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Una historia del catenaccio

‘Catenaccio’. Foneticamente hermoso. Deslucido en su significado. Palabra italiana usada en el argot futbolístico, el ‘catenaccio’ más que un estilo de juego es un estado de ánimo. La paradoja estriba en que en un país donde las reglas las dictamina el imperio de la belleza, el fútbol es la única actividad donde se suprime esta regla. En Italia el refinamiento y la retórica inundan todas las disciplinas, ya sea para pintar un cuadro, fabricar un coche o hacer la comida. Pero en el fútbol se predica lo pragmático, lo astuto y lo austero. En Italia el regate es un intruso, es el enemigo. Un lugar donde el músculo siempre vence a la técnica. El ‘catenaccio’ no es más que un arte. Es el arte de defender.

El ‘catenaccio’ es al fútbol, lo que el confinamiento es al coronavirus.

Toda idea necesita que sea difundida, y en el ‘catenaccio’ no existió mayor ministro de propaganda que Gianni Brera. Nacido en 1917 en la provincia de Pavía, Brera está considerado la pluma más sobresaliente en la historia del periodismo deportivo italiano. Antes de convertirse en el redactor más joven en acceder a la dirección de ‘La Gazzetta dello Sport’, Brera había formado parte de la resistencia italiana frente a los nazis que luchaba al norte de Milán. En esos meses finales de 1944 Brera aprendió a agazaparse, golpear rápido y volver a esconderse. A luchar como un guerrillero. Como un partisano.

A defender, y salir al contraataque.

Brera estaba convencido de que el italiano era un ser débil. Mediocres en talla y en fuerza frente a los rubios o pecosos habitantes del norte de Europa, pensaba que el soldado italiano no tenía nada que hacer si no recibía ayuda norteamericana. Trasladado al fútbol, Brera rumiaba que Italia podía producir defensas resueltos y correosos o delanteros oportunistas y escurridizos, pero que era incapaz de formar hombres enérgicos y rudos que sujetaran al equipo en el centro del campo. Por ello consideraba que los italianos tenían que esperar cerrados en defensa, burlar el medio del campo con pases largos y aprovechar las pocas oportunidades durante el partido con rápidos contraataques. Sólo así, según Brera, un equipo italiano podría batir a una escuadra superior.

Gianni Brera – Cartas Esféricas
Gianni Brera. La pluma de la defensa.

El apóstol difundía sus ideas, pero pocos lo escuchaban. Italia era una potencia futbolística y lo era gracias a un juego de enorme belleza… y la ayuda de unos cuantos argentinos nacionalizados. Los ‘azzurri’ habían ganado el Mundial de 1934 y 1938 con el sistema WM (3-2-2-3) o con su variante más defensiva (3-2-3-2), táctica creada por el inglés Herbert Chapman a comienzos de esa década y que era utilizada por la inmensa mayoría de los equipos. Una de las pocas excepciones era la modesta Suiza, que se plantó en los cuartos de final de 1938 con un sistema mucho más defensivo ideado por Karl Rappan, del que hablaremos más adelante.

Tras el fin de la II Guerra Mundial, Italia siguió siendo una selección ofensiva, poderosa y ganadora, que combinaba la gambeta sudamericana con el orden europeo. Pero en 1949 un avión se estrellaba a los pies de la basílica de Superga cerca de Turín. En ese aeroplano viajaba la plantilla del AC Torino, por entonces uno de los clubes más fuertes del mundo y que aportaba entonces 10 de los 11 titulares de la selección italiana. Los ‘azzurri’ viajaron a Brasil para disputar el Mundial de 1950 en un clima de pesimismo y claudicaron con estrépito. Para 1958 ni siquiera lograron clasificarse.

Italia se iba a convertir en un conjunto pequeño y ultradefensivo para agachar sus notables carencias. El ‘catenaccio’ iba a tener su oportunidad. No habría nunca más hueco en Italia para el fútbol ofensivo.

Gianni Brera vio entonces como sus soflamas y su prosa brillante iban a tener acogida. Necesitaba un ideólogo que las plasmara sobre el césped.

Y ese ideólogo iba a ser Nereo Rocco.

Rocco era el típico padre-entrenador de la época. Severo y huraño, pero querido por sus jugadores. En los años 50 había dirigido a la Triestina y al Pádova, dos conjuntos modestos a los que llevó a puestos altos del Calcio ganándose la inquina de media Italia mientras la otra mitad admiraba que con tan pocos mimbres consiguiera tanto éxito. Cuando la ‘azzurra’ no logró clasificarse para el Mundial de 1958, Rocco recibió su gran oportunidad y se le dio el mando de la selección olímpica italiana en los Juegos de Roma de 1960.

Rocco basaba su esquema de fútbol en una variante de la WM, en la que uno de los centrocampistas retrocedía para colocarse detrás de la defensa (4-3-3). Hoy podría parecer una táctica ofensiva, pero en un fútbol que hasta dos décadas antes aún jugaba con dos defensas y cinco delanteros, lo que proponía Rocco era un sacrilegio.

Rocco seguía la teoría de Brera de que si eras un equipo menor lo mejor era defenderse y jugar al contraataque. Pero Rocco no era el primero que intentaba algo parecido. Él sólo introdujo el ‘catenaccio’ en Italia. El verdadero ideólogo era Karl Rappan, el hombre que había llevado a Suiza a los cuartos de final del Mundial de 1938.

Austriaco de nacimiento, Rappan inventó el ‘verrou’ (cerrojo) cuando dirigía al Servette antes de ponerlo en práctica en la selección nacional de Suiza. Retrocediendo al centrocampista a la línea defensiva lo dejaba libre de obligaciones de marca, con la única función de asegurar la cobertura defensiva cuando el atacante lograba zafarse de su marcador. Con ese esquema de cuatro defensores siempre habría uno que estaría libre para la ayuda. Luego sería Brera quien a través de ‘La Gazzetta dello Sport’ convirtió el ‘verrou’ en ‘catenaccio’ y llamó líbero (libre en italiano) al futbolista que se situaba detrás de la defensa ejerciendo de escoba.

Aunque se sabe que en Francia y en la Unión Soviética hubo entrenadores que pusieron en marcha la técnica del ‘verrou’ en la década de los 40, nunca tuvieron excesivo éxito porque se consideraba que jugar a la defensiva atentaba contra la idea básica y los conceptos del fútbol.

Volvemos pues a Rocco, al que en 1961 le llegó su gran oportunidad al ofrecérsele el cargo de entrenador del AC Milan. Es entonces cuando el ‘catenaccio’ pasa a ser glorificado al alzarse los milaneses con la victoria en la liga italiana, pero sobre todo al lograr el triunfo en la Copa de Europa al derrotar a la sublime máquina ofensiva que era el SL Benfica de Eusebio.

—HELENIO HERRERA—

Pero si hay un hombre que popularizó el ‘catenaccio’ y lo convirtió en religión fue Helenio Herrera. Argentino afrancesado, a Herrera siempre le había gustado el fútbol físico pero sin renunciar al virtuosismo. Antes de ser Mourinho antes de Mourinho, Herrera no era un técnico ultradefensivo. De hecho, para Brera, amigo íntimo de Rocco, Herrera era un charlatán y un cambia chaquetas.

El caso es que Herrera llega al Inter de Milan en 1960 y lleva el ‘catenaccio’ a una nueva dimensión. Tras el nacimiento de la Copa de Europa, el industrializado norte de Italia (conviene aclarar la acotación geográfica) se hinchó a gastar dinero en la locura del fútbol. A finales de los 50 llegaron los suecos (Nordhal, Liedholm, Gren) y los 60 fueron turno para los británicos (John Charles, Law) o los españoles (Luis Suárez, Del Sol, Peiró) y a partir de los 80 los mejores futbolistas del momento estaban en Italia (Platini, Zidane, Maradona, Batistuta, Zico, Ronaldo, Rummenigge, Matthaüs, Gascoigne, Laudrup, Van Basten, Gullit). Así que desde los 60 el ‘catenaccio’ pasó a estar formado por una tropa de italianos abnegados al esfuerzo y a un par de extranjeros extraordinarios que marcasen la diferencia. Y es importante acotar lo de extranjero. Porque si el futbolista que se salía de la norma era italiano (Rivera, Mazzola, Conti, Baggio, Del Piero, Totti) la duda era acusada.

De la pizarra de Herrera salía una orden clara. Todo el equipo, desde los defensores hasta los atacantes, se volcaría en defensa cuando los rivales tuvieran el balón. Herrera buscaba explotar las cualidades defensivas de sus jugadores. Y dobló la apuesta. Retrasó a un jugador más creando un 1-4-2-3, donde el quinto defensa actuaba de libre ejerciendo de escoba detrás de la línea de 4 (5-2-3). Además, los tres jugadores de ataque ayudaban en defensa, por lo que lo que era un 1-4-2-3 (5-2-3) sobre el papel se convertía en un 1-4-5-1 (5-5-1) en labores defensivas. Con ese esquema en el que Picchi era el 1, el líbero que se situaba delante del portero, los laterales Burgnich y Fachetti eran locomotoras que subían y bajaban la banda y Jair o Mazzola eran liebres al ataque, el Inter consiguió 3 títulos ligueros y 2 Copas de Europa en cuatro temporadas.

El Inter de Helenio Herrera era un conjunto compacto, efectivo y resolutivo. Exigencia, disciplina y sacrificio desde la defensa hasta el ataque. Y tuvo un plus a mayores. Además de los éxitos, también contó con las imágenes televisivas. Aquel Inter fue uno de los primeros equipos exitosos seguidos y admirados a través de la pequeña pantalla.

El ‘catenaccio’ perfeccionado por Herrera se basaba en zagueros extraordinarios y en una rápida transición defensa-ataque. El mediocampo pasó a estar despoblado, ya que los equipos, viendo el éxito italiano, pasaron a formar en su vertiente ofensiva con un 4-2-4. El cuarto defensor ya era innegociable. Es en esa época cuando en España se empieza a hablar de ‘zona ancha’ para referirse al centro del campo, ya que normalmente estaba despoblado. Es por ello que para el triunfo del ‘catenaccio’ era indispensable un centrocampista fuerte, disciplinado, con férrea condición física y capaz de dar pases milimétricos a 30 o 40 metros de distancia. Ese hombre era Luis Suárez. Sin el coruñés, Herrera nunca habría tenido su ‘Grande Inter’.

El ‘catenaccio’ sufrió un duro golpe en el Mundial de 1970, cuando Brasil arrasó a Italia con un fútbol angelical. “El catenaccio no tiene ninguna posibilidad de subsistir”, declaró Pelé. Por lo general los 70 no sentaron bien a los italianos, porque en los Países Bajos iba a nacer el ‘fútbol total’, un balompié de genios que menospreciaba el ganar por ganar. Pero el ‘catenaccio’ había llegado para no marcharse. “Los italianos no te pueden ganar, pero tú puedes perder contra ellos”, dijo en una ocasión Johan Cruyff. En 1982 una Italia mediocre se alzó con el Mundial contando con un delantero corriente (Paolo Rossi) y una línea defensiva sucia y durísima liderada por Gentile y Scirea. Fue un milagro táctico y psicológico que aquel equipo derrotase a Brasil, Argentina, Polonia y Alemania. Aquello fue el culmen del ‘catenaccio’.

https://www.youtube.com/watch?v=qxUQaBkgJRE

A finales de los 80 el fútbol vivía su penúltima revolución. Un desconocido técnico llamado Arrigo Sacchi iba a devolver al AC Milan a la cima europea con una idea revolucionaria. Si en el fútbol total los once jugadores tenían libertad, para Sacchi los once jugadores eran uno sólo. A través de un rígido 4-4-2 en el que los futbolistas estaban juntísimos, presionando la salida del balón y adelantando la defensa para hacer caer al rival en el fuera de juego. Aquel equipo era ofensivo, pero tenía una disciplina física y técnica brutal que hacía que estrellas como Van Basten pareciesen obreros de una fábrica.

¿Qué hicieron los italianos? Quedarse con lo de la disciplina y olvidarse del ataque. Capello o Lippi cogieron las ideas de Sacchi pero las adaptaron al ‘catenaccio’. Si, era un 4-4-2 y los jugadores estaban juntos y ordenados, pero ni presionaban ni atacaban. Los dos puntas se colocaban a la altura del centro del campo, y a esperar la salida al contraataque. “Solo se han preocupado de vencer. En Italia el fútbol siempre fue sinónimo de sufrimiento, nunca de alegría o de felicidad. Son las arenas romanas, donde había que ir a morir”, explicaba Sacchi, quien siempre ha renegado de los entrenadores defensivos que dicen haberse inspirado en él.

Durante décadas los italianos ganaron a base de disciplina, encorsetamiento táctico y rigidez defensiva. Los brasileños aprendían a defender, los argentinos encajaban por su fiereza, los alemanes por su disciplina y todos, fuesen del país que fuesen, aprendían a sufrir y a jugar como equipo. Los equipos eran italianos por mucha estrella extranjera que tuviesen. Las plantillas funcionaban como una fábrica de montaje y los futbolistas creativos eran vanagloriados por su capacidad de transición defensiva y se esperaba que desnivelaran un partido en momentos puntuales.

Hoy el ‘catenaccio’ está en la UCI, pero nunca estará muerto, porque la gracia del fútbol es que no siempre ganan los que juegan mejor.

Perdón. Jugar mejor es una soflama. Rectifico. No siempre ganan los que practican un fútbol más ofensivo.

 “Somos campeones del mundo, no nos interesa el fútbol de toque”. Marcelo Lippi, seleccionador italiano, contestando a las críticas recibidas por el mal juego de Italia tras proclamarse vencedora del Mundial de 2006.

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Fútbol con fronteras. Historia contrafactual de la Copa de Europa (1996-2019)

Con unos cuantos países en estado de alarma y empapados de una psicosis colectiva, hemos cerrado fronteras y nos hemos puesto a mirar con aire de desprecio a aquellos que vienen de fuera. El aburrimiento al que el coronavirus nos ha sometido me ha llevado a tener tiempo para darle vueltas a la cabeza y pensar que habría pasado si Jean Marc Bosman no hubiese denunciado a la UEFA y siguiéramos con una limitación de extranjeros en las plantillas de los equipos profesionales de fútbol.

