En cierta ocasión dicen que Aristóteles preguntó a su maestro como escribir un diálogo. Platón le contestó diciéndole que el comienzo es la parte más importante de la obra. Y es que todo tiene un inicio. Un alfa. Un arranque. Un principio. Una apertura. Para el FC Barcelona, el ejército desarmado de Cataluña, ese comienzo tuvo lugar el 14 de junio de 1925. En el estadio de Les Corts. Durante un partido amistoso para beneficio del Orfeó Catalá. Pero antes del comienzo, hay que ir al porqué de ese comienzo.
Un grupo de jóvenes liderados por el suizo Hans Gamper fundó el FC Barcelona en 1899. Como otros clubes de la época, tenía vetada la presencia de jugadores autóctonos y estaba integrado por extranjeros arraigados en la oligarquía de la ciudad. Es por ello que un año después se constituyó el RCD Español, entre otras razones para poder acoger en sus filas a cualquier futbolista barcelonés o catalán. De ahí su nombre, para expresar su diferenciación sobre los discriminatorios azulgranas. El proceso, por chocante que parezca, se dio en cuantiosas ciudades, siendo tal vez el caso más significativo el de la italiana Milán, donde el Internazionale hacía la función del RCD Español, mientras que el AC Milan vetaba la presencia de muchachos autóctonos del mismo modo que hacía el FC Barcelona en la Ciudad Condal.
Para 1910, el club decidió buscar un escudo. Hasta entonces competían bajo la insignia de la ciudad de Barcelona. Es entonces cuando se adopta el emblema actual con la Senyera y la Cruz de Sant Jordi. Es un compromiso claro por la catalanidad como lo es también la renuncia a solicitar el título de real, adoptado por numerosos conjuntos pero rechazado por el FC Barcelona como modelo de responsabilidad a la catalanidad y también para mantener un espíritu amateur ajeno a debates políticos. El club crecía a pasos agigantados y en tan temprana fecha como 1922 se erigió un nuevo estadio en el barrio de Les Corts con capacidad para 25.000 espectadores.
Existía una idea de catalanidad, pero no había nada que hiciese que el FC Barcelona fuese una institución deportiva significada políticamente. Lo de “més que un club” aún era ficción. No obstante el cambio de paradigma era inminente. Ante una España atrapada en una guerra en Marruecos y frente a una galopante crisis económica, el general Miguel Primo de Rivera proclamó en Barcelona el estado de guerra el 13 de septiembre de 1923 y ocupó con militares los edificios claves de la ciudad con el apoyo de buena parte de los industriales y de la burguesía catalana. A las pocas horas todas las ciudades aragonesas y catalanas secundaron el golpe de Estado. La indecisión y el beneplácito de Alfonso XIII y de buena parte del Gobierno en Madrid, hizo que el 17 de septiembre se depusiera la Constitución (todavía pseudodemocrática) de 1876 tras un golpe militar, en estas fechas es conveniente recordar, iniciado en Barcelona.
Primo de Rivera prometió acabar con la guerra y nacionalizó los servicios básicos. Se consideraba como una solución digna y transitoria su dictadura, forma de gobierno ampliamente aceptada en la época. Sin embargo, al año siguiente se eliminaron las diputaciones provinciales (lo más parecido a autonomías que había por aquel entonces) y poco después se persiguió y restringió el uso del catalán (también del vasco y el gallego) lo que unido a otras decisiones desafortunadas, incitó a que ese apoyo que tuviera en 1923 dejase de tener efecto menos de un año después.
Aquel 14 de junio de 1925 el ambiente estaba muy caldeado. El partido benéfico enfrentaba al FC Barcelona contra el CE Júpiter, un equipo del barrio industrial de Poble Nou y por aquel entonces el tercer equipo de la Ciudad Condal en enconada lucha con el CE Europa. Era un día caluroso en la antesala del verano en el que se superaban ampliamente los 30 grados. Cerca de 15.000 personas se congregaron en un partido reivindicativo a favor “de la lengua y de la cultura catalana”.
Entre los asistentes al encuentro estaba la tripulación de un buque de la Marina británica de maniobras por el Mediterráneo. La banda de música de la Royal Navy se ofreció a interpretar los himnos nacionales de Gran Bretaña y de España como agradecimiento por la invitación al partido. Primero sonó el God Save The King e inmediatamente después la Marcha Real. Con las notas del primero hubo silencio y respeto. Cuando sonaron los acordes del segundo, 15.000 personas hicieron sonido de viento. La pitada fue de órdago.
El partido se disputó sin mayores incidencias pero al acabar el mismo, Joaquín Milans del Bosch, gobernador civil de Barcelona y abuelo del Milans del Bosch que sacó los tanques en procesión el 23-F, convocó a los medios y expresó su malestar ante “la descortesía y desconsideración con la que se escuchó la Marcha Real, un acto de incalificable desafecto a la patria, con el agravante de producirse ante extranjeros”. La resolución fue fulminante. Se cerraba el campo de Les Corts y el FC Barcelona quedaba excluido de cualquier competición durante seis meses y se le imponía una fuerte multa económica.
Fue entonces cuando se le sugirió a Hans Gamper dejar la presidencia y abandonar España, invitándole a volver a su Suiza natal. En ese preciso momento Hans Gamper pasó a ser Joan Gamper. En ese instante el FC Barcelona pasó de ser un club de fútbol catalán a ser un club de fútbol con una marcada conciencia política catalana.
