historia

Una historia del destino: Edwards y Charlton

El partido de vuelta de cuartos de final de la Copa de Europa entre el Estrella Roja y el Manchester United llega a su fin. Es el miércoles 5 de febrero de 1958. Tras una cómoda ventaja de 0-3 al descanso, los yugoslavos fueron capaces de empatar el partido después de una segunda parte soberbia. Habían rozado la hazaña, pero el empate (3-3) era insuficiente para levantar el 2-1 en contra de la ida. La estrella del partido es el inglés Bobby Charlton, que en su tercer partido europeo marca dos soberbios goles. Charlton apenas tiene 20 años y juega de mediapunta. Sus espaldas están resguardadas por un mediocentro colosal, el estandarte de la selección inglesa. Se trata de Duncan Edwards, otro joven valor, en este caso de 21 años, con un presente esplendoroso y un futuro prometedor.

Nada existe por el azar al igual que nada se crea de la nada. Eso era el destino para los griegos. Decía Aristóteles que la naturaleza humana está orientada hacia un fin, y ese fin último es la felicidad. La pregunta que teólogos y filósofos de entonces, de después y del mañana se hacen es resolver el porqué. ¿Por qué no todos podemos disfrutar de ese fin? ¿Por qué si el destino no está prescrito, no es concebible y es vivible, se ceba en unos y no en otros? Supongo que preguntas como esta rondaron día tras día la vida de Bobby Charlton. Digo rondaron en pasado porque, aunque Charlton sigue vivo ya pasados los 80, el alzhéimer hace tiempo que se ha encargado de destrozar sus recuerdos. Esta leyenda del fútbol no lo hubiese sido si el destino no lo hubiese querido. Porque Bobby Charlton era bueno, muy bueno, pero dicen que no era tan bueno como Duncan Edwards.

Quiso el destino que Edwards dejara este mundo antes de tiempo.

Mucho antes de tiempo.

Al acabar el partido la plantilla del United y del Estrella Roja confraternizaron alrededor de unas cuantas botellas. Tras una noche de alcohol a la mañana siguiente tocaba coger un vuelo rumbo a Londres, previa escala en Múnich. Era un vuelo chárter, algo inusual en la época, porque el día 8 el United tenía que jugar en Inglaterra ante el Wolverhampton un encuentro liguero. Busby, técnico y factótum de los Diablos Rojos, trato de atrasar el partido, pero la Federación Inglesa se negó, por lo que tuvo que alquilar un avión para poder llegar a tiempo a Inglaterra tras jugar apenas 48 horas antes el citado encuentro europeo frente al Estrella Roja.

Edwards y Charlton se conocieron en el verano de 1956. Duncan Edwards había sido colegial en los cuarenta y era adolescente en los cincuenta. Pertenecía a esa generación feliz que dejó atrás la guerra. Edwards cumplía con todos los tópicos. Era honrado, superlativo, fuerte y simpático. Era la encarnación de las fantasías infantiles. El niño bueno que a base de trabajo, talento y esfuerzo había logrado su sueño siendo humilde y excelente persona. En el campo era un box to box. Un hombre que tenía tanto talento y estilo como fuerza y serenidad.

Tras la resaca, la expedición del United se dispuso a desayunar y a abandonar el hotel. Era la mañana del jueves 6 de febrero. Subieron a un autobús y pusieron rumbo al aeropuerto de Belgrado. Eran 44 personas entre futbolistas, técnicos, directivos y periodistas. Cuando llegaron al control de pasaportes tuvo lugar el primer inconveniente. Johnny Berry, un hábil extremo derecho, no encontraba su pasaporte. Buscaba y rebuscaba sin suerte en su maleta hasta que cayó en la cuenta de que el pasaporte había quedado olvidado en su habitación. Una hora después un empleado del hotel aparecía en taxi con el susodicho visado. El vuelo a Londres, con parada para repostar en Múnich, salía con una hora de retraso.

Como Robben, Bobby Charlton era tímido y eternamente calvo. Hijo de minero y de una madre de porcelana que hasta el matrimonio fue una fenomenal futbolista, Charlton combinaba elegancia y espectacularidad. Un trescuartista capaz de silenciar a una multitud a la espera de un pase, un cambio de dirección, un disparo o una decisión. Uno de esos futbolistas capaz de levantar del asiento a periodistas y aficionados de mirada triste.

El Airspeed Ambassador, que era el nombre de aquel pájaro de hierro, aterrizó en el aeropuerto de Múnich a eso de las 14.00 horas. Había una soberana capa de hielo en la pista y los copos de nieve caían sin cesar. Tras el repostaje el comandante intentó despegar, pero un extraño ruido en el motor y el asfalto helado le hicieron rectificar. Tras unos minutos hubo un segundo intento. Las sensaciones fueron las mismas y a los contratiempos hubo que añadir una fuerte ventisca. Se ordenó a los pasajeros tomar un café en la terminal mientras se revisaban los motores y se echaba sal a la pista de despegue.

Aquel equipo era conocido como los ‘Busty Babes’. Matt Busby había reclutado a unos adolescentes extraordinarios a inicios de los 50 que tocaron el cielo al ganar la Liga en 1956. Duncan Edwards lideraba un equipo que seguía la máxima de que el balón es redondo y debe rodar por el césped, algo poco frecuente en aquella Inglaterra. Jugaban a un toque y con un desparpajo sin igual. En 1957 aquellos imberbes habían caído ante el todopoderoso Madrid en las semifinales de la Copa de Europa, pero para 1958 el objetivo era ganarla. Edwards, que sumaba 18 internacionalidades con 21 años -un récord estratosférico de la época-, había acogido bajo su ala a Charlton, de 20 años recién cumplidos, y que aquella temporada se había ganado un puesto en el once titular tras dos años alternando la cantera y el primer equipo. “Deja de pedir un puesto en el equipo y robalo”, le había dicho Edwards a Charlton el verano anterior.

Por tercera ocasión, a las 16:05 del 6 de febrero de 1958, el comandante, que respondía al nombre de James Thain, se dispuso a intentar el despegue que creía definitivo. Por entonces el miedo ya estaba presente entre los pasajeros. La mayoría hubiese preferido hacer noche y esperar al día siguiente, pero el compromiso ante el Wolverhampton era ineludible si el United no quería hacer frente a una sanción y a la pérdida del partido. El caso es que el avión se deslizó por la pista incapaz de coger la altura suficiente. Se estrelló en una colina cercana en la que había una casa deshabitada. Pronto las llamas hicieron su aparición. El avión se había partido en dos.

Por entonces Charlton aún no había sido internacional. Lo sería meses más tarde, pero le costó alcanzar la madurez. Eres incapaz de meter la pierna, le decían. Un jugador al que se admira, pero al que los niños no deben imitar. La pelota puede rebotarle en el estómago que se mantendrá indiferente, se comentaba. Duncan Edwards llevaba desde los 18 siendo una estrella. “No recuerdo ningún jugador tan grande que se mueva a tal velocidad”, diría de él Stanley Matthews, el mito viviente, el primer Balón de Oro de la historia.

En el mismo momento en el que el avión se partió en dos las llamas comenzaron a brotar por todo el fuselaje. El horror hace su aparición. Muchos quedan calcinados en sus asientos, otros saltan por los aires con algún miembro partido. Alguno de los supervivientes es incapaz de soltar el cinturón de seguridad mientras agoniza a la espera de una ambulancia.

De 'Viven' al desastre de Múnich: las desgracias aéreas de la historia del  deporte
El infierno con alas

Fueron 23 los fallecidos. Hubo periodistas, técnicos y directivos. Entre los futbolistas perecieron Geoff Bent, Eddie Colman, Mark Jones, Bill Whelan, David Pegg, Roger Bryne y Tommy Taylor. Los tres últimos eran internacionales con Inglaterra. Todos ellos estaban comenzando a disfrutar de la vida.

Entre los supervivientes destacaba Bobby Charlton. Milagrosamente quedó intacto a pesar de que su asiento saltó por los aires hasta topar con la nieve. Impresionado y aturdido, fue incapaz de ayudar a sus compañeros. Quien sí lo hizo fue Harry Gregg, el portero del United, que ayudó a sacar del avión tanto a Matt Busby como a Duncan Edwards.

Aquello dolió lo indecible, pero la conmoción adicional de la tragedia la iba a traer Duncan Edwards. Justo una semana después, Matt Busby respondía, sin que se le esperase, a los estímulos de los médicos cuando horas antes le habían dado la extremaunción. Tendría que seguir hospitalizado en Múnich, aunque se recuperaría. Los futbolistas supervivientes también iban a poner rumbo a Londres con la excepción de uno. Duncan Edwards tenía un riñón perforado y había sobrevivido a un trasplante de urgencia hecho a través de uno artificial. Pero el invento no funcionaba y la sangre de Edwards se coagulaba.

Fueron quince días lo que el héroe de los tres leones estuvo luchando entre la vida y la muerte. Aquel gigante con pies de funambulista y corazón de león expiró a los 21 años causando un dolor nacional. 5.000 personas acudieron a su entierro en la pequeña aldea de Dudley, en cuyo cementerio su padre ejercía de jardinero. En la iglesia del pueblo una hermosa vidriera con su imagen mantiene vivo el recuerdo de un jugador brillante y con coraje que dejó una sensación de obra incompleta.

Días antes de volver a Inglaterra Jimmy Murphy, segundo técnico del United, visitó a Edwards obviando la verdad sobre su estado. En la charleta, Edwards le dijo a Murphy que estaría listo para jugar contra los Wolves, pero que si no conseguía llegar a tiempo tenía que ser Charlton el encargado de liderar al equipo.

Lo cierto es el partido ante el Wolverhampton se volvería a aplazar, pero el 19 de febrero, dos días antes del fallecimiento de Edwards y apenas 13 días después del accidente, el Manchester United tendría que jugar sí o sí ante el Sheffield Wednesday. La idea es no jugar, pero a las oficinas del United llegan miles de cartas y de sobres de dinero para que el club pueda seguir participando tanto en la Liga como en la Copa de Europa, en un tiempo en el que un futbolista tenía el mismo sueldo que un carpintero. Finalmente, un United plagado de juveniles derrota al Sheffield en un encuentro donde el programa del partido se dejó en blanco y en el cual no se nombró por megafonía a ninguno de los nuevos jugadores. Todos, juveniles y fallecidos, eran parte del United.

Bobby Charlton vería desde el palco aquel encuentro, Había decidido no volver a jugar al fútbol impactado por la tragedia y avergonzado por no auxiliar a sus compañeros. El United sólo ganaría un encuentro de Liga de los 14 disputados de ahí a final de temporada. Quedó eliminado de manera honrosa (2-5 en el global) ante el AC Milan en las semifinales de la Copa de Europa. Charlton no jugaría ninguno de esos encuentros. Tardó semanas antes de volver a calzarse las botas.

Matt Busby tardaría un lustro en recuperar a los Diablos Rojos. El United ganaría la Liga en 1965 y 1967 y al año siguiente se convertiría en el primer conjunto inglés en ganar la Copa de Europa. Por entonces una nueva generación comandada por George Best y Denis Law lideraba a un grupo maravilloso. De los supervivientes de la tragedia de Múnich de diez años atrás se mantenía el portero, entonces suplente, Harry Gregg, el defensa Bill Foulkes…y el por entonces capitán Bobby Charlton.

Supercopa de Europa: El Manchester United, un histórico de 139 años y un  puñado de vidas | Marca.com
Bobby Charlton (sentado a la izq de Matt Busby)

Meses después de la tragedia de Múnich, Charlton debutó con Inglaterra y su trayectoria no tendría picos de sierra siguiendo una línea continua con un punto álgido en el Mundial de 1966. Quiso el destino que Charlton ocupase el lugar de Edwards como el futbolista más importante de la nación más importante del deporte más importante jamás inventado. Pocos como él pueden presumir de ser campeones de Europa de clubes, del mundo con su selección y tener el Balón de Oro.

Y ninguno de todo eso y de haber sobrevivido a un accidente de avión.

Y mientras todo esto sucedía Duncan Edwards acumulaba malvas en un pequeño cementerio de los midlands ingleses.

Duncan Edwards era mejor jugador que Bobby Charlton. «Era bueno con la derecha, bueno con la izquierda, con un extraordinario remate de cabeza y muy sólido en defensa. Era capaz de ponerte un balón a sesenta metros de distancia”, diría de él Charlton. “Tan sólo Edwards y Pelé me han hecho sentirme inferiores en un campo de juego”, contaría en otra ocasión. Quizás el recuerdo exagere el comentario, pero los hechos y los datos recogidos de aquel joven centrocampista reafirman lo pensado.

Quiso el destino que Edwards fuese un sueño y Charlton su realidad.

Otras historias trágicas

Minuto de silencio en los JJ.OO (el origen del respeto a los fallecidos)

Lou Gehrig (la leyenda que dio nombre a una enfermedad)

La bomba del estrecho de Bass (sobre una regata que surcó un huracán)

La tragedia de Superga (el accidente de avión que se llevó por delante al ‘Grande Torino’)

Auge y caída de Nikolai Starostin (un retrato del stalinismo en dos partes)

El asesinato de Andrés Escobar (fútbol y narcotráfico en el Mundial de 1994)

Steve Prefontaine (el chico que catapultó a Nike como marca deportiva)

Lutz Eigendorf (fútbol, Guerra Fría y espionaje en la Alemania comunista)

Leer más

Copa Mitropa; el torneo que tuteó a una guerra

Antes, mucho antes, de la creación por parte de la UEFA de la Copa de Europa existía la Copa Mitropa. Y antes, mucho antes, de que se creara el Campeonato Europeo de la UEFA (por todos conocido como Eurocopa) ya existía la Copa Mitropa. Y, por supuesto, antes de que se creasen competiciones de dudoso interés como la Liga Europa Conferencia de la UEFA o la Liga de Naciones de la UEFA, también existía la Copa Mitropa. Y, desde luego, antes de que una pandemia obligase a aplazar partidos y torneos ya había guerras que ponían patas arriba al mundo, y por ende, al planeta fútbol.

La Copa de la Europa Central fue creada en 1927 impulsada por Hugo Meisl, afamado entrenador y arquitecto del ‘Wunderteam’ austriaco que asombraría al mundo en la década de 1930. Hasta entonces los clubes tenían que demostrar su valía internacional en encuentros amistosos. La idea de la Copa Mitropa era crear un torneo entre los mejores equipos de Europa Central. Los motivos eran dos. Por un lado, el nivel del fútbol centroeuropeo era entonces sobresaliente y ya reputadas voces consideraban que al menos igualaba al británico. Por otro parte, la excelente red de ferrocarriles de la zona y la escasa distancia entre las principales capitales centroeuropeas permitían desarrollar un campeonato de corta duración.

En las dos primeras ediciones participaron los campeones y los subcampeones de Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. En 1929 los italianos reemplazaron a los yugoslavos, quienes estaban a punto de iniciar una guerra civil, y en 1934 se decidió la ampliación del torneo a cuatro escuadras por país. En 1936 entró en liza Suiza, y la última reforma data de 1937 cuando se unieron los clubes de Rumanía y se reincorporaron los de Yugoslavia. La Copa de la Europa Central pronto pasó a ser conocida como Copa Mitropa por la empresa que la patrocinaba. Mitropa era la compañía de restauración que operaba en las líneas férreas de Centroeuropa. De hecho, Mitropa no es más que el acrónimo de ‘Mittleuropa’, que es el término alemán para definir la Europa central.

Durante la década de 1930 la Copa Mitropa vio desfilar a algunos de los mejores futbolistas del momento. Ganadores en esos años fueron el Sparta de Praga de Nejedly (máximo goleador del Mundial de 1934), el Bolonia FC de Schiavo, Andreolo o Ceresoli (bicampeones en el Mundial de 1934 y 1938), el Slavia de Praga de Josef Bican (futbolista con el mayor número de goles de la historia) y, especialmente, el Austria Viena del maravilloso e icónico Matthias Sindelar. El sistema de participación era simple. Campeones ligueros como cabezas de serie y eliminatorias a ida y vuelta hasta quedar un único contendiente.

