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Caín y Abel calzándose unas zapatillas (2ª parte)

Tras el exitazo del Mundial de 1954 Adidas se había convertido en la marca deportiva por excelencia. A Adi ya lo acompaña su hijo Horst, el cual decide ampliar el negocio fabricando balones de fútbol. Y en 1969 lo más de lo más. Adi y Horst ponen en marcha las Adidas Superstar, zapatillas conocidas como de pezuña de camello (camel toe) por su peculiar punta y que, a día de hoy, siguen siendo el calzado deportivo más vendido de todos los tiempos.

Adidas Superstar

La irrupción del nazismo, la guerra y la posguerra habían provocado una brecha insalvable entre los hermanos Dassler. Justo antes de la disputa del tan cacareado Mundial de 1954 Rudolf había decidido abandonar a su hermano y fundar su propia marca de zapatillas deportivas. La bautizó como Ruda, que era el apodo con el que era conocido entre sus amigos cuando era pequeño.

Cumple recordar que Adi era el cerebro, mientras que Rudolf era el relaciones públicas. Y Rudolf decide apostar a escalera de color. Se presenta ante Sepp Herberger, director técnico de la selección alemana, y le ofrece la posibilidad de que sus chicos porten unas Ruda durante el Mundial. Según dicen una diferencia de 100 marcos de la época hacen que Herberger rechace la oferta y la selección alemana calce zapatillas Adidas. Luego vendrá la histórica victoria ante Hungría, el llamado milagro de Berna, gracias a los famosos tacos extraíbles patentados por Adidas. El resto es historia.

Así que Adi era el triunfador y Rudolf era el perdedor. En Herzogenaurach, a un lado del rio Aurach, estaba la imponente y gigantesca fábrica de Adidas en continuo crecimiento. Al otro lado del río, a apenas 500 metros, estaba la modestísima sede de Ruma.

Herzogenaurach

Pero Rudolf no se iba a rendir. Llevaba años soñando con una venganza ante su hermano. En 1968 decide cambiar el nombre de la fábrica y rebautizarla como Puma. No es algo insustancial. El puma es un felino salvaje, feroz, veloz y fuerte. Es exótico, y su elección fomenta la imagen con la que Rudolf quería que fuese conocida la marca. Hablamos de finales de los 60. Época de revolución juvenil. Época de profundos cambios. La idea de Rudolf es que si Adidas es la marca del establishment Puma sea la marca de los rebeldes.

Adi ve el peligro y utiliza todas sus influencias para vetar la presencia de Puma en los Juegos Olímpicos de México 1968. Unta al Comité Olímpico Internacional y a los dirigentes mexicanos para que la marca de su hermano no tenga repercusión global. Aquello supondrá un antes y un después. Tras el suceso ambos hermanos se reúnen y deciden verbalizar un pacto de no agresión por el que ninguno de los dos entraría a competir en el mercado del otro. Nunca más volverían a verse las caras.

Evidentemente no era un pacto de iguales. Adidas era un tiburón y Puma un caballito de mar.

Pero que Rudolf hubiese aceptado no quiere decir que fuese a respetar el acuerdo.

El siguiente gran evento internacional era el Mundial de fútbol de 1970. México 70. El primer Mundial con televisión en satélite a todo color. Si querías ser alguien, tenías que estar ahí. Y Puma estaría ahí.

Edson Arantes do Nascimento era el jugador más destacado del mundo del fútbol. A sus 29 años Pelé era O Rei, aunque sólo en el campo de fútbol. Lo de los negocios y el patrocinio no llego hasta los 70 (en buena parte gracias a Cruyff) cuando Pelé se aproximaba a la retirada. Así pues, Pelé se presentó en México calzando unas botas de fútbol de la modestísima marca inglesa Stylo, que le reporta exiguos beneficios.

Con sus Stylo, Pelé dio recital tras recital hasta comandar a Brasil a una histórica final ante Italia que dirimiría que selección se proclamaría campeona del mundo por tercera ocasión. Fue entonces cuando Rudolf Dassler hizo un viaje relámpago a Ciudad de México para reunirse con Hans Henningsen, representante del astro brasileño. Rudolf le dio lo que no tenía. 24.000 euros por la final y 100.000 para los siguientes cuatro años. Tuvo que pedir un par de créditos. Era el todo o la nada. Hoy parece poco. Entonces eran cifras escandalosas.

