Resulta que el país más montañoso de Europa es Andorra. Dado que Andorra es un microestado con menos habitantes que la ciudad de Lugo, vayamos al siguiente de la lista. El país más montañoso de Europa es Armenia (1.792 metros de altitud media) y el siguiente es Georgia (1.432 metros). Como habrá quien diga que estos dos estados son europeos con calzador y lo mismo se dirá de Turquía (1.132 metros), diremos que la clasificación está liderada por Suiza (1.350 metros), seguida de Montenegro, Austria, Albania y España (660 metros).
Obsérvese que no hay ningún país escandinavo entre los más montañosos. Si que están entre los más ricos. Exceptuando casos similares al andorrano, véase Mónaco o Luxemburgo, el país con mayor renta per cápita de Europa es Suiza. Le siguen, por este orden, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Islandia y Suecia. España se encuentra en el 15º lugar de la tabla con Lituania pisándole los talones.
España es un país situado al suroeste de Europa, lo que le otorga una posición estratégica protegida por tres fronteras naturales que son el Océano Atlántico, los Pirineos y el Mar Mediterráneo. A pesar de ello posee un talón de Aquiles en el estrecho de Gibraltar, hito geográfico que ha sido paso de distintas civilizaciones con el transcurrir de los siglos. Sin embargo, el mayor desafío geográfico de España se encuentra en su interior. Hay extensas mesetas y sierras que abarcan gran parte del país. La mayor contrariedad es el Sistema Ibérico, región de las menos pobladas de Europa debido a su terrible complejidad geográfica. Esto ha llevado a que el 70% de la población hispana viva cerca de la costa aislada de Madrid (la capital). Coincide que el Sistema Ibérico, con forma de cuña y cercado por los Pirineos, es el que contribuye a separar a Madrid de dos de las puntas del triángulo influyendo al aislamiento cultural de unos territorios semiautónomos que son, como es fácil de adivinar, Cataluña y el País Vasco.
El caso es que es que el entramado montañoso de España adolece de dos condiciones; falta de nieve al ser un país sureño (dentro del hemisferio norte) y sin poderío económico (en comparación con el norte de Europa). Tan sólo las zonas pirenaicas catalanas pueden combinar ambos factores. No obstante, no son más que una pequeña muestra de la diversidad geográfica española. España suma únicamente 32 pistas de esquí. Suiza cuenta con 275 pistas. Austria presume de 392 estaciones de esquí.
Es fácil entender que en más de un siglo de existencia de los Juegos Olímpicos de Invierno la delegación española únicamente haya sumado dos medallas de oro. Fue el esquiador Paco Fernández Ochoa quien logró el éxito en Sapporo 1972. Ahora, en 2026, recién salida del horno, es la presea dorada en esquí de montaña de Oriol Cardona. Dos décadas más tarde que Paco Fernández Ochoa, sería su hermana Blanca quien se colgase una medalla de bronce en el cuello. Contamos también con una plata en snowboard de Queralt Castellet (2022) y un bronce en la misma disciplina de Regino Fernández (2018). Por último, una medalla de bronce más en 2018 gracias a Javier Fernández en patinaje artístico y otra también en 2026 de Ana Alonso en esquí de montaña.
Son siete medallas por las 197 que se han conseguido en los Juegos Olímpicos de Verano.
Es de entender que al inicio de este siglo el Comité Olímpico Español buscase un milagro.
La España blanca
En 1970 nacía en Suabia, una región alemana al pie de los Alpes, un niño al que pusieron de nombre Johann Mühlegg. El muchacho comenzó a practicar esquí de fondo desde muy joven con tal éxito que se proclamó campeón del mundo juvenil en la prueba de los 30 kilómetros. Participaría en los Juegos de 1992, en los de 1994 (fue cuando el COI decidió escalonar bianualmente los invernales de los veraniegos) y en los de 1998 logrando diploma olímpico en todos ellos en la disciplina de los 50 kilómetros de esquí de fondo.
Frustrado por rozar la medalla en hasta tres ocasiones, al parecer Mühlegg comenzó a tener desavenencias con la federación alemana de esquí. La cosa fue in crescendo hasta que a finales de 1998 Mühlegg decidió denunciar a su entrenador por daños morales. Hoy calificaríamos aquello de mobbing. Expulsado del equipo germano, Johann decidió buscar alternativas.
Como cualquier alemán con posibles, Mühlegg veraneaba en la costa mediterránea y no se sabe bien como recibió la visita del presidente de la federación territorial de deportes de invierno de Murcia….si….de Murcia. El caso es que a finales de 1999 la Real Federación Española de Deportes de Invierno hacía los trámites correspondientes para dotar a Mühlegg de la nacionalidad española. Automáticamente España contaba con una opción real de medalla para los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002.
Mühlegg
Capital del estado mormón de Utah y ciudad que debe su nombre a un gigantesco lago salado, Salt Lake siempre fue pertinaz candidata a los Juegos Olímpicos. La elección de una ciudad estadounidense parecía un hecho consumado, dado que las anteriores citas habían sido en Asia (Japón) y Europa (Francia y Noruega). Y sin embargo el escándalo estalló cuando se supo que los organizadores habían pagado estudios en universidades norteamericanas a hijos e hijas de federativos africanos para influir positivamente en el voto. Como suele ocurrir en estos casos, se cogió la escoba y se guardó todo debajo de la alfombra.
Acudieron más de 2.000 deportistas y el pebetero fue encendido por los integrantes de la selección estadounidense de hockey sobre hielo que en 1980 derrotaron a la Unión Soviética en un partido legendario que fue llevado a la gran pantalla bajo el nombre de ‘Milagro sobre el hielo’. En los 1.000 metros de patinaje de velocidad los cuatro primeros chocaron entre sí al borde de la línea de meta, lo que le dio la medalla de oro al australiano Steven Bradbury, quién en ese momento marchaba quinto. El biatleta noruego Ole Einar Bjorndalen ganó cuatro oros que sumará a los cuatro ganados en ediciones anteriores y que ganará en ediciones posteriores. Por último, la croata Janica Kostelic conseguirá tres oros y una plata en esquí alpino.
¿Y España? España acudirá a Salt Lake City con únicamente siete deportistas. Se espera que la esquiadora María José Rienda consiga un buen puesto, aunque únicamente una carambola le podría hacer subirse al pódium. Pero el as bajo la manga es Johann Mühlegg. Tras su nacionalización exprés había logrado el oro en 50 kilómetros y la plata en los 20 kilómetros en el Mundial de Esquí de 2001. Fue entonces cuando Johann pasó a ser conocido por prensa y aficionados como Juanito y ser adoptado como uno de los nuestros.
Para otros muchos no lo era. Su nacionalización fue duramente criticada por Paco Fernández Ochoa, el oro y mito del esquí español. A su juicio, la tarea de la Federación Española era fomentar el esquí en España y no el nacionalizar a posibles medallistas del extranjero. Los defensores argumentaban que precisamente las medallas ayudarían a impulsar los deportes de invierno en el territorio español. El caso es que no era extraño el asunto. En los Juegos Olímpicos de Verano de Sídney 2000 un total de 17 deportistas nacionalizados compitieron bajo bandera española. Así que Juanito era uno más en una tendencia imparable.
Por lo tanto, Juanito creó entusiasmo. Logró de forma consecutiva el oro en 30 kilómetros de esquí de fondo libre, 20 kilómetros persecución y los 50 kilómetros en estilo libre. ¡3 medallas de oro! La cara de Juanito con la baba congelada rodando por una montaña llena de nieve inundó las televisiones españolas en el invierno de 2002. Su sonrisa, su pelo rubio y su español macarrónico hacían las delicias de los periodistas. España era un clamor.
Juanito era uno de los nuestros. Juanito era un regalo caído del cielo.
¡Juanito!
Los entendidos avisaban entre líneas. Nunca había tenido resultados tan elevados y contaba con 32 años. No era un chaval que a base de entrenamientos hubiese mejorado su rendimiento. Era un deportista que ya tendría que haber llegado al cénit y que debía iniciar la cuesta abajo en su carrera. Su entorno era raro. Nunca convivió con otros miembros de la Federación ni residió en España. Vivía con su hermano y con una novia portuguesa en una cabaña en el interior de Brasil donde no había nieve ni se le aguardaba. Luego viajaba a Austria para entrenar, previo paso por Portugal, para luego desaparecer en semanas. Era todo muy extraño, pero se le consentía. Los resultados acompañaban y era lo único que importaba.
Y entonces saltó el escándalo. Menos de 24 horas después de lograr la tercera presea Juanito Mühlegg daba positivo por dopaje. Luego se sabría que Alemania lo había expulsado años atrás porque Mühlegg se había negado a ser controlado medicamente. Lo del mobbing era todo mentira. Lo cierto es que Juanito dio positivo por un alto nivel de darbepoetina, se le retiraron sus tres medallas de oro y fue suspendido dos años de la alta competición por dopaje.
La imagen de España en el concierto internacional fue vergonzosa. Por entonces el país ya tenía fama de encubrir el dopaje y aquello fue la gota que colmó el vaso. Juanito pasó a ser conocido para siempre como Johann y se le culpó de todo como si los federativos no tuviesen su parte de responsabilidad por dejarle hacer y permitir que Mühhlegg viviese fuera de España ajeno a controles médicos y entrenamientos.
¡Ay! ¡Juanito!
Pasados los dos años de sanción pretendió ser seleccionado para los Juegos de Turín 2006. Sus marcas, obviamente inferiores a sus mejores años, seguían siendo infinitamente superiores a las de cualquier otro fondista español, por lo que prontamente fue seleccionado. La Federación, increíblemente, aceptó el órdago, pero serían los propios deportistas españoles, ayudados por el altavoz de la prensa, los que abortaron lo que hubiese sido otro colosal error. Así que, con el rabo entre las piernas, Johann volvió a Alemania, dejó los esquís y años más tarde se instaló en Brasil. A orillas del Atlántico cambió los esquís por las tablas de surf y creó una inmobiliaria que construye casas turísticas en la costa brasileña para europeos que, como él, quieren dejar atrás su pasado.
“A caballo regalado… no se le miran los dientes”. Refranero español.
“El que no está contento con lo que tiene, no merece lo que desea”. Refranero español.
Lewis Allan Hoad nació en una barriada de Sydney una mañana de noviembre de 1934. Lew fue un niño enfermo. Necesitado y enfermo. No supo lo que era una raqueta hasta los cinco años de edad. Y no era una raqueta. Era un palo que sostenía un aro de metal. La pelota se la habían regalado. No era nueva, por supuesto. Era usada. Y la circunferencia distaba mucho de ser perfecta. No hablemos de pista de tenis. Evidentemente eso sería una quimera. Lew golpeaba con fuerza una pared de ladrillo que hacía las veces de parte de atrás de la humilde casa familiar.
Aquello se convirtió en una obsesión. Se levantaba a las cinco de la mañana para golpear con fuerza la pelota. Los vecinos, fuese por caridad o para sacárselo de encima, hicieron una colecta para comprarle una raqueta y pagarle una entrada en el club de tenis del barrio. No se sabe bien como aquel niño de físico endeble y técnica autodidacta, con diez años ya competía en su primer torneo. Ni siquiera llegaba a la altura de la red, pero su golpeo era efectivo y hermoso al mismo tiempo. Jugó entonces un partido con Ken Rosewall, de su misma edad y futuro ganador de ocho Grand Slam, quien le venció por un apabullante 6-0 y 6-0. Fue entonces cuando Lew decidió unirse a un gimnasio. El pequeño Lew dedicaría los siguientes años de su vida a entrenar durante siete horas diarias. Pronto se convirtió en el favorito del polideportivo y Lew será invitado a comer por unos y por otros al ver que aquel chaval famélico apenas podía sostenerse en pie vencido por el hambre.
Un par de años después los preadolescentes Ken Rosewall y Lew Head volvieron a enfrentarse en un torneo infantil. Esta vez fueron tres sets. Rosewall ganó por 6-0, 6-0 y 6-0.
Lew se marchó llorando a casa.
Meses después ambos contendientes volvieron a enfrentarse. Esta vez era la final del campeonato de Australia sub-12. A dos sets. Rosewall ganó por 6-0 y 6-0.
Lew se marchó llorando a casa.
Y decidió dejar el tenis para siempre. Tenía 12 años.
Los siguientes dos años se los pasó en la escuela. Finalizó sus estudios y se puso a buscar trabajo. Camino de los 15 años Lew Hoad se convertía en encordador de raquetas para la marca Dunlop. Tras dejar el tenis, Lew había encontrado un trabajo donde su cometido era quitarle las cuerdas viejas a las raquetas para colocar unas nuevas o bien tensar las viejas para que mantuviesen su elasticidad.
Algo brotó de nuevo en Lew y empezó a jugar al tenis aprovechando las instalaciones que Dunlop tenía tras su fábrica en Sydney. Dado que los mejores jugadores del país iban de tanto en tanto a la tienda, Lew aprovechaba para hacerles preguntas y también ejercía de sparring en los entrenamientos cuando se lo solicitaban. Sin darse cuenta contaba ya con 17 años. Era 1951. Y decidía volver a competir.
Se apuntó al campeonato australiano junior. No fue cabeza de serie en ninguna de las rondas eliminatorias, pero fue pasando todas ellas hasta que se plantó en la final. Su rival, como no podía ser de otra forma, era Ken Rosewall. El archifavorito Ken Rosewall.
Lew Hoad ganó el partido y el torneo. 7-5 y 7-5.
Fue el último torneo de juveniles de ambos. Su siguiente aparición ya sería con los mayores. Rosewall se acercó a Head y, tras felicitarle por el triunfo, le preguntó si querría formar pareja de dobles junto a él.
Durante los años siguientes la pareja formada por Lew Hoad y Ken Rosewall llegaría a nueve finales de Grand Slam ganando seis de ellas. También formarían equipo en la Copa Davis. Y también saldrían victoriosos.
Hoad y Rosewall
En la Davis Lew Hoad se destapó como un jugador asombroso tanto en dobles como en individuales. En 1955 Australia firmó el mejor año en la historia de la centenaria competición. Ganó todas las eliminatorias fuera de casa y todas por un aplastante 0-5. México, Canadá, Japón e Italia antes de viajar a Estados Unidos para enfrentarse a los norteamericanos. Lew jugó los dos individuales y el dobles para firmar otro 0-5. Era un primer espada, pero seguía sin ganar un Grand Slam individual. Mientras, Rosewall añadía a su triunfo en la Davis un torneo tras otro.
Al fin, en 1956, los dos viejos amigos se enfrentaron en la final del Open de Australia. Hoad se llevó el título por 6-3, 3-6, 7-5 y 6-4. No acabó ahí la racha. Hoad se llevaría también Roland Garros al vencer al sueco Sven Davidson y Wimbledon al derrotar nuevamente a Ken Rosewall. Increíblemente Hoad, que apenas siete meses antes tan sólo sumaba una final de Grand Slam, acababa de vencer en tres de los cuatro Grand Slam del circuito.
Tenía la opción de lograr la victoria en el Open de Estados Unidos y lograr los cuatro Grand Slam en un año. Algo inédito en dos décadas, dado que no se lograba desde 1938 cuando la proeza fue firmada por el estadounidense Don Budge. Hoad llegó a la final del torneo con una autoridad incontestable al perder únicamente un set en seis partidos. En la final, como no podía ser de otra forma, le esperaba Ken Rosewall. Hoad se adelantó por 6-4, ocurre que acabó cediendo en cuatro sets por 2-6, 3-6 y 3-6. El consuelo para Lew fue ser número 1 del mundo al finalizar el año.
A Hoad aún le dio para ganar otro Wimbledon antes de dar el salto al profesionalismo (un año antes ya lo había dado Rosewall). Aquella estúpida diferenciación entre aficionados y profesionales duraría hasta 1968 y no permitió que muchos jóvenes jugadores engordaran su palmarés. Hoad dejó de competir en los Grand Slam con apenas 26 años.
Lew Hoad
De Hoad todo el mundo hablaba maravillas. Hasta Pancho González, considerado el jugador más arisco y solitario de su generación, lo consideraba un amigo. Lew era simpático, amable, generoso y era un jugador indefendible. Dicen que no tenía un patrón de juego. Era capaz de avanzar a la red y a los pocos minutos desplegar un juego de derecha desde el fondo de la pista. Podía ganar al servicio, con bola liftada o mediante saque y volea y era capaz de hacerlo durante el mismo set o durante el mismo juego. Aquel niño enclenque se convirtió en un adulto musculado que manejaba la raqueta con tal fuerza que la convertía en un arma arrojadiza. Su obsesión por realizar pesas será tan enfermiza que acabará retirándose por problemas de espalda. Al ser operado se descubrió que tenía rotos dos discos vertebrales desplazados con herniación.
Cuando abandonó la práctica del tenis, Lew se fue a vivir a España, concretamente a Fuengirola, donde abrió una escuela de tenis, muy frecuentada durante los siguientes años por gente famosa, entre ellos, actores muy conocidos, como Sean Connery, Charlton Heston, cantantes como Frank Sinatra o hasta miembros de la realeza caso de Diana de Gales. Aquellos largos, lujosos y privilegiados viajes en avión de los 60 hicieron que su esposa y sus hijos recalasen en España. Lew tenía entonces que emprender un nuevo viaje a Sudáfrica antes de volver a la Península Ibérica para continuar con la gira europea. Su esposa se enamorará de la Costa del Sol y la familia acabó comprando un terreno en el que además del club de tenis se abrirá restaurante y hotel y se le dotará de siete pistas de tenis y otras tantas de pádel.
Su apego a España fue tal que entre 1970 y 1974 fue seleccionador nacional para la Copa Davis. Hoad falleció en 1994, antes de cumplir los 60 años, por culpa de un ataque al corazón, aunque ya arrastraba una enfermedad oncológica en el último lustro.
“El mejor tenista anterior a la era profesional de 1968 fue Lew Hoad, sin lugar a dudas. Tenía poder, volea y explosividad”. Rod Laver, ganador de 11 Grand Slam y contemporáneo de Hoad.