MATTHIAS SINDELAR, el futbolista que desafió a Hitler.
Sindelar; el Mozart del fútbol

Para 1939 la Copa Mitropa comenzó con una ausencia significativa. Tras el ‘Anschluss’ del año anterior, Austria pasaba a ser una provincia más del Tercer Reich alemán. Sindelar aparecería muerto en su casa por culpa de una intoxicación por monóxido de carbono. Aún hoy se discute si fue un accidente, un suicidio o el asesinato de un futbolista judío. Pero la historia de Sindelar no es la que nos ocupa hoy. El caso es que en 1939 ningún equipo austriaco pudo participar en la que fue la última Copa Mitropa antes del inicio de la guerra.

Y es que en septiembre de 1939 estallaba la II Guerra Mundial.

Con Europa en guerra lo normal es que la competición se parase.

Pero no fue así.

El torneo ocupaba dos meses en el calendario, generalmente junio y julio, a imagen de los torneos internacionales de selecciones de la actualidad. En el verano de 1940 Austria y Chequia eran provincias alemanas, Italia empezaba a lamentarse de haber retado a Gran Bretaña por la hegemonía del Mediterráneo y Suiza se dedicaba a contemporizar. La Copa Mitropa de 1940 contó con ocho equipos y, entre los participantes en esos cuartos de final, sólo había escuadras húngaras (3), yugoslavas (3) y rumanas (2).

Copa Mitropa | Wanderers
Copa Mitropa

Cuando el 17 de junio se disputan los partidos de ida de los cuartos de final, Francia estaba a punto de capitular ante el fulgurante avance de las tropas alemanas. Cinco días después Alemania controlaba un territorio que iba desde Hendaya, a orillas del Cantábrico, hasta Memel, bañado por el Mar Báltico. La intención de los alemanes para ese verano de 1940 era reorganizarse y preparar el asalto de Gran Bretaña por mar y aire.

Así, la relativa calma de Europa central permitía continuar con la Copa Mitropa aunque fuese bajo mínimos. Rumanía había sido el país más beneficiado en Europa central tras el fin de la I Guerra Mundial. Prácticamente había doblado su territorio. Favorecido además por la existencia de pozos petrolíferos, el rey Carol II firmó un acuerdo con los nazis para suministrarles crudo a cambio de su neutralidad. Sin embargo, tras el inicio de las hostilidades, la Unión Soviética, con la que Rumanía compartía frontera, exigió a los rumanos la devolución de la Besarabia, una región que había sido adquirida por Rumanía al término de la I Guerra Mundial. Todavía nazis y comunistas mantenían la paz, pero era obvio que Rumanía iba a tener que elegir bando.

En cambio, Hungría había sido la gran derrotada en la I Guerra Mundial. Lo que antes había sido un inmenso Imperio ahora era un pequeño Estado sin voz ni voto en las decisiones importantes de Europa. Hungría alcanzó la II Guerra Mundial con un régimen fascista que simpatizaba con los nazis, pero sin atreverse a aliarse con ellos. El gran escollo era Eslovaquia. Tras considerar Chequia provincia alemana, los nazis crearon Eslovaquia como un país títere bajo su control. Sin embargo, el territorio que había servido para crear Eslovaquia era reclamado por Hungría como propio. Para complicar más la situación los húngaros exigían también la devolución de parte del territorio rumano. Lo cierto es que los nazis estaban de acuerdo con los húngaros, pero no estaban dispuestos a perder el apoyo de los rumanos y, con ello, perder también el control de los pozos petrolíferos.

Yugoslavia era en 1940 un paraje de paz en medio de la tormenta. Pero era un país débil. Estaba gobernado por una regencia con apoyo militar en la que había que hacer malabares para contentar a serbios y a croatas, a anglófilos y filonazis. A medida que los designios de la guerra iban dando vencedor a los alemanes, era más que evidente que el país iba a estallar en mil pedazos.

Un ‘cacao maravillao’. Pero conviene explicar el contexto histórico para entender lo que sucedió después.

Europa ocupada por la Alemania nazi - Wikipedia, la enciclopedia libre
Europa 1941. El triunfo nazi

Cuando Rapid de Bucarest, Gradanski Zagreb (antecesor del Dinamo de Zagreb), Ferencvaros y OFK Belgrado se clasifican para semifinales, los alemanes están haciendo el Desfile de la Victoria a los pies del Arco del Triunfo parisino. Alarmados ante el éxito de los nazis y sabedores de que sus tropas están ocupadas en el oeste, la Unión Soviética decide dar un paso al frente. El 26 de junio de 1940 Stalin lanza un ultimátum a Rumanía exigiéndole la devolución de la Besarabia, a sabiendas de que Hitler no se interpondrá por ahora en su camino al necesitar la Wehrmacht un más que evidente descanso.

Rumanía pide ayuda a Alemania. Los teutones se hacen los suecos y recomiendan a los rumanos que pidan una prórroga a los soviéticos para responder al ultimátum. Mientras todo esto ocurre tienen lugar las semifinales. El Ferencvaros se clasifica derrotando por un global de 2-1 al OFK Belgrado. En el otro duelo Rapid de Bucarest y Gradanski tienen que jugar un tercer partido de desempate en la yugoslava ciudad de Subotica al acabar en empate sin goles los dos partidos.

El desempate está fechado para el 10 de julio. Pero ya entonces la Besarabia es parte de la URSS tras una rápida intervención militar. También lo son Lituania, Letonia y Estonia. Hitler tiene los ojos puestos en Gran Bretaña y deja hacer a Stalin. En el ámbito futbolístico el partido de desempate también acaba en tablas (1-1), por lo que hay que dictaminar por sorteo quien se clasifica para la final. La diosa fortuna sonríe al Rapid que se convierte en el primer equipo rumano en disputar una final de la Copa Mitropa.

La final entre Rapid de Bucarest y Ferencvaros estaba programada para el 21 y el 28 de julio de 1940. El partido de ida sería en Rumanía y el de vuelta en Hungría.

Fue entonces cuando Hungría decidió dar un paso al frente. Viendo la debilidad rumana, los húngaros contemplaron la posibilidad de hacerse con la Transilvania, el territorio que demandaban desde el fin de la I Guerra Mundial a Rumanía. Hungría consideraba que, si la URSS podía recuperar la Besarabia, ellos también podrían hacer lo propio con Transilvania.

Ocupación soviética de Besarabia y el norte de Bucovina - Wikipedia, la  enciclopedia libre
Transilvania (oeste) y Besaravia (este)

Rumanía se niega y moviliza sus tropas. Hungría hace lo mismo. En Alemania estalla la preocupación. Hitler ve como sus dos aliados, uno por su petróleo y el otro por razones étnicas e ideológicas, están a punto de estallar en guerra. Los diplomáticos van y vienen y se establece un arbitraje tras reunión a tres bandas para el 30 de agosto en Viena. Hitler manejaba con destreza la lisonja. Cuando tenía formada una opinión sobre un asunto, consultaba con aquellos que sabía que la compartían. Cuando tenía tomada una decisión en firme, la persona que había sido consultada, halagada por haber sido llamado por Hitler, se sentía doblemente agradecida al pensar que había influido en la decisión del Führer. También tenía la cualidad extraordinaria de memorizar pasajes de libros y datos estadísticos, utilizando el viejo truco de halagar a los subordinados conociendo pasajes de su vida profesional y personal.

El caso es que el partido se aplaza y se fijan como fechas alternativas el 18 y el 25 de agosto. Pero en estas el Ferencvaros se niega a jugar en Rumanía, por lo que hay que buscar una solución de compromiso. Se decide celebrar una final en campo neutral en Viena…el 30 de agosto.

Justo el 30 de agosto.

No hubo final.

A primera hora de aquel 30 de agosto se dividió en dos Transilvania. El norte pasó a pertenecer a Hungría y el sur a Rumanía. Lejos de resolver el problema lo enquistó. Más de 1.000.000 de rumanos pasaron a ser ciudadanos húngaros y medio millón de húngaros siguieron siendo rumanos. A partir de ahí Hitler actuaría con inteligencia contentando los deseos de unos y de otros. El temor de que Alemania cediese la totalidad de la Transilvania a uno de los dos bandos ayudó a que en 1941 rumanos y húngaros se conviertan en aliados activos de los nazis y participen en la invasión de la URSS.

El partido entre Ferencvaros y Rapid de Bucarest nunca llegó a disputarse. Tras el fin de la II Guerra Mundial, Transilvania volvió a ser rumana. Besarabia hubo de esperar a 1991 para lograr su independencia. La mayoría de su territorio forma hoy Moldavia, aunque otras zonas se reincorporaron a Ucrania en el norte y a Rumanía en el sur. Por su parte Rumanía tuvo que ceder territorio a Bulgaria, Hungría se quedó como estaba y Yugoslavia se volvió a unir tras fragmentarse en mil pedazos. Todo, por supuesto, bajo control de Moscú, que desde 1945 sustituyó a Berlín como centro de decisión de la zona.

La Copa Mitropa no volvería a disputarse hasta 1951, aunque a partir de entonces su interés y su nivel registraron un constante declive. En 1949 se había creado la Copa Latina que contaba con conjuntos españoles, portugueses, italianos y franceses, cuyo nivel de fútbol estaba en continua progresión y que pronto iba a dejar muy atrás al de Centroeuropa. Después, la creación de la Copa de Europa en 1955 acabaría por enterrar definitivamente a este tipo de competiciones.

La Copa Latina feneció en 1957 tras ocho ediciones, mientras que la Copa Mitropa sobrevivió hasta 1992. Lo hizo de mala manera, con equipos de segunda fila, muchos de ellos no profesionales. Acabó siendo un torneo amateur exactamente igual a aquellos que pretendía sustituir. Pero lo que nadie le podrá quitar a la Copa Mitropa es ser la competición pionera en la construcción de una cohesión europea a través del fútbol. Y, sobre todo, la Copa Mitropa seguirá siendo esa competición capaz de tutear a una guerra y estar a un único partido de vencerla.

Blog Vintage: De la Mitropa Cup a la Copa Angloamericana - Eurosport
Vasas de Budapest. 6 títulos de Copa Mitropa

Otros torneos alterados por una guerra

¡No tinc por! (el terrorismo en el mundo del deporte)

¿Por qué Israel juega en Europa? (de como los judíos pasaron a ser de apestados a protegidos por la élite europea)

Cuando la Vuelta abandonó el País Vasco (ETA y los duros años de la Transición a golpe de pedal)

De cuando se perdonó al rugby en Irlanda (católicos y protestantes; fútbol y rugby; república y monarquía)

Obradovic y el Partizán de Fuenlabrada (de como un club de exiliados ganó una Copa de Europa de baloncesto)

Cuando el rugby convirtió a Sudáfrica en un país (Mandela y el poder del rugby para impedir una guerra civil)

Berlín 1916 (de como la I Guerra Mundial canceló los Juegos Olímpicos de 1916)

De Helsinki a Tokio (de como la II Guerra Mundial canceló los Juegos Olímpicos de 1940 y 1944)

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (la perspectiva deportiva de la última guerra europea del siglo XX a través de dos artículos)

Leer más

Especial Año Nuevo: Entrevista a Napoleón

General republicano, primer cónsul de la República, cónsul vitalicio, Emperador de Francia y dueño y señor de Europa durante algo más de una década, Napoleón Bonaparte está considerado, junto al cartaginés Aníbal, como el mayor genio militar de todos los tiempos. Dirigió más de cien batallas, la mayoría de ellas en inferioridad numérica, y apenas salió derrotado en tres. Caído en desgracia, pasó a ser tildado de déspota, tirano o usurpador, pero este enjuto corso, de cabeza grande, cabello pardo y de dientes amarillentos por culpa del tabaco, es el responsable de que Europa dejase de lado el feudalismo y, a trancas y barrancas, abrazase el Código Civil, crease diferentes constituciones y permitiese que cada ciudadano tuviese acceso gratuito a una formación escolar básica.

Misterdato (P): Encantado de conocerle emperador.

Napoleón Bonaparte (R): No me extraña.

P: Fiestas navideñas es sinónimo de fin de año. Y este ha sido especial para usted. Se ha cumplido el bicentenario de su fallecimiento. Y doscientos años después su embrujo sigue presente.

Napoleón: ¿Acaso se extraña? ¡No esperaba menos! ¿Sabía usted que cada vez que los ingleses me cortaban el pelo en mi cautiverio de Santa Elena guardaban mis mechones como reliquias? El mayor peligro ocurre en el momento de la victoria, pero cuando en la derrota tu enemigo te venera…sabes que el éxito se mantendrá cuando llegue la oscuridad.

P: Recuerdo haber leído en un libro que hay más de 4.000 reseñas sobre usted repartidas por Europa. Si pasó por un lugar, allí habrá una placa. Si libró una batalla, allí habrá un museo. Usted creó una marca. La marca ‘Napoleón’.

Napoleón (R): Nadie tiene la idea de lo que es grandioso, depende de mí mostrárselo al pueblo. Yo soy un líder, y un líder es un comerciante de la esperanza. Mi triunfo está en que a pesar de ser vencido por los ingleses la historia sigue contando conmigo. Y esa es una gran victoria. Recuerde que la historia está escrita por los ganadores.

P: Usted es el verdadero padre del liberalismo. Su legado es la meritocracia, la libertad religiosa, el sistema de impuestos progresivos o la implantación del código civil. Y sin embargo para muchos otros es un loco con aires de grandeza. Usted también fue el responsable de la, hasta entonces, guerra con más muertos de la historia.

Napoleón (R): ¡Yo quería unir Europa! ¡Quería unos Estados Unidos de Europa! Y déjeme que le diga una cosa. Nada es más difícil, y por lo tanto más precioso, que poder decidir. Yo me movía por el interés propio, pero es que el pueblo o tiene miedo o no sabe decidir.

P: Caray.

Napoleón (R): ¡Mon Dieu! ¿No se habrá escandalizado? La gente de su época tiene la piel muy fina. Mire. Por un lado, el pueblo tiene miedo. Por otro están las mujeres, que no son más que máquinas para producir niños. Después los sacerdotes que repiten incesantemente que su reino no es de este mundo y sin embargo ponen mano en todo lo que pueden obtener. Y por último los intelectuales. No se razona con los intelectuales; se les dispara.

P: Caray, repito. Igual somos blandos en mi época, pero si me lo permite le voy a traducir sus palabras. Usted viene a decir que defiende los principios modernos de la Revolución Francesa, pero sólo funcionan si yo mando y yo dirijo. ¿El fin justifica los medios?

Napoleón (R): Para comprender al hombre debes saber lo que estaba sucediendo en su mundo cuando tenía veinte años. Mi juventud fue la Revolución. Si no es por Bonaparte no habría modernidad. Y punto. El problema fue Waterloo y aquellas puñeteras almorranas que me impidieron montar a caballo. ¿Sabe usted? La victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana. Los ingleses se encargaron de difamarme a través de los periódicos.

P: Algo que usted inventó.

Napoleón (R): Eso es. Yo creé el Boletín del Estado que había que leer obligatoriamente en los pueblos, en las iglesias y en las escuelas para que todos conociesen las hazañas de mi ejército. ¡Y los ingleses me copiaron! Y me humillaron públicamente con mentiras tras mi derrota. ¡Dijeron que era un enano! Yo medía 1’69. En mis tiempos era una talla superior a la media, pero he quedado para la posteridad como un loco rechoncho.

P: Hablemos pues de su ejército. De la ‘Grand Armée’. Y es que, aunque no lo parezca, yo querría hablar con usted de deporte. Y algo que la mayoría de la gente no conoce es que entre otras muchas cosas usted fue impulsor del ejercicio gimnástico.

Napoleón (R): ¡Y de las latas de conserva! Se lo digo porque usted es gallego, ¿no?

P: Así es.

Napoleón (R): En mi ‘Grand Armée’ había soldados de toda Europa. En las oficinas de reclutamiento había interminables colas. Dese cuenta que estaban bien alimentados, bien vestidos, bien armados y mejor pagados que en cualquier otro ejército europeo. Como marchábamos a gran velocidad tuve que procurar la necesidad de no cargar con demasiados equipos y provisiones. Ideé un nuevo concepto en logística militar en el que las provisiones marchasen directamente con el soldado.

