Argentina

Estados Unidos 2026. Balance

Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.

En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.

Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.

Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.

El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.

Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.

El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.

En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.

Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.

Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.

¡A beber!

La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.

La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.

Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.

La reacción del pueblo no.

Marruecos sin marroquís

El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.

Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.

En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.

El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.

A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.

Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.

España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.

Gracias Digne

Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.

El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.

La Brasil del siglo XXI.

El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).

¡Campeones!

Otros resúmenes mundialistas

Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)

Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)

Leer más

¿Favoritos o sorpresas? ¿Qué países ganaron el Mundial cumpliendo con los pronósticos?

En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.

A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.

Finalísima cancelada

Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.

En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.

Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.

URUGUAY 1930

Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.

Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Uruguay 30

ITALIA 1934

Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.

Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.

Veredicto: Error.

Italia: Vencer o morir

FRANCIA 1938

Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.

Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.

Veredicto: Acierto.

Giuseppe Meazza

BRASIL 1950

Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.

Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.

Veredicto: Error.

Gol de Ghiggia: Maracanazo

SUIZA 1954

Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.

Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.

Veredicto: Error.

El milagro alemán

SUECIA 1958

Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).

Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.

Veredicto: Error.

O Rei

CHILE 1962

Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.

Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.

Veredicto: Acierto.

Garrincha en movimiento

INGLATERRA 1966

Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.

Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Los inventores del fútbol

MEXICO 1970

Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.

Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.

Veredicto: Acierto.

Brasil del 70

ALEMANIA 1974

Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.

Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.

Veredicto: Acierto.

Cruyff y Beckenbauer

ARGENTINA 1978

Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.

Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.

Veredicto: Error.

Argentina 78

ESPAÑA 1982

Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa. 

Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.

Veredicto: Error.

Paolo Rossi

MEXICO 1986

Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.

Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.

Veredicto: Error.

D10S

ITALIA 1990

Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.

Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.

Veredicto: Error.

Alemania unificada

ESTADOS UNIDOS 1994

Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.

Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.

Veredicto: Acierto.

Mazinho, Bebeto y Romario

FRANCIA 1998

Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.

Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.

Veredicto: Error.

Francia multicolor

COREA Y JAPÓN 2002

Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.

Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.

Veredicto: Error.

La resurrección de Ronaldo

ALEMANIA 2006

Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.

Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.

Veredicto: Error.

¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!

SUDAFRICA 2010

Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.

Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.

Veredicto: Acierto.

Tiki-taka

BRASIL 2014

Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.

Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.

Veredicto: Error.

Primer europeo que conquista América

RUSIA 2018

Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.

Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.

Veredicto: Error.

Mbappé y compañía

QATAR 2022

Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.

Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.

Veredicto: Error.

¿El más grande?

NORTEAMERICA 2026

Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.

Campeón: En unos meses lo sabremos.

Otras historias relacionadas

La sorpresa croata (la hija aventajada de Yugoslavia)

¡Ohne worte! (el sorprendente K.O. de Alemania en 2018)

De la gloria al ridículo (grandes países que se quedaron sin clasificarse para el Mundial)

Cuando Corea del Norte fue noticia (Corea vs Italia en 1966)

La semana mágica de Paolo Rossi (el milagro italiano en el estadio de Sarriá)

El milagro de Berna (la histórica victoria de Alemania ante la Hungría de Puskás)

Cuando Roger Milla pasó de nadar con delfines a ser la estrella del Mundial (la epopeya de Camerún en el Mundial de Italia 90)

Leer más

Buenos Aires

Brown, Buchanan, Watson Hutton o Moore. Esos eran los nombres de los futbolistas rioplatenses a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Británicos que llegaron a Sudamérica para trabajar, cuyos hijos fueron a colegios ingleses y cuyos nietos acabarán siendo criollos. Por ende, sus bisnietos cien por cien rioplatenses. En el cauce suroeste del río fueron en busca de progreso italianos, húngaros y hasta brasileños, combinando una maraña de sangres e ideas. Los argentinos, quienes habitaban esa ribera del estuario de La Plata, mezclaron lo propio con lo foráneo e inauguraron un estilo criollo (elegante e improvisado) que combinaron con el británico (fuerza y disciplina). A este estilo le llamaron jugar a la argentina y ya en el siglo XXI el marketing hizo lo suyo y pasó a llamarse jugar a la nuestra.

El fútbol pronto se convirtió en el deporte nacional en Argentina. Al juego táctico se le unió el de potrero. Al británico fuerte y corpulento el criollo enjuto y habilidoso. Al tiro largo, el regate interminable. El Río de la Plata era una marmita de creatividad sin igual y en cada barrio de Buenos Aires iba a surgir un club. Cada equipo tiene su estadio, una peculiaridad que comparten con las escuadras ingleses evitando así su dependencia del poder público. Además, cada club tiene su sede social y deportiva. Las sedes sociales, en muchos casos con bibliotecas o salas de teatro, articularon la actividad cultural y recreativa de cada barrio durante gran parte del siglo XX. Bailes populares, bodas, bautizos y comuniones, carnavales o fiestas regionales de los distintos emigrados serán usados en los espacios de estos clubes deportivos.

Argentina es Buenos Aires. Y Buenos Aires es el Rio de la Plata. Tras zarpar de A Coruña, Diego García de Moguer descubrió para los europeos un inmenso estuario navegable donde años después se fundó la ciudad de Buenos Aires, asentada en torno a una plaza principal, hoy conocida como Plaza de Mayo. Los españoles le dieron vida, los italianos la reanimaron y los ingleses la capitalizaron. Sus hijos, los criollos que de allí surgieron, gobiernan una Ciudad-Estado, un ente independiente del resto del país, con su propia idiosincrasia y tenedor de las más grandes riquezas y de las más terribles de las pobrezas.

Donde el tango nació, de criollo corazón, suburbio que hoy reina en el mundo, cantaba Carlos Gardel. Hay tango, pero sobre todo hay fútbol. El Gran Buenos Aires, unos catorce millones de habitantes (la ciudad pasa de los tres) cuenta con 36 estadios con aforo superior a las 10.000 localidades. Madrid, con ciudad de tres millones y zona de influencia de más de seis, únicamente cuenta con cinco recintos y un sexto, Vallehermoso, en el que el fútbol es testimonial. Ciudad dual, el Paris de América, es Buenos Aires también la ciudad del mundo con más librerías por habitante. Dos corazones, el visceral del balón y el cerebral de la pluma. Británico y criollo. Dos mundos en uno.

Buenos Aires

De la Casa Rosada en la Plaza de Mayo hasta la Plaza Miserere, de la inmensidad de la Avenida 9 de julio a visitar boutiques, deambular por mercados y comer en un bochinche en Palermo o vagar por el bohemio barrio de San Telmo para seguir las huellas de Mafalda. Ese es el Buenos Aires del turista, del visitante. Luego hay otro. El Buenos Aires del bonaerense, el Buenos Aires puro.

Cada distrito, cada barrio, hasta cada calle, tiene su equipo de fútbol. Entre 1901 y 1912 se fundaron los clubes clásicos del fútbol argentino y rioplatense. River Plate, Boca Juniors, San Lorenzo de Almagro, Huracán, Vélez Sarfield, Racing, Argentinos Juniors, Chacarita, Atlanta, Independiente o Ferro Carril Oeste. A estos hay que añadir otros menores como Barracas, Defensores de Belgrano o San Telmo. Pero hay muchísimos más como Lanús, Defensa y Justicia, Banfield, Quilmes, Arsenal de Sarandí, Tigre, Nueva Chicago, Temperley…

El primer club que gobernó Buenos Aires y por ende Argentina fue el Alumni Athletic Club fundado en 1898. Club de estirpe inglesa, juego largo y balón a la olla. De 1901 a 1911 logró diez títulos ligueros consecutivos. Fundado por el escocés Alexander Watton Hutton, el Alumni tuvo su sede al norte de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, cuya distinción recuerda al prócer de la bandera albiceleste. Era y es Belgrano lugar residencial y de pasmosa elegancia, de casas palaciegas, colegios privados (Buenos Aires English High School fue el origen del Alumni), amplias avenidas, torres residenciales de buen vivir y, ya bien andado el siglo XX, incluso hogar del barrio chino bonaerense.

Desmantelado el Alumni con la llegada del profesionalismo, en el barrio de Belgrano surgió un nuevo equipo. Pronto recibirá el apodo de Los Millonarios y pasará a ser la envidia del resto de la ciudad. En Bajo Belgrano, en una zona de parques y adosados, se encuentra el estadio Vespucio Liberti, más conocido por todos como Monumental. La casa de Club Atlético River Plate, el rey de la zona norte de la ciudad. Mas lo cierto es que River es club rico por accidente. Los orígenes de River están mucho más al sur, en la desembocadura del Río Riachuelo, en el barrio portuario de La Boca, justo en el lugar donde se asentaron los primeros españoles para establecer una cabeza de puente que les permitiese avanzar tierra adentro.

La Boca. Barrio difícil y marginal. En la calle Caminito el colorido es inigualable. Artistas callejeros, casas de chapa y madera vertidas en mil colores, calles empedradas y brillo en los ojos. El Club Atlético Boca Juniors surgió en el barrio del mismo nombre. Boca y River compartieron orígenes italianos, pero mientras uno mudó en busca de la buena vida el otro se quedó a pie de puerto. El barrio y el río sirven de frontera entre el Buenos Aires ayuntamiento y el Gran Buenos Aires. Donde antes había miseria y estibadores ahora hay turismo, tango y arte, aunque los peligros siguen acechando al caer de la noche. Las famosas fachadas de colores dan vida a un barrio que tiene como colofón el azul y amarillo del Alberto Armando, más conocido como La Bombonera, la caja de bombones donde Diego Armando Maradona esparció su cátedra semana tras semana.

La Bombonera

Decíamos que el río, Matanza en su nacimiento y Riachuelo al fallecer, separa la ciudad de la provincia. Al otro lado del río está Avellaneda, antaño ciudad libre, hoy parte del Gran Buenos Aires. El Racing Club de Avellaneda fue el primer campeón argentino que ganó con once criollos en su escuadra inicial. Lo hicieron a través del juego corto, preciso, artístico e improvisado, de ahí que pronto fuesen conocidos como La Academia. Si la rivalidad entre River y Boca es enfermiza, no lo es menos la que hay entre Racing e Independiente. Lo más curioso es que El Rojo, el club que más veces ha ganado la Copa Libertadores, tiene su sede a escasos 400 metros de la su archirrival. Y es que Independiente y Racing pueden estar jugando como locales y escuchar los goles rivales sin molestarse en levantarse de su asiento.

Rivalidad a 400 metros de distancia

Regresando al corazón de Buenos Aires encontramos el barrio de Almagro, de origen italiano, agitada vida nocturna y que en estándares europeos denominaríamos como un barrio seguro. Allí se sitúa el quinto grande del fútbol argentino. El Ciclón gobierna una de las zonas más comerciales de Buenos Aires, pero sus orígenes fueron mucho más humildes. El Club Atlético San Lorenzo fue fundado por los salesianos con la idea de sacar de la calle a los niños del barrio de Boedo. El club tuvo sus orígenes en el proletario distrito del citado nombre a principios del siglo XX en el que luego surgirán los cafetines, el tango y los poetas. San Lorenzo fue el equipo de los españoles, de Isidro Lángara o de Ángel Zubieta, y luego lo fue del Papa Francisco.

San Lorenzo mantiene enconada rivalidad con sus rivales del sureste del barrio de Parque Patricios. Allí tiene su sede el Club Atlético Huracán, barrio donde se pastoreaba el ganado que llegaba del interior y en cuyos alrededores con el tiempo se abrió un gran parque en el momento que bloques de pisos sustituían a las antiguas industrias.

Volvemos a salir de los límites de la ciudad de Buenos Aires para viajar a la zona norte. Antes de adentrarse en los bajos del río Paraná, el Gran Buenos Aires dejará una sorpresa en dirección septentrional. Zona de marismas, clubes náuticos, barrios privados y centros tecnológicos. En la residencial Florida se asienta el Club Atlético Platense. En la más modesta y ligada al ferrocarril villa de Victoria está el Club Atlético Tigre. Ambos disputan el clásico del norte de Buenos Aires.

Ciudad del fútbol

Volviendo a las arterias principales de la ciudad de Buenos Aires nos encontramos con Chacarita Juniors. Nombre derivado de un colegio de la Compañía de Jesús y de la voz nativa chacra que significa granja. De la granja de los colegiales se pasó a Chacarita Juniors. Barrio de tradición militar y ferroviaria (como todo Buenos Aires) posee el mayor cementerio del país. Allí reposa Carlos Gardel, objeto de idolatría y símbolo cultural de Argentina tan solo igualado de Diego Armando Maradona.

Es curioso que tres de los cinco más grandes futbolistas de siempre sean argentinos. Más curioso aun es que ni Di Stefano ni Messi sean bonaerenses. El único que nació en la capital fue Diego Armando Maradona en la barriada de Villa Fiorito, como él mismo dijo barrio privado de agua y de luz. Si bien Maradona era de Villa Fiorito, sus primeros pasos los dio más al norte en el barrio de La Paternal defendiendo la camiseta de Argentinos Juniors. Barrio de origen obrero, hoy combina zonas comerciales y residenciales con otros inseguros y de construcción desenfrenada. Por último, y limitando con el barrio de La Paternal como con el de Chacarita, está Villa Crespo, barrio de moda, donde se ubica el Club Atlético Atlanta, el cual mantiene una fortísima rivalidad con Chacarita Juniors. Mientras los primeros son los bohemios, éstos últimos son los funerarios.

Ahora en el centro, antes en el oeste, el barrio de Caballito, barrio de cafés, conversaciones y restaurantes, destaca por el inmenso Parque del Centenario que conmemora la Independencia de Argentina. Hasta ahí llegaba el ferrocarril que salía cargado de reses desde el interior del país, la Pampa, para suministrar de carne a la capital y exportarla por todo el planeta. En 1904 los empleados ferroviarios fundaron el Club Ferro Carril Oeste, uno de los 18 clubes constituyentes de la primera liga de futbol y el club más laureado del país en materia de baloncesto. Con el paso de los años la industrialización hizo crecer la ciudad mucho más hacia el oeste y así sigue siendo hoy en día, ya que son los barrios donde se asientan migrantes internos y bolivianos, peruanos o venezolanos que buscan una vida mejor de la que tienen en sus lugares de origen. El Club Atlético Vélez Sarfield recogió la simpatía de muchos de ellos. Ambos conforman una encona rivalidad de la que Vélez es claro ganador. Al fin, de extracción social mucho más modesta es el Club Atlético Nueva Chicago del barrio de Mataderos, cuyo nombre ya evoca su origen criollo y rural. Las reses del ferrocarril del oeste eran procesadas en el barrio de Mataderos al que pronto se le comparó con la estadounidense Chicago por ser el centro de la industria de la carne norteamericana. Nueva Chicago mantiene también una bonita y enconada rivalidad con Club Almirante Brown.

