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Cuando los goles fuera de casa tenían valor doble

Laszló (Ladislao) Kubala es uno de esos grandes futbolistas que jamás han disputado un Mundial. Recientemente nacionalizado español, Kubala estaba llamado a ser la gran estrella del Mundial de 1954 junto a Ferenc Puskas, con el que curiosamente compartió dos nacionalidades en épocas distintas. Pero para disputar el Mundial la selección española debía superar a la inofensiva Turquía en una eliminatoria a ida y vuelta. En Madrid, los españoles vencieron por 4-1, pero en Estambul hubo sorpresa y los turcos lograron el triunfo por 1-0. Entonces lo que contaban eran las victorias y no la diferencia de goles por lo que se hubo de disputar un partido de desempate en Roma. Allí no pudo jugar Kubala por una protesta de los turcos sobre el pasaporte del que ya antes había sido internacional con Hungría y con Checoslovaquia, caso inédito en el fútbol mundial. El caso es que España y Turquía empataron (2-2) y hubo que recurrir al azar para ver quien acudiría a Suiza’54.

Con una venda en los ojos, un niño de ocho años llamado Franco Gemma hizo de mano inocente. Metió los dedos en una bolsa de tela y extrajo un papel con el nombre de Turquía. Kubala y España se quedaban sin Mundial. Doce años más tarde Italia pudo ganar una Eurocopa gracias a una moneda que salió cara. Lo de las manos inocentes o el ‘cara o cruz’ (‘cara o seca’ en Argentina o ‘águila al sol’ en México) era una injusticia deportiva recalcitrante. Era necesario buscar soluciones.

En los 60 surgieron una vorágine de ideas que trataban de hacer más ofensivo, más atractivo y más justo el fútbol. En primer lugar, se le dio valor al número de goles para desempatar eliminatorias con lo cual un 5-0 ya no era igual que un 1-0. Al final de la década la FIFA admitió el establecimiento de las tarjetas para sancionar las faltas agresivas. Con el mismo fin se permitieron dos cambios por conjunto, con la idea de que cada equipo pudiese reemplazar a futbolistas lesionados o agotados. Más años tardaría en entrar a funcionar la tanda de penaltis que en los 60 se estrenaría en el veraniego Ramón de Carranza, con notable éxito entre público y expertos. Quizás los penaltis no fuesen muy justos, pero eran mucho más que las manos inocentes y que las monedas al aire.

Pero el gran cambio se iba a producir con el valor doble de los goles en las eliminatorias a ida y vuelta. La gota que colmó el vaso se dio en los dieciseisavos de final de la Copa de Europa de 1965. Bolonia FC y RSC Anderlecht hubieron de disputar un partido de desempate en el Camp Nou tras sendas igualadas en la ida y en la vuelta. Tras los noventa minutos de juego persistía el empate sin goles por lo que el partido tuvo que ir a la prórroga. Tras la disputa de dos prórrogas (se disputaban tantas como el cuerpo aguantarse) se consensuó que el pase se decidiría con el lanzamiento de una moneda al aire. El colegiado español Zariquiegui hizo los honores y la moneda cayó de canto en la hierba. Hubo que lanzarla una segunda vez con feliz resultado para los belgas y airadas protestas por parte de los italianos.

El valor de los goles fuera | Deportes | EL PAÍS
Risas. La moneda cayó de canto

Así que la UEFA decidió poner en práctica un experimento para la campaña 1965-66. Lo haría en la Recopa, la entonces tercera competición continental. La norma establecía que, en caso de empate a goles en la eliminatoria, pesasen el doble los anotados como visitante. Se trataba, además de evitar polémicas, de estimular al conjunto de fuera a jugar al ataque en una época donde el ‘catenaccio’ reinaba por el mundo entero. Los goles fuera, eso sí, solo tenían preferencia cuando había empate sumados los dos partidos. Obviamente si tras un 0-0 se perdía por 3-2 uno quedaba eliminado. No es que los dos goles a domicilio valiesen cuatro.

El caso es que esa temporada no hubo ningún partido donde se pudiese aplicar la nueva norma, mientras que en la Copa de la UEFA hubo hasta dos que tuvieron que resolverse con el lanzamiento de moneda. Para la temporada siguiente (66-67) tenemos el primer caso que se resolvería favorablemente para el Standard de Lieja que perdió 2-1 en Leipzig e hizo bueno el gol fuera de casa al vencer 1-0 a los alemanes en el partido de vuelta disputado en Bélgica.

Para la temporada 1968-69 veremos el primer caso en la Copa de Europa, la reina de las competiciones de clubes. Quiso la fortuna que el primer perjudicado fuese el rey de la Copa de Europa.

Eran los octavos de final y se enfrentaban el Real Madrid y el Rapid de Viena. En la capital austríaca venció el Rapid por 1-0 ante un Madrid que acusó las bajas de Amancio y de Gento. En el Bernabéu, Velázquez adelantó a los suyos antes del descanso, pero justo tras la reanudación empatarían los centroeuropeos. A partir de ahí habría acoso y derribo por parte merengue pero que solo se concretaría con un gol de Pirri en el minuto 81. El Real Madrid había vencido por 2-1 pero caía eliminado por el valor doble de los goles marcados fuera de casa.

