vestuario junto a Lorenzo Sanz y no consintió que sus jugadores abandonasen el campo. Era algo que el reglamento permitía, pero no era cortés ni honrado. Lo de la portería no era una artimaña. Lo de la portería era una desgracia incontrolable. Niebaum consideraba que había que dejarle al Madrid la oportunidad de resolverlo. Así que no. No habría espantada ni 0-3. Tocaba esperar.

Al final la mística del Real Madrid siempre aparece cuando menos te lo esperas. El escudo infunde respeto. Aunque lleve 32 años sin levantar una Copa de Europa.

Mientras todos esto sucedía, Fernández Trigo puso en marcha una operación rescate. Dos empleados del club cogieron una moto mientras otros los seguían en un coche escoltados por un furgón de la Policía Nacional que les iba abriendo paso. Al frente del operativo el ex portero Miguel Ángel y Agustín Herrerín. El objetivo era llegar a la Ciudad Deportiva del Real Madrid y coger una de las porterías que allí había para luego trasladarla al Bernabéu.

El despropósito era tal que a nadie se le ocurrió como llevar la portería de marras al Bernabéu. La suerte estuvo en que por el camino vieron una camioneta que estaba descargando materiales en una tienda de telefonía. Allí fueron a solicitar ayuda a aquel camión marca Pegaso cuyo conductor imaginamos que, entre halagado y acojonado por la presencia de la policía, accedió a formar parte de la comitiva de rescate.

Aún habría que darle otra vuelta de tuerca al asunto. Hay camión y sabemos dónde hay portería. Pero cuando aquel grupo de intrépidos llega a la puerta de acceso de la Ciudad Deportiva…nadie tiene llaves….

Si. Nadie tiene llaves.

Tal cual una película de Berlanga.

Se piensa en llamar a los bomberos, pero no hay tiempo. Así que tocaba alunizaje. Marcha atrás al camión, acelerador a fondo y a golpear la puerta. Por suerte no hubo que tirarla abajo. Llegó con sacudir con fuerza la cerradura para que cediese el candado. Una vez dentro coger la portería fue relativamente sencillo, ya que contaba con ruedas. Luego hubo que quitarle la lona al camión, subir los cuatro hierros, y a toda pastilla hasta el Paseo de la Castellana.

Escoltados por los gendarmes, tardaron ocho minutos en completar un recorrido de siete kilómetros con un cuarto de portería fuera del camión. Se supone que quien más o quien menos estaba al tanto de todo gracias a la radio, pero la incredulidad de los conductores al ver saltarse semáforos en rojo y direcciones prohibidas a un camión con una portería (que ni siquiera llegaron a amarrar por culpa de las prisas) escoltada por la policía tuvo que ser harto interesante. En cada curva currada la portería amenazaba con quedarse dormitando en una acera de Madrid para desesperación de Herrerín y compañía.

Llegaron al Bernabéu entrando por la esquina donde antaño había un centro comercial porque era la única pueta por donde entraba la portería…o eso creían. El hueco era tan justo que hubo que poner en marcha a otros cuantos voluntarios más. Alguien escribiría después que las imágenes de la portería por el pasillo angosto del estadio recordaban a las de un torero, en brazos de su cuadrilla, dirigiéndose a la enfermería. Todo muy chusco. Un vodevil. Todo muy español. A las 21:45 horas, una hora después del horario previsto para el inicio del partido, la portería se manifestó sobre el césped.

¡Aleluya!

El Bernabéu la ovacionó como si de un galáctico se tratase.

No acabó ahí el asunto. Había que complicarlo aún más. Resulta que la portería de marras no tenía las medidas oficiales. Era un par de centímetros más baja de lo reglamentario. Los jugadores del Real Madrid asentían entre ellos. La habían reconocido. Entrenaban con ella todos los días y sabían que esa, justamente esa, era la portería de las medidas antirreglamentarias.

Afortunadamente para el Real Madrid Mario Van der Ende o bien no se dio cuenta o simplemente no quiso darse cuenta.

Tras un brevísimo estiramiento, a las 22:00 hora local, exactamente 75 minutos después del inicio previsto, el Real Madrid disputaba su novena semifinal de Copa de Europa en 32 años. Nevio Scala tenía razón. Sus jugadores estaban ausentes. Ante cualquier decisión arbitral, por clara que fuese, los jugadores del Dortmund saltaban en busca de Van der Ende fuera de sus casillas. Tras el partido llegarán a decir que avanzada la segunda parte a muchos les entraba el sueño. El caso es que el Madrid ganó claramente con un gol de Fernando Morientes y otro de Christian Karembeu, éste último el punterazo más famoso en la larga y frondosa historia merengue.

Tras ese partido la UEFA dictaminó que en todos los partidos de competición internacional sería obligatorio tener una portería de repuesto, obligatoriedad que aun hoy se mantiene en vigor. Cándido Gómez, el propietario y conductor del camión Pegaso que salvó la aciaga noche, recibió una gratificación de 470 euros de la época por parte del club. Días después fue llamado por Fernández Trigo a las oficinas madridistas donde le entregaron un chándal, un balón, una insignia y un joyero para su esposa. Gómez, socio del Real Madrid, quedó encantado por todo, aunque lamentaría que se le negaron las cuatro entradas que pidió para la final de Ámsterdam del 20 de mayo.

Y es que el Real Madrid salió vivo del Westfalenstadion (0-0) donde brillaron el advenedizo Fernando Sanz y la clase de Fernando Redondo. Se clasificó pues para la final de la Copa de Europa donde sorpresivamente derrotaron a la Juventus con un gol de Mijatovic que le dio la archifamosa séptima Copa de Europa al Real Madrid.

Buena parte de ello se lo deben a Gerhard Niebaum, aquel honrado presidente del Dortmund que impidió que su equipo hiciese una espantada en el Bernabéu.

El Real Madrid fue multado por la UEFA con un millón de euros y un partido de clausura del estadio en la primera ronda de la siguiente edición. A pesar de la victoria europea lo de la portería fue un dardo en la línea de la flotación blanca. Aquello fue el hazmerreír de todo el continente y Lorenzo Sanz jamás conseguirá recuperarse de ese bochorno. Sanz hubo de darle una vuelta al club para dejar de lado la estructura familiar de la entidad dando paso a una estructura profesional que después culminó Florentino Pérez con su llegada al poder. Fernández Trigo hubo de abandonar la casa blanca tras más de dos décadas y Florentino ganó las elecciones a la presidencia del verano del 2000 a pesar de que Lorenzo Sanz presumía en su gestión de la consecución de dos Copas de Europa (1998 y 2000).

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15 de mayo de 1974. Día de San Isidro. Fiesta en Madrid. Bruselas. Estadio de Heysel. Final de la Copa de Europa. FC Bayern vs Atlético de Madrid. Por los alemanes forman Maier; Hansen, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Breitner; Roth, Zobel, Kapelmann; Torstensson, Müller y Hoeness. Por los españoles la alineación la conforman Reina; Melo, Eusebio, Cacho Heredia, Capón; Luis Aragonés, Adelardo, Irureta, Salcedo; Ufarte y Gárate. Era la primera final de Copa de Europa de los dos equipos. Era la primera final de Copa de Europa de los 22 futbolistas presentes aquella tarde en la capital belga.

El Club Atlético de Madrid fue fundado en la capital homónima en 1903 como una sucursal del Athletic Club. La idea era que aquellos vizcaínos que estudiaban en Madrid pudiesen jugar al fútbol durante el curso escolar. Al cabo de unos años el Atlético logró su independencia, aunque mantuvo los colores rojiblancos (colchoneros por los tintes a rayas de unos colchones muy famosos de la época) y designó el azul y el blanco como alternativos. El Atlético fue uno de los fundadores de la Liga en el año 1928 disputando sus encuentros en el Metropolitano, un recinto ubicado al norte de Madrid, cerca de la zona universitaria. Al concluir la Guerra Civil tanto el estadio como las oficinas del club quedaron destrozados, por lo que el Atlético se fusionó con el Club Aviación Nacional, equipo militar, creando el Atlético Aviación. Ese apoyo financiero permitió al Atlético conseguir sus dos primeras Ligas en 1940 y 1941 y consolidarse, ya como Atlético de Madrid, como un grande del panorama nacional.

Aquella tarde primaveral en Bélgica el Atlético aspiraba a igualar a su odiado Real Madrid. Tras una década arrolladora los merengues iniciaban una progresiva cuesta abajo tras su meteórica carrera hacia la cima. El futbol español había pasado de la clara hegemonía del Athletic, a la breve del Barça de Kubala para acabar sucumbiendo a los encantos del Madrid de Di Stéfano. Desde entonces el Real Madrid se instaló en un trono que nunca abandonará. Empero, en pleno Franquismo, su alter ego no era el FC Barcelona sino su rival madrileño. Entre 1960 y 1977 el Atlético sumará cuatro ligas, cinco copas, una Recopa y hasta cuatro subcampeonatos ligueros a la sombra del Madrid. El Atlético era entonces la alternativa, sumando muchos cuerpos de ventaja sobre el Barça.

