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Qatar 2022. Balance

La ONU acepta que los turcos cambien su nombre oficial de Turkey a Türkiye para que dejen de ser tomados por pavos (turkey). En Italia gobierna la extrema derecha y no pasa nada, al igual que tampoco pasa nada porque en Cuba se acepte el matrimonio homosexual o porque en Brasil gobierne el comunista Lula da Silva tras doce años fuera de la poltrona visita a la cárcel incluida. Tampoco pasa nada porque la III Guerra Mundial esté a la espera de una caída del sistema, un fallo humano o a un golpe de dron mal configurado. El presidente Joe Biden y el presidente Xi Jiping se conocen en persona, se dan la mano y declaran un tiempo muerto, mientras Vladimir Putin empieza a darse cuenta de que invadir Ucrania ha sido un error porque el ogro ruso da miedo en Europa, pero es un osezno ante las otras dos bestias que gobiernan el planeta.

Nieva en Egipto mientras que en Escocia se alcanzan los 37 grados centígrados. Se llega a un acuerdo de mínimos en la cumbre del clima, pero el silencio le gana por goleada a los aplausos. El silencio es lo que le espera a Twitter tras su compra por el archimillonario y excéntrico Elon Musk. Millonaria también es la inversión de Kellogg’s, que además de producir cereales quiere llevar al hombre a Marte. Por el espacio anda el telescopio James Webb que demuestra que hay dióxido de carbono más allá de nuestro universo.

Aquí, en la Tierra, los europeos dudan en darle armas a Ucrania, pero a cambio le dan los votos para que ganen Eurovisión. Sube el trigo, la soja, el maíz, el petróleo, la inflación se desborda y el mundo se da cuenta de que no todo puede ser ‘made in China’ y que no todos podemos vivir en ciudades. Putin habla de la Gran Rusia y los rusos se quedan sin Zara y sin McDonald’s mientras juguetea con armas atómicas. Con misiles nucleares también pasa el rato Kim Jong-un, pero da demasiado miedo como para echarle la bronca por sus jugueteos. Nuclear, pero fisión, es la panacea que nos anuncian, una energía libre e ilimitada que hará que pasemos de pobres y sucios a ricos y limpios.

Al presidente del Gobierno de España le da por decir que el Sáhara es marroquí tras medio siglo diciendo lo contrario. Tampoco es raro, porque dicen los expertos que decimos entre cuatro y veinte mentiras al día. A Pedro Sánchez le dan el Pichichi. Nicaragua elige por vez primera a una mujer presidenta y le da por cambiar el azul oscuro de su bandera por un azul turquesa. Novak Djokovic sigue ganando títulos a pesar de negarse a vacunarse de la Covid y a Gerard Piqué le obligan a retirarse para seguir siendo un hombre orquesta. En Hollywood le dan el Oscar a CODA, una película de sordos, plagio de un filme francés y que se estrena en Apple TV, el mismo día que a Will Smith le da por demostrar que pa chulo su pirulo. Descubren el origen del euskera la misma semana que estalla la burbuja de las criptomonedas, la enésima forma de hacerse rico sin pegar un palo al agua.

Fallece el primer ser humano al que se le había trasplantado el corazón de un cerdo. Fenece Dietrich Mateschitz, el culpable de que los adolescentes tripliquen su ingesta de azúcar y cafeína al abandonar la Coca Cola por la bebida energética que te da alas. También fallece Hana Tanaka a los 119 años, récord mundial absoluto. Muere Mijail Gorbachov en loor de multitudes, a excepción del lugar que lo vio nacer. Y sí, al fin muere Isabel II tras celebrar su jubileo como reina. A su entierro asistirá Liz Truss, tras sustituir a Boris Johnson, el loco del Brexit que se creyó Winston Churchill en patinete y que recitaba a Pericles mientras bebía pintas de cerveza. A la coronación del eterno Príncipe de Gales, hoy Carlos III, ya no acudirá Liz Truss, quien apenas aguantará 44 días en la silla eléctrica del número 10 de Downing Street.

En Qatar se disputa la XXII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 32 países entre los cuales había un debutante; la anfitriona Qatar. Fueron 220.000 millones de euros, 500 fallecidos oficiales y 6.000 oficiosos en la construcción esclavista de unas pirámides (perdón, estadios) de politetrafluoretileno que protegen del viento cálido, el polvo y permiten que entre el sol al mismo tiempo que funciona el aire acondicionado. Todo eco, bio, orgánico y fantástico. Los de casa perdieron todos sus partidos, aunque evitaron el ridículo, mientras el presidente de la FIFA anunciaba que era el mejor Mundial de la historia y, de lo tan encantado que estaba, informaba que iba a trasladar su residencia a Doha.

No hubo incidencias con los hooligans. Ayudó que se construyeran unas carpas a kilómetros de los estadios para que allí se les pasara la borrachera. Budweiser reclamó daños y perjuicios a la FIFA al no poder vender cerveza dentro de los estadios, a lo que la FIFA contestó con una sonrisa y cientos de millones. Total, paga papá Qatar. Decía que ayudó a no haber incidencias la falta de alcohol y también el enésimo fracaso de Inglaterra, concretado cuando Harry Kane envió un penalti al espacio para que el balón vaya abriendo camino a la conquista de Marte.

Fue el primer Mundial en otoño que finalizó a las puertas del invierno. En Argentina encantados, porque fue en primavera y finalizó a las puertas del verano. En Alemania no gustó. Tanto que nunca antes se habían vendido tan pocas camisetas de la Mannschaft. ¿Quién se iba a poner de manga corta a cinco bajo cero? Tampoco ayudó que Alemania cayese por segunda vez consecutiva a las primeras de cambio.

