Real Madrid

La mandíbula alargada de Robert Prosinecki

Desde que Eden Hazard firmó un suculento contrato con el Real Madrid en el verano de 2019, el conjunto blanco ha disputado 96 partidos oficiales de los cuales el mediapunta belga apenas ha sumado 36 (la mayoría como suplente). Los motivos son los siguientes. Rotura muscular en el muslo izquierdo, fractura del tobillo derecho, fisura en el peroné, traumatismos varios, problemas musculares desconocidos y hasta coronavirus. Sin olvidarnos de unos supuestos kilos de más. La clase de Hazard es incuestionable e igual da un puñetazo en la mesa en el próximo partido, pero cada día que pasa su caso recuerda más a Kaká. Ya saben, un fichaje excepcional que con el tiempo se volvió cochambroso por culpa del pubis y del menisco. Como decía, a Hazard se le está poniendo cara de Kaká. El problema para él, y para el madridismo, es que la cosa vaya a peor y acabe poniéndosele cara de Robert Prosinecki. 

En el verano de 2006, coincidiendo con la celebración del Mundial de fútbol, la firma francesa de coches Renault lanzaba una campaña de anuncios en televisión. Era un ‘spot’ cuanto menos curioso. No había vehículo. Renault lanzaba un nuevo modelo de ‘Kangoo’, típica furgoneta pequeña, combi, habitual de autónomos y pequeñas empresas. Pero de coche en pantalla nada de nada. La idea del anuncio era fidelizar al cliente diciéndole que, por descabellada que fuese su nueva empresa, Renault siempre le apoyaría. Para ello contrataron como empresario ficticio a Robert Prosinecki. El ex futbolista croata era el dueño de una empresa de muñecos infantiles. Estos tenían la particularidad de que se iban de fiesta, se lesionaban, se tiraban muertos de cansancio sobre el césped y tenían su propio jacuzzi (rodeado de Barbies).

El muñeco en cuestión era conocido como ‘Prosikito’. Se trataba del alter ego de Robert Prosinecki.

Que una persona sea capaz de reírse de sí misma siempre es digno de elogio. Pero aquello fue el súmmum.

Robert Prosinecki era el unicornio blanco. Un futbolista elegante, recio, con una planta espectacular y una depurada técnica. A los 18 años fue elegido el mejor jugador del Mundial sub-20 en el que lideró a una generación yugoslava irrepetible. A los 20 fue escogido el mejor jugador sub-21 de Europa. Con 21 primaveras ya era campeón de Europa con el Estrella Roja y fue elegido el quinto mejor jugador del mundo antes de firmar por una cantidad indecente de dinero por el Real Madrid.

Y ahí se acabó todo.

Como muchos antes y muchos después, Prosinecki fue descartado por el club de sus amores. Hubo de dejar el Dinamo de Zagreb para probar fortuna en el Estrella Roja, en la rival y vecina capital de Serbia. Por entonces el Estrella Roja estaba formando un conjunto imponente con chavales que antes eran yugoslavos y después fueron serbios (Savicevic, Jugovic o Mihajlovic) pero en el que el jefe en la sala de máquinas era Prosinecki, un croata que ya había fascinado en el citado Mundial sub-20 junto a otros compatriotas como Suker o Boban.

Liderados por Prosinecki, acumularon cuatro campeonatos ligueros consecutivos antes de ganar la Copa de Europa de 1991 derrotando al proyecto millonario del Olympique de Marsella. Lo hicieron tras eliminar al Dinamo de Dresde, al Glasgow Rangers y, esencialmente, al FC Bayern en una épica semifinal.

Prosinecki, el paquete rubio- Odio Eterno Al Fútbol Moderno
‘Prosikito’, Rey de Europa

Cuatro de aquellos campeones fueron elegidos entre los diez primeros en la clasificación del Balón de Oro de aquel año. Belodedici (8º), un aseado defensa que acabaría firmando por el Valencia, Pancev (3º), un goleador que no pudo mantener en el Calcio los registros que atesoraba, y, con más relieve, Dejan Savicevic (2º) y Robert Prosinecki (5º), con diferencia los jugadores con más talento de esa generación.

Estos dos últimos contaban con los mismos pretendientes; Real Madrid y AC Milan. Los merengues acababan de perder la hegemonía en España frente al Barça de Cruyff. Ante la evidente cuesta debajo de Hugo Sánchez, el Madrid buscaba un acompañante para Butragueño. La opción obvia era Savicevic, que si bien no era un goleador, era tan buen facilitador como rematador. Mientras, el AC Milan, que contaba con Van Basten aún sano, se inclinaba más por fichar a un creador de juego como Prosinecki para reforzar su centro del campo.

La disyuntiva, sin embargo, se resolvió en la citada semifinal ante el FC Bayern. En el encuentro de ida disputado en Múnich, Robert Prosinecki bailó a los bávaros con un recital de dirección y clase que ya había demostrado en anteriores ocasiones, pero nunca antes en un escenario tan majestuoso. Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, presenció el encuentro desde las gradas y lo tuvo claro. Su idea era firmar a Savicevic, pero cambió de caballo a mitad de carrera. Quizás Savicevic tenía más instinto asesino que Prosinecki, pero la clase del croata era inigualable. El Madrid iría a por Prosinecki.

Pero Silvio Berlusconi también había visto el partido desde el salón de su casa. El AC Milan también iría a por Prosinecki.

Los lombardos eran por entonces el equipo en boga. Habían hecho doblete en la Copa de Europa (1989 y 1990), contaban con Arrigo Sacchi, el entrenador del momento, y con una pléyade de estrellas lideradas por Maldini, Baresi, Gullit y Van Basten, seguramente cuatro de los diez mejores futbolistas del momento. Así que cuando a Prosinecki se le acercaron los mandatarios ‘rossoneros’ lo tuvo claro. Ficharía por el AC Milan.

Según se supo después, el croata se trasladó a Italia en secreto para pasar un reconocimiento médico. El acuerdo entre el Estrella Roja y el AC Milan aún estaba muy verde. Entonces los futbolistas de los países comunistas necesitaban el visto bueno de su gobierno para salir del país. Aunque con el paso del tiempo se fue ablandando la normativa permitiendo que cada vez se pudiese dejar el país a edad más temprana, que un joven de 21 años lo hiciese resultaba por entonces inconcebible.

Mientras la burocracia hacia su papel, Prosinecki llega a Milán. Y allí se revela la verdad. Tiene la mandíbula alargada y los incisivos salidos (podría pasar por Borbón) y prácticamente todos sus dientes cuentan con una muesca de caries. Los galenos italianos lo tienen claro; es candidato a continuos problemas musculares y de espalda. Se reúnen con Berlusconi y dan su veredicto. Fichar a Prosinecki es fichar a un futbolista propenso a las lesiones.

El fichaje se cancela.

Todo esto sucede sin que el Madrid lo sepa, por lo que Mendoza sigue con su propósito de firmar al croata. Antes de ser presidente blanco, Mendoza se había convertido en uno de los empresarios más influyentes de España y en uno de los pocos con excelentes relaciones más allá del Telón de Acero. Mendoza tiró de contactos y don de gentes, se aprovechó de que Yugoslavia estaba a punto de estallar en mil pedazos, y firma un acuerdo que oscila entre los 1.000 millones y los 1.500 millones de pesetas, según diversas fuentes. O lo que es lo mismo, tras un arduo tira y afloja, el Madrid tuvo que pagar entre 7 y 10 millones de euros. En 2021 equivaldría a más de 100 kilos.

Sólo tiene que convencer al jugador, pero es pan comido. Prosinecki está loco por la música. Todo lo ocurrido en Milán se mantiene en estricto secreto.

Es el fichaje del año. Pero saldrá rana.

Robert Prosinecki es presentado en el Bernabéu en el verano de 1991. No hay fichaje de mayor relumbrón en todo el planeta fútbol. Es el hombre que tiene que acabar con el nuevo Barça de Cruyff. El futbolista que tiene que devolver la exquisitez técnica al Bernabéu. La estrella que debe darle a la Quinta del Buitre su última oportunidad de ganar la Copa de Europa. Aquel rubio de pelo ensortijado, mirada perdida y mandíbula alargada tiró de guión y dijo sentirse radiante “por firmar por el club más grande del mundo”. El Real Madrid acababa de contratar al jugador que se suponía que iba a dominar el fútbol europeo y mundial en la década de 1990.

Únicamente jugó tres partidos en su primera temporada. 1991/92.

En total fueron tres campañas, y fue la última la mejor de todas ellas, donde las lesiones aún le permitieron disputar 23 partidos y anotar 6 goles. Fueron años negros para los blancos. Quizás, si aquellas ligas perdidas en el último partido ante el Tenerife hubiesen sido distintas, ni Cruyff sería el Mesías en Barcelona ni Hagi y Prosinecki (curiosamente los dos acabarían en el Barça) hubiesen salido del Madrid por la puerta de atrás. Quién sabe.

Pero la realidad es que la huella que dejó Prosinecki en Madrid y en la Liga española es la de una serie de motes que harían las delicias en la era del Whatsapp y el Tik tok. El más utilizado era ‘Lesionecki’, pero el que tenía más arte era ‘Marlboro, el paquete rubio más caro’. Y es que el rubio mediapunta croata era un fumador empedernido, y, porque no decirlo, no hacía afán alguno por ocultarlo. Fumaba un par de cajetillas al día y cuentan que en sus años de declive se fumaba un pitillo en el descanso ante el asombro y el beneplácito de sus compañeros.

Conviene ponerse las gafas de la historia y ver las cosas con perspectiva. Es cierto que desde finales de los 80 empezaron a profesionalizarse los entrenamientos y las comidas, pero aún entonces era bastante habitual ver a un futbolista fumando. Lo de beber, aún sigue sucediendo, pero a escondidas. Antes, era la normalidad. “La cerveza viene bien después del entrenamiento porque repones líquidos”, era una coletilla habitual de la época. “El 50% de los futbolistas fuman, pero no lo reconocen. A mí me relaja y nadie vive 100 años. Porque deje de fumar no voy a correr más. Mira a Romario en qué forma está. ¿Es que él no sale por las noches?”, comentaba el bueno de Prosinecki en una entrevista en su última temporada vestido de blanco.

Lo curioso es que aunque fue apodado ‘Marlboro’, Prosinecki era un despiadado fumador de ‘Chester’.

Prosinecki - La Galerna
‘Lesionecki’

Prosinecki acumuló en su primera temporada hasta cinco lesiones musculares diferentes en nueve meses. Un récord que hasta el bueno de Hazard está lejos de igualar. Tras una de esas roturas, allá por el mes de enero, los servicios médicos del Madrid decidieron someter a Prosinecki a una intervención quirúrgica, y ¡voilà!, fue entonces cuando descubrieron aquello por lo que los galenos del AC Milan descartaron el fichaje. Tenía la boca llena de caries y una grave periodontitis. Lo enviaron de inmediato a un dentista.

Pero tampoco es que los médicos blancos fuesen unos incompetentes. Cuando Prosinecki llegó a Madrid sí que descubrieron que tenía las piernas hechas un cromo. Una colección de golpes y pinchazos. Pocos jugadores habían recibido tantos porrazos como él. Sus extremidades inferiores se asemejaban a los de un futbolista próximo a la retirada y no a uno que aún estaba empezando a forjar su carrera.

Se descubrió que el Estrella Roja llevaba un par de años explotando a Prosinecki. Jugaba partido si y partido también infiltrado. Tenía no sólo destrozados los cuádriceps o los tobillos, también se descubrieron infiltraciones en la rodilla. Aquella Europa del Este buscaba reconocimiento internacional destrozando a sus estrellas. Al acabar la temporada 1992/93, a los 24 años de edad, Robert Prosinecki acumulaba un total de dos decenas de lesiones musculares. Nunca pasó por el quirófano hasta llegar a España. En Yugoslavia acumuló infiltración tras infiltración.

Pero aun había un problema a mayores. El psicológico. Prosinecki llegó a Madrid mientras que muchos de sus familiares y de sus amigos sobrevivían a la guerra que estaba destrozando Yugoslavia. Como otros jugadores de la época, pasó por un torbellino de emociones. Mientras él lidiaba con una nueva vida acomodada, muchos de sus conocidos pasaban hambre o luchaban en el campo de batalla.

Y aunque psicológicamente estaba tocado y físicamente destrozado, de puertas para fuera Prosinecki era la alegría personificada. Quienes lo conocen dicen que era simpatiquísimo y que siempre tenía una palabra agradable o una sonrisa para cualquiera que se acercase a él. Podía echar horas en la cafetería de la ciudad deportiva del Real Madrid hablando con aficionados o con periodistas, mientras invitaba a cerveza y fumaba unos cuantos cigarros. Solo pedía una cosa. Que nadie le hiciese fotos.

El caso es que, tras tres temporadas catastróficas, el Madrid empaqueta el paquete de Marlboro y lo envía a Oviedo. El conjunto carballón estaba dirigido por el serbio Radomir Antic, que le obliga a cambiar de hábitos alimenticios a cambio de darle manga ancha con el tabaco y permitirle un par de noches locas al mes. Y Prosinecki se sale. Hace una temporada tremenda y lleva a los asturianos a la parte alta de la clasificación, incluyendo una victoria en casa ante el Madrid en la que Prosinecki da un recital.

Fue tan buena la conexión que, cuando al año siguiente Antic firme como entrenador del Atlético, intentará llevarse con él al croata. Pero en estas pasa por el medio Cruyff y Prosinecki decide fichar por el Barça, que lo compra por un tercio de lo que el Madrid había pagado por él. “Si hubiera ido al Atlético, no hubiesen ganado el doblete. Resultó mejor para Antic que fuera Milinko Pantic y yo me marchara al Barcelona», recordaba años después rememorando el fichaje frustrado y la victoria de los colchoneros en la Liga y la Copa de la temporada 1995/96.

El rubio contaba ya con 26 años y en el Barça iba a demostrar porque era el centrocampista con más talento de Europa. Tenía un regate en el que amagaba un tiro, hacía una finta y la pisaba. Siempre volvía loco al defensa. Sabías que venía, sabías que lo haría, pero era imparable. Y así fue durante 19 partidos… hasta que otra vez las lesiones dijeron basta. Fueron dos campañas en Can Barça y el resultado fue igual de catastrófico que en Madrid, tanto en lo personal como en lo colectivo. Y ya no volverá a resurgir. Tras un breve paso por Sevilla, vuelve a Croacia para jugar en el Dinamo de Zagreb. Tiene 28 años y está acabado. Alargará su carrera hasta los 35 jugando en ligas menores que le permitirán demostrar su increíble capacidad técnica escondiendo sus carencias físicas.

