historia

De la gloria al ridiculo. De Italia a Inglaterra

Tras el empate en San Siro ante Suecia, el fútbol italiano vive y vivirá, al menos hasta el verano que viene, en un estado permanente de dolor y tragedia a partes iguales. Gianni Mura, leyenda viva del periodismo deportivo, escribía tras confirmarse que Italia se ausentará de un Mundial por vez primera en 60 años: “Si no es luto nacional, poco falta. Los suecos han eliminado a los inventores del catenaccio con un supercatenaccio (…) El complejo que gira en torno al fútbol en Italia ya no se sostiene. La culpa es del exceso de extranjeros, opinan muchos, entre ellos Salvini de la Liga Norte, por motivos electorales. Pero en 2006 también había extranjeros en el campeonato. De amos del mundo a bailarines de cuarta fila. Parece imposible, pero es cierto. Hemos olvidado que en 2006 Italia podía contar con verdaderos campeones (Pirlo, Del Piero, Totti, Buffon, Cannavaro), de los cuales hoy en día, aparte de Buffon no queda ni rastro. Basta con que Bellotti marque un gol de chilena para que lo proclamemos el nuevo Riva; si Donnnarumma hace dos paradas decentes, ya es el nuevo Buffon; Bonucci acierta dos tiros largos y es Beckenbauer. No es verdad, o aún no (…) En Italia la federación de fútbol tiene poco poder, y la liga demasiado. En Alemania hay 200 centros de formación. En Italia 30 (…) Hoy es fácil decirlo, pero también en el pasado, cuando no eran los grandes equipos, sino Eslovaquia, Nueva Zelanda o Costa Rica, los que mandaban a casa a la Italia de los fenómenos en la primera fase de los mundiales de 2010 y 2014. Hace tiempo que suena la alarma, pero hemos hecho como que no la oíamos”.

Es un proceso muy doloroso porque en la actualidad participan en la cita mundialista 32 selecciones frente a las 16 que lo hacían en el pasado. No obstante hay un cierto truco en esta afirmación. La ampliación ha democratizado el fútbol a nivel mundial, pero Europa siempre tuvo cierta barra libre para clasificarse. En la actualidad el cupo europeo está en 13 escuadras mientras que antaño quedaba en 9. Teniendo en cuenta que con la disgregación soviética y yugoslava el número de países creció en un tercio, la tan manida frase de que ahora es más fácil clasificarse que en tiempos pasados se puede tomar por falsa -en lo que al continente europeo se refiere-.

Con el de Rusia serán ya 21 las citas mundialistas. Brasil es el único país que hace pleno. Alemania (o en su defecto la RFA) ha fallado en dos ocasiones y Argentina en tres citas. México ha participado en 16 y Francia, España e Inglaterra en 15. Detrás de Brasil y de Alemania aparece Italia con 18 celebraciones. Falló en la edición inaugural de 1930, en 1958 y lo hará el año que viene en Rusia. Entre medias cuatro entorchados y dos subcampeonatos.

Realmente lo de Italia siendo tragedia no es una sorpresa morrocotuda. Quedó segunda de grupo ante España (probable) y la eliminó Suecia (posible). Casos como este los hay a borbotones. De hecho, Suecia pasó en su grupo por delante de una lamentable Holanda, la cual también falló en el 2002 ante Irlanda y en 1986 con Gullit, Van Basten y compañía frente a Bélgica. Sorprendente de igual forma fue la clasificación de Escocia ante la España de Di Stéfano en 1958 o la de la Bulgaria de Stoichkov y Kostadinov con un gol en el descuento en el partido decisivo ante Francia valedero para el Mundial de 1994.

Pero para tragedia nacional debemos trasladarnos a la década de 1970. Fue un caso muy parecido al de Italia. Inglaterra pasó de ganar el Mundial al fracaso absoluto en apenas diez años.

Inglaterra había salido campeona en 1966 y fuera eliminada cuatro años después ante Alemania en cuartos en una reedición de la final anterior. Las viejas glorias como Charlton, Moore o Banks se habían retirado pero Sir Alf Ramsey seguía siendo el seleccionador. Además, tras años de oscuridad en el continente, los equipos ingleses iban a enlazar durante esa década un título europeo tras otro gracias a Manchester City (1970), Chelsea (1971), Tottenham (1972), Liverpool (1973,1976,1977,1978), o Nottingham Forest (1979,1980). El futuro prometía.

Para la clasificación de 1974, Inglaterra quedó encuadrada en un grupo de tres equipos junto a Polonia y Gales. Los polacos eran los actuales campeones olímpicos y con Lato y Deyna tenían un buen conjunto, pero nunca se habían clasificado para una cita mundial. Inglaterra sacó 3 puntos (de aquella las victorias sumaban sólo dos puntos) ante los galeses, mientras que Polonia cayó en Cardiff por lo que sólo pudo sumar 2. No obstante, Polonia pasó por encima de Inglaterra en Varsovia por lo que los ingleses tenían que ganar en Wembley para clasificarse para el Mundial. A Polonia le valía el empate. La misma situación a la que se enfrentaron Italia y Suecia hace unos días.

Era el 7 de octubre de 1973. La clasificación se daba por hecha. De hecho la federación inglesa se negó a posponer la jornada liguera para dar descanso a los futbolistas anglosajones porque se consideraba innecesario.

Se empató. Tomaszewski, portero polaco, hizo un partido prodigioso. Sólo encajo un gol de penalti. Domarski había adelantado a los centroeuropeos antes de la pena máxima al iniciarse la segunda parte. Las paradas de Tomaszewski fueron numerosas. Se convirtió en héroe nacional. Inglaterra se quedó atónita. Era la primera vez que no iban a un Mundial desde que firmaran la paz con la FIFA en 1950. Era el final de una era. Pero la pesadilla aún no había acabado.

Cuatro años después los ingleses tenían un equipo formidable en el que destacaban Shilton, Paul Mariner o Kevin Keegan. Se contrató como entrenador a Don Revie, el hombre que había hecho grande a un equipo de provincias como el Leeds. La cosa ya empezó mal al no clasificarse para la Eurocopa de 1976, pero aún se puso peor cuando por los malos resultados Inglaterra dejó de ser cabeza de serie y tuvo que compartir grupo de clasificación con Luxemburgo, Finlandia…e Italia.

Italia sometió a Inglaterra en Roma por 2-0 gracias a Antonogni y Bettega y se optó por echar a Revie y contratar a Ron Greenwood, un entrenador de medio pelo. Habría que ganar en Londres en el partido de vuelta y rezar para que Italia pinchase sorpresivamente. Obviamente nada de eso sucedió. De hecho, Italia pasó por encima de Luxemburgo y de Finlandia mientras que los ingleses sufrieron para derrotar por la mínima a los fineses.

El problema era la diferencia de goles. Contaba la diferencia general y no la particular, por lo que Inglaterra debía vencer a Italia por 6-0. Los chicos de Greenwood hicieron su mejor partido en años pero sólo consiguieron dominar por 2-0. Habían igualado el resultado de la ida, pero resultó insuficiente.

El fracaso había sido doble, pero dado que esta vez el rival era la siempre respetable Italia y no la desconocida Polonia se aceptó con cierta resignación. Aún habría otra trágica fase de clasificación en 1994 con ridículo ante San Marino incluido, pero eso sería tema de otro artículo. Con lo que hay quedarse es que antes de Italia ya hubo una selección que pasó de la gloria mundial al ridículo nacional en apenas una década. Y no fue una selección cualquiera.

Leer más

FC Barcelona; una historia de la Transición

En un fantástico libro llamado “Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España”, el profesor Alejandro Quiroga cuenta como Jordi Pujol vertebró el Estatut de Autonomía y su catalanidad en torno a tres ejes; el estudio de la historia catalana en las escuelas, la figura del Presidente de la Generalitat como líder de los catalanes y la difusión de narrativas nacionalistas a través del FC Barcelona.

Pero Pujol tenía un problema. El presidente del FC Barcelona era José Luís Nuñez (desde hace unos años Josep Lluís) un constructor que no comulgaba con CIU y que siempre se mostró equidistante respecto a las políticas nacionalistas. En 1988 hubo una fuerte campaña a través de Tv3 y Avui para substituirlo por Ricard Huguet a través de la plataforma GOB (Grup d’ Opinió Barcelonista) pero sorpresivamente Nuñez se mantuvo firme y los éxitos deportivos de Cruyff en el banquillo hicieron el resto.

No es casualidad que el primer partido de fútbol retransmitido por Tv3 tuviese lugar un 11 de septiembre de 1983 y que el equipo escogido fuese el FC Barcelona. Tampoco es casualidad que la Tv3 gaste dinero público en costear los ingentes gastos de los derechos de retransmisión de la Liga de Campeones, cuando al mismo tiempo se están retransmitiendo por un canal estatal.

