País Vasco

Arconada

1987. Junio. Zaragoza. 35 grados a la sombra. Final de la Copa del Rey. Real Sociedad vs Atlético de Madrid. Hubo que hacer los ejercicios de calentamiento en un vestuario lleno de mosquitos dado que inmediatamente antes de la final se jugó un partido internacional sub-21. Jesús Gil llevaba tres días como presidente del Atlético. Estaba en el palco junto a Paolo Futre, el fichaje que había hecho real su presidencia. La Real contaba con unos jóvenes Beguiristáin y Bakero y mantenía a los veteranos Arconada, Gajate, Zamora y a un López Ufarte que disputaba su último partido antes de retirarse. Se adelantaron dos veces los donostiarras y por dos veces empataron los madrileños. Penaltis. La Romareda ruge. “No pasa nada, tenemos a Arconada”, cantan 20.000 guipuzcoanos. La Real metió cuatro. El Atlético falló el primero y Arconada paró el cuarto. Se lanzó abajo, a su izquierda, y rechazó el balón. Acto seguido, alzó el puño al cielo. Era el primer título copero de la Real desde 1909. Tras la edad de oro llegaba ahora la edad de plata.

1970. Hijo de Luis Arconada y de Isabel Echarri, un 26 de junio de 1954 venía al mundo en San Sebastián un bebé bautizado como Luis Miguel Arconada Echarri. Entraría en la cantera de la Real Sociedad a los 16 años y lo haría con unas características innatas que pronto lo harán ser seguido por los grandes clubes del país. Con un 1’78 de altura, no excesivo ahora pero suficiente entonces, era un pulpo, valiente en el uno contra uno y seguro por alto. Además, pronto fue notoria su ascendencia y su liderazgo ante sus compañeros. Por entonces la Real Sociedad era un equipo ascensor, pero una hornada de canteranos formada por Arconada, Periko Alonso, Zamora, Satrústegui o López Ufarte iba a cambiar la historia del conjunto txuri-urdin.

1980. La Real Sociedad sumó un total de 32 jornadas sin perder, récord vigente hasta el 2018. Desde la décima jornada, Real Sociedad y Real Madrid encabezaron la clasificación en una dura pugna por el primer puesto en el que ambos clubes se alternaron. Con la diferencia de goles a favor de los donostiarras (la Real había goleado 4-0 al Madrid en Atocha), se llegó al penúltimo partido con la Real Sociedad en el primer lugar. Ese día se puso fin a la racha al caer en el Sánchez Pizjuán por 2-1 con gol del argentino Bertoni en los últimos minutos y cuando la Real estaba con 9 futbolistas por culpa de la expulsión de dos jugadores. El Madrid se colocó primero, ganó el último día en San Mamés y la Real dejó escapar una oportunidad que se presumía única e histórica. Luis Miguel Arconada ganó su primer Trofeo Zamora con únicamente 20 goles encajados en 34 partidos. Un coeficiente de 0’58 goles por partido que marcaba un nuevo récord en la competición.

1975. Arconada había ascendido al primer equipo de la Real la temporada anterior. Era el tercer portero. Tenía por delante a Artola y a Urruti. Sucedió que en 1975 Artola fichará por el FC Barcelona y Arconada debute como titular en un partido de Copa de la UEFA ante el Liverpool FC en octubre de ese año. Acabará desbancando a Urruti del puesto de titular, quien tendrá que irse al RCD Espanyol al año siguiente para, curiosamente, acabar sustituyendo a Artola en la portería del Camp Nou a inicios de la década siguiente. Desde ese 1975 hasta 1989 serían catorce temporadas consecutivas de Arconada como jefe de la portería de la Real, sumando hasta tres trofeos Zamora como portero menos goleado (1980, 1981, 1982). Con Arconada la Real Sociedad no bajará del undécimo puesto, sumará dos títulos ligueros y dos subcampeonatos, una copa y un subcampeonato en el torneo del K.O, amén de ocho participaciones en torneos europeos.

1981. La temporada empezó con derrota y sin los estándares defensivos del año anterior. Alberto Ormaetxea, técnico donostiarra, no conseguía levantar los ánimos de los suyos. A falta de diez jornadas para el final la Real Sociedad era séptima a seis puntos del Atlético de Madrid, líder de la competición. Lo bueno es que la Liga era un pañuelo. A partir de entonces la Real cogió velocidad de crucero. Sumó ocho victorias y un empate y se encaramó a la primera posición llegando a la última jornada dependiendo de sí misma para cantar el alirón. Su rival en la lucha por el título no era otro que el Real Madrid, que protagonizó una racha similar a la de los donostiarras en las últimas jornadas. En su gol-average particular la Real ganaba por 3-2 al Real Madrid, por lo que un empate le bastaba en la última fecha a los vascos para proclamarse campeones. El último partido de Liga, disputado el 26 de abril, enfrentaba en El Molinón de Gijón a la Real Sociedad con el Sporting, equipo que ya no se jugaba nada; mientras que el Real Madrid visitaba al Real Valladolid, otro equipo sin objetivos a cumplir en aquella liga. En el partido de El Molinón, bajo una intensa lluvia, se adelantó la Real con gol de penalti marcado por Kortabarria a los siete minutos. El Sporting le dio la vuelta al marcador con dos goles de Manolo Mesa que dejaban el título en manos del Real Madrid. Otra vez la Real se cagaba en los pantalones. Pero no. Cuando el partido de Valladolid ya se había acabado con victoria del Real Madrid y los madridistas celebraban un nuevo título de Liga (Juanito lo hacía especialmente), en el minuto 90 del partido de Gijón, Jesús María Zamora cazó un mal chut de Alberto Górriz dentro del área embarrada y lo mandó a las redes estableciendo el empate y dando su primer título de Liga a la Real Sociedad.

1977. Arconada había ido a los Juegos Olímpicos de 1976. Arconada fue titular, pero España no pasó de la primera fase al caer ante la RDA (República Democrática Alemana) y Brasil. Al año siguiente debutó con la absoluta en un amistoso ante Hungría. Acudiría al Mundial de Argentina 78 como suplente del madridista Miguel Ángel y, tras el torneo, pasaría a ser titular indiscutible con la selección. Fue el primer español en llegar a las 50 internacionalidades al superar a Gento y a Zamora y acabaría sumando 68 entorchados, una cifra extraordinaria para la época, entre 1977 y 1985.

1982. Verano. España es anfitriona del primer Mundial con 24 selecciones. Entre los titulares hay cinco futbolistas de la Real Sociedad, incluido Arconada, capitán y buque insignia de la selección. España no es favorita en el Mundial, pero es bien sabido que jugar en casa otorga un puñado de ayudas arbitrales y un sorteo favorable. Los rivales de la primera fase son Yugoslavia, Irlanda del Norte y Honduras. Se pasa de ronda dando lástima y gracias a los consabidos favores. En la siguiente fase no hay opción alguna ante Alemania Federal e Inglaterra. El papel de España es un espanto y un clamor nacional de indignación se cierne sobre Arconada. Y no es por su desempeño sobre el campo, sino por unas medias blancas. Y es que Arconada luce unas medias blancas que ocultan los ribetes rojigualdas que lucen los demás compañeros. Son los años de plomo. Años en que etarra y vasco son sinónimos inseparables. “Mi único sueño de niño era jugar en la Real Sociedad”, dijo Arconada en cierta ocasión cuando tocaba ponerse de perfil al hablar de España. Le acribillaron por decir lo mismo que dicen tantos y tantos futbolistas con la falsa excusa de no mezclar fútbol y política. Lo cierto es que Arconada era un tipo tremendamente supersticioso. No cambiaba de camiseta hasta que perdía un partido (con lo cual jugó 32 partidos con la misma zamarra sudada en la temporada 79-80) y gustaba de jugar con medias blancas de portero. No es que en España 82 llevase medias blancas. Lo hacía siempre con la Real Sociedad. Más aún. Hay innumerables partidos en los que jugó con la selección luciendo las medias oficiales rojigualdas, así como la camiseta con el escudo prefranquista a la altura del corazón. Nada de eso le serviría como coartada. Para el relato del aficionado cabreado, Luis Arconada llevó medias blancas en el Mundial de España como antiespañol que deseaba el fracaso de su país.

1982. Primavera. Parecía el año del Barça, pero nuevamente Real Sociedad y Real Madrid pusieron velocidad de crucero en el último tramo de la competición. El Barça fue derrotado en el Camp Nou por 0-1 ante el Real Madrid en la penúltima jornada en el mismo día que Real Sociedad y CA Osasuna empataban en El Sadar. A la última jornada la Real Sociedad llegaba con un punto de ventaja sobre madrileños y catalanes. En esta ocasión no hubo tensión. La Real ganaba en casa ante el Athletic y celebraba el título de Liga ante su afición en el viejo estadio de Atocha. Un campo a la inglesa, con las gradas muy encima del rival al haber apenas espacio entre el fondo y las líneas del campo. Allí Arconada celebraba su tercer trofeo como portero menos goleado mientras el griterío exclamaba; “No pasa nada, tenemos a Arconada”.

1989. Con 35 palos Luis Miguel Arconada decide retirarse. Tras su marcha González asumirá su puesto en la portería para luego ceder la titularidad a Alberto a inicios de los 90. Por entonces el viejo Atocha había dejado paso a Anoeta. Hasta llegó a recuperarse para la causa a Biurrun, suplente de Arconada en los títulos ligueros. Olabe, Riesgo, Westerveld, Bravo, Rulli e incluso Álex Remiro. Nunca ha vuelto a tener la Real Sociedad un portero de la jerarquía de Arconada.