En 11 de sus 18 temporadas como profesional jugó menos de 30 partidos, contando encuentros ligueros, coperos y europeos. Y aun así, como la fortuna suele ser caprichosa, durante unas cuantas semanas del verano de 1998 Robert Prosinecki dio un clase magistral de como dirigir y organizar en equipo de fútbol.

En el Mundial de 1998 Robert Prosinecki fue el encargado de manejar la sala de máquinas de la selección croata. Visiblemente pasado de peso y olvidado en el Dinamo de Zagreb, el seleccionador dálmata lo llamó para la causa en la que fue la primera participación en un Mundial del recién creado país. Prosinecki marcó un par de goles (es el único jugador de la historia que ha marcado con dos selecciones – Yugoslavia en 1990 y Croacia en 1998- en un Mundial), pero sobretodo mostró como de clase iba sobrado.

Fue el coletazo final del arquetipo de futbolista bajo la exclamación de lo que pudo haber sido. Hoy Prosinecki es un entrenador obeso de escaso éxito que se ríe de sí mismo y que es igual de venerado como de querido en su Croacia natal.

Prosinecki: "Fumaba cuando era futbolista, si un jugador mío fuma... ¿qué  le voy a decir?" | MARCA Claro México
Antes (d) y después (i)

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La decadencia de Europa (un primer comentario en relación a la Superliga)

Existe una corriente historiográfica que considera que la llegada del hombre a la Luna marca el cénit de Occidente, iniciándose a partir de entonces un periodo de decadencia en el que nos encontramos. Otros atrasan el inicio a 1973 con la crisis del petróleo y algunos a 2001 con el atentado de las Torres Gemelas. En Europa, el declive se torna en más acusado, a pesar de un paréntesis de optimismo desmesurado en los 90 tras la caída del Muro de Berlín. Conviene apuntar que decadencia no es desaparición. Decadencia es falta de crecimiento. Estancamiento. Desde que el Imperio Romano entró en decadencia pasaron cerca de cuatro siglos para qué implosionara y, realmente, su legado sigue presente en la actualidad.

Podemos considerar en cinco los factores que contribuyen a la decadencia de Europa:

1. El peso demográfico: La caída de la tasa de natalidad en Occidente (Europa, Estados Unidos, Asia Oriental) limita el futuro crecimiento del PIB y el encarecimiento de los programas sociales. La sociedad envejecida es más precavida, vive de rentas y el emprendimiento y el riesgo cae en picado. Se necesita mano de obra extranjera, generalmente poco cualificada y generalmente joven. Éstos chocan con los nativos envejecidos que, destrozados por el choque cultural, se frustran ante los cambios y observan como los beneficios del futuro serán aprovechados por los inmigrantes y no por esos hijos que no han tenido.

2. El exceso de endeudamiento: Irá a más a medida que los hijos del ‘baby boom’ envejezcan y haya que pagar las facturas sanitarias previstas. El déficit se convertirá en un obstáculo imperecedero para la inversión pública y el crecimiento será ilusorio y estará destinado a evaporarse por tipos de interés bajos. Europa pasará a ser controlada financieramente por fondos de inversión y por el nuevo imperio mundial; China.

3. Restricciones a la educación: Hace 100 años menos del 5% de la población occidental era universitaria y en el sur de Europa las tasas de analfabetismo se acercaban al 60%. Hoy las tasas de licenciados en la Unión Europea superan el 30% de la población. Esos cambios en la educación solo se pueden producir una vez. Cualquier mejora en materia educativa es un proceso arduo y además está condicionado por las propias capacidades humanas. De hecho, en el norte de Europa ya se está constatando que por vez primera el cociente intelectual se ha atascado y no aumenta generación tras generación, como ocurría antaño.

4. Las restricciones del medio ambiente: El desmesurado crecimiento de Europa en el siglo XIX, de Estados Unidos en el XX y el del Asia Oriental en lo que va de siglo XXI se debe al destrozo de la naturaleza y al aprovechamiento de terrenos improductivos. Ahora el medio ambiente es una prioridad. Todas las innovaciones referidas a energías renovables y sostenibles no suponen una innovación, sino que son un medio para mantener el nivel de vida actual. Los avances ecologistas del siglo XXI buscan conservar nuestra forma de vida, no revolucionarla. Revolución fue el automóvil y el motor de gasolina. El coche eléctrico no causará una revolución mundial.

5. El estancamiento tecnológico: Llevemos a una persona en un viaje en el tiempo de un hogar de clase media de 1900 a uno de 1960. Se quedaría de piedra al comprobar como hay luz y agua corriente, como una máquina mantiene la comida fresca en la cocina, otro artilugio lava la ropa o dentro de un aparato que está en el salón hay gente que habla y ríe. En el jardín un hombre subido a un vehículo sin caballos está cortando el césped. Dentro, aunque es invierno, se está caliente y eso que no hay ningún fuego encendido. También hay un tubo parlante desde el que se habla con otra persona a distancia. Son madre e hijo. El hijo dice que mañana estará en casa a pesar de que vive a 4.000 kilómetros de distancia.

Subamos a esa misma persona a la máquina del tiempo. Ahora de un hogar de 1960 a otro de 2020. Ve que avanzó 60 años, pero le parece imposible. Casi no ha habido cambios. El diseño se ha alterado, pero nada sustituye a la nevera, a la lavadora, al cortacésped o a la calefacción. Sí, el teléfono no tiene cable, y la gente parece mejor alimentada, con ropa más cara y es más alta. Pero poco más. Sí, en vez de ver una caja con gente en blanco y negro, puede entrar en Youtube y ver lo que le apetezca en el momento que quiera. Aparte de esto, poco más.

Se puede decir que estoy subestimando las maravillas de Internet (lo más importante es que madre e hijo pueden verse a kilómetros de distancia sin necesidad de avión). Y puede que estéis en lo cierto. Pero aunque Internet es lo más importante que ha sucedido en el último medio siglo, nadie (en su sano juicio) sacrificaría el agua corriente, la calefacción o la lavadora a cambio de tener acceso instantáneo a una enciclopedia, a una película, a un disco de música o a la posibilidad de no salir de casa para hacer la compra. A la espera de que en los próximos decenios la robótica y la genética cambien de arriba a abajo nuestras vidas, la sensación es que, aunque seguimos avanzado, se ha ralentizado la velocidad a la que cambiamos el mundo.

Traslademos estos cinco factores de decadencia europea al deporte. Concretamente al fútbol. Es interesante recordar que el fútbol es un invento creado, impulsado y explotado por los europeos. Es el eje vertebrador de la cultura de ocio nacida en la Revolución Industrial y el más global de los ‘inventos’ europeos. En parte, la decadencia del fútbol es una consecuencia de la decadencia de Europa:

1. El peso demográfico: La caída de la tasa de natalidad ha obligado a Occidente a hacer una llamada a la inmigración para paliar la falta de recursos humanos que ayuden a pagar los programas sociales. La inmensa mayoría de estos inmigrantes lo hacen sin estudios superiores y buena parte de ellos ni siquiera tienen formación básica. Para muchos de ellos el fútbol es la entrada más sencilla no sólo al mercado laboral, sino a la obtención del estatus social necesario. La libre apertura de fronteras a raíz de la creación de la Ley Bosman ha convertido el fútbol europeo en una amalgama de futbolistas de cualquier lugar del globo. Es un proceso imparable y en permanente crecimiento. El fútbol en África y en buena parte de Sudamérica es la única forma de ascender en la escala social. En Europa era cultura y entretenimiento. Ahora también es una forma de escalar.

2. El exceso de endeudamiento: Tan solo tenemos que irnos un par de décadas más atrás para ver clubes de fútbol con un puñado de empleados en los que uno de ellos tenía las llaves que daba acceso al campo de entrenamiento. Con el beneplácito de los contratos televisivos y la permisividad fiscal de los gobiernos de turno, los clubes de fútbol se han convertido en empresas gigantescas con multitud de empleados. A los consejeros, se unen cuerpos técnicos de tamaño desmesurado, plantillas con exceso de futbolistas carne de cesión y gastos variados en agentes y mercadotecnia. Al igual que ocurre con la deuda externa de los gobiernos europeos, la deuda de los clubs de fútbol está siendo asumida por inversores asiáticos, arábicos o estadounidenses.

3. Restricciones a la educación: Cualquier mejora en materia educativa es un proceso arduo y además está condicionada por las propias capacidades humanas. La evolución técnica del fútbol lleva décadas estancada. El último progreso ha sido el de los centrales que salen con el balón jugado. Todos los avances actuales y futuros del fútbol se sustentan en las capacidades físicas. De hecho, para muchos analistas, las excelentes condiciones de equipamiento (ya no hay barro, ni charcos, ni balones pesados) hacen que la técnica haya sufrido un retroceso. Además, el hecho de que los niños futbolistas estén codificados en escuelas deportivas ha dejado a un lado la inventiva y ha vuelto más predecible y aburrido el juego. El fútbol es hoy repetición. Como la música, el cine, el arte, la moda o la gastronomía, se ha vuelto repetitivo. No hay nada más que inventar.

4. Las restricciones al medio ambiente: El crecimiento del deporte en general y del fútbol en particular se ha sustentado en un avance de las infraestructuras. De descampados se pasó a coliseos romanos y de estos últimos a edificios multiusos que además de estadios también son salas de concierto, centros comerciales, museos y restaurantes. De hacer carreras campo a través se pasó a entrenar en instalaciones públicas y de éstas últimas se pasó a ciudades deportivas que son más ciudades que deportivas. Todas estas innovaciones han llegado a un punto muerto. Cualquier avance de este tipo ya no es aceptado por un aficionado que prefiere mantenerse fiel a unas tradiciones (estadios) y que está en contra de proyectos megalómanos (mundiales, juegos olímpicos) por responsabilidad económica, social y medioambiental.

5. El estancamiento tecnológico: Uno de los motivos del éxito del fútbol radica en su sencillez. Cuando en 1863 se creó el primer reglamento contaba con 18 artículos. Años más tarde sería reducido a 13 y para 1930 estaban establecidas 17 reglas básicas. Por el contrario, en las últimas dos décadas el número de reglas ha aumentado en más de un tercio. El número fijo para cada futbolista, el gol de oro, el gol de plata, el tiempo exacto del descuento, las manos voluntarias e involuntarias, el aumento en el número de sustituciones, los tiempos muertos en medio de los partidos…Son todo parches que no han producido avances. Desde que en 1992 se les prohibió a los porteros coger el balón con las manos tras el pase de un compañero, no ha habido ningún cambio en las reglas que haya hecho evolucionar al fútbol.

No sólo evolucionar, sino involucionar. A la deidad tecnológica de la modernidad y el progreso había que buscarle un lugar en el fútbol. Ese invento diabólico es el VAR. Se podrá decir que el VAR es una maravilla que reduce los fallos en los penaltis y en los fueras de juego. La realidad es que sólo lo hace en los errores de bulto y, a cambio, enmaraña más el juego, resta autoridad al árbitro principal y hace más soporífero el partido alargándolo innecesariamente. El VAR está alejando de los estadios tanto a los aficionados veteranos como a los millennials, a los que no les gusta un juego que cada vez es más lento y soporífero.

VAR: cuando ni la tecnología salva al fútbol de la polémica
El progreso…o eso dicen

—SUPERLIGA—

A través de todo este cóctel de tradición, decadencia, estancamiento y búsqueda de nuevas oportunidades, se puede comprender como un conjunto de pudientes dirigentes de los clubes más opulentos de Europa se han atrevido a lanzar lo que se ha venido en llamar Superliga. Una liga que comenzó con 12 integrantes y la promesa de ser 15, pasó a 6, luego a 4, más tarde a 3 y al final quedará, ironías del destino, en un acuerdo fallido entre Barça y Madrid.

Si llaman al Vasco de Gama, el Dépor hace un cuadrangular de aúpa. Un Teresa Herrera de los de antaño.

La bomba se ha desactivado, pero que nadie dude que acabará estallando. Han vuelto al redil, pero por poco tiempo.

Dicen los impulsores que el fútbol está arruinado. Es falso. Los arruinados son ellos. Los que en una espiral de gasto indecente pagan millonadas a intermediarios, agentes y futbolistas. Los que deciden pagar 23 kilos por despedir a Mourinho en mitad del mes de abril. “No hacen falta más ingresos. Hay que reducir gastos”. No lo dijo un aficionado de bufanda, lo dijo Karl-Heinz Rummenigge, dos veces Balón de Oro y director general del FC Bayern, cuarto club más rico del mundo, cuando le preguntaron por la Superliga.

Dicen que cuando se creó la Copa de Europa en los años 50 también se hizo de la misma forma. Es falso. Entonces se juntaron varios equipos y acordaron invitar a los campeones de todas las ligas. Una vez llegado el acuerdo, solicitaron a la UEFA su aprobación. Y sí, la UEFA vio la oportunidad y aceptó encantada. Bernabéu, al que tanto nombra Florentino, asumía que si el Madrid no ganaba la Liga española no podría jugar la Copa de Europa. Era un proyecto de construcción europea que buscaba el beneficio económico. Lo de ahora es una idea de un cártel de empresas para eliminar a la competencia.

Salvo los extraños casos de los equipos españoles y de la Juve, propiedad de la FIAT de Agnelli, el resto de equipos fundadores de la Superliga están regidos por capital estadounidense o asiático. De ahí la importancia de llegar a 5.000 millones de televidentes e internautas (Netflix, Amazon TV o Inditex TV, vete tú a saber) para que paguen la fiesta de los archimillonarios. Son éstos los clubes arruinados. Los que hace tiempo convirtieron el estadio en un teatro global donde sí se estornuda en Yakarta se coge un constipado en Londres.

Se dice que el fútbol es aburrido. Que los jóvenes no ven los partidos contra equipos menores. Es falso. Los jóvenes no ven nada. Ni los partidos importantes ni los insustanciales. Los millennials viven en la cultura de la inmediatez. Si algún millennial ha entrado en este blog habrá dejado de leer hace unos cuantos párrafos ante la falta de contenido audiovisual. Todos los deportes tradicionales están en crisis ante una juventud a la que le cuesta ver una competición que dure horas (y no digamos ya con el p*** VAR). Pero, aun así, es mucho más atractivo un Barça-Juve al año que uno cada dos semanas. Es de Perogrullo. Los millenials lo que harán es suscribirse a una plataforma de pago ‘low cost’ para ver los ‘highlights’ (sí es que no piratean la señal). Serán amplía minoría los que paguen decenas de euros para ver todos los partidos.