A Alemania la echó Japón, que sorprendió tanto por su fútbol alegre como por la pulcritud de sus futbolistas a la hora de dejar limpio y ordenado un vestuario. Japón ganó a Alemania y a España, Corea del Sur a Portugal, Australia a Dinamarca, Irán a Gales, Marruecos a Bélgica, Túnez a Francia, Camerún a Brasil y Arabía Saudita a Argentina. A octavos pasaron por vez primera representantes de los cinco continentes. Australia lo hizo con un gol de un tipo que un par de años antes ejercía de fontanero. Al Dawsari no ejerció de fontanero, pero apenas le dio para jugar un partido de regalo con el Villarreal. Dio lo mismo. Su gol ante Argentina hubiese sido firmado por el propio Juan Román Riquelme.

Hubo lloros varios. Muchos fracasos. Lloró Luis Suárez. Lloró Son. De Bruyne no lloró, porque De Bruyne ni llora ni ríe. Luis Enrique no lloró, porque solo sabe reír. A Bale le dio para escuchar con orgullo el himno de Gales, marchar de Qatar y ahora, sí, al fin, poder irse tranquilo a jugar al golf. Podrá invitar a echar unos hoyos a Hazard, uno de los que dijo adiós al fútbol internacional, aunque ya hace tiempo que se había marchado. Pero sobre todo lloraron Neymar y Cristiano Ronaldo. El final de Cristiano es impropio para quien deja semejante testamento en el archivo del futbol. Empezó metiendo el gol que lo convirtió en el único ser humano capaz de anotar en cinco Copas del Mundo distintas. Pero eso fue todo. Jugó poco, mal, y acabó enfadado con los suyos y con el mundo. Neymar hizo música del cuerpo e hizo de su juego fiesta para nuestros ojos, pero claudicó ante la exigencia, algo intrínseco a su persona. Durante media hora Brasil homenajeo al moribundo Pelé, pero al final ‘O Rei’ tendrá que negociar con la muerte otros cuatro años si quiere presenciar en vida el hexacampeonato.

Fue el primer Mundial con fuera de juego semiautomático y con cinco cambios, dos de esas cosas que dicen que acercan el fútbol a los jóvenes, pero lo que hacen es alargar el tedio hasta el infinito. Aunque para tedioso los descuentos de diez minutos. Catorce llegó a ser el récord. Ahora los partidos duran 110 minutos. Fue un Mundial donde dos hermanos jugaron enfrentados, uno con España y otro con Ghana, aunque los dos jugarán juntos con la selección de Euskadi. Fue también el Mundial de Stephanie Frappaut, primer arbitra de la historia mundialista. Fue en un Alemania vs Costa Rica, el mismo día que Alemania quedó eliminada en fase de grupos, como ya dijimos, por segunda vez seguida. Gary Lineker ya se ha prestado a cambiar su máxima. Francia es ahora Alemania. Las hecatombes de Bélgica y Uruguay dejan secuelas irreparables. Dos generaciones de oro que afrontan su jubilación. No es el caso de Alemania que lleva dos Mundiales conviviendo con la vulgaridad. Neuer o Müller pasarán a mejor vida, pero la realidad es que Alemania está plagada de jóvenes extraordinarios que llevan años fracasando. Quizás apostar por la horizontalidad con posesión para ganar en 2014 finiquitó el modelo de verticalidad con aplastamiento que ahora tan echa de menos el corazón teutón.

Fue también el Mundial de Irán. Alemanes o ingleses anunciaron que llevarían un brazalete en honor al colectivo LGTBI. Alarmados por la amenaza de ser sancionados con una tarjeta amarilla, plegaron velas y se refugiaron en búnkeres temiendo por sus vidas. En un acto de vergüenza torera a los teutones les dio por taparse sus bocas en una foto oficial como símbolo de protesta. Fue como salir del búnker a buscar comida. Los de Irán decidieron salir de las trincheras. Comenzaron el Mundial negándose a cantar el himno en protesta por la teocracia islámica. En el segundo partido cantaron todos a viva voz una vez se supo que habían amenazado a sus familias con la muerte de seguir con ese acto de rebeldía. Eso sí que es ir a la guerra.

¿Y los nuestros? España ha hecho de un sistema una superstición. Si el patadón era genial para futbolistas malos, el tiki taka lo es para aquellos extraordinarios. Y en España no sabemos lo que es el término medio. Así que ni fue ni fa. Como dijo Valdano, lo que hizo España durante el Mundial fue masturbar la pelota sin llegar al orgasmo. Eso sí, jugamos con pantalón y camiseta roja porque a Luis Padrique le pareció que intimidaría más a los contrarios a expensas de aquellos padres que gastaron sus euros en comprar a sus hijos la indumentaria oficial. Mas debemos estar contentos, porque Twitchenrique se fue “muy satisfecho porque MIS jugadores han representado a la perfección MI idea futbolística”.

El gol del Mundial lo metió Richarlison, un tipo que llevaba meses sin meter uno y que en Qatar le dio por meter los dos más bellos de su carrera. También le fue de cine al insípido Giroud, que pasó de la nada al todo, luchando por ser máximo goleador tras no tirar a puerta en el pasado Mundial. La jugada del Mundial fue de Messi contra el defensa del Mundial. Un sprint de potro imparable con burreo al enmascarado Gvuardiol.

Croacia fue semifinalista tras derrotar a Brasil en cuartos de final. Los ex yugoslavos han exprimido el hueso del jamón durante años mientras que los cariocas no han tenido nada que exprimir a pesar de vivir en la abundancia. Fue el éxito de Modric, un pulmón entre dos costillas sostenidas por dos palos que bailan con la destreza de un trapecista. Decía que Croacia fue semifinalista como también lo fue Marruecos. Dalic y Regragui son sus técnicos. No tienen currículo, y ni aun teniéndolo tendrían el móvil lleno de WhatsApp. Otros filosofan, algunos apuntan mil fórmulas en roídas libretas, los hay que bailan en el banquillo y hasta hay uno que confiesa que lleva tanga. Todos fracasaron, pero todos tendrán igualmente suculentas ofertas.