Vélez Sarfield

Pero es en el sur de Buenos Aires donde se asientan los barrios de nivel socioeconómico más humilde. Más allá del Río Matanza se instalaron las industrias, los asentamientos irregulares y la violencia de los bajos fondos nacida del resquemor de los que trabajaban río abajo para pagar la vida de los que disfrutaban río arriba. Al sur de Avellaneda está el Arsenal de Sarandí (1957) que rivaliza por la hegemonía de la zona con el Quilmes Atlético Club (1887), el decano del fútbol argentino y que da nombre al barrio donde a finales del siglo XIX se ubicó la fábrica de cervezas más famosa de Latinoamérica.

Sarandí y Quilmes son dos ciudades satélites que nacieron y crecieron por la pujanza de Buenos Aires y al calor del mar y de la desembocadura del Río de la Plata. Cuando ambas crecieron se expandieron hacia el interior a donde estaban los entonces pueblos de Lanús y Banfield. Uno de esos grandes empresarios que hizo crecer Buenos Aires a golpe de explotar a sus conciudadanos fue el terrateniente Anacarsis Lanús, quien compró unos terrenos para crear una ciudad a su antojo. El Club Atlético Lanús nace al poco de consolidarse la ciudad al igual que el Club Atlético Banfield nace en la ciudad homónima. CA Banfield fue fundado en el siglo XIX por trabajadores ferroviarios de origen inglés y adquirió gran fama a mediados del siglo XX al ser el equipo del que era simpatizante Evita Perón.

Ya más al sur, en los límites del Gran Buenos Aires, está la ciudad de Florencio Varela, hasta no hace tanto zona rural y lugar de veraneo. Allí se fundó en 1935 el Club Social y Deportivo Defensa y Justicia, uno de los equipos con nombre más curioso que ha parido el mundo del fútbol. Defensa y Justicia es junto a Arsenal de Sarandí, Lanús, Argentinos Juniors (1 Copa Libertadores), San Lorenzo (1), Vélez Sarfield (1), Racing Club (1), River Plate (4), Boca Juniors (6) e Independiente de Avellaneda (7) los clubes bonaerenses con títulos internacionales.

Monumental (River Plate)

Y, por último, cumple señalar a Club Estudiantes y Club de Gimnasia y Esgrima, ambos de la ciudad de La Plata. No forman parte del Gran Buenos Aires, aunque si se sitúan dentro de la provincia de Buenos Aires. Los pincharratas de Estudiantes son otro de los grandes del fútbol sudamericano con sus cuatro Libertadores y la Copa Intercontinental de 1968.

“El fútbol inglés será más técnico y más efectivo, pero hay victorias sin pena ni gloria y existen derrotas que son amplios triunfos a puntos (…) solamente a los ingleses se les ocurre el fútbol con un pizarrón. Allá hay que ir a la escuela para hacer una rabona. Allá la técnica depurada, severa, concienzuda; aquí la gambeta, la gracia y la improvisación (…) mil veces los nuestros, aunque pierdan, porque dejaran un chachito de gracia en cada apilada, un granito de emoción en cada conquista”. Ricardo Borocotó, periodista deportivo argentino en 1928.

Otras historias del fútbol argentino

River Plate- Boca Juniors (una de las rivalidades más enconadas del fútbol mundial)

Y el Madrid lo ha vuelto a hacer (la final de la Copa Libertadores que se disputó en el Bernabéu)

Cuando la Intercontinental era una carnicería (años de plomo liderados por los pncharratas de Bilardo)

Antes de que Nápoles amase a Maradona (cuando ‘El Pelusa’ era discutido a los pies del Vesubio)

Maradona (ángel y demonio en dos partes)

El camino a casa de Isidro Lángara (el gran delantero español al que la Guerra Civil llevó a Argentina)

Apuntes sobre una final (Messi contra Mbappé en busca de la victoria en el Mundial de Qatar

Leer más

Cuando Messi fue a los Juegos Olímpicos

El Real Madrid había ganado la Liga con holgura. Fueron 18 puntos de ventaja sobre un Barça que acabaría tercero. En Europa las cosas no le fueron bien a ninguno de los dos. El caso es que los azulgranas llevaban dos años sin hincarle el diente a trofeo alguno. Ese año el Madrid les había metido un 4-1 en el Bernabéu y luego, tras un empate sin goles en el Camp Nou ante el Getafe FC y una derrota ante el Madrid también en casa, hubo un levantamiento de los socios que proclamaron una moción de censura ante Joan Laporta.

Hubo más noes que síes ante Laporta, pero para descabalgar al presidente del caballo había que lograr 2/3 de los votos. No fue así. El 61% de los socios votó a favor de la moción de censura, números importantes pero insuficientes. Laporta recibió una bombona de oxígeno y decidió apelar a los sentimientos. Tenía cerrada la contratación de José Mourinho, antiguo ayudante azulgrana y por entonces sin equipo tras su exitoso paso por Porto y Chelsea. Cambió de idea como quien cambia de chaqueta. Tenía a buena parte de la masa social encima y decidió hacer de tribunero.

José Mourinho acabaría marchándose a vivir a Milán y Joan Laporta decidió ascender del filial a Pep Guardiola y convertirlo en entrenador del FC Barcelona. No creía en él, sin embargo, decidió seguir el consejo de Johan Cruyff, quien fue el que le convenció de dar el arriesgado paso. Laporta, fiel cruyffista (para Joan ni Guardiola ni Messi estarán nunca a la altura de Cruyff), decidió apostar por alguien que le haría ganarse al público…siempre y cuando hubiera resultados.

Guardiola entró en el vestuario con la guadaña preparada. No necesitó más que un par de días para darse cuenta de que la piedra angular para su proyecto era Lionel Messi. Exigió la marcha de Ronaldinho, Deco y Eto’o, los tres bicharracos que le habían dado la segunda Copa de Europa al Barça apenas dos temporadas antes. Laporta, atado de pies y manos, hubo de claudicar. Los dos primeros se marcharon por la puerta de atrás y Eto’o conseguiría hacer cambiar de opinión a Guardiola a base de sudor en los entrenamientos.

Entonces surgió un problema. Leo Messi fue convocado por la selección argentina para disputar el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Pekín. Verano del 2008. Messi está loco por la música. Tiene veinte primaveras y sabe que es la única y la última ocasión de su vida para ir a unos Juegos. El Barça no tenía intención alguna de cederlo dado que se trataba de una competición del COI (Comité Olímpico Internacional) al margen de la FIFA. En estos casos los clubes ceden a jugadores sub-21 que o bien son promesas o bien no son trascendentales para el primer equipo. Ese no era el caso de Messi. Aquel verano le habían dado las llaves del castillo y su obligación era defender el escudo azulgrana contra viento y marea.

Messi se enfurruñó. Se empeñó en ir a Pekín. Estaba insoportable y no le dirigía la palabra a Guardiola. El asunto acabaría en los tribunales deportivos (TAS) con el silencio cómplice de la prensa barcelonesa. El TAS fue claro en su veredicto y le dio la razón al FC Barcelona, poseedor de los derechos sobre el jugador.

Aquello se enquistó de tal manera que Guardiola decidió reunirse con Laporta. Mejor un Messi feliz durante nueve meses que uno infeliz durante once mensualidades. Sería la primera vez de muchas en las que los deseos de Messi se excedan sobre lo deseado por el club.

Valdría la pena.

Messi viajó a China con la selección argentina. Eso sí, lo haría con un acompañante a tiempo completo del staff técnico del FC Barcelona. Se trataba de Pepe Costa cuya misión, primordialmente, fue la de vigilar la alimentación de Messi. Por entonces, Leo abusaba de las pizzas y de los asados, lo que le provocaba frecuentes problemas musculares. Si algo buscaba Guardiola era que Messi ascendiese tan a lo alto como Ronaldinho pero que no sufriese se brusca caída. Uno de sus primeros objetivos es que Messi pasase a controlar sus comidas. Leo recibió el OK apenas una semana antes del inicio de los Juegos. Voló a Barcelona desde Italia, donde el club había jugado un amistoso, para obtener el visado y puso rumbo a China previó acuerdo entre Argentina y el FC Barcelona de un seguro millonario que cubriese una posible lesión del astro sudamericano durante el torneo.

El oro de Lionel Messi

Argentina, vigente campeona olímpica, presentó un equipo extraordinario. Además de Messi estaban Lavezzi, Gago, Agüero, Di María y los mayores de 23 años Riquelme y Mascherano. Entrenaba Marcelo Bielsa. Messi anotó ante Costa Rica en el partido inaugural, para luego ganar a Costa de Marfil, Australia y Serbia. En cuartos eliminaron a Holanda y en semifinales tocó duelo ante Brasil. Ganaron los argentinos por 3-0 con dos de Agüero y un gol de Riquelme.

La final fue ante Nigeria. En 1996 los africanos habían tumbado sorprendentemente a Argentina en la que hasta la fecha es el gran triunfo del fútbol africano. En 2008 la victoria fue para los sudamericanos por 1-0 con tanto de Ángel Di María a pase de Leo Messi. Con el oro bajo el cuello, Messi fue a ver un partido de la selección estadounidense de baloncesto, le pidió un autógrafo a Kobe Bryant y cogió un vuelo a Barcelona con una sonrisa de oreja a oreja.

En Barcelona lo esperaban con los brazos abiertos. El Barça de Guardiola había perdido el primer partido de Liga ante el Numancia. Tardaría mes y medio en encaramarse a puestos de Liga de Campeones y no será hasta la novena jornada cuando alcance el primer puesto. A partir de entonces el éxtasis. El Barça ganó del tirón Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa española y europea y Mundial de Clubes. A esa hazaña se le dio en llamar el Sextete. Y la gesta tuvo a Lionel Messi como estrella. Se perdió el inicio de la competición y no obstante le bastaría para anotar 38 goles y dar 17 asistencias en 51 partidos de azulgrana entre Liga, Copa y Copa de Europa.

Al finalizar la temporada 2008/09 ganará el Balón de Oro con el mayor margen logrado frente al segundo clasificado.

Acabará sumando ocho.

Ya lo había dicho Guardiola; mejor nueve meses de un Messi feliz que once meses de un Messi enfadado.

Otras historias del Barça de Messi

El partido del gazpacho (cuando Ronaldinho se presentó de madrugada en el Camp Nou)

Cuando un volcán derrotó al Barça (el épico Inter-Barça del 2010)

El verano de Neymar (el fichaje de Ney por el PSG)

La mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo (unas líneas sobre el Caso Negreira)

La despedida de Iniesta (la diferencia entre el adiós de Iniesta y el de Navarro)

Gerard Piqué (el niño rebelde del barcelonismo)

Leer más

Los mejores partidos de la historia: Las 10 mejores palizas en partidos de selecciones de todos los tiempos

No son frecuentes las goleadas entre las selecciones de primerísimo nivel. La igualdad es manifiesta y la tensión intrínseca a los encuentros de grandes campeonatos hacen que las precauciones defensivas se sitúen por encima de las cualidades ofensivas. Con todo ello, hay resultados escandalosos que hicieron sonrojar a equipos de tronío y causaron profundo pesar en el país derrotado. Otros resultados no son tan llamativos al ser leídos, pero supusieron un baile futbolístico de tal calibre que la exhibición ha traspasado los umbrales del tiempo para permanecer perpetuamente y con letras de oro en la historia del fútbol.

Para clasificarse para la Eurocopa de 1984 la selección española debía ganar por once goles de diferencia a Malta y así superar en la diferencia de tantos a Holanda, país con el que estaba empatado a puntos. Fue un 12-1 total, un 9-0 tras el descanso. Aquel frío día navideño en Sevilla está en la memoria de cualquier español y sólo las victorias europeas y mundialistas del siglo XXI le han restado importancia. Pero eso no es una paliza. Al menos no es el tipo de paliza que buscamos. Los aquí presentes son aquellos duelos de poder a poder, de igual a igual, que sorprendentemente acabaron decantándose de manera clara y notoria por uno de los dos contendientes. Muchos de estos partidos significan el inicio de una dinastía gloriosa o el cénit de esa misma dinastía en caso de los vencedores. Para los perdedores es el principio del fin o la fecha de defunción de lo que hasta entonces era una trayectoria gloriosa.

Entre los partidos descartados encontramos un encuentro amistoso del que sólo nos quedan relatos y fotografías. Ocurrió en 1932 y enfrentó a Austria contra Hungría. Los magiares eran entonces el mejor equipo de Europa. Los austriacos eran los aspirantes. Fue el nacimiento del llamado Wunderteam (equipo maravilla) liderado por Matthias Sindelar. El denominado Mozart del fútbol anotó un hat-trick y lideró a su equipo tras un legendario baile de futbol ofensivo que acabó con un 8-2. Sólo los nazis pudieron acabar con aquella sinfonía ofensiva al anexionar Austria al III Reich un lustro más tarde. Aquello fue el inicio del Wunderteam. Lo que sucedió en 2008 fue el punto y final de la escuela soviética de juego solidario, robotizado y efectivo. A la URSS de 1960, o al Dinamo de Kiev de 1986 le sucedió la Rusia de 2008. Aquel equipo perdería en semifinales de la Eurocopa 2008 ante España para diluirse para siempre en la historia. Antes había bailado a Países Bajos (3-1) en cuartos. El choque se resolvería en la prórroga tras un empate a un tanto, pero durante los 120 minutos del duelo el dominio fue total por parte rusa. Un fútbol rápido y desenfadado liderado por Andrey Arshavin.

Nos quedaran otros dos choques en el tintero y con los mismos protagonistas, aunque con los papeles cambiados. En 1972 Inglaterra y Alemania se enfrentaron en Wembley en cuartos de la Eurocopa. Los teutones vencieron por 1-3 en el que es considerado el mejor encuentro que Beckenbauer y compañía firmaron en aquella década dorada. A su rigor táctico y a su fortaleza física añadieron un juego de combinación exquisito liderado por un Netzer, quien realizó el mejor partido de su vida. Tres décadas más tarde, en 2001, Inglaterra asaltó Múnich en partido clasificatorio para el Mundial 2002, al vencer a Alemania por 1-5. Los británicos manejaron el partido con autoridad insultante y a varias velocidades; con posesión elaborada y paciencia por un lado y al contraataque cuando le interesaba hacerlo. Michael Owen anotó tres goles aquella noche y se aseguró ganar un Balón de Oro que muchos siguen clamando para Raúl.

El día grande de Owen

Vamos pues con las 10 grandes palizas entre selecciones de todos los tiempos. Resultados llamativos y apabullante juego frente a un adversario que antes del choque era considerado un igual a igual.

10 Australia 31-0 Samoa (clasificación Mundial 2002): Vale. Estoy de acuerdo. Este partido no tendría que aparecer en esta lista. No tiene el pedigrí suficiente. Pero es la madre de todas las palizas. La mayor goleada jamás registrada en un partido oficial. Un gol cada 180 segundos. No solo eso. El discreto delantero Archie Thompson anotó 13 tantos, por supuesto, también récord no igualado e inigualable. Ese 31-0 cambió el fútbol. Al menos lo cambió al otro lado del globo, aunque en la vieja Europa no fuésemos conscientes de ello. El abuso de los aussies fue tal que la Federación Australiana de Fútbol renunció a formar parte de la Confederación de Oceanía y desde entonces forma parte de la AFC (Confederación Asiática de Fútbol) disputando las fases de clasificación para el Mundial frente a Japón o Irán y la Copa de Asia contra Corea, Arabia Saudí o China. Todos salieron ganando. Australia ha mejorado notablemente su nivel, Nueva Zelanda tiene ahora muchísimas más opciones de jugar un Mundial (como ocurrirá en 2026) y la historia de los samoanos saltó en 2023 al celuloide con el título Next goal wins (El peor equipo del mundo).

