fútbol

Unas apesadumbradas líneas sobre el arbitraje

Desconozco si ha hecho más daño Enríquez Negreira al arbitraje o si la responsabilidad del VAR es mayor que la del interfecto que cobraba a sueldo del FC Barcelona. Y me explico. Para el que quiera mirar desapasionadamente esta historia vayamos al trienio ignominioso del Real Madrid, cuando en época de los Galácticos se acumularon tres años sin títulos, algo nunca visto desde tiempos de la Guerra Civil. El Barça apoyó a Ángel María Villar como presidente de la RFEF mientras que el Real Madrid (Florentino) echó los restos por Gerardo González. El Madrid perdió esa batalla y la consecuencia fueron años de trato arbitral sospechoso al que el periodista Alfredo Relaño bautizaría como Villarato. Coincidió esos malos años con dudas y errores que, una vez conocidos los pagos, confirmaron las acusaciones de conspiración provenientes de Madrid. Luego alcanzaría Ramón Calderón la presidencia merengue y las aguas volverían a su causa. Las jugadas fronterizas seguirían existiendo, los de Barcelona echarán la culpa a los de Madrid, los de Madrid a los de Barcelona y los años duros del procés harán de todo un drama. Pero lo cierto es que la mano de Negreira no hay que verla en los años de excelencia prolongada de Guardiola y Messi (campeones sin ningún género de duda), sino más atrás en el tiempo, cuando Negreira mandaba de verdad y Florentino aun no era un semidios y hubo de dimitir en 2006 al haber “malcriado a sus jugadores”.

Ocurre que lo de Negreira forma parte de la inocencia. El fútbol de siempre. El de la calle. El trampas. El de la mano de Dios. A mi Dépor le quitaron una Liga unos maletines. Un quítame allá esas pajas. Guruceta es el nombre del premio que se otorga al mejor árbitro de la temporada ¡A Guruceta lo condenaron por aceptar un maletín del Anderlecht en un partido de Copa del UEFA! ¡Y es el árbitro más reputado de nuestra historia! (y uno de sus linieres era Enríquez Negreira) El fútbol es imperfecto. El fútbol es un juego rural, jugado a lo largo, hacia el horizonte, basado en unas reglas simples y básicas y en el que un juez (el árbitro) determina aciertos y faltas. El baloncesto, su alter ego capitalino, es un juego urbano, jugado a lo alto, hacia el cielo, basado en unas reglas complejas y donde son necesarios interponer dos o tres jueces que dictaminen sentencia. El básket tiene múltiples parones, mientras que el fútbol fluye. Dado que un partido de fútbol puede terminar sin un tanto, la diversión radica en todo lo que ocurre, lícito e ilícito, durante hora y media de juego. En el básket la polémica es secundaria dado que en cada minuto veremos al menos una canasta.

Árbitros caseros, defensas que pegan patadas o delanteros que simulan penaltis forman parte de la imperfección. El VAR es otra cosa. El VAR lo ha jodido todo.

Uno de los motivos del éxito del fútbol radica en su sencillez. Cuando en 1863 se creó el primer reglamento contaba con 18 artículos. Años más tarde sería reducido a 13 y para 1925 estaban establecidas las 17 reglas básicas. Por el contrario, en las últimas dos décadas el número de reglas ha aumentado en más de un tercio. El número fijo para cada futbolista, el gol de oro, el gol de plata, el tiempo exacto del descuento, las manos voluntarias e involuntarias, el aumento en el número de sustituciones, los tiempos muertos en medio de los partidos…Son todo parches que no han producido avances. Desde que en 1992 se les prohibió a los porteros coger el balón con las manos tras el pase de un compañero, no ha habido ningún cambio en las reglas que haya hecho evolucionar al fútbol.

No sólo evolucionar, sino involucionar. A la deidad tecnológica de la modernidad y el progreso había que buscarle un lugar en el fútbol. Ese invento diabólico es el VAR. Se podrá decir que el VAR es una maravilla que reduce los fallos en los penaltis y en los fueras de juego. La realidad es que sólo lo hace en los errores de bulto y, a cambio, enmaraña más el juego, resta autoridad al árbitro principal y hace más soporífero el partido alargándolo innecesariamente. El VAR está alejando de los estadios tanto a los aficionados veteranos como a la Generación Z, a los que no les gusta un juego que cada vez es más lento y cansino.

En Derecho Civil existe la ‘teoría de la interpretación objetiva de la ley’. Se trata de una interpretación dinámica de la ley orientada al sentido que tienen las propias normas en el momento de ser aplicadas. Se basa en la creencia de que la ley, una vez promulgada y en vigor, adquiere vida propia y va conformando su contenido normativo en función de las circunstancias y necesidades sociales…Hagámoslo más fácil. Si no hubiese interpretación no habría ‘una primera vez` o ‘un primer caso’, ni haría falta contratar a un abogado. Sin interpretación, todos los casos serían idénticos. Con interpretación, existen condicionantes. Es más, si no hubiese interpretación no haría falta ni médicos, ni policías, ni profesores, ni jueces, ni periodistas. Cualquiera podría aprenderse la teoría y ejecutarla. No habría falta nadie especializado para interpretarla.

El problema se da en las jugadas opinables, donde la frontera entre el acierto y el error es muy fina. Donde la subjetividad es parte del arbitraje. Es aquel que estudia el reglamento el que tiene capacidad para adaptar la ley al contexto existente.

El reglamento arbitral está lleno de interpretaciones. Decisiones que no debe resolver la inteligencia artificial. En el fútbol, la infracción por tocar el balón con las manos está entre los tradicionales objetos de disputa. En España un pase interceptado con las manos suele ser tarjeta amarilla, en competición europea es raro que eso suceda. Ambas son decisiones correctas. El reglamento sugiere que es el colegiado el que debe interpretar si existe voluntariedad y si afecta al discurrir del juego. Lo mismo sucede con la, ya muy aceptada por el público, ley de la ventaja, acción totalmente interpretativa por el árbitro. Y así podríamos seguir con varios ejemplos más, como el tiempo añadido (el cuarto árbitro dictamina un tiempo estimativo informativo, pero el árbitro principal puede acortarlo o alargarlo a su antojo, por muchas protestas que haya) o el fuera de juego, donde es el colegiado el que tiene potestad para aplicarlo o no aplicarlo en caso de duda.

¿He dicho sugiere? Tendría que haber dicho sugería. Todo esto es pasado.

Diez ojos no solucionan un problema de interpretación. Y 35 cámaras tampoco lo hacen.

Las XVII reglas

El VAR se pensó para cosas gordas. Cosas gordas era un fuera de juego clamoroso, un penalti escandaloso o una entrada con los tacos terrorífica. Desde que entró en cosas menores se ha liado. Y, peor, no todos los árbitros de esa sala maléfica se entrometen en lo mismo. No todos ven las cosas igual, sobre todo las manos, con las que tanto lío se ha armado y que cada verano cambian de criterio. Antes era simple. Mano que va a balón es infracción. Balón que va a mano es involuntaria. Ahora en cada pretemporada se cambia de criterio. Lo mismo sucede con los pisotones, convertidos en chivo expiatorio de una caza de brujas. En las áreas se empuja y se agarra a placer, pero con los pisotones y las manos a los ejecutores de la sala de las mil pantallas se les hace la boca agua. Hay más árbitros de VAR que de campo: 22. No existe arbitraje, sino un pandemónium que convierte este arbitraje a dúo en algo variable e irritante por caprichoso. Estamos peor. Mucho peor.

Tiempos pasados fueron mejores.

Si. El balón es mejor, los campos son mejores, los aficionados también lo son. ¿Los presidentes? Por descontado. ¿La realización televisiva? Por supuesto. ¿Los jugadores? Más rápidos y más atléticos. ¿Los técnicos? Excelentemente mejor preparados. ¡Hasta la corrupción! Se da por hecho que ningún futbolista profesional cobra en B y a nadie se le pasa por la cabeza que un colegiado acepte sobornos en 2025. El fútbol de hoy es mejor que el de antes, salvo en un asunto. Un asunto crucial.

El reglamento y su interpretación. El VAR.

Cuando se empezaba a discutir sobre si VAR sí o VAR no, algunos sostenían que el rechazo procedía de quienes temían que desaparecieran las polémicas, de las que existiría una dependencia morbosa. Con el VAR todo sería cristalino. Una tesis ingenua, de gente ignorante en fútbol. Pues no. Antes, dictaba la norma, en caso de dudas ante un fuera de juego el árbitro daba por buena la posición. ¿Fulanito tiene la pezuña por delante del defensa? Siga el juego. Error inapreciable. Ahora no. Hay que tirar una línea. Si la pezuña sale del mapa, se cancela la jugada. Bueno, antes hay que ver como sigue la jugada, se marca el gol, se celebra, luego se revisa y más tarde se cancela. ¿En caso de duda? Paramos el juego y el VAR decide. No decide, dicen los defensores del bicho. Pero indica. Si tú ante 60.000 gargantas no lo has visto y un fulano sentado tranquilamente delante del televisor te insinúa tu error, ¿cómo narices no le vas a hacer caso? Ahora hay, en la práctica, dos árbitros, el de campo y el de fuera. Guste o no, cada árbitro es un factor de irritación, y ahora tenemos dos en vez de uno. Dos fuerzas que pretenden colaborar, pero que son diametralmente opuestas.

Los agarrones en el área se permiten ya abiertamente, salvo casos de inmovilización extrema. O a los porteros se les deja perder el tiempo a su libre albedrío, nunca se aplica la norma de los seis segundos y el consiguiente castigo con indirecto. ¿Libre indirecto? ¿Alguien recuerda un libre indirecto en la última década? La visión clásica del juego. Eso no existe. El fútbol es simple y sencillo. De ahí su éxito. Ahora no. Se han inculcado mil y una instrucciones estúpidas a los árbitros y se ha perdido la esencia natural del fútbol. No existe el libre albedrío, ni de jugadores ni de árbitros.

Se les ha privado de la facultad de interpretar la ley. Ya no son árbitros. Son marionetas. Donde antes había instinto y dominio de la filosofía de juego ahora tiramos unas líneas con unos muñecos 3D.

Tirando líneas…

Hace un par de años Sergio Busquets dijo aquello de que jugaban a ciegas; que ya no sabían qué es mano y qué no. Nos han quitado la ilusión. Al menos al que escribe. El VAR llegó para remover cimientos. Retocar reglas y enredar interpretaciones con resultado catastrófico. Cada intervención del VAR es un parón y un reinicio. Aumentan los arrebatos y las piruetas. Las celebraciones de gol están untadas de cloroformo.

El fútbol se ha americanizado. Estados Unidos colonizó el mundo libre durante el siglo XX y sólo el deporte resistió a sus cantos de sirena. Unicamente el baloncesto, deporte norteamericano, tiene presencia universal. Se dice que el fútbol no tiene éxito en Estados Unidos por la escasez de tantos. Ocurre que la razón fundamental es que al estadounidense lo que le gusta es el deporte que, a través de la televisión, le permite ejercer de entrenador. Eso es el VAR. Americanizar el juego. Hacerlo netamente televisivo. Es indiferente que el periodista esté en el campo para narrar el choque. Lo hace desde el plató televisivo. Es indiferente que el árbitro esté mal colocado. Llega con que desde el VAR analicen bien la repetición de la jugada. El frame es el nuevo reglamento. El frame es palabra de Dios.

Antes todo era sencillo. Comprensible para un niño o para el adulto que se acercaba por primera vez al juego. Todo ligaba a una lógica natural basada en la regla matriz; prohibido el uso de las manos. A partir de eso, unas faltas graves, sancionables con libre directo, unas leves, con libre indirecto, el fuera de juego, muy entendible si se capta su esencia, y un principio de lealtad al juego y de obediencia al árbitro. Eso, las medidas del campo, del balón, del tiempo y demás, todo bien sintetizado en XIV Reglas de redacción sencilla y traducibles a mil lenguas. Cristalinas, cortas y naturales.

Como explicaba párrafos atrás, el catecismo fue redactado en 1863 y en 1925 se le dio su estructura actual añadiendo la modificación de la regla del fuera de juego. Se pasó de 14 a 17. Las XVII reglas del fútbol. Y no fue una ocurrencia de una mañana. Fueron seis décadas de materia gris.

La regla XVIII era el sentido común.

Eso ya no existe. Se ha perdido para siempre. Las reglas del inglés Stanley Rous son ahora confusas y continuamente manoseadas por burócratas tecnológicos.

Andar con descubrimientos para mejorar el fútbol cuando ya tiene un siglo y medio requiere la audacia del ignorante. Hasta al siempre ilustre Pierluigi Collina, ahora mandamás del silbato, se le ha ocurrido prohibir los rechaces tras penalti. Si es gol, gol. Si el portero rechaza o el balón va al palo, el juego se para y se saca de puerta. Tremenda chorrada. Como el saque de centro para atrás (revisen al Brasil de los 70 y como nada más sacar de centro iban al ataque), el bote neutral alterno tras disputa y gilipolleces varias.

Fútbol moderno

¿Y qué hacer? No lo sé. La tecnología vino para no marchar. Pero la solución sigue estando en mejorar la formación de los árbitros. Se dice que son unos ladrones, que están comprados. No. No es eso. Son malos. Y son humanos. Tienen sus equipos favoritos (como todos nosotros), les aflige la presión y el ambiente, y les afecta la importancia del encuentro y de los jugadores a los que están dirigiendo. Les falta personalidad. ¡Y aún encima tienen a unos colegas intrigando en una sala brumosa llamada VAR!

¡Pueden estar solos! No necesitan ayudas externas. Lo que les falta es profesionalización.

El arbitraje está regulado por la FIFA y sus distintas federaciones. No existe un mercado libre como ocurre con el de los futbolistas. De este modo, las distintas ligas europeas no pueden contratar a los mejores colegiados. Árbitros como el polaco Szymon Marciniak, el húngaro Victor Kassai, el suizo Massimo Busacca o el eslovaco Damir Skomina, todos ellos galardonados con el título de mejor colegiado del mundo, tuvieron que arbitrar en ligas menores. Lo lógico sería que arbitrasen en España, Inglaterra o Italia, con un sueldo millonario que les permitiese dedicarse en exclusiva al arbitraje y sin la sospecha de favorecer a uno u a otro equipo dada su condición de extranjero. Según el CIS el 46% de los españoles son del Real Madrid y el 35% del FC Barcelona. O lo que es lo mismo; 81 de cada 100 españoles son del Madrid y del Barça. O lo que es lo mismo; 8 de cada 10 árbitros tiene un sesgo subjetivo a favor o en contra del Barça y del Madrid. ¿No sería mejor localizar a los colegiados fuera de nuestras fronteras en busca de la imparcialidad?

Esa sí que sería la verdadera revolución del arbitraje y no llenar el terreno de juego de cámaras y de colegiados. Que el VAR se meta en lo gordo y que deje el resto a la libre interpretación del trencilla. Porque a veces da la sensación de que nos olvidamos que el fútbol está pensado para los que juegan y para los que se acercan al campo a verlo y no para los que se sientan en el sofá con el mando en la mano. Esos, aunque ahora ya no lo parezca, deberían ser los menos importantes.

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Benito Floro

Por entonces el hombre de moda era Silvio Berlusconi. Il Cavaliere representaba todo lo que la opulencia del capitalismo podía ofrecer. La historia de un hombre hecho a sí mismo que había triunfado a base de kilos de trabajo, una cucharada de fortuna y una pizca de corrupción. Dinero y mujeres a espuerta, todo lo que se le podía pedir a la vida a finales de la década de 1980. El momento dorado del vale todo. Berlusconi añadió una muesca más a todo ello. Se compró el AC Milan al mismo tiempo que invertía en un canal de televisión. Era el amo. Luego se meterá en política. Y siempre triunfará. Siempre. En España estuvo Jesús Gil. En Francia Bernard Tapie. Ninguno de ellos le llegó ni a la punta de la punta del dedo meñique del pie izquierdo a Don Silvio.

El caso es que Berlusconi aterriza en Milán (no es una metáfora dado que descendió en helicóptero en el circulo central del tapete verde de San Siro) en 1986. Ocurre que los rossoneri llevan casi una década sin lograr un título. Por el camino habían tenido que pasar por la vergüenza de descender a la Serie B. La tarea que Berlusconi tiene es hercúlea y en su primera campaña como dirigente el AC Milan cae en una primera ronda de la copa italiana frente al Parma FC, por aquel entonces un modestísimo club de la tercera categoría italiana. Entrena a aquel equipo un joven técnico llamado Arrigo Sacchi, quien propone un achique de espacios al formar con una línea adelantada de cuatro defensores que buscan permanentemente el fuera de juego y con dos puntas que siempre apoyan al centro del campo acortando el campo de una forma nunca antes vista.

La temporada siguiente el AC Milan gana la Serie A y después suma dos Copas de Europa consecutivas. Es el equipo de moda. El Milán de los holandeses. El Milán de Sacchi.

Todo el mundo entonces pretende reconstruir el modelo que ha llevado al AC Milan a dominar el fútbol europeo. El Real Madrid es uno de esos equipos. Los blancos viven una época de éxitos. Ganan cinco ligas consecutivas a lomos de la Quinta del Buitre y lo hacen con un fútbol precioso y ofensivo que cautiva al aficionado.

Pero pinchan en Europa. Año tras año. Dos veces consecutivas ante el AC Milan. Una de ellas con un 5-0 de por medio. Y se acercan irremediablemente a las tres décadas sin conseguir una Copa de Europa. El estrés es incesante y las críticas elevan el tono.

Esos fracasos europeos le cuestan el puesto en el banquillo a Leo Beenhakker. Se contrata en su lugar a John Benjamin Toshack, quien repetirá éxito en España y fracaso más allá de los Pirineos. Se tira de remedio casero al llamar a filas a Alfredo Di Stéfano para luego contratar a Radomir Antic para ser despedido, sorprendentemente, cuando marchaba líder en Liga. Por entonces la situación había cambiado. Y había cambiado como calcetín dado la vuelta. Butragueño y compañía han iniciado lo que será un rápido y brusco declive y en Barcelona germina un equipo espectacular con sello propio que cambiará para siempre la historia del club. Es el llamado Dream Team que, dirigido por Johan Cruyff, llevará la primera Copa de Europa a la Ciudad Condal.

La Copa de Europa en color. El Madrid tiene seis. Pero las seis son en blanco y negro.

Toca hacer algo. Y toca hacerlo rápido.

