historia

Manuel de Castro ‘Handicap’

1909. Un escritor, profesor y guionista de origen zamorano, Miguel de Zárraga, decide fundar en Vigo la primera publicación gallega de carácter deportivo. Llevará por nombre ‘Letras y deportes’ y no alcanzará ni el año de vida. Su repercusión histórica es, sin embargo, extraordinaria. Serán veinte números semanales desde que el primero eche a rodar un 18 de enero de 1909. Allí escribirán Camilo Bernárdez ‘Thedy’ y Manuel de Castro ‘Handicap’, dos de los primeros periodistas que se dedicaron en exclusiva a la información deportiva. Como anuncia su cabecera hay literatura, también se escribe sobre aviación o tiro de pichón, pero, fundamentalmente, hay fútbol. Desde entonces ‘Handicap’ pondrá en marcha mil y un proyectos y será el jefe de deportes de ‘Faro de Vigo’ desde la creación de la sección en 1912 hasta su fallecimiento.

1885. Manuel de Castro González nace en Vigo. Será en el eje Atlántico formado por Coruña, Vilagarcía (donde se documenta el primer partido de fútbol de España en litigio histórico aun no resuelto con Huelva) y Vigo donde surjan las primeras competiciones deportivas en Galicia. Es la esquina noroeste periférica, mas no aislada, dado que las innovaciones vienen entonces de Gran Bretaña y son los puertos de mar los primeros lugares a donde llegan esas novedades. La pujanza de Vigo es extraordinaria. Pasa de 15.000 habitantes en la última década del siglo XIX a 83.000 al inicio de la Guerra Civil. Quintuplica su población, desarrollo que solo Barcelona puede igualar en esa época. Ese tejido social explica la aceptación y el éxito del fenómeno deportivo en la comarca viguesa y revela porque al adolescente Manuel acabará picándole el gusanillo del ‘sport’. Los beneficios sociales e higiénicos del deporte serán acogidos con efusividad por una población joven y urbana. A la altura de 1936 Vigo será la ciudad de España con más gimnasios por habitante.

1924. De la mano de su hermano, el ex-futbolista y atleta Fernando de Castro, Manuel funda la sección del Celta Atletismo. ‘Handicap’ había quedado prendado del espectáculo atlético de los Juegos Olímpicos de Paris a donde acudió como corresponsal tras 52 horas de viaje en tren. Ya había sido corresponsal en Amberes 1920 y lo será en Ámsterdam 1928. Escribió alabanzas sobre los estadios europeos, el juego de la selección de fútbol uruguaya y la capacidad de sacrificio de los atletas escandinavos y estadounidenses. Hubieron de pasar cuatro décadas hasta que en 1972 un periodista deportivo gallego fuese enviado nuevamente como corresponsal a unos Juegos Olímpicos.

1916. Nace ‘Vida Deportiva’, la primera publicación ‘sport’ con estética moderna. ‘Handicap’ está en la treintena, es administrador, redactor jefe y también es el cronista estrella en ‘Faro de Vigo’. ‘Handicap’ es la cabeza pensante de una publicación que apuesta decididamente por la fotografía y con un claro afán de expansión. ‘Vida Deportiva’ se vende en la calle Príncipe de Vigo, pero también en la Real coruñesa, en Santiago, Irún, Bilbao, Barcelona y Madrid y cuenta con una sección dedicada al deporte portugués. Es en ‘Vida Deportiva’ donde ‘Handicap’ reclama la creación de un Colegio de Árbitros. Sus deseos se harán efectivos en diciembre de ese mismo año. Por el colegio vigués se nombrarán a sus dos primeros miembros; Raúl López y Manuel de Castro. Porque ‘Handicap’, además de futbolista, directivo, periodista o seleccionador, también fue árbitro.

1922. Seleccionador, sí. Porque ‘Handicap’ fue seleccionador. La selección gallega de fútbol juega su primer partido. Será frente a Castilla (por entonces incluye a Madrid) y gana por 4-1. El partido se disputa en Vigo y se pretende que la selección esté formada por once futbolistas del Vigo FC dado que el presidente del club y de la federación gallega son la misma persona. ‘Handicap’, a la suerte seleccionador, se niega y exige que la totalidad de Galicia esté representada en tan magno acontecimiento.

1920. Es en Amberes. Juegos Olímpicos. Allí debuta la selección española de fútbol. Lo hará con notable éxito. Alcanzará una medalla de plata. No volverá a pisar el pódium hasta Barcelona 92. Aquel equipo estaba formado por 21 integrantes; 13 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos, fiel reflejo de la pujanza del fútbol periférico en la España de entonces. En aquel tiempo había entrenador y seleccionador. El primero era una suerte de preparador físico. El segundo era quien decidía la alineación. Aquellos 21 muchachos fueron seleccionados tras una serie de pruebas y partidos amistosos celebrados en el campo de Coya de Vigo. Los responsables de la selección fueron Luis Colina, secretario de la Federación Española de Fútbol, Alberto Martín, periodista del madrileño ‘Eco de los sports’, y…Manuel de Castro ‘Handicap’.

Después, el 9 de octubre de 1921, España disputó su primer partido en territorio nacional en el Estadio de San Mamés ante un lleno de 10.000 espectadores. Fue frente a la entonces campeona olímpica Bélgica. La selección española venció por 2-0 con sendos goles del delantero del Barça Paulino Alcántara. España vistió de blanco para permitir que Bélgica jugase con su tradicional camiseta roja. El seleccionador fue Manuel de Castro. ‘Handicap’ fue seleccionador nacional en diferentes etapas entre 1920 y 1927. Fueron diez partidos saldados con nueve victorias y una derrota. Ni Aragonés ni Del Bosque ni ningún otro técnico tienen un porcentaje de triunfos tan elevado como el vigués. Lástima que su única derrota fuese contra Italia en 1924 impidiendo la presencia de España en los Juegos Olímpicos de Paris de ese verano.

Manuel Castro González | Real Academia de la Historia
Handicap

1939. Acaba la Guerra Civil. Había cerrado ‘Sprint’, la última gran idea de ‘Handicap’. Una publicación deportiva bajo el auspicio de ‘Faro de Vigo’ y que competía con ‘Sport’ de ‘El Pueblo Gallego’. En ‘Sprint’, con abundantes fotografías, especiales con portadas a color y llena de publicidad, ‘Handicap’ cultiva una sana rivalidad con A Coruña, consciente de que es en el enfrentamiento regional donde está el futuro. Desde sus columnas impulsaría la rivalidad entre Dépor y Celta, aunque siempre evitando «choques desagradables entre la afición de dos pueblos que no debieran ir más allá de los límites de una rivalidad deportiva”. Sin embargo, utilizaba el sarcasmo con frecuencia y suya es la frase de “cuando se quiere a un hijo, aunque se porte mal, hay que hablar bien de él”. Acabada la guerra, y con un ‘Faro de Vigo’ que a duras penas sobrevive con cuatro páginas diarias, todos estos sueños parecen saltar por los aires.

1903. Manuel de Castro figura entre los primeros futbolistas vigueses. Son los trabajadores del Cable Inglés los que se animan a jugar partidos de exhibición donde el Velódromo, en el muelle del malecón vigués. Manuel y sus hermanos son algunos de los nativos interesados en ese nuevo pasatiempo venido de Gran Bretaña. ‘Handicap’ cuando escribe, Manuel cuando juega, contará como había que llevar y retirar los palos que hacían de porterías en cada partido. Fue ‘Handicap’ desde joven también directivo y tesorero y así, cuando en 1903 se funde el Vigo FC (después Real Vigo Sporting) y pase a jugar sus partidos en el campo de Coya, ‘Handicap’ hará de jugador y directivo a partes iguales. Un par de años después, en 1905, en la cercana Bouzas, entonces a las afueras de la ciudad, se funda el Real Fortuna de Vigo.

1944. Ante la apertura de la I Exposición Industrial de Galicia en los jardines vigueses de Eijo Garay, ‘Handicap’ acude el día anterior de la inauguración para seguir de cerca las pruebas de iluminación de la misma. Cuando salía de uno de los pabellones, su pie quedó atrapado en las vías del conocido como tren del puerto, atropellándolo una locomotora que maniobraba en ese momento. Manuel de Castro fallece en el acto. Dos días después Vigo rendía pleitesía a uno de sus más valiosos hombres, a la persona que impulsó la creación del Real Club Celta de Vigo. La muerte le sobrevino inesperadamente a los 60 años.

1919. Ese año desaparece el Real Club Coruña incapaz de adaptarse a un profesionalismo incipiente. En la ciudad herculina la hegemonía va a ser para el RC Deportivo que tendrá capacidad para gobernar Galicia. A ‘Handicap’ ya le rondaba la idea por la cabeza por entonces, pero tras ese suceso lo tendrá meridianamente claro. No hay sitio en Vigo para dos equipos y es necesaria una fusión. A través de ‘Faro de Vigo’ comenzará una campaña con el título ‘Todo por Vigo y para Vigo’ que cristalizará cuatro años más tarde.

1956. Cristina tendrá unas palabras cariñosas hacia su padre. Recuerda que era un hombre callado al que le gustaba hablar a través de su pluma. Fumador empedernido, le encantaba quedarse escribiendo hasta tarde en un sillón instalado en el comedor de la casa familiar. Lagartija, que era el nombre cariñoso con el que fue bautizada por su padre, había hecho ese domingo el mismo ritual que realizaba cuando era pequeña y acompañaba a su padre a Balaídos. Visita a Pi y Margall, donde la familia tenía una pequeña huerta, paseo por calle Príncipe, con parada incluida en el fotomatón y comida en el Gran Hotel. Pero aquel día su padre no estaba. Hacía diez años que no estaba. Aquel día Cristina, acompañada por su hermano Manuel, había acudido a las afueras de Balaídos para inaugurar un busto con el nombre de su padre. Después vendrá el bautizo de la calle que lleva al coliseo celeste. Lástima que estas cosas siempre lleguen tarde.

1928. Balaídos. En marzo de 1923 ya había escrito ‘Handicap’: “La fusión de Vigo y Fortuna habrá de traernos un gran campo de fútbol capaz de llenar nuestras necesidades y con ello la visita de mayor número de equipos nacionales mejorando la forma de nuestro equipo. Con ese gran campo, apoyado por todo lo que vale y significa algo en el deporte local, ya podríamos traer como Barcelona, Bilbao y Madrid cuantos equipos extranjeros viniesen a nuestro país”. Con 22.000 asientos, en 1928 el sueño de ‘Handicap’ se hacía realidad. Se sentará en el palco el día de la inauguración de Balaídos en un sonoro triunfo del Real Club Celta ante el Real Unión de Irún por 7-0.

2011. El ferrolano Álex López recibe el primer premio a mejor jugador del RC Celta de la temporada. El galardón es escogido con los votos de los socios y aficionados celestes. El moañés Iago Aspas suma ocho entorchados hasta la fecha. Es llamativo que el trofeo no lleve el nombre de Pahíño, Manolo, Gudelj o Mostovoi. El trofeo al mejor jugador del RC Celta lleva el nombre de Manuel de Castro ‘Handicap’.

1923. A mediados de mayo, en la casa de un tal Bustelo, compartieron mesa y mantel Ventura Lago, a la sazón presidente del Real Vigo Sporting (antes Vigo FC), Pepe Bar, fundador del Real Fortuna y Basilio Poncet, presidente de la Federación Gallega de Fútbol. Los tres acordaron que ‘Handicap’ presentase un proyecto de fusión de ambos clubes vigueses delante de la Federación Española de Fútbol con sede en Madrid. Dicha argumentación fue elaborada por Manuel de Castro a finales de junio y se le dio de plazo hasta el 31 de agosto de dicho año para aportar toda la documentación necesaria.

Desde mediados de la década anterior ‘Handicap’ había comenzado a trabajar en la idea de una fusión del Real Fortuna y el Vigo Sporting, que fracasaría en su primer intento en 1915. Pero el 10 agosto de 1923 se llegaba al acuerdo entre las partes y el 23 de agosto de 1923 se fundaba el Real Club Celta. Fieles a las ideas del galleguismo desarrolladas por la Xeración Nós y perfeccionadas en las tesis del atlantismo y del celtismo de Vicente Risco, se escoge como escudo la Cruz de Santiago, los colores celeste y blanco de la bandera gallega y el nombre de Real Club Celta en una terna en la que también estuvieren presentes Breogán FC, Club Galicia, Real Club Olímpico o Real Atlético FC. Justo un mes más tarde, en el campo de Coya, el Real Club Celta de Vigo derrota por 8-2 al Boavista FC portugués dando inicio a una historia que a la hora de escribir estas líneas llega a la centuria.

Escudo Celta de Vigo: Historia, Significado y Heráldica
Real Club Celta

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España había hecho un buen partido. Un muy buen partido. El mejor de aquella Eurocopa. El cuento de siempre. El dominio había sido español de principio a fin. Italia se dedicó a contemporizar y a buscar su ‘kairós’, su momento oportuno. Hubo infinidad de ocasiones durante todo el encuentro, un par de decisiones más que controvertidas del árbitro y unas cuantas manos salvadoras de Buffon. Así se llegó a la prórroga con empate a cero. Ambos equipos esperaron agazapados a que los espantosos penaltis hiciesen su aparición. Dani Güiza falló el cuarto. Iker Casillas fue incapaz de atajar el lanzamiento de Di Natale. Cuando Cesc mandó a un costado el quinto y Buffon adivinó sus intenciones, la suerte estaba echada.

Italia se clasificaba para las semifinales de la Eurocopa de 2008 de Austria y Suiza. España quedaba eliminada en cuartos de final. Otra vez. Otra de tantas veces.

No habría fin del maleficio. Ni lluvia de oro en Sudáfrica.

Los jugadores cariacontecidos pasan por zona mixta. Palabras vacías. Jugamos como siempre y perdimos como nunca. Ah, no, no. Al revés. Jugamos como nunca y perdimos como siempre. Por la sala de prensa pasa Luis Aragonés. Se le estaba esperando cuchillo en mano. La sangre llegará al rio, inundará el mar y provocará un maremoto allá a donde llegue. A Luis hace mucho que se le tienen ganas. Se le espera desde aquella tarde en Suecia en la que le puso una cruz a Raúl González Blanco, el ‘7’ de España. Los periodistas ensayan un monográfico. ¿Va a dimitir? La respuesta es una patada a seguir, pero en su interior Luis sabe que está sentenciado. No hay más preguntas. Bueno, las hay. Pero son idénticas. Cambia la letra, pero es la misma música. Aragonés no explota por vete tú a saber qué. Está apuntito. Mordedura continua de labios. Pero aguanta. En el fondo aquello no cambia nada. Su idea era ya dimitir pasase lo que pasase. Aunque España hubiese ganado la Eurocopa. Estaba quemado y cansado, pero no era el momento de decirlo. No pensaba darle ese gustazo a los plumillas.

Esa noche Ángel María Villar pasa por los micrófonos de la COPE para ser entrevistado por José Antonio Abellán. Considera un buen resultado llegar a cuartos de la Euro. En el fondo es lo habitual y el rival era Italia, vigente campeón mundial. Sin embargo, Villar deja entrever que el ciclo de Aragonés se da por finalizado. En la SER José Ramón de La Morena y Paco González excusan a Luis de la derrota y claman por la inconsistencia, las corruptelas y la falta de proyecto de Villar, el cual lleva tres décadas en la poltrona.

No es sorpresa que apenas cuatro días más tarde Luis Aragonés comparezca ante los medios de comunicación para presentar su dimisión. Lo hace en soledad, sin más compañía que la de su segundo, José Armando Ufarte. No hay nadie de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) presente en el acto. Ni la hay ni se le espera. Luis se marcha con elegancia y deja una reflexión en el aire que será la comidilla de tertulias periodísticas y charlas de bar el resto del verano.

¿Qué es lo que queremos ser? ¿Toro o torero?