Finalmente la sanción se redujo a tres meses y el FC Barcelona recibió el apoyo económico de la Banca Jover y del Banco de Bilbao ante una situación de quiebra técnica. A Gamper le permitieron volver a Barcelona pero con la clara exclusión de ocupar cualquier puesto en el organigrama del club. Intentó salvar el veto argumentando que si la Marcha Real no se había escuchado correctamente se debía “a la mala sonorización del estadio”. Dio igual. Le resultó muy difícil vivir en el anonimato y alejado del fútbol y en julio de 1930 se disparó en la sien poniendo fin a sus días. Más de 20.000 personas acudieron a su entierro.
En 1955 el FC Barcelona quiso bautizar como Joan Gamper al Camp Nou cuya edificación estaba en marcha, pero la dictadura de Franco se opuso enérgicamente. Se trataba de un ciudadano extranjero, protestante, muerto bajo suicidio y catalanista. Esto último sorprendió a las nuevas generaciones, pero no a los viejos barcelonistas que en 1925 habían acudido a Les Corts a ver un encuentro amistoso en beneficio del Orfeó Catalá sin saber que daba comienzo la historia de un mito y del compromiso de un equipo de fútbol con el catalanismo.
En los anteriores post hablamos de países muertos, de aquellos estados con pasado olímpico que por vicisitudes históricas han implosionado u explosionado conformado uno o varios estados. En esa clasificación podría formar parte en poco tiempo España. En el antes hipotético y ahora posible y quién sabe si en el futuro probable caso en el que Cataluña se independizase, no volveríamos a hablar de España. Surgiría Cataluña, Euskadi, probablemente Galicia, posiblemente Navarra se partiría en dos e hipotéticamente florecerían Asturias o Andalucía. El resto no sería España, al igual que Serbia no es Yugoslavia. Pongamos por caso que hablaríamos del nuevo Reino de Castilla y Aragón.
De hecho, la Constitución de 1978 no valdría para lo que quedase de España. Se discute si en un referéndum debería votar o no el conjunto del Estado ya que es algo que afectaría al total de la población. Pongamos que no. Que sólo votasen los catalanes. Pero tanto da. La Constitución no valdría. Y el giro político sería de órdago. Sin Cataluña y con un descenso poblacional del 15-20 % de los ciudadanos, se produciría un giro a la derecha del electorado y una recentralización desde Madrid con el fin de homogeneizar a la sociedad española similar a otros intentos surgidos desde el siglo XIX.
¿A qué viene semejante coñazo en un blog sobre la historia y el hecho deportivo? Pues que una de las cantinelas favoritas desde Madrid y desde Barcelona es si seguirá habiendo duelo de merengues y culés en la Liga española. Vamos a tratar de responder a una pregunta igual de cansina como inquietante. Importante para unos, irrelevante para otros. La cuestión estrella de la “cuñadología” del momento. Ya saben, debate recurrido en reuniones familiares y en la que el cuñado de turno (también puede ser un primo, un tío o un compañero de trabajo) siempre sabe más que nadie porque conoce a uno que tal o vio en la televisión a otro que cual. Quien quiere un doctorado existiendo la “cuñadología”.
Vamos a ver si exponemos todo de forma objetiva.
Suponiendo que se acepte lo que digan las leyes, que es mucho suponer ante el panorama de desobediencia institucional y civil existente, la situación es cristalina. La inscripción en una liga requiere la adscripción a una federación autonómica. Desaparecida la catalana, habría que ver donde se asignarían los equipos catalanes.
Tendríamos que referirnos entonces a un acuerdo entre estados. Según la Ley del Deporte el único estado que puede jugar competiciones en España es Andorra en función de un acuerdo especial. Con una separación unilateral es evidente que nadie estaría por la labor de llegar a un arreglo. Si la ruptura fuera amistosa, habría que remodelar, o pisotear –que parece que es lo mismo- las leyes existentes.
Aun llegando a un arreglo hay un problema tremebundo. Se supone que los catalanes querrían tener selección propia. Para formar una selección hay que tener una federación. Y para tener una federación hay que crear una liga. Es obligatorio. Desde la Plataforma ProSeleccions Esportives Catalanes se dice por activa y por pasiva que el FC Barcelona jugará donde quiera y que la Liga española no se puede permitir la pérdida del Barça. Puede ser. Tebas quizás quisiera dejar jugar al Barça pero no podría. Porque no es el Barça, son todos los equipos catalanes. ¿Dónde estaría el límite? Y no sólo es fútbol. Hay más de 700 sociedades deportivas en Cataluña. Es irrealizable.
Desde la esquina nororiental se sugiere en voz baja que la situación del FC Barcelona sería la misma que la de andorranos o monegascos, por no citar otros casos como el de San Marino. No obstante la diferencia es notoria. Dejando al margen temas legales, históricos o tributarios, el problema fundamental es el de la manejabilidad. No es lo mismo integrar deportivamente (u en otros ámbitos) a un estado de 20 o 50 mil habitantes (por cierto la federación monegasca de fútbol está adscrita a la francesa desde antes de que se pusiera en marcha la Ligue 1) que a uno de casi siete millones con la tupida red de deportistas y clubes de diferentes disciplinas.
— ¿Y si no hay Barça-Madrid?—
Queda claro que no es integrar al FC Barcelona, es hacer lo mismo con Nástic, Palamós, Europa o Girona. Pero también con el Balonmano Granollers, Joventut de Badalona o Hockey Vic. O desmontar las instalaciones de Sant Cugat para deportistas de elite e integrarlas ¿conjuntamente? para catalanes y resto de españoles. Es una catástrofe deportiva. ¿Para quién? Para todos, pero la palma (si la palma pudiese ser en este caso sinónimo de triunfo) es para los blaugranas.