AC Milan 5-0 Real Madrid 1989

Benito Floro había colgado las botas apenas rebasada la veintena. No pasa de futbolista de Tercera, al igual que Arrigo Sacchi. Comienza a entrenar a equipos de la zona levantina acumulando algún que otro ascenso en categoría regional hasta que en 1989 lo contrata el Albacete Balompié, que entonces ocupaba el tercer escalón del fútbol español conocido como Segunda División B.

Floro logrará dos ascensos consecutivos y en la temporada 1991/92 realizará una soberbia campaña con el Albacete que a punto estuvo de otorgar a los manchegos la oportunidad de jugar competición europea. Todo se torció por un mal final de temporada donde se perdieron seis de los últimos ocho encuentros. El juego de aquel equipo se asemejaba, con las limitaciones de los jugadores disponibles, con los de aquel AC Milan. No es de extrañar que saliesen aplaudidos en campos de tronío como San Mamés y de otros más modestos como Vallecas.

En aquella escuadra destacaba José Luis Zalazar, un mediocentro uruguayo con un desplazamiento de balón fabuloso y fortísimo disparo y Luis Conejo, un guardameta costarricense de los primeros que salía jugando al primer toque funcionando como un líbero. Pero lo más llamativo de aquel conjunto bautizado por la prensa como Queso Mecánico era su psicólogo. Benito Floro había decidido contratar a un profesional médico para que enseñara a aquellos chicos a gestionar la presión de ser futbolistas de élite.

Con esa carta de presentación el Real Madrid se interesa por Benito Floro. Lo hacen ya tiempo atrás cuando el técnico aun dirige al Albacete en Segunda División. Ramón Mendoza, presidente merengue, no llega a un acuerdo para firmar a Floro a mitad de temporada cuando Di Stéfano aparecerá como apagafuegos y, finalmente, se acabará apostando por Radomir Antic. Lo más curioso del caso es que Mendoza firmará al colombiano Pacho Maturana para el banquillo blanco, pero los buenos resultados de Antic harán que se cancele el contrato de Maturana y se le pague una indemnización. El caso es que Antic nunca fue santo de devoción de Mendoza (de ahí que fuese despedido siendo el Madrid líder) y en 1992 el presidente blanco podrá por fin fichar a Benito Floro. Para Mendoza esté tendrá que ser su Arrigo Sacchi.

Benito Floro

Lo primero que hace Benito Floro es recolocar a Fernando Hierro como centrocampista. Esa había sido la posición inicial del malagueño, aunque Antic lo había convertido en central. Volverá al centro del campo (allí jugará también el Mundial de 1994). Hierro no tenía agilidad para girar rápido, siempre según Floro. Ocurre que era el hombre ideal para funcionar como pistón, al estilo de Ruud Gullit, y hacer de box to box para tocar el balón y encimar al contrario al inicio de la presión. Floro se reúne con Mendoza y es claro y rotundo. No había competitividad suficiente. Había jugadores buenos individualmente, pero el grupo era inexistente. La Quinta del Buitre estaba de vuelta de todo y tanto Hugo Sánchez como Gordillo estaban en el ocaso de sus carreras. Para Floro tan sólo Lasa y Villarroya podían pegar un grito en ese vestuario, pero ambos eran jugadores con ascendencia irrisoria sobre los demás.

Venía el Madrid de perder una Liga en el último minuto en Tenerife, tras lo que vendría la conquista de la Copa de Europa azulgrana. Aquel equipo estaba tocado y hundido.

Y fue entonces cuando Benito Floro pidió contratar a un psicólogo.

Aquello no gustó.

El Real Madrid era un brontosaurio. Un gigante anclado en el pasado. Si ya era raro contar con un psicólogo, mucho más en Concha Espina. En el Real Madrid, el club de la furia, de la caballerosidad y donde todo buen jugador debe dejarse los cojones luchando, aquello era un sacrilegio. A los hinchas no les gustó y la prensa sacó el cuchillo. Tras la primera derrota ante el Barça Floro llamó a los jugadores a capilla. Les dio un papel a cada uno con un test para que marcaran respuestas con una cruz. No había que firmar ni escribir nada. Había varias cuestiones sobre distintos aspectos, pero en lo que a la presencia del psicólogo se refiere, salvo dos o tres futbolistas todos los demás estuvieron de acuerdo. De puertas para afuera se decía eso, otra cosa era lo qué sucedía dentro.

Y no sólo eso. Los entrenamientos entonces eran a puerta abierta y se permitía de tanto en tanto la presencia de los aficionados. La prensa tiene acceso, aunque parcial, a las sesiones. Floro ensaya jugadas de estrategia tras saque de banda. No se entiende. Esta veinte o treinta años adelantado a su tiempo. Fuera de toda onda. No pintaba nada bien.

Y es que hubo derrotas. Y unas cuantas. Y cabreos con la directiva. Floro pidió mantener a Gica Hagi. Hubo que venderlo por cuestiones económicas. Pidió a Klinsmann y le ficharon a Zamorano. Y solicitó a un central que jugase bien el balón desde atrás como Roberto Solozábal y en su lugar vino un centrocampista técnicamente buenísimo, pero de vida disoluta como Rafael Martín Vázquez.

Benito Floro tuvo un problema a mayores. El mundo del deporte vivía entonces una guerra mediática entre José Ramón de la Morena y José María García. Sí estabas con uno estabas contra el otro. Floro decidió no conceder entrevistas a ninguno como objetivo de mantenerse imparcial y lo que consiguió fue que desde las ondas le lloviesen palos a un lado y otro de las ondas hertzianas.

Con todo, el apodado Benito el Breve resucitó tras una derrota en Sevilla en la decimoquinta jornada. A partir de ahí el Madrid no vuelve a perder en Liga hasta que en la última jornada toca visitar Tenerife por segundo año consecutivo. Se vuelve a caer y el título viaja in extremis a Barcelona como había ocurrido la temporada anterior.

Si ya antes pocos creían en el psicólogo, ahora ya no hay quien defienda a Benito Floro…

El milagro ocurre al vencer una semana después al Real Zaragoza en la final de Copa del Rey. Floro consigue una bombona de oxígeno y podrá comenzar la siguiente campaña.

Temporada 1993/94.

Solicita a David Ginola, Cafú y a Roberto Carlos. Le traen a Petr Dubovsky y a un brasileño desconocido llamado Vitor.

No hay un duro. Luego se sabrá que entre finales de 1990 e inicios de 1992 la plantilla del Madrid estaría sin cobrar. La situación económica es tan mala que no hay presupuesto para cambiar el césped del Bernabéu. Habrá un 0-0 ante Osasuna a mediados de diciembre que se jugará en un patatal. Toca tirar del siempre lesionado Robert Prosinecki y de la vieja guardia.

Una vieja guardia que no hace mucho caso a lo que dice ese advenedizo que nunca llegó a ser futbolista profesional.

Los comienzos son malos y se agravan con una eliminatoria copera ante…el Tenerife. El Real Madrid queda eliminado y en el descanso del partido de ida Floro tiró de testiculina para alentar a sus jugadores. Dio un portazo…y nadie lo siguió.

La situación se había quebrado.

Ramón Mendoza

Por aquel entonces Canal Plus había cambiado para siempre la forma de entender el fútbol. Las retransmisiones dejaron de ser planas para ser filmadas desde ángulos diversos y se apostó por meter los micrófonos dentro de los vestuarios o incluso en las solapas de los árbitros. Ocurría que el periodista era visto como amigo y clubes y jugadores vieron una buena forma de hacer negocio antes de que las marcas se expandieran globalmente y las redes sociales minimizasen la labor del periodista como transmisor entre deportista e hincha.

Existía un programa semanal deportivo conocido como El Día Después. Era revolucionario. Si hasta entonces los programas de deportes se centraban en presentar los goles y los resúmenes de los partidos de la jornada, El Día Después hace mucho más que eso. Pone el foco en las gradas, da voz a los aficionados y se preocupa por asuntos que van mucho más allá de los goles o de las polémicas arbitrales. Importa lo que tal jugador dijo o si a fulanito le apretaban las botas o si a menganito le agarraban en cada saque de esquina.

El Madrid cae ante el Paris Saint Germain en casa en encuentro de Recopa de Europa y el fin de semana siguiente visita al recién ascendido y modestísimo UE Lleida con el que caerá por 2-1.

En el descanso, con el Madrid perdiendo, un micrófono de El Día Después, el programa de Canal Plus, recoge unas palabras que pasarán a la pequeña historia del fútbol español.

“¿Dónde están esos cojones y la calidad y las ganas de jugar? ¡He dicho, maricón el que la pierda! Poniéndolos, poniéndolos, y nada más. Y lo demás son tonterías. Un día uno, un día otro, un día el equipo, pero estoy viendo… ¡Qué lamentable! ¿Dónde está el equipo? A tomar por culo el balón y las cagaditas, el pelele y lo otro y lo otro y quiero hacer mucho, total… ¡Joder, que sois el Real Madrid, hijos! Un montón de almas, un montón de cariño, un montón de déficit en el club”.

Aquello fue un shock. Mendoza llamó a sus despacho a Floro. Le dijo que no podía hablarles así a futbolistas internacionales. García y De la Morena lo masacraron. El profesor, el hombre que entrena con un psicólogo, no es más que pura fachada. El individuo que mira a los demás por encima del hombro es más soez que el que despotrica de su equipo con seis cervezas en el gaznate sentado en un taburete de un tugurio de mala muerte.

El martes hubo reunión de la Junta Directiva blanca. Todos eran conscientes de las carencias del equipo, de que no había el dinero necesario para contratar a dos o tres buenos jugadores y que, a pesar de todo, faltando diez jornadas para el final estaban a dos puntos de un Barça que aún tenía que visitar el Bernabéu. En un cara a cara con Floro la Junta Directiva votó mantener a Benito Floro en el cargo.

Pero Mendoza fue tajante.

El despido era consecuencia de aquella frase. Benito Floro estaba en la calle.

A Floro lo sustituyó en el cargo Vicente del Bosque, en la que fue la primera experiencia del luego campeón del mundo como técnico blanco. No fue buena. Únicamente ganó cinco de los once encuentros que dirigió. Al año siguiente Jorge Valdano le daría al Madrid un título liguero un lustro más tarde del anterior tras hacer debutar a Raúl, colocar para siempre a Fernando Hierro como central y abrirles la puerta de salida a sus antiguos compañeros Michel y Butragueño.

Benito Floro retornó a Albacete donde no pudo reverdecer laureles. Se convirtió en un trotamundos al entrenar en México, Ecuador, Marruecos, Costa Rica y Canadá y tuvo un último conato de éxito en el Villarreal CF de Juan Román Riquelme.

Benito Floro nunca fue Arrigo Sacchi.

Hoy todos los equipos de fútbol profesional cuentan con al menos un psicólogo en nómina.

Y muchos entrenan los saques de banda.

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¿Usted que haría?

Fulvio Bernardini era un pedazo de futbolista. Nacido en Roma, había debutado con la SS Lazio con tan sólo 13 años, registro nunca superado. Lo hizo anecdóticamente como portero, aunque se posición en el campo era la de mediocentro. De exquisita técnica y fuerte carácter, fue capitán de la Lazio, luego pasó al Internazionale y más tarde fue también capitán de la AS Roma durante diez temporadas.

Con los años sería también un gran entrenador, siendo seleccionador nacional y convirtiéndose en el primer técnico en ganar el Scudetto con dos equipos diferentes, la AC Fiorentina (con la que también alcanzó una final de Copa de Europa que terminaría perdiendo ante el irresistible Real Madrid) y con el Bolonia FC, ninguno de los dos sospechosos de ser habituales logrando títulos. El gusanillo como técnico ya le venía de lejos. Cuando militaba en el Inter, allá por 1926, insistió al húngaro Arpad Weisz, técnico milanés, en que pusiese a un chaval de 16 años del filial llamado Giuseppe Meazza. Bernardini apostó tanto por Meazza que llegó a ofrecer su suplencia para que Meazza pudiese jugar como titular. Su desinteresada apuesta por aquel querubín dio al Inter el futbolista más influyente de su historia.

Bernardini (izq) y Meazza (dch)

Bernardini era una estrella. Zurdo, como todos los genios, lento, pero capaz de acariciar el balón sin aparente esfuerzo. Sus ojos de halcón le permitían enviar el balón allí donde quisiese y su mente le permitía predecir donde colocarse y suplir con ello su baja estatura. Fulvio Bernardini era un referente del fútbol de entreguerras.

El caso es que Fuffo, como era conocido, era un referente en la selección italiana. En 1932, cuando contaba con 26 años, sumaba el mismo número de internacionalidades. Puede parecer poca cosa a ojos de hoy, no obstante, si nos ponemos las gafas de la historia, la cifra es fascinante. Entonces no había cambios y las selecciones jugaban unos cuatro, cinco o seis partidos en todo el año. Ricardo Zamora, quien durante muchas décadas fue el plusmarquista español, necesitó 16 años para alcanzar 46 internacionalidades. Y eso que era guardameta.

Entrenaba entonces a la selección italiana Vittorio Pozzo. Había cogido el cargo de seleccionador en 1929 y no lo soltaría hasta dos décadas más tarde. Entremedias las victorias en el Mundial de 1934 y 1938 y el oro en los Juegos Olímpicos de 1936. Para lograr semejante cantidad de éxitos Pozzo tuvo que tirar de oriundos, estrellas del fútbol argentino con antepasados transalpinos que no dudaron en cambiarse de nacionalidad a golpe de talonario. Raimundo Orsi o el espectacular Luis Monti fueron campeones con Italia tras defender antes los colores de la albiceleste.

Pero Pozzo también hizo a Italia campeona por culpa de un excelso trabajo táctico. Por entonces la mayoría de los conjuntos formaban con la WM. Ideada en Inglaterra por Herbert Chapman distribuía a los futbolistas en un 3-2-2-3 (3-2-5 en ataque) que fomentaba el juego directo. Pozzo, al igual que otros técnicos de Centroeuropa, consideró que dos de los defensores podían abrir el campo y ejercer como protolaterales y que un jugador del centro del campo, un mediocentral como fue llamado, podía corregir esas marchas de los defensas a los laterales y al mismo tiempo servir como primer eslabón en la creación del juego ofensivo. En Sudamérica eso será un ‘4’, por ello tantos mediocentros llevan allí ese número, mientras en Europa es cifra reservada a los defensas centrales. El particular sistema de Pozzo fue rotulado como WW (2-3-2-3), donde la primera línea de 3 está conformada por los “dos laterales” y el mediocentro. En defensa, los dos laterales vuelven a su sitio y la táctica se convierte en 4-3-3. En contraposición a la WM, la WW era más lenta y requería futbolistas más capaces de aguantar la posesión del balón y replegarse con rapidez tras pérdida del esférico.

Para que una idea funcione hacen falta jugadores que la secunden. Y Pozzo sabía cuáles eran los jugadores que necesitaba. Bernardini no era uno de ellos. Toda Italia consideraba a Bernardini el mejor mediocentro del país. Y realmente lo era. Pero Bernardini no tenía la capacidad y el despliegue físico necesario para bascular su posición cada vez que los dos defensas se abrían para iniciar el juego desde los laterales. Para esa labor de pulmones estaba Luis Monti, conocido como Doble Ancho, por su increíble capacidad física que le hacía parecer dos hombres en vez de uno.

Pozzo intentó acompañar a Monti con Bernardini, pero ambos se solapaban y no congeniaban. En la AS Roma, Bernardini era dueño y señor dentro de la táctica de la WM. Su misión era aguantar la posición y dar perfectos pases de 30 o 40 metros para que los extremos corriesen al espacio. En el esquema de la selección italiana Bernardini debía bajar a recibir el balón y esforzase más en defensa. Pozzo encontró en el juventino Luigi Bertolini al hombre ideal para acompañar a Monti. Trabajador, comprometido y sin aires de grandeza.

El problema ahora era cargarse a Bernardini sin que prensa y afición lo tomasen con él.

Fue un amistoso en octubre de 1932. Praga. Checoslovaquia vs Italia. Se adelantan los centroeuropeos de penalti y empata Italia al inicio de la segunda mitad. Poco después anota Nejedly y Checoslovaquia gana por 2-1.

Bernardini es titular. Será su último partido como internacional. Vittorio Pozzo jamás volverá a convocarlo. Lo que sucedió tras el encuentro pasará a formar parte de la vasta historia del fútbol. Muchos años después Fulvio Bernardini nos hará partícipe de tan bella anécdota a través de su autobiografía.

Simplemente es deliciosa.

Vale la pena transcribir lo que técnico y jugador conversaron tras el fin del partido:

Pozzo: Ha sido un buen partido.

Bernardini: Pero hemos perdido.

Pozzo: Escuche Fulvio. No ha sido culpa suya, pero voy a tener que dejarle fuera del equipo. Lo dejo fuera porque usted es mucho mejor que el resto. Sus compañeros no alcanzan la concepción del juego que tiene usted. Es demasiado superior a todos los demás. Casi tendría que pedirle que jugase usted mal para estar al nivel del resto del equipo.

Bernardini: No entiendo míster.

Pozzo: No es una razón personal, es una razón táctica. Es usted demasiado bueno. No tengo elección. O prescindo de usted o tengo que prescindir de todo el equipo. ¿Usted que haría?

Cuenta Bernardini que sin abrir la boca comenzó a vestirse mientras asentía con la cabeza y Pozzo le daba un par de palmadas en la espalda.

Nunca más jugaría con la selección italiana.

Bernardini en su época como entrenador

Fulvio Bernardini, el mejor centrocampista italiano del momento, nunca jugó un partido de un Mundial. Ni siquiera fue convocado para los victoriosos triunfos en 1934 y 1938. No estuvo ni entre los elegidos.

La picardía y la ascendencia de Pozzo logró convencer a Bernardini de lo inconvencible. Años después, siendo ya entrenador de éxito, Bernardini decía comprender lo que Pozzo le requería. Los buenos jugadores no hacen un equipo, sino que es el equipo el que convierte a los jugadores en buenos.

¿Usted que haría?

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El tío Benito

Benito Diaz nació en 1898 cuando España perdía los retazos que le quedaban de su Imperio y cuando los Borbones aun veraneaban en San Sebastián. Y es que Benito Díaz nació en Donostia. En una familia bien. Sus padres quisieron que estudiara Bellas Artes. También le dio por cantar en el Orfeón Donostiarra. Pero a Benito le iba otra cosa. Una moda importada de Gran Bretaña y que por entonces estaba mal vista en la mayoría de círculos sociales.

El fútbol.