Se dice que el sistema es abierto, que habrá sitio para los campeones nacionales. Falso. El sistema se dice abierto porque faltaba el Bayern y el PSG. Las invitaciones libres serán al mejor postor (con preferencia para los magnates rusos o turcos). En la Euroliga de baloncesto la escisión se produjo hace unos años. Es cierto que hay plazas abiertas, pero año a año se van reduciendo. Lo que ahora es apertura de mano será cerrazón cuando la fuerza y la razón acompañen a los promotores.

Florentino se ha pasado de frenada. Los ingleses, tan ingleses ellos, no han contado con una plebe a la que repulsa todo lo que suene a Europa y minusvalore su querida Premier. Los magnates dueños del ‘Big Six’ se mueven en aviones privados, en establecimientos exclusivos y no han pisado la vieja Britania. Han tenido miedo. El miedo a la afición más fiel del continente. Si en España es el Madrid, en Italia la Juve, en Portugal el Benfica o en Alemania el Bayern, en Inglaterra es la nada. En Inglaterra eres del equipo de tu tierra, vas al campo a ver los partidos y te desplazas con tus chicos sea verano o invierno. Ganen la FA Cup o desciendan a la Championship.

La tropelía ha salido rana por un fallo de estrategia, de fondo, de forma y de contenido. No se entiende como el presidente de la Superliga sale a comunicar la noticia a las 00.00 horas en un canal minoritario español, en vez de hacer una rueda de prensa a media mañana convocando a medio mundo y junto a los otros 11 presidentes implicados. Laporta es igual de culpable que Florentino y saldrá de rositas de este jaleo. No se entiende que el responsable de comunicación del Real Madrid permita decir a su presidente “los clubes estamos arruinados” a los cuatro vientos. “Si no tienen pan que coman pasteles”, razonó María Antonieta.

Pero que nadie se confunda, tardará más o menos, pero la Superliga (o algo parecido) saldrá adelante. Boris Johnson, Emmanuel Macron y compañía ladran, pero no muerden. Los campeonatos regionales, las copas de verano, los campeonatos entre naciones limítrofes (Copa Latina, Copa Mitropa…) pasaron a mejor vida. La evolución del transporte y la apertura de fronteras hacen inevitable que unas competiciones mueran y otras nazcan. Los grandes clubes son avariciosos. La FIFA y la UEFA también. No son hermanitas de la caridad. Son un monopolio ¿Qué son sino la Liga de Naciones de la UEFA o el Mundial de Clubes de la FIFA? Nuevas y estúpidas formas de ganar más dinero. ¿Qué es sino la Supercopa de Italia en Qatar o la de España en Arabia Saudí?

Si bien la UEFA y la FIFA tienen un as en la manga. Dejar a los futbolistas sin jugar con sus selecciones. Y se lo pueden permitir. A pocos le interesaría una Copa de Europa sin Madrid, Juve o United, pero el Mundial seguiría siendo Mundial aún sin Cristiano o Messi. El Mundial de fútbol es una festividad deportiva que se celebra cada cuatro años donde, aficionado o no, el interés está en ver lo que hacen tus compatriotas. Seguimos la competición de judo de los Juegos Olímpicos donde participa un atleta del que no sabes su nombre porque defiende los colores de tu país. De igual modo, cualquier aficionado seguiría a su selección en un Mundial, jugase quien jugase.

Y ese es el futuro, guste o no guste (yo soy de estos últimos). Ahora mismo no hay Superliga porque las cosas se hicieron rematadamente mal y, ojo, porque Francia y Alemania (PSG y Bayern) no han querido. El día que se animen, se acabará el debate. Al igual que pasó con el baloncesto es posible que haya un año de transición hasta llegar a un acuerdo. Menos probable es que, como en el básket, veamos partidos de selecciones sin las grandes estrellas. Pero no es descartable. La solución de compromiso será sustituir la Copa de Europa y la Europa League por dos o tres ligas europeas que garanticen cerca de 40 partidos al año y en el que haya ascensos y descensos. Está claro que el Madrid o el Liverpool no iban a descender. Eso sería cosa de Ajax o de Tottenham. De este modo, veríamos como el Barça forma una plantilla de 35 o 40 futbolistas, con un equipo A para Europa y un equipo B para la liga nacional.

Ahora bien. Una pequeña advertencia a los millonarios. Al cabo de unos años -y no serán muchos- los futbolistas tendrán el control total del negocio, tal y como ocurre en los deportes norteamericanos. Habrá límite salarial, sí, pero también libre control de destino. Podrán declararse en huelga para reclamar más trozo del pastel y, sobretodo, podrán escoger donde y con quien jugar. Se empoderaran, se declararán en rebeldía y los agentes harán el trabajo. El Madrid tendrá músculo financiero para tener a Mbappé a Haaland o a Rita la Cantaora si le da la gana. Y ellos querrán jugar juntos. Como en la NBA.

Y aunque la NBA es una liga cerrada todo el mundo sabe que los Grizzlies nunca la ganarán.

La gente quiere jugar en los Lakers.

La gente sueña con jugar en el Real Madrid. Otros en la Juve. Menos en el Chelsea. Pocos en el Atlético.

Si yo fuese el presidente del Atlético, o del Tottenham, o del Arsenal, o incluso del actual AC Milan –que como los Celtics tiene mucho pedigrí pero poco tirón- me pensaría muy mucho entrar en la Superliga. Dentro de unos años captaran jóvenes jugadores a los que cuando les salgan los dientes estarán pidiendo el traspaso. Ganaran mucho más dinero, pero verán multiplicadas sus opciones de fracasar temporada tras temporada. Es mejor ser tercero en tu liga nacional y perder la final de copa que acabar undécimo temporada tras temporada en la Superliga.

Y esto sigue siendo la vieja Europa. Ya puede decir el presidente que el club ha ganado mucho dinero que como una turba de aficionados tome la Bastilla y se plante en el palacio real, al presidente de turno no le quedará más remedio que dimitir si no quiere acabar guillotinado.

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A los 20 años de la Copa de Gasol

Una vez se dé por vencido y admita que ante el tiempo no se puede luchar, Pau Gasol pondrá punto final a una carrera legendaria. Se supone que vivirá a caballo entre Barcelona y Los Ángeles, pero será en la ciudad californiana donde tendrá su cuartel general. En numerosas ocasiones ha manifestado que es un enamorado de la cultura norteamericana y es ‘vox populi’ que más pronto que tarde pedirá la nacionalización estadounidense (quizás para evitarse un futuro problema hispanocatalán). El caso es que en estas dos últimas décadas su vida ha estado en los Estados Unidos. Y lo cierto es que antes de comenzar su idilio con la NBA, hasta en tres ocasiones la nación más poderosa del mundo se cruzó en su camino hacía el estrellato ya fuese de una forma o de otra.

La primera de las veces fue en el verano de 1999. Meses antes un imberbe, rubio, y flacucho chico con la cara despedazada por el acné había debutado en la Liga ACB. Ese verano la selección española juvenil disputó en Portugal el Mundial de la categoría alcanzando la hazaña, por entonces alucinante, de vencer a los imbatibles estadounidenses en la final. Gasol era entonces un jugador de relleno, con un potencial inmejorable, pero débil y con notables carencias tácticas. Germán Gabriel, Raúl López o su íntimo amigo Juan Carlos Navarro llevaban la voz cantante de aquella generación.

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Felipe Reyes, Gasol y Navarro

En todo caso aquel verano triunfante hizo que Pau obtuviese el permiso de sus padres para seguir jugando al baloncesto y renunciar a matricularse en la facultad de medicina. La temporada 99/00 fue la primera de Gasol como miembro de derecho en la plantilla del FC Barcelona. Era habitual suplente pero presentaba unas magníficas prestaciones en los pocos minutos de los que disfrutaba. Mantenía una clara fragilidad defensiva, pero partido a partido gozaba con el ataque y aprendía a posicionarse. Aun así a finales de temporada seguía estando detrás de Rentzias y Alston en la rotación aunque, indudablemente, era el favorito de la afición.

Fue entonces cuando Estados Unidos se cruzó por segunda vez en su camino. Esta vez bajo el nombre de Johnny Rogers.

España acudía sin demasiadas expectativas a los Juegos Olímpicos de Sidney. El seleccionador era Lolo Sainz, veterano, de la vieja escuela, no propenso a los artificios. Se decantó por una terna de pívots intimidadores y confió el puesto de ala-pívot a un 4×4 como era Alfonso Reyes. Para rellenar el cupo, como jugador número 12, el clamor nacional era la convocatoria de Pau Gasol. Otros talentos de su generación como Raúl López y Juan Carlos Navarro iban a ser importantes y aunque Pau estaba verde, la opinión generalizada era que la experiencia sería positiva para ese niño de 2,16 al que no se le vislumbraba techo.

Sainz prefirió apostar sobre seguro y llamó como quinto pívot a Johnny Rogers. Nacido en California hacía ya 36 años, Rogers era un interior móvil con buen lanzamiento a 5 metros y que había aterrizado en España en 1988. Por entonces militaba en el Panathinaikos. Sus números eran mejores que los de Gasol pero su convocatoria fue una soberana sorpresa. Llevaba cuatro años nacionalizado pero jamás había sido convocado. Debutó aquel verano con la selección y apenas la mitad de sus 17 años en Europa los pasaría jugando en nuestro país.

El palo para Gasol fue duro, pero lo sería mucho más cuando al empezar la temporada 2000/01 el FC Barcelona contrate a Rony Seikaly. La tercera vez que Estados Unidos se cruzó en su camino antes de su explosión en dirección al estrellato.

Quiso el destino que Seikaly naciese en el Líbano, mas era un estadounidense de tomo y lomo. Conoció España en 1986 cuando formó parte de la selección de Estados Unidos que se proclamó campeona del mundo en tierras hispanas. Después fue número 9 del draft y sostuvo una sólida carrera con medias de 15 puntos y 10 rebotes por partido en una época donde era tan difícil como ahora triunfar en la NBA pero era mucho más complicado jugar. Al Barça llegó con 34 tacos, lastrado por las lesiones pero con vitola de estrella. Con 2 millones de euros de entonces en el bolsillo pasó a ser el jugador mejor pagado del momento.

Seikaly acompañaría a Roberto Dueñas formando un juego interior aterrador. En el banquillo quedaba el electico Efthimios Rentzias, un buen reboteador como Francisco Elson y el veterano Zoran Savic. Gasol tendría que luchar con éste último por arañar unos cuantos minutos en la rotación sabiendo que la experiencia gana en confianza al descaro cuando los nervios hacen su aparición.

Pero la tercera vez que, de una forma u otra, los Estados Unidos hacían aparición en la vida de Gasol su vida iba a dar un vuelco definitivo. Apenas cuatros partidos después de su debut, Seikaly decidió quedarse a pernoctar en Londres tras un partido de la Euroliga y no presentarse al entrenamiento del día siguiente en Barcelona. Aíto García Reneses, hoy entrenador venerado pero entonces técnico criticado por sargento inflexible, lo fulminó al instante. Seikaly dejó Cataluña y acabó su carrera como baloncestista profesional.

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Seikaly. Visto y no visto

—LA COPA DE GASOL—

La opción lógica era colocar a Rentzias junto a Dueñas, pero el ala-pívot griego era un jugador con sangre de horchata que combinaba grandes actuaciones con desconexiones antológicas. Tanto Savic como Elson eran pívots duros y fuertes pero se solapaban con Dueñas. Aíto había sido el primer entrenador que introdujo en España el alero alto cuando convirtió a Andrés Jiménez en un ala-pívot moderno a finales de los 80. Su gusto por el jugador alto capaz de amenazar desde fuera e intimidar debajo del aro le hizo fijarse en Gasol y darle la titularidad apenas un mes después de la fuga de Seikaly.

El resto es historia.

Gasol creció a pasos agigantados. Seguía presentando deficiencias en los tiros libres y en el rebote defensivo, pero su capacidad ofensiva y su comprensión del juego pasaron de la educación primaria a la universitaria en medio año. Fue escogido en el segundo mejor quinteto de la Euroliga disputando apenas seis partidos porque una inoportuna apendicitis le impidió jugar ante el Benetton de Treviso en una sorprendente y temprana eliminación del Barça. En la ACB asombraba su muy respetable 37% en triples con sus 2,16 de altura y con una movilidad para semejante tamaño que en Europa sólo se había visto en Toni Kukoc.

Llegó entonces la Copa del Rey. Un torneo de apenas cuatro días en el que ganas o te vas para casa. En un fin de semana los ocho mejores equipos de España (entre ellos 4 o 5 de los más potentes de Europa) se reúnen ante la atenta mirada de los ojeadores de la NBA. Gasol era el diamante más codiciado y se especulaba con que sería elegido en la primera ronda del draft.

El Barça pasó por encima del Fuenlabrada (98-76) en cuartos con Gasol en modo imperial con 16 puntos y 8 rebotes en apenas 20 minutos. Igual de contundente fue la victoria en semifinales ante el Pamesa Valencia (95-69) aunque más discreta fue la actuación de Pau (13+5). El Barça que empezó la temporada con un exceso de músculo y una clara ausencia de cerebro, había girado 180 grados con un quinteto formado por Jasikevicius, Hawkins (Navarro era su suplente), Karnisovas, Gasol y Dueñas, en el que únicamente este último vivía más de su físico que de su talento.

Pau Gasol fue un cambio total, un avance, un extraterrestre. E.T. como lo bautizó el fallecido Andrés Montes. El primer baloncestista español del siglo XXI. Llevaba varias semanas avisando, pero explotó de forma fugaz antes de cruzar el charco en aquella final de la Copa del Rey ante el Real Madrid.

Meses antes, cuando Barça y Madrid se vieron las caras en partido de Liga, Gasol ya había anotado 20 puntos con 8 rebotes, justo antes de alcanzar la cifra de 23 en un choque de Euroliga. Pero aquel clásico fue ganado de paliza por los catalanes (82-54) por lo que muchos vieron en la estadística un engorde natural producto de los minutos de la basura.