A modo comparativo. El primer partido en la TVG fue un día de agosto no recordado de 1985 con motivo del torneo Ciudad de Vigo. Se enfrentaban el Valladolid contra el Dinamo de Kiev. Sólo hay que ver quien gobernaba y gobernó en Cataluña y quien lo hacía y lo hace en Galicia. Como se dice por tierras gallegas; nin tanto nin tan pouco.

¿Cómo se llegó a esto? Ya hemos comentado en otro artículo que en los 70 el FC Barcelona fue pionero en el uso aún prohibido del catalán (aunque al mismo tiempo se dieran insignias de oro y brillantes a Franco) y en el Camp Nou portar una bandera azulgrana era una forma bajo cuerda de ondear una senyera. Para muchos catalanes aficionados a otros clubes no era justo, pero la ideología de uniformidad en torno al FC Barcelona se hacía cada vez más fuerte.
El fútbol crea identidad y sentimiento de pertenencia. En el imaginario colectivo un encuentro entre Real Madrid y FC Barcelona era un momento de confrontación entre derechas e izquierdas y entre centralización y nacionalismo. Con una Dictadura de por medio la idea caló hondo y aún errónea se mantiene medio siglo después.

En 1973 Agustí Montal ganó la reelección para la presidencia del Barça con el slogan “més que un club”. Ese año se recupera el nombre original de Fútbol Club Barcelona, de origen inglés, que sustituía al castellanizado Barcelona Club de Fútbol. Eran habituales las consignas pidiendo un Estatut de Autonomía y una vez muerto Franco brotaron las senyeras por doquier. No obstante, conviene recordar que la primera vez que se vieron en el Camp Nou banderas catalanas fue en un mitológico encuentro entre el Barcelona y el Real Madrid de diciembre de 1975, es decir, con la democracia aún por hacer pero con Francisco Franco con todo hecho. Se habían introducido en el estadio clandestinamente. No fue antes de su muerte, tuvo lugar después. Muerto y enterrado. La memoria suele ser caprichosa. La fiesta fue plena porque Charly Rexach, “el noi de Pedralbes” anotaba en el último minuto y otorgaba la victoria al Barça.

Un par de años después con Suárez elegido democráticamente presidente y con la Constitución en ferviente preparación, tuvo lugar un suceso en el que la política catalana y el FC Barcelona se fusionaron para siempre, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Josep Tarradellas, futbolista en su juventud, se inscribió como socio del FC Barcelona a los 19 años. De hecho llego a jugar en el Barcino, lo que hoy en día sería el Barcelona C. Para los que se acerquen a este blog buscando deporte es conveniente señalar que Tarradellas había sido miembro del Parlament catalán durante la II República y que en 1954 fue nombrado Presidente de la Generalitat en el exilio, cargo que ostentaba desde entonces. En su biografía confiesa que guardaba con devoción un cartel de las Bodas de Oro del Barça (1949) que un amigo le había llevado de incógnito a Francia.

En su mocedad Tarradellas era un asiduo al campo de la Industria y también acudió en varias ocasiones a Les Corts. Su obligado exilio de casi 40 años hizo que todavía no conociese el Camp Nou. Ya anciano, y con la Autonomía provisionalmente restaurada, fue nombrado presidente transitorio de la Generalitat y el 23 de octubre de 1977 salió al balcón del Palacio de Sant Jaume para pronunciar ante la multitud el icónico grito de “Ciutadans de Catalunya, ja soc aquí”. Unas palabras acogidas por muchos como muestra de reconciliación y aceptación de la diversidad al usar expresamente la expresión ciudadanos de Cataluña en lugar de la palabra catalanes.

El presidente Montal mantuvo durante el tardofranquismo correspondencia con Tarradellas y a través de Joan Granados (uno de los fundadores de Convergència) le hizo llegar un carnet de socio del FC Barcelona. Una semana después de aquellas mágicas palabras, un 30 de octubre de 1977, Tarradellas acudió por vez primera al Camp Nou para presenciar un duelo entre su Barça y la UD Las Palmas. Tenía 78 años y le acompañaba su esposa Antonia Macià (hija del también ex presidente de la Generalitat Francesc Macià). El partido se jugó a las 17:00 h. Quince minutos antes una agrupación popular interpretó una sardana. Después se desplegó una espectacular senyera de 60 metros que cubría el ancho del césped, mientras el estadio brindaba una atronadora ovación a aquel demócrata convencido. Inmediatamente el público se puso en pie y sonó por megafonía el himno catalán, oficiosamente permitido pero aun oficialmente prohibido.

Durante el descanso, Agustí Montal dijo aquellas palabras tan glorificadas por barcelonistas y catalanistas y vilipendiadas por catalanistas pero no barcelonistas, porque ser del Barça y ser catalán no es lo mismo aunque pueda parecerlo: “Señor presidente, el Barça y vos sois la misma cosa, personificáis las mejores virtudes de nuestro pueblo, de la patria catalana”. A lo que el venerado Tarradellas respondió; “nuestro club es grande porque en su historia siempre ha sabido mantener la fidelidad a Cataluña”.

La orgía de sentimientos se completó con la victoria por 5-0 al conjunto isleño y la obtención de liderato de Primera División debido a la sorprendente derrota del Real Madrid en Vallecas. Por cierto, los cinco goles azulgranas fueron anotados en partida doble por Zuviría (Argentina), Neeskens (Países Bajos), Cruyff (Países Bajos) y Heredia (Argentina).

https://www.youtube.com/watch?v=OMYk0TuJJgc

Leer más

FC Barcelona; la Guerra Civil

La década de 1930 fue de todo menos gloriosa para el FC Barcelona. La ensalzada II República es vista en retrospectiva por el fútbol y el deporte catalán con el prisma del éxito y de la libertad. Una época donde el rancio control del españolismo no existía y brotaban las conquistas del liberal y moderno deporte barcelonés. Pues desde 1930 a 1936 el FC Barcelona no ganó ningún título. Ni Liga ni Copa. La II República no trajo éxitos deportivos, algo que, guste o no guste, sí que trajo los primeros años del Franquismo. De hecho, un Barça tocado por la venta de Pepe Samitier al Real Madrid (un asunto que dará para hablar en otro artículo y que fue una traición mucho más agria que la de Luis Figo) queda en puestos de descenso en 1934 y sólo se salva de perder la categoría ante la ampliación de la Primera División de 10 a 12 equipos.

Poco antes del Golpe de Estado de 1936, el FC Barcelona había perdido la final de Copa ante el Real Madrid. Un encuentro disputado en Valencia y que representó la retirada del fútbol de Ricardo Zamora. El portero catalán del Real Madrid evitó un gol en el último minuto del azulgrana Escolá con una extraordinaria parada efectuada con el hombro, la famosa “zamorana”. Para el 18 de julio la plantilla ya está de vacaciones, incluido el inglés Patrick O’Connell y el uruguayo Enrique Fernández, entrenador y estrella por este orden de la escuadra blaugrana.

En Barcelona, tras las refriegas de los primeros días, se mantiene el orden constitucional y las instituciones republicanas. Josep Sunyol es el presidente del club y tras una junta extraordinaria celebrada el 31 de julio, un par de días después viaja en coche rumbo a Madrid. Por error se adentra en la Sierra de Guadarrama, zona controlada por los franquistas, y es detenido y finalmente fusilado el 6 de agosto. La historiografía deportiva ha dejado su asesinato como un ajusticiamiento de odio ante el presidente del FC Barcelona. Es rotundamente falso. Sunyol fue fusilado porque se dirigía a Madrid para participar en una sesión en el Congreso de los Diputados en virtud de su escaño como diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Es decir, fue una muerte política, nunca deportiva.

El FC Barcelona era el equipo de la burguesía catalana. La Ciudad Condal era un hervidero de jóvenes anarquistas y de ideas nuevas, osadas y aventuradas que proponían el derrumbamiento de las instituciones políticas. El 15 de agosto de 1936 un grupo de milicianos del departamento de parques y jardines de la CNT-FAI se presentaron en Les Corts e incautaron las oficinas del club, según ellos para “beneficio del pueblo”. Ese mismo día, Rossend Calvet, directivo azulgrana, creó entre los trabajadores del club un sindicato libertario, lo que podríamos llamar una cooperativa, que hizo que la CNT se echase atrás y asintiese que la directiva del Barça siguiera manejando los entresijos del club.

Ante tanto zozobra, al FC Barcelona aún le da para ganar una Liga Mediterránea, lo más próximo a una competición regulada en el momento, un torneo disputado en condiciones precarias por equipos catalanes y valencianos en zona republicana. Pero el Barça estaba herido de muerte. La supervivencia del club tuvo lugar un año después cuando emprendió una gira por México y Estados Unidos haciendo divulgación y propaganda en beneficio de la II República y obteniendo los suficientes recursos económicos para la supervivencia de la entidad. Buena parte de la plantilla se quedó en el país azteca y otros pusieron rumbo a Francia. Calvet ingresó el dinero de la gira en un banco de París, y menos mal que lo hizo, porque en un bombardeo de la aviación franquista en marzo de 1938 fueron destruidas las oficinas del club en Consell del Cent y con ellas 2.500 pesetas que se guardaban secretamente en el tubo de una cañería.