Es cierto que Luis Aragonés fue canterano del Real Madrid?
Luis Aragonés

Fuera César Luis Menotti el que acuñara esa expresión unas cuantas décadas más atrás y pronto el siempre hábil Jorge Valdano la hizo suya. Y es que ese era el sempiterno problema de España. Un país cuyos futbolistas han sido históricamente técnicos y pequeños y con gusto por el juego de ataque, pero a los que siempre se les ha exigido pundonor, sacrificio y portento físico. Las legendarias hazañas de la ‘Furia Roja’, del Athletic de Zarra o del Madrid de Di Sréfano configuraron el arquetipo. Jugador valiente, atrevido y técnico, capaz de levantar al público de sus asientos tanto a través de la finta como tras una entrada en área propia.

Esa dicotomía que encumbraba a los Butragueños de turno a la vez que los hacia sospechosos de indolencia, fue siempre la realidad de la selección española de fútbol. ¿Toro o torero? ¿Furia o técnica? ¿Catenaccio o jogo bonito?

Cuando Luis Aragonés es elegido seleccionador nacional en 2004 lo tiene claro. España tiene que ser torero. Las categorías inferiores de la selección llevan años logrando títulos a base de técnica y de un fútbol ofensivo de posesión. Así es como debe manejarse la absoluta. O así cree Aragonés. Pero es comulgar con ruedas de molino. Tiene que tener paciencia. Su revolución es inexistente, hasta que la pronta eliminación en el Mundial de 2006 le da la excusa para hacer lo que verdaderamente está deseando plantear.

Cuando en el primer partido tras el Mundial, un encuentro clasificatorio para la Eurocopa de 2008, España se estrelle en Belfast ante Irlanda del Norte, Luis Aragonés dará un volantazo de 180 grados. Michel Salgado, Cañizares y Raúl no volverán a jugar con ‘La Roja’. Los tres representan al toro y nunca al torero. Lo de Raúl será un debate nacional, especialmente cuando apenas un mes más tarde España vuelva a caer con estrépito, esta vez en Suecia. Fernando Torres y David Villa, los elegidos para la punta de ataque, serán incapaces de tirar a puerta.

Aquello se había zanjado con una rueda de prensa conjunta en la que Raúl pedía paz y daba su bendición a regañadientes a Aragonés. Con esa calma chicha se había llegado a la Eurocopa, pero estaba claro que la eliminación en cuartos ante Italia iba a cambiar nuevamente el ‘statu quo’.

Otra vez tocaba empezar de cero.

Raúl González, el '7' de España - Tribuna Madridista
Raúl ‘el 7 de España’

Tras la Eurocopa había que iniciar el camino de clasificación para el Mundial 2010. Sería en La Condomina murciana ante Bosnia. Pero antes habría que encontrar seleccionador. La terna estaba entre cuatro candidatos; Vicente del Bosque, Quique Sánchez Flores, Joaquín Caparrós y Juande Ramos. Aunque el verdadero sueño de la RFEF, y de buena parte de la prensa, era convencer a Rafa Benítez, por entonces con una relación de vino y rosas con el Liverpool FC. Benítez tenía pedigrí madridista y llevaba una década triunfando a base de orden y disciplina primero en España y más tarde en Inglaterra. Se contactó con el madrileño, pero amablemente declinó la invitación.

Lo de Vicente del Bosque era una boutade financiada con apoyo mediático del Grupo PRISA. Estaba claro que, tras haber sido torero, ahora tocaba ser toro. Como cualquier plan de estudios o económico que se precie, toca cambio con cada legislatura. Villar, apoyado por sus acólitos de la prensa, estaba a favor de volver a la mano dura. Gustaban, y mucho, el par de pelotas de Caparrós, pero el sevillano estaba entonces dirigiendo al Athletic. A Caparrós le iba la marcha. Estaba loco por coger el mando de ‘La Roja’, pero Caparrós, aparte de dos pelotas, era hombre de palabra. Tenía contrato con el Athletic y deseaba cumplirlo.

La opción fácil era Sánchez Flores. Estaba sin equipo, era joven y contaba con buena prensa. Pero su trayectoria se limitaba a una buena temporada en Getafe y luces y sombras en Valencia. Conseguir a Juande Ramos era más factible. Tras triunfar con el Sevilla FC había rescindido unilateralmente su contrato para firmar con el Tottenham en 2007. Había logrado ganar la Carling Cup con los londinenses en la temporada 07/08, pero el curso liguero había resultado irregular. Juande tenía un pie fuera de White Hart Lane.

Es por eso que no fue demasiado difícil conseguir un acuerdo satisfactorio con el Tottenham que se libraba del carísimo contrato de Juande. Harry Redknapp pasaba a ser técnico de los Spurs y Juande Ramos sería el nuevo seleccionador español.

Qué fue de Juande Ramos, el ex jugador y entrenador de fútbol? - Televisión  - COPE
Juande Ramos

La revolución es inmediata. Hay cinco notables bajas respecto a los que habían sido convocados para la Eurocopa. Son Marcos Senna, David Villa, Cesc Fábregas, Jesús Navas y David Silva. Juande mantiene el núcleo, pero vuelve a convocar a David Albelda y a Joaquín, quien pega una rajada monumental contra Luis Aragonés, llama a Javi Navarro, uno de sus pretorianos de cabecera, convoca al navarro Raúl García, al catalán Raúl Tamudo…y también a Raúl González Blanco. El ‘7’ del Madrid, el ‘7’ de España.

La cosa sale bien y se gana con suficiencia a Bosnia. En realidad, el grupo de clasificación de España para el Mundial no es excesivamente complicado y tan sólo inquieta la presencia de los siempre irregulares turcos. España logra la clasificación con claridad a pesar de una derrota en Estambul y un sorprendente empate en Coruña ante Bélgica, pero lo trascendental no es lo qué sino el cómo. Si la España de Aragonés había jugado con cinco jugadores puramente ofensivos por delante de Marcos Senna, la de Juande Ramos apuesta por un 4-2-3-1 con notables precauciones defensivas.

Así, si en aquel fatídico empate ante Italia del 23 de junio de 2008 habían jugado Casillas; Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta (Cazorla), Xavi (Cesc), Silva; Villa y Torres (Güiza); para el 16 de junio de 2010, en el primer partido del Mundial 2010, Juande Ramos decidió alinear a Casillas; Azpilicueta, Ramos, Puyol, Fernando Navarro; Albelda, Xabi Alonso; Joaquín, Raúl García, Raúl y David Villa.

Juande había vuelto a convocar a Villa y le había dado el puesto de ‘9’ colocando a Raúl en una banda ejerciendo de capitán espiritual del grupo. Fernando Torres era suplente al igual que Xavi e Iniesta, en una decisión que provocó ríos de tinta en la prensa catalana. Más polémica había sido la exclusión de la lista de Sergio Busquets, que había completado una gran campaña en el Barça y de Pedrito, que había hecho lo propio bajo el patrocinio de Pep Guardiola. A Piqué ni estaba ni se le esperaba, dado que jamás había congeniado con el seleccionador. En la convocatoria sorprendía la entrada del delantero del Getafe CF Roberto Soldado en lugar de Juan Mata y también de Álvaro Negredo, quien había anotado 11 goles con el Sevilla FC aquella campaña. Otro acalorado debate recalaba en quien debía ocupar la portería, dado que Pepe Reina había disputado los dos partidos amistosos previos al Mundial en lugar de un irregular Iker Casillas.

Finalmente Casillas fue de la partida, tal y como acabamos de escribir. España ganó en un partido horrendo a Suiza con gol de Soldado a escasos minutos del final. Después venció a Honduras con tantos de Villa y Raúl García. El problema es que en el último partido del grupo Chile venció con claridad a España (1-3), en un duelo en el que Juande decidió dar descanso a varios titulares y dar una oportunidad a Xavi, Iniesta y Torres.

Las críticas fueron feroces por el tropiezo, culpando de falta de sangre a los sustitutos. El desliz mandaba a España por el lado complicado del cuadro. Chile sumaba seis puntos al igual que España, pero contaba con mejor diferencia de goles. Por lo que en el cruce de octavos tocaba jugar ante Brasil. Juande Ramos repitió el mismo once que en el encuentro inaugural ante Suiza. Tan sólo Arbeloa sustituía a Azpilicueta quien debía cumplir sanción. España planteó un partido al contraataque. Se parapetó atrás y jugó a la defensiva. Las dos, tanto España como Brasil, pecaban de vacas sagradas y de falta de ambición, pero la lógica dictaba que tendría que ganar aquella selección que apostase por tener el balón. España dejó todo a expensas de la escasa imaginación de Raúl García y ni Villa tuvo espacios ni Raúl era el más indicado para jugar a la contra. Cuando Luis Fabiano y Kaká pongan el 0-2 en el marcador, Torres, Cesc y Soldado saldrán en busca de un milagro que no llegará. Iniesta, sentenciado por su escaso rendimiento ante Chile y por sus continuos problemas de cuádriceps, no llegará ni a calentar.

España quedaba eliminada del Mundial en octavos de final.

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Kaká, verdugo español

Semanas más tarde Raúl anunciaba que se retiraba de la selección nacional. Contaba con 33 años. No solo dejaba ‘La Roja’ sino que comenzaba una nueva aventura en Alemania, en las filas del Schalke 04. También anunciaba su retirada de la selección Carles Puyol. Apenas sumaba 32 primaveras, pero ya había dicho antes de viajar a Sudáfrica que su cuerpo había dicho basta y que tocaba descansar durante los veranos.

Quizás el relevo de Puyol pudiese ser Gerard Piqué. Y pudiese ser, ya que tras la destitución de Juande Ramos tocaba buscar nuevo seleccionador. En este caso el elegido fue Rafa Benítez que acababa contrato con el Liverpool FC y no iba a ser renovado por los ingleses. Esa temporada había sido horrenda y la luna de miel de Benítez en la Premier tocaba a su fin.

Con Benítez habría que afrontar otra fase de clasificación para la Eurocopa en la que nuevamente España tendría que partir como toro a la espera de que alguien tuviese arrestos para convertirla en torero y los resultados refrendasen el cambio de apuesta.

Y mientras a seguir sufriendo y a seguir cayendo eliminados en cuartos de final.

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Un puente peatonal sujeto por más de 13.000 tornillos comunica la estación intermodal que une la parada con el estadio. Enjambres de aficionados cruzan la pasarela para luego atravesar la entrada del majestuoso coliseo de Wembley. Hace unos cuantos años, cuando visité el estadio, recuerdo que me habían dicho que desde el circulo central hasta la Abadía de Westminster hay una distancia de 22 kilómetros. Londres es un monstruo de madera, cemento, hormigón y acero y llegar a Wembley no es tarea sencilla. El caso es que a aquel puente, inaugurado a comienzos de este siglo para descongestionar el tránsito en la zona, hubo que bautizarlo con un nombre. La opción ganadora tenía que ser la de Geoff Hurst, el delantero que anotó tres goles en la única victoria de Inglaterra en un Mundial tras vencer por 4-2 a Alemania en la final celebrada en Wembley en 1966.

Hurst quedó segundo en la votación. El nombre escogido fue ‘White Horse Bridge’. Es decir, Puente del Caballo Blanco.

Hace ahora 100 años.

La FA Cup (Football Association Cup) es el torneo de fútbol más antiguo del mundo. La copa inglesa comenzó su andadura en 1872 y conserva intacta su mística gracias a su particular sistema de competición. Existen catorce rondas de eliminación que emprenden su andadura por el mes de agosto con equipos procedentes de la décima categoría del sistema de ligas inglés y galés. Cuando quedan 64 clubes en pie entran en juego las escuadras profesionales de las dos primeras categorías. El sábado siguiente al final de la Premier League, tradicionalmente a finales de mayo, tiene lugar la gran final y el fin de fiesta de un torneo con diez meses de duración.

Salvo las rondas de clasificación iniciales, donde se realiza un sorteo con condicionantes geográficos para abaratar gastos de transporte a los equipos más modestos, todas las eliminatorias se celebran sin cabezas de serie y sin condicionante alguno. Se juega a un partido y, en caso de empate, (no hay penaltis) se disputa un encuentro de desempate en el campo del conjunto que en el primer partido había ejercido como visitante. Este partido es conocido como ’replay’. Si el ‘replay’ también finaliza con una igualada entonces el vencedor se decidirá tras una tanda de penaltis.

Es tal la magnitud del torneo que cada año participan unos 700 clubes. 44 de ellos han logrado proclamarse campeones. El sueño de todos ellos es subir las escaleras que conducen desde el césped al ‘Royal Box’, donde un miembro de los Windsor hará acto de entrega al capitán de la escuadra ganadora de la copa de hojalata más valiosa de las Islas Británicas.

La FA Cup no tendrá partidos de desempate en la temporada 2020-21
FA Cup

Pero el caso es que no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que Wembley no era más que una quimera.

Cuando en 1872 el Wanderers FC derrotó al Royal Engineers por 1-0 para alzarse con la primera FA Cup de la historia, la final se disputó en el Kennigton Oval de la capital, un campo de criquet, aun hoy en funcionamiento, en el que también se disputó el primer partido internacional de todos los tiempos entre Inglaterra y Escocia. Se puede visitar. Échenle un ojo si van a Londinium. Hubo también finales en el hoy desaparecido campo de Crystal Palace, donde se había celebrado la Expo 1851, y en Stamford Bridge, el recinto ubicado en el exclusivo barrio de Chelsea.

Y sin embargo había excepciones. El fútbol no era cosa de londinenses. Una vez se hizo profesional, el fútbol pasó a ser propiedad de los Midlands, de Yorkshire y Lancashire y del industrial norte fronterizo con Escocia. Sheffield, Blackburn, Nottingham, Birmingham, Liverpool, Bolton, Manchester, Newcastle, Huddersfield o Bolton. Eso es el fútbol inglés. Unos permanecen y otros palidecieron. Pero allí está la esencia del deporte rey. Entre chimeneas, acero y campos embarrados. Por ello hubo finales en Old Trafford, Goodison Park o en el legendario Bramall Lane de Sheffield, inaugurado en 1855 y aún vivito y coleando.

Finalizada la I Guerra Mundial la disputa de la final le fue otorgada al londinense campo de Stamford Bridge. Mas lo hizo con escaso éxito. Fueron tres las ediciones contendidas tras la guerra y el caso es que la afluencia no había sido masiva. En 1922 se enfrentaron el Huddersfield Town y el Preston North End, dos modestos del norte del país que apenas consiguieron movilizar aficionados en una época de carestía. Los londinenses, poco interesados por el choque, no llenaron el estadio.

Mas algo estaba sucediendo durante ese trienio. Finiquitada la contienda bélica se promovió la construcción de un estadio nacional en Londres para dar trabajo y conferir patriotismo a partes iguales. Existía en Londres el White City construido en 1908 en el barrio de Hammersmith para la celebración de los Juegos Olímpicos, pero su capacidad de transformación era menor y se usaba para carreras de galgos y exhibiciones automovilísticas. En su interior incluso se había habilitado una piscina olímpica. Allí llegó a jugar sus partidos como local en ciertos periodos el Queen’s Park Rangers, hasta que el estadio fue demolido en 1984. Y por supuesto había múltiples recintos capitalinos como el citado Stamford Bridge, White Hart Lane o Highbury, pero todos estaban asociados a un club y no representaban al conjunto de la nación.

London 1908 | www.elhistoriador.es
White City 1908

Para 1924 Londres iba a acoger la Exposición Universal. Lo de las Expo era una idea francesa originaria a raíz de la acelerada industrialización del siglo XIX. Su objetivo era mostrar la grandeza del país al resto del mundo en una época donde la movilidad, el transporte y el comercio llegaba por vez primera a los cinco continentes. No menos importante era exponer la fortaleza del imperio y asombrar a ciudadanos y extranjeros con el poder de la nación. Si en el siglo XIX lo significativo era manifestar los avances tecnológicos, para el siglo XX tomaba relevancia la cultura. Hoy las expos languidecen, aunque se mantienen como instrumento de autopromoción de la ciudad y su región.

