El día que Contador resucitó
Para la edición de la Vuelta de España en 2012 la organización decidió que la meta en Madrid fuese el punto más meridional del recorrido. Tocaba dar un paseo de 21 días por las montañas del norte de España, confirmando un regreso al País Vasco que se había certificado en el año anterior. La salida tendría lugar en Pamplona, a donde acudió Miguel Induráin. El mito comentó que con semejante recorrido no hubiese tenido opción alguna de lograr la victoria. Se trataba de una edición pensada por y para los escaladores.
En ese verano de 2012 España estaba sumida en una profunda depresión. Crisis económica insondable, tasas de paro astronómicas y una retahíla de casos de corrupción que salpicaban el día a día y enervaban a la gente que salía a la calle. Pueblo que salía a manifestarse ante la carga de medidas de austeridad que preparaba el gabinete ministerial.
El favorito al triunfo era el británico Chris Froome, vigente vencedor de la Vuelta y que en el mes de julio había acabado segundo en el Tour de Francia. Las alternativas eran los españoles Alejandro Valverde (vencedor en 2009) y Joaquim Purito Rodríguez (subcampeón del Giro de Italia de ese año). Una incógnita era lo que podría ofrecer Alberto Contador. Al madrileño lo habían desposeído de sus victorias en el Tour de 2010 y del Giro de 2011 por un positivo en clembuterol. Aquella sanción por dopaje se había confirmado por una ínfima tasa de 0,00000000005 gramos/ml por encima de la permitida. La Vuelta de 2012 era su primera carrera de tres semanas tras volver al ruedo y aspiraba a conseguir una corona que se había ceñido en 2008.
Ya en la tercera etapa, con subida al Alto de Arrate, el cuarteto demostró su superioridad con un acelerón final que le dio la victoria parcial y el liderato de la prueba a Valverde. Purito Rodríguez le robaría el maillot rojo en la siguiente etapa y distintos picotazos entre los gallos confirmarían su superioridad sobre el resto de corredores durante la primera semana de la prueba.
Tras la jornada de asueto tocaba contrarreloj de 40 kilómetros en Pontevedra. Purito Rodríguez había perdido el Giro de esa primavera por culpa de una contrarreloj en el último día. No iba a ser así en tierras gallegas. La inclusión de una tachuela de tercera categoría en mitad del recorrido permitió a Purito salvar los muebles y mantener el maillot rojo de líder por únicamente un segundo sobre Alberto Contador.

Encaró la Vuelta una segunda semana de aúpa con tres jornadas montañosas. Tres finales de etapa; desde el explosivo Mirador del Ézaro, al consistente Alto de los Ancares y para finalizar el mágico y místico final en los Lagos de Covadonga. Un Contador frustrado lo intentaba por activa y por pasiva, pero era incapaz de doblegar a Purito, quién incluso aumentaba la renta en un puñado de segundos gracias a las bonificaciones. Tan sólo el británico Chris Froome sería víctima de este encadenado montañoso al perder una buena renta en Covadonga, dejando la lucha por la general definitivamente entre Rodríguez, Contador y Valverde.
Tocó luego la etapa reina. San Lorenzo, Cobertoria y final en el Cuitu Negru, con rampas de hasta el 24%. Contador puso a su equipo a tirar a destajo. A falta de seis kilómetros para la cima soltó un poderoso ataque. Valverde se desfondó, pero Purito resistió como pudo e incluso atacó a falta de 200 metros para lograr la victoria de etapa. Tocaba el segundo día de descanso. Purito Rodríguez era sólido líder con 28 segundos sobre Contador, mientras que Valverde estaba a más de dos minutos y Froome andaba en los cuatro y medio de retraso.
Purito Rodríguez había gobernado la Vuelta a España de 2012 hasta bien entrada la tercera semana con insultante autoridad, con piernas de hierro. Tanto era así, que Purito incluso osó invadir el terreno de Alberto en la conquista de la ronda española, el de los puertos largos, coto que parecía exclusivamente reservado al madrileño.
A pesar de la corta ventaja se entendía que la Vuelta estaba resuelta. La última semana era descafeinada. Tan sólo inquietaba la penúltima jornada con subida a Navacerrada y a la llamada Bola del Mundo, una descomunal rampa final en la que el asfalto deja de existir. Era un final explosivo que le iba como anillo al dedo a Purito tal y como había demostrado en varias etapas de esa Vuelta. La visión de carrera del catalán era clara y aguda y sabía exactamente donde dar rienda suelta a su explosividad para superar a Contador en los metros finales.
