Un helicóptero se planta sobre el cráneo del venezolano Nicolás Maduro y su cabeza y el resto de su cuerpo son trasladados a Estados Unidos en una razzia patrocinada y aplaudida por un presidente de Estados Unidos que se comunica con el pueblo a través de su propia red social. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, asociada a las FARC, al Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa, al igual que Nicolás Maduro, es ascendida por el mismo presidente de Estados Unidos tuitero a cambio de millones de barriles de petróleo. El mismo día, un agente del Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos, asesina con tres disparos a una ciudadana blanca estadounidense por manifestarse a favor de aquellos venezolanos que buscaban fortuna en Norteamérica escapando de la pobreza venezolana. El 4 de julio, la autoproclamada como cuna de la libertad, celebró su 250 aniversario.
En Suiza se firma una paz entre Estados Unidos e Irán mientras Israel sigue bombardeando el Líbano por una guerra que nadie acierta a saber bien en razón de qué se inició. Dos semanas después al zumbado de Trump le da por llamar locos a los ayatolás y vuelve a lanzar bombas a destajo. En Ucrania la duración de la contienda supera a la de la I Guerra Mundial. Es un pozo sin fondo en el que los drones suicidas de 500 euros pueden alargar el conflicto tanto tiempo que igual alguien acaba reconociendo que conoció a Jeffrey Epstein. Rusia y Estados Unidos ponen fin al tratado de limitación de armas nucleares estratégicas y China sigue creando islas artificiales en el Pacífico que sirven de base para sus submarinos termonucleares.
Los groenlandeses prefieren malo conocido que bueno por conocer y votan masivamente por partidos prodaneses. Los gibraltareños pasan a tener todos los derechos de los europeos sin ser miembros de la Unión Europea. En Suiza un 45% de votantes declaran en referéndum que no quieren más inmigrantes, cuando todos sabemos que no existe suizo de ocho apellidos suizos. Quien no sigue en el poder es el húngaro Viktor Orban, aunque la ultraderecha avanza a pasos agigantados en toda Europa y el cordón sanitario ya parece un fino hilo de seda. A Orban lo sucedió un conservador católico, pero la izquierda europea lo celebró como si fuese la segunda venida de Lenin. La extrema derecha sólo rasca trono en Italia, país que acumula doce años sin acudir a un Mundial, aunque celebró unos Juegos Olímpicos de Invierno de impecable factura.
Wikipedia cumple un cuarto de siglo acorralada por la IA. Elon Musk se convierte en el primer billonario conocido. Quizás los millones le permitan a Musk viajar a Marte, pero mientras tanto la nave Artemis II se convirtió en la primera embarcación tripulada en pisar la Luna en medio siglo. Ahora el big-bang está en entredicho ya que dicen que han encontrado azúcar en el espacio e igual todos somos hijos de una diabetes universal. Un barco lleno de turistas se infecta de hantavirus y las reservas de papel higiénico vuelven a colapsar los trasteros de las casas acomodadas. El 12 de agosto parece que habrá un eclipse solar. Se han vendido millones de gafas solares sin que nadie parezca haberse percatado que el 12 de agosto igual amanece nublado o pingan unas cuantas gotas, dado que Galicia no es California.
El CIS realiza hasta nueve preguntas sobre el eclipse de sol considerándolo interés general, cuando nunca se dignó ni a hacer pregunta alguna sobre la Ley de Amnistía. En Córdoba un descarrilamiento de tren por mal mantenimiento de vías deja 39 fallecidos y el ministro español del ramo se disculpa ante las víctimas diciendo que él no había soldado el raíl. Pedro Sánchez continúa como presidente del Gobierno y ya supera en tiempo a Rajoy. Quizás sabremos si también sus iniciales superan a las de Don Mariano, pero, mientras tanto, las iniciales que han caído en desgracia son las del amante de las joyas antiguamente conocido como el austero y progre ZP.
Se celebra Eurovisión, pero en España nadie se entera dado que no nos presentamos en la muestra más estúpida y cobarde jamás conocida de protesta por un genocidio. En la piel de toro también fallece plácidamente Antonio Tejero a los 93 años. Chuck Norris no logra vencer a la muerte tras una pelea de 86 años. La muerte venció, pero se marchó acojonada. Fallecen el empresario Ted Turner, el filósofo Jürgen Habermas y el reverendo Jesee Jackson. Nos dejan el consegliere Robert Duvall, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, el diseñador Valentino y Tsutomu Shibayama, más conocido por crear al gato cósmico Doraemon.
El cine confirma su falta de ideas. Se estrena la quinta de Toy Story, la segunda de El diablo viste de Prada, la cuarta de 28 días después, la sexta de Jack Ryan, la séptima de Scream, la tropecientas versión de Spiderman y la tropecientas de Torrente, la cual, por supuesto, se convierte en la película más vista en España. Menos mal que nos queda Christopher Nolan para contar la historia de Ulises 2.800 años después. No obstante, para película la que se montó en el fútbol de África, donde a Marruecos le dieron el título de campeón africano dos meses después de que Senegal se proclamase campeona sobre el césped.
En Estados Unidos, México y Canadá se disputa la XXIII Copa del Mundo de fútbol. Participaron 48 países entre los cuales debutaron Jordania, Uzbekistán, Cabo Verde y la diminuta isla de Curaçao. Fue un Mundial de excesos y récords. 104 partidos y una semana más de torneo como forma de entrar de una puñetera vez en un mercado de 350 millones de personas. 980 cromos de Panini a 1’5 el sobre de siete cromos para hacer saltar el presupuesto familiar antes de que llegue la cuesta de septiembre. Precios disparados, accesos denegados para entrar como espectador, tres ceremonias de inauguración distintas…y sin Italia una vez más. Pero el fútbol lo aguanta todo. Hasta dividir los partidos en cuatro tiempos para el bienestar de los futbolistas incapaces de soportar temperaturas de 18 grados en estadios techados e hiperventilados.
Se exige sinceridad. Que digan que es para contentar a los patrocinadores. Pausas publicitarias.
Total. Acabaremos aguantándolo y aceptándolo todo. Si los futbolistas callan y aceptan y son los que tienen la sartén por el mango, imagínense que haremos los sufridos aficionados.
¡A beber!
La inauguración tuvo lugar por tercera vez en el Azteca, aunque el cogollo del asunto tuvo lugar en Estados Unidos. Tal fue la cosa que Canadá se convirtió en el primer anfitrión en jugar fuera de su país como local. Hubo entradas a 10 dólares y otras que superaron los 30.000. Para un mexicano típico hubiesen hecho falta 18 años de salario medio para poder acudir a ver la final. Hubo 150.000 agentes desplegados en el Mundial tripartito, nueve árbitros por partido, cinco segundos cronometrados por saque de banda, diez segundos para dejar el campo tras el cambio, un minuto para volver al césped tras ser atendido y una parafernalia preciosa para escuchar los himnos. Eso sí, alguien debió darse cuenta de que no era viable enfocar a los 26 convocados y al final las cámaras decidieron quedarse con los 11 protagonistas de inicio.
La FIFA está decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para entretenernos. Nunca antes los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países quisieron ser tan distintos. El descanso de la final duró cerca de media hora. Partidos de 100 minutos en cuatro partes. Se rompen inercias, se ajustan presiones, se corrigen marcas y se rescata a equipos que estaban contra las cuerdas. Es un tiempo muerto de libro. La televisión mexicana se negó a poner anuncios, mientras que la estadounidense FOX se comió varios segundos de los partidos para meter un par de spots a mayores. ¿Grandiosidad o gigantismo? A las debutantes les dio exactamente lo mismo. Disfrutaron de su momento. A excepción de la minúscula Curaçao (con menos habitantes que A Coruña y a base de descartes neerlandeses) todos compitieron dignamente. Cabo Verde hasta le arrancó un empate a España y puso de los nervios a Argentina.
Cabo Verde había montado su equipo a base de anuncios en Linkedin y su estrella fue un portero de 40 años llamado Vozinha. Las redes hicieron famoso a un delantero neozelandés, la mitad de la plantilla iraquí era analfabeta, Irán tuvo que entrenar en México para poder jugar en Estados Unidos, al mejor árbitro de África no se le concedió el visado por miedo terrorista y dos goles de un delantero sueco nacido en Túnez acaban con su país de nacimiento y, de paso, con su seleccionador, aun sin acabar la primera fase. Marruecos se presentó por vez primera en la historia un once con jugadores no nacidos en el país (cuatro en Francia, tres en España, dos en Holanda, uno en Bélgica y otro en Canadá). 19 de los 26 seleccionados eran hijos de la emigración. Se podía haber dicho que Marruecos era una plantilla de altísimo nivel sin marroquís. La tautología Rajoliana hubiese sido la misma que con Francia.
La reacción del pueblo no.
Marruecos sin marroquís
El seleccionador de Haití, un francés llamado Sebastian Migne, tras más de un año en el cargo, sigue sin haber pisado jamás la isla caribeña. Hubo más audiencia en los partidos de fútbol de Estados Unidos que en los de los playoffs de la NBA, lo que hizo que Donald Trump se implicase en el asunto y le pidiera a Infantino una ayuda arbitral para ayudar a los socceros frente a Bélgica. Lo consiguió, y si la podredumbre de la FIFA se midiera en millones de dólares, ni siquiera Amancio Ortega sería capaz de aguantar la comparación.
Hubo más partidos y menos nivel. ¿Resultado? Muchos más goles y diez o quince paradas por partido (récord del mundo para el guardameta de Curaçao) de guardametas que encajan una pila de tantos. ¿Más espectáculo? En los resúmenes seguro que sí. En los partidos seguro que no. Messi metió tres goles a una semana de cumplir los 39. Cristiano marcó con 41 en el que fue su sexto Mundial, dato que habla muy bien de los dos, pero muy mal del nivel de los rivales. Destacaron varios goleadores. Messi apenas necesitó moverse, Haaland casi no tocó balón, VInicius sobrevivió por sí mismo, Kane explotó su lentitud, Mbappé reventó los espacios y Cristiano vivió a la espera. Todos tuvieron su momento, aunque el título de máximo goleador fue para el francés del Real Madrid y el título de rey del Mundial sería para un delantero de la desconocida Real Sociedad.
En Ecuador rebajaron el impuesto de la cerveza para celebrar una clasificación agónica a dieciseisavos. Ya fue más de lo que logró Uruguay, dado que Muslera le negó la vida competitiva a su país. Tampoco logró la clasificación Escocia y ya van nueve torneos consecutivos sin pasar a la fase eliminatoria. En 1/16 también se quedó la Argelia de Zidane hijo, que no se parece en nada al padre, ni tan siquiera en la nacionalidad. En la misma ronda perdieron en los penaltis los alemanes por vez primera en su historia. Cayeron ante un portero paraguayo de casi dos metros que tuvo que vender todas sus posesiones para pagar una operación que salvase la vida de su hija y ante una ministra que, primero rajó de los germanos, para luego soltar basura racista contra Mbappé.
El caso es que Alemania ya no es fiable. Van tres Mundiales seguidos haciendo el ridículo. Al menos se clasifican, no como Italia. Alemania no es fiable. Y Holanda aburre a las ovejas. Ambas selecciones contaban con un fondo común innegociable basado en atacar, buscar la victoria hasta el extremo y en el que la derrota se asumía como parte del proceso. Todo eso ha desaparecido. Al menos el gobierno de turno no abrió una comisión de investigación para conocer los motivos del fracaso deportivo como sucedió en Corea. En su vecina Japón diseñaron un libro de estilo en 2018 llamado Japan Way con el objetivo de ganar el Mundial antes de 2050. Siguen en ello.
A Japón la echó Brasil. A Brasil la echó Erling Haaland. Se culpó a Ancelotti. Culpa no tiene alguna. Croacia jugó una final y accedió a una semifinal con Rakitic, Perisic y un Modric que fue capaz de ganar un Balón de Oro en tiempos plenos de Messi y Cristiano. Un país de cuatro millones de habitantes tardará un par de generaciones en reunir semejante colección de talento. Brasil cuenta con 200 millones de habitantes y hasta las piedras juegan al fútbol. ¿Son mejores Bruno Guimaraes y Mattheus Cunha o Martin Odegaard y Erling Haaland? Tras Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo no ha habido nada. El juego de Brasil es discreto, su estrella (Vinicius) es poco resplandeciente, cuentan con dos laterales burocráticos y desconocidos y una falta de talento alarmante.
