fútbol

Usted no puede irse al extranjero, entienda que es Patrimonio del Estado

Antes de Mbappé existió Ronaldo. Y antes de Ronaldo existió Eusebio. Pero antes de ser Eusebio, Eusebio fue Magagaga. Magagaga era un velocista con recursos para la finta y para el regate y con una capacidad innata para golpear en seco desde cualquier parte del campo rival. Por eso Magagaga dejó Lourenço Marqués a los 18 años para probar fortuna en Lisboa. Con el paso del tiempo Lourenço Marqués pasará a ser Maputo, Mozambique un país independiente y Eusebio será considerado el mejor futbolista africano del siglo XX.

Pero Eusebio no es africano.

En Mozambique a Eusebio se le admira, pero no se le ama.

Eusebio es bandera de Portugal. Eusebio es Patrimonio del Estado.

En la década de 1960 la selección portuguesa de fútbol se hizo un hueco en el panorama internacional con un fútbol hermoso y ofensivo que tuvo su culmen al alcanzar el tercer puesto en el Mundial de Inglaterra. La base de aquel conjunto era el Benfica, bicampeón europeo y hasta tres veces subcampeón en el plazo de ocho años. En aquel conjunto destacaban varios futbolistas nacidos en las colonias portuguesas de África. Titulares eran Costa Pereira y Joaquim Santana, ambos angoleños, así como Mario Coluna y Eusebio, nacidos en Mozambique.

Todo el amor del que carece Eusebio en África es recogido con profusión por Coluna, el capitán y ancla organizativa de aquel Benfica. Una vez Mozambique declaró su independencia en 1975, Mario Coluna regresó a sus orígenes y se convirtió en el primer presidente de la federación nacional de fútbol. Después ostentaría el cargo de ministro de deportes antes de fallecer en 2014, tras cuatro décadas residiendo en Mozambique.

Eusebio estuvo veinte años sin pisar tierras africanas. Ni siquiera acudió al sepelio de su madre. Con un pánico atroz a los aviones y constantes problemas estomacales, evitó siempre que pudo el viaje hasta que se hizo inevitable. Eusebio falleció en Lisboa, apenas seis meses antes que Coluna, y el Gobierno de Portugal declaró tres días de luto oficial.

Eusebio es un icono portugués que trasciende el paso del tiempo.

Eusebio es Patrimonio Nacional.

Former Portugual captain Mario Coluna dead at 78
Coluna (i) y Eusebio (d)

En el verano de 1964 la Juventus de Turín necesitaba dar un golpe de efecto para recobrar la primacía futbolística. Los turineses seguían siendo el equipo más laureado en Italia, pero tanto el AC Milan como el Inter habían ganado la Copa de Europa. Para más escarnio ambos conjuntos contaban con las dos figuras más rutilantes del país; Gianni Rivera en el caso de los rossoneros y Sandro Mazzola en caso de los neroazurros. Hacía falta una estrella para recuperar la primacía. Con Di Stéfano a punto de retirarse y Cruyff aun imberbe, no existía figura igual en Europa que Eusebio da Silva Ferreira.

Eusebio era un torbellino que alteraba con estruendo todo lo que le rodeaba. Con 19 años había tumbado al Madrid a base de latigazos en la Copa de Europa y con 22 discutía a base de goles el trono del rey Pelé. Era el delantero del momento y del futuro porque tenía años y años de dominio por delante. El Calcio vivía su primera edad de oro y cazaba jugadores de otras ligas con la misma suficiencia con la que las vacas cazan moscas con el rabo. Años atrás el Inter había batido todas las marcas al quitarle a Luis Suárez al Barça. La Juventus tiró de chequera y ofreció al Benfica una oferta irrechazable. Lo que se le daba a Eusebio tampoco era ‘pecata minuta’. El delantero portugués cuadriplicaría su sueldo.

Todo Portugal estaba pendiente de la confirmación del acuerdo, cuando Eusebio fue invitado a comer por el primer ministro Antonio de Oliveira Salazar. La oferta era irrechazable, entre otras cosas, porque lo de primer ministro era un eufemismo, ya que Salazar llevaba ejerciendo el poder de forma autoritaria desde hacia tres décadas atrás. Salazar era la cabeza visible de un régimen dictatorial y conservador, rancio, pero no sanguinario. Se sustentaba en lo que se dio en llamar las tres efes (fado, fútbol y Fátima), aunque, curiosamente, Salazar detestaba el fado y le era indiferente el fútbol.

Pero nadie echa tres décadas en la poltrona si no es astuto e inteligente. Apenas Eusebio se había sentado a la mesa que Salazar le espeta: “Usted no puede irse al extranjero. Entienda que usted es Patrimonio del Estado”. Eusebio, joven, pero con arrestos, alza los ojos y replica: “¿Y cómo es que siendo Patrimonio del Estado tengo que pagar impuestos?” Pero Salazar es perro viejo y rechaza la réplica con un una sonrisa y un par de aspavientos y empieza a hablar con él sobre fútbol como si la discusión no tuviera más de sí. Hablaron del Benfica, del sistema de juego de la selección o del Mundial de Inglaterra que iba a celebrarse un par de años más tarde. Eusebio lo pasó de cine, consiguió pagar unos cuantos miles de escudos menos en impuestos y, una vez retirado, rememorará la charla con afecto admirado ante los conocimientos futbolísticos de Salazar.

Como es de suponer Eusebio se quedó en Portugal.

Salazar e Itália fecharam as portas - Benfica - Jornal Record
Eusebio y Salazar

Eusebio siguió jugando con los encarnados y exhibiéndose por el Viejo Continente, llegando al cénit de su carrera en 1966 cuando quedó máximo goleador del citado Mundial de Inglaterra eclipsando al mismísimo Pelé. ‘O Rei’ no dudó en considerarlo su sucesor a pesar de que apenas era año y medio menor que él.

Tuvo entonces Eusebio una nueva oportunidad. En este caso era el Internazionale milanés quien apostó por su fichaje. El conjunto dirigido por Helenio Herrera era el mejor equipo del momento, aunque carecía de un delantero de campanillas. Los méritos en aquel Mundial le abrieron las puertas y Salazar dio el visto bueno a su marcha. Eusebio firmó por el Inter, le encontraron casa, pasó reconocimiento médico…y todo se fue al carajo. En ese mismo Mundial Italia hizo el ridículo al caer en la fase de grupos ante Corea del Norte. Los mandamases italianos respondieron al fracaso cerrando la entrada a los futbolistas extranjeros durante más de una década.

Así que la ‘Pantera Negra’ se quedaría en Portugal. Y esta vez sería para siempre. Aunque hubo algún que otro rumor las únicas dos ofertas en firme que tuvo fueron las procedentes de tierras italianas. Eusebio siguió rugiendo, pero sus gritos fueron ahogados con el paso del tiempo. Con su Benfica ganaría el Balón de Oro de 1966 y la Bota de Oro en 1968 y 1973, con 43 y 40 goles respectivamente, pero la gran generación portuguesa envejeció y los recambios no estuvieron a la altura.

Cuando por fin salió de Portugal para jugar en Estados Unidos, Eusebio ya superaba los 33 años. Era 1975 y contaba con seis operaciones en la rodilla izquierda y una en la derecha. Magagaga, aquel hijo de África, es Patrimonio del Estado portugués como lo es la Universidad de Coimbra, el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem o el Castillo de Guimarães. Hoy, una estatua suya, apoyado sobre una rodilla, con un balón entre una mano y el suelo y una hoja de laurel elevada al cielo con la otra, adorna la entrada principal del estadio Da Luz de Lisboa.   

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Cuando Jairzinho fichó por Wilstermann

Por entonces Jair Ventura contaba con 36 años. Estaba de vuelta de todo. De una forma u otra llevaba cinco años deambulando como profesional. Hacía un lustro que no era convocado por la selección brasileña. Cambiaba de club cada año buscando un contrato que le permitiese alargar una carrera que tiempo atrás había sido espectacular. No en vano Jair Ventura Filho ‘Jairzinho’ era uno de los ‘cinco dieces’ que encandilaron al mundo en la espectacular victoria de Brasil en el Mundial de 1970.

Quizás Jairzinho era el más terrenal de los cinco (Pelé, Tostao, Gerson y Rivelino eran los otros fenómenos) pero, escorado en la banda derecha, posiblemente fue el que más a gusto estuvo de los ‘cinco dieces’, porque aceptó de buen grado la posición asignada. Jairzinho había tenido que sustituir a Garrincha tanto con el Botafogo como con Brasil, y eso hace terrenal a cualquiera. Era un huracán que se comía la banda a bocados y que tenía un disparo demencial que convertía a los porteros en mantequilla. Solía pegarse a la línea de cal y, tras una finta, disparar un fastuoso tiro cruzado a pierna cambiada. Jairzinho jugó tres Mundiales (1966, 1970 y 1974) pero sería en el segundo de ellos, el disputado en México, donde se convirtió en una leyenda del fútbol. Anotó siete goles, uno por cada partido contendido en un hecho aún no repetido, incluidos una espectacular carrera llevándose por delante a cuatro defensores checoslovacos o el tercer tanto de la canarinha en el 4-1 de la final ante Italia.

Lejos quedaban aquellas alhajas. A la altura de 1980 Jairzinho buscaba destino. Sería el séptimo en siete años, incluido un paso con más pena que gloria en Francia y viajes a lugares futbolísticamente estrambóticos como Sudáfrica o Venezuela.

Su siguiente destino también sería insólito.

El Club Deportivo Jorge Wilstermann es uno de esos clubes sudamericanos de nombre excéntrico y fuerte arraigo social. El club fue fundado en 1949 en Cochabamba, tierra fértil y de buen comer y cuarta ciudad en número de habitantes de Bolivia. De casaca roja y pantalón azul, el nombre de la escuadra se le debe a un piloto cochabambino hijo de alemán que se graduó como primer aviador del país hasta fallecer en un accidente aéreo tras ser héroe de la Guerra del Chaco. El caso de Wilstermann es similar al de Vasco da Gama, Godoy Cruz o Guillermo Godoy, clubes sudamericanos con nombre que sirve de homenaje a personajes que nada tienen que ver con el balón.

El caso es que Wilstermann poco ara en el planeta fútbol. El fútbol boliviano es un actor de reparto en el fútbol sudamericano y Wilstermann ni siquiera es el primer espada en Bolivia. Al amparo de sus cerca de 4.000 metros de altura es La Paz, la capital económica y política del país, la que da cabida a los dos grandes de Mamallaqta. Son el Club Bolívar y The Strongest. Ambos son cabezas de ratón (nunca han llegado a la final de la Copa Libertadores) pero son los ejes sobre los que gira el fútbol boliviano. The Strongest no sólo es eso. Es un símbolo nacional. Conocido como ‘El Tigre’ por sus colores negro y amarillo, el equipo da nombre a la única batalla ganada por los bolivianos ante los paraguayos en la Guerra del Chaco, donde decenas de jugadores y centenares de socios perdieron la vida en mayo de 1934. En el tercer escalón, como outsider de los grandes, se encuentra Wilstermann, y tras el club de apellido alemán aparecen otros conjuntos como Oriente Petrolero o Club Blooming, todas ellas escuadras desconocidas para cualquier aficionado europeo e incluso irrelevantes para forofos sudamericanos.

Club Deportivo Jorge Wilstermann - Wikipedia, la enciclopedia libre
CD Jorge Wilstermann

Isaac Nogueira era el representante de Jairzinho. Se trataba de un empresario brasileño que también tenía negocios audiovisuales en Bolivia. Por entonces estaba llevando a varias artistas de su país a la entonces incipiente televisión boliviana. El caso es que aprovechó sus contactos para ofrecer a varios futbolistas brasileños desconocidos al semiprofesional fútbol del país andino. Todos totalmente anónimos, hasta que en ese listado apareció Jairzinho. Parece ser que un tal Joaquim Alencar se comprometió en hacer de intermediario entre Bolívar y Strongest, los Madrid y Barça bolivianos, para ver si estarían interesados en firmar a Jairzinho.

Podría parecer coser y cantar, pero no fue así. Primero se hubo de convencer a Jairzinho. Cobraría poco, pero sería un semidios. Le darían coche y alojamiento y viviría a cuerpo de rey. Podría jugar a medio gas, y aun así marcaría la diferencia. Con pantalón negro y camisa floreada y un espectacular pelo a lo afro arribó al aeropuerto de La Paz tras meses sin tocar un balón. Lo sorprendente es que llegaba a Bolivia con la promesa de firmar un contrato que aún no había sido redactado. Es más, ni siquiera se sabía en que equipo iba a jugar.

Primero se pusieron en contacto con Club Bolívar, pero sin obtener respuesta. El presidente, un tal Mario Mercado, estaba de viaje en Estados Unidos y en tiempos donde no existía la mensajería instantánea no había ni tiempo ni ganas a esperar una vuelta a casa. Luego se acercaron a departir con Jaime Pando, máximo dirigente de The Strongest. Hubo sonrisas, buena comida y buena educación, pero la respuesta fue negativa. Pando consideraba a Jairzinho un viejo fuera de forma.

Los dos mejores clubes del país habían rechazado, o bien por acción o bien por omisión, a todo un campeón del mundo brasileño. Toca el plan C. Toca llamar a la puerta de Wilstermann cuyo presidente, Alfredo Salazar, estaba a punto de presentar su dimisión, lo cual tampoco era de extrañar ya que por entonces el club cambiaba de dirigente prácticamente cada doce meses. Salazar ve el cielo abierto y acepta encantado la oportunidad que se le presenta ante sus ojos.

Jairzinho llegó a Cochabamba ciudad de la que, por supuesto, no sabía nada. A él le habían dicho que jugaría en La Paz y nada sabía de aquella ciudad de provincias (de cerca de millón de habitantes, eso sí). El recibimiento no fue acorde a lo esperado. Salazar podría estar muy contento, pero la prensa cochabambina no era tan entusiasta. Al contrario. Calificaron a Jairzinho de acabado, de viejo, de abuelete, y lamentaron el grave error del presidente. Consideraban que sería incapaz de aguantar el ritmo de los partidos en La Paz o en Potosí, donde los 4.000 metros de altura hacían incapaces a los más expertos futbolistas.

Nada más bajar del avión juega un amistoso ante un equipo brasileño de segunda fila. Se sale. La prensa le da cierto chance. Pasan un par de semanas, y Jairzinho se ejercita, pero poco, prefiere conocer la ciudad en la que le ha tocado vivir. Por entonces la liga boliviana se disputaba de mayo a noviembre. Así que, con algún que otro entrenamiento a medio gas y con la sensación de estar fuera de forma, a Jairzinho le tocó debutar. Y sería en Potosí ante Independiente Unificada. A 4.000 metros de altura, donde la presión del oxígeno es menor y la dificultad para respirar es hercúlea.

Y pasó lo que tenía que pasar. Que Jairzinho era lo mejor que jamás han visto y verán los modestos campos de fútbol bolivianos.

Sin despeinarse marcó un gol en su primer partido. Hubo lleno. Como en el siguiente encuentro. Y el siguiente del siguiente. Anotó un gol. En otro encuentro marcó otro. En otro marcó dos y en otro dio un par de asistencias. O gol o asistencia de Jairzinho, así acababan todos los partidos de Wilstermann. Quedan las fotos y las crónicas, porque la liga boliviana de 1980 no era televisada (existía torneo desde 1950 pero sólo era profesional desde 1977). Pero todo lo que se cuenta de su estancia en tierras andinas es legendario. En cierta ocasión dio tres asistencias de gol en apenas medio tiempo de un encuentro. En otra jornada decidió hacer huelga de brazos caídos alarmado por el horripilante viaje en carretera que tuvo que hacer en el autobús del equipo. Le prometieron viajar en avión y, una vez hubo volado, respondió con gratitud marcando un gol y dejando boquiabierto al respetable con una sarta de regates.

‘El rojo’ es campeón cuando nadie se lo espera y revoluciona todo lo antes conocido en Bolivia. Wilstermann ganó la liga con 22 victorias en 26 partidos y un récord de puntos jamás superado. Jairzinho anotó 17 goles y asistió en incontables ocasiones a sus compañeros entre ellos un tal Gastón Taborga, un chaval de 19 años surgido de la cantera y que con el tiempo se convertirá en emblema del club. Taborga acabará metiendo un póker de tantos en un partido, todos ellos a pase de Jairzinho.

