Real Madrid

Cuando el Madrid se enfrentó al Madrid

Era el 4 de junio de 1980. Final de la Copa del Rey. Estadio Santiago Bernabéu. García Remón; Sabido, Goyo Benito, Pirri, Camacho; Del Bosque, Ángel, Stielike; Juanito, Santillana y Cunningham. En la otra mitad del campo formaban Agustín; Juanito Felipe, Castañeda, Kike Herrero, Casimiro; Ricardo Álvarez, Gallego, Bernal; Pineda, Paco Machín y Cidón. Un total de 22 futbolistas sobre el césped. El partido sería excluido de las casas de apuestas dado lo previsible del resultado.

Todos los allí presentes pertenecían al Real Madrid.

Por entonces en la Copa del Rey participaban todos los clubes de Primera y Segunda División (40 escuadras), Segunda División B (40 conjuntos) y Tercera División (160 equipos). Todos son todos. Sin filtros. Y es que por entonces los filiales podían competir en la Copa del Rey. Uno de esos filiales era el Castilla Club de Fútbol, entonces miembro de la Segunda División.

Existían una serie de clubes del fútbol modesto madrileño que ejercían como lugar de fogueo para futuras promesas blancas. El más destacado de todos ellos era la Agrupación Deportiva Plus Ultra que había sido fundada antes de la Guerra Civil por empleados de la compañía de seguros del mismo nombre. Será en 1946 cuando se fusione con otro club de la zona para firmar un acuerdo de exclusividad al año siguiente con el Real Madrid y convertirse en su filial de forma exclusiva.

El Plus Ultra juega en Chamartín y en 1960 incluso llega a coquetear con ascender a Primera. Ya antes el CD Condal había logrado tal hazaña funcionando como filial del FC Barcelona, por lo que urge cambiar la normativa para no levantar suspicacias. En la teoría estos equipos son independientes, aunque la realidad es radicalmente distinta. Así pues, una orden federativa obliga a que estos clubes pasen a ser legalmente dependientes de su club matriz. En 1972 el Plus Ultra desaparece y su lugar lo ocupa el Castilla Club de Fútbol (desde 2005 Real Madrid Castilla Club de Fútbol). También se cambia su indumentaria. Hasta entonces el Plus Ultra viste con camiseta azul y pantalón blanco. El Castilla pasará a lucir los colores del Real Madrid.

De Plus Ultra a Real Madrid B

En 1978 el Castilla asciende a Segunda División, donde se mantiene en la siguiente campaña que es la que nos ocupa. En primera ronda elimina al Extremadura de Tercera División por un global de 10-2 y en segunda ronda al AD Alcorcón, también de Tercera, por un total de 5-1. En 1/32 de final el rival es el Racing de Santander. En este caso es un equipo de Segunda, misma categoría que el Castilla. No obstante, se vuelve a lograr el pase por un 3-1 en el acumulado. La historia tendría que haber finalizado en 1/16 donde el rival era el Hércules, conjunto de Primera División. Y el tema es que en Alicante la victoria es local por 4-1. Toca vuelta en la antigua ciudad deportiva del Real Madrid en donde el Castilla logra la campanada y consigue un 4-0.

La sorpresa no tiene gran repercusión hasta que llegan los octavos de final. Athletic Club de Bilbao. Un miura. Se vence en San Mamés por 1-2 y en la vuelta se defiende con uñas y dientes el 0-0 en Madrid. Lo sorprendente se vuelve cotidiano y la noticia aparece en las primeras páginas de los periódicos. Pero hay más. En cuartos toca la Real Sociedad. Palabras mayores. Un equipazo que ese año sólo perderá un partido en Liga. Arconada, Satústregui, Zamora y compañía. Se pierde por 2-1 en Atocha y nuevamente se vuelve a levantar una eliminatoria por 2-0 en casa. En semifinales el partido es ante el Sporting de Gijón de Quini, actual subcampeón de Liga y que está ante una inmejorable oportunidad de lograr su primer título. En El Molinón ganan los asturianos por 2-0 y en la vuelta, ya con el Bernabéu engalanado (con entradas gratis para los socios) para disfrutar de los niños, el Castilla da la vuelta a la eliminatoria y vence por 4-1.

Lo nunca visto.

El filial del Real Madrid jugará la final de la Copa del Rey tras echar a Hércules, Athletic, Real Sociedad y Sporting de Gijón; estos dos últimos rivales más complicados que el FC Barcelona a la altura de 1980.

Cada ronda de Copa del Rey fue un espectáculo, mucho más que la final, en las que esos críos se cepillaron a la flor y nata del fútbol español. Y los mayores mientras sufriendo. Eliminaron al Betis en cuartos por el bigotillo de un grillo y hubo que decidir con una tanda de penaltis para clasificarse ante el Atlético de Madrid en semifinales.

¿Y si el Real Madrid pierde ante el Castilla la final?

En la final el Real Madrid se quedó con el blanco y el Castilla vistió de morado, haciendo honor a la franja del escudo originada en los tiempos de la España republicana. Todos se conocían. Era habitual que los canteranos entrenasen con el primer equipo. Ocurre que la semana antes de la final se tornó en imposible. Los veteranos comandados por Pirri, quien se despedía del Madrid tras catorce temporadas, no querían pasar a la historia por culpa de una derrota que se tornaría en humillante. El día anterior Juanito y Santillana hicieron una conjura con los compañeros y cerraron la arenga con un “sin piedad”. El día del partido, cuando los futbolistas esperaban juntos en el túnel antes de saltar al césped, Camacho, con personalidad, pero entonces aun un chaval, declinó saludar a los miembros del Castilla.

A aquellos chavales todo eso los rebasó. Tuvieron que llevarlos la semana anterior a una concentración en Navacerrada donde hubo de todo menos facilidades. Había un silencio velado en todos los estamentos del club con el objetivo de hacerles el vacío, dado que, quien más y quién menos, temblaba a la hora de pensar en la posibilidad de un triunfo del Castilla en la final de la Copa del Rey.

Con todo fue el Castilla el que llevó la iniciativa durante los primeros minutos. Un disparo de Pineda al poco de comenzar dio con el balón en el larguero. El público lamentó la mala fortuna, mientras que en el palco se respiraba de alivio. A los veinte minutos Juanito adelantaba a los mayores. Y a partir de ahí no hubo mucho más que contar. 6-1 fue el resultado final. La segunda parte fue una fiesta merengue, aunque dio la sensación de que para los que estaban en el campo en ningún momento eso fue del todo divertido. Tras el 4-0 de Del Bosque en el minuto 70 se envainaron espadas y dejó de correrse, hasta que el Castilla anotó el de la honra poco después. Fue Juanito el que amonestó a sus compañeros por bajar los brazos y exigió volver a subir revoluciones para poner las cosas nuevamente en su sitio.

Veteranos y noveles. Final 1980

El subcampeón de Copa tuvo un premio extra. Dado que el Real Madrid jugaría la siguiente temporada la Copa de Europa como vigente triunfador liguero, el Castilla fue inscrito en la Recopa, la entonces competición auspiciada por la UEFA para los vigentes vencedores en la copa de su respectivo país. En este caso no existió epopeya castellana. En primera ronda tocó el West Ham inglés. Se venció en el Bernabéu por 3-1, pero se caería dignamente en White Hart Lane por 5-1 tras la disputa de una prórroga. Fue la primera y última vez que un club filial disputaba una competición europea.

También fue la última vez que un filial jugó una final de Copa del Rey. La RFEF modificó su reglamento para vetar la presencia de equipos filiales siempre que sus matrices disputen dicho torneo. Nunca podrán compartir categoría ni torneo clubes que de facto son padre e hijo.

En 1984 el Castilla se proclamó campeón de Segunda División, suceso nunca antes ni después logrado por un filial. Evidentemente se le prohibió el ascenso a Primera. Lo curioso del caso es que se suele entender este éxito como una continuación del equipo finalista de 1980 y nada más lejos de la realidad. En el Castilla victorioso de 1984 figuraban Butragueño, Michel, Pardeza, Martín Vázquez o Sanchís, futbolistas todos de reconocido prestigio y algunos de ellos historia viva del Real Madrid. De los finalistas de Copa del Rey de 1980 tan sólo Ricardo Gallego tuvo una fructífera y reconocida carrera en el primer equipo del Real Madrid.

Curioso.

Agustín (1): Tras la final ascendió al primer equipo donde militó diez temporadas alternando titularidades con suplencias. Fue Trofeo Zamora en 1982, pero la llegada de Paco Buyo fue eclipsando su carrera. Se retiró en 1994 en las filas del UD Tenerife. Formó parte de la plantilla victoriosa en cinco Ligas consecutivas y dos Copas de la UEFA.

Juanito Felipe (2): Lateral derecho. Aunque llegó a debutar en el primer equipo, hubo de marcharse al Real Oviedo en busca de minutos. Se retiró en el Rayo Vallecano con apenas 29 años.

Casimiro (3): Este lateral izquierdo sigue siendo el futbolista que más partidos ha jugado en la historia del Castilla. Se retiró con 32 años tras unas no demasiado fructíferas experiencias en el Elche CF, el Celta o la UD Logroñés.

Castañeda (4). Capitán. Tras la final decidió aceptar una oferta del Osasuna en donde se convirtió en una institución. Fueron once temporadas en Pamplona logrando una histórica participación para disputar la Copa de la UEFA en 1986. A día de hoy es el segundo futbolista rojillo con más partidos en Primera División (349).

Kike Herrero (5). El otro central del equipo debutó en Primera defendiendo los colores de la UD Salamanca, categoría que también defendió brevemente con el Real Murcia. Tras alternar con varios equipos continuó ligado al fútbol como directivo en la UD Mirandés, donde previamente había colgado las botas.

Ricardo Gallego (6). El metrónomo del Castilla fue el único de la plantilla que hizo una larga y fructífera carrera en el primer equipo. Al verano siguiente ya formaba parte del Real Madrid donde sería titular hasta su marcha en 1989, primero como mediocentro y más tarde reciclado como defensa central. Fueron cuatro títulos de Liga y dos Copas de la UEFA. También fue 42 veces internacional disputando el Mundial de 1982 y el de 1986. Jugó también en el Udinese y se retiró en el Rayo Vallecano. Actualmente es colaborador en Real Madrid Televisión y es socio de la empresa que gestiona los palcos VIP del Bernabéu.

Ricardo Álvarez (7). El autor del tanto del Castilla en la final llegó a disputar 29 partidos en Primera defendiendo los colores del Hércules y del Racing de Santander. A partir de ahí la decadencia fue total hasta acabar sus días como futbolista en el Real Ávila.

Pineda (8). Paco Pineda fue junto a Gallego y Agustín uno de los tres integrantes del Castilla que subieron al Real Madrid ese mismo verano. Fueron cinco temporadas como hombre de ataque de las segundas partes, un revulsivo que no llegó a consolidarse. De ahí se marchó al Real Zaragoza para luego retirarse en la UD Málaga con 30 años. Actualmente coordina varias escuelas de fútbol base en la Costa del Sol. En una de ellas surgió el luego futuro campeón de Europa del Real Madrid Isco Alarcón.

Paco Machín (9): Tras Roberto Soldado, es el segundo máximo goleador de la historia del Castilla. Sin embargo, este delantero balear no tuvo suerte en su salto al profesionalismo. Su mejor temporada fue en el Elche en 1986. Fueron 17 goles en Segunda. A los 30 años colgó las botas en Segunda B.

Miguel Bernal (10). El segundo futbolista con más partidos en la historia del Castilla era un mediapunta que jugó cinco temporadas en Primera divididas entre el Racing de Santander y el RCD Mallorca. Se retiró al pasar la treintena en la UD Salamanca.

Cidón (11). Delantero escurridizo, de apenas 1’65 de altura, Valentín Cidón es otro de esos futbolistas que fue fichado por el Racing de Santander procedente del Castilla. Llegó a meter ocho goles en su primera temporada, pero a partir de entonces su carrera fue cuesta abajo. Jugaría en el Atlético Marbella o en el Linares CF de Segunda B.

Sánchez Lorenzo (14). Entró en el descanso de la final. Centrocampista que alternó Primera y Segunda División con el Elche CF y la UD Logroñés.

Balín (15). Disputó los últimos quince minutos de la final. Jugó 20 partidos en Primera entre Osasuna y UD Salamanca hasta que dejó el fútbol con apenas 28 años.

Otras historias del Madrid ochentero

El cromo de Bustingorri (cuando Bustingorri fichó por el Real Madrid, ¿o no?)

La final de los García (aquella final de Copa de Europa perdida en 1981)

El miedo escénico (90 minuti en el Bernabéu son molto longos)

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Benito Floro

Por entonces el hombre de moda era Silvio Berlusconi. Il Cavaliere representaba todo lo que la opulencia del capitalismo podía ofrecer. La historia de un hombre hecho a sí mismo que había triunfado a base de kilos de trabajo, una cucharada de fortuna y una pizca de corrupción. Dinero y mujeres a espuerta, todo lo que se le podía pedir a la vida a finales de la década de 1980. El momento dorado del vale todo. Berlusconi añadió una muesca más a todo ello. Se compró el AC Milan al mismo tiempo que invertía en un canal de televisión. Era el amo. Luego se meterá en política. Y siempre triunfará. Siempre. En España estuvo Jesús Gil. En Francia Bernard Tapie. Ninguno de ellos le llegó ni a la punta de la punta del dedo meñique del pie izquierdo a Don Silvio.

El caso es que Berlusconi aterriza en Milán (no es una metáfora dado que descendió en helicóptero en el circulo central del tapete verde de San Siro) en 1986. Ocurre que los rossoneri llevan casi una década sin lograr un título. Por el camino habían tenido que pasar por la vergüenza de descender a la Serie B. La tarea que Berlusconi tiene es hercúlea y en su primera campaña como dirigente el AC Milan cae en una primera ronda de la copa italiana frente al Parma FC, por aquel entonces un modestísimo club de la tercera categoría italiana. Entrena a aquel equipo un joven técnico llamado Arrigo Sacchi, quien propone un achique de espacios al formar con una línea adelantada de cuatro defensores que buscan permanentemente el fuera de juego y con dos puntas que siempre apoyan al centro del campo acortando el campo de una forma nunca antes vista.

La temporada siguiente el AC Milan gana la Serie A y después suma dos Copas de Europa consecutivas. Es el equipo de moda. El Milán de los holandeses. El Milán de Sacchi.

Todo el mundo entonces pretende reconstruir el modelo que ha llevado al AC Milan a dominar el fútbol europeo. El Real Madrid es uno de esos equipos. Los blancos viven una época de éxitos. Ganan cinco ligas consecutivas a lomos de la Quinta del Buitre y lo hacen con un fútbol precioso y ofensivo que cautiva al aficionado.

Pero pinchan en Europa. Año tras año. Dos veces consecutivas ante el AC Milan. Una de ellas con un 5-0 de por medio. Y se acercan irremediablemente a las tres décadas sin conseguir una Copa de Europa. El estrés es incesante y las críticas elevan el tono.

Esos fracasos europeos le cuestan el puesto en el banquillo a Leo Beenhakker. Se contrata en su lugar a John Benjamin Toshack, quien repetirá éxito en España y fracaso más allá de los Pirineos. Se tira de remedio casero al llamar a filas a Alfredo Di Stéfano para luego contratar a Radomir Antic para ser despedido, sorprendentemente, cuando marchaba líder en Liga. Por entonces la situación había cambiado. Y había cambiado como calcetín dado la vuelta. Butragueño y compañía han iniciado lo que será un rápido y brusco declive y en Barcelona germina un equipo espectacular con sello propio que cambiará para siempre la historia del club. Es el llamado Dream Team que, dirigido por Johan Cruyff, llevará la primera Copa de Europa a la Ciudad Condal.

La Copa de Europa en color. El Madrid tiene seis. Pero las seis son en blanco y negro.

Toca hacer algo. Y toca hacerlo rápido.

AC Milan 5-0 Real Madrid 1989

Benito Floro había colgado las botas apenas rebasada la veintena. No pasa de futbolista de Tercera, al igual que Arrigo Sacchi. Comienza a entrenar a equipos de la zona levantina acumulando algún que otro ascenso en categoría regional hasta que en 1989 lo contrata el Albacete Balompié, que entonces ocupaba el tercer escalón del fútbol español conocido como Segunda División B.

Floro logrará dos ascensos consecutivos y en la temporada 1991/92 realizará una soberbia campaña con el Albacete que a punto estuvo de otorgar a los manchegos la oportunidad de jugar competición europea. Todo se torció por un mal final de temporada donde se perdieron seis de los últimos ocho encuentros. El juego de aquel equipo se asemejaba, con las limitaciones de los jugadores disponibles, con los de aquel AC Milan. No es de extrañar que saliesen aplaudidos en campos de tronío como San Mamés y de otros más modestos como Vallecas.

En aquella escuadra destacaba José Luis Zalazar, un mediocentro uruguayo con un desplazamiento de balón fabuloso y fortísimo disparo y Luis Conejo, un guardameta costarricense de los primeros que salía jugando al primer toque funcionando como un líbero. Pero lo más llamativo de aquel conjunto bautizado por la prensa como Queso Mecánico era su psicólogo. Benito Floro había decidido contratar a un profesional médico para que enseñara a aquellos chicos a gestionar la presión de ser futbolistas de élite.

Con esa carta de presentación el Real Madrid se interesa por Benito Floro. Lo hacen ya tiempo atrás cuando el técnico aun dirige al Albacete en Segunda División. Ramón Mendoza, presidente merengue, no llega a un acuerdo para firmar a Floro a mitad de temporada cuando Di Stéfano aparecerá como apagafuegos y, finalmente, se acabará apostando por Radomir Antic. Lo más curioso del caso es que Mendoza firmará al colombiano Pacho Maturana para el banquillo blanco, pero los buenos resultados de Antic harán que se cancele el contrato de Maturana y se le pague una indemnización. El caso es que Antic nunca fue santo de devoción de Mendoza (de ahí que fuese despedido siendo el Madrid líder) y en 1992 el presidente blanco podrá por fin fichar a Benito Floro. Para Mendoza esté tendrá que ser su Arrigo Sacchi.