31 goles encajados…

9 Brasil 5-2 Francia (semifinal Mundial 1958): Just Fontaine respondió en el minuto nueve al gol anotado por Vavá al poco de empezar el encuentro. Era la final anticipada. Francia contaba con Jonquet en el centro de la zaga, Piantoni hilando el juego y una dupla terrible formada por Fontaine y Kopá. Brasil había sufrido al inicio del torneo, pero en cuartos de final el seleccionador Feola dio su brazo a torcer y ante el clamor popular colocó como titulares a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años). Entonces todo cambió. En aquella semifinal fueron treinta minutos de igualdad. En el minuto 39 un zambombazo de Didí, la estrella de Brasil (con permiso del imberbe Pelé), ponía por delante a la canarinha. Desde ese instante sólo hubo un equipo sobre el campo. La segunda parte fue un baile de Brasil dirigido por Pelé. Aquel niño bajaba a recibir el balón al centro del campo, corría la banda, filtraba un pase y aparecía en el punto de penalti para armar la pierna. Y todo lo hacía con elegancia. Y todo lo hacía con alegría. Fue un hat-trick de un adolescente que al acabar el partido ya será O Rei. Luego Piantoni maquilló el resultado final dejándolo en un 5-2. Brasil pasará a la final y repetirá resultado ante Suecia. 5-2. Pelé anotó dos tantos, uno de ellos de una plasticidad inigualable. Control con el pecho tras centro, sombrero al defensor y remate con la derecha sin dejarla caer al palo corto del portero. El jogo bonito venía para quedarse.

El nacimiento de O Rei

8 Alemania 3-0 URSS (final Eurocopa 1972): Entre 1972 y 1976 la República Federal Alemana fue un torbellino. Selección compacta, fiable, de tremenda exuberancia física y con una pegada bestial. No dominaban ni era bellos, pero eran ganadores. Así fue en el Mundial 1974, pero no fue el caso de la Eurocopa 1972. Ese año Alemania fue todo eso y además una máquina preciosista en el juego. Tras una exhibición ante Inglaterra en Wembley, Alemania echó a Bélgica en semifinales y se plantó en la final ante la temida Unión Soviética (tres finales de cuatro posibles en Eurocopa). Alemania dominó de principio a fin. Fueron tres goles, pero pudieron ser el doble o el triple. Hasta cuatro lanzamientos teutones acabaron en los postes. Maier fue un espectador más en un estadio de Heysel abarrotado por los miles y miles de alemanes que afrontaron la cercanía con Bruselas. Beckenbauer armaba desde atrás y Heynckes y Müller (que anotó un doblete en la final) ajusticiaban en el ataque. Pero la diferencia entre esa Alemania y la de dos años después radicaba en el centro del campo. El partido ante la URSS encumbró a Günter Netzer como el mejor mediocentro del mundo. Barría el balón, pasaba en corto o en largo y marcaba el tempo del partido. Netzer sufrió marcaje doble y hasta triple en algún momento del choque, por lo que el entonces jugador del Gladbach retrasó inteligentemente su posición para sacar de sitio natural a sus marcadores y darle total libertad a Wimmer, el otro mediocentro teutón. Ese año Beckenbauer, Müller y Netzer ocuparían por este orden los tres primeros puestos en la ceremonia del Balón de Oro.

Perfección germana

7 España 3-0 Rusia (semifinal Eurocopa 2008): Si entre 1972 y 1976 Alemania fue un torbellino, la selección española entre 2008 y 2012 fue un huracán. Y si los rusos cayeron por 3-0 el día del encumbramiento de Netzer, otra vez los rusos cayeron por 3-0 en este caso para el encumbramiento de Xavi Hernández. La segunda parte de aquel partido fue un rondo perfecto liderado por el metrónomo catalán. A aquella forma de jugar sobando el balón hasta gastarlo en un continuo movimiento por el campo a base de triangulaciones y primer toque se le dio en llamar tiki-taka. Su promotor fue el comentarista deportivo Andrés Montes. Aficionados y compañeros de profesión renegaron en primera instancia de tal ocurrencia, pero finalmente ha pasado a definir una forma de jugar en el que la posesión es innegable y la defensa siempre se hace con el balón. Lástima que Montes falleciese antes de que su ingenio se hiciese universal. El caso es que Luis Aragonés había apostado en darle el poder a Xavi y acompañarlo de unos locos bajitos que respondían al nombre de Andrés Iniesta y David Silva. España, que siempre había basculado entre ser toro o torero, finalmente decidía ser torero. Luis Aragonés había detectado con sabiduría que en su equipo abundaban los artistas y creó una obra de arte. En la primera parte la lesión de Villa y algún fogonazo de Arshavin hicieron que el marcador no pasase del empate a cero. La bestia se desató tras el descanso. La sinfonía fue interpretada en la segunda mitad gracias a los tantos de Xavi, Güiza y Silva, todos ellos tras jugadas bordadas con cariño y esmero.

Y Xavi dirigió la orquesta

6 Argentina 0-5 Colombia (clasificación Mundial 1994): Argentina acababa de ganar la Copa América de 1993 a la que sumó el triunfo de 1991. Llegó a sumar 33 partidos consecutivos sin perder. Colombia no llegaba a semejante racha, pero sumaba doce meses sin conocer la derrota. Maradona no estaba (acusado de drogadicto), pero sí Ruggeri, Redondo, Simeone y un colosal Batistuta. Colombia no contaba con René Higuita (acusado de camello), pero sí con Valderrama, Rincón, Valencia y Asprilla. A Colombia le bastaba el empate para clasificarse para el Mundial. Argentina necesitaba el triunfo. El perdedor tendría que jugar un repechaje en la otra punta del mundo. El encuentro se celebra en el Monumental de Buenos Aires. Argentina llevaba seis años invicta en casa. Fue un baile. Una cumbia colombiana. 0-5. Freddy Rincón anotó el 0-1 al filo del descanso gracias a una asistencia de Valderrama. En la reanudación los argentinos se lanzaron al ataque sin demasiada precisión y Colombia desparramó sus encantos basados en la precisión técnica y una excelsa velocidad para lograr una victoria histórica. Freddy Rincón anotaría otro tanto más y Faustino Asprilla firmaría un doblete de ensueño con un gol tras burlar al portero y un segundo tras una vaselina inolvidable. Pero sería el quinto el que quedaría en la retina de todos los colombianos. El balón paso de uno a otro jugador cafetero siempre bajo las órdenes de Valderrama hasta que Asprilla le dé un pase filtrado a Adolfo Valencia quien bate con suma ligereza a Sergio Goycoechea. Fue la primera derrota en casa de Argentina en una eliminatoria de clasificación para el Mundial. Nunca más Colombia ha vuelto a ganar un partido en territorio albiceleste. Valderrama y compañía regalaron una obra de arte a una nación destrozada por la violencia y donde apenas tres meses después sería abatido el narcotraficante Pablo Escobar. Luego, tras el Mundial de 1994, el cártel de la droga asesinaría al defensa Andrés Escobar por meter un gol en propia puerta ante Estados Unidos.

Once héroes cafeteros

5 Inglaterra 3-6 Hungría (amistoso 1953): El PARTIDO. Así. Con mayúsculas. Fue la primera derrota inglesa en Wembley ante un equipo no británico. Es difícil de comprender en la actualidad, pero aquello marcaba un fin ya intuido y aquella noche confirmado. Los inventores del fútbol ya no eran los dueños del juego. Inglaterra había renunciado a jugar el Mundial hasta 1950 y allí cayó ante Estados Unidos y frente a España. Quedaba claro que algo sucedía, pero se le echó la culpa a lo pesado del viaje y a cierta relajación. Hungría, por su parte, era el gran equipo del momento. Una máquina de juego ofensivo, posiciones cambiantes y victorias estruendosas (20 victorias y 3 empates en sus últimos 23 partidos) lideradas por Ferenc Puskás. Así que, en 1953, para conmemorar el 90 aniversario del nacimiento del fútbol, se programó un Inglaterra-Hungría en Wembley. Inglaterra jugaba un rígido 3-2-5 popular en la época. Hungría no. Hungría era vanguardista. Hidegkuti era un nueve que bajaba a ofrecerse al centro del campo mientras que Budai y Czibor eran dos extremos que se convertían en laterales en posición defensiva. Arriba, tanto Kocsis como Puskás eran del todo menos inmóviles. Hidegkuti anotó al minuto de juego, los ingleses empataron, pero a la media hora del duelo el marcador ya era de 1-4 con dos tantos de Puskás. Recortó Inglaterra antes del descanso, sin embargo, el público ya era consciente de estar viendo algo diferente y despidieron a Hungría con una sonora ovación. En el minuto 55 el resultado era de 2-6. Pero no era el resultado. Era la forma de jugar. Algo diferente. El fútbol total antes del fútbol total. Uno de los tantos de Puskás se produjo tras un control tras pase largo al primer toque, finta para dejar sentado al capitán inglés Billy Wright y disparo seco al poste de la meta inglesa. Aquel control y aquella finta, grabada por la BBC en un tiempo donde la televisión era muy incipiente, quedó para la posteridad como el primer frame de un gesto técnico diferente. Claro que antes había habido regates, recortes y delicatessen varias, pero aquello se podía ver y no solo leer y escuchar. ¡Y era en Wembley y frente a Inglaterra! No sólo eso. Puskás anotaría un gol olímpico lanzando el córner con el exterior de su pie izquierdo. Los ingleses no daban crédito. Al final el resultado fue de 3-6. Y gracias. Inglaterra tiró a puerta cinco veces y anotó tres goles. Hungría lanzó 35 veces (21 a portería) para sumar seis tantos. Aquello fue un estruendo mundial. Meses después Inglaterra devolvería visita en Budapest y caerá por 7-1. Luego perdería el Wolverhampton (campeón inglés) frente al Honved (campeón húngaro). Inmediatamente se creó la Copa de Europa de clubes. Y cuando en 1958 Inglaterra se clasifique para el Mundial nadie la contará ya entre los favoritos al título.

El partido del siglo

4 Brasil 4-1 Italia (final Mundial 1970): México Distrito Federal. 110.000 almas. Brasil-Italia. Dos selecciones luchando por ser el primer país con tres títulos del Mundial. Italia llegó a la final tras una extenuante semifinal ante Alemania. Fachetti, Riva, Mazzola y compañía llegaban al último partido fieles a su estilo, de menos a más y con una fe defensiva granítica. A los transalpinos les encomendaron seguir a ‘los cinco dieces’ hasta a los vestuarios si fuese necesario. Catenaccio a muerte. Comenzaron fuertes y tuvieron dos buenas ocasiones en el primer cuarto de hora, hasta que un mal centro de Rivelino es convertido en gol de cabeza por Pelé. Burgnich, que era el hombre que estaba con O Rei en esa jugada, lo explicó así: “Saltamos juntos, pero cuando yo estaba en la tierra, él seguía en el aire. Yo había pensado para darme ánimo; Pelé es de carne y hueso, como yo. Estaba equivocado”. Pelé cayó del cielo para batir a Albertosi y poner el 1-0. Poco después Clodoaldo hace una frivolidad en el centro del campo, pierde el esférico y Boninsegna empata el partido. Quedaba toda la segunda mitad, pero a Italia se le había acabado la gasolina. Los 45 minutos finales fueron una exhibición canarinha. Las marcas se aflojaron y el primero que quedó libre fue Gerson. De los cinco genios era el menos temido por los transalpinos, por lo que Gerson jugó la segunda parte a placer dando pases milimétricos a diestra y siniestra. Con un precioso tiro desde fuera del área puso el 2-1 en la final. Luego, ya con Brasil jugando a placer, vendría el 3-1 por parte de Jairzinho. Y quedaba el fin de fiesta del 4-1. Un gol que era puro jogo bonito. Una hermosa jugada colectiva que se inició en defensa y en la que sólo faltó que el balón fuese acariciado por un jugador de banquillo. Tras tocar y tocar el balón, el cuero le llegó a Pelé que paró el tiempo y deslizó el esférico a su derecha. La imagen queda en pausa. Uno, dos, tres. A los tres segundos aparece una estampida por el carril derecho que tras un derechazo descomunal ponía el 4-1 definitivo. Era el gol de Carlos Alberto, un gol legendario que culminaba una actuación legendaria. El Brasil del 70 jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta de su gente para lisonjear al primer Mundial en color de la historia. Los ‘cinco dieces’ del Brasil del 70 perforaron las redes rivales. Jairzinho fue el máximo goleador del Mundial con siete tantos, Pelé metió cuatro, Rivelino conquistó tres, Tostao hizo dos goles y Gerson anotó uno. Todos brillaron, pero el astro más resplandeciente del firmamento fue Pelé. Todos eran dieces en sus equipos, pero todos revolotearon por el campo cual artistas para goce y disfrute del pasar del tiempo.  

Y gol de Carlos Alberto

3 Brasil 1-7 Alemania (semifinal Mundial 2014): La tarjeta de visita no indica lo que ocurrió aquella noche en Belo Horizonte, Brasil lanzó 18 veces (8 a puerta) por las 14 de Alemania (10 a puerta). La posesión fue 53-47 a favor de los teutones y en pases, regates, saques de esquina y demás variables del Big Data la igualdad era lo imperante. Pero el fútbol es mucho más que números. Son sensaciones. Y lo que sucedió en Belo Horizonte, lo que se dio en llamar Mineirazo, fue un cataclismo psicológico pocas veces visto. A la media hora de juego el marcador era de 0-5 (Müller, Khedira, Klose y dos tantos de Kroos). Brasil había comenzado presionando y generando ocasiones, pero un despiste defensivo tras un saque de esquina originó el primer tanto a los diez minutos de juego. Al poco Klose anotó el tanto que le convertía en el máximo goleador de la historia del Mundial y a partir de entonces lo que se sucedieron fueron una suerte de errores groseros acompañados del silencio y de los lloros del público brasileño allí presente. En la segunda parte Alemania bajó descaradamente el ritmo y aun así en el minuto 69 el marcador era de 0-7. Un tanto de Óscar al poco del final dejaba el resultado en un histórico 1-7. La probabilidad de que Alemania ganara a Brasil por más de seis goles de diferencia era de un 0,025%. El encuentro significó la peor derrota de la selección de Brasil en su historia futbolística. Y tuvo que ser en casa. Y en las semifinales de un Mundial. De su Mundial. Sólo dos de los 23 seleccionados brasileños para el Mundial fueron convocados para la Copa América del año siguiente. Desde entonces los brasileños no han parado de producir porteros y defensas y en todas las grandes competiciones en las que han competido el miedo ha hecho mella en los planteamientos de los partidos, todos excesivamente conservadores para lo que el jogo bonito significó para el fútbol en el siglo XX. Desde 2014 Brasil nunca ha vuelto a ser Brasil.