Para 1940, con la guerra concluida, el FC Barcelona es obligado a eliminar de su escudo dos rayas de la senyera (fueron recuperadas en 1949) y en el estadio de Les Corts se coloca un monumento en honor a los caídos por Dios y por España durante la Guerra Civil. Hasta que el desplome de la Alemania hitleriana obligue a Franco a levantar el pie del acelerador, los jugadores tendrán la obligación de realizar el saludo fascista y mantener la cabeza alta en dirección al monolito antes del inicio de los encuentros.

Un inciso. Muchos barcelonistas recuerdan con saña el monumento colocado delante de Sarriá, la casa del RCD Español. Era exactamente el mismo que había en Les Corts. La memoria suele ser selectiva.

En ese mismo 1940 Enrique Piñeyro, Marqués de la Mesa de Asta, es nombrado presidente del club por decreto gubernamental. Piñeyro había sido ayudante de campo del General Moscardó en la toma de Barcelona. Comenzaban así trece años durísimos en los que el FC Barcelona tuvo presidentes escogidos a dedo desde Madrid y en los que fueron purgados todos aquellos que no comulgaban con el Franquismo. Trece años muy duros de control absoluto del club y de españolización del mismo, hasta que en 1953 se permitió la libre elección del presidente mediante votación de los socios.

Trece años de control político, pero nunca de control deportivo. Es importante distinguir y no confundir. Trece años con un 11-0 en Chamartín incluido, pero también con 5 títulos de liga y 4 copas. El Real Madrid en ese periodo (1940-1953), lo años más duros del Franquismo, únicamente alzó 2 títulos coperos.

Leer más

FC Barcelona; un compromiso con el catalanismo

En cierta ocasión dicen que Aristóteles preguntó a su maestro como escribir un diálogo. Platón le contestó diciéndole que el comienzo es la parte más importante de la obra. Y es que todo tiene un inicio. Un alfa. Un arranque. Un principio. Una apertura. Para el FC Barcelona, el ejército desarmado de Cataluña, ese comienzo tuvo lugar el 14 de junio de 1925. En el estadio de Les Corts. Durante un partido amistoso para beneficio del Orfeó Catalá. Pero antes del comienzo, hay que ir al porqué de ese comienzo.

Un grupo de jóvenes liderados por el suizo Hans Gamper fundó el FC Barcelona en 1899. Como otros clubes de la época, tenía vetada la presencia de jugadores autóctonos y estaba integrado por extranjeros arraigados en la oligarquía de la ciudad. Es por ello que un año después se constituyó el RCD Español, entre otras razones para poder acoger en sus filas a cualquier futbolista barcelonés o catalán. De ahí su nombre, para expresar su diferenciación sobre los discriminatorios azulgranas. El proceso, por chocante que parezca, se dio en cuantiosas ciudades, siendo tal vez el caso más significativo el de la italiana Milán, donde el Internazionale hacía la función del RCD Español, mientras que el AC Milan vetaba la presencia de muchachos autóctonos del mismo modo que hacía el FC Barcelona en la Ciudad Condal.

Para 1910, el club decidió buscar un escudo. Hasta entonces competían bajo la insignia de la ciudad de Barcelona. Es entonces cuando se adopta el emblema actual con la Senyera y la Cruz de Sant Jordi. Es un compromiso claro por la catalanidad como lo es también la renuncia a solicitar el título de real, adoptado por numerosos conjuntos pero rechazado por el FC Barcelona como modelo de responsabilidad a la catalanidad y también para mantener un espíritu amateur ajeno a debates políticos. El club crecía a pasos agigantados y en tan temprana fecha como 1922 se erigió un nuevo estadio en el barrio de Les Corts con capacidad para 25.000 espectadores.

Existía una idea de catalanidad, pero no había nada que hiciese que el FC Barcelona fuese una institución deportiva significada políticamente. Lo de “més que un club” aún era ficción. No obstante el cambio de paradigma era inminente. Ante una España atrapada en una guerra en Marruecos y frente a una galopante crisis económica, el general Miguel Primo de Rivera proclamó en Barcelona el estado de guerra el 13 de septiembre de 1923 y ocupó con militares los edificios claves de la ciudad con el apoyo de buena parte de los industriales y de la burguesía catalana. A las pocas horas todas las ciudades aragonesas y catalanas secundaron el golpe de Estado. La indecisión y el beneplácito de Alfonso XIII y de buena parte del Gobierno en Madrid, hizo que el 17 de septiembre se depusiera la Constitución (todavía pseudodemocrática) de 1876 tras un golpe militar, en estas fechas es conveniente recordar, iniciado en Barcelona.

Primo de Rivera prometió acabar con la guerra y nacionalizó los servicios básicos. Se consideraba como una solución digna y transitoria su dictadura, forma de gobierno ampliamente aceptada en la época. Sin embargo, al año siguiente se eliminaron las diputaciones provinciales (lo más parecido a autonomías que había por aquel entonces) y poco después se persiguió y restringió el uso del catalán (también del vasco y el gallego) lo que unido a otras decisiones desafortunadas, incitó a que ese apoyo que tuviera en 1923 dejase de tener efecto menos de un año después.

Aquel 14 de junio de 1925 el ambiente estaba muy caldeado. El partido benéfico enfrentaba al FC Barcelona contra el CE Júpiter, un equipo del barrio industrial de Poble Nou y por aquel entonces el tercer equipo de la Ciudad Condal en enconada lucha con el CE Europa. Era un día caluroso en la antesala del verano en el que se superaban ampliamente los 30 grados. Cerca de 15.000 personas se congregaron en un partido reivindicativo a favor “de la lengua y de la cultura catalana”.

Entre los asistentes al encuentro estaba la tripulación de un buque de la Marina británica de maniobras por el Mediterráneo. La banda de música de la Royal Navy se ofreció a interpretar los himnos nacionales de Gran Bretaña y de España como agradecimiento por la invitación al partido. Primero sonó el God Save The King e inmediatamente después la Marcha Real. Con las notas del primero hubo silencio y respeto. Cuando sonaron los acordes del segundo, 15.000 personas hicieron sonido de viento. La pitada fue de órdago.

El partido se disputó sin mayores incidencias pero al acabar el mismo, Joaquín Milans del Bosch, gobernador civil de Barcelona y abuelo del Milans del Bosch que sacó los tanques en procesión el 23-F, convocó a los medios y expresó su malestar ante “la descortesía y desconsideración con la que se escuchó la Marcha Real, un acto de incalificable desafecto a la patria, con el agravante de producirse ante extranjeros”. La resolución fue fulminante. Se cerraba el campo de Les Corts y el FC Barcelona quedaba excluido de cualquier competición durante seis meses y se le imponía una fuerte multa económica.

Fue entonces cuando se le sugirió a Hans Gamper dejar la presidencia y abandonar España, invitándole a volver a su Suiza natal. En ese preciso momento Hans Gamper pasó a ser Joan Gamper. En ese instante el FC Barcelona pasó de ser un club de fútbol catalán a ser un club de fútbol con una marcada conciencia política catalana.

Finalmente la sanción se redujo a tres meses y el FC Barcelona recibió el apoyo económico de la Banca Jover y del Banco de Bilbao ante una situación de quiebra técnica. A Gamper le permitieron volver a Barcelona pero con la clara exclusión de ocupar cualquier puesto en el organigrama del club. Intentó salvar el veto argumentando que si la Marcha Real no se había escuchado correctamente se debía “a la mala sonorización del estadio”. Dio igual. Le resultó muy difícil vivir en el anonimato y alejado del fútbol y en julio de 1930 se disparó en la sien poniendo fin a sus días. Más de 20.000 personas acudieron a su entierro.

En 1955 el FC Barcelona quiso bautizar como Joan Gamper al Camp Nou cuya edificación estaba en marcha, pero la dictadura de Franco se opuso enérgicamente. Se trataba de un ciudadano extranjero, protestante, muerto bajo suicidio y catalanista. Esto último sorprendió a las nuevas generaciones, pero no a los viejos barcelonistas que en 1925 habían acudido a Les Corts a ver un encuentro amistoso en beneficio del Orfeó Catalá sin saber que daba comienzo la historia de un mito y del compromiso de un equipo de fútbol con el catalanismo.

Leer más

FC Barcelona; un equipo sin una liga

En los anteriores post hablamos de países muertos, de aquellos estados con pasado olímpico que por vicisitudes históricas han implosionado u explosionado conformado uno o varios estados. En esa clasificación podría formar parte en poco tiempo España. En el antes hipotético y ahora posible y quién sabe si en el futuro probable caso en el que Cataluña se independizase, no volveríamos a hablar de España. Surgiría Cataluña, Euskadi, probablemente Galicia, posiblemente Navarra se partiría en dos e hipotéticamente florecerían Asturias o Andalucía. El resto no sería España, al igual que Serbia no es Yugoslavia. Pongamos por caso que hablaríamos del nuevo Reino de Castilla y Aragón.