P: introdujo novedosas técnicas de desplazamiento y maniobra que permitieron a su ejército marchar rápidamente. ¿Fue por culpa de la velocidad por lo que fijó como obligatorio el ejercicio gimnástico?

Napoleón (R): Pauté los movimientos de mi infantería a 75 pasos por minuto y al desplegarnos aumentaba la velocidad a 120 pasos por minuto. Para eso utilizaba los tambores y por eso introduje a los músicos en el ejército y las marchas militares.

P: Anda.

Napoleón (R): Recorríamos diariamente 60 kilómetros, el doble de lo que hacían los demás. E imagínese el peso que cada soldado llevaba a sus espaldas. Había que entrenarlos. Fui el primer gobernante que introdujo la gimnasia en el sistema educativo. Mi idea era contribuir a la educación integral del niño para preparar al soldado ante la guerra. Quería darle sentido estético al cuerpo a través de un fortalecimiento corporal y de la corrección de los defectos físicos. Se introdujeron aparatos como la barra fija, las anillas, las escaleras oscilantes o la soga para trepar. Toda preparación tenía un marcado talante patriótico.

P: En esa concepción rompedora del ejercicio físico creo que tuvo un papel muy importante un español.

Napoleón (R): ¡Francisco Amorós! A Amorós lo puse yo al servicio de mi hermano José. Pepe Botella le llamaban ustedes. Cuando mi hermano cayó, los españoles echaron de Madrid a Amorós y tuve que acogerlo en Paris y darle la nacionalidad francesa. ¡Qué gran hombre! Allí fundó el ‘Gymnase normal militaire et civil’, la primera universidad gimnástica de Europa. Una pena que a mí me desterrarán a Santa Elena, pero Luis XVIII continuó con la labor…debe ser de lo poco que debemos agradecer a los Borbones.

P: Por cierto, ya que hablamos de España. Cuando usted era teniente hizo un informe en el que recomendaba no invadir nunca España por culpa de su débil red de carreteras, la extensión del territorio y una pobreza endémica que impediría conseguir suministros sobre el terreno. Década y media más tarde atravesó los Pirineos…se lo digo porque como usted nunca se equivoca…

Napoleón (R): La mejor manera de mantener la palabra es no darla.

P: Ya…Volvamos a su ‘Grand Armée’. ¿Cómo conseguía que sus hombres llegasen a desplazarse 60 kilómetros durante varios días y librar una batalla al llegar a destino? Sigue pareciendo un hecho tremendo digno de deportistas profesionales de la actualidad.

Napoleón (R): Mucho entrenamiento y autoexigencia. Le diré algo más. Los soldados se mueven por tres motivos; amor, dinero y honor. Yo conseguí que mis hombres me siguiesen por los tres motivos al mismo tiempo. De ahí mi éxito.

P: Supongo que hoy sería un gran entrenador en cualquier disciplina deportiva.

Napoleón (R): ¡Claro que sí! Además, la ‘grandeur’ de Francia sigue presente en la actualidad. Todas las grandes construcciones europeas, desde las deportivas hasta la Unión Europea, han sido capitaneadas por franceses. ¡Ese es mi legado! Vencer y convencer. No existe un único plan. Debes ser flexible y tener diferentes alternativas en tu cabeza. Todo soldado lleva en su mochila el bastón de mariscal. Fíjese que Soult y Ney, mis dos grandes mariscales, eran sargentos durante la Revolución. Recuerde siempre que si construyes un ejército de 100 leones y su líder es un perro, en cualquier pelea, los leones morirán como un perro. Pero si construyes un ejército de 100 perros y su líder es un león, todos los perros lucharán como un león.

P: La verdad es que me encantaría seguir hablando con usted, pero no tengo mucho más que preguntarle.

Napoleón (R): No hace falta. Yo le cuento. ¡Yo soy Francia! ¿Sabía usted que yo predije que China dominaría el mundo?

P: Pues no, la verdad.

Napoleón (R): Pues lo hice. También me autocoroné como emperador y le quité la corona al Papa de las manos. ¿Se acuerda? La religión es excelente para mantener a la gente en silencio. Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios. Pero, ¿sobre qué descansamos las creaciones de nuestro genio? Sobre la fuerza. Jesucristo fundó su imperio sobre el amor y es más duradero. Cuando me coroné emperador creí haberlo superado.

P: El yo y el yo. Siempre el yo.

Napoleón (R): ¡Es que me lo merezco! ¿Sabe usted que también inventé el triaje? Le dije a Jean Larrey, mi cirujano jefe, que concibiese un sistema para evacuar a los heridos en combate. Creamos los hospitales de campaña, las ambulancias tiradas por caballos y un sistema de triaje donde clasificábamos a los soldados en función de sus heridas.

P: Sí ya sé que usted fue importante, pero habla y habla y habla, y se pasa de pedante. Pero ya se sabe. Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error…

Napoleón: (Risas) ¡Touché!

Napoleón cruzando los Alpes - Jaques-Louis David - Historia Arte (HA!)
El ego a caballo

Otras entrevistas históricas

Entrevista a Franco (un tête a tête navideño con el Generalísimo)

Entrevista a Nerón (una felicitación de las fiestas con el emperador romano más deportista)

Entrevista a Churchill (los ácidos comentarios del dueño del 10 de Downing Street por Navidad)

Entrevista a Lenin (celebrando el Año Nuevo con la ejecutor del sueño comunista)

Leer más

Cuando Santa Claus se hizo hincha de los New York Knicks

De familia más que acomodada, Nicolás tenía a su alcance todo aquello que fuese deseo terrenal para su imaginación. Pronto su inmaculada infancia se vio privada tras la muerte de sus padres a causa de la peste. Apesadumbrado, decidió ordenarse sacerdote y dar su vida a la oración, por lo que no dudo en regalar todos sus bienes y todas las propiedades de sus progenitores a aquellos que más lo necesitaban.

Nicolás acabaría siendo obispo en Mira, una ciudad, hoy desaparecida, situada en la moderna Turquía. Su querencia por hacer el bien atendía con efusividad a los niños. Se cuentan decenas de historias sobre pequeños a los que hacía regalos. Pero la más conocida no está relacionada con pequeños, sino con tres muchachas a punto de casarse. Se dice que existían unas hermanas que iban camino de la soltería al no disponer de dote para encontrar marido. Al parecer, enterado del asunto, Nicolás entró en secreto por la ventana del domicilio y colocó unas monedas de oro en los calcetines de las tres hermanas.

Siglos más tarde los restos del obispo Nicolás fueron trasladados a la italiana Bari, donde sus reliquias son veneradas. A San Nicolás de Bari se le rinde pleitesía en múltiples templos y es patrono en países tan dispares como Grecia o Turquía.

Por una serie de mezclas de tradiciones paganas y rituales cristianos, de una forma u otra, la leyenda de San Nicolás fue tomando forma. Uno de esos lugares fueron los Países Bajos. Allí, la noche del 5 al 6 de diciembre, San Nicolás (Sint-Nicolaas o Sinterklaas) entregaba a los niños sus regalos. Dado que San Nicolás era de Bari, por entonces dominio español del reino de Nápoles, se decía, y aun se dice, que viene de España, del mismo modo que los españoles dicen que los Reyes Magos vienen de Oriente. ‘Sinterklaas’ cuenta con un ayudante, un chico español llamado Pedrito el negro (Zwarte Piot) que es quien desciende por las chimeneas y se cuela en los salones de los niños que se han portado bien. Al que se portaba mal, Pedro se lo llevaría consigo a Alicante, lugar desde el que decían partía el barco que llevaba a San Nicolás desde España todos los 5 de diciembre.

Con el paso del tiempo Sinterklaas pasaría a ser Santa Claus, de igual modo que Nueva Ámsterdam pasó a ser Nueva York. Aquellos emigrantes neerlandeses que se asentaron a orillas del río Hudson en el siglo XVII llevaron consigo la tradición de la festividad de San Nicolás. Cuando los colonos ingleses y sus hijos estadounidenses conviertan aquella ciénaga en Nueva York, Santa Claus pasará a convertirse en el gran icono navideño al otro lado del Atlántico. Realmente los yanquis hicieron con Santa Claus lo mismo que con Halloween o con el Día de Acción de Gracias. Absorber, asimilar y transformar. Santa Claus era neerlandés, Halloween irlandés y Acción de Gracias español. Todos acabaron siendo estadounidenses.

Aquel Santa Claus fue medrando en el tiempo hasta que a finales del siglo XIX hizo el camino inverso y regreso a Europa. En Francia le dieron por llamar ‘Bonhomme Noël’, y con el cambio de siglo, a Papa Noel se le dio por mudarse al Polo Norte y comprarse un trineo tirado por unos renos para que le facilitasen el viaje. Mientras en los Países Bajos la fiesta siguió adscrita al 5 de diciembre, en el resto del mundo se estableció para la noche del 24 para honrar al niño más famoso en la historia de la Humanidad. Luego vendría el afamado anuncio de Coca-Cola y el color rojo…

San Nicolás - ACI Prensa
San Nicolás

Pero todo esto fue un proceso lento, muy lento. Desde que San Nicolás pasó a ser Santa Claus hubieron de pasar cerca de dos siglos. No conocemos la existencia del moderno Santa Claus hasta el 6 de diciembre de 1809. Concretamente en un libro llamado ‘Historia de Nueva York’ firmado por un tal Diedrich Knickerbocker.

El libro contaba la historia de la ciudad desde la llegada de los primeros emigrantes neerlandeses hasta entonces. El ensayo no hubiese tenido relevancia alguna si no fuese porque su autor se desvaneció sin dejar rastro. La prensa informó de la desaparición del tal Knickerbocker, descrito como un caballero menudo, entrado en años, con pantalones bombachos, sombrero de tres puntas y un viejo abrigo negro. Al parecer una noche no había vuelto al hotel en el que se hospedaba y se solicitaba la búsqueda ciudadana para dar con él.

Ante la ausencia de novedades sobre el paradero del historiador neerlandés, un mes después se informa de que en la habitación del señor Knickerbocker se ha encontrado un libro no publicado llamado ‘Historia de la ciudad de Nueva York’ y que de inmediato se iba a imprimir y poner a la venta con el objetivo de saldar las deudas impagadas del señor Knickerbocker con el hotel. Aquel 6 de diciembre de 1809, festividad de San Nicolás, las librerías de la ciudad inundan sus escaparates con la novedad editorial.

El morbo y la expectación de los neoyorkinos va en aumento y, como era de suponer, el libro es un éxito de ventas. Lo será no sólo por el morbo, sino porque el libro parece ser una interesante obra de dos volúmenes amena, divertida y con menudos detalles sobre las costumbres políticas y sociales de aquellos primeros neerlandeses. Era una oda a una generación que puso los cimientos para lo que ya entonces era una de las ciudades más importantes del mundo. El libro se convirtió en un ‘best-seller’, porque además rastreaba los orígenes de algunas de las empresas y ciudadanos más notables del momento cuando, para ser un verdadero neoyorkino, era importantísimo contar con antepasados de origen neerlandés.

Fue así como Diedrich Knickerbocker pasó a convertirse en una leyenda. Y fue así como San Nicolás pasó de ser una pequeña tradición familiar a colarse en las casas de todo niño neoyorkino. Más adelante penetrará en el salón de cada niño estadounidense con el nombre de Santa Claus. El pasaje en el que se habla sobre la hermosa tradición de la festividad de San Nicolás fue de los más aplaudidos por los lectores. Fue ese libro lo que convirtió a Santa Claus en una celebridad.

Lo curioso es que Diedrich Knickerbocker jamás apareció. Nunca dieron con su paradero.

De hecho, nunca existió.

Fue todo obra de la mente del célebre escritor estadounidense Washington Irving (de origen escocés, por cierto) en una de las primeras grandes operaciones publicitarias conocidas. Su editorial se inventó la desaparición de un desconocido escritor neerlandés dejando tras de sí un manuscrito en la habitación de un hotel. Con el beneplácito del dueño del hospedaje y un suculento contrato de colaboración con el ‘Evening Post’, la maquinaria se puso en marcha con un resultado fastuoso.

Cuando se supo toda la verdad dio exactamente igual. El libro era tan bueno y había calado de tal manera en el subconsciente de aquellos neoyorkinos que ‘Historia de Nueva York’ pasó a formar parte de la idiosincrasia de la Gran Manzana. Tal fue el éxito de la invención de Irving que, a los oriundos de Nueva York, a aquellos considerados genuinamente neoyorkinos, comenzó a llamárseles knickerbockers. Hoy se sigue aplicando a todos los habitantes de Nueva York, sean de donde sean, pero siguen siendo aquellos que habitan en Manhattan (la isla donde se asentó Nueva Ámsterdam) los que son auténticos knickerbockers.

Mucho más tarde, cuando Santa Claus campaba a sus anchas por medio mundo con su gorda barriga embutida en un traje rojo, un tal Ned Irish decidió fundar una franquicia de baloncesto para que compitiese en la recién creada NBA (National Basketball Association). Esa franquicia es una de las tres (junto a Celtics y Warriors) que 75 años después se mantienen en pie. Para decidir el nombre, Ned Irish reunió a sus hombres de confianza y les pidió que pensasen en un apodo.

Tras un sorteo la elegida fue ‘Knickerbockers’.

Habían nacido los New York Knickerbockers.

Habían nacido los New York Knicks.

Durante sus primeras dos décadas de vida la mascota de los Knicks fue un señor vestido con unos pantalones bombachos típicos de los primeros emigrantes neerlandeses y sombrero de tres puntas. Era conocido como ‘Father Knickerbocker’.

‘Father Knickerbocker’. Aquel escritor que jamás escribió nada. Aquel escritor que convirtió a Santa Claus en una celebridad.

New York Knicks Logo - Significado, História e PNG
New York Knickerbockers

Otras historias y especiales navideños

El regalo de Reyes de Pierre (el viaje imposible de Pierre a través de la historia de los Juegos Olímpicos)

Un cuento de Navidad (cuando un partido de fútbol paralizó la I Guerra Mundial)

Entrevista a Franco (un tête a tête navideño con el Generalísimo)

Entrevista a Nerón (una felicitación de las fiestas con el emperador romano más deportista)

Entrevista a Churchill (los ácidos comentarios del dueño del 10 de Downing Street por Navidad)

Entrevista a Lenin (celebrando el Año Nuevo con la ejecutor del sueño comunista)

Leer más

Historia contrafactual del Balón de Oro de porteros

Por petición de alguno de mis lectores me he animado a realizar otra de esas historias contrafactuales. Una vez otorgados los siete balones de oro a Pelé, creada una lista hipotética de mejores futbolistas del mundo entre 1930 y 1955 y reordenar la historia de la Copa de Europa tras la aparición de la Ley Bosman, en esta ocasión toca hablar del premio Lev Yashin de los porteros. Elaborar una historia contrafactual del Balón de Oro de los porteros.

La otra alternativa sería reabrir el debate sobre los mejores de siempre. Una discusión perennemente abierta y reavivada polémicamente por ‘France Football’ el año pasado tras robarle a Robert Lewandowski un Balón de Oro que le será entregado este año, pero sin efectos retroactivos. En estas páginas ya se debatió quien era el mejor futbolista de todos los tiempos, y ya es conocida de sobra mi reacia opinión a comparar distintas épocas. Mucho más justo es confrontar a coetáneos y explicar cómo esos hechos influyen en el futuro.

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de porteros he tenido que escoger un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. La mayoría no sabe, por ejemplo, que la Copa de Europa no cogió vuelo hasta unos cuantos años después de empezar. El vuelo se lo dio precisamente el Real Madrid ganando cinco de forma consecutiva, pero su valor era ínfimo comparado con el presente. Si uno tiene un poco de consideración por el pasado sabrá que los encuentros amistosos internacionales eran considerados como pequeñas copas del mundo y era en ellos donde se veía el verdadero nivel de los grandes futbolistas. Y uno también sabrá que la diferencia entre las ligas era mínima. Ser el portero menos goleado en Hungría era al menos tan importante como serlo en España.