El caso es que Gran Bretaña quería revelar la fortaleza de su Imperio a través de un gran estadio. Acababa de perder Irlanda y se mostraba más débil que antes de la I Guerra Mundial por lo que debía dar un golpe en la mesa que recordase a propios y extraños quien era el dueño del planeta.

El conocido como Empire Stadium (Estadio del Imperio) fue concebido por los arquitectos John Simpson y Maxwell Ayrton en 1922. Se esperaba tenerlo finalizado para dos años después, pero fue tal la celeridad del proyecto que, al año siguiente, meses antes del inicio de la Exposición Universal, ya se pudo inaugurar. Fueron 1.500 obreros y 300 días seguidos de trabajo. Costó 750.000 libras, el equivalente a unos 50 millones de euros actuales, y fue levantado en unos terrenos situados al noroeste de Londres propiedad del duque de York. La idea era demoler el estadio al finalizar la Expo para levantar allí edificios de viviendas, pero fue tal el éxito del recinto que, afortunadamente, se mantendría en pie desde entonces.

Wembley. Basta el nombre para evocar al mito. Ganar allí no es como ganar en otro lugar. Wembley es un templo del fútbol mundial lleno de encanto.

Fue un trabajo de vanguardia. Una única tribuna parcialmente cubierta con un anillo para 125.000 espectadores de los cuales algo menos de la mitad tenían asiento, algo extraordinario para la época. Mientras las columnas imposibilitaban las vistas en la mayoría de los campos ingleses, en Wembley todo era vistoso y funcional a partes iguales. Esa majestuosidad lo ha diferenciado siempre del resto de estadios británicos caracterizados por una arquitectura básica, integrada en el entorno y poco llamativa. La suntuosidad del proyecto se coronaba con los 39 escalones que llevan al Palco Real, donde un miembro de los Windsor recibe a los vencedores. En Wembley, en la Catedral del Fútbol como fue bautizada por Pelé, son numerosos los legendarios partidos disputados a la sombra de aquellas 39 gradas que te introducen por derecho propio en la historia del balompié.

The Old Wembley Stadium - for the 1999 F.A Cup Final between Newcastle Utd  v Man.Utd :) | Estadio de futbol, Estadios del mundo, Arquitectura de  estadios
Wembley 1966

Al menos lo de los 39 escalones se mantiene en la actualidad, no así las dos distintivas torres gemelas blancas de estilo victoriano de 40 metros de alto que daban la bienvenida al aficionado en la cara norte del estadio. Cuando fueron demolidas en 2002 se quebró la magia del Wembley original que pronto dio paso a un arco de 113 metros símbolo del nuevo Wembley. Se mantiene la mística, pero se ha perdido parte del encanto. ¿Qué hubiese costado haberlas mantenido? ¿Modernizar en vez de destruir? ¿O trasladar esas torres a un nuevo estadio? El hilo conductor de un estadio que nunca debería haber sido demolido, siguen siendo los 39 escalones camino de la gloria.

Ingeniería y Computación: Wembley Stadium, moderno estadio multipropósito.
Wembley 2023

Pero volvamos a 1923.

Decíamos que el estadio se finaliza antes de tiempo y hay ganas de ponerlo en funcionamiento. No existía mejor forma de inaugurarlo que con la final de la FA Cup. El torneo más proverbial del fútbol había encontrado el marco propicio para ser exhibido. Desde entonces serán todas, pero aquella iba a ser la primera. La final de la FA Cup de 1923 tendría lugar un 28 de abril de 1923 en el estadio de Wembley bajo presencia del rey Jorge V del Reino Unido, hijo de la reina Victoria y abuelo de la reina Isabel II.

Las autoridades de la Federación Inglesa se mostraban inseguras ante tan magno acontecimiento. Los precedentes no eran alentadores y se temía que se registrase una floja entrada en aquella mole con capacidad para 126.407 aficionados.  A mayores de todo, a la final habían llegado dos conjuntos modestos. Perteneciente a una ciudad fabril de la zona del Gran Manchester, el Bolton Wanderers era miembro fundador de la Football League, pero jamás había logrado un título. Iniciaba en la década de 1920 los mejores años de su historia donde acabaría logrando tres de los cuatro títulos coperos que adornan su palmarés. El otro finalista era el West Ham, entonces conjunto de segunda división y que jamás había jugado en la máxima categoría. Era, eso sí, una escuadra londinense con fuerte arraigo entre los trabajadores del acero y de los astilleros del estuario del Támesis.

Temerosos ante la baja afluencia de público, la FA puso en marcha una fastuosa campaña publicitaria para promocionar el partido. El nuevo estadio de Wembley y la presencia del rey eran el gancho perfecto. A medida que se acercaba el día 28 el ambiente fue creciendo y se supo que 5.000 seguidores del Bolton acompañarían a su equipo en la capital. Dado que el West Ham era un conjunto capitalino se contaba con que al menos se sobrepasara con creces la media entrada.

A las 11:30 del mediodía, tres horas y media antes de la hora prevista para el inicio del partido, las puertas de Wembley se abrieron y el goteo de público comenzó sin mayores problemas. A medida que pasaban los minutos era evidente que lo de la media entrada era marca más que superada. No era cuestión de fútbol, era curiosidad popular. Wembley era símbolo de los nuevos tiempos, un formidable coliseo y el deseo era formar parte de la eternidad.

A eso de la 13:30 el estadio estaba prácticamente lleno. Aquello había sido demencial. Los 5.000 aficionados del Bolton habían aparecido en la estación de Picadilly vía tren, pero el problema es que eran bastante más que 5.000. Mas ahí no radicaba el problema. La contrariedad era lo acontecido con los londinenses. Esa mañana se vendieron más de 200.000 tickets de metro con destino a Wembley. Y no solo eso. Riadas de gente formaban hileras que llegaban a los diez kilómetros de largo rumbo al oeste de Londres. La marabunta era absolutamente terrible y decididamente maravillosa. De nada sirvió que desde las estaciones de metro parejas de policías imploraran a la gente que se abstuvieran de transitar camino a Wembley.

Así pues, a eso de las 13.45 horas una masa tremenda de seres humanos había entrado en Wembley con o sin entrada. Aquella gran ola de humanidad, aquella ingente masa sólida de personas, había sucumbido a los encantos del fútbol y de una preciosa mañana soleada de primavera para convertirse en una marabunta que saltaba torniquetes y ocupaba las gradas bajas del estadio ante una organización incapaz de colocar a la turba en las gradas altas del coliseo.

Fue entonces cuando la policía cerró las puertas de Wembley impidiendo que nadie más accediera a su interior. La muchedumbre siguió creciendo y los empujones y los insultos hicieron acto de presencia. Asustados y alarmados, los policías se apartaron y la turba derribó una de las puertas de acceso. Después de la primera, cayeron las demás. Por entonces no existía la venta anticipada, por lo que la gran mayoría de esas personas sencillamente se había acercado para ver el choque sin saber lo que les esperaba. Contaban con llegar, comprar su entrada y ver el partido tranquilamente. Viendo que ni con el dinero en la mano podían entrar, decidieron tomarse la justicia por su cuenta.

Todo fue en vano.

A eso de las 14.15 horas una última gran masa de gente irrumpió en las gradas. Aquellos que estaban en los escalones más bajos se vieron aplastados, por lo que tuvieron que saltar las vallas para no quedar atrapados. De pronto el césped empezó a cubrirse de gentío hasta que al cabo de un par de minutos el verde brillaba por su ausencia. La totalidad del 105 x 70 estaba ocupado. Los futbolistas no podían saltar al césped a realizar ejercicios de calentamiento. Parafraseando a los estudiantes de la Sorbona, el césped estaba debajo de los adoquines.

El verde era una ilusión.

La gente protesta, grita y ríe, cuando a las 14.45 horas el rey Jorge V llega al palco. Su sorpresa fue mayúscula. La de los directivos de la FA también. Se temía no poder superar la media entrada y ahora se estimaba que cerca de 300.000 personas okupaban Wembley. Si, okupaban, con K.

Y de pronto el silencio. Suena el himno. El God Save The King. 300.000 almas entonan a pleno pulmón.

Pura magia.

The Black-And-White Years: The Chaos, Crowds And Confusion Of The 1923 'White  Horse' FA Cup Final At Wembley (Photos) | Who Ate all the Pies
Wembley. 14.45. 28/IV/1923

Los acordes callan y toca tomar una decisión. La policía estaba desbordada y se maneja hacer uso de la fuerza. La otra alternativa era suspender el partido. Un alto cargo de la policía y otro de la comitiva real comenta a los jugadores que se disputará un choque amistoso para calmar los ánimos y que al día siguiente, a puerta cerrada, se disputará la verdadera final. La propuesta, cierta o no, no pasa de anécdota, aunque habrá jugadores del West Ham que declaren años después que no sabían que estaban jugando la verdadera final hasta llegado el descanso. Son precisamente los futbolistas del West Ham, que evidentemente eran los que contaban con más aficionados en las gradas, los que saltan al campo intentando hacer razonar al respetable.

Lo único que consiguen son palmadas de apoyo, ser manteados y no pasar de poco más que el túnel de vestuarios.

Son las 15.10. Van diez minutos de retraso sobre el horario previsto. 300.000 almas ocupan un recinto cerrado con no demasiadas escapatorias. Parece que la única decisión posible es hacer uso de la fuerza.

Fuese esa u otra la decisión a tomar, todas parecen un suicidio.

Aquello iba a acabar en tragedia.

Fue entonces cuando apareció Billie.

Crin brillante, chirriar de dientes, aire natural, galope a cuatro tiempos, Billie comienza a danzar. Billie emprende un giro sobre sí mismo. Avanza en bípedo diagonal, primero de izquierda y luego de derecha, siempre haciendo círculos. Sobre Billie está un tal George Scorey, policía del distrito metropolitano de Londres. Un Bobby. Un booby sobre corcel blanco.

Scorey acaricia las riendas de Billie y el caballo, paso a paso, va aumentando la circunferencia de su baile. Nadie encuentra una explicación a lo que sucedió entonces. Los de la primera fila se agarraron las manos e iban presionando suavemente hacia atrás, intercalando más y más gente entre ellos. Al poco comenzó a verse una mancha verde en el centro del campo. Después un vasto césped, luego las áreas y más tarde el rectángulo en su plenitud. La gente se había ido apartando a medida que aumentaban los radios de la circunferencia del equino. Poco a poco el público fue abandonando el césped y apelotonándose detrás de la línea que marca el fin del terreno de juego.

A medida que Scorey y Billie hacían su magia otros policías imitaron la escena y el público acabó apiñándose entre las gradas. Fueron más de 1.000 personas las que hubieron de ser atendidas con heridas leves y tan sólo 22 tuvieron que pasar por el hospital. No hubo ningún fallecido entre los 300.000 presentes.

Aquello fue un milagro.

White Horse Final: 100 years since Bolton became the first team to win the  FA Cup at Wembley | Daily Mail Online
Billie

A las 15.45, con cerca de una hora de retraso, dio comienzo la final. Los jugadores se quejaron de que en las bandas solo había surcos y agujeros provocados por los caballos que trotaban de un lado hacia el otro impidiendo que el público ocupara de nuevo el terreno de juego. El descanso apenas duró cinco minutos, dado que los futbolistas fueron incapaces de alcanzar los vestuarios ante la que allí había montada. Bebieron un trago de agua, cambiaron de campo y vuelta a empezar.

En medio del caos ganó el Bolton 2-0. Se adelantaron al poco del inicio. David Jack se aprovechó de que su marcador se había quedado atrapado entre la multitud tras un saque de banda. El segundo gol tuvo lugar en el segundo tiempo. Fue un chut que entró y fue sacado por un seguidor que estaba detrás de la portería. Pero los futbolistas del West Ham reclamaron que no había cruzado la línea y que el balón había pegado en el poste. Fuese como fuese, el 2-0 hizo que muchos se fuesen de Wembley antes del final de los 90 minutos viendo que el partido estaba decidido y permitiendo que el desalojo del coliseo fuese pacífico y sin incidentes.

En las portadas de los periódicos del día siguiente no estaba el capitán del Bolton ni el rey Jorge V, sino Billie, el caballo que salvó la final. Un caballo gris, pero que el vigor del blanco y negro del metraje y de la fotografía convirtió en un blanco nieve para la eternidad. Durante las siguientes semanas en el Parlamento Británico se debatió por vez primera sobre el fenómeno hooligan y sobre la necesidad de aumentar la seguridad en los estadios de fútbol. Se decretó la obligatoriedad de colocar tornos antes de las puertas de entrada y se habilitó la posibilidad de comprar entradas con antelación para los grandes eventos.

A Billie le dieron alfalfa de por vida y a George Scorey entradas para ver las finales de la FA Cup en Wembley desde aquel entonces hasta el día de su muerte. Murió en 1965 sin acudir nunca más al coliseo londinense. No le gustaba el fútbol.

O tempora, o mores.

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¿Por qué en la NBA se juegan playoffs?

Cuando la primavera muere y el verano acecha los playoffs de la NBA alcanzan su esplendor. Los playoffs son una figura deportiva intrínseca a la mentalidad norteamericana y, aunque para nosotros está asociada al baloncesto, los encontramos en cualquier otro acontecimiento deportivo con sello estadounidense. Sea fútbol americano, béisbol o hockey, las eliminatorias para decidir al campeón otorgan drama a un espectáculo ya de por si agonístico.

La existencia de los playoffs se remonta al inicio del deporte. La vasta extensión de Estados Unidos y Canadá hizo obligatorio dividir por territorios a los distintos equipos profesionales de ambos países. Las divisiones comarcales no permitían establecer un campeón nacional y se antojaba imposible instaurar una liga que cubriese semana tras semana los más de 4.000 kilómetros de distancia entre la Costa Este y la Costa Oeste de Norteamérica.

La solución consistió en dividir Estados Unidos por divisiones geográficas. Cada división en la NBA (hoy son seis) contaría con unas franquicias (hoy son cinco) que se enfrentarían entre ellas para lograr un primer puesto que les permitiese disputar unos playoffs por el título contra otros campeones de división. Al hacer esto se reducen los costes de los viajes y se gana en intensidad y dramatismo.

Choca esto con la mentalidad del Viejo Continente. El deporte europeo se basa en tres tipos de resultados: victoria local, empate y victoria visitante. De igual modo, cuando existe un torneo de eliminatoria directa se establece un sorteo. Dicho sorteo funcionaba como una lotería donde el azar hacía su aparición. Solo en tiempos modernos e, influido por la tendencia estadounidense, se establecieron los condicionantes y los cabezas de serie. En el Nuevo Continente toda liga sirve como un proceso de selección natural en el que los mejores se clasifican para un torneo final eliminatorio donde los cabezas de serie se eligen por el porcentaje de victorias.

En la opinión del que escribe esta diferencia radica en el concepto de justicia. Para un europeo el resultado de una liga regular demuestra quien ha sido el mejor a lo largo de un recorrido, quien ha sido el más fuerte a lo largo de una temporada. Esto implica que los mejores ganarán, pero, por un sentido de justicia y caridad, deben existir otros torneos donde el débil tenga su oportunidad. En las eliminatorias (copas) el azar sirve como balanza de la justicia que demuestra que, aparentemente, todos somos iguales. Es como el pan de los pobres que mantiene la ilusión de la felicidad.

Para un estadounidense no existe sentido de la justicia que pueda hacer creer que los últimos clasificados de una liga merezcan tener alguna opción de victoria. Sin embargo, crean ligas que irremediablemente cuentan con ‘playoffs’ por el título para demostrar que la justicia es igual para todos. Los mejores siempre parten con ventaja, pero deben demostrarlo, tanto a la larga como en las distancias cortas. Aquí el que manda juega con las cartas marcadas, pero siempre tiene que jugar. La justicia es igual para todos. La incertidumbre del resultado, y he aquí el quid de la cuestión, es mayor en el deporte norteamericano, aunque la sensación para el aficionado es que es mayor en el deporte europeo.