1985. Tras unos años de ensueño, la Real entra en decadencia. El galés John Benjamin Toshack sustituye a Ormaetxea en el banquillo. En agosto Arconada sufre una rotura de ligamento cruzado y menisco externo. Estará casi toda la temporada de baja. Su etapa en la selección, ya discutida desde la final de Paris, pasa a clausurarse. En su ausencia debutará Elduayen, quien a la temporada siguiente deberá marcharse de San Sebastián para prosperar como antes tuvieron que hacer Urruti, Biurrún y tantos otros. Toshack cambiará los métodos de entrenamiento, rejuvenecerá a la plantilla y modificará el sistema de juego implantando un 5-3-2 con un líbero y dos laterales carrileros con proyección ofensiva. Arconada volverá y se mantendrá como indiscutible.

1988. El canto del cisne. Con Toshack a los mandos la Real Sociedad logra un extraordinario subcampeonato liguero a lo que sumará un subcampeonato copero. Era una Real con 5-3-2 que vivía del talento de Arconada bajo palos y de un Bakero que entonces ejercía de delantero centro. La Real iba como un tiro, pero acabaría desestabilizada. A falta de ocho jornadas para el final el Real Madrid anunciaba el fichaje de Toshack como entrenador para la temporada 89-90. En la final de Copa se enfrentaban Real Sociedad y FC Barcelona. Ganó el Barça en el Santiago Bernabéu gracias a un gol de Alexanko (Arconada evitó una goleada), que propició que el conjunto azulgrana no faltara por primera vez en su historia a competiciones europeas. En medio de una crisis pantagruélica, sólo 4.000 catalanes estuvieron en el campo y el Barça hubo de devolver miles y miles de entradas. Aquella Copa fue una bombona de oxígeno para Núñez que ya tenía fichado a Cruyff como entrenador para la siguiente temporada. Y no sólo a Cruyff. También a López Rekarte, Beguiristain y Bakero. Como dijo Toshack: “Jugamos contra 14 futbolistas del Barcelona”. No le faltaba razón. El caso es que la Real también había jugado con un entrenador del Real Madrid.

1983. 6 de abril. En ese momento Luis Miguel Arconada era posiblemente el mejor portero del mundo. Su capacidad de reflejos era extraordinaria, lo cual le permitía llegar a balones difíciles gracias a una reacción asombrosa. Era impenetrable en el uno contra uno y llegaba a balones imposibles en la cepa del poste. Aunque la Real se mantuvo invicta durante las primeras 12 jornadas, no tuvo un buen desempeño en un campeonato en el que acabaría séptima. Con todo, la campaña de Arconada fue extraordinaria. Célebres fueron las cuatro paradas dentro del área que se sacó a tiros de Maradona en un partido en el Camp Nou, a lo que añadió una impresionante palomita tras lanzamiento de falta. Si alguien no conocía a Arconada lo hará en esa edición de la Copa de Europa. El portero donostiarra se salió en las eliminatorias ante Celtic de Glasgow y Sporting de Lisboa que llevaron a la Real Sociedad a semifinales ante el HSV Hamburgo de Stein, Kaltz, Magath, Bastrup y Hrubesch. En la ida disputada en el patatal del viejo Atocha el partido acaba con 1-1.

1983. 20 de abril. Volksparkstadion. Hamburgo. 57.000 almas. Partido de vuelta de la semifinal de la Copa de Europa. La Real llega tocada. Satrústegui, Zamora, Gajate y Kortabarría son bajas. Arconada es el sostén del equipo. Sus paradas mantienen viva a la Real durante todo el partido hasta que a falta de un cuarto de hora se adelantan los alemanes tras lanzamiento de esquina. Ocurre que cinco minutos después Diego empata para la Real Sociedad. El partido se encamina hacia la prórroga. Es el minuto 83, y tras un rechace dentro del área, Von Heesen adelanta nuevamente a los teutones. Es un fuera de juego clarísimo. La polémica se había originado porque minutos antes se había lesionado uno de los lineres suizos. Por entonces no había cuarto árbitro y hubo que poner como juez de línea improvisado a un linier alemán que estaba viendo el partido. Un linier residente en Hamburgo.

1984. Eurocopa de Francia. España viene de fracasar en su Mundial y de clasificarse para la Eurocopa tras un agónico 12-1 ante Malta (aquel día jugó Paco Buyo de portero). No se espera nada de la selección. España empata el primer partido ante Rumanía y el segundo ante Portugal. Tiene que ganar a Alemania para meterse en semifinales. Alemania es vigente campeona europea y subcampeona mundial. Los teutones tienen infinidad de ocasiones. Arconada tira de reflejos para un mano a mano ante Rummenigge y un disparo a bocajarro de Völler. Milagrosamente España pasa de ronda con un maravilloso gol de Maceda en el descuento. En semifinales toca la Dinamarca de Michael Laudrup, Elkjaer-Larsen y Frank Arnesen. Los daneses dan un recital que es replicado parada a parada por Arconada. Una mano increíble a la escuadra, una mano cambiada a Laudrup, un mano a mano ante Elkjaer-Larsen, una salvada ante un posible autogol y dos rechaces en el área pequeña camino del 120 de partido. Y es que hubo prórroga. Y penaltis. Arconada parará un penalti a Laudrup, pero el árbitro mandará repetirlo. Se irá fuera. Dio igual. España estaba en la final ante Francia gracias a Arconada.

Arconada vs Dinamarca 84

Allí, en la final parisina, Michel Platini lanzará una falta colocada pero escasa de fuerza. Arconada se lanzará rodillas al suelo para blocar el balón…que pasa por debajo de sus piernas para colarse dentro del área. “La sensación es como cuando un balón se te cuela por debajo en una piscina”, diría un Arconada que tardaría más de 20 años en ver las imágenes por televisión. “Fue una lástima haber marcado aquel gol, tanto por mí como por Arconada”, diría Michel Platini. Hacía dos décadas que España no disputaba una final de la Eurocopa. Y todo había sido por Arconada. Nada de eso tendría importancia. El gol de Arconada, como se dio en llamar a aquella cantada, empañaría para la historia la gran actuación del meta vasco en aquel verano francés.

2026. Luis Miguel Arconada está semiretirado. Mantiene el puesto de consejero de la CAF (Compañía Auxiliar de Ferrocarriles) donde lleva trabajando desde 1992. Vive por y para sus nietos. Uno de sus hijos es jefe de prensa de la Real y su hermano menor fue brevemente entrenador del club de sus amores. Ya sea sentado en tribuna o desde el salón de su casa no se pierde un partido de la Real Sociedad mientras asume que ya tiene más pasado que futuro.

Otras historias relacionadas

One club man (jugadores fieles a unos colores)

Las copas vascas (las dos finales de Copa de 1910)

Leer más

Clásica de San Sebastián. Guía de viaje

Para conquistar Sevilla hubo que crear por vez primera una Marina Real. Era entonces Fernando III Rey de Castilla y ordenó tan magna tarea al burgalés Ramón de Bonifaz. La flota castellana fue hasta Sanlúcar de Barrameda, donde hubo de enfrentarse al ejército moro procedente de Ceuta. Allí, Bonifaz logró la victoria antes de remontar el Guadalquivir y unirse a las tropas terrestres de Fernando III en San Juan de Aznalfarache. Entonces los musulmanes de Sevilla quedaban aislados y sólo podían percibir suministros por el Puente de Barcas (hoy Puente de Triana) a los pies de la Torre de Oro. Fernando III mandó tomar dos naves a las que se les instaló una cruz en el mástil más alto. Las dos naves, armadas de cientos de incautos y valientes, fueron lanzadas contra el puente, que quebró, dejando a los musulmanes aislados y dándole la victoria a los cristianos tras una cruenta batalla. Corría el año 1248.

Aquellos marineros kamikazes procedían de dos lugares. Uno de los barcos era cántabro y estaba repleto de marineros de Laredo. El otro también era cántabro, pero los marineros procedían de San Sebastián, un joven puerto de mar fundado el siglo anterior por el rey de Navarra. Tanto Laredo como San Sebastián lograron el afecto de la Corona. Desde entonces se permitió a los barcos de ambos puertos navegar y pescar en cualquier lugar de las aguas marítimas de Castilla (en esos momentos toda la fachada atlántica de la Península) sin pagar impuestos.

Había comenzado entonces el idilio de San Sebastián con la Corona que alcanzó su esplendor cuando a finales del siglo XIX la reina María Cristina sea nombrada alcaldesa honoraria al hacer de la Bella Easo su ciudad anual de veraneo. Es entonces cuando se crea el Casino, Correos, la Catedral del Buen Pastor, el Palacio de Miramar, el Teatro Victoria Eugenia o el Hotel María Cristina. Y, esencialmente, es a partir de entonces cuando se construye un paseo en la Bahía de la Concha con un marcado acento francés que hará de San Sebastián un pequeño París y que convertirá a Donostia (que es San Sebastián en euskera) en la ciudad de provincias más señorial y rimbombante de España.

Parece mentira.