Suiza se plantó en cuartos por vez primera desde 1954 pinchando el globo del buen juego de Colombia. México destapó el jarrón de la felicidad, hasta que cayó ante Inglaterra (viagra de por medio) y Egipto clamó por la existencia del VAR después de generar el mejor gol del Mundial. Ay. El VAR. Ese instrumento que iba a traer la paz y que determina una justicia selectiva que habitualmente perjudica al débil para favorecer al grande. En Bélgica, Courtois, Meunier, Lukaku y De Bruyne se reunieron con el grupo, quitaron el mando al entrenador y lograron llegar hasta cuartos donde plantaron cara a España hasta que los cuádriceps de Courtois decidieron que el partido se inclinase hacia los herederos del Duque de Alba. Marruecos también llegó hasta cuartos, pero Francia fue rival de otra galaxia. Ocurre que siendo negro el futuro de los belgas, el de los moros es esplendoroso. Medio siglo de fenómenos migratorios y sociales han hecho que Marruecos cuente con futbolistas seleccionables en las mejores academias de fútbol de Europa. Respeto da lo que el talento, el dinero y la bajada de pantalones de Infantino pueda provocar en el Mundial 2030.
España apareció en el Mundial con medio país dándole la espalda. No había ningún jugador del Real Madrid. Resultó que Unai Simón transmutó en Iker Casillas, Mikel Oyarzabal en Raúl y Mikel Merino en Joselu Mato. España fue de menos a más. Patinó con Cabo Verde, echó como de costumbre a Portugal y dio una clase avanzada de juego asociativo en cuartos. Luego vino Francia, un miura que fabrica futbolistas de elite en serie. España rebajó a Mbappé y compañía a la nada, con una actuación histórica cargada de personalidad y genialidad de un Rodri superlativo y con Fabián y Olmo abrillantando su Balón de Oro. Ayudó también una torpeza en forma de patada de Digne, uno de los pocos franceses con pinta de francés.
Gracias Digne
Messi mostró dos velocidades y ambas buenas. Ocurre que pensamos que los héroes y los hijos nunca envejecen. Sucede que envejecen tan despacio que tardamos en darnos cuenta. Lo cierto es que Leo y Argentina jamás estuvieron exigidos y aun así poco faltó para el naufragio ante los minúsculos cañones de los dragaminas de Egipto y Suiza. Argentina fue de angustia en angustia hasta que la Royal Navy, capitaneada por Harry Kane, pareció hundir al General Belgrano. Sucedió que se descubrió que Tuchel era un espía alemán que decidió poner cuatro centrales, encular al equipo y darle el título de inmortal a un Messi que tardó 35 años en ganar un Mundial y con 39 se plantó en otra final.
El partido decisivo no fue ni un partido. Argentina sumaba 16 partidos marcando gol. España 37 sin perder. ¿Resultado? Argentina no tiró a puerta hasta el minuto 115. España desmanteló a Argentina, la abrasó con su juego y la fue pinchando con tiros blandos hasta que acabó rematándola con un zurdazo de Ferrán Torres. Un goleador igual de imprevisible que el seleccionador, un tipo llamado Luis de la Fuente que hace un lustro era un completo desconocido y que en la España plurichupimegaflower de 2026 presume de católico, taurino y orgulloso de la rojigualda. En Argentina todos jugaron para que no se acabase Messi, como hinchas los del campo y como futbolistas los de las gradas. Pero no bastó. No hubo ni cosquillas. España ama el balón y el balón ama a España. Es un amor tan profundo que España ya es Brasil.
La Brasil del siglo XXI.
El máximo goleador del Mundial fue el francés Kylian Mbappé con diez tantos, para acumular un total de 22 y ser el Pichichi de la tabla histórica. El mejor jugador fue el madrileño Rodrigo Hernández el cual, tras años de mofa, está en disposición de mirar por encima del hombro a otro Hernández, de nombre Xavi. La FIFA nombró mejor jugador joven a Pau Cubarsí, pero luego no permitió que fuese seleccionable para el once ideal. Unai Simón fue escogido como mejor portero, pero la FIFA abrió la votación a internautas de todo el planeta y lo ningunearon. La oligarquía es la forma idónea de gobierno, ocurre que hay que aceptar la democracia por aquello del qué dirán. Así que, según la plebe llevada al monte como borregos por pastores de la FIFA, el once ideal del Mundial estuvo formado por: Vozinha (Cabo Verde); Porro (España), Lisandro Martinez (Argentina), Upamecano (Francia), Cucurella (España); Rodri (España), Bellingham (Inglaterra), Olise (Francia); Mbappé (Francia), Haaland (Noruega) y Messi (Argentina).
¡Campeones!
Otros resúmenes mundialistas
Rusia 2018 (Balance del Mundial ganado por Francia)
Qatar 2022 (Balance del Mundial ganado por Argentina)
En el momento en el que estas líneas salen a la luz se están a dirimir las últimas plazas mundialistas. Ayer, en Bérgamo, Italia derrotó a Irlanda del Norte en el primero de los dos partidos de repesca necesarios para acudir al Mundial. La tetracampeona del mundo lleva dos citas (2018 y 2022) sin acudir a la fiesta grande del fútbol. De no hacerlo por tercera vez consecutiva sería la vez primera que un campeón mundial se ausenta ¡12! años (que serían ¡16! en el 2030) del torneo de referencia. Sería una catástrofe para Italia con el agravante de que para esta edición se ha ampliado a 48 el número de participantes.
A quien no le ha hecho falta jugar repesca es a España. Desde 1978 no ha faltado a la cita del fútbol universal. En el caso de Argentina la racha hubo de comenzar en 1974 y ya supera el medio siglo de éxito. Con todo, tal día como hoy, 27 de marzo de 2026, se iba a disputar un partido entre España y Argentina en Qatar. Se le dio en llamar Finalísima como un enfrentamiento intercontinental entre los vigentes campeones de América y de Europa. El estallido de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y la negativa de los argentinos de disputar el partido en territorio europeo, al ser imposible de celebrar en Qatar, ha hecho cancelar el encuentro. Lo cierto es que, millones al margen, había ciertos recelos para un enfrentamiento entre las máximas favoritas a menos de cien días para que empiece el Mundial. ¿Quién sería capaz de levantarse de una dura derrota a tres meses de desafiarse en una hipotética final? En este momento es España (6 euros por euro jugado) el preferido en las casas de apuestas seguida por Argentina y Francia (8 euros por euro apostado). Una victoria o una derrota en la Finalísima hubiese significado el fortalecimiento de uno y un jarro de agua fría para el perdedor.
Finalísima cancelada
Hay constancia de que en la Antigua Grecia ya se hacían apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos. Los romanos lanzaron un órdago sobre el asunto y apostaban por todo. Desde carreras de cuadrigas a muertos en la arena. Las apuestas eran un negocio en sí mismo. No obstante, hay que esperar a finales del siglo XVIII para que la costumbre se vuelva a retomar en Gran Bretaña alrededor de las carreras de caballos y de galgos.
En 1923, Littlewoods estableció su base en Liverpool, y se convirtió en la primera casa de apuestas en permitir pronósticos combinados. Menos de una década después nacía William Hill, la casa de apuestas más popular del mundo que gestó su imperio de forma semiilegal al no blindar por ley las apuestas de bajo importe lo que, al mismo tiempo, permitía que todo tipo de público accediese al mundo del juego. En la actualidad se estima que el mercado mundial de apuestas deportivas supera los 150.000 millones de dólares anuales de los cuales un 70% se realiza de forma online. El fútbol es el deporte que más dinero mueve en este mercado. Se estima que 1/6 parte de esos 150.000 millones provienen del fútbol. El beisbol es el segundo deporte más demandado por los apostantes.
Así que cuando se celebró en 1930 el primer Mundial de fútbol de la historia había favoritos y aspirantes. Había apuestas dobles y sencillas, algún afortunado y muchos fracasados. Cojamos la máquina del tiempo y analicemos las apuestas deportivas del pasado. ¿Quién o quiénes eran los favoritos para ganar el Mundial de 1930, el de 1954 o el de 1998? ¿Se cumplieron los pronósticos? ¿Hubo sorpresas? Comprobaremos que campeones que hoy nos parecen obvios no lo eran entonces y también reafirmaremos que hay casos donde el favorito no deja lugar alguno a la sorpresa. Para ello bucearemos en la base de datos de William Hill y veremos cual ha sido la tasa de éxito.
URUGUAY 1930
Favorito: Uruguay. Uruguay había ganado con suficiencia la competición de fútbol en los dos anteriores Juegos Olímpicos. Tal éxito hizo que la FIFA crease el Mundial de fútbol cada cuatro años (siempre alternos con las Olimpiadas) y otorgó a los charrúas la organización como muestra de respeto. Hubo desbandada europea. Y algo más. Inglaterra no aceptaría jugar un Mundial hasta 1950 en una muestra de soberbia y suficiencia. Sólo Argentina, vigente vencedor de la Copa América, parecía poder hacer frente a los uruguayos.
Campeón: Uruguay. Argentinos y uruguayos arrasaron como era de esperar. Ambos ganaron sus respectivas semifinales por 6-1. En la final se jugaría media parte con un balón propiedad de la federación uruguaya y la otra con un esférico propiedad argentina. La primera mitad, con pelota argentina, se la anotarían los visitantes por 1-2. En el segundo periodo, con balón charrúa, Uruguay anotaba tres tantos para vencer por 4-2, hacer buenos los pronósticos y convertirse en el primer país campeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Uruguay 30
ITALIA 1934
Favorito: Austria. Los uruguayos decidieron aplicar la ley de talión. El boicot de cuatro años atrás se repetía ahora a la inversa. Sin Uruguay, la indiscutible favorita era Austria. El Wunderteam (equipo maravilla) sumaba 14 partidos invicto con sonoras goleadas a Escocia (5-0), Alemania (5-0) o Hungría (8-2) por el camino. Dirigidos por Hugo Meisl y liderados en el campo por Matthias Sindelar, conocido como Mozart del fútbol, nadie dudaba de la victoria austriaca. Su juego de movilidad posicional en el que Sindelar abandonaba su puesto de delantero centro para organizar el juego desde el centro del campo era algo tan poco frecuente como indefendible.
Campeón: Italia. Benito Mussolini puso todo su empeño para que el Mundial fuese perfecto. Construyó estadios, arregló carreteras, agasajó a periodistas extranjeros, metió a disidentes en la cárcel y nacionalizó a varios futbolistas argentinos (alguno de ellos subcampeones mundiales) buscándoles padres y abuelos italianos. Con todo, su influencia fue más notoria en dos aspectos; motivar a los integrantes de la selección italiana diciéndoles que la victoria era cuestión de vida o muerte (literalmente) y pagando bajo cuerda a los árbitros para obtener un beneficio arbitral. Así logró Italia superar a España en cuartos de final tras un partido tan escandaloso que la FIFA decidió prohibir arbitrar de por vida al suizo que se prestó a dirigir aquel choque. En semifinales Italia jugó contra Austria. Los transalpinos anotaron tras falta no señalada al poco de iniciar, pero en los siguientes 80 minutos de partido el trencilla no tuvo culpa de la derrota austriaca. Italia demostró que no tenía la calidad en las piernas de su adversario, pero si una solidaridad y una fortaleza colectiva que se convertirá en su seña de identidad perpetua. Austria perdería también en el partido por el tercer puesto e Italia se proclamará campeón al vencer en la final a Checoslovaquia por 2-1.
Veredicto: Error.
Italia: Vencer o morir
FRANCIA 1938
Favorito: Italia y Austria. Las casas de apuestas daban favorita a Austria. Aunque envejecido, el Wunderteam seguía siendo formidable. Ocurrió que con el sorteo del Mundial ya celebrado, las tropas alemanas ocuparon territorio austriaco y lo anexionaron al III Reich por orden de Adolf Hitler. El partido de octavos de final que debía celebrarse en Lyon entre Suecia y Austria jamás tendría lugar. Se les ofreció a los austriacos ingresar en las filas de la selección alemana pero la mayoría de ellos declinó la invitación, incluido un Matthias Sindelar que aparecerá muerto en su apartamento meses después en circunstancias nunca aclaradas. Sin Austria el favorito indiscutible era Italia, vigente campeón mundial y olímpico, escuadra que ya no contaba con nacionalizados en su once ideal. Había ganado en automatismos y jugaba un fútbol más alegre.
Campeón: Italia. En un ambiente hostil (una Francia gobernada por el Frente Popular) y sin ninguna ayuda arbitral por el camino, Italia se reconcilió con el planeta fútbol y se convirtió en bicampeón mundial. Liderados por el fantástico Giuseppe Meazza vencieron a Noruega y aplastaron a Francia antes de enfrentarse a Brasil en semifinales, en la que fue la final anticipada. Meazza contra Leónidas. Un duelo en el que vencieron con autoridad los europeos quienes acabarían siendo despedidos por aplausos por un público que hora y media antes los había recibido con una sonora pitada. En la final Italia venció por 4-2 a Hungría, los cuales se habían beneficiado de no tener a Austria por su lado del cuadro.
Veredicto: Acierto.
Giuseppe Meazza
BRASIL 1950
Favorito: Brasil. El año anterior los brasileños habían ganado la Copa América anotando en un año natural 48 goles a favor por tan sólo 7 en contra. Contaban con Zizinho y Ademir y habían construido un descomunal estadio en el que entraban unas 150.000 almas que era conocido como Maracaná. Jugaban en casa y eran archifavoritos. Italia había perdido a 10 de sus 11 titulares en la tragedia aérea de Superga del año anterior e Inglaterra era una incógnita dispuesta a participar en su primer Mundial.
