béisbol

Templos del deporte: Estados Unidos (1ª parte)

¿Qué es un estadio? No es sólo un simple marco; es un evento deportivo, histórico y arquitectónico en sí. Es baluarte inexpugnable, símbolo de un club, reflejo de una cultura y protagonista de una ciudad. Son ejemplos de elegancia estética y soluciones técnicas y también de innovaciones tipológicas y tecnológicas. A menudo comparamos los estadios con el Anfiteatro Flavio, conocido por todos como el Coliseo de Roma. Realmente los estadios se asemejan a los prototipos del teatro griego, adaptados a unos desniveles naturales y abiertos al territorio circundante. Del anfiteatro romano adquieren la estructura cerrada y edificada.

La palabra estadio procede del latín ‘stadium’. Hablamos de un terreno plano rodeado por gradas de espectadores que cada vez en mayor medida son cerradas. De hecho, en Sudamérica se les suelen llamar canchas, vocablo que proviene del quechua ‘kancha’ que significa recinto cerrado. El estadio más antiguo del mundo del que se tiene constancia es el estadio de Olimpia (776 a.C) en Grecia. Sabemos que en el mundo griego cada cuatro años se celebraba una competición deportiva para conmemorar la paz, por lo que se concedía una tregua en todas las guerras en disputa.

Si alguno de los que ha llegado hasta aquí me lee regularmente será consciente de conocer ya estas palabras. Estos mismos párrafos adornaban unos artículos que a finales de 2017 escribí y que titulé ‘templos del fútbol’. Fue en los albores de este blog. Más de 300 artículos atrás en el tiempo. A través de cuatro reportajes hablaba de los estadios de fútbol más reseñables, tanto del ayer como del hoy. Al final del presente articulo tenéis los enlaces correspondientes por si apetece leerlos o releerlos.

El caso es que aquellos cuatro artículos eran todos centrados en el deporte rey. Y fueron asumidos con una visión eurocéntrica. Lo cierto es que es indudable que hay templos deportivos en todos los continentes y dedicados a deportes irrelevantes bajo el prisma europeo como el fútbol americano, el béisbol o el criquet. Incluso hay estadios dedicados en exclusiva a la práctica del rugby y vetados al fútbol, siendo el rugby un deporte de tronío en buena parte de Europa Occidental.

Ergo hablamos de estadios y no de pabellones. Estos últimos son recintos polideportivos y multiusos que no podemos adscribir concretamente con el hecho deportivo. El fastuoso Madison Square Garden de Nueva York sirve tanto para presenciar partidos de baloncesto como homilías del Papa, conciertos de Beyoncé o mítines de Donald Trump. Un estadio funciona como templo del deporte, aunque esporádicamente sirva para otros eventos. Es cierto que existen pabellones donde se practica el baloncesto de forma regular como los fantásticos recintos de la Universidad de Syracuse o de la de Kentucky o el Arena de Belgrado en Europa, pero no son estadios en sentido estricto. Los estadios son por definición recintos abiertos (aunque ahora se techen), puros, genuinos, en comunión con la naturaleza. De hecho, y aunque ahora se haya perdido, la etimología correcta sería la de campo (recinto de hierba con gradas), estadio (recinto de hierba con gradas y pista de atletismo) y pabellón o arena (recinto polideportivo con gradas y cubierto).

Así entonces haré dos clasificaciones de diez estadios a través dos artículos diferentes. Es tal el volumen de recintos significativos que hay en Estados Unidos que me he visto obligado a dedicar un listado entero a los templos del deporte norteamericano. Como toda lista tendrá un matiz subjetivo, pero intentaré darle una serie de parámetros para que prime la objetividad.

Al hacerlo renunciaré a darle preponderancia a estadios de gran significado deportivo, pero que no son lugares regulares de práctica deportiva. El Olímpico de Montreal puede presumir de haber sido sede de unos Juegos Olímpicos o de estar adornado por la torre inclinada más alta del mundo, pero adolece como una mole inerte dado que ningún club ocupa sus instalaciones domingo tras domingo. Del mismo modo el Estadio Nacional de Pekín, aquel impresionante nido de pájaro que nos fascinó en 2008, sólo ha sido sede de otros cinco eventos 15 años después de su inauguración.

Quedarán fuera de la lista verdaderas maravillas arquitectónicas, pero de exigua importancia deportiva. Por ejemplo, el increíble Marina Bay de Singapur, cuyo terreno de juego está sobre el mar, el estadio de fútbol americano de los Jaguars de Jacksonville, donde se puede seguir el encuentro mientras disfrutas de un baño en una piscina, o el Fisht de Sochi, cuyas gradas parecen montañas nevadas. Tampoco el número de asientos ha sido la referencia, quedando excluidos recintos como el Beaver Stadium (106.500 espectadores), el Ohio Stadium (105.000), el Bryant Denny Stadium (101.000) o el Memorial de Nebraska (97.000), espacios colosales pero adscritos al deporte universitario de fuerte tradición en Estados Unidos, pero de escasa proyección internacional.

Lo que se ha tomado como eje principal de esta clasificación es el peso y tradición de los equipos que lo representan, así como el valor arquitectónico del recinto por sí mismo y su preponderancia en el barrio y en la ciudad donde se ha edificado. No se ha olvidado la majestuosidad de templos de reciente construcción, pero, es incuestionable, que ante caso de duda el valor histórico existente prima sobre el hipotético valor histórico de futuro. Así el fantástico Metlife Stadium (2011) donde juegan los New York Giants, el Empower Field (2001) de los Denver Broncos, el Gillette Stadium (2002) casa de los New England Patriots o el ATT Stadium (2009) de los Cowboys han sido descartados, no por su importancia o su magnificencia, sino por su escaso peso histórico.

Del mismo modo creo que es obligado hacer referencia a una serie de estadios que, demolidos, no ocupan el presente, pero que adornaron páginas gloriosas del pasado como el Giants Stadium (1976-2010) en el área metropolitana de Nueva York, el Foxboro Stadium (1971-2001) en el cinturón de Boston y el astronómico Kingdome (1972-2000) de Seattle.

Giants Stadium ends its 34-year run on Sunday | WSTM
Giants Stadium

— TEMPLOS DEL DEPORTE DE ESTADOS UNIDOS —

Vayamos entonces con los diez templos del deporte de Estados Unidos y nos guardaremos una sorpresa para el final. Siete de los recintos escogidos serán espacios donde habitualmente se juega al fútbol americano y tres serán hogar del béisbol. Considero que es una lista ecuánime al gusto de los estadounidenses. Hay 26 estados donde la liga más seguida es la NFL (fútbol), 13 donde es la MLB (béisbol), 10 donde domina la NBA (baloncesto) y en sólo uno la liga más seguida es la NHL (hockey sobre hielo) En todo caso veremos cómo los recintos dedicados al béisbol ocupan plazas de privilegio en mi lista por su singularidad y por su respeto hacia la tradición:

10. MICHIGAN STADIUM (fútbol americano): Ubicado en Ann Arbor, una pequeña ciudad universitaria situada a unos 70 kilómetros de Detroit, el Michigan Stadium es la casa de los Wolverines de la Universidad de Michigan. Inaugurado en 1927, el Michigan Stadium tiene una capacidad de 107.000 espectadores todos sentados en bancos corridos que lo convierten en el recinto de mayor capacidad de Estados Unidos. De hecho, cuatro de cada cinco habitantes censados en la ciudad cabrían en el estadio que acumula lleno tras lleno partido tras partido. No obstante, su extraordinario tamaño no es apreciable desde el exterior dado que la mayoría de los asientos están por debajo del nivel del suelo. El equipo ha ganado 11 títulos universitarios de fútbol y entre las leyendas que tienen su camiseta retirada está el número 48 del ex presidente Gerald Ford. Por entonces ninguna mujer podría ver las evoluciones del que en 1974 se convertiría en presidente, dado que hasta 1968 estaba prohibida la entrada al Michigan Stadium tanto a las mujeres como a los niños.

Michigan Stadium - Wikipedia
Michigan Stadium

9. SOLDIER FIELD (fútbol americano): Situado en un parque de Chicago a escasa distancia del Lago Michigan, el Soldier Field es un hermoso estadio para 61.500 espectadores inaugurado en 1922. El estadio honraba a los caídos en la I Guerra Mundial (campo del soldado) y no tenía un uso definido hasta que en los años 70 se convirtió en el hogar de los Chicago Bears campeones de la NFL en nueve ocasiones. El recinto tiene una característica forma ovalada que recuerda a una bala y durante muchos años contó con hierba sintética en una época donde se pensaba que aquello era progreso y futuro. Lo más característico del Soldier Field era su fachada, una conjunción de columnas grecorromanas que se elevaban por encima de las gradas. Esto hizo que con el tiempo el estadio fuese declarado patrimonio nacional, pero una profunda reforma acometida en 2003 hizo que se le fuese retirado el título.