Benito Floro

Lo primero que hace Benito Floro es recolocar a Fernando Hierro como centrocampista. Esa había sido la posición inicial del malagueño, aunque Antic lo había convertido en central. Volverá al centro del campo (allí jugará también el Mundial de 1994). Hierro no tenía agilidad para girar rápido, siempre según Floro. Ocurre que era el hombre ideal para funcionar como pistón, al estilo de Ruud Gullit, y hacer de box to box para tocar el balón y encimar al contrario al inicio de la presión. Floro se reúne con Mendoza y es claro y rotundo. No había competitividad suficiente. Había jugadores buenos individualmente, pero el grupo era inexistente. La Quinta del Buitre estaba de vuelta de todo y tanto Hugo Sánchez como Gordillo estaban en el ocaso de sus carreras. Para Floro tan sólo Lasa y Villarroya podían pegar un grito en ese vestuario, pero ambos eran jugadores con ascendencia irrisoria sobre los demás.

Venía el Madrid de perder una Liga en el último minuto en Tenerife, tras lo que vendría la conquista de la Copa de Europa azulgrana. Aquel equipo estaba tocado y hundido.

Y fue entonces cuando Benito Floro pidió contratar a un psicólogo.

Aquello no gustó.

El Real Madrid era un brontosaurio. Un gigante anclado en el pasado. Si ya era raro contar con un psicólogo, mucho más en Concha Espina. En el Real Madrid, el club de la furia, de la caballerosidad y donde todo buen jugador debe dejarse los cojones luchando, aquello era un sacrilegio. A los hinchas no les gustó y la prensa sacó el cuchillo. Tras la primera derrota ante el Barça Floro llamó a los jugadores a capilla. Les dio un papel a cada uno con un test para que marcaran respuestas con una cruz. No había que firmar ni escribir nada. Había varias cuestiones sobre distintos aspectos, pero en lo que a la presencia del psicólogo se refiere, salvo dos o tres futbolistas todos los demás estuvieron de acuerdo. De puertas para afuera se decía eso, otra cosa era lo qué sucedía dentro.

Y no sólo eso. Los entrenamientos entonces eran a puerta abierta y se permitía de tanto en tanto la presencia de los aficionados. La prensa tiene acceso, aunque parcial, a las sesiones. Floro ensaya jugadas de estrategia tras saque de banda. No se entiende. Esta veinte o treinta años adelantado a su tiempo. Fuera de toda onda. No pintaba nada bien.

Y es que hubo derrotas. Y unas cuantas. Y cabreos con la directiva. Floro pidió mantener a Gica Hagi. Hubo que venderlo por cuestiones económicas. Pidió a Klinsmann y le ficharon a Zamorano. Y solicitó a un central que jugase bien el balón desde atrás como Roberto Solozábal y en su lugar vino un centrocampista técnicamente buenísimo, pero de vida disoluta como Rafael Martín Vázquez.

Benito Floro tuvo un problema a mayores. El mundo del deporte vivía entonces una guerra mediática entre José Ramón de la Morena y José María García. Sí estabas con uno estabas contra el otro. Floro decidió no conceder entrevistas a ninguno como objetivo de mantenerse imparcial y lo que consiguió fue que desde las ondas le lloviesen palos a un lado y otro de las ondas hertzianas.

Con todo, el apodado Benito el Breve resucitó tras una derrota en Sevilla en la decimoquinta jornada. A partir de ahí el Madrid no vuelve a perder en Liga hasta que en la última jornada toca visitar Tenerife por segundo año consecutivo. Se vuelve a caer y el título viaja in extremis a Barcelona como había ocurrido la temporada anterior.

Si ya antes pocos creían en el psicólogo, ahora ya no hay quien defienda a Benito Floro…

El milagro ocurre al vencer una semana después al Real Zaragoza en la final de Copa del Rey. Floro consigue una bombona de oxígeno y podrá comenzar la siguiente campaña.

Temporada 1993/94.

Solicita a David Ginola, Cafú y a Roberto Carlos. Le traen a Petr Dubovsky y a un brasileño desconocido llamado Vitor.

No hay un duro. Luego se sabrá que entre finales de 1990 e inicios de 1992 la plantilla del Madrid estaría sin cobrar. La situación económica es tan mala que no hay presupuesto para cambiar el césped del Bernabéu. Habrá un 0-0 ante Osasuna a mediados de diciembre que se jugará en un patatal. Toca tirar del siempre lesionado Robert Prosinecki y de la vieja guardia.

Una vieja guardia que no hace mucho caso a lo que dice ese advenedizo que nunca llegó a ser futbolista profesional.

Los comienzos son malos y se agravan con una eliminatoria copera ante…el Tenerife. El Real Madrid queda eliminado y en el descanso del partido de ida Floro tiró de testiculina para alentar a sus jugadores. Dio un portazo…y nadie lo siguió.

La situación se había quebrado.

Ramón Mendoza

Por aquel entonces Canal Plus había cambiado para siempre la forma de entender el fútbol. Las retransmisiones dejaron de ser planas para ser filmadas desde ángulos diversos y se apostó por meter los micrófonos dentro de los vestuarios o incluso en las solapas de los árbitros. Ocurría que el periodista era visto como amigo y clubes y jugadores vieron una buena forma de hacer negocio antes de que las marcas se expandieran globalmente y las redes sociales minimizasen la labor del periodista como transmisor entre deportista e hincha.

Existía un programa semanal deportivo conocido como El Día Después. Era revolucionario. Si hasta entonces los programas de deportes se centraban en presentar los goles y los resúmenes de los partidos de la jornada, El Día Después hace mucho más que eso. Pone el foco en las gradas, da voz a los aficionados y se preocupa por asuntos que van mucho más allá de los goles o de las polémicas arbitrales. Importa lo que tal jugador dijo o si a fulanito le apretaban las botas o si a menganito le agarraban en cada saque de esquina.

El Madrid cae ante el Paris Saint Germain en casa en encuentro de Recopa de Europa y el fin de semana siguiente visita al recién ascendido y modestísimo UE Lleida con el que caerá por 2-1.

En el descanso, con el Madrid perdiendo, un micrófono de El Día Después, el programa de Canal Plus, recoge unas palabras que pasarán a la pequeña historia del fútbol español.

“¿Dónde están esos cojones y la calidad y las ganas de jugar? ¡He dicho, maricón el que la pierda! Poniéndolos, poniéndolos, y nada más. Y lo demás son tonterías. Un día uno, un día otro, un día el equipo, pero estoy viendo… ¡Qué lamentable! ¿Dónde está el equipo? A tomar por culo el balón y las cagaditas, el pelele y lo otro y lo otro y quiero hacer mucho, total… ¡Joder, que sois el Real Madrid, hijos! Un montón de almas, un montón de cariño, un montón de déficit en el club”.

Aquello fue un shock. Mendoza llamó a sus despacho a Floro. Le dijo que no podía hablarles así a futbolistas internacionales. García y De la Morena lo masacraron. El profesor, el hombre que entrena con un psicólogo, no es más que pura fachada. El individuo que mira a los demás por encima del hombro es más soez que el que despotrica de su equipo con seis cervezas en el gaznate sentado en un taburete de un tugurio de mala muerte.

El martes hubo reunión de la Junta Directiva blanca. Todos eran conscientes de las carencias del equipo, de que no había el dinero necesario para contratar a dos o tres buenos jugadores y que, a pesar de todo, faltando diez jornadas para el final estaban a dos puntos de un Barça que aún tenía que visitar el Bernabéu. En un cara a cara con Floro la Junta Directiva votó mantener a Benito Floro en el cargo.

Pero Mendoza fue tajante.

El despido era consecuencia de aquella frase. Benito Floro estaba en la calle.

A Floro lo sustituyó en el cargo Vicente del Bosque, en la que fue la primera experiencia del luego campeón del mundo como técnico blanco. No fue buena. Únicamente ganó cinco de los once encuentros que dirigió. Al año siguiente Jorge Valdano le daría al Madrid un título liguero un lustro más tarde del anterior tras hacer debutar a Raúl, colocar para siempre a Fernando Hierro como central y abrirles la puerta de salida a sus antiguos compañeros Michel y Butragueño.

Benito Floro retornó a Albacete donde no pudo reverdecer laureles. Se convirtió en un trotamundos al entrenar en México, Ecuador, Marruecos, Costa Rica y Canadá y tuvo un último conato de éxito en el Villarreal CF de Juan Román Riquelme.

Benito Floro nunca fue Arrigo Sacchi.

Hoy todos los equipos de fútbol profesional cuentan con al menos un psicólogo en nómina.

Y muchos entrenan los saques de banda.

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¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions?

La Copa de Europa. La Liga de Campeones. La Champions. Cumple este año su septuagésima edición. La 70º edición. Número redondo. Lo hace con un cambio de formato, uno entre los muchos que ha sufrido. Aumenta el número de participantes a 36 y lo hace en un sistema de liga en el que por sorteo se jugarán ocho encuentros, cuatro en casa y cuatro a domicilio, prescindiendo del sistema de todos contra todos. Luego se avanzará a las clásicas rondas eliminatorias, la esencia de la Copa de Europa, con la novedad de que habrá una ronda a mayores (dieciseisavos). De este modo, de los 13 partidos necesarios para ser campeón en la campaña 2023/24 ahora podrían necesitarse 17 para coronarse como vencedor en la temporada 2024/25.

Fuesen 13 o fuesen 17 son muchos más que los 7 partidos que en los albores de la Copa de Europa eran los precisos para alzarse con la orejona (que entonces era un ánfora que no tenía orejas). Es por ello que resulta terriblemente dificultoso responder a la pregunta que nos planteamos en este artículo; ¿Cuál ha sido el mejor equipo en la historia de la Champions? La respuesta parece obvia. Es blanca y viene de España. El Real Madrid tiene 15 entorchados, el doble que el siguiente en la lista. Pero no es esa la respuesta que buscamos. Intentamos averiguar que campeón ha sido el rey de reyes durante un curso. Quién ha ganado la Copa de Europa por aplastamiento. Qué escuadra ganó la Copa de Europa con mayor nivel de suficiencia. Qué equipo tuvo un año mágico. Cuál fue el mejor equipo en la mejor temporada. ¿Fue mejor el Madrid del 59, el del 98 o el del 2017? ¿Fue mejor el AC Milan del 89 o el de 2007? ¿Y si el mejor de todos hubiese sido el PSV de 1988?

Decía que es labor harto complicada. Frente a los 7 partidos de antaño a los 17 de la actualidad. También es cierto que entonces sólo siendo campeón nacional tenías acceso a la Copa de Europa. Desde mediados de los 90 una temporada mediocre saldada con un cuarto puesto casero puede acabar coronándote como campeón europeo. En todo caso soy consciente que es un ejercicio donde la subjetividad es un componente intrínseco a lo escrito.

Para intentar separar el grano de la paja he tenido que ir derribando barreras. En primer lugar, quise considerar únicamente a aquellos campeones que lo fuesen siendo invictos. Surgió entonces un problema. El Manchester United resultó campeón en 1999 sin perder un solo encuentro. Correcto. Pero el balance fue más bien pobre. Fueron 6-7-0 (seis victorias y siete empates). No llegó a ganar ni el 50% de los partidos y pasó eliminatorias a base de empates en los que influyeron el valor doble de los goles fuera de casa.

Decidí entonces que lo que primaría en esta clasificación era el % de victorias en una temporada. SI tú te clasificas tras unos cuartos de final y unas semifinales ganando tres partidos de cuatro posibles eres más campeón que si ganas los cuartos y las semifinales con una victoria y tres empates por muy invicto que seas. Aún con todo ello encontré un total de 26 campeones con un porcentaje de victorias superior al 55%. Eran muchísimos. Tocaba darle otra vuelta de tuerca al sistema.

Tuve que mirar entonces otras consideraciones. Decidí descartar a aquellos equipos que a partir de cuartos de final hubieron de necesitar o bien penaltis o bien un partido de desempate para pasar de ronda. Descarté igualmente a aquellos conjuntos que necesitaron del valor doble de los goles en campo contrario para clasificarse. Aún así me quedaban 20 conjuntos en el tintero. Seguían siendo demasiados. Decidí entonces apretar más el asunto. Serían descartados todos aquellos que entre cuartos, semifinales y final no fuesen capaces de ganar 4 de los 5 partidos en liza. Los reyes entre reyes. De los 5 partidos decisivos al menos salir triunfador en 4 de ellos. El 80%. Cuando se ve a los verdaderos campeones.

Quedaron entonces 14 campeones. Me pareció suficiente.

Con semejante criba muchos excelentes campeones quedaron fuera de la clasificación. Quizás improcedentemente y alguno de ellos de forma terriblemente injusta. El más doloroso sea el United campeón invicto de 2008 (9 ganados, 4 empatados y 0 perdidos) que se queda fuera de la lista dado que la final la ganó por penaltis. También es justo nombrar a otros descartados como el Real Madrid de 1958, 2002 y 2014 (5-1-1, 12-3-2 y 8-4-0 respectivamente), el AC Milan de 1989 y 1994 (5-4-0 y 7-5-0), el Celtic de 1967 (7-1-1), el Nottingham Forest de 1979 (6-3-0), el Liverpool FC de 1984 (7-2-0), el Ajax de 1995 (7-4-0), el FC Barcelona de 2006 (9-4-0) y el Manchester City de 2023 (9-4-0).

La Champions

Última consideración antes de entrar en materia. En caso de igualdad en el porcentaje de victorias primarán los equipos invictos. En segundo lugar, primaran los empates. Y en caso de igualdad entre victorias y empates desempatarán la diferencia de goles.

Creo que se entiende. Y el que no lo entienda que lo vuelva a leer desde el principio.

Como veremos, esta clasificación de 14 equipos legendarios no coronará al Real Madrid en el primer puesto, aunque lo confirma como el rey de Europa al colocar a tres de sus campeones entre los 14 finalistas. Ajax y Bayern clasifican a dos conjuntos campeones y el resto de equipos sólo suman una escuadra victoriosa. Que el Madrid tenga una mayoría condicionada y no arrase como sí lo hace en el palmarés de la Copa de Europa quizás si que demuestre algo. El Madrid gana. Y gana mucho. Pero no lo hace arrasando. Mayormente lo hace a lomos de la épica.

Vamos a ello.

14 Olympique de Marsella 1993 (7-4-0) 24 GF 4 GC 63’3%: La única Copa de Europa que ha celebrado el país que creó la Copa de Europa. Todo había comenzado cuando en 1986 un acaudalado empresario que respondía al nombre de Bernard Tapie asumió la presidencia del Olympique. Fueron cuatro ligas seguidas y en la quinta un amaño y compra de un partido desmanteló al equipo y acabaría metiendo en la cárcel al empresario y presidente. Por el camino el Olympique perdió por penaltis la Copa de Europa de 1991 frente al Estrella Roja. En 1993 era la última oportunidad. Vendieron a Papin (el Mbappé de la época) al AC Milan y firmaron al veterano Rudi Völler y a un joven portero francés del Toulouse FC que respondía al nombre de Fabian Barthez. Tras pasar fácilmente un par de rondas, el Olympique se plantó en un grupo de cuatro equipos cuyo campeón jugaría la final. El Olympique masacró al CSKA (6-0), pero cedió dos empates ante el Glasgow Rangers. Un gol de Alen Boksic (anotó seis en el torneo, los mismos que Frank Sauzeé) en Brujas les dio el pase a los franceses a la final. El rival en el Olympiastadion de Münich era el AC Milan que contaba sus 10 partidos por victorias (23 goles a favor y 1 en contra) y en el que Marco Van Basten jugaría infiltrado en el que a la postre sería su último partido como profesional con apenas 28 años. En un partido áspero un gol de cabeza de Basile Boli daba el título a los franceses y dejaba sin gloria a Papin quien, tras cerca de 200 goles anotados con el Olympique, tenía que sufrir como sus antiguos compañeros celebraban un triunfo mientras él se lamentaba del subcampeonato junto a Baresi, Maldini y compañía. Once tipo: Barthez; Angloma, Desailly, Boli, Di Meco; Eydelie, Deschamps, Sauzeé, Abedi Pelé; Rudi Völler y Boksic. Entrenador: Raymond Goethals.

Olympique 93

13 Real Madrid 1957 (6-1-1) 20 GF 10 GC 75%: Tras ganar la primera edición el Real Madrid afrontaba el segundo curso de la Copa de Europa sabiendo que la final se jugaría en el Santiago Bernabéu. La norma dictaba que el campeón tendría el honor de ser anfitrión y prestar su estadio para ser sede de la final de la siguiente edición. Hubo que cambiar la norma. El dominio del Madrid era apabullante. Los blancos habían vencido con muchas dificultades al Stade de Reims en la final de 1956. ¿Cómo respondieron para afrontar la edición de 1957? Ficharon a Raymond Kopa, el mejor jugador del Stade de Reims. El Madrid sufrió para vencer al Rapid Viena en octavos, donde Bernabéu hubo de bajar al descanso del partido de vuelta (3-0) para su primera Santiaguina. Tras la bronca del presidente a los jugadores, Di Stéfano marcó un gol que valió un partido de desempate que el Madrid resolvió con solvencia. En cuartos los blancos abusaron del OGC Niza y en semifinales batieron en un épico duelo al Manchester United. En la final 125.000 madrileños disfrutaron de una clara victoria del Real Madrid ante el AC Fiorentina con goles de Gento y Di Stéfano. La Saeta fue el máximo goleador de la competición con siete tantos y Joseíto y Mateos anotaron tres dianas cada uno. Di Stéfano también fue Pichichi en la Liga, competición que también logró el Real Madrid firmando un doblete. Once tipo: Alonso; Marquitos, Atienza, Lesmes II; Zárraga, Miguel Muñoz; Rial, Kopa, Di Stéfano, Mateos y Gento. Entrenador: José Villalonga.

