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Cuando Roger Milla pasó de nadar con delfines a ser la estrella de un Mundial

Marruecos ha tocado el cielo. Es la primera nación árabe que llega a los cuartos de final de un Mundial. Eso al menos. Ahí es donde está Marruecos a la hora de escribir estas líneas, a la víspera de su histórico partido ante Portugal. Quizás, estimado lector, cuando lea esto ya habrá roto Marruecos el techo de cristal y se convierta en la primera nación africana en alcanzar unas semifinales mundialistas. O quizás no. Lo lógico es que caiga en cuartos de final y ponga fin a un sueño que inició con Croacia, se hizo realidad con Bélgica y cristalizó frente a España.

El caso es que es la tercera vez que un equipo africano llega a cuartos de final de un Mundial. Pero es éste un equipo africano diferente. No es una nación del corazón africano. No es una nación negra. Es una nación árabe. Una comunidad de seres humanos que rivalizan conforme a distintas fronteras, pero que tienen un acerbo cultural común desde Mauritania a orillas del Atlántico hasta Irán a las puertas del Océano Índico. Aún así el triunfo de Marruecos es el triunfo de África. El triunfo de un fútbol técnico y físico a partes iguales que lleva años evolucionando gracias a los nietos e hijos de los que buscaron en Occidente una vida mejor. De la plantilla marroquí de 26 convocados un total de 14 nacieron lejos de suelo marroquí, incluidos sus futbolistas más destacados; Bono (Canadá), Achraf (España), Boufal (Francia) y Amrabat, Mazraoui y Ziyech (Países Bajos).

Marruecos da el campanazo, hace historia y elimina a España para avanzar a  Cuartos de Final de Qatar 2022 - Los Angeles Times
Éxtasis marroquí

San Paolo. Nápoles. Junio de 1990. Camerún 0-1 Inglaterra. Descanso. Son los cuartos de final de la Copa del Mundo. Roger Milla entra al campo con el ‘9’ en la espalda sustituyendo a Emmanuel Maboang. Milla va a revolucionar el partido. Eléctrico, móvil, perspicaz, alborota la defensa inglesa y en dos fogonazos Camerún se pone por delante. A falta de ocho minutos para el fin del partido Camerún gana por 2-1. Roger Milla tiene 38 años. Es la primera vez que juega los cuartos de final de un Mundial. Es la primera vez que un país africano juega los cuartos de final de un Mundial.

Un penalti anotado por Gary Lineker condujo el partido a la prórroga y otra pena máxima anotada en el tiempo extra por el entonces delantero del Tottenham daba la victoria a los británicos por 2-3. África no volverá a estar tan cerca de la gloria hasta que la selección de Ghana caiga en la tanda de penaltis ante Uruguay en los cuartos del Mundial de Sudáfrica de 2010. Aquello también fue de traca. Con Luis Suárez expulsado por hacer de portero a escasos minutos del final y con Abreu marcando el tanto de la victoria con un penalti tirado a lo Panenka. Doce años después ha tocado la epopeya de Marruecos en suelo qatarí. Pero la primera vez fue aquella de Camerún. Con un Roger Milla desatado. Anotó cuatro goles en cinco partidos y con 38 años fue elegido en el mejor once del Mundial. Su nombre brillaba junto a los de Matthaüs, Baresi, Maldini, Klinsmann o Maradona.

Cameroon legend Roger Milla regrets they lost to England at Italia 90 | The  Sun
Roger Milla

Camerún es una nación brillante situada en un lugar privilegiado. Desiertos, playas, sabanas y montañas adornaban a un país que se abre al golfo de Guinea. Fueron los portugueses los que bautizaron a esa zona como río de camarones, pero serían los alemanes los que en el siglo XIX explotaron esas tierras a su antojo como fructífera colonia. Tras la I Guerra Mundial lo que desde 1960 será el Camerún independiente fue dividido entre ingleses y franceses. En la parte británica destacaba la fe musulmana, mientras que, en la parte francesa, mucho más numerosa, la facción católica.

Es conveniente hacer esta distinción cuando nos adentramos en los años 70 del siglo pasado. El fútbol africano era ignorado por los medios y los ojeadores europeos. Pero entonces, además de hombres de negocios, eran los misioneros católicos quienes seguían manteniendo los lazos con las antiguas colonias. Así que un joven delantero de potencial inmenso y futuro brillante llamado Roger Miller no podría ni imaginarse lo que sería jugar en un grande de Europa. Por suerte para Milla (con la independencia de Camerún se africanizó el apellido) los lazos religiosos con Francia seguían presentes tras la descolonización.

Fue así como el boca a boca hizo que un club francés se atreviese a apostar por Roger Milla. Pero no era un grande. Ni mucho menos. Quien apostó por el camerunés fue el Valenciennes, escuadra modesta recién ascendida a la Ligue 1. Allí estuvo dos temporadas donde anotaba prácticamente gol por partido. Había llegado a Francia con 25 años y su hambre de gol e instinto asesino lo hicieron brillar de inmediato. Era un delantero de larga zancada, regate a golpe de cadera y disparo certero al primer toque. No era un rematador al uso, pero si un alborotador, un tiburón del área que acechaba a su presa y disparaba tras el primer movimiento. Su valía no se cifraba solo en goles, porque su entusiasmo y su personalidad le hacían echarse encima al equipo en los malos momentos y fabricarse goles por sí mismo si fuese necesario.

Milla firmó entonces por el AS Mónaco, pero ahí su estrellato pronto pasó al olvido. Los monegascos ya eran un grande del futbol galo y por entonces tirar la barrera psicológica que separaba a africanos de europeos parecía inabordable. No consiguió ser titular, se acercaba a la treintena, y los ramalazos de genio que mostraba con su selección eran tildados de frivolidades cuando se ponía la camiseta del AS Mónaco.

Así que hubo que dar otro paso atrás y fichar por el SC Bastia. Y allí fue la explosión. Fueron cuatro temporadas de éxitos, incluyendo un gol histórico que le dio una copa al pequeño club de Cerdeña. Fueron años de champán. Fue elegido jugador africano del año y en 1982 junto a M’Bida o N’Kono disputó el Mundial de 1982 con Camerún quedando eliminados en primera ronda, pero por culpa de la diferencia de goles y sin perder ningún partido.

La carrera de Roger Milla era exitosa para ser un futbolista africano, pero seguía siendo un don nadie. Un completo desconocido. En 1984 lideró a Camerún a la victoria en la Copa de África y repitió hazaña en 1988 añadiendo el título de máximo goleador. Contaba entonces con 36 años y jugaba en el Montpellier HSC al que ayudó a ascender a la Ligue 1 para luego clasificarlo para la Copa de la UEFA. Al año siguiente, en 1989, decidió retirarse dejando una media de nueve goles por temporada en máxima categoría y dieciséis en segunda tras doce temporadas en Francia.

Olympia di Twitter: "Roger Milla. #Bastia https://t.co/dtehngBwmx" / Twitter
Milla en el SC Bastia

A sus 38 años Roger Milla iba a gozar de un retiro dorado. Y decidió hacerlo en la Isla de Reunión, un idílico departamento de ultramar francés situado en el Océano Índico. Firmó por un equipo de la isla y decidió meter unos goles mientras disfrutaba de placenteros baños en parajes de ensueño.

Y mientras, ¿qué pasa con Camerún? Los leones indomables son los grandes favoritos para ganar la Copa de África de 1990. Se disputa en marzo, a escasos cuatros meses del Mundial de Italia. Y el fracaso es absoluto. Son superados por Zambia y Senegal y ni siquiera son capaces de pasar de primera ronda. La conmoción en el país es absoluta. Se trata de un equipo joven y con talento, pero en el que, exceptuando al portero del Espanyol Tommy N’Kono, no hay demasiada experiencia en el fútbol europeo.

Urge una solución inmediata.

¡Roger! ¡Roger! ¡Tienes una llamada! Así fue como avisaron a Milla. Y no era para menos. La llamada tenía carácter oficial. Pero tendría que esperar. Milla tendría que dejar su equipo de submarinismo en el barco, antes de cambiarse y poner pie en tierra. Había estado nadando y buceando en aguas cristalinas acompañado de bancos de coral y pequeños delfines. El sempiterno sol brillaba cuando entró en la casa y fue acompañado hasta el teléfono.

Roger escuchó y se cuadró. Al otro lado del teléfono estaba Paul Biya, presidente de la República de Camerún desde hacía una década. Biya y Milla tenían una buena relación y compartían convicciones religiosas. Hablaron durante largo rato y Biya le pidió a Milla que volviera a calzarse las botas, aunque fuese únicamente para ejercer de referente moral. No importaba que jugase o no, pero su sola presencia en el equipo resultaría beneficiosa. Realmente aquello no era una conversación. Era una súplica. Pero procedía de un ser superior. En la psique africana eso era una orden dada por un rey que el noble debía de cumplir.

Roger Milla dejó la arena fina y el agua cristalina bañada por delfines para coger un avión rumbo a Camerún. Su primer movimiento fue hablar con Valery Nepomnyashhchy, el técnico ruso de apellido impronunciable que había fracasado en la Copa de África. El acuerdo fue fácil de conseguir. Milla iría al Mundial como suplente y el ruso salvaría su cabeza. Podría dirigir a los leones indomables en Italia 90.

Pero no todos estaban contentos. Milla podría ser un mito, pero su presencia en Italia era la de un advenedizo. Quien peor se lo tomó fue François Omar-Biyik, delantero fuerte, poderoso, que veía peligrar su puesto en el once titular. Milla lo tranquilizó y le dijo que no se preocupara, que su intención era tan solo apoyar desde el banquillo al equipo.

Y así fue. En el primer partido Camerún se convirtió en la primera selección que derrotaba al vigente campeón en el partido inaugural. La Argentina de Maradona caía ante los africanos gracias a un solitario gol de Oman-Biyik, que fue fervorosamente aplaudido por Milla desde el banquillo.

En el siguiente choque Roger Milla saltó al campo a los 15 minutos de la segunda parte. Camerún vs Rumanía. Lo hizo distraído, con aquella camiseta verde roída del pegote amarillo como escudo. Sin aliñar, con la zamarra mitad por dentro mitad por fuera, Milla anota dos goles. El primero es pillería. Golpe al defensa, salto a destiempo y golpeo seco con la izquierda. El segundo es un tiro áspero con la diestra tras un buen gesto técnico. Camerún se clasifica para octavos con dos goles de Miller, porque sí, a los 38 años, y tras una vida en Francia, Miller sigue siendo un desconocido en los rótulos de la televisión italiana.

Ya clasificado, Camerún se relaja y cae por 0-4 ante la URSS antes de enfrentarse a Colombia en octavos de final. Guiados por Valderrama los sudamericanos dominan el partido mientras los africanos esperaban agazapados para lanzar contragolpes. Se llega así a la prórroga donde el suplente Milla recibe cerca del área grande, se saca de encima a dos colombianos, y anota el primer gol del partido. Luego vendrá la gran locura de Higuita, quien intentará ser un Maradona con guantes cerca del círculo central, lo que aprovechará Roger Milla para anotar el segundo de Camerún. Su baile de celebración con el banderín del córner también pasará a la historia. Los leones indomables estarán en cuartos de final.

Luego vino el histórico partido de cuartos ante Inglaterra, donde el hasta entonces comedido y defensivo Camerún se convirtió en una escuadra agresiva y ofensiva que puso contra las cuerdas a los ingleses. Milla saldría del banquillo para forzar un penalti y dar la asistencia para el segundo gol camerunés. Camerún acabará cayendo, pero llegará más lejos de lo que nunca antes (con permiso de Marruecos) ha llegado una selección africana.

Roger Milla había descolgado las botas y fue aclamado como un héroe a su vuelta a Camerún. Dejó los baños con delfines para su jubilación y firmó por el Tonerre Yaoundé de su ciudad natal. Allí estuvo hasta 1994, cuando con 42 años acudió al Mundial de Estados Unidos y consiguió anotar otro tanto. Por supuesto sigue siendo el futbolista más veterano en anotar un gol en un Mundial.

Por entonces los jugadores de la África negra ya eran más que respetados. Abedi Pelé es estrella del Marsella campeón de la Copa de Europa, Nwankwo Kanu es el delantero del futuro en el Ajax y George Weah gana el Balón de Oro con el AC Milan, en reconocimiento histórico al hasta entonces siempre menospreciado fútbol africano.

Roger Milla colgó las botas en 1996, a los 44 años. Hay quien dice que realmente tenía más y que su pasaporte fue falseado. Sea cierto o no, lo hizo con el reconocimiento de la FIFA como el mejor jugador africano del siglo XX, dos Balón de Oro africanos con 14 años de diferencia (1976 y 1990) y con cinco goles en diez partidos mundialistas. Hoy es embajador de Unicef en África y aspira a ser presidente de un país al que en su día ayudó a poner en el mapa.

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“Me veo en los cromos vestido de blanco y me da un no sé qué”. “Para un jugador del Barça es gratificante que le piten en el Bernabéu”. “No me acerco ni diez metros a una televisión ni borracho”. “A mí me vale el ritmo, me va la adversidad, porque soy gilipollas”. “Si no te gusta mi estilo me importa un bledo, por decirlo de manera educada”. “Los catalanes son la hostia y están adelantados a los españoles en general”. “Pregunta lo que quieras y yo contesto lo que me apetezca”. “¿Hablar con la prensa? Para mí es un juego de niños”. “Pletórico es un adjetivo calificativo para decir como estoy”. “Soy el mejor seleccionador que hay sobre la faz de la tierra”. “En todos los vestuarios hay un gilipollas”. “¿Convocados? El que tengo aquí colgado”.

Luis Enrique Martínez es un chaval poligonero. No es despectivo. Es el nombre del barrio gijonés donde creció a caballo entre los 70 y los 80. Los años del Naval Xixón, de las barricadas en los altos hornos, de los neumáticos quemados a la entrada de los astilleros. De un tipo de vida que fue y que finalizó por obra y gracia de la Unión Europea. Luis Enrique era un chulo, un ‘playu’, uno de esos lideres del barrio que no se achanta ante nadie. Un tipo con lengua viperina, que va de frente y que todo lo sabe. Cuando el Madrid pagó al Sporting 250 millones por su fichaje lo primero que hizo fue comprarse un deportivo rojo. Lo mismo que tantos y tantos hicieron antes y harán después. Pero Lucho hizo algo más. Se encargó de pasar una tarde calle arriba y calle abajo cruzando el Polígono para que todos vieran quien conducía ese Opel Calibra rojo recién estrenado.

No hace falta que me extienda mucho más para explicar quién es. Jugador de Sporting de Gijón, Real Madrid y FC Barcelona. Reconocido entrenador de los azulgranas y seleccionador nacional. Se trata de Luis Enrique Martínez. Persona maleducada, irrespetuosa y soberbia para algunos. Divertida, sincera y graciosa para otros. Para mí, por cierto, encaja mejor con la primera definición. El caso es que Luis Enrique no deja indiferente a nadie. No existen las medianías con él. Pero no es de Luis Enrique de quien voy a hablar en este artículo, aunque parezca lo contrario.

Vamos a hablar de periodismo.

A Luis Enrique le ha dado por hacer de streamer durante el Mundial de Qatar. ¿Qué es un streamer? Es un anglicismo derivado de la palabra ‘streaming’ que consiste en emitir contenido audiovisual en primera persona, sea en directo o grabado, para compartir ideas, entretenimiento u opiniones con quien se desee. Y aquí está la madre del cordero. Es un mensaje entre el que quiere enviar información y el que la quiere recibir sin que exista un intermediario. Sin que exista un periodista.