Soldier Field - Wikipedia, la enciclopedia libre
Soldier Field

8. SANFORD STADIUM (fútbol americano): Justo lo contrario ocurre con el Sanford Stadium. Cuando se levantó, allá por 1927, el arquitecto hizo firmar un documento por el que si en el futuro se realizaban remodelaciones en el recinto sería de obligado cumplimiento mantener la estructura original. Y así ha sido. En el espacio de un siglo se han puesto luces, se han levantado nuevas gradas, se han creado palcos de prensa y se añadieron tribunas de lujo hasta dejar el aforo actual en 92.000 almas. Y todo manteniendo la característica estructura original con un fondo abierto a la ciudad de este recinto de Atenas (Georgia) donde juegan los Bulldogs, quienes han logrado tres títulos universitarios de fútbol americano, el último en 2021.

University of Georgia Athletics
Sanford Stadium

7. TIGER STADIUM (fútbol americano): El valle de la muerte. Ese es el nombre popular del estadio de la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana, considerado el recinto deportivo más ruidoso de Estados Unidos. Numerosas remodelaciones han dejado su capacidad en 102.000 almas, diez veces más que cuando fue inaugurado en 1924. El espacio tenía forma de herradura y se encontró con la imposibilidad legislativa de ser cerrado al tener que gastarse los fondos necesarios para ello en una residencia de estudiantes. Se sorteó la prohibición construyendo la residencia en un anillo inferior debajo de los asientos del estadio. El Tiger Stadium, situado en Baton Rouge la capital del estado, también tiene la particularidad de ser uno de los poquísimos campos que mantiene las porterías con dos palos propias del rugby europeo y erradicadas por los postes en forma de Y típicos del fútbol americano.

Tiger Stadium – LSU
Tiger Stadium

6. DODGER STADIUM (béisbol): Los Dodgers nacieron como equipo de béisbol de Brooklyn, un barrio de Nueva York. Allí cosecharon numerosos éxitos hasta que en 1958 decidieron trasladarse a la otra punta del país donde vieron una oportunidad única para expandirse. Nacían así Los Ángeles Dodgers y con ello nació también su nuevo estadio. Se trataba entonces de uno de los pocos recintos financiado enteramente con capital privado. Se proyectó un inmenso recinto con capacidad para 56.000 espectadores que aun hoy sigue siendo el estadio de béisbol de mayor aforo. La construcción fue polémica ya que se hizo en un barranco del centro de la ciudad donde malvivían inmigrantes mexicanos que fueron expulsados de sus casas. Hoy, el Dodger Stadium se encuentra en el corazón de Los Ángeles y puede presumir de un récord de 856 de partidos de la MLB sin ser suspendidos por culpa de la lluvia desde abril de 1988 al mismo mes de 1999. En todo caso el Dodger Stadium fue el primer recinto para béisbol en tener gradas cubiertas (para el sol californiano, lógicamente). En abril, concretamente el día 15, en todo Estados Unidos se conmemora el día de Jackie Robinson, el histórico número 42 de los Dodgers quien fue el primer afroamericano en jugar en la MLB.

Dodgers Stadium Future Includes Contactless Tech, More Analytics And  Eventual Facial Recognition
Dodger Stadium

5. WRIGLEY FIELD (béisbol): Lo que antes era un barrio obrero al norte de Chicago hoy es un animado lugar cercano al lago donde rezuma el ambiente de la buena música y los buenos restaurantes. Allí, en el barrio del mismo nombre, se inauguró el Wrigley Field en 1916. El característico triángulo de los estadios de beisbol está rodeado por viviendas unifamiliares o edificios de un par de plantas alineados perfectamente, mientras al sur se ven los majestuosos rascacielos de la ciudad del viento. Con capacidad para 42.000 espectadores, es hogar de los Chicago Cubs ganadores tres veces de las Series Mundiales de la MLB (1907, 1908 y 2016). El Wrigley Field destaca por su fachada de ladrillo vista cubierta por hiedras y por su icónica marquesina de color rojo con el marcador hecho a mano. La MLB obligó a acolchar todas las paredes de sus recintos deportivos por seguridad, pero la hiedra hizo que Wrigley Field se librara de ello. Cuando la temporada comienza solo se ven enredaderas, pero la hiedra crece conforme avanza la temporada hasta cambiar a color rojo cuando llega el otoño. Todo en Wrigley Field suena a ancestral, incluyendo la posibilidad de ver un partido desde la terraza de uno de los edificios aledaños sin tener que pagar entrada. Desde 2020 Wrigley Field es patrimonio nacional de los Estados Unidos.

Wrigley Field - Wikipedia
Wrigley Field

4. LAMBEAU FIELD (fútbol americano): Green Bay es una pequeña ciudad de Wisconsin. Con poco más de 100.000 espectadores es la ciudad más pequeña en tener un equipo profesional deportivo de cualquiera de las cuatro grandes ligas. No solo eso, sino que los Green Bay Packers han ganado 13 títulos de la NFL y la franquicia es la única de todo el país en la que no hay un dueño y los propietarios son los socios. Desde 1957 los Packers juegan en Lambeau Field un recinto con capacidad para 81.000 espectadores y que honra a Curty Lambeau ex jugador y ex entrenador de los Packers. El estadio es conocido como el santuario del fútbol americano o la tundra congelada dado que hasta que en 2013 se instaló un sistema de calefacción subterránea lo habitual era bajar de los 10 grados bajo cero en la temporada invernal. A pesar de la inmensidad de su tamaño para lo pequeña de la ciudad, hay lista de espera de más de 25 años para conseguir asiento y es el recinto con más llenos consecutivos y el primero dedicado en exclusiva al fútbol americano en la historia de la NFL.

Lambeau Field | History, Description, & Facts | Britannica
Lambeau Field

3. ROSE BOWL (fútbol americano): Siglos atrás Pasadena era uno de esos lugares donde los misioneros españoles levantaron templos para cultivar la fe católica. Hoy Pasadena ha sido engullida como ciudad satélite de la gigantesca Los Ángeles. Pues allí, un medio de un parque, se proyectó el Rose Bowl con la finalidad de celebrar anualmente un partido que enfrentase a los lideres de fútbol americano del este y el oeste del país para determinar al campeón nacional. El estadio, y así mismo el torneo, pasó a llamarse coloquialmente como Bowl (tazón) dado que el recinto tenía dicha forma. De ahí que todos los torneos finales de fútbol americano desde entonces se llamen ‘Bowl’, incluido el hoy archiconocido torneo final de la Superbowl de la NFL. El Rose Bowl no solo alberga partidos de fútbol americano, sino que ha sido sede de las pruebas de ciclismo en pista en los JJ. OO de 1932 o del torneo de fútbol en los JJ. OO de 1984. También fue sede de la final del Mundial de fútbol de 1994 que enfrentó a Brasil e Italia con victoria de la canarinha.

Fue proyectado en 1922 para 40.000 espectadores y con forma de herradura, pero pronto se hizo pequeño y en 1928 fue cerrado para darle su luego icónica forma de tazón. Actualmente son 88.000 almas las que pueden presenciar los partidos de los Bruins de la Universidad de UCLA, aunque para el Rose Bowl universitario se pueden proyectar gradas móviles para alcanzar los 120.000 espectadores. Hoy el camino de entrada está rodeado de rosas de diversos colores que alegran la llegada de los aficionados. Pero el problema es que el camino puede ser odioso, dado que el Rose Bowl solo tiene una carretera de acceso, por lo que se pueden llegar a tardar más de dos horas en cubrir el escaso kilómetro que hay desde la salida de la autopista de Los Ángeles hasta la entrada del estadio.

How to Save the Rose Bowl | City Journal
Rose Bowl

2. FENWAY PARK (béisbol): Apenas suma 37.000 asientos siendo uno de los campos más pequeños de toda la MLB, es incómodo para el espectador, de difícil acceso y está enclaustrado en un parque que sobrevive fagocitado por el centro de Boston, pero no existe cancha de béisbol más icónica que Fenway Park. En 1912 se inauguró el estadio de los Boston Red Sox, un recinto asimétrico que se ha mantenido en esencia desde entonces. En 1999 miles de manifestantes se congregaron por las calles de la ciudad para impedir el derrumbe del recinto y la construcción de un nuevo estadio. Al igual que en Wrigley Field, aquí hay asientos con vista obstruida por culpa de las columnas (con tickets más baratos) y cuenta con mayor capacidad en los juegos nocturnos que en los diurnos, dado que por el día hay que colocar una lona negra en los asientos que están justo enfrente del bateador para que no pierda visibilidad por el sol. Todos los asientos de Fenway Park son verdes, salvo uno situado a 153 metros a donde fue parar una bola que cayó en la cabeza de un espectador en un partido de 1946. El hombre, indignado, protestó y preguntó a viva voz a que distancia se tendría uno que poner para estar a salvo de los golpes de una bola perdida. Desde entonces aquel asiento en rojo marca la distancia mínima recomendada para los que no quieren sustos innecesarios. Son algunas de las características de este templo. Pero hay más. En la pared izquierda se encuentra el llamado ‘Green monster’, un muro pintado de verde mucho más cerca de la pista de lo normal y que favorece a los bateadores diestros.

