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Estados Unidos 2026. Balance

Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.

En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.

Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.

Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.

El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.

Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.

El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.

En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.

Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.

Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.

¡A beber!

La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.

La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.

Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.

La reacción del pueblo no.

Marruecos sin marroquís

El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.

Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.

En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.

El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.

A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.

Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.

España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.

Gracias Digne

Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.

El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.

La Brasil del siglo XXI.

El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).

¡Campeones!

Otros resúmenes mundialistas

Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)

Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)

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Suppenkasper (La venganza es un plato que se sirve frío)

Navidades de 1989. Llevaban más de tres años sin hablarse. El teléfono sonó en casa de los Stein. La esposa respondió a la llamada. “Es Franz”, le dijo a su marido. El cónyuge era Uli Stein, de profesión, portero de fútbol. Franz era Franz Beckenbauer, por entonces seleccionador nacional alemán y en el pasado mejor futbolista de la historia del fútbol teutón.

Beckenbauer: ¿Qué tal Uli? En 1986 dijiste que te retirabas de la selección. ¿Te gustaría volver?

Stein: Por supuesto. Representar a tu país es lo más grande que puedes hacer.

Beckenbauer: Bien. Me alegra saberlo. El año que viene seremos campeones del mundo y no puedo serlo sólo con Illgner y Köpke, te necesito a ti también.

Stein: Estaré preparado para lo que necesites.

Beckenbauer: Ahora me voy de vacaciones. En enero te volveré a llamar.

Uli Stein jamás recibió esa llamada.

Beckenbauer se convirtió en la primera y única persona en ser campeón del mundo como capitán en el campo y como seleccionador en el banquillo.

Lo hizo con Bodo Illgner como portero titular, Andreas Köpke como guardameta suplente…y Raimond Aumann como tercer portero.

La venganza es un plato que se sirve frío.

Beckenbauer y Stein

Tras fracasar en la Eurocopa de 1984, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) decidió confiar el puesto de seleccionador a Franz Beckenbauer. Era una decisión arriesgada. Beckenbauer se había retirado apenas doce meses antes como una leyenda, pero no tenía experiencia alguna como seleccionador. Era un líder y se esperaba que transmitiese esa aura al vestuario. Ocurre que no era fácil. Al igual que Johan Cruyff, su íntima némesis, Beckenbauer se frustraba cuando ordenaba hacer algo a sus jugadores y observaba que eran incapaces de cumplir con su cometido. Franz pensaba que lo que para él era sencillo cuando calzaba botas de tacos también lo era para los demás. Nada más lejos de la realidad.

Alemania (República Federal Alemana u Alemania Occidental para ser más exactos) se presentó con solvencia para el Mundial de 1986 por delante de Portugal y Suecia en su grupo clasificatorio. Con todo había dudas. Se sufrió para ganar en Malta (2-3), se empató en casa ante Checoslovaquia (2-2) y se perdió en Stuttgart ante Portugal (0-1). Los críticos acusaban a Beckenbauer de actuar de manera impulsiva e intuitiva sin una estrategia clara de partido. Usaba un 5-3-2 apoyándose en el extraordinario físico y en la fortaleza defensiva de su selección perjudicando un juego técnico del que él era garante como futbolista. Preparaba durante altas horas de la madrugada sesiones de vídeo que luego era incapaz de trasladar a sus seleccionados, dado que él mismo las consideraba soporíferas.

Sucedía algo más. Beckenbauer no tenía pelos en la lengua. Decía lo que quería sabiendo que era voz autorizada y respetada. Antes del Mundial consideró que Alemania podría salir campeona, pero describió a sus chicos como “un conjunto sin talento” y consideró a la Bundesliga “un montón de basura” por ser incapaz de retener a futbolistas que marchaban a la Serie A italiana. Karl-Heinz Rummenigge, jugador del Internazionale y en el pasado compañero de Beckenbauer en el FC Bayern, exigió una reunión. Rummenigge era el capitán de Alemania y una voz tan autoritaria y respetada como la de Beckenbauer. Se limaron asperezas y el Káiser rebajó el tono de sus declaraciones al mismo tiempo que cuestionaba la indispensabilidad de Rummenigge en clara muestra de resentimiento al haberse sentido discutido.