Kopa y Di Stéfano

12 FC Bayern 2013 (10-1-2) 31 GF 11 GC 76’9%: Triplete. Eso fue lo que logró el FC Bayern. Copa, Liga y Champions. Tras perder las finales de 2010 y 2012 pocos contaban con los muniqueses para 2013. Y sin embargo entre las tres competiciones lograron romper más de 30 récords diferentes. El FC Bayern pasó como campeón de grupo por delante del Valencia CF y tras ganar al Lille OSC (6-1). Por entonces Jupp Heynckes estaba más que cuestionado como técnico teutón y de hecho dejaría el club a final de temporada. No sabían lo que estaban haciendo. Los problemas continuaron en octavos con una agónica victoria ante el Arsenal por el valor doble de los goles en campo contrario. A partir de ahí todo fue goce. Eliminatoria plácida ante la Juventus (4-0 en total) en cuartos y choque a cara de perro ante el FC Barcelona. En la ida la velocidad de Robben y Ribery y la picardía de Thomas Müller desarmaron al Barça (4-0) en un choque en el que por vez primera se le vieron los años a Xavi. En la vuelta los germanos completaban la humillación en el Camp Nou (0-3). En la final tocaba el Dortmund de Klopp. El Borussia fue superior, pero un tanto de Robben tras un pase de tacón de Ribery le daba el triunfo al Bayern (2-1) y de paso la que entonces era su quinta Copa de Europa. Thomas Müller anotó ocho tantos y el peruano Claudio Pizarro perforó cuatro veces las redes rivales saliendo desde el banquillo. Once ideal: Neuer; Lahm, Boateng, Dante, Alaba; Javi Martínez, Kroos, Schweinsteiger; Ribery, Thomas Müller y Robben. Entrenador: Jupp Heynckes.

Bayern 13

11 FC Porto 1987 (7-1-1) 21 GF 5 GC 77’7%: Una de las ediciones más sorprendentes. Y aún más sorprendente es que el FC Porto forme parte del listado de grandes entre los grandes. En 1982 se aupó a la presidencia Pinto da Costa. Lo será hasta 2024. Se convertirá en el dirigente deportivo con más títulos de la historia. Por el camino le robará la hegemonía portuguesa al Benfica y de paso ganará dos sorprendentes trofeos de Copa de Europa. Aquel equipo se sostenía por el talento de dos mediapuntas igual de geniales que de conflictivos que tenían un ejército de trabajadores a su alrededor. El portugués Futre y el argelino Madjer no tuvieron problemas en pasar rondas (incluyendo un 9-0 al Rabat maltés) para en semifinales enfrentarse al imponente Dinamo de Kiev soviético. En Portugal hubo victoria por la mínima que hizo suficiente el empate en Kiev. En la final esperaba el Bayern que había eliminado a PSV, Anderlecht y finalmente al Real Madrid en semifinales. No se esperaba milagro alguno en la final de Viena. Kogl adelantó a los muniqueses mediada la primera parte y a partir de ahí los alemanes plantaron el autobús. A quince minutos del final un balón suelto de Juary en el área pequeña es acompañado a la red por Madjer en un sublime toque de tacón. Aun hoy sigue siendo uno de los mejores goles vistos en Copa de Europa. Tres minutos después era Madjer el que enviaba un centro que Juary (habitual suplente) convertía en gol y daba el triunfo (2-1) y su primera Copa de Europa al FC Porto. Fernando Gomes, quien fue dos veces Bota de Oro, anotó cinco tantos en esa temporada europea. Once ideal: Mlynarczyk; Joao Pinto, Celso, Eduardo Luis, Inacio; Magalhaes, Antonio André, Antonio Sousa, Futre; Madjer y Fernando Gomes. Entrenador Artur Jorge.

El taconazo

10 SL Benfica 1961 (7-1-1) 26 GF 9 GC 77’7%: Todo el mundo asocia el gran Benfica a Eusebio. La perla mozambiqueña jugó cuatro finales de Copa de Europa de las que sólo ganó la de 1962. Pero un año antes el Benfica ya había sido campeón antes de que Eusebio recalase en el equipo lisboeta. Y es que el Benfica ya era un equipazo que sumaría ese año el doblete Liga-Copa de Europa. Germano o José Augusto eran figuras de talla mundial, pero era el mediocentro Mario Coluna (O monstro sagrado) el que se llevaba todos los elogios. El Benfica tuvo un plácido camino hacia la final con claras victorias en octavos ante el Ujpest (6-2), en cuartos ante el Aarhus (1-4) o en semifinales frente al Rapid Viena (3-0). En la final tocaba el Barça que era el claro favorito tras echar al Hamburgo SV y, esencialmente, tras eliminar por vez primera al Real Madrid tras cinco ediciones victoriosas. El Barça vio como se le escapaba el título tras anotarse un autogol y estrellar cuatro balones contra los postes. Por esta circunstancia el partido ha pasado a conocerse como la final de los postes cuadrados, por ser ésta la forma que poseían los de las porterías del Wankdorfstadion de Berna. Los jugadores húngaros del Barça Sandor Kocsis y Zoltán Czibor ya se toparon en la final del Mundial de 1954 con los famosísimos postes que fueron prohibidos y obligados a convertirse en cilíndricos tras susodicha final. José Aguas fue el máximo goleador del torneo con ocho tantos (uno de ellos en la final), José Augusto marcó cinco goles y Joaquim Santana tres dianas. Al año siguiente el Benfica volvería a ganar la Copa de Europa, esta vez sin dejar ningún atisbo de duda tras derrotar al Real Madrid con un descomunal Eusebio. Once ideal: Costa Pereira; Cavem, Germano, Saraiva, Fernando Cruz; Coluna, Santana; Neto, José Augusto, José Aguas y Ángelo Martins. Entrenador: Bela Guttmann.

Benfica 61

9 Internazionale 1964 (7-2-0) 16 GF 5 GC 77’7%: Il Grande Inter fue planificado por el mago Helenio Herrera. Llegó en 1960 para darle tres Ligas y dos Copas de Europa en siete años al Inter. Pidió un fichaje. El gallego Luis Suárez, al que ya había dirigido en el Barça. Le dio el mando del centro del campo y armó un equipo ultradefensivo bajo el sacrosanto catecismo del catenaccio. Todos atrás, pases de 40 metros de Suárez y magia de Mazzola en el área rival. En 1964 el Inter debutaba en la Copa de Europa. No perdería un partido. Y el calendario fue del todo menos fácil. Ganó los dos duelos de octavos ante el AS Mónaco y los dos de cuartos ante el Partizan de Belgrado. En semifinales tocó jugar ante el Borussia Dortmund y se firmó un empate en Alemania para luego ganar en el Giuseppe Meazza con tantos de Mazzola y Jair. En la final el rival es el Real Madrid. Será el último partido de Di Stéfano con la casaca blanca. Mazzola confesaría que le temblaban las piernas de saber que se iba a enfrentar a La Saeta. El Madrid domina el partido, pero un gol en jugada aislada de Mazzola un minuto antes del descanso cambia las tornas. Jugando a placer al contraataque y siendo un equipo mucho más joven que el Madrid, el Inter no tiene problema en hacerse valer tras el descanso y logra el título por 3-1. Sandro Mazzola, el hijo del legendario Valentino, es el máximo goleador del torneo (siete tantos en siete partidos) y Jair firma tres dianas. Once ideal: Sarti; Burgnich, Guarneri, Picchi, Facchetti; Luis Suárez; Tagnin, Mazzola, Corso, Jair; Milani. Entrenador: Helenio Herrera.

Il Grande Inter

8 AFC Ajax 1972 (7-2-0) 15 GF 3 GC 77’7%: Aunque el hombre que puso los cimientos había sido Rinus Michels, el gran Ajax tuvo en el banquillo al rumano Stefan Kovacs. En la temporada 1971-72 los de Ámsterdam ganaron Copa, Liga y Copa de Europa perdiendo únicamente un partido en toda la temporada. Aquello era una máquina de jugar al fútbol que hizo saltar por los aires el juego posicional y convirtió la defensa con balón en el mejor ataque posible. En contra de lo que se pudiese pensar el Ajax no era una máquina de hacer goles. Simplemente amasaba el balón con tal suficiencia que le bastaba un tanto para ganar el partido, dado que el rival era incapaz de acercarse a la portería defendida por los neerlandeses. Liderados por Johan Cruyff (máximo goleador de la Copa de Europa de ese año), el Ajax venció con comodidad a Olympique de Marsella y a Arsenal antes de enfrentarse a un crepuscular Benfica en semifinales. Un gol de Swart bastó para derrotar a los portugueses quienes nunca dieron sensación de poder vencer en la eliminatoria. De igual modo el Inter no fue rival en la final (2-0) dominada por completo por el Ajax que se permitió el gustazo de proclamarse vencedor en De Kuip, el estadio del Feyenoord, su odiado rival. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Swart, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

Fútbol total

7 AC Milan 1963 (7-2-0) 33 GF 5 GC 77’7%:  José Altafini era un delantero brasileño blanco de buena familia que fue apodado como Mazzola por su gran parecido al fenomenal delantero del Grande Torino. En el Mundial de Suecia 58 el jogo bonito de un adolescente Pelé hizo que el académico Mazzola fuese relegado a la suplencia. Mazzola puso rumbo ese verano a Italia al fichar por el AC Milan y en tierras transalpinas dejó de lado ese apodo y pasó a ser conocido como Altafini. Pronto se convertirá en internacional italiano y en la actualidad sigue siendo el quinto máximo goleador de la Serie A. Altafini liderará al AC Milan al primero de sus siete títulos europeos anotando 14 goles en 9 encuentros. Dirigidos por Nereo Rocco, para muchos el padre putativo del catenaccio, los milaneses fueron un muro defensivo con picotazos letales en ataque de Altafini gracias a la sabiduría del fantasista Gianni Rivera. Los milaneses derrotaron al Ipswich Town inglés en octavos antes de pasar por encima del Galatasaray (5-0 en San Siro) en cuartos de final. Se repitió goleada en casa (5-1) ante el Dundee escocés en semifinales antes de enfrentarse al Benfica, favorito y vigente campeón. Eusebio adelantó a los lisboetas en la primera mitad, donde el Benfica tuvo el dominio del juego. Para la segunda parte el conjunto de Nereo Rocco hubo de tomar más riesgos y pronto le dio la vuelta al partido con un par de goles de Altafini. El suplente Paolo Barison anotó seis goles y Bruno Mora anotó tres tantos en esa edición. Once ideal: Ghezzi; Mario David, Benítez, Maldini, Trebbi; Trapattoni, Mora; Sani, Altafini, Rivera y Pivatelli. Entrenador: Nereo Rocco.

El Milan de Rocco

6 Borussia Dortmund 1997 (9-1-1) 23 GF 10 GC 81’8%: En 1991 Ottmar Hitzfeld asume las riendas del Dortmund y dos años después lo hará el central Matthias Sammer, futuro Balón de Oro. En apenas un lustro el Dortmund se convierte en el club dominador en Alemania. Gana dos Ligas consecutivas (1995 y 1996) y de repente pasa a estar en la élite europea. No fue un camino fácil para los teutones, quienes en la fase de grupos no pudieron superar al Atlético de Madrid lo que los llevó a una eliminatoria de cuartos con el factor campo en contra ante el AJ Auxerre, campeón francés. Sin embargo, ganaron los dos partidos de la eliminatoria antes de enfrentarse al Manchester United en semifinales. En la ida un gol del suplente René Tretscock le dio la victoria al Dortmund que en la vuelta se adelantó pronto en Old Trafford (0-1) para luego aguantar la ventaja con una defensa de cinco hombres. En la final tocaba enfrentarse con la Juventus, vigente campeón y favorito indiscutible para la final a celebrarse en Múnich. Lippi decidió dejar en el banquillo a Del Piero y, a pesar de contar con Zidane o Vieri, y jugar un partido a la defensiva y dejarle la iniciativa al Dortmund. Los alemanes vieron su oportunidad y a la media hora vencían por dos goles de diferencia obra del habitual suplente, y aquel día titular, Karl-Heinz Riedle. A pesar de que Del Piero saltó del banquillo para acortar distancias en la segunda mitad el Dortmund alzará la Copa de Europa al vencer por 3-1. Aquel verano Hitzfeld acabaría firmando por el FC Bayern y, aunque meses después el Dortmund acabó ganando la Copa Intercontinental, el equipo acabará por desconfigurarse. Once ideal: Klos; Reuter, Kohler, Sammer, Heinrich; Lambert, Andy Möller, Zorc, Ricken; Herrlich y Chapuisat. Entrenador: Ottmar Hitzfeld.

Dortmund 97

5 FC Barcelona 2015 (11-0-2) 31 GF 11 GC 84’6%: Tras un par de años de zozobra el Barça decidió recargar pilas. Firmó a Ter Stegen, Rakitic y a Luis Suárez y le dio plenos poderes en el banquillo al siempre polémico Luis Enrique. A pesar de una serie de encontronazos con Messi, el técnico asturiano supo reactivar a Leo para, ya con Iniesta y Xavi en declive, convertirse en dueño y señor del Barça formando una delantera de ensueño junto a Neymar y Luis Suárez. El Barça ganaría el segundo triplete de su historia (Copa, Liga y Copa de Europa) con la famosa delantera MSN. En la Champions el Barça hizo una fase de grupos donde vivió un bonito duelo por el liderato ante el PSG antes de enfrentarse al Manchester City en octavos de final. Era el City preGuardiola, aun en construcción, y no fue rival para los catalanes en ninguno de los dos duelos. Tampoco fue rival el PSG en cuartos que sin Verratti ni Ibrahimovic puso fin a una racha de 33 partidos sin perder en casa al caer contra el Barça (1-3) con doblete de Luis Suárez y gol de Neymar. En semifinales el duelo era harina de otro costal. El FC Bayern de Guardiola consiguió doblegar al Barça en posesión de balón. Fue ahí cuando surgió el factor Messi que cambió un partido que en el minuto 80 iba 0-0 para en una oleada final poner el 3-0 en el Camp Nou a favor del Barça, que hizo inútil el 3-2 a favor de los teutones en Múnich. En la final la Juve logró aguantar el empate hasta mediada la segunda parte, pero la sensación fue que la victoria del Barça jamás corrió peligro (3-1). La superioridad ofensiva azulgrana se reflejó en que Neymar y Leo Messi empataron como máximos goleadores del torneo con diez tantos (a lo que Messi agregó seis asistencias) y Luis Suárez anotó siete dianas. Once ideal: Ter Stegen; Dani Alves, Mascherano, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Neymar y Luis Suárez. Entrenador: Luis Enrique.

La MSN

4 Real Madrid 2014 (11-1-1) 41 GF 10 GC 84’6%: Tras perder por tercera vez consecutiva en semifinales, la última de ellas sufriendo un póker de goles del polaco Robert Lewandowski, el Real Madrid decidió prescindir de José Mourinho. Los blancos llamaron a filas a Carlo Ancelotti que hizo suyo el rígido trabajo de grupo llevado a cabo por el entrenador portugués, pero a la vez supo soltar las riendas de los caballos para que éstos diesen lo máximo posible. El resultado fue una temporada histórica que le dio al Real Madrid la 10ª Copa de Europa tras doce años de sequía. Tras pasar sin ningún tipo de problema la fase de grupos en octavos el Real Madrid pasó por encima del Schalke 04 al vencer en Alemania por 1-6. En cuartos tocaba el Dortmund en una revancha de la temporada anterior y la sombra de la eliminación volvió a planear sobre el ambiente. Tras vencer por 3-0 en el Bernabéu al minuto 37 del partido de vuelta los germanos ya vencían por 2-0. Di María falló un penalti que hubiese resultado decisivo, pero el Madrid aguantó la tormenta y se clasificó nuevamente para semifinales. Allí tocaba el FC Bayern, el ogro blanco, pero la tunda en Alemania a favor del Madrid (0-4) fue histórica. La final prepararía un dolor de muelas a los merengues. Real Madrid vs Atlético. Un gol de Godín adelantó a los de Simeone que se atrincheraron atrás en busca del título hasta que en el minuto 94 un cabezazo milagroso de Sergio Ramos llevaba el partido a la prórroga. Allí el Atlético, desmoralizado, no fue rival y el Real Madrid se llevó el título por un claro 4-1. Cristiano Ronaldo anotó el último gol en la final para un total de 17, lo que supone un récord de la competición. Gareth Bale anotó seis tantos y Karim Benzema sumó cinco dianas y cinco asistencias de gol. Once ideal: Casillas; Carvajal, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo; Modric, Xabi Alonso; Di María, Cristiano Ronaldo, Bale; Benzema. Entrenador: Carlo Ancelotti.

El gol de Ramos

3 AFC Ajax 1973 (6-0-1) 15 GF 4 GC 85’7%: En la última temporada de Johan Cruyff en la capital neerlandesa el Ajax lograba su tercera Copa de Europa consecutiva algo que sólo conseguiría el Bayern de Beckenbauer y el Madrid de Di Stéfano en una etapa y de Cristiano Ronaldo en tiempos recientes. Esta vez no hubo triplete (no se ganó la Copa) pero la suficiencia de la victoria europea fue aún más rotunda si cabe. Sólo el veterano Swart dejó lugar en la delantera al adolescente Johnny Rep en un equipo que tenía perfeccionados unos automatismos que lo hacían inabordable para cualquier rival. El Ajax pasó por encima del CSKA de Sofia antes de dejar sentenciada la eliminatoria de cuartos ante el Bayern tras machacarlos en el partido de ida (4-0). Aquel día el Ajax pudo haber metido siete u ocho goles y con igual claridad venció al Real Madrid en semifinales (2-1 en casa y 0-1 en el Bernabéu) en otro ejercicio de superioridad que fue mucho más evidente de lo que mostró el marcador. En la final ante la Juventus el Ajax anotó el único gol del partido a los cinco minutos del choque y luego los neerlandeses se dedicaron a ponerle cloroformo al balón. Ningún jugador del Ajax quedó entre los diez máximos goleadores del torneo en una muestra más del poder del juego colectivo holandés. Once ideal: Stuy; Suurbier, Blankenburg, Hulshoff, Krol; Haan, Neeskens, Mühren; Rep, Keizer y Cruyff. Entrenador: Stefan Kovacs.