Campeón: Uruguay. La FIFA tuvo la estúpida idea (nunca jamás repetida y esperemos que nunca jamás rescatada) de sustituir la final por una liguilla semifinal de cuatro equipos en formato todos contra todos. A esa liguilla llegaron Suecia, Uruguay, España y Brasil. Inglaterra había caído humillada ante Estados Unidos e Italia no tenía ni fútbol ni moral. Brasil venció a Suecia (7-1) y luego a España (6-1). Uruguay sufrió ante Suecia (3-2) y empató ante España (2-2). A Brasil le valía el empate, aunque se contaba con ganar. En siete de los últimos nueve enfrentamientos entre Brasil y Uruguay los brasileños habían resultado vencedores. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía en el bolsillo de su chaqueta escrito el discurso que tendría que dar en la fiesta posterior preparada para Brasil, el más que seguro ganador. No fue así. Brasil se adelantó, pero Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia. “Sólo Sinatra, el Papa y yo hemos conseguido silenciar Maracaná”, diría años más tarde Alcides Ghiggia. Fue la sorpresa del siglo. Si por entonces se pudiesen hacer apuestas minuto a minuto algún valiente se habría hecho de oro apostando por Uruguay cuando caía por 1-0 mediada la segunda parte.
Veredicto: Error.
Gol de Ghiggia: Maracanazo
SUIZA 1954
Favorito: Hungría. Si el Wunderteam era favorito en 1934 que decir del Aranycsapat (Equipo de oro) húngaro en 1954. Nunca ha habido tan claro favorito en un Mundial como en la edición de 1954. Hungría sumaba 32 partidos consecutivos sin perder, había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952 y había asombrado a medio mundo al vencer por 3-6 en Wembley para luego machacar por 7-1 a Inglaterra en Budapest. Kocsis, Hidegkuti, Czibor y Ferenc Puskás representaban una revolución futbolística. El fútbol total antes del fútbol total. Movimiento continuo con y sin balón. Tan sólo Uruguay, vigente campeón, rivalizaba con los húngaros. No se consideraba a nadie más por el título.
Campeón: Alemania. Uruguay y Hungría se enfrentaron en semifinales. Fue catalogado como el mejor partido en los primeros 25 años de Mundiales. Vencieron los húngaros por 4-2 con dos tantos de Kocsis en la prórroga. Para llegar a ese momento Hungría había vencido a Brasil (4-2), Corea del Sur (9-0) y Alemania (8-3). En aquel partido de la primera fase los germanos habían jugado con suplentes sabedores de que iban a perder de cualquier manera. Los alemanes habían vencido a Austria en semifinales (por entonces una sorpresa) y se presentaban como víctimas en la final. Hungría se adelantó por 2-0 a los ocho minutos bajo un manto de lluvia. Ocurre que los alemanes estrenaban unas botas de tacos extraíbles inventadas por Adidas que se adaptaban a los campos encharcados. Los alemanes danzaban y los húngaros resbalaban. Del 2-0 se pasó al 2-3 con un tanto de Helmut Rahn a falta de seis minutos para el final. Puskás, que jugó todo el partido visiblemente cojo por un esguince de tobillo, empataría con el tiempo cumplido. El gol sería anulado por fuera de juego. Hungría nunca más volverá a estar en condiciones de jugar una final y Alemania recuperará el orgullo perdido tras la caída de la II Guerra Mundial e iniciará un idilio con los dioses del fútbol basado en la fiabilidad y la invencibilidad.
Veredicto: Error.
El milagro alemán
SUECIA 1958
Favorito: Alemania. Como vigentes campeones los teutones eran los favoritos. Con todo, sus estrellas estaban envejecidas, por lo que asomaban dos aspirantes. Uno era la Unión Soviética del portero Lev Yashin. Los soviéticos afrontaban su primera participación mundialista tras décadas haciendo de menos un deporte que consideraban capitalista. Sin embargo, desde que acudieron por vez primera a los Juegos Olímpicos en 1952, habían apostado por la competición deportiva como una forma de vencer en el discurso ideológico de la Guerra Fría. El otro outsider era Yugoslavia que había arrasado en la fase clasificatoria a Italia (6-1) e Inglaterra (5-0).
Campeón: Brasil. Alemania despachó en cuartos a una Yugoslavia que decepcionó durante el torneo. En semifinales Alemania caería sorprendentemente ante los anfitriones, quienes disponían de un buen equipo comandado por Gren, Liedholm y Hamrin, todos ellos con fructíferas carreras en la Serie A italiana. Los suecos, por cierto, habían derrotado a la Unión Soviética en cuartos de final en un partido que dominaron con autoridad. El otro lado del cuadro estaba mucho más abierto. El choque entre Gales y Brasil iba camino del empate sin goles hasta que el técnico brasileño metió en el partido a Garrincha (24 años) y a Pelé (17 años), quién anotó el gol de la victoria. En semifinales, con los dos chicos en el campo ante la insistencia del vestuario y a pesar de la negativa de Feola (así se llamaba el entrenador), Brasil venció por 5-2 a Francia en una de las mayores exhibiciones de fútbol ofensivo en la casi centenaria historia del Mundial de fútbol. En la final Brasil repitió resultado ante Suecia (5-2) en la que fue la coronación de un adolescente como O Rei del fútbol. Brasil lograba su primera corona y desde esa edición en adelante, Pelé y sus sucesores siempre pasarán a estar entre los favoritos al triunfo.
Veredicto: Error.
O Rei
CHILE 1962
Favorito: Brasil. La canarinha sumaba 14 partidos seguidos con victoria cuando arribó a Santiago de Chile. Pelé era el mejor jugador del planeta a años de luz de los demás. Brasil era, pues, indiscutible favorito. La Unión Soviética, vigente campeona europea, y Yugoslavia volvían a aparecer como aspirantes.
Campeón: Brasil. Ocurrió que, en el segundo partido, un empate sin goles ante Checoslovaquia, Pelé es cazado con una brutal entrada y se marchará cojeando del campo. No volverá a jugar en lo que resta de Mundial. En su lugar emergió el suplente Amarildo (tres goles en el torneo) y, esencialmente, Garrincha. El ángel de las piernas torcidas hará un torneo descomunal, una exhibición legendaria antes de que el alcohol y las mujeres le hagan abandonar prematuramente su carrera. Garrincha bailará a Inglaterra en cuartos (3-1) y a Chile (4-2) en semifinales. Chile había eliminado sorprendentemente a la URSS en cuartos con arbitraje favorable y fallo inesperado de Yashin. Una ronda más aguantará Yugoslavia, que perderá ante Checoslovaquia en semifinales. En la final, y aunque Masopust (Balón de Oro) adelante a los europeos, Brasil remontará con facilidad para proclamarse bicampeón mundial.
Veredicto: Acierto.
Garrincha en movimiento
INGLATERRA 1966
Favorito: Brasil. No podía ser de otra manera que Pelé y Brasil repitiesen como favoritos en las casas de apuestas. O Rei tenía ganas de resarcirse del Mundial anterior. Como alternativas se tenía fe en Inglaterra, por el hecho de ser anfitriona, y de Portugal. Los lusos, con Eusebio de referente y con la base del Benfica que sumaba dos entorchados europeos y dos subcampeonatos en el lustro anterior, habían eliminado a Checoslovaquia, vigente subcampeón, en la fase clasificatoria.
Campeón: Inglaterra. A Pelé volvieron a cazarlo como animal en campo abierto. En este caso Brasil no tuvo forma de levantarse del golpe. Hungría venció a Brasil en fase de grupos, por lo que el último partido de dicha ronda era en la práctica un octavo de final entre Brasil y Portugal. Pelé marchó llorando del campo y dos años después la FIFA implantará las tarjetas para intentar frenar el juego violento tan habitual durante los años 60. El caso es que un imperial Eusebio lidera a Portugal (3-1) y elimina a los favoritos en primera ronda. Portugal camina hasta las semifinales donde, con un Wembley a rebosar, Inglaterra vence (2-1) en duelo entre Bobby Charlton y Eusebio. En el otro lado del cuadro la Alemania de Uwe Seeler y de un joven Beckenbauer despacha a la URSS en semifinales (2-1) para acceder a la final. El duelo, tan sólo 20 años después del fin de la II Guerra Mundial, es mucho más que fútbol. Ingleses y germanos empatan en los 90 minutos de juego y será en la prórroga cuando Inglaterra venza (4-2) con gol polémico de Hurst tras balón que golpea en el larguero y bota en la línea de meta. No fue gol, y no lo pareció, pero el árbitro, a instancias del linier, lo daría por bueno. Según se dice Tofik Bakhramov, el juez de línea soviético culpable del asunto, en su lecho de muerte susurró al oído de su nieto; “Stalingrado” cuando le preguntó si aquel gol concedido a los ingleses fue o no fue real. El caso es que entonces no había VAR y los ingleses festejaron el que, hasta la fecha, es su único entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Los inventores del fútbol
MEXICO 1970
Favorito: Brasil e Inglaterra. Inglaterra contaba con un combinado incluso mejor que el que se había proclamado vencedor cuatro años antes. Italia sumaba dos años invicto tras vencer en la Eurocopa de 1968 gracias a Facchetti, Rivera, Mazzola y Riva. Alemania rebosaba talento y era clara aspirante al título. Las tres selecciones estaban muy bien valoradas, pero por encima de todos volvía a estar Brasil. Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino y Pelé. Cinco ‘10’ de primerísimo nivel. La única duda era si un balón sería suficiente para todos ellos.
Campeón: Brasil. Inglaterra y Brasil coincidieron en la primera fase. El vencedor tendría un recorrido más favorable camino de la final. Fue un duelo de poder a poder que fue solventado por Brasil el día de la famosa parada de Gordon Banks a cabezazo de Pelé. En cuartos, sin Banks por una gastroenteritis, Inglaterra vencía a Alemania por 2-0 en el minuto 70 cuando Alf Ramsey decidió sustituir a Bobby Charlton para darle descanso. Los germanos forzaron la prórroga y doblegaron a los ingleses en el añadido. En semis, en el llamado partido del siglo, Italia fue quien venció a Alemania en la prórroga por 4-3 tras un empate a un tanto en los primeros 90 minutos. Brasil, pues, tuvo el camino más favorable al vencer a Perú y a Uruguay. La final no tuvo color y Brasil pasó por encima de Italia (4-1) en la que fue la última obra de arte de Pelé, quién sumaba su tercer Mundial (récord inigualado) con apenas 29 años.
Veredicto: Acierto.
Brasil del 70
ALEMANIA 1974
Favorito: Alemania. En los últimos cinco torneos los germanos encadenaban victoria, semifinales, cuartos, final y semifinales. Eran vigentes campeones de Europa y jugaban en casa. Beckenbauer, Netzer, Müller y Maier eran archifavoritos. Brasil, envejecida y sin Pelé, iniciaba un duro proceso de transición. Como alternativa en las casas de apuestas aparecía Holanda, primeriza en un Mundial y que había sufrido para lograr clasificarse. Los holandeses eran una apuesta arriesgada a pesar de sumar sonoros triunfos (9-0 a Noruega y 4-1 a Argentina) meses antes de iniciarse el Mundial.
Campeón: Alemania. La final fue la esperada. Alemania vs Holanda. El camino, no obstante, no tuvo nada de esperado. Alemania había maravillado en la Eurocopa de 1972. En 1974 Alemania era un transatlántico encallado. Pasó la primera fase sufriendo tras perder contra sus vecinos de la RDA, y luego vencieron a Suecia y a Polonia sin merecer el triunfo en ninguno de los dos partidos. Por su parte, Holanda fue una bocanada de aire fresco pocas veces antes disfrutada. El fútbol total, con diez jugadores presionando por todo el campo y alternando sus posiciones, maravilló a espectadores y a televidentes. Holanda destrozó a las naciones sudamericanas que se orgullecían de ser las garantes del espectáculo frente a la rigidez europea. Países Bajos humilló a Uruguay (2-0), Argentina (4-0) y en semifinales despachó a Brasil (2-0) en la que seguramente es la mayor diferencia de nivel que se ha visto en un partido de poder a poder en un Mundial. El resultado no refleja la impotencia de unos brasileños que acabaron desquiciados corriendo tras un balón que apenas tocaron. En la final, Cruyff se escapó de cuanto defensor tuvo y provocó un penalti que ponía a Holanda por delante antes del minuto de juego. Holanda lo tenía en la mano, pero entró en pánico. Beckenbauer y compañía pusieron a funcionar el rodillo, dieron la vuelta al encuentro y Holanda clamará para siempre que nadie se acordará del ganador y sí del vencido.
Veredicto: Acierto.