He aquí el problema. La profesión periodística ha estallado contra la decisión de Luis Enrique. Ya no era santo de devoción de los medios, pero tras lo del streaming menos todavía. Argumentan que es una forma de Luis para cobrarse facturas y para demostrarle a la prensa que es del todo innecesaria necesaria. Os provoco porque me sois inútiles, viene a decir el seleccionador.

El Sporting, con Luis Enrique y La Roja | El Comercio
Lucho

La realidad es que la decisión de Luis Enrique obedece a dos circunstancias. La primera es su predisposición a atribuirse el mensaje y ser el foco de los medios para llamar la atención y descargar de responsabilidades a sus jugadores. Cuenta Ronaldo Nazario que cuando le dio por hacerse aquel estrafalario peinado en el Mundial de Corea lo hizo porque la prensa debatía sobre si podría jugar la final tras una lesión muscular durante la semifinal. Fue hacerse aquel esperpéntico triángulo en el pelo y nadie volvió referirse a la lesión. Luis Enrique forma parte de esta estirpe de entrenadores que convoca a una cohorte de legionarios que moriría por el centurión a cambio de recibir por ellos todos los golpes venidos del exterior.

La segunda realidad obedece al hecho de comunicar un mensaje. Lo que hace Luis Enrique es, con perdón de la expresión, más viejo que cagar. Se llama comunicación corporativa. Desde que Julio César escribiera en primera persona su crónica sobre la invasión y toma de la Galia por parte del ejército romano hasta que en tiempos presentes a Hugo Chávez le dio por formar su propio programa de televisión bajo el nombre en ‘Aló Presidente’, la comunicación corporativa se basa en controlar el mensaje que queremos transmitir a nuestros clientes (nuestro público). Es lo que hacen las empresas, tanto de forma interna como externa, pero también los particulares, desde el mismo momento en que ellos tienen conciencia por sí mismos ser un hecho noticiable.

Si bien la comunicación corporativa es antigua, el hecho de que un individuo actúe por sí mismo sin la existencia de filtros de forma masiva es reciente. Se debe a la popularización de las redes sociales y a los diferentes canales surgidos gracias a internet, pero también a la existencia de representantes e ingresos ajenos a la práctica deportiva que han convertido al deportista en una empresa. Mientras los deportes minoritarios y los deportistas semi anónimos buscan desesperados a la prensa para contar su relato y obtener visibilidad, una centena de deportistas de élite renuncian a los medios tradicionales sabiéndose poseedores de la potestad de poder controlar el relato y así poder comunicarse con sus seguidores sin intermediarios.

Ese es el quid de la cuestión. El intermediario. Esa es la labor del periodista. Filtrar, interpretar, analizar y transmitir la información al receptor para que este tome sus propias decisiones. Y son dos partes irremplazables e interconectadas. El periodista tiene que coger ese bruto, ponerle forma y a partir de ahí transmitir una idea. Pero ojo. El receptor no debería tomar la palabra del periodista como la palabra de Dios, sino aceptarla y compararla con otras interpretaciones y después tomar una decisión propia.

Esa es pues la función del periodista. La de masticador de la realidad. El receptor no tiene por qué saber de todo y, aunque tenga acceso prácticamente ilimitado a cualquier información a través de la red, ni tiene tiempo para consumirlo todo ni tiene capacidad analítica para interpretar todo lo que le llega. Es por eso que la labor del periodista ni ha desaparecido ni va a desaparecer, porque sin periodista no existe interpretación alguna.

El problema es que el periodista, los medios y la profesión en su totalidad hace tiempo que han dejado de practicar el periodismo. ¿Qué diferencia hay entre en una rueda de prensa y un directo de Twitch? Ninguna si las preguntas están teledirigidas. ¿Qué valor tiene una comparecencia sin preguntas? ¿Qué valor tiene una hagiografía, una entrevista en la que solo hay baño y jabón? No hay entrevistas incisivas, no hay denuncia, no hay investigación. Todo es griterío, espectáculo y oda al deportista. No existen los ataques con fundamento ni la denuncia como sustento.

¿Qué Luis Enrique es streamer? De puertas afuera hay crítica e indignación por la falta de respeto contra la profesión. De puertas adentro es la felicidad absoluta. Cuantas más plataformas, mejor. Cuanto más se hable, más fácil es rellenar parrillas informativas. Twitch no da información, pero da titulares. Los primeros que siguen a Luis Enrique son aquellos que lo critican. No existe forma más sencilla de conseguir contenidos. Podemos saber lo que piensa, cuál es su estado de ánimo, como está la moral de los jugadores, que sucede en la concentración…

A la hora de publicar este artículo España está a las puertas de disputar los octavos de final del Mundial ante Marruecos. De cómo y hasta donde llegue la selección influirán las críticas a Lucho. Una de las más recurrentes es que el deportista metido a streamer (Luis Enrique en este caso) pierde el tiempo con estos asuntos en vez de centrarse en su trabajo. No obstante, ¿no es tan cierto que la hora y media que pasa Luis Enrique como streamer la hubiese pasado en otros tiempos entrando en directo primero en la COPE, luego en la SER, después en Onda Cero, más tarde en RNE y para acabar en Radio Marca? ¿Si las cosas van mal, lo criticarán? Claro. ¿Y si no lo hiciera? Seguro que también.

Luis Enrique debuta en Twitch: "Me gusta mucho lo de Luis Padrique" | Onda  Cero Radio
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Así visto parece que el deportista que decide ser su propio medio de comunicación tiene todas la de ganar. Pero no es oro todo lo que reluce. Iniciar una fuente de preguntas abiertas a todo el mundo obliga a contestar a todos, algo imposible por gustos (haters) o por tiempo. Y, sobre todo, abre un melón informativo en el que todo vale. Si el Luis Enrique de turno permite que el internauta le pregunte sobre su mujer, sobre lo que come, sobre sus vacaciones, sobre el sexo entre su hija y su yerno, o sobre si es hijo de Amunike, da carta blanca al periodista para abrir un melón peligroso en el que se le pueda preguntar lo que se quiera. Decidir exponer tu vida privada al público por decisión propia legitima al periodista a meter las narices en el asunto.

Y ese es un punto de no retorno.

No sabemos si Luis Enrique seguirá como seleccionador después del Mundial. Como dije hace unas líneas dependerá de lo que pasé los próximos días. Pero haga lo que haga en el futuro lo que es seguro es que seguirá haciendo el cabra. Y como él tantos y tantos que reniegan de los medios para transmitir su mensaje. Es legítimo y hasta es beneficioso para el periodista porque tiene más material que comunicar. Pero es peligroso tanto para la profesión como para el receptor. Que el receptor no sea consciente de ello es razonable. Que el periodista no sea capaz de hacer entender al receptor de la importancia de su trabajo es decepcionante. Pero que ni los periodistas ni los medios no sean capaces de ejercer de informantes es humillante e indignante para la profesión.

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El escándalo Qatar

La FIFA decidió que, en diciembre de 2010, de una tacada, se eligiesen los países candidatos para el Mundial 2018 y el Mundial 2022. Para el primero se presentaron España y Portugal por un lado y Bélgica y Países Bajos por el otro en pretensiones conjuntas. De forma independiente también estaban Inglaterra y Rusia. Dado que se daba por hecho que el Mundial volvería a Europa y que la UEFA apoyaba abiertamente la candidatura anglosajona se contaba con que el Mundial tendría lugar en Inglaterra. Sorprendentemente el vencedor fue Rusia.

Para 2022 los elegidos eran Estados Unidos, que, con Clinton y Obama como embajadores, eran los archifavoritos, así como Australia, que jugaba la baza de llevar por vez primera el Mundial a Oceanía. No contaban las candidatas asiáticas las cuales eran Japón, Corea del Sur (ambas con escasas opciones porque en 2002 ya habían organizado un Mundial de forma conjunta) y Qatar.

Y ganó Qatar.

Si. Ganó Qatar.

La pregunta es; ¿cómo narices ganó Qatar?

Former FIFA president Sep Blatter says Qatar hosting the World Cup is a  'mistake' - ABC News
The winner is…

Para lograr ser país organizador de un Mundial debes convencer a una mayoría de miembros del comité ejecutivo de la FIFA. Dichos miembros son un total de 24. Son los 24 dioses del fútbol. Ni Pelé, ni Messi ni Zidane. Esos 24 son los verdaderos dioses. La familia de la FIFA es como la familia de ‘El Padrino’, pero con peores personas.

Uno de esos miembros del comité ejecutivo era Chuck Blazer. Neoyorkino, hombre de negocios, en 1989 accedió al cargo de presidente de la Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de fútbol). Fue el impulsor y creador de la Copa de Oro de selecciones, así como de la Liga de Campeones de la Concacaf. Blazer también instaló las oficinas de la organización en una planta de la torre Trump de Nueva York, la decoró con mármol e hizo alquilar una habitación a la orden de 5.500 dólares al mes a cargo de la Concacaf para cobijo de sus dos gatos. Pronto se convirtió en uno de los brazos derechos del suizo Joseph Blatter, quien en 1998 fue designado como presidente de la FIFA.

En Zúrich, en una fastuosa sala de juntas situada dos pisos bajo tierra, en el edificio de la FIFA, al menos dos veces al año esos 24 hombres, quienes se alojaban en hoteles impecables y degustaban comidas extraordinarias, se debatía sobre como expandir el fútbol por todo el planeta para seguir lucrando el negocio. Blazer, que acabaría siendo confidente del FBI, declararía que cada uno de los allí presentes salía de esas reuniones con al menos 20.000 dólares de la caja fuerte de la FIFA en metálico.

Pero no adelantemos acontecimientos.

Los 24 miembros de la FIFA tienen como cometido la obligación de viajar por el mundo adelante visitando los países candidatos a albergar el Mundial y debatir con los posibles organizadores el plan de actuación. Las dádivas y agasajos forman parte del ritual. Cuando la expedición futbolística arribe en Moscú reparará en que todos los ministros rusos harán un corrillo y colmen de aplausos al personal mientras Vladimir Putin espera al otro lado de la fastuosa sala con los brazos abiertos. En Inglaterra sería la reina Isabel II la que expanda sonrisas y abandone, en cierto modo, el estricto protocolo, dejando que aquellos hombres de negocios se lleven una taza de té del Palacio de Buckingham a modo de souvenir.  

En Qatar no había paseos por museos extraordinarios ni visitas a monumentos de cientos o miles de años. En Qatar lo que había era un calor insoportable que rondaba los 50 grados en verano, kilómetros y kilómetros de arena, ausencia total de estadios de fútbol y el único monumento digno de ver eran los pozos petrolíferos. No obstante, lo que si había era dinero. Mucho dinero. La candidatura de Qatar no tenía ningún tipo de límite monetario.

La persona encargada de manejar ese fondo ilimitado era Mohammed Bin Hammam. El presidente de la Federación de Futbol de Qatar ya había logrado convencer a los asiáticos de apoyar la candidatura de Blatter a la presidencia de la FIFA en 1998, pero eso era ‘pecata minuta’ en comparación con el ingenioso proyecto que ahora tenía en mente. A través de diez testaferros diferentes se encargó de dirigir diferentes pagos para asegurarse de que la candidatura de Qatar 2022 fuese la elegida.

Bin Hammam se resigna a que FIFA lo declare culpable
Bin Hammam

En primer lugar, viajó a Angola. Era enero de 2010. Faltaban once meses para la elección de la sede mundialista. Allí se celebraba el congreso de la CAF (Confederación Africana de Fútbol). Aquel año un benefactor había donado dos millones de dólares a la CAF. Era el emirato qatarí. Luego Bin Hammam dio órdenes a sus testaferros para que le diesen un millón de dólares en metálico a cada uno de los tres miembros de la CAF que formaban parte del comité ejecutivo de la FIFA. ¿Por qué un millón y no un millón y medio?, dicen que contestó uno de los dirigentes. Y así fue. Por 4,5 millones de dólares en total Qatar se aseguró los votos de los representantes africanos.

Luego viaje a Nueva Zelanda, a visitar al único representante del comité ejecutivo de la confederación más pequeña. Trato hecho. Y después más de los mismo con la Unión Caribeña de Fútbol. Aquí se contenta a los 25 miembros, que no tienen ni voz ni voto, pero que forman frente común en la Concacaf. El pago es irrisorio. 40.000 dólares en sobres individuales a cada uno y trabajo hecho.

Pero con esto no llegaba. Para decantar la balanza hacia falta el voto a favor de los representantes europeos, la delegación más numerosa. Y había un grave problema. Existía un acuerdo tácito de que los qatarís se encargarían de mover el voto a favor de Inglaterra en 2018 si los hijos de la Gran Bretaña hacían lo propio a favor de Qatar para 2022.

El problema es que por medio estaban los rusos. Y sí, ahora Vladimir Putin es el demonio con rabo y cuernos, pero entonces era íntimo de Angela Merkel y de las demás cancillerías europeas. Y los rusos también tienen dinero. Mucho dinero. Entre bambalinas Rusia hizo los deberes y se aseguró ser sede para 2018. Caída en desgracia Inglaterra, se daba por sentado que Estados Unidos sería el ganador para 2022.

Y allí se reunieron. En Zúrich. Un 2 de diciembre de 2010. Cada comité tenía quince minutos de presentación final ante una sala repleta de personalidades, desde miembros de familias reales a mandatarios y ex mandatarios como Bill Clinton o David Cameron. Luego habría una primera votación en la que el último en número de votos quedaría eliminado y así sucesivamente hasta que quedase un mano a mano del que saldría el vencedor.

Pero la decisión ya estaba tomada antes de que tuviesen lugar las presentaciones. Todo se había decidido una semana antes.

Por entonces el presidente de la UEFA era Michel Platini. Campeón de Europa con la Juventus y de la Eurocopa con Francia, tres veces Balón de Oro, había sido enormemente aplaudido al acceder al cargo. Se decía, y no sin razón, que era un soplo de aire fresco que un exjugador fuese directivo. Platini, además, era de la vieja escuela. Un hombre que había criticado duramente a la FIFA como jugador cuando se jugaba a casi 40 grados a los dos de la tarde durante el Mundial de México. Una de sus primeras medidas como dirigente de la UEFA había sido facilitar el acceso a las competiciones europeas de los países más modestos y posicionarse abiertamente contra el VAR.

Resultó que Platini recibió una llamada. Se trataba de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de la República Francesa. Se le citaba a una cena en el Eliseo a la que también acudiría Hamad Al Thani, emir de Qatar. En la cena se habló de fútbol, pero esencialmente de economía. Se insinuó que si la UEFA apoyase la candidatura de Qatar quizás Francia se beneficiase en el futuro garantizándose suculentos contratos de infraestructuras en Oriente Próximo.

Platini, quien tenía idea de votar a Estados Unidos, se vio obligado a cambiar el sentido de su voto. Cuando el ídolo francés Zinedine Zidane forme parte de la delegación qatarí que se presentó en Zúrich aquel 2 de diciembre, la suerte estaba echada. Joseph Blatter abrió el sobre y los allí presentes quedaron en shock. Qatar, un país de apenas dos millones de habitantes y de casi 50 grados veraniegos, acogería el Mundial de 2022. Minutos más tarde Bill Clinton rompía de un puñetazo el espejo de su lujosa suite y exigía tener una conversación privada con Michel Platini.

El otrora astro francés declinó la invitación.

La caída del rey Platini se gestó en casa de Sarkozy junto al emir de Catar  | Vanity Fair
Sarkozy, Al Thani y Platini

Lo que después se supo es que Qatar compró Airbus fabricados en la ciudad francesa de Saint Nazaire a razón de 20.000 millones de euros. Luego hubo otros 50.000 millones invertidos en infraestructuras a cargo de empresas galas.

