FC Barcelona

Neymar; diario de mi verano

He de confesar que un primer momento no estaba seguro de aquel movimiento. La temporada había acabado mal. Nos dejamos ir y perdimos la final de copa. Pero la cosa ya llevaba mucho tiempo atrancada. He vuelto a ganar la liga y he metido 34 goles en 37 partidos. Perdimos en la Copa de Europa, pero no fue culpa mía. Siento que todo el mundo tiene envidia de mí, tiene envidia de Neymar. Yo soy la estrella y no me dejan tirar los penaltis. Los franceses están con Mbappé, el vestuario con Cavani, y Tuchel no me respeta. Y aún encima el jeque ya no me apoya. Antes patrocinaba mis fiestas, me acompañaba en la noche parisina y ahora filtra mis excesos a los periodistas de mierda. Mi papá dice que sea feliz, que ganamos 37 millones de euros al año. Pero yo quiero que la gente me quiera, que me digan que soy el puto amo. Soy el puto Neymar. Quiero irme de París.

24 de mayo

Mi relación con Al-Khelaifi está rota. Le he dicho que a mí sólo me interesa la Champions. Que me da igual ganar la copa de Francia. El presi me ha dicho que aunque no pudiese jugar la final por culpa de mi sanción debería estar en el palco por el bien del PSG y por el de mis compañeros. Le he dicho que mi familia es Brasil y voy a coger mi jet para pasar unos días de descanso antes de empezar la Copa América. El presi y Leonardo siempre me habían consentido todo desde que fiche por el PSG, pero desde que Mbappé ganó el Mundial nada ha vuelto a ser lo mismo. Cuando le dije que iba a Brasil tuvimos una discusión muy dura y me dijo que disfrutara del verano que cuando volviese de la Copa América se acabarían los privilegios.

28 de mayo

Necesito ganar la Copa América. Necesito derrotar a Messi. Me fui del Barça para ganar el Balón de Oro. Mi papá me dijo que tenía que irme de allí, que al lado de Messi nunca sería el mejor del mundo. La gente no me toma en serio en Europa. Ahora ya no es sólo Messi y Cristiano. Es Mbappé, Griezmann, Salah y hasta ¡hablan más de los estúpidos niños del Ajax que de mí! Pero aquí todos me quieren. Soy el nuevo Pelé. Tengo que ganar la Copa América para que me vuelvan a respetar. Si ganamos y soy el máximo goleador, Al-Khelaifi volverá a hacerme caso. Le diré que venda a Mbappé al Madrid, que despida a Cavani y a Di María, y que con el dinero que le den que fiche a Coutinho a Firmino y a Allison y que renueve a Dani.

1 de junio

¡Tomar no cú! ¿Por qué coño me pasa a mí esto? ¡Filha da puta! Puta de mierda. Mentirosa. ¡Ahora dice que la he violado! ¡Ta brincando! ¡Con lo que le gustaba cuando me la follaba! Mierda de envidia. La gente es una envidiosa de mierda. Tengo dinero, soy guapo, ¿saben a cuantas mujeres me puedo follar cada noche si me da la gana? Soy Neymar. Soy el puto Neymar. Lo único que quiere esa zorra es mi dinero, es hundirme. Seguro que alguien del PSG la ha liado para hundirme. ¡Si iba más bébeda que yo! Y luego está el hijo de puta de Tite. Dice que me apoya pero me quita el brazalete de capitán para dárselo a Alves. ¡Filho de puta! Los voy a destruir a todos. Voy a acabar con esa panda de egoístas.

5 de junio

Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Cuando me pegaron la patada no pensé que fuera para tanto. Casi no me dolía. Ahora los médicos dicen que tengo una fractura en el tobillo derecho y que no podré jugar la Copa América. ¿Y ahora qué hago? Mis abogados me dicen que lo mejor que puedo hacer es no aparecer en público, pero mi papá dice que vaya a todos los partidos de Brasil para que vean que no tengo miedo. Para que vean que no soy un violador y que quiero que Brasil gane la Copa América. Le voy a hacer caso a mi papá pero la verdad es que espero que mi amigo Messi gane y perdamos en la final. Pensé que al volver a casa la gente me querría, pero veo que con esto de la violación mucha gente pasa de mí. He recibido la llamada del presidente Bolsonaro dándome su apoyo, pero no es suficiente. Necesito que la gente me vuelva a respetar y que la selección me necesite.

16 de junio

Me acaba de llamar mi papá. Dice que hay una entrevista en ‘L’Equipe’ en la que el presi ha dicho que Mbappé es el único jugador intocable de la plantilla. Es un traidor. Ahora me quiere echar. Pues no pienso perdonar ni un euro. ¿Cuántas Champions ha ganado el PSG? ¿Cuántos balones de oro tiene el PSG? Deberían besar el suelo por donde piso. Deberían dar gracias de que yo juegue allí. Tanta ciudad de mierda, tanto Paris. No se ve el sol en todo el año. ¿Y la mierda de liga esa? Tengo amigos en Copacabana que juegan mejor al fútbol que los tontos esos del Angers o del Montpellier.

7 de julio

Estoy de bajón. Ayer fuimos de fiesta. Tengo un resacón de la leche. Llevo cinco horas jugando al FIFA. Mi hermana ha fichado a Neymar para el Real Madrid. Yo jugué con el Barça y también me fiche a mí. Jugué con la delantera MSN, Messi, Suárez y Neymar, como en los viejos tiempos. Brasil ganó la Copa América y nadie habla de mí. Lo único bueno es que ganamos pero jugamos como el culo y el mejor jugador del torneo fue Dani. Menos mal. Dani es mi amigo, pero es un viejo. Tenía miedo de que Coutinho o Firmino jugasen bien y la gente se olvidara de mí, pero hicieron una final de mierda. Mañana tengo que volver a Paris para empezar la pretemporada, pero ya le dije a mi papá que no pienso ir. Tuchel sigue de entrenador y no han vendido a Cavani. Ya me echaran de menos.

14 de julio

Hoy una periodista que estaba buenísima me ha preguntado por mi mejor recuerdo en el mundo del fútbol. Le dije que cuando ganamos con el Barça al PSG 6-1 y remontamos en la Champions. Aquel día me salí, la gente no paraba de decir que era el sucesor de Messi. En Paris me han llamado traidor y Judas. Dicen que es una ofensa nacional. Que lo he hecho adrede. Que es 14 de julio, un día sagrado para ellos. Leonardo dice que me va a expedientar. Me da igual. Es la verdad. Quiero volver al Barça. Mi papá dice que para volver a Barcelona tenemos que devolver 40 millones de euros y que no puede ser. Le dije que me da igual, pero que yo no volveré a jugar con esos paletos del PSG.

26 de julio

Mi papá se ha reunido con José Ángel Sánchez. Me ha dicho que el Real Madrid quiere colocar a Bale y que les interesaría rebajar mi precio con ese intercambio. Dice que sólo hay dos equipos en el mundo que me pueden pagar 30 millones al año y dar al PSG los 200 millones que piden, sea abaratando con jugadores o sin ellos. A mí me encantaría jugar en el Madrid. Me dijeron que es muy frío en invierno y que no tiene mar, pero el Madrid es la leche. Además, ahora que ya no está Cristiano yo sería el puto amo. La gente adoraría a Neymar. Benzema, Hazard o Modric no me harán sombra. Y el Madrid siempre gana la Champions.

30 de julio

Zidane no me quiere. Que no se fían de mí. Que el Madrid es club señor y no sé qué mierdas. ¡Cómo si Ramos y Benzema se fueran a la cama a las 10! Que llevo dos años sin ser top y que no que van a pagar 200 millones por mí. Mi papá dice que si me pongo a tiro me fichan igual, aunque sólo sea por joder al Barça. Que tenga paciencia. Me da igual. Yo no pienso volver a jugar en Paris, así que tarde o temprano me venderán.

9 de agosto

Ya he vuelto a Paris. A mi casa. Estaba comiendo una pizza con mamá cuando llamó papá. Me dijo que un juez de Sao Paulo ha archivado la denuncia por violación por falta de pruebas. Me dijo que llamara a Bolsonaro para agradecerle su apoyo y que diera un comunicado en público dando las gracias porque todo se haya aclarado. Yo siempre lo dije, ella sólo quería dinero. Todas las noches cientos de chicas se me tiran al cuello para que me las lleve a mi casa y las folle. Lo mejor es que ahora que ya no hay denuncia por violación el Barça y el Madrid ya no van a tener problemas para hacerme una oferta. ¡Seguro que vuelvo a Barcelona! ¡Qué gosto!

10 de agosto

Hoy empezó la liga francesa. PSG-Nimes. Ganaron 3-0. Yo me quedé en casa. Dije que tenía problemas musculares, pero me la suda la mierda de liga esa. Yo sólo quiero ganar la Champions. Leonardo dijo al acabar el partido que mi venta está más cerca. Mejor. Ya están tardando. Papá dice que lo del Madrid está parado. Que el PSG no quiere a Bale y que hasta que lo coloquen no pueden hacer nada. Cobra 18 millones. No está mal para ser un don nadie. Me dice que si no dan vendido a Bale ni a James no ficharan, y que Zidane sólo quiere a Pogba o a Mbappé. No sé qué les ha dado todos con el niño ese, que lo único que sabe hacer es correr.

13 de agosto

Abidal y Leonardo se han reunido hoy en Paris. Lo he visto en twitter, pero papá me ha contado los detalles. Él les ha dicho que por Neymar no hay problema. Es verdad, si tengo que pedir perdón a la afición lo pediré y si tenemos que devolver el dinero a Bartomeu lo devolvemos. Le dije a papá que cuando ganemos la Champions le pedimos un aumento y ya lo recuperamos. Me dicen que el Barça ha ofrecido a Coutinho y a Semedo, pero que el PSG también quiere a Dembelé. A mí me parece normal que Leonardo pida más porque el único tío en el Barça que es tan bueno como yo es Messi. Papá dice que tenga paciencia. Que el mercado en España cierra el 2 de septiembre. Que siga entrenando en el gimnasio y qué esté listo para mediados de septiembre que es cuando empieza la Champions.

