España

Cuando el Badajoz ganaba la UEFA y Mendizorroza era tan grande como el Camp Nou (la leyenda de PC Fútbol) 2ª parte

PC Fútbol lo cambió todo. También en el fútbol profesional. Era el juego favorito de las concentraciones. La forma de romper el hielo entre novatos y veteranos era preguntarles que media tenían en PC Fútbol. Si eras de los que jugabas los partidos lo fundamental era fichar futbolistas con una media de velocidad altísima. Savio Bortolini o Kanchelskis eran dos balas que una vez con el balón podían recorrer el campo de una punta a otra. No era el caso de Víctor Sánchez del Amo. El centrocampista de Real Madrid o RC Deportivo contaba con una buena media, pero con escasa velocidad. Víctor no dudó en quejarse de ello en una visita a las instalaciones de PC Fútbol.

Solo ello ya vale para explicar el impacto de PC Fútbol.

Ese impacto se hizo internacional con la edición 5.0 de la temporada 1996/97. Aquel reto humilde se convirtió en un proyecto infinito. El juego lo tenía todo. 80 equipos (incluía Segunda B) con una base de datos completísima y un simulador de juego que da un salto cualitativo en gráficos y jugabilidad, donde incluso había narración de Chus del Río (luego Carlos Martínez) y los comentarios técnicos de Michael Robinson. Por tener tiene hasta un simulador para hacer quinielas. El juego, ayudado por la revolución de Windows 95 (no sólo para el usuario sino también para el programador por la cantidad de herramientas y la interfaz amigable), deja el MS-DOS y da el salto al CD. Introduce una banda sonora que aumenta la inversión con el jugador. Las tarjetas de sonido y vídeo hacen que la carga de trabajo del estudio sea enorme y el juego no pueda salir al mercado hasta enero de 1997 con la temporada mediada. El ejército de periodistas se pasará días y más días llamando a presidentes, entrenadores y hasta aficionados de equipos de Segunda B para que le hablen de tal o cual jugador y poder establecer los parámetros de los futbolistas.  

El PC Fútbol 5.0 son palabras mayores. De repente el juego se convierte en indispensable para las secretarías técnicas. Raúl Martínez era un futbolista del Valencia B que fue fichado por el Yeclano CF, equipo que admitiría que únicamente lo firmaron porque era el futbolista de Segunda B con la media más alta de PC Fútbol. Raúl Martínez se convirtió en jugador fetiche en la ficción ya que, le pusieras la cláusula que le pusieras, siempre era fichado por un club extranjero, con lo cual te sacabas un buen pellizco.

Jon Usandi era un desconocido jugador de la Real Sociedad B que con minutos y entrenamientos acababa siendo Ronaldo. Y es que otra novedad de PC Fútbol 5.0 era que los futbolistas sufrían el paso del tiempo, por lo que era vital apostar por la cantera para rejuvenecer el equipo. El juego era tan real que jóvenes entrenadores como Rafa Benítez utilizarán su software para apostar por las métricas y las estadísticas tanto en los entrenamientos como en el trabajo de ojeo. Eso no era ápice para que el juego (que al final era un juego) tuviese sus brindis al sol como colocar a un belga llamado Wilout de tres años o a un albanés de cuatro años en la base de datos que, evidentemente, con mucha paciencia y muchísimas horas de juego, podrías convertir en Balón de Oro una vez llegado a la adolescencia.

El PC Fútbol 5.0 ofrece entretenimiento sin límites. Sólo jugar, entrenar o presidir. O todo junto. Al ampliar la base de datos a Segunda B permite vivir una aventura con el equipo de tu comarca. Ganar la Liga con el CD Lalín o la Copa de Europa con el Badajoz CF. Todo ello con los mejores jugadores del mundo, porque la llegada del 5.0 coincide con la aplicación de la Ley Bosman. El pegamento social del PC Fútbol 5.0 sale al mercado el 4 de enero de 1997 y en dos días aquellos Reyes Magos compran 170.000 copias.

PC Fútbol 5.0

Ninguno de aquellos locos con ordenador de inicios de los 80 podría haberse imaginado que el PC Fútbol 6.0 (1997/98) pasaría de las 300.000 copias vendidas. Era un suceso rentable en lo humano y lo económico. Dinamic Multimedia usa todos sus recursos para ello. Se crea PC Calcio, PC Premier y PC Apertura y Clausura. En Inglaterra no engancha, pero en Italia y en Argentina las ventas son asombrosas. La locura llega hasta el punto de que podrás ofrecerle casa y coche al jugador de tus sueños. Se dará el caso de que un argentino llamado Hernán Montero se aficionará al CD Leganés jugando al PC Fútbol. Será tal el embrujo que acabará viajando desde Argentina a España para hacer un saque de honor en un partido del Lega.

Hay casos de todo tipo. Kanchelskis, Babangida, Tulio o Blomquist eran futbolistas tremendos en PC Fútbol y no tanto en la vida real. Fetiche era Jorge Díaz, un futbolista del chileno O’Higgins que deslumbró a Maldini y Gaby Ruiz viendo uno de esos raros encuentros que sintonizaba ese particular dúo. De repente la gente se preguntaba quien narices era el tal Jorge Díaz hasta tal punto que Maldini recibió la llamada de Díaz para que lo colocase en un equipo europeo a cambio de un porcentaje.

El último gran salto fue el PC Fútbol 7.0 (1998/99) en el que se une la ambición con la tecnología. Se crea el modo Eurománager, que permite jugar con cinco ligas distintas, incluyendo la cuarta división inglesa. A través de actualizaciones compradas a través del incipiente Internet se puede acceder a resúmenes de cada jornada de Liga con el análisis de Michael Robinson. Es el juego más perfecto y se crea en un ambiente de trabajo que pasa a ser esclavizante. En apenas tres meses, con jornadas de trabajo de 48 horas seguidas y con semanas en las que la dieta es la pizza y los ganchitos y el cambio de ropa es una mera quimera, se monta un juego que sale a la venta en enero de 1999 y pronto alcanza las 330.000 copias.

PC Fútbol había cumplido el sueño de dirigir a un equipo de fútbol sin salir de tu habitación. Y de repente murió de éxito.

PC Fútbol 7.0

Meses antes de que el PC Fútbol 7.0 saliese a la venta, allá por mayo de 1998, la editorial alemana Axel Springel (dueña de Bild) compra Hobby Press a Centurión, Aquella empresa fundada en una terraza de su casa facturaba entonces diez millones de euros anuales. Lo único que le queda a Centurión es Dinamic Multimedia. Entonces decide tomar un cambio de rumbo. Centurión, que siempre había dejado el mando a los hermanos Ruiz, decide tomar el control de Dinamic haciendo valer su 70%. El choque de posturas antagónicas se zanja en marzo de 1999, con el PC Fútbol 7.0 vendiéndose como rosquillas, con la compra de Centurión del 30% de los hermanos Ruiz y haciéndose con la totalidad de la empresa.

Centurión resuelve pues hacer valer el contrato firmado en su origen. Aquel que apostaba por hacer un simulador de varios deportes. Contrata a otros programadores y apuesta por PC Atletismo y por EuroCycling Manager restando recursos a PC Fútbol. La única franquicia de la saga que llevaba años funcionado a excepción de la futbolera era PC Basket, aunque con un simulador mucho más rudimentario que daba síntomas de agotamiento.

Aquella decisión empresarial fue funesta para Dinamic. La siguiente versión, bautizada como PC Fútbol 2000 para distinguirse de sus antecesoras, fue un fracaso comercial. El margen para ofrecer mejoras ya era muy justo y apostaron por funciones insulsas y difusas como el catering en los estadios o el patrocinio. El siguiente año deciden introducir ligas como la belga, la escocesa o la portuguesa y, esencialmente, la Tercera División, lo cual permite ampliar el calado social del juego. Es buena idea, pero lo hacen a costa de fallos de programación y de restar dinero en el simulador, que irremediablemente queda anticuado ante bestias gigantescas como Pro Evolution Soccer o FIFA. PC Fútbol 2000 no había dado beneficios y PC Futbol 2001 deja a DInamic Multimedia en bancarrota.

PC Fútbol 2001

Ya no hay más PC Fútbol. Dinamic Multimedia quiebra y José Ignacio Gómez Centurión acabará entrando en una profunda depresión que lo llevará al suicidio. PC Fútbol murió en silencio en una escueta página de la revista Micromanía que anunciaba su fin. Desde entonces la saga tuvo varios intentos de resurrección. El más importante el comandado por los hermanos Ruiz con el sello FX Interactive, pero fracasaron al no contar con las licencias oficiales de equipos y jugadores, una de las grandes bazas que tuvo PC Fútbol durante toda su existencia.

Es el mismo inconveniente al que se enfrenta PC Fútbol 8.0 que saldrá a la venta en abril de 2024. Apostará por la sencillez, pero lo hará sin licencias. Un debe que hace dudar de su éxito. Lo más cercano que ha existido estos años al PC Fútbol son las actualizaciones de las versiones 5.0 y 7.0 que fanáticos del juego han ido parcheando a través de comunidades de usuarios agrupadas en una web llamada la PC Futbolería.

A diferencia de la mayoría de los otros simuladores de fútbol de la época, el juego (desde 2.0) permitía adoptar un enfoque de jugador (apodado arcade) y otro único de gestión del juego. Esa fórmula mixta no se usó en los videojuegos convencionales hasta que Total Club Manager 2004 permitió a los propietarios de FIFA 2004 poder ser jugador, entrenador y presidente al mismo tiempo. Hoy Football Manager (si lo que gusta es la gestión) o EA Sports FC (si lo que gusta es jugar) son tan perfectos, profundos y complejos que abruman al que se acerca a ellos. PC Fútbol era igual de profundo y perfecto, pero era de una manejabilidad tan simple y sencilla que sigue siendo añorado por aquellos que alguna vez lograron que Zidane, Ronaldo y Rivaldo conformaran la delantera del CD Ourense.

Otras historias sobre lo que rodea al fútbol

PC Fútbol (primera parte del presente artículo)

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (spartaks, sportings y torpedos)

Cláusula de rescisión (historia de la estratagema para retener a los futbolistas)

Expresiones del lenguaje deportivo (como el deporte es llevado al día a día de la calle)

El aficionado al fútbol (¿de verdad no es importante que no haya gente en los estadios?)

Evasión o victoria (Stallone, Caine y Pelé en dos partes)

La decadencia de Europa (un primer comentario sobre la Superliga)

Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista (¿cobraba más Di Stéfano o Messi?)

El escándalo Qatar (los tejemanejes para llevar el Mundial al medio del desierto)

Sobre el racismo (y no va a gustar)

El cromo de Bustingorri (cuando Bustingorri fichó por el Real Madrid pero sólo en la ficción)

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Cuando el Badajoz ganaba la UEFA y Mendizorroza era tan grande como el Camp Nou (la leyenda de PC Fútbol) 1ª parte

A mediados de los 80 una pulga apareció de la nada. La industria del videojuego llevaba una década cambiando los gustos de los niños y de los no tan niños y nadie se imaginaba que de un pequeño país a medio industrializar surgiese todo un conglomerado de empresarios de los bits. Adolescentes que aún no habían alcanzado la mayoría de edad idearon videojuegos en garajes o entre clase y clase de instituto al estilo Steve Jobs. En el plazo de cuatro años alguna de esas empresas llegó a venderse por más de 100 millones de euros. La mayoría se diluyeron como azucarillos.

Entre 1983 y 1992 España fue el segundo país de Europa en producción de software de videojuegos tras Reino Unido. Todo empezó con el Amstrad y se diluyó cuando los 8 bits dieron paso a los 16 bits. Los motivos técnicos de este fin son ajenos a mi persona. Ni es objeto de este artículo ni es materia que domine. Lo interesante para el caso es que en esos años empresas como Indescomp, Topo Soft o Made in Spain tenían gran peso en el mercado de los videojuegos. Juegos como La Pulga, Livingstone Supongo o Navy Moves son más que conocidos para aquellos afortunados con ordenador en la década de 1980.

A comienzos de los 90 todo esto era cosa del pasado. Las consolas de 16 bits habían sustituido al Amstrad como plataforma de juegos. Hubo entonces una crisis en la industria, ya que no se tenía claro el siguiente paso a dar. Las consolas quedaron en cierto punto arrinconadas hasta que Sony lance Play Station en 1994, pero seguían teniendo la hegemonía. Era mucho más barato producir un videojuego para consola, por lo que el ordenador tenía que ofrecer algo alternativo. El PC se iba asentando en las casas como material de trabajo o de estudio, pero su jugabilidad, basada en el engorroso sistema MS-DOS, era muy limitada.

La única empresa española que se mantuvo en pie a inicios de esa nueva década fue Dinamic que compitió con dos tipos de juegos. En primer lugar, con las aventuras gráficas. Juegos donde el ingenio y el ratón son indispensables, imbatibles para la videoconsola.

Y en segundo lugar con el deporte.

Eran juegos sencillos, cuasi rudimentarios, pero que apostaban por el patrocinio para triunfar. Fernando Martín Basket, Aspar GP o Michel Fútbol Master hacen las delicias de los que quieren ver pixelados a sus ídolos deportivos.

Y luego está el PC Fútbol. Droga de altísima calidad.