En estas páginas ya he hablado alguna vez sobre el racismo. Al que da patadas se le llama asesino. Al que no es capaz de correr noventa minutos se le tilda de gordo o de viejo. Cabrón si pierde tiempo. Hijo de puta si contesta a la grada. Todo está mal. Pasa y pasa mucho. Y no son minorías. Reflejan el sentir de una sociedad que usa expresiones como ‘ser traidor como judío’, ‘engañar como un chino’ o ‘sudar como un panchito’. El caso es que llamar a alguien negro, atacarlo lanzándole plátanos o mofarse de él simulando gritos de mono dentro de un campo de fútbol no es racismo. Es una forma de desestabilizar al rival. De mal gusto, penable, incluso, pero es una entre tantas formas de ahondar en la mentalidad del oponente y comerle la moral.
Y con todo, no siempre fue así. El racismo no era cuestión en España, básicamente porque no había nadie distinto de nuestra raza en el país salvo un puñado de futbolistas. No éramos racistas, dado que no había necesidad de ello. Contaba mi padre que la primera vez que vio a un negro fue a un feriante en las fiestas de su pueblo. Años 60. Aquella tarde nadie subió a atracción alguna. Todos los niños se escondieron detrás de columnas para presenciar de cerca a aquel junco color de ébano. A aquel Baltasar venido del Lejano Oriente.
Ben Barek, Mendoza, Waldo o Jones pertenecían a esos futbolistas que no es que fueran mal tratados, sino que eran buscados, admirados. Todos eran vistos con la simpatía de lo exótico. Había poquísimos, la mayoría de los equipos no tenían ninguno y si recibían insultos nada tenían que ver con el racismo. Además, todos compartían lengua, costumbres y religión, ya que provenían de América. Y en caso contrario, caso de Ben Barek, lo hacían de Marruecos, país con lazos muy profundos con España.
Hasta que llega 1973.
Ese año se abren fronteras tras una década sin presencia de extranjeros en la liga española. El Barça fichó a Cruyff (Países Bajos) y a Sotil (Perú), el Madrid a Netzer (Alemania) y Más (Argentina) y el Atlético a los también argentinos Ayala y Heredia. Todos ellos blancos. Todos contrastados.
El Valencia CF, siguiendo la línea iniciada con los brasileños Waldo y Walter, decidió apostar por un delantero negro. Ocurre que en este caso indagó en una ruta jamás explorada. El África subsahariana.
El Valencia CF fichó a Salif Keïta.
Era un fichaje extraño para una España donde el Franquismo daba sus últimos coletazos. No obstante, era un fichaje de tronío. Procedía del Olympique de Marsella, era natural de Mali, jugaba como segundo delantero y había sido galardonado con el primer Balón de Oro africano. Ocurre que en Francia estaba muy asentado el fichaje de jugadores africanos. La época colonial había dado hijos afrancesados y el recorrido África-Francia estaba más que formalizado. Se argumentaba que encajaban bien en el país vecino por la misma razón que los sudamericanos se aclimataban con éxito en España. Pero aquello de que un subsahariano pudiese triunfar en la piel de toro no era visto como algo posible. Las editoriales de los periódicos fueron muy críticas con su llegada. En Las Provincias se dijo que el Valencia iba a por un alemán y acabó fichando a un negro. Así. A un negro. Y no pasaba nada. Keïta protestó con educación y ahí quedó la cosa.
Lo cierto es que era sensacional. Había debutado con apenas 16 años con la selección y ahora estaba en el Valencia con 27 años en su periodo de plenitud. Pecaba de individualista y su procedencia africana hacía que el aficionado multiplicase al cubo ese defecto, pero lo cierto es que técnicamente era fantástico y tenía ese gracejo propio del que aprende a jugar en la calle. Debutó con dos goles ante el Real Oviedo y dejó para el recuerdo un golazo ante el Atlético, el día del debut de Luis Aragonés como técnico colchonero, tras tumbar a varios rojiblancos dentro del área.
El debut de Keïta
Keïta había sido captado por un oftalmólogo francés que ejercía en Bamako, capital de Mali. Se lo ofreció a un amigo que era directivo del Saint Étienne, por entonces prima donna del fútbol francés. Era un chico liviano de apenas 62 kilos en unos 178 centímetros de altura. No lo tuvo fácil. En Mali era un símbolo nacional. Tuvo que abandonar Bamako de manera clandestina para coger un vuelo en Liberia temeroso de que el régimen dictatorial de Mali impidiese su salida del país. Salió rumbo al aeropuerto parisino de Orly un día antes de lo establecido para que nadie pudiese interceptar su salida. Así que llegó, solo, a una ciudad donde nadie lo conocía. Se subió a un taxi y puso rumbo a Saint Éttiene para cubrir 500 kilómetros sin un duro en el bolsillo. Tuvo suerte de que el taxista fuese futbolero y confiase en su palabra de que cobraría la carrera de 1.000 francos que le habían prometido.
Y luego estaba lo de aclimatarse. Había llegado a un club que recién se había proclamado campeón, por lo que tendría que funcionar desde el primer minuto. Con su zancada, regate y capacidad de remate se ganó el título, luego tan manoseado, de perla negra. Y eso que le costó. Tardó quince partidos en anotar su primer gol. Luego, subió como cohete. En la temporada 1968-69 marcó 21 dianas y en la siguiente dobló la cifra y se fue a 42 goles. Ese año fue el máximo goleador de Europa tan sólo por detrás de Gerd ´Torpedo’ Müller. En 1971 el Saint Éttiene disputó un amistoso en Paris ante el Santos y Keïta rivalizó en aplausos con el gran Pelé. Salif Keïta era pura belleza en piernas finas y fibrosas.
En Saint Éttiene era un semidios. La bandera con una pantera negra en fondo verde puebla, más de medio siglo después, las gradas del conjunto francés. Durante un tiempo incluso se añadió la pantera al escudo del club. Fueron 125 goles en 149 partidos y un legado incalculable. Luego Salif Keïta fichó por Olympique. No le fue bien. Le incitaron a pedir la nacionalidad francesa para no ocupar plaza de extranjero y se negó. Se enfrentó con los directivos de Marsella y dio el salto a Valencia. Aquí la cosa tampoco cuajó. Le pegaron mucho. No tenía cuerpo para aguantar a los defensas de la época y sufrió lesiones en los dos años que estuvo en la capital del Turia. Y no sólo eso. Por vez primera el racismo aparecía en el fútbol español. Donde antes el negro era visto con simpatía por exótico ahora era visto con desprecio por extraño. Quino Sierra, cinco temporadas en Valencia e internacional con España, dejó en el diario AS una perla para el recuerdo: «Los demás equipos se han reforzado y nosotros tenemos un negro que no rasca bola». Con Keïta también sucedió algo que nunca antes se había visto en un campo español. Los plátanos. Por vez primera aparecieron en el verde cuando Keïta se acercaba a la línea de cal.
Rápidamente la imponente presencia de Kempes en Valencia difuminó el recuerdo de Keïta. Y es una pena. En 1973 la FIFA organizó en el Camp Nou un encuentro amistoso América frente a Europa. Keïta fue el único invitado de otro continente y dio un recital en los 45 minutos en los que defendió la camiseta europea. Su presencia en el fútbol español y en el Valencia CF en particular es notoria como primer subsahariano de una larga lista que en la actualidad parece no tener fin.
El futbolista que cambió un escudo
El presidente del Sporting de Lisboa se enteró a través de una noticia radiofónica que el Valencia quería vender a Keïta. Contactó con el club ché a sabiendas de que no tenía dinero suficiente para pagarle la ficha. Pero Keïta quería jugar en Lisboa y conocer a Eusebio, el africano que goleó como europeo y que llevó el nombre de Portugal y de su Mozambique natal a ser conocido por medio mundo. No tuvo problema en aceptar una fuerte bajada de sueldo. A cambio pidió no entrenar los lunes y decidir si jugar o no jugar a domicilio en función de lo pesado de los desplazamientos.
En Portugal también fue ídolo y querido por sus compañeros. Llegaba siempre una hora antes de los entrenamientos y era el último en marcharse para casa. Gustaba de ejercer de defensa en los partidillos para enseñarle a los jóvenes delanteros como encarar a sus contrarios. En 1979 se convertiría en uno de los primeros africanos que emigraría al fútbol estadounidense para hincharse a ganar el dinero que había perdido en sus años de farándula lisboeta.
Keïta
Salif Keïta es un personaje capital en el deporte africano como precursor de la globalización del fútbol. Además de ganar el Balón de Oro africano, creado por L’Equipé en su honor, fue el primer negro en recibir la Orden del Mérito de la FIFA, fue presidente de la Federación de Fútbol de Mali y, por descontado, fue presidente de honor del Saint Éttiene. Es también tío de dos estupendos futbolistas. Su sobrino Mohamed Sissoko ganó la Copa de la UEFA con el Valencia CF y la liga francesa con el Paris Saint Germain. Otro de sus sobrinos, Seydou Keïta, se formó en la cantera del Olympique de Marsella antes de ganar dos Copas de Europa con el FC Barcelona.
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Ben Barek (el magrebí que triunfó en el Atlético de Madrid)
La década de 1920 no fue excesivamente positiva para el Real Madrid. La Liga no se constituyó hasta 1928 y, por supuesto, no había comenzado el idilio merengue con una Copa de Europa que aún no estaba ni en la mente de ninguno de sus creadores. Así pues, no había nada más glorioso por aquel entonces que vitorear en la Copa del Rey. Lo más cerca que estuvo de ganarla el Real Madrid en aquellos años fue en 1924 cuando cayó en la final con el entonces poderoso Real Unión de Irún. Militaba en aquel equipo blanco uno de los que puso las neuronas a trabajar para crear la Copa de Europa décadas más tarde. Respondía al nombre de Santiago Bernabéu. Ocurre que aquel Bernabéu futbolista no mandaba. El que dirigía el cotarro era un central enorme de los que primero pegaba y luego pedía perdón. Era el capitán del Real Madrid y obedecía al nombre de Patricio Escobal.
Patricio Perico Escobal había nacido en Logroño en 1903. Era de familia bien y fue enviado a Madrid para estudiar primero en los Jesuitas y después sacarse la carrera de Ingeniería Industrial. Sus 190 centímetros, exageradamente largos para la época, llamaron la atención del Madrid que lo incorporó a su plantilla en 1921 cuando contaba con 18 años. Digo incorporar, ya que entonces no se fichaba debido a que el fútbol era amateur.
Escobal fue pronto conocido en Chamartín como Faquir, por su fama de galán, buen conversador y por una cultura muy superior a la que por entonces tenían los futbolistas. Perico sería el capitán del Real Madrid prácticamente desde su llegada y a pesar de su juventud, debido a la ascendencia que tenía sobre sus compañeros. Será el capitán el día que se inaugure el estadio de Chamartín dejando atrás el Velódromo de Ciudad Lineal. Décadas después de su retirada los aficionados del Real Madrid aun gritaban “viva Escobal” cada vez que un central despejaba un balón con un punterazo hacia las gradas en recuerdo del bueno de Perico. Todo lo fino que era fuera del campo lo era de rudo dentro del rectángulo de juego.
Escobal cogería una enfermedad infecciosa en 1927 teniendo que dejar el fútbol la temporada siguiente, justo a tiempo licenciarse. Aún le daría pie para intentarlo una temporada en el Real Madrid para acabar sus días como futbolista en su Logroño natal. Es 1934. Ese año obtenía su plaza como funcionario de ingeniero en el ayuntamiento de Logroño donde también hubo de recibir un homenaje dado que diez años antes, en 1924, había sido el primer deportista riojano en disputar unos Juegos Olímpicos.
Perico Escobal
Antes de que la II República se hiciese con el poder en 1931, Escobal ya había demostrado su compromiso político. En 1928 había sido nombrado el presidente de la recién creada Asociación Profesional de los Trabajadores del Fútbol. El resultado fue el veto para acudir a los Juegos Olímpicos que ese año se celebraron en Ámsterdam. Luego, se afiliaría a Izquierda Republicana, el partido político de Manuel Azaña, y con el carnet del partido logró su plaza en el ayuntamiento de Logroño. Cuatro meses más tarde de obtener la plaza es echado de su puesto por los conservadores de la CEDA. Tendrá que pleitear para que le devuelvan lo que en verdad le corresponde, pero por el camino hará las maletas y regresará a Madrid en busca de trabajo.
Llegamos pues en esta historia a febrero de 1936. El Frente Popular, una variopinta coalición de izquierdas, gana las elecciones legislativas en España. Perico Escobal vuelve a su plaza en el ayuntamiento de Logroño no sin antes pasar un par de semanas en el calabozo por insurrecto. Es indemnizado por despido procedente y parece que podrá retomar su vida con total normalidad. Así sucederá hasta que llega el 19 de julio del citado año. El bando golpista, llamado también nacional, toma el control de Logroño y tres días más tarde el Gobierno Civil de Logroño lo va a buscar a su casa acusado de ser contrario al “Glorioso Movimiento Nacional”. Le abrieron un expediente para incautarse de sus bienes, le fue revocada una vez más su plaza de funcionario e inmediatamente fue puesto bajo arresto.
Sin comida, sin posibilidad de asearse y con las ratas deambulando por las celdas, a Perico le sería diagnosticada una tuberculosis que le acarrearía de por vida problemas de espalda. Y es que Perico (ojo viene spoiler) sobrevivió. Sobrevivió a las penurias de la cárcel. Y serían hasta tres presidios distintos con noches en vela a la espera de ser llamado por un pelotón de fusilamiento.
¿Por qué no fusilaron a Perico Escobal? La respuesta es la que todos los que ahora están leyendo esto se imaginan. Porque Perico Escobal había sido capitán del Real Madrid. El responsable de las ejecuciones en la Rioja Alta era Domingo Gómez-Acedo, un ex futbolista del Athletic quien formó parte de la primera selección española de fútbol, aquella que logró una histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes. “Insincero y fanfarrón, pero un gran jugador con el balón en los pies”, dejaría escrito Escobal sobre Gómez-Acedo.
Aquel primer golpe de suerte tendría continuidad. A los pocos meses recalaría en Logroño el general Gastone Gambara, quien procedente de la Italia fascista pasaría a ser alojado en un caserío propiedad de los suegros de Escobal. Al parecer Gambara habló con el también general y jefe de Propaganda Millán Astray en persona para conmutar la pena de cárcel de Escobal por un arresto domiciliario que le permitía a Gambara hablar de fútbol con el ex capitán blanco cuando no estaba ocupado de mandar sus tropas italianas en ayuda de Franco y sus correligionarios.
Escobal estaría casi dos años recluido en su casa vigilado siempre por una pareja de guardia civiles. En 1939 terminó la Guerra Civil y a Gambara lo premiaron con el puesto de embajador de Italia en España. Pronto presionó para anular la condena de Escobal de cadena perpetua y tramitó la documentación para que Perico y su familia pudiesen poner rumbo al exilio.
Con bastón y un corsé para su maltrecha espalda, con la moral por los suelos y sin saber papa de inglés, Escobal acabó en Cleveland tras hacer escala en Cuba. Era 1940. Allí estaría un par de meses viviendo en la casa de un hermano de su mujer hasta que se asentó en Nueva York, donde comenzó a trabajar en una tienda de electrodomésticos.
Hubo de esperar década y media para conseguir convalidar su licenciatura en Ingeniería hasta que en 1957 empezó a trabajar en la oficina de Gas y Electricidad del Ayuntamiento de Nueva York. Será condecorado por su labor en la remodelación del alumbrado del barrio de Queens. Su hijo, reputado matemático, formará parte del equipo de la NASA que llevó al ser humano a la Luna. Perico volverá únicamente un par de veces a España. Una durante el Franquismo, cuando le permitieron un viaje con billete de vuelta para asistir al sepelio de su madre, y otra, ya en 1982, cuando viajó a Logroño y de paso acudió al Bernabéu para ver un partido del Mundial de 1982. Nunca más volverá a España y fallecerá en Nueva York en 2002, a los 99 años de edad. Un condenado a muerte que murió de viejo.
Escobal en sus últimos años
Y con todo, lo más relevante de la vida de este sufrido capitán del Real Madrid ocurrió sin que nadie en España fuese consciente de ello. En 1968 Perico Escobal publicó Death Row: Spain 1936 (El corredor de la muerte: España 1936). Escobal había empezado a escribir sus memorias durante su estancia en prisión, pero hubo de tirar sus notas por un retrete cuando vio que un soldado pesquisaba sus propiedades dentro de la celda. Al poco de llegar a Estados Unidos decidió retomar la escritura de un libro que causó un tremendo impacto en tierras americanas. Escobal hablaba con detalle de las condiciones inhumanas de las celdas y da nombre y apellidos de opresores y oprimidos. Lo desgarrador del relato y la notable calidad del texto hicieron del libro un superventas en Estados Unidos en un momento donde se cuestionaba muy y mucho la existencia de la dictadura franquista. El libro no sería traducido al español hasta 1981, seis años después del fallecimiento de Franco, pero pasará sin pena ni gloria por las librerías de un país que en aquel momento lo único que deseaba era olvidar y pasar página.
“Te sacaban al patio. El aire fresco de la noche entraba en tus pulmones abiertos. Oías voces y risotadas. Los ojos apagados. Salva amarga con hiel llena la boca. Mascaba la muerte. La resignación hace su aparición. De pronto un ruido. Un empujón. Uno de los guardias me empujó con violencia al suelo diciendo entre las risas de sus compañeros que hoy no tocaba, que mañana será otro día”. Perico Escobal describiendo una noche cualquiera en la que era sacado de la cárcel camino del pelotón de fusilamiento.
No son frecuentes las goleadas entre las selecciones de primerísimo nivel. La igualdad es manifiesta y la tensión intrínseca a los encuentros de grandes campeonatos hacen que las precauciones defensivas se sitúen por encima de las cualidades ofensivas. Con todo ello, hay resultados escandalosos que hicieron sonrojar a equipos de tronío y causaron profundo pesar en el país derrotado. Otros resultados no son tan llamativos al ser leídos, pero supusieron un baile futbolístico de tal calibre que la exhibición ha traspasado los umbrales del tiempo para permanecer perpetuamente y con letras de oro en la historia del fútbol.
Para clasificarse para la Eurocopa de 1984 la selección española debía ganar por once goles de diferencia a Malta y así superar en la diferencia de tantos a Holanda, país con el que estaba empatado a puntos. Fue un 12-1 total, un 9-0 tras el descanso. Aquel frío día navideño en Sevilla está en la memoria de cualquier español y sólo las victorias europeas y mundialistas del siglo XXI le han restado importancia. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.
