fútbol

Cuando la trampa del fuera de juego cambió el fútbol para siempre (1ª parte)

Yo estuve allí. Es una calle insulsa en el barrio de Covent Garden. No muy lejos del British Museum. Hoy mantiene la esencia. Poco iluminado, decoración cargante, amplia barra de bebidas y escasa oferta de comida. Pidiera sausage and mash. Es decir, salchichas con puré de patatas. Mi esposa pidiera fish and chips. Es decir, bacalao frito con patatas. Lo típico. Tampoco había mucho más para elegir. Pues allí, en The Freemason’s Tavern, una mañana de octubre de 1863 se reunieron representantes de los centros educativos más prestigiosos de Gran Bretaña para discernir sobre cuáles eran las reglas a seguir de manera uniforme en ese nuevo deporte de pelota que estaba desarrollándose y creciendo aceleradamente por todo el país. Los partidarios de jugar con pies y manos, liderados por los religiosos de la Rugby School, no fueron capaces de convencer a los allí presentes de las bondades de sus reglas. Así que un grupo de once disidentes, enderezados por Harrow School, firmaban, esa mañana en la The Freemason’s Tavern, un documento con trece reglas entre las que destacaba la prohibición del uso de las manos para trasladar el balón. Había nacido la Football Association. Había nacido la FA.

El fútbol pasaba a ser un ente propio y reglamentado.

Porque los ingleses no inventaron el fútbol (de hecho, tuvieron mucho más peso los escoceses, pero esa es otra historia ya contada en este blog). El fútbol surgió como hijo de la Revolución Industrial ante la necesidad de ocupar un tiempo de ocio instituido al sustituir el trabajo agrario de sol a sol por el mecanizado con horario de inicio y de fin. El fútbol triunfó por su sencillez y por su capacidad para aglutinar en torno al juego un compendio de identidades culturales y sociales que sirviesen de vía de escape a aquellos que se trasladaron del campo a la ciudad y vieron saltar por los aires todas sus convicciones tradicionales. Pero al fútbol se jugaba igual en Oxford, que, en el patio de una fábrica, en la cubierta de un barco o detrás de una iglesia. Lo que se hizo aquella mañana en la The Freemason’s Tavern fue reglamentar el juego, dotarlo de unas normas y un patrón común a todos sus practicantes. El reglamento del fútbol dice claramente como debe jugarse, cuáles son los códigos de actuación y cuáles las normas de conducta.

Toda norma condiciona. La Ley de Propiedad Horizontal determina que puedes y que no puedes hacer en tu vivienda, el Código de Circulación establece como conducir y la Constitución decreta que y que no puede hacer el partido político que está en el Gobierno de la Nación. El reglamento del fútbol, las trece reglas originales, condicionaron como se iba a jugar al fútbol desde entonces hasta el presente. Condicionó la orientación del juego (ofensiva, al ataque), limito el terreno de juego al 100 x 100 (hoy la horquilla va desde el 110 x 75 al 100 x 64) y estableció elementos fijos de finalización (porterías con medidas estandarizadas). Las reglas dictaminan que para ganar hay que meter gol, lo que sugiere que el juego se practica de medio campo hacia adelante. Con los años la táctica más extendida y con más durabilidad en el tiempo será el 2-3-5 que estimuló la ocupación del ancho del campo en la búsqueda de un eje vertical de actuación que lleve a la portería, auténtico referente del juego. Más adelante la portería será sustituida por un referente móvil (el balón) y mucho más tarde, en tiempos de Cruyff, el referente del juego serán los propios jugadores a través de su movimiento.

Durante un tiempo fútbol y rugby beberán de la misma agua. El caos en el juego, las melés, el patadón, lo más puro de la diversión, formarán parte del desconcierto inicial. El origen se parecerá y mucho al patio del colegio, a las vísceras del juego donde todos corríamos sin ton ni son en busca del balón. Esos inicios tienen que ver con las reglas, y las reglas las conforman unos individuos determinados por un lugar y un hábitat concreto. Hablamos del Imperio Británico. Del Britannia Rules. De la Inglaterra Victoriana. Lo que prima es el juego directo. El yo contra todos. El juego individual, pero también caballeroso. No hay centros, no hay pases. El que coge el balón vuela hacia el horizonte como la carga de la Brigada Ligera cabalgaba hacia el abismo en la batalla de Balaclava. Lo que importaba era el romanticismo, el héroe que luchaba ante todo y salía victorioso tanto en la victoria como en la derrota. El liderazgo y la proeza individual encarnaba todo lo que un futbolista tenía que ser. No es extraño que el primer gran equipo fuese el Old Etonians, de la prestigiosa y elitista Eton, donde, evidentemente, sus jugadores ni podían ni querrían ser profesionales.

Pasar el balón estaba mal visto. Era un acto de cobardes. Una dejación de funciones. Todo se basaba en el héroe, en el único responsable. Entre los primeros partidos de los que tenemos constancia hay muertos. Cuerdos y locos, valientes que cogían el balón y recibían la envestida de otros hombres a base de golpes. Fruto de todo aquello, de aquella locura pseudoheroica, en 1891, casi tres décadas después de la fundación del fútbol reglado, tiene lugar la primera modificación del reglamento. Se prohíbe golpear al portero (hasta entonces eso no era falta) y se crea el área pequeña, también llamada área de gol. Toda infracción dentro de ese rectángulo será sancionada con un golpeo directo sin barrera. Es el penalti. También conocido como disparo de la muerte.

El disparo de la muerte

Hasta entonces se podía hacer lo que te viniera en gana para derribar al portero. Desde entonces el arquero es intocable con la pelota en su poder. Mas también lo es el delantero que consigue ser tan audaz como para adentrarse en el área rival. La creación del penalti (1891), la modificación del fuera de juego (1925, lev motiv de este artículo), la introducción de los cambios (1967) y la aparición del VAR (2016), son los cuatro grandes cambalaches que han puesto patas arribas el fútbol en más de siglo y medio de vida.

¿Cómo era entonces el juego en sus inicios? La disposición táctica habitual era el 1-1-8. Era un juego simple, basado en el individualismo, el regate, la velocidad y el buen disparo desde lejos. Todo era un caos absoluto. Era un caos promovido por un reglamento que fomentaba patear, correr y driblar. Era el velocista con buen regate el jugador más demandado. Y no hay que caer en la simpleza. Uno piensa que con 1-1-8 los goles estaban asegurados. En realidad, había un defensa y un medio fijos. Los otros ocho delanteros lo que hacían era correr a por el balón. En el momento en el que uno de ellos lo controlaba, los otros siete se hacían a un lado para ver el espectáculo. Para ver como su compañero ejercía de loco y tocaba a corneta. Mientras, esperaban a que fuese abatido y así recuperar el balón.

El 1-1-8 era la táctica habitual en Inglaterra. No así en Escocia. Allí pronto se adoptó el 1-2-7, utilizando otro medio más a imagen y semejanza del tres cuartos del rugby. La idea básica seguía siendo el juego físico, de hombres fuertes y vigorosos camino a la portería rival. Sin embargo, desde Escocia ya se intuía otra sensibilidad. El juego era ofensivo, se practica de medio campo para adelante, pero tenía un freno. Y ese freno era la regla del fuera de juego.

La regla original del fuera de juego dictaminaba que un futbolista estaba en posición antirreglamentaria si tres oponentes se encontraban entre él y la portería rival. Esto hacía que el equipo defensor, al poner a dos defensores junto al portero, siempre estaría en posición de ventaja ante el rival. De este modo, aunque sobre el papel el 1-1-8 o el 1-2-7 pareciese un suicidio defensivo, la realidad era mucho más prosaica. De igual manera, dado que el fuera de juego quedaba desactivado si el pase procedía de la línea anterior al centro del campo, se promovía el kick and run y al delantero veloz capaz de cabalgar 40 o 50 metros detrás del balón.

Es en Escocia donde tiene lugar la primera gran revolución. Su psique es opuesta a la de los mandamases del Imperio. Los futbolistas ingleses son más grandes, están mejor alimentados. Cuando en 1872 Escocia e Inglaterra se enfrenten en el primer partido internacional de la historia, los ingleses tendrán doce kilos de peso medio más elevado que los escoceses. La necesidad hace que Escocia adapte un juego de equipo, un enfoque colectivo, un sistema de pases basado en la solidaridad y la colectividad. Si en Inglaterra el fútbol es un deporte de caballeros victorianos que sueñan con ser héroes, en Escocia el fútbol es lugar para obreros y gente de humilde condición. No es extraño, pues, que hasta 1888 las victorias de Escocia a Inglaterra se cuenten por goleadas. El primer gran club británico fue el Queen’s Park de Glasgow. El inglés Preston North End gana el primer doblete liga-copa en 1889 con siete escoceses en su once. El Liverpool FC contaba en 1892 con un once inicial entero de escoceses. Con el profesionalismo riadas de futbolistas de Escocia pasaron a jugar en la caudalosa Inglaterra, suponiendo el fin para el amateurismo de los elitistas colegios ingleses.

Fue ese el tipo de juego que llegó al Río de la Plata y a orillas del Danubio. El juego de pases importado por los escoceses. Rápidamente evolucionó en un 2-2-6, que fomentaba un juego de pases basado en triángulos y dejaba de lado la velocidad, la fuerza y el regate inglés. Ese segundo mediocentro inventado por los escoceses ejercía de enlace con los delanteros cuando tras una de esas alocadas cabalgadas el punta perdía el balón. Esa dicotomía marcará el futuro del fútbol desde ese momento en adelante. En España, por ejemplo, fueron los ingleses los que trajeron el balompié por los puertos del País Vasco. El fútbol español, representado por el Athletic Club, acogerá el kick and run, el juego directo inglés como propio (la furia española) desde entonces hasta inicios del siglo XXI.

Es entonces, rondando los últimos años de 1880, cuando el fútbol se exporta por buena parte del orbe por obra y gracia del Imperio Británico y cuando el establecimiento del profesionalismo y de una liga regular estandariza definitivamente lo que es el fútbol. Se produce entonces la última gran invención táctica, una, que, con matices, será patrón común durante cerca de medio siglo. Se trata del 2-3-5, la disposición táctica por excelencia que convirtió el fútbol en el deporte atractivo de masas que conocemos en la actualidad.

Fue el equipo de fútbol de la universidad de Cambridge el primer equipo de fútbol que apostó por el 2-3-5, de ahí que a esta disposición táctica se le conoce como La pirámide de Cambridge. Y así es. Una pirámide invertida donde por vez primera el juego está diseñado en su totalidad por triángulos y donde el pase es capaz de sustituir al kick and run a lo largo de los 100 metros de longitud del campo. El 2-3-5 fue el primer sistema universal, común a todos los equipos entre 1890 y 1930, posición en el tiempo que se alargó hasta el fin de la II Guerra Mundial en muchos más.

Pirámide de Cambridge (rojos)

La idea del 2-3-5 era la de juntar a dos defensores cerca del portero (para habilitar la trampa del fuera de juego) siempre defendiendo en zona y raramente en paralelo. Lo normal es que uno de los dos, generalmente el derecho, se quedase más cerca del guardameta. Los tres del centro del campo se dividían entre el mediocentro creativo y los dos interiores que ejercían de guardaespaldas, mientras que en paralelo cohabitaban los cinco atacantes. Era un fútbol de posiciones fijas, si bien es cierto que el 2-3-5 en realidad era un 2-5-3, dado que dos de los delanteros, el número 8 y el número 10, los dos que jugaban por dentro (de ahí lo del carril del 8, el carril del 10…) funcionaban como abanicos que subían y bajaban desde el centro del campo hasta el ataque. La función de todos ellos eran enviar el balón a los extremos (carril del 7 y carril del 11) para que, a través de un centro, el ariete (el 9) rematase de cabeza, ya que generalmente era el futbolista más grande y más fuerte del equipo.

Como vemos el juego, aun rudimentario para nuestra óptica, tenía todos los elementos clásicos y contemporáneos necesarios para hacerlo efectivo. La figura esencial de esta ruptura e innovación táctica era el mediocentro, el tercer centrocampista. Ejercía de policía, bajaba a defensa a recibir el balón si era necesario y tenía libertad de movimientos para avanzar con el esférico y acercarlo a la delantera. Ejercía de bisagra entre los dos mundos.

Era el punto fuerte del esquema y, sin embargo, al mismo tiempo, era el punto débil. El mediocentro no siempre llegaba a tiempo a las ayudas y, en una época donde la preparación física era escasa y no existían los cambios, su ausencia generaba un constante agujero y multitud de espacios. Ahí reside el motivo por el que entonces había tantos goles en los partidos y no por la impresión (falsa) de que se jugaba con cinco delanteros. Eran los interiores (el carril del 8 y el carril del 10) los verdaderos protagonistas del ataque dado que se aprovechaban de la ausencia del mediocentro rival para cabalgar en transiciones rápidas y dinamitar el juego en estático.

El primer gran mediocentro del que se tiene constancia es Ernest Needham, faro del Sheffield United entre 1891 y 1909 con 160 centímetros escasos de altura, inaugurando un perfil de jugador que nos lleva desde él hasta los Xavi Hernández del presente.

Como él hubo más, pero su hegemonía se iría diluyendo poco a poco.

Ernest Needham

A sabiendas de que ese agujero en el centro del campo debía de ser explotado, se empezó a desarrollar una nueva forma de distribución en el campo. Recordemos que entonces las posiciones son fijas, cada futbolista es encargado de ocupar una parcela del campo, ni una más y ni una menos, por lo que las ayudas o los desplazamientos son inexistentes. Lo que se propone es mover ligeramente a los cinco de arriba. En vez de estar en paralelo, los cinco delanteros pueden situarse en forma de abanico, se adelanta a los extremos o en algunos casos, como sucede en Uruguay, el delantero centro pasará a retrasarse y ocupar el centro del campo. Esa innovación, la del delantero falso (el falso ‘9’) hará que Uruguay domine el fútbol mundial (con permiso de los ingleses) en el primer cuarto del siglo XX.

Así pues, asustado, el mediocentro dejó de ser tan libre y de acercarse tanto al ataque para convertirse más en un elemento defensivo que ofensivo. De repente, cuando nos acercamos a 1920, el número de goles por partido baja drásticamente. Donde antes había dos defensores ahora hay dos y medio. Los medios piensan más en defender que en atacar, el centro del campo se va rompiendo y los delanteros quedan aislados. El kick and run vuelve a coger fuerza.

Y es entonces, viendo que el fútbol se adentra en el mundo de la oscuridad, cuando en 1925 aparezca la nueva regla del fuera de juego. La norma que lo cambiará todo.

Y sin embargo lo que no sabían los que la diseñaron es que aquello que se pensó hacer para favorecer al fútbol ofensivo, acabaría siendo el caldo de cultivo de una teorización defensiva que revolucionaría el futbol para siempre.

Continuará…

“Estoy orgulloso de que Inglaterra haya ideado estas leyes y que como resultado el fútbol se haya extendido por el fútbol como lo ha hecho. Las reglas no solo permiten jugar al fútbol, encarnan el espíritu y la herencia de nuestro juego”. Sir Bobby Charlton.

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Historia contrafactual del Balón de Oro español (1930-2023)

Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.

En este caso vamos a barrer para casa. En esta historia contrafactual nos proponemos determinar quiénes han sido los mejores futbolistas españoles año por año. No es el futbolista hispano de los más reconocidos en el ámbito mundial. Es cierto que tras las victorias españolas en el Mundial 2010 y en las Eurocopa 2008 y 2012 el producto patrio se ha expandido por medio mundo, tanto futbolistas como entrenadores. Sin embargo, el buen desempeño colectivo ha impedido que España tuviese un jugador de referencia, una estrella, la estrella del planeta fútbol. La dispersión de votos hizo que Fernando Torres hubiese de conformarse con el Balón de Bronce (2008) al igual que Xavi Hernández (2009, 2010 y 2011) y Andrés Iniesta (2012). Lo más sangrante fue el caso del manchego que fue Balón de Plata tras ganar el Mundial 2010. Aquel año hubo cinco españoles entre los diez primeros, pero la victoria fue para el argentino Lionel Messi.