Pero le quedaba la Copa de Europa.

En dieciseisavos de final el Atlético se enfrentó al Galatasaray. Era un Atleti fuerte, que sumaba dos ligas en cuatro años, pero se mostró impotente. En Madrid el resultado fue de empate sin goles y en Estambul un salvador gol de Salcedo (un canterano del Real Madrid) en la prórroga daba el pase in extremis a los colchoneros. En octavos no hubo sorpresa alguna ya que el Atlético pasó por encima del Dinamo de Bucarest con una actuación estelar de José Eulogio Gárate, aquel ingeniero del área igual de fino en el campo como educado fuera del terreno de juego. Había jugado mejor el Atlético fuera de casa que en el Calderón durante estas dos rondas y repetiría secuencia en cuartos. Venció por 0-2 al Estrella Roja en Belgrado encerrándose atrás y saliendo al contraataque con los pases de Luis Aragonés y la clase de Gárate. Luego se dedicó a contemporizar en casa (0-0) para plantarse en semifinales por vez primera en su historia.

Luis Aragonés en su especialidad

Aquella edición de la Copa de Europa contaba con un claro favorito y un claro aspirante. El favorito era el Ajax, el cual era vigente tricampeón europeo. Sin embargo, ese verano Sjaak Swart colgó las botas y Johan Cruyff fichó por el FC Barcelona. Tras diez años con las puertas cerradas a los extranjeros, el fútbol español había reabierto sus fronteras y lo había hecho a lo grande. Cruyff fue la joya de la corona, el fichaje más caro jamás realizado. Netzer firmó por el Madrid y los argentinos Heredia y Ayala desembarcaron en el Atlético. El aspirante era el Liverpool FC de Kevin Keegan y dirigido desde el banquillo por Bill Shankly. Los ingleses rivalizaban con el Ajax por el trono de equipo más ofensivo de Europa y eran los vigentes ganadores de la Copa de la UEFA.

Y fue que los dos favoritos se quedaron por el camino en octavos de final. Al Ajax lo echó el CSKA de Sofía en una sucesión de errores defensivos clamorosos y ocasiones de gol desperdiciadas. Al Liverpool FC lo tumbó el Estrella Roja (al que luego echaría el Atlético) en una eliminatoria vibrante. Los serbios estaban liderados por Dragan Dzajic, un talento zurdo al que sólo las trabas burocráticas de la Guerra Fría le impidieron ser una estrella internacional.

Caídos neerlandeses e ingleses, cuando el Atlético se plantó en las semifinales tenía el trabajo medio hecho. Quedaba un oponente. Y el siguiente rival era de tronío. El Celtic de Glasgow. Hoy parece poca cosa, entonces era enfrentarte a uno de los mejores equipos de Europa. Campeones europeos en 1967, mantenían una estructura modélica comandada por el veterano Jimmy Johnstone y en la que emergía su sucesor bajo el nombre de Kenny Dalglish. El partido de ida es en Celtic Park. 74.000 almas abarrotan el estadio. Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo, técnico del Atleti, alinea un once tremendamente defensivo para aguantar el empate sin goles y decidir la eliminatoria a orillas del Manzanares.

Dirige el turco Dogan Bobacan. Expulsa a Ayala (63’), Panadero Díaz (64’) y a Quique (78’). Miguel Reina hace un partidazo bajo palos y el encuentro acaba 0-0. El partido es durísimo. Cada entrada es más brutal que la anterior. En Escocia y en toda Europa califican a los jugadores del Atlético como animales. En España se considera que los colchoneros han realizado un ejercicio de resistencia. La pelea continuó en el túnel de vestuarios y siguió hasta el aeropuerto de Glasgow con insultos entre directivos y aficionados. Multaron al Atlético con dos millones de pesetas. McNeill, capitán del Celtic, calificó de escoria al Atlético. Los sancionados (incluido Ovejero que fue expulsado al acabar el encuentro) no pudieron jugar la vuelta, pero, aun así, el Atlético consiguió vencer con dos goles de Irureta y Adelardo en los quince minutos finales (2-0) para clasificarse para su primera final de Copa de Europa.

La batalla de Glasgow

¿Quién era el otro finalista? Otro primerizo en la élite europea. Entrada la década de 1960 el FC Bayern tan solo contaba con un título liguero. Tildado como club judío, expoliado por los nazis, la indefinición del Bayern se reflejaba en sus colores que fueron de camiseta blanca y pantalón rojo hasta que fueron vendidos al mejor postor. Todo cambiaría en 1963. El TSV Múnich 1860, el otro club de la ciudad, rechazó a un chico llamado Franz Beckenbauer. Dos años más tarde Beckenbauer ya compartía equipo con Gerd Müller y Sepp Maier. En la siguiente década, desde 1964 a 1974, el FC Bayern sumó cuatro ligas, cuatro copas, una Recopa y cambió sus colores por un patrocinio millonario con Adidas. Faltaba lograr la Copa de Europa para ser considerado un grande, no sólo de Alemania, sino del planeta fútbol.

El FC Bayern había tirado la casa por la ventana el verano anterior. Firmó por 800.000 dólares, una cantidad muy respetable en la época, a Jupp Kapelmann, un escurridizo centrocampista procedente de Colonia que debía ayudar a dar el salto definitivo al conjunto bávaro. Para poder pagar el fichaje de Kapelmann el Bayern concertó 17 partidos amistosos en un plazo de 23 días. Tan extenuante calendario veraniego hizo que el FC Bayern llegara con las luces fundidas al partido de primera ronda ante el modesto Arvidaberg sueco. El 3-1 de Alemania se tornó en 3-1 en Suecia, y los muniqueses sólo pudieron acceder a octavos gracias a la victoria en la tanda de penaltis.

Llevaba el FC Bayern tres ligas seguidas, pero parecía desvanecerse su poder al competir en Europa. En octavos tocó un duelo fratricida ante el Dinamo Dresde. En Europa el Bayern había ganado la Recopa del 67 con unos jóvenes Maier, Müller y Beckenbauer. Y ahí se acababa el currículo. No obstante, la Bundesliga estaba muy por encima de la Oberliga, aunque eso no se notó sobre el césped. El Dinamo obligó al Bayern a jugar con ritmo elevado, algo que los muniqueses odiaban. El resultado fue una eliminatoria espectacular que acabó con un 4-3 en Múnich y un empate a tres goles en Dresde. En cuartos sí que demostró su aplastante superioridad el Bayern al aniquilar al CSKA Sofía. Esa eliminatoria dejó dos detalles. El primero es que el mejor fue Conny Torstensson, un sueco que haría carrera en Múnich tras jugar el primer partido de aquel año con el Arvidaberg (hoy no podría competir en Champions con dos equipos la misma temporada). El otro que Torpedo Müller falló un penalti. Era el tercero consecutivo que marraba. También lanzó y falló otro Franz Roth, pulmón de aquel equipo. A partir de entonces Paul Breitner se encargaría de los penaltis. La decisión se tornaría trascendental cuando meses después Alemania gane el Mundial en un duelo imponente ante Países Bajos con gol desde los once metros de Breitner.

En semifinales toca el Ujpest Dozsa húngaro. Empate en Hungría y 3-0 en casa. Por el camino además de Ajax o Liverpool FC también quedaron Club Brujas, Juventus o Benfica. La providencia fue eliminando rivales. El gran Bayern siempre tuvo una flor en el culo. Hay final pues. FC Bayern vs Atlético de Madrid. El colegiado es el belga Vital Loraux. Estadio Heysel. Aprovechando la festividad de San Isidro miles de colchoneros se desplazan a Bruselas. Se cuentan unos 25.000 en las gradas. Hay mayoría rojiblanca. Suceso extraño. Pero es que a los que viajan desde Madrid se les unen los miles de inmigrantes españoles que trabajan en Bélgica. Será la primera Copa de Europa que viaje a Alemania o la séptima que vuele a España tras las seis cosechadas por el Real Madrid.

Heysel.15/V/74

La final es intensa, disputada, pero no es agraciada para el espectador. El Atlético prefiere jugar al contraataque. El Bayern controla el balón, pero lo hace con calma, a trompicones, resguardando siempre sus espaldas. Todo esto es algo que no se visualiza desde España ya que los primeros quince minutos del partido no se pudieron ver en Televisión Española por un fallo técnico. Tras una primera parte insulsa, el Atlético tomo las riendas del partido en la segunda mitad mientras ahora era el Bayern el que esperaba agazapado. Las ocasiones eran escasas y el partido se encamina sin goles a la prórroga.