Más alucinante fue la actuación de Jairzinho en la Copa Libertadores de la temporada siguiente. Wilstermann eliminó al Barcelona de Ecuador y a The Strongest para convertirse en el primer equipo boliviano en la historia que llegaba a la ronda semifinal de la Libertadores. Allí nada pudieron hacer ante el Flamengo de Zico, a la postre campeón, pero por entonces Jairzinho ya había abandonado Cochabamba. Había recibido la llamada del Botafogo que estaba atravesando un mal momento. Jairzinho no dudó en aceptar el socorro del club de sus amores donde disputó una última temporada antes de colgar las botas.

Jairzinho fue talento, pero también sonrisa, ingenio y compromiso. No fue a Bolivia a buscar su particular cementerio de elefantes sino a liderar y enseñar a base de generosidad y claridad con el balón. Dejó admiración, recuerdos y ansía de victoria en un grupo de jugadores que repetirían campeonato ya sin Jairzinho en sus filas. Pero Jairzinho lo que dejó sobre todo fue una retahíla de recuerdos imborrables que convirtieron a Cochabamba en una de las ciudades capitales del planeta fútbol durante unos legendarios meses.

Wilstermann. Los clubes, capítulo 6 | Historia del Fútbol Boliviano
Jairzinho

“Jairzinho había aprendido a desmarcarse cuando se buscaba la vida en el arrabal más duro de Rio de Janeiro”. Eduardo Galeano.

Otras historias del futbol sudamericano

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El miedo escénico (90 minuti en el Bernabéu son molto longos)

Como el caballo de Atila. Así se puede resumir la historia del Real Madrid de Di Stéfano. La historia del Madrid de las cinco Copas de Europa. Aquel huracán blanco arrasó a sus rivales. Sí, hubo eliminatorias igualadas contra el Rapid Viena o el Manchester United y hasta un partido de desempate frente al Atlético de Madrid, pero la sensación de superioridad era manifiesta. Es cierto que en tanto en la primera como en la quinta hubo de remontar goles iniciales del Stade de Reims y del Eintracht respectivamente, empero, salvo en la final de 1957 frente al AC Milan (3-2 en la prórroga), no existió nunca la sensación de que el Real Madrid podía ser batido.

Fueron los años en los que se formó la leyenda del Real Madrid. Una leyenda creada por dos hombres a cada cual con más carácter y más autoridad; Santiago Bernabéu y Alfredo di Stéfano. El primero había sido jugador, entrenador y secretario técnico del Real Madrid cuando el club merengue no podría ni concebir lo que es en la actualidad. Fue Bernabéu el que firmó a Samitier del FC Barcelona (una suerte de Luis Figo) y a Ricardo Zamora, una de las estrellas más rutilantes del mundo en tiempos pretéritos. Tras el fin de la Guerra Civil se empeñó en construir un estadio descomunal en el extrarradio madrileño para la modesta masa social que entonces tenía el conjunto blanco. Mas pronto que tarde ese estadio se bautizará como Santiago Bernabéu y pronto el Real Madrid se convertirá en el club más legendario de Europa.

Alfredo di Stéfano aterrizó en España en 1953. Por entonces el Real Madrid sumaba dos ligas en dos décadas. Con ‘La Saeta Rubia’ sumó ocho en un decenio amen de las cinco primeras Copas de Europa. Es ahí cuando nace el mito del Madrid. Ganar, ganar y volver a ganar, como bien explicó Luis Aragonés, un símbolo, pero un símbolo de la otra parte de Madrid. Ganar por encima de todo, pero siempre con señorío. ¿Y qué es el señorío? El señorío es actuar como Di Stéfano. Correr, encimar, protestar, defender y gritar durante 90 minutos. Ser igual de genio como de perro en el campo. Ser igual de admirado que odiado, pero, al finalizar el encuentro, ni regocijarse por la victoria ni mostrar rencor por la derrota.

Esas han sido las líneas maestras del Real Madrid desde entonces y con ellas se ha hecho grande y respetado hasta la saciedad. Pero la historia del Madrid no ha sido siempre una historia de éxito. Fueron 32 años sin ganar la Copa de Europa. Si el Madrid no llega a sumar la séptima un 20 de mayo de 1998 es probable que no fuese elegido por la FIFA como el mejor club del siglo XX. No hacía mucho que el Spartak de Moscú (1-3) o el desconocido Odense (0-2) habían eliminado al Madrid de Europa en el Bernabéu.

El caso es que hubo un tiempo en el que el Madrid acumulaba fracaso en Europa año tras año. Eso incluye también mancillar el sagrado coliseo de la Avenida de la Castellana. Desde que en 1962 el Real Madrid perdió por primera vez un partido en casa en Copa de Europa (fue ante la Juventus por 0-1) han sido muchos más. Y no hay que retrotraerse demasiado en el tiempo para ver actuaciones desconcertantes y humillantes. Ni siquiera hay que rememorar la década ominosa (2003-2013) en la que el Real Madrid caía una vez y otra vez en octavos de final. En los gloriosos años recientes el Madrid ha perdido en casa ante el Spartak Moscú (0-3), el AFC Ajax (1-4), y esta misma temporada ante el todopoderosísimo Sheriff Tiraspol (1-2).

Así pues, ni el Santiago Bernabéu es intocable ni su leyenda está ligada al Real Madrid victorioso de Alfredo Di Stéfano.

¿De dónde viene entonces la leyenda del Santiago Bernabéu?

Nostalgia Futbolera ® on Twitter: "Estadio Santiago Bernabéu, Real Madrid.  Entre 1970-diciembre 1972. https://t.co/9rrrGkoT1M" / Twitter
Santiago Bernabéu. Año 1970.

En esa longa noite de pedra que vivió el Real Madrid durante más de tres décadas hubo momentos mejores y peores. A los blancos les tocó de cuando en cuando abandonar su tan querida Copa de Europa y arrastrarse por la segunda competición continental, la por entonces Copa de la UEFA. A decir verdad, la UEFA no tendría el prestigio ni la pomposidad de la Copa de Europa, pero su nivel era ciertamente superior. Si a la ‘Champions’ iban solo los campeones ligueros a la UEFA iban el segundo, tercero y cuarto de las ligas más potentes del continente.

Durante dos campañas consecutivas (84/85 y 85/86) el Real Madrid logró alzarse con la Copa de la UEFA. Hoy son dos títulos arrinconados en la sala de trofeos de la Castellana. Por entonces fueron un balón de oxígeno para un club que había perdido el respeto de Europa.

Fue entonces cuando se creó el mito de la indestructibilidad del viejo Chamartín. Cualquier derrota fuera de casa era levantada en el Bernabéu por un pandemónium inexplicable a través de unos futbolistas que, además de manosear con belleza a la pelota, corrían, encimaban, protestaban, defendían y gritaban en comunión con un estadio y con el apoyo y el patrocinio de una camiseta y un escudo predestinado.  

Todo empezó con el RSC Anderlecht. Atlético de Madrid, Real Betis, Real Valladolid y Real Madrid. Esos eran los cuatro participantes españoles en la Copa de la UEFA 1984/85. A dieciseisavos de final solo llegaron los merengues. Su rival era el conjunto belga, que contaba con Morten Olsen, Scifo o Vercauteren en sus filas. En ida ganaron con claridad (3-0) y parecía imposible que remontaran. El público acudió escéptico al campo, pero en quince minutos ya iban dos goles y al descanso el Madrid ganaba por 4-0 (Valdano (2), Sanchís y Butragueño). Por entonces el Bernabéu ya era una olla a presión y luego sería un festival cuando el Buitre anote otros dos tantos en la segunda parte para un choque que acabó 6-1.

El nombre de Butragueño había sido coreado por vez primera en el Bernabéu en la eliminatoria anterior. El HNK Rijeka, hoy croata entonces yugoslavo, había vencido por 3-1 en la ida. En la vuelta el marcador al descanso era 0-0. Fue entonces cuando entró al campo Butragueño, por entonces un meritorio suplente de Santillana y Valdano. El madrileño fue el revulsivo para la remontada (3-0), empequeñecida por la que semanas después se perpetró ante el Anderlecht.

‘Revista de Occidente’ es la publicación de divulgación cultural más antigua editada en España. Fundada por Ortega y Gasset, en 2023 cumplirá un siglo de vida, tan solo apagada en las primeras décadas del Franquismo. Es ‘Revista de Occidente’ lugar de filósofos, ensayistas y eruditos, y fue un punto de encuentro político durante la Transición. Bajo ese paraguas académico llegará a escribir un artículo Jorge Valdano. Además de fenomenal delantero (gol incluido en la final de un Mundial), Valdano era, y es, un filósofo del balón. Tras colgar las botas, ha escrito varios libros y ha sido galardonado por sus artículos y su trabajo periodístico. Así entonces, que un futbolista de 31 años escribiese un artículo en ‘Revista de Occidente’ titulado ‘Miedo escénico’ era una rareza en el mundo del fútbol, pero que se torna en corriente conociendo al personaje.

Valdano cogió prestado el término ‘miedo escénico’ acuñado por el escritor colombiano García Márquez en un artículo escrito años atrás hablando sobre los diferentes miedos del ser humano. Márquez consideraba el escénico (hablar en público, relacionarse con los demás, encajar) como el mayor de los miedos. Para Valdano, lo que el Anderlecht había padecido en el Bernabéu era miedo escénico, y lo describía de la siguiente manera: «Cada miércoles europeo, un carnaval a destiempo, ruidoso y orgullosamente disfrazado de blanco, nos espera en nuestro feudo con una confianza casi irresponsable en nuestras posibilidades. Resultados escandalosamente desfavorables fueron superados frente a gloriosos representantes gracias a actuaciones poco menos que milagrosas, pero que son enteramente explicables apelando a elementos que van más allá de lo estrictamente futbolístico. Las razones técnicas, tácticas e incluso físicas que dan a un equipo su fisonomía, que hacen su estilo, responden, en primer lugar, a las peculiaridades de cada jugador y, en segundo término, a las pretensiones del entrenador (…) Pero un equipo es, sobre todo, un estado de ánimo, y el Real Madrid ha sabido cuajar un carácter tan peculiar y cimentado que ha terminado por convertirse marca registrada que el público exige, obligando al jugador, y que se va perpetuando en el tiempo. Así pues, aun entendiendo que los grandes equipos se hacen a partir de grandes jugadores, hay aspectos puramente emocionales de importancia trascendental en el desarrollo de un encuentro futbolístico. Sabemos que el escudo del Real Madrid no tiene el poder de las hadas para hacer ganar sin esfuerzo, capacidad y organización (…) Sacrificio, orden y un. equipo en tecnicolor son atributos indiscutibles de un grupo preparado para las grandes exigencias, que valora y utiliza la confianza de 90.000 entusiasmados deseos que, al mismo tiempo, cuelgan en cada jugador adversario una mochila cargada de inseguridad, timidez y miedo”.

Plano Deportivo Jorge Valdano, elegido para el Salón de la Fama del Futbol
El poeta del balón

El artículo fue acogido con entusiasmo en los mentideros del fútbol. Se había creado el sustrato que iba a sostener como parte del Madrid la magia del Bernabéu y el espíritu de las remontadas. Aún habría algo más. En cuartos el rival era el Tottenham. Aquí la ida tocó en casa. 1-0. Para la vuelta se esperaba una derrota. Se acusaba al Madrid de blandito. Contaba con veteranos como Camacho, Santillana o Stielike, pero también como imberbes como Sanchís o el citado Butragueño. El Tottenham salió a muerte en White Hart Lane. Al descanso el resultado era 0-0, pero era cuestión de tiempo que llegase el gol inglés. No fue así. En el intermedio Amancio, entonces técnico madridista, no dijo nada. Únicamente se bajó los pantalones y enseñó a sus jugadores las cicatrices y marcas de guerra de sus gloriosos años como futbolista.

Nadie se achantó. El Madrid aguantó el 0-0 y se clasificó para semifinales. Eso también es la grandeza del Madrid.

En semis tocaba el Inter. Los italianos eran muy favoritos. En la ida jugada en Italia hay un 2-0 en un horripilante partido madridista. Pero lo peor no fue la derrota. Butragueño acabó tocado y Amancio se acercó a la habitación del Buitre para ver cómo estaba. No había nadie. Pero escuchó jaleo en otra habitación. La sorpresa del técnico coruñés fue mayúscula al ver a Butragueño leyendo un libro mientras Juanito y Lozano intimaban con dos italianas. Habría sanción económica a los dos conquistadores por el escándalo y la injusta destitución de Amancio como técnico merengue. La realidad es que el equipo marchaba mal en la Liga y el núcleo duro (Salguero, Miguel Ángel, Juanito, Stielike, Camacho) lo culpaba de favorecer a los jóvenes.

Se le da las riendas a Luis Molowny, habitual apagafuegos. Toca otra machada. A diferencia del día del RSC Anderlecht ahora el Bernabéu si cree en la remontada. Hay pancartas que hablan del miedo escénico. Era un Bernabéu distinto al actual. Ya tenía la marquesina cubierta instalada un par de años antes con motivo del Mundial de 1982 y había reducido su aforo de los 120.000 espectadores originales a 90.000 para dotar de asientos al estadio. Pero era un Bernabéu donde las calvas eran habituales. Muchas familias se habían alejado del campo por culpa de la televisión (en color -un bombazo-) y por la creciente presencia de ultras detrás de la portería. Además, la instalación de vallas preventivas creaba una barrera de separación entre jugadores y aficionados que no favorecía la comunión del estadio.

Ese día no. Chamartín estaba a rebosar. El Bernabéu amedrentó a los italianos. Santillana en el 12 tras un rechace y luego antes del descanso con otro de sus cabezazos eternos igualaba la eliminatoria. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! Al acabar el choque Collovati atiende a los medios y dice comprender como al Anderlecht le pudieron caer seis.

La final a ida y vuelta fue un paseo ante el Videoton húngaro que sorpresivamente había derrotado en los penaltis al Manchester United. Carlos Santillana ejercía como capitán y levantaba un trofeo tras años de sin sabores en Europa.

1984/85: Madrid awake from European slumber | UEFA Europa League | UEFA.com
UEFA 84/85

A decir verdad, la primera hazaña del Real Madrid en Europa se había producido años atrás. Aun no estaban ni Valdano ni Juanito, pero si Camacho o Santillana. Eran los octavos de final de la Copa de Europa de 1976. El rival el Derby County. Por entonces el favoritismo no era lo abrumador que sería en la actualidad. Al contrario. El Derby County había vencido en la ida por 4-1 con una autoridad aplastante. Jamás el Madrid había remontado hasta entonces una diferencia de tres goles en Europa. Roberto Martínez anotó al poco de empezar a pase de Santillana, pero hubo que esperar a la segunda parte ver un 3-0. El Derby anotó un gol más y en un arreón final Pirri marcó el 4-1 de penalti llevando el partido a la prórroga, donde Santillana hizo el 5-1 que clasificaba al Madrid. Fue el éxtasis, pero fue efímero. El FC Bayern pasó por encima del Madrid en el que fue el último partido europeo de Amancio.

Para la temporada 1985/86 el Real Madrid repetía participación en la UEFA. El Barça había ganado la Liga y jugaría la Copa de Europa. Es un Madrid más fuerte. Ramón Mendoza es el nuevo presidente y firma a Maceda, Gordillo y Hugo Sánchez. Santillana y Juanito pasan a ser suplentes habituales y la ‘Quinta del Buitre’ da el paso definitivo hacia el estrellato. Esa será la primera de las cinco ligas consecutivas que ganará el Madrid. En la UEFA se plantará en octavos junto al Athletic Club que caerá ante el Sporting de Portugal. Al Real Madrid en octavos le toca jugar ante el Borussia Mönchengladbach. Será el primero de otro camino lleno de sobresaltos como visitante y de heroicidades como local.

Se pierde 5-1 en Alemania y el ‘miedo escénico’ debe hacer de nuevo su aparición en el Bernabéu. Un gol de Carlos Santillana en el último minuto desde el suelo y tras infinidad de rechaces, resume la fe, el corazón y los bemoles que dan cuerpo a las remontadas blancas. Antes de eso tocó arrebato y nueva clase magistral de pandemónium. Hay decenas de ataques en oleadas con Maceda ejerciendo de todocampista y con balones de área a área dejando inerte el centro del campo. En el minuto 19 Valdano ya había colocado el 2-0, pero no sería hasta los diez minutos finales cuando Santillana apelase a la épica para firmar el 4-0 definitivo.

