ucrania

Cuando Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro

Vamos con una serie de datos. Máximo goleador de todos los tiempos del Dinamo de Kiev, de la selección de la Unión Soviética y máximo goleador en la historia de la liga soviética. Futbolista con más partidos jugados con el Dinamo de Kiev y el único en superar la centena de internacionalidades con la URSS. Fue futbolista ucraniano del año nueve veces (récord) y soviético en tres ocasiones (también récord). Logró ocho ligas, cinco copas y venció en dos Recopas.

Su nombre es Oleg Vladimirovich Blokhin u Oleh Volodymyrovych Blokhin.

Y tiene un Balón de Oro.

El Balón de Oro de Oleg Blokhin es de los más polémicos conocidos. Fue en 1975. No estaba en el guion. En el guion de nadie. En los inicios de los 70 el tema era cosa de dos. Un terco holandés de nombre Johan Cruyff y un no menos testarudo alemán de nombre Franz Beckenbauer. Cruyff ganó tres pelotitas doradas entre 1971, 1973 y 1974. Beckenbauer logró dos esferas áureas en 1972 y 1976. En el 74 Beckenbauer logró el Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Cruyff y en el 76 fue Cruyff el que fue Balón de Plata, dado que quedó segundo detrás de Beckenbauer. El Káiser ya había sido Balón de Bronce en 1966 tras despuntar jovencísimo en el Mundial de Inglaterra. Y aún hay más. Beckenbauer fue en cuatro ocasiones cuarto clasificado en la votación del Balón de Oro. Johan Cruyff fue medalla de chocolate en dos ocasiones.

Así pues, para 1975 estaba claro que el vencedor tendría que ser uno de los dos. Beckenbauer volvió a liderar al FC Bayern en la consecución de la Copa de Europa al derrotar al Leeds United. Cruyff, tras lograr el año anterior la primera liga del FC Barcelona en una década, había llevado al Barça hasta semifinales de la Copa de Europa, donde caerían ante los citados ingleses. Visto lo visto, y tras el triunfo de Cruyff en 1974 a pesar de caer Países Bajos en la final del Mundial ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, todo parecía indicar que el Káiser lograría alzarse con el trofeo.

Y así fue hasta que llegó la Supercopa de 1975 a disputarse a doble partido en el mes de septiembre, antes del inicio de la siguiente temporada. Hace ahora medio siglo de ello. Se enfrentaba el FC Bayern de Beckenbauer, vigente campeón de la Copa de Europa, y el Dinamo de Kiev, vigente vencedor de la Recopa de Europa. Los ucranianos habían machacado al Ferencvaros (3-0) en una plácida final tras derrotar antes al PSV o al Eintracht de Frankfurt. En aquel equipo destacaba un enorme portero llamado Eugeny Rudakov y un extremo zurdo que obedecía al responder como Oleg Blokhin.

Jugaban como los ángeles.

Blokhin

Justo doce meses antes de lograr el triunfo en la Recopa accedió al cargo de entrenador un ex lateral izquierdo del club llamado Valeri Lobanovsky. Su idea era simple; la suma de todas las partes alcanzará un objetivo colectivo. La nutrición, el estudio del cuerpo humano, los entrenamientos específicos y el trabajo de pretemporada se convertirán en habituales en el Dinamo. Aquella final ante el Ferencvaros vio todo aquel trabajo reflejado en el campo. Presión desde el primer minuto, espacios cerrados al perder el balón para limitar el ataque del rival e intercambio de posiciones al atacar.

El sistema era muy parecido al de Rinus Michels, Cruyff y la famosa Naranja Mecánica, pero el modelo artístico-futbolístico soviético de Lobanovsky tenía una notable diferencia. En el mundo occidental se premiaba y fomentaba el desarrollo personal, por lo que Johan Cruyff era una estrella que brillaba por encima del colectivo. Dentro del grupo a Cruyff se le permitía ser verso libre. En el modelo comunista el engranaje perfecto no daba lugar al centello del individuo, por lo que Oleg Blokhin no podía ser más que ninguno de sus compañeros.

Aquel año Blokhin había anotado 23 goles en 36 partidos partiendo desde la banda. De las asistencias no tenemos datos porque entonces no se recogían. Era implacable, potente y tenía la habilidad de disparar fuerte y ajustado con ambas piernas. Podía jugar en ambas bandas con igual destreza y poseía un cambio de ritmo endiablado que le permitía romper hacia adentro y asociarse con sus compañeros o salir por fuera y enviar centros medidos. También lanzaba faltas y lo hacía a las mil maravillas. Era brillante, pero debía asumir el libreto. Dos años antes había destacado en un encuentro europeo ante el Madrid, aquel donde García Remón se ganó el apodo de gato de Odessa tras detener mil y un disparos de Blokhin. Bernabéu trató en vano de acometer su fichaje para paliar la retirada de Gento, pero fue un imposible ante la rigidez y las normas de la Unión Soviética. El caso es que Blokhin ha hecho una temporada notable al ganar la liga soviética y la Recopa, pero es imposible que adelantase a Beckenbauer o a Cruyff en el trono del Balón de Oro.