O Mineirazo

2 España 4-0 Italia (final Eurocopa 2012): Durante un lustro inolvidable España se convirtió en el rey del fútbol Mundial. Los Casillas, Xavi, Iniesta, Villa y compañía confirmaron una realidad inexorable; España detenta la hegemonía del balompié en el siglo XXI. El caso es que toda esa superioridad nunca se vio reflejada en el marcador. Es conocido que el tiki-taka logró con brillo vitorear en Sudáfrica, pero todo a base de 1-0. Así que la final de la Eurocopa de 2012 es considerado el partido más redondo de esa generación dado que al dominio aplastante y a la belleza del juego se le sumó la efectividad frente al arco rival. Aquella España jugaba con dos laterales abiertos que, cuando eran poseedores del balón, se convertían en centrocampistas. Esto hacía de España de un equipo insuperable. Arbeloa y Jordi Alba apoyaban a Busquets en primera fase y dejaban total libertad para armar y crear a Xavi y a Xabi Alonso. España renunciaba a las bandas conscientemente, ya que sabían que nadie sería capaz de quitarles la pelota. Ellos dos junto a Silva, Cesc e Iniesta deleitaban con un rondo inmortal que acabó desquiciando a Italia. La imagen de Iniesta haciendo su icónica croqueta rodeado de cinco italianos forma parte de la esencia de este bendito deporte. España no necesitó de delanteros para marcar cuatro goles. En realidad, el 4-0 refleja lo que fue el partido. Alonso, Xavi, Iniesta y Silva frente a Andrea Pirlo. La batalla estaba decidida antes de empezar. Al descanso el resultado era de 2-0. Si en la primera mitad los transalpinos aun tuvieron algo de vergüenza torera, en el segundo tiempo fueron un pelele. Visiblemente agotados de correr tras el balón no tuvieron capacidad de asustar a un invisible Casillas. Con el partido controlado, los minutos fueron pasando en la segunda parte hasta llegar la sentencia en dos arreones finales. Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Mata fueron los firmantes de un encuentro que le daba a España su tercera Eurocopa enlazando victorias europeas en 2008 y 2012 junto al Mundial de 2010.

La final perfecta

1 Países Bajos 2-0 Brasil (semifinal Mundial 1974): No es el resultado. Es el simbolismo. Brasil era dueña del fútbol. Tanto en resultados como en juego. Holanda era una advenediza. Era su primer Mundial. Eran dos concepciones similares y a la vez diferentes. Brasil proponía un juego vistoso y de toque y Holanda rizaba el rizo al proponer lo mismo, pero a través del orden y el cambio posicional. Aun contaba Brasil con dos de los cinco dieces del mágico México 1970. A Rivelino y a Jairzinho se les había unido Dirceu. Por la banda izquierda se mostraba el excepcional Marinho Chagas. En Holanda, también por la izquierda avanzaba de cuando en cuando Ruud Krol, en el medio dirigía Neeskens, arriba amenazaba Resenbrinck y como jefe de todo estaba Johan Cruyff. Con esos mimbres Holanda ya había avasallado a Argentina (4-0). Roberto Perfumo, capitán albiceleste, dejaría una frase para la posteridad: “Nunca he sentido tanta impotencia. La única forma de parar a los holandeses es con una pistola”. Con todo Brasil seguía siendo favorito. Lo que ocurrió cambió para siempre la forma de ver el fútbol de los brasileños. Holanda dominó de principio a fin. Sus jugadores de ataque cambiaban de posición constantemente y los defensores neerlandeses aparecían de tanto en tanto cerca del área rival. Brasil tuvo que echarse atrás y jugar al contraataque. Lo nunca visto. A pesar de las numerosas ocasiones el marcador no registró goles hasta el minuto 50 cuando Neeskens finiquitaba un excepcional pase de Cruyff. Los siguientes cuarenta minutos están catalogados por muchos periodistas y aficionados como el mejor fútbol practicado por una selección en un Mundial. Tras salida de balón parado una masa de jugadores neerlandeses iba cual hienas en busca del rival con balón. Las jugadas al primer toque de los oranges se sucedieron una tras otra y, aunque únicamente lograron anotar un tanto más (Cruyff a pase de Krol), el daño infligido era mucho mayor que el que irradiaba el electrónico. Brasil tiró la toalla y se conformó con no sufrir una goleada. Brasil dejó de ostentar la hegemonía de la vanguardia en el fútbol y comenzó, aun con muchas reticencias, a defender, a tener miedo. Tardó dos décadas en ganar otro Mundial y lo hizo con muchísimas precauciones defensivas. Holanda perdió la final ante Alemania, pero dio igual. Holanda portaría desde entonces la bandera de la creatividad y del juego ofensivo, bandera que mantiene, a pesar de que la han mancillado en numerosas ocasiones.

Baile neerlandés

Otros partidos históricos

Las 10 mejores palizas en partidos de clubes de todos los tiempos (de humillaciones futbolísticas con las que nadie contaba)

Los 10 mejores partidos épicos de clubes de todos los tiempos (de remontadas imposibles y victorias europeas inolvidables)

Los 10 mejores partidos épicos de selecciones de todos los tiempos (del Maracanazo a la final messianica del Mundial 2022)

Leer más

Los mejores partidos de la historia: Los 10 mejores partidos épicos de selecciones de todos los tiempos

¿Qué es un partido épico? Aquel con resultado incierto hasta el final, con multitud de goles y ocasiones y aquel en que ambos equipos mostraron un juego excelso tanto en ataque como en defensa. Son aquellos partidos en los que tanto el vencedor como el derrotado son recordados y son aquellos que elevan al fútbol a la categoría de arte y donde tanto la razón como el corazón hacen acto de aparición.

Sin ningún género de dudas es en este listado donde más partidos he tenido que dejar fuera de la lista con todo el dolor de mi corazón. Tras mucho seleccionar me quedé con una categorización de 23 encuentros de selecciones épicos y ha sido harto difícil considerar tan sólo una decena de ellos. De hecho, dado que soy yo quien escribe y quien dictamina las reglas podría haber seleccionado los 23. Pero, en fin, quedémonos con 10 de ellos.

¿Cuáles se han quedado fuera? Son tantos que vayamos por orden cronológico. A los albores del juego nos tenemos que ir para encontrar el Escocia 0-0 Inglaterra de 1872. Fue el primer partido entre selecciones de la historia y por ello es épico. El encuentro acabó sin goles y eso que el dibujo táctico de ambos contendientes era un 1-1-8. Una prueba como tantas otras de que hay que ver más allá de los números. Donde hubo goles fue en el Suiza 5-7 Austria de cuartos de final del Mundial de 1954. La mayor orgía de goles jamás vista en una Copa del Mundo. Los helvéticos llegaron a ir ganando por 3-0, aunque al descanso ya perdían 3-5. El partido, disputado a más de 40 grados de temperatura, dio el pase a Austria a semifinales del Mundial.

Ese mismo año, en una de las semifinales, Hungría venció por 4-2 a Uruguay tras una prórroga en el que fue catalogado como el mejor partido de los primeros 25 años de la historia del Mundial. Hidegkuti, Czibor o Kocsis frente a Andrade o Schiaffino. Fue la primera derrota charrúa en la Copa del Mundo y certificó la coronación de Hungría como mejor equipo del planeta gracias a un juego de pases y movilidad nunca antes visto que sumó treinta encuentros imbatidos. Hungría perdió ese Mundial jugando como los ángeles al igual que Holanda lo perdió ante Alemania (1-2) en 1974 en un partido en el que tuvieron múltiples ocasiones. Salieron dominando la final, ocurrió que se confiaron en exceso ante una escuadra teutona que supo mantener la calma con Maier en portería, Beckenbauer de mariscal y Müller en ataque para darle la vuelta al choque.

Gerd Müller fue el hombre de aquella final al igual que Kylian Mbappé fue el hombre del partido en el 4-3 de Francia ante Argentina en octavos de final del Mundial 2018. Aquel correcalles coronado con un estratosférico gol de Pavard encumbró al imberbe Mbappé ante el que por entonces parecía acabado Leo Messi. Los franceses también se llevaron la gloria en otro épico encuentro de cuartos de Mundial ante Brasil (1-1) en 1986 con Platini y Zico danzando como cisnes por el terreno de juego antes de que los penaltis dictasen sentencia. Francia resultó vencedora como también lo fue en las semifinales de la Eurocopa 2000 ante Portugal (1-0) en el que fue el mejor partido en el mejor torneo que jamás jugó el excepcional Zinedine Zidane. Antes, en 1984, en la misma ronda (semifinales) y ante el mismo rival, Michel Platini había dictado sentencia. El 1-1 dio paso a una prórroga donde Portugal se puso por delante. A falta de siete minutos para cumplir los 120 de juego, el galo Domergue empató y con el tiempo añadido Platini anotaba el tanto de la victoria que clasificaba a Francia (3-2) rumbo a su primer título continental.

Sigamos con la Eurocopa y volvamos a la edición de 2000. Alemania e Inglaterra se estrellaron en la primera fase ante una superlativa Portugal. Los lusos vencieron a los ingleses (3-2) al remontar un 0-2 en contra gracias a un excepcional Luis Figo quien anotó uno de los mejores goles jamás vistos en competición continental. Cuatro años más tarde volveríamos a ver otra remontada de un 0-2. Esa era la ventaja de Holanda frente a Chequia a los veinte minutos de juego. Entonces el seleccionador checo decidió quitar a un central para meter a un delantero. Aquello fue una orgía de fútbol ofensivo comandada por Pavel Nedved y Tomas Rosicky que acabó con 3-2 para los centroeuropeos en esa primera fase de 2004. Y antes, allá por 1988, los dioses del fútbol se redimían y daban a Holanda su primer y único título oficial. Holanda venció por 2-0 a la Unión Soviética en la final de la Euro en una exhibición coral de dos equipos ofensivos y que hacían del pase la exaltación del juego. Y, aun con todo, lo que queda del choque es una perla individual, un escorzo inverosímil de Marco Van Basten para la posteridad.

Dos perlitas más para acabar. La agónica semifinal del Mundial de 2006 entre Alemania e Italia (0-2) donde los transalpinos demostraron que también podían jugar al ataque y que acabó con dos tantos seguidos en el último minuto de la prórroga. Y por último la gran victoria del fútbol africano. Fue la de Nigeria ante Argentina (3-2) en los Juegos Olímpicos de 1996. Los africanos remontaron por dos veces el marcador antes de llevar el duelo a la prórroga. Tras una falta lateral Amunike daba la victoria al continente negro tras haber eliminado en semifinales al Brasil de Roberto Carlos, Bebeto, Ronaldo y Rivaldo y en la final a la Argentina de Ayala, Zanetti, Simeone o Crespo. Casi nada al aparato.

Las águilas nigerianas

Vamos pues con los 10 mejores partidos épicos de selecciones de todos los tiempos. No es más que un listado. No es nada. Y a la vez lo es todo. Diez instantes igual de mágicos y emocionantes que son recordados por los aficionados al fútbol con independencia de sus filias y sus fobias.

10 Uruguay 1-1 Ghana (cuartos Mundial 2010): El que más me ha costado introducir en la clasificación. A fin de cuentas, no es más que un cuarto de final de un Mundial. Pero fue el lloro de África. El único hasta la fecha (y tiene pinta que el único en mucho tiempo) en el más pobre de los continentes. Y es que sí. Marruecos alcanzó las semifinales en 2022. Pero el Magreb no es el África negra. El África profunda. Y Ghana lo tuvo en la mano. Lo rozó con los dedos. Arrancó eléctrico el partido con claro dominio uruguayo que se fue nivelando poco a poco hasta que Muntari fusiló a Muslera y puso el 0-1 a favor de los africanos. Forlán respondería de falta en la segunda parte y lo que siguió fue un maravilloso correcalles que duró prórroga incluida. Entonces, abocados a los penaltis, en el minuto 120, un remate de cabeza de Ass a puerta vacía encontró la mano de Luis Suárez, quien en vez de delantero ejercía de portero. Era gol. Sería penalti y roja directa para el entonces delantero del Ajax. 85.000 espectadores sudafricanos empujaban a Asamoah Gyan para que anotase el penalti y llevase a África por vez primera a las semifinales de un Mundial. El disparo, seco y fuerte, se estrelló en el travesaño. Habría penaltis y ahí Gyan, valiente, lanzará y anotará el primero, pero dos compañeros suyos no conseguirán batir a Muslera. Sebastián Abreu, a lo Panenka, anotará el quinto y definitivo para dar carpetazo a un encuentro legendario.

El Loco Abreu tumbó a África

9 Checoslovaquia 2-2 Alemania (final Eurocopa 1976): Lo del penalti a lo Panenka nació precisamente en esta final de la Eurocopa. Antonín era el nombre de este checoslovaco irreverente. Aquella Eurocopa estaba destinada a un postrero duelo entre Cruyff y Beckenbauer. Sería la última oportunidad del genio neerlandés y de muchos de su grupo de locos melenudos de convertir en un título su fastuoso fútbol total. Para la RFA, con sus mitos superando la treintena, era el fin de fiesta a un ciclo que los había coronado como campeones mundiales un par de años antes. Los naranjas contaban con hacer lo mismo, pero cayeron en la prórroga ante Checoslovaquia en semifinales. La sorpresa fue mayúscula. Quiso el destino que la final tuviese un guion parecido al de la semifinal. Checoslovaquia se adelantó pronto y, aunque Alemania recortó al descanso, los checos vencían por 2-1. Como de costumbre los teutones iban a trompicones y como siempre pusieron el rodillo a funcionar doblegando a Ivo Viktor tras innumerables intentos gracias a un gol en el último minuto. Hubo prórroga y luego penaltis. Hoeness lo mandó al limbo y Panenka tenía en sus manos darle la victoria a Checoslovaquia. El silbato suena. Pequeña carrerilla. Antonín avanza. Maier dobla las rodillas hacía su izquierda. Panenka acaricia el balón. Su bota atrapa el esférico como cuchara en plato de sopa. En lugar de sacar un cañonazo de sus botas, Panenka orientó su cuerpo hacia la derecha y lanzó un balón bombeado por el centro de la portería. Con un ligero toque el esférico realizó una parábola que se dirigía lentamente al centro de la portería. Maier, tirado en el césped, observaba incrédulo lo fácil que habría sido pararla. El balón no había llegado a la red cuando Antonín levantó los brazos. Sabía que sería gol. Lo sabía mucho antes de haber lanzado. Había pasado a la historia.