Sabiendo que en altura el Barça era muy superior al Madrid, Aíto se decidió por rotar continuamente a Karnisovas y a Pau Gasol en la posición de 3, lo que en el argot del baloncesto se considera alero alto, un jugador con buena mano en el triple y capaz de percutir en el rebote defensivo y de ataque. El Madrid, entrenado por Sergio Scariolo, contaba con una línea exterior de campanillas con Djordjevic (Raúl López de suplente), Lucio Angulo, Alberto Herreros e Iker Iturbe, pero en el que únicamente Eric Struelens podría ser considerado como un decente jugador interior. Era un equipo notablemente más bajo, en el que Iturbe (1,98 metros) jugaría de 4 y tendría que defender a Gasol (2,16 de altura).

En el citado partido de Liga había sido Alberto Herreros el encargado de emparejarse con Gasol en la posición de alero. Triplista descomunal tras recibir, magnífico saliendo de los bloqueos y lo suficientemente fuerte para postear, Herreros había sido máximo anotador del Mundial de 1998 y era el mejor jugador nacional del momento. Pero Gasol demostró ser lo suficientemente rápido como para aguantar al madridista en el uno contra uno. No perseguía a Herreros, sino que iba por delante de él abriéndose y sorteando rivales para entorpecer las líneas de pase.

Así que Scariolo, sabiendo de su déficit de altura, decidió apretar a media pista e intercambiar diferentes defensas en zona, mientras Iturbe y Milic (un alero esloveno con muelles en los pies) lidiaban con Karnisovas y Gasol de tanto en cuando. El experimento funcionó durante toda la primera parte (31-41) gracias a la sabia labor de dirección de Djordjevic y Raúl López y los puntos de Herreros que hicieron quedar en mal lugar las aptitudes defensivas de Navarro, otro por el que peleaban los ojeadores de la NBA y que quedó muy mal parado tras el torneo.

Llegó el descanso y fue tras la vuelta a la cancha cuando Gasol demostró un dominio pocas veces visto. Sacó del atolladero en el que se vio metido el Barça a medio partido, tiró de todo un equipo en frustración y decidió con una sangre fría “nunca vista desde los tiempos de Drazen Petrovic”, según claudicó Scariolo al término del partido.

Gasol dio un clinic. Recibía en la línea de tres y se llevaba por velocidad a Iturbe y sus 22 centímetros de eje gravitacional a favor. Recibía lejos de los 6,25 metros y anotaba con claridad a pesar de ser el tipo con mayor distancia entre los pies y la cabeza de toda la pista. Después corre zancada tras zancada a toda pista como un prestigiador antes de regalar una asistencia, para acabar su actuación con un mate a una mano ante la cara de un atónito Struelens.

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E.T.

Firmó 25 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias y 3 robos en apenas 31 minutos. Ni siquiera falló en la línea de tiros libres con un magnífico 12/14 cuando en temporada regular arrastraba un flojo 65% de efectividad. El FC Barcelona se llevó la Copa (80-77) y Gasol recibió el trofeo de MVP. La entrega gozó de mayor influjo porque quiso el azar que el encargado de realizarla fuese el Rey Juan Carlos I un habitual en la finales coperas que llevan su nombre cuando de fútbol se trataba pero al que pocas veces se le ha visto en una cancha de baloncesto.

Meses más tarde Gasol repetiría MVP y actuación estelar al dejar una estela de grandeza en semifinales ante el Unicaja de Málaga y arrasar al Madrid en la final de la Liga ACB (3-0). Allí, en el tercer y definitivo partido jugado en la capital, Gasol dejó su imagen más icónica antes de dar el salto a la NBA. Con el Madrid cuatro puntos abajo y presionando a toda pista, Gasol pidió el balón y ejerció de base. Superó a Milic, al que le sacaba una cabeza, con un cambio de mano propio de Harlem y se lanzó a recorrer la pista de una punta a otra antes de dar una asistencia. El siglo XXI era una realidad.

A pesar de que Aíto decía que estaba verde para dar el salto a los Estados Unidos, lo cierto es que esas carencias defensivas de las que el técnico hablaba se compensaban con una ambición, una inteligencia y una excelencia ofensiva jamás vista anteriormente. Cuando aquel verano Gasol sea elegido en tercera posición del draft de la NBA las dudas serían enormes, pero el chico que eclosionó en aquella Copa del Rey de febrero de 2001 marchaba a Estados Unidos para no volver.

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Cómo de obsceno es el sueldo de un futbolista

El debate no es cuánto gana Leo Messi. No parece probable que los mandamases del FC Barcelona sean propensos al suicidio. Se supone que el sueldo de Messi está acorde a los beneficios que le genera al Barça (otra cosa es que el coronavirus haya puesto todo patas arriba). Un segundo motivo de discusión es saber cómo de lícito es ocultar un contrato cuando el Barça no es una sociedad anónima y sigue, aunque de soslayo, siendo propiedad de sus asociados. Al no haber público en el Camp Nou nos hemos quedado sin saber la opinión del respetable, aunque me aventuro a pensar que los aplausos ganarían en clara ventaja a los silbidos. Puestos a culpar a alguien por el cráter económico del Barça me da que el socio echaría más en cuenta excesos llamados Philippe Coutinho o Ousmane Dembelé que otros que obedecen al nombre de Leo Messi.

Lo que el diario ‘El Mundo’ aireó con clarines y timbales (con mucha diferencia la mejor redacción de investigación periodística de España, a pesar de cierto tufo a amarillismo) no fue el sueldo de Messi en sí (70 millones fijos anuales), sino unas disparatadas cláusulas que pueden hacer que el astro alcance los 140 kilos por temporada. Entre las más insólitas están los 39 millones que cobrará por fidelidad el día que se vaya del Barça (¿?), la posibilidad de quedar libre si Cataluña declarase la independencia o un bono por partidos jugados en el que se contabilizan aquellos que Messi no puede disputar por lesión (¿?).

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Solo faltan los céntimos

Decía que el debate no es cuánto gana Messi. Se supone que obedeciendo a la ley de la oferta y la demanda si llega a ganar 140 kilos al año es que al menos genera otros 140 al Barça. La pregunta y el debate es cuánto de obsceno es el sueldo de Messi. Y la respuesta es obvia. Es muy obsceno. Incontable e ilimitadamente obsceno.

Pero, ¿cuánto de obsceno?

Cuando en 1928 nace en España la Liga de Fútbol Profesional el sueldo medio de aquellos primeros asalariados rondaba los 40 euros (de la época) por temporada. Son los tiempos de Ricardo Zamora, la primera gran estrella del fútbol en España y el mejor portero del mundo en los años 30, por el que el Real Madrid pagó 900 euros al RCD Espanyol por su traspaso. Zamora firmó un contrato que le reportaba 215 euros al año.

Dada la relevancia futbolística, mediática y económica del Real Madrid, no existe mejor paño para apreciar la evolución del sueldo de los futbolistas. Entre la Guerra Civil, la inflación y la aguda crisis económica, la ficha de Zamora no fue superada hasta que en 1953 Alfredo Di Stéfano llegó a España. ‘La Saeta Rubia’ fue la comidilla en todo el país por un fichaje que se disputaron Barça y Madrid en el que finalmente los blancos salieron ganadores. Hubo desidia por parte azulgrana, pero también tráfico de influencias. El caso es que el Gobierno hubo de autorizar al Madrid a pagar la entonces escandalosa cifra de 4.000 euros anuales a beneficio de Di Stéfano. Para el año 1962 obtendría un contrato récord de 25.000 euros anuales, a lo que habría que añadir las correspondientes primas.

¿Eso era mucho? Pues sí. Di Stéfano cobraba 200 salarios mínimos anuales por temporada. Kubala, estrella azulgrana, cobraba menos que ‘La Saeta Rubia’, pero aun así  era un total de unos 150 salarios mínimos al año. Como veremos, aunque inmensas, son cifras ridículas si las comparamos con los sueldos millonarios de la actualidad.

Aunque Kopa, Puskás o Amancio superaron con amplitud los 10.000 euros por temporada, nadie se acercó al sueldo de Di Stéfano hasta que en los 70 el mercado internacional se volvió a abrir de par en par. Cruyff aterrizó en Barcelona con un traspaso que fue récord mundial y el Madrid contraatacó firmando a Gunter Netzer a razón de 115.000 euros anuales.

En 1979 Laurie Cunningham se convertía, además del primer negro en ser internacional con Inglaterra, en el fichaje más caro del momento. El Real Madrid le hizo un contrato de 78.000 euros anuales. Dicha cifra representaba un total de 48 sueldos mínimos anuales. Era mucho, pero era menos que en época de Di Stéfano.

Hubo que esperar a los 80 para el siguiente gran salto. En 1985 Emilio Butragueño fue el primer madridista en firmar un contrato de 100 millones de pesetas al año (600.000 euros) que llegaría a ser de 2 millones de euros tras diferentes renovaciones, misma cantidad que cobraba el croata Robert Prosinecki o el montenegrino Pedja Mijatovic.

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El Buitre. A 100 kilos de pesetas al año

—LA LEY BOSMAN—

En 1996 la llamada Ley Bosman permitió la libre circulación de jugadores europeos, por lo que el fútbol entró de lleno en el libre mercado de la oferta y demanda. Los clubes más poderosos aumentaron sus ofertas y los futbolistas vieron como su capacidad negociadora para obtener mejores contratos se ensanchaba exponencialmente. La Ley coincidió en el tiempo con la aparición del fútbol en emisión bajo pago y el desarrollo de internet. Ambos hechos llevaron a que las mejores ligas europeas formasen parte de la vida cotidiana en todos los rincones del planeta. La globalización es el motivo principal por el que cada vez más firmas comerciales centran hoy en día sus objetivos hacia las grandes estrellas futbolísticas como íconos de una juventud que, en buena parte, han dejado a un lado a los ídolos del cine y de la música (chicas incluidas).

Tras la aprobación de la Ley Bosman los sueldos se dispararon. Raúl fue el primer jugador merengue que firmó un contrato de 1.000 millones de pesetas por temporada (6 millones de euros), cifra igualada y luego superada (ya se sabe que las renovaciones siempre son al alza) por Figo, Zidane o Ronaldo. Kaká sería el primero en firmar por 10 millones de euros al año, misma cifra de un Cristiano Ronaldo que paso a paso llegó a cobrar 30 kilos antes de marcharse a Italia.

Florentino tuvo suerte de largarlo antes de que el coronavirus hiciese su aparición. O quizás no. Quizás mejor haberlos invertido en Cristiano que en Jovic, Militao, Mendy, Rodrigo y hasta Hazard, que inesperadamente oposita a Prosinecki.

La influencia y la locura que la Ley Bosman generó en el fútbol de cambio de siglo se puede observar en el precio de las contrataciones de los futbolistas. Desde que en 1893 el Aston Villa pagase unos 80 euros al WBA por el fichaje del escocés Willie Greaves, la progresión en aumento ha sido un fiel reflejo de la economía mundial. De Inglaterra se pasó a Italia previo paso por Argentina. Fue un argentino, Bernabe Ferreyra, el que mantuvo el récord de traspaso durante más tiempo, un total de 17 años entre 1932 y 1949 fiel reflejo de las vicisitudes de la II Guerra Mundial. Después, tan sólo el Barça con Cruyff y Maradona osó discutir el trono de los fichajes galácticos a Italia hasta la entrada de la Ley Bosman en 1996.

A partir de entonces un récord que solía durar unos años pasó a ser roto verano tras verano. Shearer (Newcastle) en el 96, Ronaldo (FC Barcelona) en el 97, Denilson (Real Betis) en el 98, Vieri (Inter Milan) en el 99, Figo (Real Madrid) y Hernán Crespo (SS Lazio) ambos en el año 2000, hasta que el Madrid rompió la banca fichando a Zidane en 2001 por 77 millones de euros. Otros lo superarían después, pero teniendo en cuenta la inflación, la contratación de Zidane fue el fichaje más caro de la historia hasta que el PSG pagó 222 millones por Neymar en el verano de 2017.

La burbuja estalló con la crisis financiera del 2008. A inicios del siglo XXI los sueldos estaban tan inflados que había futbolistas de Tercera División con salarios que les permitían vivir con holgura, y en Primera Autonómica se llegaban a pagar 1.000 euros mensuales. En la actualidad, hasta en Tercera División, hay jugadores que únicamente cobran bonos en función de los resultados y de los desplazamientos.

En la década de 2010 los salarios de los futbolistas volvieron a aumentar. Antes de la pandemia el sueldo bruto de un futbolista de Primera División se estimaba en 4 millones de euros anuales. Sólo entre 2013 y 2018 los sueldos de los jugadores habían crecido un 20% y representaban entre el 50% y el 70% del presupuesto de un club de fútbol. El salario mínimo de un futbolista profesional prepandemia era de 155.000 anuales por los 10.300 que representaban el salario mínimo de un trabajador. No es necesario señalar que en ninguna otra profesión ve aumentar sus ingresos fijos un 20% en un lustro. La pandemia ha roto con esa progresión. Siempre hubo y habrá cracks, pero para el futbolista medio, haber debutado en 1996 y retirarse en 2008 significa haberse hecho inmensamente millonario.

En los últimos 40 años mientras que el salario mínimo apenas ha aumentado un 10% el sueldo de los futbolistas se ha multiplicado cerca de un 200%. Netzer o Cruyff vivían muy bien, pero lo que ocurre en la actualidad es demencial. Contaba que Di Stéfano tenía 200 salarios mínimos anuales. Mucho, ¿verdad? Pues ni siquiera hablemos de Messi o de Cristiano, los Di Stéfano del momento. Se estima que Sergio Ramos, quizás el buque insignia del Madrid actual, cobra 15 millones de euros al año. Dicha cifra representa 1190 salarios mínimos anuales…y habría que añadir los contratos publicitarios.

Lo cierto es que la desigualdad entre los más ricos y los más pobres no deja de aumentar en todo el mundo. El directivo medio en Estados Unidos gana 104 veces lo que su trabajador, cuando esa diferencia era de 25 veces en los años 70 según ‘The New York Times’. Poco puede hacer el currante para que esto cambie. Pero cuando ese trabajador paga 300 euros para ir al Camp Nou o al Bernabéu está ratificando el sueldo de los 22 multimillonarios a los que luego critica por acaudalados cuando no juegan como a él le gusta.

Hoy en día Messi cobra unas 30 o 40 veces más que Di Stéfano en su época. Pero es que Messi cobra más que ningún otro deportista (según ‘Forbes’ solo es superado por Roger Federer, pero únicamente si se cuentan los ingresos por publicidad). Es normal. Es el mejor en el deporte más seguido. Leo Messi es producto de la globalización del fútbol. Ni siquiera los ídolos de la NBA llegan a establecerse por todas las esquinas del globo terráqueo como lo hacen los astros del balompié. Messi vende el 85% de las camisetas del Barça y es un filón turístico para Barcelona y Cataluña.