Llegó la final. La del gol de cabeza de Pelé elevándose por encima de las nubes. La del pase al vacío para el tanto de Carlos Alberto. “Antes del partido, me dije a mí mismo que era de carne y hueso como todo el mundo, pero ero estaba equivocado”, diría el defensa italiano Tarcisio Burgnich. Pelé fue dios aquel día sobre el campo. Y lo hizo con unas Puma en los pies. Y bien que se encargó de recordarlo. La cámara captó perfectamente como, en un momento dado, Pelé se agachaba y se ataba los cordones con parsimonia para que el logo de Puma fuese bien visto en los hogares de todo el planeta. Era una táctica pactada antes de la final con Rudolf Dassler.

Las Puma de Pelé

Desde entonces Puma creció y, si bien nunca ha alcanzado el volumen de ventas de Adidas, forma parte del olimpo junto a Nike, Reebok o Converse. Aquel día de calor mexicano de 1970 supuso también el fin de la ya entonces deteriorada relación entre Adi y Rudolf. Rudolf falleció en 1974. Adidas ni se dignó a emitir un comunicado sobre su muerte y Adi no se presentará al entierro de su hermano. Enviará a su hija como representante familiar. Cuando Adi fallezca en 1978 se mantendrá el desprecio, en este caso por parte de la familia de Rudolf. Adi será enterrado en una lápida situada justo en el extremo opuesto donde reposan los restos de su hermano Rudolf. Si alguien quiere visitar a ambos en el cementerio de Herzogenaurach tendrá que pegarse una pequeña caminata.

A Adi lo sucedería su hijo Horst, quien amplió el negocio y convirtió a Adidas en el mayor fabricante de artículos deportivos del mundo. Además, en 1973, ya había creado la compañía de fabricación de artículos para la natación Arena. Pero lo más señalado de su dirección fue cuando en la década de 1980 decida invertir en patrocinio para controlar el deporte internacional. A finales del siglo pasado Adidas manejaba entre bambalinas los mayores eventos deportivos del planeta, especialmente el Mundial de fútbol, relación cultivada a base de amistad y buenas dosis de dinero con el entonces presidente de la FIFA Joâo Havelange.

A Rudolf lo sucedió su hijo Armin, el cual cambió completamente el enfoque de Puma. Creó zapatillas a bajo coste, menos duraderas, pero donde el diseño rompedor captó la esencia del desenfado de la juventud. Se centró en el atletismo como banco de pruebas, pero decidió dejar la costosísima carrera de competir por los grandes eventos deportivos. Puma es agresividad, velocidad y transgresión. Y es, básicamente, la antítesis de Adidas.

Puma

A Herzogenaurach se le conoce como la ciudad de los cuellos doblados ya que lo primero que se hace cuando te encuentras con alguien es bajar la cabeza para ver que zapatillas calza. En los años más crudos de la rivalidad el matrimonio entre empleados de distintas fábricas estaba terminantemente prohibido. Los logos de ambas marcas se pueden ver hasta en las alcantarillas de la ciudad, diferenciando perfectamente en qué lado del río estás y con quien estás.

Hoy la sede de ambas multinacionales se ha trasladado a las afueras de la ciudad, pero unas marcas rojas en el suelo recuerdan donde estaban las fábricas originales y que barrios de Herzogenaurach (25.000 habitantes a unos 20 kilómetros de Nuremberg que supera el medio millón) pertenecían a cada bando. Al norte del río Aurach estaba Adidas y al sur de la corriente se localizaba Puma. Dado que el equipo del fútbol de la ciudad tenía su campo de juego al sur del río siempre ha sido patrocinado por Puma, quien le otorga todo tipo de material de forma gratuita. Adidas decidió entonces inyectar dinero en un club de colegio de la zona norte para potenciarlo y que rivalizase con su equivalente de la zona sur. Y, como no, el alcalde de Herzogenaurach no viste traje y corbata sino ropa deportiva. Tiene la obligación de alternar Adidas y Puma en sus labores diarias y, ha habido ocasiones, donde al alcalde de turno se le ha visto con una zapatilla Adidas en su pie derecho y una Puma en su pie izquierdo.

Como eran Adi y Rudolf. Como Caín y Abel. Como Adidas y Puma.

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