Al principio las series de playoffs estaban reservadas a cuatro equipos. El meollo del deporte norteamericano se concentraba en las 13 colonias originales y se extendía más allá de los Apalaches hasta los Grandes Lagos. Por el medio la nada, pero a lo lejos, muy a lo lejos, quedaba el interesantísimo mercado de California. La pujanza de ciudades como San Francisco y Los Ángeles y la expansión de los vuelos comerciales obligaron a crear la Conferencia Este y la Conferencia Oeste y dividir el pastel en dos mitades.

De este modo, los equipos de una misma división juegan cuatro veces entre ellos, entre tres o cuatro veces contra otras divisiones de una misma conferencia y dos veces al año contra los de otra conferencia para completar un total de 82 partidos de liga regular de la NBA. Por poner un ejemplo, los Boston Celtics juegan cuatro veces por temporada contra los New York Knicks (350 km de distancia), tres o cuatro contra los Chicago Bulls (1.500 km de distancia) y dos veces frente a Los Ángeles Lakers (4.800 km de distancia). Dado que los Celtics optan a enfrentarse a Knicks o Bulls en playoffs, el número de desafíos puede llegar hasta la decena en una temporada. Mientras, Celtics y Lakers sólo podrían ampliar sus duelos en una hipotética final de la NBA. Este sistema fomenta las rivalidades regionales y hace mucho más interesantes y especiales los duelos contra equipos de otras latitudes.

Si bien la división geográfica ha variado con el paso del tiempo, lo que nunca lo ha hecho es el número de partidos para decidir el campeón. Son más de 75 temporadas desde del nacimiento de la NBA y son los mismos años del alumbramiento del ‘game seven’, las dos palabras más hermosas del deporte norteamericano. Si bien las primeras rondas llegaron a jugarse al mejor de tres o de cinco encuentros, el choque decisivo por el título siempre se ha decidido al mejor de siete partidos.

Desde 2003 las cuatro rondas (primera ronda, semifinales de conferencia, finales de conferencia y finales de la NBA) se juegan al mejor de siete, por lo que cada año tenemos hasta 15 opciones diferentes de llegar a un séptimo partido. Todas las franquicias de la NBA han jugado un ‘game seven’ y los Celtics, como no, tienen el récord de triunfos en el instante decisivo. Michael Jordan sólo jugó tres ‘game seven’ y ninguno de ellos en las finales de la NBA. Lebron James se llevó el título en 2016 tras remontar un 1-3 por vez primera en la historia tras un agónico séptimo partido. Y Bill Russell jugó diez y ganó los diez, incluyendo el séptimo partido de la final de 1957 que los Celtics ganaron a los Hawks tras dos prórrogas, hecho inaudito hasta la fecha.

Remembering Bill Russell's 1954 record-setting performance at Mackay  Stadium | Nevada Sports Net
Russell, el señor de los anillos

Las rondas de playoffs al mejor de siete encuentros se juegan en formato 2-2-1-1-1 siendo los dos primeros partidos en casa del mejor clasificado y el último, si fuese necesario, también. Entre 1984 y 2013 el formato de las finales NBA cambió a 2-3-2 emulando el usado en la NHL (hockey sobre hielo), para luego recuperar el tradicional. Se dice que ganar el tercero es clave y que el que se pone 3-2 a favor en el quinto es virtual campeón. La estadística también confirma que un 2-0 o un 3-1 es definitivo, aunque el deporte vive de la épica. Y la épica nace al quebrar lo cotidiano.

Nunca un equipo ha remontado un 0-3 en contra. Existen un par de casos en la NHL, pero ninguno en la NBA. Tan solo existen tres casos de un 0-3 que se convirtió en un 3-3 para acabar muriendo en el séptimo decisivo. Una serie entre Jazz y Nuggets en 1994, otra entre Mavericks y Blazers en 2003 y la final de la NBA de 1951 cuando los Knicks remontaron a los Rochester Royals (hoy Sacramento Kings) para claudicar en un doliente ‘game seven’.

Aquella de 1951 fue la primera final de la NBA decidida en un ‘game seven’. Hasta la fecha, 19 campeones se han decidido en el definitivo ‘win or go home’. Icónica fue la victoria de los Knicks con un Willis Reed a lo Cid Campeador en 1970, la victoria de Bird contra Magic en 1984 o el último Lakers-Celtics en 2010. Pero nada igual como la ya comentada remontada de los Cavaliers de Lebron en 2016 ante Golden State Warriors que aquel año había logrado el récord de victorias en temporada regular (73-9).

Aunque a Europa le costó en un principio, los playoffs pronto se convirtieron en norma en el baloncesto FIBA. No sólo en el baloncesto, sino también para el béisbol o el hockey sobre hielo, éste último con abundantes seguidores en Europa del Este. Para los deportes creados en la vieja Europa los playoffs no son una opción. Alguna liga de fútbol menor como la belga los usa sin demasiado éxito y en las ligas mayores ni se plantea. Hubo un intento a mediados de los 80 en España que acabó con la paciencia de hasta los más calmados y que posee materia para un largo artículo.

Sin embargo, el problema de las distancias no es ajeno a Europa. Las primeras competiciones deportivas (pongamos por caso el fútbol) se disputaban en torneo de copa ante la imposibilidad de cubrir grandes distancias semanales para implantar una liga. Inglaterra, pequeña e industrializada, pronto lo solucionó gracias al ferrocarril, pero países como España o Italia tardarían décadas en remediarlo. Incluso la avanzada Alemania tuvo que esperar a los años 60 para implantar una liga nacional tras la barbarie de la II Guerra Mundial y las diferentes disputas regionales de los länders.

A diferencia de los playoffs donde el vencedor lo es tras ganar un número determinado de partidos (hay ligas de baloncesto como la turca que juegan al mejor de siete pero lo normal en Europa es jugar al mejor de cinco y en algunos casos al mejor de tres), la solución europea fue implantar el sistema de ‘knockout’. El formato copero de ida y vuelta garantiza beneficios de taquilla en cada estadio y minimiza al máximo los gastos de desplazamiento. En competiciones europeas se sigue utilizando el mismo formato ya bien andado el siglo XXI.

El problema es que si bien en un sistema de playoffs la victoria o la derrota de un equipo es igual de válida sea en el último segundo o se consume una paliza de proporciones bíblicas, en el ‘knockout’ una amplia victoria en el partido de ida deja en la intrascendencia el de vuelta. Para ello se inventó la final en campo neutral, en una suerte de ‘game seven’ decisivo. Y aquí fue Estados Unidos quien copió a Europa creando para el fútbol americano, su deporte estrella, la Super Bowl, un binomio que, como el ‘game seven’, está lleno de encanto, presión, ardor, épica y héroes que nacen e historias que mueren.

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Especial Año Nuevo: Entrevista a Albert Einstein

Paciente y metódico, Albert Einstein me recibe con una mezcla de despiste y parsimonia. Lleva un jersey roído, unos pantalones que le quedan excesivamente grandes y, a su inconfundible bigote, le acompaña un pelo que hace mucho tiempo que no visita un peine. Es un honor entrevistar al físico que desarrolló la Teoría de la Relatividad y que es considerado el padre de la bomba atómica, a pesar de ser un firme defensor del pacifismo y del federalismo mundial. Estimado el científico más relevante en la historia de la humanidad junto a Isaac Newton tiene, además, el logro de ser el único científico capaz de convertirse en un icono social.

Einstein S.A.: la desconocida faceta de inventor del Nobel
Einstein

Misterdato (P): Es un honor que me haya recibido señor Einstein. Tengo que confesarle que, aunque sé que usted es un pilar básico para el desarrollo de la humanidad, no comprendo en exceso sus teorías. Siempre se dice que usted y Newton cambiaron los paradigmas conocidos. Y si bien la Teoría de la Gravedad es comprensible, no lo es tanto la de la Relatividad. ¿Podría explicarme lo de E=mc²?

Einstein (R): ¿Me puede usted explicar cómo se fríe un huevo?

P: Sí, claro.

Einstein (R): Pues hágalo, pero imagine que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego.

P: Eso es imposible.

Albert Einstein (R): Si usted no tiene unos conocimientos de física y de matemáticas previos no puedo ayudarle. Es suficiente con que sepa que el sistema de posicionamiento GPS que usa continuamente es posible gracias a la Teoría de la Relatividad.

P: Sin embargo, aunque todo el mundo le conoce por dicha teoría, usted ganó el Premio Nobel por sus contribuciones al efecto fotoeléctrico.

Einstein (R): Correcto. Gracias a ello ustedes pueden usar un láser, desarrollar el código de barras, crear placas solares o algo tan banal como entrar en un ascensor o encender una farola en función de si una persona está o no está cerca. También desarrollé el Teorema de Fluctuación-Disipación cuyas ecuaciones son usadas diariamente en Wall Street.

P: Sinceramente no tengo ni idea de que me está hablando. Yo soy periodista deportivo.

Einstein (R): No entiendo entonces el motivo de esta entrevista.

P: No le falta razón…Querría hablar con usted un poco de deporte. Es algo que suelo hacer en fechas navideñas con personajes relevantes que no están ligados al mundo deportivo.

Einstein (R): La Navidad…

P: Sí. Creo que usted tiene sentimientos encontrados con el mundo religioso. Según algunos usted es ateo. Para otros es la prueba de que hay científicos que creen en Dios.

Einstein (R): Esto sí que es fácil de explicar. Procedo de una familia judía y fui criado en la doctrina de la Fe. Pero, como comprenderá, eso de que el pueblo judío es el elegido es pura superstición. En mi opinión la Biblia es una colección de leyendas venerables donde la palabra de Dios es la expresión y el producto de las debilidades humanas.

P: Por lo tanto, usted es ateo.

Einstein (R): No comprendo esa diferenciación entre religión y ciencia. La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Somos como un niño pequeño entrando en una biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en diferentes idiomas. Intente usted penetrar en los secretos de la naturaleza y, detrás de todo lo perceptible, siempre encontrará algo sutil, intangible e inexplicable. Esa es mi religión. No hay leyes sin un legislador. Mi religión es una admiración hacía ese ilimitado espíritu superior.

P: ¿Agnóstico?

Einstein (R): De acuerdo.

P: Antes de entrar en materia y hablar de deporte me gustaría hacerle una última cuestión. Al igual que unos dicen que es religioso y otros que es ateo, también hay quien le considera un asesino por crear la bomba atómica y otros un pacifista por oponerse a su uso.

Einstein (R): En primer lugar, yo no creé nada. A través de mis teorías se desarrolló la bomba atómica. En segundo lugar, yo soy un pacifista convencido, pero cuando los nazis llegaron al poder me puse al servicio de los Estados Unidos para, a través del Proyecto Manhattan, crear una bomba atómica que acabase con la barbarie nazi.

P: Y después se arrepintió.

Einstein (R): Sí, creo que fue una gran desgracia. Yo escapé de Alemania porque Hitler era la encarnación del mal. Imagínese lo que me hubiese obligado a hacer si me hubiese puesto a su servicio. Usar la bomba contra el nazismo era un mal menor. Una vez eliminado Hitler no era necesario tener la bomba. Además, me di cuenta de que una vez creada una se podían crear muchas más. Me llamaron comunista cuando dije que si nosotros la teníamos también la tenían que tener los rusos, pero creía firmemente que sería bueno para el bienestar mundial. De hecho, se ha demostrado que el miedo de unos ha sido igualado por el miedo de los otros. Pero ya se sabe lo que es correcto no siempre es popular y lo que es popular no siempre es correcto. También le digo otra cosa. Roosevelt no hubiese lanzado la bomba. Fue cosa del pusilánime de Truman.

P: Hablemos si le parece sobre el deporte. Tengo entendido que usted considera al béisbol el rey de los deportes.

Einstein (R): Yo no tenía ni idea de lo que era el béisbol hasta que llegue a Nueva York en 1933. Era la época de Babe Ruth y los Yankees y quedé fascinado por el juego. Para mí es el rey de los deportes porque es bellísimamente complejo. Le diré más. Usted aprenderá la relatividad más rápido que yo aprenderé los entresijos del béisbol.

P: Me parece harto complicado. Creo que también le gustaba andar en bicicleta.

Einstein (R): En eso se equivoca. Yo dije que la vida es como andar en bicicleta, que para mantener el equilibrio debes seguir moviéndote. De esa frase alguien sacó que me gustaba andar en bici. Es falso. Como que soy un tipo solitario y alejado de mi familia o que tenía el mismo conjunto de pantalón y jersey repetido en mi armario para poner una y otra vez. Sencillamente soy un tipo tímido y de pocas palabras. Pero tengo unos hijos maravillosos y no compro ropa porque me parece algo insustancial.

P: ¿Es cierto que nunca llevaba calcetines?

Einstein (R): Lo es. Tampoco usaba el peine. Me parecía una pérdida de tiempo innecesaria. ¡Si tu intención es aprender y abrir la mente hazlo con sencillez, la elegancia déjasela a los sastres! Tanto lo uno como lo otro. Y si observa, normalmente visto con chaqueta de cuero. Eso es porque tengo alergia a la lana. ¡Y no busque muchos libros en mi biblioteca! Lo único que necesito es una papelera para poder tirar todos mis errores.

P: Volvamos al deporte. Quizás ese gusto por el béisbol se debe a que usted era un hombre paciente. El béisbol es un deporte de paso lento que requiere concentración y paciencia y donde las matemáticas forman parte de su idiosincrasia.

Einstein (R): Yo soy un hombre con mucha paciencia, aunque no me considero un buen profesor. Y es cierto que en el béisbol hace falta paciencia, pero también imaginación. No puedes repetir un mismo lanzamiento. Si quieres un resultado distinto no puedes hacer siempre lo mismo. Recuerde que la imaginación es más importante que el conocimiento.

P: Me decía antes que no era cierto lo de que le gustara andar en bicicleta. Lo que sí será cierto es que era un auténtico andarín.

Einstein (R): Efectivamente. La mejor manera de liberarse de la tensión mental es dando un largo paseo. A menudo estaba tan absorto en mi trabajo que olvidaba almorzar, pero lo que nunca perdonaba era mi paseo diario. Podía hacerlo solo o con mi mujer. En verano también me gustaba salir a navegar con mi bote. Es maravilloso para la mente.

P: Es llamativo que un científico se interese por el béisbol. En realidad, es llamativo que se interese por cualquier deporte. No suele ser una relación que tenga muchos adeptos.

Einstein (R): Al contrario. Yo simplemente era observador de un juego y me dedicaba a dar un largo paseo diario, de unos diez kilómetros, pero hay científicos que eran amplios devotos de la disciplina deportiva. Un paisano suyo, Ramón y Cajal, era un obsesionado de las pesas. Una vez perdió un pulso con un amigo y decidió fortalecer sus bíceps y sus pectorales. Tenía una circunferencia torácica de 112 centímetros.

P: Vaya.

Einstein (R): Hubble, el astrónomo, fue un gran peso pesado que dejó el boxeo para dedicarse por completo a la ciencia. Alan Turing, el matemático, corría maratones para desestresarse. Era tan bueno que estuvo a punto de ir a los Juegos Olímpicos de 1948. Su mejor marca apenas excedía en 11 minutos al ganador de aquellos Juegos. Y luego también estaba Rosalind Franklin, la descubridora del ADN, que era una atleta de primer nivel. Destacaba en cricket, tenis, ciclismo y hockey.

P: Interesante. Una última cuestión, señor Einstein. Usted es, entre otras cosas, un icono del pop tras aquella famosa fotografía con la lengua de fuera. ¿Me podría explicar cómo se le ocurrió posar así?

Einstein (R): Fue tras una cena. Había ido a un restaurante a celebrar mi 72º cumpleaños. A la salida había un montón de periodistas y me saqué la lengua con la idea de que las fotos fuesen malas y no las publicasen. Y ya ve, luego se convirtió en mi imagen más célebre. ¡Qué le vamos a hacer!