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Rey Midas

Pero para el forofo no existe la mercadotecnia ni las giras millonarias por Asia. Para el trabajador lo que gana Messi es obsceno, aunque los directivos del Barça digan que es rentable. Y es obsceno, ilimitadamente obsceno, porque aunque Lebron James sea archimillonario lo es por ejercer su trabajo en la nación más poderosa del mundo. Que Messi sea el deportista mejor pagado del mundo ejerciendo su trabajo en un país que no está entre los 15 más ricos del planeta y que pelea con Grecia por tener la tasa de paro más alta de la Unión Europea es obsceno. Irremediablemente obsceno.

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La autocanasta de Alocén (la autocanasta de Ferrándiz)

Imaginemos un baloncesto diferente. Un baloncesto donde no existe el triple. Baloncesto donde no consta el campo atrás. Un baloncesto donde no se halla el tiro libre adicional. Ese era el baloncesto en 1958, el año en el que se disputó la primera edición de la Copa de Europa y que acabó con triunfo de los soviéticos del ASK Riga en una final a doble partido ante los búlgaros del Akademik de Sofía. Así, en formato de ida y vuelta, se disputaron las cuatro primeras finales europeas hasta que en 1962 la autocanasta de Alocén sacudió los cimientos del baloncesto FIBA.

En el baloncesto existen dos realidades yuxtapuestas. La primera es la NBA, donde están los mejores jugadores del planeta y en cuyas reglas han primado siempre la movilidad, el espectáculo y el juego ofensivo. La segunda realidad es la del baloncesto FIBA que desde Europa regula ‘grosso modo’ un juego más técnico y táctico. Los europeos siempre se han jactado de guardar las esencias y la tradición de todos los deportes, pero no han podido hacerlo jamás con el baloncesto, que es, junto al fútbol, el deporte con mayor aceptación a nivel mundial. Dado que el basket fue inventado por los norteamericanos, desde esta parte del globo nunca hemos conseguido concretar una forma efectiva de poder.

En el deporte estadounidense no existe el empate. Sólo la victoria y la derrota. Prima la cultura del vencedor. El deporte en Europa, influenciado por la Inglaterra victoriana y la Grecia clásica, fomenta la competitividad entre caballeros. Además de la victoria, incorporó el empate. El baloncesto hizo el camino inverso al del resto de deportes y viajó de Estados Unidos para llegar a Europa. Lo hizo con su propia idiosincrasia, pero Europa lo reformuló a su imagen y semejanza.

Así pues, mientras que en Estados Unidos una eliminatoria entre dos equipos se dilucide en número de victorias siempre impares (al mejor de 3, 5 ó 7) en el baloncesto FIBA se implantaron las eliminatorias de ida y vuelta con la posibilidad de desempate en caso de igualdad. El problema es que, a diferencia del siempre presente fútbol, en el baloncesto las anotaciones son numerosas por lo que aumentaba considerablemente la complejidad de la ecuación. Se sumaban los puntos conseguidos en ambos partidos para obtener el resultado final. Y por tanto era muy importante ganar por muchos puntos de diferencia. O no perder por abultado tanteo.

Para la temporada 1961/62 la FIBA introdujo una novedad. Eliminaba los empates en las eliminatorias de ida y vuelta e introducía el tiempo suplementario. En caso de igualada al final de los 40 minutos se jugarían otros cinco de prórroga hasta que hubiese un vencedor.

Se suponía que se solucionaba el problema. Estaban muy equivocados.

El enero de 1962 el Ignis Varese y el Real Madrid disputaban los octavos de final de la Copa de Europa. Por aquel entonces las diferencias entre jugar en casa y fuera eran abismales. El público invadía la cancha constantemente, había injerencias en el reloj de posesión por parte de los miembros de la mesa arbitral, los colegiados solían ser caseros y además la ausencia de ojeadores y vídeos hacía que hubiese un frecuente desconocimiento del rival. Lo normal es que el equipo casero ganara en su pabellón, por lo que era fundamental salvar los muebles cuando se jugaba fuera para poder remontar en casa.

Esa era la idea del Real Madrid que entonces entrenaba Pedro Ferrándiz. Había llegado al banquillo del conjunto blanco en 1959 y se mantendría en el cargo hasta 1975 sumando 12 ligas y 4 Copas de Europa en su palmarés. Hombre agrio, mal encarado, pero inteligentísimo y aplicado, el día que dejó los banquillos lo hizo porque según indicó se había cansado de ganar. Ya anciano, es reacio a dedicar elogios y sólo se anima con aquellos entrenadores o jugadores que le puedan rebatir su palmarés, caso de Lolo Sainz o Felipe Reyes.

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Pero en 1962 el Real Madrid aun no era campeón de nada y viajó a Italia con múltiples precauciones. Sorpresivamente los madrileños fueron por delante durante toda la primera mitad con diferencias que rozaban los 10 puntos, liderados por Emiliano Rodríguez y Wayne Hightower. Sin embargo, en la segunda parte los italianos fueron reduciendo progresivamente la diferencia hasta que a falta de dos segundos para el final el Varese empató el partido (80-80) y todo parecía indicar que el encuentro se decidiría en la prórroga.

La posesión era para el Real Madrid que aún tendría una última oportunidad para ganar el partido. Ferrándiz pidió tiempo muerto y diseñó la jugada final. Una jugada que cambiaría los cimientos del baloncesto FIBA. El Madrid había perdido por acumulación de faltas a Carlos Sevillano y a Stanley Morrison, su pívot titular, en la jugada del empate del Varese, y Ferrándiz sabía que si el partido se iba a la prórroga los italianos ganarían el choque con facilidad.

Sólo podía aspirar a cambiar el sino del partido con esa jugada final. Con esos dos segundos de inspiración. Antes de volver a la pista, Ferrándiz cogió a Alocén del brazo y le susurró al oído; “ya sabes lo que tienes que hacer”.

Lluis Cortés sacó de fondo y pasó el balón a Lorenzo Alocén, habitual pívot suplente del Real Madrid. Alocén recibió la bola debajo de su propio aro y ante la sorpresa general lanzó a tabla y encestó en su propia canasta. Hizo una autocanasta. El Varese ganaba el partido por 82-80 con una autocanasta de un jugador del Real Madrid.

Fueron los dos únicos puntos de Alocén en todo el partido. Y los anotó a favor del Varese.

El público de Varese empezó a saltar de júbilo y a reírse del infeliz de Alocén. Pero pasados los primeros segundos de estupor los jugadores y la afición del Varese comprendieron lo que había sucedido. El primero en darse cuenta fue el varesino Lajos Toth que corrió junto a los árbitros para pedir la anulación de la canasta. El público se dio cuenta de la treta y empezaron a volar mecheros, cajas de cerillas con monedas en su interior y botellas sobre la pista. Pero a pesar de la indignación no había motivo alguno para anularla. Nada decía el reglamento sobre las autocanastas.

Pedro Ferrándiz sabía que una desventaja de dos puntos era remontable en el encuentro de vuelta. Sin Sevillano y sin Morrison, con Hightower tocado y con Lolo Saínz y Lluís Cortés con cuatro faltas personales, Ferrándiz lo tenía claro y cristalino. Mejor perder de 2 que ir a una prórroga y perder de 10 o de 15. Le dijo a Lorenzo Alocén que convirtiese una autocanasta a sabiendas de la derrota porque estaba seguro que en el Frontón Fiesta Alegre de Madrid la remontada era factible.

Según contó más tarde Alocén la jugada ya había sido ideada tiempo atrás. Ferrándiz había inculcado a sus muchachos que en caso de marcador ajustado siempre era mejor perder el partido de ida por una canasta que verse obligados a jugar una prórroga. Hubo una representación teatral digna de Buster Keaton. Ferrándiz se llevaba las manos a la cabeza y los compañeros de Alocén le gritaban y le zarandeaban mientras los rivales no daban crédito a lo sucedido y el público jaleaba con sorna al madridista con gritos de ¡Lorenzini!

Los días siguientes hubo un acalorado debate sobre lo sucedido pero, ante tanta nebulosidad, todo sucedió como Ferrándiz había previsto. En el partido de vuelta el Real Madrid pasó por encima del Varese (83-62) y se clasificó para los cuartos de final de la Copa de Europa de 1962.

Inmediatamente la FIBA convocó una reunión extraordinaria. Se homologó el resultado de la eliminatoria pero se cambió el reglamento con efecto inmediato. Se prohibieron las autocanastas deliberadas bajo multa de 1.000 francos suizos y eliminación del equipo infractor de la competición. Por otro lado se volvió a permitir el empate en las eliminatorias a doble partido descartando la opción de la prórroga. Aquel año se jugaría la primera final de Copa de Europa a partido único con victoria del Dinamo de Tiblisi (90-83) ante el Real Madrid de Pedro Ferrándiz y Carlos Alocén.

Ferrándiz seguiría impartiendo cátedra y a día de hoy es uno de los dos únicos entrenadores españoles (el otro es Díaz Miguel) que forman parte del Hall of Fame del baloncesto. Lorenzo Alocén acabaría siendo pieza importante en la selección española tras dejar el Madrid y convertirse en estrella en Zaragoza y en el desaparecido Picadero de Barcelona, que jugaba sus partidos en las que hoy son las instalaciones polideportivas del Palau Blaugrana del FC Barcelona.

Las eliminatorias europeas aún seguirían jugándose a doble partido hasta bien entrado el siglo XXI.

“Aproveché un resquicio legal. Como decimos en España, hecha la ley, hecha la trampa”. Pedro Ferrándiz.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (2ª parte)

Poco menos de dos años después de la llamada ‘final de las botellas’, Real Madrid y FC Barcelona volvieron a cruzar sus caminos en la Copa del Generalísimo. En este caso se trataba de una eliminatoria de cuartos de final que se resolvería en el encuentro de vuelta, un choque que pasó a la posteridad como el del ‘caso Guruceta’. En ese interludio de 24 meses ocurrieron un par de hechos sobresalientes. En una entrevista veraniega Santiago Bernabéu, presidente madridista, declaró sin pelos en la lengua: “No están en lo cierto quienes digan que no quiero a Cataluña. La quiero y la admiro mucho, a pesar de los catalanes. Y a quien admiro de verdad es a Vilá-Reyes. Ser presidente en Cataluña de un club que se llama Español es digno de admiración”. En esas mismas fechas, Narcís de Carreras, presidente azulgrana, acuñaría en un acto público una expresión que llevaría el significado del barcelonismo a una nueva dimensión: “El Barcelona es algo más que un club de fútbol, es más que un lugar de esparcimiento donde los domingos vamos a ver jugar al equipo. Más que todas las cosas es un espíritu que llevamos muy arraigado dentro”.

La Liga 1969-70 finalizó con el Real Madrid sexto. Era la primera vez que los blancos no iban a disputar la Copa de Europa. Hasta entonces lo habían hecho siempre al ser vigentes campeones europeos o vigentes campeones de Liga. La única opción que tenían de competir en el continente la siguiente temporada era ganar la Copa y así clasificarse para la Recopa. Al FC Barcelona tampoco le había ido mucho mejor, pero al menos finalizó cuarto (llevaba diez años sin conquistar la Liga) y se había clasificado para la Copa de la UEFA. La Liga la había ganado el Atlético de Madrid en dura pugna con el Athletic de Bilbao.

Total, que en cuartos se enfrentan los dos gigantes en el único torneo que les puede permitir salvar la temporada. En el Barça Manolo Reina había sustituido en la portería a Sadurní, Olivella se había retirado y en el centro del campo Pereda había dejado su lugar a Marcial. El principal cambio del Real Madrid era Sebastián Fleitas, un delantero paraguayo que no dio resultado, y la entrada en el once titular de Goyo Benito, un joven y duro central que haría carrera en la casa blanca. Con estos mimbres el encuentro de ida tiene lugar en el Bernabéu y el Madrid gana por 2-0 con mucha polémica. Desde Barcelona se reclama que el segundo gol, obra de Amancio, tiene lugar en claro fuera de juego.

La vuelta se disputa en el Camp Nou el 6 de junio de 1970. Como árbitro se designó al guipuzcoano Emilio Guruceta, un prometedor colegiado que esa temporada había hecho su debut en Primera División. Se trataba de un trencilla autoritario pero dialogante, que dejaba jugar al estilo inglés, a imagen de lo que hoy podría ser Mateu Lahoz. Cuando en 1987 fallezca víctima de un accidente de circulación el diario ‘Marca’ instaurará un premio que llevará su nombre para designar al mejor árbitro de cada temporada.

La primera parte no tiene gran historia, pero al filo del descanso un latigazo de Rexach pega en el poste y se cuela dentro. El FC Barcelona gana 1-0 y tan sólo necesita otro gol para empatar la eliminatoria.

El Barça sale en tromba en la segunda mitad y se suceden las ocasiones en el área defendida por Junquera. Pero en el minuto 14 de ese período el Madrid recupera el balón y lanza un contraataque comandado por Velázquez. Comienza una carrera que lo ha de llevar hasta el área contraria momento en el que es derribado por detrás por Rifé (el mismo que había centrado en el autogol de Zunzunegui dos años atrás). Guruceta pita penalti.

El problema es que el derribo había sido fuera del área. Pero no por unos escasos centímetros, sino por unos cuantos metros. La dificultad estriba en que la caída no es limpia. Velázquez se va trastabillando y acaba con el cuerpo dentro del área. Pero no es excusa. El error es de bulto, tanto desde la televisión como dentro del campo.

El Camp Nou estalla. Hay lluvia de almohadillas (ya no había botellas, pero sigue habiendo incómodos asientos de cemento que son aderezados por cojines) y los jugadores del Barça hacen amago de marcharse del campo, pero son frenados por el inglés Buckingham, técnico azulgrana, y que al llevar poco tiempo en España no sabe de qué va la película. La lluvia de almohadillas no cesa y entre una cosa y otra pasarán casi nueve minutos hasta que Amancio lance el penalti e iguale el partido (1-1). Es entonces cuando Eladio, capitán azulgrana, se acerca a Guruceta y le aplaude en tono de guasa. Guruceta saca la cartulina roja de su bolsillo y expulsa al catalán. Un trueno recorre el Camp Nou y a las almohadillas le siguen unos cuantos espontáneos que invaden el campo. Como sería el ambiente que hasta los jugadores del Real Madrid le piden a Guruceta que rectifique y no expulse a Eladio, pero será como predicar en el desierto.