Pero Rummenigge no era el único que alzó la voz en un vestuario donde los egos campaban a sus anchas. Si Rummenigge era la estrella, la voz cantante de aquel equipo era Toni Schumacher. En 1982 había golpeado al francés Battiston en una salida kamikaze que acabó con el galo hospitalizado y con el teutón mascando chicle con fría indiferencia. Sin embargo, en 1986 no estaba en su mejor momento y en el último amistoso antes del Mundial, frente a Países Bajos, Beckenbauer decidió darle la titularidad al habitual suplente Uli Stein, el cual realizó un excepcional partido.

Con todo este conglomerado de sensaciones la selección alemana viajó a México con semanas de antelación. En aquel Mundial todos los países tenían pánico a las condiciones extremas de los mexicas con partidos que se iban a disputar rozando los 40 grados centígrados y a más de 2.000 metros de altura. Con el objetivo de aclimatarse, las selecciones europeas se atrincheraron en hoteles haciendo tediosa y larguísima la espera. Coincidió, además, que todavía no estaba fracturada la tradicional relación entre prensa y deportistas (ni tampoco era tan ancha la diferencia salarial), por lo que era más que habitual que plumillas y futbolistas compartiesen hospedaje. Era, pues, cuestión de tiempo que todo estallase en el hotel de concentración alemán en la ciudad de Querétaro.

Alemania 86

Llegó el 4 de junio de 1986 y Alemania se dispuso a enfrentarse a Uruguay en el primer partido del grupo E del Mundial. No será hasta una hora antes del encuentro cuando Beckenbauer anuncie que Harald ‘Toni’ Schumacher será el portero titular y que Uli Stein será suplente. También será suplente Rummenigge, quién había llegado al Mundial con molestias en el tobillo. Entonces todo salta por los aires. Rummenigge acusa a Schumacher de sabotear su regreso a la titularidad para promover a Pierre Littbarski y a Klaus Allofs, sus compañeros en el FC Colonia. Rummenigge llamará mafioso a Schumacher y el asunto casi llega a las manos antes de que ambos amenacen con volverse a Alemania. Beckenbauer conseguirá sortear el conflicto, Schumacher será titular, Rummenigge entrará como suplente en el minuto 70 y Alemania empatará 1-1 ante Uruguay con gol de Allofs, uno de los mafiosos de Colonia. Ocurrió que, fiel a su estilo, Beckenbauer no se callará la boca y en la rueda de prensa posterior al choque soltará una perlita: “Una guardería no es nada comparable con el vestuario de esta selección”.

Al Káiser se le estaba yendo el asunto de las manos. Alemania venció a Escocia (2-1) pero sucumbió ante Dinamarca (0-2), por lo que se clasificó, pero únicamente como segunda de grupo. Se supo entonces que en las comidas de la plantilla había una mesa de disidentes integrada por los habituales suplentes Klaus Augenthaler, Dieter Hoeness, Ditmar Jakobs y Uli Stein donde las críticas a Beckenbauer eran implacables. Rummenigge seguía a su aire y Schumacher se hacía la víctima.

Fue entonces cuando la bomba explosionó. Días antes un periodista mexicano había publicado un artículo en el que contaba que varios jugadores alemanes escapaban de la concentración para dormir en casas particulares o en otros hoteles. Era obvio que había quien lo hacía por diversión, otros por sexo y otros, simplemente, porque no aguantaban estar encerrados. Beckenbauer cargó públicamente contra el periodista en términos racistas y se armó la marimorena. Y, peor aún fue cuando Beckenbauer quiso rectificar sus palabras y lo justificó como un comportamiento “sumamente alemán”. Quedaba claro que aquello se le iba de las manos.

Y así fue que la noche antes del partido ante Marruecos de octavos de final y, sabedores de que iban a ser suplentes, los cuatro jugadores de la mesa de frustrados decidieron irse de juerga. Augenthaler, Jakobs, Hoeness y Stein no volverían al hotel de concentración hasta pasadas las tres de la madrugada y lo harán gritando y bailando. Despertarán a toda la delegación, periodistas incluidos.

A la mañana siguiente Beckenbauer, exaltado y a grito pelado, llamó a los cuatro disidentes idiotas, pero Hoeness no se quedó atrás y replicó al Kaiser con igual fuerza. Beckenbauer decidió multar económicamente a los cuatro futbolistas siendo la multa más alta aplicada a Stein dado que se le consideraba la mente pensante de la fuga. La reacción de Stein fue furibunda anunciando que renunciaba a la selección y que se volvía para Alemania. Ante la sorpresa generalizada Augenthaler y Hoeness exigieron también sus billetes de vuelta para Europa y al órdago también se sumó un entonces adolescente de 20 años llamado Olaf Thon, quien le soltó otra bomba a Beckenbauer: “No voy a aprender nada aquí”.