Por entonces el ‘miedo escénico’ había calado en el madridismo, pero falta un aquel que llegara al corazón de los madridistas. Era una suerte de evangelio basado en las entrañas de la religión, pero su redacción había estado a cargo de un erudito. No solo Valdano tenía de todo menos pinta de futbolista. Había muchos chicos buenos y hasta a unos cuantos de ellos les dio por sacarse una carrera. Pero en el vestuario también los había de pelo en pecho, de esos que hablaban tanto con el estómago como con la lengua. Estaban Camacho, Maceda o Hugo Sánchez. Y para que el ‘miedo escénico’ llegase a las masas y se quedara en el acervo colectivo del madridismo hacía falta algo más.

Hacía falta que hablara Juanito.

Como Raúl, Juanito pasó por la cantera del Atlético de Madrid antes de convertirse en ‘pope’ blanco. Juan Gómez era un talentoso mediapunta de fuertísimo carácter y profundamente temperamental. Alguien dejó escrito que tenía el demonio de los extremos y, siendo diestro, la sensibilidad de un zurdo. Era un buen futbolista, pero palidecería en el vestuario del Real Madrid actual. Sin embargo, pocos podrán superar a Juanito en amor y lealtad merengue. Nadie representa como él a aquellos que ven en la camiseta del Real Madrid una segunda piel.

Juan Gómez González "Juanito". - Mundo Real Madrid
El ‘7’ maravilla

En semifinales vuelve a tocar el Inter. En San Siro ganan los italianos por 3-1. Al acabar el choque Juanito se retira con una sonrisa camino de los vestuarios y lanza una boutade para que sea escuchada al mismo tiempo por sus rivales y por la prensa, para que los plumillas se encarguen de difundirla a los cuatro vientos: “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”.

Juanito sabía de italiano tanto como yo de arameo. Nada. Cero. Pero la frase resonó como un trueno durante la semana siguiente. Si Valdano había sido el erudito, Juanito había traducido su relato para que fuese entendido por la masa. El ‘miedo escénico’ pasó a ser ‘el espíritu de las remontadas’. Y cuando años más tarde un coche se lleve por delante al genio de Fuengirola, ‘el espíritu de las remontadas’ pasará a ser ‘el espíritu de Juanito’.

El partido fue de escándalo. Al descanso se llegó con 1-0 con gol de Hugo. Luego anotó Gordillo y recortó Brady, hasta que Hugo de penalti puso el 3-1. En la prórroga fue Santillana, suplente casi todo el año, el que anotó dos cabezazos poniendo el 5-1 definitivo y recordando porque años atrás era el mejor rematador de cabeza del mundo.

90 minutos en el Bernabéu habían sido ‘molto longos’, pero en la final la ida tocaba en casa. Fue un vendaval de juego. Una completa exhibición, quizás el mejor encuentro en dos años. Aquí no hubo testosterona, sino clase y calidad. Y hasta hubo remontada porque el FC Colonia se adelantó por medio de Klaus Allofs. Acabaría ganando el Madrid por 5-1 haciendo bueno el 2-0 de la vuelta donde Schumacher, Littbarski y compañía apretaron, pero un par de paradas formidables de Agustín cerraron el partido dándole al Real Madrid su segunda Copa de la UEFA consecutiva.

Madrid-Inter, un duelo 'vintage' - AS.com
Siempre gol de Santillana

La temporada siguiente el Real Madrid volvía a la Copa de Europa. Se remontó al Young Boys en dieciseisavos (1-0 en Suiza y 5-0 en España) y al Estrella Roja en cuartos (4-2 en Belgrado y 2-0 en Madrid) pero en semifinales el FC Bayern ejerció de bestia negra y humilló al Madrid con el famoso pisotón de Juanito a Matthäus incluido.

Sería el último choque de Juanito en Europa y sería también el fin de la mística. Habría alguna que otra remontada, especialmente golosa una ante el FC Bayern en tiempos de Raúl, pero ni rastro de la magia del Bernabéu salvó a cuentagotas. No sería hasta esta temporada cuando las animaladas perpetradas por Benzema y compañía ante PSG, Chelsea y Manchester City hagan retraernos a los tiempos del ‘miedo escénico’ y a los del ’90 minuti en el Bernabéu son molto longos’.

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Tiranos olvidados por el paso del tiempo

Mayo es el mes de los campeones. Las vicisitudes de toda una temporada se resuelven cuando la primavera avanza hacia su esplendor. Tras semanas de alegrías y penas, es por estas fechas cuando el aficionado debe resolver si las unas o las otras son las que quedarán en su imaginario para concluir si ha sido una temporada para el recuerdo o una para el olvido. A veces la tragedia de todo un año se resuelve con un ‘rush’ final apoteósico. En otras ocasiones los gozos semanales se van al traste por una última fecha desventurada. Empero, tras 34, 38, o hasta 42 jornadas, poco se puede objetar sobre la justicia o la injusticia de una tabla clasificatoria.

Así pues, tenemos ya en solfa a varios de esos campeones. Ni siquiera hubo que esperar a mayo para certificar lo que era evidente hace ya unos meses. Es el caso del FC Bayern en Alemania o del Paris Saint Germain en Francia. Es el décimo título consecutivo de los muniqueses en la Bundesliga y el octavo en la última década de los parisinos en la Ligue 1. Rotundo y claro también ha sido el triunfo del Real Madrid en España (a la espera de saber si conecta el interruptor tras tres eliminatorias de pandemónium y logra su 14ª Copa de Europa -pero de eso hablaremos la próxima semana-) o del Porto FC en Portugal, mas en los últimos años han compartido laureles con otros equipos. Lo de muniqueses y parisinos es de una tiranía impropia en unas ligas que se presuponen competitivas y, es de tal autoridad, que no se vislumbra su fin.

Es por ello que me dio por pensar en aquellos equipos que en su día fueron tiranos y que hoy se encuentran en las tinieblas de la historia. Conjuntos que fueron los más grandes, o al menos los más exitosos, y que, o bien no supieron acceder a los nuevos tiempos, o bien fueron superados por otros que hicieron evaporar sus recuerdos. Son grandes campeones ligueros a los que considero adecuado rendir una pequeña remembranza.

Son magnas escuadras hoy perdidas en categorías inhóspitas y olvidadas por el común de los mortales. También los hay que fueron gigantes y que hoy mantienen compostura gracias a su histórico pasado. En la cuna del fútbol, con su vasta historia, hay un buen puñado de casos que referenciar. El más notorio es el del Aston Villa FC, todo un ganador de la Copa de Europa (1982) y el quinto club inglés en número de títulos. Es el Villa un club de élite, de frondoso pasado y buen presente, pero cuyos éxitos se retrotraen a tiempos pretéritos. El conjunto de Birmingham fue el primer gran club inglés, el tirano de la época victoriana. En 1900 sumaba cinco títulos ligueros y tres subcampeonatos en las 12 ediciones disputadas de Liga hasta entonces. Al estallar la I Guerra Mundial contaba con seis ligas y cinco copas y era, de largo, el club más laureado de Gran Bretaña. Hoy es un habitual de la Premier League, pero hace cuatro décadas que no levanta un trofeo.

El gran rival de que aquel Aston Villa era el Sunderland AFC. Hoy a caballo entre la primera y la segunda categoría del fútbol inglés, cuenta con seis ligas en sus vitrinas (las mismas que el Chelsea FC) pero no llega a los cielos desde 1936. Antes de la I Guerra Mundial las ligas inglesas solían ser un mano a mano entre los gatos negros de Sunderland y los villanos de Birmingham. También la I Guerra Mundial cortó la fabulosa trayectoria del Genoa CFC, ganador entre 1898 y 1904 de seis de las primeras siete ligas italianas. El club genovés reverdeció laureles en los años 20 pero desde entonces siempre ha estado a la sombra de la UC Sampdoria con la que mantiene una fuerte rivalidad. El Genoa CFC no gana un trofeo desde 1937.

Otros dos habituales de la Serie A son el Bolonia FC y el Torino FC, ambos conjuntos de renombre, pero ambos con pasado mucho más lustroso que presente. Desde la Emilia-Romaña el Bolonia FC se convirtió en la escuadra triunfadora del Calcio de los años 30. Son siete ligas en total, cuatro de ellas entre 1936 y 1941, así como las Mitropa de 1932 y 1934, una suerte de Copa de Europa de la época. Para la década siguiente el Torino FC cogió el testigo. Con cinco ‘Scudettos’ entre 1943 y 1949 el ‘Grande Torino’ se convirtió en el terror de Europa. Solo la tragedia aérea de Superga pudo acabar con aquel equipo. Desde entonces el dinero de los Agnelli y la FIAT hicieron poderosa a la Juve y dejó al Torino FC instalado como club de provincias.

De provincias también es el Real Unión de Irún, uno de los diez fundadores de la Liga española que no juega en la primera categoría desde 1932. Antes, a la altura de 1927, contaba con cuatro títulos de Copa, tan solo uno menos que el Real Madrid y cuatro veces más que la Real Sociedad, el rival vecinal que acabará fagocitándolo. También de provincias es el Stade de Reims. El club de la capital de la champaña fue dueño y señor del fútbol francés tras el fin de la II Guerra Mundial y hasta inicios de la década de los 60. Desde entonces no sabe lo que es alzar los brazos en señal de victoria. Quizá si Raymond Kopa no hubiese fichado por el Real Madrid y Just Fontaine no se hubiese partido la tibia y el peroné a los 27 años hoy el Stade de Reims sería tan grande como su afamado rival merengue.

En la época del Reims su gran rival era el Racing Club Paris (una liga y cinco copas), hoy un club amateur que nada tiene que ver con el gigante PSG. Pero el gran club francés de siempre es el AS Saint-Ettiene. El rayo verde era, hasta hace nada, la escuadra gala con más títulos ligueros, un total de 10 triunfos acuñados entre 1957 y 1981. A partir de entonces la nada. Ciudad industrial, el declive de Saint Ettiene está ligado al ascenso de la comercial y turística Lyon, situada a apenas 60 kilómetros de distancia.

Y para acabar con este breve repaso, dos contrapuntos procedentes de Alemania. A la altura de 1936 el FC Nuremberg contaba con seis campeonatos teutones. Era un club infinitamente más poderoso que el FC Bayern, su rival regional. Ciudad escogida por los nazis para sus exhibiciones de poder, solo el paso del tiempo ha conseguido eliminar ese estigma, mas su club de fútbol jamás consiguió reverdecer laureles y no gana una Bundesliga desde 1968. Hasta 1958 debemos retroceder para ver la última liga del FC Schalke 04. Tristemente para el club de Gelsenkirchen su época gloriosa va de 1934 a 1942, los años de auge del nazismo. Aún hoy lleva la carga de simpatizante nazi en contraposición a sus encarnizados rivales del Borussia Dortmund, club fundado por un judío gaseado en Auschwitz durante la II Guerra Mundial.

Deutscher Pokal 1940 - Fußball - Schalke 04
FC Schalke 04 en 1940

Pero como decía antes, todos estos clubes (salvo quizás el Real Unión de Irún y el Racing de Paris) son en la actualidad grandes clubes. No exitosos, pero si grandes clubes, conocidos por la amplia masa futbolera. Los diez que he seleccionado se apartan de este axioma. Fueron tiranos del balón y en la actualidad su fama es inexistente o apenas se huele en el interior de sus fronteras. Estos son, en mi opinión, los diez grandes clubes olvidados de la historia del fútbol:

10. Sheffield Wednesday FC (Inglaterra): A decir verdad, el Wednesday sí que es conocido. De hecho, en los 90 acostumbraba a jugar temporada si y temporada también competición europea. Pero cierra esta lista para hablar también del Sheffield United y del Sheffield FC. Este último, fundado en 1857, es el club de fútbol más antiguo del mundo y lleva más de siglo y medio sobreviviendo como institución amateur. Poco más tarde se fundaron el Wednesday y el United. El primero (cuatro ligas – la última en 1930 -) es el gran club de la ciudad. El segundo (una liga en 1898) puede presumir de tener el estadio en pie más antiguo del planeta. Todos ellos convierten a Sheffield en una de las cunas del balompié, en reflejo de la pujanza de los Midlands ingleses, el lugar donde emergió la Revolución Industrial y con ello ciudades, hoy decadentes y antaño transformadoras, que crecieron a dentelladas a base de carbón, acero…y mucho fútbol.

Sheffield Wednesday | Futebol, Logotipo de coruja, Logotipos
Sheffield Wednesday FC

9. Royale Union Saint-Gilloise (Bélgica): Ojo. A la hora de escribir estas líneas el recién ascendido Saint-Gilloise está a un paso de ganar la liga belga. No está nada mal para un club que en 2015 estaba en Tercera y que ganó su último campeonato en 1935. En caso de lograrlo sería el duodécimo entorchado, palabras mayores para el tercer club más laureado del país. ¿Qué pasó entonces? El club del extrarradio de Bruselas fue fundado por emigrantes italianos y españoles y se ganó la simpatía de buena parte de la clase trabajadora de la ciudad. Pero tras la II Guerra Mundial, Bruselas se convirtió en ciudad financiera y diplomática atrayendo a inmigrantes altamente cualificados. El RSC Anderlecht, hasta 1945 un equipo menor, pronto se ganó la simpatía de la ciudad, mientras que el Saint Gilloise pasó a ser el club de los acomodados y de la nueva clase dirigente de la ciudad.

Royale Union Saint-Gilloise
Royale Union Saint-Gilloise

8. Budapest Honved FC (Hungría): Aunque mucho más desconocido es el Ujpest Dozsa FC (20 ligas -la última en 1998-), considero relevante hacer una pequeña reseña del Honved FC. Es el equipo de Bozsik, Czibor, Kocsis y, sobre todo, el de Ferenc Puskas. La base de la increíble selección húngara de los 50 que en seis años solo perdió un partido, la fatídica final del Mundial de 1954. El Honved FC es un grande por lo que hizo entonces y por la leyenda de aquellos jugadores, pero lo cierto es que 13 de sus 14 ligas fueron logradas en el siglo XX. El citado Ujpest, el MTK Budapest y, esencialmente el Ferencvaros TC, cuentan con más palmarés y más masa social.

Budapest Honvéd, F.C. - La Soga | Revista Cultural
Budapest Honved FC

7. FK Dukla Praga (Chequia): Al igual que le ocurre al Honved FC, los recuerdos del Dukla Praga son vivencias en blanco y negro. El equipo de la horrorosa camiseta kétchup fue fundado por el ejército rojo en 1948. A partir de entonces fueron 11 ligas hasta 1982 gracias a leyendas como Josef Masopust, Balón de Oro en 1962. Tras la desmembración de Checoslovaquia y el fin del apoyo financiero del aparato comunista, el Dukla descendió a categorías amateurs por impagos hasta que en 2012 ascendió a la primera categoría donde intenta mantenerse a la sombra de los dos colosos de la ciudad y del país, el Slavia y el Sparta de Praga.

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FK Dukla Praga

6. HVV (Países Bajos): Mucho antes de que los melenudos del Ajax impartiesen cátedra en la década de los 70, el fútbol neerlandés era una minúscula realidad sin interés y atracción más allá de los canales. En aquel primitivo balompié triunfó entre 1890 y 1914 el HVV La Haya, el equipo de la capital administrativa de los Países Bajos y de la justicia europea. Fueron un total de diez ligas y el reconocimiento como el equipo del que es fan la familia real neerlandesa. Desde 1932 no juegan en la máxima categoría y se mantienen vivos como club amateur. Su lugar en la ciudad y en la cima del fútbol holandés lo ocupa el ADO Den Haag (ADO La Haya), un habitual del profesionalismo pero que nunca conseguirá igual el palmarés de sus vecinos.

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HVV

5. Dinamo Dresden EV (Alemania): Quien le iba a decir al Dinamo que la Copa de la Reunificación de Alemania que sorprendentemente la ganó al FC Bayern en 1990 iba a ser su último título. Desde entonces el club que dominó con mano de hierro la liga de Alemania del Este ha pasado por una bancarrota y por un continuo peregrinaje por las categorías inferiores del fútbol teutón. Antes, entre 1953 y 1990, el Dinamo había ganado ocho ligas y siete copas, alcanzó unas semifinales de la Copa de la UEFA y dejó para los anales una histórica y fratricida eliminatoria en la Copa de Europa de 1974 ante el FC Bayern saldada por un total en los dos partidos de 7-6 a favor de Beckenbauer y compañía.