El partido sigue jugándose a trompicones con continuos lanzamientos de almohadillas y continuos parones en el juego mientras el público grita con ironía “¡campeones, campeones!” a los madridistas. A falta de diez minutos para el final Rifé cae en el área pero Guruceta no pita penalti. Más abucheos y nueva entrada de hinchas al rectángulo de juego. Emilio Guruceta decide dar por finalizado el partido y dar por válido el empate que clasifica al Real Madrid. En el acta del encuentro el colegiado vasco especificará que cayeron “más de 30.000 almohadillas” sobre el césped del Camp Nou.

El postpartido es de traca. Miles de aficionados barcelonistas se concentran en el entorno de la Plaza Canaletas gritando consignas que mezclan el deporte y la política hasta que la policía disuelve a los manifestantes. Bernabéu, fiel a su estilo, declara; “ha sido un penalti como una casa”. Pero lo que avivará el fuego son las declaraciones de Antonio Calderón, gerente madridista: “Ha pasado lo que suele pasar en cualquier pueblo”. De traca. Con menos los CDR te montan una barricada en Barcelona. Agustín Montal, un joven de 35 años que apenas unos meses antes había sustituido a Carreras en la presidencia azulgrana, no entra al trapo, y bien asesorado se limita a pedir que el partido se repita a partir del minuto 59, eso sí, eliminando de la escena el penalti que considera “un robo”.

La RFEF quiere dar por finiquitado el partido e imponer una sanción al FC Barcelona por el lanzamiento de objetos. Pero la indignación en Cataluña es brutal. El asunto pasa directamente al Consejo de Ministros. Y se decide intentar contentar a todos. En primer lugar el partido se da por terminado con la clasificación del Real Madrid a pesar de que faltan diez minutos por jugarse. En segundo término se castiga a Eladio con dos partidos de sanción por menosprecio al árbitro, pero a cambio se decide no clausurar el Camp Nou. Y por último se suspende de empleo y sueldo a Emilio Guruceta durante seis meses “por alteración del orden público”.

Pero eso no bastó para aplacar la indignación catalana. Era 1970 y lo que antes era sumisión ahora es rebeldía. Hubo que pasar a la pela. En las semanas siguientes el Consejo de Ministros libera 50 millones de pesetas que sirvieron para que el Barça construyera el Palau Blaugrana y la pista de hielo.

El Real Madrid eliminó al Athletic en semifinales y se clasificó para la final a disputar ante el Valencia. El partido se celebró en el Camp Nou en medio de un ambiente terrible hacia los madridistas que aun así lograron alzarse con el título tras vencer por 3-1. Cuando Franco entregue el trofeo a Gento, capitán madridista, el estadio se tornará vacío salvo por la presencia de unos cuantos miles de aficionados merengues.

Guruceta no volvió a arbitrar al FC Barcelona en más de 17 años de carrera. Muchos años después de su muerte una investigación de la UEFA demostró que había recibido un millón de francos suizos para facilitar la victoria del Anderlecht ante el Nottingham Forest (3-0) en las semifinales de la Copa de la UEFA de 1984. La noticia fue portada en la prensa deportiva catalana e intensificó el dolor por el recuerdo del ‘caso Guruceta’.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (1ª parte)

Ahora que parece que por fin se va a disputar el Barça-Madrid es sugestivo rememorar otros clásicos plagados de odio, vísceras y altas dosis de política. En este blog ya hemos repasado la relación entre el FC Barcelona y la identidad catalana a través de una trilogía de artículos que nos llevaban desde los albores del nacionalismo hasta la Transición. En toda esta epopeya histórica tanto Madrid como Barça representan a disgusto o por convicción los papeles de españolidad y de catalanidad. Mas a pesar de los niveles de exaltación patriótica de la actualidad aún no se ha superado el cataclismo del bienio 1968-70, cuando en plenos estertores del Franquismo a la ‘final de las botellas’ le siguió el ‘caso Guruceta’.

La llamada ‘final de las botellas’ no es más que el calificativo con el que la posteridad recuerda la polémica final de Copa (entonces del Generalísimo) que enfrentó a FC Barcelona y a Real Madrid en 1968. Por entonces la Copa se empezaba a disputar en mayo una vez consumada la Liga. En el torneo de la regularidad el Real Madrid había ganado con claridad liderando la tabla desde el inicio de la segunda vuelta. Era el séptimo título consecutivo de los merengues. En la Copa vencieron al Sevilla y al Zaragoza para arrollar al Celta de Vigo en semifinales y clasificarse con holgura para la final.

El Barça tenía puestas sus esperanzas en la Copa. En semifinales se enfrentó al Atlético de Madrid, por aquel entonces club con más enjundia que los catalanes. En la ida ganaron los rojiblancos por 1-0 pero acabaron el duelo indignados por lo que consideraban un mal arbitraje. En la vuelta el Barça ganaba 2-1 a escasos segundos del final, lo que conducía a la prórroga (no había valor doble de los goles en campo contrario), pero el colegiado del encuentro aplicó un tiempo de descuento excesivo que permitió a Zaldúa anotar al filo del minuto 99 y clasificaba al Barça para la final.

El árbitro de ambos encuentros fue el mallorquín Antonio Rigo, acreditado colegiado con fama de barcelonista. Había dirigido 11 de los 30 partidos del Barça en aquel campeonato y también los cuartos de final ante el Athletic. La prensa madrileña sacó el látigo y en medio de aquel follón se conoció que Rigo iba a ser el árbitro de la final entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Por si la polémica fuese poca hubo que retrasar varios días la final por problemas de agenda de Franco, lo que hizo sino aumentar la vorágine escritora de los periodistas.

El partido se iba a disputar el jueves 11 de julio de 1969, único día posible en la agenda del Caudillo. El Madrid no estaba de acuerdo con la designación arbitral y el Barça mostraba su indignación porque el choque se tendría que disputar en el Santiago Bernabéu, una ofensa contra la neutralidad de la final.

El Madrid tiene a tres titulares lesionados, el lateral Calpe, el cerebro Velázquez y la leyenda Gento. El Barça cuenta con su once de gala incluido a Carles Rexach, un joven extremo que había debutado esa temporada y que estaba considerado la gran perla del fútbol español. El Bernabéu estaba a reventar con más de 100.000 espectadores en las gradas con lógica mayoría madridista. En el palco de autoridades las vacas sagradas del Franquismo junto a Bernabéu, el presidente que convirtió al Real Madrid en el club de fútbol más importante del mundo, y a Narcís de Carreras, el presidente que acuñó la frase ‘més que un club’ y que ha definido la trascendencia social del FC Barcelona hasta nuestros días.

Apenas seis minutos después del pitido inicial, el azulgrana Rifé se interna por la banda izquierda y centra al corazón del área blanca. Zunzunegui se prepara para despejar el balón con una fuerte volea, pero con tan mal tino que se trastabilla y proyecta un perfecto remate que se cuela en la portería defendida por Betancort. Gol en propia puerta. Silencio sepulcral en el Bernabéu y el Barça se adelanta por 0-1.

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Zunzunegui anotó el tanto más desafortunado de su carrera

El Barça se echa atrás y el encuentro se convierte en un monólogo madridista. Minutos después Pereda, con la pierna en alto, golpea al madridista José Luis que queda largo rato conmocionado en el terreno de juego. Hay protestas en el graderío. Un poco más tarde es Serena el que es cazado con dureza por Gallego. Aún no había aparecido Cruyff por Barcelona y no se sabía lo que era el ‘fútbol total’. El Barça era un equipo que daba mucha leña, tal y como mandaban los cánones a finales de los 60.

Minutos después el propio Gallego caza a Pirri que vuela por los aires y sufre una luxación de clavícula. Pirri acabaría el partido con el brazo doblado hacia arriba anticipándose a la icónica imagen de Beckenbauer con el brazo en cabestrillo del Mundial de 1970. Es entonces cuando caen las primeras botellas al césped. Los aficionados iban al estadio con botellas de cristal. A diferencia de lo que ocurre en la actualidad aquellas botellas estaban llenas de alcohol, el cual, tras pasar por el tubo digestivo y ser descompuesto a partes iguales por el intestino y el hígado, viaja a través de la sangre hasta el cerebro para convertir al brazo de un ciudadano ejemplar en un arma de destrucción masiva.

Entre tanta mala leche también hay tiempo para el buen fútbol, donde resplandecen los regates de Amancio, pero mucho más las extraordinarias paradas del azulgrana Sadurní. Poco después del inicio de la segunda parte se desata la locura. Serena enfila el área y la parte en dos cual cuchillo hasta que es cazado por Eladio. Rigo dice que no ha pasado nada. Que siga el juego. Las botellas llueven sobre el Bernabéu. A decenas. A cientos. A miles. Botellas de cristal. De tercio de litro. De cerveza y también alguna de Coca-cola y de Kas. Lo normal entonces era tirar almohadillas. Aquello de las botellas era lo nunca visto.

El juego se para, pero minutos después hay otra entrada de juzgado de guardia. En este caso el derribado es Amancio. Vuelven a llover las botellas. Montones de botellas. Sadurní decide meterse dentro de su propia portería esperando que la red le proteja de los impactos. Los jugadores del Madrid se dirigen al público pidiéndoles que dejen de lanzar objetos, pero la masa está extasiada y no cesan de arrojar todo lo que tienen a mano.

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Sadurní recibió un aluvión de botellas dentro de su área

A partir de entonces, y hasta el final del choque, cada vez que un jugador del Barça tenga que sacar de banda o lanzar un córner recibirá como obsequio unas cuantas botellas. En el último cuarto de hora apenas se juega al fútbol y el Barça consigue aguantar el chaparrón y proclamarse campeón de Copa gracias al tempranero gol en propia meta de Zunzunegui.

El capitán Zaldúa se dirige al palco para recibir el trofeo de manos de Franco y el estadio grita de forma unánime ¡Rigo, campeón! visiblemente disconformes con la actuación del árbitro mallorquín. Aun cuando el Barça se retira al túnel de vestuarios caerán unas cuantas almohadillas sobre la cabeza de los futbolistas, una vez que las botellas han pasado a mejor vida.

Pero el intríngulis de la ‘final de las botellas’ tendrá lugar en el palco. Entre los presentes está Camilo Alonso Vega, veterano de las guerras de Marruecos y por entonces ministro de Gobernación. Al parecer su mujer se acerca a Bernabéu y le dice: “¡Qué desgracia, hemos perdido!”. Alonso Vega la acerca a su lado, la reprende y le indica que felicite al presidente del FC Barcelona. Ella se vuelve hacía Narcís de Carreras y le espeta: “Felicidades. Porque Cataluña también es España, ¿verdad?”, a lo que éste replica: “Señora, no fotem”, expresión que no necesita traducción.

En Barcelona se espera una fuerte sanción para el Real Madrid. La federación no hace nada. No es el Real Madrid el que ha organizado el partido. Al ser la final de Copa la organización corre a cargo de la propia Federación. Si la Federación decide sancionar, tendría que sancionarse a sí misma. Por lo que va a ser que no. Barcelona estalla de indignación. La única decisión que toma la RFEF es prohibir la venta de líquidos en botellas de cristal dentro de los estadios de fútbol. Desde entonces los vasos de plástico se hicieron un hueco en los graderíos del balompié español.

Por su parte el Real Madrid decidió recusar a Antonio Rigo. Nunca más volvió a dirigir a los de Chamartín. El FC Barcelona contraatacó haciendo lo propio con Ortiz de Mendíbil, uno de los mejores colegiados del mundo pero simpatizante madridista que en 1966 había alargado un Madrid-Barça durante 11 minutos hasta que los blancos marcaron el gol de la victoria. Rigo siguió arbitrando al resto de clubes de la Liga hasta que en 1975 fue obligado a retirarse al aparecer su nombre en una trama de corrupción que la llegada de la democracia dejó en el olvido.

Para el Barça que el Madrid no fuese sancionado tras la ‘final de las botellas’ era un síntoma más del poder del Madrid. Para los merengues que aquella final fuese dirigida por Rigo no hacía más que demostrar que las protestas llegadas desde Barcelona no eran más que lloreras, y que gracias a esas lloreras conseguían lo que querían.

Una vez retirado Antonio Rigo admitió que tras la ‘final de las botellas’ se hizo profundamente antimadridista. Obviamente para los blancos ya lo era antes de esa final. Lo único cierto es que aquella imagen del césped del Bernabéu lleno de botellas dio la vuelta al mundo y que el Barça consiguió sumar un nuevo título en su palmarés en casa del eterno rival.

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Rigo, el gran protagonista de ‘la final de las botellas’

P.D: Hubo que tirar de fotografías en prensa y de las crónicas de los periodistas para comprobar que hubo ‘final de las botellas’. Tanto en el resumen del NO-DO como en la retransmisión de TVE se evitó mostrar imágenes que incitasen a la polémica y a la violencia.

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Neymar; diario de mi verano

He de confesar que un primer momento no estaba seguro de aquel movimiento. La temporada había acabado mal. Nos dejamos ir y perdimos la final de copa. Pero la cosa ya llevaba mucho tiempo atrancada. He vuelto a ganar la liga y he metido 34 goles en 37 partidos. Perdimos en la Copa de Europa, pero no fue culpa mía. Siento que todo el mundo tiene envidia de mí, tiene envidia de Neymar. Yo soy la estrella y no me dejan tirar los penaltis. Los franceses están con Mbappé, el vestuario con Cavani, y Tuchel no me respeta. Y aún encima el jeque ya no me apoya. Antes patrocinaba mis fiestas, me acompañaba en la noche parisina y ahora filtra mis excesos a los periodistas de mierda. Mi papá dice que sea feliz, que ganamos 37 millones de euros al año. Pero yo quiero que la gente me quiera, que me digan que soy el puto amo. Soy el puto Neymar. Quiero irme de París.

24 de mayo

Mi relación con Al-Khelaifi está rota. Le he dicho que a mí sólo me interesa la Champions. Que me da igual ganar la copa de Francia. El presi me ha dicho que aunque no pudiese jugar la final por culpa de mi sanción debería estar en el palco por el bien del PSG y por el de mis compañeros. Le he dicho que mi familia es Brasil y voy a coger mi jet para pasar unos días de descanso antes de empezar la Copa América. El presi y Leonardo siempre me habían consentido todo desde que fiche por el PSG, pero desde que Mbappé ganó el Mundial nada ha vuelto a ser lo mismo. Cuando le dije que iba a Brasil tuvimos una discusión muy dura y me dijo que disfrutara del verano que cuando volviese de la Copa América se acabarían los privilegios.