17 de agosto

Ayer estuve en mi yate viendo al Barça con mi hijo. No estaba Messi, jugaron mal y perdieron contra el Athletic. Lucca dice que le gustaría que volviera a jugar con Messi. Todos los que me critican por inmaduro no saben que tengo un hijo. ¡Y lo cuido yo! ¡Y a la madre la traje de Brasil a Barcelona para que estudiara fisioterapia! Pero eso a la gente le da igual. No le interesa. En fin. Le digo a Lucca que lo del Barça está más difícil, que han vendido a Coutinho al Bayern. Ahora el PSG va a pedir a Dembelé y no sé si lo soltarán. Y aún encima papá me dice que el PSG quiere a Vinicius, pero que el Madrid no lo suelta. ¡No me jodas! ¡Vinicius es un niño! ¿Cómo se puede comparar conmigo?

23 de agosto

Le he dicho a mi amigo Diogo que publicara una foto mía con la camiseta del Barça en instagram. Escogimos una de toda la pandilla con todos los títulos que en 2016 gane en Barcelona. Tuchel dice que me va a convocar para jugar el domingo ante el Toulouse. ¡Puta que pariu! ¡Vaise foder! No quiero jugar. Papá me dice que tengo que jugar, que lo del Barça está muy complicado. El jeque no quiere que juegue allí y el Barça no quiere poner la pasta. Hablan de una cesión. Papá dice que ha hablado con Nedved y que igual hay una opción de que juegue en la Juve, que Tuchel quiere a Dybala para el PSG. No sé, prefiero Barcelona. Turín me parece igual de frío y aburrido que París y Madrid.

30 de agosto

Leonardo le ha dicho a Tuchel que tampoco voy a jugar contra el Metz. Que están negociando con el Barça. Ofrecen 130 kilos a Rakitic y a Dembelé. Por mi pagaron 222. Me parece una oferta muy buena. El Dembelé es buen futbolista y es casi tan fiestas como yo. Al Khelaifi pide 170 y Dembelé no se quiere ir del Barcelona. Sé que Leo y Luis están peleando por mi vuelta, que se están enfrentando con Bartomeu. Está difícil, pero papá dice que lo vamos a conseguir. Sería genial. Volveré a las faldas de Leo, pero tanto él como Luis están viejos. En un par de años yo seré el jefe del Barça, el Messi del mañana y ganaré el Balon de Oro. El Madrid sigue ahí. Ahora van a vender a Keylor Navas.

2 de septiembre

Hoy he estado llorando toda la tarde. Me ha llamado Bartomeu y me ha dicho que no hay nada que hacer. Le dije que perdonaba 20 de los 40 millones que me deben, pero que nada. Que no se puede hacer. Estoy roto. Estoy triste y frustrado. Ni Barça ni Madrid. ¿Y ahora qué? Messi me ha  mandado un whatsapp y me ha dicho que tiene la sensación de que han jugado conmigo.

13 de septiembre

PSG-Estrasburgo. 14 de septiembre. Tocarán pitos y abucheos. Tendré que meter un gol, decir que todo ha sido un invento de la prensa, que soy feliz en Paris y que quiero ganar la Champions. Tocará entrenarse y ver como los compañeros me escupen con la mirada. Dicen que habrá pancartas en mi contra. Tocará jugar en Nimes, Guingamp, Estrasburgo y en Dijon. Tocará esperar al próximo verano y sonreír a las cámaras… Por lo menos siempre podré disfrutar de mis 37 millones por temporada.

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La Copa de Petrovic

En el verano de 1988 un terremoto sacudió los cimientos del baloncesto FIBA. Drazen Petrovic, el jugador europeo más carismático del momento, decidía firmar por el Real Madrid y plantar al FC Barcelona con el que ya se había comprometido verbalmente. Contrariamente a lo que dictaría la lógica, la decisión provocó un cataclismo en la casa blanca. Petrovic era el enemigo público número 1 de los merengues. Más bien era el enemigo público número 1 de medio Continente. Durante un lustro había sometido y humillado al Real Madrid en varias ediciones de la Copa de Europa con escupitajos, manotazos y vaciles varios. Cuando el partido ya estaba ganado gustaba de inventar malabares con el balón en el medio campo mientras hacía muecas al banquillo rival. Un hombre correcto, educado y disciplinado como Corbalán llegó a perder los nervios y declarar que le gustaría arrancarle la cabeza a Petrovic tras la victoria de la Cibona de Zagreb ante el Real Madrid en la final de la Copa de Europa de 1985. No sonaba a creíble. Un desaliñado lituano de 2’21 metros de altura declaró lo mismo meses más tarde cuando perdió ante los croatas la final de 1986. Era un pívot del Zalguiris llamado Arvydas Sabonis y su amenaza más valía tomarla en serio.

Por eso, cuando Petrovic decidió fichar por el Madrid y abandonar a la odiada Cibona hubo desbandada en el vestuario merengue. Del Corral, Iturriaga y Corbalán decidieron marcharse. Otros, caso de Fernando Martín, resolvieron quedarse, pero pasarían un año de perros al lado del genio croata.

Petrovic solo estuvo un año en el Real Madrid. En el verano de 1989 dispuso probar fortuna en la NBA y colocó sobre la mesa los dólares necesarios para jugar en Portland Trail Blazers. Así pues, sólo estuvo un año en España. Pero fue una temporada muy intensa en la que compaginó luces y sombras. En el haber, los 62 puntos logrados en la final de la Recopa ante el Caserta en una borrachera de lanzamientos y juego de pies del escolta de Sibenik. En el debe, la derrota en la final de la Liga ACB (la llamada ‘Liga de Petrovic’) ante el FC Barcelona por un global de 3-2, en una serie en la que Petrovic fue secado en defensa por el dueto azulgrana formado por Nacho Solozábal y Chicho Sibilio.

Pero antes de todo eso tuvo lugar la fase final de la Copa del Rey, el torneo más atractivo del baloncesto español con siete partidos a vida o muerte comprimidos en un largo fin de semana. El formato de 1989 presentaba la novedad de celebrarse en función multisede. Con la llegada de los fondos europeos de cohesión, los distintos gobiernos autonómicos decidieron promocionarse de diferentes formas. Aquel año, la Xunta de Galicia dispuso impulsar el Xacobeo, una festividad religiosa en honor a Santiago Apóstol que desde entonces ha pasado a ser también turística. La Copa (al igual que ocurriría en el también Año Santo de 1993) se paseó por la geografía gallega para promocionar a la vieja Gallaecia por los distintos rincones de la llamada piel de toro.

Los cuartos de final se repartieron entre Santiago, Ourense y Vigo, ésta última urbe con ración doble. Todos los favoritos ganaron con facilidad. El Real Madrid venció al Huesca (88-64), el Joventut al Estudiantes (86-71), el FC Barcelona al Fórum de Valladolid (91-80), y el partido más entretenido fue el que enfrentó al CAI Zaragoza contra el Caja de Ronda de Málaga (115-110). -Nota: Este tipo de viajes al pasado siempre es útil para recordar como el deporte español ha vivido de subvenciones públicas en las que las cajas de ahorro han tenido un papel primordial-.

La primera semifinal enfrentó en la naval y militar ciudad de Ferrol a Real Madrid y Joventut de Badalona. Los catalanes tenían un excelente conjunto de jóvenes apunto de eclosionar liderados por Jordi Villacampa, un excelso y fornido tirador, un cerebral base que respondía al nombre de Rafa Jofresa y una pareja interior constituida por Reggie Johnson y Juanan Morales, un pívot español de más de siete pies, algo infrecuente en el baloncesto hispano. Se contaba con que el encuentro fuese igualado, pero el Real Madrid pasó por encima del Joventut y venció con suma facilidad (99-74).

La segunda semifinal tuvo lugar en la agropecuaria y romana ciudad de Lugo y enfrentó al FC Barcelona y al CAI Zaragoza. Los aragoneses eran los más flojos semifinalistas pero tenían en sus filas a Mel Turpin, una fuerza de la naturaleza que había tenido que renunciar a la NBA por problemas de peso. De hecho, se le conocía como ‘Mel Dinner Bell’ (Mel hora de cenar). El CAI llegó a ir por delante en la primera mitad e incluso consiguió acercase a pocos minutos del final, pero finalmente el Barça ganó con solvencia (88-78).

La final tuvo lugar el 17 de noviembre de 1988 en A Coruña, la ciudad de cristal donde según la leyenda Hércules derrotó a Gerión y edificó sobre su calavera la famosa Torre que contempla la inmensidad del Atlántico. Algo más de 8.000 personas se reunieron en el Palacio de los Deportes de Riazor para presenciar la lucha entre el Real Madrid y el FC Barcelona. El quinteto de los blancos estaba integrado por Drazen Petrovic, Chechu Biriukov, Johhny Rogers, Fernando Martín y el coruñés Fernando Romay. Por parte de los azulgranas saltaron a la pista Nacho Solozábal, Juan Antonio San Epifanio ‘Epi’, Andrés Jiménez, Granville Waiters y Audie Norris. En una época donde los titulares superaban con facilidad los 30 minutos por partido, los suplentes prácticamente no tenían incidencia. Por parte madrileña José Luis Llorente como base sustituto y Pep Cargol como alero defensor tenían minutos, y por parte barcelonesa importaban el base suplente Quim Costa y el escolta tirador Xavi Crespo. El Real Madrid contaba con la baja por lesión de Antonio Martín y el FC Barcelona no podía alinear ni a Chicho Sibilio ni al ala-pívot Steve Trumbo. Las bajas azulgranas eran mucho más sensibles y, de hecho, la ausencia de Trumbo había posibilitado el fichaje de Waiters, uno de tantos temporeros que pueblan el mundo del baloncesto. El entrenador del Real Madrid era Lolo Sainz, leyenda como jugador y como técnico. El entrenador del FC Barcelona era Aíto García Reneses, modesto jugador, pero que con el tiempo pasaría a ser considerado el mejor técnico en la historia del baloncesto hispano.

El partido se televisó por el segundo canal de TVE a las 20:30 horas. Fue uno de los programas más vistos de la década. Estaban el Madrid y el Barça. Estaba Petrovic. Y el baloncesto vivía sus años dorados aquí y allende los mares. Tras el éxito de la selección española en los Juegos Olímpicos de 1984 y hasta el estrepitoso fracaso en los de Barcelona en 1992, el baloncesto compitió y hasta en ciertos momentos llegó a superar al fútbol. Los sábados de finales de la década de 1980 la programación radiofónica giraba en torno al deporte de la canasta con enviados especiales y narraciones de todos los partidos de la ACB.