Con el valor doble de los goles, la prórroga de 30 minutos y los penaltis se estableció una norma que acotó el tiempo de los partidos, solucionó problemas de calendario y dio más emoción a las eliminatorias. Faltaba una duda por resolver; ¿el valor doble de los goles también tendría validez durante la prórroga?

Nada decía la norma sobre esta particularidad y como suele pasar hubo que esperar al caso práctico para la polémica y la posible resolución del conflicto. Seria en la temporada 1971-72 en una eliminatoria de Recopa entre Glasgow Rangers y Sporting de Lisboa. Ambos equipos vencieron por 3-2 como locales por lo que hubo que ir a una prórroga en el partido de vuelta. Era en Lisboa. Allí marcaron tanto portugueses como escoceses. 4-3 a favor del Sporting. 6-6 en el total. Hubo penaltis. Y en los penaltis salió victorioso el Sporting.

Pero el Rangers no estaba de acuerdo. Fue un periodista escocés el que puso el grito en el cielo. Si la prórroga forma parte del partido, ¿por qué no han de tener también los goles fuera de casa valor doble? La UEFA dio razón al Rangers e invalidó los lanzamientos de penaltis. El Rangers pasó de eliminatoria (por cierto, acabaría ganando el trofeo) y quedó establecido que los goles fuera de casa valdrían doble tanto dentro como fuera de los 90 minutos.

Historias del fútbol: El Rangers elimina milagrosamente al Sporting de  Lisboa (1971) - AS.com
Rangers vs Sporting

La regla del valor doble de los goles en campo contrario feneció en el verano de 2021. La temporada 2021-22 está siendo la primera con la nueva normativa. Ahora da igual vencer o perder por 1-0 que por 4-3. Se mantienen, eso sí, la prórroga y los penaltis, que con todo siguen siendo la forma más justa y rápida de resolver una eliminatoria. De la misma forma que en los 60 se consideró que ayudaba al fútbol ofensivo, en los últimos tiempos se había observado que en los encuentros de ida los equipos de casa se parapetaban defensivamente para evitar un gol que se había convertido en un tesoro para el visitante.

Según la UEFA, si a inicios de la década de 1980 la correlación entre victorias caseras y a domicilio era del 61-19%, en la actualidad es 47-30%. De igual modo la correlación de goles era 2,02-0,95 por los 1,58-1,15 del presente. Esta reducción de la importancia entre ser local o visitante hace inútil, en opinión del máximo organismo del fútbol europeo, beneficiar al que juega fuera de casa.

Es el fin de una regla que ha estado presente en la vida de todos los futboleros, desde los que han vibrado con Messi o Cristiano hasta los que vieron patear un balón a Pelé o Di Stéfano. Pero los tiempos cambian y las reglas con ellos.

“La mayor calidad de los terrenos de juegos, la estandarización de las dimensiones, la mejora de las infraestructuras, el arbitraje (el VAR), la mayor y mejor cobertura televisiva, las condiciones más cómodas de los desplazamientos de los equipos, un calendario comprimido que impone la rotación de las plantillas y los cambios en los formatos de las competiciones son los motivos del fin de la regla” Comunicado de prensa de la UEFA sobre el fin del valor doble de los goles a domicilio.

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La ambición de Europa

Cuentan que, cuando en la década de 1960 la NASA entrenaba a sus astronautas para llevar al ser humano al cosmos, se adentraron en parajes desérticos de aspecto lunar en el que habitaban comunidades de nativos americanos. Un anciano sioux observaba en silencio a aquellos hombres de trajes galácticos cuando uno de ellos se acercó a saludarlo. El anciano se le arrimó y le dijo: “La gente de mi tribu cree que en la Luna viven espíritus sagrados; ¿Le puedo dar un mensaje para cuando lleguen allí arriba?”. El astronauta asintió y el sioux pronunció unas extrañas palabras en su lengua nativa. El conductor espacial le preguntó que significaban, pero, sin suerte, ya que el anciano le dijo que era un secreto. Fue cuando llegó a las instalaciones de la NASA cuando un traductor, tras soltar una carcajada, le comunicó cual era el mensaje que el anciano sioux quería enviar a los espíritus de la Luna:

“No creáis ni una palabra de lo que os diga esta gente blanca. Solo han venido hasta aquí para robaros vuestras tierras”.

¿Por qué Europa conquistó el mundo? La historia de Europa es una historia de ambición y de expansión del conocimiento. Cuando en 1492 un grupo de intrépidos hombres al bordo de una carabela de nombre Santa María aviste tierra en el Caribe lo harán por el afán de obtener riquezas y poder, pero, mayormente, para obtener nuevos conocimientos. Quizás lo reos que poblaban el barco no pensasen así, mas la intención de Colón era aumentar su saber. ¿Qué hay más allá de ese punto? Comprender como el continente más pequeño en extensión y de escasos recursos naturales pudo dominar el mundo es entender un acervo de conocimientos jurídicos, culturales o religiosos. Las expediciones eran una forma de buscar respuestas.