28 de mayo

Necesito ganar la Copa América. Necesito derrotar a Messi. Me fui del Barça para ganar el Balón de Oro. Mi papá me dijo que tenía que irme de allí, que al lado de Messi nunca sería el mejor del mundo. La gente no me toma en serio en Europa. Ahora ya no es sólo Messi y Cristiano. Es Mbappé, Griezmann, Salah y hasta ¡hablan más de los estúpidos niños del Ajax que de mí! Pero aquí todos me quieren. Soy el nuevo Pelé. Tengo que ganar la Copa América para que me vuelvan a respetar. Si ganamos y soy el máximo goleador, Al-Khelaifi volverá a hacerme caso. Le diré que venda a Mbappé al Madrid, que despida a Cavani y a Di María, y que con el dinero que le den que fiche a Coutinho a Firmino y a Allison y que renueve a Dani.

1 de junio

¡Tomar no cú! ¿Por qué coño me pasa a mí esto? ¡Filha da puta! Puta de mierda. Mentirosa. ¡Ahora dice que la he violado! ¡Ta brincando! ¡Con lo que le gustaba cuando me la follaba! Mierda de envidia. La gente es una envidiosa de mierda. Tengo dinero, soy guapo, ¿saben a cuantas mujeres me puedo follar cada noche si me da la gana? Soy Neymar. Soy el puto Neymar. Lo único que quiere esa zorra es mi dinero, es hundirme. Seguro que alguien del PSG la ha liado para hundirme. ¡Si iba más bébeda que yo! Y luego está el hijo de puta de Tite. Dice que me apoya pero me quita el brazalete de capitán para dárselo a Alves. ¡Filho de puta! Los voy a destruir a todos. Voy a acabar con esa panda de egoístas.

5 de junio

Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Cuando me pegaron la patada no pensé que fuera para tanto. Casi no me dolía. Ahora los médicos dicen que tengo una fractura en el tobillo derecho y que no podré jugar la Copa América. ¿Y ahora qué hago? Mis abogados me dicen que lo mejor que puedo hacer es no aparecer en público, pero mi papá dice que vaya a todos los partidos de Brasil para que vean que no tengo miedo. Para que vean que no soy un violador y que quiero que Brasil gane la Copa América. Le voy a hacer caso a mi papá pero la verdad es que espero que mi amigo Messi gane y perdamos en la final. Pensé que al volver a casa la gente me querría, pero veo que con esto de la violación mucha gente pasa de mí. He recibido la llamada del presidente Bolsonaro dándome su apoyo, pero no es suficiente. Necesito que la gente me vuelva a respetar y que la selección me necesite.

16 de junio

Me acaba de llamar mi papá. Dice que hay una entrevista en ‘L’Equipe’ en la que el presi ha dicho que Mbappé es el único jugador intocable de la plantilla. Es un traidor. Ahora me quiere echar. Pues no pienso perdonar ni un euro. ¿Cuántas Champions ha ganado el PSG? ¿Cuántos balones de oro tiene el PSG? Deberían besar el suelo por donde piso. Deberían dar gracias de que yo juegue allí. Tanta ciudad de mierda, tanto Paris. No se ve el sol en todo el año. ¿Y la mierda de liga esa? Tengo amigos en Copacabana que juegan mejor al fútbol que los tontos esos del Angers o del Montpellier.

7 de julio

Estoy de bajón. Ayer fuimos de fiesta. Tengo un resacón de la leche. Llevo cinco horas jugando al FIFA. Mi hermana ha fichado a Neymar para el Real Madrid. Yo jugué con el Barça y también me fiche a mí. Jugué con la delantera MSN, Messi, Suárez y Neymar, como en los viejos tiempos. Brasil ganó la Copa América y nadie habla de mí. Lo único bueno es que ganamos pero jugamos como el culo y el mejor jugador del torneo fue Dani. Menos mal. Dani es mi amigo, pero es un viejo. Tenía miedo de que Coutinho o Firmino jugasen bien y la gente se olvidara de mí, pero hicieron una final de mierda. Mañana tengo que volver a Paris para empezar la pretemporada, pero ya le dije a mi papá que no pienso ir. Tuchel sigue de entrenador y no han vendido a Cavani. Ya me echaran de menos.

14 de julio

Hoy una periodista que estaba buenísima me ha preguntado por mi mejor recuerdo en el mundo del fútbol. Le dije que cuando ganamos con el Barça al PSG 6-1 y remontamos en la Champions. Aquel día me salí, la gente no paraba de decir que era el sucesor de Messi. En Paris me han llamado traidor y Judas. Dicen que es una ofensa nacional. Que lo he hecho adrede. Que es 14 de julio, un día sagrado para ellos. Leonardo dice que me va a expedientar. Me da igual. Es la verdad. Quiero volver al Barça. Mi papá dice que para volver a Barcelona tenemos que devolver 40 millones de euros y que no puede ser. Le dije que me da igual, pero que yo no volveré a jugar con esos paletos del PSG.

26 de julio

Mi papá se ha reunido con José Ángel Sánchez. Me ha dicho que el Real Madrid quiere colocar a Bale y que les interesaría rebajar mi precio con ese intercambio. Dice que sólo hay dos equipos en el mundo que me pueden pagar 30 millones al año y dar al PSG los 200 millones que piden, sea abaratando con jugadores o sin ellos. A mí me encantaría jugar en el Madrid. Me dijeron que es muy frío en invierno y que no tiene mar, pero el Madrid es la leche. Además, ahora que ya no está Cristiano yo sería el puto amo. La gente adoraría a Neymar. Benzema, Hazard o Modric no me harán sombra. Y el Madrid siempre gana la Champions.

30 de julio

Zidane no me quiere. Que no se fían de mí. Que el Madrid es club señor y no sé qué mierdas. ¡Cómo si Ramos y Benzema se fueran a la cama a las 10! Que llevo dos años sin ser top y que no que van a pagar 200 millones por mí. Mi papá dice que si me pongo a tiro me fichan igual, aunque sólo sea por joder al Barça. Que tenga paciencia. Me da igual. Yo no pienso volver a jugar en Paris, así que tarde o temprano me venderán.

9 de agosto

Ya he vuelto a Paris. A mi casa. Estaba comiendo una pizza con mamá cuando llamó papá. Me dijo que un juez de Sao Paulo ha archivado la denuncia por violación por falta de pruebas. Me dijo que llamara a Bolsonaro para agradecerle su apoyo y que diera un comunicado en público dando las gracias porque todo se haya aclarado. Yo siempre lo dije, ella sólo quería dinero. Todas las noches cientos de chicas se me tiran al cuello para que me las lleve a mi casa y las folle. Lo mejor es que ahora que ya no hay denuncia por violación el Barça y el Madrid ya no van a tener problemas para hacerme una oferta. ¡Seguro que vuelvo a Barcelona! ¡Qué gosto!

10 de agosto

Hoy empezó la liga francesa. PSG-Nimes. Ganaron 3-0. Yo me quedé en casa. Dije que tenía problemas musculares, pero me la suda la mierda de liga esa. Yo sólo quiero ganar la Champions. Leonardo dijo al acabar el partido que mi venta está más cerca. Mejor. Ya están tardando. Papá dice que lo del Madrid está parado. Que el PSG no quiere a Bale y que hasta que lo coloquen no pueden hacer nada. Cobra 18 millones. No está mal para ser un don nadie. Me dice que si no dan vendido a Bale ni a James no ficharan, y que Zidane sólo quiere a Pogba o a Mbappé. No sé qué les ha dado todos con el niño ese, que lo único que sabe hacer es correr.

13 de agosto

Abidal y Leonardo se han reunido hoy en Paris. Lo he visto en twitter, pero papá me ha contado los detalles. Él les ha dicho que por Neymar no hay problema. Es verdad, si tengo que pedir perdón a la afición lo pediré y si tenemos que devolver el dinero a Bartomeu lo devolvemos. Le dije a papá que cuando ganemos la Champions le pedimos un aumento y ya lo recuperamos. Me dicen que el Barça ha ofrecido a Coutinho y a Semedo, pero que el PSG también quiere a Dembelé. A mí me parece normal que Leonardo pida más porque el único tío en el Barça que es tan bueno como yo es Messi. Papá dice que tenga paciencia. Que el mercado en España cierra el 2 de septiembre. Que siga entrenando en el gimnasio y qué esté listo para mediados de septiembre que es cuando empieza la Champions.

17 de agosto

Ayer estuve en mi yate viendo al Barça con mi hijo. No estaba Messi, jugaron mal y perdieron contra el Athletic. Lucca dice que le gustaría que volviera a jugar con Messi. Todos los que me critican por inmaduro no saben que tengo un hijo. ¡Y lo cuido yo! ¡Y a la madre la traje de Brasil a Barcelona para que estudiara fisioterapia! Pero eso a la gente le da igual. No le interesa. En fin. Le digo a Lucca que lo del Barça está más difícil, que han vendido a Coutinho al Bayern. Ahora el PSG va a pedir a Dembelé y no sé si lo soltarán. Y aún encima papá me dice que el PSG quiere a Vinicius, pero que el Madrid no lo suelta. ¡No me jodas! ¡Vinicius es un niño! ¿Cómo se puede comparar conmigo?

23 de agosto

Le he dicho a mi amigo Diogo que publicara una foto mía con la camiseta del Barça en instagram. Escogimos una de toda la pandilla con todos los títulos que en 2016 gane en Barcelona. Tuchel dice que me va a convocar para jugar el domingo ante el Toulouse. ¡Puta que pariu! ¡Vaise foder! No quiero jugar. Papá me dice que tengo que jugar, que lo del Barça está muy complicado. El jeque no quiere que juegue allí y el Barça no quiere poner la pasta. Hablan de una cesión. Papá dice que ha hablado con Nedved y que igual hay una opción de que juegue en la Juve, que Tuchel quiere a Dybala para el PSG. No sé, prefiero Barcelona. Turín me parece igual de frío y aburrido que París y Madrid.

30 de agosto

Leonardo le ha dicho a Tuchel que tampoco voy a jugar contra el Metz. Que están negociando con el Barça. Ofrecen 130 kilos a Rakitic y a Dembelé. Por mi pagaron 222. Me parece una oferta muy buena. El Dembelé es buen futbolista y es casi tan fiestas como yo. Al Khelaifi pide 170 y Dembelé no se quiere ir del Barcelona. Sé que Leo y Luis están peleando por mi vuelta, que se están enfrentando con Bartomeu. Está difícil, pero papá dice que lo vamos a conseguir. Sería genial. Volveré a las faldas de Leo, pero tanto él como Luis están viejos. En un par de años yo seré el jefe del Barça, el Messi del mañana y ganaré el Balon de Oro. El Madrid sigue ahí. Ahora van a vender a Keylor Navas.

2 de septiembre

Hoy he estado llorando toda la tarde. Me ha llamado Bartomeu y me ha dicho que no hay nada que hacer. Le dije que perdonaba 20 de los 40 millones que me deben, pero que nada. Que no se puede hacer. Estoy roto. Estoy triste y frustrado. Ni Barça ni Madrid. ¿Y ahora qué? Messi me ha  mandado un whatsapp y me ha dicho que tiene la sensación de que han jugado conmigo.

13 de septiembre

PSG-Estrasburgo. 14 de septiembre. Tocarán pitos y abucheos. Tendré que meter un gol, decir que todo ha sido un invento de la prensa, que soy feliz en Paris y que quiero ganar la Champions. Tocará entrenarse y ver como los compañeros me escupen con la mirada. Dicen que habrá pancartas en mi contra. Tocará jugar en Nimes, Guingamp, Estrasburgo y en Dijon. Tocará esperar al próximo verano y sonreír a las cámaras… Por lo menos siempre podré disfrutar de mis 37 millones por temporada.

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La Copa de Petrovic

En el verano de 1988 un terremoto sacudió los cimientos del baloncesto FIBA. Drazen Petrovic, el jugador europeo más carismático del momento, decidía firmar por el Real Madrid y plantar al FC Barcelona con el que ya se había comprometido verbalmente. Contrariamente a lo que dictaría la lógica, la decisión provocó un cataclismo en la casa blanca. Petrovic era el enemigo público número 1 de los merengues. Más bien era el enemigo público número 1 de medio Continente. Durante un lustro había sometido y humillado al Real Madrid en varias ediciones de la Copa de Europa con escupitajos, manotazos y vaciles varios. Cuando el partido ya estaba ganado gustaba de inventar malabares con el balón en el medio campo mientras hacía muecas al banquillo rival. Un hombre correcto, educado y disciplinado como Corbalán llegó a perder los nervios y declarar que le gustaría arrancarle la cabeza a Petrovic tras la victoria de la Cibona de Zagreb ante el Real Madrid en la final de la Copa de Europa de 1985. No sonaba a creíble. Un desaliñado lituano de 2’21 metros de altura declaró lo mismo meses más tarde cuando perdió ante los croatas la final de 1986. Era un pívot del Zalguiris llamado Arvydas Sabonis y su amenaza más valía tomarla en serio.

Por eso, cuando Petrovic decidió fichar por el Madrid y abandonar a la odiada Cibona hubo desbandada en el vestuario merengue. Del Corral, Iturriaga y Corbalán decidieron marcharse. Otros, caso de Fernando Martín, resolvieron quedarse, pero pasarían un año de perros al lado del genio croata.

Petrovic solo estuvo un año en el Real Madrid. En el verano de 1989 dispuso probar fortuna en la NBA y colocó sobre la mesa los dólares necesarios para jugar en Portland Trail Blazers. Así pues, sólo estuvo un año en España. Pero fue una temporada muy intensa en la que compaginó luces y sombras. En el haber, los 62 puntos logrados en la final de la Recopa ante el Caserta en una borrachera de lanzamientos y juego de pies del escolta de Sibenik. En el debe, la derrota en la final de la Liga ACB (la llamada ‘Liga de Petrovic’) ante el FC Barcelona por un global de 3-2, en una serie en la que Petrovic fue secado en defensa por el dueto azulgrana formado por Nacho Solozábal y Chicho Sibilio.