El partido comenzó con Petrovic anotando los cuatro primeros puntos del choque. Parecía que se iba a repetir la exhibición de la tarde anterior cuando el croata le endosó 34 al Joventut, pero el Barça era un equipo con muchas más tablas. Aito diseñó un partido lento donde Norris y Jiménez llevasen la iniciativa debajo de los aros. Los azulgranas consiguieron un parcial de 0-10 y se pusieron por delante. Norris anotaba con facilidad delante de Fernando Martín y ampliaba la diferencia (10-19) y (21-29), mientras que Solozábal coceaba a Petrovic y hasta le sacaba las uñas dejando un rastro de sangre en el escolta blanco.

Fue entonces cuando Petrovic demostró porque era ese tipo de jugador que forma parte de una estirpe especial. Estaba realizando un discreto partido y el Barça se estaba escapando, pero en un fogonazo anotó un par de triples que acercaban al Madrid a cinco puntos antes de irse al descanso (43-48).

En la reanudación, Petrovic volvió a sacar la artillería para poner un parcial de 7-0 y adelantar al Real Madrid en el marcador. Fue ahí cuando el Barça perdió el partido. Liderado por José Luis Llorente, los blancos pusieron una marcha más y anotando Petrovic desde el exterior y Rogers desde el interior desarbolaron al Barça. Los catalanes notaron en exceso el cansancio y la falta de dos jugadores clave para poco a poco desconectarse del partido (75-66). Luego Petrovic se dedicó a juguetear con el balón como tantas veces en el pasado había hecho y aseguró la victoria a base de tiros libres para un definitivo 85-81.

Al final Petrovic acabó con 27 puntos y Johhny Rogers con 23, mientras que en el Barça Epi se fue hasta los 20 y Audie Norris dominó el juego interior con 15 puntos y 15 rebotes hasta que sus rodillas le dijeron basta.

Era noviembre, y parecía el primero de muchos triunfos para Petrovic. La realidad es que fue el inicio del fin. Sólo iban tres meses de temporada. Hasta entonces Petrovic se había esforzado por integrarse en el vestuario blanco. Había aceptado que Fernando Martín llevase la voz cantante y que el juego basculase entre él y el pívot madrileño. Aquella Copa del Rey rompió con tan frágil proyecto. Petrovic fue amo y señor del choque ante el Joventut y ante el Barça amasó el balón en los momentos decisivos y prefirió confiar en el americano Johnny Rogers en vez de con Martín a la hora de doblar el balón. Rogers era un recién llegado como Petrovic y ambos abandonarían el equipo al finalizar la temporada. Era un genio, pero no había quien fuese capaz de lidiar con semejante ego.

“Drazen Petrovic se convertirá con toda seguridad en una figura (…) Ahora bien, si para ser tan buen jugador hay que ser tan indeseable, prefiero jugar como un mediocre. Y sin tener que sacar la lengua ni poner ese careto.” El entonces madridista Juan Manuel López Iturriaga evaluando a Petrovic cuando aún tenía 22 años y jugaba en la Cibona de Zagreb.

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Iniesta y Navarro. Dos formas de decir adiós

Se dice que una leyenda es un relato maravilloso que tiene origen en un hecho histórico. El paso del tiempo y las fuentes orales contribuyen a ensalzar los hechos y a añadir datos que no son ciertos. Con el paso de los años, que bien pueden ser siglos, la leyenda se convierte en relato, y ese relato se entremezcla con la historia. Esta semana, he leído en múltiples artículos que Juan Carlos Navarro ya es leyenda. Lo correcto sería decir que lo será, porque aún están muy recientes todas sus hazañas, pero lo cierto es que ha metido tantas canastas y de formas tan diversas con rachas imposibles y penetraciones anárquicas, que en el imaginario colectivo de su carrera ya hemos mezclado la realidad con la ficción y lo hemos convertido en leyenda.

El adiós de Juan Carlos Navarro ha coincidido con el de Andrés Iniesta, ambos iconos del FC Barcelona, del deporte español y del baloncesto europeo en el caso del primero y del fútbol mundial en el caso del segundo. Son dos deportistas admirados dentro y fuera de nuestras fronteras. Por su juego y por su forma de expresarse y de ver la vida. Es preciso indicar que Iniesta no se ha retirado y sigue dando clases magistrales de fútbol en Japón, pero para los efectos es como si lo estuviera. No está en el foco ni está para alardes.

Manchego uno y catalán el otro, ambos ingresaron en las categorías inferiores del FC Barcelona con 12 años. El primero debutó con la primera plantilla con 18 años y con 22 ya era campeón de Europa. El segundo se estrenó un poco antes, con 17, pero también con 22 era campeón de Europa. Y ambos fueron decisivos para que España ganase su primer Mundial tanto en fútbol como en baloncesto.

Hay muchas similitudes entre Iniesta y Navarro. La primera es cuantificable; el palmarés. Iniesta ha logrado hasta el momento (a expensas de lo que haga en Japón) 32 títulos con el FC Barcelona y 3 con España. Navarro ha colgado las botas con 23 títulos con su club y 3 con España a mayores de 3 medallas olímpicas. La segunda similitud sólo se mide con intangibles, y es la huella que han dejado en el deporte y en la sociedad.

El éxito de estos dos genios radica en que son dos de los nuestros. Dos chicos corrientes que han hecho de lo normal algo extraordinario. Iniesta (1,71) y Navarro (1,93), deportistas vulgares para sus disciplinas que se han hecho grandes al perfeccionar un elemento técnico y convertirlo en arte para así poder competir ante gigantes.

¿Quién no ha intentado nunca lanzar una bomba? Es un tiro que nace de la necesidad. Del pobre ante el rico. Del pequeño ante el grande. Todos hemos hecho ese lanzamiento alguna que otra vez pero sólo Navarro lo convirtió en arte. Nunca estaba quieto. Trote cansino, búsqueda de espacios, cambio de ritmo y canasta cual relámpago. Veía toda la pista y al galope paraba y escogía la mejor opción. Los rivales le agarraban de la camiseta y del pantalón, le aplicaban llaves de lucha libre o le tiraban codazos de carga policial, pero nunca pudieron pararlo porque jamás fueron capaces de cortarle las alas.

¿Quién no ha soñado con zafarse de su defensor con un simple gesto? Cuando no hay velocidad y cuando no hay fuerza todos hemos exprimido el cerebro para hacer realidad un gol o un pase. En eso se basa el control orientado, en ingenio y en horas y horas de entrenamiento, para, con un simple gesto técnico, acabar con la resistencia de uno o dos defensores en un instante. Hay muchos futbolistas que dominan ese arte, pero ninguno ha convertido `la croqueta´ en arte como Iniesta. Cuando Iniesta iba a la carrera parecía cuchillo a través de sus defensores. Cuando se detenía, los rivales se perdían en los laberintos que sus piernas dibujaban. Iniesta trataba al balón con cariño y el balón le obedecía, y la única vez que lo maltrató, el balón besó la red y puso en pie a 45 millones de personas.

Son, fueron y serán dos deportistas de valor incalculable. Son y serán valiosos. Pero lo que antes era un valor activo ahora es un valor pasivo. Y la clave está en cómo tratar un pasivo a través del raciocinio y dejando al margen la sensibilidad.

Se está criticando y mucho la forma en que la directiva del FC Barcelona ha dado carpetazo a la carrera de Navarro. En 2017 el escolta de Sant Feliú renovó su contrato por 10 temporadas a cambio de una considerable rebaja de su sueldo. El acuerdo implicaba que Navarro podía colgar las botas cuando desease y en ese momento pasaría a formar parte de la dirección técnica del club. Con 38 años, y en claro declive, el Barça quería que este fuese el verano en el que Navarro diese un paso atrás, pero el escolta no se dio por aludido. Al final, a escondidas, sin un acto de homenaje y de forma impropia, el Barça ha “invitado” a Navarro a colgar las botas.

Contrasta con la despedida de Andrés Iniesta en el pasado mes de mayo. Homenajes de club y compañeros, ovaciones en cada estadio de Primera División, acto institucional en el Camp Nou, ceremonias en la sede del club y un largo etcétera. Todo perfecto, con su justa mezcla de formalidad y sentimiento.

El último gran baile de Navarro se produjo en 2014. Aquel año lideró la victoria liguera del FC Barcelona ante el Real Madrid en la final de la Liga ACB. A partir de entonces diversas lesiones y el paso de los años hicieron que se convirtiera en muchas ocasiones en un jarrón chino tanto en el club azulgrana como en la selección española. Para Iniesta (cuatro años más joven) el declive no hizo su aparición hasta hace un par de temporadas, pero fue un declive diferente. En el baloncesto, a pesar de ser un deporte de equipo, cada jugador debe mantener un cierto equilibrio individual tanto en ataque como en defensa. En el fútbol, hay jugadores que pueden brillar en una de las dos facetas sabiendo que en aquella en la que flojean serán escoltados por otros compañeros. Durante estas dos últimas temporadas, Iniesta, destrozado y agotado, rara vez ha jugado los 90 minutos de un partido y apenas ha presionado o intimidado la salida del balón del rival, pero siempre ha estado protegido en el centro del campo por alguno de sus compañeros, por lo que su talento ha seguido gobernando partidos.

Iniesta meditó y consideró que no estaba en condiciones de jugar a fútbol de primer nivel y el FC Barcelona vio la luz y le agasajó con todos los honores mientras le abría la puerta de salida. Para los románticos el sueño era que Iniesta se retirara de azulgrana. Para los que son muy románticos (como yo) lo ideal era que jugase un añito más en Barcelona y luego se retirara en el Albacete, aunque fuese en Segunda División. Decidió marcharse a Japón, porque es un país que le atrae tanto a él como a su mujer. Lo pasará pipa. Le van a pagar muy bien por jugar al fútbol sin presión y disfrutando como cuando era un niño.

Navarro creía (y seguramente cree) que podía seguir jugando en el Barça. Hace apenas un par de meses manifestó que se quería retirar con un gran título (Liga o Copa de Europa) y que se veía con fuerzas para seguir. Pero su cuerpo no respondía a lo que decía su mente. El problema para Navarro es que no había alternativa. En el baloncesto la panacea de marcharse a Asia a ganar millones sólo existe para los jugadores de la NBA (en China pocos sabrán quien es Navarro). Además, ni Navarro ni su mujer Vanessa quieren marcharse de Barcelona. Cuando el escolta catalán probó fortuna en la NBA en 2007, solo tardo una temporada en dar marcha atrás y volver a España, y no por falta de interés en seguir con su carrera en Memphis, sino porque tanto él como su familia fueron incapaces de adaptase a la vida en Estados Unidos.

