Vamos con una serie de datos. Máximo goleador de todos los tiempos del Dinamo de Kiev, de la selección de la Unión Soviética y máximo goleador en la historia de la liga soviética. Futbolista con más partidos jugados con el Dinamo de Kiev y el único en superar la centena de internacionalidades con la URSS. Fue futbolista ucraniano del año nueve veces (récord) y soviético en tres ocasiones (también récord). Logró ocho ligas, cinco copas y venció en dos Recopas.
Su nombre es Oleg Vladimirovich Blokhin u Oleh Volodymyrovych Blokhin.
Y tiene un Balón de Oro.
El Balón de Oro de Oleg Blokhin es de los más polémicos conocidos. Fue en 1975. No estaba en el guion. En el guion de nadie. En los inicios de los 70 el tema era cosa de dos. Un terco holandés de nombre Johan Cruyff y un no menos testarudo alemán de nombre Franz Beckenbauer. Cruyff ganó tres pelotitas doradas entre 1971, 1973 y 1974. Beckenbauer logró dos esferas áureas en 1972 y 1976. En el 74 Beckenbauer logró el Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Cruyff y en el 76 fue Cruyff el que fue Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Beckenbauer. El Káiser ya había sido Balón de Bronce en 1966 tras despuntar jovencísimo en el Mundial de Inglaterra. Y aún hay más. Beckenbauer fue en cuatro ocasiones cuarto clasificado en la votación del Balón de Oro. Johan Cruyff fue medalla de chocolate en dos ocasiones.
Así pues, para 1975 estaba claro que el vencedor tendría que ser uno de los dos. Beckenbauer volvió a liderar al FC Bayern en la consecución de la Copa de Europa al derrotar al Leeds United. Cruyff, tras lograr el año anterior la primera liga del FC Barcelona en una década, había llevado al Barça hasta semifinales de la Copa de Europa, donde caerían ante los citados ingleses. Visto lo visto, y tras el triunfo de Cruyff en 1974 a pesar de caer Países Bajos en la final del Mundial ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, todo parecía indicar que el Káiser lograría alzarse con el trofeo.
Y así fue hasta que llegó la Supercopa de 1975 a disputarse a doble partido en el mes de septiembre, antes del inicio de la siguiente temporada. Hace ahora medio siglo de ello. Se enfrentaba el FC Bayern de Beckenbauer, vigente campeón de la Copa de Europa, y el Dinamo de Kiev, vigente vencedor de la Recopa de Europa. Los ucranianos habían machacado al Ferencvaros (3-0) en una plácida final tras derrotar antes al PSV o al Eintracht de Frankfurt. En aquel equipo destacaba un enorme portero llamado Eugeny Rudakov y un extremo zurdo que obedecía al responder como Oleg Blokhin.
Jugaban como los ángeles.
Blokhin
Justo doce meses antes de lograr el triunfo en la Recopa accedió al cargo de entrenador un ex lateral izquierdo del club llamado Valeri Lobanovsky. Su idea era simple; la suma de todas las partes alcanzará un objetivo colectivo. La nutrición, el estudio del cuerpo humano, los entrenamientos específicos y el trabajo de pretemporada se convertirán en habituales en el Dinamo. Aquella final ante el Ferencvaros vio todo aquel trabajo reflejado en el campo. Presión desde el primer minuto, espacios cerrados al perder el balón para limitar el ataque del rival e intercambio de posiciones al atacar.
El sistema era muy parecido al de Rinus Michels, Cruyff y la famosa Naranja Mecánica, pero el modelo artístico-futbolístico soviético de Lobanovsky tenía una notable diferencia. En el mundo occidental se premiaba y fomentaba el desarrollo personal, por lo que Johan Cruyff era una estrella que brillaba por encima del colectivo. Dentro del grupo a Cruyff se le permitía ser verso libre. En el modelo comunista el engranaje perfecto no daba lugar al centello del individuo, por lo que Oleg Blokhin no podía ser más que ninguno de sus compañeros.
Aquel año Blokhin había anotado 23 goles en 36 partidos partiendo desde la banda. De las asistencias no tenemos datos porque entonces no se recogían. Era implacable, potente y tenía la habilidad de disparar fuerte y ajustado con ambas piernas. Podía jugar en ambas bandas con igual destreza y poseía un cambio de ritmo endiablado que le permitía romper hacia adentro y asociarse con sus compañeros o salir por fuera y enviar centros medidos. También lanzaba faltas y lo hacía a las mil maravillas. Era brillante, pero debía asumir el libreto. Dos años antes había destacado en un encuentro europeo ante el Madrid, aquel donde García Remón se ganó el apodo de gato de Odessa tras detener mil y un disparos de Blokhin. Bernabéu trató en vano de acometer su fichaje para paliar la retirada de Gento, pero fue un imposible ante la rigidez y las normas de la Unión Soviética. El caso es que Blokhin ha hecho una temporada notable al ganar la liga soviética y la Recopa, pero es imposible que adelantase a Beckenbauer o a Cruyff en el trono del Balón de Oro.
Hasta que llega la Supercopa.
La ida se juega en el Olímpico muniqués. Es un partido de poder a poder. Hasta que llega el minuto veinte de la segunda parte. El Bayern pierde el balón y el Dinamo recupera en la frontal de su propia área. El balón le llega a Blokhin que comienza una galopada por el lado izquierdo del ataque hasta adentrarse en el área alemana. Coge el balón en su propio campo y al pasar del círculo central deja a un lado a Beckenbauer, quien es incapaz de seguir el ritmo. Con un cambio de compás escupe el acercamiento de Durnberger y frena en seco para encarar el área alemana. Entrando por el lado izquierdo, Oleg ingresa en el rectángulo donde hay cinco futbolistas muniqueses. Encara como torero al toro y con un simple regate se deshace de Durnberger que recula, de Horsmann, y luego deja patidifuso a Beckenbauer quien espera que saliera de izquierdas y nunca de derechas. Inmediatamente se le acerca Schwarzenbeck para cortarle con una patada, pero, con un cambio de ritmo, Blokhin lo deja atrás y fusila sin miramientos ante la salida de Sepp Maier.
Aquel gol dio la vuelta al mundo. Concretamente dio la vuelta a Europa Occidental. Durante los siguientes días en el futbol capitalista, el de este lado del Muro, sólo se hablaba de aquella flecha ucraniana. Lobanovsky supo captar el momento. El técnico podía simpatizar con la lucha de clases o con el poder del pueblo. Pero Lobanovsky era, ante todo, ucraniano. Sabía que el éxito de Blokhin era un éxito de Ucrania. Y eso era algo que en Moscú no gustaba. Así que no lo dudo ni un segundo. En el partido de vuelta iba a darle total libertad a Blokhin. Y la consigna era clara. Blokhin no tendría que desgastarse en defensa y sus compañeros lo buscarían una y otra vez en ataque. Además, Oleg podría deambular por cualquier lugar de la línea de ataque. El éxito de Blokhin era el éxito del Dinamo. Y el éxito del Dinamo era el éxito de Ucrania.
En el partido de vuelta el Dinamo de Kiev aplastó al FC Bayern de Maier, Beckenbauer, Rummenigge y Gerd Müller. Fue un monólogo ucraniano en donde Oleg Blokhin completó el mejor partido de su brillante carrera. Para muchos analistas fue una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan coronadas por dos goles que le dieron la victoria (2-0) y el titulo al conjunto de la capital ucraniana. Schwarzenbeck, el duro acompañante de Beckenbauer tanto en el Bayern como en la selección alemana, diría que sólo Cruyff le había hecho sufrir tanto en un partido como Blokhin.
Cuando en diciembre de ese año la revista France Football desveló el ganador del Balón de Oro el vencedor resultó ser Oleg Blokhin. Obtuvo 122 puntos, superando en la votación a Franz Beckenbauer (Balón de Plata con 42 puntos) y a Johan Cruyff (Balón de Bronce con 27 puntos). Por primera vez un jugador superaba la barrera de los 120 puntos en la votación final. Un total de 20 periodistas le otorgaron su total confianza (es decir los 5 puntos que le podían otorgar al primer jugador que eligiesen), algo inédito para un futbolista en los veinte años que contaba por entonces el trofeo. Y Blokhin era joven, insultantemente joven, dado que apenas contaba con 22 años.
Balón de Oro
La flecha ucraniana (podía correr los 100 metros en 11 segundos) estuvo ligado al Dinamo de Kiev toda su carrera y aun ganaría otra Recopa en 1986, en este caso junto a Igor Belanov. El Real Madrid trató de ficharlo una vez más. Sería en 1981 con intercesión de Ramón Mendoza, directivo blanco y empresario con contactos en la Unión Soviética, pero volvió a pinchar en hueso. Blokhin, ya muy aquejado de problemas en las rodillas, solo pudo irse a la modesta liga austriaca ya con 36 años.
Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro de 1975 gracias a sus dos colosales actuaciones en la Supercopa de 1975. El año anterior había sido decimonoveno y al año siguiente será vigésimo. En 1981, el año que el Madrid volvería a intentar su fichaje, acabó quinto en las votaciones. Y ya está. Nunca pudo ni acercarse a aquella fantástica exhibición de 1975.
Ni el Bayern ni el Borussia Mönchengladbach estuvieron presentes en la primera edición de la Bundesliga, allá por la temporada 1963-64. Ambos ascendieron y en los siguientes quince años se convirtieron en hegemónicos. Es cierto que Beckenbauer y compañía lograron un triplete en la Copa de Europa, sin embargo, sumaron tan solo tres ligas entre 1969 y 1977. Mientras, el Gladbach firmó cinco títulos domésticos amén de triunfos en la Copa de la UEFA. Aquel Gladbach se apagó a mediados de la década de 1980 dejando que el Bayern se convirtiese en amo y señor de Alemania, pero entonces, a inicios de 1970, el Gladbach era tan grande como el ogro de Baviera. Si el Bayern tenía a Maier el Gladbach contaba con Vogts. Si el Bayern tenía a Gerd Müller el Gladbach contaba con Heynckes. Y si el Bayern tenía a Beckenbauer…el Gladbach contaba con Netzer.
Günter Netzer había nacido en Mönchengladbach en 1944, en plena II Guerra Mundial. Sería pronto un niño prodigio que regateaba entre escombros y disparaba con fuerza contra muros a medio derrumbar. A los ocho años ya formaba parte del equipo de su ciudad y en 1963, con 19 primaveras, debuta en el primer equipo del Gladbach. No tardó mucho tiempo en adueñarse del número 10. Era un enganche clarividente, capaz de jugar con las dos piernas y que sumaba a su preciosa técnica un físico portentoso. Añadía una característica más este rubio de ojos azules de 180 centímetros de altura. Tenía un pie grande. Calzaba un 47 que lo agigantaba más cada vez que gobernaba el centro del campo.
Y con todo, con ser un centrocampista fuera de serie (Balón de Plata de 1972 tras exhibirse con Alemania en la Eurocopa de 1972, en la que quizás fue la única vez en la que los teutones ganaron un título a lomos de un juego preciosista), a Netzer le llovieron palos y más palos a lo largo de su carrera. Tenía una personalidad arrolladora que lucía con una larga y frondosa cabellera de valkiria. Aún hoy, rebasados los ochenta, Netzer sigue tirando de rubio y de sonrisa sin arrugas fruto de las varias operaciones de estética a las que se ha sometido. Su vida discurrió entre la excelencia sobre el césped y su amor por las mujeres y los coches deportivos más allá del rectángulo del juego. Acusado de solitario e individualista, esas fueron las críticas más leves que tendría que escuchar en su trayectoria.
Con todo, Mönchengladbach era su refugio. Ciudad modesta, de poco más de 200.000 habitantes, donde todos se imaginaban en que garito se ocultaba, pero nadie lo criticaba. Fueron diez años de éxitos luchando a cara de perro frente al Bayern y llevando el nombre de esa población renana por toda Europa. No obstante, tras ganar dos ligas consecutivas y campeonar con Alemania en 1972, Netzer estaba decidido a dar un nuevo paso en su vida. Iba camino de los 30 años y era consciente de que se merecía un gran contrato.
Günter Netzer
En España no se había permitido el fichaje de extranjeros en una década. Para 1973 se decide liberar el mercado. La niña de los ojos es Johan Cruyff. Ya hablamos en su día en este blog de que el Madrid llegó a tener un acuerdo con el Ajax, pero Johan a donde quería ir era a orillas del Mediterráneo. El caso es que el Barça apostará por los holandeses y el Madrid le echará el lazo a los teutones. Breitner, Stielike, Schüster, Illgner, Özil, Khedira o Kroos jugarán de blanco en el futuro. El primero de todos ellos sería el rubio de pelo largo. Günter Netzer.
A finales de la primavera de 1973 Netzer y el Real Madrid llegan a un pacto para firmar un contrato para las siguientes tres temporadas. La prensa se hará eco del acuerdo apenas tres días antes de la final de la Copa de Alemania que enfrenta al Gladbach frente al FC Colonia en Dusseldorf en la que, además de una final con título en juego, es un derbi regional. El derbi del Rin.
Netzer es suplente. Lesión en el tobillo, dice el parte oficial. Es mentira. Hennes Weisweiler, el arquitecto de aquellos jóvenes potros, el hombre que había cogido a Netzer y compañía siendo adolescentes hasta llevarlos a la gloria, se siente traicionado. Discute fuertemente con Günter y decide relegarlo a la suplencia en el que iba a ser su último partido. Su relación ya llevaba tiempo deteriorada y aquello había sido la gota que colmó el vaso.
Al parecer el hombre de los pases imposibles y el metódico técnico tuvieron una conversación en el paseo previo al inicio del encuentro. Saliendo del hotel, antes de ir a comer, Weisweiler le comunica que no jugará. Netzer responde airadamente y le dice que se lamentará de tomar tal decisión. Se dice que Weisweiler recula y echa la culpa a la directiva. Es cosa de ellos, no mía. A Netzer ya le da igual. Le importa un bledo de donde venga la orden. Se marcha cabreado de vuelta al hotel.
El partido se marchó al término de la primera parte con un 1-1 en el marcador. Primero se adelantó el Mönchengladbach con un gol de Wimmer y más tarde empató el FC Colonia gracias a Neumann. Curiosamente el Colonia contaba con otro maravilloso 10, Wolfgang Overath. Para el Mundial de 1974 el zurdo Overath, quien tenía excelente relación con el núcleo fuerte del Bayern, sería titular mientras el siempre protestón Netzer vería la final desde el banquillo. El caso es que con 1-1 Jupp Heynckes desperdicia un penalti en el minuto 58. El resultado no tiene variación alguna.
Habrá prórroga.
Netzer
“¡Netzer, Netzer, Netzer!”, bramaba la afición del Borussia Mönchengladbach en el estadio del Düsseldorf esa tarde soleada de 1973 en la que su equipo se medía en la final de la Copa alemana frente al Colonia. Estaban en la prórroga y nadie entendía que no jugara la estrella.
En ese momento se acercó el joven Christian Kulik quien había jugado todo el partido al límite de sus posibilidades y resoplaba como potro tras una carrera. Netzer le acercó una botella de agua. Kulik apenas podía tenerse en pie. Weisweiler ni se inmutó. Iba a comenzar la primera mitad del tiempo extra.
No habían pasado ni diez segundos cuando Netzer se levanta del banquillo y se quita la chaqueta del chándal. Hace un gesto con la mirada a Kulik y luego se gira para hablar con Weisweiler.
“Voy a jugar”, le suelta al técnico. Weisweiler no mueve ni una pestaña.
Acto seguido Netzer habla con el delegado de campo y solicita el cambio.
Netzer había decidido jugar esa prórroga y nadie se lo iba a impedir.
Tres minutos más tarde, Günter juega una pared con Bonhof, una de las tantas que en más de 200 partidos se le han visto a esa pareja. Y es entonces cuando Netzer se convierte en eterno. Un zurriagazo con la zurda se cuela por la escuadra tras avanzar como elefante en una cacharrería en medio de la defensa rival. Es el 2-1. El gol de la victoria. Un gol que entró como un cohete por toda la escuadra, en una de esas cosas que pasan una sola vez en la vida.
Netzer ha logrado la victoria. Él ha decidido cuándo y cómo jugar. Los años setenta son eternos por los rebeldes. Günter Netzer está en el trono del Olimpo de los rebeldes.
En el Real Madrid ganará dos ligas y dos copas y se convertirá en leyenda tanto por su futbol como por su ropa y sus peinados junto al también alemán y también rebelde Paul Breitner. Tras su suplencia en el Mundial de 1974, Netzer decidirá retirarse de la selección fiel a su indómito estilo y colgará las botas en 1977 antes de cumplir los 33.
Netzer ganó Mundial, Eurocopa, y ligas y copas tanto en Alemania como en España, pero no tuvo día de mayor gloria que en aquella prórroga jugada una tarde de junio de 1973 en Düsseldorf.
“Puedo ser impredecible y también rebelde, pero desafortunadamente no puedo ser sustituido”. Günter Netzer.
En la primera parte del presente artículo indagué sobre cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Liga. Irremediablemente el resultado final tenía que darse entre FC Barcelona y Real Madrid. Los éxitos de estos dos colosos hacen sombra al de equipos más modestos que también tuvieron días de vino y rosas. En esta segunda parte me he propuesto buscar la mejor temporada de los mejores equipos del fútbol español.
He seleccionado a los 20 mejores equipos según la tabla clasificatoria histórica de la Liga. El sistema será el mismo que el propuesto anteriormente con una notable salvedad. Se premiará a aquellos que se hayan proclamado campeones ligueros independientemente del % de puntos logrados. De esta manera el RC Deportivo campeón en el año 2000 con el 58’4% de los puntos está mejor valorado que el 60’1% de puntos logrados por el RCD Mallorca de la campaña 2000/01, que apenas pudo quedar en tercera posición.
Del mismo modo se ha premiado un mejor puesto clasificatorio que un mayor % de puntos. Así pues, se ha valorado el 66’1% de puntos del RCD Espanyol de la campaña 1972/73 que le valió la tercera posición en detrimento de una mayor puntuación en el curso 1995/96 que, sin embargo, únicamente les sirvió para clasificarse en cuarto lugar.