Quizás hoy, tras la bravuconada de Putin, no se entienda este cambio de aliados, pero es que hace apenas nada, hace simplemente un lustro, la política europea miraba con ojos golosos hacia el este. A Rusia al norte, Qatar al sureste y China a lo más lejos. Hoy parece un error colosal. Ayer era un acierto estratégico.

No solo eso. La familia real qatarí decidió invertir en el decaído fútbol francés, por entonces la sexta liga en importancia de Europa. Compraron una cadena de televisión, financiaron las ligas nacionales de baloncesto y balonmano y convirtieron al Paris Saint Germain en un gigante mundial. Fruto del acuerdo, Nasser Al-Khelaifi se convirtió en presidente del PSG y desde entonces el emirato qatarí ha invertido unos 2.000 millones de euros en el club parisino.

Todo esto fue consecuencia de aquello. Y es que aquello provocó un cirio. Pero esto se supo después. Antes hubo que tirar de la manta.

La garganta profunda fue Chris Eaton, jefe de seguridad de la FIFA durante apenas un par de años. Hombre recto, integro, presentó su dimisión en cuanto imaginó todo lo que allí se cocinaba. Se puso en contacto con el FBI estadounidense sin pruebas, pero si con fundamentos. Simplemente les dijo que siguieran el rastro del dinero y les sugirió quien de los 24 miembros del comité sería tan débil como para sucumbir a un par de preguntas.

Ese hombre débil era Chuck Blazer, aquel presidente de la Concacaf del que habíamos hablado. Nunca había pagado impuestos y se llevaba en crudo el 10% de todos los contratos que negociaba. El FBI lo tuvo muy fácil para sacarle un trato. Le colocaron un micrófono en un llavero, le dijeron que soltara el llavero en una de esas reuniones rodeadas de abundante comida y así tirase de la manta.

El lugar elegido fueron los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Allí estarían todos. Y lo harían en un ambiente distendido. En los JJ. OO hay fútbol, pero es un actor secundario del evento. No fue difícil que con unas cuantas copas de más unos cuantos se soltasen la lengua. Tuvieron que pasar tres años más para que en una redada del FBI en el Hotel Bar au Lac de Zúrich fuesen detenidos seis miembros del comité ejecutivo.

Acorralada, la FIFA contrató a un investigador interno. El Informe García (Michael García era el encargado de tan sucia tarea) admitía el fraude masivo en el seno de la entidad, aunque argumentaba que nunca se habían comprado votos, que todo eran regalos y que la FIFA había sido víctima de interferencias políticas. García sostenía que la FIFA había sido fundada por voluntarios que amaban y querían proteger el juego, mientras que en los últimos años su único objetivo había sido el de amasar dinero.

Cuando Blatter tuvo acceso al Informe García se negó a hacerlo público, pero, presionado por el Comité de Ética de la FIFA, se vio incitado a dimitir. Lo hizo en 2015. Y lo hizo tras ser reelegido. Se dio el gusto de ganar las elecciones internas para luego dimitir. Una muestra más de lo podrido del sistema.

Blatter vuelve a señalar a Sarkozy como responsable de que el Mundial se  dispute en Qatar
El tío Gilito

Joseph Blatter jamás entró en la cárcel, aunque sigue inhabilitado para ocupar cualquier cargo relacionado con la FIFA. Siempre ha negado la mayor y considera una tropelía injusta que el FBI llevase una operación anticorrupción en un país europeo como Suiza. Para Blatter todo se basa en una operación de envidia y venganza estadounidense por no haber sido elegida sede del Mundial 2022. Michel Platini tampoco piso la cárcel, pero tuvo que dejar la presidencia de la UEFA y también sigue inhabilitado para ocupar cargo alguno en el mundo del fútbol. En 2018 admitió que también hubo sobornos para designar a Francia sede del Mundial 1998.

A raíz de aquello el diario ‘Der Spiegel’ sacó a la luz que tanto en Alemania 2006 como en Sudáfrica 2010 los sobornos también formaron parte del pack mundialista.

La FIFA siempre había sido capaz de controlar su destino. Bin Hamman y la delegación de Qatar no inventaron nada. Fue la FIFA la que con sus corruptelas inventó la norma. Lo que hace la elección de Qatar diferente al resto es que las injerencias no se basaron únicamente en sobornos, sino en compromisos políticos de primer nivel.

A fin de cuentas, con o sin sobornos, Francia, Alemania o Rusia tienen capacidad y tradición para albergar un Mundial. Hasta Sudáfrica puede formar parte de este saco como una operación de justicia ante la olvidada y exprimida África. La corruptela por la elección de Qatar como sede mundialista salió a la luz porque es un sin sentido mayúsculo. Un país de apenas 11.000 km cuadrados (Asturias), con 2’5 millones de habitantes de los que únicamente el 15% son nativos, donde hubo que construir estadios de fútbol ex proceso y donde hasta el año 2008 no hubo una liga de fútbol profesional.

Y lo más sangrante. Un país que ha obligado a darle una vuelta al calendario del fútbol mundial para evitar el verano y competir en los agradables 25 o 30 grados del diciembre qatarí.

Y todo gracias a Nicolas Sarkozy. El único de los tres grandes personajes de esta historia que pisó la cárcel. Acusado de tráfico de influencias e intento de soborno a un juez. Fueron tres años de condena, aunque únicamente estuvo siete meses en la cárcel. Y lo fue por aceptar dinero libio para financiar su campaña política. No fue condenado por el ‘Qatargate’. A fin de cuentas, la FIFA sabe bien como proteger a los suyos.

“La corrupción es peor que la prostitución. La prostitución pone en duda la moral del individuo, mientras que la corrupción pone en peligro la moral de todo el país”. Karl Kraus, escritor checo.

“Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”. Séneca, filósofo romano.

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Franco ha muerto

Eso fue un jueves. Lo de Franco ha muerto. Ya saben a las 04:20 de la madrugada. Realmente llevaba agonizando un par de semanas, pero se había intentado alargar al máximo la fecha para que los más recalcitrantes franquistas (bautizados como ‘El bunker’) pudiesen atar un presidente de las Cortes afín a sus ideas para final de mes. Fue imposible. El Caudillo no dio para más. Era un 20 de noviembre. El jueves 20 de noviembre de 1975. A las 06:00 de la mañana Radio Nacional emitía la noticia y a las 10:00 a.m. el entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, prorrumpía su famoso lacrimógeno comunicado por televisión: “Españoles, Franco ha muerto”.

Decía que eso fue un jueves. Antes vino el domingo. Concretamente el domingo 16. Aquel fin de semana no había Liga. Hubo parón de selecciones. Fase de clasificación para la Eurocopa de 1976. España jugaba en Bucarest. Los rumanos llevaban ocho años sin perder en su capital. A España le valía el empate para clasificarse. Los ‘Kubala-Boys’ no habían logrado disputar el Mundial de dos años atrás y constituían un conjunto rocoso pero escaso de calidad. El equipo que formó en Rumanía estaría representado por Miguel Ángel; Sol, Migueli, Goyo Benito, Camacho; Villar, Pirri, Del Bosque; Quini, Santillana y Chechu Rojo. La selección se adelantó por 0-2 con goles de Ángel María Villar y Carlos Santillana, pero acabaría agonizando y empatando milagrosamente el partido (2-2). El objetivo se había cumplido y España estaría en los cuartos de final de la Eurocopa.

A ojos de hoy puede parecer poca cosa, pero entonces era un éxito absoluto. Por entonces a la fase final de la Eurocopa solo acudían cuatro equipos y tras las rondas clasificatorias había que jugar unos terribles cuartos de final. Ahí, entre los ocho mejores de Europa, estaría España tras derrotar a Rumanía, Escocia y Dinamarca. Ahí, en los cuartos de final, ni siquiera estarían Italia o Inglaterra. Y ahí, en los cuartos de final, le tocaría a España enfrentarse a Alemania a ida y vuelta. Acabaría perdiendo con claridad, pero eso sería en abril del año siguiente.

Clasificación Euro 1976 | Grupo 4 | España se clasificó por delante de  rumanos y escoceses - AS.com
Victoria en Rumanía (a la izq Juan Cruz Sol)

Volvamos al domingo 16 de noviembre de 1975. El mejor del partido había sido el madridista Pirri. Del Real Madrid, en este caso de baloncesto, también era Walter Szczerbiak, quien con 45 puntos había liderado la victoria madridista ante el entonces llamado Vasconia en la entonces llamada Liga Nacional de Baloncesto. El líder era el FC Barcelona que derrotó por la mínima al entonces llamado Juventud de Badalona. Digo sorprendente porque los blancos sumaban 15 de las anteriores 16 ediciones del campeonato, aunque aquel Barça de Zeravica daría que hablar. El yugoslavo hizo debutar a Solozábal, De la Cruz y a Herminio San Epifanio, el hermano mayor del legendario Epi, quien puso como condición para fichar por el Barça que también se firmase a su entonces hermano de 16 años, el cual en pocos años convertiría al Barça en referencia indiscutible del básket europeo.

Llegó después el miércoles. El miércoles 19. Ese día hubo noticia grande. El congreso de la FIFA designaba a Argentina como sede del Mundial de 1978. Faltaban menos de 24 meses, pero el general Jorge Videla había prometido un campeonato de campanillas. Según las casas de apuestas el favorito era Brasil (6/1), seguido de Alemania y Países Bajos (7/1), vigentes campeones y subcampeones respectivamente, Argentina (10/1) y la Unión Soviética (14/1). La victoria de España se pagaba 59 a 1. Aunque primero habría que clasificarse, lo cual, por entonces no se vislumbraba. Ese día alemanes y yugoslavos certificaron su pase a los cuartos de final de la Eurocopa en jornada de entre semana y el quince veces campeón de motociclismo Giacomo Agostini anunciaba que cambiaba Yamaha para volver a la italiana MV Agusta.

Esos días sin fútbol liguero lo que ocupaba la portada de los periódicos deportivos era el caso Caselzy. El delantero chileno, entonces estrella del RCD Español, se había negado a darle la mano al dictador Pinochet en una recepción oficial. Carlos Caselzy siempre se había mostrado beligerante con la dictadura y aprovechaba cualquier ocasión para reclamar la vuelta de la democracia a su país. Se había convertido en jugador de renombre en Europa, pero se le había prohibido volver a vestir la camiseta de la selección chilena. Aquello era un escándalo en Sudamérica y no le dejarían regresar a su país hasta 1979.

Uživatel Olympia na Twitteru: „Carlos Caszely. RCD Espanyol (1975-1978)  #rcde https://t.co/XiZ2UAY7BA“ / Twitter
Carlos Caselzy

Y llegamos al jueves 20. El día de la muerte del Caudillo. Algunos lloran, otros ríen. La mayoría calla. En el deporte la duda es simple. ¿Habrá jornada de Liga? La Delegación Nacional de Deportes lanza un comunicado a media tarde.

“Nunca un español ha unido a tantos españoles en un común sentimiento; nunca esta unida, noble y entrañablemente querida España nuestra sintió, como una oleada estremecida, un dolor tan firmemente compartido. Ha muerto Francisco Franco y el deporte español quiere expresar su sentimiento, quiere decir que lo siente en su propia carne, en los corazones de millones de jóvenes y maduros deportistas (…) esos hombres saben que el Caudillo de España nos ha legado un ejemplo permanente (..) un alto sentido de la convivencia y solidaridad, inasequible a todos los desalientos, que hoy es, en nuestro estremecido dolor, el espíritu del deporte español”.

El comunicado acababa diciendo que como el luto oficial de tres días finalizaba el domingo día 23 a las 15:00 horas. La totalidad de la jornada deportiva se podría desplazar al domingo por la tarde.

Un gran alivio.

Así que habría fútbol. Pero eso sería el domingo. Antes vino el sábado. En la India estaba Manuel Orantes. El tenista, quien apenas un par de meses antes había salido triunfador en el Open de Estados Unidos, se clasificaba para la final del torneo de Calcuta. Lo hace tras jugar con brazalete negro en honor al Caudillo. Negro se vía el futuro del FC Bayern que caía humillado en Frankfurt ante el Eintracht por 6-0 en un lamentable partido. Mientras, en Inglaterra el Derby County de Brian Clough se mantenía firme en el liderato perseguido de cerca por el Manchester United.

Ese sábado Eddy Merckx anunciaba que en 1976 acometería el asalto a su sexto Giro y a su sexto Tour tras el fracaso que supuso la temporada de 1975 en la que había claudicado ante Bernard Thevenet. Pero la noticia del día en España no era ni Orantes ni Merckx. La noticia del día era el nombramiento de Juan Carlos I como jefe del Estado. El Borbón, apodado por sus enemigos como Juan Carlos ‘El Breve’, sorprendería por su calculada ambivalencia y pasará de ser títere de Franco a garante de la Constitución en un abrir y cerrar de ojos.

Juan Carlos I, el hombre que supo reinar
Juan Carlos I ‘El Breve’

Y llegó así el domingo 23 de noviembre. La jornada se disputaría a las 16:30 horas. Antes, por la mañana, había sido el entierro de Franco en el Valle de los Caídos. La cobertura televisiva será exhaustiva, de ahí que el partido televisado se retrase hasta las 20:00 horas. Dicho encuentro enfrentará al Real Oviedo contra el Atlético de Madrid. Ganarán por 0-2 los colchoneros que se encaramarán a la tercera posición dejando a los carballones como colistas.

En Oviedo, como en todas las ciudades de España, se guardará un minuto de silencio en nombre del Caudillo, de manera que se portarán brazaletes negros. También en Segunda División, donde destaca el duelo entre el Coruña (así se llamaba entonces el Dépor) y el Celta que acaba con victoria local por 2-0. En la categoría de plata el líder es el CD Tenerife y el segundo el sorprendente Calvo Sotelo, que no era otro que el CD Puertollano que entonces pertenecía a la Empresa Nacional Calvo Sotelo de Combustibles Líquidos y Lubricantes. Vamos, un antecesor del antecesor de Repsol situado en la refinería castellanomanchega. También por Segunda andaba el CD Ensidesa, club asturiano perteneciente a la industria siderúrgica nacional. En 1983 desapareció y se fusionó con el Real Avilés.

Decía que en el Carlos Tartiere se guardó un minuto de silencio. Hubo actuaciones más sentidas. En Mestalla (Valencia CF 0-0 Sporting de Gijón) el capitán Mestres rezó un responso en honor al Caudillo. En Sarriá (RCD Español 2-0 Elche CF) fue el presidente Manuel Meler el que se animó con un Padre Nuestro en honor al Generalísimo. En el resto sentido silencio y sonoro aplauso. El aplauso se extendería de forma extrema en Alicante donde el Hércules con su victoria ante el Granada CF por 2-0 se colocaba como segundo clasificado del campeonato. El equipo dirigido por Arsenio Iglesias opositaba a revelación de la temporada.

Aquel domingo en el que el COI anunciaba que Montreal acumulaba cinco semanas de retraso en la construcción del estadio olímpico, el Real Madrid se refrendaba en el liderato al vencer por 3-2 al Real Zaragoza en el Bernabéu tras un gol agónico de Roberto Martínez. Mientras el Barça, sin el lesionado Cruyff, se hundía en la clasificación tras perder en el Villamarín ante el Real Betis por culpa de un gol de Cardeñosa. El técnico alemán Weisweiler había apostado por dos adolescentes de la cantera en la delantera; Francisco Fortes y Miquel Mir. Ninguno triunfará en el Camp Nou.