Entre los partidos descartados encontramos un encuentro amistoso del que sólo nos quedan relatos y fotografías. Ocurrió en 1932 y enfrentó a Austria contra Hungría. Los magiares eran entonces el mejor equipo de Europa. Los austriacos eran los aspirantes. Fue el nacimiento del llamado Wunderteam (equipo maravilla) liderado por Matthias Sindelar. El denominado Mozart del fútbol anotó un hat-trick y lideró a su equipo tras un legendario baile de futbol ofensivo que acabó con un 8-2. Sólo los nazis pudieron acabar con aquella sinfonía ofensiva al anexionar Austria al III Reich un lustro más tarde. Aquello fue el inicio del Wunderteam. Lo que sucedió en 2008 fue el punto y final de la escuela soviética de juego solidario, robotizado y efectivo. A la URSS de 1960, o al Dinamo de Kiev de 1986 le sucedió la Rusia de 2008. Aquel equipo perdería en semifinales de la Eurocopa 2008 ante España para diluirse para siempre en la historia. Antes había bailado a Países Bajos (3-1) en cuartos. El choque se resolvería en la prórroga tras un empate a un tanto, pero durante los 120 minutos del duelo el dominio fue total por parte rusa. Un fútbol rápido y desenfadado liderado por Andrey Arshavin.
Nos quedaran otros dos choques en el tintero y con los mismos protagonistas, aunque con los papeles cambiados. En 1972 Inglaterra y Alemania se enfrentaron en Wembley en cuartos de la Eurocopa. Los teutones vencieron por 1-3 en el que es considerado el mejor encuentro que Beckenbauer y compañía firmaron en aquella década dorada. A su rigor táctico y a su fortaleza física añadieron un juego de combinación exquisito liderado por un Netzer, quien realizó el mejor partido de su vida. Tres décadas más tarde, en 2001, Inglaterra asaltó Múnich en partido clasificatorio para el Mundial 2002, al vencer a Alemania por 1-5. Los británicos manejaron el partido con autoridad insultante y a varias velocidades; con posesión elaborada y paciencia por un lado y al contraataque cuando le interesaba hacerlo. Michael Owen anotó tres goles aquella noche y se aseguró ganar un Balón de Oro que muchos siguen clamando para Raúl.
El día grande de Owen
Vamos pues con las 10 grandes palizas entre selecciones de todos los tiempos. Resultados llamativos y apabullante juego frente a un adversario que antes del choque era considerado un igual a igual.
10 Australia 31-0 Samoa (clasificación Mundial 2002): Vale. Estoy de acuerdo. Este partido no tendría que aparecer en esta lista. No tiene el pedigrí suficiente. Pero es la madre de todas las palizas. La mayor goleada jamás registrada en un partido oficial. Un gol cada 180 segundos. No solo eso. El discreto delantero Archie Thompson anotó 13 tantos, por supuesto, también récord no igualado e inigualable. Ese 31-0 cambió el fútbol. Al menos lo cambió al otro lado del globo, aunque en la vieja Europa no fuésemos conscientes de ello. El abuso de los aussies fue tal que la Federación Australiana de Fútbol renunció a formar parte de la Confederación de Oceanía y desde entonces forma parte de la AFC (Confederación Asiática de Fútbol) disputando las fases de clasificación para el Mundial frente a Japón o Irán y la Copa de Asia contra Corea, Arabia Saudí o China. Todos salieron ganando. Australia ha mejorado notablemente su nivel, Nueva Zelanda tiene ahora muchísimas más opciones de jugar un Mundial (como ocurrirá en 2026) y la historia de los samoanos saltó en 2023 al celuloide con el título Next goal wins (El peor equipo del mundo).
31 goles encajados…
9 Brasil 5-2 Francia (semifinal Mundial 1958): Just Fontaine respondió en el minuto nueve al gol anotado por Vavá al poco de empezar el encuentro. Era la final anticipada. Francia contaba con Jonquet en el centro de la zaga, Piantoni hilando el juego y una dupla terrible formada por Fontaine y Kopá. Brasil había sufrido al inicio del torneo, pero en cuartos de final el seleccionador Feola dio su brazo a torcer y ante el clamor popular colocó como titulares a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años). Entonces todo cambió. En aquella semifinal fueron treinta minutos de igualdad. En el minuto 39 un zambombazo de Didí, la estrella de Brasil (con permiso del imberbe Pelé), ponía por delante a la canarinha. Desde ese instante sólo hubo un equipo sobre el campo. La segunda parte fue un baile de Brasil dirigido por Pelé. Aquel niño bajaba a recibir el balón al centro del campo, corría la banda, filtraba un pase y aparecía en el punto de penalti para armar la pierna. Y todo lo hacía con elegancia. Y todo lo hacía con alegría. Fue un hat-trick de un adolescente que al acabar el partido ya será O Rei. Luego Piantoni maquilló el resultado final dejándolo en un 5-2. Brasil pasará a la final y repetirá resultado ante Suecia. 5-2. Pelé anotó dos tantos, uno de ellos de una plasticidad inigualable. Control con el pecho tras centro, sombrero al defensor y remate con la derecha sin dejarla caer al palo corto del portero. El jogo bonito venía para quedarse.
El nacimiento de O Rei
8 Alemania 3-0 URSS (final Eurocopa 1972): Entre 1972 y 1976 la República Federal Alemana fue un torbellino. Selección compacta, fiable, de tremenda exuberancia física y con una pegada bestial. No dominaban ni era bellos, pero eran ganadores. Así fue en el Mundial 1974, pero no fue el caso de la Eurocopa 1972. Ese año Alemania fue todo eso y además una máquina preciosista en el juego. Tras una exhibición ante Inglaterra en Wembley, Alemania echó a Bélgica en semifinales y se plantó en la final ante la temida Unión Soviética (tres finales de cuatro posibles en Eurocopa). Alemania dominó de principio a fin. Fueron tres goles, pero pudieron ser el doble o el triple. Hasta cuatro lanzamientos teutones acabaron en los postes. Maier fue un espectador más en un estadio de Heysel abarrotado por los miles y miles de alemanes que afrontaron la cercanía con Bruselas. Beckenbauer armaba desde atrás y Heynckes y Müller (que anotó un doblete en la final) ajusticiaban en el ataque. Pero la diferencia entre esa Alemania y la de dos años después radicaba en el centro del campo. El partido ante la URSS encumbró a Günter Netzer como el mejor mediocentro del mundo. Barría el balón, pasaba en corto o en largo y marcaba el tempo del partido. Netzer sufrió marcaje doble y hasta triple en algún momento del choque, por lo que el entonces jugador del Gladbach retrasó inteligentemente su posición para sacar de sitio natural a sus marcadores y darle total libertad a Wimmer, el otro mediocentro teutón. Ese año Beckenbauer, Müller y Netzer ocuparían por este orden los tres primeros puestos en la ceremonia del Balón de Oro.
Perfección germana
7 España 3-0 Rusia (semifinal Eurocopa 2008): Si entre 1972 y 1976 Alemania fue un torbellino, la selección española entre 2008 y 2012 fue un huracán. Y si los rusos cayeron por 3-0 el día del encumbramiento de Netzer, otra vez los rusos cayeron por 3-0 en este caso para el encumbramiento de Xavi Hernández. La segunda parte de aquel partido fue un rondo perfecto liderado por el metrónomo catalán. A aquella forma de jugar sobando el balón hasta gastarlo en un continuo movimiento por el campo a base de triangulaciones y primer toque se le dio en llamar tiki-taka. Su promotor fue el comentarista deportivo Andrés Montes. Aficionados y compañeros de profesión renegaron en primera instancia de tal ocurrencia, pero finalmente ha pasado a definir una forma de jugar en el que la posesión es innegable y la defensa siempre se hace con el balón. Lástima que Montes falleciese antes de que su ingenio se hiciese universal. El caso es que Luis Aragonés había apostado en darle el poder a Xavi y acompañarlo de unos locos bajitos que respondían al nombre de Andrés Iniesta y David Silva. España, que siempre había basculado entre ser toro o torero, finalmente decidía ser torero. Luis Aragonés había detectado con sabiduría que en su equipo abundaban los artistas y creó una obra de arte. En la primera parte la lesión de Villa y algún fogonazo de Arshavin hicieron que el marcador no pasase del empate a cero. La bestia se desató tras el descanso. La sinfonía fue interpretada en la segunda mitad gracias a los tantos de Xavi, Güiza y Silva, todos ellos tras jugadas bordadas con cariño y esmero.
Y Xavi dirigió la orquesta
6 Argentina 0-5 Colombia (clasificación Mundial 1994): Argentina acababa de ganar la Copa América de 1993 a la que sumó el triunfo de 1991. Llegó a sumar 33 partidos consecutivos sin perder. Colombia no llegaba a semejante racha, pero sumaba doce meses sin conocer la derrota. Maradona no estaba (acusado de drogadicto), pero sí Ruggeri, Redondo, Simeone y un colosal Batistuta. Colombia no contaba con René Higuita (acusado de camello), pero sí con Valderrama, Rincón, Valencia y Asprilla. A Colombia le bastaba el empate para clasificarse para el Mundial. Argentina necesitaba el triunfo. El perdedor tendría que jugar un repechaje en la otra punta del mundo. El encuentro se celebra en el Monumental de Buenos Aires. Argentina llevaba seis años invicta en casa. Fue un baile. Una cumbia colombiana. 0-5. Freddy Rincón anotó el 0-1 al filo del descanso gracias a una asistencia de Valderrama. En la reanudación los argentinos se lanzaron al ataque sin demasiada precisión y Colombia desparramó sus encantos basados en la precisión técnica y una excelsa velocidad para lograr una victoria histórica. Freddy Rincón anotaría otro tanto más y Faustino Asprilla firmaría un doblete de ensueño con un gol tras burlar al portero y un segundo tras una vaselina inolvidable. Pero sería el quinto el que quedaría en la retina de todos los colombianos. El balón paso de uno a otro jugador cafetero siempre bajo las órdenes de Valderrama hasta que Asprilla le dé un pase filtrado a Adolfo Valencia quien bate con suma ligereza a Sergio Goycoechea. Fue la primera derrota en casa de Argentina en una eliminatoria de clasificación para el Mundial. Nunca más Colombia ha vuelto a ganar un partido en territorio albiceleste. Valderrama y compañía regalaron una obra de arte a una nación destrozada por la violencia y donde apenas tres meses después sería abatido el narcotraficante Pablo Escobar. Luego, tras el Mundial de 1994, el cártel de la droga asesinaría al defensa Andrés Escobar por meter un gol en propia puerta ante Estados Unidos.
Once héroes cafeteros
5 Inglaterra 3-6 Hungría (amistoso 1953): El PARTIDO. Así. Con mayúsculas. Fue la primera derrota inglesa en Wembley ante un equipo no británico. Es difícil de comprender en la actualidad, pero aquello marcaba un fin ya intuido y aquella noche confirmado. Los inventores del fútbol ya no eran los dueños del juego. Inglaterra había renunciado a jugar el Mundial hasta 1950 y allí cayó ante Estados Unidos y frente a España. Quedaba claro que algo sucedía, pero se le echó la culpa a lo pesado del viaje y a cierta relajación. Hungría, por su parte, era el gran equipo del momento. Una máquina de juego ofensivo, posiciones cambiantes y victorias estruendosas (20 victorias y 3 empates en sus últimos 23 partidos) lideradas por Ferenc Puskás. Así que, en 1953, para conmemorar el 90 aniversario del nacimiento del fútbol, se programó un Inglaterra-Hungría en Wembley. Inglaterra jugaba un rígido 3-2-5 popular en la época. Hungría no. Hungría era vanguardista. Hidegkuti era un nueve que bajaba a ofrecerse al centro del campo mientras que Budai y Czibor eran dos extremos que se convertían en laterales en posición defensiva. Arriba, tanto Kocsis como Puskás eran del todo menos inmóviles. Hidegkuti anotó al minuto de juego, los ingleses empataron, pero a la media hora del duelo el marcador ya era de 1-4 con dos tantos de Puskás. Recortó Inglaterra antes del descanso, sin embargo, el público ya era consciente de estar viendo algo diferente y despidieron a Hungría con una sonora ovación. En el minuto 55 el resultado era de 2-6. Pero no era el resultado. Era la forma de jugar. Algo diferente. El fútbol total antes del fútbol total. Uno de los tantos de Puskás se produjo tras un control tras pase largo al primer toque, finta para dejar sentado al capitán inglés Billy Wright y disparo seco al poste de la meta inglesa. Aquel control y aquella finta, grabada por la BBC en un tiempo donde la televisión era muy incipiente, quedó para la posteridad como el primer frame de un gesto técnico diferente. Claro que antes había habido regates, recortes y delicatessen varias, pero aquello se podía ver y no solo leer y escuchar. ¡Y era en Wembley y frente a Inglaterra! No sólo eso. Puskás anotaría un gol olímpico lanzando el córner con el exterior de su pie izquierdo. Los ingleses no daban crédito. Al final el resultado fue de 3-6. Y gracias. Inglaterra tiró a puerta cinco veces y anotó tres goles. Hungría lanzó 35 veces (21 a portería) para sumar seis tantos. Aquello fue un estruendo mundial. Meses después Inglaterra devolvería visita en Budapest y caerá por 7-1. Luego perdería el Wolverhampton (campeón inglés) frente al Honved (campeón húngaro). Inmediatamente se creó la Copa de Europa de clubes. Y cuando en 1958 Inglaterra se clasifique para el Mundial nadie la contará ya entre los favoritos al título.
El partido del siglo
4 Brasil 4-1 Italia (final Mundial 1970): México Distrito Federal. 110.000 almas. Brasil-Italia. Dos selecciones luchando por ser el primer país con tres títulos del Mundial. Italia llegó a la final tras una extenuante semifinal ante Alemania. Fachetti, Riva, Mazzola y compañía llegaban al último partido fieles a su estilo, de menos a más y con una fe defensiva granítica. A los transalpinos les encomendaron seguir a ‘los cinco dieces’ hasta a los vestuarios si fuese necesario. Catenaccio a muerte. Comenzaron fuertes y tuvieron dos buenas ocasiones en el primer cuarto de hora, hasta que un mal centro de Rivelino es convertido en gol de cabeza por Pelé. Burgnich, que era el hombre que estaba con O Rei en esa jugada, lo explicó así: “Saltamos juntos, pero cuando yo estaba en la tierra, él seguía en el aire. Yo había pensado para darme ánimo; Pelé es de carne y hueso, como yo. Estaba equivocado”. Pelé cayó del cielo para batir a Albertosi y poner el 1-0. Poco después Clodoaldo hace una frivolidad en el centro del campo, pierde el esférico y Boninsegna empata el partido. Quedaba toda la segunda mitad, pero a Italia se le había acabado la gasolina. Los 45 minutos finales fueron una exhibición canarinha. Las marcas se aflojaron y el primero que quedó libre fue Gerson. De los cinco genios era el menos temido por los transalpinos, por lo que Gerson jugó la segunda parte a placer dando pases milimétricos a diestra y siniestra. Con un precioso tiro desde fuera del área puso el 2-1 en la final. Luego, ya con Brasil jugando a placer, vendría el 3-1 por parte de Jairzinho. Y quedaba el fin de fiesta del 4-1. Un gol que era puro jogo bonito. Una hermosa jugada colectiva que se inició en defensa y en la que sólo faltó que el balón fuese acariciado por un jugador de banquillo. Tras tocar y tocar el balón, el cuero le llegó a Pelé que paró el tiempo y deslizó el esférico a su derecha. La imagen queda en pausa. Uno, dos, tres. A los tres segundos aparece una estampida por el carril derecho que tras un derechazo descomunal ponía el 4-1 definitivo. Era el gol de Carlos Alberto, un gol legendario que culminaba una actuación legendaria. El Brasil del 70 jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta de su gente para lisonjear al primer Mundial en color de la historia. Los ‘cinco dieces’ del Brasil del 70 perforaron las redes rivales. Jairzinho fue el máximo goleador del Mundial con siete tantos, Pelé metió cuatro, Rivelino conquistó tres, Tostao hizo dos goles y Gerson anotó uno. Todos brillaron, pero el astro más resplandeciente del firmamento fue Pelé. Todos eran dieces en sus equipos, pero todos revolotearon por el campo cual artistas para goce y disfrute del pasar del tiempo.
Y gol de Carlos Alberto
3 Brasil 1-7 Alemania (semifinal Mundial 2014): La tarjeta de visita no indica lo que ocurrió aquella noche en Belo Horizonte, Brasil lanzó 18 veces (8 a puerta) por las 14 de Alemania (10 a puerta). La posesión fue 53-47 a favor de los teutones y en pases, regates, saques de esquina y demás variables del Big Data la igualdad era lo imperante. Pero el fútbol es mucho más que números. Son sensaciones. Y lo que sucedió en Belo Horizonte, lo que se dio en llamar Mineirazo, fue un cataclismo psicológico pocas veces visto. A la media hora de juego el marcador era de 0-5 (Müller, Khedira, Klose y dos tantos de Kroos). Brasil había comenzado presionando y generando ocasiones, pero un despiste defensivo tras un saque de esquina originó el primer tanto a los diez minutos de juego. Al poco Klose anotó el tanto que le convertía en el máximo goleador de la historia del Mundial y a partir de entonces lo que se sucedieron fueron una suerte de errores groseros acompañados del silencio y de los lloros del público brasileño allí presente. En la segunda parte Alemania bajó descaradamente el ritmo y aun así en el minuto 69 el marcador era de 0-7. Un tanto de Óscar al poco del final dejaba el resultado en un histórico 1-7. La probabilidad de que Alemania ganara a Brasil por más de seis goles de diferencia era de un 0,025%. El encuentro significó la peor derrota de la selección de Brasil en su historia futbolística. Y tuvo que ser en casa. Y en las semifinales de un Mundial. De su Mundial. Sólo dos de los 23 seleccionados brasileños para el Mundial fueron convocados para la Copa América del año siguiente. Desde entonces los brasileños no han parado de producir porteros y defensas y en todas las grandes competiciones en las que han competido el miedo ha hecho mella en los planteamientos de los partidos, todos excesivamente conservadores para lo que el jogo bonito significó para el fútbol en el siglo XX. Desde 2014 Brasil nunca ha vuelto a ser Brasil.