La rivalidad entre los Boston Red Sox y los New York Yankees es una de las más feroces del deporte estadounidense. La rivalidad se inicia en 1919 cuando los Red Sox traspasan a Babe Ruth a los Yankees en el que está considerado la peor decisión tomada en el mundo del béisbol. Nacía entonces ‘La maldición del Bambino’. Los Red Sox habían ganado tres títulos seguidos hasta la venta de Ruth y a partir de entonces encadenaron 86 años de sinsabores hasta que lograron las Series Mundiales en 2004. Una vez roto el maleficio han conseguido tres títulos más coronándose como el mejor club de lo que va de siglo XXI.

Red Sox requieren mascarillas en áreas interiores de Fenway Park –  Telemundo Nueva Inglaterra
Fenway Park

1. LOS ANGELES MEMORIAL COLISEUM (fútbol americano): Al igual que el Rose Bowl, el Los Ángeles Memorial Coliseum también es patrimonio nacional de Estados Unidos. Fueron construidos en la misma época, pero mientras el Rose Bowl se instaló en Pasadena, al norte de la ciudad, el Memorial Coliseum fue proyectado al sur, dentro del casco urbano de Los Ángeles. Apodado ‘The Grand Old Lady’ será el único estadio de la historia en albergar tres Juegos Olímpicos cuando sea sede de la edición de 2028 al igual que antes lo había sido en las de 1932 y 1984. Allí entraban 15.000 espectadores cuando fue inaugurado en 1923, aunque para los primeros Juegos Olímpicos la cifra ya se elevó a 100.000 almas. Hoy 78.000 espectadores siguen desde el coliseo los partidos de fútbol americano de los Trojans de la USC, al igual que fue sede durante muchos años de los encuentros de Los Ángeles Rams de la NFL, de la primera Super Bowl de la historia en 1967 y de numerosas finales de la Liga de Campeones de fútbol de la Concacaf.

La característica más llamativa es un arco en la entrada de la que cuelga el pebetero olímpico. Allí lleva desde 1932 y en 1984 se le añadieron un par de estatuas, una femenina y otra masculina, que representan a los atletas olímpicos. La configuración en forma de cuenco fue imitada del cercano Rose Bowl, aunque sin tanta profundidad. El Memorial Coliseum debe su nombre a que en su primigenie fue proyectado como un monumento a los caídos en la I Guerra Mundial. Pocos podrían pensar que en 2019 habría allí el palco de prensa más grande del país, asientos retráctiles o pasillos cubiertos con pantallas LED para ver lo que pasa a ras de césped.

Los Angeles Memorial Coliseum to Celebrate Centennial Anniversary in 2023 –  SportsTravel
LA Memorial Coliseum

BONUS: YANKEE STADIUM (béisbol): Cabe hacer una mención especial a uno de esos estadios desaparecidos pero que deben estar presentes en nuestras oraciones. El campo más icónico de Estados Unidos. Babe Ruth, aquel chico que marchó de Boston rumbo a Nueva York, se convertiría en un mito en la Gran Manzana. ‘La casa que Babe Ruth construyó’. Así era conocido el Yankee Stadium, el recinto inaugurado en 1923 para poder dar cabida a los miles y miles de hinchas que querían ver a Ruth. Ubicado en el barrio de Bronx, en la catedral del béisbol cabían 58.000 personas, aunque hubo épocas en las que hasta 80.000 personas se agolpaban en el recinto, una cantidad monstruosa para un estadio de béisbol. En 2009 se tiró el estadio y se construyó uno en una parcela adyacente. Pero no es lo mismo. Los Yankees son el Real Madrid del béisbol y Babe Ruth su Alfredo di Stéfano. Entre 1923 y la demolición de 2009 ganaron 27 títulos. Desde entonces, desde que están en su nueva casa, no saben lo que es el triunfo.

The Ballparks: Yankee Stadium (1923-2008)—This Great Game
Yankee Stadium

Otras historias relacionadas

Templos del futbol (primera parte: introducción)

Templos del fútbol (segunda parte: estadios de la antigüedad)

Templos del fútbol (tercera parte: estadios de la actualidad)

Templos del fútbol (cuarta parte: Wembley y Maracaná)

Leer más

¿Por qué los Dodgers no son el Madrid ni Messi es Lebron James?

Es relativamente habitual que cuando un licenciado estadounidense acabe su carrera cruce el charco y haga una tournée por Europa. Algunos visitan Londres, muchos Roma y todos Paris. Hablamos de gente de cierto nivel intelectual, cultural e incluso económico. Gente que admira el estado de bienestar europeo y ese gusto por trabajar por vivir y no el vivir por el trabajar tan propio de Estados Unidos. Ven Europa con ojos románticos, como una suerte de club de países pequeños con PIB extraordinarios. Un paraíso para disfrutar de una jubilación que se antoja de las más longevas y satisfactorias del planeta.

Y, sin embargo, todos esos jóvenes bien alimentados y bien educados que critican la venta de armas en Estados Unidos y admiran los hospitales públicos europeos, se echan las manos a la cabeza cuando ven que nadie tiene secadora.

Algo propio del tercer mundo.

El 90% de los habitantes de Estados Unidos tienen secadora. Así como casas más grandes, armas en el salón y multitud de problemas cardiacos. Dicen que eso sucede porque el alcohol protege de los problemas de corazón y como los europeos están siempre borrachos bebiendo vino en las comidas…Que un norteamericano tenga una secadora no es una cuestión geográfica, sino cultural. Tanto la tiene el habitante invernal de Wisconsin como el del verano perpetuo de Florida. Tender la ropa al viento es de pobres. Antiguamente era cosa de negros. Los blancos, los blancos más humildes y de casas húmedas del interior de Chicago, tendían la ropa al lado de la caldera. Desde que en los 50 la secadora se hizo accesible y popular a nadie, independientemente de su nivel de renta, se le ocurriría tender la ropa al viento.

En Europa no es así. La ratio de ventas de secadoras es de 1/9 en relación a la de las lavadoras. Sólo en las grandes ciudades, en pisos de metros cuadrados escasos, se le ocurre a alguien montar una secadora. Y no es una cuestión geográfica. Puede que en el sur de Europa el sol abunde, pero de los Pirineos para arriba el astro rey suele desaparecer con prontitud. La construcción de patios de luces, los recovecos de un ático o un sencillo sótano o trastero son válidos para tender la ropa. Incluso se puede colgar al aire libre en pleno invierno. En Manchester o en Oslo a las camisetas se les da la vuelta en el radiador como de un filete se tratase. Es, simplemente, una cuestión cultural. Incluso medioambiental en las zonas más progres del Viejo Continente.

Aunque a menudo Occidente se considera como un todo, la evolución histórica, geográfica y sociopolítica de sus diferentes lugares ha dado lugar a notables diferencias culturales. La amplia extensión de ambos mundos hace que cada región tenga sus particularidades. Con todo, la cohesión de Estados Unidos como única nación hace más fácil la homogeneidad que en Europa. Así un irlandés o un polaco tiende a parecerse más al prototipo americano que a buena parte de los europeos. Peso a lo cual, las secadoras escasean tanto en Dublín como en Varsovia.

Ahorro energía secar ropa: Ropa limpia, seca y verde | Sociedad | EL PAÍS
Secado Made in Europe

Escasean las secadoras al igual que las distancias y el tiempo permanecen en dimensiones distintas. Si una iglesia del siglo XIX es moderna para un europeo es antigua para un estadounidense. Si una ciudad está de la playa a unos 100 kilómetros es lejos para un europeo, pero cerca para un estadounidense. Lo haremos en un coche manual y pequeño, frente a los automáticos y grandes de un norteamericano, los cuales no tendrán problema para aparcar en los parkings gigantes que abundan por Estados Unidos. Nuestra semana empieza el lunes, mes y año. La de ellos es mes, domingo y año. Sus colegios son de pago y nadie tiene la obligatoriedad de aprender otro idioma, cuando aquí en el sistema público chapurreas, al menos, tres hablas. Nuestras calles están llenas de historia y las suyas de números, al igual que sus nombres de pila suelen ser también apellidos y sus políticos han de servir en el ejército antes de dar el salto a la política.

Y el deporte. En Europa la historia deportiva se ha cimentado sobre el fútbol. A su alrededor pivotan multitud de disciplinas, pero ninguna de ellas forma parte del tronco central del deporte estadounidense. Tan solo el baloncesto ha conseguido penetrar en el acervo colectivo de ambos continentes. Pero fútbol americano, béisbol y hockey sobre hielo son elementos extraños para el común de los europeos.

Empero, no es la diferencia de gustos lo que separa a europeos y a estadounidenses. La diferencia radica en la forma de concebir que es el deporte. Podemos identificar hasta tres diferencias fundamentales en torno a dicha concepción: a) aficionados; b) sistema de competición; c) objetivos de los clubes.

A) Aficionados:

En Europa las simpatías tienen una dimensión cultural y geográfica. De lo local a lo nacional y de lo nacional a lo internacional. El conglomerado de ligas regionales, nacionales y europeas certifica y pone en valor los sentimientos de cada forofo. Esta distinción es irreal para un estadounidense. Para ellos el campeón de la NFL, la NBA, o la NHL o la MLB es el campeón del mundo. Solo los Juegos Olímpicos son considerados para los estadounidenses un verdadero test internacional en el que enarbolar la bandera nacional.