Y parece mentira porque el País Vasco, y concretamente Guipúzcoa, tiene virtudes y adjetivos cariñosos para ser calificado, pero ni señorial ni rimbombante son los más adecuados. Guipúzcoa es agreste, dura, de montañas interminables y costas perpetuas. Transitar de un pueblo a otro de Guipúzcoa es un ejercicio de paciencia que se torna en hercúleo cuando la lluvia hace aparición día sí y día también una vez finaliza el verano. En ciertas zonas no sería aconsejable que nadie oliese a español, suceso que espantaría a la antaño venerada María Cristina. Tierra ideal para visitar, de playas esplendorosas, caseríos grandilocuentes y sierras y valles apoteósicos, al forastero se le mira con inquietud y temor a la espera de que nadie sea capaz de desentrañar un misterio que aúna tranquilidad y naturaleza con fortaleza económica e industrial con la misma eficacia.

Guipúzcoa es transgresión y cambio. Única, mágica y mística. Con gente de siempre y de ahora. Con los de siempre y los de nunca. Con los que están, ya no están, y siempre estarán. De Guipúzcoa no sabes qué opinar ni qué decir. Cuál es la vida y cuál es la muerte. Donde está la verdad y quién cuenta la verdad. Ocurre que con sus múltiples defectos es una tierra maravillosa, balsámica y taquicárdica a partes iguales.

Bahía de la Concha

La Clásica de San Sebastián es joven. Sus andanzas se iniciaron en 1981 siempre el último sábado de julio o bien el primero de agosto. Sin embargo, se ha convertido en un éxito mayúsculo en el exigente calendario internacional. Su triunfo está ligado a la idiosincrasia de un pueblo que no admite réplicas. Con apenas el 4’5% de la población española y el 1’5% de su territorio, la preponderancia del ciclismo español del País Vasco es total. Una geografía quebrada, un paisaje fabuloso y el uso de la bicicleta como medio de locomoción para ir de pueblo en pueblo y de fábrica en fábrica hicieron del ciclismo deporte nacional en la tierra de la ikurriña. Euskadi es junto a Flandes el país ciclista por excelencia. No existe prueba donde un paisano no se desgañite corriendo a la par del pelotón con bandera en mano. Puertos abarrotados, voces que aligeran pendientes, y, sobre todo, respeto sepulcral por los corredores. Eso es el ciclismo vasco.

La Clásica parte de San Sebastián para, tras un rodeo de unos 230 kilómetros, volver a la Bella Easo. Dejando a la espalda la Bahía de la Concha el pelotón toma rumbo sur dirigiéndonos al interior de Guipúzcoa. Toca remontar el río Urumea, curso de agua que baña a la ciudad más lluviosa de España en dramática pugna con Santiago de Compostela. Lo primero con lo que el ciclista topa es Hernani, pueblo noticioso en los años de plomo y que junto a la contigua Lasarte une fábricas de electrónica o de neumáticos con brutales paisajes verdes en perfecta sintonía.

Dejando Lasarte abandonamos también el restaurante de Martín Berasategui, padre de la revolución de la cocina moderna española, poseedor de doce estrellas Michelin. Sea un local de estrella Michelin o una simple y modesta cocina de un caserío, no faltará para meterse en la buchaca un buen cocido de berzas, una sopita de puerros (la archifamosa purrusalda), un buen bacalao al pil-pil o unas anguilas a la donostiarra si arribamos a puerto de mar. De postre no hay más nada tradicional que un bizcocho de huevos duros muy habitual en las reposterías de Irún o Fuenterrabía.

En Andoaín toca seguir el curso del río Oria y contemplar la iglesia de San Martín de Tours, obra barroca del siglo XVIII de inmensas bóvedas. Es entonces cuando toca subir el puerto de Andazarrate (5,9 km al 5’7%) para luego descender y tomar camino al Mar Cantábrico dejando atrás angostos valles para contemplar el brillo del mar. La caravana ciclista se encuentra enfrente con la playa más larga de todo Euskadi. Hablamos de Zarautz. Hoy es uno de esos pueblos plagados de turistas que cada mes de agosto dobla sus habitantes, mas hace no tanto era un poderoso puerto de mar de donde partían los marineros en busca de ballenas. Aquí se construyó la nao Victoria, la embarcación pilotada por Juan Sebastián Elcano tras el fallecimiento del portugués Magallanes cuando dio la primera vuelta al globo terráqueo hace medio milenio. Es ésta zona de balleneros en busca del oro graso del gran cetáceo indispensable para encender farolas o para engrasar todo tipo de artilugios. Zarautz y su vecina Guetaria cambiaron las ballenas por la reina Isabel II y su palacio de Narros y por Jackie Kennedy y los diseños de Balenciaga.

Zarautz

Al seguir el curso de la costa se sigue también el Camino de Santiago. En este caso es el Camino del Norte. Quizás el más bello, por ser el único que cambia los trigales por los acantilados. En Zumaia los esforzados de la ruta podrán ver la iglesia de San Pedro y en Deba la de Santa María, una estructura gótica que adorna una imponente playa en donde los británicos desembarcaron en su lucha contra el ejército napoleónico durante la Guerra de la Independencia.

Luego toca pasar por otro de esos núcleos euskaldunes cimentados a base de aluminio y automoción y que apuestan su futuro a la biotecnología. Eso es Elgoibar. Pero antes, mucho antes de eso, Elgoibar fue uno de esos pueblos fundados por reyes castellanos en tiempos de la Reconquista. Elgoibar comparte núcleo urbano con Éibar, palabras mayores en el mundo de la bicicleta. En Éibar nació en 1840 Orbea, una empresa que fabricaba revólveres, escopetas de caza y más adelante explosivos. Tras la Guerra Civil se convertirá en una potente marca de bicicletas que tocó el cielo en los Juegos Olímpicos de 2008 donde dos de sus bicicletas lograron el oro. Orbea dejó Éibar en los 80 y es una fábrica vizcaína, como GAC es alavesa y como también lo es BH, aunque sus orígenes son guipuzcoanos. Beistegui Hermanos (BH) también nació en Éibar, en este caso a inicios del siglo XX. BH también fábrica pistolas, pero apuesta por las bicicletas ya en 1923. De BH fueron Álvaro Pino, Laudelino Cubino o Fabio Parra. En su máximo apogeo llegó a producir 200.000 bicicletas anuales.

BH

Tras visitar el complejo religioso y la casa natal de San Ignacio de Loyola en Azpeitia, toca subir el puerto de Urraki (8’6 km al 6’9 %) en donde los primeros espadas sin complejos pueden intentar la machada. Tras el descenso toca tomar rumbo al norte en busca del mar. Cruce de caminos es Tolosa, donde las famosas alubias y donde un famoso postre de pasta seca bañado de almendras y yema que responde al nombre de Tejas. Sin tiempo a hacer la digestión, toca subir el puerto de Alkiza (4’4 km al 6’2%) para tomar rumbo a San Sebastián y entrar en los últimos cuarenta kilómetros de etapa.

A partir de entonces la Clásica de San Sebastián contiene diferentes variantes. En todas ellas toca bordear Irún y adentrarse en Fuenterrabía (Hondarribia). Si el primero es industrioso nudo ferroviario y fronterizo bañado por el río Bidasoa, el segundo es un monumental pueblo de pescadores coronado por una imponente fortaleza medieval. Dentro de sus callejuelas se encuentra el Parador de Turismo, lugar donde en su día se hospedaron Juana la Loca y Felipe el Hermoso durante su viaje de Flandes a Castilla.

La separación entre mar y montaña es entonces formidable. Se puede optar por ir por Oiartzun y subir Arkale (2’8 km al 6’1%). Ocurre que las grandes hazañas se escriben con momentos memorables y los momentos memorables en la Clásica de San Sebastián tienen lugar en Jaizkibel. Se puede subir desde Pasajes o desde Fuenterrabía, ladera más peliaguda de 9’1 km al 5’7% con picos del 14%. Es en este punto donde se suele decidir el vencedor antes de un descenso vertiginoso hasta Donostia. En mitad de la subida o en mitad de la bajada, como la organización guste, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe edificado en el siglo XVI.

Con todo, la llegada de San Sebastián no se reduce a un paseo por la bahía de la Concha. En ocasiones se sube a Miracruz y en otras al monte Igueldo (1’8 km al 11’3%), todo con la intención, la mayor de las veces conseguida, de que la fiesta no la empañe una victoria al sprint, sino el esfuerzo de un loco de las montañas tan al gusto de un pueblo que considera el ciclismo religión y que cree en el cicloturismo como una prioridad de sus jornadas de ocio.

La Clásica de San Sebastián cuenta con ganadores ilustres como los campeones del mundo Paolo Bettini, Julian Alaphilippe, Gianni Bugno o Alejandro Valverde. También lograron el triunfo leyendas como Laurent Jalabert o Claudio Chiappucci y quíntuplos ganadores del Tour caso de Miguel Induráin o Lance Armstrong, quien puede presumir de la victoria en tierras vascas dado que ocurrió en 1995 antes de que se le quitasen casi todos sus demás laureles al haber admitido su dopaje sistemático. Sin embargo, los más laureados en la clásica guipuzcoana son el belga Remco Evenepoel (2019, 2022 y 2023), quien tiene toda una vida por delante para aumentar su palmarés, y el vasco Marino Lejarreta (1981, 1982 y 1987), sino el mejor ciclista vasco de siempre, seguramente el que más gente hizo levantar de sus asientos.