Si en el fútbol europeo siguiesen existiendo las fronteras.

Ya había comentado en un post anterior que una historia contrafactual es una historia alterna en la que se responde a la pregunta: ¿qué hubiera pasado sí? Se trata de un ejercicio de abstracción y ficción desde un punto de vista histórico.

Para crear la historia contrafactual de la Copa de Europa he tomado como punto de partida la temporada 1996/97, la primera en la que la ley tuvo efecto. La última final de la Liga de Campeones antes de la libre circulación de futbolistas comunitarios se produjo en mayo de 1996 entre la Juventus de Turín y el Ajax de Ámsterdam. Por parte holandesa, sólo Litmanen (finlandés), Finidi y Kanu (nigerianos), disputaron el encuentro, mientras que en los italianos estuvieron Paulo Sousa (portugués), Deschamps (francés) y Jugovic (serbio). Pero sí fue evidente el cambio en la final de 1998 entre Real Madrid y Juve. En los merengues, que llevaban 32 años sin ganar una Copa de Europa, jugaron hasta ocho futbolistas nacidos fuera de España, incluido el montenegrino Pedja Mijatovic, autor del gol de la victoria.

Con el devenir de los años, los clubes europeos fueron incorporando un gran número de futbolistas de la Unión Europea, si bien muchos de ellos ni siquiera mejoraban el nivel de jugadores nacionales a los que cerraron puertas. Aunque con el tiempo se compensó a las canteras con los llamados derechos de formación, esas cantidades no han sido disuasorias para que los equipos más grandes devoren a los pequeños fichando a sus mejores jugadores. Desde que se instauró la Ley Bosman todos los clubes que han ganado la Copa de Europa pertenecen a una de las cuatro ligas más importantes de Europa: España, Inglaterra, Alemania e Italia. La única excepción que confirma la regla es el FC Porto portugués victorioso en 2004.

Otro aspecto a tener en cuenta es el número de los participantes en la Copa de Europa. A raíz de la promulgación de la Ley Bosman, para la temporada 1997/98 se aumentó el número de equipos y se permitió la entrada de los ocho subcampeones de las ligas más potentes de Europa. Para la campaña 1999/00 se consintió por vez primera, y superando diversas rondas clasificatorias, la presencia de hasta cuatro equipos de un mismo país de las cuatro ligas más fuertes del continente, aumentando el número de participantes finales a 32.

Si la Ley Bosman nunca fuese aceptada nada de esto hubiese pasado. Es muy probable que el número de participantes ascendiese a 24 y que estuviesen clasificados los subcampeones de las grandes ligas. Pero hasta ahí llegaría la reforma. Que el cuarto clasificado de España o de Alemania fuese igual o más competitivo que el campeón de Croacia con límite de extranjeros sería más que discutible.

Esto implicaría que AC Milan (2003 y 2007), Liverpool FC (2005 y 2019) y FC Barcelona (2009) no podrían haberse proclamado campeones porque la temporada anterior a sus títulos europeos ni siquiera habían terminado entre los dos primeros en sus respectivas ligas.

Hay un componente de azar del que no nos podemos abstraer. Hay que diferenciar los equipos según coeficiente, realizar sorteos y determinar cruces. Es imposible ser fiel a estos factores. Éste es un fallo de acción que debemos asumir a la hora de realizar esta historia contrafactual. He tenido en cuenta tanto los coeficientes UEFA de los principales equipos en el período 1996-2019, así como he mantenido las restricciones de países y de organizaciones de grupo. Pero soy consciente de que es un ejercicio de ficción. Por lo que he tomado la decisión de que el campeón contrafactual únicamente podrá ser elegido entre los 16 equipos clasificados a octavos de final en cada edición existente, para intentar ajustarme lo máximo posible a la realidad.

Como última consideración hay que determinar el número de extranjeros por plantilla. Aunque antes de la Ley Bosman no existía un criterio uniforme en todas las ligas, lo más habitual era tener tres futbolistas foráneos en el once inicial, así como un cuarto o quinto en plantilla. Me mantendré fiel a la ideal tradicional de 3 extranjeros entre los 11 titulares. De estos conviene suprimir a aquellos foráneos que al haber formado parte de las canteras nacionales tendrían la doble nacionalidad (por ejemplo Lionel Messi), aquellos que por razones familiares también podrían optar a ella (por ejemplo Paolo Montero) o aquellos que por larga trayectoria en el país la habrían obtenido (por ejemplo Roberto Carlos). Aun así hay otros muchos futbolistas (por ejemplo Cristiano Ronaldo) al que he seguido considerando extranjero aun sabiendo que en una historia contrafactual sin Ley Bosman hubiesen adquirido la doble nacionalidad.

Aun así, soy consciente de que estoy realizando un ejercicio de ficción, por lo que he tenido que tomar prestadas ciertas licencias futbolísticas. He determinado onces iniciales y he pronosticado que equipo vencería a cual con la ventaja que me da el paso de tiempo. He tenido que mantener a los ganadores ligueros entre 1996-2019, aún a sabiendas que, al igual que la Liga de Campeones, los títulos de Liga variarían de igual forma al cambiar las reglas de extranjeros.

En esta Copa de Europa contrafactual es más fácil que los equipos repitan entorchado. Obviamente el número de transacciones es más bajo y las plantillas más monótonas, por lo que es fácil que se creen dinastías.

En este juego de ficción hay que tener en cuenta que al reducirse el mercado internacional las transacciones nacionales se verían explotadas. Por citar un ejemplo, los Silva, Fernando Torres, Mata o Fernando Llorente que aceptaron ofertas de otros países es harto complicado que no acabasen firmando o por el FC Barcelona o por el Real Madrid. Estos supuestos no se han tenido en cuenta. Sin embargo, sí que me he permitido ciertas licencias como mantener a ciertos jugadores en sus equipos de origen durante un par de años más. Es el caso de Götze o Lewandowski, futbolistas que serían muy difíciles de retener por el Dortmund, pero que en un mercado capado es seguro que lo harían a mediana edad, y no al inicio de sus carreras.

No ha sido sencillo. Y ha llevado unas cuantas horas (todo gracias al coronavirus). Pero ahí va el resultado final. Los extranjeros están marcados en cursiva:

1996/97 Borussia Dortmund / Klos; Köhler, Sammer, Kree. Reuter; Lambert, Paulo Sousa, Heinrich, Möller; Riedle y Chapuisat.  

1997/98 Juventus FC / Peruzzi; Torricelli, Montero, Iuliano, Di Livio, Pesotto; Deschamps, Davids, Zidane; Inzaghi y Del Piero.

1998/99 Bayern Munich / Kahn; Babbel, Kuffour, Linke, Tarnat; Matthaüs, Jeremies, Effenberg; Basler, Jancker y Scholl.

1999/00 Real Madrid / Casillas; Salgado, Iván Campo, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Helguera, Redondo, Mc Manaman; Raúl y Morientes.

2000/01 Real Madrid / Casillas; Salgado, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Figo, Makelelé, Guti, Mc Manaman; Raúl y Morientes.

2001/02 Real Madrid / Casillas; Salgado, Hierro, Helguera, Roberto Carlos; Figo, Makelelé, Guti, Zidane; Raúl y Morientes.

2002/03 Juventus FC / Buffon; Birindelli, Thuram, Ferrara, Zambrotta; Camoranesi, Tacchinardi, Conte, Nedved; Del Piero y Trezeguet.

2003/04 FC Porto / Vitor Baia; Paulo Ferreira, Jorge Costa, Carvalho, Nuno Valente; Deco, Alenichev, Costinha, Maniche; Derlei y Carlos Alberto.

2004/05 FC Barcelona / Valdés; Puyol, Oleguer, Piqué, Fernando Navarro; Xavi, Gerard, Deco; Ronaldinho, Eto’o e Iniesta.

2005/06 Olympique Lyon / Coupet; Reveillere, Cris, Clerc, Abidal; Pedretti, Diarra, Juninho Pernambucano, Malouda; Benzema y Govou.

2006/07 AS Roma / Curci; Panucci, Ferrari, Méxes, Casetti; Mancini, Aquilani, De Rossi, Perrotta; Totti y Montella.

2007/08 Manchester United / Foster; Brown, Ferdinand, O’Shea, Evra; Carrick, Scholes, Giggs; Cristiano Ronaldo, Rooney y Tévez.

2008/09 Bayern Munich / Butt; Lahm, Van Buyten, Demichelis, Badstuber; Ribery, Borowski, Schweinsteinger; Thomas Müller, Klose y Podolski.

2009/10 Bayern Munich / Butt; Lahm, Van Buyten, Badstuber, Contento; Ribery, Schwesteinger, Robben; Thomas Müller, Klose y Mario Gómez.

2010/11 FC Barcelona / Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Villa y Messi.

2011/12 FC Barcelona /Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Abidal; Busquets, Xavi, Cesc; Iniesta, Villa y Messi.

2012/13 FC Barcelona / Valdés; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Cesc; Iniesta, Villa y Messi.

2013/14 Borussia Dortmund / Weindenfeller; Piszczek, Friedrich, Hummels, Schmelzer; Bender, Kehl, Gündogan; Götze, Lewandowski y Aubameyang.

2014/15 FC Barcelona / Ter Stegen; Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedrito, Luis Suárez y Messi.

2015/16 Bayern Munich / Neuer; Lahm, Boateng, Tasci, Badstuber; Ribery, Rode, Kimmich, Robben; Thomas Müller y Lewandowski.

2016/17 Paris Saint Germain / Areola; Aurier, Kimpembe, Thiago Silva, Kurzawa; Verratti, Rabiot, Matuidi; Ben Arfa, Cavani y Mbappé.

2017/18 Real Madrid / Kiko Casilla; Carvajal, Ramos, Nacho, Marcelo; Modric, Isco, Ceballos; Asensio, Benzema y Cristiano Ronaldo.

2018/19 AFC Ajax  / Onana; Veltman, De Ligt, Blind, Tagliafico; De Jong, Van de Beek, Schöne; Kluivert, Tadic y Ziyech.

Como se puede observar los grandes damnificados serían los conjuntos ingleses. La Premier se ha convertido en la competición más potente del mundo y sus equipos están plagados de jugadores foráneos. Arsenal, Chelsea o Liverpool apenas han contado con futbolistas británicos en su once inicial. Lo mismo sucedió con el Calcio italiano en la primera década del siglo XX y, en menor medida, en la Liga española. El FC Barcelona se sustentó durante años gracias a una gran camada de canteranos, no así el Real Madrid glorioso del último lustro.

De todos modos, el músculo financiero y la lógica capacidad maltusiana de los países con más habitantes hacen inviable que conjuntos como el Steaua de Bucarest o el Estrella Roja puedan reverdecer laureles. Sin embargo, países del segundo escalafón futbolístico como Portugal o Países Bajos pueden mantener a sus estrellas en plantilla y con una buena generación asaltar el trono europeo.

Seguramente los casos más chirriantes en esta historia contrafactual sean los de Olympique de Lyon y AS Roma. Los franceses ganaron su liga entre 2002 y 2008 de forma consecutiva y fueron habituales en las rondas finales europeas en aquellos años. En 2006 fueron eliminados en cuartos de final por un AC Milan plagado de extranjeros, igual que los dos finalistas de aquel año; FC Barcelona (sólo 3 españoles en el once inicial) y Arsenal (sólo 2 ingleses).

https://www.youtube.com/watch?v=G7ENXVA_MKo

Más llamativo puede ser el caso de la AS Roma la temporada siguiente. Pero es que ni Liverpool FC ni AC Milan podrían haber jugado aquella final al no acabar entre los dos primeros en sus respectivas ligas. Los otros semifinalistas de aquella temporada fueron el Manchester United y el Chelsea, cargados de futbolistas no británicos en sus onces iniciales. Aquel año sólo el Bayern podría toserle a una AS Roma que de la mano de Totti vivía uno de los mejores momentos de su historia.

De este modo, el palmarés contrafactual de la Copa de Europa sería el siguiente:

1. Real Madrid 10 (en la realidad 13)

2. Bayern Munich 7 (en la realidad 5)

3. FC Barcelona 6 (en la realidad 5)

4. AC Milan 5 (en realidad 7)

4. Ajax Ámsterdam 5 (en la realidad 4)

5. Juventus FC 4 (en la realidad 2)

5. Liverpool FC 4 (en realidad 6)

6. Borussia Dortmund 2 (en la realidad 1)

6. FC Porto 2 (en la realidad 2)

6. Inter Milan 2 (en la realidad 3)

6. Manchester United 2 (en realidad 3)

6. SL Benfica 2 (en realidad 2)

6. Nottingham Forest 2 (en realidad 2)

7. Paris Saint Germain 1 (en realidad 0)

7. Olympique Lyon 1 (en realidad 0)

7. AS Roma 1 (en realidad 0)

7. Celtic Glasgow, Hamburgo, Steaua Bucarest, Olympique de Marsella, Feyenoord, Aston Villa, PSV Eindhoven y Estrella Roja 1 (en realidad 1)

“Quiero que el Real Madrid lo gane todo. Pero con que gane la Copa de Europa me sirve”. Julio Iglesias, celebridad musical y aficionado del Real Madrid.

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Old Firm

Al principio no había mayor antagonista que el de la calle de enfrente. Y no existe antagonismo que se pueda comparar con el ‘Old Firm’. La rivalidad futbolística por excelencia es la de Glasgow. Católicos contra protestantes. Irlandeses contra unionistas. Odio, tensión religiosa e intimidación. El ‘Old Firm’ condiciona la vida cotidiana como ningún otro partido del mundo. Las diferencias no están en el balón, están en el pensamiento. Futbolísticamente los hay mejores, pero por intensidad un Celtic-Rangers solo es comparable a un Boca-River. Por condicionantes extradeportivos sólo un Barça-Madrid puede subírsele a las barbas. Pero es que un Madrid-Barça no es un derbi.

La palabra ‘derby’ (castellanizado a derbi y aceptado por la Real Academia Española de la Lengua) da nombre a una carrera de caballos considerada como la decisiva en una competición. Su uso data de finales del siglo XVIII y no se sabe bien como medio siglo más tarde era usado como sinónimo de una competición deportiva entre clubes de una misma ciudad.