La densidad de población de Europa Occidental es enorme lo que unido a un número considerable de países hace fácil el desplazamiento de aficionados para ver a su equipo. Esto convierte un partido fuera de casa en una aventura y crea una identidad cultural social entre los aficionados y su equipo. La inmensidad de Estados Unidos (donde caben hasta 18 Francias) limita al televisor el seguimiento del deporte, por lo que hace poco permeable la identificación con los colores.

B) Sistema de competición:

El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. Al otro lado del Atlántico toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio en el que los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe está diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, Quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

C) Objetivos de los clubes:

El objetivo de cualquier club es lograr el éxito. En Europa existe un sistema de ascensos y descensos en el que los fondos económicos se distribuyen en función de la categoría y de forma solidaria entre clubes a través de entes nacionales e internacionales. Trepar en el escalafón, sea como sea, es el objetivo para lograr el éxito deportivo. En Estados Unidos un club es una franquicia, donde un propietario, a través de su dinero, mantiene a su equipo en una liga independientemente de sus resultados deportivos. Todo se basa en la solvencia y en el crecimiento económico, y solo a través de la financiación correcta se puede alcanzar el objetivo deportivo.

Este sistema repercute directamente en los deportistas. En Europa sus sueldos dependen de las vicisitudes de su equipo y son altamente variables. En Estados Unidos dependen de sus méritos deportivos y son intocables tanto a la baja como al alza hasta que vencen sus compromisos contractuales.

Esto lleva directamente a una forma frontalmente distinta de entender la captación del talento.

▷ TOP 21 Deportes Universitarios de USA | Descúbrelos (2022)
Fiesta universitaria

— ¿POR QUE LOS DODGERS NO SON EL MADRID NI MESSI ES LEBRON? —

Pocos conocerán a Randy Livingston. Normal. En doce años de carrera profesional jugó en infinidad de equipos. Concretamente en catorce equipos. En alguno de ellos de manera testimonial. Fueron dos los partidos que jugó con los Golden State Warriors y cinco en los que defendió la camiseta de los Chicago Bulls. En los Idaho Stampede de la liga de desarrollo de la NBA llegó a militar en cinco diferentes ocasiones en un espacio de ocho años. Y sin embargo Randy Livingston es un jugador de baloncesto venerado allí donde nació.

Porque en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, Randy Livingston es una leyenda viva. Asistió al instituto Newman de su ciudad natal con cuyo equipo de baloncesto logró el título de mejor jugador de secundaria de Estados Unidos en 1992 y 1993. Después logró una beca deportiva que le permitía ir a cualquier universidad del país. Decidió quedarse en casa y estudiar en la LSU, la Universidad Estatal de Louisiana. Que luego una lesión de rodilla cerciorase su carrera fue del todo inoperante. Randy Livingston es un icono de su comunidad.

Historia parecida es la de Herschel Walker. Nacido en Wrightswille, en el estado de Georgia, Walker compitió en el instituto de su pequeño pueblo donde logró la hazaña de guiar a su colegio a ganar el campeonato estatal de secundaria de fútbol americano en 1979. Al igual que Livingston, Herschel Walker decidió quedarse en casa y apostar por la Universidad de Georgia, donde también fue elegido mejor jugador del país y en 1981 ganó el campeonato universitario de Estados Unidos. Pero a diferencia de Livingston, Walker tuvo una carrera profesional fructífera que le llevó de Nueva Jersey a Dallas y de Dallas a Minneapolis, aunque jamás alcanzó los éxitos que logró como amateur en Georgia. Hoy Walker lucha por ser senador republicano por su Georgia natal.

Viajemos a Europa. Zlatan Ibrahimovic nació en Malmö, la ciudad más meridional de Suecia. De padre bosnio y madre croata, apenas jugó 40 partidos con el club sueco antes de firmar por el Ajax de Ámsterdam. Ahí inició una carrera antológica que le ha llevado a anotar más de 500 goles y a ganar títulos con algunos de los clubes más importantes del mundo, caso del FC Barcelona, el Manchester United, el PSG o las tres grandes escuadras italianas (Inter, Milan y Juve). Ibra es un dios del fútbol. Su carrera profesional es infinitamente superior a la de Walker o Livingston. Pero Ibra no es un dios en Suecia. Nunca ha tenido una actuación relevante con su selección. Es más. Ha renunciado sistemáticamente a defender la camiseta nacional y ha solicitado regresar cuando le ha convenido. Ni siquiera en Malmö es un ídolo. A la estatua de Ibrahimovic que daba la bienvenida a la ciudad de Malmö le fue amputada la nariz y fue tirada al suelo cuando Zlatan decidió entrar en el accionariado del Hammarby IF, club de Estocolmo y tradicional rival del equipo de Malmö. No, definitivamente Ibrahimovic no es un referente para su comunidad.

En Estados Unidos no existen las subvenciones estatales deportivas. Tan solo aportes económicos de la administración local. La economía del país obedece a la ley de la oferta y la demanda, y así funciona su sistema deportivo. Son los colegios los que tratan de captar talento en función de la disciplina, la productividad, el trabajo y el control. No se busca el modelo europeo de ‘fair play’ sino el modelo de excelencia. Ganar por encima de todo. A través de donaciones, publicidad y eventos financian los colegios su estructura académica. Del colegio se pasa al instituto (high school), donde se crea un vínculo con la sociedad. Esos deportistas llevan el nombre del instituto a lo largo del estado (o del país) y dan notoriedad a los mecenas que han llevado a esa institución al éxito.

Esos deportistas son captados por universidades que ofrecen becas deportivas para completar unos estudios que son prohibitivos para buena parte de los estadounidenses. A cambio, la universidad podrá obtener ingentes beneficios gracias a los ingresos televisivos, venta de mercadotecnia o control de derechos de imagen. Hay que tener en cuenta que los partidos universitarios reúnen a miles de espectadores en directo y a millones por televisión. Un entrenador universitario de fútbol americano o de baloncesto gana más dinero que el rector de la universidad.

Los más exitosos de estos atletas pasarán a la rueda del deporte profesional, mientras que la mayoría de ellos acabarán sus licenciaturas y entrarán en el mercado de trabajo. Suceda lo que suceda habrán formado parte de una comunidad. Quizás Michael Jordan sea el deportista más grande de todos los tiempos. Y lo es por sus hazañas con los Chicago Bulls, pero Jordan lo que es, es un ‘Tar Heel’ de la universidad de Carolina del Norte. Allí se formó como persona y como deportista. Fue allí donde decidió vivir una vez retirado y fue allí donde decidió invertir millones de dólares para comprar una franquicia de la NBA y no en el Chicago donde se convirtió en el hombre más famoso del mundo.

No sucede lo mismo en Europa. Aquí el deporte es diversión y formación. Está tutelado por los entes públicos, los cuales construyen los recintos deportivos. La idea es crear buenos hábitos, fomentar el compañerismo y desarrollar las capacidades psicomotrices de los niños. Salvo casos extraordinarios, solo cuando el niño se convierte en adolescente se empieza a pensar en su carrera profesional como deportista.

Y aquí estriba la gran diferencia. Ibrahimovic no jugó para un instituto ni para una universidad. Fue captado por un club privado quien lo formó en sus categorías inferiores y lo convirtió en profesional cuando consideró que estuvo preparado. No existió red de seguridad. Tuvo que escoger entre estudiar o dedicarse al fútbol. En Europa nadie es recordado por los goles que metió en la universidad. Simplemente porque esa opción no existe para el deportista de élite. Tomas el control de tu vida joven, seguramente excesivamente joven, y a cambio eres libre de decidir donde y para quien jugar. Quizás construyas un vínculo con una ciudad y su club de fútbol, pero lo normal es que no eches raíces ni edifiques vínculos e intentes labrarte una carrera de éxito por ti mismo sin tener en cuenta a tu comunidad.

Herschel Walker says he's been transparent about past violence - has he?
Herschel Walker

Lionel Messi nació en la ciudad argentina de Rosario y se formó en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Allí estuvo hasta los doce años, por lo que pocos tienen recuerdo de él. Es así porque las categorías inferiores fuera de Estados Unidos son objeto de divertimiento y recuerdo y solo en épocas recientes los datos y las estadísticas han tenido una razón de ser. Es el salto al profesionalismo lo que marca la diferencia en Europa. Es así que Messi se convirtió en profesional con el FC Barcelona a los 16 años. Es en Barcelona donde ha cosechado sus éxitos por todos conocidos y es en la Ciudad Condal donde se ha convertido en una figura imperecedera que traspasa los límites del deporte. Messi es argentino de corazón y de sentimiento y anhela ganar el Mundial con su país para sentirse querido y reconocido por los que lo vieron nacer. Pero por mucho que quiera y por mucho que lo desee Messi jamás será rosarino. Nunca será Maradona. Messi ha sido criado, modelado y tutelado por Can Barça. Messi es patrimonio catalán, a pesar de que nunca ha hablado catalán.