Cuando llegue mayo de 1976 el Real Madrid se proclamará campeón de Liga, mientras que Barça, Atlético y Español se clasificarían junto a los blancos para disputar competición europea. A Segunda bajarán el Granada y los dos equipos asturianos. El Sporting lo hará a pesar de los 21 goles de Quini que lo harán vencedor en el trofeo Pichichi. El guardameta gallego del Real Madrid Miguel Ángel ganará el trofeo Zamora. Para entonces, apenas seis meses después de la muerte del Caudillo, Francisco Franco comenzaba a ser una nebulosa dada la pasmosa facilidad con la que la sociedad española quiso dar carpetazo y patada adelante a una etapa que comenzó un 18 de julio de 1936 y que finalizó la madrugada del 20 de noviembre de 1975.

Quini "El Brujo" del gol - Odio Eterno Al Futbol Moderno
Enrique Castro ‘Quini’

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El padre del fútbol

Por el antiguo testamento el partido duraba noventa minutos según el reloj del árbitro, que sólo lo detenía por causas visibles y aceptadas por todos. Cuando había una interrupción extraordinaria el árbitro paraba el reloj y lo reactivaba al resolverse el problema. El tiempo real de juego venía a ser de algo menos que una hora (..) Aquello era sencillo, pero eran otras circunstancias. No había cambios, salvo el del portero en caso de lesión y en la Copa de Europa ni eso. Llegaron los cambios y fueron subiendo: dos, tres, cinco por la pandemia que ya quedaron, uno más en la prórroga… Apareció la moda de echar el balón fuera cada vez que uno se cae o se tira. Vino el cuarto árbitro y trajo las broncas con los banquillos. Más el VAR, con las pelmazas reflexiones de sus sexadores de pollos en la sala brumosa. Y las pausas para hidratación, que camuflan tiempos muertos para los entrenadores (..) No me olvido del árbitro advirtiendo en todos y cada uno de los córners a los jugadores de que no pueden, cosa que ya saben desde pequeñitos (…) Todas esas adherencias en mayoría absurdas con que se ha ido cargando el fútbol desbordan la capacidad del árbitro. Y el final es difuso. Por el antiguo testamento, el tiempo terminaba en la muñeca del árbitro (…) La vieja sencillez del fútbol ha sido batida por muchos flancos en un proceso de autolesión continua (…) De un tiempo acá el fútbol viene tomando muchas cosas del baloncesto y otros deportes americanos: cambios, números fijos en las camisetas, proliferación de árbitros, estadísticas, revisión tecnológica, entrenador de pie dando gritos, volatilidad de las plantillas, bloqueos, sobeteo continuo de reglas… Lo siguiente será la medición del tiempo”. Alfredo Relaño, director del Diario AS (1996-2019).

Al principio de los tiempos el fútbol obedecía a su origen rural. Se juega en hierba, el objetivo está en el horizonte y un árbitro (una suerte de cura o juez de paz) dicta las normas. El partido dura lo que dura, hasta que alguien meta pongamos diez goles. Si, fueron los hijos de Eton, Harrow o Winchester los que crearon las reglas, pero fueron esos campesinos convertidos en obreros que buscaban una identidad grupal los que hicieron del fútbol una religión. Aquellos campesinos que formaban comunidades fuertes fundadas gracias a lazos familiares se convirtieron en individuos anónimos bajo el control de la ciudad y el Estado. El fútbol sirvió como argamasa para construir una nueva identidad asociativa.

El fútbol era rural. El baloncesto es urbanita. Se juega en espacio menor y suelo artificial, el objetivo está arriba, como los edificios, lo controla una tropilla de burócratas, con sistemas de alta tecnología, en lugar del viejo reloj del viejo árbitro de fútbol. Los jugadores entran y salen frenéticamente, registrados en una estricta contabilidad estadística.

Pues el fútbol esta yendo a eso. Esta perdiendo irremediable y tristemente su esencia. Sus reglas, inmutables desde 1925, que eran tan impasibles como los 10 mandamientos de Moisés se retocan año a año con novedades que dicen resolver problemas de los que no teníamos constancia. Decía Relaño en el fin del texto al que hago referencia al inicio de este artículo que no es de los que piensan que el pasado fue mejor, salvo en el caso de la fruta. Pero lo cierto es que aunque los balones, las botas, la tele en la que vemos el fútbol o los propios futbolistas sean mejores todos los cambios en el reglamento están destrozando una religión que se mantenía fuerte e inalterable.

Historia de las Reglas del Fútbol - El fútbol y más allá
Los origenes

Sir Frederick Wall era el secretario de la FA (Football Association – Federación Inglesa -). Había sido un notable jugador amateur en los albores del balompié y su rango abolengo le hacía ser desdeñoso ante los jóvenes advenedizos que se lucraban jugando al fútbol. Al finalizar la I Guerra Mundial decidió poner en marcha una iniciativa solidaria para ayudar con 200 libras a futbolistas y exfutbolistas que hubiesen sufrido penurias durante la contienda. Fue tal el caso de Frederick Pentland, quien pasó cuatro años en un campo de prisioneros en Alemania y que años después se convertiría en Míster Pentland, el afamado técnico con el que el Athletic ganó 2 ligas y 5 copas antes de la Guerra Civil.

Pero Wall odiaba a los pusilánimes. Y en su opinión Jimmy Hogan era un pusilánime. Hogan residía en Austria cuando comenzó la guerra. Era 1914. Tenía entonces 32 años. Al igual que Pentland, Hogan fue encarcelado, pero pasaría pocos días en prisión. Llegó a un acuerdo con sus carceleros para entrenar al MTK Budapest durante los años de conflicto llevando una existencia cuanto menos plácida. Al finalizar la guerra, hablamos de 1918, Hogan volvió a Inglaterra, pidió cita con Wall y solicitó la ayuda de 200 libras. Es cierto que no había estado en primera línea de combate ni había sido víctima de alemanes o austrohúngaros, pero también lo era que estaba en la miseria. Ante su solicitud, Wall se levantó de su asiento, abrió un cajón y sacó un par de calcetines de color caqui. “Para ti. Es lo mismo que enviábamos a los muchachos en el frente y ellos estaban agradecidos”.

Hogan fue considerado un traidor y tuvo que volver a buscar cobijo en Austria.

La historia del fútbol estaba a punto de cambiar.

Sir Frederick Wall, secretary of the FA (Photos Prints, Framed, Posters,  Cards,...) #23150498
Sir Frederick Wall

Antes, mucho antes, de la transición defensiva, de la profundidad ofensiva, del marcaje en zona, del bloque bajo o de la presión alta, estaba Jimmy Hogan. Antes, mucho antes, de Guardiola, Ferguson, Cruyff o Sacchi también estaba Jimmy Hogan. Y antes, mucho antes, de la España del 2010, de la Francia champagne de los 80, de la Naranja mecánica o del Brasil del 70, estaba Jimmy Hogan.

Y es que Jimmy Hogan es el apóstol que sacó una veta madre de una isla y desparramó su esencia por todo el globo.

Ya bien avanzado el siglo XIX, el fútbol tenía dos concepciones ideológicas; la inglesa y la escocesa. Los primeros se decantaban por el ‘kick and run’ (patear y correr) y los segundos por el ‘passing game’ (juego de pases). Quiso el destino que triunfase la concepción inglesa ya que desde 1888 el fútbol pasó a ser un deporte profesional en el que los resultados se convirtieron en más importantes que el buen juego. Por contra, fue el sistema escocés de juego socializado y colectivo fundamentado en la asociación a través del balón lo que convirtió al fútbol en el deporte de más éxito a nivel mundial. Fueron los marinos escoceses, militares y empresarios mercantes, los que llevaron el ‘passing game’ por toda Europa y por Sudamérica remontando el Río de la Plata. La gambeta argentina jamás hubiese existido si no fuese por sus padres escoceses.

Jimmy Hogan estaba cerca de la treintena cuando apuraba sus últimos años de profesional como centrocampista del Bolton Wanderers. Había nacido en Inglaterra, pero de padres irlandeses y criado futbolísticamente en Escocia, su concepción del fútbol se basaba en el ‘passing game’. En el verano de 1910 el Bolton Wanderers iba a disputar una serie de partidos amistosos en los Países Bajos como una forma de dar a conocer el progreso del fútbol por el Viejo Continente. Hogan no era un futbolista muy reconocido, y, de hecho, su forma de entender el fútbol no era aceptada en Inglaterra. Por ello aprovechó el viaje para ofrecerse a la selección neerlandesa, colgar las botas y ejercer de entrenador.

Por aquel entonces que un inglés se ofreciese a dirigir tu selección era como si un alto cargo de Inditex se ofreciese a pilotar tu empresa. Así que Hogan tenía carta blanca para hacer lo que le viniese en gana. Se olvidó de la fuerza y de la resistencia y empezó a moldear la técnica individual de los futbolistas a través de los ejercicios con balón. Los pases y la movilidad pasaron a ser vitales en las pizarras de cualquier entrenamiento.

En los Países Bajos permanecerá apenas un par de temporadas, en las que la diminuta y desconocida Holanda acabará derrotando por vez primera a Alemania. La estancia de Jimmy Hogan fue breve, pero al marchar recomendó para el puesto a un amigo suyo llamado Jack Reynolds. Éste pasaría a ser tras la I Guerra Mundial técnico de un club judío de Ámsterdam conocido como AFC Ajax y ostentaría el cargo hasta finales de los años 40. En su última temporada dirigiría a un delantero centro llamado Rinus Michels, el ideólogo del ‘fútbol total’ comandado por Johan Cruyff.

Todo encaja.

AFC Ajax on Twitter: "Already 15 years without one of the greatest coaches  ever… Rinus Michels. ♥️💫 https://t.co/sKwsiqevvc" / Twitter
Michels (Mr. Mármol)

Pero volvamos a Jimmy Hogan. Tras ese par de años de voluntario exilio vuelve a Inglaterra con la intención de encontrar un puesto de entrenador en un equipo de la Premier. No tendrá éxito. En la cuna del fútbol el estilo de pase largo y dominio físico del partido es aún innegociable. Entonces Hogan se pone en contacto con Hugo Meisl, presidente de la OFB (Asociación Austriaca de Fútbol), visionario y padre de la Copa Mitropa, embrión de la futura Copa de Europa.

Y es aceptado. En 1913 Jimmy Hogan pasa a tener el control total del fútbol austríaco, desde los profesionales hasta los conjuntos infantiles. Y lo hace con pasión. Todos los equipos bajo sus órdenes pasan a tener el pase y la pared como elementos básicos del juego. Los problemas comienzan a resolverse a través del regate y la ocupación de espacios, desechando la fuerza física y el juego duro. El control al primer toque se convierte en innegociable para todos y cada uno de los integrantes de la plantilla.

Pero cuando aún no se había asentado en su puesto, la I Guerra Mundial estalla y Jimmy Hogan pasa a ser un enemigo. Gran Bretaña y el Imperio Austrohúngaro están en guerra y la presencia de un inglés en Viena no es bien recibida. Hogan es encarcelado, pero su buena fama hace que pronto sea dado en libertad y enviado a Hungría. Allí, es puesto al mando del MTK de Budapest, y en medio de la guerra se encargó de hacer entender a los futbolistas húngaros la importancia de la creatividad y el fin lúdico y estético del fútbol.

Al igual que había pasado en los Países Bajos, la estancia de Hogan en Hungría se limitó a un par de temporadas, pero al igual que había sucedido con la selección Orange no se puede entender el éxito de los magiares mágicos sin Jimmy Hogan. “Jimmy nos enseñó todo lo que sabemos”, contó Sandor Barcsl presidente de la MLSZ (Federación Húngara de Fútbol) cuando Hungría infrinja a los ingleses la primera derrota en casa de su historia, un doloroso 3-6 en Wembley en 1953. Aquel equipo conocido como el ‘equipo de oro’ estaba dirigido por Gusztav Sebes, el técnico inventor del llamado ‘fútbol socialista’, un sistema colectivo de pases que encumbró a Puskás y compañía.

Nuevamente todo encaja.

Equipo de oro - Wikipedia, la enciclopedia libre
La fabulosa Hungría de los 50

Una vez terminada la guerra, siendo un proscrito en su país y un extranjero en Budapest, Hogan cogió nuevamente las maletas y puso rumbo a la neutral suiza. Allí impartió cátedra durante un par de años llevando a Suiza a la medalla de plata en los JJ.OO. de 1924, un hecho que se antoja irrepetible para la pequeña selección helvética. La huella de Hogan en Suiza no parece profunda teniendo en cuenta la trayectoria de los clubes suizos y de su selección a lo largo de la historia, pero quizás si lo es si nos fijamos en quien era el segundo entrenador de Hogan en aquellos Juegos Olímpicos.

Su segundo era un amigo húngaro llamado Dori Kurschner. Éste, ejerció de entrenador del Grasshoppers hasta que en 1937 decidió cruzar el charco y probar fortuna primero en el Flamengo y luego en el Botafogo. Kurschner llevó a Brasil las ideas de Hogan, germen de lo que hoy es el ‘jogo bonito’. De hecho, fue él quien introdujo en el país la táctica WM (3-2-3-2) y el hombre que impulsó la explosión de los delanteros negros en la selección para que luego pudiesen surgir los Ademir, Didí, Garrincha o Pelé.

Todo encaja. Por enésima vez.

Jimmy Hogan, el primer romántico del fútbol - La Opinión de Málaga
Jimmy Hogan

Volvamos al bueno de Jimmy Hogan. Tras triunfar en Suiza fue llamado nuevamente por el MTK de Budapest, antes de ser contratado por la DFB (Federación Alemana de Fútbol) para dar charlas y seminarios por todo el país. Y es que Alemania, por increíble que parezca hoy en día, era insignificante cuando de fútbol se trataba. Allí no dirigió a ningún equipo, pero se encargó de explicar tácticas a jóvenes entrenadores y explorar las esencias del juego con adolescentes que pretendían ser grandes futbolistas. Uno de aquellos chicos fue Helmut Schön, seleccionador alemán en los 60 y 70, que tras alzarse victorioso en el Mundial de 1974 le dedicó el triunfo a Jimmy Hogan al que llamó “padre del fútbol moderno”.

Es inevitable repetirse. Todo encaja.

Pero la Alemania de inicios de los 30 pasaba por momentos convulsos, así que cuando Meisl llamó a la puerta de Hogan para volver a Viena, no se lo pensó ni dos veces, y más sabiendo que contaba con una generación de oro, el llamado ‘Wunderteam’.

Un adelantado a su tiempo - Panenka
Hogan y el Wunderteam

Aquella selección austriaca estaba conformada por una serie de exquisitos jugadores coronados por un incomprendido que respondía al nombre de Matthias Sindelar. Era un delantero frágil, pero con un endiablado cambio de ritmo, una exquisita técnica y, sustancialmente, una gran conducción del balón y una bellísima estética. Sindelar fue conocido como ‘Der Papierene’ (el hombre de papel) y se convertiría en el primer delantero centro que cambió la ortodoxia y bajaba al centro del campo para ayudar a construir el juego y echar un capote al generar situaciones de desequilibrio en la ofensiva.

La llamada ‘Escuela del Danubio’ que Jimmy Hogan había sembrado entre Viena y Budapest tendría su culmen con un equipo que sería conocido como el ‘Wunderteam’ (equipo maravilla) y que durante tres años se mantendría invicto salvo por una derrota en Stamford Bridge ante los poderosos y profesionales ingleses. Pero más allá de los triunfos, aquel equipo maravillaba por su querencia a jugar a ras de césped y por el ensalzamiento de la colectivización del juego frente a las acciones individuales.