El nivel del FC Barcelona sería grosso modo el del Ajax. Un equipo con tradición y buen nombre, con una forma de jugar reconocida, con una apuesta fuerte por el fútbol base y que se movería en un segundo escalón europeo. Es verdad que Países Bajos dobla en población a Cataluña pero la importancia mundial de Amsterdam y Barcelona es pareja. Si nos detenemos a analizar el caso del equipo ajacied, tras la sentencia Bosman mantuvieron su nivel en la elite europea durante una década más. Desde entonces sufren la huida de jóvenes talentos cuando apenas han debutado con el primer equipo y deben rastrear el mercado internacional haciendo ellos lo mismo, es decir, cazar a jóvenes argentinos, brasileños, suecos o marroquíes. Otros conjuntos como el Benfica o el Anderlecht, de pasado glorioso, subsisten en una situación pareja. Para el Barcelona sería lo mismo. Durante una década continuaría resistiendo de las rentas conseguidas, pero a lo largo pagarían las consecuencias. Messi o Iniesta jugarían en Can Barça hasta los 18 o 19 años antes de dar el salto a un grande y valores de la casa como Xavi puede que dilataran su estancia en la Ciudad Condal hasta los 23 o 24.
¿A dónde iría el poderoso caballero? Madrid y Barcelona rondan los 170 millones en derechos televisivos. Los castellanos recibirían un jab que les dejaría groggies, pero los culés serían víctimas de un gancho que los enviaría a una lona representada por un Lliga catalana devaluada y sin tradición. El Oporto, por ejemplo, recibe unos 50 millones en conceptos por derechos televisivos.
Una argumentación típica sostiene que al igual que el FC Barcelona acusaría jugar contra el Lleida, también lo haría el Real Madrid al enfrentarse al Getafe. Es una falacia. Las ligas deportivas fueron creadas para obtener una competitividad y unos ingresos a lo largo del año a través de encuentros semanales. La liga inglesa es la competición con más ingresos internacionales, pero la alemana es la que mayores ingresos obtiene en el panorama interno. No es una cuestión de nivel deportivo, es una cuestión de número de habitantes. El Real Madrid seguiría llenando estadios y vendiendo periódicos para 40 millones de habitantes día tras día. Y el Celta o el Betis vivirían de esa ola. El FC Barcelona rebajaría su cuota de mercado a unos 7 millones de consumidores. Seguiría manteniendo su renta internacional, pero la masacre sería atroz en el consumo interno y, muy especialmente, para el resto de equipos de la Lliga catalana. Y eso sin referirse a disciplinas como el fútbol sala o el balonmano que viven de patrocinios y promotores.
—Diversos casos prácticos—
Podemos ver lo que ha sucedido en diversos países europeos en el último cuarto de siglo. La muestra es variopinta. Desde una ruptura amistosa de igual a igual (Checoslovaquia), con disturbios y encarcelamientos pero sin conflicto armado (URSS) y mediante una guerra (Yugoslavia).
En Checoslovaquia la liga se finiquitó en 1993 dando lugar a una liga checa y a otra eslovaca (nótese que aunque nos referimos al fútbol esto se puede extrapolar a cualquier deporte). La revolución de terciopelo fue de todo menos cruenta ante dos países de población y extensión similar y sin problemas étnicos fruto de emigraciones. Este supuesto no se puede extrapolar a España.
Viajemos a la Unión Soviética. En cada una de las tres repúblicas bálticas se disputa un torneo liguero que palidece en importancia con el de Rusia, gigante económico y poblacional. ¿Qué hicieron? Inteligentemente seis años después de la independencia crearon la Liga Báltica donde se enfrentan los tres primeros clasificados de las ligas letona, lituana y estonia al acabar la temporada nacional. Dado que son estados pequeños con ligas cortas de 10 equipos y de bajo nivel no hay problema de calendario. Es un supuesto extrapolable creando una liga Galeuscat entre gallegos, vascos y catalanes, pongamos por caso.
En Yugoslavia el proceso es distinto. La separación, con guerra de por medio, se dio entre iguales, a pesar de que Serbia era el epicentro del Estado yugoslavo. En baloncesto se creó una Liga Adriática a semejanza de la Liga Báltica pero se tardaron once años en ponerla en marcha cuando las heridas de la guerra principiaban a cicatrizar. Se podría dar perfectamente en España en disciplinas de menor abolengo, pero sería impensable en fútbol. Los equipos españoles de primera línea juegan más de 50 partidos oficiales en una temporada. No habría forma de encajar una liga estatal al acabar la temporada en Cataluña o en el nuevo estado de Castilla y Aragón.
Existe un caso de integración plena y lo tenemos en Gales. Hay selección propia, hay liga propia, pero los mejores equipos decidieron abandonar a los galeses y entrar en la Premier League inglesa. Son el Swansea y el Cardiff. Los escoceses Celtic y Rangers quisieron hacer lo mismo hace unos quince años, pero el Parlamento escocés desbarató la operación por cuestiones patrióticas. No parece factible que el FC Barcelona, ejército desarmado de Cataluña como fue bautizado por Vázquez Montalbán, abandone una recién creada Lliga catalana y deje de ser la bandera deportiva de un nuevo Estat.