Por último, es interesante señalar que al optar por hacer una clasificación de 20 equipos (número tradicional de escuadras en España desde hace cuatro décadas) se han descartado otras campañas meritorias de equipos más modestos. Por significativa y por reciente señalemos como más importante la del Girona FC, que en la temporada 2023/24 sumó un 71% de los puntos en juego para finalizar en una majestuosa tercera posición con un average de +39.
Vamos pues con las mejores temporadas de los veinte equipos más representativos en los cerca de cien años de Liga española:
20 Real Zaragoza (1974/75) 3º puesto (+11 average) 55’8%: El Real Zaragoza cuenta con dos épocas doradas. En la década de los 60 el equipo de los llamados magníficos liderado por el gallego Marcelino logró ganar dos veces la Copa y triunfar en Europa. Tres décadas más tarde los Belsué, Aragón, Esnáider y compañía bajo dirección de Víctor Fernández repitieron hazaña. No obstante, ninguno de esos equipos logró superar la tercera plaza en Liga. La única vez que los zaragozanos consiguieron el subcampeonato fue en la temporada 1974/75. Era la época de los Zaraguayos cuando en el equipo destacaban Lobo Diarte, Cacho Blanco o Nino Arrúa, el excepcional mediapunta paraguayo, y el capitán José Luis Violeta, el único superviviente de la era dorada. El Real Zaragoza hizo una lamentable campaña a domicilio donde únicamente fue capaz de ganar en dos encuentros, sin embargo, se mantuvo invicto en La Romareda donde destacó la histórica victoria por 6-1 ante el Real Madrid, a la postre campeón liguero. Once ideal: Irazusta; Rico, González, Ovejero, Blanco; Violeta, Nino Arrúa, Planas II, García Castany; Lobo Diarte y Rubial. Entrenador: Luis Cid Carriega.
Los Zaraguayos
19 Real Valladolid(1988/89) 6º puesto (-2 average) 56’5%: Los pucelanos tuvieron en la década de 1980 la mejor época de su historia. Inauguraron estadio aprovechando que España organizó el Mundial de 1982 y lograron en 1984 la hoy desaparecida Copa de la Liga. Asentados en Primera, contrataron un par de temporadas más tarde al chileno Vicente Cantatore como entrenador, firmaron al malagueño Fernando Hierro y sacaron de la cantera a un par de buenos jugadores. Con esos mimbres en la temporada 1988/89 el Real Valladolid logró su mejor clasificación liguera al quedar en sexta posición y además jugar una histórica final de Copa que acabó perdiendo ante el Real Madrid de la Quinta del Buitre. Los pucelanos basaron su éxito en un fútbol defensivo que les reportó un total de catorce victorias por 1-0 (siete en casa y siete a domicilio). Su fútbol raquítico no fue óbice para ser recordado en Valladolid pasados cerca de cuarenta años. Once ideal: Ravnic; Lemos, Albesa, Gonzalo, Patri; Albis, Fernando Hierro, Peña, Minguela; Jankovic y Fonseca. Entrenador: Vicente Cantatore.
El Valladolid de Hierro
18 CA Osasuna (2005/06) 4º puesto (+9 average) 59’6%: Bajo la batuta del mexicano Javier Aguirre en la temporada anterior el CA Osasuna había alcanzado por vez primera en su larga historia una final de la Copa del Rey. Aquel equipo, asentado en Primera, tuvo en la temporada 2005/06 una campaña excepcional en la que combinó de igual forma las victorias en casa como a domicilio. Quedó en cuarta posición y consiguió vencer en 21 partidos, uno más que el Real Madrid, el cual acabó como subcampeón liguero. A pesar de perder a Pablo García y a Aloisi en el verano anterior, al cabo de diez jornadas el Osasuna marchaba líder del campeonato, marcha que no pudo mantener, aunque logró una histórica clasificación para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Ricardo; Javier Flaño, Josetxo, Carlos Cuéllar, Corrales; Puñal, David López; Delporte, Raúl García, Webó; Milosevic. Entrenador: Javier Aguirre.
Javier Aguirre
17 RC Celta (1947/48) 4º puesto (+11 average) 59’6%: Entre los doce equipos que más temporadas han militado en Primera el único conjunto que jamás ha quedado entre los tres primeros clasificados es el RC Celta. Los vigueses vivieron sus mejores años entre la última década del siglo pasado y la primera del actual sumando dos finales perdidas de Copa del Rey. Liderados por el ruso Aleksander Mostovoi, el RC Celta logró acabar cuarto y clasificarse para la Copa de Europa en la temporada 2002/03. Sin embargo, su mejor campaña histórica tuvo lugar en la temporada 1947/48 donde también acabaron cuartos, pero con mejor diferencia de goles y además se logró el subcampeonato de Copa. El Celta inició el campeonato como líder durante las seis primeras jornadas con una fortaleza inaudita en Balaídos donde tan sólo cedió un empate. Se venció al Athletic (5-1), Gimnástic (5-0), Real Madrid (4-1) y al FC Barcelona, a la postre campeón, por 3-2. El gallego Pahíño fue el Pichichi con 23 tantos, lo que valió ser fichado por el Madrid al verano siguiente junto al mediocentro Miguel Muñoz, con el tiempo leyenda en el Paseo de la Castellana. Once ideal: Simón; Alonso, Gaitos, Mesa; Miguel Muñoz, Yayo; Vázquez, Zubeldia, Pahiño, Retamar y Hermidita. Entrenador: Ricardo Zamora.
Pahiño
16 RCD Mallorca (2000/01) 3º puesto (+ 18 average) 60’1%: Tras llegar sorprendentemente a la final de la Recopa en 1999 con Héctor Cúper a los mandos, todos esperaban que el RCD Mallorca volviese a su tradicional perfil bajo, Sin embargo, tomará las riendas del equipo Luis Aragonés para mejorar año a año los límites bermellones. Su temporada 2000/01 fue de menos a más, llegando incluso al último puesto en las primeras jornadas. Su remontada se basó en su fortaleza en casa donde tan sólo perdió un encuentro, aunque también logró una prestigiosa victoria en el Santiago Bernabéu (0-2). El laurel de aquel Mallorca se basó en la gran sintonía de profesor-alumno y de padre-hijo al mismo tiempo entre Aragonés y el camerunés Samuel Eto’o. El veterano Miguel Ángel Nadal y el fantasista Ariel Ibagaza eran los otros puntales de aquel equipo que logró clasificarse para la ronda previa de la Copa de Europa. Once ideal: Leo Franco; Olaizola, Nadal, Fernando Niño, Miquel Soler; Marcos, Engonga; Finidi, Ibagaza, Luque; Eto’o. Entrenador: Luis Aragonés.
Samuel Eto’o
15 Racing de Santander(1930/31) 2º puesto (+12 average) 61’1%: Viajemos a los albores de la competición. Liga de diez equipos. Athletic y Barça como señores de la competición, pero hay sitio para advenedizos. El entrenador es el inglés Robert Firth, que un par de años después llevará al Real Madrid al título de Liga. Entonces el Racing consiguió empatar a 22 puntos con el Athletic y sólo la mejor diferencia de goles de los bilbaínos hizo que éstos fuesen campeones. La Real Sociedad acabó tercera con los mismos puntos, en una demostración de superioridad de los equipos del norte (cinco vascos, tres catalanes, un cántabro y el Real Madrid). El Racing ganó 4-7 en San Sebastián, pero cayó por 7-1 en San Mamés lo que lastró sus opciones de título. Telete González fue su jugador más destacado al anotar 13 tantos en 11 partidos. Once ideal: Solá; Mendaro, Hernández, Ceballos; Baragaño, Larrinaga; Larrinoa, Telete, Cisco, Santi Zubieta e Ibarra. Entrenador: Robert Firth.
Racing 30/31
14 Sporting de Gijón (1978/79) 2º puesto (+15 average) 63’2%: Liderados por Enrique Castro ‘Quini’, quien no fue Pichichi ese año, pero sí lo había sido dos veces antes y aun lo sería en otras tres ocasiones después, el Real Sporting completó en la temporada 1978/79 la mejor de su historia logrando el subcampeonato liguero. Tras vencer en la primera jornada al Atlético (4-1) se colocó líder hasta que en la cuarta jornada el Real Madrid se alzó con el liderato. El mano a mano entre el grande y el pequeño se mantuvo hasta que en la segunda jornada de la segunda vuelta la derrota del Madrid en el Camp Nou y la victoria del Sporting ante la Real Sociedad devolvía a los asturianos a la primera plaza. Así se mantuvo el Sporting hasta que en la jornada 27ª reciben en El Molinón al Real Madrid. El partido es bronco y hay una retahíla de errores arbitrales que favorecen a los madrileños, quienes vencen por 0-1 con gol de Santillana. Cabreados, las cerca de 40.000 personas que se apiñan en el recinto gijonés comienzan a gritar ‘Así, así, así gana el Madrid`, un cántico que se hará célebre entre los antimadridistas y al que los madridistas le darán la vuelta y usarán para festejar las grandes victorias merengues. A partir de ese momento, el Sporting ya no dará seguido el ritmo del Real Madrid y comenzará a flaquear fuera de casa. En El Molinón sólo perdió el citado partido ante el Madrid, y la prueba es que su fortaleza como local le había llevado a ser campeón invernal. Once ideal: Castro; Redondo, Doria, Rezza, Cundi; Ciriaco, Mesa, Joaquín; Ferrero, Quini y Morán. Entrenador: Vicente Miera.
Sporting 78/79
13 UD Las Palmas (1968/69) 2º puesto (+11 average) 63’3%: Fundado en 1949, la UD Las Palmas no logró ascender a la primera categoría hasta 1964. En ese equipo estaban Tonono, Germán y Paco Castellano, los mismos que poco después, en la campaña 1968/69, lograrían un sorprendente subcampeonato liguero. Ya el año anterior los canarios habían quedado en tercera posición, mas en esta ocasión además de subir un peldaño se clasificarán por vez primera para una competición europea. La UD Las Palmas se colocó en segunda posición al poco de comenzar el campeonato siempre detrás del Real Madrid y, aunque meritorio fue el subcampeonato, lo cierto es que en ningún momento estuvo capacitado de superar a los blancos. Sólo el Real Madrid ganó en el Insular, donde cayeron Real Sociedad (4-0) o Córdoba CF (4-0), además de asaltar el Camp Nou con una prestigiosa victoria ante el Barça (1-2). Once ideal: Oregui; Martín Marrero, Tonono, Paco Castellano, José Luis; Gilberto, Guedes, Justo Gilberto, Germán; José Juan y León. Entrenador: Luis Molowny.
Las Palmas 68/69
12 Real Oviedo (1935/36) 3º puesto (+16 average) 63’6%: Los aficionados carballones recuerdan con devoción el primer lustro de la década de 1990 cuando el Real Oviedo llegó a disputar competiciones europeas. Sin embargo, el gran Oviedo fue el que se dio en época de la II República. Con poderío económico, gracias a la pujanza de la minería asturiana, el Real Oviedo conformó una delantera de ensueño en la que su líder era Isidro Lángara, entonces el mejor delantero de España y quizás del mundo. En las tres temporadas anteriores al estallido de la Guerra Civil fue el máximo goleador de la Liga con registros asombrosos. En la campaña 1935/36 anotó 28 goles en 21 partidos (47 goles en 31 partidos en todas las competiciones). En esas tres campañas la llamada delantera eléctrica conformada por Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín llevó al Real Oviedo a ser siempre el equipo más goleador con una media de 2’88 tantos por choque. Ese año se venció a RCD Espanyol, Hércules y Osasuna (5-2) o fuera de casa al Racing de Santander por 2-6. La locura ofensiva hacía que cuando se perdía se hiciese con múltiples goles por delante. Fue el caso de las derrotas ante el Barça (5-2) o en Chamartín (5-4). Aquel equipo se rompió al estallar la Guerra Civil y hubo de volver a empezar en 1939 sin Lángara (con sólo 23 años) y sin competir durante una temporada, ya que la destrucción del campo de Buenavista en un bombardeo hizo que el Real Oviedo declinase participar en la Liga 1939-40. Once ideal: Óscar; Pena, Riera; Sirio; Castro, Soladrero; Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Entrenador: José María Peña.
Isidro Lángara
11 Villarreal CF (2007/08) 2º puesto (+23 average) 65’2%: Campeón de la Europa League en 2021 y semifinalista de la Copa de Europa en 2006 y 2022, el Villarreal CF tuvo como mejor temporada, en una retahíla de años gloriosos, la campaña 2007/08. Tan sólo el Real Madrid fue superior a un equipo que, por ejemplo, ganó hasta cinco partidos más que Barça y Atlético para lograr el subcampeonato. Pronto se demostró que los castellonenses serían el contendiente del Madrid tras ganar en casa al FC Barcelona (3-1) en un gran partido del turco Nihat y más lo serían en la segunda vuelta cuando asalten el Camp Nou (1-2). El Villarreal CF también logró victorias de prestigio ante Atlético (3-0) y Valencia CF, rival regional, a quienes vencieron por 3-0 en casa y por 0-3 en Mestalla. Sin embargo, cayeron estrepitosamente por 0-5 en casa ante el Real Madrid en una de sus dos únicas derrotas en El Madrigal. Manuel Pellegrini fue escogido como mejor técnico del campeonato y Marcos Senna como mejor jugador, lo que valió una nacionalización exprés para convertir al pivote brasileño en pieza fundamental del título europeo logrado por la selección española en el verano de 2008. Once ideal: Diego López; Javi Venta, Cygan, Godín, Capdevila; Pirés, Senna, Cani, Cazorla; Nihat y Rossi. Entrenador: Manuel Pellegrini.
Villarreal 07/08
10 RCD Espanyol (1972/73) 3º puesto (+21 average) 66’1%: Estadísticamente hablando la mejor temporada del Espanyol fue el curso 1995/96. Jordi Lardín y Toni llevaron a los barceloneses a un cuarto puesto que supo a poco porque durante la primera parte del campeonato estuvieron entre los dos primeros clasificados. No obstante, la única vez que el Espanyol logró encaramarse al pódium de la Liga fue en la campaña 1972/73. A falta de seis jornadas para el final los catalanes eran líderes. Fue una Liga atípica donde el Real Madrid se descolgó rápidamente y Atlético, Barça y Espanyol fueron alternándose en el liderato. Los tres acabaron la Liga con los mismos partidos perdidos (seis), pero el Espanyol sumó demasiados empates que lo lastraron para la cuenta final. En Sarriá no cedió ninguna derrota e incluso se permitió vencer en el Camp Nou (0-1). Fueron sus duelos ante rivales inferiores lo que lastraron sus posibilidades ya que fueron incapaces de ganar en Burgos, Coruña o en Sevilla ante el Betis, los tres conjuntos que acabaron descendiendo. Once ideal: Borja; Granero, De Felipe, Ochoa, Glaria; Pepín, Solsona, Poli; Amiano, José María y Roberto Martínez. Entrenador: José Emilio Santamaría.
Espanyol 72/73
9 RC Deportivo (1999/00) 1º puesto (+22 average) 58’4%: El campeón más barato de la historia. Ese es el Dépor. Pero campeón, al fin y al cabo. Su mejor campaña había ocurrido un lustro atrás, en el curso 1993/94, cuando el equipo dirigido por Arsenio Iglesias firmó una campaña excepcional cediendo sólo cuatro derrotas y 18 goles en contra, pero el famosísimo penalti de Djukic fallado en el último minuto de la última jornada le dio el título al Barça de Cruyff por diferencia de goles. Aun sin ser tan brillante, la temporada 1999/00 le dio al Dépor el ansiado título de Liga. El Dépor se puso líder en la duodécima jornada y así se mantuvo hasta el final, pero el camino fue todo menos un baño de rosas. Lo que se lograba en casa se perdía a domicilio. En Riazor el Dépor goleó a Real Madrid y Sevilla FC (5-2) o al Atlético (4-1), pero fuera de casa sólo consiguió amarrar tres triunfos. Javier Irureta había llegado un año antes al banquillo coruñés con la intención de españolizar al equipo y poner cloroformo a un vestuario propenso a explotar. Lo logró a base de triunfos, pero aquel doble pivote que a domicilio se convertía en un hermético trivote estuvo a escasas gotas de derramar el vaso de la paciencia del vestuario y de los aficionados. El Dépor fue campeón con 11 derrotas y 9 empates en 38 jornadas ligueras. Dio igual. Una Liga con el Dépor es como ganar diez con el Real Madrid, como diría Fran, capitán y único gallego de aquel equipo legendario. Once ideal: Songo’o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Mauro Silva, Flavio Conceiçao; Víctor, Djalminha, Fran; Makaay. Entrenador: Javier Irureta.
Y Donato dio la Liga
8 Real Sociedad (1981/82) 1º puesto (+25 average) 69’1%: En el año 1980 la Real Sociedad hizo la campaña perfecta…hasta que en la penúltima jornada perdió en el Sánchez Pizjuán su único partido del año y de rebote cedía el título al Real Madrid. Parecía una oportunidad de la que jamás volverían a disfrutar Arconada, Satústregui, Zamora y compañía, pero no fue así. Los donostiarras ganaron la Liga en 1981 y 1982. Ambos fueron finales igual de agónicos. En 1981 un gol de Zamora en el minuto 89 del último partido les daba el título a los vascos por diferencia de goles ante el Real Madrid. En 1982 la Real hubo de ganar en Atocha al Athletic (2-1) para superar al Barça por dos puntos. En esa temporada 1981/82 la Real sólo cedió dos empates en Atocha siempre en partidos bravos y de pocos goles que le valdrían a Luis Arconada su tercer trofeo Zamora alcanzado de forma consecutiva. A aquel equipo aun le quedarían una semifinal de Copa de Europa y un título de Copa del Rey para cerrar una década prodigiosa. Once ideal: Arconada; Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola; Diego, Zamora, Perico Alonso; Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Entrenador: Alberto Ormaetxea.