Benito gustaba de lanzar unos tiros en la playa de la Concha y juega partidos en el velódromo de Atocha. Pequeño, bullicioso y de energía infinita, juega en varios equipos de la ciudad hasta que ficha por la Real Sociedad. Corría el año 1917. A Benito pronto le pondrán de apodo ‘rata mecánica’ por su estilo de juego rápido y bregador.

Allí estuvo hasta 1927. No hay mucho que contar de su etapa como jugador. Lo relevante es que por entonces la Real Sociedad era entrenada por un técnico húngaro que respondía a las señas de Lippo Hertzka. En esa época la vanguardia del fútbol europeo se cocía en las entrañas del antiguo Imperio Austrohúngaro. Ocurría que Hertzka era un referente de máxima autoridad. Benito pronto descubrió que los entresijos del juego le gustaban tanto o más que el propio juego. Se convirtió en la voz en el campo de Hertzka y lo acompañó a Hungría para aprender diferentes metodologías de entrenamiento relacionadas con el balompié. Con estos mimbres no era de extrañar que, en 1927, cuando Hertzka abandone Guipúzcoa, Benito Díaz se convierta en nuevo técnico de la Real Sociedad. Ni siquiera ha cumplido 28 años, pero cuenta con el beneplácito de su mentor quien recomienda a los directivos donostiarras que apuesten por Benito a pesar de su juventud.

Benito Díaz recibe una copa

Su primer año fue glorioso. La Real Sociedad llegó a la final de Copa. Será una final heroica ante el Barça que se resolverá en tres partidos tras acabar en empate los dos primeros (entonces no existían ni la prórroga ni los lanzamientos de penaltis). La finalísima dio también para un duelo epistolar entre los poetas Gabriel Celaya y Rafael Alberti. Acabada la final, a Benito lo llaman desde la Federación Española para ser segundo entrenador en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. El torneo resultó un fiasco, pero parecía un pistoletazo de salida para una carrera legendaria.

No fue así. En 1929 una crisis bursátil dejó en bancarrota a negocios de medio mundo. Entre las empresas afectadas estaba Transportes Díaz. El negocio familiar. Así que en 1930 Benito hubo de dejar el fútbol y dedicarse a las exportaciones. Con ojo clínico vio un filón en la exportación de naranjas y demás cítricos a Francia y pronto el camino Valencia-Irún-Burdeos-Paris se hizo habitual en su vida. Tan habitual que cuando en 1936 estalla la Guerra Civil convertirá esa realidad temporal en permanente y se autoexiliará en Burdeos. Digo autoexilio porque, aunque Díaz simpatizaba con la causa republicana, no era militante. Decidió irse por sí mismo dado que económicamente se podía dar ese lujo. Eso facilitará que cuando quiera hacer el viaje de vuelta y cruzar la frontera y retornar a España en 1942 no tenga ningún tipo de problema para hacerlo.

Mas no adelantemos acontecimientos.

Dicen que un periodista francés lo reconoció y lo puso en contacto con la directiva del Girondins de Burdeos. Otros dicen que fue el propio Benito el que se dirigió a la sede del Girondins a buscar trabajo. Sea como fuese, el caso es que, tras ocho años alejado del fútbol, a Benito Díaz le ofrecieron el puesto de técnico del Girondins. Entonces el conjunto bordelés militaba en la tercera categoría del fútbol galo. Consiguió subir al equipo a Segunda en 1937 y dos años más tarde estaba en la Ligue 1. Díaz haría al conjunto bordelés campeón de Copa en 1941. Fue un campeonato sin brillo, dado que Francia era rehén de los nazis. Había una parte ocupada y una parte mal llamada libre, y los conjuntos del norte del país no compitieron. No obstante, el Girondins había pasado de ser un equipo amateur a establecerse como uno de los grandes de Francia. Pero la cosa iba de mal en peor, así que en 1942 Benito vuelve a San Sebastián, y no para exportar naranjas, sino para ser nuevo técnico de la Real Sociedad.

Benito inicia su segunda etapa en la Real con una innovación táctica debajo del brazo. Entonces la táctica común en todos los equipos era la WM creada por Herbert Chapman en la década de 1920. El 3-2-5 sobre el papel era en realidad un 3-2-2-3 en el que la importancia de los extremos era crucial y el balón largo en diagonal desde la defensa hasta el ataque un arma de primerísimo nivel. Pero en Francia había un técnico suizo llamado Karl Rappan que había diseñado un sistema que se conoció como cerrojo y que pasaría con notable éxito a Italia donde fue exprimido al máximo bajo el nombre de catenaccio. El sistema de Rappan sacaba a un pivote del centro del campo para colocarlo en la línea defensiva y ejercer la marca individual ante el delantero rival. El 3-2-5 se convierte en un 4-2-4 en fase ofensiva (dando lugar al nacimiento de los laterales) y al 4-4-2 en fase defensiva. Distintas evoluciones a lo largo de las décadas llevarían al catenaccio a acumular cinco defensores, pero, lo fundamental del asunto, es que a partir de entonces coexistirán dos formas de entender los partidos; la búsqueda del triunfo a través del ataque y del gol (la genuina) y otra a través de la defensa y el evitar encajar un gol (la nueva).

Estaba entonces la Real Sociedad en Segunda División y Benito Díaz decide apostar por el cerrojo como táctica innovadora. Le va bien. La Real sube a Primera, pero es tildado de técnico defensivo. A los jugadores no les importa. Están enamorados de sus métodos. Eduardo Chillida, entonces portero y después celebre escultor, se presentará a una prueba para entrar en la Real con traje y corbata por orden de Díaz. Tendrá que atajar varios disparos de semejante guisa ante el barro del área chica de Atocha. Una vez visto el poco interés de Chillida en mantenerse limpio y elegante, Benito Díaz dará su OK para incorporarlo a la disciplina de la Real.

La Real 2.0 llegó a otra final de Copa, aunque tocó volver a perder en el partido por el título nuevamente contra el FC Barcelona. Los éxitos de Benito Díaz no pasan por alto y vuelve a ser requerido por la Federación Española de Fútbol para ser entrenador nacional dos décadas después de su primera experiencia. Por entonces había dos cargos. Muñoz Calero, militar y presidente de la FEF, tenía la potestad de escoger un seleccionador y un entrenador. El primero decidía que jugadores iban al Mundial y concluía quienes eran los once elegidos en cada partido. Ese hombre, el seleccionador, era quien pasaría a la posteridad tanto en el triunfo como en la derrota. El entrenador era el que diseñaba la táctica y establecía las rutinas de entrenamiento. A ojos del gran público eran un Don Nadie.

El seleccionador nacional en 1948 escogido con la obligatoriedad de clasificar a España para el Mundial de Brasil en 1950 era Guillermo Eizaguirre. Además de exfutbolista (un excelente portero habitual suplente de Ricardo Zamora con la selección española), Eizaguirre era un voluntario de la Legión, hijo de juez y nieto de militar de alto rango. Contaba con heridas de guerra y portaba tres medallas ganadas durante la Guerra Civil. En Brasil sería el encargado de dar discurso, repartir elogios y salir bien guapo en las fotos con sus sombreros de ala ancha.

El entrenador era un vasco achaparradito que respondía al nombre de Benito Díaz. Siempre vestido de chándal y con txapela sobre la sien, Díaz obligó a que cada seleccionado se leyese un informe diario de 18 páginas sobre los rivales de España en el Mundial, prohibió el alcohol y la presencia de hermosas brasileñas en el hotel de concentración y fue el primero en obligar a que la ropa de entrenamiento fuera uniforme e igual para todos los futbolistas. El genio táctico de Díaz había llevado a España a las victorias en Paris ante Francia (1-5) y en Dublín ante Irlanda (1-4) en la fase clasificatoria.

En el Mundial la selección española alcanzó su cénit tras ganar a Inglaterra (0-1) con el famosísimo tanto de Telmo Zarra y obtener el cuarto puesto en el Mundial. En la foto de la victoria ante la pérfida Albión estaba Eizaguirre, pero no Díaz. Benito volvió de América sin el reconocimiento merecido y fichó por el Atlético de Madrid. La aventura por la capital de España concluyó en 1954 con un infarto que le obligó a dejar los banquillos por recomendación de su médico y obligación de su esposa.

España 1950

Tras unos años de reposo en 1960, con el beneplácito de la FEF, Benito Díaz puso en marcha la primera escuela de entrenadores del país. Donde antes un ex futbolista se sentaba en el banquillo para escoger a once futbolistas y animarlos en su búsqueda del triunfo, Díaz ofrecía unas clases de táctica, organización y entrenamiento que se tornaban en novedosas en España.

Desde su oficina madrileña Díaz fue el primer teórico reconocido de los banquillos españoles hasta que entrada la década de 1970 decidió dar un paso atrás y dejar que sabia nueva hiciese buenas sus enseñanzas. Entonces volvió a su querida San Sebastián y se convirtió en asiduo del palco del campo de Atocha donde disfrutó con la época dorada de su Real y sus títulos en los 80 gracias a Arconada, Satrústegui y compañía bajo la dirección técnica de Alberto Ormaetxea. Benito Díaz murió en 1990, a los 92 años de edad, y su legado permanece en la fenomenal escuela vasca de entrenadores que él inicio y que continuaron Maguregui, Ormaetxea, Clemente, Rojo, Azkargorta, Irureta, Mané, Lotina, Emery, Valverde, Imanol Alguacil, Arteta, Mendilibar, Arrasate, Arteta o Xabi Alonso.

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¡Scheiberlspiel! (el nacimiento del Wunderteam)

En 1926 Matthias Sindelar debutó con la selección austriaca de fútbol. Contaba con 23 años. Era un atacante ligero, técnico, goleador y con una facilidad pasmosa para jugar al primer toque. Sus pases y su facilidad para escabullirse de pobladas defensas gracias a su regate pronto le valieron el sobrenombre de Der Papierene (El Hombre de Papel). Su fama entre sus contemporáneos fue inmensa, solo igualada en Europa por Giuseppe Meazza y Ricardo Zamora. Su legado y su leyenda es mucho más extraordinaria que la del delantero lombardo y el guardameta catalán. Sindelar se negó a jugar con la selección alemana cuando los nazis se anexionaron Austria en 1938. Su muerte, ocurrida meses después tras un escape de gas en su domicilio, lo convirtió en mito y aun no se sabe a ciencia cierta si aquello fue un suicidio o un asesinato.

El técnico que le dio la alternativa era Hugo Meisl. Se le podría llamar más bien director técnico. Entonces el seleccionador elegía a los jugadores y establecía la técnica de juego, pero nunca ejercían como preparadores físicos. Meisl es una figura esencial en la expansión del fútbol por Europa y compartía con Sindelar su credo en el judaísmo. A Meisl no le daría tiempo a experimentar con los horrores del nazismo porque moriría en 1937 víctima de un paro cardíaco a los 55 años.

Matthias Sindelar

Sindelar contribuyó con un gol a la victoria de Austria en su primer partido internacional. Volvería a hacer lo mismo en los siguientes encuentros y su buen hacer llamó la atención incluso del entonces indiscutible y sagrado fútbol inglés. El Arsenal llegó a ofrecer un contrato que Sindelar rechazó. Por aquel entonces irse a jugar al extranjero te imposibilitaba defender a tu selección nacional.

Pero el caso es que Sindelar fue desapareciendo de las alineaciones de Meisl cual Guadiana. El motivo era simple. Del mismo modo que Sindelar era un faro en el ambiente ofensivo también era un lastre en el aspecto defensivo. Ocurría que Austria acumulaba varios futbolistas de gran talento ofensivo y Meisl consideraba que necesitaba un equilibrio para evitar que el equipo se partiese en dos. Así Sindelar salía frecuentemente de la alineación en favor de Fritz Gschweidl, otro interior y mediapunta de enorme talento, pero mucho más trabajador. Si Sindelar acabaría su carrera con 43 internacionalidades y 27 goles, Gschweidl lo haría con 44 internacionalidades y 12 goles.

La idea de Meisl parecía acertada, sin embargo, el equipo no carburaba. Austria alternaba victorias con derrotas y lo peor para Sindelar es que las últimas eran más numerosas cuando estaba él en el once inicial. Y en esas estábamos cuando llegó el 6 de enero de 1929. Nüremberg. Alemania contra Austria. Era un amistoso, pero entonces los amigables no eran lo que soy hoy. Eran pura competición. Prácticamente no había torneos internacionales y el número de encuentros disputados al año eran simbólicos. Un duelo entre selecciones entonces era todo un acontecimiento. Hugo Meisl alineó el clásico 2-3-5 de la época usando como sus cinco hombres de ataque a Leopold Danis, Matthias Sindelar, Friedrich Gschweidl, Karl Schilling y Anton Pillwein. Era únicamente la segunda vez que Sindelar y Gschweidl coincidían en el once inicial. La otra vez había sido apenas dos meses antes con victoria austriaca en Viena ante Suiza (2-0).

El rival estaba formado únicamente por jugadores del sur de Alemania. En todo caso la mayoría de los futbolistas germanos de más clase procedían de Baviera. Hacía frío. Mucho frío. Los 20.000 espectadores que abarrotaban el estadio de Nüremberg asistieron a un partido en el que Alemania pasó por encima de Austria. El preciosista juego austriaco nada podía hacer en un césped totalmente helado. Los jugadores apenas podían correr y los resbalones eran continuos. Austria insistía en el juego de toque y Alemania decidió buscar el juego directo. Al descanso el marcador era 0-0. Ocurre que en el segundo tiempo los alemanes apretaron y su mayor fondo físico destrozó a los austriacos. En media hora, entre el minuto 60 y el final del encuentro, anotaron cinco goles. Alemania 5-0 Austria. Hoy puede parecer normal, entonces era una sorpresa morrocotuda. El fútbol austriaco estaba muy por encima del germano. Nunca antes y nunca después en sus cerca de dos décadas como seleccionador sufrió Meisl derrota semejante a los mandos de Austria.

Hugo Meisl

Las consecuencias de la catástrofe no se hicieron esperar. Había un largo viaje de vuelta en tren a Viena. Quince horas para afrontar 500 kilómetros. Hugo Meisl, furioso y herido, despotricó contra sus jugadores. Había claudicado. Había aceptado jugar con sus dos iconos ofensivos a sabiendas de que el equipo sestearía en sus funciones defensivas. Lo había confiado todo al Scheiberlspiel.

¿Qué es el Scheiberlspiel?

El Scheiberlspiel es ingenio, alegría, naturalidad y facilidad. Scheiberlspiel es Jogo bonito. Scheiberlspiel es Fútbol total. Scheiberlspiel es Tiki-taka. Scheiberlspiel no es más que una corriente futbolística que aboga por la posesión del balón y por el juego de ataque para ganar los partidos. Si hay que escoger entre defender o atacar para lograr la victoria se debe escoger siempre atacar sin tener en cuenta el rival ni el escenario.

Y Meisl no creía en el Scheiberlspiel. Al menos no en una versión tan radical. Más práctico que idealista, Meisl estaba dispuesto a abandonar el juego de pases y volver al juego directo típicamente inglés. Por entonces ya era tendencia el 3-2-5 de Herbert Chapman en el Arsenal. La modificación táctica defensiva imperante en el fútbol. Pase largo hacia el extremo, control al primer toque y carrera hasta la línea de fondo para el remate de cabeza al delantero centro. En aquel largo y tedioso viaje en tren Meisl seguía criticando el Scheiberlspiel, mientras los jugadores callaban y negaban con la cabeza. Alguno respondía a los argumentos de Meisl negando la mayor, a lo que el seleccionador volvía erre que erre. La discusión se alargó durante horas con la participación silenciosa de los periodistas que compartían vagón con la expedición.

Así pues, en cierto momento dado, tras horas de discusión, el siempre callado Matthias Sindelar se levantó de su asiento y se puso cara a cara con Meisl. Primero habló uno y luego replicó el otro. Ocurrió entonces que Sindelar explotó y soltó por su boca la frase que cambiaría el fútbol austriaco para siempre:

“¿Sabe usted por qué no hemos ganado hoy? ¡No hemos hecho suficiente Scheiberlspiel! ¡Deberíamos haber hecho más Scheiberlspiel!”

Aquella bomba, aquel obús lanzado por la estrella del equipo al seleccionador, silenció el resto del viaje. Si lo que antes había sido un cruce de ideas ahora era simple y llanamente un motín a bordo. Una taxativa negativa a todo lo que Meisl defendía. Sindelar cambiaba la apuesta. No había problemas defensivos, sino ofensivos. SIndelar pedía más juego de ataque. Y lo hacía delante del padre del fútbol austriaco.

Nunca más Sindelar volvería a jugar en la selección.

Austria. Años 30

Así entonces Friedrich Gschweidl se consolidó como referente austriaco mientras que Sindelar era enviado al ostracismo. El juego se hizo más precavido y monótono. Dicho proceso no hubiese sido un problema si los resultados acompañasen. Ocurrió que no fue el caso. En los siguientes dos años el balance de la selección austriaca fue más bien discreto, por lo que las críticas no hicieron más que arreciar. Todo explotó tras caer en Milán ante Italia y no pasar de un aburridísimo empate sin goles en casa ante Hungría.

Era mayo de 1931. Dos años y cinco meses después del incidente en el tren volviendo de Nüremberg. Por entonces Meisl y otros miembros de la Federación solían reunirse con varios periodistas alrededor de las mesas de mármol del espectacular Ring-Café, en el centro de Viena. Eran tiempos donde los prohombres del fútbol compartían ideas y discutían sobre el porvenir del nuevo deporte. Era una mesa redonda bien provista de café cargado, exquisita educación y dosis y dosis de críticas a base de retranca. Meisl era muy básico en lo táctico y aquello exasperaba a los periodistas que insistían una y otra vez con la vuelta de Sindelar.

Había que jugar contra Escocia en Viena el 16 de mayo, un auténtico honor. El simple hecho de que los escoceses hubiesen aceptado desplazarse hasta Austria era inaudito. Por entonces cualquier selección británica era considerada superior. La insistencia a Meisl para que hiciese cambios fue tal que un par de días antes del partido el seleccionador llegó tarde al Ring-Café a propósito. Hugo Meisl esperó a que todos los asistentes a la tertulia estuviesen sentados, abrió la puerta del recinto, se dirigió a la mesa y lanzó una hoja arrugada delante de uno de los periodistas.

“¡Aquí tenéis vuestro Scheiberlspiel!”.

Tras lo cual abandonó el Ring-Café y se marchó a su casa.