Entonces si también la prórroga finalizaba con empate se celebraría un partido de desempate. No había penaltis. La tónica de la segunda mitad continuó en el tiempo suplementario, hasta que en el minuto 114, a seis del final, hay una falta en el borde del área. Luis Aragonés lanza el esférico por encima de la barrera y el balón entra mansamente por la escuadra del palo derecho defendido por Maier. Una marea de banderas rojiblancas recorre las gradas de Heysel.

Tocaba entonces perder tiempo y aguantar las embestidas alemanas. Luis, quien llevaba todo el partido lanzándole besos a Beckenbauer y llamándolo guapo ante la incredulidad del Káiser, pide el balón todo el tiempo mientras se va a una esquina esperando una patada. Pero de pronto, rebasado el minuto 119, Gárate hace lo propio, pero sin la maldad suficiente para tirarse al suelo. Allí queda, permitiendo que el Bayern avance treinta metros sin oposición. Adelardo no va el corte y Luis Aragonés se desgañita pidiendo que alguien haga la cobertura. Beckenbauer envía un pase a Schwarzenbeck, el otro central muniqués, que sale de su cueva buscando la heroica. Adelardo sale a su encuentro, pero lo hace con poco tino. Luego confesará que estaba mirando al palco, buscando al presidente de la UEFA imaginándose levantando la Copa de Europa. Schwarzenbeck recibe poco después del centro del campo y a treinta metros arma la pierna sin que ningún jugador del Atlético salga a su encuentro.

Hans-Georg Schwarzenbeck era el hombre que le cubría las espaldas a Beckenbauer. Nacido en Múnich jugó toda su carrera, un total de 14 temporadas, en el club de su ciudad natal. También ganó el Mundial con Alemania. Fueron cerca de 600 partidos y apenas una veintena de goles.

Uno de ellos tendría lugar el 15 de mayo de 1974. Hace ahora medio siglo.

Schwarzenbeck le pegó duro. Abajo. Al palo derecho de Miguel Reina. Donde más duele. El tiro fue fabuloso y el padre de Pepe no pudo ver la salida del balón ante la maraña de defensores que tenía delante, no obstante, en el debe de Reina es necesario decir que estuvo lento y mal colocado. Luego correría el rumor, del todo falso, de que Reina no llegó al gol del empate porque acababa de llegar a la portería tras haberle regalado los guantes a un fotógrafo, celebrando el ya presumible triunfo. El caso es que a falta de veinte segundos para el final del partido el FC Bayern ponía el 1-1 en el marcador.

Tocaba partido de desempate. Apenas 48 horas después.

En las gradas había pocos españoles. Tocaba volver a Madrid a trabajar. También había menos muniqueses, pero el subidón de adrenalina y la relativa cercanía (700 kilómetros) animaron a los alemanes a desplazase a Bruselas. El Atlético, que seguía sin poder contar con los sancionados Panadero Díaz y Ayala, tendría que jugar sin Irureta por acumulación de amarillas y el Toto Lorenzo puso a Becerra sacando del campo a Ufarte. Udo Lattek sacó el mismo once que dos días atrás. Los bávaros eran imperturbables al cansancio.

Pronto se vio que el desempate no tendría nada que ver con el primer encuentro. Los jugadores del Bayern eran aviones. No existía el desfallecimiento. Dominaron el partido desde el inicio manteniendo el subidón de adrenalina provocado por el gol del impronunciable Schwarzenbeck. El Atlético ni estaba ni se le esperaba. Los jugadores no durmieron en toda la noche pensando en ese gol en el último minuto. Habían agarrado un asa de la orejona y se les había escurrido entre los dedos.

El Bayern arrolló gracias a un estelar Gerd Müller. Al descanso el marcador era 1-0 y al poco de comenzar la segunda parte Müller anotaba su segundo gol. El Atlético tuvo un arreón de vergüenza torera y Gárate fue claramente derribado dentro del área rival. No se pitó nada. Consecuencias de las salvajadas de Glasgow. Luego Müller completó el hat-trick con una preciosa vaselina y Hoeness marcó el tanto definitivo en un contrataque tras driblar a Miguel Reina.

FC Bayern 4-0 Atlético de Madrid.

Al acabar el choque los micrófonos de las radios españolas fueron en busca de Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid. Y ahí soltó la frase. La perla.

“Ha sido muy injusto. Somos el Pupas Fútbol Club”.

La expresión cuajó y fue adquiriendo tintes icónicos surgiendo una leyenda de perdedor feliz que hicieron del tercer club de España una especie de gigante bueno, de fracasado simpático, de rico amable. El Atlético pasó a ser el Pupas. El equipo que cuando se caía de espaldas se dañaba el ombligo.

Y no era así.

Vicente Calderón supo sostener con aciertos deportivos y una economía de guerra al Atlético frente al Real Madrid y FC Barcelona. Con Calderón el Atlético vivió su mejor época y en ciertos periodos incluso estuvo por encima del Madrid. Pero esa sentencia, esa frase, dejo un legado derrotista que precisamente él había sabido combatir mejor que nadie. No en vano, meses después el Atlético se proclamó campeón de la Copa Intercontinental. Entonces los equipos argentinos jugaban a matar y el Bayern decidió renunciar a enfrentarse a Independiente. El Atlético, son seis nativos argentinos, aceptó el reto y venció. El Pupas Fútbol Club se proclamaba campeón del mundo.

El Atlético es club fundador de la Liga española y el conjunto con el tercer estadio de mayor capacidad en España. Con once títulos ligueros también es el tercero en el palmarés español y suma en total más de treinta títulos nacionales e internacionales. Forma parte de los diez clubes más laureados a nivel europeo y es uno de los 30 equipos reconocidos por la FIFA como campeón del mundo al haber ganado la Copa Intercontinental de 1975. Según datos de la UEFA de 2023 es el undécimo club europeo con mayor número de ingresos.

El lamento ocasional de Calderón ha elevado la condición de Pupas a elemento trascendental del club tanto o más que el escudo con el oso y el madroño o las rayas rojiblancas. El gol de Ramos en la prórroga y las dos finales perdidas de Copa de Europa en 2014 y 2016 ante el Real Madrid no hicieron más que hurgar en esa herida.

El Atlético de Madrid está en esto como todos para ganar. Y lo consigue con frecuencia. Y lo volverá a conseguir. Pero ese halo de cordero degollado, de Pupas creado hace ahora medio siglo, le permite sobrevivir a las derrotas y refugiarse en un victimismo derrotista que no se ajusta con el tercer palmarés de España y con uno de los mejores de Europa.

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L’arte di perdere (San Marino)

En Twitter (sigue siendo más conocido como Twitter que como X) existe una cuenta con más de 250.000 seguidores. Es la cuenta de la selección de fútbol de un país. Parece poca cosa, pero gana en consideración cuando sabemos que el país en cuestión tiene 33.000 habitantes, siendo el único del mundo que tiene más vehículos a motor que seres humanos. El asunto tiene aún más enjundia al conocer que la cuenta es mantenida por un argentino que nada tiene que ver con el país en cuestión. Lo más curioso de tan curiosa trama es que el número de followers aumenta con cada derrota, con cada goleada encajada. Algo más que frecuente, dado que la selección del país en cuestión sólo ha ganado un partido en toda su historia y ha fracasado continuamente ante las selecciones más patéticas del planeta.

El país en cuestión es la República de San Marino.

San Marino tiene el honor de ser el Estado soberano más antiguo del mundo. Se enclava en las laderas del monte Titano a escasos kilómetros del Mar Adriático, aunque San Marino no tiene frontera marítima. Sus 61 kilómetros cuadrados están rodeados por límites italianos, su moneda es el euro, como antaño había sido la lira, y mantiene estrechas relaciones con las más populosas ciudades italianas de Rimini y Pesaro. San Marino está a unos 150 kilómetros tanto de Bolonia como de Florencia.

El origen de este pequeño estado data del año 301 cuando un tal Marino, perseguido por sus creencias cristianas, escapó de la persecución del emperador Diocleciano para construir una iglesia en el monte Titano. Con la caída del Imperio Romano el territorio de San Marino pasó a formar parte del Ducado de Spoleto. Así fue hasta que en 1243 el capitán regente de San Marino empieza a actuar como jefe de estado independiente del ducado siendo reconocido por el papa Nicolás IV (que dominaba la zona en nombre de los Estados Pontificios) como país independiente en 1291. Aun siendo ocupada militarmente en alguna esporádica ocasión, (la última por los nazis) en el siglo XIX su independencia fue reconocida internacionalmente tras la unificación de Italia. San Marino, como Andorra, Liechtenstein o Mónaco, parece un anacronismo de tiempos medievales, cuando la jurisdicción de una ciudad no iba más allá del alcance de las armas que asomaban desde las murallas. San Marino es, Junto con la Ciudad del Vaticano, el único país europeo completamente rodeado por otro.