De hecho, la Constitución de 1978 no valdría para lo que quedase de España. Se discute si en un referéndum debería votar o no el conjunto del Estado ya que es algo que afectaría al total de la población. Pongamos que no. Que sólo votasen los catalanes. Pero tanto da. La Constitución no valdría. Y el giro político sería de órdago. Sin Cataluña y con un descenso poblacional del 15-20 % de los ciudadanos, se produciría un giro a la derecha del electorado y una recentralización desde Madrid con el fin de homogeneizar a la sociedad española similar a otros intentos surgidos desde el siglo XIX.

¿A qué viene semejante coñazo en un blog sobre la historia y el hecho deportivo? Pues que una de las cantinelas favoritas desde Madrid y desde Barcelona es si seguirá habiendo duelo de merengues y culés en la Liga española. Vamos a tratar de responder a una pregunta igual de cansina como inquietante. Importante para unos, irrelevante para otros. La cuestión estrella de la “cuñadología” del momento. Ya saben, debate recurrido en reuniones familiares y en la que el cuñado de turno (también puede ser un primo, un tío o un compañero de trabajo) siempre sabe más que nadie porque conoce a uno que tal o vio en la televisión a otro que cual. Quien quiere un doctorado existiendo la “cuñadología”.

Vamos a ver si exponemos todo de forma objetiva.

Suponiendo que se acepte lo que digan las leyes, que es mucho suponer ante el panorama de desobediencia institucional y civil existente, la situación es cristalina. La inscripción en una liga requiere la adscripción a una federación autonómica. Desaparecida la catalana, habría que ver donde se asignarían los equipos catalanes.
Tendríamos que referirnos entonces a un acuerdo entre estados. Según la Ley del Deporte el único estado que puede jugar competiciones en España es Andorra en función de un acuerdo especial. Con una separación unilateral es evidente que nadie estaría por la labor de llegar a un arreglo. Si la ruptura fuera amistosa, habría que remodelar, o pisotear –que parece que es lo mismo- las leyes existentes.

Aun llegando a un arreglo hay un problema tremebundo. Se supone que los catalanes querrían tener selección propia. Para formar una selección hay que tener una federación. Y para tener una federación hay que crear una liga. Es obligatorio. Desde la Plataforma ProSeleccions Esportives Catalanes se dice por activa y por pasiva que el FC Barcelona jugará donde quiera y que la Liga española no se puede permitir la pérdida del Barça. Puede ser. Tebas quizás quisiera dejar jugar al Barça pero no podría. Porque no es el Barça, son todos los equipos catalanes. ¿Dónde estaría el límite? Y no sólo es fútbol. Hay más de 700 sociedades deportivas en Cataluña. Es irrealizable.

Desde la esquina nororiental se sugiere en voz baja que la situación del FC Barcelona sería la misma que la de andorranos o monegascos, por no citar otros casos como el de San Marino. No obstante la diferencia es notoria. Dejando al margen temas legales, históricos o tributarios, el problema fundamental es el de la manejabilidad. No es lo mismo integrar deportivamente (u en otros ámbitos) a un estado de 20 o 50 mil habitantes (por cierto la federación monegasca de fútbol está adscrita a la francesa desde antes de que se pusiera en marcha la Ligue 1) que a uno de casi siete millones con la tupida red de deportistas y clubes de diferentes disciplinas.

— ¿Y si no hay Barça-Madrid?—

Queda claro que no es integrar al FC Barcelona, es hacer lo mismo con Nástic, Palamós, Europa o Girona. Pero también con el Balonmano Granollers, Joventut de Badalona o Hockey Vic. O desmontar las instalaciones de Sant Cugat para deportistas de elite e integrarlas ¿conjuntamente? para catalanes y resto de españoles. Es una catástrofe deportiva. ¿Para quién? Para todos, pero la palma (si la palma pudiese ser en este caso sinónimo de triunfo) es para los blaugranas.

El nivel del FC Barcelona sería grosso modo el del Ajax. Un equipo con tradición y buen nombre, con una forma de jugar reconocida, con una apuesta fuerte por el fútbol base y que se movería en un segundo escalón europeo. Es verdad que Países Bajos dobla en población a Cataluña pero la importancia mundial de Amsterdam y Barcelona es pareja. Si nos detenemos a analizar el caso del equipo ajacied, tras la sentencia Bosman mantuvieron su nivel en la elite europea durante una década más. Desde entonces sufren la huida de jóvenes talentos cuando apenas han debutado con el primer equipo y deben rastrear el mercado internacional haciendo ellos lo mismo, es decir, cazar a jóvenes argentinos, brasileños, suecos o marroquíes. Otros conjuntos como el Benfica o el Anderlecht, de pasado glorioso, subsisten en una situación pareja. Para el Barcelona sería lo mismo. Durante una década continuaría resistiendo de las rentas conseguidas, pero a lo largo pagarían las consecuencias. Messi o Iniesta jugarían en Can Barça hasta los 18 o 19 años antes de dar el salto a un grande y valores de la casa como Xavi puede que dilataran su estancia en la Ciudad Condal hasta los 23 o 24.

¿A dónde iría el poderoso caballero? Madrid y Barcelona rondan los 170 millones en derechos televisivos. Los castellanos recibirían un jab que les dejaría groggies, pero los culés serían víctimas de un gancho que los enviaría a una lona representada por un Lliga catalana devaluada y sin tradición. El Oporto, por ejemplo, recibe unos 50 millones en conceptos por derechos televisivos.

Una argumentación típica sostiene que al igual que el FC Barcelona acusaría jugar contra el Lleida, también lo haría el Real Madrid al enfrentarse al Getafe. Es una falacia. Las ligas deportivas fueron creadas para obtener una competitividad y unos ingresos a lo largo del año a través de encuentros semanales. La liga inglesa es la competición con más ingresos internacionales, pero la alemana es la que mayores ingresos obtiene en el panorama interno. No es una cuestión de nivel deportivo, es una cuestión de número de habitantes. El Real Madrid seguiría llenando estadios y vendiendo periódicos para 40 millones de habitantes día tras día. Y el Celta o el Betis vivirían de esa ola. El FC Barcelona rebajaría su cuota de mercado a unos 7 millones de consumidores. Seguiría manteniendo su renta internacional, pero la masacre sería atroz en el consumo interno y, muy especialmente, para el resto de equipos de la Lliga catalana. Y eso sin referirse a disciplinas como el fútbol sala o el balonmano que viven de patrocinios y promotores.

—Diversos casos prácticos—

Podemos ver lo que ha sucedido en diversos países europeos en el último cuarto de siglo. La muestra es variopinta. Desde una ruptura amistosa de igual a igual (Checoslovaquia), con disturbios y encarcelamientos pero sin conflicto armado (URSS) y mediante una guerra (Yugoslavia).

En Checoslovaquia la liga se finiquitó en 1993 dando lugar a una liga checa y a otra eslovaca (nótese que aunque nos referimos al fútbol esto se puede extrapolar a cualquier deporte). La revolución de terciopelo fue de todo menos cruenta ante dos países de población y extensión similar y sin problemas étnicos fruto de emigraciones. Este supuesto no se puede extrapolar a España.

Viajemos a la Unión Soviética. En cada una de las tres repúblicas bálticas se disputa un torneo liguero que palidece en importancia con el de Rusia, gigante económico y poblacional. ¿Qué hicieron? Inteligentemente seis años después de la independencia crearon la Liga Báltica donde se enfrentan los tres primeros clasificados de las ligas letona, lituana y estonia al acabar la temporada nacional. Dado que son estados pequeños con ligas cortas de 10 equipos y de bajo nivel no hay problema de calendario. Es un supuesto extrapolable creando una liga Galeuscat entre gallegos, vascos y catalanes, pongamos por caso.

En Yugoslavia el proceso es distinto. La separación, con guerra de por medio, se dio entre iguales, a pesar de que Serbia era el epicentro del Estado yugoslavo. En baloncesto se creó una Liga Adriática a semejanza de la Liga Báltica pero se tardaron once años en ponerla en marcha cuando las heridas de la guerra principiaban a cicatrizar. Se podría dar perfectamente en España en disciplinas de menor abolengo, pero sería impensable en fútbol. Los equipos españoles de primera línea juegan más de 50 partidos oficiales en una temporada. No habría forma de encajar una liga estatal al acabar la temporada en Cataluña o en el nuevo estado de Castilla y Aragón.

Existe un caso de integración plena y lo tenemos en Gales. Hay selección propia, hay liga propia, pero los mejores equipos decidieron abandonar a los galeses y entrar en la Premier League inglesa. Son el Swansea y el Cardiff. Los escoceses Celtic y Rangers quisieron hacer lo mismo hace unos quince años, pero el Parlamento escocés desbarató la operación por cuestiones patrióticas. No parece factible que el FC Barcelona, ejército desarmado de Cataluña como fue bautizado por Vázquez Montalbán, abandone una recién creada Lliga catalana y deje de ser la bandera deportiva de un nuevo Estat.