Cruyff y Beckenbauer
ARGENTINA 1978
Favorito: Alemania. Los actuales campeones del mundo volvían a ejercer de favoritos en las casas de apuestas. Era un equipo más industrial ya sin Netzer, Müller ni Beckenbauer, pero contaban con Karl-Heinz Rummenigge y ese colmillo asesino de las grandes ocasiones. Dado que nunca un país europeo había vitoreado en Mundial jugado en América también contaba en los pronósticos como aspirante Brasil, que mantenía a Rivelino y contaba con el extraordinario Zico. La que estaba a años luz en los pronósticos era Argentina que no había superado los cuartos de final de un Mundial desde 1930, llevaba dos décadas sin ganar la Copa América y no había conseguido vencer en ninguno de los cuatro amistosos disputados antes del Mundial.
Campeón: Argentina. Liderada por un central de apenas 174 centímetros llamado Daniel Passarella, los argentinos arañaron un empate ante Brasil a golpe de raza, coraje y alguna mala arte que les daba la llave para llegar a la final siempre y cuando venciesen a Perú por cuatro goles de diferencia. Con un arbitraje casero y una actitud escasamente interesada de los peruanos, la sombra del amaño por parte de la dictadura militar argentina siempre planeará sobre dicho encuentro. Cierto o no, Argentina venció a Perú (6-0) y se clasificó pasmosamente para la final. En el otro lado del cuadro, Holanda (sin Cruyff) sorprendió a Italia, mientras que Alemania caía con estrépito ante la Austria de Krankl dejando que los tulipanes repitiesen final cuando nadie contaba con ellos. En el duelo definitivo, un partido malo y lleno de nervios, se llegaría a la prórroga. Emergió entonces Mario Alberto Kempes (dos goles en la final y seis en el torneo) para darle la victoria a Argentina cuando pocos contaban con ella.
Veredicto: Error.
Argentina 78
ESPAÑA 1982
Favorito: Brasil. A España 82 acudió Brasil con un equipo que recordaba al fabuloso de 1970. Zico era el Pelé blanco y Falcao, Sócrates y Toninho Cerezo acompañaban al director de orquesta. Brasil sumaba 20 partidos sin perder incluyendo victorias en Londres ante Inglaterra, en Paris ante Francia y ante Alemania en Stuttgart. Como aspirantes estaban la Francia de Platini y la Alemania de Rummenigge, vigente campeona europea. Con todo, aquello que no fuese una victoria brasileña sería considerada una sorpresa.
Campeón: Italia. Brasil pasó como elefante en una cacharrería por delante de Escocia y la Unión Soviética antes de ganar con facilidad a la Argentina de Maradona. En un simulacro de cuartos de final (realmente era un grupo de segunda fase) le tocó Italia. Los europeos habían pasado la primera fase de carambola tras empatar sus tres partidos y antes del Mundial habían perdido con Suiza, Dinamarca y la RDA. Ya era un milagro que se hubiesen clasificado. Paolo Rossi, su delantero centro, estuvo dos años sancionado por un escándalo de apuestas deportivas y por entonces sumaba cuatro partidos y cero goles. El caso es que, en una preciosa tarde veraniega en Barcelona, Claudio Gentile secó a Zico y Paolo Rossi revivió con un hat-trick. Brasil abandonaría para siempre el jogo bonito e Italia, tras deshacerse de Polonia en semifinales, se clasificaba para el partido decisivo. En el otro lado del cuadro era Francia la que enamoraba, pero será Alemania la que se lleve el gato al agua. En otro memorable partido, en este caso bajo la noche estrellada de Sevilla, hasta cuatro goles en la prórroga llevarán el partido a los penaltis donde los teutones se mostrarán más acertados. En la final, una Alemania fundida tras 120 minutos a casi 40 grados en Andalucía no tendrá opción ante una hipermotivada Italia que sumará su tercer título cuando nadie lo esperaba.
Veredicto: Error.
Paolo Rossi
MEXICO 1986
Favorito: Brasil. Tocaba Mundial en América y todos los favoritos provenían del Nuevo Continente como mandaba la tradición. Junior, Falcão, Sócrates y Zico ya superaban la treintena y estaban ante su última oportunidad. Tele Santana seguía de seleccionador, pero había cambiado de táctica y apostaba por un 3-5-2 mucho más conservador que el 4-2-2-2 con laterales ultraofensivos de cuatro años atrás. Como outsider aparecía Uruguay, vigente campeona americana, y que había reverdecido viejos laureles gracias a Enzo Francescoli. Muy por detrás asomaban Francia, Alemania y una Argentina que contaba con Maradona, pero que acumulaba resultados pobres tanto en los amistosos previos como en la fase de clasificación.
Campeón: Argentina. Los brasileños avanzaron hasta cuartos de final de forma inmaculada sin brillar, pero también sin encajar un tanto. Tocó entonces encuentro ante Francia. Fue el mejor partido de aquel Mundial. Un choque de poder a poder entre Zico y Platini que se decantó del lado europeo en la tanda de penaltis. En semifinales los galos eran favoritos ante Alemania, que nuevamente sacó el rodillo cuando hacía falta tras haber sufrido, y mucho, en las rondas previas ante Escocia, Marruecos o México. En el otro lado del cuadro Uruguay decepcionaría al caer en octavos ante Argentina. Emilio Butragueño, delantero español, declararía que cualquier clasificada para octavos que hubiese contado en su plantilla con Maradona se hubiese proclamado campeón del Mundial. Lo cierto que es el Pelusa hizo cuatro partidos seguidos pluscuamperfectos que le darían a Argentina el triunfo con un equipo mediocre en muchas de sus posiciones. Maradona dirigió la victoria ante Uruguay, luego se convirtió en un dios ante Inglaterra (al cielo siendo un barrilete cósmico y al infierno con una mano divina), más tarde aplastó a Bélgica con su pie izquierdo y en la final dirigió la orquesta albiceleste ante los fieros alemanes. Argentina venció a Alemania por 3-2 ganando su segunda corona y haciendo que Rummenigge se despidiese del fútbol con dos derrotas consecutivas en la final del Mundial.
Veredicto: Error.
D10S
ITALIA 1990
Favorito: Italia. La Nazionale tenía un equipazo. Su línea defensiva era imponente con Ferri, Baresi, Bergomi y Maldini y Walter Zenga en la portería. Llegaron al Mundial con ocho partidos sin recibir un gol en contra. Arriba tenían a Giannini, Vialli y al magnífico Roberto Baggio. Jugaban en casa y eran indiscutibles favoritos. Como alternativa en las casas de apuestas estaban Holanda y Alemania. Los tulipanes eran vigentes campeones europeos y tenían a Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten. Los germanos acababan de reunificarse y estaban en plena efervescencia nacional. Quizás no contaban con un equipo tan redondo como el de ediciones anteriores, pero la unificación parecía llevar en volandas a toda la nación.
Campeón: Alemania. Italia fue el ciclón que todos esperaban. Sumó otros cinco partidos sin encajar un gol antes de plantarse en semifinales. Cierto es que el camino no fue sumamente complicado, pero cumplieron con el objetivo. Quien no cumplió con su cometido fue Países Bajos que, tras empates con Egipto e Irlanda, pasó con la soga al cuello a octavos. Así pues, tocó enfrentamiento prematuro Alemania-Países Bajos en octavos de final. Frank Rijkaard fue expulsado por escupir en la cara a Rudi Völler y Alemania pasó con justicia a cuartos. En su semifinal Alemania fue inferior a Inglaterra que, liderada por Gascoigne, hizo su mejor fútbol en años. Ocurre que, fiel a la tradición, fueron los alemanes los que se clasificaron para su tercera final consecutiva tras vencer en la tanda de penaltis. En la otra semifinal, en un partido terriblemente aburrido, Italia encajaba su primer gol (1-1) y también perdía en los penaltis en este caso ante Argentina. La final comenzó precedida por una sonora pitada a Maradona, verdugo italiano, quien en semifinales había pedido a su público napolitano que apoyase a su dios en vez de a la Nazionale. Como era de esperar los espectadores fueron con Italia y no con Argentina y aquello hizo que Maradona cavase su propia tumba al llamar hijos de puta a los napolitanos. Así pues, con 75.000 romanos animando a Alemania, en otro partido terriblemente malo, Lotthar Matthaüs y sus compañeros superaron a los argentinos para lograr la victoria mundialista.
Veredicto: Error.
Alemania unificada
ESTADOS UNIDOS 1994
Favorito: Brasil y Alemania. Las casas de apuestas daban un empate técnico entre el eterno favorito y el vigente campeón. Brasil contaba con una dupla de ataque con los fabulosos Romario y Bebeto y con ellos como finalizadores se había formado un bloque compacto y sólido que, si bien no enamoraba como los de antaño, era más que fiable. Sin embargo, en el ambiente flotaba la sensación de que por vez primera una selección europea sería capaz de conquistar América. Esa era Alemania, siempre favorita y que desde la unificación era considerada invencible. Como tercer aspirante quedaba Italia que mantenía el bloque de 1990 con Arrigo Sacchi a los mandos y un Roberto Baggio en el mejor momento de su carrera.
Campeón: Brasil. Hubo dos gigantescas sorpresas en el Mundial de Estados Unidos. Una fue Bulgaria. Un 10 de julio de 1994 en Nueva York los de Hristo Stoichkov eliminaban a Alemania en cuartos de final. Aquello fue una bomba que sería desactivada por Italia al conseguir superar a los búlgaros en semifinales, tras haber echado previamente en octavos a Nigeria y en cuartos a España. La otra sorpresa la dio Suecia que consiguió meterse en semis con un calendario favorable. Allí fue eliminada por un gol de Romario, pero la verdadera prueba de fuego de los brasileños había tenido lugar una eliminatoria antes cuando en un precioso choque lograron superar a Holanda por 3-2 el día que Bebeto patentó la celebración acunando a un bebé imaginario para conmemorar el nacimiento de su hijo. La final enfrentó a Brasil y a Italia en busca de ser el primer país en sumar cuatro títulos mundialistas. Fue la primera final de la historia que acabó sin goles, lo que irremediablemente llevó el partido a los penaltis. Allí, Franco Baresi falló su lanzamiento y Roberto Baggio mandó el suyo a las nubes para felicidad de un Brasil que ganó el Mundial siendo menos brasileño de lo que nunca antes había sido.
Veredicto: Acierto.
Mazinho, Bebeto y Romario
FRANCIA 1998
Favorito: Brasil. No había discusión alguna. Brasil era favorita por mayoría aplastante. Era un equipo compacto que había añadido como arma ofensiva a un chico de 21 años que esa temporada sumó 50 goles. Se trataba de un Ronaldo Nazario que opositaba para ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. No existía alternativa alguna al dominio brasileño. Alemania tenía el peor equipo en años, Inglaterra e Italia no eran gran cosa y Argentina contaba con un buen equipo, pero era sabido que a la hora de la verdad solía fallar. Hasta España se asomaba por el retrovisor al sumar 31 partidos sin conocer la derrota. La opción más aceptada para el otro puesto de finalista era Francia, pero más por ser anfitriona que por creer de verdad en sus posibilidades. Los galos eran tremendamente irregulares y había un run-run constante entre la titularidad de Zidane o bien de Djorkaeff en la mediapunta.
Campeón: Francia. Como era de esperar España decepcionó. Incluso más de lo habitual dado que feneció en la primera fase. Inglaterra caería en octavos ante Argentina y Argentina hizo lo propio en cuartos ante Holanda. Para Alemania la derrota fue aún más dura. Tras caer ante la advenediza Bulgaria en 1994 en esta ocasión hubo de soportar un humillante 0-3 ante Croacia, entonces en su primera participación en un Mundial. Así pues, la final esperada por anfitriones y aficionados parecía lista para hacerse realidad. Brasil tumbó a Chile (4-1), Dinamarca (3-2) y a Holanda en los penaltis (1-1) con un Ronaldo imperial para llegar a la final. Francia perdió a Zidane por una estúpida expulsión y sudó sangre para echar a Paraguay (1-0) en octavos. Ya con Zidane, volvió a sufrir ante Italia (0-0 y penaltis) para voltear un 0-1 ante Croacia y ganar por 2-1 con dos tantos de Thuram, sus dos únicos goles en 142 partidos internacionales, en semifinales. Horas antes de la final Ronaldo sufrió un ataque epiléptico y, aunque estuvo presente en cuerpo, su mente y su alma no jugaron la final del Mundial. Si lo hizo Zidane, quién se convirtió en héroe nacional (marsellés de padres magrebís) al anotar dos cabezazos que, junto al gol de Petit, le dieron el triunfo a Francia (3-0) y su primer entorchado mundial.
Veredicto: Error.