El único ganador del premio fue el recientemente fallecido Luis Suárez. Icono del Grande Inter. Durante una década fue considerado el centrocampista organizador más talentoso de Europa. El coruñés es también uno de los siete futbolistas que han ganado Oro, Plata y Bronce al menos en una ocasión. El áureo fue en 1960, el argento en 1961 y 1964 y el de bronce en 1965. Éste último también fue ganado por Amancio en 1964, mientras que Emilio Butragueño fue Balón de Bronce en 1986 y 1987.

Luis Suárez. Oro (60) , Plata (61, 64) y Bronce (65)

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro español he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. Antes de que la Guerra Civil y luego la II Guerra Mundial hiciese estallar todo por los aires el fútbol español estaba entre los mejores de Europa. Después llegó una década oscura hasta que, capitaneados por las hazañas del Real Madrid, el fútbol hispano volvió a ser referencia mundial. En los 60 algunos futbolistas comenzaron a emigrar a Italia, liga que pronto se iba a convertir en la competición más fuerte del momento. Desde esa década y hasta finales del siglo XX tanto el futbolista español como la Liga tuvieron un perfil bajo, suceso corregido por el dinero de las telecomunicaciones en el segundo supuesto y por un incasable trabajo técnico en el fútbol base cristalizado en la consecución del Mundial 2010 en el primero de los casos. Hoy, con altibajos, tanto la Liga como el futbolista español (cada vez más emigrante) están entre los mejores considerados del planeta.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, World Soccer o Don Balón. También consideraciones y premios de Marca, As, Mundo Deportivo o la Agencia EFE. Alguna licencia personal ha habido. Por citar un ejemplo en 1974 la línea oficial dictaminaría que el Balón de Oro español fuese Asensi. Sin embargo, he decidido apostar por José Eulogio Gárate, con mejores números individuales que los del alicantino y pieza primordial para que el Atlético de Madrid venciese al Celtic y se clasificase para jugar su primera final de Copa de Europa.

Gárate (Balón de Oro español 1970 y 1974)

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Para el futbolista español hay tres edades de oro; la década de los 30, el periodo 1955-65 y los quince años que van de 2005 a 2020. Eso hace que fantásticos jugadores coincidentes en el tiempo como Cilaurren o Luis Regueiro no cuenten con ningún trofeo al concordar con Ricardo Zamora (1932, 1933 y 1934). Iconos de los 60 como Adelardo, Joaquín Peiró, Carlos Lapetra, Ignacio Zoco o Marcelino palidecen ante el ya citado Luis Suárez, Luis del Sol (1962), Manuel Velázquez (1969) o Amancio Amaro (1966, 1968 y 1972). Por último, los éxitos de Iker Casillas (2007), David Silva (2019), Sergio Ramos (2014, 2016, 2017, 2018) o del binomio Xavi e Iniesta impiden que podamos coronar a David Villa, Cesc Fábregas o Xabi Alonso, quienes en cualquier otra época hubiesen sido Balón de Oro español sin lugar a dudas. Es el caso del asturiano Villa, máximo goleador histórico de la Selección, el más injusto al coincidir en sus años de gloria con los antes citados y también con Carles Puyol (2006) o Fernando Torres.

Villa, máximo goleador español sin Balón de Oro

Así futbolistas históricamente menores como Jesús Garay (1956), Rubén Cano (1977), Dani (1983), Goicoetxea (1991) o Gerard Moreno (2021) cuentan con un Balón de Oro contrafactual por incomparecencia de rivales. Como se verá he dejado libre el año 1937 y 1938 por ser inhábiles por motivo de la Guerra Civil. No así ni el 36 ni el 39 ni los años de la II Guerra Mundial, pródigos en fenómenos españoles que destacaron en Sudamérica caso de Ángel Zubieta (1946) y, especialmente, Isidro Lángara (1935, 1936, 1939 y 1940).

¿Era mejor Raúl que Lángara? Más rápido, más flexible, estuvo mejor entrenado y desde niño estuvo preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Lángara no hubiese sido el primer delantero español de corte internacional no habría habido ni Butragueño, ni Raúl ni Lamine Yamal.

Para finalizar un par de puntualizaciones. He considerado Balón de Oro español a aquel futbolista de nacionalidad hispana. Alfredo di Stéfano (1957 y 1959) podría haber ganado más trofeos con anterioridad, pero de 1953 a 1956 compitió en la Liga con nacionalidad argentina. Lo mismo sucede con el extraordinario Ferenc Puskás, al que le he dado el trofeo de 1963, que seguramente merecería Luis Suárez, como un acto de justicia poética para un futbolista que no obtuvo la nacionalidad española hasta los 34 años, camino al ocaso de su carrera. También señalar que en 1993 premié al deportivista Fran antes que, a Julen Guerrero, Nadal o Zubizarreta, quizás barriendo un poco para casa.

Como último aporte aclaratorio quiero señalar el enorme mérito del Balón de Oro español que le he otorgado a Quini en 1976. Militaba entonces en el Sporting de Gijón que descendería a Segunda, pero Quini se coronaría como Pichichi de la Liga. A pesar de los éxitos de Santillana o de Pirri con el campeón Real Madrid, el año del goleador asturiano fue colosal. Y señalar también a futbolistas que no han logrado entrar en la lista como Basora, Acuña, Rexach, Sadurní, Juanito, Gordillo, Camacho, Maceda, Sanchis, Kiko, Luis Enrique, Valerón, Joaquín, Cazorla, Piqué, Jordi Alba, Sergio Busquets o la reciente aparición de Pedri.

Quini (Balón de Oro español 1976 y 1982)

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro español. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2023 serían los siguientes:

1930 Guillermo Gorostiza (Athletic Club)

1931 Guillermo Gorostiza (Athletic Club)

1932 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1933 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1934 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1935 Isidro Lángara (Real Oviedo)

1936 Isidro Lángara (Real Oviedo)

1937

1938

1939 isidro Lángara (San Lorenzo de Almagro)

1940 Isidro Lángara (San Lorenzo de Almagro)

1941 Martí Ventolrá (Atlante FC)

1942 Guillermo Gorostiza (Valencia CF)   

1943 Agustín ‘Piru’ Gainza (Athletic Club)

1944 Edmundo Trabancos ‘Mundo’ (Valencia CF)

1945 Telmo Zarra (Athletic Club)

1946 Ángel Zubieta (San Lorenzo de Almagro)

1947 Telmo Zarra (Athletic Club)

1948 Manuel Fernández ‘Pahiño’ (Real Madrid CF)

1949 César Rodríguez (FC Barcelona)

1950 Telmo Zarra (Athletic Club)

1951 Telmo Zarra (Athletic Club)

1952 Antoni Ramallets (FC Barcelona)

1953 Laszlo Kubala (FC Barcelona)

1954 Luis Molowny (Real Madrid CF)

1955 Agustín ‘Piru’ Gainza (Athletic Club)

1956 Jesús Garay (Athletic Club)

1957 Alfredo di Stéfano (Real Madrid CF)

1958 Francisco Gento (Real Madrid CF)

1959 Alfredo di Stéfano (Real Madrid CF)

1960 Luis Suárez (FC Barcelona)

1961 Luis Suárez (FC Barcelona)

1962 Luis del Sol (Real Madrid CF)

1963 Ferenc Puskás (Real Madrid CF)

1964 Luis Suárez (Internazionale)

1965 Luis Suárez (Internazionale)

1966 Amancio Amaro (Real Madrid CF)  

1967 José Martínez ‘Pirri’ (Real Madrid CF)

1968 Amancio Amaro (Real Madrid CF)

1969 Manuel Velázquez (Real Madrid CF) 

1970 José Eulogio Gárate (Atlético de Madrid)

1971 José Ángel Iribar (Athletic Club)

1972 Amancio Amaro (Real Madrid CF)

1973 Luis Aragonés (Atlético de Madrid)

1974 José Eulogio Gárate (Atlético de Madrid)

1975 José Martínez ‘Pirri’ (Real Madrid CF)

1976 Enrique Castro ‘Quini’ (Sporting Gijón) 

1977 Rubén Cano (Atlético de Madrid)

1978 Carlos Santillana (Real Madrid CF)

1979 Juan Manuel Asensi (FC Barcelona)

1980 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1981 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1982 Enrique Castro ‘Quini’ (FC Barcelona)

1983 Daniel Ruíz Bazán ‘Dani’ (Athletic Club)

1984 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1985 Miguel Bernardo Bianquetti ‘Migueli’ (FC Barcelona)

1986 Emilio Butragueño (Real Madrid CF)

1987 Emilio Butragueño (Real Madrid CF)

1988 Miguel González ‘Michel’ (Real Madrid CF)

1989 Miguel González ‘Michel’ (Real Madrid CF)

1990 Rafael Martín Vázquez (Real Madrid CF)

1991 Jon Andoni Goicoetxea (FC Barcelona)

1992 Andoni Zubizarreta (FC Barcelona)

1993 Francisco González ‘Fran’ (RC Deportivo)       

1994 Josep Guardiola (FC Barcelona)

1995 Fernando Hierro (Real Madrid CF)

1996 José Luis Pérez Caminero (Atlético de Madrid)

1997 Raúl González (Real Madrid CF)

1998 Fernando Hierro (Real Madrid CF)

1999 Raúl González (Real Madrid CF)

2000 Gaizka Mendieta (Valencia CF)

2001 Raúl González (Real Madrid CF)

2002 Raúl González (Real Madrid CF)

2003 Raúl González (Real Madrid CF)

2004 Santiago Cañizares (Valencia CF)

2005 Xavi Hernández (FC Barcelona)

2006 Carles Puyol (FC Barcelona)

2007 Iker Casillas (Real Madrid CF)

2008 Fernando Torres (Liverpool FC)

2009 Xavi Hernández (FC Barcelona) 

2010 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2011 Xavi Hernández (FC Barcelona)

2012 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2013 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2014 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2015 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2016 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2017 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2018 Sergio Ramos (Real Madrid CF) 

2019 David Silva (Manchester City)

2020 Thiago Alcántara (Bayern Münich)

2021 Gerard Moreno (Villarreal FC)

2022 Rodrigo Hernández ‘Rodri’ (Manchester City)

2023 Rodrigo Hernández ‘Rodri’ (Manchester City)

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista del Balón de Oro español entre 1930 y 2023 sería la siguiente:

1. Raúl González (Real Madrid CF) (1997, 1999, 2001, 2002 y 2003) 5

2. Sergio Ramos (Real Madrid CF) (2014, 2016, 2017 y 2018) 4

2. Andrés Iniesta (FC Barcelona) (2010, 2012, 2013 y 2015) 4

2. Luis Suárez (FC Barcelona e Internazionale) (1960, 1061, 1964 y 1965) 4

2. Telmo Zarra (Athletic Club) (1945, 1947, 1950 y 1951) 4

2. Isidro Lángara (Real Oviedo y San Lorenzo de Almagro) (1935, 1936, 1939 y 1940) 4

3. Xavi Hernández (FC Barcelona) (2005, 2009 y 2011) 3

3. Luis Arconada (Real Sociedad) (1980, 1981 y 1984) 3

3. Amancio Amaro (Real Madrid CF) (1996, 1968 Y 1972) 3

3. Ricardo Zamora (Real Madrid CF) (1932, 1933 y 1934) 3

3. Guillermo Gorostiza (Athletic Club y Valencia CF) (1930, 1931 y 1942) 3

Raúl (Balón de Oro español 1997, 1999, 2001, 2002 y 2003)

Otras historias contrafactuales

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (¿si Gento hubiese jugado tantos encuentros como se disputan en la actualidad superaría a Sergio Ramos?)

Historia contrafactual de la Eurocopa 2008 (¿y si España hubiese decidido seguir siendo toro en vez torero?)

Un Balón de Oro para los europeos (una historia alternativa entre 1995 y 2020)

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Los siete balones de oro de Pelé (cuando ‘O Rei’ estaba vetado y no pudo ganar el trofeo)

Historia contrafactual del Balón de Oro (una historia alternativa que se inicia en 1930)

Historia contractual del Balón de Oro de los porteros (los mejores guardametas de todos los tiempos)

Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (¿y si el Balón de Oro premiase a los destructores en vez de a los constructores?)

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Fratelli d’Italia

Lo primero antes que nada es explicar lo que es el irredentismo. En España, desde donde escribo, es un concepto en desuso. El nacionalismo lo abarca todo. Pero el irredentismo existe. El reclamo de Gibraltar como parte de España es irredentismo. Lo es también la proclama por unos Países Catalanes desde Barcelona. Del mismo modo irredentismo es cuando desde Euskadi se solicita la anexión de Lapurdi, Zuberoa y Nafarroa (Navarra). El irredentismo es, en definitiva, la corriente política que propugna la anexión a un territorio considerado como nación de otros territorios que se consideran propios de aquel por motivos culturales, históricos, lingüísticos o raciales. Irredento significa ‘no liberado’. Por lo tanto, hace referencia a aquellos territorios que deberían formar parte de la nación o estado reclamante.

Argentina (Malvinas), Bolivia (corredor de Atacama), China (Taiwán), Israel (Palestina), India (Cachemira) o Rusia (Crimea), son algunos de los movimientos irredentistas más conocidos a nivel global. Sin embargo, es en la Europa continental donde esto es común a cualquier nación. La implosión del Imperio Austro-Húngaro en 1918 y, anteriormente, el surgimiento del movimiento nacionalista vinculado al Estado-Nación en el siglo XIX, convirtió a Europa en una suerte de reino de taifas. Fue en ese siglo XIX cuando se fundaron dos entes esenciales en la historia europea que hasta entonces no conformaron una unión sólida. Se trata de Alemania e Italia, y ambas, curiosamente, cerraron fronteras reconocidas en 1871. Desde ese mismo año, desde el primer minuto de la unificación, Alemania reclamaba territorios en otros lugares. Fue el germen de una deriva que llevaría al nazismo a reclamar lo que se dio en llamar ‘Espacio Vital’. Hoy, mutilada, Alemania tendría motivos para contar con un fuerte movimiento irredentista, pero al ser una ideología ligada al nazismo no tiene apoyo alguno ni entre las elites dirigentes ni entre la sociedad.

Donde fue acuñado el termino irredentismo fue en Italia. Ligado al Risorgimento (Renacimiento) tiene hasta un museo en Turín, primera capital del nuevo Estado. Allí, en el majestuoso Palacio Carignano, donde se ubicó el primer parlamento italiano, un toro con los colores de la bandera italiana recibe a los visitantes que quieran enfrascarse en la historia del país de la bota. La reunificación italiana consiguió unir en un solo reino a territorios repartidos por dinastías extranjeras como los Habsburgo o los Borbones así como los Estados Pontificios. Pero había algo más. Algo que no se logró conseguir. Los territorios irredentos. Lugares donde los italianos eran mayoría. Trentino, Fiume y Dalmacia, provincias que entonces pertenecían al Imperio Austrohúngaro.

Italia unificada (1871) y sus reclamaciones irredentas

Antes de que Italia fuese una, la Península Itálica estaba divida en múltiples entidades territoriales. Uno de ellos era la Serenissima República de Venecia. Fundada sobre una laguna por ciudadanos romanos que escapaban de las invasiones de hunos y godos cuando el Imperio Romano tocaba a su fin, Venecia fue creciendo hasta convertirse en una pujante Ciudad-Estado durante la Edad Media. En el siglo XVI, en su época de máxima expansión, ocupaba Chipre, Creta, Líbano, Montenegro, múltiples islas del Mediterráneo y buena parte de lo que hoy conforma Grecia.

Eran esos territorios que podríamos tildar de coloniales. Extraterritoriales. Pero controlaba también las montañas del Trentino, la llanura del Fiume y la costa de Dalmacia (hoy Croacia). Todos lugares considerados geográficamente italianos y todos con fortísima presencia en la psique del pueblo italiano al ser parte esencial del Imperio Romano. Las dos costas del Mar Adriático, lo que hoy es Italia en una ribera y la ex Yugoslavia en la otra, construían para Italia un territorio propio.