Como leí recientemente en un artículo, Navarro tenía que haberse retirado con un balón en las manos y recibir cariño y ovación a partes iguales, al estilo de la marcha que los Lakers le profesaron a Kobe Bryant. Lo cierto es que ni la cultura ni la competición estadounidense se parecen a la europea, y si bien en la primera es bien recibido perder si ello implica un impulso para volver a ganar, en Europa los títulos son efímeros.

En la NBA, un club puede hincharse a perder partidos mientras su estrella se pasea por las canchas de todo el país y es recibido como un César del baloncesto para aumentar el ego del protagonista y los ingresos de la franquicia. En Europa un club debe ganar, o al menos intentarlo, y eso implica decisiones antipopulares que no dejan hueco para giras nostálgicas.

https://www.youtube.com/watch?v=VEBExbL9n4I

“Un referente como jugador y como persona. Una auténtica pasada verle jugar al baloncesto todos estos años. ¡Siempre gracias amigo! Andrés Iniesta sobre la retirada de Juan Carlos Navarro.

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La aldea gala del hockey

Cuando Julio César conquistó la Galia y anunció al Senado su triunfo, olvidó (por su propio interés) mencionar que en la región de Bretaña quedaban una serie de pueblos a los que nunca llegó a dominar. De hecho, pasarían décadas antes de que fuesen romanizados. Bajo ese argumento, y con un toque de chauvinismo, se creó el maravilloso cómic de Astérix, en cuyas páginas un grupo de irreductibles galos se enfrentan a las hordas del ejército romano.

Aunque se considera que el hockey como deporte nació en Chicago, la modalidad sin hielo y sobre pista de madera (que es la que conocemos en estas latitudes) pronto se hizo muy popular en Francia y Suiza. Esto hizo que en el norte de Italia y en el norte de España (zonas limítrofes con estos Estados), pronto fuese aceptado en las villas fronterizas. De hecho, décadas antes de que se constituyese la Real Federación Española de Patinaje (RFEP) en 1946, ya en Cataluña existía una liga y una federación propia desde 1928. En otros lugares con larga afición y muy alejados geográficamente, caso de Portugal o Argentina, parece ser que influyeron mucho las corrientes migratorias que se produjeron a mediados del siglo XX.

El hockey a patines no es olímpico. No lo es debido a que es un deporte minoritario. Muy minoritario. Se estima que se practica en 30 países, menos de la sexta parte de los Estados en los que los humanos dividimos el globo terráqueo. Y únicamente cuenta con 70.000 licencias en todo el mundo. Para hacernos una idea de lo insignificante de esas cifras, consta saber que sólo en España hay más de 700.000 licencias para futbolistas.

Se debe destacar que más del 10% de esas licencias (9.000) están localizadas en Cataluña. Pero no son sólo jugadores, en Cataluña están las mejores fábricas de sticks, las empresas que proporcionan los patines y revistas de hockey que son traducidas a varios idiomas. Colapsan el mercado global.

Si hay un deporte en el que Cataluña es autosuficiente, ese es el hockey.

Más datos. De las 49 ediciones disputadas de la División de Honor (OK Liga) hasta la fecha, 42 se las han llevado equipos catalanes. Pero es que de las 76 ediciones que se han disputado de la Copa del Rey, 65 también han sido celebradas por conjuntos catalanes. Pero no es sólo eso. De las 54 ediciones de la Copa de Europa, la repartición por naciones es muy simple. 47 España, 6 Portugal y 1 Italia. No obstante, lo correcto sería decir que Cataluña ha ganado 41 títulos y 6 los ha ganado el resto del Estado.

Como le ocurría a Julio César con la aldea gala, hay un grano en el culo en el Imperio Romano del hockey. Esas 7 ligas restantes, 9 de las 11 Copas que faltan en el registro y las otras 6 Copas de Europa, han sido para un equipo gallego. Un equipo de la otra punta de la Península Ibérica, el Hockey Club Liceo de A Coruña.

¿Pero cómo es posible que una ciudad periférica situada a más de 1.000 kilómetros de la elite del hockey mundial haya creado un equipo tan poderoso?

El HC Liceo no nació como una idea publicitaria, ni fue el capricho de un nuevo rico. Es el nombre de un club fundado por cuatro amigos coruñeses en 1972, siendo el más conocido de todos Augusto César Lendoiro, que si bien no ostentaba el título de presidente, sí que lo era de facto. Su fundación coincidió en el tiempo con la organización en A Coruña del Mundial de Hockey. Y es que el deporte del stick tenía larga tradición en la ciudad. Parece ser que el catalán José María Sastre introdujo el hockey en A Coruña en los años 40 del siglo pasado mientras ejercía el servicio militar en la ciudad herculina. Pronto se hizo amigo de Vicente Cucarella, por aquel entonces director técnico del RC Deportivo, dando pie a la fundación de la sección de hockey del RC Deportivo. La sección se desintegrará definitivamente en 1979, precisamente el mismo año en el que el HC Liceo se convierte en el primer equipo gallego de la OK Liga.

El HC Liceo fue fundado en el colegio laico que lleva el mismo nombre. 15 años antes lo había hecho el AA Dominicos, en el colegio católico del mismo nombre y que junto al HC Liceo y el Cibeles de Oviedo son los únicos equipos no catalanes que han ganado la Copa del Rey.

En 1976 la plana liceísta se desplazó a Oviedo para presenciar varios encuentros del Mundial. Allí contactaron con Carlos Gil, máxima figura de la selección argentina. Tenía una oferta del FC Barcelona, pero, sorpresivamente, aceptó jugar en el HC Liceo que por aquel entonces militaba en la Segunda División. Y es que Gil era licenciado en electrónica y se le ofreció un puesto de profesor en el colegio, por lo que sacrificó sus opciones en el hockey para asegurarse un futuro más allá de las pistas de un deporte que era cuasi que amateur.

A partir de ahí, la perfecta combinación de audacia frente a temor, y de suerte frente a desgracia, tan necesaria en cualquier negocio próspero, hizo que el HC Liceo pasase de ser un club de colegio a una potencia mundial.

El año del ascenso, en 1979, el HC Liceo contrató a dos profesionales portugueses que residían en Porto y que los viernes se desplazaban a Coruña o a donde fuese menester para jugar el partido correspondiente de la jornada. Todo era artesanal y familiar. El equipo se salió y en varias ocasiones llenaron un pabellón con 6.000 espectadores, doblando la asistencia media en un partido de la OK Liga.

Al año siguiente, el HC Liceo se propuso contratar a los dos mejores jugadores del momento, el argentino Martinazzo y el portugués Cristiano. La osadía de sus directivos, el patrocinio de la recién creada Caixa Galicia y el apoyo de la masa social de A Coruña, ávida de éxitos deportivos, provocó que ganaran el título de Copa del Rey y en 1982 la Recopa de Europa.

Todo era anormalmente extraordinario. Con Martinazzo también llegó al equipo un nuevo entrenador, el catalán Pedro Gallén. Volaba regularmente a A Coruña los miércoles, pasando los lunes y los martes en su Voltregá natal para atender a la empresa familiar. Los entrenamientos del martes los dejaba a cargo de su ayudante. Tan sólo los dos fichajes mediáticos eran profesionales, el resto compaginaban el hockey con un trabajo rutinario.

La fiebre verdiblanca era incesante. En 1982 se consiguió lo inimaginable. El HC Liceo superaba en socios al RC Deportivo de la Coruña. Los niños tenían posters de deportistas con patines y palos de madera en sus habitaciones. La recaudación del Palacio de los Deportes triplicaba al del estadio de Riazor. Una ciudad de poco más de 250.000 habitantes competía de tú a tú con el FC Barcelona y hacía minúsculas a todas las villas catalanas donde el hockey era una religión. La envidia pronto se hizo evidente y el HC Liceo fue tratado con fogosa hostilidad en sus quincenales viajes a Cataluña. Era un equipo con argentinos, portugueses, el sevillano Carlos Figueroa (el raro del grupo) y el resto eran catalanes. Había un par de gallegos en el fondo del banquillo para hacerse la foto. No le pertenecía ganar. No tenía tradición.

Pero la fiebre seguía. En 1983 lograron la OK Liga, siendo el primer equipo no catalán en lograrlo. Las entradas para los encuentros ante el FC Barcelona se agotaban con un par de semanas de antelación y los choques eran seguidos con pasión en la recién estrenada Televisión de Galicia. Luego vendría la Copa de Europa de 1987 y la de 1988. Y empezó a crecer el gusanillo en los niños. Empezó a haber gallegos en la primera plantilla. Los clubes catalanes hacían ofertas a los jugadores del HC Liceo. Todas las tardes, los jugadores de la primera plantilla impartían clases gratuitas a los chavales y a las chavalas de A Coruña que se acercaban al Palacio de los Deportes de Riazor.

Hoy, el HC Liceo es el rival por antonomasia del FC Barcelona, aunque nunca han vuelto a Coruña aquellos años dorados de exaltación popular a caballo entre las décadas de los 80 y los 90. El boom por el hockey se fue apagando al mismo tiempo que el RC Deportivo se asentaba y triunfaba en el fútbol español. Sin embargo, aquellos niños de ayer hoy son adultos. Equipos como el Cerceda o el Ordes (poblaciones inferiores a los 10.000 habitantes) son asiduos en la segunda categoría y en ocasiones deben ceder su plaza en la élite cuando logran el ascenso ante la imposibilidad de costear un vuelo quincenal a Cataluña. El AA Dominicos pelea por recuperar recuerdos del pasado, y otros como el Club Hockey Compostela, suelen alcanzar las fases finales de las competiciones nacionales con sus equipos de cantera.

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Mourinho en la prehistoria

En mi mente barruntaba desde hace días relatar una historia acerca del declive de los entrenadores. Va a ser un artículo un poco más extenso de lo habitual, y, creo (pecando de soberbia) que será clarividente e interesante. No obstante, he decidido dejarlo para una posterior ocasión y, antes de nada, escribir en relación a la persona que me llevó a plantearme tratar sobre el auge y el declive de los entrenadores de fútbol. Y esa persona, y más que persona es un personaje (en el buen sentido de la acepción), no es otra que José Mario dos Santos Mourinho Félix.

José Mourinho es seguramente el entrenador que más titulares y enemigos ha acaparado desde la retirada de Helenio Herrera. Legendaria es aquella portada de ‘La Gazzetta dello Sport’ en la que el luso aparece poniéndose una careta de HH. Se ha ganado una merecida fama de polémico y maleducado, pero al mismo tiempo goza de un palmarés extraordinario y, lo más importante, del respeto del mundo del fútbol y de la lealtad incondicional de muchos de sus pupilos. O se lo odia o se le ama, pero no deja a nadie indiferente.