Este detalle es importante. No existe el derbi gallego ni el derbi vasco. Un derbi no enfrenta a regiones ni a ciudades rivales. La acepción correcta sólo debe usarse cuando compiten dos equipos de la misma villa. Si nos paramos a pensarlo veremos que tiene toda lógica. El concepto de hincha visitante no se popularizó hasta bien entrado el siglo XX, cuando la mejora de la comunicaciones y el adelanto de las condiciones laborales de los trabajadores permitió que los aficionados se desplazaran a otras ciudades.

Atravesada por el río Clyde de este a oeste, Glasgow es una ciudad con dos partes bien diferenciadas. Al suroeste de los meandros del río se instalaron los protestantes. Al noreste se creó el barrio católico. Todos nacieron de la miseria y buscaron en Glasgow olvidarse de ella. Pero los del noroeste eran los campeones de la indigencia. La mayoría eran inmigrantes irlandeses que huían de la gran hambruna de la patata que azotó a la isla de San Patricio a mediados del siglo XIX. Los más atrevidos y los que menos tenían que perder iniciaron una aventura en Estados Unidos. Los más comedidos escogieron la escocesa y compasiva Glasgow por delante de la hostil e inglesa Londres.

Próspero durante el siglo XIX gracias al transporte fluvial de mercancías, el puerto de Glasgow es el único de Escocia que está resguardado de los vientos del Mar del Norte. El clima en Glasgow es mucho más agradable que en el resto del país gracias a las corrientes cálidas del estuario del Clyde y a las montañas que protegen el sur de la ciudad. Glasgow presume de universidad de primer nivel, de una fabulosa arquitectura victoriana y es lugar de peregrinaje en el arte grafitero. Y sin embargo no es buen lugar para vivir. Tiene uno de los menores índices de esperanza de vida del Reino Unido y unos cuantos barrios conflictivos. Vivir en Glasgow y transitar por sus anchas avenidas bajo un cielo plomizo es sinónimo de obesidad, depresión, drogas y alcohol.

Los sociólogos consideran que es un fenómeno reciente. Con la desindustrialización, miles de personas que trabajaban en astilleros y fábricas quedaron sin trabajo. Las grandes compañías daban al trabajador una identidad cultural y grupal que el nuevo sector de servicios es incapaz de igualar. Si bien el área metropolitana de Glasgow cuenta con cerca de millón y medio de habitantes, la ciudad tiene hoy unos 600.000 cuando poco después de la II Guerra Mundial superaba el millón. Se ha disipado el orgullo y Glasgow ha perdido buena parte de su tradición cultural.

En ese punto está también el fútbol. Celtic y Rangers fueron hasta los años 80 del siglo pasado dos grandes del balompié mundial y orgullo de Escocia. La globalización e internacionalización del deporte menguaron el atractivo de un país pequeño y poco acogedor para el futbolista, y con ello descendió el nivel de los equipos escoceses. Este declive también ha afectado en el día a día del ciudadano. Y por ello el ‘Old Firm’ es aún más importante que en tiempos pasados. Es la única vez en todo el año en el que Glasgow vuelve a estar en el centro del mundo.

Desde 1888 se ha desarrollado una rivalidad que no sólo es futbolística, también identitaria, religiosa y cultural. Ese año se jugó el primer ‘Old Firm’ con victoria del Celtic por 5-2. Hoy, 132 años más tarde, aún se aprecian mayor cantidad de rubios y pelirrojos en las gradas de Celtic Park que en las del Ibrox Stadium.

El Celtic fue fundado como club católico en 1887 por el padre Walfrid en la Iglesia de los Maristas. Su idea era crear un club de fútbol que entretuviese a los adolescentes y los alejase del vandalismo, y al mismo tiempo recaudar dinero para los niños huérfanos de la ciudad. Los de rayas blancas y verdes juegan desde 1892 en Celtic Park, el estadio más grande de Escocia. El primer césped que se plantó contaba con una mata de tréboles para recordar su influencia irlandesa. Permanece inamovible en su ubicación en un precioso parque al noreste de la ciudad, a pesar de las profundas remodelaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo.

El Rangers fue fundado en 1872 en la otra punta de la ciudad por los hermanos McNeil. Conocidos como los puritanos, tomaron su nombre y su color azul de un equipo de rugby inglés considerado el mejor del momento. Juegan desde 1899 en Ibrox Park, al suroeste de Glasgow. Aunque el estadio ha sufrido sucesivas remodelaciones, continúa manteniendo su característica grada principal de ladrillo victoriano creada por Archibald Leitch, el arquitecto que nos legó la mística del fútbol inglés en estadios de dos alturas de estilo industrial como Old Trafford, Anfield o Highbury.

En las gradas de Celtic Park ondean banderas irlandesas e insignias del IRA. Los ultras del Celtic están hermanados con aficiones de izquierdas como las del Liverpool, hasta el punto de tomar como propio el famoso himno ‘You’ll never walk alone’. Los hinchas del Rangers portan símbolos del Reino Unido como ‘The Union Jack’ y están hermanados con los ultras del Chelsea. De este modo en el ‘Old Firm’ no se ve ninguna bandera escocesa en el estadio. Para eso hay que ir a Hampden Park.

La inquina entre los enemigos es tal que la selección escocesa juega sus encuentros en Hampden Park, uno de los estadios más legendarios para cualquier amante del fútbol. El estadio es casa del Queen’s Park, el club más antiguo de Escocia y que aún hoy se mantiene como amateur por convicción, a pesar de competir en ligas profesionales. Hampden Park se encuentra al sur de la ciudad, formando un perfecto triángulo con Celtic Park e Ibrox Stadium. La distancia entre los tres coliseos es prácticamente similar en un ejercicio de equilibrismo para satisfacción y calma de todos los fanáticos.

Aunque Celtic y Rangers disputaron el primer ‘Old Firm’ en 1888 el nombre data de unos cuantos años más tarde. En 1909, en una final de Copa, el partido entre ambos terminó en empate y, como entonces no había ni penaltis ni prórroga, se pasó a un segundo partido. Dicho encuentro transcurría por los mismos derroteros, por lo que las aficiones de Celtic y Rangers invadieron Hampden Park indignados por lo que consideraban un amaño. Hubo que suspender el choque y el título quedó desierto. El periódico ‘The scottish referee’ denominó el derbi escocés como ‘The old firm of Rangers-Celtic Ltd’ (Antigua empresa del Rangers-Celtic S.L.) por la sospecha de que los partidos importantes estaban arreglados desde siempre para que se repitiesen y así generar una nueva taquilla. Desde entonces al choque se le conoce como ‘Old Firm’ (Vieja Empresa).

Y lo cierto es que, aunque el odio que se profesan es atroz, en pleno siglo XXI siguen usando el ‘Old Firm’ en contra del resto de clubes escoceses. Ambos se benefician económicamente de la rivalidad que se profesan. Negocian juntos los patrocinios, los derechos de televisión e incluso han pedido conjuntamente ingresar en la Premier inglesa. Y habitualmente han compartido patrocinador, porque ninguna empresa es tan inconsciente como para invertir el dinero en uno generando inquina en los seguidores del otro.

El ‘Old Firm’ ha sido lugar de múltiples desgracias. En 1931, durante un encuentro entre Celtic y Rangers, John Thomson y Sam English fueron a por el balón al mismo tiempo y la rodilla de English chocó con la cabeza de Thomson. Éste, portero del Celtic de 22 años, salió peor parado y acabó con una fractura de cráneo falleciendo horas más tarde en el hospital. Hoy una canción en honor de Thomson es tarareada en todos los partidos del Celtic. Célebre por violenta también es la final de Copa de 1980 en la que el Celtic consiguió el título con un gol en el descuento originando una celebración por el título que acabó en una batalla campal en el césped de Hampden Park. Pero el ‘Old Firm’ más popular por aciago fue el disputado en Ibrox en 1971. Una avalancha de espectadores, también causada por un gol de última hora aunque en este caso del Rangers, acabó con 66 fallecidos, muchos de ellos menores. El siniestro provocó una remodelación de Ibrox que lo convirtió en uno de los primeros estadios del mundo con medidas de escape y de seguridad. 

Aunque la mayoría de los astilleros de Glasgow tenían vetada la presencia de trabajadores católicos, la convivencia entre los forofos de las dos religiones se mantuvo en calma hasta la década de 1920. Tras un trágico proceso que duró seis años (1916-1922) Irlanda obtuvo su independencia. Es entonces cuando en Glasgow la mayoría protestante comienza a hostilizar a la minoría católica, iniciando una inquina entre ambas comunidades que aún no ha sido resuelta.

La ferocidad de la rivalidad hace difícil que un jugador pueda defender los colores de las dos escuadras. Se cuentan con los dedos de las manos los futbolistas que han militado en los dos equipos a lo largo de la historia. Con la aprobación de la ley Bosman todo ha cambiado y los mercados a los que pueden acceder ambos conjuntos son enormes, pero hasta 1995 el mercado principal era el nacional. El caso más desgarrador para ambas aficiones fue el de Mo Johnston. Graeme Souness, técnico del Rangers, solicitó a la directiva el fichaje de Johnston, un fenomenal delantero internacional con Escocia que jugaba en la liga francesa pero que había triunfado años atrás en las filas del Celtic. Mo Johnston, además de ex estrella del Celtic, era católico, y se convirtió en el primero de ellos que jugó en el Rangers en más de medio siglo. De este modo Mo Johnston pasó a ser un traidor para la afición del Celtic, pero tampoco fue aceptado por la del Rangers. Muchos aficionados protestantes quemaron su camiseta y su abono de temporada hasta que en un ‘Old Firm’ jugado meses más tarde Johnston pasaría a ser amado por la afición del Rangers al anotar el gol de la victoria.

Y es que el Celtic representa a los irlandeses, católicos, republicanos y en menor medida a las izquierdas y a los trabajadores. El Rangers es el equipo de los protestantes, de los partidarios de la unión del Imperio Británico, de los monárquicos y de forma más rehusada de las derechas y de los burgueses. Celtic y Rangers son instituciones preponderantes en la vida escocesa con un grado de significación social y cultural inimaginable en cualquier otro club de fútbol del mundo. La rivalidad se cierne en una serie de conflictos políticos y en una competencia sectaria y en ocasiones racista y violenta. 

El Rangers puede presumir de ser el club de fútbol con más ligas (54) no sólo en Escocia sino en que cualquier otra liga en el mundo, si bien es cierto que con una condena en ese historial. El Rangers tuvo que refundarse en 2012 al caer en bancarrota. Desde entonces, el nuevo Rangers, aún no sabe lo que es un título liguero. La caída en desgracia de los protestantes será ‘in secula seculorum’ motivo de júbilo para los católicos, con menos ligas (50) pero que son el único club escocés triunfante en una Copa de Europa (1967). Además, para el sempiterno orgullo Celtic, su victoria ante el Inter (2-1) se logró con un once inicial de jugadores nacidos en Glasgow o en sus alrededores.

“Hay gente que insiste en que otras rivalidades futbolísticas pueden generar tanta intensidad como los choques entre Rangers y Celtic. Creedme, no hay nada comparable”. Alex Ferguson,  nacido en Glasgow, y uno de los entrenadores más exitosos de todos los tiempos dirigiendo al Manchester United.

P.D: Había decidido escribir sobre el ‘Old Firm’ porque era el único evento deportivo que quedaba en pie para este fin de semana. Se iba a jugar este domingo, pero escasamente un par de horas antes de publicar este artículo, el ‘Old Firm’ era suspendido hasta nueva orden.

En las próximas semanas seguiré hablando de deporte, aunque el deporte permanezca parado. Porque el deporte no es más que algo secundario. El puñetero coronavirus, que aún estamos empezando a sufrir, nos deja de momento dos reflexiones. La primera la importancia de la libertad. Nos podemos empeñar en obtener reconocimiento social y laboral, pero el bien más preciado de un ser humano es su libertad. El segundo es la salud. Este blog nada a contracorriente. Pone el ojo en el pasado. Cuenta historias, anécdotas y describe el porqué de las cosas, o lo intenta, de forma pausada y amena a través de la palabra. Nada a contracorriente porque el siglo XXI es el siglo de la inmediatez, del futuro, de la imagen y de la tecnología. El coronavirus nos recuerda que no somos dioses. Somos simples, insignificantes y frágiles seres humanos. Como siempre hemos sido y como siempre seremos, por muy rápido que queramos avanzar.

“Cuando las expectativas de uno se reducen a cero, uno aprecia realmente todo lo que tiene.” Stephen Hawking.

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Cuando en Inglaterra estaba prohibido el fútbol femenino

Dado que el fútbol fue parido en Gran Bretaña es más que lógico que fuese en Inglaterra donde las mujeres diesen las primeras patadas al balón. Si bien es cierto que el deporte, primero en su vertiente amateur y más adelante en la profesional, fue concebido sin ningún tipo de connotación sexual, se daba por lógico que era una práctica pensada para los hombres. Mas eso no fue impedimento para que las mujeres jugasen al fútbol.

Y de hecho lo hicieron sin dilación desde mediados del siglo XIX. Hay constancia de decenas de partidos por toda Inglaterra y en tan temprana fecha como 1890 hay registros de encuentros en los que se superaban los 10.000 espectadores, cifras que rivalizan con las acometidas por los hombres en aquel momento. Por supuesto, y tal y como ocurre en el presente, había firmes detractores de la presencia de la mujer en un campo de fútbol y presagiaban que era una moda pasajera que no duraría mucho en el tiempo.

Y sin embargo en 1921 la Football Asociation (FA) tomo la decisión salomónica de prohibir el fútbol femenino en Inglaterra. La medida estuvo en vigor durante medio siglo hasta que fue abolida en 1971. ¿Por qué?

