Irlanda

The Six Nations; el torneo más decimonónico de los deportes decimonónicos

En ‘Astérix en Bretaña’ el valiente galo de bigote dorado y su fiel e inseparable Obélix desembarcan al otro lado del Canal de la Mancha para ayudar a los britanos en su lucha contra Julio César. Durante su aventura tendrán que hacer frente a la extrema educación de los nativos, lo que incluso los llevara a solicitar un alto en su lucha con los romanos para tomar el agua hervida a las cinco de la tarde. Vestirán prendas de tweed, viajarán en un barco pilotado por remeros de Cambridge, verán a unos bardos firmar autógrafos (los Beatles) o tendrán problemas para conducir su carro por la izquierda, entre otras maravillosas delicias anacrónicas.

En uno de esos pasajes, Astérix y Obélix acabarán en Camulodunum (Colchester) donde verán un partido de ‘Las Cinco Tribus’. Por supuesto el grandullón de Obélix acabará saltando al césped y pronto se convertirá en estrella del encuentro, pero antes, fascinado por lo que ve, le comenta a Astérix: “Es un juego inteligente, lo llevaremos a la Galia.”

Dos milenios después Francia es por pleno derecho miembro del torneo más prestigioso que ha parido el rugby. Cuando en 1966 Albert Uderzo publique ‘Astérix chez les Bretons’ los galos ya formaban parte de un torneo que empezó como Cuatro Naciones en 1883 (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda), pasó a ser Cinco Naciones en 1910 (con la inclusión de Francia) y desde el año 2000 es el Seis Naciones (Italia). La mayor rareza la protagonizan los irlandeses, que en estos 135 años ha pasado de ser provincia autónoma a Estado independiente, dejaron la monarquía por la república y renunciaron a ser un único país para dividirse en dos mitades. Sin embargo, en lo que a rugby se refiere, Irlanda compite desde los inicios con un único equipo formado en la actualidad por jugadores irlandeses y norirlandeses en total harmonía.

Fue Winston Churchill, un hombre poco sospechoso de ser deportista pero que hubiese sido campeón olímpico de verborrea, el que dio con la más aguda definición con la que ha contado el rugby. “Se trata de un deporte de hooligans jugado por caballeros”. El aserto viene como anillo al dedo porque, aunque a ojos del espectador inexperto el rugby es de una brutalidad pasmosa, cuenta con unas reglas y tácticas complejas y rígidas que son seguidas con total concordia y deportividad. Es el deporte decimonónico por excelencia. Creado hace dos siglos, se ha mantenido prácticamente inflexible en sus ideales hasta hace apenas unas décadas. Aunque la mercadotecnia y el estrellismo (Lomu, Wilkinson, O’Driscoll) ha hecho tambalear sus cimientos, es increíble observar cómo sigue conservando buena parte de su misticismo, su amateurismo y sus tradiciones.

Si bien la profesionalización y la creación del Mundial en 1987 llevaron al rugby a otra dimensión y si también es cierto que es en el hemisferio sur donde está la hegemonía del deporte del balón ovalado (hasta la fecha Inglaterra es el único país europeo que ha ganado un Mundial palideciendo ante Nueva Zelanda (3), Sudáfrica (3) y Australia (2)), no existe nada comparable al Seis Naciones en lo que a rugby se refiere.

En este todos contra todos, Inglaterra y Escocia dominaron las primeras ediciones, pero fue Gales quien en 1893 conquistó por vez primera la Triple Corona. Los galeses estuvieron invictos en casa entre 1900 y 1913, pero pronto los ingleses se mantuvieron como la selección a batir mejorando el registro y permaneciendo intocables entre 1910 y 1926. En esos años Inglaterra había conquistado el Grand Slam en cinco ocasiones, mientras que Escocia había sumado el primero en 1925.

¿Qué es el Grand Slam? Además del trofeo como vencedor del Seis Naciones, durante la competición hay múltiples batallas que deben ser libradas. El Grand Slam no es un trofeo, simplemente es un honor. Se otorga a aquel que gana el Seis Naciones venciendo en todos y cada uno de sus partidos. Son los ingleses los que hasta la fecha más veces lo han logrado (13 ocasiones de 29 títulos conseguidos). Gales (28 títulos y 12 Grand Slam), Francia (17/9), Escocia (15/3), Irlanda (14/3) e Italia (0/0) cierran la clasificación. La Triple Corona (Triple Crown) tampoco es un trofeo, sino una mención, y es para aquel país que logra vencer a los otros tres equipos de las Islas Británicas, es decir, una mini competición en la que no participan franceses ni italianos.