La Real de Arconada
7 Sevilla CF (1945/46) 1º puesto (+16 average) 69’2%: Si el Real Madrid es el rey de Europa se puede decir que el Sevilla CF es el príncipe. Hasta siete Europa League (la antigua Copa de la UEFA) poseen los andaluces, todas logradas en quince años entre 2006 y 2023. El desempeño sevillista en el siglo XXI suma incluso un récord de 77 puntos para un cuarto puesto en Liga en 2021. Con todo ello, el Sevilla CF tiene que irse al blanco y negro para recordar la única vez que se proclamó campeón de Liga. Fue en la temporada 1945/46. Los sevillistas habían fichado a un navarro de nombre Juan Arza que pronto será bautizado como El niño de oro. La Liga fue un duelo de a tres entre Barça, Athletic y sevillistas que se saldó a favor de estos últimos en las dos últimas jornadas. El Sevilla CF ganó al Real Oviedo mientras el Athletic caía sorprendentemente frente al Alcoyano y el Barça no pasaba del empate en Castellón en la penúltima jornada. En la última fecha los andaluces visitaban Barcelona y con un empate lograrían proclamarse campeones. Así lo hicieron (1-1) y celebraron un título al que añadieron el de la Copa del Rey dos temporadas más tarde. El técnico era Ramón Encinas, quien ya había logrado la gloria con el Valencia CF. Once ideal: Busto; Joaquín, Villalonga, Antúnez; Alconero, Eguiluz; Herrera, Arza, Araujo, José López y Campos. Entrenador: Ramón Encinas.
Juanito Arza camino de los 90 años
6 Valencia CF (1941/42) 1º puesto (+41 average) 76’9%: En la retina de los aficionados está el glorioso primer lustro del presente siglo que vivió el Valencia CF. Disputó dos finales consecutivas de Copa de Europa y logró la Liga en 2002 y 2004 bajo la dirección de Rafa Benítez y con jugadores como Cañizares, Ayala, Albelda, Baraja o Aimar. Seis títulos ligueros tienen los valencianos y tres de ellos fueron logrados en la década de 1940, por lo que es justo echar la mirada atrás. El primero de ellos tuvo lugar en 1942 el cual fue, además, el título logrado con mayor porcentaje de puntuación. Bajo la presidencia de Luis Casanova el Valencia CF cosechó el título de Copa en 1941 antes de ganar la Liga al año siguiente. En la delantera brillaban los vascos Epi, Mundo y Gorostiza. Apodado Bala Roja, Guillermo Gorostiza fue el único gran jugador español de tiempos de la República que continuó con igual éxito su carrera tras el fin de la Guerra Civil. Los levantinos empezaron el campeonato de forma dubitativa, pero completaron una segunda vuelta casi perfecta que les dio el título con siete puntos de ventaja sobre el subcampeón. El poder ofensivo del equipo era apabullante. 85 goles en 26 partidos. En casa ganó al Real Oviedo (5-2), Granada CF (5-0), CD Castellón (6-2), Real Sociedad (6-0), RC Celta (7-3), Hércules (7-1) y Sevilla CF (8-1). Mundo fue Pichichi con 28 tantos, Gorostiza anotó 20 y Asensi 15. Once ideal: Eizaguirre; Juan Ramón, Álvaro, Bertolí; Lelé, Iturraspe; Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. Entrenador: Ramón Encinas.
Valencia 40/41
5 Real Betis (1934/35) 1º puesto (+24 average) 77’2%: En 1997 el Betis pesca a Finidi en el Ajax y recupera a Alfonso como el nuevo Butragueño para firmar una temporada histórica de 77 puntos que les da el tercer puesto en Liga además de jugar la final de la Copa del Rey. Fue un gran año, pero mucho mejor fue 1935. Apenas tres años antes el Betis se convertía en el primer club andaluz en jugar en Primera para luego acabar con la hegemonía del norte español y alzarse con su primer y único título de Liga. A decir verdad, en el once bético había seis vascos, pero eso era lo de menos. El título se logró al vencer en Santander al Racing por 0-5. Era domingo de Feria y la noticia se dio a conocer en las pizarras de la caseta. La fiesta sería de aúpa. El Betis fue líder desde la segunda jornada, no perdió partido alguno en casa y consiguió doblegar a domicilio al Sevilla CF (0-3) o al Real Madrid (0-1) entre otras victorias. Joaquín Urquiaga fue el portero menos goleado y años después también lo sería en el exilio mexicano. Once ideal: Urquiaga; Areso, Aedo, Peral; Gómez, Larrinoa; Saro, Adolfo, Unamuno, Lecue y Caballero. Entrenador: Patrick O’Connell.
Manquepierda
4 Atlético de Madrid (2013/14) 1º puesto (+51 average) 78’9 %: Once campeonatos ligueros adornan el glorioso palmarés del Atlético. El de 2014 es especial. Era el primero en dos décadas, se consiguió disputar la segunda final de Copa de Europa de su historia y se logró el titulo tras vencer a un Barça y a un Madrid que venían de hacer las dos mejores temporadas de club nunca antes vistas. El Atlético se proclamó campeón en la última jornada tras empatar en el Camp Nou (1-1) siendo el empate o la victoria la única opción que tenían para lograrlo. Los colchoneros se pusieron líderes a diez jornadas del final y sumaron 90 puntos dejándose sólo cuatro derrotas por el camino, todas fuera de casa. En el Calderón se arrolló a Real Sociedad (4-0), Rayo Vallecano y Betis (5-0) y Getafe CF (7-0). La dupla formada por Diego Costa y David Villa anotó 41 goles y el belga Thibaut Courtois fue el portero menos goleado. Bajo los mandos el argentino Diego Pablo Simeone cumplía su tercera temporada como técnico atlético en una trayectoria que se torna en interminable. Once ideal: Courtois; Juanfran, Godín, Miranda, Filipe Luis; Koke, Gabi, Tiago; Arda Turán, Diego Costa y David Villa. Entrenador: Diego Pablo Simeone.
Atlético 13/14
3 Athletic Club (1929/30) 1º puesto (+35 average) 83’3%: Ocho títulos ligueros se han celebrado en la ría de Bilbao. El más sonoro de todos el primero. Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que logró la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darla la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha frente a la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con los mejores registros. Gorostiza fue la estrella de ese campeonato y Bala Roja lo sería once años después, con una guerra de por medio, liderando al Valencia CF a su primer campeonato. Once ideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iraragorri. Entrenador: Fred Pentland.
El míster Fred Pentland
2 FC Barcelona (2012/13) 1º puesto (+75 average) 87’8%: 28 títulos de Liga tiene el Barça. De César, Kubala y Basora a Luis Suárez, Ramallets y Helenio Herrera. Tras la oscuridad apareció Cruyff como jugador y después como entrenador para sentar las bases de un Barça reconocible por su culto al buen juego y a La Masía. Desde entonces el Barça acumula más ligas que su odiado rival de la capital y la más gloriosa de ellas tuvo lugar en la temporada 2012/13. Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y con Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias. Once ideal: Valdés; Dani Alvés, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.
Leo Messi
1 Real Madrid (2011/12) 1º puesto (+89 average) 87’8%: 36 títulos de Liga tiene el club con más solera del mundo. A los años de Zamora le siguieron los de Di Stéfano y su gloria europea. En los 60, Paco Gento ganó 12 Ligas y Miguel Muñoz nueve desde el banquillo. El Madrid siempre ha ganado. Con Santillana, Del Bosque o Camacho o con Hierro, Raúl o Morientes. También con Vinicius o Bellingham y siempre con la Quinta del Buitre y sus cinco Ligas seguidas sin Copa de Europa. Pues fue en medio de una sequía europea y ante el mejor Barça jamás visto cuando el Real Madrid firmó la mejor Liga de todos los tiempos. Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces Mourinho logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0), Sevilla CF (2-6) o Real Zaragoza (0-6). Özil dio 16 asistencias y Cristiano Ronaldo no fue Pichichi por los 50 de Leo Messi. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Once ideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.
Agosto es tiempo de fichajes. Julio de rumores. Junio de balance. Fin de temporada. Y una pregunta el aire. El Barça de Flick ha ganado Liga y Copa. Ha sumado 102 tantos en competición liguera. ¿Es uno de los mejores Barça de la historia? ¿Es uno de los mejores equipos de la historia de la Liga?
Pues no. No lo es.
Me he propuesto averiguar cuál ha sido el mejor equipo campeón en la historia de la Liga. Qué escuadra ha firmado la mejor temporada de una competición que camina con firmeza hacia el siglo de existencia.
Para ello he ido analizando uno a uno a todos los campeones desde que en la temporada 1928/29 se diese el pistoletazo de salida. Comencé seleccionando a aquellos triunfadores que hubiesen logrado el 70% de los puntos en liza. El resultado fue quilométrico. Luego subí el listón al 75%. Seguían siendo demasiados. Finalmente consideré únicamente a aquellos que hubiesen conseguido al menos el 80% de los puntos en disputa.
Son 17 los elegidos.
Irremediablemente Barça y Madrid tienen que copar la lista. Son 10 campeones del Real Madrid, cinco del FC Barcelona y dos del Athletic Club. En la cronología también se puede ver los periodos de dominio de los tres clubes. El Real Madrid (36 ligas) coloca en la lista plantillas de 1961, 1963, 1964, 1986, 1988, 1989, 1990, 2012, 2017 y 2024. Es decir; Di Stéfano, Gento, Quinta del Buitre, Cristiano, Zidane y Ancelotti. Fácilmente reconocible. El FC Barcelona (28 ligas) instala en la lista las escuadras de 1959, 2010, 2011, 2013 y 2018. Es decir; Barça de Helenio Herrera, Guardiola, Xavi y Messi. El Athletic Club (8 ligas) ubica conjuntos de 1930 y 1956. O lo que es lo mismo; Míster Pentland y Piru Gaínza y los once aldeanos.
Antes de entrar en materia hay que dar honores a los dos únicos subcampeones de la historia que lograron más de un 80% de los puntos en liza. Son el Real Madrid de la temporada 2009/10 (96 puntos y un 84’2% total) y el Real Madrid de la temporada 2010/11 (92 puntos con un 80’7% total).
2010 y 2011. Seguramente las dos mejores Ligas que ha habido. Hablamos de los dos mejores subcampeonatos de todos los tiempos por el nivel que se le exigió al campeón (FC Barcelona). Existe un nivel excelso de unos jugadores en una época donde España dominaba el mundo con una generación excepcional que logró Eurocopa, Mundial y Eurocopa en un lustro irrepetible. Son los años del Barça de Messi y del Madrid de Cristiano Ronaldo. Ellos dos junto a Xavi forman parte del llamado Dream Team del Balón de Oro. Iniesta y Sergio Ramos lo son del Dream Team del Balón de Bronce. Y otros como Casillas, Marcelo, Sergio Busquets, Xabi Alonso o Henry formaron parte de la lista de finalistas. Y hay más. Balones de Oro como Kaká o Benzema y leyendas caso de Ibrahimovic, Villa, Dani Alves, Puyol, Piqué, Pepe o hasta el último año de Raúl. Todos ellos rivalizaron en la Liga española en la temporada 09/10 y 10/11, las dos mejores que ha parido la competición patria.
Vamos pues con los 17 mejores campeones de la historia de la Liga española:
17 Athletic Club (1955/56) 48 puntos (+48 average) 80%: Liderados por Telmo Zarra, el Athletic había vivido esos años una época dorada ganando cinco copas en una década. Sin embargo, la Liga se les resistía a los bilbaínos que vieron como en el verano de 1955, destrozado por las lesiones, Zarra dejaba el Athletic junto a otras leyendas como Panizo y Venancio. El Athletic se renovó con un grupo de jóvenes jugadores procedentes de la cantera liderados por el sempiterno Piru Gaínza, quien daba sus últimos coletazos de fútbol con 34 años. Los bilbaínos tuvieron que exprimirse al máximo para lograr un título que el Barça les disputó hasta la última jornada y en el que tuvo mucho que ver sus resultados en San Mamés donde sólo cedieron un empate en quince partidos. El éxito fue doble al lograr también el título de Copa tras vencer al Atlético de Madrid en la final disputada en el Santiago Bernabéu. Onceideal: Cedrún; Orúe, Canito, Garay; Maguregui, Mauri; Uribe, Marcaida, Arieta, Artetxe y Gaínza. Entrenador: Fernando Daucik.
Gaínza y los aldeanos
16 Real Madrid (1988/89) 62 puntos (+54 average) 81’5%: El Real Madrid de la Quinta del Buitre había alcanzado su cénit y su mayor decepción a partes iguales. Tras ganar su tercera Liga seguida y caer ante el PSV en semifinales de la Copa de Europa, los blancos se reforzaron con el fichaje de Bernd Schuster, no mucho antes capitán del FC Barcelona. El Madrid es un tiro desde el inicio de la temporada y logra el título tres jornadas antes del final tras vencer al Real Oviedo en el Bernabéu. Sólo cedió una derrota en todo el curso (en Vigo ante el Celta) y logró el doblete al vencer al Real Valladolid en la final de la Copa del Rey. La pena fue otro fracaso en semifinales de la Copa de Europa, en esta ocasión ante el AC Milan. Onceideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Tendillo, Gordillo; Michel, Gallego, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.
Real Madrid 88/89
15 Real Madrid (2016/17) 93 puntos (+ 65 average) 81’5%: La primera temporada completa de Zinedine Zidane como técnico blanco se saldó con un triunfo liguero que apuntaló una trayectoria intachable del Real Madrid en Europa que se satisfaría ese año con la segunda de tres Copas de Europa consecutivas. Los blancos se colocaron en primera posición en la tercera jornada y se mantuvieron como líderes hasta el final del campeonato. A pesar de que fueron incapaces de vencer en sus dos duelos directos contra el Barça, los merengues fundamentaron su éxito en un excepcional rendimiento a domicilio con goleadas escandalosas a Betis (1-6) o RC Deportivo (2-6). El Madrid anotó al menos un gol en cada una de las 38 jornadas liderados por la dupla formada por Cristiano Ronaldo (25) y Álvaro Morata (15). Onceideal: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Modric, Kroos; Isco, Benzema y Cristiano Ronaldo. Entrenador: Zinedine Zidane.
Una alineación del Madrid 16/17
14 Real Madrid (1987/88) 62 puntos (+69 average) 81’5%: Maduros y en plenitud, aquella generación liderada por Butragueño fue una apisonadora durante las 38 jornadas de Liga. Se proclamaron campeones a cuatro jornadas del final tras machacar por 6-0 al Betis en el Bernabéu. No fue la única goleada. Hubo un 6-0 al Sporting y sendos 5-0 a la UD Las Palmas y al Athletic. Los merengues no soltaron el liderato desde la primera jornada en la que golearon en el Carranza al Cádiz CF por 0-4. Hugo Sánchez ganó por cuarto año consecutivo el trofeo al máximo goleador y el gallego Paco Buyo fue el portero menos batido. La excepcional campaña blanca sólo se vio frenada por el PSV Eindhoven que sorprendentemente eliminó al Real Madrid en semifinales de la Copa de Europa. Onceideal: Buyo: Chendo, Sanchís, Tendillo, Camacho; Michel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: Leo Beenhakker.
Hugo Sánchez
13 Real Madrid (1989/90) 62 puntos (+69 average) 81’5%: A pesar de los éxitos ligueros el Madrid seguía sin asaltar Europa, por lo que se apostó por el cambio de entrenador. Toshack llegó a la capital tras unos buenos años en San Sebastián y tuvo la sensatez de mantener la esencia del equipo a la que se le añadió Fernando Hierro, por entonces una fuerza de la naturaleza tan capaz de plantarse en el centro de la defensa como de asomar en el área como tercer delantero. Hierro debía ser el Gullit del Madrid, pero nuevamente el AC Milan sepultó las esperanzas blancas en Europa. En Liga la temporada fue un paseo con 107 goles en 38 jornadas, por entonces récord de la competición. Fue la quinta Liga seguida del Real Madrid con un 7-2 al Real Zaragoza y un 7-0 al CD Castellón como resultados más escandalosos. Hugo Sánchez fue Pichichi con 38 tantos (récord del momento) liderando un fastuoso ataque en el que Butragueño y Michel con 27 años estaban en el cénit de sus carreras. Onceideal: Buyo; Chendo, Sanchís, Ruggeri, Gordillo; Michel, Hierro, Schuster, Martín Vázquez; Butragueño y Hugo Sánchez. Entrenador: John Benjamin Toshack.
Los cromos del Madrid 89/90
12 FC Barcelona (2017/18) 93 puntos (+70 average) 81’5%: Tras unos años magníficos con Pep Guardiola y Luis Enrique a los mandos, Ernesto Valverde tomó las riendas del FC Barcelona. Denostado por su perfil bajo ante prensa y afición, los números de Valverde en la campaña 17/18 están entre los mejores de la historia. El Barça ganó el título con 14 puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y sólo perdió un partido en toda la temporada. Ganó por 0-3 en el Bernabéu y Leo Messi volvió a ser el máximo goleador. Fue la campaña en la que Neymar se marchó por 222 millones que el Barça gastó en Coutinho y Dembelé. Y fue también el año de la despedida de Andrés Iniesta, quien anotó un tanto en la victoria por 5-0 ante el Sevilla FC en la final de la Copa del Rey que les dio el doblete a los azulgranas. Onceideal: Ter Stegen; Nelson Semedo, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Busquets, Paulinho, Rakitic; Iniesta, Luis Suárez y Messi. Entrenador: Ernesto Valverde.