P: Ha sido un placer señor Einstein. Ya sé que no he estado a la altura, espero por lo menos haber sido de su agrado.

Einstein (R): No se martirice. Recuerde que todos somos muy ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas. Y recuerde, el día que usted se muera no sabrá que está muerto y no sufrirá por ello, pero será duro para los que lo rodean… Lo mismo sucede cuando eres un imbécil.

Albert Einstein: cómo el científico organizaba su tiempo (y por qué a veces  se olvidaba hasta de almorzar) - BBC News Mundo
Albert

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Franco ha muerto

Eso fue un jueves. Lo de Franco ha muerto. Ya saben a las 04:20 de la madrugada. Realmente llevaba agonizando un par de semanas, pero se había intentado alargar al máximo la fecha para que los más recalcitrantes franquistas (bautizados como ‘El bunker’) pudiesen atar un presidente de las Cortes afín a sus ideas para final de mes. Fue imposible. El Caudillo no dio para más. Era un 20 de noviembre. El jueves 20 de noviembre de 1975. A las 06:00 de la mañana Radio Nacional emitía la noticia y a las 10:00 a.m. el entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, prorrumpía su famoso lacrimógeno comunicado por televisión: “Españoles, Franco ha muerto”.

Decía que eso fue un jueves. Antes vino el domingo. Concretamente el domingo 16. Aquel fin de semana no había Liga. Hubo parón de selecciones. Fase de clasificación para la Eurocopa de 1976. España jugaba en Bucarest. Los rumanos llevaban ocho años sin perder en su capital. A España le valía el empate para clasificarse. Los ‘Kubala-Boys’ no habían logrado disputar el Mundial de dos años atrás y constituían un conjunto rocoso pero escaso de calidad. El equipo que formó en Rumanía estaría representado por Miguel Ángel; Sol, Migueli, Goyo Benito, Camacho; Villar, Pirri, Del Bosque; Quini, Santillana y Chechu Rojo. La selección se adelantó por 0-2 con goles de Ángel María Villar y Carlos Santillana, pero acabaría agonizando y empatando milagrosamente el partido (2-2). El objetivo se había cumplido y España estaría en los cuartos de final de la Eurocopa.

A ojos de hoy puede parecer poca cosa, pero entonces era un éxito absoluto. Por entonces a la fase final de la Eurocopa solo acudían cuatro equipos y tras las rondas clasificatorias había que jugar unos terribles cuartos de final. Ahí, entre los ocho mejores de Europa, estaría España tras derrotar a Rumanía, Escocia y Dinamarca. Ahí, en los cuartos de final, ni siquiera estarían Italia o Inglaterra. Y ahí, en los cuartos de final, le tocaría a España enfrentarse a Alemania a ida y vuelta. Acabaría perdiendo con claridad, pero eso sería en abril del año siguiente.

Clasificación Euro 1976 | Grupo 4 | España se clasificó por delante de  rumanos y escoceses - AS.com
Victoria en Rumanía (a la izq Juan Cruz Sol)

Volvamos al domingo 16 de noviembre de 1975. El mejor del partido había sido el madridista Pirri. Del Real Madrid, en este caso de baloncesto, también era Walter Szczerbiak, quien con 45 puntos había liderado la victoria madridista ante el entonces llamado Vasconia en la entonces llamada Liga Nacional de Baloncesto. El líder era el FC Barcelona que derrotó por la mínima al entonces llamado Juventud de Badalona. Digo sorprendente porque los blancos sumaban 15 de las anteriores 16 ediciones del campeonato, aunque aquel Barça de Zeravica daría que hablar. El yugoslavo hizo debutar a Solozábal, De la Cruz y a Herminio San Epifanio, el hermano mayor del legendario Epi, quien puso como condición para fichar por el Barça que también se firmase a su entonces hermano de 16 años, el cual en pocos años convertiría al Barça en referencia indiscutible del básket europeo.

Llegó después el miércoles. El miércoles 19. Ese día hubo noticia grande. El congreso de la FIFA designaba a Argentina como sede del Mundial de 1978. Faltaban menos de 24 meses, pero el general Jorge Videla había prometido un campeonato de campanillas. Según las casas de apuestas el favorito era Brasil (6/1), seguido de Alemania y Países Bajos (7/1), vigentes campeones y subcampeones respectivamente, Argentina (10/1) y la Unión Soviética (14/1). La victoria de España se pagaba 59 a 1. Aunque primero habría que clasificarse, lo cual, por entonces no se vislumbraba. Ese día alemanes y yugoslavos certificaron su pase a los cuartos de final de la Eurocopa en jornada de entre semana y el quince veces campeón de motociclismo Giacomo Agostini anunciaba que cambiaba Yamaha para volver a la italiana MV Agusta.

Esos días sin fútbol liguero lo que ocupaba la portada de los periódicos deportivos era el caso Caselzy. El delantero chileno, entonces estrella del RCD Español, se había negado a darle la mano al dictador Pinochet en una recepción oficial. Carlos Caselzy siempre se había mostrado beligerante con la dictadura y aprovechaba cualquier ocasión para reclamar la vuelta de la democracia a su país. Se había convertido en jugador de renombre en Europa, pero se le había prohibido volver a vestir la camiseta de la selección chilena. Aquello era un escándalo en Sudamérica y no le dejarían regresar a su país hasta 1979.

Uživatel Olympia na Twitteru: „Carlos Caszely. RCD Espanyol (1975-1978)  #rcde https://t.co/XiZ2UAY7BA“ / Twitter
Carlos Caselzy

Y llegamos al jueves 20. El día de la muerte del Caudillo. Algunos lloran, otros ríen. La mayoría calla. En el deporte la duda es simple. ¿Habrá jornada de Liga? La Delegación Nacional de Deportes lanza un comunicado a media tarde.

“Nunca un español ha unido a tantos españoles en un común sentimiento; nunca esta unida, noble y entrañablemente querida España nuestra sintió, como una oleada estremecida, un dolor tan firmemente compartido. Ha muerto Francisco Franco y el deporte español quiere expresar su sentimiento, quiere decir que lo siente en su propia carne, en los corazones de millones de jóvenes y maduros deportistas (…) esos hombres saben que el Caudillo de España nos ha legado un ejemplo permanente (..) un alto sentido de la convivencia y solidaridad, inasequible a todos los desalientos, que hoy es, en nuestro estremecido dolor, el espíritu del deporte español”.

El comunicado acababa diciendo que como el luto oficial de tres días finalizaba el domingo día 23 a las 15:00 horas. La totalidad de la jornada deportiva se podría desplazar al domingo por la tarde.

Un gran alivio.

Así que habría fútbol. Pero eso sería el domingo. Antes vino el sábado. En la India estaba Manuel Orantes. El tenista, quien apenas un par de meses antes había salido triunfador en el Open de Estados Unidos, se clasificaba para la final del torneo de Calcuta. Lo hace tras jugar con brazalete negro en honor al Caudillo. Negro se vía el futuro del FC Bayern que caía humillado en Frankfurt ante el Eintracht por 6-0 en un lamentable partido. Mientras, en Inglaterra el Derby County de Brian Clough se mantenía firme en el liderato perseguido de cerca por el Manchester United.

Ese sábado Eddy Merckx anunciaba que en 1976 acometería el asalto a su sexto Giro y a su sexto Tour tras el fracaso que supuso la temporada de 1975 en la que había claudicado ante Bernard Thevenet. Pero la noticia del día en España no era ni Orantes ni Merckx. La noticia del día era el nombramiento de Juan Carlos I como jefe del Estado. El Borbón, apodado por sus enemigos como Juan Carlos ‘El Breve’, sorprendería por su calculada ambivalencia y pasará de ser títere de Franco a garante de la Constitución en un abrir y cerrar de ojos.

Juan Carlos I, el hombre que supo reinar
Juan Carlos I ‘El Breve’

Y llegó así el domingo 23 de noviembre. La jornada se disputaría a las 16:30 horas. Antes, por la mañana, había sido el entierro de Franco en el Valle de los Caídos. La cobertura televisiva será exhaustiva, de ahí que el partido televisado se retrase hasta las 20:00 horas. Dicho encuentro enfrentará al Real Oviedo contra el Atlético de Madrid. Ganarán por 0-2 los colchoneros que se encaramarán a la tercera posición dejando a los carballones como colistas.

En Oviedo, como en todas las ciudades de España, se guardará un minuto de silencio en nombre del Caudillo, de manera que se portarán brazaletes negros. También en Segunda División, donde destaca el duelo entre el Coruña (así se llamaba entonces el Dépor) y el Celta que acaba con victoria local por 2-0. En la categoría de plata el líder es el CD Tenerife y el segundo el sorprendente Calvo Sotelo, que no era otro que el CD Puertollano que entonces pertenecía a la Empresa Nacional Calvo Sotelo de Combustibles Líquidos y Lubricantes. Vamos, un antecesor del antecesor de Repsol situado en la refinería castellanomanchega. También por Segunda andaba el CD Ensidesa, club asturiano perteneciente a la industria siderúrgica nacional. En 1983 desapareció y se fusionó con el Real Avilés.

Decía que en el Carlos Tartiere se guardó un minuto de silencio. Hubo actuaciones más sentidas. En Mestalla (Valencia CF 0-0 Sporting de Gijón) el capitán Mestres rezó un responso en honor al Caudillo. En Sarriá (RCD Español 2-0 Elche CF) fue el presidente Manuel Meler el que se animó con un Padre Nuestro en honor al Generalísimo. En el resto sentido silencio y sonoro aplauso. El aplauso se extendería de forma extrema en Alicante donde el Hércules con su victoria ante el Granada CF por 2-0 se colocaba como segundo clasificado del campeonato. El equipo dirigido por Arsenio Iglesias opositaba a revelación de la temporada.

Aquel domingo en el que el COI anunciaba que Montreal acumulaba cinco semanas de retraso en la construcción del estadio olímpico, el Real Madrid se refrendaba en el liderato al vencer por 3-2 al Real Zaragoza en el Bernabéu tras un gol agónico de Roberto Martínez. Mientras el Barça, sin el lesionado Cruyff, se hundía en la clasificación tras perder en el Villamarín ante el Real Betis por culpa de un gol de Cardeñosa. El técnico alemán Weisweiler había apostado por dos adolescentes de la cantera en la delantera; Francisco Fortes y Miquel Mir. Ninguno triunfará en el Camp Nou.

Cuando llegue mayo de 1976 el Real Madrid se proclamará campeón de Liga, mientras que Barça, Atlético y Español se clasificarían junto a los blancos para disputar competición europea. A Segunda bajarán el Granada y los dos equipos asturianos. El Sporting lo hará a pesar de los 21 goles de Quini que lo harán vencedor en el trofeo Pichichi. El guardameta gallego del Real Madrid Miguel Ángel ganará el trofeo Zamora. Para entonces, apenas seis meses después de la muerte del Caudillo, Francisco Franco comenzaba a ser una nebulosa dada la pasmosa facilidad con la que la sociedad española quiso dar carpetazo y patada adelante a una etapa que comenzó un 18 de julio de 1936 y que finalizó la madrugada del 20 de noviembre de 1975.

Quini "El Brujo" del gol - Odio Eterno Al Futbol Moderno
Enrique Castro ‘Quini’

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El padre del fútbol

Por el antiguo testamento el partido duraba noventa minutos según el reloj del árbitro, que sólo lo detenía por causas visibles y aceptadas por todos. Cuando había una interrupción extraordinaria el árbitro paraba el reloj y lo reactivaba al resolverse el problema. El tiempo real de juego venía a ser de algo menos que una hora (..) Aquello era sencillo, pero eran otras circunstancias. No había cambios, salvo el del portero en caso de lesión y en la Copa de Europa ni eso. Llegaron los cambios y fueron subiendo: dos, tres, cinco por la pandemia que ya quedaron, uno más en la prórroga… Apareció la moda de echar el balón fuera cada vez que uno se cae o se tira. Vino el cuarto árbitro y trajo las broncas con los banquillos. Más el VAR, con las pelmazas reflexiones de sus sexadores de pollos en la sala brumosa. Y las pausas para hidratación, que camuflan tiempos muertos para los entrenadores (..) No me olvido del árbitro advirtiendo en todos y cada uno de los córners a los jugadores de que no pueden, cosa que ya saben desde pequeñitos (…) Todas esas adherencias en mayoría absurdas con que se ha ido cargando el fútbol desbordan la capacidad del árbitro. Y el final es difuso. Por el antiguo testamento, el tiempo terminaba en la muñeca del árbitro (…) La vieja sencillez del fútbol ha sido batida por muchos flancos en un proceso de autolesión continua (…) De un tiempo acá el fútbol viene tomando muchas cosas del baloncesto y otros deportes americanos: cambios, números fijos en las camisetas, proliferación de árbitros, estadísticas, revisión tecnológica, entrenador de pie dando gritos, volatilidad de las plantillas, bloqueos, sobeteo continuo de reglas… Lo siguiente será la medición del tiempo”. Alfredo Relaño, director del Diario AS (1996-2019).

Al principio de los tiempos el fútbol obedecía a su origen rural. Se juega en hierba, el objetivo está en el horizonte y un árbitro (una suerte de cura o juez de paz) dicta las normas. El partido dura lo que dura, hasta que alguien meta pongamos diez goles. Si, fueron los hijos de Eton, Harrow o Winchester los que crearon las reglas, pero fueron esos campesinos convertidos en obreros que buscaban una identidad grupal los que hicieron del fútbol una religión. Aquellos campesinos que formaban comunidades fuertes fundadas gracias a lazos familiares se convirtieron en individuos anónimos bajo el control de la ciudad y el Estado. El fútbol sirvió como argamasa para construir una nueva identidad asociativa.

El fútbol era rural. El baloncesto es urbanita. Se juega en espacio menor y suelo artificial, el objetivo está arriba, como los edificios, lo controla una tropilla de burócratas, con sistemas de alta tecnología, en lugar del viejo reloj del viejo árbitro de fútbol. Los jugadores entran y salen frenéticamente, registrados en una estricta contabilidad estadística.

Pues el fútbol esta yendo a eso. Esta perdiendo irremediable y tristemente su esencia. Sus reglas, inmutables desde 1925, que eran tan impasibles como los 10 mandamientos de Moisés se retocan año a año con novedades que dicen resolver problemas de los que no teníamos constancia. Decía Relaño en el fin del texto al que hago referencia al inicio de este artículo que no es de los que piensan que el pasado fue mejor, salvo en el caso de la fruta. Pero lo cierto es que aunque los balones, las botas, la tele en la que vemos el fútbol o los propios futbolistas sean mejores todos los cambios en el reglamento están destrozando una religión que se mantenía fuerte e inalterable.

Historia de las Reglas del Fútbol - El fútbol y más allá
Los origenes

Sir Frederick Wall era el secretario de la FA (Football Association – Federación Inglesa -). Había sido un notable jugador amateur en los albores del balompié y su rango abolengo le hacía ser desdeñoso ante los jóvenes advenedizos que se lucraban jugando al fútbol. Al finalizar la I Guerra Mundial decidió poner en marcha una iniciativa solidaria para ayudar con 200 libras a futbolistas y exfutbolistas que hubiesen sufrido penurias durante la contienda. Fue tal el caso de Frederick Pentland, quien pasó cuatro años en un campo de prisioneros en Alemania y que años después se convertiría en Míster Pentland, el afamado técnico con el que el Athletic ganó 2 ligas y 5 copas antes de la Guerra Civil.