Luego vino la Revolución Industrial y transformó los horarios convirtiendo el tiempo en patrón para todas las actividades humanas. En el medievo había un reloj en la plaza del pueblo. Ahora Greenwich dicta los designios de la vida. La cadena de montaje, los medios de comunicación y la familia son esclavos del reloj. El progreso lo hizo trastornando la sociedad. La urbanización, la desaparición del campesinado y aumento del proletariado, la atribución del poder al individuo, la democratización o la cultura juvenil. Pero todos estos trastornos quedan empequeñecidos ante el cambio más trascendental en la historia de la humanidad: el fin de la familia y la comunidad en sustitución por el Estado y el mercado.

Hasta tiempos no muy lejanos los humanos vivían en comunidades pequeñas y su vida giraba alrededor de una familia. Cuando una persona enfermaba, la familia cuidaba de ella. Cuando envejecía, la familia le asistía y los hijos eran el fondo de pensiones. Cuando uno moría, la familia se hacía cargo de los huérfanos. Si quería construir una casa, se le echaba una mano. Si quería montar un negocio, se le prestaba dinero. Si quería casarse, la familia daba el visto bueno. Y si el problema era tan grande que la familia no lo podía solucionar, era la comunidad la que se encargaba de ejercer de banco y policía sin pedir nada a cambio.

Se trabajaba en el negocio familiar o en el de un vecino. La familia constituía el sistema educativo, el de salud, el fondo de pensiones o la industria de la construcción. Y el banco o las noticias o la policía eran proporcionados por la comunidad en la que se vivía.

Hoy así solo viven los gitanos.

Había reinos e imperios, claro que sí. Construían carreteras y pedían impuestos. Pero era un ente lejano que no se metía en el día a día de la comunidad. No había excedentes y lo poco que se conseguía de más era dado al señor a cambio de protección. Pero los reinos no hacían de trabajadores sociales, médicos o profesores. Además, las dificultades logísticas y de transportes hacían inviable intervenir en asuntos que se consideraban entonces triviales.

Esto implicaba que una persona que perdiera a su familia o, simplemente, una familia que no fuese aceptada por su comunidad, solo tuviese como alternativa para sobrevivir emigrar o convertir a sus hijos en soldados y a sus hijas en criadas o furcias.

Todo cambió de manera radical hace apenas dos siglos, algo ínfimo en la historia de la humanidad. La Revolución Industrial proporcionó al Estado medios de comunicación y transporte y puso a disposición del gobierno un ejército de funcionarios. Al principio las familias y sus comunidades fueron reacias a que sus hijos fuesen adoctrinados por sistemas educativos nacionalistas, que se alistasen en el ejército o que se trasladasen a la deshumanizada ciudad. Pero, con una celeridad inusitada, esos cambios se hicieron efectivos.

El Estado enviaba a sus policias para solucionar las disputas familiares y el mercado ofrecía más y más productos que eliminaba las costumbres de las comunidades.

Pero la forma en la que el Estado derrumbó para siempre el concepto de familia fue cuando convirtió al individuo en un ser superior. En un dios por sí mismo. Se le dijo al ser humano que era libre de casarse o no, de conseguir trabajo en cualquier lugar y de vivir donde uno quisiera. Ya se encargaría el Estado de ejercer de sustento, refugio, educación y bienestar. Ya se encargaría el mercado en darte todo cuanto te puedas imaginar. Ni siquiera Dios era ya un impedimento real. Ni el sexo ni la apariencia (aborto, cirugía estética) están fuera de nuestro alcance.

Y todo esto surgió en Europa debido a un proceso evolutivo que llevó a buscar respuestas a las preguntas. A usar la lógica y la razón. A explorar nuevos horizontes por el simple hecho de saber.

Por qué no se han encontrado las carabelas de Cristóbal Colón? | National  Geographic
Rumbo a lo desconocido

Volvamos al inicio de esta historia. Cuatro siglos antes que las carabelas españolas arribasen en lo que hoy es la República Dominicana, dragones vikingos llegaron a tierras norteamericanas. Siete décadas antes que Cristóbal Colón perpetrase lo imposible el almirante chino Zhou Man exploró las costas sudamericanas. Quizás los escandinavos no tenían la tecnología adecuada para ir más allá de Terranova, pero los asiáticos contaban con los medios suficientes. ¿Por qué entonces el avance vino desde Europa? Porque para los europeos el objetivo era expandir su conocimiento y abrir nuevos mundos. La expedición de Zhou Man pretendía demostrar que se podía hacer. La de Colón tenía como objetivo hacerlo para comprender porque se podía hacer.

De igual modo el deporte contribuyó a unir diferentes culturas y hacer más fácil la comprensión entre los que llamamos colonizadores y colonizados. Facilitando la comunicación y la razón, el deporte une diferentes mundos y ayuda a romper barreras culturales e idiomáticas. Cuando en el siglo XIX los docentes británicos codifiquen los deportes, el rugby o el criquet servirán de quilla para penetrar en lo desconocido.

El carácter emprendedor está en la misma idea de deporte. Para los británicos la idea de récord deportivo o la idea de apuestas está intrínsicamente ligada a la obtención de beneficios. El mensaje social era el de que quien obtuviera mejores resultados tendría garantizada una mejor y mayor producción industrial. Para ello era esencial el reglamento o la figura del árbitro que, como las leyes o el juez, garantizaba una pelea socialmente justa por un bien mayor.

