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Leña al moro

Los 1.500 metros conforman junto a los 100 metros lisos y el maratón la santísima trinidad del atletismo. Durante poco más de tres minutos y medio (cuatro en el caso de las mujeres) se recorre kilómetro y medio en una combinación casi perfecta entre resistencia y velocidad. En España es una prueba fetiche desde que en la década de los 80 del siglo pasado José Luís González y José Manuel Abascal se acostumbraran a ganar medallas en competiciones internacionales. Al llegar los 90 el boom de los 1.500 llegaría a su cénit con Fermín Cacho y, en menor medida, con Reyes Estévez.

Cuando en 1997 tiene lugar el Mundial de Atletismo en Atenas, la delegación española tiene en el maratón y en los 1.500 sus mayores esperanzas para lograr la victoria. En la prueba de los 42 kilómetros y 195 metros Abel Antón conseguirá la medalla de oro y Martín Fiz la de plata. Para los 1.500 el problema para Fermín Cacho es Hicham El Guerrouj.

Hicham El Guerrouj, marroquí de 23 años, era en esos momentos la estrella de los 1.500. Al año siguiente batiría el récord del mundo con una marca perfecta de 3:26.00, pero aún entonces le faltaba asaltar un gran campeonato. En los Juegos Olímpicos de Atlanta era uno de los favoritos, pero un inoportuno tropezón a mitad de carrera lo dejó fuera de la lucha por las medallas.

Por su parte Fermín Cacho, de 28 años, había sido plata en los citados Juegos y el héroe español en los de 1992 de Barcelona al conseguir el oro en una carrera memorable. Por experiencia y frialdad debía lograr el oro mundial para añadir a un palmarés en el que ya tenía el olímpico y el europeo.

El tercero en discordia era Nouredinne Morceli. Argelino, de 27 años, era el vigente campeón olímpico y llevaba tres títulos mundiales consecutivos. Era el favorito por status, pero esa temporada ya había dado muestra de un acusado declive.

Y el tapado y gran promesa era Reyes Estévez. Con 21 años recién cumplidos había deslumbrado en categoría juvenil y estaba considerado el sucesor de Fermín Cacho. Aunque se confiaba en que alcanzase su cénit para el Mundial que se tendría que celebrar en Sevilla un par de años más tarde, para gran parte de la prensa especializada era el gran secreto de aquel Mundial de Atenas.

La carrera se iba a celebrar el miércoles 6 de agosto de 1997 en horario de máxima audiencia televisiva. Era verano, aún no había comenzado la Liga de fútbol, y el diario ‘Marca’, el más leído en España, decide ocupar toda su portada con Cacho y Estévez al pie de la Acrópolis ateniense mientras se abrazan y sonríen haciendo el símbolo de la victoria.

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Toma ya.

Moro. Leña al moro.

Hoy subnormal, maricón, moro, negro, zorra y expresiones similares están siendo relegadas a la privacidad de las reuniones de amigos y a la intimidad de los grupos de whatsapps. Hace 25 años aún era políticamente correcto decir ciertas expresiones. A decir verdad poca gente se escandalizó. Hubo un artículo bastante comentado de Hermann Tertsch en ‘El País’ y poco más. Después la risa, el chascarrillo y el silencio.

En aquel artículo Tertsch afirmaba que “el deporte siempre ha sido utilizado para aunar voluntades y exaltar identidades. Es comprensible y hasta legítima esa emoción. Lo que no parece legítimo y es zafio, grotesco y peligroso es instigar a despreciar y a odiar al contrario. Y son intolerables los llamamientos que implican violencia aunque sea en forma de metáforas de supuesto ingenio como ‘Leña al moro’ (…) Los autores de este disparate deben haberse sentido inmensamente ingeniosos. El entusiasmo ante semejante hallazgo para arengar a la clientela patria no les habrá dejado ver que es un titular perfectamente asumible por cualquier revista neonazi prohibida por agitación e incitación al odio racial”.

Tertsch (de padre austríaco y madre española) era entonces subdirector de ‘El País’ tras una guerrillera juventud en las filas del Partido Comunista. Hoy es eurodiputado por Vox y colaborador habitual en ‘Esradio’ y ‘13 televisión’.

Curioso.