Evenepoel. Triple campeón

Otras guías de viaje ciclistas

Gran Premio de Montreal (de paseo por tierras de Jacques Cartier)

Gran Premio de Estella (una vuelta por tierras navarras)

Propuesta de un Tour por Europa (una vuelta de norte a sur por el Viejo Continente a lomos de una bicicleta)

Milán-Turín (un viaje remontando el río Po camino de la esplendorosa Turín)

Amstel Gold-Race (descubriendo el corazón de Europa a golpe de cerveza)

Tour de Flandes (adoquines y barro en tierras belgas)

Giro de Lombardía (un paseo otoñal por el norte de Italia)

París-Roubaix (pavés, trincheras y agonía en la clásica de las clásicas)

Milán-San Remo (Una oda a la llegada de la primavera en La Classicissima)

Lieja-Bastoña-Lieja (la carrera de los valones, la competencia directa al Tour de Flandes)

La desconocida fiebre del ciclismo en Eritrea (como los italianos llevaron al corazón de África la pasión por el ciclismo)

Leer más

One club man

El Athletic Club de Bilbao es un club especial. No es un club cualquiera. Cada uno de nosotros podríamos decir lo mismo del equipo de nuestros amores, pero estaríamos faltando a la verdad. El Athletic cuenta con una filosofía propia que trasciende más allá del rectángulo de juego. No por admirada es querida. El Athletic cuenta con unas cuantas legiones de rechazo a lo largo de los cuatro puntos cardinales de la geografía española. Son vascos. Y ya se sabe que lo vasco tiene más detractores que admiradores. Pero los odios también se ciñen a las fronteras de lo que ellos dan en llamar Euskalherria. El Athletic es un león que devora piezas menores y esquilma a base de talonario las canteras de los demás equipos vascos.

Las propias limitaciones del modelo hacen indispensable el dinero para mantenerlo en pie. El Athletic sobrepaga a sus jugadores con la única finalidad de retenerlos. Salvo Barça, Madrid o Atlético nadie paga tanto como el Athletic. Un suplente bilbaíno gana con facilidad el doble que cualquier chupabanquillos de otro conjunto de Primera. Sí, por el contrario, el Athletic decide fichar a un jugador conoce que debe pagar un sobrecoste extra a sabiendas de que su demanda es muy elevada y su oferta limitada. Muchos de esos gastos son sufragados con dinero público vasco, hecho que incita recelos y protestas de sus vecinos de San Sebastián y del resto de equipos de Euskadi.

Esa política, tan suicida como racista y tan valiente como romántica, hace del Athletic un club especial. A nadie le importa ganar un título con once futbolistas de origen más allá de los Pirineos y a nadie le importa que se equipo consiga ascender a Primera con once deportistas del otro lado del Atlántico. A nadie. Pero si tu sino es ver pasar los domingos con la única aspiración de entrar en Europa de tanto en cuando, de lograr la permanencia un año tras otro o de pasar una insulsa vida en Segunda per saecula saeculorum, siempre es mejor hacerlo con chicos de la casa. Con chavales que sabes que fueron criados en tu barrio, en tu ciudad o en tu comarca y que comparten un sentimiento de apego hacia el club al que con fervor sigues desde tu infancia.

Es digno de elogio lo que hace el Athletic y mucho más desde que a mediados de los 90 el fútbol abrió fronteras y se eliminaron las restricciones para la compra venta de jugadores. A pesar de que el Athletic paga generosos sueldos fuera de mercado es incapaz de retener a sus mejores futbolistas, en especial si son de corte ofensivo, los más demandados por los grandes equipos. Si antes Barça (Garay, Zubizarreta, Salinas, Alexanko, Goicoetxea, Iñigo Martínez…) y en menor medida Madrid (Alkorta o Karanka) echaban sus redes en Bilbao, ahora la pesca es de altura. Javi Martínez (FC Bayern), Ander Herrera (Manchester United), Fernando Llorente (Juventus), Kepa (Chelsea FC) y Laporte (Manchester City) son ejemplos de ello.

Dado que el Athletic no puede competir ni en sueldos ni en palmarés con semejantes transatlánticos, debe entonces apelar a los sentimientos. El Athletic hace mucho que ha dejado de ser un grande. Sí hoy, 5 de abril de 2024, me están leyendo sabrán que los leones llevan cuatro décadas sin sacar la gabarra. Sí me leen dentro de un par de días es muy probable que estén celebrando un título. Sería suceso extraordinario, porque el Athletic elogia un sentimiento y poco más que eso.

Por todo esto a la directiva del Athletic Club se le ocurrió en 2015 una feliz idea. Dado que solo pueden apelar a los sentimientos para que sus jugadores decidan hacer carrera en Bilbao se inventaron el One Club Man. Se trata de un premio que está cogiendo una cierta notoriedad a nivel internacional por innovador y por su carga simbólica. Anualmente se recompensa a un futbolista (masculino y femenino) ya retirado cuya longeva carrera siempre haya trascurrido en el mismo equipo.

El ganador recibe un homenaje, con entrevistas incluidas, durante un fin de semana y la entrega del premio se realiza en el descanso de un partido que el Athletic dispute en San Mamés. Ese día se invita al campo a todos los jugadores del Athletic, desde los del primer equipo, quienes ya están en el estadio, como a todos los integrantes de las categorías inferiores cuyos compromisos les permitan acudir. La idea es homenajear a esa estrella internacional que con su presencia da renombre al premio, pero, al mismo tiempo, la intención es que esos futbolistas comprendan que se puede tener una larga, feliz y exitosa carrera defendiendo únicamente al club de tus amores.

José Ángel Iribar, el futbolista que más partidos ha disputado con la camiseta del Athletic, y el niño más joven que forme parte de la cantera de Lezama, acompañan al homenajeado al centro del campo para hacerle entrega de su trofeo. A Iribar, por cierto, nunca le han dado el trofeo porque los futbolistas del Athletic están excluidos del mismo.

One Club Man Award

Futbolistas que hayan jugado en un mismo club toda su carrera no hay muchos. Según la Wikipedia su número ronda los 300. Y esa cifra tiene algunos matices. En primer lugar, muchos de esos jugadores son semiprofesionales y pertenecen a ligas menores que pueden ir desde Guatemala a Japón o a una categoría secundaria de una liga potente. Y en segundo, y más relevante lugar, muchos de esos futbolistas son de inicios del siglo XX cuando cambiar de equipo era una quimera. De esos los hay a patadas.

El Athletic cuenta con un buen ramillete de ellos. De esos de los que poco sabemos, pero retumban en nuestra memoria. Rafael Moreno ‘Pichichi’, José María Belauste (el de ¡A mí Sabino, que los arrollo!) o Piru Gainza son los más destacados. Sagi-Barba del Barça o Santiago Bernabéu, el tiempo después factótum blanco, pasaron su vida futbolística con la misma escuadra. Guillermo Eizaguirre, el segundo de Ricardo Zamora en la selección, pasó su carrera en el Sevilla FC y Antonio Emery, el abuelo del afamado entrenador, defendió toda su vida la elástica del Real Unión de Irún. Ya tras la II Guerra Mundial, contemporáneo a Gainza, Antonio Puchades pasó su carrera en el Valencia CF y José María Zárraga ganó cinco Copas de Europa con el Real Madrid. En el ámbito internacional Gianpiero Boniperti defenderá en más de 450 ocasiones la zamarra de la Juventus, Antonio Rattin sumará cerca de 400 partidos con Boca Juniors y Lev Yashin tendrá una larguísima carrera que inicia en 1949 para finalizar en 1971 a los 42 años protegido por el escudo del Dinamo de Moscú. Incluso podríamos destacar a Bob Paisley, leyenda de los banquillos con tres Copas de Europa con el Liverpool FC, pero antes de esos logros fue futbolista red entre 1939 y 1954.

Hay unos cuantos más de esos cuya grandeza ha sido magnificada por relatos heroicos en tiempos donde la pluma y el papel enaltecían hazañas y derribaban hombres. Jugadores como José Piendibene (Peñarol), Gyula Birö (MTK Budapest), Giampero Combi (Juventus), Frantisek Planicka (Slavia Praga), Angelo Schiavio (Bolonia FC), Fernando Peyroteo (Sporting Lisboa), Billy Wright (Wolverhampton), Jozsef Bozsik (Hònved), Bill Foulkes (Manchester United) o Max Morlock (FC Nuremberg) forman parte de la mitología. Si hay alguno de estos nombres que les suenen de oídas me daré por satisfecho. Eso querrá decir que han leído y han prestado atención a alguno de los artículos que llevo escribiendo desde el año 2017.

Lev Yashin (Dinamo de Moscú)

Si nos vamos a los tiempos modernos, considerando modernos el inicio de la década de 1960 cuando la televisión ya está asentada y las competiciones continentales de clubes recién creadas empiezan a volar, el número de futbolistas de un solo club es más limitado. Aun así seguimos encontrando fieles a un mismo escudo. En la cuna del fútbol hallamos un par de ejemplos que coinciden con los años gloriosos de los equipos cuyos colores defienden. Jack Charlton (1952-73) en el Leeds United o Billy McNeill (1957-75) en el Celtic de Glasgow. Lo mismo sucede más allá del Telón de Acero con Eduard Streitsov (1954-70) en el Torpedo de Moscú, el ganador del Balón de Oro Florian Albert (1958-74) en el Ferencvaros o con el héroe de la Alemania comunista Jürgen Sparwasser (1966-79) en el FC Magdeburgo.

Alemán, de los autodenominados buenos, fue Uwe Seeler (1953-72) leyenda del Hamburgo SV que goleó en cuatro mundiales, pero no ganó ninguno. Si triunfaron con Alemania el defensa del Borussia Mönchengladbach​ Berti Vogts (1965-79), el extremo del Eintracht Frankfurt Jürgen Grabowski (1965-70) y los futbolistas del gran Bayern tricampeón europeo Sepp Maier (1966-79) y Hans-Georg Schwarzenbeck (1966-80).