O Mineirazo
2 España 4-0 Italia (final Eurocopa 2012): Durante un lustro inolvidable España se convirtió en el rey del fútbol Mundial. Los Casillas, Xavi, Iniesta, Villa y compañía confirmaron una realidad inexorable; España detenta la hegemonía del balompié en el siglo XXI. El caso es que toda esa superioridad nunca se vio reflejada en el marcador. Es conocido que el tiki-taka logró con brillo vitorear en Sudáfrica, pero todo a base de 1-0. Así que la final de la Eurocopa de 2012 es considerado el partido más redondo de esa generación dado que al dominio aplastante y a la belleza del juego se le sumó la efectividad frente al arco rival. Aquella España jugaba con dos laterales abiertos que, cuando eran poseedores del balón, se convertían en centrocampistas. Esto hacía de España de un equipo insuperable. Arbeloa y Jordi Alba apoyaban a Busquets en primera fase y dejaban total libertad para armar y crear a Xavi y a Xabi Alonso. España renunciaba a las bandas conscientemente, ya que sabían que nadie sería capaz de quitarles la pelota. Ellos dos junto a Silva, Cesc e Iniesta deleitaban con un rondo inmortal que acabó desquiciando a Italia. La imagen de Iniesta haciendo su icónica croqueta rodeado de cinco italianos forma parte de la esencia de este bendito deporte. España no necesitó de delanteros para marcar cuatro goles. En realidad, el 4-0 refleja lo que fue el partido. Alonso, Xavi, Iniesta y Silva frente a Andrea Pirlo. La batalla estaba decidida antes de empezar. Al descanso el resultado era de 2-0. Si en la primera mitad los transalpinos aun tuvieron algo de vergüenza torera, en el segundo tiempo fueron un pelele. Visiblemente agotados de correr tras el balón no tuvieron capacidad de asustar a un invisible Casillas. Con el partido controlado, los minutos fueron pasando en la segunda parte hasta llegar la sentencia en dos arreones finales. Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Mata fueron los firmantes de un encuentro que le daba a España su tercera Eurocopa enlazando victorias europeas en 2008 y 2012 junto al Mundial de 2010.
La final perfecta
1 Países Bajos 2-0 Brasil (semifinal Mundial 1974): No es el resultado. Es el simbolismo. Brasil era dueña del fútbol. Tanto en resultados como en juego. Holanda era una advenediza. Era su primer Mundial. Eran dos concepciones similares y a la vez diferentes. Brasil proponía un juego vistoso y de toque y Holanda rizaba el rizo al proponer lo mismo, pero a través del orden y el cambio posicional. Aun contaba Brasil con dos de los cinco dieces del mágico México 1970. A Rivelino y a Jairzinho se les había unido Dirceu. Por la banda izquierda se mostraba el excepcional Marinho Chagas. En Holanda, también por la izquierda avanzaba de cuando en cuando Ruud Krol, en el medio dirigía Neeskens, arriba amenazaba Resenbrinck y como jefe de todo estaba Johan Cruyff. Con esos mimbres Holanda ya había avasallado a Argentina (4-0). Roberto Perfumo, capitán albiceleste, dejaría una frase para la posteridad: “Nunca he sentido tanta impotencia. La única forma de parar a los holandeses es con una pistola”. Con todo Brasil seguía siendo favorito. Lo que ocurrió cambió para siempre la forma de ver el fútbol de los brasileños. Holanda dominó de principio a fin. Sus jugadores de ataque cambiaban de posición constantemente y los defensores neerlandeses aparecían de tanto en tanto cerca del área rival. Brasil tuvo que echarse atrás y jugar al contraataque. Lo nunca visto. A pesar de las numerosas ocasiones el marcador no registró goles hasta el minuto 50 cuando Neeskens finiquitaba un excepcional pase de Cruyff. Los siguientes cuarenta minutos están catalogados por muchos periodistas y aficionados como el mejor fútbol practicado por una selección en un Mundial. Tras salida de balón parado una masa de jugadores neerlandeses iba cual hienas en busca del rival con balón. Las jugadas al primer toque de los oranges se sucedieron una tras otra y, aunque únicamente lograron anotar un tanto más (Cruyff a pase de Krol), el daño infligido era mucho mayor que el que irradiaba el electrónico. Brasil tiró la toalla y se conformó con no sufrir una goleada. Brasil dejó de ostentar la hegemonía de la vanguardia en el fútbol y comenzó, aun con muchas reticencias, a defender, a tener miedo. Tardó dos décadas en ganar otro Mundial y lo hizo con muchísimas precauciones defensivas. Holanda perdió la final ante Alemania, pero dio igual. Holanda portaría desde entonces la bandera de la creatividad y del juego ofensivo, bandera que mantiene, a pesar de que la han mancillado en numerosas ocasiones.
Antes de que chinos, estadounidenses y árabes abrieran mercados igual de golosos que irrechazables para los codiciosos clubes europeos, las pretemporadas tenían lugar sin lujosos vuelos privados ni actos promocionales de dimensiones colosales. Se jugaban unos cuantos partidos amistosos en varios centenares de kilómetros a la redonda y de vez en cuando se traspasaban fronteras para disputar un encuentro internacional. Célebres eran los duelos entre conjuntos latinoamericanos frente a europeos, choques que llamaban la atención por su exotismo y que a menudo servían para que algún jugador iberoamericano firmase un suculento contrato y se quedase a jugar en Europa.
El súmmum del futbol veraniego tenía lugar en España. Concretamente en dos ciudades que distan 1.000 kilómetros de distancia pero que se asemejan tanto en su fisionomía ligada al mar y al viento, sus profundas raíces liberales y hasta en su defensa contra el invasor inglés. Donde Coruña y Cádiz no se asemejan es en el clima, lluvioso en la villa gallega y soleado en la urbe andaluza. El caso es que en el mes de agosto ambas ciudades hospedaban durante un par de días a alguno de los mejores clubes del mundo bajo el auspicio del Trofeo Teresa Herrera en el caso de los primeros y del Trofeo Ramón de Carranza en el caso de los segundos.
La sana rivalidad entre ambos siempre existió. El Teresa Herrera se vanagloriaba de ser el decano. El trofeo Teresa Herrera fue creado en 1946 bajo el amparo del ayuntamiento de la ciudad para recaudar dinero en beneficencia para los hospitales herculinos. Su nombre proviene de una coruñesa del siglo XVIII que al fallecer donó todos sus bienes y patrimonio para construir el primer hospital moderno de Coruña. No será hasta la mitad de la década de 1980 cuando con el asentamiento y profundización del Sistema Nacional de Salud el trofeo deje de cumplir con esta labor.
Si el Teresa Herrera era la tradición, el Ramón de Carranza era la innovación. Su creación es menos loable. Simplemente fue fundado para obtener ingresos extras ante la construcción de un nuevo estadio en la ciudad gaditana. El Carranza (alcalde de Cádiz en época franquista y curiosamente nacido cerca de Coruña) fue creado en 1955 y pronto destacó por sus innovaciones. Si el Teresa Herrera era un duelo entre dos, el Carranza era cuadrangular. Si el Teresa Herrera se jugaba por la tarde, el Carranza se alargaba hasta la noche gracias a la luz artificial. Y si en el Teresa Herrera había prórroga, en el Carranza se lanzaban penaltis. Fueron los lanzamientos desde los once metros lo que hicieron del Carranza un icono universal. En 1962 el periodista Rafael Ballester introdujo una rompedora propuesta que en menos de una década ya formaba parte del librillo de normas de la FIFA.
En ese momento el Carranza estaba por encima del Teresa Herrera. Luego ya no. En Coruña el cartel solía ser más prestigioso. Por allí pasarían hasta quince diferentes ganadores del Balón de Oro, desde Eusebio o Luis Suárez hasta Cristiano Ronaldo o Kaká pasando por Beckenbauer, Cruyff y otras estrellas que no lo fueron caso de Kubala, Bergkamp o Roberto Rivelino. También, obvio, los Amancio, Bebeto o Mauro Silva con la camiseta del RC Deportivo. Ocurre que lo más excepcional fue el Teresa Herrera de 1959 que enfrentó al Botafogo contra el Santos. Hasta siete campeones del mundo sobre el campo (seis de ellos titulares en el Brasil campeón de 1958) liderados por Garrincha en caso del Botafogo y de Pelé en las filas del Santos. O Rei metió un gol y agasajó con varias asistencias en la victoria de los paulistas por 4-1. El encuentro fue un acontecimiento con eco por media Europa y se dice que hasta 46.000 coruñeses se apiñaron en un estadio donde apenas cabían 35.000 almas.
Pelé y compañía en Coruña
Y aun así, con todo, el Carranza insuflaba una modernidad de la que carecía el Teresa Herrera. Así que el Comité Organizador herculino le da una vuelta de tuerca al torneo. El formato se convierte en cuadrangular de forma definitiva permitiendo tres partidos a lo largo de un fin de semana. Dichos encuentros pasan a jugarse al anochecer y se traslada a inicios de agosto, coincidiendo con las fiestas de María Pita, los actos futboleros. Esta decisión es trascendental dado que hasta entonces el Teresa Herrera solía celebrarse el 29 de junio, día de San Pedro. Al llevarlo a la primera semana de agosto se asegura que los grandes equipos que están en pretemporada puedan acudir, se le da un apoyo extra a una climatología siempre dificultosa en la ventosa y lluviosa Coruña y se asegura la presencia de veraneantes. La gran mayoría de ellos son madrileños, hecho que hará que en los 70 y los 80 a Riazor se le conozca como el Pequeño Bernabéu. Por último, y no por ello menos importante, se establece como trofeo oficial una espectacular Torre de Hércules hecha completamente de plata que sustituye a la copa que se daba cuando el torneo se puso en marcha en 1946.
Para 1973 toma las riendas de la organización del torneo un nuevo equipo liderado por el concejal Manuel Gila y por Felipe Poncet, responsable de las instalaciones deportivas de la ciudad. La primera decisión que toman es vender abonos para el torneo buscando una recompensa económica y dejando a un lado el carácter benéfico del torneo. El caso es que para ese primer año de la nueva era se contrata al Atlético de Madrid y al Ajax de Johan Cruyff, que en la anterior primavera se había proclamado campeón europeo por tercer año consecutivo. En palabras de Gila hubo entonces que buscar a dos equipos “barateiros”, dado que los holandeses se habían llevado por delante más de la mitad del presupuesto. Se optó por dos equipos del Telón de Acero; el Spartak Trnava, campeón checoslovaco, y el Ujpest Dozsa, campeón húngaro. El Atlético se enfrentaría al Ujpest y el Ajax al Spartak Trnava, a la espera de una esperada final entre españoles y tulipanes.
El caso es que a diez minutos del inicio del torneo Manuel Gila recibe una llamada procedente de la Federación Española de Fútbol. Se le comunica que no pueden participar dos clubes comunistas en el torneo, por lo que el Teresa Herrera queda cancelado. Gila colgó el teléfono y sopesó las posibilidades. Tanto Athletic como Barça tenían esas fechas ocupadas. El Real Madrid saldría demasiado caro y el RC Celta no sería aceptado por el público herculino. La opción lógica sería el RC Deportivo, pero los blanquiazules acababan de descender a Tercera División. Sería infumable. Fue entonces cuando Gila se acordó de que un concejal del ayuntamiento, de apellido Guimaraens, jugaba al golf con el Generalísimo.
El Generalísimo Franco. El hombre del que ahora se cumple medio siglo de su fallecimiento.
Francisco Franco veraneaba en Meirás, a escasos kilómetros de A Coruña. Así que Guimaraens departió con el dictador entre hoyo y hoyo hasta que el Generalísimo dio su brazo a torcer. No sólo eso, consiguió el compromiso de Franco a acudir a presenciar la final del Teresa Herrera de 1973. Cabe señalar que a Francisco Franco nunca le gustó el fútbol, a pesar de que la leyenda siempre lo ha vinculado a los éxitos en blanco y negro del Madrid. Y cumple indicar, para los neonatos en historia contemporánea, que Francisco Franco era entonces un anciano de 81 años aquejado de párkinson, con fallos renales crónicos y que apenas un par de meses antes había dado plenos poderes al Almirante Carrero Blanco para continuar con una obra que él ya no era capaz de supervisar ni física ni psicológicamente. Así pues, parece fácil comprender que no le costase demasiado a Guimaraens el convencer a Franco.
Carmen Polo y Franco en Meirás
Total, que nos vamos al 3 de agosto y el Atlético de Madrid hace buenos los pronósticos y derrota al Ujpest por 4-2. Luego tendrá lugar la que es considerada la mejor semifinal en la historia del Teresa Herrera. En el minuto 60 el Ajax vence con suficiencia por 3-0 al Spartak Trnava con dos tantos de Johan Cruyff. En ese momento los tulipanes desconectaron totalmente del partido. A base de fuerza física e incursiones de sus extremos, los checoslovacos anotaron un repóker de goles en media hora para llevarse el triunfo en un sorprendente 3-5. El triunfo fue celebrado en las calles de la pequeña ciudad eslovaca de Trnava como si de un título se tratase. Cruyff, sustituido antes del final, ya estaba cuando se consumó la derrota duchado y camino del Hotel Atlántico. Estaba a otras cosas. Aquel fin de semana coruñés el reservado del Hotel Atlántico fue el testigo silencioso del acuerdo entre el señor Carabén y el señor Van Praag para cerrar el traspaso de El Flaco al FC Barcelona.
Pero esa es otra historia.
Para el 5 de agosto el Atlético de Madrid recibe al Spartak Trnava en la final del XXVIII Teresa Herrera. Francisco Franco y su mujer Carmen Polo presiden el palco de autoridades. Es una tarde de verano fresca en Coruña en la que vagamente se alcanzan los veinte grados. Carmen Polo acude de blanco y Francisco Franco con traje y corbata. El público va de manga corta en su mayoría, aunque todos llevan chaqueta a sabiendas que hará falta con el trascurrir del tiempo. El primer contratiempo tiene lugar antes de que se inicie el encuentro. Nadie contaba con que el Trnava jugase la final, así que no hay partitura del himno checoslovaco. Al director de la orquesta municipal coruñesa se le ocurre pedirle a parte de los jugadores del Spartka que tarareen el himno a capela. El avispado director de orquesta, de nombre Rogelio Groba, toma unos apuntes a mano de las notas y gracias a ello el himno checoslovaco puede sonar tras el español en honor al Atlético de Madrid.
Teresa Herrera 1973
Comenzó luego el partido. La primera parte finalizó sin goles, pero justo tras el descanso Javier Irureta, décadas más tarde entrenador victorioso con el RC Deportivo, adelantaba a los colchoneros. Poco después el Spartak empata el choque que finalizaría así tras 90 minutos. Habría entonces prórroga, dado que los penaltis seguían sin implantarse en el Teresa Herrera. Tras otra media hora de disputa, y 120 minutos en total, tocaba nueva prórroga. El reglamento de la competición establecía que tras la tercera prórroga el equipo que anotase un tanto se proclamaría campeón…una vez se disputasen todas las prórrogas que hiciesen falta.
Por entonces en Riazor hacía frío. Bastante frío. La niebla veraniega hacía su efecto. Es habitual que tras un día soleado la brisa marina haga su entrada por la bahía coruñesa a golpe de nubes bajas y un pequeño orballo. La de aquel día era espesa. Y Franco tenía frío.
El Generalísimo quería coger el coche y marcharse a su casa de Meirás.
Carmen Polo solicitó una mantIta para tapar las piernas de su marido.
No había manta.
Todos los presentes en el palco de autoridades preguntaban por una mantita. No la había. Una de las pocas mujeres presentes en el palco se mostró solicita para prestarle su chal al Generalísimo. Casi la matan con la mirada. Era Carmen Polo la que había pedido la mantita. Franco no podía mostrar ese momento de debilidad.
Como para aceptar un chal procedente de una mujer….
José Pérez Ardá, alcalde de A Coruña, propuso a un policía salir del estadio, cruzar la calle y llamar puerta por puerta hasta que alguien les dejase una manta en condiciones para cubrir las piernas del Caudillo. Pero no iba a dar tiempo. Carmen Polo, temida por todas las joyerías de España por asaltar sus mostradores a coste gratuito, arqueó las cejas y levantó la mano para comentarle algo al secretario personal del Generalísimo. Éste asintió con la cabeza y se acercó a hablar con Manuel Gila.
Había que acabar inmediatamente con el partido. Que se tiren unos penaltis y que Franco pueda marcharse cuanto antes.
Cuando Manuel Gila se levantaba de su asiento para acatar las órdenes, José Eulogio Gárate se adentró en el área checoslovaca y anotaba el tanto de la victoria atlética pasado el minuto 135 de encuentro.
Luis Aragonés, capitán colchonero, recibió con ayuda la gigantesca Torre de Hércules de 40 kilos de oro y plata de manos de un Francisco Franco que necesitó manos y manos de ayuda (normal, por otra parte) para dársela.
Y ya pudo entonces meterse en el coche oficial y volver a su palacio veraniego de Meirás.
Donde suponemos que dormiría arropado por un cálida y preciosa mantita.
En 1990 Michael Jordan aún no había ganado ningún anillo de la NBA. Había sido galardonado con el premio MVP al mejor jugador de la temporada, era el sempiterno máximo anotador e incluso había sido galardonado en un mismo año como el mejor defensor siendo también el máximo hacedor de canastas, algo nunca antes visto. Pero el campeonato se le atragantaba. Los Detroit Pistons eran la pesadilla de los Chicago Bulls y colocaron a Jordan una injusta etiqueta de gran jugador incapaz de liderar a un equipo. Sin embargo, las críticas del establishment eran diametralmente opuestas a la admiración que Jordan cosechaba de los aficionados. No existía entonces jugador más querido y admirado que Michael Jordan. Y ese era el arma que usaría Nike para llevar la mercadotecnia deportiva a un nivel jamás visto antes.
Apenas un par de décadas atrás Nike era una empresa de material deportivo de poca monta limitada al mundo del atletismo estadounidense. Nike decidió arriesgadamente apostar por Jordan en 1984 cuando aún era una estrella universitaria y supo a través de decisiones empresariales temerarias convertirlo en el icono deportivo del momento. Jordan, al igual que su tocayo Michael Jackson, será capaz de cautivar a blancos y a negros a partes iguales y aprovechará ser el abanderado de una televisión globalizada para ser el primer deportista capaz de penetrar en los cinco continentes. Aun hoy, más de dos décadas después de su retirada, sigue obteniendo millones de beneficios a través de su imagen. Y aun hoy, cuarenta años después de su acuerdo comercial, Nike sigue vendiendo miles de zapatillas Air Jordan por todo el orbe.