El ’14’

2 Real Madrid 1960 (6-0-1) 31 GF 10 GC 85’7%: Aquel año el Real Madrid claudicó con claridad en la Liga ante el Barça y perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético. Aquel año un joven extremo llamado Chus Herrera venía a rejuvenecer a una plantilla entrada en años. A mitad de temporada desapareció de las alineaciones. No volvería a jugar y fallecería con apenas 24 primaveras víctima de un cáncer. La plantilla del Madrid acusó el golpe. Pero se repuso. Futbolísticamente el sitio de Herrera fue ocupado por un soriano criado en el Betis llamado Luis del Sol y, anímicamente, el equipo se conjuró para brillar en su competición fetiche. ¡Y de qué manera! Tras arrollar en una eliminatoria anecdótica al campeón de Luxemburgo (12-2 en el total) el Real Madrid despachó al OGC Niza tras un claro 4-0 en el Bernabéu. En semifinales tocaba un duelo fratricida ante el FC Barcelona. El Madrid tiene cuatro Copas de Europa, pero el favorito es el Barça de Helenio Herrera. Es tal la zozobra blanca que antes de las semifinales Santiago Bernabéu echa a Fleitas Solich y coloca como entrenador a Miguel Muñoz, un año atrás jugador de la primera plantilla. El Madrid dominó de inicio y se puso 2-0 por delante, sin embargo, pronto el Barça acortó distancias y se hizo con el control del juego. Los hados hicieron entonces su aparición en forma de lesiones musculares en el bando catalán y Di Stéfano puso el 3-1 definitivo. Todas las dudas de la ida se resolvieron en la vuelta donde el Madrid dio un baño de juego que sería reconocido por Herrera (lo que valdría su posterior despido del banquillo azulgrana) y se llevó el triunfo por 1-3. La final de Glasgow ante el Eintracht de Frankfurt (7-3) sería un recital de juego ofensivo que inmediatamente fue catalogado como obra maestra blanca y partido del siglo por la prensa europea. La Santísima Trinidad blanca (Puskás, Di Stéfano y Gento) dejó para el recuerdo una colección de controles y pases inverosímiles coronados por los tres tantos de Di Stéfano y los cuatro (récord inigualable de una final) del húngaro Ferenc Puskás, quien sería máximo goleador del torneo con 12 tantos en siete partidos. Once ideal: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Zárraga, Vidal; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.

La Quinta Copa de Europa

1 FC Bayern 2020 (11-0-0) 43 GF 8 GC 100%: De las seis Copas de Europa ganadas por el FC Bayern ninguna se ha logrado con la autoridad de la última de ellas. Fue tal el dominio bávaro que los 11 partidos de la competición se saldaron con 11 triunfos, algo nunca antes visto. La pena para el Bayern es que fue el torneo de la pandemia, aquel que hubo que jugar en un formato eliminatorio en Lisboa sin presencia de aficionados por culpa del Covid-19. Aquello ha restado brillo a una victoria que fue, y así debe ser tenida en cuenta, histórica. Ya sin Ribery y Robben se presumía una temporada de transición para el Bayern. En ese aspecto el Covid parecía darle una ventaja a los bávaros que podían pensar en tirar la toalla y dejarlo todo para la temporada siguiente. Sin embargo, el inicio fue tan malo que hubo que darle una vuelta de tuerca al asunto. Se contrató a mitad de temporada a Hansi Flick, un ex jugador de perfil bajo y que nunca había entrenado en la Bundesliga. De repente todo encajó. Presión alta, trabajo colectivo, defensa compacta y transiciones rápidas. Gegenpressen, fue llamada esa filosofía también practicada por Klopp y que contradecía a las largas posesiones del tiki-taka. En la primera ronda ya se había logrado la perfección y se firmaron resultados escandalosos como un 2-7 ante el Tottenham, con cuatro goles de Serge Gnabry, o un 0-6 en Belgrado frente al Estrella Roja con póker de goles de Robert Lewandowski. La fiesta siguió en octavos donde la máquina alemana firmó un 0-3 en Stamford Bridge ante el Chelsea para luego rematar en Múnich con un apabullante 4-1. Entonces el mundo se sumió en la oscuridad y hubo que esperar hasta agosto para decidir quién sería campeón europeo. Tocó un torneo de eliminatoria directa desde cuartos de final con sede restringida al público en Lisboa. En cuartos el Bayern trituró al Barça por un ignominioso 8-2. Fue la primera vez que el Barça recibía más de cinco goles en Copa de Europa y su peor derrota en 70 años superando un 8-1 ante el Sevilla FC en Copa. El Bayern, por su parte, firmó la mayor goleada en Copa de Europa de las últimas tres décadas. En el minuto 57 el resultado aún era de 4-2, pero un arreón final del Bayern sepultó al Barça, incluyendo un doblete de Coutinho, jugador que el año anterior había fracasado en la Ciudad Condal. En semifinales siguió la exhibición germana al ganar al Olympique de Lyon (3-0) antes de derrotar, esta vez sí, en un partido duro y disputado, al Paris Saint-Germain con un solitario gol de Kingsley Coman, un ex canterano parisino. Robert Lewandowski fue el máximo goleador del torneo con 15 tantos en tan sólo 9 partidos, pero se quedó sin un Balón de Oro que era suyo por la negativa de France Football de otorgar el trofeo en año de pandemia. Once ideal: Neuer; Pavard, Boateng, Alaba, Davies; Kimmich, Thiago Alcántara; Gnabry, Thomas Müller, Coman; Lewandowski. Entrenador: Hans-Dieter Flick.

Campeones del Covid

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Cuando se cayó la portería del Bernabéu

Al Madrid sólo puedes darle por muerto cuando yace con el corazón atravesado por una estaca y cierras el ataúd con cien clavos de plata. Y ni así puedes darle por muerto. Eso es lo que todos pensamos. Pero no fue siempre así. Ahora semeja una nebulosa en el recuerdo, empero es notorio recordar que el Real Madrid estuvo treinta y dos largos años sin ganar la Copa de Europa. 32 años. Se dice pronto, mas es cansino en el pasar. Lo de la mística, el aura mágica, las remontadas y lo de que el Madrid siempre gana juegue bien o juegue mal no tiene tanto recorrido. Tras ganar la sexta en 1966 el Madrid se dio de bruces año tras año cuando disputaba la Copa de Europa. En esas tres décadas yermas el todopoderoso Real Madrid acumuló tan sólo siete decepcionantes semifinales y un doloroso subcampeonato. Cuando en el año 2000 la FIFA otorgó a los de Chamartín el título honorífico de mejor club del siglo XX mucho tuvo que ver la consecución de la Copa de Europa, la famosísima séptima, en 1998. Sin ese ansiado trofeo lo más probable es que no hubiese habido reconocimiento. Y sin ese título jamás se hubiese abierto la espita a la explosión obscena de trofeos que ha ganado el Real Madrid en los que llevamos de siglo XXI.

Así pues, cuando el Real Madrid avance a semifinales de la Copa de Europa de 1998 es de todo menos favorito. La camiseta blanca es venerada con respeto por su historia, pero ni infunde terror ni da superpoderes. Tras eliminar al Bayer Leverkusen, el Real Madrid tendrá que enfrentarse en semifinales al Borussia Dortmund. No es moco de pavo. Los germanos son los actuales campeones europeos y, en caso de lograr pasar, en la final tocará la Juventus de Turín, por entonces, y con diferencia, el mejor equipo del momento. Para añadir más dificultad al asunto, el factor campo estará en contra del Real Madrid ya que el partido de ida se jugará en el estadio Santiago Bernabéu.

Aquel 1 de abril de 1998 el Bernabéu vestía sus mejores galas para recibir al Dortmund. Lleno a reventar. Detrás de una portería, aquella a la izquierda en el tiro de cámara televisivo, los Ultra Sur. ¿Quiénes son los Ultra Sur? Se trata de unos fanáticos madridistas, con claras connotaciones fascistas, que progresaron con el beneplácito de la presidencia durante las dos últimas décadas del siglo pasado. Hoy la inmensa mayoría de estos grupos, comunes a todos los clubes, han ido perdiendo su beligerancia dado que se les han ido quitando diferentes prebendas como el pago de viajes o de entradas a la posibilidad de guardar sus enseres en los bajos del estadio. Entonces, en la primavera de 1998, los Ultra Sur eran una poderosa fuerza dentro de la familia madridista.

El caso es que mientras los últimos rezagados iban entrando al campo, los Ultra Sur ya llevaban cerca de una hora saltando y cantando detrás de una de las porterías del Bernabéu. Faltaban dos minutos para el inicio del choque, con los dos equipos formando en el círculo central preparados para escuchar el imponente himno de la Champions League, cuando la portería se vino abajo. Ambos postes cedieron por el peso y el zarandeo de un numeroso grupo de ultras que estaban subidos a la valla metálica que separaba el fondo del campo de las gradas. Por una extraña razón nunca explicada la valla soportaba el tensor de la red de portería.

Sí, han leído bien. Una de las porterías del Santiago Bernabéu se desplomó. No es ciencia ficción. Y sin dos porterías no hay partido.

Los veintidós jugadores y el trio arbitral formaban en fila en el círculo central cuando un ruido estruendoso hizo retumbar al Bernabéu. Lo primero que se vino a la cabeza fue un atentado terrorista, pero inmediatamente un giro de cabeza y unos ojos abiertos de incredulidad observan como una portería se había derrumbado ¡Menuda locura! ¿Cómo puede caerse una portería? Estaba a punto de iniciarse una película de hora y cuarto de duración que a punto estuvo de tirar el prestigio ganado durante años por el Real Madrid a la papelera de la historia.

El neerlandés Mario Van der Ende, colegiado del encuentro, caminó presto hasta el área damnificada. Se acercó a uno de los postes y vio que estaba completamente partido a una distancia próxima a los diez centímetros de la base. Todo el mundo había entrado en pánico. Utillero, jardinero, delegado…todos intentaban hablar con el colegiado para explicarle que no pasaba nada y que aquello tenía arreglo. Con rollos de cinta adhesiva se podía intentar pegar las dos partes. Van der Ende negaba con la cabeza. ¡Estaba roto! ¡Cómo se iba a arreglar! Tenía que acercarse a la banda y departir con un responsable de la UEFA para ver qué decisión tomar.

Mientras todo esto sucedía los jugadores se miraban perplejos a la vez que se preguntaban si tenían que volver o no al vestuario. Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid, no paraba de hablar por el móvil, presumiblemente buscando algún tipo de solución. Fernández Trigo, gerente blanco y quien hasta la llegada de Florentino Pérez fue durante décadas el hombre para todo del club, solicita a la UEFA tiempo para pensar e indica que lo mejor es que los jugadores se vayan para la caseta. Todos, españoles y alemanes, marchan a vestuarios, entre ellos Fernando Sanz, hijo del presidente y que aquella noche debutaba en partido de Copa de Europa, y quien confesaría, a posteriori, que estaba tan nervioso que ni se llegó a enterar de que se había caído la portería ni llegó a ser consciente del motivo de tener que volver a los vestuarios.

Van der Ende se tomó el asunto con humor y decidió en un aparte charlar con el madridista Manolo Sanchís y el teutón Stefan Reuter, capitanes de ambos equipos, para quitarle hierro a lo sucedido y pedirles un poco de paciencia. En esos momentos de pánico Van der Ende era el punto de información. Jugadores, directivos, periodistas…todos se acercaban a él para saber que iba a suceder. Van der Ende sonreía y pedía mesura. En unos minutos retirarían la portería rota y pondrían una nueva en su lugar. Le habían asegurado que la operación ya estaba en marcha.

Pero no. Nada estaba en marcha.

Fernández Trigo daba por hecho que alguna portería habría en el Bernabéu. Alguna de repuesto, alguna usada para algún entrenamiento.

Agustín Herrerín, delegado del Real Madrid, miró a Fernández Trigo con rictus serio.

No. No había nada.

Hubo que informar a la UEFA. Los mandamases europeos fruncían el ceño. ¡Era imposible! Por primera vez se habla de suspender el partido.

Mientras todo esto sucede en el vestuario del Real Madrid hay algo que preocupa tanto o más que saber si el partido finalmente se va a disputar. Por lo menos le preocupa a uno de sus jugadores. Clarence Seedorf cumplía ese día 22 años y había organizado una cena con compañeros y amigos en un restaurante al acabar el partido. Cada par de minutos Seedorf se acercaba a Van der Ende y le preguntaba si había alguna novedad. No la había. Y el pobre de Seedorf no sabía qué hacer. Hubo de llamar al restaurante donde, indudablemente, estaban al tanto de todo. Al final acabará habiendo cena…aunque a las tres de la mañana.

Pero esa es otra historia.

Entretanto en el seno del Borussia Dortmund se empieza a hablar de suspender el partido. Presentan una queja formal ante la UEFA y los jugadores deciden que si en cinco minutos no se arregla el problema se marchan y no juegan. Nevio Scala, entrenador del Dortmund, habla con su presidente y le dice algo así como que sus chicos ya no están enchufados y que si finalmente se juega el partido la derrota está asegurada. El Dortmund había viajado a Madrid con las bajas por lesión de Andy Möller y Jürgen Köhler, sus dos mejores hombres. Una retirada a tiempo era una victoria. Y el reglamento de la UEFA era muy claro. Si pasados 45 minutos el partido no se pone en marcha y uno de los dos equipos decide no jugarlo será derrota para el culpable por 0-3.

En román paladino. Si a las 21.45 no hay portería y el Dortmund decide marcharse del Bernabéu el Real Madrid será sancionado y perderá el partido por 0-3.

Bodo Illgner, portero alemán del Real Madrid, fue llamado al vestuario del Dortmund para ejercer de interprete. Van der Ende, en posición neutral, escuchaba atentamente y asentía con la cabeza. La posibilidad del 0-3 se tornaba una realidad.

Fue el presidente germano, Gerhard Niebaum, quien apagó el incendio. Bajó al vestuario junto a Lorenzo Sanz y no consintió que sus jugadores abandonasen el campo. Era algo que el reglamento permitía, pero no era cortés ni honrado. Lo de la portería no era una artimaña. Lo de la portería era una desgracia incontrolable. Niebaum consideraba que había que dejarle al Madrid la oportunidad de resolverlo. Así que no. No habría espantada ni 0-3. Tocaba esperar.

Al final la mística del Real Madrid siempre aparece cuando menos te lo esperas. El escudo infunde respeto. Aunque lleve 32 años sin levantar una Copa de Europa.

Mientras todos esto sucedía, Fernández Trigo puso en marcha una operación rescate. Dos empleados del club cogieron una moto mientras otros los seguían en un coche escoltados por un furgón de la Policía Nacional que les iba abriendo paso. Al frente del operativo el ex portero Miguel Ángel y Agustín Herrerín. El objetivo era llegar a la Ciudad Deportiva del Real Madrid y coger una de las porterías que allí había para luego trasladarla al Bernabéu.

El despropósito era tal que a nadie se le ocurrió como llevar la portería de marras al Bernabéu. La suerte estuvo en que por el camino vieron una camioneta que estaba descargando materiales en una tienda de telefonía. Allí fueron a solicitar ayuda a aquel camión marca Pegaso cuyo conductor imaginamos que, entre halagado y acojonado por la presencia de la policía, accedió a formar parte de la comitiva de rescate.

Aún habría que darle otra vuelta de tuerca al asunto. Hay camión y sabemos dónde hay portería. Pero cuando aquel grupo de intrépidos llega a la puerta de acceso de la Ciudad Deportiva…nadie tiene llaves….

Si. Nadie tiene llaves.

Tal cual una película de Berlanga.

Se piensa en llamar a los bomberos, pero no hay tiempo. Así que tocaba alunizaje. Marcha atrás al camión, acelerador a fondo y a golpear la puerta. Por suerte no hubo que tirarla abajo. Llegó con sacudir con fuerza la cerradura para que cediese el candado. Una vez dentro coger la portería fue relativamente sencillo, ya que contaba con ruedas. Luego hubo que quitarle la lona al camión, subir los cuatro hierros, y a toda pastilla hasta el Paseo de la Castellana.

Escoltados por los gendarmes, tardaron ocho minutos en completar un recorrido de siete kilómetros con un cuarto de portería fuera del camión. Se supone que quien más o quien menos estaba al tanto de todo gracias a la radio, pero la incredulidad de los conductores al ver saltarse semáforos en rojo y direcciones prohibidas a un camión con una portería (que ni siquiera llegaron a amarrar por culpa de las prisas) escoltada por la policía tuvo que ser harto interesante. En cada curva currada la portería amenazaba con quedarse dormitando en una acera de Madrid para desesperación de Herrerín y compañía.

Llegaron al Bernabéu entrando por la esquina donde antaño había un centro comercial porque era la única pueta por donde entraba la portería…o eso creían. El hueco era tan justo que hubo que poner en marcha a otros cuantos voluntarios más. Alguien escribiría después que las imágenes de la portería por el pasillo angosto del estadio recordaban a las de un torero, en brazos de su cuadrilla, dirigiéndose a la enfermería. Todo muy chusco. Un vodevil. Todo muy español. A las 21:45 horas, una hora después del horario previsto para el inicio del partido, la portería se manifestó sobre el césped.

¡Aleluya!

El Bernabéu la ovacionó como si de un galáctico se tratase.

No acabó ahí el asunto. Había que complicarlo aún más. Resulta que la portería de marras no tenía las medidas oficiales. Era un par de centímetros más baja de lo reglamentario. Los jugadores del Real Madrid asentían entre ellos. La habían reconocido. Entrenaban con ella todos los días y sabían que esa, justamente esa, era la portería de las medidas antirreglamentarias.

Afortunadamente para el Real Madrid Mario Van der Ende o bien no se dio cuenta o simplemente no quiso darse cuenta.

Tras un brevísimo estiramiento, a las 22:00 hora local, exactamente 75 minutos después del inicio previsto, el Real Madrid disputaba su novena semifinal de Copa de Europa en 32 años. Nevio Scala tenía razón. Sus jugadores estaban ausentes. Ante cualquier decisión arbitral, por clara que fuese, los jugadores del Dortmund saltaban en busca de Van der Ende fuera de sus casillas. Tras el partido llegarán a decir que avanzada la segunda parte a muchos les entraba el sueño. El caso es que el Madrid ganó claramente con un gol de Fernando Morientes y otro de Christian Karembeu, éste último el punterazo más famoso en la larga y frondosa historia merengue.