Pero antes de todo eso tuvo lugar la fase final de la Copa del Rey, el torneo más atractivo del baloncesto español con siete partidos a vida o muerte comprimidos en un largo fin de semana. El formato de 1989 presentaba la novedad de celebrarse en función multisede. Con la llegada de los fondos europeos de cohesión, los distintos gobiernos autonómicos decidieron promocionarse de diferentes formas. Aquel año, la Xunta de Galicia dispuso impulsar el Xacobeo, una festividad religiosa en honor a Santiago Apóstol que desde entonces ha pasado a ser también turística. La Copa (al igual que ocurriría en el también Año Santo de 1993) se paseó por la geografía gallega para promocionar a la vieja Gallaecia por los distintos rincones de la llamada piel de toro.

Los cuartos de final se repartieron entre Santiago, Ourense y Vigo, ésta última urbe con ración doble. Todos los favoritos ganaron con facilidad. El Real Madrid venció al Huesca (88-64), el Joventut al Estudiantes (86-71), el FC Barcelona al Fórum de Valladolid (91-80), y el partido más entretenido fue el que enfrentó al CAI Zaragoza contra el Caja de Ronda de Málaga (115-110). -Nota: Este tipo de viajes al pasado siempre es útil para recordar como el deporte español ha vivido de subvenciones públicas en las que las cajas de ahorro han tenido un papel primordial-.

La primera semifinal enfrentó en la naval y militar ciudad de Ferrol a Real Madrid y Joventut de Badalona. Los catalanes tenían un excelente conjunto de jóvenes apunto de eclosionar liderados por Jordi Villacampa, un excelso y fornido tirador, un cerebral base que respondía al nombre de Rafa Jofresa y una pareja interior constituida por Reggie Johnson y Juanan Morales, un pívot español de más de siete pies, algo infrecuente en el baloncesto hispano. Se contaba con que el encuentro fuese igualado, pero el Real Madrid pasó por encima del Joventut y venció con suma facilidad (99-74).

La segunda semifinal tuvo lugar en la agropecuaria y romana ciudad de Lugo y enfrentó al FC Barcelona y al CAI Zaragoza. Los aragoneses eran los más flojos semifinalistas pero tenían en sus filas a Mel Turpin, una fuerza de la naturaleza que había tenido que renunciar a la NBA por problemas de peso. De hecho, se le conocía como ‘Mel Dinner Bell’ (Mel hora de cenar). El CAI llegó a ir por delante en la primera mitad e incluso consiguió acercase a pocos minutos del final, pero finalmente el Barça ganó con solvencia (88-78).

La final tuvo lugar el 17 de noviembre de 1988 en A Coruña, la ciudad de cristal donde según la leyenda Hércules derrotó a Gerión y edificó sobre su calavera la famosa Torre que contempla la inmensidad del Atlántico. Algo más de 8.000 personas se reunieron en el Palacio de los Deportes de Riazor para presenciar la lucha entre el Real Madrid y el FC Barcelona. El quinteto de los blancos estaba integrado por Drazen Petrovic, Chechu Biriukov, Johhny Rogers, Fernando Martín y el coruñés Fernando Romay. Por parte de los azulgranas saltaron a la pista Nacho Solozábal, Juan Antonio San Epifanio ‘Epi’, Andrés Jiménez, Granville Waiters y Audie Norris. En una época donde los titulares superaban con facilidad los 30 minutos por partido, los suplentes prácticamente no tenían incidencia. Por parte madrileña José Luis Llorente como base sustituto y Pep Cargol como alero defensor tenían minutos, y por parte barcelonesa importaban el base suplente Quim Costa y el escolta tirador Xavi Crespo. El Real Madrid contaba con la baja por lesión de Antonio Martín y el FC Barcelona no podía alinear ni a Chicho Sibilio ni al ala-pívot Steve Trumbo. Las bajas azulgranas eran mucho más sensibles y, de hecho, la ausencia de Trumbo había posibilitado el fichaje de Waiters, uno de tantos temporeros que pueblan el mundo del baloncesto. El entrenador del Real Madrid era Lolo Sainz, leyenda como jugador y como técnico. El entrenador del FC Barcelona era Aíto García Reneses, modesto jugador, pero que con el tiempo pasaría a ser considerado el mejor técnico en la historia del baloncesto hispano.

El partido se televisó por el segundo canal de TVE a las 20:30 horas. Fue uno de los programas más vistos de la década. Estaban el Madrid y el Barça. Estaba Petrovic. Y el baloncesto vivía sus años dorados aquí y allende los mares. Tras el éxito de la selección española en los Juegos Olímpicos de 1984 y hasta el estrepitoso fracaso en los de Barcelona en 1992, el baloncesto compitió y hasta en ciertos momentos llegó a superar al fútbol. Los sábados de finales de la década de 1980 la programación radiofónica giraba en torno al deporte de la canasta con enviados especiales y narraciones de todos los partidos de la ACB.

El partido comenzó con Petrovic anotando los cuatro primeros puntos del choque. Parecía que se iba a repetir la exhibición de la tarde anterior cuando el croata le endosó 34 al Joventut, pero el Barça era un equipo con muchas más tablas. Aito diseñó un partido lento donde Norris y Jiménez llevasen la iniciativa debajo de los aros. Los azulgranas consiguieron un parcial de 0-10 y se pusieron por delante. Norris anotaba con facilidad delante de Fernando Martín y ampliaba la diferencia (10-19) y (21-29), mientras que Solozábal coceaba a Petrovic y hasta le sacaba las uñas dejando un rastro de sangre en el escolta blanco.

Fue entonces cuando Petrovic demostró porque era ese tipo de jugador que forma parte de una estirpe especial. Estaba realizando un discreto partido y el Barça se estaba escapando, pero en un fogonazo anotó un par de triples que acercaban al Madrid a cinco puntos antes de irse al descanso (43-48).

En la reanudación, Petrovic volvió a sacar la artillería para poner un parcial de 7-0 y adelantar al Real Madrid en el marcador. Fue ahí cuando el Barça perdió el partido. Liderado por José Luis Llorente, los blancos pusieron una marcha más y anotando Petrovic desde el exterior y Rogers desde el interior desarbolaron al Barça. Los catalanes notaron en exceso el cansancio y la falta de dos jugadores clave para poco a poco desconectarse del partido (75-66). Luego Petrovic se dedicó a juguetear con el balón como tantas veces en el pasado había hecho y aseguró la victoria a base de tiros libres para un definitivo 85-81.

Al final Petrovic acabó con 27 puntos y Johhny Rogers con 23, mientras que en el Barça Epi se fue hasta los 20 y Audie Norris dominó el juego interior con 15 puntos y 15 rebotes hasta que sus rodillas le dijeron basta.

Era noviembre, y parecía el primero de muchos triunfos para Petrovic. La realidad es que fue el inicio del fin. Sólo iban tres meses de temporada. Hasta entonces Petrovic se había esforzado por integrarse en el vestuario blanco. Había aceptado que Fernando Martín llevase la voz cantante y que el juego basculase entre él y el pívot madrileño. Aquella Copa del Rey rompió con tan frágil proyecto. Petrovic fue amo y señor del choque ante el Joventut y ante el Barça amasó el balón en los momentos decisivos y prefirió confiar en el americano Johnny Rogers en vez de con Martín a la hora de doblar el balón. Rogers era un recién llegado como Petrovic y ambos abandonarían el equipo al finalizar la temporada. Era un genio, pero no había quien fuese capaz de lidiar con semejante ego.

“Drazen Petrovic se convertirá con toda seguridad en una figura (…) Ahora bien, si para ser tan buen jugador hay que ser tan indeseable, prefiero jugar como un mediocre. Y sin tener que sacar la lengua ni poner ese careto.” El entonces madridista Juan Manuel López Iturriaga evaluando a Petrovic cuando aún tenía 22 años y jugaba en la Cibona de Zagreb.

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Y el Madrid lo ha vuelto a hacer

La final sin fin. La segunda parte de la interminable final de la Copa Libertadores parece ser que, si ningún barra brava lo impide, se va a jugar en Madrid, en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid vuelve a colgarse la medalla al mérito civil. Hay quien dice que es un tanto para el Gobierno de Pedro Sánchez, otros que para Manuela Carmena y los más que para Luis Rubiales y la Federación Española de Fútbol. Tonterías. Es un triunfo del Real Madrid. Otra condecoración en el uniforme. Otro motivo más para ser respetado. Otro motivo más para ser envidiado. Otro motivo para ser admirado. Otro motivo más para ser odiado.

El Real Madrid es como un tornado que todo lo engulle. La camiseta blanca trasmite una impronta y una carga de respetabilidad que se desparrama irremediablemente en el mundo del fútbol. El Real Madrid se hizo universal a finales de los 50, una década antes de que las reglas establecidas explotaran por los aires. El Real Madrid de Di Stéfano es el último club de fútbol caballeroso, elegante y gentleman y esa aura lo acompañará para siempre. Se trataba de un equipo victorioso de hombres maduros (salvo Gento todos rondaban o superaban la treintena) que no tenía nada que ver con lo que vino después. El Benfica era un equipo multirracial en un tiempo de racismo, el Inter practicaba un juego defensivo y aburrido y el fútbol alborotador de insolentes y melenudos que desplegaban los inconformistas del United y del Ajax se pasaba de provocador. El Madrid se quedó con la etiqueta de equipo caballeroso por excelencia porque fue la última gran escuadra antes de la revolución juvenil de los 60.

Únicamente 10.000 asientos, la mitad de los mismos para cada club, serán vendidos en Argentina. 12.000 serán para compromisos oficiales de los gerifaltes del fútbol, sus empresas y particulares (los beneficios de la venta de estos billetes irán íntegramente a las arcas del Real Madrid) y las 50.000 restantes serán para los aficionados de River y Boca que residan en España. Son más de 250.000 los argentinos que están censados en España y son ellos los que viven en un estado de fiesta permanente desde hace 10 días ante la posibilidad de disfrutar de un partido legendario a más de 10.000 kilómetros de casa.

El problema de seguridad es mayúsculo, aunque para los agoreros cabe recordar que en el encuentro de ida, disputado en la volcánica Argentina, no hubo ningún incidente. No obstante, los ánimos estarán excitados y el riesgo es evidente. Además, Madrid se enfrenta a un doble problema. Durante el Puente de la Constitución, la capital de España está abarrotada por miles de compatriotas que deciden pasar esos días de asueto en un destino cercano. Madrid se presta a ser visitado por sus luces y sus mercadillos navideños. Todo esto se traduce en un despliegue especial policial y de servicio de emergencias que aún encima se ve agravado por estar España en un nivel 4 de alerta terrorista.

Se estima que en un Madrid-Barça entre antidisturbios, caballería, agentes de subsuelo, policías, helicópteros y sanitarios hay unos 2.500 empleados públicos movilizados. Se comenta que para el River-Boca la cifra va a acercarse a los 5.000. Lo curioso es que mientras la ciudadanía, frecuentemente azuzada por partidos de izquierda (por lo menos hasta el 2-D), protesta y muestra su indignación por gastos semejantes ante la llegada de un mandatario extranjero o de una reunión económica, religiosa o política de alto nivel, no emite reproche cuando el gasto público va destinado a un evento deportivo. Es la “magia” del fútbol. Sólo en sueldos públicos (sin tener en cuenta destrozos de mobiliario urbano o servicios de limpieza) se habla de cifras próximas a los 650.000 euros.

En Argentina se ha montado un quilombo. En un primer momento la cancelación de la final se consideró una vergüenza nacional. Deportistas de renombre y diversas personalidades manifestaron su repulsa por lo sucedido y admitieron que no se podía jugar el partido de vuelta en Buenos Aires. Pero cuando se supo que la Conmebol iba a llevar la final a Madrid, el discurso cambió radicalmente.

Los pseudoperiodistas se pusieron la bandera como capa y empezaron a decir burradas sin sentido histórico. En ‘Clarín’ se preguntaban qué dirían Bolívar y San Martín si supieran que la final se jugaría en Madrid y en ’90 minutos de fútbol’ se rasgaban las vestiduras y proponían un revisionismo histórico y cambiar el nombre de ‘Copa Libertadores’ por ‘Copa Colonizadores de América’ o por ‘Copa Conquistadores de América’. La sensación generalizada en el país es que se está robando a Argentina algo que es suyo, cuando la realidad es que el Boca-River, aunque argentino por definición, es sudamericano por aclaración, porque la competición no es local, sino internacional. El problema, más allá de las quejas de Boca (que solicita la victoria por decreto, y con parte de razón) y de River (que solicita jugar en casa a puerta cerrada, y con parte de razón) es que la Conmebol puede llevar la final al lugar de su jurisdicción (Sudamérica) que desee y en cambio se lo ha llevado a España, a la querida-odiada España.

Bolívar y San Martín estudiaron y residieron en España, y San Martín, el héroe argentino, formó parte del ejército español que luchó contra las tropas napoleónicas en Bailén. Ambos tienen dos estatuas ecuestres en Madrid, y ambas fueron levantadas en la década de 1960, cuando en España gobernaba alguien tan poco libertador y tan poco proclive a la independencia de los pueblos iberoamericanos como Francisco Franco. Y por supuesto San Martín cuenta con honores en Bailén, en Palencia –de donde eran sus padres-, en lugares en los que residió como Cádiz, Málaga o Sevilla y hasta en Fisterra, quizás por aquello de que es el lugar de la Península más próximo a América.

Lo que si es cierto es que la final al disputarse en Europa se ha convertido en un injusto espectáculo de primera clase. Sin contar estancia y vuelo, únicamente con las entradas se va a producir un alza de precios descomunal. Para el Monumental se vendían tickets por 20 euros, en el Bernabéu las más baratas están en 80 euros. Como cuando toca Mundial, sólo podrán viajar los hinchas adinerados o los residentes en Europa. En Argentina el salario medio está en 365 euros y con la inflación en eterno desboque.

El caso es que en la próxima rueda de prensa, en la próxima junta de accionistas o en el próximo fichaje, Florentino Pérez subirá al estrado y podrá presumir de que el Santiago Bernabéu es ( y será) el único estadio del mundo que ha albergado, más allá de finales coperas y partidos de Liga ante el FC Barcelona, la final de la Copa de Europa (1957, 1969, 1980, 2010), la final de la Copa Intercontinental (1960), la final de la Eurocopa de naciones (1964), la final del Mundial (1982) y desde ahora la final de la Copa Libertadores (2018). Y den por hecho que si algún día la final de la Copa de Asia, de África o de lo que sea, se tiene que desplazar de sede, el lugar elegido será el Santiago Bernabéu.

Guste o no guste, el Madrid lo ha vuelto a hacer.

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