San Marino

La selección de fútbol de San Marino no se creó hasta 1986. Entonces jugaron un partido amistoso frente a Canadá hasta que dos años después, en 1988, San Marino fue reconocida por la FIFA y pasó a formar parte de las rondas clasificatorias de los torneos de la UEFA y de la FIFA. Hasta entonces los nacidos en San Marino eran italianos a efectos futbolísticos. Quizás el jugador más notable de su historia sea Massimo Bonini, campeón de Europa con la Juventus en los años 80 y que, tras ser internacional italiano sub-21, defendió la camiseta de San Marino en 19 ocasiones.

En esos 19 encuentros Bonini no celebró victoria alguna. No es de extrañar. Desde que en 1990 perdió por 4-0 ante Suiza en su primer encuentro oficial valedero para la clasificación de la Eurocopa 1992 San Marino jamás ha ganado un partido clasificatorio. Invariablemente cosecha derrotas y celebra con orgullo sus escasos empates. Año tras año está considerada por la FIFA como la peor selección del planeta (a la hora de escribir estas líneas ocupa el 210º puesto en el ranking -el último-) en dura y vergonzosa disputa frente a las Islas Vírgenes, Guam o Sri Lanka. Lo que está fuera de toda duda es su título como peor equipo europeo, lo que los ha llevado en los últimos años a buscar alegrías fuera del Viejo Continente. En seis ocasiones han programado partidos amistosos contra equipos no europeos, pero el fracaso ha sido igual de constante. Perdieron frente a Cabo Verde (2-0) y Santa Lucía (1-0) a domicilio y contra San Cristóbal y Nieves (1-3) en casa. Lograron arrancar un empate en la revancha contra la citada isla caribeña (0-0) así como otra igualada ante las Seychelles y también ante Santa Lucía. Ante los santalucenses (país de 180.000 habitantes) llegaron a jugar media parte con superioridad numérica, pero ni aun así consiguieron romper una racha de partidos sin vencer que ronda los 150 encuentros.

El peor resultado de su historia se dio en 2006 cuando San Marino cayó en casa ante Alemania por un escandaloso 0-13. Hasta en cincuenta ocasiones han encajado al menos seis goles. Cada gol anotado se celebra como un triunfo mundialista. Los saques de esquina a favor son muestras de júbilo y si se consigue llegar al 40% de posesión la fiesta está asegurada. Quizás por todo ello, por esa aura de antihéroes, de simpatía ante el débil, el éxito de San Marino en redes sociales es tan notorio. El fenómeno fan es tal que a mayor número de derrotas mayores son los tweets. Los poco más de 6.000 espectadores que siguen los encuentros in situ de su selección portan pancartas con lemas tan complacientes como “15 minutos con un 0-0 es un triunfo”, “Brigada ni una alegría” o “Una victoria, escasos empates e infinidad de derrotas”.

Y es que hubo una victoria. La única. Fue un amistoso. Hace ahora veinte años. Partido amigable. 28 de abril de 2004. San Marino (33.000 habitantes) vs Liechtenstein (40.000 habitantes). Los visitantes son malos. Pero no tanto. 17 victorias desde que se pusieron en marcha en los años 80. Liechtenstein es el favorito. Aquel día todo fue distinto. A los cinco minutos de partido Andy Selva adelantaba a San Marino con un fenomenal gol de lanzamiento de falta que se coló por la escuadra derecha del portero de Liechtenstein. Selva nació en Roma. De padre italiano y madre sanmarinense optó por jugar para el país de su madre. Con el tiempo se convirtió en el máximo goleador histórico de San Marino con únicamente ocho tantos. Llegó a golear en la Serie C italiana. El caso es que tras el gol de Selva los sanmarinenses se dedicaron a aguantar el marcador e intentar la sentencia en rápidos contraataques. La victoria llegó y con ello una alegría que ni se había celebrado dos décadas atrás ni se ha vuelto a repetir dos décadas después.

Al menos el desastre no es igual en el fútbol de clubes. Se cuentan un puñado de alegrías en competiciones UEFA. El Tre Fiori logró vencer en rondas previas de la Europa League o de la Conference League al Shirak de Armenia y al Bala Town de Gales, mientras que el también sanmarinense Tre Penne venció al Fola Esch de Luxemburgo. Incluso en 2014 la selección de San Marino jugó un amistoso ante un conglomerado de clubes sanmarinenses a los que se privó de sus mejores jugadores buscando una victoria que sumar a su palmarés. Ni aun así lograron pasar de un empate (1-1).

San Marino es un tótem. Un símbolo. Forma parte de una mitología derrotista. El santismo marinero le llaman sus fieles. Sus esperanzas han sido pisoteadas y resquebrajadas constantemente y aun así la esperanza sigue viva en sus seguidores. En sus últimos tres partidos oficiales perdieron, pero lo hicieron dignamente. Frente a Kazajistán (3-1), Finlandia (2-1) y la todopoderosa Dinamarca (2-1) lograron anotar un tanto. Son como nosotros. Como el niño que elegían el último en la pachanga del recreo. Como el niño que tropezaba cada vez que intentaba golpear la pelota. San Marino es sonrisa. Es alegría. La encarnación de la derrota alegre.

“Aunque su territorio es pequeño, su estado es uno de los más honrados de la historia”. Abraham Lincoln, presidente de Estados Unidos, sobre San Marino en un discurso de 1861.

«Caer está admitido, levantarse es obligatorio». Proverbio ruso.

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Cuando el Badajoz ganaba la UEFA y Mendizorroza era tan grande como el Camp Nou (la leyenda de PC Fútbol) 2ª parte

PC Fútbol lo cambió todo. También en el fútbol profesional. Era el juego favorito de las concentraciones. La forma de romper el hielo entre novatos y veteranos era preguntarles que media tenían en PC Fútbol. Si eras de los que jugabas los partidos lo fundamental era fichar futbolistas con una media de velocidad altísima. Savio Bortolini o Kanchelskis eran dos balas que una vez con el balón podían recorrer el campo de una punta a otra. No era el caso de Víctor Sánchez del Amo. El centrocampista de Real Madrid o RC Deportivo contaba con una buena media, pero con escasa velocidad. Víctor no dudó en quejarse de ello en una visita a las instalaciones de PC Fútbol.

Solo ello ya vale para explicar el impacto de PC Fútbol.

Ese impacto se hizo internacional con la edición 5.0 de la temporada 1996/97. Aquel reto humilde se convirtió en un proyecto infinito. El juego lo tenía todo. 80 equipos (incluía Segunda B) con una base de datos completísima y un simulador de juego que da un salto cualitativo en gráficos y jugabilidad, donde incluso había narración de Chus del Río (luego Carlos Martínez) y los comentarios técnicos de Michael Robinson. Por tener tiene hasta un simulador para hacer quinielas. El juego, ayudado por la revolución de Windows 95 (no sólo para el usuario sino también para el programador por la cantidad de herramientas y la interfaz amigable), deja el MS-DOS y da el salto al CD. Introduce una banda sonora que aumenta la inversión con el jugador. Las tarjetas de sonido y vídeo hacen que la carga de trabajo del estudio sea enorme y el juego no pueda salir al mercado hasta enero de 1997 con la temporada mediada. El ejército de periodistas se pasará días y más días llamando a presidentes, entrenadores y hasta aficionados de equipos de Segunda B para que le hablen de tal o cual jugador y poder establecer los parámetros de los futbolistas.  

El PC Fútbol 5.0 son palabras mayores. De repente el juego se convierte en indispensable para las secretarías técnicas. Raúl Martínez era un futbolista del Valencia B que fue fichado por el Yeclano CF, equipo que admitiría que únicamente lo firmaron porque era el futbolista de Segunda B con la media más alta de PC Fútbol. Raúl Martínez se convirtió en jugador fetiche en la ficción ya que, le pusieras la cláusula que le pusieras, siempre era fichado por un club extranjero, con lo cual te sacabas un buen pellizco.

Jon Usandi era un desconocido jugador de la Real Sociedad B que con minutos y entrenamientos acababa siendo Ronaldo. Y es que otra novedad de PC Fútbol 5.0 era que los futbolistas sufrían el paso del tiempo, por lo que era vital apostar por la cantera para rejuvenecer el equipo. El juego era tan real que jóvenes entrenadores como Rafa Benítez utilizarán su software para apostar por las métricas y las estadísticas tanto en los entrenamientos como en el trabajo de ojeo. Eso no era ápice para que el juego (que al final era un juego) tuviese sus brindis al sol como colocar a un belga llamado Wilout de tres años o a un albanés de cuatro años en la base de datos que, evidentemente, con mucha paciencia y muchísimas horas de juego, podrías convertir en Balón de Oro una vez llegado a la adolescencia.