Tras ese partido la UEFA dictaminó que en todos los partidos de competición internacional sería obligatorio tener una portería de repuesto, obligatoriedad que aun hoy se mantiene en vigor. Cándido Gómez, el propietario y conductor del camión Pegaso que salvó la aciaga noche, recibió una gratificación de 470 euros de la época por parte del club. Días después fue llamado por Fernández Trigo a las oficinas madridistas donde le entregaron un chándal, un balón, una insignia y un joyero para su esposa. Gómez, socio del Real Madrid, quedó encantado por todo, aunque lamentaría que se le negaron las cuatro entradas que pidió para la final de Ámsterdam del 20 de mayo.

Y es que el Real Madrid salió vivo del Westfalenstadion (0-0) donde brillaron el advenedizo Fernando Sanz y la clase de Fernando Redondo. Se clasificó pues para la final de la Copa de Europa donde sorpresivamente derrotaron a la Juventus con un gol de Mijatovic que le dio la archifamosa séptima Copa de Europa al Real Madrid.

Buena parte de ello se lo deben a Gerhard Niebaum, aquel honrado presidente del Dortmund que impidió que su equipo hiciese una espantada en el Bernabéu.

El Real Madrid fue multado por la UEFA con un millón de euros y un partido de clausura del estadio en la primera ronda de la siguiente edición. A pesar de la victoria europea lo de la portería fue un dardo en la línea de la flotación blanca. Aquello fue el hazmerreír de todo el continente y Lorenzo Sanz jamás conseguirá recuperarse de ese bochorno. Sanz hubo de darle una vuelta al club para dejar de lado la estructura familiar de la entidad dando paso a una estructura profesional que después culminó Florentino Pérez con su llegada al poder. Fernández Trigo hubo de abandonar la casa blanca tras más de dos décadas y Florentino ganó las elecciones a la presidencia del verano del 2000 a pesar de que Lorenzo Sanz presumía en su gestión de la consecución de dos Copas de Europa (1998 y 2000).

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Kopa Brand

Queda en las nebulosas del olvido, pero Raymond fue el primero. Mbappé, Zidane, Platini y Kopa. Mismo talento, orden inverso. Raymond Kopa fue futbolista grande, imponente, de los de mando en plaza. El primer gran futbolista francés, un país de bicicletas y balones ovalados que sólo ha ido abrazando el fútbol rendido a la evidencia de lo inevitable.

Raymond Kopaszewski era hijo de emigrantes polacos que se instalaron en el norte de Francia buscando una mejor vida. Kopa perdió el dedo índice de su mano izquierda trabajando en una mina de carbón en tiempos de la II Guerra Mundial. Tenía 14 años cuando acabó la contienda y dos decenas cuando firmó como futbolista profesional con el Stade de Reims. Es Reims una ciudad magistral. Capital del champán, a una jornada de trayecto de Paris, destaca por sus cuidados viñedos, sus bodegas elitistas y por una majestuosa catedral gótica bautismal de los reyes de Francia. Bombardeaba por los alemanes durante la I Guerra Mundial, la catedral fue rápidamente reconstruida por los franceses quienes conforman el país más monárquico con corte republicana.

Raymond Kopa - Perfil del jugador | Transfermarkt
Raymond Kopa

Kopa era pequeño, hábil, fuerte y escurridizo al mismo tiempo. Su versatilidad le hacía destacar como mediapunta o incluso como delantero centro. Y ahí radicaba el problema. Aquel puesto estaba reservado en el Real Madrid a Alfredo Di Stéfano. Hubo de ubicarse como extremo derecho a regañadientes. Era habilidoso, aunque carente de velocidad. Antes había convertido al Stade de Reims en un gigante europeo y en el club de referencia en Francia. Formó equipo con Michel Hidalgo y aun le daría tiempo a compartir un año con Just Fontaine antes de que una lesión de rodilla acabase con la formidable trayectoria del goleador magrebí. Kopa era el buque insignia de un Stade de Reims que en 1956 perdió en Paris la primera final de la Copa de Europa ante el Real Madrid.

Al año siguiente era Kopa el que levantaba el trofeo portando la camiseta merengue. Será el primero de tres títulos consecutivos en los que Raymond se erige como pieza fundamental. Aun hoy sigue siendo el futbolista que más asistencias de gol ha dado en finales de Copa de Europa. Por el camino también hubo un Balón de Oro y unas semifinales de Mundial con Francia en 1958, un Everest para el balompié galo de entonces.

Kopa era feliz en el Madrid. Las reticencias iniciales por su posición en el campo pronto se acabaron y trabó franca amistad con Di Stéfano. “Jugar con él era como llevar paracaídas cuando viajas en avión”, diría sobre ‘La Saeta’. Kopa comprendió que por muy bueno que fuese, el ‘capo’ y el mejor sobre el campo era Di Stéfano.

Sin embargo, había un pequeño agujero en la vida de Kopa que día tras día se agrandaba hasta convertirse en un cráter. Se trataba de Christiane, la esposa de Raymond. No le gustaba Madrid y no se adaptaba a la vida en España. Aquella capital gris bajo los auspicios de una dictadura en poco se parecía a la tranquila y provinciana Reims. Su deseo era volver a casa junto a su familia y sus amistades. Si la balanza estaba igualada un hecho terrible la inclinó del lado de Christiane de forma definitiva. El matrimonio Kopa hubo de convivir esos años con la fatídica noticia del diagnóstico de un cáncer en uno de sus hijos. Por aquel entonces la enfermedad derivó en muerte sumiendo en un oscuro agujero negro al matrimonio y al resto de la familia.

Santiago Bernabéu dio el visto bueno y tras tres años de ensueño en lo deportivo Kopa decidió volver a casa. El problema es que el Stade de Reims no tenía forma de pagarle a Raymond lo que demandaba. Bastante tenían ya el conjunto francés con mantener a Fontaine en el equipo. Aunque tanto el Madrid como el jugador fuesen magnánimos, en ese trienio el caché de Kopa había subido tanto que su vuelta a Francia se tornaba en imposible. Italia era entonces la cuna de oro del fútbol mundial y el lugar al que el futuro de Kopa parecía predestinado.

Pero apareció entonces un empresario de Angers que le propuso darle su nombre a una bebida refrescante, agua con gas, de gran éxito en el país galo. Cuajó, pero fue la espita para algo más grande. Un empresario textil le propuso a Kopa venderse a sí mismo. Ejercer de hombre anuncio. Crear la marca ‘Kopa’. ‘Kopa Brand’. Camisetas ‘Kopa’. Botas ‘Kopa’. Era algo inaudito. Si, ya en 1934 el brasileño Leónidas había sido imagen para una marca de chocolates o más recientemente Di Stéfano había sido el icono de una casa de medias (sí, han leído bien), pero aquello era desconcertante. Una muestra radicalmente distinta.

Kopa no hacía anuncios. Kopa era su propio anuncio. Controlaba el mensaje. Era anuncio y anunciante al mismo tiempo. Aquello se llamaba derechos de imagen. Era un ‘brand’, una marca. Estaba controlando su propio destino.

Y la cosa no fue bien. El Stade de Reims volvió a ganar la liga con Kopa pero veía como la brecha con españoles, británicos, italianos y hasta portugueses se agrandaba. Y la gente, tan tradicional en lo que a fútbol se refiere, la tomó con el bueno de Raymond. En cada partido del Reims había sonido de viento cuando el crack francés se equivocaba en un pase o fallaba una ocasión clara de gol. Si es tan importante como para tener su propia marca, si está por encima de los demás, que lo demuestre en el campo, era el sentir general.

Así que Kopa se dijo a sí mismo que era más que suficiente y decidió dejar Reims con el beneplácito de su esposa. Pero no le era posible. Existía entonces el derecho de retención por el cual un jugador no podía abandonar un club si no había consentimiento previo. Los clubes eran los propietarios de la ficha del futbolista y tan sólo tenían la obligación de aumentar un 10 % el salario de un futbolista anualmente para mantenerlo en nómina per secula seculare aunque fuese en contra de su voluntad. Dado que el Reims no tenía intención de traspasarlo, y menos tras la prematura retirada de Fontaine por culpa de las lesiones, Kopa no podría salir de Francia por mucho que lo desease.

Así que, en 1963, a los 32 años, Kopa dio una entrevista a ‘France Dimanche’. Fue duro. Había sido minero en su juventud. Era un inmigrante hijo y nieto de mineros. Era un hombre de tiempos bravos. Y no se cortó ni un pelo. Habló de explotación laboral. Era 1963. Época de cambios sociales, pero quizás Kopa se adelantó un lustro o una década a lo que la sociedad demandaba. El caso es que tanto el Reims como la Federación Francesa de Fútbol reaccionaron furiosos y se sancionó a Kopa con seis meses sin jugar. Kopa intentó acudir a la justicia ordinaria, pero fue en vano, dado que entonces los trapos sucios del deporte se lavaban en la intimidad.

Kopa volvería a jugar, mas nada volvería a ser lo mismo. El Reims pagó cara esa ausencia de seis meses y bajó a Segunda. Ascendería de nuevo, pero Kopa era un bicho raro, una mosca cojonera en un panel de miel. Pleiteó con tesón, aunque tuvo que esperar para estar retirado para que la justicia le diese la razón. A él no le valdría de nada, pero trajo justicia a los que le sucedieron. Era 1968 y el mundo además de playa debajo de los adoquines convertía a los futbolistas en trabajadores con derechos sociales.

A partir de ahí vino todo lo demás. Pocos años después Cruyff firma un gran contrato con Puma. Resultó que la selección holandesa contrató con Adidas y suministró la ropa con las consabidas tres rayas en las mangas. Cruyff se negaba a ponérsela porque hacerlo contravenía su acuerdo con Puma. Tras un largo tira y afloja, se la puso, pero quitando una de las tres tiras. Aquella foto fue célebre. Y no paso nada. Los derechos de imagen eran una realidad. Con el tiempo se olvidó y Florentino Pérez usó esa estratagema para llenar el Madrid de galácticos, pero pronto los futbolistas (y sus representantes) se dieron cuenta de que ahí residía el negocio. A Kylian Mbappé le disuadieron en 2022 de fichar por el Real Madrid por 225 millones de euros a razón de tres temporadas…y 125 a mayores de compromisos publicitarios organizados por el Paris Saint Germain. Mbappe se ha negado más de una vez a cumplir con alguno de esos compromisos que estaban en conflicto con otros de la selección francesa más otros que el mismo ha adquirido a título personal.

Hoy Raymond Kopa es un mito del fútbol francés y europeo. Da nombre al trofeo del mejor jugador sub-21 del planeta y está considerado el pionero del sindicalismo y el hombre que permitió que los futbolistas fuesen los dueños de su propio destino. Pero antes de todo eso Kopa lo pasó mal. Gastó mucho dinero en abogados y tuvo que vender su Balón de Oro acusado por las deudas. Después se rehízo y su marca ‘Kopa’ diseñó la línea deportiva de Adidas que vistió a Uruguay, Chile, Suecia y Yugoslavia en el Mundial de 1974. Hoy ‘Kopa’ ya no existe, pero en 1998 unos chicos neerlandeses fundaron una marca de camisetas de fútbol vintage de preciosos diseños y de éxito mundial. No le pudieron poner ‘Kopa’ por derechos de imagen. Pero no dudaron en bautizarla como ‘Copa’.

SportMob – Raymond Kopa Biography
Kopa

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Cuando Di Stéfano jugó en el Espanyol

A Di Stéfano lo echó Bernabéu con nocturnidad y alevosía. Daria para otro artículo. El Real Madrid pierde la final de la Copa de Europa de 1964 ante el Inter milanés. Di Stéfano juega mal. En el descanso se lía a gritos con Miguel Muñoz, antaño compañero de aventuras y ahora entrenador blanco. Ambos se culpan de la derrota. Y la cuerda se rompe, aunque por el lado que nadie esperaba. Di Stéfano cuenta con 38 primaveras y una barriga asoma por debajo de su camiseta. Son otros tiempos y el cuidado físico no es el de la actualidad. Sigue la clase y la técnica, pero a Alfredo, un ‘10‘ que a veces es ‘6’ y a veces es ‘9’, le cuesta mucho subir y bajar.

Así que la expedición blanca vuelve a Madrid procedente de Viena, en donde se ha jugado la final, y al día siguiente Alfredo es citado a presentarse en el despacho de Bernabéu. El gran jefe no se anda con miramientos. Le dice que es el mejor, el más grande, el corazón del Madrid y le ofrece un puesto de lo que sea manteniéndole el sueldo. Entrenador juvenil, director deportivo, ojeador, directivo. De lo que sea. De lo que sea, menos en el campo vestido de corto. Di Stéfano explota. Ha jugado 24 partidos de Liga y ha anotado 11 goles. En Europa son cinco chicarros para nueve encuentros. No son los números de su época de esplendor, pero no dejan de ser formidables. Presidente y futbolista se dicen de todo. Será la última vez que ambos egos se dirijan la palabra. Di Stéfano deja de ser jugador del Real Madrid y abandona La Castellana por la puerta de atrás. Bernabéu implanta la norma no escrita de renovar año a año a cualquier jugador, por importante que sea, que rebase la treintena.

Despechado, Di Stéfano quiere seguir vestido de corto. Entonces tenía el RCD Español (hoy Espanyol) como vicepresidente (en breve futuro presidente) a Vilá Reyes, empresario de renombre durante el Franquismo y quien tenía entre ceja y ceja convertir en grande al Español. Gracias a su buen hacer estaba formando un interesante equipo que mezclaba veteranos con noveles. Firmó a Carmelo, leyenda de la portería bilbaína que había sido desplazado por el emergente Iribar, también al ex barcelonista Justo Tejada y a Rodilla procedente del Real Valladolid. La campanada la había dado un par de temporadas atrás con Kubala, quien para la campaña 64-65 parecía que iba a ejercer como jugador-entrenador. El hispano-húngaro había sido la otra gran estrella del fútbol nacional y, al igual que Di Stéfano, también había salido de malas manera del club de sus amores, en su caso el FC Barcelona. Resultaba que Kubala y Di Stéfano eran buenos amigos y el acuerdo se cerró rápidamente. Alfredo sería nuevo jugador periquito.

Di Stéfano fue presentado en la sala presidencial del estadio de Sarriá, en la avenida del mismo nombre donde se encontraba la casa del RCD Español. Como buen famoso que requiere atención llegó tarde a la cita, lo que no fue óbice para que miles de aficionados aclamasen al nuevo fichaje. De repente el Español, que la anterior temporada se había salvado del descenso en la última jornada, pasaba a ser candidato, quizás no al título por resultar excesivo, pero si a encaramarse a los puestos de privilegio de la Primera División.

Di Stéfano había tenido varias novias. El Real Betis en España y el Celtic de Glasgow y el AC Milan fuera de nuestras fronteras. Al parecer la oferta italiana era del agrado de ‘La Saeta’, pero cuando se entera que el AC Milan ofrece al internacional argentino Angelillo (joven figura mundial por entonces) el triple de lo que le ofrecen a él, su ego no lo puede soportar y decide cortar de raíz. Es entonces cuando da un volantazo y decide recalar en la Ciudad Condal.

Nostalgia Futbolera ® on Twitter: "Di Stéfano, presentado como jugador del  RCD Español (RCD Espanyol), 1964. https://t.co/HCyxpLKnaR" / Twitter
Di Stéfano perico

Di Stéfano debuta en un amistoso en Alemania en el que marca un gol y quiso el destino que su primer partido oficial sea el debut liguero en Sarriá…ante el Real Madrid. El acontecimiento es noticia nacional. A los aficionados merengues no les ha sentado nada bien la marcha de Di Stéfano. A fin de cuentas, el Madrid se había proclamado campeón liguero con cinco jornadas de antelación y el club había sido subcampeón de Europa. La mayoría de la gente se decantaba por la marcha de Miguel Muñoz y la continuidad de Di Stéfano. Nadie osaba culpar a Bernabéu, un tótem intocable, pero estaba claro que, o Muñoz empezaba ganando o su puesto iba a estar en entredicho desde muy pronto.

TVE, el único canal de televisión que había entonces, decidió emitir el encuentro que fue trasladado excepcionalmente a la mañana del domingo para no restar público al resto de partidos de la jornada vespertina. Sarriá presentó un lleno absoluto para ver a Di Stéfano vestido de blanquiazul y al Real Madrid con su blanco impoluto habitual. El Madrid jugaba con el mismo once con el que había cerrado la campaña anterior con la única inclusión del canterano Ramón Grosso con el ‘9’ en el centro de ataque en sustitución de ‘La Saeta’.  Comenzó entonces un partido en el que el Español se adelantó y Di Stéfano completó una gran primera parte en la que a punto estuvo de marcar de falta directa. Tras el intermedio, el Real Madrid remontó con dos goles del también veteranísimo Ferenc Puskás y se alzó con la victoria por 1-2. Las dos leyendas, Di Stéfano y Puskás, marcharon abrazados a vestuarios donde intercambiaron sus camisetas.

A Di Stéfano se le hizo largo el partido, como también se le haría larga la temporada. Fueron 24 partidos y 7 goles en ese primer año y 23 encuentros y 4 dianas en el segundo. Mantenía la clase y la técnica, pero se desfondaba sin remedio en las segundas partes. Nunca llegó a someterse a juicio público en Chamartín. Dos oportunas lesiones hicieron que nunca jugase como visitante en el templo blanco.

En la temporada 1965-66, su segunda campaña en el Español y la última como profesional, los periquitos juegan competición europea. Se trata de la Copa de Ferias, el antecesor de la Copa de la UEFA. En dieciseisavos de final pierde en Lisboa ante el Sporting por 2-1. Di Stéfano entonces es una sombra de lo que fue. Si en su primera temporada tiene destellos de grandeza, en la segunda lo más frecuente serán las actuaciones irregulares. No será así en el partido de vuelta. Aquel 24 de noviembre de 1965 no se esperaba mucho de Di Stéfano y menos cuando tras el descanso el marcador en Sarriá era de 0-3 a favor de los portugueses. Pero fue entonces cuando el Español vivió una de las noches más épicas de su historia. Di Stéfano, un ganador como pocos ha habido, apeló al orgullo de sus compañeros, toco arrebato, y los periquitos remontaron el choque para vencer por 4-3 con tantos de Rodilla (2), Miralles y José María. Como entonces no había valor doble de los goles, se tendría que jugar un partido de desempate en el que nuevamente saldría victorioso el Español para pasar a octavos de final.