La estrella de Mou ha brillado en este siglo XXI. Sin embargo, la aparición meteórica de Guardiola y del FC Barcelona liderado por Messi, considerado por muchos el mejor club de la historia, ha convertido al portugués en una especie de Salieri. Las buenas formas y la belleza del fútbol sugerido por el entrenador catalán lo han encumbrado como un innovador, un Mozart de la táctica. Mourinho, con sus esquemas ordenados e inflexibles necesita de la victoria para convencer. Cuando esta no llega queda retratado. Al igual que Salieri, la estrella de Mourinho dejó de brillar con la aparición de su alter ego, y todas sus victorias quedan ensombrecidas por lo que haga su gran rival. Desde que se marchó de Madrid su aura de invencibilidad ha ido desapareciendo inexorablemente y ha iniciado un lento declive.

Mourinho es hijo de entrenador y nieto de un histórico presidente del Vitoria de Setúbal, ciudad al sur del estuario del Tajo y equipo habitual de la primera portuguesa. Impregnado de ese olor familiar, desde pequeño iba de estadio en estadio apuntando estadísticas, viendo futbolistas y haciendo alineaciones. Era evidente que iba a ser entrenador, ya que Dios le había otorgado un buen cerebro pero unas dotes físicas de escasa categoría. Y después de ser el segundo de su padre en el Rio Ave, consiguió un puesto también como segundo técnico en el Estrela de Amadora, club de las afueras de Lisboa, hoy tristemente desaparecido por impagos.

El entrenador del Amadora era Manuel Fernández, el cual tenía cierta amistad con Bobby Robson, leyenda inglesa de los banquillos y un verdadero gentleman británico. Cuando sir Booby Robson firma por el Sporting de Lisboa, Fernández le recomienda a Mourinho como ojeador y al mismo tiempo como traductor ante el nulo conocimiento de Robson del portugués. Dos años después, para la temporada 1996/97, Robson firma por el FC Barcelona y se lleva al poliglota Mourinho consigo.

Aterriza como traductor, pero es mucho más que eso. Se caracteriza por tener un contacto fluido con todos los miembros de la plantilla. Se dice que salta al campo de entrenamiento y les da los buenos días a todos. En una época en donde internet aún está en pañales, maneja un cuaderno donde tiene apuntados datos personales de cada jugador siendo el primero que está pendiente para preguntar por un familiar enfermo o para felicitar un cumpleaños. Con el paso de los años trascienden varias anécdotas que destacan el trato humano de un hombre que es capaz de pasar de villano a caballero en escasos segundos.

Una de las anécdotas más conocidas tuvo lugar en el verano de 1997, en el FC Barcelona. En medio de la tradicional concentración de pretemporada, en uno de los habituales descansos, los jugadores se lanzaron a la piscina que tenían en el hotel donde se hospedaban. Todos menos uno. El nigeriano Haruna Babangida camina de puntillas y con la cabeza alta. El extremo africano de 18 años no sabía nadar. Ante las risas del personal, Mourinho se lanzó al agua y se puso a enseñar a bracear al joven jugador.

Pero Mourinho no era un simple amigo, era un magnífico ojeador, motivador y entrenador. Para la temporada 1997/98 el holandés Louis Van Gaal recala en Barcelona con su propio cuerpo técnico. Una llamada de Robson le convence para mantener a Mourinho. El traductor mantiene su trabajo. Pero Van Gaal no es tonto y conoce el potencial del muchacho. Le encarga hacer el informe semanal del rival del Barça. Mourinho no sólo ve el encuentro anterior del rival, analiza un mínimo de 13 partidos completos. Al año siguiente ascenderá a segundo entrenador.

Tenía un futuro prometedor, pero el año 2000 es convulso en Can Barça. Es el verano de la huida de Figo al Real Madrid y se produce una limpia tanto en la plantilla como en el cuerpo técnico. Mou tiene su primera oportunidad como entrenador jefe. Y es una gran responsabilidad. El club más grande de su tierra y uno de los más laureados de Europa. El Benfica.

Era una gran ocasión, pero no era el momento adecuado. Recaló en Lisboa para la cuarta jornada del campeonato en sustitución de Jupp Heynckes, cesado tras un intento de la directiva de reconciliarse con su afición. El Benfica estaba inmerso en un proceso de elecciones y Mourinho era una apuesta del presidente vigente y candidato abocado al fracaso. Nueve jornadas después anunciaron presidente a Manuel Vilariño que, por increíble que parezca en un candidato, hizo lo que había prometido en su campaña electoral, echar a Mourinho y contratar a Toni, nuevo entrenador y leyenda del club.

Con la temporada perdida, Mourinho se dedicó a viajar y a formarse en compañía de su familia. Suponemos que como profundamente creyente que es también se dedicó a rezar y a pedir una nueva oportunidad. Y le fue concedida. Aunque tuvo que rebajar sus expectativas.

En 2001/02 Mou fue el técnico del Uniao de Leiria. A mitad de camino entre Porto y Lisboa, Leiria pertenece a una comarca en la que se concentran los grandes hitos de la historia portuguesa. En el plano futbolístico tratamos de un equipo menor que por aquel entonces luchaba con mantener el sueño de jugar en Primera. Acabaron quintos y clasificados para jugar en Europa. Justo por detrás del gran Benfica. Un exitazo. `The special One’ iba a tener una segunda oportunidad. Y además fue una alegría doble. Iba a entrenar al Oporto, el otro grande de Portugal. Al igual que cuando dirigió al Real Madrid el regusto amargo de su marcha de Barcelona estuvo siempre presente, con los encarnados lisboetas le pasó lo mismo. El Benfica es la gran cruz en la carrera de Mourinho. Y como entrenador del Oporto, su gran rival, la motivación pasó a ser doble.

A partir de ahí toda la historia es conocida. Por cierto. Aquel gran Oporto tenía como portero a Vitor Baia. Era ya un guardameta en el ocaso de su carrera y Mourinho tenía echado el ojo a Robert Enke. En su breve estancia en el Benfica había compartido vestuario con el que por entonces era el sucesor de futuro de Kahn en la selección alemana. Había recibido el OK para ficharlo, pero días antes recibió una llamada desde Barcelona en la que le pedían referencias sobre Enke. Inmediatamente llamó al guardameta y le dijo que no firmara con el Oporto, que esperara a que le llegara la oferta del FC Barcelona, que era algo que no podía rechazar. Mourinho no dudó en retirarse de la puja y de promover el fichaje del portero por el club catalán. Quien sabe, quizás si Enke hubiese sido tutelado por Mou no habría fracasado en el Barça y más tarde en el Fenerbahçe, y hoy no hablaríamos de la historia de un portero que se suicidó por la presión del fútbol profesional, y si del portero titular del Oporto campeón de Europa con Mourinho.

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Gerard Piqué. Políticamente incorrecto

En Francia, cuando un niño hace una pregunta embarazosa de esas a las que los padres no saben que responder se le llama cariñosamente ‘l’enfant terrible’. Esa expresión pronto pasó a ser una coletilla que se le concedía a aquellos jóvenes y no tan jóvenes con opiniones, comentarios o acciones que vamos a tildar de incorrectas o desmesuradas. En los tiempos modernos esa conducta ha pasado de ser socarrona o divertida a grosera o incívica. Se la ha puesto la etiqueta de ‘políticamente incorrecto’.

Gerard Piqué es un magnífico futbolista. Posiblemente se trate del mejor central de su generación y probablemente es uno de los cincuenta mejores defensas de todos los tiempos. Rápido, altivo, con buen juego de pies y de cabeza, sus méritos sobre el césped se solapan con sus comentarios más allá del rectángulo de juego. La última de sus chiquilladas tuvo lugar en el derbi barcelonés ante el Espanyol cuando tildó despectivamente al conjunto blanquiazul por tener su estadio en Cornellá (población limítrofe a Barcelona) y por ser presidido por un empresario chino.

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Todo lo que Piqué dijo es cierto. Sin cortapisas. El problema no son las palabras. Al final las palabras no son más que la unión de un conjunto de letras. El problema es el uso que se hace de ellas. Lo que significan esas palabras. El cuándo, el cómo y el porqué de expulsarlas por la boca. Es la interpretación, el contexto y la entonación lo que hace que una frase se convierta en algo más hiriente que una espita de pólvora.

Piqué es un maestro en el arte de herir, en el sarcasmo y en lo soez. Piqué se ha ganado el odio o la indiferencia de muchos que admiran su compostura y su carácter como futbolista.

Pero tal y como esto es cierto, y hasta es admitido por muchos aficionados del Barça, lo que Piqué dijo sobre el Espanyol es íntegramente cierto. Absolutamente cierto. Es un club que se está desarraigando de su lugar de origen, que se ha trasladado a otra localidad y cuya propiedad está en manos de propietarios asiáticos. Guste o no guste. Y hasta el más perico lo debe de admitir. Piqué actúa con sarcasmo y con la voluntad de herir. Quienes se sintieron ofendidos también lo sabían. Y todos, ofendidos o no, sabían que la ofensa es lo que hiere. La mentira no puede hacer daño porque es mentira. La verdad duele, porque es real.

Es por ello que he querido recordar alguna frase ‘políticamente incorrecta’. No quiero defender al deportista que perpetro esa ofensa. Piqué se equivocó, como tantas otras veces. Pero no mintió, hirió con la verdad. Simplemente quiero hacer constatar que vivimos en unos tiempos ‘happy flower’ y que muchas veces nos rasgamos las vestiduras por comentarios que sí, son groseros, pero lo son porque son verdad. Los Piqués de turno son estúpidos e insoportables por decirlo. Pero son por expresarlo, no porque lo que digan no sea verdad.

MARADONA: “Espero que los napolitanos me apoyen. Nápoles no es Italia. El norte les pide que sean italianos por una noche mientras los insultan los 364 demás días del año. Deberían animar a Argentina”.

En la semifinal del Mundial de Italia en 1990 se enfrentaron en Nápoles la Argentina del ídolo local y la selección italiana. Maradona pidió el apoyo del público, pero los napolitanos finalmente animaron a su selección. Durante una semana la polémica fue colosal y meses después Maradona daba positivo por cocaína y abandonaba la liga italiana. Se sabía que consumía desde años atrás, pero no fue hasta ese momento cuando fue sancionado.