Lebron James nació en un barrio marginal de Akron, suburbio al sur de Cleveland. Estudió en el instituto católico de Saint Vicent y Saint Mary donde sus estadísticas fueron contabilizadas al milímetro y se convirtió en campeón nacional y mejor jugador del país. Declinó declinar formarse en una universidad y dio el salto al profesionalismo a través de los Cleveland Cavaliers. De inmediato se convirtió en el hombre del momento, aunque tuvo que marcharse a Miami para ganar su primer anillo de la NBA. En aquel instante se convirtió en un Judas, pero con el tiempo regresó a Cleveland para hacer campeones por vez primera a los Cavaliers. Hoy Lebron James es una de las pocas figuras deportivas que pueden hacer sombra a Leo Messi a nivel global, pero su impacto a nivel local es inimaginable para el bueno de Leo. Ha construido escuelas, orfanatos o museos en su ciudad natal y, sobre todo, se ha convertido en ejemplo y referente para la comunidad de Akron y de Cleveland, a la que siempre hace referencia en cada una de sus intervenciones públicas.

Al igual que en el caso de Lebron, es habitual que el deportista estadounidense devuelva parte de lo que le fue otorgado por su comunidad. Obviamente el sistema de bienestar europeo hace impensable que sea un mecenas quien tenga que construir una residencia de ancianos o una biblioteca. No solo eso. La existencia de un mecenas es criticable por cierta parte de la sociedad. La necesidad del mecenas en Estados Unidos es reflejo de un sistema social y económico opuesto. Pero en el caso que nos ocupa, la figura del mecenas deportista en Europa es difícil de ver debido a esa inexistencia de vínculos primigenios con la comunidad formativa.

🥇 [2022] *Lebron James: 5 enormes donaciones caritativas
Lebron King Caridad

El Real Madrid fue fundado en 1902. Camino de los 125 años de historia posee el palmarés más exitoso del fútbol mundial y en sus filas han militado alguno de los jugadores más famosos de todos los tiempos. Pero el Real Madrid podría estar un siglo sin ganar título alguno y su fama se mantendría inquebrantable. Su estadio es un museo en movimiento que se mantiene en el corazón de la ciudad desde tiempos pasados y su escudo y su camiseta apenas han sufrido pequeños cambios inapreciables para el aficionado medio. El club, aun profesionalizado y convertido en una empresa multinacional, sigue siendo propiedad de unos socios que con sus críticas y reproches pueden hacer cambiar el devenir de la entidad de una semana para otra. El Real Madrid es un club global, español, pero, sobre todo, es un club madrileño. No se entiende la ciudad de Madrid sin su Real.

Los Ángeles Dodgers son junto a los Yankees de Nueva York el club de béisbol más valioso del mundo. Son el buque insignia de una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y un área metropolitana de 20 millones. Han ganado siete veces las Series Mundiales y su estadio es el de mayor capacidad del país. Pero los Dodgers no son de Los Ángeles. No lo son porque no son un club, son una franquicia. Los Dodgers nacieron en 1883 en la otra punta del país, concretamente en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Allí estuvieron hasta 1957, cuando el propietario decidió trasladar al equipo a California. Por el camino hay títulos en Brooklyn como en Los Ángeles, al igual que los Lakers de la NBA poseen entorchados en Minneapolis como en Los Ángeles. Nadie duda que los Dodgers son el equipo de L.A, pero ni su historia ni si cultura ni, quizás, su futuro, están en la ciudad que vio nacer a Hollywood.

La emoción es una pauta filogénicamente aprendida que se desencadena por un suceso intenso. La pertenencia, la identidad y la identificación con unos valores agravan ese sentimiento. En Europa ser de un club de fútbol es sinónimo de ser habitante de esa ciudad. Las rivalidades entre clubes crean resentimientos entre ciudades, aunque los odios solo ocupen el plano deportivo. Pertenecer a un equipo de fútbol es pertenecer a una secta religiosa con tradiciones centenarias. Implica formar parte de una tradición y un legado en el que por lo general el árbol genealógico ha tomado parte.

Descubre las peñas del Real Madrid | Real Madrid C.F.
De padres a hijos

“En Estados Unidos todo el mundo es de la opinión de que no tiene superiores sociales, ya que todos los hombres son iguales, pero no admitir que tiene inferiores sociales, ya que la doctrina de que todos los hombres son iguales sólo se aplica hacia arriba, y no hacia abajo”. Bertrand Russell.

“El ejemplo de Estados Unidos es absurdo. Si Estados Unidos estuviese en el centro de Europa no resistiría ni dos años la presión del resto de las monarquías”. Napoleón Bonaparte.

Otras reflexiones sobre el deporte

Los límites del ser humano (sobre los récords cometidos y los que están por venir)

La dignidad colectiva y el deportista dominante (¿por qué nos gusta Rafa Nadal?)

Fútbol postnacional (identidad, cultura y fútbol)

¿El deportista nace o se hace? (genes, trabajo y una pizca de suerte)

Expresiones del lenguaje deportivo (el vocabulario del deporte que llega a nuestro día a día)

La ambición de Europa (una historia sobre la expansión del deporte del Viejo Continente)

¡Daría la vida por mi equipo! (sudacas, negros, gabachos y moros pero todos visten mis colores)

Leer más

Alguien todavía más fuerte que evite pelear

La reunión fue corta. Rickey no tenía ninguna duda de la valía de Robinson como jugador. Sabía que el béisbol seguía siendo un deporte de blancos jugado por blancos, pero la II Guerra Mundial había terminado y el mundo había cambiado. Muchas plantillas habían perdido hombres y, la sociedad, aunque a paso de tortuga, iba abriendo nuevos horizontes. Un buen lugar para buscar nuevos jugadores era acudir a la Negro League, donde abundaban los beisbolistas de calidad. El caso era atreverse a dar el paso.

Branch Rickey era el dueño de los Dodgers de Brooklyn. Antes en el corazón de Nueva York y desde 1958 en Los Ángeles, los Dodgers son uno de los transatlánticos de la Major League Baseball (MLB). Aquel hombre camino de la vejez, siempre ataviado con una pajarita y sus eternas gafas redondas, había concertado una cita con un joven de los Kansas Monarchs que destacaba en la liga para negros.

El chico en cuestión se llamaba Jackie Robinson.

Rickey fue claro. Le explicó a Robinson que le insultarían, quizás hasta le pegarían. Cada vez que jugase un partido el público intentaría acobardarle. Los rivales le provocarían y alguno de sus compañeros ni siquiera le dirigiría la palabra. Tras su primer error la prensa se abalanzaría sobre él y su familia tendría que convivir con ese infierno. Robinson, por entonces de 26 años y una estrella del béisbol negro, no entendía lo que aquel hombre quería de él. No hablaron de béisbol. Ni le preguntaron por su promedio de bateo de 34,9 ni por sus 40 bases robadas en una temporada. Robinson no entendía nada y se limitó a contestar:

“Usted necesita un jugador fuerte que pueda pelear”.

A lo que Rickey contestó:

“No. Lo que necesito es alguien todavía más fuerte que evite pelear”.

Robinson asintió con la cabeza y apretó la mano de Rickey. Jackie Robinson iba a ser jugador de los Brooklyn Dodgers. Iba a ser el primer negro en jugar en la MLB.

El acuerdo existía, pero la MLB tendría que aprobarlo. Racista empedernido, Kenasaw Landis era el mandamás de la competición y llevaba años fomentando la segregación. Pero quiso el destino que falleciese de un ataque al corazón en 1944. Su sucesor, un tal Albert Chandler, consiguió convencer al resto de los equipos y al resto de los negacionistas para hacer realidad el acuerdo. Era 1946.

Jackie Robinson and Branch Rickey: Together in history | Newsday
Robinson (i) y Rickey (d)

Nacido en 1919, Jackie Robinson había sido criado por su madre después de que su padre abandonase a la familia antes de que cumpliese su primer año. Uno de sus hermanos mayores había ganado la medalla de plata en los 200 metros lisos en los JJ.OO de Berlín por detrás del aclamado Jesse Owens. A Jackie le gustaba el fútbol americano, pero se decantó por el béisbol en sus ratos libres en el ejército tras ser alistado meses después del ataque japonés en Pearl Harbor. Se licenció con honores, a pesar de ser arrestado por negarse a dejar su asiento a un soldado blanco en un convoy militar.

Esa mentalidad y ese compromiso era lo que el dueño de los Dodgers buscaba en Robinson. El 15 de abril de 1947 Jackie Robinson debutaba como jugador profesional en un duelo entre Brooklyn y Boston. Una nueva barrera racial se resquebrajaba en Estados Unidos.

Por muy miembro de los Dodgers que fuera, Jackie tuvo que hacer frente a situaciones humillantes. En sus primeros desplazamientos con el equipo tenía que alojarse en la casa de algún afroamericano mientras sus compañeros disfrutaban de las comodidades de un hotel. Al principio se trasladaba con su mujer, pero los insultos y los gritos desde las gradas hicieron que su esposa dejase pronto los viajes. Se suspendieron entrenamientos con la excusa de incumplir una ley que impedía la actividad física conjunta entre negros y blancos. Una vez un periodista preguntó qué haría cuando los pitchers le tirasen las bolas a la cara, a lo que Robinson contestó “agacharme y esquivarla, como haríais vosotros”.

Alguien todavía más fuerte que evite pelear.