Pero Wall odiaba a los pusilánimes. Y en su opinión Jimmy Hogan era un pusilánime. Hogan residía en Austria cuando comenzó la guerra. Era 1914. Tenía entonces 32 años. Al igual que Pentland, Hogan fue encarcelado, pero pasaría pocos días en prisión. Llegó a un acuerdo con sus carceleros para entrenar al MTK Budapest durante los años de conflicto llevando una existencia cuanto menos plácida. Al finalizar la guerra, hablamos de 1918, Hogan volvió a Inglaterra, pidió cita con Wall y solicitó la ayuda de 200 libras. Es cierto que no había estado en primera línea de combate ni había sido víctima de alemanes o austrohúngaros, pero también lo era que estaba en la miseria. Ante su solicitud, Wall se levantó de su asiento, abrió un cajón y sacó un par de calcetines de color caqui. “Para ti. Es lo mismo que enviábamos a los muchachos en el frente y ellos estaban agradecidos”.

Hogan fue considerado un traidor y tuvo que volver a buscar cobijo en Austria.

La historia del fútbol estaba a punto de cambiar.

Sir Frederick Wall, secretary of the FA (Photos Prints, Framed, Posters,  Cards,...) #23150498
Sir Frederick Wall

Antes, mucho antes, de la transición defensiva, de la profundidad ofensiva, del marcaje en zona, del bloque bajo o de la presión alta, estaba Jimmy Hogan. Antes, mucho antes, de Guardiola, Ferguson, Cruyff o Sacchi también estaba Jimmy Hogan. Y antes, mucho antes, de la España del 2010, de la Francia champagne de los 80, de la Naranja mecánica o del Brasil del 70, estaba Jimmy Hogan.

Y es que Jimmy Hogan es el apóstol que sacó una veta madre de una isla y desparramó su esencia por todo el globo.

Ya bien avanzado el siglo XIX, el fútbol tenía dos concepciones ideológicas; la inglesa y la escocesa. Los primeros se decantaban por el ‘kick and run’ (patear y correr) y los segundos por el ‘passing game’ (juego de pases). Quiso el destino que triunfase la concepción inglesa ya que desde 1888 el fútbol pasó a ser un deporte profesional en el que los resultados se convirtieron en más importantes que el buen juego. Por contra, fue el sistema escocés de juego socializado y colectivo fundamentado en la asociación a través del balón lo que convirtió al fútbol en el deporte de más éxito a nivel mundial. Fueron los marinos escoceses, militares y empresarios mercantes, los que llevaron el ‘passing game’ por toda Europa y por Sudamérica remontando el Río de la Plata. La gambeta argentina jamás hubiese existido si no fuese por sus padres escoceses.

Jimmy Hogan estaba cerca de la treintena cuando apuraba sus últimos años de profesional como centrocampista del Bolton Wanderers. Había nacido en Inglaterra, pero de padres irlandeses y criado futbolísticamente en Escocia, su concepción del fútbol se basaba en el ‘passing game’. En el verano de 1910 el Bolton Wanderers iba a disputar una serie de partidos amistosos en los Países Bajos como una forma de dar a conocer el progreso del fútbol por el Viejo Continente. Hogan no era un futbolista muy reconocido, y, de hecho, su forma de entender el fútbol no era aceptada en Inglaterra. Por ello aprovechó el viaje para ofrecerse a la selección neerlandesa, colgar las botas y ejercer de entrenador.

Por aquel entonces que un inglés se ofreciese a dirigir tu selección era como si un alto cargo de Inditex se ofreciese a pilotar tu empresa. Así que Hogan tenía carta blanca para hacer lo que le viniese en gana. Se olvidó de la fuerza y de la resistencia y empezó a moldear la técnica individual de los futbolistas a través de los ejercicios con balón. Los pases y la movilidad pasaron a ser vitales en las pizarras de cualquier entrenamiento.

En los Países Bajos permanecerá apenas un par de temporadas, en las que la diminuta y desconocida Holanda acabará derrotando por vez primera a Alemania. La estancia de Jimmy Hogan fue breve, pero al marchar recomendó para el puesto a un amigo suyo llamado Jack Reynolds. Éste pasaría a ser tras la I Guerra Mundial técnico de un club judío de Ámsterdam conocido como AFC Ajax y ostentaría el cargo hasta finales de los años 40. En su última temporada dirigiría a un delantero centro llamado Rinus Michels, el ideólogo del ‘fútbol total’ comandado por Johan Cruyff.

Todo encaja.

AFC Ajax on Twitter: "Already 15 years without one of the greatest coaches  ever… Rinus Michels. ♥️💫 https://t.co/sKwsiqevvc" / Twitter
Michels (Mr. Mármol)

Pero volvamos a Jimmy Hogan. Tras ese par de años de voluntario exilio vuelve a Inglaterra con la intención de encontrar un puesto de entrenador en un equipo de la Premier. No tendrá éxito. En la cuna del fútbol el estilo de pase largo y dominio físico del partido es aún innegociable. Entonces Hogan se pone en contacto con Hugo Meisl, presidente de la OFB (Asociación Austriaca de Fútbol), visionario y padre de la Copa Mitropa, embrión de la futura Copa de Europa.

Y es aceptado. En 1913 Jimmy Hogan pasa a tener el control total del fútbol austríaco, desde los profesionales hasta los conjuntos infantiles. Y lo hace con pasión. Todos los equipos bajo sus órdenes pasan a tener el pase y la pared como elementos básicos del juego. Los problemas comienzan a resolverse a través del regate y la ocupación de espacios, desechando la fuerza física y el juego duro. El control al primer toque se convierte en innegociable para todos y cada uno de los integrantes de la plantilla.

Pero cuando aún no se había asentado en su puesto, la I Guerra Mundial estalla y Jimmy Hogan pasa a ser un enemigo. Gran Bretaña y el Imperio Austrohúngaro están en guerra y la presencia de un inglés en Viena no es bien recibida. Hogan es encarcelado, pero su buena fama hace que pronto sea dado en libertad y enviado a Hungría. Allí, es puesto al mando del MTK de Budapest, y en medio de la guerra se encargó de hacer entender a los futbolistas húngaros la importancia de la creatividad y el fin lúdico y estético del fútbol.

Al igual que había pasado en los Países Bajos, la estancia de Hogan en Hungría se limitó a un par de temporadas, pero al igual que había sucedido con la selección Orange no se puede entender el éxito de los magiares mágicos sin Jimmy Hogan. “Jimmy nos enseñó todo lo que sabemos”, contó Sandor Barcsl presidente de la MLSZ (Federación Húngara de Fútbol) cuando Hungría infrinja a los ingleses la primera derrota en casa de su historia, un doloroso 3-6 en Wembley en 1953. Aquel equipo conocido como el ‘equipo de oro’ estaba dirigido por Gusztav Sebes, el técnico inventor del llamado ‘fútbol socialista’, un sistema colectivo de pases que encumbró a Puskás y compañía.

Nuevamente todo encaja.

Equipo de oro - Wikipedia, la enciclopedia libre
La fabulosa Hungría de los 50

Una vez terminada la guerra, siendo un proscrito en su país y un extranjero en Budapest, Hogan cogió nuevamente las maletas y puso rumbo a la neutral suiza. Allí impartió cátedra durante un par de años llevando a Suiza a la medalla de plata en los JJ.OO. de 1924, un hecho que se antoja irrepetible para la pequeña selección helvética. La huella de Hogan en Suiza no parece profunda teniendo en cuenta la trayectoria de los clubes suizos y de su selección a lo largo de la historia, pero quizás si lo es si nos fijamos en quien era el segundo entrenador de Hogan en aquellos Juegos Olímpicos.

Su segundo era un amigo húngaro llamado Dori Kurschner. Éste, ejerció de entrenador del Grasshoppers hasta que en 1937 decidió cruzar el charco y probar fortuna primero en el Flamengo y luego en el Botafogo. Kurschner llevó a Brasil las ideas de Hogan, germen de lo que hoy es el ‘jogo bonito’. De hecho, fue él quien introdujo en el país la táctica WM (3-2-3-2) y el hombre que impulsó la explosión de los delanteros negros en la selección para que luego pudiesen surgir los Ademir, Didí, Garrincha o Pelé.

Todo encaja. Por enésima vez.

Jimmy Hogan, el primer romántico del fútbol - La Opinión de Málaga
Jimmy Hogan

Volvamos al bueno de Jimmy Hogan. Tras triunfar en Suiza fue llamado nuevamente por el MTK de Budapest, antes de ser contratado por la DFB (Federación Alemana de Fútbol) para dar charlas y seminarios por todo el país. Y es que Alemania, por increíble que parezca hoy en día, era insignificante cuando de fútbol se trataba. Allí no dirigió a ningún equipo, pero se encargó de explicar tácticas a jóvenes entrenadores y explorar las esencias del juego con adolescentes que pretendían ser grandes futbolistas. Uno de aquellos chicos fue Helmut Schön, seleccionador alemán en los 60 y 70, que tras alzarse victorioso en el Mundial de 1974 le dedicó el triunfo a Jimmy Hogan al que llamó “padre del fútbol moderno”.

Es inevitable repetirse. Todo encaja.

Pero la Alemania de inicios de los 30 pasaba por momentos convulsos, así que cuando Meisl llamó a la puerta de Hogan para volver a Viena, no se lo pensó ni dos veces, y más sabiendo que contaba con una generación de oro, el llamado ‘Wunderteam’.

Un adelantado a su tiempo - Panenka
Hogan y el Wunderteam

Aquella selección austriaca estaba conformada por una serie de exquisitos jugadores coronados por un incomprendido que respondía al nombre de Matthias Sindelar. Era un delantero frágil, pero con un endiablado cambio de ritmo, una exquisita técnica y, sustancialmente, una gran conducción del balón y una bellísima estética. Sindelar fue conocido como ‘Der Papierene’ (el hombre de papel) y se convertiría en el primer delantero centro que cambió la ortodoxia y bajaba al centro del campo para ayudar a construir el juego y echar un capote al generar situaciones de desequilibrio en la ofensiva.

La llamada ‘Escuela del Danubio’ que Jimmy Hogan había sembrado entre Viena y Budapest tendría su culmen con un equipo que sería conocido como el ‘Wunderteam’ (equipo maravilla) y que durante tres años se mantendría invicto salvo por una derrota en Stamford Bridge ante los poderosos y profesionales ingleses. Pero más allá de los triunfos, aquel equipo maravillaba por su querencia a jugar a ras de césped y por el ensalzamiento de la colectivización del juego frente a las acciones individuales.

Austria se presentó como gran favorita para ganar el Mundial de 1934 de Italia, pero cayó ante los anfitriones en semifinales tras un encuentro bronco en el que los transalpinos dispusieron de enormes ayudas arbitrales. El palo fue duro para los austriacos que aun así siguieron maravillando durante un par de años hasta que en la final de los Juegos Olímpicos de 1936 volvieron a caer ante los italianos y, esta vez sí, de manera justa.

Fue el canto del cisne de un equipo y del estilo de juego de Hogan. No había ganado, pero aquel equipo pasaría a la historia por su influencia en el enriquecimiento del fútbol y las nuevas alternativas que había aportado. Quizás por vez primera en la historia, el fútbol pasaba a ser algo más que un juego y la derrota era considerada como bella. Cuando un par de años después la Alemania de Hitler se anexione Austria, el ‘Wunderteam’ quedará desmantelado y su recuerdo perecerá ante la ausencia de imágenes televisivas.

Pero quedará su impronta. El logro final es lo más importante, pero también el camino para recorrido para alcanzarlo.

Jimmy Hogan volvió a Inglaterra y, esta vez sí, logró acomodo en un club. Era 1936 y sus éxitos con la selección austriaca le fueron reconocidos en las Islas Británicas. Firmó por el Aston Villa, y tras la II Guerra Mundial se convirtió en el entrenador de su fútbol base. Por primera vez un club inglés instauraba la idea del pase-movimiento-pase e introducía el juego con balón en los entrenamientos. Su interrelación con la pelota influiría en una generación de futbolistas ingleses que a finales de los 60 desterraría –aunque sólo en parte- la idea prehistórica de la concepción del juego que se defendía en Inglaterra. Su alumno más aventajado en el Aston Villa fue Ron Atkinson quien nunca llegó a debutar con el primer equipo de los villanos, pero que se convirtió en un respetado técnico de longeva trayectoria, de escaso éxito, pero siempre considerado el entrenador con el libreto más atractivo de toda Gran Bretaña.

Salvó en Argentina y en Uruguay donde fueron los empresarios, soldados y marinos escoceses de entre siglos los que llevaron el regate y el juego de pase al fútbol sudamericano (Alexander Watson Hutton, sería el Hogan del Río de la Plata), todos los demás países le deben a Jimmy Hogan la autoría de un nuevo tipo de fútbol. E incluso al otro lado del Atlántico le deben mucho a Hogan, ya que Imre Hirschl, un grande en los banquillos de River Plate o Peñarol de Montevideo, era un húngaro que había sido discípulo de Hogan.

Como siempre. Todo encaja.

Brian Little on Twitter: "A visit to Burnley today .. where a new Headstone  was Unveiled for Former Aston Villa Manager, Burnley Player and Legendary  Hungarian Coach..Jimmy Hogan.. https://t.co/gqeB7oSS4k" / Twitter
Jimmy Hogan (1882-1974)

El caso es que, de una forma u otra, todos los equipos que han perdurado en la memoria por una innovación táctica ofensiva y por un tipo de fútbol que ha trascendido más allá del resultado le deben su origen a Jimmy Hogan.

De Países Bajos a España: Jimmy Hogan, Jack Reynolds, Rinus Michels, Johan Cruyff, Pep Guardiola. Del fútbol total al ‘tiki-taka’.

De Hungría a Brasil: Jimmy Hogan, Dori Kurschner, Gustav Sebes, Vicente Feola, Bela Guttmann. Del equipo de oro al ‘jogo bonito’.

Alemania: Jimmy Hogan, Helmut Schön, Hennes Weismeller.

Inglaterra: Jimmy Hogan, Ron Atkinson.

Austria: Jimmy Hogan, Hugo Meisl.

Argentina y Uruguay: Jimmy Hogan, Imre Hirschl.

“Estaba viendo el partido, pero no en el palco, sino en las gradas rodeado de los juveniles del Aston Villa. Inglaterra tuvo que reflexionar sobre la complejidad del ataque-defensa. Habíamos dejado atrás el talante presuntuoso y triunfamos con un fútbol comunicativo”. Jimmy Hogan, ya anciano, hablando con orgullo sobre la victoria inglesa en el Mundial de 1966.

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Quizás la Copa América es el único torneo que puede competir a nivel de tronío con la FA Cup. Antiquísimo, data de 1916, ha ido dejando una estela de imágenes, escritos y recuerdos que aun siendo superados por los tiempos modernos siguen insuflando una mística intrínseca a su disputa. Entre sus rarezas está la aportación de una medalla de bronce a aquella selección que concluye el torneo en cuarto lugar.

El caso es que en aquella primera edición de 1916 compitieron Uruguay (primer campeón), Argentina, Brasil y Chile. Eran los cuatro países más avanzados de Sudamérica, no solo en términos económicos, sino también en términos futbolísticos. Concretamente uruguayos y argentinos eran por entonces potencias, no sólo del continente sino a nivel mundial. Fuera a través del Río de la Plata por donde el Imperio Británico introdujo sus costumbres y estilo de vida y con ello el entonces revolucionario juego del fútbol. Montevideo y Buenos Aires eran capitales del balompié mundial.

Poco a poco fueron enganchándose al torneo el resto de países de Latinoamérica, hasta que a mediados de la década de 1980 la Copa América implantó un formato similar al actual. Los diez equipos participantes (Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) se dividían en grupos y de ahí salían los semifinalistas y con ello la final. El problema radicaba en que muchos de los partidos no tenían interés al ya estar los puestos decididos de antemano. Además, el torneo era corto y no demasiado atractivo para los operadores televisivos dado que el número de choques de enjundia era escaso.

La dificultad reside en que diez es un número de difícil solución para fabricar un torneo eliminatorio. Es imposible cuadrar unos cuartos de final y los grupos de cinco escuadras son demasiado largos. Por ello la Conmebol decidió en 1993 ampliar el torneo a doce equipos. De esta manera se creaban tres grupos de cuatro países, clasificándose los dos mejores de cada grupo y los dos mejores terceros a cuartos de final. No es la solución ideal, pero permitía dotar a cada grupo de interés y crear eliminatorias, la salsa de cualquier torneo internacional.