Hasta que llega la Supercopa.

La ida se juega en el Olímpico muniqués. Es un partido de poder a poder. Hasta que llega el minuto veinte de la segunda parte. El Bayern pierde el balón y el Dinamo recupera en la frontal de su propia área. El balón le llega a Blokhin que comienza una galopada por el lado izquierdo del ataque hasta adentrarse en el área alemana. Coge el balón en su propio campo y al pasar del círculo central deja a un lado a Beckenbauer, quien es incapaz de seguir el ritmo. Con un cambio de compás escupe el acercamiento de Durnberger y frena en seco para encarar el área alemana. Entrando por el lado izquierdo, Oleg ingresa en el rectángulo donde hay cinco futbolistas muniqueses. Encara como torero al toro y con un simple regate se deshace de Durnberger que recula, de Horsmann, y luego deja patidifuso a Beckenbauer quien espera que saliera de izquierdas y nunca de derechas. Inmediatamente se le acerca Schwarzenbeck para cortarle con una patada, pero, con un cambio de ritmo, Blokhin lo deja atrás y fusila sin miramientos ante la salida de Sepp Maier.

Aquel gol dio la vuelta al mundo. Concretamente dio la vuelta a Europa Occidental. Durante los siguientes días en el futbol capitalista, el de este lado del Muro, sólo se hablaba de aquella flecha ucraniana. Lobanovsky supo captar el momento. El técnico podía simpatizar con la lucha de clases o con el poder del pueblo. Pero Lobanovsky era, ante todo, ucraniano. Sabía que el éxito de Blokhin era un éxito de Ucrania. Y eso era algo que en Moscú no gustaba. Así que no lo dudo ni un segundo. En el partido de vuelta iba a darle total libertad a Blokhin. Y la consigna era clara. Blokhin no tendría que desgastarse en defensa y sus compañeros lo buscarían una y otra vez en ataque. Además, Oleg podría deambular por cualquier lugar de la línea de ataque. El éxito de Blokhin era el éxito del Dinamo. Y el éxito del Dinamo era el éxito de Ucrania.

En el partido de vuelta el Dinamo de Kiev aplastó al FC Bayern de Maier, Beckenbauer, Rummenigge y Gerd Müller. Fue un monólogo ucraniano en donde Oleg Blokhin completó el mejor partido de su brillante carrera. Para muchos analistas fue una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan coronadas por dos goles que le dieron la victoria (2-0) y el titulo al conjunto de la capital ucraniana. Schwarzenbeck, el duro acompañante de Beckenbauer tanto en el Bayern como en la selección alemana, diría que sólo Cruyff le había hecho sufrir tanto en un partido como Blokhin.

Cuando en diciembre de ese año la revista France Football desveló el ganador del Balón de Oro el vencedor resultó ser Oleg Blokhin. Obtuvo 122 puntos, superando en la votación a Franz Beckenbauer (Balón de Plata con 42 puntos) y a Johan Cruyff (Balón de Bronce con 27 puntos). Por primera vez un jugador superaba la barrera de los 120 puntos en la votación final. Un total de 20 periodistas le otorgaron su total confianza (es decir los 5 puntos que le podían otorgar al primer jugador que eligiesen), algo inédito para un futbolista en los veinte años que contaba por entonces el trofeo. Y Blokhin era joven, insultantemente joven, dado que apenas contaba con 22 años.

Balón de Oro

La flecha ucraniana (podía correr los 100 metros en 11 segundos) estuvo ligado al Dinamo de Kiev toda su carrera y aun ganaría otra Recopa en 1986, en este caso junto a Igor Belanov. El Real Madrid trató de ficharlo una vez más. Sería en 1981 con intercesión de Ramón Mendoza, directivo blanco y empresario con contactos en la Unión Soviética, pero volvió a pinchar en hueso. Blokhin, ya muy aquejado de problemas en las rodillas, solo pudo irse a la modesta liga austriaca ya con 36 años.

Oleg Blokhin ganó el Balón de Oro de 1975 gracias a sus dos colosales actuaciones en la Supercopa de 1975. El año anterior había sido decimonoveno y al año siguiente será vigésimo. En 1981, el año que el Madrid volvería a intentar su fichaje, acabó quinto en las votaciones. Y ya está. Nunca pudo ni acercarse a aquella fantástica exhibición de 1975.