6 Naciones 2023 | Rugby: El VI Naciones vuelve con Francia favorita y el  Mundial de fondo | Marca
Seis Naciones

Los franceses entraron en disputa en 1910 aunque fueron expulsados en 1931 acusados de ser demasiados violentos y de pagar bajo cuerda a sus jugadores. Los galos volvieron tras la II Guerra Mundial, donde fallecieron muchos deportistas, aunque no se llegó a la formidable cifra de 111 jugadores de rugby caídos entre 1914 y 1919 en las trincheras del norte de Europa. Los franceses hubieron de esperar a 1959 para lograr su primer título y en 1968 sumaron su primer Grand Slam.

Luego vino una edad de oro para el rugby galés que dominó con fiereza los 70 al igual que el rugby champagne francés los hizo en los 80. Antes, en 1973, se dio un quíntuple empate, caso enormemente curioso. Desde 1993 esto es imposible que vuelva a suceder, ya que los empates se dirimen por diferencia de tantos o por mayor número de ensayos conseguidos. Son cuatro puntos por triunfo, dos por empate y un cero en caso de derrota. En 2017 se inauguró una bonificación de un punto ofensivo por anotar al menos cuatro ensayos y otro punto, en este caso defensivo, si el que pierde lo hace por menos de siete puntos de diferencia. Lo que sigue siendo tabú, a pesar de la ayuda de la tecnología, es poner en duda una decisión arbitral. Está prohibido discutir las decisiones del trencilla y siempre hay que acercarse a parlamentar con él interpelándole como señor.

En el 2000 entra en liza Italia y nace el Seis Naciones. Los transalpinos lograron contra todo pronóstico la victoria en su debut ante Escocia, sorprendiendo a propios y extraños, aunque a partir de ahí encadenaron catorce derrotas consecutivas. Año tras año luchan por evitar la Cuchara de Madera, y aunque mejoran a pasos agigantados, más de dos décadas después sigue pareciendo ciencia ficción que se alcen con la victoria. Italia es incapaz de doblegar tanto a Francia como a Inglaterra, sea en el estadio Flaminio de Roma o sea a domicilio. Son cinco los partidos del Seis Naciones por lo que no existe la ida y la vuelta. Un sistema rotatorio determina a quien le toca ejercer como local en función del año en disputa.

¿Y qué es la Cuchara de madera? La Cuchara de madera (Wooden spoon) es un irónico trofeo que se entrega al equipo que pierde todos y cada uno de sus partidos. Hasta en doce ocasiones entre 2000 y 2022 semejante deshonor ha recaído en Italia, que lucha año tras año por escapar de esa aberración. A parte de la Wooden spoon en cada partido del Seis Naciones se entrega un trofeo en cada duelo particular. El Millennium Trophy, con su característica forma de vikingo, data de 1989 y se la da al vencedor del partido entre Irlanda e Inglaterra. De ese mismo año es el Centenary Quaich, disputado entre Irlanda y Escocia. Otros son el Trofeo Garibaldi (2007 Francia vs Italia), Auld Alliance (2018 Escocia vs Francia) y el Doddie Wier (2019 Escocia vs Gales). Sorprendentemente a nadie se le ha ocurrido todavía dotar de un trofeo el enfrentamiento entre franceses e ingleses.

Pero el origen de todos ellos es la Copa Calcuta. El inicio de todos estos ritos tuvo lugar el día de Navidad de 1872. Fue en Calcuta, hoy megalópolis de la India y por entonces prospera ciudad del Imperio Británico, donde se jugó un partido de rugby que enfrentó a Inglaterra frente a un combinado de jugadores de Escocia, Gales e Irlanda. Tal fue el éxito de la iniciativa que una semana más tarde se repitió el enfrentamiento y pronto todos los allí presentes fundaron el Calcutta Football Club.

El equipo se unió a la RFU (Rugby Football Union) pero, tras un año de grandes dificultades, comprendieron que era imposible competir regularmente con los equipos de rugby de las Islas Británicas situados a 8.000 kilómetros de distancia. Así pues, decidieron disolver el equipo y retirar los fondos del banco. Con ese dinero encargaron una copa de plata que donaron a la RFU con el compromiso de que a partir de 1878 se disputase un encuentro anual entre Inglaterra y Escocia, siendo un año anfitrión una selección y al siguiente la otra, cuyo vencedor sería el poseedor de una copa de manufactura india de 45 centímetros de alto.

Había nacido la Calcutta Cup. El origen del Seis Naciones.