El Panenka original

8 Italia 3-2 Brasil (cuartos de final Mundial 1982): A Brasil le faltaba un goleador. Tampoco le hacía falta. Sócrates, Falcao y Zico se bastaban. Aquello era un espectáculo. Fútbol ofensivo sin red. No tenían portero. Eso sí. Italia daba pena. Enfrentados a la prensa, los italianos habían pasado de carambola la primera fase sin haber ganado ningún partido. Su delantero titular había estado dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y aun no se había estrenado en el Mundial. Aquella tórrida tarde barcelonesa anotaría tres tantos. Italia jugó un partido valiente, ofensivo, algo que nadie se esperaba. Fue un partido precioso. Los italianos se adelantaron por dos veces y por dos veces empataron los brasileños. Luego, en el minuto 74, Paolo Rossi marcaba el tercero personal y el tercero para Italia. El partido, como dije, fue precioso e igualado. El colorido y la pasión de las gradas, el encanto de Barcelona y la demolición del estadio de Sarriá, han convertido el partido en mítico. En los últimos minutos Italia anotó un cuarto gol que fue anulado, pero ahí sí que el dominio fue íntegramente brasileño. Los transalpinos pusieron el autobús y defendieron como ellos sólo saben. Zico, Falcao y, especialmente, Serginho en un mano a mano que falló ante Dino Zoff pudieron darle la vuelta al marcador. Italia pasó a semifinales y luego ganaría la final a Alemania para llevarse un Mundial con el que nadie contaba. Para Brasil fue tal la decepción (a tragédia do Sarriá) que dio carpetazo para siempre al jogo bonito. Desde 1982 los porteros, los centrales y los mediocentros defensivos forman parte del ideario brasileño tal y como lo forman en el ideario futbolero del resto del mundo.

Y Paolo Rossi resucitó en Sarriá

7 Alemania 3-2 Hungría (final Mundial 1954): En la primera fase ambas escuadras se habían enfrentado. 3-8 ganó Hungría. Los magiares eran el mejor equipo del mundo. Sumaban 33 partidos consecutivos sin perder. No sólo eran los triunfos. Era la manera de lograrlos. A través de un 4-2-4 con continuos movimientos, Hungría tenía un portero que jugaba el balón al pie, defensas que armaban y barrían y delanteros que bajaban a recibir el balón al medio campo. Era el fútbol total antes de que existiese el fútbol total. Hidegkuti organizaba una bacanal ofensiva que remataba Puskás. Ocurrió que en la final llovió. Y llovió mucho. Y Alemania contaba con unas botas Adidas de tacos regulables, una innovación de la época. Los húngaros se resbalaban y cuantiosas eran las caídas. Y Puskás, lesionado en el tobillo, era incapaz de correr. Los alemanes, además, contaban con Fritz Walter, un excepcional centrocampista que rendía bien en los días lluviosos, ya que una malaria contraída en tiempos de la II Guerra Mundial le impedía rendir bien cuando el sol abrasaba. Al principio nada de eso se notó. A los diez minutos el marcador ya era 0-2 para los magiares. Aquello estaba visto para sentencia. Tenía pinta de masacre. Pero no sería así. Antes del descanso los alemanes empataban. En la segunda mitad el agua golpeaba con fuerza los cuerpos de los jugadores y el balón se asemejaba a una roca. Hungría salió con todo tras el descanso a sabiendas que el depósito de gasolina estaba quedándose seco. Un lanzamiento al poste de Kocsis, un paradón de Turek a tiro de Puskás, otro lanzamiento al poste de Hidegukti y otro paradón de Turek a cabezazo de Kocsis.  A base de ganas, orgullo y algo de suerte Alemania sobrevive y se mantiene en pie. Por entonces el campo es un barrizal. Es el minuto 84 de la final cuando Rahm lanza un latigazo con la zurda que bate a un Grosics que resbala cuando va a atajar el balón. Un Puskás cojo aun conseguiría empatar el encuentro, pero el gol era anulado por fuera de juego. Hungría perdió la final y se diluyó como un azucarillo en los anales de la historia. Para Alemania fue la primera vez que se cantaba el himno con orgullo desde tiempos del III Reich y el inicio un carácter indomable y una fortaleza de hierro que los hará grandes en el fútbol mundial.

El nacimiento de la Alemania invencible

6 Inglaterra 4-2 Alemania (final Mundial 1966): Alemania se aventajó al poco de comenzar e inmediatamente Hurst puso el empate en el marcador. A doce minutos del final los ingleses se adelantaron y, cuando ya se veían celebrando su primer Mundial, el teutón Weber empató el encuentro en el minuto 89. Prórroga. El partido lo tenía todo. Apenas dos décadas atrás ingleses y alemanes estaban matándose en el campo de batalla. Quien más y quien menos tenía padres que habían ido a la guerra, tanto los que estaban sobre el césped como los que veían el choque desde las gradas. Lo que vino después es celebérrimo. Alan Ball pone un balón franco para Hurst que dispara con fiereza. El esférico golpea ferozmente en el larguero y en el rebote el balón botó sobre la línea de portería. No parece que la haya traspasado. O sí. O no. El árbitro da el gol por válido. 3-2. Los alemanes montan en cólera. Los ingleses lo celebran eufóricos. El colegiado era suizo, pero el culpable de la validez del tanto fue un juez de línea soviético que respondía al nombre de Tofiq Bahramov. Luego vino la leyenda. Se dijo que tras el partido la Reina Isabel II le regaló a Bahramov un silbato de oro por sus servicios. Y la cosa tomó tintes míticos en octubre de 1993. Estando Bahramov en su lecho de muerte fue preguntado cómo pudo saber si el balón había traspasado o no la línea de gol. Al parecer, el ex colegiado respondió: “Stalingrado”. El caso es que sin VAR no había mucho más que hacer. Aún le daría a Geoff Hurst tiempo a meter otro gol en el minuto 120, firmar el primer hattrick que se ha logrado en la final de un Mundial y convertir a la orgullosa Inglaterra, aunque fuese por una única ocasión, en rey del planeta.

El ¿gol? de Hurst

5 Argentina 3-3 Francia (final Mundial 2022): Fue un Mundial tan extraño que comenzó con una derrota de Argentina frente a Arabía Saudí. Era diciembre. Y era en Qatar. Y aun con todo, Argentina se plantó en la final. Leo Messi tenía que haber salido campeón en 2010 o en 2018. Y lo tuvo en su mano en 2014. Era su año. Nadie contaba con 2022, pero el destino lo quiso así. Un Messi crepuscular, más organizador que finalizador, pero que manejó los partidos a su antojo con su clarividencia habitual y con una fiereza nunca antes vista. En la final tocaba enfrentarse con la ultrafísica Francia dirigida por el talento de Mbappé. Argentina se trabajó la tercera estrella en la pechera. Durante 80 minutos impecables sumó dos tantos y mostró una superioridad absoluta. El segundo de Di María, tras jugada colectiva, fue un tanto maravilloso. Pero fue que a diez minutos del final Kylian Mbappé anotó de penalti. 95 segundos después el mismo protagonista puso el empate, en esta ocasión tras una volea perfecta. 2-2. Entonces los europeos crecieron y tuvieron varias para llevarse el Mundial antes de la prórroga, pero tocaba media hora más de espectáculo. El tiempo extra fue precioso. Inolvidable. Lautaro Martínez tuvo un par de ellas y en la tercera despejada por el meta Lloris anotó tras rechace para adelantar otra vez a Argentina. Otros 100 segundos tardó Francia. Penalti clarísimo que anota Mbappé. 3-3. Tres goles de Mbappé que empataba a tantos en una final con el inglés Hurst. Kolo Muani tendría un mano a mano en el último instante, pero tocaba penaltis. Apareció entonces en escena un tal Emiliano Martínez, un portero semidesconocido con pinta de soldador que había jugado en ocho equipos distintos en los anteriores ocho años. Atajó un lanzamiento, Tchouamení mandaba otro fuera y Leo Messi adelantaba por la derecha a Diego Maradona.

Éxtasis Messianico

4 Alemania 3-3 Francia (semifinal Mundial 1982): Se puede catalogar como la mejor prórroga que jamás se ha jugado. Preciosa. Un duelo sin red al ataque. El culmen de un partido épico cuyo momento álgido no fue ningún gol, sino un golpe. Sevilla. Sánchez Pizjuán. Era el minuto 62. Alemania había dominado el encuentro que, de todos modos, se mantenía igualado (1-1). Platini recibe el balón y envía al espacio para la carrera de Battiston. Frontal del área. Toni Schumacher, meta alemán, sale con todo a despejar, se olvida del balón e impacta de lleno contra Battiston. La cadera de uno impacta contra la cabeza del otro. Battiston cae el suelo inconsciente. No hay roja. Ni penalti. Y Battiston no se levanta. Sale en camilla del campo sin recuperar la consciencia. Platini sale de la mano con él. Y, mientras, Schumacher ni se inmuta, masca chicle y juguetea con el balón en su área. Luego dirá que tuvo miedo de acercarse a preguntar. Para todo el mundo será siempre el villano de Sevilla. El caso es que los franceses, que hasta entonces no habían tenido la iniciativa, le meten una marcha más al partido. Tendrán varias ocasiones, la más clara un remate al larguero de Amorós. Prórroga. En el segundo minuto se adelanta Francia con una volea de Tresor y luego Giresse anota el 1-3. Alemania está desbordada. Todo parece decidido. Pero no. Rummenigge, quien acaba de entrar al campo a la desesperada dado que estaba lesionado, recorta distancia con un escorzo. Descanso. Y en la segunda mitad de la prórroga el rodillo teutón coloca el 3-3 final. En los penaltis todos anotan hasta que Stielike lanza al muñeco. Francia lo vuelve a tener en su mano, pero Schumacher detiene el penalti lanzado por Didier Six. Luego el villano de Sevilla aun pararía otro más. Alemania había alcanzado la final gracias a las paradas de Toni Schumacher, el villano de Sevilla.

Battiston y Platini

3 Argentina 2-1 Inglaterra (cuartos de final Mundial 1986): Sin lugar a dudas el partido del que más se ha escrito en la historia. La literatura sobre este duelo es soberbia, tanto en castellano como en inglés. El contexto era inmejorable. Cuatro años antes los argentinos habían ocupado las Malvinas, un archipiélago insignificante en la costa argentina, pero de soberanía inglesa. En apenas un mes los ingleses barrieron la ocupación sudamericana. La derrota hizo caer a la dictadura militar y en 1983 se celebraron elecciones libres en Argentina. Para 1986 la herida aun sangraba. Y Maradona estaba presente. Maradona era el potrero. El niño sonriente, pícaro, el gambeteador que creía en la ley de la calle. Un cara sucia. Un irrespetuoso del poder. Y no existe más rectitud y más poder que el anglosajón. Así que aquello no era un partido más. El encuentro fueron dos instantes. ¡Qué dos instantes! Valdano no logró controlar un pase y el balón atrás de un defensa inglés iba a ser despejado por Shilton cuando Maradona se levantó de un salto y golpeó el balón con su mano izquierda simulando que le había dado con la cabeza. “Lo hice con la cabeza de Maradona, pero con la mano de Dios”, diría Diego Armando. Seis minutos después el Barrilete Cósmico cogió un balón en el centro del campo, hizo un giro sobre sí mismo y comenzó una carrera prodigiosa con el balón pegado en su pie izquierdo en el que se llevó por delante a cinco defensores ingleses y al arquero Peter Shilton. Fue la esencia del fútbol. El fútbol como juego, como un pasatiempo azaroso en el que gana el más fuerte o el más listo y donde el resultado es imprescindible. La belleza de la trampa y el arte hecho carne. El fútbol de la infancia. Un fútbol que hoy ya no existe…Volvamos al juego. Bobby Robson realizó un par de cambios ofensivos y los ingleses tomaron el control del choque hasta que a diez minutos del final Gary Lineker, un delantero excepcional pulcro y académico antítesis de Maradona, recortaba distancias. Inglaterra siguió presionando y atacando y los argentinos pusieron en marcha otra treta callejera perdiendo tiempo y simulando calambres. Final. 2-1. Maradona daba otro paso hacia el Olimpo. ¡Malvinas argentinas! se cantaba en el vestuario albiceleste tras la victoria.

La mano de Dios

2 Brasil 1-2 Uruguay (final Mundial 1950): La FIFA tuvo la estúpida y terrible idea de suprimir la final del Mundial. En su lugar programó un cuadrangular final con los cuatro semifinalistas en formato de liguilla. Pero quiso el destino que el último partido enfrentase a Brasil y a Uruguay. No era una final, pero se le asemejaba. Si Brasil ganaba o empataba era campeón. A los charrúas sólo les valía la victoria. Más de 200.000 espectadores en Maracaná, cifra jamás igualada en un campo de fútbol. Se habían vendido más de medio millón de camisetas felicitando al campeón brasileño y todos los actos oficiales de celebración estaban programados. Había banda de música en el campo y se habían acuñado monedas con el rostro de los futbolistas brasileños. Jules Rimet, presidente de la FIFA, llevaba en el bolsillo de su americana un papel con un discurso en portugués en honor a Brasil. Antes del partido el embajador uruguayo se acercó al vestuario charrúa y exhortó a sus compatriotas a sufrir una derrota digna. Ese era el panorama. Brasil dominó el choque y a los dos minutos del segundo tiempo se adelantó en el marcador. La explosión de júbilo fue estruendosa. Obdulio Varela, capitán uruguayo, cogió el balón con las manos y se acercó al árbitro a reclamar un fuera de juego del todo inexistente. El negro Varela, un mestizo de madre gallega y padre africano, sabía de sobra que no había sido fuera de juego, pero su intención eran ralentizar al máximo el partido y no volver a poner el balón en el centro del campo hasta que público y jugadores se calmasen. Con inteligencia logró su objetivo y lejos de desmoronarse Uruguay tomó las riendas del encuentro. Un cuarto de hora después un remate de Schiaffino firmaba el 1-1. Con ese resultado Brasil era campeón, pero el miedo recorrió las entrañas de todos los brasileños allí presentes. Paralizados los cariocas, Uruguay empezó a acumular ocasiones hasta que en el minuto 79 un remate de Ghiggia al palo corto del arquero brasileño puso el 1-2 definitivo. Aquello pasaría a ser conocido como Maracanazo. 200.000 presentes lloraban a lágrima viva y Jules Rimet tuvo que darle la copa de campeón a Obdulio Varela a escondidas. Brasil abandonó para siempre su camiseta blanca y la cambió por la verdeamarela. Barbosa, portero brasileño, se acercó, ya anciano, un día de 1993 a presenciar un entrenamiento de la selección brasileña. Se le fue negada la entrada porque creían que les daría mala suerte. “La pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena durante toda mi vida”, declararía a los medios.