El cambio de paradigma tuvo lugar en 1914. En ese momento las mujeres inglesas lideradas por Emmeline Pankhurst están en el momento álgido en la lucha por el sufragio femenino. Pero a pesar de sus loables intentos estaban muy lejos de conseguir sus objetivos. Muchas de ellas eran tildadas de lesbianas, otras tantas fueron reprobadas por sus padres o maridos y unas cuantas de ellas jugaban al fútbol con asiduidad. Una mujer estaba diseñada para tener hijos y recibir un golpe en una manifestación o un balonazo durante un partido podría dejarlas tocadas por perpetuidad. El ‘British Medical Journal’ sentenciaba que «de ninguna manera podemos aprobar la exposición imprudente a la violencia de los órganos femeninos, que en la experiencia común ha llevado a las mujeres a protegerse de cualquier forma».

Pero en agosto de 1914 la I Guerra Mundial detonó y el mundo cambió.

Con cientos de miles de hombres yendo a los campos de batalla las mujeres ocuparon sus lugares en las fábricas. De pronto, las mujeres pasaron de la cocina a la oficina y de sonreír detrás de un mostrador a ensamblar las piezas que componen un obús. Pero al mismo tiempo que las mujeres se convirtieron en las máquinas que hacían funcionar a la industria bélica, también se convirtieron en las máquinas que hacían funcionar a la industria del ocio. Aquellos chicos que se fueron a morir a los campos de Francia no volverían a jugar al fútbol. Y alguien tendría que hacerlo.

La I Guerra Mundial tuvo el imprevisto efecto de empoderar a las mujeres inglesas. Al igual que se incorporaron a las cadenas de montaje y empezaron a llevar a cabo trabajos que se consideraban ´peligrosos´ para el sexo débil, no tardaron en formar equipos de fútbol y jugar entre ellas en los descansos del trabajo.

De repente las fábricas comenzaron a organizarse y a fundar sus propios clubes de fútbol, los cuales rápidamente formaron un sucedáneo de liga. El más destacado era el Kerr’s Ladies FC, de la fábrica de municiones del mismo nombre situado en Preston, una de esas ciudades que fueron motor de la Revolución Industrial y que por entonces era uno de los lugares más respetados en el mundillo futbolístico. El Kerr’s Ladies FC ganó poco a poco cientos de seguidores, especialmente cada vez que se enfrentaba a un equipo masculino y lo derrotaba.

Su estrella era Lily Parr, una brava y enérgica delantera con gran toque de balón. Se trataba de una chica que empezó a jugar y a trabajar con apenas 14 años y que se estima que anotó más de 1.000 goles en 30 años de carrera. Se dice que un guardameta le dijo que una mujer sería incapaz de meterle un gol desde lejos. Parr aceptó el reto a lo Oliver y Benji, disparó y metió un gol con tal potencia que acabó partiendo el brazo del pobre hombre en su intento de atajar el balón. Obviamente es una leyenda, pero contribuyó al mito de Parr y a empoderar la lucha de aquellas mujeres futbolistas.

El Kerr’s Ladies FC gozó del favor de los dirigentes más retrógrados porque durante los cuatro años que duró la I Guerra Mundial donó el dinero recaudado en todos sus partidos a beneficio de las víctimas de la contienda. Disputaron encuentros por toda Gran Bretaña y lograron juntar hasta 600 libras en un partido, que en los parámetros actuales se situarían en torno al millón de euros.

Poco después del fin de las hostilidades, en marzo de 1919, el Kerr’s Ladies FC jugó un encuentro ante un combinado francés que reunió a 35.000 espectadores. Al año siguiente inició una gira por toda Europa para recaudar dinero para los soldados mutilados. En 1920 el Kerr’ Ladies FC congregó a 53.000 espectadores en el Goodison Park de Liverpool ante el Saint Helen’s Ladies. Las chicas de la fábrica de Kerr disputaron 67 partidos en doce meses y se vieron forzadas a rechazar más de 120 invitaciones. Era 1920, y por entonces había más de 150 equipos femeninos federados en Inglaterra.

El fútbol femenino estaba en su apogeo, pero de repente todo iba a volver a cambiar. Las mujeres habían conseguido ya el derecho al voto, pero la sociedad aún no estaba preparada para un cambio tan brusco. Los hombres que consiguieron volver del infierno pretendían regresar a sus vidas de 1914. Esperaban retornar a sus trabajos y que las mujeres volviesen a sus quehaceres domésticos. Aquellos hombres habían dado los mejores años de su vida y no estaban dispuestos a perder lo que según ellos habían defendido en las trincheras francesas.

De un día para otro se consideró a las mujeres como incapacitadas para jugar al fútbol. Los médicos (y las médicas) volvieron a alertar de los peligros del fútbol para las mujeres, de como un golpe en el lugar inadecuado podía incapacitar a una mujer para tener hijos. Los expertos alertaban de la pérdida de población de la nación y de cómo la mujer tenía que dotar de vástagos al país para recuperar sus cifras de natalidad. La doctora y tenista Eustace Miles llegó a afirmar: «Las patadas son un movimiento brusco para las mujeres y la presión es severa. La complexión física de una mujer tiende a ser más redonda que la del hombre, pero el fútbol obliga a movimientos menos redondos y más angulares”.

La campaña fue cruenta hasta que el 5 de diciembre de 1921 la FA ordenó a los clubes pertenecientes a la asociación que no permitieran el uso de los recintos para los partidos entre mujeres. Así pues, las féminas no podrían usar ningún estadio profesional bajo las excusas ya conocidas sobre los peligros físicos. Pero había otro motivo velado. Se acusaba a las mujeres de ser incapaces de ver el beneficio económico del fútbol, ya que únicamente sabían recaudar sumas de dinero con fines benéficos.

Aun así las mujeres podrían seguir jugando con tal de que encontrasen un rectángulo habilitado para la práctica del fútbol. Pero la FA fue más lejos todavía. Prohibió que un colegiado o juez de línea federado pudiese arbitrar en un partido de fútbol femenino. Las mujeres protestaron, evidentemente, pero ni era el momento ni el lugar. Ningún partido político, sindicato o medio de comunicación consideró de relevancia sus protestas. «El órgano controlador de la FA lleva cientos de años de retraso y sus acciones son simples prejuicios de género. Ninguna de nosotras ha sufrido ningún efecto dañino debido a la práctica del fútbol», declaraba la capitana del Plymouth Ladies, en una de las escasas entrevistas a las que las mujeres obtuvieron acceso.

La gran mayoría de clubes femeninos desaparecieron de un día para otro. El Kerr’s Ladies FC fue el único que aguantó con la nueva denominación Preston Ladies FC. Jugaron numerosos partidos en Canadá y Estados Unidos, muchos de ellos arbitrados por Tom Finney, internacional inglés nacido en Preston y que siempre apoyó la causa. El equipo se disolvió en 1965 en medio de enormes medidas de presión de la FA, la cual consiguió cancelar muchos de sus encuentros.

Hubo que esperar a 1969 para que en Inglaterra se formara la Asociación Femenina de Fútbol aprovechando el éxito de los chicos en el Mundial celebrado tres años antes. Y en 1971 la FA permitió medio siglo después que las mujeres pudiesen jugar en los estadios de los equipos profesionales.

Habría que esperar aún un poco más, hasta 1984, para que se celebrase la primera Eurocopa femenina, a 1991 para el primer Mundial femenino y a 2002, ayer como quien dice, para el primer torneo europeo de clubes femenino.

Y aún así, no hay equipo femenino que aglutine 30 o 40.000 espectadores en cada encuentro como hacían las Kerr’s Ladies FC a inicios de 1920.

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La España vacía

El campo y la ciudad no son más que dos formas antagónicas de entender la vida. Una se autoproclama moderna y civilizada y a la otra la etiquetan como atrasada e ignorante. Obviamente son estereotipos. Pero los estereotipos esconden realidades. Un choque empeñado en afrontar el contraste y la asincronía. La lucha de la España vacía no es sino la lucha del reconocimiento.

Como todo gallego, y como buena parte de los españoles, no soy más que un urbanita que tiene sus raíces en el rural. Y un urbanita no es más que un pueblerino acomplejado. Hay urbanitas que trasfiguraron sus raíces para convertir los vaqueros y las botas en ropa de asfalto. En otros lugares del globo ocultaron los pololos y los bombachos en el armario pero por dignidad los sacan a relucir cuando hay que tirar de orgullo. En España los trajes regionales han sido relegados al trastero ante la vergüenza y el escarnio del urbanita retraído. Al final los zocos, las polainas o la pañoleta no son más que la imagen del mal, el arquetipo del pasado, del ser humano que hemos dejado atrás.

La que se ha dado en llamar la España vacía representa el 53% de la superficie del país en la que apenas vive el 15% de la población. Menos del 10% si se suprimen las capitales de provincia. Hablamos de poco más de 4 millones y medio de seres humanos cuando en el otro 47% del territorio habitan 43 millones. En toda Europa tan sólo el interior de Irlanda presenta una densidad de población más baja.

Para los ortodoxos la España vacía son la Castilla manchega y la Castilla leonesa, Extremadura, La Rioja y Aragón. Pero la España vacía es toda aquella que no conoce el mar. Aquella que entre duros inviernos y ásperos veranos ha asustado a los que hemos renegado del esfuerzo y hemos apostado por el adjetivo perezoso. La España vacía también es la Andalucía agreste, los pueblos de montaña del Cantábrico y de los Pirineos, y también la Galicia más íntima, la Galicia olvidada de Lugo y Orense.

El resultado es un retrato de un país acostumbrado a vivir en la particularidad y la extrañeza, que apenas se reconoce a sí mismo, repleto de zonas geográficas que comparten muy pocos elementos en común. Algunas ni siquiera el idioma. Pero tampoco su historia ni sus características climáticas, lo que propicia que arquitectónicamente los pueblos del norte no tengan nada que ver con los del sur. Una guerra con un bando que mira a Europa, a la modernidad y a las reformas, enfrentado a otro de valores tradicionales y reaccionarios que reclama solamente no ser olvidado.

Y ahí está el fútbol. El fútbol es orgullo y sentimiento de pertenencia. Incluso en comunidades fragmentadas y cosmopolitas, donde ya no existe ni la integridad ni la uniformidad, sea esta cultural, racial o hasta religiosa, el club de fútbol sigue magnificando al pueblo o a la pequeña ciudad. Cuando Guipúzcoa se resquebrajaba a gritos, golpes y a tiros, el campo de Atocha se llenaba de abrazos inconcebibles entre personas que sólo tenían en común las paradas de Arconada y los goles de Satrústegui. Pero es en las villas y en las ciudades de la España vacía donde el fútbol representa una esperanza pra salir de la podredumbre. Para lugares como León, Huesca, Jaén, Logroño o Burgos no hay mejor forma de ser escuchados y reconocidos que a través de sus años de gloria en Primera División.

El CD Orense (en adelante usaremos el hoy reconocido CD Ourense) es uno de esos equipos que durante un breve periodo de tiempo consiguió que su modesta ciudad pasase a ser centro del panorama nacional y que en Madrid o en Barcelona se prestase atención a lo que ellos consideran un villorrio de interior.

Ourense es una de esas ciudades provinciales que se ha peleado con el mar. A la sombra de las Rías Baixas, de la Galicia simpática y amable, de la soleada del buen beber y del mejor comer. Alejada de la oscuridad, la libertad, la historia, el misterio y la literatura de Santiago. Apartada de la comercial y bulliciosa Coruña. Ourense, como su hermana norteña Lugo, está en ese rincón que no viene en las guías de viaje. Ambas se tiran a brazos del Miño para precipitarse en Galicia. Pero si bien a Lugo le sobra para pertrecharse a occidente del Bierzo, a Ourense no le es suficiente. Lo que en Lugo es verde al mirar a su derecha en Ourense se va convirtiendo en marrón. Lo que en Lugo es humedad en Ourense es secarral. Ourense es la puerta a Castilla, una puerta que le beneficia y que la penaliza ¿Quién quiere conformarse con una impostora teniendo Galicia tan cerca?

Como todas las ciudades que se tiran al turismo para sobrevivir, Ourense ha diseñado millones de euros en un centro turístico amable y coqueto en el que Las Burgas saludan al paseante. Amable y acogedora, Ourense es otra de esas ciudades pequeñas o pueblos grandes, con elevada media de edad y sin el glamour del Corte Inglés.

Y como toda ciudad Ourense cuenta con un club de fútbol. Un club sin demasiado éxito, ya desaparecido y hoy refundado. Más bien mal refundado, porque en una ciudad en la que malamente sobrevivía un club profesional ahora malviven dos en la misma categoría, una pésima receta que también ha sido aplicada en lugares como Salamanca o Logroño. A diferencia de estas dos últimas, la ciudad de Ourense no ha podido nunca saborear las mieles de la Primera División. Pero en la temporada 1967/68 el CD Ourense tuvo la temporada perfecta. Nunca antes ni nunca después un equipo de fútbol de categoría nacional ha logrado algo similar. El récord del CD Ourense sigue siendo inalcanzable.

LA TEMPORADA PERFECTA

En la campaña 67/68 el CD Ourense militaba en Tercera División. Por aquel entonces era la tercera categoría del fútbol español. Para hacernos una idea de la diferencia es menester indicar que en la actualidad sumamos 122 clubes entre Primera (20), Segunda (22) y los cuatro grupos de Segunda B (80). En 1968 había 50 clubes entre Primera (16) y los dos grupos de Segunda (32) y luego ya se pasaba directamente a Tercera División. Grosso modo los grupos en Tercera se dividían por regiones autonómicas como en la actualidad, pero el menor número de equipos profesionales hace comprender como por entonces tenía más pedigrí que en el presente competir en Tercera.

Tras varias temporadas en Segunda el CD Ourense había descendido a Tercera en 1965. Desde entonces había encadenado ejercicios meritorios para acabar claudicando en la fase de ascenso. En la temporada 67/68 conformaba un grupo gallego de 16 equipos en donde destacaba la SD Compostela, el CD Lugo, los filiales del RC Deportivo y del RC Celta y equipos antaño relevantes como el CD Lemos.

La temporada comenzó un 10 de septiembre con victoria a domicilio en Monforte ante el CD Lemos por 0-2. Los ourensanos tardaron ocho jornadas en encajar su primer gol en contra para finalizar la primera vuelta con 14 victorias. Faltó un partido por disputarse, ante el CD Lugo, que hubo de suspenderse por culpa de una fuerte nevada en la ciudad amurallada.