Tricampeón europeo también fue el Ajax neerlandés gracias a jugadores como Sjaak Swart (1956-73) o Piet Keizer (1960-75). Bicampeón fue el Inter milanés de Sandro Mazzola (1960-77) y Giancinto Facchetti (1961-78). Décadas más tarde también cumplió toda una vida en el Inter Giuseppe Bergomi (1979-99) al igual que su contemporáneo Franco Baresi (1977-97) lo hizo en el AC Milan. Por cierto, tanto Facchetti como Baresi fueron además de jugadores, directivos y presidentes, al estilo Santiago Bernabéu. Otros como Manuel Pellegrini (1973-86) hicieron carrera como jugador y entrenador en su club de siempre (Universidad de Chile), aunque alcanzaron la fama en otras latitudes.

En clave española encontramos jugadores que forman parte de la mejor época de sus equipos, sean éstos modestos o con pedigrí. Tonono (1962-75) y Joaquín (1976-92) formaron parte de la UD Las Palmas y del Sporting Gijón respectivamente. Pepe Claramunt (1966-78) ganó una Liga con el Valencia CF e Iribar (1962-80) y Txetxu Rojo (1965-82) vivieron los penúltimos coletazos de grandeza del Athletic. Mención especial merece la Real Sociedad campeona de Liga en 1979 y 1980. Su éxito se fomentó en un grupo de canteranos que permanecieron fieles al club durante más de una década. Su fidelidad es digna de admiración. Kortaberría (1971-85), Satústregui (1973-86), Zamora (1974-89), Gájate (1977-92), Górriz (1979-93), Larrañaga (1979-94) y el gran capitán y fenomenal guardameta Luis Arconada (1974-89).

Aquella Real gobernó el ámbito doméstico, pero fue incapaz de alcanzar el éxito internacional. Si lo hizo Ricardo Bochini (1972-91) con Independiente de Avellaneda, Jôao Pinto (1981-97) en el FC Porto, Michael Zorc (1981-98) con el Borussia Dortmund o Marcos Bode (1989-02) con el Werder Bremen. No lo consiguió Nené (1967-86), sucesor de Eusebio en el SL Benfica, ni Klaus Augenthaler (75-91) con el FC Bayern. Charly Rexach (1964-81) se tuvo que conformar con una Recopa con el FC Barcelona. A Chendo (1982-98) le dio para ganar al límite una Copa de Europa con el Real Madrid, mientras que Manolo Sanchís (1983-01) levantó un par de ellas en el descuento de su carrera.

Manolo Sanchís (Real Madrid)

Los especímenes más especiales son aquellos que han conseguido ser fieles a un mismo club en el siglo XXI, cuando es prácticamente imposible resistirse a los cantos de sirena de la globalización y del poder de persuasión del dinero. Cierto es que hay alguno de ellos cuyo nivel futbolístico estaba más que exigido. Desde Aitor Larrazábal (1990-04) o Carlos Gurpegui (2002-16) en el Athletic, a Xabi Prieto (2003-18) en la Real Sociedad, Paco Soler (1990-04) en el RCD Mallorca, Juanma López (1990-01) en el Atlético de Madrid, Bruno Soriano (2006-20) en el Villarreal FC, Lars Ricken (1993-09) o Marcel Schmelzer (2008-22) en el Borussia Dortmund, Ledley King (1999-12) en el Tottenham Hotspur o Igor Malafeev (1999-16) en el Zenit. Mención especial merece el teutón Thomas Schaaf (1978-95), quien tras ser futbolista en el Werder Bremen fue entrenador hasta 2013. Más de tres décadas ligado al Werder sumando tres de las cuatro ligas y cinco de las seis copas que tiene el club fundado en la ribera del río Weser.

Luego hay otro tipo de futbolistas que fueron fieles a unos mismos colores desoyendo cantos de sirena. El más emblemático es Matthew Le Tissier (1986-02) que vivió una cómoda vida en el Southampton FC ya que despreciaba el estrés de pertenecer a un gran club. Le Tissier no ganó nada en su carrera al igual que Julen Guerrero (1992-06) no ganó nada con el Athletic. La diferencia es que Guerrero tuvo pie y medio fuera de Bilbao, pero fue regado con una lluvia de millones para permanecer fiel a la causa. Lo mismo le pasó a Fran (1987-05) en el RC Deportivo o a Francesco Totti (1993-2017), aunque ambos lograron títulos con el club de sus amores. Totti incluso ganó un Mundial y si no fue Balón de Oro fue porque la AS Roma no es club de campanillas.

Por último, están aquellos que no podían haber estado en mejor sitio que en el que estaban. ¿Para qué cambiar de equipo si es el de mis amores y además es uno de los mejores del mundo? Eso fue lo que le sucedió a Tony Adams (1984-02) en el Arsenal FC o a Jamie Carragher (1997-13) en el Liverpool FC. Si aún encima tu carrera en el club de tus amores coincide con el dominio mundial de tu equipo, el éxtasis debe estar asegurado. Eso fue lo que le tuvo que ocurrir a Ryan Giggs (1991-14), Gary Neville (1992-12) y Paul Scholes (1993-13) en el Manchester United, a Carles Puyol (1999-14) en el FC Barcelona y, especialmente, a Paolo Maldini (1985-09) toda una vida de victorias en el intimidante AC Milan ganador de cinco Copas de Europa.

Paolo Maldini (AC Milan)

La lista irá agrandándose con el paso del tiempo, aunque las vicisitudes del fútbol actual harán cada vez más difícil sumar adeptos a la lista. A las puertas de ser One Club Man están, en el momento de escribir estas líneas, el barcelonista Sergi Roberto (improbable), el madridista Nacho Fernández (posible) o el castellonense Manu Trigueros (previsible). En el teatro europeo acabarán siendo One Club Man Igor Akinfeev con el CSKA de Moscú y, a menos que los cantos de sirena de algún país emergente no le hagan sucumbir, también formara parte del listado el mediapunta del FC Bayern Thomas Müller.

Otras historias relacionadas

El griego de la camiseta de Iribar (aquella final de Copa de Europa que jugó el Panathinaikos)

Cláusula de rescisión (el mercado veraniego y sus vicisitudes)

La filosofía del Athletic (historia, evolución y simbolismo de una forma singular de entender el futbol)

Fútbol postnacional (¿cómo se crean sentimientos en un fútbol sin nacionalidades?

Fútbol con fronteras (una historia contrafactual de la Copa de Europa con restricciones de extranjeros)

La decadencia de Europa (un primer comentario sobre la Superliga)

Leer más

Sara Estévez

Sara había estudiado taquigrafía, mecanografía y contabilidad y sólo la Guerra Civil le impidió realizar estudios universitarios. El caso de Sara era extraño. Una mujer formada y capaz en los lúgubres años 40, los del miedo y el hambre. Sara tenía una buena posición, pero era de todo menos una afortunada. Huérfana de padre desde que era un bebé, vio como la mitad de sus ocho hermanos fallecerían antes de la mayoría de edad. Una de sus hermanas era maestra y sería quien se ocuparía de enseñarle a leer y a escribir.

Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, Sara fue escogida junto a otros cientos de chicas para una exhibición gimnástica en San Mamés. Era la primera vez que entraba en el coliseo rojiblanco. Tenía 12 años. De ahí surgiría un flechazo. Cuando con 19 años cobre la paga del 18 de julio pasará a ser abonada del Athletic. Eran los años de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza. Años en los que el Athletic ganaba títulos por doquier y época donde los banderines del Athletic se exhibían con gran profusión en cafeterías y bares a lo largo y ancho de España.

Calendario athletic club. los 5 magnificos. 201 - Vendido en Venta Directa  - 153733928
848 goles entre los cinco

Y nótese el escogido uso de las palabras. Las pagas extras se denominan pagas del 18 de julio. Los hombres eran socios del Athletic. Las mujeres eran abonadas. Los socios, además de un asiento, tenían voz y voto en las decisiones concernientes al club. Las abonadas tan sólo podían ver los partidos. Ni mandaban ni opinaban.

Además del fútbol, a Sara le encantaba la radio. Al acabar su jornada matinal solía acercarse a Radio Juventud de Bilbao, emisora del Movimiento, para narrar cuentos infantiles en directo. Por entonces para trabajar en la radio no hacía falta titulación alguna ni formación específica. Tan sólo buena dicción, buen timbre de voz y ganas de comerse el mundo. La femenina y cadenciosa voz de Sara Estévez era ideal para llegar a los niños y a los no tan niños de Vizcaya.

Hasta que un buen día de 1952 alguien preguntó en redacción a quien le gustaba el fútbol. Fueron muchos los que levantaron la mano. La siguiente cuestión era conocer quien estaría dispuesto a ser cronista deportivo. Eso ya era otro cantar. El periodismo deportivo estaba muy mal visto. Era una profesión de segunda en la que a menudo se usaban pseudónimos para no ser reconocido por otros compañeros.

Tan sólo una persona levantó la mano. Era Sara Estévez.

Se acababa de convertir en la primera periodista deportiva de España.

Pero nadie lo sabría. Sara escogió como pseudónimo el nombre de ‘Maraton’ y con ese nombre escribiría sus textos. “El símil de una persona que había corrido hasta la muerte para entregar una noticia era la mejor imagen que se podía dar del periodista, que lo que tiene que hacer es precisamente eso: esforzarse para dar la noticia de la mejor manera posible”, explicaría ya retirada sobre el porqué de la elección.