—La selección catalana y los Juegos Olímpicos—
Más leña al fuego y con esto dejamos la pira encendida de por vida. Los Juegos Olímpicos. Existe una limitación tope de deportistas por países. Si un país es potencia en una disciplina (Kenia en atletismo es el arquetipo) se ve gravemente perjudicada. Con la independencia habrá más plazas por deporte. Es decir, si hubiese seis atletas españoles de maratón con la marca mínima para clasificarse tan sólo irían los tres mejores. Si tres de ellos fuesen catalanes, serían los seis los que disputarían los JJOO. Un ejemplo práctico. En el caso catalán el esquí se vería muy beneficiado, ya que hay esquiadores catalanes que no pueden ir a las Olimpiadas por falta de plazas y su nivel es superior a la media estatal.
Los catalanes argumentan que unos JJOO de verano obtendrían unas 7-8 medallas y que habría más plazas olímpicas. Los resultados se aproximan a la verdad. Respecto a las licencias olímpicas sería cierto en disciplinas individuales, no tanto en las colectivas donde se perdería fuelle (a menos habitantes, menor selección natural).
Sobre la nueva selección catalana de fútbol, el proceso sí que es mucho más simple. La FIFA no sigue los designios de reconocimiento internacional de Naciones Unidas, por lo que Cataluña no tendría dificultades para luchar por obtener la clasificación para el Mundial de 2022 o la Eurocopa de 2014. Los jugadores catalanes decidirían con que selección competir en virtud de la doble nacionalidad. Incluso futbolistas como Iniesta, nacidos en Albacete, podrían jugar en Cataluña si lo deseasen. De hecho, el recurso de la doble nacionalidad permitiría a Piqué no ser extracomunitario. Este punto es quizás el que más pelearía la nueva República Catalana, no sólo por el tema deportivo, sino para salvaguardar social y económicamente a sus ciudadanos ante un panorama fuera de la Unión Europea a medio plazo.
También hay deportes e instituciones a los que no les afectaría una hipotética independencia o hasta podrían ver reforzada su importancia internacional. Son torneos en deportes individuales que dependen directamente de fondos de la Generalitat, de fondos locales o de donaciones de empresas y particulares. Son, por citar a los más emblemáticos, el Circuit de Montmeló, el Real (¿seguiría siendo real? Club Tenis de Barcelona o la Volta Ciclista a Catalunya. Son pruebas de diferentes disciplinas arraigadas internacionalmente, con mucha tradición y que no están sujetas a ingresos televisivos o estatales.
–Colofón—
Todo esto está escrito poco después de que el ejército desarmado de Cataluña decidiése jugar a puerta cerrada un partido como apoyo ante los disturbios acontecidos el pasado 1 de octubre. El FC Barcelona decidió hacer política. Es legítimo. Es respetable. El ser humano desde las cavernas se ha reunido en tribus en función de su etnia, costumbres, religión o intereses económicos. Desde hace más de 100 años la tribu más grande que existe es el fútbol y es la única capaz de pasar por encima de esas diferencias e intereses. Es legítimo lo que hace el FC Barcelona, pero quizás es erróneo. Y no todo es blanco ni negro, tiene grises, y muchos grises.
Agustí Montal fue un excelente presidente del FC Barcelona. El hombre que fichó a Cruyff. Pero sobre todo es recordado como el dirigente que dio un salto al catalanismo. El que diseño el slogan de “Més que un club”, el que llevó el catalán a los carnets de socios y a la megafonía del Camp Nou. Pero también es el hombre que otorgó dos medallas de oro a Franco (el único club español que lo hizo hasta en dos ocasiones) en tan tardía fecha como 1971 y 1974, cuando ya se podía ser valiente pero alguno aún prefería esperar agazapado.
Como colofón habría que añadir un apunte trascendental. Que defensores y detractores de la independencia utilicen como argumento para defender su postura que un club deportivo forme o no forme parte de un sistema de ligas es de una bajeza intelectual considerable. Lo aquí expuesto sirve para explicar porque el FC Barcelona no jugaría contra el Real Madrid en el caso de una fractura del Estado español. Sólo para eso. Nada más que para eso. Que la decisión, sentimental, económica, histórica, realista o social dependa de ello, es tristísima. Esperemos que si algún día hay una votación legal nadie introduzca su voto en la urna pensando en el deporte y esperemos que haya o no haya votación el FC Barcelona siga siendo un magnífico club de fútbol juegue contra quien juegue.
Con motivo de la celebración del cincuentenario del nacimiento del Real Madrid, el conjunto blanco organizó un torneo en Madrid conocido popularmente como la Pequeña Copa del Mundo. Aquel triangular contó con la participación de Millonarios de Bogotá que con la presencia de Adolfo Pedernera y Alfredo Di Stéfano era una de las mejores escuadras del momento. Eran conocidos como el Ballet Azul y su pasó por España, con partidos en Valencia y Las Palmas, obtuvo el elogio de crítica y público.
¿Cómo un equipo colombiano pudo contar con tales figuras? La razón es que tres años antes, varios empresarios, con el apoyo económico del gobierno en un momento de cuasi guerra civil, idearon una liga de fútbol a expensas de la FIFA para distraer al pueblo colombiano. La Dimayor reclutó a golpe de talonario a las estrellas del fútbol sudamericano, entre ellas a la mayor parte de internacionales argentinos. Di Stéfano y sus compatriotas no conseguían cambiar de equipo libremente, ya que el club que poseía sus derechos lo hacía a perpetuidad y podían negarse a aceptar cualquier oferta. Muchos jugadores se declararon en rebeldía al aceptar el maná que llegaba de Colombia. Había nacido una “Liga Pirata”.