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Dinamo Dresden EV

4. FC Sochaux (Francia): Cuando Armand Peugeot convierta una aldea en el pueblo con una de las mayores fábricas de coches de Francia hará también que su club de fútbol, fundado en 1928, sea de facto un capo de la liga gala. El músculo financiero de la casa Peugeot hará posible la disputa de la primera liga profesional francesa de fútbol en 1933 y el FC Sochaux pronto se convertirá en un asiduo de los primeros puestos ganando el título en 1934 y 1939. Tras el fin de la II Guerra Mundial, el FC Sochaux se mantuvo en la élite, pero fue incapaz de ganar un nuevo título. Luego la familia Peugeot paulatinamente dejó de interesarse por el fútbol en un proceso que culminó con la venta del club a un multimillonario asiático en 2014.

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FC Sochaux

3. Alumni AC (Argentina): Fundado por el escocés Alexander Watson Hutton en 1893, el Alumni AC es toda una institución en Argentina y considerado el equipo más legendario del Rio de la Plata. Hutton fue el que impulsó el ‘passing game’ escocés en Argentina dando pie a un fútbol de toque y regate que pronto llegó también a Uruguay y que haría de estos dos países latinoamericanos las vanguardias del fútbol en la primera mitad del siglo XX. El precursor de este movimiento fastuoso fue el Alumni AC donde convivían argentinos de primera y segunda generación con antepasados británicos. El Alumni AC ganó diez de las primeras doce ligas argentinas (entre 1900 y 1911) hasta que en 1912 decidió disolverse por no aceptar convertirse en un club profesional. Su legado sigue vivo en las camisetas rojiblancas del Club Estudiantes La Plata, cuyos colores rinden homenaje al primer gran campeón sudamericano.

Archivo:Escudo Alumni.png - Wikipedia, la enciclopedia libre
Alumni AC

2. SG Pro Vercelli (Italia): Ente Turín y Milán está Vercelli, un pequeño pueblo medieval dedicado al cultivo de arroz de poco más de 30.000 habitantes. Allí se fundó en 1892 uno de los más grandes clubs que ha parido Italia. Entre 1908 y 1913 el conjunto piamontés ganó cinco ligas y tras la I Guerra Mundial repetiría éxito en 1921 y 1922. Fue tal su popularidad que el Pro Vercelli realizó una gira por Brasil en loor de multitudes. Como ocurrió en tantas y tantas ciudades de provincia europeas, el auge del profesionalismo acabó con el Pro Vercelli ensombrecido por los colosos que al oeste acechaban en Turín y al este en Milán. En el Pro Vercelli jugó Silvio Piola, campeón del mundo y el gran goleador italiano de la preguerra, pero ni él pudo impedir que el equipo descendiese a la Serie B en 1935. A partir de entonces numerosos descensos y varias refundaciones para un equipo que deambula por las categorías menores de una liga que un siglo atrás era suya.

Football Club Pro Vercelli 1892 - Vercelli-ITA | Futebol, Esportes, Italia
SG Pro Vercelli

1. Preston North End FC (Inglaterra): Es tan vasta y tan rica la historia del fútbol británico que muchos grandes equipos se quedan en el camino. Uno de ellos es el Huddersfield Town AFC que dirigido por Herbert Chapman ganó tres ligas seguidas en los años 20. Es Chapman un hombre que merecerá un artículo por sí mismo como inventor, entre otras muchas cosas, de las retransmisiones televisivas o de los números en las camisetas. Pero el más reseñable de estos conjuntos olvidados es el Preston North End. Tanto Preston como Huddersfield son dos ciudades industriales que vivieron tiempos mejores. A diferencia de lo que sucedió en el resto de Europa, en Inglaterra no fue el amateurismo lo que mató a estos clubes. El profesionalismo existe en Inglaterra desde finales del siglo XIX. Lo que mató a estos clubes fue lo mismo que lo que mató a las ciudades que lo acogieron. El paso del tiempo. Solo aquellas que supieron reinventarse sobrevivieron a la era de la industria pesada. Blackpool, Blackburn, Preston, Wigan, Sheffield o Bradford son todas poblaciones en un radio de 100 kilómetros de nulo interés turístico, bastiones del Brexit y que en la actualidad sobreviven como satélites de las gigantes Liverpool y Manchester.

Los 100.000 habitantes de Preston pueden presumir de que su club de fútbol fue el primer vencedor de la Premier (1888-89). La hazaña se completó con un título de copa (por supuesto el primer doblete de la historia). Repitió galardón al año siguiente y acumuló varios subcampeonatos en años venideros. Llegó a ganar una FA Cup en 1938 y ahí se acabó la mística, porque desde 1960 no ha vuelto a militar en la máxima categoría nacional.

Esto es Premier - Fútbol inglés en español - Detrás de los símbolos: Preston  North End
Preston North End FC

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El último partido de la República

Camiseta roja, pantalón azul oscuro y medias sombrías. Con esa indumentaria dijo adiós España al Mundial de Italia 1934 tras caer en un partido de desempate ante los anfitriones y posteriores campeones. Aquel fue uno de los dieciséis partidos que la selección española de fútbol jugó durante la II República. No era más que el sujeto político de la nación que esos futbolistas representaban. Pero España es la España republicana. También en términos futbolísticos.

Del morado en aquella España solo se le conocen los ribetes de las medias. Por lo demás el rojo era el color nacional. El escudo republicano elimina la flor de lis borbónica y la corona real con crucifijo por una muralla almenada que simboliza el poder civil. España nunca jugó de morado. Por si alguien lo pensaba. Si lo hizo en un par de partidos de blanco y en otros de azul celeste, color que se recuperó efímeramente como segunda equipación para le Eurocopa de 2012.

Y fue de azul celeste y pantalón negro como España se enfrentó a Suiza en el estadio Neufeld de Berna el 3 de mayo de 1936. Coqueto estadio de coquetos bancos de madera y que aún hoy mantiene una preciosa pista de atletismo.

Aquel sería el último partido de la selección española de fútbol en época republicana. Habrían de pasar cinco largos años hasta que España vuelva a jugar un partido de fútbol internacional. De los presentes aquella tarde en tierras helvéticas tan sólo Guillermo Gorostiza volverá a enfundarse ’La Roja’.

Aquella mañana, flanqueando las ocho calles de ceniza para atletas y rodeado de vallas publicitarias que hacían de los relojes el producto nacional suizo, la selección española de fútbol formó con Blasco; Zabalo, Aedo, Zubieta; Muguerza, Roberto Arruti; Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Lecue y Gorostiza. En la segunda parte entraría Vega en lugar de Muguerza por lesión de este último. Quien no disputaría el encuentro sería Guillermo Eizaguirre, guardameta suplente. España se llevaría la victoria por 0-2, tantos anotados en la segunda parte por el fantástico Isidro Lángara y por Simón Lecue con apenas un par de minutos de diferencia.

SELECCIÓN DE ESPAÑA contra Suiza 13/05/1936
El último partido de la República

En aquel equipo no estaba Gaspar Rubio, el delantero que firmó la primera derrota inglesa fuera de las Islas allá por 1929. Tampoco formaban parte del once Jacinto Quincoces y Ciriaco Errasti, la fabulosa pareja de defensores que había deslumbrado en el Mundial de Italia pero que, ya veteranos, no habían sido convocados para este amistoso. Quincoces había formado parte del once ideal de aquel Mundial en el que también brilló Ricardo Zamora, el mejor portero de su tiempo y que apenas unas semanas más tarde iba a jugar su último partido como profesional defendiendo la portería del Real Madrid ante el FC Barcelona. Disputada en Valencia será la última Copa del Presidente de la República, para ser luego del Generalísimo y ahora de Su Majestad El Rey.

En Berna tampoco estuvieron José Samitier, el hombre que había hecho grande al Barça, o el deportivista Chacho, el único futbolista capaz de meter seis goles en un partido con la camiseta nacional. Tampoco Campanal, máximo goleador de la historia del Sevilla FC y artífice de la única Liga que posee el club andaluz. Sirva estos apuntes para calibrar la enjundia futbolística de España, que era una de las candidatas a ganar el siguiente Mundial. Junto a Italia, Austria, y a la espera de saber si los uruguayos cruzarían el Atlántico, muchos apostaban por una victoria hispana en Francia 38.

El caso es que aquel 3 de mayo de 1936 la selección de fútbol jugaría su último partido bajo el escudo republicano. Apenas dos meses más tarde amplia parte del ejército se sublevaría y daría paso a una cruenta guerra que no finalizaría hasta cerca de tres años más tarde con la victoria del autoproclamado bando nacional.

Antes, en 1937, cuando el resultado de la guerra aún era incierto, José Antonio Aguirre organizó una selección para recaudar fondos para la contienda y de paso dar a conocer la situación política de Euskadi en el resto del mundo. Aguirre era entonces Lehendakari y en su juventud había sido jugador del Athletic Club de Bilbao. Aquel equipo se estrenó en Paris y viajó por buena parte de Europa hasta integrarse en la liga mexicana en la temporada 1938-39 bajo el nombre Club Deportivo Euskadi, para luego disolverse con el fin de la Guerra Civil.

La estrella de aquel equipo era Isidro Lángara, un fastuoso goleador del que ya hablamos en artículos anteriores. Lángara es el único delantero que ha conseguido encadenar tres ‘hat-tricks’ consecutivos en la Liga y fue pichichi tanto en España como en México y en Argentina. En América se labró una fama de leyenda y es recordado con devoción. Volvió a España en su vejez, olvidado y exiliado del recuerdo ante la falta de grabaciones que atestigüen su grandeza.

Junto a Lángara otros seis jugadores de Berna formaron parte de la selección de Euskadi. Gregorio Blasco, Serafín Aedo, Ángel Zubieta, Roberto Arruti, José Muguerza y Luis Regueiro. Todos lo hicieron por supervivencia más que por compromiso político. Serafín Aedo era un aldeano que abandonó por vez primera Barakaldo para enrolarse en el Betis al que lideró desde el centro de la defensa a su único título de Liga en 1935. Había firmado una millonada con el Barça para el verano de 1936, pero su ropa y sus enseres quedaron para siempre en una pensión sevillana. Aedo echó raíces en México donde falleció a los 80 años.

Idéntico viaje hizo Gregorio Blasco, tres veces portero menos goleado de la Liga con el Athletic. Como Lángara o Aedo, Blasco triunfó en el Real Club España mexicano donde fallecería también a una larga edad. Casi calcadas se podrían considerar las biografías de José Muguerza (Athletic) o Luis Regueiro (Real Unión de Irún y Real Madrid). Todos fallecerían en la capital federal mexicana en el marco temporal de una década.

No fue esta una decisión política. Fue una decisión deportiva que tuvo consecuencias políticas. O si se prefiere fue simple y pura supervivencia. Aquellos chicos llevaban ocho meses sin jugar al fútbol y el gobierno vasco les daba la posibilidad de escapar del horror de la guerra. Cuando la guerra avance y la victoria franquista sea más que evidente, bien fuese por miedo, por honor o por convicción, la posibilidad de regresar a España se había evaporado. Todos dejaron atrás a alguien. Padres, novias, hermanos. Y todos sabiendo que no era un hasta luego, sino un irremediable adiós.

De aquellos que integraron la selección vasca tan solo Roberto Arruti decidió volver. Una vez las tropas franquistas ocupen el País Vasco se expondrá una oferta de amnistía para que todos aquellos exiliados sin delitos de sangre vuelvan a través de Irún a territorio español. Solo Arruti y Gorostiza (del que hablaremos después) decidirán regresar a España. Arruti pasará a usar entonces su otro apellido, dejará el fútbol y vivirá una vida tranquila y anónima siendo conocido como Roberto Echevarría.

Pero volvamos a México. También allí echará raíces Martín Ventolrá, un fabuloso extremo catalán de fuertes convicciones nacionalistas e izquierdistas. Ventolrá también formó parte de una gira futbolística con fines recaudatorios y propagandísticos, en este caso la que el FC Barcelona hizo por América en 1937. Decidió quedarse en México donde, aparte de hartarse a marcar goles, hizo campaña a favor de la República, a lo que ayudó su matrimonio con una sobrina del presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Uno de los hijos de Ventolrá jugará el Mundial de 1970 defendiendo los colores mexicanos. José Ventolrá fue 30 veces internacional azteca.

En aquella última selección de España en tiempos de la II República había también un andaluz y un gallego. Guillermo Eizaguirre era un portero sevillano que llegó a ser seleccionador español en el histórico cuarto puesto del Mundial de Brasil de 1950. Para Eizaguirre el fútbol se acabó al estallar la guerra al igual que para el gallego José Vega (Real Club Celta) que también decidió colgar las botas tras los primeros tiros. También se retiró Ramón Zabalo (nacido en Inglaterra, pero catalán de adopción) aunque este primero escapó a Francia para luego aprovechar la amnistía e instalarse en Viladecans.

Otro que volvió es Ángel Zubieta, pero en el caso de este descomunal centrocampista lo hizo para luego volver a marchar. Su historia es similar a la de Lángara, extranjero en España y español en el extranjero.

Con 17 años Zubieta era el más joven de aquella selección. De hecho, solo fue dos veces internacional con España, aquel día en Suiza y apenas dos meses antes en otro amistoso contra Checoslovaquia. Su récord de precocidad se mantuvo inalterable hasta que el barcelonista Gavi lo batió en 2021. Apenas 21 partidos había jugado Zubieta con el Athletic hasta el estallido de la guerra. Acabó en Argentina y será leyenda de San Lorenzo de Almagro, donde aún hoy es el tercer jugador con más partidos disputados. Celebérrima fue se gira con ‘el ciclón’ por España en 1946 aprovechando los fastos entre Perón y Franco. La gente redescubrió a aquel chaval que era la batuta de un equipo legendario. Zubieta regresó a España con 34 años para jugar cuatro temporadas en el RC Deportivo y luego entrenar a varios equipos con escaso éxito, hasta que decidió volver a Argentina donde falleció en 1985 como icono del balón.

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Ángel Zubieta (izq)

El otro prodigio de aquella selección que contaba entre las favoritas para el Mundial 1938 era Simón Lecue, el autor del último gol en tiempos republicanos. ‘El niño de oro’ era el Iniesta de la década de los 30. Estaba llamado a liderar a la selección en el Mundial. Tras ganar la Liga con el Betis firmó por el Real Madrid donde se esperaba que llevase a los blancos a la gloria. Cuando estalla la guerra Lecue pasaba el verano en su Arrigorriaga natal. Un directivo del Madrid lo trasladó en coche a la capital tras un rocambolesco viaje vía Barcelona, donde se le ocultó como buenamente se pudo. Allí jugó varios partidos benéficos y al acabar la guerra fue sancionado por seis años por “jugar donde no debía”. La pena pronto se rebajó a seis meses y Lecue recuperó su estatus de estrella futbolística en la depauperada España de los 40 tanto en el Real Madrid como en el Valencia CF. Falleció en Madrid en 1984 con tres ligas y una copa en su palmarés.

El único de estos 13 futbolistas que se mostró abiertamente franquista fue Guillermo Gorostiza. Irónicamente apodado ‘Bala Roja’, Gorostiza fue un extremo izquierdo profundo y goleador que formó parte de una delantera histórica del Athletic que lograría ganar tres de los primeros torneos ligueros que se disputaron. Gorostiza se unirá a la selección de Euskadi en 1937 pero, al poco tiempo y sin decirle nada a sus compañeros, resuelve abandonarlos y regresar a España. Es recibido por loor de multitudes por los gerifaltes del bando franquista y Gorostiza pronto se alistará en el requeté carlista. El que había sido dos veces Pichichi de la Liga poco hará más que posar con el fusil con fines propagandísticos, pero su compromiso con el llamado bando nacional era claro.

Al acabar la Guerra Civil volvió al Athletic, pero en la temporada 1940/41 fue traspasado al Valencia CF. Formó la llamada delantera eléctrica junto a Mundo o Epi, y con el apoyo del mencionado Lecue en el centro del campo, aquel conjunto che logró dos ligas y un título copero. Se marchó de Valencia con 37 años, pero estiró su carrera hasta pasados los 40. Acostumbraba a desaparecer durante días y regresaba borracho a los entrenamientos. No supo gestionar su fama y su dinero y acabaría sus días con graves problemas de alcohol. Murió antes de los 60, solo, en una clínica bilbaína, sin el apoyo y el agradecimiento de aquellos que en 1937 lo recibieron con el brazo en alto.

Gorostiza fue el único superviviente futbolístico de aquella tarde primaveral de 1936. Cuando el 12 de enero de 1941 España juegue un amistoso en Portugal (el único país con el que era viable jugar en medio de la II Guerra Mundial) Gorostiza formará en el ala izquierda del ataque español. Lo hizo con el Águila de San Juan en el pecho, incorporada al escudo por los Reyes Católicos y recuperada por el Generalísimo Franco. Lo hizo también sustituyendo los ribetes republicanos de las medias por las rojigualdas y lo hizo con una camiseta azul oscura sobre el torso. Porque al igual que Gorostiza dejo de ser una bala roja tras la Guerra Civil, España pasaría a vestir de azul falangista hasta 1947.