Y 200.000 brasileños lloraron

1 Italia 4-3 Alemania (semifinal Mundial 1970): El partido del siglo. Y punto. Alemania (la RFA para ser más exactos) combinaba en su selección la clase, el talento y el esfuerzo de varias generaciones, a pesar de que su Liga no tenía tal poder. Tenía un equipo descomunal línea por línea, empezando por Maier en la portería, Vogts en defensa, Beckenbauer o Overath en el centro del campo y una dupla increíble en punta formada por Uwe Seeler y Gerd ‘Der bomber’ (Torpedo) Müller. En 1970 Italia tenía un equipo fabuloso. Lideraba la defensa el capitán Giacinto Fachetti, y contaban con dos extraordinarios mediapuntas, Sandro Mazzola (ídolo del Inter de Milan) y Gianni Rivera (ídolo del AC Milan). En cualquier otro país ambos podrían jugar juntos. En Italia eso era imposible. Es más, en la punta del ataque estaba Luigi Riva, un delantero con una zurda descomunal, pero que a menudo acababa desesperado ante la ausencia de pases dignos de ser convertidos en gol. El choque fue un partido lleno de giros imprevistos. Un combate extenuante, sembrado de rachas de buen juego, errores clamorosos, lesiones, jugadas polémicas y un esfuerzo descomunal ante un calor abrasador. La fatiga provocó un desenlace en la prórroga que se tornó en inolvidable. Durante la primera parte el encuentro se ajustó al guion previsto. Alemania dominaba y tenía varias ocasiones de peligro, mientras que Italia esperaba agazapada. Fruto de la legendaria paciencia azzurra, al filo del descanso Boninsegna cargó con velocidad y adelantó a Italia en el marcador con un fulgurante disparo desde 30 metros. Inmediatamente los transalpinos se echaron aún más atrás si cabe esperando el fin del encuentro. Recibieron entonces un bombardeo con infinidad de ocasiones desperdiciadas, hasta que en el tiempo de descuento Alemania hizo gala de su fama y Schnellinger marcaba. 1-1. Su primer gol en 47 partidos internacionales. Prórroga. No hay cambios. Ya se habían agotado. 40 grados de temperatura. Beckenbauer juega el tiempo extra con una clavícula rota y brazo en cabestrillo tras ser derribado minutos antes. Es la imagen del partido. En el minuto 95 del choque (5’ de la prórroga), Gerd Müller adelanta a Alemania tras un fallo defensivo transalpino. Los italianos dejaron las precauciones defensivas para otro momento y en tan sólo cuatro minutos firmaban el 2-2. Poco después el cazagoles Riva bajaba el balón dentro del área, se libraba de Schulz con un precioso regate y con un zurdazo cruzado batía a Maier y ponía por delante a Italia. 3-2. Segunda parte de la prórroga. Italia empezó a perder tiempo de forma descarada, en una mezcla de lesiones simuladas y exhausto cansancio. Pero Alemania no estaba muerta. En un saque de esquina Seeler cabecea en primera instancia y luego Müller volvió a anotar. 3-3. En ese momento parecía que el partido iba a acabar en tablas. Ello implicaba otro extenuante partido al cabo de dos días, ya que por aquel entonces no estaba todavía implantado el sistema de penaltis. Sin embargo, en el minuto 116 la elegancia de Rivera surgió cerca del área para, con un precioso disparo con el interior, batir a Sepp Maier. Italia se clasificaba para la final tras un majestuoso partido en el que se anotaron siete goles, cinco de ellos durante la prórroga, tiempo extra al que se había llegado tras un gol alemán en el minuto 93. Colosal. Inolvidable.

Échenle un ojo en Youtube…
…es el partido del siglo

Los mejores partidos de la historia

Los 10 mejores partidos épicos de clubes de todos los tiempos (la primera selección de los 40 mejores encuentros futbolísticos de siempre)

Leer más

A los 100 años del gol olímpico

En 1916, para conmemorar el centenario de su independencia, Argentina organizó un torneo de fútbol al que invitó a Brasil, Uruguay y Chile. La propuesta fue un éxito y tuvo continuidad al año siguiente ya bajo el auspicio de la recién fundada Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) con el nombre de Copa América. Aquel juego traído por escoceses a través del Río de la Plata había evolucionado de tal forma que era en Sudamérica donde se practicaba el fútbol más avanzado táctica y técnicamente del planeta, siempre con el permiso de Gran Bretaña. Para muestra un botón. Mientras la Conmebol se crea en 1916 hay que esperar a 1954 para que en Suiza se funde la UEFA (Union des Associations Européennes de Football).

Trasladémonos ahora a 1921. Por aquel entonces tuvo lugar el congreso de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association) en el que fue elegido presidente el francés Jules Rimet. Era Jules Rimet un hombre empecinado. Abogado de profesión y árbitro aficionado, nunca jugó al fútbol, pero demostró unas dotes organizativas y políticas de primer nivel. Su deseo era crear una Copa del Mundo de fútbol. Pero era un deseo a medio plazo. Sabía que ante la negativa inglesa a participar (con su flema inglesa se creían por encima del bien y del mal) y con un mundo en proceso de reconstrucción tras el fin de la I Guerra Mundial, debía esperar unos cuantos años. Apostó por una solución de compromiso. La decisión que tomó en aquel congreso de 1921 era que mientras ese momento llegara “la Federación Internacional reconocerá el Torneo Olímpico de Fútbol como un Campeonato del mundo amateur si éste es organizado conforme a los reglamentos”. Así entonces, la competición de fútbol de 1924 a celebrar en los Juegos Olímpicos de Paris iba a tener rango de Copa del Mundo.

En aquellos tiempos el fútbol sudamericano era un desconocido en el Viejo Continente. Fueron escoceses los que llevaron el juego a los puertos de Montevideo y de Buenos Aires. Y este hecho es significativo, dado que, a diferencia de los ingleses, los escoceses propugnaban un juego de pase y movimiento. Pronto los hijos de la inmigración italiana y española convertirían aquello en un fútbol dinámico donde la garra y el gambeteo iban de la mano.

La selección de fútbol de la República Oriental del Uruguay era la vigente campeona de América. Y su fútbol era avanzado. Algunas de las primeras referencias al líbero o al delantero centro móvil las encontramos en Uruguay. Pero por mucho que su nivel fuese excelso, que un país del otro lado del charco viajase a Europa se antojaba harto complicado. Había que afrontar un largo y pesado viaje en barco y solicitar una ausencia de un par de meses en el puesto de trabajo para poder prepararse y competir. La competición sólo daba permiso a la participación de amateurs, aunque era por todos sabido que la mayoría de los futbolistas cobraban bajo cuerda.

Atilio Narancio, presidente de la federación charrúa, vio en los Juegos de 1924 la oportunidad de elevar el nombre de su país a los altares. Vendió varias de sus propiedades para sufragar una expedición que iba a convertir en el sueño de su vida. Convenció a los más escépticos con una serie de partidos amistosos para sacar cuartos y, esencialmente, prometió la gloria eterna a los jugadores que viajasen con él a Francia.

La selección uruguaya desembarcó en el puerto de Vigo el 6 de abril de 1924 con una calurosa bienvenida de los aficionados gallegos, la inmensa mayoría de ellos con familiares repartidos a lo ancho y largo de Sudamérica. Era la primera vez que una selección sudamericana de fútbol viajaba a Europa. Y causó sensación. Disputaron nueve partidos amistosos en España, para saldar el consabido balance de cuentas, y salieron victoriosos en todos ellos. Impresión causaron las contundentes victorias ante el Real Madrid y Athletic de Bilbao, los dos grandes equipos del momento. Habían viajado en tercera clase en un barco que tardó mes y medio en cruzar el Atlántico, pero ya se vislumbraba que volverían a casa con billete de primera.

De Madrid a París serían unas 30 horas de tren y más de 3.000 espectadores (una cifra considerable en la época) verían la fácil victoria de los exóticos uruguayos ante Yugoslavia (7-0) en el primer partido del torneo. Después vencieron a Estados Unidos (3-0), Francia (5-1), Países Bajos (2-1) y a Suiza en la final (3-0). Uruguay había arrasado. El impacto fue tal que se estima en cerca del millón de mapamundis los que se vendieron en París y alrededores tras la victoria uruguaya, para poder así ubicar al pequeño país latinoamericano en el mundo. No era para menos. La ciudad de Paris contaba con más habitantes que la totalidad del Uruguay. En Montevideo se decretó fiesta nacional y se emitieron sellos conmemorativos. No era una victoria deportiva, era un éxito cultural y una prueba de que las jóvenes naciones sudamericanas podían competir contra los viejos estados europeos.

Toda Europa, salvo los orgullosos y profesionales ingleses, celebró el triunfo uruguayo como un triunfo del refinamiento. Las imágenes de la época nos enseñan lo que hoy conocemos como estilo sudamericano. Pases al primer toque y decenas de gambetas. Con un ritmo y una velocidad notablemente inferior al fútbol del siglo XXI, pero muy alejado del prototipo inglés de fuerza, balón el aire y todos al área.

Fue tan extraordinaria la actuación de aquella selección charrúa, que al acabar la final el público parisino que abarrotaba el Estadio Olímpico de Colombes (ahora ya no eran 3.000 sino 45.000 almas) irrumpió con una sonora ovación. Pierre de Coubertin (presidente del COI) se dirigió al seleccionador uruguayo y le propuso dar una vuelta al campo para que los jugadores fuesen saludando al público.

Había nacido la Vuelta Olímpica.

La primera vuelta olímpica

Meses después Uruguay disputó un par de partidos amistosos ante Argentina para conmemorar el triunfo. Primero en Montevideo para luego devolver visita en Buenos Aires. También servía como preparativo para la Copa América que se iba a celebrar dos semanas más tarde. El caso es que no eran unos choques amigables sin más. Ningún duelo entre charrúas y argentinos lo era. En toda Europa alabaron por bello el triunfo de Uruguay. En Argentina no hizo gracia alguna la victoria. Uruguay volverá a ganar los Juegos Olímpicos en 1928 y saldrá campeón del mundo en 1930 al derrotar en la primera final a Argentina. El balance en Copa América a esas alturas era de Uruguay (6) y Argentina (4). Los argentinos hubieron de esperar a finales de los 40 para ponerse en primera posición, pero no fue hasta 1978 cuando lograron su primer Mundial mientras los uruguayos sumaban dos. Aquello dolía hasta en lo más hondo el orgullo argentino. Olvídense de Brasil. No existe mayor odio futbolístico que el que hay entre las dos orillas del Río de la Plata. Y el balance, durante muchas décadas, fue favorable al pequeño país de la República Oriental del Uruguay.

En el campo bonaerense de Barracas (hoy recinto menor, antaño un pequeño coloso para 40.000 almas) la selección argentina recibe a la uruguaya. El partido se celebra un 2 de octubre de 1924. Hace un siglo de ello. En el minuto quince de partido el extremo izquierdo argentino, de nombre Cesáreo Onzari, se dispuso a lanzar un saque de esquina. El balón salió volando desde su pie y se coló en la portería sin que nadie la tocase. El público no lo celebró al no comprender lo que sucedía. Era la primera vez en la historia que se veía algo así. Los uruguayos se quedaron mudos. Cuando consiguieron hablar protestaron y aseguraron que su portero (Antonio Mazzali fue el primer retratado por la vergüenza) había sido empujado irregularmente. El árbitro no hizo caso alguno.

Luego se culpó al viento y se dijo que Onzari había tenido la intención de centrar y nunca de tirar. Él juró toda su vida que aquello había sido un intento de gol. La suspicacia siempre estará presente en este tipo de lanzamientos, pero podemos dar por buena la versión de Onzari. Justo ese año, 1924, la International Board había modificado el reglamento del fútbol. Hasta entonces el saque de córner estaba reglamentado como lanzamiento indirecto, por lo tanto, era ilegal el gol si la pelota no contactaba antes de entrar en la portería con algún jugador. Si Onzari había marcado el primer gol directo desde córner de la historia era, entre otros motivos, porque hasta esa modificación de la regla de 1924 haberlo hecho se hubiese considerado gol ilegal.

El gol de Onzari

El caso es que aquel gol causó impresión y pronto fue bautizado. Era el primer gol que Uruguay encajaba como campeón olímpico y la prensa hablaba del tanto como “el gol de Onzari a los olímpicos”. En adelante se simplificó la expresión para ser llamado gol olímpico. Así fue calificado el tanto de Onzari en parte por admiración al gol y en parte por admiración a esa gran selección uruguaya.

A partir de ese momento al tanto anotado directamente desde saque de esquina se le conocerá como gol olímpico.

— LOS GOLES OLIMPICOS —

Anotado desde el córner, el gol olímpico es el chaflán del fútbol. Si el tanto desde saque de banda (con la mano) está vetado, el de saque de esquina (con el pie) es quizás el más difícil que se le concede al balompié. Requiere ingenio trigonométrico ante la imposibilidad del ángulo, las decenas de cabezas y de piernas que pueblan el área y las manos del arquero siempre atentas a lo que podría significar una afrenta.

El gol olímpico es una suerte extremadamente difícil de ejecutar con éxito. Requiere técnica, pero también valentía para llevarla a cabo, y en el desenlace influye tanto la intención como el azar sin que nunca se sepa a ciencia cierta cuánto hay de cada. Uno de los goles olímpicos más celebrados tuvo lugar en 1953 cuando Hungría derrotó en Wembley a Inglaterra por 3-6 en el duelo que finiquitó para siempre la mal considerada superioridad inglesa. Aquella tarde Ferenc Puskás anotó un tanto ante Billy Wright tras dejarlo sentado en un fastuoso regate y luego convirtió un segundo gol tras saque directo desde la esquina pegándole con el exterior de su pie izquierdo. Muchos años después Roberto Carlos anotaría también un gol olímpico con el exterior defendiendo los colores del Corinthians en el ocaso de su carrera.

El gol olímpico es una suerte que cuenta con muchos más seguidores en América que en Europa. Prueba de ello es que el uruguayo Juan ‘Cococho’ Álvarez es el hombre récord al haber anotado ocho goles olímpicos en su carrera. En una ocasión, defendiendo los colores de Deportivo Cali, anotó dos tantos en un mismo partido disputado ante Deportivo Cúcuta. El más reciente, y también uruguayo, Álvaro ‘Chino’ Recoba cuenta con seis goles olímpicos y decenas de intentos fallidos a lo largo de su trayectoria. Ocho goles también se le contabilizan a Dejan Petkovic, un serbio que con 22 años pasó sin pena ni gloria por el Real Madrid y que luego tuvo una gloriosa carrera en Brasil con el cambio de siglo. Al bético Rogelio (1962-1978), al que apodaban La Zurda de Caoba por su exquisita técnica y que espetaba a los entrenadores aquello de correr es de cobardes porque era igual de bueno que de vago, se le contabilizan diez goles olímpicos entre partidos oficiales y amistosos.

Sigamos en Europa. Bernd Nickel. Doktor Hammer como apodo. Pequeño, pero de fortísimo disparo. Especialista en lanzamientos de falta. Más de 400 partidos defendiendo la camiseta del Eintracht de Frankfurt entre 1967 y 1983. Se le contabilizan cuatro goles olímpicos. ¿Lo reseñable? Uno en cada uno de los cuatro triángulos y los cuatro banderines de las cuatro esquinas de un campo de fútbol. A Charlie Tully, futbolista del Celtic en los años 50, le mandaron repetir lanzamiento tras un gol olímpico dado que el balón estaba fuera del triángulo del córner. Marcó a la primera y también a la segunda. En España destacó la figura de Jesús Landaburu, quien anotó tres goles olímpicos en una misma temporada aprovechando las dimensiones reducidas de Vallecas cuando militaba en el Rayo. Luego jugaría en Barça y en el Atlético, pero sin volver a repetir nunca más la hazaña.