El PC Fútbol 5.0 ofrece entretenimiento sin límites. Sólo jugar, entrenar o presidir. O todo junto. Al ampliar la base de datos a Segunda B permite vivir una aventura con el equipo de tu comarca. Ganar la Liga con el CD Lalín o la Copa de Europa con el Badajoz CF. Todo ello con los mejores jugadores del mundo, porque la llegada del 5.0 coincide con la aplicación de la Ley Bosman. El pegamento social del PC Fútbol 5.0 sale al mercado el 4 de enero de 1997 y en dos días aquellos Reyes Magos compran 170.000 copias.

PC Fútbol 5.0

Ninguno de aquellos locos con ordenador de inicios de los 80 podría haberse imaginado que el PC Fútbol 6.0 (1997/98) pasaría de las 300.000 copias vendidas. Era un suceso rentable en lo humano y lo económico. Dinamic Multimedia usa todos sus recursos para ello. Se crea PC Calcio, PC Premier y PC Apertura y Clausura. En Inglaterra no engancha, pero en Italia y en Argentina las ventas son asombrosas. La locura llega hasta el punto de que podrás ofrecerle casa y coche al jugador de tus sueños. Se dará el caso de que un argentino llamado Hernán Montero se aficionará al CD Leganés jugando al PC Fútbol. Será tal el embrujo que acabará viajando desde Argentina a España para hacer un saque de honor en un partido del Lega.

Hay casos de todo tipo. Kanchelskis, Babangida, Tulio o Blomquist eran futbolistas tremendos en PC Fútbol y no tanto en la vida real. Fetiche era Jorge Díaz, un futbolista del chileno O’Higgins que deslumbró a Maldini y Gaby Ruiz viendo uno de esos raros encuentros que sintonizaba ese particular dúo. De repente la gente se preguntaba quien narices era el tal Jorge Díaz hasta tal punto que Maldini recibió la llamada de Díaz para que lo colocase en un equipo europeo a cambio de un porcentaje.

El último gran salto fue el PC Fútbol 7.0 (1998/99) en el que se une la ambición con la tecnología. Se crea el modo Eurománager, que permite jugar con cinco ligas distintas, incluyendo la cuarta división inglesa. A través de actualizaciones compradas a través del incipiente Internet se puede acceder a resúmenes de cada jornada de Liga con el análisis de Michael Robinson. Es el juego más perfecto y se crea en un ambiente de trabajo que pasa a ser esclavizante. En apenas tres meses, con jornadas de trabajo de 48 horas seguidas y con semanas en las que la dieta es la pizza y los ganchitos y el cambio de ropa es una mera quimera, se monta un juego que sale a la venta en enero de 1999 y pronto alcanza las 330.000 copias.

PC Fútbol había cumplido el sueño de dirigir a un equipo de fútbol sin salir de tu habitación. Y de repente murió de éxito.

PC Fútbol 7.0

Meses antes de que el PC Fútbol 7.0 saliese a la venta, allá por mayo de 1998, la editorial alemana Axel Springel (dueña de Bild) compra Hobby Press a Centurión, Aquella empresa fundada en una terraza de su casa facturaba entonces diez millones de euros anuales. Lo único que le queda a Centurión es Dinamic Multimedia. Entonces decide tomar un cambio de rumbo. Centurión, que siempre había dejado el mando a los hermanos Ruiz, decide tomar el control de Dinamic haciendo valer su 70%. El choque de posturas antagónicas se zanja en marzo de 1999, con el PC Fútbol 7.0 vendiéndose como rosquillas, con la compra de Centurión del 30% de los hermanos Ruiz y haciéndose con la totalidad de la empresa.

Centurión resuelve pues hacer valer el contrato firmado en su origen. Aquel que apostaba por hacer un simulador de varios deportes. Contrata a otros programadores y apuesta por PC Atletismo y por EuroCycling Manager restando recursos a PC Fútbol. La única franquicia de la saga que llevaba años funcionado a excepción de la futbolera era PC Basket, aunque con un simulador mucho más rudimentario que daba síntomas de agotamiento.

Aquella decisión empresarial fue funesta para Dinamic. La siguiente versión, bautizada como PC Fútbol 2000 para distinguirse de sus antecesoras, fue un fracaso comercial. El margen para ofrecer mejoras ya era muy justo y apostaron por funciones insulsas y difusas como el catering en los estadios o el patrocinio. El siguiente año deciden introducir ligas como la belga, la escocesa o la portuguesa y, esencialmente, la Tercera División, lo cual permite ampliar el calado social del juego. Es buena idea, pero lo hacen a costa de fallos de programación y de restar dinero en el simulador, que irremediablemente queda anticuado ante bestias gigantescas como Pro Evolution Soccer o FIFA. PC Fútbol 2000 no había dado beneficios y PC Futbol 2001 deja a DInamic Multimedia en bancarrota.

PC Fútbol 2001

Ya no hay más PC Fútbol. Dinamic Multimedia quiebra y José Ignacio Gómez Centurión acabará entrando en una profunda depresión que lo llevará al suicidio. PC Fútbol murió en silencio en una escueta página de la revista Micromanía que anunciaba su fin. Desde entonces la saga tuvo varios intentos de resurrección. El más importante el comandado por los hermanos Ruiz con el sello FX Interactive, pero fracasaron al no contar con las licencias oficiales de equipos y jugadores, una de las grandes bazas que tuvo PC Fútbol durante toda su existencia.

Es el mismo inconveniente al que se enfrenta PC Fútbol 8.0 que saldrá a la venta en abril de 2024. Apostará por la sencillez, pero lo hará sin licencias. Un debe que hace dudar de su éxito. Lo más cercano que ha existido estos años al PC Fútbol son las actualizaciones de las versiones 5.0 y 7.0 que fanáticos del juego han ido parcheando a través de comunidades de usuarios agrupadas en una web llamada la PC Futbolería.

A diferencia de la mayoría de los otros simuladores de fútbol de la época, el juego (desde 2.0) permitía adoptar un enfoque de jugador (apodado arcade) y otro único de gestión del juego. Esa fórmula mixta no se usó en los videojuegos convencionales hasta que Total Club Manager 2004 permitió a los propietarios de FIFA 2004 poder ser jugador, entrenador y presidente al mismo tiempo. Hoy Football Manager (si lo que gusta es la gestión) o EA Sports FC (si lo que gusta es jugar) son tan perfectos, profundos y complejos que abruman al que se acerca a ellos. PC Fútbol era igual de profundo y perfecto, pero era de una manejabilidad tan simple y sencilla que sigue siendo añorado por aquellos que alguna vez lograron que Zidane, Ronaldo y Rivaldo conformaran la delantera del CD Ourense.

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Cuando el Badajoz ganaba la UEFA y Mendizorroza era tan grande como el Camp Nou (la leyenda de PC Fútbol) 1ª parte

A mediados de los 80 una pulga apareció de la nada. La industria del videojuego llevaba una década cambiando los gustos de los niños y de los no tan niños y nadie se imaginaba que de un pequeño país a medio industrializar surgiese todo un conglomerado de empresarios de los bits. Adolescentes que aún no habían alcanzado la mayoría de edad idearon videojuegos en garajes o entre clase y clase de instituto al estilo Steve Jobs. En el plazo de cuatro años alguna de esas empresas llegó a venderse por más de 100 millones de euros. La mayoría se diluyeron como azucarillos.

Entre 1983 y 1992 España fue el segundo país de Europa en producción de software de videojuegos tras Reino Unido. Todo empezó con el Amstrad y se diluyó cuando los 8 bits dieron paso a los 16 bits. Los motivos técnicos de este fin son ajenos a mi persona. Ni es objeto de este artículo ni es materia que domine. Lo interesante para el caso es que en esos años empresas como Indescomp, Topo Soft o Made in Spain tenían gran peso en el mercado de los videojuegos. Juegos como La Pulga, Livingstone Supongo o Navy Moves son más que conocidos para aquellos afortunados con ordenador en la década de 1980.

A comienzos de los 90 todo esto era cosa del pasado. Las consolas de 16 bits habían sustituido al Amstrad como plataforma de juegos. Hubo entonces una crisis en la industria, ya que no se tenía claro el siguiente paso a dar. Las consolas quedaron en cierto punto arrinconadas hasta que Sony lance Play Station en 1994, pero seguían teniendo la hegemonía. Era mucho más barato producir un videojuego para consola, por lo que el ordenador tenía que ofrecer algo alternativo. El PC se iba asentando en las casas como material de trabajo o de estudio, pero su jugabilidad, basada en el engorroso sistema MS-DOS, era muy limitada.