Todo lo que dijo Maradona era hiriente, pero era verdad. El sentimiento italiano en Nápoles era y es limitado y el amor al astro argentino era grandioso. En el opulento norte se utiliza la expresión racista ‘terrone’ para referirse a los inmigrantes napolitanos y sicilianos.

CRISTIANO RONALDO: “Me pitan porque soy guapo, rico y un gran futbolista”.

El Real Madrid había vencido 6-2 al Dinamo de Zagreb en un partido de la primera fase de Liga de Campeones, pero Cristiano decidió buscar gol tras gol sin obtener premio en varias jugadas cuando sus compañeros estaban desmarcados. El público del Bernabéu lo despidió con pitos, y el escándalo fue de órdago. Fue la primera de muchas ocasiones en las que Cristiano Ronaldo se hizo de rogar y exigió cariño a la afición blanca.

Al igual que Piqué, Cristiano es un futbolista tan extraordinario como inaguantable fuera del terreno de juego. Todo lo que dijo puede ser calificado de vanidoso o egocéntrico. Pero todo ello también era la simple y llana realidad.

JOSE MOURINHO: “No me llaméis arrogante. Pero soy campeón de Europa y soy especial. Wenger, Ferguson o Benítez nunca serán tan especiales como yo”.

El mérito de la sentencia es que tuvo lugar en la previa de las semifinales de la Liga de Campeones del 2010. El Inter (comandado por Mourinho) eliminó al Barça, y luego derrotó en la final al Bayern consiguiendo su primer título en 45 años y el segundo como entrenador para el portugués.

Fanfarrón como pocos, en lo que a títulos se refiere pocos pueden competir con Mourinho. Quizás Ferguson, pero nunca sus odiados Wenger y Benítez.

DAVOR SUKER: “La pretemporada está siendo muy dura. Nos levantamos a las 9 de la mañana”.

Las críticas al exnovio de Ana Obregón fueron terroríficas. La afición del Real Madrid exige tanto o más que la calidad, el esfuerzo y la entrega continúa de sus jugadores. La relación de Suker y de la grada nunca fue la misma y pronto fue sustituido por Morientes. Las comparaciones con mineros, obreros y demás miembros del proletariado surgieron de manera inmediata.

Fuera de tiesto, estúpida o sin sentido, así podríamos calificar la sentencia. Más, hagamos un esfuerzo y llevémosla al contexto y al limitado cerebro de un futbolista profesional. Los equipos de fútbol suelen entrenar como máximo dos horas y a media mañana. En pretemporada las sesiones o son vespertinas o si son matinales son mucho más suaves. Entrenar en julio a las 09:00 a.m es un sacrificio para un futbolista. Políticamente incorrecto. Sí. Estupidez. Sí. Mentira. No.

JOHN BENJAMIN TOSHACK: “El domingo me cargaría a todos los jugadores. El martes, sólo a ocho. El jueves creo que los culpables son dos o tres. Al final acaban jugando los mismos 11 cabrones de siempre”.

Corría el año 1999 y esa y otras sentencias memorables le costaron el puesto a mitad de temporada al entrenador galés del Real Madrid. Fue acusado de maltratar psicológicamente a la plantilla, de no saber imponerse en el vestuario y la prensa inició una campaña de desprestigio considerándolo un entrenador anticuado y desfasado.

Toshack no hizo otra cosa que manifestar una realidad que ocurre en todos los equipos y, primordialmente, en los grandes equipos. Tras un mal partido, las estrellas son criticadas y se anuncian cambios. Al final, la presión presidencial, de los medios y de la afición hace que el entrenador vuelva a alinear a las estrellas relegando al banquillo a los jugadores con menos nombre.

VUJADIN BOSKOV: “Prefiero perder un partido por nueve goles, que nueve partidos por un gol”.

Amistoso de pretemporada en 1979 entre el Bayern y el Real Madrid y a los madrileños les caen nueve goles. Vergüenza y humillación, pero el bueno de Boskov, el de frases tan memorables como “fútbol es futbol” prefiere quitar hierro al asunto. La prensa madrileña se lanzó a degüello y apeló al honor y a los valores merengues.

Boskov tenía razón. Es de Perogrullo. Y además era pretemporada, No tenía importancia. Una derrota es derrota sea como sea. Su frase sólo es la constatación de un hecho.

ALLEN IVERSON: “No voy a entrenar a nadie que gane más dinero que yo. No habría respeto”.

Así contestó Iverson cuando en la rueda de prensa en la que anunciaba su retirada le preguntaban si tenía pensado ser entrenador. Fue calificado como prepotente, soberbio y niño mimado, algo que, por otra parte, fue siempre su etiqueta de presentación en una carrera problemática y volcánica en la NBA.

Las palabras son irrespetuosas. Si nos centramos en el contexto veremos que no. Lo que Iverson manifestaba como ‘enfant terrible’ que fue durante toda su vida profesional es que los jugadores tienen mucho poder económico y no pueden tener respeto por la figura de un entrenador con un puesto de trabajo precario y con un sueldo notablemente inferior al de las estrellas de los equipos. Lo que hizo Iverson fue diagnosticar un problema. El problema de la falta de respeto y de disciplina en los vestuarios.

NOVAK DJOKOVIC: “Tenemos más espectadores que en los partidos de chicas. Nosotros debemos ganar más”.

La frase políticamente incorrecta por excelencia. Ha sido pronunciada por Djokovic recientemente, pero al igual que para él, es un mantra para todos los tenistas. Las críticas del movimiento feminista al mundo del deporte son, han sido y serán salvajes. En plena lucha por la paridad de salarios y la igualdad de oportunidades, el tenis, quizás la disciplina femenina más seguida tanto por hombres como por mujeres, siempre está en el centro de la polémica por la igualdad de salarios.

Lo cierto es que hay equipos, deportistas y disciplinas que generan más ingresos, y por lo tanto más beneficios. La igualdad y la paridad deben estar presentes en el deporte aficionado. En el deporte profesional el seguimiento del público funciona de corrector como la oferta de la ley y la demanda lo hace en el mercado. Y lo cierto es que por agresividad, fondo físico, potencia, velocidad y plasticidad, el tenis masculino es más seguido que el femenino, y por lo tanto es de lógica que los tenistas obtengan más ingresos que sus compañeras féminas.

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Cuando Puyol secó a Figo

Para un zaguero es mucho más difícil brillar que para un delantero. La razón es obvia; el gol. En los partidos importantes lo que queda para el recuerdo es quien marcó el gol de la victoria. También quedará en la rutina aquella jugada, aquel control o incluso aquella parada milagrosa de un portero. Lo que diferencia a un defensa del resto de posiciones es que sólo permanecerá en el recuerdo del aficionado el que destaque por su trayectoria. El goleador o el portero puede que sólo hagan un partido para la posteridad. El defensa que forma parte de nuestras alineaciones de ensueño es aquel que sujetó al equipo en las buenas y en las malas temporadas.

La excepción se da en aquellos defensas desconocidos que se hacen un nombre con un marcaje para la posteridad. Luego brillarán durante años o hasta quizás en un córner marquen un gol histórico, pero su camino al estrellato se iniciará con un marcaje. En España, por la trascendencia del partido, siempre se recordaran dos casos, ambos en un FC Barcelona-Real Madrid. El marcaje de un imberbe Camacho ante la leyenda Cruyff en 1975 y el de un inexperto Carles Puyol ante Luis Figo en 2000.

En el mes de octubre del año 2000, el Camp Nou estaba abarrotado. Todos y cada uno de los 92.000 espectadores sujetaban una cartulina que imitaba a un billete de 10.000 pesetas. Cuando el Real Madrid saltó en su tradicional blanco impoluto al campo para el inicio del encuentro, un penetrante pitido sacudió los cimentos del estadio mientras atronaban gritos de ‘puta’, ‘traidor’, ‘mentiroso’ o ‘judas’. Las cámaras hicieron un zoom y se pudo ver como Luis Figo se tapaba los oídos y lucía una media sonrisa de asco.

Tres meses antes, el capitán del FC Barcelona había dejado la Ciudad Condal para recalar en el Real Madrid. La marcha del extremo portugués (que ganaría aquel año el Balón de Oro) dejó convulsionado al conjunto azulgrana. El Barça se sumiría en un lustro de desdichas, dando tumbos sin ton ni son tratando de superar aquella traición deportiva, pero fundamentalmente sentimental. Era el mejor jugador del mundo y era la bandera del club. Había futbolistas que habían militado en ambos equipos, pero lo de Figo partió el alma al aficionado culé.

La semana del partido, Lorenzo Serra Ferrer, técnico del Barça, decidió contener el huracán Figo con un marcaje al hombre. La prensa especulaba con que el elegido para realizar tan ardua tarea fuese Michael Reiziger, el defensa más rápido y experimentado del Barcelona. Pero la mañana del partido, cuando Serra Ferrer anunció su decisión al vestuario, sorprendió a todos dando el nombre de Carles Puyol.

Puyol había debutado la temporada anterior bajo mandato de Van Gaal, pero lo que la gente recordaba más del defensa catalán no era su juego sino su larga melena ondulada y unos rasgos faciales muy marcados. Había destacado como lateral cumplidor y el FC Barcelona trató de cederlo aquel verano al Málaga para que se foguease en Primera División. Sin embargo, Puyol se negó a marcharse y decidió quedarse y buscar su oportunidad. El problema es que no era demasiado habilidoso para jugar de lateral y no era lo suficientemente alto para ser central.

‘Puyi’ era un joven del municipio ilerdense de La Pobla de Segur que destacaba por un corazón y una capacidad de sufrimiento ilimitada. Había recalado en el club tarde, con 17 años, porque no quiso marcharse a la ciudad y separarse de su familia. Amaba al Barça hasta las entrañas y como cualquier aficionado se tomó la marcha de Figo como una traición.

Desde el minuto uno se vio que el internacional portugués no iba a hacer un gran partido. Puyol se pegó a él como a una lapa y se dedicaba a hacer todo aquello que el árbitro le permitía. Empujarle el hombro, agarrarlo por detrás o pegarle pequeñas patadas en la espinilla.

Mediada la primera parte, Figo recibió el balón cerca del área y Puyol le rebañó el balón limpiamente. El Camp Nou irrumpió en una ovación. Sólo medio minuto después, el esférico volvió a Figo y Puyol nuevamente se tiró al suelo enviando la pelota fuera de banda. La cámara enfocó a Figo y captó una mirada mezcla de odio e impotencia.