El inicio de todo

Todo comenzó en 1988 con el juego Michel Fútbol Master. Se trataba de un sencillo juego donde tenías que intentar conquistar la Eurocopa con alguna de las ocho selecciones disponibles. Para ello Michel, entonces estrella del Real Madrid, te ofrecía varios retos en forma de disparos, regates o pases. La idea de es un niño de Boadilla del Monte, del pequeño de cuatro hermanos. Se trata de Gaby Ruiz. A muchos les sonorá su nombre porque durante más de veinte años fue comentarista de las retransmisiones de fútbol internacional de Canal Plus. Hace una década dejo el periodismo para convertirse en director deportivo en diferentes clubes españoles e ingleses.

Y todo gracias a PC Fútbol.

El caso es que Víctor, Nacho y Pablo Ruiz eran tres hermanos que en los ochenta habían creado una empresa de videojuegos desde su propia casa con un Amstrad Spectrum. Locos de la informática, tenían un hermano pequeño, de nombre Gabriel, que vivía obsesionado por el fútbol. En uno de los frecuentes viajes que los tres hermanos mayores realizaban a Inglaterra le trajeron al pequeño un videojuego llamado Football Manager de gestión deportiva. Cada vez que le dejaban el ordenador el pequeño Gaby se afanaba por jugar a aquel rudimentario entretenimiento y el resto del tiempo se afanaba en darle la matraca a sus hermanos para que crearan un juego parecido a ese tal Football Manager. Así pues, viendo la insistencia de Gaby, el resto de los hermanos Ruiz contactaron con Michel que, entre alagado y sorprendido, dio el visto bueno a la creación del Michel Fútbol Master.

La idea funcionó y tuvo éxito. Así que mientras Gaby iniciaba sus estudios de periodismo seguía insistiéndole a sus hermanos sobre la idea de crear un simulador de gestión deportiva. Los Ruiz contactan con un programador llamado Carlos Abril para crear en 1992 el Simulador Profesional de Fútbol que permite seguir una Liga de 38 jornadas de principio a fin. No es un mal producto, pero se venden apenas 7.000 copias del título y Dinamic, auspiciada por las deudas, se enfrenta a una situación de quiebra técnica.

Es entonces cuando aparece en escena José Ignacio Gómez Centurión. Se trata de un veterano periodista con recorrido en Ya y Arriba, dos periódicos afines al Franquismo que fueron clausurados al proclamarse la democracia en España. Con la indemnización conseguida tras su despido cierra la terraza de su chalet y monta allí una pequeña empresa que denomina Hobby Press. Crea pues una revista con temas que versan desde coches radiocontrol al aeromodelismo, aficiones muy en boga en la década de 1980 y de las que Centurión es un auténtico devoto. Crea más adelante Micromanía, la primera revista dedicada a la informática y que es un éxito inmediato al vender más de 100.000 copias semanales en cerca de 35.000 quioscos. Los hermanos Ruíz son fieles lectores del semanario y de hecho mantienen contacto con Centurión de forma asidua desde que crearan Michel Fútbol Master.

Viendo el éxito y la pujanza de los videojuegos Centurión decide crear una nueva revista dedicada en exclusiva al mundo del entretenimiento virtual que denominará Hobby Consolas. Detecta pues los problemas económicos de los hermanos Ruiz y apuesta por hacerles una oferta. Decide comprar el 70% de la empresa que pasará a refundarse como Dinamic Multimedia. Los Ruiz mantienen el 30% del control y la iniciativa creativa, pero Centurión pasará a dirigir la empresa y a establecer la estrategia comercial.

Gaby Ruiz

El plan estratégico pasa por realizar videojuegos deportivos que deberían salir al mercado anualmente. Se apuesta por tres deportes y los títulos no dejan lugar a dudas sobre las intenciones. PC Atletismo, PC Basket y PC Fútbol. Eso es lo que dicta el contrato entre las dos partes. La primera prueba de fuego será el PC Basket que saldrá en 1993 con la posibilidad de disputar los playoffs de la Liga ACB 1992/93. Pero la aparición de ese juego es una mera anécdota ante el que será el buque insignia de la franquicia. Se trata de una nueva versión del simulador de fútbol que saldrá a la venta para la temporada 1993/94. Como es una evolución de la primera saga será bautizado como PC Fútbol 2.0 y cuenta, para delicia de los usuarios, con las licencias de jugadores y equipos.

El as en la manga de los hermanos Ruiz es Carlos Abril. Éste contaba con una herramienta que había creado para una editorial como una forma rápida y eficiente de buscar un libro. A través de esa herramienta se adapta el sistema para el PC Fútbol como base de datos para crear una especie de enciclopedia de jugadores, clubes y estadios.

El PC Fútbol 2.0 (1993/94) ofrece algo totalmente nuevo. Resolución en pantalla 640×480 con 16 colores y la posibilidad de gestionar alineación, tácticas y finanzas. Y todo ello con una base de datos que era consultada en las redacciones periodísticas de todo el país. No solo eso. Podías actualizar las plantillas a través de disquetes que conseguías en quioscos o a través de una suscripción a domicilio. Hoy parece el paleolítico. Antaño era el futuro.

Lo de los quioscos fue la clave de todo. Centurión era consciente de que había muchos más quioscos que tiendas de informática y era junto al periódico deportivo y a los álbumes de cromos donde tenía que estar PC Fútbol. Había además un motivo más para cambiar la estrategia. El IVA a los productos digitales era del 18% mientras que el de libros y revistas se mantenía en el 4%. PC Fútbol se vendía por 2.995 pesetas, un precio modesto para lo habitual entre los videojuegos. La clave residía en que junto a los disquetes o el CD-Rom del juego se entrega la revista PC Fútbol, con lo cual se podía disfrazar el videojuego como bien cultural y abaratar costes. El negocio estaba asegurado y cada edición de PC Fútbol doblaría en ventas al anterior.

PC Fútbol 2.0

La siguiente edición (3.0) experimenta ciertos cambios como un aumento de la resolución y de los colores y la posibilidad de realizar fichajes internacionales, pero en definitiva sigue el mismo patrón que la edición inaugural y su crecimiento sigue imparable. Todo se alió para que el PC Fútbol triunfase. Mediados de los 90. El PC se asienta como opción preferencial de sobremesa ayudado por los disquetes y el sistema operativo de Microsoft Windows. Al mismo tiempo los clubes se convirtieron, salvo contadas excepciones, en sociedades anónimas en 1992 por lo que pasaron a ser gestionados como empresas con sus respectivos balances. Y, por último, pero no menos importante, las retransmisiones televisivas de Canal Plus convirtieron al fútbol en una experiencia próxima al cine cautivando incluso a los menos futboleros. Todo este caldo de cultivo hizo que todo niño y adolescente (niñas por entonces pocas) deseasen gestionar un club de futbol. No solo jugar al fútbol. Sino fichar jugadores o construir estadios. Una experiencia nunca antes vista. El deporte rey con una base de datos descomunal. Una base de datos creada por periodistas que en vez de dar noticias se dedicaban a valorar parámetros de futbolistas de medio mundo.

Y es que, visto el éxito, el asunto se hizo más complejo. PC Fútbol era un juego relativamente sencillo de 38 jornadas en el que se buscaba que el usuario sacase el entrenador que todos llevamos dentro. Los hermanos Ruiz ordenaron un estudio de mercado y se descubrió que lo que le gustaba a la gente era hacer fichajes y construir un equipo desde la nada. Cuando el equipo gráfico esperaba dedicar horas y dinero a mejorar la jugabilidad del simulador resulta que descubrieron que eran las medias numéricas de cada jugador (energía, velocidad, regate, moral, defensa, remate, calidad), la base de datos, las finanzas o la remodelación del estadio lo que hacía que la gente se enganchase a PC Fútbol.

Todo ello hace que se refuerce la plantilla de programadores y se cree una plantilla de periodistas. Junto a Gaby Ruiz el cerebro en la base de datos de PC Fútbol es el también periodista de Canal Plus Julio Maldonado, conocido por todos como Maldini. Tanto Ruiz como Maldini hacen continuos viajes por Europa, bien por trabajo o bien por placer, y aprovechan para comprar libros, anuarios y revistas de estadísticas deportivas. Durante todo el verano graban en VHS partidos amistosos intercambiando cintas de vídeo con otros fanáticos del fútbol para conocer fichajes y jugadores de todo el planeta. Así se crea una base de datos monstruosa que luego es pulida por los informáticos. Éstos últimos diseñan escudos o campos de fútbol y se afanan en explicarle a los periodistas que poner ciertos números en código en un blog en blanco permitirá crear al futbolista de sus sueños.

El cóctel es explosivo y con PC Fútbol 4.0 (1995/96) el juego pasa a un siguiente nivel. Se añade la opción Promanager, en la que en vez de que el usuario escoja al equipo que quiera tendrá que empezar desde lo más bajo y ganarse el pan para poder dirigir a todo un Madrid o un Barça. Por vez primera la espada de Damocles está tras el PC y en caso de malos resultados deportivos o bancarrota económica el juego no te permitirá continuar. Se añaden también por vez primera los torneos europeos, así como la influencia de la moral en el juego del equipo en función de su posición liguera.

Es ya entonces PC Fútbol un juego que conocen profanos y mundanos. Ayuda también la figura de Michael Robinson, un simpático ex jugador inglés del CA Osasuna metido a estrella televisiva. Robinson se explicaba como los ángeles aun no sabiendo castellano y pronto se convirtió en figura mediática gracias a las retransmisiones de Canal Plus y al programa deportivo El Día Después, un exitazo que acertadamente Canal Plus decidió emitir en abierto. Además de ser la imagen en la portada del juego y en anuncios televisivos, Michael Robinson era el vivo retrato del carisma, la humildad y el buen rollo.

4.0 Y Robinson

Era 1995 y PC Fútbol estaba a punto de dar el gran salto. El salto definitivo que lo convertiría en boom mundial. Los que tenían PC lo disfrutaban. Los que aún no teníamos ordenador nos afanábamos para allanar la habitación de un buen amigo que dispusiera de tan preciado tesoro. Allí apagábamos la luz y nos dejábamos iluminar con aquel brillo futurista atenuado por un protector ocular que, según decían nuestros padres, nos protegía de la radiación cancerígena. Allí uno empezaba su aventura con el Villarreal buscando una plaza en semifinales de la Copa de la UEFA mientras el otro aguardaba turno con el Alavés sopesando la ampliación de un tercer anillo de gradas para Mendizorroza.

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Gran Premio de Estella. Guía de viaje

Lo cierto es que él no nació en estas tierras. Lo hizo hacia el noreste. En Villava. Entonces zona rural. De hecho, sus padres fueron agricultores. Hoy no. Hoy Villava ha sido engullida por Pamplona y tomada por solteros y familias que encuentran el suelo urbano más barato que en la capital de Navarra. Pero en definitiva Villava no es más que una muestra de lo que fue Navarra y de lo que es hoy. Carlista, agrícola, religiosa y española entonces. Federalista, industrial, atea y euskalduna en la actualidad. Miguel nació en Villava, pero hizo miles y miles de horas en bicicleta por tierras de Estella. No era de extrañar que la prueba fundada en 1951 pasase a rebautizarse en 1999 con el nombre de su vecino más ilustre.

Miguel Induráin.

Nacido como Campeonato Vasco-Navarro de Montaña, rebautizado como Gran Premio Navarra, Trofeo Jesús Galdeano, Trofeo Comunidad Foral de Navarra y finalmente como Gran Premio Miguel Induráin, esta prestigiosa carrera ciclista es conocida en el mundillo como Gran Premio Lizarra-Estella, ya que es organizada por el club ciclista de dicha localidad. Y así debe ser debido a que la prueba nace y muere en esta localidad navarra tras un recorrido zigzagueante por las tierras altas y bajas del oeste de Navarra.

En un meandro del Ega espera coqueta al visitante Estella. El río aquí parte caudaloso antes de regar de agua al siempre sediente Ebro. El Ega forma una primera frontera entre las montañas navarras y el camino a las tierras áridas del sur. Allí fundó el rey Sancho Garcés I una ciudad a la que dio nombre de Estella (estrella) y que pronto prosperó por su buen pan, su buen vino, por ser lugar de la primera imprenta navarra y por un agua dulce, sana y extraordinaria. Zapaterías, ebanisterías, alfarerías y hospederías pronto adornarán la llamada joya del románico navarro que velozmente se convertiría en enclave de importancia en el transcurso del Camino de Santiago.

Induráin no nació en Estella, pero no hay llamativas diferencias entre los distintos parajes navarros. Los alrededor de 200 kilómetros que deben afrontar los ciclistas se enmarañan en un recorrido plagado de ochos y en un continuo zigzagueo por tierras navarras. Una vez abandonada Estella los corredores remontan el Camino de Santiago en busca de Puente la Reina, abarrotada de peregrinos que aprovechan el inicio de la primavera para aprender más en el camino que en el propio destino.

En Puente la Reina lucharon navarros y castellanos y allí se junta el Camino francés con el que desde los Pirineos serpentea desde Jaca. Son 110 metros y 7 arcos donde se guardan imágenes de santos y crucifijos. La reina Muniadona mandó construir un puente que cruza el Río Arga, el otro gran curso de agua dulce que baña la huerta navarra. Bien sabido es que Ega, Arga y Aragón hacen al Ebro varón. Como no, Puente la Reina cuenta con iglesia dedicada al Apóstol Santiago, aunque su patrona es la Virgen del Txori (pájaro en euskera). Antaño la talla de la Virgen se encontraba sita en un arco del puente y cuenta la leyenda que todos los días un pajarito cogía agua del río con sus alas y lavaba el rostro de la Virgen.