En octavos el Español venció al Brassov rumano para luego caer en cuartos de final en un derbi ante el FC Barcelona. Por entonces Di Stéfano ni estaba ni se le esperaba. Se comentaba que sus hijas le reñían y le decían que si no le daba vergüenza jugar al fútbol estando tan calvo y tan gordo. Papá Di Stéfano les replicaba que, si querían comer, tocaba trabajar. Di Stéfano dijo adiós al fútbol frisando los 40. Aquellos chavales a los que tutelaba darían un paso al frente y en la siguiente temporada firmarán un tercer puesto en la Liga. Era el conocido como equipo de los Cinco Delfines (Amas, Pina, Re, Rodilla y José María).

Alfredo di stéfano fichó por el espanyol en 1964 | Marca.com
El ‘9’ blanquiazul

Verano de 1967. Alfredo Di Stéfano es entrenador. Su primera experiencia es en Alicante. Entrena al Elche CF. Un día Raúl Cancio y Rafael Marichalar cogen un coche desde Madrid y se presentan por sorpresa a orillas del Mediterráneo. Son dos amigos de Alfredo. El primero, Raúl, es entonces un joven fotoperiodista y hoy, jubilado, es leyenda de la fotografía deportiva española. El caso es que los amigos llegan a Elche y se encuentran a Di Stéfano cenando sólo en el restaurante del hotel donde se hospeda.

Los tres toman un café y Cancio le dice a Di Stéfano que por qué no van a Santa Pola a ver a Don Santiago. En Santa Pola veranea el eterno presidente blanco. De Elche a Santa Pola no van más de quince kilómetros. Alfredo calla y mira a Cancio con ojos firmes y ceño fruncido, como si estuviera a punto de tirar un penalti. Le da un abrazo, no dice nada y se dirige al coche.

Madrugada. Noche cerrada. Timbran en la puerta. Timbra Di Stéfano. Los otros dos esperan agazapados en la retaguardia. Continua el silencio. Continua la penumbra. Tras un rato que parece una eternidad un hombre orondo abre la puerta. Va descalzo y lleva un mandilón de pescador. Es Santiago Bernabéu. Di Stéfano mira al infinito y no abre la boca. Uno de los celestinos, inquieto por la tensión, saluda a Don Santiago y anuncia que vienen a tomar una copa. Otro silencio de los que imponen. De los que acojonan más que una sarta de gritos. El gran hombre calla, hasta que finalmente hace un gesto con su mano para que Di Stéfano y compañía entren dentro del chalet.

Hablaron hasta el amanecer y se despidieron dándose un fuerte abrazo. Meses después el Real Madrid y el Celtic de Glasgow disputaron un partido amistoso como homenaje a ‘La Saeta’ en el Santiago Bernabéu. Di Stéfano jugó el primer cuarto de hora y fue despedido con sonora ovación cuando fue sustituido por Ramón Grosso. Luego, al acabar el homenaje, Santiago Bernabéu le otorgó la insignia de oro y brillantes del Real Madrid a su jugador más famoso. Uno que pasó once temporadas vestido de blanco, pero que tuvo que jugar las dos últimas portando camiseta blanquiazul.

“Si no me acerqué a usted fue porque no quería que creyera que quería un puesto regalado. Lo que gané fue siempre con esfuerzo. Usted como padre me falló. Ahí se ve que nunca tuvo hijos, porque los padres siempre perdonan”. Carta de Alfredo Di Stéfano a Santiago Bernabéu una vez hicieron las paces.

Hemeroteca RMCF on Twitter: "Santiago Bernabéu a bordo de su barca en Santa  Pola, cuyo nombre hacia referencia a Alfredo Di Stéfano.  https://t.co/f58z9nXDdd" / Twitter
‘Saeta Rubia’, el barco de Bernabéu

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El cromo de Bustingorri

El más conocido fue Zoco. Nacido en la montaña navarra, jugó tres temporadas en el Club Atlético Osasuna antes de hacer carrera en el Real Madrid donde lograría siete ligas y la sexta Copa de Europa de la entidad merengue. Alto, bregador, fuerte, jugaba de central o de mediocentro con el mismo acierto. Compañeros de Zoco en el éxito continental fueron Pachín o Serena, quienes también vistieron la camiseta rojilla. Andrés Sabido, duro defensa a caballo entre los 70 y los 80, y los delanteros Javier Portillo o Roberto Soldado, ya en el siglo XXI, también jugaron como locales tanto en el Santiago Bernabéu como en El Sadar.

Si el más conocido fue Zoco, el más mediático fue Pedrag Spasic. Serbio, entonces yugoslavo, había destacado en el Mundial de 1990 secando a Julio Salinas en un choque de octavos de final que finalizó con eliminación española. Ramón Mendoza, yuppie metido a presidente, lo fichó a regañadientes para el Real Madrid. ¿El motivo? Spasic era feo y calvo. Contaba con 25 años, pero aparentaba muchos más, su dentadura era descuidada y llevaba siempre una gabardina gris que lo hacía parecer un agente de la Stasi. Hoy sería carne de memes. El caso es que al agente Spasic le iba todo bien hasta que una noche de enero de 1991 le dio por meter un golazo en el Camp Nou…en propia puerta. Se convirtió en ídolo culé y en mofa recurrente en todos los campos de España. Tocado, entró en barrena. No era buena época. Koeman, Laudrup y Stoichkov eran los extranjeros en Can Barça. Spasic, Hagi y un Hugo Sánchez de 33 años eran los merengues. Había diferencia. Hubo que mal vender a Spasic en el siguiente verano y el yugoslavo firmó tres temporadas decentes en Pamplona. Hoy sobrevive en Belgrado gracias a una pensión que le fue otorgada por la Asociación de Veteranos del Real Madrid.

Pedrag Spasic compartió equipo con el protagonista del presente artículo; Eugenio Bustingorri. Lateral zurdo, pero también extremo o mediocentro. Futbolista polivalente, de los que corren por dos y jamás protestan ni tienen una mala cara. Navarro de pura cepa y capitán y leyenda del Osasuna donde militó durante doce temporadas. ‘Busti’ regenta hoy un bar en el centro de Pamplona donde despacha bocatas como antes despachaba pases y entradas.

Pero antes de todo ello Eugenio Bustingorri jugó en el Real Madrid.

¿O no?

Viajamos a la temporada 1989-1990. Se acaba de retirar José Antonio Camacho y el Madrid busca un sustituto en el lateral izquierdo que compita para el puesto con el veterano Rafa Gordillo. El elegido es Bustingorri, quien concluye una temporada estupenda con el Osasuna. Las negociaciones se inician con el jugador, el cual acepta de buen grado con el considerablemente aumento de sueldo adjunto, y finalizan con el acuerdo verbal entre presidentes de ambas entidades.

No obstante, al mismo tiempo que Bustingorri negocia su fichaje por el Real Madrid aparece en escena Sebastián Losada. Era Losada un delantero espigado de apenas 19 años forjado en el Castilla que el año anterior había estado cedido en el RCD Espanyol. Allí había explotado anotando 11 goles en Liga y dos de los tres tantos que los periquitos habían convertido en el partido de ida final de la Copa de la UEFA que los enfrentó al Bayer Leverkusen. Lástima que, en la vuelta jugada en Alemania, el Leverkusen igualase el tanteo de la ida (3-0) y en los penaltis Losada mandase a las nubes el penalti que hacía campeón a los germanos y subcampeones a los catalanes.

El caso es que el Madrid cuenta con recuperar a Losada para la nueva temporada en la que se tienen puestas grandes esperanzas en su desempeño. Es entonces cuando el Atlético de Madrid decide tomar parte del entuerto. Jesús Gil acaba de firmar como entrenador a Javier Clemente, quien el año anterior había sido técnico espanyolista. Clemente solicita una serie de fichajes y entre ellos está el de Sebastián Losada. Gil sabe que no tiene nada que hacer si pretende negociar con Mendoza por lo que decide tirar por la calle de en medio. Abonará la cláusula de rescisión.

Losada acepta y su futuro se encamina a la ribera del Manzanares pero, en un giro del destino, Ramón Mendoza corre a visitar al chaval a su casa. Lo convence de que está cometiendo un error y de que su futuro está en el Madrid. Tendrá oportunidades. Butragueño y Hugo Sánchez están por delante, pero la temporada es muy larga y el futuro es suyo. Losada da marcha atrás, llama a Gil y rechaza la oferta del Atlético de Madrid.

Y Gil y Gil monta en cólera.

Ojo por ojo y diente por diente. Gil se pone en contacto con Bustingorri y le dobla la oferta sin saber siquiera cual es la oferta. No le interesa para nada el navarro. Simplemente quiere dar por culo al Madrid. Convence a Fermín Ezcurra, el histórico presidente del Osasuna, para que acepte la propuesta colchonera. Ezcurra amablemente le dará largas al Madrid. Es un visto y no visto. Un frenesí de apenas 24 horas.

Eugenio Bustingorri jugará en el Atlético de Madrid.

Fue tal la celeridad de la operación que cuando la temporada esté a punto de rodar y las colecciones de cromos hagan su aparición, Eugenio Bustingorri no aparecerá en las páginas del Atlético de Madrid.

Tampoco en las del Club Atlético Osasuna.

Eugenio Bustingorri será jugador del Real Madrid.

Cromo Bustingorri. La verdadera historia del famoso cromo de Bustingorri  con la camiset...
Bustingorri merengue

Era tal el secreto a voces, estaba tan aceptado el fichaje de Bustingorri por el club de la Castelllana, que Ediciones Este decidió adelantarse a Panini, su principal competidor, y sacar un cromo de Bustingorri de blanco. Hoy la tecnología nos permite simulaciones realistas de todo tipo. Entonces la edición era artesanal. Se cogía una fotografía del jugador y se pintaba a mano la camiseta de su nuevo equipo. Bastante chusco, pero efectivo para la época. Luego, semanas después, se realizaba una foto, ahora real, vestido con su nueva equipación y paulatinamente se iba sustituyendo el cromo falso por el verdadero a medida que los niños y no tan niños iban gastando sus pesetas en los ‘sipis’ y en los ‘noes’.

El caso es que Ediciones Este sacó a la venta el cromo de Bustingorri antes de que el fichaje se formalizara. Durante unos breves días formó parte de la colección de unos cuantos niños que tenían en sus manos una suerte de incunable. Hoy el cromo de Bustingorri es objeto de coleccionistas. Lo he visto a la venta por internet por 80 euros. El de Maradona en el Barça, por ejemplo, lo encuentras por 15 euros.

Fiel a su fama a Gil no le duró mucho Clemente. Al vasco le sustituyó Briones y a este último Joaquín Peiró. Con ninguno de los tres tuvo excesiva suerte Bustingorri, quien apenas jugó 12 partidos como colchonero. Al finalizar la temporada regresó a las filas del Osasuna donde volvería como capitán. Peor suerte tendría incluso Sebastián Losada. El canterano tuvo pocas oportunidades en el Bernabéu y finalmente acabaría fichando por el Atlético de Madrid en 1991. Tuvo un mal año con los colchoneros para luego jugar en Sevilla FC y Celta de Vigo retirándose con apenas 27 años asqueado del fútbol profesional e iniciando una fructífera carrera como abogado.

En esos 12 choques a Bustingorri le dio por anotar un gol. Fue de falta directa. Y fue contra el Real Madrid.

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El objetivo primordial de la FIFA es ganar dinero. A través del Mundial obtiene la mayor parte de sus ganancias. Ese es el eje. Pero hay múltiples competiciones. Con la ayuda de ellas se obtienen réditos de derechos audiovisuales, patrocinios, entradas y hospitalidad. También se consigue una buena tajada con la licencia de productos, conocido en el argot como ‘branding’. Y es bueno que la FIFA gane dinero. Sin el dinero no podría llevar al fútbol a todos los rincones del planeta. La FIFA sostiene federaciones minúsculas, protege socialmente a ex futbolistas, construye escuelas y promueve el fútbol femenino.

La FIFA tiene seis hijos. Cuatro son pobres y necesitan a la FIFA para sobrevivir. Son mayoría, por lo que papá FIFA está siempre atento a sus súplicas y necesidades y, a cambio, cuando tiene algún problema sabe que siempre podrá contar con su apoyo. Esos hijos se llaman Concacaf (41 federaciones), CAF (54 federaciones), AFC (47 federaciones) y OFC (14 federaciones). Es decir, África, Norteamérica-Caribe, Asia y Oceanía. Tiene también la FIFA dos hijos rebeldes. Uno es contestario. No tiene muchos posibles, pero sus fieles son legión y su poder entre las masas es fascinante. Ese vástago se llama Conmebol (10 federaciones) y representa a Sudamérica. El otro hijo es rico y poderoso. Su fortuna es igual a la del padre y sueña con tomar las riendas de la empresa familiar para poder gestionarla a su antojo. Ese retoño responde al nombre de UEFA (55 federaciones) y representa a Europa.

Durante un siglo la UEFA y la Conmebol se consideraron dueños del mundo. No sin razón gestionaban el pasado y el presente del fútbol. Allá por 1960 crearon una competición que enfrentase anualmente a los campeones de América y de Europa para dictaminar cual era el mejor equipo del mundo. Era lógico. No había nada comparable fuera de ese marco. Aquel primer trofeo fue logrado por el Real Madrid al derrotar en dos partidos al CA Peñarol. Hubo empate sin goles en Montevideo y en Madrid el Real venció por un claro 5-1. Los merengues se proclamaron campeones de la primera Copa Intercontinental.

La FIFA, que ni pinchaba ni cortaba en ese trofeo, se negó a dar el título de campeón del mundo a los ganadores de la contienda. Era un torneo entre dos confederaciones. Nada más que eso. Aunque para los aficionados el vencedor de la Intercontinental fuese el mejor club del mundo, para la FIFA eso era irrelevante. Despechados, en 1980 la Conmebol y la UEFA firmaron un convenio con la empresa Toyota. La Intercontinental se disputaría a partido único en Japón aumentando considerablemente los premios y los beneficios. Mercedes que, por supuesto, no gestionaría la FIFA.

REAL MADRID Campeón de la Copa Intercontinental 1960
Real Madrid. Intercontinental 1960

Todo cambió a finales del siglo pasado. La FIFA se propuso sustituir la Copa Intercontinental por la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Durante diez días del mes de enero del año 2000 ocho conjuntos lucharían por conseguir el reinado del fútbol global. Estaban los seis campeones de las distintas confederaciones (Manchester United, Vasco de Gama, Necaxa, Al-Nassr, Raja Casablanca y South Melbourne) a los que se añadieron dos conjuntos a mayores para completar ocho escuadras y poder formar dos grupos de cuatro equipos. Los invitados fueron el Real Madrid, al que la FIFA reconoció como mejor club del siglo XX, y el SC Corinthians, por ejercer de anfitrión. Y es que el campeón brasileño tendría que estar presente en un torneo cuya final tendría lugar en el incomparable Maracaná.

El objetivo de la FIFA era eliminar la Intercontinental y ocupar su lugar. La FIFA debe apoyar la expansión del fútbol a nivel global, tanto por una cuestión moral, como política, como monetaria. Pero tanto la UEFA como la Conmebol se negaron a ello. La Copa Intercontinental seguiría en pie. Y así lo hizo. Apenas un mes antes el Manchester United había logrado el título de 1999 y en diciembre del 2000 sería el Boca Juniors el que vencería al Real Madrid. A ojos del gran público ambos conjuntos eran los reales campeones del mundo.

El caso es que la FIFA puso en marcha su Copa del Mundo de Clubes. Y el varapalo fue considerable. El torneo apenas tuvo repercusión fuera de Brasil. United y Madrid jugaron a medio gas y no lograron clasificarse para la final. Los ingleses tan sólo consiguieron vencer al South Melbourne en un duelo intrascendente. Los españoles no lograron disputar la final por diferencia de goles y perdieron el partido por el tercer puesto ante el Necaxa mexicano. El torneo fue ganado por penaltis por el Corinthians ante el Vasco da Gama tras un aburrido empate sin goles. Que el vencedor fuese un equipo invitado no daba demasiada credibilidad al torneo. En aquel Corinthians destacaban Dida, Vampeta, Luizao y un veterano Freddy Rincón.

Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA Brasil 2000™
Corinthians 2000

Visto el fiasco, para 2001 la FIFA decidió llevar el torneo al verano. Los grandes clubes europeos habían protestado por lo apretado del calendario. Pero ese no era el problema. Las pérdidas económicas fueron terribles y la FIFA pensó que disputar el torneo a finales de julio, cuando las grandes ligas están paradas, le permitiría obtener la atención de los aficionados.

Así que la FIFA subió la apuesta. Serían 12 los participantes. Se formarían tres grupos de cuatro equipos. Los vencedores y el mejor segundo se enfrentarían en las semifinales. La final tendría lugar en el Santiago Bernabéu. Y es que España sería la anfitriona. La FIFA confió en la ambición de dos hombres. Uno era Florentino Pérez. Recién nombrado presidente del Real Madrid, tenía la intención de convertir al club blanco en una empresa capaz de generar ingresos a nivel global. El otro era Augusto César Lendoiro. Había llevado al modesto RC Deportivo a codearse con los grandes de Europa y soñaba con poder mantener eternamente ese estatus y llevarse un trozo del pastel.

Habrían de participar dos equipos por confederación. Los campeones de todas ellas y un segundo espada también victorioso. Por ejemplo, de la UEFA irían el Real Madrid (campeón de Europa) y el Galatasaray SK (campeón de la Copa de la UEFA). De la Conmebol estaba Boca Juniors (campeón de la Libertadores) y el SD Palmeiras (subcampeón de la Libertadores). A estos había que añadir a Los Ángeles Galaxy y Olimpia de Honduras (Concacaf), Jubilo Iwata y Al-Hilal (AFC) y Zamalek SC y Hearts of Oak (CAF). El representante oceánico sería el Wollongong Wolves australiano. Únicamente se renunció a un segundo club de Oceanía para dar entrada al RC Deportivo, que acudiría como invitado.