Desde entonces países como México, Estados Unidos, Honduras, Costa Rica, Japón o Qatar han disputado la Copa América como selecciones invitadas. Ha habido hasta intentos de convencer a España y a Portugal para formar parte del ruedo, argumentando el valor de la madre patria y la latinidad inherente a todos los países. Pero todas estas combinaciones resultan ante la imposibilidad de conseguir doce selecciones en Hispanoamérica.

¿Pero acaso no hay doce países en Latinoamérica?

Abramos pues el atlas. Lo primero en lo que debemos fijarnos es que hay una serie de islas situadas al norte de Venezuela. Destacan Trinidad y Tobago, Barbados o Santa Lucía. Todos estos países forman parte de la Concacaf, el organismo que rige los designios futbolísticos de Norteamérica y América central. Tiene todo el sentido ya que todas estas islas se sitúan por encima de la línea del ecuador y forman parte de lo que hemos dado en llamar Caribe.

Pero lo sorprendente es que encima de esa línea del ecuador terrestre hay tres países que constituyen porción del subcontinente sudamericano y que no forman fragmento de la Conmebol. Todos ellos hacen frontera al sur con Brasil y los tres hacen frontera entre ellos. Se trata de Guayana, con capital en Georgetown y frontera al oeste con Venezuela, Surinam, con capital en Paramaribo, y Guayana francesa, que linda al este con el Atlántico y cuya capital es Cayenne. Éste último es un territorio de ultramar francés, por lo que su estatus es de región autónoma, aunque mantiene su independencia en términos deportivos.

Así pues, la pregunta es obvia. ¿Por qué Surinam y Guayana no forman parte de la Conmebol?

Estos países quedan en Sudamérica y no sabes nada de ellos
Los tres olvidados

Cuando los ingleses (y en menor medida franceses y neerlandeses) asaltaron el Atlántico se centraron en aquellas regiones de América que no habían sido ocupadas por España o Portugal. En el norte implicaba conquistar territorios vírgenes, pero en el sur comprendía entablar batalla. Lo más simple era establecer una base naval en una isla del Caribe e iniciar la expansión a través del poderío de una armada. Década a década los ingleses conquistaron las islas del Caribe y los enemigos de España pusieron sus ojos en una zona selvática entre la desembocadura del Orinoco y la del Amazonas, que había sido considerada irrelevante por los conquistadores de la Península Ibérica.

Fueron los neerlandeses los que allí primero se asentaron a comienzos del siglo XVII tras expulsar a los reductos de un fuerte español (los cuales antes habían echado a las tribus caribes). Los franceses vieron la oportunidad e hicieron lo propio poco después. Así entre oranges y gallos se repartió el territorio hasta que siglo y medio después los británicos arrebataron a los neerlandeses la parte más occidental. Dado que los lazos culturales, económicos y lingüísticos eran diametralmente opuestos a los del resto de Sudamérica, las Guayanas se mantuvieron como una especie de isla exótica sin comunicación con el resto del continente en un proceso que se mantiene en la actualidad.

En 1966 Guayana (750.000 habitantes) obtuvo su independencia por parte de los ingleses y en 1975 Surinam (600.000 habitantes) consiguió lo propio enfrentándose a los neerlandeses. Por el contrario, la Guayana francesa (250.000 habitantes) es miembro ultramarino de la Unión Europea y sigue formando parte de la República Francesa.

Parecería obvio que tanto Guayana como Surinam se hubiesen adscrito a la Conmebol, pero no fue así. Ambos países decidieron formar parte de la Concacaf y disputar partidos contra selecciones de Centroamérica. Tras más de un siglo de historia y más de 1.000 partidos internacionales, la selección argentina jamás ha jugado un encuentro frente a Guayana, algo que parece inconcebible. El caso es que el nivel futbolístico de las Guayanas era bajo, los lazos culturales ínfimos y la decisión, aunque geográficamente inaceptable, era futbolísticamente aceptable.

Lo que es más difícil de entender es que la Conmebol no hubiese seducido a ambos países para formar parte de su red de influencia y así solucionar un problema eterno en relación a la Copa América. Y es que el nivel de Gibraltar, Malta o Chipre puede ser ínfimo, pero a ninguna de estas tres selecciones se les ocurriría competir en África y abandonar el paraguas de la UEFA. Si la Conmebol hubiese querido habría convencido a Surinam y Guayana y con el paso del tiempo el nivel futbolístico de ambos países habría crecido.

De hecho, tras muchos años de intento, en 2019 Guayana consiguió clasificarse por vez primera para una fase final de la Copa de Oro. Lograría un histórico empate ante Trinidad y Tobago. Parecida es la trayectoria de Surinam que hubo que esperar a 2021 para disputar una Copa de Oro y de paso lograr una victoria frente a Guadalupe y poner en serios aprietos a Costa Rica antes de caer eliminados.

Empero, el caso de Surinam es digno de ser analizado independientemente. Al igual que en la vecina Brasil, en Surinam es muy habitual que los niños jueguen descalzos al fútbol en la playa dado que una de las pocas armas para salir de la pobreza es siendo un virtuoso con el balón. Jugar al fútbol en la calle sin reglas ni normas, por el simple hecho de disfrutar, aumenta la destreza y potencia la técnica. El pionero, aun cuando Surinam formaba parte de los Países Bajos, fue Humphrey Mijnals, el primer negro que jugó con los Orange a inicios de los años 60.

Luego vinieron Ruud Gullit y Frank Rijkaard, ambos amigos y ambos hijos de dos amigos surinameses que emigraron a Europa buscando un futuro mejor. Luego vendrían más; Edgar Davids, Patrick Kluivert o Clarence Seedorf. En la actualidad jugadores como Van Dijk o Wijnaldum son nados en Países Bajos, pero podrían jugar perfectamente con Surinam por ser el lugar de nacimiento de alguno de sus progenitores. Se estima que unos 150 jugadores que militan en la Eredivisie holandesa podrían ser internacionales con Surinam. Una alineación histórica de Surinam estaría formada por Menzo; Reiziger, Van Dijk, Rijkaard, Bogarde; Seedorf, Davids, Wijnaldum; Gullit, Kluivert y Hasselbaink.

El Dream Team imposible de la selección de Surinam
Seedorf, Davids….un amistoso

Mas complicado es el caso de la Guayana francesa. La FIFA no lo reconoce como país (recordemos que es un territorio de ultramar francés) y no puede competir en las eliminatorias para disputar un Mundial. Sin embargo, está adscrita a la Concacaf y participa tanto en competiciones regionales del Caribe como en la Copa de Oro. De la Guayana francesa era Bernard Lama, portero suplente de Francia cuando ganó el Mundial de 1998, o Florent Malouda, subcampeón del mundo con los galos en 2006.

Malouda, durante muchos años titular en el Chelsea FC y 80 veces internacional con Francia, llegó a disputar un par de partidos con la Guayana francesa en 2017. Uno de esos choques fue ante Honduras durante la Copa de Oro del año citado en el que Malouda fue titular. La FIFA había advertido previamente que la alineación del centrocampista sería motivo de sanción, algo que se confirmó al finalizar el choque. Lo que había sido un partido sin goles se convirtió en una derrota administrativa por 0-3 de la Guayana francesa.

Fue el último partido de un francés de ultramar que defendió los colores de un país a más de 6.000 kilómetros de su casa.

Selección Mexicana Florent-malouda jugó para francia y guyana... | MARCA.com
Malouda (Guayana y Francia)

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A los 30 años de la Copa Confederaciones

Fah Bin Abdulaziz conoció Marbella en la década de los 70. Pronto se enamoró del lugar. Tierra Santa. Así bautizó a la costa malagueña. Allí cultivó excesos tras excesos. Atracaba su yate en Puerto Banús y desplegaba por calles malacitanas su séquito de cientos de personas. Los de aquí encantados, con sueldos que superaban los 3.000 euros de la época y jugosas propinas aparte. La mansión manaba oro en una finca de mil hectáreas. Por el camino donaciones astronómicas para construir viviendas y crear jardines. Por las noches partidas de póker con champán y tapitas de caviar Beluga en pocillos de oro. Fah Bin Abdulaziz no era otro que el Príncipe Fahd. Y desde 1982 el Rey Fahd de Arabía Saudita.

En España el Rey Fahd también cultivó una pasión desmedida por el fútbol. Dicen que, entre otras muchas cosas bastante pecaminosas, el Rey Fahd y el Rey Juan Carlos I compartían noches de fútbol. Así que, podrido de dinero y con voz y mando para hacer lo que le viniese en gana en su despótico país, el Rey Fahd decidió crear un torneo de fútbol.

Por lo tanto, a mediados de octubre de 1992 tres selecciones sucumbieron a los encantos del dinero y arribaron a Riad para disputar un torneo de fútbol de corte internacional. Se trataban de Costa de Marfil, vigente ganador de la Copa de África, Estados Unidos, reciente vencedor de la Copa de Oro y Argentina, flamante campeón de la Copa América. Inmersos en el vertiginoso calendario futbolístico, el Rey Fahd fue incapaz de convencer a ningún país europeo para participar en su capricho. Además, en los Países Bajos no hacia especial gracia la oferta dado que los siempre hinchados neerlandeses eran uno de los países más beligerantes con el régimen saudita. Y los Van Basten, Gullit y compañía ostentaban entonces el trono europeo.

Por consiguiente, la modesta selección de fútbol de Arabía Saudita sería la cuarta en discordia. El torneo se disputó en el estadio Rey Fahd (lógicamente), un modernísimo recinto que en su día fue el primero en ser totalmente cubierto y que contaba con 70.000 asientos. Y lo cierto es que el Rey Fahd vio cumplido su sueño, porque Argentina se deshizo con facilidad de Costa de Marfil (4-0) en una semifinal mientras que Arabía Saudí derrotó con inusitada y suma destreza a Estados Unidos (3-0) en la otra semifinal. Los argentinos vencieron a los saudís en la final (3-1) y se coronaron campeones con goles de Leonardo Rodríguez, Caniggia y Simeone.

Era un 20 de octubre de 1992. Hace ahora treinta años.

El invento tuvo cierto éxito y en 1995 el Rey Fahd repitió la operación poniendo la guinda al pastel. A Arabía Saudita, como anfitrión, se le unieron los campeones de la Conmebol, UEFA, Concacaf, AFC y CAF. Es decir, todos los habidos y por haber con perdón de Australia y la Antártida, si es que los pingüinos alguna vez se animen a jugar al fútbol. En esta ocasión hasta hubo dos grupos clasificatorios y en la final por todos esperada la Dinamarca de Michael Laudrup batió por 2-0 a la Argentina de Batistuta.

Por entonces el mandamás de la FIFA era el brasileño Joao Havelange. El llamado por algunos ‘Padrino’ del fútbol había convertido al balompié en un negocio milmillonario a cambio de sobornos y otros hechos no probados de los que es más conveniente no hablar. El caso es que Havelange vio otra oportunidad de hacer caja e hizo suya la Copa Rey Fahd. A partir de 1997 tendría carácter bianual y pasaría a llamarse Copa Confederaciones.

La primera edición oficial tendría lugar en Arabía Saudita para contentar al Rey Fahd. El torneo tendría dos grupos de cuatro equipos para un total de ocho participantes. Estaban los seis campeones de las seis confederaciones de la FIFA (ya contaban los pobres oceánicos) y Brasil como vigente vencedor del Mundial. Dado que Arabía Saudita además de anfitrión era vencedor de la Copa de Asia se invitó asimismo a Emiratos Árabes Unidos por entonces subcampeón. Habría semifinales, tercer puesto y final. Ganó Brasil…a Australia (que había tumbado a Uruguay) por 6-0 con ‘hat-trick’ de Ronaldo y otro de Romario.

Copa Confederaciones 1997: el Brasil de "Ro-Ro" mató el sueño australiano -  VAVEL España
Ro y Ro

El torneo tenía su aquel y se jugaba en diciembre apenas días antes de que se disputase la Copa Libertadores. No molestaba mucho en un calendario por entonces no excesivamente saturado y en una época donde las grandes ligas bajaban el pistón. Tras esa edición México logró un trofeo y Francia se proclamó bicampeón. Éste último triunfo, en 2003, es terriblemente recordado por el fallecimiento en medio de un partido del camerunés Marc-Vivien Foé víctima de un paro cardiaco.

En 2005 la FIFA decidió darle una vuelta de tuerca al torneo. La Copa Confederaciones pasó a ser cuatrienal y se celebraría en años impares, exactamente en el año anterior a la celebración al Mundial. El torneo pasaba a tener quince días de duración y se disputaría en junio. El anfitrión sería el país organizador del Mundial de doce meses más tarde. La intención de la FIFA era ganar dinero, pero también testar las sedes, la capacidad hotelera y los estadios que albergarían uno de los eventos más mediáticos del planeta.

La idea era buena. Y la Copa Confederaciones pasó a tener una enjundia de alto copete. En 2005 Alemania ejerció de anfitrión en un torneo que ganó Brasil. Los cariocas repitieron triunfo en Sudáfrica en 2009 y nuevamente ganaron en 2013 esta vez en Maracaná tras pasar por encima de España. Para 2017 el ganador fue Alemania en la final disputada en Moscú ante Chile. Eran diez las ediciones disputadas en total y Brasil se mostraba como la selección más laureada con cuatro entorchados. No en vano también son el país con más Mundiales a pesar de que suman dos décadas de sequía.

Por qué Alemania ganó la Copa Confederaciones? | CNN
Confederaciones 2017

Pero en 2019 a la FIFA le dio por inventarse un nuevo torneo. Le dio en llamarlo Mundial de Clubes y tendría lugar en el verano anterior al Mundial, justo cuando se celebraba la Copa Confederaciones. La FIFA veía más interesante reunir a 24 equipos de todo el planeta en lugar de a ocho selecciones.

¿Por qué? Buena pregunta sin más respuesta que el bendito dinero.

Pero es que la Copa Confederaciones estaba herida de muerte. La edición de 2021 se debería haber disputado en Qatar. ¿Cuándo? En junio, algo totalmente inviable en un país cuyos veranos coquetean permanentemente con los 50 grados centígrados. Y una cosa es cambiar el calendario del fútbol internacional para que el Mundial se dispute en diciembre (y ya bastantes quebraderos de cabeza ha provocado) y otra cosa es hacer lo propio para competir en la Copa Confederaciones.

Total, que la FIFA pensó en llevar la Confederaciones a otro país. Pero en estas apareció el coronavirus y el tema quedó en un cajón pudriéndose de polvo. La Eurocopa y la Copa América que se iban a disputar en 2020 pasaron a celebrarse en 2021, por lo que el Mundial de Clubes que tendría lugar en 2021 pasó a aplazarse también y quedó fijado para 2022. A la hora de escribir estas líneas sigue sin tener fecha fijada.

Y mientras todo esto sucedía y la Copa Confederaciones quedaba olvidada, la Conmebol y la UEFA, que son hijas de la FIFA pero que tienen al menos tanto poder como la madre, decidieron crear la ‘Finalissima’, que enfrenta a los campeones de América y de Europa y que viene a continuar la herencia de la Copa Artemio Franchi, que ya intentó sin demasiado éxito hacer lo propio en la década de 1980.

Finalissima: Argentina vs. Italia, un duelo con la historia y el recuerdo  de Diego Maradona - CONMEBOL
Finalissima

Asi que la Copa Confederaciones quedará en el recuerdo como un torneo que tuvo un fugaz pero fructífero pasó por el calendario gracias a la iniciativa del Rey Fahd. Brasil (4), Francia (2) y Argentina, Mexico, Alemania y Dinamarca en una ocasión podrán presumir de lucir en sus vitrinas un trofeo que ha pasado a mejor vida. Con ello feneció la maldición que decía que ningún ganador de la Copa Confederaciones ha logrado vencer en el Mundial posterior. Fue también la Copa Confederaciones el primer torneo oficial FIFA donde se implantó el VAR. Y es también la Copa Confederaciones donde allá por 1997 Roberto Carlos marcó uno de los goles más legendarios jamás anotados.