Para desactivar la bomba la federación instó a Beckenbauer que retirase las multas, a lo que el Káiser hubo de aceptar no sin antes desafiar a los disidentes e incitarles a marchar ahora que habían sido perdonados. Nadie lo hizo, Beckenbauer quedó a los pies de los caballos, y en un partido horrible Alemania derrotó a Marruecos con un gol de Lotthar Matthäus en el último minuto.

Coach Beckenbauer

Alemania estaba en cuartos donde se enfrentaría a México. Pero las aguas estaban lejos de volver a su cauce. El run run era otro. ¿Por qué Beckenbauer había decidido que la multa a Stein fuese superior a la del resto de disidentes? No pasaron muchas horas antes de que se supiese la verdad.

El incidente de la sopa.

El payaso de la sopa.

Suppenkasper-Affäre (el caso del payaso de la sopa).

SK.

El día de autos, al mediodía, en la sobremesa, los futbolistas se inventaron un juego. Nombrar a las personas que estaban en el comedor, solo por unas iniciales. Cuando le tocó el turno al guardameta Uli Stein dijo SK. Todos se pusieron a pensar, a nadie se le ocurría quién podría ser. No había ningún jugador ni nadie del cuerpo técnico, ni siquiera los cocineros, con esas iniciales. Entonces, reveló de quién se trataba: “Suppenkasper, que está ahí sentado”. Todo el mundo se partió de risa menos Franz Beckenbauer.

Hay un cuento infantil alemán titulado Der Suppenkasper (el payaso de la sopa), de Heinrich Hoffmann, en 1845, que tiene como protagonista a un niño que se niega a comer sopa y se va poniendo enfermo progresivamente hasta que se muere. Es un cuento moralizante, bastante duro, y muy conocido en Alemania. Tanto que el término suppenkasper se ha quedado como insulto para alguien que tiene un comportamiento ñoño o infantil, también para alguien a quien no te puedes tomar en serio.

Y había algo más. En los 60, cuando Beckenbauer se destapaba como una estrella, protagonizó una campaña televisiva a favor de las sopas instantáneas Knorr. SK. Soup Knorr. Fuese gracioso o no lo fuese, la broma estaba bien tirada.

Llegados a este punto es necesario responder a la pregunta. ¿Quién era Uli Stein? Era especialmente bueno con los lanzamientos lejanos y también en el uno contra uno. Se posicionaba muy bien para cubrir los ángulos y era especialmente seguro atrapando centros laterales. No era de los que despejaba, sino de los que blocaba. No era tan espectacular ni era tan capaz de reflejos como Schumacher, pero era muy fiable. Para trasladarlo a términos españoles, Stein era Cañizares y Schumacher era Casillas. Uli Stein era un porterazo. Uli Stein era el portero del HSV Hamburgo con el que había sido campeón de la Bundesliga en 1982 y 1983 y campeón de la Copa de Europa ese mismo año.

Total, que el chiste de SK, el chiste de la sopa, circula de jugadores a periodistas y es replicado de inmediato por prensa y televisión de toda Alemania. Hoy diríamos que se convirtió en suceso viral y en carne de meme. Las burlas hacia Beckenbauer eran generalizadas y eso era mucho decir con una figura mitificada como era el Káiser.

Beckenbauer actuó con rapidez. Informó a Stein de que no lo incluiría en la convocatoria para el siguiente partido. Stein interpretó esto como una medida disciplinaria y pidió volver a Alemania. En este caso ningún compañero salió en su defensa (estaban a tres partidos de la final y los valientes se convirtieron en cobardes) y Stein cruzó el charco convirtiéndose en el único jugador alemán y en uno de los poquísimos en la historia que fue expulsado durante un Mundial por cuestiones disciplinarias. Al llegar al aeropuerto de Frankfurt, Uli Stein anunció a través de los medios de comunicación que se retiraba de la selección germana.

Uli Stein

Alemania superó con dificultades a México, vapuleó a Francia en semifinales y cayó en la final ante Argentina, en donde Rummenigge volvió a ser suplente y salió en la segunda parte para forzar una prórroga en una actuación prodigiosa. Aquel subcampeonato le dio una vida extra a Beckenbauer quien a partir de entonces se mostró más sereno y decidido. Pasó de ser un exjugador a un entrenador. Cayó en semifinales de la Eurocopa 1988 y resolvió darle el mando del equipo a Matthaüs, armar un equipo inquebrantable en defensa y apostar por el joven Klinsmann en la delantera en lugar del retirado Rummenigge. Alemania, ya unificada, lograría alzarse con el Mundial de Italia 90 con esta nueva configuración.