En marzo de ese año tuvo lugar el sorteo. El grupo A, liderado por Boca y RC Deportivo, jugaría sus partidos en Riazor (A Coruña) y San Lázaro (Santiago). El grupo B comandado por Palmeiras y Galatasaray, en el Vicente Calderón de Madrid. El grupo C, gobernado por Real Madrid y LA Galaxy, tendría como sede el Santiago Bernabéu. La final se disputaría el 12 de agosto de 2001 en el coliseo blanco.

Jamás llegó a disputarse el torneo. En medio del estallido de la burbuja de las .com y del crack de las televisiones de pago por visión, ningún medio audiovisual pujó por llevarse los derechos de la competición. En mayo quiebra ISL, la empresa que gestiona la organización del torneo. La FIFA pierde 5.500 millones de dólares y tiene un muerto encima de la mesa. Decide indemnizar a los participantes y posponer el torneo hasta el año 2003. En 2003 se pospondría ‘sine die’.

Mientras la Copa Intercontinental sigue con sus andanzas, aunque también está tocada. Desde que en diciembre de 1995 se abrió la libre circulación de jugadores en Europa las plazas para foráneos quedaron en exclusiva para los astros que venían de Sudamérica. Año a año los grandes equipos argentinos y brasileños ven como los adolescentes que formaron siendo niños escapan a Europa donde esperan forjar una próspera carrera. Solo Boca Juniors (2000 y 2003) pudo romper la hegemonía de Europa en un torneo que hasta había perdido interés entre los aficionados japoneses.

En 2005 llegaría el reemplazo. Ahora si la Copa Mundial de Clubes tendría la aceptación de UEFA y Conmebol. Se jugaría en Japón, no habría grupos y el número de partidos sería limitado. Mientras los campeones de otras confederaciones se enfrentan entre sí en rondas previas, tanto el campeón de Europa como el de Sudamérica esperan rival en las semifinales. Se mejoran los premios económicos y el asunto queda zanjado. Sao Paulo FC venció a Al-Ittihad (3-2) y Liverpool FC a Deportivo Saprissa (3-0) para luego luchar por un título que se decantó para los brasileños por 1-0. Hubo que esperar hasta 2010 para ver una final sin representante sudamericano. Aquel año el Internazionale milanés venció por 3-0 al TP Mazembe congoleño. Nunca un equipo europeo ha faltado a una final y desde 2012 no pierden una.

No sería hasta el año 2017 cuando la FIFA consideró a los 25 clubes que ganaron al menos una vez la Copa Intercontinental (1960-2004) como legítimos campeones del mundo. Así pues, en el palmarés conjunto iniciado en 1960 por el Real Madrid encontramos a dos campeones del mundo oficiales para el año 2000. Son Boca Juniors como campeón de la Intercontinental y SC Corinthians como ganador de la primera Copa del Mundo de Clubes.

Quien nunca será campeón del mundo es el RC Deportivo. Para 2001 hubo Copa Mundial de Clubes. Pero solo en nuestra imaginación.

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El Mundial que nunca se jugó

“¿Qué es la vida? Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Calderón de la Barca.

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La final de los García

Por parte del Real Madrid jugaron: Agustín; García Cortes, García Navajas, Sabido, Camacho; Ángel, Del Bosque, Stielike; Juanito, Santillana y Cunningham. En la segunda parte entró Pineda. Formaron por parte del Liverpool FC: Clemence; Neal, Thompson, Hansen, Alan Kennedy; Lee, McDermott, Souness, Ray Kennedy; Dalglish y Johnson. En la segunda parte entró Case. Esas fueron las alineaciones que ambos conjuntos presentaron en el Parque de los Príncipes de París el 27 de mayo de 1981 con motivo de la final de la Copa de Europa. Para el Real Madrid, entonces hexacampeón, era su primera finalísima en 15 años. Para el Liverpool FC, entonces bicampeón, era su tercera final en un lustro. Los españoles contaban con los hados de la historia. Los ingleses con el favoritismo.

La temporada blanca no auguraba proeza semejante. Al contrario. Hacía estragos el sol del verano cuando en un amistoso en Múnich el FC Bayern le endosa un humillante 9-1 al Real Madrid. Es un amigable, pero escuece como pocas derrotas han escocido antes. Entrena a los merengues Vujadin Boskov, un hombre de verborrea simple, pero autor de algunas de las frases más recordadas de la historia del balompié. A su famoso ‘el fútbol es fútbol’ acuñado para esas acciones de difícil explicación, dejará otra sentencia para los anales al acabar el duelo de Alemania: “Mejor perder un partido por nueve goles, que nueve partidos por un gol”.

Bayern Múnich, 9 - Real Madrid, 1. La risa va por barrios - Madrid-Barcelona
Mejor perder un partido por nueve…

Lo cierto es que el fútbol español no da para mucho más. Los setenta son una década horrenda en la que se escapan las clasificaciones para el Mundial de 1970 y 1974. La Liga apenas cuenta con estrellas y se abusa del fútbol de raza y defensivo. Son más famosos fuera de nuestras fronteras los defensas de pelo en pecho (el estereotipo es Goyo Benito) que los jugadores habilidosos. Ingleses, italianos y, esencialmente, alemanes, parecen cazas a reacción con coraza de acero cada vez que vienen a España. Son 13 años sin títulos internacionales desde la Copa de Europa del Real Madrid de 1966 hasta la Recopa del FC Barcelona de 1979. Es, sin duda, la época más oscura del fútbol español, no tanto por los títulos, sino por la sensación de impotencia ante el extranjero.

Y si hay club representativo de la fortaleza de España en Europa ese es el Real Madrid. Desde la consecución de la sexta Copa de Europa en 1966 el Madrid deambula por el continente como alma en pena. Sigue reinando en España, aunque en los 70 su rival vecinal será capaz de discutirle la hegemonía. De hecho, el Atlético alcanzará el subcampeonato europeo en 1974 algo con lo que el Madrid sólo podrá soñar. Más aún cuando a finales de esa década tanto Amancio como Pirri, últimos supervivientes del gran Madrid, se retiren. A la altura de 1980 el siempre resolutivo Santillana y el corazón de Juanito intentan mantener a flote a un grupo de meritorios.

A la pareja citada se unen dos extranjeros. El primero, Uli Stielike, es un internacional alemán de sólida carrera capaz de jugar tanto de libre como en el centro del campo. Sin embargo, al igual que Juanito o Santillana, aun siendo buenos futbolistas no eran para nada estrellas de categoría mundial. El otro foráneo es Laurie Cunningham, el primer jugador de raza negra en ser internacional inglés, una bellísima persona pero que no consiguió destacar sobremanera como extremo. El resto del equipo está formado por meritorios, jugadores de la casa, algunos mejores que los otros, pero la mayoría de ellos futbolistas de perfil bajo que en cualquier otra época no hubiesen pasado de jugar un par de partidos con el Real Madrid.

Buena parte de ellos tenían como apellido García. Es García el más común de los apellidos en lengua castellana. Ser un García es ser un ser desapercibido. Uno entre cientos. Y así eran aquellos meritorios del Real Madrid. Un equipo de desconocidos que todos juntos formaban un ente. Había hasta cinco (García Cortés, García Navajas, García Hernández, García Remón, Pérez García) y junto a otros comunes mortales como Ángel, Pineda, Sabido o Isidro estuvieron a punto de devolverle la grandeza al Real Madrid.

Y así pasaron a la historia. Si hubo un ‘Madrid de Di Stéfano’, un ‘Madrid-Yé-Yé’, una ‘Quinta del Buitre’, un ‘Madrid de los Galácticos’ o un ‘Madrid de Zidane’, también hubo un ‘Madrid de los García’.

En las dos primeras rondas el Madrid elimina con facilidad al Limerick FC irlandés y al Honved de Budapest recordando glorias pasadas. En esta eliminatoria (3-0 de parcial) destaca la actuación de Cunningham, en uno de sus mejores partidos con la camiseta blanca. En cuartos de final el Real Madrid viaja a Moscú para enfrentarse al Spartak. Allí sobrevive al asedio ruso con una actuación estelar de García Remón recordando a aquella de años atrás ante el Dinamo de Kiev que le valió el apodo de ‘Gato de Odesa’. En la vuelta, la entrada de Isidro por Del Bosque en la segunda parte cambiará el signo de la eliminatoria. Isidro batirá en dos ocasiones a Rinat Dassaev para darle a los blancos la clasificación para semifinales. ‘San Isidro goleador’ era un futbolista multidisciplinar al que Boskov colocaba tanto de lateral izquierdo como de delantero con el mismo aceptable rendimiento. Como un Lucas Vázquez de la actualidad, Isidro representaba a ese meritorio que nunca protesta cuando no juega y que siempre rinde cuando se le necesita.

Real Madrid Crónicas de aquel Real Madrid: San Isidro Goleador - AS.com
Gol de Isidro

Por el otro lado del cuadro avanzaba el Liverpool FC. A diferencia de lo que le ocurrió al Madrid, la década de los 70 fue gloriosa por los ‘reds’. Desde que el escocés Billy Shankly cogió las riendas del club en 1959 cuando militaba en la segunda categoría inglesa, no hizo más que hacerlo crecer hasta llegar al estrellato europeo. Lo hizo identificando al club con una forma de jugar que se dio en llamar ‘passing Liverpool game’ basada en el juego de toque, muy al contrario de lo que se estilaba en la Inglaterra de entonces donde el ‘kick and run’ (lanzar y correr) formaba parte del ABC del fútbol. Eso, y una comunión casi sagrada con los socios y trabajadores de la ciudad (Shankly fue el que hizo colocar la placa de ‘This is Anfield’ en el túnel de vestuarios para enfervorizar a los suyos y hacer temblar a los visitantes) hizo del Liverpool FC un grande en pocos años.

A Shankly lo sucedió su segundo, Bob Paisley, en 1974. Desde ese año y hasta 1981 el Liverpool FC había sumado 4 Premier, la Copa de la UEFA de 1976 y las Copas de Europa de 1977 y 1978. El esqueleto del equipo estaba formado por el portero Ray Clemence, el lateral derecho Phil Neal, los centrales Alan Hansen y Phil Thompson, el pivote Terry McDermott y, esencialmente, los escoceses Graeme Souness y Kenny Dalglish. El primero era un oso con la delicia de un violinista. Era un ‘box to box’ capaz de morder a ambos lados del campo. El segundo era un estilista, pequeño y pillo, de gran técnica y no excesivamente goleador, pero si capaz de anotar en el momento preciso.

El Liverpool FC elimina en primera ronda al Limerick FC irlandés y al OPS (10-1 en el global) finés antes de jugar en cuartos ante el CSKA Sofía. Allí Souness firmó una actuación memorable con tres goles en una eliminatoria que se resolvió por 6-1 en el global a favor de los ‘reds’. En semifinales tocó el FC Bayern. En Inglaterra el partido acabó sin goles a pesar de las numerosas ocasiones del Liverpool FC. Quedaba la vuelta. Los muniqueses no habían perdido partido alguno en casa durante la temporada. Y así seguiría la cosa. Dalglish se lesionó al poco del inicio, pero el Liverpool FC se las apañó para aguantar el 0-0, hasta que a falta de siete minutos Ray Kennedy anotaba el 0-1. Poco antes del final Rummenigge empataba el encuentro, pero el valor doble de los goles en campo contrario daba el pase a la final a los ingleses.

Trent, Lovren, Garcia and more: Kop 10 wins over German teams - Liverpool FC
Ray Kennedy (Liv) y Paul Breitner (Bay)

Al Madrid le tocó en suerte en semifinales el Internazionale milanés. En el Bernabéu los blancos barrieron al Inter con un monumental cabezazo de Santillana y un derechazo de Juanito. En la vuelta, el liderazgo de Stielike y una gran actuación del portero Agustín en su debut europeo darán el pase al Real Madrid a pesar de perder por 1-0. Agustín había debutado semanas atrás tras lesionarse García Remón y sería titular en la primera final de Copa de Europa para el Real Madrid en quince años.

El Madrid llegaba a París con urgencias históricas y también recientes. No hubo Liga ni Copa del Rey. Era todo o nada. El Liverpool FC también había fracasado esa temporada, por lo que sólo la Copa de Europa podía salvar su campaña. Jugarían Dalglish y Alan Kennedy, ambos recientemente recuperados de sus lesiones. Se especulaba con que el emergente Ian Rush sustituiría a Dalglish, pero no fue así. También Cunningham, que volviera a los terrenos de juego diez días antes tras seis meses de lesión, sería de la partida. Arbitraba el húngaro Palotai, quien ya dirigiera la final de 1976 y que es uno de los excepcionales casos de colegiados con notable carrera futbolística en el pasado.

El Liverpool FC dominó el partido y el Real Madrid se dedicó a defender y a salir a la contra. Aun así, las ocasiones fueron escasas, salvó un remate a bocajarro de Souness. En la segunda parte se mantuvo la misma tónica, pero el Madrid estuvo a punto de anotar en una cabalgada de Camacho que se marchó por encima del larguero. Llegó a tener alguna ocasión más, pero fue malgastada por Juanito, quien sería fuertemente criticado al finalizar el partido por exceso de individualismo.

Se llegó así al minuto 81, cuando un error al despejar un saque de banda de García Cortés dejó solo a Agustín ante Alan Kennedy que le fusiló. Los blancos reclamaron que el saque de banda les favorecía y Alan Kennedy acabaría confesando que su intención era centrar y no tirar. Lo cierto que es era el futbolista más tosco de los 22 que había el campo y tal sería su suerte que también anotaría el penalti decisivo en la tanda que en 1984 le daría al Liverpool FC otra Copa de Europa.

El Madrid de los García no pudo alzarse con el título, pero llegar hasta la final habla realmente bien de un grupo que igual era limitado, pero quizás menos de lo que se les atribuía por lo común de los apellidos con los que fueron bautizados. Fue la tercera Copa de Europa del Liverpool FC y un intento perdido para el Real Madrid. La revancha llegaría en 2018 con la consecución de la 13ª Copa de Europa blanca gracias a una prodigiosa chilena de Gareth Bale y una descomunal cantada de Karius. En 2022 toca el desempate.

Conocidos y admirados a partes iguales los Stielike, Del Bosque, Camacho, Juanito, Santillana o Cunningham, recordemos quien eran los García y sus allegados:

Mariano García Remón (1971-1984): Trece temporadas como portero alternando titularidad y suplencia. Es junto a Casillas el único guardameta nacido en Madrid con éxito defendiendo el arco blanco. Sus paradas ante el Dinamo de Kiev le valieron el mote de ‘Gato de Odesa’. Fue efímeramente entrenador del Real Madrid.

Francisco García Hernández (1978-1983): Habitual suplente, era un centrocampista multiusos utilizado con frecuencia por todos sus entrenadores. Canterano y madrileño, tras dejar el Madrid jugó cinco temporadas en el CD Castellón en Segunda División. Tras retirarse fue ojeador de las categorías inferiores merengues.

Rafel García Cortés (1978-1982): Lateral derecho y buen lanzador de faltas, pasó un año cedido en Burgos antes de afianzarse como titular. También madrileño, ganó una Copa del Rey con el Real Zaragoza y se retiró en el Rayo Vallecano a inicios de los 90. En la actualidad forma parte del organigrama de la Fundación Real Madrid.

Antonio García Navajas (1979-1982): Procedente de la cantera del Real Burgos, fue suplente habitual, aunque formó parte de la defensa titular en la final de París. Después militó en el Real Valladolid y en el Rayo Vallecano.

Ángel Pérez García (1979-1982): Lateral izquierdo canterano que saltó a la fama por un descomunal marcaje a Kevin Keegan en semifinales de Copa de Europa de 1980. Sin embargo, se diluyó como un azucarillo y pronto marchó al Elche CF antes de retirarse en el Real Murcia. Fallecido.

Andrés Sabido (1977-1982): El más conocido de los desconocidos. Un defensa de los que primero daban y después preguntaban. Madrileño y canterano, cerró su carrera en el CA Osasuna tras militar en el RCD Mallorca.

Isidro Díaz (1977-1985): ‘San Isidro Goleador’ es una de esas personas que sólo tiene amigos. Defensa, centrocampista, delantero…cumplía siempre que salía desde el banquillo. Nacido en Guijuelo y formado en la cantera merengue se retiró en el Elche CF tras pasar antes por el Racing de Santander.

Ángel de los Santos (1979-1985): A diferencia de los anteriores, el andaluz Ángel llegó al Real Madrid como futbolista consagrado. Tras destacar en la UD Salamanca se hizo fuerte en la sala de máquinas del Real Madrid durante varios años para colgar las botas en el Bernabéu en 1985 ya relegado al ostracismo del banquillo.

Francisco Pineda (1980-1985): También era García, pero no usaba su segundo apellido. Delantero voluntarioso que tras triunfar en el Castilla no lo pudo hacer en el primer equipo. Jugará también en el Real Zaragoza y se retirará en 1990 en el CD Málaga.

El Madrid de los García | Cuadernos de Fútbol
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El miedo escénico (90 minuti en el Bernabéu son molto longos)

Como el caballo de Atila. Así se puede resumir la historia del Real Madrid de Di Stéfano. La historia del Madrid de las cinco Copas de Europa. Aquel huracán blanco arrasó a sus rivales. Sí, hubo eliminatorias igualadas contra el Rapid Viena o el Manchester United y hasta un partido de desempate frente al Atlético de Madrid, pero la sensación de superioridad era manifiesta. Es cierto que en tanto en la primera como en la quinta hubo de remontar goles iniciales del Stade de Reims y del Eintracht respectivamente, empero, salvo en la final de 1957 frente al AC Milan (3-2 en la prórroga), no existió nunca la sensación de que el Real Madrid podía ser batido.

Fueron los años en los que se formó la leyenda del Real Madrid. Una leyenda creada por dos hombres a cada cual con más carácter y más autoridad; Santiago Bernabéu y Alfredo di Stéfano. El primero había sido jugador, entrenador y secretario técnico del Real Madrid cuando el club merengue no podría ni concebir lo que es en la actualidad. Fue Bernabéu el que firmó a Samitier del FC Barcelona (una suerte de Luis Figo) y a Ricardo Zamora, una de las estrellas más rutilantes del mundo en tiempos pretéritos. Tras el fin de la Guerra Civil se empeñó en construir un estadio descomunal en el extrarradio madrileño para la modesta masa social que entonces tenía el conjunto blanco. Mas pronto que tarde ese estadio se bautizará como Santiago Bernabéu y pronto el Real Madrid se convertirá en el club más legendario de Europa.