Para los escépticos es importante señalar que la diferencia Europa-América no será efectiva hasta mediados de los 60. El milagro económico de la posguerra hará que Europa pase por encima de Sudamérica, lo que, como no podía ser de otro modo, se reflejará en la industria futbolística. El proceso culminará en los 90 con la aprobación de la Ley Bosman y la ruina definitiva de las ligas de fútbol iberoamericanas. Pero entre 1930 y 1960 el nivel de equipos y jugadores sudamericanos y europeos occidentales era parejo. De hecho, en los años 40 la preponderancia del fútbol latinoamericano fue total frente a una Europa que estaba desmembrándose en el campo de batalla.

Murió Amadeo Carrizo: el homenaje de River y los saludos del mundo del  fútbol
Carrizo. ¿El mejor arquero sudamericano?

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, ‘World Soccer’, ‘El Gráfico’, ‘Don Balón’ o ‘Guerin Sportivo’. La única licencia que me he tomado ha sido en escoger al mejor portero del año 1983. No existía un candidato ideal y me decidí por Luis Arconada, quien quizás lo hubiese ganado al año siguiente si un fatídico balón no se le hubiese escurrido por debajo de las piernas.

Decía que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Eso hace que fuera de series como Oliver Kahn (2001, 2002) solo cuenten con dos trofeos al coincidir en el tiempo con fenómenos como Schmeichel, Buffon o Cech. Por parte contraria, futbolistas históricamente menores como Sergio Livingstone tienen tres (1941, 1942 y 1943) porque destacaron en un mundo donde el fútbol se esfumó por culpa de la II Guerra Mundial. 

Del mismo modo, leyendas como Gordon Banks (1966, 1970, 1971) jamás habrían ganado el trofeo en la actualidad militando en un modesto equipo inglés que nunca ganó una Liga. De la misma manera, es difícil de creer que alguien considerase a Fabian Barthez el mejor portero del mundo en 1998 si no fuese porque Francia ganó el Mundial. Es importante tener en cuenta que los logros colectivos tienen más fuerza en la actualidad que en el pasado, si se quiere hacer una clasificación justa y equilibrada que no esté contaminada por la realidad del presente.

Todos estos porteros son excepcionales y todos son fruto de la evolución de la posición. ¿Es mejor Manuel Neuer de lo que fue Guyla Grosics? Quizás sí. Es más grande, más rápido, más flexible, está mejor entrenado y lleva desde niño preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Grosics no hubiese sido el primer portero con éxito en salir del área, ejercer de líbero improvisado y ser capaz de dar un pase al pie a un delantero, quizás nunca Neuer hubiese sabido jugar el esférico con los pies.

Index - Futball - Futball - Meghalt Grosics, az Aranycsapat kapusa
Guyla Grosics

No se pueden comparar épocas. Sólo se puede considerar quien fue el mejor en la suya. Y hay épocas donde para ser rey hay que ganarse el trono día a día y otras donde con sólo sentarse en la poltrona y ceñirse la corona ya está el trabajo hecho.

Así pues vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro de porteros antes de que hubiese el Balón de Oro de porteros (trofeo Lev Yashin). Además de haber sido grandes guardametas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2021 serían los siguientes:

1930 Ricardo Zamora (España) Real Madrid

1931 Giampero Combi (Italia) Juventus FC

1932 Ricardo Zamora (España) Real Madrid

1933 Ricardo Zamora (España) Real Madrid

1934 Ricardo Zamora (España) Real Madrid

1935 Ricardo Zamora (España) Real Madrid

1936 Flantisek Planicka (Chequia) Slavia Praga

1937 Vic Woodley (Inglaterra) Chelsea FC

1938 Flantisek Planicka (Chequia) Slavia Praga

1939 Fernando Bello (Argentina) Independiente Avellaneda

1940 Rudi Hiden (Austria) Racing de Paris

1941 Sergio Livingstone (Chile) Universidad Católica

1942 Sergio Livingstone (Chile) Universidad Católica

1943 Sergio Livingstone (Chile) Universidad Católica

1944 Fernando Bello (Argentina) Independiente Avellaneda

1945 Roque Máspoli (Uruguay) CA Peñarol

1946 Valerio Bacigalupo (Italia) Torino FC

1947 Frank Swift (Inglaterra) Manchester City

1948 Torsten Lindberg (Suecia) IFK Norrköping

1949 Moacir (Brasil) Vasco da Gama

1950 Roque Máspoli (Uruguay) CA Peñarol

1951 Walter Zeman (Austria) Rapid Viena

1952 Vladimir Beara (Croacia) Estrella Roja

1953 Guyla Grosics (Hungría) Honved FC

1954 Guyla Grosics (Hungría) Honved FC

1955 Amadeo Carrizo (Argentina) River Plate

1956 Lev Yashin (Rusia) Dinamo Moscú

1957 Amadeo Carrizo (Argentina) River Plate

1958 Harry Gregg (Irlanda del Norte) Manchester United

1959 Rogelio Domínguez (Argentina) Real Madrid

1960 Lev Yashin (Rusia) Dinamo Moscú

1961 Costa Pereira (Portugal) SL Benfica

1962 Gilmar (Brasil) Santos FC

1963 Lev Yashin (Rusia) Dinamo Moscú

1964 Lev Yashin (Rusia) Dinamo Moscú

1965 Giuliano Sarti (Italia) Inter Milan

1966 Gordon Banks (Inglaterra) Leicester City

1967 Ladislao Mazurkiewicz (Uruguay) CA Peñarol

1968 Dino Zoff (Italia) Juventus FC

1969 Ladislao Mazurkiewicz (Uruguay) CA Peñarol

1970 Gordon Banks (Inglaterra) Stoke City

1971 Gordon Banks (Inglaterra) Stoke City

1972 Sepp Maier (Alemania) Bayern Munich

1973 Dino Zoff (Italia) Juventus FC

1974 Sepp Maier (Alemania) Bayern Munich

1975 Sepp Maier (Alemania) Bayern Munich

1976 Ivo Viktor (Chequia) Dukla Praga

1977 Dino Zoff (Italia) Juventus FC

1978 Ubaldo Fillol (Argentina) River Plate

1979 Peter Shilton (Inglaterra) Nottingham Forest

1980 Peter Shilton (Inglaterra) Nottingham Forest

1981 Ubaldo Fillol (Argentina) River Plate

1982 Dino Zoff (Italia) Juventus FC

1983 Luis Arconada (España) Real Sociedad

1984 Toni Schumacher (Alemania) FC Colonia

1985 Rinat Dasaev (Rusia) Spartak Moscú

1986 Nery Pumpido (Argentina) River Plate

1987 Jean-Marie Plaff (Bélgica) Bayern Munich

1988 Hans van Breukelen (Países Bajos) PSV Eindhoven

1989 Walter Zenga (Italia) Inter Milan

1990 Walter Zenga (Italia) Inter Milan

1991 Walter Zenga (Italia) Inter Milan

1992 Peter Schmeichel (Dinamarca) Manchester United

1993 Peter Schmeichel (Dinamarca) Manchester United

1994 José Luis Chilavert (Paraguay) Velez Sarfield

1995 Vitor Baia (Portugal) FC Porto

1996 Andreas Köpke (Alemania) Olympique Marsella

1997 Peter Schmeichel (Dinamarca) Manchester United

1998 Fabien Barthez (Francia) AS Mónaco

1999 Peter Schmeichel (Dinamarca) Sporting Lisboa

2000 Fabien Barthez (Francia) Manchester United

2001 Oliver Kahn (Alemania) Bayern Munich

2002 Oliver Kahn (Alemania) Bayern Munich

2003 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2004 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2005 Petr Cech (Chequia) Chelsea FC

2006 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2007 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2008 Iker Casillas (España) Real Madrid

2009 Iker Casillas (España) Real Madrid

2010 Iker Casillas (España) Real Madrid

2011 Iker Casillas (España) Real Madrid

2012 Iker Casillas (España) Real Madrid

2013 Manuel Neuer (Alemania) Bayern Munich

2014 Manuel Neuer (Alemania) Bayern Munich

2015 Manuel Neuer (Alemania) Bayern Munich

2016 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2017 Gianluigi Buffon (Italia) Juventus FC

2018 Thibaut Courtois (Bélgica) Real Madrid

2019 Alison Becker (Brasil) Liverpool FC

2020 Manuel Neuer (Alemania) Bayern Munich

2021 Gianluigi Donnarumma (Italia) PSG

Por una cuestión numérica y espacial, el número de porteros laureados es inferior al de futbolistas y la acumulación de galardones mucho más notoria. Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista de los más laureados porteros con el Balón de Oro sería la siguiente.

1. Buffon (Italia) Juventus (2003, 2004, 2006, 2007, 2016, 2017) 6

2. Zamora (España) Real Madrid (1930, 1932, 1933, 1934, 1935) 5

2. Casillas (España) Real Madrid (2008, 2009, 2010, 2011, 2012) 5

3. Yashin (Rusia) Dinamo Moscú (1956, 1960, 1963, 1964) 4

3. Zoff (Italia) Juventus (1968, 1973, 1977, 1982) 4

3. Schmeichel (Dinamarca) Manchester United / Sp.Lisboa (1992, 1993, 1997, 1999) 4

3. Neuer (Alemania) Bayern Munich (2013, 2014, 2015, 2020) 4

4. Livingstone (Chile) Universidad Católica (1941, 1942, 1943) 3

4. Banks (Inglaterra) Leicester City / Stoke City (1966, 1970, 1971) 3

4. Maier (Alemania) Bayern Munich (1972, 1974, 1975) 3

4. Zenga (Italia) Inter Milan (1989, 1990, 1991) 3

Veteranía y juventud en la portería Italiana entre Buffon y Donnarumma
Buffon. Rey de los porteros

Otras historias contrafactuales

Desglosando al mejor de la historia (el eterno debate sobre quien es el mejor a través de cuatro artículos)

Los siete balones de Oro de Pelé (cuando ni Pelé ni Maradona podían ganar el Balón de Oro por no ser europeos)

Historia contrafactual del Balón de Oro (los mejores jugadores del mundo antes de 1956)

Fútbol con fronteras (una historia contrafactual de la Copa de Europa desde 1996 si no hubiese existido la Ley Bosman)

¿Qué futbolista ha sido más veces internacional con España? (¿Si en la época de Zamora o de Gento se hubiesen jugado más encuentros internacionales superarían en partidos a Sergio Ramos?)

Un Balón de Oro para los europeos (historia contrafactual del Balón de Oro desde 1995 si sólo se permitiese la participación de los nacidos en Europa)

Leer más

¿Camisetas sagradas? No tanto como pensamos

Con el capitalismo democrático como gran triunfador, atrás quedaron los tiempos donde las ideas eran defendidas con la vida. Quizás es mejor dejar de un lado el concepto derecha/izquierda y abrazar definitivamente el de conservador/progresista. Para los conservadores las respuestas suelen estar en el pasado. Todo aquello susceptible de cambio debe respetar la tradición y, antes de afrontar un nuevo proyecto, primero hay que probar a arreglar el ya existente. Para los progresistas no existe más allá que el futuro. Toda mejora está por venir y, romper con lo que no ha funcionado, se tiene como lo lógico.

El fútbol siempre ha estado en manos de los tradicionalistas. Hasta hoy. Las reglas básicas y todo lo que rodea al fútbol, desde las comunicaciones hasta la forma de entrenar o el diseño de los balones, se mantuvieron prácticamente inalterables hasta hace un par de décadas. El cataclismo al que se está enfrentando el fútbol para adaptarse al galopante avance tecnológico y a una nueva forma de ocio juvenil está removiendo sus cimientos.

Los conservadores mal se adaptan a estos cambios. Especialmente gravantes son las permutas en las indumentarias y en los escudos de los equipos. Ambos representan la identidad, la memoria y el sentido de pertenencia de la comunidad. Son el símbolo de una pasión. El escudo desempolva hechos del pasado para ponerlos en valor. Las nuevas formas de comunicar cambian la imagen para buscar distintas sensaciones impregnadas de modernidad.

Juventus | El revolucionario escudo de la Juventus ya es todo un éxito -  AS.com
Juventus FC (1897-)

Pero donde el insulto se convierte en sacrilegio es cuando se hace un cambio de diseño en la equipación. A fin de cuentas, es el club el que decide modificar el escudo, pero es una ambiciosa casa comercial la que decide cambiar el diseño de la camiseta.

Sacrilegio, ¿verdad? Mas, quizás, esos colores que tanto amamos igual no lo son tanto.

Cuando en 1872 Inglaterra y Escocia disputen el primer partido internacional de la historia lo harán con camisa de manga larga y pantalones por debajo de la rodilla. Las botas de cuero eran, por supuesto, negras, se llevaban calcetines largos y los guardametas solían usar gorra con independencia de que el día fuese soleado. Muchos futbolistas llevaban también una cinta a modo de protector en la frente para los remates de cabeza.

A principio del siglo XX las camisetas ya empezaron a asemejarse a las actuales. Se implantó el pantalón corto con las medias, ya eran más comunes las botas con tacos y las espinilleras sustituyeron a los calcetines largos como forma de protección. Durante esta primera mitad del siglo XX muchos equipos comenzaron a usar ropa con rayas y con variedad de colores. También se generalizaron los escudos en las camisetas y más adelante la serigrafía numérica para identificar a cada futbolista. Los porteros empezaron a abandonar la gorra, pero no una prenda de lana que les llegaba a las rodillas conocida como zamarra.

Tanto las zamarras como el resto de uniformes pesaban mucho y eran molestas. Las camisetas solían tener cierre de cuerdas o botones en los cuellos, hasta que en los 70 se produjo el gran cambio. Aparecieron las telas sintéticas y se empezaron a generalizar los cuellos de pico y los redondos. La mayoría de los clubes y de las selecciones adoptaron sus colores y diseños definitivos durante esa época.

Así que era normal que a inicios de los 80 las marcas deportivas decidiesen implantar su firma en la camiseta y, de paso, empresas ajenas al fútbol decidiesen utilizar a los jugadores como anuncios móviles. A partir de los 90 aparecerán los estampados y con el siglo XXI tecnologías textiles que absorben la humedad, protegen de los rayos ultravioletas, mejoran la comprensión de los músculos, y todo ello hecho con material reciclado. Se ha llegado al punto de que los jugadores del FC Barcelona visten esta temporada camisetas personalizadas, adaptadas personalmente a sus figuras tras realizar escáneres 3D a sus cuerpos.

La nueva equipación del Barça se inspira en el escudo y rompe moldes
Al gusto del consumidor

—CAMISETAS NO TAN SAGRADAS—

Al principio, por cuestiones de diseño, de logística y de sentido común, las camisetas solían ser blancas. No hay elástica color nieve más famosa que la del Real Madrid. La elección de dicho color obedece a la admiración de los madrileños por el Corinthian FC, quizás el club amateur inglés más famoso del siglo XIX (de ahí el nombre y los colores del Corinthians brasileño). Más de medio siglo después, Don Revie se hizo cargo del Leeds United y ordenó cambiar el azul y amarillo tradicional por el blanco para honrar al gran Madrid de Di Stéfano. Lo cierto es que el cambio fue para bien, porque de blanco llegaría la era dorada de la entidad de Yorkshire.

Igual de sorprendente es conocer que el Sevilla FC vestía en su origen de rojiblanco. Fue el retraso en un pedido lo que les obligaría a usar una camiseta totalmente blanca. Pero para sorprendente de verdad lo del Barça. Es de todos conocidos que el FC Barcelona viste con los colores del cantón de Ginebra por obra y gracia de Hans Gamper, su primer presidente. Lo que no es tan sabido es que hasta los años 60 la segunda zamarra era de blanco impoluto con la cruz de Sant Jordi en el pecho. No sería hasta bien avanzado el Franquismo cuando la inquina a todo lo níveo se extienda como un virus por toda Cataluña y el amarillo con tonos azulgranas sean los colores habituales para la segunda indumentaria.

De azulgrana juegan dos modestos españoles. Uno es la SD Huesca, en su caso por simple admiración hacia el gigante catalán. Más interesante es el porqué del azulgrana en la zamarra de la SD Éibar. Cuando en 1940 el cuadro vasco se fundó, recibieron por cortesía unas camisetas del Barça. El utillero decidió quitarles el escudo y coserles el de la SD Éibar. Por increíble que parezca la tradición duró hasta tan tardía fecha como 1987.