Si optamos por ser académicos, es de justicia aclarar que no hay negatividad por llamar a alguien moro. Puede o no puede tener connotaciones peyorativas. Moro es todo habitante del norte de África. Lo que se conoce como Magreb, y que comprende entre otros a marroquís y argelinos. El nombre viene de la Antigüedad, pues moros fueron llamados por los romanos los habitantes de Mauritania. Y moros también eran calificados los pobladores de España en la época de Al-Andalus.

Aunque como San Jorge y el dragón o San Miguel y el diablo Santiago se dedicaba en el medievo a matar moros, el término peyorativo data de los estudios etnográficos del siglo XIX, cuando moro pasa a ser sinónimo de tez negra y de raza inferior. Es entonces cuando desde España, y desde otros países, el vocablo moro pasa a usarse, en la inmensa mayoría de los casos, de forma despectiva.

Total, que allí nos pegamos a la tele para ver cómo se daba leña al moro. Y como suele pasar en estos casos, la bravuconada no surtió efecto.

Fue una carrera lenta como mandan los cánones de las grandes citas, hasta que a mitad de recorrido Reyes Estévez decidió ponerse en cabeza. Joven y de frondoso pelo, Estévez no se parecía en nada al alopécico atleta de años posteriores. Poco antes de llegar a la última vuelta, al paso por la curva, El Guerrouj decidió que ya estaba bien de ir andando y que tocaba correr un poco. El marroquí subió el ritmo y empezaron a acumularse los cadáveres.

Al sonar la campana para los últimos 400 metros El Guerrouj iba primero con un ritmo infernal, seguido de Morceli y Cacho por este orden, mientras que Estévez había caído a la quinta plaza. A través de ese estilo tan alegre y cautivador que lo hizo famoso, El Guerrouj fue poco a poco aumentando la distancia mientras que Cacho atacaba a Morceli por fuera para alcanzar el segundo puesto. La sorpresa tendría lugar escasos segundos más tarde cuando un desfondado Morceli era batido en la línea de meta por Estévez que se alzaba con la medalla de bronce.

Después de arrodillarse y besar el suelo como siempre hacía tras cada victoria, Hicham El Guerrouj se ponía la bandera marroquí como capa y daba la vuelta al estadio para celebrar su título mundial con una marca de 3:35.83.

Todos esperamos con ansía la portada de ‘Marca’ del día siguiente. Y si la de ‘Leña al moro’ había causado sensación, ésta tampoco iba a pasar desapercibida.

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‘Moro, plata, bronce’. Leña al moro 2.0.

Esta vez, y ya que no hubo victoria, el fútbol volvió a ocupar el espacio principal, pero en todo el ancho de página y ocupando las cinco columnas estaba ese ‘ingenioso’ juego de palabras que sustituía el vocablo oro por la palabra moro.

Hoy en día aquellas portadas forman parte del baúl de los desastres del periodismo español. O si queremos abrir el foco, del español. Sin más adjetivos. Esa era la España de los 90, ni mejor ni peor, profundamente distinta. Hoy es inaceptable, de aquella no lo era.

“Los moros, no es beber lo que les interesa, sino darse por culo. Está prohibido beber en su religión, por lo visto, pero darse por el culo no”. Louis-Ferdinand Céline, escritor francés considerado uno de los mejores novelistas del siglo XX.

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Expresiones del lenguaje deportivo

Hay gente, mucha gente, que considera el deporte una tontería, algo banal, ‘pan y circo’. Son tan obtusos que son incapaces de ver que detrás del deporte hay una serie de ramificaciones que conforman esta expresión cultural como una evolución del desarrollo del ser humano. Esta misma gente suele tener cierto repelús a la hora de unir deporte con literatura y lenguaje académico, o, algo aún más prosaico, a la hora de usar el lenguaje deportivo como forma de lenguaje cotidiano. Estoy seguro que esa gente ignora que en el siglo V a.C. un ateniense llamado Arístocles puso las semillas de la filosofía, de la política, de la psicología o de la ética a través de sus libros escritos en forma de diálogo. Ese erudito ha pasado a la historia con el nombre de ‘Platón’, apodo que le pusieron sus amigos en la adolescencia porque era un gran atleta con una formidable espalda tan firme y tan ancha que parecía un plato. Siempre me ha resultado interesante que uno de los mayores genios de la humanidad sea conocido para la eternidad con su apodo deportivo.