Barça 17/18
11 Real Madrid (1963/64) 49 puntos (+38 average) 81’6%: Se antojaba un año complicado en la capital de España. Di Stéfano y Puskás contaban con 37 y 36 años respectivamente y se resistían a dejar los mandos. El Madrid comenzó la Liga al tran tran y estuvo a merced del Barça hasta el inicio de la segunda vuelta. A partir de entonces los merengues arrasaron a sus rivales logrando una cuarta liga consecutiva (entonces récord histórico) con triunfos sonados ante Atlético (5-1), FC Barcelona (4-0) y a domicilio contra el Valencia CF (1-4). Puskás logró su cuarto y último título de máximo goleador y Vicente su tercer trofeo Zamora. La estrella silenciosa fue Paco Gento que a sus asistencias añadió un promedio goleador de 0’5 tantos por partido para paliar la entrada en años de sus compañeros de delantera. Onceideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Pachín; Zoco, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Real Madrid 63/64
10 Real Madrid (1962/63) 49 puntos (+50 average) 81’6%: A pesar de ganar la Liga la temporada anterior, la derrota en la final de la Copa de Europa ante el Benfica hizo convencer a Bernabéu de que debía rejuvenecer al equipo. Contrató al coruñés Amancio Amaro que en un primer momento chocó con Di Stéfano. Las malas sensaciones iniciales se saldaron con una eliminación en primera ronda europea ante el Anderlecht. Puso entonces el Madrid todo su empeño en la competición doméstica y logró su tercer título consecutivo (récord de la competición en aquel momento). Ganó 23 de 30 encuentros (incluyendo los 15 que jugó como local) y se proclamó campeón con varias jornadas de antelación. Venció en el Pizjuán por 0-5 y en el Camp Nou por 1-5. Vicente fue el portero menos goleado, Ferenc Puskás fue máximo goleador y entre los diez máximos anotadores también se colaron Amancio, Félix Ruiz y Di Stéfano. Onceideal: Vicente; Isidro, Santamaría, Casado; Pachín, Müller; Félix Ruíz, Amancio, Puskás, Di Stéfano y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Di Stéfano, Gento y Puskás
9 Real Madrid (1985/86) 56 puntos (+50 average) 82’3%: El Real Madrid sumó su 21º Liga en un año en el que también reverdeció viejos laureles en Europa al proclamarse campeón de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza era el presidente y se propuso devolverle la gloria a un Madrid que sumaba cinco años sin lograr una Liga sumido en una profunda crisis. A una hornada de canteranos liderados por Butragueño se unieron los fichajes de Hugo Sánchez, Maceda y Gordillo para unir a lo que se llamó la Quinta del Buitre con la Quinta de los Machos. El Madrid se puso líder en la segunda jornada y basó su liderazgo en una basta masa goleadora. Ganó los 17 partidos de casa liderados por la dupla formada por Hugo Sánchez (máximo anotador) y Jorge Valdano, ambos abastecidos por los fenomenales centros de Michel. Onceideal: Ochotorena; Chendo, Sanchís, Maceda, Camacho; Michel, Gallego, Gordillo; Valdano, Hugo Sánchez y Butragueño. Entrenador: Luis Molowny.
M.Vázquez, Michel, Buitre y Sanchís
8 Athletic Club (1929/30) 30 puntos (+35 average) 83’3%: Cuando en 1928 se pone en marcha la primera Liga de la historia el gran club nacional es el Athletic. Los bilbaínos habían cimentado su éxito en la Copa del Rey, pero en los últimos años el FC Barcelona había cuestionado su hegemonía de tal forma que los azulgranas lograron la primera Liga. Para 1929 el Athletic decidió contratar al afamado técnico inglés Fred Pentland para darle la vuelta al asunto. Serán dos ligas y cuatro copas en cuatro temporadas, siendo la mejor campaña la inicial. En la temporada 1929/30 se logró el doblete firmando una liga inmaculada en la que el Athletic estuvo invicto (12 victorias y 6 empates). Venció al RCD Espanyol (6-0) y al Atlético (6-1) en San Mamés y, especialmente, disfrutó de un 1-7 en Atocha ante la Real Sociedad. Guillermo Gorostiza fue el máximo goleador y Gregorio Blasco el meta con mejores registros en dianas encajadas. Onceideal: Blasco; Careaga, Castellanos, Garizurieta; Muguerza, Roberto; Gorostiza, Unamuno, Chirri II, Lafuente e Iragorrri. Entrenador: Fred Pentland.
Athletic 1930
7 Real Madrid (2023/24) 95 puntos (+61 average) 83’3%: Nadie contaba con el Real Madrid. Benzema se fue a ganar millones a Oriente Medio, Mbappé dijo por enésima vez no al Madrid y Joselu se convirtió en el ‘9’ blanco. Por si fuera poco, una plaga de lesiones asoló a la defensa blanca y luego el mejor portero del mundo, el héroe de la Copa de Europa lograda ante el Liverpool FC, se partía el ligamento cruzado de su rodilla derecha, para, al poco de recuperarse, lesionarse la rodilla izquierda. Con estos mimbres el Barça, vigente campeón, partía con varios cuerpos de ventaja, y se pensaba que ese iba a ser el año del Atlético. No fue así. El Madrid empezó como un ciclón gracias a Jude Bellingham, su fichaje del verano anterior. El que iba a ser el sustituto de Modric se convirtió en el de Benzema sumando goles y asistencias a un ritmo que se remontaba a tiempos de Alfredo di Stéfano. A pesar de que el Madrid cayó en el Metropolitano, pronto se vio que ni Atlético ni en Barça serían rivales y en su lugar aparecía el sorprendente Girona FC que perdería su imbatibilidad al caer claramente en casa ante el Real Madrid (0-3). En la segunda vuelta los blancos asumieron el mando de la competición. Ancelotti cambió de portero al sentar a Kepa por el ucraniano Lunin y Vinicius se erigió como líder del equipo al unir a su desborde una precisión en el remate de la que antaño carecía. El Madrid sentenció la Liga al vencer al Barça en el Bernabéu (3-2) para luego darse un festín ya como ganador ante el Alavés (5-0). En casa ya había ganado por 4-0 al sorprendente Girona, Celta y Osasuna. Mientras que fuera de casa destacó el 0-4 ante el descendido Granada CF. Bellingham anotó 19 goles y Vinicius 15, mientras que Toni Kroos siguió sentando cátedra al aportar ocho asistencias. El Real Madrid fue el equipo más goleador y el menos goleado, pero Lunin no pudo llevarse el trofeo Zamora por no jugar los suficientes partidos. En la Copa de Europa (también conquistada) Courtois volvió a la titularidad. Onceideal: Lunin; Carvajal, Rüdiger, Nacho, Mendy; Tchouaméni, Kroos, Valverde, Bellingham; Rodrygo y Vinicius. Entrenador Carlo Ancelotti.
Kroos, Modric, Nacho y Carvajal (6 Champions)
6 FC Barcelona (2010/11) 96 puntos (+74 average) 84’2%: Por entonces la máquina de juego asociativo creada por Pep Guardiola estaba en su máximo esplendor. La perfección fue absoluta en la final de Copa de Europa en la que el Barça bailó al Manchester United. No se pudo completar el triplete al perder la final de Copa ante el Real Madrid, pero en la Liga todo fueron alegrías tras caer sorprendentemente en la primera jornada en casa ante el Hércules. Los fichajes de Villa y Mascherano perfeccionaron a un equipo que se puso líder tras humillar al Real Madrid de Mourinho en el Camp Nou (5-0). Cinco tantos también recibieron Real Sociedad y Sevilla FC, aunque para escandaloso el 0-8 que la UD Almería recibió en su casa. Messi y Villa anotaron entre los dos 50 goles y Víctor Valdés fue el portero menos goleado del campeonato. Onceideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Messi, Villa y Pedrito. Entrenador: Pep Guardiola.
Barça 2010/11
5 FC Barcelona (1958/59) 51 puntos (+70 average) 85%: En plena retahíla de éxitos europeos madridistas en Copa de Europa el FC Barcelona logró el tercer doblete de su historia tras gobernar la Liga con mano de hierro y vencer en la final de Copa al Granada CF. El torneo de la regularidad fue un duelo al sol entre Barça y Madrid que dejaron al resto de contendientes a una distancia sideral. Las alternancias en el liderato se sucedieron hasta que en el último tercio de Liga el Barça piso el acelerador para llevarse el título. El conjunto dirigido por Helenio Herrera ganó todos sus partidos en el Camp Nou incluyendo soberanas palizas a Atlético (5-0), UD Las Palmas (5-1), Osasuna (6-1), Valencia CF (6-0) o Real Oviedo (7-1). La más satisfactoria fue un 4-0 al Real Madrid con triplete de Evaristo. También destacó el Barça por su fortaleza defensiva y Antonio Ramallets logró su cuarto trofeo Zamora. Onceideal: Ramallets; Rodri, Gensana, Olivella, Gracia; Segarra, Luis Suárez; Tejada, Czibor, Kubala y Evaristo. Entrenador: Helenio Herrera.
El Barça de H.H.
4 Real Madrid (1960/61) 52 puntos (+64 average) 86’6%: Tras ganar el Madrid cinco Copas de Europa de forma consecutiva hubo de esperar al primer revés europeo de los blancos para ver la mejor Liga del equipo liderado por Alfredo di Stéfano. El Barça había ganado dos Ligas de forma consecutiva y en octubre de 1960 había eliminado al Real Madrid en octavos de Copa de Europa en un enfrentamiento con marcados errores arbitrales. Cabreado por lo sucedido, el Real Madrid se convirtió en un huracán sumando victoria tras victoria y logrando el título con 12 puntos de ventaja sobre el segundo y 19 sobre el tercero (una salvajada dado que entonces las victorias valían dos puntos). Los merengues masacraron al Real Oviedo (7-0) y al Elche CF (8-0) en el Bernabéu, pero más esplendorosos fueron sus triunfos a domicilio contra Real Sociedad (0-5), Real Betis (0-5) y FC Barcelona (3-5). Dirigidos por Miguel Muñoz iniciaron un ritual que sería costumbre en los 60 con Vicente como portero menos goleado y Ferenc Puskás como máximo goleador. Puskás anotó 28 tantos, Di Stéfano firmó 21 y Luis del Sol marcó 17 goles. Onceideal: Vicente; Marquitos, Santamaría, Casado; Pachín, Vidal; Del Sol, Puskás, Di Stéfano, Canario y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Di Stéfano y Gento
3 FC Barcelona (2009/10) 99 puntos (+74 average) 86’8%: Tras lograr el Sextete la temporada anterior el Barça decidió cambiar al siempre polémico Samuel Eto’o por el también polémico Zlatan Ibrahimovic. La mezcla acabó fallando en Europa, pero la unión de Messi, Iniesta y Xavi (Balón de Oro, Plata y Bronce respectivamente) era superior a lo cualquier rival pudiese imaginar. El Barça acabó la primera vuelta con cinco puntos sobre el Madrid y finiquitó el campeonato al vencer a ocho jornadas del final en el Bernabéu por 0-2. Con todo no fue proclamado matemáticamente campeón hasta el último encuentro dado el nivel de un Madrid que finalizó con 96 puntos siendo el mejor subcampeón de todos los tiempos. Leo Messi fue el Pichichi (sumaría ocho en su exitosa carrera) favorecido por la decisión de Guardiola de colocarlo definitivamente como falso ‘9’ y Víctor Valdés lograba su segundo trofeo Zamora. Onceideal: Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Ibrahimovic y Messi. Entrenador: Pep Guardiola.
Messi 2009/10
2 FC Barcelona (2012/13) 100 puntos (+75 average) 87’8%: Tras los exitosos años de Guardiola, el Barça fue hacer su mejor Liga con su segundo, Tito Vilanova, al mando de las operaciones. El exitazo del Madrid de Mourinho el año anterior hizo que el Barça diese el do de pecho en una clara demostración de que si tienes un rival que te apriete y te lleve al límite tu rendimiento aumenta. Con Leo Messi como dueño y señor de las operaciones en el mejor momento de su carrera, el Barça logró 55 de 57 puntos en la primera vuelta y Messi anotó al menos un gol en cada uno de los 19 partidos. Aunque, lógicamente, el rendimiento fue más humano en la segunda mitad del curso, el Barça se proclamó campeón con 15 puntos de ventaja sobre el segundo, cediendo sólo un empate en casa y con Andrés Iniesta dando 16 asistencias de gol y Leo Messi logrando el Pichichi con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias (exactamente los mismos números que su alter ego Cristiano Ronaldo había logrado la campaña anterior). Onceideal: Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Cesc, Messi y Alexis Sánchez. Entrenador: Tito Vilanova.
Barça 2012/13
1 Real Madrid (2011/12) 100 puntos (+89 average) 87’8%: Nunca antes se vio un club con tal nivel de voracidad que el Real Madrid de la campaña 11/12. Alcanzó un récord de puntuación y 121 tantos a favor, unas cifras nunca antes vistas. Mourinho, un experto motivador, consiguió exprimir a sus chicos aun sabiéndose inferiores al Barça. Con el tiempo esa relación tóxica acabaría explotando, pero por entonces el técnico portugués logró levantar los ánimos madridistas e hincarle el diente al mejor Barça, y quien sabe si el mejor equipo, jamás visto. El Madrid ganó 32 de los 38 partidos posibles con goleadas imposibles contra Rayo Vallecano (6-2), Osasuna (7-1), Espanyol (5-0) y fuera de casa ante el Sevilla CF (2-6), otra vez el Espanyol (0-4) y Real Zaragoza (0-6). Cristiano Ronaldo acabó con 46 tantos a los que añadió 12 asistencias, aunque no fue Pichichi por los ¡50! de Messi quien con 25 años firmó en balde los mejores números de su grandiosa carrera. Entre Cristiano, Benzema e Higuain anotaron 89 tantos. Onceideal: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Khedira; Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil; Benzema. Entrenador: José Mourinho.
Una alineación del Madrid 11/12
“Teníamos que haber ganado alguna Liga y alguna Copa de Europa más. Eso es lo que tiene el Madrid. Si está mal gana igual. Nosotros tenemos que estar muy bien para ganar”. Carles Puyol, capitán del FC Barcelona y ganador de seis ligas.
Los algoritmos fomentan la indignación en lugar de la compasión. Ni siquiera los mayores críticos de Facebook, Tik-Tok o Youtube pueden sostener que los ingenieros o directivos de esas compañías sean propensos a la violencia. La verdad es más sencilla y a la vez más preocupante. El éxito de las redes sociales implica mayor número de clics y mayor tiempo de exposición. Al aumentar la implicación, aumenta la recopilación de datos, se venden más anuncios, se adquiere mayor proporción en el mercado de la información y como resultado final se gana más dinero. De acuerdo con ese modelo los ingenieros lo que hacen es programar el algoritmo para conseguir mayor implicación del usuario. Así, tras experimentar con millones de usuarios, la IA llega a la conclusión de que a los humanos nos gusta más la indignación en vez de la compasión. Un video de una caída, de un accidente, de una explosión, de un trio sexual, de un sacrilegio o de un asesinato tiene muchos más seguidores que uno de un sermón, de una conversación, de una buena acción, de un amor casto o de un suceso cotidiano.
Cuando uno teclea “Heysel” encontrará vídeos, fotos y artículos sobre muerte y tragedia. Todo extremadamente macabro. Es lo que el algoritmo ha diseñado para nosotros dado que es lo que nosotros queremos ver. Heysel es un precioso barrio verde de Bruselas. En Heysel está el Atomium. En Heysel hay un parque acuático y una exposición permanente de Europa. Nada de eso aparece en el algoritmo. En Heysel también ganó Alemania su primera Eurocopa ante la Unión Soviética o logró el Real Madrid su tercer título europeo al derrotar en la final al AC Milan o el sexto ante el Partizán. En Heysel también fue donde el Atlético perdió una final a doble partido ante el Bayern de Beckenbauer. Tampoco aparece nada de eso.
Si uno teclea “Copa de Europa de 1985” el algoritmo le hablará de la tragedia. Intercalará imágenes de celebración por la victoria con otras de muertos y avalanchas. El cielo y el infierno. Morbo. No es lo que el algoritmo escoge. O mejor dicho, es lo que el algoritmo escoge dado que es un ser inteligente y sabe cómo obtener más clics. Es un ser inorgánico, pero es capaz de aprender. El algoritmo sabe lo que queremos ver y el algoritmo nos lo ofrece. Un peligro que se retroalimenta. Y un poder que le hemos dado a la IA y que a buen seguro acabará con el ser humano como ejecutor de la realidad.
Por eso, cuarenta años después, todo aficionado al fútbol sabe que es la Tragedia de Heysel. Y pocos, muy pocos, saben quién ganó la Copa de Europa de ese año.
Heysel 1985
29/V/85. 16:00. La policía de Bruselas sabía que iba a ser un día muy largo cuando recibió la orden para evacuar la Grand Place. Miles de hooligans ingleses habían aterrorizado a las reservas de cerveza de la capital belga. Caballos armados guiaban los pasos de aquellos bebedores de cebada que iban a ser trasladados al estadio de Heysel callejeando por la zona vieja de Bruselas antes de afrontar el paso de amplias avenidas. Por el camino varios robos, algunos empujones, otros tantos agarrones y unas cuantas navajas confiscadas. Por el suelo restos y más restos de comida y una marea de latas de agua, malta, lúpulo y levadura.
11/V/85. Bradford. Inglaterra. Partido de Tercera División. Si el Bradford gana su partido ascenderá de categoría. Minutos antes del descanso se inicia un incendio en una de las gradas. Las llamas se extendieron por toda la hilera de la grada principal a un ritmo imparable. Se perdieron 53 vidas y más de 200 personas resultaron heridas. Días más tarde, las investigaciones determinaron que el fuego había sido ocasionado por una colilla mal apagada. El estadio estaba construido sobre bases de postes de madera y debajo de la estructura había basura que se acumulaba desde hacía varios años. La caída del cigarro en la mugre inició el fuego y la facilidad de los postes de madera para arder hizo el resto. Una tragedia que podría haberse evitado y que se sumaba a otras que permanecían en el recuerdo como la de Ibrox Park 1971 (66 fallecidos) y la del Luzhnikí de Moscú en 1982 (curiosamente también 66 fallecidos).
29/V/1985. 18:15. Un hincha de la Juventus se enfrenta a otro del Liverpool. El italiano acabará hospitalizado. Será el primero de la tarde. Acabarán siendo 375. Todo ocurre fuera del estadio. Dentro, ya se roza el lleno. Se está jugando la final juvenil como antesala de la gran final de la Copa de Europa. Son 60.000 espectadores. Las entradas se han repartido equitativamente entre ingleses e italianos dejando 10.000 para venta en taquilla. En el fondo oeste, a los pies y a la vez a la sombra de los focos del Atomium, la organización ha dispuesto que se coloquen los radicales del Liverpool. Enfrente, en el fondo este, se disponen los radicales de la Juve. Ocurre que las gradas del sector X, contiguo al Z, estaban pensadas para dar cobijo a aficionados belgas. Éstos vieron el negocio, por lo que revendieron los tickets a italianos llegados a última hora. El sector X, condenado a funcionar en teoría como un cordón sanitario espontáneo, acaba siendo lugar donde se instalan aficionados italianos, muchos de ellos padres con hijos. En pocos minutos, lo que la policía consideraba el único lugar donde la gente podía respirar, y por lo tanto estaba prácticamente sin vigilancia, desapareció. Los controles son escasos, casi inexistentes. Hay muchos policías, pero todos parecen ocupados inspeccionando las zonas alrededor del estadio.