Sara iba a los entrenamientos, hacía entrevistas y redactaba las crónicas de los partidos del Athletic. Pero jamás locutaba. Los textos eran narrados por un tal Paco Blanco que “colocaba bien la voz” como se decía en la época. Era frecuente que los redactores no leyesen sus propios textos si la emisora consideraba que el periodista no contaba con una voz radiofónica. Pero en el caso de Sara no habría esa disyuntiva. Era impensable que una voz femenina hablase de fútbol en antena.

Sara Estévez fue la voz sin voz del Athletic en Radio Juventud durante dos décadas. Su sueldo era tan exiguo que nunca pudo dejar su trabajo como mecanógrafa. El público de San Mamés veneraba a ‘Maraton’, pero nadie amaba a Sara. Ella ocupaba su asiento de abonada en el estadio y con una libreta en las rodillas se dedicaba a escribir lo que sucedía. Después Paco Blanco locutaba y Sara escuchaba como una radioyente más.

Con el tiempo a ‘Maraton’ le dieron un programa propio llamado ‘Stadium’. Información seria enfocada en el Athletic y un comentario editorial valiente firmado por el propio ‘Maraton’. A la gente le gustaba. ‘Maraton’ apostaba por tal o por cual chico de la cantera y, efectivamente, esos eran los que triunfaban. Fue Sara la primera que apostó por Iribar. Nadie sabía quién era ese tal ‘Maraton’. Era de sobra conocido que, aunque la voz de Paco Blanco daba las noticias, no era él el que las escribía. Pero se suponía que la mente pensante detrás de todo aquello era un hombre. ¿Quién podría pensar que fuese una mujer? Era lo de menos. La palabra de ‘Maraton’ iba a misa.

El programa se emitía todos los domingos poco antes de la madrugada y se hizo célebre por dar todos los resultados de las categorías regionales vascas. La tarea era hercúlea en aquellos tiempos. Para ello Sara reclutó una red de colaboradores con los que contactaba a golpe de teléfono la tarde del domingo. Para el colaborador Sara no era ‘Maraton’. Era la secretaria que le daba los resultados a ‘Maraton’.

El éxito llevaría a la expansión del programa a todos los días de la semana. El editorial de ‘Maraton’ también pasó a ser diario. El anonimato le permitía ser dura en tiempos donde ser dura era ir contracorriente.

Fueron dos décadas de secretismo hasta que el paso del tiempo permitió que ‘Maraton’ se sacase la máscara sin miedo a ser lapidada. Era 1973 cuando Sara Estévez habló por vez primera delante de un micrófono. Para entonces su programa se había expandido de tal forma que contaba con información polideportiva y hasta contenía una sección sobre deportes vascos que se permitía hacer en euskera. Arrastre de piedras y corte de troncos en la misma radiofrecuencia que acababa sus emisiones radiando el ‘Cara al Sol’.

La noticia supuso un shock para muchos, pero los tiempos cambiaban y había otras muchas cosas por las que preocuparse en aquellos años del tardofranquismo. Con la llegada de la democracia aquellas empresas alimentadas por el Franquismo desaparecieron. Radio Nacional de España absorbió a unas cuantas emisoras, entre ellas a Radio Juventud, y en 1983 decidió cancelar ‘Stadium’.

Fue una tragedia. Si hasta entonces la vida de Sara había sido discreta ahora iba a recibir todo el cariño que las vicisitudes de su época le habían negado. Las demás periodistas se solidarizaron con Sara y la gente escribía cartas a los periódicos exigiendo su vuelta. Todo fue en vano. Fue el fin para la mecanógrafa tras casi dos décadas de anonimato y una como Sara Estévez. Fue recolocada en redacción y pasaría sus últimos años informando sobre terrorismo y política, algo que le aborrecía.

Sara se jubiló a los 65 pero pasaría las siguientes tres décadas escribiendo una columna de opinión deportiva en ‘El Correo Vasco’. Por uno de esos textos cobraba más que por días de trabajo cuando en vez de Sara era ‘Maraton’. Hoy, a los 97 años, no hay bilbaíno que no reconozca su cara ni hay aficionado del Athletic que no venere su trabajo. Es hija predilecta de su ciudad y cuando la muerte decida llevarla a su lado tendrá un más que merecido homenaje en el nuevo San Mamés.

La voz sin voz del periodismo deportivo | Deportes | EL PAÍS
Sara Estévez

Otras historias de mujeres deportistas

El ama de casa voladora (Fanny Blankers-Koen y su increíble récord olímpico)

El récord imposible de Marita Koch (doping de Estado en la RDA de los años 80)

Jutta Kleinschmidt (mujeres y deportes de motor)

La revolución feminista de Suzanne Lenglen (moda, feminismo y tenis en el París de entreguerras)

La princesa de los pies descalzos (lágrimas y sonrisas en apenas 3.000 metros)

Cuando en Inglaterra estaba prohibido el fútbol femenino (eclosión y declive del futbol femenino a inicios y mediados del siglo XX)

Cuando un loco apuñaló a Mónica Seles (de como Seles pudo ser la más grande tenista si un trastornado no se hubiese puesto en su camino)

Hacerse un Biles (sobre la presión y la exigencia del deportista de élite)

La gimnasta eterna (los ocho Juegos Olímpicos de Oksana Chusovitina)

Leer más

El largo camino a casa de Isidro Lángara (2ª parte)

Con las tropas franquistas asediando Bilbao, el gobierno vasco del PNV (conservador pero aliado con la izquierda para preservar su independencia) programó una operación de propaganda. La idea fue del Lehendakari José Antonio Aguirre, quien había sido jugador del Athletic. Fletó un avión que puso rumbo a París con algunos de los mejores futbolistas del momento para defender la causa republicana. El objetivo era servir de altavoz para pedir ayuda internacional y, de paso, obtener dinero a través de la celebración de diferentes partidos amigables.

Lángara no era ni mucho menos un significado político. De hecho, como vimos, pasó de ser un héroe izquierdista a estar a punto de ser ejecutado acusado de fascista. Si lo eran varios de los componentes de aquel conjunto como Luis Regueiro o Tomás Aguirre, declarados independentistas. Así que Lángara se dedicó a lo suyo. Meter goles. El primer partido fue ante el Racing de París y acabaría con victoria del combinado vasco con triplete del delantero de Pasajes. Fue el mismo día del bombardeo de Guernica. Luego habría partidos por Checoslovaquia, Polonia, Noruega, Finlandia, Dinamarca o la Unión Soviética. En Moscú se llegó a parar un choque para que el árbitro examinase las botas de Lángara ante la incredulidad general por la violencia de sus disparos.

Los bolos terminaron y la expedición regresó a Paris. Por entonces ya pocos dudaban de la victoria del llamado bando nacional y aquellos futbolistas temían, no por su futuro futbolístico, sino por sus vidas. Roberto Echevarría y Guillermo Gorostiza decidieron volver a España (éste último un extremo rapidísimo del Athletic apodado irónicamente ‘bala roja’) a través de Irún, hacer borrón y cuenta nueva y seguir con sus vidas en la España franquista. El resto cogió un barco en Le Havre y puso rumbo a México.

Lángara | El Penalty de Panenka
Lángara, abajo en el centro

Era 1937 cuando la expedición de futbolistas errantes llegó a Ciudad de México tras desembarcar en el puerto de Veracruz. Una muchedumbre de personas, algunas españolas de nacimiento y la mayoría de origen hispano, esperaba en la estación capitalina la llegada del esperado convoy. Arrollando hasta a niños y policías, los forofos buscaron con ahínco a Isidro Lángara, lo alzaron en hombros y lo sacaron en volandas de la estación.

No diríamos mentira alguna si afirmásemos que ninguno de los allí presentes había visto jugar nunca a Isidro Lángara. Salvo alguna que otra fotografía que atestiguase lo contrario, jamás algún mexicano le había visto tocar un balón. Y sin embargo la fama de Lángara era tal que todo buen aficionado al fútbol sabía de la excelencia de aquel brutal delantero gracias a la infinidad de artículos periodísticos que lo alababan.

Tras unos partidos amistosos en México aquellos chicos pasaron a Cuba, y de las Antillas a Argentina. Para entonces el ‘Tanque’ ya era conocido como ‘El Vasco’. Y para entonces Francisco Franco ya estaba bastante asentado en el poder como para exigir que esos desertores no pisaran un campo de fútbol. Argentina claudicó ante el miedo a las represalias y los exiliados tuvieron que volver a México, el último país de habla hispana simpatizante con la República.

Era noviembre de 1938 y aquel equipo pasó a integrarse en la liga mexicana con el nombre de Club Deportivo Euskadi. Quedaron segundos y Lángara consiguió el galardón de máximo goleador con 19 goles en 11 partidos. Memorable fue un gol de chilena anotado ante Raúl Estrada, considerado por muchos el mejor portero de América. Lángara, veinte metros más allá del arco, vio pasar el balón sobre su cabeza, dio media vuelta y, de espaldas a la portería, se lanzó al aire y la pescó con el pie derecho. La esférica fue por los aires directamente al gol y se metió en un ángulo, sin que Estrada pudiera hacer otra cosa que observar impávido lo que ocurría.