Guillermo Gorostiza of Athletic de Bilbao in 1935. | Athletic, Athletic  club de bilbao, Fútbol
Gorostiza: ‘Bala roja’

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Cuando los goles fuera de casa tenían valor doble

Laszló (Ladislao) Kubala es uno de esos grandes futbolistas que jamás han disputado un Mundial. Recientemente nacionalizado español, Kubala estaba llamado a ser la gran estrella del Mundial de 1954 junto a Ferenc Puskas, con el que curiosamente compartió dos nacionalidades en épocas distintas. Pero para disputar el Mundial la selección española debía superar a la inofensiva Turquía en una eliminatoria a ida y vuelta. En Madrid, los españoles vencieron por 4-1, pero en Estambul hubo sorpresa y los turcos lograron el triunfo por 1-0. Entonces lo que contaban eran las victorias y no la diferencia de goles por lo que se hubo de disputar un partido de desempate en Roma. Allí no pudo jugar Kubala por una protesta de los turcos sobre el pasaporte del que ya antes había sido internacional con Hungría y con Checoslovaquia, caso inédito en el fútbol mundial. El caso es que España y Turquía empataron (2-2) y hubo que recurrir al azar para ver quien acudiría a Suiza’54.

Con una venda en los ojos, un niño de ocho años llamado Franco Gemma hizo de mano inocente. Metió los dedos en una bolsa de tela y extrajo un papel con el nombre de Turquía. Kubala y España se quedaban sin Mundial. Doce años más tarde Italia pudo ganar una Eurocopa gracias a una moneda que salió cara. Lo de las manos inocentes o el ‘cara o cruz’ (‘cara o seca’ en Argentina o ‘águila al sol’ en México) era una injusticia deportiva recalcitrante. Era necesario buscar soluciones.

En los 60 surgieron una vorágine de ideas que trataban de hacer más ofensivo, más atractivo y más justo el fútbol. En primer lugar, se le dio valor al número de goles para desempatar eliminatorias con lo cual un 5-0 ya no era igual que un 1-0. Al final de la década la FIFA admitió el establecimiento de las tarjetas para sancionar las faltas agresivas. Con el mismo fin se permitieron dos cambios por conjunto, con la idea de que cada equipo pudiese reemplazar a futbolistas lesionados o agotados. Más años tardaría en entrar a funcionar la tanda de penaltis que en los 60 se estrenaría en el veraniego Ramón de Carranza, con notable éxito entre público y expertos. Quizás los penaltis no fuesen muy justos, pero eran mucho más que las manos inocentes y que las monedas al aire.

Pero el gran cambio se iba a producir con el valor doble de los goles en las eliminatorias a ida y vuelta. La gota que colmó el vaso se dio en los dieciseisavos de final de la Copa de Europa de 1965. Bolonia FC y RSC Anderlecht hubieron de disputar un partido de desempate en el Camp Nou tras sendas igualadas en la ida y en la vuelta. Tras los noventa minutos de juego persistía el empate sin goles por lo que el partido tuvo que ir a la prórroga. Tras la disputa de dos prórrogas (se disputaban tantas como el cuerpo aguantarse) se consensuó que el pase se decidiría con el lanzamiento de una moneda al aire. El colegiado español Zariquiegui hizo los honores y la moneda cayó de canto en la hierba. Hubo que lanzarla una segunda vez con feliz resultado para los belgas y airadas protestas por parte de los italianos.

El valor de los goles fuera | Deportes | EL PAÍS
Risas. La moneda cayó de canto

Así que la UEFA decidió poner en práctica un experimento para la campaña 1965-66. Lo haría en la Recopa, la entonces tercera competición continental. La norma establecía que, en caso de empate a goles en la eliminatoria, pesasen el doble los anotados como visitante. Se trataba, además de evitar polémicas, de estimular al conjunto de fuera a jugar al ataque en una época donde el ‘catenaccio’ reinaba por el mundo entero. Los goles fuera, eso sí, solo tenían preferencia cuando había empate sumados los dos partidos. Obviamente si tras un 0-0 se perdía por 3-2 uno quedaba eliminado. No es que los dos goles a domicilio valiesen cuatro.

El caso es que esa temporada no hubo ningún partido donde se pudiese aplicar la nueva norma, mientras que en la Copa de la UEFA hubo hasta dos que tuvieron que resolverse con el lanzamiento de moneda. Para la temporada siguiente (66-67) tenemos el primer caso que se resolvería favorablemente para el Standard de Lieja que perdió 2-1 en Leipzig e hizo bueno el gol fuera de casa al vencer 1-0 a los alemanes en el partido de vuelta disputado en Bélgica.

Para la temporada 1968-69 veremos el primer caso en la Copa de Europa, la reina de las competiciones de clubes. Quiso la fortuna que el primer perjudicado fuese el rey de la Copa de Europa.

Eran los octavos de final y se enfrentaban el Real Madrid y el Rapid de Viena. En la capital austríaca venció el Rapid por 1-0 ante un Madrid que acusó las bajas de Amancio y de Gento. En el Bernabéu, Velázquez adelantó a los suyos antes del descanso, pero justo tras la reanudación empatarían los centroeuropeos. A partir de ahí habría acoso y derribo por parte merengue pero que solo se concretaría con un gol de Pirri en el minuto 81. El Real Madrid había vencido por 2-1 pero caía eliminado por el valor doble de los goles marcados fuera de casa.

Con el valor doble de los goles, la prórroga de 30 minutos y los penaltis se estableció una norma que acotó el tiempo de los partidos, solucionó problemas de calendario y dio más emoción a las eliminatorias. Faltaba una duda por resolver; ¿el valor doble de los goles también tendría validez durante la prórroga?

Nada decía la norma sobre esta particularidad y como suele pasar hubo que esperar al caso práctico para la polémica y la posible resolución del conflicto. Seria en la temporada 1971-72 en una eliminatoria de Recopa entre Glasgow Rangers y Sporting de Lisboa. Ambos equipos vencieron por 3-2 como locales por lo que hubo que ir a una prórroga en el partido de vuelta. Era en Lisboa. Allí marcaron tanto portugueses como escoceses. 4-3 a favor del Sporting. 6-6 en el total. Hubo penaltis. Y en los penaltis salió victorioso el Sporting.

Pero el Rangers no estaba de acuerdo. Fue un periodista escocés el que puso el grito en el cielo. Si la prórroga forma parte del partido, ¿por qué no han de tener también los goles fuera de casa valor doble? La UEFA dio razón al Rangers e invalidó los lanzamientos de penaltis. El Rangers pasó de eliminatoria (por cierto, acabaría ganando el trofeo) y quedó establecido que los goles fuera de casa valdrían doble tanto dentro como fuera de los 90 minutos.

Historias del fútbol: El Rangers elimina milagrosamente al Sporting de  Lisboa (1971) - AS.com
Rangers vs Sporting

La regla del valor doble de los goles en campo contrario feneció en el verano de 2021. La temporada 2021-22 está siendo la primera con la nueva normativa. Ahora da igual vencer o perder por 1-0 que por 4-3. Se mantienen, eso sí, la prórroga y los penaltis, que con todo siguen siendo la forma más justa y rápida de resolver una eliminatoria. De la misma forma que en los 60 se consideró que ayudaba al fútbol ofensivo, en los últimos tiempos se había observado que en los encuentros de ida los equipos de casa se parapetaban defensivamente para evitar un gol que se había convertido en un tesoro para el visitante.

Según la UEFA, si a inicios de la década de 1980 la correlación entre victorias caseras y a domicilio era del 61-19%, en la actualidad es 47-30%. De igual modo la correlación de goles era 2,02-0,95 por los 1,58-1,15 del presente. Esta reducción de la importancia entre ser local o visitante hace inútil, en opinión del máximo organismo del fútbol europeo, beneficiar al que juega fuera de casa.

Es el fin de una regla que ha estado presente en la vida de todos los futboleros, desde los que han vibrado con Messi o Cristiano hasta los que vieron patear un balón a Pelé o Di Stéfano. Pero los tiempos cambian y las reglas con ellos.

“La mayor calidad de los terrenos de juegos, la estandarización de las dimensiones, la mejora de las infraestructuras, el arbitraje (el VAR), la mayor y mejor cobertura televisiva, las condiciones más cómodas de los desplazamientos de los equipos, un calendario comprimido que impone la rotación de las plantillas y los cambios en los formatos de las competiciones son los motivos del fin de la regla” Comunicado de prensa de la UEFA sobre el fin del valor doble de los goles a domicilio.

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¿Por qué Lev Yashin es tan famoso?

Allá por diciembre de 2020, cuando el otoño fenecía y el invierno reclamaba su lugar, ‘France Football’ escogió el mejor once de la historia que haya parido el fútbol. Entre los elegidos estaban Beckenbauer, Messi, Maradona o Pelé. No hubo discusión. Si la hubo entre los que vieron con malos ojos que Matthaüs residiese en ese once, que Cruyff o Di Stéfano no lo estuviesen, o que Platini quedase relegado al tercer mejor equipo mientras Rijkaard ocupaba una posición de privilegio en el segundo. Para gustos colores. Todos, desde Garrincha a Cristiano Ronaldo, nos han dejado momentos para el recuerdo. Algunos más y otros menos, pero de todos hay testimonio audiovisual que atestigua sus logros.

El jurado de ‘France Football’ puso como punto de partida precisamente eso; el testimonio audiovisual. Un fútbol moderno que nació tras la II Guerra Mundial con el Mundial de Brasil y el inicio de la Copa de Europa. Quedaron en el camino Scarone, Andrade, Meazza, Sindelar o Josef Bican. Y, sin embargo, y aunque hay filmaciones que atestiguan su grandeza, resulta fascinante que uno de los 33 escogidos sea un completo desconocido para el gran público.

Ni siquiera es uno más entre los 33 escogidos. Forma parte del once ideal y, a pesar de la existencia de Buffon, Neuer, Casillas, Kahn, Banks, Zoff o Maier, su inclusión en ese equipo de leyenda fue prácticamente aceptada por unanimidad. Todos los componentes de estos tres onces históricos o bien han ganado el Mundial o bien la Copa de Europa. O mejor aún; ganaron ambos títulos. Tan sólo hay una excepción. Un futbolista que no pasó de un cuarto puesto en un Mundial. Un hombre que nunca disputó un partido de Copa de Europa. Un deportista que nunca jugó ni en una gran liga ni en un gran equipo. Un futbolista del que apenas se conservan partidos completos con su presencia, salvo los que disputó con su selección en cuatro Mundiales diferentes.

Y con todo, además de ser incluido en el ‘Ballon d’Or Dream Team’ por ‘France Football’, es considerado por la FIFA el mejor portero del siglo XX y es el único guardameta en la historia que ha sido galardonado con el Balón de Oro.

Es Lev Yashin. ‘La Araña Negra’.

Una leyenda.

Pero, ¿por qué es una leyenda? ¿Por qué Lev Yashin es tan famoso?

Como toda gran leyenda, Lev Yashin murió y resucitó en repetidas veces. En Chile, allá por 1962, Yashin acumuló pifia tras pifia. Acudía a aquel Mundial la Unión Soviética como gran ‘vedette’ tras haber salido victoriosa de la primera Eurocopa de la historia, pero la actuación de su gran portero fue más que modesta. En la primera fase un desconocido colombiano le clavó un gol olímpico. No fue lo peor. La URSS quedó eliminada en cuartos ante Chile con dos goles encajados desde fuera del área en los que dio la sensación de que Yashin pudiese haber hecho bastante más.

Los medios soviéticos culparon a Yashin de la debacle y pronto fue acusado de traición a la patria, una ligereza muy común dentro de las murallas del Kremlin. Las críticas traspasaban el Telón de Acero. ‘L’Equipé’ declaró que estaba acabado y en Inglaterra comentaban que la exageración de su fama era producto de la propaganda comunista. Presionado por las críticas, el camarada Yashin volvió de Chile decidido a retirarse. Se encontró con un grupo de aficionados que tiraban piedras contra su apartamento. Contaba con 32 años.

“Los goles sufridos acechan, siempre. Uno no recuerda los que salvó, sino los que le metieron. El guardameta que no tenga ese tormento interno, no tiene futuro”, diría Yashin en cierta ocasión.

Pasaron las semanas hasta que un día, aburrido en su casa de campo, se acercó el parque Petrovsky, al noroeste de Moscú, donde se encontraba el estadio del Dinamo. Saludó a sus compañeros, se puso los guantes y empezó el entrenamiento.

Al año siguiente Lev Yashin era elegido por ‘France Football’ el mejor futbolista del mundo por los mismos periodistas que el año anterior le habían dado por acabado. Ese mismo año ganó la Liga soviética, fue elegido mejor jugador de la URSS y, con el tiempo, los camaradas le harán entrega de la Orden de Lenin. Como colofón, fue seleccionado para formar parte del combinado mundial que se enfrentó a Inglaterra con motivo del centenario del nacimiento del fútbol.

Estaba muerto, pero resucitó. Aquella temporada disputó 37 partidos en los que únicamente encajó seis goles. ¡6 goles!

Fue esa la última ocasión en la que Yashin hubo de resucitar. Pero antes fueron muchas otras.

AS Historia on Twitter: "Lev Yashin, "La Araña Negra", es el único portero  agraciado con el Balón de Oro, fue en 1963. #FotografiAS  https://t.co/eZ9vWr599Z" / Twitter
Balón de Oro 1963

Yashin era ‘La Araña Negra’, un apodo que ejemplifica la sintonía que mantenía con el arco. Vestido de negro, de brazos infinitos, parecía un ser mitológico con seis extremidades superiores. Yashin era un personaje majestuoso que logró ser archivado en las memorias y en los libros como el primero, el mejor y el más singular e independiente. Lev Yashin no sólo paraba balones a ras de su portería, sino que definió biológicamente al portero ideal. Era grande, sobrio, sereno, ágil, potente y flexible. Un biotipo entonces poco común y que desde entonces es el canon del arquero perfecto.

Y además infundía respeto. Un gigante vestido de negro de manos enormes y elástico como un conejo que siempre tenía una sonrisa en la cara y felicitaba al atacante cuando le marcaba un fastuoso gol. Cuando el gran Eusebio, el delantero del momento, bata a Yashin en el Mundial de 1966, correrá presto a pedir disculpas al gigante soviético. Meterle un gol a Yashin será motivo de orgullo, pero también de dolor por mancillar la memoria de una leyenda. Gerd Müller, el cañonero de los 600 goles, nunca consiguió batir a Yashin. Lo decía con rabia, pero también con el alivio de no haber cometido un sacrilegio.

Durante una gira amistosa en el Cáucaso en 1950, sufrió un gol desgraciado del Traktor Volgogrado. Era su primer partido con el Dinamo Moscú después de destacar en la estructura juvenil. Tenía 21 años recién cumplidos. En una salida mal calibrada, colisionó con un defensa de su equipo, y la pelota le castigó al pasarle por un lado. Yashin soportó las bromas de sus compañeros Konstantin Beskov y Vasily Kartsev, los dos jerarcas de la plantilla. Pocas semanas después, debutó en partido oficial contra el Spartak Moscú y sufrió otra desdicha idéntica. Volvió a chocar con un compañero al salir a un centro, se tragó el balón y otro ridículo hizo su aparición. Después, un general de la NKVD, la policía secreta, entró en el vestuario y explotó: “Hay que borrar del equipo a este idiota”. Cuatro goles encajados en diez minutos en su siguiente partido, jugado a los tres meses, contra el Dinamo Tbilisi clavaron la daga definitiva en el alma de Yashin.

Yashin estaba muerto, pero se preparaba para su segunda resurrección.

Su actuación había sido tan lamentable que no es que lo mandasen al banquillo, es que directamente lo invitaron a dedicarse a otra cosa. Lev cambió los guantes por el stick y pasó a integrar la nómina del Dinamo en su modalidad de hockey sobre hielo. Pronto se labró una fama como excelente portero y tres años más tarde ganaba la liga soviética y era reclamado nuevamente para el equipo de fútbol. Lev obedeció y, de pronto, el Dinamo contaba con un portero de fútbol con una capacidad de reacción y de reflejos nunca antes vista. Habilidades motrices. Gracias al hockey agudizó la percepción del ojo, ganando una velocidad de reflejos que luego trasladó al fútbol. Con el hockey, pulió también su técnica, su cobertura de ángulos estrechos y se convirtió en un gigante de 190 centímetros de agilidad felina.