Maradona únicamente anotó un gol olímpico en su carrera, aunque fue uno de los tres que anotó en un mismo partido de la Serie A ante la SS Lazio. No logró anotar ninguno en un Mundial, suceso harto improbable, dado que sólo ha ocurrido en una ocasión. Fue en el Mundial 1962. El colombiano Marcos Coll anotó un gol olímpico que sirvió para lograr el empate ante la Unión Soviética en un partido de la primera ronda. El portero agraviado fue el mítico Lev Yashin al que le llovieron miles de críticas y quien fue recibido a pedradas al volver a Moscú. Llegó a apartarse del fútbol durante unos meses para volver con fuerza al año siguiente y completar un curso brutal en el que únicamente encajo seis goles, lo que le valió el Balón de Oro de 1963. Yashin, por cierto, fue olímpico, y logró la medalla de oro con la URSS.

Por último, y como curiosidad final, en la temporada 2017/18 en el partido entre la ACF Fiorentina y el Bolonia FC de la Serie A se vieron dos goles olímpicos en el mismo encuentro. Jordan Veretout por los primeros y Erick Pulgar por los segundos marcaron un gol olímpico por cada equipo en un plazo de tres minutos.

Otras historias uruguayas

Cuando Abdón Porte decidió suicidarse (el héroe de Nacional)

¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo en su camiseta? (los 4+1 Mundiales ganados por los charrúas)

Paris 1924 (los Juegos Olímpicos que encumbraron al fútbol uruguayo en dos artículos)

Leer más

Apuntes sobre una final (Argentina vs Francia)

Para bien o para mal será el Mundial de Messi. Para saber si es o no es. Si el debate pasa a tener fin o se alarga ‘per saecula saeuculorum’. La vejez le ha tratado mejor que a Cristiano, con quien libró una batalla que acabó decantándose a su favor por el trono mundial. Fueron años de lucha, mas no son años, sino toda una vida, la que Leo lleva intentando ganarse el corazón de los argentinos para sustituir en el altar al d10s Maradona. Messi ha facturado dos temporadas de vacaciones, ahorrando físico, para reconciliarse con el fútbol y con su país en este último baile. Todos los jugadores que han estado en Qatar querían ganar el Mundial, pero sólo uno de ellos lo necesita.

Mientras Leo Messi exprime su fútbol porque no le sobra energía, Kylian Mbappé es todo exuberancia. Es una manada que baila sobre el césped. Le da tiempo a todo, incluso a cometer errores. Es arrogante, porque puede. Tiene más piernas que Messi, aunque menos fútbol en su cabeza. Si Messi abruma ambición atrapado por la necesidad de ser el más grande, Mbappé encara el triunfo de una forma mucho más lúdica. Lucha por ganar su segundo Mundial con apenas 23 años. Le quedan al menos otros dos y, salvo que una lesión destroce su carrera, la lógica dice que acabará siendo el máximo goleador de la historia de la Copa del Mundo. Por mucho que duela en Madrid podría retirarse sin ganar la Copa de Europa y no pasaría nada. Con dos Mundiales a sus espaldas Mbappé sería al mismo tiempo la Torre Eiffel, Juana de Arco y Charles de Gaulle.

Para Argentina será su sexta final de Mundial con, hasta el momento, un balance de 2/3. Cayó en 1930 ante Uruguay, en 1990 frente a Alemania y en 2014 de nuevo ante los germanos. Alcanzó el éxito en 1978 contra Países Bajos y en 1986 venciendo a Alemania. Argentina es la élite. Alemania ha jugado ocho (4 victorias y 4 derrotas), Brasil siete (5/2) e Italia seis (4/2) junto a los ya citados argentinos. Inmediatamente después en el escalafón estaría Francia, que con la de Qatar acumula cuatro finales en total. Salió victoriosa en 1998 contra Brasil y en 2018 frente a Croacia, mientras que perdió por penaltis ante Italia en 2006.

Será, pues, el tercer Mundial para cualquiera de las dos naciones. Lo será en el cuarto enfrentamiento mundialista entre estos dos países. La primera vez fue al inicio de esta mágica competición. Era 1930 y Argentina salió vencedora (1-0), ayudada por el hecho de que Francia jugó medio partido con un jugador menos al lesionarse uno de sus delanteros en una época en la que no existían cambios. Aquel triunfo permitió a los albicelestes clasificarse para semifinales. Volvería a ganar Argentina en 1978, en este caso para meterse en una segunda fase equivalente a los cuartos de final. Ganaron por 2-1 ante una Francia en la que emergía un joven Platini. La última vez fue en los octavos de final de Rusia 2018, donde la moneda cayó del lado francés al vencer por 4-3 en un impresionante partido que encumbró a Mbappé camino del triunfo en la Copa del Mundo.

Estaba Mbappé por aquel entonces, como también lo estaban Hugo Lloris, Steve Mandanda, Alphonse Areolá, Benjamin Pavard, Lucas Hernández, Antoine Griezmann, Ousman Dembelé y Oliver Giroud. Estos nueve jugadores pueden proclamarse bicampeones mundiales. Solo dos países han logrado repetir tal hazaña de forma consecutiva. Italia en 1934 y 1938 (cuatro italianos bicampeonaron, entre ellos Giuseppe Meazza) y Brasil en 1958 y 1962 (doce bicampeones entre los cuales estaban Garrincha o Djalma Santos). También son bicampeones Passarella (1978 y 1986) y Cafú y Ronaldo (1994 y 2002). Si bien es cierto que tanto Pasarella en el segundo como Ronaldo en el primero tuvieron una participación meramente testimonial. De igual modo tan sólo Lloris, Griezmann, Giroud, Mbappé y, en menor medida, Dembelé, podrían considerarse capitales en los dos posibles entorchados galos.

Por encima de todos ellos solo quedaría Pelé, el único ganador de tres Mundiales (1958, 1962 y 1970), siendo la figura más relevante tanto en el primero como en el último de ellos.

Decía que capital en los dos triunfos sería Oliver Giroud. El delantero que no tiró entre los tres palos en los siete partidos de Rusia 2018 y que en Qatar 2022 lucha por ser el máximo goleador de la competición. Su lugar tendría que haber sido ocupado por Benzema, jugador de tronío, que se retirará con al menos cinco entorchados continentales con el Real Madrid y con dos Mundiales ganados en su imaginación. ¿Hubiese sido el palmarés más extraordinario de un futbolista? Sin lugar a dudas. Pero eso, como mucho, es una historia contrafactual.

La realidad dice que el mejor es Messi. La corona ya la tiene. Ahora pretende colocarle el orbe. Son cinco mundiales. Son 16 años de espera. A Ronaldinho lo retiró, a Buffon lo humilló, a Xavi e Iniesta los eclipsó, con los alemanes no se presta la comparación y Mbappé aún está lejos en el retrovisor…siempre y cuando a Kylian no le dé por ganar su segunda estrella.

Comparativa entre Messi y Mbappé, las dos estrellas del Mundial de Qatar
Futuro, presente y pasado

Pero hay más que Mbappé y Messi. Es el Mundial de Antoine Griezmann. Un jugador principesco, con una carrera extraña, salpicada de toma de decisiones erróneas, pero que es faro y guía de su selección. Griezmann lleva una década manejando los hilos de Francia, con ingenio y con trabajo, sirviendo de continuidad a lo que antes hicieron Platini y Zidane. Nunca comerá en la mesa de los grandes y ni siquiera se le ha permitido llevar el ‘10’, pero su batuta es capital para entender el éxito francés de estos últimos años.

Capital también ha sido el trabajo de Lionel Scaloni. Si Deschamps lleva desde 2012 como seleccionador con un discurso que sólo los triunfos y el fondo de armario francés ha mantenido en pie, Scaloni es un advenedizo con el que nadie contaba. Su tranquilidad frente al histrionismo argentino al caer el primer día ante Arabía Saudí hizo saltar un clic en la opinión pública. Su gestión del vestuario, su apuesta por Enzo Fernández y Julián Álvarez y en especial el virtuosismo táctico que ha mostrado en las rondas eliminatorias, lo ha encumbrado como técnico con enjundia.

Es pues una final inédita, pero que confronta a dos elegidos. Al presente y al pasado. Al presente y al futuro. A Argentina y a Francia. Junto a los uruguayos, los argentinos fueron la vanguardia del fútbol en sus orígenes. A orillas del río de la Plata se cultivó una forma de jugar que combinaba la garra con la técnica. Así Argentina cayó ante Uruguay en 1930, en el primer Mundial de la historia. Hasta 1978 no volvería a una final, pero no por eso decayó el fútbol argentino. Pedernera, Moreno, Sívori, Carrizo, River, Boca, Racing, Independiente…todos forman parte del acervo cultural del fútbol. Tres de los llamados cinco grandes son argentinos y, con mayor o menor suerte, Argentina siempre es referente en cualquier competición a la que se presente.

Para Francia el pasado es borroso. Eclipsado por el ciclismo y el rugby, el fútbol no tuvo en sus inicios la preponderancia que tiene en el presente. Sin embargo, su evolución es sorprendente. Ganó su primera Eurocopa en 1984 con Platini de maestro de ceremonias y alcanzando dos semifinales mundiales. Era algo excelente. Pero desde 1998 Francia acumula dos trofeos y una final. Son cuatro finales de las últimas siete. Apabullante. Donde antes estaban Italia y Alemania ahora está Francia. No enamora y es terriblemente conservadora, pero es exitosa. Es el equipo más mestizo de Europa y sabe aprovecharse de eso. Son fuertes, rápidos y técnicamente prodigiosos. Los italianos daban pánico por su control del tempo del partido, virtud a la que los alemanes le añadían un poderoso despliegue físico. Francia hoy lo es todo. Ese equipo que puede hacer un partido horrible pero que igualmente se llevará el triunfo. Francia es hoy la nueva Alemania.

Francia-Argentina: La final inédita... y, sobre todo, la final de Messi -  Eurosport
¿Quién ganará?

Otras historias mundialistas

El escándalo Qatar (los tejemanejes para llevar el Mundial al emirato)

Cuando Roger Milla pasó de nadar con delfines a ser la estrella de un Mundial (la preciosa historia de Camerún en Italia 90)

Cuando Corea del Norte era noticia por el fútbol (cuando once desconocidos batieron a la poderosa Italia)

El partido del siglo (el agónico Alemania vs Italia del Mundial de México en dos artículos)

¡Ohne worte! (la caída de la fiable Alemania en Rusia 2018)

La hija aventajada de Yugoslavia (el buen hacer del fútbol croata desde que son una nación)

Rusia 2018 (Balance del Mundial)

Brasil del 70 (la mejor selección de siempre a través de dos artículos)

El asesinato de Andrés Escobar (drogas, mafia, fútbol y un autogol que derivó en tragedia)

La semana mágica de Paolo Rossi (como un apestado ganó un Mundial en apenas una semana)

Leer más

El largo camino a casa de Isidro Lángara (2ª parte)

Con las tropas franquistas asediando Bilbao, el gobierno vasco del PNV (conservador pero aliado con la izquierda para preservar su independencia) programó una operación de propaganda. La idea fue del Lehendakari José Antonio Aguirre, quien había sido jugador del Athletic. Fletó un avión que puso rumbo a París con algunos de los mejores futbolistas del momento para defender la causa republicana. El objetivo era servir de altavoz para pedir ayuda internacional y, de paso, obtener dinero a través de la celebración de diferentes partidos amigables.

Lángara no era ni mucho menos un significado político. De hecho, como vimos, pasó de ser un héroe izquierdista a estar a punto de ser ejecutado acusado de fascista. Si lo eran varios de los componentes de aquel conjunto como Luis Regueiro o Tomás Aguirre, declarados independentistas. Así que Lángara se dedicó a lo suyo. Meter goles. El primer partido fue ante el Racing de París y acabaría con victoria del combinado vasco con triplete del delantero de Pasajes. Fue el mismo día del bombardeo de Guernica. Luego habría partidos por Checoslovaquia, Polonia, Noruega, Finlandia, Dinamarca o la Unión Soviética. En Moscú se llegó a parar un choque para que el árbitro examinase las botas de Lángara ante la incredulidad general por la violencia de sus disparos.

Los bolos terminaron y la expedición regresó a Paris. Por entonces ya pocos dudaban de la victoria del llamado bando nacional y aquellos futbolistas temían, no por su futuro futbolístico, sino por sus vidas. Roberto Echevarría y Guillermo Gorostiza decidieron volver a España (éste último un extremo rapidísimo del Athletic apodado irónicamente ‘bala roja’) a través de Irún, hacer borrón y cuenta nueva y seguir con sus vidas en la España franquista. El resto cogió un barco en Le Havre y puso rumbo a México.

Lángara | El Penalty de Panenka
Lángara, abajo en el centro

Era 1937 cuando la expedición de futbolistas errantes llegó a Ciudad de México tras desembarcar en el puerto de Veracruz. Una muchedumbre de personas, algunas españolas de nacimiento y la mayoría de origen hispano, esperaba en la estación capitalina la llegada del esperado convoy. Arrollando hasta a niños y policías, los forofos buscaron con ahínco a Isidro Lángara, lo alzaron en hombros y lo sacaron en volandas de la estación.

No diríamos mentira alguna si afirmásemos que ninguno de los allí presentes había visto jugar nunca a Isidro Lángara. Salvo alguna que otra fotografía que atestiguase lo contrario, jamás algún mexicano le había visto tocar un balón. Y sin embargo la fama de Lángara era tal que todo buen aficionado al fútbol sabía de la excelencia de aquel brutal delantero gracias a la infinidad de artículos periodísticos que lo alababan.

Tras unos partidos amistosos en México aquellos chicos pasaron a Cuba, y de las Antillas a Argentina. Para entonces el ‘Tanque’ ya era conocido como ‘El Vasco’. Y para entonces Francisco Franco ya estaba bastante asentado en el poder como para exigir que esos desertores no pisaran un campo de fútbol. Argentina claudicó ante el miedo a las represalias y los exiliados tuvieron que volver a México, el último país de habla hispana simpatizante con la República.

Era noviembre de 1938 y aquel equipo pasó a integrarse en la liga mexicana con el nombre de Club Deportivo Euskadi. Quedaron segundos y Lángara consiguió el galardón de máximo goleador con 19 goles en 11 partidos. Memorable fue un gol de chilena anotado ante Raúl Estrada, considerado por muchos el mejor portero de América. Lángara, veinte metros más allá del arco, vio pasar el balón sobre su cabeza, dio media vuelta y, de espaldas a la portería, se lanzó al aire y la pescó con el pie derecho. La esférica fue por los aires directamente al gol y se metió en un ángulo, sin que Estrada pudiera hacer otra cosa que observar impávido lo que ocurría.

Tras dimes y diretes y tras un duro debate en el seno de la FIFA, en 1939 aquellos exiliados son libres para firmar por el equipo que quieran. Lángara, junto a José Iragorri y Ángel Zubieta (otro que merece capítulo aparte), firman por el argentino San Lorenzo de Almagro. En su primer partido Lángara le marcará cuatro goles a River Plate. Un hincha de River de 12 años llamado Alfredo di Stéfano padeció con admiración los latigazos de aquel vasco. En las filas de San Lorenzo pasará Lángara cinco temporadas, siendo otra vez máximo goleador y disfrutando de la vida en la neutral Argentina mientras el mundo se desquebrajaba en mil pedazos.