Francia multicolor
COREA Y JAPÓN 2002
Favorito: Argentina y Francia. La Francia de Zidane era una máquina arrolladora. Vigente campeona mundial y europea tenía mejor equipo que en 1998 dado que había incorporado a la delantera a un Thierry Henry en el mejor momento de su carrera. Con todo compartía favoritismo con Argentina que había ganado la fase clasificatoria sudamericana con 12 puntos de ventaja sobre el segundo. Justo antes del Mundial, Argentina salió victorioso de un amistoso ante Italia en Roma y de otro ante Alemania en Stuttgart. Zanetti, Simeone, Verón, Aimar, Hernán Crespo o Batistuta. Más atrás en los pronósticos estaba Brasil, con un Ronaldo mermado que venía de jugar una decena de partidos en dos años y medio víctima de dos devastadoras lesiones de rodilla.
Campeón: Brasil. El primer Mundial en Asia estuvo lleno de cataclismos. Francia perdió con Senegal y Dinamarca y se fue para casa en la fase de grupos. Lo mismo le ocurrió a Argentina, aunque de forma mucho más cruel tras empatar a puntos con Suecia y tener peor diferencia de goles. Hubo más. Corea del Sur llegó a semifinales tras echar a Italia y a España con arbitrajes caseros. Allí fueron frenados por una Alemania de entretiempo que se benefició de las escabechinas francesa y argentina. Por el otro lado del cuadro el momento estrella tuvo lugar en cuartos con el duelo entre Brasil e Inglaterra. Por entonces ya se sabía que Ronaldo quizás no tenía las rodillas de antes, pero seguía siendo igual de extraordinario como lo era antes. La tripleta Ronaldinho-Ronaldo-Rivaldo fue demasiado para un más que decente conjunto inglés. En semis Ronaldo ajustició a Turquía y en la final se disputó el primer Brasil-Alemania en 72 años de Copa del Mundo. Vencieron los brasileños (2-0) en parte gracias a una pifia de Oliver Kahn, quién con sus paradas había sostenido a los alemanes durante todo el torneo, pero que emborronó su trayectoria con un tachón en el día decisorio.
Veredicto: Error.
La resurrección de Ronaldo
ALEMANIA 2006
Favorito: Brasil. Otra vez Brasil era favorito. Y otra vez lo hacía como indiscutible favorito. Ronaldinho era Balón de Oro, un Ronaldo pasado de peso seguía goleando y el sitio de Rivaldo era ocupado por el sensacional Kaká. Por si fuera poco, en el banquillo aguardaban Robinho y Adriano, siendo este último una versión 2.0 del Ronaldo antes de la lesión de rodilla. Todo lo que no fuera un triunfo de la verdeamarela era una sorpresa. Como aspirante asomaba Alemania, no tanto por su capacidad futbolística, sino por su competitividad y por el hecho de jugar como anfitriona. Bastante más atrás en las apuestas aparecían Inglaterra y Portugal, con un formidable cuarteto atacante formado por Cristiano Ronaldo, Deco, Figo y Pauleta.
Campeón: Italia. Ocurrió que en la primera fase Suiza superó a Francia. Eso tuvo dos efectos colaterales. Por un lado del cuadro permitió que Italia tuviera un camino favorable (aunque, fiel a su estilo, sufrió ante Australia) hasta semifinales. Allí se encontró con una Alemania que antes había superado a Argentina en un duelo memorable. Igual de memorable fue esta semifinal que se resolvería en la prórroga y que llevó a Italia al partido decisivo con un gol en el minuto 119 y otro en el 120. Por el otro lado del cuadro, la derrota de Francia le llevó a enfrentarse con primmas donnas en las que siempre partía como víctima. En octavos tocó España. Los hispanos eran jóvenes y los galos unos viejos. Zidane, quien se retiraba al finalizar el Mundial, hizo magia y Francia venció a España (3-1). En cuartos tocaba Francia-Brasil. Ronaldinho nunca llegó a carburar en ese Mundial y ni Ronaldo ni Kaká dieron ni la mitad de su valor. Dos veteranos Zidane y Henry sí que dieron lo mejor de sí mismos y Francia pasó de ronda sorpresivamente. En semis Francia fue inferior a Portugal, pero tiraría de oficio, veteranía y alguna decisión arbitral polémica para colarse en la final. Allí, Zidane adelantó a Francia con un penalti a lo Panenka y luego Materazzi empató de cabeza. Precisamente una cabezada de Zidane a Materazzi tras una provocación verbal del central italiano acabó con Zidane expulsado el día de su último partido. Zizou tuvo que sufrir desde los vestuarios una tanda de penaltis que le dio a Italia su cuarto título mundialista.
Veredicto: Error.
¡Qué tiempos! ¡Cuándo Italia ganaba!
SUDAFRICA 2010
Favorito: España. Sumó entonces la selección española 35 partidos sin conocer la derrota incluyendo la victoria en la Eurocopa 2008. Realizaba un juego fabuloso de combinación que se dio a bautizar como tiki-taka. Contaba con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi e Iniesta seguramente los mejores del mundo en sus correspondientes puestos. Por vez primera España iba de favorita a un Mundial y no se vislumbraba respuesta alguna a su reinado. En un segundo escalón, pero muy lejos en las apuestas, aparecía una Brasil que asustaba más por sus cinco estrellas en el pecho que por su plantilla, la Argentina de Leo Messi en el campo y los bemoles de Maradona desde el banquillo e Inglaterra. Era la última oportunidad de una brillante generación capitaneada por Beckham y en la que maravillaban Terry, Ferdinand, Gerrard, Lampard y Rooney.
Campeón: España. Con más de un 70% de posesión España avasalló a Suiza, pero un contraataque aislado les daría el triunfo a los helvéticos. El pánico se apoderó de la opinión pública, sin embargo, los pilares de la selección eran sólidos y dieron pronta vuelta a la situación. Se ganó con solvencia a Chile, Portugal y Paraguay, aunque siempre por la mínima al no ser capaces de trasladar en goles un dominio insultante. En semifinales un gol de cabeza de Carles Puyol tumbó a una Alemania que venía de jubilar a Beckham en octavos (4-1) y de invalidar el carnet de entrenador de Maradona en cuartos (4-0). En el otro lado del cuadro Holanda superó a Brasil antes de deshacerse de la mejor Uruguay en medio siglo (Forlán, Cavani y Luis Suárez) por 3-2. En la final Holanda fue del todo menos fiel a su memoria. Se dedicó a encerrarse atrás y salir al contraataque cediéndole el balón a España. Una milagrosa parada de Casillas en un mano a mano ante Robben y un gol de Iniesta en la prórroga le otorgó el primer Mundial a España en la que fue la primera Copa del Mundo disputada en África.
Veredicto: Acierto.
Tiki-taka
BRASIL 2014
Favorito: Argentina y Brasil. Brasil jugaba en casa y contaba con la mejor línea defensiva que había producido en su larga historia; Alves, David Luiz, Thiago Silva y Marcelo. En la delantera contaban con Neymar, pero tenían graves problemas a la hora de crear juego en el centro del campo. Con todo ello; ¿quién podría dudar de Brasil? Argentina tenía un equipo de ensueño con Agüero, Di María, Higuain y Leo Messi. La Pulga estaba en el mejor momento de su vida anotando 60 goles y dando 30 asistencias por temporada. Era evidente que el Mundial, de una forma u otra, tendría que quedarse en Sudamérica. La única opción real de victoria procedente de Europa era la selección española que encadenaba victoria en Eurocopa-Mundial-Eurocopa.
Campeón: Alemania. España cayó con estrépito en la primera fase incluyendo un 1-5 ante Países Bajos. También Italia e Inglaterra fueron incapaces de meterse en octavos. Quien se metió en las rondas eliminatorias como un ciclón fue Argentina, aunque la gasolina se le acabó al pasar a octavos de final. Prevaleció por la mínima ante Bélgica, necesitó de una prórroga ante Suiza y superó en los penaltis a Holanda en semifinales, en la que fue la despedida internacional de Sneijder, Van Persie y Robben. En el otro lado del cuadro Neymar bailó a México y a Camerún, pero un golpe ante Chile lo dejó fuera del Mundial a la altura de cuartos de final. Sin su faro ofensivo, Brasil sufrió para vencer a Colombia y fue un pelele en manos de una Alemania que vencía por 0-5 a la media hora del inicio de la semifinal. Aquello acabó con un 1-7 y pasó a ser conocido como Mineirazo, tragedia nacional que una década después sigue sin ser superada. Antes de soberana paliza, los alemanes ya había dado cuenta de Portugal (4-0) o Francia (1-0) con un imperial Manuel Neuer bajo palos, un Philip Lahm haciendo de todo campista y una dupla perfecta formada por Miroslav Klose y Thomas Müller. Ocurrió que fue, Mario Götze, habitual suplente, el que dio el triunfo en la final a los alemanes con un gol en la prórroga tras varios errores groseros de los argentinos comandados por una tarde aciaga de Gonzalo Higuain.
Veredicto: Error.
Primer europeo que conquista América
RUSIA 2018
Favorito: Alemania y Brasil. Alemania había ganado la Copa Confederaciones del año anterior con una plantilla de 23 jugadores alternativa formada en su mayoría por sub-21 ¡Qué no iba a hacer con su equipo titular! Se contaba con un paseo militar germano. La alternativa venía del otro lado del Atlántico. A pesar del bochorno del Mineirazo, Brasil seguía contando con una línea defensiva fortísima, tenía portero (Allison), ahora también un mediocentro (Casemiro) y Neymar era mejor jugador que cuatro años atrás. Tite, el seleccionador, jugaba a la defensiva y les iba bien. Arrasaron en la fase de clasificación. Como outsiders las apuestas hablaban de Argentina (con Messi, pero con peor equipo que en 2014), Francia (con un equipazo enclaustrado en el corsé de su entrenador) y Bélgica, que encandilaba con su fútbol ofensivo comandado por el tridente Hazard, De Bruyne y Lukaku.
Campeón: Francia. Alemania se convirtió en el tercer campeón vigente en caer en una fase de grupos. El descalzaperros germano perdió ante México y Corea del Sur. A Brasil le fue bien hasta que en cuartos de final le tocó enfrentarse a Bélgica. Los europeos demostraron que, independiente de las modas, un centro del campo técnico siempre debe primar sobre el físico y se llevaron el duelo por 2-1. El camino de la sorprendente Bélgica se frenó en seco ante Francia en semifinales. Antes, en octavos, un explosivo Francia-Argentina (4-3) parecía encumbrar a Mbappé y jubilar a Leo Messi. En el otro lado del cuadro, los ingleses se beneficiaban de la caída alemana para abrirse paso hasta las semifinales. Su rival, una Croacia que venía de ganar en los penaltis a Dinamarca y a Rusia. En este caso Inglaterra perdió su enésima oportunidad al caer en la prórroga ante Croacia (1-2) gracias a un gol decisivo de Mandzukic. La epopeya croata liderada por Luka Modric (Balón de Oro) finalizó en el duelo definitivo al perder ante la Francia de Pogba, Griezmann y Mbappé por 2-4. El gallo sumaba su segundo kikiriki mundialista.
Veredicto: Error.
Mbappé y compañía
QATAR 2022
Favorito: Francia. Las casas de apuestas daban como favorito a Francia, vigente campeón mundial. El equipo era fortísimo y Mbappé era un jugador maduro y mucho más completo que cuatro años atrás. Había problemas por la exclusión de Benzema del equipo nacional, pero pocos podían competir en técnica y en fortaleza física con los galos. Por vez primera la Inteligencia Artificial hizo un pronóstico y el suyo fue que Brasil seria la selección vencedora. Parecía poco probable, especialmente por la falta de un delantero de tronío, pero la realidad es que los brasileños sumaban victoria tras victoria antes del Mundial. Como alternativas estaban España, dirigida por el polémico Luis Enrique, e Inglaterra, reciente subcampeona europea y con una joven generación ilusionante. Mucho más detrás estaba la Argentina de un Leo Messi que se había borrado los últimos meses de sus responsabilidades en el PSG en su última oportunidad para ganar el Mundial.
Campeón: Argentina. Aquel raro Mundial que se disputó en diciembre lo hizo con Alemania, Bélgica y Uruguay cayendo en la primera fase. En octavos se despidió España tras perder en los penaltis ante Marruecos. Los africanos doblegarán en cuartos a Portugal y a un lloroso Cristiano Ronaldo. El sueño magrebí feneció en semifinales al perder ante Francia (0-2), que antes se había cepillado a Inglaterra en un precioso partido de cuartos de final sentenciado por el infatigable Oliver Giroud. Por el otro lado del cuadro, Brasil venció a Corea (verdugo de Uruguay) pero tropezó con una Croacia que volvió a aferrarse a los penaltis para plantarse por segunda edición consecutiva en las semifinales. Ahí ya Messi olía sangre. Tapando sus carencias físicas propias de los años y atrasando su posición para ser organizador, Messi dirigió la orquesta argentina que sufrió ante Holanda (2-2 y penaltis) pero que apabulló a Croacia (3-0). En la final, la más hermosa en medio siglo, los franceses remontaron un 2-0 para llevar el partido a la prórroga. Un tanto más de Messi y otro de Mbappé (tres en la final) firmaron un 3-3 en el que el semidesconocido arquero Emiliano Martínez le regaló a Messi un Mundial para, quizás, darle el trono de mejor futbolista de todos los tiempos.