—La selección catalana y los Juegos Olímpicos—

Más leña al fuego y con esto dejamos la pira encendida de por vida. Los Juegos Olímpicos. Existe una limitación tope de deportistas por países. Si un país es potencia en una disciplina (Kenia en atletismo es el arquetipo) se ve gravemente perjudicada. Con la independencia habrá más plazas por deporte. Es decir, si hubiese seis atletas españoles de maratón con la marca mínima para clasificarse tan sólo irían los tres mejores. Si tres de ellos fuesen catalanes, serían los seis los que disputarían los JJOO. Un ejemplo práctico. En el caso catalán el esquí se vería muy beneficiado, ya que hay esquiadores catalanes que no pueden ir a las Olimpiadas por falta de plazas y su nivel es superior a la media estatal.

Los catalanes argumentan que unos JJOO de verano obtendrían unas 7-8 medallas y que habría más plazas olímpicas. Los resultados se aproximan a la verdad. Respecto a las licencias olímpicas sería cierto en disciplinas individuales, no tanto en las colectivas donde se perdería fuelle (a menos habitantes, menor selección natural).

Sobre la nueva selección catalana de fútbol, el proceso sí que es mucho más simple. La FIFA no sigue los designios de reconocimiento internacional de Naciones Unidas, por lo que Cataluña no tendría dificultades para luchar por obtener la clasificación para el Mundial de 2022 o la Eurocopa de 2014. Los jugadores catalanes decidirían con que selección competir en virtud de la doble nacionalidad. Incluso futbolistas como Iniesta, nacidos en Albacete, podrían jugar en Cataluña si lo deseasen. De hecho, el recurso de la doble nacionalidad permitiría a Piqué no ser extracomunitario. Este punto es quizás el que más pelearía la nueva República Catalana, no sólo por el tema deportivo, sino para salvaguardar social y económicamente a sus ciudadanos ante un panorama fuera de la Unión Europea a medio plazo.

También hay deportes e instituciones a los que no les afectaría una hipotética independencia o hasta podrían ver reforzada su importancia internacional. Son torneos en deportes individuales que dependen directamente de fondos de la Generalitat, de fondos locales o de donaciones de empresas y particulares. Son, por citar a los más emblemáticos, el Circuit de Montmeló, el Real (¿seguiría siendo real? Club Tenis de Barcelona o la Volta Ciclista a Catalunya. Son pruebas de diferentes disciplinas arraigadas internacionalmente, con mucha tradición y que no están sujetas a ingresos televisivos o estatales.

–Colofón—

Todo esto está escrito poco después de que el ejército desarmado de Cataluña decidiése jugar a puerta cerrada un partido como apoyo ante los disturbios acontecidos el pasado 1 de octubre. El FC Barcelona decidió hacer política. Es legítimo. Es respetable. El ser humano desde las cavernas se ha reunido en tribus en función de su etnia, costumbres, religión o intereses económicos. Desde hace más de 100 años la tribu más grande que existe es el fútbol y es la única capaz de pasar por encima de esas diferencias e intereses. Es legítimo lo que hace el FC Barcelona, pero quizás es erróneo. Y no todo es blanco ni negro, tiene grises, y muchos grises.

Agustí Montal fue un excelente presidente del FC Barcelona. El hombre que fichó a Cruyff. Pero sobre todo es recordado como el dirigente que dio un salto al catalanismo. El que diseño el slogan de “Més que un club”, el que llevó el catalán a los carnets de socios y a la megafonía del Camp Nou. Pero también es el hombre que otorgó dos medallas de oro a Franco (el único club español que lo hizo hasta en dos ocasiones) en tan tardía fecha como 1971 y 1974, cuando ya se podía ser valiente pero alguno aún prefería esperar agazapado.

Como colofón habría que añadir un apunte trascendental. Que defensores y detractores de la independencia utilicen como argumento para defender su postura que un club deportivo forme o no forme parte de un sistema de ligas es de una bajeza intelectual considerable. Lo aquí expuesto sirve para explicar porque el FC Barcelona no jugaría contra el Real Madrid en el caso de una fractura del Estado español. Sólo para eso. Nada más que para eso. Que la decisión, sentimental, económica, histórica, realista o social dependa de ello, es tristísima. Esperemos que si algún día hay una votación legal nadie introduzca su voto en la urna pensando en el deporte y esperemos que haya o no haya votación el FC Barcelona siga siendo un magnífico club de fútbol juegue contra quien juegue.

Leer más

Pequeña historia de los países muertos (2ª parte)

Dentro de los tres tipos de estados muertos, nos habíamos quedado con aquellos que acabaron explosionando en la historia. Esbozáramos la trayectoria olímpica de Checoslovaquia y de Yugoslavia pero comentábamos que había un par de países cuya aparición en los JJOO no había tenido relación exacta con su surgimiento en el atlas de la historia. Estos dos estados fueron dos colosos; el primero deportivamente y el segundo histórica y deportivamente.

—RDA y RFA—

Tras la división en bloques de Alemania y la nueva delimitación de fronteras surgidas tras la II Guerra Mundial, en 1948 se formó un bloque capitalista en torno a Alemania Occidental y uno comunista en Alemania Oriental. Entre medias quedó Berlín, como islote y símbolo de división del mundo. Para 1949 ya existían bajo registro de ley “dos Alemanias”. Los himnos eran distintos y la bandera idéntica, eso sí, cambiado el águila real del Sacro Imperio Romano Germánico (RFA) por la hoz y el martillo (RDA).

Sin embargo, en el mundo del deporte esa separación era, de momento, ficticia. A Alemania se le prohibió competir en los JJOO de Londres de 1948 al ser considerada culpable de guerra por los vencedores. Tuvo que esperar hasta 1952 para volver al torneo y lo hizo de forma grupal a pesar de que ya existían los dos estados. Aún se podía cruzar libremente de Münich a Dresde o de Hamburgo a Röstock, por lo que el deporte arreglaba las fracturas de la vida diaria. En las ceremonias de medallas se usaba una bandera alemana cuyo escudo eran los aros olímpicos, y como himno se empleaba parte de una sinfonía de Beethoven.

Dicha unión duró hasta la competición olímpica de Tokio en 1964. Un año antes se había levantado el Muro de Berlín y decretada la prohibición de viajar libremente del este al oeste. Para México 1968 ya compitieron separadamente la RFA y la RDA, aunque mantuvieron el paripé de la bandera y el himno. Sería en 1972, en los JJOO celebrados en Münich (RFA) cuando se produzca la separación definitiva. Paradójicamente la Guerra Fría parecía que se calentaba olimpiada a olimpiada.

Una vez reunificada Alemania en 1990, la nación teutona ya compite como una sola desde Barcelona 1992. Lo más extraordinario de todo es que la RDA se mantiene como octava nación en la historia del medallero participando únicamente en cinco citas olímpicas.

Pasó de las 25 obtenidas en México a las 102 logradas en Seúl cuatro lustros después. Durante 20 años la RDA causó admiración en el mundo entero por unos logros achacados a la disciplina y a una preparación metódica. Incluso se valoró su entrega en disciplinas individuales en las cuales se pueden obtener mayor número de medallas. A pesar de algún caso aislado de positivo a comienzos de la década de 1980, lo rudimentario de los controles antidopaje de la época permitió que hasta la caída del Muro de Berlín no se supiese con certeza aquello que se intuía, el dopaje de estado en la RDA.

—URSS—

El estado muerto por antonomasia no puede ser otro que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), paraíso comunista para unos, creación de Satanás en la tierra para otros. Históricamente hablando, la importancia de la URSS es inmensa y quizás idéntica a imperios desaparecidos como el mongol, el azteca o incluso el romano. Si nos referimos a su incidencia en el panorama deportivo, nos reseñamos a una pieza gigantesca en el crecimiento y evolución de esta forma de vida del siglo XX.

En la Unión Soviética el deporte ocupaba un lugar de privilegio en la educación de la juventud. Era igualitaria entre hombre y mujer como no ocurría en cualquier otro lugar del planeta. Las enseñanzas deportivas eran obligatorias tanto en la educación primaria como en las profesiones industriales (lo que ahora damos en llamar FP) y por supuesto en los estudios universitarios. Pero no sólo eso, instituciones como las fuerzas armadas y policiales, empresas o granjas cooperativas organizaban actividades deportivas en sus descansos y fundaban clubes que competían entre sí en diferentes torneos. Todo ello estaba controlado por los sindicatos y ministerios, que, por otra parte, veían como su trabajo de control y extorsión era facilitado mediante el deporte.