No fue un año sencillo. Pese a que venía del equipo filial (le obligaron a pasar meses allí antes de ir al primer equipo), para Robinson la llegada a Brooklyn suponía partir de cero. Además, su bienvenida fue una carta firmada por varios compañeros en la que expresaban su negativa a jugar con él y que trasladaron en persona al presidente Rickey. La situación se solucionó tras una reunión entre Rickey, los técnicos y los jugadores. El dueño les recordó a algunos de ellos su origen extranjero y les hizo recapacitar sobre la irracionalidad de su petición. Pero la rebelión fue sofocada por Leo Durocher, técnico de los Dodgers, con una cita que ha quedado para el recuerdo:

“No me importa si este tío es amarillo o negro o si tiene rayas como una puta cebra. Soy entrenador de este equipo y os digo que va a jugar. Es más. Os digo que nos va a hacer ricos a todos”. La frase está en el ideario deportivo de Estados Unidos junto a la de Wee Reese, compañero de Robinson, que meses después dejó otra cita antológica: “Se puede odiar a un hombre por muchas razones, pero el color de la piel no es una de ellas”.

Su estoicismo le hizo triunfar. No más que su forma de jugar. Fue elegido novato del año fundamentalmente por su capacidad para robar bases y sembrar de dudas al lanzador rival. Sangrantes eran sus viajes a Pittsburgh o Cincinatti, donde incluso jugadores rivales se negaban a disputar el encuentro si Robinson era de la partida. Sonada fue la actitud del entrenador de Philadelphia que se pasaba todo el partido insultando a Robinson desde la banda en vez de dar consignas a su plantilla. En Philadelphia los Dodgers tuvieron que cambiar el hotel al que llevaban décadas acudiendo cuando se desplazaban a la ciudad del amor fraterno, porque lo que Robinson recibía en el hall del local era de todo menos afecto.

Los años pasaron y si bien en Brooklyn fue poco a poco aceptado, cada vez que Jackie Robinson viajaba a alguna ciudad como visitante tenía que soportar lo indecible. Algunos le escupían en los pies, otros le lanzaban las bolas deliberadamente al cuerpo y, sobretodo, le insultaban una y otra vez. Robinson aguantó con estoicidad, mostrándose fuerte para evitar la pelea, tal y como le había prometido a Rickey. Jamás contestó o agredió a un rival en las diez temporadas que estuvo compitiendo en la MLB.

Jackie Robinson. Mejores Jugadores de la Historia | Pitcheos Salvajes
Evitando la pelea

Jackie Robinson derrumbó una puerta que en la actualidad ha sido demolida no sólo por los negros, sino por una amplía comunidad hispana que hoy representa el 30% de los jugadores de la MLB. Jackie Robinson aguantó humillaciones varias y, aun así, además de novato del año, fue seis veces elegido para el ‘All-Star’, en una ocasión MVP del campeonato y ayudó a los Dodgers a alzarse con el título de las Series Mundiales de la MLB en 1958.

Jackie Robinson murió en 1972, a los 53 años de edad. Desde el año 2004 todos los 15 de abril, el día que debutó, se celebra el ‘Jackie Robinson’s Day’ una conmemoración en la que se recuerda la fecha en la que el béisbol se convirtió fehacientemente en el deporte nacional. La trascendencia del primer afroamericano que jugó en la MLB es tal que todos y cada uno de los equipos del país tienen retirado su camiseta con el número 42.     

Otras historias sobre el ‘American Dream’

Jim Thorpe (el indio americano elegido como mejor deportista de la primera mitad del siglo XX)

Kobe Bryant (odio y redención del icono baloncestístico de nuestro tiempo en dos partes)

Vida y obra de Dennis Rodman (en dos partes la leyenda de un hombre atormentado)

Steve Prefontaine (el primer ídolo de Nike que nos dejó antes de tiempo)

Black Power (John Carlos y Tommie Smith en México 68)

La maldición del Descalzo Jackson (apuestas, alcohol, béisbol y mafia)

Bill Tilden (sexo, Hollywood y tenis en los años 20)

Bill Bradley: el hombre perfecto (estudiante modélico, estrella del baloncesto y senador de Estados Unidos)

Nadie anima a Goliat (la gigantesca vida de Wilt Chamberlain en dos mitades)

Leer más

La maldición del Descalzo Jackson

El béisbol es la madre de los deportes estadounidenses. Para los que poco sabemos de gorras caladas y camisetas que parecen pijamas, retumban en nuestros oídos los nombres de los New York Yankees, los Red Sox de Boston o los Cubs de Chicago. En ésta última ciudad existe otro conjunto mucho menos conocido llamado Chicago White Sox. Los medias blancas (white sox) ganaron las Series Mundiales (la final) de la MLB en 1906 y 1917 y no conseguirían su tercer y, hasta la fecha, último triunfo hasta el año 2005. Cerca de un siglo de sequía achacado a un solo hombre, un tal Joseph Jefferson Jackson, bautizado por todos como ‘Shoeless’ Joe, o lo que es lo mismo, ‘Descalzo Joe’. Y éste individuo se hizo célebre hace algo más de cien años al ser el protagonista de un escándalo conocido como ‘La maldición del Descalzo Jackson’.

Justo al acabar la I Guerra Mundial el dinero y la corrupción corrían a espuertas por la ciudad de Chicago. Había diversas familias que controlaban la prostitución, el contrabando de bebidas y el tráfico de apuestas deportivas en todas las grandes ciudades del país, pero Chicago se llevaba la palma. El capo emblemático por excelencia es Al Capone, el cual prosperó gracias al alcohol, pero el mandamás en asuntos de estafas deportivas era el jefe del clan judío de Nueva York, un tal Arnold Rothstein.

Mobster & Gambler - "Mr. Big" Arnold Rothstein - YouTube
Rothstein. Murió a los 46 de un tiro en la cabeza

En 1919 los Chicago White Sox se iban a enfrentar a los Cincinnati Reds por el título de las Series Mundiales. Los de Chicago eran claros favoritos, y no solo porque dos campañas atrás habían ganado el título, sino porque en la temporada regular habían pasado por encima de todos sus rivales. Pero entre los jugadores de los White Sox estaba un tal Chick Gandil que era un ludópata empedernido. Estaba enfangado en deudas y se lo ocurrió dejarse perder el partido y apostar en contra de su equipo para obtener una gran ganancia.

No se sabe bien como, pero el caso es que la propuesta llegó a oídos de Rothstein que vio abrirse el cielo bajo sus pies. Por entonces los jugadores profesionales estaban muy mal pagados, ya que los beneficios de taquilla iban casi en la totalidad para la cuenta de los directivos. Por si fuera poco, el presidente de los White Sox incumplía los contratos que firmaba y sisaba buena parte del sueldo de sus jugadores, ya que muchos de ellos eran poco más que analfabetos. Los otros, aquellos con más cultura, callaban, por lo que había dos bandos enfrentados, una plantilla mal pagada y un odio visceral hacia la directiva. El caldo de cultivo perfecto.

Rothstein prometió 10.000 dólares por barba, cuando el mejor pagado de la plantilla alcanzaba los 6.000 anuales. Cobrarían la mitad de lo estipulado antes de la final y recibirían el resto una vez acabase la misma. Gandil reclutó a ocho compañeros, piezas menores, pero sobretodo reclutó a ‘Descalzo Jackson’, la estrella del equipo.

Joe Jackson era pobre de cuna y solo aprendió las cuatro reglas básicas a edad adulta. Le pusieron el apodo de ‘Descalzo Jackson’ porque en uno de sus primeros partidos decidió jugar sin botas porque éstas le hacían ampollas en los pies. Pronto se convirtió en el mejor bateador de Estados Unidos y, de hecho, su promedio en su año de novato fue del 40% de acierto, porcentaje aún hoy no superado.

Así, con ‘Descalzo Jackson’ en el ajo comenzaron las Series Mundiales al mejor de nueve partidos. Al poco de iniciarse el primer encuentro un lanzador de los White Sox arrojó la bola deliberadamente al cuerpo del bateador. Era la señal acordada con Rothstein para saber que el amaño había sido aceptado. Los White Sox perdieron los dos primeros partidos tras una serie de errores grotescos.

Por entonces los aficionados de los White Sox ya se barruntaban que algo extraño estaba sucediendo. La prensa comenzó a indagar y a hacer preguntas sospechosas y ‘Descalzo Jackson’ entabló a albergar remordimientos. Las casas de apuestas ya habían experimentado una extraña tendencia a favor de Cincinatti antes de comenzar la serie, pero tras el 0-2 inicial el volumen de apuestas se tornó en descontrolado.

Chicago ganó el tercero con cierta suficiencia en una muestra clara de potencial y también de pillería, para perder con contundencia tanto en el cuarto como en el quinto. Cincinatti llevaba una ventaja de 4-1 y con una victoria más se proclamaría campeón de la MLB.

Entonces la conciencia hizo su aparición.

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.” Lucas 5:32.