What is the Calcutta Cup? - Rugby World magazine
Copa Calcuta 1872

— LA ARISTOCRACIA DEL RUGBY —

Toda nación que participa en el Seis Naciones tiene su apodo, su nombre de guerra. Hasta Italia tiene su propio alias. Los transalpinos fueron considerados durante años los sextos mejores de Europa en dura pugna con Rumania o la antigua Unión Soviética hasta que en 2000 entraron en el selecto club de los grandes. Son conocidos como los ‘azzurri’ debido al color azul cielo de sus camisetas que honra a la Casa de Saboya, reinante en Italia desde la independencia hasta 1945. Abolida la monarquía, la camiseta adoptó un escudo (scudetto) con la bandera tricolor con una corona de laurel dorada.

El ‘XV del gallo’ es motivo de mofa y de orgullo a partes iguales. Si bien es cierto que gallo deriva de la palabra galo, nombre con el que el Imperio Romano se refería a buena parte de lo que hoy es Francia, pronto los franceses adoptaron como emblema al gallo, el macho de la gallina. Sin ser un símbolo oficial representa el orgullo y la grandeza francesa y para el resto del mundo su suficiencia y su vanidad. Su chauvinismo. A Francia también se le conoce como ‘les bleus’ por el intenso azul de su camiseta de juego.

En Gales el rugby es el deporte nacional y en el ratio practicantes /habitantes incluso superan a Nueva Zelanda. Los galeses utilizan como símbolo a un dragón, en este caso un animal mitológico. El dragón proviene de la colonización romana, pues era un emblema que los ejércitos usaban en sus estandartes. Pero su uso en la idiosincrasia galesa viene de mucho más atrás. La leyenda cuenta que existía un dragón de color blanco que representaba el mal y un dragón de color rojo adalid del bien. El mago Berlín fue quien los liberó de su lucha y de esa pelea resultó vencedor el dragón rojo. Siglos más tarde el rey de Gales Uther Pendragon decidió tomar como emblema de Gales el dragón.

Los galeses también son conocidos como ‘el XV del puerro’ y por las tres plumas de un avestruz. El puerro data del siglo VI, cuando los galeses, junto a otros pueblos celtas, combatieron ante los sajones. Los aliados celtas decidieron colocar un puerro sobre sus cascos para distinguirse del enemigo resultando victoriosos de la contienda. Por su parte las plumas de avestruz datan del siglo XIV, cuando tras la batalla de Crecy (1346) una coalición de británicos y bohemios derrotó a los franceses. Fruto de esa unión el rey de Bohemia concedió al príncipe de Gales las tres plumas de avestruz para añadir a su escudo heráldico como símbolo de su honor.

El escudo de la selección inglesa de rugby se remonta al siglo XV. Por aquel entonces se produjo una guerra civil por el trono de Inglaterra entre la Casa de Lancaster y la Casa de York. Los primeros tenían como símbolo una rosa roja mientras que los segundos lucían como emblema una rosa blanca, por ello la disputa pasó a la posteridad con el nombre de la Guerra de las Dos Rosas. El conflicto terminó en 1485 con la victoria de Enrique Tudor de la Casa de Lancaster. Pero Enrique, sabiamente, decidió casarse con Elisabeth de York, uniendo las dos casas para siempre y creando la dinastía de los Tudor. Fue entonces cuando se estableció como emblema de los Tudor una rosa roja que en su interior porta una pequeña rosa blanca. A pesar de que hoy la familia real inglesa pertenece a la dinastía de los Windsor, la selección de rugby de Inglaterra sigue siendo conocida como el ‘XV de la rosa’.

Escocia es para todos el ‘XV del cardo’, nombre que proviene de una batalla contra los vikingos en el siglo XI. Los nórdicos desembarcaron en las inhóspitas tierras altas escocesas y la leyenda cuenta que los gritos de dolor de los vikingos al pisar encima de los cardos fue lo que alertó a los escoceses. El ejército se puso en marcha y pudieron detenerlos antes de que llegasen a los núcleos de población.

Irlanda es el ‘XV del trébol’ por cuestiones puramente religiosas. Se dice que en el siglo V San Patricio llegó a las costas irlandesas y recorrió la isla de cabo a rabo introduciendo el cristianismo en Irlanda. Para que los nativos comprendiesen la complejidad del misterio de la Santísima Trinidad arrancó un trébol del suelo. San Patricio les contó que al igual que las tres hojas del trébol conforman una única planta, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo representaban a una sola persona. Irlanda, al igual que Polonia, no se puede entender sin el cristianismo. Más allá de la espiritualidad, el catolicismo está intrínsecamente unido a la nación, y, por supuesto, a su selección de rugby. La complejidad es tal que mientras ‘el XV del trébol’ canta el himno nacional (A soldier’s song) cuando juegan en el Aviva Stadium en Dublín, cambian de cántico al jugar en territorio británico (Ireland call) para no herir susceptibilidades políticas con sus vecinos, y en el rugby compañeros, de Irlanda del Norte.