Se crearon clubes deportivos por todo el mundo que emulaban a los fundados en Europa (concretamente Gran Bretaña) para reforzar las redes sociales de la élite, pero, al mismo tiempo, para dar voz y presencia a lo desconocido. No existió mayor forma de integración y comprensión de nuevas realidades que a través de la expansión del deporte.

La culminación de este proceso es la creación de los Juegos Olímpicos modernos en la Atenas de 1896. En los Juegos sólo existen disciplinas de origen eurocéntrico. Tan solo con el transcurrir de las décadas los deportes norteamericanos (baloncesto, voleibol…) cuestionarán tal afirmación, aunque desde mediados del siglo XIX todos conforman lo que llamamos Occidente. Solo el paso del tiempo, y un largo paso del tiempo, hará participes de los Juegos a deportes no europeos como el judo (Japón) o el taekwondo (Corea).

Al igual que le paso a Zhou Man, al resto de los chinos nunca les interesó expandirse más allá de sus fronteras. En tan milenaria y rica historia tan sólo cuentan con las últimas tres décadas como experiencia en política internacional. Fueron los europeos los que establecieron comunicación e intercambio con los asiáticos que, con la excepción de los mongoles, jamás experimentaron la necesidad de expandir sus conocimientos y buscar respuestas más allá de sus fronteras.

Al igual que el fútbol, el tenis o el rugby surgieron en la Gran Bretaña victoriana, otros deportes nacieron en Asia en la época contemporánea. En Tailandia surgió el sepak takraw, un deporte parecido al voleibol en el que solo puedes pasar la pelota al otro campo con los pies o con la cabeza. El kaddadi, deporte nacional en Bangladesh, es una especie de balón prisionero que levanta pasiones en el Asia meridional. Luego hay otras disciplinas mucho más conocidas y expandidas como el judo (Japón), taekwondo (Corea) o bádminton (India), pero aun así de escasa relevancia fuera del continente asiático. El ping-pong, deporte nacional chino, es practicado en millones de plazas y parques de todo el país gracias a la extensísima red de tablas de tenis instaladas desde los años 60. Y, no obstante, el ping-pong fue inventado en Gran Bretaña.

Ninguno de estos deportes ha sido capaz de servir de ariete para la expansión cultural asiática o como acerbo de comunicación y de intercambio de conocimientos. Si los europeos fundaron clubes deportivos por todo el mundo y alentaron la presencia y la práctica deportiva de los nativos, los asiáticos nunca cultivaron esa necesidad. La apertura y el crecimiento de Asia en las últimas décadas se mide en términos económicos, nunca en culturales. Es más, la integración de las artes marciales (las disciplinas más cosmopolitas de Asia) se debe al interés y la curiosidad occidental, jamás a una ambición asiática de extenderse más allá de sus fronteras.

Sepak takraw - Wikipedia, la enciclopedia libre
Sepak tekraw

Son el tenis, el baloncesto y el futbol los tres deportes que podríamos catalogar como globales, con amplia red de consumo y práctica en los cinco continentes. El primero es un deporte individual y los otros dos grupales, pero tanto en el baloncesto como en el fútbol la búsqueda del ídolo es incesante.

El individualismo. El individualismo es un proceso que va más allá de la Revolución Industrial. Es la era del posconsumismo o del posfordismo. Una era donde la individualidad es religión. La autoridad de los padres era sagrada. Hoy es violada continuamente. Cada vez se comprende más que un hijo desobedezca a sus padres y que los jóvenes culpen a sus padres de todo lo que no funciona en sus vidas. El individualismo no es una realidad surgida en Europa. Es estadounidense. Estados Unidos es el hijo que desobedece al padre. Juntos, norteamericanos y europeos, conforman el dominio de la cultura occidental.

Pero la individualidad ha tenido un precio. Por sí mismo el individuo no es capaz de enfrentarse al Estado. Al perder la noción de familia, el individuo se siente alienado y amenazado. Ha perdido sus necesidades íntimas, ha perdido lo que se daría en llamar ‘el sentido de la vida’.

Un sentido que ahora le otorga el consumo. Porque no somos individuos, somos consumidores que afrontamos continuos cambios radicales que nos impiden ser intergeneracionales. Confusos y solos hemos abandonado la fe por la razón ya que, ¿para qué creer en una vida mejor si esta vida nos ofrece todo lo que se puede soñar? Pero la razón no lo es todo en la vida, porque la vida es por definición imperfecta, pero somos tan tercos, tan necios, que en vez de buscar refugio en lo que fuimos renegamos de ello y buscamos otros referentes que nos hagan ser felices.

Ahí es donde el consumismo gana adeptos. Cuanto todos pensamos, hablamos, vestimos o comemos como se nos manda. O en el nacionalismo, glorificando mitos, símbolos y personajes a los que hemos exprimido para hacer propios. Y es en el deporte donde estas dos nuevas religiones terrenales, el consumismo y el nacionalismo, confluyen para llenar los espíritus vacíos de le era postindustrial.