La única empresa española que se mantuvo en pie a inicios de esa nueva década fue Dinamic que compitió con dos tipos de juegos. En primer lugar, con las aventuras gráficas. Juegos donde el ingenio y el ratón son indispensables, imbatibles para la videoconsola.

Y en segundo lugar con el deporte.

Eran juegos sencillos, cuasi rudimentarios, pero que apostaban por el patrocinio para triunfar. Fernando Martín Basket, Aspar GP o Michel Fútbol Master hacen las delicias de los que quieren ver pixelados a sus ídolos deportivos.

Y luego está el PC Fútbol. Droga de altísima calidad.

El inicio de todo

Todo comenzó en 1988 con el juego Michel Fútbol Master. Se trataba de un sencillo juego donde tenías que intentar conquistar la Eurocopa con alguna de las ocho selecciones disponibles. Para ello Michel, entonces estrella del Real Madrid, te ofrecía varios retos en forma de disparos, regates o pases. La idea de es un niño de Boadilla del Monte, del pequeño de cuatro hermanos. Se trata de Gaby Ruiz. A muchos les sonorá su nombre porque durante más de veinte años fue comentarista de las retransmisiones de fútbol internacional de Canal Plus. Hace una década dejo el periodismo para convertirse en director deportivo en diferentes clubes españoles e ingleses.

Y todo gracias a PC Fútbol.

El caso es que Víctor, Nacho y Pablo Ruiz eran tres hermanos que en los ochenta habían creado una empresa de videojuegos desde su propia casa con un Amstrad Spectrum. Locos de la informática, tenían un hermano pequeño, de nombre Gabriel, que vivía obsesionado por el fútbol. En uno de los frecuentes viajes que los tres hermanos mayores realizaban a Inglaterra le trajeron al pequeño un videojuego llamado Football Manager de gestión deportiva. Cada vez que le dejaban el ordenador el pequeño Gaby se afanaba por jugar a aquel rudimentario entretenimiento y el resto del tiempo se afanaba en darle la matraca a sus hermanos para que crearan un juego parecido a ese tal Football Manager. Así pues, viendo la insistencia de Gaby, el resto de los hermanos Ruiz contactaron con Michel que, entre alagado y sorprendido, dio el visto bueno a la creación del Michel Fútbol Master.

La idea funcionó y tuvo éxito. Así que mientras Gaby iniciaba sus estudios de periodismo seguía insistiéndole a sus hermanos sobre la idea de crear un simulador de gestión deportiva. Los Ruiz contactan con un programador llamado Carlos Abril para crear en 1992 el Simulador Profesional de Fútbol que permite seguir una Liga de 38 jornadas de principio a fin. No es un mal producto, pero se venden apenas 7.000 copias del título y Dinamic, auspiciada por las deudas, se enfrenta a una situación de quiebra técnica.

Es entonces cuando aparece en escena José Ignacio Gómez Centurión. Se trata de un veterano periodista con recorrido en Ya y Arriba, dos periódicos afines al Franquismo que fueron clausurados al proclamarse la democracia en España. Con la indemnización conseguida tras su despido cierra la terraza de su chalet y monta allí una pequeña empresa que denomina Hobby Press. Crea pues una revista con temas que versan desde coches radiocontrol al aeromodelismo, aficiones muy en boga en la década de 1980 y de las que Centurión es un auténtico devoto. Crea más adelante Micromanía, la primera revista dedicada a la informática y que es un éxito inmediato al vender más de 100.000 copias semanales en cerca de 35.000 quioscos. Los hermanos Ruíz son fieles lectores del semanario y de hecho mantienen contacto con Centurión de forma asidua desde que crearan Michel Fútbol Master.

Viendo el éxito y la pujanza de los videojuegos Centurión decide crear una nueva revista dedicada en exclusiva al mundo del entretenimiento virtual que denominará Hobby Consolas. Detecta pues los problemas económicos de los hermanos Ruiz y apuesta por hacerles una oferta. Decide comprar el 70% de la empresa que pasará a refundarse como Dinamic Multimedia. Los Ruiz mantienen el 30% del control y la iniciativa creativa, pero Centurión pasará a dirigir la empresa y a establecer la estrategia comercial.

Gaby Ruiz

El plan estratégico pasa por realizar videojuegos deportivos que deberían salir al mercado anualmente. Se apuesta por tres deportes y los títulos no dejan lugar a dudas sobre las intenciones. PC Atletismo, PC Basket y PC Fútbol. Eso es lo que dicta el contrato entre las dos partes. La primera prueba de fuego será el PC Basket que saldrá en 1993 con la posibilidad de disputar los playoffs de la Liga ACB 1992/93. Pero la aparición de ese juego es una mera anécdota ante el que será el buque insignia de la franquicia. Se trata de una nueva versión del simulador de fútbol que saldrá a la venta para la temporada 1993/94. Como es una evolución de la primera saga será bautizado como PC Fútbol 2.0 y cuenta, para delicia de los usuarios, con las licencias de jugadores y equipos.

El as en la manga de los hermanos Ruiz es Carlos Abril. Éste contaba con una herramienta que había creado para una editorial como una forma rápida y eficiente de buscar un libro. A través de esa herramienta se adapta el sistema para el PC Fútbol como base de datos para crear una especie de enciclopedia de jugadores, clubes y estadios.

El PC Fútbol 2.0 (1993/94) ofrece algo totalmente nuevo. Resolución en pantalla 640×480 con 16 colores y la posibilidad de gestionar alineación, tácticas y finanzas. Y todo ello con una base de datos que era consultada en las redacciones periodísticas de todo el país. No solo eso. Podías actualizar las plantillas a través de disquetes que conseguías en quioscos o a través de una suscripción a domicilio. Hoy parece el paleolítico. Antaño era el futuro.

Lo de los quioscos fue la clave de todo. Centurión era consciente de que había muchos más quioscos que tiendas de informática y era junto al periódico deportivo y a los álbumes de cromos donde tenía que estar PC Fútbol. Había además un motivo más para cambiar la estrategia. El IVA a los productos digitales era del 18% mientras que el de libros y revistas se mantenía en el 4%. PC Fútbol se vendía por 2.995 pesetas, un precio modesto para lo habitual entre los videojuegos. La clave residía en que junto a los disquetes o el CD-Rom del juego se entrega la revista PC Fútbol, con lo cual se podía disfrazar el videojuego como bien cultural y abaratar costes. El negocio estaba asegurado y cada edición de PC Fútbol doblaría en ventas al anterior.

PC Fútbol 2.0

La siguiente edición (3.0) experimenta ciertos cambios como un aumento de la resolución y de los colores y la posibilidad de realizar fichajes internacionales, pero en definitiva sigue el mismo patrón que la edición inaugural y su crecimiento sigue imparable. Todo se alió para que el PC Fútbol triunfase. Mediados de los 90. El PC se asienta como opción preferencial de sobremesa ayudado por los disquetes y el sistema operativo de Microsoft Windows. Al mismo tiempo los clubes se convirtieron, salvo contadas excepciones, en sociedades anónimas en 1992 por lo que pasaron a ser gestionados como empresas con sus respectivos balances. Y, por último, pero no menos importante, las retransmisiones televisivas de Canal Plus convirtieron al fútbol en una experiencia próxima al cine cautivando incluso a los menos futboleros. Todo este caldo de cultivo hizo que todo niño y adolescente (niñas por entonces pocas) deseasen gestionar un club de futbol. No solo jugar al fútbol. Sino fichar jugadores o construir estadios. Una experiencia nunca antes vista. El deporte rey con una base de datos descomunal. Una base de datos creada por periodistas que en vez de dar noticias se dedicaban a valorar parámetros de futbolistas de medio mundo.

Y es que, visto el éxito, el asunto se hizo más complejo. PC Fútbol era un juego relativamente sencillo de 38 jornadas en el que se buscaba que el usuario sacase el entrenador que todos llevamos dentro. Los hermanos Ruiz ordenaron un estudio de mercado y se descubrió que lo que le gustaba a la gente era hacer fichajes y construir un equipo desde la nada. Cuando el equipo gráfico esperaba dedicar horas y dinero a mejorar la jugabilidad del simulador resulta que descubrieron que eran las medias numéricas de cada jugador (energía, velocidad, regate, moral, defensa, remate, calidad), la base de datos, las finanzas o la remodelación del estadio lo que hacía que la gente se enganchase a PC Fútbol.