En 1990 Nike estaba en plena campaña de expansión comercial por el Viejo Continente. Se programó una minigira de Jordan a finales de agosto con paradas en Italia, Alemania y España. La excusa para viajar a España era que Nike acababa de inaugurar en Barcelona su filial en la Península Ibérica. En Italia o Alemania lo previsto era que Jordan hiciese una visita de cortesía en las instalaciones Nike de dichos países y luego repartiese autógrafos, fotografías y regalase material deportivo a aquellos elegidos que aguantasen horas y horas la llegada del gran ídolo.
En el caso español habría algo más. Un partido de exhibición junto a los mejores jugadores de la Liga ACB.
Eduardo Portela era entonces el mandamás de la ACB. Portela mantenía unas excelentes relaciones con David Stern, el jefazo de la NBA, y llegó a un acuerdo para que Jordan estuviese presente en el partido inaugural de la temporada ACB. Por supuesto Nike daba palmas con las orejas por la alianza, aunque hubo de sufragar 50.000 dólares por un seguro que cubriese una posible lesión de Jordan. Stern sabía que las normas de la NBA impedían que un jugador estableciese acuerdos deportivos por su cuenta y riesgo, por lo que se aseguró posibles problemas con la obligatoriedad del seguro. Además, Stern era consciente de que para la expansión de la NBA era indispensable abrirse al mercado europeo y más teniendo en cuenta que en 1992 Barcelona sería ciudad anfitriona de unos Juegos Olímpicos donde por vez primera los profesionales de la NBA tomarían parte.
La ACB decide tomarse el asunto con pompa y boato. Walter Szczerbiak, embajador de la ACB en Estados Unidos, será el maestro de ceremonias. Szczerbiak había sido una leyenda vistiendo la camiseta del Real Madrid y era conocido en los despachos del mundillo del baloncesto norteamericano. La misión de Szczerbiak era pegarse a Jordan durante todo su trayecto por Europa y agasajarlo en lo que hiciese falta. Así que Szczerbiak cogió un vuelo regular en primera clase rumbo a Estados Unidos para luego retornar a Europa con Jordan a su lado.
No fue así. Hubo de volver sólo y a toda prisa.
Cuando arribó en el aeropuerto JFK de Nueva York le advirtieron de que Jordan iba rumbo a Italia en un jet privado.
Así pues, Szczerbiak volvió a cruzar el charco con destino a Madrid. Tras su paso por Italia y Alemania la idea era que Jordan fuese hasta la capital de España donde en la agenda estaba previsto un encuentro con el Rey Juan Carlos y un par de actos publicitarios. Ese era el plan. Pero Michael Jordan tenía otros planes. Lo que deseaba era jugar al golf. Si el baloncesto era su vida, el golf era su evasión de esa misma vida. Se fue directamente a Barcelona y conmino a su representante una cita con Severiano Ballesteros con la intención de echar unos hoyos con él. Lamentablemente para Jordan el genio de Pedreña no se encontraba en España en esos días, por lo que el 23 de los Bulls tuvo que recorrer el campo del Real Club Golf El Prat con la única compañía de una caja de habanos.
Jordan, Portela y Szczerbiak
Tras pernoctar en el Hotel Reina Sofía, el día de autos, 30 de agosto de 1990, comenzaba con una visita de Jordan a la recientemente inaugurada nueva oficina de la ACB sita en el barrio de Bonanova, en la Barcelona bien. Allí Portela agasajó a Michael con una caja de 25 bolas de golf con el logo de todos los equipos de la Liga (por entonces eran 24 + el logo de la ACB). Luego Jordan hubo de visitar la sede de Nike y, en un primer momento, la intención era que se desplazase al Palau Sant Jordi para anotar la primera canasta en el pabellón construido para acoger diversas pruebas de los Juegos Olímpicos.
Esa era la idea inicial, pero jamás se cumplió. Jordan manifestó, nada más llegar a Barcelona, algo que ya había rumiado en otras ocasiones. No tenía intención alguna de acudir a la cita olímpica. Ya había conseguido el oro en Los Ángeles 84 y su objetivo único era alcanzar el título de la NBA. Tanto Nike como el Comité Organizador de Barcelona 92 obraron con presteza y cancelaron el evento. Semanas más tarde será Magic Johnson quien anote esa primera canasta en el Sant Jordi y será el propio Magic el que convenza a Jordan para viajar a Barcelona un par de veranos más tarde. Mas esa es otra historia. Por ahora Michael Jordan, tras visitar las oficinas de Nike, se desplazará a su hotel para comer y, luego, a descansar.
Como decía, el Sant Jordi aún estaba pendiente de inauguración, por lo que el partido se iba a celebrar en el Palacio de Deportes de Barcelona a los pies de Montjuïc. Hoy es un centro de artes escénicas, pero desde mediados del siglo XX era el principal recinto deportivo cubierto de la ciudad. 10.000 personas abarrotaban un pabellón que se vino abajo cuando Michael Jordan, con pantalón de chándal y camiseta de Nike, aparezca en el centro de la pista. Su primera misión fue la de ejercer de juez de un concurso de mates patrocinado por Nike en el que tomaron parte dos adolescentes que previamente habían ganado un reto. El vencedor fue un tinerfeño que se llevó a casa unas zapatillas Air Jordan como premio…que jamás se pudo poner dado que eran de la talla 50, la misma que calzaban los 198 centímetros del número 23.
A las 19:30 horas tendría lugar el partido de exhibición. Sería un encuentro de apenas media hora dividido en dos partes de quince minutos. Los jugadores se fraccionarían en dos equipos. Uno de color naranja y otro de color azul. Se pactó que Jordan jugase la primera parte con los naranjas y la segunda con los azules.
Entre los que serán compañeros y rivales a partes iguales estaban jugadores que marcaron el baloncesto español en su época dorada. José Miguel Antúnez, Chichi Creus, José Antonio Montero, Walter Berry, Ricky Winslow, Jordi Villacampa, Mike Smith, Corny Thompson o Audie Norris. Jordan charlaba amigablemente con sus compatriotas y cuando el público de Barcelona regaló a Norris, ídolo del Barça, una sonora ovación, Jordan se le acercó y le dijo a Audie que no estaba acostumbrado a que alguien tuviese más aplausos que él.
Jordan también tuvo un aparte con Antonio Martín. Apenas un año atrás Fernando Martín había fallecido en un accidente automovilístico. Jordan conocía a Fernando de su breve pero intensa etapa en la NBA y se acercó un momento a Antonio, hermano del fallecido, para hacerle una carantoña y echarle una mirada de complicidad antes del salto inicial. El último gesto lo tuvo con Epi, quizás el mejor escolta europeo de la década, quien estaba lesionado y siguió el partido desde la grada. Jordan sabía de la existencia de Epi al haber compartido pista en Los Ángeles 84 y también se dignó en mandarle un saludo desde el centro de la cancha.
Foto histórica
Tras una fotografía de grupo, el partido empezó con Michael repartiendo sonrisas y trotando por la pista. Pronto vio que aquello era de todos menos amigable. A Jordan lo defendía Jordi Villacampa. De su mismo año y de su misma altura, Villacampa estaba en el mejor momento de su carrera y se había asentado en la elite europea como buque insignia del CB Joventut. Villacampa metía el cuerpo y bajaba el culo. Había salido a la pista con la intención de comerse a Jordan. Michael falla un par de tiros bien punteado por su marcador, pierde el balón en un bloqueo y su siguiente jugada es un fallo en un alley oop tras un leve empujón. Es entonces cuando entorna las cejas y le echa una mirada a Villacampa como preguntándose qué está pasando aquí.
Michael Jordan lleva 0/3 en tiros, dos pérdidas de balón y apenas un par de tiros libres anotados en cinco minutos.
Comprende que esos chicos son unos ganadores. De hecho, forman parte de la elite entre los mejores jugadores de Europa. Percibe que para ellos jugar contra él es un honor y que están dispuestos a demostrarle de que pasta están hechos. Jordan entiende que no hay mejor forma de homenajear al público y mostrarle su respeto a aquellos jugadores que manifestar su amor por el baloncesto. Toca ser competitivo. Toca jugar al básket.
Jordan se pone el traje de faena. Anota un triple, luego un par de asistencias. Una canasta de dos tras salir de bloqueo, un par de mates con la lengua fuera. Pases sin mirar, bandeja tras rectificación en el aire, otro par de triples…Jordan anota 16 puntos en 15 minutos con los naranjas y sumará 21 puntos en 13 minutos con los azules. Será el máximo anotador en ambos equipos, a pesar de jugar tan sólo una mitad con cada uno de ellos.
Jordan no estará presente cuando suene la bocina que indique el final. Estaba apalabrado con la ACB para evitar un colapso y una invasión de campo al concluir el choque. A falta de dos minutos para el fin fue sustituido por Chichi Creus. La decisión fue tomada por Manel Comas, técnico ese día del equipo azul y entrenador a tiempo completo del CB Granollers, tras consensuarla con Creus. El base le había pedido a Comas que le permitiese ser él el último al que Jordan le diese el relevo. La verdad es que nadie pensaba que Jordan hubiese estado tanto tiempo en la pista ni que le hubiese prestado tanta dedicación al partido. Si bestial fue la ovación de inicio, no tuvo comparación alguna con la recibida al final.
La comitiva de Nike esperaba a Jordan al final del vestuario para llevar a Michael al Hotel Reina Sofía. Allí ya le estaba esperando Walter Szczerbiak. La idea era que una vez duchado y cambiado, Jordan acompañase a Szczerbiak a una cena de gala que la ACB había organizado en su honor en el Pabellón de Italia de la Fira de Barcelona.
Ese no era el plan de Jordan.
Durante el descanso del partido Jordan se había acercado a Audie Norris y al resto de estadounidenses para invitarlos al reservado de la discoteca Up & Down, emblemático local nocturno de dos plantas en la zona noble de Barcelona por donde pasaron personajes tan dispares como Julio Iglesias, Maradona, Kevin Costner o Ronaldinho.
Jordan invitó a Szczerbiak a su habitación y comenzaron una charla sobre baloncesto aderezada con un pica pica del servicio de habitaciones. Szczerbiak insistía a Jordan con finalizar la conversación para acudir a la cena de la ACB, pero Jordan se excusó en el cansancio para quedarse en su alcoba y agradecerle los servicios prestados. A primera hora de la mañana siguiente tenía una entrevista en el hall del hotel para RTVE antes de coger un vuelo que lo llevara de vuelta a Estados Unidos.
Despedido Szczerbiak, Jordan se escabulló camino de Up & Down.
Como el gran profesional que era Michael Jordan desplegó su carismática sonrisa frente a las cámaras de Televisión Española a la mañana siguiente. Su rostro no dejaba percibir registro alguno de que hasta las 04.30 de la madrugada anterior había estado bebiendo y bailando junto a Audie Norris, Mike Smith, Ricky Winslow y compañía en el reservado de Up & Down.
Volando en Barcelona
La ACB repitió experiencia la temporada siguiente con la presencia de Charles Barkley y Scottie Pippen. Un año después Barcelona 92 acogió unos Juegos Olímpicos fastuosos que significaron la globalización del baloncesto y la entrada de la NBA en los hogares de medio mundo. Michael Jordan finalmente volvió a Barcelona y se coronó como el rey de reyes en esos Juegos.
Desconocemos si en ese viaje conoció finalmente al Rey Juan Carlos. Lo que sí sabemos es que volvió a visitar el reservado de Up & Down y que finalmente cumplió su sueño de echar unos hoyos con el gran Severiano Ballesteros.
Yo era por entonces un niño paleto. Paleto de pueblo. O paleto de aldea. En Galicia hay aldeas, que no pueblos. Conviene aclarar que era paleto de aldea. También hay paleto de ciudad. La diferencia es que el paleto de aldea sabe que es paleto. El paleto de ciudad no es consciente de su tontuna. Por lo tanto, el paleto de ciudad es paleto entre paletos dado que es paleto por partida doble. Bien. Aclarado este punto, volvamos al inicio. Yo era un niño paleto de poco más de siete años. Apenas llevaba unos meses viviendo en la ciudad. Aquello acongojaba. Escaleras mecánicas en un centro comercial. Inteligencia artificial para mis sentidos. Yo, que corría y vagaba por descampados el verano anterior, pasé a encerrarme en casa con llave y a tener miedo hasta de bajar al portal a tirar la basura. El caso es que en abril de 1993 el vivir en la ciudad me permitió acceder a un evento deportivo de primer nivel.
La Vuelta Ciclista a España.
Aquel era Año Santo. Era el primer Año Santo. El primero con fanfarria, quiero decir. Manuel Fraga había patentado Benidorm, Paradores y el Spain is Different en tiempos de Franco. La cosa había salido bien. Ahora, patrón de la Xunta de Galicia, decidió convertir la tumba del Apóstol Santiago en evento turístico internacional. Albergues y flechas amarillas. Ray Charles, Julio Iglesias, Bruce Springsteen, Neil Young, Sting, Chuck Berry o Bob Dylan. Y la Vuelta a España. Aquel año la Vuelta partiría de Coruña para finalizar en Santiago de Compostela con una contrarreloj que finiquitaba en la Plaza del Obradoiro. Las cuatro primeras y las dos últimas etapas de aquella Vuelta serían por territorio gallego y con presencia en las cuatro provincias.
La primera etapa es un prólogo contrarreloj de diez kilómetros por Coruña. La capital herculina acaba de inaugurar un precioso paseo marítimo y toca enseñarlo al mundo. Por desgracia, llueve. Perdón. No llueve. Arrolla. Yo me instaló en la fuente de Cuatro Caminos. Voy agarrado a la mano izquierda de mi padre. En la derecha mi progenitor se aferra a un paraguas e intenta proteger a su hijo. Digo bien se aferra, dado que en Coruña no existe la lluvia vertical. La lluvia es oblicua, dañina y perversa para los sentidos. Te ataca desde la punta del cogote hasta la perpendicular del tobillo. Estamos a la altura de la calle Fernández Latorre próximos a la cafetería Remanso. A la izquierda el Bingo, algo más allá la Estrella Galicia y enfrente las oficinas de La Voz de Galicia. La esencia de Coruña. Los ciclistas tienen que bordear la Fuente de Cuatro Caminos para volver por sus pasos, tomar rumbo hacia el centro de la ciudad y dar la vuelta final por el Paseo Marítimo.
Allí, apostado con mi padre, entre culos y paraguas, intento ver a los esforzados de la ruta. Desde siempre me gustó el ciclismo, como siempre me gustaron los coches. Nunca me interesó la mecánica, ni al recibir la mayoría de edad me interesó comprar vehículo alguno o fardar de uno o de otro. Me la sopla tener un Ford Fiesta o un Mercedes Clase S. Presumir nunca ha sido lo mío. Lo que me gusta es la libertad. La independencia. El movimiento. La geografía. La cultura. La historia. El conocer. El abrir la mente a nuevos lugares. Eso es el ciclismo. Y tiene algo más. Algo que no tienen los coches. El esfuerzo. La épica. El honor. Las gestas. Y para cantar las gestas están los trovadores. Los periodistas. La radio. Y entonces estaba José María García, las unidades móviles, los helicópteros, los puntos de control y las entrevistas en directo bajando en moto a 80 km/h.
Para aquel niño paleto ir a ver una etapa de la Vuelta a España era como ir a Disneylandia.
Cosa que, por cierto, no creo que supiese entonces ni que existía.
Total. Que llueve. Y llueve mucho. Y el asfalto resbala. Es una carretera con líneas. Muchas líneas. El asfalto de ciudad es el más odiado por el ciclista. Es tocar una raya blanca y al suelo. Estoy instalado en la curva. Ohhhhh. Ayyyyyy. Se caen unos cuantos. Se levantan. Otros gritan. Y tardan más en levantarse. No abandonan, pero acaban tocados.
Llega entonces Álex Zülle. El chaval promete. Milita en la ONCE y viene como un tiro. Ha ganado la Vuelta a Asturias, la Vuelta a Burgos y la Escalada a Montjuic. En la contrarreloj es favorito. Va primero en los parciales, cuando toca dar el giro en la Fuente de Cuatro Caminos. Encara la curva a la izquierda, pisa el freno…
…y se cae. Cae poco más allá de mis pies. Los mecánicos de la ONCE saltan del coche, lo ponen en pie y tratan de subirlo a la burra. José María García enchufa el micrófono a grito pelado convirtiendo sus escasos 160 centímetros de altura en un gigante que podría rivalizar con el mismísimo Hércules. Zülle vuelve a rodar, toma impulso bajo el aguacero y enfila rumbo al Paseo Marítimo.
Álex Zülle gana la etapa a pesar de la caída. Pero no ganará la Vuelta a España de 1993. Volverá a caerse.
Y es que Álex Zülle siempre se cae.
Zülle en 1993
Álex Zülle era un suizo que hizo fortuna en España. Entre 1991 y 2000 militó en la ONCE y en el Banesto, los dos grandes equipos españoles del momento. En sus años de gloria conquistó la Vuelta a España (1996 y 1997) engrosando las filas del equipo de los ciegos. La paradoja era curiosa. Miguel Induráin militó durante su lustro glorioso en Francia en el Banesto. Año tras año la estructura del equipo se desmoronaba conforme el banco de crédito saltaba por los aires gracias a los tejemanejes de Mario Conde. Mientras, la ONCE aumentaba su caché temporada tras temporada y se convertía en el mejor equipo del mundo. Se da pues la singularidad de que Induráin tuvo en sus últimos años en la ONCE a su máximo oponente, siendo este un equipo liderado por Laurent Jalabert (francés) y Álex Zülle (suizo). Pero es que son tiempos donde el ciclismo español está supeditado a un único ciclista. En la Vuelta de 1996, la Vuelta en la que Induráin pone pie en tierra y abandona el ciclismo, Zülle logra el triunfo y hay que bucear hasta la décima posición para encontrar al primer ciclista español de la clasificación.