De hecho, quizás el primer ministerio del deporte que un estado jamás tuvo fue creado en 1923 a través del Comisionarado Supremo de la Cultura Física. No obstante, la URSS, creada en 1917, no compitió en unos JJOO hasta 1952 debido a que para el Politburó eran sinónimo de degradación capitalista. Para los guardianes de la ideología, los JJOO no resaltaban el verdadero espíritu deportivo. Sólo al descubrir el papel de la propaganda en el contexto de la Guerra Fría, los dirigentes soviéticos se animaron a participar en las citas olímpicas.

En aquella competición disputada en Helsinki, la URSS obtuvo 71 medallas, a tan sólo cinco de distancia de los EE.UU con una amplia historia olímpica a sus espaldas. Cuatro años después ya fue el primer país del medallero. Competió hasta Seúl 1988, con la única excepción de Los Ángeles 1984 cuando un estúpido boicot político impidió a sus deportistas participar en el torneo. Cuatro años antes se había celebrado la cita en Moscú, donde la URSS y la RDA arrasaron en el medallero en una exaltación de las virtudes del comunismo.

https://www.youtube.com/watch?v=kdNwa0yMuzM

La URSS estaba formada por una federación de 15 repúblicas independientes. El núcleo central era Rusia y su capital Moscú desde donde se dirigía un proceso de rusificación del resto de pueblos. Como heredera del llamado Imperio comunista, la Federación Rusa de la actualidad nunca ha llegado ni siquiera a pensar en acercarse a EE.UU (la potencia por excelencia con el permiso de la emergente China) ni a los niveles de excelencia deportiva que alcanzó la URSS entre mediados y finales del siglo pasado. Un pequeño dato estadístico:

Medallas de 1996 a 2016
EE.UU. 630
Rusia 427
URSS (ficticio) 862

El poder deportivo de las 15 repúblicas era inmenso y cada una de ellas estaba especializada en diferentes disciplinas. Además de Rusia se pueden dividir en:

1. Europa Oriental (Bielorrusia, Ucrania y Moldavia): Compitieron junto a Rusia formando el Equipo Unificado en 1992, cuando aún se estaba desmembrado la URSS, y lo hacen de forma independiente desde 1996. Ucrania ha conseguido 115 medallas por las 85 de Bielorrusia.

2. Repúblicas del Cáucaso (Georgia, Armenia y Azerbaiyán): También formaron parte del Equipo Unificado. Tienen un nivel deportivo parejo, aunque destacan las 44 preseas obtenidas por los azerbaiyanos.

3. Asia central (Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán): Son las repúblicas de menor importancia deportiva, con la excepción de los kazajos. Kazajistán es el noveno país en extensión del planeta y fuente de gas natural. Su poder económico le sirve para competir en pruebas europeas a pesar de ser geográficamente asiático. Acumula 53 medallas olímpicas.

4. Repúblicas bálticas (Letonia, Lituania y Estonia): Compitieron libremente en Barcelona 1992 tras obtener su independencia un año antes. Los estonios cuentan con 33 preseas, por 21 de Lituania y 19 de Letonia.

Leer más

Pequeña historia de los países muertos (1ª parte)

La diferencia entre la geografía física y la política es que esta última trata de la distribución del territorio en virtud al espacio que ocupa el ser humano. Dicha distribución se realiza a través de los estados, los cuales son provisionales y transitorios, por lo que los mapas cambian en función de lo que el ser humano se proponga o decida. Alguno argumentará que el ser humano también tiene la capacidad de modificar la geografía física a su antojo con infraestructuras o con el cambio climático, pongamos por caso, y es cierto, pero aunque seamos tan imbéciles para descongelar un glaciar, quemar un bosque o disecar un río, la diferencia entre mudar el clima y mudar una frontera es mayúscula.

Actualmente el mundo esta dividido en 194 estados. Deportivamente somos unos cuantos más. El COI siempre ha sido muy pragmático con las identidades nacionales. Y decía que actualmente somos 194 porque los países (vamos a simplificar para una buena narrativa del artículo, aunque lo correcto es diferenciar estados y países) son como los seres vivos; nacen, crecen, se reproducen y mueren.

Países muertos los hay a patadas. Desde pequeños condados hasta grandes imperios. Deportivamente también los hay desde bañeras con vela a portaviones del deporte. Vamos a centrarnos en aquellos que alguna vez lograron la gloria olímpica en unos Juegos Olímpicos de verano. Los dividiremos en tres categorías; uniones circunstanciales, No-estados y estados muertos.

—Uniones circunstanciales—

Son aquellas acometidas por varios estados para mejorar su papel en la competición ante el escaso bagaje deportivo que tenían por ellas mismas. Además, sirven como altavoz de reivindicaciones en el tablero geopolítico mundial.

A) Australasia: En los JJOO de Londres en 1908 y en los siguientes de Estocolmo, Australia y Nueva Zelanda compitieron en conjunto obteniendo buenos resultados. Esta unión se mantuvo hasta la I Guerra Mundial y les dio notables éxitos en otros ámbitos como el tenis. Australasia conquistó 5 torneos de Copa Davis durante ese periodo.

B) Federación de las Indias Orientales: Para los JJOO de Roma en 1960 los jóvenes estados de Trinidad y Tobago, Jamaica y Barbados compitieron bajo la misma bandera. Los dos primeros ya habían saltado a la palestra olímpica de forma independiente tras lograr su independencia años atrás, mientras que la isla de Barbados tuvo que esperar a 1968 para ver ondear su bandera en el estadio olímpico.

C) Equipo mixto: En las tres primeras ediciones de los JJOO modernos (1896, 1900, 1904) varios atletas en distintas pruebas compartieron equipo en diferentes disciplinas. Por aquel entonces todavía no había distinción entre países y se podían hallar equipos de polo participados por jinetes españoles y franceses o de lucha entre atletas rusos y otomanos.

—No-estados—

Serían aquellos territorios que sin ser formalmente estados tienen una serie de identidades históricas, culturales, étnicas y/o lingüísticas que les convierten en territorios comunes. Por diversas circunstancias forman parte de un estado de mayor tamaño en el que conviven diversas identidades.

A) Bohemia: A través de un acuerdo firmado por el Imperio Austrohúngaro, el Reino de Bohemia compitió de forma independiente en los cuatro JJOO celebrados entre los años 1900 y 1912. Bohemia es una de las tres regiones históricas de Chequia, cuya capital, Praga, fue nombrada también la capital del nuevo estado de Checoslovaquia creado tras la finalización de la I Guerra Mundial.

B) Antillas neerlandesas: Se trata de un conjunto de islas del Mar Caribe que pertenecían a los Países Bajos y que compitieron en los JJOO entre 1952 y 1984. Aunque no eran un estado, disponían de un estatuto autónomo parecido al de otras islas como Guam respecto a EE.UU o Martinica en relación a Francia. Sus habitantes no podían participar en las elecciones parlamentarias. Aruba y Curaçao (dos de la tres Antillas) forman desde 2010 una federación independiente, y la primera ya obtuvo presea olímpica en los pasados JJOO de Río de Janeiro.

—Estados muertos—

Serían aquellos estados que por vicisitudes de la historia ya son sólo un recuerdo. Su desaparición pudo ser a través de la disgregación, o por mor de la unión de varios estados formando uno de nuevo cuño.

A) Checoslovaquia: Compitió por vez primera en 1920 y lo hizo hasta los JJOO de Barcelona en 1992. Al año siguiente, y tras un acuerdo diplomático, se formaron dos nuevos estados, Chequia y Eslovaquia, con puesta de largo en Atlanta 1996. Checoslovaquia obtuvo 168 medallas olímpicas y quizás su deportista más emblemático sea Emil Zatopek vencedor en 5.000, 10.000 y maratón en una misma edición olímpica, hazaña jamás igualada. También en el recuerdo quedará la gimnasta Vera Caslavska, la reina de los JJOO de México, fallecida recientemente.

B) Yugoslavia: El país de los eslavos también fue creado a raíz del fin de la I Guerra Mundial, por lo que compitió por vez primera en Amberes 1920 y por última ocasión en 1988. Su disolución como estado fue producto de una guerra, por lo que es bastante más compleja que la de los checoeslovacos. En 1992 las repúblicas de Eslovenia, Croacia y Bosnia ya compitieron de forma independiente. Para 1996 Macedonia se uniría al club. En 1996 también volvió a contender Yugoslavia, bajo cuya bandera estaban Serbia (país hegemónico en la zona y heredero del antiguo estado) y Montenegro. Para Sidney 2000 ya se había eliminado el nombre de Yugoslavia y quedaba el de Serbia y Montenegro. Para acabar con este batiburrillo de nombres y fechas, en Pekín 2008 por primera vez compitieron Serbia y Montenegro de forma independiente. Quizás en Tokio 2020 veamos a la última de las repúblicas ex yugoslavas en liza, Kosovo. Son 94 las medallas conseguidas por la delegación paneslava, destacando sus éxitos en deportes de equipo, fundamentalmente el baloncesto.