Llegaron cuatro a semifinales. Nadie confiaba en Marruecos, Croacia se fabricó su propia confianza, Argentina fue creciendo en confianza y Francia derrochaba autoconfianza. La FIFA dijo que el mejor jugador del Mundial fue Lionel Messi, pero la realidad es que fue Sofyan Amrabat. Uno habría podido jubilar a sus bisnietos de hacer tal afirmación en una casa de apuestas antes de comenzar la Copa del Mundo. Ni siquiera la sonrisa de anuncio de Bono y los fans de Achraf hubiesen podido imaginar que Amrabat se pudiese haber convertido en un Hecantónquiro, aunque sustituyendo los brazos por múltiples piernas. Amrabat nació en Holanda, se formó y jugó en las categorías inferiores de la selección neerlandesa y llevaba años ejerciendo de excavadora y perforadora en la liga italiana. Con un par de días más en Qatar hubiese dejado sin arena el desierto.

La final la disputaron Argentina y Francia. Fue la mejor de los tiempos modernos. Fue en el estadio de Lusail. Diseñado por Albert Speer Junior, el hijo del arquitecto de Hitler. Mbappé marcó tres goles, el segundo de ellos un zarpazo de leopardo. Messi anotó dos, superó a Matthäus como futbolista con más partidos en un Mundial y ganó el gran título que le faltaba. Messi jugó el partido luchando por ser Maradona. Mbappé lo hacía para ser Pelé. Francia no se presentó a la final hasta el minuto 80 afectada por el virus del camello, pero no existe mejor preparador físico que el gol, y un tanto les hizo aparecer en escena. Le ha costado tanto a Messi ser Maradona que tuvo que ganar el partido en tres veces. La última le echó una mano el Dibu Martínez, que, en el último acto, en la tanda de penaltis, le birló el título de mejor arquero del Mundial a la araña Livakovic. Messi ha tenido dos carreras. La primera la hizo a toda pastilla con el Barça. La segunda la ha hecho andando con Argentina. Y todas triunfadoras. Un círculo victorioso inigualable.

El máximo goleador del Mundial fue Kylian Mbappé con ocho tantos. El delantero francés se llevó el Balón de Plata al mejor jugador del torneo, el ya citado Messi fue el Balón de Oro y Luka Modric el Balón de Bronce. Enzo Fernández ganó el trofeo al mejor jugador joven. Seis años antes, cuando contaba con 15 años, Enzo le escribió una carta a Messi pidiéndole que no se retirara de la selección argentina ante las criticas y fracasos con la albiceleste que sumaba el entonces jugador del Barça. Hoy Messi debe agradecerle buena parte de su éxito a un Enzo que empezó como suplente y acabó desnortando al centro del campo francés.

Argentina - Francia hoy en directo: Argentina gana la Copa del Mundo |  Resumen, goles y resultado del Mundial 2022 Qatar
La tercera estrella

“Como futbolista sabes que no hay muchas oportunidades de jugar el Mundial, por lo que debes tomarlas cuando puedas”. Lionel Messi.

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Apuntes sobre una final (Argentina vs Francia)

Para bien o para mal será el Mundial de Messi. Para saber si es o no es. Si el debate pasa a tener fin o se alarga ‘per saecula saeuculorum’. La vejez le ha tratado mejor que a Cristiano, con quien libró una batalla que acabó decantándose a su favor por el trono mundial. Fueron años de lucha, mas no son años, sino toda una vida, la que Leo lleva intentando ganarse el corazón de los argentinos para sustituir en el altar al d10s Maradona. Messi ha facturado dos temporadas de vacaciones, ahorrando físico, para reconciliarse con el fútbol y con su país en este último baile. Todos los jugadores que han estado en Qatar querían ganar el Mundial, pero sólo uno de ellos lo necesita.

Mientras Leo Messi exprime su fútbol porque no le sobra energía, Kylian Mbappé es todo exuberancia. Es una manada que baila sobre el césped. Le da tiempo a todo, incluso a cometer errores. Es arrogante, porque puede. Tiene más piernas que Messi, aunque menos fútbol en su cabeza. Si Messi abruma ambición atrapado por la necesidad de ser el más grande, Mbappé encara el triunfo de una forma mucho más lúdica. Lucha por ganar su segundo Mundial con apenas 23 años. Le quedan al menos otros dos y, salvo que una lesión destroce su carrera, la lógica dice que acabará siendo el máximo goleador de la historia de la Copa del Mundo. Por mucho que duela en Madrid podría retirarse sin ganar la Copa de Europa y no pasaría nada. Con dos Mundiales a sus espaldas Mbappé sería al mismo tiempo la Torre Eiffel, Juana de Arco y Charles de Gaulle.

Para Argentina será su sexta final de Mundial con, hasta el momento, un balance de 2/3. Cayó en 1930 ante Uruguay, en 1990 frente a Alemania y en 2014 de nuevo ante los germanos. Alcanzó el éxito en 1978 contra Países Bajos y en 1986 venciendo a Alemania. Argentina es la élite. Alemania ha jugado ocho (4 victorias y 4 derrotas), Brasil siete (5/2) e Italia seis (4/2) junto a los ya citados argentinos. Inmediatamente después en el escalafón estaría Francia, que con la de Qatar acumula cuatro finales en total. Salió victoriosa en 1998 contra Brasil y en 2018 frente a Croacia, mientras que perdió por penaltis ante Italia en 2006.

Será, pues, el tercer Mundial para cualquiera de las dos naciones. Lo será en el cuarto enfrentamiento mundialista entre estos dos países. La primera vez fue al inicio de esta mágica competición. Era 1930 y Argentina salió vencedora (1-0), ayudada por el hecho de que Francia jugó medio partido con un jugador menos al lesionarse uno de sus delanteros en una época en la que no existían cambios. Aquel triunfo permitió a los albicelestes clasificarse para semifinales. Volvería a ganar Argentina en 1978, en este caso para meterse en una segunda fase equivalente a los cuartos de final. Ganaron por 2-1 ante una Francia en la que emergía un joven Platini. La última vez fue en los octavos de final de Rusia 2018, donde la moneda cayó del lado francés al vencer por 4-3 en un impresionante partido que encumbró a Mbappé camino del triunfo en la Copa del Mundo.