Todo ello hace que se refuerce la plantilla de programadores y se cree una plantilla de periodistas. Junto a Gaby Ruiz el cerebro en la base de datos de PC Fútbol es el también periodista de Canal Plus Julio Maldonado, conocido por todos como Maldini. Tanto Ruiz como Maldini hacen continuos viajes por Europa, bien por trabajo o bien por placer, y aprovechan para comprar libros, anuarios y revistas de estadísticas deportivas. Durante todo el verano graban en VHS partidos amistosos intercambiando cintas de vídeo con otros fanáticos del fútbol para conocer fichajes y jugadores de todo el planeta. Así se crea una base de datos monstruosa que luego es pulida por los informáticos. Éstos últimos diseñan escudos o campos de fútbol y se afanan en explicarle a los periodistas que poner ciertos números en código en un blog en blanco permitirá crear al futbolista de sus sueños.

El cóctel es explosivo y con PC Fútbol 4.0 (1995/96) el juego pasa a un siguiente nivel. Se añade la opción Promanager, en la que en vez de que el usuario escoja al equipo que quiera tendrá que empezar desde lo más bajo y ganarse el pan para poder dirigir a todo un Madrid o un Barça. Por vez primera la espada de Damocles está tras el PC y en caso de malos resultados deportivos o bancarrota económica el juego no te permitirá continuar. Se añaden también por vez primera los torneos europeos, así como la influencia de la moral en el juego del equipo en función de su posición liguera.

Es ya entonces PC Fútbol un juego que conocen profanos y mundanos. Ayuda también la figura de Michael Robinson, un simpático ex jugador inglés del CA Osasuna metido a estrella televisiva. Robinson se explicaba como los ángeles aun no sabiendo castellano y pronto se convirtió en figura mediática gracias a las retransmisiones de Canal Plus y al programa deportivo El Día Después, un exitazo que acertadamente Canal Plus decidió emitir en abierto. Además de ser la imagen en la portada del juego y en anuncios televisivos, Michael Robinson era el vivo retrato del carisma, la humildad y el buen rollo.

4.0 Y Robinson

Era 1995 y PC Fútbol estaba a punto de dar el gran salto. El salto definitivo que lo convertiría en boom mundial. Los que tenían PC lo disfrutaban. Los que aún no teníamos ordenador nos afanábamos para allanar la habitación de un buen amigo que dispusiera de tan preciado tesoro. Allí apagábamos la luz y nos dejábamos iluminar con aquel brillo futurista atenuado por un protector ocular que, según decían nuestros padres, nos protegía de la radiación cancerígena. Allí uno empezaba su aventura con el Villarreal buscando una plaza en semifinales de la Copa de la UEFA mientras el otro aguardaba turno con el Alavés sopesando la ampliación de un tercer anillo de gradas para Mendizorroza.

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One club man

El Athletic Club de Bilbao es un club especial. No es un club cualquiera. Cada uno de nosotros podríamos decir lo mismo del equipo de nuestros amores, pero estaríamos faltando a la verdad. El Athletic cuenta con una filosofía propia que trasciende más allá del rectángulo de juego. No por admirada es querida. El Athletic cuenta con unas cuantas legiones de rechazo a lo largo de los cuatro puntos cardinales de la geografía española. Son vascos. Y ya se sabe que lo vasco tiene más detractores que admiradores. Pero los odios también se ciñen a las fronteras de lo que ellos dan en llamar Euskalherria. El Athletic es un león que devora piezas menores y esquilma a base de talonario las canteras de los demás equipos vascos.

Las propias limitaciones del modelo hacen indispensable el dinero para mantenerlo en pie. El Athletic sobrepaga a sus jugadores con la única finalidad de retenerlos. Salvo Barça, Madrid o Atlético nadie paga tanto como el Athletic. Un suplente bilbaíno gana con facilidad el doble que cualquier chupabanquillos de otro conjunto de Primera. Sí, por el contrario, el Athletic decide fichar a un jugador conoce que debe pagar un sobrecoste extra a sabiendas de que su demanda es muy elevada y su oferta limitada. Muchos de esos gastos son sufragados con dinero público vasco, hecho que incita recelos y protestas de sus vecinos de San Sebastián y del resto de equipos de Euskadi.

Esa política, tan suicida como racista y tan valiente como romántica, hace del Athletic un club especial. A nadie le importa ganar un título con once futbolistas de origen más allá de los Pirineos y a nadie le importa que se equipo consiga ascender a Primera con once deportistas del otro lado del Atlántico. A nadie. Pero si tu sino es ver pasar los domingos con la única aspiración de entrar en Europa de tanto en cuando, de lograr la permanencia un año tras otro o de pasar una insulsa vida en Segunda per saecula saeculorum, siempre es mejor hacerlo con chicos de la casa. Con chavales que sabes que fueron criados en tu barrio, en tu ciudad o en tu comarca y que comparten un sentimiento de apego hacia el club al que con fervor sigues desde tu infancia.

Es digno de elogio lo que hace el Athletic y mucho más desde que a mediados de los 90 el fútbol abrió fronteras y se eliminaron las restricciones para la compra venta de jugadores. A pesar de que el Athletic paga generosos sueldos fuera de mercado es incapaz de retener a sus mejores futbolistas, en especial si son de corte ofensivo, los más demandados por los grandes equipos. Si antes Barça (Garay, Zubizarreta, Salinas, Alexanko, Goicoetxea, Iñigo Martínez…) y en menor medida Madrid (Alkorta o Karanka) echaban sus redes en Bilbao, ahora la pesca es de altura. Javi Martínez (FC Bayern), Ander Herrera (Manchester United), Fernando Llorente (Juventus), Kepa (Chelsea FC) y Laporte (Manchester City) son ejemplos de ello.

Dado que el Athletic no puede competir ni en sueldos ni en palmarés con semejantes transatlánticos, debe entonces apelar a los sentimientos. El Athletic hace mucho que ha dejado de ser un grande. Sí hoy, 5 de abril de 2024, me están leyendo sabrán que los leones llevan cuatro décadas sin sacar la gabarra. Sí me leen dentro de un par de días es muy probable que estén celebrando un título. Sería suceso extraordinario, porque el Athletic elogia un sentimiento y poco más que eso.

Por todo esto a la directiva del Athletic Club se le ocurrió en 2015 una feliz idea. Dado que solo pueden apelar a los sentimientos para que sus jugadores decidan hacer carrera en Bilbao se inventaron el One Club Man. Se trata de un premio que está cogiendo una cierta notoriedad a nivel internacional por innovador y por su carga simbólica. Anualmente se recompensa a un futbolista (masculino y femenino) ya retirado cuya longeva carrera siempre haya trascurrido en el mismo equipo.

El ganador recibe un homenaje, con entrevistas incluidas, durante un fin de semana y la entrega del premio se realiza en el descanso de un partido que el Athletic dispute en San Mamés. Ese día se invita al campo a todos los jugadores del Athletic, desde los del primer equipo, quienes ya están en el estadio, como a todos los integrantes de las categorías inferiores cuyos compromisos les permitan acudir. La idea es homenajear a esa estrella internacional que con su presencia da renombre al premio, pero, al mismo tiempo, la intención es que esos futbolistas comprendan que se puede tener una larga, feliz y exitosa carrera defendiendo únicamente al club de tus amores.

José Ángel Iribar, el futbolista que más partidos ha disputado con la camiseta del Athletic, y el niño más joven que forme parte de la cantera de Lezama, acompañan al homenajeado al centro del campo para hacerle entrega de su trofeo. A Iribar, por cierto, nunca le han dado el trofeo porque los futbolistas del Athletic están excluidos del mismo.

One Club Man Award

Futbolistas que hayan jugado en un mismo club toda su carrera no hay muchos. Según la Wikipedia su número ronda los 300. Y esa cifra tiene algunos matices. En primer lugar, muchos de esos jugadores son semiprofesionales y pertenecen a ligas menores que pueden ir desde Guatemala a Japón o a una categoría secundaria de una liga potente. Y en segundo, y más relevante lugar, muchos de esos futbolistas son de inicios del siglo XX cuando cambiar de equipo era una quimera. De esos los hay a patadas.

El Athletic cuenta con un buen ramillete de ellos. De esos de los que poco sabemos, pero retumban en nuestra memoria. Rafael Moreno ‘Pichichi’, José María Belauste (el de ¡A mí Sabino, que los arrollo!) o Piru Gainza son los más destacados. Sagi-Barba del Barça o Santiago Bernabéu, el tiempo después factótum blanco, pasaron su vida futbolística con la misma escuadra. Guillermo Eizaguirre, el segundo de Ricardo Zamora en la selección, pasó su carrera en el Sevilla FC y Antonio Emery, el abuelo del afamado entrenador, defendió toda su vida la elástica del Real Unión de Irún. Ya tras la II Guerra Mundial, contemporáneo a Gainza, Antonio Puchades pasó su carrera en el Valencia CF y José María Zárraga ganó cinco Copas de Europa con el Real Madrid. En el ámbito internacional Gianpiero Boniperti defenderá en más de 450 ocasiones la zamarra de la Juventus, Antonio Rattin sumará cerca de 400 partidos con Boca Juniors y Lev Yashin tendrá una larguísima carrera que inicia en 1949 para finalizar en 1971 a los 42 años protegido por el escudo del Dinamo de Moscú. Incluso podríamos destacar a Bob Paisley, leyenda de los banquillos con tres Copas de Europa con el Liverpool FC, pero antes de esos logros fue futbolista red entre 1939 y 1954.