1973. El hooliganismo existe desde que hay fútbol. Enfrentamientos entre pueblos a golpe de pedradas. Pero es en 1973 cuando el fenómeno se convierte en grupal, masivo y radical. La subida de los precios por culpa de la crisis del petróleo de ese año tuvo un impacto bestial en Europa. Italia fue el primer lugar donde jóvenes y no tan jóvenes formaron grupos paramilitares para, a base de alcohol y armas blancas, hacer de su equipo de fútbol el faro de una vida que de pronto estaba vacía. Ocurre que es en el Reino Unido donde el impacto de la crisis es mucho mayor dado que a ésta se le sumó una huelga de mineros en el invierno del 73-74 que dejó al Reino Unido sin calefacción durante meses, hizo subir el paro siete puntos y puso las bases para que Margaret Thatcher sacase la rebarbadora años más tarde. Es en Inglaterra donde el hooliganismo se convierte en una religión. Desde finales de los 70 e inicios de los 80 cualquier encuentro internacional en el que formen parte equipos británicos se convertirá en una pesadilla para las fuerzas del orden.
29/V/1985. 18:30. Los británicos cantan, beben, saltan y observan con avizor la tierra de nadie entre ellos y los transalpinos. Al poco ocurre el primer incidente de importancia. Un italiano saca del bolsillo una bandera fascista y ante la reprimenda del gendarme lo golpea violentamente. No se sabe ni el cómo ni el por qué, pero eso excita al respetable que comienza a lanzar latas de cerveza al aire. Empiezan los empujones y la tierra de nadie ya es directamente territorio inglés.
16/I/85. Supercopa de Europa. Juegan el Liverpool FC, vigente campeón de la Copa de Europa, frente a la Juventus FC, vigente campeón de la Recopa. Partido único. Ganan los italianos por 2-0 con un doblete de Boniek. Meses después la Juve buscará su primera Copa de Europa frente al Liverpool que defiende un título logrado el año anterior en Roma y que ya se había saldado con incidentes entre radicales en las gradas. Los ingleses son un equipo veterano y sólidamente armado en el que destacan el capitán Phil Neal (cuatro Copas de Europa con el Liverpool) y el delantero galés Ian Rush. La Juve cuenta con el citado Boniek y con Tardelli, Cabrini, Scirea o Rossi, todos ellos campeones del mundo con Italia tres años atrás. Pero la estrella de la Juve es el francés Michel Platini. Tras perder la final de la Copa de Europa en 1983 frente al HSV Hamburgo, la Juve decidió fichar al mejor jugador del planeta, con permiso de Maradona, para alzarse de una santa vez con el trofeo de los trofeos.
29/V/1985. 19:00. Un hombre de mediana edad se desploma. Es un visto y no visto. Es belga. Podría tratarse de un desmayo provocado por la basta cantidad de gente y el calor sofocante. No. No es eso. Al poco se descubre que tiene una herida de cuchillo en el estómago. Sangra y hay que evacuarlo. Los hooligans asaltan entonces el sector Z. Son todos jóvenes. Hay menores de edad. Van armados con cuchillos y hasta portan barras de hierro. En pocos instantes la valla de separación claudica ante el envite. Comienza la batalla. Parece el medievo. Ocurre que el enfrentamiento es desigual. Son hooligans ante chavales que no están armados. Los tifosi, los radicales de la Juve, están en la otra punta del estadio. Aquí, en el sector Z, la abrumadora mayoría es pacífica. Hay familias. Sólo piensan en escapar, mas no hay escapatoria. Los rojos están desatados, avanzan en oleadas, tiran piedras, tienen garrotes metálicos y trozos de botellas. Están excitados por la huida del enemigo. La policía no es consciente de la algarabía. Con el muro no se va nada y tardarán en reaccionar. Los juventinos buscan una escapatoria. Ilusos, no saben que están llamando a las puertas del infierno.
Las puertas del infierno
29/V/1985. 19:24. Hay unos 5.000 italianos. Están siendo empujados y espoleados en busca de una salida. Hay vallas. Por entonces hay vallas. Separan a los aficionados del césped con el fin de evitar incidentes y ocupaciones ilegales del césped. Detrás de las vallas hay un muro de dos metros de alto. Llegado el momento se buscará la llave de la valla. No aparece. Ley de Murphy. Cuando todo sale mal, siempre puede empeorar. Hay dos puertas. Ambas están cerradas. Supuestamente por razones de seguridad. De las puertas, del muro, hasta el terreno de juego, hay otra caída de otros dos metros de altura. De repente se derrumba. El muro se derrumba. La valla cae sobre los italianos. El alambre de púas cae sobre los italianos. Los espárragos de Rommel están listos para el combate.
29/V/1985. 19:32. Silencio. Más de un centenar de personas no dan señales de vida. Gritos. Lloros. Con el muro y la valla decenas han caído a plomo. Son 39. Treinta y nueve. Por entonces poco se sabe. Pero se intuye. Serán 39 muertos. La policía detiene a un innombrable que aprovecha la tragedia para buscar carteras en los bolsillos. El ser humano es depreciable. Los ingleses, borrachos, orinan. Mean sobre los cuerpos sin vida de los juventinos. Se llama a todo médico disponible en Bruselas y los taxis hacen de ambulancias improvisadas. Es un pandemónium.
29/V/1985. 19:40. En las gradas hay caos y confusión. Aquellos con un transistor lo encienden. Los periodistas dan cuentan de lo sucedido. Lo hacen gracias a un español. Se llama Alejandro Andreu y es el responsable de comunicación de Coca-Cola, principal patrocinador de la Copa de Europa. Va arriba y abajo. Del campo a la tribuna de prensa. Los periodistas de la RAI movilizan a todo plumilla disponible para ayudar a los servicios de emergencia y llevar camillas al terreno de juego.
1989. Únicamente catorce personas fueron condenadas. Todos fueron absueltos tras recuso al entenderse que el homicidio había sido involuntario. Ni la UEFA ni los propietarios de Heysel ni las autoridades belgas fueron inculpadas. Ni el estadio de Heysel (en la actualidad profundamente remodelado) ni ningún otro recinto belga volvió a acoger una competición internacional hasta 1995. No se permitió el acceso de ningún club inglés a una pugna europea hasta 1990 y al Liverpool hasta 1991. Se consideró que el comportamiento de los hooligans no era un hecho aislado, sino un patrón que había que corregir. A finales de la década de 1980 las familias huían de los campos de futbol por miedo a la violencia, lo que fue motivo, entre otros factores, a un importante aumento en seguidores y practicantes del baloncesto. Hoy, el fútbol sigue siendo el deporte rey y vuelve a ser un evento familiar en el que se han incorporado con éxito niñas y mujeres de cualquier edad.
29/V/1985. 20:33. Se discute. Se negocia. En ningún momento se habla de la opción de suspender el partido. La policía belga se niega en rotundo. Y da sus razones. Da sus motivos. El ejército va a decretar el estadio de sitio. Se cierran bares, cines y restaurantes. Todo bruselense va de cabeza a su casa. Argumentan que necesitan entre tres y cuatro horas para mover a las 60.000 almas que hay en Heysel. Si el partido se suspende, ¿a dónde va toda esa gente? Con toda seguridad habrá vendetta y los muertos podrían ascender a miles. Son las ocho de la tarde y hasta la 01.00 de la madrugada no salen ni los vuelos chárteres rumbo a Liverpool ni los autobuses que cogerán la autopista camino de Turín. Hay que jugar el partido y luego sacar a toda esa marabunta del campo y en orden. Los últimos serán los periodistas.
29/V/1985. 21:03. Hace algo más de una hora que tenía que haber empezado el partido. No lo ha hecho todavía. Los futbolistas saben lo que sucede. En la puerta de los vestuarios hay gente ensangrentada. Otros lloran en busca de sus familias. Antonio Cabrini, futbolista de la Juve, se une a ellos. Boniek, delantero polaco blanquinegro, solloza. Pero en ese momento los jugadores se preparan para que el simulacro dé comienzo. El jefe de la policía belga, capitán Johan Mahieu, y el alcalde de Bruselas, Hervé Brouhon, apelan a jugar el partido para evitar una guerra civil. La plantilla de la Juventus y su cuerpo técnico se niegan a disputar el choque.
29/V/1985. 21:15. El partido comenzará. Lo hará por razones de orden público. Lo hará con 75 minutos de retraso. Lo hará con cerca de 400 personas hospitalizadas. Lo hará con el ejército belga movilizado por lo que pudiese suceder. Gaetano Scirea y Phil Neal, capitanes de Juventus y Liverpool respectivamente, salen micrófono en mano para leer un comunicado en medio del campo de batalla y explicar a los allí presentes que el espectáculo debía continuar. Ni Scirea ni ningún miembro de la Juventus quería jugar el partido. Nadie comprendió lo que estaba a suceder.
29/V/2025. 22:29. Minuto 58 de partido. La primera parte había sido un truño. La segunda había comenzado con la misma sensación de parálisis. Pase en largo de Platini a la carrera de Boniek. Controla de cabeza y es derribado. Cae. Penalti. Alza los brazos. No lo es ni por asomo. Ha caído a un metro del área tras la zancadilla de Gary Gillespie. Nadie protesta. El locutor de la RAI no avista emoción alguna. Todos aceptan la decisión como hecho consumado. Michel Platini engaña a Bruce Grobelaar y adelanta a la Juve. Platini corre agitando el brazo derecho con el puño cerrado al frente del sector Z. Luego se arrepentirá de aquella celebración. El hedor de la muerte flotaba en el aire. Cuarenta años después sigue arrepintiéndose. Cuatro décadas más tarde Heysel sigue hediendo a cadáver. La final, como consecuencia del trágico suceso, se disputó en un clima enrarecido y con algunos cadáveres todavía visibles desde ciertas zonas del estadio.
29/V/1985. 23:30. La Juventus ha ganado su primera Copa de Europa. Hay vuelta de honor. Es un rodeo fugaz. Hay ira, tristeza y vacío. Unos 2.300 agentes conducen a la multitud por oscuros pasillos de camiones y los escoltan bajo vigilancia camino de numerosos autobuses. De ahí no se va ni dios a pie. De allí no se forma ningún grupito con ganas de venganza bajo ningún concepto. Bruselas está bajo control del ejército. No hay un alma en las calles. Sólo sirenas. Sirenas de policía. Sirenas de ambulancia. Ocurre que la tragedia calma los ánimos. Sólo hay ocho detenciones. Todas inglesas. Hay un silencio atónito.
30/V/1984. 06:30. Amanece. Los barcos han partido del puerto de Ostende para transportar a los ingleses a su isla. Los aeropuertos ya dieron buena cuenta de unos y otros a altas horas de la madrugada. El tráfico en las autopistas vuelve a su normalidad tras acotar varios carriles que llevaban a los italianos rumbo sur a Turín. En un hospital militar de Bruselas los médicos forenses dan cuenta de las primeras autopsias. Serán 39 fallecidos. Treinta y dos italianos, cuatro belgas, dos franceses y un inglés. Nadie llegaba a los 60 años. La mayoría están en la flor de la vida. Hay un niño de diez años. Iba con su padre.
30/V/2025. Hoy Heysel no existe. O sí. Existe. Pero es otro estadio. Cuenta con capacidad para 50.000 espectadores todos con localidades de asiento. Es un coliseo de máxima categoría UEFA en términos de accesibilidad y comodidad. Se rebautizó en 1995 con el nombre de Estadio Rey Balduino, en honor al que fue rey de Bélgica durante cuatro décadas. A las afueras hay un monumento iluminado con 39 luces en conmemoración a cada uno de los fallecidos. En la grada Z hay dos vallas, ambas abiertas, para recordar aquello que nunca tendría que haber sucedido.
29/V/1985
“El partido no debería haberse jugado. No podemos estar orgullosos de esa Copa de Europa. No repetiría el desfile de la victoria alrededor del campo. Esos 39 muertos merecen respeto”. Michel Platini, futbolista del Juventus FC.
“Solo quería acabar el partido y ver que mi familia estaba bien. Me daba igual el penalti en contra. Ganar o perder era secundario”. Ian Rush, futbolista del Liverpool FC.
Era el 4 de junio de 1980. Final de la Copa del Rey. Estadio Santiago Bernabéu. García Remón; Sabido, Goyo Benito, Pirri, Camacho; Del Bosque, Ángel, Stielike; Juanito, Santillana y Cunningham. En la otra mitad del campo formaban Agustín; Juanito Felipe, Castañeda, Kike Herrero, Casimiro; Ricardo Álvarez, Gallego, Bernal; Pineda, Paco Machín y Cidón. Un total de 22 futbolistas sobre el césped. El partido sería excluido de las casas de apuestas dado lo previsible del resultado.
Todos los allí presentes pertenecían al Real Madrid.
Por entonces en la Copa del Rey participaban todos los clubes de Primera y Segunda División (40 escuadras), Segunda División B (40 conjuntos) y Tercera División (160 equipos). Todos son todos. Sin filtros. Y es que por entonces los filiales podían competir en la Copa del Rey. Uno de esos filiales era el Castilla Club de Fútbol, entonces miembro de la Segunda División.
Existían una serie de clubes del fútbol modesto madrileño que ejercían como lugar de fogueo para futuras promesas blancas. El más destacado de todos ellos era la Agrupación Deportiva Plus Ultra que había sido fundada antes de la Guerra Civil por empleados de la compañía de seguros del mismo nombre. Será en 1946 cuando se fusione con otro club de la zona para firmar un acuerdo de exclusividad al año siguiente con el Real Madrid y convertirse en su filial de forma exclusiva.
El Plus Ultra juega en Chamartín y en 1960 incluso llega a coquetear con ascender a Primera. Ya antes el CD Condal había logrado tal hazaña funcionando como filial del FC Barcelona, por lo que urge cambiar la normativa para no levantar suspicacias. En la teoría estos equipos son independientes, aunque la realidad es radicalmente distinta. Así pues, una orden federativa obliga a que estos clubes pasen a ser legalmente dependientes de su club matriz. En 1972 el Plus Ultra desaparece y su lugar lo ocupa el Castilla Club de Fútbol (desde 2005 Real Madrid Castilla Club de Fútbol). También se cambia su indumentaria. Hasta entonces el Plus Ultra viste con camiseta azul y pantalón blanco. El Castilla pasará a lucir los colores del Real Madrid.
De Plus Ultra a Real Madrid B
En 1978 el Castilla asciende a Segunda División, donde se mantiene en la siguiente campaña que es la que nos ocupa. En primera ronda elimina al Extremadura de Tercera División por un global de 10-2 y en segunda ronda al AD Alcorcón, también de Tercera, por un total de 5-1. En 1/32 de final el rival es el Racing de Santander. En este caso es un equipo de Segunda, misma categoría que el Castilla. No obstante, se vuelve a lograr el pase por un 3-1 en el acumulado. La historia tendría que haber finalizado en 1/16 donde el rival era el Hércules, conjunto de Primera División. Y el tema es que en Alicante la victoria es local por 4-1. Toca vuelta en la antigua ciudad deportiva del Real Madrid en donde el Castilla logra la campanada y consigue un 4-0.
La sorpresa no tiene gran repercusión hasta que llegan los octavos de final. Athletic Club de Bilbao. Un miura. Se vence en San Mamés por 1-2 y en la vuelta se defiende con uñas y dientes el 0-0 en Madrid. Lo sorprendente se vuelve cotidiano y la noticia aparece en las primeras páginas de los periódicos. Pero hay más. En cuartos toca la Real Sociedad. Palabras mayores. Un equipazo que ese año sólo perderá un partido en Liga. Arconada, Satústregui, Zamora y compañía. Se pierde por 2-1 en Atocha y nuevamente se vuelve a levantar una eliminatoria por 2-0 en casa. En semifinales el partido es ante el Sporting de Gijón de Quini, actual subcampeón de Liga y que está ante una inmejorable oportunidad de lograr su primer título. En El Molinón ganan los asturianos por 2-0 y en la vuelta, ya con el Bernabéu engalanado (con entradas gratis para los socios) para disfrutar de los niños, el Castilla da la vuelta a la eliminatoria y vence por 4-1.
Lo nunca visto.
El filial del Real Madrid jugará la final de la Copa del Rey tras echar a Hércules, Athletic, Real Sociedad y Sporting de Gijón; estos dos últimos rivales más complicados que el FC Barcelona a la altura de 1980.
Cada ronda de Copa del Rey fue un espectáculo, mucho más que la final, en las que esos críos se cepillaron a la flor y nata del fútbol español. Y los mayores mientras sufriendo. Eliminaron al Betis en cuartos por el bigotillo de un grillo y hubo que decidir con una tanda de penaltis para clasificarse ante el Atlético de Madrid en semifinales.
¿Y si el Real Madrid pierde ante el Castilla la final?
En la final el Real Madrid se quedó con el blanco y el Castilla vistió de morado, haciendo honor a la franja del escudo originada en los tiempos de la España republicana. Todos se conocían. Era habitual que los canteranos entrenasen con el primer equipo. Ocurre que la semana antes de la final se tornó en imposible. Los veteranos comandados por Pirri, quien se despedía del Madrid tras catorce temporadas, no querían pasar a la historia por culpa de una derrota que se tornaría en humillante. El día anterior Juanito y Santillana hicieron una conjura con los compañeros y cerraron la arenga con un “sin piedad”. El día del partido, cuando los futbolistas esperaban juntos en el túnel antes de saltar al césped, Camacho, con personalidad, pero entonces aun un chaval, declinó saludar a los miembros del Castilla.
A aquellos chavales todo eso los rebasó. Tuvieron que llevarlos la semana anterior a una concentración en Navacerrada donde hubo de todo menos facilidades. Había un silencio velado en todos los estamentos del club con el objetivo de hacerles el vacío, dado que, quien más y quién menos, temblaba a la hora de pensar en la posibilidad de un triunfo del Castilla en la final de la Copa del Rey.
Con todo fue el Castilla el que llevó la iniciativa durante los primeros minutos. Un disparo de Pineda al poco de comenzar dio con el balón en el larguero. El público lamentó la mala fortuna, mientras que en el palco se respiraba de alivio. A los veinte minutos Juanito adelantaba a los mayores. Y a partir de ahí no hubo mucho más que contar. 6-1 fue el resultado final. La segunda parte fue una fiesta merengue, aunque dio la sensación de que para los que estaban en el campo en ningún momento eso fue del todo divertido. Tras el 4-0 de Del Bosque en el minuto 70 se envainaron espadas y dejó de correrse, hasta que el Castilla anotó el de la honra poco después. Fue Juanito el que amonestó a sus compañeros por bajar los brazos y exigió volver a subir revoluciones para poner las cosas nuevamente en su sitio.