Otras historias relacionadas

Cuando Cruyff jugó en el Feyenoord (el despecho de Johan ante el desprecio de su Ajax)

Der Bomber der Nation (la historia de Gerd Müller)

Cuando Jopie conoció a Gento (cuando Cruyff fue a ver al campo a su ídolo)

Lutz Eigendorf (el Beckenbauer del Este)

¿Por qué Alemania odia al Bayern? (los motivos por los que los de Baviera no son queridos en Germania)

El partido del siglo (Italia vs Alemania con Beckenbauer con el brazo en cabestrillo en dos partes)

El griego de la camiseta de Iribar (cuando el Ajax ganó su primera Copa de Europa ante un curioso guardameta)

Leer más

Vanguardia y horror en el Donbass Arena

En el verano de 2012 la selección española de fútbol completó un cuatrienio inigualable. Conquistó una segunda Eurocopa consecutiva para añadir al que había sido su primer Mundial. La victoria se fraguó en una redonda final en la que bailaron a Italia por 4-0 en, quizás, el mejor encuentro enarbolado por esa maravillosa generación de futbolistas. Tan magna exhibición fue perpetrada en Kiev, en un histórico estadio cercano al siglo de existencia, pero recientemente remodelado para exhibir la prosperidad y la pujanza de la moderna Ucrania. Se reconstruyó el anillo inferior, se techaron todas las gradas, se creó un palco de lujo y se edificó un hotel de 13 plantas adjudicado a la empresa Sheraton anexo al coliseo.

No fue tarea fácil semejante loor a la modernidad. Ucrania tuvo que organizar la Eurocopa de la mano con Polonia y vencer a Italia en la votación propuesta por la UEFA. Tras apenas dos décadas de existencia como nación independiente, para los ucranianos era una oportunidad única para demostrar al mundo que el comunismo era un asunto del pasado y para implorar a la Unión Europea un puente que les permitiese cruzar a Occidente. Hubo que gastar una ingente cantidad de dinero en acondicionar estadios, construir redes de transporte y crear plazas hoteleras, y hasta varios ministros acabarían dimitiendo ante el cataclismo económico creado por el shock financiero de 2008.

Con todo, la organización fue exitosa y, durante un mes, Ucrania (y Polonia) fueron el centro de Europa. Uno de esos lugares felices en aquel verano fue Donetsk, una ciudad de cerca de millón de habitantes y capital de la región del Donbass, comarca situada al este de Ucrania y de mayoría rusófila. En Donetsk se jugaron tres partidos de la primera fase (incluyendo dos derrotas ucranianas) y el partido de cuartos de final y la semifinal disputada por España ante Francia y Portugal, respectivamente. Era el colofón para un estadio en el que la celebérrima Beyoncé había dado un concierto para inaugurar la nueva era.

Apenas tres años de vida tenía el Donbass Arena, un coloso para 50.000 espectadores que emerge en el interior del parque Lenin, una imponente colección de naturaleza y escultura con reminiscencias del Parque Güell. Erigido como una copia a menor escala del Allianz Arena (como tantos muchos después) consta con un techo ovalado que se camufla con el paisaje y le da aspecto de platillo volante, mucho más acentuado cuando las tinieblas hacen su aparición y el milagro de la luz artificial ilumina la ciudad.

Fotos de Concursos, Cielo, Que, Azul., Eurocopa 2012 - Imagen de © Leonardi  #7230741
Donbass Arena

Cuando el Donbass Arena se inauguró se cumplían dos décadas de la caída del Muro de Berlín y cerca de nueve decenios desde la muerte de Lenin. El estadio, instalado en el parque bautizado en honor al hombre que hizo carne el ideal comunista, está rodeado por un entorno forestal donde cada árbol conmemora a un miembro fallecido en la Gran Guerra Patriótica. La Guerra Patriótica es como denominan los rusos a la II Guerra Mundial. Concretamente a los años que van desde 1941 a 1945, cuando la URSS y la Alemania Nazi utilicen los ideales y las ambiciones del pueblo para destruir millones de vidas humanas. El otro bienio, el que va de 1939 a 1941, es convenientemente borrado de la historia para hacer desaparecer el pacto de amistad que imperó esos años entre Stalin y Hitler.

Y es que el Donbass es una región eminentemente prorusa. Cuando en 2014 las tropas rusas ocupen Crimea tras la llamada revolución del Euromaidán lo harán certificando la clara división del país. Mientras el oeste de Ucrania vote a favor de los partidos proeuropeos (más del 85%) las regiones del este limítrofes con Rusia (tanto el Donbass como Crimea) apenas apoyarán en un 20% a los candidatos favorables a la integración con la Unión Europea.

Uno de esos ucranianos filorusos era el multimillonario Rinat Ajmetov. Rubio, de nariz aguileña y mirada firme, Ajmetov amasó su fortuna comprando sociedades mineras de la cuenca del Don, y su fama adquiriendo la propiedad del FK Shakhtar Donetsk en 1996. El Shakhtar había sido un equipo irrelevante durante el período soviético y su estatus tampoco hubo de mejorar con la independencia ucraniana. No será hasta 2002 cuando el Shakhtar gane su primera liga.

Lithuanian to head the company of Ukraine's richest man Rinat Akhmetov -  the Lithuania Tribune
Rinat Ajmetov

Desde entonces el crecimiento será imparable. El Shakhtar ganará ocho ligas en una década y tocará el cielo al lograr la Copa de la UEFA de 2009 meses antes de la inauguración del Donbass Arena. Lo hará con Mircea Lucescu en el banquillo y con una acertada política de fichajes basada en cazar a jóvenes promesas brasileñas y ofrecerles el escaparate del Shakhtar para progresar en Europa. Fernandinho, Alex Teixeira, Fred, Douglas Costa, William o Luiz Adriano son algunos de los que portaron la zamarra naranja de los mineros del Donbass.