Puente la Reina

Tras el paso por Puente la Reina el pelotón vira hacia el oeste y retoma el Camino de Santiago hasta llegar a Villatuerta, uno de esos tantos lugares donde el puente crea la villa y la iglesia le da sentido a su vida. Se adentra entonces el pelotón hacia el norte camino de la Sierra de Andía y de la sierra de Urbasa. Zona ideal para el que le guste montar a la burra. Zona de hayas y endrinos. De pacharán y de vinos. En el alto de Irache los ciclistas podrán contemplar los restos de la vía romana que unía Jaca con Logroño y el monasterio benedictino de Santa María la Real a los pies de Montejurra. En tiempos de la Guerra Civil fue usado como campo de concentración franquista. Hoy es un plácido lugar en el que brota constantemente un caño de vino procedente de las cercanas bodegas de Irache.

Tras el paso por Arroniz y por Murieta, los ciclistas afrontan el alto de Eraul (3,8 kilómetros al 5.5%). La cima da nombre a una de las pocas batallas ganadas por los carlistas durante las guerras del mismo nombre de mediados del siglo XIX. Y es que son estas tierras de carlistas y requetés. De Dios, Patria y Rey. Tras descender el alto de Eraul el pelotón vuelve a Estella en ese continuo viaje entre la Navarra Media montañosa y la Ribera estellana del Alto Ebro. Entre los valles y las sierras. Entre el cereal y la hortaliza. Entre la sopa estellesa untada de manteca de cerdo, arroz y leche y el cordero al chilindrón estofado con pimientos y espárragos.

Hasta años muy recientes el GP Miguel Induráin contó con presencia escasa de estrellas del pelotón internacional. Situado en el primer domingo de abril, cuando el calendario de clásicas europeas está más cargado, y con escaso puntaje y dotación económica, sólo en años recientes ha visto incrementado su pedigrí. A ello contribuye la presencia perenne del Movistar Team. Aunque patrocinado por la multinacional de telecomunicaciones, la estructura del conjunto es íntegramente navarra teniendo sus orígenes en la empresa de aluminios Reynolds (1980-1989), luego Banesto (1990-2003), Illes Balears (2004-2005) y Caisse d’Epargne (2006-2010), hasta que en 2011 se formó su actual estructura.

Es por ello que cualquier ciclista del Movistar, vaya o no vaya a ganar, tenga como obligación pasar al ataque en el alto de Guirguillano (2,8 km al 5,9%), a unos 60 kilómetros para línea de meta. Una vez acabado el descenso toca la subida al alto de Lezaun (3,9 km al 5,4%) para adentrarse entonces en los últimos cuarenta kilómetros de carrera. Vuelve entonces el pelotón a atravesar Estella siguiendo siempre la ruta Pamplona-Logroño entre encinas, hayas, romero y tomillo. Toca entonces avituallamiento para quien lo desee, aunque lástima que en las barritas y en los geles energéticos no se puedan introducir las alubias pochas, el chorizo o las tortas de chanchingorri, un dulce elaborado con los restos de la matanza del cerdo, pan y abundante azúcar.

La carrera puede decidirse al sprint en el centro de Estella. Existe la posibilidad de ascender al alto de la Basílica de Puy, llamada así porque en 1085 unos pastores acudieron a una colina atraídos porque unas estrellas lo señalaban. Allí encontraron en una cueva una imagen de la Virgen con el niño Jesús. Se la llamó Virgen del Puy, por haberse encontrado sobre una colina a semejanza de una advocación muy venerada en Francia conocida como Le Puy en Velay. Es del todo infrecuente que los organizadores tomen la decisión de llevar la carrera a ojos de la Virgen, por lo que el punto clave de la prueba está en el alto de Lezaun (3,9 km al 5,4%), a poco más de diez kilómetros del final.

Se llega entonces definitivamente a Estella, lugar donde se encuentran el palacio de los reyes navarros y los restos del castillo donde nació Juana II de Navarra, la cual entregó sus dominios a Francia al casarse con Felipe VI de Valois. No será hasta 1512 cuando Navarra pase a formar parte del Reino de España tras ser anexionada por Fernando el Católico. Llegados a este punto es cuando es conveniente que a la Estella profundamente clerical donde Tomás de Zumalacárregui fue nombrado comandante general en la I Guerra Carlista o donde Carlos VII tenía su corte durante la III Guerra Carlista, dejemos de llamarla Estella. Ahora es Lizarra (fresno en euskera), donde la derecha vasca conservadora y la izquierda abertzale intentaron unir fuerzas en un pacto para buscar una solución al llamado conflicto vasco dejando de lado los atentados y los asesinatos.

Eso es el Gran Premio Miguel Induráin. Un viaje paradisiaco alrededor de la naturaleza en uno de los parajes más contradictorios que ha parido España. Navarro, aragonés, castellano, francés, español y euskaldún. Conservador, religioso, campesino, industrial y revolucionario. Ese es el viaje en el que durante 200 kilómetros ciclistas y aficionados disfrutan cada año el primer domingo de abril.

Estella-Lizarra

Hasta cuatro ciclistas se han llevado la victoria en tres ocasiones. Entre ellos Juan Fernández o Miguel María Lasa, dos clásicos del ciclismo español de los 70. Tres triunfos también tiene Alejandro Valverde (2014, 2018 y 2021), quien supera en el palmarés a otras leyendas hispanas que cuentan con dos victorias caso de José Pérez-Francés (1961 y 1963) o Pedro Delgado (1988 y 1990). Simon Yates, Joaquim Rodríguez o Alex Zülle son otros de los que lograron vitorear en Estella en una ocasión, misma cantidad de veces que el hombre que le da el nombre a la prueba, quien se impuso en 1987 cuando aún no sabía lo que era ganar el Tour y el Gran Premio Miguel Induráin estaba muy lejos de llamarse Miguel Induráin.

Otras guías de viaje ciclistas

Propuesta de un Tour por Europa (una vuelta de norte a sur por el Viejo Continente a lomos de una bicicleta)

Milán-Turín (un viaje remontando el río Po camino de la esplendorosa Turín)

Amstel Gold-Race (descubriendo el corazón de Europa a golpe de cerveza)

Tour de Flandes (adoquines y barro en tierras belgas)

Giro de Lombardía (un paseo otoñal por el norte de Italia)

París-Roubaix (pavés, trincheras y agonía en la clásica de las clásicas)

Milán-San Remo (Una oda a la llegada de la primavera en La Classicissima)

Lieja-Bastoña-Lieja (la carrera de los valones, la competencia directa al Tour de Flandes)

La desconocida fiebre del ciclismo en Eritrea (como los italianos llevaron al corazón de África la pasión por el ciclismo)

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El salto al vacío de Yago Lamela

Fue al amanecer. No era tiempo de smartphone. Fue al encender la radio. O al hojear el periódico de la mañana. 8’56 cm. Esa era la marca. Eran palabras mayores entonces y son palabras mayores ahora. Había ocurrido de madrugada en una ciudad japonesa que obedecía al nombre de Maebashi. Sucedió un 7 de marzo de 1999. Hace ahora un cuarto de siglo.

Un semidesconocido avilesino de 21 años de edad aparecía como fuerza desestabilizadora del orden atlético mundial. En la final de salto de longitud del Campeonato Mundial de Atletismo en pista cubierta había saltado 8’10 en el primer intento y voló hasta los 8’29 cm en el segundo, lo que significaba romper el récord de España que llevaba vigente desde 1980. La proeza se consumó en el tercer salto donde la marca registrada fueron 8’42.

Su rival para conseguir la medalla de oro era el cubano Iván Pedroso, uno de los mejores saltadores de longitud de todos los tiempos. Pedroso es el único ser humano que ha conseguido sobrepasar los nueve metros, aunque la marca le fue invalidada por saltar con el viento a favor. Era el archifavorito y el vigente campeón mundial, pero al llegar al sexto y último salto todos los pronósticos estaban a punto de estallar en mil pedazos. En el último vuelo Yago Lamela alcanza los 8’56 cm. Su cara al abandonar la arena reflejaba la emoción y la sorpresa por lo logrado. Sus manos en rezo denostaban inconsciencia, registro para el que su mente no estaba preparada. 8’56 era nuevo récord de Europa y virtualmente le daban el título de campeón del mundo.

Tuvo entonces el sexto y último salto Iván Pedroso. Un campeón lo es por sus títulos y sus marcas, pero esencialmente por saber competir en los grandes momentos. Pedroso realizó el mejor salto de la tarde y lograba 8’62. El cubano sería medalla de oro y el asturiano se conformaba con una espectacular presea de plata.

El recibimiento en Barajas fue apoteósico y los honores en Asturias se sucedieron semana tras semana. Yago Lamela pasó de ser un desconocido a un fenómeno popular. Es 1999. No hay Nadal, ni Alonso, ni Gasol. Induráin hace un par de años que está retirado y la selección española de fútbol sigue cayendo en cuartos de final. Lo de Yago es un logro espectacular. Nadie esperaba esa marca. Él tampoco. Es una disciplina con escasa tradición en España y tradicionalmente dominada por atletas de raza negra.

Ayuda además la imagen de Yago. Joven, fresca, siempre sonriendo. Es hijo de gente humilde, tiene carisma y luce una preciosa melena. Es un tío guapo. Empieza a aparecer en eventos, hace moda. Se convierte en el centro de atención. Algo que no le gusta. Confía en que sea suceso pasajero. No será así. El boom Lamela viene para quedarse.

Llega el verano. La pista cubierta deja paso a la pista al aire libre. Campeonato Mundial de Atletismo al aire libre de 1999. En Sevilla. La Cartuja. Aquel estadio que se había construido con la irreal pretensión de organizar unos Juegos Olímpicos hacía méritos para tener sentido de vida. Aquello fue una locura. Lamela era una de las escasísimas oportunidades que tenía España de lograr una medalla de oro. La expectación era terrible. Yago tuvo que acudir al estadio olímpico camuflado en un coche policial para que la horda de seguidores no lo reconociesen. En La Cartuja 70.000 personas golpeaban con sus manos sus asientos animando a Lamela cada vez que iniciaba la carrera hacia el salto.

Atenazado por los nervios, los dos primeros vuelos se saldaron con dos nulos. En el tercero se fue a los 8’40. Buena marca, pero no igualaba los registros logrados en Japón. Pedroso se iba hasta los 8’55 cm y con eso ya le daba para repetir triunfo mundial.

El balance era magnífico. Lamela tenía el futuro garantizado. Con 21 años era la única alternativa real de Pedroso, el cual enfilaba ya la treintena. Aquella bomba de energía que entrenaba saltando en la playa de Avilés, que sumaba marca personal año a año y que con 15 primaveras ya había sido campeón asturiano absoluto, iba camino del estrellato. Fortísimo, con cada pisada suya levantaba el tartán.

Pedroso y Lamela. 1999

El año 2000 era año olímpico. Sídney. Australia. La progresión es excelente. Se huele el oro. Pero semanas antes de viajar a las antípodas Yago se rompe al iniciar la carrera para un salto. No es nada grave. Lesión muscular en los isquiotibiales. Pero da por culo. Cualquier molestia es mortal para un saltador. Llega a Sídney con problemas, lejos de su mejor forma y no alcanza a superar los 7’98. Ni siquiera llega a clasificarse entre los ocho primeros y queda lejos de la final.

Al volver a España decide dar un cambio radical en su vida. Se marcha de Asturias rumbo a Madrid. Es incapaz de adaptarse. La gran ciudad no es para Yago. Sus resultados son pobres y resuelve dar otra vuelta de tuerca y establecerse en Valencia. Allí se pone en las manos de Rafa Blanquer, un antiguo saltador que entonces era considerado el mejor entrenador de España. Comienzan exhaustas dobles jornadas de entrenamiento y una cuidadosa y escrupulosa dieta diseñada para volver a llevar a Lamela a la élite. Los resultados vuelven a aparecer. En 2002 medallas europeas con registros modestos, pero en 2003 el gran Yago aparece. Se proclama subcampeón del mundo y firma un registro de 8’53 que lo acerca a su mejor marca.

Así pues, todos esperan que los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 sean los de Lamela. El propio Yago también lo aguarda. Así tendría que haber sido, pero el infortunio no entiende a razones. Meses antes de los Juegos Yago se lesiona el tendón de Aquiles. Volverá a acudir renqueante a una cita olímpica y nuevamente firma un insuficiente 7’98 que lo coloca en un triste undécimo puesto lejísimos de la medalla de oro firmada por el británico Dwight Phillips con 8’59.

Con miedo al ir a tabla, con el pie doliente, Yago decide marcharse a operarse a Finlandia, donde reside uno de los mejores especialistas en la materia. 2005 será un año en blanco que se agravará a finales del mismo cuando un accidente de tráfico corte su recuperación. Es entonces cuando Lamela decide volver a su Avilés natal y refugiarse en los suyos para intentar una epopeya en los Juegos de Pekín 2008.

Oficialmente Yago no está retirado, pero es como si lo estuviese. Lejos están las portadas de revistas y los campeonatos internacionales. Una lesión del tendón de Aquiles es letal para un saltador. Lamela es una sombra de lo que había sido. Alterna las idas y las venidas y es incapaz de superar los ocho metros. Es incapaz de conseguir la marca mínima necesaria para acudir a Pekín y en 2009, con apenas 31 años, anuncia su retirada. Retirada que ya era efectiva desde cuatro años antes.