Uli Stein pasó a ser el chico malo del deporte germano. Desmantelado el HSV Hamburgo campeón tan sólo encontró acomodo en el Eintracht de Frankfurt. Pero, aunque fuese en un equipo menor, Stein siguió demostrando ser un portero de nivel. A la altura de la temporada 1989-90 la discusión estaba en si el mejor portero alemán era Illgner o si era Stein. Aumann, el portero del FC Bayern, era más que discutido y Köpke, entonces en el FC Nüremberg, era un proyecto aún verde.

Fue entonces cuando Franz Beckenbauer llamó por teléfono a Uli Stein.

Y fue entonces cuando ejecutó su venganza.

“La vengeance est un plat qui se mange froid (la venganza es un plato que se sirve frío)”. Expresión que tiene su origen en la novela Les liaisons dangereuses (Las amistades peligrosas) escrita por el francés Pierre Choderlos de Laclos en 1782.

Otras historias con Beckenbauer de protagonista

El partido del siglo (Alemania vs Italia 1970 en dos mitades)

Lutz Eigendorf (el Beckenbauer del Este)

El último partido de la RDA (antes de que Alemania se unificase para el Mundial 1990)

¿Por qué Alemania odia al Bayern? (el motivo de ser envidiado)

Panenka (la invención del penalti imposible en la Eurocopa 1976)

El puto amo (vida y obra de Franz Beckenbauer)

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El largo camino a casa de Isidro Lángara (2ª parte)

Con las tropas franquistas asediando Bilbao, el gobierno vasco del PNV (conservador pero aliado con la izquierda para preservar su independencia) programó una operación de propaganda. La idea fue del Lehendakari José Antonio Aguirre, quien había sido jugador del Athletic. Fletó un avión que puso rumbo a París con algunos de los mejores futbolistas del momento para defender la causa republicana. El objetivo era servir de altavoz para pedir ayuda internacional y, de paso, obtener dinero a través de la celebración de diferentes partidos amigables.

Lángara no era ni mucho menos un significado político. De hecho, como vimos, pasó de ser un héroe izquierdista a estar a punto de ser ejecutado acusado de fascista. Si lo eran varios de los componentes de aquel conjunto como Luis Regueiro o Tomás Aguirre, declarados independentistas. Así que Lángara se dedicó a lo suyo. Meter goles. El primer partido fue ante el Racing de París y acabaría con victoria del combinado vasco con triplete del delantero de Pasajes. Fue el mismo día del bombardeo de Guernica. Luego habría partidos por Checoslovaquia, Polonia, Noruega, Finlandia, Dinamarca o la Unión Soviética. En Moscú se llegó a parar un choque para que el árbitro examinase las botas de Lángara ante la incredulidad general por la violencia de sus disparos.

Los bolos terminaron y la expedición regresó a Paris. Por entonces ya pocos dudaban de la victoria del llamado bando nacional y aquellos futbolistas temían, no por su futuro futbolístico, sino por sus vidas. Roberto Echevarría y Guillermo Gorostiza decidieron volver a España (éste último un extremo rapidísimo del Athletic apodado irónicamente ‘bala roja’) a través de Irún, hacer borrón y cuenta nueva y seguir con sus vidas en la España franquista. El resto cogió un barco en Le Havre y puso rumbo a México.

Lángara | El Penalty de Panenka
Lángara, abajo en el centro

Era 1937 cuando la expedición de futbolistas errantes llegó a Ciudad de México tras desembarcar en el puerto de Veracruz. Una muchedumbre de personas, algunas españolas de nacimiento y la mayoría de origen hispano, esperaba en la estación capitalina la llegada del esperado convoy. Arrollando hasta a niños y policías, los forofos buscaron con ahínco a Isidro Lángara, lo alzaron en hombros y lo sacaron en volandas de la estación.

No diríamos mentira alguna si afirmásemos que ninguno de los allí presentes había visto jugar nunca a Isidro Lángara. Salvo alguna que otra fotografía que atestiguase lo contrario, jamás algún mexicano le había visto tocar un balón. Y sin embargo la fama de Lángara era tal que todo buen aficionado al fútbol sabía de la excelencia de aquel brutal delantero gracias a la infinidad de artículos periodísticos que lo alababan.