Austria se presentó como gran favorita para ganar el Mundial de 1934 de Italia, pero cayó ante los anfitriones en semifinales tras un encuentro bronco en el que los transalpinos dispusieron de enormes ayudas arbitrales. El palo fue duro para los austriacos que aun así siguieron maravillando durante un par de años hasta que en la final de los Juegos Olímpicos de 1936 volvieron a caer ante los italianos y, esta vez sí, de manera justa.

Fue el canto del cisne de un equipo y del estilo de juego de Hogan. No había ganado, pero aquel equipo pasaría a la historia por su influencia en el enriquecimiento del fútbol y las nuevas alternativas que había aportado. Quizás por vez primera en la historia, el fútbol pasaba a ser algo más que un juego y la derrota era considerada como bella. Cuando un par de años después la Alemania de Hitler se anexione Austria, el ‘Wunderteam’ quedará desmantelado y su recuerdo perecerá ante la ausencia de imágenes televisivas.

Pero quedará su impronta. El logro final es lo más importante, pero también el camino para recorrido para alcanzarlo.

Jimmy Hogan volvió a Inglaterra y, esta vez sí, logró acomodo en un club. Era 1936 y sus éxitos con la selección austriaca le fueron reconocidos en las Islas Británicas. Firmó por el Aston Villa, y tras la II Guerra Mundial se convirtió en el entrenador de su fútbol base. Por primera vez un club inglés instauraba la idea del pase-movimiento-pase e introducía el juego con balón en los entrenamientos. Su interrelación con la pelota influiría en una generación de futbolistas ingleses que a finales de los 60 desterraría –aunque sólo en parte- la idea prehistórica de la concepción del juego que se defendía en Inglaterra. Su alumno más aventajado en el Aston Villa fue Ron Atkinson quien nunca llegó a debutar con el primer equipo de los villanos, pero que se convirtió en un respetado técnico de longeva trayectoria, de escaso éxito, pero siempre considerado el entrenador con el libreto más atractivo de toda Gran Bretaña.

Salvó en Argentina y en Uruguay donde fueron los empresarios, soldados y marinos escoceses de entre siglos los que llevaron el regate y el juego de pase al fútbol sudamericano (Alexander Watson Hutton, sería el Hogan del Río de la Plata), todos los demás países le deben a Jimmy Hogan la autoría de un nuevo tipo de fútbol. E incluso al otro lado del Atlántico le deben mucho a Hogan, ya que Imre Hirschl, un grande en los banquillos de River Plate o Peñarol de Montevideo, era un húngaro que había sido discípulo de Hogan.

Como siempre. Todo encaja.

Brian Little on Twitter: "A visit to Burnley today .. where a new Headstone  was Unveiled for Former Aston Villa Manager, Burnley Player and Legendary  Hungarian Coach..Jimmy Hogan.. https://t.co/gqeB7oSS4k" / Twitter
Jimmy Hogan (1882-1974)

El caso es que, de una forma u otra, todos los equipos que han perdurado en la memoria por una innovación táctica ofensiva y por un tipo de fútbol que ha trascendido más allá del resultado le deben su origen a Jimmy Hogan.

De Países Bajos a España: Jimmy Hogan, Jack Reynolds, Rinus Michels, Johan Cruyff, Pep Guardiola. Del fútbol total al ‘tiki-taka’.

De Hungría a Brasil: Jimmy Hogan, Dori Kurschner, Gustav Sebes, Vicente Feola, Bela Guttmann. Del equipo de oro al ‘jogo bonito’.

Alemania: Jimmy Hogan, Helmut Schön, Hennes Weismeller.

Inglaterra: Jimmy Hogan, Ron Atkinson.

Austria: Jimmy Hogan, Hugo Meisl.

Argentina y Uruguay: Jimmy Hogan, Imre Hirschl.

“Estaba viendo el partido, pero no en el palco, sino en las gradas rodeado de los juveniles del Aston Villa. Inglaterra tuvo que reflexionar sobre la complejidad del ataque-defensa. Habíamos dejado atrás el talante presuntuoso y triunfamos con un fútbol comunicativo”. Jimmy Hogan, ya anciano, hablando con orgullo sobre la victoria inglesa en el Mundial de 1966.

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¿Por qué Surinam y Guayana no compiten en Sudamérica?

Quizás la Copa América es el único torneo que puede competir a nivel de tronío con la FA Cup. Antiquísimo, data de 1916, ha ido dejando una estela de imágenes, escritos y recuerdos que aun siendo superados por los tiempos modernos siguen insuflando una mística intrínseca a su disputa. Entre sus rarezas está la aportación de una medalla de bronce a aquella selección que concluye el torneo en cuarto lugar.

El caso es que en aquella primera edición de 1916 compitieron Uruguay (primer campeón), Argentina, Brasil y Chile. Eran los cuatro países más avanzados de Sudamérica, no solo en términos económicos, sino también en términos futbolísticos. Concretamente uruguayos y argentinos eran por entonces potencias, no sólo del continente sino a nivel mundial. Fuera a través del Río de la Plata por donde el Imperio Británico introdujo sus costumbres y estilo de vida y con ello el entonces revolucionario juego del fútbol. Montevideo y Buenos Aires eran capitales del balompié mundial.

Poco a poco fueron enganchándose al torneo el resto de países de Latinoamérica, hasta que a mediados de la década de 1980 la Copa América implantó un formato similar al actual. Los diez equipos participantes (Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) se dividían en grupos y de ahí salían los semifinalistas y con ello la final. El problema radicaba en que muchos de los partidos no tenían interés al ya estar los puestos decididos de antemano. Además, el torneo era corto y no demasiado atractivo para los operadores televisivos dado que el número de choques de enjundia era escaso.

La dificultad reside en que diez es un número de difícil solución para fabricar un torneo eliminatorio. Es imposible cuadrar unos cuartos de final y los grupos de cinco escuadras son demasiado largos. Por ello la Conmebol decidió en 1993 ampliar el torneo a doce equipos. De esta manera se creaban tres grupos de cuatro países, clasificándose los dos mejores de cada grupo y los dos mejores terceros a cuartos de final. No es la solución ideal, pero permitía dotar a cada grupo de interés y crear eliminatorias, la salsa de cualquier torneo internacional.

Desde entonces países como México, Estados Unidos, Honduras, Costa Rica, Japón o Qatar han disputado la Copa América como selecciones invitadas. Ha habido hasta intentos de convencer a España y a Portugal para formar parte del ruedo, argumentando el valor de la madre patria y la latinidad inherente a todos los países. Pero todas estas combinaciones resultan ante la imposibilidad de conseguir doce selecciones en Hispanoamérica.

¿Pero acaso no hay doce países en Latinoamérica?

Abramos pues el atlas. Lo primero en lo que debemos fijarnos es que hay una serie de islas situadas al norte de Venezuela. Destacan Trinidad y Tobago, Barbados o Santa Lucía. Todos estos países forman parte de la Concacaf, el organismo que rige los designios futbolísticos de Norteamérica y América central. Tiene todo el sentido ya que todas estas islas se sitúan por encima de la línea del ecuador y forman parte de lo que hemos dado en llamar Caribe.

Pero lo sorprendente es que encima de esa línea del ecuador terrestre hay tres países que constituyen porción del subcontinente sudamericano y que no forman fragmento de la Conmebol. Todos ellos hacen frontera al sur con Brasil y los tres hacen frontera entre ellos. Se trata de Guayana, con capital en Georgetown y frontera al oeste con Venezuela, Surinam, con capital en Paramaribo, y Guayana francesa, que linda al este con el Atlántico y cuya capital es Cayenne. Éste último es un territorio de ultramar francés, por lo que su estatus es de región autónoma, aunque mantiene su independencia en términos deportivos.

Así pues, la pregunta es obvia. ¿Por qué Surinam y Guayana no forman parte de la Conmebol?

Estos países quedan en Sudamérica y no sabes nada de ellos
Los tres olvidados

Cuando los ingleses (y en menor medida franceses y neerlandeses) asaltaron el Atlántico se centraron en aquellas regiones de América que no habían sido ocupadas por España o Portugal. En el norte implicaba conquistar territorios vírgenes, pero en el sur comprendía entablar batalla. Lo más simple era establecer una base naval en una isla del Caribe e iniciar la expansión a través del poderío de una armada. Década a década los ingleses conquistaron las islas del Caribe y los enemigos de España pusieron sus ojos en una zona selvática entre la desembocadura del Orinoco y la del Amazonas, que había sido considerada irrelevante por los conquistadores de la Península Ibérica.

Fueron los neerlandeses los que allí primero se asentaron a comienzos del siglo XVII tras expulsar a los reductos de un fuerte español (los cuales antes habían echado a las tribus caribes). Los franceses vieron la oportunidad e hicieron lo propio poco después. Así entre oranges y gallos se repartió el territorio hasta que siglo y medio después los británicos arrebataron a los neerlandeses la parte más occidental. Dado que los lazos culturales, económicos y lingüísticos eran diametralmente opuestos a los del resto de Sudamérica, las Guayanas se mantuvieron como una especie de isla exótica sin comunicación con el resto del continente en un proceso que se mantiene en la actualidad.

En 1966 Guayana (750.000 habitantes) obtuvo su independencia por parte de los ingleses y en 1975 Surinam (600.000 habitantes) consiguió lo propio enfrentándose a los neerlandeses. Por el contrario, la Guayana francesa (250.000 habitantes) es miembro ultramarino de la Unión Europea y sigue formando parte de la República Francesa.

Parecería obvio que tanto Guayana como Surinam se hubiesen adscrito a la Conmebol, pero no fue así. Ambos países decidieron formar parte de la Concacaf y disputar partidos contra selecciones de Centroamérica. Tras más de un siglo de historia y más de 1.000 partidos internacionales, la selección argentina jamás ha jugado un encuentro frente a Guayana, algo que parece inconcebible. El caso es que el nivel futbolístico de las Guayanas era bajo, los lazos culturales ínfimos y la decisión, aunque geográficamente inaceptable, era futbolísticamente aceptable.

Lo que es más difícil de entender es que la Conmebol no hubiese seducido a ambos países para formar parte de su red de influencia y así solucionar un problema eterno en relación a la Copa América. Y es que el nivel de Gibraltar, Malta o Chipre puede ser ínfimo, pero a ninguna de estas tres selecciones se les ocurriría competir en África y abandonar el paraguas de la UEFA. Si la Conmebol hubiese querido habría convencido a Surinam y Guayana y con el paso del tiempo el nivel futbolístico de ambos países habría crecido.

De hecho, tras muchos años de intento, en 2019 Guayana consiguió clasificarse por vez primera para una fase final de la Copa de Oro. Lograría un histórico empate ante Trinidad y Tobago. Parecida es la trayectoria de Surinam que hubo que esperar a 2021 para disputar una Copa de Oro y de paso lograr una victoria frente a Guadalupe y poner en serios aprietos a Costa Rica antes de caer eliminados.

Empero, el caso de Surinam es digno de ser analizado independientemente. Al igual que en la vecina Brasil, en Surinam es muy habitual que los niños jueguen descalzos al fútbol en la playa dado que una de las pocas armas para salir de la pobreza es siendo un virtuoso con el balón. Jugar al fútbol en la calle sin reglas ni normas, por el simple hecho de disfrutar, aumenta la destreza y potencia la técnica. El pionero, aun cuando Surinam formaba parte de los Países Bajos, fue Humphrey Mijnals, el primer negro que jugó con los Orange a inicios de los años 60.

Luego vinieron Ruud Gullit y Frank Rijkaard, ambos amigos y ambos hijos de dos amigos surinameses que emigraron a Europa buscando un futuro mejor. Luego vendrían más; Edgar Davids, Patrick Kluivert o Clarence Seedorf. En la actualidad jugadores como Van Dijk o Wijnaldum son nados en Países Bajos, pero podrían jugar perfectamente con Surinam por ser el lugar de nacimiento de alguno de sus progenitores. Se estima que unos 150 jugadores que militan en la Eredivisie holandesa podrían ser internacionales con Surinam. Una alineación histórica de Surinam estaría formada por Menzo; Reiziger, Van Dijk, Rijkaard, Bogarde; Seedorf, Davids, Wijnaldum; Gullit, Kluivert y Hasselbaink.

El Dream Team imposible de la selección de Surinam
Seedorf, Davids….un amistoso

Mas complicado es el caso de la Guayana francesa. La FIFA no lo reconoce como país (recordemos que es un territorio de ultramar francés) y no puede competir en las eliminatorias para disputar un Mundial. Sin embargo, está adscrita a la Concacaf y participa tanto en competiciones regionales del Caribe como en la Copa de Oro. De la Guayana francesa era Bernard Lama, portero suplente de Francia cuando ganó el Mundial de 1998, o Florent Malouda, subcampeón del mundo con los galos en 2006.

Malouda, durante muchos años titular en el Chelsea FC y 80 veces internacional con Francia, llegó a disputar un par de partidos con la Guayana francesa en 2017. Uno de esos choques fue ante Honduras durante la Copa de Oro del año citado en el que Malouda fue titular. La FIFA había advertido previamente que la alineación del centrocampista sería motivo de sanción, algo que se confirmó al finalizar el choque. Lo que había sido un partido sin goles se convirtió en una derrota administrativa por 0-3 de la Guayana francesa.

Fue el último partido de un francés de ultramar que defendió los colores de un país a más de 6.000 kilómetros de su casa.

Selección Mexicana Florent-malouda jugó para francia y guyana... | MARCA.com
Malouda (Guayana y Francia)

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A los 30 años de la Copa Confederaciones

Fah Bin Abdulaziz conoció Marbella en la década de los 70. Pronto se enamoró del lugar. Tierra Santa. Así bautizó a la costa malagueña. Allí cultivó excesos tras excesos. Atracaba su yate en Puerto Banús y desplegaba por calles malacitanas su séquito de cientos de personas. Los de aquí encantados, con sueldos que superaban los 3.000 euros de la época y jugosas propinas aparte. La mansión manaba oro en una finca de mil hectáreas. Por el camino donaciones astronómicas para construir viviendas y crear jardines. Por las noches partidas de póker con champán y tapitas de caviar Beluga en pocillos de oro. Fah Bin Abdulaziz no era otro que el Príncipe Fahd. Y desde 1982 el Rey Fahd de Arabía Saudita.

En España el Rey Fahd también cultivó una pasión desmedida por el fútbol. Dicen que, entre otras muchas cosas bastante pecaminosas, el Rey Fahd y el Rey Juan Carlos I compartían noches de fútbol. Así que, podrido de dinero y con voz y mando para hacer lo que le viniese en gana en su despótico país, el Rey Fahd decidió crear un torneo de fútbol.

Por lo tanto, a mediados de octubre de 1992 tres selecciones sucumbieron a los encantos del dinero y arribaron a Riad para disputar un torneo de fútbol de corte internacional. Se trataban de Costa de Marfil, vigente ganador de la Copa de África, Estados Unidos, reciente vencedor de la Copa de Oro y Argentina, flamante campeón de la Copa América. Inmersos en el vertiginoso calendario futbolístico, el Rey Fahd fue incapaz de convencer a ningún país europeo para participar en su capricho. Además, en los Países Bajos no hacia especial gracia la oferta dado que los siempre hinchados neerlandeses eran uno de los países más beligerantes con el régimen saudita. Y los Van Basten, Gullit y compañía ostentaban entonces el trono europeo.

Por consiguiente, la modesta selección de fútbol de Arabía Saudita sería la cuarta en discordia. El torneo se disputó en el estadio Rey Fahd (lógicamente), un modernísimo recinto que en su día fue el primero en ser totalmente cubierto y que contaba con 70.000 asientos. Y lo cierto es que el Rey Fahd vio cumplido su sueño, porque Argentina se deshizo con facilidad de Costa de Marfil (4-0) en una semifinal mientras que Arabía Saudí derrotó con inusitada y suma destreza a Estados Unidos (3-0) en la otra semifinal. Los argentinos vencieron a los saudís en la final (3-1) y se coronaron campeones con goles de Leonardo Rodríguez, Caniggia y Simeone.