Aquel papel contenía la alineación del partido contra Escocia. Jugaría Sindelar. También Gschweidl. El once sería el siguiente: Hiden; Schramseis, Blum; Mock, Smistik, Gall; Zischek, Gschweidl, Sindelar, Schall y Horvath. Era el Wunderteam. El equipo maravilla. Uno de los equipos más legendarios de la historia del fútbol.

Por cierto. Aquella alineación nunca se filtró. Pasarían muchos años antes de que se desvelara lo que pasó en el Ring-Café. Otros tiempos. Otros códigos de honor. Otros periodistas. Y otros deportistas.

Aquel 16 de mayo en el estadio Howe Warte de Viena vio una rotunda y espectacular victoria de Austria ante Escocia por un clarísimo 5-0. Los pases cortos, las triangulaciones y el gusto por el espectáculo hicieron las delicias de los aficionados. Sindelar fue escogido el mejor jugador del partido y la prensa británica se deshizo en elogios al fútbol desplegado por Der Papierene.

En los siguientes 16 partidos internacionales (dos años) Austria desplegó el fútbol más atractivo del mundo. Venció a Alemania por 0-6 a domicilio, por 8-2 a Hungría en casa y también venció por 0-4 a Francia en París o a Suiza por 1-8. No solo eran las victorias, era el estilo de fútbol. Era el Wunderteam. Un equipo que llenó páginas y páginas de revistas y periódicos de medio mundo. La racha se cortó en 1933 en una honorable derrota en Inglaterra por 4-3. En todo caso Austria partía como favorita para ganar el Mundial de 1934. Sin embargo, Italia, que ejercía de anfitriona, venció por 1-0 a Austria en semifinales a pesar de que el dominio y el control del partido fue íntegramente austriaco.

Aquello fue el fin del Wunderteam, que aun daría unos cuantos coletazos brillantes antes de que en 1938 Alemania se anexionase Austria y la selección despareciese al integrarse con la de la Alemania nazi. El Scheiberlspiel había muerto, aunque su legado permanecería en el recuerdo. El Wunderteam fue el primer equipo perdedor que trascendió en la historia. La Hungría de Sebes y Puskás o la Holanda de Michels y Cruyff beben de las ideas y de las discusiones entre Meisl y Sindelar. Del precavido técnico y del fantástico mediapunta.

Wunderteam. Mundial 1934

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Gerardo Coque y las 200.000 pesetas de Lola Flores

Los cronistas de nuestro tiempo han sido los grupos musicales. Los jóvenes de los 60 se rebelaron ante un destino que los obligaba a llevar botas y fusil en una mano o mandilón y espátula en caso de cambiar el par de huevos por el de ovarios. Cine, deporte y música. Eso cambió el mundo y dio a los jóvenes un poder que jamás habían tenido en la historia. Hasta entonces se había valorado más la experiencia y la sabiduría de la vejez. De esos ítems la música era el más transgresor de los tres. Creadores de una banda sonora de ágil pavoneo e insolencia sexual interpretada por los riffs de las guitarras, primero el pop y luego el rock, aquellos acordes rompieron con todo lo establecido. Esas canciones personificaban la rebelión, el cinismo y las promesas de toda una generación. The Beatles y The Rolling Stones fueron los buques insignia de una realidad que explotó y vino para quedarse, al menos en Occidente. Músicos de talento, de orígenes oscuros, que se enriquecían con la venta de millones de discos y tocaban en estadios llenos. Volaban por todo el globo en aviones adaptados a sus caprichos y acompañados de séquitos propios de amantes, cortesanas y con tráfico de drogas. Desde entonces han avanzado en la cumbre del prestigio social compartiéndola con las estrellas de cine y los deportistas. Donde antes los ricos eran gordos y fumaban puros ahora visten vaqueros y comen quinoa. En la era del consumo de masas occidental son cantantes, actores y deportistas los que tiene un prestigio comparable al que antes tenían príncipes, papas y cortesanos.

Y en España.

En España teníamos a Lola Flores.

La posguerra es oscurísima en España. Para salir del tedio y del hambre hay folklóricas. No es nada que haya inventado Franco. Las estrellas del canto en la afamada II República también eran folklóricas. Entre ellas estaba Lola Flores. Una fuerza de la naturaleza. Una artista de la que decían que ni cantaba ni bailaba, pero que cantaba y bailaba de una forma nunca antes conocida. No es sólo su arte. Es su personalidad. Dirige su propia compañía, negocia sus contratos, se niega a casarse, habla abiertamente de tener sexo con hombres casados mientras se declara una escrupulosa ama de casa, triunfa en Broadway, rechaza Hollywood para quedarse en España, viste provocativamente y se casa con un gitano siendo ella paya.

Reinaba en el escenario y en su vida. Por eso era La Faraona. Lola Flores era el Mick Jagger español. Cuando la Transición ya cogió a Lola en el declive de su vida, época donde las folklóricas pasarían a ser rancias, le dio exactamente igual. Conquistó a una nueva generación a través del brillo de sus ojos. Habló de drogas, de alcohol, de malos tratos, del aborto, del dinero y hasta de cáncer cuando era más tabú que todo lo anterior citado. Se convirtió en icono femenino y LGTBI. Una estampa cultural indomable. La Lola de España.

La Faraona

Novios enamorados, amantes por necesidad o flechazos cargados de sexo. De los tres tipos tuvo Lola. Las páginas de papel cuché hablan de ellos. En lo que a nosotros nos afecta consideramos dos.

A la vuelta de una gira por América Lola Flores le echó un ojo a un futbolista del FC Barcelona. Se trataba de Gustavo Biosca y no era un cualquiera. Titular en el centro del zaga durante una década, Biosca forma parte del llamado Barça de las Cinco Copas junto a Ramallets, Kubala, César o Basora. Se dice incluso que Santiago Bernabéu lo había convencido para firmar por el Real Madrid, pero el padre de Biosca, acérrimo culé, amenazó con no volver a dirigirle la palabra si dejaba Barcelona.

El caso es que Biosca tenía novia formal. Pero La Faraona era mucha faraona. Comienzan una relación secreta en la que se ven a escondidas en restaurantes y quedan para fornicar en hoteles. Si Lola tiene un brillo especial en los ojos, los profundos ojillos verdes de Biosca no dejan indiferente a nadie. Lo pasan bien, hasta tal punto que Lola adapta el calendario de sus giras para adecuarse a los compromisos de Biosca tanto en el Barça como con la selección española. Fue célebre una noche en la concentración de la selección, en la que Biosca recibió la visita de Lola e invitó a dos compañeros a espiar desde el balcón de la estancia a través de la persiana entrecerrada. Biosca les había dicho que la Lola le bailaba desnuda y ellos no le creían.

El sexo continúa durante unos meses, pero Gustavo tiene remordimientos. No puede dejar de pensar en su novia de siempre. Además, la vida de tablaos, juerga y alcohol que le impone Lola le está afectando a su carrera profesional y decide parar la relación con la folklórica. Lola Flores monta en cólera y decide pasar al ataque.

Biosca

Antes de dar su brazo a torcer y aceptar lo inevitable, Lola decide darle celos a Biosca con otro futbolista. Lo que en un principio es una simple canita al aire se convertirá en toda una relación. Una relación que escandalizará a media España y que acabará con la carrera de Gerardo Coque.

Y es que Gerardo Coque es el nombre del segundo amor futbolero de La Faraona.

Interior derecho, Gerardo Coque logro ascender con el Real Valladolid de Tercera a Primera en dos años y disputar una final de Copa ante el Athletic de Zarra y Gainza. Aunque perdió, Coque marcó en la final. Aquel Valladolid llegó a contar con siete internacionales en sus filas. No era de extrañar pues que en 1953 Gerardo Coque fichase por el Atlético de Madrid a cambio de 6.000 euros, la cifra más alta pagada hasta el momento por un futbolista de nacionalidad española (el pase de Di Stéfano al Madrid en esa misma temporada costó en torno a 8.300 euros al cambio). El Atlético firmaba a un interior de ida y vuelta, de buena técnica y muy bueno en el juego aéreo.

En la temporada 1953-54 Coque tiene un buen desempeño con el Atlético. Son 24 partidos de Liga (se jugaban 30) y anota siete goles. En la siguiente campaña son siete encuentros y la temporada 1955-56 la pasa en blanco. ¿Qué había pasado?

El huracán Lola es lo que había pasado.

Coque fue presa fácil. Estaba prometido con su novia de Valladolid (hermana del también jugador vallisoletano y luego ganador de cinco Copas de Europa con el Real Madrid Rafael Lesmes), pero retrasó la boda y entró en el torbellino de la vida de Lola Flores. No se recataban. Se les veía de noche en los cabarets de moda y más tarde en las ventas de los alrededores, donde apuraban la noche entre humo, finitos, jamón y zapateados. Coque tenía 25 años, pero no hay juventud que pueda hacer compatible esa vida con la del deportista de alto nivel.

La prensa entonces no hablaba abiertamente del tema y la cosa parece que se enfrió. Lola se fue a hacer una gira a América y regresó con un novio panameño. Biosca ya era parte del pasado y Coque pasó por la vicaría para vivir con su sufrida novia, quien fue capaz de perdonar su infidelidad. Todo iba bien, hasta que, a finales de 1954, Lola manda al negro de vuelta a Panamá y le pega un telefonazo a Gerardo. Coque no es capaz de resistir el tracatrá de Lola y reanuda el carrusel de juergas. Su mujer, antes sufrida novia, decide volver a Valladolid con sus padres y dejarlo sólo en Madrid.

Comenzó a faltar a los entrenamientos y el asunto tomó carácter público cuando el Atlético comience a expedientarlo por sus constantes ausencias. La prensa, con el recato que la época marcaba, comienza a hacerse eco del escándalo y los compañeros de Coque se movían entre los que le pedían que volviese con su mujer y los que se ponían los dientes largos escuchando las hazañas sexuales de la Lola.

Todo reventó el 26 de diciembre de 1954. Ese día se estrenaba nueva película de Lola Flores y el Atlético jugaba en casa contra la UD Las Palmas. Hubo empate a dos tantos y Coque marcó uno de ellos, pero ni así acalló las críticas. En la segunda mitad Coque apenas pudo enganchar un par de carreras y cada dos por tres ponía brazos en jarra buscando algo de oxígeno. La pitada del Metropolitano fue de las de época.

Fue la última vez que se le vio.

Lola Flores se fue a su enésima gira. A América. Allí estaría también Coque. Para justificarlo se convirtió en productor ficticio y como tal aparecía en las fotos junto a Lola Flores. El Atlético le denunció ante la Federación Española y el juzgado por incumplimiento de contrato. Cuando lo supo, Lola Flores envió de su pecunio al Atlético 50.000 pesetas, como pago de una parte de la ficha.

No era suficiente. Coque no volvería a pisar un rectángulo de juego en el siguiente año. Se enfrentaba también a una denuncia de su mujer por abandono del hogar. Una noche la policía fue a buscarle a casa de Lola, y allí le encontró escondido. La cosa no fue a mayores porque entonces no era lo mismo una denuncia de una esposa cornuda que la de un esposo cornudo.

Fue tal el encaprichamiento de Lola que preguntó a Coque cuál era su sueldo en el Atlético de Madrid. El montante sumaba 200.000 pesetas (1.300 euros anuales). Para hacernos una idea volvamos a la comparación con Di Stéfano. El as blanco ganaba entonces 4.000 euros al año, aunque al final de su carrera rondará los 25.000 (unos 200 salarios mínimos de entonces, mientras que los Mbappé de la actualidad cobran unos 15 millones de salarios mínimos). Así pues, la Lola, que nadaba en millones, se plantó en las oficinas del Atlético de Madrid con 200.000 pesetas en un sobre cerrado.

“Les compro el contrato de Coque. El Coque sólo tiene que meter goles aquí”.

Dejamos que el lector saque sus propias conclusiones sobre donde es el aquí.

El aquí de Lola.

Gerardo Coque

Pasan los meses y caminamos rumbo a 1957. Entre idas y venidas, celos y broncas, Lola se enamora perdidamente de un guitarrista gitano de nombre Antonio González y apodado El Pescadilla. Con el tiempo será el marido de Lola y padre de sus tres hijos. Así que Coque pasa a ser agua pasada. Con el rabo entre las piernas vuelve a casa y recibe el increíble perdón de su mujer (qué tiempos aquellos). Pero para obtener el perdón del fútbol es ya muy tarde. Da entrevistas en los medios esgrimiendo lesiones inexistentes para explicar sus ausencias en los campos de fútbol.

Tiene 29 años y es tarde. Muy tarde. Vuelve al Real Valladolid en Segunda y luego ficha por el Racing de Santander. Su rendimiento varía entre aceptable y mediocre. Mientras recuperaba la forma, le había alcanzado el tiempo. Remató su carrera en 1962 en la Cultural Leonesa. Sólo fue una vez internacional y apenas disputó un manojo de partidos de calidad con el Atlético, aunque dejó cientos y miles de anécdotas picantes que contar en los vestuarios y en los campos de media España.

Lola Flores escribió sus memorias. De poco se arrepintió La Faraona. Pero entre lo poco estaba Gerardo Coque. Confesó que lo había usado y que nunca había estado enamorado de él, aunque era consciente de que Coque sí que lo estaba.

“¿Sabes por qué yo siempre estoy guapa? Porque el brillo de los ojos no se opera.” Lola Flores.

Otras historias del fútbol español de los 50

Ben Barek (el marroquí que hizo historia en el Atlético de Madrid)

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (la coronación definitiva de la epopeya blanca)

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Cuando Heung-min Son se libró de hacer la mili

Contaba 16 años cuando Heung-min hizo las maletas y cruzó medio mundo para irse a vivir a Hamburgo. No fue casual la elección. Desde que tenía 12 años todo lo que veía a través de la televisión era en alemán. Sabía que la Bundesliga era la puerta tradicional de entrada de los futbolistas asiáticos a Europa y él lo que quería era ser futbolista profesional. No fue pues extraño que aquel coreano sobresaliese de inmediato. A pesar de estar a más de 8.000 kilómetros de casa y de proceder de una cultura tan diferente, con 18 años Heung-min ya tenía un puesto asegurado en todo un campeón europeo como el Hamburgo SV.

Heung-min Son era uno de los excelentes frutos cosechados en Corea del Sur por una apuesta decidida por el fútbol. En la década de los 90, una vez conocido que Corea sería sede del Mundial 2002, ingentes sumas de dinero invertidas en escuelas, campos de entrenamiento y técnicos extranjeros harán alumbrar una excelente cantera de jugadores. Son es uno de ellos. Tras fichar por el Bayer Leverkusen, en 2015 firma por el Tottenham Hotspur donde se ha convertido en un mito y donde incluso ha logrado ser el máximo goleador de la todopoderosa Premier League.

Y pudo no haber sido así.

Corea del Sur es un país en guerra. Entre 1950 y 1953 más de tres millones de personas perecieron en una guerra que se cerró en falso. Históricamente Corea sólo había conocido dos realidades; unida u ocupada. Lo de la ocupación principalmente fue cosa de los japoneses, quienes forzosamente hubieron de retirarse tras el fin de la II Guerra Mundial. La península coreana fue liberada por los comunistas en su mitad norte y por los estadounidenses en su mitad sur. La separación se daba en el paralelo 38. La guerra no resolvió el dilema y nadie quería usar armas nucleares (¿les suena Ucrania?). Así que se firmó un armisticio, nunca la paz.

Por eso Corea sigue en guerra. En el norte se encuentra el país más hermético del mundo, una paranoica dictadura comunista donde el Estado incluso controla el peinado que debe llevar la población. En el sur un país que se entregó al capitalismo sin escrúpulos con una dictadura conservadora hasta que en 1987 se permitieron elecciones libres. Desde entonces, ese capitalismo agresivo ha sido regulado (nunca controlado) y Corea del Sur se ha convertido en una democracia ejemplar (con jornadas laborales de 50 horas) y en la vanguardia tecnológica.

Pero Corea sigue en guerra. De vez en cuando hay escaramuzas en el paralelo 38. Un avión sobrevuela territorio enemigo o un barco nuclear hace maniobras sospechosas. Los jóvenes surcoreanos no quieren saber nada de ello. Se han entregado a los tiktokers, a los deportistas de élite, a los cantantes de K-Pop y a los actores de cine. Lo mismo que han hecho los del resto del mundo. En la otra Corea se supone que también quieren. El caso es que no les dejan.

Los chicos surcoreanos no sólo quieren imitar a sus ídolos por la fama o el dinero. No. Hay algo más. Una prebenda de ser famoso es poder evitar el servicio militar. En Corea del Sur es obligatorio realizar un servicio militar de 21 meses en todos aquellos mayores de edad. Por motivos de estudios o de trabajo se puede postergar hasta los 28 años. De no presentarse antes de esa fecha al objetor se le retira la nacionalidad y puede ser expulsado del país. Tan sólo las personas que acrediten que gracias a su trabajo “mejoren el estatus cultural del país o impulsen su economía” están exentas del servicio militar. Y aún en estos casos son mirados con suspicacia por sus compatriotas, por lo que es habitual que muchos de ellos accedan a cumplir con una mili reducida de unas semanas y adecuada a su fama para no sufrir represalias sociales. Incluso el cantante del grupo BTS, los cuales llegaron a ser número 1 en Estados Unidos, fue duramente criticado en Corea al no haber vestido ni un solo día el uniforme militar.

Heung-min Son

El fútbol siempre fue un deporte con enorme aceptación en Corea. Corea del Sur acudió en 1954 al Mundial tras derrotar a Japón. Los dos partidos clasificatorios se disputaron en suelo nipón dado que la junta militar coreana se negó a que la bandera japonesa penetrase en territorio coreano. En 1966 Corea del Norte llegó a cuartos del Mundial tras eliminar en fase de grupos a Italia. Hasta 1978 no se enfrentaron las dos Coreas y, por supuesto, en ciudad neutral. Por entonces el nivel era parejo, hasta que en 1984 Corea del Sur creó una liga profesional. Luego vinieron los 90 y el Mundial 2002 y el nivel de los surcoreanos se disparó por completo.

Dado que durante dos años los futbolistas debían cumplir, al igual que cualquier hijo de vecino, con el servicio militar, el gran problema de los clubes de fútbol era tener que pagarle la ficha a un deportista inhábil durante más de veinte meses. Se creó entonces el Sangmu FC. Traducido. Club Atlético de las Fuerzas Armadas Coreanas. Todo jugador en servicio militar jugaría cedido en el Sangmu FC (o en su segundo equipo si el futbolista en cuestión no daba el nivel) mientras fuesen reclutas a cambio de un modestísimo sueldo. Al ser un club de paso y poder contar únicamente con futbolistas cedidos, al Sangmu FC no se le permiten disputar competiciones internacionales independientemente de sus éxitos en clave nacional.