Y no era para menos. Cuando la I Guerra Mundial estalla en 1914 se estima que en el Fiume habitan más de un 75% de italianos, mientras que en Dalmacia el porcentaje es de un 25%. En Split, por citar un ejemplo, existen dos equipos de fútbol. El Hajduk, fundado por nacionalistas croatas, y el Calcio Splato, fundado por nacionalistas italianos. Y esto es significativo de una realidad. Los tres territorios irredentos reclamados pertenecían al Imperio Austrohúngaro, Imperio que estaba a punto de estallar en mil pedazos.

Tras cuatro sangrientos años de contienda el Imperio Austrohúngaro desaparece. Italia, en el bando de los vencedores, recibe como compensación territorial el Trentino (capital en Trento). Sin embargo, el Fiume (Rijeka para los croatas) y la Dalmacia (Dubrovnik para los croatas y Ragusa para los italianos) pasó a formar parte del recién formado reino de Yugoslavia. Aquello es una afrenta para los irredentos italianos. Habían ganado la guerra, pero se sentían olvidados por Francia y Gran Bretaña, los dominadores del cotarro.

Será ese el germen del movimiento fascista liderado por Benito Mussolini.

¡El Adriático es italiano!

Es 1919. Época de afanosísimas convicciones nacionalistas de patria y honor. Doloroso es especialmente el caso del Fiume. Los leones venecianos de San Marcos adornan la entrada de ciudades como Zadar o Split. Ciudades que son yugoslavas (croatas) cuando tendrían que ser italianas. Fiume era una daga en el corazón de los italianos. No en vano, en 1919, meses después del término de la IGM, hubo un referéndum en Fiume cuyos resultados convertían la provincia en territorio italiano. No obstante, los efectos de la consulta no fueron vinculantes y Yugoslavia, con el apoyo de la Sociedad de Naciones (antecesor de la ONU), se mantuvo firme y conservó el territorio como propio.

Es entonces cuando aparece en escena Gabriele D’Annunzio. Duque, poeta, sex-symbol y militar, D’Annunzio sobrevoló Viena con su caza durante la I Guerra Mundial. Perdió un ojo durante una contienda en la que se convirtió en uno de esos héroes caballerescos, uno de esos ases del motor que al mando de su escuadrón eran venerados por militares y civiles a partes iguales. Amante de la tecnología, futurista, D’Annunzio fue uno de los primeros seres humanos que lanzó torpedos desde un avión. Tras la guerra se convirtió en parlamentario y en articulista destacado de ‘Il Popolo d’Italia’, el periódico dirigido por un tal Benito Mussolini. Con esos ideales no era de extrañar que en 1920 el comandante D’Annunzio, liderando a miles de militares, ocupase el Fiume y lo declarase provincia italiana. Aquello no estaba bien. No se podía permitir. El gobierno italiano, por entonces democrático, acabaría bombardeando (a regañadientes, porque en su fuero interno no querían hacerlo) en las navidades de ese año el Fiume, por lo que D’Annunzio se desdijo de lo dicho y proclamó la independencia del territorio como Estado Libre del Fiume. Luego, en 1924, ya con Mussolini y el fascismo en el poder, Italia se anexionaba el Fiume con el beneplácito de D’Annunzio y sus hombres. Yugoslavia, por cierto, dejó hacer. Bastante tenía con mantener la paz y el orden dentro de sus fronteras.

D’Annunzio

Esos cuatro años de mandato del ‘Duce’ D’Annunzio en el Fiume fueron cuanto menos curiosos. Prohibió la presencia de piratas o contrabandistas en sus costas bajo pena de muerte, anuló los divorcios y eliminó las drogas, fuesen blandas o duras, de las calles. Pero fundamentalmente lo que intentó fue italianizar al máximo posible la región.

Una de los métodos elegidos fue celebrar partidos de fútbol internacionales. Oficiosos, obviamente. Escogió como color de la camiseta del Estado Libre del Fiume el azul de la selección italiana, como no podía ser de otra manera. Por aquel entonces Italia vestía con una camiseta en cuyo pecho llevaba en escudo sobre fondo rojo con cruz blanca en representación de la Casa de Saboya, la casa reinante en Italia desde 1861. Pero claro, el Fiume era una cosa e Italia era otra. D’Annunzio no podía utilizar dicho escudo. Hubo de cambiar de idea. Decidió montar sobre el pecho una escarapela tricolor de franjas horizontales. Verde, blanca y roja. Los colores de la bandera italiana.

A eso se le llamó ‘Scudetto’.

La idea gustó. Y gustó mucho. Cuando en 1924 el Fiume pase a formar parte de Italia, la FIGC (Federación Italiana de Fútbol) decide adoptar el ‘Scudetto’ como propio. El 10 de octubre de 1924 se establece que el vigente vencedor de la liga italiana (Serie A) lleve en el pecho el distintivo del ‘Scudetto’ como símbolo honorífico del trofeo conquistado. Tras la II Guerra Mundial y la deposición de la monarquía, el ‘Scudetto’ también sustituirá al escudo de la casa de Saboya de la camiseta de la selección ‘Azurra’.

Como explicaba en el párrafo anterior, la idea D’Annunzio gustó, y gustó mucho. Para Italia, como nación de nuevo cuño, es imprescindible que los méritos se sepan y se reconozcan. Además, la simbología castrense era complementaria al nuevo ideario fascista. La escarapela no es más que un trozo de tela, pero su simbología es fascinante. Se emplea desde la Antigüedad como complemento del uniforme militar. La posibilidad de fabricarlo a gran escala en color resultaba ideal durante el siglo XIX en plena efervescencia de banderas nacionalistas. Lo que antes se colocaba en una bandera, gorra o sombrero, pasó a llevarse en la solapa o en la manga del uniforme castrense. En la Francia de la Revolución o en la Sudamérica independentista ya había hecho fortuna entre civiles como símbolo de libertad.

Scudetto

Fue el Génova FC el primer club que lució el ‘Scudetto’ en 1924 como vigente campeón nacional. Con el paso de los años gustó la idea de hacer lo mismo con el campeón copero. Sería en 1958 con la creación de la Recopa de Europa. La FIGC consideró que el representante italiano tendría que lucir una escarapela que lo distinguiera como campeón copero por el Viejo Continente. Nacía entonces la ‘Coccarda’, un distintivo circular formado por tres circunferencias siendo la exterior, y más grande, roja, la del medio blanca, y la interior, y más pequeña, verde.

Aún hubo algo más. En ese mismo 1958 la Juventus FC turinesa lograba su décimo título de la Serie A. Umberto Agnelli, presidente de la Juve, consideró que la efeméride debía ser recordada, por lo que solicitó a la FIGC un distintivo representativo. Tras un mes de deliberaciones se otorgó a la Juve la opción de colocar una estrella dorada de cinco puntas encima de su escudo. Hoy se otorga una estrella a cada club que consigue alzarse con una decena de títulos de la Serie A. La idea pronto fue copiada por otros países e incluso la FIFA la adoptó para las selecciones nacionales en reconocimiento a sus títulos en el Mundial de fútbol.

Juve (18/19). Scudetto, coccarda y estrella dorada

¿Y el Fiume?

Volviendo a la irredenta región del Fiume, en aquellos agitados años 20 se fundaron dos equipos. La Unione Sportive Fiumana, con los colores rojo, amarillo y azul del Fiume, llegó a competir en la Serie A en 1929 aunque, exceptuando ese año, militó en la Serie B hasta que en 1943 la liga hubo de suspenderse por culpa de la II Guerra Mundial. El otro club existente era el NK Rijeka, fundado en 1906 por nacionalistas croatas, y que pasó por diferentes vicisitudes hasta que en 1945 fue refundado por comunistas y pasó a integrar la liga yugoslava. En 2017 ganó su primera liga croata.

Desde 1945 el Fiume (Rijeka) formó parte de Yugoslavia y, tras la Guerra de los Balcanes iniciada en 1991, forma parte de Croacia. Hoy, anualmente, el estadio Marmi de Roma acoge un triangular irredento (triangolare del ricordo) que cuenta con la notable presencia de 5.000 o 6.000 espectadores. Son los hijos, nietos y hasta bisnietos, de aquellos italianos que hubieron de marcharse de los territorios irredentos. Compiten la Union Sportive Fiumana (Fiume-Rijeka), el Dalmacia Calcio (Zara-Zadar) y el Giovanni Grion Pola (Pola-Pula), todos conjuntos croatas con fuertes raíces italianas.

Otras historias sobre el fútbol italiano

Cuando un volcán derrotó al Barça (Mourinho, los aspersores, el volcán y Eto’o como lateral derecho)

Tommaso Berni (la curiosa carrera de un obrero del fútbol profesional)

Cuando Italia ganó una Eurocopa gracias al lanzamiento de una moneda (a falta de penaltis, el azar decidió una semifinal europea)

La semana mágica de Paolo Rossi (como un apestado le dio un Mundial a Italia)

Maradona (la historia de uno de los más grandes en dos mitades)

Una historia del catenaccio (oda a la defensa para ser un gigante del fútbol)

Antes de que Nápoles amase a Maradona (la difícil llegada del Pelusa a Nápoles)

La tragedia de Superga (el accidente de avión que acabó con el Grande Torino)

Italia, signora del calcio (el mágico 1990 del fútbol italiano)

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Manuel de Castro ‘Handicap’

1909. Un escritor, profesor y guionista de origen zamorano, Miguel de Zárraga, decide fundar en Vigo la primera publicación gallega de carácter deportivo. Llevará por nombre ‘Letras y deportes’ y no alcanzará ni el año de vida. Su repercusión histórica es, sin embargo, extraordinaria. Serán veinte números semanales desde que el primero eche a rodar un 18 de enero de 1909. Allí escribirán Camilo Bernárdez ‘Thedy’ y Manuel de Castro ‘Handicap’, dos de los primeros periodistas que se dedicaron en exclusiva a la información deportiva. Como anuncia su cabecera hay literatura, también se escribe sobre aviación o tiro de pichón, pero, fundamentalmente, hay fútbol. Desde entonces ‘Handicap’ pondrá en marcha mil y un proyectos y será el jefe de deportes de ‘Faro de Vigo’ desde la creación de la sección en 1912 hasta su fallecimiento.

1885. Manuel de Castro González nace en Vigo. Será en el eje Atlántico formado por Coruña, Vilagarcía (donde se documenta el primer partido de fútbol de España en litigio histórico aun no resuelto con Huelva) y Vigo donde surjan las primeras competiciones deportivas en Galicia. Es la esquina noroeste periférica, mas no aislada, dado que las innovaciones vienen entonces de Gran Bretaña y son los puertos de mar los primeros lugares a donde llegan esas novedades. La pujanza de Vigo es extraordinaria. Pasa de 15.000 habitantes en la última década del siglo XIX a 83.000 al inicio de la Guerra Civil. Quintuplica su población, desarrollo que solo Barcelona puede igualar en esa época. Ese tejido social explica la aceptación y el éxito del fenómeno deportivo en la comarca viguesa y revela porque al adolescente Manuel acabará picándole el gusanillo del ‘sport’. Los beneficios sociales e higiénicos del deporte serán acogidos con efusividad por una población joven y urbana. A la altura de 1936 Vigo será la ciudad de España con más gimnasios por habitante.

1924. De la mano de su hermano, el ex-futbolista y atleta Fernando de Castro, Manuel funda la sección del Celta Atletismo. ‘Handicap’ había quedado prendado del espectáculo atlético de los Juegos Olímpicos de Paris a donde acudió como corresponsal tras 52 horas de viaje en tren. Ya había sido corresponsal en Amberes 1920 y lo será en Ámsterdam 1928. Escribió alabanzas sobre los estadios europeos, el juego de la selección de fútbol uruguaya y la capacidad de sacrificio de los atletas escandinavos y estadounidenses. Hubieron de pasar cuatro décadas hasta que en 1972 un periodista deportivo gallego fuese enviado nuevamente como corresponsal a unos Juegos Olímpicos.

1916. Nace ‘Vida Deportiva’, la primera publicación ‘sport’ con estética moderna. ‘Handicap’ está en la treintena, es administrador, redactor jefe y también es el cronista estrella en ‘Faro de Vigo’. ‘Handicap’ es la cabeza pensante de una publicación que apuesta decididamente por la fotografía y con un claro afán de expansión. ‘Vida Deportiva’ se vende en la calle Príncipe de Vigo, pero también en la Real coruñesa, en Santiago, Irún, Bilbao, Barcelona y Madrid y cuenta con una sección dedicada al deporte portugués. Es en ‘Vida Deportiva’ donde ‘Handicap’ reclama la creación de un Colegio de Árbitros. Sus deseos se harán efectivos en diciembre de ese mismo año. Por el colegio vigués se nombrarán a sus dos primeros miembros; Raúl López y Manuel de Castro. Porque ‘Handicap’, además de futbolista, directivo, periodista o seleccionador, también fue árbitro.

1922. Seleccionador, sí. Porque ‘Handicap’ fue seleccionador. La selección gallega de fútbol juega su primer partido. Será frente a Castilla (por entonces incluye a Madrid) y gana por 4-1. El partido se disputa en Vigo y se pretende que la selección esté formada por once futbolistas del Vigo FC dado que el presidente del club y de la federación gallega son la misma persona. ‘Handicap’, a la suerte seleccionador, se niega y exige que la totalidad de Galicia esté representada en tan magno acontecimiento.

1920. Es en Amberes. Juegos Olímpicos. Allí debuta la selección española de fútbol. Lo hará con notable éxito. Alcanzará una medalla de plata. No volverá a pisar el pódium hasta Barcelona 92. Aquel equipo estaba formado por 21 integrantes; 13 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos, fiel reflejo de la pujanza del fútbol periférico en la España de entonces. En aquel tiempo había entrenador y seleccionador. El primero era una suerte de preparador físico. El segundo era quien decidía la alineación. Aquellos 21 muchachos fueron seleccionados tras una serie de pruebas y partidos amistosos celebrados en el campo de Coya de Vigo. Los responsables de la selección fueron Luis Colina, secretario de la Federación Española de Fútbol, Alberto Martín, periodista del madrileño ‘Eco de los sports’, y…Manuel de Castro ‘Handicap’.

Después, el 9 de octubre de 1921, España disputó su primer partido en territorio nacional en el Estadio de San Mamés ante un lleno de 10.000 espectadores. Fue frente a la entonces campeona olímpica Bélgica. La selección española venció por 2-0 con sendos goles del delantero del Barça Paulino Alcántara. España vistió de blanco para permitir que Bélgica jugase con su tradicional camiseta roja. El seleccionador fue Manuel de Castro. ‘Handicap’ fue seleccionador nacional en diferentes etapas entre 1920 y 1927. Fueron diez partidos saldados con nueve victorias y una derrota. Ni Aragonés ni Del Bosque ni ningún otro técnico tienen un porcentaje de triunfos tan elevado como el vigués. Lástima que su única derrota fuese contra Italia en 1924 impidiendo la presencia de España en los Juegos Olímpicos de Paris de ese verano.

Manuel Castro González | Real Academia de la Historia
Handicap

1939. Acaba la Guerra Civil. Había cerrado ‘Sprint’, la última gran idea de ‘Handicap’. Una publicación deportiva bajo el auspicio de ‘Faro de Vigo’ y que competía con ‘Sport’ de ‘El Pueblo Gallego’. En ‘Sprint’, con abundantes fotografías, especiales con portadas a color y llena de publicidad, ‘Handicap’ cultiva una sana rivalidad con A Coruña, consciente de que es en el enfrentamiento regional donde está el futuro. Desde sus columnas impulsaría la rivalidad entre Dépor y Celta, aunque siempre evitando «choques desagradables entre la afición de dos pueblos que no debieran ir más allá de los límites de una rivalidad deportiva”. Sin embargo, utilizaba el sarcasmo con frecuencia y suya es la frase de “cuando se quiere a un hijo, aunque se porte mal, hay que hablar bien de él”. Acabada la guerra, y con un ‘Faro de Vigo’ que a duras penas sobrevive con cuatro páginas diarias, todos estos sueños parecen saltar por los aires.