Era un 20 de octubre de 1992. Hace ahora treinta años.

El invento tuvo cierto éxito y en 1995 el Rey Fahd repitió la operación poniendo la guinda al pastel. A Arabía Saudita, como anfitrión, se le unieron los campeones de la Conmebol, UEFA, Concacaf, AFC y CAF. Es decir, todos los habidos y por haber con perdón de Australia y la Antártida, si es que los pingüinos alguna vez se animen a jugar al fútbol. En esta ocasión hasta hubo dos grupos clasificatorios y en la final por todos esperada la Dinamarca de Michael Laudrup batió por 2-0 a la Argentina de Batistuta.

Por entonces el mandamás de la FIFA era el brasileño Joao Havelange. El llamado por algunos ‘Padrino’ del fútbol había convertido al balompié en un negocio milmillonario a cambio de sobornos y otros hechos no probados de los que es más conveniente no hablar. El caso es que Havelange vio otra oportunidad de hacer caja e hizo suya la Copa Rey Fahd. A partir de 1997 tendría carácter bianual y pasaría a llamarse Copa Confederaciones.

La primera edición oficial tendría lugar en Arabía Saudita para contentar al Rey Fahd. El torneo tendría dos grupos de cuatro equipos para un total de ocho participantes. Estaban los seis campeones de las seis confederaciones de la FIFA (ya contaban los pobres oceánicos) y Brasil como vigente vencedor del Mundial. Dado que Arabía Saudita además de anfitrión era vencedor de la Copa de Asia se invitó asimismo a Emiratos Árabes Unidos por entonces subcampeón. Habría semifinales, tercer puesto y final. Ganó Brasil…a Australia (que había tumbado a Uruguay) por 6-0 con ‘hat-trick’ de Ronaldo y otro de Romario.

Copa Confederaciones 1997: el Brasil de "Ro-Ro" mató el sueño australiano -  VAVEL España
Ro y Ro

El torneo tenía su aquel y se jugaba en diciembre apenas días antes de que se disputase la Copa Libertadores. No molestaba mucho en un calendario por entonces no excesivamente saturado y en una época donde las grandes ligas bajaban el pistón. Tras esa edición México logró un trofeo y Francia se proclamó bicampeón. Éste último triunfo, en 2003, es terriblemente recordado por el fallecimiento en medio de un partido del camerunés Marc-Vivien Foé víctima de un paro cardiaco.

En 2005 la FIFA decidió darle una vuelta de tuerca al torneo. La Copa Confederaciones pasó a ser cuatrienal y se celebraría en años impares, exactamente en el año anterior a la celebración al Mundial. El torneo pasaba a tener quince días de duración y se disputaría en junio. El anfitrión sería el país organizador del Mundial de doce meses más tarde. La intención de la FIFA era ganar dinero, pero también testar las sedes, la capacidad hotelera y los estadios que albergarían uno de los eventos más mediáticos del planeta.

La idea era buena. Y la Copa Confederaciones pasó a tener una enjundia de alto copete. En 2005 Alemania ejerció de anfitrión en un torneo que ganó Brasil. Los cariocas repitieron triunfo en Sudáfrica en 2009 y nuevamente ganaron en 2013 esta vez en Maracaná tras pasar por encima de España. Para 2017 el ganador fue Alemania en la final disputada en Moscú ante Chile. Eran diez las ediciones disputadas en total y Brasil se mostraba como la selección más laureada con cuatro entorchados. No en vano también son el país con más Mundiales a pesar de que suman dos décadas de sequía.

Por qué Alemania ganó la Copa Confederaciones? | CNN
Confederaciones 2017

Pero en 2019 a la FIFA le dio por inventarse un nuevo torneo. Le dio en llamarlo Mundial de Clubes y tendría lugar en el verano anterior al Mundial, justo cuando se celebraba la Copa Confederaciones. La FIFA veía más interesante reunir a 24 equipos de todo el planeta en lugar de a ocho selecciones.

¿Por qué? Buena pregunta sin más respuesta que el bendito dinero.

Pero es que la Copa Confederaciones estaba herida de muerte. La edición de 2021 se debería haber disputado en Qatar. ¿Cuándo? En junio, algo totalmente inviable en un país cuyos veranos coquetean permanentemente con los 50 grados centígrados. Y una cosa es cambiar el calendario del fútbol internacional para que el Mundial se dispute en diciembre (y ya bastantes quebraderos de cabeza ha provocado) y otra cosa es hacer lo propio para competir en la Copa Confederaciones.

Total, que la FIFA pensó en llevar la Confederaciones a otro país. Pero en estas apareció el coronavirus y el tema quedó en un cajón pudriéndose de polvo. La Eurocopa y la Copa América que se iban a disputar en 2020 pasaron a celebrarse en 2021, por lo que el Mundial de Clubes que tendría lugar en 2021 pasó a aplazarse también y quedó fijado para 2022. A la hora de escribir estas líneas sigue sin tener fecha fijada.

Y mientras todo esto sucedía y la Copa Confederaciones quedaba olvidada, la Conmebol y la UEFA, que son hijas de la FIFA pero que tienen al menos tanto poder como la madre, decidieron crear la ‘Finalissima’, que enfrenta a los campeones de América y de Europa y que viene a continuar la herencia de la Copa Artemio Franchi, que ya intentó sin demasiado éxito hacer lo propio en la década de 1980.

Finalissima: Argentina vs. Italia, un duelo con la historia y el recuerdo  de Diego Maradona - CONMEBOL
Finalissima

Asi que la Copa Confederaciones quedará en el recuerdo como un torneo que tuvo un fugaz pero fructífero pasó por el calendario gracias a la iniciativa del Rey Fahd. Brasil (4), Francia (2) y Argentina, Mexico, Alemania y Dinamarca en una ocasión podrán presumir de lucir en sus vitrinas un trofeo que ha pasado a mejor vida. Con ello feneció la maldición que decía que ningún ganador de la Copa Confederaciones ha logrado vencer en el Mundial posterior. Fue también la Copa Confederaciones el primer torneo oficial FIFA donde se implantó el VAR. Y es también la Copa Confederaciones donde allá por 1997 Roberto Carlos marcó uno de los goles más legendarios jamás anotados.

Otros torneos del pasado

Desglosando al mejor de la historia (un repaso sobre los más grandes a través de varios artículos)

Templos del fútbol (coliseos del balón del pasado y del presente)

Cuando la UEFA eliminó las semifinales de la Liga de Campeones (una Champions con pase directo a la final)

¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo? (cuando ganar los Juegos Olímpicos era como ganar el Mundial)

Copa Mitropa (la Copa de Europa de antes de la II Guerra Mundial)

Tiranos olvidados por el paso del tiempo (sobre grandes campeones que vivieron tiempos mejores)

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Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (1930-2022)

Volvemos con una de las secciones favoritos de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Este año 2022 es el año de la revolución del Balón de Oro. Por vez primera contará la temporada natural en lugar del año natural. Un cambio en el modelo que era clamor popular desde hace décadas. Lástima que coincida con la aberración de hacer un Mundial en noviembre lo que, sin duda alguna, acabará desvirtuando al ganador.

El caso es que el Balón de Oro volverá a coronar al mejor jugador del mundo. Un jugador que irremediablemente será ofensivo. Así ha sido en la inmensa mayoría de las ocasiones. Únicamente Lev Yashin (1963), Franz Beckenbauer (1972 y 1976), Lotthar Matthäus (1990), Matthias Sammer (1996) y Fabio Cannavaro (2006) rompen con el estereotipo.

Sabedor de la querencia de público y crítica por el futbolista ofensivo determinante, ‘France Football’ decidió acertadamente crear un premio específico para porteros en 2019 bautizado con el nombre de Lev Yashin en honor al único arquero capaz de ganar el galardón general. La idea, aun siendo buena, imposibilita de facto que un guardameta venza en el Balón de Oro.

¿Y qué pasa con los defensas? La posibilidad de que un jugador de corte defensivo gane un premio individual es ínfima. Y las veces que ha ocurrido se ha minusvalorado tal logro. El triunfo personal de un defensa se asocia a una victoria colectiva falta de brillo e interés. La Italia de Cannavaro a la Alemania de Sammer son recordados como conjuntos rocosos y soporíferos y sus trofeos personales como los más baratos jamás otorgados. A Matthäus lo salva su buena prensa, sus latigazos desde fuera del área y la mística de la reunificación germana de 1990. Sólo Beckenbauer pisaba la hierba con ternura. Jugó de libero porque le dio la real gana, pero podía haber sido lo que hubiese querido. Y, con todo, pocos perdonan que aquella Alemania venciese a los Países Bajos de Cruyff o que aquel Bayern derrotase al fútbol champagne del Saint Étienne.

West Germany 1974: Beckenbauer pulls strings on and off the pitch | Sports  | China Daily
El Kaiser

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de defensas he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. La mayoría no sabe, por ejemplo, que la Copa de Europa no cogió vuelo hasta unos cuantos años después de empezar. El vuelo se lo dio precisamente el Real Madrid ganando cinco de forma consecutiva, pero su valor era ínfimo comparado con el presente. Si uno tiene un poco de consideración por el pasado sabrá que los encuentros amistosos internacionales eran considerados como pequeñas copas del mundo y era en ellos donde se veía el verdadero nivel de los grandes futbolistas. Y uno también sabrá que la diferencia entre las ligas era mínima. Ser el defensa más destacado en Austria tenía al menos tanta importancia como tendría en España.

Para los escépticos es importante señalar que la diferencia Europa-América no será efectiva hasta mediados de los 60. El milagro económico de la posguerra hará que Europa pase por encima de Sudamérica, lo que, como no podía ser de otro modo, se reflejará en la industria futbolística. El proceso culminará en los 90 con la aprobación de la Ley Bosman y la ruina definitiva de las ligas de fútbol iberoamericanas. Pero entre 1930 y 1960 el nivel de equipos y jugadores sudamericanos y europeos occidentales era parejo. De hecho, en los años 40 la preponderancia del fútbol latinoamericano fue total frente a una Europa que estaba desmembrándose en el campo de batalla.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, ‘World Soccer’, ‘El Gráfico’, ‘Don Balón’ o ‘Guerin Sportivo’. Tan solo he decidido tomarme la licencia de darle el Balón de Oro de los defensas de 2004 a Roberto Ayala en lugar de a Traianos Dellas, sorprendentemente vencedor con la selección griega de la Eurocopa de aquel año y considerado por todos los organismos oficiales el mejor ‘stopper’ de aquella temporada.

Dellas back in Greek fold - Eurosport
El efímero Dellas

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Eso hace que fuera de series como Elías Figueroa o Héctor Chumpitaz no cuenten con ningún trofeo al coincidir con el tiempo con Franz Beckenbauer (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976). Por parte contraria, futbolistas históricamente menores como Carlos Sosa tienen dos (1944 y 1946) porque destacaron en un mundo donde el fútbol se esfumó por culpa de la II Guerra Mundial.

Del mismo modo, hay equipos cuyo sistema defensivo será recordado y admirado hasta el fin de los tiempos donde un solista acalló las virtudes del resto de la orquesta. El interista Tarcisio Burgnich, el juventino Claudio Gentile o el milanista Alessandro Nesta no poseen ningún trofeo al acabar eclipsados por sus compañeros de equipo y de selección Giacinto Facchetti (1963, 1964, 1965 y 1968), Gaetano Scirea (1982 y 1984) y Paolo Maldini (1994, 1995, 2003 y 2005) respectivamente.

Todos estos defensas son excepcionales y todos son fruto de la evolución de la posición. ¿Es mejor Cafú de lo que fue Djalma Santos? Quizás sí. Es más grande, más rápido, más flexible, está mejor entrenado y lleva desde niño preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Djalma no hubiese sido el primer lateral derecho de largo recorrido de la historia de la selección brasileña quizás nunca hubiesen surgido los Carlos Alberto, Roberto Carlos o Marcelo del futuro.

He tenido que realizar diversos malabares para adecuar que es un defensa. Lo he acotado como cualquiera de los miembros de la primera línea de jugadores por delante del portero. Entiendo que meter en la misma categoría a Dani Alves, Daniel Passarella o Philip Lahm es sumamente complicado. Espero que se entienda la intencionalidad de que cualquiera de estos futbolistas tiene como primer cometido mirar hacia su propia portería antes de abalanzarse hasta la contraria.

De igual modo ha habido que descartar a diversos futbolistas por no formar parte de esa primera línea defensiva. Es el caso de Ernst Ocwirk, Valeri Voronin, Gerhard Hannapi, Paul Breitner, Javier Mascherano o Joshua Kimmich. Todos ellos han sido candidatos a formar parte de los ganadores de esta historia contrafactual, pero han sido descartados porque en los años donde podían haber salido victoriosos jugaban como centrocampistas. En el caso concreto de Mascherano en 2015 es cierto que formaba como central en el Barça, sin embargo, era pivote con Argentina.

Otros como Beckenbauer o Matthäus podrían tener unos cuantos trofeos más pero solo se le han contabilizado los años en los que jugaron como defensas. En el caso del ‘Kaiser’ su dominio podría ser apabullante, pero en sus primeros años formó como un fenomenal volante. Por último, quiero hacer una pequeña mención a jugadores que no salen en este listado como Robert Jonquet, Joan Segarra, Silvio Marzolini, Luiz Pereira, Manuel Amorós, Eric Gerets, Miodrag Belodedici, Giorgio Chiellini o a David Alaba, al que le doy el galardón de 2020 y al que le hubiera dado el de 2022, aunque ‘France Football’ ha considerado que el mejor defensa de este año ha sido el central neerlandés Virgil van Dijk.