Para 1952, la FIFA ya había aceptado la Dimayor como Liga oficial, pero con una condición. Todos aquellos jugadores que habían escapado de sus clubes para fichar por escuadras colombianas tendrían que volver a su lugar de origen para la temporada 1954/1955. Oficialmente River Plate era el poseedor de la ficha federativa de Di Stéfano y sus años en Colombia eran considerados ilícitos.
De este modo, Millonarios aceptó de buen grado hacer una gira por Europa, con parada en Madrid, para obtener beneficios ante la perspectiva de perder a sus mejores jugadores sin contraprestación en dos años. Por su parte, el Real Madrid podía presumir de llevar a su estadio al gran club sudamericano y de paso ver in situ a Di Stéfano, en una época en la que la opción de ver futbol internacional era anecdótica.
Las ofertas
Di Stéfano y el Millonarios pasaron por encima del Real Madrid y Bernabéu lanzó su oferta. Eran 30.000 dólares que fueron rechazados de inmediato. El gran problema para el Madrid es que aquel partido también fue seguido por Pepe Samitier, exjugador y ojeador del Barcelona. Telefoneó a la Ciudad Condal y les comunicó que ya tenía sucesor para Kubala. Sabía que meses después el Real Madrid devolvería la visita a Millonarios en Bogotá y él también decidió comprar un billete y acercarse a Colombia.
Con lo que nadie contaba era con que a finales de 1952, Di Stéfano decidiese dejar de jugar al fútbol. Sabía del interés de los dos clubes españoles y también conocía que tendría que volver a River Plate en 1954, por lo que resolvió marchar a su rancho y negarse a jugar. El presidente de Millonarios, de nombre Alfonso Senior, encolerizó. Tenía un futbolista que no podía vender y al que tampoco podía obligar a jugar con la consiguiente pérdida de ingresos por taquilla, especialmente en las giras internacionales.
En abril de 1953, el Barcelona llega a un acuerdo con River Plate (poseedor de los derechos federativos) a falta de unos flecos. Los catalanes habían dado el paso tras la súbita tuberculosis que estaba afectado a Kubala. La tisis era una enfermedad habitual en España en aquella época y el astro húngaro estuvo inactivo la mayor parte de esa temporada. Se comentaba que no podría volver a jugar al fútbol y el Barcelona se lanzó a por Di Stéfano.
El argentino aterriza en Madrid, donde le espera Samitier, y se traslada a Barcelona por tren. Sin embargo, desde el club azulgrana deciden frenar la operación, ya que milagrosamente Kubala vuelve a jugar y se muestra decisivo entre otras cosas para derrotar al Madrid. Así, de repente, el Barcelona deja de tener prisa, y aunque tiene apalabrado el acuerdo con River Plate para el inicio de la campaña 1954-55, no logra resolver que hacer con el jugador para la anterior temporada, cuando todavía pertenece a Millonarios. Dw este modo, Samitier alquila un piso en la calle Balmes para Di Stéfano y su familia y el pasar de los meses minará la moral de un Di Stéfano al que sólo le permitirán jugar un partido amistoso en casi 200 días.
En ese impase veraniego hace su aparición el Real Madrid. Bernabéu manda a Barcelona a Raimundo Saporta, un directivo veinteañero que congeniará inmediatamente con Di Stéfano tanto por edad como por forma de ser. Mantienen una reunión secreta y acuerdan su fichaje para esa temporada tanto con el jugador como con Millonarios. De este modo, Di Stéfano sería jugador del Real Madrid para la temporada 1953-54 y del FC Barcelona a partir de 1954.
LA FIFA y el franquismo
En ese momento entra en escena Sancho Dávila, presidente de la Federación Española de Fútbol, militar y franquista. La Federación había legislado que a partir del 24 de agosto de aquel año quedaba prohibida la contratación de futbolistas foráneos. Dado que el acuerdo con el delantero argentino se había producido a posteriori, en teoría quedaba invalidada tanto su contratación por el conjunto merengue como por el azulgrana.
Temiendo una conspiración gubernamental, el FC Barcelona da el paso atrás que enfada a Di Stéfano; decide revender sus derechos a un tercero, la Juventus de Turín. Por desgracia para el Barcelona, seguía en el aire que hacer con la famosa campaña 1953-54, ya que el presidente de Millonarios sólo quería negociar con Bernabéu. A finales de verano ya habían pagado los dos, uno al equipo colombiano y otro a River a la espera de la reventa a la Juve.
Con la situación enquistada, y con Di Stéfano y Saporta convertidos en muy buenos amigos, se produjeron dos notables sucesos a finales del verano. Primeramente la directiva del FC Barcelona decidió prescindir de Samitier, el gran valedor de Di Stéfano. Pero lo más importante fue la decisión salomónica de la FIFA. Bajo la recomendación de Muñoz Calero, miembro del organismo futbolístico y falangista, se manifestó un decreto que en Barcelona fue considerado ofensivo. Para “aplicar el máximo esfuerzo en la consolidación de las relaciones deportivas amistosas entre el Madrid y Barcelona” Di Stéfano jugaría con el Barcelona la campaña 1953-54 y la siguiente con el Real Madrid y así sucesivamente hasta 1957, cuando quien más pagase se lo llevaría.
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El Barcelona se sintió ultrajado ya que el acuerdo con la Juventus quedaba invalidado. El presidente Martí Carreto instó a sus compañeros de directiva a firmar el contrato, pero, finalmente, decidió renunciar a los derechos de Di Stéfano y presentar su dimisión. Años más tarde contó que fue presionado por la Federación.