1903. Manuel de Castro figura entre los primeros futbolistas vigueses. Son los trabajadores del Cable Inglés los que se animan a jugar partidos de exhibición donde el Velódromo, en el muelle del malecón vigués. Manuel y sus hermanos son algunos de los nativos interesados en ese nuevo pasatiempo venido de Gran Bretaña. ‘Handicap’ cuando escribe, Manuel cuando juega, contará como había que llevar y retirar los palos que hacían de porterías en cada partido. Fue ‘Handicap’ desde joven también directivo y tesorero y así, cuando en 1903 se funde el Vigo FC (después Real Vigo Sporting) y pase a jugar sus partidos en el campo de Coya, ‘Handicap’ hará de jugador y directivo a partes iguales. Un par de años después, en 1905, en la cercana Bouzas, entonces a las afueras de la ciudad, se funda el Real Fortuna de Vigo.

1944. Ante la apertura de la I Exposición Industrial de Galicia en los jardines vigueses de Eijo Garay, ‘Handicap’ acude el día anterior de la inauguración para seguir de cerca las pruebas de iluminación de la misma. Cuando salía de uno de los pabellones, su pie quedó atrapado en las vías del conocido como tren del puerto, atropellándolo una locomotora que maniobraba en ese momento. Manuel de Castro fallece en el acto. Dos días después Vigo rendía pleitesía a uno de sus más valiosos hombres, a la persona que impulsó la creación del Real Club Celta de Vigo. La muerte le sobrevino inesperadamente a los 60 años.

1919. Ese año desaparece el Real Club Coruña incapaz de adaptarse a un profesionalismo incipiente. En la ciudad herculina la hegemonía va a ser para el RC Deportivo que tendrá capacidad para gobernar Galicia. A ‘Handicap’ ya le rondaba la idea por la cabeza por entonces, pero tras ese suceso lo tendrá meridianamente claro. No hay sitio en Vigo para dos equipos y es necesaria una fusión. A través de ‘Faro de Vigo’ comenzará una campaña con el título ‘Todo por Vigo y para Vigo’ que cristalizará cuatro años más tarde.

1956. Cristina tendrá unas palabras cariñosas hacia su padre. Recuerda que era un hombre callado al que le gustaba hablar a través de su pluma. Fumador empedernido, le encantaba quedarse escribiendo hasta tarde en un sillón instalado en el comedor de la casa familiar. Lagartija, que era el nombre cariñoso con el que fue bautizada por su padre, había hecho ese domingo el mismo ritual que realizaba cuando era pequeña y acompañaba a su padre a Balaídos. Visita a Pi y Margall, donde la familia tenía una pequeña huerta, paseo por calle Príncipe, con parada incluida en el fotomatón y comida en el Gran Hotel. Pero aquel día su padre no estaba. Hacía diez años que no estaba. Aquel día Cristina, acompañada por su hermano Manuel, había acudido a las afueras de Balaídos para inaugurar un busto con el nombre de su padre. Después vendrá el bautizo de la calle que lleva al coliseo celeste. Lástima que estas cosas siempre lleguen tarde.

1928. Balaídos. En marzo de 1923 ya había escrito ‘Handicap’: “La fusión de Vigo y Fortuna habrá de traernos un gran campo de fútbol capaz de llenar nuestras necesidades y con ello la visita de mayor número de equipos nacionales mejorando la forma de nuestro equipo. Con ese gran campo, apoyado por todo lo que vale y significa algo en el deporte local, ya podríamos traer como Barcelona, Bilbao y Madrid cuantos equipos extranjeros viniesen a nuestro país”. Con 22.000 asientos, en 1928 el sueño de ‘Handicap’ se hacía realidad. Se sentará en el palco el día de la inauguración de Balaídos en un sonoro triunfo del Real Club Celta ante el Real Unión de Irún por 7-0.

2011. El ferrolano Álex López recibe el primer premio a mejor jugador del RC Celta de la temporada. El galardón es escogido con los votos de los socios y aficionados celestes. El moañés Iago Aspas suma ocho entorchados hasta la fecha. Es llamativo que el trofeo no lleve el nombre de Pahíño, Manolo, Gudelj o Mostovoi. El trofeo al mejor jugador del RC Celta lleva el nombre de Manuel de Castro ‘Handicap’.

1923. A mediados de mayo, en la casa de un tal Bustelo, compartieron mesa y mantel Ventura Lago, a la sazón presidente del Real Vigo Sporting (antes Vigo FC), Pepe Bar, fundador del Real Fortuna y Basilio Poncet, presidente de la Federación Gallega de Fútbol. Los tres acordaron que ‘Handicap’ presentase un proyecto de fusión de ambos clubes vigueses delante de la Federación Española de Fútbol con sede en Madrid. Dicha argumentación fue elaborada por Manuel de Castro a finales de junio y se le dio de plazo hasta el 31 de agosto de dicho año para aportar toda la documentación necesaria.

Desde mediados de la década anterior ‘Handicap’ había comenzado a trabajar en la idea de una fusión del Real Fortuna y el Vigo Sporting, que fracasaría en su primer intento en 1915. Pero el 10 agosto de 1923 se llegaba al acuerdo entre las partes y el 23 de agosto de 1923 se fundaba el Real Club Celta. Fieles a las ideas del galleguismo desarrolladas por la Xeración Nós y perfeccionadas en las tesis del atlantismo y del celtismo de Vicente Risco, se escoge como escudo la Cruz de Santiago, los colores celeste y blanco de la bandera gallega y el nombre de Real Club Celta en una terna en la que también estuvieren presentes Breogán FC, Club Galicia, Real Club Olímpico o Real Atlético FC. Justo un mes más tarde, en el campo de Coya, el Real Club Celta de Vigo derrota por 8-2 al Boavista FC portugués dando inicio a una historia que a la hora de escribir estas líneas llega a la centuria.

Escudo Celta de Vigo: Historia, Significado y Heráldica
Real Club Celta

Otras historias de fútbol gallego

El penalti de Djukic (el final más cruel para la epopeya del Superdépor)

La Liga del Dépor (la histórica liga conseguida en el año 2000 por una ciudad de apenas 250.000 habitantes)

¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo en la camiseta? (los dos mundiales oficiosos ganados por Uruguay en los años 20 del siglo XX con varios hijos de Galicia en sus filas)

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El porsche de Paulo Futre

Como un trueno. Como un funambulista. Recibió el balón algo más allá de la línea del centro del campo, lo cosió a su pie izquierdo y se dispuso a bailar sobre el césped. Y es que Paulo Jorge dos Santos bailaba. Quizás porque cuando iba a entrenar a Lisboa desde su Montejo natal lo hacía tras un viaje en ferry en el que daba patadas a latas de refresco mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la cubierta de la nave. El caso es que Kögl se le tiró a los pies sin suerte y, luego, fue el pequeño de los Rummenigge el que trato de salirle al paso. En un abrir y cerrar de ojos, Paulo hizo una pared con Magalhaes y dejó descolocado a Flick. Entonces Paulo decidió dejar la banda y adentrase en el área, donde le esperaba el temible Andreas Brehme. Con uno de sus aspavientos lo engañó y, mientras Brehme se tiraba al suelo, Paulo recortaba hacia su exterior y, antes de que llegase Plufgler, lanzar un suave disparo con la zurda al poste derecho de la portería defendida por Jean Marie Plaff.

La pelota deambuló por el área pequeña hasta que, tozuda, se escapó por la línea de fondo. Daba igual. El FC Porto vencía al FC Bayern por 2-1 y conseguía su primera Copa de Europa. Paulo no marcó ningún gol, pero su excelencia se vio premiada con el trofeo al mejor jugador de la final. No había hecho más que lo que estuvo haciendo durante toda la temporada. Deslumbrar a la Europa futbolística con poco más de 20 años. Ese año ganaría el Balón de Plata. Su nombre completo era Paulo Jorge dos Santos Futre. Paulo Futre.

https://www.youtube.com/watch?v=R51-OS7N_zs

Cuando aquella jugada maradoniana un hombre pegó un respingo en el sofá de su casa. Era un tal Jesús Gil y Gil. Un empresario de la construcción, que en su día había pisado la cárcel por un delito de homicidio involuntario al desplomarse el comedor de un restaurante del cual era el promotor. A la altura de 1987 había rehecho su imperio con pisos turísticos y viviendas de lujo por todo el Mediterráneo. Son años de dinero en A y dinero en B, del pelotazo y del yuppismo con estudios y del yuppie que antes de traje y corbata mezclaba cal, arena y agua.

El caso es que apenas un par de meses antes de la celebración de la final de la Copa de Europa había fallecido Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid durante dos de las décadas más gloriosas del conjunto rojiblanco. Habían de celebrarse elecciones a la presidencia y Jesús Gil decidió presentarse. No había motivos románticos. Gil había formado brevemente parte de la junta directiva de Calderón, pero sus exabruptos lo condenaron a la expulsión. No era aficionado al Atlético. Simplemente vislumbró que acceder a la presidencia de un club de fútbol era una forma de conseguir prestigio y notoriedad.

Así que Gil, que de fútbol no tenía gran idea, se levantó del sofá y decidió que ese era su hombre. Estamos a finales de mayo de 1987, a falta de un mes exacto para la celebración de las elecciones. Llamó a su hijo, Gil Marín, y a su mano derecha en la candidatura, el promotor cinematográfico Enrique Cerezo y fletó un avión privado para el día siguiente, entonces 28 de mayo, presentarse en Milán.

Y es que, aunque la final había tenido lugar en el Prater vienés y la comitiva del FC Porto volvía a Portugal a celebrar el increíble éxito, Paulo Futre estaba en otras cosas. Hubo de viajar a un hotel de Milán para cerrar su pase al Internazionale. Los italianos venían de una temporada gris en la que se había dado carpetazo a Karl Heinz Rummenigge, el excepcional mediapunta alemán que a los 32 años había iniciado una preocupante cuesta abajo en su carrera. El Inter consideraba a Futre uno de los futbolistas más decisivos del momento y candidato a mejor jugador del mundo al cabo de un par de temporadas.

Era entonces el Calcio la liga más poderosa del mundo. Y había dudas. Las había porque el gran Eusebio nunca salió de Portugal y ningún jugador luso había destacado fuera de su país. Fernando Chalana no pasó del Girondins de Burdeos y Fernando Gomes, ganador de dos Bota de Oro, tuvo una modesta experiencia en Gijón antes de volver al FC Porto a levantar la Copa de Europa. Futre era un excepcional futbolista, pero había que esclarecer las dudas en un fútbol de primer nivel como el italiano.

Así que allí estaban Futre y Pinto da Costa, presidente del FC Porto, para cerrar un acuerdo más bien humilde con el Inter. Futre iba a cobrar mucho menos que Rummennige e incluso menos de lo que el Inter pensaba ofrecerle a Enzo Scifo, el belga del Anderlecht que estaba en la recámara como segundo plato por si fuese necesario.

Fue entonces cuando Gil y Gil arribó en el hotel. Futre y Pinto da Costa compartían habitación. Cerradas las negociaciones dormían una siesta a la espera de volver a Oporto una vez finiquitado el acuerdo. Entonces Jesús Gil se presenta en recepción y exige ver a Paulo Futre. El astro luso se levantó de la cama al recibir la llamada en su habitación, pero no quiso bajar. Fue Pinto da Costa el que le pidió que se mostrase educado y que bajase a escucharlo.

Así que Futre y su presidente decidieron bajar al hall del hotel. En pantalón corto, con melena ochentera a lo ‘Miami Vice’ y unas chanclas en los pies, Paulo Futre se presenta ante Gil. El orondo empresario soriano solo acierta a preguntar a aquellos dos hombres donde está el famoso Futre y sólo cae en la cuenta de quien es el afamado futbolista cuando baja la cabeza y ve unas chanclas serigrafiadas con el nombre del astro portugués.

Futre, está entre molesto e incrédulo ante este desconocido que ni siquiera sabe quién es, pero decide escucharlo. Gil le habla de Madrid, del Atlético y de que va a ser el presidente que lleve a los rojiblancos al éxito. Son unos veinte minutos en los que Gil, tan tarugo como bonachón, utiliza su don de gentes para ganarse el afecto de Futre.

Pero Futre no lo ve claro. Acaba de ganar la Copa de Europa. El Inter es un grande que juega competición europea. El Atlético finalizó octavo en la Liga española. Duda. Por lo que pide a Gil un par de minutos en privado con Pinto da Costa y decide tirarse un farol. “Mira, si este tío ha cogido un avión privado para venir hasta aquí es que tiene mucho dinero. Yo le voy a pedir el doble para mí y tú el doble para el club”.

Dicho y hecho. Futre le espetó a Gil que quería el doble de lo que le daba el Inter y Pinto da Costa hizo lo propio. Eran 450 millones de pesetas por el fichaje (2,7 millones de euros) mucha tela para la época y mucho más para el Atleti.

Gil ni pestañeó. Habría acuerdo.

Entonces Futre, que además de gran futbolista era un tipo espabilado (y lo sigue siendo), decidió subir la apuesta. Tras un pequeño silencio se abrió la veda.

“Quiero una casa en Madrid”, le dijo Futre.

“Hecho”, contestó Gil y Gil.

“Una casa con piscina”, remató Futre.

“Hecho”, volvió a contestar Jesús.

“Quiero un coche”, fue la última petición del portugués.

“¿Qué coche quieres?”, preguntó Gil.

“Un Porsche”, reclamó Paulo.

“Hecho”, finalizó Jesús.

Fumata blanca. Hubo que ir al Inter con la contraoferta y los italianos dijeron que naranjas de la china. Activaron el plan B y viajaron a Bruselas para cerrar el fichaje de Scifo. Esa historia salió mal. Pero esa historia es otra historia.

Historias del fútbol: Gil presenta a Futre en la Sala Jácara (1987) - AS.com
Futre y Gil

Gil soló pidió una cosa. Futre tendría que subirse a su avión y trasladarse inmediatamente a Madrid antes de ir a Oporto. Quería presentar a su fichaje en sociedad y con eso asegurarse su victoria presidencial. Futre aceptó, pero a medida que el vuelo se acercaba a destino las dudas parecían corroerle. ¿Y si Gil y Gil no ganaba las elecciones? Pinto da Costa trataba de tranquilizarlo, pero Futre no las tenía todas consigo. Le había dicho a su padre que no tendría que volver a trabajar en su vida, pero lo que era un futuro asegurado en Milán se había convertido en un futuro incierto en Madrid.

Así que Futre volvió a tirar de pillería, se levantó de su asiento y se acercó a Gil y Gil. Le dijo que querría el Porsche nada más aterrizar en Barajas. Sino tenía el coche ese mismo día cancelaría inmediatamente el acuerdo.

Jesús nuevamente accedió. La idea de Futre era buena. Si Gil gana las elecciones, genial, y sino las gana por lo menos me vuelvo a Oporto con un Porsche. Así que nada más aterrizar, la comitiva se desplaza a un concesionario Porsche de la capital y preguntan cuál de los Porsche que hay allí se puede llevar Paulo al momento. El único disponible era un deportivo de color amarillo. Dicho y hecho, una vez más. Gil sacó la chequera y Futre salió de allí en un llamativo Porsche color pollo.

Jesús Gil y Gil ganó aquellas elecciones de calle. Y todo gracias a Paulo Futre. El empresario trilero se la había jugado todo a una carta. Los 450 millones del fichaje, la casa con piscina, el Porsche y el salario de Futre había corrido a cargo de su cuenta corriente. ¿Qué habría pasado si no hubiese ganado las elecciones? Nunca se sabrá. El caso es que Gil y Gil se mantuvo como presidente durante más de una década hasta que, acusado de estafa al club por simulación de contratos, acaben echándolo del Atleti, al igual que fue desalojado de la alcaldía de Marbella por corrupción.