Veredicto: Error.
¿El más grande?
NORTEAMERICA 2026
Favorito: España y Argentina. Vigente campeona europea, España parte en la primera posición entre los favoritos. Los españoles suman 30 partidos invictos, tienen dos jugadores intercambiables por posición y cuentan con Lamine Yamal, una rutilante estrella que aún no ha cumplido los 20 años de edad. Argentina va al Mundial como vigente campeona. Scaloni ha dotado al grupo de una moral de hierro. Messi ejerce como organizador escoltado por De Paul y McAllister y arriba la dupla formada por Lautaro Martínez y Julián Álvarez es formidable. Como outsiders están la Portugal del incasable Cristiano Ronaldo y un poco más atrás se espera que en algún momento explote la fantástica generación de jóvenes de Inglaterra o que Carlo Ancelotti resucite a Brasil de sus cenizas.
Como un trueno. Como un funambulista. Recibió el balón algo más allá de la línea del centro del campo, lo cosió a su pie izquierdo y se dispuso a bailar sobre el césped. Y es que Paulo Jorge dos Santos bailaba. Quizás porque cuando iba a entrenar a Lisboa desde su Montejo natal lo hacía tras un viaje en ferry en el que daba patadas a latas de refresco mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la cubierta de la nave. El caso es que Kögl se le tiró a los pies sin suerte y, luego, fue el pequeño de los Rummenigge el que trato de salirle al paso. En un abrir y cerrar de ojos, Paulo hizo una pared con Magalhaes y dejó descolocado a Flick. Entonces Paulo decidió dejar la banda y adentrase en el área, donde le esperaba el temible Andreas Brehme. Con uno de sus aspavientos lo engañó y, mientras Brehme se tiraba al suelo, Paulo recortaba hacia su exterior y, antes de que llegase Plufgler, lanzar un suave disparo con la zurda al poste derecho de la portería defendida por Jean Marie Plaff.
La pelota deambuló por el área pequeña hasta que, tozuda, se escapó por la línea de fondo. Daba igual. El FC Porto vencía al FC Bayern por 2-1 y conseguía su primera Copa de Europa. Paulo no marcó ningún gol, pero su excelencia se vio premiada con el trofeo al mejor jugador de la final. No había hecho más que lo que estuvo haciendo durante toda la temporada. Deslumbrar a la Europa futbolística con poco más de 20 años. Ese año ganaría el Balón de Plata. Su nombre completo era Paulo Jorge dos Santos Futre. Paulo Futre.
https://www.youtube.com/watch?v=R51-OS7N_zs
Cuando aquella jugada maradoniana un hombre pegó un respingo en el sofá de su casa. Era un tal Jesús Gil y Gil. Un empresario de la construcción, que en su día había pisado la cárcel por un delito de homicidio involuntario al desplomarse el comedor de un restaurante del cual era el promotor. A la altura de 1987 había rehecho su imperio con pisos turísticos y viviendas de lujo por todo el Mediterráneo. Son años de dinero en A y dinero en B, del pelotazo y del yuppismo con estudios y del yuppie que antes de traje y corbata mezclaba cal, arena y agua.
El caso es que apenas un par de meses antes de la celebración de la final de la Copa de Europa había fallecido Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid durante dos de las décadas más gloriosas del conjunto rojiblanco. Habían de celebrarse elecciones a la presidencia y Jesús Gil decidió presentarse. No había motivos románticos. Gil había formado brevemente parte de la junta directiva de Calderón, pero sus exabruptos lo condenaron a la expulsión. No era aficionado al Atlético. Simplemente vislumbró que acceder a la presidencia de un club de fútbol era una forma de conseguir prestigio y notoriedad.
Así que Gil, que de fútbol no tenía gran idea, se levantó del sofá y decidió que ese era su hombre. Estamos a finales de mayo de 1987, a falta de un mes exacto para la celebración de las elecciones. Llamó a su hijo, Gil Marín, y a su mano derecha en la candidatura, el promotor cinematográfico Enrique Cerezo y fletó un avión privado para el día siguiente, entonces 28 de mayo, presentarse en Milán.
Y es que, aunque la final había tenido lugar en el Prater vienés y la comitiva del FC Porto volvía a Portugal a celebrar el increíble éxito, Paulo Futre estaba en otras cosas. Hubo de viajar a un hotel de Milán para cerrar su pase al Internazionale. Los italianos venían de una temporada gris en la que se había dado carpetazo a Karl Heinz Rummenigge, el excepcional mediapunta alemán que a los 32 años había iniciado una preocupante cuesta abajo en su carrera. El Inter consideraba a Futre uno de los futbolistas más decisivos del momento y candidato a mejor jugador del mundo al cabo de un par de temporadas.
Era entonces el Calcio la liga más poderosa del mundo. Y había dudas. Las había porque el gran Eusebio nunca salió de Portugal y ningún jugador luso había destacado fuera de su país. Fernando Chalana no pasó del Girondins de Burdeos y Fernando Gomes, ganador de dos Bota de Oro, tuvo una modesta experiencia en Gijón antes de volver al FC Porto a levantar la Copa de Europa. Futre era un excepcional futbolista, pero había que esclarecer las dudas en un fútbol de primer nivel como el italiano.
Así que allí estaban Futre y Pinto da Costa, presidente del FC Porto, para cerrar un acuerdo más bien humilde con el Inter. Futre iba a cobrar mucho menos que Rummennige e incluso menos de lo que el Inter pensaba ofrecerle a Enzo Scifo, el belga del Anderlecht que estaba en la recámara como segundo plato por si fuese necesario.
Fue entonces cuando Gil y Gil arribó en el hotel. Futre y Pinto da Costa compartían habitación. Cerradas las negociaciones dormían una siesta a la espera de volver a Oporto una vez finiquitado el acuerdo. Entonces Jesús Gil se presenta en recepción y exige ver a Paulo Futre. El astro luso se levantó de la cama al recibir la llamada en su habitación, pero no quiso bajar. Fue Pinto da Costa el que le pidió que se mostrase educado y que bajase a escucharlo.
Así que Futre y su presidente decidieron bajar al hall del hotel. En pantalón corto, con melena ochentera a lo ‘Miami Vice’ y unas chanclas en los pies, Paulo Futre se presenta ante Gil. El orondo empresario soriano solo acierta a preguntar a aquellos dos hombres donde está el famoso Futre y sólo cae en la cuenta de quien es el afamado futbolista cuando baja la cabeza y ve unas chanclas serigrafiadas con el nombre del astro portugués.
Futre, está entre molesto e incrédulo ante este desconocido que ni siquiera sabe quién es, pero decide escucharlo. Gil le habla de Madrid, del Atlético y de que va a ser el presidente que lleve a los rojiblancos al éxito. Son unos veinte minutos en los que Gil, tan tarugo como bonachón, utiliza su don de gentes para ganarse el afecto de Futre.
Pero Futre no lo ve claro. Acaba de ganar la Copa de Europa. El Inter es un grande que juega competición europea. El Atlético finalizó octavo en la Liga española. Duda. Por lo que pide a Gil un par de minutos en privado con Pinto da Costa y decide tirarse un farol. “Mira, si este tío ha cogido un avión privado para venir hasta aquí es que tiene mucho dinero. Yo le voy a pedir el doble para mí y tú el doble para el club”.
Dicho y hecho. Futre le espetó a Gil que quería el doble de lo que le daba el Inter y Pinto da Costa hizo lo propio. Eran 450 millones de pesetas por el fichaje (2,7 millones de euros) mucha tela para la época y mucho más para el Atleti.
Gil ni pestañeó. Habría acuerdo.
Entonces Futre, que además de gran futbolista era un tipo espabilado (y lo sigue siendo), decidió subir la apuesta. Tras un pequeño silencio se abrió la veda.
“Quiero una casa en Madrid”, le dijo Futre.
“Hecho”, contestó Gil y Gil.
“Una casa con piscina”, remató Futre.
“Hecho”, volvió a contestar Jesús.
“Quiero un coche”, fue la última petición del portugués.
“¿Qué coche quieres?”, preguntó Gil.
“Un Porsche”, reclamó Paulo.
“Hecho”, finalizó Jesús.
Fumata blanca. Hubo que ir al Inter con la contraoferta y los italianos dijeron que naranjas de la china. Activaron el plan B y viajaron a Bruselas para cerrar el fichaje de Scifo. Esa historia salió mal. Pero esa historia es otra historia.
Futre y Gil
Gil soló pidió una cosa. Futre tendría que subirse a su avión y trasladarse inmediatamente a Madrid antes de ir a Oporto. Quería presentar a su fichaje en sociedad y con eso asegurarse su victoria presidencial. Futre aceptó, pero a medida que el vuelo se acercaba a destino las dudas parecían corroerle. ¿Y si Gil y Gil no ganaba las elecciones? Pinto da Costa trataba de tranquilizarlo, pero Futre no las tenía todas consigo. Le había dicho a su padre que no tendría que volver a trabajar en su vida, pero lo que era un futuro asegurado en Milán se había convertido en un futuro incierto en Madrid.
Así que Futre volvió a tirar de pillería, se levantó de su asiento y se acercó a Gil y Gil. Le dijo que querría el Porsche nada más aterrizar en Barajas. Sino tenía el coche ese mismo día cancelaría inmediatamente el acuerdo.
Jesús nuevamente accedió. La idea de Futre era buena. Si Gil gana las elecciones, genial, y sino las gana por lo menos me vuelvo a Oporto con un Porsche. Así que nada más aterrizar, la comitiva se desplaza a un concesionario Porsche de la capital y preguntan cuál de los Porsche que hay allí se puede llevar Paulo al momento. El único disponible era un deportivo de color amarillo. Dicho y hecho, una vez más. Gil sacó la chequera y Futre salió de allí en un llamativo Porsche color pollo.
Jesús Gil y Gil ganó aquellas elecciones de calle. Y todo gracias a Paulo Futre. El empresario trilero se la había jugado todo a una carta. Los 450 millones del fichaje, la casa con piscina, el Porsche y el salario de Futre había corrido a cargo de su cuenta corriente. ¿Qué habría pasado si no hubiese ganado las elecciones? Nunca se sabrá. El caso es que Gil y Gil se mantuvo como presidente durante más de una década hasta que, acusado de estafa al club por simulación de contratos, acaben echándolo del Atleti, al igual que fue desalojado de la alcaldía de Marbella por corrupción.
El padre de Paulo Futre no volvió a trabajar. Futre se convirtió durante siete temporadas en un dios rojiblanco. Sólo ganó dos copas mientras que fracasó temporada tras temporada en Europa. Tampoco tuvo éxito con la selección portuguesa y acabaría apagándose antes de llegar a los 30 machacado por las lesiones. Pero todo eso da igual. Una de aquellas Copas del Rey fue lograda frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en lo que fue una inyección de orgullo mayúsculo para un club que vivió y vive atormentado y acomplejado por el enorme éxito de su rival capitalino. Con el tiempo Futre acabó pintando su Porsche de rojo para que no llamase tanto la atención y se asentó en Madrid donde sus dos hijos se han criado y en donde se ha convertido en la leyenda rojiblanca por excelencia, con permiso del finado Luis Aragonés.
“A nivel sentimental le doy tanta importancia a la Copa de Europa con el FC Porto que a aquella Copa del Rey con el Atlético de Madrid. Nunca he tenido un orgasmo como aquel gol”, Paulo Futre hablando sobre la victoria del Atleti ante el Real Madrid en la Copa de 1992.
Otras historias sobre fichajes futboleros
El caso Di Stéfano (el duelo Barça Madrid por el fichaje de ‘La Saeta’ a través de dos artículos)
Antes de Mbappé existió Ronaldo. Y antes de Ronaldo existió Eusebio. Pero antes de ser Eusebio, Eusebio fue Magagaga. Magagaga era un velocista con recursos para la finta y para el regate y con una capacidad innata para golpear en seco desde cualquier parte del campo rival. Por eso Magagaga dejó Lourenço Marqués a los 18 años para probar fortuna en Lisboa. Con el paso del tiempo Lourenço Marqués pasará a ser Maputo, Mozambique un país independiente y Eusebio será considerado el mejor futbolista africano del siglo XX.
Pero Eusebio no es africano.
En Mozambique a Eusebio se le admira, pero no se le ama.
Eusebio es bandera de Portugal. Eusebio es Patrimonio del Estado.
En la década de 1960 la selección portuguesa de fútbol se hizo un hueco en el panorama internacional con un fútbol hermoso y ofensivo que tuvo su culmen al alcanzar el tercer puesto en el Mundial de Inglaterra. La base de aquel conjunto era el Benfica, bicampeón europeo y hasta tres veces subcampeón en el plazo de ocho años. En aquel conjunto destacaban varios futbolistas nacidos en las colonias portuguesas de África. Titulares eran Costa Pereira y Joaquim Santana, ambos angoleños, así como Mario Coluna y Eusebio, nacidos en Mozambique.