Justo antes del intermedio, con el Barça ya por delante en el marcador, el Real Madrid pretendía montar un contraataque. Figo recogió el balón en la banda izquierda, con cincuenta metros por delante en solitario. Puyol, varios pasos por detrás, sabía que nunca llegaría al balón, por lo que decidió acortar el camino y correr hacia la portería para entorpecer la llegada del portugués. Una entrada a destiempo y una decisión en el aire; tarjeta amarilla o tarjeta roja.

Lo cazó de lado, pero en el mediocampo. Podía haber sido roja, pero Puyol, con 21 años, demostró que iba a ser un futbolista de élite. Después de cazar a Figo, se levantó rápidamente e hizo un gesto impasible hacia el árbitro mientras abroncaba a sus compañeros de equipo por su desidia y el Camp Nou rugía de placer. El árbitro sacó amarilla intimidado por el ambiente y por la mirada del central catalán.

A inicios de la segunda parte, tras otra entrada de Puyol, Figo se revolvió y lo golpeó levemente cerca del banderín de córner. Fue el momento de mayor júbilo en el estadio. Empezaron a llover objetos en el campo y los gritos contra Figo se recrudecieron mientras el luso permanecía impasible. Escasos minutos después, Figo recibió un pase de Roberto Carlos y Puyol se le adelantó. Frustrado, Figo lanzó una patada al aire desde el suelo. El colegiado pitó falta y amonestó al futbolista del Real Madrid. Nuevamente el Camp Nou rugió y el chaval de la cantera escuchó por primera vez como el estadio coreaba su nombre. En ese momento el futuro Balón de Oro parecía el joven central y el recién llegado el extremo lisboeta.

El resultado final fue 2-0 con goles de Simao y de Luis Enrique, otro especialista en cambiar de bando. Fue una noche de venganza y satisfacción en el Camp Nou aunque aquella Liga remataría siendo para un Real Madrid liderado por Figo y Raúl mientras el Barça acabaría celebrando en Canaletas quedar cuarto en el último partido y conseguir la clasificación para la Liga de Campeones.

Al finalizar el encuentro, el diario ‘Marca’ título “implacable e impecable” para referirse a la actuación de Puyol y añadía que había sido “la eterna sombra de Figo hasta reducirle a un jugador de Segunda”. Los aficionados culés no podían ni imaginarse en quien se iba a convertir Puyol, pero sí que descubrieron esa misma noche su deseo y su pasión por el juego así como su humildad, algo infrecuente en un futbolista de élite. Cuando le preguntaron sobre su marcaje se limitó a decir: “Tenía sólo un objetivo, que era pararlo. No fue para tanto. No tenía que hacer nada más”.

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Radiografía del balonmano español

Las raíces del balonmano se remontan a 1906 cuando un profesor danés publicó el reglamento de un nuevo deporte que pretendía ser aún más divertido que el fútbol al cambiar el uso de los pies por el de las manos. La intención era jugar al aire libre, dentro del rectángulo futbolero, pero fueron los alemanes los que perfeccionaron la idea tomando prestadas las fintas y las tácticas del baloncesto y el contacto físico y las porterías pequeñas del hockey. El balonmano ganó rápidamente popularidad en el norte de Europa debido a la profusión de pabellones deportivos y la flexibilidad, la plasticidad y la comodidad de un deporte que no dependía de las inclemencias del tiempo. La excepción a tanto frío se dio en el norte de África, donde rápidamente el balonmano se propagó gracias a la influencia de los franceses que colonizaron la franja que va de Mauritania a Egipto.

Hoy, 12 de enero, da comienzo el Campeonato Europeo de Balonmano, en el que España parte como candidata a medalla y ‘outsider’ para el título. Siempre es bueno recordar que la privilegiada situación a nivel de selecciones (bronce en 2014 y plata en 2016) contrasta con el paupérrimo escenario de la Liga ASOBAL. Una liga donde sólo hay un amo y señor; el FC Barcelona.

Como tantas otras disciplinas deportivas y como en tantas otras cosas, la privilegiada posición económica y geográfica de Cataluña convirtió a esta tierra en el epicentro del nacimiento del balonmano en España. En la prehistoria de este deporte, el Granollers fue el absoluto dominador de la Liga en dura pugna con al Atlético de Madrid, que decidió apostar por este deporte para contrarrestar el peso del Real Madrid con su sección de baloncesto.

En el año 1971, el FC Barcelona inauguró su flamante Palau Blaugrana. El presidente Agustí Montal diseña una hoja de ruta en la que aprovechando el carácter polideportivo del club se impulsará a las diferentes secciones con el objetivo de convertirse en referente en España y por ende en Cataluña. Hasta entonces diferentes villas y ciudades catalanas eran hegemónicas en deportes como balonmano (Granollers), baloncesto (Badalona) o hockey sobre patines (Igualada). A finales de los 70 la chequera del Barça convierte en azulgranas a todas las estrellas del deporte catalán. De hecho, como club polideportivo, el FC Barcelona es el más laureado y prestigioso no sólo de Cataluña y de España, sino del mundo.

A finales de los 80 el proyecto del Atlético de Madrid irá agonizando (con éxitos europeos incluidos) y el FC Barcelona de balonmano se convertirá en rey del continente encadenando hasta 5 copas de Europa consecutivas con jugadores como Rafa Guijosa, David Barrufet o el hoy vilipendiado y antes yernísimo Iñaki Urdangarín.
Para el cambio de siglo parecía que el balonmano era el nuevo rey Midas del deporte español. El pelotazo inmobiliario y la lluvia de billetes de las cajas regionales hicieron estragos. Un exceso de optimismo y de dinero –principalmente público- afloró y se sucedieron éxitos como los del Teka Santander, Portland San Antonio de Pamplona o el megaproyecto de Ciudad Real. Todos reventaron y se hizo la nada. La crisis estalló en 2008 y poco a poco fueron cayendo como piezas de un dominó. Los más desaparecieron, los menos tuvieron que reciclarse a objetivos más modestos. Sólo quedo uno. Aquel al que Messi le encarga de suministrar dinero.

El pasado 6 de diciembre pasó a la historia como el del fin de una racha. 55 meses y 133 victorias consecutivas después el FC Barcelona no ganaba un partido de la Liga ASOBAL. Casi 5 años después. El Balonmano Guadalajara celebraba con efusividad un empate que ponía fin a una racha que para muchos ha sido histórica y para otros grotesca. La última vez que los azulgranas cayeron en competición doméstica fue en mayo de 2013 ante el Naturhouse La Rioja. Hoy, el equipo riojano es otro de esos que se fue a la deriva una vez que la empresa herborista tomase las de Villadiego.

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La ASOBAL sobrevive hoy como una liga prácticamente amateur y escondida del foco de los medios de comunicación. Como un gigante adormecido. El nivel ha caído y lo que antes se conocía como la mejor liga de Europa hoy palidece ante Alemania o Francia, pero también ante el nivel de equipos balcánicos, húngaros, polacos o daneses.
En este Campeonato de Europa, 14 de los 16 convocados por España o bien militan en el FC Barcelona o bien juegan en el extranjero. Tan sólo Adriá Figueras (Granollers) y Ángel Fernández (La Rioja) participaban en otras escuadras, aunque el lateral cántabro ya ha firmado por el Kielce polaco para el próximo ejercicio.

Es incontestable la superioridad del Barcelona. Es el único que ha aprovechado la crisis. Es una simple cuestión de números. Los conjuntos alemanes o franceses, con ligas saneadas y con pabellones llenos con cerca de 15.000 espectadores, cuentan con un presupuesto medio de 5 millones de euros, y eso sin contar a los grandes del continente como el PSG (18 millones) o el Kiel (11 millones). Empresas francesas como Intersport, Renault, Caisse d’epargné o Mumm y alemanas como Adidas o Lidl son patrocinadores tradicionales. En España el presupuesto del Barcelona se calcula en torno a los 9 millones de euros, muy por encima del 1,2 que tenía el Naturhouse La Rioja el año pasado antes de quedar sin el apoyo económico de su patrocinador. Los presupuestos más bajos en Francia o en Alemania se estiman en 2 millones, mientras que en España la horquilla entre los clubes oscila entre 300.000 o 500.000 en función de si participan o no en competición europea.

En nóminas, más de lo mismo. Nikola Karabatic, el para muchos mejor jugador del mundo, ingresa 1 millón de euros anuales, cifra muy por encima de la media francesa de 100.000 euros. En todo caso, esa media francesa tampoco puede ser permitida en España por el Barça.

En todo caso lo que el FC Barcelona ha conseguido es alucinante. Con independencia de la dificultad, mantener la concentración y ganar todos los partidos durante cuatro temporadas seguidas es una tarea herculina. Y todo parece indicar que habrá una quinta consecutiva. La cúspide de esta tiranía tuvo lugar en las temporadas 2013-14 y 2014-15 donde los barceloneses ganaron sus partidos con una media de 14 goles por partido.

Una barbaridad. Sí. Un mérito enorme. Sí. Pero…

La victoria cuando es previsible y visible para todos no es sinónimo de excelencia.

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FC Barcelona; una historia de la Transición

En un fantástico libro llamado “Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España”, el profesor Alejandro Quiroga cuenta como Jordi Pujol vertebró el Estatut de Autonomía y su catalanidad en torno a tres ejes; el estudio de la historia catalana en las escuelas, la figura del Presidente de la Generalitat como líder de los catalanes y la difusión de narrativas nacionalistas a través del FC Barcelona.

Pero Pujol tenía un problema. El presidente del FC Barcelona era José Luís Nuñez (desde hace unos años Josep Lluís) un constructor que no comulgaba con CIU y que siempre se mostró equidistante respecto a las políticas nacionalistas. En 1988 hubo una fuerte campaña a través de Tv3 y Avui para substituirlo por Ricard Huguet a través de la plataforma GOB (Grup d’ Opinió Barcelonista) pero sorpresivamente Nuñez se mantuvo firme y los éxitos deportivos de Cruyff en el banquillo hicieron el resto.

No es casualidad que el primer partido de fútbol retransmitido por Tv3 tuviese lugar un 11 de septiembre de 1983 y que el equipo escogido fuese el FC Barcelona. Tampoco es casualidad que la Tv3 gaste dinero público en costear los ingentes gastos de los derechos de retransmisión de la Liga de Campeones, cuando al mismo tiempo se están retransmitiendo por un canal estatal.

A modo comparativo. El primer partido en la TVG fue un día de agosto no recordado de 1985 con motivo del torneo Ciudad de Vigo. Se enfrentaban el Valladolid contra el Dinamo de Kiev. Sólo hay que ver quien gobernaba y gobernó en Cataluña y quien lo hacía y lo hace en Galicia. Como se dice por tierras gallegas; nin tanto nin tan pouco.