El padre de Paulo Futre no volvió a trabajar. Futre se convirtió durante siete temporadas en un dios rojiblanco. Sólo ganó dos copas mientras que fracasó temporada tras temporada en Europa. Tampoco tuvo éxito con la selección portuguesa y acabaría apagándose antes de llegar a los 30 machacado por las lesiones. Pero todo eso da igual. Una de aquellas Copas del Rey fue lograda frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en lo que fue una inyección de orgullo mayúsculo para un club que vivió y vive atormentado y acomplejado por el enorme éxito de su rival capitalino. Con el tiempo Futre acabó pintando su Porsche de rojo para que no llamase tanto la atención y se asentó en Madrid donde sus dos hijos se han criado y en donde se ha convertido en la leyenda rojiblanca por excelencia, con permiso del finado Luis Aragonés.

“A nivel sentimental le doy tanta importancia a la Copa de Europa con el FC Porto que a aquella Copa del Rey con el Atlético de Madrid. Nunca he tenido un orgasmo como aquel gol”, Paulo Futre hablando sobre la victoria del Atleti ante el Real Madrid en la Copa de 1992.

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Kopa Brand

Queda en las nebulosas del olvido, pero Raymond fue el primero. Mbappé, Zidane, Platini y Kopa. Mismo talento, orden inverso. Raymond Kopa fue futbolista grande, imponente, de los de mando en plaza. El primer gran futbolista francés, un país de bicicletas y balones ovalados que sólo ha ido abrazando el fútbol rendido a la evidencia de lo inevitable.

Raymond Kopaszewski era hijo de emigrantes polacos que se instalaron en el norte de Francia buscando una mejor vida. Kopa perdió el dedo índice de su mano izquierda trabajando en una mina de carbón en tiempos de la II Guerra Mundial. Tenía 14 años cuando acabó la contienda y dos decenas cuando firmó como futbolista profesional con el Stade de Reims. Es Reims una ciudad magistral. Capital del champán, a una jornada de trayecto de Paris, destaca por sus cuidados viñedos, sus bodegas elitistas y por una majestuosa catedral gótica bautismal de los reyes de Francia. Bombardeaba por los alemanes durante la I Guerra Mundial, la catedral fue rápidamente reconstruida por los franceses quienes conforman el país más monárquico con corte republicana.

Raymond Kopa - Perfil del jugador | Transfermarkt
Raymond Kopa

Kopa era pequeño, hábil, fuerte y escurridizo al mismo tiempo. Su versatilidad le hacía destacar como mediapunta o incluso como delantero centro. Y ahí radicaba el problema. Aquel puesto estaba reservado en el Real Madrid a Alfredo Di Stéfano. Hubo de ubicarse como extremo derecho a regañadientes. Era habilidoso, aunque carente de velocidad. Antes había convertido al Stade de Reims en un gigante europeo y en el club de referencia en Francia. Formó equipo con Michel Hidalgo y aun le daría tiempo a compartir un año con Just Fontaine antes de que una lesión de rodilla acabase con la formidable trayectoria del goleador magrebí. Kopa era el buque insignia de un Stade de Reims que en 1956 perdió en Paris la primera final de la Copa de Europa ante el Real Madrid.

Al año siguiente era Kopa el que levantaba el trofeo portando la camiseta merengue. Será el primero de tres títulos consecutivos en los que Raymond se erige como pieza fundamental. Aun hoy sigue siendo el futbolista que más asistencias de gol ha dado en finales de Copa de Europa. Por el camino también hubo un Balón de Oro y unas semifinales de Mundial con Francia en 1958, un Everest para el balompié galo de entonces.

Kopa era feliz en el Madrid. Las reticencias iniciales por su posición en el campo pronto se acabaron y trabó franca amistad con Di Stéfano. “Jugar con él era como llevar paracaídas cuando viajas en avión”, diría sobre ‘La Saeta’. Kopa comprendió que por muy bueno que fuese, el ‘capo’ y el mejor sobre el campo era Di Stéfano.

Sin embargo, había un pequeño agujero en la vida de Kopa que día tras día se agrandaba hasta convertirse en un cráter. Se trataba de Christiane, la esposa de Raymond. No le gustaba Madrid y no se adaptaba a la vida en España. Aquella capital gris bajo los auspicios de una dictadura en poco se parecía a la tranquila y provinciana Reims. Su deseo era volver a casa junto a su familia y sus amistades. Si la balanza estaba igualada un hecho terrible la inclinó del lado de Christiane de forma definitiva. El matrimonio Kopa hubo de convivir esos años con la fatídica noticia del diagnóstico de un cáncer en uno de sus hijos. Por aquel entonces la enfermedad derivó en muerte sumiendo en un oscuro agujero negro al matrimonio y al resto de la familia.

Santiago Bernabéu dio el visto bueno y tras tres años de ensueño en lo deportivo Kopa decidió volver a casa. El problema es que el Stade de Reims no tenía forma de pagarle a Raymond lo que demandaba. Bastante tenían ya el conjunto francés con mantener a Fontaine en el equipo. Aunque tanto el Madrid como el jugador fuesen magnánimos, en ese trienio el caché de Kopa había subido tanto que su vuelta a Francia se tornaba en imposible. Italia era entonces la cuna de oro del fútbol mundial y el lugar al que el futuro de Kopa parecía predestinado.

Pero apareció entonces un empresario de Angers que le propuso darle su nombre a una bebida refrescante, agua con gas, de gran éxito en el país galo. Cuajó, pero fue la espita para algo más grande. Un empresario textil le propuso a Kopa venderse a sí mismo. Ejercer de hombre anuncio. Crear la marca ‘Kopa’. ‘Kopa Brand’. Camisetas ‘Kopa’. Botas ‘Kopa’. Era algo inaudito. Si, ya en 1934 el brasileño Leónidas había sido imagen para una marca de chocolates o más recientemente Di Stéfano había sido el icono de una casa de medias (sí, han leído bien), pero aquello era desconcertante. Una muestra radicalmente distinta.

Kopa no hacía anuncios. Kopa era su propio anuncio. Controlaba el mensaje. Era anuncio y anunciante al mismo tiempo. Aquello se llamaba derechos de imagen. Era un ‘brand’, una marca. Estaba controlando su propio destino.

Y la cosa no fue bien. El Stade de Reims volvió a ganar la liga con Kopa pero veía como la brecha con españoles, británicos, italianos y hasta portugueses se agrandaba. Y la gente, tan tradicional en lo que a fútbol se refiere, la tomó con el bueno de Raymond. En cada partido del Reims había sonido de viento cuando el crack francés se equivocaba en un pase o fallaba una ocasión clara de gol. Si es tan importante como para tener su propia marca, si está por encima de los demás, que lo demuestre en el campo, era el sentir general.

Así que Kopa se dijo a sí mismo que era más que suficiente y decidió dejar Reims con el beneplácito de su esposa. Pero no le era posible. Existía entonces el derecho de retención por el cual un jugador no podía abandonar un club si no había consentimiento previo. Los clubes eran los propietarios de la ficha del futbolista y tan sólo tenían la obligación de aumentar un 10 % el salario de un futbolista anualmente para mantenerlo en nómina per secula seculare aunque fuese en contra de su voluntad. Dado que el Reims no tenía intención de traspasarlo, y menos tras la prematura retirada de Fontaine por culpa de las lesiones, Kopa no podría salir de Francia por mucho que lo desease.

Así que, en 1963, a los 32 años, Kopa dio una entrevista a ‘France Dimanche’. Fue duro. Había sido minero en su juventud. Era un inmigrante hijo y nieto de mineros. Era un hombre de tiempos bravos. Y no se cortó ni un pelo. Habló de explotación laboral. Era 1963. Época de cambios sociales, pero quizás Kopa se adelantó un lustro o una década a lo que la sociedad demandaba. El caso es que tanto el Reims como la Federación Francesa de Fútbol reaccionaron furiosos y se sancionó a Kopa con seis meses sin jugar. Kopa intentó acudir a la justicia ordinaria, pero fue en vano, dado que entonces los trapos sucios del deporte se lavaban en la intimidad.

Kopa volvería a jugar, mas nada volvería a ser lo mismo. El Reims pagó cara esa ausencia de seis meses y bajó a Segunda. Ascendería de nuevo, pero Kopa era un bicho raro, una mosca cojonera en un panel de miel. Pleiteó con tesón, aunque tuvo que esperar para estar retirado para que la justicia le diese la razón. A él no le valdría de nada, pero trajo justicia a los que le sucedieron. Era 1968 y el mundo además de playa debajo de los adoquines convertía a los futbolistas en trabajadores con derechos sociales.

A partir de ahí vino todo lo demás. Pocos años después Cruyff firma un gran contrato con Puma. Resultó que la selección holandesa contrató con Adidas y suministró la ropa con las consabidas tres rayas en las mangas. Cruyff se negaba a ponérsela porque hacerlo contravenía su acuerdo con Puma. Tras un largo tira y afloja, se la puso, pero quitando una de las tres tiras. Aquella foto fue célebre. Y no paso nada. Los derechos de imagen eran una realidad. Con el tiempo se olvidó y Florentino Pérez usó esa estratagema para llenar el Madrid de galácticos, pero pronto los futbolistas (y sus representantes) se dieron cuenta de que ahí residía el negocio. A Kylian Mbappé le disuadieron en 2022 de fichar por el Real Madrid por 225 millones de euros a razón de tres temporadas…y 125 a mayores de compromisos publicitarios organizados por el Paris Saint Germain. Mbappe se ha negado más de una vez a cumplir con alguno de esos compromisos que estaban en conflicto con otros de la selección francesa más otros que el mismo ha adquirido a título personal.

Hoy Raymond Kopa es un mito del fútbol francés y europeo. Da nombre al trofeo del mejor jugador sub-21 del planeta y está considerado el pionero del sindicalismo y el hombre que permitió que los futbolistas fuesen los dueños de su propio destino. Pero antes de todo eso Kopa lo pasó mal. Gastó mucho dinero en abogados y tuvo que vender su Balón de Oro acusado por las deudas. Después se rehízo y su marca ‘Kopa’ diseñó la línea deportiva de Adidas que vistió a Uruguay, Chile, Suecia y Yugoslavia en el Mundial de 1974. Hoy ‘Kopa’ ya no existe, pero en 1998 unos chicos neerlandeses fundaron una marca de camisetas de fútbol vintage de preciosos diseños y de éxito mundial. No le pudieron poner ‘Kopa’ por derechos de imagen. Pero no dudaron en bautizarla como ‘Copa’.

SportMob – Raymond Kopa Biography
Kopa

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Historia contrafactual de la Eurocopa 2008

España había hecho un buen partido. Un muy buen partido. El mejor de aquella Eurocopa. El cuento de siempre. El dominio había sido español de principio a fin. Italia se dedicó a contemporizar y a buscar su ‘kairós’, su momento oportuno. Hubo infinidad de ocasiones durante todo el encuentro, un par de decisiones más que controvertidas del árbitro y unas cuantas manos salvadoras de Buffon. Así se llegó a la prórroga con empate a cero. Ambos equipos esperaron agazapados a que los espantosos penaltis hiciesen su aparición. Dani Güiza falló el cuarto. Iker Casillas fue incapaz de atajar el lanzamiento de Di Natale. Cuando Cesc mandó a un costado el quinto y Buffon adivinó sus intenciones, la suerte estaba echada.

Italia se clasificaba para las semifinales de la Eurocopa de 2008 de Austria y Suiza. España quedaba eliminada en cuartos de final. Otra vez. Otra de tantas veces.

No habría fin del maleficio. Ni lluvia de oro en Sudáfrica.

Los jugadores cariacontecidos pasan por zona mixta. Palabras vacías. Jugamos como siempre y perdimos como nunca. Ah, no, no. Al revés. Jugamos como nunca y perdimos como siempre. Por la sala de prensa pasa Luis Aragonés. Se le estaba esperando cuchillo en mano. La sangre llegará al rio, inundará el mar y provocará un maremoto allá a donde llegue. A Luis hace mucho que se le tienen ganas. Se le espera desde aquella tarde en Suecia en la que le puso una cruz a Raúl González Blanco, el ‘7’ de España. Los periodistas ensayan un monográfico. ¿Va a dimitir? La respuesta es una patada a seguir, pero en su interior Luis sabe que está sentenciado. No hay más preguntas. Bueno, las hay. Pero son idénticas. Cambia la letra, pero es la misma música. Aragonés no explota por vete tú a saber qué. Está apuntito. Mordedura continua de labios. Pero aguanta. En el fondo aquello no cambia nada. Su idea era ya dimitir pasase lo que pasase. Aunque España hubiese ganado la Eurocopa. Estaba quemado y cansado, pero no era el momento de decirlo. No pensaba darle ese gustazo a los plumillas.

Esa noche Ángel María Villar pasa por los micrófonos de la COPE para ser entrevistado por José Antonio Abellán. Considera un buen resultado llegar a cuartos de la Euro. En el fondo es lo habitual y el rival era Italia, vigente campeón mundial. Sin embargo, Villar deja entrever que el ciclo de Aragonés se da por finalizado. En la SER José Ramón de La Morena y Paco González excusan a Luis de la derrota y claman por la inconsistencia, las corruptelas y la falta de proyecto de Villar, el cual lleva tres décadas en la poltrona.

No es sorpresa que apenas cuatro días más tarde Luis Aragonés comparezca ante los medios de comunicación para presentar su dimisión. Lo hace en soledad, sin más compañía que la de su segundo, José Armando Ufarte. No hay nadie de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) presente en el acto. Ni la hay ni se le espera. Luis se marcha con elegancia y deja una reflexión en el aire que será la comidilla de tertulias periodísticas y charlas de bar el resto del verano.

¿Qué es lo que queremos ser? ¿Toro o torero?

Es cierto que Luis Aragonés fue canterano del Real Madrid?
Luis Aragonés

Fuera César Luis Menotti el que acuñara esa expresión unas cuantas décadas más atrás y pronto el siempre hábil Jorge Valdano la hizo suya. Y es que ese era el sempiterno problema de España. Un país cuyos futbolistas han sido históricamente técnicos y pequeños y con gusto por el juego de ataque, pero a los que siempre se les ha exigido pundonor, sacrificio y portento físico. Las legendarias hazañas de la ‘Furia Roja’, del Athletic de Zarra o del Madrid de Di Sréfano configuraron el arquetipo. Jugador valiente, atrevido y técnico, capaz de levantar al público de sus asientos tanto a través de la finta como tras una entrada en área propia.

Esa dicotomía que encumbraba a los Butragueños de turno a la vez que los hacia sospechosos de indolencia, fue siempre la realidad de la selección española de fútbol. ¿Toro o torero? ¿Furia o técnica? ¿Catenaccio o jogo bonito?

Cuando Luis Aragonés es elegido seleccionador nacional en 2004 lo tiene claro. España tiene que ser torero. Las categorías inferiores de la selección llevan años logrando títulos a base de técnica y de un fútbol ofensivo de posesión. Así es como debe manejarse la absoluta. O así cree Aragonés. Pero es comulgar con ruedas de molino. Tiene que tener paciencia. Su revolución es inexistente, hasta que la pronta eliminación en el Mundial de 2006 le da la excusa para hacer lo que verdaderamente está deseando plantear.

Cuando en el primer partido tras el Mundial, un encuentro clasificatorio para la Eurocopa de 2008, España se estrelle en Belfast ante Irlanda del Norte, Luis Aragonés dará un volantazo de 180 grados. Michel Salgado, Cañizares y Raúl no volverán a jugar con ‘La Roja’. Los tres representan al toro y nunca al torero. Lo de Raúl será un debate nacional, especialmente cuando apenas un mes más tarde España vuelva a caer con estrépito, esta vez en Suecia. Fernando Torres y David Villa, los elegidos para la punta de ataque, serán incapaces de tirar a puerta.

Aquello se había zanjado con una rueda de prensa conjunta en la que Raúl pedía paz y daba su bendición a regañadientes a Aragonés. Con esa calma chicha se había llegado a la Eurocopa, pero estaba claro que la eliminación en cuartos ante Italia iba a cambiar nuevamente el ‘statu quo’.

Otra vez tocaba empezar de cero.