La etapa siguiente al día de descanso tenía que ser la de una suave vuelta al trabajo. Se salía de Santander y tras 177 kilómetros se llegaba a un final en alto en Fuente Dé, a los pies de los Picos de Europa. No obstante, se trataba de un puerto cántabro de segunda categoría con apenas un 4% de desnivel, cifra insignificante para un ciclista profesional.
Ocurrió que, a 50 kilómetros de meta, en Collada de la Hoz, otro puerto de segunda categoría, Alberto Contador atacó.
Contador decidió organizar una revolución espontánea y olvidarse del ciclismo de pinganillos. Contaba con tres compañeros por delante fruto de una escapada y decidió jugarse el todo por el todo. Al paso por la cima de Collada de la Hoz había abierto un hueco de 18 segundos sobre el grupo principal donde marchaba el líder. Purito no supo muy bien cómo reaccionar. El catalán llegó a estar a 200 metros de distancia del madrileño antes de coronar la cima, pero su equipo decidió ser cauto y no arriesgarse a una caída en la peligrosa bajada del puerto. A fin de cuentas, quedaba un mundo para la línea de meta.
En el descenso Contador ya era el líder provisional de la carrera ayudado por sus compañeros de equipo a los que ya le había dado caza. En el valle sus gregarios pusieron un ritmo infernal y luego Paolo Tiralongo, ex compañero de Contador años atrás, simplemente hizo de amigo al recordar como en el pasado Contador le había regalado una victoria de etapa en el Giro de Italia.
A 13 kilómetros de meta Contador se quedó solo. La ventaja era de dos minutos. Purito Rodríguez, con un equipo mediocre, solicitaba ayuda a Valverde y al Movistar, escuadra donde militaba el murciano. Valverde se pegó a rueda de Purito y calló la boca. Él iba tercero. No tenía ningún liderato que defender. Purito jamás se lo perdonaría y eso le costará una medalla de oro a España en un Mundial de ciclismo.
Pero esa es otra historia.
Valverde atacó entonces a un Purito que era incapaz de pedalear entre cansado y frustrado. Agotado por la caminata también estaba Contador, quién al sobrepasar la pancarta del último kilómetro tan sólo mantenía 15 segundos de distancia sobre Valverde. Con todo, tuvo suficiente gas para lograr la victoria por únicamente seis segundos de ventaja. Cuando cruzó la meta no hizo su característico gesto de pistolero, sino que soltó un rugido ininteligible que condesaba los dos años de frustración que había acumulado por su sanción por dopaje.
Purito Rodríguez, mudo de cabeza y psicológicamente muerto, se dejaba más de dos minutos y perdía la Vuelta a España de 2012.
La clasificación general se mantuvo inalterable tras el paso por la Bola del Mundo. La victoria fue para Alberto Contador y aquella edición de la Vuelta a España fue un éxito. Triplicó en número de televidentes a la edición del anterior año y fue la más vista desde 2004. Hay quien considera que fue una de las mejores junto a la pelea en las cumbres de Fuente y Ocaña de 1974 y la de 1983, cuando Bernard Hinault se rebeló contra la inesperada resistencia española.
Aquel ataque a 50 kilómetros de final en un puerto de segunda categoría definiría como Contador sería recordado en el santoral del ciclismo. Hasta su sanción por dopaje, Alberto Contador era un ciclista frío y calculador que esperaba a los últimos metros de la ascensión final para asestar un golpe demoledor con una altísima cadencia de pedaleo. Así cimentó sus victorias en el Tour de Francia. Pero fue tras cumplir su sanción por clembuterol cuando Contador pasó a ser un ciclista ofensivo. Todo comenzó en Fuente Dé, pero luego vendría una cabalgada a pie del Mortirolo, un ataque loco en el Angliru, otro asalto imposible en Formigal y unas cuentas caídas en el Tour por arriesgar más de la cuenta. Ese, el Contador que ya no era dominante pero que era ofensivo, sería el ciclista que quedaría para el recuerdo por mucho que atesore un brillante palmarés. Corredor suicida que siempre lo intenta y que hace honor al mito del ciclismo romántico.

Otras historias de la Vuelta a España del siglo XXI
Alberto Contador (una nota sobre la retirada de Contador)
¿Por qué Rusia sí e Israel no? (Palestina, política y ciclismo en la Vuelta de 2025)
El nacimiento del Angliru (el pistoletazo de salida a la cima que define a la Vuelta del siglo XXI)