Estaba Mbappé por aquel entonces, como también lo estaban Hugo Lloris, Steve Mandanda, Alphonse Areolá, Benjamin Pavard, Lucas Hernández, Antoine Griezmann, Ousman Dembelé y Oliver Giroud. Estos nueve jugadores pueden proclamarse bicampeones mundiales. Solo dos países han logrado repetir tal hazaña de forma consecutiva. Italia en 1934 y 1938 (cuatro italianos bicampeonaron, entre ellos Giuseppe Meazza) y Brasil en 1958 y 1962 (doce bicampeones entre los cuales estaban Garrincha o Djalma Santos). También son bicampeones Passarella (1978 y 1986) y Cafú y Ronaldo (1994 y 2002). Si bien es cierto que tanto Pasarella en el segundo como Ronaldo en el primero tuvieron una participación meramente testimonial. De igual modo tan sólo Lloris, Griezmann, Giroud, Mbappé y, en menor medida, Dembelé, podrían considerarse capitales en los dos posibles entorchados galos.

Por encima de todos ellos solo quedaría Pelé, el único ganador de tres Mundiales (1958, 1962 y 1970), siendo la figura más relevante tanto en el primero como en el último de ellos.

Decía que capital en los dos triunfos sería Oliver Giroud. El delantero que no tiró entre los tres palos en los siete partidos de Rusia 2018 y que en Qatar 2022 lucha por ser el máximo goleador de la competición. Su lugar tendría que haber sido ocupado por Benzema, jugador de tronío, que se retirará con al menos cinco entorchados continentales con el Real Madrid y con dos Mundiales ganados en su imaginación. ¿Hubiese sido el palmarés más extraordinario de un futbolista? Sin lugar a dudas. Pero eso, como mucho, es una historia contrafactual.

La realidad dice que el mejor es Messi. La corona ya la tiene. Ahora pretende colocarle el orbe. Son cinco mundiales. Son 16 años de espera. A Ronaldinho lo retiró, a Buffon lo humilló, a Xavi e Iniesta los eclipsó, con los alemanes no se presta la comparación y Mbappé aún está lejos en el retrovisor…siempre y cuando a Kylian no le dé por ganar su segunda estrella.

Comparativa entre Messi y Mbappé, las dos estrellas del Mundial de Qatar
Futuro, presente y pasado

Pero hay más que Mbappé y Messi. Es el Mundial de Antoine Griezmann. Un jugador principesco, con una carrera extraña, salpicada de toma de decisiones erróneas, pero que es faro y guía de su selección. Griezmann lleva una década manejando los hilos de Francia, con ingenio y con trabajo, sirviendo de continuidad a lo que antes hicieron Platini y Zidane. Nunca comerá en la mesa de los grandes y ni siquiera se le ha permitido llevar el ‘10’, pero su batuta es capital para entender el éxito francés de estos últimos años.

Capital también ha sido el trabajo de Lionel Scaloni. Si Deschamps lleva desde 2012 como seleccionador con un discurso que sólo los triunfos y el fondo de armario francés ha mantenido en pie, Scaloni es un advenedizo con el que nadie contaba. Su tranquilidad frente al histrionismo argentino al caer el primer día ante Arabía Saudí hizo saltar un clic en la opinión pública. Su gestión del vestuario, su apuesta por Enzo Fernández y Julián Álvarez y en especial el virtuosismo táctico que ha mostrado en las rondas eliminatorias, lo ha encumbrado como técnico con enjundia.

Es pues una final inédita, pero que confronta a dos elegidos. Al presente y al pasado. Al presente y al futuro. A Argentina y a Francia. Junto a los uruguayos, los argentinos fueron la vanguardia del fútbol en sus orígenes. A orillas del río de la Plata se cultivó una forma de jugar que combinaba la garra con la técnica. Así Argentina cayó ante Uruguay en 1930, en el primer Mundial de la historia. Hasta 1978 no volvería a una final, pero no por eso decayó el fútbol argentino. Pedernera, Moreno, Sívori, Carrizo, River, Boca, Racing, Independiente…todos forman parte del acervo cultural del fútbol. Tres de los llamados cinco grandes son argentinos y, con mayor o menor suerte, Argentina siempre es referente en cualquier competición a la que se presente.

Para Francia el pasado es borroso. Eclipsado por el ciclismo y el rugby, el fútbol no tuvo en sus inicios la preponderancia que tiene en el presente. Sin embargo, su evolución es sorprendente. Ganó su primera Eurocopa en 1984 con Platini de maestro de ceremonias y alcanzando dos semifinales mundiales. Era algo excelente. Pero desde 1998 Francia acumula dos trofeos y una final. Son cuatro finales de las últimas siete. Apabullante. Donde antes estaban Italia y Alemania ahora está Francia. No enamora y es terriblemente conservadora, pero es exitosa. Es el equipo más mestizo de Europa y sabe aprovecharse de eso. Son fuertes, rápidos y técnicamente prodigiosos. Los italianos daban pánico por su control del tempo del partido, virtud a la que los alemanes le añadían un poderoso despliegue físico. Francia hoy lo es todo. Ese equipo que puede hacer un partido horrible pero que igualmente se llevará el triunfo. Francia es hoy la nueva Alemania.

Francia-Argentina: La final inédita... y, sobre todo, la final de Messi -  Eurosport
¿Quién ganará?

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Twitchenrique

“Me veo en los cromos vestido de blanco y me da un no sé qué”. “Para un jugador del Barça es gratificante que le piten en el Bernabéu”. “No me acerco ni diez metros a una televisión ni borracho”. “A mí me vale el ritmo, me va la adversidad, porque soy gilipollas”. “Si no te gusta mi estilo me importa un bledo, por decirlo de manera educada”. “Los catalanes son la hostia y están adelantados a los españoles en general”. “Pregunta lo que quieras y yo contesto lo que me apetezca”. “¿Hablar con la prensa? Para mí es un juego de niños”. “Pletórico es un adjetivo calificativo para decir como estoy”. “Soy el mejor seleccionador que hay sobre la faz de la tierra”. “En todos los vestuarios hay un gilipollas”. “¿Convocados? El que tengo aquí colgado”.