Raúl González, el '7' de España - Tribuna Madridista
Raúl ‘el 7 de España’

Tras la Eurocopa había que iniciar el camino de clasificación para el Mundial 2010. Sería en La Condomina murciana ante Bosnia. Pero antes habría que encontrar seleccionador. La terna estaba entre cuatro candidatos; Vicente del Bosque, Quique Sánchez Flores, Joaquín Caparrós y Juande Ramos. Aunque el verdadero sueño de la RFEF, y de buena parte de la prensa, era convencer a Rafa Benítez, por entonces con una relación de vino y rosas con el Liverpool FC. Benítez tenía pedigrí madridista y llevaba una década triunfando a base de orden y disciplina primero en España y más tarde en Inglaterra. Se contactó con el madrileño, pero amablemente declinó la invitación.

Lo de Vicente del Bosque era una boutade financiada con apoyo mediático del Grupo PRISA. Estaba claro que, tras haber sido torero, ahora tocaba ser toro. Como cualquier plan de estudios o económico que se precie, toca cambio con cada legislatura. Villar, apoyado por sus acólitos de la prensa, estaba a favor de volver a la mano dura. Gustaban, y mucho, el par de pelotas de Caparrós, pero el sevillano estaba entonces dirigiendo al Athletic. A Caparrós le iba la marcha. Estaba loco por coger el mando de ‘La Roja’, pero Caparrós, aparte de dos pelotas, era hombre de palabra. Tenía contrato con el Athletic y deseaba cumplirlo.

La opción fácil era Sánchez Flores. Estaba sin equipo, era joven y contaba con buena prensa. Pero su trayectoria se limitaba a una buena temporada en Getafe y luces y sombras en Valencia. Conseguir a Juande Ramos era más factible. Tras triunfar con el Sevilla FC había rescindido unilateralmente su contrato para firmar con el Tottenham en 2007. Había logrado ganar la Carling Cup con los londinenses en la temporada 07/08, pero el curso liguero había resultado irregular. Juande tenía un pie fuera de White Hart Lane.

Es por eso que no fue demasiado difícil conseguir un acuerdo satisfactorio con el Tottenham que se libraba del carísimo contrato de Juande. Harry Redknapp pasaba a ser técnico de los Spurs y Juande Ramos sería el nuevo seleccionador español.

Qué fue de Juande Ramos, el ex jugador y entrenador de fútbol? - Televisión  - COPE
Juande Ramos

La revolución es inmediata. Hay cinco notables bajas respecto a los que habían sido convocados para la Eurocopa. Son Marcos Senna, David Villa, Cesc Fábregas, Jesús Navas y David Silva. Juande mantiene el núcleo, pero vuelve a convocar a David Albelda y a Joaquín, quien pega una rajada monumental contra Luis Aragonés, llama a Javi Navarro, uno de sus pretorianos de cabecera, convoca al navarro Raúl García, al catalán Raúl Tamudo…y también a Raúl González Blanco. El ‘7’ del Madrid, el ‘7’ de España.

La cosa sale bien y se gana con suficiencia a Bosnia. En realidad, el grupo de clasificación de España para el Mundial no es excesivamente complicado y tan sólo inquieta la presencia de los siempre irregulares turcos. España logra la clasificación con claridad a pesar de una derrota en Estambul y un sorprendente empate en Coruña ante Bélgica, pero lo trascendental no es lo qué sino el cómo. Si la España de Aragonés había jugado con cinco jugadores puramente ofensivos por delante de Marcos Senna, la de Juande Ramos apuesta por un 4-2-3-1 con notables precauciones defensivas.

Así, si en aquel fatídico empate ante Italia del 23 de junio de 2008 habían jugado Casillas; Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cazorla), Xavi (Cesc), Silva; Villa y Torres (Güiza); para el 16 de junio de 2010, en el primer partido del Mundial 2010, Juande Ramos decidió alinear a Casillas; Azpilicueta, Ramos, Puyol, Fernando Navarro; Albelda, Xabi Alonso; Joaquín, Raúl García, Raúl y David Villa.

Juande había vuelto a convocar a Villa y le había dado el puesto de ‘9’ colocando a Raúl en una banda ejerciendo de capitán espiritual del grupo. Fernando Torres era suplente al igual que Xavi e Iniesta, en una decisión que provocó ríos de tinta en la prensa catalana. Más polémica había sido la exclusión de la lista de Sergio Busquets, que había completado una gran campaña en el Barça y de Pedrito, que había hecho lo propio bajo el patrocinio de Pep Guardiola. A Piqué ni estaba ni se le esperaba, dado que jamás había congeniado con el seleccionador. En la convocatoria sorprendía la entrada del delantero del Getafe CF Roberto Soldado en lugar de Juan Mata y también de Álvaro Negredo, quien había anotado 11 goles con el Sevilla FC aquella campaña. Otro acalorado debate recalaba en quien debía ocupar la portería, dado que Pepe Reina había disputado los dos partidos amistosos previos al Mundial en lugar de un irregular Iker Casillas.

Finalmente Casillas fue de la partida, tal y como acabamos de escribir. España ganó en un partido horrendo a Suiza con gol de Soldado a escasos minutos del final. Después venció a Honduras con tantos de Villa y Raúl García. El problema es que en el último partido del grupo Chile venció con claridad a España (1-3), en un duelo en el que Juande decidió dar descanso a varios titulares y dar una oportunidad a Xavi, Iniesta y Torres.

Las críticas fueron feroces por el tropiezo, culpando de falta de sangre a los sustitutos. El desliz mandaba a España por el lado complicado del cuadro. Chile sumaba seis puntos al igual que España, pero contaba con mejor diferencia de goles. Por lo que en el cruce de octavos tocaba jugar ante Brasil. Juande Ramos repitió el mismo once que en el encuentro inaugural ante Suiza. Tan sólo Arbeloa sustituía a Azpilicueta quien debía cumplir sanción. España planteó un partido al contraataque. Se parapetó atrás y jugó a la defensiva. Las dos, tanto España como Brasil, pecaban de vacas sagradas y de falta de ambición, pero la lógica dictaba que tendría que ganar aquella selección que apostase por tener el balón. España dejó todo a expensas de la escasa imaginación de Raúl García y ni Villa tuvo espacios ni Raúl era el más indicado para jugar a la contra. Cuando Luis Fabiano y Kaká pongan el 0-2 en el marcador, Torres, Cesc y Soldado saldrán en busca de un milagro que no llegará. Iniesta, sentenciado por su escaso rendimiento ante Chile y por sus continuos problemas de cuádriceps, no llegará ni a calentar.

España quedaba eliminada del Mundial en octavos de final.

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Kaká, verdugo español

Semanas más tarde Raúl anunciaba que se retiraba de la selección nacional. Contaba con 33 años. No solo dejaba ‘La Roja’ sino que comenzaba una nueva aventura en Alemania, en las filas del Schalke 04. También anunciaba su retirada de la selección Carles Puyol. Apenas sumaba 32 primaveras, pero ya había dicho antes de viajar a Sudáfrica que su cuerpo había dicho basta y que tocaba descansar durante los veranos.

Quizás el relevo de Puyol pudiese ser Gerard Piqué. Y pudiese ser, ya que tras la destitución de Juande Ramos tocaba buscar nuevo seleccionador. En este caso el elegido fue Rafa Benítez que acababa contrato con el Liverpool FC y no iba a ser renovado por los ingleses. Esa temporada había sido horrenda y la luna de miel de Benítez en la Premier tocaba a su fin.

Con Benítez habría que afrontar otra fase de clasificación para la Eurocopa en la que nuevamente España tendría que partir como toro a la espera de que alguien tuviese arrestos para convertirla en torero y los resultados refrendasen el cambio de apuesta.

Y mientras a seguir sufriendo y a seguir cayendo eliminados en cuartos de final.

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Cuando Di Stéfano jugó en el Espanyol

A Di Stéfano lo echó Bernabéu con nocturnidad y alevosía. Daria para otro artículo. El Real Madrid pierde la final de la Copa de Europa de 1964 ante el Inter milanés. Di Stéfano juega mal. En el descanso se lía a gritos con Miguel Muñoz, antaño compañero de aventuras y ahora entrenador blanco. Ambos se culpan de la derrota. Y la cuerda se rompe, aunque por el lado que nadie esperaba. Di Stéfano cuenta con 38 primaveras y una barriga asoma por debajo de su camiseta. Son otros tiempos y el cuidado físico no es el de la actualidad. Sigue la clase y la técnica, pero a Alfredo, un ‘10‘ que a veces es ‘6’ y a veces es ‘9’, le cuesta mucho subir y bajar.

Así que la expedición blanca vuelve a Madrid procedente de Viena, en donde se ha jugado la final, y al día siguiente Alfredo es citado a presentarse en el despacho de Bernabéu. El gran jefe no se anda con miramientos. Le dice que es el mejor, el más grande, el corazón del Madrid y le ofrece un puesto de lo que sea manteniéndole el sueldo. Entrenador juvenil, director deportivo, ojeador, directivo. De lo que sea. De lo que sea, menos en el campo vestido de corto. Di Stéfano explota. Ha jugado 24 partidos de Liga y ha anotado 11 goles. En Europa son cinco chicarros para nueve encuentros. No son los números de su época de esplendor, pero no dejan de ser formidables. Presidente y futbolista se dicen de todo. Será la última vez que ambos egos se dirijan la palabra. Di Stéfano deja de ser jugador del Real Madrid y abandona La Castellana por la puerta de atrás. Bernabéu implanta la norma no escrita de renovar año a año a cualquier jugador, por importante que sea, que rebase la treintena.

Despechado, Di Stéfano quiere seguir vestido de corto. Entonces tenía el RCD Español (hoy Espanyol) como vicepresidente (en breve futuro presidente) a Vilá Reyes, empresario de renombre durante el Franquismo y quien tenía entre ceja y ceja convertir en grande al Español. Gracias a su buen hacer estaba formando un interesante equipo que mezclaba veteranos con noveles. Firmó a Carmelo, leyenda de la portería bilbaína que había sido desplazado por el emergente Iribar, también al ex barcelonista Justo Tejada y a Rodilla procedente del Real Valladolid. La campanada la había dado un par de temporadas atrás con Kubala, quien para la campaña 64-65 parecía que iba a ejercer como jugador-entrenador. El hispano-húngaro había sido la otra gran estrella del fútbol nacional y, al igual que Di Stéfano, también había salido de malas manera del club de sus amores, en su caso el FC Barcelona. Resultaba que Kubala y Di Stéfano eran buenos amigos y el acuerdo se cerró rápidamente. Alfredo sería nuevo jugador periquito.

Di Stéfano fue presentado en la sala presidencial del estadio de Sarriá, en la avenida del mismo nombre donde se encontraba la casa del RCD Español. Como buen famoso que requiere atención llegó tarde a la cita, lo que no fue óbice para que miles de aficionados aclamasen al nuevo fichaje. De repente el Español, que la anterior temporada se había salvado del descenso en la última jornada, pasaba a ser candidato, quizás no al título por resultar excesivo, pero si a encaramarse a los puestos de privilegio de la Primera División.

Di Stéfano había tenido varias novias. El Real Betis en España y el Celtic de Glasgow y el AC Milan fuera de nuestras fronteras. Al parecer la oferta italiana era del agrado de ‘La Saeta’, pero cuando se entera que el AC Milan ofrece al internacional argentino Angelillo (joven figura mundial por entonces) el triple de lo que le ofrecen a él, su ego no lo puede soportar y decide cortar de raíz. Es entonces cuando da un volantazo y decide recalar en la Ciudad Condal.

Nostalgia Futbolera ® on Twitter: "Di Stéfano, presentado como jugador del  RCD Español (RCD Espanyol), 1964. https://t.co/HCyxpLKnaR" / Twitter
Di Stéfano perico

Di Stéfano debuta en un amistoso en Alemania en el que marca un gol y quiso el destino que su primer partido oficial sea el debut liguero en Sarriá…ante el Real Madrid. El acontecimiento es noticia nacional. A los aficionados merengues no les ha sentado nada bien la marcha de Di Stéfano. A fin de cuentas, el Madrid se había proclamado campeón liguero con cinco jornadas de antelación y el club había sido subcampeón de Europa. La mayoría de la gente se decantaba por la marcha de Miguel Muñoz y la continuidad de Di Stéfano. Nadie osaba culpar a Bernabéu, un tótem intocable, pero estaba claro que, o Muñoz empezaba ganando o su puesto iba a estar en entredicho desde muy pronto.

TVE, el único canal de televisión que había entonces, decidió emitir el encuentro que fue trasladado excepcionalmente a la mañana del domingo para no restar público al resto de partidos de la jornada vespertina. Sarriá presentó un lleno absoluto para ver a Di Stéfano vestido de blanquiazul y al Real Madrid con su blanco impoluto habitual. El Madrid jugaba con el mismo once con el que había cerrado la campaña anterior con la única inclusión del canterano Ramón Grosso con el ‘9’ en el centro de ataque en sustitución de ‘La Saeta’.  Comenzó entonces un partido en el que el Español se adelantó y Di Stéfano completó una gran primera parte en la que a punto estuvo de marcar de falta directa. Tras el intermedio, el Real Madrid remontó con dos goles del también veteranísimo Ferenc Puskás y se alzó con la victoria por 1-2. Las dos leyendas, Di Stéfano y Puskás, marcharon abrazados a vestuarios donde intercambiaron sus camisetas.

A Di Stéfano se le hizo largo el partido, como también se le haría larga la temporada. Fueron 24 partidos y 7 goles en ese primer año y 23 encuentros y 4 dianas en el segundo. Mantenía la clase y la técnica, pero se desfondaba sin remedio en las segundas partes. Nunca llegó a someterse a juicio público en Chamartín. Dos oportunas lesiones hicieron que nunca jugase como visitante en el templo blanco.

En la temporada 1965-66, su segunda campaña en el Español y la última como profesional, los periquitos juegan competición europea. Se trata de la Copa de Ferias, el antecesor de la Copa de la UEFA. En dieciseisavos de final pierde en Lisboa ante el Sporting por 2-1. Di Stéfano entonces es una sombra de lo que fue. Si en su primera temporada tiene destellos de grandeza, en la segunda lo más frecuente serán las actuaciones irregulares. No será así en el partido de vuelta. Aquel 24 de noviembre de 1965 no se esperaba mucho de Di Stéfano y menos cuando tras el descanso el marcador en Sarriá era de 0-3 a favor de los portugueses. Pero fue entonces cuando el Español vivió una de las noches más épicas de su historia. Di Stéfano, un ganador como pocos ha habido, apeló al orgullo de sus compañeros, toco arrebato, y los periquitos remontaron el choque para vencer por 4-3 con tantos de Rodilla (2), Miralles y José María. Como entonces no había valor doble de los goles, se tendría que jugar un partido de desempate en el que nuevamente saldría victorioso el Español para pasar a octavos de final.

En octavos el Español venció al Brassov rumano para luego caer en cuartos de final en un derbi ante el FC Barcelona. Por entonces Di Stéfano ni estaba ni se le esperaba. Se comentaba que sus hijas le reñían y le decían que si no le daba vergüenza jugar al fútbol estando tan calvo y tan gordo. Papá Di Stéfano les replicaba que, si querían comer, tocaba trabajar. Di Stéfano dijo adiós al fútbol frisando los 40. Aquellos chavales a los que tutelaba darían un paso al frente y en la siguiente temporada firmarán un tercer puesto en la Liga. Era el conocido como equipo de los Cinco Delfines (Amas, Pina, Re, Rodilla y José María).

Alfredo di stéfano fichó por el espanyol en 1964 | Marca.com
El ‘9’ blanquiazul

Verano de 1967. Alfredo Di Stéfano es entrenador. Su primera experiencia es en Alicante. Entrena al Elche CF. Un día Raúl Cancio y Rafael Marichalar cogen un coche desde Madrid y se presentan por sorpresa a orillas del Mediterráneo. Son dos amigos de Alfredo. El primero, Raúl, es entonces un joven fotoperiodista y hoy, jubilado, es leyenda de la fotografía deportiva española. El caso es que los amigos llegan a Elche y se encuentran a Di Stéfano cenando sólo en el restaurante del hotel donde se hospeda.