Zülle llegó tarde al ciclismo. No se puso en serio con la burra hasta los 18 años. Manolo Saiz, patrón de la ONCE, lo captó y el chico comenzó a funcionar como una moto. Y eso que en un principio no lo quería. Llevaba pendientes y aquello era tema tabú para Saiz. Ocurría que el chaval era un fuera de serie. Para la Vuelta del 93 venía como tapado, no obstante, se le consideraba un peligro para Tony Rominger, también suizo, y gran favorito. Zülle golpea en las contrarrelojes y se defiende más que bien en la montaña atacando sin miedo si es necesario. Y así se llega a la traca final con Rominger líder con 33 segundos de ventaja sobre Zülle. Falta la última etapa de montaña en Asturias antes de afrontar una contrarreloj de 44 kilómetros en Santiago de Compostela. Se espera la victoria de Zülle del que se cree capaz de aguantar en montaña y asestar un golpe definitorio en la lucha contra el crono.
Llueve. Como ha llovido durante una Vuelta a España donde el punto más meridional ha sido Valencia. La etapa es corta para la época. Poco más de 150 kilómetros. Su suben cinco puertos con final en el Naranco con Oviedo a lo lejos. Por el camino La Cobertoria, puerto duro y de peligrosísima bajada. Hay ataques, pero se saldan sin éxito. Diluvia. Y toca bajar aquella pista de patinaje estrecha y llena de baches. Y Álex Zúlle no entra bien en un giro. Y se va al suelo. Y se levanta. Y no encuentra la bici en las flogues, que es como él se refiere a las flores en su castellano macarrónico. Y le dan su bici. Y vuelve a arrancar.
Y allí pierde la Vuelta. Faltan 50 kilómetros para la meta, pero desesperado, con el culotte roto y embarrado hasta las cejas quedarán allí enterradas sus opciones de alzarse con la victoria. Zülle ganará la crono en Santiago con 48’’ de ventaja sobre Rominger, ocurre que será insuficiente. Oportunidad perdida.
Zülle perdió aquella Vuelta, pero se ganó la simpatía del público español que pronto le consideró unos de sus favoritos. Tipo simpático, siempre sonriente en la derrota y siempre modesto en la victoria, afable con prensa y compañeros y terriblemente educado, en aquella caída en La Cobertoria dejó una de las más hilarantes entrevistas deportivas que se recuerdan; “Agua en carretera, culo y bicicleta en flogues”, así explicó con sencillez lo que había sucedido.
El tema es que Zülle no veía tres en un burro (un cegato en la ONCE, otra paradoja). Contaba con cinco dioptrías en cada ojo. El chico usaba gafas y no hay peor asunto para un miope que la lluvia. Las lentes se empañan y las gotas se pegan al cristal. Hay que sacarlas y limpiarlas. Un auténtico coñazo. Y ni te cuento si vas subido a una bicicleta cuando a las gotas de lluvia hay que añadirle las ácidas gotas de sudor. En el mundillo ciclista se decía que Zülle era siempre favorito en cualquier prueba salvo con lluvia. En ese caso la apuesta era saber en cuál kilómetro se iría al suelo.
A Zülle le daba miedo el agua y era terrible descendiendo puertos. Rompetechos en bicicleta. No obstante, el pánico venía de tiempo atrás. De adolescente había coqueteado con hacerse esquiador profesional, pero una fuerte caída en un descenso le provocó una fractura que le hizo cambiar de deporte. Para mejorar la rehabilitación le recomendaron la bicicleta y, con ayuda de su padre, acabaría desplazándose a Holanda, donde pronto comenzó a llamar la atención por su desempeño en las contrarrelojes.
No fue ni será el único ciclista propenso en irse al suelo. Pero lo de Zülle eran palabras mayores. Con esa cara de niño bueno y esas sempiternas gafas hay quien dijo de él que era el resultado de unir a un científico loco con un cachorrillo abrazable. Manolo Saiz lo azuzaba para llevarse mal con Indurain y él no paraba de darle palmadas en la espalda en carrera y rendirse ante él cada vez que un plumilla le preguntaba.
Amarillo con dioptrías
En 1996 Álex Zülle va al Tour henchido de moral. El año anterior había finalizado segundo en Francia tras Induráin y ese mismo año sumará triunfo en la Vuelta a España. Hay etapa en Les Arcs. Frío y lluvia. Es la etapa que todos recordamos como la del día donde Induráin dijo adiós a su sexto Tour ante Bjarne Riis. Pero antes de todo eso, el bueno de Zülle se caería hasta en dos ocasiones bajando el Col de Roselend, un complicado descenso donde hace falta técnica, paciencia…y vista. Tras la segunda caída unos fotógrafos hubieron de sacarlo de unos matorrales. En este caso no hubo declaraciones para la posteridad.
Al año siguiente se pegaría una hostia de padre y muy señor mío en la Dauphiné Liberé y dos semanas más tarde se fracturará la clavícula en otra bajada, en esta ocasión en la Vuelta a Suiza. Llegará cortísimo de forma al Tour, donde, como no, volverá a irse al suelo.
La traca final tiene lugar en 1999. Tour de Francia. Última oportunidad. No están ni Pantani ni Ullrich. Es favorito. En la segunda etapa la organización prepara una etapa en el Passage de Gois, una carretera que une tierra firme con una isla al sur de Nantes. Todo precioso. Todo turístico. Y todo tremendamente televisivo. Pero el caso es que en el Atlántico hay mareas y el passage sólo queda al descubierto durante unas horas determinadas del día. Y el caminito…pues tiene sus algas, es húmedo…digamos que no es lo que un ciclista desea para ir a 60 km/h.
No creo que resulte muy complicado saber lo que sucedió. Hubo una caída. Una señora hostia. Y una extraña hostia. Los ciclistas caían unos sobre otros o danzaban con los neumáticos hasta chocar con las rocas a una velocidad irrisoria. Y por supuesto, por si alguien tenía alguna duda, Álex Zülle se fue al suelo. El pelotón se deshace en pedazos y uno de los rezagados es nuestro querido Rompetechos a quien, con el golpe, se le han caído las gafas…y no las encuentra. Comienza una persecución kilométrica en la que Zülle perderá todas sus opciones de triunfo al dejarse 6’03’’ con el grupo de favoritos liderado por Lance Armstrong. Aquel Tour será el primero del norteamericano (el primero antes de que se le fuesen retirados todos por dopaje) en el que Álex Zülle finalizará segundo a 7’37’’. ¿Quién sabe si habría ganado ese Tour en caso de no haberse caído?
Subiendo el Naranco
Álex Zülle fue un superclase. Vencedor en dos Vuelta a España, segundo en dos ediciones del Tour de Francia y campeón del mundo contrarreloj. Pero para quienes lo vimos, ya fuese en carne y hueso o a través de la pequeña pantalla, Álex Zülle siempre será ese entrañable ciclista que se iba al suelo cuando llovía porque no veía tres en un burro.
P.D: Meses antes me había escapado de casa. Cuando aún era paleto de pueblo. Me había escapado en bici. Mis padres me castigaron todo el fin de semana en mi habitación sin juguetes. Me dejaron la radio. Y en la radio el fin de semana sólo hay deportes. Yo nunca fui futbolista frustrado que decidió ser juntaletras. Siempre quise ser juntaletras.
Otras historias de la Vuelta a España
Delio Rodríguez (el olvidadísimo mejor campeón de la Vuelta a España)
En la primera parte del presente artículo indagué sobre cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Liga. Irremediablemente el resultado final tenía que darse entre FC Barcelona y Real Madrid. Los éxitos de estos dos colosos hacen sombra al de equipos más modestos que también tuvieron días de vino y rosas. En esta segunda parte me he propuesto buscar la mejor temporada de los mejores equipos del fútbol español.
He seleccionado a los 20 mejores equipos según la tabla clasificatoria histórica de la Liga. El sistema será el mismo que el propuesto anteriormente con una notable salvedad. Se premiará a aquellos que se hayan proclamado campeones ligueros independientemente del % de puntos logrados. De esta manera el RC Deportivo campeón en el año 2000 con el 58’4% de los puntos está mejor valorado que el 60’1% de puntos logrados por el RCD Mallorca de la campaña 2000/01, que apenas pudo quedar en tercera posición.
Del mismo modo se ha premiado un mejor puesto clasificatorio que un mayor % de puntos. Así pues, se ha valorado el 66’1% de puntos del RCD Espanyol de la campaña 1972/73 que le valió la tercera posición en detrimento de una mayor puntuación en el curso 1995/96 que, sin embargo, únicamente les sirvió para clasificarse en cuarto lugar.
Por último, es interesante señalar que al optar por hacer una clasificación de 20 equipos (número tradicional de escuadras en España desde hace cuatro décadas) se han descartado otras campañas meritorias de equipos más modestos. Por significativa y por reciente señalemos como más importante la del Girona FC, que en la temporada 2023/24 sumó un 71% de los puntos en juego para finalizar en una majestuosa tercera posición con un average de +39.
Vamos pues con las mejores temporadas de los veinte equipos más representativos en los cerca de cien años de Liga española:
20 Real Zaragoza (1974/75) 3º puesto (+11 average) 55’8%: El Real Zaragoza cuenta con dos épocas doradas. En la década de los 60 el equipo de los llamados magníficos liderado por el gallego Marcelino logró ganar dos veces la Copa y triunfar en Europa. Tres décadas más tarde los Belsué, Aragón, Esnáider y compañía bajo dirección de Víctor Fernández repitieron hazaña. No obstante, ninguno de esos equipos logró superar la tercera plaza en Liga. La única vez que los zaragozanos consiguieron el subcampeonato fue en la temporada 1974/75. Era la época de los Zaraguayos cuando en el equipo destacaban Lobo Diarte, Cacho Blanco o Nino Arrúa, el excepcional mediapunta paraguayo, y el capitán José Luis Violeta, el único superviviente de la era dorada. El Real Zaragoza hizo una lamentable campaña a domicilio donde únicamente fue capaz de ganar en dos encuentros, sin embargo, se mantuvo invicto en La Romareda donde destacó la histórica victoria por 6-1 ante el Real Madrid, a la postre campeón liguero. Once ideal: Irazusta; Rico, González, Ovejero, Blanco; Violeta, Nino Arrúa, Planas II, García Castany; Lobo Diarte y Rubial. Entrenador: Luis Cid Carriega.
Los Zaraguayos
19 Real Valladolid(1988/89) 6º puesto (-2 average) 56’5%: Los pucelanos tuvieron en la década de 1980 la mejor época de su historia. Inauguraron estadio aprovechando que España organizó el Mundial de 1982 y lograron en 1984 la hoy desaparecida Copa de la Liga. Asentados en Primera, contrataron un par de temporadas más tarde al chileno Vicente Cantatore como entrenador, firmaron al malagueño Fernando Hierro y sacaron de la cantera a un par de buenos jugadores. Con esos mimbres en la temporada 1988/89 el Real Valladolid logró su mejor clasificación liguera al quedar en sexta posición y además jugar una histórica final de Copa que acabó perdiendo ante el Real Madrid de la Quinta del Buitre. Los pucelanos basaron su éxito en un fútbol defensivo que les reportó un total de catorce victorias por 1-0 (siete en casa y siete a domicilio). Su fútbol raquítico no fue óbice para ser recordado en Valladolid pasados cerca de cuarenta años. Once ideal: Ravnic; Lemos, Albesa, Gonzalo, Patri; Albis, Fernando Hierro, Peña, Minguela; Jankovic y Fonseca. Entrenador: Vicente Cantatore.
El Valladolid de Hierro
18 CA Osasuna (2005/06) 4º puesto (+9 average) 59’6%: Bajo la batuta del mexicano Javier Aguirre en la temporada anterior el CA Osasuna había alcanzado por vez primera en su larga historia una final de la Copa del Rey. Aquel equipo, asentado en Primera, tuvo en la temporada 2005/06 una campaña excepcional en la que combinó de igual forma las victorias en casa como a domicilio. Quedó en cuarta posición y consiguió vencer en 21 partidos, uno más que el Real Madrid, el cual acabó como subcampeón liguero. A pesar de perder a Pablo García y a Aloisi en el verano anterior, al cabo de diez jornadas el Osasuna marchaba líder del campeonato, marcha que no pudo mantener, aunque logró una histórica clasificación para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Ricardo; Javier Flaño, Josetxo, Carlos Cuéllar, Corrales; Puñal, David López; Delporte, Raúl García, Webó; Milosevic. Entrenador: Javier Aguirre.
Javier Aguirre
17 RC Celta (1947/48) 4º puesto (+11 average) 59’6%: Entre los doce equipos que más temporadas han militado en Primera el único conjunto que jamás ha quedado entre los tres primeros clasificados es el RC Celta. Los vigueses vivieron sus mejores años entre la última década del siglo pasado y la primera del actual sumando dos finales perdidas de Copa del Rey. Liderados por el ruso Aleksander Mostovoi, el RC Celta logró acabar cuarto y clasificarse para la Copa de Europa en la temporada 2002/03. Sin embargo, su mejor campaña histórica tuvo lugar en la temporada 1947/48 donde también acabaron cuartos, pero con mejor diferencia de goles y además se logró el subcampeonato de Copa. El Celta inició el campeonato como líder durante las seis primeras jornadas con una fortaleza inaudita en Balaídos donde tan sólo cedió un empate. Se venció al Athletic (5-1), Gimnástic (5-0), Real Madrid (4-1) y al FC Barcelona, a la postre campeón, por 3-2. El gallego Pahíño fue el Pichichi con 23 tantos, lo que valió ser fichado por el Madrid al verano siguiente junto al mediocentro Miguel Muñoz, con el tiempo leyenda en el Paseo de la Castellana. Once ideal: Simón; Alonso, Gaitos, Mesa; Miguel Muñoz, Yayo; Vázquez, Zubeldia, Pahiño, Retamar y Hermidita. Entrenador: Ricardo Zamora.
Pahiño
16 RCD Mallorca (2000/01) 3º puesto (+ 18 average) 60’1%: Tras llegar sorprendentemente a la final de la Recopa en 1999 con Héctor Cúper a los mandos, todos esperaban que el RCD Mallorca volviese a su tradicional perfil bajo, Sin embargo, tomará las riendas del equipo Luis Aragonés para mejorar año a año los límites bermellones. Su temporada 2000/01 fue de menos a más, llegando incluso al último puesto en las primeras jornadas. Su remontada se basó en su fortaleza en casa donde tan sólo perdió un encuentro, aunque también logró una prestigiosa victoria en el Santiago Bernabéu (0-2). El laurel de aquel Mallorca se basó en la gran sintonía de profesor-alumno y de padre-hijo al mismo tiempo entre Aragonés y el camerunés Samuel Eto’o. El veterano Miguel Ángel Nadal y el fantasista Ariel Ibagaza eran los otros puntales de aquel equipo que logró clasificarse para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Leo Franco; Olaizola, Nadal, Fernando Niño, Miquel Soler; Marcos, Engonga; Finidi, Ibagaza, Luque; Eto’o. Entrenador: Luis Aragonés.
Samuel Eto’o
15 Racing de Santander(1930/31) 2º puesto (+12 average) 61’1%: Viajemos a los albores de la competición. Liga de diez equipos. Athletic y Barça como señores de la competición, pero hay sitio para advenedizos. El entrenador es el inglés Robert Firth, que un par de años después llevará al Real Madrid al título de Liga. Entonces el Racing consiguió empatar a 22 puntos con el Athletic y sólo la mejor diferencia de goles de los bilbaínos hizo que éstos fuesen campeones. La Real Sociedad acabó tercera con los mismos puntos, en una demostración de superioridad de los equipos del norte (cinco vascos, tres catalanes, un cántabro y el Real Madrid). El Racing ganó 4-7 en San Sebastián, pero cayó por 7-1 en San Mamés lo que lastró sus opciones de título. Telete González fue su jugador más destacado al anotar 13 tantos en 11 partidos. Once ideal: Solá; Mendaro, Hernández, Ceballos; Baragaño, Larrinaga; Larrinoa, Telete, Cisco, Santi Zubieta e Ibarra. Entrenador: Robert Firth.
Racing 30/31
14 Sporting de Gijón (1978/79) 2º puesto (+15 average) 63’2%: Liderados por Enrique Castro ‘Quini’, quien no fue Pichichi ese año, pero sí lo había sido dos veces antes y aun lo sería en otras tres ocasiones después, el Real Sporting completó en la temporada 1978/79 la mejor de su historia logrando el subcampeonato liguero. Tras vencer en la primera jornada al Atlético (4-1) se colocó líder hasta que en la cuarta jornada el Real Madrid se alzó con el liderato. El mano a mano entre el grande y el pequeño se mantuvo hasta que en la segunda jornada de la segunda vuelta la derrota del Madrid en el Camp Nou y la victoria del Sporting ante la Real Sociedad devolvía a los asturianos a la primera plaza. Así se mantuvo el Sporting hasta que en la jornada 27ª reciben en El Molinón al Real Madrid. El partido es bronco y hay una retahíla de errores arbitrales que favorecen a los madrileños, quienes vencen por 0-1 con gol de Santillana. Cabreados, las cerca de 40.000 personas que se apiñan en el recinto gijonés comienzan a gritar ‘Así, así, así gana el Madrid`, un cántico que se hará célebre entre los antimadridistas y al que los madridistas le darán la vuelta y usarán para festejar las grandes victorias merengues. A partir de ese momento, el Sporting ya no dará seguido el ritmo del Real Madrid y comenzará a flaquear fuera de casa. En El Molinón sólo perdió el citado partido ante el Madrid, y la prueba es que su fortaleza como local le había llevado a ser campeón invernal. Once ideal: Castro; Redondo, Doria, Rezza, Cundi; Ciriaco, Mesa, Joaquín; Ferrero, Quini y Morán. Entrenador: Vicente Miera.
Sporting 78/79
13 UD Las Palmas (1968/69) 2º puesto (+11 average) 63’3%: Fundado en 1949, la UD Las Palmas no logró ascender a la primera categoría hasta 1964. En ese equipo estaban Tonono, Germán y Paco Castellano, los mismos que poco después, en la campaña 1968/69, lograrían un sorprendente subcampeonato liguero. Ya el año anterior los canarios habían quedado en tercera posición, mas en esta ocasión además de subir un peldaño se clasificarán por vez primera para una competición europea. La UD Las Palmas se colocó en segunda posición al poco de comenzar el campeonato siempre detrás del Real Madrid y, aunque meritorio fue el subcampeonato, lo cierto es que en ningún momento estuvo capacitado de superar a los blancos. Sólo el Real Madrid ganó en el Insular, donde cayeron Real Sociedad (4-0) o Córdoba CF (4-0), además de asaltar el Camp Nou con una prestigiosa victoria ante el Barça (1-2). Once ideal: Oregui; Martín Marrero, Tonono, Paco Castellano, José Luis; Gilberto, Guedes, Justo Gilberto, Germán; José Juan y León. Entrenador: Luis Molowny.