La Selección de Irlanda apodada "del Trébol" 🍀 -
Irlanda unida por el rugby

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Old Firm

Al principio no había mayor antagonista que el de la calle de enfrente. Y no existe antagonismo que se pueda comparar con el ‘Old Firm’. La rivalidad futbolística por excelencia es la de Glasgow. Católicos contra protestantes. Irlandeses contra unionistas. Odio, tensión religiosa e intimidación. El ‘Old Firm’ condiciona la vida cotidiana como ningún otro partido del mundo. Las diferencias no están en el balón, están en el pensamiento. Futbolísticamente los hay mejores, pero por intensidad un Celtic-Rangers solo es comparable a un Boca-River. Por condicionantes extradeportivos sólo un Barça-Madrid puede subírsele a las barbas. Pero es que un Madrid-Barça no es un derbi.

La palabra ‘derby’ (castellanizado a derbi y aceptado por la Real Academia Española de la Lengua) da nombre a una carrera de caballos considerada como la decisiva en una competición. Su uso data de finales del siglo XVIII y no se sabe bien como medio siglo más tarde era usado como sinónimo de una competición deportiva entre clubes de una misma ciudad.

Este detalle es importante. No existe el derbi gallego ni el derbi vasco. Un derbi no enfrenta a regiones ni a ciudades rivales. La acepción correcta sólo debe usarse cuando compiten dos equipos de la misma villa. Si nos paramos a pensarlo veremos que tiene toda lógica. El concepto de hincha visitante no se popularizó hasta bien entrado el siglo XX, cuando la mejora de la comunicaciones y el adelanto de las condiciones laborales de los trabajadores permitió que los aficionados se desplazaran a otras ciudades.

Atravesada por el río Clyde de este a oeste, Glasgow es una ciudad con dos partes bien diferenciadas. Al suroeste de los meandros del río se instalaron los protestantes. Al noreste se creó el barrio católico. Todos nacieron de la miseria y buscaron en Glasgow olvidarse de ella. Pero los del noroeste eran los campeones de la indigencia. La mayoría eran inmigrantes irlandeses que huían de la gran hambruna de la patata que azotó a la isla de San Patricio a mediados del siglo XIX. Los más atrevidos y los que menos tenían que perder iniciaron una aventura en Estados Unidos. Los más comedidos escogieron la escocesa y compasiva Glasgow por delante de la hostil e inglesa Londres.

Próspero durante el siglo XIX gracias al transporte fluvial de mercancías, el puerto de Glasgow es el único de Escocia que está resguardado de los vientos del Mar del Norte. El clima en Glasgow es mucho más agradable que en el resto del país gracias a las corrientes cálidas del estuario del Clyde y a las montañas que protegen el sur de la ciudad. Glasgow presume de universidad de primer nivel, de una fabulosa arquitectura victoriana y es lugar de peregrinaje en el arte grafitero. Y sin embargo no es buen lugar para vivir. Tiene uno de los menores índices de esperanza de vida del Reino Unido y unos cuantos barrios conflictivos. Vivir en Glasgow y transitar por sus anchas avenidas bajo un cielo plomizo es sinónimo de obesidad, depresión, drogas y alcohol.

Los sociólogos consideran que es un fenómeno reciente. Con la desindustrialización, miles de personas que trabajaban en astilleros y fábricas quedaron sin trabajo. Las grandes compañías daban al trabajador una identidad cultural y grupal que el nuevo sector de servicios es incapaz de igualar. Si bien el área metropolitana de Glasgow cuenta con cerca de millón y medio de habitantes, la ciudad tiene hoy unos 600.000 cuando poco después de la II Guerra Mundial superaba el millón. Se ha disipado el orgullo y Glasgow ha perdido buena parte de su tradición cultural.

En ese punto está también el fútbol. Celtic y Rangers fueron hasta los años 80 del siglo pasado dos grandes del balompié mundial y orgullo de Escocia. La globalización e internacionalización del deporte menguaron el atractivo de un país pequeño y poco acogedor para el futbolista, y con ello descendió el nivel de los equipos escoceses. Este declive también ha afectado en el día a día del ciudadano. Y por ello el ‘Old Firm’ es aún más importante que en tiempos pasados. Es la única vez en todo el año en el que Glasgow vuelve a estar en el centro del mundo.

Desde 1888 se ha desarrollado una rivalidad que no sólo es futbolística, también identitaria, religiosa y cultural. Ese año se jugó el primer ‘Old Firm’ con victoria del Celtic por 5-2. Hoy, 132 años más tarde, aún se aprecian mayor cantidad de rubios y pelirrojos en las gradas de Celtic Park que en las del Ibrox Stadium.