Con la excepción del siempre presente fútbol, seguramente el deporte que más expresiones ha dado al habla cotidiana ha sido el hoy denostado boxeo. Podemos empezar con la clásica ‘tirar la toalla’, tan habitual para constatar que nos rendimos o que no nos esforzamos más y que tiene su origen en el gesto que los preparadores indican al árbitro para dar por finalizado un combate. Esto suele ocurrir cuando el boxeador está ‘grogui’, es decir, cuando se tambalea por el ring, expresión que hoy usamos para indicar un mareo fortuito muchas veces por culpa del alcohol. La palabra ‘grog’ hace referencia a un combinado cuya base es el ron, bebida de alta graduación que era muy habitual en el ejército británico. Se dice que los soldados consumían altas cantidades de esta bebida para entrar en combate y así quitarse el miedo antes de la batalla, en definitiva, entrar en combate ‘groguis’. Cuando un boxeador está ‘grogui’ o a punto de acabar en K.O. suele ‘estar contra las cuerdas’, arrinconado en una esquina del cuadrilátero. Dicha expresión la usamos cotidianamente cuando estás a punto de claudicar en cualquier ámbito de la vida. Pero, sin en el último momento consigues librarte de tan mal final es que te has `salvado por la campana´, dicho que hace referencia al fin del asalto, cuando el boxeador que va perdiendo tiene un minuto de descanso para recuperarse.

Otro clásico del argot pugilístico es recibir `un golpe bajo´, en referencia a golpear al rival en la entrepierna y hoy usado metafóricamente cuando somos sometidos a una traición en cualquier ámbito de la vida personal o profesional. Normalmente un `peso pesado´ no da `golpes bajos´ porque es un púgil de alto nivel, una persona de la máxima categoría, mientras que un ´sparring´ necesita de esas pequeñas triquiñuelas para obtener la victoria, lo cual tampoco está tan mal, porque un `sparring´ es aquel que en sentido figurado nos pone a prueba o que nos sirve para prepararnos ante algún acontecimiento más complicado.

Pero para deporte `grande, grande donde los haya´ como diría el bueno de José María García, no cabe duda de que ese es el fútbol. La regla más definitoria del llamado `deporte rey´ es el fuera de juego, y `quedarse en fuera de juego´ es algo habitual en nuestras relaciones cotidianas, especialmente en las de pareja. Los delanteros son los futbolistas que suelen caer más en fuera de juego y lo harán continuamente a lo largo de su carrera hasta que `cuelguen las botas´, algo que todos hacemos en algún momento de nuestra vida al llegar a la jubilación. `Colgar las botas´ o `colgar los guantes´ (volvemos otra vez al boxeo) es una expresión ciertamente prohibitiva en Centroamérica donde el significado es doble; dejar una actividad pero a través del fallecimiento.

La salsa del fútbol es `meter goles´ que es algo que todos hacemos cuando engatusamos a alguien y conseguimos lo que queremos, pero también podemos `echar balones fuera´ y agazaparnos para no entrar en una discusión y `lavarnos las manos como Poncio Pilato´. Cuando hay una falta peligrosa el portero se afana en `poner la barrera´ algo que los adolescentes enamorados deben realizar si no quieren evitar sustos a los 9 meses de colocar en funcionamiento sus hormonas.

Hay una expresión futbolera que es `100 x 100 made in Spain´. `Tener más moral que el Alcoyano´, que es algo así como rezarle a Santa Rita la `patrona de los imposibles´. Al parecer, en un encuentro en el que el CD Alcoyano iba perdiendo 13-0 los jugadores protestaron al árbitro por no dar varios minutos de descuento al término de la segunda parte. Según ellos esto impidió la remontada del equipo alicantino. Eso es lo que cuenta la leyenda. La realidad explica que a caballo entre los años 40 y los años 50, el CD Alcoyano era un `equipo ascensor´ que deambulaba entre Primera y Segunda División por lo que año tras año sus seguidores se cargaban de moral aún a sabiendas de que la vuelta a la máxima categoría iba a ser efímera.