De este modo el Real Madrid tuvo que pagar al Barcelona los costes de la estancia de Di Stéfano y su familia en la calle Balmes así como el dinero que el conjunto azulgrana había pagado a River Plate. A cambio, Chamartín disfrutaría de un jugador de leyenda. En Barcelona ese dinero ayudó a la construcción del Camp Nou, una obra faraónica destinada a superar al Nuevo Chamartín.
Limpio o no limpio, los hechos se produjeron como han sido contados. Aunque en Barcelona se olvidan de un detalle muy importante cuando hablan de conspiración. Con Kubala recuperado tenían a uno de los tres mejores jugadores de Europa en ese momento, con 26 años y en teórica plenitud física. Di Stéfano, una incógnita que se tenía que adaptar a Europa, era mayor que él y contaba con 27. Nadie, ni en Chamartín ni en el Camp Nou, esperaba que Di Stéfano fuese un jugador dominante durante una década, ni que Kubala se apagase en un par de años lastrado por las lesiones. Si en Barcelona lo hubiesen sabido, seguramente no hubiesen renunciado a Di Stéfano.
Las relaciones entre Castilla y Catalunya nunca han sido fáciles y sus diferencias muchas. Castilla es una tierra de secano donde tradicionalmente no se ha cuestionado la autoridad. Catalunya, país abierto a Europa y al Mediterráneo, tiene una relación más compleja con el pueblo a través del Parlamento. La conquista de América o de Flandes es una empresa íntegramente castellana (y su rango de influencia, con sus puertos en Galicia, el Cantábrico y la Andalucía Occidental). Ante la negativa a prestar apoyo económico o militar ante estos hechos fundamentales en el imaginario español, el catalán, desde entonces, es visto como agarrado, egoísta o aprovechado.
Tras la Guerra de Sucesión (1701-1714), Catalunya queda a merced de Castilla, fundamentalmente porque escoge al bando perdedor. Es una guerra de proyectos, de absolutismo contra liberalismo. No es una guerra étnica, ni de odio entre hermanos, sencillamente son dos concepciones de Estado que llevaban dos siglos chocando. Ni más, ni menos.
No fue hasta el siglo XX cuando ese dominio castellano de la concepción del Estado pasó a ponerse en tela de juicio nuevamente. El sentimiento nacionalista catalán y vasco socavó a España en un momento de atraso económico y desprestigio internacional. Ese proceso concluyó bruscamente con la Guerra Civil (1936-1939). Una guerra muy distinta a la de Sucesión, ya que en esta se enfrentaban territorios e ideologías, y en donde en ambos bandos había vencedores y vencidos que no estaban de acuerdo con el grupo en el que les tocó luchar. Las heridas abiertas aún hoy están sin cicatrizar.
Es durante las casi cuatro décadas de Franquismo cuando el Real Madrid y el FC Barcelona pasan a representar los ideales de Castilla y Catalunya, tanto en una versión pre democrática como en la archiconocida España de las Autonomías. Es cierto que el conjunto merengue fue distinguido con el título de Real y estuvo unido desde sus inicios a la monarquía, pero también lo es que pronto simpatizó con la II República y que su presidente fue asesinado por partidario republicano. También lo es que en el estadio de Les Corts se pitaba el himno español ya en la década de 1920, pero también es verdad que hasta 1936 el club nunca se declaró independentista o a favor de un Estado propio.
Sólo a partir de 1939 las circunstancias y la creciente rivalidad hizo que los estereotipos a los que hoy en día estamos acostumbrados afloraran. No se debe olvidar nunca que el gran club del fútbol español en la primera mitad del siglo XX era el Athletic Club de Bilbao, el cual aportaba el mayor número de jugadores a la selección nacional y que representaba el orgullo de la furia española.
Di Stéfano
Bajo esas circunstancias tiene lugar el gran conflicto entre catalanes y madrileños a raíz de la adquisición del fenómeno argentino Alfredo Di Stéfano. Es la primera vez que hay un choque entre ambos conjuntos y sin lugar a dudas es un enfrentamiento nunca superado en importancia y cuyos rescoldos aún se dejan sentir en el fútbol actual. La llegada de Di Stéfano al Real Madrid cambió la idiosincrasia del conjunto blanco que desde entonces ha sido el hegemónico tanto en España como a nivel internacional. La pérdida del genio argentino no fue dramática para el Barcelona, pero lo relegó a un segundo escalón nacional y acrecentó un complejo de inferioridad agravado por las circunstancias políticas que tardaría más de tres décadas en ser olvidado.
Tras debutar en 1947 con River Plate, Di Stéfano formó parte de una de las delanteras más afamadas en la historia del fútbol junto a genios del calibre de Labruna o Pedernera. A inicios de la década de 1950 formaba parte del Millonarios de Bogotá, en aquel momento uno de los mejores clubes del mundo. Es entonces cuando Real Madrid, Barcelona y Juventus intentan el fichaje de un futbolista que aunaba carácter, liderazgo, gol y que además era capaz de jugar en distintas posiciones con igual soltura.
La historia del fichaje de Di Stéfano por el Real Madrid ha sido contada en soportes distintos y de mil formas diferentes. Existe abundante bibliografía especialmente en Catalunya, donde al igual que 1714 se considera el momento de la pérdida de identidad catalana, 1953 es, para ellos, el momento en el que el Estado los apuñala deportivamente por la espalda. Fiel a mis ideales, lo que yo haré es contar lo que sucedió, y que sea el lector el que decida si hubo algún perjudicado, una mano negra, un interés gubernamental o sencillamente un equipo que negoció bien y otro que negoció mal. Pero eso será en el próximo post.