Todos estos países participaron en los JJOO desde su creación hasta su disolución como estados. Sin embargo hay otros dos en los que la cronología histórica es diferente a la cronología deportiva. Ambos dejaron pasar unos cuantos años antes de aventurarse en la aventura olímpica por diversas circunstancias. Por su importancia, tanto histórica como olímpica, les dedicaremos unos cuantos párrafos más en el siguiente artículo.

Leer más

¡No tinc por! también en el deporte

Según la enciclopedia Espasa, que para los niños del baby-boom es como la wikipedia para los millennials, el terrorismo es en un primer significado “una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror” y en una segunda acepción es la “actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”.

El terrorismo se produce cuando desde fuera del sistema se quiere cambiar parte o la totalidad del sistema. Esto no tiene por qué producir rechazo. De hecho, hasta hace poco menos de un siglo, era una forma más de hacer política, al igual que lo era la guerra. Como bien argumentó von Clausewitz ésta no es más que una continuación de las relaciones políticas con otros medios. Para aquellos que no tenían la opción económica de formar un ejército quedaban los actos del terror. España ganó una Guerra de Independencia a base de terrorismo…y militares y armas inglesas.

Existen infinidad de hechos históricos que han nacido fuera de las leyes y de los que ahora nos vanagloriamos. Seguramente el más trascendental es el corte de la cabeza de Luis XVI. Un regicidio, una permuta social, un cambio de paradigma económico. Un puro acto terrorista. La perspectiva del acto, el paso del tiempo, o las consecuencias futuras, hacen que la varita de la historia le dé un carácter terrorista, un barniz de mal menor o sencillamente se legitime algo que no estaba legitimado. El tiempo, por ejemplo, ha considerado como algo permisivo el asesinato perpetrado por ETA de Carrero Blanco en 1973. Apenas dos años después, la muerte de, pongamos por caso Adolfo Suárez, se hubiese considerado el mayor atropello terrorista de la historia de España.

El problema, para los terroristas, es que desde hace medio siglo hemos decidido (y menos mal que lo hemos hecho) resolver todos los problemas dentro de la legalidad. Y cuando la legalidad no nos convence usamos un método, muchas veces naíf y edulcorado, basado en manifestaciones sociales y en cambiar las leyes para cambiar el sistema. Es un procedimiento imperfecto, pero deja las balas guardadas en el cajón del olvido. De este modo, hoy en día ningún grupo terrorista será aceptado socialmente aunque sus propósitos sean loables, que de todos modos no lo son, y mientras seguiremos con la palabra y la solidaridad, y otras muchas veces con velas, ositos de peluches, pos-it y alguna que otra ñoñería.

Lógicamente el deporte es lugar escogido por los terroristas para amplificar su acción violenta y llegar a más público con un doble objetivo; aumentar el terror y conseguir un altavoz de sus actos. Parafraseando a Clausewitz el deporte hoy es una continuación de las acciones políticas. La tan manida frase de no hay que mezclar deporte y política es una cruel paradoja. Es difícil separar ante semejante sobredimensión y mediatización del deporte. Para los neonatos en la materia cabe recordar que cuando los JJOO se pusieron en marcha en 1896 los atletas competían de forma individual y sin distinción de fronteras. Fue en 1932, en Los Ángeles, cuando se implementó el izado de bandera nacional, el himno, la ceremonia del pódium y de modo retrospectivo se calculó las medallas por países. Estados Unidos, inmersa en la Gran Depresión, diseñó todo con el beneplácito del COI para a través del deporte fomentar el orgullo nacional.

Fue durante una competición olímpica cuando tuvo lugar el atentado más recordado por la repercusión del evento, el impacto mediático y el número de víctimas. La muerte de once atletas israelís en un acto perpetrado por comando palestino llamado Septiembre Negro durante los JJOO de Múnich 1972 y que ya comentamos en este blog.

También en los JJOO, pero en este caso de 1996 celebrados en Atlanta, una bomba reivindicada por un grupo de extrema derecha estalló dentro del complejo olímpico dejando tras de sí un muerto y más de una decena de heridos.

Ha habido atentados genuinamente europeos, si entendemos por ello reclamaciones nacionales fruto de tensiones políticas dentro de los distintos estados europeos. El IRA, en castellano Ejercito Republicano Irlandés, atentó en Manchester durante el Mundial de Fútbol de 1966 ocasionando más de dos centenares de heridos al detonar un camión lleno de diferentes explosivos en el centro de la ciudad. En España, 17 personas resultaron heridas en el año 2002 al estallar cerca del Santiago Bernabéu un coche bomba puesto por un comando de ETA antes del inicio de un encuentro entre el Real Madrid y la Real Sociedad.

En otros lugares del mundo, hechos lejanos y anodinos para nosotros, son igual de dolorosos y aprensivos, aunque cambiemos el balón de fútbol por el bate de criquet. También en 2002 un ataque suicida contra la selección de críquet de Nueva Zelanda dejó 14 muertos en el hotel donde se hospedaba el conjunto oceánico. Igualmente jugadores de criquet eran, en este caso de Sri Lanka, las víctimas que fueron atacadas por un grupo armado izquierdista dejando siete fallecidos y seis heridos.

Muy mediático también fue la muerte de tres personas y cientos de heridos en la maratón de Boston de 2015. Dos jóvenes de origen checheno colocaron dos artefactos en la línea de meta. De mucha más suerte disfrutaron los miembros de la selección de fútbol de Togo, a los que rebeldes angoleños acribillaron a balazos cuando iban camino de disputar un partido de la Copa de África. Salieron ilesos de tal peripecia aunque abandonaron el campeonato negándose a jugar.

Son muestras, desgraciadamente pocas entre muchas, de cómo decisiones estúpidas pueden llenar de lágrimas y sangre el mayor proceso de entretenimiento, exaltación del cuerpo, la mente, la juventud y la modernidad. El deporte.

Y si a estúpido, necio y dolorido nos referimos, lo que todos tenemos en mente en estos días es un tipo de terrorismo terrorífico por su simplicidad, su desconocimiento y su barbarie; el yihadismo. Un caso muy conocido por todos es el del atentado perpetrado en 2015 durante un amistoso entre Francia y Alemania. Aquel día fallecieron 129 personas en París, aunque finalmente se evitó la masacre en Saint Denis. También se salvó Dortmund la temporada pasada cuando una bomba explosionó cerca del autobús de los jugadores. No fue un atentado yihadista, fue ideada por un empresario ruso y tuvo motivos bursátiles. Pero sé, avispado lector, que pensabas que lo era. Se nos ha colado en nuestro imaginario, como nos pasará cada vez que oigamos que ha habido un atropello o un acuchillamiento en cualquier ciudad europea.

“En nuestro mundo moderno, el hambre en masa, el estancamiento económico, la catástrofe medioambiental, la inestabilidad política y el terrorismo no se pueden poner en cuarentena dentro de las fronteras nacionales”. Willy Brandt, canciller de Alemania…. ¡en 1969!

Leer más

Escollendo ao mellor deportista de Galicia (2ª parte)

Tódalas clasificacións teñen un punto subxectivo, pero tendo en conta os condicionantes xa explicados vamos a enumerar aos cinco mellores deportistas galegos da historia:

5. Ramiro Amarelle (fútbol, Ponteceso 1977): Pouco coñecido, Amarelle foi o impulsor do fútbol praia en España e referencia mundial no cambio de século. A modalidade de praia e moi reducida dentro das competicións FIFA. Nos primeiros anos era unha especie de cemiterio de elefantes onde xogadores retirados competían en verán. Amarelle, aínda que formado nos xuvenís do Deportivo, dedicou toda a súa carreira ao fútbol praia. Gañou títulos en España e Italia e foi elixido dúas veces mellor xogador mundial (2003 e 2008) e catro veces mellor futbolista europeo.

4. Pedro Campos (vela, Cuntis 1950): Primeiro como competidor e agora como director técnico, Campos comezou a navegar dende moi novo pola ría de Arousa. Agora que está tan en boga o turismo sostible él foi, artífice para uns e culpable para outros, de converter a Sanxenxo en lugar de vacacións e regatas. Foi sete veces campión do mundo en vela en diferentes categorías entre 1976 e 1994. A pesar de que hai regatistas galegos con presea olímpica a importancia de Campos radica en ser un pioneiro e saber dar o paso entre competidor, adestrador e promotor.

3. David Cal (piragüismo, Pontevedra 1982): Con un ouro olímpico e catro medallas de prata estamos ante o olímpico mais laureado de España e porén de Galicia. ¿Entón porque non é o primeiro na lista? Primeiramente, como piragüista pode participar en diferentes probas facilitando os seus éxitos fronte a outros deportes. Por outro lado, aínda que Galicia é potencia no mundo da piragua, falamos dun deporte que unicamente preocupa ao gran público cada catro anos.

Ademais dos seus éxitos olímpicos, Cal posúe un ouro mundial, tres pratas e un bronce. O caso de Cal tamén é un éxito do programa deportivo galego, xa que o de Aldán formouse no Centro Galego de Tecnificación Deportiva.