Los afortunados residen durante esos veinte meses en unas instalaciones deportivas. Y digo bien los afortunados, porque los que no tienen suficiente nivel futbolístico acabaran acuartelados limpiando letrinas. Aunque no es obligatorio, la tradición dictamina que aquel que meta un gol vistiendo los colores del Sangmu FC debe hacer el saludo militar. Así lo hizo Keun-ho Lee. Elegido mejor jugador de la Champions League asiática en 2013 no tenía el nivel suficiente para destacar en Europa, por lo que ante la perspectiva de un futuro incierto decidió quedarse en Corea y hacer el servicio militar jugando en el Sangmu FC. Cuando le marcó un gol a Rusia durante el Mundial 2014 lo celebró, como no podía ser de otra forma, con la mano derecha abierta hacia la sien.

La perspectiva no es mala. No obstante, es insuficiente para los grandes jugadores. El primero de ellos, Cha Bum-kun, hubo de pasar tres años de servicio militar. Eran finales de los 70. Para quien no sepa quién es hablamos del primer jugador coreano y asiático con carrera europea. Goleador de potente disparo, ganó la Copa de la UEFA con el Eintracht de Frankfurt en 1980 y con el Bayer Leverkusen en 1988 en una increíble final ante el RCD Espanyol. Eran otros tiempos. Park Ji-Sung pasó por PSV Eindhoven y Manchester United a inicio del siglo XXI. Ganó títulos y millones. Muchos títulos y muchos millones y por nada del mundo iba a volver a Corea a realizar el servicio militar. No hizo falta. En 2002 Corea del Sur alcanzó las semifinales del Mundial. Fue librado de sus obligaciones por “mejorar el estatus cultural del país”. Ni siquiera se dignó en acudir unas semanas al cuartel para cumplir con lo mínimo. Directamente decidió pasar de todo.

Y en esas estaba Son Heung-min. El mejor jugador coreano de todos los tiempos y quizás también de toda Asia, no en vano es el único triple ganador del Balón de Oro asiático. Con esas credenciales parece imposible que Son Heung-min no se pudiese librar del reclutamiento. Pues no fue así. Son enfilaba los 28 años sin perspectiva alguna de no tener que dejar su maravillosa vida en Londres y volver a Corea para jugar temporada y media con el equipo del ejército coreano.

Y es que Son nunca había ganado nada.

En 2011 Corea del Sur con un joven Son Heung-min obtuvo el tercer puesto en la Copa de Asia. Insuficiente. Para 2014 Son jugó su primer Mundial. Clasificarse para octavos podría significar un pasaporte para librarse del servicio militar. No lo consiguieron. Corea quedó eliminada en fase de grupos superada por Argelia o Rusia, algo que no entraba en los planes de los asiáticos. En 2015 Son lo volvió a intentar en la Copa de Asia, pero Corea perdió la final ante Australia.

Enfilaba Son Heung-min el Mundial 2018 como la última oportunidad para lograr un puesto meritorio con su selección y evitar el reclutamiento. Son hizo un Mundial extraordinario. Marcó dos goles en tres encuentros y guio a Corea en una histórica victoria ante Alemania. Fue en vano. Corea cayó ante Suecia y frente a México y quedo eliminada, nuevamente, en primera ronda. Estaba perdido. Y se agarró un clavo ardiendo.

En 2018 también se celebraban los Juegos Asiáticos. Una competición menor para una estrella como Son. Pero en 2014 los coreanos que ganaron la medalla de bronce en la competición futbolística fueron exentos de realizar el servicio militar. Son, quien no estaba convocado, pidió públicamente acudir a los Juegos. Si el Mundial había finalizado en julio los Juegos Asiáticos terminarían el primer día de septiembre. Una auténtica locura. Son pidió entre lágrimas a la Federación Coreana ser aceptado. Lo logró. Luego tuvo que convencer al Tottenham. Ahí lo tuvo fácil. Para el club inglés era mejor perder a Son durante un mes que estar sin él durante casi dos años.

Son jugó aquel torneo como le fuese la vida en ello. En la final Corea del Sur se enfrentó a Japón. El partido fue dominado por los nipones, pero se llegó a la prórroga sin ningún gol en el marcador. En la prórroga Corea logró dos goles, ambos gracias a asistencias de Son. Lograría Japón acortar distancias a falta de cinco minutos para el final, pero no se consumó la remontada y Corea del Sur consiguió la medalla de oro.

Heung-min Son lloraba de alegría. No tanto por el triunfo sino por librarse del reclutamiento.

Lágrimas de alegría

A inicios del 2020, aprovechando la pandemia del coronavirus, Son decidió realizar el servicio militar de cinco semanas reservado para aquellos que mejoran el estatus cultural del país. Son acabaría recibiendo una condecoración por su puntería, después de hacer el ejercicio práctico de disparo sin un solo fallo y siendo el mejor de su promoción. Al parecer su destreza con el balón era igual de digna que la que demostró con la bayoneta, el fusil o el combate individual.

Otras historias del fútbol asiático

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (la eliminación de Italia ante Corea en el Mundial de 1966)

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¿Cuál es el mejor equipo secundario de Europa?

Hace poco más de dos meses redacté un artículo en el que me animaba a indagar cuál era el mejor campeón de Copa de Europa. Cuál entre todos los campeones en más de 70 años de competición era aquel que había hecho la mejor temporada. Tras un escrutinio, de los 14 finalistas salió victorioso el FC Bayern de 2020, quien venció en los 11 partidos que disputó ese año con sonoras goleadas en octavos, cuartos (8-2 al Barça) y semifinales.

Hubo quien no estuvo de acuerdo. Normal y lógico dado que este blog no es palabra de Dios. Además, de todas las clasificaciones e historias contrafactuales que tengo hecho ya manifesté que aquella era la más subjetiva de todas ellas. El caso es que los grises no suelen existir y toda opinión oscila entre blanco y negro. En el caso del fútbol eso significa Madrid y Barça.

Así que mi suegro, un agradecido y entusiasta lector fanático del Real Madrid, no dudó en decirme que no estaba de acuerdo con la clasificación. Obviamente el Madrid es el mejor equipo, no sólo de Europa (15 títulos sobre 7 del siguiente campeón) sino del planeta, pero los números dicen que sus victorias beben en su mayoría de la épica y ninguna es tan perfecta como la del Bayern de 2020. Por otro lado, un buen amigo de mis tiempos de instituto, otro agradecido lector, en este caso fanático del Barça, no dudó en decirme que era indignante que el Barça de Guardiola ni siquiera estuviese entre los 14 finalistas. El caso es que es posible que el juego ofensivo y entusiasta del Barça de Guardiola haya sido el más hermoso del último cuarto de siglo (hay quien dice que de siempre), no obstante en 2009 meneó al United en la final porque Iniesta metió un gol milagroso en Stamford Bridge en la vuelta de las semifinales. Así que lo de ganar con autoridad podemos ponerlo entre comillas.

Luego añadió aquello de que en tiempos de Franco al Madrid le regalaban las ligas y por eso podía jugar la Copa de Europa.

En fin.

Como no pierdo el tiempo en contestar a esa chorrada, le hice a mi buen amigo la siguiente reflexión. Dado que el Madrid ganaba ligas por decreto franquista y el Barça era tan buen equipo; ¿cuántas Copa de la UEFA ganó el Barça en los años en los que el Madrid ganó sus seis Copas de Europa en blanco y negro? Yo le respondí. El caso es que fueron tres títulos internacionales azulgranas en el mismo tiempo que el Madrid ganaba el doble.

Surge el argumento entonces de que era más difícil de ganar la UEFA que la Copa de Europa. Puede ser. Clasificarse para la Copa de Europa era mucho más complicado y su prestigio era mayor, pero en la UEFA se juntaban dos, tres o cuatro equipos de tronío de las ligas más potentes de Europa. El cartel de la Copa de la UEFA hasta los años 90 solía ser más temido que el de la Copa de Europa.

Así que la propuesta que se me hace es descubrir cuál ha sido el mejor equipo en la mejor temporada europea de la historia. Cuál ha sido el mejor equipo secundario del continente. Acepté el reto y me puse a ello.

Las reglas son las mismas con las que había buscado al mejor equipo en la mejor temporada de la Copa de Europa. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. Hay demasiados. Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates, por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré muchísimos campeones y decidí darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar cuatro de los cinco partidos en liza. Los reyes entre reyes.

De los cinco partidos decisivos al menos salir triunfador en cuatro de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Tenía 15 campeones. Bien. Correcto.

Había un problema. Quedaba la Recopa de Europa. Por nombres la tercera competición europea. Participaban los campeones de copa y muchos de ellos eran equipos de segunda o hasta de cuarta fila. No obstante, su prestigio era superior al de la UEFA dado que para acceder a la Recopa debías haber ganado un título. Menor, quizás. Pero un título. Así que hube de incluir a la Recopa, pero fui mucho más estricto. Para pasar la criba habría que ganar los dos partidos de semifinales y la final. 3/3. Me salieron cinco campeones. Añadí luego la neonata Conference League. No salió ninguno. Afortunadamente no salió ninguno.

Fueron 20 los campeones. 20 de 108 posibles. 15 de la Copa de la UEFA y 5 de la Recopa de Europa.

Spoiler. El Barça sólo coloca un campeón entre los 20 finalistas. Así que no. No es culpa de Franco. El Madrid no coloca ninguno. Normal, dado que solía participar en la Copa de Europa. El Madrid nunca ganó la Recopa y venció en dos UEFA en los ochenta, hoy enterradas, pero entonces muy apreciadas (el Madrid estuvo 32 años a dos velas, que nadie se olvide). Las ganó, como de costumbre, a lomos de la épica, fracasando a domicilio y remontando en el Bernabéu. El miedo escénico nació por aquel entonces.

En la Copa de la UEFA (antes Copa de Ferias y hoy Europa League) España consta con 20 títulos (7 del Sevilla FC), Inglaterra 13 e Italia 11. En la Recopa ingleses e italianos suman ocho entorchados por los siete españoles (4 del FC Barcelona plusmarquista de la competición). No es más que un reflejo de cuales fueron, han sido y son las ligas más fuertes del continente.

Esta clasificación de 20 equipos confirma cosas que ya me imaginaba como que el Anderlecht fue un primer espada europeo, lo buen entrenador que fue el finado Sven-Göran Eriksson o lo buen guardameta que era el infravalorado Michel Preud’homme. También deja espacio para que brillen tanto el Inter como la Juve, dos equipos triunfadores en Italia, pero que siempre han vivido en Europa a la sombra de los éxitos del AC Milan en la Copa de Europa.

Fuera de la lista quedaron un par de equipos invictos como la Juve de Michel Platini y el Everton de Howard Kendall victoriosos en la Recopa de 1984 y 1985 respectivamente. También destacar al Shakhtar Donetsk de 2009 y al Chelsea de 2013 ganadores de la Europa League, que fueron descartados por provenir de la primera fase de la Copa de Europa donde firmaron unos números mediocres.

Vamos a ello. Obviamente no se puede comparar esta lista con los ganadores de Copa de Europa. Pero es una muestra de esa clase media. O de esos grandes equipos a los que se les cerraron las puertas de la Copa de Europa, pero alcanzaron la gloria en el segundo escalón europeo. Son todos un ramillete de equipos que serán recordados por aquellos que los disfrutaron en su momento y que merecen ser conocidos por aquellos que nunca jamás han oído hablar de ellos.

Vamos con los 20 elegidos. Primero los cinco que ganaron la Recopa. Después con la quincena que ganó la Copa de la UEFA:

Recopa:

20 RSC Anderlecht 1976 (6-1-2) 16 FC 5 GC 66’6%: Resulta que en los 60 liderados por Paul Van Himst el Anderlecht ganó liga tras liga. Retirado el mejor jugador belga del siglo XX, el Anderlecht pasará casi una década sin alzar una liga y paradójicamente eso le permitirá ganar tres títulos europeos. La Recopa de 1976 sería el primero de ellos. La final tendría lugar en Bruselas frente al West Ham y fue ganada por 4-2 gracias a dos goles postreros de Rob Rensenbrick y Frankie Van der Elst, sus dos grandes estrellas. A ojos actuales el Anderlecht no dice nada, pero en aquellos años era un rival fortísimo que jugaría tres finales de Recopa consecutivas alzándose con el título en el ya citado 1976 y también en 1978. En ese mágico 76 le ganarían la Supercopa al Bayern de Beckenbauer. Once ideal: Ruiter; Lomme, Van Binst, De Groote, Broos; Van der Elst, Dockx, Coeck, Haan, Ressel; Rensenbrick. Entrenador: Hans Croon.

Rob Rensenbrick

19 FC Barcelona 1989 (6-3-0) 18 GF 5 GC 66’6%: Sin la Recopa del 1989 y la Copa de 1990 no hubiese habido Dream Team. Y es que entonces el Barça de Cruyff iba mal. Muy mal. Sólo algunos entendían lo que Cruyff pretendía y muy pocos eran capaces de ejecutarlo. Alexanko no sabía salir de la cueva con el balón jugado en los pies y Gary Lineker detestaba partir de las bandas para adentrarse en el área. Ambos acabarían relegados, pero en aquella Recopa que le daría oxígeno a Cruyff fueron capitales. El Barça acabaría invicto, pero sufrió de lo lindo. Eliminó al Lech Poznan polaco en octavos por el valor doble de los goles fuera de casa y al Aarhus danés por un solitario tanto. En semifinales vencieron por 4-2 al CSKA de Sofía (en Bulgaria perderían 2-1) en un partido donde el mundo conoció a un potro salvaje llamado Hristo Stoichkov que a los pocos meses acabaría firmando por el Barça. La final fue otra cosa y se ganó con autoridad a un gigante del momento como era la Sampdoria genovesa. A los cuatro minutos Julio Salinas ya había abierto el marcador (marcó 26 tantos esa temporada) y todo fue de cara para un 2-0 final. Era la tercera Recopa de los azulgranas, quienes son los plusmarquistas del torneo con cuatro triunfos. Once ideal: Zubizarreta; López Rekarte, Aloisio, Serna; Roberto, Eusebio, Milla, Bakero; Lineker, Julio Salinas y Beguiristain. Entrenador: Johan Cruyff.

Barça 89

18 Borussia Dortmund 1966 (7-1-1) 27 GF 9 GC 77’7%: Antes de que emergiese el Bayern, el Dortmund fue el primer equipo teutón en ganar un torneo internacional. Fue la Recopa de 1966 a donde accedió tras ganar el año anterior la primera copa de su historia. En octavos de final el Dortmund echó al CSKA Sofia antes de enfrentarse en cuartos al Atlético de Madrid, favorito para pasar de ronda. Los alemanes arañaron un empate en España para luego vencer en casa por 1-0 y pasar a semifinales. Allí ganaron los dos duelos ante el West Ham de Bobby Moore, vigente campeón, para enfrentarse en la final al Liverpool FC de Bill Shankly. Era una antesala del Inglaterra vs Alemania que un mes más tarde tendría lugar en la final del Mundial. El Dortmund contaba con Tilkowski, Libuda o Emmerich. El encuentro fue precioso y se saldó con un empate a un gol que se satisfizo con victoria teutona en la prórroga con un tanto del extremo Reinhard Libuda, una leyenda del Schalke 04 que pasó tres años de su carrera en su archirrival Dortmund para ayudarle a ganar la Recopa. Once ideal: Tilkowski; Cyliax, Paul, Redder, Kurrat; Libuda, Assuaer, Schimidt; Held, Sturm y Emmerich. Entrenador: Willi Multhaup.

Dortmund 1966

17 Racing Mechelen 1988 (7-2-0) 12 GF 3 GC 77’7%: Sin duda el más sorprendente equipo de todos los presentes en este listado. En Malinas (Mechelen) creció Felipe el Hermoso, el hombre que heredó fugazmente el Imperio tejido por los Reyes Católicos. Y ya está. No había más que rascar. Ciudad de 80.000 habitantes, estadio menor y cinco años antes aún estaba en la segunda división belga. Ocurrió entonces uno de esos milagros que son imposibles en tiempos de Ley Bosman y libre circulación de jugadores.  A través de una defensa férrea y litros de solidaridad, el Racing Mechelen hizo historia y se convirtió en el último club belga con un título europeo. No encajaron un gol hasta cuartos y ganaron los dos partidos de semifinales ante el Atalanta. En la final el favorito es el Ajax de Blind, Winter, Mühren, Witschge y Bergkamp. Aunque los neerlandeses se quedan con diez al poco de empezar es un acoso y derribo que es frenado por Michel Preud’Homme, el verdadero héroe de esta historia. Uno de los dos o tres mejores porteros del mundo en su época y que fue fiel al Malinas para ganar la Copa del 87, la Recopa y la Supercopa de Europa en el 88, la Liga en el 89 y llevar a una agónica prórroga de cuartos al poderoso AC Milan de los holandeses al año siguiente. Once ideal: Preud’Homme; Hofkens, Rutjes, Deferm, Clijsters; Sanders, Emmers, Erwin Koeman, De Wilde; Den Boer y Ohana. Entrenador: Aad de Mos.

Preud’Homme

16 AC Milan 1973 (8-1-0) 15 GF 3 GC 88’8%: No existe equipo más grande en Italia que la Juventus y no existe rival más enconado para la Juve que el Internazionale. Ese el derbi de Italia. Y con todo ninguno de ellos puede rivalizar con el AC Milan cuando hablamos de éxitos europeos. Todo lo que le cuesta ganar dentro de la Península Itálica los rossoneros lo resuelven al cruzar los Alpes. Su éxito se fundamentó en la dirección de Nereo Rocco, uno de los padres del catenaccio. Con Rocco en el banquillo se lograron un par de Copas de Europa y otras dos Recopas. El de 1973 fue el último año de Rocco en el banquillo y lo celebrará arrasando en Europa. Abonados al 1-0 el equipo elimina con solvencia a Legia Varsovia, Spartak Moscú y Sparta Praga antes de enfrentarse al Leeds United en la final que también ganarán por 1-0 con un tanto de Luciano Chiarugi. Rocco saldrá del equipo tras sumar nueve campañas como técnico y el AC Milan tardará década y media en volver a lograr un título europeo. Once ideal: Vecchi; Anquilletti, Rosato, Sabatini, Schnellinger; Benetti, Biasiolo, Rivera, Bigon; Chiarugi y Prati. Entrenador: Nereo Rocco.