Julio es un mes de inicio de vacaciones. Los periodistas se exprimen la mollera para buscar temas de los que tratar. El más común es el de la rumorología. Los fichajes del verano tienen la capacidad de ilusionar al aficionado. Al final, salir de la rutina siempre es motivo de esperanza y entusiasmo. Da igual la circunstancia. Comer en un sitio nuevo, comprar una camiseta o conocer a una persona. Lo nuevo siempre es llamativo. El otro tema estrella es hacer balance. Como fue la temporada, como pudo haber sido y ver en que se podría haber mejorado.
Esta semana estuve leyendo uno de esos artículos típicos de estas fechas. Lo firmaba Cudeiro en El País y trataba sobre provincias pobres y ricas en el fútbol español. Aprovechando el ascenso del Girona a Primera División, explicaba que hay 15 provincias españolas (contando Ceuta y Melilla) que nunca han tenido a su equipo principal en la categoría reina del balompié estatal. Explicaba que sólo una de ellas es costera (Lugo) y que la mayoría formaban una especie de cordón sanitario alrededor de la Comunidad de Madrid, que aglutina la riqueza de la meseta peninsular.
A mayores, el artículo incidía en que Segovia, Ávila, Cuenca, Teruel y Zamora, así como las dos ciudades autónomas africanas ni siquiera han tenido representante en la segunda categoría del fútbol nacional. El artículo se completaba con varias afirmaciones de dirigentes de alguno de estos equipos sin renombre solicitando ayudas públicas y quejándose de la falta de patrocinadores.
Siendo cierto todo lo que Cudeiro cuenta, también lo es lo ineptos que somos a la hora de ver un problema y tratar de buscarle una solución. Es innegable que estas provincias tienen graves problemas estructurales. Un Estado cuyo motor de crecimiento económico está ligado al tercer sector, conlleva a sus habitantes a desplazarse a lugares costeros o a grandes polos administrativos, despoblando el interior del país. Las condiciones climatológicas que desplazan al turismo a la costa, también llevan al lado del mar al grueso de la población. En segundo lugar, la mejora de las comunicaciones también facilita desplazamientos laborales y de residencia entre provincias cuya distancia pueda ser salvada fácilmente en un día, lo que explica el agujero negro alrededor de Madrid que reseñaba Cudeiro.
Lo que se debe es buscar una solución, en vez de quejarse del problema. Y muchas provincias lo han hecho o lo hicieron, con mayor o menor fortuna, en su momento. Aprovechando los fondos europeos y el impulso que el Estado le dio al deporte desde inicios de la década de 1980, todas las ciudades equiparon sus barrios con recintos polideportivos. En las comarcas del interior, donde el frío invita a quedarse en casa, esto supuso un aumento exponencial de la práctica deportiva, de lo que se beneficiaron muchas disciplinas.
Las ciudades de Lugo y Ourense, pueden presumir de tener a los dos equipos más representativos del baloncesto gallego. El Breogán y el COB ahora luchan por regresar a la ACB, pero en tiempos pasados eran habituales sus duelos contra el Real Madrid o el Barcelona. Lo mismo ocurría con el Magia de Huesca o el Cáceres C.B., que llegó a jugar una final de la Copa del Rey y unas semifinales europeas. Nos queda Palencia, que salvo problemas económicos de última hora debutará en la ACB en el próximo mes de octubre.
Otras ciudades apostaron fuerte por el fútbol, pero por el de salón. Por Segovia pasaron algunos de los mejores jugadores del mundo y los segovianos tienen la fortuna de presumir de haber ganado una Copa de Europa en el año 2000. También Zamora tuvo un paso, aunque en este caso efímero, entre los mejores del fútbol sala.
No obstante, el otro deporte que junto al baloncesto se lleva el premio gordo, es el balonmano. Toledo, Cuenca y Guadalajara han contado o cuentan con un equipo en la Liga ASOBAL. Y es en esta disciplina donde encontramos el proyecto más ambicioso y más exitoso allende del fútbol; el balonmano Ciudad Real. Hasta que el Atlético de Madrid y los problemas económicos hicieron tumbar el proyecto, el Quijote Arena de la ciudad manchega vio a su equipo ganar 5 títulos ligueros y 3 Copas de Europa entre otros trofeos.
Hasta en las ciudades autónomas vemos ejemplos de éxito deportivo. En Melilla disfrutan del voleibol de élite desde hace unos años. Y en Ceuta podemos hacer una pequeña trampa. El Atlético Tetuán llegó a jugar en Primera División a mediados de los 50, y la estructura de dicho club pasó a Ceuta después de la independencia de Marruecos.
Llegados a este punto nos quedan Teruel y Ávila. La ciudad turolense fue la última capital de provincia española con acceso a la red de autopistas. Cuenta con un clima extremo y está aislada de cualquier otro lugar de importancia. Por ende, no llega a los 40.000 habitantes, por lo que exceptuando su labor administrativo, realmente podríamos hablar de una villa de pequeña entidad y no de una ciudad. Eso sí, no en Teruel, pero si dentro de su provincia, está el circuito automovilístico de Alcañíz, donde se celebra anualmente una de las pruebas del Campeonato del Mundo de Motociclismo.
Realmente la única provincia sin ningún tipo de importancia deportiva ni histórica ni actual es Ávila. Sus murallas y sus calles empedradas patrimonio de la humanidad han sido testigos de emocionantes finales de etapa de la Vuelta a España, pero Ávila debe ser considerada como el yermo deportivo del panorama español. El verdadero agujero negro.