‘Descalzo Jackson’ sintió que estaba deshonrando a sus padres y a la ciudad de Chicago y quiso devolver su parte del acuerdo. Había tenido una infancia pobre, pero era un hombre honesto y sus escrúpulos no le permitían seguir con el engaño. Según se supo, intentó hasta en dos ocasiones devolver los 5.000 dólares recibidos, pero la mafia no aceptó tal devolución. Más, con dinero o sin dinero, Jackson iba a hacer todo lo posible para que los White Sox remontaran. En el sexto y séptimo la actuación de ‘Descalzo Jackson’ fue primorosa, “la mejor de un jugador desde que existe el béisbol” según las crónicas, pero un solo hombre no podía luchar contra dos equipos.

Chicago perdió la final por un global de 3-5.

Al año siguiente los White Sox estaban a tres partidos de clasificarse para una nueva final, pero justo en ese momento el Gran Jurado de Estados Unidos citó a los protagonistas del supuesto amaño para esclarecer la corrupción en el llamado pasatiempo nacional. El escándalo era de proporciones bíblicas, pero tanto Rothstein como los demás negaron todo lo ocurrido y las pruebas no fueron suficientemente esclarecedoras. Tan sólo un jugador llamado Eddie Cicotte y ‘Descalzo Jackson’ admitieron haber recibido un soborno por dejarse perder. Fue inútil. La mafia hizo su trabajo y sospechosamente se perdieron documentos y desaparecieron un par de testigos claves.

A pesar del fracaso del juicio, el presidente de los White Sox y las autoridades de la MLB tomaron cartas en el asunto. Los jugadores implicados fueron expulsados de perpetuidad de las ligas profesionales estadounidenses y se les retiró de todos los libros de récords, como si nunca hubiesen existido. El suceso fue conocido como el escándalo de los Black Sox, en un juego de palabras, y para los rivales las medias blancas de Chicago han quedado para la posteridad como las medias negras.

Con todo, de los ocho culpables sólo la leyenda de ‘Descalzo Jackson’ ha sobrevivido al escándalo y a la memoria. Su nombre quedó en perpetuidad como el símbolo del ángel caído. Un judas que aceptó el dinero, pero que, luego, arrepentido, intentó devolver sus 30 monedas de plata. No lo consiguió, no obstante quiso demostrar que se fe estaba fuera de todas dudas jugando un par de partidos maravillosos en los que logró un récord de bateos que se mantuvo en pie durante 45 años.

Cuentan que a la salida de los juzgados un niño con la gorra de los White Sox se acercó a ‘Descalzo Jackson’ y le gritó; “Joe, dinos que no lo hiciste”. ¡Di que no es así, Joe! («Say it ain’t so, Joe!») Aquella suplica de desesperación y el silencio y la mirada perdida de Jackson aun retumba hoy en la memoria de los aficionados de los White Sox. Su amargo recuerdo perduró durante cerca de un siglo bajo el nombre de ‘la maldición del Descalzo Jackson’.

Cien años más tarde, ‘Descalzo Jackson’ sigue siendo una de las figuras más controvertidas del deporte estadounidense. Hay incontables libros sobre su vida, documentales y, de una forma más o menos explícita, su persona está presente en películas legendarias como ‘El Gran Gatsby’, ‘El Padrino II’, o en series de culto como ‘Boardwalk Empire’. Aún hoy sigue siendo uno de los jugadores de béisbol más queridos y publicitados de todos los tiempos y la leyenda de su maldición solo es comparable en Europa a la de Bela Guttmann y el Benfica.

La confesión del “Descalzo” Jackson
Shoeless Jackson

“Estoy por enfrentarme al más grande bateador de siempre y Él sabe que yo soy inocente”. Joe ‘Descalzo Jackson’ en su lecho de muerte.

Leer más

Jim Thorpe: Un camino iluminado por un gran relámpago

Tras lograr las medallas de oro en las pruebas de decatlón y de pentatlón con unas marcas cósmicas en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912, Jim Thorpe se preparó para recibir sendas distinciones olímpicas de manos del rey Gustavo V de Suecia. El monarca, admirado por unos registros que perdurarían durante casi dos décadas, se acercó a aquel piel roja mientras le daba la presea y le espetó: “Usted, señor, es el atleta más grande del mundo”. En 1912 un rey era un rey, pero a Jim Thorpe pareció no importarle en demasía. Se encogió de hombros y contestó con un lacónico “gracias rey”. Cuando un par de semanas después un desfile de miles de personas recorra la Quinta Avenida de Nueva York y Broadway para honrarle, Jim Thorpe sólo acertará a señalar, sin darle la menor importancia al hecho; “Oí a la gente gritar mi nombre y no podía entender cómo una sola persona podía tener tantos amigos”.

Aquel hombre, a la vez tan admirado y tan sencillo, acabaría sus días en la indigencia y feneciendo en el más absoluto olvido.

Jacobus Franciscus ‘Jim’ Thorpe nació en 1888 en una reserva india del estado de Oklahoma. Su raíces serían motivo de escarnio para Donald Trump. Su padre era hijo de un irlandés y de un piel roja. Su madre era hija de un francés y de un indio potawatomi. Aunque le inculcaron la fe católica, Jim fue obligado a cursar sus estudios en la Carlisle School, un programa escolar creado por el Senado norteamericano para ‘civilizar’ a la nación india y que estuvo en funcionamiento hasta 1918. Allí el niño Thorpe era conocido como ‘Wa-tho-huk’, que podríamos traducir como ‘un camino iluminado por un gran relámpago’.

Y un relámpago es lo que era Jim Thorpe. Pasó su niñez pescando, cazando y cultivando con sus propias manos y cuando llegó a la adolescencia era un fornido chaval capaz de destacar en cualquier deporte. Huérfano de padre y madre antes de llegar a la veintena, probó con éxito en el beisbol y en el fútbol americano, hasta que se decantó por el atletismo. Así, con 24 años, adquirirá la gloria olímpica en Suecia. Y apenas unas semanas después de su fastuoso recibimiento en Nueva York se casará con Iva Millar, su amor de juventud.

Todo marchaba sobre ruedas, pero al poco de comenzar 1913 una investigación periodística descubre que Thorpe había cobrado un sueldo por jugar una liga de verano con un club de béisbol. Por entonces los atletas que acudían a los JJ.OO debían de ser amateurs, con lo que estaba penalizado el cobro de cualquier cantidad económica por hacer deporte. En la práctica la gran mayoría de atletas cobraban, ya fuese falsificando su nombre o bien aceptando un trabajo como mera formalidad con el que poder justificar los ingresos percibidos bajo cuerda. Jim Thorpe, un hombre casi analfabeto, pecó de ignorante y ni supo ni quiso defenderse de tales acusaciones. El Comité Olímpico Internacional le retiró sus medallas y la prensa estadounidense tiro de racismo para enfangar su legado.

Tocado, pero no hundido, Jim decidió dedicarse profesionalmente al fútbol americano y aparcar sus sueños olímpicos. Jugó en los New York Giants donde acumuló honores y grandes sumas de dinero que malgastó en tres matrimonios y múltiples desgracias familiares. Como hombre era un despojo, pero el reconocimiento de sus colegas de profesión permanecía intacto. Sus dos medallas de oro permanecieron recluidas en una caja fuerte en la sede central del COI de Lausana porque Ferdinand Bie y Hugo Wieslander, los segundos clasificados en Estocolmo, se negaron a aceptar aquellas preseas ante el fuerte respeto que sentían hacía Jim Thorpe.

En sus últimos años en los Giants apenas jugará víctima de sus abusos con el alcohol y cuando en 1926 se retire lo hará con una gran cantidad de deudas a sus espaldas. Sin el salvavidas del deporte la vida de Jim se hundirá por completo. Hacía años que su vida personal estaba rota. Desde que su hijo mayor falleciese al poco de nacer, Jim se había convertido en un alcohólico empedernido. Se divorcia de su primera esposa que le acusará de abandono del hogar y se casará en segundas nupcias con una mujer que le dilapidará todo su dinero.

Los pocos ahorros que le quedaban se esfumarán por culpa del crack bursátil de 1929 y a partir de ahí Jim Thorpe tendrá que malvivir para sostener a tres mujeres (reincidirá y volverá a pasar por la vicaría) y a siete hijos. Trabajó como albañil, estibador, portero de discoteca, guardia de seguridad y hasta de indio en varias películas de Hollywood. Pero es inútil. Los trabajos duran poco y el dinero se esfuma día tras día tras la barra de un bar.

Olvidado por el gran público, en 1950 salta la noticia de su hospitalización por culpa de un cáncer. Se descubre que vive con su tercera mujer en una caravana, deambulando de un lado a otro de Estados Unidos y presumiendo de ser un jefe indio. Al año siguiente Burt Lancaster protagonizará ‘Jim Thorpe. All-American’, una película que arrasará en taquilla pero por la que Jim no percibe ningún dólar. En 1931 había sido engatusado por un directivo de la Metro para que le cediera los derechos de su vida para el cine, por lo que no obtuvo beneficio alguno del éxito de la película. Cuando se corre la voz de su desgracia comienza una campaña pública para su socorro y afloran las donaciones públicas para ayudar al bueno de Jim. Recauda el dinero necesario para la operación, tiene un golpe de suerte y logra tumbar al cáncer pero el calor del público se desvanece y Thorpe retoma sus costumbres ebrias. Rodeado de sus siete hijos y de su tercera esposa instala su caravana en California donde, entre golpe y golpe de whisky, fallecerá en 1953 víctima de un ataque cardiaco.