Libre de muerte y destrucción, en Argentina se jugaba entonces el mejor fútbol del mundo. Hasta el NO-DO se hacía eco del asunto e imágenes de aquel fenomenal San Lorenzo invadían los cines españoles. Pero por muchas imágenes que del ciclón se emitiesen jamás aparecía en los resúmenes un gol de Lángara, vetado y censurado por el Régimen.

442 | Isidro Lángara, el vasco dueño de Boedo
Goleador en Argentina

En 1942 Lángara volverá por vez primera a México donde sigue siendo un ídolo. En una gira de diez partidos amistosos, San Lorenzo anota 42 goles de los cuales 23 son obra de Lángara, incluidos siete tantos en una victoria por 9-1. Aun así, Lángara nunca estuvo del todo cómodo en Argentina. El uso y abuso del regate y del manoseo del balón nunca fueron plato de buen gusto para el ‘Tanque’, un hombre de acción que disparaba y después preguntaba.

Los latigazos de Lángara volverían a resurgir en México tras regresar a la capital de Centroamérica en 1943. Será en las filas del Real Club España, club fundado en 1912 por emigrantes españoles y el más importante de México durante la primera mitad del siglo XX. En la campaña 43/44 el RC España ganó su última Liga con Lángara en sus filas tras un desenlace agónico resuelto en la última jornada ante el CF Asturias, cuyos orígenes son más que obvios. Lángara fue otra vez máximo goleador, y lo será nuevamente en la campaña 45/46 superando todos sus registros conocidos con 40 tantos en 30 partidos.

Fue esa su última campaña en México. Con 34 años fue reclamado por la Patria. Resulta que Felipe Polo, cuñado del Generalísimo, era un acérrimo simpatizante del Real Oviedo. Estuvo años detrás de Carmen, su hermana y esposa de Franco, para que le levantasen el veto a Lángara y le permitiesen volver. En la capital de Asturias no se habían olvidado del hombre que con sus más de 200 goles había llevado a los carballones a la cima.

El problema es que tras el fin de la Guerra Civil se había aprobado el llamado Decreto Ley sobre Responsabilidades Políticas que perseguía a los que, habiéndoles pillado la guerra en zona republicana y consiguiesen llegar al extranjero, no hubiesen decidido regresar a la zona nacional. En el caso de los deportistas el veto era por 12 años.

Lángara llevaba fuera diez años, pero Carmen Polo intercedió y se permitió que Lángara volviese antes de tiempo.

Sabido de la buena nueva, Santiago Bernabéu quiso tirar de contactos y adelantarse a las intenciones del Real Oviedo. Pero pinchó en hueso. El Real Madrid acababa de fichar a Luis Molowny y estaba empantanado en la construcción de un nuevo y colosal estadio en la Castellana. Con todo, encareció el precio de Lángara que firmó por el Real Oviedo a razón de 100.000 pesetas anuales, con diferencia el contrato más alto jamás firmado por Carlos Tartiere, presidente del club carballón.

Isidro Lángara llegó en barco a Bilbao y de ahí en tren a Oviedo. Era agosto de 1946. Lángara hubo de apearse en Colloto, última parada antes de arribar en Oviedo, para evitar el gentío que le aguardaba en la estación. Allí le esperaba Herrerita, compañero de antes de la Guerra, y el presidente Tartiere. Se subieron al coche de este último y allí mismo firmaron el contrato. Al día siguiente Lángara ya estaba entrenando.

Real Oviedo: Con Lángara en el recuerdo
Vuelta a casa

Así fue como Lángara regresó de México para estirar su carrera un par de temporadas. Con algún kilo de más, y abundantes entradas, había ciertas dudas sobre su regreso. Las disipó todas en su primer año con 18 tantos en 20 partidos. No así en el segundo, donde apenas pudo jugar por culpa de las lesiones. Sería su adiós al fútbol profesional.

Abandonó a los 36, en declive físico, pero sobre todo mental, decepcionado por la España que reencontró. Nada tenía el Régimen contra él, pero aquel Oviedo no se parecía en nada al que conoció. Además, día sí y día también, veía pasear por el centro de Oviedo a Nieves, su novia de antes de la guerra, ahora felizmente casada con otro hombre. Así que Lángara decidió volver al lugar donde había pasado los mejores años de su vida. Comenzó una carrera en los banquillos que lo llevó por Chile, Argentina y, por supuesto, por su querido y añorado México. Dicen los que lo conocieron que jamás hablaba de su pasado como futbolista. Que el silencio y la discreción eran su religión.

Viajó frecuentemente a España. Madrid, Oviedo, Andoain. Siempre el mismo recorrido. No tuvo hijos. Tampoco domicilio habitual. Cuando le atacó el alzhéimer, ya en 1990, se estableció en Andoain, en casa de su sobrina, hasta que la muerte le sobrevino en agosto de 1992, cuando España disfrutaba de la resaca de unos históricos Juegos Olímpicos.

Desconocido, primero por el exilio y luego por el olvido, Lángara ha sido injustamente enterrado. Su nombre pasaría desapercibido durante el Franquismo y nadie se preocupó de recuperarlo tras la vuelta de la democracia. Los tambores de la historia resuenan para Pichichi o Belauste, como recuerdos del glorioso Athletic y de la plata olímpica de Amberes. También retumban para Zamora o Samitier, ambos emigrados y retornados, y ambos iconos de Madrid y Barcelona. Para Isidro Lángara Galarraga quedó el silencio. Un silencio que es estruendo al cruzar el charco. Lo normal ante el mejor goleador español de la historia. Lo normal ante uno de los mejores delanteros que ha parido la historia.

El Oviedo publica la biografía en inglés del histórico delantero  guipuzcoano Isidro Lángara | El Diario Vasco
Homenaje a Lángara (d) en Andoaín

Otras historias sobre la Guerra Civil española y el Franquismo

El largo camino a casa de Isidro Lángara (primera parte del artículo sobre el delantero ovetense)

Zamora: ¿rojo o facha? (cuando unos y otros se apropiaron de la estrella del fútbol español)

Especial Navidad: Entrevista a Franco (una conversación de ficción con el Generalísimo)

FC Barcelona: la Guerra Civil (mitos y verdades azulgranas mientras España se asesinaba a si misma)

Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo (corrupción, ambición y un boxeador legendario)

El caso Di Stéfano (cuando Madrid y Barça lucharon por el fichaje de ‘La Saeta’ en dos artículos)

De la final de las botellas al caso Guruceta (cuando un Barça-Madrid pasó a ser asunto de Estado durante el tardofranquismo)

Día de la Hispanidad 1969 (cuando la selección española invadió el campo de Gibraltar para gloria del Franquismo)

Leer más

Vilas; un rey sin corona

22.545 resultados de partidos de tenis en 542 torneos distintos que equivalen a más de 300.000 filas de Excel en 50 columnas diferentes. Esa es la cruzada a la que durante años se enfrascó el periodista Eduardo Puppo para restablecer la memoria de Guillermo Vilas. Su batalla y empecinamiento personal duró más de una década, recopilando archivos personales, documentación de la ATP y entrevistando y aliándose con matemáticos para obtener respuesta a la gran duda.

¿Por qué Guillermo Vilas no fue nunca número 1 del mundo?

Melena al viento, revés descomunal y una resistencia asombrosa que lo hacían casi infalible en el quinto set, Guillermo Vilas fue el único cacique capaz de competir en tierra batida con Björn Borg y uno de los pocos habilitados para coquetear con la sombra de Rafa Nadal en el polvo de arcillas. Vilas forma parte de esa estirpe de niños que son obligados por su padre a practicar un deporte. Mas lo curioso en su caso es que su progenitor no le prometió ni fama, ni dinero ni gloria. Papá Vilas le dijo que si prosperaba como tenista podría aprender inglés y viajar gratis a cualquier ciudad de Europa.

Cuando en 1970 Guillermo Vilas comenzaba a dar sus primeros pasos en el circuito, el tenis estaba herido de muerte. Había una división pestosa entre profesionales y amateurs, y los tenistas se debatían entre ganar dinero y no poder acudir a los grandes torneos o acumular telarañas en los bolsillos y llenar su palmarés de gloria eterna. Para 1972 se produjo el gran cambio con la creación de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) que admitía el profesionalismo en torneos de realengo como Wimbledon o Roland Garros.

Al año siguiente la recién creada ATP decidió instaurar un ranking que determinaría a los mejores tenistas del mundo y que establecería los cuadros eliminatorios de los distintos torneos. Acabada la dicotomía entre profesionales y amateurs el objetivo era crear un “método histórico objetivo basado en méritos para determinar la aceptación y siembra en todos los torneos para individuales y dobles”.

La idea era buena, pero en exceso ambiciosa. ¿Cómo contabilizar el sistema de puntos? En 1973 los métodos informáticos estaban en pañales. La ATP tardaba varios días en actualizar los datos y en más de una ocasión tenían que rectificar. Al inicio de un torneo aún no se habían trasladado al ranking los puntos del torneo anterior. Se tomaban notas provisionales a la espera de ser revisadas.

No sólo eso. Una victoria en Roland Garros valía lo mismo que una victoria en El Espinar.

Actualmente se otorgan determinados puntos en función de la categoría del torneo. Los Grand Slam (Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open) reparten desde 2.000 puntos por ganar a 25 por participar. Los Masters 1000 (9 en total) reparten entre 1.000 y 12, los ATP 500 (14 en total) entre 500 y 10 y los ATP 250 (38 en total) entre 250 y 5. El sistema es sencillo de aplicar y rápido de ejecutar y actualizar. Así lo es, y así lo parece. Pero no era así en 1973.

Entonces el ranking ATP no distinguía de torneos, únicamente distinguía victorias. Se contaba el promedio de puntos obtenido en función de los partidos disputados. Pongamos como ejemplo un caso extremo. Un tenista podría obtener la victoria en 5 torneos y obtener un promedio perfecto, mientras que otro que jugando 30 torneos hubiese ganado 25, tendría un promedio inferior. Esta circunstancia era posible porque, ante la incapacidad de la ATP para contar todas las semanas, los rankings no se actualizaban. De hecho, de las 280 semanas disponibles en el lustro 1973-1978, tan sólo en 128 se publicó el ranking ATP.

Ese es el gran lustro de Vilas. En 1975 pierde la final de Roland Garros ante Borg pero antes y después de la final parisina vence en hasta cinco torneos en tierra batida. Sin embargo, ni Vilas ni Borg están en lo más alto del ranking de la ATP. El agraciado es el norteamericano Jimmy Connors, que será número 1 del mundo desde principio a fin de año. Eso es lo que llama la atención de Puppo que no comprende como Connors puede estar 365 días seguidos en lo alto de la clasificación de la ATP sin haber ganado ningún torneo de Grand Slam.

Eduardo Puppo, el biógrafo de Vilas: "A Guillermo le corresponde el N° 1" |  Perfil
Vilas (i) y Puppo (d)

El problema radica en que oficialmente Connors sólo estuvo en lo alto de la clasificación durante 13 semanas. Las 39 restantes fueron adjudicadas al tenista norteamericano ‘ad hoc’. Connors había pasado de ganar tres Grand Slam el año anterior a perder tres finales y eso tendría que haberse notado en el ranking, porque aunque Vilas tampoco lograr ganar ningún Grand Slam, sí que había triunfado en múltiples torneos menores. Su ascenso respecto al año anterior era meteórico.

Revisando los datos y actualizando el ranking semana tras semana se constata que Vilas tenía que haber sido número 1 mundial durante cinco semanas entre el mes de septiembre y octubre de 1975 y también un par de ellas a inicios de 1976.

Pero lo que Puppo descubrió y presentó al mundo hace unos años se torna en un secreto a voces cuando el año a analizar es 1977. No hizo falta ninguna revisión matemática ni ningún loco periodista para que la comunidad tenística no alzara la voz sobre la injusticia cometida con Guillermo Vilas en 1977.

En plenitud física y mental, con 25 años cumplidos, en 1977 Guillermo Vilas alcanzó la victoria en Roland Garros y el US Open alargando su excelente estado de forma saliendo victorioso en enero del año siguiente en el Open de Australia. En el 77 Vilas ganó un total de 16 torneos y sumó 46 victorias seguidas en todas las superficies (récord aun no superado) y 53 victorias consecutivas en tierra batida, hazaña que pareció inalterable hasta la aparición de Nadal.

Ganó Roland Garros perdiendo tan sólo un set en todo el torneo y destrozó a Jimmy Connors (2-6, 6-3, 7-6 y 6-0) en la final del US Open. Y sin embargo no fue número 1. Aquello sí que resultaba inconcebible. Connors fue otra vez líder todo el año exceptuando una semana de agosto en la que en lo más alto de la lista estaba el sueco Björn Börg. En 1977 Connors no ganó ningún Grand Slam. Lo más sangrante es que ni siquiera participó ni en Australia ni en Paris. Borg también se ausentó de los dos primeros grandes de año, aunque logró el triunfo en Wimbledon.

No había que ser matemático para saber que Vilas tendría que ser número 1. En una edición especial la revista ‘World Tennis’, la más influyente del mundo de la raqueta, sacaba una portada con Vilas en la que explicaba que el argentino era el verdadero número 1. Ese año Vilas había ganado 14 torneos de la ATP (2 Grand Slam), Connors 9 (ningún Grand Slam) y Borg 7 (1 Grand Slam)

Según la ATP su sistema de clasificación de tenistas es totalmente fiable. Argumentan que los posibles fallos del sistema en los años 70 son indetectables y que es imposible obtener los datos de todos los partidos jugados de aquella época. Tras aportar un extenso ensayo con más de 1.000 folios con el apoyo de un reputado matemático, Puppo obtuvo para Vilas el reconocimiento de tenistas, medios y público… así como el silencio por parte de la ATP que sigue sin reconocer la evidencia.

Jimmy Connors seguiría siendo número 1 en diferentes semanas desde ese 1977 hasta 1983, compartiendo el trono o bien con su compatriota John McEnroe o bien con Borg. Vilas volvió a ganar el Open de Australia en 1979 y consiguió alcanzar otra final de Roland Garros en 1982, pero jamás volvió a mostrar aquel excelente nivel de 1977, cuando fue el mejor tenista del planeta.

Aunque fuese de manera oficiosa.

https://www.youtube.com/watch?v=x-EqoIZ1MrE

Otras historias tenísticas

En Wimbledon se gana de blanco (tradición y mística en el All England Club)

La primera vez de Federer (el bautizo de Roger en un Grand Slam)

Los cuatro mosqueteros de la Davis (Lacoste, Borotra, Brugnon y Crochet y un aviador de la I GM)

La revolución feminista de Suzanne Lenglen (la historia de una mujer adelantada a su tiempo)

La retirada de Björn Borg (cómo la presión y la fama agotaron a un mito)

¿Por qué gusta Rafa Nadal? (el deportista dominante y la dignidad colectiva)

¿Por qué nadie se acuerda de Bill Tilden? (sexo, homofobia, tenis y Hollywood en los años 20)

Cuando España ganó la Davis sin Nadal (una victoria agónica en Mar de Plata)

Algunas curiosidades del tenis (pequeñas historias del deporte de la raqueta)

Cuando un loco apuñaló a Mónica Seles (cómo un obseso puede acabar con la carrera y la vida de una persona)

Leer más