Luis Enrique Martínez es un chaval poligonero. No es despectivo. Es el nombre del barrio gijonés donde creció a caballo entre los 70 y los 80. Los años del Naval Xixón, de las barricadas en los altos hornos, de los neumáticos quemados a la entrada de los astilleros. De un tipo de vida que fue y que finalizó por obra y gracia de la Unión Europea. Luis Enrique era un chulo, un ‘playu’, uno de esos lideres del barrio que no se achanta ante nadie. Un tipo con lengua viperina, que va de frente y que todo lo sabe. Cuando el Madrid pagó al Sporting 250 millones por su fichaje lo primero que hizo fue comprarse un deportivo rojo. Lo mismo que tantos y tantos hicieron antes y harán después. Pero Lucho hizo algo más. Se encargó de pasar una tarde calle arriba y calle abajo cruzando el Polígono para que todos vieran quien conducía ese Opel Calibra rojo recién estrenado.

No hace falta que me extienda mucho más para explicar quién es. Jugador de Sporting de Gijón, Real Madrid y FC Barcelona. Reconocido entrenador de los azulgranas y seleccionador nacional. Se trata de Luis Enrique Martínez. Persona maleducada, irrespetuosa y soberbia para algunos. Divertida, sincera y graciosa para otros. Para mí, por cierto, encaja mejor con la primera definición. El caso es que Luis Enrique no deja indiferente a nadie. No existen las medianías con él. Pero no es de Luis Enrique de quien voy a hablar en este artículo, aunque parezca lo contrario.

Vamos a hablar de periodismo.

A Luis Enrique le ha dado por hacer de streamer durante el Mundial de Qatar. ¿Qué es un streamer? Es un anglicismo derivado de la palabra ‘streaming’ que consiste en emitir contenido audiovisual en primera persona, sea en directo o grabado, para compartir ideas, entretenimiento u opiniones con quien se desee. Y aquí está la madre del cordero. Es un mensaje entre el que quiere enviar información y el que la quiere recibir sin que exista un intermediario. Sin que exista un periodista.

He aquí el problema. La profesión periodística ha estallado contra la decisión de Luis Enrique. Ya no era santo de devoción de los medios, pero tras lo del streaming menos todavía. Argumentan que es una forma de Luis para cobrarse facturas y para demostrarle a la prensa que es del todo innecesaria necesaria. Os provoco porque me sois inútiles, viene a decir el seleccionador.

El Sporting, con Luis Enrique y La Roja | El Comercio
Lucho

La realidad es que la decisión de Luis Enrique obedece a dos circunstancias. La primera es su predisposición a atribuirse el mensaje y ser el foco de los medios para llamar la atención y descargar de responsabilidades a sus jugadores. Cuenta Ronaldo Nazario que cuando le dio por hacerse aquel estrafalario peinado en el Mundial de Corea lo hizo porque la prensa debatía sobre si podría jugar la final tras una lesión muscular durante la semifinal. Fue hacerse aquel esperpéntico triángulo en el pelo y nadie volvió referirse a la lesión. Luis Enrique forma parte de esta estirpe de entrenadores que convoca a una cohorte de legionarios que moriría por el centurión a cambio de recibir por ellos todos los golpes venidos del exterior.

La segunda realidad obedece al hecho de comunicar un mensaje. Lo que hace Luis Enrique es, con perdón de la expresión, más viejo que cagar. Se llama comunicación corporativa. Desde que Julio César escribiera en primera persona su crónica sobre la invasión y toma de la Galia por parte del ejército romano hasta que en tiempos presentes a Hugo Chávez le dio por formar su propio programa de televisión bajo el nombre en ‘Aló Presidente’, la comunicación corporativa se basa en controlar el mensaje que queremos transmitir a nuestros clientes (nuestro público). Es lo que hacen las empresas, tanto de forma interna como externa, pero también los particulares, desde el mismo momento en que ellos tienen conciencia por sí mismos ser un hecho noticiable.

Si bien la comunicación corporativa es antigua, el hecho de que un individuo actúe por sí mismo sin la existencia de filtros de forma masiva es reciente. Se debe a la popularización de las redes sociales y a los diferentes canales surgidos gracias a internet, pero también a la existencia de representantes e ingresos ajenos a la práctica deportiva que han convertido al deportista en una empresa. Mientras los deportes minoritarios y los deportistas semi anónimos buscan desesperados a la prensa para contar su relato y obtener visibilidad, una centena de deportistas de élite renuncian a los medios tradicionales sabiéndose poseedores de la potestad de poder controlar el relato y así poder comunicarse con sus seguidores sin intermediarios.

Ese es el quid de la cuestión. El intermediario. Esa es la labor del periodista. Filtrar, interpretar, analizar y transmitir la información al receptor para que este tome sus propias decisiones. Y son dos partes irremplazables e interconectadas. El periodista tiene que coger ese bruto, ponerle forma y a partir de ahí transmitir una idea. Pero ojo. El receptor no debería tomar la palabra del periodista como la palabra de Dios, sino aceptarla y compararla con otras interpretaciones y después tomar una decisión propia.

Esa es pues la función del periodista. La de masticador de la realidad. El receptor no tiene por qué saber de todo y, aunque tenga acceso prácticamente ilimitado a cualquier información a través de la red, ni tiene tiempo para consumirlo todo ni tiene capacidad analítica para interpretar todo lo que le llega. Es por eso que la labor del periodista ni ha desaparecido ni va a desaparecer, porque sin periodista no existe interpretación alguna.

El problema es que el periodista, los medios y la profesión en su totalidad hace tiempo que han dejado de practicar el periodismo. ¿Qué diferencia hay entre en una rueda de prensa y un directo de Twitch? Ninguna si las preguntas están teledirigidas. ¿Qué valor tiene una comparecencia sin preguntas? ¿Qué valor tiene una hagiografía, una entrevista en la que solo hay baño y jabón? No hay entrevistas incisivas, no hay denuncia, no hay investigación. Todo es griterío, espectáculo y oda al deportista. No existen los ataques con fundamento ni la denuncia como sustento.