2. Luís Suárez (fútbol, A Coruña 1935): O que impide a Luís ser considerado o mellor é que nunca foi considerado coma tal a nivel mundial. É o único Balón de Ouro español (1960), e ademais foi segundo (1961,1964) e terceiro (1965) noutras ocasións, pero naqueles anos esta distinción estaba reservada unicamente aos mellores de Europa. Pelé ou Garrincha, por exemplo, non formaban parte desta terna. Inda así, falamos dun dos mellores xogadores de fútbol da historia e xunto a Eusebio, Pelé ou Bobby Charlton o mellor futbolista da década dos sesenta.

Suárez formouse no fútbol modesto da Coruña e debutou no Deportivo antes de ser contratado polo Barcelona e posteriormente polo Inter de Milán converténdose na fichaxe máis cara da historia naquel momento. Colectivamente conseguiu unha Eurocopa con España, 2 Copas de Europa co Inter e títulos de Liga en España e en Italia. O paradoxo con Suárez é que é máis valorado no país transalpino ca na súa propia terra.

1. Javier Gómez Noya (tríatlon, Basilea 1983): É certo que o seu deporte é considerado minoritario. Tamén o é que falamos dunha disciplina da que unicamente nos acordamos cada catro anos e os galegos facémolo tamén nos campionatos porque temos varios representantes da nosa terra. Pero tamén o é que é o único deportista xunto a Amarelle que unanimemente foi elixido como mellor deportista do mundo, no caso de Gómez Noya ata en nove ocasións (e aínda lle queda corda polo menos ata 2020).

A diferenza co fútbol praia, o tríatlon é un deporte en alza con excelentes prestacións televisivas e cun número crecente de practicantes. Noya empezou practicando natación en Ferrol con moi bos rexistros a nivel nacional e con 15 anos decide probar nun tríatlon no que acaba no segundo posto. Tivo que esperar tres anos para competir por culpa dunha anomalía cardíaca, pero unha vez obtido o permiso médico a súa traxectoria mostrouse imparable. Actualmente é quíntuplo campión mundial (récord), catro veces campión europeo e unicamente se lle resiste a proba olímpica na que so puido ser prata en Londres 2012.

Leer más

Escollendo ao mellor deportista de Galicia (1ª parte)

En contra da opinión xeneralizada, Galicia foi lugar de modernidade no que ao deporte se refire. Os estudos demostran que dende finais do século XIX e ata o inicio da Guerra Civil en 1936, Galicia formaba xunto a Euskadi, Cataluña e focos puntuais en Madrid, o xermolo deportivo no conxunto do Estado. Vigo (que tras Barcelona foi a cidade que máis aumentou en poboación nos primeiros 25 anos do século XX) era un lugar de referencia en clubs deportivos, nomeadamente fútbol, atletismo e ciclismo.

As conexións marítimas que Galicia tiña co Reino Unido e con América fixeron que o deporte se espallase rapidamente por todo o litoral do país. Pola contra, as malas conexións co resto da Península provocaron esa sensación de atraso respecto ao Estado e Europa. Deste xeito, coa chegada do Franquismo e a eliminación da modernidade no feito deportivo, Galicia quedou como lugar secundario e illado respecto a crecente profesionalización e expansión de diferentes disciplinas.

É por iso que para encontrar a deportistas galegos de relevancia temos que agardar na maior parte dos casos ao século XXI. Ata entón encontramos dous stándares moi tipificados; por un lado ao do deportista feito a sí mesmo, o que se coñece como xeración espontánea. Nun segundo caso falamos de membros de deportes colectivos que alcanzaron a notoriedade en clubs das grandes cidades españolas, nomeadamente Madrid e Barcelona.

—–¿Qué é un deportista galego?—–

O primeiro que se cabe preguntar é que é ser galego. Sendo obxectivo sería todo aquel nado dentro do territorio de Galicia. Sendo subxectivo sería todo aquel que se sinte galego na súa forma de pensar e de actuar. Máis o problema é como determinar isto último. Hai persoeiros nados na Galicia que fixeron a súa fama fora da nosa terra. Hai galegos que sempre falan en castelán. Ou tamén hai galegos que propoñen unha independencia e móstranse insultantes con aqueles que non a queren. Calibrase o sentimento en función dunha resposta política. É un tema que xera controversia.

Podemos dicir entón que galego é aquel que nace en Galicia e así evitamos problemas. Máis engadiríamos outros. Javier Gómez Noya naceu en Basilea, así que sendo obxectivo non podería ser considerado galego, aínda que é evidente que é un deportista que leva impregnado a categoría de galego en tódalas súas fazañas deportivas. Porén, Thiago Alcántara naceu en Vigo por circunstancias do destino. Mazinho, seu pai, xogaba no Celta e el naceu na cidade olívica. É galego de nacemento, pero nin familiar nin profesionalmente pódese considerar un futbolista patrio.

É por iso que decidín que para esta clasificación vamos a considerar galegos a tódolos aqueles deportistas que viviron os seus anos de formación en clubs deportivos de Galicia. Isto leva a considerar galegos a Gómez Noya pero tamén a Fernando Romay, a pesar de que a nosa imaxe do pivote coruñés sexa en Madrid, xa sexa nun plató de televisión ou coa camiseta do conxunto branco.

Desbotamos neste xeito a outros grandísimos deportistas que aínda nacendo na nosa terra e sentíndonos orgullosos non podemos chamalos galegos porque non se formaron en Galicia, sinxelamente naceron aquí e punto. O caso máis representativo é o de José Pedro Cea, Bicampión olímpico de fútbol con Uruguai, campión mundial en 1930 e tricampión da Copa América (unha vez como adestrador) podería ser perfectamente o mellor deportista galego da historia. Mais, aínda que nado en Redondela, sendo un bebé emigrou coa súa familia ata Montevideo onde pasou toda a súa vida. Tamén destaca o ciclista gañador de varias etapas do Tour e terceiro en 1974 Vicente López Carril, asturiano de corazón pero nado na Coruña en 1942 debido ao traballo de seu pai. E no fútbol compre destacar a José Ufarte, un dos mitos do Atlético de Madrid, que aínda que pontevedrés de nacemento aos 11 anos emigrou a Brasil. De feito fixo carreira no Flamengo antes de voltar a España para xogar no equipo colchoneiro.

—–Os 10 mellores deportistas—–

Con todo isto en conta vamos a clasificar aos 10 mellores deportistas galegos da historia. Hai moitos condicionantes. Primeiro; non se poden comparar deportes colectivos e individuais, e dentro dos mesmos hai disciplinas de maior repercusión ca outras. Incluso dentro de diversas disciplinas hai diferentes probas (por exemplo un atleta pode gañar varias medallas en distintas distancias e un xogador de balonmán só pode gañar unha). Tamén se tivo en conta a aquel deportista considerado polos diferentes organismos o mellor do mundo, de Europa ou de España, e no caso dos deportes colectivos o que lograra –cun papel significativo- conseguir ditas distincións dentro dun equipo.

Quedaron moitos no tinteiro. Severino Reija, Fran, Michel Salgado, Álvaro Pino, Luís Otero, Manolo Aller, Fran Vázquez ou Julia Vaquero tamén poderían formar parte da seguinte lista. Non obstante, estes son os elixidos:

10. Chus Lago (alpinismo, Vigo 1964): Quizais é a única que non debería formar parte da lista, pero é a representante galega por antonomasia do deporte feminino. Foi a terceira muller que escalou o Everest sen osíxeno e a primeira española que chegou ata o Polo Sur.

9. Delio Rodríguez (ciclismo, Ponteareas 1916, Vigo 1994): Aínda que descoñecido polo gran público mantén o récord de vitorias de etapas na Vuelta a España con 38 triunfos. Gañou a proba en 1945 e acabou cinco veces entre os dez primeiros. A Guerra Civil e a II Guerra Mundial cortaron a súa traxectoria.

8. Amancio Amaro (fútbol, A Coruña 1939): Balón de Bronce en 1964 e buque insignia do Real Madrid a cabalo entre os 60 e os 70. Gañou 9 ligas e a Copa de Europa de 1966. Coa selección española tamén logrou unha Eurocopa.

7. Fernando Romay (baloncesto, A Coruña 1959): Dúas veces campión de Europa, 7 veces triunfador de Liga e medalla de prata nos XX.OO de Os Ánxeles. Durante unha década foi titular indiscutible no Real Madrid e na selección española.

6. Óscar Pereiro (ciclismo, Mos 1977): É o claro exemplo do deportista que mediaticamente tería que estar nos tres primeiros postos da lista. Só tivo un par de anos de traxectoria esplendorosa, pero nun deles conseguiu a vitoria no Tour de Francia, o primeiro galego e un dos sete españois que o lograron en mais de 100 anos.

E por hoxe nada máis. No seguinte artigo indagarei polo miúdo na traxectoria dos cinco primeiros da miña particular lista.

Leer más