Todo el amor del que carece Eusebio en África es recogido con profusión por Coluna, el capitán y ancla organizativa de aquel Benfica. Una vez Mozambique declaró su independencia en 1975, Mario Coluna regresó a sus orígenes y se convirtió en el primer presidente de la federación nacional de fútbol. Después ostentaría el cargo de ministro de deportes antes de fallecer en 2014, tras cuatro décadas residiendo en Mozambique.
Eusebio estuvo veinte años sin pisar tierras africanas. Ni siquiera acudió al sepelio de su madre. Con un pánico atroz a los aviones y constantes problemas estomacales, evitó siempre que pudo el viaje hasta que se hizo inevitable. Eusebio falleció en Lisboa, apenas seis meses antes que Coluna, y el Gobierno de Portugal declaró tres días de luto oficial.
Eusebio es un icono portugués que trasciende el paso del tiempo.
Eusebio es Patrimonio Nacional.
Coluna (i) y Eusebio (d)
En el verano de 1964 la Juventus de Turín necesitaba dar un golpe de efecto para recobrar la primacía futbolística. Los turineses seguían siendo el equipo más laureado en Italia, pero tanto el AC Milan como el Inter habían ganado la Copa de Europa. Para más escarnio ambos conjuntos contaban con las dos figuras más rutilantes del país; Gianni Rivera en el caso de los rossoneros y Sandro Mazzola en caso de los neroazurros. Hacía falta una estrella para recuperar la primacía. Con Di Stéfano a punto de retirarse y Cruyff aun imberbe, no existía figura igual en Europa que Eusebio da Silva Ferreira.
Eusebio era un torbellino que alteraba con estruendo todo lo que le rodeaba. Con 19 años había tumbado al Madrid a base de latigazos en la Copa de Europa y con 22 discutía a base de goles el trono del rey Pelé. Era el delantero del momento y del futuro porque tenía años y años de dominio por delante. El Calcio vivía su primera edad de oro y cazaba jugadores de otras ligas con la misma suficiencia con la que las vacas cazan moscas con el rabo. Años atrás el Inter había batido todas las marcas al quitarle a Luis Suárez al Barça. La Juventus tiró de chequera y ofreció al Benfica una oferta irrechazable. Lo que se le daba a Eusebio tampoco era ‘pecata minuta’. El delantero portugués cuadriplicaría su sueldo.
Todo Portugal estaba pendiente de la confirmación del acuerdo, cuando Eusebio fue invitado a comer por el primer ministro Antonio de Oliveira Salazar. La oferta era irrechazable, entre otras cosas, porque lo de primer ministro era un eufemismo, ya que Salazar llevaba ejerciendo el poder de forma autoritaria desde hacia tres décadas atrás. Salazar era la cabeza visible de un régimen dictatorial y conservador, rancio, pero no sanguinario. Se sustentaba en lo que se dio en llamar las tres efes (fado, fútbol y Fátima), aunque, curiosamente, Salazar detestaba el fado y le era indiferente el fútbol.
Pero nadie echa tres décadas en la poltrona si no es astuto e inteligente. Apenas Eusebio se había sentado a la mesa que Salazar le espeta: “Usted no puede irse al extranjero. Entienda que usted es Patrimonio del Estado”. Eusebio, joven, pero con arrestos, alza los ojos y replica: “¿Y cómo es que siendo Patrimonio del Estado tengo que pagar impuestos?” Pero Salazar es perro viejo y rechaza la réplica con un una sonrisa y un par de aspavientos y empieza a hablar con él sobre fútbol como si la discusión no tuviera más de sí. Hablaron del Benfica, del sistema de juego de la selección o del Mundial de Inglaterra que iba a celebrarse un par de años más tarde. Eusebio lo pasó de cine, consiguió pagar unos cuantos miles de escudos menos en impuestos y, una vez retirado, rememorará la charla con afecto admirado ante los conocimientos futbolísticos de Salazar.
Como es de suponer Eusebio se quedó en Portugal.
Eusebio y Salazar
Eusebio siguió jugando con los encarnados y exhibiéndose por el Viejo Continente, llegando al cénit de su carrera en 1966 cuando quedó máximo goleador del citado Mundial de Inglaterra eclipsando al mismísimo Pelé. ‘O Rei’ no dudó en considerarlo su sucesor a pesar de que apenas era año y medio menor que él.
Tuvo entonces Eusebio una nueva oportunidad. En este caso era el Internazionale milanés quien apostó por su fichaje. El conjunto dirigido por Helenio Herrera era el mejor equipo del momento, aunque carecía de un delantero de campanillas. Los méritos en aquel Mundial le abrieron las puertas y Salazar dio el visto bueno a su marcha. Eusebio firmó por el Inter, le encontraron casa, pasó reconocimiento médico…y todo se fue al carajo. En ese mismo Mundial Italia hizo el ridículo al caer en la fase de grupos ante Corea del Norte. Los mandamases italianos respondieron al fracaso cerrando la entrada a los futbolistas extranjeros durante más de una década.
Así que la ‘Pantera Negra’ se quedaría en Portugal. Y esta vez sería para siempre. Aunque hubo algún que otro rumor las únicas dos ofertas en firme que tuvo fueron las procedentes de tierras italianas. Eusebio siguió rugiendo, pero sus gritos fueron ahogados con el paso del tiempo. Con su Benfica ganaría el Balón de Oro de 1966 y la Bota de Oro en 1968 y 1973, con 43 y 40 goles respectivamente, pero la gran generación portuguesa envejeció y los recambios no estuvieron a la altura.
Cuando por fin salió de Portugal para jugar en Estados Unidos, Eusebio ya superaba los 33 años. Era 1975 y contaba con seis operaciones en la rodilla izquierda y una en la derecha. Magagaga, aquel hijo de África, es Patrimonio del Estado portugués como lo es la Universidad de Coimbra, el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem o el Castillo de Guimarães. Hoy, una estatua suya, apoyado sobre una rodilla, con un balón entre una mano y el suelo y una hoja de laurel elevada al cielo con la otra, adorna la entrada principal del estadio Da Luz de Lisboa.
Hay equipos que son queridos y otro que son aborrecidos. Lo son por varios motivos. La razón más primitiva para querer es el amor irracional inculcado desde la inocencia de la niñez. La razón más primitiva para aborrecer es el odio irracional inculcado desde la inocencia de la niñez. Pero hay muchos más motivos. Puedes recordar con afecto a un jugador, una alineación o a un club porque ganaban siempre o porque jugaban bien. O porque te parecen unos tipos serios y con principios. O porque te parecen gamberros y divertidos. Cuestión de gustos. Las mismas razones valen para odiar. Puedes odiarlos porque ganaban siempre, porque jugaban tan bien que repugnaban de lo perfectos que eran o simplemente porque aburrían a las ovejas. O porque eran caóticos y groseros. Hay un sinfín de gustos y hay un sinfín de razones.
Pero siempre hay uno que se lleva la palma. Que no gusta a nadie. Sólo tienen adeptos entre los suyos y hasta ellos lo hacen a escondidas, avergonzados de tan indigno amor. Existe cierto equipo que grabó su nombre a fuego junto a la realeza mundial del balompié. Ver su nombre en un palmarés o bien te deja incrédulo o bien te da nauseas. ¿En serio?, ¿cómo puede ser que estos tipos ganaran esta copa? Hay un equipo, concretamente una selección nacional, que está en el olimpo del sinsentido de los campeones. Un equipo que es aborrecido por todos los aficionados al fútbol. Por lo menos por aquellos que no son griegos de nacimiento. Hablamos, como no, de la selección griega campeona de la Eurocopa de 2004.
Tres lustros después seguimos sin entender como una selección con jugadores de medio pelo pudo ganar un título continental. Con esa misma base de jugadores Grecia no se llegó a clasificar ni para el Mundial de 2002 ni para el de 2006. Tampoco logró jugar la Eurocopa del año 2000 y para la de 2008, por lo menos, llegó a clasificarse para defender su título aunque, como era de esperar, quedó eliminada en primera ronda.
Pero en 2004 ganaron. Nikopolidis; Seitaridis, Kapsis, Dellas, Fyssas; Giannakopoulos, Zagorakis, Katsouranis, Basinas; Vryzas y Charisteas. El entrenador era el alemán Otto Rehhagel. No busquen estrellas del Barça, Madrid, Bayern, United, Juve o bichos de ese calibre. La mayoría fueron jugadores mediocres. Los más afortunados lograron ser relevantes en ligas de cierta importancia como la holandesa o la portuguesa.
Pero vayamos al inicio. La Eurocopa de 2004 se disputó en Portugal a lo largo y ancho de ocho ciudades. Se inauguraron estadios fastuosos y se remodelaron clásicos como el Da Luz lisboeta, donde se celebró la final. Participaron 16 selecciones en la fase final en las que entraron como sorpresas Letonia y Grecia. Los helenos ya dieron la campanada en la fase de clasificación al pasar como primeros de su grupo, relegando a España a una repesca en la que los ibéricos superaron con claridad a Noruega.
Los favoritos eran los de siempre. Francia defendía título, Alemania era la actual subcampeona mundial, Portugal era la anfitriona y luego estaban Países Bajos o Italia. Como outsider destacaba la República Checa con una generación irrepetible respaldada por Pavel Nedved. Inglaterra tenía más nombre que juego y España era un querer y no poder como de costumbre.
Grecia era candidata a perder todos sus partidos.
En el Grupo A había dos plazas para cuartos a repartir entre los favoritos Portugal y España, la peligrosa Rusia y los descartados de Grecia. Pues bien, en el partido inaugural del campeonato Grecia derrotó a una miedosa Portugal (1-2) aprovechando un gol al poco del inicio y un penalti. Consumada la sorpresa, cuando un remate de Charisteas certifique el empate ante España en el segundo partido (1-1) los helenos estarían ya clasificados para cuartos de final. Con Rusia fuera, España y Portugal se jugaron la última plaza en un fatídico encuentro decantado del lado luso gracias a un derechazo de Nuno Gomes.
Como España estaba acostumbrada a hacer aguachirri, más allá de los Pirineos la sorpresa fue relativa. En cuartos de final Grecia se midió a Francia. Tan sólo aquellos que quisieran tirar el dinero a la basura hubiesen apostado por los helenos. Rehhagel ordenó a sus chicos que se colgasen del larguero, pusiesen dos líneas de cinco jugadores más allá del área grande y a sufrir y a correr. Francia salió como una moto en la primera parte y Zidane, Henry y compañía tuvieron sus oportunidades, pero se estrellaron contra los espartanos. En la segunda parte el cansancio hizo mella y, en un saque de esquina, Charisteas conectó un violento cabezazo y daba el pase a semifinales a los griegos (0-1).
Aquello pasaba a ser una broma pesada. Una broma aburrida y detestable.
En semifinales el rival era la República Checa. Por nombre podría parecer un partido nivelado. Nada más lejos de la realidad. Los checos habían hecho trizas a Países Bajos (3-2) – tras remontar un 0-2 -, Alemania (2-1) y Dinamarca (3-0) con un fútbol primoroso. Todos los aficionados neutrales deseábamos la victoria centroeuropea. Nedved, Rosicky, Poborsky, Baros y Koller eran una máquina perfecta de ataque.
O lo eran hasta que se encontraron con el muro griego. Otra vez la misma táctica usada contra Francia y otra vez el mismo resultado. Los checos salieron en tromba hasta que poco antes del final de la primera parte Pavel Nedved se tuvo que retirar lesionado. Aun así tuvieron un par de ocasiones claras en la segunda mitad, pero el partido acabó con empate sin goles y se tuvo que jugar una prórroga. Fue entonces cuando Grecia, por primera y única vez en todo el torneo, decidió jugar al ataque. Rehhagel dio entrada a Tsartas, el único fantasista griego y habitual suplente. Grecia estiró líneas y la defensa checa (flojísima en comparación al ataque) hizo aguas. Tsartas botó un centro cerrado y el central de la AS Roma Traianos Dellas anotaba de cabeza el gol de la victoria (0-1).
Grecia no sólo se había cargado a una favorita, ahora se cargaba a la cenicienta. De traca. Y es que la República Checa era ese equipo querido, simpático y adorable que esperas que de la sorpresa. La victoria griega era la victoria del débil. Sí. Pero de un débil que vencía de forma sucia, soporífera y vergonzosa. Legítima, pero odiosa.
En la final el fútbol austero griego se volvía a medir a Portugal. Fue una Eurocopa capicúa con partido inaugural y final idéntico. Los lusos eran favoritos. Como no. Jugaban en casa y contaban con la base del FC Porto reciente campeón europeo (Carvalho, Maniche, Deco) y con dos fueras de serie, uno en el ocaso de su carrera (Figo) y otro en el inicio de su leyenda (Cristiano Ronaldo). Portugal había eliminado a Inglaterra y a Países Bajos y había ido de menos a más en el torneo. Grecia, como de costumbre, tenía la orden de maniatar y desesperar hasta el extremo al rival.