Sin marcharnos de la Ciudad Condal nos encontramos con el RCD Espanyol, que viste de blanquiazul en honor a los colores del blasón de Roger de Lauria, Gran Almirante de la Corona de Aragón. Lo que muchos periquitos desconocen es que durante su primer decenio de vida el RCD Espanyol vistió de amarillo. Caso inverso al del Villarreal CF, que se pasó al amarillo en 1946 tras tres décadas vistiendo con camiseta blanca y pantalón negro.

De rojiblanco viste el Athletic y el Atlético (en sus orígenes sucursal de los bilbaínos) por un malentendido. El Athletic vestía a cuadros blanquiazules como el Blackburn Rovers, pero en un pedido realizado a Inglaterra para la temporada de 1909 se encontraron con que no quedaban. Decidieron solicitar una remesa al Southampton FC que vestía de rojiblanco. Y es que el influjo británico es trascendental para buscar significado a los colores de los equipos españoles. Es el caso del Real Betis que sustituyó el azul por el verdiblanco cuando Manuel Ramos, capitán bético, viajó a Glasgow y se enamoró del Celtic FC.

La camiseta del Athletic Club a lo largo de la historia
Athletic Club (1898-1909)

Quizás los dos casos más estrambóticos sobre los orígenes de unos colores sean los del Rayo Vallecano y los del Granada CF. En sus inicios el Rayo era un modestísimo club que vestía totalmente de blanco. En 1948 ascendió a Tercera División y solicitó la cesión de varios futbolistas al Atlético de Madrid. A cambio los colchoneros pidieron al Rayo algún detalle rojo para que ese blanco impoluto no se pareciese tanto al Real Madrid. Había nacido la franja más famosa del fútbol español.

En el momento de su fundación la camiseta del Granada CF constaba de rayas verticales azules y blancas. Al finalizar la Guerra Civil, al no encontrar los colores originales del club, compraron unas camisetas rojas y blancas, pasando a ser estos los colores del club andaluz. Pero el caso es que, en 1973, ante la mala clasificación del club y para diferenciarse de la mayoría de equipos, Cándido Gómez, presidente nazarí, decidió pasarse a las rayas horizontales. Se formó un pollo considerable y las rayas horizontales aparecieron y desaparecieron como el Guadiana, hasta que en el año 2005 los estatutos reflejaron la horizontalidad de las elásticas ‘per saecula saeculorum’.

—CAMISETAS NO TAN SAGRADAS, UNA VUELTA POR EL MUNDO—

Si alguien bucea por Internet y encuentra un club llamado Everton Athletic que viste de azul y blanco y juega en Anfield, le disculparemos si lo identifica con el actual Everton FC. Lo cierto es que se trata del Liverpool FC, club fundado por una disputa sobre la propiedad del estadio de Anfield. Para evitar confusiones el Liverpool FC dejó de llamarse Everton Athletic y de paso se pasó a la camiseta roja y al pantalón blanco, hasta que en 1964 el rojo se extendió también a medias y pantalones.

Si bien no son los ‘Reds’, al Manchester United se le conoce como ‘Red Devils’. No obstante, durante su primer cuarto de siglo de vida el United vistió con camiseta amarilla y verde dividida en dos mitades iguales. Lo cierto es que el club tampoco se llamaba así sino Newton Heard Lancashire and Yorkshire Railway FC.

Newton – Camiseta de Heath 1892 firmado por 24 leyendas del Manchester  United : Amazon.es: Deportes y aire libre
Manchester United (1872-1902)

De burdeos viste el Girondins por razones obvias. También lo hace el modesto Burnley FC que cambió su tradicional blanquiazul por el burdeos como homenaje al Aston Villa, por entonces el club más laureado de los campos ingleses. También como homenaje al Aston Villa viste de tinto el londinense West Ham. Inicialmente aquel equipo fundado por trabajadores del metal lucía el azul oscuro y pretendían combinarlo con el burdeos. La dificultad de entonces para mezclar ambos tonos hizo que se pasasen directamente al tinto en su totalidad. Y ya nos referimos antes al Leeds United que se pasó al blanco en 1960 para ensalzar al Real Madrid.

El Arsenal FC es otro de esos equipos que copió sus colores para honrar a otra institución, en este caso el Nottingham Forest. Sin embargo, hacia 1930, los londinenses decidieron eliminar el rojo de las mangas y convertirlas en blanco como un signo diferencial que permanece inalterable con el paso del tiempo. Más adelante el Sporting de Braga imitará al Arsenal FC e introducirá las mangas blancas en su camiseta. Por cierto, las estadísticas dicen que el rojo es el color más ganador y el azul el más usado entre los clubes de fútbol.

En Nottingham debemos parar si queremos encontrar el porqué de los colores de la Juventus de Turín. En este caso en Notts County, un modestísimo club inglés. La Juve lucía una llamativa camiseta rosa con una estrecha franja negra a modo de corbata. El caso es que el rosa se desteñía con facilidad. Resultó que solicitaron a una fábrica de Nottingham una nueva remesa (todas las camisetas entonces se pedían a Inglaterra) y el comerciante, al ver el original, pensó que era blanco desteñido. Envió a Turín unas camisetas de rayas blancas y negras como las que lucía el Notts County, que fueron rechazadas nada más llegar a Italia. Pero como la Juve tenía un compromiso inmediato y, no había con que vestir a sus jugadores, se aceptó aquella camiseta blanquinegra. Y hasta hoy.

El AC Milan siempre ha vestido de rojinegro, colores escogidos para infundir miedo entre sus oponentes por representar al diablo. No es el caso del Internazionale, que abandonó el azul y negro por el blanco con una cruz roja en honor a San Ambrosio, patrón de la ciudad, entre 1928 y 1945. De burdeos juega el Torino FC que suele utilizar como segunda equipación una zamarra similar a la de River Plate, en agradecimiento al partido homenaje que los argentinos disputaron para recordar a las víctimas de la tragedia de Superga de 1949. Del mismo modo la segunda de River suele ser color burdeos, mientras que la famosa franja de su camiseta titular es una honra al pasado genovés de la ciudad.

Más caótica es la historia de los colores de Boca Juniors. Empezaron de rosa, se pasaron al celeste y luego al blanquinegro hasta que, dice la leyenda, un barco con bandera sueca atracó en el barrio de Boca y el azul y amarillo quedó establecido para siempre. Seis años más tarde se instituyó la característica franja horizontal de los xeneizes (genoveses). Es tal la fuerza del azul y amarillo que en La Bombonera es uno de los escasos lugares del mundo donde ‘Coca-Cola’ debe renunciar al rojo (los colores de River) y buscar otras tonalidades.

El Santos FC de Pelé es asociado al blanco, por lo cierto es que sus colores originales imitaban las rayas blanquinegras de la Juve. El Olympique de Marsella combina el azul de múltiples formas cuando en sus estatutos de fundación pregonaban el blanco tanto en la camiseta como en el pantalón para imitar la pureza olímpica del Barón de Coubertin. De igual modo el Borussia Dortmund es asociado al amarillo y al negro, los colores del mono que llevaban los mineros de la zona, cuando lo cierto es que el azul y el blanco eran sus colores originales.

Pero si hay una indumentaria caótica por excelencia esa es la del FC Bayern. Los tonos originales de los muniqueses eran el azul y el blanco (los colores de Baviera). Por un fallo en un pedido se pasaron a la camiseta blanca y el pantalón negro. Tras absorber a un pequeño club de barrio que vestía de rojo, introdujeron esa tonalidad al pantalón y más tarde a la camiseta, que pasó a ser roja con rayas azules o blancas. Cuando Beckenbauer ganó su primera Copa de Europa el Bayern iba con rayas rojiblancas. Tres años después vestía de rojo. Desde entonces el rojo se ha impuesto, pero las rayas blancas (horizontales o verticales) e incluso el azul hacen su aparición de vez en cuando.

50 años del primer doblete
1970. El primer gran FC Bayern

Hablando de alemanes, ¿se han fijado que la selección teutona viste de blanco a pesar de ser un color que no luce en su bandera? Viste de blanco y negro, los colores de Prusia. De igual modo Italia (casa de Saboya) o Países Bajos (casa de Orange) hacen ascos a su bandera nacional para honrar los colores de sus respectivas casas reales. Japón (azul), Venezuela (burdeos) o Australia (amarillo), son otras selecciones que no respetan los tonos de sus banderas.

“De jugador no cambiaba la camiseta del Atleti. Me tenían que dar dos, la mía valía más”. Diego Pablo Simeone.

“No sé si lo entendéis; lleváis en la camiseta el escudo del Real Madrid”. Santiago Bernabéu.

Otras historias de fútbol en las que no se habla de fútbol

Las camisetas más bonitas de la historia (escogiendo las 10 zamarras más bonitas de siempre)

Desglosando al mejor de la historia (Pelé, Maradona y compañía en varios capítulos)

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (el significado de los spartaks, los sportings, los rápidos o los reales)

Templos del fútbol (como los estadios se han convertido en catedrales modernas en varias tomas)

Paris (¿por qué a Paris no le hace falta el fútbol para brillar?)

Entrenadores. La regla de los 10 años (nacimiento, crecimiento y declive del entrenador de fútbol)

A propósito del VAR (un odio acusado a un invento que incrementará las polémicas)

Expresiones del lenguaje deportivo (de como el deporte impregna el vocabulario cotidiano)

¡No! Los ingleses no inventaron el fútbol (como los ingleses se apropiaron de un invento escocés)

Fútbol postnacional (crisis de identidad y de pertenencia en el fútbol globalizado)

El fútbol en el futuro (una visión sobre el fútbol en 2050)

La España vacía (de como el fútbol puede iluminar a lugares olvidados por el progreso)

El aficionado al fútbol (sobre la pandemia, los estadios vacíos y la importancia del forofo)

¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos? (como los ‘apelidos’ son más importantes que los nombres en el día a día de un brasileño)

Como de obsceno es el sueldo de un futbolista (¿ganaba más Di Stéfano que Messi?)

¡Daría la vida por mi equipo! (la importancia del fútbol como símbolo identitario)

Leer más

Las camisetas de fútbol más bonitas de la historia

El primer club de fútbol que decidió vender una réplica de su camiseta de juego fue el Leeds United en 1973. Lo hizo por ocho euros de la época y abrió una ventana a lo que hasta entonces consistía en comprar una camiseta con los colores de tu equipo y decirle a tu abuela que te cosiese un escudo a mano. En la actualidad una réplica oficial ronda de media los 80 euros, con picos que llegan a los 130 euros cuando en el verano de turno los grandes clubes presentan sus nuevos diseños.

Sobre la segunda camiseta poco que decir. Consistía en no coincidir con el equipo que jugaba como local. Si uno tenía rayas, el otro no. Si uno vestía de azul, pues el otro de blanco. Ni siquiera se molestaban en trastocar los pantalones o las medias. Todo cambió cuando la televisión a color se hizo popular en medio mundo a mediados de los 70. Tocaba distinguir, pero distinguir con todas las de la ley. Para inicios de los 80 la segunda equipación era un producto de marketing de igual valor que la primera. Luego llegaron los 90 y la tercera camiseta, hasta que en la actualidad la cosa se ha desmadrado. Hay camisetas edición especial, conmemorativas y hasta se puede jugar ante tu afición con una cuarta indumentaria.

Inter de Milán vs Sheriff, UEFA Champions League: GOLES, RESUMEN, ARTURO  VIDAL, ALEXIS SÁNCHEZ, TABLA DE POSICIONES Y MÁS DETALLES
¿¿¿El Inter de Milán???

Conjuntamente las camisetas retro están en continuo auge. En un principio eran producidas por tiendas que hacían réplicas exactas, pero en las que no podía figurar ni la publicidad impresa ni la marca comercial por culpa de los derechos de imagen. Ahora son las propias marcas y los propios clubes los que sacan ediciones especiales calcadas rememorando sus grandes éxitos. Y todo ello a precios cercanos a los 150 euros. Y es que el enorme aumento del patrocinio de las camisetas conlleva, para refinanciarlo, que suban los precios de las réplicas para aficionados.

Tiempo ha, los equipos recibían la ropa deportiva gratuitamente para promocionarla. Los clubes más pequeños directamente tenían que pagarla, tal y como hacemos cada uno de nosotros. A partir de la explosión del marketing los patrocinadores solían comprar derechos para patrocinarlo todo, desde estadios hasta medias. Actualmente la mayoría de los acuerdos se centran en ceder al patrocinador el derecho a usar la propiedad intelectual del club, y, a través del club, los derechos de imagen de los jugadores. Así, el fabricante de las camisetas puede establecer el precio de las réplicas y su rediseño anual para obtener un retorno concreto de su inversión. Se trata de una estrategia distinta a calcular exclusivamente lo que obtendrían por algo tan difícil de cuantificar como el valor de la marca o la fidelidad del consumidor.

Lo que en un principio eran camisetas pensadas para el joven forofo se han convertido en ropa informal para jóvenes y adultos de todas las edades. Por ello muchos diseños apelan a la nostalgia y muchas camisetas sirven como complemento ideal para una tarde veraniega de entre semana.

Hay quien se pregunta si la fastuosa cantidad de dinero que las firmas comerciales gastan en los clubes se acaba recuperando. De hecho, es más que sabido que las plataformas audiovisuales suelen perder dinero con sus contratos televisivos. En el caso de las marcas deportivas se estima, por ejemplo, que Nike obtiene en un cuatrimestre el retorno de su inversión anual en sus principales equipos de fútbol en Europa. La distribución del precio de una camiseta suele clasificarse en un 59% para los costes de marketing, la distribución y el IVA, un 22% para el minorista, un 11% de beneficio para el fabricante, un 5% como coste de fabricación y un 3% de ingresos para el club.

Hasta aquí la teoría. Ahora viene la práctica.

Llevar la camiseta de un equipo de fútbol se ha normalizado. A nadie le chirría ver a un tipo de rojo Liverpool pavoneándose como si fuera el dandi del barrio. O visitar la Sagrada Familia con una camiseta de Neymar. O ver a una chica salir de una tienda de Inditex con una camiseta del Real Madrid (¿¡rosa!?). O vislumbrar a un musculitos embutido en una camiseta de la Juve con unos vaqueros Levi’s y un Tissot en la muñeca camino de una cita romántica en un restaurante italiano. Seguramente no es lo ideal. “Está bien que la moda baje a la calle, no que venga de ahí”, dijo Coco Chanel. Nadie dice que sea muy decoroso. Igual hasta es hortera. Pero es la realidad.

No se sabe muy bien cuándo empezó todo esto. Quizá podamos situar el arranque en la Inglaterra de los 80, cuando tras el desarraigo de la desindustrialización thatcheriana los chicos de barrio se entregaron al único símbolo de socialización que quedó en pie. Erradicada la fábrica, la socialización tenía lugar en el estadio. El resto de Europa asistiría al fenómeno a remolque. Uno de los primeros personajes públicos en tener la osadía de ponerse una camiseta de fútbol en un contexto civil fue Platini, en un palco, durante la final del Mundial del 98. ¡Y se la puso debajo de un traje! Nadie debería imitar nunca nada que haya hecho Michel Platini desde que abandonó los terrenos de juego.

Los críticos apuntan, y no les falta razón, que si da vergüenza llevar camisetas o gorras de propaganda es incongruente que aceptemos vestir una zamarra elástica llena de publicidad de casas de apuestas o de páginas web chinas. Es cierto que somos hombres-anuncio, como también lo es que lo que parece hermoso en seres humanos jóvenes y musculados resulta espantoso cuando las canas asoman y el cuerpo se vuelve flácido.

Quizás por ello las camisetas de baloncesto son ahora con mangas.

—LAS CAMISETAS DE FÚTBOL MÁS BONITAS DE LA HISTORIA—

Y aun sabiendo que están sobrevaloradas y que son un atentado contra la moda, a mí, personalmente, me encantan. Por ello va un listado, subjetivo, de las que son las 10 camisetas más bonitas que el mundo del fútbol ha parido:

10. TSV Múnich 1860 (2012/13): Para seleccionar estas 10 camisetas he tenido en cuenta su belleza, pero también su relevancia histórica en forma de grandes éxitos deportivos. Así, en esta lista no están la camiseta de Dinamarca en el 86, la del Hull City, la camiseta sin mangas de Camerún, la de Colombia de 1990 o la del Vasco da Gama, por citar unas cuantas. Para honrar a todas ellas he escogido la del TSV Múnich 1860, el segundo club de la capital de Baviera. Se trata de una camiseta celeste con la particularidad de un juego de cuadros y un cuello polo. Con estilo propio, está considerada una de las camisetas más elegantes jamás diseñadas.