Desamparado, Lamela comienza a abusar de la medicación que tiempo atrás le habían recetado para superar sus dolores en el tendón de Aquiles. Necesita apoyo psiquiátrico. Pasará una semana internado en un psiquiátrico de Oviedo. Esto se sabrá después. Entonces es tabú. Lo de la salud mental seguía siendo asunto de Estado. Sale medicado pero apto, pero con una fuerte advertencia de los médicos. La medicación es incompatible con el ejercicio físico. Aquello lo mata. No puede correr por la playa ni acercarse a su gimnasio de cabecera en Avilés.

Decide entonces retomar sus estudios de informática, aquellos que iniciara en Estados Unidos con una beca deportiva de la Universidad de Iowa cuando era un joven prometedor. Lo intenta, pero es incapaz de concentrarse e hincar los codos. Resuelve luego sacarse el título de piloto de helicópteros, algo incompatible con su historial médico. Desorientado, sus amigos le animan a que se convierta en entrenador. Que viaje a Madrid a sacarse el título nacional y que se dedique a buscar el potencial de jóvenes talentos.

En eso estaba. Decidido a viajar a Madrid. No llegó a subirse al coche. El 8 de mayo de 2014 Yago Lamela aparecía muerto en su casa de Avilés. Contaba con 36 años. La autopsia confirmó un infarto de miocardio por intoxicación medicinal.

Yago Lamela fue un atleta elegante y de una fiereza descomunal. Un deportista con luz propia. El mejor saltador español de siempre y uno de los dos o tres mejores saltadores de raza blanca del último medio siglo. Lo fue con apenas un par de años de brillo. El resto fue de total oscuridad. Con aquella marca de 8’56 lograda en Japón hace un cuarto de siglo Yago Lamela hubiese sido campeón olímpico en cinco de los últimos seis Juegos Olímpicos.

Una vida en la arena

“Pudo haber sido esto, pudo haber sido aquello, pero se le ama y se le odia por lo que es”. Rudyard Kipling.

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Historia contrafactual del Balón de Oro español (1930-2023)

Volvemos con una de las secciones favoritas de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Lo hacemos con nuestro tema fetiche, el Balón de Oro. En este blog ya le hemos dado los siete que merece a Pelé, hemos otorgado un Balón de Oro a porteros y defensas olvidados por la dictadura del jugador ofensivo o hemos dado un salto atrás en el tiempo para recordar a los mejores jugadores del mundo antes de que en 1956 se pusiese en marcha el trofeo individual más prestigioso del mundo del balompié.

En este caso vamos a barrer para casa. En esta historia contrafactual nos proponemos determinar quiénes han sido los mejores futbolistas españoles año por año. No es el futbolista hispano de los más reconocidos en el ámbito mundial. Es cierto que tras las victorias españolas en el Mundial 2010 y en las Eurocopa 2008 y 2012 el producto patrio se ha expandido por medio mundo, tanto futbolistas como entrenadores. Sin embargo, el buen desempeño colectivo ha impedido que España tuviese un jugador de referencia, una estrella, la estrella del planeta fútbol. La dispersión de votos hizo que Fernando Torres hubiese de conformarse con el Balón de Bronce (2008) al igual que Xavi Hernández (2009, 2010 y 2011) y Andrés Iniesta (2012). Lo más sangrante fue el caso del manchego que fue Balón de Plata tras ganar el Mundial 2010. Aquel año hubo cinco españoles entre los diez primeros, pero la victoria fue para el argentino Lionel Messi.

El único ganador del premio fue el recientemente fallecido Luis Suárez. Icono del Grande Inter. Durante una década fue considerado el centrocampista organizador más talentoso de Europa. El coruñés es también uno de los siete futbolistas que han ganado Oro, Plata y Bronce al menos en una ocasión. El áureo fue en 1960, el argento en 1961 y 1964 y el de bronce en 1965. Éste último también fue ganado por Amancio en 1964, mientras que Emilio Butragueño fue Balón de Bronce en 1986 y 1987.

Luis Suárez. Oro (60) , Plata (61, 64) y Bronce (65)

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro español he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. Antes de que la Guerra Civil y luego la II Guerra Mundial hiciese estallar todo por los aires el fútbol español estaba entre los mejores de Europa. Después llegó una década oscura hasta que, capitaneados por las hazañas del Real Madrid, el fútbol hispano volvió a ser referencia mundial. En los 60 algunos futbolistas comenzaron a emigrar a Italia, liga que pronto se iba a convertir en la competición más fuerte del momento. Desde esa década y hasta finales del siglo XX tanto el futbolista español como la Liga tuvieron un perfil bajo, suceso corregido por el dinero de las telecomunicaciones en el segundo supuesto y por un incasable trabajo técnico en el fútbol base cristalizado en la consecución del Mundial 2010 en el primero de los casos. Hoy, con altibajos, tanto la Liga como el futbolista español (cada vez más emigrante) están entre los mejores considerados del planeta.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, World Soccer o Don Balón. También consideraciones y premios de Marca, As, Mundo Deportivo o la Agencia EFE. Alguna licencia personal ha habido. Por citar un ejemplo en 1974 la línea oficial dictaminaría que el Balón de Oro español fuese Asensi. Sin embargo, he decidido apostar por José Eulogio Gárate, con mejores números individuales que los del alicantino y pieza primordial para que el Atlético de Madrid venciese al Celtic y se clasificase para jugar su primera final de Copa de Europa.

Gárate (Balón de Oro español 1970 y 1974)

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Para el futbolista español hay tres edades de oro; la década de los 30, el periodo 1955-65 y los quince años que van de 2005 a 2020. Eso hace que fantásticos jugadores coincidentes en el tiempo como Cilaurren o Luis Regueiro no cuenten con ningún trofeo al concordar con Ricardo Zamora (1932, 1933 y 1934). Iconos de los 60 como Adelardo, Joaquín Peiró, Carlos Lapetra, Ignacio Zoco o Marcelino palidecen ante el ya citado Luis Suárez, Luis del Sol (1962), Manuel Velázquez (1969) o Amancio Amaro (1966, 1968 y 1972). Por último, los éxitos de Iker Casillas (2007), David Silva (2019), Sergio Ramos (2014, 2016, 2017, 2018) o del binomio Xavi e Iniesta impiden que podamos coronar a David Villa, Cesc Fábregas o Xabi Alonso, quienes en cualquier otra época hubiesen sido Balón de Oro español sin lugar a dudas. Es el caso del asturiano Villa, máximo goleador histórico de la Selección, el más injusto al coincidir en sus años de gloria con los antes citados y también con Carles Puyol (2006) o Fernando Torres.

Villa, máximo goleador español sin Balón de Oro

Así futbolistas históricamente menores como Jesús Garay (1956), Rubén Cano (1977), Dani (1983), Goicoetxea (1991) o Gerard Moreno (2021) cuentan con un Balón de Oro contrafactual por incomparecencia de rivales. Como se verá he dejado libre el año 1937 y 1938 por ser inhábiles por motivo de la Guerra Civil. No así ni el 36 ni el 39 ni los años de la II Guerra Mundial, pródigos en fenómenos españoles que destacaron en Sudamérica caso de Ángel Zubieta (1946) y, especialmente, Isidro Lángara (1935, 1936, 1939 y 1940).

¿Era mejor Raúl que Lángara? Más rápido, más flexible, estuvo mejor entrenado y desde niño estuvo preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Lángara no hubiese sido el primer delantero español de corte internacional no habría habido ni Butragueño, ni Raúl ni Lamine Yamal.

Para finalizar un par de puntualizaciones. He considerado Balón de Oro español a aquel futbolista de nacionalidad hispana. Alfredo di Stéfano (1957 y 1959) podría haber ganado más trofeos con anterioridad, pero de 1953 a 1956 compitió en la Liga con nacionalidad argentina. Lo mismo sucede con el extraordinario Ferenc Puskás, al que le he dado el trofeo de 1963, que seguramente merecería Luis Suárez, como un acto de justicia poética para un futbolista que no obtuvo la nacionalidad española hasta los 34 años, camino al ocaso de su carrera. También señalar que en 1993 premié al deportivista Fran antes que, a Julen Guerrero, Nadal o Zubizarreta, quizás barriendo un poco para casa.

Como último aporte aclaratorio quiero señalar el enorme mérito del Balón de Oro español que le he otorgado a Quini en 1976. Militaba entonces en el Sporting de Gijón que descendería a Segunda, pero Quini se coronaría como Pichichi de la Liga. A pesar de los éxitos de Santillana o de Pirri con el campeón Real Madrid, el año del goleador asturiano fue colosal. Y señalar también a futbolistas que no han logrado entrar en la lista como Basora, Acuña, Rexach, Sadurní, Juanito, Gordillo, Camacho, Maceda, Sanchis, Kiko, Luis Enrique, Valerón, Joaquín, Cazorla, Piqué, Jordi Alba, Sergio Busquets o la reciente aparición de Pedri.

Quini (Balón de Oro español 1976 y 1982)

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro español. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2023 serían los siguientes:

1930 Guillermo Gorostiza (Athletic Club)

1931 Guillermo Gorostiza (Athletic Club)

1932 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1933 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1934 Ricardo Zamora (Real Madrid CF)

1935 Isidro Lángara (Real Oviedo)

1936 Isidro Lángara (Real Oviedo)

1937

1938

1939 isidro Lángara (San Lorenzo de Almagro)

1940 Isidro Lángara (San Lorenzo de Almagro)

1941 Martí Ventolrá (Atlante FC)

1942 Guillermo Gorostiza (Valencia CF)   

1943 Agustín ‘Piru’ Gainza (Athletic Club)

1944 Edmundo Trabancos ‘Mundo’ (Valencia CF)

1945 Telmo Zarra (Athletic Club)

1946 Ángel Zubieta (San Lorenzo de Almagro)

1947 Telmo Zarra (Athletic Club)

1948 Manuel Fernández ‘Pahiño’ (Real Madrid CF)

1949 César Rodríguez (FC Barcelona)

1950 Telmo Zarra (Athletic Club)

1951 Telmo Zarra (Athletic Club)

1952 Antoni Ramallets (FC Barcelona)

1953 Laszlo Kubala (FC Barcelona)

1954 Luis Molowny (Real Madrid CF)

1955 Agustín ‘Piru’ Gainza (Athletic Club)

1956 Jesús Garay (Athletic Club)

1957 Alfredo di Stéfano (Real Madrid CF)

1958 Francisco Gento (Real Madrid CF)

1959 Alfredo di Stéfano (Real Madrid CF)

1960 Luis Suárez (FC Barcelona)

1961 Luis Suárez (FC Barcelona)

1962 Luis del Sol (Real Madrid CF)

1963 Ferenc Puskás (Real Madrid CF)

1964 Luis Suárez (Internazionale)

1965 Luis Suárez (Internazionale)

1966 Amancio Amaro (Real Madrid CF)  

1967 José Martínez ‘Pirri’ (Real Madrid CF)

1968 Amancio Amaro (Real Madrid CF)

1969 Manuel Velázquez (Real Madrid CF) 

1970 José Eulogio Gárate (Atlético de Madrid)

1971 José Ángel Iribar (Athletic Club)

1972 Amancio Amaro (Real Madrid CF)

1973 Luis Aragonés (Atlético de Madrid)

1974 José Eulogio Gárate (Atlético de Madrid)

1975 José Martínez ‘Pirri’ (Real Madrid CF)

1976 Enrique Castro ‘Quini’ (Sporting Gijón) 

1977 Rubén Cano (Atlético de Madrid)

1978 Carlos Santillana (Real Madrid CF)

1979 Juan Manuel Asensi (FC Barcelona)

1980 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1981 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1982 Enrique Castro ‘Quini’ (FC Barcelona)

1983 Daniel Ruíz Bazán ‘Dani’ (Athletic Club)

1984 Luis Miguel Arconada (Real Sociedad)

1985 Miguel Bernardo Bianquetti ‘Migueli’ (FC Barcelona)

1986 Emilio Butragueño (Real Madrid CF)

1987 Emilio Butragueño (Real Madrid CF)

1988 Miguel González ‘Michel’ (Real Madrid CF)

1989 Miguel González ‘Michel’ (Real Madrid CF)

1990 Rafael Martín Vázquez (Real Madrid CF)

1991 Jon Andoni Goicoetxea (FC Barcelona)

1992 Andoni Zubizarreta (FC Barcelona)

1993 Francisco González ‘Fran’ (RC Deportivo)       

1994 Josep Guardiola (FC Barcelona)

1995 Fernando Hierro (Real Madrid CF)

1996 José Luis Pérez Caminero (Atlético de Madrid)

1997 Raúl González (Real Madrid CF)

1998 Fernando Hierro (Real Madrid CF)

1999 Raúl González (Real Madrid CF)

2000 Gaizka Mendieta (Valencia CF)

2001 Raúl González (Real Madrid CF)

2002 Raúl González (Real Madrid CF)

2003 Raúl González (Real Madrid CF)

2004 Santiago Cañizares (Valencia CF)

2005 Xavi Hernández (FC Barcelona)

2006 Carles Puyol (FC Barcelona)

2007 Iker Casillas (Real Madrid CF)

2008 Fernando Torres (Liverpool FC)

2009 Xavi Hernández (FC Barcelona) 

2010 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2011 Xavi Hernández (FC Barcelona)

2012 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2013 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2014 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2015 Andrés Iniesta (FC Barcelona)

2016 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2017 Sergio Ramos (Real Madrid CF)

2018 Sergio Ramos (Real Madrid CF) 

2019 David Silva (Manchester City)

2020 Thiago Alcántara (Bayern Münich)

2021 Gerard Moreno (Villarreal FC)

2022 Rodrigo Hernández ‘Rodri’ (Manchester City)

2023 Rodrigo Hernández ‘Rodri’ (Manchester City)

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista del Balón de Oro español entre 1930 y 2023 sería la siguiente:

1. Raúl González (Real Madrid CF) (1997, 1999, 2001, 2002 y 2003) 5

2. Sergio Ramos (Real Madrid CF) (2014, 2016, 2017 y 2018) 4

2. Andrés Iniesta (FC Barcelona) (2010, 2012, 2013 y 2015) 4

2. Luis Suárez (FC Barcelona e Internazionale) (1960, 1061, 1964 y 1965) 4

2. Telmo Zarra (Athletic Club) (1945, 1947, 1950 y 1951) 4

2. Isidro Lángara (Real Oviedo y San Lorenzo de Almagro) (1935, 1936, 1939 y 1940) 4

3. Xavi Hernández (FC Barcelona) (2005, 2009 y 2011) 3

3. Luis Arconada (Real Sociedad) (1980, 1981 y 1984) 3

3. Amancio Amaro (Real Madrid CF) (1996, 1968 Y 1972) 3

3. Ricardo Zamora (Real Madrid CF) (1932, 1933 y 1934) 3

3. Guillermo Gorostiza (Athletic Club y Valencia CF) (1930, 1931 y 1942) 3

Raúl (Balón de Oro español 1997, 1999, 2001, 2002 y 2003)

Otras historias contrafactuales

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (¿si Gento hubiese jugado tantos encuentros como se disputan en la actualidad superaría a Sergio Ramos?)