Fue en Europa donde surgió el deporte, el romanticismo, las ideas nacionalistas y el consumo de masas. Es la vieja Europa la de la cultura, los mitos, el amor, las pasiones nacionalistas y la que dicta los cánones de la moda. Y es la vieja Europa la que comprendió el poder del deporte para colonizar, para vislumbrar y para intercambiar conocimientos. Fue Occidente, y solo Occidente, quien tuvo la audacia, el ingenio y, mayormente, la inquietud y la curiosidad de buscar respuestas y rebasar los límites del conocimiento.

El fútbol femenino también es un deporte de masas
Deporte de masas

“Una comunidad política no se sostiene de la nada o por conveniencia racional. Si no hay un cuento común a todos sus miembros (un cuento se puede discutir, matizar y reescribir) no hay forma de que un país funcione. Pero si el cuento es demasiado rígido y unívoco, como ocurre cuando está en manos de nacionalistas y se impone por decreto, la comunidad política acaba también disgregándose por asfixia. Un país obsesionado por su mitología es una dictadura inhabitable. Un país sin mitología, en cambio, no existe. Encontrar el equilibrio es el reto del patriotismo constitucional reformulado que no desprecia los sentimientos, aunque sí el sentimentalismo”.  Sergio del Molino. “Contra la España vacía”:

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Copa Mitropa; el torneo que tuteó a una guerra

Antes, mucho antes, de la creación por parte de la UEFA de la Copa de Europa existía la Copa Mitropa. Y antes, mucho antes, de que se creara el Campeonato Europeo de la UEFA (por todos conocido como Eurocopa) ya existía la Copa Mitropa. Y, por supuesto, antes de que se creasen competiciones de dudoso interés como la Liga Europa Conferencia de la UEFA o la Liga de Naciones de la UEFA, también existía la Copa Mitropa. Y, desde luego, antes de que una pandemia obligase a aplazar partidos y torneos ya había guerras que ponían patas arriba al mundo, y por ende, al planeta fútbol.

La Copa de la Europa Central fue creada en 1927 impulsada por Hugo Meisl, afamado entrenador y arquitecto del ‘Wunderteam’ austriaco que asombraría al mundo en la década de 1930. Hasta entonces los clubes tenían que demostrar su valía internacional en encuentros amistosos. La idea de la Copa Mitropa era crear un torneo entre los mejores equipos de Europa Central. Los motivos eran dos. Por un lado, el nivel del fútbol centroeuropeo era entonces sobresaliente y ya reputadas voces consideraban que al menos igualaba al británico. Por otro parte, la excelente red de ferrocarriles de la zona y la escasa distancia entre las principales capitales centroeuropeas permitían desarrollar un campeonato de corta duración.

En las dos primeras ediciones participaron los campeones y los subcampeones de Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. En 1929 los italianos reemplazaron a los yugoslavos, quienes estaban a punto de iniciar una guerra civil, y en 1934 se decidió la ampliación del torneo a cuatro escuadras por país. En 1936 entró en liza Suiza, y la última reforma data de 1937 cuando se unieron los clubes de Rumanía y se reincorporaron los de Yugoslavia. La Copa de la Europa Central pronto pasó a ser conocida como Copa Mitropa por la empresa que la patrocinaba. Mitropa era la compañía de restauración que operaba en las líneas férreas de Centroeuropa. De hecho, Mitropa no es más que el acrónimo de ‘Mittleuropa’, que es el término alemán para definir la Europa central.

Durante la década de 1930 la Copa Mitropa vio desfilar a algunos de los mejores futbolistas del momento. Ganadores en esos años fueron el Sparta de Praga de Nejedly (máximo goleador del Mundial de 1934), el Bolonia FC de Schiavo, Andreolo o Ceresoli (bicampeones en el Mundial de 1934 y 1938), el Slavia de Praga de Josef Bican (futbolista con el mayor número de goles de la historia) y, especialmente, el Austria Viena del maravilloso e icónico Matthias Sindelar. El sistema de participación era simple. Campeones ligueros como cabezas de serie y eliminatorias a ida y vuelta hasta quedar un único contendiente.

MATTHIAS SINDELAR, el futbolista que desafió a Hitler.
Sindelar; el Mozart del fútbol

Para 1939 la Copa Mitropa comenzó con una ausencia significativa. Tras el ‘Anschluss’ del año anterior, Austria pasaba a ser una provincia más del Tercer Reich alemán. Sindelar aparecería muerto en su casa por culpa de una intoxicación por monóxido de carbono. Aún hoy se discute si fue un accidente, un suicidio o el asesinato de un futbolista judío. Pero la historia de Sindelar no es la que nos ocupa hoy. El caso es que en 1939 ningún equipo austriaco pudo participar en la que fue la última Copa Mitropa antes del inicio de la guerra.

Y es que en septiembre de 1939 estallaba la II Guerra Mundial.

Con Europa en guerra lo normal es que la competición se parase.

Pero no fue así.

El torneo ocupaba dos meses en el calendario, generalmente junio y julio, a imagen de los torneos internacionales de selecciones de la actualidad. En el verano de 1940 Austria y Chequia eran provincias alemanas, Italia empezaba a lamentarse de haber retado a Gran Bretaña por la hegemonía del Mediterráneo y Suiza se dedicaba a contemporizar. La Copa Mitropa de 1940 contó con ocho equipos y, entre los participantes en esos cuartos de final, sólo había escuadras húngaras (3), yugoslavas (3) y rumanas (2).