AC Milan 1973

Vamos ahora con los 15 siguientes. Copa de la UEFA:

15 IFK Goteborg 1987 (7-5-0) 21 GF 5 GC 58’3%: En 1987 el IFK Goteborg se convirtió en el único equipo en ganar la Copa de la UEFA dos veces como invicto. Ya no estaba Eriksson en el banquillo, no obstante, sin él el conjunto sueco sumaría tres ligas seguidas sin perder un solo partido como local (1983, 1984 y 1985). Era el Goteborg un equipo con personalidad propia liderado por Gunter Bengtsson, ex asistente de Eriksson, y que contaba en sus filas con jugadores profesionales en su mayoría (en el éxito de 1982 no lo eran). Sobrevivía Glenn Hysen (luego iría a la Serie A), el joven delantero Stefan Peterson (luego en el Ajax) y Roland Nilsson (116 veces internacional sueco). Lo más difícil para el Goteborg fue la eliminatoria de cuartos ante el Internazionale saldada con triunfo por el valor doble de los goles fuera de casa. En la final el rival fue el sorprendente Dundee escocés quien había echado al Gladbach y al Barça. A doble partido, en la ida ganaron los suecos por 1-0 y en la vuelta un empate a goles en Escocia le daba el trofeo al Goteborg. El suplente Jari Rantanen fue máximo goleador de la competición con cinco tantos. Once ideal: Wernersson; Ola-Carlsson, Hysen, Larsson, Fredriksson; Roland Nilsson, Tord Holgrem, Andersson, Tommy Holgrem; Pettersson y Nilsson. Entrenador: Gunder Bengtson.

IFK Goteborg 1987

14 AC Parma 1999 (7-2-2) 25 GF 10 GC 63’6%: Una pequeña planta lechera de la provincial Parma fundada en 1961 apenas tres décadas después era una multinacional láctea. Parmalat inyectó miles de millones en el conjunto local que asciende a la Serie A en 1990 y en diez años logrará sumar tres copas, una Recopa y dos Copas de la UEFA antes de sumirse en la oscuridad. El Parma de 1999 conformaba una constelación de estrellas que pasó rondas con dificultad (hubo que remontar al Fenerbahçe del desconocido Joaquim Low) antes de arrasar en las rondas decisivas. Buena prueba de ello fue el 6-0 que le metió al Girondins en cuartos con dobletes de Enrico Chiesa (máximo goleador del torneo) y de Hernán Crespo. En semifinales derrotaron en el Calderón al Atlético por 1-3 en el choque de ida a pesar de no poder contar con Fabio Cannavaro por sanción. La final fue otro ejercicio de superioridad para un equipo que enamoró en los 90 a base de la mejor línea defensiva del momento y un ataque fantasista que duró tanto como los millones de la Parmalat consideraron oportuno (y aun tenían a Faustino Asprilla como suplente). Fue la octava copa de la UEFA para un club italiano en una década. Once ideal: Buffon; Thuram, Sensini, Cannavaro, Benarrivo; Boghossian, Verón, Dino Baggio, Fuser; Chiesa y Crespo. Entrenador: Alberto Malesani.

Parma 99

13 Valencia CF 1962 (6-2-1) 33 GF 13 GC 66’6%: De las primeras ocho ediciones de la Copa de Ferias (después Copa de la UEFA) los equipos españoles salieron vencedores en seis ocasiones. El Valencia haría doblete campeonando en 1962 y 1963. La de 1962 fue también la primera vez que los ché competían en Europa y lo harían con un tal Waldo en la delantera. El encuentro inaugural fue una victoria por 2-0 ante el Forest en Mestalla con dos tantos del ariete brasileño que falleció a los 84 años en su casa de Valencia donde se asentó tras 160 goles en 296 partidos con los levantinos. En la vuelta se ganó en Nottingham por 1-5 y en cuartos se venció al Inter con doblete del canterano Guillot. Tras machacar al MTK Budapest en semifinales (10-3 en el global) tocaba doble partido ante el Barça en la final. En la ida en Valencia 6-2 (con triplete de Guillot) y en la vuelta empate a un tanto. Once ideal: Zamora II; Piquer, Quincoces II, Mestre; Ribelles, Chicao, Recamán; Héctor Núñez, Waldo, Nando Yosu y Guillot. Entrenador: Alejandro Scopelli.

Waldo

12 Internazionale 1998 (8-1-2) 20 GF 8 GC 72’7%: Aquel año el Inter ganó la Copa de la UEFA y fue subcampeón italiano. Y ahí quien dice que fue una de las plantillas peor aprovechadas de todos los tiempos (Paulo Sousa, Recoba, Kanu o Zamorano eran suplentes). En parte es cierto. El Inter jugaba un 5-3-2 con marcajes al hombre y apostándolo todo al contraataque y a la velocidad de un Ronaldo Nazario en su máximo esplendor antes de que sus rodillas lo obligasen a cambiar de un guepardo en campo abierto a tigre recluido dentro del área. 1998 fue la tercera vez en siete años que el Inter ganaba la Copa de la UEFA. Hubo que tirar de épica unas cuantas veces. Se cayó en casa ante el Olympique de Lyon por 1-2 para ganar en Francia por 1-3. Luego se perdió en Estrasburgo por 2-0 para ganar en el Giuseppe Meazza por 3-0 con tantos de Ronaldo, Simeone y Zanetti. A partir de ahí todo fue rodado. Se venció a Spartak de Moscú y a Schalke 04 con exhibiciones de Ronaldo antes de plantarse en la final ante la SS Lazio. Un duelo entre dos de las plantillas más caras del momento y que dejó uno de los partidos más bonitos de la década. Zamorano adelantó al Inter a los cinco minutos y luego las ocasiones de la Lazio y los contragolpes perfectos del Inter se sucedieron, hasta que Ronaldo anotó el 3-0 con un regate a base de fintas sin tocar el balón que forma parte de la pinacoteca del fútbol mundial. Once ideal: Pagliuca; Zanetti, Sartor, Bergomi, Colonnese, West; Moriero, Simeone, Cauet; Djorkaeff y Ronaldo. Entrenador: Luigi Simone.

11 Sevilla CF 2015 (11-3-1) 30 GF 14 GC 73’3%: En menos de dos décadas el Sevilla CF ganó siete Europa League y se convirtió en plusmarquista de la competición. El periodo de mayor esplendor se dio entre 2014 y 2016 cuando sumó tres consecutivas bajo la dirección de Unai Emery. Ninguna de ellas fue ganada con tal autoridad como la de 2015. El equipo perdió ese verano a Rakitic y a Fazio incorporando a Krychowiak y a Ever Banega. Tras perder un partido en la fase de grupos el equipo se mantuvo invicto en las eliminatorias a doble partido. Se ganó con suma facilidad al Gladbach y al Villarreal CF (1-3 a domicilio y 2-1 como local), aunque luego se sufrió en cuartos ante el Zenit, donde un gol de Gameiro a cinco minutos del final impidió la prórroga. En semifinales el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina (global de 5-0) y en la final dos goles de Carlos Bacca (siete goles en la competición) y uno de Krychowiak dieron la victoria por 3-2 ante el sorprendente Dnipro ucraniano. Once ideal: Sergio Rico; Aleix Vidal, Carriço, Pareja, Tremoulinas; Vitolo, M’Bia, Krychowiak, Reyes; Banega y Bacca. Entrenador: Unai Emery.

Sevilla 2015

10 Internazionale 1994 (9-1-2) 22 GF 8 GC 75%: El Inter había dado carpetazo a su apuesta por los alemanes (Brehme, Matthaüs y Klinsmann) y se apuntaba ahora a los holandeses (Jonk y Bergkamp) intentando seguir los éxitos de su archienemigo milanés. El experimento duró un año. Fue una temporada mediocre que se saldó con un paupérrimo 13º puesto en la Serie A. No obstante, todo el potencial de aquel equipo se concentró en la Copa de la UEFA. Bergkamp acabaría fracasando y tiempo después se convertirá en leyenda en el Arsenal, pero por el camino dejó pinceladas de su talento en Europa. En las tres primeras eliminatorias anotará cinco de los nueve goles de su equipo. En cuartos toca el Borussia Dortmund, vigente subcampeón. Se gana en Alemania 1-3 con doblete de Jonk para luego perder en casa por 1-2 aguantando el resultado en los últimos diez minutos. En semifinales toca duelo italiano frente al Cagliari con remontada y victoria por 3-0 en casa con exhibición de Bergkamp y Berti. En la final a doble partido el Inter vence al SV Salzburgo (0-1 en Austria y 1-0 en Italia) y hace grande una temporada que se tornaba en fracaso. Bergkamp fue el máximo anotador de la competición con ocho tantos y en verano Massimo Moratti se hará con la presidencia y desmantelará una plantilla campeona en Europa pero que acabó a un punto del descenso a la Serie B. Once ideal: Zenga; Paganin, Bergomi, Battistini, Orlando; Fontolan, Jonk, Shalimov, Berti; Bergkamp y Rubén Sosa. Entrenador: Giampiero Marini.

Inter 1994

9 RSC Anderlecht 1983 (9-1-2) 31 GF 10 GC 75%: Ya no estaban ni Frankie Van der Elst ni Rob Resenbrinck pero del gran Anderlecht aun destacaba Frankie Vercauteren, un escurridizo delantero que en el 76 ya estaba presente saliendo desde el banquillo. En ese momento el Anderlecht finalizaba su edad de oro, sin embargo, aun iba a vivir una UEFA del 83 inolvidable a lomos de un sevillano de Coria del Río llamado Juan Lozano. Emigrado a Bélgica de niño, Lozano era un metrónomo de primer nivel al que luego los vicios de la noche harían fracasar en el Real Madrid. El caso es que el Anderlecht meneó al FC Porto (4-0), al FK Sarajevo (6-0), al Valencia CF (1-2 en Mestalla y 3-1 en casa) y se plantó en una final a doble partido ante el Benfica. Venció por 1-0 en casa y aguantó el 1-1 en Lisboa para coronarse con su último entorchado europeo. Erwin Vandenbergh anotó siete tantos en la competición saliendo del banquillo en muchas ocasiones. Once ideal: Munaron; De Groote, De Greef, Martin Olsen, Peruzovic; Hofkens, Lozano, Coeck, Frimann; Vercauteren y Brylle-Larsen. Entrenador: Paul Van Himst.

Anderlecht 83

8 Sevilla CF 2020 (9-2-1) 23 GF 7 GC 75%: Fiel a su política de comprar y vender jugadores a la velocidad de la luz aquella temporada los hispalenses tuvieron 17 incorporaciones. Muriel, Sarabia o Ben Yedder dejaron el equipo en el que entraron Koundé, De Jong u Ocampos. Los sevillanos firmaron una gran temporada finalizando cuartos en Liga y vitoreando nuevamente en su competición fetiche. La fase de grupos fue un paseo hasta que en 1/16 se fueron a encontrar con los mayores problemas ante el teoría inofensivo Cluj rumano. Se ganó debido al valor doble de los goles fuera de casa. Y gracias, dado que el Cluj mereció ganar en el Sánchez Pizjuán. Entonces el mundo se sumió en las tinieblas y hubo que esperar al mes de agosto para celebrar un torneo con los 16 equipos supervivientes en tierras alemanas. Con la sombra del Covid planeando sobre sus cabezas, el Sevillla sacó su colmillo de campeón para hacerse con un nuevo trofeo de la Europa League. Consecutivamente vencieron al AS Roma (2-0), Wolverhampton (1-0) y al Manchester United (2-1). En la final de Colonia el rival sería el Internazionale. En un disputadísimo duelo el Inter se puso por delante con gol de Lukaku antes de que Luuk De Jong (sólo tres goles en la competición, pero dos en la final) anotase un doblete que daba la vuelta al partido. Godín empató antes del descanso, pero un autogol de Lukaku les daba el triunfo a los españoles (3-2) con una gran actuación de Bono, por entonces habitual portero suplente. Entonces era la sexta para el Sevilla. Once ideal: Vaclik; Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón; Fernando, Banega, Joan Jordán; Ocampos, De Jong y Suso. Entrenador: Julen Lopetegui.

Sevilla 2020

7 IFK Goteborg 1982 (9-3-0) 27 GF 10 GC 75%: En 1979 el Goteborg contrató a un desconocido y joven técnico llamado Sven-Göran Eriksson. Sin experiencia alguna en la élite, implantó un 4-4-2 con marcaje zonal y presión fuerte a la salida del balón. En el año inicial el equipo ganó la Liga por vez primera en su historia y en 1982 logró un histórico triplete (Liga, Copa y UEFA). Aquel equipo estaba formado por once obreros y no hablamos de una hipérbole. Su delantero centro, Torbjorn Nilsson, había jugado en el PSV, pero había vuelto a Suecia por una depresión y compaginaba los entrenamientos con un trabajo como cocinero. Aquellos proletarios del fútbol entrenaban siempre por la tarde justo después de que todos acabasen con sus trabajos (destacaban los fontaneros y los bomberos). Tan modesto era el Goteborg que para viajar a Valencia para disputar los cuartos de final de la UEFA hubieron de hacer una colecta entre sus aficionados. Lograron el pase, aunque la machada la habían dado en dieciseisavos al doblegar al Inter. En semis cayó el Kaiserlautern y en la final a doble partido se venció al HSV Hamburgo por 1-0 en la ida antes de asaltar Alemania por un contundente 0-3. El citado Nilsson fue el máximo goleador del torneo con nueve tantos y Eriksson acabó fichando por el Benfica antes de dar el salto a los banquillos de la Serie A. Once ideal: Wernersson; Svensson, Karlsson, Fredriksson, Hysen; Carlsson, Tord Holdgrem, Strömberg, Tommy Holgrem; Nilsson y Corneliusson. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.

Sven-Göran Eriksson

6 Valencia CF 2004 (13-3-1) 20 GF 5 GC 76’4%: El Valencia es de esos clubes nobles sin suficiente capacidad para asaltar los cielos. A inicios del siglo XXI disputó dos finales de Copa de Europa perdiendo ambas de ellas. Era entonces entrenador el argentino Héctor Cúper, que dará paso al desconocido Rafa Benítez quien le dará a los levantinos dos ligas y una Copa de la UEFA. El sistema no varió en absoluto. Arquitectura defensiva rayando lo obseso, cemento en el centro del campo (Albelda y Baraja) y un fantasista (Aimar) para darle cordura a la locura del cerocerismo. Con esos mimbres el Valencia logró un doblete histórico al vencer en casa y en Europa. En la UEFA tuvo un recorrido casi inmaculado con la salvedad de una derrota en la ida de los octavos ante el Gençlerbirligi turco. Se venció fácilmente al Besiktas y al Girondins de Burdeos antes de enfrentarse en semifinales al Villarreal CF. Miedos y precauciones defensivas se solventaron con un gol de penalti de Mista en la vuelta que finiquitó la eliminatoria. En la final el Valencia derrotó con suma facilidad (2-0) al Olympique de Marsella de Barthez y Drogba, en una muestra más de fútbol efectivo y sin artificios. Marcaron Mista y Vicente. Once ideal: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Marchena, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista. Entrenador: Rafael Benítez.

Valencia 2004

5 FC Porto 2011 (12-1-2) 37 GF 14 GC 80%: La temporada 2010-11 fue perfecta para el club del norte de Portugal. Vencieron en la copa portuguesa (ganando 6-2 la final) y lograron el título de liga sin perder un solo partido con un espectacular balance de 27 victorias y 3 empates. El llamado Oporto de los colombianos se reforzó ese verano con James Rodríguez y Joao Moutinho, aunque la clave del equipo estaba en su fastuosa delantera formada por el brasileño Hulk y el colombiano Falcao. El Porto FC sufrió para eliminar al Sevilla CF en dieciseisavos, para luego pasar rondas con suficiencia (en cuartos ganó al Spartak moscovita por 10-3 en el global y en semifinales al Villarreal por un total de 7-4). La ida de la semifinal fue una goleada por 5-1 con póker de goles de Radamel Falcao, quien también metió el tanto que le dio el título ante el Sporting Braga (1-0) en un duelo luso. El ariete colombiano marcó un nuevo registro de la competición al firmar 17 goles, mientras que Hulk, su compañero de ataque, firmó cinco tantos, en un equipo donde también destacó desde el banquillo el argentino Belluschi. Once ideal: Helton; Maicon, Rolando, Otamendi, Alvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho; Guarín, James Rodríguez, Hulk; Falcao. Entrenador: André Villas-Boas.

Radamel Falcao

4 FC Bayern 1996 (10-1-1) 32 GF 10 GC 83’3%: Parece difícil de imaginar en la actualidad, pero en los 90 el Bayern distaba mucho de ser un ogro. Sólo sumó tres ligas en toda la década y naufragó una y otra vez en sus incursiones en la Copa de Europa. La campaña 95-96 sería otra dura prueba de fuego para el orgullo bávaro. La temporada fue iniciada por Otto Rehhagel en el banquillo. Su buscaba mano dura, pero la receta no funcionó. El equipo es apodado FC Hollywood por ser más habitual los éxitos de sus jugadores en la prensa rosa que en la deportiva. Con todo el Bayern es el Bayern y no tiene problemas en ejecutar al Benfica (4-1) y al Nottingham Forest (5-1) antes de enfrentarse al FC Barcelona en semifinales. Por entonces Franz Beckenbauer ha abandonado el sillón presidencial para ocupar de forma interina el puesto de entrenador. En Múnich hay empate a dos goles, pero en la vuelta Babbel y Witeczek hacen inútil el gol a última hora de Iván De La Peña, en un último duelo desde los banquillos entre Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. En la final hay choque ante el Girondins de Burdeos del entonces semidesconocido Zinedine Zidane. Fácil para los teutones que vencen por 2-0 en casa y rematan en Francia por 1-3 con golazo incluido de Jürgen Klinsmann, que ese año fue el máximo anotador de la Copa de la UEFA con 15 tantos por los cinco que convirtió Mehmet Scholl. Once ideal: Kahn; Babbel, Helmer, Matthaüs, Ziege; Sforza, Hamann, Nerlinger, Strunz; Klinsmann y Zickler. Entrenador: Franz Beckenbauer.