Otra frase muy recurrente en el balompié es la de `ganar sin bajarse del autobús´, muy usada en los mítines políticos de los 70 y los 80 para referirse a la superioridad manifiesta entre el favorito y el aspirante. Este tipo de bravuconadas también se da entre jugadores. No obstante, cuando el entrenador utiliza su `mano de hierro´ para imponerse ante algún futbolista díscolo este inmediatamente pasa a `chupar banquillo´, expresión que era muy usada entre los adolescentes (sustituida por la de `pagafantas´ más recientemente), y que tiene su origen en la barra de metal que estaba colocada en muchos vestuarios (a semejanza de los asientos de las montañas rusas y otras atracciones) y que el jugador acababa chupando por aburrimiento.

La trilogía tradicional del deporte en España se completa con el ciclismo, otra disciplina llena de expresiones y frases hechas usadas en el día a día. Sin embargo, las dos expresiones más conocidas del mundo de las dos ruedas no tienen origen ciclista. La expresión `farolillo rojo´, que utilizamos para referirnos a aquel que va último en una carrera es originaria del mundo del ferrocarril, ya que originalmente el último vagón de un convoy llevaba una luz colorada para indicar el fin del vehículo a los transeúntes. Del mismo modo, cuando usamos la palabra `pelotón´ para indicar un grupo numeroso de personas inmediatamente pensamos en el Tour de Francia, cuando en origen es un vocablo de corte militar.

Siempre que discutimos con alguien y a pesar de las evidencias es incapaz de cambiar de parecer, decimos que es una persona `de piñón fijo´, como las primeras bicicletas de carrera o las de paseo que usamos de pequeños. Con ese tipo de bicis es más difícil `esprintar´ un verbo común en la actualidad y que implica un esfuerzo final y a última hora. En el ciclismo las victorias al sprint se consiguen después de jornadas `maratonianas´, que hacen referencia a la prueba atlética más larga y más fatigosa con sus más de 42 kilómetros de longitud.

En el mundo de la raqueta, si bien es cierto que en Francia la palabra ´deuce´ se utiliza como empate aunque realmente no quiere decir eso (la palabra francesa para empate es ‘egalité’), en el castellano lo más curioso es como la palabra tenis ha pasado a designar un tipo de zapato deportivo, dado que en el siglo XIX los únicos que llevaban tenis eran los jugadores de tenis, valga la redundancia.

Del norteamericano deporte del baloncesto hemos absorbido la expresión `tiempo muerto´, útil para hacer un `kit-kat´ en medio de una discusión o de un esfuerzo. Cuando la discusión no acaba como deseamos puede que nos `pillemos un rebote´ que hace referencia al acto, muchas veces desagradable porque implica dar codazos o manotazos, de recoger el balón cuando sale expulsado del aro.

El juego del ajedrez (deporte para muchos) tiene su origen en la Edad Media, momento en el que las lenguas romances adquieren forma propia para más adelante establecer reglas de uso y escritura a través de la gramática. Es por ello que el ajedrez, desde hace varios siglos, forma parte de la lengua de muchos países, y por supuesto del castellano, idioma en el que trazamos este artículo. El propio tablero de juego, tablero `ajedrezado´ ha creado un adjetivo usado para referirse a prendas de ropa o tipos de arquitectura que combinan cuadrados de distintos colores. Menos conocido es que cada uno de esos cuadrados recibe el nombre de `escaques´ de donde proviene el verbo `escaquear´, usado en el presente para quien evita una tarea impuesta y que en el medievo se refería a dividir los ejércitos en pequeñas unidades en una especie de `guerra de guerrillas´.

Por supuesto, la jugada maestra del ajedrez es el `jaque mate´, que se traslada a cualquier ámbito en el que gracias a nuestra pericia salimos victoriosos. Previamente hemos tenido que `poner en jaque´ a nuestro rival (pongamos por caso que sea nuestro jefe o nuestro padre) para poder conseguir nuestro objetivo, aunque a veces, ese jefe o ese padre, sabe `enrocarse´ y así defender su posición, por lo que no nos queda más remedio que dejar todo `en tablas´, o lo que es lo mismo en empate, porque aún a sabiendas de tener razón no tenemos ni fuerzas ni argumentos para demostrarlo.

Y luego hay otras ‘cositas´ que pasan desapercibidas. Desde el no muy usado verbo `placar´ sinónimo de derribar y común en el rugby, a otras más elitistas como `touché´ referidas a una argumentación brillante que es alabada y que proviene del afrancesado deporte de la esgrima.