Tras unos partidos amistosos en México aquellos chicos pasaron a Cuba, y de las Antillas a Argentina. Para entonces el ‘Tanque’ ya era conocido como ‘El Vasco’. Y para entonces Francisco Franco ya estaba bastante asentado en el poder como para exigir que esos desertores no pisaran un campo de fútbol. Argentina claudicó ante el miedo a las represalias y los exiliados tuvieron que volver a México, el último país de habla hispana simpatizante con la República.

Era noviembre de 1938 y aquel equipo pasó a integrarse en la liga mexicana con el nombre de Club Deportivo Euskadi. Quedaron segundos y Lángara consiguió el galardón de máximo goleador con 19 goles en 11 partidos. Memorable fue un gol de chilena anotado ante Raúl Estrada, considerado por muchos el mejor portero de América. Lángara, veinte metros más allá del arco, vio pasar el balón sobre su cabeza, dio media vuelta y, de espaldas a la portería, se lanzó al aire y la pescó con el pie derecho. La esférica fue por los aires directamente al gol y se metió en un ángulo, sin que Estrada pudiera hacer otra cosa que observar impávido lo que ocurría.

Tras dimes y diretes y tras un duro debate en el seno de la FIFA, en 1939 aquellos exiliados son libres para firmar por el equipo que quieran. Lángara, junto a José Iragorri y Ángel Zubieta (otro que merece capítulo aparte), firman por el argentino San Lorenzo de Almagro. En su primer partido Lángara le marcará cuatro goles a River Plate. Un hincha de River de 12 años llamado Alfredo di Stéfano padeció con admiración los latigazos de aquel vasco. En las filas de San Lorenzo pasará Lángara cinco temporadas, siendo otra vez máximo goleador y disfrutando de la vida en la neutral Argentina mientras el mundo se desquebrajaba en mil pedazos.

Libre de muerte y destrucción, en Argentina se jugaba entonces el mejor fútbol del mundo. Hasta el NO-DO se hacía eco del asunto e imágenes de aquel fenomenal San Lorenzo invadían los cines españoles. Pero por muchas imágenes que del ciclón se emitiesen jamás aparecía en los resúmenes un gol de Lángara, vetado y censurado por el Régimen.

442 | Isidro Lángara, el vasco dueño de Boedo
Goleador en Argentina

En 1942 Lángara volverá por vez primera a México donde sigue siendo un ídolo. En una gira de diez partidos amistosos, San Lorenzo anota 42 goles de los cuales 23 son obra de Lángara, incluidos siete tantos en una victoria por 9-1. Aun así, Lángara nunca estuvo del todo cómodo en Argentina. El uso y abuso del regate y del manoseo del balón nunca fueron plato de buen gusto para el ‘Tanque’, un hombre de acción que disparaba y después preguntaba.

Los latigazos de Lángara volverían a resurgir en México tras regresar a la capital de Centroamérica en 1943. Será en las filas del Real Club España, club fundado en 1912 por emigrantes españoles y el más importante de México durante la primera mitad del siglo XX. En la campaña 43/44 el RC España ganó su última Liga con Lángara en sus filas tras un desenlace agónico resuelto en la última jornada ante el CF Asturias, cuyos orígenes son más que obvios. Lángara fue otra vez máximo goleador, y lo será nuevamente en la campaña 45/46 superando todos sus registros conocidos con 40 tantos en 30 partidos.

Fue esa su última campaña en México. Con 34 años fue reclamado por la Patria. Resulta que Felipe Polo, cuñado del Generalísimo, era un acérrimo simpatizante del Real Oviedo. Estuvo años detrás de Carmen, su hermana y esposa de Franco, para que le levantasen el veto a Lángara y le permitiesen volver. En la capital de Asturias no se habían olvidado del hombre que con sus más de 200 goles había llevado a los carballones a la cima.

El problema es que tras el fin de la Guerra Civil se había aprobado el llamado Decreto Ley sobre Responsabilidades Políticas que perseguía a los que, habiéndoles pillado la guerra en zona republicana y consiguiesen llegar al extranjero, no hubiesen decidido regresar a la zona nacional. En el caso de los deportistas el veto era por 12 años.

Lángara llevaba fuera diez años, pero Carmen Polo intercedió y se permitió que Lángara volviese antes de tiempo.