Otros torneos del pasado

Desglosando al mejor de la historia (un repaso sobre los más grandes a través de varios artículos)

Templos del fútbol (coliseos del balón del pasado y del presente)

Cuando la UEFA eliminó las semifinales de la Liga de Campeones (una Champions con pase directo a la final)

¿Por qué Uruguay lleva cuatro estrellas de campeón del mundo? (cuando ganar los Juegos Olímpicos era como ganar el Mundial)

Copa Mitropa (la Copa de Europa de antes de la II Guerra Mundial)

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Historia contrafactual del Balón de Oro de los defensas (1930-2022)

Volvemos con una de las secciones favoritos de mis pocos, pero fieles lectores. Las historias contrafactuales. Este año 2022 es el año de la revolución del Balón de Oro. Por vez primera contará la temporada natural en lugar del año natural. Un cambio en el modelo que era clamor popular desde hace décadas. Lástima que coincida con la aberración de hacer un Mundial en noviembre lo que, sin duda alguna, acabará desvirtuando al ganador.

El caso es que el Balón de Oro volverá a coronar al mejor jugador del mundo. Un jugador que irremediablemente será ofensivo. Así ha sido en la inmensa mayoría de las ocasiones. Únicamente Lev Yashin (1963), Franz Beckenbauer (1972 y 1976), Lotthar Matthäus (1990), Matthias Sammer (1996) y Fabio Cannavaro (2006) rompen con el estereotipo.

Sabedor de la querencia de público y crítica por el futbolista ofensivo determinante, ‘France Football’ decidió acertadamente crear un premio específico para porteros en 2019 bautizado con el nombre de Lev Yashin en honor al único arquero capaz de ganar el galardón general. La idea, aun siendo buena, imposibilita de facto que un guardameta venza en el Balón de Oro.

¿Y qué pasa con los defensas? La posibilidad de que un jugador de corte defensivo gane un premio individual es ínfima. Y las veces que ha ocurrido se ha minusvalorado tal logro. El triunfo personal de un defensa se asocia a una victoria colectiva falta de brillo e interés. La Italia de Cannavaro a la Alemania de Sammer son recordados como conjuntos rocosos y soporíferos y sus trofeos personales como los más baratos jamás otorgados. A Matthäus lo salva su buena prensa, sus latigazos desde fuera del área y la mística de la reunificación germana de 1990. Sólo Beckenbauer pisaba la hierba con ternura. Jugó de libero porque le dio la real gana, pero podía haber sido lo que hubiese querido. Y, con todo, pocos perdonan que aquella Alemania venciese a los Países Bajos de Cruyff o que aquel Bayern derrotase al fútbol champagne del Saint Étienne.

West Germany 1974: Beckenbauer pulls strings on and off the pitch | Sports  | China Daily
El Kaiser

Como ya he indicado en otras ocasiones, la labor del periodista, del periodista deportivo en este caso, es contar, juzgar, verificar y explicar los sucesos que ocurren. Y para ello el receptor no necesita ver el partido. Y ni siquiera viéndolo, sea en vivo o a través de la televisión, tendrá una visión ecuánime, ya que le faltarán perspectivas que no alcanzará a poseer. Echar la vista atrás es una labor de investigación válida, aun sin YouTube en nuestras manos.

Obviamente lo ideal es que cada uno de nosotros leyese, escuchase y viese varias interpretaciones del mismo hecho, porque el periodista tiene un componente subjetivo intrínseco a la condición humana. Aunque haya un patrón común, hay diferentes sesgos. Eso sería lo ideal, pero nadie lo hace. Porque el receptor lo que quiere es leer, escuchar y ver su verdad, por lo que escoge cual es la información que quiere absorber.

Y como tampoco me voy a repetir (para eso están los enlaces a otros artículos que encontrareis al final de éste), sencillamente conviene aclarar para neonatos que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta; ¿Qué hubiera pasado sí? Es un ejercicio de abstracción y ficción, pero desde un punto de vista histórico. Mi labor es devanarse los sesos, convertirse en una rata de biblioteca, navegar durante unas cuantas horas a través de la web, desempolvar unos cuantos libros de la estantería y comerse con la vista unas cuantas clasificaciones de revistas y de federaciones internacionales. No es decir voy a escoger a tal o a cuál como el mejor porque me sale de los mismísimos.

Para crear la historia contrafactual del Balón de Oro de defensas he tenido que seleccionar un punto de divergencia. He tomado como inicio el año 1930, al igual que hice en otras ocasiones. ¿Motivo? Es entonces cuando se celebra el primer Mundial de fútbol, que marca el punto de inflexión de la globalización de un deporte inventado por los británicos a mediados del siglo XIX. Por otro lado, en 1930 la profesionalización ya es una realidad en gran parte de los países occidentales. De hecho, la creación del Mundial obedece a ello. Dado que los profesionales no podían competir en los Juegos Olímpicos, las victorias uruguayas de 1924 y 1928 se ponían en entredicho al no haber podido participar los mejores futbolistas de Europa.

Es importante resaltar un par de apuntes para los menos entendidos. La mayoría no sabe, por ejemplo, que la Copa de Europa no cogió vuelo hasta unos cuantos años después de empezar. El vuelo se lo dio precisamente el Real Madrid ganando cinco de forma consecutiva, pero su valor era ínfimo comparado con el presente. Si uno tiene un poco de consideración por el pasado sabrá que los encuentros amistosos internacionales eran considerados como pequeñas copas del mundo y era en ellos donde se veía el verdadero nivel de los grandes futbolistas. Y uno también sabrá que la diferencia entre las ligas era mínima. Ser el defensa más destacado en Austria tenía al menos tanta importancia como tendría en España.

Para los escépticos es importante señalar que la diferencia Europa-América no será efectiva hasta mediados de los 60. El milagro económico de la posguerra hará que Europa pase por encima de Sudamérica, lo que, como no podía ser de otro modo, se reflejará en la industria futbolística. El proceso culminará en los 90 con la aprobación de la Ley Bosman y la ruina definitiva de las ligas de fútbol iberoamericanas. Pero entre 1930 y 1960 el nivel de equipos y jugadores sudamericanos y europeos occidentales era parejo. De hecho, en los años 40 la preponderancia del fútbol latinoamericano fue total frente a una Europa que estaba desmembrándose en el campo de batalla.

Para realizar este listado he tenido en cuenta clasificaciones oficiales de FIFA, UEFA, Conmebol y trofeos individuales o clasificaciones de prestigiosas instituciones como IFFHS, Balón de Oro, ‘World Soccer’, ‘El Gráfico’, ‘Don Balón’ o ‘Guerin Sportivo’. Tan solo he decidido tomarme la licencia de darle el Balón de Oro de los defensas de 2004 a Roberto Ayala en lugar de a Traianos Dellas, sorprendentemente vencedor con la selección griega de la Eurocopa de aquel año y considerado por todos los organismos oficiales el mejor ‘stopper’ de aquella temporada.

Dellas back in Greek fold - Eurosport
El efímero Dellas

Decía en párrafos anteriores que no se puede comparar épocas distintas, pero sí sujetos en el mismo espacio tiempo. Eso hace que fuera de series como Elías Figueroa o Héctor Chumpitaz no cuenten con ningún trofeo al coincidir con el tiempo con Franz Beckenbauer (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976). Por parte contraria, futbolistas históricamente menores como Carlos Sosa tienen dos (1944 y 1946) porque destacaron en un mundo donde el fútbol se esfumó por culpa de la II Guerra Mundial.

Del mismo modo, hay equipos cuyo sistema defensivo será recordado y admirado hasta el fin de los tiempos donde un solista acalló las virtudes del resto de la orquesta. El interista Tarcisio Burgnich, el juventino Claudio Gentile o el milanista Alessandro Nesta no poseen ningún trofeo al acabar eclipsados por sus compañeros de equipo y de selección Giacinto Facchetti (1963, 1964, 1965 y 1968), Gaetano Scirea (1982 y 1984) y Paolo Maldini (1994, 1995, 2003 y 2005) respectivamente.

Todos estos defensas son excepcionales y todos son fruto de la evolución de la posición. ¿Es mejor Cafú de lo que fue Djalma Santos? Quizás sí. Es más grande, más rápido, más flexible, está mejor entrenado y lleva desde niño preparándose física y mentalmente para ser un deportista de élite. Pero si Djalma no hubiese sido el primer lateral derecho de largo recorrido de la historia de la selección brasileña quizás nunca hubiesen surgido los Carlos Alberto, Roberto Carlos o Marcelo del futuro.

He tenido que realizar diversos malabares para adecuar que es un defensa. Lo he acotado como cualquiera de los miembros de la primera línea de jugadores por delante del portero. Entiendo que meter en la misma categoría a Dani Alves, Daniel Passarella o Philip Lahm es sumamente complicado. Espero que se entienda la intencionalidad de que cualquiera de estos futbolistas tiene como primer cometido mirar hacia su propia portería antes de abalanzarse hasta la contraria.

De igual modo ha habido que descartar a diversos futbolistas por no formar parte de esa primera línea defensiva. Es el caso de Ernst Ocwirk, Valeri Voronin, Gerhard Hannapi, Paul Breitner, Javier Mascherano o Joshua Kimmich. Todos ellos han sido candidatos a formar parte de los ganadores de esta historia contrafactual, pero han sido descartados porque en los años donde podían haber salido victoriosos jugaban como centrocampistas. En el caso concreto de Mascherano en 2015 es cierto que formaba como central en el Barça, sin embargo, era pivote con Argentina.

Otros como Beckenbauer o Matthäus podrían tener unos cuantos trofeos más pero solo se le han contabilizado los años en los que jugaron como defensas. En el caso del ‘Kaiser’ su dominio podría ser apabullante, pero en sus primeros años formó como un fenomenal volante. Por último, quiero hacer una pequeña mención a jugadores que no salen en este listado como Robert Jonquet, Joan Segarra, Silvio Marzolini, Luiz Pereira, Manuel Amorós, Eric Gerets, Miodrag Belodedici, Giorgio Chiellini o a David Alaba, al que le doy el galardón de 2020 y al que le hubiera dado el de 2022, aunque ‘France Football’ ha considerado que el mejor defensa de este año ha sido el central neerlandés Virgil van Dijk.

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David Alaba

Así pues, vamos con la lista de los ganadores del Balón de Oro defensas. Además de haber sido grandes futbolistas, muchos de ellos pertenecen a la época más romántica del fútbol, sin representantes, sin acólitos, sin millones y sin la saturación de los medios de comunicación. No son más que los ganadores de un trofeo. Pudieron tener un gran año, una gran trayectoria, pertenecer a un gran club o tener la suerte de no coexistir con otros grandes campeones. No es más que una lista. No es más que un trofeo. Pero son la fotografía de un instante. Una base que nos permite recordar a los grandes campeones del pasado.

Los ganadores entre 1930 y 2022 serían los siguientes:

1930 José Nassazi (Uruguay) CA Bella Vista

1931 Umberto Caligaris (Italia) Juventus FC

1932 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1933 Jacinto Quincoces (España) Real Madrid

1934 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1935 José Nassazi (Uruguay) Nacional Montevideo

1936 Eddie Hapgood (Inglaterra) Arsenal FC

1937 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1938 Alfredo Foni (Italia) Juventus FC

1939 Joe Mercer (Inglaterra) Everton FC

1940 Paul Janes (Alemania) Fortuna Düsseldorf

1941 Miguel Andreolo (Italia) Bolonia FC

1942 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo  

1943 Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo

1944 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1945 Domingos da Guía (Brasil) SC Corinthians

1946 Carlos Sosa (Argentina) Boca Juniors

1947 Neil Franklin (Inglaterra) Stoke City

1948 Erik Nilsson (Suecia) Malmoe FF

1949 Johhny Carey (Irlanda) Manchester United

1950 Jose Bauer (Brasil) Sao Paulo

1951 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1952 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1953 Mihaly Lantos (Hungría) MTK Budapest

1954 Gyula Lorant (Hungría) Honved

1955 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1956 Igor Netto (Rusia) Spartak Moscú

1957 Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton

1958 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1959 Nilton Santos (Brasil) Botafogo FR

1960 José Santamaría (España) Real Madrid

1961 Germano (Portugal) SL Benfica

1962 Djalma Santos (Brasil) SE Palmeiras

1963 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1964 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1965 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1966 Bobby Moore (Inglaterra) West Ham

1967 Roberto Perfumo (Argentina) Racing Avellaneda

1968 Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan

1969 Karl-Heinz Schnellinger (Alemania) AC Milan

1970 Carlos Alberto (Brasil) Santos FC

1971 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1972 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1973 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1974 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1975 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1976 Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich

1977 Berti Vogts (Alemania) Borussia Mönchengladbach

1978 Daniel Passarella (Argentina) River Plate

1979 Ruud Krol (Países Bajos) AFC Ajax

1980 Karl-Heinz Forster (Alemania) VFB Stuttgart

1981 Junior (Brasil) Flamengo FC

1982 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1983 Manfred Kaltz (Alemania) Hamburgo SV

1984 Gaetano Scirea (Italia) Juventus FC

1985 Hans-Peter Briegel (Alemania) Hellas Verona

1986 Óscar Ruggeri (Argentina) River Plate

1987 Andreas Brehme (Alemania) Bayern Münich

1988 Ronald Koeman (Países Bajos) PSV Eindhoven

1989 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1990 Andreas Brehme (Alemania) Inter Milan

1991 Giuseppe Bergomi (Italia) Inter Milan

1992 Ronald Koeman (Países Bajos) FC Barcelona

1993 Franco Baresi (Italia) AC Milan

1994 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1995 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

1996 Matthias Sammer (Alemania) Borussia Dortmund

1997 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

1998 Marcel Desailly (Francia) AC Milan / Chelsea FC

1999 Cafú (Brasil) AS Roma

2000 Lilian Thuram (Francia) Parma FC

2001 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2002 Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid

2003 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2004 Roberto Ayala (Argentina) Valencia CF

2005 Paolo Maldini (Italia) AC Milan

2006 Fabio Cannavaro (Italia) Juventus FC / Real Madrid

2007 Dani Alves (Brasil) Sevilla FC

2008 Nemanja Vidic (Serbia) Manchester United

2009 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2010 Carles Puyol (España) FC Barcelona

2011 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2012 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2013 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2014 Philipp Lahm (Alemania) Bayern Münich

2015 Gerard Piqué (España) FC Barcelona

2016 Pepe (Portugal) Real Madrid

2017 Sergio Ramos (España) Real Madrid

2018 Raphaël Varane (Francia) Real Madrid

2019 Virgil Van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

2020 David Alaba (Austria) Bayern Münich

2021 Leonardo Bonucci (Italia) Juventus FC

2022 Virgil van Dijk (Países Bajos) Liverpool FC

Ante lo cual, y según la historia contrafactual formulada, la lista de los más laureados defensas con el Balón de Oro (1930-2022) sería la siguiente:

1. Franz Beckenbauer (Alemania) Bayern Münich (1971, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1976) 6

2. Giacinto Facchetti (Italia) Inter Milan (1963, 1964, 1965 y 1968) 4

2. Paolo Maldini (Italia) AC Milan (1994, 1995, 2003 y 2007) 4

3. Domingos da Guía (Brasil) CR Flamengo / SC Corinthians (1942, 1943 y 1945) 3

3. Billy Wright (Inglaterra) Wolverhampton (1951, 1955 y 1957) 3

3. Roberto Carlos (Brasil) Real Madrid (1997, 2001 y 2002) 3

Giacinto Facchetti - Wikipedia, la enciclopedia libre
Facchetti (63, 64, 65, 68)

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