Como no podía ser de otro modo la segunda vuelta fue mucho más complicada, porque todos sabían del récord y todos querían acabar con la famosa racha. A medida que se sucedían las victorias el equipo iba acaparando minutos en las radios nacionales y haciéndose un hueco en la prensa deportiva editada en Madrid.

Todo fue de color de rosa hasta la jornada 27, apenas cuatro antes de la conclusión del campeonato. Jugaban en Vigo ante el Rápido de Bouzas y aunque el CD Ourense dominó el choque no pudo anotar el gol de la victoria (0-1) hasta los instantes finales. Misión cumplida. 27 de 27. Lo mismo sucedió en la siguiente fecha. En el barrio de O Couto, que da nombre al estadio, el CD Ourense recibía al CD Lugo. Era el tiempo de descuento y el marcador era de empate a un gol. Córner a favor de los ourensanos que es ejecutado muy cerrado y bota entre el poste y el portero rival hasta que es sacado malamente por el guardameta lucense. El árbitro mira a su linier y concede el tanto. Gol olímpico. La afición rojilla estalla de alegría y el récord cada vez está más cerca. 28 de 28.

La penúltima fue un trámite ante el otro equipo de la ciudad, el Atlético Orense (5-0) para en la última jornada visitar el antiguo estadio de Santa Isabel de Santiago. El rival era la SD Compostela, segundo clasificado del campeonato y que tan sólo había encajado una derrota, lógicamente, ante los aurienses en la primera vuelta.

El 29 de abril de 1969 Santa Isabel estaba a rebosar con más de 2.500 aficionados llegados desde Ourense para completar la gesta. Matías Prats padre comandaba la expedición de Televisión Española encargada de filmar el partido. Fue un partido duro y tenso vigilado por la aguda lluvia que cayó en Santiago, y que no se resolvió hasta que Tunez anotaba el gol que sellaba el récord del CD Ourense (0-1). Cuando el colegiado pitó el final del partido hubo invasión de campo y los jugadores, como manda la tradición, acabaron sin camiseta. “Es un récord único, nadie lo va a igualar”, contestaba profético Carballeda a las preguntas de los periodistas. Carballeda fue el pichichi de la categoría con 38 tantos, la gran mayoría de ellos rematados de cabeza tras los centros de Pataco, el jugador de más clase de aquel conjunto que acabaría fichando por el Atlético de Madrid.

La hazaña se había consumado. 30 partidos jugados y 30 partidos ganados. 98 goles a favor (3,26 por partido) y 7 en contra (0,23 por partido). Al término del choque se leyó por megafonía un telegrama de Juan Antonio Samaranch, por entonces Delegado Nacional de Deportes, concediendo al club la Medalla de Plata al Mérito Deportivo.

Y sin embargo la temporada perfecta acabó en fracaso. Como campeones de su grupo de Tercera debían afrontar dos eliminatorias para poder ascender a Segunda. En primera ronda cayeron en Barcelona ante el Condal en lo que fue la primera derrota de la temporada, pero consiguieron darle la vuelta a la eliminatoria en el partido disputado en O Couto. En la ronda definitiva perdieron ante el Ilicitano (lo que hoy sería el Elche B) al empatar sin goles en casa y caer por 2-1 en tierras alicantinas.

Aquel equipo formado casi en exclusiva por gallegos es motivo de orgullo para los ourensanos. Destacaba el portero lucense Roca, el defensa Paredes, apodado ‘Gladiador’ y que acabó jugando en el Pontevedra CF y en el Real Valladolid en Primera. En el centro del campo estaba el vigués Pito y el extremo de Xunqueira de Espadañedo Cortés que un año después firmaría por el RC Deportivo. Las estrellas eran los ya citados Carballeda, un delantero pontevedrés que nunca volvería a rendir a tan estratosférico nivel, y Carlos Couceiro ‘Pataco’, un juvenil ourensano que llegó a formar parte de la plantilla del Atlético campeona de la Copa Intercontinental en 1974 aunque de manera testimonial.

El CD Ourense llegó a celebrar 67 partidos invicto en Liga sumando encuentros de la temporada anterior y de la posterior. Sumó además, con fases de ascensos incluidas, cuatro años sin perder en el estadio de O Couto. Fernando Bouso, el técnico en aquellos años consiguió 80 victorias en sus 98 partidos al frente del club. En todas sus temporadas el CD Ourense fue campeón de su grupo de Tercera, y después de dos liguillas sin premio logró ascender a Segunda en 1969 tras eliminar al Athletic B en San Mamés.

Fueron los años dorados de un conjunto que, al igual que el Pontevedra CF también triunfante de la época, tuvo una segunda y fugaz época gloriosa a finales de los 90. Seguramente la década de los 60 fue el cénit del fútbol gallego. Sí, es cierto, en el cambio del siglo el RC Deportivo reinaba en España y el RC Celta practicaba el juego más hermoso del momento, pero ambos lo hacían gobernados por brasileños, holandeses, rusos o argentinos. En los 60 las plantillas de coruñeses y vigueses contaban con un buen puñado de gallegos. A ellos se sumaban el Pontevedra CF del ‘hai que roelo’, las hazañas ourensanas y los grandes mitos futbolísticos del momento (Marcelino, Amancio o Luis Suárez) habían nacido en esta esquina de la Península Ibérica.

 “La palabra provincia remolca un imaginario que tiene una catedral gótica, unos soportales, un paseo arbolado, señoritas recatadas que salen de misa, salones con tapetes y casinos mercantiles donde se juega al tresillo y se lee la prensa de Madrid con un día de retraso. Escenas que pueden situarse lo mismo en Burgos que en Ceuta que en Murcia que en Cuenca que en Gerona. No importan el clima o el paisaje, que no alteran el ideal platónico. Desde las grandes ciudades las provincias son un ser y un estar uniforme e intercambiable, igual de feo, católico y sentimental en la montaña que en el llano o en la costa (…) Así las concibió Javier de Burgos y han hecho muy bien su papel de modernización y vertebración (…) Prácticamente inalteradas desde 1833 (las provincias) en un país incapaz, en doscientos años, de mantener regímenes políticos duraderos, enzarzado en cuatro guerras civiles, tres coloniales y una de liberación nacional, con siete constituciones democráticas y varios estatutos y fueros impuestos.”  Sergio del Molino en el libro ‘Lugares fuera de sitio’.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (2ª parte)

Poco menos de dos años después de la llamada ‘final de las botellas’, Real Madrid y FC Barcelona volvieron a cruzar sus caminos en la Copa del Generalísimo. En este caso se trataba de una eliminatoria de cuartos de final que se resolvería en el encuentro de vuelta, un choque que pasó a la posteridad como el del ‘caso Guruceta’. En ese interludio de 24 meses ocurrieron un par de hechos sobresalientes. En una entrevista veraniega Santiago Bernabéu, presidente madridista, declaró sin pelos en la lengua: “No están en lo cierto quienes digan que no quiero a Cataluña. La quiero y la admiro mucho, a pesar de los catalanes. Y a quien admiro de verdad es a Vilá-Reyes. Ser presidente en Cataluña de un club que se llama Español es digno de admiración”. En esas mismas fechas, Narcís de Carreras, presidente azulgrana, acuñaría en un acto público una expresión que llevaría el significado del barcelonismo a una nueva dimensión: “El Barcelona es algo más que un club de fútbol, es más que un lugar de esparcimiento donde los domingos vamos a ver jugar al equipo. Más que todas las cosas es un espíritu que llevamos muy arraigado dentro”.

La Liga 1969-70 finalizó con el Real Madrid sexto. Era la primera vez que los blancos no iban a disputar la Copa de Europa. Hasta entonces lo habían hecho siempre al ser vigentes campeones europeos o vigentes campeones de Liga. La única opción que tenían de competir en el continente la siguiente temporada era ganar la Copa y así clasificarse para la Recopa. Al FC Barcelona tampoco le había ido mucho mejor, pero al menos finalizó cuarto (llevaba diez años sin conquistar la Liga) y se había clasificado para la Copa de la UEFA. La Liga la había ganado el Atlético de Madrid en dura pugna con el Athletic de Bilbao.

Total, que en cuartos se enfrentan los dos gigantes en el único torneo que les puede permitir salvar la temporada. En el Barça Manolo Reina había sustituido en la portería a Sadurní, Olivella se había retirado y en el centro del campo Pereda había dejado su lugar a Marcial. El principal cambio del Real Madrid era Sebastián Fleitas, un delantero paraguayo que no dio resultado, y la entrada en el once titular de Goyo Benito, un joven y duro central que haría carrera en la casa blanca. Con estos mimbres el encuentro de ida tiene lugar en el Bernabéu y el Madrid gana por 2-0 con mucha polémica. Desde Barcelona se reclama que el segundo gol, obra de Amancio, tiene lugar en claro fuera de juego.

La vuelta se disputa en el Camp Nou el 6 de junio de 1970. Como árbitro se designó al guipuzcoano Emilio Guruceta, un prometedor colegiado que esa temporada había hecho su debut en Primera División. Se trataba de un trencilla autoritario pero dialogante, que dejaba jugar al estilo inglés, a imagen de lo que hoy podría ser Mateu Lahoz. Cuando en 1987 fallezca víctima de un accidente de circulación el diario ‘Marca’ instaurará un premio que llevará su nombre para designar al mejor árbitro de cada temporada.

La primera parte no tiene gran historia, pero al filo del descanso un latigazo de Rexach pega en el poste y se cuela dentro. El FC Barcelona gana 1-0 y tan sólo necesita otro gol para empatar la eliminatoria.

El Barça sale en tromba en la segunda mitad y se suceden las ocasiones en el área defendida por Junquera. Pero en el minuto 14 de ese período el Madrid recupera el balón y lanza un contraataque comandado por Velázquez. Comienza una carrera que lo ha de llevar hasta el área contraria momento en el que es derribado por detrás por Rifé (el mismo que había centrado en el autogol de Zunzunegui dos años atrás). Guruceta pita penalti.

El problema es que el derribo había sido fuera del área. Pero no por unos escasos centímetros, sino por unos cuantos metros. La dificultad estriba en que la caída no es limpia. Velázquez se va trastabillando y acaba con el cuerpo dentro del área. Pero no es excusa. El error es de bulto, tanto desde la televisión como dentro del campo.

El Camp Nou estalla. Hay lluvia de almohadillas (ya no había botellas, pero sigue habiendo incómodos asientos de cemento que son aderezados por cojines) y los jugadores del Barça hacen amago de marcharse del campo, pero son frenados por el inglés Buckingham, técnico azulgrana, y que al llevar poco tiempo en España no sabe de qué va la película. La lluvia de almohadillas no cesa y entre una cosa y otra pasarán casi nueve minutos hasta que Amancio lance el penalti e iguale el partido (1-1). Es entonces cuando Eladio, capitán azulgrana, se acerca a Guruceta y le aplaude en tono de guasa. Guruceta saca la cartulina roja de su bolsillo y expulsa al catalán. Un trueno recorre el Camp Nou y a las almohadillas le siguen unos cuantos espontáneos que invaden el campo. Como sería el ambiente que hasta los jugadores del Real Madrid le piden a Guruceta que rectifique y no expulse a Eladio, pero será como predicar en el desierto.

El partido sigue jugándose a trompicones con continuos lanzamientos de almohadillas y continuos parones en el juego mientras el público grita con ironía “¡campeones, campeones!” a los madridistas. A falta de diez minutos para el final Rifé cae en el área pero Guruceta no pita penalti. Más abucheos y nueva entrada de hinchas al rectángulo de juego. Emilio Guruceta decide dar por finalizado el partido y dar por válido el empate que clasifica al Real Madrid. En el acta del encuentro el colegiado vasco especificará que cayeron “más de 30.000 almohadillas” sobre el césped del Camp Nou.

El postpartido es de traca. Miles de aficionados barcelonistas se concentran en el entorno de la Plaza Canaletas gritando consignas que mezclan el deporte y la política hasta que la policía disuelve a los manifestantes. Bernabéu, fiel a su estilo, declara; “ha sido un penalti como una casa”. Pero lo que avivará el fuego son las declaraciones de Antonio Calderón, gerente madridista: “Ha pasado lo que suele pasar en cualquier pueblo”. De traca. Con menos los CDR te montan una barricada en Barcelona. Agustín Montal, un joven de 35 años que apenas unos meses antes había sustituido a Carreras en la presidencia azulgrana, no entra al trapo, y bien asesorado se limita a pedir que el partido se repita a partir del minuto 59, eso sí, eliminando de la escena el penalti que considera “un robo”.

La RFEF quiere dar por finiquitado el partido e imponer una sanción al FC Barcelona por el lanzamiento de objetos. Pero la indignación en Cataluña es brutal. El asunto pasa directamente al Consejo de Ministros. Y se decide intentar contentar a todos. En primer lugar el partido se da por terminado con la clasificación del Real Madrid a pesar de que faltan diez minutos por jugarse. En segundo término se castiga a Eladio con dos partidos de sanción por menosprecio al árbitro, pero a cambio se decide no clausurar el Camp Nou. Y por último se suspende de empleo y sueldo a Emilio Guruceta durante seis meses “por alteración del orden público”.

Pero eso no bastó para aplacar la indignación catalana. Era 1970 y lo que antes era sumisión ahora es rebeldía. Hubo que pasar a la pela. En las semanas siguientes el Consejo de Ministros libera 50 millones de pesetas que sirvieron para que el Barça construyera el Palau Blaugrana y la pista de hielo.

El Real Madrid eliminó al Athletic en semifinales y se clasificó para la final a disputar ante el Valencia. El partido se celebró en el Camp Nou en medio de un ambiente terrible hacia los madridistas que aun así lograron alzarse con el título tras vencer por 3-1. Cuando Franco entregue el trofeo a Gento, capitán madridista, el estadio se tornará vacío salvo por la presencia de unos cuantos miles de aficionados merengues.

Guruceta no volvió a arbitrar al FC Barcelona en más de 17 años de carrera. Muchos años después de su muerte una investigación de la UEFA demostró que había recibido un millón de francos suizos para facilitar la victoria del Anderlecht ante el Nottingham Forest (3-0) en las semifinales de la Copa de la UEFA de 1984. La noticia fue portada en la prensa deportiva catalana e intensificó el dolor por el recuerdo del ‘caso Guruceta’.