El Celtic fue fundado como club católico en 1887 por el padre Walfrid en la Iglesia de los Maristas. Su idea era crear un club de fútbol que entretuviese a los adolescentes y los alejase del vandalismo, y al mismo tiempo recaudar dinero para los niños huérfanos de la ciudad. Los de rayas blancas y verdes juegan desde 1892 en Celtic Park, el estadio más grande de Escocia. El primer césped que se plantó contaba con una mata de tréboles para recordar su influencia irlandesa. Permanece inamovible en su ubicación en un precioso parque al noreste de la ciudad, a pesar de las profundas remodelaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo.

El Rangers fue fundado en 1872 en la otra punta de la ciudad por los hermanos McNeil. Conocidos como los puritanos, tomaron su nombre y su color azul de un equipo de rugby inglés considerado el mejor del momento. Juegan desde 1899 en Ibrox Park, al suroeste de Glasgow. Aunque el estadio ha sufrido sucesivas remodelaciones, continúa manteniendo su característica grada principal de ladrillo victoriano creada por Archibald Leitch, el arquitecto que nos legó la mística del fútbol inglés en estadios de dos alturas de estilo industrial como Old Trafford, Anfield o Highbury.

En las gradas de Celtic Park ondean banderas irlandesas e insignias del IRA. Los ultras del Celtic están hermanados con aficiones de izquierdas como las del Liverpool, hasta el punto de tomar como propio el famoso himno ‘You’ll never walk alone’. Los hinchas del Rangers portan símbolos del Reino Unido como ‘The Union Jack’ y están hermanados con los ultras del Chelsea. De este modo en el ‘Old Firm’ no se ve ninguna bandera escocesa en el estadio. Para eso hay que ir a Hampden Park.

La inquina entre los enemigos es tal que la selección escocesa juega sus encuentros en Hampden Park, uno de los estadios más legendarios para cualquier amante del fútbol. El estadio es casa del Queen’s Park, el club más antiguo de Escocia y que aún hoy se mantiene como amateur por convicción, a pesar de competir en ligas profesionales. Hampden Park se encuentra al sur de la ciudad, formando un perfecto triángulo con Celtic Park e Ibrox Stadium. La distancia entre los tres coliseos es prácticamente similar en un ejercicio de equilibrismo para satisfacción y calma de todos los fanáticos.

Aunque Celtic y Rangers disputaron el primer ‘Old Firm’ en 1888 el nombre data de unos cuantos años más tarde. En 1909, en una final de Copa, el partido entre ambos terminó en empate y, como entonces no había ni penaltis ni prórroga, se pasó a un segundo partido. Dicho encuentro transcurría por los mismos derroteros, por lo que las aficiones de Celtic y Rangers invadieron Hampden Park indignados por lo que consideraban un amaño. Hubo que suspender el choque y el título quedó desierto. El periódico ‘The scottish referee’ denominó el derbi escocés como ‘The old firm of Rangers-Celtic Ltd’ (Antigua empresa del Rangers-Celtic S.L.) por la sospecha de que los partidos importantes estaban arreglados desde siempre para que se repitiesen y así generar una nueva taquilla. Desde entonces al choque se le conoce como ‘Old Firm’ (Vieja Empresa).

Y lo cierto es que, aunque el odio que se profesan es atroz, en pleno siglo XXI siguen usando el ‘Old Firm’ en contra del resto de clubes escoceses. Ambos se benefician económicamente de la rivalidad que se profesan. Negocian juntos los patrocinios, los derechos de televisión e incluso han pedido conjuntamente ingresar en la Premier inglesa. Y habitualmente han compartido patrocinador, porque ninguna empresa es tan inconsciente como para invertir el dinero en uno generando inquina en los seguidores del otro.

El ‘Old Firm’ ha sido lugar de múltiples desgracias. En 1931, durante un encuentro entre Celtic y Rangers, John Thomson y Sam English fueron a por el balón al mismo tiempo y la rodilla de English chocó con la cabeza de Thomson. Éste, portero del Celtic de 22 años, salió peor parado y acabó con una fractura de cráneo falleciendo horas más tarde en el hospital. Hoy una canción en honor de Thomson es tarareada en todos los partidos del Celtic. Célebre por violenta también es la final de Copa de 1980 en la que el Celtic consiguió el título con un gol en el descuento originando una celebración por el título que acabó en una batalla campal en el césped de Hampden Park. Pero el ‘Old Firm’ más popular por aciago fue el disputado en Ibrox en 1971. Una avalancha de espectadores, también causada por un gol de última hora aunque en este caso del Rangers, acabó con 66 fallecidos, muchos de ellos menores. El siniestro provocó una remodelación de Ibrox que lo convirtió en uno de los primeros estadios del mundo con medidas de escape y de seguridad. 