¿Qué Luis Enrique es streamer? De puertas afuera hay crítica e indignación por la falta de respeto contra la profesión. De puertas adentro es la felicidad absoluta. Cuantas más plataformas, mejor. Cuanto más se hable, más fácil es rellenar parrillas informativas. Twitch no da información, pero da titulares. Los primeros que siguen a Luis Enrique son aquellos que lo critican. No existe forma más sencilla de conseguir contenidos. Podemos saber lo que piensa, cuál es su estado de ánimo, como está la moral de los jugadores, que sucede en la concentración…

A la hora de publicar este artículo España está a las puertas de disputar los octavos de final del Mundial ante Marruecos. De cómo y hasta donde llegue la selección influirán las críticas a Lucho. Una de las más recurrentes es que el deportista metido a streamer (Luis Enrique en este caso) pierde el tiempo con estos asuntos en vez de centrarse en su trabajo. No obstante, ¿no es tan cierto que la hora y media que pasa Luis Enrique como streamer la hubiese pasado en otros tiempos entrando en directo primero en la COPE, luego en la SER, después en Onda Cero, más tarde en RNE y para acabar en Radio Marca? ¿Si las cosas van mal, lo criticarán? Claro. ¿Y si no lo hiciera? Seguro que también.

Luis Enrique debuta en Twitch: "Me gusta mucho lo de Luis Padrique" | Onda  Cero Radio
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Así visto parece que el deportista que decide ser su propio medio de comunicación tiene todas la de ganar. Pero no es oro todo lo que reluce. Iniciar una fuente de preguntas abiertas a todo el mundo obliga a contestar a todos, algo imposible por gustos (haters) o por tiempo. Y, sobre todo, abre un melón informativo en el que todo vale. Si el Luis Enrique de turno permite que el internauta le pregunte sobre su mujer, sobre lo que come, sobre sus vacaciones, sobre el sexo entre su hija y su yerno, o sobre si es hijo de Amunike, da carta blanca al periodista para abrir un melón peligroso en el que se le pueda preguntar lo que se quiera. Decidir exponer tu vida privada al público por decisión propia legitima al periodista a meter las narices en el asunto.

Y ese es un punto de no retorno.

No sabemos si Luis Enrique seguirá como seleccionador después del Mundial. Como dije hace unas líneas dependerá de lo que pasé los próximos días. Pero haga lo que haga en el futuro lo que es seguro es que seguirá haciendo el cabra. Y como él tantos y tantos que reniegan de los medios para transmitir su mensaje. Es legítimo y hasta es beneficioso para el periodista porque tiene más material que comunicar. Pero es peligroso tanto para la profesión como para el receptor. Que el receptor no sea consciente de ello es razonable. Que el periodista no sea capaz de hacer entender al receptor de la importancia de su trabajo es decepcionante. Pero que ni los periodistas ni los medios no sean capaces de ejercer de informantes es humillante e indignante para la profesión.

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El escándalo Qatar

La FIFA decidió que, en diciembre de 2010, de una tacada, se eligiesen los países candidatos para el Mundial 2018 y el Mundial 2022. Para el primero se presentaron España y Portugal por un lado y Bélgica y Países Bajos por el otro en pretensiones conjuntas. De forma independiente también estaban Inglaterra y Rusia. Dado que se daba por hecho que el Mundial volvería a Europa y que la UEFA apoyaba abiertamente la candidatura anglosajona se contaba con que el Mundial tendría lugar en Inglaterra. Sorprendentemente el vencedor fue Rusia.

Para 2022 los elegidos eran Estados Unidos, que, con Clinton y Obama como embajadores, eran los archifavoritos, así como Australia, que jugaba la baza de llevar por vez primera el Mundial a Oceanía. No contaban las candidatas asiáticas las cuales eran Japón, Corea del Sur (ambas con escasas opciones porque en 2002 ya habían organizado un Mundial de forma conjunta) y Qatar.

Y ganó Qatar.

Si. Ganó Qatar.

La pregunta es; ¿cómo narices ganó Qatar?

Former FIFA president Sep Blatter says Qatar hosting the World Cup is a  'mistake' - ABC News
The winner is…

Para lograr ser país organizador de un Mundial debes convencer a una mayoría de miembros del comité ejecutivo de la FIFA. Dichos miembros son un total de 24. Son los 24 dioses del fútbol. Ni Pelé, ni Messi ni Zidane. Esos 24 son los verdaderos dioses. La familia de la FIFA es como la familia de ‘El Padrino’, pero con peores personas.

Uno de esos miembros del comité ejecutivo era Chuck Blazer. Neoyorkino, hombre de negocios, en 1989 accedió al cargo de presidente de la Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de fútbol). Fue el impulsor y creador de la Copa de Oro de selecciones, así como de la Liga de Campeones de la Concacaf. Blazer también instaló las oficinas de la organización en una planta de la torre Trump de Nueva York, la decoró con mármol e hizo alquilar una habitación a la orden de 5.500 dólares al mes a cargo de la Concacaf para cobijo de sus dos gatos. Pronto se convirtió en uno de los brazos derechos del suizo Joseph Blatter, quien en 1998 fue designado como presidente de la FIFA.