Lev Yashin, la leyenda de la "Araña Negra"
Una araña sobre el hielo

Pero la leyenda de Yashin no se basaba solo en unas condiciones físicas portentosas. Yashin comprendía y leía el juego. Ordenaba a sus compañeros donde y como colocarse en unos tiempos donde el portero era atrezo e incluso los entrenadores raramente salían del banquillo durante los partidos. Yashin añadió a sus condiciones innatas una reinterpretación de la labor del portero. Custodiaba los espacios, salía fuera del área y lanzaba contraataques antes de que ningún defensa pensase siquiera que existía esa posibilidad. Célebres eran sus despejes de cabeza fuera del área que primero aglutinaban murmullo del respetable y luego acalorados aplausos cuando Yashin se atusaba el pelo y se volvía a colocar la gorra.

Era un arquero diferente. Mientras la mayoría rechazaban los disparos, él fue pionero al empezar a atajar los balones cuando nadie lo hacía, cobijándolos entre sus brazos y denegando la opción al rebote. En aquella época los metas temían alejarse de su jaula y Yashin entendió que desligarse de aquellos tres postes reducía espacios y tiempo para pensar al delantero. Como también fue el primer valiente en atreverse a salir por alto a los balones aéreos y despejarlos con los puños, algo nada habitual por entonces. Y a todo eso, por si fuera poco, se le suma su condición de parapenaltis.

Hay autores que consideran que una figura como Yashin solo podría haberse dado en la Unión Soviética. El portero es alguien para el que lo más importante es la victoria del equipo. Es una figura anticapitalista que se sacrifica por los demás. Lo cierto es que todos los equipos soviéticos de cualquier deporte evitaban la búsqueda de estrellas y construían el juego en base a un orden milimétrico y automatizado que llevase a la victoria a través de la socialización de todos sus componentes. El portero es ese mito que siendo único e individual sólo tiene éxito si a través de su discreción es capaz de salvar al equipo. No es extraño que la URSS pariese grandes porteros (Yashin, Rudakov, Dassaev -todos ellos rusos-) y ningún gran ‘9’, el jugador egoísta por excelencia. Los grandes atacantes que hubo (Blokhin y Belanov) eran, y no casualmente, ucranianos.

En una sociedad tan uniforme, el portero era una de las escasas expresiones posibles y el objetivo era eliminarlo. Existía una canción, aun hoy cantada en muchos campos rusos, que decía: “Portero, prepárate para la batalla, detrás de ti esta nuestra frontera”. Es el último baluarte ante el extranjero. Como el as de la aviación o el astronauta, el portero es un ser individual al servicio de un todo. “La sensación de ver a Gagarin volar por el espacio solo es superada por parar un penalti”, diría Yashin en la cima de su éxito.

Porque ‘La Araña Negra’ es un hijo del comunismo. Nacido en 1929, huérfano de madre a los seis años, su infancia transcurrió entre las locuras sádicas de Stalin y la penumbra de la Gran Guerra Patriótica contra los nazis. Ahí Lev Ivanovich Yashin iba a experimentar su primera resurrección. Desde niño trabajó en una fábrica aeronáutica y sobrevivió a base de cigarrillos mostrándose como un adolescente trabajador y educado. Fumador empedernido lo será toda la vida (incluso en los descansos de los partidos) y defenderá el uso de la nicotina hasta su muerte, porque fue el tabaco lo que le salvó de morir de hambre cuando era pequeño. Aquellos diez cigarros diarios se complementaban con unos buenos vasos de vodka. Así se entiende que aquel niño acabase siendo un adulto con problemas de acidez que resolvía el bicarbonato y que falleciese con apenas 60 años por culpa de un cáncer de estómago.

Conoció el fútbol en la fábrica, jugando como delantero. Pero su imponente altura, sus largos brazos y su elasticidad en el salto sedujeron a los jefes de la planta y le impusieron la portería. En 1949, después del servicio militar, fue reclutado por el Dinamo Moscú. Nunca se quitaría esa camiseta, ni siquiera, en numerosas ocasiones, ni para jugar con la Unión Soviética, pues muchos partidos con la selección los disputó con la letra ‘D’ bordada en su imborrable jersey oscuro. Ese otoño, solo unos meses antes del salto a la escuadra principal, el nombre de Yashin se abrió hueco en el fútbol de la capital soviética cuando en su primera exhibición impulsó la victoria del juvenil sobre el primer equipo en las semifinales de la Copa Moscú.

Luego vino su caída y su exitoso paso por el hockey. Llegó a estar seleccionado para disputar el Mundial de la especialidad en 1954, pero renunció porque su intención era triunfar en el fútbol. Tenía cerca de los 25 años cuando a Yashin le permitieron volver a defender la portería del Dinamo en su versión 11 contra 11. Tardó solo unos meses en alcanzar la selección, en seducir a todo un país y en asimilarse como el rostro de una institución como el Dinamo Moscú. Jugó allí 22 temporadas; ganó las ligas de 1954, 1955, 1957, 1959 y 1963; levantó las copas de 1953, 1967 y 1970; fue internacional soviético 73 veces; ejerció de figura clave en el oro olímpico de Melbourne 1956 y en la Eurocopa de 1960; disputó los Mundiales de 1958, 1962, 1966 y con 41 años aún fue tercer portero de la URSS en el de 1970. Con el Dinamo dejó la portería a cero en el 48% de sus partidos. En más de 200 partidos. En total, una carrera de 813 encuentros (dos con la selección FIFA) y 150 penaltis parados.

Son sus portentosas actuaciones con la Unión Soviética lo que le convirtieron en un icono. Se dio a conocer al mundo en los Juegos de Melbourne de 1956 y dos años después ya era referencia en el Mundial de Suecia. Desde ese 1958 a 1961 Yashin vivió un trienio mágico coronado por la consecución de la Eurocopa de 1960 donde emergió como figura indiscutible de un equipo de orden mecánico. La final ante Yugoslavia junto al duelo de cuartos frente a Hungría en el Mundial 1966 perviven como sus dos mejores actuaciones internacionales. Por el camino su traspiés en 1962 y su tercera resurrección incluyendo un subcampeonato europeo en 1964. Por cierto, en aquella cruzada ideológica entre franquistas y comunistas de 1964 Lev Yashin saltó al campo con una sudadera que portaba el escudo de su tan querido Dinamo moscovita.

Lev Yashin, guantes para un Balón de Oro - Blogs - Fútbol Emotion
La Araña Negro a color

Para crear el mito Yashin ayudaron sus éxitos en la Eurocopa, pero en especial su gran actuación en el Mundial de 1966, el primero filmado a color. La URSS quizás no se dio cuenta de ello, pero Yashin era un subproducto capitalista tan potente como el Sputnik o los rifles Kalashnikov. En plena Guerra Fría Lev Yashin era conocido por la prensa occidental como “la cara sonriente del comunismo”.

Era “la cara sonriente del comunismo”, pero era, esencialmente, ‘La Araña Negra’. El negro galvanizó su postura y creó un estándar repetido hasta la saciedad, hasta que las marcas comerciales empezaron a introducir el color en la vestimenta del guardameta. Iribar o Zoff serían clones de Yashin, tanto por planta y elasticidad como por estética. La leyenda dice que jugó durante dos décadas de negro y que sólo usó un puñado de jerséis en su carrera. Lo cierto es que Yashin usaba los tonos oscuros porque consideraba que eran más efectivos ante los atacantes, pero no siempre eran negros. Uso el azul oscuro en múltiples ocasiones, pero tanto las fotos como las filmaciones en blanco y negro, se encargarían de oscurecer todos los recuerdos. Yashin es un uniforme oscuro invisible para el rival.

Quizá para que Occidente comprenda la grandeza de Yashin es necesario relatar una anécdota. Santiago Bernabéu quedó prendado de muchos de los futbolistas integrantes de la selección soviética, pero, sobre todo, del hombre encargado de evitar los goles rivales. En la celebración del título por la Eurocopa 1960, en un restaurante cercano a la Torre Eiffel, Bernabéu ofreció un cheque en blanco al gigante soviético. Para el pope merengue Lev Yashin no tenía precio. La oferta acabó en papel mojado, ya que en aquellos tiempos ver a un soviético traspasando el Telón de Acero para jugar en otro país era más complicado que llegar a la Luna.

Yashin era querido y amado. Todo lo que tenía de grande lo tenía de bonachón. Era accesible, desprovisto de arrogancia o altivez y no había niño al que no le firmase un autógrafo. Cuando le preguntaban si era el mejor siempre negaba con la cabeza y daba el nombre de Beara, guardameta de la selección yugoslava. También tenía palabras de cariño para Grosics o Sokolov, dos pioneros en las salidas fuera del área de los porteros (como Carrizo en Argentina). En sus días libres solía acercarse a charlar con los arqueros juveniles del Dinamo y les daba consejos siempre que le preguntaban.

Como decía falleció joven. Era 1990. Mas tarde vendrá su estatua de bronce, antes la Orden de Lenin o el bautizo con su nombre al estadio del Dinamo. Hasta será la imagen en los posters oficiales del Mundial de Rusia de 2018, fiel reflejo de la importancia del mito en el patrimonio de una nación. Contaba su viuda que cuando ganó el Balón de Oro un chef francés le obsequió con un balón de chocolate. Mandó conservarlo y allí se mantiene, sereno e imperecedero, como la leyenda del portero más famoso de todos los tiempos.

“El portero es un jugador, no un tercer poste”. Lev Yashin.

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Vanguardia y horror en el Donbass Arena

En el verano de 2012 la selección española de fútbol completó un cuatrienio inigualable. Conquistó una segunda Eurocopa consecutiva para añadir al que había sido su primer Mundial. La victoria se fraguó en una redonda final en la que bailaron a Italia por 4-0 en, quizás, el mejor encuentro enarbolado por esa maravillosa generación de futbolistas. Tan magna exhibición fue perpetrada en Kiev, en un histórico estadio cercano al siglo de existencia, pero recientemente remodelado para exhibir la prosperidad y la pujanza de la moderna Ucrania. Se reconstruyó el anillo inferior, se techaron todas las gradas, se creó un palco de lujo y se edificó un hotel de 13 plantas adjudicado a la empresa Sheraton anexo al coliseo.

No fue tarea fácil semejante loor a la modernidad. Ucrania tuvo que organizar la Eurocopa de la mano con Polonia y vencer a Italia en la votación propuesta por la UEFA. Tras apenas dos décadas de existencia como nación independiente, para los ucranianos era una oportunidad única para demostrar al mundo que el comunismo era un asunto del pasado y para implorar a la Unión Europea un puente que les permitiese cruzar a Occidente. Hubo que gastar una ingente cantidad de dinero en acondicionar estadios, construir redes de transporte y crear plazas hoteleras, y hasta varios ministros acabarían dimitiendo ante el cataclismo económico creado por el shock financiero de 2008.

Con todo, la organización fue exitosa y, durante un mes, Ucrania (y Polonia) fueron el centro de Europa. Uno de esos lugares felices en aquel verano fue Donetsk, una ciudad de cerca de millón de habitantes y capital de la región del Donbass, comarca situada al este de Ucrania y de mayoría rusófila. En Donetsk se jugaron tres partidos de la primera fase (incluyendo dos derrotas ucranianas) y el partido de cuartos de final y la semifinal disputada por España ante Francia y Portugal, respectivamente. Era el colofón para un estadio en el que la celebérrima Beyoncé había dado un concierto para inaugurar la nueva era.

Apenas tres años de vida tenía el Donbass Arena, un coloso para 50.000 espectadores que emerge en el interior del parque Lenin, una imponente colección de naturaleza y escultura con reminiscencias del Parque Güell. Erigido como una copia a menor escala del Allianz Arena (como tantos muchos después) consta con un techo ovalado que se camufla con el paisaje y le da aspecto de platillo volante, mucho más acentuado cuando las tinieblas hacen su aparición y el milagro de la luz artificial ilumina la ciudad.

Fotos de Concursos, Cielo, Que, Azul., Eurocopa 2012 - Imagen de © Leonardi  #7230741
Donbass Arena

Cuando el Donbass Arena se inauguró se cumplían dos décadas de la caída del Muro de Berlín y cerca de nueve decenios desde la muerte de Lenin. El estadio, instalado en el parque bautizado en honor al hombre que hizo carne el ideal comunista, está rodeado por un entorno forestal donde cada árbol conmemora a un miembro fallecido en la Gran Guerra Patriótica. La Guerra Patriótica es como denominan los rusos a la II Guerra Mundial. Concretamente a los años que van desde 1941 a 1945, cuando la URSS y la Alemania Nazi utilicen los ideales y las ambiciones del pueblo para destruir millones de vidas humanas. El otro bienio, el que va de 1939 a 1941, es convenientemente borrado de la historia para hacer desaparecer el pacto de amistad que imperó esos años entre Stalin y Hitler.

Y es que el Donbass es una región eminentemente prorusa. Cuando en 2014 las tropas rusas ocupen Crimea tras la llamada revolución del Euromaidán lo harán certificando la clara división del país. Mientras el oeste de Ucrania vote a favor de los partidos proeuropeos (más del 85%) las regiones del este limítrofes con Rusia (tanto el Donbass como Crimea) apenas apoyarán en un 20% a los candidatos favorables a la integración con la Unión Europea.

Uno de esos ucranianos filorusos era el multimillonario Rinat Ajmetov. Rubio, de nariz aguileña y mirada firme, Ajmetov amasó su fortuna comprando sociedades mineras de la cuenca del Don, y su fama adquiriendo la propiedad del FK Shakhtar Donetsk en 1996. El Shakhtar había sido un equipo irrelevante durante el período soviético y su estatus tampoco hubo de mejorar con la independencia ucraniana. No será hasta 2002 cuando el Shakhtar gane su primera liga.

Lithuanian to head the company of Ukraine's richest man Rinat Akhmetov -  the Lithuania Tribune
Rinat Ajmetov

Desde entonces el crecimiento será imparable. El Shakhtar ganará ocho ligas en una década y tocará el cielo al lograr la Copa de la UEFA de 2009 meses antes de la inauguración del Donbass Arena. Lo hará con Mircea Lucescu en el banquillo y con una acertada política de fichajes basada en cazar a jóvenes promesas brasileñas y ofrecerles el escaparate del Shakhtar para progresar en Europa. Fernandinho, Alex Teixeira, Fred, Douglas Costa, William o Luiz Adriano son algunos de los que portaron la zamarra naranja de los mineros del Donbass.

Tras la inauguración del Donbass Arena y la instalación perpetua en la fase de grupos de la Champions League, el objetivo del Shakhtar era asentarse en la élite europea y convertirse en el equipo referencial de Europa del Este. Pero los sueños de grandeza se toparon con la realidad política del país y con una guerra a punto de estallar.

El Shakhtar estrena su palmarés europeo | UEFA Europa League | UEFA.com
La gloria europea

En 2013 se destapó una serie de escándalos de corrupción que hicieron tambalear a Viktor Yanukovich, presidente ucraniano. El problema de fondo es que Yanukovich era prorruso y había paralizado varios acuerdos económicos y de seguridad con la Unión Europea. Las manifestaciones y protestas fueron aumentando hasta convertirse en disturbios. Será en febrero de 2014 cuando estalle el llamado Euromaidán, una revolución ciudadana que hizo dimitir a Yanukovich, el cual, inmediatamente, buscó cobijo en la vecina Rusia.

El problema es que mientras en Kiev y buena parte de Ucrania Yanukovich era odiado, para los rusófilos del Donbass y de Crimea lo que se había cometido era una traición. Entre los dolidos estaba Rinat Ajmedov que había financiado generosamente las campañas electorales de Yanukovich. Alentado por ese apoyo rusófilo, Vladimir Putin ordenará a las tropas rusas ocupar Crimea y bombardear el Donbass ante la callada por respuesta de Occidente. Las democracias tardarán ocho años en darse cuenta de la realidad de una guerra que ya contaba con cerca de 20.000 muertos.

Desde ese verano de 2014 la vida se paraliza en el Donbass. Ese otoño los jugadores brasileños del Shakhtar aprovechan la disputa de un partido ante el Olympique de Lyon para huir y no volver a Ucrania. Días después dos bombas estallan en la entrada principal del Donbass Arena haciéndolo inservible. Las guerrillas acabarán también con el suministro de energía del estadio y quemando las instalaciones deportivas anexas al recinto.