Aunque la mayoría de los astilleros de Glasgow tenían vetada la presencia de trabajadores católicos, la convivencia entre los forofos de las dos religiones se mantuvo en calma hasta la década de 1920. Tras un trágico proceso que duró seis años (1916-1922) Irlanda obtuvo su independencia. Es entonces cuando en Glasgow la mayoría protestante comienza a hostilizar a la minoría católica, iniciando una inquina entre ambas comunidades que aún no ha sido resuelta.

La ferocidad de la rivalidad hace difícil que un jugador pueda defender los colores de las dos escuadras. Se cuentan con los dedos de las manos los futbolistas que han militado en los dos equipos a lo largo de la historia. Con la aprobación de la ley Bosman todo ha cambiado y los mercados a los que pueden acceder ambos conjuntos son enormes, pero hasta 1995 el mercado principal era el nacional. El caso más desgarrador para ambas aficiones fue el de Mo Johnston. Graeme Souness, técnico del Rangers, solicitó a la directiva el fichaje de Johnston, un fenomenal delantero internacional con Escocia que jugaba en la liga francesa pero que había triunfado años atrás en las filas del Celtic. Mo Johnston, además de ex estrella del Celtic, era católico, y se convirtió en el primero de ellos que jugó en el Rangers en más de medio siglo. De este modo Mo Johnston pasó a ser un traidor para la afición del Celtic, pero tampoco fue aceptado por la del Rangers. Muchos aficionados protestantes quemaron su camiseta y su abono de temporada hasta que en un ‘Old Firm’ jugado meses más tarde Johnston pasaría a ser amado por la afición del Rangers al anotar el gol de la victoria.

Y es que el Celtic representa a los irlandeses, católicos, republicanos y en menor medida a las izquierdas y a los trabajadores. El Rangers es el equipo de los protestantes, de los partidarios de la unión del Imperio Británico, de los monárquicos y de forma más rehusada de las derechas y de los burgueses. Celtic y Rangers son instituciones preponderantes en la vida escocesa con un grado de significación social y cultural inimaginable en cualquier otro club de fútbol del mundo. La rivalidad se cierne en una serie de conflictos políticos y en una competencia sectaria y en ocasiones racista y violenta. 

El Rangers puede presumir de ser el club de fútbol con más ligas (54) no sólo en Escocia sino en que cualquier otra liga en el mundo, si bien es cierto que con una condena en ese historial. El Rangers tuvo que refundarse en 2012 al caer en bancarrota. Desde entonces, el nuevo Rangers, aún no sabe lo que es un título liguero. La caída en desgracia de los protestantes será ‘in secula seculorum’ motivo de júbilo para los católicos, con menos ligas (50) pero que son el único club escocés triunfante en una Copa de Europa (1967). Además, para el sempiterno orgullo Celtic, su victoria ante el Inter (2-1) se logró con un once inicial de jugadores nacidos en Glasgow o en sus alrededores.

“Hay gente que insiste en que otras rivalidades futbolísticas pueden generar tanta intensidad como los choques entre Rangers y Celtic. Creedme, no hay nada comparable”. Alex Ferguson,  nacido en Glasgow, y uno de los entrenadores más exitosos de todos los tiempos dirigiendo al Manchester United.

P.D: Había decidido escribir sobre el ‘Old Firm’ porque era el único evento deportivo que quedaba en pie para este fin de semana. Se iba a jugar este domingo, pero escasamente un par de horas antes de publicar este artículo, el ‘Old Firm’ era suspendido hasta nueva orden.

En las próximas semanas seguiré hablando de deporte, aunque el deporte permanezca parado. Porque el deporte no es más que algo secundario. El puñetero coronavirus, que aún estamos empezando a sufrir, nos deja de momento dos reflexiones. La primera la importancia de la libertad. Nos podemos empeñar en obtener reconocimiento social y laboral, pero el bien más preciado de un ser humano es su libertad. El segundo es la salud. Este blog nada a contracorriente. Pone el ojo en el pasado. Cuenta historias, anécdotas y describe el porqué de las cosas, o lo intenta, de forma pausada y amena a través de la palabra. Nada a contracorriente porque el siglo XXI es el siglo de la inmediatez, del futuro, de la imagen y de la tecnología. El coronavirus nos recuerda que no somos dioses. Somos simples, insignificantes y frágiles seres humanos. Como siempre hemos sido y como siempre seremos, por muy rápido que queramos avanzar.

“Cuando las expectativas de uno se reducen a cero, uno aprecia realmente todo lo que tiene.” Stephen Hawking.