Las Palmas 68/69
12 Real Oviedo (1935/36) 3º puesto (+16 average) 63’6%: Los aficionados carballones recuerdan con devoción el primer lustro de la década de 1990 cuando el Real Oviedo llegó a disputar competiciones europeas. Sin embargo, el gran Oviedo fue el que se dio en época de la II República. Con poderío económico, gracias a la pujanza de la minería asturiana, el Real Oviedo conformó una delantera de ensueño en la que su líder era Isidro Lángara, entonces el mejor delantero de España y quizás del mundo. En las tres temporadas anteriores al estallido de la Guerra Civil fue el máximo goleador de la Liga con registros asombrosos. En la campaña 1935/36 anotó 28 goles en 21 partidos (47 goles en 31 partidos en todas las competiciones). En esas tres campañas la llamada delantera eléctrica conformada por Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín llevó al Real Oviedo a ser siempre el equipo más goleador con una media de 2’88 tantos por choque. Ese año se venció a RCD Espanyol, Hércules y Osasuna (5-2) o fuera de casa al Racing de Santander por 2-6. La locura ofensiva hacía que cuando se perdía se hiciese con múltiples goles por delante. Fue el caso de las derrotas ante el Barça (5-2) o en Chamartín (5-4). Aquel equipo se rompió al estallar la Guerra Civil y hubo de volver a empezar en 1939 sin Lángara (con sólo 23 años) y sin competir durante una temporada, ya que la destrucción del campo de Buenavista en un bombardeo hizo que el Real Oviedo declinase participar en la Liga 1939-40. Once ideal: Óscar; Pena, Riera; Sirio; Castro, Soladrero; Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Entrenador: José María Peña.
Isidro Lángara
11 Villarreal CF (2007/08) 2º puesto (+23 average) 65’2%: Campeón de la Europa League en 2021 y semifinalista de la Copa de Europa en 2006 y 2022, el Villarreal CF tuvo como mejor temporada, en una retahíla de años gloriosos, la campaña 2007/08. Tan sólo el Real Madrid fue superior a un equipo que, por ejemplo, ganó hasta cinco partidos más que Barça y Atlético para lograr el subcampeonato. Pronto se demostró que los castellonenses serían el contendiente del Madrid tras ganar en casa al FC Barcelona (3-1) en un gran partido del turco Nihat y más lo serían en la segunda vuelta cuando asalten el Camp Nou (1-2). El Villarreal CF también logró victorias de prestigio ante Atlético (3-0) y Valencia CF, rival regional, a quienes vencieron por 3-0 en casa y por 0-3 en Mestalla. Sin embargo, cayeron estrepitosamente por 0-5 en casa ante el Real Madrid en una de sus dos únicas derrotas en El Madrigal. Manuel Pellegrini fue escogido como mejor técnico del campeonato y Marcos Senna como mejor jugador, lo que valió una nacionalización exprés para convertir al pivote brasileño en pieza fundamental del título europeo logrado por la selección española en el verano de 2008. Once ideal: Diego López; Javi Venta, Cygan, Godín, Capdevila; Pirés, Senna, Cani, Cazorla; Nihat y Rossi. Entrenador: Manuel Pellegrini.
Villarreal 07/08
10 RCD Espanyol (1972/73) 3º puesto (+21 average) 66’1%: Estadísticamente hablando la mejor temporada del Espanyol fue el curso 1995/96. Jordi Lardín y Toni llevaron a los barceloneses a un cuarto puesto que supo a poco porque durante la primera parte del campeonato estuvieron entre los dos primeros clasificados. No obstante, la única vez que el Espanyol logró encaramarse al pódium de la Liga fue en la campaña 1972/73. A falta de seis jornadas para el final los catalanes eran líderes. Fue una Liga atípica donde el Real Madrid se descolgó rápidamente y Atlético, Barça y Espanyol fueron alternándose en el liderato. Los tres acabaron la Liga con los mismos partidos perdidos (seis), pero el Espanyol sumó demasiados empates que lo lastraron para la cuenta final. En Sarriá no cedió ninguna derrota e incluso se permitió vencer en el Camp Nou (0-1). Fueron sus duelos ante rivales inferiores lo que lastraron sus posibilidades ya que fueron incapaces de ganar en Burgos, Coruña o en Sevilla ante el Betis, los tres conjuntos que acabaron descendiendo. Once ideal: Borja; Granero, De Felipe, Ochoa, Glaria; Pepín, Solsona, Poli; Amiano, José María y Roberto Martínez. Entrenador: José Emilio Santamaría.
Espanyol 72/73
9 RC Deportivo (1999/00) 1º puesto (+22 average) 58’4%: El campeón más barato de la historia. Ese es el Dépor. Pero campeón, al fin y al cabo. Su mejor campaña había ocurrido un lustro atrás, en el curso 1993/94, cuando el equipo dirigido por Arsenio Iglesias firmó una campaña excepcional cediendo sólo cuatro derrotas y 18 goles en contra, pero el famosísimo penalti de Djukic fallado en el último minuto de la última jornada le dio el título al Barça de Cruyff por diferencia de goles. Aun sin ser tan brillante, la temporada 1999/00 le dio al Dépor el ansiado título de Liga. El Dépor se puso líder en la duodécima jornada y así se mantuvo hasta el final, pero el camino fue todo menos un baño de rosas. Lo que se lograba en casa se perdía a domicilio. En Riazor el Dépor goleó a Real Madrid y Sevilla FC (5-2) o al Atlético (4-1), pero fuera de casa sólo consiguió amarrar tres triunfos. Javier Irureta había llegado un año antes al banquillo coruñés con la intención de españolizar al equipo y poner cloroformo a un vestuario propenso a explotar. Lo logró a base de triunfos, pero aquel doble pivote que a domicilio se convertía en un hermético trivote estuvo a escasas gotas de derramar el vaso de la paciencia del vestuario y de los aficionados. El Dépor fue campeón con 11 derrotas y 9 empates en 38 jornadas ligueras. Dio igual. Una Liga con el Dépor es como ganar diez con el Real Madrid, como diría Fran, capitán y único gallego de aquel equipo legendario. Once ideal: Songo’o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Mauro Silva, Flavio Conceiçao; Víctor, Djalminha, Fran; Makaay. Entrenador: Javier Irureta.
Y Donato dio la Liga
8 Real Sociedad (1981/82) 1º puesto (+25 average) 69’1%: En el año 1980 la Real Sociedad hizo la campaña perfecta…hasta que en la penúltima jornada perdió en el Sánchez Pizjuán su único partido del año y de rebote cedía el título al Real Madrid. Parecía una oportunidad de la que jamás volverían a disfrutar Arconada, Satústregui, Zamora y compañía, pero no fue así. Los donostiarras ganaron la Liga en 1981 y 1982. Ambos fueron finales igual de agónicos. En 1981 un gol de Zamora en el minuto 89 del último partido les daba el título a los vascos por diferencia de goles ante el Real Madrid. En 1982 la Real hubo de ganar en Atocha al Athletic (2-1) para superar al Barça por dos puntos. En esa temporada 1981/82 la Real sólo cedió dos empates en Atocha siempre en partidos bravos y de pocos goles que le valdrían a Luis Arconada su tercer trofeo Zamora alcanzado de forma consecutiva. A aquel equipo aun le quedarían una semifinal de Copa de Europa y un título de Copa del Rey para cerrar una década prodigiosa. Once ideal: Arconada; Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola; Diego, Zamora, Perico Alonso; Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Entrenador: Alberto Ormaetxea.
La Real de Arconada
7 Sevilla CF (1945/46) 1º puesto (+16 average) 69’2%: Si el Real Madrid es el rey de Europa se puede decir que el Sevilla CF es el príncipe. Hasta siete Europa League (la antigua Copa de la UEFA) poseen los andaluces, todas logradas en quince años entre 2006 y 2023. El desempeño sevillista en el siglo XXI suma incluso un récord de 77 puntos para un cuarto puesto en Liga en 2021. Con todo ello, el Sevilla CF tiene que irse al blanco y negro para recordar la única vez que se proclamó campeón de Liga. Fue en la temporada 1945/46. Los sevillistas habían fichado a un navarro de nombre Juan Arza que pronto será bautizado como El niño de oro. La Liga fue un duelo de a tres entre Barça, Athletic y sevillistas que se saldó a favor de estos últimos en las dos últimas jornadas. El Sevilla CF ganó al Real Oviedo mientras el Athletic caía sorprendentemente frente al Alcoyano y el Barça no pasaba del empate en Castellón en la penúltima jornada. En la última fecha los andaluces visitaban Barcelona y con un empate lograrían proclamarse campeones. Así lo hicieron (1-1) y celebraron un título al que añadieron el de la Copa del Rey dos temporadas más tarde. El técnico era Ramón Encinas, quien ya había logrado la gloria con el Valencia CF. Once ideal: Busto; Joaquín, Villalonga, Antúnez; Alconero, Eguiluz; Herrera, Arza, Araujo, José López y Campos. Entrenador: Ramón Encinas.
Juanito Arza camino de los 90 años
6 Valencia CF (1941/42) 1º puesto (+41 average) 76’9%: En la retina de los aficionados está el glorioso primer lustro del presente siglo que vivió el Valencia CF. Disputó dos finales consecutivas de Copa de Europa y logró la Liga en 2002 y 2004 bajo la dirección de Rafa Benítez y con jugadores como Cañizares, Ayala, Albelda, Baraja o Aimar. Seis títulos ligueros tienen los valencianos y tres de ellos fueron logrados en la década de 1940, por lo que es justo echar la mirada atrás. El primero de ellos tuvo lugar en 1942 el cual fue, además, el título logrado con mayor porcentaje de puntuación. Bajo la presidencia de Luis Casanova el Valencia CF cosechó el título de Copa en 1941 antes de ganar la Liga al año siguiente. En la delantera brillaban los vascos Epi, Mundo y Gorostiza. Apodado Bala Roja, Guillermo Gorostiza fue el único gran jugador español de tiempos de la República que continuó con igual éxito su carrera tras el fin de la Guerra Civil. Los levantinos empezaron el campeonato de forma dubitativa, pero completaron una segunda vuelta casi perfecta que les dio el título con siete puntos de ventaja sobre el subcampeón. El poder ofensivo del equipo era apabullante. 85 goles en 26 partidos. En casa ganó al Real Oviedo (5-2), Granada CF (5-0), CD Castellón (6-2), Real Sociedad (6-0), RC Celta (7-3), Hércules (7-1) y Sevilla CF (8-1). Mundo fue Pichichi con 28 tantos, Gorostiza anotó 20 y Asensi 15. Once ideal: Eizaguirre; Juan Ramón, Álvaro, Bertolí; Lelé, Iturraspe; Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. Entrenador: Ramón Encinas.
Valencia 40/41
5 Real Betis (1934/35) 1º puesto (+24 average) 77’2%: En 1997 el Betis pesca a Finidi en el Ajax y recupera a Alfonso como el nuevo Butragueño para firmar una temporada histórica de 77 puntos que les da el tercer puesto en Liga además de jugar la final de la Copa del Rey. Fue un gran año, pero mucho mejor fue 1935. Apenas tres años antes el Betis se convertía en el primer club andaluz en jugar en Primera para luego acabar con la hegemonía del norte español y alzarse con su primer y único título de Liga. A decir verdad, en el once bético había seis vascos, pero eso era lo de menos. El título se logró al vencer en Santander al Racing por 0-5. Era domingo de Feria y la noticia se dio a conocer en las pizarras de la caseta. La fiesta sería de aúpa. El Betis fue líder desde la segunda jornada, no perdió partido alguno en casa y consiguió doblegar a domicilio al Sevilla CF (0-3) o al Real Madrid (0-1) entre otras victorias. Joaquín Urquiaga fue el portero menos goleado y años después también lo sería en el exilio mexicano. Once ideal: Urquiaga; Areso, Aedo, Peral; Gómez, Larrinoa; Saro, Adolfo, Unamuno, Lecue y Caballero. Entrenador: Patrick O’Connell.
Manquepierda
4 Atlético de Madrid (2013/14) 1º puesto (+51 average) 78’9 %: Once campeonatos ligueros adornan el glorioso palmarés del Atlético. El de 2014 es especial. Era el primero en dos décadas, se consiguió disputar la segunda final de Copa de Europa de su historia y se logró el titulo tras vencer a un Barça y a un Madrid que venían de hacer las dos mejores temporadas de club nunca antes vistas. El Atlético se proclamó campeón en la última jornada tras empatar en el Camp Nou (1-1) siendo el empate o la victoria la única opción que tenían para lograrlo. Los colchoneros se pusieron líderes a diez jornadas del final y sumaron 90 puntos dejándose sólo cuatro derrotas por el camino, todas fuera de casa. En el Calderón se arrolló a Real Sociedad (4-0), Rayo Vallecano y Betis (5-0) y Getafe CF (7-0). La dupla formada por Diego Costa y David Villa anotó 41 goles y el belga Thibaut Courtois fue el portero menos goleado. Bajo los mandos el argentino Diego Pablo Simeone cumplía su tercera temporada como técnico atlético en una trayectoria que se torna en interminable. Once ideal: Courtois; Juanfran, Godín, Miranda, Filipe Luis; Koke, Gabi, Tiago; Arda Turán, Diego Costa y David Villa. Entrenador: Diego Pablo Simeone.
Atlético 13/14
3 Athletic Club (1929/30) 1º puesto (+35 average) 83’3%: Ocho títulos ligueros se han celebrado en la ría de Bilbao. El más sonoro de todos el primero. Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que logró la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darla la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha frente a la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con los mejores registros. Gorostiza fue la estrella de ese campeonato y Bala Roja lo sería once años después, con una guerra de por medio, liderando al Valencia CF a su primer campeonato. Once ideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iraragorri. Entrenador: Fred Pentland.
El míster Fred Pentland
2 FC Barcelona (2012/13) 1º puesto (+75 average) 87’8%: 28 títulos de Liga tiene el Barça. De César, Kubala y Basora a Luis Suárez, Ramallets y Helenio Herrera. Tras la oscuridad apareció Cruyff como jugador y después como entrenador para sentar las bases de un Barça reconocible por su culto al buen juego y a La Masía. Desde entonces el Barça acumula más ligas que su odiado rival de la capital y la más gloriosa de ellas tuvo lugar en la temporada 2012/13. Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y con Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias. Once ideal: Valdés; Dani Alvés, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.
Leo Messi
1 Real Madrid (2011/12) 1º puesto (+89 average) 87’8%: 36 títulos de Liga tiene el club con más solera del mundo. A los años de Zamora le siguieron los de Di Stéfano y su gloria europea. En los 60, Paco Gento ganó 12 Ligas y Miguel Muñoz nueve desde el banquillo. El Madrid siempre ha ganado. Con Santillana, Del Bosque o Camacho o con Hierro, Raúl o Morientes. También con Vinicius o Bellingham y siempre con la Quinta del Buitre y sus cinco Ligas seguidas sin Copa de Europa. Pues fue en medio de una sequía europea y ante el mejor Barça jamás visto cuando el Real Madrid firmó la mejor Liga de todos los tiempos. Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces Mourinho logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0), Sevilla CF (2-6) o Real Zaragoza (0-6). Özil dio 16 asistencias y Cristiano Ronaldo no fue Pichichi por los 50 de Leo Messi. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Once ideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.
Agosto es tiempo de fichajes. Julio de rumores. Junio de balance. Fin de temporada. Y una pregunta el aire. El Barça de Flick ha ganado Liga y Copa. Ha sumado 102 tantos en competición liguera. ¿Es uno de los mejores Barça de la historia? ¿Es uno de los mejores equipos de la historia de la Liga?
Pues no. No lo es.
Me he propuesto averiguar cuál ha sido el mejor equipo campeón en la historia de la Liga. Qué escuadra ha firmado la mejor temporada de una competición que camina con firmeza hacia el siglo de existencia.
Para ello he ido analizando uno a uno a todos los campeones desde que en la temporada 1928/29 se diese el pistoletazo de salida. Comencé seleccionando a aquellos triunfadores que hubiesen logrado el 70% de los puntos en liza. El resultado fue quilométrico. Luego subí el listón al 75%. Seguían siendo demasiados. Finalmente consideré únicamente a aquellos que hubiesen conseguido al menos el 80% de los puntos en disputa.
Son 17 los elegidos.
Irremediablemente Barça y Madrid tienen que copar la lista. Son 10 campeones del Real Madrid, cinco del FC Barcelona y dos del Athletic Club. En la cronología también se puede ver los periodos de dominio de los tres clubes. El Real Madrid (36 ligas) coloca en la lista plantillas de 1961, 1963, 1964, 1986, 1988, 1989, 1990, 2012, 2017 y 2024. Es decir; Di Stéfano, Gento, Quinta del Buitre, Cristiano, Zidane y Ancelotti. Fácilmente reconocible. El FC Barcelona (28 ligas) instala en la lista las escuadras de 1959, 2010, 2011, 2013 y 2018. Es decir; Barça de Helenio Herrera, Guardiola, Xavi y Messi. El Athletic Club (8 ligas) ubica conjuntos de 1930 y 1956. O lo que es lo mismo; Míster Pentland y Piru Gaínza y los once aldeanos.
Antes de entrar en materia hay que dar honores a los dos únicos subcampeones de la historia que lograron más de un 80% de los puntos en liza. Son el Real Madrid de la temporada 2009/10 (96 puntos y un 84’2% total) y el Real Madrid de la temporada 2010/11 (92 puntos con un 80’7% total).