Tras la inauguración del Donbass Arena y la instalación perpetua en la fase de grupos de la Champions League, el objetivo del Shakhtar era asentarse en la élite europea y convertirse en el equipo referencial de Europa del Este. Pero los sueños de grandeza se toparon con la realidad política del país y con una guerra a punto de estallar.

El Shakhtar estrena su palmarés europeo | UEFA Europa League | UEFA.com
La gloria europea

En 2013 se destapó una serie de escándalos de corrupción que hicieron tambalear a Viktor Yanukovich, presidente ucraniano. El problema de fondo es que Yanukovich era prorruso y había paralizado varios acuerdos económicos y de seguridad con la Unión Europea. Las manifestaciones y protestas fueron aumentando hasta convertirse en disturbios. Será en febrero de 2014 cuando estalle el llamado Euromaidán, una revolución ciudadana que hizo dimitir a Yanukovich, el cual, inmediatamente, buscó cobijo en la vecina Rusia.

El problema es que mientras en Kiev y buena parte de Ucrania Yanukovich era odiado, para los rusófilos del Donbass y de Crimea lo que se había cometido era una traición. Entre los dolidos estaba Rinat Ajmedov que había financiado generosamente las campañas electorales de Yanukovich. Alentado por ese apoyo rusófilo, Vladimir Putin ordenará a las tropas rusas ocupar Crimea y bombardear el Donbass ante la callada por respuesta de Occidente. Las democracias tardarán ocho años en darse cuenta de la realidad de una guerra que ya contaba con cerca de 20.000 muertos.

Desde ese verano de 2014 la vida se paraliza en el Donbass. Ese otoño los jugadores brasileños del Shakhtar aprovechan la disputa de un partido ante el Olympique de Lyon para huir y no volver a Ucrania. Días después dos bombas estallan en la entrada principal del Donbass Arena haciéndolo inservible. Las guerrillas acabarán también con el suministro de energía del estadio y quemando las instalaciones deportivas anexas al recinto.

Al Shakhtar no le quedó más remedio que exiliarse para continuar con su actividad deportiva. El equipo fijo su sede en Kiev. Allí se entrenaba a diario, pero debía desplazarse a Lviv (Leópolis) para jugar sus encuentros como local. Más de 1.000 kilómetros separan a Donetsk de Lviv. Pero la diferencia va más allá del kilometraje. Situada a apenas 70 kilómetros de la frontera polaca, Lviv es la ciudad más proeuropea de Ucrania. Desmoralizado, falto de apoyo en las gradas y con continuos abucheos y desplantes, los resultados del Shakhtar cayeron en picado. En 2017 decidieron mudarse nuevamente, en este caso a Járkov, a unos 45 kilómetros de Rusia y lugar de una de las batallas más inhumanas de la II Guerra Mundial. En Járkov el Shakhtar se encontró con mayores dificultades logísticas, pero con un público más dócil. En esas estaban cuando el Covid-19 hizo su aparición y la plantilla del Shakhtar tuvo que hacer un tercer y último traslado, en este caso a la capital Kiev.

Por entonces Ajmetov había comprendido la peligrosidad de aliarse con los intereses rusos. Por culpa de la guerra en el Donbass había perdido el control de varios de sus activos. Dejó de aparecer en público y optó por un perfil más bajo. Entre bambalinas promovió varios acercamientos entre el gobierno ucraniano y el ruso y, cuando percibió que el acuerdo era inverosímil, decidió apostar fuertemente por Ucrania.

Cuando el 24 de febrero de 2022 comience la ofensiva rusa el Donbass Arena pasará a ser un centro logístico para el ejército ruso. Ajmetov, que en el pasado llegó a financiar un golpe de Estado contra el gobierno ucraniano presidido por Zelenski, declaró que todo su poder financiero estaría enfocado a la ayuda a los desplazados, tanto para ayudar a los refugiados como para conseguir comida o medicamentos para aquellos que decidiesen quedarse en Ucrania, bien por compromiso, o bien por necesidad.

Ajmetov también anunció que se llevaría su poder industrial desde el Donbass hasta Mariupol, y si esta ciudad portuaria también era ocupada, no cejaría hasta encontrar un lugar desde el que seguir combatiendo la ocupación. Ayudó también a que los activos brasileños del club abandonasen Ucrania comprometiéndose a liberarlos de sus relaciones contractuales si lo considerasen necesario.