No todo es fútbol. Existe la forma de hacer visible tu ciudad y de conseguir que sus ciudadanos se sientan orgullosos de un éxito colectivo. Y ni siquiera hemos hablado del deporte femenino. Un coto por explorar, y que con visión de futuro es sinónimo de éxito. Y sino que pregunten en Salamanca, donde el baloncesto femenino tiene más seguidores que el fútbol masculino.
Como deportivista que soy, un chascarrillo que circula al norte del Rande es el nuevo nombre del Real Club Celta de Vigo ante el órdago de su presidente de llevar el estadio lejos del ayuntamiento vigués. Real Cerca de Vigo, Rápido de Marín, Ajax de Moaña, Spartak de Porriño…Nombres legendarios e históricos de clubes de gran solera, muchos de ellos repetidos por la geografía europea.
Seguro que en algún artículo, en un blog o en alguna revista habrás leído algo sobre el nombre de los clubes deportivos y su referencia a la mitología o a la historia de su país. Es un tema muy manido, al que tampoco hay nada nuevo que aportar. Pero, ¿quién sabe? Quizás el google te ha llevado a este blog al buscar información sobre el tema, o he conseguido despertar tu curiosidad, o, quizás, nunca te habías parado a pensar sobre esta materia.
La inmensa mayoría de los clubes de fútbol surgieron a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX. Es una época de oro para el Estado-Nación y para el simbolismo entre el país y el ciudadano. Bajo ese contexto, muchos clubes adoptan un nombre que evoca la situación política del país, valores identitarios en el nacimiento de la nación o simplemente un carácter mitológico.
Situación política del país
En los países del bloque comunista, los distintos sindicatos creaban su propio club deportivo, lo que a su vez permitía al Estado un control persona a persona del trabajador fuera de su horario de trabajo. Así el CSKA era el equipo del ejército, y por lo tanto el más poderoso del país, el Dinamo la sociedad polideportiva de la policía, el Torpedo el club del sindicato del automóvil y el Lokomotiv el equipo de los trabajadores del ferrocarril.
En España o Portugal, como en otros países europeos, se siguió la tradición inglesa de dotar al equipo con el nombre de la ciudad o barrio y añadirle un adjetivo relacionado con el deporte (Athletic, Sporting, Football y sus variantes en castellano). No obstante, hay decenas de excepciones. En España, por ejemplo, múltiples equipos lucen con orgullo el apelativo de Real, que hace un siglo era sinónimo de status social y otorgaba preeminencia dentro de la competencia local (por ejemplo el Real Club Deportivo y el Club Coruña en la capital herculina). En Inglaterra, por otra parte, también surgieron clubes unidos a distintos sindicatos obreros u católicos, tales como el Arsenal (trabajadores del depósito de armas), West Ham (obreros de una acería del oeste de Londres) o el Aston Villa (feligreses y diáconos de la iglesia Villa Cross de Birmingham).
Valores identitarios en el nacimiento de la nación
Los tenemos de muy diversa índole. Muchas veces se debe a un héroe o símbolo de la nación. En Portugal el club de Barcelos se llama Gil Vicente, en distinción al mayor dramaturgo luso de la historia. Otros como el Shakhtar Donetsk toman su nombre de Stakhanov (Estajanov para nosotros) el héroe del trabajo en la URSS. Y también los hay de carácter religioso caso del San Patrick’s Athletic irlandés que bebe su denominación de San Patricio, el santo patrón del país isleño.
No obstante, la mayoría son personajes relacionados con gestas guerreras. El FK Obilic de Belgrado (héroe de la batalla de Kosovo en el siglo XIV), Arminia Bielefeld (Arminia es Herrmann el protagonista bárbaro en la batalla de Teotoburgo ante el Imperio Romano), o el Levski Sofia (de Vasil Levski héroe antiturco) son ejemplos de ello.
Por último, también los hay que simplemente son símbolo de identidad pero sin causa histórica concreta. Así, el Austria Viena toma el nombre de la nación y el Viking FC noruego o el Celta de Vigo recogen una simbología de los pueblos en su designación.
Carácter mitológico
Al recuperarse en 1896 la tradición griega de celebrar unos Juegos Olímpicos cada cuatro años, la Europa de entre siglos bebía de la mitología como símbolo de modernidad, educación e inteligencia. La gimnasia, el culto al cuerpo y la práctica deportiva se recuperó como status social y como exaltación del ser humano. Los equipos adoptaron el nombre de dioses con los que pretendían identificarse y transmitir una serie de valores.
Obviamente abundan los ejemplos. Aris de Salónica (Ares, dios de la guerra), Apollon de Nicosia (Apolo, dios del sol y de la luz), Heracles (Hércules, con múltiples equipos por toda Europa), Fortuna de Sittard, Sparta de Praga (referente a los espartanos y a su ética de trabajo), Ajax de Amsterdam (héroe de la guerra de Troya), Atlante de México (el titán Atlas), Olympiakos de Atenas (en referencia a Olympia), Atalanta de Bérgamo (atleta de la mitología griega).
Y para acabar con este artículo nada mejor que hacerlo con el club de fútbol más antiguo del mundo, el Sheffield Football Club fundado en 1857 y que actualmente deambula por categorías semiprofesionales inglesas. Nunca debemos confundirlo con los más conocidos Sheffield United y Sheffield Wednesday, los otros dos equipos de la ciudad de Yorkshire.