Al Shakhtar no le quedó más remedio que exiliarse para continuar con su actividad deportiva. El equipo fijo su sede en Kiev. Allí se entrenaba a diario, pero debía desplazarse a Lviv (Leópolis) para jugar sus encuentros como local. Más de 1.000 kilómetros separan a Donetsk de Lviv. Pero la diferencia va más allá del kilometraje. Situada a apenas 70 kilómetros de la frontera polaca, Lviv es la ciudad más proeuropea de Ucrania. Desmoralizado, falto de apoyo en las gradas y con continuos abucheos y desplantes, los resultados del Shakhtar cayeron en picado. En 2017 decidieron mudarse nuevamente, en este caso a Járkov, a unos 45 kilómetros de Rusia y lugar de una de las batallas más inhumanas de la II Guerra Mundial. En Járkov el Shakhtar se encontró con mayores dificultades logísticas, pero con un público más dócil. En esas estaban cuando el Covid-19 hizo su aparición y la plantilla del Shakhtar tuvo que hacer un tercer y último traslado, en este caso a la capital Kiev.

Por entonces Ajmetov había comprendido la peligrosidad de aliarse con los intereses rusos. Por culpa de la guerra en el Donbass había perdido el control de varios de sus activos. Dejó de aparecer en público y optó por un perfil más bajo. Entre bambalinas promovió varios acercamientos entre el gobierno ucraniano y el ruso y, cuando percibió que el acuerdo era inverosímil, decidió apostar fuertemente por Ucrania.

Cuando el 24 de febrero de 2022 comience la ofensiva rusa el Donbass Arena pasará a ser un centro logístico para el ejército ruso. Ajmetov, que en el pasado llegó a financiar un golpe de Estado contra el gobierno ucraniano presidido por Zelenski, declaró que todo su poder financiero estaría enfocado a la ayuda a los desplazados, tanto para ayudar a los refugiados como para conseguir comida o medicamentos para aquellos que decidiesen quedarse en Ucrania, bien por compromiso, o bien por necesidad.

Ajmetov también anunció que se llevaría su poder industrial desde el Donbass hasta Mariupol, y si esta ciudad portuaria también era ocupada, no cejaría hasta encontrar un lugar desde el que seguir combatiendo la ocupación. Ayudó también a que los activos brasileños del club abandonasen Ucrania comprometiéndose a liberarlos de sus relaciones contractuales si lo considerasen necesario.

Mapas de la situación de la invasión de Rusia a Ucrania
Ucrania en guerra a finales de febrero de 2022

Hasta trece futbolistas brasileños militaban esta temporada en el Shakhtar Donetsk. El día 24 se reunieron todos ellos en un hotel de Kiev junto a sus familias mientras pedían auxilio al embajador brasileño. Entre ellos estaba Maycon, futbolista carioca de 24 años que llevaba un lustro deambulando de un lado a otro de Ucrania defendiendo los intereses del Shakhtar. El caso más complicado fue el del delantero Junior Moraes que, nacionalizado ucraniano desde 2019, es internacional por su país de adopción. Según la orden del presidente Zelenski ningún varón ucraniano entre 18 y 60 años puede abandonar el país y tiene que estar dispuesto a combatir contra los rusos si es llamado a filas. Moraes tuvo que salir de incógnito por la frontera camino de Moldavia y desde allí tomar un bus hasta Paris y volar hacia la libertad a través del aeropuerto Charles de Gaulle. Para salvaguardar su honor hizo una donación de miles de euros para ayudar a las víctimas de la guerra.

A la hora de escribir estas líneas se antoja inverosímil ver al Shakhtar en la próxima edición de la Copa de Europa. Para los habitantes de Donetsk el concierto del Beyoncé en el Donbass Arena es un recuerdo en blanco y negro. O quizás no. Igual es en un vivida luz de colores que los retrotrae a aquel verano de 2012 cuando España bailó a Italia en la final de una Eurocopa que convirtió a Ucrania por unos días en el centro del planeta y la llevó en volandas a la modernidad y a la prosperidad.

“Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos” Adolf Hitler.

«Crimea, Ucrania y Leningrado. Después, Moscú» Adolf Hitler.

¿Democracia? ¿Creen que quiero para Rusia la democracia que tiene Irak? Vladimir Putin.

«Aquel que no echa de menos a la Unión Soviética es que no tiene corazón» Vladimir Putin.

«La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre con excepción de todos los demás» Winston Churchill.

«Los fascistas del futuro se llamaran a si mismos antifascistas» Winston Churchill.

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El partido de la muerte

A inicios 1942 gran parte de la Rusia europea estaba ocupada por la Alemania nazi. Uno de esos territorios era Ucrania, una inmensa y rica planicie industrial y agrícola del tamaño de España con capital en la esplendorosa Kiev. Para Occidente aquello fue, era y es Rusia. Nada más lejos de la realidad. Ucrania formaba parte de la Unión Soviética como una de sus repúblicas y, aunque sus vínculos con Rusia eran tanto reales como ficticios, tenía, y tiene, una autonomía histórica independiente de Moscú.

Fue en el siglo IX cuando una masa de escandinavos estableció, con epicentro en Kiev, un territorio que ocupaba buena parte de lo que hoy es Ucrania y atravesaba el río Dniéper hasta llegar al actual noroeste de Rusia. Ese territorio era conocido como Rus e iría creciendo de tal manera que acabaría teniendo dos ciudades principales, una al sur y otra al norte.

Tras la invasión mongola el Rus fue absorbido por los súbditos de Genghis Kahn. Cuando en el siglo XV los mongoles sean un recuerdo, la realidad a la que se enfrentará el Rus será muy diferente a la de sus orígenes. El Rus se habrá dividido en dos. El rus (los ucranianos) formarán un amplio territorio llamado Gran Ducado de Lituania. Al norte estará el Gran Principado de Moscú. Con el tiempo, unos y otros se irán enemistando dado que el Gran Ducado de Lituania procesará el catolicismo y el Gran Principado de Moscú la fe ortodoxa. Debido a que los ucranianos eran ortodoxos y los polacos (los otros integrantes del Gran Ducado de Lituania junto a los propios lituanos) católicos era cuestión de tiempo que la unión se rompiese. De este modo Catalina la Grande iniciará una serie de campañas militares que convertirán a Moscú (ya de facto el Imperio Ruso) en la potencia dominante de la zona y absorberá los territorios ucranianos.

Para entonces ya se hablaba de Ucrania y de Rusia. El problema es que para los rusos el territorio ucraniano era el corazón de su Imperio. No en vano la palabra ‘Rus’ tiene su origen en Ucrania. Es más, la única salida posible al Mediterráneo de los rusos estaba en Crimea, una península a los pies de Ucrania. Sin Crimea, los mercantes y los buques de guerra rusos estarían inmovilizados por culpa del hielo invernal y estarían a expensas de los alemanes y del embudo que forma el Mar Báltico en el estrecho de Kattegat. A finales del siglo XVIIII Catalina inició una política de rusificación que continuaron sus sucesores expulsando a los cosacos de Ucrania (sí, los cosacos son ucranianos) y a los tártaros de Crimea (si, los tártaros tampoco son ‘rusos’).

El mapa político de Ucrania - Mapas de El Orden Mundial - EOM
Ucrania

Así pues, cuando en 1917 triunfa la Revolución Bolchevique y la familia del Zar es asesinada, los ucranianos verán el cielo abierto y proclamarán su independencia. Será un movimiento efímero ya que, abandonados por Occidente, no les quedará más remedio que aceptar lo inevitable y Ucrania será una de las repúblicas autónomas que formarán parte de la URSS. Pero Rusia no olvidará la afrenta y Stalin mandará matar por hambre a más de cuatro millones de ucranianos en la década de 1930 al confiscar las reservas de cereales ucranianas para llevarlas a los territorios más dóciles de la Unión Soviética.

Volvamos pues a 1942. Decía que Ucrania estaba ocupada por Alemania. En un primer momento los ucranianos vieron a los alemanes como libertadores. Fue una ficción. Para Hitler todo aquello más allá del Oder formaba parte del ‘Lebensraum’. Para el pensamiento nazi tanto polacos como rusos o ucranianos eran lo mismo, subhumanos que había que eliminar o esclavizar para que los arios tuviesen el espacio vital que necesitaban para existir.

Tras la debacle de Stalingrado, y ante el más que probable colapso del Reich, los nazis enarbolaron banderas nacionalistas para intentar poner de su lado a la población autóctona. Nació así el Ejército Ruso de Liberación de Andrei Vlasov y la Organización de Nacionalistas Ucranianos. Los esfuerzos fueron en vano, dado que, aunque estos grupos querían librarse de los comunistas, también eran conscientes de que la alternativa no era ni la democracia ni la independencia, sino el exterminio nazi. El fracaso de estas iniciativas se contempla con los números. Apenas 300.000 soldados integraron la Organización de Nacionalistas Ucranianos, mientras que se estima que unos seis millones (muchos de ellos forzados) formaron las filas del Ejército Rojo.

kiev 1942 – Kiev Private Tours
Kiev. 1942

— EL PARTIDO DE LA MUERTE —

Entre aquellos chicos obligados a combatir en el Ejército Rojo estaban los futbolistas del Dinamo de Kiev. Fundado en 1927 como el equipo de la policía soviética, el Dinamo gozaba de gran reputación, aunque su nivel era inferior al de los equipos de Moscú. Cuando en septiembre de 1941 los alemanes ocupen Kiev varios de aquellos futbolistas acabarán en un campo de concentración, bien por servir al Ejército Rojo o bien por formar parte de la defensa civil de la ciudad.

Los meses pasaron, el invierno llegó y el hambre hizo su aparición. A inicios de 1942 Mykola Trusevych, portero del Dinamo, fue liberado de prisión y deambulaba por la ciudad en busca de un trabajo. En uno de esos días aciagos se tropezó con Iosif Kordik, un fanático del Dinamo de Kiev que lo reconoció enseguida. Trusevych estaba demacrado y extremadamente delgado por lo que Kordik no dudó en ofrecerle trabajo en la panadería que regentaba un par de manzanas más allá. Kordik había podido mantener su negocio intacto al ser de ascendencia alemana.

A Kordik se le cayó el alma a los pues cuando vio a Trusevych. Lo que antes era un hombre fornido y elástico era hoy un amasijo de huesos. Lo empleó como barrendero en la tienda, la mayoría de las veces sin sueldo, pero lo que nunca le faltaría sería que comer. Pronto Trusevych comenzó a ganar peso y a Kordik se le ocurrió la idea de formar un equipo de fútbol patrocinado por la panadería.

Trusevych se mostró encantado con la idea. Aquel panadero le había dado trabajo, pero sobre todo le había devuelto la dignidad. Comenzó a recorrer los barrios de Kiev puerta con puerta buscando a sus antiguos compañeros. No era tarea fácil. Alguno estaba preso, otros fallecidos y el resto estaban desperdigados por la ciudad.

Al cabo de unas semanas Trusevych había reunido a un grupo heterogéneo formado por ocho antiguos futbolistas del Dinamo de Kiev y tres jugadores del Lokomotiv de Kiev. Todos se reunían en la panadería estatal número 3, el establecimiento regentado por Kordik, para charlar de la vida, de fútbol…y para comer.

Aquellos chicos formaron el FC Start.

Su historia pasaría a ser legendaria.

Los nazis, en su intento por dar normalidad a la ocupación, organizaron un campeonato de liga en la ciudad. Participarían un total de seis equipos. Dos conjuntos alemanes y otros dos formados por las guarniciones rumana y húngara de la ciudad. Las otras dos escuadras serían el FC Start y el conjunto hecho con los colaboracionistas ucranianos. Éstos últimos serían los únicos que podrían jugar como locales en el antiguo estadio nacional.

El primer partido del FC Start fue contra los colaboracionistas ucranianos y se saldó con una clara victoria (7-2). La siguiente víctima fueron los húngaros que, al igual que los rumanos, eran aliados de los nazis y solían ocuparse de las zonas ya conquistadas, dado que el Alto Mando alemán confiaba poco de sus dotes en el campo de batalla. Decía que el FC Start se enfrentó a los húngaros logrando una fácil victoria (6-2). Más apabullante sería la siguiente ante la guarnición rumana (11-0) o la lograda ante los militares alemanes (9-1).

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La única foto conocida del FC Start

Por entonces la fama del FC Start ya era conocida en Kiev y en buena parte de Ucrania. Estaba claro que los rivales eran simples aficionados y que el FC Start estaba formado por futbolistas de verdad, pero cada pequeña victoria henchía el orgullo de los ucranianos, los cuales veían cada gol como una patada a la vanidad de los ocupantes.

Conscientes de que las victorias del FC Start podían inspirar a los ucranianos y disminuir la moral de las tropas del Eje, las autoridades nazis tenían la esperanza en que el Flakeif lograse vencer a esos rebeldes. El Flakeif era el equipo de la Luffwaffe, las fuerzas áreas, y allí era donde servían la mayoría de los antiguos futbolistas alemanes. Antes el FC Start volvió a vencer a rumanos y húngaros por 6-0 y por un ajustado 3-2 respectivamente. Cabe señalar que por entonces Hungría era una potencia futbolística de primer nivel, y aunque solo se tratasen de futbolistas aficionados, la victoria contaba con cierto prestigio.

Que aquellos futbolistas desarrapados humillasen al Reich era inaceptable. Y lo fue mucho más cuando el FC Start derrotó al Flakeif por un clarísimo 5-1. Mal equipados y alimentados, aquellos futbolistas ucranianos estaban poniendo en tela de juicio tanto el orgullo alemán como las teorías raciales nazis. Sin apenas tiempo para recuperarse, apenas 72 horas más tarde se programó la revancha entre el Flakeif y el FC Start. El partido se jugaría en el estadio nacional Zenit de Kiev, antes conocido como Estadio Rojo y en la actualidad renombrado Estadio Olímpico de Kiev. Se trataba de un coloso de cemento capaz de acoger a cerca de 70.000 espectadores a pesar de sufrir diversos desperfectos por culpa de varios bombardeos.

Ya no era un partido de campeonato. Era una revancha a vida o muerte.

Los días previos la comida comenzó a llegar en tropel a la parte de atrás de la panadería de Kordik. Junto a la carne o los huevos llegaban también mensajes de ánimo y lágrimas de orgullo ante lo que aquellos chicos estaban haciendo. Aparecieron también nuevas camisetas y hasta alguna bota de fútbol usada.

El 9 de agosto el FC Start y el Flakeif saltaron al césped del Olímpico de Kiev ante una multitud callada, pero con el pecho henchido de júbilo. En el palco varios gerifaltes alemanes. En el circulo central, el colegiado. Un oficial de las Waffen-SS, el cuerpo de élite del entramado nazi, sin más conocimiento del reglamento que el de ayudar lo máximo posible a los suyos. Los ucranianos sabrían que el arbitraje sería tendencioso y mucho más cuando minutos antes del partido reciban la visita de un miembro de las SS que les advertiría de las funestas consecuencias de una nueva victoria.

Como era de esperar el Flakeif hizo gala de su poderío físico ante la impasibilidad del árbitro. Así llegaría el primer tanto. Trusevych recibió una patada en la cabeza en un tumulto en el área, y mientras el portero ucraniano se recuperaba, los alemanes anotaron el primer gol a puerta vacía.

El partido transcurrió y las fuentes orales hablan de tirones de pelos, agarres de camiseta, puñetazos en el estómago y violentas patadas en la espinilla, todas con el beneplácito del colegiado. Aun así, el FC Start logró anotar tres goles antes del descanso, uno de ellos tras un precioso zig-zag entre varios defensores de Makar Goncharenko, seguramente el futbolista con mayores cualidades técnicas de los allí presentes.

En la segunda parte el FC Start acusó los golpes y el cansancio. Llegó a anotar dos tantos más, que rápidamente fueron contrarrestados por los nazis. El marcador señalaba un 5-3 a favor de los ucranianos cuando Kimilenko, defensa central de los locales, avanzó con la pelota, sorteó a varios rivales y se plantó delante del portero alemán engañándole con un golpe de cadera hasta encontrarse con la portería vacía. Fue entonces, cuando en lugar de anotar un gol, decidió darse la vuelta y pegar un pelotazo dirigido al público mientras alzaba los brazos en señal de victoria.

Los casi 70.000 espectadores rugieron como si no hubiese un mañana.

Faltaban aún unos minutos para el final del encuentro, pero el árbitro decidió pitar la conclusión antes de tiempo.

Aquello iba a tener consecuencias. Ya habían sido advertidos.