Mapas de la situación de la invasión de Rusia a Ucrania
Ucrania en guerra a finales de febrero de 2022

Hasta trece futbolistas brasileños militaban esta temporada en el Shakhtar Donetsk. El día 24 se reunieron todos ellos en un hotel de Kiev junto a sus familias mientras pedían auxilio al embajador brasileño. Entre ellos estaba Maycon, futbolista carioca de 24 años que llevaba un lustro deambulando de un lado a otro de Ucrania defendiendo los intereses del Shakhtar. El caso más complicado fue el del delantero Junior Moraes que, nacionalizado ucraniano desde 2019, es internacional por su país de adopción. Según la orden del presidente Zelenski ningún varón ucraniano entre 18 y 60 años puede abandonar el país y tiene que estar dispuesto a combatir contra los rusos si es llamado a filas. Moraes tuvo que salir de incógnito por la frontera camino de Moldavia y desde allí tomar un bus hasta Paris y volar hacia la libertad a través del aeropuerto Charles de Gaulle. Para salvaguardar su honor hizo una donación de miles de euros para ayudar a las víctimas de la guerra.

A la hora de escribir estas líneas se antoja inverosímil ver al Shakhtar en la próxima edición de la Copa de Europa. Para los habitantes de Donetsk el concierto del Beyoncé en el Donbass Arena es un recuerdo en blanco y negro. O quizás no. Igual es en un vivida luz de colores que los retrotrae a aquel verano de 2012 cuando España bailó a Italia en la final de una Eurocopa que convirtió a Ucrania por unos días en el centro del planeta y la llevó en volandas a la modernidad y a la prosperidad.

“Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos” Adolf Hitler.

«Crimea, Ucrania y Leningrado. Después, Moscú» Adolf Hitler.

¿Democracia? ¿Creen que quiero para Rusia la democracia que tiene Irak? Vladimir Putin.

«Aquel que no echa de menos a la Unión Soviética es que no tiene corazón» Vladimir Putin.

«La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre con excepción de todos los demás» Winston Churchill.

«Los fascistas del futuro se llamaran a si mismos antifascistas» Winston Churchill.

Otras historias relacionadas

El partido de la muerte (cuando unos futbolistas del Dinamo de Kiev retaron a los nazis)

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (la épica victoria coreana ante Italia de 1966)

El último partido de la RDA (la caída del Muro y el último partido internacional de la Alemania del Este)

El nazi bueno (la increíble historia de Bert Trautmann, mejor portero de Inglaterra y soldado nazi a través de un par de artículos)

Auge y caída de Nikolai Starostin (misería y gloria en dos partes del futbolista más importante de la URSS)

Evasión o victoria (Stallone y Pelé en la historia hollywoodiana del FC Start a través de dos artículos)

Lutz Eigendorf (el asesinato del Beckenbauer del Este)

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (el desmembramiento de un país a través de un partido de fútbol y uno de baloncesto en dos reportajes)

Copa Mitropa, el torneo que tuteó a una guerra (el trofeo antecesor de la Copa de Europa que feneció víctima de la II Guerra Mundial)

Leer más

El partido de la muerte

A inicios 1942 gran parte de la Rusia europea estaba ocupada por la Alemania nazi. Uno de esos territorios era Ucrania, una inmensa y rica planicie industrial y agrícola del tamaño de España con capital en la esplendorosa Kiev. Para Occidente aquello fue, era y es Rusia. Nada más lejos de la realidad. Ucrania formaba parte de la Unión Soviética como una de sus repúblicas y, aunque sus vínculos con Rusia eran tanto reales como ficticios, tenía, y tiene, una autonomía histórica independiente de Moscú.

Fue en el siglo IX cuando una masa de escandinavos estableció, con epicentro en Kiev, un territorio que ocupaba buena parte de lo que hoy es Ucrania y atravesaba el río Dniéper hasta llegar al actual noroeste de Rusia. Ese territorio era conocido como Rus e iría creciendo de tal manera que acabaría teniendo dos ciudades principales, una al sur y otra al norte.

Tras la invasión mongola el Rus fue absorbido por los súbditos de Genghis Kahn. Cuando en el siglo XV los mongoles sean un recuerdo, la realidad a la que se enfrentará el Rus será muy diferente a la de sus orígenes. El Rus se habrá dividido en dos. El rus (los ucranianos) formarán un amplio territorio llamado Gran Ducado de Lituania. Al norte estará el Gran Principado de Moscú. Con el tiempo, unos y otros se irán enemistando dado que el Gran Ducado de Lituania procesará el catolicismo y el Gran Principado de Moscú la fe ortodoxa. Debido a que los ucranianos eran ortodoxos y los polacos (los otros integrantes del Gran Ducado de Lituania junto a los propios lituanos) católicos era cuestión de tiempo que la unión se rompiese. De este modo Catalina la Grande iniciará una serie de campañas militares que convertirán a Moscú (ya de facto el Imperio Ruso) en la potencia dominante de la zona y absorberá los territorios ucranianos.

Para entonces ya se hablaba de Ucrania y de Rusia. El problema es que para los rusos el territorio ucraniano era el corazón de su Imperio. No en vano la palabra ‘Rus’ tiene su origen en Ucrania. Es más, la única salida posible al Mediterráneo de los rusos estaba en Crimea, una península a los pies de Ucrania. Sin Crimea, los mercantes y los buques de guerra rusos estarían inmovilizados por culpa del hielo invernal y estarían a expensas de los alemanes y del embudo que forma el Mar Báltico en el estrecho de Kattegat. A finales del siglo XVIIII Catalina inició una política de rusificación que continuaron sus sucesores expulsando a los cosacos de Ucrania (sí, los cosacos son ucranianos) y a los tártaros de Crimea (si, los tártaros tampoco son ‘rusos’).