Supercopa de España: La puntualidad de David Alaba | Deportes | EL PAÍS
David Alaba

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro defensas. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2022 serían los siguientes:

1930 José Nassazi (Uruguay) CA Bella Vista

1931 Umberto Caligaris (Italia) Juventus FC

1932 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1933 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1934 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1935 José Nassazi (Uruguay) Nacional Montevideo

1936 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1937 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1938 Alfredo Foni (Italia) Juventus FC

1939 Joe Mercer (Inglaterra) Everton FC

1940 Paul Janes (Alemania) Fortuna Düsseldorf

1941 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1942 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo  

1943 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo

1944 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1945 Domingos da Guía (Brasil) SC Corinthians

1946 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1947 Neil Franklin (Inglaterra) Stoke City

1948 Erik Nilsson (Suecia) Malmoe FF

1949 Johhny Carey (Irlanda) Manchester United

1950 Jose Bauer (Brasil) Sao Paulo

1951 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1952 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1953 Mihaly Lantos (Hungría) MTK Budapest

1954 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1955 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1956 Igor Netto (Rusia) Spartak Moscú

1957 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1958 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1959 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1960 José Santamaría (España) Real Madrid

1961 Germano (Portugal) SL Benfica

1962 Djalma Santos (Brasil) SE Palmeiras

1963 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1964 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1965 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1966 Bobby Moore (Inglaterra) West Ham

1967 Roberto Perfumo (Argentina) Racing Avellaneda

1968 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1969 Karl-Heinz Schnellinger (Alemania) AC Milan

1970 Carlos Alberto (Brasil) Santos FC

1971 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1972 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1973 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1974 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1975 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1976 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1977 Berti Vogts (Alemania) Borussia Mönchengladbach

1978 Daniel Passarella (Argentina) River Plate

1979 Ruud Krol (Países Bajos) AFC Ajax

1980 Karl-Heinz Forster (Alemania) VFB Stuttgart

1981 Junior (Brasil) Flamengo FC

1982 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1983 Manfred Kaltz (Alemania) Hamburgo SV

1984 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1985 Hans-Peter Briegel (Alemania) Hellas Verona

1986 Óscar Ruggeri (Argentina) River Plate

1987 Andreas Brehme (Alemania) Bayern Münich

1988 Ronald Koeman (Países Bajos) PSV Eindhoven

1989 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1990 Andreas Brehme (Alemania) Inter Milan

1991 Giuseppe Bergomi (Italia) Inter Milan

1992 Ronald Koeman (Países Bajos) FC Barcelona

1993 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1994 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1995 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1996 Matthias Sammer (Alemania) Borussia Dortmund

1997 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

1998 Marcel Desailly (Francia) AC Milan / Chelsea FC

1999 Cafú (Brasil) AS Roma

2000 Lilian Thuram (Francia) Parma FC

2001 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2002 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2003 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2004 Roberto Ayala (Argentina) Valencia CF

2005 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2006 Fabio Cannavaro (Italia) Juventus FC / Real Madrid

2007 Dani Alves (Brasil) Sevilla FC

2008 Nemanja Vidic (Serbia) Manchester United

2009 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2010 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2011 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2012 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2013 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2014 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2015 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2016 Pepe (Portugal) Real Madrid

2017 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2018 Raphaël Varane (Francia) Real Madrid

2019 Virgil Van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

2020 David Alaba (Austria) Bayern Münich

2021 Leonardo Bonucci (Italia) Juventus FC

2022 Virgil van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista de los más laureados defensas con el Balón de Oro (1930-2022) sería la siguiente:

1. Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976) 6

2. Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan (1963, 1964, 1965 y 1968) 4

2. Paolo Maldini (Italia) AC Milan (1994, 1995, 2003 y 2007) 4

3. Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo / SC Corinthians (1942, 1943 y 1945) 3

3. Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton (1951, 1955 y 1957) 3

3. Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid (1997, 2001 y 2002) 3

Giacinto Facchetti - Wikipedia, la enciclopedia libre
Facchetti (63, 64, 65, 68)

Otras historias contrafactuales

Historia contrafactual del Balón de Oro de los porteros (Yashin, Schmeichel, Zoff, Casillas o Buffon)

Historia contrafactual del Balón de Oro (Zamora, Meazza, Pedernera o Puskas)

Futbol con fronteras (historia contrafactual de la Copa de Europa si no hubiese la Ley Bosman)

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¿Por qué los Dodgers no son el Madrid ni Messi es Lebron James?

Es relativamente habitual que cuando un licenciado estadounidense acabe su carrera cruce el charco y haga una tournée por Europa. Algunos visitan Londres, muchos Roma y todos Paris. Hablamos de gente de cierto nivel intelectual, cultural e incluso económico. Gente que admira el estado de bienestar europeo y ese gusto por trabajar por vivir y no el vivir por el trabajar tan propio de Estados Unidos. Ven Europa con ojos románticos, como una suerte de club de países pequeños con PIB extraordinarios. Un paraíso para disfrutar de una jubilación que se antoja de las más longevas y satisfactorias del planeta.

Y, sin embargo, todos esos jóvenes bien alimentados y bien educados que critican la venta de armas en Estados Unidos y admiran los hospitales públicos europeos, se echan las manos a la cabeza cuando ven que nadie tiene secadora.

Algo propio del tercer mundo.

El 90% de los habitantes de Estados Unidos tienen secadora. Así como casas más grandes, armas en el salón y multitud de problemas cardiacos. Dicen que eso sucede porque el alcohol protege de los problemas de corazón y como los europeos están siempre borrachos bebiendo vino en las comidas…Que un norteamericano tenga una secadora no es una cuestión geográfica, sino cultural. Tanto la tiene el habitante invernal de Wisconsin como el del verano perpetuo de Florida. Tender la ropa al viento es de pobres. Antiguamente era cosa de negros. Los blancos, los blancos más humildes y de casas húmedas del interior de Chicago, tendían la ropa al lado de la caldera. Desde que en los 50 la secadora se hizo accesible y popular a nadie, independientemente de su nivel de renta, se le ocurriría tender la ropa al viento.

En Europa no es así. La ratio de ventas de secadoras es de 1/9 en relación a la de las lavadoras. Sólo en las grandes ciudades, en pisos de metros cuadrados escasos, se le ocurre a alguien montar una secadora. Y no es una cuestión geográfica. Puede que en el sur de Europa el sol abunde, pero de los Pirineos para arriba el astro rey suele desaparecer con prontitud. La construcción de patios de luces, los recovecos de un ático o un sencillo sótano o trastero son válidos para tender la ropa. Incluso se puede colgar al aire libre en pleno invierno. En Manchester o en Oslo a las camisetas se les da la vuelta en el radiador como de un filete se tratase. Es, simplemente, una cuestión cultural. Incluso medioambiental en las zonas más progres del Viejo Continente.

Aunque a menudo Occidente se considera como un todo, la evolución histórica, geográfica y sociopolítica de sus diferentes lugares ha dado lugar a notables diferencias culturales. La amplia extensión de ambos mundos hace que cada región tenga sus particularidades. Con todo, la cohesión de Estados Unidos como única nación hace más fácil la homogeneidad que en Europa. Así un irlandés o un polaco tiende a parecerse más al prototipo americano que a buena parte de los europeos. Peso a lo cual, las secadoras escasean tanto en Dublín como en Varsovia.

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Secado Made in Europe

Escasean las secadoras al igual que las distancias y el tiempo permanecen en dimensiones distintas. Si una iglesia del siglo XIX es moderna para un europeo es antigua para un estadounidense. Si una ciudad está de la playa a unos 100 kilómetros es lejos para un europeo, pero cerca para un estadounidense. Lo haremos en un coche manual y pequeño, frente a los automáticos y grandes de un norteamericano, los cuales no tendrán problema para aparcar en los parkings gigantes que abundan por Estados Unidos. Nuestra semana empieza el lunes, mes y año. La de ellos es mes, domingo y año. Sus colegios son de pago y nadie tiene la obligatoriedad de aprender otro idioma, cuando aquí en el sistema público chapurreas, al menos, tres hablas. Nuestras calles están llenas de historia y las suyas de números, al igual que sus nombres de pila suelen ser también apellidos y sus políticos han de servir en el ejército antes de dar el salto a la política.

Y el deporte. En Europa la historia deportiva se ha cimentado sobre el fútbol. A su alrededor pivotan multitud de disciplinas, pero ninguna de ellas forma parte del tronco central del deporte estadounidense. Tan solo el baloncesto ha conseguido penetrar en el acervo colectivo de ambos continentes. Pero fútbol americano, béisbol y hockey sobre hielo son elementos extraños para el común de los europeos.

Empero, no es la diferencia de gustos lo que separa a europeos y a estadounidenses. La diferencia radica en la forma de concebir que es el deporte. Podemos identificar hasta tres diferencias fundamentales en torno a dicha concepción: a) aficionados; b) sistema de competición; c) objetivos de los clubes.

A) Aficionados:

En Europa las simpatías tienen una dimensión cultural y geográfica. De lo local a lo nacional y de lo nacional a lo internacional. El conglomerado de ligas regionales, nacionales y europeas certifica y pone en valor los sentimientos de cada forofo. Esta distinción es irreal para un estadounidense. Para ellos el campeón de la NFL, la NBA, o la NHL o la MLB es el campeón del mundo. Solo los Juegos Olímpicos son considerados para los estadounidenses un verdadero test internacional en el que enarbolar la bandera nacional.

La densidad de población de Europa Occidental es enorme lo que unido a un número considerable de países hace fácil el desplazamiento de aficionados para ver a su equipo. Esto convierte un partido fuera de casa en una aventura y crea una identidad cultural social entre los aficionados y su equipo. La inmensidad de Estados Unidos (donde caben hasta 18 Francias) limita al televisor el seguimiento del deporte, por lo que hace poco permeable la identificación con los colores.

B) Sistema de competición:

El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. Al otro lado del Atlántico toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio en el que los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe está diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, Quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

C) Objetivos de los clubes:

El objetivo de cualquier club es lograr el éxito. En Europa existe un sistema de ascensos y descensos en el que los fondos económicos se distribuyen en función de la categoría y de forma solidaria entre clubes a través de entes nacionales e internacionales. Trepar en el escalafón, sea como sea, es el objetivo para lograr el éxito deportivo. En Estados Unidos un club es una franquicia, donde un propietario, a través de su dinero, mantiene a su equipo en una liga independientemente de sus resultados deportivos. Todo se basa en la solvencia y en el crecimiento económico, y solo a través de la financiación correcta se puede alcanzar el objetivo deportivo.

Este sistema repercute directamente en los deportistas. En Europa sus sueldos dependen de las vicisitudes de su equipo y son altamente variables. En Estados Unidos dependen de sus méritos deportivos y son intocables tanto a la baja como al alza hasta que vencen sus compromisos contractuales.

Esto lleva directamente a una forma frontalmente distinta de entender la captación del talento.

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Fiesta universitaria

— ¿POR QUE LOS DODGERS NO SON EL MADRID NI MESSI ES LEBRON? —

Pocos conocerán a Randy Livingston. Normal. En doce años de carrera profesional jugó en infinidad de equipos. Concretamente en catorce equipos. En alguno de ellos de manera testimonial. Fueron dos los partidos que jugó con los Golden State Warriors y cinco en los que defendió la camiseta de los Chicago Bulls. En los Idaho Stampede de la liga de desarrollo de la NBA llegó a militar en cinco diferentes ocasiones en un espacio de ocho años. Y sin embargo Randy Livingston es un jugador de baloncesto venerado allí donde nació.

Porque en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, Randy Livingston es una leyenda viva. Asistió al instituto Newman de su ciudad natal con cuyo equipo de baloncesto logró el título de mejor jugador de secundaria de Estados Unidos en 1992 y 1993. Después logró una beca deportiva que le permitía ir a cualquier universidad del país. Decidió quedarse en casa y estudiar en la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana. Que luego una lesión de rodilla cerciorase su carrera fue del todo inoperante. Randy Livingston es un icono de su comunidad.

Historia parecida es la de Herschel Walker. Nacido en Wrightswille, en el estado de Georgia, Walker compitió en el instituto de su pequeño pueblo donde logró la hazaña de guiar a su colegio a ganar el campeonato estatal de secundaria de fútbol americano en 1979. Al igual que Livingston, Herschel Walker decidió quedarse en casa y apostar por la Universidad de Georgia, donde también fue elegido mejor jugador del país y en 1981 ganó el campeonato universitario de Estados Unidos. Pero a diferencia de Livingston, Walker tuvo una carrera profesional fructífera que le llevó de Nueva Jersey a Dallas y de Dallas a Minneapolis, aunque jamás alcanzó los éxitos que logró como amateur en Georgia. Hoy Walker lucha por ser senador republicano por su Georgia natal.

Viajemos a Europa. Zlatan Ibrahimovic nació en Malmö, la ciudad más meridional de Suecia. De padre bosnio y madre croata, apenas jugó 40 partidos con el club sueco antes de firmar por el Ajax de Ámsterdam. Ahí inició una carrera antológica que le ha llevado a anotar más de 500 goles y a ganar títulos con algunos de los clubes más importantes del mundo, caso del FC Barcelona, el Manchester United, el PSG o las tres grandes escuadras italianas (Inter, Milan y Juve). Ibra es un dios del fútbol. Su carrera profesional es infinitamente superior a la de Walker o Livingston. Pero Ibra no es un dios en Suecia. Nunca ha tenido una actuación relevante con su selección. Es más. Ha renunciado sistemáticamente a defender la camiseta nacional y ha solicitado regresar cuando le ha convenido. Ni siquiera en Malmö es un ídolo. A la estatua de Ibrahimovic que daba la bienvenida a la ciudad de Malmö le fue amputada la nariz y fue tirada al suelo cuando Zlatan decidió entrar en el accionariado del Hammarby IF, club de Estocolmo y tradicional rival del equipo de Malmö. No, definitivamente Ibrahimovic no es un referente para su comunidad.

En Estados Unidos no existen las subvenciones estatales deportivas. Tan solo aportes económicos de la administración local. La economía del país obedece a la ley de la oferta y la demanda, y así funciona su sistema deportivo. Son los colegios los que tratan de captar talento en función de la disciplina, la productividad, el trabajo y el control. No se busca el modelo europeo de ‘fair play’ sino el modelo de excelencia. Ganar por encima de todo. A través de donaciones, publicidad y eventos financian los colegios su estructura académica. Del colegio se pasa al instituto (high school), donde se crea un vínculo con la sociedad. Esos deportistas llevan el nombre del instituto a lo largo del estado (o del país) y dan notoriedad a los mecenas que han llevado a esa institución al éxito.

Esos deportistas son captados por universidades que ofrecen becas deportivas para completar unos estudios que son prohibitivos para buena parte de los estadounidenses. A cambio, la universidad podrá obtener ingentes beneficios gracias a los ingresos televisivos, venta de mercadotecnia o control de derechos de imagen. Hay que tener en cuenta que los partidos universitarios reúnen a miles de espectadores en directo y a millones por televisión. Un entrenador universitario de fútbol americano o de baloncesto gana más dinero que el rector de la universidad.

Los más exitosos de estos atletas pasarán a la rueda del deporte profesional, mientras que la mayoría de ellos acabarán sus licenciaturas y entrarán en el mercado de trabajo. Suceda lo que suceda habrán formado parte de una comunidad. Quizás Michael Jordan sea el deportista más grande de todos los tiempos. Y lo es por sus hazañas con los Chicago Bulls, pero Jordan lo que es, es un ‘Tar Heel’ de la universidad de Carolina del Norte. Allí se formó como persona y como deportista. Fue allí donde decidió vivir una vez retirado y fue allí donde decidió invertir millones de dólares para comprar una franquicia de la NBA y no en el Chicago donde se convirtió en el hombre más famoso del mundo.

No sucede lo mismo en Europa. Aquí el deporte es diversión y formación. Está tutelado por los entes públicos, los cuales construyen los recintos deportivos. La idea es crear buenos hábitos, fomentar el compañerismo y desarrollar las capacidades psicomotrices de los niños. Salvo casos extraordinarios, solo cuando el niño se convierte en adolescente se empieza a pensar en su carrera profesional como deportista.

Y aquí estriba la gran diferencia. Ibrahimovic no jugó para un instituto ni para una universidad. Fue captado por un club privado quien lo formó en sus categorías inferiores y lo convirtió en profesional cuando consideró que estuvo preparado. No existió red de seguridad. Tuvo que escoger entre estudiar o dedicarse al fútbol. En Europa nadie es recordado por los goles que metió en la universidad. Simplemente porque esa opción no existe para el deportista de élite. Tomas el control de tu vida joven, seguramente excesivamente joven, y a cambio eres libre de decidir donde y para quien jugar. Quizás construyas un vínculo con una ciudad y su club de fútbol, pero lo normal es que no eches raíces ni edifiques vínculos e intentes labrarte una carrera de éxito por ti mismo sin tener en cuenta a tu comunidad.