Seguramente hay muchos más, pero con esto es suficiente para pasar un rato entretenido en una tarde de otoño. Porque como dijo Arístocles, más conocido como ‘Platón’; “mejor un poco que esté bien hecho, que una gran cantidad imperfecta”.

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Una historia de provincias ricas y provincias pobres

Julio es un mes de inicio de vacaciones. Los periodistas se exprimen la mollera para buscar temas de los que tratar. El más común es el de la rumorología. Los fichajes del verano tienen la capacidad de ilusionar al aficionado. Al final, salir de la rutina siempre es motivo de esperanza y entusiasmo. Da igual la circunstancia. Comer en un sitio nuevo, comprar una camiseta o conocer a una persona. Lo nuevo siempre es llamativo. El otro tema estrella es hacer balance. Como fue la temporada, como pudo haber sido y ver en que se podría haber mejorado.

Esta semana estuve leyendo uno de esos artículos típicos de estas fechas. Lo firmaba Cudeiro en El País y trataba sobre provincias pobres y ricas en el fútbol español. Aprovechando el ascenso del Girona a Primera División, explicaba que hay 15 provincias españolas (contando Ceuta y Melilla) que nunca han tenido a su equipo principal en la categoría reina del balompié estatal. Explicaba que sólo una de ellas es costera (Lugo) y que la mayoría formaban una especie de cordón sanitario alrededor de la Comunidad de Madrid, que aglutina la riqueza de la meseta peninsular.

A mayores, el artículo incidía en que Segovia, Ávila, Cuenca, Teruel y Zamora, así como las dos ciudades autónomas africanas ni siquiera han tenido representante en la segunda categoría del fútbol nacional. El artículo se completaba con varias afirmaciones de dirigentes de alguno de estos equipos sin renombre solicitando ayudas públicas y quejándose de la falta de patrocinadores.

Siendo cierto todo lo que Cudeiro cuenta, también lo es lo ineptos que somos a la hora de ver un problema y tratar de buscarle una solución. Es innegable que estas provincias tienen graves problemas estructurales. Un Estado cuyo motor de crecimiento económico está ligado al tercer sector, conlleva a sus habitantes a desplazarse a lugares costeros o a grandes polos administrativos, despoblando el interior del país. Las condiciones climatológicas que desplazan al turismo a la costa, también llevan al lado del mar al grueso de la población. En segundo lugar, la mejora de las comunicaciones también facilita desplazamientos laborales y de residencia entre provincias cuya distancia pueda ser salvada fácilmente en un día, lo que explica el agujero negro alrededor de Madrid que reseñaba Cudeiro.

Lo que se debe es buscar una solución, en vez de quejarse del problema. Y muchas provincias lo han hecho o lo hicieron, con mayor o menor fortuna, en su momento. Aprovechando los fondos europeos y el impulso que el Estado le dio al deporte desde inicios de la década de 1980, todas las ciudades equiparon sus barrios con recintos polideportivos. En las comarcas del interior, donde el frío invita a quedarse en casa, esto supuso un aumento exponencial de la práctica deportiva, de lo que se beneficiaron muchas disciplinas.

Las ciudades de Lugo y Ourense, pueden presumir de tener a los dos equipos más representativos del baloncesto gallego. El Breogán y el COB ahora luchan por regresar a la ACB, pero en tiempos pasados eran habituales sus duelos contra el Real Madrid o el Barcelona. Lo mismo ocurría con el Magia de Huesca o el Cáceres C.B., que llegó a jugar una final de la Copa del Rey y unas semifinales europeas. Nos queda Palencia, que salvo problemas económicos de última hora debutará en la ACB en el próximo mes de octubre.

Otras ciudades apostaron fuerte por el fútbol, pero por el de salón. Por Segovia pasaron algunos de los mejores jugadores del mundo y los segovianos tienen la fortuna de presumir de haber ganado una Copa de Europa en el año 2000. También Zamora tuvo un paso, aunque en este caso efímero, entre los mejores del fútbol sala.

No obstante, el otro deporte que junto al baloncesto se lleva el premio gordo, es el balonmano. Toledo, Cuenca y Guadalajara han contado o cuentan con un equipo en la Liga ASOBAL. Y es en esta disciplina donde encontramos el proyecto más ambicioso y más exitoso allende del fútbol; el balonmano Ciudad Real. Hasta que el Atlético de Madrid y los problemas económicos hicieron tumbar el proyecto, el Quijote Arena de la ciudad manchega vio a su equipo ganar 5 títulos ligueros y 3 Copas de Europa entre otros trofeos.