Historia contrafactual de la Eurocopa 2008 (¿y si España hubiese decidido seguir siendo toro en vez torero?)

Un Balón de Oro para los europeos (una historia alternativa entre 1995 y 2020)

Historial contrafactual de la Copa de Europa (una Champions con restricciones de fichas extranjeras y comunitarias entre 1996 y 2019)

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Historia contrafactual del Balón de Oro (una historia alternativa que se inicia en 1930)

Historia contractual del Balón de Oro de los porteros (los mejores guardametas de todos los tiempos)

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Reyes de la noche (2ª parte)

Eurocopa 1996. Fue la última vez que periodistas y futbolistas compartieron hotel de concentración. En cada rueda de prensa de Javier Clemente, seleccionador nacional, acudían los 23 convocados a ver como Javi la emprendía a insultos ante las amenazas de los plumillas. Clemente era íntimo de García. De La Morena no podía verlo delante. El primero recibía información de primera mano, el segundo estaba deseoso en acabar con ambos. En cierto momento Clemente le tirará el micrófono de la SER al suelo a Jesús Gallego, entonces meritorio de la cadena, lo insultará y alzará el puño para pegarle. Nunca llegará el impacto a producirse. Dio lo mismo. Fue portada en el AS y el Grupo Prisa poco menos que tildó de terrorista a Clemente. El follón, por supuesto, estaba servido.

El puñetazo (i); Relaño (director del AS -derecha-)

Fue el punto más álgido de una guerra mediática nauseabunda donde los dos reyes tenían su propia guardia de corps que atizaba de lo lindo. Ese año García se dedica a insultar a De La Morena cada noche hasta el punto de que en su desesperación perderá el sentido común. Es habitual que los periodistas, durante la temporada, disputen una liga de medios en paralelo a la liga profesional. Suelen complementar los equipos con exfutbolistas ya retirados que ejercen de comentaristas. No era el caso entonces. Todos los exfutbolistas declinaban amablemente la poco gustosa invitación. Tras uno de esos broncos encuentros, García dedicó buena parte de su programa a leer el acta arbitral en el que se reseñaba del comportamiento violento de varios periodistas de la SER expulsados por roja directa. Aquello no tenía sentido ninguno y demostraba la desesperación del que, durante dos décadas, había sido el número uno.

García hasta perdió el toque con la Casa Real en 1999 cuando tuvo que esperar en directo al Príncipe Felipe en un incomodísimo silencio para felicitar a los ganadores del Mundial de fútbol sub-20. Aquello no tuvo perdón. Cuatro años atrás, Miguel Induráin, tras ganar su quinto Tour, había estado esperando pacientemente en un hotel parisino a que el Rey Juan Carlos I entrase en la COPE con García mientras los periodistas de la SER allí reunidos no paraban de tirarle cosas a la cara y clamaban porque colgase el teléfono. En el 99 las tornas han cambiado. La cosa no funciona. García marcha de la COPE y es la voz cantante de Telefónica Sport, conglomerado mediático con el que pretende hacer frente a Prisa. Exige pleno control, pero sólo se lo dan en la radio y no tiene voz ni voto en las decisiones corporativas. Se siente traicionado por Telefónica y por José María Aznar, al que nunca le perdonará que no le diese el mismo apoyo que Felipe González le había dado a Prisa. Pero es que Aznar no se casa con nadie y menos con un muerto viviente. García sigue teniendo momentos de lucidez como cuando consigue detener una huelga de Iberia en riguroso directo o como cuando lucha contra Florentino Pérez por la recalificación de la ciudad deportiva blanca, pero ya no es su tiempo. Se retira sin despedirse en 2002 en los micrófonos de Onda Cero con medio millón de oyentes, tres veces menos con los que contaba apenas una década más atrás.

De La Morena es el rey. En 1995 alcanzará una primera posición que ya nunca dejará y llegará a rozar los dos millones de oyentes con la huida de García. No le viene bien. El programa coral, la risa, el lenguaje soez, todo va en aumento. ‘El Larguero’ sirve de imitación para los demás y también para los programas deportivos nocturnos televisivos. Y De La Morena se ve desubicado. Quiere hacer algo más personal, algo más íntimo, quiere denunciar, investigar, algo a lo que le obligaba su rivalidad con García. En 2010 lo echan de la SER, no tanto por malos resultados, sino porque no concuerda con la línea editorial tan desenfadada de la cadena. Al igual que García dará sus últimos coletazos en Onda Cero siendo no ya el segundo, sino el tercero de las madrugadas deportivas.

El último De La Morena

Había sido una batalla tan épica como grotesca. Tan brillante como soez. José María García hablaba pegando patadas al diccionario y al código penal. El objetivo no era tener la mejor entrevista, sino el primer invitado. Conseguir que el deportista de turno fuese el primero en salir a las 00.00 horas era el ‘lev motiv’ de la rivalidad. Para ello se hacía de todo, desde secuestrar telefónicamente al invitado o colocar una grabación en antena simulando un falso directo.

Que García era el emperador del insulto es algo fuera de discusión. El Tribunal Supremo y el Constitucional le condenaron por llamar a Ramón Mendoza “zafio”, “histérico”, “tonto”, “tontito”, “pobre y ruin”, “presidente con el pelo blanco y la conciencia negra”. Sobre De la Morena, García dijo cosas como: “En todos los pueblos hay un tonto, y éste es el tonto de Brunete”, “está loco” o “en vez de acabar conmigo, igual el tontito acaba derrotando él mismo al imperio del monopolio del Grupo Prisa”.

De la Morena también se quedó a gusto: “García es un delincuente acostumbrado a extorsionar, manipular y chantajear”. ”García es el pistolero de la noche. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García. Tiene bajo su bota a todo el mundo del deporte”. “La radio de García ha sido siempre radio hostias”, además de las constantes alusiones a su rival como «pequeñín» o «superratón». Incluso llegó al paroxismo de llevar al estudio a una persona vestida de butanero al que entrevistó como si se tratase de García.

Retrocedamos y demos unos cuantos pasos atrás. 1981. José Ramón De la Morena tenía 24 años cuando entró en la SER como becario… de José María García. El día que le hicieron la prueba, De la Morena (que vive en Brunete, a 22 kilómetros de la capital) apareció en Madrid a las tres de la madrugada. Le habían citado a las 06.00 a.m. pero los nervios le hicieron ser más que puntual. Al final no lo recibieron hasta las 11 de la mañana. “Pasé ocho horas dando vueltas por la Gran Vía. Yo no tenía ni idea de nada, venía del pueblo, pensaba que, si llegaba un minuto tarde, le darían mi puesto a otro”, recordaba De la Morena entre risas.

Aquel día le dieron el puesto, aunque la ironía es que aquel chaval de pueblo acabaría siendo el azote de García. En ‘El Larguero’ llegará a tener una sección en la que se dedicaban varios minutos diarios a mofarse de García. De la Morena se convertirá en un soldado de Polanco, defendiendo durante años la postura de Prisa y amparando acciones que poco o nada tienen que ver con el periodismo. En 1994, en plena guerra, Prisa llegará a comparar a García con Hitler en una polémica campaña.

El fanático hitleriano de García

Volvamos al inicio de esta historia. 1996. El ‘sorpasso’ se había dado el año anterior, pero en 1996 se enfanga del todo. Antonio Asensio (Antena 3-Grupo Zeta), asesorado por García, comienza a hacer ofertas a los equipos de Primera División de forma individual por sus derechos de retransmisión, algo que hace saltar el tablero de juego, ya que los derechos los venía explotando Prisa, a través de Canal Plus, que los negociaba directamente con la Liga.

Era fétido y obsesivo. Parte del equipo de De la Morena se dedicaba a escuchar en directo a García y seleccionar fragmentos de sus alocuciones para acumular munición y viceversa. Pero es una locura que beneficia a De la Morena, quien en el cuerpo a cuerpo sale ganando. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes universitarios. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo. García se niega a aceptar que eso sea un programa deportivo y lo califica de circo. Tiene las de perder. Cuando dice algo en contra de ‘El Larguero’ inmediatamente es replicado por De La Morena, el cual cuenta con la ventaja de las carcajadas de la chavalada en el estudio. García sigue a solas con sus silencios y su micrófono. De La Morena se transforma en líder al convertir a García en el protagonista de su programa. Otra curiosa ironía.

A García sus excesos acabaron pensándole, pero hay que reconocer que era él solo contra el mundo. Tenía sus influencias, pero ni siquiera dentro de su propio grupo empresarial recibía el apoyo que necesitaba. El ejército de Pancho Villa como García le llamaba. Prisa era un ejército que funcionaba coordinado liderado no sólo por un general, sino por varios. El cambio de guardia definitivo se dio con el fichaje de Figo en el año 2000 por el Real Madrid. García sostiene que es humo, que es mentira. Cuando el capitán del Barça va camino del Bernabéu, tal y como adelanta De La Morena, toda España es consciente de quien es el nuevo rey de la noche.

Hoy García y De La Morena han hecho las paces. Ambos han afirmado que aquellos excesos no tenían ni pies ni cabeza. Mas, lo cierto, es que no era una guerra entre ellos dos, era una guerra empresarial de dimensiones colosales entre poderes fácticos que usaron para su propio beneficio el ego de los dos periodistas que revolucionaron el sentido de la radio española.

“Muchas noches, cuando competía con García y acababa el programa, me sentía sucio y pringoso”. José Ramón de La Morena.

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Reyes de la noche (1ª parte)

¿García o De La Morena? ¿Y tú de quién eres? No era pregunta extraña en la España de los 90. No eran políticos, no eran futbolistas, no eran estrellas del papel couché, no eran intelectuales (ojalá), no eran cantantes ni tampoco eran políticos. Y en el fondo eran todo eso y más. Eran dos de los hombres más influyentes del país, hacedores de opinión, fedatarios de la realidad.

José María García llega a la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) a finales de los 70 tras una destacada trayectoria que se inició en el diario Pueblo y que dio paso a Televisión Española (TVE). Las peripecias de García dan para escribir una enciclopedia, pero para el caso que nos ocupa lo que interesa es saber que García se pone a dirigir una sección deportiva a las 00.00 horas, una franja intempestiva, que gracias a su genio crece en audiencia y en duración. Su éxito se basa en que García es una mosca cojonera crítica con el poder y lo hace a través de un lenguaje directo y cautivador en el que abundan el uso de coletillas como su icónico “buenas noches, saludos cordiales”. Ese periodista indomable, pronto se convierte en una estrella que pasa por encima del propio medio.

Esa lucha contra el poder lo lleva a un enfrentamiento directo con el ministro Pio Cabanillas al que García tacha continuamente de payaso y mentiroso. Fontán. director de la SER (cuyo 25% era propiedad del Estado) le solicita una rectificación, a lo que García responde con un silencio absoluto en su programa para finalizarlo con un: “del señor Cabanillas ni pio”. El cese es fulminante. No tarda en encontrar trabajo. En ese mismo instante Martín Ferrand decide poner en marcha Antena 3 Radio. Antonio Herrero, Encarna Sánchez y José María García serán las caras visibles del nuevo proyecto. En mayo del 82 echa a rodar esa nueva emisora de la que García es el buque insignia con un grupo de periodistas deportivos entre los que destacan Javier Ares, Gaspar Rosety, Paco García Caridad, Cristina Gallo, Pipi Estrada o Andrés Montes.

La primera gran cobertura de García es el Mundial del 82, pero lo será en secreto. Antena 3 Radio emite en Frecuencia Modulada (FM) ante la ausencia de postes repetidores en Onda Media (OM). Por entonces los transistores en FM eran escasos y salvo en las grandes ciudades García y compañía son anónimos. Pero en apenas un par de años el fenómeno García revienta España. Escuchar a García se convierte en un acto de culto y tener una radio con FM lo más de lo más. Sintonizar Antena 3 se vuelve algo contracultural, algo prohibido que fascina a jóvenes y mayores.