2010 y 2011. Seguramente las dos mejores Ligas que ha habido. Hablamos de los dos mejores subcampeonatos de todos los tiempos por el nivel que se le exigió al campeón (FC Barcelona). Existe un nivel excelso de unos jugadores en una época donde España dominaba el mundo con una generación excepcional que logró Eurocopa, Mundial y Eurocopa en un lustro irrepetible. Son los años del Barça de Messi y del Madrid de Cristiano Ronaldo. Ellos dos junto a Xavi forman parte del llamado Dream Team del Balón de Oro. Iniesta y Sergio Ramos lo son del Dream Team del Balón de Bronce. Y otros como Casillas, Marcelo, Sergio Busquets, Xabi Alonso o Henry formaron parte de la lista de finalistas. Y hay más. Balones de Oro como Kaká o Benzema y leyendas caso de Ibrahimovic, Villa, Dani Alves, Puyol, Piqué, Pepe o hasta el último año de Raúl. Todos ellos rivalizaron en la Liga española en la temporada 09/10 y 10/11, las dos mejores que ha parido la competición patria.
Vamos pues con los 17 mejores campeones de la historia de la Liga española:
17 Athletic Club (1955/56) 48 puntos (+48 average) 80%: Liderados por Telmo Zarra, el Athletic había vivido esos años una época dorada ganando cinco copas en una década. Sin embargo, la Liga se les resistía a los bilbaínos que vieron como en el verano de 1955, destrozado por las lesiones, Zarra dejaba el Athletic junto a otras leyendas como Panizo y Venancio. El Athletic se renovó con un grupo de jóvenes jugadores procedentes de la cantera liderados por el sempiterno Piru Gaínza, quien daba sus últimos coletazos de fútbol con 34 años. Los bilbaínos tuvieron que exprimirse al máximo para lograr un título que el Barça les disputó hasta la última jornada y en el que tuvo mucho que ver sus resultados en San Mamés donde sólo cedieron un empate en quince partidos. El éxito fue doble al lograr también el título de Copa tras vencer al Atlético de Madrid en la final disputada en el Santiago Bernabéu. Onceideal: Cedrún; Orúe, Canito, Garay; Maguregui, Mauri; Uribe, Marcaida, Arieta, Artetxe y Gaínza. Entrenador: Fernando Daucik.
Gaínza y los aldeanos
16 Real Madrid (1988/89) 62 puntos (+54 average) 81’5%: El Real Madrid de la Quinta del Buitre había alcanzado su cénit y su mayor decepción a partes iguales. Tras ganar su tercera Liga seguida y caer ante el PSV en semifinales de la Copa de Europa, los blancos se reforzaron con el fichaje de Bernd Schuster, no mucho antes capitán del FC Barcelona. El Madrid es un tiro desde el inicio de la temporada y logra el título tres jornadas antes del final tras vencer al Real Oviedo en el Bernabéu. Sólo cedió una derrota en todo el curso (en Vigo ante el Celta) y logró el doblete al vencer al Real Valladolid en la final de la Copa del Rey. La pena fue otro fracaso en semifinales de la Copa de Europa, en esta ocasión ante el AC Milan. Onceideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Tendillo, Gordillo; Michel, Gallego, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.
Real Madrid 88/89
15 Real Madrid (2016/17) 93 puntos (+ 65 average) 81’5%: La primera temporada completa de Zinedine Zidane como técnico blanco se saldó con un triunfo liguero que apuntaló una trayectoria intachable del Real Madrid en Europa que se satisfaría ese año con la segunda de tres Copas de Europa consecutivas. Los blancos se colocaron en primera posición en la tercera jornada y se mantuvieron como líderes hasta el final del campeonato. A pesar de que fueron incapaces de vencer en sus dos duelos directos contra el Barça, los merengues fundamentaron su éxito en un excepcional rendimiento a domicilio con goleadas escandalosas a Betis (1-6) o RC Deportivo (2-6). El Madrid anotó al menos un gol en cada una de las 38 jornadas liderados por la dupla formada por Cristiano Ronaldo (25) y Álvaro Morata (15). Onceideal: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Modric, Kroos; Isco, Benzema y Cristiano Ronaldo. Entrenador: Zinedine Zidane.
Una alineación del Madrid 16/17
14 Real Madrid (1987/88) 62 puntos (+69 average) 81’5%: Maduros y en plenitud, aquella generación liderada por Butragueño fue una apisonadora durante las 38 jornadas de Liga. Se proclamaron campeones a cuatro jornadas del final tras machacar por 6-0 al Betis en el Bernabéu. No fue la única goleada. Hubo un 6-0 al Sporting y sendos 5-0 a la UD Las Palmas y al Athletic. Los merengues no soltaron el liderato desde la primera jornada en la que golearon en el Carranza al Cádiz CF por 0-4. Hugo Sánchez ganó por cuarto año consecutivo el trofeo al máximo goleador y el gallego Paco Buyo fue el portero menos batido. La excepcional campaña blanca sólo se vio frenada por el PSV Eindhoven que sorprendentemente eliminó al Real Madrid en semifinales de la Copa de Europa. Onceideal: Buyo: Chendo, Sanchís, Tendillo, Camacho; Michel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.
Hugo Sánchez
13 Real Madrid (1989/90) 62 puntos (+69 average) 81’5%: A pesar de los éxitos ligueros el Madrid seguía sin asaltar Europa, por lo que se apostó por el cambio de entrenador. Toshack llegó a la capital tras unos buenos años en San Sebastián y tuvo la sensatez de mantener la esencia del equipo a la que se le añadió Fernando Hierro, por entonces una fuerza de la naturaleza tan capaz de plantarse en el centro de la defensa como de asomar en el área como tercer delantero. Hierro debía ser el Gullit del Madrid, pero nuevamente el AC Milan sepultó las esperanzas blancas en Europa. En Liga la temporada fue un paseo con 107 goles en 38 jornadas, por entonces récord de la competición. Fue la quinta Liga seguida del Real Madrid con un 7-2 al Real Zaragoza y un 7-0 al CD Castellón como resultados más escandalosos. Hugo Sánchez fue Pichichi con 38 tantos (récord del momento) liderando un fastuoso ataque en el que Butragueño y Michel con 27 años estaban en el cénit de sus carreras. Onceideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Ruggeri, Gordillo; Michel, Hierro, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: John Benjamin Toshack.
Los cromos del Madrid 89/90
12 FC Barcelona (2017/18) 93 puntos (+70 average) 81’5%: Tras unos años magníficos con Pep Guardiola y Luis Enrique a los mandos, Ernesto Valverde tomó las riendas del FC Barcelona. Denostado por su perfil bajo ante prensa y afición, los números de Valverde en la campaña 17/18 están entre los mejores de la historia. El Barça ganó el título con 14 puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y sólo perdió un partido en toda la temporada. Ganó por 0-3 en el Bernabéu y Leo Messi volvió a ser el máximo goleador. Fue la campaña en la que Neymar se marchó por 222 millones que el Barça gastó en Coutinho y Dembelé. Y fue también el año de la despedida de Andrés Iniesta, quien anotó un tanto en la victoria por 5-0 ante el Sevilla FC en la final de la Copa del Rey que les dio el doblete a los azulgranas. Onceideal: Ter Stegen; Nelson Semedo, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Busquets, Paulinho, Rakitic; Iniesta, Luis Suárez y Messi. Entrenador: Ernesto Valverde.
Barça 17/18
11 Real Madrid (1963/64) 49 puntos (+38 average) 81’6%: Se antojaba un año complicado en la capital de España. Di Stéfano y Puskás contaban con 37 y 36 años respectivamente y se resistían a dejar los mandos. El Madrid comenzó la Liga al tran tran y estuvo a merced del Barça hasta el inicio de la segunda vuelta. A partir de entonces los merengues arrasaron a sus rivales logrando una cuarta liga consecutiva (entonces récord histórico) con triunfos sonados ante Atlético (5-1), FC Barcelona (4-0) y a domicilio contra el Valencia CF (1-4). Puskás logró su cuarto y último título de máximo goleador y Vicente su tercer trofeo Zamora. La estrella silenciosa fue Paco Gento que a sus asistencias añadió un promedio goleador de 0’5 tantos por partido para paliar la entrada en años de sus compañeros de delantera. Onceideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Pachín; Zoco, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Real Madrid 63/64
10 Real Madrid (1962/63) 49 puntos (+50 average) 81’6%: A pesar de ganar la Liga la temporada anterior, la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Benfica hizo convencer a Bernabéu de que debía rejuvenecer al equipo. Contrató al coruñés Amancio Amaro que en un primer momento chocó con Di Stéfano. Las malas sensaciones iniciales se saldaron con una eliminación en primera ronda europea ante el Anderlecht. Puso entonces el Madrid todo su empeño en la competición doméstica y logró su tercer título consecutivo (récord de la competición en aquel momento). Ganó 23 de 30 encuentros (incluyendo los 15 que jugó como local) y se proclamó campeón con varias jornadas de antelación. Venció en el Pizjuán por 0-5 y en el Camp Nou por 1-5. Vicente fue el portero menos goleado, Ferenc Puskás fue máximo goleador y entre los diez máximos anotadores también se colaron Amancio, Félix Ruiz y Di Stéfano. Onceideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Casado; Pachín, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Di Stéfano, Gento y Puskás
9 Real Madrid (1985/86) 56 puntos (+50 average) 82’3%: El Real Madrid sumó su 21º Liga en un año en el que también reverdeció viejos laureles en Europa al proclamarse campeón de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza era el presidente y se propuso devolverle la gloria a un Madrid que sumaba cinco años sin lograr una Liga sumido en una profunda crisis. A una hornada de canteranos liderados por Butragueño se unieron los fichajes de Hugo Sánchez, Maceda y Gordillo para unir a lo que se llamó la Quinta del Buitre con la Quinta de los Machos. El Madrid se puso líder en la segunda jornada y basó su liderazgo en una basta masa goleadora. Ganó los 17 partidos de casa liderados por la dupla formada por Hugo Sánchez (máximo anotador) y Jorge Valdano, ambos abastecidos por los fenomenales centros de Michel. Onceideal: Ochotorena; Chendo, Sanchís, Maceda, Camacho; Michel, Gallego, Gordillo; Valdano, Hugo Sánchez y Butragueño. Entrenador: Luis Molowny.
M.Vázquez, Michel, Buitre y Sanchís
8 Athletic Club (1929/30) 30 puntos (+35 average) 83’3%: Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que los azulgranas lograron la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darle la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha ante la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con mejores registros en dianas encajadas. Onceideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iragorrri. Entrenador: Fred Pentland.
Athletic 1930
7 Real Madrid (2023/24) 95 puntos (+61 average) 83’3%: Nadie contaba con el Real Madrid. Benzema se fue a ganar millones a Oriente Medio, Mbappé dijo por enésima vez no al Madrid y Joselu se convirtió en el ‘9’ blanco. Por si fuera poco, una plaga de lesiones asoló a la defensa blanca y luego el mejor portero del mundo, el héroe de la Copa de Europa lograda ante el Liverpool FC, se partía el ligamento cruzado de su rodilla derecha, para, al poco de recuperarse, lesionarse la rodilla izquierda. Con estos mimbres el Barça, vigente campeón, partía con varios cuerpos de ventaja, y se pensaba que ese iba a ser el año del Atlético. No fue así. El Madrid empezó como un ciclón gracias a Jude Bellingham, su fichaje del verano anterior. El que iba a ser el sustituto de Modric se convirtió en el de Benzema sumando goles y asistencias a un ritmo que se remontaba a tiempos de Alfredo di Stéfano. A pesar de que el Madrid cayó en el Metropolitano, pronto se vio que ni Atlético ni en Barça serían rivales y en su lugar aparecía el sorprendente Girona FC que perdería su imbatibilidad al caer claramente en casa ante el Real Madrid (0-3). En la segunda vuelta los blancos asumieron el mando de la competición. Ancelotti cambió de portero al sentar a Kepa por el ucraniano Lunin y Vinicius se erigió como líder del equipo al unir a su desborde una precisión en el remate de la que antaño carecía. El Madrid sentenció la Liga al vencer al Barça en el Bernabéu (3-2) para luego darse un festín ya como ganador ante el Alavés (5-0). En casa ya había ganado por 4-0 al sorprendente Girona, Celta y Osasuna. Mientras que fuera de casa destacó el 0-4 ante el descendido Granada CF. Bellingham anotó 19 goles y Vinicius 15, mientras que Toni Kroos siguió sentando cátedra al aportar ocho asistencias. El Real Madrid fue el equipo más goleador y el menos goleado, pero Lunin no pudo llevarse el trofeo Zamora por no jugar los suficientes partidos. En la Copa de Europa (también conquistada) Courtois volvió a la titularidad. Onceideal: Lunin; Carvajal, Rüdiger, Nacho, Mendy; Tchouaméni, Kroos, Valverde, Bellingham; Rodrygo y Vinicius. Entrenador Carlo Ancelotti.
Kroos, Modric, Nacho y Carvajal (6 Champions)
6 FC Barcelona (2010/11) 96 puntos (+74 average) 84’2%: Por entonces la máquina de juego asociativo creada por Pep Guardiola estaba en su máximo esplendor. La perfección fue absoluta en la final de Copa de Europa en la que el Barça bailó al Manchester United. No se pudo completar el triplete al perder la final de Copa ante el Real Madrid, pero en la Liga todo fueron alegrías tras caer sorprendentemente en la primera jornada en casa ante el Hércules. Los fichajes de Villa y Mascherano perfeccionaron a un equipo que se puso líder tras humillar al Real Madrid de Mourinho en el Camp Nou (5-0). Cinco tantos también recibieron Real Sociedad y Sevilla FC, aunque para escandaloso el 0-8 que la UD Almería recibió en su casa. Messi y Villa anotaron entre los dos 50 goles y Víctor Valdés fue el portero menos goleado del campeonato. Onceideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Messi, Villa y Pedrito. Entrenador: Pep Guardiola.
Barça 2010/11
5 FC Barcelona (1958/59) 51 puntos (+70 average) 85%: En plena retahíla de éxitos europeos madridistas en Copa de Europa el FC Barcelona logró el tercer doblete de su historia tras gobernar la Liga con mano de hierro y vencer en la final de Copa al Granada CF. El torneo de la regularidad fue un duelo al sol entre Barça y Madrid que dejaron al resto de contendientes a una distancia sideral. Las alternancias en el liderato se sucedieron hasta que en el último tercio de Liga el Barça piso el acelerador para llevarse el título. El conjunto dirigido por Helenio Herrera ganó todos sus partidos en el Camp Nou incluyendo soberanas palizas a Atlético (5-0), UD Las Palmas (5-1), Osasuna (6-1), Valencia CF (6-0) o Real Oviedo (7-1). La más satisfactoria fue un 4-0 al Real Madrid con triplete de Evaristo. También destacó el Barça por su fortaleza defensiva y Antonio Ramallets logró su cuarto trofeo Zamora. Onceideal: Ramallets; Rodri, Gensana, Olivella, Gracia; Segarra, Luis Suárez; Tejada, Czibor, Kubala y Evaristo. Entrenador: Helenio Herrera.
El Barça de H.H.
4 Real Madrid (1960/61) 52 puntos (+64 average) 86’6%: Tras ganar el Madrid cinco Copas de Europa de forma consecutiva hubo de esperar al primer revés europeo de los blancos para ver la mejor Liga del equipo liderado por Alfredo di Stéfano. El Barça había ganado dos Ligas de forma consecutiva y en octubre de 1960 había eliminado al Real Madrid en octavos de Copa de Europa en un enfrentamiento con marcados errores arbitrales. Cabreado por lo sucedido, el Real Madrid se convirtió en un huracán sumando victoria tras victoria y logrando el título con 12 puntos de ventaja sobre el segundo y 19 sobre el tercero (una salvajada dado que entonces las victorias valían dos puntos). Los merengues masacraron al Real Oviedo (7-0) y al Elche CF (8-0) en el Bernabéu, pero más esplendorosos fueron sus triunfos a domicilio contra Real Sociedad (0-5), Real Betis (0-5) y FC Barcelona (3-5). Dirigidos por Miguel Muñoz iniciaron un ritual que sería costumbre en los 60 con Vicente como portero menos goleado y Ferenc Puskás como máximo goleador. Puskás anotó 28 tantos, Di Stéfano firmó 21 y Luis del Sol marcó 17 goles. Onceideal: Vicente; Marquitos, Santamaría, Casado; Pachín, Vidal; Del Sol, Puskás, Di Stéfano, Canario y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Di Stéfano y Gento
3 FC Barcelona (2009/10) 99 puntos (+74 average) 86’8%: Tras lograr el Sextete la temporada anterior el Barça decidió cambiar al siempre polémico Samuel Eto’o por el también polémico Zlatan Ibrahimovic. La mezcla acabó fallando en Europa, pero la unión de Messi, Iniesta y Xavi (Balón de Oro, Plata y Bronce respectivamente) era superior a lo cualquier rival pudiese imaginar. El Barça acabó la primera vuelta con cinco puntos sobre el Madrid y finiquitó el campeonato al vencer a ocho jornadas del final en el Bernabéu por 0-2. Con todo no fue proclamado matemáticamente campeón hasta el último encuentro dado el nivel de un Madrid que finalizó con 96 puntos siendo el mejor subcampeón de todos los tiempos. Leo Messi fue el Pichichi (sumaría ocho en su exitosa carrera) favorecido por la decisión de Guardiola de colocarlo definitivamente como falso ‘9’ y Víctor Valdés lograba su segundo trofeo Zamora. Onceideal: Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Ibrahimovic y Messi. Entrenador: Pep Guardiola.
Messi 2009/10
2 FC Barcelona (2012/13) 100 puntos (+75 average) 87’8%: Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias (exactamente los mismos números que su alter ego Cristiano Ronaldo había logrado la campaña anterior). Onceideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.
Barça 2012/13
1 Real Madrid (2011/12) 100 puntos (+89 average) 87’8%: Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor, unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces el técnico portugués logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça, y quien sabe si el mejor equipo, jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo Vallecano (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0) y fuera de casa ante el Sevilla CF (2-6), otra vez el Espanyol (0-4) y Real Zaragoza (0-6). Cristiano Ronaldo acabó con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias, aunque no fue Pichichi por los ¡50! de Messi quien con 25 años firmó en balde los mejores números de su grandiosa carrera. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Onceideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.
Una alineación del Madrid 11/12
“Teníamos que haber ganado alguna Liga y alguna Copa de Europa más. Eso es lo que tiene el Madrid. Si está mal gana igual. Nosotros tenemos que estar muy bien para ganar”. Carles Puyol, capitán del FC Barcelona y ganador de seis ligas.