El mapa político de Ucrania - Mapas de El Orden Mundial - EOM
Ucrania

Así pues, cuando en 1917 triunfa la Revolución Bolchevique y la familia del Zar es asesinada, los ucranianos verán el cielo abierto y proclamarán su independencia. Será un movimiento efímero ya que, abandonados por Occidente, no les quedará más remedio que aceptar lo inevitable y Ucrania será una de las repúblicas autónomas que formarán parte de la URSS. Pero Rusia no olvidará la afrenta y Stalin mandará matar por hambre a más de cuatro millones de ucranianos en la década de 1930 al confiscar las reservas de cereales ucranianas para llevarlas a los territorios más dóciles de la Unión Soviética.

Volvamos pues a 1942. Decía que Ucrania estaba ocupada por Alemania. En un primer momento los ucranianos vieron a los alemanes como libertadores. Fue una ficción. Para Hitler todo aquello más allá del Oder formaba parte del ‘Lebensraum’. Para el pensamiento nazi tanto polacos como rusos o ucranianos eran lo mismo, subhumanos que había que eliminar o esclavizar para que los arios tuviesen el espacio vital que necesitaban para existir.

Tras la debacle de Stalingrado, y ante el más que probable colapso del Reich, los nazis enarbolaron banderas nacionalistas para intentar poner de su lado a la población autóctona. Nació así el Ejército Ruso de Liberación de Andrei Vlasov y la Organización de Nacionalistas Ucranianos. Los esfuerzos fueron en vano, dado que, aunque estos grupos querían librarse de los comunistas, también eran conscientes de que la alternativa no era ni la democracia ni la independencia, sino el exterminio nazi. El fracaso de estas iniciativas se contempla con los números. Apenas 300.000 soldados integraron la Organización de Nacionalistas Ucranianos, mientras que se estima que unos seis millones (muchos de ellos forzados) formaron las filas del Ejército Rojo.

kiev 1942 – Kiev Private Tours
Kiev. 1942

— EL PARTIDO DE LA MUERTE —

Entre aquellos chicos obligados a combatir en el Ejército Rojo estaban los futbolistas del Dinamo de Kiev. Fundado en 1927 como el equipo de la policía soviética, el Dinamo gozaba de gran reputación, aunque su nivel era inferior al de los equipos de Moscú. Cuando en septiembre de 1941 los alemanes ocupen Kiev varios de aquellos futbolistas acabarán en un campo de concentración, bien por servir al Ejército Rojo o bien por formar parte de la defensa civil de la ciudad.

Los meses pasaron, el invierno llegó y el hambre hizo su aparición. A inicios de 1942 Mykola Trusevych, portero del Dinamo, fue liberado de prisión y deambulaba por la ciudad en busca de un trabajo. En uno de esos días aciagos se tropezó con Iosif Kordik, un fanático del Dinamo de Kiev que lo reconoció enseguida. Trusevych estaba demacrado y extremadamente delgado por lo que Kordik no dudó en ofrecerle trabajo en la panadería que regentaba un par de manzanas más allá. Kordik había podido mantener su negocio intacto al ser de ascendencia alemana.

A Kordik se le cayó el alma a los pues cuando vio a Trusevych. Lo que antes era un hombre fornido y elástico era hoy un amasijo de huesos. Lo empleó como barrendero en la tienda, la mayoría de las veces sin sueldo, pero lo que nunca le faltaría sería que comer. Pronto Trusevych comenzó a ganar peso y a Kordik se le ocurrió la idea de formar un equipo de fútbol patrocinado por la panadería.

Trusevych se mostró encantado con la idea. Aquel panadero le había dado trabajo, pero sobre todo le había devuelto la dignidad. Comenzó a recorrer los barrios de Kiev puerta con puerta buscando a sus antiguos compañeros. No era tarea fácil. Alguno estaba preso, otros fallecidos y el resto estaban desperdigados por la ciudad.

Al cabo de unas semanas Trusevych había reunido a un grupo heterogéneo formado por ocho antiguos futbolistas del Dinamo de Kiev y tres jugadores del Lokomotiv de Kiev. Todos se reunían en la panadería estatal número 3, el establecimiento regentado por Kordik, para charlar de la vida, de fútbol…y para comer.

Aquellos chicos formaron el FC Start.

Su historia pasaría a ser legendaria.

Los nazis, en su intento por dar normalidad a la ocupación, organizaron un campeonato de liga en la ciudad. Participarían un total de seis equipos. Dos conjuntos alemanes y otros dos formados por las guarniciones rumana y húngara de la ciudad. Las otras dos escuadras serían el FC Start y el conjunto hecho con los colaboracionistas ucranianos. Éstos últimos serían los únicos que podrían jugar como locales en el antiguo estadio nacional.