Los tres toman un café y Cancio le dice a Di Stéfano que por qué no van a Santa Pola a ver a Don Santiago. En Santa Pola veranea el eterno presidente blanco. De Elche a Santa Pola no van más de quince kilómetros. Alfredo calla y mira a Cancio con ojos firmes y ceño fruncido, como si estuviera a punto de tirar un penalti. Le da un abrazo, no dice nada y se dirige al coche.

Madrugada. Noche cerrada. Timbran en la puerta. Timbra Di Stéfano. Los otros dos esperan agazapados en la retaguardia. Continua el silencio. Continua la penumbra. Tras un rato que parece una eternidad un hombre orondo abre la puerta. Va descalzo y lleva un mandilón de pescador. Es Santiago Bernabéu. Di Stéfano mira al infinito y no abre la boca. Uno de los celestinos, inquieto por la tensión, saluda a Don Santiago y anuncia que vienen a tomar una copa. Otro silencio de los que imponen. De los que acojonan más que una sarta de gritos. El gran hombre calla, hasta que finalmente hace un gesto con su mano para que Di Stéfano y compañía entren dentro del chalet.

Hablaron hasta el amanecer y se despidieron dándose un fuerte abrazo. Meses después el Real Madrid y el Celtic de Glasgow disputaron un partido amistoso como homenaje a ‘La Saeta’ en el Santiago Bernabéu. Di Stéfano jugó el primer cuarto de hora y fue despedido con sonora ovación cuando fue sustituido por Ramón Grosso. Luego, al acabar el homenaje, Santiago Bernabéu le otorgó la insignia de oro y brillantes del Real Madrid a su jugador más famoso. Uno que pasó once temporadas vestido de blanco, pero que tuvo que jugar las dos últimas portando camiseta blanquiazul.

“Si no me acerqué a usted fue porque no quería que creyera que quería un puesto regalado. Lo que gané fue siempre con esfuerzo. Usted como padre me falló. Ahí se ve que nunca tuvo hijos, porque los padres siempre perdonan”. Carta de Alfredo Di Stéfano a Santiago Bernabéu una vez hicieron las paces.

Hemeroteca RMCF on Twitter: "Santiago Bernabéu a bordo de su barca en Santa  Pola, cuyo nombre hacia referencia a Alfredo Di Stéfano.  https://t.co/f58z9nXDdd" / Twitter
‘Saeta Rubia’, el barco de Bernabéu

Otras historias del Real Madrid

Cuando Puyol secó a Figo (la vuelta al Camp Nou del Judas portugués)

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (la obra maestra de Di Stéfano y compañía en Hampden Park)

De la final de las botellas al caso Guruceta (a través de dos artículos el escándalo deportivo que sacudió al Franquismo)

El caso Di Stéfano (Barça, Madrid y la FIFA en el fichaje que cambió la historia a través de dos artículos)

La mandíbula alargada de Robert Prosinecki (como el Real Madrid metió la pata con el nuevo niño prodigio en dos mitades)

Cuando Jopie conoció a Gento (el día que un adolescente Cruyff conoció a su ídolo)

El miedo escénico (90 minuti en el Bernabéu son molto longos)

La final de los García (un Madrid de entretiempo llega a una histórica final de Copa de Europa)

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El cromo de Bustingorri (el incunable del lateral del Osasuna que nunca fichó por el Real Madrid)

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Mánchester

El infierno. Eso era Mánchester en el siglo XIX. Esa era la Inglaterra de Oliver Twist. La Inglaterra de David Copperfield. La Inglaterra de Dickens. Un país que afrontaba unos cambios inmensos donde la corrupción y la hipocresía crecían en la misma proporción en que lo hacía la desigualdad y la pobreza. Charles Dickens bien lo sabía porque antes de afamado escritor había sido un niño que deambulaba por calles angostas, sucias y oscuras, llenas de miseria y dolor, mientras corría para llegar a tiempo a su trabajo en una fábrica de betún. Los domingos los pasaba vagando alrededor de la cárcel londinense donde su padre, un oficinista encarcelado por las deudas, malvivía en una minúscula celda a ras del Támesis tosiendo por culpa de la humedad y durmiendo en un lecho de paja.

Dickens fue el cronista de la grandeza y de la desdicha de la Inglaterra victoriana. Del ‘Brittania Rules’. A menudo una simple calle dividía una vida acomodada y sin preocupaciones de un paraje lleno de ratas, cólera y humillación. Cientos de miles de personas se instalaron en barracas construidas con toda celeridad para trabajar en fábricas apestadas de humo, calor y jornadas agotadoras sin apenas descanso para devorar un mendrugo de pan. Dickens pondría voz a esos seres anónimos y servirá de conciencia para alertar de los males de la Revolución Industrial.

Y pocos lugares representaban con más fuerza la penumbra que Mánchester. Leeds, Sheffield, Hull, Blackpool o Preston eran algunas de esas ciudades infestadas de carbón, hierro y acero. Sin embargo, el principio y el fin de todo estaba en el Gran Mánchester. Bueno, entre Liverpool y Mánchester. 50 kilómetros al oeste de Mánchester está el mar. Está el estuario del río Mersey. Está Liverpool. Allí está el puerto por excelencia de la Gran Bretaña de la Revolución Industrial. Allí, para agilizar el envío de carbón u algodón entre la capital interior y la portuaria, se construyó un gran canal para unir el Mersey con el Irwell. Allí, entre Liverpool y Mánchester, se inauguró en 1830 la primera línea férrea del mundo. Allí, a finales del siglo XIX, se construyó el primer polígono industrial planificado de la historia. Una amalgama de empresas, fábricas y estructuras con decenas de kilómetros de extensión. “De esta sucia cañería fluye oro puro”, diría de Mánchester Alexis de Tocqueville.

SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (I) | Blog  de Carles Viñas
Mánchester. Siglo XIX

Eso era Mánchester. Un pueblo de 10.000 habitantes en 1800 y que sólo medio siglo después era hogar de 400.000 almas que malvivían como suerte de esclavos. Pasarán los años, se conquistarán derechos y se rebajarán calamidades. Nacerá la cultura del ocio. Las relaciones sociales urbanas. La identidad grupal posmoderna. El concepto de Estado como garante social. Nacerá el fútbol.

Al calor de un meandro del río brotará en 1878 el Newton Heath LYR Football Club. Era un club obrero fundado por los trabajadores del ferrocarril. Se ubicaba en el barrio de Old Trafford, zona al oeste del ayuntamiento y que, aún hoy, integrada perfectamente en la ciudad, está considerada una de las mayores zonas industriales del mundo. Unas calles más arriba, en el hotel Midland, se fundó Rolls Royce. El caso es que el equipo entró en bancarrota en 1902 y fue comprado por un empresario de la cerveza que lo refundó con el nombre de Manchester United y cambió su indumentaria original verde y oro por una en blanco y rojo. Habían nacido ‘Los Diablos Rojos’ y en 1910 lo haría el icónico Old Trafford situado en Warwick Road, en una parcela de tierra ganada al canal marítimo que une Mánchester con el puerto de Liverpool.

El United era el dueño del norte y del oeste de Mánchester, pero con el cambio a Old Trafford se asentaba en el corazón de la ciudad. Rápidamente fue considerado el club de los ricos. John Henry Davies, el magnate cervecero y ahora también presidente, gastó grandes sumas de dinero y pronto el equipo fue conocido como Moneybags United (sacos unidos de dinero). En 1908 vino el primer título, antesala de muchísimos más.

Al sureste surgía otro club de fútbol. Nacía con fines humanitarios. En el barrio de West Gordon. Violencia, robos, suciedad, prostitución o alcoholismo. Eso era lo que en ese humilde barrio obrero sucedía día tras día. Es por eso que Arthur Connell y su hija Anna decidieron fundar un club de fútbol con sede en la iglesia de Saint Marks con el objetivo de que el deporte alejase a los niños y a los adolescentes de las calles. El West Gordon FC se instituyó en 1880 y años después trasladó su campo de juego a los aledaños del vertedero de Ardwick, un poco más al sur de la ciudad. El ahora Ardwick FC llegó a la segunda categoría del futbol inglés y pasó, en 1894, a renombrarse como Manchester City. Cuando en 1922 el club se mude a Maine Road, al sur de la ciudad, ya Mánchester estará divida en dos fogosas mitades.

El escabroso significado oculto detrás de los escudos del United y City: la  investigación que abrió un debate en Manchester - Infobae
City & United

Y es que, si bien el United es el club más seguido de Inglaterra, no ocurre lo mismo en la ciudad de Mánchester (véase la película Billy Elliott). Al igual que sucede en Italia con Juve y Torino, la victoria en casa ajena no valida la de la casa propia. El United domina la ribera del río Irwell, el norte, el oeste y el centro de la ciudad. En Deansgate, donde se corta el bacalao, el rojo es mayoría. La tradición lo identifica con la élite. Por su parte, el City es dueño del este y del sur, de los antes arrabales y hoy barrios de la ciudad. El City es, paradojas del destino, el club del populacho.

Paradoja porque hoy el City es el nuevo rico. Lo es en la ciudad del fútbol por excelencia. No en vano el National Football Museum, el museo del fútbol inglés – que es lo mismo que decir del fútbol mundial -, está en Mánchester y no en Londres. En el Mánchester proUnited, por supuesto. El United de Best, Charlton y Law. De Cantona y Beckham. De Rooney y Cristiano. Del Teatro de los Sueños. El del diablo con el tridente y el barco que simboliza la Revolución Industrial (esclavista según los revisionistas).

El City también tiene en su escudo el ahora apestado barco y la rosa de Lancashire sobre los tres ríos que bañan la ciudad rumbo al canal que desemboca en el puerto de Liverpool. Y poco más que eso. Ni la Santísima Trinidad ni el pedigrí. Pero eso está cambiando. O ya ha cambiado. Se mudaron al norte, vendieron su alma al oro negro, pero a cambio van siete ligas en once años. Con lo que sumaron el siglo anterior, mientras eran pobres, más la porrea de éxitos que llevan desde que son ricos, ya son el cuarto club inglés en el palmarés histórico sólo por detrás de United, Liverpool FC y Arsenal. Si mañana (a la hora de escribir estas líneas) ganan la Copa de Europa no habrá más que decir. Será grande. Y vendrá la duda.

¿Y si el grande de Mánchester es el City?

Hoy las fronteras son más laxas. United y City celebran los títulos en el mismo lugar, en Picadilly Gardens. Se dice que Green Ancoast Street (el pedazo más al este de la M-30 mancuniana) divide la ciudad entre rojos y azules. Pero los azules ganan terreno. El City ya es una marca global y los jóvenes se identifican con ella. Hoy Mánchester ha dejado de lado el pasado siderúrgico y es fuerte centro cultural. Su museo, su biblioteca, la cocina internacional y sus fábricas reconvertidas en centros tecnológicos han dado paso a un nuevo Mánchester. Se ha recuperado incluso la Mamacium romana ocultada durante siglos.

En ese nuevo Mánchester el rey es el City. Y su reinado será continental si la vieja guardia y la tradición del Internazionale milanés no lo impiden este 10 de junio de 2023.

“Me gustaría vivir en Mánchester. La transición entre Mánchester y la muerte sería imperceptible”. Mark Twain, escritor estadounidense.

Otras historias sobre finales de la Copa de Europa

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (la exhibición blanca en Hampden Park)

PSG vs Bayern (reflexiones sobre una final en era Covid)

Tottenham vs Liverpool (duelo de clubes ingleses en la Copa de Europa)

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Los nuevos yuppies (dólares por doquier entre Chelsea y City)

Cuando Jopie conoció a Gento (la aparición de Eusebio en Ámsterdam el día que un joven Cruyff se encontró con Paco Gento)

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Sobre el racismo (y no va a gustar)

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha trazado una nueva normativa para optar a los Óscar a partir de la edición de 2024. Más allá de que cumplan con requisitos artísticos suficientes para llevarse la tan preciada estatuilla, las películas candidatas deben formalizar ciertas vicisitudes; A) Al menos uno de los actores o actrices principales o de reparto deben pertenecer a un grupo étnico infrarrepresentado (traducido: no blanco caucásico), B) Al menos el 30% de los actores secundarios deben ser mujeres, grupo étnico infrarrepresentado, colectivo LGTBI+ y/o personas con diversidad; C) La historia principal del tema tiene que representar a algún compuesto de los anteriores citados. De estos tres requisitos hay que cumplir obligatoriamente con uno (no hay que ser un lince para saber que al cumplir con uno implícitamente ya efectúas los otros dos). Y esto, que es lo que se ve de cara al público, también se tiene que cumplir detrás de las cámaras (guionistas, productores, compañía de distribución, equipo técnico…).

Porque, claro, directores LGTBI+, con diversidad o que sean mujeres no hay demasiad@s. Tampoco los hay en puestos claves tanto en la empresa pública como en la privada. El techo de cristal en término acuñado por el feminismo. Cupos para mujeres en política. Mujeres que acceden a dirección de empresas por el hecho de ser mujeres. Patton, El padrino, Rocky, Carros de fuego, Amadeus, El último emperador, Sin perdón, Gladiator, Infiltrados, El discurso del rey o Argo. Películas que nunca hubiesen ganado los Óscar con las nuevas reglas.

¿Justo? Claro que no. Como tampoco era justo que hace una centuria, medio siglo, diez años o, escasamente un puñado de días, una mujer fuese excluida de un puesto de dirección por el simple hecho de tener vulva. Como no fue justo que una mujer negra no se llevase un Óscar hasta que en 2002 lo hiciese Halle Berry.

Que lo de antes no fuese justo no quiere decirse que lo de ahora lo sea. Lo de ahora es reparador. Lo de ahora es necesario. Es imprescindible. Pero no es justo. Es algo que como sociedad nos debemos. Algo que nos merecemos. Que nos hace crecer y avanzar. Pero no es justo. Es discriminación positiva. Pero es discriminación. No es igualdad. La máxima revolucionaria es que todos somos distintos, pero la ley nos iguala. Aquí la ley discrimina. Positivamente, pero discrimina.

Como en cualquier época de transición las tensiones, las dudas y los disensos son inevitables. En el paso de dos generaciones el estándar ha pasado de hombre blanco con trabajo estable, mujer-sirvienta en casa, hijo e hija ejemplares a familia disfuncional con padres divorciados, madre con novia, hije con problemas de salud mental (o perro que se considere hijo) e hija blanca con novio africano. El cambio es colosal. El terremoto conceptual sobrepasa la escala Richter. Los cambios se hacen con brocha gorda y lo que queda se avecina tremebundo.

El cambio debe venir desde la educación. Y la educación desde 1789, con sus altos y sus bajos, es cosa de papá Estado. Es necesario que con normas y leyes todos los colectivos que durante centurias han sido discriminados sean ahora beneficiados. La discriminación positiva no es equitativa, pero es imprescindible. El paso de los años y el arduo trabajo educacional harán que esa discriminación desaparezca, la igualdad sea real y así vivir en un mundo donde lo diferente sea lo cotidiano.

¿No?

Supongo que no hay negros que linchen a blancos que se acerquen a su barrio. Tampoco hay gitanos que maten a palos al payo que se enamore de una gitana. Desconozco si hay castellanos parlantes que se rían de los paletos que hablen gallego. O catalanistas que insulten a los que charlan en castellano. Imagino que no habrá latinos que denigren por estrechas a chicas blancas. O a chicas negras. Porque imagino que tampoco hay criollos que insulten a personas de tez negra. Ni gente que señale con el dedo a musulmanes por la calle. Ni musulmanes que griten y tiren piedras a católicos que entren en una iglesia.

Porque las minorías, de cuando en cuando, son mayorías. Y su respuesta es la misma. “La rebelión sentimental de las masas es el odio a los mejores”, decía Ortega Gasset. La masa es voluble. Los judíos eran los mismos en 1945 y en 1948. En 1945 eran una minoría masacrada. En 1948 una mayoría que masacraba.

Vinicius Junior representa a una minoría. La minoría negra. No. Vamos, sí. Pero, no. Vinicius Junior representa a una amplísima minoría. A la minoría adolescente millonaria de éxito deportivo planetario. Vinicius Junior es el mejor jugador del mejor club del deporte con más aficionados del mundo. Vinicius Junior es la minoría de la minoría.