Alfredo di Stéfano aterrizó en España en 1953. Por entonces el Real Madrid sumaba dos ligas en dos décadas. Con ‘La Saeta Rubia’ sumó ocho en un decenio amen de las cinco primeras Copas de Europa. Es ahí cuando nace el mito del Madrid. Ganar, ganar y volver a ganar, como bien explicó Luis Aragonés, un símbolo, pero un símbolo de la otra parte de Madrid. Ganar por encima de todo, pero siempre con señorío. ¿Y qué es el señorío? El señorío es actuar como Di Stéfano. Correr, encimar, protestar, defender y gritar durante 90 minutos. Ser igual de genio como de perro en el campo. Ser igual de admirado que odiado, pero, al finalizar el encuentro, ni regocijarse por la victoria ni mostrar rencor por la derrota.

Esas han sido las líneas maestras del Real Madrid desde entonces y con ellas se ha hecho grande y respetado hasta la saciedad. Pero la historia del Madrid no ha sido siempre una historia de éxito. Fueron 32 años sin ganar la Copa de Europa. Si el Madrid no llega a sumar la séptima un 20 de mayo de 1998 es probable que no fuese elegido por la FIFA como el mejor club del siglo XX. No hacía mucho que el Spartak de Moscú (1-3) o el desconocido Odense (0-2) habían eliminado al Madrid de Europa en el Bernabéu.

El caso es que hubo un tiempo en el que el Madrid acumulaba fracaso en Europa año tras año. Eso incluye también mancillar el sagrado coliseo de la Avenida de la Castellana. Desde que en 1962 el Real Madrid perdió por primera vez un partido en casa en Copa de Europa (fue ante la Juventus por 0-1) han sido muchos más. Y no hay que retrotraerse demasiado en el tiempo para ver actuaciones desconcertantes y humillantes. Ni siquiera hay que rememorar la década ominosa (2003-2013) en la que el Real Madrid caía una vez y otra vez en octavos de final. En los gloriosos años recientes el Madrid ha perdido en casa ante el Spartak Moscú (0-3), el AFC Ajax (1-4), y esta misma temporada ante el todopoderosísimo Sheriff Tiraspol (1-2).

Así pues, ni el Santiago Bernabéu es intocable ni su leyenda está ligada al Real Madrid victorioso de Alfredo Di Stéfano.

¿De dónde viene entonces la leyenda del Santiago Bernabéu?

Nostalgia Futbolera ® on Twitter: "Estadio Santiago Bernabéu, Real Madrid.  Entre 1970-diciembre 1972. https://t.co/9rrrGkoT1M" / Twitter
Santiago Bernabéu. Año 1970.

En esa longa noite de pedra que vivió el Real Madrid durante más de tres décadas hubo momentos mejores y peores. A los blancos les tocó de cuando en cuando abandonar su tan querida Copa de Europa y arrastrarse por la segunda competición continental, la por entonces Copa de la UEFA. A decir verdad, la UEFA no tendría el prestigio ni la pomposidad de la Copa de Europa, pero su nivel era ciertamente superior. Si a la ‘Champions’ iban solo los campeones ligueros a la UEFA iban el segundo, tercero y cuarto de las ligas más potentes del continente.

Durante dos campañas consecutivas (84/85 y 85/86) el Real Madrid logró alzarse con la Copa de la UEFA. Hoy son dos títulos arrinconados en la sala de trofeos de la Castellana. Por entonces fueron un balón de oxígeno para un club que había perdido el respeto de Europa.

Fue entonces cuando se creó el mito de la indestructibilidad del viejo Chamartín. Cualquier derrota fuera de casa era levantada en el Bernabéu por un pandemónium inexplicable a través de unos futbolistas que, además de manosear con belleza a la pelota, corrían, encimaban, protestaban, defendían y gritaban en comunión con un estadio y con el apoyo y el patrocinio de una camiseta y un escudo predestinado.  

Todo empezó con el RSC Anderlecht. Atlético de Madrid, Real Betis, Real Valladolid y Real Madrid. Esos eran los cuatro participantes españoles en la Copa de la UEFA 1984/85. A dieciseisavos de final solo llegaron los merengues. Su rival era el conjunto belga, que contaba con Morten Olsen, Scifo o Vercauteren en sus filas. En ida ganaron con claridad (3-0) y parecía imposible que remontaran. El público acudió escéptico al campo, pero en quince minutos ya iban dos goles y al descanso el Madrid ganaba por 4-0 (Valdano (2), Sanchís y Butragueño). Por entonces el Bernabéu ya era una olla a presión y luego sería un festival cuando el Buitre anote otros dos tantos en la segunda parte para un choque que acabó 6-1.

El nombre de Butragueño había sido coreado por vez primera en el Bernabéu en la eliminatoria anterior. El HNK Rijeka, hoy croata entonces yugoslavo, había vencido por 3-1 en la ida. En la vuelta el marcador al descanso era 0-0. Fue entonces cuando entró al campo Butragueño, por entonces un meritorio suplente de Santillana y Valdano. El madrileño fue el revulsivo para la remontada (3-0), empequeñecida por la que semanas después se perpetró ante el Anderlecht.

‘Revista de Occidente’ es la publicación de divulgación cultural más antigua editada en España. Fundada por Ortega y Gasset, en 2023 cumplirá un siglo de vida, tan solo apagada en las primeras décadas del Franquismo. Es ‘Revista de Occidente’ lugar de filósofos, ensayistas y eruditos, y fue un punto de encuentro político durante la Transición. Bajo ese paraguas académico llegará a escribir un artículo Jorge Valdano. Además de fenomenal delantero (gol incluido en la final de un Mundial), Valdano era, y es, un filósofo del balón. Tras colgar las botas, ha escrito varios libros y ha sido galardonado por sus artículos y su trabajo periodístico. Así entonces, que un futbolista de 31 años escribiese un artículo en ‘Revista de Occidente’ titulado ‘Miedo escénico’ era una rareza en el mundo del fútbol, pero que se torna en corriente conociendo al personaje.

Valdano cogió prestado el término ‘miedo escénico’ acuñado por el escritor colombiano García Márquez en un artículo escrito años atrás hablando sobre los diferentes miedos del ser humano. Márquez consideraba el escénico (hablar en público, relacionarse con los demás, encajar) como el mayor de los miedos. Para Valdano, lo que el Anderlecht había padecido en el Bernabéu era miedo escénico, y lo describía de la siguiente manera: «Cada miércoles europeo, un carnaval a destiempo, ruidoso y orgullosamente disfrazado de blanco, nos espera en nuestro feudo con una confianza casi irresponsable en nuestras posibilidades. Resultados escandalosamente desfavorables fueron superados frente a gloriosos representantes gracias a actuaciones poco menos que milagrosas, pero que son enteramente explicables apelando a elementos que van más allá de lo estrictamente futbolístico. Las razones técnicas, tácticas e incluso físicas que dan a un equipo su fisonomía, que hacen su estilo, responden, en primer lugar, a las peculiaridades de cada jugador y, en segundo término, a las pretensiones del entrenador (…) Pero un equipo es, sobre todo, un estado de ánimo, y el Real Madrid ha sabido cuajar un carácter tan peculiar y cimentado que ha terminado por convertirse marca registrada que el público exige, obligando al jugador, y que se va perpetuando en el tiempo. Así pues, aun entendiendo que los grandes equipos se hacen a partir de grandes jugadores, hay aspectos puramente emocionales de importancia trascendental en el desarrollo de un encuentro futbolístico. Sabemos que el escudo del Real Madrid no tiene el poder de las hadas para hacer ganar sin esfuerzo, capacidad y organización (…) Sacrificio, orden y un. equipo en tecnicolor son atributos indiscutibles de un grupo preparado para las grandes exigencias, que valora y utiliza la confianza de 90.000 entusiasmados deseos que, al mismo tiempo, cuelgan en cada jugador adversario una mochila cargada de inseguridad, timidez y miedo”.

Plano Deportivo Jorge Valdano, elegido para el Salón de la Fama del Futbol
El poeta del balón

El artículo fue acogido con entusiasmo en los mentideros del fútbol. Se había creado el sustrato que iba a sostener como parte del Madrid la magia del Bernabéu y el espíritu de las remontadas. Aún habría algo más. En cuartos el rival era el Tottenham. Aquí la ida tocó en casa. 1-0. Para la vuelta se esperaba una derrota. Se acusaba al Madrid de blandito. Contaba con veteranos como Camacho, Santillana o Stielike, pero también como imberbes como Sanchís o el citado Butragueño. El Tottenham salió a muerte en White Hart Lane. Al descanso el resultado era 0-0, pero era cuestión de tiempo que llegase el gol inglés. No fue así. En el intermedio Amancio, entonces técnico madridista, no dijo nada. Únicamente se bajó los pantalones y enseñó a sus jugadores las cicatrices y marcas de guerra de sus gloriosos años como futbolista.

Nadie se achantó. El Madrid aguantó el 0-0 y se clasificó para semifinales. Eso también es la grandeza del Madrid.

En semis tocaba el Inter. Los italianos eran muy favoritos. En la ida jugada en Italia hay un 2-0 en un horripilante partido madridista. Pero lo peor no fue la derrota. Butragueño acabó tocado y Amancio se acercó a la habitación del Buitre para ver cómo estaba. No había nadie. Pero escuchó jaleo en otra habitación. La sorpresa del técnico coruñés fue mayúscula al ver a Butragueño leyendo un libro mientras Juanito y Lozano intimaban con dos italianas. Habría sanción económica a los dos conquistadores por el escándalo y la injusta destitución de Amancio como técnico merengue. La realidad es que el equipo marchaba mal en la Liga y el núcleo duro (Salguero, Miguel Ángel, Juanito, Stielike, Camacho) lo culpaba de favorecer a los jóvenes.

Se le da las riendas a Luis Molowny, habitual apagafuegos. Toca otra machada. A diferencia del día del RSC Anderlecht ahora el Bernabéu si cree en la remontada. Hay pancartas que hablan del miedo escénico. Era un Bernabéu distinto al actual. Ya tenía la marquesina cubierta instalada un par de años antes con motivo del Mundial de 1982 y había reducido su aforo de los 120.000 espectadores originales a 90.000 para dotar de asientos al estadio. Pero era un Bernabéu donde las calvas eran habituales. Muchas familias se habían alejado del campo por culpa de la televisión (en color -un bombazo-) y por la creciente presencia de ultras detrás de la portería. Además, la instalación de vallas preventivas creaba una barrera de separación entre jugadores y aficionados que no favorecía la comunión del estadio.

Ese día no. Chamartín estaba a rebosar. El Bernabéu amedrentó a los italianos. Santillana en el 12 tras un rechace y luego antes del descanso con otro de sus cabezazos eternos igualaba la eliminatoria. El éxtasis llego al poco de iniciarse la segunda parte cuando un tiro cruzado de Michel bata a Walter Zenga. El público, en pie, gritaba ¡Así, así, así gana el Madrid! Al acabar el choque Collovati atiende a los medios y dice comprender como al Anderlecht le pudieron caer seis.

La final a ida y vuelta fue un paseo ante el Videoton húngaro que sorpresivamente había derrotado en los penaltis al Manchester United. Carlos Santillana ejercía como capitán y levantaba un trofeo tras años de sin sabores en Europa.

1984/85: Madrid awake from European slumber | UEFA Europa League | UEFA.com
UEFA 84/85

A decir verdad, la primera hazaña del Real Madrid en Europa se había producido años atrás. Aun no estaban ni Valdano ni Juanito, pero si Camacho o Santillana. Eran los octavos de final de la Copa de Europa de 1976. El rival el Derby County. Por entonces el favoritismo no era lo abrumador que sería en la actualidad. Al contrario. El Derby County había vencido en la ida por 4-1 con una autoridad aplastante. Jamás el Madrid había remontado hasta entonces una diferencia de tres goles en Europa. Roberto Martínez anotó al poco de empezar a pase de Santillana, pero hubo que esperar a la segunda parte ver un 3-0. El Derby anotó un gol más y en un arreón final Pirri marcó el 4-1 de penalti llevando el partido a la prórroga, donde Santillana hizo el 5-1 que clasificaba al Madrid. Fue el éxtasis, pero fue efímero. El FC Bayern pasó por encima del Madrid en el que fue el último partido europeo de Amancio.

Para la temporada 1985/86 el Real Madrid repetía participación en la UEFA. El Barça había ganado la Liga y jugaría la Copa de Europa. Es un Madrid más fuerte. Ramón Mendoza es el nuevo presidente y firma a Maceda, Gordillo y Hugo Sánchez. Santillana y Juanito pasan a ser suplentes habituales y la ‘Quinta del Buitre’ da el paso definitivo hacia el estrellato. Esa será la primera de las cinco ligas consecutivas que ganará el Madrid. En la UEFA se plantará en octavos junto al Athletic Club que caerá ante el Sporting de Portugal. Al Real Madrid en octavos le toca jugar ante el Borussia Mönchengladbach. Será el primero de otro camino lleno de sobresaltos como visitante y de heroicidades como local.

Se pierde 5-1 en Alemania y el ‘miedo escénico’ debe hacer de nuevo su aparición en el Bernabéu. Un gol de Carlos Santillana en el último minuto desde el suelo y tras infinidad de rechaces, resume la fe, el corazón y los bemoles que dan cuerpo a las remontadas blancas. Antes de eso tocó arrebato y nueva clase magistral de pandemónium. Hay decenas de ataques en oleadas con Maceda ejerciendo de todocampista y con balones de área a área dejando inerte el centro del campo. En el minuto 19 Valdano ya había colocado el 2-0, pero no sería hasta los diez minutos finales cuando Santillana apelase a la épica para firmar el 4-0 definitivo.

Por entonces el ‘miedo escénico’ había calado en el madridismo, pero falta un aquel que llegara al corazón de los madridistas. Era una suerte de evangelio basado en las entrañas de la religión, pero su redacción había estado a cargo de un erudito. No solo Valdano tenía de todo menos pinta de futbolista. Había muchos chicos buenos y hasta a unos cuantos de ellos les dio por sacarse una carrera. Pero en el vestuario también los había de pelo en pecho, de esos que hablaban tanto con el estómago como con la lengua. Estaban Camacho, Maceda o Hugo Sánchez. Y para que el ‘miedo escénico’ llegase a las masas y se quedara en el acervo colectivo del madridismo hacía falta algo más.

Hacía falta que hablara Juanito.

Como Raúl, Juanito pasó por la cantera del Atlético de Madrid antes de convertirse en ‘pope’ blanco. Juan Gómez era un talentoso mediapunta de fuertísimo carácter y profundamente temperamental. Alguien dejó escrito que tenía el demonio de los extremos y, siendo diestro, la sensibilidad de un zurdo. Era un buen futbolista, pero palidecería en el vestuario del Real Madrid actual. Sin embargo, pocos podrán superar a Juanito en amor y lealtad merengue. Nadie representa como él a aquellos que ven en la camiseta del Real Madrid una segunda piel.

Juan Gómez González "Juanito". - Mundo Real Madrid
El ‘7’ maravilla

En semifinales vuelve a tocar el Inter. En San Siro ganan los italianos por 3-1. Al acabar el choque Juanito se retira con una sonrisa camino de los vestuarios y lanza una boutade para que sea escuchada al mismo tiempo por sus rivales y por la prensa, para que los plumillas se encarguen de difundirla a los cuatro vientos: “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”.

Juanito sabía de italiano tanto como yo de arameo. Nada. Cero. Pero la frase resonó como un trueno durante la semana siguiente. Si Valdano había sido el erudito, Juanito había traducido su relato para que fuese entendido por la masa. El ‘miedo escénico’ pasó a ser ‘el espíritu de las remontadas’. Y cuando años más tarde un coche se lleve por delante al genio de Fuengirola, ‘el espíritu de las remontadas’ pasará a ser ‘el espíritu de Juanito’.

El partido fue de escándalo. Al descanso se llegó con 1-0 con gol de Hugo. Luego anotó Gordillo y recortó Brady, hasta que Hugo de penalti puso el 3-1. En la prórroga fue Santillana, suplente casi todo el año, el que anotó dos cabezazos poniendo el 5-1 definitivo y recordando porque años atrás era el mejor rematador de cabeza del mundo.

90 minutos en el Bernabéu habían sido ‘molto longos’, pero en la final la ida tocaba en casa. Fue un vendaval de juego. Una completa exhibición, quizás el mejor encuentro en dos años. Aquí no hubo testosterona, sino clase y calidad. Y hasta hubo remontada porque el FC Colonia se adelantó por medio de Klaus Allofs. Acabaría ganando el Madrid por 5-1 haciendo bueno el 2-0 de la vuelta donde Schumacher, Littbarski y compañía apretaron, pero un par de paradas formidables de Agustín cerraron el partido dándole al Real Madrid su segunda Copa de la UEFA consecutiva.

Madrid-Inter, un duelo 'vintage' - AS.com
Siempre gol de Santillana

La temporada siguiente el Real Madrid volvía a la Copa de Europa. Se remontó al Young Boys en dieciseisavos (1-0 en Suiza y 5-0 en España) y al Estrella Roja en cuartos (4-2 en Belgrado y 2-0 en Madrid) pero en semifinales el FC Bayern ejerció de bestia negra y humilló al Madrid con el famoso pisotón de Juanito a Matthäus incluido.

Sería el último choque de Juanito en Europa y sería también el fin de la mística. Habría alguna que otra remontada, especialmente golosa una ante el FC Bayern en tiempos de Raúl, pero ni rastro de la magia del Bernabéu salvó a cuentagotas. No sería hasta esta temporada cuando las animaladas perpetradas por Benzema y compañía ante PSG, Chelsea y Manchester City hagan retraernos a los tiempos del ‘miedo escénico’ y a los del ’90 minuti en el Bernabéu son molto longos’.

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