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De la final de las botellas al caso Guruceta (1ª parte)

Ahora que parece que por fin se va a disputar el Barça-Madrid es sugestivo rememorar otros clásicos plagados de odio, vísceras y altas dosis de política. En este blog ya hemos repasado la relación entre el FC Barcelona y la identidad catalana a través de una trilogía de artículos que nos llevaban desde los albores del nacionalismo hasta la Transición. En toda esta epopeya histórica tanto Madrid como Barça representan a disgusto o por convicción los papeles de españolidad y de catalanidad. Mas a pesar de los niveles de exaltación patriótica de la actualidad aún no se ha superado el cataclismo del bienio 1968-70, cuando en plenos estertores del Franquismo a la ‘final de las botellas’ le siguió el ‘caso Guruceta’.

La llamada ‘final de las botellas’ no es más que el calificativo con el que la posteridad recuerda la polémica final de Copa (entonces del Generalísimo) que enfrentó a FC Barcelona y a Real Madrid en 1968. Por entonces la Copa se empezaba a disputar en mayo una vez consumada la Liga. En el torneo de la regularidad el Real Madrid había ganado con claridad liderando la tabla desde el inicio de la segunda vuelta. Era el séptimo título consecutivo de los merengues. En la Copa vencieron al Sevilla y al Zaragoza para arrollar al Celta de Vigo en semifinales y clasificarse con holgura para la final.

El Barça tenía puestas sus esperanzas en la Copa. En semifinales se enfrentó al Atlético de Madrid, por aquel entonces club con más enjundia que los catalanes. En la ida ganaron los rojiblancos por 1-0 pero acabaron el duelo indignados por lo que consideraban un mal arbitraje. En la vuelta el Barça ganaba 2-1 a escasos segundos del final, lo que conducía a la prórroga (no había valor doble de los goles en campo contrario), pero el colegiado del encuentro aplicó un tiempo de descuento excesivo que permitió a Zaldúa anotar al filo del minuto 99 y clasificaba al Barça para la final.

El árbitro de ambos encuentros fue el mallorquín Antonio Rigo, acreditado colegiado con fama de barcelonista. Había dirigido 11 de los 30 partidos del Barça en aquel campeonato y también los cuartos de final ante el Athletic. La prensa madrileña sacó el látigo y en medio de aquel follón se conoció que Rigo iba a ser el árbitro de la final entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Por si la polémica fuese poca hubo que retrasar varios días la final por problemas de agenda de Franco, lo que hizo sino aumentar la vorágine escritora de los periodistas.

El partido se iba a disputar el jueves 11 de julio de 1969, único día posible en la agenda del Caudillo. El Madrid no estaba de acuerdo con la designación arbitral y el Barça mostraba su indignación porque el choque se tendría que disputar en el Santiago Bernabéu, una ofensa contra la neutralidad de la final.

El Madrid tiene a tres titulares lesionados, el lateral Calpe, el cerebro Velázquez y la leyenda Gento. El Barça cuenta con su once de gala incluido a Carles Rexach, un joven extremo que había debutado esa temporada y que estaba considerado la gran perla del fútbol español. El Bernabéu estaba a reventar con más de 100.000 espectadores en las gradas con lógica mayoría madridista. En el palco de autoridades las vacas sagradas del Franquismo junto a Bernabéu, el presidente que convirtió al Real Madrid en el club de fútbol más importante del mundo, y a Narcís de Carreras, el presidente que acuñó la frase ‘més que un club’ y que ha definido la trascendencia social del FC Barcelona hasta nuestros días.

Apenas seis minutos después del pitido inicial, el azulgrana Rifé se interna por la banda izquierda y centra al corazón del área blanca. Zunzunegui se prepara para despejar el balón con una fuerte volea, pero con tan mal tino que se trastabilla y proyecta un perfecto remate que se cuela en la portería defendida por Betancort. Gol en propia puerta. Silencio sepulcral en el Bernabéu y el Barça se adelanta por 0-1.

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Zunzunegui anotó el tanto más desafortunado de su carrera

El Barça se echa atrás y el encuentro se convierte en un monólogo madridista. Minutos después Pereda, con la pierna en alto, golpea al madridista José Luis que queda largo rato conmocionado en el terreno de juego. Hay protestas en el graderío. Un poco más tarde es Serena el que es cazado con dureza por Gallego. Aún no había aparecido Cruyff por Barcelona y no se sabía lo que era el ‘fútbol total’. El Barça era un equipo que daba mucha leña, tal y como mandaban los cánones a finales de los 60.

Minutos después el propio Gallego caza a Pirri que vuela por los aires y sufre una luxación de clavícula. Pirri acabaría el partido con el brazo doblado hacia arriba anticipándose a la icónica imagen de Beckenbauer con el brazo en cabestrillo del Mundial de 1970. Es entonces cuando caen las primeras botellas al césped. Los aficionados iban al estadio con botellas de cristal. A diferencia de lo que ocurre en la actualidad aquellas botellas estaban llenas de alcohol, el cual, tras pasar por el tubo digestivo y ser descompuesto a partes iguales por el intestino y el hígado, viaja a través de la sangre hasta el cerebro para convertir al brazo de un ciudadano ejemplar en un arma de destrucción masiva.

Entre tanta mala leche también hay tiempo para el buen fútbol, donde resplandecen los regates de Amancio, pero mucho más las extraordinarias paradas del azulgrana Sadurní. Poco después del inicio de la segunda parte se desata la locura. Serena enfila el área y la parte en dos cual cuchillo hasta que es cazado por Eladio. Rigo dice que no ha pasado nada. Que siga el juego. Las botellas llueven sobre el Bernabéu. A decenas. A cientos. A miles. Botellas de cristal. De tercio de litro. De cerveza y también alguna de Coca-cola y de Kas. Lo normal entonces era tirar almohadillas. Aquello de las botellas era lo nunca visto.

El juego se para, pero minutos después hay otra entrada de juzgado de guardia. En este caso el derribado es Amancio. Vuelven a llover las botellas. Montones de botellas. Sadurní decide meterse dentro de su propia portería esperando que la red le proteja de los impactos. Los jugadores del Madrid se dirigen al público pidiéndoles que dejen de lanzar objetos, pero la masa está extasiada y no cesan de arrojar todo lo que tienen a mano.

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Sadurní recibió un aluvión de botellas dentro de su área

A partir de entonces, y hasta el final del choque, cada vez que un jugador del Barça tenga que sacar de banda o lanzar un córner recibirá como obsequio unas cuantas botellas. En el último cuarto de hora apenas se juega al fútbol y el Barça consigue aguantar el chaparrón y proclamarse campeón de Copa gracias al tempranero gol en propia meta de Zunzunegui.

El capitán Zaldúa se dirige al palco para recibir el trofeo de manos de Franco y el estadio grita de forma unánime ¡Rigo, campeón! visiblemente disconformes con la actuación del árbitro mallorquín. Aun cuando el Barça se retira al túnel de vestuarios caerán unas cuantas almohadillas sobre la cabeza de los futbolistas, una vez que las botellas han pasado a mejor vida.

Pero el intríngulis de la ‘final de las botellas’ tendrá lugar en el palco. Entre los presentes está Camilo Alonso Vega, veterano de las guerras de Marruecos y por entonces ministro de Gobernación. Al parecer su mujer se acerca a Bernabéu y le dice: “¡Qué desgracia, hemos perdido!”. Alonso Vega la acerca a su lado, la reprende y le indica que felicite al presidente del FC Barcelona. Ella se vuelve hacía Narcís de Carreras y le espeta: “Felicidades. Porque Cataluña también es España, ¿verdad?”, a lo que éste replica: “Señora, no fotem”, expresión que no necesita traducción.

En Barcelona se espera una fuerte sanción para el Real Madrid. La federación no hace nada. No es el Real Madrid el que ha organizado el partido. Al ser la final de Copa la organización corre a cargo de la propia Federación. Si la Federación decide sancionar, tendría que sancionarse a sí misma. Por lo que va a ser que no. Barcelona estalla de indignación. La única decisión que toma la RFEF es prohibir la venta de líquidos en botellas de cristal dentro de los estadios de fútbol. Desde entonces los vasos de plástico se hicieron un hueco en los graderíos del balompié español.

Por su parte el Real Madrid decidió recusar a Antonio Rigo. Nunca más volvió a dirigir a los de Chamartín. El FC Barcelona contraatacó haciendo lo propio con Ortiz de Mendíbil, uno de los mejores colegiados del mundo pero simpatizante madridista que en 1966 había alargado un Madrid-Barça durante 11 minutos hasta que los blancos marcaron el gol de la victoria. Rigo siguió arbitrando al resto de clubes de la Liga hasta que en 1975 fue obligado a retirarse al aparecer su nombre en una trama de corrupción que la llegada de la democracia dejó en el olvido.

Para el Barça que el Madrid no fuese sancionado tras la ‘final de las botellas’ era un síntoma más del poder del Madrid. Para los merengues que aquella final fuese dirigida por Rigo no hacía más que demostrar que las protestas llegadas desde Barcelona no eran más que lloreras, y que gracias a esas lloreras conseguían lo que querían.

Una vez retirado Antonio Rigo admitió que tras la ‘final de las botellas’ se hizo profundamente antimadridista. Obviamente para los blancos ya lo era antes de esa final. Lo único cierto es que aquella imagen del césped del Bernabéu lleno de botellas dio la vuelta al mundo y que el Barça consiguió sumar un nuevo título en su palmarés en casa del eterno rival.

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Rigo, el gran protagonista de ‘la final de las botellas’

P.D: Hubo que tirar de fotografías en prensa y de las crónicas de los periodistas para comprobar que hubo ‘final de las botellas’. Tanto en el resumen del NO-DO como en la retransmisión de TVE se evitó mostrar imágenes que incitasen a la polémica y a la violencia.

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El nazi bueno (2ª parte)

Bert (en realidad se llamaba Bernhard Carl) firma por el City en el verano de 1949. La prensa inglesa está encolerizada y la gente de Manchester se echa a la calle reclamando que Bert Trautmann vuelva a Alemania. Se estima que unas 20.000 personas (50.000 según algunas fuentes) salen a protestar colapsando Maine Road, la calle que daba nombre al antiguo estadio del City, con gritos de ¡nazi! dedicados a Trautmann y de ¡criminales de guerra! a los miembros de la junta directiva. Los titulares de prensa del día siguiente no le iban a la zaga: “A los nazis hay que enviarlos a casa”, “El portero del Manchester City no quiere recordar nuestro dolor”, o mi favorito: “Buy kraut goalkepper with Iron Cross”, que se podría traducir por “Comprado portero bajo palos con una Cruz de Hierro”.

¿Por qué el City decide fichar a Trautmann? ¿Por razones humanitarias? Obviamente no. El Manchester City ficha a Trautmann porque era un buen portero. Un muy buen portero. Solo necesita un puñado de partidos para acallar a los hinchas del City. Lo que en un primer momento eran gritos de ¡nazi! cada vez que realizaba una parada pronto se convierten en rotundos aplausos.

A la aceptación del cancerbero alemán contribuyen notablemente dos figuras. El primero es Alexander Altmann, rabino de Manchester. Decide escribir mano a mano con Trautmann una carta abierta que publicará la prensa local. En ella, el paracaidista de Bremen pedirá perdón y argumentará que hizo “todo lo que le ordenaron como soldado”. Altmann aprovecha para dirigirse a la populosa comunidad judía del Gran Manchester con las siguientes palabras: “Bert es un joven decente. No seáis estúpidos. No podemos castigar a un alemán en concreto por aquello que haya hecho un país. Dejemos que demuestre si es un buen portero y luego ya veremos”.

Pero más notables aún fueron las escuetas pero concretas palabras de Eric Westwood. Capitán del Manchester City y veterano del desembarco de Normandía, sólo necesito un par de partidos para comprobar que Trautmann ya no era un nazi. Ni siquiera era un soldado. Tampoco era un prisionero de guerra. Ya ni siquiera era alemán. Tan sólo era un futbolista. “No existen las guerras en este vestuario”, soltó Westwood ante la prensa. Ya no hubo más discusiones. Nadie más en Maine Road volvió a llamar nazi a Trautmann.

No ocurría así en terreno visitante. Después de 15 años en el City a Trautmann aún seguían llamándole nazi a lo largo y ancho de Inglaterra. Pero cuanto más hostil era el recibimiento, mejor era la actuación del meta alemán. En un partido en Londres contra el Fulham los pitos y los insultos de comienzo del encuentro se convirtieron en aplausos tras una exhibición de bravura y de valía personal. Bob Wilson, portero del Arsenal en la década de los 60 y los 70, contaba como de pequeño su ídolo era Bert Trautmann. Tanto su padre como sus dos hermanos mayores habían muerto en la guerra y en casa le recriminaban taxativamente que no podía admirar a un nazi. Pero su fascinación ante Trautmann era tal que no lo podía remediar. Wilson cuenta que la valentía del alemán, al borde de la temeridad, su templanza, su espectacularidad y su eterna compostura ante los continuos insultos recibidos, eran para él pura seducción.

En su primer partido con el equipo de reservas del City acudieron casi 27.000 personas. Trautmann comentaría años más tarde que había escogido Manchester porque le explicaron que cuanto más al norte de Inglaterra residiera mejor le aceptaría la gente. La realidad es que era el payaso del circo y el mono del zoo. Con el City vivirá dos descensos a segunda división pero la gloria a mediados de los 50. En esos años junto a Trautmann aparecerá el centrocampista Roy Paul y el delantero Don Revie, más tarde afamado entrenador y seleccionador inglés.

Con todos ellos a bordo el Manchester City se clasifica para la final de la FA Cup de 1955 ante el Newcastle. Es la primera vez que un alemán juega la final copera de Wembley y por supuesto es también la primera vez que lo hace delante de la reina Isabel II. ‘Pecata minuta’ en 2019 pero cacareada agitación en 1955. El City pierde por 1-3, pero se vuelve a clasificar para la final de 1956, en este caso ante el Birmingham City.

Y es en aquella final disputada el 5 de mayo de 1956 cuando Bert Trautmann se ganará para siempre el corazón de todos los seguidores del City y el respeto y la admiración de todos los aficionados ingleses.