Sabido de la buena nueva, Santiago Bernabéu quiso tirar de contactos y adelantarse a las intenciones del Real Oviedo. Pero pinchó en hueso. El Real Madrid acababa de fichar a Luis Molowny y estaba empantanado en la construcción de un nuevo y colosal estadio en la Castellana. Con todo, encareció el precio de Lángara que firmó por el Real Oviedo a razón de 100.000 pesetas anuales, con diferencia el contrato más alto jamás firmado por Carlos Tartiere, presidente del club carballón.

Isidro Lángara llegó en barco a Bilbao y de ahí en tren a Oviedo. Era agosto de 1946. Lángara hubo de apearse en Colloto, última parada antes de arribar en Oviedo, para evitar el gentío que le aguardaba en la estación. Allí le esperaba Herrerita, compañero de antes de la Guerra, y el presidente Tartiere. Se subieron al coche de este último y allí mismo firmaron el contrato. Al día siguiente Lángara ya estaba entrenando.

Real Oviedo: Con Lángara en el recuerdo
Vuelta a casa

Así fue como Lángara regresó de México para estirar su carrera un par de temporadas. Con algún kilo de más, y abundantes entradas, había ciertas dudas sobre su regreso. Las disipó todas en su primer año con 18 tantos en 20 partidos. No así en el segundo, donde apenas pudo jugar por culpa de las lesiones. Sería su adiós al fútbol profesional.

Abandonó a los 36, en declive físico, pero sobre todo mental, decepcionado por la España que reencontró. Nada tenía el Régimen contra él, pero aquel Oviedo no se parecía en nada al que conoció. Además, día sí y día también, veía pasear por el centro de Oviedo a Nieves, su novia de antes de la guerra, ahora felizmente casada con otro hombre. Así que Lángara decidió volver al lugar donde había pasado los mejores años de su vida. Comenzó una carrera en los banquillos que lo llevó por Chile, Argentina y, por supuesto, por su querido y añorado México. Dicen los que lo conocieron que jamás hablaba de su pasado como futbolista. Que el silencio y la discreción eran su religión.

Viajó frecuentemente a España. Madrid, Oviedo, Andoain. Siempre el mismo recorrido. No tuvo hijos. Tampoco domicilio habitual. Cuando le atacó el alzhéimer, ya en 1990, se estableció en Andoain, en casa de su sobrina, hasta que la muerte le sobrevino en agosto de 1992, cuando España disfrutaba de la resaca de unos históricos Juegos Olímpicos.

Desconocido, primero por el exilio y luego por el olvido, Lángara ha sido injustamente enterrado. Su nombre pasaría desapercibido durante el Franquismo y nadie se preocupó de recuperarlo tras la vuelta de la democracia. Los tambores de la historia resuenan para Pichichi o Belauste, como recuerdos del glorioso Athletic y de la plata olímpica de Amberes. También retumban para Zamora o Samitier, ambos emigrados y retornados, y ambos iconos de Madrid y Barcelona. Para Isidro Lángara Galarraga quedó el silencio. Un silencio que es estruendo al cruzar el charco. Lo normal ante el mejor goleador español de la historia. Lo normal ante uno de los mejores delanteros que ha parido la historia.

El Oviedo publica la biografía en inglés del histórico delantero  guipuzcoano Isidro Lángara | El Diario Vasco
Homenaje a Lángara (d) en Andoaín

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Día de la Hispanidad 1969 (cuando la selección española invadió el campo de Gibraltar para gloria del Franquismo)

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El largo camino a casa de Isidro Lángara (1ª parte)

Celebraba México sus 125 años de Independencia, al igual que ahora celebra su Bicentenario, cuando ingentes masas de aficionados despedían a Isidro Lángara en el puerto de Veracruz. Estamos en 1946 y aún faltaban un par de años para que se inaugurasen los vuelos entre Ciudad de México y Madrid. Tras casi una década de exilio, Isidro Lángara volvía a España. Cercano a los 35 años, Lángara dejaba atrás una ristra de goles que lo convirtieron en uno de los mejores delanteros de todos los tiempos y, con diferencia, en el mejor futbolista que ha militado en la liga mexicana. Si Ricardo Zamora fue la primera gran estrella del fútbol en España, Isidro Lángara fue la primera estrella autóctona de corte internacional.

Isidro Lángara Galarraga anotó 525 goles en 403 partidos oficiales. Fue el primer jugador en ser máximo goleador en tres ligas diferentes (española, mexicana y argentina). Es con 1,42 goles por partido el futbolista con mayor promedio goleador de la selección española, con 1,16 el de mayor promedio goleador de la Liga y también es el único que ha anotado tres hat-tricks en tres partidos consecutivos de la competición española.