García convierte su programa de medianoche en un fenómeno social. La sintonía de ‘Supergarcía’, una canción de amor de Simple Minds escogida por él mismo, se convierte en historia viva de la radio. No fue el caso de la elección del nombre del programa que fue impuesto por Martín Ferrand, dueño de Antena 3 Radio, sabiendo que el tirón de García era imparable. Por su puesto, el ‘Butano’ no puso objeción alguna a aquel aumento desmesurado de su ego.

José María García consigue arrastrar a mediados de los 80 una audiencia más allá de la medianoche que supera de largo el millón y medio de oyentes. Una barbaridad. Su tono crítico e incisivo hace que el pueblo lo adore y los temerosos le teman. García era un personaje público, quizás el periodista español más famoso de todos los tiempos. A finales de los 80 cobraba unos seis millones de euros anuales. Pero no era el dinero, sino el poder lo que lo hacía temible. Se suele decir que el poder de un periodista se mide en función de quien te coja el teléfono. En el despacho de García se han firmado contratos de futbolistas y se han reunido ministros. A García se le cuadraba hasta el Rey.

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José María García

Por entonces la SER estaba sumida en la depresión. Contaba con el doble de emisoras que A3 Radio pero había tirado la toalla y tras la marcha de García dejó de hacer el programa deportivo de la medianoche. Se mantenía el del mediodía y el de la media tarde que conducían indistintamente los jóvenes Paco González y José Ramón de La Morena. Por allí también estaban Manolo Lama, José Joaquín Brotons o Roberto Gómez. Corría el año 1988 cuando, desesperada, la SER contrató como jefe de deportes a Alfredo Relaño, hasta entonces en El País.

A Relaño le gusta el estilo de De La Morena. Su lenguaje de pueblo, sus historias personales y, esencialmente, las entrevistas intimistas en las que se habla poco o nada con el deportista. Relaño le propone dejar el mediodía para intentarlo por la noche. De La Morena acepta sin demasiado convencimiento, pero con la idea de pasárselo bien mientras pueda. Ese estilo desenfadado y personalista es completamente distinto al crítico e íntimo de García. Pero funciona. Lo diferente primero se instala, y luego, si es bueno, funciona.

En septiembre de 1989 echó a andar ‘El Larguero’, nombre escogido entre Relaño y De La Morena en un juego de palabras entre largar por hablar y que hay que pasar por debajo del larguero para meterle un gol a la competencia. La sintonía fue un empeño personal de De La Morena que no gustó a nadie, salvo al dueño de la SER, quien fue el que dio el visto bueno ante la incredulidad de los demás.

‘El Larguero’ funciona con celeridad. Es un programa coral en el que De La Morena dirige, pero delega. García podía echarse hora y media hablando él sólo sin dar paso a ningún compañero. De La Morena conecta con la audiencia, en especial con los jóvenes, con cierto aire de paleto e ignorante, con entrevistas muy personales y negando la importancia de su programa. Se hacen famosas sus intervenciones en las que anima a la audiencia a retozar con la pareja y luego, si hay tiempo, pues ya encenderán el transistor.

José Ramón de la Morena, a un paso de abandonar la Cadena Ser y fichar por  Onda Cero
De La Morena

García pronto se pone a la defensiva y comienzan los improperios al uno y al otro lado. Con la mitad de emisoras que la SER, García decide dirigirse a su antigua cadena como el “Imperio del monopolio” y a su nuevo rival como “un muchacho imberbe”. De La Morena acusa a García de “mafioso” y de “millonario”. Es la punta del iceberg. Con el paso de los años el tono subirá hasta niveles insospechados al punto de que uno acuse al otro “de ser un vizconde al le gustan los toros, pero mucho más los toreros” (lo tilda de bizco y gay) a lo que el interpelado contestará “que por mucho que me gusten los toros por lo menos no me acuesto con una vaca” (llama gorda a su mujer).

Pero De La Morena todavía no tiene tanto poder y se pasa de frenada. En el verano de 1990 se enciende y arremete contra empresarios y medios por permitir que García cobre seis millones de euros al año. La SER, por convicción o por obligación, decide suspenderlo durante un año de empleo y sueldo y su lugar como sereno del deporte es ocupado provisionalmente por Paco González. El cambio no funciona y en septiembre de 1991 De La Morena vuelve con más ganas y con más autoridad que nunca.

La versión oficial sostiene que el ‘casus belli’ llega en una entrevista que García concede a la revista Tiempo en junio de 1990 en la que se refiere a De la Morena como «un muchachuelo que llegó a la SER para intentar tirarme». En respuesta, De la Morena estalla, le dedica varios minutos de descalificativos en ‘El Larguero’ y por primera vez la opinión pública se hace eco del enfrentamiento. Lo cierto es que las hostilidades entre García y Prisa (García siempre consideró que su rival eran Prisa y el Gobierno, no De la Morena) ya venían larvadas en otros episodios.

El día que De la Morena y García firmaron la paz
García vs De La Morena

Un mes antes, en mayo, Alfredo Relaño y García casi acaban a tortas durante una etapa asturiana de la Vuelta. Tuvieron un encontronazo a la salida del Hotel Reconquista, en Oviedo, y Relaño golpeó sin querer el cigarro que García llevaba en la boca, provocando una lluvia, literal y figurada, de chispas sobre la camisa del rey de las ondas. Entre los compañeros se propagó el rumor de que Relaño había puesto en su sitio de un bofetón a García: «Fue más un toque sin querer que una hostia. Yo me agobié. Pensaba que García montaría el pollo en su programa (aunque no lo hizo), y pedí a mis compañeros perfil bajo, pero ellos me animaban y me invitaron a champán”, recordaba años después Relaño. Hubo otros dos incidentes ese verano que emponzoñaron la relación entre García y De la Morena. El primero incluye la polarización del Real Madrid y la Operación Nécora contra el narcotráfico de Baltasar Garzón. Hasta ese momento, Ramón Mendoza estaba en el bando de los equidistantes, en tanto que atendía a las dos emisoras: por un lado, era amigo de García y no olvidaba que sin su apoyo no habría ganado las elecciones del Real Madrid, pero por el otro tenía una silla en el consejo de Prisa desde 1985 y le debía cierta lealtad a Polanco. Sucede que, entre los detenidos de la Nécora, en junio del 90, está Carlos Goyanes, íntimo y socio de García y directivo del Real Madrid. García abogará sobre su inocencia en antena (de hecho, Goyanes será absuelto) y exige a Mendoza que no lo cese. El jefe del Real Madrid decide no hacerle caso y García le pondrá la cruz de por vida. García hará lo mismo con el Madrid, aun siendo él aficionado blanco de cuna.

Pero la gota que colma el vaso llega en el Mundial de Italia 90. Luis Suárez, seleccionador español, firma un acuerdo económico para entrar todos los días en la SER y dar unos apuntes sobre como avanza la competición. García, amigo de Suárez (tenía más contactos que el Papa) revienta en directo y acusa a Suárez de haber vendido a la selección “por un plato de lentejas”. De La Morena responde asegurando que García está comprado por los poderes fácticos y que es un periodista a sueldo de los poderosos.

Eso es demasiado para De La Morena. Aun no es nadie. El director de la SER era, con todo, amigo de García. González, Lama y compañía aún no tenían pedigrí y Pepe Domingo Castaño, el otro que por allí andaba, era un hombre de radio, divertido, que quería de todo menos gresca. José María García tenía más poder que todos juntos.

Por ahora.

Así, como hemos dicho, De La Morena es apartado durante unos meses de la primera línea de la radio para volver con la temporada futbolística de 1991. No era una vuelta más. Era un golpe empresarial de proporciones bíblicas. En aquel 1991 Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno, se ve obligado a dimitir por un caso de corrupción y por vez primera en una década el Felipismo hace aguas. Acosado por la derecha política y mediática, el Gobierno ordena a sus medios afines apretar las clavijas al rival. De La Morena, quien había sido suspendido por atizar a García, vuelve a los micrófonos con el objetivo de derrumbarlo. Para ello Prisa lanza toda su maquinaría contra A3 Radio, la cual, en la primera ola del EGM de 1992 superará a la Cadena SER, hecho irrepetible en la historia de la radio española. Los oyentes españoles se habían tirado a la derecha tras década y media de oda al socialismo.

Mismamente, con el beneplácito del gobierno socialista, en la primavera de 1992 el grupo Prisa compra A3 Radio finiquitando a base de dinero a la competencia. Años después la operación acabará siendo declarada ilegal por el Tribunal Supremo, pero la realidad del momento es que A3 Radio deja de ser independiente. Como tantos otros García deja la cadena “por falta de credibilidad”, por lo que no podrá cubrir los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, hecho que considera el disgusto profesional más grande de su vida.

Tras un verano en el que la SER recupera el olimpo (A3 Radio desaparecerá apenas un par de años más tarde absorbida y descuartizada por el conglomerado de Prisa), el 14 de septiembre de 1992 José María García retorna a las ondas bajo el paraguas de la Cadena COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas). La emisora de la Conferencia Episcopal se encontraba entonces en quiebra técnica, pero pronto García retornará esa realidad. ‘Supergarcía’ comenzara aquel primer programa con una entrevista a Diego Armando Maradona. Más que una entrevista fue una felación, pero no del periodista al entrevistado, sino del entrevistado al periodista.

El poder de García estaba intacto.

¿Hasta cuándo?

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El extraño caso Caritoux

Los 80 fueron los años del boom del ciclismo en España. Es bien cierto que desde Trueba o Berrendero, gracias a Bahamontes, Julio Jiménez u Ocaña, el ciclismo siempre había sido uno de los deportes nacionales. Durante el Franquismo la trilogía del deporte hispano se conformaba a través del fútbol el boxeo y el ciclismo, todos deportes de reglas simples y de coste paupérrimo. La cosa no daba para más. Pero, y así con todo, si a finales de los 70 había dos equipos profesionales a inicios del siguiente decenio la cosa iba por once escuadras. En 1983 Ángel Arroyo había subido al pódium en Paris tras una década de ausencia española. Y no era sólo Arroyo. También era Marino Lejarreta, Alberto Fernández, Julián Gorospe y, especialmente, Pedro Delgado. El segoviano, apodado el loco del Peyresourde por una estruendosa etapa pirenaica en el famoso Tour de 1983, era el abanderado del equipo ‘Reynolds’ conjunto navarro dirigido por José Manuel Echávarri, quien entre bambalinas pulía a un fuera de serie llamado Miguel Induráin.

El caso es que en 1984 la Vuelta a España debía ser ganada por un español. La edición anterior había sido gobernada por Bernard Hinault, quien de paso se dejó las rodillas en las carreteras emulando a los generales napoleónicos que combatían con las tropas lideradas por el Empecinado. En esos tiempos tanto Giro como Vuelta (el Tour a la fuerza se iba convirtiendo en marca global) eran carreras chauvinistas. Los patrocinadores y los organizadores no ocultaban el deseo de que ganase un paisano y se hacía todo lo legalmente posible para favorecer esas ideas. Solía haber acuerdo entre equipos hispanos para desarbolar a los extranjeros y, para más inri, la aparición del periodista José María García y su colosal puesta en escena del ciclismo (con unidades móviles en motocicletas y helicópteros incluidas) hizo de obligado cumplimiento la victoria de un ciclista español.

Así pues, Pedro Delgado era el favorito al triunfo final. Aún no había ganado nada de renombre, pero era evidente que era un talento generacional. Marino Lejarreta (campeón en 1982 y segundo en 1983) y Alberto Fernández (tercero en la Vuelta y en el Giro de 1983) eran los otros candidatos. Después Julián Gorospe, Vicente Belda, Álvaro Pino o José Luis Laguía. Como extranjeros, subrayaba la presencia de Francesco Moser, excepcional clasicómano, y de un joven alemán formado en España llamado Reimund Dietzen.

Y nadie más.

Eric Caritoux llegó a su hotel de Jerez de la Frontera, donde se iniciaba la Vuelta, sin zapatillas. Se había olvidado de meterlas en su maleta. Había sido llamado a última hora por el director del conjunto francés ‘Skil’ para completar la terna de nueve ciclistas que durante tres semanas transitarían por tierras españolas. Caritoux, quien habitualmente hacía de lugarteniente de Sean Kelly, su jefe de filas, acudía a la Vuelta a cumplir el expediente. Sin Kelly, el objetivo del equipo ‘Skil’ era consumar una participación decente, intentar colarse en algunas escapadas que diesen minutos de televisión al patrocinador y tentar a la suerte con una victoria parcial de etapa.

David Guénel on Twitter: "En remportant la Vuelta 1984 avec seulement 6  secondes d'avance sur Alberto Fernandez, Eric Caritoux est le vainqueur de  Grand Tour avec la plus petite marge de l'histoire.
Eric Caritoux

Las ceras que resbalaban abrasadas sobre los adoquines de las calles de Jerez de la Frontera impidieron que Moser exhibiera el poderío que había mostrado batiendo el récord de la hora semanas atrás. Era Semana Santa. Entonces la Vuelta era en abril. Aun así, a Moser le bastó para ponerse de líder tras la contrarreloj inicial manteniendo el maillot amarillo durante una primera semana bordeando el Mediterráneo hasta llegar a Cataluña.