El primer partido del FC Start fue contra los colaboracionistas ucranianos y se saldó con una clara victoria (7-2). La siguiente víctima fueron los húngaros que, al igual que los rumanos, eran aliados de los nazis y solían ocuparse de las zonas ya conquistadas, dado que el Alto Mando alemán confiaba poco de sus dotes en el campo de batalla. Decía que el FC Start se enfrentó a los húngaros logrando una fácil victoria (6-2). Más apabullante sería la siguiente ante la guarnición rumana (11-0) o la lograda ante los militares alemanes (9-1).

Kiev, 1942: el partido de la muerte - Archivos de la Historia | Tu página  de divulgación
La única foto conocida del FC Start

Por entonces la fama del FC Start ya era conocida en Kiev y en buena parte de Ucrania. Estaba claro que los rivales eran simples aficionados y que el FC Start estaba formado por futbolistas de verdad, pero cada pequeña victoria henchía el orgullo de los ucranianos, los cuales veían cada gol como una patada a la vanidad de los ocupantes.

Conscientes de que las victorias del FC Start podían inspirar a los ucranianos y disminuir la moral de las tropas del Eje, las autoridades nazis tenían la esperanza en que el Flakeif lograse vencer a esos rebeldes. El Flakeif era el equipo de la Luffwaffe, las fuerzas áreas, y allí era donde servían la mayoría de los antiguos futbolistas alemanes. Antes el FC Start volvió a vencer a rumanos y húngaros por 6-0 y por un ajustado 3-2 respectivamente. Cabe señalar que por entonces Hungría era una potencia futbolística de primer nivel, y aunque solo se tratasen de futbolistas aficionados, la victoria contaba con cierto prestigio.

Que aquellos futbolistas desarrapados humillasen al Reich era inaceptable. Y lo fue mucho más cuando el FC Start derrotó al Flakeif por un clarísimo 5-1. Mal equipados y alimentados, aquellos futbolistas ucranianos estaban poniendo en tela de juicio tanto el orgullo alemán como las teorías raciales nazis. Sin apenas tiempo para recuperarse, apenas 72 horas más tarde se programó la revancha entre el Flakeif y el FC Start. El partido se jugaría en el estadio nacional Zenit de Kiev, antes conocido como Estadio Rojo y en la actualidad renombrado Estadio Olímpico de Kiev. Se trataba de un coloso de cemento capaz de acoger a cerca de 70.000 espectadores a pesar de sufrir diversos desperfectos por culpa de varios bombardeos.

Ya no era un partido de campeonato. Era una revancha a vida o muerte.

Los días previos la comida comenzó a llegar en tropel a la parte de atrás de la panadería de Kordik. Junto a la carne o los huevos llegaban también mensajes de ánimo y lágrimas de orgullo ante lo que aquellos chicos estaban haciendo. Aparecieron también nuevas camisetas y hasta alguna bota de fútbol usada.

El 9 de agosto el FC Start y el Flakeif saltaron al césped del Olímpico de Kiev ante una multitud callada, pero con el pecho henchido de júbilo. En el palco varios gerifaltes alemanes. En el circulo central, el colegiado. Un oficial de las Waffen-SS, el cuerpo de élite del entramado nazi, sin más conocimiento del reglamento que el de ayudar lo máximo posible a los suyos. Los ucranianos sabrían que el arbitraje sería tendencioso y mucho más cuando minutos antes del partido reciban la visita de un miembro de las SS que les advertiría de las funestas consecuencias de una nueva victoria.

Como era de esperar el Flakeif hizo gala de su poderío físico ante la impasibilidad del árbitro. Así llegaría el primer tanto. Trusevych recibió una patada en la cabeza en un tumulto en el área, y mientras el portero ucraniano se recuperaba, los alemanes anotaron el primer gol a puerta vacía.

El partido transcurrió y las fuentes orales hablan de tirones de pelos, agarres de camiseta, puñetazos en el estómago y violentas patadas en la espinilla, todas con el beneplácito del colegiado. Aun así, el FC Start logró anotar tres goles antes del descanso, uno de ellos tras un precioso zig-zag entre varios defensores de Makar Goncharenko, seguramente el futbolista con mayores cualidades técnicas de los allí presentes.

En la segunda parte el FC Start acusó los golpes y el cansancio. Llegó a anotar dos tantos más, que rápidamente fueron contrarrestados por los nazis. El marcador señalaba un 5-3 a favor de los ucranianos cuando Kimilenko, defensa central de los locales, avanzó con la pelota, sorteó a varios rivales y se plantó delante del portero alemán engañándole con un golpe de cadera hasta encontrarse con la portería vacía. Fue entonces, cuando en lugar de anotar un gol, decidió darse la vuelta y pegar un pelotazo dirigido al público mientras alzaba los brazos en señal de victoria.

Los casi 70.000 espectadores rugieron como si no hubiese un mañana.

Faltaban aún unos minutos para el final del encuentro, pero el árbitro decidió pitar la conclusión antes de tiempo.

Aquello iba a tener consecuencias. Ya habían sido advertidos.