Ni Di Stéfano ni Cruyff. Ni Messi ni Cristiano.

Alto, bien parecido, con cara de niño, labios de mujer y orejas de elfo, Isidro Lángara nació en Pasajes, hoy Pasaia, a la entrada de San Sebastián. Flexible y atlético, Lángara disparaba tan fuerte que rompía redes y, dice la leyenda, reventaba largueros. Tenía 18 años y jugaba en el Tolosa, entonces en Tercera División, cuando un ojeador del Atlético de Madrid fue a echarle el guante. El directivo cumplió y firmó por 20.000 pesetas al delantero centro tolosano. Pero no fue Lángara el elegido. Aquel día Isidro jugó de extremo izquierdo y el Atlético se llevó gato por liebre.

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Isidro Lángara

Lángara compaginaba el fútbol con su trabajo en una fábrica algodonera y quiso el destino que semanas después el hijo del dueño de la fábrica marchase a Asturias por un asunto de negocios. Uno de sus clientes era el presidente del Real Oviedo y era cuestión de tiempo que el nombre de Lángara saliese a colación. Fue así como el Tolosa se llevó 7.000 pesetas (42 euros) y Lángara un contrato de 500 mensuales (3 euros de la época) y un bono por el fichaje que de inmediato entregó a su abnegada y viuda madre que, por supuesto, no contaba con que Isidro se ganase la vida con el fútbol.

Es 1930. El Real Oviedo está en Segunda. Narran las crónicas que Lángara era un desastre, es incapaz de dar dos pases bien dados. Si recibe el balón, o abre a la banda para que le envíen un centro o remata sin pensárselo. Pero es una bestia. Una bestia sin control. Los porteros ovetenses que comparten entrenos con Lángara dicen que nunca antes les había dolido tanto las manos al parar un balón. En su primer partido marcó dos goles. Y en el segundo también. Y así día tras día. Las crónicas cuentan todas lo mismo. Lángara pasó inadvertido hasta que…gol de falta, gol desde fuera del área, gol tras centro, gol tras saque de esquina, gol de penalti. Lángara era Gerd Müller, Hugo Sánchez y Van Nistelrooy. No hacía nada. Salvo lo más importante.

Para 1932 el Real Oviedo, que gracias a la República ahora era simplemente Oviedo, seguía en Segunda, pero eso no fue impedimento para que Lángara fuese convocado por la selección española. Fue un amistoso contra Yugoslavia. Por supuesto marcó. Con el hombro, en un barullo en un área embarrada por culpa de la lluvia. En 1933 ya estaba con los carballones en Primera. El primer año acabó ‘Pichichi’ con 27 goles en 18 partidos. Repitió galardón las dos temporadas siguientes. Fueron los años de la ‘delantera eléctrica’ formada por Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín, que llevarían al Oviedo a la tercera posición liguera en 1935 y 1936. Lo nunca visto.

Antes, en 1934, Isidro Lángara viajó a Italia con la intención de proclamarse campeón del mundo. Lo haría como delantero centro titular y estrella de una selección española formidable. El estatus de intocable se lo había ganado en la fase de clasificación anotando cinco de los nueve tantos que España le endosó a Portugal en Chamartín. En Lisboa, la victoria rojigualda fue más ajustada (1-2), pero ambos tantos fueron anotados por el mismo martillo pilón de siempre.

España le dio un meneo a Brasil en octavos (3-1) del Mundial con dos zarpazos de Lángara. Algún periodista extranjero acertó en apodarle ‘Tanque’. Años más tarde será ‘Vasco’. Pero aún estamos en 1934. En cuartos toca Italia. En Florencia. Los anfitriones con el brazo derecho en alto. Vencer o morir, les había dicho el ‘Duce’. La batalla acabó en empate. Y digo batalla porque hasta siete españoles acabaron lesionados y no pudieron jugar el partido de desempate programado para el día siguiente. Lángara fue uno de ellos. Sin Lángara en la delantera y sin Zamora en la portería, Italia venció a España (1-0) otra vez con polémica arbitral (se le anularon los dos goles válidos a España) y se clasificó para semifinales. Baert y Marcet, colegiados de ambos encuentros, nunca más volvieron a dirigir un partido internacional.