En Zúrich, en una fastuosa sala de juntas situada dos pisos bajo tierra, en el edificio de la FIFA, al menos dos veces al año esos 24 hombres, quienes se alojaban en hoteles impecables y degustaban comidas extraordinarias, se debatía sobre como expandir el fútbol por todo el planeta para seguir lucrando el negocio. Blazer, que acabaría siendo confidente del FBI, declararía que cada uno de los allí presentes salía de esas reuniones con al menos 20.000 dólares de la caja fuerte de la FIFA en metálico.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Los 24 miembros de la FIFA tienen como cometido la obligación de viajar por el mundo adelante visitando los países candidatos a albergar el Mundial y debatir con los posibles organizadores el plan de actuación. Las dádivas y agasajos forman parte del ritual. Cuando la expedición futbolística arribe en Moscú reparará en que todos los ministros rusos harán un corrillo y colmen de aplausos al personal mientras Vladimir Putin espera al otro lado de la fastuosa sala con los brazos abiertos. En Inglaterra sería la reina Isabel II la que expanda sonrisas y abandone, en cierto modo, el estricto protocolo, dejando que aquellos hombres de negocios se lleven una taza de té del Palacio de Buckingham a modo de souvenir.  

En Qatar no había paseos por museos extraordinarios ni visitas a monumentos de cientos o miles de años. En Qatar lo que había era un calor insoportable que rondaba los 50 grados en verano, kilómetros y kilómetros de arena, ausencia total de estadios de fútbol y el único monumento digno de ver eran los pozos petrolíferos. No obstante, lo que si había era dinero. Mucho dinero. La candidatura de Qatar no tenía ningún tipo de límite monetario.

La persona encargada de manejar ese fondo ilimitado era Mohammed Bin Hammam. El presidente de la Federación de Futbol de Qatar ya había logrado convencer a los asiáticos de apoyar la candidatura de Blatter a la presidencia de la FIFA en 1998, pero eso era ‘pecata minuta’ en comparación con el ingenioso proyecto que ahora tenía en mente. A través de diez testaferros diferentes se encargó de dirigir diferentes pagos para asegurarse de que la candidatura de Qatar 2022 fuese la elegida.

Bin Hammam se resigna a que FIFA lo declare culpable
Bin Hammam

En primer lugar, viajó a Angola. Era enero de 2010. Faltaban once meses para la elección de la sede mundialista. Allí se celebraba el congreso de la CAF (Confederación Africana de Fútbol). Aquel año un benefactor había donado dos millones de dólares a la CAF. Era el emirato qatarí. Luego Bin Hammam dio órdenes a sus testaferros para que le diesen un millón de dólares en metálico a cada uno de los tres miembros de la CAF que formaban parte del comité ejecutivo de la FIFA. ¿Por qué un millón y no un millón y medio?, dicen que contestó uno de los dirigentes. Y así fue. Por 4,5 millones de dólares en total Qatar se aseguró los votos de los representantes africanos.

Luego viaje a Nueva Zelanda, a visitar al único representante del comité ejecutivo de la confederación más pequeña. Trato hecho. Y después más de los mismo con la Unión Caribeña de Fútbol. Aquí se contenta a los 25 miembros, que no tienen ni voz ni voto, pero que forman frente común en la Concacaf. El pago es irrisorio. 40.000 dólares en sobres individuales a cada uno y trabajo hecho.

Pero con esto no llegaba. Para decantar la balanza hacia falta el voto a favor de los representantes europeos, la delegación más numerosa. Y había un grave problema. Existía un acuerdo tácito de que los qatarís se encargarían de mover el voto a favor de Inglaterra en 2018 si los hijos de la Gran Bretaña hacían lo propio a favor de Qatar para 2022.

El problema es que por medio estaban los rusos. Y sí, ahora Vladimir Putin es el demonio con rabo y cuernos, pero entonces era íntimo de Angela Merkel y de las demás cancillerías europeas. Y los rusos también tienen dinero. Mucho dinero. Entre bambalinas Rusia hizo los deberes y se aseguró ser sede para 2018. Caída en desgracia Inglaterra, se daba por sentado que Estados Unidos sería el ganador para 2022.

Y allí se reunieron. En Zúrich. Un 2 de diciembre de 2010. Cada comité tenía quince minutos de presentación final ante una sala repleta de personalidades, desde miembros de familias reales a mandatarios y ex mandatarios como Bill Clinton o David Cameron. Luego habría una primera votación en la que el último en número de votos quedaría eliminado y así sucesivamente hasta que quedase un mano a mano del que saldría el vencedor.

Pero la decisión ya estaba tomada antes de que tuviesen lugar las presentaciones. Todo se había decidido una semana antes.

Por entonces el presidente de la UEFA era Michel Platini. Campeón de Europa con la Juventus y de la Eurocopa con Francia, tres veces Balón de Oro, había sido enormemente aplaudido al acceder al cargo. Se decía, y no sin razón, que era un soplo de aire fresco que un exjugador fuese directivo. Platini, además, era de la vieja escuela. Un hombre que había criticado duramente a la FIFA como jugador cuando se jugaba a casi 40 grados a los dos de la tarde durante el Mundial de México. Una de sus primeras medidas como dirigente de la UEFA había sido facilitar el acceso a las competiciones europeas de los países más modestos y posicionarse abiertamente contra el VAR.

Resultó que Platini recibió una llamada. Se trataba de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de la República Francesa. Se le citaba a una cena en el Eliseo a la que también acudiría Hamad Al Thani, emir de Qatar. En la cena se habló de fútbol, pero esencialmente de economía. Se insinuó que si la UEFA apoyase la candidatura de Qatar quizás Francia se beneficiase en el futuro garantizándose suculentos contratos de infraestructuras en Oriente Próximo.

Platini, quien tenía idea de votar a Estados Unidos, se vio obligado a cambiar el sentido de su voto. Cuando el ídolo francés Zinedine Zidane forme parte de la delegación qatarí que se presentó en Zúrich aquel 2 de diciembre, la suerte estaba echada. Joseph Blatter abrió el sobre y los allí presentes quedaron en shock. Qatar, un país de apenas dos millones de habitantes y de casi 50 grados veraniegos, acogería el Mundial de 2022. Minutos más tarde Bill Clinton rompía de un puñetazo el espejo de su lujosa suite y exigía tener una conversación privada con Michel Platini.

El otrora astro francés declinó la invitación.