¿Cómo se llegó a esto? Ya hemos comentado en otro artículo que en los 70 el FC Barcelona fue pionero en el uso aún prohibido del catalán (aunque al mismo tiempo se dieran insignias de oro y brillantes a Franco) y en el Camp Nou portar una bandera azulgrana era una forma bajo cuerda de ondear una senyera. Para muchos catalanes aficionados a otros clubes no era justo, pero la ideología de uniformidad en torno al FC Barcelona se hacía cada vez más fuerte.
El fútbol crea identidad y sentimiento de pertenencia. En el imaginario colectivo un encuentro entre Real Madrid y FC Barcelona era un momento de confrontación entre derechas e izquierdas y entre centralización y nacionalismo. Con una Dictadura de por medio la idea caló hondo y aún errónea se mantiene medio siglo después.

En 1973 Agustí Montal ganó la reelección para la presidencia del Barça con el slogan “més que un club”. Ese año se recupera el nombre original de Fútbol Club Barcelona, de origen inglés, que sustituía al castellanizado Barcelona Club de Fútbol. Eran habituales las consignas pidiendo un Estatut de Autonomía y una vez muerto Franco brotaron las senyeras por doquier. No obstante, conviene recordar que la primera vez que se vieron en el Camp Nou banderas catalanas fue en un mitológico encuentro entre el Barcelona y el Real Madrid de diciembre de 1975, es decir, con la democracia aún por hacer pero con Francisco Franco con todo hecho. Se habían introducido en el estadio clandestinamente. No fue antes de su muerte, tuvo lugar después. Muerto y enterrado. La memoria suele ser caprichosa. La fiesta fue plena porque Charly Rexach, “el noi de Pedralbes” anotaba en el último minuto y otorgaba la victoria al Barça.

Un par de años después con Suárez elegido democráticamente presidente y con la Constitución en ferviente preparación, tuvo lugar un suceso en el que la política catalana y el FC Barcelona se fusionaron para siempre, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Josep Tarradellas, futbolista en su juventud, se inscribió como socio del FC Barcelona a los 19 años. De hecho llego a jugar en el Barcino, lo que hoy en día sería el Barcelona C. Para los que se acerquen a este blog buscando deporte es conveniente señalar que Tarradellas había sido miembro del Parlament catalán durante la II República y que en 1954 fue nombrado Presidente de la Generalitat en el exilio, cargo que ostentaba desde entonces. En su biografía confiesa que guardaba con devoción un cartel de las Bodas de Oro del Barça (1949) que un amigo le había llevado de incógnito a Francia.

En su mocedad Tarradellas era un asiduo al campo de la Industria y también acudió en varias ocasiones a Les Corts. Su obligado exilio de casi 40 años hizo que todavía no conociese el Camp Nou. Ya anciano, y con la Autonomía provisionalmente restaurada, fue nombrado presidente transitorio de la Generalitat y el 23 de octubre de 1977 salió al balcón del Palacio de Sant Jaume para pronunciar ante la multitud el icónico grito de “Ciutadans de Catalunya, ja soc aquí”. Unas palabras acogidas por muchos como muestra de reconciliación y aceptación de la diversidad al usar expresamente la expresión ciudadanos de Cataluña en lugar de la palabra catalanes.

El presidente Montal mantuvo durante el tardofranquismo correspondencia con Tarradellas y a través de Joan Granados (uno de los fundadores de Convergència) le hizo llegar un carnet de socio del FC Barcelona. Una semana después de aquellas mágicas palabras, un 30 de octubre de 1977, Tarradellas acudió por vez primera al Camp Nou para presenciar un duelo entre su Barça y la UD Las Palmas. Tenía 78 años y le acompañaba su esposa Antonia Macià (hija del también ex presidente de la Generalitat Francesc Macià). El partido se jugó a las 17:00 h. Quince minutos antes una agrupación popular interpretó una sardana. Después se desplegó una espectacular senyera de 60 metros que cubría el ancho del césped, mientras el estadio brindaba una atronadora ovación a aquel demócrata convencido. Inmediatamente el público se puso en pie y sonó por megafonía el himno catalán, oficiosamente permitido pero aun oficialmente prohibido.

Durante el descanso, Agustí Montal dijo aquellas palabras tan glorificadas por barcelonistas y catalanistas y vilipendiadas por catalanistas pero no barcelonistas, porque ser del Barça y ser catalán no es lo mismo aunque pueda parecerlo: “Señor presidente, el Barça y vos sois la misma cosa, personificáis las mejores virtudes de nuestro pueblo, de la patria catalana”. A lo que el venerado Tarradellas respondió; “nuestro club es grande porque en su historia siempre ha sabido mantener la fidelidad a Cataluña”.

La orgía de sentimientos se completó con la victoria por 5-0 al conjunto isleño y la obtención de liderato de Primera División debido a la sorprendente derrota del Real Madrid en Vallecas. Por cierto, los cinco goles azulgranas fueron anotados en partida doble por Zuviría (Argentina), Neeskens (Países Bajos), Cruyff (Países Bajos) y Heredia (Argentina).

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FC Barcelona; la Guerra Civil

La década de 1930 fue de todo menos gloriosa para el FC Barcelona. La ensalzada II República es vista en retrospectiva por el fútbol y el deporte catalán con el prisma del éxito y de la libertad. Una época donde el rancio control del españolismo no existía y brotaban las conquistas del liberal y moderno deporte barcelonés. Pues desde 1930 a 1936 el FC Barcelona no ganó ningún título. Ni Liga ni Copa. La II República no trajo éxitos deportivos, algo que, guste o no guste, sí que trajo los primeros años del Franquismo. De hecho, un Barça tocado por la venta de Pepe Samitier al Real Madrid (un asunto que dará para hablar en otro artículo y que fue una traición mucho más agria que la de Luis Figo) queda en puestos de descenso en 1934 y sólo se salva de perder la categoría ante la ampliación de la Primera División de 10 a 12 equipos.

Poco antes del Golpe de Estado de 1936, el FC Barcelona había perdido la final de Copa ante el Real Madrid. Un encuentro disputado en Valencia y que representó la retirada del fútbol de Ricardo Zamora. El portero catalán del Real Madrid evitó un gol en el último minuto del azulgrana Escolá con una extraordinaria parada efectuada con el hombro, la famosa “zamorana”. Para el 18 de julio la plantilla ya está de vacaciones, incluido el inglés Patrick O’Connell y el uruguayo Enrique Fernández, entrenador y estrella por este orden de la escuadra blaugrana.

En Barcelona, tras las refriegas de los primeros días, se mantiene el orden constitucional y las instituciones republicanas. Josep Sunyol es el presidente del club y tras una junta extraordinaria celebrada el 31 de julio, un par de días después viaja en coche rumbo a Madrid. Por error se adentra en la Sierra de Guadarrama, zona controlada por los franquistas, y es detenido y finalmente fusilado el 6 de agosto. La historiografía deportiva ha dejado su asesinato como un ajusticiamiento de odio ante el presidente del FC Barcelona. Es rotundamente falso. Sunyol fue fusilado porque se dirigía a Madrid para participar en una sesión en el Congreso de los Diputados en virtud de su escaño como diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Es decir, fue una muerte política, nunca deportiva.

El FC Barcelona era el equipo de la burguesía catalana. La Ciudad Condal era un hervidero de jóvenes anarquistas y de ideas nuevas, osadas y aventuradas que proponían el derrumbamiento de las instituciones políticas. El 15 de agosto de 1936 un grupo de milicianos del departamento de parques y jardines de la CNT-FAI se presentaron en Les Corts e incautaron las oficinas del club, según ellos para “beneficio del pueblo”. Ese mismo día, Rossend Calvet, directivo azulgrana, creó entre los trabajadores del club un sindicato libertario, lo que podríamos llamar una cooperativa, que hizo que la CNT se echase atrás y asintiese que la directiva del Barça siguiera manejando los entresijos del club.

Ante tanto zozobra, al FC Barcelona aún le da para ganar una Liga Mediterránea, lo más próximo a una competición regulada en el momento, un torneo disputado en condiciones precarias por equipos catalanes y valencianos en zona republicana. Pero el Barça estaba herido de muerte. La supervivencia del club tuvo lugar un año después cuando emprendió una gira por México y Estados Unidos haciendo divulgación y propaganda en beneficio de la II República y obteniendo los suficientes recursos económicos para la supervivencia de la entidad. Buena parte de la plantilla se quedó en el país azteca y otros pusieron rumbo a Francia. Calvet ingresó el dinero de la gira en un banco de París, y menos mal que lo hizo, porque en un bombardeo de la aviación franquista en marzo de 1938 fueron destruidas las oficinas del club en Consell del Cent y con ellas 2.500 pesetas que se guardaban secretamente en el tubo de una cañería.

Para 1940, con la guerra concluida, el FC Barcelona es obligado a eliminar de su escudo dos rayas de la senyera (fueron recuperadas en 1949) y en el estadio de Les Corts se coloca un monumento en honor a los caídos por Dios y por España durante la Guerra Civil. Hasta que el desplome de la Alemania hitleriana obligue a Franco a levantar el pie del acelerador, los jugadores tendrán la obligación de realizar el saludo fascista y mantener la cabeza alta en dirección al monolito antes del inicio de los encuentros.

Un inciso. Muchos barcelonistas recuerdan con saña el monumento colocado delante de Sarriá, la casa del RCD Español. Era exactamente el mismo que había en Les Corts. La memoria suele ser selectiva.

En ese mismo 1940 Enrique Piñeyro, Marqués de la Mesa de Asta, es nombrado presidente del club por decreto gubernamental. Piñeyro había sido ayudante de campo del General Moscardó en la toma de Barcelona. Comenzaban así trece años durísimos en los que el FC Barcelona tuvo presidentes escogidos a dedo desde Madrid y en los que fueron purgados todos aquellos que no comulgaban con el Franquismo. Trece años muy duros de control absoluto del club y de españolización del mismo, hasta que en 1953 se permitió la libre elección del presidente mediante votación de los socios.

Trece años de control político, pero nunca de control deportivo. Es importante distinguir y no confundir. Trece años con un 11-0 en Chamartín incluido, pero también con 5 títulos de liga y 4 copas. El Real Madrid en ese periodo (1940-1953), lo años más duros del Franquismo, únicamente alzó 2 títulos coperos.

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