Herschel Walker says he's been transparent about past violence - has he?
Herschel Walker

Lionel Messi nació en la ciudad argentina de Rosario y se formó en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Allí estuvo hasta los doce años, por lo que pocos tienen recuerdo de él. Es así porque las categorías inferiores fuera de Estados Unidos son objeto de divertimiento y recuerdo y solo en épocas recientes los datos y las estadísticas han tenido una razón de ser. Es el salto al profesionalismo lo que marca la diferencia en Europa. Es así que Messi se convirtió en profesional con el FC Barcelona a los 16 años. Es en Barcelona donde ha cosechado sus éxitos por todos conocidos y es en la Ciudad Condal donde se ha convertido en una figura imperecedera que traspasa los límites del deporte. Messi es argentino de corazón y de sentimiento y anhela ganar el Mundial con su país para sentirse querido y reconocido por los que lo vieron nacer. Pero por mucho que quiera y por mucho que lo desee Messi jamás será rosarino. Nunca será Maradona. Messi ha sido criado, modelado y tutelado por Can Barça. Messi es patrimonio catalán, a pesar de que nunca ha hablado catalán.

Lebron James nació en un barrio marginal de Akron, suburbio al sur de Cleveland. Estudió en el instituto católico de Saint Vicent y Saint Mary donde sus estadísticas fueron contabilizadas al milímetro y se convirtió en campeón nacional y mejor jugador del país. Declinó declinar formarse en una universidad y dio el salto al profesionalismo a través de los Cleveland Cavaliers. De inmediato se convirtió en el hombre del momento, aunque tuvo que marcharse a Miami para ganar su primer anillo de la NBA. En aquel instante se convirtió en un Judas, pero con el tiempo regresó a Cleveland para hacer campeones por vez primera a los Cavaliers. Hoy Lebron James es una de las pocas figuras deportivas que pueden hacer sombra a Leo Messi a nivel global, pero su impacto a nivel local es inimaginable para el bueno de Leo. Ha construido escuelas, orfanatos o museos en su ciudad natal y, sobre todo, se ha convertido en ejemplo y referente para la comunidad de Akron y de Cleveland, a la que siempre hace referencia en cada una de sus intervenciones públicas.

Al igual que en el caso de Lebron, es habitual que el deportista estadounidense devuelva parte de lo que le fue otorgado por su comunidad. Obviamente el sistema de bienestar europeo hace impensable que sea un mecenas quien tenga que construir una residencia de ancianos o una biblioteca. No solo eso. La existencia de un mecenas es criticable por cierta parte de la sociedad. La necesidad del mecenas en Estados Unidos es reflejo de un sistema social y económico opuesto. Pero en el caso que nos ocupa, la figura del mecenas deportista en Europa es difícil de ver debido a esa inexistencia de vínculos primigenios con la comunidad formativa.

🥇 [2022] *Lebron James: 5 enormes donaciones caritativas
Lebron King Caridad

El Real Madrid fue fundado en 1902. Camino de los 125 años de historia posee el palmarés más exitoso del fútbol mundial y en sus filas han militado alguno de los jugadores más famosos de todos los tiempos. Pero el Real Madrid podría estar un siglo sin ganar título alguno y su fama se mantendría inquebrantable. Su estadio es un museo en movimiento que se mantiene en el corazón de la ciudad desde tiempos pasados y su escudo y su camiseta apenas han sufrido pequeños cambios inapreciables para el aficionado medio. El club, aun profesionalizado y convertido en una empresa multinacional, sigue siendo propiedad de unos socios que con sus críticas y reproches pueden hacer cambiar el devenir de la entidad de una semana para otra. El Real Madrid es un club global, español, pero, sobre todo, es un club madrileño. No se entiende la ciudad de Madrid sin su Real.

Los Ángeles Dodgers son junto a los Yankees de Nueva York el club de béisbol más valioso del mundo. Son el buque insignia de una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y un área metropolitana de 20 millones. Han ganado siete veces las Series Mundiales y su estadio es el de mayor capacidad del país. Pero los Dodgers no son de Los Ángeles. No lo son porque no son un club, son una franquicia. Los Dodgers nacieron en 1883 en la otra punta del país, concretamente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Allí estuvieron hasta 1957, cuando el propietario decidió trasladar al equipo a California. Por el camino hay títulos en Brooklyn como en Los Ángeles, al igual que los Lakers de la NBA poseen entorchados en Minneapolis como en Los Ángeles. Nadie duda que los Dodgers son el equipo de L.A, pero ni su historia ni si cultura ni, quizás, su futuro, están en la ciudad que vio nacer a Hollywood.

La emoción es una pauta filogénicamente aprendida que se desencadena por un suceso intenso. La pertenencia, la identidad y la identificación con unos valores agravan ese sentimiento. En Europa ser de un club de fútbol es sinónimo de ser habitante de esa ciudad. Las rivalidades entre clubes crean resentimientos entre ciudades, aunque los odios solo ocupen el plano deportivo. Pertenecer a un equipo de fútbol es pertenecer a una secta religiosa con tradiciones centenarias. Implica formar parte de una tradición y un legado en el que por lo general el árbol genealógico ha tomado parte.

Descubre las peñas del Real Madrid | Real Madrid C.F.
De padres a hijos

“En Estados Unidos todo el mundo es de la opinión de que no tiene superiores sociales, ya que todos los hombres son iguales, pero no admitir que tiene inferiores sociales, ya que la doctrina de que todos los hombres son iguales sólo se aplica hacia arriba, y no hacia abajo”. Bertrand Russell.

“El ejemplo de Estados Unidos es absurdo. Si Estados Unidos estuviese en el centro de Europa no resistiría ni dos años la presión del resto de las monarquías”. Napoleón Bonaparte.

Otras reflexiones sobre el deporte

Los límites del ser humano (sobre los récords cometidos y los que están por venir)

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¡Daría la vida por mi equipo! (sudacas, negros, gabachos y moros pero todos visten mis colores)

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De los tres puntos por victoria

Jimmy Hill es el paradigma del estirado. Encarnación del inglés orgulloso de sí mismo, pomposo y engreído, espécimen de aquellos que entrado en Escocia escupe odio por la boca. Pero Hill es un fenómeno de la comunicación. Durante décadas fue el comentarista perfecto en el ‘Match of the Day’ de la BBC. Su mentón habsburgiano y su bigote de tebeo acompañaban a unos análisis certeros que se centraban en hechos indiscutibles y que eran la contrarréplica a los comentarios apasionados de forofo de muchos tertulianos. Su lógica racional hizo que, tras una serie de aburridos empates llenos de balones colgados al área y cargas pugilísticas en el centro del campo, diese con la solución al problema. Establecer los tres puntos por victoria.

Su propuesta fue acogida con cierto recelo, pero Hill tenía un plan fundado y bien trazado para que los jefazos diesen su brazo a torcer. Y vaya si lo hicieron. El 28 de agosto de 1981 la liga inglesa dio el pistoletazo de salida al campeonato de los tres puntos por victoria. Lejos, tras el Telón de Acero, la URSS había hecho un experimento antes de que los padres del fútbol lo convirtiesen en realidad. Al avanzar la década Israel, Turquía, Grecia, Irlanda, Escocia o Italia se subieron al carro. Y ya en 1994 la FIFA adoptó el sistema de tres puntos como estándar.

Jimmy Hill, el hombre que revolucionó y le dio forma al fútbol moderno -  BBC News Mundo
Jimmy Hill

Hill fue el ideólogo, pero para llevar su idea a cabo tuvo que contar con Bert Millichip, un modestísimo defensa central en su juventud y que acababa de ser nombrado presidente de la FA, la federación inglesa. En su discurso de bienvenida Millichip concluyó que había dos problemáticas que el fútbol inglés debía solucionar. Sobre la primera, el hooliganismo, se mostró incapaz de encontrar una solución. No en vano con el tiempo recibirá el apodo de ‘Bert el inerte’, paralizado e impotente ante tragedias como Heysel o Hillsborough. La segunda problemática, íntimamente relacionada con la primera, era la inseguridad y lo obsoleto de los estadios que retraían a las familias a acercarse a los campos de fútbol.

Sabedor de lo costoso que era convertir las moles de cemento y madera de finales del siglo XIX en atractivos recintos hechos con materiales sintéticos, a Millichip le pareció brillante la idea de Hill para atraer nuevos espectadores a los estadios. En la temporada 80-81 se registraron los peores promedios de público desde el fin de la II Guerra Mundial, por lo que ambos consideraron que dar tres puntos por victoria harían más atractivos los encuentros.

Lo curioso es que el experimento fue acogido con premura por el planeta fútbol sin realizar antes un estudio previo por sus efectos. Quizá por aquello que todo lo que tiene que ver con el balón y proviene de Gran Bretaña es digno de reverencia. Lo cierto es que el aumento del espectáculo en relación al número de goles ha sido relativamente modesto. En la liga inglesa, entre 1950 y 1960 se marcaron 3,42 goles por partido. Fueron 3,14 entre 1960 y 1970 y 2,5 entre 1970 y 1981. El descenso de goles era evidente. El impacto positivo no lo es tanto. Entre 1981 y 1992 se marcaron en promedio 2,6 goles por partido. Y fueron 2,59 goles por partido entre 1992 y 2000 y 2,64 entre 2000 y 2010. Quizás más interesante es que el número de empates sin goles cayó del 8,17 al 6,93 %.

Viajemos ahora a España. ¿Qué hubiese sucedido si en 1994 no se hubiera pasado a los tres puntos por victoria y se hubiesen mantenido los dos puntos tradicionales? Pues solamente una vez habría cambiado el campeón de Liga en Primera División. En la temporada 2006-2007, el Real Madrid salió victorioso empatado a 76 puntos con el FC Barcelona, al que superó por los resultados en sus enfrentamientos directos. Si las victorias hubiesen valido dos puntos, el Barça hubiera resultado campeón con 54 puntos, por los 53 del Real Madrid. Es el único cambio en cerca de tres décadas de tres puntos por victoria. Como se ve, del todo irrelevante.

Football teams shirt and kits fan: FC Barcelona Home 2006-07 Kits
Barça 06/07

No parece pues que el espectáculo haya ido a más al aumentar los puntos por el triunfo. Sin embargo, vino para quedarse. Pero vayamos a las matemáticas. Al sentido común. La lógica dictamina que los dos puntos por victoria es lo adecuado. Repartes un pastel en dos mitades si hay empate y si eres el que ganas te quedas con toda la tarta.

Tres puntos por victoria parecen un reparto que atenta contra toda lógica.

Lo que ofrece la victoria de tres puntos es un incentivo por ganar. Sabemos que si atacamos podemos desguarnecer la defensa, perder el partido y nos quedaremos sin tarta. Por ello la psique nos dice que no debemos arriesgarnos. Sin embargo, si damos tres puntos por triunfo el incentivo es mayor, por lo que valdrá la pena lanzarse al ataque al poder obtener algo más que un simple trozo del pastel.

Siempre he sido un poco nécora con las matemáticas. Pero volvamos a Primero de la E.S.O y echemos cuentas. Imaginemos que vamos al ataque en todos los partidos de una Liga. Somos Guardiola y nos gusta la colonia y las flores del campo. Eso implica que tienes un 50% de posibilidades de triunfo y un 50% de opciones de derrota. Así pues, en la mitad de los encuentros obtendrás dos puntos y en la otra mitad te irás de vacío. La media es un punto.

(2 x 0,5) + (0 x 0,5) = 1

Cambiemos la estrategia. Vamos a jugar a la defensiva. Somos Mourinho y nos gusta el whisky on the rocks. Jugando así nos aseguramos el empate en cada uno de los choques. No hay que ser Pitágoras para saber que la media es de un punto.

(1 x 0.5) + (1 x 0,5) = 1

La cosa cambia si incentivamos la victoria con tres puntos. Entonces veremos que echarse colonia y revolotear por un campo de amapolas es mucho mejor que beber un buen vaso de whisky (al menos es más saludable):

(3 x 0,5) + (0 x 0.5) = 1,5

El resultado del examen es claro. Si juegas al ataque resultarás vencedor a la larga. Si marcas más goles, resultarás vencedor a la larga. Si la victoria da tres puntos, todos jugarán al ataque. El espectáculo será mayor y todos saldrán ganando.

¿Seguro?

Parece ser que es mejor atacar que defender. El rédito a la larga será mayor. Pero claro. Esto que yo he expuesto no es más que matemáticas aplicadas al fútbol. Cálculos insignificantes comparados con las maravillas de las estadísticas que cerebros privilegiados explotan en la actualidad con la ayuda de potentes ordenadores. Inteligencia artificial le llaman.

Pero esta suposición se basa en que todos los clubes tienen el mismo potencial. Y nada más lejos de la realidad.

Volvamos a primero de la E.S.O. Cuando el macarra del colegio te insultaba y te pedía que te fueras de aquella canasta del patio que le pertenecía no existía opción más inteligente que la estrategia defensiva, que no era otra que salir de allí cagando hostias. La cosa cambiaba cuando quien quería ocupar la canasta en la que estabas jugando era un chico más o menos de tu misma altura y de tu misma edad. Te ponías gallito y exigías tu derecho a quedarte porque habías llegado antes. Tocaba una estrategia ofensiva. Tocaba salir a ganar.

Lo que nos sucede a los humanos en nuestras relaciones sociales no es más que una extrapolación de lo que sucede en la naturaleza. La selección natural no sólo escoge al más fuerte, sino también al más inteligente. Saber cuándo atacar y cuando defender. Es por ello que los equipos que están en la parte baja de la tabla deben jugar a la defensiva para intentar lograr un empate. Pero cuando se enfrentan a un equipo de mitad de tabla deben intentar defender lo que es suyo, porque el premio de la victoria es mucho mayor que el peso de la derrota. La razón dictamina que si el Elche juega en el Martínez Valero ante el FC Barcelona salga a defender (si eres débil, siempre es mejor llegar a un compromiso), pero que busque la victoria ante el Betis (el incentivo de tres puntos para el débil es poderoso).

Pero existe otra variable a tener en cuenta a la hora de jugar al ataque o a la defensiva. Y es la jerarquía. En la inmensa mayoría de las aves lo que importa no es la fuerza, sino la antigüedad. Aunque una paloma joven y fuerte intente ocupar un palomar, claudicará si una paloma anciana le pide que se vaya. De igual modo, un chico cualificado y trabajador puede ser la estrella en su empresa, pero la jerarquía le obligará a labrarse años de experiencia antes de poder ocupar el puesto de un compañero que lleva veinte años en su mismo lugar de trabajo.

Del mismo modo da mucho más miedo enfrentarte al Real Madrid que al Paris Saint Germain en unos cuartos de final de la Copa de Europa. Quizás los franceses lleven una racha de triunfos impecable y los españoles acumulen cinco derrotas consecutivas, pero si tú eres el Borussia Dortmund el cuerpo te pedirá salir a empatar ante los reyes de Europa y valorarás el incentivo de jugar sin complejos y pasar de ronda ante el temible, pero sin jerarquía alguna, PSG.

Está claro que la teoría es una y la realidad del fútbol es otra. Es cierto que los diferentes estudios arrojan que el número de empates se ha reducido (especialmente el poco glamuroso 0-0) y que el número de goles por partido también ha aumentado desde 1994. Sin embargo, no está muy clara si la estrategia ofensiva es la que lleva al éxito. Es cierto que la tendencia general demuestra un gusto por el toque y por el futbol de presión y ofensivo, pero que sea de buen gusto no quiere decir que sea exitosa.

Los entrenadores defensivos no son bien recibidos, pero no por ello son los malos de esta película. La volatilidad de su trabajo les obliga a escoger diferentes estrategias esclavizados por una presión continua para obtener buenos resultados. Al final lo que cuenta es que la pelota traspase la red. Sea atacando o sea defendiendo. Y es que a pesar de que a Jimmy Hill no le gustasen los dos puntos por victoria la idea en si no ha traído la panacea al mundo del fútbol.

“Todos los cementerios están llenos de gente que se consideraba imprescindible”. George Clemenceau, primer ministro de Francia.

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