La afrenta resquebrajó la sonrisa hierática de los ocupantes nazis. Sí, el FC Start era un equipo de ex futbolistas. Pero eran seres humanos mal alimentados, con profundas cicatrices por la represión y con el miedo azuzando sus cabezas. Era subhumanos que habían vencido a la élite del ejército más poderoso jamás visto.

Una semana más tarde, el 16 de agosto de 1942, el FC Start venció a otro equipo alemán por 8-0. Al día siguiente los jugadores ucranianos fueron arrestados por orden de la Gestapo acusados de ser espías soviéticos. En realidad, todos eran miembros del Partido Comunista porque para jugar al fútbol en la Unión Soviética era obligatorio afiliarse al partido. Nikolai Korotkykh murió torturado mientras el resto de la plantilla fue enviada a un campo de concentración. Cuatro compañeros más acabarían falleciendo, entre ellos el portero Mykola Trusevych, el impulsor de esta epopeya.

A finales de 1943 los soviéticos liberarían Kiev de la ocupación nazi y la historia saldrá a la luz por vez primera. Lo hará con sordina, dado que serán acusados por Moscú de “confraternizar con el enemigo” por aceptar jugar partidos de fútbol contra los nazis. Los tres supervivientes tuvieron que callar hasta que tras la muerte de Stalin el régimen comunista decida abrir algo la mano. Fue entonces cuando gracias al esfuerzo de Makar Goncharenko, uno de los tres supervivientes, la historia pase a ser ‘vox populi’ debido a la publicación de un libro. Inmediatamente aquellos chicos del Dinamo de Kiev se convirtieron en héroes nacionales ucranianos y en héroes soviéticos en Rusia y en el resto de la Unión Soviética. Fue tal la fama que en 1981 se inauguró un grupo escultórico conmemorativo a las puertas del Estadio Olímpico de Kiev, que durante unos años fue rebautizado como Estadio FC Start.

Mitos y verdades sobre el "partido de la muerte": el día que un equipo  ucraniano venció a soldados nazis - Infobae
Estatua en los aledaños del Estadio Olímpico de Kiev

Por entonces ya Crimea formaba parte de Ucrania. Tras la muerte de Stalin en 1953 y la llegada al poder de Nikita Kruschev se inició un proceso de Desestalinización. Kruschev pidió perdón por el genocidio cometido en Ucrania durante los años 30 y, como medida de distensión, decretó que la península de Crimea formase parte de la República Soviética de Ucrania. Cuando la URSS se desmiembre en 1991 y Ucrania consiga al fin su independencia, aquella decisión se verá como errónea cuando Rusia y Ucrania peleen por el territorio más codiciado del Este de Europa. El desatino acabará con una guerra iniciada en 2014 y todavía inconclusa a la hora de escribir estas líneas.

Mientras, el Dinamo de Kiev se recompuso y en 1961 obtuvo su primera liga soviética. A partir de entonces se erigió en el equipo más importante de la Unión Soviética, practicando siempre un fútbol técnico y ofensivo. Al igual que los equipos lituanos sobrepasaron a los moscovitas en baloncesto, el Dinamo de Kiev hizo lo mismo en el deporte rey. En 25 años ganó 13 ligas de la URSS, se convirtió en el único equipo soviético en lograr títulos internacionales y parió al mejor entrenador que ha dado el Este de Europa (Valeri Lobanovsky) y a dos Balones de Oro (Oleg Blokhin e Igor Belanov). Sí, Lev Yashin, el jugador más legendario de la URSS, era ruso, pero si bien en la victoria soviética en la Eurocopa 1960 había siete rusos por tan sólo un ucraniano, cuando en 1988 queden subcampeones de la Eurocopa habrá tan sólo dos rusos en el once inicial frente a siete ucranianos. El influjo del fútbol ucraniano y del Dinamo de Kiev llegó incluso al siglo XXI, cuando Andrey Shevchenko y compañía siguieron demostrando la superioridad del balompié en el antiguo Rus de Kiev.

P.D: A Hollywood le dio por convertir la historia en una película. Stallone fue Trusevych y Pelé fue Goncharenko. En lo único en que se parecía ‘Evasión o Victoria’ al ‘Partido de la Muerte’ es en que todo estaba poblado de nazis. Todo lo demás es pura, y deliciosa, ficción.

Otras historias relacionadas

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (la épica victoria coreana ante Italia de 1966)

El último partido de la RDA (la caída del Muro y el último partido internacional de la Alemania del Este)

El nazi bueno (la increíble historia de Bert Trautmann, mejor portero de Inglaterra y soldado nazi a través de un par de artículos)

Auge y caída de Nikolai Starostin (misería y gloria en dos partes del futbolista más importante de la URSS)

Evasión o victoria (Stallone y Pelé en la historia hollywoodiana del FC Start a través de dos artículos)

Lutz Eigendorf (el asesinato del Beckenbauer del Este)

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (el desmembramiento de un país a través de un partido de fútbol y uno de baloncesto en dos reportajes)

Copa Mitropa, el torneo que tuteó a una guerra (el trofeo antecesor de la Copa de Europa que feneció víctima de la II Guerra Mundial)

Leer más