La afrenta resquebrajó la sonrisa hierática de los ocupantes nazis. Sí, el FC Start era un equipo de ex futbolistas. Pero eran seres humanos mal alimentados, con profundas cicatrices por la represión y con el miedo azuzando sus cabezas. Era subhumanos que habían vencido a la élite del ejército más poderoso jamás visto.

Una semana más tarde, el 16 de agosto de 1942, el FC Start venció a otro equipo alemán por 8-0. Al día siguiente los jugadores ucranianos fueron arrestados por orden de la Gestapo acusados de ser espías soviéticos. En realidad, todos eran miembros del Partido Comunista porque para jugar al fútbol en la Unión Soviética era obligatorio afiliarse al partido. Nikolai Korotkykh murió torturado mientras el resto de la plantilla fue enviada a un campo de concentración. Cuatro compañeros más acabarían falleciendo, entre ellos el portero Mykola Trusevych, el impulsor de esta epopeya.

A finales de 1943 los soviéticos liberarían Kiev de la ocupación nazi y la historia saldrá a la luz por vez primera. Lo hará con sordina, dado que serán acusados por Moscú de “confraternizar con el enemigo” por aceptar jugar partidos de fútbol contra los nazis. Los tres supervivientes tuvieron que callar hasta que tras la muerte de Stalin el régimen comunista decida abrir algo la mano. Fue entonces cuando gracias al esfuerzo de Makar Goncharenko, uno de los tres supervivientes, la historia pase a ser ‘vox populi’ debido a la publicación de un libro. Inmediatamente aquellos chicos del Dinamo de Kiev se convirtieron en héroes nacionales ucranianos y en héroes soviéticos en Rusia y en el resto de la Unión Soviética. Fue tal la fama que en 1981 se inauguró un grupo escultórico conmemorativo a las puertas del Estadio Olímpico de Kiev, que durante unos años fue rebautizado como Estadio FC Start.

Mitos y verdades sobre el "partido de la muerte": el día que un equipo  ucraniano venció a soldados nazis - Infobae
Estatua en los aledaños del Estadio Olímpico de Kiev

Por entonces ya Crimea formaba parte de Ucrania. Tras la muerte de Stalin en 1953 y la llegada al poder de Nikita Kruschev se inició un proceso de Desestalinización. Kruschev pidió perdón por el genocidio cometido en Ucrania durante los años 30 y, como medida de distensión, decretó que la península de Crimea formase parte de la República Soviética de Ucrania. Cuando la URSS se desmiembre en 1991 y Ucrania consiga al fin su independencia, aquella decisión se verá como errónea cuando Rusia y Ucrania peleen por el territorio más codiciado del Este de Europa. El desatino acabará con una guerra iniciada en 2014 y todavía inconclusa a la hora de escribir estas líneas.

Mientras, el Dinamo de Kiev se recompuso y en 1961 obtuvo su primera liga soviética. A partir de entonces se erigió en el equipo más importante de la Unión Soviética, practicando siempre un fútbol técnico y ofensivo. Al igual que los equipos lituanos sobrepasaron a los moscovitas en baloncesto, el Dinamo de Kiev hizo lo mismo en el deporte rey. En 25 años ganó 13 ligas de la URSS, se convirtió en el único equipo soviético en lograr títulos internacionales y parió al mejor entrenador que ha dado el Este de Europa (Valeri Lobanovsky) y a dos Balones de Oro (Oleg Blokhin e Igor Belanov). Sí, Lev Yashin, el jugador más legendario de la URSS, era ruso, pero si bien en la victoria soviética en la Eurocopa 1960 había siete rusos por tan sólo un ucraniano, cuando en 1988 queden subcampeones de la Eurocopa habrá tan sólo dos rusos en el once inicial frente a siete ucranianos. El influjo del fútbol ucraniano y del Dinamo de Kiev llegó incluso al siglo XXI, cuando Andrey Shevchenko y compañía siguieron demostrando la superioridad del balompié en el antiguo Rus de Kiev.

P.D: A Hollywood le dio por convertir la historia en una película. Stallone fue Trusevych y Pelé fue Goncharenko. En lo único en que se parecía ‘Evasión o Victoria’ al ‘Partido de la Muerte’ es en que todo estaba poblado de nazis. Todo lo demás es pura, y deliciosa, ficción.

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Una historia del destino: Edwards y Charlton

El partido de vuelta de cuartos de final de la Copa de Europa entre el Estrella Roja y el Manchester United llega a su fin. Es el miércoles 5 de febrero de 1958. Tras una cómoda ventaja de 0-3 al descanso, los yugoslavos fueron capaces de empatar el partido después de una segunda parte soberbia. Habían rozado la hazaña, pero el empate (3-3) era insuficiente para levantar el 2-1 en contra de la ida. La estrella del partido es el inglés Bobby Charlton, que en su tercer partido europeo marca dos soberbios goles. Charlton apenas tiene 20 años y juega de mediapunta. Sus espaldas están resguardadas por un mediocentro colosal, el estandarte de la selección inglesa. Se trata de Duncan Edwards, otro joven valor, en este caso de 21 años, con un presente esplendoroso y un futuro prometedor.

Nada existe por el azar al igual que nada se crea de la nada. Eso era el destino para los griegos. Decía Aristóteles que la naturaleza humana está orientada hacia un fin, y ese fin último es la felicidad. La pregunta que teólogos y filósofos de entonces, de después y del mañana se hacen es resolver el porqué. ¿Por qué no todos podemos disfrutar de ese fin? ¿Por qué si el destino no está prescrito, no es concebible y es vivible, se ceba en unos y no en otros? Supongo que preguntas como esta rondaron día tras día la vida de Bobby Charlton. Digo rondaron en pasado porque, aunque Charlton sigue vivo ya pasados los 80, el alzhéimer hace tiempo que se ha encargado de destrozar sus recuerdos. Esta leyenda del fútbol no lo hubiese sido si el destino no lo hubiese querido. Porque Bobby Charlton era bueno, muy bueno, pero dicen que no era tan bueno como Duncan Edwards.

Quiso el destino que Edwards dejara este mundo antes de tiempo.

Mucho antes de tiempo.

Al acabar el partido la plantilla del United y del Estrella Roja confraternizaron alrededor de unas cuantas botellas. Tras una noche de alcohol a la mañana siguiente tocaba coger un vuelo rumbo a Londres, previa escala en Múnich. Era un vuelo chárter, algo inusual en la época, porque el día 8 el United tenía que jugar en Inglaterra ante el Wolverhampton un encuentro liguero. Busby, técnico y factótum de los Diablos Rojos, trato de atrasar el partido, pero la Federación Inglesa se negó, por lo que tuvo que alquilar un avión para poder llegar a tiempo a Inglaterra tras jugar apenas 48 horas antes el citado encuentro europeo frente al Estrella Roja.

Edwards y Charlton se conocieron en el verano de 1956. Duncan Edwards había sido colegial en los cuarenta y era adolescente en los cincuenta. Pertenecía a esa generación feliz que dejó atrás la guerra. Edwards cumplía con todos los tópicos. Era honrado, superlativo, fuerte y simpático. Era la encarnación de las fantasías infantiles. El niño bueno que a base de trabajo, talento y esfuerzo había logrado su sueño siendo humilde y excelente persona. En el campo era un box to box. Un hombre que tenía tanto talento y estilo como fuerza y serenidad.

Tras la resaca, la expedición del United se dispuso a desayunar y a abandonar el hotel. Era la mañana del jueves 6 de febrero. Subieron a un autobús y pusieron rumbo al aeropuerto de Belgrado. Eran 44 personas entre futbolistas, técnicos, directivos y periodistas. Cuando llegaron al control de pasaportes tuvo lugar el primer inconveniente. Johnny Berry, un hábil extremo derecho, no encontraba su pasaporte. Buscaba y rebuscaba sin suerte en su maleta hasta que cayó en la cuenta de que el pasaporte había quedado olvidado en su habitación. Una hora después un empleado del hotel aparecía en taxi con el susodicho visado. El vuelo a Londres, con parada para repostar en Múnich, salía con una hora de retraso.

Como Robben, Bobby Charlton era tímido y eternamente calvo. Hijo de minero y de una madre de porcelana que hasta el matrimonio fue una fenomenal futbolista, Charlton combinaba elegancia y espectacularidad. Un trescuartista capaz de silenciar a una multitud a la espera de un pase, un cambio de dirección, un disparo o una decisión. Uno de esos futbolistas capaz de levantar del asiento a periodistas y aficionados de mirada triste.

El Airspeed Ambassador, que era el nombre de aquel pájaro de hierro, aterrizó en el aeropuerto de Múnich a eso de las 14.00 horas. Había una soberana capa de hielo en la pista y los copos de nieve caían sin cesar. Tras el repostaje el comandante intentó despegar, pero un extraño ruido en el motor y el asfalto helado le hicieron rectificar. Tras unos minutos hubo un segundo intento. Las sensaciones fueron las mismas y a los contratiempos hubo que añadir una fuerte ventisca. Se ordenó a los pasajeros tomar un café en la terminal mientras se revisaban los motores y se echaba sal a la pista de despegue.

Aquel equipo era conocido como los ‘Busty Babes’. Matt Busby había reclutado a unos adolescentes extraordinarios a inicios de los 50 que tocaron el cielo al ganar la Liga en 1956. Duncan Edwards lideraba un equipo que seguía la máxima de que el balón es redondo y debe rodar por el césped, algo poco frecuente en aquella Inglaterra. Jugaban a un toque y con un desparpajo sin igual. En 1957 aquellos imberbes habían caído ante el todopoderoso Madrid en las semifinales de la Copa de Europa, pero para 1958 el objetivo era ganarla. Edwards, que sumaba 18 internacionalidades con 21 años -un récord estratosférico de la época-, había acogido bajo su ala a Charlton, de 20 años recién cumplidos, y que aquella temporada se había ganado un puesto en el once titular tras dos años alternando la cantera y el primer equipo. “Deja de pedir un puesto en el equipo y robalo”, le había dicho Edwards a Charlton el verano anterior.

Por tercera ocasión, a las 16:05 del 6 de febrero de 1958, el comandante, que respondía al nombre de James Thain, se dispuso a intentar el despegue que creía definitivo. Por entonces el miedo ya estaba presente entre los pasajeros. La mayoría hubiese preferido hacer noche y esperar al día siguiente, pero el compromiso ante el Wolverhampton era ineludible si el United no quería hacer frente a una sanción y a la pérdida del partido. El caso es que el avión se deslizó por la pista incapaz de coger la altura suficiente. Se estrelló en una colina cercana en la que había una casa deshabitada. Pronto las llamas hicieron su aparición. El avión se había partido en dos.

Por entonces Charlton aún no había sido internacional. Lo sería meses más tarde, pero le costó alcanzar la madurez. Eres incapaz de meter la pierna, le decían. Un jugador al que se admira, pero al que los niños no deben imitar. La pelota puede rebotarle en el estómago que se mantendrá indiferente, se comentaba. Duncan Edwards llevaba desde los 18 siendo una estrella. “No recuerdo ningún jugador tan grande que se mueva a tal velocidad”, diría de él Stanley Matthews, el mito viviente, el primer Balón de Oro de la historia.

En el mismo momento en el que el avión se partió en dos las llamas comenzaron a brotar por todo el fuselaje. El horror hace su aparición. Muchos quedan calcinados en sus asientos, otros saltan por los aires con algún miembro partido. Alguno de los supervivientes es incapaz de soltar el cinturón de seguridad mientras agoniza a la espera de una ambulancia.

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El infierno con alas

Fueron 23 los fallecidos. Hubo periodistas, técnicos y directivos. Entre los futbolistas perecieron Geoff Bent, Eddie Colman, Mark Jones, Bill Whelan, David Pegg, Roger Bryne y Tommy Taylor. Los tres últimos eran internacionales con Inglaterra. Todos ellos estaban comenzando a disfrutar de la vida.

Entre los supervivientes destacaba Bobby Charlton. Milagrosamente quedó intacto a pesar de que su asiento saltó por los aires hasta topar con la nieve. Impresionado y aturdido, fue incapaz de ayudar a sus compañeros. Quien sí lo hizo fue Harry Gregg, el portero del United, que ayudó a sacar del avión tanto a Matt Busby como a Duncan Edwards.

Aquello dolió lo indecible, pero la conmoción adicional de la tragedia la iba a traer Duncan Edwards. Justo una semana después, Matt Busby respondía, sin que se le esperase, a los estímulos de los médicos cuando horas antes le habían dado la extremaunción. Tendría que seguir hospitalizado en Múnich, aunque se recuperaría. Los futbolistas supervivientes también iban a poner rumbo a Londres con la excepción de uno. Duncan Edwards tenía un riñón perforado y había sobrevivido a un trasplante de urgencia hecho a través de uno artificial. Pero el invento no funcionaba y la sangre de Edwards se coagulaba.

Fueron quince días lo que el héroe de los tres leones estuvo luchando entre la vida y la muerte. Aquel gigante con pies de funambulista y corazón de león expiró a los 21 años causando un dolor nacional. 5.000 personas acudieron a su entierro en la pequeña aldea de Dudley, en cuyo cementerio su padre ejercía de jardinero. En la iglesia del pueblo una hermosa vidriera con su imagen mantiene vivo el recuerdo de un jugador brillante y con coraje que dejó una sensación de obra incompleta.

Días antes de volver a Inglaterra Jimmy Murphy, segundo técnico del United, visitó a Edwards obviando la verdad sobre su estado. En la charleta, Edwards le dijo a Murphy que estaría listo para jugar contra los Wolves, pero que si no conseguía llegar a tiempo tenía que ser Charlton el encargado de liderar al equipo.

Lo cierto es el partido ante el Wolverhampton se volvería a aplazar, pero el 19 de febrero, dos días antes del fallecimiento de Edwards y apenas 13 días después del accidente, el Manchester United tendría que jugar sí o sí ante el Sheffield Wednesday. La idea es no jugar, pero a las oficinas del United llegan miles de cartas y de sobres de dinero para que el club pueda seguir participando tanto en la Liga como en la Copa de Europa, en un tiempo en el que un futbolista tenía el mismo sueldo que un carpintero. Finalmente, un United plagado de juveniles derrota al Sheffield en un encuentro donde el programa del partido se dejó en blanco y en el cual no se nombró por megafonía a ninguno de los nuevos jugadores. Todos, juveniles y fallecidos, eran parte del United.

Bobby Charlton vería desde el palco aquel encuentro, Había decidido no volver a jugar al fútbol impactado por la tragedia y avergonzado por no auxiliar a sus compañeros. El United sólo ganaría un encuentro de Liga de los 14 disputados de ahí a final de temporada. Quedó eliminado de manera honrosa (2-5 en el global) ante el AC Milan en las semifinales de la Copa de Europa. Charlton no jugaría ninguno de esos encuentros. Tardó semanas antes de volver a calzarse las botas.

Matt Busby tardaría un lustro en recuperar a los Diablos Rojos. El United ganaría la Liga en 1965 y 1967 y al año siguiente se convertiría en el primer conjunto inglés en ganar la Copa de Europa. Por entonces una nueva generación comandada por George Best y Denis Law lideraba a un grupo maravilloso. De los supervivientes de la tragedia de Múnich de diez años atrás se mantenía el portero, entonces suplente, Harry Gregg, el defensa Bill Foulkes…y el por entonces capitán Bobby Charlton.

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Bobby Charlton (sentado a la izq de Matt Busby)

Meses después de la tragedia de Múnich, Charlton debutó con Inglaterra y su trayectoria no tendría picos de sierra siguiendo una línea continua con un punto álgido en el Mundial de 1966. Quiso el destino que Charlton ocupase el lugar de Edwards como el futbolista más importante de la nación más importante del deporte más importante jamás inventado. Pocos como él pueden presumir de ser campeones de Europa de clubes, del mundo con su selección y tener el Balón de Oro.

Y ninguno de todo eso y de haber sobrevivido a un accidente de avión.

Y mientras todo esto sucedía Duncan Edwards acumulaba malvas en un pequeño cementerio de los midlands ingleses.

Duncan Edwards era mejor jugador que Bobby Charlton. «Era bueno con la derecha, bueno con la izquierda, con un extraordinario remate de cabeza y muy sólido en defensa. Era capaz de ponerte un balón a sesenta metros de distancia”, diría de él Charlton. “Tan sólo Edwards y Pelé me han hecho sentirme inferiores en un campo de juego”, contaría en otra ocasión. Quizás el recuerdo exagere el comentario, pero los hechos y los datos recogidos de aquel joven centrocampista reafirman lo pensado.

Quiso el destino que Edwards fuese un sueño y Charlton su realidad.

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