Llegó entonces la primera etapa de montaña. 16 kilómetros de ascensión en Rasos de Peguera, en el interior de la provincia de Barcelona. Allí Pedro Delgado se puso de líder tras un mano a mano con Alberto Fernández. La sorpresa vino del ganador de etapa. Eric Caritoux, el desconocido del equipo ‘Skil’, había aguantado las embestidas de los jefazos de la carretera y luego había aprovechado que nadie reparaba en su presencia para saltar en busca de la victoria de etapa. Aquello era un exitazo para Caritoux y una conquista totalmente inesperada.

Perico Delgado asomaba su radiante y pícara sonrisa, aquella que le haría, y aun lo hace, uno de los favoritos del gran público. Sino el más exitoso, si el ciclista español más conocido. A sus 24 años se erigía por vez primera como líder de la Vuelta y caminaba hacia la leyenda. Mas su atractivo radicaba en su actitud despreocupada, en ese aire quijotesco que tan pronto alumbraba una victoria como una catástrofe desmesurada.

Delgado era líder. A 11 segundos estaba el desconocido Caritoux. Alberto Fernández marchaba quinto a 40 segundos.

Seis días después tocaba ascender los Lagos de Covadonga. Con seis corredores en menos de sesenta segundos de diferencia, la etapa tenía que marcar forzosamente un antes y un después en una Vuelta sin claro dominador, sin una estrella de rango internacional. Primero se quedaba Álvaro Pino, luego Marino Lejarreta y a nueve kilómetros de meta el mismísimo Perico Delgado, para decepción de los fans. La gloria de Delgado se convirtió en pájara. Alberto Fernández tomó su testigo y asumió el mando de la carrera, pero la victoria fue para el alemán Dietzen…y el liderato para Caritoux (siempre de pie, nunca sentado) quien aguantó la rueda de Fernández hasta escasos metros para el final. Ahora el francés era líder con 32 segundos de ventaja sobre ‘El Galleta’.

Porque a Alberto Fernández se le conocía como ‘El Galleta’. Criado en Aguilar de Campoo, Alberto Fernández no era Perico Delgado. Cántabro de orígenes castellanos, ‘El Galleta’ era un tipo duro, serio, recio, acostumbrado a ganar carreras de una semana y fuerte como un tronco para soportar las grandes vueltas. Conservador y amable, era un tipo respetado pero huidizo con los focos. A sus 29 años sabía que aquella era su gran oportunidad.

Tocaba entonces una cronoescalada al Naranco, a las afueras de Oviedo. Doce kilómetros de ascensión. Llovía a mares. El agua rebota en el asfalto, golpea las ruedas y se adentra en los pómulos de los corredores. Gana Gorospe. Delgado ya no cuenta. Caritoux aguanta escupitajos, insultos, lanzamientos de botellas con agua helada y hasta intentos de hacerle caer al suelo. Acaba a cinco segundos de Alberto Fernández. Son 37 de ventaja.

¿Quién es este tipo? Se pregunta la gente. Ni entre los franceses es conocido. Cuando gana la etapa de Rasos de Peguera, es anunciado por TVE como un corredor suizo. Hijo de la Provenza, de familia con una humilde bodega, entrena habitualmente por las carreteras que llevan al icónico Mont Ventoux. Meses antes había ganado en la cima ventosa durante la Paris-Niza. Ese era su palmarés. Ni más ni menos.

Quedan cinco etapas para el final y apenas dos con enjundia. El penúltimo día una contrarreloj de 33 kilómetros y el día inmediatamente anterior una etapa de unos brutales 258 kilómetros por la sierra madrileña. Delgado atacó bajando y llego a ponerse a 30 segundos del liderato. Caritoux no tenía nada que hacer ni equipo que le echase una mano, pero fue Alberto Fernández quien cortó la emboscada. Delgado jamás se lo perdonó ya que, además, Fernández fue incapaz de distanciarse de Caritoux a pesar de sus repetidos ataques.

Cuando Gorospe ganó en el Naranco y Fernández se quedó a 37 segundos del francés, Caritoux llegó a declarar: “Tengo la Vuelta perdida, sé que Alberto me va a ganar en la contrarreloj final”. Caritoux estaba obsesionado con una conspiración nacional y creía que no tendría nada que hacer en los 33 kilómetros de la crono con salida y llegada a Torrejón de Ardoz. Caritoux no iba bien en la disciplina de la soledad, pero la crono del último día siempre es más una cuestión de fuerza que de técnica. Un equipo de la TF1 francesa se desplaza a España para seguir las hazañas del joven francés ante la inaudita posibilidad de que se haga con la victoria.

Frente a frente en Torrejón, junto a la base estadounidense, los dos observaban cómo sus rivales iban cayendo al suelo en las distintas curvas resbaladizas. Llueve. Mucho. Muchísimo. Una cortina de agua constante que es abierta en canal por las gomas de las monturas. Pedro Delgado, Francesco Moser, Julián Gorospe, Pello Ruiz Cabestany…todos al suelo. El recorrido pedía precaución, cuando lo que Fernández necesitaba era épica. Arriesgó todo lo que pudo mientras Caritoux esquivaba paraguazos e incluso recibía un puñetazo nada más cruzar la meta. Vergonzoso. Ganó Gorospe a pesar de la caída. Fernández acabó en quinto lugar de la etapa y Caritoux fue noveno.

Alberto Fernández recortó 31 segundos. Insuficiente.

Eric Caritoux ganaba la Vuelta a España por la exigua ventaja de seis segundos. Sigue siendo la diferencia más pequeña entre vencedor y segundo clasificado.

Treinta años de la muerte de Alberto Fernández | Todas las noticias de  Palencia
Alberto Fernández

En diciembre de ese año, Alberto Fernández se desplazó a Madrid para recoger en una gala el trofeo que le acreditaba como mejor ciclista español del año. Aquella noche, de vuelta camino de Santander, él y su mujer fallecían en un accidente de tráfico. Un Citroën CX de matrícula francesa se chocó en su camino y lo mató casi en el acto. El hombre que lideró la España ciclista que hizo de puente entre Ocaña y Delgado fallecía antes de cumplir la treintena.

El futuro de Caritoux no fue trágico en lo humano, pero si en lo deportivo. Acabó sexto en la Vuelta del año siguiente y en 1988 fue campeón de Francia. Y nada más. Sería gregario el resto de su carrera hasta que se retiró en 1994. Incluso con su jersey amarillo de vencedor de la Vuelta seguiría siendo un Don Nadie. El tiempo acabaría haciéndole justicia. Willy Voet, masajista de distintos equipos durante tres décadas, declaró en una sufrida biografía que en todos sus años como profesional tan sólo había visto a dos ciclistas que jamás supieron lo que eran las anfetaminas, los corticoides y, por supuesto, la EPO o las drogas duras. Uno de esos dos santos fue Eric Caritoux.

Aunque sólo sea por eso, valoremos con justicia la inesperada y extraña victoria de Eric Caritoux en la Vuelta a España de 1984.

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Pau también juega

19.08.06. España vs Nueva Zelanda. La selección inició su presencia en el Mundial de Japón en la ciudad de Hiroshima. Lo hizo con el mismo patrón con el que ganará el resto de partidos. Ritmo alto, posesiones cortas y gran volumen de lanzamientos. El objetivo es que al llegar el tercer cuarto de los partidos el equipo rival cayese desfondado ante la sinfonía hispana. Garbajosa, Navarro y, especialmente, Pau Gasol martilleaban el aro rival hasta lograr el triunfo.

01.09.06. España vs Argentina. Semifinales. Minuto 5. Primera canasta en juego de España en el partido. Esto no era lo esperado. 2-13 arrancó el encuentro ante los argentinos. Comandados por Ginobili, los sudamericanos pusieron cloroformo al balón y a base de paciencia y defensa agresiva impedían que España corriese y jugase como le gustaba. A los ocho minutos el parcial era de 8-17 y Oberto y Scola sumaban más rebotes ofensivos que los que tendría la selección en toda la primera parte.

06.08.06. España vs Argentina (preparación). Que se podía hacer algo grande se intuía durante la preparación. Fueron nueve amistosos y nueve victorias, con, al menos, once puntos de ventaja. El más disputado se produjo ante Argentina cuando un golpe de Luis Scola a Felipe Reyes en el cuello provocó que el pívot cordobés tuviese que irse a los vestuarios con dolores en las lumbares. Reyes se perdería los primeros partidos y no se contaba con su presencia al menos hasta los octavos de final. Reyes y Scola, de hecho, se las tuvieron tiesas camino de los vestuarios tras aquel encuentro, aunque Felipe asegura que el que le había provocado la lesión había sido otro pívot, Gabriel Fernández. El caso es que España tendría que afrontar el inicio del campeonato con únicamente tres referencias interiores; Pau Gasol, Jorge Garbajosa y el discutido Marc Gasol.

01.09.06. España vs Argentina. Semifinales. Minuto 14. Calderón y Cabezas. Esa era la pareja de bases de España durante el Mundial. El tercero en discordia era un entonces jovencísimo Sergio Rodríguez, jugador de enorme talento, pero por entonces excesivamente irregular. Con Navarro naufragando en el triple (0/6) entró también en pista el mallorquín Rudy Fernández. Ambos, Sergio y Rudy, ambos sin apenas presencia durante el torneo, cambiaron el ritmo del partido. Un parcial del 13-1 ponía a España por vez primera delante en el partido (32-30). A partir de ahí el choque estaría marcado por la igualdad.

24.08.06. España vs Japón. 104-55. Primera fase. Ese fue el resultado del último encuentro de una primera fase inmaculada que otorgaba la clasificación como primero de grupo a los octavos de final. ¿El premio? Evitar al ogro estadounidense hasta una hipotética final. En octavos España vencería (87-75) a Serbia. Cuando acabe la final, aquel grupo de colegas se sentarán haciendo el corro de la patata mientras simulan jugar a la pocha en el centro de la pista. Ni Play ni farrapos de gaita. En ese día de espera antes de la llegada de las eliminatorias directas comprarán también unas bandanas con la bandera nipona que más tarde lucirán en su cabeza durante los festejos por el título.

01.09.06. España vs Argentina. Semifinales. 96 segundos para el final. España vence por 71-69. En un reverso por la línea de fondo, el pie izquierdo de Pau Gasol dijo basta y se rompió. Antes de que aquel gigante de barba descuidada abandonase entre lágrimas la pista le dio tiempo a anotar cojeando un par de tiros libres que ampliaban la ventaja a seis puntos (73-67). La final estaba cerca, aunque Pau no estaría en la final.

29.08.06. España vs Lituania. Cuartos de final. Aquella generación de estrellas había sumado medallas en Europeos, pero hasta entonces los cuartos habían sido el tope en Mundial y Juegos Olímpicos. El rival era la siempre respetable Lituania. Ese día el maleficio se rompió. Fue el mejor partido de España dentro de un campeonato que fue excelso en su totalidad. Del 11-0 al 28-11 y del 28-11 al 47-30.  Al final fue un 89-67 y con los bálticos maquillando el resultado en los minutos de la basura. Una actuación grupal dirigida por José Manuel Calderón y rubricada por Pau Gasol (25 puntos).

01.09.06. España vs Argentina. Semifinales. 77 segundos para el final. Un rápido triple de Pepe Sánchez acercaba a tres puntos a los sudamericanos (73-70). En la siguiente jugada el propio Sánchez hacía falta a Calderón. Era una mala idea. Registraba un 10/11 en el torneo. Era un fenomenal lanzador de libres. En la temporada 07/08 conseguiría el mejor registro histórico en la historia de la NBA sumando un 98,1% de efectividad. Parecía imposible que fallase un tiro. Pero lo hizo. Anotó únicamente uno de los dos y luego una acción rápida de Ginobili y un par de tiros libres anotados por Scola lograban que los argentinos ponían el empate en el marcador (74-74).

01.09.06 España vs Argentina. Semifinales. 19 segundos. Por extraño que parezca Argentina decide cometer una falta rápida para tener la última posesión y apuesta por hacérsela a Calderón. Aunque hubiese fallado un tiro libre instantes antes parecía imposible que repitiese error. Pero no. Calderón falló el primero, aunque anotó el segundo (75-74) ante la nerviosa y estupefacta cara de asombro de Pau Gasol que se mordía las uñas desde el banquillo. Argentina contaba con la última posesión. Aclarado para Ginobili que inició la penetración, defensa perfecta española y Manu, ante la imposibilidad de anotar, dobla a la esquina donde Nocioni espera abierto para el triple. Ejecución perfecta del ataque. Pero el balón rebota en el aro, Rudy coge el rebote y España por vez primera en la historia se clasifica para la final de un Mundial.

03.09.08. España vs Grecia. Final. Minuto 7. Pau Gasol se había lesionado y no podía jugar la final ante Grecia. Sus compañeros, sin decirle nada, salieron a calentar a la cancha con una camiseta que ponía ‘Pau también juega’, una idea en la que tuvo mucho que ver Manolo Rubia, delegado en aquel momento de la selección. Pau, apoyado en unas muletas, alucinó al ver a unos compañeros decididos a demostrar que eran mucho más que una estrella de la NBA. Pepu Hernández decidió suplir a Pau Gasol por Felipe Reyes para formar el quinteto inicial. El cordobés empezó el partido como un ciclón, con la misma agresividad con la que se había pegado con Scola en las semis de dos días antes, anotando los seis primeros puntos españoles de un partido que comenzó con numerosos errores por ambas partes. 10-9 era el marcador cerca de la finalización del primer cuarto.