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‘El Tanque’

Y aun así y con todo, Lángara formó parte del once ideal de aquel Mundial junto a Zamora y Quincoces. Isidro Lángara, aquel chico de Pasajes, ya era una estrella internacional. Al año siguiente España viajó hasta Colonia para disputar un partido amistoso contra Alemania. En una época en la que los partidos internacionales eran poco más que tres o cuatro al año, un encuentro era amistoso, pero nunca amigable. Las imágenes que nos han llegado son las de un estadio enfervorecido con 80.000 banderolas nazis en el aire, alemanes con mentón al cielo y brazo en alto y unos españoles quietos, con cabeza gacha y brazos pegados al cuerpo. Noble imagen que contrastará con la de los futbolistas ingleses que, tres años más tarde, jugarán un amistoso en tierras teutonas brazo en alto para regocijo y orgullo de Adolf Hitler.

El caso es que España venció por 1-2 con un par de goles de, quien, si no, Isidro Lángara, pero el camarógrafo alemán no quiso dejarnos ese recuerdo para la posteridad. Los goles españoles fueron omitidos de la historia.

Lángara, héroe de España frente a la Alemania nazi | Real Oviedo - Web  Oficial
Nazis vs republicanos

Hay quien quiso ver en esta victoria tintes políticos. Y los hubo, por supuesto. Pero Lángara estaba a otras cosas. Derrotó con sus goles a la Alemania nazi y estuvo a punto de tirar al traste con los sueños mundialistas de la Italia fascista. Pero lo de nazi y lo de fascista, como lo de la España republicana, eran adjetivos pasajeros. Las selecciones de fútbol son estructurales. Los regímenes políticos son coyunturales.

Pero las pasiones no entienden de razón y, tras salir victorioso ante los alemanes, Isidro Lángara fue considerado un héroe izquierdista. Lo curioso es que apenas un año antes lo habían tildado de fascista. 

En octubre de 1934 se decretó una huelga insurreccional en buena parte de España, con gran éxito en la naval Ferrol, en toda Cataluña y, especialmente, en la cuenca minera asturiana. Aquella huelga acabaría convirtiéndose en un golpe de Estado encubierto promovido por la UGT, la CNT y los independentistas catalanes que obligará a la República a hacer uso del ejército para mantener el orden constitucional vigente. En Asturias el encargado de sofocar la rebelión será el general Franco, quien lo hará con mano de hierro y dejando tras de sí cerca de 2.000 muertos. Entre sus soldados cuenta con un joven al que la revuelta le ha cogido prestando el servicio militar.

Se trata de Isidro Lángara.

Lángara aparecerá días después entrevistado en el diario ‘AS’ con uniforme militar y contando el día a día de un futbolista que acude diariamente al cuartel para cumplir con sus obligaciones con la Patria. Lángara no pegó ni un tiro en Asturias. Estaba allí, cumplió con lo que le mandaron y no se metió en ningún lio. Pero aquella entrevista estuvo a punto de costarle la vida.

Real Oviedo: Los que vieron a Lángara, la leyenda
Lángara; fusil en mano

Cuando el 18 de julio de 1936 gran parte del ejército se rebele y ejecute un golpe de Estado contra la República, Isidro Lángara se encontraba disfrutando de sus vacaciones en Andoain, un pueblecito al sur de Guipúzcoa. En el País Vasco el golpe no tendrá éxito y se mantendrá la legalidad republicana. Pronto se corre la voz de que unos milicianos se dirigen a casa de Lángara para apresarlo, acusado de haber combatido contra los mineros en la Revolución de 1934. No se libra de la detención, pero sí de la ejecución, gracias al aval de dos chicos asturianos que afirmaron que Lángara era un soldado de reemplazo que tan sólo cumplía órdenes.

Pero el peligro seguía acechándole. De inmediato fue movilizado por el ejército republicano, pero con la ayuda de Eduardo Iturralde (árbitro y abuelo del también colegiado Iturralde González) fingió su arresto y ejecución. Le dieron por fusilado junto a otras 200 personas por fascista, mientras escapaba a Irún para cruzar a pie la frontera hasta Hendaya y de ahí coger un tren rumbo a París.

Aquel 18 de julio de 1936, cuando el general Francisco Franco tome un vuelo desde Las Palmas a Tetuán, la vida de 25 millones de españoles cambiará para siempre. También para Isidro Lángara, un delantero de fama mundial de tan sólo 24 años que tardará más de una década en volver a casa.

Pero esa será otra historia.

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