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De cuando se perdonó al rugby en Irlanda

Durante siglos Irlanda funcionó como un sucedáneo de colonia inglesa y aunque en 1801 pasó a integrarse en el Reino Unido, en la práctica seguía teniendo el mismo status. A lo largo del siglo XIX una serie de catastróficas cosechas hicieron que millones de irlandeses emigraran a Estados Unidos. Humillados, hastiados y cansados, el romanticismo y el nacionalismo que brotaba por aquel entonces calaron con rapidez en buena parte de la población, por lo que en 1916 los irlandeses declaraban unilateralmente la independencia el Lunes de Pascua. A partir de entonces, y durante los siguientes seis años, tendría lugar una serie de escaramuzas que se acabarían convirtiendo en una guerra contra la Corona Británica.

Como cualquier hijo de vecino, los irlandeses habían abrazado con efusividad la llegada tanto del fútbol como, especialmente, del rugby, dos deportes ingleses de enorme aceptación. Sin embargo, en Eire ya había dos deportes de enorme arraigo; el hurling y el fútbol gaélico. ‘Grosso modo’ representaban la idiosincrasia celta de la nación irlandesa y venían a ser dos sustitutos del criquet y del rugby respectivamente.

Las grandes competiciones de ambos deportes se celebraban en Croke Park, un recinto propiedad de la Asociación de Deportes Gaélicos (GAA en sus siglas originales). Se trataba de un coqueto estadio de madera de altos muros que impedía miradas ajenas. La GAA se consideraba una plataforma de salvaguardia de las costumbres y la historia irlandesa y, a medida que el conflicto se fue enquistando, se fueron endureciendo las normas para el acceso a la Asociación. Se decretó la prohibición de practicar deportes gaélicos a los miembros del funcionariado que fuesen de origen británico. Por otro lado, los socios de la GAA tenían terminante prohibido practicar deportes ingleses, es decir, ni fútbol ni rugby.

El deporte simbólico por excelencia era y es el hurling. Jugado con un palo de madera, cuando la Corona británica prohibió a los irlandeses portar armas éstos pasaron a usar dicho palo como arma arrojadiza. En los funerales, y como reivindicación nacional, el stick del hurling se elevaba a lo alto y se tapaba en señal de luto.

El 21 de noviembre de 1920, Michael Collins, Comandante del Ejército Republicano Irlandés (IRA en sus siglas originales), ordenó una matanza que acabó con la vida de 18 miembros del servicio secreto británico que tenían su base en Dublín. Esa misma tarde se disputaba en Croke Park un encuentro de fútbol gaélico entre el equipo de la capital dublinesa y el Tipperary. Los paramilitares británicos aprovecharon la ocasión para tomarse cumplida venganza. Treparon por los muros del estadio para atizar con saña a todo sujeto viviente y acabar con la vida a golpe de metrallazos de 14 personas. Fue el llamado ‘Bloody Sunday’ (no confundir con el ocurrido en 1972 e inmortalizado en forma de canción por los irlandeses U2). Se cuenta que los británicos se jugaron a cara o cruz si asaltar con violencia Croke Park o liarse a tiros por la calle más transitada de Dublín.

Así entonces, Croke Park se convirtió en un templo del nacionalismo y la GAA tomó la decisión de que nunca se celebrarían en ese recinto competiciones extranjeras, es decir, ni fútbol ni rugby. Aquel desaliñado estadio de madera se acabaría convirtiendo en un coloso de 82.000 espectadores, el tercero más grande de Europa. Hoy es visita obligada para turistas, tanto por cuestiones deportivas como por causas históricas y políticas.

—EL XV DEL TRÉBOL—

Total que, tras una cruenta guerra, en 1922 se constituye formalmente la República de Irlanda que conforma algo más de las ¾ partes de la isla del mismo nombre. En el noreste, en la llamada región del Ulster, los ciudadanos decidieron seguir fieles al Rey de Inglaterra y establecieron un nuevo país llamado Irlanda del Norte, que continúa bajo mandato monárquico integrando parte del Reino de Gran Bretaña.

Ese año, como era lógico, se instauraron dos federaciones distintas de fútbol, una para Irlanda y otra para Irlanda del Norte. Lo curioso es que había futbolistas que jugaban indistintamente para una y para la otra, hasta que en 1953 la FIFA tomó cartas en el asunto y prohibió esos intercambios, amén de reconocer a ambas federaciones nacionales.

Con todo, el rugby había arraigado con mayor fuerza en la isla del trébol, por lo que, a pesar de existir dos países, se tomó la decisión de seguir formando con un único equipo. No fue esta una decisión fácil. Ayudaba que la mayoría de los jugadores solían ser irlandeses así que a los norirlandeses les quedaba poco más que callar. Los partidos acostumbraban jugarse en Dublín, aunque de vez en cuando se viajaba a Belfast, la capital unionista del norte.