Original: camiseta del München 1860 en homenaje a la Oktoberfest - Marca de  Gol
TSV München 1860

9. Celtic de Glasgow (2012/13): También han sido descartadas en esta clasificación las segundas equipaciones y las camisetas conmemorativas. Obras de arte como la camiseta de la Ambrosiana del Inter, la de los centenarios de la Juve o del Arsenal, las zamarras con los colores propios de Cataluña o el País Vasco en Barça o Athletic, la blanca impoluta de los 100 años del Madrid o la del siglo cumplido por el AC Milan… De todas ellas me quedó con la camiseta conmemorativa del 125 aniversario del Celtic de Glasgow. Deja de lado las rayas blancas y verdes para honrar el blanco con un escudo celta de color verde a la altura del corazón.

Celtic 125 year anniversary Kit - Just Football
The Celtic FC

8. París Saint Germain (2019/20): Desde su fundación en 1970 el PSG ha hecho gala de representar a la ciudad del glamour a través de sus camisetas. A eso ayuda la combinación de rojo, azul y blanco, los colores escogidos para crear la bandera francesa y que luego han sido base de múltiples jirones. Inspirados por el Ajax que campeaba por Europa por aquel entonces, el diseño consiste en un tono azul adornado por una franja central roja con ribetes blancos. El precioso proyecto de la temporada 19/20 se coronó con el título liguero y su primera final de la Copa de Europa.

Milanuncios - Camiseta psg final champions 2020
Paris Saint-Germain FC

7. River Plate (2014/15): Las franjas diagonales siempre le han dado un toque fastuoso a las camisetas. Como el fajín de un general o las bandas de la realeza, la distinción es elegante y refinada. River Plate es quizás el club más prestigioso en lo que a franjas diagonales se refiere. Camiseta blanca y banda roja, la zamarra de la temporada 14/15 -con victoria en la Copa Libertadores incluida- es de las más hermosas. Incluso la publicidad de BBVA queda perfectamente insertada en el ancho de la camiseta.

Camiseta Local River Plate 2014-15
Club Atlético River Plate

6. Juventus FC (1984/85): Poca gente sabe que la Juve comenzó vistiendo una zamarra de color rosa, hasta que por culpa de un error en un pedido cambió el rosa por unas franjas verticales negras y blancas. Hay camisetas preciosas de la ‘Vecchia Signora’, a lo que siempre ayuda la escarapela con el escudo de Italia que puede lucir el vigente campeón de la Serie A. La indumentaria de 1985 con cuello de pico es de las más recordadas. Entre otras cosas porque fue el año en el que la Juve ganó su primera Copa de Europa mientras decenas de personas morían en Heysel.

Camiseta retro Juventus Michel Platini 1984-85 | Retrofootball®
Juventus FC

5. Países Bajos (1974): Muy pocos conjuntos visten de naranja. El Galatasaray en parte y el Shakhtar Donetsk en su totalidad y la selección de Costa de Marfil entre los equipos nacionales. Pero el naranja es por excelencia el color de la selección neerlandesa. El color de la naranja mecánica. A priori no parece una tonalidad muy apropiada para lucir, pero Países Bajos la ha hecho propia. La camiseta de Holanda en el 74, cuando Cruyff y compañía asombraron al mundo, es de las más lúcidas. Naranja intenso adornado por las tres rayas negras de Adidas en los laterales y el escudo de la realeza neerlandesa en el pecho.

Valeria Rodríguez on Twitter: "⚽️ Cruyff y la camiseta de dos rayas en el  mundial de Alemania 1974. El capitán de la selección holandesa, Johan Cruyff,  vistió una camiseta distinta a la
Nederland 1974

4. Sao Paulo (1991/92): La alegría del fútbol brasileño queda fielmente representada en sus camisetas. Colores vivos y combinaciones estrambóticas lucen en muchos de sus equipos siendo, quizás, la más llamativa la atrevida combinación de verde y rojo de Fluminense. El Sao Paulo es más regio, con una preciosa camiseta blanca adornada por una franja horizontal que semeja la bandera de Egipto. Esa zamarra y el ‘10’ de Raí finiquitaron al todopoderoso Barça en la Copa Intercontinental de 1992.

1992 Sao Paulo Home Camisa # 10 L
Sao Paulo FC

3. UC Sampdoria (1991/92): Confieso que esta camiseta es mi debilidad. Gusto de apreciar las líneas rectas y el orden visual. Similar a la del Sao Paulo, la camiseta de la Sampdoria de Génova luce un azul intenso adornado por una franja horizontal blanca, roja y negra. El club es fruto de la unión del Andrea Doria, que lucía camiseta azul adornada con la cruz de San Jorge, y la Sampierdarenese, que vestía de blanco, rojo y negro. La combinación resulta exquisita e incluso más en la segunda equipación, cuando el azul se invierte por el blanco. La cima de la ‘Samp’ tuvo lugar con el título de la Serie A en 1991 y la final de la Copa de Europa de 1992.

Camiseta Local Sampdoria 1992-93
Unione Calcio Sampdoria

2. Francia (1984): Azul, blanco y rojo. La combinación de la libertad. De la Revolución Francesa. Siempre triunfante, dichos colores se mezclan perennemente con acierto y mucho más cuando hablamos de la camiseta de la selección gala. Adidas diseñó una obra de arte con motivo de la Eurocopa de 1984 que Platini y compañía ganaron con solvencia en el Parque de los Príncipes. Se trata de una camiseta azul con cuatro finas rayas blancas horizontales combinadas con una más ancha en un vivo rojo. Sobre ésta última aparece el símbolo de la marca alemana y un gallo dorado emblema de la orgullosa Francia. El diseño ha sido repetido hasta la saciedad, incluida la victoria gala en el Mundial de 1998, pero el original sigue sin ser superado.

Top 10 reediciones de camisetas de selecciones - Marca de Gol
France 1984 / France 1998

1. Alemania (1990): Aquí no hay subjetividad que valga. Todas las publicaciones futbolísticas y las diferentes webs especializadas en ropa deportiva lo tienen claro. No existe camiseta más bonita que la que los alemanes portaron durante la consecución del título mundial en 1990. Fue el torneo de la unificación. El primero de Alemania como una única nación en medio siglo. Adidas apostó por el clásico blanco de Alemania aportando una franja quebrada con los colores de la bandera teutona. Simbolizaba la caída de un muro y la unión de un pueblo. Tanto la camiseta como la sudadera a juego se vendieron, y se venden, como churros. La geometría perfecta de la ‘Mannschaft’ coronó a una máquina primorosa a la que el mismo Helmut Kohl calificó de indispensable para reunificar al país.

Las 10 camisetas de fútbol más bonitas de la historia
Deutschland 1990

Otras historias de fútbol en las que no se habla de fútbol

Desglosando al mejor de la historia (Pelé, Maradona y compañía en varios capítulos)

Como escoger el nombre de un equipo de fútbol (el significado de los spartaks, los sportings, los rápidos o los reales)

Templos del fútbol (como los estadios se han convertido en catedrales modernas en varias tomas)

Paris (¿por qué a Paris no le hace falta el fútbol para brillar?)

Entrenadores. La regla de los 10 años (nacimiento, crecimiento y declive del entrenador de fútbol)

A propósito del VAR (un odio acusado a un invento que incrementará las polémicas)

Expresiones del lenguaje deportivo (de como el deporte impregna el vocabulario cotidiano)

¡No! Los ingleses no inventaron el fútbol (como los ingleses se apropiaron de un invento escocés)

Fútbol postnacional (crisis de identidad y de pertenencia en el fútbol globalizado)

El fútbol en el futuro (una visión sobre el fútbol en 2050)

La España vacía (la temporada perfecta del CD Ourense)

El aficionado al fútbol (sobre la pandemia, los estadios vacíos y la importancia del forofo)

¿Por qué los futbolistas brasileños tienen apodos? (como los ‘apelidos’ son más importantes que los nombres en el día a día de un brasileño)

Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista (¿ganaba más Di Stéfano que Messi?)

¡Daría la vida por mi equipo! (la importancia del fútbol como símbolo identitario)

Leer más

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (2ª parte)

Tras los incidentes de mayo de 1990 que dejaron cerca de un centenar de heridos en la conocida como ‘Batalla de Maksimir’ (véase primera parte), la siguiente cita de relevancia para el deporte yugoslavo era el Mundial de baloncesto de 1990. Tras ganar el Eurobasket del año anterior, el Mundial de Argentina fue un paseo militar para Yugoslavia, incluyendo una convincente victoria ante Estados Unidos que fue la causa definitoria para que los norteamericanos decidiesen reclutar a sus estrellas de la NBA a partir de entonces. Liderados por el croata Drazen Petrovic, el equipo se complementaba con los también croatas Dino Radja y Toni Kukoc, los serbios Vlade Divac y Sasha Danilovic, el esloveno Juri Zdovc y el montenegrino Zarko Paspalj.

Todas las decisiones importantes dentro y fuera del vestuario eran tomadas por Drazen Petrovic, el mejor jugador de aquella generación y, sobre todo, la personalidad más fuerte del grupo. El único que era capaz de alzar la voz y llevarle la contraria al llamado Mozart del baloncesto era el serbio Vlade Divac, un bigardo de 215 centímetros tan sobrado de talento como de malas pulgas.

Drazen Petrovic. La historia de sus 112 puntos - Respirando Basket
Petrovic

La final ante la Unión Soviética (92-75) fue tan plácida para los yugoslavos que comenzaron a celebrar la victoria antes de la conclusión del partido. Una vez finaliza y suena la bocina se produce una invasión de seguidores en el centro de la cancha. Es entonces cuando un aficionado se acerca a Petrovic para entregarle una bandera croata. Divac reacciona con rabia y le quita la tela de la mano para luego tirarla al suelo. Petrovic se gira y le grita a la cara “yo no soy yugoslavo”, a lo que Divac reacciona empujándolo y escapando de la delicada escena para buscar una bandera serbia. No la encuentra, pero sí un blasón yugoslavo. Inmediatamente se reúne con varios compañeros en el centro de la pista y celebra el título bajo el emblema yugoslavo, en una escena en la que no están ni Petrovic ni el resto de los croatas.

Serbia es Yugoslavia. Croacia no es Yugoslavia.

Los dos egos chocan y el grupo se rompe. Las amistades dejan de existir. El año 1991 fue el del derrumbe definitivo del Telón de Acero. A efectos deportivos significó la desmembración (y posterior desaparición) de dos gigantes: la Unión Soviética y Yugoslavia. Para el baloncesto es hacer tabla rasa. Un antes y un después. Entre la URSS y Yugoslavia acumulan 19 títulos de 23 posibles en los Eurobasket disputados tras la II Guerra Mundial.

Quedaba el acto final. En el verano de 1991 la selección de baloncesto de Yugoslavia iba a disputar el que sería su último Eurobasket.

Drazen Petrovic no estaría presente. Oficialmente renunció a jugar para centrarse en su carrera en la NBA. La realidad es que lanzó un órdago al seleccionador Dusan Ivkovic, quien decidió contar con Divac (compatriota y amigo) en lugar de con Petrovic. La decisión tuvo un efecto rebote. Hasta entonces Petrovic había vetado la presencia de Aleksandar Djordjevic en la selección. El talentoso base serbio había exteriorizado en más de una ocasión su desafecto hacia los croatas. Ahora tenía el sitio asegurado.

El campeonato fue otro paseo para Yugoslavia que arrolló a Italia en la final disputada en Roma el 2 de julio. Tres días antes de dicha final Eslovenia declaró su independencia de forma unilateral. El presidente esloveno, Milan Kucan, llamó a Juri Zdovc, base titular de los plavi, y le ordenó que no disputase ni la semifinal ni la final. No sólo eso, sino que le obligaron a quedarse encerrado en su habitación del hotel sin ni siquiera poder comunicarse con sus compañeros. Tanto él como su familia habían recibido amenazas de muerte por parte de los ultranacionalistas eslovenos si osaba disputar aquella final.

La ausencia de Zdovc fue muy lamentada por sus compañeros. El aplicado base esloveno era muy querido en el vestuario. A diferencia del resto de repúblicas, Eslovenia tenía una gran cohesión étnica y territorial. Los eslovenos prácticamente no sintieron los efectos de la guerra. En 1988 la selección estaba formada por siete croatas, tres serbios, un esloveno y un montenegrino. En 1991 por seis serbios, cuatro croatas, un montenegrino y un esloveno. Petrovic y los croatas habían perdido la hegemonía a favor de Divac y los serbios. Esa era la lucha. Tanto en el deporte como en la política como en el campo de batalla. Los eslovenos no hacían daño a nadie. Zdovc no hacía daño a nadie. De hecho, sus compañeros le dedicaron la victoria.

JURE ZDOVC - 101 Greats of European Basketball

No pasaron muchos días desde el fin del Eurobasket hasta el comienzo de las hostilidades entre serbios y croatas. Un periodista estadounidense acertó a entrevistar a Petrovic, el cual fue taxativo en la respuesta: “No competiré nunca más por un país que se dedica a bombardear nuestros hogares y matar a nuestros amigos y compatriotas”.

A Petrovic le resultaba terrible que le llamaran yugoslavo. En el primer partido de la temporada 1991-92 para su equipo, los New Jersey Nets, cogió un micrófono y exigió al speaker de los Nets que le llamase croata y nunca yugoslavo cuando anunciase al público el quinteto inicial. Durante esa temporada su rendimiento decrecería en algunos partidos. En cierta ocasión, tras encadenar numerosos fallos en el tiro, fue sustituido recibiendo pitos por parte del público. Sentado en el banquillo, Sam Bowie, su mejor amigo en los Nets, trató de consolarlo en ese momento difícil, a lo que Petrovic replicaría: “¿Situación difícil? Yo describiría como tal la escena en la que llamas a tu casa y tu madre te comunica que un amigo de la infancia ha muerto en la guerra”.

Mientras, en la otra punta de Estados Unidos, Vlade Divac haría campaña defendiendo los intereses serbios aprovechando el altavoz que le daba su presencia en Los Ángeles Lakers. A diferencia de Petrovic, Divac poseía una gran conversación y era capaz de sonreír bajo cualquier circunstancia. Evitó los comentarios incendiarios en los medios de comunicación y decidió, de forma inteligente, usar su imagen para conseguir fondos patrocinando numerosos actos y conferencias, ganándose ‘in saecula saeculorum’ una fama de gentleman.

Lakers Profile: Vlade Divac was more than the guy traded for Kobe - Silver  Screen and Roll
Un serbio en el equipo más famoso del planeta

De vuelta en Europa, durante esa temporada 1991-92, los equipos yugoslavos que jugaban competiciones europeas tuvieron que emigrar para disputar sus partidos como locales. Se dio la circunstancia de que los grandes transatlánticos del baloncesto yugoslavo eligieron España como su nueva casa. La Cibona de Zagreb (campeona de Europa en 1985 y 1986) escogió Puerto Real, el Partizán de Belgrado (campeón de Europa, precisamente en 1992) eligió Fuenlabrada, mientras que los ciudadanos de A Coruña tuvieron el placer de disfrutar de la Jugoplastika Split (tricampeona de Europa en 1989, 1990 y 1991).

Todo esto sucedía mientras las ligas deportivas yugoslavas dejaban de contar con representantes eslovenos y croatas para la campaña 92/93. Aquel verano de 1992 la selección yugoslava de fútbol fue excluida de la Eurocopa apenas unos días antes del inicio del torneo, exclusión que se tornó más dramática cuando se extendió a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Para la 93/94 abandonarían la competición los macedonios y los bosnios (éstos últimos tuvieron que formar ligas bosnio-musulmanas, bosnio-croatas y bosnio-serbias durante esos trágicos años), hasta que en 2006 se produjo la última escisión al formar los montenegrinos sus propias ligas deportivas (en 2008 fue turno de Kosovo, aunque su liga no fue reconocida hasta el 2017 por la UEFA). Será entonces cuando Serbia, heredera de Yugoslavia durante los 90 e inicios del siglo XXI, pasé a ser simplemente Serbia.