Copa Mitropa | Wanderers
Copa Mitropa

Cuando el 17 de junio se disputan los partidos de ida de los cuartos de final, Francia estaba a punto de capitular ante el fulgurante avance de las tropas alemanas. Cinco días después Alemania controlaba un territorio que iba desde Hendaya, a orillas del Cantábrico, hasta Memel, bañado por el Mar Báltico. La intención de los alemanes para ese verano de 1940 era reorganizarse y preparar el asalto de Gran Bretaña por mar y aire.

Así, la relativa calma de Europa central permitía continuar con la Copa Mitropa aunque fuese bajo mínimos. Rumanía había sido el país más beneficiado en Europa central tras el fin de la I Guerra Mundial. Prácticamente había doblado su territorio. Favorecido además por la existencia de pozos petrolíferos, el rey Carol II firmó un acuerdo con los nazis para suministrarles crudo a cambio de su neutralidad. Sin embargo, tras el inicio de las hostilidades, la Unión Soviética, con la que Rumanía compartía frontera, exigió a los rumanos la devolución de la Besarabia, una región que había sido adquirida por Rumanía al término de la I Guerra Mundial. Todavía nazis y comunistas mantenían la paz, pero era obvio que Rumanía iba a tener que elegir bando.

En cambio, Hungría había sido la gran derrotada en la I Guerra Mundial. Lo que antes había sido un inmenso Imperio ahora era un pequeño Estado sin voz ni voto en las decisiones importantes de Europa. Hungría alcanzó la II Guerra Mundial con un régimen fascista que simpatizaba con los nazis, pero sin atreverse a aliarse con ellos. El gran escollo era Eslovaquia. Tras considerar Chequia provincia alemana, los nazis crearon Eslovaquia como un país títere bajo su control. Sin embargo, el territorio que había servido para crear Eslovaquia era reclamado por Hungría como propio. Para complicar más la situación los húngaros exigían también la devolución de parte del territorio rumano. Lo cierto es que los nazis estaban de acuerdo con los húngaros, pero no estaban dispuestos a perder el apoyo de los rumanos y, con ello, perder también el control de los pozos petrolíferos.

Yugoslavia era en 1940 un paraje de paz en medio de la tormenta. Pero era un país débil. Estaba gobernado por una regencia con apoyo militar en la que había que hacer malabares para contentar a serbios y a croatas, a anglófilos y filonazis. A medida que los designios de la guerra iban dando vencedor a los alemanes, era más que evidente que el país iba a estallar en mil pedazos.

Un ‘cacao maravillao’. Pero conviene explicar el contexto histórico para entender lo que sucedió después.

Europa ocupada por la Alemania nazi - Wikipedia, la enciclopedia libre
Europa 1941. El triunfo nazi

Cuando Rapid de Bucarest, Gradanski Zagreb (antecesor del Dinamo de Zagreb), Ferencvaros y OFK Belgrado se clasifican para semifinales, los alemanes están haciendo el Desfile de la Victoria a los pies del Arco del Triunfo parisino. Alarmados ante el éxito de los nazis y sabedores de que sus tropas están ocupadas en el oeste, la Unión Soviética decide dar un paso al frente. El 26 de junio de 1940 Stalin lanza un ultimátum a Rumanía exigiéndole la devolución de la Besarabia, a sabiendas de que Hitler no se interpondrá por ahora en su camino al necesitar la Wehrmacht un más que evidente descanso.

Rumanía pide ayuda a Alemania. Los teutones se hacen los suecos y recomiendan a los rumanos que pidan una prórroga a los soviéticos para responder al ultimátum. Mientras todo esto ocurre tienen lugar las semifinales. El Ferencvaros se clasifica derrotando por un global de 2-1 al OFK Belgrado. En el otro duelo Rapid de Bucarest y Gradanski tienen que jugar un tercer partido de desempate en la yugoslava ciudad de Subotica al acabar en empate sin goles los dos partidos.

El desempate está fechado para el 10 de julio. Pero ya entonces la Besarabia es parte de la URSS tras una rápida intervención militar. También lo son Lituania, Letonia y Estonia. Hitler tiene los ojos puestos en Gran Bretaña y deja hacer a Stalin. En el ámbito futbolístico el partido de desempate también acaba en tablas (1-1), por lo que hay que dictaminar por sorteo quien se clasifica para la final. La diosa fortuna sonríe al Rapid que se convierte en el primer equipo rumano en disputar una final de la Copa Mitropa.

La final entre Rapid de Bucarest y Ferencvaros estaba programada para el 21 y el 28 de julio de 1940. El partido de ida sería en Rumanía y el de vuelta en Hungría.

Fue entonces cuando Hungría decidió dar un paso al frente. Viendo la debilidad rumana, los húngaros contemplaron la posibilidad de hacerse con la Transilvania, el territorio que demandaban desde el fin de la I Guerra Mundial a Rumanía. Hungría consideraba que, si la URSS podía recuperar la Besarabia, ellos también podrían hacer lo propio con Transilvania.