Bayern 96

3 Borussia Gladbach 1975 (10-1-1) 32 GF 9 GC 83’3%: El equipo que tuteó al Bayern durante una década y que deleitaba a los aficionados con un fútbol efectivo y ofensivo que parecía más holandés que alemán. Fueron cinco ligas en ocho años, pero el Gladbach caía una y otra vez cuando tocaba jugar la Copa de Europa. Encontraron su refugio en la UEFA donde vitorearon en 1975 y 1979. Con un entrenador que apostó descaradamente por la cantera, el luego famoso Hennes Weisweiler, el Gladbach fue una máquina de hacer fútbol coronada por los goles del capitán Jupp Heynckes. Tras endosar un 5-2 al Olympique de Lyon en dieciseisavos, luego tocó un meneo al Real Zaragoza (5-0 en Alemania y 2-4 a orillas del Ebro). Se ganó también en casa del FC Colonia en semifinales (1-3) antes de enfrentarse al Twente en la final. En la ida no se pasó del 0-0 a pesar de las innumerables ocasiones, sin embargo, en la vuelta, jugada en Holanda, el Gladbach masacró al Twente venciendo por 1-5 con tres de Heynckes y dos del futuro Balón de Oro Allan Simonsen. El que luego sería reputado entrenador fue el máximo goleador de la competición con 11 tantos y el habilidoso danés anotó diez dianas. Un equipo de leyenda que marcó a toda una generación. Once ideal: Kleff; Vogts, Wittkamp, Stielike, Sarau; Bonhof, Wimmer, Kulik; Simonsen, Heynckes y Jensen. Entrenador: Hennes Weisweiler.

Gladbach 1975

2 Juventus FC 1993 (10-1-1) 31 GF 6 GC 83’3%: Decíamos antes que la Juve gana en Italia lo que el AC Milan gana en Europa. No fue así a caballo entre los 80 y los 90, durante los años gloriosos del Calcio. Retirado Platini, la Juve sucumbe ante el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, el Nápoles de Maradona y hasta ante la Sampdoria de Mancini y Vialli. El caso es que la Juve no gana una liga en una década y es la Copa de la UEFA (1990 Y 1993) la que le permite conseguir oxígeno. El equipo de 1993 es descomunal. Fichan a Andy Möller, a Gianluca Vialli y a un meritorio llamado Fabrizio Ravanelli. Pero, fundamentalmente, tienen en sus filas a un desequilibrante Roberto Baggio quien se encuentra en el mejor momento de su carrera. El equipo sólo cede una derrota en Lisboa ante el Benfica en la ida de los cuartos de final. En la vuelta despacha el asunto por un claro 3-0. Roberto Baggio da un espectáculo en semifinales anotando los dos tantos en la victoria ante el PSG (2-1) en la ida y el tanto de la victoria en Paris (0-1). La final es a doble partido ante el Borussia Dortmund, duelo que se convertirá en clásico durante esa década. La Juve sentencia en la ida al vencer 1-3 en Alemania con otros dos tantos de Baggio y remata con un contundente 3-0 en la vuelta en Turín. Roberto Baggio firmó seis goles, Dino Baggio y Vialli sumaron cinco tantos cada uno y el alemán Andy Möller logró cuatro dianas. Once ideal: Peruzzi; Carrera, Kohler, Julio César, Torricelli; Conte, Dino Baggio, Andy Möller, Di Canio; Roberto Baggio y Vialli. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

Baggio. Balón de Oro 1993

1 Atlético Madrid 2012 (13-1-1) 36 GF 10 GC 86’6%: En diciembre el Atlético destituye a Gregorio Manzano y llama a un ex jugador que obedece al nombre de Diego Pablo Simeone. El resto es historia. En ese equipo ya despunta un canterano llamado Koke, un colombiano de apellido Perea, pero la bomba la encontramos en la delantera. El colombiano Radamel Falcao, tras meter 36 goles con el FC Porto el curso anterior, hará una temporada de 39 en el Atleti. En la fase de grupos el Atlético se deja un empate y una derrota, pero a partir de dieciseisavos solo suma triunfos. Pocos se acuerdan, pero aquel es un Atlético de Simeone ofensivo sostenido por un joven portero de 19 años que respondía al nombre de Courtois. En dieciseisavos se gana en Roma al Lazio por 1-3, en octavos 0-3 al Besiktas en Estambul, en cuartos 1-2 en Hannover y en semifinales 0-1 (y 4-2 en la ida) al Valencia CF. En la final toca duelo a cara de perro con el Athletic de Bielsa, que estaba haciendo un torneo casi tan perfecto como el de los madrileños. Sin embargo, no hubo color en la final. Fue un 3-0 con dos tantos de Falcao, quien volvió a ser el máximo goleador del torneo en este caso con 12 dianas. Adrián López firmó ocho goles. Once ideal: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Antonio López; Gabi, Mario Suárez, Tiago; Arda Turan, Falcao y Adrián. Entrenador: Diego Pablo Simeone.

Atlético 2012

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La batalla de Highbury

Los camisas negras de Benito Mussolini ya dominaban el norte de Italia a base de amenazas y coacciones, con la cómplice pasividad de ciudadanos y policía. A finales de octubre de 1922, fuese a pie, en camiones o en ferrocarril, arribaron a Roma miles de paramilitares fascistas ataviados de camisas negras para exigir la deposición del gobierno. El rey Víctor Manuel III se negó a movilizar al ejército y aceptó que Mussolini se pasase la democracia por los mismísimos y fuese elegido primer ministro. Il Duce aun tardó unos cuantos años en convertirse en dictador y transformar las leyes en un ordeno y mando. En un principio optó por un perfil bajo. Entre las primeras medidas a adoptar, aquellas que no molestasen en demasía, estaba el deporte. Y las medidas fueron, cuanto menos, bastante ridículas.

Lo primero que hizo Mussolini fue prohibir el rugby y el fútbol. Ambos eran deportes británicos que apestaban a extranjerismo. En su lugar fomentó a base de liras la competición de volata, una mezcla de ambos deportes en los que el objetivo era meter la pelota en una portería pudiendo utilizar cualquier parte del cuerpo. Se llegó a montar hasta una liga de cien equipos, pero la tontería sólo duró hasta 1925 cuando hubo que volver a lo que funcionaba. Eso sí. Nada de fútbol. Se recuperó el nombre de un juego medieval muy popular en Florencia llamado calcio. Así que la federación de football pasó a llamarse FIGC (Federazione Italiana Giucco Calcio) y con éxito, ya que el nombre se mantiene (al Franquismo lo de balompié sólo le funcionó con el Betis).

En esos primeros años Mussolini apostó por una dictadura blanda que luego convertiría en dura. Todas las federaciones deportivas eran controladas por el aparato fascista de igual modo que lo era el CONI (Comité Olímpico Italiano). La diferencia era radical con lo que ocurría en las democracias, principalmente en el Reino Unido, cuna del deporte moderno. El deporte británico era, y es, profundamente apolítico. Eso no quiere decir que no hubiese una unión entre deporte y Estado. Recordar que los chicos de Eton, Rugby o Winchester fueron los primeros que le pegaron patadas a un balón y todos esos chavales luego acabarán siendo hombres trajeados con cargos poderosos. Lo de apolítico significaba que el Estado asumía una política de no intervención en el deporte. No existía ley alguna que lo dictaminase, pero era un acuerdo entre caballeros que contaba con la vigilancia extrema de la prensa ante cualquier injerencia.

En el Reino Unido las federaciones deportivas no recibían ningún tipo de subvención estatal, por lo que el deporte era un asunto totalmente privado. Ningún equipo contaba con el patrocinio de la realeza, a pesar de ser un país profundamente ligado a la corona. Todo lo contrario, ocurría en Italia. Todas las federaciones bebían del dinero público y la manipulación política del deporte hacía que fuese imposible separarlo del Estado. Hasta clubes privados poderosos, caso del Internazionale milanés, hubieron de cambiar su nombre por apestar a extranjero. Así, hasta la caída del Duce, el Inter fue la Ambrosiana en honor a San Ambrosio, patrón de Milán.

Il Duce

Y con todo Italia e Inglaterra eran países amigos. En la magistral película El Gran Dictador de Chaplin se ve como Mussolini y Hitler son encarnizados rivales que se disputan Austria como dos aves rapiñas, mientras los ingleses alaban al Duce y tratan de poner paz entre ambos dictadores. Aquello se localiza un puñado de años antes del inicio de la II Guerra Mundial. Entonces Mussolini era visto por la mayoría de los británicos como un reformista de derechas necesario para contener al comunismo. El caso, y es lo que nos ocupa, es que Inglaterra e Italia mantenían buenas relaciones a inicios de la década de 1930. A la altura de 1933 italianos e ingleses juegan un partido de fútbol en Roma que acaba con empate (1-1). En Italia se considera un buen resultado que ocupa páginas y páginas en los medios y del que se habla con profusión en el Gran Consejo Fascista. Dudamos que en Downing Street poco más que un puñado de parlamentarios fuesen conscientes de que el encuentro se hubiese jugado.

Y llegó entonces 1934. Mundial de Fútbol de 1934. Italia es anfitrión. Vencer o morir dicen que dijo el Duce antes de la final ante Hungría. E Italia venció. Se proclamó campeón mundial. Y Mussolini hizo lo posible y lo imposible para explotar esa victoria. En Inglaterra escuece tanto bombo. Los ingleses no jugarán un Mundial hasta 1950. Comen aparte. Se consideran los mejores, los inventores del fútbol, y no piensan en acudir a una disputa entre países que creen chabacana. Para la tradición inglesa de deporte amateur usar un partido de fútbol con fines políticos se considera impensable y repugnante.

Pero algo está cambiando. Mussolini empapela Italia con carteles donde proclama a los italianos como reyes del mundo por haber ganado el Mundial. El tema quema en Inglaterra y se prepara un encuentro amistoso en el estadio de Highbury de Londres entre las dos escuadras. La cita tendrá lugar el 14 de noviembre de 1934. Es el primer partido de los italianos como campeones del mundo.

Es más que un partido. Se dirime cual es la mejor escuadra del planeta. En Italia es asunto de Estado. Y en Inglaterra, por vez primera, también.

No es fútbol. Es prestigio. Es orgullo. Es democracia vs fascismo.

Pasará a la posteridad como La Batalla de Highbury. “El más brutal y peligroso de los encuentros internacionales jamás jugados en la historia” se escribirá en el Daily Herald.

La batalla de Highbury

Benito Mussolini ofreció a cada jugador italiano un coche Alfa Romeo y la exención del servicio militar si vencían a los ingleses. La promesa fue dada a viva voz delante de miles de compatriotas que acudieron a la salida del tren que llevó a la comitiva desde Italia a Calais, para luego tomar un barco hasta Londres. Los campeones del mundo formarían con Ceresoli; Monzeglio, Allemandi, Ferraris; Monti, Bertolini; Guaita, Serantoni, Meazza, Ferrari y Orsi. Estaban dirigidos por Vittorio Pozzo y entre ellos había tres argentinos nacionalizados. Por los ingleses formaban Moss; Male, Hapgood, Britton; Barker, Copping; Matthews, Bowden, Drake, Bastin y Brook. Los anglosajones contaban con siete jugadores titulares del Arsenal que dirigía el gran Herbert Chapman, el técnico que transformó la táctica defensiva al retrasar a un medio y formar con la después archirepetida WM. Acompañaba a la expedición italiana un periodista de apellido Carosio, el preferido del Duce para narrar los encuentros.

60.000 espectadores abarrotan Highbury sobre una continua lluvia. En el primer minuto Brook falló un penalti. A los doce minutos los ingleses ganan por 3-0 confirmando los temores de Pozzo, que de puertas para adentro contaba con perder de manera honrosa. Pero semejante baile tenía una explicación. Nada más empezar un planchazo de Ted Drake le destroza el tobillo a Doble Ancho Monti, mediocentro italiano cuyo mote derivaba que era tal su despliegue físico que ocupaba el ancho del campo y su presencia valía tanto como la de otros dos futbolistas juntos. El caso es que entonces no hay cambios y Monti, con buena voluntad, decide mantenerse sobre el césped provocando un agujero en el medio campo. Con 3-0 en contra, Pozzo lo obligó a salir del terreno de juego, reorganizó el sistema y, ya con diez jugadores, Italia reacciona con fuerza, furia y fútbol. Le sale su orgullo de campeón mundial…y también un fuerte deseo de venganza.

A Hapgood le rompen la nariz, Bowden acabará con fractura de clavícula, Barker con una mano rota y a Ted Drake se la devuelven clavándole los tacos en una pierna y torciéndole el tobillo. Los cuatro jugadores anglosajones acabarán el partido sobre el campo, pero las fuerzas quedarán igualadas a base de patadas. Los ingleses no se quedan atrás y responden, aunque no son tan efectivos. Eso sí, al cojo Monti le parten la nariz con un puñetazo camino del túnel de vestuarios. Aquello es una carnicería donde el colegiado, un sueco de apellido Olsson, ni pincha ni corta.

En la segunda parte Italia se recuerda a sí misma que además de pegar sabe jugar, y dos tantos de Giuseppe Meazza (minuto 58 y 62) acortan distancias. Luego Meazza disparó al poste y un poco después remató con fuerza y sólo una milagrosa intervención del guardameta inglés impidió la igualada. Fue entonces cuando Wilf Copping decidió intervenir. Tres o cuatro patadas después del central inglés el pobre de Giuseppe Meazza era un inválido que deambulaba por el área. Por supuesto por el camino habría un par de tanganas.

Giuseppe Meazza

El partido no resolvió nada. Es cierto que Inglaterra venció por 3-2 y podrían auto otorgarse el título de campeones mundiales, pero la verdad es que jugaban en casa (y en aquellos tiempos eso era una ventaja formidable) y habían marcado sus tres goles solo cuando Monti vagaba cojo por el centro del campo. Los italianos perdieron y se quedaron sin sus Alfa Romeo, pero fueron recibidos como héroes en Italia al grito de los leones de Highbury. Mucho le debe agradecer la expedición italiana a Carosio, quien en su narración consideró héroes a los italianos y poco menos que dijo que habían estado en el corredor de la muerte y habían salido ilesos. Mussolini quedó encantado a pesar de la derrota.

Hubo consecuencias. Stanley Matthews, quien se retirará dos décadas más tarde, declararía que fue el partido más violento que jamás disputó en su longeva carrera. Inglaterra queda tan aturdida ante la brutalidad que al día siguiente la FA acuerda renunciar en el futuro a jugar partidos internacionales, en la idea de que lo que se jugaba por ahí fuera era una barbaridad peligrosa. Afortunadamente, se volverá atrás al cabo de un año, cuando le quedó a más distancia la fuerte impresión por el atroz partido y siguió concertando partidos internacionales. Aun así, tardarían hasta 1950 en decidirse a participar en un Mundial.

En 1938 Italia volverá a ganar el Mundial. Será en Francia, lejos del paraguas de Mussolini y pitados antes de cada encuentro por escuchar el himno con el brazo alzado en honor al fascismo. Demostraron que eran buenos, muy buenos, la mejor selección del mundo de la década de 1930, por mucho que los ingleses se negasen a lo inevitable.

Pero hubo más consecuencias. Consecuencias que llegaron a la política. La opinión publica inglesa rechazó totalmente tanto a Italia como a sus políticas de supremacía sobre el deporte popular inglés. Italia contraatacó. Sport pasó a ser diporto. Tennis se convirtió en pallacorda, Rugby sería palla ovale y cricket pasó a ser gioco del bastone. Por supuesto football fue totalmente desterrado y sustituido para siempre por calcio.

Apenas unos meses después, en abril de 1935, se celebró una conferencia en Stresa, una pequeña población de los Alpes italianos. Allí Pierre Laval (Francia), Ramsay McDonald (Gran Bretaña) y Benito Mussolini (Italia) firmaron un acuerdo de paz que reditaba el hecho antes de la I Guerra Mundial y que consideraba a Austria un país independiente al que Alemania se tendría que abstener de invadir en caso de no querer entrar en guerra con las otras tres potencias. Apenas un año antes el llamado Frente de Stresa hubiese tenido éxito. Ahora no. Y el motivo no era que la sociedad inglesa se hubiese dado cuenta de los peligros del fascismo. No. El motivo era lo ocurrido aquel 14 de noviembre de 1934 en Highbury. Los italianos eran ahora vistos como bestias asesinas. Cuando las noticias sobre el acuerdo salieron en la prensa, la sociedad inglesa bramó en su contra. Cuatro meses después aquello era papel mojado, Mussolini acordaba unirse a Hitler y olvidarse de sus disputas en Austria y los ingleses, dueños de medio mundo, condenaban con sanciones económicas, en un gran ejercicio de hipocresía, la intervención italiana en Libia y Abisinia.

Hitler acabaría entrando a lomos de un tanque por las calles de Viena, luego invadiría Checoslovaquia con el beneplácito de ingleses y franceses y poco después estalló la II Guerra Mundial. Italia combatió junto a la Alemania nazi y los británicos lideraron la resistencia de las democracias. Hubo de esperar a 1949 para que Italia volviese a jugar un partido en Inglaterra. Pero ese era otro mundo. A los británicos sólo le quedaban los restos de su fastuoso Imperio e Italia había decidido extirpar su pecado fascista y se había aferrado con uñas y dientes a la democracia a cambio de que británicos y estadounidenses les diesen una hogaza de pan y un vaso de agua.

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Historia contrafactual del Balón de Oro de los entrenadores (1930-2024)

Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.

En este caso vamos a tirar de aquellos que no le pegan patadas a un balón. De aquellos teóricos de la táctica, pequeños dictadores, eruditos de la palabra, hombres tocados por la diosa fortuna o psicólogos a tiempo completo. Hablamos de los entrenadores. Seres omnipresentes en un vestuario, cara pública de una institución y diana favorita de prensa y afición.

Los entrenadores empezaron siendo simplemente alineadores. Todo club contaba con un preparador físico y luego las alineaciones eran consensuadas por el capitán junto a sus compañeros. Mas tarde los antiguos jugadores fueron convertidos en alineadores y Herbert Chapman, mediada la década de 1920, fue el primero que decidió que un entrenador podía ejercer de preparador técnico y físico a tiempo completo. Luego vendrán los ojeadores, los entrenadores que decidan innovar tácticamente, el segundo entrenador, el entrenador de porteros, el psicólogo y los entrenadores que ni siquiera hayan tenido una carrera como futbolistas profesionales. Hoy, cualquier club profesional, cuenta con un equipo técnico que supera o se acerca a la decena de profesionales y posee herramientas digitales de análisis que harían pensar a Chapman y a sus coetáneos que en vez de fútbol hablamos de ingeniería aeroespacial.