Y a Vinicius Junior le faltan un par de bujías.

Cuando uno llama mono o negro de mierda a Vinicius lo hace para desestabilizarle. Para acabar con él. Para vencerle. Por odio. Pero no por odio racista. O sí. Pero no es eso. Es otra cosa. Es odio, pero fundamentalmente es impotencia. Porque el tipo es mejor que tú. Y además lo sabe. No se cansa de demostrarlo. El Real Madrid juega habitualmente con cinco jugadores negros en su once inicial. 5 de 11. No es moco de pavo. Alaba, Militao, Camavinga, Vinicius y Rodrygo. También juegan muchos minutos Rüdiger, Mendy o Tchouameni. Un ramillete. Pero el único que recibe insultos, amenazas y provocaciones es Vinicius. El único de todos ellos capaz de desestabilizarse cuando la masa escupe mierda por la boca.

Vinicius acaba expulsado en Mestalla tras protagonizar una nueva polémica  por insultos racistas
La víctima

Hay racismo. Mucho racismo. Y lo seguirá habiendo. Pero lo de Vinicius no es racismo. O sí. Es racismo. Pero hay algo más que eso. O mucho más que eso.

Hay capitalismo.

Y me explico.

(Y déjenme que me explique antes de que me llaman racista).

Recuerden que no por pensar diferente somos todos nazis o machistas.

Simplemente expongo una teoría. Y sino gusta, se puede rebatir. Por supuesto. Eso es así, con sus altos y sus bajos, desde 1789.

Todo esto existe por el capitalismo. Desde el ábaco a las bases de datos. Esto te lo dice hasta el que tiene el himno de la Internacional Comunista en su lista de reproducción del Spotify. El capitalismo genera capital, y el capital genera progreso y riqueza. El problema es que el capital también genera explotación y desigualdad. Mucha desigualdad. Pero si no es por el capitalismo no hubiésemos avanzado. ¡Sin capitalismo no habría marxismo!

Para que el capitalismo funcione se debe enfatizar al individualismo. Resaltar los objetivos y la autosuficiencia propia para que el individuo de lo máximo de sí. A través de esa autonomía y de ese afán de superación, el capitalismo le otorgará al individuo el premio que busque. Si todos los individuos actúan de la misma manera el conjunto de la sociedad se beneficiará y obtendrá réditos infinitos (en la teoría no se dice nada de los que se quedan por el camino).

Pero esto es lo que hay. Para bien y para mal. Y esto empieza desde muy pronto. Desde el mismo día en el que naces.

Tienes que ser el bebé más guapo. El más bueno. El que come de todo. El que obedece siempre. El que duerme toda la noche. El que va mejor vestido. El primero en hablar. El primero en andar. El que aprendió los números en inglés. El que ve los dibujos en francés.

Vas al cole. Tienes que hacer amigos. Muchos amigos. Pero los amigos listos. Los guapos. Los que tienen padres chulos. El primero en sumar. El primero en restar. El que canta en la función escolar. El que recita en la fiesta fin de curso. El niño en el bautizo y el muerto en el entierro.

El capitán del equipo de fútbol. El líder del coro del colegio. El que gana el premio de pintura de la provincia. El que fue seleccionado para el equipo de debate. El que gusta a los chicos. El que gusta a las chicas. El que va a ir a la universidad. El que va a estudiar la carrera que quiera. El que no sale. El que sale, pero no bebe. El que bebe, pero no se emborracha. El que se emborracha, pero porque le obligan. El que lo hizo una vez, pero no lo hará nunca más.

El responsable. El de la novia ideal. El del novio genial. El del trabajo ideal. El del trabajo genial. El que estuvo con su abuelo cuando murió. El que estuvo con su padre cuando enfermó. El que calla ante su madre para no preocuparle. El que odia su trabajo, pero es el primero de la empresa. Porque es el mejor. Siempre es el mejor. Y siempre lo será. Cuando tenga hijos dejará de ser el mejor. Porque sus hijos serán los mejores. Y si no tiene hijos, seguirá siendo el mejor. El mejor entre sus amigos, el mejor en su trabajo. El más filántropo. El que más viaja. El que más seguidores tiene en redes sociales. El que va a mejores restaurantes. El que tiene mejor piso. El que tiene mejor coche. El que fue al mejor sitio posible de vacaciones. El más enrollado a los 60. El más simpático del hospital. El más activo de la residencia de ancianos.

El mejor hasta al fallecer. Eso es el capitalismo. Ese es el mundo en el que vivimos.

Si, el mejor hasta en la muerte. ¿O acaso alguien ha escogido alguna vez el féretro más barato? Cuando toque el día y tengas que escoger la caja de pino de ese ser querido te darán tres opciones; la barata, la normal y la cara.

La barata no la escoge nadie.

Uno no se muere en pijama. Se afeita, se maquilla y se pone el traje. Y te escogen la caja. O la urna. O lo que sea. Y no te eligen la barata.

La normal puede. La barata nunca.

Eso es el mundo capitalista. El mundo en el que vivimos. Pero no todos podemos ser los mejores. De hecho, la inmensa minoría somos los peores. Los mejores son los pocos. Por eso hay que hacer otras cosas.

Cosas políticamente incorrectas.

No eres el bebé más guapo, pero ¡ay! tienes un pelazo. No como de todo, pero soy más feliz que tú. ¿La ropa? Qué más da. Eso es irrelevante. Sino hablo, ya hablaré. Si no sé inglés, ya aprenderé. Voy al cole y no tengo muchos amigos. Ni soy el más guapo ni el más listo, pero si el más espabilado. ¿No destaco? Pues me meteré con fulano. Seré el divertido, el rebelde, el guasón, el matón, el descocado. Copiaré en el examen. Haré la pelota al profesor. Diré que estoy enfermo para evitar un examen. Haré falta cuando alguien quiera meter un gol. Moveré los labios cuando esté en el coro. Diré una frase fuera de guion cuando haga de árbol en la función escolar y todo el mundo se descojonará conmigo.

Seré el estajanovista de mi equipo de balonmano. No gustaré a las chicas, pero les gustaré porque soy un echado para adelante. Le levantaré el novio a mi amiga. Le mentiré a mi mejor amigo para poder ligarme a la rubia que no me hace caso. Iré a la universidad tras copiar en el examen de acceso. Estudiaré poco, beberé mucho y dejaré la carrera. Enchufaré mi toma de luz a la comunitaria. Le mentiré a mis padres para conseguir dinero e ir a un concierto. No tendré dinero para pagar un alquiler, pero buscaré la forma de pagarlo. Haré otra cosa. Nunca seré el mejor, pero tendré trabajo. Lo conseguiré con una buena recomendación. Pasaré por encima de quien haga falta.

Sisaré dinero a mis viejos. Viviré de mis padres hasta que pueda vivir de mis hijos. Trabajaré lo justo y lo necesario. Disimularé lo suficiente para que los que trabajen sean otros pero el mérito sea el mío. Diré que soy filántropo, pero nunca lo seré. Presumiré de vida ideal, de coche ideal, de casa ideal, de familia ideal, y por dentro tendré mierda hasta debajo de las alfombras. Seré el más insoportable del hospital y conseguiré lo que quiera por puro agotamiento del personal. Seré el más cascarrabias de la residencia y lograré que me lleven en palmitas. Pondré cara de pena delante de mi familia, harán de tripas corazón y tendrán que aguantarme por compasión.

Y alguien morirá. Y compraré el ataúd más barato. Porque no tengo dinero. Porque la herencia es muy golosa.

Aunque cuando yo muera espero que compren el ataúd más caro. Por supuesto.

La Comisión contra el Racismo publica informes sobre Dinamarca, Mónaco y  Estonia - Portal
Stop racismo

¿A dónde pretendo llegar? A que no se puede ser el mejor. Pero dedicamos la vida a ser los mejores. Cuando de niños practicamos un deporte lo hacemos como acto lúdico y social, no por carácter competitivo. Sin embargo, la propia competición es intrínseca al acto. Desde el mismo momento en el que tu madre o tu padre te aplauden por darle patadas a una pelota en un pasillo y gritan y celebran con efusividad cuando la metes por un agujerito están premiando la competitividad.

Este factor competitivo se agrava con la masa. Lo que al individuo fascina, a la masa asombra. Jugar en equipo multiplica los efectos competitivos. Cumple destacar como individuo para brillar dentro del grupo. Y ese grupo (ese equipo) compite con otros equipos. Equipos peores y equipos mejores. Mucho mejores. Equipos a los que no podrás ganar.

Y tienes que intentar ganar. Es tu obligación.

¿Cómo lo harás?

Con faltas. Haciendo el campo más pequeño. Abusando de fuerza física. Agarrando camisetas mientras se lanza un córner. Zancadilleando en el centro del campo. Pisando el césped donde se marca el punto de penalti. Adelantándote un par de pasos cuando se forma una barrera. Moviéndote de arriba a abajo a la espera de que te lancen un penalti. Tirándote al suelo para perder tiempo. Simulando que te duele una rodilla cuando te llamen para hacer un cambio. Alargando tu salida de vestuarios para empezar la segunda parte mientras el equipo contrario se cala de frío hasta los huesos por culpa de la lluvia…

…e insultando.

Gordo, cuatro ojos, maricón, hijo de puta, cabrón, gilipollas, subnormal…y negro, negro de mierda. Por supuesto. El insulto pretende desarmar al contrario. Hacerlo débil. El insulto puede ir en contra del que está aislado (bullying) y sus consecuencias son terribles. Pero también funciona contra el que es mejor y parece fuerte. Cuando no puedes vencer en buena lid, debes vencer de otro modo. Cuando el Valencia CF se enfrenta al Real Madrid con el descenso de categoría en juego tiene que buscar formas de ganar. Y con el fútbol no lo conseguirá. Necesita otras cosas. Sea por convicción o sea por frustración, el insulto es un arma recurrente. Fácil de usar y fácil de ocultar. Abrigado por la masa, el que insulta se siente impune para despotricar barbaridades. Porque no fueron unos pocos los que llamaron mono a Vinicius. No. No es un caso aislado. Fueron muchos. Miles. No fue una grada. Fue un estadio. Miles lo insultaron y otros miles callaron. Alguno sonrío. Ninguno se indignó.

Ninguno. El fin justifica los medios.

Frase que por cierto nunca dijo Maquiavelo. El diplomático florentino lo que dejó escrito para la posteridad fue: “Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”. Es decir; “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”.

Una sutil diferencia. Pero lava muchas más conciencias decir que el fin justifica los medios.

El tema, y perdón por si divago, es que lo de Vinicius es un caso de racismo y son las instituciones públicas a través de un compendio de sanciones y educación quien deben poner coto al asunto. Pero por otro lado no es racismo. Si fuese Ronaldo la rutilante estrella del Madrid se le llamaría gordo a grito pelado. Si fuese el guapo de Guti se le llamaría maricón. A Cristiano le decían gitano y le gritaban «ese portugués, hijo puta es». Y a Courtois, el celebérrimo portero blanco, hubo una época en la que le hicieron bullying partido tras partido porque compartió cuernos y novias con su compañero de selección Kevin de Bruyne. Todo ello intenta desestabilizar al rival. Pero todo ello pasa desapercibido para el ahora ofendido.

En Estados Unidos a esto le llaman ‘trash-talking’. Consiste en desestabilizar al rival a través del desprecio. Normalmente es menospreciando cualidades deportivas, aunque el tono puede aumentar y pasar al desprecio. Las novias y las madres suelen tener eje principal en un lenguaje hipersexualizado y masculinizado. Es propio de los negros, que lo practican indiscriminadamente entre sí, aunque muchos blancos también lo ejercen. Uno de los maestros del ‘trash-talking’ era Larry Bird, legendario jugador de raza blanca de la NBA de los 80. Antes de anotar una canasta solía lanzar pullas a su defensor. Se pueden encontrar decenas de declaraciones de jugadores, periodistas o aficionados en las que consideran a Bird un jugador sobrevalorado y con mucha buena prensa por el hecho de ser blanco. No encontrareis nunca una declaración en la que se le tilde de racista.

Es la NBA un deporte de negros donde antes fue de blancos. Hubo un tiempo de transición en el que era un deporte de negros, pero de aficionados blancos. Hoy también los aficionados ya son negros. Son consumidores. Como también son las mujeres. O la comunidad LGTBI+ o las personas con diversidad. Antes no. Antes una persona con diversidad se ocultaba en el anonimato. Ahora, afortunadamente, forma parte de la comunidad. Trabaja, sale y consume. Consume. Y esa es la clave. Donde antes había minorías silenciadas ahora hay minorías que consumen.

Hoy las mayorías imitan los actos de las minorías, porque las minorías se han integrado en el mercado. ¿Cómo no perseguir el racismo en el fútbol si la minoría negra es ahora mayoría? ¿Cómo no perseguirlo si los jugadores más imitados y más queridos por los niños son los exóticos? ¿Cómo no acabar con la discriminación si las gradas de los estadios están llenas de mujeres? Es puro capitalismo. Para el capitalismo antes el negro no contaba. La mujer no contaba. Quien consumía fútbol era un hombre caucásico. Hoy el consumidor de fútbol es tan diverso como el que lo practica.

Vinicius no es un chico negro indefenso al que la sociedad repudia. Vinicius es la estrella (negra) de un equipo inabordable para la mayoría de los mortales. Insultarle es una forma (rastrera) de intentar doblegarle.

Defender el fútbol ante el racismo es defender el producto. Todo el cirio que se ha montado por lo de Vinicius no ha sido por culpa del racismo. Todo ha sido por miedo a dañar el producto.

Y, créanme, lo que importa es el producto.

FIFA 22 se une a la lucha contra el racismo con una equipación temática  para La Liga | Hobby Consolas
Diversidad

En 1948 se creó una carrera ciclista. Circulaba por Polonia y Checoslovaquia y pretendía ser un canto a la paz del ideal comunista. No había premios para el vencedor, ni maillot de líder. Tan sólo se corría por el simple hecho de gozar. Sólo podían participar ciclistas del bloque comunista u occidentales amateurs. Al año siguiente se rebautizó como Carrera de la Paz y se añadió al recorrido un paso por la Alemania Oriental con fin en Berlín. Era una forma de firmar el perdón con los antaño agresores alemanes.

Tres años después los soviéticos participaron por vez primera. Lo hicieron formando un bloque compacto, con mecánicos y masajistas propios, se implantó el maillot de líder y los premios económicos bajo cuerda. El objetivo era ganar. Una década más tarde la Alemania Oriental diseñaba un plan de dopaje estatal para convertir a sus deportistas en puras sangres. Los rusos pronto se sumaron al juego. La Carrera de la Paz se convirtió en una especie de Tour soviético donde se buscaba ganar por la gloria del individuo y la gloria del país.

Ni los comunistas pueden dejar de ser capitalistas.

Otras historias sobre racismo

El partido prohibido (negros contra blancos en una cancha de baloncesto de 1944)

La desconocida fiebre del ciclismo en Eritrea (como los italianos implantaron el gusto por las bicicletas en el corazón de África)

Cuando el rugby convirtió a Sudáfrica en un país (Mandela y el fin del apartheid con pelota ovalada)

El nazi bueno (la increíble historia de Bert Trautmann en dos partes)

Jim Thorpe (el nativo americano que fue el mejor deportista de la primera mitad del siglo XX)

Leña al moro (una carrera legendaria y un titular de periódico lamentable)

Old Firm (Celtic vs Rangers. Católicos contra protestantes)

Anatomía de una fotografía (el Black Power en los JJ.OO. de Mexico 1968)

¡Daria la vida por mi equipo! (como los clubes crean identidad local a pesar de estar llenos de extranjeros)

Alguien todavía más fuerte que evite pelear (la historia de Jackie Robinson)

Cuando Bill se convirtió en entrenador (cuando Bill Russell fue el primer técnico negro de la NBA)

Rukeli (el gitano que quiso tumbar a puñetazos a Hitler)

Operación Ikrit (Septiembre negro y la matanza de judíos en la villa olímpica de Múnich)

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