Hay unos cuantos más de esos cuya grandeza ha sido magnificada por relatos heroicos en tiempos donde la pluma y el papel enaltecían hazañas y derribaban hombres. Jugadores como José Piendibene (Peñarol), Gyula Birö (MTK Budapest), Giampero Combi (Juventus), Frantisek Planicka (Slavia Praga), Angelo Schiavio (Bolonia FC), Fernando Peyroteo (Sporting Lisboa), Billy Wright (Wolverhampton), Jozsef Bozsik (Hònved), Bill Foulkes (Manchester United) o Max Morlock (FC Nuremberg) forman parte de la mitología. Si hay alguno de estos nombres que les suenen de oídas me daré por satisfecho. Eso querrá decir que han leído y han prestado atención a alguno de los artículos que llevo escribiendo desde el año 2017.

Lev Yashin (Dinamo de Moscú)

Si nos vamos a los tiempos modernos, considerando modernos el inicio de la década de 1960 cuando la televisión ya está asentada y las competiciones continentales de clubes recién creadas empiezan a volar, el número de futbolistas de un solo club es más limitado. Aun así seguimos encontrando fieles a un mismo escudo. En la cuna del fútbol hallamos un par de ejemplos que coinciden con los años gloriosos de los equipos cuyos colores defienden. Jack Charlton (1952-73) en el Leeds United o Billy McNeill (1957-75) en el Celtic de Glasgow. Lo mismo sucede más allá del Telón de Acero con Eduard Streitsov (1954-70) en el Torpedo de Moscú, el ganador del Balón de Oro Florian Albert (1958-74) en el Ferencvaros o con el héroe de la Alemania comunista Jürgen Sparwasser (1966-79) en el FC Magdeburgo.

Alemán, de los autodenominados buenos, fue Uwe Seeler (1953-72) leyenda del Hamburgo SV que goleó en cuatro mundiales, pero no ganó ninguno. Si triunfaron con Alemania el defensa del Borussia Mönchengladbach​ Berti Vogts (1965-79), el extremo del Eintracht Frankfurt Jürgen Grabowski (1965-70) y los futbolistas del gran Bayern tricampeón europeo Sepp Maier (1966-79) y Hans-Georg Schwarzenbeck (1966-80).

Tricampeón europeo también fue el Ajax neerlandés gracias a jugadores como Sjaak Swart (1956-73) o Piet Keizer (1960-75). Bicampeón fue el Inter milanés de Sandro Mazzola (1960-77) y Giancinto Facchetti (1961-78). Décadas más tarde también cumplió toda una vida en el Inter Giuseppe Bergomi (1979-99) al igual que su contemporáneo Franco Baresi (1977-97) lo hizo en el AC Milan. Por cierto, tanto Facchetti como Baresi fueron además de jugadores, directivos y presidentes, al estilo Santiago Bernabéu. Otros como Manuel Pellegrini (1973-86) hicieron carrera como jugador y entrenador en su club de siempre (Universidad de Chile), aunque alcanzaron la fama en otras latitudes.

En clave española encontramos jugadores que forman parte de la mejor época de sus equipos, sean éstos modestos o con pedigrí. Tonono (1962-75) y Joaquín (1976-92) formaron parte de la UD Las Palmas y del Sporting Gijón respectivamente. Pepe Claramunt (1966-78) ganó una Liga con el Valencia CF e Iribar (1962-80) y Txetxu Rojo (1965-82) vivieron los penúltimos coletazos de grandeza del Athletic. Mención especial merece la Real Sociedad campeona de Liga en 1979 y 1980. Su éxito se fomentó en un grupo de canteranos que permanecieron fieles al club durante más de una década. Su fidelidad es digna de admiración. Kortaberría (1971-85), Satústregui (1973-86), Zamora (1974-89), Gájate (1977-92), Górriz (1979-93), Larrañaga (1979-94) y el gran capitán y fenomenal guardameta Luis Arconada (1974-89).

Aquella Real gobernó el ámbito doméstico, pero fue incapaz de alcanzar el éxito internacional. Si lo hizo Ricardo Bochini (1972-91) con Independiente de Avellaneda, Jôao Pinto (1981-97) en el FC Porto, Michael Zorc (1981-98) con el Borussia Dortmund o Marcos Bode (1989-02) con el Werder Bremen. No lo consiguió Nené (1967-86), sucesor de Eusebio en el SL Benfica, ni Klaus Augenthaler (75-91) con el FC Bayern. Charly Rexach (1964-81) se tuvo que conformar con una Recopa con el FC Barcelona. A Chendo (1982-98) le dio para ganar al límite una Copa de Europa con el Real Madrid, mientras que Manolo Sanchís (1983-01) levantó un par de ellas en el descuento de su carrera.

Manolo Sanchís (Real Madrid)

Los especímenes más especiales son aquellos que han conseguido ser fieles a un mismo club en el siglo XXI, cuando es prácticamente imposible resistirse a los cantos de sirena de la globalización y del poder de persuasión del dinero. Cierto es que hay alguno de ellos cuyo nivel futbolístico estaba más que exigido. Desde Aitor Larrazábal (1990-04) o Carlos Gurpegui (2002-16) en el Athletic, a Xabi Prieto (2003-18) en la Real Sociedad, Paco Soler (1990-04) en el RCD Mallorca, Juanma López (1990-01) en el Atlético de Madrid, Bruno Soriano (2006-20) en el Villarreal FC, Lars Ricken (1993-09) o Marcel Schmelzer (2008-22) en el Borussia Dortmund, Ledley King (1999-12) en el Tottenham Hotspur o Igor Malafeev (1999-16) en el Zenit. Mención especial merece el teutón Thomas Schaaf (1978-95), quien tras ser futbolista en el Werder Bremen fue entrenador hasta 2013. Más de tres décadas ligado al Werder sumando tres de las cuatro ligas y cinco de las seis copas que tiene el club fundado en la ribera del río Weser.

Luego hay otro tipo de futbolistas que fueron fieles a unos mismos colores desoyendo cantos de sirena. El más emblemático es Matthew Le Tissier (1986-02) que vivió una cómoda vida en el Southampton FC ya que despreciaba el estrés de pertenecer a un gran club. Le Tissier no ganó nada en su carrera al igual que Julen Guerrero (1992-06) no ganó nada con el Athletic. La diferencia es que Guerrero tuvo pie y medio fuera de Bilbao, pero fue regado con una lluvia de millones para permanecer fiel a la causa. Lo mismo le pasó a Fran (1987-05) en el RC Deportivo o a Francesco Totti (1993-2017), aunque ambos lograron títulos con el club de sus amores. Totti incluso ganó un Mundial y si no fue Balón de Oro fue porque la AS Roma no es club de campanillas.

Por último, están aquellos que no podían haber estado en mejor sitio que en el que estaban. ¿Para qué cambiar de equipo si es el de mis amores y además es uno de los mejores del mundo? Eso fue lo que le sucedió a Tony Adams (1984-02) en el Arsenal FC o a Jamie Carragher (1997-13) en el Liverpool FC. Si aún encima tu carrera en el club de tus amores coincide con el dominio mundial de tu equipo, el éxtasis debe estar asegurado. Eso fue lo que le tuvo que ocurrir a Ryan Giggs (1991-14), Gary Neville (1992-12) y Paul Scholes (1993-13) en el Manchester United, a Carles Puyol (1999-14) en el FC Barcelona y, especialmente, a Paolo Maldini (1985-09) toda una vida de victorias en el intimidante AC Milan ganador de cinco Copas de Europa.

Paolo Maldini (AC Milan)

La lista irá agrandándose con el paso del tiempo, aunque las vicisitudes del fútbol actual harán cada vez más difícil sumar adeptos a la lista. A las puertas de ser One Club Man están, en el momento de escribir estas líneas, el barcelonista Sergi Roberto (improbable), el madridista Nacho Fernández (posible) o el castellonense Manu Trigueros (previsible). En el teatro europeo acabarán siendo One Club Man Igor Akinfeev con el CSKA de Moscú y, a menos que los cantos de sirena de algún país emergente no le hagan sucumbir, también formara parte del listado el mediapunta del FC Bayern Thomas Müller.

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