El juego de equilibrismos llegaba al paroxismo de cambiar de himno en función de donde se disputase el choque. En Dublín sonaba el ‘Amhrán na Bhfiann’ (la canción del soldado) himno gaélico de Irlanda. Si el encuentro se disputaba en Belfast se entonaba el ‘God save the queen’ (Dios salve a la reina), himno británico. Así fue hasta 1954, cuando los jugadores irlandeses se negaron a escuchar la canción inglesa y desde entonces nunca más se volvió a jugar un partido en Belfast. Mucho después, en 1995, se tomó la decisión de elaborar un nuevo himno para los encuentros internacionales que representase a las dos Irlandas. ‘Ireland’s call’ (La llamada de Irlanda) está escrita en inglés, sustituye al himno británico y su letra está llena de continuas referencias al trabajo en equipo y a la unión de todos los irlandeses.

Lo de las banderas también es de traca. Cuando el equipo juega en Dublín, junto a la bandera de la Irish Rugby Union ondea la naranja, blanca y verde de Eire. Cuando juega en Belfast o sale de la isla para jugar en el extranjero, se elimina la bandera de Eire y se cambia por un blasón que representa las cuatro regiones irlandesas; Connacht, Munster y Leinster -que conforman la tradicionalmente católica Irlanda- y Ulster -en los que 6 de sus 9 condados forman la tradicionalmente anglicana Irlanda del Norte-.

Con todo este batiburrillo de información viajamos a 2006. Ya sabemos que es tal la inquina de los tradicionalistas que en Croke Park no se puede jugar ni al fútbol ni al rugby. Así pues, la selección del balón ovalado disputa sus encuentros en Lansdwone Road, un recinto histórico levantado en 1872. Tras diversas modificaciones a lo largo de las décadas llegó a contar con unos 45.000 espectadores de aforo, una buena cifra, pero notablemente inferior a la de Croke Park.

Cómo es de recibo, Lansdwone Road sufrió pertinentes modificaciones hasta que en 2006 se tomó la decisión de una renovación integral que básicamente consistía en tirar el estadio y construir uno nuevo a través de los cimientos del antiguo. La selección de futbol se quedaba sin hogar, pero sobretodo, quien se quedaba sin hogar era la selección de rugby. El ‘XV del Trébol’ iba a disputar el 6 Naciones, y además era favorito, pero no tenía estadio donde disputar sus partidos como local. Existía la alternativa de jugar en Belfast, pero teniendo en cuenta que poco más del 5% de su plantilla era norirlandesa y que desde 1954 no se iba por esos lares, no se consideraba una opción viable.

Se podía jugar en Croke Park.

Violar suelo sagrado.

La Irish Rugby Union, con el apoyo del Gobierno, presionó a la GAA para que aceptase que como excepción se jugasen partidos de rugby en Croke Park. A regañadientes la GAA realizó una votación entre sus socios. El resultado fue de 227 votos a favor y 97 en contra, pero la claridad de los números no deja de ser engañosa. Fue una votación polémica y muy reñida porque por el medio hubo muchas dimisiones y protestas. Muchos exjugadores y familiares de exjugadores de hurling y de fútbol gaélico pidieron retirar sus recuerdos del museo del estadio.

Y así, el 11 de febrero de 2007, la selección irlandesa de rugby jugó y perdió ante Francia violando el sagrado suelo de Croke Park. No obstante, 15 días después tendría lugar el verdadero sacrilegio. Nuevamente en Croke Park, el rival iba a ser Inglaterra. Se tenía pavor ante la llamada a la violencia cuando sonase el himno inglés. Sorprendentemente el silencio y el respeto fueron memorables. Cuando los jugadores ingleses dejaron de entonar el himno hubo numerosos aplausos desde la grada. Segundos después el himno irlandés sonó por megafonía y miles de espectadores derramaron ríos de lágrimas. Horas después Irlanda vencía por 43-13 y la fiesta de la concordia se convirtió en fiesta deportiva.

Durante los siguientes tres años la selección irlandesa disputó sus partidos en Croke Park y volvió a jugar como local en Belfast tras más de medio siglo de voluntaria ausencia. En 2010 fue inaugurado el nuevo Lansdwone Road (llamado Aviva Road por motivos comerciales) y tanto el rugby como el fútbol volvieron a su lugar de origen.

Durante esos tres años en Croke Park se había enterrado para siempre una historia de sangre y odio entre hermanos que iba camino de la centuria de antigüedad.

Católicos y protestantes. Irlandeses libres e irlandeses unionistas. Fútbol gaélico y rugby.

El rugby irlandés había sido perdonado.

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