Herbert Chapman (1930, 1931 y 1933)

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de los entrenadores he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS así como las de las publicaciones deportivas más importantes de Europa, Argentina y Brasil. Alguna licencia personal ha habido. La más significativa está en el presente. Carlo Ancelotti, ganador de Liga y Copa de Europa con el Real Madrid, es, quizás, el mejor técnico del mundo en 2024. Lo he premiado. También por una cuestión de justicia divina, dado que el técnico que más trofeos de Liga de Campeones ha celebrado no está entre los más señeros de la historia. Y sin embargo yo soy consciente de que no era lo correcto. Su lugar debía haber sido ocupado por Xabi Alonso, campeón de Bundesliga, Copa y finalista de la Liga Europa. El Leverkusen firmó la primera liga de su historia y permaneció invicto toda la temporada perdiendo únicamente la final de la Liga Europa. Un fútbol de autor, unos jugadores semidesconocidos capitaneados por un neonato de los banquillos llamado Xabi Alonso. Él debería haber sido el triunfador.

Alonso ¿Futuro Balón de Oro?

No sólo de trofeos vive el gran entrenador. Se han valorado otros muchos aspectos. Los resultados son lo primero, pero no lo único. El legado, la personalidad, la innovación o el contrasentido en la toma de decisiones, la gestión de grupos o la evolución en el sistema de juego. Se ha premiado a aquellos que hicieron mucho con poco (siempre es más difícil conseguir que tus jugadores defiendan a que ataquen) pero al mismo tiempo se ha premiado la armonía y la fascinación. En definitiva, el juego colectivo es el que premia a un buen entrenador más allá de las etiquetas defensivo u ofensivo.

Comentaba antes que los equipos pasaron de tener simples alineadores a disponer de batallones de expertos técnicos y tácticos en sus organigramas. Herbert Chapman fue un visionario que implantó la táctica defensiva a raíz de la modificación del fuera de juego. Carlo Ancelotti cuenta con más recursos, más sabiduría y más riqueza técnica, táctica y conocimiento de las cuestiones físicas que Chapman, pero no es un innovador. Ni lo es ni lo podrá ser. Hubo unos visionarios que lo inventaron todo (Chapman, Rocco, Michels…) y otros que aun siendo mentes brillantes (Guardiola) se dedican a darle vueltas de tuerca a lo ya inventado. ¿Son mejores los Klopp, Ancelotti, Guardiola o Mourinho que los Chapman, Pozzo o Guttmann? Seguramente lo sean, pero no es licito comparar épocas distintas. Lo que hay valorar es que cada uno de ellos fuesen los mejores (por títulos, por innovación, por gestión o por todas esas cosas juntas) en sus respectivas épocas.

Hay otra variable a tener en cuenta. En el campo de los entrenadores los hay que dirigen a un club y los que hay que dirigen a una selección. De ambos tipos habrá en este hipotético Balón de Oro. Se apreciará que cuanto más nos alejemos en el tiempo más seleccionadores nacionales harán su aparición. Es explicable. Contaba Luis Suárez que cuando jugaba en el Dépor tan sólo entrenaba una o dos veces a la semana. Fue dar el salto al Barça y pasó a hacerlo cuatro veces, mientras que en el Inter el entrenamiento era diario. Hasta la década de 1960 sólo los grandes equipos tenían esquemas tácticos y ejercicios físicos de alto nivel. Donde siempre los hubo fue en las selecciones. Eran concentraciones de uno o dos meses antes de un gran torneo y los entrenadores impactaban con sus esquemas tácticos. Con el transcurrir de las décadas el seleccionador nacional se ha convertido en una suerte de motivador extraordinario que forma a un grupo coral para ser exprimido durante tres semanas cada par de años. Al contrario, el status de entrenador de club ha sido glorificado hasta el punto de que los hay que instalan su hogar dentro de los campos de entrenamiento buscando un perfeccionamiento basado en métricas, alimentación perfeccionada y exhaustivos estudios de los puntos débiles de cada futbolista contrario. Hay quien los llama videntes del balón.

Pep Guardiola (2009, 2011, 2021 y 2023)

Entre esos visionarios los hay quien no han conseguido ganar un Balón de Oro. Lo hay de todo tipo y es justo una miscelánea recordatoria. Jimmy Hogan (1910-1939 -años como entrenador-) se encargó de llevar por Centroeuropa toda la carga técnica y táctica de su Escocia natal. No en vano es considerado el padre del fútbol en Austria o Hungría. Al igual que al brasileño Flavio Costa (1934-1966) o al paraguayo Manuel Fleitas (1922-1971) se les considera ideólogos del 4-2-4 tan común en la Sudamérica de mediados del siglo XX.

Hay entrenadores triunfadores que no han ganado el Balón de Oro contrafactual. Willie Maley (1897-1940) dirigió durante más de cuatro décadas al Celtic para ganar 16 ligas. El inglés Jack Greenwell (1913-1942) convirtió al Barça en un grande antes de ganar una Copa América con Perú. Emil Seifert (1939-1953) hizo del Slavia Praga el mejor equipo de una Europa devastada por los nazis para luego hacerlo resurgir bajo el yugo comunista. El uruguayo José Pedro Cea era un futbolista campeonísimo que luego como entrenador ganó la Copa América para su país. Mientras, Luigi Ferrero (1939-1968) puso las bases del Grande Torino en la década de los 40.

Luego los hay que son dioses en sus países, aunque con escaso recorrido internacional. Walter Winterbottom (1946-1962) fue durante 16 años seleccionador inglés. Fernando Daucik (1942-1977) ganó ligas con Barça y Athletic. Albert Batteux (1950-1981) hizo lo propio con Stade Reims y Saint-Ettiene. Técnicos con pedigrí también son Mircea Lucescu en Europa del Este, al igual que Massimiliano Allegri lo es en Italia, Javier Clemente o Luis Molowny lo fueron en España, Terry Venables, Kenny Dalglish, Bobby Robson o Don Revie lo fueron en Inglaterra, Hennes Weisweiler sentó cátedra en Alemania, Luis Cubilla en Paraguay o Fatih Terim en Turquía. Otros fueron profetas en otras tierras como el italiano Claudio Rainieri, quien ganó con el modesto Leicester una liga inglesa, el francés Gerard Houllier, que impartió cátedra en el Liverpool FC, el neerlandés Leo Beenhakker, que lo hizo en el Real Madrid al igual que también hiciera el serbio Miljan Miljanic, o como Tomislav Ivic o Vic Buckingham lo consiguieron en el Ajax.

Buckingham, el hombre que descubrió a Cruyff

Los hay que ganaron el Mundial como Alf Ramsey (Inglaterra), César Luis Menotti (Argentina), Enzo Bearzot (Italia), Franz Beckenbauer (Alemania), Joachim Low (Alemania), Carlos Alberto Parreira (Brasil), Didier Deschamps (Francia), Aimé Jacquet (Francia) o Lionel Scaloni (Argentina) pero ¡no me caben todos! Juan López fue el hombre que llevó a Uruguay al título Mundial de 1950. Nadie lo conoce. Aquel título es del ‘Negro’ Varela, el hombre que cogió el balón tras el gol brasileño, mandó callar Maracaná y les dijo a sus compañeros (Varela era el capitán) que podían ganar el partido.

Otros ganaron Eurocopa o Copa América como fueron Luis Aragonés (España), Otto Rehhagel (Grecia), Berti Vogts (Alemania), Richard Möller-Nielsen (Dinamarca) o Pacho Maturana (Colombia). Y, también los hay que han ganado Copa de Europa caso de Luis Carniglia (Real Madrid), Udo Lattek (Bayern), Guus Hiddink (PSV), Raymond Goethals (Marsella), Frank Rijkaard (FC Barcelona) o Thomas Tuchel (Chelsea). Todos, todos ellos, han estado en la terna final, pero no han conseguido ganar el Balón de Oro contrafactual. Otros no serán conocidos por el gran público, pero merecen estar allí. A Viktor Maslov le he dado el Balón de Oro de los entrenadores de 1960. Estoy seguro de que ninguno de mis lectores lo conoce. Pero Maslov ganó ese año liga y copa con el Torpedo de Moscú aplicando un 4-4-2, un esquema nunca antes visto y que pronto será el común en medio planeta.

Viktor Maslov (1960)

Para ir finalizando un par de aclaraciones sobre aquellos técnicos que serán igual que discutidos que Maslov. Dettmar Crammer (1976) cumple el estereotipo de persona que está en el lugar adecuado en el momento oportuno. Es, quizás, el entrenador menos reputado de la lista y sus logros son ínfimos en consideración a otros técnicos que han sido descartados. Pero Crammer contaba con el visto bueno de Beckenbauer (la famosa mano izquierda de Del Bosque o Heynckes) y compañía y logró ganar dos Copas de Europa consecutivas con el Bayern en 1975 y 1976. También es chirriante la presencia de Zlatko Dalic (2018). Ese año Zidane ganó la Copa de Europa dirigiendo al Real Madrid o Didier Deschamps ganó el Mundial con Francia. Pero de igual modo que no he premiado a Xabi Alonso en 2024 sí que he considerado hacer justicia con Dalic en 2018. El desconocido técnico croata consiguió llevar a su pequeño país de menos de 4 millones de habitantes al subcampeonato del mundo en 2018 a lo que añadirá un tercer puesto en 2022, una hazaña más propia de tiempos pretéritos tras tumbar a Argentina, Inglaterra, Bélgica o Brasil. Modric, Rakitic, Mandzukic o Perisic ya estaban antes de Dalic y nunca pasaban de la fase de grupos.

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro de los entrenadores. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin bases de datos, sin ayudantes, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes entrenadores del pasado.

La idea es que, una vez leída la lista, os pique la curiosidad y echéis un vistazo en la Wikipedia (seguro que no sabéis quien fue Árpad Weisz o Stefan Kovacs y os sorprenderá conocer la trascendencia que para el fútbol han tenido Valeri Lobanovski o Tele Santana). Comprobareis entonces que habrá técnicos con inmensas colecciones de trofeos (Alex Ferguson o Marcello Lippi), los habrá quienes destaquen por llevar a un modesto a la gloria (Brian Clough o José Mourinho), alguno contribuirá a un cambio táctico o teórico en el mundo del fútbol (Gusztav Sebes o Rinus Michels) y sólo los elegidos podrán tener en plural alguno de estos atributos (Helenio Herrera o Arrigo Sacchi). Por naciones Italia consigue 14 trofeos (lo que manifiesta su tradicional superioridad táctica), Argentina 12, Inglaterra 11 y Hungría 10, pequeño país centroeuropeo que en la primera mitad del siglo XX exportó por el mundo el juego de toque y posesión húngaro. Pep Guardiola, Helenio Herrera y Vittorio Pozzo son los plusmarquistas al contar con cuatro trofeos.

Vittorio Pozzo (1934, 1935, 1936 y 1938)

Los ganadores entre 1930 y 2024 serían los siguientes:

1930 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1931 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1932 Hugo Meisl (Chequia) Selección Austria        

1933 Herbert Chapman (Inglaterra) Arsenal FC

1934 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia        

1935 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1936 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1937 Árpad Weisz (Hungría) Bolonia FC

1938 Vittorio Pozzo (Italia) Selección Italia

1939 Bela Guttmann (Hungría) Újpest FC    

1940 Héctor Castro (Uruguay) Club Nacional   

1941 Renato Cesarini (Italia) River Plate    

1942 Alfred Schaffer (Hungría) AS Roma   

1943 András Kuttik (Hungría) Torino FC

1944 Alfredo Garasini (Argentina) CA Boca Juniors

1945 Carlos Peucelle (Argentina) River Plate

1946 Guillermo Stábile (Argentina) Racing Avellaneda y Selección Argentina

1947 Bill Struth (Escocia) Glasgow Rangers

1948 George Raynor (Inglaterra) Selección Suecia  

1949 Emérico Hirschl (Hungría) CA Peñarol  

1950 Helenio Herrera (Argentina) Atlético de Madrid

1951 Lajos Czeizler (Hungría) AC Milan

1952 Gusztáv Sebes (Hungría) Selección Hungría

1953 Gusztáv Sebes (Hungría) Selección Hungría    

1954 Sepp Herberger (Alemania) Selección Alemania  

1955 José María Minella (Argentina) River Plate

1956 Matt Busby (Inglaterra) Manchester United 

1957 José Villalonga (España) Real Madrid

1958 Vicente Feola (Brasil) Selección Brasil  

1959 Helenio Herrera (Argentina) FC Barcelona

1960 Viktor Maslov (Rusia) Torpedo Moscú   

1961 Bela Guttmann (Hungría) SL Benfica     

1962 Bela Guttmann (Hungría) SL Benfica

1963 Nereo Rocco (Italia) AC Milan

1964 Helenio Herrera (Argentina) Internazionale

1965 Helenio Herrera (Argentina) Internazionale

1966 Miguel Muñoz (España) Real Madrid  

1967 Jock Stein (Escocia) Celtic Glasgow

1968 Osvaldo Zubeldia (Argentina) Estudiantes La Plata

1969 Nereo Rocco (Italia) AC Milan  

1970 Rinus Michels (Países Bajos) AFC Ajax   

1971 Rinus Michels (Países Bajos) AFC Ajax       

1972 Stefan Kovacs (Rumanía) AFC Ajax               

1973 Bill Shankly (Escocia) Liverpool FC   

1974 Helmut Schön (Alemania) Selección Alemania  

1975 Valeri Lobanovski (Ucrania) Dinamo Kiev            

1976 Dettmar Crammer (Alemania) FC Bayern  

1977 Giovanni Trapattoni (Italia) Juventus FC

1978 Ernst Happel (Austria) Club Brujas y Selección Países Bajos

1979 Brian Clough (Inglaterra) Nottingham Forest  

1980 Brian Clough (Inglaterra) Nottingham Forest

1981 Bob Paisley (Inglaterra) Liverpool FC             

1982 Sven-Göran Eriksson (Suecia) IFK Goteborg

1983 Ernst Happel (Austria) Hamburgo SV

1984 Michel Hidalgo (Francia) Selección Francia        

1985 Giovanni Trapattoni (Italia) Juventus FC   

1986 Carlos Bilardo (Argentina) Selección Argentina

1987 Óscar Washington Tábarez (Uruguay) CA Peñarol          

1988 Rinus Michels (Países Bajos) Selección Países Bajos   

1989 Arrigo Sacchi (Italia) AC Milan              

1990 Arrigo Sacchi (Italia) AC Milan                   

1991 Vujadin Boskov (Serbia) UC Sampdoria

1992 Johan Cruyff (Países Bajos) FC Barcelona

1993 Tele Santana (Brasil) Sao Paulo FC   

1994 Fabio Capello (Italia) AC Milan 

1995 Louis Van Gaal (Países Bajos) AFC Ajax                 

1996 Luiz Felipe Scolari (Brasil) Gremio FB 

1997 Ottmar Hitzfeld (Alemania) Borussia Dortmund

1998 Arsene Wenger (Francia) Arsenal FC

1999 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United

2000 Carlos Bianchi (Argentina) Boca Juniors

2001 Carlos Bianchi (Argentina) Boca Juniors

2002 Vicente del Bosque (España) Real Madrid

2003 José Mourinho (Portugal) FC Porto

2004 José Mourinho (Portugal) FC Porto  

2005 Rafael Benítez (España) Liverpool FC

2006 Marcello Lippi (Italia) Selección Italia

2007 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United

2008 Alex Ferguson (Escocia) Manchester United  

2009 Josep Guardiola (España) FC Barcelona

2010 José Mourinho (Portugal) Internazionale

2011 Josep Guardiola (España) FC Barcelona

2012 Jürgen Kloop (Alemania) Borussia Dortmund 

2013 Jupp Heynckes (Alemania) FC Bayern

2014 Diego Pablo Simeone (Argentina) Atlético Madrid

2015 Luis Enrique Martínez (España) FC Barcelona

2016 Unai Emery (España) Sevilla FC

2017 Zinedine Zidane (Francia) Real Madrid  

2018 Zlatko Dalic (Croacia) Selección Croacia  

2019 Jürgen Kloop (Alemania) Liverpool FC

2020 Hansi Flick (Alemania) FC Bayern

2021 Josep Guardiola (España) Manchester City  

2022 Carlo Ancelotti (Italia) Real Madrid

2023 Josep Guardiola (España) Manchester City

2024 Carlo Ancelotti (Italia)Real Madrid

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista del Balón de Oro de los entrenadores entre 1930 y 2023 sería la siguiente:

1. Vittorio Pozzo (Selección Italia) (1934, 1935, 1936 y 1938) 4

1. Helenio Herrera (Atlético, FC Barcelona, Inter) (1950, 1959, 1964 y 1965) 4

1. Josep Guardiola (FC Barcelona, Manchester City) (2009, 2011, 2021 y 2023) 4

2. Herbert Chapman (Arsenal FC) (1930, 1931 Y 1933) 3

2. Bela Guttmann (Újpest FC, SL Benfica) (1939, 1961 y 1962) 3  

2. Rinus Michels (Ajax y Selección Países Bajos) (1970, 1971 y 1988) 3

2. Alex Ferguson (Manchester United) (1999, 2007 y 2008) 3

2. José Mourinho (FC Porto e Internazionale) (2003, 2004 y 2010) 3

3. Gusztáv Sebes (Selección Hungria) (1952 y 1953) 2

3. Nereo Rocco (AC Milan) (1963 y 1969) 2

3. Ernst Happel (Club Brujas, Hamburgo SV y Selección Países Bajos) (1978 y 1983) 2

3. Brian Clough (Nottingham Forest) (1979 y 1980) 2

3. Giovanni Trapattoni (Juventus FC) (1977 Y 1985) 2

3. Arrigo Sacchi (AC Milan) (1989 y 1990) 2

3. Carlos Bianchi (Boca Juniors) (2000 y 2001) 2

3. Jürgen Kloop (Borussia Dortmund y Liverpool FC) (2012 Y 2019) 2

3. Carlo Ancelotti (Real Madrid) 2022 y 2024) 2

Helenio Herrera (1950, 1959, 1964 y 1965)

Para finalizar, conviene señalar a aquellos que serían Balón de Oro contrafactual tanto en su carrera como futbolista como en su carrera como entrenador. Dos ejemplos, además, de técnicos profundamente influyentes (Cruyff) o irresistiblemente ganadores (Zidane) que si no tienen más trofeos es porque coincidieron en el tiempo con otros grandes técnicos.

A – Johan Cruyff

Jugador: 1971, 1973 y 1974 (AFC Ajax y FC Barcelona)

Entrenador: 1992 (FC Barcelona)

B – Zinedine Zidane

Jugador: 1998 (Juventus FC)

Entrenador: 2017 (Real Madrid)

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