Hasta en las ciudades autónomas vemos ejemplos de éxito deportivo. En Melilla disfrutan del voleibol de élite desde hace unos años. Y en Ceuta podemos hacer una pequeña trampa. El Atlético Tetuán llegó a jugar en Primera División a mediados de los 50, y la estructura de dicho club pasó a Ceuta después de la independencia de Marruecos.

Llegados a este punto nos quedan Teruel y Ávila. La ciudad turolense fue la última capital de provincia española con acceso a la red de autopistas. Cuenta con un clima extremo y está aislada de cualquier otro lugar de importancia. Por ende, no llega a los 40.000 habitantes, por lo que exceptuando su labor administrativo, realmente podríamos hablar de una villa de pequeña entidad y no de una ciudad. Eso sí, no en Teruel, pero si dentro de su provincia, está el circuito automovilístico de Alcañíz, donde se celebra anualmente una de las pruebas del Campeonato del Mundo de Motociclismo.

Realmente la única provincia sin ningún tipo de importancia deportiva ni histórica ni actual es Ávila. Sus murallas y sus calles empedradas patrimonio de la humanidad han sido testigos de emocionantes finales de etapa de la Vuelta a España, pero Ávila debe ser considerada como el yermo deportivo del panorama español. El verdadero agujero negro.

No todo es fútbol. Existe la forma de hacer visible tu ciudad y de conseguir que sus ciudadanos se sientan orgullosos de un éxito colectivo. Y ni siquiera hemos hablado del deporte femenino. Un coto por explorar, y que con visión de futuro es sinónimo de éxito. Y sino que pregunten en Salamanca, donde el baloncesto femenino tiene más seguidores que el fútbol masculino.

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Muy breves líneas sobre Pepe Domingo Castaño

La empresa radiofónica tiene la particularidad que depende de su material humano más que del poder de su imagen. Hecho sin parangón en cualquier otro medio de comunicación, escogemos a quien queremos escuchar y no a la empresa que queremos oír. Esto provoca curiosidades como que un señor al borde de los 75 años sea el ancla de un programa deportivo. Y lo más extraordinario, que su masa de fieles oyentes se sitúe en la adolescencia y que estos mozos lo consideren uno más de su pandilla.

Pepe Domingo Castaño ha conseguido elevar la publicidad radiofónica en España a la categoría de arte. Y lo ha hecho con una dicción espantosa y un tono de voz lánguido, inexpresivo y neutro.

El animador supone un papel fundamental en la programación deportiva radiada. Funciona como el locutor del circo o como el speaker de un evento deportivo norteamericano. Al igual que en los espectáculos made in USA, es tan importante -o más- el continente como el contenido. Para tantas horas de duración es necesario mantener atento al espectador. Y lo maravilloso del animador es que no parece que esté haciendo publicidad. De hecho, si nos paramos a analizar, observaremos como hay más cuñas publicitarias que intervenciones del Pepe Domingo de turno, pero siempre pensaremos que ocurre justo al revés.

Castaño ha sabido conectar perfectamente la programación y la publicidad, logrando que los que le escuchemos hagamos de todo lo mismo. La radio logra lo que ningún otro medio ha conseguido, que no desviemos la atención ante el parón promocional.

El animador no vende nada, sencillamente cuenta una historia. Pepe Domingo ha perfeccionado una escuela que nació en la Cadena SER y cuyo ideólogo fue Bobby Deglané. Este pionero de la radio española se había curtido en el Circo Price de Madrid como animador de combates de boxeo y en 1952 puso en marcha, junto a Vicente Marco, Carrusel Deportivo para el seguimiento de la jornada liguera y, lo más importante, de la quiniela. Reciente invento del aparato franquista, las apuestas deportivas tuvieron un impacto inmediato para unos ciudadanos pobres y ávidos de sueños de riquezas imposibles. Desde entonces las tardes radiofónicas del fin de semana, son un tiempo de emoción, carcajadas, agitación e incertidumbre, donde el deporte pasa a ser sólo el envoltorio de un programa de radio.

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