Sorprendentemente Grecia jugó con descaro, si se puede entender como descaro, cambiar su habitual 4-5-1 por un 4-4-2. Adelantó líneas y presionó en medio campo a Portugal. Al igual que en el partido inaugural los lusos no pudieron con los nervios. El partido fue horrible y apenas hubo ocasiones.
El gol fue otra vez a balón parado. Basinas botó un córner y Ricardo y Costinha se hicieron un lío a la hora de despejar. Angelos Charisteas aprovechó la indecisión para cabecear a puerta vacía y poner el 0-1 en el marcador en el minuto 57 de partido. Sin alardes, montados en la épica del estajanovismo, Grecia consiguió la Eurocopa. Rehhagel inculcó a su equipo mentalidad alemana de orden y eficacia y supo (aún no se sabe cómo) esconder sus defectos. Fueron siete partidos en un mes perfecto. Fue inaudito. Los marcajes defensivos individuales fueron pulcros y Kapsis y Dellas parecían la reencarnación de Beckenbauer y Baresi. Grecia fue la selección que menos remató a puerta entre todos los contendientes, pero su calma y su efectividad fue digna de elogio.
Theo Zagorakis fue elegido el mejor jugador del torneo porque había que elegir uno. Sería quinto en la votación del Balón de Oro de ese año. No era un niño. Estaba a punto de retirarse. Es un mito en el ‘poderosísimo’ AEK de Atenas. Fracasó en sus aventuras en el Calcio y en la Premier.
Michalis Kapsis, el tipo que secó a Pauleta, Raúl o Henry, hizo carrera en el Olympiakos y en el Apoel de Nicosia. Dellas, su compañero de zaga, fue apodado ‘el coloso de Rodas’, tuvo un año bueno en la AS Roma y luego se dedicó a deambular por la liga griega. Nikopolis, aquel portero con pinta de funcionario de correos, se convirtió en leyenda del Olympiakos al igual que el correoso Giannakopoulos. Basinas lo fue del Panathinaikos antes de intentar con escaso éxito triunfar en España en las filas del RCD Malllorca. Un pelín mejor le fue a Seitaridis en el Atlético de Madrid. Mucho peor le resultó a Vryzas, delantero titular, que no pasó de Segunda División con el RC Celta.
El hombre con más cartel de los griegos era Angelos Charisteas, el autor de gol de la victoria en la final. Era joven y con más de 1,90 era un delantero ideal para equipos amantes del fútbol directo. Se convirtió en un clásico de la Bundesliga y de la Eredivisie, pero siempre en papeles secundarios y con pobres registros goleadores.
Y Charisteas se convirtió en un dios
El artífice de semejante atentando contra el buen juego fue el verdadero triunfador de esta historia. Otto Rehhagel es, quizás, el único alemán que tiene barra libre en cualquier chiringuito de playa en Grecia. El ‘Rey Otto’ era un veteranísimo entrenador que cogió las riendas de la selección griega en una suerte de prejubilación para acabar logrando lo imposible.
Fue un verano inolvidable para el estatus social de los griegos. A la alegría colectiva por el triunfo en la Eurocopa se le unió la celebración de los Juegos Olímpicos en Atenas. Grecia, un país en continua crisis, eminentemente occidental pero geográficamente aislado en Oriente, entraba con honores en el siglo XXI. Cuando al año siguiente los griegos se proclamen campeones de Europa en baloncesto (el verdadero deporte rey en tierras helenas) el éxtasis será apoteósico.
“Me da igual que digan que somos defensivos. No puede ser casualidad que hayamos ganado dos veces en un mes a los portugueses (…) Este es un grupo con un espíritu competitivo inigualable y una increíble pasión (…) Sabemos que jugar al contraataque es el único camino a la victoria. En 2004 hubo un milagro. Y un milagro se repite cada 30 años, nada más”. Otto Rehhagel.
Zeus, Poseidón, Hades…Charisteas, Zagorakis…
Otras historias de Eurocopas y Mundiales
Vacaciones (cuando Dinamarca cambió la playa por el título de la Eurocopa)
Pelé, Garrincha o Rivaldo. Todos ellos son sobrenombres. Son todos motes. ¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos? A decir verdad no son sólo los brasileños, también entre portugueses anda el juego. Y lo cierto es que no es cosa sólo de futbolistas. Es raro que en portugués no se ponga apodo a cualquiera. Da igual que se deportista, ministro o mediopensionista.
El idioma portugués está considerado una lengua dulce y agradable. Es el séptimo idioma mundial en número de hablantes maternos. Lo que en castellano es un apodo en portugués es un ‘apelido’. Prácticamente todo el mundo tiene un ‘apelido’, sea por una característica física, un rasgo familiar, un nombre o por una cualidad o condición psicológica.
Pero la pregunta no tiene respuesta certera más allá de la famosa sonoridad del portugués. Hay estudiosos que lo atribuyen a la dulzura típica de Brasil. Según estos filólogos, fue a través del mestizaje como esa proliferación de apodos se hizo un hueco en el uso del lenguaje. Otros argumentan que el origen está en la madre Portugal, donde era tradición poner nombres compuestos a los recién nacidos (uno escogido por los padres y otro por los padrinos), por lo que en ocasiones era necesario buscar un apodo que contentara a las cuatro partes.
Lo de los apellidos resulta algo lioso, ya que la mujer, al casarse, cambia su nombre y adopta algunos de los apellidos de su marido. Aún ya andado el siglo XXI continúan siendo minoría las mujeres que no lo hacen. Hay que tener en cuenta que el último apellido que aparece en el carné de identidad es el del padre, el llamado, por los lusos, nombre de familia. Es decir, que una hipotética mujer portuguesa llamada Paula María Rodrigues Teixeira Gomes, acaba por ser tratada como Paula Gomes, de forma simplificada. Su marido se podría llamar perfectamente Rui Pedro Bento Teixeira Gomes, al que llaman Rui Gomes. En este posible caso la mujer guarda el apellido Rodrigues de su familia y ha adoptado otros dos de su esposo.
Pero la fama mundial de los apodos, de los ‘apelidos’, se la dio el triunfo brasileño en el Mundial de 1958. Aquel equipo estaba liderado por dos fenómenos, un imberbe llamado Edson Arantes y un adolescente que respondía al nombre de Manoel dos Santos. El primero no era otro que Pelé, que tenía ese apodo porque cuando era pequeño admiraba al portero del equipo donde militaba su padre, que no era otro que un tal Bilé. Como de Bilé se pasó a Pelé ya es un misterio.
Y sí, Pelé de pequeño quería ser portero.
A Manoel le pusieron el apodo de Garrincha, que no es más que un pájaro amazónico grotesco y en apariencia torpe, pero que es desesperadamente veloz. Manoel, uno de los mejores regateadores de la historia en buena medida gracias a sus piernas torcidas, se ajustaba como anillo al dedo a dicho ‘apelido’. En aquel Mundial disputado en Suecia, los periodistas bromeaban con que la alineación carioca estaba formada por Dida, Dadé, Didí, Dodó y Dudú ante tal cantidad de apodos y nombres impronunciables. Además de por su calidad, una de las razones del éxito de Pelé es que fue aceptado rápidamente por los suecos porque Pelle (con dos eles) es un nombre común en Suecia, mucho más fácil de recordar (para los nórdicos) que los Dida y Didí de turno.
Un lío, ¿verdad?
No obstante hubo un tiempo en el que los apodos pasaron a ser clandestinos. Durante la travesía en el desierto del fútbol brasileño (1970-1994) hubo voces poderosas que pidieron eliminar los ‘apelidos’ por considerarlos infantiles y humillantes. Eran tiempos donde la boca se llenaba al escuchar en las crónicas periodísticas a los majestuosos Marco Van Basten, Karl-Heinz Rummenigge o Diego Armando Maradona. Felizmente la idea no llegó a buen puerto. Y en ciertos casos hasta sería contraproducente. Junior, lateral izquierdo de la ‘canarinha’ en los 80, era el apodo de Leovegildo Lins.
Cumple diferenciar apodos de diminutivos. Los Zé Roberto, Zé Elías o Zé Castro no son más que pepes. Zé es Pepe, al igual que Chico es Fran, Mané es Manu, Drica es Adri, Beto es Rober o Binho es Robson. Aunque sí, éste último es mucho más rebuscado.
También hay una serie de apodos que tuvieron que contraerse o expandirse para conseguir su lugar en el mundo. Ronaldo Nazario nació futbolísticamente como Ronaldinho hasta que explotó y se convirtió en Ronaldo. Ronaldinho (el del Barça) era jugador de tronío para ser Ronaldo, pero como ya había uno contemporáneo, y tan bueno o más que él, se quedó con el sufijo –inho. Al mismo tiempo surgió otro Ronaldo, este central y de menor enjundia, y se quedó en Ronaldao.
Al igual que Ronaldos hay decenas de Luisaos. Otra opción es añadir al ‘apelido’ un apellido en función de su lugar de nacimiento. Gaucho, Paulista, Pernambucano… Una vuelta de tuerca a esta idea fue la de ex delantero del AC Milan Alexandre Rodrigues, que se puso Alexandre Pato en honor al pueblo donde nació (en España existe el archiconocido caso de Carlos Alonso, que pasó a ser Carlos Santillana, preciosa población cántabra).
Los hay bastante divertidos. Carlos Caetano Blenidorm fue el capitán de la selección carioca durante la victoria en el Mundial de 1994. Dunga, apodo del personaje, recibe el nombre por su parecido con Mudito, uno de los siete enanitos. Dopey en su versión original en inglés, Mudito en castellano y Dunga en portugués. Cuando Dunga asumió el cargo de seleccionador brasuca en 2006 un canal de televisión brasileño envió a una periodista disfrazada de Blancanieves y a los otros seis enanitos para entrevistarlo y darle la enhorabuena.
Más jugosos son los de Vágner Silva, el delantero del amor. Este clásico del fútbol de inicio de siglo pasó a ser conocido como Vágner Love cuando en una de sus primeras convocatorias con el Palmeiras fue sorprendido en plena faena por su entrenador en la habitación de su hotel. A Ricardo Izecson le pusieron Kaká porque su hermano era incapaz de pronunciar la palabra Ricardo y le hizo gracia llamarle Kaká. A Givanildo Vieira le quedó el apodo de Hulk por su parecido con la bestia verde. A José Roberto da Gama en cambio le pusieron Bebeto por su cara angelical que resiste al paso del tiempo.
Para la opinión pública, fuera de casos puntuales, no existen conflictos intergrupales y florecen los chistes, los estereotipos o las obscenidades. Pero desde arriba lo políticamente incorrecto avanza a pasos agigantados. Si lo de Hulk para muchos pudiese ser hoy ofensivo, imagínense con unos clásicos del siglo pasado. Ricardo Rogerio (Alemao, por ser rubio), Claudio Ibrahim Vaz (Branco –obvio-), Antonio Carlos (Negro –obvio-), Joao Ferreira (Bigode, por su estrafalario mostacho) o Nilton Pinheiro (Batata, con problemas para la contención de peso por culpa de las patatas fritas).
Eduardo Gonçalves no es otro que Tostao, uno de los héroes del Brasil del 70. Se dice que era tan bueno que cuando era un niño jugaba contra adolescentes y los volvía locos con sus regates. Por eso aquellos chavales le pusieron el apodo de Tostao, una moneda medieval de plata, pequeña en tamaño pero de inmenso valor.
Son sólo varios ejemplos. Pero hay muchos más. Los portugueses son más comedidos, pero también han aportado parte a este galimatías. Manuel Gomes (Nené), Luis Filipe Madeira (Figo), Luis Carlos Almeida (Nani) o Pedro Miguel Carreiro (Pauleta) son algunos ejemplos.
Los ’apelidos’ perviven, pero la globalización hace sus efectos. En el Mundial de 2018 la selección brasileña mostró diminutivos, pero no así apodos. El diario ‘O Globo’ escribió un bonito editorial lamentando la ausencia de ‘apelidos’, en su buen juicio, “una muestra más de que el fútbol brasileño es cada vez más corporativo y menos irreverente”. Y añadía que “en un país que siempre fue creativo en colocar apodos, un nombre común no sobrevive a una carrera mediocre”.
Este verano el Benfica ha fichado a Éverton Sousa Soares. Procedente del Gremio, internacional con Brasil, fue máximo goleador de la Copa América de 2019 y ha dado el salto a Europa este verano a los 24 años. Cuando con 18 años debutó con el Gremio nadie sabía quién era ese tal Éverton. Su ‘apelido’ era Cebolinha, por su cara redonda en forma de chupa chups similar a un dibujo animado popular en Brasil.
Ahora que quiere triunfar en Europa, prefiere ser conocido como Éverton. De la ‘cebolinha’ no queda ni la ‘raicinha’.