A falta de 20 minutos para el final del partido el Manchester City ganaba por un claro 3-1. Entonces, un centro al área del Birmingham se queda corto. A por el balón se lanzará a tumba abierta Trautmann y a la carrera el delantero rival Peter Murphy. Los dos jugadores llegan al mismo tiempo y la rodilla de Murphy impacta en la base del cráneo del portero. Durante unos agónicos minutos Trautmann es asistido por el personal médico. Está inconsciente, aunque rápidamente se despierta. Las imágenes muestran cómo se levanta tambaleándose y con el cuello torcido hacia su izquierda. En 1956 no existían los cambios, por lo que si Trautmann se retira lesionado un jugador de campo tendría que colocarse bajo palos y el City afrontar los minutos finales del partido en inferioridad numérica.

No está en condiciones médicas para jugar. Pero Trautmann va a seguir jugando.

Trautmann nunca supo que ocurrió en esos últimos 20 minutos. Jamás recordó nada. Sólo resuena una neblina y unos cuantos sonidos en lo más profundo de su memoria. El caso es que consciente o inconscientemente realiza cuatro paradas espectaculares y un par de salidas suicidas que salvan al City y que permiten a los de Manchester alzarse con el título copero.

Por la noche, antes de la cena de gala para celebrar la victoria, Trautmann acude a un hospital de Londres donde le dicen que tiene un simple calambre y que en un par de días estará recuperado.

Al día siguiente una multitud de ‘citizens’ corea su nombre frente al ayuntamiento de Manchester. Él sonríe desde el palco con la cabeza torcida hacía un lado. Ese mismo año es designado mejor jugador de la liga, la primera vez que un portero recibe la mención y, por supuesto, la primera vez que un alemán recibe tal distinción. Días después un amigo le obliga a ir al hospital y se revelará su locura. La primera vértebra lumbar se había roto y su tercera vértebra estaba montada sobre la segunda debido al impacto recibido en el cuello el día de la final. Según le explica un médico ese golpe de azar evitó la rotura del cuello y su muerte en aquel mismo instante.

Durante las siguientes tres semanas estará totalmente inmovilizado sobre una plancha de madera. Tardará otros siete meses en volver a jugar al fútbol y durante la convalecencia sufrirá la pérdida de su segundo hijo (el primero reconocido) víctima de un atropello a los cinco años de edad. Esa pérdida hará que su matrimonio se termine años más tarde y que, sin hijo y sin esposa, Bert Trautmann decida conocer a su hija ilegítima fruto de aquella relación navideña en el campo de prisioneros de 1946.

En la vida de Trautmann no existen las medias tintas.

Bert Trautmann se retiró en 1964 tras 545 partidos oficiales con el Manchester City. Luego se convirtió en entrenador de las categorías inferiores de la selección alemana y más tarde de la inglesa. También dirigió a selecciones tan dispares como Birmania, Tanzania o Pakistán, hasta que a mediados de los 80 descubre el sol de la costa de Castellón y decide instalarse en el pueblo pesquero de Almenara hasta su muerte en 2013.

En 1964 su partido de homenaje reunió en el mismo equipo al City y al United en un combinado de Manchester que se enfrentó a la selección inglesa. Y medio siglo después, ya con 91 años a sus espaldas, la Reina Isabel II lo distinguió como Oficial del Imperio Británico en una ceremonia celebrada en Berlín. Años antes, el City había inaugurado una estatua en la memoria de un hombre que vivió dos vidas. Un hombre que pasó de enemigo a amigo. Un nazi bueno.

Bert Trautmann: “Me considero más inglés que alemán. Mi educación comenzó después de la guerra. Hasta ese momento yo no había tenido capacidad para decidir. Ellos me aceptaron. Mi verdadera educación comenzó a los 22 años en Inglaterra cuando aprendí sobre humanidad, tolerancia y perdón. Me preguntaban si había matado gente. Los muertos no se ven. En la guerra sólo ves sombras en el horizonte, figuras que corren. Y tú te defiendes, porque si no lo haces te disparan y te matan”.

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El nazi bueno (1ª parte)

Antes, mucho antes, de Robinho, Tévez, Agüero, Gündogan, Silva o De Bruyne, el Manchester City era un paria. Un club modesto, a caballo entre la primera y la segunda categoría del fútbol inglés y siempre a la sombra de los diablos rojos del United. Tuvo sus años de gloria a finales de los 60 cuando conquistó la Premier de forma sorpresiva, pero la historia del club tiene más sombras que luces. Y, a pesar de todo ello, para todo buen hincha ‘citizen’ por muchos títulos y por muchas estrellas que los petrodólares se encarguen de llevar a orillas del río Mersey no habrá nunca un futbolista más admirado que Bert Trautmann, el nazi bueno.

En 1949 el Manchester City necesitaba un portero. Frank Swift, el cancerbero del club en el último lustro, se acababa de retirar y aunque estaban convencidos de que el elegido era mucho mejor que él, los directivos del City dudaban de que fuese aceptado por la afición. Bert Trautmann era un excepcional portero que llevaba varios meses destacando en el fútbol regional pero que aún no había dado el paso al profesionalismo. Y no por culpa de sus aptitudes, a ojos de todos excepcionales, sino por culpa de su pasaporte.

Trautmann era alemán. Era un soldado alemán. Un sargento de la Luftwaffe. Bert Trautmann se iba a convertir en el primer teutón que jugaría en la liga inglesa. En el primer alemán que iba a disputar la FA Cup, la competición de fútbol más antigua del mundo. Y todo ello apenas un puñado de años después del fin de la II Guerra Mundial.

Bert Trautmann nació en Bremen en 1923, días antes del golpe de Estado fallido conjeturado por Hitler y otros gerifaltes del partido nazi en una cervecería de Münich. Como todo chiquillo alemán de raza aria, Bert era un niño alto, fornido y rubio. Y como tantos otros niños altos, fornidos y rubios creció mamando la propaganda nazi, pasó su pubertad en los campamentos organizados por las Juventudes Hitlerianas y cuando la guerra estalló en 1939, y con apenas 16 años de edad, corrió a alistarse como voluntario para defender el Reich de los 1.000 años.

Trautmann había pasado una difícil infancia. Sus padres no tenían trabajo y él vivía de pedir en la calle y de los alimentos que le daban en los comedores comunitarios. Con apenas 10 años ya se unió a las Juventudes Hitlerianas, donde le proporcionaban comida, le enseñaron el oficio de mecánico y, sobretodo, le devolvieron la dignidad. Es fácil comprender como aquel chaval de 16 años estaba dispuesto a dar su vida por Alemania y por su Führer.

Intentó alistarse en la sección de inteligencia. Su idea era convertirse en operador de radio, pero suspendió el examen para intérprete de código morse. Finalmente fue reclutado por la Luftwaffe como paracaidista. Los ‘fallschirmjager’ eran unidades de élite, fuertemente nazificadas y claves para la ofensiva nazi. Los alemanes fueron los primeros que crearon unidades específicas de paracaidistas para asaltar las líneas enemigas, cortar comunicaciones y crear el caos en la retaguardia del enemigo. Los ‘fallschirmjager’ eran muy respetados en el campo de batalla y estaban armados con el fusil de asalto FG 42, un arma de combate ligera y plegable, sin paragón por entonces.

Tras un arduo entrenamiento Trautmann fue enviado a la Polonia ocupada, hasta que en el verano de 1941 fue movilizado para iniciar la ofensiva alemana contra la URSS. Pasaría tres años combatiendo en el frente del Este siendo uno de los 90 supervivientes de una división aerotransportada conformada por 1.000 individuos. Trautmann es uno de los pocos afortunados que entró en la guerra en 1939 y salió indemne de sus garras en 1945.

Primero luchó en Crimea y más tarde fue enviado al frente de Moscú. Allí, durante la contraofensiva soviética, una granada le estalló en los pies e increíblemente no sufrió rasguño alguno. Era el invierno de 1942 y poco después fue capturado por los rusos. Dicen quienes lo conocieron que era un soldado entusiasta y eficiente y que mantenía la compostura incluso encerrado en un campo de trabajo. Su fidelidad a Alemania se mantenía por entonces inquebrantable. A los pocos meses de ser capturado fue enviado junto a otros presos a reasfaltar y adecentar una carretera que había sido demolida en el transcurso de los combates. Mientras estaba trabajando, un escuadrón de cazas de la Luftwaffe atacó a las posiciones más avanzadas del flanco soviético. Aprovechándose del caos originado, Trautmann consiguió escapar de su cautiverio y emprender una larga huida para regresar a territorio alemán. Con motivo de su hazaña fue galardonado con una Cruz de Hierro, una condecoración militar alemana de origen prusiano, y aún vigente en la actualidad, que es concedida por actos de gran valentía. Tan sólo fue una más de las cinco condecoraciones que Trautmann recibió en los años de contienda.

Tras unas semanas de descanso en Bremen volvería a Rusia donde alcanzaría el grado de sargento, hasta que en 1944 fue desplegado sobre Bélgica para tratar de ayudar a detener la ofensiva de los aliados tras el desembarco de Normandía. Pero por entonces su visión de la guerra ya había cambiado. En Bremen había comprobado como parte de su familia había muerto y como la otra malvivía. Había sufrido en sus carnes como su ciudad era víctima de bombardeos aliados continuos, algo que la propaganda nazi se había encargado de ocultar. Pero no sólo eso. Años más tarde confesaría lo orgulloso que se había sentido cuando había logrado escapar de los soviéticos. Pero también explicaría que su nazismo se había visto diezmado cuando advirtió como un comando de las SS aniquilaba a los habitantes de un pueblo ruso al completo y los enterraba en una fosa común. “Si no hubiese sido tan niño entonces creo que me hubiese suicidado”, se sinceraría en un profundo reportaje.

En diciembre de 1944 participó en la batalla de las Ardenas, la última ofensiva alemana de la guerra. La ofensiva fracasó y Trautmann nuevamente fue capturado, en esta ocasión por un comando francés. Nuevamente consiguió escapar, en esta oportunidad sin mayores dificultades, pero en esta ocasión no habría tiempo para descansar. El ejército alemán estaba a punto de colapsar y no se podía escatimar en personal. Trautmann fue enviado al frente de nuevo, esta vez a defender la frontera del Rin, el último reducto antes de que los enemigos entrasen en Alemania.

La noche del 7 al 8 de febrero de 1945 la aviación inglesa convirtió en escombros gran parte de la ciudad medieval de Cléveris. Entre los cascotes emergió Bert Trautmann tras tres largos días y tres largas noches inmóvil debajo de las ruinas. Sólo, aislado de su división, sin pertrechos ni comida, deambulaba vestido de uniforme camino de Bremen usando la persistencia como su único método para sobrevivir. Un par de días después fue sorprendido por un par de soldados norteamericanos mientras dormía en un granero. Consiguió zafarse de ambos, pero mientras escapaba corriendo campo a través tropezó. Al levantar la cabeza vio a un grupo de soldados ingleses que le espetaron: “¡Eh! Fritz (así es como los ingleses llamaban a todos los alemanes), ¿te apetece una taza de té?”. Y Trautmann definitivamente se rindió. Su guerra había acabado.

“Fue una liberación. Estaba cansado de escapar y de combatir. Todo cambiaba demasiado rápido y era imposible soportar aquella sensación de que en cualquier momento todo podía acabarse”, declararía Trautmann años más tarde.

Los aliados primero le enviaron a un campo de prisioneros situado en Bélgica y, al acabar la guerra, fue trasladado a Essex, al noreste de Londres. Existían tres categorías de reclusos. Los negros eran considerados nazis impenitentes, los reclusos grises eran considerados simpatizantes pero no militantes y los convictos con distintivo blanco eran aquellos soldados alemanes que se consideraban antinazis.

Trautmann fue catalogado como recluso de distintivo negro. Fue clasificado como un nazi peligroso.

Durante más de medio año fue sometido a un plan de desnazificación. Fue reeducado en los valores democráticos, fue sometido a sesiones de vídeo con imágenes de los campos de exterminio de judíos y, en definitiva, se le hizo partícipe de todas las atrocidades que los nazis perpetraron durante la guerra y que él se encargó de defender al vestir el uniforme del ejército alemán.

En el verano de 1946 fue recalificado como prisionero de distintivo gris y fue enviado a un campo de trabajo en Ashton-in-Makerfield, un pueblo a caballo entre Manchester y Liverpool. Allí se convierte en conductor de un camión de reparto entre granjas y se entremezcla con los pueblerinos en labores de intendencia como el arreglo de tendidos eléctricos, el levantamiento de puentes, el traslado de enseres o la retirada de bombas que quedaron sin estallar.

El director del campamento era un general escocés fanático del fútbol que tan pronto como pudo organizó un equipo para competir en las ligas locales. Trautmann no había jugado nunca al fútbol y es utilizado como defensa central. Fuerte, robusto y con 1’89 metros de altura se convierte en un central leñero. Pero el azar le tenía destinado otra aventura. El portero del equipo se lesiona y Trautmann es enviado bajo palos. Aquel central mostrenco y bruto se convertirá en un portero seguro, ágil y de gran colocación. El boca a boca pronto hará efecto y los partidos del domingo del equipo del campamento de prisioneros número 50 pronto serán seguidos por miles de curiosos.

En las navidades de 1946 Trautmann, al igual que otros presos, pasará la Navidad con una familia de la zona en un intento de normalizar una situación anómala. Es entonces cuando conoce a Marion Greenhall, una chica de un pueblo cercano que pronto se quedará embarazada. Bert Trautmann, ya con 23 años de edad, había matado a cientos de hombres pero aún no sabía lo que era el sexo. Cuando en 1947 el Gobierno inglés repatrie a los presos a su país de origen, Trautmann decide rechazar el ofrecimiento. En Bremen ya no tiene ni familia ni amigos. En Inglaterra tiene una nueva vida.

La buena voluntad le dura apenas un par de meses. Antes de que Marion dé a luz a una niña que llamará Frida, Trautmann escapará víctima del miedo y de la responsabilidad. Hoy parecerá extraño, pero en los años de posguerra los hijos de madre soltera fueron pan de cada día. Hasta los años 60 Frida no sabrá quién es su padre biológico y tuvo que esperar a 1990 para conocerlo.