06.08.2006. Concentración para el Mundial. Con fuertes dolores en la espalda, Fran Vázquez abandonaba la concentración de la selección española. Introvertido como pocos, el pívot gallego nunca llegó a encajar en un grupo del que solo formó parte en contadas ocasiones. Se relataba que el madridista Hernández Sonseca, preseleccionado anteriormente, sería su sustituto, mas el puesto fue otorgado para Marc Gasol. De vacaciones, el hermano pequeño de Pau tuvo que afrontar su primera convocatoria con España. Inteligente y con enorme presencia, apenas había contado con minutos en el Barça y lastraba continuos problemas de peso. La mayoría vieron en la elección de Marc una forma de rellenar la plantilla de doce elegidos y de paso tener contento a Pau Gasol.

03.09.08. España vs Grecia. Final. Descanso. 43-23. España ya se había encaramado a la cima del mundo. La segunda parte fue un dejar pasar el tiempo. Grecia, que en semis había doblegado a la todopoderosa Estados Unidos metiéndole más de cien puntos, se iba a quedar en la final con unos míseros 47. La victoria griega ante los yankis se había basado en una defensa zonal 2-3 y un juego de ‘pick and roll’ entre Papaloukas y Schortsianitis. Para pararlos en la segunda parte salieron los secundarios. Cabezas y Berni Rodríguez se deslomaron en defensa para frenar al genial base griego. Pero lo más memorable fue lo de Marc. El pequeño de los Gasol secó a Schortsianitis, conocido en el mundillo como ‘Baby Shaq’. El mastodonte griego de 150 kilos resultó un torbellino imparable para Estados Unidos, pero apenas pudo anotar dos puntos frente a España. Aquel Mundial, y esencialmente aquel partido, cambió la perspectiva de la carrera de Marc, quien con el tiempo acabará ganando el premio a mejor defensor de la NBA.

Mundial de Japón 2006, el oro de nuestras vidas
Campeones del mundo

02.09.08 (el día antes de la final). El seleccionador, Pepu Hernández, supo horas antes de la final que su padre hacía fallecido. Se lo comunicó al resto del cuerpo técnico y a los directivos de la FEB, pero les pidió que no dijesen nada a los jugadores para no afectar a su concentración. Él siguió como si nada y los jugadores a lo suyo. Juan Carlos Navarro había acabado la rueda de prensa con un categórico: “¿No hay más preguntas? Pues si no os importa me voy que tengo un torneo de pocha”. Nunca se sabrá quienes eran los vencedores de aquellas partidas maratonianas porque todos aseguran que eran los mejores con la baraja. Aquellos chavales de vieja escuela, de partida de cartas mientras escuchaban ‘Hombre despechado’ una canción ligera que hablaba de un tipo al que la novia lo abandonaba tras pagarle un implante de tetas, y que deambulaban por mercadillos japoneses en vez de frecuentar discotecas, contaban con proclamarse campeones del mundo la noche siguiente.

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El porsche de Paulo Futre

Como un trueno. Como un funambulista. Recibió el balón algo más allá de la línea del centro del campo, lo cosió a su pie izquierdo y se dispuso a bailar sobre el césped. Y es que Paulo Jorge dos Santos bailaba. Quizás porque cuando iba a entrenar a Lisboa desde su Montejo natal lo hacía tras un viaje en ferry en el que daba patadas a latas de refresco mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la cubierta de la nave. El caso es que Kögl se le tiró a los pies sin suerte y, luego, fue el pequeño de los Rummenigge el que trato de salirle al paso. En un abrir y cerrar de ojos, Paulo hizo una pared con Magalhaes y dejó descolocado a Flick. Entonces Paulo decidió dejar la banda y adentrase en el área, donde le esperaba el temible Andreas Brehme. Con uno de sus aspavientos lo engañó y, mientras Brehme se tiraba al suelo, Paulo recortaba hacia su exterior y, antes de que llegase Plufgler, lanzar un suave disparo con la zurda al poste derecho de la portería defendida por Jean Marie Plaff.

La pelota deambuló por el área pequeña hasta que, tozuda, se escapó por la línea de fondo. Daba igual. El FC Porto vencía al FC Bayern por 2-1 y conseguía su primera Copa de Europa. Paulo no marcó ningún gol, pero su excelencia se vio premiada con el trofeo al mejor jugador de la final. No había hecho más que lo que estuvo haciendo durante toda la temporada. Deslumbrar a la Europa futbolística con poco más de 20 años. Ese año ganaría el Balón de Plata. Su nombre completo era Paulo Jorge dos Santos Futre. Paulo Futre.

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Cuando aquella jugada maradoniana un hombre pegó un respingo en el sofá de su casa. Era un tal Jesús Gil y Gil. Un empresario de la construcción, que en su día había pisado la cárcel por un delito de homicidio involuntario al desplomarse el comedor de un restaurante del cual era el promotor. A la altura de 1987 había rehecho su imperio con pisos turísticos y viviendas de lujo por todo el Mediterráneo. Son años de dinero en A y dinero en B, del pelotazo y del yuppismo con estudios y del yuppie que antes de traje y corbata mezclaba cal, arena y agua.

El caso es que apenas un par de meses antes de la celebración de la final de la Copa de Europa había fallecido Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid durante dos de las décadas más gloriosas del conjunto rojiblanco. Habían de celebrarse elecciones a la presidencia y Jesús Gil decidió presentarse. No había motivos románticos. Gil había formado brevemente parte de la junta directiva de Calderón, pero sus exabruptos lo condenaron a la expulsión. No era aficionado al Atlético. Simplemente vislumbró que acceder a la presidencia de un club de fútbol era una forma de conseguir prestigio y notoriedad.

Así que Gil, que de fútbol no tenía gran idea, se levantó del sofá y decidió que ese era su hombre. Estamos a finales de mayo de 1987, a falta de un mes exacto para la celebración de las elecciones. Llamó a su hijo, Gil Marín, y a su mano derecha en la candidatura, el promotor cinematográfico Enrique Cerezo y fletó un avión privado para el día siguiente, entonces 28 de mayo, presentarse en Milán.

Y es que, aunque la final había tenido lugar en el Prater vienés y la comitiva del FC Porto volvía a Portugal a celebrar el increíble éxito, Paulo Futre estaba en otras cosas. Hubo de viajar a un hotel de Milán para cerrar su pase al Internazionale. Los italianos venían de una temporada gris en la que se había dado carpetazo a Karl Heinz Rummenigge, el excepcional mediapunta alemán que a los 32 años había iniciado una preocupante cuesta abajo en su carrera. El Inter consideraba a Futre uno de los futbolistas más decisivos del momento y candidato a mejor jugador del mundo al cabo de un par de temporadas.

Era entonces el Calcio la liga más poderosa del mundo. Y había dudas. Las había porque el gran Eusebio nunca salió de Portugal y ningún jugador luso había destacado fuera de su país. Fernando Chalana no pasó del Girondins de Burdeos y Fernando Gomes, ganador de dos Bota de Oro, tuvo una modesta experiencia en Gijón antes de volver al FC Porto a levantar la Copa de Europa. Futre era un excepcional futbolista, pero había que esclarecer las dudas en un fútbol de primer nivel como el italiano.

Así que allí estaban Futre y Pinto da Costa, presidente del FC Porto, para cerrar un acuerdo más bien humilde con el Inter. Futre iba a cobrar mucho menos que Rummennige e incluso menos de lo que el Inter pensaba ofrecerle a Enzo Scifo, el belga del Anderlecht que estaba en la recámara como segundo plato por si fuese necesario.

Fue entonces cuando Gil y Gil arribó en el hotel. Futre y Pinto da Costa compartían habitación. Cerradas las negociaciones dormían una siesta a la espera de volver a Oporto una vez finiquitado el acuerdo. Entonces Jesús Gil se presenta en recepción y exige ver a Paulo Futre. El astro luso se levantó de la cama al recibir la llamada en su habitación, pero no quiso bajar. Fue Pinto da Costa el que le pidió que se mostrase educado y que bajase a escucharlo.

Así que Futre y su presidente decidieron bajar al hall del hotel. En pantalón corto, con melena ochentera a lo ‘Miami Vice’ y unas chanclas en los pies, Paulo Futre se presenta ante Gil. El orondo empresario soriano solo acierta a preguntar a aquellos dos hombres donde está el famoso Futre y sólo cae en la cuenta de quien es el afamado futbolista cuando baja la cabeza y ve unas chanclas serigrafiadas con el nombre del astro portugués.

Futre, está entre molesto e incrédulo ante este desconocido que ni siquiera sabe quién es, pero decide escucharlo. Gil le habla de Madrid, del Atlético y de que va a ser el presidente que lleve a los rojiblancos al éxito. Son unos veinte minutos en los que Gil, tan tarugo como bonachón, utiliza su don de gentes para ganarse el afecto de Futre.

Pero Futre no lo ve claro. Acaba de ganar la Copa de Europa. El Inter es un grande que juega competición europea. El Atlético finalizó octavo en la Liga española. Duda. Por lo que pide a Gil un par de minutos en privado con Pinto da Costa y decide tirarse un farol. “Mira, si este tío ha cogido un avión privado para venir hasta aquí es que tiene mucho dinero. Yo le voy a pedir el doble para mí y tú el doble para el club”.

Dicho y hecho. Futre le espetó a Gil que quería el doble de lo que le daba el Inter y Pinto da Costa hizo lo propio. Eran 450 millones de pesetas por el fichaje (2,7 millones de euros) mucha tela para la época y mucho más para el Atleti.

Gil ni pestañeó. Habría acuerdo.

Entonces Futre, que además de gran futbolista era un tipo espabilado (y lo sigue siendo), decidió subir la apuesta. Tras un pequeño silencio se abrió la veda.

“Quiero una casa en Madrid”, le dijo Futre.

“Hecho”, contestó Gil y Gil.

“Una casa con piscina”, remató Futre.

“Hecho”, volvió a contestar Jesús.

“Quiero un coche”, fue la última petición del portugués.

“¿Qué coche quieres?”, preguntó Gil.

“Un Porsche”, reclamó Paulo.

“Hecho”, finalizó Jesús.

Fumata blanca. Hubo que ir al Inter con la contraoferta y los italianos dijeron que naranjas de la china. Activaron el plan B y viajaron a Bruselas para cerrar el fichaje de Scifo. Esa historia salió mal. Pero esa historia es otra historia.

Historias del fútbol: Gil presenta a Futre en la Sala Jácara (1987) - AS.com
Futre y Gil

Gil soló pidió una cosa. Futre tendría que subirse a su avión y trasladarse inmediatamente a Madrid antes de ir a Oporto. Quería presentar a su fichaje en sociedad y con eso asegurarse su victoria presidencial. Futre aceptó, pero a medida que el vuelo se acercaba a destino las dudas parecían corroerle. ¿Y si Gil y Gil no ganaba las elecciones? Pinto da Costa trataba de tranquilizarlo, pero Futre no las tenía todas consigo. Le había dicho a su padre que no tendría que volver a trabajar en su vida, pero lo que era un futuro asegurado en Milán se había convertido en un futuro incierto en Madrid.

Así que Futre volvió a tirar de pillería, se levantó de su asiento y se acercó a Gil y Gil. Le dijo que querría el Porsche nada más aterrizar en Barajas. Sino tenía el coche ese mismo día cancelaría inmediatamente el acuerdo.

Jesús nuevamente accedió. La idea de Futre era buena. Si Gil gana las elecciones, genial, y sino las gana por lo menos me vuelvo a Oporto con un Porsche. Así que nada más aterrizar, la comitiva se desplaza a un concesionario Porsche de la capital y preguntan cuál de los Porsche que hay allí se puede llevar Paulo al momento. El único disponible era un deportivo de color amarillo. Dicho y hecho, una vez más. Gil sacó la chequera y Futre salió de allí en un llamativo Porsche color pollo.

Jesús Gil y Gil ganó aquellas elecciones de calle. Y todo gracias a Paulo Futre. El empresario trilero se la había jugado todo a una carta. Los 450 millones del fichaje, la casa con piscina, el Porsche y el salario de Futre había corrido a cargo de su cuenta corriente. ¿Qué habría pasado si no hubiese ganado las elecciones? Nunca se sabrá. El caso es que Gil y Gil se mantuvo como presidente durante más de una década hasta que, acusado de estafa al club por simulación de contratos, acaben echándolo del Atleti, al igual que fue desalojado de la alcaldía de Marbella por corrupción.

El padre de Paulo Futre no volvió a trabajar. Futre se convirtió durante siete temporadas en un dios rojiblanco. Sólo ganó dos copas mientras que fracasó temporada tras temporada en Europa. Tampoco tuvo éxito con la selección portuguesa y acabaría apagándose antes de llegar a los 30 machacado por las lesiones. Pero todo eso da igual. Una de aquellas Copas del Rey fue lograda frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en lo que fue una inyección de orgullo mayúsculo para un club que vivió y vive atormentado y acomplejado por el enorme éxito de su rival capitalino. Con el tiempo Futre acabó pintando su Porsche de rojo para que no llamase tanto la atención y se asentó en Madrid donde sus dos hijos se han criado y en donde se ha convertido en la leyenda rojiblanca por excelencia, con permiso del finado Luis Aragonés.

“A nivel sentimental le doy tanta importancia a la Copa de Europa con el FC Porto que a aquella Copa del Rey con el Atlético de Madrid. Nunca he tenido un orgasmo como aquel gol”, Paulo Futre hablando sobre la victoria del Atleti ante el Real Madrid en la Copa de 1992.

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