Ocupación soviética de Besarabia y el norte de Bucovina - Wikipedia, la  enciclopedia libre
Transilvania (oeste) y Besaravia (este)

Rumanía se niega y moviliza sus tropas. Hungría hace lo mismo. En Alemania estalla la preocupación. Hitler ve como sus dos aliados, uno por su petróleo y el otro por razones étnicas e ideológicas, están a punto de estallar en guerra. Los diplomáticos van y vienen y se establece un arbitraje tras reunión a tres bandas para el 30 de agosto en Viena. Hitler manejaba con destreza la lisonja. Cuando tenía formada una opinión sobre un asunto, consultaba con aquellos que sabía que la compartían. Cuando tenía tomada una decisión en firme, la persona que había sido consultada, halagada por haber sido llamado por Hitler, se sentía doblemente agradecida al pensar que había influido en la decisión del Führer. También tenía la cualidad extraordinaria de memorizar pasajes de libros y datos estadísticos, utilizando el viejo truco de halagar a los subordinados conociendo pasajes de su vida profesional y personal.

El caso es que el partido se aplaza y se fijan como fechas alternativas el 18 y el 25 de agosto. Pero en estas el Ferencvaros se niega a jugar en Rumanía, por lo que hay que buscar una solución de compromiso. Se decide celebrar una final en campo neutral en Viena…el 30 de agosto.

Justo el 30 de agosto.

No hubo final.

A primera hora de aquel 30 de agosto se dividió en dos Transilvania. El norte pasó a pertenecer a Hungría y el sur a Rumanía. Lejos de resolver el problema lo enquistó. Más de 1.000.000 de rumanos pasaron a ser ciudadanos húngaros y medio millón de húngaros siguieron siendo rumanos. A partir de ahí Hitler actuaría con inteligencia contentando los deseos de unos y de otros. El temor de que Alemania cediese la totalidad de la Transilvania a uno de los dos bandos ayudó a que en 1941 rumanos y húngaros se conviertan en aliados activos de los nazis y participen en la invasión de la URSS.

El partido entre Ferencvaros y Rapid de Bucarest nunca llegó a disputarse. Tras el fin de la II Guerra Mundial, Transilvania volvió a ser rumana. Besarabia hubo de esperar a 1991 para lograr su independencia. La mayoría de su territorio forma hoy Moldavia, aunque otras zonas se reincorporaron a Ucrania en el norte y a Rumanía en el sur. Por su parte Rumanía tuvo que ceder territorio a Bulgaria, Hungría se quedó como estaba y Yugoslavia se volvió a unir tras fragmentarse en mil pedazos. Todo, por supuesto, bajo control de Moscú, que desde 1945 sustituyó a Berlín como centro de decisión de la zona.

La Copa Mitropa no volvería a disputarse hasta 1951, aunque a partir de entonces su interés y su nivel registraron un constante declive. En 1949 se había creado la Copa Latina que contaba con conjuntos españoles, portugueses, italianos y franceses, cuyo nivel de fútbol estaba en continua progresión y que pronto iba a dejar muy atrás al de Centroeuropa. Después, la creación de la Copa de Europa en 1955 acabaría por enterrar definitivamente a este tipo de competiciones.

La Copa Latina feneció en 1957 tras ocho ediciones, mientras que la Copa Mitropa sobrevivió hasta 1992. Lo hizo de mala manera, con equipos de segunda fila, muchos de ellos no profesionales. Acabó siendo un torneo amateur exactamente igual a aquellos que pretendía sustituir. Pero lo que nadie le podrá quitar a la Copa Mitropa es ser la competición pionera en la construcción de una cohesión europea a través del fútbol. Y, sobre todo, la Copa Mitropa seguirá siendo esa competición capaz de tutear a una guerra y estar a un único partido de vencerla.

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Otros torneos alterados por una guerra

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De Helsinki a Tokio (de como la II Guerra Mundial canceló los Juegos Olímpicos de 1940 y 1944)

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Apuntes sobre la Ryder Cup

La Ryder Cup nació en 1927 como un enfrentamiento entre Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos países que aglutinaban el interés mundial por el golf en aquella época. Para ser más precisos, los orígenes del golf tienen sus raíces en Escocia y la Costa Este de Estados Unidos. Y es que fue en tierras escocesas donde juegos similares al golf o al hockey sobre hierba empezaron a practicarse desde la Edad Media y sería en Edimburgo donde a mediados del siglo XVIII se crearon las reglas del golf moderno. Luego los emigrantes escoceses introducirían el nuevo deporte en las colonias británicas, que más tarde serían el germen de los Estados Unidos.

En la década de 1920 el golf ya era un deporte preponderante entre la alta sociedad y a cada lado del Atlántico se jactaban de practicar el mejor golf conocido. En ese debate entre jugadores y aficionados surgió la idea de Samuel Ryder, un empresario del maíz residente en Londres. La afición de Ryder al golf comenzó cuando ya frisaba los 50 años. Fue debido a una recomendación médica cuando la práctica del deporte se convirtió en cotidiana para él. Comenzó con poco gusto, pero al poco tiempo se había convertido en un fanático. Su acomodada posición económica le permitió contratar a un golfista profesional como tutor personal y construirse un campo de golf en su mansión situada en Wessex.