Tras dimes y diretes y tras un duro debate en el seno de la FIFA, en 1939 aquellos exiliados son libres para firmar por el equipo que quieran. Lángara, junto a José Iragorri y Ángel Zubieta (otro que merece capítulo aparte), firman por el argentino San Lorenzo de Almagro. En su primer partido Lángara le marcará cuatro goles a River Plate. Un hincha de River de 12 años llamado Alfredo di Stéfano padeció con admiración los latigazos de aquel vasco. En las filas de San Lorenzo pasará Lángara cinco temporadas, siendo otra vez máximo goleador y disfrutando de la vida en la neutral Argentina mientras el mundo se desquebrajaba en mil pedazos.

Libre de muerte y destrucción, en Argentina se jugaba entonces el mejor fútbol del mundo. Hasta el NO-DO se hacía eco del asunto e imágenes de aquel fenomenal San Lorenzo invadían los cines españoles. Pero por muchas imágenes que del ciclón se emitiesen jamás aparecía en los resúmenes un gol de Lángara, vetado y censurado por el Régimen.

442 | Isidro Lángara, el vasco dueño de Boedo
Goleador en Argentina

En 1942 Lángara volverá por vez primera a México donde sigue siendo un ídolo. En una gira de diez partidos amistosos, San Lorenzo anota 42 goles de los cuales 23 son obra de Lángara, incluidos siete tantos en una victoria por 9-1. Aun así, Lángara nunca estuvo del todo cómodo en Argentina. El uso y abuso del regate y del manoseo del balón nunca fueron plato de buen gusto para el ‘Tanque’, un hombre de acción que disparaba y después preguntaba.

Los latigazos de Lángara volverían a resurgir en México tras regresar a la capital de Centroamérica en 1943. Será en las filas del Real Club España, club fundado en 1912 por emigrantes españoles y el más importante de México durante la primera mitad del siglo XX. En la campaña 43/44 el RC España ganó su última Liga con Lángara en sus filas tras un desenlace agónico resuelto en la última jornada ante el CF Asturias, cuyos orígenes son más que obvios. Lángara fue otra vez máximo goleador, y lo será nuevamente en la campaña 45/46 superando todos sus registros conocidos con 40 tantos en 30 partidos.

Fue esa su última campaña en México. Con 34 años fue reclamado por la Patria. Resulta que Felipe Polo, cuñado del Generalísimo, era un acérrimo simpatizante del Real Oviedo. Estuvo años detrás de Carmen, su hermana y esposa de Franco, para que le levantasen el veto a Lángara y le permitiesen volver. En la capital de Asturias no se habían olvidado del hombre que con sus más de 200 goles había llevado a los carballones a la cima.

El problema es que tras el fin de la Guerra Civil se había aprobado el llamado Decreto Ley sobre Responsabilidades Políticas que perseguía a los que, habiéndoles pillado la guerra en zona republicana y consiguiesen llegar al extranjero, no hubiesen decidido regresar a la zona nacional. En el caso de los deportistas el veto era por 12 años.

Lángara llevaba fuera diez años, pero Carmen Polo intercedió y se permitió que Lángara volviese antes de tiempo.

Sabido de la buena nueva, Santiago Bernabéu quiso tirar de contactos y adelantarse a las intenciones del Real Oviedo. Pero pinchó en hueso. El Real Madrid acababa de fichar a Luis Molowny y estaba empantanado en la construcción de un nuevo y colosal estadio en la Castellana. Con todo, encareció el precio de Lángara que firmó por el Real Oviedo a razón de 100.000 pesetas anuales, con diferencia el contrato más alto jamás firmado por Carlos Tartiere, presidente del club carballón.

Isidro Lángara llegó en barco a Bilbao y de ahí en tren a Oviedo. Era agosto de 1946. Lángara hubo de apearse en Colloto, última parada antes de arribar en Oviedo, para evitar el gentío que le aguardaba en la estación. Allí le esperaba Herrerita, compañero de antes de la Guerra, y el presidente Tartiere. Se subieron al coche de este último y allí mismo firmaron el contrato. Al día siguiente Lángara ya estaba entrenando.

Real Oviedo: Con Lángara en el recuerdo
Vuelta a casa

Así fue como Lángara regresó de México para estirar su carrera un par de temporadas. Con algún kilo de más, y abundantes entradas, había ciertas dudas sobre su regreso. Las disipó todas en su primer año con 18 tantos en 20 partidos. No así en el segundo, donde apenas pudo jugar por culpa de las lesiones. Sería su adiós al fútbol profesional.

Abandonó a los 36, en declive físico, pero sobre todo mental, decepcionado por la España que reencontró. Nada tenía el Régimen contra él, pero aquel Oviedo no se parecía en nada al que conoció. Además, día sí y día también, veía pasear por el centro de Oviedo a Nieves, su novia de antes de la guerra, ahora felizmente casada con otro hombre. Así que Lángara decidió volver al lugar donde había pasado los mejores años de su vida. Comenzó una carrera en los banquillos que lo llevó por Chile, Argentina y, por supuesto, por su querido y añorado México. Dicen los que lo conocieron que jamás hablaba de su pasado como futbolista. Que el silencio y la discreción eran su religión.

Viajó frecuentemente a España. Madrid, Oviedo, Andoain. Siempre el mismo recorrido. No tuvo hijos. Tampoco domicilio habitual. Cuando le atacó el alzhéimer, ya en 1990, se estableció en Andoain, en casa de su sobrina, hasta que la muerte le sobrevino en agosto de 1992, cuando España disfrutaba de la resaca de unos históricos Juegos Olímpicos.

Desconocido, primero por el exilio y luego por el olvido, Lángara ha sido injustamente enterrado. Su nombre pasaría desapercibido durante el Franquismo y nadie se preocupó de recuperarlo tras la vuelta de la democracia. Los tambores de la historia resuenan para Pichichi o Belauste, como recuerdos del glorioso Athletic y de la plata olímpica de Amberes. También retumban para Zamora o Samitier, ambos emigrados y retornados, y ambos iconos de Madrid y Barcelona. Para Isidro Lángara Galarraga quedó el silencio. Un silencio que es estruendo al cruzar el charco. Lo normal ante el mejor goleador español de la historia. Lo normal ante uno de los mejores delanteros que ha parido la historia.

El Oviedo publica la biografía en inglés del histórico delantero  guipuzcoano Isidro Lángara | El Diario Vasco
Homenaje a Lángara (d) en Andoaín

Otras historias sobre la Guerra Civil española y el Franquismo

El largo camino a casa de Isidro Lángara (primera parte del artículo sobre el delantero ovetense)

Zamora: ¿rojo o facha? (cuando unos y otros se apropiaron de la estrella del fútbol español)

Especial Navidad: Entrevista a Franco (una conversación de ficción con el Generalísimo)

FC Barcelona: la Guerra Civil (mitos y verdades azulgranas mientras España se asesinaba a si misma)

Paulino Uzcudun y el escándalo del estraperlo (corrupción, ambición y un boxeador legendario)

El caso Di Stéfano (cuando Madrid y Barça lucharon por el fichaje de ‘La Saeta’ en dos artículos)

De la final de las botellas al caso Guruceta (cuando un Barça-Madrid pasó a ser asunto de Estado durante el tardofranquismo)

Día de la Hispanidad 1969 (cuando la selección española invadió el campo de Gibraltar para gloria del Franquismo)

Leer más

La copas vascas. Las dos finales de Copa del Rey de 1910

Athletic y Real Sociedad rememoran sus años gloriosos de los 80 y protagonizan en Sevilla las habituales finales vascas de Copa de la época anterior a la Guerra Civil. Será una final sin Aduriz o sin Zurutuza, dos leyendas a los que las mentes pensantes les birlaron la oportunidad de cerrar una sólida carrera para que la final se disputase en campo lleno con bufandas al viento. Doce meses después el público ni está ni se le espera, pero, por lo menos, las mentes pensantes se ahorrarán de escuchar una sonora pitada al himno, a la bandera y a Felipe VI. Para la Real es la final de las finales. Para el Athletic es la primera bala. Lo absurdo del momento le hará jugar dos finales coperas en quince días. “Una bilbainada insuperable” sentenció Alfredo Relaño.

Los jugadores vascos evolucionaron con más rapidez que el resto de sus contemporáneos peninsulares. En primer lugar, los norteños eran más físicos y tenían una talla media más elevada. En segundo lugar, los puertos éuscaros eran lugar de entrada de innovaciones procedentes del Reino Unido, y el Athletic, y demás conjuntos vascos, contaron desde sus inicios con técnicos ingleses de primer nivel. Por último, los jugadores del norte estaban acostumbrados a jugar en campos encharcados y bajo la lluvia, lo que en un fútbol donde el balón, las botas o las camisetas triplicaban el peso actual, era un plus importantísimo. El fútbol vino de Gran Bretaña donde como en Euskadi había verde, llovía y el barro era frecuente. Los trabajadores de los puertos y los altos hornos abrazaron con celeridad ese deporte que se veía bravo y temerario. Si en Sudamérica se desarrolló la escuela del ‘passing game’ y el regate gracias al influjo escocés, en el norte de España el ‘kick and run’ de juego directo fue introducido por los ingleses.

En tres décadas, desde la primera edición de la Copa del Rey en 1903 hasta 1933, únicamente en tres ocasiones no hubo un participante vasco en la final copera. Por entonces el Athletic sumaba 13 títulos, cuando en los cerca de 90 años posteriores apenas ha ampliado en 10 trofeos su palmarés. Pero asimismo Real Unión de Irún (4), Arenas de Guecho (1) y Real Sociedad (1) podían presumir de campeonatos, formando un selecto club que solo alcanzaban FC Barcelona (8), Real Madrid (5) y RCD Espanyol (1) -datos de 1933-.