Veteranos y noveles. Final 1980
El subcampeón de Copa tuvo un premio extra. Dado que el Real Madrid jugaría la siguiente temporada la Copa de Europa como vigente triunfador liguero, el Castilla fue inscrito en la Recopa, la entonces competición auspiciada por la UEFA para los vigentes vencedores en la copa de su respectivo país. En este caso no existió epopeya castellana. En primera ronda tocó el West Ham inglés. Se venció en el Bernabéu por 3-1, pero se caería dignamente en White Hart Lane por 5-1 tras la disputa de una prórroga. Fue la primera y última vez que un club filial disputaba una competición europea.
También fue la última vez que un filial jugó una final de Copa del Rey. La RFEF modificó su reglamento para vetar la presencia de equipos filiales siempre que sus matrices disputen dicho torneo. Nunca podrán compartir categoría ni torneo clubes que de facto son padre e hijo.
En 1984 el Castilla se proclamó campeón de Segunda División, suceso nunca antes ni después logrado por un filial. Evidentemente se le prohibió el ascenso a Primera. Lo curioso del caso es que se suele entender este éxito como una continuación del equipo finalista de 1980 y nada más lejos de la realidad. En el Castilla victorioso de 1984 figuraban Butragueño, Michel, Pardeza, Martín Vázquez o Sanchís, futbolistas todos de reconocido prestigio y algunos de ellos historia viva del Real Madrid. De los finalistas de Copa del Rey de 1980 tan sólo Ricardo Gallego tuvo una fructífera y reconocida carrera en el primer equipo del Real Madrid.
Curioso.
Agustín (1): Tras la final ascendió al primer equipo donde militó diez temporadas alternando titularidades con suplencias. Fue Trofeo Zamora en 1982, pero la llegada de Paco Buyo fue eclipsando su carrera. Se retiró en 1994 en las filas del UD Tenerife. Formó parte de la plantilla victoriosa en cinco Ligas consecutivas y dos Copas de la UEFA.
Juanito Felipe (2): Lateral derecho. Aunque llegó a debutar en el primer equipo, hubo de marcharse al Real Oviedo en busca de minutos. Se retiró en el Rayo Vallecano con apenas 29 años.
Casimiro (3): Este lateral izquierdo sigue siendo el futbolista que más partidos ha jugado en la historia del Castilla. Se retiró con 32 años tras unas no demasiado fructíferas experiencias en el Elche CF, el Celta o la UD Logroñés.
Castañeda (4). Capitán. Tras la final decidió aceptar una oferta del Osasuna en donde se convirtió en una institución. Fueron once temporadas en Pamplona logrando una histórica participación para disputar la Copa de la UEFA en 1986. A día de hoy es el segundo futbolista rojillo con más partidos en Primera División (349).
Kike Herrero (5). El otro central del equipo debutó en Primera defendiendo los colores de la UD Salamanca, categoría que también defendió brevemente con el Real Murcia. Tras alternar con varios equipos continuó ligado al fútbol como directivo en la UD Mirandés, donde previamente había colgado las botas.
Ricardo Gallego (6). El metrónomo del Castilla fue el único de la plantilla que hizo una larga y fructífera carrera en el primer equipo. Al verano siguiente ya formaba parte del Real Madrid donde sería titular hasta su marcha en 1989, primero como mediocentro y más tarde reciclado como defensa central. Fueron cuatro títulos de Liga y dos Copas de la UEFA. También fue 42 veces internacional disputando el Mundial de 1982 y el de 1986. Jugó también en el Udinese y se retiró en el Rayo Vallecano. Actualmente es colaborador en Real Madrid Televisión y es socio de la empresa que gestiona los palcos VIP del Bernabéu.
Ricardo Álvarez (7). El autor del tanto del Castilla en la final llegó a disputar 29 partidos en Primera defendiendo los colores del Hércules y del Racing de Santander. A partir de ahí la decadencia fue total hasta acabar sus días como futbolista en el Real Ávila.
Pineda (8). Paco Pineda fue junto a Gallego y Agustín uno de los tres integrantes del Castilla que subieron al Real Madrid ese mismo verano. Fueron cinco temporadas como hombre de ataque de las segundas partes, un revulsivo que no llegó a consolidarse. De ahí se marchó al Real Zaragoza para luego retirarse en la UD Málaga con 30 años. Actualmente coordina varias escuelas de fútbol base en la Costa del Sol. En una de ellas surgió el luego futuro campeón de Europa del Real Madrid Isco Alarcón.
Paco Machín (9): Tras Roberto Soldado, es el segundo máximo goleador de la historia del Castilla. Sin embargo, este delantero balear no tuvo suerte en su salto al profesionalismo. Su mejor temporada fue en el Elche en 1986. Fueron 17 goles en Segunda. A los 30 años colgó las botas en Segunda B.
Miguel Bernal (10). El segundo futbolista con más partidos en la historia del Castilla era un mediapunta que jugó cinco temporadas en Primera divididas entre el Racing de Santander y el RCD Mallorca. Se retiró al pasar la treintena en la UD Salamanca.
Cidón (11). Delantero escurridizo, de apenas 1’65 de altura, Valentín Cidón es otro de esos futbolistas que fue fichado por el Racing de Santander procedente del Castilla. Llegó a meter ocho goles en su primera temporada, pero a partir de entonces su carrera fue cuesta abajo. Jugaría en el Atlético Marbella o en el Linares CF de Segunda B.
Sánchez Lorenzo (14). Entró en el descanso de la final. Centrocampista que alternó Primera y Segunda División con el Elche CF y la UD Logroñés.
Balín (15). Disputó los últimos quince minutos de la final. Jugó 20 partidos en Primera entre Osasuna y UD Salamanca hasta que dejó el fútbol con apenas 28 años.
El reloj marcaba entonces el minuto 76 de partido. Quedaba un escaso cuarto de hora para el final del encuentro. Juanma López, central de la selección, no puede continuar. Ha caído lesionado. En aquel partido amistoso los contendientes habían establecido un total de cinco cambios y seis jugadores en el banquillo en una convocatoria total de 17 futbolistas. La selección española había utilizado cuatro de los cinco cambios disponibles. Quedaban dos futbolistas en el banco. Uno era Sergi Barjuán, lateral izquierdo del FC Barcelona. Se tornaba el cambio lógico. El problema es que, bien por dejadez administrativa o bien por exceso de confianza, nadie había inscrito a Sergi para el acta del partido.
El único futbolista disponible era el guardameta suplente. José Francisco Molina.
Molina era entonces el portero titular del Atlético de Madrid. Semanas después del bizarro suceso se proclamará campeón de Liga y de Copa del Rey con el club rojiblanco además de Trofeo Zamora como el portero menos goleado de La Liga. Era un guardameta con buenos reflejos, pero no especialmente seguro bajo palos. Su fuerte en todo caso gravitaba sobre un excepcional juego de pies, virtud antes desconocida y ahora admirada. La FIFA acababa de prohibir que los porteros cogiesen el balón con las manos tras un pase atrás de un compañero y de repente las habilidades de Molina pasaron a cuadriplicar su valor. Canterano valencianista, había destacado en el Albacete Balompié antes de convertirse en un portero-líbero en el Atlético de Radomir Antic.
El caso es que cuando era un niño Molina había sido centrocampista, de ahí su buena salida de balón con los pies, por lo que la disyuntiva se tornaba más clara. O España afrontaba el último cuarto de hora de partido con un jugador menos y ensayaba una estrategia de encuentro con diez hombres para futuros eventos, o Molina ejercía de sorpresivo futbolista de campo.
Así entonces Molina saltó con el número 13 al terreno de juego. Era un 24 de abril de 1996. Estadio Ulevaal de Oslo. Partido amistoso. Noruega-España. Clemente colocó a Molina como extremo izquierdo y tan solo le dio una consigna; que estuviese tranquilo y que corriese la banda. Era además el debut con España de Molina.
El debut como internacional español del portero valenciano iba a ser como futbolista de campo.
Con el 13 en la espalda, Molina se pegó a la banda izquierda tal y como le había ordenado el seleccionador. Tan malo fue el partido de España aquella fría noche que el único disparo del partido a puerta sería del ojiplático portero. El golpeo vendría en la media luna del área. Un derechazo de Molina que salió a escasos centímetros del palo derecho de la portería noruega.
«Yo hice lo que tenía que hacer. Lo que hace un entrenador. Porque yo en la selección era entrenador y en ese partido se me planteó esa situación, sólo estaba José Molina para jugar, le pregunté si quería y él aceptó encantado como lo que es, un profesional, porque su objetivo era ayudar a la selección. Un entrenador calzonazos y baldragas que no vale para nada seguramente que no lo hubiera hecho. Y algún periodista tampoco”, soltó Clemente. Las críticas fueron sangrientas. Eran años de cuchillos afilados. De La Morena contra García. Prisa contra todos. El tiki-taka antes del tiki-taka contra el patapún arriba de toda la vida.
La decisión de colocar a Molina como jugador de campo era excéntrica, ocurre que también era cierto que era la única opción disponible. Pero a Clemente se le tenían muchas ganas. Habituales eran los partidos donde saltaba al campo con cuatro centrales, reconvirtiendo a dos de ellos como centrocampistas o colocaba como delantero centro a jugadores que jamás habían jugado en esa posición. La bomba estallará en la Eurocopa disputada ese mismo verano en Inglaterra donde el seleccionador y un periodista de la Cadena SER llegarán a las manos.
Aquella España de Clemente, aquella España de hormigón armado, sobrevivió varios años a base de buenos resultados y una fe ciega del vestuario hacia su seleccionador. En el Mundial de 1994 y en la Eurocopa de 1996 el equipo aguantó hasta cuartos, pero la caída fue inevitable tras el estrepitoso fracaso de España en el Mundial de Francia 1998.
Molina nunca más jugó un partido internacional con Clemente como seleccionador. Fue convocado para la Euro 1996 y el Mundial 1998 como tercer portero y no disputó minuto alguno. Eran tiempos de escasas rotaciones y los amistosos se tomaban con mayor seriedad que en la actualidad. La oportunidad para Molina llegaría tras la destitución de Clemente y la elección de José Antonio Camacho como técnico de España.
Retirado Zubizarreta, Camacho apuesta por Molina en detrimento de Cañizares y del imberbe, pero favorito de público y crítica, Iker Casillas. Los últimos siete partidos antes de la Eurocopa 2000 los juega el portero valenciano que afronta como titular el primer encuentro de aquella Euro precisamente ante Noruega. En Rotterdam, España es ampliamente favorita frente a los nórdicos, pero el resultado no varió del 0-0 inicial, hasta que mediada la segunda mitad hay una falta lejana a favor de Noruega. Molina salta con puño cerrado a por el balón, pero mide horriblemente su salida y la cabeza de un tal Iversen se le adelanta para impactar con el esférico e introducir mansamente el balón dentro de la portería española. España perdió el partido y si duras habían sido las críticas de la prensa tras el esperpento de Oslo, ahora tocaba una carnicería publica de proporciones apocalípticas.
Cante por soleá
Santiago Cañizares pasó a ser el titular en el siguiente partido. Molina no volvió a jugar un encuentro con la selección española. Alargaría felizmente su carrera en el RC Deportivo para luego retirarse en su tierra en las filas del Levante UD. Lo hizo con un título liguero en su palmarés, dos copas y nueve internacionalidades, la primera y la última de ellas contra Noruega. Una como extremo izquierdo y la otra tras una cantada extrema.
Un día del verano de 1966 once desconocidos norcoreanos batieron a Italia, por entonces doble campeona mundial. Aquello fue una debacle que recorrió la bota de norte a sur. Los aficionados, azuzados por la prensa, clamaron por una solución ante la afrenta. Los directivos, en tiempos de chovinismo nacionalista, quisieron encontrar la respuesta cerrando las fronteras nacionales. Tirando de intervencionismo y aislacionismo a lo Donald Trump, en la temporada 1966/67 se prohibía la contratación de futbolistas extranjeros con el objetivo de potenciar al jugador nacional.
Para sus defensores la medida fue efectiva. Fueron 14 años de prohibiciones en los que Italia vitoreó en la Eurocopa (1968), fue subcampeona del Mundial (1970) y tanto el AC Milan como la Juventus de Turín lograron títulos europeos. Para sus detractores el nivel del fútbol italiano cayó en picado. De los títulos europeos logrados por clubes transalpinos ninguno era la Copa de Europa e Italia había caído en la primera fase del Mundial 1974 y ni siquiera se clasificó para la Eurocopa de 1976 tras perder ante Países Bajos y Polonia. El nivel de juego era paupérrimo y los equipos difícilmente podían competir con la potencia de los equipos ingleses y alemanes. Así pues, en el verano de 1980 se reabrió el mercado internacional y se permitió fichar un futbolista extranjero por equipo.
En aquella temporada 1980/81 uno de los 16 contendientes de la Serie A era la Union Sportiva Avellino. Se trataba de un club muy modesto que había ascendido a la primera categoría en 1978 por vez primera y donde se mantendrá durante una década hasta nunca más volver a reverdecer laureles. Avellino es una pequeña ciudad de 50.000 habitantes del interior de la Campania. Se trata de una zona volcánica a escasos 40 kilómetros de Nápoles, capital de la región y su nombre, como es fácil de presuponer, se debe a la multitud de avellanos que pueblan la zona.
Avellino
La vida de Juary da para un libro. Bautizado como Jorge Dos Santos Filho en 1959, al pequeño Juary se le daba bien al fútbol. Entre favela y favela jugaba a la pelota con tanto ímpetu que día tras día acababa con las uñas rotas. Ocurre que, aunque con buenas condiciones, era pequeño y liviano (apenas 1’68 de adulto) y tenía otras inquietudes. Un tío suyo había sido asesinado por un par de policías que buscaban a una banda de delincuentes y, por equivocación, abatieron a la persona equivocada. Había sido un homicidio, involuntario, pero homicidio, pero el policía salió indemne sin ni siquiera realizarse un juicio. Fue entonces cuando Juary decidió estudiar con el objetivo de convertirse en abogado. Sus padres eran muy humildes, pero Juary era buen estudiante y con sus notas podría optar a una beca de estudios.
Pero quiso el destino que en uno de sus múltiples partidos en descampados un tal Babá, jugador del Santos FC, viese a Juary driblar defensas y marcar goles a diestro y siniestro. El tal Babá convenció al padre de Juary para llevarlo a hacer una prueba a las instalaciones del club que Pelé había hecho grande. Así, pues, sería la primera vez que Juary fuese una vaca camino de la subasta. Su padre lo cogió del brazo, tomaron un autobús y allí se presentaron sin que Juary supiese ni a dónde iba ni qué iba a hacer.
Destacó y allí quedó en el internado del Santos. Tampoco tuvo opción alguna. Su padre lo dejó y marchó para nunca más volver. De hecho, no volvió ni a su casa. Abandonó a Juary, mas también a su esposa y al resto de su prole. Escapó para nunca saber más sobre él.
Tras destacar en Brasil, lo mandaron un año cedido al Universidad de Guadalajara mexicano en una jugosa operación financiera para ambos clubes y nunca para el pobre de Juary. A lo poco de volver a Sao Paulo lo llamó el presidente del Santos. Le ordena que haga la maleta y que lo acompañe en un viaje a Italia. Le comenta que quiere ver a un par de jugadores y le pide su ayuda para detectar talento. A Juary, entonces un chaval de apenas 20 años, le resulta sumamente extraño, pero la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones pagadas en Italia le convence para subirse al avión.
Total, que en aquel vuelo Sao Paulo-Roma van Juary, y el presidente y el secretario técnico del Santos. Al poco de subir beben un vaso de vino y Juary comienza a hacer preguntas. El mutis por respuesta. Segundo vaso de vino. Silencio. Tercer vaso. Nada. Cuarto. Ni mú. Así que Juary se bebe un par de botellas y borracho perdido agarra al presidente por la pechera y exige una explicación. El secretario del Santos lo agarra por un brazo y le dice que lo han vendido al Avellino por una suma descomunal de dinero. Juary no sabe dónde está Avellino. No sabe ni si eso es un club de fútbol y pide volver a Brasil. El presidente, con voz calmada, le dice: “No hay paracaídas. No puedes escapar. Eres jugador del Avellino”.
Una vaca camino de la subasta.
Juary
La fama de Juary provenía de un triplete que le había metido al Sao Paulo. Eso le había dado la posibilidad de jugar un amistoso con Brasil para después formar en un encuentro de la Copa América. Era rápido y menudo, un segundo delantero más que apañado, pero no tan llamativo como para llamar la atención de una prima donna. Para el US Avellino era un futbolista accesible teniendo en cuenta el poder de la lira italiana frente a los reales brasileños.
Juary llega a una ciudad que no tenía ni idea de quién era Juary. Mucho peor. Antonio Sibilia, presidente del US Avellino, también desconocía su existencia. Y es que Antonio Sibilio era dueño del club como un anexo a otros muchos quehaceres. Sibilia era un patrón. Era Don Antonio. Había llevado el equipo a la Serie A tras múltiples ascensos con un método, al menos, extravagante. Traje oscuro, camisa abierta con pelo al pecho, bigote de galán de telenovela barata y barriga más que interesante, Sibilia era un don nadie que había pasado de ser paleta en la obra a hacerse dueño de la ciudad. Era íntimo amigo de Raffael Cutolo, capo de la Camorra, y se daba por hecho que Sibilia era el hombre encargado de blanquear los asuntos de Cutolo. El empresario Sibilia paseaba siempre custodiado por dos guardaespaldas y era un imán para los problemas y para el dinero a partes iguales.
Así pues, Sibilia no tenía idea alguna de quien era Juary. Seguramente el fichaje fuese una que otra forma de Cutolo para blanquear dinero. El caso es que cuando Sibilia reciba a Juary en el despacho su sorpresa será morrocotuda al ver a aquel escuálido brasileño de piernas torcidas. Allí, Sibilia, mirará a su entrenador y a sus guardaespaldas y les preguntará en dialecto napolitano si ese chico era de verdad un futbolista. Según se supo después dijo que si en tres meses no funcionaba echaría a técnico y futbolista y les reclamaría a los dos los 800.000 dólares de la época del traspaso.