La caída del rey Platini se gestó en casa de Sarkozy junto al emir de Catar  | Vanity Fair
Sarkozy, Al Thani y Platini

Lo que después se supo es que Qatar compró Airbus fabricados en la ciudad francesa de Saint Nazaire a razón de 20.000 millones de euros. Luego hubo otros 50.000 millones invertidos en infraestructuras a cargo de empresas galas.

Quizás hoy, tras la bravuconada de Putin, no se entienda este cambio de aliados, pero es que hace apenas nada, hace simplemente un lustro, la política europea miraba con ojos golosos hacia el este. A Rusia al norte, Qatar al sureste y China a lo más lejos. Hoy parece un error colosal. Ayer era un acierto estratégico.

No solo eso. La familia real qatarí decidió invertir en el decaído fútbol francés, por entonces la sexta liga en importancia de Europa. Compraron una cadena de televisión, financiaron las ligas nacionales de baloncesto y balonmano y convirtieron al Paris Saint Germain en un gigante mundial. Fruto del acuerdo, Nasser Al-Khelaifi se convirtió en presidente del PSG y desde entonces el emirato qatarí ha invertido unos 2.000 millones de euros en el club parisino.

Todo esto fue consecuencia de aquello. Y es que aquello provocó un cirio. Pero esto se supo después. Antes hubo que tirar de la manta.

La garganta profunda fue Chris Eaton, jefe de seguridad de la FIFA durante apenas un par de años. Hombre recto, integro, presentó su dimisión en cuanto imaginó todo lo que allí se cocinaba. Se puso en contacto con el FBI estadounidense sin pruebas, pero si con fundamentos. Simplemente les dijo que siguieran el rastro del dinero y les sugirió quien de los 24 miembros del comité sería tan débil como para sucumbir a un par de preguntas.

Ese hombre débil era Chuck Blazer, aquel presidente de la Concacaf del que habíamos hablado. Nunca había pagado impuestos y se llevaba en crudo el 10% de todos los contratos que negociaba. El FBI lo tuvo muy fácil para sacarle un trato. Le colocaron un micrófono en un llavero, le dijeron que soltara el llavero en una de esas reuniones rodeadas de abundante comida y así tirase de la manta.

El lugar elegido fueron los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Allí estarían todos. Y lo harían en un ambiente distendido. En los JJ. OO hay fútbol, pero es un actor secundario del evento. No fue difícil que con unas cuantas copas de más unos cuantos se soltasen la lengua. Tuvieron que pasar tres años más para que en una redada del FBI en el Hotel Bar au Lac de Zúrich fuesen detenidos seis miembros del comité ejecutivo.

Acorralada, la FIFA contrató a un investigador interno. El Informe García (Michael García era el encargado de tan sucia tarea) admitía el fraude masivo en el seno de la entidad, aunque argumentaba que nunca se habían comprado votos, que todo eran regalos y que la FIFA había sido víctima de interferencias políticas. García sostenía que la FIFA había sido fundada por voluntarios que amaban y querían proteger el juego, mientras que en los últimos años su único objetivo había sido el de amasar dinero.

Cuando Blatter tuvo acceso al Informe García se negó a hacerlo público, pero, presionado por el Comité de Ética de la FIFA, se vio incitado a dimitir. Lo hizo en 2015. Y lo hizo tras ser reelegido. Se dio el gusto de ganar las elecciones internas para luego dimitir. Una muestra más de lo podrido del sistema.

Blatter vuelve a señalar a Sarkozy como responsable de que el Mundial se  dispute en Qatar
El tío Gilito

Joseph Blatter jamás entró en la cárcel, aunque sigue inhabilitado para ocupar cualquier cargo relacionado con la FIFA. Siempre ha negado la mayor y considera una tropelía injusta que el FBI llevase una operación anticorrupción en un país europeo como Suiza. Para Blatter todo se basa en una operación de envidia y venganza estadounidense por no haber sido elegida sede del Mundial 2022. Michel Platini tampoco piso la cárcel, pero tuvo que dejar la presidencia de la UEFA y también sigue inhabilitado para ocupar cargo alguno en el mundo del fútbol. En 2018 admitió que también hubo sobornos para designar a Francia sede del Mundial 1998.

A raíz de aquello el diario ‘Der Spiegel’ sacó a la luz que tanto en Alemania 2006 como en Sudáfrica 2010 los sobornos también formaron parte del pack mundialista.

La FIFA siempre había sido capaz de controlar su destino. Bin Hamman y la delegación de Qatar no inventaron nada. Fue la FIFA la que con sus corruptelas inventó la norma. Lo que hace la elección de Qatar diferente al resto es que las injerencias no se basaron únicamente en sobornos, sino en compromisos políticos de primer nivel.

A fin de cuentas, con o sin sobornos, Francia, Alemania o Rusia tienen capacidad y tradición para albergar un Mundial. Hasta Sudáfrica puede formar parte de este saco como una operación de justicia ante la olvidada y exprimida África. La corruptela por la elección de Qatar como sede mundialista salió a la luz porque es un sin sentido mayúsculo. Un país de apenas 11.000 km cuadrados (Asturias), con 2’5 millones de habitantes de los que únicamente el 15% son nativos, donde hubo que construir estadios de fútbol ex proceso y donde hasta el año 2008 no hubo una liga de fútbol profesional.

Y lo más sangrante. Un país que ha obligado a darle una vuelta al calendario del fútbol mundial para evitar el verano y competir en los agradables 25 o 30 grados del diciembre qatarí.

Y todo gracias a Nicolas Sarkozy. El único de los tres grandes personajes de esta historia que pisó la cárcel. Acusado de tráfico de influencias e intento de soborno a un juez. Fueron tres años de condena, aunque únicamente estuvo siete meses en la cárcel. Y lo fue por aceptar dinero libio para financiar su campaña política. No fue condenado por el ‘Qatargate’. A fin de cuentas, la FIFA sabe bien como proteger a los suyos.

“La corrupción es peor que la prostitución. La prostitución pone en duda la moral del individuo, mientras que la corrupción pone en peligro la moral de todo el país”. Karl Kraus, escritor checo.

“Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”. Séneca, filósofo romano.

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