Para los serbios todo aquel proceso fue un ultraje. Fueron excluidos de toda competición internacional entre los años 1992 y 1995, y no así los nuevos Estados ya reconocidos, a pesar de que la guerra aún no había terminado. Serbia siempre fue vista como agresora y Croacia y los demás países como víctimas.

Yugoslavia Mapas Cartografía Geografía Yugoslavia Fotos e Imágenes de stock  - Alamy
La nueva Yugoslavia

—LA PRIMERA VEZ TRAS LA GUERRA—

Serbia (y Montenegro) se enfrentó por vez primera a Croacia tras el fin de la guerra en el Eurobasket de 1997 celebrado en España. En el Palau Olímpic de Badalona un triple de Djordjevic en el último segundo dio la victoria a los serbios (64-62) en un partido en el que no hubo que lamentar incidentes gracias a unas fortísimas medidas de seguridad.

Pero el verdadero día D tuvo lugar en un partido de fútbol clasificatorio para la Eurocopa 2000 que se tenía que celebrar en Belgrado en marzo de 1999. Por entonces Yugoslavia ya se había desmembrado, pero Serbia mantenía el conflicto armado con Kosovo, una región autónoma de mayoría musulmana que no lograría su independencia de forma unilateral, aún no reconocida por diferentes países como Rusia, China o España, hasta 2008. En estas circunstancias Serbia y Croacia se iban a enfrentar en un duelo que trascendía lo deportivo.

“Este partido tiene una importancia especial y no podemos ignorarlo. Es inútil pretender que sea sólo deporte. Cada victoria de la selección croata es un triunfo de su pueblo. Si ganamos, dedicaré la victoria al pueblo croata, porque sé que estará con nosotros en cuerpo y alma”, manifestó el técnico croata Miroslav Blazevic. Éste, antiguo miembro del ejército yugoslavo, protagonizó un incidente en el Mundial de 1998 cuando en una conferencia de prensa se retiró cuando le fue asignada una intérprete serbia. Por su parte, Vujadin Boskov, seleccionador yugoslavo (serbio-montenegrino) indicó: “No quiero que esto se convierta en una cuestión política, pero las circunstancias han motivado que así sea. Se ha convertido en un asunto de orgullo nacional. Si ganamos, tendremos algo de lo que sentirnos orgullosos ante nuestro país”.                                               

El choque debió haberse disputado un 27 de marzo pero, ante la amenaza de un bombardeo de la OTAN sobre Belgrado, se decidió el aplazamiento hasta agosto. Por esas fechas, el secretario general de la Federación Yugoslava de Fútbol, Branko Bulatovic, y el ex líder de los radicales del Estrella Roja, Zeljko Raznatovic, estaban siendo buscados por la OTAN acusados de crímenes de guerra. Al final el encuentro se disputó días después, mas, a pesar de todo, el choque fue boicoteado por los ultras del Estrella Roja (el partido se disputó en el Crevna Zvezda de Belgrado) que lucieron pancartas contra los croatas y también contra el presidente serbio Slobodan Milosevic, al que culpaban de los reveses de la guerra: “Milosevic nos ha traicionado. Es un croata”, declaró un joven radical a las cámaras de televisión.

Para evitar incidentes se impidió el acceso a seguidores croatas y únicamente se pusieron a la venta la mitad de las 55.000 entradas disponibles. Jugadores como Boban (el de la célebre patada en el Maksimir), Jarni, Suker o Simic se relamían mientras escuchaban por vez primera, y de forma oficial, en Belgrado los acordes del himno croata. Enfrente tenían a Djukic, Mihajlovic, Stankovic o Stojkovic, con los que habían compartido selección apenas nueve años antes. Mas no todo era pureza étnica, como ambos bandos querían difundir. Entre los titulares del equipo croata estaba Mario Stanic y por parte de los serbios Slavo Milosevic. Ambos eran, y son, bosnios, pero declinaron jugar con Bosnia-Herzegovina, una nación minúscula en el panorama futbolístico, para tener opciones de disputar un Mundial. Stanic escogió Croacia porque es católico y Milosevic hizo lo propio con Serbia porque es ortodoxo.

https://www.youtube.com/watch?v=wUbKKxLsTjY

A pesar de la tensión no hubo que lamentar fallecidos, pero la UEFA tomó buena nota del asunto. Desde entonces cada federación puede vetar el enfrentamiento con otra federación. Es por ello que se tendrían que alinear todos los astros para ver un duelo entre Ucrania y Rusia o entre Dinamo de Kiev y CSKA Moscú, o entre Grecia y Macedonia del Norte o entre Kosovo y Serbia.

“La región de los Balcanes tiene tendencia de producir más historia de la que suele consumir” Winston Churchill, primer ministro británico (1940-1945 y 1951-1955).

“Nosotros, los ganadores de la II Guerra Mundial, creamos un país junto a los Aliados llamado Yugoslavia. Nuestros enemigos, los croatas y los musulmanes, perdieron la guerra junto a los nazis. Si países como Francia o Gran Bretaña están ahora a favor de la existencia de un Estado musulmán (Bosnia-Herzegovina y Kosovo), ¿por qué no darles la posibilidad de hacerlo en París o en Londres?”. Ratko Mladic, jefe del Estado Mayor de Serbia durante la guerra (1991-1995).

Otras historias sobre la guerra y el deporte

La Guerra de Yugoslavia (primera parte de esta historia)

Una historia de agua y sangre en la Guerra Fría (la invasión soviética de 1956 en Hungría en un partido de waterpolo)

Pequeña historia de los países muertos (una reflexión sobre Estados que ya no existen en dos artículos)

FC Barcelona; la Guerra Civil (certezas y contradicciones azulgranas para más que un club)

Zamora; ¿rojo o facha? (el juego a dos bandas del futbolista más célebre del momento)

¿Por qué Israel juega en Europa? (de cómo el sentimiento de culpa convirtió a un país geográficamente asiático en deportivamente europeo)

Croacia. Hija aventajada de Yugoslavia (deliberaciones tras el subcampeonato mundial de fútbol de los croatas)

Cuando la Vuelta abandonó el País Vasco (de como ETA acabo con la presencia de la Vuelta en Euskadi)

De cuando se perdonó al rugby en Irlanda (una historia de muertes y tradiciones, de monárquicos y republicanos)

Obradovic y el Partizán de Fuenlabrada (la increíble victoria en el exilio del Partizán en 1992)

El secreto de Gino Bartali (de como el Schindler de la bicicleta salvó a cientos de judíos de una muerte segura)

Auge y caída de Nikolai Starostin (vida y obra del introductor del fútbol en la URSS y su lucha contra Stalin en dos partes)

El nazi bueno (la increíble vida de Bert Trautmann en dos artículos)

Juegos Olímpicos cancelados (de como Berlín no pudo organizar los Juegos de 1916)

Juegos Olímpicos cancelados (de como Tokio y Helsinki se quedaron sin organizar los Juegos en 1940 y 1944)

Evasión o victoria (idea y ejecución de la película futbolera más recordada de todos los tiempos en dos partes)

Leer más

A los 30 años de la Guerra de Yugoslavia (1ª parte)

A mediados de los 80, Yugoslavia era una potencia mundial en dos deportes; baloncesto (campeón del mundo en 1978 y bronce en los mundiales de 1982 y 1986) y balonmano (subcampeón del mundo en 1982 y campeón en 1986). Contaba también con poderosas selecciones y equipos en disciplinas como el fútbol, el voleibol y el waterpolo. Esa fortaleza estaba cimentada en pies de barro. Tras la muerte del mariscal Tito, el hombre que había liderado la lucha ante los nazis, el partido comunista implosionó y se convirtió en un nido de corrupción en el que las hienas buscaban su pedazo de podredumbre.

Yugoslavia era un país complejo. Creado en 1918 para contentar a los diversos pueblos de los Balcanes, nunca contentó a nadie. Fue la lucha contra el nazismo lo que logró cierta unión bajo el auspicio de Tito a través de complejos equilibrios identitarios. Fue Tito el que estableció que las empresas nacionales (y las selecciones deportivas) estarían repartidas con “un 40% de serbios, 20% de croatas, 20% de bosnios, 10% de eslovenos, 10% de montenegrinos y algún macedonio”. Yugoslavia era un crisol de culturas y una coctelera de ideas, pero también era el país del bloque comunista más abierto y que menos dependía de Moscú. Fue el único país del Este que no necesitó ayuda externa para derrotar a los nazis. A diferencia de Bulgaria, Polonia, la RDA o Rumania, los yugoslavos podían realizar viajes al extranjero con afán turístico y a sus deportistas se les permitía fichar por un club de la Europa Occidental a los 28 años, una edad tardía, pero muy permisiva en comparación con el resto de países miembros del Pacto de Varsovia.

La Yugoslavia de Josip Broz Tito - El Orden Mundial - EOM
Josip Broz ‘Tito’

Las rivalidades no sólo eran nacionales, también existían dentro de una misma comunidad. En Serbia, Estrella Roja de Belgrado (Crevna Zvezda) y Partizán de Belgrado (FK Partizan) encarnan valores tradicionalistas y profesan sentimiento anticroata, a pesar de que el primero fue fundado por los comunistas y el segundo simpatiza con las derechas. Los seguidores del Estrella Roja adornaban los partidos con cánticos del tipo “Estrella Roja es Serbia, nunca Yugoslavia” y silbaban y abucheaban el himno yugoslavo cada vez que se presentaba la ocasión. Para los blanquinegros del Partizán la bandera yugoslava era válida, pero solo porque, según ellos, representaba a la Gran Serbia. Las pancartas a favor de las minorías serbias de Krajina y Kosovo poblaban el estadio, así como los cánticos de “esto es Serbia, no es Yugoslavia”.   

A diferencia de lo que ocurre en Serbia, la rivalidad entre las potencias futbolísticas de Croacia no se da en una misma ciudad. En Zagreb, el equipo hegemónico por excelencia es el Dinamo, escuadra fundada por la policía comunista en 1945, tras la obligada fusión del Ha-K y el Grandanski, los dos clubes más populares hasta la fecha. Sus hinchas más radicales se autodenominan ‘Bad Blue Boys’ y se autodefinen como “defensores de Croacia”. A orillas del Adriático, en Split, se encuentra el Hajduk, el único de los grandes clubes pre-comunistas que sobrevivió a los dictámenes deportivos del nuevo régimen. Fundado en 1911 es el más apolítico de los grandes clubes y, de hecho, ni su estadio ni sus seguidores fueron foco de problemas antes del estallido de la Guerra Civil.

Una 'jaula' con dos facciones enemigas del Dinamo Zagreb - Estadio deportivo
Los croatas del BBB

Esta tensión racial, cultural e ideológica encontrará en los estadios de fútbol un lugar privilegiado para manifestarse. Durante la década de los 80 se extiende por todo el mundo el movimiento hooliganista, que años atrás había surgido en Gran Bretaña como respuesta a un cóctel perpetrado por la crisis económica, los cambios de hábitos juveniles y la continua pérdida de identidad grupal. Los distintos grupos ultras ligados a movimientos extremistas, tanto de derechas como de izquierdas, iban a tener en la desmembración de Yugoslavia un papel protagonista. 

—LA BATALLA DE MAKSIMIR—

El 6 de mayo de 1990 se efectuaron en Yugoslavia las primeras elecciones libres tras la caída del Muro de Berlín. Hubo victoria de los partidos nacionalistas en cada uno de los seis estados federados que componían el país. En Croacia venció la Unión Democrática Croata (HDZ), cuyo líder era Franjo Tudjman, el cual fomentaba abiertamente la independencia. Que Macedonia o Eslovenia votasen a favor de su independencia era irrelevante. Que Croacia lo hiciese era destrozar el ‘status quo’ existente. Eran Serbia y Croacia las dos naciones más industrializadas, con el mayor número de habitantes y además compartían frontera y reivindicaciones territoriales. Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, encarnaba la visión de los serbios que consideraban a Yugoslavia una unión de repúblicas indisoluble bajo mando de Belgrado. Que Croacia se independizase era inconcebible para cualquier serbio.

Notorious leader Milosevic revived in the Slobodan Show - BBC News
Milosevic, primer presidente electo de Serbia

Apenas una semana después de la convocatoria electoral tendría lugar el duelo liguero entre el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja, con el título casi decidido para este último. Justo antes del partido, Javier Wimer, embajador de México en Yugoslavia, comentaba en el palco a sus allegados que la guerra era inevitable y que estallaría tarde o temprano. La declaración fue filtrada a la prensa de forma deliberada. Pública fue la declaración de Bora Milutinovic, afamado entrenador serbio presente en el estadio aquella tarde, que espetó en la televisión; “serbios y croatas son enemigos a muerte, pero fuera se muestran unidos porque les interesa para formar un Estado fuerte”. Para completar el cúmulo de declaraciones incendiarias, Dragan Djazic, ex jugador y en aquellos momentos director deportivo del Estrella Roja, declaraba: “Nuestra obligación no es sólo ganar, también humillar”.

No era de extrañar que el partido acabase en batalla campal. Los problemas comenzaron antes del pitido inicial cuando los jugadores del Dinamo Zagreb saltaron al campo con un chándal de cuadros blancos y rojos, los colores de la Croacia independiente. En las gradas, los 3.000 radicales del Estrella Roja lanzaban bengalas al campo y botellas de ácido a las vallas de contención para derretirlas y poder acceder al césped.

Apenas un cuarto de hora después del pitido inicial, los ‘Bad Blue Boys’ saltaron al terreno de juego con la intención de llegar al fondo contrario ocupado por los ‘Delije’. Dirigidos por Arkan Raznatovic (años después juzgado como genocida), los ultras del Estrella Roja llevaban desde el inicio del partido cantando lindezas como «Zagreb es serbia» o «Te asesinaremos, Tudjman», mientras arrancaban los asientos y las vallas publicitarias más cercanas y mostraban cuadros con la imagen de diferentes santos ortodoxos (los croatas son católicos y los serbios ortodoxos). Los ‘Bad Blue Boys’ eran mayoría, pero en medio del camino se encontraron con la policía, de amplia suma serbia, por lo que la contienda se igualó por momentos. Los gases lacrimógenos, las porras y los cañones de agua hacen frente a los cuchillos y a las bengalas en una desigual lucha entre los seguidores croatas y la policía, mientras los ‘Delije’ atacan a los aficionados que se agolpaban a su alrededor.

Tras una hora de disturbios, más de un centenar de heridos o intoxicados por gas yacen en el césped del Maksimir. Son 68 según las cifras oficiales. El partido finalmente no se llegó a jugar y el Estrella Roja ganó una liga que quedaría interrumpida antes de su jornada final.

La imagen que quedó de aquel enfrentamiento fue la de Zvonimir Boban propinando una patada a un policía que aporreaba a un ‘Bad Blue Boys’. El centrocampista croata fue sancionado con seis meses de suspensión y no pudo disputar con la selección de Yugoslavia el Mundial de Italia 1990. No pareció que le afectara en demasía: «No me importa arriesgar mi vida, mi carrera y mi fama por la causa de Croacia”. El agente que recibió su patada no era serbio, sino bosnio, y al cabo de los años le perdonaría. La llamada ‘Batalla de Maksimir’ es para los croatas el punto de inicio de la guerra. Muchos de los allí presentes volverían a coincidir con fusil en mano. Hoy, un monumento a las puertas del estadio recuerda a los aficionados del Dinamo que iniciaron la guerra de independencia en mayo de 1990. Para el Gobierno croata el 13 de mayo es el día del levantamiento popular.

Zvonimir Boban: el romántico nacionalista que con un golpe incendió los  Balcanes - LA NACION
La patada de Boban

Aún faltaba más de un año para que la guerra estallase, pero los ecos de Maksimir se mantendrían en el tiempo. El citado Raznatovic tutelaría la formación de los ‘Tigres’, batallones de paramilitares compuestos por ultras de Estrella Roja y el Partizán que cometerían atrocidades genocidas durante la contienda. Tal fue la influencia de este grupo paramilitar que el himno creado con motivo de la obtención de la Copa Intercontinental por parte del Estrella Roja en 1991 (‘Srbija do Tokija’ – Serbia hacia Tokio -) sería adoptado como canción oficiosa por los serbios antes de cada batalla.