Pero funcionó. Y funcionó muy bien. En el segundo partido ya era el ídolo del Avellino. Y aquella gente necesitaba alegrías. La tarde del 23 de noviembre de 1980 la tierra tembló, después se abrió y lo engulló todo. Murieron 3.000 personas y muchos miles más perdieron sus casas. Fue justo después de una victoria del Avellino ante el Ascoli. Juary salvó la vida dado que buscó refugio tras escuchar un estruendo a lo lejos. Luego salió corriendo de casa y se metió en el coche pensando, bendita ignorancia, que estaría más a salvo que dentro de sus cuatro paredes. El caso es que resultó ileso y se lo agradeció a la vida dándole felicidad a todo Avellino. Las siguientes jornadas marcó domingo tras domingo dejando una icónica celebración en la que bailaba en círculos alrededor del banderín de córner.
Juary es a pequeñísima escala lo que Maradona será en la cercana Nápoles. Sibilia lo sabe y ahora lo trata como a un hijo. Un día el presidente sube a su pupilo a un Mercedes. Al igual que el día que se subió a un avión para cruzar el Atlántico obtiene el silencio como respuesta. En esta ocasión no hay vino ni preguntas. Pasan los kilómetros y al llegar a Nápoles observa cómo van camino de los juzgados. Comenzaba el juicio contra Raffaele Cutolo (con el tiempo a su organización se le acusara de tráfico de drogas y cientos de asesinatos) y a éste le interesaba la presencia de Juary como amigo de cara a la opinión pública. Hubo besos entre Sibilia y Cutolo, intercambio de agasajos y fotografías con Juary.
Nuevamente como vaca que va camino de la subasta.
Entre visitas al juzgado y asesinatos varios, entre ellos el de Luigi Necco, periodista de la RAI que comentaba los partidos de SSC Nápoles y de US Avellino y quien denunciaba públicamente a Cutolo y Sibilia, Juary sigue marcando goles para ayudar a la permanencia de su equipo en la Serie A. Así llegamos al verano de 1982 cuando es traspasado al Internazionale. La transacción fue acometida poco antes de que Juary fuese al despacho del presidente a pedir un aumento de sueldo por su buen rendimiento. Sibilia le contestó posando un revólver encima de la mesa mientras asentía con la cabeza.
En el Inter ganó paz y estabilidad, pero deportivamente fue un fracaso. Apenas anotó cuatro tantos y encadena varias cesiones antes de ser traspasado en 1985 al Porto FC. Allí alterna titularidades con suplencia y, aunque tiene un buen desempeño, no alcanza nunca la excelencia que llegó a mostrar en Avellino. Con todo formará parte de la historia dorada del club del norte de Portugal por su buen hacer en la Copa de Europa.
Fueron dos estallidos. La primera vez al poco de llegar. En noviembre de 1985. El Barça había ganado en octavos de Copa de Europa al Oporto por 2-0. Tocaba la vuelta en Das Antas. Juary saltó al campo en el minuto 60 y en media hora le hizo un hat-trick a Urruti en medio de una lluvia torrencial. Lástima que un tanto de Archibald a última hora clasificara al Barça camino de la final a celebrar en el Sánchez Pizjuán. Camino de las cuatro décadas, a la hora de escribir estas líneas, sigue siendo la última victoria del Oporto ante los azulgranas.
El destino le reservaba un momento mucho mejor.
Mayo de 1987. Estadio Práter de Viena. Juary es otra vez suplente. Entra en el descanso. Gana el Bayern por 0-1. Es la final de la Copa de Europa. El modesto Oporto contra el Bayern de Matthäus y Rummenigge. A falta de un cuarto de hora para que muera el encuentro un quiebro de Juary dentro del área sirve para darle el balón a Madjer que lo convierte en un precioso gol de tacón. Tres minutos después el argelino le devuelve el favor con un pase medido que Juary convierte en un tanto que le da al Oporto su primera Copa de Europa.
Gol de la victoria
El héroe del Práter había conseguido lo máximo tras una vida digna de película. Ahí se acabó su historia. Tenía apenas 28 años, pero apenas jugaría tres partidos más con el Oporto. Una grave lesión prácticamente lo inhabilitó para el fútbol. Volvió a Brasil a intentarlo, pero acabo colgando las botas poco después. Con el tiempo se convertirá en entrenador de categorías inferiores hasta que en 2010 se haga cargo de los juveniles del US Avellino, con el equipo deambulando en la Serie C.
Por entonces Antonio Sibilia, el presidente que lo hubo fichado treinta años atrás, era un anciano de 90 años que pasaba sus últimos días en una suntuosa mansión. Cuando se enteró del retorno de Juary a Italia le hizo llegar una invitación para que lo visitase en su casa.
No era racismo. O si era. Vete tú a saber. El caso es que era un entrenamiento. Y había cámaras. Y se vio todo. Era el año 2004. Luis Aragonés era el seleccionador. José Antonio Reyes el niño bonito. El de Hortaleza llamó a un aparte al de Utrera y le dijo aquello de al negro de mierda dígale que usted es mejor que él. La arenga iba dirigida contra Thierry Henry, estrella del Arsenal y compañero en la delantera de José Antonio Reyes.
Se lió parda. Racismo, inquisición y todo el rollo de las colonias. En Inglaterra nos pusieron a parir. No los hay más papistas que el papa. ¿Era racismo? No. No era racismo. Era una expresión racista. Son cosas distintas. La primera es repugnante. Yo a la segunda le pondría el calificativo de triste. El racismo está intrínseco a la condición humana. Lo estuvo, lo está y lo estará. Las expresiones racistas se corrigen con educación y valores cívicos. Hay menos de las que hubo y hay más de las que habrá. Las expresiones homófobas, racistas o machistas afortunadamente irán feneciendo generación tras generación. La homofobia, el racismo y el machismo siempre formaran parte de la humanidad. Thomas Jefferson escribió aquello de que todos los hombres han sido criados iguales con derecho a la vida, a la libertad y a la felicidad, pero luego tenía 4.000 hectáreas en propiedad y 135 esclavos a los que les negó la liberación. Al menos no los azotaba como hacía George Washington.
El caso es que en España no abundaban los negros. Luis Aragonés conoció a unos cuantos, pero Luis fue un futbolista de élite que compartió duchas y vestuarios con trancas de color azabache. Para el común de los mortales ver un negro era un asunto paranormal. Mi padre, niño del rural gallego de los 60, siempre cuenta que la primera vez que vio a un negro fue en las fiestas de su pueblo. Era un feriante que acoplaba una atracción. Ningún niño se montó en aquellos caballitos. Todos pasaron la tarde detrás de una pared, ocultos, mirando a aquel joven de tez oscura que parecía un extraterrestre a ojos de aquellos zagales.
Suponemos que en Madrid o Barcelona el relato causará cierta gracia, pero tampoco es que en las grandes ciudades los negros fueran algo común. En 1980 había 200.000 extranjeros en España (0,5 % de la población) y la mayoría eran blancos sudamericanos. En 2020 eran 5.400.000 (11,5 % de los residentes) los extranjeros censados. En 2024, únicamente tres años más tarde, ya eran 6.300.000 (13,1% de los habitantes). La diferencia en cuarenta años ha sido demencial.
Ruta esclavista
La condena de la esclavitud es un hecho históricamente reciente. Todas las sociedades, sin excepción relevante, han contado con esclavos, desde los egipcios a los ingleses pasando, por supuesto, por los españoles. Lo singular del caso hispano es que de todas las potencias esclavistas europeas que ha habido la española ha sido, con diferencia, la más indulgente.
Como tengo dichas en otras ocasiones conviene ponerse las gafas de la historia. En términos morales la esclavitud es algo infame. En términos históricos la esclavitud es una institución económica. Hasta la propagación de la mecanización, el sistema de producción necesitaba de abundante mano de obra. Así nacieron sectores enteros de población cuya naturaleza era esa; la esclavitud. Era esta una vida sin dignidad humana, que no pobre, ya que, principalmente en tiempos antiguos, en la mayoría de las ocasiones vivía mejor el esclavo que el pobre.
La esclavitud pasó a ser un negocio multimillonario a partir del siglo XVI. A través de ese oficio lucrativo, aunque asqueroso, colonizarían bastos territorios de América con un número muy limitado de militares y civiles portugueses, españoles, ingleses, franceses o neerlandeses (también había esclavos blancos pululando los puertos del Mar Negro y de Oriente Medio, ya que rubios eslavos y morenos ibéricos abundaron en las cortes de sultanes otomanos). Los portugueses fueron los que le pusieron el cascabel al gato (el 40% de los esclavos africanos acabaron en Brasil) a lo que siguieron luego los españoles, pero de una manera mucho más residual, a pesar de lo que la Leyenda Negra nos ha hecho creer.
Mujer del Renacimiento y ferviente católica, Isabel patrocinó el viaje de Colón a las Indias no con afanes aventureros ni económicos, sino con la idea de instaurar una monarquía cristiana. La esclavitud era incompatible con su ideal político y religioso. Su misión era evangelizar a todos los nativos. Y ningún cristiano podía ser esclavo. La culminación de este planteamiento es el testamento leído tras la muerte de Isabel la Católica en 1504. Con la mentalidad de la época era algo extravagante e inaudito, pues nunca antes una potencia vencedora había decidido no esclavizar al vencido.
Se establecieron entonces las encomiendas, en las que se concedía a un español un número determinado de indígenas como mano de obra. Eran los líderes indígenas los encargados de movilizar el tributo y la mano de obra asignada. A su vez, los encomenderos debían asegurarse de que los nativos de la encomienda recibieran instrucción en la fe cristiana y en la lengua española y protegerlos de agresiones externas. Hubo problemas. Claro. A 7.000 kilómetros de distancia las órdenes y las sanciones llegaban con meses de retraso, por lo que muchas de esas encomiendas pasaban a ser esclavitudes encubiertas.
Hasta que en 1530 Carlos I reconociese el derecho a la libertad, a la propiedad privada y al cristianismo de todo nativo. Los conquistados en la Pampa, en México o en el Perú nunca serían esclavos. Éste último punto se antoja trascendental y es radicalmente moderno para la época.
Dado que los nativos americanos ya no podían ser esclavos, es entonces cuando se mira al mercado esclavista africano. Por entonces Lisboa era el centro negrero mundial por excelencia. Los portugueses llevaban años cambiando manufacturas y cereales por el oro y los seres humanos que los jefes tribales africanos y los árabes del Magreb les proporcionaban. A ese mercado se sumaron rápidamente los españoles porque, en términos legales, los negros ya eran “esclavos por naturaleza”.
Se calcula que sólo en el siglo XVII llegaron 250.000 esclavos negros a América. Pero eso era sólo el inicio. En 1714, tras el Tratado de Utrecht que puso fin a la hegemonía hispana, Londres ocupó el lugar de Lisboa como puerto mercantil de la esclavitud. Para el siglo XVIII ya eran siete los millones de esclavos africanos enviados a América.
Pero seguimos sin contestar a la pregunta; ¿por qué hay tan pocos negros en las antiguas colonias españolas? La respuesta está en la doctrina católica. Aun siendo esclavos, a todo aquel negro que se convertía al catolicismo se le integraba en la sociedad. Es más, en la América española el esclavo podía comprar su libertad. En las colonias inglesas o neerlandesas, esclava era toda la familia. En las españolas los hijos de un esclavo dejaban de serlo (al menos en la teoría). De ahí que exista abundante documentación de la existencia de cientos de negros que escapasen del dominio inglés para buscar cobijo en la Florida española.
Cuando hace ahora dos siglos llegó el momento de las guerras de independencia en América, la mayor parte de los nativos se alineó con la Corona española. Veían en la metrópolis una institución capaz de garantizar sus libertades y sus costumbres. Los criollos, los hijos del mestizaje (fruto de las revolucionarias ideas de Isabel la Católica el mestizaje diferenció la colonización hispana de todas las demás potencias europeas), eran los que querían acabar con las costumbres indígenas. Cuando Simón Bolívar llegue al sur de Colombia en 1820 escribirá, entre horrorizado y sorprendido, que sus enemigos más encarnizados eran indios nativos.
Perdidas las colonias norteamericanas, desde el Imperio Británico se presiona para abolir la esclavitud, lo cual se hará efectivo en 1833. No es un acto de fe, dado que seguirán esclavizando de facto a los africanos durante el siglo XIX, más los esclavos dejarán de existir como mano de obra en las Islas y se perseguirá y juzgará a aquellos que trafiquen con personas por todo el Atlántico. Presionados por los británicos, el resto de naciones europeas y las nuevas naciones sudamericanas aceptarán la nueva realidad con celeridad.
No será ese el caso de Estados Unidos, que no abolirá la esclavitud hasta 1865 tras una cruenta guerra civil, o de Brasil, que no lo hizo hasta 1888, tras más de medio siglo de independencia. España no acabó con la esclavitud hasta 1880, manteniendo viva esa sucia realidad en Puerto Rico y Cuba para gloria de las compañías negreras de Bilbao, Cádiz o Barcelona. Y con todo habrá que esperar al siglo XX para ver al mayor negrero de la historia, el industrial alemán Alfred Krupp. Cierto día, en una reunión con Hitler, le comentó que antes de gasear, asesinar o encarcelar a elementos desafectos, siempre era mejor hacerlos trabajar hasta la muerte para aumentar la producción bélica. Se estima que en las fábricas Krupp trabajaron unos doce millones de esclavos. Alfred tuvo bajo sus órdenes directas a unos 200.000.
Volvamos al siglo XIX. Es entre 1820 y 1880 cuando la esclavitud financiada por España se torne en real. Se estima que llegaron el doble de esclavos al caribe español en esos sesenta años que en los dos siglos anteriores. Y coincidió en el tiempo cuando desde el Imperio Británico se prohibía y se luchaba contra la esclavitud. De ahí la mala, y en cierto modo injusta, fama española. El malagueño Pedro Blanco, uno de los mayores negreros de la historia, había hecho su fortuna traficando entre Sierra Leona y La Habana hasta que en 1850 sus barcos fueron arrasados por la marina británica. Ese hecho incendió a la opinión pública inglesa en el momento en el que la alfabetización se había generalizado y el periódico era devorado por las masas. Fue así como, a pesar de ser la potencia europea más restrictiva con la esclavitud, la Leyenda Negra y el derrumbe hispano en el siglo XIX hizo que a ojos de la sociedad ilustrada España quedase como un país rancio y anquilosado.
La leyenda negra….
— NEGROS EN LA SELECCIÓN ESPAÑOLA —
El primer partido de la selección española tuvo lugar en 1920 en Amberes. Fue llegar y besar el santo porque España logró la medalla de plata en aquellos Juegos Olímpicos. No estaba allí presente Paulino Alcántara, el hombre con el récord de goles anotados en la historia del FC Barcelona hasta que Leo Messi lo pulverizó en 2014. Paulino debutó con La Roja en 1921 a los 25 años. Antes había sido internacional con Filipinas. Pero la primera gran figura del fútbol español no era negro, sino blanco con ligera tez morena. Hijo de militar español y de una joven filipina había nacido dos años antes de que España perdiese sus colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Cubano era Chus Alonso (3 veces internacional), centrocampista del Real Madrid de la posguerra y autor del primer gol en Liga en el Santiago Bernabéu. Alonso había nacido en una Cuba ya independiente, pero sus padres eran asturianos. Para entonces nadie emigraba a España, sino que eran los españoles los que emigraban al extranjero debido a la carestía y la falta de libertades del Franquismo. Y aun así había quien soñaba con vivir bajo el paraguas del Caudillo. Es el caso de Laszlo Kubala (19 partidos) y Ferenc Puskás (4 partidos). Ambos húngaros de nacimiento y ambos acabarían siendo figuras en España e internacionales con su país de adopción. Junto a ellos, a caballo entre los 50 y los 60, estará Alfredo di Stéfano (31 partidos). En todo caso todos ellos eran nacionalizados y todos eran blancos. Caso de los argentinos Rubén Cano (12 internacionalidades) y Juan Antonio Pizzi (22 partidos), el paraguayo Eulogio Martínez (8 internacionalidades) o el brasileño Diego Costa (24 encuentros).
Dado que España durante el Franquismo pasó a ser país de emigrantes también contamos con casos de futbolistas que son hijos de padres que hicieron la maleta buscando un futuro mejor. Es el caso de José Eulogio Gárate (18 internacionalidades) que nació en Argentina, aunque a los pocos meses ya estaba de vuelta en España. Algo más, concretamente ocho años, fue lo que tardó Roberto López Ufarte (15 partidos) en dejar Marruecos y volver a Irún. Cuatro años eran los que tenía Álvaro Cervera (1 encuentro con España) cuando llegó a Tenerife procedente de Guinea Ecuatorial donde trabajaba su padre.
Con los años la diáspora española se europeizó hasta que la llegada de la democracia hizo que esos emigrantes se convirtiesen en retornados. Así muchos niños nacidos en los 60 y 70 pasaron a ser futbolistas españoles de pleno derecho entre la última década del pasado siglo y la primera del presente. Nos referimos al suizo Luis Cembranos (1 partido), al francés Armando Álvarez (2 partidos), al danés Thomas Christiansen (2 partidos) o al nacido en Alemania Curro Torres (5 internacionalidades).
Todos ellos son blancos.
Pizzi (22 veces internacional)
El primer negro de la selección tendría que haber sido Miguel Jones. Jones sí que era negro. Su padre era un destacado político en la entonces colonia española de Guinea, pero al poco se trasladó a vivir a Bilbao. Miguel era hincha del Athletic, pero nunca pudo jugar con el club de sus amores ante la estricta política de fichajes que entonces tenían los leones. De aquella no valía con formarse en Euskalherria, también había que haber nacido en territorio vasco. El caso es que Jones acabaría haciendo carrera en el Atlético de Madrid. Jones llegó a estar convocado para un partido de la selección española ante Rumanía, pero no pasó de hacer ejercicios de calentamiento en la banda y se perdió una oportunidad histórica.
Hubo que dar un salto en el tiempo.