Hoy olvidados, el Real Unión y el Arenas eran dos conjuntos potentísimos antes de que la profesionalización del fútbol los hiciesen languidecer ante sus gigantes rivales provinciales. El Arenas FC era un club burgués situado en el barrio del mismo nombre. Guecho era, y es, la zona residencial en la orilla pudiente del Nervión. Si el Athletic era el club de los trabajadores del puerto que comerciaban con Gran Bretaña, en el Arenas formaban los hijos de la burguesía que iban a estudiar a Inglaterra. El Arenas FC consiguió el título de Copa en 1919 y sigue siendo uno de los 14 conjuntos que poseen al menos un título liguero o copero.

Ciudad aduanera y nudo ferroviario a apenas 20 kilómetros de San Sebastián, en la pujante Irún convivían el Racing y el Sporting. El primero de ellos lograría la Copa de 1913 y contaba con Patricio Arabolaza como gran figura, delantero que pasó a la historia al ser el primer goleador de la selección española. En 1915 ambos conjuntos se fusionaron creando el Real Unión de Irún que conseguiría otros tres entorchados (1918, 1924 y 1927). Suma el doble de títulos coperos que el Betis o que la Real Sociedad, su rival por antonomasia.

Ambos equipos ya disputaron una histórica final vasca en 1927 tras eliminar a Real Madrid y FC Barcelona en semifinales y a los gigantes vascos en una ronda previa, ya que por entonces había eliminatorias regionales para clasificarse. El Real Unión venció por 1-0 al Arenas en la prórroga, en el que fue el canto del cisne de ambos equipos. Nunca jamás han vuelto a acercarse a tales logros. Ambos formaron parte de la creación de la Liga en 1928. Los irundarras aguantaron cuatro temporadas en la élite mientras que los de Guecho estiraron el sueño durante siete años.

Real Unión de Irun y Arenas de Getxo disputaron la última final vasca en la  Copa de 1927 | Kirolak | Naiz
Final 1927. Estadio Torrero de Zaragoza

Ya años atrás había habido dos finales vascas. En 1913 Irún celebró su primer título con un triunfo ante el Athletic (3-2) y en 1910 fue el Athletic el que se proclamó campeón tras derrotar al Vasconia (1-0) en la final. Pero estas dos finales y, esencialmente, la de 1910, cuando el Vasconia pasó a ser la Real Sociedad, merece comentario aparte.

—LA OTRA FINAL ENTRE ATHLETIC Y REAL SOCIEDAD. LAS DOS COPAS DE 1910—

La Copa del Rey es el motivo del nacimiento del Athletic. Si bien el club fuera fundado en 1898, convivía con el Bilbao FC a orillas del Nervión. Al anunciarse la celebración del primer torneo de fútbol nacional, ambos equipos se fusionaron dando lugar al Athletic Club de Bilbao. Durante esa primera década el éxito del Athletic se cimentó en su excelente nivel, pero también en una sucursal del club que estableció en Madrid, por lo que, en función del partido, podía optar por alinear a futbolistas del Athletic de Bilbao o del Athletic de Madrid. No sería hasta 1912 cuando el Atlético de Madrid obtenga su independencia. Por entonces el Athletic ya era un coloso que sumaba cuatro trofeos coperos.

El Athletic era el ogro de la época. Contrataba entrenadores ingleses cuando la mayoría de los equipos ni sabían lo que era un técnico.  En aquel tiempo los clubes se apuntaban a jugar la Copa sin más. Había que tener infraestructura y dinero suficiente para viajar a Madrid. Los participantes no llegaban a los dobles números y no existía club más organizado que el Athletic. Vencer a los leones no era tarea sencilla. Estaba Madrid y Barcelona, pero si una ciudad vasca podía competir con Bilbao tenía que ser San Sebastián.

El San Sebastián FC fue fundado en 1908 con la única idea de disputar la Copa de 1909. Legalmente no podía hacerlo porque entonces tenía que pasar un año para que un club pudiese inscribirse en el torneo. Así, el club llegó a un acuerdo con el Club Ciclista de San Sebastián, que era más antiguo, para bajo ese nombre poner a 11 futbolistas a disposición de aquel club velocípedo. Fue así como el Club Ciclista ganó sorprendentemente la final de Copa de 1909. Aquel título es hoy aceptado como de la Real Sociedad, porque realmente aquellos jugadores pertenecían al San Sebastián FC. Semanas más tarde de aquel inesperado éxito, el San Sebastián FC y el Club Ciclista se fusionaban, dejaban de lado las bicis, y se convertían oficialmente en la Real Sociedad que hoy conocemos.

A la sazón la final de la Copa siempre se celebraba en Madrid porque el organizador del torneo era el Real Madrid. Fue el club merengue el que ideó la competición para conmemorar la mayoría de edad de Alfonso XII obteniendo un trofeo de plata obsequio del Rey para poner en disputa. Pero en 1909 se fundó la Federación Española de Clubs de Fútbol (FECF). Dado que ahora el organizador del torneo era la FECF, se llegó a un acuerdo verbal para que la final dejase de disputarse en Madrid y se contendiese en el campo del vigente campeón.

Y aquí viene el meollo del problema.

A la hora de la verdad la FECF se negó a reconocer esa posibilidad y tanto la Real como el Athletic (se supone que por cuestiones de vecindad) se declararon en rebeldía. La bomba explotó cuando el Real Madrid también lo hizo y los tres conjuntos formaron la Unión Española de Clubes de Fútbol (UECF) junto al Racing de Irún. La posición del Real Madrid aún es hoy sujeto de debate. Pero lo cierto es que para los aficionados merengues sigue siendo la primera gran muestra de caballerosidad de un club que prefirió ceder el privilegio de jugar en casa porque consideraba que ganar una Copa sin la participación del Athletic no era un título que tuviese valor.

La Real organizó un torneo paralelo en San Sebastián. Sin embargo, aunque la UECF apoyaba llevar el torneo a Guipúzcoa tampoco podía reconocer a la Real como vigente campeona sino al Club Ciclista. Es más, dado que la Real había sido fundada en septiembre de 1909 y la final de la Copa de 1910 iba a ser en marzo, tampoco el equipo blanquiazul podría jugar la Copa, ya que no habían pasado doce meses desde su fundación.

El embrollo era colosal porque tampoco la Real podría jugar esta nueva edición de la Copa con su propio nombre. Otra vez tuvo que tomar prestada la licencia de otro club de barrio y acudir a esa Copa del Rey bajo la denominación Vasconia Sporting Club. Aquella Copa del Rey acabó deparando una final entre Athletic y Vasconia 110 años antes de la que se celebra estos días en Sevilla. Entonces los rojiblancos vencieron por 1-0. A pesar de que en los libros se recoge el nombre de Vasconia, los historiadores aceptan que la Real Sociedad nació con un título (1909) y un subcampeonato (1910) de Copa del Rey bajo el brazo, aunque ninguno de los dos hubiesen sido bajo su auténtica denominación.

Un par de meses más tarde, en un campo colindante al parque del Retiro madrileño, tenía lugar final organizada por la FECF en la que el FC Barcelona derrotó al Español de Madrid.

Ambos torneos, y ambos campeones, son hoy reconocidos.

La FECF decidió aplacar el cisma con una decisión salomónica dándole al Athletic la organización de la final de 1911 como campeón copero y al FC Barcelona la fase final de 1912 como el otro campeón copero. La solución de compromiso duró lo justo hasta que en 1913 la FECF programó una final en Madrid mientras la UECF hizo lo propio en Barcelona, dado que los azulgranas habían ganado la edición de 1912.

Otra vez el galimatías estaba montado. Para 1913 nuevamente habría dos campeones reconocidos en dos finales reconocidas (Racing de Irún en una y FC Barcelona en la otra). Tras el segundo desastre, ambos organismos se fusionaron y se creó la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) acordando el fin de la libre inscripción de equipos, el establecimiento de rondas eliminatorias regionales y la disputa de la final, fuese donde fuese, siempre en terreno neutral.

1910: Extasis en el primer gran derbi en rojo y blanco - IRATZAR - Athletic  Club Bilbao
Los leones de 1910

“Para mí, un equipo de fútbol perfecto siempre tiene que contar con algún vasco”. Johan Cruyff

Otras historias del fútbol español

El caso Di Stéfano (el fichaje que cambió la historia del Madrid en dos partes)

Ángel María Villar (el pasado futbolista del dirigente por antonomasia de la RFEF)

Clemente y la hecatombe de Chipre (desastre y vergüenza de la selección en 1998)

El griego de la camiseta de Iribar (cuando Iribar “jugó” una final de Copa de Europa con el Panathinaikos)

Cuando Puyol secó a Figo (la presentación en sociedad de Carles Puyol)

Zamora; ¿rojo o facha? (Guerra Civil, exilio, miedo y perdón)

La quinta Copa de Europa del Real Madrid (la obra maestra de Di Stéfano y compañía)

Día de la Hispanidad 1969 (Gibraltar, Franco y un partido de fútbol)

La filosofía del Athletic (de como el Athletic pasó a ser un club exclusivo)

El penalti de Djukic (la tragedia futbolística más grande jamás contada)

De la final de las botellas al caso Guruceta (Madrid-Barça y odio eterno en dos mitades)

La Liga del Dépor (la redención de la historia con un club de provincias)

¡A mí, Sabino, que los arrollo! (el nacimiento de la furia española)

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con la selección española? (una historia contrafactual de la roja)

Leer más