En los festejos con motivo de la celebración del título mundial, un hito que difícilmente podrá ser igualado por ningún equipo de la ex Yugoslavia, los ‘Delije’ mostraron a los fotógrafos el letrero robado de una aldea croata cuya población había sido ocupada por los paramilitares serbios. Durante la guerra cada aldea bosnia o croata por la que pasaban los paramilitares tenía escrito en sus paredes dicho lema. Años después se ampliaría a ‘Srbija do Tokija al preko Milkovija’ (Serbia hacia Tokio pasando por Milwaukee) cuando en 1999 las fuerzas de la OTAN decidieron intervenir en Kosovo. 

Srbija do Tokija - Wikipedia
Un grito aún hoy presente

“Europa hoy es un barril de pólvora y sus líderes son como hombres fumando en un arsenal. Una simple chispa desatará una explosión que nos consumirá a todos. No puedo decirles cuándo tendrá lugar la explosión, pero sí puedo decirles dónde: alguna maldita estupidez en los Balcanes la desatará”. Otto von Bismarck, canciller de Alemania, en 1878, cuatro décadas antes de que estallara la I Guerra Mundial tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo.

Otras historias sobre la guerra y el deporte

Una historia de agua y sangre en la Guerra Fría (la invasión soviética de 1956 en Hungría en un partido de waterpolo)

Pequeña historia de los países muertos (una reflexión sobre Estados que ya no existen en dos artículos)

FC Barcelona; la Guerra Civil (certezas y contradicciones azulgranas para más que un club)

Zamora; ¿rojo o facha? (el juego a dos bandas del futbolista más célebre del momento)

¿Por qué Israel juega en Europa? (de cómo el sentimiento de culpa convirtió a un país geográficamente asiático en deportivamente europeo)

Croacia. Hija aventajada de Yugoslavia (deliberaciones tras el subcampeonato mundial de fútbol de los croatas)

Cuando la Vuelta abandonó el País Vasco (de como ETA acabó con la presencia de la Vuelta a España en Euskadi)

De cuando se perdonó al rugby en Irlanda (una historia de muertes y tradiciones, de monárquicos y republicanos)

Obradovic y el Partizán de Fuenlabrada (la increíble victoria en el exilio del Partizán en 1992)

El secreto de Gino Bartali (de como el Schindler de la bicicleta salvó a cientos de judíos de una muerte segura)

Auge y caída de Nikolai Starostin (vida y obra del introductor del fútbol en la URSS en dos partes)

El nazi bueno (la increíble vida de Bert Trautmann en dos artículos)

Juegos Olímpicos cancelados (de como Berlín no pudo organizar los Juegos de 1916)

Juegos Olímpicos cancelados II (de como Tokio y Helsinki se quedaron sin organizar los Juegos en 1940 y 1944)

Evasión o victoria (idea y ejecución de la película futbolera más recordada de todos los tiempos en dos partes)

Leer más

De patrocinadores y ciclistas

En un deporte donde la monetización de derechos audiovisuales y el taquillaje es nula para los equipos, la presencia de los patrocinadores es indispensable para la supervivencia del ciclismo. El patrocinador principal suele aportar el 70% de la cantidad total de un equipo. Se estima que la inversión de la empresa patrocinadora puede reportar hasta un 30% en el volumen de crecimiento del mercado y multiplicar en hasta tres veces el reconocimiento de la marca en diferentes áreas geográficas. Como todo, los resultados deportivos tienen que acompañar, pero la inversión suele ser rentable.

No solo para las empresas. Turismo de Galicia estima que las visitas al Mirador del Ézaro han subido más de un 50% desde que las administraciones ponen dinero para que sea final de etapa en la Vuelta a España. Sea como fuere, el caso es que el ciclismo es un deporte único porque fue, es, y seguirá siendo, gratuito para el aficionado.

El ciclismo sobrevive sin cobrar entradas. Vive de los medios, de la sinergia y de la dependencia con ellos. Es un deporte que busca al periodista. Primero fue la prensa escrita la que a través de crónicas agraciadísimas elevó a los altares las miserias del ciclista. Luego la radio les daría exaltación y entusiasmo inusitado a situaciones anodinas. Después la televisión nos mostraría la belleza y la sincronía del movimiento acompasado.

En las carreras menores se ha llegado a pagar al medio de comunicación de turno para que retransmita las pruebas. El ciclismo necesita ser emitido en televisión en abierto para que llegue al mayor número posible de espectadores. No hay escudos, ni equipos. Solo bellos parajes, esforzados deportistas y la continua e inexorable visión de unos maillots que segundo a segundo se introducen en nuestro subconsciente.

Tour de Francia: la más grande de las vueltas
La serpiente multicolor

La bicicleta nació como un medio de locomoción. Antes de la motocicleta, del coche o del avión, ya existía la bici. No sería hasta después de la II Guerra Mundial cuando los transportes de motor se democratizasen. A inicios del siglo XX la bici era el medio individual más común para desplazarse. No es de extrañar que las grandes empresas de neumáticos, cuadros o componentes, quisiesen publicitarse para vender el mayor número de velocípedos posibles.

‘La Française Diamant’ (1901-1955) con sede en París era uno de estos fabricantes de bicicletas. Sus colores fueron defendidos por Alfredo Binda, el primer hombre que ganó cinco Giros, o por Jacques Anquetil, el primero que triunfó en cinco Tours. El segundo patrocinador era ‘Dunlop’, marca de neumáticos con sede en el Reino Unido. ‘Alcycon’, fabricante francés de bicis, motos y coches, fue otro clásico de la primera mitad de siglo hasta que fue absorbido por ‘Peugeot’, tanto deportiva como comercialmente. En estos tres equipos militaron todos los grandes ciclistas del primer tercio del siglo XX.

Durante tres décadas, entre 1930 y 1960, el Tour decidió eliminar los patrocinadores y competir por escuadras nacionales. Eso no era óbice para que en las diferentes pruebas del calendario las casas comerciales cumpliesen su función. En España la gran marca de bicicletas era la guipuzcoana ‘BH’ (Beistegui Hermanos). Con ese equipo el gallego Álvaro Pino ganó la Vuelta a España en los 80 al igual que el belga Gustaaf Deloor hiciese lo propio en la primera edición de 1935. Hoy ‘BH’ sigue en pie al formar parte del equipo ‘Burgos-BH’. En Bélgica destacó entre los 50 y los 70 ‘Flandria’, que si bien era un fabricante de dos ruedas de origen francés contaba con las estrellas belgas Roger De Vlaeminck y Rik Van Looy.

En Italia existía ‘Atala-Dunlop’, un fabricante de bicis que empezó sus patrocinios en 1908 y que de un modo u otro aguantó hasta 1989, aunque sin ciclistas de relumbrón. Italia es ‘Legnano’ el equipo de Baldini o de Gino Bartali, pero sobre todo es ‘Bianchi’. Con sede en Milán, ‘Bianchi’ cambió el concepto de bicicleta al dotarlas de belleza. No sólo eran duras, sino también hermosas. El legendario Fausto Coppi vistió el icónico maillot celeste y blanco que también portaría Jan Ullrich en pleno siglo XXI.

Fausto Coppi Portrait by James McLean on Dribbble
Glamour

La primera marca externa al mundo del ciclismo que patrocinó a un equipo fue ‘Saint Raphäel’ (1954-1965), famosísima marca francesa de agua con gas. Sucesor de ‘Dunlop’, en sus filas se mantenía Anquetil. Montaban bicicletas ‘Gitane’, un fabricante de bicis del oeste de Francia que más adelante fue absorbido por ‘Renault’. En el equipo ‘Renault-Gitane’ primero y ‘Renault-Elf’ después triunfaría Bernard Hinault hasta 1983. Al año siguiente Hinault y Lemond, primero su lugarteniente y luego su odiado rival, marcharán a ‘La vie claire’ (alimentación biológica) que acabará siendo ‘Toshiba’ (empresa electrónica japonesa). ‘Renault’ (donde también ganó el Tour Laurent Fignon), pasaría a ser ‘Super U’ (supermercados) y la estructura tendría un final en los 90 bajo el nombre de ‘Castorama’ (bricolaje y jardinería).

Además de ‘Saint-Raphäel’ existieron otros equipos financiados por bebidas. En ‘La Casera’ militó unos años Federico Martín Bahamontes. Pero el más famoso es el ‘KAS’ vitoriano que entre 1960 y 1970 formó unos de los bloques más compactos del mundo con Francisco Galdós, López Carril y José Manuel Fuente, y más adelante en los 80 con Sean Kelly.

Los 80 fueron una edad de oro para el ciclismo en España con multitud de equipos de lo más variopinto. Estaba ‘Hueso’ (Antes ‘Huesitos’, empresa de chocolates que hoy es ‘Chocolates Valor’), ‘Zahor-Lotus’ (una empresa de chocolates y otra de relojes), que acabaría siendo el andorrano ‘Festina’ de Richard Virenque o Ángel Casero, chivo expiatorio del escándalo de dopaje en el Tour 1998. También existía el ‘Teka’ (electrodomésticos) de Marino Lejarreta, el ‘Zor’ (encendedores -sí, amigos ‘millennials’, en los 80 aún era mayoría la leña y el butano-) o el ‘Amaya seguros’ de Lale Cubino.

Aseguradoras ha habido unas cuentas. ‘Ag2r’ es la aseguradora francesa que patrocinaba a Romain Bardet, igual que antes lo hizo ‘Groupama’ con Thibaut Pinot. La más legendaria es ‘Gan’ aseguradora que sustituyó a ‘Mercier’ (fábrica de bicis) con su mítico maillot púrpura que defendió durante más de una década Raymond Poulidor. ‘Gan’ compartió patrocinio con ‘Fagor’ (electrodomésticos vascos) o ‘Miko’ (helados franceses creados por un español). Después ‘Gan’ pasaría a ser ‘Z’ (marca de ropa) para acabar siendo la entidad bancaria ‘Credit Agricolé’.

Pero si hay un banco famoso en el ciclismo ese es ‘Banesto’. Miguel Indurain ganó sus cinco Tours con la hoy desaparecida entidad bancaria que antes con Perico Delgado fuera ‘Reynolds’ (empresa de aluminios) y hoy con Enric Mas o Alejandro Valverde es ‘Movistar’ (telecomunicaciones). El danés ‘Saxo Bank’ de Carlos Sastre o el neerlandés ‘Rabobank’ que hoy es el ‘Jumbo Visma’ de Primoz Roglic también han sido equipos importantes de raíces financieras.

1991 – Banesto | Movistar Team
Perico y Miguelón

‘Jumbo’ es la lotería neerlandesa al igual que ‘FDJ’ es la francesa y ‘Lotto’ es la belga. El ‘US Postal’ del proscrito Lance Armstrong estaba financiado por el servicio de correos de Estados Unidos al igual que ‘Café de Colombia’ contaba con erario estatal. Son estos patrocinios públicos escondidos. Los hay a cara descubierta como el gallego ‘Xacobeo-Galicia’, el vasco ‘Euskaltel-Euskadi’, el kazajo ‘Astana’ (Contador o Níbali), o el ‘Israel Star-Up’ (Froome). También está el ‘UAE’ (Pogacar) que antes de servir a los Emiratos era el ‘Polti’ (pequeños electrodomésticos) o el ‘Bahrein’, anteriormente financiado por ‘Lampre’ (producción de acero).

Y es que el ciclismo da para todo tipo de patrocinios. Eddy Merckx corría en el italiano ‘Faema’, un fabricante de máquinas de café. Después se convertiría en ‘Molteni’, una empresa de productos charcuteros con sede en las cercanías de Milán. Contaba con un maillot marrón poco agraciado, con el descargo de ser defendido por el más grande de todos los tiempos. Uno de los contendientes de Merckx, el italiano Felice Gimondi, competía con el ‘Salverani’ (cocinas y encimeras). Luis Ocaña, otro de sus rivales, lo hacía en el francés ‘Bic’ (productos desechables de plástico). Antes estuvo el ‘Ignis’ (electrodomésticos), quizás más conocido por su equipo de baloncesto con sede en Varese. Más recientes son el ‘Mercatone Uno’ (productos del hogar) de Pantani y Cipollini, que luego fue ‘Saeco’ (cafeteras). En la actualidad contamos con ‘Bora-Hansgrohe’ (campanas extractoras y sanitarios), ‘TREK-Segafredo’ (bicis y máquinas de café) y el clásico ‘Deceuninck-Quick Step’ (sistemas de PVC y tarimas) de Boonen, Alaphilippe o Evenepoel.

Molteni, E.Merckx | Fotos ciclismo, Ciclismo, Bicicletas retro
A Merckx le faltó glamour

El francés ‘Cofidis’ (entidad crediticia) es desde 1997 el veterano del pelotón. Clásicos también fueron el ‘Kelme’ (material deportivo) de Heras o Escartín, los italianos ‘Mapei’ (materiales de construcción) de Rominger o Bettini, ‘Carrera’ (ropa y complementos) de Chiappucci y Pantani o el alemán ‘Telekom’ (telecomunicaciones) de Rijs y Ullrich, que con el tiempo pasó a ser ‘HTC’ (también telecomunicaciones pero estadounidense). Pero para clásico el ‘ONCE’, la organización de ciegos española, que durante los 90 se convirtió en vanguardia del ciclismo mundial. Su maillot amarillo se convertía en rosa cuando en el mes de julio surcaba tierras francesas. Su estructura fue heredada en el siglo XXI por los kazajos de ‘Astana’.

Donde antes las escuadras extravagantes eran angloholandesas como el ‘Ti-Raleigh’ (fabricante de bicicletas) en la que triunfó (Zoetemelk), suizas como ‘Phonak’ (productos auditivos) de Óscar Pereiro o alemanas como ‘Sunweb’ (agencia de viajes) de Dumoulin, ahora el ciclismo ha traspasado la vieja Europa. En Rusia destacó el ‘Katusha-Alpecin’ (holding empresarial y productos capilares) de Joaquim Rodríguez, en Estados Unidos el fabricante de bicis ‘BMC’ de Cadel Evans, que luego fue el polaco ‘CCC’ (zapatos y bolsos) y en Australia el ‘Mitchelton Scott’ (cadena de hoteles y casa de vinos). Destacado es el caso del sudafricano ‘Dimension Data’ (telecomunicaciones) que ahora es el ‘Qhubeka Assos’ con el objetivo de difundir la pasión por el ciclismo en África.

Pero quizá nada más extraño que la química británica ‘Ineos’ que patrocina al equipo ciclista más potente de todos los tiempos. Se presupuesto es más de un 30% superior al de la siguiente escuadra y dobla a todos los demás miembros del UCI-Pro Tour. El precedente podría ser el neerlandés ‘PDM’ una industria química de capital estadounidense que en los 80 tuvo en sus filas a Pedro Delgado, Greg Lemond o Erik Breukink. El proyecto de ‘Ineos’ nació en 2010 bajo el nombre de ‘Sky’ (telecomunicaciones) y desde entonces ha ganado el Tour con Bradley Wiggins, Chris Froome, Geraint Thomas y Egan Bernal, además de Giro y Vuelta y demás pruebas del calendario mundial.

Egan Bernal habla sobre su función en el Ineos - Ciclismo - Deportes -  ELTIEMPO.COM
Bernal

Otras historias sobre ciclismo más allá de la carretera

Propuesta de un Tour por Europa (De Oslo a Lisboa a golpe de pedal)

100 años del maillot amarillo (historia de la túnica sagrada)

Expresiones del lenguaje deportivo (sobre el pelotón, el farolillo rojo y otras locuciones del día a día)

Cuando la Vuelta abandonó el País Vasco (como la Vuelta claudicó ante el miedo y el terrorismo de ETA)

El secreto de Gino Bartali (una historia de fe, deporte, espionaje y solidaridad durante la II Guerra Mundial)

La desconocida fiebre del ciclismo en Eritrea (el boom de las bicicletas en el corazón de África)

Las cuatro primas de Jacques Anquetil (sobre como Anquetil ganó una carrera en cuatro ocasiones a golpe de picaresca)

Leer más