No sería hasta 1982 cuando el COI restituya el honor de Jim Thorpe y Juan Antonio Samaranch haga entrega a sus herederos de las dos medallas de oro que le fueron birladas. Años más tarde, en 1999, serían los Estados Unidos los que devolverían el honor a Thorpe y a los piel rojas al considerarlo el tercer mejor deportista de la historia del país, tan sólo por detrás de Babe Ruth y de Michael Jordan. Pocos se acordaban entonces que ya había sido elegido el mejor deportista americano del primer cuarto de siglo y en 1950 el mejor de la primera mitad de la centuria.

Leer más

Lou Gherig, el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra

El 4 de julio de 1939, el día de la Independencia en Estados Unidos, y una vez confirmada su mortal enfermedad, Lou Gherig tuvo el honor de ser el primer deportista al que le retiraban su camiseta. Su zamarra con el número 4 jamás volvió a manchar una camiseta de los Yankees. Estuvieron presentes todos sus compañeros de equipo, tanto los recientes como los del pasado, y más de 70.000 espectadores. El alcalde de Nueva York y el presidente del club le entregaron sendas placas conmemorativas y, cuando el acto ya acababa, el siempre discreto Gherig cogió por sorpresa el micrófono ante los vítores del público y se dirigió a todos los presentes: “Amigos, las dos últimas semanas han estado leyendo sobre la mala suerte que tengo. Sin embargo, hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra. He jugado en estadios de béisbol durante 17 años y nunca he recibido más que bondad y ánimo (…) ¿Quién no consideraría un brillo de resplandor en su vida haberse puesto por un sólo día esta camiseta? Estoy seguro, soy un afortunado (…) Cuando los Yankees te quieren, eso es ser afortunado. Cuando los niños te recuerdan, eso es ser afortunado. Cuando tienes una suegra maravillosa, eso es ser afortunado. Cuando tienes un padre y una madre que trabajan toda tu vida para que puedas tener una educación, eso es ser afortunado. Cuando tienes una esposa que ha sido una torre de fuerza y ha demostrado más valor del que soñaba que existía, eso es ser afortunado (…) Así que termino diciendo que pude haber dado un mal paso, pero tengo un montón de cosas por las que vivir”.

El beisbol no es un deporte del que pueda presumir al hablar. De hecho, como la mayoría de los europeos, nunca he visto un partido de béisbol. Alguna jugada destacada en un resumen televisivo y fundamentalmente imágenes inconexas sacadas de películas y series de televisión norteamericanas. A pesar de todo, cualquiera que tenga unas nociones básicas sobre deporte o sobre la cultura del ocio contemporánea conocerá el logo o la camiseta a rayas de los New York Yankees y le sonará el nombre de Babe Ruth o de Joe DiMaggio.

Los Yankees adquirieron fama mundial en un mundo de alcohol, mafia y mujeres a caballo entre la I y la II Guerra Mundial y luego cimentaron su mito en los años 50. Son el equipo del Bronx, uno de los barrios duros de Nueva York, hogar de alemanes o italianos en aquel entonces y de latinos y negros en la actualidad. Entre 1923 y 1963 consiguieron 20 títulos de 40 disputados. Desde entonces, y hasta la actualidad, tan sólo han celebrado 7 campeonatos más. En los 8 primeros títulos (1923-1939) la gran figura del equipo fue Lou Gherig, un desconocido para el gran público europeo. En Estados Unidos es una leyenda. Fue elegido uno de los 10 mejores jugadores de beisbol de todos los tiempos y es, sobre todo, el hombre que hizo conocida una de las enfermedades más terroríficas de nuestra era. El hombre del discurso antes citado. El hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.

Hijo de emigrantes alemanes, Gherig se integró en los Yankees en 1923. Era un chico de familia humilde que pronto cautivo a la afición neoyorkina gracias a su fama de incansable y a su intensidad sobre el campo. Jugaba como primera base, uno de los puestos de mayor trascendencia en el beisbol, consiguiendo altos porcentajes de bateo. Pero lo más extraordinario en él era su dureza, su arrojo y su voluntad. Estableció una marca de 2130 partidos seguidos jugados que no fue superada hasta más de medio siglo más tarde. Se ganó el apodo de ‘The iron horse’ (el caballo de hierro).

Durante su carrera compartió vestuario con Babe Ruth, un hombre totalmente opuesto a Gherig. Ambos se complementaban como bateadores, pero fuera del terreno de juego no tenían nada en común. De hecho, no se hablaban. Ruth era un hombre espectáculo y sus escarceos amorosos, sus devaneos con la política y su aparición como invitado en actos, congresos y medios de comunicación lo convirtieron en un personaje admirado y odiado a partes iguales. Gherig era el yerno perfecto. Educado, reservado y tremendamente enamorado de su esposa, lo daba todo con el bate en las manos, siempre tenía una sonrisa para los fans y era el jugador predilecto para los más entendidos.

Gherig fue el capitán silencioso y el sostén de una época gloriosa para los Yankees y sirvió de puente entre Ruth (8 años mayor que él) y DiMaggio (9 años más joven). DiMaggio poseía una personalidad tan arrolladora como la de Babe Ruth y amaba los focos tanto como él, pero quien siempre sostuvo al equipo con su juego y con su firmeza era el bueno de Gherig.

Tras ganar su segundo MVP como mejor jugador de la Liga en 1936, tan sólo 2 años después, y ya con 35 años a sus espaldas, Gherig empezó a bajar notablemente su rendimiento. Con esa edad, era una opción que entraba dentro de las posibilidades de esfuerzo y dedicación del deporte profesional. Sin embargo, Gherig se mostraba preocupado porque notaba que las piernas le fallaban incluso aunque no realizase un gran esfuerzo. Le fue diagnosticado un problema de vesícula y se pensaba que estaría en plena forma para la temporada de 1939.

No fue así.

Pronto, con tan sólo 8 encuentros jugados, los aficionados observaron como Gherig no estaba recuperado y jadeaba constantemente sobre la pista. Se sentía inseguro y despistado y su juego era a la vez lento y fallón. Su porcentaje de acierto en el bateo se redujo considerablemente. Se dice que el punto de inflexión llegó en una jugada sin relativa dificultad en la que sus compañeros corrieron a felicitarle efusivamente como si hubiese hecho un `home-run`. Fue demasiado humillante para él. Decidió parar y realizar un exhaustivo chequeo médico.

De este modo, el 2 de mayo de 1939, en un partido ante los Detroit Tigers, el locutor de los Yankees pronunció unas palabras que quedaron grabadas en la historia del deporte norteamericano: “Damas y caballeros, ésta es la primera vez en 2130 partidos consecutivos que el nombre de Lou Gehrig no aparecerá en la alineación”. La ovación del respetable duró un buen puñado de segundos.

Lo que nadie imaginaba es que esas palabras también pasarían a formar parte de la historia de la medicina.

Tras varias pruebas en la prestigiosa Clínica Mayo, el 19 de junio de 1939 se le diagnosticó una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular, que progresivamente disminuiría sus capacidades físicas y que en procesos más avanzados provocaba la muerte. Se tenía constancia de la existencia de algún caso, pero era la primera vez que se diagnosticaba a un personaje público. Hoy dicha enfermedad es conocida como ELA (esclerosis lateral amiotrófica). En Estados Unidos no. En Estados Unidos se le conoce como ‘síndrome Lou Gehrig’.

Falleció 2 años más tarde, no llegando siquiera a los 3 años de esperanza de vida que le habían otorgado en la clínica. Eleanor, su esposa, no volvió a casarse. No tuvieron hijos. Hasta su fallecimiento en 1984, Eleanor siguió yendo periódicamente al Yankee Stadium y luchó incasablemente por obtener fondos para la investigación del ELA. La historia de este precioso matrimonio ha sido objeto de varios libros y de alguna que otra película.

El día del famoso discurso. Aquel 4 de julio, tan sólo habían pasado 15 días desde que fuera confirmado el fatal diagnóstico. Era un homenaje, pero todo el mundo esperaba ver a un hombre alicaído, derrotado y hundido. La gente se había reunido no para dar su apoyo, sino para dar su compasión a un moribundo. Lo que hizo Gherig fue extraordinario. Aquella arenga, improvisada y llena de firmeza y ternura a partes iguales, desmanteló a todos los presentes. Fue él, el moribundo, el que acabó animando a todos y dándoles esperanzas donde no las había. Aquel discurso, conocido en Estados Unidos como el discurso del ‘lucky man’ (hombre afortunado) está considerado como uno de los hitos deportivos del país y ha servido y servirá como elemento motivacional en clases de ‘coaching’ y de liderazgo. La ovación, la tremenda ovación del respetable, hizo llorar a Babe Ruth que se acercó a Gherig y le dio un abrazo sincero poniendo fin a años de rencor entre ambos.

“No cambiaría 2 minutos de mi vida con Lou por 40 años con otro hombre”. Eleanor Twitchell Gehrig.

Leer más