El primer negro que jugó con España fue Vicente Engonga Maté. Debutó un 23 de septiembre de 1998 en Granada en un encuentro amistoso ante Rusia. El seleccionador era José Antonio Camacho que contó con su presencia en 14 partidos y lo convocó para formar parte de la plantilla de España en la Eurocopa 2000. Sus padres eran guineanos y, aunque había nacido en Barcelona, pasó su infancia en Torrelavega. Engonga, y sus tres hermanos, pudieron ser internacionales con Guinea Ecuatorial, pero la federación africana no tenía forma de costear los futuribles viajes de España a África. El tiempo pasó y Vicente, el mejor de ellos, debuta en Primera con el Real Valladolid a los 26 años. Era una edad tardía, pero acababan de comenzar los 90, años de doble pivotes, medios de contención y robar antes que pasar. Engonga era duro y trabajador, un Makelelé a la española. Hizo carrera en el RC Celta antes de formar parte de alguno de los mejores años de la historia del RCD Mallorca.
Engonga. El primer negro
Antes, concretamente cuatro años antes, había debutado Donato Gama da Silva. Negro, negrísimo. Pero no era un negro español. Donato (12 internacionalidades) era brasileño y se había nacionalizado español tras su exitoso paso por Atlético de Madrid y RC Deportivo. También negros nacionalizados eran los brasileños Catanha (3 internacionalidades) o Marcos Senna (28 partidos) el negro más victorioso, ya que llegó a proclamarse campeón de la Eurocopa 2008.
Los nuevos tiempos han hecho que ya no sea extraño ver a un negro vistiendo la camiseta de la selección. Muy recientes son los casos de los mestizos Thiago Alcántara (46 internacionalidades) o Rodrigo Moreno (28 partidos). España es hoy país receptor de emigrantes y se ve en la composición de estos nuevos futbolistas. Adama Traoré (8 partidos) nació en Hospitalet, pero es hijo de padres malienses que se instalaron en Barcelona a finales de los 80. A España también emigraron a inicios de los 90 los Williams, cuyo primer hijo Iñaki (1 partido) nació en Bilbao y el segundo Nico (25 internacionalidades de momento) lo hizo en Pamplona.
Es obvio que cuando se introduzcan en la elite todos aquellos futbolistas nacidos en el nuevo siglo el número de negros en la selección se asemejará a lo que ocurre en otros países europeos del entorno, incluyendo a la hasta no hace mucho aria Alemania. Es cierto que el peso de la emigración latinoamericana mitigará este efecto y España se parecerá más en sus alineaciones a Italia que a Francia o a Portugal, pero es innegable que los tiempos cambiarán y lo que antes era una rareza ahora será una certeza. Se pensaba que el líder de esa generación sería Ansu Fati (10 internacionalidades), un africano que a los seis años vivía en Sevilla junto a su familia y que tres años más tarde entraba en las categorías inferiores del FC Barcelona. No fue así. Lo será el ya campeón de la Eurocopa y también producto de Can Barça Lamine Yamal (17 internacionalidades a los 17 años) de padre marroquí y madre ecuatoguineana criado en Mataró. Quién sabe si será la estrella del Mundial 2026 formando una delantera negra y campeona junto al ya citado Nico Williams y al delantero melillense Samu Omorodion (1 vez internacional de momento). Quizás. Y quizás uno de esos tres marque el gol de la victoria mundialista tras pase de Alejandro Balde (7 internacionalidades), lateral negro barcelonés de madre dominicano y padre bisauguineano.
Desconozco si ha hecho más daño Enríquez Negreira al arbitraje o si la responsabilidad del VAR es mayor que la del interfecto que cobraba a sueldo del FC Barcelona. Y me explico. Para el que quiera mirar desapasionadamente esta historia vayamos al trienio ignominioso del Real Madrid, cuando en época de los Galácticos se acumularon tres años sin títulos, algo nunca visto desde tiempos de la Guerra Civil. El Barça apoyó a Ángel María Villar como presidente de la RFEF mientras que el Real Madrid (Florentino) echó los restos por Gerardo González. El Madrid perdió esa batalla y la consecuencia fueron años de trato arbitral sospechoso al que el periodista Alfredo Relaño bautizaría como Villarato. Coincidió esos malos años con dudas y errores que, una vez conocidos los pagos, confirmaron las acusaciones de conspiración provenientes de Madrid. Luego alcanzaría Ramón Calderón la presidencia merengue y las aguas volverían a su causa. Las jugadas fronterizas seguirían existiendo, los de Barcelona echarán la culpa a los de Madrid, los de Madrid a los de Barcelona y los años duros del procés harán de todo un drama. Pero lo cierto es que la mano de Negreira no hay que verla en los años de excelencia prolongada de Guardiola y Messi (campeones sin ningún género de duda), sino más atrás en el tiempo, cuando Negreira mandaba de verdad y Florentino aun no era un semidios y hubo de dimitir en 2006 al haber “malcriado a sus jugadores”.
Ocurre que lo de Negreira forma parte de la inocencia. El fútbol de siempre. El de la calle. El trampas. El de la mano de Dios. A mi Dépor le quitaron una Liga unos maletines. Un quítame allá esas pajas. Guruceta es el nombre del premio que se otorga al mejor árbitro de la temporada ¡A Guruceta lo condenaron por aceptar un maletín del Anderlecht en un partido de Copa del UEFA! ¡Y es el árbitro más reputado de nuestra historia! (y uno de sus linieres era Enríquez Negreira) El fútbol es imperfecto. El fútbol es un juego rural, jugado a lo largo, hacia el horizonte, basado en unas reglas simples y básicas y en el que un juez (el árbitro) determina aciertos y faltas. El baloncesto, su alter ego capitalino, es un juego urbano, jugado a lo alto, hacia el cielo, basado en unas reglas complejas y donde son necesarios interponer dos o tres jueces que dictaminen sentencia. El básket tiene múltiples parones, mientras que el fútbol fluye. Dado que un partido de fútbol puede terminar sin un tanto, la diversión radica en todo lo que ocurre, lícito e ilícito, durante hora y media de juego. En el básket la polémica es secundaria dado que en cada minuto veremos al menos una canasta.
Árbitros caseros, defensas que pegan patadas o delanteros que simulan penaltis forman parte de la imperfección. El VAR es otra cosa. El VAR lo ha jodido todo.
Uno de los motivos del éxito del fútbol radica en su sencillez. Cuando en 1863 se creó el primer reglamento contaba con 18 artículos. Años más tarde sería reducido a 13 y para 1925 estaban establecidas las 17 reglas básicas. Por el contrario, en las últimas dos décadas el número de reglas ha aumentado en más de un tercio. El número fijo para cada futbolista, el gol de oro, el gol de plata, el tiempo exacto del descuento, las manos voluntarias e involuntarias, el aumento en el número de sustituciones, los tiempos muertos en medio de los partidos…Son todo parches que no han producido avances. Desde que en 1992 se les prohibió a los porteros coger el balón con las manos tras el pase de un compañero, no ha habido ningún cambio en las reglas que haya hecho evolucionar al fútbol.
No sólo evolucionar, sino involucionar. A la deidad tecnológica de la modernidad y el progreso había que buscarle un lugar en el fútbol. Ese invento diabólico es el VAR. Se podrá decir que el VAR es una maravilla que reduce los fallos en los penaltis y en los fueras de juego. La realidad es que sólo lo hace en los errores de bulto y, a cambio, enmaraña más el juego, resta autoridad al árbitro principal y hace más soporífero el partido alargándolo innecesariamente. El VAR está alejando de los estadios tanto a los aficionados veteranos como a la Generación Z, a los que no les gusta un juego que cada vez es más lento y cansino.
En Derecho Civil existe la ‘teoría de la interpretación objetiva de la ley’. Se trata de una interpretación dinámica de la ley orientada al sentido que tienen las propias normas en el momento de ser aplicadas. Se basa en la creencia de que la ley, una vez promulgada y en vigor, adquiere vida propia y va conformando su contenido normativo en función de las circunstancias y necesidades sociales…Hagámoslo más fácil. Si no hubiese interpretación no habría ‘una primera vez` o ‘un primer caso’, ni haría falta contratar a un abogado. Sin interpretación, todos los casos serían idénticos. Con interpretación, existen condicionantes. Es más, si no hubiese interpretación no haría falta ni médicos, ni policías, ni profesores, ni jueces, ni periodistas. Cualquiera podría aprenderse la teoría y ejecutarla. No habría falta nadie especializado para interpretarla.
El problema se da en las jugadas opinables, donde la frontera entre el acierto y el error es muy fina. Donde la subjetividad es parte del arbitraje. Es aquel que estudia el reglamento el que tiene capacidad para adaptar la ley al contexto existente.
El reglamento arbitral está lleno de interpretaciones. Decisiones que no debe resolver la inteligencia artificial. En el fútbol, la infracción por tocar el balón con las manos está entre los tradicionales objetos de disputa. En España un pase interceptado con las manos suele ser tarjeta amarilla, en competición europea es raro que eso suceda. Ambas son decisiones correctas. El reglamento sugiere que es el colegiado el que debe interpretar si existe voluntariedad y si afecta al discurrir del juego. Lo mismo sucede con la, ya muy aceptada por el público, ley de la ventaja, acción totalmente interpretativa por el árbitro. Y así podríamos seguir con varios ejemplos más, como el tiempo añadido (el cuarto árbitro dictamina un tiempo estimativo informativo, pero el árbitro principal puede acortarlo o alargarlo a su antojo, por muchas protestas que haya) o el fuera de juego, donde es el colegiado el que tiene potestad para aplicarlo o no aplicarlo en caso de duda.
¿He dicho sugiere? Tendría que haber dicho sugería. Todo esto es pasado.
Diez ojos no solucionan un problema de interpretación. Y 35 cámaras tampoco lo hacen.
Las XVII reglas
El VAR se pensó para cosas gordas. Cosas gordas era un fuera de juego clamoroso, un penalti escandaloso o una entrada con los tacos terrorífica. Desde que entró en cosas menores se ha liado. Y, peor, no todos los árbitros de esa sala maléfica se entrometen en lo mismo. No todos ven las cosas igual, sobre todo las manos, con las que tanto lío se ha armado y que cada verano cambian de criterio. Antes era simple. Mano que va a balón es infracción. Balón que va a mano es involuntaria. Ahora en cada pretemporada se cambia de criterio. Lo mismo sucede con los pisotones, convertidos en chivo expiatorio de una caza de brujas. En las áreas se empuja y se agarra a placer, pero con los pisotones y las manos a los ejecutores de la sala de las mil pantallas se les hace la boca agua. Hay más árbitros de VAR que de campo: 22. No existe arbitraje, sino un pandemónium que convierte este arbitraje a dúo en algo variable e irritante por caprichoso. Estamos peor. Mucho peor.
Tiempos pasados fueron mejores.
Si. El balón es mejor, los campos son mejores, los aficionados también lo son. ¿Los presidentes? Por descontado. ¿La realización televisiva? Por supuesto. ¿Los jugadores? Más rápidos y más atléticos. ¿Los técnicos? Excelentemente mejor preparados. ¡Hasta la corrupción! Se da por hecho que ningún futbolista profesional cobra en B y a nadie se le pasa por la cabeza que un colegiado acepte sobornos en 2025. El fútbol de hoy es mejor que el de antes, salvo en un asunto. Un asunto crucial.
El reglamento y su interpretación. El VAR.
Cuando se empezaba a discutir sobre si VAR sí o VAR no, algunos sostenían que el rechazo procedía de quienes temían que desaparecieran las polémicas, de las que existiría una dependencia morbosa. Con el VAR todo sería cristalino. Una tesis ingenua, de gente ignorante en fútbol. Pues no. Antes, dictaba la norma, en caso de dudas ante un fuera de juego el árbitro daba por buena la posición. ¿Fulanito tiene la pezuña por delante del defensa? Siga el juego. Error inapreciable. Ahora no. Hay que tirar una línea. Si la pezuña sale del mapa, se cancela la jugada. Bueno, antes hay que ver como sigue la jugada, se marca el gol, se celebra, luego se revisa y más tarde se cancela. ¿En caso de duda? Paramos el juego y el VAR decide. No decide, dicen los defensores del bicho. Pero indica. Si tú ante 60.000 gargantas no lo has visto y un fulano sentado tranquilamente delante del televisor te insinúa tu error, ¿cómo narices no le vas a hacer caso? Ahora hay, en la práctica, dos árbitros, el de campo y el de fuera. Guste o no, cada árbitro es un factor de irritación, y ahora tenemos dos en vez de uno. Dos fuerzas que pretenden colaborar, pero que son diametralmente opuestas.
Los agarrones en el área se permiten ya abiertamente, salvo casos de inmovilización extrema. O a los porteros se les deja perder el tiempo a su libre albedrío, nunca se aplica la norma de los seis segundos y el consiguiente castigo con indirecto. ¿Libre indirecto? ¿Alguien recuerda un libre indirecto en la última década? La visión clásica del juego. Eso no existe. El fútbol es simple y sencillo. De ahí su éxito. Ahora no. Se han inculcado mil y una instrucciones estúpidas a los árbitros y se ha perdido la esencia natural del fútbol. No existe el libre albedrío, ni de jugadores ni de árbitros.
Se les ha privado de la facultad de interpretar la ley. Ya no son árbitros. Son marionetas. Donde antes había instinto y dominio de la filosofía de juego ahora tiramos unas líneas con unos muñecos 3D.
Tirando líneas…
Hace un par de años Sergio Busquets dijo aquello de que jugaban a ciegas; que ya no sabían qué es mano y qué no. Nos han quitado la ilusión. Al menos al que escribe. El VAR llegó para remover cimientos. Retocar reglas y enredar interpretaciones con resultado catastrófico. Cada intervención del VAR es un parón y un reinicio. Aumentan los arrebatos y las piruetas. Las celebraciones de gol están untadas de cloroformo.
El fútbol se ha americanizado. Estados Unidos colonizó el mundo libre durante el siglo XX y sólo el deporte resistió a sus cantos de sirena. Unicamente el baloncesto, deporte norteamericano, tiene presencia universal. Se dice que el fútbol no tiene éxito en Estados Unidos por la escasez de tantos. Ocurre que la razón fundamental es que al estadounidense lo que le gusta es el deporte que, a través de la televisión, le permite ejercer de entrenador. Eso es el VAR. Americanizar el juego. Hacerlo netamente televisivo. Es indiferente que el periodista esté en el campo para narrar el choque. Lo hace desde el plató televisivo. Es indiferente que el árbitro esté mal colocado. Llega con que desde el VAR analicen bien la repetición de la jugada. El frame es el nuevo reglamento. El frame es palabra de Dios.
Antes todo era sencillo. Comprensible para un niño o para el adulto que se acercaba por primera vez al juego. Todo ligaba a una lógica natural basada en la regla matriz; prohibido el uso de las manos. A partir de eso, unas faltas graves, sancionables con libre directo, unas leves, con libre indirecto, el fuera de juego, muy entendible si se capta su esencia, y un principio de lealtad al juego y de obediencia al árbitro. Eso, las medidas del campo, del balón, del tiempo y demás, todo bien sintetizado en XIV Reglas de redacción sencilla y traducibles a mil lenguas. Cristalinas, cortas y naturales.
Como explicaba párrafos atrás, el catecismo fue redactado en 1863 y en 1925 se le dio su estructura actual añadiendo la modificación de la regla del fuera de juego. Se pasó de 14 a 17. Las XVII reglas del fútbol. Y no fue una ocurrencia de una mañana. Fueron seis décadas de materia gris.
La regla XVIII era el sentido común.
Eso ya no existe. Se ha perdido para siempre. Las reglas del inglés Stanley Rous son ahora confusas y continuamente manoseadas por burócratas tecnológicos.
Andar con descubrimientos para mejorar el fútbol cuando ya tiene un siglo y medio requiere la audacia del ignorante. Hasta al siempre ilustre Pierluigi Collina, ahora mandamás del silbato, se le ha ocurrido prohibir los rechaces tras penalti. Si es gol, gol. Si el portero rechaza o el balón va al palo, el juego se para y se saca de puerta. Tremenda chorrada. Como el saque de centro para atrás (revisen al Brasil de los 70 y como nada más sacar de centro iban al ataque), el bote neutral alterno tras disputa y gilipolleces varias.
Fútbol moderno
¿Y qué hacer? No lo sé. La tecnología vino para no marchar. Pero la solución sigue estando en mejorar la formación de los árbitros. Se dice que son unos ladrones, que están comprados. No. No es eso. Son malos. Y son humanos. Tienen sus equipos favoritos (como todos nosotros), les aflige la presión y el ambiente, y les afecta la importancia del encuentro y de los jugadores a los que están dirigiendo. Les falta personalidad. ¡Y aún encima tienen a unos colegas intrigando en una sala brumosa llamada VAR!
¡Pueden estar solos! No necesitan ayudas externas. Lo que les falta es profesionalización.
El arbitraje está regulado por la FIFA y sus distintas federaciones. No existe un mercado libre como ocurre con el de los futbolistas. De este modo, las distintas ligas europeas no pueden contratar a los mejores colegiados. Árbitros como el polaco Szymon Marciniak, el húngaro Victor Kassai, el suizo Massimo Busacca o el eslovaco Damir Skomina, todos ellos galardonados con el título de mejor colegiado del mundo, tuvieron que arbitrar en ligas menores. Lo lógico sería que arbitrasen en España, Inglaterra o Italia, con un sueldo millonario que les permitiese dedicarse en exclusiva al arbitraje y sin la sospecha de favorecer a uno u a otro equipo dada su condición de extranjero. Según el CIS el 46% de los españoles son del Real Madrid y el 35% del FC Barcelona. O lo que es lo mismo; 81 de cada 100 españoles son del Madrid y del Barça. O lo que es lo mismo; 8 de cada 10 árbitros tiene un sesgo subjetivo a favor o en contra del Barça y del Madrid. ¿No sería mejor localizar a los colegiados fuera de nuestras fronteras en busca de la imparcialidad?
Esa sí que sería la verdadera revolución del arbitraje y no llenar el terreno de juego de cámaras y de colegiados. Que el VAR se meta en lo gordo y que deje el resto a la libre interpretación del trencilla. Porque a veces da la sensación de que nos olvidamos que el fútbol está pensado para los que juegan y para los que se acercan al campo a verlo y no para los que se sientan en el sofá con el mando en la mano. Esos, aunque ahora ya no lo parezca, deberían ser los menos importantes.