Bert malvive trabajando en una granja hasta que en abril de 1948 el Saint Helens Town, un equipo de regional contra el que había jugado en alguna ocasión, le ofrece un puesto como portero y un empleo en la fábrica local. Trautmann acepta y con sus paradas consigue con rapidez que el St. Helens ascienda de categoría.

Antes de que termine la temporada 1948/49 sus actuaciones han llamado la atención del Manchester City. Es evidente que Trautmann es un portero de primer nivel, pero una cosa es que un prisionero de guerra, un alemán, juegue en un equipo semiamateur y otra es que salte a los campos de la primera división inglesa.

Pero esa será la historia de la próxima semana.

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Neymar; diario de mi verano

He de confesar que un primer momento no estaba seguro de aquel movimiento. La temporada había acabado mal. Nos dejamos ir y perdimos la final de copa. Pero la cosa ya llevaba mucho tiempo atrancada. He vuelto a ganar la liga y he metido 34 goles en 37 partidos. Perdimos en la Copa de Europa, pero no fue culpa mía. Siento que todo el mundo tiene envidia de mí, tiene envidia de Neymar. Yo soy la estrella y no me dejan tirar los penaltis. Los franceses están con Mbappé, el vestuario con Cavani, y Tuchel no me respeta. Y aún encima el jeque ya no me apoya. Antes patrocinaba mis fiestas, me acompañaba en la noche parisina y ahora filtra mis excesos a los periodistas de mierda. Mi papá dice que sea feliz, que ganamos 37 millones de euros al año. Pero yo quiero que la gente me quiera, que me digan que soy el puto amo. Soy el puto Neymar. Quiero irme de París.

24 de mayo

Mi relación con Al-Khelaifi está rota. Le he dicho que a mí sólo me interesa la Champions. Que me da igual ganar la copa de Francia. El presi me ha dicho que aunque no pudiese jugar la final por culpa de mi sanción debería estar en el palco por el bien del PSG y por el de mis compañeros. Le he dicho que mi familia es Brasil y voy a coger mi jet para pasar unos días de descanso antes de empezar la Copa América. El presi y Leonardo siempre me habían consentido todo desde que fiche por el PSG, pero desde que Mbappé ganó el Mundial nada ha vuelto a ser lo mismo. Cuando le dije que iba a Brasil tuvimos una discusión muy dura y me dijo que disfrutara del verano que cuando volviese de la Copa América se acabarían los privilegios.

28 de mayo

Necesito ganar la Copa América. Necesito derrotar a Messi. Me fui del Barça para ganar el Balón de Oro. Mi papá me dijo que tenía que irme de allí, que al lado de Messi nunca sería el mejor del mundo. La gente no me toma en serio en Europa. Ahora ya no es sólo Messi y Cristiano. Es Mbappé, Griezmann, Salah y hasta ¡hablan más de los estúpidos niños del Ajax que de mí! Pero aquí todos me quieren. Soy el nuevo Pelé. Tengo que ganar la Copa América para que me vuelvan a respetar. Si ganamos y soy el máximo goleador, Al-Khelaifi volverá a hacerme caso. Le diré que venda a Mbappé al Madrid, que despida a Cavani y a Di María, y que con el dinero que le den que fiche a Coutinho a Firmino y a Allison y que renueve a Dani.

1 de junio

¡Tomar no cú! ¿Por qué coño me pasa a mí esto? ¡Filha da puta! Puta de mierda. Mentirosa. ¡Ahora dice que la he violado! ¡Ta brincando! ¡Con lo que le gustaba cuando me la follaba! Mierda de envidia. La gente es una envidiosa de mierda. Tengo dinero, soy guapo, ¿saben a cuantas mujeres me puedo follar cada noche si me da la gana? Soy Neymar. Soy el puto Neymar. Lo único que quiere esa zorra es mi dinero, es hundirme. Seguro que alguien del PSG la ha liado para hundirme. ¡Si iba más bébeda que yo! Y luego está el hijo de puta de Tite. Dice que me apoya pero me quita el brazalete de capitán para dárselo a Alves. ¡Filho de puta! Los voy a destruir a todos. Voy a acabar con esa panda de egoístas.

5 de junio

Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Cuando me pegaron la patada no pensé que fuera para tanto. Casi no me dolía. Ahora los médicos dicen que tengo una fractura en el tobillo derecho y que no podré jugar la Copa América. ¿Y ahora qué hago? Mis abogados me dicen que lo mejor que puedo hacer es no aparecer en público, pero mi papá dice que vaya a todos los partidos de Brasil para que vean que no tengo miedo. Para que vean que no soy un violador y que quiero que Brasil gane la Copa América. Le voy a hacer caso a mi papá pero la verdad es que espero que mi amigo Messi gane y perdamos en la final. Pensé que al volver a casa la gente me querría, pero veo que con esto de la violación mucha gente pasa de mí. He recibido la llamada del presidente Bolsonaro dándome su apoyo, pero no es suficiente. Necesito que la gente me vuelva a respetar y que la selección me necesite.

16 de junio

Me acaba de llamar mi papá. Dice que hay una entrevista en ‘L’Equipe’ en la que el presi ha dicho que Mbappé es el único jugador intocable de la plantilla. Es un traidor. Ahora me quiere echar. Pues no pienso perdonar ni un euro. ¿Cuántas Champions ha ganado el PSG? ¿Cuántos balones de oro tiene el PSG? Deberían besar el suelo por donde piso. Deberían dar gracias de que yo juegue allí. Tanta ciudad de mierda, tanto Paris. No se ve el sol en todo el año. ¿Y la mierda de liga esa? Tengo amigos en Copacabana que juegan mejor al fútbol que los tontos esos del Angers o del Montpellier.

7 de julio

Estoy de bajón. Ayer fuimos de fiesta. Tengo un resacón de la leche. Llevo cinco horas jugando al FIFA. Mi hermana ha fichado a Neymar para el Real Madrid. Yo jugué con el Barça y también me fiche a mí. Jugué con la delantera MSN, Messi, Suárez y Neymar, como en los viejos tiempos. Brasil ganó la Copa América y nadie habla de mí. Lo único bueno es que ganamos pero jugamos como el culo y el mejor jugador del torneo fue Dani. Menos mal. Dani es mi amigo, pero es un viejo. Tenía miedo de que Coutinho o Firmino jugasen bien y la gente se olvidara de mí, pero hicieron una final de mierda. Mañana tengo que volver a Paris para empezar la pretemporada, pero ya le dije a mi papá que no pienso ir. Tuchel sigue de entrenador y no han vendido a Cavani. Ya me echaran de menos.

14 de julio

Hoy una periodista que estaba buenísima me ha preguntado por mi mejor recuerdo en el mundo del fútbol. Le dije que cuando ganamos con el Barça al PSG 6-1 y remontamos en la Champions. Aquel día me salí, la gente no paraba de decir que era el sucesor de Messi. En Paris me han llamado traidor y Judas. Dicen que es una ofensa nacional. Que lo he hecho adrede. Que es 14 de julio, un día sagrado para ellos. Leonardo dice que me va a expedientar. Me da igual. Es la verdad. Quiero volver al Barça. Mi papá dice que para volver a Barcelona tenemos que devolver 40 millones de euros y que no puede ser. Le dije que me da igual, pero que yo no volveré a jugar con esos paletos del PSG.

26 de julio

Mi papá se ha reunido con José Ángel Sánchez. Me ha dicho que el Real Madrid quiere colocar a Bale y que les interesaría rebajar mi precio con ese intercambio. Dice que sólo hay dos equipos en el mundo que me pueden pagar 30 millones al año y dar al PSG los 200 millones que piden, sea abaratando con jugadores o sin ellos. A mí me encantaría jugar en el Madrid. Me dijeron que es muy frío en invierno y que no tiene mar, pero el Madrid es la leche. Además, ahora que ya no está Cristiano yo sería el puto amo. La gente adoraría a Neymar. Benzema, Hazard o Modric no me harán sombra. Y el Madrid siempre gana la Champions.

30 de julio

Zidane no me quiere. Que no se fían de mí. Que el Madrid es club señor y no sé qué mierdas. ¡Cómo si Ramos y Benzema se fueran a la cama a las 10! Que llevo dos años sin ser top y que no que van a pagar 200 millones por mí. Mi papá dice que si me pongo a tiro me fichan igual, aunque sólo sea por joder al Barça. Que tenga paciencia. Me da igual. Yo no pienso volver a jugar en Paris, así que tarde o temprano me venderán.

9 de agosto

Ya he vuelto a Paris. A mi casa. Estaba comiendo una pizza con mamá cuando llamó papá. Me dijo que un juez de Sao Paulo ha archivado la denuncia por violación por falta de pruebas. Me dijo que llamara a Bolsonaro para agradecerle su apoyo y que diera un comunicado en público dando las gracias porque todo se haya aclarado. Yo siempre lo dije, ella sólo quería dinero. Todas las noches cientos de chicas se me tiran al cuello para que me las lleve a mi casa y las folle. Lo mejor es que ahora que ya no hay denuncia por violación el Barça y el Madrid ya no van a tener problemas para hacerme una oferta. ¡Seguro que vuelvo a Barcelona! ¡Qué gosto!

10 de agosto

Hoy empezó la liga francesa. PSG-Nimes. Ganaron 3-0. Yo me quedé en casa. Dije que tenía problemas musculares, pero me la suda la mierda de liga esa. Yo sólo quiero ganar la Champions. Leonardo dijo al acabar el partido que mi venta está más cerca. Mejor. Ya están tardando. Papá dice que lo del Madrid está parado. Que el PSG no quiere a Bale y que hasta que lo coloquen no pueden hacer nada. Cobra 18 millones. No está mal para ser un don nadie. Me dice que si no dan vendido a Bale ni a James no ficharan, y que Zidane sólo quiere a Pogba o a Mbappé. No sé qué les ha dado todos con el niño ese, que lo único que sabe hacer es correr.

13 de agosto

Abidal y Leonardo se han reunido hoy en Paris. Lo he visto en twitter, pero papá me ha contado los detalles. Él les ha dicho que por Neymar no hay problema. Es verdad, si tengo que pedir perdón a la afición lo pediré y si tenemos que devolver el dinero a Bartomeu lo devolvemos. Le dije a papá que cuando ganemos la Champions le pedimos un aumento y ya lo recuperamos. Me dicen que el Barça ha ofrecido a Coutinho y a Semedo, pero que el PSG también quiere a Dembelé. A mí me parece normal que Leonardo pida más porque el único tío en el Barça que es tan bueno como yo es Messi. Papá dice que tenga paciencia. Que el mercado en España cierra el 2 de septiembre. Que siga entrenando en el gimnasio y qué esté listo para mediados de septiembre que es cuando empieza la Champions.

17 de agosto

Ayer estuve en mi yate viendo al Barça con mi hijo. No estaba Messi, jugaron mal y perdieron contra el Athletic. Lucca dice que le gustaría que volviera a jugar con Messi. Todos los que me critican por inmaduro no saben que tengo un hijo. ¡Y lo cuido yo! ¡Y a la madre la traje de Brasil a Barcelona para que estudiara fisioterapia! Pero eso a la gente le da igual. No le interesa. En fin. Le digo a Lucca que lo del Barça está más difícil, que han vendido a Coutinho al Bayern. Ahora el PSG va a pedir a Dembelé y no sé si lo soltarán. Y aún encima papá me dice que el PSG quiere a Vinicius, pero que el Madrid no lo suelta. ¡No me jodas! ¡Vinicius es un niño! ¿Cómo se puede comparar conmigo?

23 de agosto

Le he dicho a mi amigo Diogo que publicara una foto mía con la camiseta del Barça en instagram. Escogimos una de toda la pandilla con todos los títulos que en 2016 gane en Barcelona. Tuchel dice que me va a convocar para jugar el domingo ante el Toulouse. ¡Puta que pariu! ¡Vaise foder! No quiero jugar. Papá me dice que tengo que jugar, que lo del Barça está muy complicado. El jeque no quiere que juegue allí y el Barça no quiere poner la pasta. Hablan de una cesión. Papá dice que ha hablado con Nedved y que igual hay una opción de que juegue en la Juve, que Tuchel quiere a Dybala para el PSG. No sé, prefiero Barcelona. Turín me parece igual de frío y aburrido que París y Madrid.

30 de agosto

Leonardo le ha dicho a Tuchel que tampoco voy a jugar contra el Metz. Que están negociando con el Barça. Ofrecen 130 kilos a Rakitic y a Dembelé. Por mi pagaron 222. Me parece una oferta muy buena. El Dembelé es buen futbolista y es casi tan fiestas como yo. Al Khelaifi pide 170 y Dembelé no se quiere ir del Barcelona. Sé que Leo y Luis están peleando por mi vuelta, que se están enfrentando con Bartomeu. Está difícil, pero papá dice que lo vamos a conseguir. Sería genial. Volveré a las faldas de Leo, pero tanto él como Luis están viejos. En un par de años yo seré el jefe del Barça, el Messi del mañana y ganaré el Balon de Oro. El Madrid sigue ahí. Ahora van a vender a Keylor Navas.

2 de septiembre

Hoy he estado llorando toda la tarde. Me ha llamado Bartomeu y me ha dicho que no hay nada que hacer. Le dije que perdonaba 20 de los 40 millones que me deben, pero que nada. Que no se puede hacer. Estoy roto. Estoy triste y frustrado. Ni Barça ni Madrid. ¿Y ahora qué? Messi me ha  mandado un whatsapp y me ha dicho que tiene la sensación de que han jugado conmigo.

13 de septiembre

PSG-Estrasburgo. 14 de septiembre. Tocarán pitos y abucheos. Tendré que meter un gol, decir que todo ha sido un invento de la prensa, que soy feliz en Paris y que quiero ganar la Champions. Tocará entrenarse y ver como los compañeros me escupen con la mirada. Dicen que habrá pancartas en mi contra. Tocará jugar en Nimes, Guingamp, Estrasburgo y en Dijon. Tocará esperar al próximo verano y sonreír a las cámaras… Por lo menos siempre podré disfrutar de mis 37 millones por temporada.

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