Ryder Cup, el legado de una amistad - Crónica Golf
Samuel Ryder

Dicho tutor era un tal Abe Mitchell al que había conocido en 1926 durante un torneo benéfico disputado en Sant Albans, al norte de Londres, con participación de deportistas de ambos continentes. Fascinado por la calidad de los contendientes, Samuel Ryder decide financiar un torneo que enfrente a Estados Unidos con Gran Bretaña bianualmente. Su idea y su forma de estructurar la competición a través de un duelo hoyo a hoyo (‘match play’) revolucionó el golf. Ryder puso en juego una copa de oro de 12 quilates que aún hoy se mantiene en liza.

En aquella primera edición celebrada en Massachusetts en junio de 1927 los estadounidenses demostrarían una superioridad que mantendrían con el transcurrir de los años. El barco ‘Aquitania’ llevó a los británicos al Nuevo Continente tras seis días de travesía en la que no pudo participar Mitchell por una inoportuna apendicitis. Mitchell había sido designado por Samuel Ryder como capitán del equipo británico, pero tendría que esperar a la siguiente edición disputada en Europa para lucir capitanía.

Y es que esas son las dos grandes señas de identidad de la Ryder Cup. Por un lado, es un torneo grupal en el que cada escuadra cuenta con 12 golfistas a los que hay que añadir un capitán. La fórmula de competición (la ya citada forma del ‘match play’) se basa en el juego por hoyos durante tres días, en los que primero se compite por parejas y en la jornada del domingo se finaliza con 12 duelos individuales. En la modalidad de juego por parejas cada miembro del dúo alterna las salidas (uno sale en los hoyos pares y otro en los impares) y los golpes hasta acabar el hoyo. Para puntuar cuenta el mejor resultado de uno de los miembros de la pareja en cada hoyo.

La segunda característica es su sistema bianual rotatorio entre continentes Tan sólo el periodo entre 1939 y 1945, cuando tuvo que ser cancelada debido a la Segunda Guerra Mundial, y la edición del año 2001, que tuvo que ser retrasada un año porque iba a tener lugar pocos días después de los atentados del 11-S, alteraron su curso. Es por eso que desde el año 2002 el torneo se celebraba en los años pares, hasta que el coronavirus hizo retrasar la edición de 2020. De esta forma en 2021 se ha vuelto al sistema de años impares.

En 1973, tras un dominio arrollador por parte estadounidense en el que los británicos tan sólo lograron una victoria en cuatro décadas, se decidió ampliar a Irlanda el equipo europeo. Sería con la aparición fulgurante del español Severiano Ballesteros cuando todos los golfistas de la Europa Continental optaron a entrar en el equipo de la Ryder. Gracias a la influencia de Ballesteros la Ryder Cup salió por vez primera de las Islas Británicas para disputarse en Valderrama (Cádiz) en 1997. En 2018 sería turno de Paris. Desde ese 1979 el torneo es mucho más interesante, ya que el número de victorias se ha igualado (Europa 12- Estados Unidos 10).

El torneo asume sus particularidades. Cuenta con ceremonia de inauguración y desfile con izada de banderas y entonación de himnos. Más tarde tiene lugar la cena de gala con los equipos al completo en compañía de sus parejas, si es menester. Asisten también invitados de renombre, patrocinadores y grandes personalidades. Los 24 jugadores que forman parte de la Ryder Cup están obligados a visitar al sastre y vestir impecablemente, tanto dentro como fuera del campo de golf, durante toda la semana.

Para la mayoría de los entendidos no existe Ryder más legendaria que la de 1969. El duelo iba empatado en el último hoyo del último enfrentamiento, cuando el estadounidense Jack Nicklaus dio por finalizado el choque antes de que el británico Tony Jacklin golpease la bola. ‘La concesión’, como así quedó el hecho reflejado para la posteridad, permite que un golfista de por acabada para su rival la disputa de un hoyo antes de embocar definitivamente. Se da por hecho que el golfista va a embocar y así se le libra del mal trago de fracasar. Jacklin tenía que meter la bola a menos de un metro para empatar, pero en caso de fallar su equipo perdería el torneo y, de paso, su reputación quedaría tocada de por vida. “No creo que hubieses fallado, pero mejor no darte la oportunidad”, le comentó Nicklaus a su oponente.

Lo cierto es que desde aquel primer torneo de 1927 en el que Samuel Ryder donó una copa de oro como premio al equipo ganador, la Ryder Cup ha crecido de tal forma que hoy es un monstruo que genera cientos de millones de euros y tiene una audiencia planetaria estimada en 600 millones de telespectadores. Curiosamente, los golfistas no perciben ni un euro, siendo la Ryder Cup el único torneo del circuito en el que la gloria y el honor sustituyen al profesionalismo.

Los golfistas: la Ryder Cup encarna los valores del golf | Europa Digital
Ceremonia Ryder 2018

“El golf es un juego en el que se coloca una bola de unos centímetros de diámetro sobre otra bola de 12.000 kilómetros de diámetro. Todo consiste en darle a la bola pequeña sin tocar la grande”. Charles Chaplin, actor y golfista aficionado.

«En el tenis, el número uno del mundo pasa el 90 por ciento de su tiempo ganando, mientras que el golfista número uno del mundo se pasa el 90 por ciento de su tiempo perdiendo. El golf es el juego de los grandes perdedores». David Feherty, golfista profesional.

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